Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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El Papa a los jesuitas de Japón y Tailandia tras su viaje.

El Papa a jesuitas de Tailandia y Japón: sueño una iglesia joven y cercana a la gente

Durante su 32ª viaje apostólico, del 19 al 26 de noviembre pasado, el Papa se reunió con los jesuitas en Bangkok y Tokio. Las palabras de Francisco se publican hoy en “La Civiltà Cattolica”.

Gabriella Ceraso – Ciudad del Vaticano

El pasado 22 de noviembre, durante su viaje a Tailandia y Japón, el Papa se reunió en Bangkok con un grupo de 48 jesuitas del sudeste asiático. Mantuvo una conversación con ellos durante una media hora. El 26 de noviembre, en Tokio, celebró una misa en privado con los jesuitas en la capilla del Kulturzentrum de la Universidad de Sofía, en la que pronunció una homilía. Los textos de la conversación y de la homilía son publicados hoy por “La Civiltà Cattolica”.

Trabajen por el bien del país y de la gente

“Sueño con una iglesia joven, muy cercana a la gente, fresca. Por supuesto, conozco bien y me preocupan los problemas que tienen que enfrentar, como por ejemplo la explotación vinculada al turismo sexual. Ustedes los jesuitas deben hacer todo lo posible para elevar el nivel social. ¡Trabajen por el bien de vuestro país y por la dignidad de la gente! Fue la nvitación final de Francisco a los jesuitas con los que se reunió en Bangkok, después de haber tratado varios temas: desde las situaciones de injusticia a la necesidad de oración, desde la acogida de la Encíclica Laudato si en la Iglesia y en el mundo hasta la cuestión de los refugiados y la atención pastoral a los católicos divorciados y casados de nuevo.

La oración para hacer frente a las injusticias sociales

Profundizando sobre lo que los jesuitas definen el “ministerio de la acogida”, Francisco habló de un trabajo que debe entenderse como un “lugar teológico”… “Éste fue el testamento del Padre Pedro Arrupe, que aquí mismo en Tailandia -dijo el Papa en su respuesta- en su último discurso reiteró la importancia de esta misión. Para mí el Padre Arrupe fue un profeta”. El Papa recordó entonces la fundación del Servicio Jesuita para los Refugiados en Bangkok como el último acto del religioso antes de morir. Hoy -dijo Francisco- el fenómeno de los refugiados es más “conocido a causa de las diferencias sociales, del hambre, de las tensiones políticas y, sobre todo, de la guerra”. Por estas razones, los movimientos migratorios se están intensificando”.  La respuesta del mundo -explicó- es la “política de descarte”, la que hace que el Mediterráneo se convierta en un cementerio o que algunos centros de detención en Libia sean de una “crueldad impresionante”. Y también la cuestión de los Rohingya y los escándalos que se producen en las fronteras donde -dijo el Papa- se levantan muros que tienen a los niños separados de sus padres, mientras que para la droga “no hay muros que tengan”. Es la “filosofía de la defensa” – definió- la que nos hace creer que “sólo con el miedo y reforzando las fronteras es posible defenderse”.  Al dolor y el descarte, se une la explotación -hizo notar el Papa- contra la cual la Iglesia está siempre comprometida. Si la Iglesia es un hospital de campaña -dijo el Pontífice- es precisamente porque la tradición cristiana enseña a acoger y curar a los heridos.

Volviendo al concepto de “lugar teológico” dejado por el Padre Arrupe y recordando sus recomendaciones a sus hermanos de Bangkok, el Pontífice instó a los jesuitas a no descuidar nunca la oración. “Como decir: en esa periferia física no se olviden de esta otra, la espiritual. Sólo en la oración encontraremos la fuerza y la inspiración para entrar bien y fructíferamente en lo que son los “embrollos” de la injusticia social”.

Acompañamiento y discernimiento para divorciados y personas que se han vuelto a casar

Cuando se le preguntó sobre el cuidado pastoral de los católicos divorciados y de los que se han vuelto a casar, el Papa respondió que hay una “manera casuística” de tratar estas situaciones, “pero que no es cristiana, aunque pueda ser eclesiástica”. O bien, está el camino indicado por el Magisterio de la Iglesia, “como está escrito en el capítulo octavo de Amoris laetitia, es decir, hacer un camino de acompañamiento y discernimiento para encontrar soluciones. Y esto no tiene nada que ver con la moral de la situación, sino con la gran tradición moral de la Iglesia”.

El encuentro con Jesús en palabras a los jesuitas de Japón

Durante su visita a Japón, el 26 de noviembre, el último día antes de su partida para Roma, el Papa la dedicó a su visita a la Universidad de Sofía en Tokio, dirigida por la Compañía de Jesús. Antes de hablar a los estudiantes y al cuerpo académico en el Auditorio, celebró la Misa con los jesuitas de la comunidad y luego se detuvo con ellos para desayunar. Durante la celebración eucarística pronunció una homilía en la que se refirió a un pasaje del Evangelio sobre las exigencias de la vida apostólica (Lc 9, 57-62) y centrada en el significado del encuentro con Jesús. Un encuentro -dijo el Papa- que suscita siempre el deseo de “estar con él, incluso comprometiendo la propia vida”. Pero el deseo debe ser “memorioso” y “concreto”: es decir, debe conservar “el recuerdo de todo un camino recorrido, el recuerdo de la gran misericordia de Dios hacia cada uno de nosotros” para que podamos ser fieles y no caer en el juicio; y luego debe estar “anclado a lo que sucede en la vida, la pobreza, el fracaso, la humillación, nuestros pecados,  todo”. A quien dice sí a Jesús de esta manera, “sabiendo que puede pasarle cualquier cosa, incluso un fracaso en el presente, y conociendo toda su memoria del pasado” experimentan “alegría y paz”.

“Tengamos un corazón abierto ante las condiciones que nos colocan en el presente de cada día -fue su invitación- para que nuestra fidelidad se forje mejor. No debemos tener miedo de dormir al aire libre: los animales tienen un refugio y nosotros, por otro lado, a veces no sabemos dónde escondernos. Pero no debemos tener miedo. Permanezcamos libres de la tentación de volver y decir adiós a los muertos. El mundo de los muertos ya está enterrado, las piezas muertas de nuestras vidas están enterradas por la misericordia de Dios. ¡Y no cerremos las ventanas! Abrámoslas para mirar el horizonte con paz, con alegría, haciendo lo que cada uno de nosotros puede hacer. Jesús nos acompaña siempre. Él nos escoge de esta manera”.


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Ayuda económica a dos obras de los jesuitas de USA

Dear Friend:

Today’s the day to dream big! You can change lives this #Giving Tuesday by supporting two Jesuit ministries committed to excellence, faith and service: Brooklyn Jesuit Prep and America Media.

Brooklyn Jesuit Prep is a middle school that provides a quality, tuition-free education to boys and girls in Brooklyn, N.Y. You can invest in the students, just like the school’s faculty and staff does each and every day. The school invests in their dreams and challenges them to dream bigger. “We invest by working to break cycles of poverty. We invest by building a strong, Jesuit, Catholic community that goes out to serve,” said Mario Powell, S.J., President of Brooklyn Jesuit Prep.

Your donation today, no matter the size, will be split between Brooklyn Jesuit Prep and America Media. And because of the generosity of a few donors, the first $1,500 we raise will be matched!

WATCH: A message from Mario Powell, S.J., President of Brooklyn Jesuit Prep.
Your gift will change lives. Here’s how you can enable the students to dream big:

  • Make your gift today at americamedia.org/givingtuesday.
  • Share this donate link with your friends and family, encouraging them to give today.
  • To make a donation over the phone, offer a matching challenge gift or if you need any help, contact James Cappabianca at 212-515-0101 or jcappabianca@americamedia.org.
  • Share our content—videos, social media posts, emails and donation link—with your family, friends and coworkers.

We are grateful for your support as we dream bigger. Know that your loyal support and trust in America Media and Brooklyn Jesuit Prep means so much to us and truly changes lives.

Sincerely yours in Christ,


Rev. Matthew F. Malone, S.J.
President & Editor in Chief

P.S. These amazing kids are the voices that matter most. Your gift is for them. Make your gift now at americamedia.org/givingtuesday.

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Publicado en cinco idiomas el anuario JESUITAS.

De la Curia

JESUITAS – La Compañía de Jesús en el mundo

El 29 de noviembre, todos los miembros de la Curia general fueron invitados al lanzamiento de la edición 2020 de la publicación anual: JESUITAS.

La edición de este año presenta una docena de artículos relacionados con las Preferencias Apostólicas Universales y otros treinta que, con ocasión del 50º aniversario del Secretariado para la Justicia Social y la Ecología, ilustran las formas de vivir el compromiso de la Compañía en el campo social.

Se publica en inglés, español, francés, italiano y alemán.


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Hace 30 años el asesinato de seis jesuitas y dos empleadas en El Salvador.

CRIMEN DE LESA HUMANIDAD

30 años de la masacre de jesuitas en El Salvador

EL SISTEMA JUDICIAL MANTIENE IMPUNE LA MATANZA DE 6 SACERDOTES Y DOS MUJERES, CALIFICADA DE CRIMEN DE LESA HUMANIDAD POR LA PROPIA CORTE SUPREMA

UN REPORTAJE DE HUGO SÁNCHEZ – Viernes, 15 de Noviembre de 2019 – Actualizado a las 06:02h

Un documento de Ignacio Ellacuría que se exhibe en el Museo de los Mártires de San Salvador.

Un documento de Ignacio Ellacuría que se exhibe en el Museo de los Mártires de San Salvador. (EFE)

Un documento de Ignacio Ellacuría que se exhibe en el Museo de los Mártires de San Salvador.Ignacio Ellacuría, en 1988.

Es un crimen de lesa humanidad, lo ha dicho la Corte Suprema de El Salvador en al menos tres ocasiones, pero tras 30 años el sistema judicial sigue manteniendo bajo la sombra de la impunidad la masacre de seis padres jesuitas y dos mujeres cometida en la madrugada el 16 de noviembre de 1989. En abril de 2018, una corte de Paz ordenó la reapertura del proceso para determinar la autoría intelectual, sin que hasta la fecha se hayan dado avances. Las víctimas de la masacre, cometida en el marco de la guerra civil de El Salvador (1980-1992), fueron los españoles Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López y Juan Ramón Moreno, el salvadoreño Joaquín López, y Elba Ramos y su hija adolescente Celina.

1989, UN AÑO CRUCIAL EN LA GUERRALa guerra interna enfrentó al Ejército, financiado por Estados Unidos, y a la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) entre 1980 y 1992 y dejó un saldo de 75.000 muertos y 8.000 desaparecidos.

Cuatro eventos hicieron de 1989 un año crucial en el curso que tomó esa guerra: la llegada de Alfredo Cristiani al Ejecutivo, un atentado contra líderes sindicales, la ofensiva guerrillera del 11 de noviembre y la masacre de los jesuitas.

El padre español José María Tojeira, director del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana (Idhuca), relata que Ellacuría fue uno de los principales impulsores del diálogo para alcanzar la paz desde 1981. “Ellacuría se había vuelto más entusiasta (en 1989). Veía que Estados Unidos estaba más abierto y que Cristiani pertenecía a un sector de la empresa privada partidario de terminar con la guerra y de terminar por la vía dialogada”, señaló.

El atentado con bombas del 31 de octubre contra un local de una opositora federación de sindicalistas, que dejó 10 muertos y 27 heridos, crispó los ánimos en el país. El 11 de noviembre, la guerrilla Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) lanzó su mayor ofensiva contra la capital. “Con el tema de Fenastras, el FMLN decidió promover una especie de insurrección con esta ofensiva”, apuntó Tojeira. La respuesta militar fue “sumamente violenta”.

EL CRIMEN QUE ACELERÓ LA PAZSegún el Informe de la Comisión de la Verdad, la cúpula militar del Ejército salvadoreño se reunió la noche del 15 de noviembre para “adoptar nuevas medidas” contra la ofensiva, entre ellas la “eliminación” de personas supuestamente vinculadas con el FMLN. Es noche, el director de la Escuela Militar, el coronel Guillermo Benavides, transmitió a sus subalternos del Batallón Atlacatl la orden de asesinar a los jesuitas de la Universidad Centroamericana (UCA). Para Tojeira, esta decisión fue “una estupidez del Ejército” y de la que “no calcularon las consecuencias” por el “miedo” a perder la guerra.

“Tomaron una decisión, aparte de criminal, irracional de eliminar a todos los opositores”, señaló el religioso, que en la época de la masacre era provincial de la Compañía de Jesús. El desprestigio en el que se sumió la Fuerza Armada salvadoreña a nivel internacional dejó a sus dirigentes “sin fuerza para seguir con su postura de ganar militarmente la guerra”. “Yo creo que el asesinato de los jesuitas y la coyuntura internacional (caída del Muro de Berlín) ayudó a que la paz se acelerara”, sostuvo Tojeira. En 1990, el FMLN y el Ejército sellaban un primer acuerdo para respetar los derechos humanos y en 1992 se firmó la paz.

LA LUCHA CONTRA LA IMPUNIDADEn 1991, una corte penal condenó a Benavides y al teniente Yusshy Mendoza a 30 años de prisión, pero una ley de amnistía de 1993 permitió que salieran libres y dejó sepultada por 25 años la posibilidad de enjuiciar a los autores intelectuales. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) aseguró en diciembre de 1999 que el juicio fue “simulado” y que la política de “encubrimiento resultó totalmente efectiva” en beneficio del alto mando. El Idhuca intentó en el año 2000 reabrir el proceso para investigar y enjuiciar a los jefes castrenses, pero la justicia dictó un “sobreseimiento definitivo”.

Solo la anulación de la ley de amnistía por un fallo de la Sala de lo Constitucional de julio de 2016 obligó a diferentes tribunales a reabrir las causas pendientes, incluida la de los jesuitas.

En un país en una guerra civil de hecho, el Ejército y la ultraderecha estaban detrás del crimen, pese a sus intentos de culpar a la guerrilla

Esta fue la primera vez que la masacre fue declarada un crimen de lesa humanidad por el Supremo.

Fue hasta abril de 2018 que un juzgado de Paz ordenó la reapertura de la causa penal al declarar la nulidad del sobreseimiento.

Los señalados, cuya inclusión en el proceso está en manos de la Fiscalía General de la República (FGR), son el expresidente Cristiani (1989-1994), los generales Humberto Larios, Juan Bustillo, Francisco Fuentes, Rafael Zepeda, el fallecido René Emilio Ponce y el coronel Inocente Montano, quien enfrenta un juicio en España.

El abogado de la UCA Manuel Escalante señaló que la reapertura significó un “borrón y cuenta nueva”, dado que el estado del proceso vuelve a la etapa de elaboración de una acusación fiscal.

“Lo que esperaríamos es que la Fiscalía haga sus valoraciones técnicas para delimitar quiénes son los responsables de haber dado la orden”, acotó.

Escalante explicó que el proceso se encuentra actualmente en manos de la Sala de lo Penal de la Corte Suprema, dado que los defensores de los militares presentaron un recurso de casación luego de que una corte de apelaciones ratificara en marzo pasado la reapertura.

LA AMENAZA DE UNA AMNISTÍAUna comisión de la Asamblea Legislativa busca llevar a votación una ley que sustituya la amnistía de 1993 por orden de los jueces constitucionales. Sin embargo, diferentes organizaciones sociales han advertido que los diputados buscan emitir una “amnistía de facto” que deje en impunidad los procesos por crímenes de guerra o de lesa humanidad.

“Si acá se continúa entorpeciendo la justicia universal y se continúa la política de obstaculizar la justicia al interior de El Salvador, España estaría habilitado para hacer una tercera solicitud de extradición”, subrayó. El Salvador negó la extradición de los vinculados en el año 2009 y en el 2017. El único encarcelado por la masacre es Benavides, a quien la Corte Suprema le ha negado el beneficio del indulto y de conmutación de la pena, y en ambos fallos catalogó la masacre como un crimen de lesa humanidad.

ELBA Y CELINA, UN ROSAL EN SU NOMBREEl esposo de Elba y padre de Celina, Obdulio Ramos, fue el primero en localizar los cuerpos de sus familiares y de los jesuitas la mañana del 16 de noviembre de 1989. Corrió a la casa en la que se hospedaba Tojeira para anunciarle el crimen. “Han matado a los padres, a mi mujer y a mi hija”, le dijo al religioso. Con el tiempo, Obdulio, que trabajaba como jardinero en la UCA, sembró ocho rosales en el jardín en el que fueron encontrados los cuerpos de los padres: seis rojos en honor de los religiosos y dos blancos por su esposa e hija. Elba era la cocinera de una comunidad de estudiantes y había llegado con su hija hasta la casa de los jesuitas para refugiarse de los combates entre guerrilleros y soldados. Un día, Tojeira encontró a un joven llorando cerca del referido jardín y trató de animarlo al decirle que buscarían justicia por los padres.

“No lloro por ellos, lloro por Elba y Celina”, le dijo el muchacho.

Obdulio falleció en 1994 por tétanos. El jardín que sembró sigue siendo un punto de peregrinación para quienes recuerdan a los jesuitas y a las dos mujeres.


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Mártires jesuitas de los últimos tiempos.

Publicación “Mártires Jesuitas: Antorchas de luz y esperanza”Publicación “Mártires Jesuitas: Antorchas de luz y esperanza” 

“Mártires” Jesuitas: Antorchas de luz y esperanza

El Secretariado para la Justicia Social y la Ecología de la Compañía de Jesús ha publicado una recopilación de la vida de los “Mártires Jesuitas” de las últimas décadas. “¿Qué tenían en común todos estos hombres? Todos profesaron un profundo amor por Jesucristo y por el Evangelio”, escribe Valeria Méndez de Vigo.

Ciudad del Vaticano

En el 50 aniversario del Secretariado para la Justicia Social y la Ecología, los jesuitas han querido hacer un homenaje a todos aquellos que han sido asesinados por defender la justicia y la reconciliación. La publicación que lleva por título “Mártires Jesuitas: Antorchas de luz y esperanza”, contiene una breve semblanza de 57 jesuitas asesinados entre 1969 y 2019, así como testimonios de personas que los conocieron.

“Mártires”

Si los jesuitas expuestos en la publicación no han sido aún declarados mártires por la Iglesia católica, si lo han sido por el pueblo mismo, que compartió y vivió con ellos. En la publicación se hace la aclaración que se les domina “mártires” en un sentido popular y no eclesial. También se aclara que hay “muchos colaboradores y colaboradoras laicas que también han entregado su vida por la fe y la justicia y que son merecedores de nuestro afecto y veneración: nos faltó el tiempo y el espacio para incluirlos a todos”.

“Fueron seguidores de Jesús con los pobres, los olvidados, los vulnerables. Lo que ellos fueron, hicieron y vivieron tiene una fuente clara: su fe en Jesucristo y en el Reino de Dios”, escribe Valeria Méndez de Vigo en el prólogo.

“Somos antorchas”

Entre los jesuitas asesinados están, por ejemplo, el padre Rutilio Grande García, asesinado en 1967, así como los mártires de la UCA del Salvador, asesinados en 1989, que dieron paso a las conversaciones de paz entre las partes contendientes. El último de los jesuitas expuestos es el Padre africano Victor-Luke Odhiambo, asesinado el 15 de noviembre del 2018 en Sudán del Sur.

Lluis Espinal, jesuita de origen español, asesinado en Bolivia en 1989, exponía: “Gastar la vida es trabajar por los demás, (…); es quemar las naves en bien del prójimo. Somos antorchas que solo tenemos sentido cuando nos quemamos; solamente entonces seremos luz”.

Frutos del testimonio

En otro extracto del prólogo se lee: “Los frutos de su testimonio fueron fecundos: conversiones personales, profundización de la fe, aumento de las vocaciones, comunidades capaces de afrontar sus problemas con dignidad y que viven en paz. Sus vidas inspiran a luchar por la fe y la justicia. Sus asesinos quisieron silenciarles al arrebatarles la vida. Paradójicamente, su espíritu sigue vivo y continúa dando frutos. Su luz brilla intensamente”.


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Importante congreso mundial jesuitas en Roma. Social.

Migrazioni, ecologia, sovranismi: i Gesuiti rilanciano l’impegno sociale

A Roma il 50° anniversario del segretariato fondato da Pedro Arrupe. Un posto centrale per i 57 «martiri» della Compagnia di Gesù morti in servizio

Migrazioni, ecologia, sovranismi: i Gesuiti rilanciano l’impegno sociale

ROMA. Nell’epoca di Papa Francesco e in tempi di sovranismo, i gesuiti rilanciano l’impegno nel sociale con un congresso che vede radunati a Roma oltre duecento persone da tutto il mondo impegnate nelle questioni più drammatiche, dalla lotta allo sfruttamento ambientale in Honduras al recupero dei giovani delle gang negli Stati Uniti, dai dalit sfollati in India alle sfide educative con i giovani in Africa, dal lavoro con i migranti e i rifugiati che arrivano in Europa all’impegno contro il cambiamento climatico. Giovedì mattina, 6 novembre, Papa Francesco riceve i partecipanti a questo congresso.

Viviamo un «cambio d’epoca» che ha, tra le sue conseguenze, un «indebolimento della democrazia», ha detto in una conferenza stampa il preposito generale della Compagnia di Gesù, padre Arturo Sosa, «e sulla base dell’esperienza che abbiamo avuto in questi anni e del nostro impegno, siamo convinti che senza democrazia la giustizia sociale è quasi impossibile. Uno degli elementi fondamentali è la partecipazione della gente, del popolo come soggetto della vita politica e questo si fa in democrazia. Problemi quali il sovranismo nascono quando si costruiscono muri, si impedisce l’integrazione, ad esempio in Europa che pure avrebbe bisogno di persone (immigrate, ndr)».

«Siamo convinti che l’impegno politico è collegato con l’essere cristiano, il che vuol dire essere cittadino, coinvolto responsabilmente nella ricerca del bene comune. Noi vogliamo offrire alle persone la possibilità di scoprire questa vocazione e la possibilità di formarsi. La politica come mestiere è una vocazione cristiana, il cui obbiettivo è la giustizia e la riconciliazione», ha detto il gesuita venezuelano, che nel corso della cerimonia inaugurale, questa mattina, aveva ricordato che «la Compagnia di Gesù è stata “istituita allo scopo precipuo di occuparsi specialmente del progresso delle anime nella vita e nella dottrina cristiana, e della propagazione della fede”. Soddisfare questo obiettivo oggi come seguaci, compagni e compagne di Gesù di Nazareth è possibile solo incarnandosi, come Lui, nell’umanità crocifissa dal peccato del mondo e, insieme, contribuire a superare le cause dell’oppressione degli esseri umani e il maltrattamento dell’ambiente».

Il congresso marca l’anniversario del segretariato per la Giustizia sociale e l’ecologia, fondato cinquanta anni fa da padre Pedro Arrupe, lo storico superiore che – non senza «sofferenze e incomprensioni», come ha ricordato oggi il suo successore – traghettò i gesuiti nei tempestosi anni successivi al Concilio Vaticano II. Per padre Arrupe è peraltro stato aperto, l’anno scorso, il processo di beatificazione.

Alla cerimonia inaugurale del congresso, che si svolge dal 4 all’8 novembre presso la Curia generalizia, a due passi dal Vaticano, erano presenti tre cardinali: il gesuita Pedro Barreto, Peter Turkson, prefetto del Dicastero per lo Sviluppo umano integrale, che ha fatto un excursus storico sulla Dottrina sociale della Chiesa, e il gesuita Michale Czerny, della segreteria vaticana per le migrazioni, che ha sottolineato il legame tra le preferenze apostoliche universali – le linee guida dei gesuiti per il prossimo decennio – e le «conversioni» individuate  nelle conclusioni del Sinodo appena concluso a Roma sull’Amazzonia: «Un Sinodo – ha detto il porporato, che in passato ha guidato il segretariato dei gesuiti per la giustizia sociale e l’ecologia – funziona quando alla fine, come mi è accaduto, ho votato per cose sulle quali all’inizio del Sinodo non ero d’accordo: mi auguro che anche in questo congresso ciò avvenga».

La preghiera della prima mattinata, così come la messa serale, hanno avuto al loro centro il ricordo dei 57 «martiri» gesuiti morti in questi cinquanta anni mentre erano in servizio, «e ci dispiace molto di non aver potuto includere anche i laici che sono morti nello stesso servizio, e che sono stati moltissimi», ha detto padre Sosa. Tra questi sacerdoti uccisi, tra poco ricorrono i trent’anni della strage dei gesuiti del Salvador massacrati nella loro università il 16 novembre del 1989.

«La povertà divenuta uno scandalo, l’esclusione è divenuta uno scandalo, la diseguaglianza è divenuta uno scandalo, e noi dobbiamo affrontare questi scandali e andare contro queste forme di esclusione», ha detto padre Xavier Jeyaraj, segretario per la giustizia sociale e l’ecologia. «Sono certo che nei prossimi anni in tutte le provincie, le conferenze, le istituzioni dei gesuiti sarà il tema centrale e potremo affrontarlo se uniti».

Padre Sosa ha invitato i gesuiti a riconoscere anche «i nostri errori e accettiamo le nostre cadute, cercando di fare tesoro di quanto appreso dalle esperienze vissute», nel suo discorso introduttivo, ed ha poi proposto dieci suggestioni, «partendo dai quali possiamo esaminarci con trasparenza e coraggio: 1) La dimensione spirituale del nostro impegno a favore della giustizia sociale e dell’ecologia integrale: quanto il nostro impegno sociale personale e quello delle nostre opere ci avvicinano a Dio e ci mostrano la strada verso di Lui? 2) Il posto del discernimento personale e di gruppo nella nostra vita-missione: quanto stiamo discernendo, a livello personale e istituzionale, la missione alla quale ci invita lo Spirito che agisce nella storia? 3) La collaborazione tra gesuiti, laici, laiche, altre persone e istituzioni: quanto facciamo della collaborazione con altre parti del corpo un qualcosa di normale, seppur necessaria, nel nostro lavoro? In che misura stabiliamo una relazione fraterna, orizzontale, tra tutti e tutte? 4) Il posto delle donne nelle nostre istituzioni e priorità sociali: che posto occupano le donne nei processi di discernimento, nell’adozione di decisioni della nostra vita missione? Che posto occupano tra le sfide prioritarie di un mondo che le emargina o le esclude, e una Chiesa restia a riconoscere la loro corresponsabilità nella direzione della comunità dei seguaci e delle seguaci del Signore Gesù? 5) Il lavoro in Rete: quanto stiamo lavorando in rete tra noi e con le altre opere apostoliche della Compagnia, e con altre istituzioni che dalla loro identità contribuiscono alla crescita del regno del Signore?».

Ancora: «6) La vicinanza ai poveri come dimensione costitutiva del cammino di redenzione aperto da Gesù di Nazareth: quanto siamo vicini ai poveri e agli esclusi? Quanto siamo veramente disposti a muoverci in quella direzione nella nostra vita e nei nostri stili di lavoro? In che modo il nostro sguardo al mondo, e la nostra sensibilità di fronte alle situazioni che viviamo, determinano la vicinanza ai poveri? 7) Il nostro lavoro intellettuale. La Compagnia di Gesù nasce associando la profondità spirituale, la vicinanza ai poveri e la comprensione intellettuale dei processi umani. Il discernimento che porta a scegliere le azioni da realizzare necessita di profondità intellettuale. Stiamo accompagnando le nostre opere sociali con quella riflessione e quella ricerca che la complessità del mondo che abbiamo davanti richiede? 8) Il rafforzamento della leadership dei poveri e degli esclusi: che posto occupano i gruppi più esclusi (migranti, donne, giovani, persone più vulnerabili delle nostre società) nei nostri progetti sociali? Sono solo oggetti della nostra missione o, al contrario, stiamo aprendo spazi affinché siano soggetti, e abbiano la leadership dei processi di liberazione? 9) La advocacy locale e globale: ci stiamo preoccupando di andare al di là del servizio diretto per sviluppare processi di advocacy che incidano sulle strutture dell’esclusione, e che producano un bene maggiore e più universale? 10) L’impegno volto a sradicare gli abusi dentro e fuori la Chiesa come dimensione necessaria della trasformazione delle strutture ingiuste della società. Fino a che punto è cresciuta la nostra sensibilità di fronte agli abusi sessuali, di coscienza e di potere all’interno delle nostre istituzioni, dentro la Chiesa e nell’insieme delle nostre strutture sociali? Abbiamo sviluppato strategie appropriate per rilevare, reagire ed evitare questo tipo di abusi? Che posto occupa la promozione di una “cultura della salvaguardia” nella nostra lotta per la giustizia sociale?».


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Los jesuitas en espera de un fallo canónico sobre abusos de menores en el colegio Sant Ignasi de Barcelona (Ver Rel. Digital)

Los jesuitas esperan el fallo canónico sobre los abusos a dos ex alumnos en el colegio Sant Ignasi Barcelona

Colegio de Sant Ignasi, en Barcelona

Colegio de Sant Ignasi, en Barcelona

Ante la prescripción de los delitos denunciados y para que la justicia pueda investigar la gestión de la pederastia por parte de organizaciones religiosas, los hermanos De la Mata han presentado una querella por “ignorar los abusos”, según publica este lunes El Periódico

La querella se ha presentado contra los que fueron rector y jefe de estudios, dos profesores, un auxiliar y (como responsables civiles subsidiarios) contra el Colegio Sant Ignasi, la Compañía de Jesús y la Fundación Jesuitas Educación

La Fundación Jesuitas Educación espera recibir en las próximas semanas la resolución de la Congregación para la Doctrina de la Fe que investiga los abusos a dos exalumnos cometidos por dos religiosos jesuitas en el Colegio Sant Ignasi Barcelona entre los años 1982 y 1984.

En marzo de 2019, la Fundación Jesuitas Educación abrió un proceso canónico para aclarar los abusos que presuntamente habían cometido dos religiosos y que habían denunciado ante la justicia ordinaria los hermanos Jordi y Oriol de la Mata, han recordado a Efe fuentes de Jesuitas Educación.

Paralelamente, ante la prescripción de los delitos denunciados y para que la justicia pueda investigar la gestión de la pederastia por parte de organizaciones religiosas, los hermanos De la Mata han presentado una querella por “ignorar los abusos”, según publica este lunes El Periódico.

La querella se ha presentado contra los que fueron rector y jefe de estudios, dos profesores, un auxiliar y (como responsables civiles subsidiarios) contra el Colegio Sant Ignasi, la Compañía de Jesús y la Fundación Jesuitas Educación.

Fuentes de Jesuitas Educación han reconocido que no tienen conocimiento de la querella, y que no se les ha notificado.

Según El Periódico, un juzgado de instrucción de Barcelona ha recibido la denuncia y ha pedido a los demandantes que ratifiquen la acusación por un delito de omisión de perseguir los actos delictivos.

Este delito por no denunciar “no prescribe” y quienes sabían que los hechos habían ocurrido “tenían la obligación de comunicarlo a las autoridades, al margen del tiempo ocurrido” han mantenido fuentes de la acusación particular, según el diario.

En los escritos de acusación, los hermanos denunciaron como culpables de abusos al religioso Lluis To, que ya fue condenado por un caso de abusos en 1992 y trasladado por Jesuitas a Bolivia, donde falleció.

En marzo pasado, Jesuitas consideraron que el trasladado “había sido un error“.

Los hermanos también acusan al religioso Pere Sala, que en la actualidad supera los 90 años, vive en una residencia de la congregación y dejó de tener contacto con los niños en el año 2000 y que, según Jesuitas, “fue informado de las denuncias y de la apertura del expediente canónico”.

En el proceso canónico, la Congregación de la Doctrina de la Fe del Vaticano es la encargada de llevar a cabo la investigación y “si lo considera oportuno, llevar el caso a la justicia ordinaria”, según Jesuitas.


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Jesuitas chilenos y su declaración sobre abusos sexuales de otro miembro de la Orden

Un conocido jesuita chileno abusó de 22 mujeres en un período de 48 años

Cristián del Campo, en la conferencia de prensa ofrecida por los jesuitas sobre los abusos de Poblete

Cristián del Campo, en la conferencia de prensa ofrecida por los jesuitas sobre los abusos de Poblete

Cinco de ellas fueron abusadas siendo menores de edad

Su última víctima habría sido atacada en 2008, dos años antes de fallecer el abusador

Marcela Aranda: “Me llevaba donde otros hombres para que me violaran y me pegaran por turnos”

Renato Poblete, un emblemático jesuita chileno, fue durante 48 años un depredador sexual que en ese lapso abusó de 22 mujeres, entre ellas cinco menores de edad, según los resultados de una investigación dados a conocer este martes por la congregación.

“Esta investigación comenzó (el pasado enero) gracias a la denuncia (por delitos sexuales, abuso de poder y de conciencia) de la señora Marcela Aranda y posteriormente recibió el testimonio de (otras) 21 mujeres más que sufrieron alguna experiencia de abuso sexual por parte de Renato Poblete entre los años 1960 y 2008“, dijo en una rueda de prensa el provincial jesuita, Cristián del Campo.

“Entre las víctimas mencionadas hay cuatro personas que eran menores de 18 años cuando ocurrieron los hechos denunciados”, precisó del Campo respecto de los resultados de la investigación, desarrollada por el abogado laico Waldo Bown.

Los demás casos se refieren a abusos sexuales de mujeres mayores de edad, “consistentes en un abordaje sexual inesperado y violento, en que intempestivamente se intenta besar y tocar a la víctima“, señala el texto dado a conocer por el provincial jesuita.

Fallecido a los 85 años, en febrero del 2010 a causa de un paro cardíaco, Renato Poblete fue entre los años 1982 y 2000 el capellán del Hogar de Cristo, una institución chilena de beneficencia pública, creada por San Alberto Hurtado el 19 de octubre de 1944, que hasta atiende a miles de personas cada día.

Renato Poblete fue entre los años 1982 y 2000 el capellán del Hogar de Cristo, una institución chilena de beneficencia pública

En 2009, el sacerdote recibió de manos de la entonces presidenta Michelle Bachelet el Premio Bicentenario como reconocimiento del Gobierno a su trayectoria de servicio social.

Según datos de la Fiscalía, hay 166 causas abiertas por abusos en el clero chileno, mientras las víctimas suman 248, de las que 131 eran menores de edad al sufrir los delitos.

“Me llevaban donde otros hombres para que me violaran”

El líder de la congregación religiosa jesuítica, Cristián del Campo, ha admitido en rueda de prensa que la Compañía de Jesús se obnubiló con los éxitos de Poblete y nunca sospecharon de sus abusos.

Del Campo dio a conocer los resultados de una investigación en la que colaboraron 102 entrevistados y fue ordenada en enero pasado, luego de que la primera denunciante pública de Poblete, Marcela Aranda, académica de Teología de 53 años, acusara al cura de obligarla a abortar a sus hijos. “Me llevaba donde otros hombres para que me violaran y me pegaran por turnos”, aseguró a un medio local.

La denuncia contra Poblete ocasionó otro fuerte remezón al interior de la Iglesia católica chilena, que desde hace más de un año enfrenta una crisis originada en centenares de denuncias de abusos sexuales cometidos por curasy religiososcontra menores de edad. El grueso de las denuncias ocurrió tras la visita del papa Francisco a Chile en enero del 2018, cuando el pontífice descalificó a denunciantes de abusos, lo que desató un escándalo internacional. Un par de enviados suyos a este país concluyeron que los obispos chilenos vivían hace décadas una cultura del abuso y encubrimiento.

Renato Poblete, abusador

Renato Poblete, abusador

Poblete, fallecido en 2010, era considerado casi un santo antes de ser denunciado por Aranda. Incluso un parque público llevaba su nombre y había una estatua suya, pero tras la denuncia las autoridades cambiaron el nombre y retiraron la estatua para fundirla.

Aranda aseguró que el sacerdote y capellán de la obra benéfica Hogar de Cristo empezó a abusar de ella cuando tenía 19 años y que los abusos se prolongaron de 1985 hasta 1993. Agregó que mientras era violada por un grupo de sujetos, Poblete miraba.

En una entrevista con un canal local de televisión afirmó que “lo más terrible y que me hace sufrir es que él me obligó a abortar y no solo una vez, tres veces. Tres niños que nunca pude abrazar, arrasados por un hombre abominable”.

La primera denuncia de la mujer ocurrió ante la comisión de escucha creada por el arzobispo Charles Scicluna, un enviado del papa para dimensionar la magnitud de los abusos en Chile, y luego dio declaraciones a la prensa. Del Campo dijo que la investigación de la Compañía sobre los abusos de Poblete concluyó que todos los hechos afirmados por Aranda son “plausibles y creíbles”. Añadió que además de Aranda testificaron otras 21 mujeres sobre los abusos que sufrieron en poder de Poblete, quien, dijo, se aprovechaba de su poder como religioso, económico y psicológico. Ellas no aceptaron que fueran reveladas sus identidades. Del Campo las llamó a denunciar a los tribunales de justicia cuando estén preparadas para hacerlo.

Presentación del informe sobre Renato Poblete Barth

I. Introducción

Buenas tardes, mi nombre es Cristián del Campo, Superior Provincial de la Compañía de Jesús en Chile. Me acompaña María de los Ángeles Solar, directora del Centro de Prevención de Abusos Sexuales y Reparación de la Compañía de Jesús.

El depredador sexual sostuvo sus delitos bajo su enorme red de contactos, y el poder económico que tuvo al manejar autónomamente importantes sumas de dinero durante muchos años

Agradecemos su presencia que nos ayuda a transmitir a la opinión pública el resultado de la investigación interna, que se ha llevado a cabo por los abusos sexuales denunciados contra el fallecido sacerdote Renato Poblete Barth.

Daremos a conocer los hallazgos y las conclusiones más importantes de esta investigación. A su vez, compartiremos los pasos que daremos en nuestro compromiso de reparación en este caso, y en los otros dos casos que hemos anunciado recientemente su resolución, referidos a Jaime Guzmán Astaburuaga y Leonel Ibacahe Ortiz.

II. Sobre la investigación

1. Duración y Metodología

La investigación comenzó el día 12 de enero de 2019 y el informe final fue entregado a mí como Superior Provincial de la Compañía de Jesús, la tarde del viernes 26 de julio. El informe final tiene un total de 407 páginas, más anexos. Se entrevistó a 102 personas, y se realizaron otro tipo de diligencias complementarias, tales como análisis de documentos, recepción de testimonios vía correo electrónico e inspección de lugares. No podemos dejar de mencionar la complejidad que ha significado investigar hechos donde el denunciado se encuentra fallecido.

2. Equipo

La investigación fue liderada de manera independiente por el abogado penalista de la Universidad de Chile, Sr. Waldo Bown. Sirvió como notaria, la abogada Victoria Carvajal. El abogado Bown tuvo la asesoría de un comité compuesto por la Sra. Daniela Bolívar, académica de la escuela de Trabajo Social de la Pontificia Universidad Católica de Chile, experta en el trabajo con víctimas de abuso; el Sr. Alvaro Soto, académico de la escuela de psicología de la Universidad Alberto Hurtado, especialista en dinámicas organizacionales; y la Sra. Anastasía Assimakópulos, profesora de derecho canónico de la Universidad de Los Andes. Al mismo tiempo, queremos transparentar que esta investigación, como cualquier investigación canónica que llevamos adelante, es financiada por la misma Compañía de Jesús.

Líder de los jesuitas en Chile

Líder de los jesuitas en Chile

3. Resultados de la Investigación y valoración de los hechos

Esta investigación comenzó gracias a la denuncia de la Sra. Marcela Aranda y posteriormente recibió el testimonio de 21 mujeres más que sufrieron alguna experiencia de abuso sexual por parte del sacerdote Renato Poblete Barth, hechos ocurridos entre los años 1960 y 2008. Dentro de las víctimas mencionadas, existen 4 personas que eran menores de 18 años cuando ocurrieron los hechos denunciados.

De esos 22 testimonios, uno es el de la Sra. Marcela Aranda. Otros 16, se refieren a abusos sexuales de mujeres mayores de edad consistentes en abordajes sexuales violentos. A cada una de estas víctimas se les dio los datos de contacto del fiscal correspondiente. El último caso, para completar los 22, se refiere a una relación estable y aparentemente consentida, en que la víctima ha ido elaborando recientemente la situación abusiva en la que se encontraba.

La investigación también recogió informaciones que darían cuenta de otras personasque podrían haber sufrido abusos por parte de Renato Poblete Barth pero no se lograron contactar. O por fallecimiento o porque, al ser contactadas, no quisieron declarar.

Tal como señala el investigador, en relación al caso de la denunciante Sra. Marcela Aranda, que dio origen a esta investigación, todos los hechos descritos por ella han sido considerados plausibles y su relato creíble. En el caso de los abusos sexuales, éstos han podido ser corroborados y también los tres abortos denunciados.

Dada la gravedad de esta denuncia, que el testimonio de la Sra. Marcela Aranda ha sido considerado plausible y creíble en su integridad, y el hecho de que en su declaración ella señala que estos hechos podrían involucrar a terceras personas vivas, presentaremos estos antecedentes a la brevedad al Ministerio Público, para que investigue con todas las herramientas de las que dispone y sancione a quienes pudieran resultar responsables.

Marcela Aranda

Marcela Aranda

En cuanto al resto de las víctimas, la investigación consideró que todos los testimonios eran pausibles y creíbles y, en algunos casos, pudo corroborar esto con los testimonios de terceras personas u otro tipo de elementos externos que confirmaron los hechos.

4. Patrón del abuso

Esta investigación ha demostrado de manera contundente que Renato Poblete Barth abusó de manera reiterada, grave y sistemática, amparado en el poder que le otorgaba su condición de sacerdote, en el dinero que manejó de manera personal, y en el prestigio que su labor apostólica le otorgó durante sus años como líder de una organización benéfica jesuítica.

Los testimonios de las víctimas recolectados en el proceso de investigación dan cuenta de la dinámica establecida por Renato Poblete Barth. Una dinámica de violencia, de abuso de poder y de manipulación emocional y psicológica de las víctimas y sus familias, que facilitó su obrar y el silencio tanto de víctimas como de otras personas. La investigación pudo determinar los patrones de conducta utilizados por el sacerdote, tales como la focalización en personas con vulnerabilidades económicas o emocionales, la ayuda económica sistemática, la posición de poder social y religioso, la utilización de la confianza con el entorno familiar de las víctimas, las demostraciones de poder y la violencia de género, entre otras.

La investigación pudo determinar los patrones de conducta utilizados por el sacerdote, tales como la focalización en personas con vulnerabilidades, la utilización de la confianza del entorno familiar de las víctimas y la violencia de género

Todo esto nos parece de la mayor gravedad, ya que, como nos ha ido mostrando la experiencia clínica, la agresión sexual es uno de los tipos de agresión más devastadores que puede sufrir un ser humano, ya que afecta todas las dimensiones de la persona. Existe un profundo daño a nivel emocional, relacional, sexual y, en el caso del abuso sexual en el contexto eclesial, también a nivel espiritual.

Somos conscientes de este grave daño, y por ello, tal como lo han solicitado la mayoría de las víctimas, honraremos nuestro compromiso de confidencialidad con ellas. En nuestro país son los Tribunales los llamados a dictar justicia y establecer responsabilidades. Por esto, las instamos, a que de acuerdo a sus propios tiempos y procesos, ejerzan este derecho en las instancias correspondientes. Como Compañía de Jesús colaboraremos en todo lo que sea necesario.

III. Responsabilidades de terceros

Junto con el esclarecimiento de los hechos denunciados, también le fue solicitado al investigador pronunciarse respecto de eventuales responsabilidades de terceras personas, así como de responsabilidades institucionales de la Compañía de Jesús.

La investigación recogió diversos antecedentes que dan cuenta de que existió un número significativo de personas, jesuitas y laicos, que tuvieron alguna información de comportamientos inadecuados de connotación sexual del sacerdote Renato Poblete Barth, los que fueron conocidos de primera fuente, por terceras personas, o a modo de rumor. Aquí me referiré en específico a los resultados del informe en cuanto a las responsabilidades de miembros de la Compañía de Jesús.

Los canales institucionales fallaron, ya que el gobierno provincial minimizó los hechos o no activó con la debida diligencia los resguardos que permitieran detener las situaciones abusivas

El informe del abogado Waldo Bown señala que algunos jesuitas habrían recibido algún tipo de información, la mayoría consistente en rumores o comentarios de terceros, lo que implicaría una responsabilidad ética en su actuar. La investigación pudo acreditar que, al menos en dos casos, un jesuita recibió información directa de parte de una víctima. Respecto a uno de ellos, este recibió expresas instrucciones de parte de la víctima de no comunicar la información recibida; el otro se refiere a uno de los jesuitas públicamente mencionados, el del P. Juan Ochagavía. La investigación señala que el P. Ochagavía habría hecho llegar los antecedentes que disponía al Superior Provincial de la época. Y justamente esta situación muestra – como lo señalaré más adelante – de qué manera los canales institucionales fallaron, ya que el gobierno provincial minimizó los hechos o no activó con la debida diligencia los resguardos que permitieran detener las situaciones abusivas. Las responsabilidades individuales e institucionales están íntimamente conectadas. Con todo, el investigador concluyó que la conducta del P. Juan Ochagavía fue negligente en cuanto al seguimiento de la información que recibió y en el cuidado de la víctima.

Así como la investigación determinó responsabilidades éticas de particulares como facilitadores, la Compañía de Jesús habría operado con medidas ineficaces para evitar las conductas de abuso de poder, de conciencia y sexuales cometidas por Renato Poblete Barth. Este clima institucional facilitaría la ocurrencia de los hechos denunciados, a saber, una mirada permisiva hacia conductas de Renato Poblete Barth que estaban en el límite de lo ético en relación con el manejo del dinero, el poder y su relación con mujeres; una estructura organizacional que fue ineficaz para evitar y enfrentar situaciones de abuso, es decir, falta de instancias de mayor control, como códigos de conducta que definieran más precisamente estándares profesionales de actuación de los sacerdotes y religiosos; prácticas culturales que dificultaron la detección temprana de las conductas abusivas, como por ejemplo, la defensa corporativa o la exaltación del logro y la autonomía individual.

Faltaron códigos de conducta y las prácticas culturales dificultaron la detección temprana de las conductas abusivas, como por ejemplo, la defensa corporativa o la exaltación de los logros del abusador

Después de conocer los hallazgos más importantes de esta investigación, quiero hacer un reconocimiento de nuestra responsabilidad institucional y expresar nuestra petición de perdón a todas y cada una de las víctimas de abuso.

Lo primero y fundamental es el valor de la verdad. Esta investigación nos ha permitido esclarecer los hechos abusivos y las responsabilidades del sacerdote Renato Poblete Barth, a partir de la contundencia de cada testimonio y de la evidencia recogida. Hemos llegado a esta dura verdad gracias a la valentía de todas las personas que estuvieron dispuestas a compartir sus dolorosas y traumáticas experiencias de abuso, en particular, de la Sra. Marcela Aranda, quien presentó la primera denuncia en enero pasado. Quiero aprovechar para agradecer la profesionalidad y diligencia del Servicio de Escucha de la Conferencia Episcopal de Chile, que fue la primera instancia que acogió el testimonio de la Sra. Marcela Aranda. Asimismo, agradecezco el trabajo serio y acusioso del Sr. Waldo Bown y su equipo.

Quiero, en nombre de la Compañía de Jesús en Chile, pedirles perdón a las víctimas de abuso sexual en este caso y en los otros cometidos por jesuitas. El daño infringido ha sido enorme y, en muchos casos, tan grande que es difícil de dimensionar con palabras. Para ustedes, este abuso. Como Compañía de Jesús queremos reconocer el daño que hemos hecho y que ustedes han sufrido tan profundamente. Deseamos tener la ocasión de expresarles personalmente nuestra petición de perdón en los próximos días.

Como Compañía de Jesús, no solo en este caso sino también en otros casos de abusos, fallamos en reaccionar con decisión, diligencia y eficacia ante las noticias, informaciones o señales preocupantes. Esta inacción permitió que se llevaran a cabo abusos de gravedad sin impedir que el comportamiento abusivo continuara. Pedimos perdón porque no actuamos con la prontitud y seriedad que se requería, con una mirada puesta en quienes estaban sufriendo en silencio. En el caso de Renato Poblete Barth, el aparente éxito de su labor apostólica obnubiló nuestra capacidad de supervisar su rutina cotidiana y controlar debidamente su manejo de dineros. El poder del dinero, sumado al poder que ya tenía por su prestigio público y su calidad de sacerdote, fue lo que permitió que el acusado tuviera diversas posibilidades de utilizar ese poder para abusar de mujeres.

Crisis de abusos en Chile

Crisis de abusos en Chile

También deseo pedir perdón a nuestros colaboradores, familiares y amigos, así como a todo el pueblo de Dios que conforma nuestra Iglesia, por el daño, el dolor y la desilusión que provoca conocer situaciones tan graves de abuso cometidas por miembros de la Compañía de Jesús, y por nuestras responsabilidades como congregación religiosa en no detectar y detener estos abusos a tiempo.

Este perdón va acompañado de nuestra convicción como Compañía de Jesús de condenar toda situación de abuso, de orden sexual, de consciencia o de poder. Aunque suene gastado y muchas veces dicho, creo que nunca será suficiente: nos avergüenza y nos desgarra saber que hay personas a las que hemos dañado. Esto contraviene lo fundamental de nuestra razón de existir, de nuestra misión, que es justamente la transmisión de la Buena Noticia de Jesucristo, de la liberación de los oprimidos y del cuidado de los más vulnerables. Pedimos perdón por estos actos y por nuestras cegueras y negligencias.

IV. Perdón de cada jesuita

Pediré a cada jesuita que, a nivel personal y comunitario, avance en un trabajo real y profundo de reconocimiento de esta triste verdad que forma parte de nuestra historia y que haga efectivamente un gesto de arrepentimiento, en particular, en aquellos que han tenido una responsabilidad ética en su actuar.

Al hablar de reparación o restitución queremos referirnos a la necesidad de encontrarnos con las víctimas, reconociendo, desde su experiencia, las dinámicas abusivas mediante las cuales esto sucedió y posibilitando una relación que reconozca plenamente su dignidad de persona y su capacidad de determinación de su propio futuro.

Presentación de la investigación de los jesuitas sobre Poblete

Presentación de la investigación de los jesuitas sobre Poblete

El perdón sin signos concretos que contribuyan a reparar el daño causado, es un perdón vacío. Por eso, quiero dar a conocer los pasos dados y los que vamos a dar en el ámbito de la reparación.

Lo primero es que hemos intentado honestamente escuchar a las víctimas. Este último tiempo hemos procurado hacerlo a través de investigaciones que se han dado a conocer públicamente, para que todos quienes quisieran aportar algún antecedente lo pudieran hacer. Nuestra intención ha sido que esos espacios formales permitieran a las personas relatar su historia y ser escuchadas con respeto y confidencialidad.

En segundo lugar, hemos creado el Centro de Prevención de Abusos Sexuales y Reparación de la Compañía de Jesús en Chile, liderados por la abogada María de los Angeles Solar y por la psicóloga Francisca Salinas. Este Centro es el encargado de escuchar y recibir toda denuncia de abuso sexual que se haga contra un jesuita. Asimismo, el Centro ha tomado y tomará contacto con las víctimas, en éste y en los demás casos que hemos investigado. La restitución solo podrá tener lugar a partir de escucharnos unos a otros, reconocernos mutuamente y construir juntos un futuro sin abuso.

Sabemos que las experiencias de abuso sexual constituyen heridas profundas que se instalan en la persona, por eso creemos que también es importante ofrecer y hacernos cargo de los procesos psicológicos que intentan aliviar estas situaciones. Hemos ofrecido apoyo económico para los tratamientos terapéuticos a aquellas víctimas que nos lo han solicitado. Este ofrecimiento de apoyo será reiterado a cada una de ellas.

Dentro del proceso de reparación de las víctimas, tanto de Renato Poblete Barth, de Jaime Guzmán Astaburuaga, Leonel Ibacache Ortíz y otras víctimas de jesuitas, nos comprometemos a profundizar los espacios de diálogo para ir definiendo las medidas reparatorias más adecuadas. Para esta labor el Centro de Prevención y Reparación ha estado asesorándose con profesionales de distintas áreas y experiencias, de manera de ofrecer espacios de calidad, que no revictimecen y permitan el diálogo y los acuerdos. Deseamos escuchar lo que las mismas víctimas quieren proponernos, pensando en sus propios procesos de sanación. Escucharemos abiertamente lo que cada persona visualice como ayudas necesarias para su camino de reparación personal, y nos comprometemos a hacer todos los esfuerzos por apoyarlas en ese camino.

La Compañía de Jesús, contra el encubrimiento

La Compañía de Jesús, contra el encubrimiento

En el diálogo que esperamos mantener con ellas, buscaremos reflexionar sobre modos de reparación que apunten también a aquellas comunidades eclesiales, educativas o laborales que se han visto afectadas por la ocurrencia de abusos en dichos espacios. Estaremos abiertos a un diálogo que sea fructífero y con resultados concretos, que considere acciones de reparación en todos los ámbitos para las víctimas y las comunidades afectadas, así como nuevos insumos para actualizar los protocolos de prevención y cuidado de ambientes sanos y seguros.

Por último, creemos que lo que ha sucedido no se trata solamente de hechos puntuales, sino de elementos estructurales que han favorecido que estos hechos ocurran. Lo vivido nos ha comprometido a una revisión profunda de las estructuras de gobierno y pastorales de nuestra congregación. Junto con las medidas que hemos ido tomando de examen de nuestra formación jesuita, de nuestras estructuras de gobierno y del modo cómo realizamos acompañamiento espiritual, continuaremos apoyándonos en profesionales de experiencia, para profundizar una evaluación institucional que nos permita ser conscientes de nuestros puntos ciegos. En este sentido, le pediremos a la Universidad Alberto Hurtado que pueda contribuir a la investigación y aprendizaje sobre el fenómeno del abuso en sus más diversas expresiones, en coordinación con otras universidades e instituciones, disponiendo para tales efectos los recursos necesarios, con el objeto de contribuir a una cultura nacional y eclesial de cuidado, respeto y protección de las personas, y a la renovación tanto de la Iglesia como de la Compañía de Jesús.

V. Conclusión

Las conclusiones de este informe no dejan dudas sobre el drama del abuso vivido por las personas que tuvieron la valentía de compartir sus testimonios. Sin ellas, no habríamos sabido la verdad. Probablemente, hay otras personas que no se han animado a dar a conocer sus historias y también queremos solidarizar con ellas, al tiempo de expresarles que nuestras puertas están abiertas para escucharlas y saber cómo podemos acoger lo que han vivido.

Esta verdad que hoy compartimos con ustedes nos llena de vergüenza por este y otros casos de abusos que involucran a miembros de la Compañía de Jesús, pues nuestra misión es comunicar el Evangelio de Jesucristo, que es un Evangelio de vida y plenitud.

Debemos aceptar el descrédito y trabajar con hechos concretos para recuperar la confianza. La verdad y el sufrimiento de tantas personas nos han enseñado a poner primero la mirada en quienes han sido víctimas de abuso. Queremos reiterar nuestra petición de perdón y nuestro compromiso de colaborar en el camino de sanación de quienes han sido heridos y de contribuir a que estos hechos no se vuelvan a repetir, creando ambientes de cuidado y confianza en la Iglesia.

Renato Poblete

Renato Poblete


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San Ignacio de Loyola. Biografía breve

Los religiosos de la Compañía de Jesús, llamados comúnmente “jesuitas”, fuimos fundados por San Ignacio de Loyola mediante la aprobación en 1540 como orden de la Iglesia Católica por parte del papa Paulo III. Somos seguidores de Cristo en vida comunitaria consagrada a Él para el servicio de la fe y la promoción de la justicia.

Descargar la Autobiografía de San Ignacio

Ignacio de Loyola

Íñigo López Sánchez, quien adoptaría el nombre de Ignacio, nació en 1491 en el castillo de Loyola junto a la aldea vasca llamada Azpeitia. Fue caballero al servicio de Carlos I de España y V de Alemania, “hombre dado a las vanidades del mundo”, “con un grande y vano deseo de ganar honra” (Autobiografía, 1). Herido en 1521 por una bala de cañón cuando defendía la fortaleza de Pamplona, fue llevado al castillo de su familia y se sometió a dolorosas cirugías debido a la fractura de una pierna.

Durante su convalecencia, al no encontrar libros de caballería se dedicó a leer una vida de Cristo y las vidas de los santos.

Cuenta él mismo que “cuando pensaba en aquello del mundo, se deleitaba mucho; mas cuando después de cansado lo dejaba, hallábase seco y descontento; y cuando en ir a Jerusalén descalzo, y en no comer sino yerbas, y en hacer todos los demás rigores que veía haber hecho los santos, no solamente se consolaba cuando estaba en los tales pensamientos, mas aún después de dejado, quedaba contento y alegre”. (Autobiografía, 8). Esta experiencia lo conduciría a la conversión.

Su primera decisión fue ir a Jerusalén como peregrino. Una vez curado se dirigió a pie a la abadía benedictina de Nuestra Señora de Montserrat cercana a Barcelona. Allí, ante la imagen de María con el Niño Jesús, veló una noche entera y dejó sus armas de caballero para dirigirse a Manresa, pequeño poblado de Cataluña donde permaneció de marzo de 1522 a febrero de 1523 viviendo una experiencia de Dios que alcanzó su momento más luminoso junto al río Cardoner: “Y estando allí sentado se le empezaron a abrir los ojos del entendimiento; y no que viese alguna visión, sino entendiendo y conociendo muchas cosas, tanto de cosas espirituales, como de cosas de la fe y de letras; y esto con una ilustración tan grande, que le parecían todas las cosas nuevas”. (Autobiografía, 30). Él mismo consignaría su experiencia en el libro de los “Ejercicios Espirituales”.

Después de pasar el año 1523 en Jerusalén buscando las huellas de Jesús, a quien quería “conocer mejor, para imitarlo y seguirlo”, a su regreso se dedicó a estudiar gramática y letras en Barcelona y Alcalá. Pronto tuvo que afrontar dificultades y fue solicitado por la Inquisición en Salamanca, donde fue interrogado y declarado inocente. En febrero de 1528 llegó a París para estudiar en La Sorbona, donde en marzo de 1533 obtuvo el grado de Maestro en Artes, que según la titulación universitaria lo autorizaba para enseñar filosofía y teología. Desde entonces latinizó su nombre firmando como “Ignatius”.
En París compartió un cuarto con dos estudiantes: Pedro Fabro, de Saboya, y Francisco Javier, de Navarra, ambos con 23 años de edad. Se hicieron amigos y pronto Fabro, designado como su tutor de estudios, compartiría su deseo de llevar una vida austera en seguimiento de Cristo. Otro tanto sucedió con Javier, joven de gran ambición en quien hizo mella una frase de Jesús que le repetía Ignacio con frecuencia: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?”. (Mateo 16,26). Otros estudiantes se unieron al proyecto: el portugués Simón Rodríguez y los españoles Diego Laínez, Alfonso Salmerón y Nicolás de Bobadilla. Oraban juntos, discutían sobre la vida cristiana y hablaban de “cosas de Dios”. Ignacio les comunicaba lo que había experimentado, principalmente en Manresa, y suscitaba en ellos el deseo de buscar a Dios.

Fortalecidos por su experiencia espiritual, los siete amigos deciden lo que van a hacer: servir como sacerdotes, si es posible en Jerusalén, o si no irán a Roma para presentarse ante el Papa “a fin de que él los envíe a donde juzgue que será más favorable a la gloria de Dios y utilidad de las almas”. Se dan un año como plazo, desde cuando se encuentren en Venecia. El 15 de agosto de 1534 en París, en la capilla de Montmartre, sellan su proyecto con voto solemne en una misa presidida por Fabro, ordenado el 30 de mayo.

Ignacio enferma en 1535 y va a recuperarse en su tierra natal. La cita en Venecia se aplaza entonces para comienzos de 1537. Mientras tanto el grupo aumenta con los franceses Claudio Jay, Pascasio Broet y Juan Bautista Codure. Restablecido Ignacio, el 8 de enero de 1537 se encuentran en Venecia, donde el 24 de junio son ordenados sacerdotes los que aún no lo eran. La guerra con los turcos dificulta el viaje, y mientras esperan a embarcarse trabajan pastoralmente y se designan “Compañía de Jesús”. Desde entonces añaden a sus nombres las iniciales S.J. (Societatis Jesu, en latín).

Como no parte ningún barco se dirigen a Roma, donde se encuentran en la Pascua de 1538. Ignacio llega con Laínez y Fabro hacia mediados de noviembre de 1537. A 15 kilómetros de Roma, en la capilla de La Storta, Ignacio “sintió tal mutación en su alma y vio tan claramente que Dios Padre lo ponía con Cristo, su Hijo, que no se atrevería a dudar de esto…” (Autobiografía, 96). A sus compañeros les dijo: “He visto a Cristo con su cruz a cuestas y a su lado al Padre Eterno que le decía a su Hijo: ‘quiero que tomes a éste como servidor’, y Jesús me dijo: ‘quiero que nos sirvas’ “.

Los compañeros son recibidos por el Papa en noviembre de 1538 y se ofrecen para cualquier misión que les confíe. Y siendo de países tan diferentes, se hacen esta reflexión: “más vale que permanezcamos de tal manera unidos y ligados en un solo cuerpo, que ninguna separación física, por grande que sea, nos pueda separar”. Deciden por ello formar una nueva orden religiosa, cuya primera “Fórmula del Instituto” es sometida a la consideración de Paulo III, quien el 27 de septiembre de 1540 firma la bula o documento pontificio de aprobación. El 17 de abril de 1541, después de haber rechazado dos veces el voto unánime de sus compañeros, Ignacio acepta el cargo de Prepósito (del latín: puesto delante como guía) General. El 22 de abril los compañeros hacen votos solemnes de pobreza, castidad y obediencia, y otro voto especial de obediencia al Papa para las misiones que les confíe.

En 1541 Ignacio fija su residencia en una vieja casa situada en el centro de Roma frente a una capilla dedicada a Nuestra Señora de la Estrada. La Compañía de Jesús recibe la responsabilidad de la parroquia, e Ignacio se instala en tres pequeñas piezas cercanas al presbiterio. Su principal trabajo allí fue la redacción de las Constituciones de la Compañía de Jesús, lo cual hizo hasta su muerte, siempre en proceso de incorporar las observaciones de sus compañeros y las nuevas experiencias. Su libro de los Ejercicios Espirituales fue aprobado y recomendado por el Papa Paulo III el 31 de julio de 1548.

El 21 de julio de 1550 la Compañía de Jesús obtiene del Papa Julio III su confirmación como orden religiosa, mediante la bula aprobatoria de una segunda Fórmula del Instituto, con un texto ampliado. Las misiones se multiplican en Europa, Asia, África y América.

El Papa envía a algunos teólogos jesuitas al Concilio de Trento, convocado para tratar los puntos de discusión suscitados con motivo del cisma protestante. Ignacio funda instituciones educativas, casas para catecúmenos judíos y mahometanos, un refugio para mujeres errantes, y organiza colectas para los pobres y los prisioneros.

A comienzos de julio de 1556, una fatiga extrema lo obliga a descansar y muere al amanecer del 31 del mismo mes, a los 65 años. Al morir Ignacio, la Compañía de Jesús contaba en el mundo con 1036 jesuitas, unos sacerdotes y otros hermanos, distribuidos en 11 Provincias (circunscripciones territoriales), y con 92 casas de las que 33 correspondían a obras educativas. Fue canonizado como santo por el Papa Gregorio XV el 12 de marzo de 1622, con Francisco Javier y Teresa de Ávila. Sus restos reposan en Roma, en la Iglesia del Gesú.San ignacio4

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Los religiosos de la Compañía de Jesús, llamados comúnmente “jesuitas”, fuimos fundados por San Ignacio de Loyola mediante la aprobación en 1540 como orden de la Iglesia Católica por parte del papa Paulo III. Somos seguidores de Cristo en vida comunitaria consagrada a Él para el servicio de la fe y la promoción de la justicia.

Descargar la Autobiografía de San Ignacio

Ignacio de Loyola

Íñigo López Sánchez, quien adoptaría el nombre de Ignacio, nació en 1491 en el castillo de Loyola junto a la aldea vasca llamada Azpeitia. Fue caballero al servicio de Carlos I de España y V de Alemania, “hombre dado a las vanidades del mundo”, “con un grande y vano deseo de ganar honra” (Autobiografía, 1). Herido en 1521 por una bala de cañón cuando defendía la fortaleza de Pamplona, fue llevado al castillo de su familia y se sometió a dolorosas cirugías debido a la fractura de una pierna.

Durante su convalecencia, al no encontrar libros de caballería se dedicó a leer una vida de Cristo y las vidas de los santos.

Cuenta él mismo que “cuando pensaba en aquello del mundo, se deleitaba mucho; mas cuando después de cansado lo dejaba, hallábase seco y descontento; y cuando en ir a Jerusalén descalzo, y en no comer sino yerbas, y en hacer todos los demás rigores que veía haber hecho los santos, no solamente se consolaba cuando estaba en los tales pensamientos, mas aún después de dejado, quedaba contento y alegre”. (Autobiografía, 8). Esta experiencia lo conduciría a la conversión.

Su primera decisión fue ir a Jerusalén como peregrino. Una vez curado se dirigió a pie a la abadía benedictina de Nuestra Señora de Montserrat cercana a Barcelona. Allí, ante la imagen de María con el Niño Jesús, veló una noche entera y dejó sus armas de caballero para dirigirse a Manresa, pequeño poblado de Cataluña donde permaneció de marzo de 1522 a febrero de 1523 viviendo una experiencia de Dios que alcanzó su momento más luminoso junto al río Cardoner: “Y estando allí sentado se le empezaron a abrir los ojos del entendimiento; y no que viese alguna visión, sino entendiendo y conociendo muchas cosas, tanto de cosas espirituales, como de cosas de la fe y de letras; y esto con una ilustración tan grande, que le parecían todas las cosas nuevas”. (Autobiografía, 30). Él mismo consignaría su experiencia en el libro de los “Ejercicios Espirituales”.

Después de pasar el año 1523 en Jerusalén buscando las huellas de Jesús, a quien quería “conocer mejor, para imitarlo y seguirlo”, a su regreso se dedicó a estudiar gramática y letras en Barcelona y Alcalá. Pronto tuvo que afrontar dificultades y fue solicitado por la Inquisición en Salamanca, donde fue interrogado y declarado inocente. En febrero de 1528 llegó a París para estudiar en La Sorbona, donde en marzo de 1533 obtuvo el grado de Maestro en Artes, que según la titulación universitaria lo autorizaba para enseñar filosofía y teología. Desde entonces latinizó su nombre firmando como “Ignatius”.
En París compartió un cuarto con dos estudiantes: Pedro Fabro, de Saboya, y Francisco Javier, de Navarra, ambos con 23 años de edad. Se hicieron amigos y pronto Fabro, designado como su tutor de estudios, compartiría su deseo de llevar una vida austera en seguimiento de Cristo. Otro tanto sucedió con Javier, joven de gran ambición en quien hizo mella una frase de Jesús que le repetía Ignacio con frecuencia: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?”. (Mateo 16,26). Otros estudiantes se unieron al proyecto: el portugués Simón Rodríguez y los españoles Diego Laínez, Alfonso Salmerón y Nicolás de Bobadilla. Oraban juntos, discutían sobre la vida cristiana y hablaban de “cosas de Dios”. Ignacio les comunicaba lo que había experimentado, principalmente en Manresa, y suscitaba en ellos el deseo de buscar a Dios.

Fortalecidos por su experiencia espiritual, los siete amigos deciden lo que van a hacer: servir como sacerdotes, si es posible en Jerusalén, o si no irán a Roma para presentarse ante el Papa “a fin de que él los envíe a donde juzgue que será más favorable a la gloria de Dios y utilidad de las almas”. Se dan un año como plazo, desde cuando se encuentren en Venecia. El 15 de agosto de 1534 en París, en la capilla de Montmartre, sellan su proyecto con voto solemne en una misa presidida por Fabro, ordenado el 30 de mayo.

Ignacio enferma en 1535 y va a recuperarse en su tierra natal. La cita en Venecia se aplaza entonces para comienzos de 1537. Mientras tanto el grupo aumenta con los franceses Claudio Jay, Pascasio Broet y Juan Bautista Codure. Restablecido Ignacio, el 8 de enero de 1537 se encuentran en Venecia, donde el 24 de junio son ordenados sacerdotes los que aún no lo eran. La guerra con los turcos dificulta el viaje, y mientras esperan a embarcarse trabajan pastoralmente y se designan “Compañía de Jesús”. Desde entonces añaden a sus nombres las iniciales S.J. (Societatis Jesu, en latín).

Como no parte ningún barco se dirigen a Roma, donde se encuentran en la Pascua de 1538. Ignacio llega con Laínez y Fabro hacia mediados de noviembre de 1537. A 15 kilómetros de Roma, en la capilla de La Storta, Ignacio “sintió tal mutación en su alma y vio tan claramente que Dios Padre lo ponía con Cristo, su Hijo, que no se atrevería a dudar de esto…” (Autobiografía, 96). A sus compañeros les dijo: “He visto a Cristo con su cruz a cuestas y a su lado al Padre Eterno que le decía a su Hijo: ‘quiero que tomes a éste como servidor’, y Jesús me dijo: ‘quiero que nos sirvas’ “.

Los compañeros son recibidos por el Papa en noviembre de 1538 y se ofrecen para cualquier misión que les confíe. Y siendo de países tan diferentes, se hacen esta reflexión: “más vale que permanezcamos de tal manera unidos y ligados en un solo cuerpo, que ninguna separación física, por grande que sea, nos pueda separar”. Deciden por ello formar una nueva orden religiosa, cuya primera “Fórmula del Instituto” es sometida a la consideración de Paulo III, quien el 27 de septiembre de 1540 firma la bula o documento pontificio de aprobación. El 17 de abril de 1541, después de haber rechazado dos veces el voto unánime de sus compañeros, Ignacio acepta el cargo de Prepósito (del latín: puesto delante como guía) General. El 22 de abril los compañeros hacen votos solemnes de pobreza, castidad y obediencia, y otro voto especial de obediencia al Papa para las misiones que les confíe.

En 1541 Ignacio fija su residencia en una vieja casa situada en el centro de Roma frente a una capilla dedicada a Nuestra Señora de la Estrada. La Compañía de Jesús recibe la responsabilidad de la parroquia, e Ignacio se instala en tres pequeñas piezas cercanas al presbiterio. Su principal trabajo allí fue la redacción de las Constituciones de la Compañía de Jesús, lo cual hizo hasta su muerte, siempre en proceso de incorporar las observaciones de sus compañeros y las nuevas experiencias. Su libro de los Ejercicios Espirituales fue aprobado y recomendado por el Papa Paulo III el 31 de julio de 1548.

El 21 de julio de 1550 la Compañía de Jesús obtiene del Papa Julio III su confirmación como orden religiosa, mediante la bula aprobatoria de una segunda Fórmula del Instituto, con un texto ampliado. Las misiones se multiplican en Europa, Asia, África y América.

El Papa envía a algunos teólogos jesuitas al Concilio de Trento, convocado para tratar los puntos de discusión suscitados con motivo del cisma protestante. Ignacio funda instituciones educativas, casas para catecúmenos judíos y mahometanos, un refugio para mujeres errantes, y organiza colectas para los pobres y los prisioneros.

A comienzos de julio de 1556, una fatiga extrema lo obliga a descansar y muere al amanecer del 31 del mismo mes, a los 65 años. Al morir Ignacio, la Compañía de Jesús contaba en el mundo con 1036 jesuitas, unos sacerdotes y otros hermanos, distribuidos en 11 Provincias (circunscripciones territoriales), y con 92 casas de las que 33 correspondían a obras educativas. Fue canonizado como santo por el Papa Gregorio XV el 12 de marzo de 1622, con Francisco Javier y Teresa de Ávila. Sus restos reposan en Roma, en la Iglesia del Gesú.

2019 Notre Dame-incendio-en-la-catedral-de-notre-dame-paris-llamas-fuego-intenso-brk-00000000-large-169San ignacio4Los religiosos de la Compañía de Jesús, llamados comúnmente “jesuitas”, fuimos fundados por San Ignacio de Loyola mediante la aprobación en 1540 como orden de la Iglesia Católica por parte del papa Paulo III. Somos seguidores de Cristo en vida comunitaria consagrada a Él para el servicio de la fe y la promoción de la justicia.

Descargar la Autobiografía de San Ignacio

Ignacio de Loyola

Íñigo López Sánchez, quien adoptaría el nombre de Ignacio, nació en 1491 en el castillo de Loyola junto a la aldea vasca llamada Azpeitia. Fue caballero al servicio de Carlos I de España y V de Alemania, “hombre dado a las vanidades del mundo”, “con un grande y vano deseo de ganar honra” (Autobiografía, 1). Herido en 1521 por una bala de cañón cuando defendía la fortaleza de Pamplona, fue llevado al castillo de su familia y se sometió a dolorosas cirugías debido a la fractura de una pierna.

Durante su convalecencia, al no encontrar libros de caballería se dedicó a leer una vida de Cristo y las vidas de los santos.

Cuenta él mismo que “cuando pensaba en aquello del mundo, se deleitaba mucho; mas cuando después de cansado lo dejaba, hallábase seco y descontento; y cuando en ir a Jerusalén descalzo, y en no comer sino yerbas, y en hacer todos los demás rigores que veía haber hecho los santos, no solamente se consolaba cuando estaba en los tales pensamientos, mas aún después de dejado, quedaba contento y alegre”. (Autobiografía, 8). Esta experiencia lo conduciría a la conversión.

Su primera decisión fue ir a Jerusalén como peregrino. Una vez curado se dirigió a pie a la abadía benedictina de Nuestra Señora de Montserrat cercana a Barcelona. Allí, ante la imagen de María con el Niño Jesús, veló una noche entera y dejó sus armas de caballero para dirigirse a Manresa, pequeño poblado de Cataluña donde permaneció de marzo de 1522 a febrero de 1523 viviendo una experiencia de Dios que alcanzó su momento más luminoso junto al río Cardoner: “Y estando allí sentado se le empezaron a abrir los ojos del entendimiento; y no que viese alguna visión, sino entendiendo y conociendo muchas cosas, tanto de cosas espirituales, como de cosas de la fe y de letras; y esto con una ilustración tan grande, que le parecían todas las cosas nuevas”. (Autobiografía, 30). Él mismo consignaría su experiencia en el libro de los “Ejercicios Espirituales”.

Después de pasar el año 1523 en Jerusalén buscando las huellas de Jesús, a quien quería “conocer mejor, para imitarlo y seguirlo”, a su regreso se dedicó a estudiar gramática y letras en Barcelona y Alcalá. Pronto tuvo que afrontar dificultades y fue solicitado por la Inquisición en Salamanca, donde fue interrogado y declarado inocente. En febrero de 1528 llegó a París para estudiar en La Sorbona, donde en marzo de 1533 obtuvo el grado de Maestro en Artes, que según la titulación universitaria lo autorizaba para enseñar filosofía y teología. Desde entonces latinizó su nombre firmando como “Ignatius”.
En París compartió un cuarto con dos estudiantes: Pedro Fabro, de Saboya, y Francisco Javier, de Navarra, ambos con 23 años de edad. Se hicieron amigos y pronto Fabro, designado como su tutor de estudios, compartiría su deseo de llevar una vida austera en seguimiento de Cristo. Otro tanto sucedió con Javier, joven de gran ambición en quien hizo mella una frase de Jesús que le repetía Ignacio con frecuencia: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?”. (Mateo 16,26). Otros estudiantes se unieron al proyecto: el portugués Simón Rodríguez y los españoles Diego Laínez, Alfonso Salmerón y Nicolás de Bobadilla. Oraban juntos, discutían sobre la vida cristiana y hablaban de “cosas de Dios”. Ignacio les comunicaba lo que había experimentado, principalmente en Manresa, y suscitaba en ellos el deseo de buscar a Dios.

Fortalecidos por su experiencia espiritual, los siete amigos deciden lo que van a hacer: servir como sacerdotes, si es posible en Jerusalén, o si no irán a Roma para presentarse ante el Papa “a fin de que él los envíe a donde juzgue que será más favorable a la gloria de Dios y utilidad de las almas”. Se dan un año como plazo, desde cuando se encuentren en Venecia. El 15 de agosto de 1534 en París, en la capilla de Montmartre, sellan su proyecto con voto solemne en una misa presidida por Fabro, ordenado el 30 de mayo.

Ignacio enferma en 1535 y va a recuperarse en su tierra natal. La cita en Venecia se aplaza entonces para comienzos de 1537. Mientras tanto el grupo aumenta con los franceses Claudio Jay, Pascasio Broet y Juan Bautista Codure. Restablecido Ignacio, el 8 de enero de 1537 se encuentran en Venecia, donde el 24 de junio son ordenados sacerdotes los que aún no lo eran. La guerra con los turcos dificulta el viaje, y mientras esperan a embarcarse trabajan pastoralmente y se designan “Compañía de Jesús”. Desde entonces añaden a sus nombres las iniciales S.J. (Societatis Jesu, en latín).

Como no parte ningún barco se dirigen a Roma, donde se encuentran en la Pascua de 1538. Ignacio llega con Laínez y Fabro hacia mediados de noviembre de 1537. A 15 kilómetros de Roma, en la capilla de La Storta, Ignacio “sintió tal mutación en su alma y vio tan claramente que Dios Padre lo ponía con Cristo, su Hijo, que no se atrevería a dudar de esto…” (Autobiografía, 96). A sus compañeros les dijo: “He visto a Cristo con su cruz a cuestas y a su lado al Padre Eterno que le decía a su Hijo: ‘quiero que tomes a éste como servidor’, y Jesús me dijo: ‘quiero que nos sirvas’ “.

Los compañeros son recibidos por el Papa en noviembre de 1538 y se ofrecen para cualquier misión que les confíe. Y siendo de países tan diferentes, se hacen esta reflexión: “más vale que permanezcamos de tal manera unidos y ligados en un solo cuerpo, que ninguna separación física, por grande que sea, nos pueda separar”. Deciden por ello formar una nueva orden religiosa, cuya primera “Fórmula del Instituto” es sometida a la consideración de Paulo III, quien el 27 de septiembre de 1540 firma la bula o documento pontificio de aprobación. El 17 de abril de 1541, después de haber rechazado dos veces el voto unánime de sus compañeros, Ignacio acepta el cargo de Prepósito (del latín: puesto delante como guía) General. El 22 de abril los compañeros hacen votos solemnes de pobreza, castidad y obediencia, y otro voto especial de obediencia al Papa para las misiones que les confíe.

En 1541 Ignacio fija su residencia en una vieja casa situada en el centro de Roma frente a una capilla dedicada a Nuestra Señora de la Estrada. La Compañía de Jesús recibe la responsabilidad de la parroquia, e Ignacio se instala en tres pequeñas piezas cercanas al presbiterio. Su principal trabajo allí fue la redacción de las Constituciones de la Compañía de Jesús, lo cual hizo hasta su muerte, siempre en proceso de incorporar las observaciones de sus compañeros y las nuevas experiencias. Su libro de los Ejercicios Espirituales fue aprobado y recomendado por el Papa Paulo III el 31 de julio de 1548.

El 21 de julio de 1550 la Compañía de Jesús obtiene del Papa Julio III su confirmación como orden religiosa, mediante la bula aprobatoria de una segunda Fórmula del Instituto, con un texto ampliado. Las misiones se multiplican en Europa, Asia, África y América.

El Papa envía a algunos teólogos jesuitas al Concilio de Trento, convocado para tratar los puntos de discusión suscitados con motivo del cisma protestante. Ignacio funda instituciones educativas, casas para catecúmenos judíos y mahometanos, un refugio para mujeres errantes, y organiza colectas para los pobres y los prisioneros.

A comienzos de julio de 1556, una fatiga extrema lo obliga a descansar y muere al amanecer del 31 del mismo mes, a los 65 años. Al morir Ignacio, la Compañía de Jesús contaba en el mundo con 1036 jesuitas, unos sacerdotes y otros hermanos, distribuidos en 11 Provincias (circunscripciones territoriales), y con 92 casas de las que 33 correspondían a obras educativas. Fue canonizado como santo por el Papa Gregorio XV el 12 de marzo de 1622, con Francisco Javier y Teresa de Ávila. Sus restos reposan en Roma, en la Iglesia del Gesú.


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El Papa estuvo ayer en la Curia general de los jesuitas

El Papa visitó la Curia General de la Compañía de Jesús

El Director “ad Interim” de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Alessandro Gisotti, respondiendo a las preguntas de algunos periodistas confirmó que, ayer el Santo Padre se dirigió de forma privada a la Curia General de los Jesuitas.

Ciudad del Vaticano

“Puedo confirmar que ayer el Santo Padre se dirigió de forma privada a la Curia General de los Jesuitas, donde almorzó con el Prepósito General, Padre Arturo Sosa, y con los hermanos de la Compañía de Jesús”, lo afirmó el Director “ad Interim” de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Alessandro Gisotti, respondiendo a las preguntas de algunos periodistas, este lunes 8 de julio de 2019.

Asimismo, el Director interino recordó que, “como es conocido, ya en los años anteriores el Pontífice ha visitado en privado a los hermanos jesuitas en la Curia General al acercarse la fiesta de San Ignacio de Loyola”.