Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Genova: el almuerzo del Papa con los más necesitados.

Cercanía del Papa Francisco con los pobres, refugiados, sin techo y detenidos en Génova

(RV).- En el marco de la Visita Pastoral del Papa Francisco a Génova, la XVII Visita del Pontífice en Italia, el Santo Padre almorzó con los pobres, refugiados, sin techo y detenidos de esta ciudad, en el Santuario de Nuestra Señora de la Guardia.

En su intenso programa, el Sucesor de Pedro también ha querido abrazar las diversas realidades que componen el tejido social de la ciudad, mostrando su cercanía con las personas descartadas por la sociedad. Han sido alrededor de 130 los comensales que asistieron a la “Sala del Caminetto”, del Santuario de Nuestra Señora de la Guardia, entre ellos: 11 presos de dos cárceles de Génova, 5 provenientes de la cárcel de Marassi y 6 detenidos de la cárcel de Pontedecimo; también fueron invitadas personas pobres y sin hogar, que son asistidos por numerosas asociaciones eclesiales; además de migrantes y solicitantes de asilo alojados en las diversas estructuras de la diócesis.

Con ellos, el Papa compartió viandas típicas de la tradición genovesa, un plato de comida, sobrio pero esencial, hecho con las manos y con el corazón de las personas que trabajan allí, valorizando al más débil, alimentos preparados por las personas de la Cooperativa Social “San Jorge de la Guardia”. Un momento simbólico, un encuentro significativo en continuidad con la historia del Santuario, que desde sus orígenes ha distribuido los alimentos a los pobres, porque las manos y el corazón de la Madre de Jesús – Nuestra Señora de la Guardia, patrona de Génova – están siempre abiertas a sus hijos más débiles, en el espíritu y en el cuerpo.

De este modo, en su visita a Génova, el Papa Francisco vuelve a tocar los “temas candentes” y recurrentes de su pontificado: el anuncio de la alegría del Evangelio, la superación de la cultura del descarte, la falta de trabajo y oportunidades para los jóvenes, la denuncia de la mundanidad como un mal de nuestro tiempo, la propuesta de reforma de la Iglesia que muchas veces es auto-referencial y no misionera; y sobre todo, la acogida a los migrantes y los últimos de la sociedad.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)


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USA: proyecto de ley contra los inmigrantes.

Congreso de EE. UU. debe rechazar proyecto de ley draconiano contra los inmigrantes

Criminalizaría a inmigrantes y perjudicaría gravemente a familias

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USA: el Senado y el proyecto de ley sobre salud. HRW

EE. UU.: El Senado debería rechazar el proyecto de ley sobre salud de la Cámara de Representantes

Reduciría drásticamente el acceso a la atención

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El G7 y Africa. Intervención de Guterres

Guterres alienta al G7 a invertir en el desarrollo de África

El Secretario General, António Guterres, habla en el Consejo de Seguridad. Foto de archivo: ONU/Evan Scheneider

27 de mayo 2017— El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, encomió al G7 por dedicar la última sesión de su Cumbre en Taormina a la cooperación con África.

A la cita en la localidad siciliana fueron invitados los líderes de cinco países africanos: Etiopía, Kenya, Níger, Nigeria y Túnez.

Guterres sostuvo que después de varios años como el continente de mayor crecimiento económico a nivel mundial, en la actualidad África enfrenta varios retos económicos, como la volatilidad en los precios de las materias primas y la debilidad de los mercados mundiales.

“Varios Estados africanos muestran señales de fragilidad, con instituciones débiles que no ofrecen los servicios básicos y que no cuentan con la confianza de la población. A pesar de estas dificultades, África continúa siendo un continente de resiliencia y oportunidades”, dijo.

El Titular de Naciones Unidas sugirió a los integrantes del G7 varias fórmulas para alentar el crecimiento inclusivo e innovador en África, entre las que mencionó la inversión en los jóvenes, la diseminación de las nuevas tecnologías, la inversión en los sectores productivos, y el apoyo a la integración regional.

En su opinión, la falta de atención a estos aspectos tendría dramáticas consecuencias para el bienestar de la población africana que alentarían la fragilidad y los desplazamientos.

“Los altos niveles desempleo juvenil, no solo pueden socavar el desarrollo y genera frustración y alienación. A su vez, pueden convertirse en una amenaza a la paz y la seguridad mundiales.”

Guterres consideró que la llamada cuarta Revolución Industrial creara grandes cambios en el mercado laboral mundial, y que ante las vulnerabilidades que esto implicaría para África, hay que ayudarla a adaptarse mediante el fortalecimiento en las inversiones en la tecnología y en la educación.

En la última jornada del G7 no participó la primera ministra británica Theresa May, que regresó a Londres para seguir las investigaciones tras el atentado de Manchester, pero sí el resto de líderes de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia y Japón.


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Génova; la misión y la fuerza de la oración. El Papa Francisco

“Dejemos las discusiones de los que solo se escuchan a sí mismos, y trabajemos por la paz”

El Papa en la homilía en la Plaza Kennedy, último acto de la visita pastoral en Génova: «Pongámonos en juego con valentía, convencidos de que hay más alegría en el dar que en el recibir»; que los chismes los hagan los otros y que cada uno haga obras «por el bien común»
REUTERS

La misa de Papa Francisco en Génova

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Pubblicato il 27/05/2017
Ultima modifica il 27/05/2017 alle ore 18:00
DOMENICO AGASSO JR.
ENVIADO A GÉNOVA

Los chismes «dejémoslos a los demás». A los que se pierden en «falsas discusiones», escuchándose solo a sí mismos. Hay que trabajar «por el bien común y por la paz», poniéndose en juego «con valentía, convencidos de que hay más alegría en el dar que en el recibir». Lo afirmó el Papa Francisco hoy, 27 de mayo de 2017, en la homilía que pronunció durante la misa en la Plaza Kennedy de la ciudad de Génova, última cita de su visita pastoral. Además, el Pontífice observó y aconsejó: «Viviendo siempre entre cosas que hacer, podemos inquietarnos por nada. Para no dejarnos sumergir por este “mal del vivir”, recordemos cada día “arrojar el ancla en Dios”: llevémosle los pesos, encomendémosle todo».

 

El obispo de Roma reveló: «El poder de Jesús, la fuerza de Dios. Este tema atraviesa las Lecturas de hoy: en la primera, Jesús dice que los discípulos no deben conocer “tiempos o momentos que el Padre ha reservado a su poder”, pero les promete la “fuerza del Espíritu Santo”; en la segunda Lectura, San Pablo habla sobre la “extraordinaria grandeza de su potencia hacia nosotros” y sobre “la eficacia de su fuerza”». Pero, ¿en qué consiste esta fuerza, «este poder de Dios?», se preguntó el Papa Bergoglio.

 

Cristo dice que es un «poder “en el cielo y sobre la tierra”. Es, antes que nada, el poder de conectar el cielo y la tierra». El poder del Hijo de Dios «no se acabó una vez que subió al cielo; continúa todavía y dura para siempre. De hecho, antes de subir hacia el Padre, Jesús dijo: “Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”». Esta no es solo una forma de decir, «una simple tranquilización, como cuando antes de partir para un largo viaje se le dice a los amigos: “Pensaré en ustedes”. No –puntualizó el Papa. Jesús está verdaderamente con nosotros y para nosotros: en el cielo siempre le muestra al Padre su humanidad, nuestra humanidad, es asó “está siempre vivo para interceder” a nuestro favor».

 

El Pontífice subrayó que esta es «la palabra clave del poder de Jesús: intercesión. Jesús intercede ante el Padre día a día, en cada momento, por nosotros. En cada oración, en cada una de nuestras peticiones de perdón, sobre todo en cada Misa, Jesús interviene: le muestra al Padre los signos de su vida ofrecida, sus llagas, e intercede, obteniendo misericordia para nosotros. Él es nuestro “abogado” y, cuando tenemos alguna “causa” importante, hacemos bien al encomendársela a Jesús, intercede por mí, por esa persona, por esa situación…».

 

El Hijo de Dios también nos ha dado la capacidad para interceder, «a nosotros, a su Iglesia, que tiene el poder y también el deber de interceder, de rezar por todos». Francisco invitó a preguntarse: «¿Yo rezo? Nosotros, como Iglesia, como cristianos, ¿ejercemos este poder llevando a Dios a las personas y las situaciones?». Según el Papa, «el mundo lo necesita. Nosotros mismos lo necesitamos».

 

Efectivamente, en nuestros días, observó, «corremos y trabajamos tanto, nos empeñamos por muchas cosas, pero corremos el peligro de llegar cansados a la noche y con el alma apesumbrada, semejantes a una nave llena de mercancías que después de un viaje fatigoso vuelve al puerto con el único deseo de atracar y apagar las luces». Así, viviendo siempre entre «muchas carreras y cosas que hacer, son podemos perder, encerrarnos en nosotros mismos e inquietarnos por nada». Para no dejarnos sumergir «por este “mal de vivir” –aconsejó el Papa–, recordemos cada día “arrojar el ancla en Dios”: llevémosle los pesos, a las personas y las situaciones, encomendémosle todo». Es justamente esta la fuerza decisiva «de la oración, que conecta el cielo con la tierra, que permite que Dios entre en nuestro tiempo».

 

La oración cristiana «no es una manera para estar un poco más en paz con uno mismo o para encontrar cierta armonía interior; nosotros rezamos para llevarle todo a Dios, para encomendarle el mundo: la oración es intercesión. No es tranquilidad, es caridad. Es pedir, es buscar, es llamar a la puerta».

 

Para Francisco la primera responsabilidad de cada ser humano es «interceder sin cansarnos, porque la oración es la fuerza que saca adelante el mundo; es nuestra misión, una misión que –reconoció– al mismo tiempo cuesta fatigas y da paz».

 

Y es «nuestro poder: no prevalecer o gritar más fuerte, según la lógica de este mundo, sino ejercer la fuerza mansa de la oración, con la que se puede incluso detener las guerras y obtener la paz».

 

El Papa también reflexionó sobre la «segunda palabra clave» que se deduce del Evangelio de hoy: el anuncio. Dios envía «a los suyos a anunciarlo solamente con la potencia del Espíritu Santo». Se trata de «un acto de extrema confianza en los suyos», y de la misma manera «Jesús confía en nosotros, ¡cree en nosotros más de lo que nosotros creamos en nosotros mismos! Nos envía, a pesar de nuestras faltas; sabe que no seremos nunca perfectos y que, si esperáramos volvernos mejores para evangelizar, nunca empezaríamos».

 

Pero después Francisco adviritó: «Para Jesús es importante que superemos inmediatamente una gran imperfección: la cerrazón». Porque la Palabra del Señor no puede ser encerrada ni sigilada, el amor de Dios es «dinámico y quiere alcanzar a todos». Para anunciar, pues, se necesita «andar, salir de sí mismos. Con el Señor no se puede estar quietos, acomodados en el propio mundo o en los recuerdos nostálgicos del pasado; con Él está prohibido mecerse en las seguridades adquiridas». Dios no aprecia las comodidades, «sino que incomoda e impulsa siempre». Desea que los hombres siempre estén «en salida, libres de la tentación de conformarse cuando estamos bien y tenemos todo bajo control».

 

El cristiano, entonces, «no está quieto, sino en camino: con el Señor hacia los otros. Pero el cristiano no es un atleta que corre enloquecido o un conquistador que debe llegar antes que los demás. Es un peregrino, un misionero, un “maratoneta con esperanza”: manso pero decidido a caminar; con confianza y al mismo tiempo activo; creativo pero siempre respetuoso; emprendedor y abierto; laborioso y solidario». Por ello, el Papa exhortó: «¡Recorramos con este estilo las calles del mundo!».

 

Los lugares en los que hay que anunciar a Jesús son «las calles del mundo: es sobre todo allí en donde el Señor espera ser conocido hoy». Quiere que «el anuncio sea llevado con su fuerza; no con la fuerza del mundo, sino con la fuerza límpida y mansa del testimonio alegre».

 

Francisco invocó: «Pidamos al Señor la gracia de no “fosilizarnos” en cuestiones que no son centrales, sino dedicarnos plenamente a la urgencia de la misión». Y exhortó: «Dejemos para los demás los chismes y las falsas discusiones de quienes solo se escuchan a sí mismos, y trabajemos concretamente por el bien común y por la paz; pongámonos en juego, convencidos de que hay más alegría en el dar que en el recibir».


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Genova: Sacerdotes y religios@s hoy; en conversación con el Papa

No a los curas Google y Wikipedia”

El Papa en Génova se encuentra con los obispos, el clero y los religiosos de Liguria; pide expulsar a los seminaristas que murmuran, pues «cría cuervos y te comerán los ojos»; no a los sacerdotes «que saben todo» y a los que son «empresarios». Cita al cardenal Canestri: «La Iglesia es como un río, lo importante es estar dentro del río»
ANSA

Papa Francisco en la catedral de Génova

Pubblicato il 27/05/2017
Ultima modifica il 27/05/2017 alle ore 16:07
DOMENICO AGASSO JR.
ENVIADO A GÉNOVA

Responsables de los seminarios, «expulsen a los seminaristas que murmuran», de lo contrario, como dice el dicho, «cría cuervos y te sacarán los ojos». Hay que desconfiar de los sacerdotes «que saben todo», a los que los niños podrían llamar «curas Google y Wikipedia», porque son dañinos, así como los curas «empresarios», que no están abiertos a las sorpresas de Dios. El Papa Francisco lo dijo hoy, 27 de mayo de 2017, por la mañana en la Catedral de San Lorenzo de la ciudad de Génova, en donde se reunió con los obispos de Liguria, con el clero y los religiosos de la región, con los colaboradores laicos de la Curia y con representantes de otras confesiones, en la segunda etapa de su visita a la ciudad. El Pontífice citó al cardenal Giovanni Canestri: «La Iglesia es como un río, lo importante es estar adentro del río».

 

Después del saludo del arzobispo cardenal Angelo Bagnasco, el obispo de Roma respondió a algunas preguntas que le hicieron. Pero antes, al tomar la palabra, pidió «rezar juntos por nuestros hermanos coptos egipcios que han sido asesinados porque no querían renegar su fe. Junto a ellos, junto a sus obispos, a mi hermano Tawadros. Los invito a rezar en silencio y luego juntos un Ave María. Y no olvidemos que hoy los mártires cristianos son más numerosos que en los primeros tiempos de la Iglesia».

 

Padre Santo, le pedimos que nos indique los criterios para vivir una intensa vida espiritual en nuestro ministerio que, en la complejidad de la vida moderna y de las tareas administrativas, tiene a hacer que vivamos dispersos y fragmentados.

 

Diré que entre más imitemos el estilo de Jesús, mejor haremos nuestro trabajo de pastores. Este es el criterio fundamental, el estilo de Jesús. Siempre Jesús estaba en camino, en medio de la gente, la multitud, dice el Evangelio, que distingue bien entre discípulos, multitud, doctores de la ley. Podemos intuir que la mayor parte del tiempo Jesús lo pasaba en la calle: esto quiere decir cercanía a los problemas de la gente, no se escondía; después, por la noche, se escondía para rezar. Esto es útil para nosotros, que siempre vamos con prisas, viendo el reloj porque hay que apurarse; pero este comportamiento no es pastoral. Jesús no hacía esto. Jesús nunca estuvo parado, y, como todos los que caminan, está expuesto a tensiones.

El miedo más grande que debemos tener es a una vida estática, del cura que tiene todo bien resuelto, en orden, estructurado, todo en su lugar. Yo tengo miedo del cura estático, incluso cuando es estático en la oración, de tal hora a tal hora. Pero, ¿no te dan ganas de pasar una hora más con el Señor? Una vida tan estructurada no es una vida cristiana. Tal vez ese párroco sea un buen empresario, pero ¿es cristiano? ¿Por lo menos vive como cristiano? Sí, celebra la misa, pero ¿el estilo? ¿Es cristiano o de empresario? Jesús siempre ha sido un hombre de la calle, de camino, abierto a las sorpresas de Dios; por el contrario, el sacerdote que tiene todo planeado, todo estructurado, generalmente está cerrado a las sorpresas de Dios, y se pierde esa alegría de la sorpresa del encuentro. El Señor te sorprende cuando no te lo esperas pero si eres abierto.

 

No hay que tener miedo de esta tensión que nos toca vivir, nosotros estamos en camino y el mundo es así; un educador, un padre, un sacerdote está expuesto a esta tensión, un corazón que ama siempre vivirá expuesto a esta tensión.

 

Si vemos a Jesús, en los Evangelios nos hacen ver dos momentos fuertes, que son el fundamento: el encuentro con el Padre y el encuentro con las personas, todas, incluso las más incómodas, como los leprosos.

 

La oración: tú puedes rezar como un perico, pero no es la manera correcta: en cambio, encuentra al Señor, cállate, déjate ver, di una cosa al Señor… Encuentro. Con la gente, lo mismo. Nosotros, los sacerdotes, sabemos cuánto sufre la gente que viene a pedir consejo y nosotros respondemos apresuradamente: “Ahora no tengo tiempo”. De prisa y no en camino.

 

Claro, estar con la gente cansa, ¡pero es el pueblo de Dios! Pero, ¡piensen en Jesús! Hay que dejarse cansar por la gente, no defender demasiado la propia tranquilidad.

 

El sacerdote no debe hablar demasiado de sí mismo, no debe sentir la necesidad de verse al espejo. El cansancio que sirve es el de la santidad, y no debe ser autoreferencia.

 

Hay que preguntarse: “¿Soy hombre de la calle? ¿De oreja que sabe escuchar? ¿Me dejo cansar por la gente? Esto era Jesús, no hay otras fórmulas.

 

Nos hará bien a todos los sacerdotes recordar que solo Jesús es el Salvador, no hay otros. Y pensar que Jesús nunca se legó a las estructuras, sino que siempre se vinculaba a las relaciones. Si un sacerdote ve que está legado a las estructuras, algo no funciona.

 

Una vez escuché a un hombre de Dios, posible beato, que decía que en la Iglesia hay que vivir lo mínimo de estructuras y lo máximo de vida, y no al contrario.

Sin la relación con Dios y con el prójimo nada tiene sentido en la vida de un sacerdote: harás carrera, irás a esa parroquia que te gusta, pero el corazón quedará vacío, porque tu corazón está legado a las estructuras y no a las relaciones esenciales, con el Padre y con Jesús y con las personas.

 

Quisiéramos vivir mejor la fraternidad sacerdotal tan aconsejada por nuestro cardenal arzobispo y promovida con encuentros diocesanos, vicariales, peregrinajes, retiros y ejercicios espirituales, semanas de comunidad… ¿Puede darnos alguna indicación?

 

Cuántos años tiene usted (“81 ya cumplidos”, fue la respuesta, ndr.) Somos coetáneos. Le hago una confesión, escuhcándolo hablar así, le habría dado 20 años menos (risas generales, ndr.).

 

Fraternidad es una bella palabra, pero no cotiza en la bolsa de valores, es una palabra, es muy difícil la fraternidad entre nosotros, es un trabajo de todos los días en la fraternidad presbiterial. Nosotros tenemos un peligro, de haber creado esa imagen del cura que sabe todo, que no necesita consejos. Los niños pueden decir: “¡Pero este es un cura Google y Wikipedia!”. Y esto hace daño a la vida presbiterial.

¿Por qué perder tanto tiempo en reuniones? Y ¿cuántas veces en las reuniones yo estoy en órbita y no escucho a mi hermano sacerdote que está hablando? Si el obispo dijera: “Ustedes saben que el año que viene aumenta el 8X1000” (impuesto en Italia destinado por los contribuyentes que lo deseen a la Iglesia católica, ndr.), ¡ahí sí avanza la atención! (Risas generales, ndr.) Hay preguntas que debemos hacernos mientras en las reuniones no escucho al otro que está hablando: ¿Por qué no me interesa? ¿Por qué no me interesa lo que está diciendo mi hermano sacerdote?

 

Hay que escucharse, rezar juntos, un buen almuerzo, y hacer fiesta juntos; los sacerdotes jóvenes, un partidito de futbol juntos, esto hace bien: ser hermanos, la fraternidad es muy humana. Los “hermanos” son una riqueza para el otro.

 

Los sacerdotes y los obispos no somos el Señor, nosotros somos los discípulos del Señor, debemos ayudarnos, también discutir, como los discípulos que discutían sobre quién era el más grande entre ellos, pero no chismear, “decir por detrás”. “¿Escuchaste lo que dijo este tonto?”; no a las murmuraciones y a las competiciones.

 

Pensé tres veces si podía decirlo, no sé si debo decirlo, pero puedo decirlo (risas, ndr.). Para hacer un nombramiento de un obispo se piden informaciones a sacerdotes, fieles, consagrados: A veces se encuentran calumnias u opiniones que, sin ser graves, devalúan al sacerdote, y se entiende inmediatamente que detrás están los celos. Cuando no hay fraternidad sacerdotal está la traición de la fe. Para seguir adelante, para crecer, se despluma al hermano.

 

El gran enemigo contra la fraternidad sacerdotal son la envidia y los celos. Sucede que a veces es más importante la ideología que la fraternidad, e incluso que la doctrina. ¿A dónde hemos llegado?

Puede ayudar saber que ninguno de nosotros es el todo, todos somos parte de un cuerpo, la Iglesia de Cristo. La pretensión de tener razón siempre te lleva a equivocarte, pero esto se aprende desde el seminario.

 

Un buen arzobispo de aquí, el cardenal Canestri, decía que “la Iglesia es como un río, lo importante es estar adentro del río”, pero estar a la derecha o a la izquierda del río es una variedad lícita, lo importante es estar dentro del río. Y muchas veces nosotros queremos que el río se haga pequeño y que esté solo de nuestra parte, y condenamos a los demás. Esto no es fraternidad. Todos dentro del río.

 

Esto se aprende en el seminario, y yo lo aconsejo a los formadores: si ven a un seminarista bueno, inteligente, pero que es un chismoso, expúlsenlo: será una hipoteca para la fraternidad. Hay un dicho: cría cuervos y te sacarán los ojos; si crías cuervos en el seminario, destruirán cualquier fraternidad en el presbiterio.

Y luego están el párroco y el vicepárroco, a veces van de acuerdo, a veces están en partes diferentes del río: hagan un esfuerzo para comprenderse y hablarse, lo importante es estar dentro del río y no chismear, se necesita crear unidad; debemos tomar los dones, los carismas, las luces de cada uno.

 

Una vez, algunos monjes fueron a ver al abad Pafnuncio, preocupados por los pecados de uno de ellos y le pidieron ayuda a él: “Sí, he visto en la orilla del río a un hombre en el lodo hasta las rodillas, algunos hermanos querían darle una mano, y, por el contrario, lo hundieron hasta el cuello; hay algunas ayudas que en realidad tratan de destruir, disfrazadas de ayudas”.

 

Una cosa que nos ayudará mucho cuando nos encontremos frente a los pecados y a las cosas feas de nuestros hermanos que tratan de romper la fraternidad es preguntarse: ¿cuántas veces yo he sido perdonado?

 

Usted ha vivido una larga vida consagrada en diferentes situaciones y con diferentes roles de responsabilidad. ¿Qué puede decirnos para vivir nuestra consagración con mayor intensidad, fieles a nuestro carisma, a nuestro apostolado y a la diócesis? (Pregunta de la madre Rosangela Sala, presidenta de Usmi lígure, ndr.)

 

Madre Rosangela, la conozco desde hace años. Es buena, pero tiene un defecto, conduce a 140 kilómetros por hora (risas, ndr.). La diócesis es esa porción del pueblo de Dios que tiene cara. Ha hecho, hace y hará historia. Todos estamos dentro de la diócesis. Nos ayuda para que nuestr fe no sea teórica. Y ustedes, consagradas y consagrados, son un regalo para la Iglesia, cada carisma es un regalo para la Iglesia universal, pero siempre es interesante ver como todos los carismas nacen en un lugar concreto y están unidos con la vida de la diócesis concreta, no nacen en el aire. Lugar concreto que después crece y tiene un carácter universal, pero en el origen siempre tiene una concreción. Es bello hacer memoria de cómo no hay un carisma sin una experiencia fundadora concreta, raíces concretas. Pensemos en los franciscanos: el lugar que nos viene a la mente inmediatamente es Asís, “Pero somos universales”. Sí, es cierto, pero el origen concreto prevalece. El carisma es para ser encarnado, nace en un lugar concreto y luego crece. Pero siempre hay que buscar dónde nació. Esto nos enseña a amar a la gente en los lugares concretos. Concretamente. La concreción de la Iglesia la da la diocesanidad. Esto no quiere decir matar el carisma, no, ayuda a que el carisma se vuelva más real, más visible, más cercano. Cuando la universalidad de un instituto se olvida que debe insertarse en los lugares concretos, en las diócesis concretas, esta orden al final olvidará dónde nació. Se universaliza, pero no hay esa concreción de la diocesanidad. Institutos religiosos voladores no existen, y si alguien tiene esa pretensión, acabará mal.

 

Y pensar en la universalidad sin concreción lleva a la autoreferencialidad. Y después subrayo la disponibilidad. Disponibilidad para ir a donde hay más riesgos, necesidades; hay que donar el carisma, insertarse donde hay más necesidades, en todas las periferias. Estas periferias son el reflejo de los lugares en los que nació el carisma primordial. Y cuando digo disponibilidad también digo revisión de las obras: a veces se hacen porque no hay personal; pero también cuando no hay personal es bueno preguntarse: ¿nuestro carisma es necesario aquí? Hay que ser disponibles, con prudencia de gobierno, pero sin miedo de los riesgos.

 

¿Cómo afrontar la general disminución de vocaciones a la vida sacerdotal y consagrada?

 

Hay un problema demográfico, en Italia estamos bajo cero. Si no hay chicos, no hay vocaciones; era más fácil en tiempos de familias numerosas. Es más fácil convivir con un gato y con el perro que con el hijo, porque me aseguro el amor programado, me siento acompañado por el perro o el gato. En cada época debemos ver las cosas que suceden como un paso del Señor: hoy, el Señor pasa a vernos y nosotros debemos preguntarnos qué sucede.

 

También está la crisis matrimonial, los jóvenes ya no se casan, prefieren convivir. Es una crisis trasversal. Una crisis trasversal que, como tal, es un tiempo para preguntarle al Señor: ¿qué debemos hacer? ¿Cambiar? Afrontar los problemas es necesario, aprender de los problemas es algo obligatorio.

 

Hay que buscar una respuesta a esto, que no sea reductiva, de conquista. Recuerdo como si fuera ahora: “la trata de las novicias”, título del periódico italiano “Corriere della Sera”, creo que de hace algunos años. Fue un escándalo. Una congregación que cogía el pullman, iba a lugares pobres, convencía a las chicas a que fueran a Buenos Aires para que convertirse en novicias, y las cosas no funcionaban. Y este es un dato de hace quince años, pero ha sucedido también en Roma, congregaciones que iban a los países extracomunitarios, pobres: encontraban personas que no tenían vocación, pero que no querían estar allí en esos lugares, entonces venían aquí, no se consagraban, algunos tal vez encontraban trabajo, pero otros acababan en la calle.

 

Los jóvenes piden testimonio de autenticidad, armonía con el carisma. Nosotros debemos comprender que con los comportamientos mundanos somos nosotros los que provocamos ciertas crisis vocacionales, hemos sido nosotros mismos. Se necesita una conversión pastoral, misionera, testimonio que atraiga las vocaciones.

 

Las vocaciones existen, Dios las da, pero si tu, sacerdote o monja, siempre estás ocupado y no tienes tiempo de escuchar a los jóvenes que vienen (que a veces son aburridos), no las cultivamos; los jóvenes están en movimiento: hay que hacerles propuestas misionales. Haciendo estas obras de bien con ellos el Señor les habla.

El testimonio también se ofrece sin palabras. Acabo con una anécdota: en la zona en la que era obispo auxiliar, en un hospital cerca del vicariato, había tres monjitas ancianas y enfermas de una congregación que no tenía gente: la madre general, con buen sentido, las volvió a llamar; un sacerdote llamó a la madre general de una congregación de Corea para pedirle ayuda. Llegan tres monjas coreanas y después de algunos días los enfermos estaban felices: «¡Qué monjas más buenas!». «¿Pero, qué están diciendo, cómo las entienden si no hablan ni una palabra de español?». «La sonrisa», el lenguaje de gestos, del testimonio del amor. Incluso sin palabras se puede atraer a la gente. El testimonio es la clave de las vocaciones.


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Genova: diálogo del Papa con empresarios y trabajadores.

El Papa: quien despide y deslocaliza no es un empresario, sino especulador

Las respuestas de Francisco en el diálogo con los trabajadores de la Ilva: citó el primer artículo de la Constitución italiana: «Podemos decir que quitarle el trabajo a la gente o explotar a la gente con trabajo indigno o mal pagado es anticonstitucional»
REUTERS

Papa Francisco en la fábrica de acero Ilva

Pubblicato il 27/05/2017
Ultima modifica il 27/05/2017 alle ore 11:41
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A GÉNOVA

Quien despide y deslocaliza para tener más ganancias no es un buen empresario, es más no es un empresario sino un especulador. Lo dijo Francisco durante su primer discurso en Génova, en un padellón de la acerería italiana Ilva. Los empleados en la actualidad son 1550 (hasta hace algunos años eran más de 3000), y cuatrocientos de ellos reciben salarios recortados. El desafío que el sector de la siderurgia debe afrontar es el de mantener y conquistar nuevas cuotas de mercado, pero tratando de que la producción de acero sea compatible con el medio ambiente. En este ámbito se están obteniendo algunos resultados. La clausura de uno de los mayores hornos ha permitido que la producción sea sostenible desde el punto de vista ambiental. Pero se necesitan más inversiones para completar la fase de limpieza de la estructura.

 

El empresario Ferdinando Garrè, del Distrito Reparaciones Navales, le pidió al Papa una palabra «que nos consuele y nos anime frente a los obstáculos con los que nos topamos nosotros los empresarios todos los días».

 

Es la primera vez que vengo a Génova, y estar tan cerca del puerto me recuerda de dónde salió mi papá, y esto me emociona, una gran emoción. Gracias por su acogida. Yo conocía las preguntas y he escrito algunas ideas para responder y también, con la pluma en la mano, para tomar alguna cosa que se me ocurra en el momento para responder. Pero estas preguntas sobre el mundo del trabajo, quise pensarlas bien, para responder bien, porque hoy el trabajo está en peligro. Es un mundo en el que el trabajo no se considera con la dignidad que tiene y que da. Por esto, responderé con las cosas en las que he pensado, algunas que voy a decir en un momento. Hago una premisa una premisa. La premisa es: ¡el mundo del trabajo es una prioridad humana! Y, por lo tanto, es una prioridad cristiana, una prioridad nuestra, y también una prioridad del Papa, porque está en ese primer mandamiento que Dios dio a Adán («Ve, haz que crezca la tierra, trabaja la tierra, domínala»). Siempre ha existido una amistad entre la Iglesia y el trabajo, a partir de Jesús, trabajador, en donde hay un trabajador ahí está el interés y el amor del Señor y de la Iglesia. Creo que es claro. Es muy bella esta pregunta que viene de un empresario, de un ingeniero; en su manera de hablar de la empresa surgen las típicas virtudes del empresario. Como esta pregunta la hace un empresario, hablaremos de ellos. La creatividad, el amor por la propia empresa la pasión y el orgullo por la obra de las manos suyas y de los trabajadores, el empresario es una figura fundamental de una buena economía. No hay buena economía sin buenos empresarios. Sin su capacidad de crear, crear trabajo, crear productos, en sus palabras se siente también el afecto por la ciudad. Y se entiende esto. Por su economía, por la calidad de las personas, de los trabajadores y también por el ambiente, el mar. Es importante reconocer la virtud de los trabajadores y de las trabajadoras . Su necesidad de trabajadores y trabajadoras de hacer el trabajo bien, porque hay que hacerlo bien. A veces se piensa que uno trabaja bien solo porque se le paga. Esta es una grave desestimación del trabajo y del trabajador. Porque niega la dignidad del trabajo, que comienza justamente con trabajar bien, por dignidad, por honor. El verdadero empresario, trataré de trazar el perfil del buen empresario: conoce a sus trabajadores, porque trabaja a su lado, con ellos, no nos olvidemos de que el empresario debe ser antes que nada un trabajador. Si él no tiene esta experiencia de la dignidad del trabajo, ¡no será un buen empresario! Comparte las fatigas de los trabajadores y comparte las alegrías del trabajo,de resolver juntos problemas, de crear algo juntos. Cuando debe despedir a alguien es siempre una decisión dolorosa y no lo haría si pudiera. Ningún buen empresario ama despedir a su gente. No. Quien piense resolver el problema de su empresa despidiendo gente, no es un buen empresario, es un comerciante. Hoy vende a su gente, mañana vende la dignidad propia. Sufre siempre y a veces de este sufrimiento nacen nuevas ideas para evitar el despido. Este es el buen empresario. Yo me acuerdo… hace un año, un poco menos, en la Misa de Santa Marta, a las 7 de la mañana (a la salida yo saludo a la gente que está ahí), y se acercó un hombre que lloraba: «Vine a pedirle una gracia, yo estoy al límite y tengo que hacer una declaración de bancarrota y esto significaría despedir a unos 60 trabajadores, y no quiero, porque siento que me despido a mí mismo». Y ese hombre lloraba, ese es un buen empresario. Luchaba y rezaba por su gente, porque era suya, “mi familia”, ¿no? Se unieron. Una enfermedad de la economía es la progresiva transformación de los empresarios en especuladores. El empresario no debe ser confundido con el especulador, son dos tipos diferentes. El especulador es una figura semejante a la que Jesús en el evangelio llama mercenario para contraponerlo al buen pastor. No ama su empresa, a sus trabajadores, sino que los ve solo como medios para obtener ganancias usa la empresa y a los trabajadores para obtener ganancias. Despedir, cerrar, mover la empresa no les crean ningún problema, porque el especulador usa intrumentaliza, come personas y medios por sus objetivos de ganancia. Cuando la economía está habitada, en cambio, por buenos empresarios, las empresas son amigas de la gente y también de los pobres. Cuando pasa a las manos de los especuladores, todo se arruina, con él pierde rostro y pierde los rostros, es una economía sin rostros. Una economía abstracta. Detrás de las decisiones del especulador no hay personas, y entonces no se ven las personas que hay que despedir, que recortar, cuando la economía pierde el contacto con los rostros de las personas concretas se convierte en una economía sin rostro y por lo tanto en una economía despiadada.

 

Hay que temer a los epspeculadores no a los empresarios. Hay muchos buenos. Hay que temer a los especuladores, pero, paradójicamente, el sistema político parece animar a los que especulan sopre el trabajo y no a quienes invierten en el trabajo ¿Por qué? Porque crea burocracia y controles partiendo de la hipótesis de que los creadores de la economía son espelculadores y los que no lo son no tienen ventajas. Se sabe que reglamentos y leyes pensados para los deshonestos acaban penalizando a los honestos. Y hoy hay muchos verdaderos empresarios, honestos que aman a sus trabajadores, a la empresa que trabajan a su lado para sacar adelante la empresa, y estos son los más golpeados por estas políticas que favorecen a los especuladores. Pero los empresarios honestos y virtuosos salen adelante a pesar de todo. Me gusta citar una bella frase de Luidi Einaudi, economista y Presidente de la República Italiana. Escribió: «Miles, millones de individuos producen y trabajan y ahorran, a pesar de todo lo que nosotros podamos inventar para molestarlos, obstaculizarlos, desanimarlos. Es la vocación natural que los impulsa; no solo la sed de dinero. El gusto, el orgullo de ver a la propia empresa prosperar, adquirir crédito, constituyen un resorte de progreso tan potente como las ganancias. Si no fuera así, no se explicaría cómo existen empresarios que en la propia empresa prodigan todas sus energías e invierten todos sus capitales para tener utilidades a menudo mucho más modestas de las que podrían segura y cómodamente tener con otros usos». Le agradezco por lo que usted dijo, porque usted es un representante de estos empresarios, y estén atentos, ustedes empresarios, y también los trabajadores, cuidado con los especuladores, y también con las reglas y con las leyes que al final favorecen a los especuladores y no a los verdaderos empresarios y al final dejan a la gente sin trabajo.

 

Micaela, representante sindical, habló sobre la nueva frontera tecnológica y sobre el temor de que, en lugar de crear nuevos empleos, pueda crear precariedad y malestar social: «Hoy –dijo– la verdadera revolución sería precisamente la de transformar la palabra “trabajo” en una forma concreta de rescate social».

 

Me viene a la mente un juego de palabras: tú acabaste con “rescate social”, y yo diría “chantaje social” (el juego de palabras es con los vocablos italianos “riscatto” y “ricatto”, ndr.). Lo que ahora digo es una cosa real, que sucedió hace un año en Italia. Había una cola de gente desempleada para encontrar trabajo, un trabajo interesante, de oficina. La chica que me lo contó, una chica culta, hablaba algunas lenguas (que era importante para ese puesto)… Le dijeron: «Sí, pero serán entre 10 y 11 horas al día». Ella dijo que sí, inmediatamente, porque lo necesitaba: «Empezamos con 800 euros al mes». Y ella dijo: «¿Solo 800 euros por 11 horas?». Y el especulador: «Señorita, vea usted la cola; si no le gusta, váyase». Este no es un rescate, ¡este es un chantaje! El trabajo en negro: otra persona me contó que trabajó se septiembre a junio. Y luego lo despidieron en junio y lo volvieron a contratar en septiembre. Y así se juega, el trabajo en negro. El diálogo en los lugares de trabajo no son menos importantes de los que se hacen en las parroquias o en las solemnes salas de congresos, los lugares de la Iglesia son los lugares de la vida. Alguno podría decir: «¡Qué viene a decirnos este cura, que se vaya a su parroquia!». No, todos somos el pueblo de Dios. Muchos de los encuentros entre DIos y los hombres sobre los que nos hablan la Biblia y los Evangelios se dieron mientras las personas trabajaban. Los primeros discípulos de Jesús eran pescadores y fueron llamados justamente mientras estaban trabajando a orillas del lago. La falta de trabajo es mucho más que no tener una fuente de ingresos para poder vivir. El trabajo también es esto, pero es mucho más: trabajando nos volvemos más persona, nuestra humanidad florece, la Doctrina social de la Iglesia siempre ha visto el trabajo como participación en la creación que continúa gracias a las manos, a la mente y al corazón de los trabajadores. Sobre la tierra hay pocas alegrías más grandes que las que experimentamos trabajando. Así como hay pocos dolores más grandes de cuando el trabajo aplasta, humilla, mata. El trabajo es amigo del hombre y el hombre es amigo del trabajo. Con el trabajo, los hombres y las mujeres son ungidos de dignidad.

 

Alrededor del trabajo se edifica todo el pacto social; cuando no se trabaja, se trabaja mal o poco es la democracia la que entra en crisis, todo el pacto social entra en crisis. Y también es este el sentido del primer artículo de la Constitución italiana: «Italia es una república fundada sobre el trabajo». ¡Podemos decir que quitarle el trabajo a la gente o explotar a la gente con trabajo indigno o mal pagado es anticonstitucional, según este artículo! Si no estuviera fundada sobre el trabajo, la República italiana no sería una democracia, porque el lugar del trabajo siempre lo han ocupado los privilegios, las castas, las ganancias. Hay que ver las transformaciones tecnológicas y no resignarse a la ideología que imagina un mundo en el que tal vez la mitad o dos terceras partes de los trabajadores trabajen y los demás sean mantenidos con un pago social. Debe quedar claro que el objetivo social que hay que alcanzar no es el rédito para todos, sino el trabajo para todos. Porque sin trabajo para todos no habrá dignidad para todos. El trabajo de hoy y de mañana serán diferentes, tal vez muy diferentes, pensemos en la revolución industrial. Habrá una revolución, ¡pero tendrá que ser trabajo, no pensión! ¡No pensionados; trabajo! Uno se jubila a la edad justa, es un acto de justicia, pero es contra la dignidad de las personas jubilarlas a 35-40 años, con un pago del Estado. ¡Y te las arreglas! ¿Tengo qué comer? Sí. ¿Tengo dignidad? No, porque no tengo trabajo. Sin el trabajo no se puede sobrevivir, porque para vivir se necesita el trabajo y la decisión es entre sobrevivir y vivir. Y se necesita trabajo para todos, para los jóvenes. ¿Ustedes saben el porcentaje de jóvenes de 25 años para abajo sin empleo en Italia? No lo diré, busquen las estadísticas. Pero esta es una hipoteca del futuro, porque estos jóvenes crecen sin dignidad, porque no están unidos por el trabajo, que da dignidad. Es el núcleo de la cuestión. Un pago estatal, mensual, con el que saques adelante a la familia, no resuelve el problema. El problema debe ser resuelto con el trabajo para todos.

 

 

Al final, Victoria, una desempelada, le explicó al Papa que los desempelados sienten que las instituciones «no solo están lejos», sino que son «madrastras» más ocupadas «en un asistencialismo pasivo que en crear las condiciones que favorecen el trabajo… ¿En dónde podemos encontrar la fuerza para no tirar nunca la toalla?».

 

Precisamente así, quien pierde el trabajo y no logra encontrar otro siente que pierde la dignidad. Como los que se ven obligados a aceptar trabajos malos y equivocados. Todavía existen trabajos malos y equivocados en el tráfico de armas, en la pornografía, en los juegos de azar y en todas las empresas que no respetan ni a los trabajadores ni el medio ambiente, como los que reciben mucho dinero para que el trabajo ocupe toda la vida, sin horarios. Una paradoja de nuestras sociedades es la presencia de una cuota de personas que quisieran trabajar pero no pueden, o los otros que quisieran trabajar menos, pero no lo logran porque han sido comprados por las empresas. El trabajo se convierte en un hermano cuando a su lado está la fiesta, el tiempo libre. Sin esto, solo se vuelve trabajo esclavizante, aunque esté muy bien pagado. En las familias en las que hay desempleados nunca hay un domingo verdadero, porque falta el trabajo del lunes. Para celebrar la fiesta es necesario poder celebrar el trabajo, van de la mano, uno marca el tiempo del otro. El consumo es un ídolo de nuestro tiempo, es el consumo el centro de nuestra sociedad y después el placer. Hoy existen los nuevos templos abiertos 24 horas, que prometen la salvación, puntos de puro consumo y de puro placer. El trabajo es fatiga, es sudor, cuando una sociedad hedonista ve y quiere solo el consumo, no comprende el valor de la fatiga ni del sudor, no comprende el trabajo. Todas las idolatrías son experiencias de puro consumo. Sin volver a encontrar una cultura que estima la fatiga y el sudor, no volveremos a encontrar una nueva relación con el trabajo y seguiremos soñando el consumo del puro placer. El trabajo es el centro de todo pacto social, no un medio para poder consumir. Entre el trabajo y el consumo hay muchas cosas, importantes y bellas: libertad, honor, dignidad, derechos de todos. Si malbaratamos el trabajo al consumo, también malbarataremos estas palabras hermanas.

 

Muchas de las oraciones más bellas de nuestros padres y abuelos eran oraciones del trabajo, recitadas antes, durante y después del trabajo. El trabajo está presente todos los días, en la eucaristía cuyos dones son fruto de la tierra y del trabajo del hombre. Los campos, el mar, las fábricas, siempre han sido altares desde los que se han elevado oraciones bellas y puras, que Dios ha reunido y recibido, recitadas, pero también dichas con las manos, con el sudor, con la fatiga del trabajo de los que no sabían rezar con la boca. Dios acogió todas estas, y sigue acogiéndolas también hoy. Por ello, quisiera concluir con una oración: el ven Espíritu Santo: «Mándanos un rayo de luz, ven, Padre de los pobres, de los trabajadores y de las trabajadoras».