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Interés personal de Guterres (ONU) en la situación de los Rohinyas

Guterres viaja a Bangladesh en apoyo de los refugiados rohinyás

ACNUR/Roger Arnold
Familias rohinyá llegan a un centro de tránsito de la Agencia de la ONU para los Refugiados cerca de la aldea de Anjuman Para, en Cox’s Bazar, después de pasar cuatro días varados en la frontera con Myanmar con unos 6.800 refugiados.

30 Junio 2018

El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, emprende este fin de semana un viaje a Bangladesh centrado en analizar la situación del casi millón de refugiados rohinyás que huyeron de Myanmar. y continúan refugiados en el país asiático.

La visita servirá para poner de relieve la generosidad de Bangladesh a la hora de acoger a los refugiados y también busca solicitar una mayor contribución por parte de la comunidad internacional para estas personas, según declaró el portavoz de la ONU, Stéphane Dujarric.

Acompañará a Guterres durante su misión el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim. Está previsto que ambos se reúnan con la primera ministra de Bangladesh, Sheikh Hasina, y otros altos funcionarios en Dhaka, la capital del país.

El punto álgido del viaje se producirá el próximo lunes cuando los dos altos funcionarios viajen a la zona de Cox’s Bazar, al sudeste del país, para visitar a las comunidades de refugiados Rohinyá y a los trabajadores humanitarios.

El peligro de los monzones

Los refugiados, que viven en viviendas improvisadas, fácilmente inundables y propensas a los deslizamientos, se enfrentan actualmente a la temporada de lluvias monzónicas que pueden causar inundaciones repentinas.

“Con el monzón en pleno apogeo, una sola tormenta nos arrastraría a todos”, explica Ayesha Begum, de 45 años, que vive con sus dos hijas y cinco hijos, y cuyo refugio se encuentra en una de las zonas de mayor riesgo de deslizamientos de tierra.

Begum forma parte de una lista de 41.000 personas consideradas sumamente vulnerables a las inundaciones y los deslaves en los asentamientos de Cox’s Bazar, que se extienden a lo largo de empinadas laderas. 16.700 de estas personas ya han sido reubicadas.

Las parteras ayudan a salvar vidas, es así de simple

En medio de esta compleja crisis humanitaria es más necesario que nunca garantizar que las mujeres embarazadas y sus futuros hijos estén protegidos ante la multitud de amenazas que les acechan.

Es aquí donde entran en acción las parteras capacitadas por un programa del Fondo de Población de las Naciones Unidas, cuya misión es atender a las refugiadas embarazadas y proporcionar cuidados posparto.

“Existe un nexo claro entre el aumento de la capacidad para garantizar un embarazo y un parto más seguros para las mujeres más vulnerables en Bangladesh y la capacidad para responder mejor a las necesidades humanitarias, como en el caso de la situación de los rohinyás”, explica Rondi Anderson, especialista en obstetricia del Fondo de Población.

Una repatriación segura

Durante el viaje también acompañarán a Guterres, el Alto Comisionado para los Refugiados, Filippo Grandi, y la Directora Ejecutiva del citado Fondo , Natalia Kanem.

“Examinarán la situación de los rohinyás recién llegados a Bangladesh y evaluarán los progresos para un retorno seguro, voluntario y digno de los refugiados de acuerdo con el cumplimiento de las normas internacionales”, añadió Dujarric.

Desde finales de agosto de 2017, la violencia generalizada y sistemática contra la minoría rohinyá de Myanmar, mayoritariamente musulmana, obligó a cientos de miles de personas a huir de sus hogares en el estado de Rakhine y buscar refugio al otro lado de la frontera de su país, en Bangladesh. Anteriormente, más de 200.000 rohinyás se habían refugiado en Bangladesh como resultado de desplazamientos previos.

Según los datos que maneja la ONU, a 24 de mayo hay unos 905.000 refugiados en Cox’s Bazar. Para hacer frente a las necesidades actuales y crecientes, las Naciones Unidas activaron en marzo un Plan de Respuesta Conjunta que solicita 951 millones de dólares para proporcionar asistencia vital a los refugiados y a las comunidades de acogida. Hasta el momento solo se ha conseguido financiar el 18%.

El Banco Mundial anuncia su apoyo a los refugiados rohinyá

Este jueves el Banco Mundial anunció una ayuda de cerca de quinientos millones de dólares para ayudar a Bangladesh a atender las necesidades de los refugiados en temas como la salud, la educación, el agua y el saneamiento, la gestión del riesgo de desastres y la protección social.

El presidente del Grupo del Banco Mundial, Kim, dijo que el donativo contribuirá a ayudar al país a apoyar a los refugiados en un momento de necesidad.

“Estamos profundamente afectados por el sufrimiento del pueblo Rohinyá y queremos ayudarles hasta que puedan regresar a casa de una manera segura, voluntaria y digna. Al mismo tiempo,

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Perú: el encuentro del Papa con la población indígena de Puerto Maldonado.

Encuentro con la población en el Instituto Jorge BasadreEncuentro con la población en el Instituto Jorge Basadre 

Papa: no usen la tierra como simple objeto descartable

En la Amazonia peruana el Papa habla de la explotación de las personas y de la tierra y advierte que los falsos dioses, los ídolos de la avaricia, del dinero, del poder lo corrompen todo

María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

¡Esta no es una tierra huérfana! ¡Tiene Madre! Lo afirmó con fuerza el Papa Francisco en su primer día de actividades en Perú, en su encuentro con la población en el Instituto Superior Jorge Basadre en Puerto Maldonado, tras finalizar el encuentro con los pueblos de la Amazonía en el Coliseo Madre de Dios.

La tierra de María

Son las palabras del saludo de un catequista que habla al Papa de su alegría por haber recibido su visita en esta “tierra olvidada y marginada” y que con convicción asegura “no somos tierra de nadie” las que inspiraron al Papa para recordar que también la Virgen María vivía en una aldea lejana, considerada también “tierra de nadie”.

El Papa les recuerda entonces que esta tierra que lo acoge, Madre de Dios, “¡no es una tierra huérfana, es la tierra de la Madre y donde hay madre no está ese mal terrible de sentir que no le pertenecemos a nadie”. “Y si hay madre, hay hijos, hay familia, hay comunidad” – asegura el Papa – y los problemas no pueden desaparecer pero pueden ser afrontados “de manera diferente”.

El Papa no deja de expresar cuánto es doloroso constatar que hay quienes quieren volver a Madre de Dios una tierra anónima, sin hijos, una tierra infecunda. Un lugar fácil de comercializar y explotar. Pero ¡ésta  – repite – no es una tierra huérfana! ¡Tiene Madre!

La cultura anónima del descarte

A los fieles presentes llegados no sólo de la Amazonía sino también de los Andes y demás países vecinos el Santo Padre vuelve a hablar de cultura del descarte como “una cultura que no se conforma solamente con excluir, sino que avanzó silenciando, ignorando y desechando todo lo que no le sirve a sus intereses; pareciera – nota Francisco – que el consumismo alienante de algunos no logra dimensionar el sufrimiento asfixiante de otros”. “Es una cultura anónima, sin lazos, sin rostros – asegura. Una cultura sin madre que lo único que quiere es consumir”. Y consume también la tierra, bosques y ríos usados hasta el último recurso y luego abandonados como “inservibles”.

Esclavitud: no es lícito mirar hacia el otro lado

El Vicario de Cristo habla claramente de esclavitud: esclavitud para el trabajo, esclavitud sexual, esclavitud para el lucro. “Duele constatar – añade – cómo en esta tierra, que está bajo el amparo de la Madre de Dios, tantas mujeres son tan desvaloradas, menospreciadas y expuestas a un sinfín de violencias”. Y con determinación afirma que “no se puede ‘naturalizar’ la violencia hacia las mujeres, sosteniendo una cultura machista que no asume el rol protagónico de la mujer dentro de nuestras comunidades. No nos es lícito mirar para otro lado y dejar que tantas mujeres, especialmente adolescentes sean ‘pisoteadas’ en su dignidad”.

Emigración y falsos dioses

En su discurso el Obispo de Roma retoma el tema de la inmigración recordando que tantas personas emigraron hacia la Amazonia en búsqueda de techo, tierra y trabajo y un futuro mejor para sus familias, abandonando sus vidas humildes pero dignas, atraídas por el falso dios del oro, que exige sacrificios humanos:

“Los falsos dioses, los ídolos de la avaricia, del dinero, del poder lo corrompen todo. Corrompen la persona y las instituciones, también destruyen el bosque  – advierte el Papa. Y con su  aliento a seguirse organizando “en movimientos y comunidades de todo tipo para ayudar a superar estas situaciones”, los insta a organizarse también como “comunidades eclesiales de vida en torno a la persona de Jesús” que prometió vida verdadera, no ficticia.

“Amen esta tierra, siéntanla suya. Enamórense de esta tierra Madre de Dios, comprométanse y cuídenla, afirma finalmente el Papa. No la usen como un simple objeto descartable, sino como un verdadero tesoro para disfrutar, hacer crecer y transmitirlo a sus hijos”.

Escuche y descargue el discurso completo del Santo Padre

 

19 enero 2018, 17:01


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Chile: primer discurso del Papa en su visita al País.

El Papa: “Dolor y vergüenza por el daño irreparable de los abusos”

Francisco en su primer discurso en Chile pide perdón por la violencia cometida por los sacerdotes: “Apoyar con todas las fuerzas a las víctimas, empeñarnos para que no se vuelva a repetir”. E invita a las autoridades políticas a escuchar a los pobres y a los pueblos indígenas cuyos derechos deben recibir atención”
REUTERS

El Papa Francisco en el palacio presidencial de la Moneda

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Pubblicato il 16/01/2018
Ultima modifica il 16/01/2018 alle ore 13:14
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A SANTIAGO DE CHILE

En el país de la América Latina católica donde la Iglesia ha perdido mucha credibilidad y que está atravesado por las protestas, Francisco decide comenzar pidiendo perdón. Frente al escándalo provocado por el caso del padre Fernando Karadima, carismático e influyente sacerdote reconocido culpable por la Santa Sede de haber abuso de menores en 2011, y de otros casos ocurridos en Chile, el Papa Bergoglio afirma sentir “dolor y vergüenza” por “el daño irreparable” que los abusos han provocado “en los niños”. Desde el año 2000 hasta hoy en el país, según los datos difundidos por BishopAccountability.org alrededor de 89 sacerdotes católicos han sido acusados de abusos a menores.

 

La fuerte solicitud de perdón por parte del Pontífice, además de reconocer la responsabilidad por la incapacidad de la Iglesia de tutelar a los más pequeños, es un modo de buscar calmar el clima en vista de la visita, dado que el padre Karadima ha sido el formador de muchos sacerdotes y algunos de éstos, cercanos a él, se han convertido en obispos en el país: el caso más polémico es el de Juan Barros, nombrado por Francisco obispo de Osorno después de haber sido militar. Desde hace años algunos grupos de feligreses le reprochan su cercanía a Karadima.

 

Frente al palacio presidencial de la Moneda, ideado por el arquitecto italiano Gioacchino Toesca, un edificio que toma su nombre porque durante la época colonial albergaba la casa de moneda, Bergoglio ha sido recibido por la presidenta saliente de Chile, Michelle Bachelet Jeria, hija de un general de la aviación encarcelado y asesinado tras el golpe de Pinochet el 11 de septiembre de 1973. El Papa ha atravesado los dos grandes patios internos donde le esperaban las autoridades, el cuerpo diplomático y los representantes del mundo civil y de la cultura.

 

En su discurso de bienvenida Bachelet, visiblemente emocionada, ha dicho: “Santidad, le recibimos con afecto y esperanza. Sus palabras fomentan la solidaridad y la esperanza, y nos ayudan a combatir la ignorancia y el egoísmo. Estamos orgullosos de tenerle con nosotros”. La presidenta ha recordado la visita hace 30 años de Juan Pablo II, en la que el papa polaco “conoció un país herido al que le faltaba la libertad. Es bonito poder decir que el Chile de ahora es otro, diferentes caminos nos han llevado a encontrar este desarrollo, a hacer fuerte la democracia, mirando a los ciudadanos como personas y no como consumidores, como usted nos ha enseñado. En estos 30 años hemos pasado del dolor a la esperanza, del miedo a la confianza”.

 

Bachelet ha nombrado los desafíos de hoy en Chile: tutelar a las familias, crear puestos de trabajo y respetar el medio ambiente a la luz de Laudato sì. “Sabemos que tenemos una deuda hacia la sociedad y que debemos unirnos para derrotar las desigualdades. Necesitamos también cerrar nuestra deuda con el pueblo Mapuche –ha añadido–, nos avergonzamos de la vulnerabilidad que sufre nuestra infancia, también con ellos tenemos una deuda”. “No podemos olvidar que fue la mediación de un papa la que evitó la guerra y no olvidamos a los miembros de la Iglesia católica que han dado su vida por aquellos que eran perseguidos en el país”.

 

Tomando la palabra, Francisco ha recordado que Chile “se ha distinguido en las últimas décadas por el desarrollo de una democracia que le ha permitido un notable progreso”. Ha observado que las recientes elecciones políticas, las cuales han llevado a la designación del nuevo presidente, Sebastián Piñera Echenique, han sido “una manifestación de solidez y madurez cívica” que es aún más significativa dado que precisamente este año se celebran 200 años de la declaración de independencia. El Papa recuerda, aludiendo a la dictadura sin nombrarla, que “el pueblo chileno ha debido afrontar distintos periodos turbulentos consiguiendo sin embargo –no sin dolor– superarlos”. Francisco ha recordado después que la paz y los derechos no están nunca por descontados y que “cada generación ha de hacer suyas las luchas y los logros de las generaciones pasadas y llevarlas a metas más altas aún. El bien –ha explicado– como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez; han de ser conquistados cada día”.

 

Bergoglio ha invitado a no olvidar que en Chile, a pesar de sus conquistas económicas y sociales, “muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos reclaman a todos”. Esto es por tanto lo que tenemos que hacer: “seguir trabajando para que la democracia y el sueño de sus mayores, más allá de sus aspectos formales, sea de verdad lugar de encuentro para todos. Que sea un lugar en el que todos, sin excepción, se sientan convocados a construir casa, familia y nación.

 

Un Chile “generoso y acogedor”, con el pueblo y las autoridades políticas capaces “de escuchar”. “Tal capacidad de escucha –ha continuado– adquiere gran valor en esta nación donde su pluralidad étnica, cultural e histórica exige ser custodiada de todo intento de parcialización o supremacía y que pone en juego la capacidad que tengamos para deponer dogmatismos exclusivistas en una sana apertura al bien común”. Es indispensable escuchar, “escuchar a los parados, que no pueden sustentar el presente y menos el futuro de sus familias”. Escuchar “a los pueblos originarios, frecuentemente olvidados y cuyos derechos necesitan ser atendidos y su cultura cuidada, para que no se pierda parte de la identidad y riqueza de esta nación”. Es necesario “escuchar a los jóvenes, en su afán de tener más oportunidades, especialmente en el plano educativo y, así, sentirse protagonistas del Chile que sueñan, protegiéndolos activamente del flagelo de la droga que les cobra lo mejor de sus vidas”.

 

Francisco ha pedido también “escuchar a los niños que se asoman al mundo con sus ojos llenos de asombro e inocencia y esperan de nosotros respuestas reales para un futuro de dignidad. Y aquí –ha dicho pronunciando bien cada palabra con el rostro serio– no puedo dejar de manifestar el dolor y la vergüenza que siento ante el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia. Me quiero unir a mis hermanos en el episcopado, ya que es justo pedir perdón y apoyar con todas las fuerzas a las víctimas, al mismo tiempo que hemos de empeñarnos para que no se vuelva a repetir”.

 

Finalmente, Bergoglio ha invitado a prestar “una preferencial atención a nuestra casa común”, fomentando “una cultura que sepa cuidar la tierra” sin conformarse con “ofrecer respuestas puntuales a los graves problemas ecológicos y ambientales que se presentan”; pero también se requiere la audacia de ofrecer “una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático”.

 

Tras el encuentro, Francisco se ha reunido de forma privada con la presidenta Bachelet en el Salón Azul de la Moneda.


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Sobre el origen de los indígenas del Amazonas. Nuevas revelaciones.

SOBRE EL ORIGEN DE LOS PUEBLOS DE AMÉRICA. Una nueva investigación revela rastros de ADN comunes entre los pueblos del Amazonas y aborígenes australianos. Duelo entre Science y Nature

Mezclas americanas

Mezclas americanas

La revista estadounidense Science publicó recientemente un estudio sobre el origen de los antiguos pueblos de América. Los resultados de la investigación demuestran que existirían conexiones genéticas entre los aborígenes australianos y los indígenas del Amazonas. Esa matriz común también fue confirmada por las investigaciones realizadas por el equipo de la revista británica Nature.

Hace muchos años que antropólogos y arqueólogos debaten sobre el origen y las dinámicas de esta conexión. La tesis de los migrantes que partieron del continente asiático y atravesaron la franja de tierra que unía Siberia y Alaska –actualmente cubierta por las aguas del estrecho de Bering- es universalmente aceptada por la comunidad científica. El equipo de Nature está convencido de que el contacto se verificó a consecuencia de una o dos antiguas oleadas migratorias en el continente, mientras los investigadores de Science afirman que ocurrió mucho después del poblamiento inicial. Jennifer Raff, antropóloga de la “University of Texas” de Austin, explica que, más allá de las normales divergencias, las dos revistas han abierto una «incredibly exciting window» en los estudios sobre los antepasados de los amerindios actuales.

Cuatro años de investigaciones permitieron al equipo de expertos de Science secuenciar 31 genomas completos y 79 parciales de individuos provenientes de Norte y Sudamérica, de Siberia y de Oceanía. Los mapas se compararon después con los genomas de tres antiguos esqueletos: Mal‘ta child (24.000 años, Siberia), Anzick child (12.600 años, Montana) y el hombre de Saqqaq (4.000 años, Groenlandia). Los resultados confirman que todos los amerindios, antiguos y modernos, derivan de una «source population» común localizada en Siberia. Hace aproximadamente 23.000 años se habría separado de las otras poblaciones asiáticas para asentarse en “Beringia”, la franja de tierra actualmente sumergida. Allí permanecieron unos 8.000 años y luego se difundieron por América en una sola oleada migratoria, para dividirse posteriormente entre América del Norte y América del Sud hace 13.000 años.

Rastros de ADN australo-melanesio en algunos amerindios vivientes, incluso en habitantes de las islas Aleutianas y la población Suruí del Brasil amazónico, son el dato más sorprendente de la investigación. Algunos antropólogos ya había sugerido una conexión, ilustrada en lo que se denomina «Paleoamerican model». Walter Neves de la “University of Sao Pãolo” de Brasile y Mark Hubbe de la “Ohio State University” de Columbia afirman la existencia de una «source population» diferente, ya que algunos individuos amerindios extintos presentaban cráneos estrechos y largos, muy semejantes a los de muchos australo-melanesios.

Por otra parte, los datos obtenidos por la investigación del equipo de Science refutan el «Paleoamerican model» porque el mapa de 17 individuos extintos de Sudamérica con esos rasgos distintivos no ha mostrado ningún rastro de ascendencia australo-melanesia. Por su parte David Reich, genetista de la “Harvard Medical School” de Boston, que dirige el grupo de investigación de Nature, concuerda con Mark Hubbe al afirmar que los 17 genomas son incompletos y cubren un rango demasiado estrecho para ofrecer datos científicos razonables. Su equipo ha realizado secuencias parciales del genoma de 106 amerindios de 25 poblaciones diferentes de Centro y Sudamérica y los ha comparado con los datos de ADN de 197 poblaciones externas al continente americano. Al final ha descubierto que algunas tribus del Amazonas tienen un 1 ó 2%  de su ADN en común con los nativos actuales de Australia, Nueva Guinea y las Islas Andaman. Las diferencias entre los ADN compartidos sugieren que la ascendencia no proviene directamente de estas poblaciones sino de otra –actualmente extinta- denominada “Pueblo Y”, que vivió en algún lugar de Asia del este y que en una época muy remota transmitió genes comunes a los paleo-americanos y los australo-melanesios.

¿Una o dos «source population»? ¿Contactos antiguos o recientes entre las poblaciones? Los datos científicos que ofrecen Science y Nature no permiten una interpretación unívoca, pero sí ofrecen fundamentación para dos diferentes análisis perfectamente razonables. Solo el mapeo de un número cada vez mayor de genomas aumentará los datos disponibles y quizás resolverá el misterio, para reconocer el triunfo de una de las dos prestigiosas revistas. O tal vez la ciencia, la historia o la arqueología puedan revelar la existencia de una tercera vía.


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Día de los pueblos indígenas. Mensaje Ban Ki-moon

El Día de los Pueblos Indígenas destaca este año el derecho a la salud

Familia indígena guatemalteca. Foto de archivo: ONU/F. Charton

10 de agosto, 2015 — Los indígenas tienen derecho al disfrute del más alto nivel de atención física y mental, lo que implica acceso a servicios sociales y médicos, dijo hoy el Secretario General de la ONU en un evento en ocasión del Día Internacional de los Pueblos Indígenas.

La conmemoración se centra este año en llamar la atención sobre el bienestar y la salud de esa población y su inclusión en los nuevos objetivos de desarrollo sostenible.

En su discurso, Ban Ki-moon citó algunos de los desafíos que afrontan esas poblaciones y subrayó que la mayoría son prevenibles.
“Esos desafíos incluyen saneamiento y vivienda inadecuadas, falta de atención prenatal y violencia generalizada contra las mujeres.

Demasiados grupos indígenas sufren altas tasas de diabetes, abuso de drogas y alcohol, suicidio de los jóvenes y mortalidad infantil”, destacó el Secretario General.

Ban Ki-moon mencionó, entre otros, el caso de Panamá donde la mortalidad infantil promedio entre los niños indígenas es tres veces mayor a la del resto de la población.

Esas estadísticas son inaceptables, dijo Ban y pidió abordar esos problemas con urgencia como parte de la agenda 2030 para el desarrollo sostenible.


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Bolivia: movimientos populares. Encuentro con el Papa.

“Queremos y necesitamos un cambio”, el Papa en el II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares en Bolivia

2015-07-10 Radio Vaticana

(RV).- “Necesitamos un cambio, un cambio real, un cambio positivo, un cambio redentor”, lo dijo el Papa Francisco en el II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares en Santa Cruz de la Sierra.

En la segunda etapa de su Visita Apostólica a Latinoamérica el Santo Padre participó en el Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, evento organizado en colaboración con el Pontificio Consejo de Justicia y Paz y la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales. El Encuentro reúne a delegados de los movimientos populares de todo el mundo: indígenas, inmigrantes, campesinos “sin tierras”, “villeros”, etc.

En su discurso, el Pontífice recordó con alegría el primer Encuentro de los Movimientos Populares realizado en Roma en octubre de 2014, el que se vivió en un clima de “fraternidad, garra, entrega, sed de justicia”. En este segundo Encuentro, dijo el Papa, “invito a todos, a los Obispos, sacerdotes y laicos, junto a las organizaciones sociales de las periferias urbanas y rurales, a profundizar este encuentro”, con el fin de superar la graves situaciones de injusticia que sufren los excluidos en América Latina y en toda la tierra.

Asimismo, el Obispo de Roma señaló que ante los problemas comunes de los latinoamericanos y en general de toda la humanidad, necesitamos y queremos un cambio. “Un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los Pueblos… Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana Madre Tierra como decía San Francisco”. Por ello, afirmó el Papa, el mundo entero necesita “respuestas globales a los problemas locales. La globalización de la esperanza, que nace de los Pueblos y crece entre los pobres, debe sustituir esta globalización de la exclusión y la indiferencia”.

(Renato Martinez – RV)

Texto y audio completo del discurso del Papa Francisco

Buenas tardes a todos.

Hace algunos meses nos reunimos en Roma y tengo presente ese primer encuentro nuestro. Durante este tiempo los he llevado en mi corazón y oraciones. Me alegra verlos de nuevo aquí, debatiendo los mejores caminos para superar las graves situaciones de injusticia que sufren los excluidos en todo el mundo. Gracias Señor Presidente Evo Morales por acompañar tan decididamente este Encuentro.

Aquella vez en Roma sentí algo muy lindo: fraternidad, garra, entrega, sed de justicia. Hoy, en Santa Cruz de la Sierra, vuelvo a sentir lo mismo. Gracias por eso. También he sabido por medio del Pontificio Consejo Justicia y Paz que preside el Cardenal Turkson, que son muchos en la Iglesia los que se sienten más cercanos a los movimientos populares. ¡Me alegra tanto! Ver la Iglesia con las puertas abiertas a todos Ustedes, que se involucre, acompañe y logre sistematizar en cada diócesis, en cada Comisión de Justicia y Paz, una colaboración real, permanente y comprometida con los movimientos populares. Los invito a todos, Obispos, sacerdotes y laicos, junto a las organizaciones sociales de las periferias urbanas y rurales, a profundizar ese encuentro.

Dios permite que hoy nos veamos otra vez. La Biblia nos recuerda que Dios escucha el clamor de su pueblo y quisiera yo también volver a unir mi voz a la de Ustedes: tierra, techo y trabajo para todos nuestros hermanos y hermanas. Lo dije y lo repito: son derechos sagrados. Vale la pena, vale la pena luchar por ellos. Que el clamor de los excluidos se escuche en América Latina y en toda la tierra.

1. Empecemos reconociendo que necesitamos un cambio. Quiero aclarar, para que no haya malos entendidos, que hablo de los problemas comunes de todos los latinoamericanos y, en general, de toda la humanidad. Problemas que tienen una matriz global y que hoy ningún Estado puede resolver por sí mismo. Hecha esta aclaración, propongo que nos hagamos estas preguntas:

– ¿Reconocemos que las cosas no andan bien en un mundo donde hay tantos campesinos sin tierra, tantas familias sin techo, tantos trabajadores sin derechos, tantas personas heridas en su dignidad?

– ¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando estallan tantas guerras sin sentido y la violencia fratricida se adueña hasta de nuestros barrios? ¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando el suelo, el agua, el aire y todos los seres de la creación están bajo permanente amenaza?

Entonces, digámoslo sin miedo: necesitamos y queremos un cambio.

Ustedes –en sus cartas y en nuestros encuentros– me han relatado las múltiples exclusiones e injusticias que sufren en cada actividad laboral, en cada barrio, en cada territorio. Son tantas y tan diversas como tantas y diversas sus formas de enfrentarlas. Hay, sin embargo, un hilo invisible que une cada una de esas exclusiones, ¿podemos reconocerlo? Porque no se trata de cuestiones aisladas. Me pregunto si somos capaces de reconocer que estas realidades destructoras responden a un sistema que se ha hecho global. ¿Reconocemos que este sistema ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza?

Si es así, insisto, digámoslo sin miedo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los Pueblos… Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana Madre Tierra como decía San Francisco.

Queremos un cambio en nuestras vidas, en nuestros barrios, en el pago chico, en nuestra realidad más cercana; también un cambio que toque al mundo entero porque hoy la interdependencia planetaria requiere respuestas globales a los problemas locales. La globalización de la esperanza, que nace de los Pueblos y crece entre los pobres, debe sustituir esta globalización de la exclusión y la indiferencia.

Quisiera hoy reflexionar con Ustedes sobre el cambio que queremos y necesitamos. Saben que escribí recientemente sobre los problemas del cambio climático. Pero, esta vez, quiero hablar de un cambio en el otro sentido. Un cambio positivo, un cambio que nos haga bien, un cambio –podríamos decir– redentor. Porque lo necesitamos. Sé que Ustedes buscan un cambio y no sólo ustedes: en los distintos encuentros, en los distintos viajes he comprobado que existe una espera, una fuerte búsqueda, un anhelo de cambio en todos los Pueblos del mundo. Incluso dentro de esa minoría cada vez más reducida que cree beneficiarse con este sistema reina la insatisfacción y especialmente la tristeza. Muchos esperan un cambio que los libere de esa tristeza individualista que esclaviza.

El tiempo, hermanos, hermanas, el tiempo parece que se estuviera agotando; no alcanzó el pelearnos entre nosotros, sino que hasta nos ensañamos con nuestra casa. Hoy la comunidad científica acepta lo que hace ya desde hace mucho tiempo denuncian los humildes: se están produciendo daños tal vez irreversibles en el ecosistema. Se está castigando a la tierra, a los pueblos y las personas de un modo casi salvaje. Y detrás de tanto dolor, tanta muerte y destrucción, se huele el tufo de eso que Basilio de Cesarea llamaba «el estiércol del diablo». La ambición desenfrenada de dinero que gobierna. El servicio para el bien común queda relegado. Cuando el capital se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos, cuando la avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavo, destruye la fraternidad interhumana, enfrenta pueblo contra pueblo y, como vemos, incluso pone en riesgo esta nuestra casa común.

No quiero extenderme describiendo los efectos malignos de esta sutil dictadura: ustedes los conocen. Tampoco basta con señalar las causas estructurales del drama social y ambiental contemporáneo. Sufrimos cierto exceso de diagnóstico que a veces nos lleva a un pesimismo charlatán o a regodearnos en lo negativo. Al ver la crónica negra de cada día, creemos que no hay nada que se puede hacer salvo cuidarse a uno mismo y al pequeño círculo de la familia y los afectos.

¿Qué puedo hacer yo, cartonero, catadora, pepenador, recicladora frente a tantos problemas si apenas gano para comer? ¿Qué puedo hacer yo artesano, vendedor ambulante, transportista, trabajador excluido si ni siquiera tengo derechos laborales? ¿Qué puedo hacer yo, campesina, indígena, pescador que apenas puedo resistir el avasallamiento de las grandes corporaciones? ¿Qué puedo hacer yo desde mi villa, mi chabola, mi población, mi rancherío cuando soy diariamente discriminado y marginado? ¿Qué puede hacer ese estudiante, ese joven, ese militante, ese misionero que patea las barriadas y los parajes con el corazón lleno de sueños pero casi sin ninguna solución para mis problemas? ¡Mucho! Pueden hacer mucho. Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de «las tres T» (trabajo, techo, tierra) y también, en su participación protagónica en los grandes procesos de cambio, nacionales, regionales y mundiales. ¡No se achiquen!

2. Ustedes son sembradores de cambio. Aquí en Bolivia he escuchado una frase que me gusta mucho: «proceso de cambio». El cambio concebido no como algo que un día llegará porque se impuso tal o cual opción política o porque se instauró tal o cual estructura social. Sabemos dolorosamente que un cambio de estructuras que no viene acompañado de una sincera conversión de las actitudes y del corazón termina a la larga o a la corta por burocratizarse, corromperse y sucumbir. Por eso me gusta tanto la imagen del proceso, donde la pasión por sembrar, por regar serenamente lo que otros verán florecer, remplaza la ansiedad por ocupar todos los espacios de poder disponibles y ver resultados inmediatos. Cada uno de nosotros no es más que parte de un todo complejo y diverso interactuando en el tiempo: pueblos que luchan por una significación, por un destino, por vivir con dignidad, por «vivir bien».

Ustedes, desde los movimientos populares, asumen las labores de siempre motivados por el amor fraterno que se revela contra la injusticia social. Cuando miramos el rostro de los que sufren, el rostro del campesino amenazado, del trabajador excluido, del indígena oprimido, de la familia sin techo, del migrante perseguido, del joven desocupado, del niño explotado, de la madre que perdió a su hijo en un tiroteo porque el barrio fue copado por el narcotráfico, del padre que perdió a su hija porque fue sometida a la esclavitud; cuando recordamos esos «rostros y nombres» se nos estremecen las entrañas frente a tanto dolor y nos conmovemos… Porque «hemos visto y oído», no la fría estadística sino las heridas de la humanidad doliente, nuestras heridas, nuestra carne. Eso es muy distinto a la teorización abstracta o la indignación elegante. Eso nos conmueve, nos mueve y buscamos al otro para movernos juntos. Esa emoción hecha acción comunitaria no se comprende únicamente con la razón: tiene un plus de sentido que sólo los pueblos entienden y que da su mística particular a los verdaderos movimientos populares.

Ustedes viven cada día, empapados, en el nudo de la tormenta humana. Me han hablado de sus causas, me han hecho parte de sus luchas y yo se los agradezco. Ustedes, queridos hermanos, trabajan muchas veces en lo pequeño, en lo cercano, en la realidad injusta que se les impuso y a la que no se resignan, oponiendo una resistencia activa al sistema idolátrico que excluye, degrada y mata. Los he visto trabajar incansablemente por la tierra y la agricultura campesina, por sus territorios y comunidades, por la dignificación de la economía popular, por la integración urbana de sus villas y asentamientos, por la autoconstrucción de viviendas y el desarrollo de infraestructura barrial, y en tantas actividades comunitarias que tienden a la reafirmación de algo tan elemental e innegablemente necesario como el derecho a «las tres T»: tierra, techo y trabajo.

Ese arraigo al barrio, a la tierra, al territorio, al oficio, al gremio, ese reconocerse en el rostro del otro, esa proximidad del día a día, con sus miserias y sus heroísmos cotidianos, es lo que permite ejercer el mandato del amor, no a partir de ideas o conceptos sino a partir del encuentro genuino entre personas, porque ni los conceptos ni las ideas se aman; se aman las personas. La entrega, la verdadera entrega surge del amor a hombres y mujeres, niños y ancianos, pueblos y comunidades… rostros y nombres que llenan el corazón. De esas semillas de esperanza sembradas pacientemente en las periferias olvidadas del planeta, de esos brotes de ternura que lucha por subsistir en la oscuridad de la exclusión, crecerán árboles grandes, surgirán bosques tupidos de esperanza para oxigenar este mundo.

Veo con alegría que ustedes trabajan en lo cercano, cuidando los brotes; pero, a la vez, con una perspectiva más amplia, protegiendo la arboleda. Trabajan en una perspectiva que no sólo aborda la realidad sectorial que cada uno de ustedes representa y a la que felizmente está arraigado, sino que también buscan resolver de raíz los problemas generales de pobreza, desigualdad y exclusión.

Los felicito por eso. Es imprescindible que, junto a la reivindicación de sus legítimos derechos, los Pueblos y sus organizaciones sociales construyan una alternativa humana a la globalización excluyente. Ustedes son sembradores del cambio. Que Dios les dé coraje, alegría, perseverancia y pasión para seguir sembrando. Tengan la certeza que tarde o temprano vamos de ver los frutos. A los dirigentes les pido: sean creativos y nunca pierdan el arraigo a lo cercano, porque el padre de la mentira sabe usurpar palabras nobles, promover modas intelectuales y adoptar poses ideológicas, pero si ustedes construyen sobre bases sólidas, sobre las necesidades reales y la experiencia viva de sus hermanos, de los campesinos e indígenas, de los trabajadores excluidos y las familias marginadas, seguramente no se van a equivocar.

La Iglesia no puede ni debe ser ajena a este proceso en el anuncio del Evangelio. Muchos sacerdotes y agentes pastorales cumplen una enorme tarea acompañando y promoviendo a los excluidos en todo el mundo, junto a cooperativas, impulsando emprendimientos, construyendo viviendas, trabajando abnegadamente en los campos de la salud, el deporte y la educación. Estoy convencido que la colaboración respetuosa con los movimientos populares puede potenciar estos esfuerzos y fortalecer los procesos de cambio.

Tengamos siempre en el corazón a la Virgen María, una humilde muchacha de un pequeño pueblo perdido en la periferia de un gran imperio, una madre sin techo que supo transformar una cueva de animales en la casa de Jesús con unos pañales y una montaña de ternura. María es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia. Rezo a la Virgen María, a la que el pueblo boliviano se confía con fervor, para que permita que este Encuentro nuestro sea fermento de cambio.

3. Por último quisiera que pensemos juntos algunas tareas importantes para este momento histórico, porque queremos un cambio positivo para el bien de todos nuestros hermanos y hermanas, eso lo sabemos. Queremos un cambio que se enriquezca con el trabajo mancomunado de los gobiernos, los movimientos populares y otras fuerzas sociales, eso también lo sabemos. Pero no es tan fácil definir el contenido del cambio, podría decirse, el programa social que refleje este proyecto de fraternidad y justicia que esperamos. En ese sentido, no esperen de este Papa una receta. Ni el Papa ni la Iglesia tienen el monopolio de la interpretación de la realidad social ni la propuesta de soluciones a los problemas contemporáneos. Me atrevería a decir que no existe una receta. La historia la construyen las generaciones que se suceden en el marco de pueblos que marchan buscando su propio camino y respetando los valores que Dios puso en el corazón.

Quisiera, sin embargo, proponer tres grandes tareas que requieren el decisivo aporte del conjunto de los movimientos populares:

3.1. La primera tarea es poner la economía al servicio de los Pueblos: Los seres humanos y la naturaleza no deben estar al servicio del dinero. Digamos NO a una economía de exclusión e inequidad donde el dinero reina en lugar de servir. Esa economía mata. Esa economía excluye. Esa economía destruye la Madre Tierra.

La economía no debería ser un mecanismo de acumulación sino la adecuada administración de la casa común. Eso implica cuidar celosamente la casa y distribuir adecuadamente los bienes entre todos. Su objeto no es únicamente asegurar la comida o un “decoroso sustento”. Ni siquiera, aunque ya sería un gran paso, garantizar el acceso a «las tres T» por las que ustedes luchan. Una economía verdaderamente comunitaria, podría decir, una economía de inspiración cristiana, debe garantizar a los pueblos dignidad «prosperidad sin exceptuar bien alguno».[1] Esto implica «las tres T» pero también acceso a la educación, la salud, la inovación, las manifestaciones artísticas y culturales, la comunicación, el deporte y la recreación. Una economía justa debe crear las condiciones para que cada persona pueda gozar de una infancia sin carencias, desarrollar sus talentos durante la juventud, trabajar con plenos derechos durante los años de actividad y acceder a una digna jubilación en la ancianidad. Es una economía donde el ser humano en armonía con la naturaleza, estructura todo el sistema de producción y distribución para que las capacidades y las necesidades de cada uno encuentren un cauce adecuado en el ser social. Ustedes, y también otros pueblos, resumen este anhelo de una manera simple y bella: «vivir bien».

Esta economía no es sólo deseable y necesaria sino también posible. No es una utopía ni una fantasía. Es una perspectiva extremadamente realista. Podemos lograrlo. Los recursos disponibles en el mundo, fruto del trabajo intergeneracional de los pueblos y los dones de la creación, son más que suficientes para el desarrollo integral de «todos los hombres y todo el hombre».[2] El problema, en cambio, es otro. Existe un sistema con otros objetivos. Un sistema que a pesar de acelerar irresponsablemente los ritmos de la producción, a pesar de implementar métodos en la industria y la agricultura que dañan la Madre Tierra en aras de la «productividad», sigue negándoles a miles de millones de hermanos los más elementales derechos económicos, sociales y culturales. Ese sistema atenta contra el proyecto de Jesús.

La distribución justa de los frutos de la tierra y el trabajo humano no es mera filantropía. Es un deber moral. Para los cristianos, la carga es aún más fuerte: es un mandamiento. Se trata de devolverles a los pobres y a los pueblos lo que les pertenece. El destino universal de los bienes no es un adorno discursivo de la doctrina social de la Iglesia. Es una realidad anterior a la propiedad privada. La propiedad, muy en especial cuando afecta los recursos naturales, debe estar siempre en función de las necesidades de los pueblos. Y estas necesidades no se limitan al consumo. No basta con dejar caer algunas gotas cuando lo pobres agitan esa copa que nunca derrama por si sola. Los planes asistenciales que atienden ciertas urgencias sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras. Nunca podrán sustituir la verdadera inclusión: ésa que da el trabajo digno, libre, creativo, participativo y solidario.

En este camino, los movimientos populares tienen un rol esencial, no sólo exigiendo y reclamando, sino fundamentalmente creando. Ustedes son poetas sociales: creadores de trabajo, constructores de viviendas, productores de alimentos, sobre todo para los descartados por el mercado mundial.

He conocido de cerca distintas experiencias donde los trabajadores unidos en cooperativas y otras formas de organización comunitaria lograron crear trabajo donde sólo había sobras de la economía idolátrica. Las empresas recuperadas, las ferias francas y las cooperativas de cartoneros son ejemplos de esa economía popular que surge de la exclusión y, de a poquito, con esfuerzo y paciencia, adopta formas solidarias que la dignifican. ¡Qué distinto es eso a que los descartados por el mercado formal sean explotados como esclavos!

Los gobiernos que asumen como propia la tarea de poner la economía al servicio de los pueblos deben promover el fortalecimiento, mejoramiento, coordinación y expansión de estas formas de economía popular y producción comunitaria. Esto implica mejorar los procesos de trabajo, proveer infraestructura adecuada y garantizar plenos derechos a los trabajadores de este sector alternativo. Cuando Estado y organizaciones sociales asumen juntos la misión de «las tres T» se activan los principios de solidaridad y subsidiariedad que permiten edificar el bien común en una democracia plena y participativa.

3.2. La segunda tarea es unir nuestros Pueblos en el camino de la paz y la justicia.

Los pueblos del mundo quieren ser artífices de su propio destino. Quieren transitar en paz su marcha hacia la justicia. No quieren tutelajes ni injerencias donde el más fuerte subordina al más débil. Quieren que su cultura, su idioma, sus procesos sociales y tradiciones religiosas sean respetados. Ningún poder fáctico o constituido tiene derecho a privar a los países pobres del pleno ejercicio de su soberanía y, cuando lo hacen, vemos nuevas formas de colonialismo que afectan seriamente las posibilidades de paz y de justicia porque «la paz se funda no sólo en el respeto de los derechos del hombre, sino también en los derechos de los pueblos particularmente el derecho a la independencia».[3]

Los pueblos de Latinoamérica parieron dolorosamente su independencia política y, desde entonces llevan casi dos siglos de una historia dramática y llena de contradicciones intentando conquistar una independencia plena.

En estos últimos años, después de tantos desencuentros, muchos países latinoamericanos han visto crecer la fraternidad entre sus pueblos. Los gobiernos de la Región aunaron esfuerzos para hacer respetar su soberanía, la de cada país y la del conjunto regional, que tan bellamente, como nuestros Padres de antaño, llaman la «Patria Grande». Les pido a ustedes, hermanos y hermanas de los movimientos populares, que cuiden y acrecienten esa unidad. Mantener la unidad frente a todo intento de división es necesario para que la región crezca en paz y justicia.

A pesar de estos avances, todavía subsisten factores que atentan contra este desarrollo humano equitativo y coartan la soberanía de los países de la «Patria Grande» y otras latitudes del planeta. El nuevo colonialismo adopta distintas fachadas. A veces, es el poder anónimo del ídolo dinero: corporaciones, prestamistas, algunos tratados denominados «de libres comercio» y la imposición de medidas de «austeridad» que siempre ajustan el cinturón de los trabajadores y de los pobres. Los obispos latinoamericanos lo denuncian con total claridad en el documento de Aparecida cuando afirman que «las instituciones financieras y las empresas transnacionales se fortalecen al punto de subordinar las economías locales, sobre todo, debilitando a los Estados, que aparecen cada vez más impotentes para llevar adelante proyectos de desarrollo al servicio de sus poblaciones».[4] En otras ocasiones, bajo el noble ropaje de la lucha contra la corrupción, el narcotráfico o el terrorismo –graves males de nuestros tiempos que requieren una acción internacional coordinada– vemos que se impone a los Estados medidas que poco tienen que ver con la resolución de esas problemáticas y muchas veces empeora las cosas.

Del mismo modo, la concentración monopólica de los medios de comunicación social que pretende imponer pautas alienantes de consumo y cierta uniformidad cultural es otra de las formas que adopta el nuevo colonialismo. Es el colonialismo ideológico. Como dicen los Obispos de Africa, muchas veces se pretende convertir a los países pobres en «piezas de un mecanismo y de un engranaje gigantesco».[5]

Hay que reconocer que ninguno de los graves problemas de la humanidad se puede resolver sin interacción entre los Estados y los pueblos a nivel internacional. Todo acto de envergadura realizado en una parte del planeta repercute en el todo en términos económicos, ecológicos, sociales y culturales. Hasta el crimen y la violencia se han globalizado. Por ello ningún gobierno puede actuar al margen de una responsabilidad común. Si realmente queremos un cambio positivo, tenemos que asumir humildemente nuestra interdependencia. Pero interacción no es sinónimo de imposición, no es subordinación de unos en función de los intereses de otros. El colonialismo, nuevo y viejo, que reduce a los países pobres a meros proveedores de materia prima y trabajo barato, engendra violencia, miseria, migraciones forzadas y todos los males que vienen de la mano… precisamente porque al poner la periferia en función del centro les niega el derecho a un desarrollo integral. Eso es inequidad y la inequidad genera violencia que no habrá recursos policiales, militares o de inteligencia capaces de detener.

Digamos NO a las viejas y nuevas formas de colonialismo. Digamos SÍ al encuentro entre pueblos y culturas. Felices los que trabajan por la paz.

Aquí quiero detenerme en un tema importante. Porque alguno podrá decir, con derecho, que «cuando el Papa habla del colonialismo se olvida de ciertas acciones de la Iglesia». Les digo, con pesar: se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios de América en nombre de Dios. Lo han reconocido mis antecesores, lo ha dicho el CELAM y también quiero decirlo. Al igual que san Juan Pablo II pido que la Iglesia «se postre ante Dios e implore perdón por los pecados pasados y presentes de sus hijos».[6] Y quiero decirles, quiero ser muy claro, como lo fue san Juan Pablo II: pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América.

También les pido a todos, creyentes y no creyentes, que se acuerden de tantos Obispos, sacerdotes y laicos que predicaron y predican la buena noticia de Jesús con coraje y mansedumbre, respeto y en paz; que en su paso por esta vida dejaron conmovedoras obras de promoción humana y de amor, muchas veces junto a los pueblos indígenas o acompañando a los propios movimientos populares incluso hasta el martirio. La Iglesia, sus hijos e hijas, son una parte de la identidad de los pueblos en latinoamericana. Identidad que tanto aquí como en otros países algunos poderes se empeñan en borrar, tal vez porque nuestra fe es revolucionaria, porque nuestra fe desafía la tiranía del idolo dinero. Hoy vemos con espanto como en Medio Oriente y otros lugares del mundo se persigue, se tortura, se asesina a muchos hermanos nuestros por su fe en Jesús. Eso también debemos denunciarlo: dentro de esta tercera guerra mundial en cuotas que vivimos, hay una especie de genocidio en marcha que debe cesar.

A los hermanos y hermanas del movimiento indígena latinoamericano, déjenme trasmitirle mi más hondo cariño y felicitarlos por buscar la conjunción de sus pueblos y culturas, eso que yo llamo poliedro, una forma de convivencia donde las partes conservan su identidad construyendo juntas una pluralidad que no atenta, sino que fortalece la unidad. Su búsqueda de esa interculturalidad que combina la reafirmación de los derechos de los pueblos originarios con el respeto a la integridad territorial de los Estados nos enriquece y nos fortalece a todos.

3.3. La tercera tarea, tal vez la más importante que debemos asumir hoy, es defender la Madre Tierra.

La casa común de todos nosotros está siendo saqueada, devastada, vejada impunemente. La cobardía en su defensa es un grave pecado. Vemos con decepción creciente como se suceden una tras otra cumbres internacionales sin ningún resultado importante. Existe un claro, definitivo e impostergable imperativo ético de actuar que no se está cumpliendo. No se puede permitir que ciertos intereses –que son globales pero no universales– se impongan, sometan a los Estados y organismos internacionales, y continúen destruyendo la creación. Los Pueblos y sus movimientos están llamados a clamar, a movilizare, a exigir –pacifica pero tenazmente– la adopción urgente de medidas apropiadas. Yo les pido, en nombre de Dios, que defiendan a la Madre Tierra. Sobre éste tema me expresado debidamente en la Carta Encíclica Laudato si’.

4. Para finalizar, quisiera decirles nuevamente: el futuro de la humanidad no está únicamente en manos de los grandes dirigentes, las grandes potencias y las élites. Está fundamentalmente en manos de los Pueblos; en su capacidad de organizar y también en sus manos que riegan con humildad y convicción este proceso de cambio. Los acompaño. Digamos juntos desde el corazón: ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ningún pueblo sin soberanía, ninguna persona sin dignidad, ningún niño sin infancia, ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin una venerable vejez. Sigan con su lucha y, por favor, cuiden mucho a la Madre Tierra. Rezo por ustedes, rezo con ustedes y quiero pedirle a nuestro Padre Dios que los acompañe y los bendiga, que los colme de su amor y los defienda en el camino dándoles abundantemente esa fuerza que nos mantiene en pie: esa fuerza es la esperanza, la esperanza que no defrauda, gracias.  Y, por favor, les pido que recen por mí.

 

[1] Juan XXIII, Carta enc. Mater et Magistra (15 mayo 1961), 3: AAS 53 (1961), 402.

[2] Pablo VI, Carta enc. Popolorum progressio, n. 14.

[3] Pontificio Consejo «Justicia y Paz», Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 157.

[4] V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (2007), Documento Conclusivo, Aparecida, 66.

[5] Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Ecclesia in Africa (14 septiembre 1995), 52: AAS 88 (1996), 32-33; Id., Cart enc. Sollicitudo rei socialis (30 diciembre 1987), 22: AAS 80 (1988), 539.

[6] Juan Pablo II, Bula Incarnationis mysterium, 11.

(from Vatican Radio)


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Las tribus indígenas en grave peligro.

DE ELLAS TAMBIÉN HABLA LA NUEVA ENCÍCLICA. Las tribus indígenas que todavía se encuentran aisladas en la selva amazónica y están siendo diezmadas por las enfermedades y la deforestación.

Los últimos de los últimos

Los últimos de los últimos

De ellas también habla la nueva encíclica del Papa Laudato sii, dedicada al medio ambiente y al destino de la humanidad. Porque son una parte fundamental del medio ambiente aunque no se sabe por cuánto tiempo, si las cosas siguen como hasta ahora. Lamentablemente, en torno a ellas ellas su hábitat se va estrechando como una trampa a medida que se contamina irremediablemente, dejándolas desamparadas. Estamos hablando de comunidades enteras de indígenas del Amazonas, diezmadas por enfermedades que los matan y un proceso de deforestación que las leyes de los gobiernos no son capaces de controlar. La consecuencia es que hay tribus que están a punto de desaparecer, desde Perú hasta Brasil, como denuncia en base a datos concretos la revista Science.

La prestigiosa publicación científica de la American Association for the Advancement of Science lanza la alarma en los días previos a la difusión del documento papal. “Estamos en el umbral de una gran extinción de culturas” denuncia Francisco Estremadoyro, director de la ONG  ProPurus con sede en Lima, Perú. “No hay duda de que es un momento histórico”, agrega, y ciertamente no para el bien de las poblaciones autóctonas.

Resulta difícil saber con exactitud lo que ocurre dentro de tribus que viven aisladas o en muy escaso contacto con personas de otras proveniencias, pero aún así Science recoge testimonios y evidencias suficientes para afirmar que la introducción de enfermedades provoca hasta un 90 por ciento de víctimas dentro de grupos humanos cuya principal defensa contra la agresión de los “enemigos” ha sido el aislamiento, enemigos que no siempre tienen el rostro odioso de los cazadores de riquezas naturales. Como prueba, la revista ilustra el caso de tres grupos que entraron en contacto con poblaciones “vecinas” en los últimos 18 meses: los xinane, los korubo y los awá guajá, y reporta las bajas que inmediatamente se produjeron entre ellos, tanto en términos de natalidad como de mortalidad.

En Brasil, los especialista consideran que entre el 50 y el 90% de las tribus han desaparecido por las enfermedades introducidas desde el mundo exterior entre 1970 y 1989. El gobierno hace todo lo que está a su alcance para impedir el contacto cuando éste puede resultar fatal, pero no consigue frenar una dinámica ya bien conocida y  relacionada con las actividades de extracción y mineras, de las represas hidroeléctricas que son extremadamente necesarias en el país, los oleoductos y las rutas. Las consecuencias resultan inexorables: se reduce el hábitat para las poblaciones indígenas, disminuye el territorio útil con los recursos primarios y medicinales con los que siempre contaron y, junto con el hábitat, se reduce la distancia necesaria con los asentamientos modernos y sus amenazas objetivas.

Grupos étnicos aislados o con contactos muy reducidos todavía quedan en las montañas de Nueva Guinea y de las islas Andamane en el Océano Indico. Pero es en la Amazonia, explica Science, con sus cinco millones de kilómetros cuadrados -el 61 por ciento del territorio nacional brasileño-, una población de 24 millones de almas según el último censo, distribuida en 775 municipios principalmente indígenas, y contenida en un hábitat que incluye un tercio de las selvas y un quinto del agua potable del planeta, con una inmensa red de ríos que cruzan la reserva verde más extensa sobre la faz de la tierra, donde la situación humana de tribus enteras se ha vuelto dramática.

La Funai, el ente nacional brasileño encargado de la tutela del ambiente, contabiliza 26 grupos indígenas que aún se encuentran aislados en Brasil y considera que puede haber otros 78 ocultos en la selva que en otros tiempos se consideraba impenetrable. Pero en la Amazonia peruana “la situación es aún más grave”. Los expertos consultados por Science estiman que hay cerca de 8 mil conglomerados indígenas dispersos en pequeños grupos en la selva tropical. Y las tribus aisladas “son una de las poblaciones más amenazadas del mundo”, asegura Beatriz Huertas, antropóloga con sede en Lima. Sufren en carne propia las distorsiones de un desarrollo que genera marginación y pobreza y que amenaza su misma supervivencia. Estos son precisamente los capítulos a los cuales la encíclica papal dedicará al más que unas cuantas palabras, y es sabido que en la preparación de la misma participó el cardenal brasileño Claudio Hummes, presidente de la Comisión episcopal para la región amazónica. El vecino de banco de Bergoglio en el momento de la elección papal y el hermano que le “inspiró” el nombre que tomó como pontífice.