Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


Deja un comentario

Prever los conflictos y estudiar sus causas pide el Secret. Gen. ONU

Secretario General insta a líderes mundiales a fortalecer la diplomacia preventiva y abordar las causas de los conflictos

António Guterres, Secretario General de la ONU. Foto de archivo: ONU/Violaine Martin (

Share

18 de febrero, 2017 — El Secretario General de la ONU, António Guterres describió este sábado al mundo como un lugar peligroso donde presenciamos una multiplicación de nuevos conflictos y la perpetuidad de viejos enfrentamientos que nunca acaban, como Afganistán y Somalia.

Estas conflagraciones están cada vez más relacionadas y vinculadas a la amenaza global del terrorismo, advirtió Guterres en su discurso ante la Conferencia sobre Seguridad en Munich, Alemania.

El titular de la ONU llamó a fortalecer la diplomacia preventiva y los esfuerzos de mediación, así como las estrategias para abordar las causas de esos conflictos.

“Está claro que necesitamos abordar la fragilidad de los Estados y apoyarlos, así como a las instituciones y a la sociedad civil a ser más fuertes y resilientes para disminuir la tendencia de los Estados de involucrarse en situaciones de conflicto”, dijo el Secretario General.

Subrayó que la amenaza del terrorismo global es tan grande para todos los países que la decisión más inteligente es unirse para ponerle fin.

Sobre el tema opinó que para contrarrestar el terrorismo es necesario tanto enfrentarse a él en el terreno como eliminar las situaciones que permiten el fácil reclutamiento de personas.

En este sentido, adelantó que las reformas de la ONU incluirán modificaciones a las estructuras de la Organización que se ocupan de la lucha contra el terrorismo.

La ONU no peleará al terrorismo en el terreno, aclaró, pero existen 38 entidades que se encargan del tema, lo cual no es correcto, especificó Guterres.

Para ello, presentará a la Asamblea General un proyecto de reforma destinado a hacer esa tarea más efectiva y establecer mecanismos más apropiados de coordinación en la materia.

La Conferencia sobre Seguridad en Munich convoca a más de 500 líderes mundiales para abordar los desafíos en este campo a nivel regional e internacional.


1 comentario

El Cardenal Parolín en Davos (Suiza).

Card. Parolin: La personalidad del Papa aumentó la actividad diplomática de la Santa Sede

Jueves 19 Ene 2017 | 13:39 pm

Davos (Suiza) (AICA)

El Secretario de Estado de la Santa Sede cardenal Pietro Parolin habló este jueves 19 de enero, en el 47º Foro Económico Mundial que se celebra en Davos, Suiza. El cardenal se refirió, en particular, a los objetivos de la actividad diplomática de la Santa Sede en el mundo, de la crisis de la Unión Europea, la migración, el desarme, entre otros temas.

El cardenal Parolín señaló en primer lugar que la actividad diplomática de la Santa Sede aumentó mucho, en primer lugar, dijo, “por la personalidad del papa Francisco: ¡Esto es claro! Él asumió un gran papel como líder, conduciendo los desafíos globales de hoy”.

El Secretario de Estado destacó que Francisco “es reconocido como un líder mundial” y explicó que “cuando recibimos en el Vaticano a las delegaciones de diferentes Estados u organizaciones, normalmente todos reconocen este papel del Papa” y dijo que “esto fue muy claro, por ejemplo, en la Conferencia de París sobre el Cambio Climático”.

El purpurado contó que después de su elección como Secretario de Estado, el Santo Padre le dio tres objetivos de la diplomacia del Vaticano. La primera: la lucha contra la pobreza; segundo: construir puentes, por medio del diálogo y el tercer objetivo lograr la paz mundial.

Si hay libertad religiosa están protegidos los otros derechos humanos
El cardenal Pietro Parolin se refirió seguidamente a la libertad religiosa y señaló que “uno de los principales objetivos de la Santa Sede es proteger, defender y promover la libertad religiosa, uno de los primeros derechos humanos” y añadió: “Si hay libertad religiosa también están protegidos y promovidos otros derechos humanos”.

Seguidamente señaló que “no sólo estamos trabajando por la libertad de la Iglesia o de la libertad de sólo los católicos: cuando hablamos de libertad religiosa estamos haciendo algo para todos, es de interés de todos los creyentes, pertenecientes a diferentes religiones y es el corazón de la acción de la Santa Sede” y añadió que le gustaría subrayar que “no se trata de defender y promover los derechos de los creyentes, yo diría, que es defender y proteger a la persona humana, la defensa de los derechos de la persona. Me gustaría hacer hincapié sobre todo en que hay una dimensión que no puede pasarse por alto u olvidarse si queremos salvar a la humanidad de hoy, que es la dimensión trascendente de la persona. La persona no puede reducirse solamente a una dimensión material: si no mantenemos esta dimensión trascendente, el futuro de la humanidad es realmente muy oscuro”, expresó.

En otro punto de su discurso el Secretario de Estado se refirió a la crisis europea y a la concepción puramente economicista y material que cobró la sociedad y en este punto hizo hincapié en la importancia de la religión.

“La religión no puede ser relegada a una dimensión privada o vinculada a los sentimientos de la gente, dijo el cardenal Parolin y añadió: “La religión tiene algo que decir en la escena pública. Ciertamente, en diálogo con otras religiones, ya que no pretendemos ningún supuesto privilegio para la Iglesia Católica. Vivimos en una sociedad plural, que se caracteriza por muchas religiones, y es importante que las autoridades reconozcan la función pública que la religión puede dar a la vida. En este sentido también podemos decir una palabra sobre el terrorismo, especialmente el terrorismo que puede ser una expresión de creencias religiosas: creemos que es una clara manipulación de la religión. El Santo Padre dijo muchas veces que la fe en Dios no puede reducirse a estos terribles actos contra las personas y contra la humanidad”.

El tema de la inmigración también estuvo presente en las palabras del cardenal Parolin al que definió como “el gran reto de hoy, no es cómo hacer que las diferencias no provoquen un enfrentamiento sino que las diferencias sean una fuente de enriquecimiento mutuo”.

“Existe el temor de perder la propia identidad, pero el cierre y la no aceptación del otro son las actitudes que nos empobrecen y hacen que no haya progreso. Tenemos que trabajar juntos y Europa, por desgracia, todavía no encontró la manera de desarrollar una política común en materia de migración”.

Por último el Secretario de Estado vaticano convocó a la paz y puso en duda la moralidad del concepto de disuasión nuclear. “La paz es el fruto de la justicia, dijo, y aclaró: “Una vez más hay que decir que una paz construida sobre el miedo no es la paz”.+


Deja un comentario

Mensaje del Papa al Presidente Donald Trump.

Mensaje del Papa Francisco al 45° Presidente de los Estados Unidos

2017-01-20 Radio Vaticana

(RV).- “Le pido que sus decisiones sean guiadas por los ricos valores espirituales y éticos que han formado la historia del pueblo estadounidense”, es la invitación del Papa Francisco en un mensaje dirigido a Donald Trump, con motivo de su toma de posesión en la Casa Blanca como nuevo Presidente de los Estados Unidos.

“Al inicio de su mandato como el cuadragésimo quinto Presidente de los Estados Unidos de América, afirma el Papa, le ofrezco mis buenos deseos y la seguridad de mis oraciones de que Dios Todopoderoso le conceda sabiduría y fortaleza en el ejercicio de su alto cargo”. En un momento en que nuestra familia humana está acosada por graves crisis humanitarias que exigen respuestas políticas unitarias y con visión de futuro, precisa el Pontífice, rezo que sus decisiones estén guiadas por los ricos valores espirituales y éticos que han formado la historia del pueblo estadounidense y el compromiso de su nación para la promoción de la dignidad humana y la libertad en todo el mundo”.

En su mandato, señala el Papa Francisco, la estatura de los Estados Unidos puede medirse sobre todo por su preocupación por los pobres, los marginados y los necesitados que, como Lázaro, están ante nuestra puerta. Con estos sentimientos, concluye el Obispo de Roma, le pido al Señor que le conceda a usted y a su familia, y a todo el amado pueblo estadounidense, sus bendiciones de paz, concordia y toda prosperidad material y espiritual.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)


Deja un comentario

Venezuela: el Vaticano deja por ahora la mesa de negociación.

Vaticano abandona (por ahora) diálogo en Venezuela

El enviado del Papa como garante de la mesa de diálogo entre el gobierno del presidente Nicolás Maduro y la oposición, Claudio Maria Celli, no volverá a Caracas
LAPRESSE

Mons. Celli, durante las negociaciones en Caracas

6
0
Pubblicato il 19/01/2017
Ultima modifica il 19/01/2017 alle ore 18:33
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

Un claro gesto diplomático. El enviado especial del Vaticano para la mesa de diálogo entre el gobierno y la oposición en Venezuela, Claudio Maria Celli, optó por renunciar a su visita de los próximos días al país sudamericano. Y aunque la Santa Sede no cancela definitivamente su participación en la búsqueda de una respuesta pacífica a la brutal crisis política y social, cada vez se aleja más la posibilidad de encontrar una salida.En una carta enviada por el nuncio apostólico en Caracas, Aldo Giordano, a la alianza opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), se anunció que el ex presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales “no participará a las posibles reuniones previstas para estos días”.

El texto de la misiva, difundido en Venezuela y también en Roma por el blog especializado en asuntos vaticanos “Il Sismógrafo”, agregó que la Santa Sede designó al propio Giordano como su representante para los “eventuales encuentros” que podrían haber como seguimiento a la mesa, que desde diciembre se declaró en “fase de revisión” por el incumplimiento de acuerdos entre las partes.

Celli fue nombrado por el Papa Francisco como garante de las negociaciones entre el gobierno del presidente Nicolás Maduro y la MUD, con el objetivo de aplacar la crisis política y económica que sacude el país. Los dos primeros encuentros de diálogo tuvieron lugar el 30 de octubre y el 6 de diciembre, en medio de un clima de desconfianza mutua y con críticas de parte de varios líderes opositores emblemáticos, como el ex candidato presidencial Henrique Capriles.

Ante el poco avance en las conversaciones tras la primera ronda el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, escribió una carta a todas las partes. Ese documento, fechado el 1 de diciembre, dejó claras las condiciones vaticanas para continuar con su mediación, solicitada formalmente sea por el gobierno, sea por la oposición.

El texto incluyó cuatro requerimientos completos: “implementación urgente de medidas para aliviar la grave crisis de abastecimiento de comida y medicinas”; que “las partes concuerden el calendario electoral que permita a los venezolanos decidir, sin dilaciones, su futuro”; que se restablezca “cuánto antes” el rol constitucional de la Asamblea Nacional (en manos de la oposición) y que “se apliquen los instrumentos legales para acelerar el proceso de liberación de los detenidos” (presos políticos).

El documento pidió explícitamente que en el segundo encuentro, previsto para el 6 de diciembre, se presentasen propuestas concretas para avanzar en al menos tres de esas solicitudes. Y aunque era reservada, concluyó advirtiendo a los destinatarios que el Vaticano se reservaba el derecho de hacerla pública de considerarlo necesario. Finalmente su contenido se filtró a los medios.

En respuesta a la carta de Giordano, publicada este día, el secretario de la alianza MUD, Jesús Torrealba, respondió con otra misiva en la cual agradeció la participación de Celli en la mesa de diálogo y calificó de “comprensibles” las razones que llevaron a la Santa Sede “a no enviar (a su delegado), en las presentes circunstancias”.

“En diplomacia la ausencia puede ser una forma de ejercer presencia, y el silencio puede llegar a ser el más elocuente discurso. Hacemos votos porque este significativo gesto del Papa Francisco haga reflexionar a quienes, en el gobierno nacional, hicieron colapsar el mecanismo de diálogo con su sistemático incumplimiento de los acuerdos, los oriente a desandar la escalada de represión y acentuada intolerancia desatada desde el poder en las últimas semanas, con el conocido saldo de nuevos presos políticos y otras agresiones igualmente inaceptables”, apuntó.


Deja un comentario

El Presidente palestino visitará el sábado al Papa

Mahmoud Abbas visitará el sábado al Papa

El mismo día, el Presidente palestino inaugurará la embajada ante la Santa Sede, después de la entrada en vigor del acuerdo diplomático bilateral
LAPRESSE

Mahmoud Abbas con Papa Francisco, 8 de junio de 2014

24
0
Pubblicato il 09/01/2017
Ultima modifica il 09/01/2017 alle ore 17:25
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

El presidente palestino Mahmoud Abbas será recibido el próximo sábado 14 de enero de 2017 por Papa Francisco. Ese mismo día inaugurará la embajada palestina ante la Santa Sede, después de que, en enero del año pasado, entrara en vigor el acuerdo diplomático bilateral entre la Santa Sede y el Estado de Palestina.En el mensaje escrito en ocasión de la Navidad, el Presidente palestino anunció: «Dentro de poco iré al Vaticano para encontrar a Papa Francisco. En nuestro encuentro examinaremos diferentes argumentos de interés común, incluido el avance de la justicia y de la paz en la región, así como el aliento al diálogo interreligioso en vista de una mayor comprensión y respeto. Insistiremos en nuestra firme postura de que ningún Libro sacro debe ser utilizado como un motivo para justificar ningún tipo de crimen y de violaciones. También hablaremos sobre el histórico acuerdo entre el Estado de Palestina y la Santa Sede, un ejemplo para el resto de la región sobre cómo reforzar la presencia cristiana y sus instituciones». Los cristianos, escribió Abbas, «son la sal de esta tierra y no podemos concebir un Medio Oriente sin su elemento indígena cristiano. Seguiremos cooperando con los líderes de las Iglesias de Jerusalén, que son parte de Palestina y de su pueblo».

La Santa Sede, dijo justamente hoy el Papa (en su discurso a los embajadores acreditados ante la Santa Sede, durante la tradicional audiencia del año nuevo), «renueva también su urgente llamamiento para que se reanude el diálogo entre israelíes y palestinos, para que se alcance una solución estable y duradera que garantice la convivencia pacífica de dos Estados dentro de fronteras reconocidas internacionalmente. Ningún conflicto ha de convertirse en un hábito del que parece que nadie se puede librar. Israelíes y palestinos necesitan la paz. ¡Todo el Oriente Medio necesita con urgencia la paz!».


Deja un comentario

Venezuela: diálogo oposición-gobierno. Fracaso?

La sombra del fracaso sobre el diálogo entre Maduro y la oposición

El dilema de los obispos venezolanos: para ellos, el diálogo ya fracasó, pero no hay ninguna otra vía. Entonces, ¿qué hacer? Bloquear el referéndum revocatorio fue el principio de este fracaso
LAPRESSE

La mesa de negociación entre la oposición y el gobierno venezolano, con la participación de la Santa Sede y de Unasur

Pubblicato il 10/01/2017
Ultima modifica il 10/01/2017 alle ore 08:52
LUIS BADILLA – FRANCESCO GAGLIANO
El viernes 13, en Venezuela, si mantienen su palabra, dada hace poco más de un mes, el gobierno del Presidente Nicolás Maduro y la oposición reunida en la Mesa para la Unidad Democrática (MUD) deberían encontrarse para proseguir con el diálogo nacional que comenzó a finales de octubre, con la intermediación de la Unión de Naciones de Sudamérica (Unasur). Esta cita inminente, la tercera después de las de octubre y noviembre pasados, en realidad habría debido llevarse a cabo el pasado 6 de diciembre, pero fue anulada debido a la ausencia de la oposición. Al final, los mediadores de Unasur y el enviado pontificio para el diálogo, mons. Claudio Maria Celli, lograron fijar otra fecha, evitando una ruptura abiertamente esperada por muchas partes, tanto entre las filas del gobierno como entre las de las numerosas organizaciones políticas de la oposición.La situación actual no solo está enmarañada, sino también muy tensa, y la guerra mediática está cobrando un protagonismo cada vez mayor. Las voces sensatas, equilibradas y que verdaderamente desean seguir la vía del diálogo son pocas y cada vez se les escucha menos, cuando no son insultadas. La verborrea venezolana, agresiva, ofensiva e irresponsable ha alcanzado límites insostenibles. Faltan, principalmente, honestidad y sinceridad, y todos, sin excepciones, hacen doble juego y se ha llegado a una situación en la que el país ya no parece rehén de un grave conflicto político y social, sino más bien un territorio contendido en una guerra entre bandas para las cuales cualquier medio es legítimo.

A pesar de todos los llamados a las partes para que creen un clima de acuerdo y de encuentro (los últimos, por ejemplo, han sido de Papa Francisco en su mensaje Urbi et Orbi de Navidad y en el discurso que pronunció ante el Cuerpo diplomático), con tal de evitar comportamientos y actitudes dañinas para el diálogo, y a pesar de las autorizadas exhortaciones a respetar los acuerdos alcanzados, por mínimos y preliminares que sean, en estas últimas dos semanas las cosas no han mejorado; es más, en algunos momentos la tensión ha vuelto a estar por los cielos. Por este motivo, no pocos analistas temen que tampoco el próximo 13 de enero se llevará a cabo el encuentro. Los mismos observadores consideran que una nueva suspensión o postergación sería, en realidad, el fracaso definitivo de este diálogo. Otros expertos piensan que al final la táctica del tira y afloja acabará cediendo el paso a la razón, sobre todo porque la alternativa al diálogo es una sola: la guerra civil, y no es una posibilidad que pueda ser excluida por completo. Por ello, son importantes las palabras que pronunció el Nuncio en Caracas, monseñor Aldo Giordano, durante la apertura de la Plenaria episcopal del sábado pasado: «La historia demuestra que los pueblos, antes o después, dialogan. Mejor antes que después de miles de muertos».

El análisis del Episcopado: «el diálogo ha fracasado», pero…

En la apertura de la plenaria episcopal venezolana en curso, el presidente del Episcopado, monseñor Diego Padrón, arzobispo metropolitano de Cumaná, indicó que la Mesa para el diálogo no ha funcionado no solo porque la metodología elegida hubiera impedido que se verificaran resultados tangibles, sino también porque prevalecieron los discursos y las promesas sobre los hechos concretos. Fue, según el religioso, «una conjunción maligna de factores» la que minó este diálogo urgente e indispensable. Entre estos factores, monseñor Padrón subrayó principalmente tres: las partes no han tenido una voluntad sincera para dialogar, faltaron procedimientos imparciales necesarios para la evaluación de los consensos alcanzados y también fueron tanto insuficientes como inadecuados los instrumentos para definir con precisión los objetivos y la aplicación de los acuerdos.

El presidente de los obispos de Venezuela dijo textualmente: «La culpa del fracaso no fue del diálogo en sí, como mecanismo, ni de los facilitadores del proceso, en el que todos tuvieron una cuota, desigual, pero real, de preocupación, trabajo y responsabilidad, en particular, sino de las partes sentadas en la Mesa». El gobierno y la oposición, dijo el presidente del Episcopado, «no asumieron el diálogo en función del país, sino que lo consideraron más bien como una simple estrategia política, útil, no para dirimir los grandes conflictos que afectan a todos por igual, sino para fines particulares, incluso subalternos».

El arzobispo Padrón añadió: «A la vista de lo ocurrido, me atrevo a concluir que para el Partido oficial y el Gobierno, el diálogo fue más bien un instrumento para ganar tiempo y frenar la presión interna y externa, y en concreto, el Referéndum Revocatorio del mandato del Presidente de la República. Para los sectores opositores, e incluso algunos ex militantes del primer oficialismo y como también simpatizantes de los llamados “ni-ni”, fue ocasión para exhibir las innumerables deficiencias, principalmente del Poder Ejecutivo, pero también de los otros Poderes afines o dependientes de él, en materia de Derechos Humanos, economía, respeto a la autonomía de los Poderes del Estado, en particular del Poder Legislativo, y transparencia en sus ejecutorias».

En relación con la oposición, el arzobispo de Cumaná observó: «por honestidad y deber de justicia, los Jefes de algunos partidos políticos de la Oposición deberían admitir que en los días del Diálogo no se comportaron a la altura de las circunstancias. No quisieron “retratarse” hablando con un gobierno que nunca ha dado garantías reales de cumplir lo que promete. Prefirieron preservar sus candidaturas personales de todo riesgo político-electoral. Pero este comportamiento táctico no los libra de su responsabilidad frente al pueblo».

El bloqueo del referéndum revocatorio, que se dio por vías jurídica y administrativa, según monseñor Padrón es la fuente del fracaso del diálogo, puesto que ha impedido la mejor vía, y la única, para resolver un conflicto tan grave: es decir dar la posibilidad al pueblo para que se exprese. Esta decisión gubernamental ha sido una herida terrible para la democracia venezolana y no será fácil de curar. En este contexto, el religioso rechazó con desdén las críticas contra el diálogo, contra los mediadores, contra la Santa Sede y su enviado y contra el mismo Episcopado, acusados de haber favorecido la desmovilización popular. Tales críticos habían acusado al diálogo de haber anulado el impulso social que, en su opinión, habría logrado imponer el referéndum revocatorio. El obispo se opuso con vigor a estos ataques capciosos: el diálogo nunca ha pretendido entorpecer un saludable y fructuoso proceso democrático quitándole al pueblo la facultad de expresarse; en este caso el único culpable se llama Nicolás Maduro, indicó, « responsable primero y principal».

El presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela concluyó su análisis con estas dos consideraciones: a) Al diálogo, sobre todo en sus fases más delicadas, le faltó «el apoyo decidido y oportuno, de la ciudadanía y, más aún, de la Sociedad Civil organizada»; y b) «denigrar del diálogo en sí, como procedimiento de solución de conflictos, es un error político, histórico, sociológico, filosófico, estratégico, pero antes y aún más, es una falta de comprensión de lo que es el ser del hombre, una negación del sentido y valor de la relación humana fundamentada en la palabra compartida, pues los seres humanos somos constituidos humanos por la palabra», vehículo de «comunicación y comunión».

Monseñor Padrón se declaró convencido de que «más temprano que tarde los líderes políticos, para sacar a este país de la crisis que lo está destruyendo, invocando la democracia, tendrán que recurrir, en nombre de la democracia, al diálogo, la negociación y los acuerdos, únicos antídotos frente a la irracionalidad de la fuerza, la corrupción y la violencia, símbolos por excelencia de los peores males de esta sociedad» venezolana.

Las novedades: Tareck El Aissami y Julio Borges

Como sea, al próximo encuentro ambas partes deberían presentarse con novedades relevantes, que seguramente tendrán influencia en el diálogo, si es que continúa. El gobierno del presidente Maduro se presenta con un nuevo vicepresidente, recién nombrado, el venezolano de origen sirio Tareck El Aissami. Las oposiciones, que tienen el control del Parlamento, eligieron hace pocos días a un nuevo y prestigioso Presidente de la Asamblea: el socialdemócrata líder del partido Primero Justicia, Julio Borges.

Se trata de dos figuras de gran relieve y que, de alguna manera, pueden ser asociadas con los frentes más duros e intransigentes de ambas facciones.

Tareck El Aissami, abogado de 43 años y ex-ministro del Poder con Hugo Chávez, fue gobernador del estado de Aragua hasta su nombramiento como vicepresidente; debido al cargo que ahora ocupa debería, eventualmente, concluir «ad interim» (2019) el mandato de Nicolás Maduro si este fuera destituido por la oposición. Es un político que se ha visto involucrado en una avalancha de escándalos y acusaciones, como recuerda el retrato que de él hizo el «Wall Street Journal» en mayo de 2015. En sus experiencias políticas del pasado nunca demostró ser un hombre de diálogo y en más de una ocasión, dentro del «chavismo», fue marginado porque se le consideraba «polémico y poco dúctil».

Julio Borges, de 1969, también abogado y coordinador del partido Primero Justicia, es parlamentario desde el año 2000; su compromiso político nació en las aulas de la Universidad Católica Andrés Bello. Fue el creador e inspirador de la petición para llevar a cabo el referéndum revocatorio y también fue el primero de los líderes políticos que se movilizó para reunir las firmas necesarias. Se dice que es duro e intransigente, y hace algunos días, cuando juró como presidente de la Asamblea Nacional, pronunció frases amenazadoras para el futuro del gobierno de Maduro. Su prestigio y su autoridad en materias jurídicas y constitucionales podrían representar un problema para él. Algunos de sus actuales aliados, como Enrique Capriles o Jesús Alberto Torrealba, por citar algunos, no ven con buenos ojos el liderazgo de Borges.

Monseñor Claudio Maria Celli: ¿misión imposible?

La delicada y difícil misión del enviado de Papa Francisco para favorecer el diálogo nacional venezolano, monseñor Claudio Maria Celli, ha sido desde el comienzo muy complicada porque a menudo se ha visto envuelto en peticiones incompatibles con la naturaleza de su papel de «facilitador». Hasta ahora, monseñor Celli ha sabido moverse y actuar con discreción, eficacia y autoridad, y muchos momentos positivos de estos meses se deben a su habilidad de diplomático y hombre de diálogo. Pero ahora esta misión que le encomendó el Papa entra en una fase decisiva llena de incógnitas y algunas de ellas arrojan sombras preocupantes sobre el futuro del diálogo.

El viernes pasado, el invitado del Papa se reunió en el Vaticano con Delcy Rodríguez, ministra del Exterior de Venezuela, quien iba en compañía de su hermano, Jorge Rodríguez, encargado de la delegación gubernamental en las reuniones de octubre y noviembre. El único contenido que se ha filtrado del coloquio fue un «tuit» de la ministra, con el que tranquilizó: «El diálogo es el único camino en democracia». El Santo Padre «mantiene su compromiso a favor de este diálogo en Venezuela».

El lunes 2 de enero, monseñor Celli, siempre prudente y moderado, insistió, en el programa de la televisión italiana «El diario de Papa Francisco», de Tv2000, en tres conceptos: la situación del país es muy delicada, no hay alternativa al diálogo y es necesario que todos sean sinceros y respeten el bien común de todos los venezolanos. El religioso reconoció que, a pesar de los progresos, «Venezuela está frente a cuestiones decisivas. Es un pueblo valiente que a pesar de los problemas alimenta esperanza. La pregunta siempre es la misma para todos: ¿cuál es el país que las actuales generaciones quieren dejar a sus hijos? Cuatro ex presidentes y yo mismo como enviado del Papa desempeñamos un papel de acompañamiento para que las partes sean protagonistas de este diálogo. Muchos, en ambas partes, están desconfiados, pero todos deben comprender que no hay otro camino. El diálogo es la única vía. No hay otro sendero». Según monseñor Celli es necesario un gran compromiso de todos; un compromiso que llama a la responsabilidad a todos. «Tal responsabilidad se expresa también en el respeto de la seriedad de los empeños suscritos en las reuniones. Se habla no solo para platicar. Aquí se habla para encontrar soluciones a problemas urgentes que afectan a un pueblo que sufre desde hace demasiado tiempo».

En relación con la famosa frase del Papa «una tercera guerra mundial en pedacitos», monseñor Celli reflexionó sobre los diferentes intereses que actúan en el tablero internacional y que determinan diferentes y numerosas situaciones de conflicto en las que Venezuela podría verse involucrada en caso de que fracasaran las negociaciones. Añadió con firmeza: «Pienso, sobre todo, en Venezuela y digo que, si en este país fracasa el diálogo, no queda más que la violencia, y esto es inadmisible. Entonces, el esfuerzo que todos debemos hacer es sostener seriamente el diálogo necesario y el encuentro urgente. La violencia provoca más violencia, y en el escenario latinoamericano esto podría ser muy peligroso». Monseñor Celli, al final, indicó que era positiva la liberación de algunos presos de la oposición y observó: «es un gesto que demuestra que el diálogo es eficaz».

Venezuela sin presidente

Hace pocas horas, la Asamblea Nacional tomó, con una resolución que contó con 106 votos favorables (se necesitaban solo 84), una postura política y constitucional muy duras y que obviamente vuelve a empeorar la situación, llevándola al estado en el que estaba cuando comenzó la crisis, cerrando cualquier posibilidad al diálogo: el presidente Nicolás Maduro, en los hechos, según sus opositores, actúa fuera de la Constitución, por lo que «ha abandonado sus responsabilidades». En sustancia, la resolución declara vacante la presidencia de la república y, en teoría, debería comenzar a funcionar el mecanismo de la sucesión: un gobernador «ad interim» durante un breve periodo para llegar a nuevas elecciones. Este mecanismo, que se encuentra en la Constitución (artículo 232 de la Constitución de Hugo Chávez, de 1999), se aplica en los últimos dos años del mandato presidencial y para Maduro justamente en estas horas comienza a llegar el final de su presidencia.

La estrategia de la oposición, guiada por el abogado Julio Borges, estudiada y preparada la ocasión con habilidad y precisión, jurídicamente deja a Venezuela sin presidente, por lo que el diálogo ya no tiene a uno de los interlocutores. Por esta razón lo que debería suceder ahora, pero difícilmente sucederá, es decir la creación de un gobierno «ad interim» (Tareck El Aissami), no tendría las facultades para desarrollar ningún tipo de negociaciones. Su misión debería limitarse a la normal administración de los asuntos públicos y a convocar nuevas elecciones presidenciales. Mientras tanto, en el país reina un gran nerviosismo y todos están esperando la respuesta de Maduro, que, por ahora, calla. Se espera que pronuncie un discurso en las próximas horas. Algunos de sus colaboradores anticipan: «Si quieren la guerra, ¡entonces habrá guerra!».


Deja un comentario

Texto oficial completo del discurso del Papa al cuerpo diplomático.

Construyan la paz promoviendo el desarrollo integral del hombre: el Papa a los Embajadores ante la Santa Sede

2017-01-09 Radio Vaticana

“La paz es un don, un desafío y un compromiso”: lo dijo el Papa hablando en la mañana de este lunes 9 de enero a los Embajadores acreditados ante la Santa Sede en ocasión de las felicitaciones por el año nuevo. En el extenso y rico discurso centrado en el tema de la paz el Pontífice expresó su deseo de que en este año “crezcan en nuestros países y sus pueblos las oportunidades para trabajar juntos y construir una paz verdadera”.

“Considero importante dirigir una palabra de esperanza” dijo Francisco explicando la elección centrar su discurso en el tema de la seguridad y de la paz, considerando “el clima general de preocupación por el presente y de incertidumbre y angustia por el futuro, en el que nos encontramos inmersos”.

A los embajadores presentes en la Sala Regia en el Vaticano, el Papa explicó que “la paz es un don porque brota del corazón de Dios; un desafío, porque es un bien que no se da nunca por descontado y debe ser conquistado continuamente; un compromiso, ya que requiere el trabajo apasionado de toda persona de buena voluntad para buscarla y construirla”. No existe – aseguró después el  Pontífice – la verdadera paz si no se parte de una visión del hombre que sepa promover su desarrollo integral, teniendo en cuenta su dignidad trascendente, ya que ‘el desarrollo es el nuevo nombre de la paz’, como recordaba el beato Pablo VI.

En efecto el Obispo de Roma, recordando la reciente celebración de la 50 Jornada Mundial de la Paz, instituida por el beato Pablo VI afirmó,  citando la Constitución pastoral Gaudium et Spes, que “para los cristianos la paz es un don del Señor, aclamada y cantada por los ángeles en el momento del nacimiento de Cristo.  Es un bien positivo – dijo – fruto del orden asignado a la sociedad humana por Dios y no es la mera ausencia de la guerra. No se reduce sólo al establecimiento de un equilibrio de las fuerzas adversarias, sino que más bien exige el compromiso de personas de buena voluntad sedientos de una justicia más perfecta”.

En este sentido el Pontífice manifestó “la viva convicción de que toda expresión religiosa está llamada a promover la paz” no sin antes constatar que “desgraciadamente, todavía hoy, la experiencia religiosa, en lugar de abrirnos a los demás, puede ser utilizada a veces como pretexto para cerrazones, marginaciones y violencias”. “Me refiero en particular – agregó el Papa –  al terrorismo de matriz fundamentalista, que en el año pasado ha segado la vida de numerosas víctimas en todo el mundo”.

De ahí su llamado “a todas las autoridades religiosas para que unidos reafirmen con fuerza que nunca se puede matar en nombre de Dios. El terrorismo fundamentalista  – aseveró – es fruto de una grave miseria espiritual, vinculada también a menudo a una considerable pobreza social que sólo podrá ser plenamente vencido con la acción común de los líderes religiosos y políticos”.

(MCM-RV)

Texto completo del discurso del Papa a los Embajadores ante la Santa Sede

Excelencias, estimados Embajadores, Señoras y Señores:

Les doy la bienvenida y les agradezco su presencia tan numerosa y fiel a esta cita tradicional, que nos permite manifestar recíprocamente el deseo de que el año apenas iniciado sea para todos un tiempo de alegría, de prosperidad y de paz. Me dirijo con un sentimiento de especial reconocimiento al Decano del Cuerpo Diplomático, el Excelentísimo Señor Armindo Fernandes do Espírito Santo Vieira, Embajador de Angola, por las deferentes palabras que me ha dirigido en nombre de todo el Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, que ha aumentado recientemente con el establecimiento de las relaciones diplomáticas con la República Islámica de Mauritania, hace apenas un mes. Deseo igualmente agradecer a los numerosos Embajadores residentes en la Urbe, cuyo número ha aumentado a lo largo del último año, así como a los Embajadores no residentes, que con su presencia en el día de hoy pretenden subrayar los vínculos de amistad que unen a sus pueblos con la Santa Sede. Igualmente, quiero dirigir de modo especial un mensaje de pésame al Embajador de Malasia, recordando a su predecesor, Dato’ Mohd Zulkephli Bin Mohd Noor, fallecido el pasado mes de febrero.

Durante el año transcurrido, las relaciones entre sus Países y la Santa Sede han tenido ocasión de profundizarse aún más gracias a las cordiales visitas de numerosos Jefes de Estado y de Gobierno, a veces en concomitancia con los diversos encuentros que han marcado el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, recientemente concluido. Han sido también varios los Acuerdos bilaterales firmados o ratificados, unos de carácter general, dirigidos a reconocer el estatuto jurídico de la Iglesia con la República Democrática del Congo, la República Centroafricana, Benín y con Timor Oriental; otros de carácter más específico, como el Avenant firmado con Francia, o la Convención en materia fiscal con la República Italiana, que ha entrado recientemente en vigor, a los que hay que añadir el Memorandum de Acuerdo entre la Secretaría de Estado y el Gobierno de los Emiratos Árabes Unidos. Además, en línea con el compromiso de la Santa Sede de cumplir con las obligaciones asumidas en los acuerdos subscritos, se ha dado también la plena actuación al Comprehensive Agreement con el Estado de Palestina, que entró en vigor hace un año.

Estimados Embajadores.

Hace un siglo, el mundo se encontraba en medio del primer conflicto mundial. Una inútil matanza, en la que las nuevas técnicas de combate sembraban muerte y causaban enormes sufrimientos a una población civil inerme. En 1917, el rostro del conflicto cambió profundamente, adquiriendo una fisonomía cada vez más mundial mientras surgían en el horizonte aquellos regímenes totalitarios que durante mucho tiempo fueron causa de lacerantes divisiones. Cien años después, muchas zonas del mundo pueden decir que se han beneficiado de prolongados períodos de paz, que han favorecido unas oportunidades de desarrollo económico y formas de bienestar sin precedentes. Si hoy para muchos la paz les parece de alguna manera un bien que se da por descontado, casi un derecho adquirido al que no se le presta demasiada atención, para demasiadas personas esa paz es todavía una simple ilusión lejana. Millones de personas viven hoy en medio de conflictos insensatos. Incluso en aquellos lugares que en otro tiempo se consideraban seguros se advierte un sentimiento general de miedo. Con frecuencia nos sentimos abrumados por las imágenes de muerte, por el  dolor de los inocentes que imploran ayuda y consuelo, por el luto del que llora un ser querido a causa del odio y de la violencia, por el drama de los refugiados que escapan de la guerra o de los emigrantes que perecen trágicamente.

Por eso quisiera dedicar el encuentro de hoy al tema de la seguridad y de la paz, porque en el clima general de preocupación por el presente y de incertidumbre y angustia por el futuro, en el que nos encontramos inmersos, considero importante dirigir una palabra de esperanza, que nos señale también un posible camino para recorrer.

Hace tan sólo unos días hemos celebrado la 50 Jornada Mundial de la Paz, instituida por mi predecesor el beato Pablo VI, «como presagio y como promesa, al principio del calendario que mide y describe el camino de la vida en el tiempo, de que sea la Paz con su justo y benéfico equilibrio la que domine el desarrollo de la historia futura». Para los cristianos, la paz es un don del Señor, aclamada y cantada por los ángeles en el momento del nacimiento de Cristo: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad» (Lc 2,14). Es un bien positivo, «el fruto del orden asignado a la sociedad humana» por Dios y «no es la mera ausencia de la guerra». No se «reduce sólo al establecimiento de un equilibrio de las fuerzas adversarias», sino que más bien exige el compromiso de personas de buena voluntad «sedientos de una justicia más perfecta».

En esa línea, manifiesto la viva convicción de que toda expresión religiosa está llamada a promover la paz. Lo he podido experimentar de manera significativa en la Jornada Mundial de Oración por la Paz, que se celebró en Asís el pasado mes de septiembre, durante la cual los representantes de las diversas religiones se han encontrado para «dar voz a los que sufren, a los que no tienen voz y no son escuchados», así como en mi visita al Templo Mayor de Roma o a la Mezquita de Bakú.

Sabemos que se ha cometido violencia por razones religiosas, comenzando precisamente por Europa, donde las divisiones históricas entre cristianos han durado mucho tiempo. En mi reciente viaje a Suecia, quise recordar que tenemos una urgente necesidad de sanar las heridas del pasado y de caminar juntos hacia metas comunes. En la base de ese camino ha de estar el diálogo auténtico entre las diversas confesiones religiosas. Es un dialogo posible y necesario, como he tratado de atestiguar en el encuentro que he tenido en Cuba con el Patriarca Cirilo de Moscú, así como en los viajes apostólicos a Armenia, Georgia y Azerbaiyán, donde he percibido la aspiración de aquellos pueblos a solucionar los conflictos que desde hace años perjudican la concordia y la paz.

Al mismo tiempo, no debemos olvidar las muchas iniciativas, inspiradas en la religión, que contribuyen, incluso a menudo con el sacrificio de los mártires, a la construcción del bien común por medio de la educación y la asistencia, sobre todo en las regiones más desfavorecidas y en las zonas de conflicto. Tales obras contribuyen a la paz y dan testimonio concreto de que, cuando se coloca en el centro de la propia actividad la dignidad de la persona humana, es posible vivir y trabajar juntos, a pesar de pertenecer a pueblos, culturas y tradiciones diferentes.

Desgraciadamente, somos conscientes de que todavía hoy, la experiencia religiosa, en lugar de abrirnos a los demás, puede ser utilizada a veces como pretexto para cerrazones, marginaciones y violencias. Me refiero en particular al terrorismo de matriz fundamentalista, que en el año pasado ha segado la vida de numerosas víctimas en todo el mundo: en Afganistán, Bangladesh, Bélgica, Burkina Faso, Egipto, Francia, Alemania, Jordania, Irak, Nigeria, Pakistán, Estados Unidos de América, Túnez y Turquía. Son gestos viles, que usan a los niños para asesinar, como en Nigeria; toman como objetivo a quien reza, como en la Catedral copta de El Cairo, a quien viaja o trabaja, como en Bruselas, a quien pasea por las calles de la ciudad, como en Niza o en Berlín, o sencillamente celebra la llegada del año nuevo, como en Estambul.

Se trata de una locura homicida que usa el nombre de Dios para sembrar muerte, intentando afirmar una voluntad de dominio y de poder. Hago por tanto un llamamiento a todas las autoridades religiosas para que unidos reafirmen con fuerza que nunca se puede matar en nombre de Dios. El terrorismo fundamentalista es fruto de una grave miseria espiritual, vinculada también a menudo a una considerable pobreza social. Sólo podrá ser plenamente vencido con la acción común de los líderes religiosos y políticos. A los primeros les corresponde la tarea de transmitir aquellos valores religiosos que no admiten una contraposición entre el temor de Dios y el amor por el prójimo. A los segundos les corresponde garantizar en el espacio público el derecho a la libertad religiosa, reconociendo la aportación positiva y constructiva que ésta comporta para la edificación de la sociedad civil, en donde la pertenencia social, sancionada por el principio de ciudadanía, y la dimensión espiritual de la vida no pueden ser concebidas como contrarias. A quien gobierna le corresponde, además, la responsabilidad de evitar que se den las condiciones favorables para la propagación de los fundamentalismos. Eso requiere adecuadas políticas sociales que combatan la pobreza, y que requieren de una sincera valorización de la familia, como lugar privilegiado de la maduración humana, y de abundantes esfuerzos en el ámbito educativo y cultural.

En este sentido, acojo con interés la iniciativa del Consejo de Europa sobre la dimensión religiosa del diálogo intercultural, que el año pasado se ha centrado en el papel de la educación en la prevención de la radicalización, que conduce al terrorismo y al extremismo violento. Se trata de una oportunidad para profundizar en el papel que tiene el fenómeno religioso y la educación en la pacificación real del tejido social, necesaria para la convivencia en una sociedad multicultural.

A este respecto, deseo expresar la convicción de que la autoridad política no sólo debe garantizar la seguridad de sus propios ciudadanos ―concepto que puede ser fácilmente reducido al de un simple «vivir tranquilo»―, sino que también está llamada a ser verdadera promotora y constructora de paz. La paz es una «virtud activa», que requiere el compromiso y la cooperación de cada persona y de todo el cuerpo social en su conjunto. Como advertía el Concilio Vaticano II, «la paz jamás es una cosa del todo hecha, sino un perpetuo quehacer», salvaguardando el bien de las personas y respetando su dignidad. Construirla requiere en primer lugar renunciar a la violencia en la reivindicación de los propios derechos. Precisamente a este principio he dedicado el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 2017, titulado: «La no violencia: un estilo de política para la paz», para recordar sobre todo cómo la no violencia es un estilo político basado en la primacía del derecho y de la dignidad de toda persona.

Construir la paz requiere también que «se desarraiguen las causas de discordia entre los hombres, que son las que alimentan las guerras», empezando por las injusticias. Existe, de hecho, una íntima relación entre la justicia y la paz. «Pero, ―observaba san Juan Pablo II― puesto que la justicia humana es siempre frágil e imperfecta, expuesta a las limitaciones y a los egoísmos personales y de grupo, debe ejercerse y en cierto modo completarse con el perdón, que cura las heridas y restablece en profundidad las relaciones humanas truncadas (…). El perdón en modo alguno se contrapone a la justicia, [sino] tiende más bien a esa plenitud de la justicia que conduce a la tranquilidad del orden y que (…) pretende una profunda recuperación de las heridas abiertas. Para esta recuperación, son esenciales ambos, la justicia y el perdón». Estas palabras, hoy más actuales que nunca, se han encontrado con la disponibilidad de algunos Jefes de Estado o de Gobierno para acoger mi invitación a tener un gesto de clemencia a favor de los encarcelados. A ellos, como también a quienes trabajan para crear condiciones de vida digna para los detenidos y favorecer su reinserción en la sociedad, deseo expresarles mi especial reconocimiento y gratitud.

Estoy convencido de que para muchos el Jubileo extraordinario de la Misericordia ha sido una ocasión particularmente propicia para descubrir también la «incidencia importante y positiva de la misericordia como valor social». Cada uno puede contribuir a dar vida a «una cultura de la misericordia, basada en el redescubrimiento del encuentro con los demás: una cultura en la que ninguno mire al otro con indiferencia ni aparte la mirada cuando vea el sufrimiento de los hermanos». Sólo así se podrán construir sociedades abiertas y hospitalarias para los extranjeros y, al mismo tiempo, seguras y pacíficas internamente. Esto es aún más necesario hoy en día en que siguen aumentando, en diferentes partes del mundo, los grandes flujos migratorios. Pienso sobre todo en los numerosos refugiados y desplazados en algunas zonas de África, en el Sudeste asiático y en aquellos que huyen de las zonas de conflicto en Oriente Medio.

El año pasado, la comunidad internacional se vio interpelada por dos importantes eventos convocados por las Naciones Unidas: la primera Cumbre Humanitaria Mundial y la Cumbre sobre los grandes Desplazamientos de Refugiados y Migrantes. Es necesario un compromiso común en favor de los inmigrantes, los refugiados y los desplazados, que haga posible el darles una acogida digna. Esto implica saber conjugar el derecho de «cada hombre (…) a emigrar a otros países y fijar allí su domicilio» y, al mismo tiempo, garantizar la posibilidad de una integración de los inmigrantes en los tejidos sociales en los que se insertan, sin que éstos sientan amenazada su seguridad, su identidad cultural y sus propios equilibrios políticos y sociales. Por otra parte, los mismos inmigrantes no deben olvidar que tienen el deber de respetar las leyes, la cultura y las tradiciones de los países que los acogen.

Un enfoque prudente de parte de las autoridades públicas no comporta la aplicación de políticas de clausura hacia los inmigrantes, sino que implica evaluar, con sabiduría y altura de miras, hasta qué punto su país es capaz, sin provocar daños al bien común de sus ciudadanos, de proporcionar a los inmigrantes una vida digna, especialmente a quienes tienen verdadera necesidad de protección. No se puede de ningún modo reducir la actual crisis dramática a un simple recuento numérico. Los inmigrantes son personas con nombres, historias y familias, y no podrá haber nunca verdadera paz mientras quede un solo ser humano al que se le vulnere la propia identidad personal y se le reduzca a una mera cifra estadística o a objeto de interés económico.

El problema de la inmigración es un tema que no puede dejar indiferentes a algunos países mientras que otros sobrellevan, a menudo con un esfuerzo considerable y graves dificultades, el compromiso humanitario de hacer frente a una emergencia que no parece tener fin. Todos deberían sentirse constructores y corresponsables del bien común internacional, incluso a través de gestos concretos de humanidad, que son requisitos fundamentales para la paz y el desarrollo que naciones enteras y millones de personas siguen aún esperando. Por eso, estoy agradecido a todos los países que acogen generosamente a los necesitados, comenzando por algunas naciones europeas, especialmente Italia, Alemania, Grecia y Suecia.

Me quedará grabado para siempre el viaje que hice a la isla de Lesbos, junto a mis hermanos el Patriarca Bartolomé y el Arzobispo Jerónimo, donde vi y toqué con la mano la dramática situación de los campos de refugiados, así como la humanidad y el espíritu de servicio de muchas personas comprometidas en su asistencia. Tampoco se debe olvidar la hospitalidad ofrecida por otros países europeos y de Oriente Medio, como Líbano, Jordania y Turquía, así como el compromiso de diferentes países de África y Asia. También en mi viaje a México, donde pude experimentar la alegría del pueblo mexicano, me sentí cerca de los miles de inmigrantes centroamericanos que sufren terribles injusticias y peligros en su intento de alcanzar un futuro mejor, y que son víctimas de extorsión y objeto de ese despreciable comercio ―horrible forma de esclavitud moderna― que es la trata de personas.

Enemiga de la paz es una «visión reductiva» del hombre, que abre el camino a la propagación de la iniquidad, las desigualdades sociales y la corrupción. Justo con relación a este último fenómeno, la Santa Sede ha asumido nuevos compromisos, depositando formalmente, el 19 de septiembre, el instrumento de adhesión a la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 31 de octubre de 2003.

En la encíclica Populorum Progressio, que este año celebra su cincuenta aniversario, el beato Pablo VI recordó cómo estas desigualdades provocan discordias. «El camino de la paz pasa por el desarrollo» que las autoridades públicas tienen la obligación de estimular y fomentar, creando las condiciones para una distribución más equitativa de los recursos e incentivando oportunidades de trabajo, sobre todo para los más jóvenes. En el mundo hay todavía muchas personas, especialmente niños, que aún sufren por causa de una pobreza endémica y viven en situaciones de inseguridad alimentaria –más bien, de hambre― mientras que los recursos naturales son objeto de la ávida explotación de unos pocos, desperdiciándose cada día enormes cantidades de alimentos.

Los niños y los jóvenes son el futuro, se trabaja y se construye para ellos. No podemos descuidarlos y olvidarlos egoístamente. Por esta razón, como he advertido recientemente en una carta enviada a todos los obispos, considero prioritaria la defensa de los niños, cuya inocencia ha sido frecuentemente rota bajo el peso de la explotación, del trabajo clandestino y esclavo, de la prostitución o de los abusos de los adultos, de los pandilleros y de los mercaderes de muerte. Durante mi viaje a Polonia, con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, me encontré con miles de jóvenes llenos de entusiasmo y ganas de vivir. He visto, en cambio, el dolor y el sufrimiento de muchos otros. Pienso en los chicos y chicas que sufren las consecuencias del terrible conflicto en Siria, privados de la alegría de la infancia y de la juventud: desde la posibilidad de jugar libremente a la oportunidad de ir a la escuela. A ellos, y a todo el querido pueblo sirio, dirijo constantemente mi pensamiento, a la vez que hago un llamamiento a la comunidad internacional para que trabaje con diligencia para poner en marcha una seria negociación, que ponga definitivamente fin a un conflicto que está provocando un verdadero desastre humanitario. Cada una de las partes implicadas ha de tener como prioridad el respeto del derecho humanitario internacional, asegurando la protección de la población civil y la necesaria ayuda humanitaria. El deseo común es que la tregua que se ha firmado recientemente sea para todo el pueblo sirio un signo de la esperanza que tanto necesita.

Esto requiere también que se hagan esfuerzos para erradicar el despreciable tráfico de armas y la continua carrera para producir y distribuir armas cada vez más sofisticadas. Causan un gran desconcierto las pruebas llevadas a cabo en la Península coreana, que desestabilizan a la región y plantean a la comunidad internacional unos inquietantes interrogantes acerca del riesgo de una nueva carrera de armamentos nucleares. Siguen siendo actuales las palabras de san Juan XXIII en la Pacem in terris cuando afirmaba que «la recta razón y el sentido de la dignidad humana exigen urgentemente que cese ya la carrera de armamentos; que, de un lado y de otro, las naciones que los poseen los reduzcan simultáneamente; que se prohíban las armas atómicas». En tal sentido, y también en vista de la próxima Conferencia de Desarme, la Santa Sede trabaja por promover una ética de la paz y de la seguridad que supere a la del miedo y de la «cerrazón» que condiciona el debate sobre las armas nucleares.

También por lo que respecta a las armas convencionales, hay que señalar que la facilidad con la que a menudo se puede acceder al mercado de las armas, incluso las de pequeño calibre, además de agravar la situación en las diversas zonas de conflicto, produce una sensación muy extendida y generalizada de inseguridad y temor, que es más peligrosa en los momentos de incertidumbre social y de profunda transformación como el que vivimos.

La ideología, que se sirve de los problemas sociales para fomentar el desprecio y el odio y ve al otro como un enemigo que hay que destruir, es enemiga de la paz. Desafortunadamente, nuevas formas de ideología aparecen constantemente en el horizonte de la humanidad. Haciéndose pasar por portadoras de beneficios para el pueblo, dejan en cambio detrás de sí pobreza, divisiones, tensiones sociales, sufrimiento y con frecuencia incluso la muerte. La paz, sin embargo, se conquista con la solidaridad. De ella brota la voluntad de diálogo y de colaboración, del que la diplomacia es un instrumento fundamental. La misericordia y la solidaridad es lo que mueve a la Santa Sede y a la Iglesia Católica en su compromiso decidido por solucionar los conflictos o seguir los procesos de paz, de reconciliación y la búsqueda de soluciones negociadas a los mismos. Llena de esperanza ver que algunos de los intentos realizados se deben a la buena voluntad de tantas personas diferentes que se empeñan de modo activo y eficaz en favor de la paz. Pienso en los esfuerzos realizados en los últimos dos años para un nuevo acercamiento entre Cuba y los Estados Unidos. También pienso en el esfuerzo llevado a cabo con tenacidad, a pesar de las dificultades, para terminar con años de conflicto en Colombia.

Este planteamiento busca fomentar la confianza mutua, mantener caminos de diálogo y hacer hincapié en la necesidad de gestos valientes, que son muy urgentes también en la vecina Venezuela, donde las consecuencias de la crisis política, social y económica, están pesando desde hace tiempo sobre la población civil; o en otras partes del mundo, empezando por Oriente Medio, no sólo para poner fin al conflicto sirio, sino también para promover una sociedad plenamente reconciliada en Irak y en Yemen. La Santa Sede renueva también su urgente llamamiento para que se reanude el diálogo entre israelíes y palestinos, para que se alcance una solución estable y duradera que garantice la convivencia pacífica de dos Estados dentro de fronteras reconocidas internacionalmente. Ningún conflicto ha de convertirse en un hábito del que parece que nadie se puede librar. Israelíes y palestinos necesitan la paz. Todo el Oriente Medio necesita con urgencia la paz.

También espero que se cumplan plenamente los acuerdos destinados a restablecer la paz en Libia, donde es más urgente que nunca sanar las divisiones de los últimos años. Del mismo modo, animo todos los esfuerzos que en ámbito local e internacional estén destinados a restaurar la convivencia civil en Sudán y en Sudán del Sur, en la República Centroafricana, atormentados por continuos enfrentamientos armados, masacres y devastaciones, así como en otras naciones del Continente marcadas por tensiones e inestabilidad política y social. En particular, espero que el reciente acuerdo firmado en la República Democrática del Congo contribuya a hacer que los que tienen responsabilidades políticas se esfuercen diligentemente para promover la reconciliación y el diálogo entre todos los miembros de la sociedad civil. Mi pensamiento se dirige también a Myanmar, de modo que se promueva una convivencia pacífica y, con la ayuda de la comunidad internacional, no se deje de atender a aquellos que están en grave y urgente necesidad.

También en Europa, donde no faltan las tensiones, la disponibilidad al diálogo es la única manera de garantizar la seguridad y el desarrollo del Continente. Por tanto, celebro las iniciativas destinadas a promover el proceso de reunificación de Chipre, que hoy precisamente ve una reanudación de las negociaciones, mientras espero que en Ucrania se sigan buscando con determinación soluciones viables para la plena aplicación de los compromisos asumidos por las partes y, sobre todo, para que se le dé una pronta respuesta a una situación humanitaria que sigue siendo grave.

Toda Europa está atravesando un momento decisivo de su historia, en el que está llamada a redescubrir su propia identidad. Para ello es necesario volver a descubrir sus raíces con el fin de plasmar su propio futuro. Frente a las fuerzas disgregadoras, es más urgente que nunca actualizar la «idea de Europa» para dar a luz un nuevo humanismo basado en la capacidad de integrar, de dialogar y de generar, que han hecho grande al así llamado Viejo Continente. El proceso de unificación europea, que comenzó después de la Segunda Guerra Mundial, ha sido y sigue siendo una oportunidad única para la estabilidad, la paz y la solidaridad entre los pueblos. Aquí sólo puedo reiterar el interés y la preocupación de la Santa Sede por Europa y su futuro, consciente de que los valores que han animado y fundado este proyecto, del que este año se cumple el sexagésimo aniversario, son comunes a todo el Continente y se extienden más allá de la misma Unión Europea.

Excelencias, señoras y señores.

Construir la paz significa también trabajar activamente para el cuidado de la Creación. El Acuerdo de París sobre el clima, que ha entrado recientemente en vigor, es un signo importante de nuestro compromiso común por dejar a los que vengan después de nosotros un mundo hermoso y habitable. Espero que los esfuerzos realizados en los últimos tiempos para abordar el cambio climático cuenten con una cooperación más amplia por parte de todos, ya que la Tierra es nuestra casa común, y es necesario tener en cuenta que las decisiones de cada uno repercuten sobre la vida de todos.

Sin embargo, es evidente también que hay fenómenos que sobrepasan la capacidad de la acción humana. Me refiero a los numerosos terremotos que han golpeado a algunas regiones del mundo. Pienso sobre todo en los que se produjeron en Ecuador, Italia e Indonesia, que han provocado numerosas muertes y donde todavía muchas personas viven en condiciones muy precarias. Pude visitar personalmente algunas zonas afectadas por el terremoto en el centro de Italia, donde he comprobado las heridas que el terremoto ha causado en una tierra rica en arte y cultura, he podido compartir el dolor de tanta gente, junto con su valor y determinación para reconstruir todo lo que se ha destruido. Espero que la solidaridad que ha unido al querido pueblo italiano en las horas siguientes al terremoto, siga animando a toda la Nación, especialmente en estos delicados momentos de su historia. La Santa Sede e Italia están particularmente ligadas por obvias razones históricas, culturales y geográficas. Ese vínculo se ha apreciado con claridad en el año jubilar y agradezco a todas las Autoridades italianas por su ayuda en la organización de este evento, también para garantizar la seguridad de los peregrinos que llegaron de todo el mundo.

Estimados Embajadores.

La paz es un don, un desafío y un compromiso. Un don porque brota del corazón de Dios; un desafío, porque es un bien que no se da nunca por descontado y debe ser conquistado continuamente; un compromiso, ya que requiere el trabajo apasionado de toda persona de buena voluntad para buscarla y construirla. No existe, por tanto, la verdadera paz si no se parte de una visión del hombre que sepa promover su desarrollo integral, teniendo en cuenta su dignidad trascendente, ya que «el desarrollo es el nuevo nombre de la paz», como recordaba el beato Pablo VI. Por tanto, este es mi deseo para el próximo año: que crezcan en nuestros países y sus pueblos las oportunidades para trabajar juntos y construir una paz verdadera. Por su parte, la Santa Sede, y en particular la Secretaría de Estado, estarán siempre dispuestas a cooperar con todos los que trabajan para poner fin a los conflictos abiertos y para dar apoyo y esperanza a las poblaciones que sufren.

En la liturgia pronunciamos el saludo «la paz esté con vosotros». Con esta expresión, prenda de abundantes bendiciones divinas, les renuevo a ustedes, distinguidos miembros del cuerpo diplomático, a sus familias, a los países que representan, mis mejores deseos para el Año Nuevo.

Gracias.