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El Papa y la Curia en ejercicios. Meditación octava.

Ejercicios Espirituales; “la envidia” que impide comprender la lógica de la misericordia

La octava meditación de José Tolentino en Ariccia se concentró sobre la parábola del Hijo pródigo. La reflexión de ayer fue sobre las fragilidades del hombre: «El demonio quiere ser adorado, pero Jesús enseña a no dejarse esclavizar por nadie»
ANSA

El Papa y la Cruia Romana durante las meditaciones de los Ejercicios Espirituales

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Pubblicato il 22/02/2018
Ultima modifica il 22/02/2018 alle ore 16:58
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

 

No es Dios, sino el Yo «el principio y el fin de todas las cosas». Este es el problema más grave de nuestro tiempo, dictado por la «sociedad de consumo» que identifica «la felicidad con la saciedad» y dominado por «un deseo a la deriva» que lleva al fácil arbitrio, al capricho, al hedonismo. «Un vórtice engañoso», según lo definió José Tolentino Mendonça en su meditación (la octava) de los Ejercicios Espirituales de Cuaresma con el Papa y la Curia en Ariccia, durante la que describió con amargo realismo y matices poéticos la actualidad.

 

El hilo conductor de su reflexión, publicada por Vatican News, fue el tema de la “sed”, concebida como deseo profundo del ánimo humano que debería acercar a Dios, pero que, por el contrario, a menudo se convierte en «fantasías de omnipotencia» y en «expectativas enfermas» que nos llevan a dar «pasos en falso». Un proceso que se demuestra evidente en la parábola del Hijo pródigo, en la que se describe la vida de «una familia humana como aquellas de las que provenimos cada uno de nosotros». Es una historia «que nos aferra dentro» y que refleja uno de los desafíos humanos más arduos: «la relación entre hermanos».

 

En el relato evangélico hay dos hermanos: ambos se equivocan, afirmó el predicador, por un u otro motivo. El más joven, llevado por una necesidad de libertad («un deseo a la deriva»), toma decisiones completamente equivocadas para su vida. Por otra parte, el hijo mayor vive carcomido por la «envidia»: una «patología del deseo», subrayó Tolentino, que indicó la «reivindicación estéril e infeliz» de un amor que parece faltar.

 

El hijo mayor no logró resolver la relación con su hermano y todavía está «lacerado por la agresividad, barreras y violencia». Los mismos sentimientos «que con gran facilidad se infiltran en nosotros»: «la dificultad de vivir la fraternidad, la pretensión de condicionar las decisiones del padre, el rechazo de alegrarse con el bien del otro», reveló el padre José. «Todo ello crea en él un resentimiento latente y la incapacidad de apreciar la lógica de la misericordia».

 

Una lógica cuyo ícono absoluto es el padre de la parábola, como también ha explicado a menudo el Papa Francisco . Este hombre «tiene dos hijos y comprende que debe relacionarse con ellos de maneras diferentes, reservarle a cada uno una mirada única» Esta es, a final de cuentas, la misericordia: «No darle al otro lo que se merece», sino dar «compasión, bondad, perdón». Es «dar mucho más, ir más allá», un «exceso de amor» que cura las heridas. «La misericordia es uno de los atributos de Dios. Creer en Dios es, pues, creer en la misericordia. La misericordia es un Evangelio que por descubrir», afirmó el sacerdote.

 

Entonces, la parábola del Hijo pródigo nos interroga y nos pone en tela de juicio, porque resalta que «dentro de nosotros, en verdad, no hay solamente cosas bellas, armoniosas, resueltas. Dentro de nosotros hay sentimientos sofocados, muchas cosas que aclarar, patologías, innumerables hilos que conectar. Hay zonas de sufrimiento, ámbitos que reconciliar, memorias y cesuras». Todas ellas, concluyó Tolentino, se las debemos dejar «a Dios para que las cure».

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El Papa y la curia en ejercicios. Meditación séptima.

El Santo Padre en la capilla de la Casa del Divino MaestroEl Santo Padre en la capilla de la Casa del Divino Maestro 

Ejercicios espirituales del Papa y la Curia romana: “Beber de la propia sed”

En la séptima meditación de los Ejercicios espirituales que imparte el sacerdote portugués José Tolentino de Mendonça – en los que participa el Santo Padre y la Curia romana en la localidad de Ariccia – el predicador abordó el tema de “Beber de la propia sed”

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

Prosiguiendo con sus reflexiones sobre “la ciencia de la sed”, por la mañana de la cuarta jornada de Ejercicios el predicador comenzó diciendo que sobre Dios y sobre el camino espiritual, “a nosotros los creyentes nos hace bien escuchar a los no creyentes”, tal como él mismo puede testimoniarlo en primera persona, puesto que a lo largo de los años le han enseñado mucho.

“La fe no es un podio”, sino un camino. Es una de las afirmaciones del predicador que dijo que “con gran facilidad nos convertimos en “custodios de lo sagrado, en lugar de buscadores”. Y añadió: Nos comportamos “como administradores, en lugar de considerarnos exploradores, que se interrogan y que están enamorados”. Asimismo aludió al carácter sedentario como enfermedad típica de nuestro siglo, en que nuestros hábitos suelen estar cada vez más viciados por el confort de la vida moderna, mientras se asiste a una grave disminución de la actividad física. Sí, porque somos una “sociedad de gente detenida, encerrada en las diversas cápsulas en las que se transcurre la vida cotidiana. De ahí la pregunta de si el carácter sedentario no ha ido también a la vida espiritual y si la Iglesia no ha perdido su fibra muscular, convirtiéndose en una Iglesia de oficina, sumamente ocupada que no tiene tiempo para ponerse en marcha y en camino.

VII Meditación

Beber en el propio pozo

En otro punto de su predicación, el Padre Tolentino dijo que “debemos aprender a beber de nuestra sed”. Es decir, tener la osadía de valorarla espiritualmente. Y aludió al libro del teólogo Gustavo Gutiérrez titulado “Beber del propio pozo”, en que presenta la espiritualidad como una aventura comunitaria, como el caminar de un pueblo que procede siguiendo las huellas de Jesús, no en condiciones históricas idealizadas, a salvo de las dificultades y los sufrimientos, sino a través de la soledad, la fatiga y las amenazas del desierto, como el pueblo de Dios en su éxodo hacia la Tierra Prometida.

Además dijo que “la fe no resuelve nuestra sed”. Sino que con frecuencia la intensifica y hasta la hace incluso más dramática. Y sin embargo – añadió – la fe “nos ayuda a ver en la sed una forma de camino y de oración”.

La fuerza se manifiesta en la debilidad

Tras recordar que Santa Teresa de Jesús – que sabía conjugar muy bien la santidad con el sentido del humor – afirmó que estamos llamados a vivir el don de Dios hasta el final, en la fragilidad, en la debilidad, en la tentación y en la sed. Y si bien las tentaciones existirán siempre, lo que cambia en un proceso de maduración humana y espiritual, es nuestro modo de acogerlas, la sabiduría para interpretarlas y la libertad interior que desmiente los determinismos.

Una existencia atacada por la sed

Por otra parte, avanzando en su meditación, el predicador afirmó que “el sueño de la perfección puede ser un camino que nos mantiene en la superficie y que nos impide acceder a la autenticidad de la vida. “Jamás encontraremos la paz – prosiguió diciendo – si escuchamos esa ceguera que nos sugiere que el conflicto está superado. Sólo tendremos paz cuando seamos capaces de escuchar y de abrazar la danza contradictoria que agita nuestra sangre… Es allí donde se escuchan mejor los ecos de la victoria del Resucitado”.

Las tentaciones de Jesús: de nuestra sed a la sed de Dios

En este punto de su reflexión, el padre Tolentino invitó a dirigir la mirada hacia Jesús y a imaginar las le voces contrastantes que habrá oído a lo largo de su vida, las presiones que habrá advertido, el conflicto interior, los dilemas que le esperaban, el peso insostenible de las expectativas de quien lo quería rey, o taumaturgo, etc., hasta llegar a un “fácil mesías”. Y agregó que las tres tentaciones de Jesús son emblemas de nuestra sed y, sobre todo, de la sed de Dios que Él enciende en nosotros, revelándonos su imagen, su rostro.

Y entonces, ¿de qué vivimos?

Llegado a este punto el predicador se detuvo a considerar aquella respuesta de Jesús: “Está escrito que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Y destacó que Jesús no sólo plantea el problema del pan o de la materialidad de la vida, sino que nos lleva más lejos, desde el momento en que nos obliga a confrontarnos con lo que nos hace vivir, puesto que precisamente, no vivimos sólo de pan…

Jesús – prosiguió – nos pone ante una pregunta ineludible, dejándola abierta para que nos contemplemos en ella como ante un espejo: “¿De qué tenemos sed, y qué es lo que sacia verdaderamente nuestra sed?”. De manera que Jesús “relanza la cuestión de fondo del ser humano”, cuestión que no se reduce a la lucha por la supervivencia, ni se explica solamente con ella, porque “el ser humano es más”. Y la vida está llamada a ser más.

Si nuestro pan será más que pan, si se dejará atravesar por la palabra que sale de la boca de Dios, ganará un poder que el sencillo pan no posee y podrá convertirse en comida para muchos tipos de hambre. De ahí las preguntas: “¿De qué vivimos?; ¿Cuál es nuestra verdadera hambre, nuestra verdadera sed?; ¿Dónde termina y a dónde conduce?”.

Amar a Dios por lo que nos quita

Para creer – dijo el predicador tras aludir a la segunda tentación de Jesús – queremos ver satisfecha nuestra sed. Y Jesús nos enseña a entregar, como oración, el silencio, el abandono y la sed. A la vez que nosotros queremos amar a Dios por lo que nos da. Pero de a poco aprendemos que este modo de ver es un lugar de tentación. De hecho, la Madre Teresa de Calcuta decía: “Quiero amar a Dios por aquello que me quita”.

¿Qué ha hecho de mí el poder?

Después de referirse a la tercera tentación de Jesús, el Padre Tolentino afirmó que el cristiano debe preguntarse siempre, no sólo “¿qué  hago con el poder que tengo o con el que me ha sido encomendado”?, sino también: “¿Qué ha hecho de mí el poder?”. Sí, porque es un riesgo enorme, cuando la tentación del poder nos aleja del misterio de la Cruz. Cuando deja de ser claramente un servicio a los hermanos y se convierte en delirio de auto-afirmación y de auto-referencialidad. Y a no olvidarnos de que Jesús se negó categóricamente a arrodillarse ante Satanás, sino que voluntariamente se arrodilló ante los discípulos para lavarles los pies. Y concluyó diciendo: “No somos patrones, somos pastores”.

21 febrero 2018, 19:06


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El Papa y la Curia en ejercicios. Meditación sexta.

Ejercicios Espirituales de Cuaresma del Papa y de la Curia romanaEjercicios Espirituales de Cuaresma del Papa y de la Curia romana  (Vatican Media)

Ejercicios Espirituales, VI meditación: Las lágrimas narran una sed

En la cuarta jornada de los Ejercicios Espirituales para el Papa y la Curia romana, el predicador portugués, José Tolentino de Mendonça en la sexta meditación afrontó el tema: “Las lágrimas narran una sed”

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“El Evangelio de Lucas es aquel que mayormente custodia la memoria de las mujeres… ¡Cuántas mujeres! Esta lista femenina de figuras que atraviesan el Evangelio podría naturalmente ser observada de manera diversa, pero una cosa es cierta, no podemos ignorarla”, con estas palabras el predicador portugués, José Tolentino de Mendonça, introdujo la sexta meditación de los Ejercicios Espirituales para el Papa y la Curia romana, la mañana del miércoles 21 de febrero, en la Casa “Divino Maestro”, de la localidad romana de Ariccia.

Las mujeres nos abren el Evangelio

Las mujeres, dijo el Predicador, no están ausentes en los Evangelios, es un hecho, pero es necesario que aprendamos a apreciar mejor su presencia, porque en ellas podemos captar un estilo singular de búsqueda de Jesús y de un discipulado genuino. “Las mujeres del Evangelio – precisa el P. Tolentino – se expresan preferiblemente con gestos. Su fe busca la consolación de ser tocada (sensible, emotiva, abierta), en vez que la abstracción. Se empeñan en el servicio escondido, donde el bien del otro es colocado en primer lugar, más que en las preocupaciones de poseer el liderazgo o de estar siempre un paso adelante”.

Es curioso, afirma el sacerdote portugués, como el evangelista Lucas usa una fórmula en el capítulo 8, para describir a las mujeres que seguían a Jesús. Las mujeres “estaban con” Jesús (8,1-3), usa el mismo término que usa para describir a los 12 apóstoles. Pero el texto, agrega el Predicador, especifica una cosa que sólo se refería a las mujeres, es decir, “servían”. Y en la gramática de Jesús no existe un verbo más noble ni más religioso que este, “servir”. Y esta es la lección central de la enseñanza de Jesús, servir, y de ellas, las mujeres, no escucharemos grandes preguntas o comentarios; no vemos a ninguna de ellas preguntar a Jesús: ¿Señor son pocos aquellos que se salvan? (Lc13,23) ¿Maestro, que debo hacer para heredar la vida eterna? (Lc 10,25).

“En la mujer, existe una densidad existencial, un sabor de la cotidianeidad, que perfuma la fe; existe una sensibilidad que envuelve el todo de la vida, incluso cuando esta es minúscula y frágil”

Una especie de sed

Curiosamente, afirma el P. Tolentino, uno de los elementos que une a los varios personajes femeninos en Lucas, son las lágrimas. La viuda de Nain, la pecadora, las mujeres de Jerusalén… Las lágrimas, afirma el Predicador, expresan el exceso de algo: emociones, conflictos, alegrías, soledad, heridas. “Somos muchas veces arrastrados por nuestras mismas lágrimas – señala – lloramos incluso sin quererlo. Pero las lágrimas dicen que Dios se encarna en nuestras vidas, en nuestros fracasos, en nuestros encuentros”.

Sabemos muy poco de este misterioso país que son nuestras lágrimas, subraya el P. Tolentino, a pesar de ser un evento no verbal, no por esto las lágrimas no son un lenguaje, un grito fuerte a pesar de ser silencioso, una especia de sed que viene declarada y se revela, se expone. “Las mujeres de los Evangelios – agrega – conceden el derecho de la ciudadanía a las lágrimas, mostrando cuanto sea grande la importancia de este signo”. Porque las lágrimas son también la zona visible, transparente y viva de nuestros deseos; fluyen desde dentro de nuestro cuerpo, pero expresan la más recóndita e intensa interioridad. Ya que en los humanos, recuerda el Predicador, el llanto es siempre una forma de relación.

“Pensemos en nuestras lágrimas – invita el P. Tolentino – a las primeras que hemos derramado y a las ultimas, a las más recientes. Nuestra biografía puede ser narrada también a través de las lágrimas: de alegría, de fiesta, de emoción, y también de noche oscura, de sufrimiento, de abandono, de arrepentimiento y de constricción”. El dolor de aquellas lágrimas, afirma el Predicador, Dios las conoce todas y las acoge como una oración. Tengamos confianza en Él, no las escondamos a Él.

Las lágrimas de la mujer anónima

En el Evangelio de Lucas, 7,36-50 vemos una mujer llorar, señala el P. Tolentino, y que nos enseña a llorar. Se trata de la escena de la comida en la casa de un fariseo, donde aparece la figura de una mujer como una intrusa, va a esa casa sólo porque Jesús está ahí. “La mujer – puntualiza el P. Tolentino – es un personaje que va a seguir a Jesús, como una discípula anónima, discípula de Jesús in pectore, como lo son tantos de nuestros contemporáneos”.

En ese escenario, la mujer anónima presenta su propia historia y lo hace como puede: con su llanto prolongado, los cabellos sueltos y arrastrándolos sobre el piso de la casa, en una coreografía humilde y silenciosa, con besos y perfumes que ninguno había pensado ofrecer a Jesús. “No es un espectáculo agradable – señala el Predicador – pero la calidad afectiva de su gesto es testimoniado por el territorio simbólico en el cual se mueve, a los pies de Jesús, como una sierva”. Es esto lo que sorprende del relato, afirma el P. Tolentino, la mujer intrusa y silenciosa que narra su historia con las lágrimas. “Existen muchas maneras de llorar, que revelan no solamente la intensidad de nuestro dolor, sino también la naturaleza de nuestra sensibilidad. Porque cuando lloramos – agrega – incluso en la más íntima soledad, en realidad nos esforzamos para que alguien lo vea. Es la sed del otro lo que nos hace llorar”.

“En estas ocasiones, las lágrimas son una súplica a una presencia capaz de acoger nuestra confianza sin palabras y abrazar nuestra vida, sin juicios y por completo”

¿Ves a esta mujer?

Sabemos que los fariseos representaban en el judaísmo común, no sólo el devoto celo por Dios y por la Ley, recuerda el P. Tolentino, sino también la obediente observancia de los mandamientos en la vida diaria. Por ello, para los fariseos mantener la pureza ritual en ciertas circunstancias era fundamental. Es por esto que la presencia de la intrusa y su llanto los llevaron a exclamar: ¿ves a esta mujer? Muchas veces tomamos fácilmente una distancia crítica de la religiosidad popular, donde se expresa también con abundancia de lágrimas, afectividad o necesidad de tocar. Contrariamente, Jesús dirige la pregunta a los comensales: ¿Ves a esta mujer? Y la presenta como la verdadera discípula, que ha hecho lo que los otros no hicieron con sus besos y su perfume, elementos que evocan el agua, el aceite y el beso.


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El Papa y la Curia en ejercicios. Meditación quinta.

2018.02.18-Casa-Divin-Maestro-AricciaEl Papa y la Curia romana en la capilla de la Casa del Divino Maestro en Ariccia durante los Ejercicios espirituales en preparación a la Pascua  (Vatican Media)

Ejercicios espirituales del Papa y la Curia romana: “La sed de Jesús”

En la quinta meditación de los Ejercicios espirituales que imparte el sacerdote portugués José Tolentino de Mendonça – en los que participa el Santo Padre y la Curia romana en la localidad de Ariccia – el predicador abordó el tema de “La sed de Jesús”

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

Prosiguiendo con sus reflexiones sobre “la ciencia de la sed”, por la tarde de la tercera jornada de Ejercicios el predicador comenzó recordando que Jesús, sabiendo que ya todo se había cumplido, a fin de que la Escritura se cumpliera, dijo: “Tengo sed”. Y puesto que allí había un vaso lleno de vinagre, le acercaron a la boca una esponja. De manera que el Señor, tras haber tomado el vinagre dijo: “Se ha cumplido”, e inclinando su cabeza entregó su espíritu, tal como relata el Evangelio de Juan.

De este relato el predicador destacó que es interesante notar que los Padres de la Iglesia no valoraran tanto el inmediato sentido alegórico contenido en la declaración de sed de Jesús, cuanto la interpretación prevalente como sed corporal, puesto que estaban motivados a subrayar de modo especial el aspecto físico y psicológico de los sufrimientos del Hijo de Dios. Y en este contexto, consideraban que la sed era importante, sobre todo, como prueba de su encarnación y como signo del realismo de su muerte.

Tras hacer algunas disquisiciones sobre los diversos modos de pensar, el predicador afirmó que cada época se identifica con una palabra o busca la gramática precisa que mejor ilumine esto que nos hace pensar. Y es – agregó – muy revelador también, que los lectores de hoy nos anclemos al tema de la sed de Jesús relacionándolo con la escasez y el grito que habitan dentro de nosotros.

Para una hermenéutica de la sed

En el este segundo punto, el Padre Tolentino destacó que a lo largo del Evangelio Juan emplea tres veces el verbo “dipsan”, que significa “tener sed”. En efecto, lo propone en la escena con la mujer samaritana, donde Jesús le dice “quien beba de esta agua tendrá de nuevo sed, per el que beba del agua que yo le daré, ya no tendrá más sed; puesto que el agua que yo le daré será fuente de agua para la vida eterna”. O cuando la mujer le pide: “Señor, dame de esta agua, para que yo ya no tenga más sed y no siga viniendo aquí para tomar el agua”; o cuando en la auto-declaración del pan de vida Jesús dice: “Yo soy el pan de vida; quien viene a mí no tendrá hambre y quien cree en mí jamás tendrá sed”.

La sed de la samaritana y la sed de Jesús

En este tercer punto de su meditación, el predicador destacó que en el encuentro con la samaritana se produce un cambio de papeles que no debe pasar inobservado. Sí, porque Jesús pide beber, pero es Él quien da de beber. Naturalmente la samaritana no entiende inmediatamente las palabras del Señor que le promete agua viva, pero está claro – dijo el Padre Tolentino – que Jesús aludía a un sentido espiritual. Que su deseo apuntaba siempre “a otra sed”, como Él mismo le explicó a la mujer: “Si tú conocieras el don de Dios y quién es el que te dice ‘dame de beber’, tú se la habrías pedido a Él y Él te habría dado el agua viva”.

El que tanga sed, que venga a mí

En este cuarto punto el predicador se refirió a “la sed de los creyentes” de la que habla Jesús, es decir de “nuestra sed”. Y dijo que podemos concluir que la sed de Jesús es sed de dar agua viva, la sed de conceder a la Iglesia el don del agua viva. A la vez que para los creyentes – dijo – “la sed de agua viva es una sed de profundización de la fe”, es sed de “penetrar en el misterio de Jesús”, es “sed del Espíritu”. Y para Jesús, “la sed es el deseo de dar a todos estos dones”.

La sed de Jesús revela la sed humana

En el quinto punto de su predicación, el Padre Tolentino se preguntó: “¿Por qué Jesús dice a la Iglesia que tiene sed?” Y explicó que esta sed de Jesús en la cruz tiene una dimensión reveladora, que nos permite comprender la elección que alberga en el corazón humano y nos dispone a servirla, puesto que la sed de Jesús “ilumina y responde a la sed de Dios, a la carencia de sentido y de verdad, al deseo que subsiste en cada ser humano de ser salvado, incluso si se trata de un deseo oculto o sepultado bajo los detritos existenciales”. Por esta razón aquella palabra de Jesús – “¡Tengo sed!” – constituye una efectiva serie de deberes para la Iglesia de todos los tiempos, y de modo especial para los nuestros.

Acoger al Espíritu, don de la sed

En este último punto de su meditación vespertina el predicador afirmó que el Espíritu sigue haciéndonos oír la voz de Jesús que dice: “¡Tengo sed!”. Sí, porque es el Espíritu de la Verdad, el Consolador, el Re-creador, Aquel que dentro de nosotros defiende la Buena Nueva liberadora y resplandeciente del Evangelio.

Y destacó que el Espíritu activa en nosotros la capacidad de creer, de esperar y de seguir siendo fieles al Amor mismo. Porque cada cristiano – dijo al concluir – es una consecuencia del Espíritu Santo. Y nosotros profesamos el símbolo de nuestra fe porque el Espíritu Santo está en nosotros.

De ahí la necesidad de redescubrir al Espíritu Santo; puesto que sin Él la Iglesia es sólo memoria, mientras es el Espíritu el que dice “el cristianismo es también presente y futuro. Y hoy nosotros estamos llamados a vivir con alegría también el sufrimiento, la persecución, la enfermedad, el luto y la muerte. Estamos llamados a vivir en la esperanza toda situación de la vida, “porque el Espíritu Santo, la fuerza de Dios, el viento, el soplo, el aliento, el respiro, está en nosotros, que no hemos perdido el principio vital”.

Síntesis de la 5ª meditación de esta jornada de Ejercicios espirituales
20 febrero 2018, 17:26


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El Papa y la Curia en ejercicios. Meditación cuarta

El Papa y la Curia Romana en la Casa Divino Maestro en AricciaEl Papa y la Curia Romana en la Casa Divino Maestro en Ariccia  (Vatican Media)

Ejercicios Espitiruales: El remedio contra la sed de nada es la comunión con Jesús

El Padre Tolentino predicó esta mañana la cuarta meditación de los Ejercicios Espirituales del Papa y los miembros de la Curia Romana, en la casa Divino Maestro, en Ariccia

Sofía Lobos – Ciudad del Vaticano

La sed de nada que nos enferma

“Lo opuesto a la sed es a veces, en nuestra vida, la acedia, esta “sed de nada” que nos invade, más o menos imperceptiblemente, y nos hace enfermar”; con estas palabras inicia la cuarta meditación del padre Tolentino, encargado de guiar los Ejercicios Espirituales de Cuaresma que están realizando esta semana el Papa Francisco y algunos miembros de la Curia Romana, citando un fragmento escrito por el filósofo Søren Kierkegaard en su famoso Diario donde describe con cierto detalles una situación parecida.

“Extraña inquietud que a menudo me agarra. Es decir, me parece que la vida que vivo no es la mía, sino que corresponde punto por punto a la de otra persona, sin que yo pueda hacer nada por evitarlo. No tengo ganas de nada. No tengo ganas de caminar, eso me cansa; no quiere recostarme porque debería estar un largo tiempo tumbado y eso no me va; tampoco levantarme de inmediato me agrada. No quiero cabalgar, es un ejercicio demasiado duro para mi apatía”.

“ Lo opuesto a la sed es a veces, en nuestra vida, la acedia, esta sed de nada que nos invade, más o menos imperceptiblemente, y nos hace enfermar ”

“Y es justamente así: ya no tenemos más ganas de nada, miramos la vida sin color, sin sabor, con esta sed de nada que acaba enfermándonos”, explica el padre Tolentino señalando que no es la sed en sí misma la que nos hace “morir en vida”, sino que precisamente esta sed es la que nos enseña el arte de buscar, de aprender, de colaborar… la pasión de servir”.

IV Meditación

El riesgo de abandonarse en uno mismo

El peligro reside por tanto, en dejarse ahogar por esa “sed de nada” que deriva en indiferencia, en apatía, en la falta de interés por los demás y en el encierro en uno mismo.

Un riesgo que afecta a todos, tanto de manera individual como de manera colectiva, cuando hablamos por ejemplo de la Iglesia como Institución, como familia y comunidad, que también puede dejarse arrastrar a la deriva por este “deseo de nada”.

“ El peligro reside por tanto, en dejarse ahogar por esa sed de nada que deriva en indiferencia, en apatía, en la falta de interés por los demás y en el encierro en uno mismo ”

Esa “psicología de la tumba” de la que habla Evangelii gaudium cuando advierte sobre los peligros de que los cristianos, poco a poco, se conviertan en momias de museo: desilusionados con la realidad, con la Iglesia o consigo mismos, viven la constante tentación de apegarse a una tristeza dulzona, sin esperanza,que se apodera del corazón como «el más pre-ciado de los elixires del demonio».

La anatomía de la tristeza

Por otra parte, uno de los sinónimos de acedia, entendida como “apatía del alma”, es la tristeza. Y en este sentido tenemos que reconocer que, a menudo nuestra tristeza, es la misma que la de aquel joven rico, que aún habiendo sido llamado por Jesús, no lo sigue.

En tres ocasiones encontramos en los textos evangélicos esa narración, (Mt 19,16-22; Mc 10,17-22; Lc 18,18-23) y asistimos al “colapso del deseo” en el joven que antes, se había arrodillado delante de Jesús llamándolo “Maestro Bueno”, pero que al final no lo sigue.

“ Uno de los sinónimos de acedia, entendida como apatía del alma, es la tristeza. Y en este sentido tenemos que reconocer que, a menudo nuestra tristeza, es la misma que la de aquel joven rico que aún habiendo sido llamado por Jesús, no lo sigue. ”

Todo parece indicar que tenía una sed grande y sincera de Jesús, y cumplía con los mandamientos desde su juventud, no obstante, en la hora decisiva prefirió la seguridad y la protección de aquello que consideraba que eran sus bienes, en lugar de lanzarse a la aventura abierta de vivir en confianza con el Señor, con esa disponibilidad que una relación de tal magnitud exige por parte de nosotros.

“Por tanto, no es raro que nuestra tristeza provenga precisamente de esta incapacidad de entregarnos al Señor”, añade el padre Tolentino.

La debilitación del deseo que marca el alma

Y en este sentido, el fragmento 82 de la Exhortación apostólica Evangelii gaudium nos puede ayudar a realizar un examen de conciencia oportuno sobre esa debilitación del deseo que no raramente nos caracteriza.

“ No es raro que nuestra tristeza provenga precisamente de esta incapacidad de entregarnos al Señor ”

Dice el Papa Francisco: “El problema no es siempre el exceso de actividades, sino sobre todo las actividades mal vividas, sin las motivaciones adecuadas, sin una espiritualidad que impregne la acción y la haga deseable.

De ahí que las tareas cansen más de lo razonable, y a veces enfermen. No se trata de un cansancio feliz, sino tenso, pesado, insatisfecho y, en definitiva, no aceptado. Esta acedia pastoral puede tener diversos orígenes. Algunos caen en ella por sostener proyectos irrealizables y no vivir con ganas lo que buenamente podrían hacer. Otros, por no aceptar la costosa evolución de los procesos y querer que todo caiga del cielo. Otros caen en la acedia por no saber esperar y querer dominar el ritmo de la vida. El inmediatismo ansioso de estos tiempos hace que los agentes pastorales no toleren fácilmente lo que signifique alguna contradicción, un aparente fracaso, una crítica, una cruz”.

Aprendan de mí

El mejor remedio para luchar contra esa acedia, esa tristeza, esa indiferencia y apatía del alma, nos lo ofrece Jesús mismo, quien nos invita a vivir en comunión con Él, no sólo cultivando un vínculo intelectual sino configurándonos en su Pasión, viviendo el estilo de vida según el suyo.

En su Palabra encontramos todo lo que nuestra alma necesita para encontrar sentido y esperanza; ya que muchas veces la razón de nuestra desesperación, nuestras caídas y nuestro cansancio es precisamente nuestra necesidad de buscar regugio en Dios para poder superar todo esto.

“ El mejor remedio para luchar contra esa acedia, esa tristeza, esa indiferencia y apatía del alma, nos lo ofrece Jesús mismo, quien nos invita a vivir en comunión con Él ”

Y es eso lo que Jesús nos propone cuando dice: “Vengan a mí  todos los que estén cansados y agobiados y yo les daré descanso. Tomen mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera». (Mt 11, 28-30).

 

 


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El Papa y la Curia en ejercicios. Meditación segunda.

Pope Francis arrives at Casa del Divin Maestro El Papa y la Curia romana en la capilla de la Casa del Divino Maestro en Ariccia durante los Ejercicios espirituales en preparación a la Pascua  (ANSA)

Ejercicios espirituales del Papa y la Curia: “Poner nuestra sed en Dios”

En la segunda jornada de Ejercicios espirituales en los que participa el Santo Padre y la Curia romana en la localidad de Ariccia el predicador meditó acerca de “la ciencia de la sed”

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

El sacerdote portugués José Tolentino de Mendonça – llamado hasta el próximo 23 de febrero a predicar los Ejercicios espirituales en los que participa el Papa Francisco junto a los demás miembros de la Curia Romana – en la Casa del “Divino Maestro” de Ariccia, no muy lejos de Roma – ha elegido el tema del “elogio de la sed”.

En efecto, tal como él mismo lo explicó en una reciente publicación, se trata de un tema bíblico, que ha sido elaborado muchas veces por la tradición cristiana, y que es, al mismo tiempo, un “mapa real y sumamente concreto, que nos ayuda a mantenernos sintonizados con la vida diaria”, puesto que – como dijo – siente interés, sobre todo, por una espiritualidad de la vida cotidiana”.

Asimismo afirmó que para el sacerdote el corazón “es un ilimitado depósito de sed”: sed de amor, de verdad, de reconocimiento, de razones de vivir, de justicia y de infinito, sin olvidar que “Jesús se identificó con los sedientos, mientras que una de sus últimas palabras en la cruz fue: ‘Tengo sed’. De modo que la sed llega a ser así una hermenéutica necesaria, no sólo para alcanzar el corazón humano, sino también para comprender el misterio de Dios”.

De la misma manera explicó que aun trabajando desde hace tantos años en la Universidad Católica de Lisboa –  donde actualmente es vicerrector, además de ser consultor del Consejo Pontificio para la Cultura – se siente un “pobre sacerdote, un sacerdote de la calle”, a quien el Santo Padre le pidió su colaboración para estos Ejercicios espirituales de Cuaresma también para “compartir su pobreza”.

La promesa de Dios frente a la insuficiencia humana

La última frase que pronunció Jesús en según el libro del Apocalipsis es una invitación: “El que tenga sed, venga”. A partir de aquí el predicador José Tolentino desarrolló su reflexión para guiar a los participantes a comprender los contornos de esa “abundancia”, de esa “gratuidad” de vida que el Hijo de Dios ofrece al hombre y a evaluar su respuesta hoy.

Sí, porque como explicó, Jesús promete saciar nuestra sed reconociendo que somos “incompletos y en construcción”; puesto que Él sabe “cuántos obstáculos nos frenan” y cuántas “derivas nos atrasan”. Estamos “tan cerca de la fuente – dijo – y vamos tan lejos”. A la vez que, en el deseo y en la sed se encuentran dos sentimientos contrastantes: la atracción y la distancia, el entusiasmo y la vigilancia. De modo que la pregunta que hay que hacerse es si deseamos a Dios, si sabemos reconocer nuestra sed y si nos tomamos el tiempo para descifrarla.

No es fácil reconocer la sed de Dios

A partir de estos interrogantes, el predicador entró en un recorrido que fue desde la Biblia, hasta los textos del dramaturgo Ionesco, pasando por las páginas del Principito de Saint-Exupéry, para poner de manifiesto los perfiles efectivos de la sed como necesidad física, como reconocimiento de nuestros límites y de nuestra extrema vulnerabilidad.

“La sed nos priva del respiro, nos agota, nos extenúa. Nos deja sedientos y sin fuerzas para reaccionar – afirmó – y nos lleva al límite extremo”. Por esta razón – prosiguió – se comprende que no sea fácil exponerse a la sed”. Y si tuviéramos que relatar la parábola de nuestra sed, quizá surgiría el protagonista  masculino de “La sed y el hambre” de Ionesco. En efecto, se trata de una figura devorada por un “infinito vacío”, una inquietud que parece que no se puede aplacar y que lo transforma en “un hombre sin raíces, ni casa, incapaz de crear vínculos, perdido en el vacío del laberinto en el que sólo escucha el rumor solitario de sus propios pasos”.

El consumismo espiritual del hombre de hoy

He aquí la sed del hombre de hoy. Una sed que – tal como explicó el predicador – “se trasmuta en la desafección con respecto a lo que es esencial, en una incapacidad de discernimiento”. Porque el consumismo hoy no es sólo material, sino también espiritual, y “lo que se dice de uno, ayuda a comprender al otro”. Mientras que el hecho es que nuestras sociedades – que “imponen el consumo como criterio de felicidad – transforman el deseo en una trampa”. En efecto, cada vez que pensamos en apagar nuestra sede en una “vidriera”, en una “compra”, en un “objeto”, su posesión comporta su devaluación y esto hace crecer en nosotros el vacío. Porque el objeto de nuestro deseo es “un ente ausente”, es un “objeto que siempre falta”. Y sin embargo – añadió –  “el Señor no deja de decirnos: ‘El que tenga sed, vega; quien lo desea, beba gratuitamente el agua de la vida’”.

Poner nuestra sed en Dios

Hay muchos “modos de engañar las necesidades y de adoptar una actitud de evasión espiritual – concluyó diciendo el padre José Tolentino – sin tomar conciencia jamás de que estamos en fuga”: “Aducimos sofisticadas razones de rentabilidad y de eficacia”, sustituyendo con ellas “la auscultación profunda de nuestro espacio interior y el discernimiento de nuestra sed”.

Y dado que “no existen las píldoras que resuelvan mecánicamente nuestros problemas”, el padre José Tolentino invitó al concluir, a ralentizar “nuestro paso”, a “tomar conciencia de nuestras necesidades”. Sentémonos a la mesa de la fe, no por razones materiales o económicas – dijo – sino “por razones de vida”. La sed de “relaciones, de aceptación y de amor” está presente en todo ser humano, es un patrimonio “biográfico” que estamos llamados a reconocer y del que debemos dar gracias. No es algo banal, y entonces “pongamos en Dios nuestra sed”.

Síntesis de la meditación de esta jornada de Ejercicios espirituales
19 febrero 2018, 09:42


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El Papa y la curia vaticana en ejercicios espirituales. Meditación primera

La cappella della Casa Divin Maestro di Ariccia che ospita fino al 23 febbraio gli esercizi spirituali per il Papa e la Curia RomanaLa cappella della Casa Divin Maestro di Ariccia che ospita fino al 23 febbraio gli esercizi spirituali per il Papa e la Curia Romana  (Vatican Media)

Prima meditazione agli Esercizi del Papa: cercati dalla sete di Gesù

Papa Francesco e i collaboratori della Curia Romana, arrivati nel pomeriggio alla Casa Divin Maestro di Ariccia, hanno ascoltato il predicatore portoghese don Josè Tolentino de Mendonça commentare la prima parte del brano del Vangelo di Giovanni dedicato all’ incontro tra Gesù e la samaritana al pozzo di Giacobbe

Alessandro Di Bussolo – Città del Vaticano

Gesù che seduto al pozzo di Giacobbe chiede alla samaritana “Dammi da bere” ci meraviglia, ci lascia disarmati dallo stupore. Un giudeo che parla con una donna di Samaria, popolata da dissidenti con i quali gli ebrei non andavano d’accordo, ci sorprende come Gesù che si rivolge a noi per chiederci: “Dammi quello che hai. Apri il tuo cuore, Dammi quello che sei”. Inizia così la prima meditazione di don José Tolentino de Mendonça agli esercizi spirituali di Quaresima per il Papa e la Curia Romana, proposta questa sera nella cappella della Casa Divin Maestro dei Paolini di Ariccia.

Apprendisti dello stupore

Il teologo e poeta portoghese, vicedirettore dell’Università Cattolica di Lisbona, ha scelto come tema delle sue predicazioni l’ “Elogio della sete” e nell’introduzione, intitolata  “Apprendisti dello stupore”, commenta la prima parte del racconto di Giovanni (Gv 4.5-24) sull’incontro tra Gesù e la samaritana al pozzo.

La richiesta di Gesù provoca in noi perplessità e sconcerto, perché “siamo noi quelli venuti a bere” al pozzo, e sappiamo che la sete è fatica e bisogno. Ma Gesù è affaticato per il viaggio, e sta seduto vicino al pozzo. E nel Vangelo, quelli che stanno seduti per chiedere, ricorda don Tolentino, sono i mendicanti. Anche Gesù mendica, il suo “è un corpo che sperimenta la fatica dei giorni: consunto dalla cura amorevole degli altri”. Non è solo l’uomo ad essere mendicante di Dio. “Anche Dio è mendicante dell’uomo”.

 

Con la sua debolezza è venuto a cercarci

Con la sua debolezza, prosegue il predicatore portoghese, Gesù “è venuto a cercarci”. “Nel più abissale e notturno della nostra fragilità, sentiamoci compresi e cercati dalla sete di Gesù”. Che non è una sete d’acqua, è più grande: “E’ sete di raggiungere le nostre seti, di entrare in contatto con le nostre ferite”. Ci chiede: “Dammi da bere”. “Gliela daremo? Ci daremo da bene gli uni gli altri?”, si chiede ancora don José.

Riconosciamoci chiamati, perché è il Signore che prende l’iniziativa di venire incontro a noi. “Per quanto sia grande il nostro desiderio, ancora più grande è il desiderio di Dio”. E quando Gesù dice alla donna il vero della sua vita, “questo non la umilia né la paralizza. Anzi, si sente incontrata, visitata dalla grazia, liberata dalla verità del Signore”.

Dio sa che siamo qui e ci abbraccia

Sentiamoci abbracciati, conclude il predicatore degli esercizi spirituali per il Papa e la Curia Romana, perché “Dio sa che noi siamo qui”. E in questi giorni, “disimpariamo, per imparare quella grazia che renderà possibile la vita dentro di noi”. Nel nostro intimo diciamo: “Signore, io sono qui in attesa di niente”. Che è come dire: sono solamente in attesa di te, “in attesa di quello che tu mi dai”.

Da domani fino a venerdì 23 febbraio, le giornate del Papa e dei suoi collaboratori alla Casa Divin Maestro di Ariccia si apriranno alle 7.30 con la celebrazione della Messa, seguita da una prima meditazione alle 9.30. Alle 16 si terrà la seconda meditazione del predicatore, che precederà la recita dei vespri e l’adorazione eucaristica.