Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Nuevas formas de explotación de los recursos africanos.

La fuente inagotable de los recursos

Por Elena Sánchez Novoa

 

La presentación del libro El reparto de África. De la Conferencia de Berlín a los conflictos actuales denuncia los perjuicios de la invasión europea del s. XIX y alerta sobre los peligros de una nueva colonización.

 

África fue la respuesta a la crisis finisecular de las potencias europeas del siglo XIX. El continente africano supuso un nuevo mercado al que vender la producción europea y donde invertir el capital del viejo continente, un nuevo destino para el excedente de población fruto del boom demográfico, así como una fuente muy rentable de mano de obra y de materias primas, debido a la ocupación territorial. La existencia de un proyecto exterior común permitió, a su vez, la distracción de algunos problemas internos, como muestra el fortalecimiento de las unificaciones italiana y alemana. Los avances militares, sanitarios y de los medios de transporte hicieron posible el colonialismo en una época de nacionalismo conservador con aspiraciones imperialistas.

La Conferencia de Berlín, celebrada entre el 15 de noviembre de 1884 y el 26 de febrero de 1885, dio el pistoletazo de salida a una auténtica carrera por la conquista del continente africano. En los albores de la Primera Guerra Mundial, África estaba repartida, con la excepción de Liberia y Etiopía, los dos únicos países que no fueron colonizados. En la presentación del libro El reparto de África. De la Conferencia de Berlín a los conflictos actuales, Roberto Ceamanos, su autor y profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza, hizo hincapié en la “gran carga de violencia” que entrañó el proceso.

 

Roberto Ceamanos, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza. Autor de ‘El reparto de África. De la Conferencia de Berlín a los conflictos actuales’ / Fotografía de Elena Sánchez Novoa

 

En el acto, presentado por Pedro Villena, director general de Casa Árabe, y Luis Padrón, director general de Casa África, se destacó la importancia de las consecuencias negativas para los países africanos que trajo consigo no solo la colonización, sino también la descolonización. Ceamanos destaca que “los africanos nunca estuvieron presentes en la delimitación de unas fronteras que separaron a etnias con una misma identidad y, de la misma manera, agruparon a etnias contrarias”. Los trazos rectilíneos rechazaron la diversidad de la realidad africana. La llegada de los europeos tuvo efectos devastadores sobre la demografía, como ejemplifica el caso del Estado Libre del Congo, ya que se estima que la población congoleña quedó reducida a la mitad a causa del dominio extractivo de Leopoldo II de Bélgica. Por otro lado, Europa avivó las llamas de numerosos enfrentamientos previos para hacerse con el control de los territorios. Si bien es cierto que las potencias crearon infraestructuras, estas se dedicaron exclusivamente a la explotación y, de la misma manera que describe Ryszard Kapuściński en Ébano, algunos pueblos quedaron totalmente aislados al carecer de interés económico y esta incomunicación ha llegado prácticamente hasta la actualidad.

Mbuyi Kabunda, profesor honorario de la Universidad Autónoma de Madrid especializado en estudios africanos y miembro del Instituto Internacional de Derechos Humanos de Estrasburgo, es el autor del prólogo del libro. En la presentación, Kabunda rechazó la arbitrariedad de las fronteras africanas, ya que “en todo el mundo las fronteras son creaciones de los seres humanos y ninguna frontera es natural, todas las fronteras, incluso en Europa, son arbitrarias y artificiales”. De hecho, resaltó que África se ha mantenido prácticamente inalterable (solo ha habido modificación en los casos de Eritrea y Sudán del Sur) y que dichas fronteras ya no son europeas, sino que “se están convirtiendo cada vez más en fronteras africanas”. Kabunda, que se define así mismo como panafricanista, también aprovechó el acto para apelar a la superación de esa división, ya que “no tiene sentido mantener tantas fronteras, tantos Estados en un continente tan pobre, no en el sentido de riqueza natural, por supuesto, ya que es el continente con más recursos del mundo; sino en términos financieros”.

 

Mbuyi Kabunda, profesor honorario de la Universidad Autónoma de Madrid / Fotografía: Elena Sánchez Novoa

 

Hay historiadores que hablan de una segunda colonización o una etapa de neocolonialismo para hacer referencia a la relación de predominio e influencia, fundamentalmente en el terreno económico, por parte de las naciones más poderosas y las empresas multinacionales sobre los países descolonizados o en vías de desarrollo. Caucho, petróleo, gas, diamantes, oro, coltán… Actualmente, en una época de calentamiento global y crecimiento de la población mundial, incluso el agua y las tierras adquieren una importancia capital: grandes compañías internacionales están adquiriendo importantes extensiones de terreno y recursos hídricos en el continente africano. Distintos recursos han sido el reclamo de las potencias mundiales en diferentes momentos del tiempo. Su explotación y los conflictos alimentados por esta “maldición de los recursos” han traído consecuencias devastadoras en Angola, Liberia, Sierra Leona, Sudán del Sur, Nigeria o la República Democrática del Congo.

Aunque han ido cambiando los minerales o combustibles objeto de interés e incluso los partícipes del reparto (China es, a día de hoy, el principal socio comercial de diversos países del continente), África se ha mantenido invariablemente como la provechosa fuente inagotable de los recursos del mundo. Mbuyi Kabunda apela a la justicia y la cordura en su prólogo: “África debe abandonar la lógica de economías rentistas o extractivas que ayer justificaron la colonización y hoy el acaparamiento de sus tierras para empezar a producir para África y para los africanos”.


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El Papa denuncia los abusos del capitalismo.

“El capitalismo produce descartes que después quiere ocultar”

El Papa a los empresarios de la economía de comunión, promovida por los Focolares: cuando las empresas de armas paguen las curas de los niños mutilados por las bombas, el sistema estará en el culmen
AP

Papa Francisco en el Aula Pablo VI

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Pubblicato il 04/02/2017
Ultima modifica il 04/02/2017 alle ore 15:38
DOMENICO AGASSO JR.
CIUDAD DEL VATICANO

El «día en el que las empresas de armes financien hospitales para curar a los niños mutilados por sus bombas, el sistema habrá alcanzado su culmen». Es una verdadera denuncia en contra del sistema capitalista la que expresó hoy, 4 de febrero de 2917, Papa Francisco en el aula Pablo VI durante la audiencia a quienes participaron en el encuentro «Economía y comunión», promovido por el Movimiento de los Focolares. Según el Pontífice, el capitalismo «produce deshechos que después quiere ocultar»

 

En la Sala Nervi había alrededor de 1100 personas: se trata de una red de empresarios de todos los continentes, que nació en 1991 de una intuición de Clara Lubich, fundadora de los Focolares, que quedó sorprendida (durante un viaje a Brasil) por los grandes contrastes económicos en el país. Es una experiencia de economía alternativa, basada en la fraternidad y en compartir ganancias y experiencias. Los empresarios, los dirigentes y también los expertos y estudiosos que estuvieron presentes provenían de alrededor de 50 países del mundo.

 

Antes que nada, el Pontífice hizo un homenaje público a la intuición de Lubich de crear entre los pobres del mundo una «Economía de comunión», cientos de empresas que respondan a una lógica alternativa a la de las ganancias. «Un proyecto en el que desde hace tiempo estoy sinceramente interesado», explicó Francisco al recibir a los representantes de más de 850 de estas empresas.

 

«Economía y comunión —observó— son dos palabras que la cultura actual mantiene bien separadas y a menudo las considera opuestas. Dos palabras que ustedes, por el contrario, han unido aceptando la invitación que hace 25 años les dirigió Lubich, en Brasil, cuando frente al escándalo de la desigualdad en la ciudad de San Paolo, le pidió a los empresarios que se convirtieran en agentes de comunión».

 

Siguiendo las intuiciones de Lubich, cuya causa de beatificación ya está siguiendo su curso, hay que considerar «al empresario —afirmó el Pontífice— como agente de comunión». Y esto provoca «un profundo cambio en la manera de vivir y de ver la empresa», que «no solo no puede destruir la comunión entre las personas, sino que puede construirla y promoverla». Con «su vida, ustedes demuestran que la economía y la comunión se hacen más bellas cuando están una al lado de la otra».

 

Por el contrario, cuando «el capitalismo convierte la búsqueda de las ganancias en su único objetivo —advirtió el Papa— corre el riesgo de convertirse en una estructura idólatra, una forma de culto. La diosa fortuna es cada vez más la nueva divinidad de ciertas finanzas y de todo ese sistema del azar que está destruyendo a millones de familias del mundo».

 

El capitalismo «sigue produciendo los descartes que después quisiera curar», fue su denuncia. El principal problema «ético de este capitalismo es la creación de descartes para después tratar de ocultarlos o curarlos con tal de que no se les vea. Una grave forma de pobreza de una civilización es ya no lograr ver a sus pobres, que primero son descartados y después ocultados».

 

Y de esta manera se dan paradojas absurdas: los aviones «contaminan la atmósfera, pero con una pequeña parte del boleto plantarán árboles, para compensar parte del daño creado. Las sociedades del azar financian campañas para curar a los apostadores patológicos que ellas mismas crean». Y el «día en el que las empresas de armas financien hospitales para curar a niños mutilados por sus bombas, el sistema habrá alcanzado su culmen».

 

«El capitalismo —subrayó— conoce bien la filantropía, no la comunión. Es simple donar una parte de las ganancias, sin abrazar ni tocar a las personas que reciben estas migajas». Por el contrario, incluso cinco panes y dos pescados pueden alimentar a las multitudes si se trata de compartir toda nuestra vida: «en la lógica del Evangelio —explicó Francisco—, si no se dona todo, nunca se da lo suficiente». Estas «cosas ustedes las hacen ya. Pero podrán compartir más las ganancias para combatir la idolatría, cambiar las estructuras para prevenir la creación de las víctimas y de los descartes; donar más su levadura para que leude el pan de muchos. Que el “no” a una economía que mata se convierta en el “sí” a una economía que hace vivir, porque comparte, incluye a los pobres, usa las ganancias para crear comunión».

 

Papa Bergoglio volvió a hablar de dinero: «El dinero es importante, sobre todo cuando no hay y depende de él la comida, la escuela, el futuro de los hijos. Pero se vuelve en un ídolo cuando se convierte en el fin». Y la avaricia, vicio capital, es «pecado de idolatría porque la acumulación de dinero para sí se vuelve un fin».

 

Este culto «idólatra —sostuvo Bergoglio— es un sustituto de la vida eterna. Los productos (los autos, los teléfonos) envejecen y se consumen, pero si tengo el dinero o el crédito puedo comprar inmediatamente otros, haciéndome la ilusión de vencer a la muerte».

 

Se comprende, entonces, «el valor ético y espiritual de su decisión de hacer comunes las ganancias. La mejor manera y más concreta para no convertir al dinero en un ídolo es compartirlo con los demás, sobre todo con los pobres, o para que estudien y trabajen los jóvenes, venciendo la tentación de la idolatría con la comunión».

Cuando se comparten y se donan las ganancias, se está llevando a cabo «un acto de alta espiritualidad, diciendo con los hechos al dinero: “Tú no eres Dios”».

 

Francisco también reflexionó sobre el tema del pago de los impuestos: hoy «hemos inventado maneras para curar, alimentar, instruir a los pobres, y algunas de las semillas de la Biblia han florecido en instituciones más eficaces que las de la antigüedad. La razón de los impuestos también está en esta solidaridad, que es negada por la evasión fiscal, que antes de ser acto ilegal es un acto que niega la ley básica de la vida: el socorro recíproco».

 

Para Francisco, se necesita, pues, «apostar por cambiar las reglas del juego del sistema económico-social»: «imitar al buen samaritano del Evangelio no es suficiente —explicó. Claro, cuando el empresario o cualquier persona se encuentran con una víctima, están llamados a cuidarla y, acaso, como el buen samaritano, involucrar también al mercado (el hotelero) a su acción de fraternidad. Sé que ustedes tratan de hacerlo desde hace 25 años», pero hay que «actuar sobre todo antes de que el hombre se encuentre con los bribones, combatiendo las estructuras de pecado que producen bribones y víctimas. Un empresario que es solo un buen samaritano hace solo la mitad de su deber: cuida a la víctima de hoy, pero no reduce las de mañana»


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Proteccionismo frente a globalización?. Análisis

Proteccionismo vs globalización

PROTECCIONISMO VS GLOBALIZACIÓN

Manfred Nolte. La globalización, que no es sino un neologismo de lo que los clásicos de la economía quisieron instruir acerca del libre comercio y la libre circulación de factores, y que hoy se traduce en una creciente integración de los países del planeta añadiendo a la de bienes y capitales, la libertad de la información, se somete en estos momentos a la ley del péndulo de la opinión pública mundial –y ha pasado a ser, en apenas unos meses, de heroína del progreso, del crecimiento y del bienestar mundial a villana a la que se atribuyen todos los males de la crisis, del estancamiento de las economías desarrolladas, de la creciente desigualdad económica y de la injusticia social.

En particular se ha incluido como soflama principal en el librillo de los movimientos populistas de todo índole hasta el punto de que constituye un raro patio de vecindad donde se congregan ideologías dispares que apenas tienen por lo demás nada en común. El descrédito de la globalización conviene a radicales de izquierdas y a extremistas de derechas, a nacionalistas explícitos o encubiertos, a xenófobos racistas intransigentes, a involucionistas de diversa filiación. Con ellos conviven otros agentes menos revanchistas y más moderados, aquellos que convienen que si bien la globalización ha sido en el pasado una fuente innegable de progreso y bienestar, ha sesgado su trayectoria beneficiosa, que en la actualidad es necesario enmendar o refundar. Sea como fuere nos ubicamos en el tránsito de la percepción de un fenómeno que de una indiscutible positividad ha pasado a ser una política cuestionada y para muchos, como se ha dicho,  fundamentalmente desacreditada.

El rechazo de la globalización conduce de forma natural a otra política, ampliamente utilizada en circunstancias históricas pretéritas como es el proteccionismo –un concepto decimonónico ya olvidado- y en su versión más tajante el aislacionismo. Si abrir nuestras puertas a terceros, bien sea en materia de tráfico de mercancías, de servicios, de capitales o de personas, se ha vuelto contra nuestros intereses, cerraremos dichas esclusas en la medida en la que nos convenga para restablecer el equilibrio quebrantado y restituir el bienestar de los nacionales de un país o del segmento particular de una sociedad que ha sido vulnerado. El último episodio de carácter global tuvo lugar en los años treinta del siglo pasado y fue protagonizado por el Presidente Hoover. Para combatir la gran crisis del 29 Hoover enrocó a Estados Unidos en una vorágine de aranceles y cupos que no solo ahondó la crisis nacional sino que condujo a la ruina a todos sus socios comerciales. La dinámica de la acción-reacción condujo a los socios comerciales de Estados Unidos a represaliarse con análogas medidas tarifarias y proteccionistas. Como consecuencia de todo ello la economía americana cayó un 25% en un plazo de cuatro años, y con ella la de las grandes potencias occidentales. La llegada al poder del demócrata F.D. Roosevelt  revirtió las consecuencias deflacionistas del proteccionismo y puso a Estados Unidos y a la economía mundial rumbo a una nueva era de crecimiento.

El delirio proteccionista ha rebrotado en nuestros días con virulencia de la mano del UKIP y una mayoría del pueblo británico. Pero sobre todo y con particular estruendo y una mímica desproporcionada de la mano del recién nombrado líder de los Estados Unidos, el Sr. Donald Trump. El particular boletín oficial del estado del mandatario americano que constituyen sus redes sociales no ha escatimado proclamas en demérito y demonización de la globalización. Por la fisuras de la globalización se habrían colado en Norteamérica todos sus acérrimos enemigos. Ante este descarado caballo de Troya –siempre según Trump- “tenemos que proteger nuestras fronteras de los estragos de otros países que fabrican nuestros productos, atracando nuestras compañías y destruyendo nuestros puestos de trabajo. La protección conducirá a una gran prosperidad y fortaleza, siguiendo dos simples reglas: compra ‘americano’ y contrata ‘americano’. Recuperaremos nuestras fronteras, recuperaremos nuestros trabajos, recuperaremos nuestros sueños. Vamos a reconstruir nuestro país con manos americanas, con mano de obra americana. La riqueza de nuestra clase media ha sido arrebatada de sus hogares y distribuida por todo el mundo. Eso es el pasado”.

El gran bofetón que el mandatario americano propina al librecambismo –supresión de acuerdos, deportaciones, vallas etc.- obliga a evidenciar aspectos del máximo interés para todos los ciudadanos del mundo, porque a todos afecta hoy en día lo que suceda en la primera potencia económica y militar del planeta.

El primero, que todos los segmentos de la población mundial han ganado con la globalización. Branko Milanovic y su ya estelar ‘curva del elefante’  han hecho inventario de los últimos treinta años: la media global del PIB per cápita del periodo creció un 25%. El veinte por ciento de los más pobres un 40%. El cinco por ciento de los más ricos un 60%. El 60% de la población de los países emergentes un 70%. Y el intervalo entre el 75 y el 90% de los más favorecidos, las clases medias occidentales, apenas un 5%.

El segundo consiste en el recordatorio de que la globalización ha sido muy beneficiosa también para los países pobres y en desarrollo. Fijémonos que es Estados Unidos y no México quien repudia la globalización. Los cientos o miles de empleos que la industria automovilística americana ha prometido crear a punta de pistola del Sr. Trump serán otros tantos cientos o miles que dejarán de crearse en México o en otros centros de coste más bajo y más competitivo para la exportación. Añádase a este argumento el efecto de las deportaciones en términos de provisión de puestos de trabajo. A los doce millones de mexicanos que residen en Estados Unidos hay que sumar una comunidad de origen mexicano de algo más de 30 millones.

El tercero, que las desigualdades registradas dentro de los países no tienen su causa directamente en la globalización sino en la falta de competencia de los gobiernos de turno para formar mano de obra capacitada (ganadores) en detrimento de la mano de obra no capacitada (perdedores de la globalización).

El cuarto, que a pesar de que la clase media americana ha ganado muy poco con la globalización, su paro es virtualmente inexistente y su nivel de vida es de los más altos del mundo, un 50 por ciento superior al de Europa o Japón. Por otra parte la tecnología americana domina el planeta, su industria financiera es puntera y sus universidades lideran el ranking mundial de notoriedad.

Finalmente, recordar que la retórica de ‘America first’ (primero, América) tiene el tufillo de una declaración de guerra económica. Pero el proteccionismo unilateral no contemplará un escenario de terceros países con los brazos cruzados. El mundo de hoy está íntimamente relacionado y la exposición exterior de la balanza de pagos de Estados Unidos es muy significativa. A la guerra de contingentes puede unirse otra de divisas. Como ha señalado la Canciller Merkel nadie puede ganar la batalla del proteccionismo. Tampoco Estados Unidos.


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Qué hacer con los impuestos. Diferentes políticas en USA. Análisis

Tax cuts and infrastructure spending: Timing is everything

  • (Dreamstime/Peanutroaster)
 |  Faith and Justice
High on the agenda of the new Congress and administration is going to be tax cuts.Although congressional Republicans may have some problems with President Donald Trump’s trade and infrastructure agenda, they will have wide agreement on tax cuts. As a result, many observers believe that tax cuts will be the first item on the agenda for Congress and the president.It would be wonderful to have a rational debate on tax cuts, but we Americans are not rational when discussing taxes.

Republicans love tax cuts. Tax cuts reflect their preference for smaller government. The less money government has from taxes, the less it can spend.

Tax cuts also reflect Republican preference for leaving economic development to private individuals and companies. Taxes reduce the amount of money that people have to spend and invest. Let people keep their money and the economy will improve, according to this view.

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In truth, it is difficult for any politician, Republican or Democrat, to oppose tax cuts. Taxpayers are voters and campaign contributors, and they love tax cuts. Any politician who votes against a tax cut will find that an issue in his next election.

Opposition to tax cuts does come from deficit hawks, those Republicans who worry about budget deficits and government debt. They favor tax cuts but want them accompanied by cuts in spending.

But many Republicans believe that cutting taxes will stimulate the economy so much that tax revenues will not decline. Such magic is not supported by economic facts.

Other Republicans are more cynical. They believe that big tax cuts now will eventually force Congress to cut spending when deficits go up.

The problem with the Republican philosophy of tax cuts is that it ignores economic conditions; it is pre-Keynesian in its approach.

John Maynard Keynes taught that economic output is influenced by aggregate demand in the marketplace — demand from both the private and public sectors.

According to Keynes, when private demand is too low, governments should stimulate demand by cutting taxes and increasing spending even though this means running a deficit. When demand is too high and causing inflation, governments should depress demand by raising taxes and cutting spending and paying down debt.

One of the reasons the recovery from the last recession took so long was that Republicans refused to follow Keynes.

During the George W. Bush administration, when the economy was doing well, Republicans cut taxes, increased entitlements (Medicare D), and waged an expensive war. In other words, they increased demand at a time when private demand was already high. Bush should have raised taxes and cut spending and had the government run surpluses in order to pay down the debt.

Instead, they borrowed and spent like there was no tomorrow. The deficit hawks were either silent or ignored.

Then when the recession hit, Republicans fought against a strong stimulus package when private demand had crashed. Because of the deficits and debt, which they had created, Republicans now wanted to cut spending.

In other words, Republicans did exactly the opposite of what Keynes would have recommended. This made the recession worse than it should have been. It left the recovery to the Federal Reserve Board, which tried to stimulate demand by reducing the interest rate it charges banks to almost zero. This helped banks recover from the crash but did not stimulate the economy all that much.

The trillion-dollar infrastructure program currently being pushed by Trump should have been enacted eight years ago, back when the recession started. Now, if the economy continues to improve, infrastructure spending will probably kick in just as private demand is going strong. Massive government spending on top of strong private demand will have inflationary consequences.

The Trump tax cuts and infrastructure plans may be a case of too much too late.

Democrats will undoubtedly support spending on infrastructure, but it is important for them to read the fine print. True, we do need to repair bridges and roads, but repairing and expanding mass transit is even more important.

Every project should also be carefully examined to see how many jobs it actually creates.

During the Great Depression, the New Deal could put thousands of men to work with shovels building roads. Today, roads are constructed with multi-million-dollar machines operated by a few workers. You get a lot more jobs for the buck by paying workers to improve public housing by adding insulation, installing solar panels, and replacing energy inefficient windows.

Finally, when it comes to tax cuts, it also depends on who gets how much. Republicans want to cut taxes on the rich and on corporations in order to increase investment.

On the other hand, if you want to increase demand immediately, cutting taxes on the poor is highly effective because they will spend their tax cuts right away.

And if you want to increase jobs, the best way would be to cut Social Security and Medicare taxes, which make it more expensive to hire workers.

Will we have a rational discussion on taxes and government spending? I doubt it.


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Los 15 peores paraísos fiscales según Oxfam-Intermon.

LOS 15 PEORES PARAÍSOS FISCALES

Estos son los 15 paraísos fiscales más agresivos del mundo, teniendo en cuenta su falta de transparencia, los privilegios fiscales injustos y la ausencia de cooperación en iniciativas contra la evasión y la elusión de impuestos.

  • 1. Islas Bermudas
  • 2. Islas Caimán
  • 3. Paises Bajos
  • 4. Suiza
  • 5. Singapur
  • 6. Irlanda
  • 7. Luxemburgo
  • 8. Curazao
  • 9. Hong Kong
  • 10. Chipre
  • 11. Las Bahamas
  • 12. Jersey
  • 13. Barbados
  • 14. Mauricio
  • 15. Islas Virgenes Británicas

En el último año, se ha triplicado la inversión que ha salido desde nuestro país hacia estos territorios. Con los 1.550 millones de euros que perdemos por los paraísos fiscales se podría reducir a menos de la mitad el déficit del fondo de pensiones


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ONU: bajo crecimiento de la economía mundial.

El reporte revela que en la actual trayectoria de crecimiento cerca del 35% de los países menos desarrollados puede permanecer en la extrema pobreza . Foto: UNODC

17 de enero, 2017 — La economía mundial permanece atrapada en un prolongado periodo de bajo crecimiento al expandirse solamente un 2,2% en 2016.

La cifra se dio a conocer hoy en el Informe del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU (DESA) sobre la situación y las perspectivas para la economía mundial en 2017.

El Subsecretario General Para el Desarrollo Económico de DESA, Lenni Montiel, aseguró que fueron varios los factores que influyeron a la menor tasa de crecimiento mundial desde la recesión del 2009.

“Diversos factores explican este desempeño, un débil ritmo de la inversión, la disminución del crecimiento del comercio, un lento crecimiento de la productividad y además elevados niveles de deuda, así mismo conflictos y tensiones geopolíticas continúan afectando las perspectivas económicas en varias regiones del planeta“.

El informe además señala que se espera que el producto Interno Bruto Mundial se expanda solamente un 2,7% en el 2017 y un 2,9% para el 2018 .

“Esto es más una señal de estabilización económica, que un signo de una recuperación robusta y sostenida de la demanda global”.
El reporte revela también que en la actual trayectoria de crecimiento cerca del 35% de los países menos desarrollados puede permanecer en la extrema pobreza en el año 2030, lo que pondría en peligro los Objetivos Mundiales de Desarrollo Sostenible. Por su parte en la dimensión ambiental, el informe refiere de manera positiva que las emisiones globales de carbono se han estancado por segundo año consecutivo.

Entre sus principales recomendaciones, el documento resalta la necesidad de una combinación de políticas más balanceada que vaya más allá de la excesiva dependencia de la política monetaria para promover el crecimiento sostenible.

Se espera que Latinoamérica y el Caribe tengan una modesta recuperación del 1,3% en 2017, sostenida por una mayor demanda externa, un aumento en los precios de materias primas y una relajación monetaria en América del sur.


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Posible crecimiento de la economía en América Latina según el Banco Mundial.

La economía en América Latina crecerá 1,2% en 2017, apunta el Banco Mundial

Imagen de la ciudad de Quito, capital de Ecuador. Foto: UNESCO/Francesco Bandarin

11 de enero, 2017 — Tras dos años de crecimiento negativo, la economía en la región de América Latina crecerá un 1,2% este año, según las previsiones del informe Perspectivas Económicas Mundiales 2017 del Banco Mundial, presentado este martes.

Las estimaciones del organismo indican que los precios de las materias primas se estabilizarán y se recuperarán progresivamente a mediano plazo, permitiendo una leve mejora a los exportadores regionales de esos productos.

En relación a América del Sur, el estudio indica que se espera una salida de la recesión durante este año. Así, la economía de Brasil crecería un 0, 5%, la de Argentina un 2,7% y la de Colombia un 2,5%.
Ecuador y Venezuela experimentarían registros negativos de -2,9% y -4,3% respectivamente.

Las previsiones para México y América Central son más optimistas para el año en curso con un crecimiento de 2,1%.

Sin embargo, Carlos Arteta, economista líder del Grupo de Perspectivas Globales de Desarrollo del Banco Mundial, explicó que en México el avance será de 1,8%, una ligera baja con respecto al 2% que registró en 2016.

“Creemos que en México la inversión podría reducirse ligeramente el 2017, principalmente a raíz de la incertidumbre generada por los posibles cambio en políticas en Estados Unidos”, dijo Arteta.

En el Caribe se prevé un crecimiento estable del 3,1%