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Las difíciles relaciones entre Taiwan y la Santa Sede.

La “mission” (completamente política) de los obispos taiwaneses en el Vaticano

Se delinea con mayor claridad el carácter diplomático que caracterizó la reciente visita “ad limina” del episcopado de Taiwán. El arzobispo de Taipéi: «Si los fieles sienten que el Papa quiere romper relaciones con nosotros, entonces comenzamos a ver disminuir el aprecio por él»

El Papa con los obispos de Taiwán

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Pubblicato il 22/05/2018
Ultima modifica il 22/05/2018 alle ore 09:32
GIANNI VALENTE
CIUDAD DEL VATICANO

Desde hace casi diez años los obispos de Taiwán no habían venido a reunirse con el Papa en el Vaticano, en ocasión de las tradicionales visitas “ad limina Apostolorum”. Lo acaban de hacer, del 8 al 14 de mayo. Y a algunos días de distancia, se delinea con mayor claridad, gracias a los mismos obispos taiwaneses, el carácter exquisitamente político-diplomático que ha tenido su “mission” en los Palacios vaticanos.

 

El Vaticano es uno de los pocos Estados que cuenta con representación diplomática en Taipéi. Pero los contactos entre el gobierno chino y la Santa Sede plantean la posibilidad de que se establezcan plenas relaciones diplomáticas entre el Vaticano y la República Popular China. Perspectiva vista con preocupación en Taiwán, que los jefes políticos de Pekín siguen considerando una provincia rebelde.

 

Los líderes taiwaneses actuales temen que la eventual apertura de canales diplomáticos entre la China Popular y la Santa Sede implique la contemporánea clausura de la representación vaticana en Taipéi. Y, por lo que se ha podido saber en estos días, los obispos taiwaneses hablaron con Francisco también sobre estos argumentos. «Le dije al Papa», declaró el arzobispo de Taipéi John Hung Shan-chuan, al final de su viaje romano, «que no nos considere parte de China, que no nos piense juntos. Si quieren establecer relaciones diplomáticas, está bien, pero esto no debe sacrificar el interés de Taiwán».

 

Obispos mensajeros

 

Durante la visita “ad limina”, los obispos taiwaneses se convirtieron en voceros de las instancia de las preocupaciones que cultiva la cúpula política de Taiwán, en relación con los posibles progresos de las negociaciones entre la Santa Sede y la República Popular China. Antes de comenzar el viaje hacia Roma para las visitas “ad limina”, los siete obispos y el Secretario de la Conferencia Episcopal taiwanesa fueron recibidos por la presidenta de Taiwán Tsai Ing-wen y por el vicepresidente Chen Chien-jen, cuya fe católica fue generosamente citada durante la campaña electoral. El 10 de mayo, en ocasión de la recepción organizada en su honor en la sede diplomática de Taiwán ante la Santa Sede, los obispos taiwaneses pre-anunciaron a los medios de comunicación que habrían invitado al Papa a su país, en marzo de 2019, coincidiendo con el Congreso Eucarístico Nacional. El arzobispo precisó también que la invitación contaba con el apoyo «de la presidenta Tsai». Tres días después, en la audiencia con el Papa, el arzobispo taiwanés le preguntó al obispo de Roma «si tenía alguna frase para la presidenta Tsai». Ante semejante pregunta, el Papa Francisco respondió: «que trate bien a la Iglesia católica».

 

Agenda político-eclesiástica

 

Los detalles más elocuentes de la agenda con la que los obispos taiwaneses llegaron al Vaticano fueron descritos por el mismo arzobispo Hung, en una entrevista concedida después del viaje romano a Radio Free Asia, la corporación de transmisiones de radio creada durante los años cincuenta por los Estados Unidos para hacer llegar a las personas programas de sensibilización anti-comunista y con el objetivo de apoyar la política estadounidense en el Asia oriental. El mensaje que había que transmitir al Vaticano era claro, y en absoluta sintonía con la línea independentista de la actual cúpula taiwanesa: Taiwán es un país que se basta a sí mismo, y también la Iglesia de Taiwán lo es; la China popular y Taiwán son «dos naciones». Y también la Iglesia en China y la Iglesia en Taiwán son «dos Iglesias» distintas.

 

En la entrevista con Radio Free Asia, el arzobispo de Taipéi ofreció un informe sobre las palabras que dirigió al Papa: «Traté de decirle: “Usted puede entablar relaciones diplomáticas con China, pero no puede herir a Taiwán, debe proteger a Taiwán», porque «Taiwán es la parte más débil, se puede considerar como un huérfano, como un huérfano en el escenario internacional». Al Sucesor de Pedro, el prelado explicó que hasta ahora en Taiwán todos le aprecian, pero las cosas podrían cambiar: «Si sienten que el Papa quiere romper las relaciones diplomáticas con nosotros, entonces comenzarán a ver disminuir el aprecio hacia él, y dicen: “¿Cómo se puede tener un Papa así, que quiere dejarnos?”».

 

Operación “tranquilización”

 

El 10 de mayo, durante la recepción oficial organizada en honor de los obispos taiwaneses en la sede de la embajada ante la Santa Sede, el arzobispo Hung se refirió, bromeando, a las tantas “falsas alarmas” que han surgido recientemente en relación con un posible e inminente acuerdo entre Pekín y la Santa Sede sobre la cuestión de los nombramientos de los obispos chinos. Cuando volvió a Taipéi, el arzobispo ofreció más “tranquilizaciones” para todos los que, por diferentes motivos, esperan que se verifique (y evocan) el enésimo fracaso de las negociaciones entre la Santa Sede y el gobierno de Pekín. Lo hizo utilizando palabras del Papa, con el ya consabido método de las “citas” papales extrapoladas de conversaciones privadas con el Pontífice, con todo y anejo exegético.

 

«No sabemos», dijo el pastor de Taipéi al “South China Mornig Post”, «si el Vaticano llegará a construir vínculos con China, pero sabemos que no se ha alcanzado ningún acuerdo sobre los nombramientos de los obispos. El Papa Francisco –añadió Hung– dijo que no desistirá. Dijo que debemos mantener los principios sobre el nombramiento de los obispos, y probablemente China no estará de acuerdo». El arzobispo de Taipéi también propuso algunas consideraciones doctrinales un poco arriesgadas para corroborar su escepticismo sobre el posible acuerdo sino-vaticano en relación con los métodos para nombrar a los obispos: «La postura del Papa», dijo, «es la de mantener la tradición de la Iglesia católica romana, que los obispos son nombrados por el Papa. Nunca se rendirá, por lo que es difícil llegar a un acuerdo cuando no hay un compromiso aceptado por ambas partes».

 

La Iglesia de Taiwán cuenta con 300 mil católicos locales y casi otros tantos católicos inmigrantes. En los últimos años, el número de los católicos que han fallecido es más o menos igual al de los nuevos bautizados. Actualmente, los seminaristas católicos que se preparan al sacerdocio son 12, distribuidos en siete diócesis. En sus informes mediáticos sobre los discursos y encuentros (con el Papa y sus colaboradores) que tuvieron en Roma, los obispos no hicieron muchas referencias a problemas pastorales o a cuestiones vinculadas con la misión de anunciar el Evangelio.

 

En mayo de 2017 la Corte Constitucional de Taiwán abrió las puertas a la plena legalización de los matrimonios entre parejas del mismo sexo. Una medida que convirtió a Taiwán en el primer país de Asia que ha emprendido (con el absoluto apoyo de la presidenta actual) el camino que han recorrido alrededor de 20 naciones europeas y americanas (además de Israel y la República Sudafricana).

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Jerusalén y la paz entre palestinos e israelíes. Entrevista.

 

 

Evitar que se siga ensangrentando Tierra Santa

Además de Guatemala, Paraguay ha inaugurado este 21 de mayo su embajada en Jerusalén, mientras que Honduras ha dado pasos en ese sentido. La experiencia de estos días “debe llevar a una reflexión y compromiso por parte de aquellos países que están pensando instalar sus embajadas”. Entrevista

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

La inauguración de la Embajada de Paraguay en Jerusalén este 21 de mayo, que sigue los pasos de las Embajadas de Guatemala el 16 de mayo, y la de los EE.UU, el lunes 14,  “aumenta los obstáculos” para lograr la paz en Tierra Santa. Así lo aseguró el padre Donaciano Paredes ofm, fraile franciscano mexicano en servicio en la Custodia de Tierra Santa como Rector del Seminario Franciscano de Jerusalén.

En más oportunidades en estos últimos días el Santo Padre Francisco se ha pronunciado pidiendo por la paz en Tierra Santa y en Oriente Medio, tras el crescendo de las tensiones en la zona, que ha provocado protestas y un baño de sangre en Gaza.

Lamentablemente, no ha sido todavía escuchado -por algunos- el pedido del Papa Francisco de preservar el “status quo de Jerusalén” para que haya una paz estable y duradera, “basada en la justicia y en el reconocimiento de los derechos de todos”, ni el de acoger las pertinentes resoluciones de Naciones Unidas en relación a ello, la última de ellas, el 21 de diciembre pasado.

Al contrario, la decisión del Presidente de los Estados Unidos y la de los hermanos países latinoamericanos de instalar sus embajadas en Jerusalén reconociendo, de este modo, la Ciudad Santa como capital de Israel, no hace otra cosa que alejar la posibilidad de un acuerdo que lleve a la convivencia pacífica de israelíes y  palestinos. A este respecto conversamos con el Padre Donaciano Paredes ofm.

El miércoles 16 y también este domingo 20 el Santo Padre se pronunció una vez más pidiendo paz para Tierra Santa, tras el recrudecimiento de las tensiones, debidas en parte a la inauguración de la Embajada de EE.UU. ¿Cuál es el clima actual en la sociedad de Jerusalén?

La reciente inauguración de la embajada de EE.UU en Jerusalén el pasado 14 de mayo ha creado tensiones en la sociedad en ambas partes, tanto de quien vive de cerca el conflicto como para quien lo vive de lejos.

Han sido evidentes los actos de odio y de violencia en las zonas que conocemos, y donde se siente más, por ejemplo la Franja de Gaza, Hebrón, Belén, parte de territorios palestinos. En la sociedad de Jerusalén se respira un clima de incerteza sobre el futuro, de un camino seguro para lograr la paz. Mucho se cree que ese acontecimiento ahora lo ha debilitado, y aleja más de la vía del diálogo, y como tal, de la paz.

En este contexto, ¿cuán importantes son las palabras que el Santo Padre ha tenido?

Las palabras del Santo Padre son muy importantes porque nos indican la vía única de solución, y este es el diálogo. Él siempre nos dice que para que haya un camino de paz y reconciliación es necesario apostar por el dialogo. Este diálogo como tal nos tiene que llevar a la renuncia de la violencia, porque como bien lo dice, ésta genera más violencia y jamás lleva a la paz.

Además de Guatemala, que inauguró el miércoles 16 su embajada, Paraguay ha inaugurado hoy la suya. También Honduras ha dado pasos para el traslado de su Embajada a Jerusalén.  ¿Qué implicación puede tener esto en el camino hacia la paz? ¿Podrá retomarse este camino? 

La presencia de estas embajadas como lo hicieron EE.UU. Guatemala, ahora Paraguay, Honduras, aumentarían los obstáculos. Más obstáculos a aquellos que ya se tienen para un posible acercamiento y ese deseo de retomar el camino hacia la paz. Esta es una lección y nos enseña la necesidad de tomar un compromiso serio para evitar estas acciones o decisiones de ese tipo que siguen alejando a los pueblos. Esto crea más odio y violencia entre ellos, y no nos acerca a lo que todos deseamos y rezamos constantemente, la presencia de la paz.

¿Es posible que la espiral de violencia aumente tras la instalación de las embajadas latinoamericanas en el país? 

Puede ser. Como lo decía, hay que aprender la lección ante lo que ha acontecido recientemente. La experiencia de estos días debe llevar a una reflexión y compromiso por parte de aquellos países que están pensando instalar sus embajadas. Se debe evitar que se siga ensangrentando otra vez más esta tierra, por eso es importante la reflexión y el compromiso evitando estos signos que aumentan más la violencia.

Con respecto a la compleja situación de conflicto entre Israel y Palestina, la postura de la Santa Sede y la de la Comunidad internacional es clara: que haya dos estados y que todos puedan convivir en la justicia, en la libertad y en el respeto mutuo. ¿Por qué es tan difícil este acuerdo?

Remarcamos lo que el Santo Padre dice y a lo que los ordinarios de Tierra Santa siempre invitan, es decir, la necesidad del dialogo, de un acuerdo bilateral que garantice una paz duradera. Para que exista un acuerdo real y ambos Estados convivan en la verdad, la justicia, en el amor y en la libertad, se necesitan la voluntad y gestos de diálogo y de reconciliación, como lo recordó el Santo Padre recientemente, para retomar ese camino seguro hacia la paz. Sólo de ese modo se puede llegar a un acuerdo, de lo contrario sería difícil, por no decir imposible.

Recientemente en Jerusalén se tuvo un día de ayuno y se oró, tanto en la vigilia de Pentecostés, como en el día Solemne, por la paz en Jerusalén, en Tierra Santa y en todo Oriente Medio. La Iglesia local, todos los ordinarios de Tierra Santa, las comunidades orientales y ortodoxas, sacerdotes, religiosos, laicos, y la Custodia de Tierra Santa, nos sentimos comprometidos a continuar orando por la paz verdadera que el mismo Jesús nos promete y que sólo Él nos da, no como la dá el mundo. Esa paz que fue ofrecida en el Cenáculo en el día de Pentecostés, esa paz que no suprime las diferencias, pero sí las distancias, que sabe acoger cordial y sinceramente al otro y que busca el diálogo: una paz en la cual el miedo y la desconfianza son sustituidos por el amor y donde las diferencias son oportunidad de amistad y convivencia humana. Esto seguimos pidiendo e invito a todos a que sigamos pidiendo al Señor por intercesión de la Virgen María, que hoy celebramos como Madre de la Iglesia, paz para Jerusalén, paz para Medio Oriente y para el Mundo entero.

Escuche y descargue la entrevista al padre Donaciano Paredes, OFM


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Las relaciones entre China y el Vaticano.

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Diálogo con ChinaDiálogo con China 

Diálogo con China: no hay una varita mágica

En mérito a la “cuestión china”, hay una serie de señales que indican que se está llegando a una transición importante, aunque si – tal como expresado en un comunicado de la Oficina de Prensa, el 29 de marzo pasado – un Acuerdo entre China y la Santa Sede no parece inminente.

Sergio Centofanti y P Bernd Hagenkord, SJ

Desde hace tiempo han iniciado los contactos entre representantes de la Santa Sede y de la República Popular China para tratar de resolver, en modo constructivo y no conflictivo, algunos problemas de la Iglesia, a partir del delicado e importante tema del nombramiento de los Obispos: se trata de un acercamiento pastoral que busca emprender una forma de cooperación que pueda ser beneficiosa para todos, sin tener la presunción de poder resolver todos los problemas existentes casi con un toque de varita mágica.

A ese fin resultó propicia la intervención del cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, en una entrevista otorgada al periódico italiano “La Stampa”, en la que, respondiendo a las preguntas del periodista, dijo, entre otras cosas: “Como es bien sabido, con la aparición de la ‘Nueva China’ han habido momentos de graves contrastes y de agudos sufrimientos para la vida de la Iglesia en ese gran país. Sin embargo, a partir de los años ochenta del siglo pasado, se pusieron en marcha los contactos entre representantes de la Santa Sede y de la China Popular, los cuales conocieron diversas etapas y acontecimientos alternos. La Santa Sede ha siempre mantenido un enfoque pastoral, tratando de superar las contraposiciones y mostrándose dispuesta a un diálogo respetuoso y constructivo con las autoridades civiles. El Papa Benedicto XVI representó muy bien el espíritu de este diálogo en la Carta a los católicos chinos del año 2007: “no puede buscarse la solución de los problemas existentes a través de un conflicto permanente con las Autoridades civiles legítimas” (n.4). En el pontificado de Papa Francisco, las tratativas en curso se mueven exactamente siguiendo esta línea: apertura constructiva al diálogo y fidelidad a la genuina tradición de la Iglesia”.

Con la instauración en China del nuevo régimen político comunista, consecuencia de la revolución de Mao Tse Tung – que tuvo como objetivo ideal la liberación de las multitudes del dominio occidental, de la pobreza, de la ignorancia, de la opresión de las viejas clases dirigentes, pero también de la idea de Dios y de la religión – inició una fase histórica particularmente difícil, fuente de agudos sufrimientos para muchos pastores y fieles.

Más tarde, a partir de los años ochenta, algo comenzó a cambiar también en China. Cierto, la ideología aún existe y últimamente hay señales de un cierto endurecimiento, sobre todo en los aparatos encargados de la seguridad y de la reglamentación de la vida socio-cultural. Pero, tal vez, esto también es señal de la necesidad de poner un poco de orden en un crecimiento económico impetuoso que, por una parte, ha producido bienestar y creado nuevas posibilidades y espacios de vida haciendo emerger aspiraciones comunes a todas las personas del mundo, y por la otra, ha llevado a una cierta confusión, con fenómenos de desarraigo social entre los trabajadores, tasas elevados de corrupción en las clases pudientes, debilitamiento de los valores tradicionales, en especial en las nuevas generaciones.

Sin embargo, tal vez la rigidez ideológica no pueda ser una respuesta adecuada a cambios tan profundos que tocan también la esfera religiosa de la vida. Hoy la Santa Sede está disponible, en un clima de diálogo respetuoso, a aportar la contribución que le compete en la promoción del bien de la Iglesia y de la sociedad. Los fieles católicos de todo el mundo, por su parte, no pueden no sentir que este hecho les compete de cerca, porque se trata no de los asuntos de un País lejano, sino de la vida y de la misión de la única Iglesia de la cual todos somos miembros, cualquiera sea el lugar en el que vivimos. De allí el compromiso de no promover confrontaciones polémicas, sino de acompañar este delicado momento de la Iglesia en China sobre todo con la oración, para que dé nuevo impulso a la obra de evangelización. El mensaje de Jesús no puede ser ajeno al horizonte humano y espiritual de un País tan grande.

El presente texto es el primero de una serie sobre el tema del Diálogo con China

 


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El Papa aplaude la próxima cumbre intercoreana

El Papa en la Audiencia General reza con los fielesEl Papa en la Audiencia General reza con los fieles  (AFP or licensors)

Esperanza del Papa por la Cumbre Intercoreana

“A aquellos que tienen responsabilidades políticas directas pido tener la valentía de la esperanza haciéndose ‘artesanos de paz, mientras exhorto a proseguir con confianza el camino tomado por el bien de todos”.

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

Esperanza del Papa por la Cumbre intercoreana

Tras concluir la catequesis en el miércoles 25 de abril de 2018 Santo Padre Francisco realizó un apelo colmo de esperanza y expectativas por la Cumbre Intercoreana que tendrá lugar el próximo viernes 27 de abril en Panmunjeom:

“El próximo viernes 27 de abril en Panmunjeom  tendrá lugar una Cumbre Inter-Coreana, en la que tomarán parte los Líderes de las dos Coreas, el Sr. Moon Jae-in y el Sr. Kim Jong Un. Tal encuentro será una ocasión propicia para comenzar un diálogo transparente y un recorrido concreto de reconciliación y fraternidad redescubierta, a fin de garantizar la paz en la Península de Corea y en el mundo entero”.

Cercanía del Papa y de toda la Iglesia

El Romano Pontífice aseguró al Pueblo coreano su cercanía personal y de toda la Iglesia católica:

“Al Pueblo coreano, que desea ardientemente la paz, le aseguro mi oración personal y la cercanía de toda la Iglesia. La Santa Sede acompaña, apoya y alienta todas las iniciativas útiles y sinceras para construir un futuro mejor, bajo el signo  del encuentro y la amistad entre los pueblos”.

Tener el coraje de ser artesanos de paz 

“A quienes tienen responsabilidades políticas directas, – prosiguió el Obispo de Roma- les pido que tengan el coraje de la esperanza haciéndose “artesanos” de paz, mientras los exhorto a continuar con confianza el camino emprendido para el bien de todos”.

La cumbre en la que participan el Presidente de Corea del Sur y el Líder de Corea del Norte, será el tercero tras el final de la guerra de Corea del 1953, y se llevará a cabo en Panmunjom, en la zona desmilitarizada en la frontera entre ambos países, en la “Casa de la Paz”. Los anteriores encuentros tuvieron lugar en 2000 y 2007 en Pyongyang.

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China: Las complejas relaciones entre el gobierno y la iglesia católica. Nuevas esperanzas.

El caso Mindong, una prueba para las relaciones entre China y la Santa Sede

El obispo “clandestino” Vincenzo Guo Xijin pudo celebrar la misa Crismal con los sacerdotes diocesanos. Pero algunos han aprovechado para volver a expresar dudas y críticas sobre los contactos entre el gobierno de Pekín y la Santa Sede. La solución es sencilla, simplemente el “sensus Ecclesiae” de la comunidad católica local, que confirma el “aguante” de los recíprocos canales de contacto

El obispo “clandestino” Vincenzo Guo Xijin celebrando la Misa del Crisma

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Pubblicato il 30/03/2018
GIANNI VALENTE
ROMA

 

El jueves 29 de marzo por la mañana, Vincenzo Guo Xijin, el obispo católico “clandestino” (es decir no reconocido como tal por el gobierno chino) pudo celebrar la misa Crismal en la catedral de la diócesis de Mindong, en la localidad de Luo Dong, rodeado por gran parte de los sacerdotes diocesanos. La celebración fue antes del alba, porque las autoridades pidieron que se mantuviera un “bajo perfil” y evitar la presencia de fotógrafos. Pero se llevó a cabo. Y formaba parte de un acuerdo que se alcanzó a nivel local entre las autoridades políticas y la comunidad católica sobre las modalidades para celebrar todo el triduo pascual. Según lo que establece el acuerdo, la misa “un Coena Domini” del Jueves Santo, con el Lavapiés, fue celebrada en la catedral por un sacerdote. Lo mismo sucedió con la liturgia del Viernes Santo. Y mañana, el obispo Guo debería participar en la vigilia de Pascua, pero sin llevar los paramentos episcopales.

 

Las noticias que llegan de la diócesis de Mindong parecen confirmar que se ha encontrado una vía razonable para superar muchas tensiones que habían surgido en los últimos días, cuando las autoridades civiles locales trataron de obligar a Guo a concelebrar los ritos de la Semana Santa con Vincenzo Zhan Silu, obispo legítimo que lleva el título de la misma diócesis. Zhan es reconocido como obispo de Mindong por el gobierno chino, pero es considerado ibispo ilegítimo por parte de la Santa Sede, puesto que fue ordenado en el año 2000 sin el mandato Pontificio. Desde hace tiempo ha pedido reconciliarse plenamente con el Papa y ser legitimado por la Santa Sede, pero esta legitimación no ha sido declarada todavía.

 

El caso de Mindong manifiesta nuevamente las tantas dificultades y factores que condicionan la vida de la comunidad católica china, que dificultan también el proceso que ha puesto en marcha la Santa Sede en sus relaciones con las autoridades chinas con la esperanza de comenzar a resolver los problemas que siguen mortificando la vida de la Iglesia en el gigante asiático. Al mismo tiempo, parecen alejarse las previsiones de los que se estaba gestando en Mindong un nuevo y gran infortunio que fatalmente habría puesto en peligro el diálogo entre el gobierno chino y la Santa Sede.  Viendo las cosas cronológicamente y sin gafas ideológicas, el “incidente” de Mindong se podría interpretar como una especie de prueba con la que se ha demostrado el sustancial “aguante” de los canales de contacto entre el gobierno chino y la Santa Sede en esta tan delicada fase de las negociaciones.

 

Los hechos

 

La situación de la diócesis de Mindogn, precisamente debido a la presencia de dos obispos (uno legítimo y otro no legítimo), fue incluida desde hace tiempo en la agenda de las cuestiones afrontadas en los contactos reservados entre los representantes de la Santa Sede y funcionarios de los aparatos chinos. Con el objetivo de encontrar una solución a la anónima situación canónica, el obispo Guo aceptó con espíritu de fidelidad a la Iglesia la propuesta de convertirse en el futuro en auxiliar de Mindong, dejando la guía de la diócesis al obispo Zhan, que es todavía ilegítimo desde el punto de vista canónico, pero que desde hace tiempo pidió la plena reconciliación con la Santa Sede. Así las cosas, en una situación que parecía no tener solución, llegó la noticia de que las autoridades locales convocaron al obispo Guo el lunes 26 de marzo por la tarde, para pedirle que concelebrara la misa Crismal del Jueves Santo con el todavía ilegítimo obispo Zhan.

 

Se esparcieron rumores según los cuales el obispo Guo (que en este periodo debe acudir a su madre, gravemente enferma) había sido detenido por las autoridades chinas. En realidad, el obispo nunca salió de la diócesis de Mindong y volvió el martes 27 de marzo a su residencia.

 

Vatican Insider ha podido reconstruir, gracias a fuentes locales, la dinámica de esta historia.

 

Parecería que hay que atribuir a las autoridades locales la iniciativa de hacer presión sobre Guo. El año pasado, antes y después de la Pascua, ya lo habían alejado durante veinte días de la diócesis, para que no pudiera celebrar con los paramentos episcopales los ritos de la Semana Santa. Los aparatos locales, acostumbrados a mecanismos burocráticos, reiteraron este año las interferencias en las celebraciones de la Semana Santa de la comunidad católica local, sin tener en cuenta los progresos que se han dado en el diálogo entre China y la Santa Sede.

 

Al enterarse de las noticias que llegaban de Mindong, la Santa Sede activó inmediatamente sus contactos con las autoridades chinas, para expresar el proprio desconcierto y la propia preocupación por un caso que se presentaba como la enésima manifestación de una prepotencia obtusa, en evidente contradicción con la sinceridad y la buena voluntad que varias veces han proclamado las autoridades chinas en relación con el diálogo con el Vaticano. La Santa Sede, se ha insistido, se muestra comprensiva y siempre dispuesta a dialogar con las autoridades de Pekín, precisamente porque le interesa particularmente el bien de todos los católicos chinos. Las autoridades chinas centrales, a través del vocero del Ministerio del Exterior Li Kang, indicaron el miércoles 28 de marzo que no tenían información sobre lo que estaba sucediendo en Mindong, y confirmaron su «sinceridad» para tratar de mejorar las relaciones sino-vaticanas, buscando un acuerdo «a medio camino».

 

Un papel crucial en la búsqueda de una solución aceptable para todos, lo ha tenido la comunidad católica de Mindong. El obispo Vincenzo Guo ha demostrado una vez más su “sensus Ecclesiae”. En el diálogo con los aparatos civiles y de seguridad (refieren fuentes locales), Guo ha abandonado el protagonismo personal. Explicó con serenidad que él no tiene reservas personales para con el obispo Zhan, y se dijo dispuesto a concelebrar con él, siempre y cuando los acuerdos entre China y la Santa Sede den pasos hacia adelante y el obispo Zhan (todavía ilegítimo) sea oficialmente reconocido desde el punto de vista canónico. Los sacerdotes de la diócesis, por su parte, expresaron su apoyo unido por el obispo Guo, dando a entender que si hubieran tratado de alejarlo de la diócesis habrían escrito todos juntos a la Santa Sede para manifestar su desconsuelo y las dudas que este incidente habría despertado entre ellos, sobre todo en relación con la consistencia y los resultados de las negociaciones entre China y los representantes del Papa.

 

El imprevisto de Mindong, indican fuentes locales, han puesto en evidencia una maduración del espíritu eclesial que existe entre los dos obispos. Y se nutren grandes esperanzas en relación con una futura y plena reconciliación de la comunidad diocesana: también el entonces obispo ilegítico Zhen ha contribuido a encontrar una solución pragmática, que acontentara a todos. Y en estos tiempos se han registrado elocuentes episodios de colaboración eclesial entre él y los sacerdotes “clandestinos”, vinculados con el obispo legítimo Guo. En particular, uno de ellos recibió la ayuda del obispo Zhan para ocuparse de las relaciones con las autoridades políticas en los procedimientos necesarios para volver a adquirir la propiedad de un terreno que antes había pertenecido a su parroquia.

 

Lo que indican los hechos

 

Del “caso Mindong” inmediatamente algunos se han aprovechado para volver a expresar dudas y críticas sobre los contactos entre el gobierno de Pekín y la Santa Sede. Pero precisamente la situación ha demostrado que el camino emprendido permite encontrar soluciones realistas y aceptables para todos, incluso en relación con cuestiones delicadas que tocan la naturaleza propia, sacramental y apostólica de la Iglesia católica presente en China. Prosiguiendo por el camino de la negociación paciente, también en los Palacios vaticanos prevalece la impresión de que en el futuro se podrán prevenir casos como el de Mindong, compartiendo indicaciones y criterios de orientación en común.

 

La Santa Sede, ante este imprevisto, puso inmediatamente a trabajar sus canales de contacto con las autoridades chinas, para que insistir en que la interferencia de los aparatos civiles en la vida litúrgica de la comunidad católica local habría representado un grave ejemplo de mortificación del “sensus fidei” de todos los fieles. Los colaboradores del Papa Francisco han evitado frases eclatantes y declaraciones de desdén en público, que probablemente solamente habrían producido una nuevas tensiones y duras respuestas en el ex Celeste imperio.

 

Pero la situación y su actual desarrollo confirman por ahora que el camino emprendido funciona. La Santa Sede no parece cultivar ilusiones ingenuas. Los colaboradores del Papa lo saben bien (lo ha repetido el cardenal Pietro Parolin en una entrevista con Vatican Insider): el camino para mejorar las relaciones con el gobierno chino y las condiciones de la comunidad católica local no estarán exentas de incidentes. Soportan con paciencia, pero sin victimismos auto-celebrativos, las campañas que mistifican las razones y las modalidades de la acción vaticana sobre el “dossier” chino. Pero se sigue confirmando que la vía emprendida permite encontrar soluciones prácticas y graduales a los problemas de la catolicidad china, y por ello es conveniente familiarizarse con el estilo paciente y flexible que hasta ahora se ha seguido con el “caso Mindong”.

 

Las autoridades chinas, por su parte, dieron la impresión al inicio de ser poco confiables, sobre todo en relación con los canales de comunicación interior entre los poderes centrales y los aparatos locales. Pero se pudo corregir la ruta a tiempo y se acogieron las peticiones y las preocupaciones que externó el Vaticano en relación con la situación en Mindong. Sigue abierta la hipótesis de que también dentro de los aparatos chinos puede haber sectores o personajes que están en contra del diálogo con la Santa Sede, dispuestos a crear situaciones que puedan boicotear la negociación. Pero tras el caso Mindong se puede pensar que la intervención de las autoridades gubernamentales, en el caso de que haya existido, se debe a una demostración concreta de la proclamada “buena voluntad” y sinceridad china en las relaciones sino-vaticanas.

 

Un papel clave lo ha tenido el “sensus Ecclesiae” de la comunidad católica local. El obispo Guo, los sacerdotes y también el obispo Zhan han demostrado que se pueden encontrar soluciones con realismo y flexibilidad, a pesar de eventuales actitudes rígidas, incomprensiones y prepotencias de los aparatos locales. Cuando se analiza la sustancia y no se reduce la cuestión neurálgica (sacramental) de la comunión eclesial de la diócesis alrededor del obispo a una mera batalla de poder y para establecer “quien está al mando”.

 

La misa Crismal celebrada el Jueves Santo por la mañana, en todas las diócesis católicas del mundo manifiesta la unidad del obispo con los sacerdotes del presbiterio diocesano. Y este año los sacerdotes de Mindong la celebraron con el obispo Vincenzo Guo.


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Arabia y el conflicto de Yemen. Intervención de Guterres.

Los problemas humanitarios de Yemen demandan una solución política
ONU/Eskinder Debebe
El Secretario General Antonio Guterres (dcha.) se reúne con S.A.R. el Príncipe Mohammed bin Salman Al Saud, Heredero del Reino de Arabia Saudita.

28 Marzo 2018

El Secretario General de Naciones Unidas instó al príncipe heredero y viceprimer ministro de Arabia Saudita, Mohamad Bin Salman, a encontrar una solución política al conflicto en Yemen que acaba de entrar en su tercer año de duración.

“No existe una solución humanitaria para los problemas humanitarios. La solución es política y estamos enteramente a su disposición para trabajar juntos en la busqueda de una solución política”, manifestó este martes António Guterres, durante un encuentro en el que agradeció al príncipe la donación conjunta de su país y los Emiratos Árabes Unidos al Fondo Humanitario para Yemen por 930 millones de dólares.

Con 22 millones de personas que necesitan ayuda humanitaria o protección,  Yemen vive la peor crisis humanitaria del mundo después de tres años de guerra entre una coalición militar liderada por Arabia Saudita y los hutíes, un grupo shiita yemení.

La contribución de Arabia Saudita servirá para cubrir aproximadamente un tercio de los 2960 millones de dólaresnecesarios para cumplir con el Plan de Respuesta Humanitaria para Yemen 2018.

Durante el encuentro, Guterres apeló a la comunidad internacional a mostrar la misma generosidad, que está totalmente en sintonía con el Islam, el próximo 3 de abril en Ginebra donde se celebrará una conferencia de donantes para Yemen.

“Dar a los necesitados es un pilar central del Islam. Y a veces me siento muy molesto cuando veo a gente, sobre todo en mi parte del mundo, intentando retratar el Islam de una manera negativa”, destacó.

El titular de la ONU relató que durante su experiencia como Alto Comisionado para los Refugiados pudo constatar la enorme generosidad del mundo musulmán hacia estas personas “abriendo sus fronteras, puertas y corazones a diferencia de lo que sucede en países ricos de otras partes del mundo”.

Con 22 millones de personas que necesitan ayuda humanitaria o protección,  Yemen vive la peor crisis humanitaria del mundo después de tres años de guerra entre una coalición militar liderada por Arabia Saudita y los hutíes, un grupo shiita yemení.


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La diplomacia vaticana y la actual China.

Gallagher: no tememos el nuevo protagonismo global de China

El Secretario para las Relaciones con los Estados lo dijo durante el congreso en la Universidad Gregoriana sobre “El Impacto, la Interacción y la Inculturación” del cristianismo en el país asiático

El “ministro del Exterior” vaticano, el arzobispo Paul Richard Gallagher

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Pubblicato il 22/03/2018
Ultima modifica il 22/03/2018 alle ore 14:17
GIANNI VALENTE
CIUDAD DEL VATICANO

La Iglesia católica no teme el nuevo protagonismo global de la China Popular. Es más, con su universalidad y con la «natural apertura a todos los pueblos», puede dar una aportación moral y espiritual «al gran esfuerzo de diálogo entre China y el mundo contemporáneo». Y puede hacerlo precisamente gracias «a la comunidad católica china», que está «plenamente integrada» en el actual dinamismo histórico que vive el pueblo chino. Lo afirmó el arzobispo Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede, durante su intervención en el congreso internacional sobre el Cristianismo en China (“Impacto, Interacción e Inculturación”), organizado por la facultad de misiología de la Pontificia Universidad Gregoriana, que se está llevando a cabo en estos días en Roma.

 

Protagonismo chino

 

El “ministro del Exterior” vaticano expuso con sencillez y claridad los criterios que ha seguido la diplomacia vaticana en su acercamiento al «mundo chino», en esta etapa histórica delicada, marcada también por el diálogo que están llevando a cabo el gobierno chino y la Santa Sede para afrontar y tratar de resolver gradualmente los problemas y los puntos que provocan sufrimiento y anomalías en la condición de la Iglesia católica de la República Popular China.

 

El alto representante vaticano no manifestó ninguna preocupación (y mucho menos hostilidad) ante una China que está teniendo un peso cada vez mayor en el escenario internacional, «con su propia, original visión del mundo y su herencia inestimable de cultura y civilización». Gallagher notó que China, ahora, se percibe a sí misma como «una encrucijada de desarrollo, gracias a proyectos importantes como la nueva Vía de la seda», que está adoptando, en el campo de la política exterior, «un nuevo enfoque sobre los equilibrios existentes en las relaciones internacionales» y que está también «consolidando su presencia en los países en vías de desarrollo». Gallagher se refirió en términos positivos también a los programas a largo plazo que han puesto en marcha el liderazgo chino para «ofrecer a un número considerable de ciudadanos la posibilidad de derrotar a la pobreza». En uno de los pasajes más importantes de su discurso, subrayó que China afronta los desafíos globales «insistiendo en la propia identidad mediante el modelo económico, político y cultural que trata de imprimir “características chinas” a la globalización». Siguiendo este camino, el ex Celeste Imperio «trata de volver a ganar una posición central en el mundo». Gallagher recordó que la nueva “palabra clave” a la que se han referido insistentemente las autoridades políticas chinas (y también en relación con las cuestiones religiosas) es el término “sinificación”.

 

Sinificación e inculturación

 

Durante su intervención en la Universidad Pontificia guiada por los jesuitas, Gallagher quiso indicar que el punto de referencia histórico para la actual fase en las relaciones entre China y la Iglesia católica es precisamente «la extraordinaria aventura humana y eclesial» vivida por los hijos de San Ignacio para favorecer el descubrimiento de la cultura china y tratar de anunciar el Evangelio en el Celeste Imperio. El arzobispo encargado de la Segunda Sección de la Secretaría de Estado vaticana recordó el enorme valor de la actitud constante de los jesuitas al tener presentes los contextos culturales y sociales en los que se verifica la obra misionera de la Iglesia, e insistió en que ni el proselitismo ni una proclamación descarnada y abstracta de las verdades de fe responden de manera congruente al llamado de Cristo a anunciar el Evangelio en todos los lugares, porque «no logran apreciar las coordenadas espacio-temporales que hacen posible una fecunda inculturación de la fe. El horizonte auténtico de la misión “ad gentes” –enfatizó Gallagher– siempre tiene en cuenta el primado de la gracia de Dios», que antecede a cualquier acción humana y anima la historia de los pueblos desde su interior.

 

Al respecto, citando un discurso del jesuita Federico Lombardi, ex director de la Sala de Prensa vaticana y de la Radio Vaticana, el “ministro del Exterior” vaticano subrayó que en China la comunidad católica nació, crece y ofrece su aportación en el contexto chino no debido a un vínculo exterior o extraño, sino como fruto de la semilla del Evangelio que fue plantada en la tierra y en la cultura de China, y se va desarrollando conforme a su «identidad genética». De esta manera, añadió Gallagher, «esta semilla produce sus frutos alimentándose y asumiendo las características propias de la cultura local en la que fue sembrada». La misión de la Iglesia en la China actual, insistió Gallagher, es la de ser «plenamente católica y plenamente china», para que el Evangelio de Cristo sea «accesible a todos» y para ponerse al servicio del bien común.

 

Gallagher subrayó que las relaciones entre China y la Iglesia «han pasado a través de fases diferentes», entre incomprensiones y momentos de positiva colaboración. Recordó también los «grandes sufrimientos» que han vivido los cristianos, pero también insistió en que en el pasado lo que favoreció encuentros fructíferos entre el «mundo cristiano» y el «mundo chino» ha sido el método de la inculturación de la fe, «mediante la experiencia concreta de conocimiento, cultura y amistad con el pueblo chino».

 

También la obra de los jesuitas ha servido para indicar la vía hacia un «catolicismo con formas chinas», sólidamente arraigado en el corazón del gigante asiático, para proclamar el Evangelio de Jesús a partir de una perspectiva plenamente china.

 

 

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Catolicismo con formas chinas

 

En su intervención, Gallagher relacionó el término “sinificación” con la dinámica de la inculturación, el proceso mediante el cual el anuncio del Evangelio encuentra y abraza a las culturas de los pueblos y de las naciones. La universalidad de la Iglesia católica, con su «natural apertura a todos los pueblos», concluyó el representante vaticano, «puede ofrecer una contribución en términos de inspiración moral y espiritual al gran esfuerzo de diálogo entre China y el mundo contemporáneo. Y esto puede suceder no dejando afuera, sino valorando al máximo la aportación de la comunidad católica china, que está plenamente integrada en el dinamismo histórico» que vive el pueblo chino.

 

Participan en el congreso de la Gregoriana muchos académicos y relatores chinos, incluido el obispo Juan Bustista Yang Xiaoting.