Loiola XXI

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Filipinas: Marawi y el terrorismo islámico.

FILIPINAS – El obispo: “Lloramos por los dos estudiantes católicos, pero Marawi será reconstruida”

miércoles, 25 octubre 2017

FILIPINAS

2017-10-25

Marawi (Agencia Fides) – “Hoy experimentamos sentimientos contrastados, estamos felices por el final del conflicto en Marawi porque se abre una nueva era de esperanza. Pero estamos de luto por la muerte de dos estudiantes católicos mientras estaban prisioneros, durante los bombardeos aéreos en la ciudad. Por suerte otras tres mujeres católicas, capturadas junto con el p. Chito Soganub mientras estaban en la catedral, han sido liberadas y están a salvo. Ahora pensaremos en la reconstrucción de la catedral pero, sobre todo, en la reconstrucción física, psicológica y espiritual de nuestra comunidad católica: las vidas de los fieles han sido trastornadas, las familias se encuentran desplazadas y deben reconstruir sus casas y recuperar sus medios de subsistencia. Saldremos al encuentro de nuestros 2.000 fieles católicos en Marawi para ayudarlos a organizar su regreso a la ciudad y que puedan reanudar sus vidas”: así lo explica a la Agencia Fides el obispo Edwin de la Peña, que dirige la Prelatura Apostólica de Marawi, tras el asedio en el que el ejército filipino ha luchado contra 800 yihadistas que el 23 de mayo invadieron la ciudad, provocando la fuga y el desplazamiento de más de 200 mil personas.
En los últimos días, el obispo se ha reunido con la familia de Sam Mangumpit, uno de los dos estudiantes católicos que han perdido la vida en Marawi. “He visto gente con una gran fe y un espíritu de resistencia que es fruto de la fuerza del Espíritu de Cristo Resucitado”, ha comentado el obispo a la Agencia Fides. Viendo “el bien que Dios sabe sacar del mal”, Mons. De la Peña señala: “La guerra ha generado una enorme movilización de buena voluntad, de apoyo y solidaridad hacia nosotros, en Filipinas y en el exterior. Creo que la catedral se reconstruirá con fondos y contribuciones locales. El gobierno nos ha incluido como receptores de fondos para la reconstrucción, pero no creo que lo necesitemos para la catedral”.
“Estoy contento y muy animado, – agrega el Obispo -, por las iniciativas de muchas organizaciones que están haciendo todo lo posible para recaudar los fondos necesarios para la difícil tarea de reconstruir Marawi y, sobre todo, reconstruir la vida de la comunidad. Todos queremos contribuir a construir una paz duradera. Entre los musulmanes y los cristianos de Marawi, después de esta experiencia de sufrimiento compartido, el vínculo de amistad, solidaridad y apoyo mutuo se ha fortalecido enormemente. Esto da esperanza”.
Y aunque después de cinco meses exactos, el 23 de octubre, el gobierno filipino ha declarado oficialmente el final de los enfrentamientos armados con los militantes islámicos en Marawi, “el extremismo islámico sigue siendo una amenaza para Mindanao”, ha declarado el cardenal Orlando Quevedo, arzobispo de Cotabato. “No se excluye que los militantes puedan atacar o pensar en construir el Califato en otras áreas de Mindanao”, ha explicado el cardenal al concluir una reciente asamblea de líderes católicos de Mindanao, que se ha celebrado en Davao. Los grupos yihadistas como Bangsamoro Islamic Freedom Fighters y Abu Sayyaf, que han jurado lealtad al Estado Islámico (Isis), continúan reclutando jóvenes en la región. Es por eso que el gobierno “debe continuar vigilando el terrorismo y la violencia”, ha agregado.
En su asamblea, los obispos también han discutido sobre la ley marcial vigente en toda la isla de Mindanao y, como ha informado el cardenal, no han pedido al presidente Duterte que la suspenda porque: “hay mucho temor en las comunidades católicas, sabemos que la ley marcial es una herramienta para combatir el terrorismo y es una medida que debe ser temporal; por ahora no se ha informado de hechos o abusos para solicitar la suspensión inmediata”, ha dicho para terminar el Cardenal Quevedo. (PA) (Agencia Fides 25/10/2017)

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Filipinas: la lucha por Marawi

FILIPINAS – Marawi, liberan al vicario y retoman la mezquita: fase final del asedio

Manila – “Estamos felices por la liberación del p. Chito. Damos gracias al Señor y a todos los que en el mundo han rezado por su salvación. Elogiamos los esfuerzos del ejército filipino, que en un trabajo peligroso y difícil están haciendo todo lo posible para proteger la vida de los rehenes”. Con estas palabras, lanzadas a través de la Agencia Fides, el Obispo de Marawi, Edwin De La Peña, ha recibido la noticia de la liberación del vicario de la Prelatura apostólica de Marawi, el p. Teresito Suganob , liberado en la noche entre el sábado 16 y el domingo 17 de septiembre, en compañía de otro rehén, gracias a una acción de los militares involucrados en el asedio de Marawi, ciudad ocupada el 23 de mayo por militantes del grupo “Maute” que han jurado lealtad al Estado islámico.
También han expresado su gran alegría los Obispos y las comunidades católicas filipinas, que han difundido mensajes con el lema “Bienvenido entre nosotros, p. Chito”. Los líderes y comunidades islámicas de la isla de Mindanao se han unido a ellos manifestando su satisfacción por la liberación del padre.El sacerdote ha sido rescatado por las fuerzas del gobierno después de que el ejército retomase la mezquita de Bato, una de las fortalezas del grupo de Maute en el centro de la ciudad. Según han informado fuentes militares, los terroristas, ocupados en enfrentamientos con algunos soldados, abandonaron a los rehenes que pudieron huir.
El ejército filipino está estrechando filas hacia la última etapa del asedio y ha pedido con frecuencia a los yihadistas que se rindan.Se estima que los combatientes que todavía están en el centro de Marawi son unos 80 con unos 40 rehenes. La batalla que se prolonga desde hace más de tres meses ha provocado ya 860 víctimas: 660 militantes y 147 del ejército. La ciudad parece desfigurada por la guerra urbana, en la que se han producido bombardeos. Según estimaciones del gobierno, servirán más de 50 mil millones de dólares para reconstruir Marawi, una ciudad de aproximadamente 200,000 personas en su mayoría musulmanes, actualmente todos desplazados en las áreas circundantes.


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Filipinas: católicos y musulmanes rehenes de los yihadistas.

FILIPINAS – Crisis de Marawi: “En el dolor no perdemos la esperanza”, dice el obispo

Roma – “La situación en Marawi es crítica, pero tenemos la esperanza de que terminará bien. Tenemos noticias alentadoras, sabemos que nuestros rehenes católicos están vivos y el ejercito a garantizado que no serán tratados como “daños colaterales”, sino que harán todo lo posible para salvarlos. El presidente Duterte también ha dicho que la mezquita no será bombardeada, ya que en ella están los pocos rebeldes y rehenes que quedan.
Nosotros seguimos orando y esperando”: dice a la Agencia Fides Mons. Edwin De La Peña, Obispo de la Prelatura Territorial de Marawi, en la isla filipina de Mindanao, explicando la situación local, mientras el ejército filipino sigue sitiando una pequeña porción de territorio de la ciudad, ocupada hace más de tres meses por militantes yihadistas que se han proclamado leales al Estado Islámico. El Obispo señala: “Incluso en esta situación de dolor y destrucción, con fe podemos decir que el futuro de Marawi será bueno, porque todos juntos, musulmanes y cristianos, con la ayuda de muchos donantes internacionales, reconstruiremos la ciudad y su tejido social de armonía y solidaridad interreligiosa”.El Obispo está entre los firmantes de una declaración solemne titulada “Un grito de paz para Mindanao”, escrito al final de una reunión promovida de la Comunidad de San Egidio en Roma, en presencia del Cardenal Orlando Quevedo, Arzobispo de Cotabato, y de Al Hajj Murad Ebrahim, presidente del “Moro Islamic Liberation Front”, Movimiento Islámico presente en Mindanao.
El texto denuncia la “impotencia e indignación”, mientras que en Marawi, “el número de muertes de civiles y combatientes está aumentando diariamente”, y se señalan tres desafíos relacionados con la paz en Mindanao: “Extremismo violento y terrorismo; las incertidumbres sobre la aplicación del proceso de paz político; el papel crucial de los líderes religiosos y de las comunidades en la reconstrucción y el desarrollo de Marawi”.Los líderes cristianos y musulmanes de Filipinas reiteran que “el conflicto de Marawi no es una guerra religiosa; es una guerra contra el terrorismo y el extremismo violento” y recuerdan “las muchas historias de asistencia mutua entre musulmanes y cristianos”. Luego invitan a promover “la inclusión de la educación para la paz en todos los niveles en nuestras escuelas, madrazas y comunidades”, comprometiéndose a “construir una cultura de paz basada en la integridad personal, el respeto a los derechos humanos, el diálogo intercultural, sobre el cuidado del medio ambiente, sobre la coexistencia pacífica y la erradicación de la pobreza”. Por último se hacen promotores del diálogo interreligioso, “como medio de entender y apreciar otras culturas y religiones, y de mejorar la cooperación”.
En la conclusión, la declaración insta a los legisladores y al gobierno a “dar prioridad a la Bangsamoro Basic Law, la ley marco que establece una nueva región musulmana autónoma en Mindanao.


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Los católicos filipinos y el presidente justiciero.

Duterte y el Dios-Justiciero

¿Cómo conciliar la vasta aceptación del “presidente-sheriff” con la conciencia profundamente católica del pueblo filipino? Las raíces se encuentran en la concepción de un Dios que extirpa el mal, en lugar de redimir a los malvados
REUTERS

El presidente Duterte

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Pubblicato il 05/08/2017
PAOLO AFFATATO
MANILA

Ni siquiera el jaque de Marawi, en donde un manojo de yihadistas ocuparon una capital provincial y que todavía resiste a 7 mil soldados del ejército filipino, pudo afectar la fuerte aceptación que goza: después de su primer año en la presidencia, Rodrigo Duterte sigue firmemente a la cabeza de Filipinas y sus ciudadanos siguen tributándole un aprecio que, según los observadores internacionales, es, en cierta manera, inesperado. Es más, su fama de “justiciero” y la figura del líder “de una sola pieza” lo convierten, para la opinión pública, en el hombre preciso para contrarrestar la amenaza terrorista y en el “comandante en jefe” capaz de derrotar a los yihadistas y garantizar la seguridad. Paradójicamente, el ataque en Marawi, a pesar de haber hecho evidentes enormes fallas en la inteligencia filipina, podría llegar a reforzar su posición.

 

No es casual que lo llamen “el Justiciero”. En su larga experiencia política como alcalde de la ciudad de Davao, Rodrigo Duterte, elegido presidente de Filipinas a finales de mayo de 2016, había demostrado ampliamente que era un líder que ejerce el poder con una actitud represiva y punitiva. Esta fama, que lo favoreció en la aplastante victoria en las elecciones nacionales, quedó completamente confirmada. Duterte inauguró una estación política marcada, como prioridad, por la “lucha sin cuartel” contra las drogas y la criminalidad.

 

El presidente dio a las fuerzas de policía la tarea de “eliminar el cáncer de la sociedad”. Pero la operación en contra de los traficantes, vendedores y tóxicodependientes se transformó en una “masacre de estado”: a un año de que comenzara la campaña, las incursiones que ha hecho la policía para encontrar a los vendedores de droga ha provocado 4000 víctimas, pero también muchas otras han sido asesinadas por “escuadrones de vigilantes”, bandas paramilitares que matan en absoluta impunidad e ilegalidad, pero que actúan bajo la cobertura de las fuerzas del orden o, según algunas ong, contratadas por los militares. Una masiva campaña en contra de las ejecuciones extrajudiciales ha nacido en la sociedad civil filipina y también los obispos han condenado, en varias ocasiones, los métodos ligitimados por el presidente, que van en contra del estado de derecho y en contra de los más básicos derechos de los ciudadanos.

 

A pesar del cinismo justificado, como un nuevo Machiavelli, con la exigencia de mantener “orden y seguridad” (tanto que algunos evocan la dictadura de los tiempos de Ferdinando Marcos), el consenso con el que cuenta Rodrigo Duterre sigue sin sufrir mella en una sociedad compuesta por 90% de ciudadanos que se profesan orgullosamente católicos. La popularidad del presidente ha llegado a tocar el 85% y normalmente es apreciado por el 75% de la población, que comparte abiertamente sus políticas como, por ejemplo, confirman los sondeos sobre la opinión en relación con la ley marcial impuesta en Mindanao. Hay que recordar que Duterte no solo gusta a las masas, gracias a sus acentos populistas, sino que también cuenta con el apoyo de personas de alto rango, de cultura y formación liberal.

 

Por lo tanto, muchos se siguen interrogando sobre las razones profundas de este apoyo incondicional, que parece ir más allá de las circunstancias políticas para tocar cuestiones profundamente éticas y morales, que involucran a la conciencia individual y la capacidad de reconocer el bien y el mal. Las razones para tratar de explicar el amor de los filipinos por Duterte implican, claro, la esfera social (la pobreza y el desempleo), la psicología (fascinación por el “hombre fuerte”), la historia (el “homo novus” ajeno a los tradicionales clanes familiares) y la política (la lucha contra la corrupción y la criminalidad). Pero también hay un factor que hasta ahora no ha sido considerado: el factor teológico-espiritual.

 

Es fácil encontrar en los mercados de Manila cómics de las aventuras de “The Punisher, Frank Castle”, despiadado justiciero que elimina a los criminales de las calles sin problemas. En la mente del pueblo filipino parece suceder lo mismo. Los filipinos sostienen firmemente a Duterte, justamente porque “hace su trabajo”, aunque muchos mueran asesinados extrajudicialmente. Los fieles católicos que van cotidianamente a la misa matutina de las 6 de la mañana en la Iglesia de Baclarán, en Manila, lo dicen con candidez: “¿Los vendedores de droga muertos? Se lo merecen. Los ciudadanos honestos no tienen nada que temer. La justicia de Dios les ha dado lo que se merecían”. Pero, ¿cómo es posible conciliar esta posición (y apoyar los métodos del “justiciero”) con la conciencia profundamente católica de los filipinos? Y sobre todo después de las posturas expresadas y de los numerosos llamados de altos representantes de la Iglesia.

 

Hay una vía para explorar esta aparente paradoja. Y es la idea de Dios que tienen los católicos filipinos. “Demasiado a menudo, los filipinos conciben a Dios como a un violento erogador de castigos”, explicó a Vatican Insider el fraile franciscano Baltazar Obico, Superior en el Santuario-parroquia de San Antonio, en el barrio Makati, corazón de Manila. «Dios es un redentor, no un justiciero. Los filipinos deberían cambiar su idea de Dios, que, en su misericordia, quiere siempre la salvación del hombre. Dice el Libro de Ezequiel que Dios no desea la muerte del pecador, sino que se convierta y que viva. Él mandó a su Hijo Jesucristo a morir para redimir a la humanidad».

 

Seguro de su larga experiencia pastoral, Obico continúa: “Duterte se presenta como un líder eficaz, que alcanza sus objetivos, después de años de gobierno poco eficientes y corruptos. En segundo lugar, responde a la necesidad de protección y de seguridad difundida en la sociedad. Pero, en el fondo, es apreciado por un motivo de carácter exquisitamente espiritual: muchos católicos lo apoyan porque encarna, incluso inconscientemente, su idea de Dios: alguien que los libera «hic et nunc» del mal y de los malvados, en lugar de salvar a los pecadores. Esta visión muestra una falta de fe en el Dios revelado por el Evangelio, que ama y no condena, y que, con su gracia, tiene el poder de cambiar el corazón del hombre».

 

Y es justamente esta manera (errónea) de concebir la omnipotencia de Dios lo que permite conciliar pacíficamente, en lo profundo de la conciencia individual, la propia fe cristiana y el apoyo consciente al “presidente sheriff” que, sin demasiados ni inútiles escrúpulos, limpia la nación de criminales, vendedores de droga y terroristas. Esta visión del “Dios-justiciero” provoca que en las católicas Filipinas pueda reinar sin problemas un “Presidente-justiciero”.


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ONU contraria a la violencia gubernamental en Filipinas.

Expertos de la ONU piden acción urgente para detener la creciente violencia en Filipinas

Agnes Callamard, relatora especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias . Foto: ONU

31 de julio, 2017 — El gobierno de Filipinas debe hacer frente urgentemente a las crecientes denuncias de violaciones de derechos humanos a los pueblos indígenas y sus defensores, tales como asesinatos, amenazas y ejecuciones sumarias de niños, señaló un grupo de expertos independientes de la ONU.

“Estamos sorprendidos por el aumento de la violencia, la intimidación y el hostigamiento que sufren los defensores de derechos humanos que protegen a los pueblos indígenas, los sindicatos, los agricultores y sus familiares”, expresaron los relatores en un comunicado conjunto publicado este lunes.

Algunos de los atacados protegían los derechos de los pueblos indígenas Lumad, que habitan la isla de Mindanao y han sufrido severas amenazas por defender sus tierras ancestrales de los intereses de las empresas.

La semana pasada, el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, amenazó con bombardear las escuelas Lumad en Mindanao durante una conferencia de prensa.

“Estas declaraciones son una incitación a la violencia, y si estos bombardeos ocurrieran representarían una grave violación a los derechos humanos y a la convención de Ginebra. El gobierno es responsable de respetar las garantías fundamentales y proteger a sus ciudadanos, apuntó Agnes Callamard, la relatora especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias.

Los expertos añadieron que las autoridades deben proteger a las personas, por lo que las denuncias de ejecuciones sumarias deben ser investigadas a fondo y los autores deben rendir cuentas ante la justicia.


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Estreno de una película sobre S. Ignacio de Loyola

España: Estrenan la película “Ignacio de Loyola: soldado, pecador, santo”

Viernes 16 Jun 2017 | 09:09 am

Madrid (España) (AICA):

La película Ignacio de Loyola sobre el fundador de los jesuitas se estrena este viernes 16 de junio en 100 salas de cine de España, de 44 localidades. Este proyecto nació del sueño del jesuita filipino Emmanuel Alfonso y su equipo de la productora Jesuit Comunications Philippines: hacer una nueva película sobre la vida de San Ignacio en un estilo moderno, que la audiencia actual –especialmente la juventud- pudiera apreciar y entender.

El objetivo, en palabras de su director, Paolo Dy, era “visibilizar la experiencia emocional y espiritual de Ignacio, una experiencia de conversión, de iluminación y, en última instancia, el descubrimiento del amor de Dios”. Y por tanto, confía en que la manera en que han contado su historia “provoque curiosidad, discusión o cualquier modo de participación. Incluso suscitando el deseo de seguir los métodos y la filosofía de san Ignacio y sus Ejercicios Espirituales”.

El actor que encarna a Ignacio, Andreas Muñoz, agradece haber podido conocer su figura: “No sabía nada de él en profundidad y me sorprendió muy gratamente. Es un personaje muy valiente, concienzudo, determinante del que yo he aprendido la paciencia, el silencio y la escucha”.

El filme narra la vida del que sería fundador de la Compañía de Jesús desde su infancia hasta que emprende camino a París con 37 años. En palabras de su director “la película trata de su conversión o más específicamente sobre la dos partes de su conversión: la primera, cuando olvida su sueño de ser caballero y empieza a perseguir el de ser santo; y la segunda, cuando se da cuenta de lo que significa realmente ser santo”.

Asistimos a su transformación de noble soldado de vida licenciosa a maestro del espíritu entregado incondicionalmente a los más necesitados. También se nos muestran las dificultades e incomprensiones a las que su método de ejercicios espirituales tuvo que hacer frente en la convulsa Iglesia de la época.

Hay escenas de sus primeros años de vida en Loyola y de su relación con su padre, de la batalla de Pamplona, de su recuperación e inicio de vida peregrina y de su juicio ante la Inquisición en Salamanca.

Esta película fue presentada en el Vaticano el 14 de junio de 2016 y estrenada en Filipinas el 24 de julio de ese año. Hace unos días la basílica de Loyola se transformó en cine y acogió su preestreno en España. Días más tarde también se pudo ver la película en la localidad de Manresa, donde Ignacio vivió una profunda experiencia que sería el origen de sus Ejercicios Espirituales.

Ignacio: una historia de película
Iñigo de Loyola era el menor de trece hermanos en una familia cuyo linaje tenía origen en dos poderosos apellidos en Gipuzkoa: los Oñaz y los Loyola. El propio Ignacio reconocería posteriormente que durante su juventud no pensaba en otra cosa que en «el ejercicio de las armas, con un grande y vano deseo de ganar honra». Cuando en 1521 el ejército francés invadió Navarra, Iñigo acudió a la defensa de Pamplona, donde cayó herido de gravedad.

Trasladado a la casa-torre de Loyola, su larga convalecencia la dedicó a la lectura de una historia de Cristo y vidas de santos, produciéndose en él una profunda experiencia espiritual, tras la cual ya no volvería a ser el mismo. De Loyola salió hacia Montserrat y Manresa ―lo que hoy conocemos como el Camino Ignaciano― para viajar como peregrino a Tierra Santa. Después llegaron años de estudio, primero en Barcelona y después en Alcalá y Salamanca. Iñigo iba convirtiéndose en un maestro del espíritu, no sin tener que hacer frente a incomprensiones en el seno de la convulsa Iglesia de la época. Todo ello, mientras se entregaba sin descanso a los más necesitados.

Esa es la historia de transformación que narra la película: la forja de un apasionado por una misión, a quien Dios llevaría siempre por donde él no esperaba. Este «soldado» y «pecador» ―como titula la película―, o simple «peregrino» —como se llamaba Ignacio a sí mismo—, que aprende de sus errores y se deja guiar por Dios, es el creador de los «ejercicios espirituales», que millones de personas de diferentes culturas y sensibilidades han utilizado desde entonces como guía segura para conocer la voluntad de Dios en sus vidas. Es también el fundador, junto con un grupo de amigos que conocería posteriormente en París, de una orden religiosa sin la que no puede entenderse la historia de la Iglesia Católica.

Ignacio de Loyola en el cine
Ignacio de Loyola no ha sido un personaje al que el cine se haya acercado en muchas ocasiones. Existe un precedente en la película española El capitán de Loyola, de 1948, protagonizada por Rafael Durán y dirigida por José Díaz Morales.

En televisión, la serie de TVE Paisajes con figura, que se emitió entre las décadas de 1970 y 1980, dirigida por Mario Camus y con guiones del escritor Antonio Gala, dedicó uno de sus capítulos a Ignacio de Loyola, interpretado por el actor Mario Pardo. El capítulo se emitió el 10 de enero de 1985.+


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Los yihadistas en Filipinas.

Filipinas, la Iglesia reza por Marawi

Misas, rosarios y adoraciones en la comunidad local mientras a Mindanao llegan las fuerzas especiales norteamericanas para ayudar al Ejército de Manila a derrotar a los yihadistas

Filipinas, la Iglesia reza por Marawi

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Pubblicato il 15/06/2017
Ultima modifica il 15/06/2017 alle ore 17:05
PAOLO AFFATATO
ROMA

En las iglesias esparcidas por el territorio filipino se reza por Marawi. La Iglesia del archipiélago ha lanzado una imponente campaña de sensbilización y oración para acompaañar la crisis que se registra en la isla de Mindanao, en las Filipinas meridionales, donde el asedio a la ciudad de Marawi, ocupada por los yihadistas fieles al Estado Islámico, ha alcanzado su día 24. “Todos los obispos me han asegurado que celebrarán cada día una misa por esta dolorosa situación. Sentimos el apoyo de la entera comunidad católica e incluso de los filipinos emigrados en otras naciones. Nuestra esperanza hoy está puesta sólo en Dios”, dice a Vatican Insider el obispo Edwin de la Pena, que sigue la suerte de su ciudad con aprehensión y con un poco de amargura. Ve con dolor la destrucción de un lugar hasta ayer próspero y lleno de gente, hoy terriblemente abandonado y en ruinas, mientras miles de personas desplazadas son obligadas a ir a centros de evacuación o refugios improvisados.

 

Sobre el terreno se está en fase de estancamiento. Después de que el ejército ha recuperado gran parte de la ciudad de Marawi (sólo tres distritos están todavía bajo el control de los terroristas del grupo ’Maute’), a partir de hoy se ha entrado en la fase más delicada: los últimos militantes (todavía un centenar de los cerca de 500 que pusieron en marcha el ataque, permanecen anidados en los edificios) utilizan rehenes como escudos humanos y en la batalla no se puede lanzar bombardamentos indiscriminados.

 

El obispo cuenta con ansiedad: “La situación en el terreno parece muy difícil. Los jihadistas están bien organizados, tienen suficiente comida y municiones, y se han atrincherado en el sótano y en algunos túneles excavados en los últimos meses. Nuestros feligreses y el vicario episcopal, Teresito Soganub, se encuentran entre los 200 rehenes, estamos preocupados por ellos. Incluso ahora, mientras nadie puede ver destellos de esperanza, sabemos que Dios está junto a nosotros, que no nos abandona. Nuestros hermanos, secuestrados por los terroristas, están en sus manos”.

 

Una cosa parece cierta: la acción del grupo terrorista que ha declarado lealtad al ISIS ha estado bien orquestada. Alimentos y armas, para preparar una larga resistencia, han sido almacenados y escondidos en lugares tales como mezquitas o escuelas religiosas, para después ser tomados en el momento apropiado. Dada la dificultad que se encuentra en esta fase del asedio, el Gobierno de Manila pidió a las fuerzas especiales del Ejército de Estados Unidos asistencia técnica y estratégica para los marines filipinos, encargados de luchar contra los terroristas. Se trata de un giro para el Gobierno de Rodrigo Duterte que en los últimos meses había dicho que recortaría la tradicional alianza política con Estados Unidos (derivando hacia China y Rusia) y había pedido a las fuerzas estadounidenses (presentes en Mindanao desde 2002 para ayudar en la lucha contra el terrorismo) que salieran de la isla.

 

La realidad es que la batalla de Marawi ya ha dejado en el campo más de 200 víctimas: unos 140 yihadistas, 58 soldados y 26 civiles. Los jóvenes soldados muertos en los enfrentamientos son todos católicos y, el lunes, Día de la Independencia, el 12 de junio del año pasado, la nación entera celebró sus héroes caídos en la lucha contra el terrorismo. Muy emocionante fue la despedida a los marines que eran miembros de los movimientos juveniles de la iglesia. En las multitudinarias ceremonias fúnebres, la gente se reunió en torno a sus familias, definiendo como “mártires” a los que “han perdido su vida sacrificándose por el bien de la comunidad, en la lucha contra el terrorismo”.

 

Por otra parte la crisis de Marawi ha creado también un flujo de más de 180 desplazados, generando una imprevista emergencia humanitaria que el Gobierno de Manila está afrontando en colaboración con las instituciones locales. La Iglesia filipina está haciendo su parte: desde los primeros días de la crisis, una carrera de solidaridad ha involucrado a diócesis, parroquias, asociaciones eclesiásticas y en los últimos días el arzobispo Rolando Tirona, presidente de Cáritas en Filipinas, ha hecho un nuevo llamamiento nacional invitando a todos los fieles a no dejar de apoyar a los desplazados.

 

La triste historia de Marawi, dice el episcopado filipino, unido en la expresión de cercanía a la población civil que vive la situación, representa hoy “una oportunidad de poner en práctica su fe y dar un ejemplo de compasión y misericordia”. La urgencia es estar al lado de los que sufren, pero también fortalecer el diálogo islámico-cristiano, útil para desactivar lo que los yihadistas quieren presentar como una “guerra santa” y que en cambio “no es más que un engaño, una trampa para sembrar el odio en el sur de Filipinas y alejar la paz”, concluye el obispo de la Pena.