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Los jesuitas en espera de un fallo canónico sobre abusos de menores en el colegio Sant Ignasi de Barcelona (Ver Rel. Digital)

Los jesuitas esperan el fallo canónico sobre los abusos a dos ex alumnos en el colegio Sant Ignasi Barcelona

Colegio de Sant Ignasi, en Barcelona

Colegio de Sant Ignasi, en Barcelona

Ante la prescripción de los delitos denunciados y para que la justicia pueda investigar la gestión de la pederastia por parte de organizaciones religiosas, los hermanos De la Mata han presentado una querella por “ignorar los abusos”, según publica este lunes El Periódico

La querella se ha presentado contra los que fueron rector y jefe de estudios, dos profesores, un auxiliar y (como responsables civiles subsidiarios) contra el Colegio Sant Ignasi, la Compañía de Jesús y la Fundación Jesuitas Educación

La Fundación Jesuitas Educación espera recibir en las próximas semanas la resolución de la Congregación para la Doctrina de la Fe que investiga los abusos a dos exalumnos cometidos por dos religiosos jesuitas en el Colegio Sant Ignasi Barcelona entre los años 1982 y 1984.

En marzo de 2019, la Fundación Jesuitas Educación abrió un proceso canónico para aclarar los abusos que presuntamente habían cometido dos religiosos y que habían denunciado ante la justicia ordinaria los hermanos Jordi y Oriol de la Mata, han recordado a Efe fuentes de Jesuitas Educación.

Paralelamente, ante la prescripción de los delitos denunciados y para que la justicia pueda investigar la gestión de la pederastia por parte de organizaciones religiosas, los hermanos De la Mata han presentado una querella por “ignorar los abusos”, según publica este lunes El Periódico.

La querella se ha presentado contra los que fueron rector y jefe de estudios, dos profesores, un auxiliar y (como responsables civiles subsidiarios) contra el Colegio Sant Ignasi, la Compañía de Jesús y la Fundación Jesuitas Educación.

Fuentes de Jesuitas Educación han reconocido que no tienen conocimiento de la querella, y que no se les ha notificado.

Según El Periódico, un juzgado de instrucción de Barcelona ha recibido la denuncia y ha pedido a los demandantes que ratifiquen la acusación por un delito de omisión de perseguir los actos delictivos.

Este delito por no denunciar “no prescribe” y quienes sabían que los hechos habían ocurrido “tenían la obligación de comunicarlo a las autoridades, al margen del tiempo ocurrido” han mantenido fuentes de la acusación particular, según el diario.

En los escritos de acusación, los hermanos denunciaron como culpables de abusos al religioso Lluis To, que ya fue condenado por un caso de abusos en 1992 y trasladado por Jesuitas a Bolivia, donde falleció.

En marzo pasado, Jesuitas consideraron que el trasladado “había sido un error“.

Los hermanos también acusan al religioso Pere Sala, que en la actualidad supera los 90 años, vive en una residencia de la congregación y dejó de tener contacto con los niños en el año 2000 y que, según Jesuitas, “fue informado de las denuncias y de la apertura del expediente canónico”.

En el proceso canónico, la Congregación de la Doctrina de la Fe del Vaticano es la encargada de llevar a cabo la investigación y “si lo considera oportuno, llevar el caso a la justicia ordinaria”, según Jesuitas.


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Jesuitas chilenos y su declaración sobre abusos sexuales de otro miembro de la Orden

Un conocido jesuita chileno abusó de 22 mujeres en un período de 48 años

Cristián del Campo, en la conferencia de prensa ofrecida por los jesuitas sobre los abusos de Poblete

Cristián del Campo, en la conferencia de prensa ofrecida por los jesuitas sobre los abusos de Poblete

Cinco de ellas fueron abusadas siendo menores de edad

Su última víctima habría sido atacada en 2008, dos años antes de fallecer el abusador

Marcela Aranda: “Me llevaba donde otros hombres para que me violaran y me pegaran por turnos”

Renato Poblete, un emblemático jesuita chileno, fue durante 48 años un depredador sexual que en ese lapso abusó de 22 mujeres, entre ellas cinco menores de edad, según los resultados de una investigación dados a conocer este martes por la congregación.

“Esta investigación comenzó (el pasado enero) gracias a la denuncia (por delitos sexuales, abuso de poder y de conciencia) de la señora Marcela Aranda y posteriormente recibió el testimonio de (otras) 21 mujeres más que sufrieron alguna experiencia de abuso sexual por parte de Renato Poblete entre los años 1960 y 2008“, dijo en una rueda de prensa el provincial jesuita, Cristián del Campo.

“Entre las víctimas mencionadas hay cuatro personas que eran menores de 18 años cuando ocurrieron los hechos denunciados”, precisó del Campo respecto de los resultados de la investigación, desarrollada por el abogado laico Waldo Bown.

Los demás casos se refieren a abusos sexuales de mujeres mayores de edad, “consistentes en un abordaje sexual inesperado y violento, en que intempestivamente se intenta besar y tocar a la víctima“, señala el texto dado a conocer por el provincial jesuita.

Fallecido a los 85 años, en febrero del 2010 a causa de un paro cardíaco, Renato Poblete fue entre los años 1982 y 2000 el capellán del Hogar de Cristo, una institución chilena de beneficencia pública, creada por San Alberto Hurtado el 19 de octubre de 1944, que hasta atiende a miles de personas cada día.

Renato Poblete fue entre los años 1982 y 2000 el capellán del Hogar de Cristo, una institución chilena de beneficencia pública

En 2009, el sacerdote recibió de manos de la entonces presidenta Michelle Bachelet el Premio Bicentenario como reconocimiento del Gobierno a su trayectoria de servicio social.

Según datos de la Fiscalía, hay 166 causas abiertas por abusos en el clero chileno, mientras las víctimas suman 248, de las que 131 eran menores de edad al sufrir los delitos.

“Me llevaban donde otros hombres para que me violaran”

El líder de la congregación religiosa jesuítica, Cristián del Campo, ha admitido en rueda de prensa que la Compañía de Jesús se obnubiló con los éxitos de Poblete y nunca sospecharon de sus abusos.

Del Campo dio a conocer los resultados de una investigación en la que colaboraron 102 entrevistados y fue ordenada en enero pasado, luego de que la primera denunciante pública de Poblete, Marcela Aranda, académica de Teología de 53 años, acusara al cura de obligarla a abortar a sus hijos. “Me llevaba donde otros hombres para que me violaran y me pegaran por turnos”, aseguró a un medio local.

La denuncia contra Poblete ocasionó otro fuerte remezón al interior de la Iglesia católica chilena, que desde hace más de un año enfrenta una crisis originada en centenares de denuncias de abusos sexuales cometidos por curasy religiososcontra menores de edad. El grueso de las denuncias ocurrió tras la visita del papa Francisco a Chile en enero del 2018, cuando el pontífice descalificó a denunciantes de abusos, lo que desató un escándalo internacional. Un par de enviados suyos a este país concluyeron que los obispos chilenos vivían hace décadas una cultura del abuso y encubrimiento.

Renato Poblete, abusador

Renato Poblete, abusador

Poblete, fallecido en 2010, era considerado casi un santo antes de ser denunciado por Aranda. Incluso un parque público llevaba su nombre y había una estatua suya, pero tras la denuncia las autoridades cambiaron el nombre y retiraron la estatua para fundirla.

Aranda aseguró que el sacerdote y capellán de la obra benéfica Hogar de Cristo empezó a abusar de ella cuando tenía 19 años y que los abusos se prolongaron de 1985 hasta 1993. Agregó que mientras era violada por un grupo de sujetos, Poblete miraba.

En una entrevista con un canal local de televisión afirmó que “lo más terrible y que me hace sufrir es que él me obligó a abortar y no solo una vez, tres veces. Tres niños que nunca pude abrazar, arrasados por un hombre abominable”.

La primera denuncia de la mujer ocurrió ante la comisión de escucha creada por el arzobispo Charles Scicluna, un enviado del papa para dimensionar la magnitud de los abusos en Chile, y luego dio declaraciones a la prensa. Del Campo dijo que la investigación de la Compañía sobre los abusos de Poblete concluyó que todos los hechos afirmados por Aranda son “plausibles y creíbles”. Añadió que además de Aranda testificaron otras 21 mujeres sobre los abusos que sufrieron en poder de Poblete, quien, dijo, se aprovechaba de su poder como religioso, económico y psicológico. Ellas no aceptaron que fueran reveladas sus identidades. Del Campo las llamó a denunciar a los tribunales de justicia cuando estén preparadas para hacerlo.

Presentación del informe sobre Renato Poblete Barth

I. Introducción

Buenas tardes, mi nombre es Cristián del Campo, Superior Provincial de la Compañía de Jesús en Chile. Me acompaña María de los Ángeles Solar, directora del Centro de Prevención de Abusos Sexuales y Reparación de la Compañía de Jesús.

El depredador sexual sostuvo sus delitos bajo su enorme red de contactos, y el poder económico que tuvo al manejar autónomamente importantes sumas de dinero durante muchos años

Agradecemos su presencia que nos ayuda a transmitir a la opinión pública el resultado de la investigación interna, que se ha llevado a cabo por los abusos sexuales denunciados contra el fallecido sacerdote Renato Poblete Barth.

Daremos a conocer los hallazgos y las conclusiones más importantes de esta investigación. A su vez, compartiremos los pasos que daremos en nuestro compromiso de reparación en este caso, y en los otros dos casos que hemos anunciado recientemente su resolución, referidos a Jaime Guzmán Astaburuaga y Leonel Ibacahe Ortiz.

II. Sobre la investigación

1. Duración y Metodología

La investigación comenzó el día 12 de enero de 2019 y el informe final fue entregado a mí como Superior Provincial de la Compañía de Jesús, la tarde del viernes 26 de julio. El informe final tiene un total de 407 páginas, más anexos. Se entrevistó a 102 personas, y se realizaron otro tipo de diligencias complementarias, tales como análisis de documentos, recepción de testimonios vía correo electrónico e inspección de lugares. No podemos dejar de mencionar la complejidad que ha significado investigar hechos donde el denunciado se encuentra fallecido.

2. Equipo

La investigación fue liderada de manera independiente por el abogado penalista de la Universidad de Chile, Sr. Waldo Bown. Sirvió como notaria, la abogada Victoria Carvajal. El abogado Bown tuvo la asesoría de un comité compuesto por la Sra. Daniela Bolívar, académica de la escuela de Trabajo Social de la Pontificia Universidad Católica de Chile, experta en el trabajo con víctimas de abuso; el Sr. Alvaro Soto, académico de la escuela de psicología de la Universidad Alberto Hurtado, especialista en dinámicas organizacionales; y la Sra. Anastasía Assimakópulos, profesora de derecho canónico de la Universidad de Los Andes. Al mismo tiempo, queremos transparentar que esta investigación, como cualquier investigación canónica que llevamos adelante, es financiada por la misma Compañía de Jesús.

Líder de los jesuitas en Chile

Líder de los jesuitas en Chile

3. Resultados de la Investigación y valoración de los hechos

Esta investigación comenzó gracias a la denuncia de la Sra. Marcela Aranda y posteriormente recibió el testimonio de 21 mujeres más que sufrieron alguna experiencia de abuso sexual por parte del sacerdote Renato Poblete Barth, hechos ocurridos entre los años 1960 y 2008. Dentro de las víctimas mencionadas, existen 4 personas que eran menores de 18 años cuando ocurrieron los hechos denunciados.

De esos 22 testimonios, uno es el de la Sra. Marcela Aranda. Otros 16, se refieren a abusos sexuales de mujeres mayores de edad consistentes en abordajes sexuales violentos. A cada una de estas víctimas se les dio los datos de contacto del fiscal correspondiente. El último caso, para completar los 22, se refiere a una relación estable y aparentemente consentida, en que la víctima ha ido elaborando recientemente la situación abusiva en la que se encontraba.

La investigación también recogió informaciones que darían cuenta de otras personasque podrían haber sufrido abusos por parte de Renato Poblete Barth pero no se lograron contactar. O por fallecimiento o porque, al ser contactadas, no quisieron declarar.

Tal como señala el investigador, en relación al caso de la denunciante Sra. Marcela Aranda, que dio origen a esta investigación, todos los hechos descritos por ella han sido considerados plausibles y su relato creíble. En el caso de los abusos sexuales, éstos han podido ser corroborados y también los tres abortos denunciados.

Dada la gravedad de esta denuncia, que el testimonio de la Sra. Marcela Aranda ha sido considerado plausible y creíble en su integridad, y el hecho de que en su declaración ella señala que estos hechos podrían involucrar a terceras personas vivas, presentaremos estos antecedentes a la brevedad al Ministerio Público, para que investigue con todas las herramientas de las que dispone y sancione a quienes pudieran resultar responsables.

Marcela Aranda

Marcela Aranda

En cuanto al resto de las víctimas, la investigación consideró que todos los testimonios eran pausibles y creíbles y, en algunos casos, pudo corroborar esto con los testimonios de terceras personas u otro tipo de elementos externos que confirmaron los hechos.

4. Patrón del abuso

Esta investigación ha demostrado de manera contundente que Renato Poblete Barth abusó de manera reiterada, grave y sistemática, amparado en el poder que le otorgaba su condición de sacerdote, en el dinero que manejó de manera personal, y en el prestigio que su labor apostólica le otorgó durante sus años como líder de una organización benéfica jesuítica.

Los testimonios de las víctimas recolectados en el proceso de investigación dan cuenta de la dinámica establecida por Renato Poblete Barth. Una dinámica de violencia, de abuso de poder y de manipulación emocional y psicológica de las víctimas y sus familias, que facilitó su obrar y el silencio tanto de víctimas como de otras personas. La investigación pudo determinar los patrones de conducta utilizados por el sacerdote, tales como la focalización en personas con vulnerabilidades económicas o emocionales, la ayuda económica sistemática, la posición de poder social y religioso, la utilización de la confianza con el entorno familiar de las víctimas, las demostraciones de poder y la violencia de género, entre otras.

La investigación pudo determinar los patrones de conducta utilizados por el sacerdote, tales como la focalización en personas con vulnerabilidades, la utilización de la confianza del entorno familiar de las víctimas y la violencia de género

Todo esto nos parece de la mayor gravedad, ya que, como nos ha ido mostrando la experiencia clínica, la agresión sexual es uno de los tipos de agresión más devastadores que puede sufrir un ser humano, ya que afecta todas las dimensiones de la persona. Existe un profundo daño a nivel emocional, relacional, sexual y, en el caso del abuso sexual en el contexto eclesial, también a nivel espiritual.

Somos conscientes de este grave daño, y por ello, tal como lo han solicitado la mayoría de las víctimas, honraremos nuestro compromiso de confidencialidad con ellas. En nuestro país son los Tribunales los llamados a dictar justicia y establecer responsabilidades. Por esto, las instamos, a que de acuerdo a sus propios tiempos y procesos, ejerzan este derecho en las instancias correspondientes. Como Compañía de Jesús colaboraremos en todo lo que sea necesario.

III. Responsabilidades de terceros

Junto con el esclarecimiento de los hechos denunciados, también le fue solicitado al investigador pronunciarse respecto de eventuales responsabilidades de terceras personas, así como de responsabilidades institucionales de la Compañía de Jesús.

La investigación recogió diversos antecedentes que dan cuenta de que existió un número significativo de personas, jesuitas y laicos, que tuvieron alguna información de comportamientos inadecuados de connotación sexual del sacerdote Renato Poblete Barth, los que fueron conocidos de primera fuente, por terceras personas, o a modo de rumor. Aquí me referiré en específico a los resultados del informe en cuanto a las responsabilidades de miembros de la Compañía de Jesús.

Los canales institucionales fallaron, ya que el gobierno provincial minimizó los hechos o no activó con la debida diligencia los resguardos que permitieran detener las situaciones abusivas

El informe del abogado Waldo Bown señala que algunos jesuitas habrían recibido algún tipo de información, la mayoría consistente en rumores o comentarios de terceros, lo que implicaría una responsabilidad ética en su actuar. La investigación pudo acreditar que, al menos en dos casos, un jesuita recibió información directa de parte de una víctima. Respecto a uno de ellos, este recibió expresas instrucciones de parte de la víctima de no comunicar la información recibida; el otro se refiere a uno de los jesuitas públicamente mencionados, el del P. Juan Ochagavía. La investigación señala que el P. Ochagavía habría hecho llegar los antecedentes que disponía al Superior Provincial de la época. Y justamente esta situación muestra – como lo señalaré más adelante – de qué manera los canales institucionales fallaron, ya que el gobierno provincial minimizó los hechos o no activó con la debida diligencia los resguardos que permitieran detener las situaciones abusivas. Las responsabilidades individuales e institucionales están íntimamente conectadas. Con todo, el investigador concluyó que la conducta del P. Juan Ochagavía fue negligente en cuanto al seguimiento de la información que recibió y en el cuidado de la víctima.

Así como la investigación determinó responsabilidades éticas de particulares como facilitadores, la Compañía de Jesús habría operado con medidas ineficaces para evitar las conductas de abuso de poder, de conciencia y sexuales cometidas por Renato Poblete Barth. Este clima institucional facilitaría la ocurrencia de los hechos denunciados, a saber, una mirada permisiva hacia conductas de Renato Poblete Barth que estaban en el límite de lo ético en relación con el manejo del dinero, el poder y su relación con mujeres; una estructura organizacional que fue ineficaz para evitar y enfrentar situaciones de abuso, es decir, falta de instancias de mayor control, como códigos de conducta que definieran más precisamente estándares profesionales de actuación de los sacerdotes y religiosos; prácticas culturales que dificultaron la detección temprana de las conductas abusivas, como por ejemplo, la defensa corporativa o la exaltación del logro y la autonomía individual.

Faltaron códigos de conducta y las prácticas culturales dificultaron la detección temprana de las conductas abusivas, como por ejemplo, la defensa corporativa o la exaltación de los logros del abusador

Después de conocer los hallazgos más importantes de esta investigación, quiero hacer un reconocimiento de nuestra responsabilidad institucional y expresar nuestra petición de perdón a todas y cada una de las víctimas de abuso.

Lo primero y fundamental es el valor de la verdad. Esta investigación nos ha permitido esclarecer los hechos abusivos y las responsabilidades del sacerdote Renato Poblete Barth, a partir de la contundencia de cada testimonio y de la evidencia recogida. Hemos llegado a esta dura verdad gracias a la valentía de todas las personas que estuvieron dispuestas a compartir sus dolorosas y traumáticas experiencias de abuso, en particular, de la Sra. Marcela Aranda, quien presentó la primera denuncia en enero pasado. Quiero aprovechar para agradecer la profesionalidad y diligencia del Servicio de Escucha de la Conferencia Episcopal de Chile, que fue la primera instancia que acogió el testimonio de la Sra. Marcela Aranda. Asimismo, agradecezco el trabajo serio y acusioso del Sr. Waldo Bown y su equipo.

Quiero, en nombre de la Compañía de Jesús en Chile, pedirles perdón a las víctimas de abuso sexual en este caso y en los otros cometidos por jesuitas. El daño infringido ha sido enorme y, en muchos casos, tan grande que es difícil de dimensionar con palabras. Para ustedes, este abuso. Como Compañía de Jesús queremos reconocer el daño que hemos hecho y que ustedes han sufrido tan profundamente. Deseamos tener la ocasión de expresarles personalmente nuestra petición de perdón en los próximos días.

Como Compañía de Jesús, no solo en este caso sino también en otros casos de abusos, fallamos en reaccionar con decisión, diligencia y eficacia ante las noticias, informaciones o señales preocupantes. Esta inacción permitió que se llevaran a cabo abusos de gravedad sin impedir que el comportamiento abusivo continuara. Pedimos perdón porque no actuamos con la prontitud y seriedad que se requería, con una mirada puesta en quienes estaban sufriendo en silencio. En el caso de Renato Poblete Barth, el aparente éxito de su labor apostólica obnubiló nuestra capacidad de supervisar su rutina cotidiana y controlar debidamente su manejo de dineros. El poder del dinero, sumado al poder que ya tenía por su prestigio público y su calidad de sacerdote, fue lo que permitió que el acusado tuviera diversas posibilidades de utilizar ese poder para abusar de mujeres.

Crisis de abusos en Chile

Crisis de abusos en Chile

También deseo pedir perdón a nuestros colaboradores, familiares y amigos, así como a todo el pueblo de Dios que conforma nuestra Iglesia, por el daño, el dolor y la desilusión que provoca conocer situaciones tan graves de abuso cometidas por miembros de la Compañía de Jesús, y por nuestras responsabilidades como congregación religiosa en no detectar y detener estos abusos a tiempo.

Este perdón va acompañado de nuestra convicción como Compañía de Jesús de condenar toda situación de abuso, de orden sexual, de consciencia o de poder. Aunque suene gastado y muchas veces dicho, creo que nunca será suficiente: nos avergüenza y nos desgarra saber que hay personas a las que hemos dañado. Esto contraviene lo fundamental de nuestra razón de existir, de nuestra misión, que es justamente la transmisión de la Buena Noticia de Jesucristo, de la liberación de los oprimidos y del cuidado de los más vulnerables. Pedimos perdón por estos actos y por nuestras cegueras y negligencias.

IV. Perdón de cada jesuita

Pediré a cada jesuita que, a nivel personal y comunitario, avance en un trabajo real y profundo de reconocimiento de esta triste verdad que forma parte de nuestra historia y que haga efectivamente un gesto de arrepentimiento, en particular, en aquellos que han tenido una responsabilidad ética en su actuar.

Al hablar de reparación o restitución queremos referirnos a la necesidad de encontrarnos con las víctimas, reconociendo, desde su experiencia, las dinámicas abusivas mediante las cuales esto sucedió y posibilitando una relación que reconozca plenamente su dignidad de persona y su capacidad de determinación de su propio futuro.

Presentación de la investigación de los jesuitas sobre Poblete

Presentación de la investigación de los jesuitas sobre Poblete

El perdón sin signos concretos que contribuyan a reparar el daño causado, es un perdón vacío. Por eso, quiero dar a conocer los pasos dados y los que vamos a dar en el ámbito de la reparación.

Lo primero es que hemos intentado honestamente escuchar a las víctimas. Este último tiempo hemos procurado hacerlo a través de investigaciones que se han dado a conocer públicamente, para que todos quienes quisieran aportar algún antecedente lo pudieran hacer. Nuestra intención ha sido que esos espacios formales permitieran a las personas relatar su historia y ser escuchadas con respeto y confidencialidad.

En segundo lugar, hemos creado el Centro de Prevención de Abusos Sexuales y Reparación de la Compañía de Jesús en Chile, liderados por la abogada María de los Angeles Solar y por la psicóloga Francisca Salinas. Este Centro es el encargado de escuchar y recibir toda denuncia de abuso sexual que se haga contra un jesuita. Asimismo, el Centro ha tomado y tomará contacto con las víctimas, en éste y en los demás casos que hemos investigado. La restitución solo podrá tener lugar a partir de escucharnos unos a otros, reconocernos mutuamente y construir juntos un futuro sin abuso.

Sabemos que las experiencias de abuso sexual constituyen heridas profundas que se instalan en la persona, por eso creemos que también es importante ofrecer y hacernos cargo de los procesos psicológicos que intentan aliviar estas situaciones. Hemos ofrecido apoyo económico para los tratamientos terapéuticos a aquellas víctimas que nos lo han solicitado. Este ofrecimiento de apoyo será reiterado a cada una de ellas.

Dentro del proceso de reparación de las víctimas, tanto de Renato Poblete Barth, de Jaime Guzmán Astaburuaga, Leonel Ibacache Ortíz y otras víctimas de jesuitas, nos comprometemos a profundizar los espacios de diálogo para ir definiendo las medidas reparatorias más adecuadas. Para esta labor el Centro de Prevención y Reparación ha estado asesorándose con profesionales de distintas áreas y experiencias, de manera de ofrecer espacios de calidad, que no revictimecen y permitan el diálogo y los acuerdos. Deseamos escuchar lo que las mismas víctimas quieren proponernos, pensando en sus propios procesos de sanación. Escucharemos abiertamente lo que cada persona visualice como ayudas necesarias para su camino de reparación personal, y nos comprometemos a hacer todos los esfuerzos por apoyarlas en ese camino.

La Compañía de Jesús, contra el encubrimiento

La Compañía de Jesús, contra el encubrimiento

En el diálogo que esperamos mantener con ellas, buscaremos reflexionar sobre modos de reparación que apunten también a aquellas comunidades eclesiales, educativas o laborales que se han visto afectadas por la ocurrencia de abusos en dichos espacios. Estaremos abiertos a un diálogo que sea fructífero y con resultados concretos, que considere acciones de reparación en todos los ámbitos para las víctimas y las comunidades afectadas, así como nuevos insumos para actualizar los protocolos de prevención y cuidado de ambientes sanos y seguros.

Por último, creemos que lo que ha sucedido no se trata solamente de hechos puntuales, sino de elementos estructurales que han favorecido que estos hechos ocurran. Lo vivido nos ha comprometido a una revisión profunda de las estructuras de gobierno y pastorales de nuestra congregación. Junto con las medidas que hemos ido tomando de examen de nuestra formación jesuita, de nuestras estructuras de gobierno y del modo cómo realizamos acompañamiento espiritual, continuaremos apoyándonos en profesionales de experiencia, para profundizar una evaluación institucional que nos permita ser conscientes de nuestros puntos ciegos. En este sentido, le pediremos a la Universidad Alberto Hurtado que pueda contribuir a la investigación y aprendizaje sobre el fenómeno del abuso en sus más diversas expresiones, en coordinación con otras universidades e instituciones, disponiendo para tales efectos los recursos necesarios, con el objeto de contribuir a una cultura nacional y eclesial de cuidado, respeto y protección de las personas, y a la renovación tanto de la Iglesia como de la Compañía de Jesús.

V. Conclusión

Las conclusiones de este informe no dejan dudas sobre el drama del abuso vivido por las personas que tuvieron la valentía de compartir sus testimonios. Sin ellas, no habríamos sabido la verdad. Probablemente, hay otras personas que no se han animado a dar a conocer sus historias y también queremos solidarizar con ellas, al tiempo de expresarles que nuestras puertas están abiertas para escucharlas y saber cómo podemos acoger lo que han vivido.

Esta verdad que hoy compartimos con ustedes nos llena de vergüenza por este y otros casos de abusos que involucran a miembros de la Compañía de Jesús, pues nuestra misión es comunicar el Evangelio de Jesucristo, que es un Evangelio de vida y plenitud.

Debemos aceptar el descrédito y trabajar con hechos concretos para recuperar la confianza. La verdad y el sufrimiento de tantas personas nos han enseñado a poner primero la mirada en quienes han sido víctimas de abuso. Queremos reiterar nuestra petición de perdón y nuestro compromiso de colaborar en el camino de sanación de quienes han sido heridos y de contribuir a que estos hechos no se vuelvan a repetir, creando ambientes de cuidado y confianza en la Iglesia.

Renato Poblete

Renato Poblete


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San Ignacio de Loyola. Biografía breve

Los religiosos de la Compañía de Jesús, llamados comúnmente “jesuitas”, fuimos fundados por San Ignacio de Loyola mediante la aprobación en 1540 como orden de la Iglesia Católica por parte del papa Paulo III. Somos seguidores de Cristo en vida comunitaria consagrada a Él para el servicio de la fe y la promoción de la justicia.

Descargar la Autobiografía de San Ignacio

Ignacio de Loyola

Íñigo López Sánchez, quien adoptaría el nombre de Ignacio, nació en 1491 en el castillo de Loyola junto a la aldea vasca llamada Azpeitia. Fue caballero al servicio de Carlos I de España y V de Alemania, “hombre dado a las vanidades del mundo”, “con un grande y vano deseo de ganar honra” (Autobiografía, 1). Herido en 1521 por una bala de cañón cuando defendía la fortaleza de Pamplona, fue llevado al castillo de su familia y se sometió a dolorosas cirugías debido a la fractura de una pierna.

Durante su convalecencia, al no encontrar libros de caballería se dedicó a leer una vida de Cristo y las vidas de los santos.

Cuenta él mismo que “cuando pensaba en aquello del mundo, se deleitaba mucho; mas cuando después de cansado lo dejaba, hallábase seco y descontento; y cuando en ir a Jerusalén descalzo, y en no comer sino yerbas, y en hacer todos los demás rigores que veía haber hecho los santos, no solamente se consolaba cuando estaba en los tales pensamientos, mas aún después de dejado, quedaba contento y alegre”. (Autobiografía, 8). Esta experiencia lo conduciría a la conversión.

Su primera decisión fue ir a Jerusalén como peregrino. Una vez curado se dirigió a pie a la abadía benedictina de Nuestra Señora de Montserrat cercana a Barcelona. Allí, ante la imagen de María con el Niño Jesús, veló una noche entera y dejó sus armas de caballero para dirigirse a Manresa, pequeño poblado de Cataluña donde permaneció de marzo de 1522 a febrero de 1523 viviendo una experiencia de Dios que alcanzó su momento más luminoso junto al río Cardoner: “Y estando allí sentado se le empezaron a abrir los ojos del entendimiento; y no que viese alguna visión, sino entendiendo y conociendo muchas cosas, tanto de cosas espirituales, como de cosas de la fe y de letras; y esto con una ilustración tan grande, que le parecían todas las cosas nuevas”. (Autobiografía, 30). Él mismo consignaría su experiencia en el libro de los “Ejercicios Espirituales”.

Después de pasar el año 1523 en Jerusalén buscando las huellas de Jesús, a quien quería “conocer mejor, para imitarlo y seguirlo”, a su regreso se dedicó a estudiar gramática y letras en Barcelona y Alcalá. Pronto tuvo que afrontar dificultades y fue solicitado por la Inquisición en Salamanca, donde fue interrogado y declarado inocente. En febrero de 1528 llegó a París para estudiar en La Sorbona, donde en marzo de 1533 obtuvo el grado de Maestro en Artes, que según la titulación universitaria lo autorizaba para enseñar filosofía y teología. Desde entonces latinizó su nombre firmando como “Ignatius”.
En París compartió un cuarto con dos estudiantes: Pedro Fabro, de Saboya, y Francisco Javier, de Navarra, ambos con 23 años de edad. Se hicieron amigos y pronto Fabro, designado como su tutor de estudios, compartiría su deseo de llevar una vida austera en seguimiento de Cristo. Otro tanto sucedió con Javier, joven de gran ambición en quien hizo mella una frase de Jesús que le repetía Ignacio con frecuencia: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?”. (Mateo 16,26). Otros estudiantes se unieron al proyecto: el portugués Simón Rodríguez y los españoles Diego Laínez, Alfonso Salmerón y Nicolás de Bobadilla. Oraban juntos, discutían sobre la vida cristiana y hablaban de “cosas de Dios”. Ignacio les comunicaba lo que había experimentado, principalmente en Manresa, y suscitaba en ellos el deseo de buscar a Dios.

Fortalecidos por su experiencia espiritual, los siete amigos deciden lo que van a hacer: servir como sacerdotes, si es posible en Jerusalén, o si no irán a Roma para presentarse ante el Papa “a fin de que él los envíe a donde juzgue que será más favorable a la gloria de Dios y utilidad de las almas”. Se dan un año como plazo, desde cuando se encuentren en Venecia. El 15 de agosto de 1534 en París, en la capilla de Montmartre, sellan su proyecto con voto solemne en una misa presidida por Fabro, ordenado el 30 de mayo.

Ignacio enferma en 1535 y va a recuperarse en su tierra natal. La cita en Venecia se aplaza entonces para comienzos de 1537. Mientras tanto el grupo aumenta con los franceses Claudio Jay, Pascasio Broet y Juan Bautista Codure. Restablecido Ignacio, el 8 de enero de 1537 se encuentran en Venecia, donde el 24 de junio son ordenados sacerdotes los que aún no lo eran. La guerra con los turcos dificulta el viaje, y mientras esperan a embarcarse trabajan pastoralmente y se designan “Compañía de Jesús”. Desde entonces añaden a sus nombres las iniciales S.J. (Societatis Jesu, en latín).

Como no parte ningún barco se dirigen a Roma, donde se encuentran en la Pascua de 1538. Ignacio llega con Laínez y Fabro hacia mediados de noviembre de 1537. A 15 kilómetros de Roma, en la capilla de La Storta, Ignacio “sintió tal mutación en su alma y vio tan claramente que Dios Padre lo ponía con Cristo, su Hijo, que no se atrevería a dudar de esto…” (Autobiografía, 96). A sus compañeros les dijo: “He visto a Cristo con su cruz a cuestas y a su lado al Padre Eterno que le decía a su Hijo: ‘quiero que tomes a éste como servidor’, y Jesús me dijo: ‘quiero que nos sirvas’ “.

Los compañeros son recibidos por el Papa en noviembre de 1538 y se ofrecen para cualquier misión que les confíe. Y siendo de países tan diferentes, se hacen esta reflexión: “más vale que permanezcamos de tal manera unidos y ligados en un solo cuerpo, que ninguna separación física, por grande que sea, nos pueda separar”. Deciden por ello formar una nueva orden religiosa, cuya primera “Fórmula del Instituto” es sometida a la consideración de Paulo III, quien el 27 de septiembre de 1540 firma la bula o documento pontificio de aprobación. El 17 de abril de 1541, después de haber rechazado dos veces el voto unánime de sus compañeros, Ignacio acepta el cargo de Prepósito (del latín: puesto delante como guía) General. El 22 de abril los compañeros hacen votos solemnes de pobreza, castidad y obediencia, y otro voto especial de obediencia al Papa para las misiones que les confíe.

En 1541 Ignacio fija su residencia en una vieja casa situada en el centro de Roma frente a una capilla dedicada a Nuestra Señora de la Estrada. La Compañía de Jesús recibe la responsabilidad de la parroquia, e Ignacio se instala en tres pequeñas piezas cercanas al presbiterio. Su principal trabajo allí fue la redacción de las Constituciones de la Compañía de Jesús, lo cual hizo hasta su muerte, siempre en proceso de incorporar las observaciones de sus compañeros y las nuevas experiencias. Su libro de los Ejercicios Espirituales fue aprobado y recomendado por el Papa Paulo III el 31 de julio de 1548.

El 21 de julio de 1550 la Compañía de Jesús obtiene del Papa Julio III su confirmación como orden religiosa, mediante la bula aprobatoria de una segunda Fórmula del Instituto, con un texto ampliado. Las misiones se multiplican en Europa, Asia, África y América.

El Papa envía a algunos teólogos jesuitas al Concilio de Trento, convocado para tratar los puntos de discusión suscitados con motivo del cisma protestante. Ignacio funda instituciones educativas, casas para catecúmenos judíos y mahometanos, un refugio para mujeres errantes, y organiza colectas para los pobres y los prisioneros.

A comienzos de julio de 1556, una fatiga extrema lo obliga a descansar y muere al amanecer del 31 del mismo mes, a los 65 años. Al morir Ignacio, la Compañía de Jesús contaba en el mundo con 1036 jesuitas, unos sacerdotes y otros hermanos, distribuidos en 11 Provincias (circunscripciones territoriales), y con 92 casas de las que 33 correspondían a obras educativas. Fue canonizado como santo por el Papa Gregorio XV el 12 de marzo de 1622, con Francisco Javier y Teresa de Ávila. Sus restos reposan en Roma, en la Iglesia del Gesú.San ignacio4

San ignacio4

Los religiosos de la Compañía de Jesús, llamados comúnmente “jesuitas”, fuimos fundados por San Ignacio de Loyola mediante la aprobación en 1540 como orden de la Iglesia Católica por parte del papa Paulo III. Somos seguidores de Cristo en vida comunitaria consagrada a Él para el servicio de la fe y la promoción de la justicia.

Descargar la Autobiografía de San Ignacio

Ignacio de Loyola

Íñigo López Sánchez, quien adoptaría el nombre de Ignacio, nació en 1491 en el castillo de Loyola junto a la aldea vasca llamada Azpeitia. Fue caballero al servicio de Carlos I de España y V de Alemania, “hombre dado a las vanidades del mundo”, “con un grande y vano deseo de ganar honra” (Autobiografía, 1). Herido en 1521 por una bala de cañón cuando defendía la fortaleza de Pamplona, fue llevado al castillo de su familia y se sometió a dolorosas cirugías debido a la fractura de una pierna.

Durante su convalecencia, al no encontrar libros de caballería se dedicó a leer una vida de Cristo y las vidas de los santos.

Cuenta él mismo que “cuando pensaba en aquello del mundo, se deleitaba mucho; mas cuando después de cansado lo dejaba, hallábase seco y descontento; y cuando en ir a Jerusalén descalzo, y en no comer sino yerbas, y en hacer todos los demás rigores que veía haber hecho los santos, no solamente se consolaba cuando estaba en los tales pensamientos, mas aún después de dejado, quedaba contento y alegre”. (Autobiografía, 8). Esta experiencia lo conduciría a la conversión.

Su primera decisión fue ir a Jerusalén como peregrino. Una vez curado se dirigió a pie a la abadía benedictina de Nuestra Señora de Montserrat cercana a Barcelona. Allí, ante la imagen de María con el Niño Jesús, veló una noche entera y dejó sus armas de caballero para dirigirse a Manresa, pequeño poblado de Cataluña donde permaneció de marzo de 1522 a febrero de 1523 viviendo una experiencia de Dios que alcanzó su momento más luminoso junto al río Cardoner: “Y estando allí sentado se le empezaron a abrir los ojos del entendimiento; y no que viese alguna visión, sino entendiendo y conociendo muchas cosas, tanto de cosas espirituales, como de cosas de la fe y de letras; y esto con una ilustración tan grande, que le parecían todas las cosas nuevas”. (Autobiografía, 30). Él mismo consignaría su experiencia en el libro de los “Ejercicios Espirituales”.

Después de pasar el año 1523 en Jerusalén buscando las huellas de Jesús, a quien quería “conocer mejor, para imitarlo y seguirlo”, a su regreso se dedicó a estudiar gramática y letras en Barcelona y Alcalá. Pronto tuvo que afrontar dificultades y fue solicitado por la Inquisición en Salamanca, donde fue interrogado y declarado inocente. En febrero de 1528 llegó a París para estudiar en La Sorbona, donde en marzo de 1533 obtuvo el grado de Maestro en Artes, que según la titulación universitaria lo autorizaba para enseñar filosofía y teología. Desde entonces latinizó su nombre firmando como “Ignatius”.
En París compartió un cuarto con dos estudiantes: Pedro Fabro, de Saboya, y Francisco Javier, de Navarra, ambos con 23 años de edad. Se hicieron amigos y pronto Fabro, designado como su tutor de estudios, compartiría su deseo de llevar una vida austera en seguimiento de Cristo. Otro tanto sucedió con Javier, joven de gran ambición en quien hizo mella una frase de Jesús que le repetía Ignacio con frecuencia: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?”. (Mateo 16,26). Otros estudiantes se unieron al proyecto: el portugués Simón Rodríguez y los españoles Diego Laínez, Alfonso Salmerón y Nicolás de Bobadilla. Oraban juntos, discutían sobre la vida cristiana y hablaban de “cosas de Dios”. Ignacio les comunicaba lo que había experimentado, principalmente en Manresa, y suscitaba en ellos el deseo de buscar a Dios.

Fortalecidos por su experiencia espiritual, los siete amigos deciden lo que van a hacer: servir como sacerdotes, si es posible en Jerusalén, o si no irán a Roma para presentarse ante el Papa “a fin de que él los envíe a donde juzgue que será más favorable a la gloria de Dios y utilidad de las almas”. Se dan un año como plazo, desde cuando se encuentren en Venecia. El 15 de agosto de 1534 en París, en la capilla de Montmartre, sellan su proyecto con voto solemne en una misa presidida por Fabro, ordenado el 30 de mayo.

Ignacio enferma en 1535 y va a recuperarse en su tierra natal. La cita en Venecia se aplaza entonces para comienzos de 1537. Mientras tanto el grupo aumenta con los franceses Claudio Jay, Pascasio Broet y Juan Bautista Codure. Restablecido Ignacio, el 8 de enero de 1537 se encuentran en Venecia, donde el 24 de junio son ordenados sacerdotes los que aún no lo eran. La guerra con los turcos dificulta el viaje, y mientras esperan a embarcarse trabajan pastoralmente y se designan “Compañía de Jesús”. Desde entonces añaden a sus nombres las iniciales S.J. (Societatis Jesu, en latín).

Como no parte ningún barco se dirigen a Roma, donde se encuentran en la Pascua de 1538. Ignacio llega con Laínez y Fabro hacia mediados de noviembre de 1537. A 15 kilómetros de Roma, en la capilla de La Storta, Ignacio “sintió tal mutación en su alma y vio tan claramente que Dios Padre lo ponía con Cristo, su Hijo, que no se atrevería a dudar de esto…” (Autobiografía, 96). A sus compañeros les dijo: “He visto a Cristo con su cruz a cuestas y a su lado al Padre Eterno que le decía a su Hijo: ‘quiero que tomes a éste como servidor’, y Jesús me dijo: ‘quiero que nos sirvas’ “.

Los compañeros son recibidos por el Papa en noviembre de 1538 y se ofrecen para cualquier misión que les confíe. Y siendo de países tan diferentes, se hacen esta reflexión: “más vale que permanezcamos de tal manera unidos y ligados en un solo cuerpo, que ninguna separación física, por grande que sea, nos pueda separar”. Deciden por ello formar una nueva orden religiosa, cuya primera “Fórmula del Instituto” es sometida a la consideración de Paulo III, quien el 27 de septiembre de 1540 firma la bula o documento pontificio de aprobación. El 17 de abril de 1541, después de haber rechazado dos veces el voto unánime de sus compañeros, Ignacio acepta el cargo de Prepósito (del latín: puesto delante como guía) General. El 22 de abril los compañeros hacen votos solemnes de pobreza, castidad y obediencia, y otro voto especial de obediencia al Papa para las misiones que les confíe.

En 1541 Ignacio fija su residencia en una vieja casa situada en el centro de Roma frente a una capilla dedicada a Nuestra Señora de la Estrada. La Compañía de Jesús recibe la responsabilidad de la parroquia, e Ignacio se instala en tres pequeñas piezas cercanas al presbiterio. Su principal trabajo allí fue la redacción de las Constituciones de la Compañía de Jesús, lo cual hizo hasta su muerte, siempre en proceso de incorporar las observaciones de sus compañeros y las nuevas experiencias. Su libro de los Ejercicios Espirituales fue aprobado y recomendado por el Papa Paulo III el 31 de julio de 1548.

El 21 de julio de 1550 la Compañía de Jesús obtiene del Papa Julio III su confirmación como orden religiosa, mediante la bula aprobatoria de una segunda Fórmula del Instituto, con un texto ampliado. Las misiones se multiplican en Europa, Asia, África y América.

El Papa envía a algunos teólogos jesuitas al Concilio de Trento, convocado para tratar los puntos de discusión suscitados con motivo del cisma protestante. Ignacio funda instituciones educativas, casas para catecúmenos judíos y mahometanos, un refugio para mujeres errantes, y organiza colectas para los pobres y los prisioneros.

A comienzos de julio de 1556, una fatiga extrema lo obliga a descansar y muere al amanecer del 31 del mismo mes, a los 65 años. Al morir Ignacio, la Compañía de Jesús contaba en el mundo con 1036 jesuitas, unos sacerdotes y otros hermanos, distribuidos en 11 Provincias (circunscripciones territoriales), y con 92 casas de las que 33 correspondían a obras educativas. Fue canonizado como santo por el Papa Gregorio XV el 12 de marzo de 1622, con Francisco Javier y Teresa de Ávila. Sus restos reposan en Roma, en la Iglesia del Gesú.

2019 Notre Dame-incendio-en-la-catedral-de-notre-dame-paris-llamas-fuego-intenso-brk-00000000-large-169San ignacio4Los religiosos de la Compañía de Jesús, llamados comúnmente “jesuitas”, fuimos fundados por San Ignacio de Loyola mediante la aprobación en 1540 como orden de la Iglesia Católica por parte del papa Paulo III. Somos seguidores de Cristo en vida comunitaria consagrada a Él para el servicio de la fe y la promoción de la justicia.

Descargar la Autobiografía de San Ignacio

Ignacio de Loyola

Íñigo López Sánchez, quien adoptaría el nombre de Ignacio, nació en 1491 en el castillo de Loyola junto a la aldea vasca llamada Azpeitia. Fue caballero al servicio de Carlos I de España y V de Alemania, “hombre dado a las vanidades del mundo”, “con un grande y vano deseo de ganar honra” (Autobiografía, 1). Herido en 1521 por una bala de cañón cuando defendía la fortaleza de Pamplona, fue llevado al castillo de su familia y se sometió a dolorosas cirugías debido a la fractura de una pierna.

Durante su convalecencia, al no encontrar libros de caballería se dedicó a leer una vida de Cristo y las vidas de los santos.

Cuenta él mismo que “cuando pensaba en aquello del mundo, se deleitaba mucho; mas cuando después de cansado lo dejaba, hallábase seco y descontento; y cuando en ir a Jerusalén descalzo, y en no comer sino yerbas, y en hacer todos los demás rigores que veía haber hecho los santos, no solamente se consolaba cuando estaba en los tales pensamientos, mas aún después de dejado, quedaba contento y alegre”. (Autobiografía, 8). Esta experiencia lo conduciría a la conversión.

Su primera decisión fue ir a Jerusalén como peregrino. Una vez curado se dirigió a pie a la abadía benedictina de Nuestra Señora de Montserrat cercana a Barcelona. Allí, ante la imagen de María con el Niño Jesús, veló una noche entera y dejó sus armas de caballero para dirigirse a Manresa, pequeño poblado de Cataluña donde permaneció de marzo de 1522 a febrero de 1523 viviendo una experiencia de Dios que alcanzó su momento más luminoso junto al río Cardoner: “Y estando allí sentado se le empezaron a abrir los ojos del entendimiento; y no que viese alguna visión, sino entendiendo y conociendo muchas cosas, tanto de cosas espirituales, como de cosas de la fe y de letras; y esto con una ilustración tan grande, que le parecían todas las cosas nuevas”. (Autobiografía, 30). Él mismo consignaría su experiencia en el libro de los “Ejercicios Espirituales”.

Después de pasar el año 1523 en Jerusalén buscando las huellas de Jesús, a quien quería “conocer mejor, para imitarlo y seguirlo”, a su regreso se dedicó a estudiar gramática y letras en Barcelona y Alcalá. Pronto tuvo que afrontar dificultades y fue solicitado por la Inquisición en Salamanca, donde fue interrogado y declarado inocente. En febrero de 1528 llegó a París para estudiar en La Sorbona, donde en marzo de 1533 obtuvo el grado de Maestro en Artes, que según la titulación universitaria lo autorizaba para enseñar filosofía y teología. Desde entonces latinizó su nombre firmando como “Ignatius”.
En París compartió un cuarto con dos estudiantes: Pedro Fabro, de Saboya, y Francisco Javier, de Navarra, ambos con 23 años de edad. Se hicieron amigos y pronto Fabro, designado como su tutor de estudios, compartiría su deseo de llevar una vida austera en seguimiento de Cristo. Otro tanto sucedió con Javier, joven de gran ambición en quien hizo mella una frase de Jesús que le repetía Ignacio con frecuencia: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?”. (Mateo 16,26). Otros estudiantes se unieron al proyecto: el portugués Simón Rodríguez y los españoles Diego Laínez, Alfonso Salmerón y Nicolás de Bobadilla. Oraban juntos, discutían sobre la vida cristiana y hablaban de “cosas de Dios”. Ignacio les comunicaba lo que había experimentado, principalmente en Manresa, y suscitaba en ellos el deseo de buscar a Dios.

Fortalecidos por su experiencia espiritual, los siete amigos deciden lo que van a hacer: servir como sacerdotes, si es posible en Jerusalén, o si no irán a Roma para presentarse ante el Papa “a fin de que él los envíe a donde juzgue que será más favorable a la gloria de Dios y utilidad de las almas”. Se dan un año como plazo, desde cuando se encuentren en Venecia. El 15 de agosto de 1534 en París, en la capilla de Montmartre, sellan su proyecto con voto solemne en una misa presidida por Fabro, ordenado el 30 de mayo.

Ignacio enferma en 1535 y va a recuperarse en su tierra natal. La cita en Venecia se aplaza entonces para comienzos de 1537. Mientras tanto el grupo aumenta con los franceses Claudio Jay, Pascasio Broet y Juan Bautista Codure. Restablecido Ignacio, el 8 de enero de 1537 se encuentran en Venecia, donde el 24 de junio son ordenados sacerdotes los que aún no lo eran. La guerra con los turcos dificulta el viaje, y mientras esperan a embarcarse trabajan pastoralmente y se designan “Compañía de Jesús”. Desde entonces añaden a sus nombres las iniciales S.J. (Societatis Jesu, en latín).

Como no parte ningún barco se dirigen a Roma, donde se encuentran en la Pascua de 1538. Ignacio llega con Laínez y Fabro hacia mediados de noviembre de 1537. A 15 kilómetros de Roma, en la capilla de La Storta, Ignacio “sintió tal mutación en su alma y vio tan claramente que Dios Padre lo ponía con Cristo, su Hijo, que no se atrevería a dudar de esto…” (Autobiografía, 96). A sus compañeros les dijo: “He visto a Cristo con su cruz a cuestas y a su lado al Padre Eterno que le decía a su Hijo: ‘quiero que tomes a éste como servidor’, y Jesús me dijo: ‘quiero que nos sirvas’ “.

Los compañeros son recibidos por el Papa en noviembre de 1538 y se ofrecen para cualquier misión que les confíe. Y siendo de países tan diferentes, se hacen esta reflexión: “más vale que permanezcamos de tal manera unidos y ligados en un solo cuerpo, que ninguna separación física, por grande que sea, nos pueda separar”. Deciden por ello formar una nueva orden religiosa, cuya primera “Fórmula del Instituto” es sometida a la consideración de Paulo III, quien el 27 de septiembre de 1540 firma la bula o documento pontificio de aprobación. El 17 de abril de 1541, después de haber rechazado dos veces el voto unánime de sus compañeros, Ignacio acepta el cargo de Prepósito (del latín: puesto delante como guía) General. El 22 de abril los compañeros hacen votos solemnes de pobreza, castidad y obediencia, y otro voto especial de obediencia al Papa para las misiones que les confíe.

En 1541 Ignacio fija su residencia en una vieja casa situada en el centro de Roma frente a una capilla dedicada a Nuestra Señora de la Estrada. La Compañía de Jesús recibe la responsabilidad de la parroquia, e Ignacio se instala en tres pequeñas piezas cercanas al presbiterio. Su principal trabajo allí fue la redacción de las Constituciones de la Compañía de Jesús, lo cual hizo hasta su muerte, siempre en proceso de incorporar las observaciones de sus compañeros y las nuevas experiencias. Su libro de los Ejercicios Espirituales fue aprobado y recomendado por el Papa Paulo III el 31 de julio de 1548.

El 21 de julio de 1550 la Compañía de Jesús obtiene del Papa Julio III su confirmación como orden religiosa, mediante la bula aprobatoria de una segunda Fórmula del Instituto, con un texto ampliado. Las misiones se multiplican en Europa, Asia, África y América.

El Papa envía a algunos teólogos jesuitas al Concilio de Trento, convocado para tratar los puntos de discusión suscitados con motivo del cisma protestante. Ignacio funda instituciones educativas, casas para catecúmenos judíos y mahometanos, un refugio para mujeres errantes, y organiza colectas para los pobres y los prisioneros.

A comienzos de julio de 1556, una fatiga extrema lo obliga a descansar y muere al amanecer del 31 del mismo mes, a los 65 años. Al morir Ignacio, la Compañía de Jesús contaba en el mundo con 1036 jesuitas, unos sacerdotes y otros hermanos, distribuidos en 11 Provincias (circunscripciones territoriales), y con 92 casas de las que 33 correspondían a obras educativas. Fue canonizado como santo por el Papa Gregorio XV el 12 de marzo de 1622, con Francisco Javier y Teresa de Ávila. Sus restos reposan en Roma, en la Iglesia del Gesú.


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El Papa estuvo ayer en la Curia general de los jesuitas

El Papa visitó la Curia General de la Compañía de Jesús

El Director “ad Interim” de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Alessandro Gisotti, respondiendo a las preguntas de algunos periodistas confirmó que, ayer el Santo Padre se dirigió de forma privada a la Curia General de los Jesuitas.

Ciudad del Vaticano

“Puedo confirmar que ayer el Santo Padre se dirigió de forma privada a la Curia General de los Jesuitas, donde almorzó con el Prepósito General, Padre Arturo Sosa, y con los hermanos de la Compañía de Jesús”, lo afirmó el Director “ad Interim” de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Alessandro Gisotti, respondiendo a las preguntas de algunos periodistas, este lunes 8 de julio de 2019.

Asimismo, el Director interino recordó que, “como es conocido, ya en los años anteriores el Pontífice ha visitado en privado a los hermanos jesuitas en la Curia General al acercarse la fiesta de San Ignacio de Loyola”.


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La pobreza entre las nuevas prioridades de los jesuitas.

Pope Francis greets an elderly woman as he meets with people of Banado Norte, a poor neighborhood in Asuncion, Paraguay, July 12, 2015. (CNS photo/Paul Haring) 

On Feb. 19, the Society of Jesus sent out to its members a letter detailing four “universal apostolic preferences,” approved by Pope Francis, that are to guide the life and work of the Jesuits over the next 10 years. They center around Ignatian spirituality, poverty, youth and the environment. The second preference, walking with the poor, provides an opportunity for the Jesuits to change their way of life and make their mission more credible.

St. Ignatius explains the 30-day retreat he calls Spiritual Exercises as a “way of preparing and disposing the soul to rid itself of all inordinate attachments, and, after their removal, of seeking and finding the will of God in the disposition of our life for the salvation of our soul.” Anything that can help people find the will of God is of universal and permanent value for all believers.

The apostolic preference of “walk[ing] with the poor, the outcasts of the world, those whose dignity has been violated, in a mission of reconciliation and justice” follows from two key meditations in the Spiritual Exercises. But the meaning of that preference could be missed. It is not about directly working for the poor, although it certainly includes that. Essentially, it is living like the poor.

The second preference, walking with the poor, provides an opportunity for the Jesuits to change their way of life and make their mission more credible.

Because Jesuit life is based on the Exercises, my assumption is that this preference is grounded, first, on the “Kingdom meditation,” in which Jesus invites us to “labor with” him to establish the reign of God on earth. But the response Ignatius proposes makes clear that the invitation is more to a way of life than to a particular kind of work: “Eternal Lord of all things…this is the offering of myself which I make…to imitate you in bearing all wrongs and all abuse and poverty, both actual and spiritual, should your most holy majesty choose to admit me to such a state and way of life” (emphasis added).

This is reinforced in the meditation on the “Two Standards,” in which Ignatius identifies the respective strategies of the devil and of Jesus. The devil tempts people to two things that are not in and of themselves sinful—to seek wealth and prestige—but nevertheless set people up for the sin of all sins, pride.

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The strategy of Jesus to combat pride is to urge people to embrace two things that in and of themselves are not good but that together lead to one great good. The first, writes Ignatius, is “poverty as opposed to affluence”; the second is “insults or contempt as opposed to the prestige of this world.” These prepare the ground for us to receive the third virtue: “humility as opposed to pride.” This strategic insight may be St. Ignatius’ greatest contribution to theology.

If the clergy follows Pope Francis’ example, the public image of the church might be transformed from one of wealth and prestige to one of poverty and humility.

We see a sterling example of humility in Pope Francis. One of his first notable acts when elected was to move out of the papal palace. The first Jesuit pope refused the honorific titles and trappings of papal protocol and made himself available to the poor. Francis has changed the entire image of the papacy and our expectation of how a pope should act. If the hierarchy and clergy follow his example, the public image of the entire church might be transformed from its image of wealth and prestige to one of poverty and humility.

I was a Jesuit for 32 years. I left because I felt called to help form a new religious order (which did not work out). Though I was critical of the way we Jesuits were living out our vow of poverty and made my criticism known in talks and in the Jesuit publication Studies in the Spirituality of Jesuits,” my issues with poverty were not the reason I left. I was satisfied I could live personal poverty, even if communal poverty was not all that it should be. But since St. Ignatius calls poverty the “outer bulwark” of religious life, I believed then and still do that the Jesuits needed to defend it as a first priority.

It is to this that the Jesuits have dedicated themselves: to “walk with the poor and outcasts of the world” by living like them in “bearing all wrongs and all abuse and poverty,” according to the Spiritual Exercises. And in this way to embrace the “mission of reconciliation and justice.”

It is to this that the Jesuits have dedicated themselves: to “walk with the poor and outcasts of the world.”

To “walk with” is to accompany. It is to do for the poor what God did for the human race by becoming one of us. Jesus validated humanity by becoming Emmanuel, “God with us.” Henceforth, nothing human can be despised. By becoming poor with the poor, the Jesuits will validate the “outcasts of the world, those whose dignity has been violated.”

To paraphrase Philippians 2:5 and Hebrews 4:15, to “walk with the poor” is to let the same mind be in us that was in Christ Jesus, who, though he was rich, emptied himself, being born in poverty. It is to give to the poor ministers able to sympathize with what they experience, being in every respect as they are, except in what is dehumanizing or detrimental to the greater good.

Jesuit poverty should be as dramatically visible and shocking as the incarnation of Jesus. This statement only repeats Pope Paul VI, who defined Christian witness as a lifestyle that “stirs up irresistible questions in the hearts of those who see how they live: Why are they like this? Why do they live in this way?” Jesuits should live in a way that raises eyebrows. Anybody who sees a Jesuit on the street should be able to identify him as one who is at home with “the poor and outcasts of the world.”

Jesuit poverty should be as dramatically visible and shocking as the incarnation of Jesus.

Many Jesuit schools educate primarily the wealthy. True, these high schools and colleges work hard to enroll as many poor students as possible. Nevertheless, in working with the sons and daughters of the upper classes, one can easily slip into the trappings of the upper classes. Should the Society take its men out of these schools or accept the challenge of living a poor lifestyle within them?

Living a poor lifestyle is a communal challenge. Rick Thomas, S.J., who worked with the poor in El Paso, Tex., told me of his frustration when, at a Jesuit meeting in Mobile Ala., he was served steak. “The people I work with get a piece of meat like this maybe once a year,” Father Thomas said. “I don’t want to eat steak. But it’s all there is.” Not uncommon is the story of a college faculty member who was regularly invited to dinner at a Jesuit community and told one of his hosts: “I love dinner with the Jesuits. I can’t afford to eat like that myself.”

So how does one live poverty when it is not a communal commitment? That is the gauntlet the Jesuits have just taken up. Their second apostolic preference, as I understand it, is to make poverty real.

Making poverty real can be done, beginning with individual choices. Though surrounded by Vatican affluence, Pope Francis lives simply. In Father Thomas’s biography, the photo of his room is austere. Unlike most Franciscans, Jesuits don’t wear a habit, but nothing would keep them from wearing inexpensive clothes from the Goodwill store.

Making poverty real can be done, beginning with individual choices.

Do these examples sound ridiculous? Is this unrealistic? Here is where the call to discernment comes in. When he was a missionary in Japan in the 1500s, St. Francis Xavier discovered he could only win over the Japanese for Christianity by converting the ruling class. To do this, he and his companions presented themselves as dignitaries. It bore fruit by gaining them access to scholars and other religious and civil leaders they would not have encountered otherwise.

 

But each situation calls for a new discernment. The benefits and witness of authentic poverty in our time and place and culture are too predictable to be abandoned lightly. And discernment demands detachment. A few years ago, a Jesuit province in the United States decided it had to close one of its high schools because of the low number of Jesuits available for that ministry. It wasn’t clear, however, which school should be closed. The faculty of each school in the province was asked to engage in communal discernment to determine whether their school was the one that should be closed. A Jesuit priest said that in prayer he came to believe that the school where he lived should remain open.

But at breakfast the next morning, this priest reported a change of heart. He said to his fellow Jesuits: “It occurred to me when I was shaving this morning that this is the only school we staff where I would have a private bathroom. I think that had a lot to do with my discernment!”

The Jesuits will only be able to bring about significant changes in the Society of Jesus—and in the world—through a communal conversion to overcome individualism and develop a visible lifestyle that gives concrete credibility to their decision to “walk with the poor.”

This is the challenge the Jesuits have embraced. That they will be equal to it is my prayer for them and my plea.


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España: graves deficiencias, según los jesuitas, en los CIE para inmigrantes.

Más del 68% de las personas internadas en Centros de Internamientos de Extranjeros en España son de nacionalidad marroquí o argelina. Más del 68% de las personas internadas en Centros de Internamientos de Extranjeros en España son de nacionalidad marroquí o argelina.   (ANSA)

Según el SJM, en España hay discriminación de origen hacia los migrantes

El Servicio Jesuita a Migrantes denuncia la fuerte discriminación de origen que sufren las personas internadas en los Centros de Internamientos de Extranjeros en España.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

“Más del 68% de las personas internadas en Centros de Internamientos de Extranjeros en España eran de nacionalidad marroquí o argelina. Por el contrario, los migrantes de origen subsahariano o asiático no han sido internadas en CIE sino en Centros de Acogida Temporal de Extranjeros (CATE) y de ahí a recursos de acogida humanitaria”. Son los datos recogidos en el nuevo informe del Servicio Jesuita a Migrantes en el que se analiza el trato diferencial que se ha prestado a los migrantes llegados a España durante el pasado 2018. En su informe, el SJM denomina a este trato diferencial “Discriminación de Origen” y aseguran que desde las primeras 72 horas ya se pueden observar indicios de trato discriminatorio hacia las personas de origen magrebí.

Los CIE: espacios de sufrimiento y violencia

Según un equipo del SJM que durante el año pasado visitó diferentes Centros de Internamientos de Extranjeros en el territorio español, en estos centros se aprecian “situaciones de vulnerabilidad” y “graves episodios de violencia”. Además de vulneraciones de derechos básicos, tales como “falta de detección de menores de edad y a personas con enfermedades de carácter físico y mental, carencias en la asistencia legal y de interpretación de idioma, limitaciones en el uso de comunicaciones, tratos degradantes y vejatorios y dificultades y trabas en el acceso a las solicitudes de asilo”.

El SJM pide el fin del internamiento y el cierre de los CIE

Frente a esto, el Servicio Jesuita a Migrantes pide “poner fin al internamiento y la privación de libertad y “el cierre de los CIE”, y exhorta a la búsqueda de alternativas “más humanas” que faciliten procesos de integración social.


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Encuentro del Papa con los jesuitas jóvenes de Centroamérica.

El Papa encontró a los jesuitas de Panamá y de Centroamérica

Este sábado, 26 de enero, el Santo Padre ha encontrado en la Nunciatura Apostólica a los jesuitas de Panamá y de otros Países de Centroamérica.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

La Oficina de Prensa de la Santa Sede informó que este sábado, 26 de enero, el Santo Padre ha encontrado en la Nunciatura Apostólica a los jesuitas de Panamá y de otros Países de Centroamérica. El encuentro, precisa la Nota informativa de la Oficina de Prensa, ha durado una hora. Asimismo, el P. Antonio Spadaro, S.J., Director de la Revista “La Civiltà Cattolica”, informó en su cuenta de Twitter que el Papa Francisco ha encontrado a 30 jesuitas centroamericanos, con quienes conversó por más de una hora y respondió a las preguntas de los jesuitas, la mayor parte de ellos eran novicios.

La Compañía, la JMJ y su experiencia religiosa

Nuestro colega de la redacción italiana, Michele Raviart, conversó con el P. Antonio Spadaro sobre este encuentro entre el Papa Francisco y los jesuitas de Centroamérica.

R. – Como siempre, el Papa Francisco se encontró con un grupo de jesuitas de la Nunciatura – 30, de hecho – de América Central, y por lo tanto de los distintos países de la zona, y habló muy libremente con ellos. Tengo que decir que la mayoría eran jóvenes, incluso jóvenes novicios, que hacían preguntas sobre la Compañía de Jesús, sobre su experiencia religiosa y luego, claramente a partir de estas preguntas, la conversación se extendía a los temas del viaje y a otros temas más generales. Como siempre, la conversación fue muy fraterna, muy sencilla, directa, inmediata, con referencias también a la vida personal del Papa. El Papa ha estado muy disponible, de hecho, fue más allá del tiempo previsto. Una experiencia muy agradable, muy directa.

El Papa Francisco se encuentra muy a menudo con las comunidades jesuitas en sus viajes, pero cuando va a América Latina, a América del Sur, siempre tiene algo más, esta visita. Entonces, ¿qué significa el encuentro con el Papa tanto para el Papa como para estos jóvenes?

R. – Hay una experiencia de contexto, de hecho, esta de América Latina – en este caso – Centroamérica: es muy importante, relevante. El Papa está dentro del viaje, aún no ha terminado el viaje pero pudo comunicar libremente durante más de una hora algunas de sus impresiones. Así que, una experiencia muy valiosa. La experiencia de los jesuitas jóvenes y viejos también fue muy importante, por lo que son personas que han tenido una amplia experiencia del pasado, un pasado compartido con los años en los que Bergoglio fue jesuita, y por lo tanto compañeros; en cambio, jóvenes que ahora se enfrentan a la vida religiosa. Por lo tanto, en este sentido, es también una experiencia muy interesante de diálogo y encuentro entre jóvenes y ancianos.

Había gente que ya conocía al Papa Bergoglio y algunos jóvenes. ¿Cuál fue la diferencia de enfoque, incluso en las preguntas?

R. – Los jóvenes estaban muy interesados en el hoy, en lo que está sucediendo, así que en un juicio sobre el hoy también de la vida religiosa, de la vida como jesuitas. Los ancianos…. digamos que básicamente dejaron la palabra a los jóvenes, pero comentaron – sobre todo al final – algunas de sus experiencias. Son siempre encuentros muy experienciales: siempre partimos de experiencias directas, no son cuestiones generales, teóricas. Por eso creo que al Papa también le gustan mucho estos encuentros.

¿Cómo encaja este encuentro en la Jornada Mundial de la Juventud? ¿Ha habido algún debate específico sobre esta cuestión?

R. – Sí, por supuesto, precisamente porque había jóvenes, hicieron preguntas sobre este tema y sobre la Jornada Mundial. Sin embargo, se trata de un encuentro fraterno de un camino mucho más amplio y complejo, por lo que se trataron algunos temas y el de los jóvenes ciertamente también se trató, en esta conversación.