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Myanmar: cómo afrontara el cardenal Bo la posible condena de genocidio actuado contra los Rohinya

El cardenal birmano Bo debe afrontar el “genocidio” de los Rohinyá

El purpurado fue elegido encargado de la Federación de las Conferencias Episcopales de Asia, mientras la crisis empeora y la acusación de «limpieza étnica» de la minoría musulmana ha llegado a la Corte de La Haya
AFP

La crisis de los Rohinyá en Myanmar

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Pubblicato il 15/12/2018
Ultima modifica il 15/12/2018 alle ore 20:00
PAOLO AFFATATO
ROMA

No será nada fácil. Para el cardenal birmano Charles Maung Bo, la «misión creativa» que el arzobispo hindú Oswald Gracias, su predecesor, le reconoció cuando le encomendó la guía de loa obispos asiáticos, a partir del primero de enero de 2019, será más que necesaria. Porque el salesiano Bo, que guiará la Federación de las Conferencias Episcopales de Asia (FABC), órgano que incluye a los obispos de 19 Estados miembros efectivos y de otros 8 asociados, deberá orientar a la Iglesia católica en Asia, según una visión evangélica, sobre diferentes argumentos bastante delicados, con los que se puede poner en entredicho la credibilidad de la comunidad de los bautizados en el continente.

Empezando por lo que sucede en su Myanmar que, subrayó el cardenal en un mensaje a Vatican Insider, «atraviesa una fase de su historia muy difícil, marcada, después de tantos años, por una significativa libertad y por perspectivas de desarrollo, por nuevas oportunidades para millones de jóvenes». El país, indica el purpurado birmano, «espera con esperanza una nueva alba de paz global», pero recuerda que «la historia de Myanmar es una historia herida y ahora es tiempo de curar, no de abrir nuevas heridas».

Sin embargo, las heridas siguen abiertas. Algunas incluso han llegado a infectarse. Una de ellas corre el peligro de contagiar a toda la nación: la de los Rohinyá, la población musulmana que vive en el estado birmano de Arakan, en la frontera con Bangladesh, y que los últimos informes de la ONU definen víctima de «limpieza étnica». Es más, las recientes investigaciones hablan de un «genocidio» perpetrado por el ejército birmano, un delito sobre el que investigará y se pronunciará la Corte Penal Internacional de La Haya.

A los más de 700 mil Rohinyá que huyeron a través de la frontera con Bangladesh, amontonados en campos para prófugos (muchos de los cuales se encuentran en zonas pantanosas de la frontera entre ambos países) acaba de llegar la solidaridad del cardenal filipino Luis Antonio Tagle, presidente de la Caritas Internationalis, quien lanzó un «grito de compasión al mundo entero». Y, al mismo tiempo, los investigadores del Departamento de Estado de Estados Unidos, después de una meticulosa investigación de campo, identificaron «razonables motivos» para hablar de «genocidio».

«Usar términos extremos como “genocidio” o “limpieza étnica” no ayudará en nuestro camino hacia la paz y la democracia. Necesitamos cooperación y acompañamiento por parte de la comunidad internacional», advirtió el cardenal Bo, que en estos momentos representa el ánimo constructivo de un país en el que el ícono de la libertad y de la democracia Aung San Suu Kyi, actualmente ministra del Exterior, parece irremediablemente manchado por las acusaciones de complicidad o, por lo menos, de un silencio cómplice en relación con las masacres de los Rohinyá, mientras el ejército birmano contaba con el permiso del gobierno para llevar a cabo una moderna deportación masiva.

Frente a este escenario, el nuevo presidente de los obispos asiáticos, comenta: «Como en muchos países, el ejército puede desempeñar un papel constructivo importante en la transición hacia la democracia. Pido sinceramente que todos reconozcan esta realidad y que ayuden al pueblo de Myanmar para que resuelva sus problemas. El gobierno civil y el ejército tienen que colaborar para hacer que este país sea una nación de esperanza y espacio para millones de ciudadanos».

Pero, si la cuestión se convierte en un “hoyo negro” y en un duro golpe para el gobierno del líder birmano, la esperanza de una ayuda concreta, que pueda ayudar a “sacar las castañas del fuego”, podría llegar de una conferencia internacional sobre los Rohinyá organizada en el Vaticano. La iniciativa fue presentada al Papa Francisco durante el viaje que hizo a Myanmar en 2017 y se volvió a hablar al respecto en 2018, durante la visita “ad limina” de los obispos birmanos. La Santa Sede nunca ha ocultado su especial atención por el desarrollo de la trágica crisis que viven dos millones de personas: un nudo que Myanmar y Bangladesh no logran resolver solos, a pesar de los acuerdos (nunca cumplidos) sobre posibles repatriaciones.

El Papa Francisco dijo a los birmanos que el futuro del país es «una paz basada en el respeto de la dignidad y de los derechos de cada miembro de la sociedad, en el respeto de cada grupo étnico y de su identidad», y la comunidad católica ha querido hacer suyo el llamado del Pontífice, presentándose como instrumento de paz y reconciliación para todo el país, tanto en la situación de los Rohinyá como en otros escenarios de conflicto que afectan a las minorías étnicas como los Kachin, principalmente cristianos. Pero a menudo este compromiso choca con la irreducibilidad de un enfrentamiento ideológico, religioso y político en el que surgen opuestos extremismos, como el de carácter budista (como el del movimiento Ma Ba Tha) o musulmán, que ha coagulado en el Arakan Rohingya Salvation Army, una especie de “legión étnica”. Al cardenal Bo y a los obispos asiáticos les tocará la difícil misión de llevar la luz del Evangelio a un panorama que se presenta bastante oscuro.


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El sufrimiento de las mujeres y niñas Rohingya

Las mujeres y niñas rohingya quieren que el mundo conozca su sufrimiento

Pramila Patten, representante especial de la ONU para violencia sexual y conflictos, durante su visita a Cox Bazar. Foto: Oficina de la representante especial

22 de noviembre, 2017 — La representante especial de la ONU para la violencia sexual en conflictos afirmó hoy que las mujeres y niñas de la minoría rohingya quieren que el mundo conozca el sufrimiento de que han sido objeto.

Pramila Patten señaló en una conferencia de prensa en la sede de la ONU en Nueva York, que durante su visita a Bangladesh del 5 al 13 de noviembre escuchó los relatos más espeluznantes e inimaginables de abusos contra toda la comunidad rohingya, pero destacó especialmente la violencia sexual que afrontaron las mujeres y las niñas.

Patten se reunió en Bazar Cox con los refugiados de esa minoría musulmana que salieron de Myanmar huyendo de la violencia en su contra.

La experta detalló que las formas de violencia sexual más recurrentes, según las mujeres que quienes habló, fueron, entre otras, violaciones masivas por múltiples soldados, desnudez y humillación pública y esclavitud sexual.

“Se trata de un caso claro de violencia sexual como instrumento de deshumanización y como forma de castigo”, apuntó.

Agregó que esos abusos habrían sido orquestados y cometidos por las Fuerzas Armadas de Myanmar, así como por la Guardia Fronteriza y milicias del estado birmano de Rakhine, donde se concentra la población rohingya.

Patten subrayó la urgencia de mejorar las medidas de protección y asistencia a las víctimas de violencia sexual entre los refugiados rohingya e informó que se reunió en Dakha, la capital bengalí, con representantes del gobierno de Bangladesh para evaluar opciones que garanticen el respeto a los derechos de las mujeres y niñas de ese colectivo.

La representante también indicó que Bangladesh está elaborando un plan de acción para abordar la violencia sexual y otras transgresiones de derechos humanos contra las mujeres y niñas rohingya.


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Los próximos viajes del Papa a Myanmar y Bangladesh y la cuestión de los Rohingya

La tragedia de los Rohinyá; expectativa por las palabras y gestos del Papa

Las Iglesias local y el gobierno pidieron no nombrar explícitamente a la minoría musulmana perseguida. Todos estarán muy pendientes sobre el discurso a las autoridades políticas de Myanmar

Niños en un campo de refugiados para los Rohinyá

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Pubblicato il 16/11/2017
Ultima modifica il 16/11/2017 alle ore 16:11
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

A finales de noviembre Francisco partirá hacia Myanmar y Bangladesh. En el primer país se encontrará con una democracia frágil y con un problema diplomático. El pasado 27 de agosto, durante el Ángelus, el Papa Bergoglio pronunció un fuerte llamado a favor de esa que, según la ONU, es una de las minorías más perseguidas del mundo: los Rohinyá, grupo étnico de religión musulmana que vive en Myanmar. «Han llegado tristes noticias sobre la persecución de la minoría religiosa de nuestros hermanos Rohinyá —dijo el Pontífice. Todos nosotros pidamos al Señor que los salve y suscite hombres y mujeres capaces de salvarlos y que les ofrezcan su ayuda».

 

Ahora, mientras se aproxima el viaje, la Iglesia birmana le ha pedido al Papa que no pronuncie el nombre de los Rohinyá durante su viaje. «No es prudente que el Papa pronuncie en suelo birmano el término Rohinyá —afirmó el cardenal Charles Maung Bo, arzobispo de de Yangon, en un informe sobre la situación del país— porque podría provocar reacciones descompuestas por parte de los grupos nacionalistas budistas. Y sobre la cuestión de la minoría musulmana oprimida, al lideresa Aung San Sus Kyi está haciendo lo posible y cuenta con el apoyo total de la Iglesia católica». También la presidencia birmana recomendó lo mismo al Vaticano.

 

Francisco nunca ha tenido escrúpulos frente a las injusticias y hasta el último siempre existe la posibilidad para cambiar las cosas (se puede recordar lo que sucedió en Armenia cuando decidió añadir una referencia explícita al «genocidio» de 1915, que no se encontraba en el texto preparado para la ocasión), pero la línea que parece prevalecer es la de hablar claramente frente a las autoridades de ese país sobre los derechos de las minorías, incluso sin pronunciar la palabra Rohinyá para no provocar involuntariamente. Después de Myanmar, en donde estará del 27 al 30 de noviembre, Francisco irá a Bangladesh, en donde se encuentran cientos de miles de Rohinyá, que huyeron de Myanmar en agosto de este año. No se puede excluir que el Papa quiera reunirse con algunos de ellos y, de esta manera, demostrar su cercanía y la de toda la Iglesia católica hacia esta minoría perseguida y que s esa visto obligada a huir y sobrevivir en condiciones precarias. Como ya sucedió en otras ocasiones, la fuerza de un gesto y de un abrazo podrían tener más forza que muchas palabras.

 

Este artículo fue publicado en la edición de hoy del periódico italiano «La Stampa».


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Los Rohingya y la proxima visita del Papa a Myanmar y Bangladesh

La tragedia de los Rohinyá; expectativa por las palabras y gestos del Papa

Las Iglesias local y el gobierno pidieron no nombrar explícitamente a la minoría musulmana perseguida. Todos estarán muy pendientes sobre el discurso a las autoridades políticas de Myanmar

Niños en un campo de refugiados para los Rohinyá

Pubblicato il 16/11/2017
Ultima modifica il 16/11/2017 alle ore 16:11
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

A finales de noviembre Francisco partirá hacia Myanmar y Bangladesh. En el primer país se encontrará con una democracia frágil y con un problema diplomático. El pasado 27 de agosto, durante el Ángelus, el Papa Bergoglio pronunció un fuerte llamado a favor de esa que, según la ONU, es una de las minorías más perseguidas del mundo: los Rohinyá, grupo étnico de religión musulmana que vive en Myanmar. «Han llegado tristes noticias sobre la persecución de la minoría religiosa de nuestros hermanos Rohinyá —dijo el Pontífice. Todos nosotros pidamos al Señor que los salve y suscite hombres y mujeres capaces de salvarlos y que les ofrezcan su ayuda».

 

Ahora, mientras se aproxima el viaje, la Iglesia birmana le ha pedido al Papa que no pronuncie el nombre de los Rohinyá durante su viaje. «No es prudente que el Papa pronuncie en suelo birmano el término Rohinyá —afirmó el cardenal Charles Maung Bo, arzobispo de de Yangon, en un informe sobre la situación del país— porque podría provocar reacciones descompuestas por parte de los grupos nacionalistas budistas. Y sobre la cuestión de la minoría musulmana oprimida, al lideresa Aung San Sus Kyi está haciendo lo posible y cuenta con el apoyo total de la Iglesia católica». También la presidencia birmana recomendó lo mismo al Vaticano.

 

Francisco nunca ha tenido escrúpulos frente a las injusticias y hasta el último siempre existe la posibilidad para cambiar las cosas (se puede recordar lo que sucedió en Armenia cuando decidió añadir una referencia explícita al «genocidio» de 1915, que no se encontraba en el texto preparado para la ocasión), pero la línea que parece prevalecer es la de hablar claramente frente a las autoridades de ese país sobre los derechos de las minorías, incluso sin pronunciar la palabra Rohinyá para no provocar involuntariamente. Después de Myanmar, en donde estará del 27 al 30 de noviembre, Francisco irá a Bangladesh, en donde se encuentran cientos de miles de Rohinyá, que huyeron de Myanmar en agosto de este año. No se puede excluir que el Papa quiera reunirse con algunos de ellos y, de esta manera, demostrar su cercanía y la de toda la Iglesia católica hacia esta minoría perseguida y que s esa visto obligada a huir y sobrevivir en condiciones precarias. Como ya sucedió en otras ocasiones, la fuerza de un gesto y de un abrazo podrían tener más forza que muchas palabras.

 

Este artículo fue publicado en la edición de hoy del periódico italiano «La Stampa».


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Myanmar: crímenes de lesa humanidad del ejército contra los Rohingya. AMN.INT.

Myanmar: Nuevas pruebas de la campaña sistemática de crímenes contra la humanidad para aterrorizar y expulsar a la población rohingya

Refugiados rohingyas abandonados a su suerte en Bangladesh. Copy: Andrew Stanbridge / Amnesty International

Más de 530.000 hombres, mujeres, niños y niñas rohingyas han huido del norte del estado de Rajine, víctimas del terror, en cuestión de semanas, en plena campaña de asesinatos, violaciones e incendios generalizados y sistemáticos dirigida contra esta población por las fuerzas de seguridad de Myanmar. Así lo ha manifestado Amnistía Internacional hoy en su análisis más detallado hasta la fecha sobre la crisis en curso.

‘My World Is Finished’: Rohingya Targeted in Crimes against Humanity in Myanmar describe cómo las fuerzas de seguridad de Myanmar están llevando a cabo una campaña sistemática, organizada y cruel de violencia contra el conjunto de la población rohingya en el norte del estado de Rajine, después de que un grupo armado rohingya atacara unos 30 puestos de seguridad el 25 de agosto.

Decenas de testigos presenciales de la violencia más grave señalaron invariablemente a unidades específicas, entre ellas el Mando Occidental del Ejército de Myanmar, la 33ª División de Infantería Ligera, y la Policía de Fronteras.

“En esta campaña orquestada, las fuerzas de seguridad de Myanmar han emprendido una brutal venganza contra toda la población rohingya del norte del estado de Rajine, en un aparente intento de expulsarla permanentemente del país. Estas atrocidades siguen alimentando la crisis de refugiados más grave vivida en la región desde hace décadas”, ha manifestado Tirana Hassan, directora de Respuesta a las Crisis de Amnistía Internacional,

“El sacar a a la luz estos atroces crímenes es el primer paso en el largo camino hacia la justicia. Los responsables deben rendir cuentas; el ejército de Myanmar no puede limitarse a barrer bajo la alfombra las graves violaciones de derechos humanos cometidas anunciando otro simulacro de investigación interna. El general Min Aung Hlaing, comandante en jefe de las fuerzas armadas, debe emprender acciones inmediatas para impedir que sus tropas cometan atrocidades”.

Crímenes de lesa humanidad

Los relatos de testigos presenciales, las imágenes por satélite y las pruebas fotográficas y de vídeo reunidas por Amnistía Internacional apuntan todos ellos la misma conclusión: cientos de miles de mujeres, hombres, niños y niñas rohingyas han sido víctimas de ataques generalizados y sistemáticos que constituyen crímenes de lesa humanidad.

El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional enumera 11 tipos de actos que, cuando se cometen deliberadamente durante ese tipo de ataques, constituyen crímenes de lesa humanidad. Amnistía Internacional ha documentado constantemente al menos seis de estos actos en medio de la actual oleada de violencia en el norte del estado de Rajine: asesinato, deportación y desplazamiento forzado, tortura, violación y otro tipo de violencia sexual, persecución, y otros actos inhumanos como negar el alimento y otros suministros necesarios para la vida.

Esta conclusión se basa en testimonios de más de 120 hombres y mujeres rohingyas que han huido a Bangladesh en las últimas semanas, así como en 30 entrevistas con profesionales de la medicina, trabajadores de ayuda humanitaria, periodistas y funcionarios bangladeshíes.

Los expertos de Amnistía Internacional corroboraron los relatos de numerosos testigos sobre los delitos cometidos por las fuerzas de seguridad de Myanmar analizando los datos y las imágenes por satélite, y verificando fotografías y grabaciones de vídeo tomadas dentro del estado de Rajine. La organización también ha pedido acceso al estado de Rajine para investigar sobre el terreno los abusos, incluidos los cometidos por miembros del Ejército de Salvación Rohingya de Arakán, el grupo armado rohingya. Amnistía Internacional sigue pidiendo un acceso sin trabas a la misión de investigación de la ONU y a otros observadores independientes.

Asesinatos y masacres

En las horas y días que siguieron a los ataques del Ejército de Salvación Rohingya de Arakán el 25 de agosto, las fuerzas de seguridad de Myanmar, en ocasiones acompañadas por grupos parapoliciales locales, rodearon poblados rohingyas en todo el norte del estado de Rajine. Cuando mujeres, hombres, niñas y niños rohingyas huían de sus casas, los soldados y los policías disparaban contra ellos: mataron o hirieron de gravedad al menos a centenares de personas.

Los supervivientes describieron cómo habían corrido hasta colinas y arrozales cercanos, donde se habían ocultado hasta que se marcharon las fuerzas de seguridad. En muchos casos, las personas ancianas o con discapacidad no pudieron huir, y fueron quemadas vivas en sus casas cuando el ejército les prendió fuego.

Este patrón se repitió en decenas de poblados de los municipios de Maungdaw, Rathedaung y Buthidaung. Sin embargo, las fuerzas de seguridad, y en particular el ejército de Myanmar, parecen haber dirigido su respuesta más letal a poblados específicos cercanos a los lugares en los que el Ejército de Salvación Rohingya de Arakán llevó a cabo sus ataques.

Amnistía Internacional documentó sucesos en cinco de esos poblados, en los que murieron al menos una docena de personas: Chein Kar Li, Koe Tan Kauk y Chut Pyin, todos ellos en el municipio de Rathedaung, e Inn Din y Min Gyi, en el municipio de Maungdaw. En Chut Pyin y Min Gyi, la cifra de muertes fue especialmente alta: allí murieron a manos de las fuerzas de seguridad de Myanmar decenas, como mínimo, de mujeres, hombres, niñas y niños rohingyas.

Amnistía Internacional entrevistó a 17 supervivientes de la masacre de Chut Pyin, seis de los cuales tenían heridas de bala. Casi todos habían perdido al menos a un miembro de su familia, y algunos habían perdido a muchos. Describieron invariablemente cómo el ejército de Myanmar, junto con la Policía de Fronteras y grupos parapoliciales, habían rodeado Chut Pyin, habían disparado contra quienes huían y luego habían quemado sistemáticamente casas y edificios rohingyas.

Fatima, de 12 años, contó a Amnistía Internacional que estaba en casa con sus padres, sus ocho hermanos y hermanas y su abuela cuando vieron llamas que se alzaban en otra parte del poblado. Según su relato, cuando salieron corriendo de la casa unos hombres de uniforme les dispararon por la espalda. Vio cómo los disparos alcanzaban a su padre y a su hermana de 10 años, y luego a ella la alcanzaron también en la parte de atrás de la pierna derecha, justo encima de la rodilla.

“Me caí, pero me vecino me levantó y me llevó en brazos”, recuerda. Tras una semana de huida, finalmente recibió tratamiento en Bangladesh. Su madre y un hermano mayor también murieron en Chut Pyin.

Amnistía Internacional envió fotografías de la herida de Fatima a un médico forense, quien dijo que coincidía con una herida de bala que “habría entrado en el muslo desde atrás”. Los profesionales de la medicina de Bangladesh han descrito cómo trataron muchas heridas que parecían haber sido causadas por disparos realizados por la espalda, y que coinciden invariablemente con las declaraciones de testigos que afirman que el ejército disparó a los rohingyas cuando trataban de huir.

En Chein Kar Li y Koe Tan Kauk, dos poblados vecinos, Amnistía Internacional documentó el mismo patrón de ataques por parte del ejército de Myanmar.

Sona Mia, de 77 años, contó que estaba en su casa en Koe Tan Kauk cuando soldados de Myanmar rodearon el poblado y abrieron fuego el 27 de agosto. Su hija de 20 años, Rayna Khatun, tenía una discapacidad que le impedía caminar o hablar. Uno de sus hijos se la subió a los hombros, y la familia se dirigió lentamente hacia la colina que bordea el poblado. Cuando oyeron que los disparos se acercaban cada vez más, decidieron que tenían que dejar a Rayna en una casa rohingya que había sido abandonada.

“No creíamos que pudiéramos conseguirlo”, recordaba Sona Mia. “Le dije que se quedara allí sentada, que volveríamos […] Cuando llegamos a la colina, vimos la casa en la que la habíamos dejado. Estaba un poco lejos, pero podíamos verla. Los soldados estaban quemando casas, y finalmente vimos cómo quemaban esa también.”

Cuando el ejército abandonó el poblado por la tarde, los hijos de Sona Mia bajaron y encontraron el cadáver calcinado de Rayna Khatun entre los restos de la casa incendiada. Cavaron una fosa en el borde del patio de esa casa, y enterraron a su hermana allí.

Violaciones y otros actos de violencia sexual.

Amnistía Internacional entrevistó a siete rohingyas supervivientes de violencia sexual a manos de las fuerzas de seguridad de Myanmar. De ellas, cuatro mujeres y una niña de 15 años habían sido violadas, cada una en un grupo diferente en el que había entre dos y cinco mujeres y niñas más que también habían sido violadas. Las violaciones tuvieron lugar en dos poblados que la organización había investigado: Min Gyi, en el municipio de Maungdaw, y Kyun Pauk, en el municipio de Buthidaung.

Tal como ya habían documentado anteriormente Human Rights Watch y The Guardian, después de entrar en Min Gyi (conocido localmente como Tula Toli) la mañana del 30 de agosto, los soldados de Myanmar persiguieron a los rohingyas que huían hacia el río, y luego separaron a los hombres y los niños más mayores de las mujeres y los niños más pequeños.

Tras abrir fuego contra al menos decenas de hombres y niños más mayores y ejecutarlos, al igual que a algunas mujeres y niños más pequeños, los soldados llevaron a las mujeres en grupos a casas cercanas donde las violaron, antes de prender fuego a esas casas y a otras partes rohingyas del poblado.

S. K., de 30 años, contó a Amnistía Internacional que, después de presenciar las ejecuciones, los llevaron a ella y a muchas otras mujeres, además de a niños y niñas de más corta edad, a una zanja, donde las obligaron a permanecer de pie sumergidas en agua hasta las rodillas:

“Llevaron a las mujeres en grupos a distintas casas […] Éramos cinco [mujeres], a las que nos llevaron cuatro soldados [con uniformes militares]. Nos quitaron el dinero y nuestras pertenencias y luego nos golpearon con un palo de madera. Mis hijos estaban conmigo. También los golpearon. A Shafi, mi hijo de dos años, le golpearon con fuerza con un palo de madera. Un golpe, y estaba muerto […] Mataron a tres de mis hijos. También a Mohamed Osman (de 10 años) [y] a Mohamed Saddiq (de 5). Otras mujeres [en la casa] también tenían [con ellas] hijos a los que mataron.”

“A todas las mujeres las desnudaron […] [Los soldados] llevaban palos de madera muy fuertes. Primero nos golpearon en la cabeza, para debilitarnos. Luego nos golpearon [en la vagina] con los palos de madera. Después nos violaron. Un soldado diferente para cada una.”

Tras violar a mujeres y niñas, los soldados prendieron fuego a las casas, y mataron a muchas de las víctimas que estaban dentro.

Incendios deliberados y organizados de poblados

El 3 de octubre, el Programa sobre Aplicaciones Operacionales de Satélite de la ONU (UNOSAT) informó de que había identificado 20,7 kilómetros cuadrados de edificios destruidos por el fuego en los municipios de Maungdaw y Buthidaung desde el 25 de agosto. Es posible que esa cifra sea incluso inferior a la escala general de destrucción e incendios, ya que las densas nubes afectaban a lo que los satélites podían detectar.

El propio examen llevado a cabo por Amnistía Internacional sobre los datos de incendios proporcionados por sensores remotos por satélite indica al menos 156 grandes incendios en el norte del estado de Rajine desde el 25 de agosto, y de nuevo es probable que esa cifra sea más alta. En los años anteriores no se detectaron incendios durante ese mismo periodo, que además es la temporada de monzones, lo que indica seriamente que los incendios han sido intencionados.

Las imágenes por satélite tomadas antes y después ilustran claramente lo que los testigos contaron invariablemente a Amnistía Internacional: que las fuerzas de seguridad de Myanmar sólo quemaban poblados o zonas rohingyas. Por ejemplo, las imágenes por satélite de Inn Din y Min Gyi mostraban amplias franjas de estructuras arrasadas por el fuego que estaban prácticamente pegadas a zonas que se encontraban intactas. Los rasgos característicos de las zonas intactas, combinados con los relatos de los residentes rohingyas respecto a en qué lugares de esos poblados vivían ellos y otras comunidades étnicas, indican que las únicas zonas arrasadas eran rohingyas.

Amnistía Internacional ha señalado un patrón similar en al menos una docena de poblados más en los que los rohingyas vivían muy cerca de personas de otras etnias.

“Dadas sus continuas negativas, es posible que las autoridades de Myanmar hayan pensado que podían salir literalmente impunes de los asesinatos masivos. Pero la tecnología moderna, unida a una rigurosa investigación sobre derechos humanos, ha inclinado la balanza en su contra”, ha manifestado Tirana Hassan.

“Es hora de que la comunidad internacional vaya más allá de la indignación pública y tome medidas para poner fin a la campaña de violencia que ha expulsado de Myanmar a más de la mitad de la población rohingya. Mediante la interrupción de la cooperación militar y la imposición de embargos de armas y de sanciones específicas a las personas responsables de los abusos, hay que transmitir un mensaje que indique claramente que los crímenes de lesa humanidad cometidos por el ejército en el estado de Rajine no se tolerarán.”

“La comunidad internacional debe garantizar que la campaña de limpieza étnica no alcanza su meta ilegal y censurable. Para ello, debe combinar dos actuaciones: por un lado, fomentar y apoyar a Bangladesh para que proporcione condiciones adecuadas y asilo seguro a las personas refugiadas rohingyas; y por otro, garantizar que Myanmar respeta el derecho humano de estas personas a regresar a su país de manera segura, voluntaria y digna, e insistir en que se pone fin, de una vez por todas, a la discriminación sistemática contra los rohingyas y a otras causas fundamentales de la crisis actual.”


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Urgencia del apoyo internacional para la ayuda a los Rohingya.

El apoyo internacional es imprescindible para los refugiados Rohingya, advierten agencias de la ONU

Llegada de refugiados Rohingya a Bazar Cox, Bangladesh. Foto: UNICEF/UN0119956/Brown

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06 de octubre, 2017 — Las agencias de la ONU presentes en la frontera entre Bangladesh y Myanmar apelaron hoy a la solidaridad internacional para asistir a los refugiados Rohingya que se asientan en esa zona tras huir de la violencia y que precisan ayuda desesperadamente.

Según la ONU, hacen falta 434 millones de dólares para socorrer a este colectivo durante los próximos meses.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) advirtió que la situación continúa agravándose con la llegada continua de unas 2.000 personas diarias a Bazar Cox, donde se ha establecido la mayor parte de los refugiados.

El portavoz en Ginebra de la OIM, Joel Millman, explicó que el personal de socorro trabaja acomodando a la gente en el vasto territorio de 1.200 hectáreas cedidas por el gobierno bengalí para establecer el que será el campamento de refugiados más grande del mundo, con 700.000 habitantes.

“Los organismos de ayuda han alertado sobre una gran escasez de alimentos, que podría propiciar una desnutrición generalizada. Se estima que unas 218.000 personas precisan terapia nutricional con urgencia, entre ellas se cuentan 145.000 menores de cinco años y miles de mujeres embarazadas o lactantes”, dijo.

La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) se centra en brindar albergue, agua y saneamiento tanto en Bazar Cox como en dos campamentos que ya existían y que ahora se encuentran sobrepoblados.

UNICEF , por su parte, implementó un plan para prevenir el riesgo de cólera y diarrea aguda entre los refugiados Rohingya que contempla la provisión de agua limpia, instalaciones básicas de saneamiento y promoción de la higiene, así como campañas de concienciación para evitar las enfermedades.

Además, con apoyo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se da tratamiento a los enfermos y se toman medidas para evitar los contagios.

El coordinador de Ayuda de Emergencia de la ONU, Mark Lowcock, viajó recientemente a Bangladesh para observar de primera mano la situación de los refugiados.

En declaraciones a la prensa en Ginebra, Lowcock dijo que los orígenes de la actual crisis en Bangladesh están en Myanmar y que, consecuentemente, las soluciones deben surgir en Myanmar y deben incluir el regreso voluntario y digno de los refugiados.

Lowcock destacó el sufrimiento que inflige a esa comunidad y relató la historia de un niño de once años al que conoció en uno los campamentos.

“Su madre, el niño y sus cuatro hermanitos emprendieron un viaje de nueve días para escapar de la violencia y del incendio de su aldea. La madre murió en el trayecto. Ese niño es ahora la única persona a cargo de sus cuatro hermanos y su hermana de dos años y medio está gravemente desnutrida”, recalcó.

Lowcock reiteró que es imperativo poner fin a las operaciones militares y permitir el acceso irrestricto de la ayuda humanitaria al estado de Rakhine, en Myanmar.


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Sigue creciendo el número de refugiados Rohingya a Bangladesh

La cifra de refugiados rohingya en Bangladesh crece hasta los 509.000, informa OCHA

Una refugiada en Bazar Cox, Bangladesh recibe asistencia humanitaria de Naciones Unidas y sus socios en el terreno. Foto: PMA/ Saikat Mojumder.

03 de octubre, 2017 — El número de refugiados rohingya que han huido de Myanmar en dirección a Bangladesh se incrementó hasta 509.000 personas, informó hoy la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA).

Ante las crecientes necesidades de ayuda de emergencia que sufren estas personas, el coordinador de Asuntos Humanitarios de la ONU, Mark Lowcock, y el director ejecutivo del Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF), Antohny Lake, solicitaron a la comunidad internacional financiación urgente para ampliar la respuesta humanitaria.

Durante una rueda de prensa en Bazar Cox, Bangladesh, Lowcock destacó las “horribles” condiciones de vida que sufren los desplazados y remarcó la necesidad de que esta tragedia no se convierta en una catástrofe ante la aparición de brotes de enfermedades.

Lowcock añadió que el Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia de la ONU (CERF) entregó 12 millones de dólares adicionales en concepto de respuesta a la crisis, la segunda asignación que realiza este mes.

OCHA destacó que la superficie de tierra que ocupan los refugiados es superior a los nueve millones y medio de kilómetros cuadrados, o el equivalente a una extensión de 889 campos de futbol.