Loiola XXI

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Ucrania: gran incertidumbre para miles de desplazados.

Más de 1,5 millones de desplazados sufren gran incertidumbre en Ucrania

Un grupo de personas esperan en la fila para cruzar la línea divisoria en Marinka, en el este de Ucrania. Foto: ACNUR/Tania Bulakh

11 de agosto, 2017 — Tras cuatro años de conflicto en Ucrania, más de un millón y medio de desplazados internos luchan por su supervivencia y por encontrar una vivienda adecuada y empleo, indicó hoy la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

Según ese Agencia, la seguridad es una de las principales preocupaciones para las casi 800.000 personas que viven cerca de la línea de contacto en las regiones de Donetsk y Luhansk, en el este del país.

Además, el Servicio Estatal de Guardias Fronterizas de Ucrania registró más de 1,1 millones de cruces de la línea divisoria en el este de Ucrania durante el mes de junio.

ACNUR expresó preocupación por la falta de libertad de circulación de los civiles y por las largas colas en los puestos de control.

Esa situación afecta especialmente a ancianos, madres con niños y personas con movilidad reducida en un área donde es limitado el acceso a servicios básicos como agua potable y atención médica.

ACNUR también alertó que más de 580.000 jubilados en la zona de conflicto perdieron sus pensiones como resultado de los procedimientos de verificación introducidos por el gobierno de Ucrania.

Entre los daños a infraestructuras, 150 centros sanitarios y 700 escuelas han sido perjudicados por el conflicto en ese país y más de 10.000 casas pertenecientes a civiles necesitan ser rehabilitadas.

Durante este año, ACNUR pudo reparar 89 escuelas y 1.000 refugios civiles.
La Agencia pidió una vez más a todas las partes del conflicto que garanticen la protección de los civiles frente a los combates y bombardeos, y que restrinjan el uso de viviendas civiles con fines militares.


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Misión del Card. Sandri en Ucrania

Satisfacción del Cardenal Sandri tras su visita a Ucrania

2017-07-17 Radio Vaticana

 

(RV).- Acaba de concluir la visita a Ucrania que comenzó el pasado 11 de julio el Cardenal Leonardo Sandri, Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, que realizó por invitación del Arzobispo Mayor de Kiev, Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk, con ocasión de la Peregrinación nacional al Santuario de Zarvanytsia.

De los momentos más significativos destacamos el saludo a los jóvenes, la tarde del sábado 15; la reflexión que ofreció a los peregrinos al término de la procesión con las velas encendidas y el Moleben,  es decir, el servicio de intercesión y de súplica, que consiste en una liturgia típica de las Iglesias Ortodoxas Orientales dirigida a Jesucristo, a la Madre de Dios, a un santo o con ocasión de una fiesta religiosa que, en este caso, se realizó desde la noche del sábado y terminó el domingo en que el Purpurado argentino pronunció la homilía de la Divina Liturgia.

También visitó, en Leópolis, la Catedral greco-católica de San Jorge, a la vez que rezó ante las tumbas del Metropolita Andrey Sheptytsky y del Cardenal Joseph Slipyj, Padres de la Iglesia ucraniana.

Antes de regresar a Rina el Cardenal Sandri se detuvo para saludar brevemente al Arzobispo Latino de Kiev.

El Santo Padre Francisco le había pedido al Purpurado que llevara su saludo a todos los fieles católicos, greco-católicos y latinos, sin excluir a los hermanos y hermanas ortodoxos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, con su bendición.

El Papa Bergoglio, además, ha querido hacerse presente espiritualmente con un renovado gesto de afecto y cercanía por la población que padece sufrimientos y privaciones a causa de los conocidos conflictos y, al mismo tiempo, animar a todos a fin de que trabajen por la paz, la reconciliación, en el respeto del derecho, y por las obras de caridad y solidaridad para socorrer a los tantos desalojados e indigentes.

De ahí que la Peregrinación nacional al Santuario de la Virgen María de Zarvanytsia haya sido la ocasión para encomendar a la Madre de Dios las intenciones del Santo Padre, mediante el empeño de todos los participantes con la oración y con gestos de conversión personal y comunitaria.

Escuchemos el balance que el mismo Cardenal Leonardo Sandri ha trazado ante el micrófono de Sergio Centofanti:

(María Fernanda Bernasconi – RV).


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La Santa Sede y Ucrania.

El Papa envía al cardenal Sandri a visitar las zonas de conflicto en Ucrania

 

(RV).- El cardenal argentino Leonardo Sandri irá a Ucrania para visitar las zonas de conflictopor encargo del Papa Francisco. Entre el 11 y el 17 de julio, el purpurado visitará varias ciudades especialmente perjudicadas por el conflicto que afecta a esta nación, reuniéndose con refugiados y desplazados.

En Radio Vaticana escuchamos el mensaje del cardenal antes de iniciar su viaje, que lo llevará a Kiev, Kharkiv, Kramatorsk, ciudad alcanzada por misiles en 2015 y Slovyansk. Asimismo visitará la ciudad de Zarvanytsia, importante lugar de peregrinaje de los fieles ucranianos.

Esta iniciativa del Papa se suma a las varias acciones concretas que el Pontífice ha realizado en favor del pueblo ucraniano. Entre ellas, la colecta extraordinaria realizada el año pasado, que desde inicios de 2017 permite ayudar al país. Por otro lado, en 2016 el Secretario de Estado Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, encabezó personalmente una visita de cinco días por Ucrania para analizar la situación.

“Con muchísima esperanza viajo a Ucrania para llevar a ese querido pueblo la palabra del Papa, de afecto, presencia y cercanía”, explica el cardenal Sandri. “Llevar el consuelo, el óleo de la consolación que nos da el Evangelio”.

(SL-RV)


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La crisis de Ucrania

António Guterres expresa su compromiso para abordar la crisis en Ucrania

Un refugio antiaéreo en una escuela de la localidad de Hranitne, en el Este de Ucrania. Foto: UNICEF/Kozalov

09 de julio, 2017 — El Secretario General de la ONU expresó este domingo su compromiso para ayudar a aliviar el sufrimiento del pueblo ucraniano.

António Guterres hizo esas declaraciones en la capital de Ucrania, Kyiv, tras reunirse con el presidente, Petro Poroshenko.

Tres años de conflicto en el este del país han forzado a cerca de 1,7 millones de personas a desplazarse a lugares más seguros dentro de Ucrania.

Guterres prometió más apoyo de la ONU para las actividades humanitarias, así como al proceso de reforma gubernamental en curso.

La crisis se inició en 2014, tras el derrocamiento del ex líder de Ucrania y la posterior anexión de Crimea por Rusia. Un grupo de separatistas se enfrenta a tropas gubernamentales en las regiones orientales de Donetsk y Luhansk.

Se estima que alrededor de tres millones se encuentran atrapados en territorio controlado por grupos armados y más de 10.000 personas han muerto desde que estalló el conflicto, entre ellos unos 2.700 civiles.

El Titular de la ONU dijo que el pueblo ucraniano “tiene derecho a vivir en paz y prosperidad” con pleno respeto a la integridad territorial y soberanía de la nación.

Subrayó que no se trata de una crisis olvidada y aseguró que la ONU está dispuesta a apoyar todos los esfuerzos diplomáticos para encontrar una solución y lograr un alto el fuego duradero.


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Ucrania: cuatro años de conflicto armado.

Ucrania entra a su cuarto año de conflicto sin cumplir acuerdos de alto el fuego

Un refugio antiaéreo en una escuela de la localidad de Hranitne, en el Este de Ucrania. Foto: UNICEF/Kozalov

13 de junio, 2017 — El conflicto armado en el este de Ucrania entra a su cuarto año sin que las partes enfrentadas hayan implementado los acuerdos de alto el fuego, lo que ha escalado las hostilidades y ha causado más muertes.

La ONU publicó hoy un informe que abarca los tres meses del 16 de febrero al 15 de mayo durante los cuales registró 36 civiles muertos y 157 heridos, números que dan cuenta de un aumento de 48% con respecto a las víctimas del trimestre anterior.

El estudio, elaborado por la Misión de Monitoreo de los Derechos Humanos en Ucrania, reportó violaciones diarias al alto el fuego y uso de armas ligeras y pesadas en la zona del conflicto y destacó la destrucción de escuelas, hospitales e instalaciones de agua como resultado de esos choques armados.

Según Naciones Unidas, desde el inicio del conflicto entre las fuerzas ucranianas y los grupos separatistas en abril de 2014 han muerto al menos 10.000 personas y unas 24.000 han sido lesionadas.

Además, más de 1,6 millones de personas han debido huir de sus hogares convirtiéndose en desplazados que requieren asistencia y tres millones más viven en territorio controlado por los grupos armados, sufriendo incertidumbre y desesperación crecientes.

El informe subraya las privaciones que padece la población en el este de Ucrania y denuncia la división de familias y comunidades a las que niega su derecho a la libertad de movimiento.

Por otra parte, las agencias humanitarias de la ONU informaron que han aumentado su apoyo a las autoridades ucranianas suministrándoles material de construcción y otros bienes básicos.


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Siria y Ucrania en las relaciones Rusia-Vaticano. Análisis

Pope Francis, like Trump, is reluctant to condemn Russia on Syria and Ukraine

  • Pope Francis stands next to Russian Orthodox Patriarch Kirill of Moscow after the two leaders signed a joint declaration during a meeting at Jose Marti International Airport in Havana Feb. 12, 2016. (CNS/Paul Haring)
For all the dramatic differences between Pope Francis and Donald Trump, there is one area where they are similar. Both are reluctant to condemn Russia for its actions in Syria and Ukraine.President Trump’s positive views of Russian President Vladimir Putin have been the subject of much media attention, and their underlying motivation will be the subject of congressional investigation in the coming months. But why is Francis so reluctant to speak out?Although he is usually careful when he speaks on international issues, Francis is not reluctant to condemn the arms trade, the use of armed force in settling disputes, and the inhospitable treatment of refugees and migrants. He has also spoken out about the need to deal with climate change and supported the Paris climate accord. He has even expressed fears about growing populist nationalism in Europe. Most notably, he got into a personal argument with Trump on immigration.

While the Vatican does not often condemn specific countries or leaders, when it comes to Syria and Ukraine, the Vatican has been especially reticent. It calls for an end to fighting without condemning any side in the conflicts. For example, Francis condemns the “unacceptable carnage” that is taking place in Syria without pointing any fingers.

It is not that Francis is reluctant to say anything about Syria. Early in his papacy, he called for a world day of prayer and fasting for peace in Syria. This September 7, 2013, event was clearly aimed at stopping President Barack Obama’s plan to bomb Syria in response to Bashar al-Assad’s crossing the president’s red line by using chemical weapons against his own people.

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Obama decided against the use of force and successfully negotiated with Syria and Russia an agreement to eliminate Syria’s chemical weapons stockpile. When this year Assad again used chemical weapons against his people, Trump retaliated with an air strike against the air base whose planes used the banned weapons.

The pope and the Vatican have repeatedly called for international diplomacy in support of a cease fire and ultimately an end to the war in Syria. The Vatican has urged that humanitarian assistance be given to Syrian refugees and to those still trapped in war zones. It is also very concerned about the fate of Syrian Christians if the Assad regime falls.

The relative silence on the 2014 invasion of Ukraine is even more remarkable, where Russia has been almost universally seen as the aggressor.

The United States, Britain, France and Eastern European countries pressed the Vatican to condemn the Russian invasion of Crimea. The Lithuanians, Estonians and Poles were especially concerned, but it did not happen.

Meanwhile, Aleksandr Avdeyev, the Russian ambassador to the Holy See, who was from Ukraine, was lobbying not only for his government but also for the patriarch of Moscow. The Russian ambassador even spent a lot of time talking to Italian bishops. Concern about endangering relations with the Russian patriarch swayed the Vatican foreign policy on Syria and Ukraine.

“The pope didn’t want to upset Patriarch Kirill,” explains Ken Hackett, U.S. ambassador to the Holy See from 2013 to the end of the Obama administration. “He wanted to move towards a closer dialogue with the Russian Orthodox, and he was afraid that if he condemned the Russians in this action, it was going to close the door.”

The Vatican worried not only about the patriarch but also about Putin, because he could also kill any attempt to improve relations between the two churches.

“We all kept pushing until finally [Vatican Secretary of State Pietro] Parolin took a trip up to Lithuania, Latvia and Estonia,” reports Hackett. “While he was out looking at something, the Russian planes buzzed over, flew right over the Lithuanian territory. ‘Aha, okay, now I get it,’ Parolin said.”

What ultimately did the pope say?

“First, he called for a humanitarian response to the needs, so there was a recognition that the needs were really bad,” answers Hackett. “Second, there was a much stronger statement about protecting the integrity of the country. But they never condemned the takeover of Crimea.”

The response of the Vatican to Russian activity in Syria has been muted for the same reasons.

But not alienating the Moscow patriarch is not the only reason for the Vatican not condemning Russia. The Vatican also hopes that it can play a mediating role in both disputes, which would be impossible if it was seen as siding with one party to the dispute.

In addition, when it comes to Syria, the Vatican reflects the concerns of Syrian Christians about what would happen to them if the rebels brought Assad down. Some kind of negotiated settlement would be the best for the Christians, and the Vatican is pragmatic enough to understand that a peaceful resolution of the conflict will have to involve the support of Russia, where Putin presents himself to his people as the defender of Orthodox Christians in the Middle East.

Has this strategy proved successful for the Vatican?

The Vatican position did not please the Obama administration or Western European governments. It certainly has not pleased Ukrainians and other Eastern Europeans who worry about Russia. Catholics in these countries wish the pope would be more condemnatory toward Russia. They undoubtedly long for the days of John Paul II rather than Francis, who might remind them of Paul VI’s Ostpolitik (Vatican efforts to engage with Communist countries).

On the other hand, it has proven to be a successful strategy for dealing with the Russian Orthodox Church.

For the first time in history, a pope met with the Russian patriarch in 2016. The meeting, which took place in Cuba, had been sought by the last two popes without success.

Was this meeting a reward from Putin to Francis for his tempered response on Syria and Ukraine? Perhaps. There is no question that Putin supported the meeting of the patriarch and the pope, otherwise it would never have happened. If the Vatican had been aggressively hostile to Russian actions in Syria and Ukraine, this meeting would have never taken place.

The joint statement that came out of the meeting between Francis and Kirill was carefully crafted. It did not call the Russian actions an invasion (the position of the West) nor did it refer to the conflict as a civil war (the position of Russia). Rather it said:

We deplore the hostility in Ukraine that has already caused many victims, inflicted innumerable wounds on peaceful inhabitants and thrown society into a deep economic and humanitarian crisis. We invite all the parts involved in the conflict to prudence, to social solidarity and to action aimed at constructing peace. We invite our Churches in Ukraine to work towards social harmony, to refrain from taking part in the confrontation, and to not support any further development of the conflict.

For both Syria and Iraq, the pope and the patriarch jointly urged “the international community to seek an end to the violence and terrorism and, at the same time, to contribute through dialogue to a swift return to civil peace.”

The meeting with the patriarch was a big win for Francis. It raised dialogue between the Catholic Church and the largest Orthodox church to a new level. Every pope since Vatican II has desired such a meeting, but Russian patriarchs have objected for one reason or other in the past. In the joint declaration, both parties say, “We are pained by the loss of unity,” and speak of their “determination to undertake all that is necessary to overcome the historical divergences we have inherited.”

Because of this meeting, it will be much easier to arrange future meetings. For the future of ecumenical relations between Catholics and Orthodox, this is very important.

The situation of the Eastern or Greek Catholic Churches was also clarified in the joint statement.

These churches are in union with Rome but have married clergy and liturgies and traditions similar to the Orthodox. Orthodox leaders, including the Moscow patriarch, are unhappy with the existence of these churches, which they accuse of proselytizing among the Orthodox. The pastoral activity of these churches has been one of the reasons the Russian patriarchs have refused to meet with popes in the past.

After Vatican II, the Catholic Church recognized that unity with the Orthodox would come through dialogue, not through the conversion of individuals or communities of believers from the Orthodox to the Eastern Catholic churches. That is clearly affirmed in the joint declaration, which pleases the Orthodox. “It is today clear that the past method of ‘uniatism,’ understood as the union of one community to the other, separating it from its Church, is not the way to re-establish unity.”

But equally important to the Vatican and to Greek Catholics is the acknowledgement by the patriarch of the right of these churches “to exist and to undertake all that is necessary to meet the spiritual needs of their faithful.”

This statement is taken almost word for word from the 1993 Balamand Statement of the international dialogue, so it seems to represent a Russian Orthodox acceptance of the thrust of that text.

The two leaders expressed the “hope that our meeting may also contribute to reconciliation wherever tensions exist between Greek Catholics and Orthodox.” It also laid out numerous ways that Orthodox and Catholics can work together for the good of humanity.

If relations between Rome and Moscow continue to improve, then the Vatican strategy has been a success. It appears to be an example of the Vatican thinking in centuries rather than responding to immediate events. But don’t expect a quick and easy path to reunion. As I noted last week, only 17 percent of the Russian Orthodox faithful have any interest in communion with Rome.

While the Vatican strategy has been good for Catholic-Orthodox relations, has it been successful otherwise? The Vatican has not become a mediator in either Ukrainian or Syrian disputes. But the Vatican position is not so out of line with U.S. policy now that the Trump administration is making nice with Russia. Will Trump and Putin see the pope as an ally for their attempts to solve these conflicts just as the Obama administration saw Francis as an ally in its rapprochement with Cuba?

Anything is possible with these leaders.


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Importante ayuda económica del Vaticano a Ucrania.

La ayuda del Papa para la crisis humanitaria en Ucrania

(RV).- El Consejo Pontificio Cor Unum informó a través de un comunicado de prensa, que en esta Navidad se entregará en nombre del Santo Padre la primera parte de ayudas para la crisis humanitaria en Ucrania. Se trata de una suma de casi 6 millones de euros, de los 12 millones ya recogidos, destinados a más de 2 millones de beneficiarios sin distinción de religión, confesión u origen étnico, en particular en las regiones de Donetsk y Lugansk, Zaporizhia, Kharkiv y Dnipropetrovsk.

Tras la colecta extraordinaria lanzada por el Papa Francisco el 24 de abril de 2016 en las iglesias de Europa a favor de las poblaciones afectadas por el conflicto, la Santa Sede, a través del Consejo Pontificio Cor Unum, ha coordinado la formación de un comité técnico sobre el terreno, presidida por Mons. Jan Sobilo, Obispo Auxiliar de Kharkiv-Zaporizhia, que opera en contacto con el Nuncio Apostólico en Ucrania, el Arzobispo, Claudio Gugerotti.

Desde el comienzo de la actividad, en el  mes de julio, el Comité, con sede en Zaporizhia, ha seleccionado y evaluado los proyectos de ayuda presentados por las Organizaciones de caridad cristiana y por Organismos Internacionales. La Comisión procederá ahora, a financiar 20 proyectos “a gran escala” (con cantidades individuales hasta 250.000 euros) y 39 iniciativas de “Solidaridad” (con cantidades  hasta 20.000 euros). La suma se distribuirá en colaboración con la Nunciatura Apostólica para sostener  las obras de asistencia en los sectores de la alimentación, la vivienda, la medicina y la higiene.

De acuerdo con un reciente informe de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), el conflicto, todavía en curso, ha causado desde abril de 2014 al 1 de diciembre de 2016, 9.758 muertos y 22.779 heridos.