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Los Caballeros de Colón y la reconstrucción de la Iglesia en US

Pederastia; los Caballeros de Colón: ayudemos a reconstruir la Iglesia en Estados Unidos

Carl A. Anderson escribió a los miembros de la mayor sociedad católica de mutuo socorro del país. Entre las propuestas, la extensión de la «tolerancia cero» a las actividades sexuales o a la mala conducta de los sacerdotes, obispos y seminaristas

Carl A. Anderson, Caballero Supremo de los Caballeros de Colón

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Pubblicato il 23/08/2018
Ultima modifica il 23/08/2018 alle ore 15:47
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

 

 

 

El líder de los Caballeros de Colón invitó a los miembros de la organización católica estadounidense a trabajar en el arrepentimiento, en la reforma y en la reconstrucción de la Iglesia después de la reciente tormenta con nuevos escándalos de pederastia. Sugirió, entre otras cosas, la extensión de la tolerancia cero a las actividades sexuales o a la mala conducta por parte de los sacerdotes, obispos y seminaristas.

 

«Los Caballeros de Colón (laicos, sacerdotes y capellanes juntos) tendrán que desempeñar un importante papel en la reconstrucción de la Iglesia. Debemos comprometer a los Caballeros de Colón para que trabajen en el arrepentimiento, en la reforma y en la reconstrucción de la Iglesia», escribió el Caballero Supremo, Carl A. Anderson, en una carta pública a todos los miembros. El texto comienza con dos conocidos casos que están sacudiendo a la Iglesia estadounidense (pero también en Europa, América Latina y en otras partes, precisa Anderson) en este momento: los abusos sexuales cometidos por el cardenal Theodore McCarrick y el informe sobre los abusos en las seis diócesis de Pennsylvania. «Muchos se sienten profundamente traicionados por aquellas personas por las que habían tenido una gran consideración», escribe Anderson, afirmando que «el deshonor no cae solo en los autores de los abusos, sino que nos hiere a todos nosotros, así como el silencio de los pastores que han ignorado el grito de su grey», porque, si es indudable que hay «muchos maravillosos y fieles trabajadores en la viña del Señor», queda claro que «además de los devastadores actos criminales, hemos visto muchas otras faltas morales por parte del clero que representan una crisis de adhesión al Evangelio». Y «demasiado a menudo las necesidades de las víctimas han sido subordinadas a un distorsionado sentido de misericordia hacia los autores o a un instinto de auto-conservación clerical».

 

Ahora, prosigue el Caballero Supremo, los Caballeros de Colón deben comprometerse para trabajar en el arrepentimiento, en la reforma y en la reconstrucción de la Iglesia. Arrepentimiento, antes que nada, implica «un informe detallado de los entuertos por parte de los que los han cometido. El arzobispo McCarrick y otros culpables nos deben dar un informe detallado de sus acciones, motivaciones y encubrimientos. Después de años durante los que nos han confesado, ahora les toca a ellos confesar lo que han hecho y qué han dejado de hacer». Un hecho que «ayudará a reconocer cada vez más que el abuso sexual por parte del clero es un problema global que debe ser afrontado desde los más elevados niveles por parte de la Iglesia católica. Los sacerdotes y obispos que se niegan a vivir coherentemente la decisión del celibato, además, deberían ser destituidos del ministerio público, no como castigo, sino por la protección de los fieles y la prevención de futuras declinaciones del escándalo que estamos viviendo».

 

Reformar a la Iglesia, prosigue el Caballero Supremo de los Caballeros de Colón, implica «muchas buenas ideas que se han propuesto, así como una plena y absoluta investigación sobre el abuso sexual por parte de una comisión independiente en la que haya laicos; una absoluta transparencia por parte de la jerarquía católica en cuestiones de mala conducta sexual criminal pasada o futura; una extensión de la tolerancia cero a las actividades sexuales o a la mala conducta por parte de sacerdotes, obispos y seminaristas; y un llamado a la fidelidad por parte de todos los miembros del clero, incluidos los obispos. También hay que crear una “hotline” ética independiente para denunciar las conductas criminales y otras en conflicto con las enseñanzas católicas del estilo de vida sacerdotal; y tiene que haber medidas de protección contra la posibilidad de represalias. Reformas que –subraya Carl A. Anderson– serán difíciles para una Iglesia para nada acostumbrada, y debemos sostener a nuestros obispos y a nuestros sacerdotes para que sigan estas reformas con el objetivo de reconstruir a la Iglesia».

 

Reconstrucción de la Iglesia que, tercero y último punto de las indicaciones de los Caballeros de Colón, se pone en marcha «de diferentes maneras», empezando por seguir el mandamiento del amor de Dios por el prójimo. «Es precisamente lo opuesto del rechazo de Dios y de la explotación del prójimo a los que nuestra Iglesia ha asistido con estos escándalos».

 

Después de haber citado la denuncia de la «suciedad» en la Iglesia que pronunció en 2005 el entonces cardenal Joseph Ratzinger y citada también recientemente en la carta al “pueblo de Dios” del Papa Francisco, Carl A. Anderson concentra sus propósitos para la reconstrucción de la Iglesia en la planeación de una serie de misas de novena, en la próxima organización de un traslado de la reliquia del corazón de san Juan María Vianney y en la fortificación del programa “Building the Domestic Church” que los Caballeros de Colón están sacando adelante desde hace ya tiempo para promover la fe católica desde la vida familiar.

 

Ha llegado el momento, indica el Caballero Supremo, de que «todos los Caballeros permanezcan firmemente resueltos en la fe, como católicos y como gentilhombres. Ayudaremos a los sacerdotes, a los obispos y a las otras religiones para ayudar a que la Iglesia defina un curso para el futuro, en el que Cristo esté en el centro». Los Caballeros de Colón, concluye Anderson, ahora «pueden formar parte de una gran renovación por el bien de la Iglesia», por lo que exhorta a todos los miembros a ser conscientes de que tales «testimonios y sacrificios fieles» pueden inspirar «a millones de otros católicos».

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Chile: para cuándo la reforma? Jerarquía y laicado.

En la Crisis que nos tiene sumidos la Jerarquía

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Por fuera parecen honrados a la gente, por dentro están llenos de hipocresía e iniquidad”

                                                                                                                                 (Mateo 23, 28).

Con indiferencia  e inconsecuencia moral y ética,  la jerarquía de la Iglesia Católica chilena ha llegado a una crisis sin retorno, cuatro son las renuncias aceptadas, dos que no dejaron su cargo a disposición, todos los demás  obispos renunciados, de ellos solo cuatro confirmados como administradores diocesanos por el Papa Francisco.

Nos preguntamos, ¿cómo se explica que se reúnan como CECH si por lógica hoy no existen?, la Conferencia debiera estar disuelta si nos guiamos por la sana convivencia cristiana.   Como pueblo de Dios es lamentable tener que vivir en esta incertidumbre por irresponsabilidades y faltas graves de personas que no valoraron ni respetaron, primero a ellos mismos, segundo su voluntaria y  propia temeraria opción, tercero a toda la feligresía, mas aun hoy no son capaces de hacerse un examen de conciencia para que puedan discernir y tomar decisiones que liberen de todas estas graves anomalías a la iglesia, a los diáconos y al laicado y nos permitan renacer en Jesús.

Los creyentes cristianos somos los que estamos sufriendo, pena, tristeza, dolor, vergüenza e impotencia al ver que el proceso de cambio anunciado es lentísimo, al ver que los renunciados con elástico siguen ejerciendo como si no hubiese pasado nada, por su arrogancia, por su soberbia, con sus desatinadas acciones y desafortunadas declaraciones sigue quedando de manifiesto la gran distancia y escepticismo que existe de parte del laicado para con la jerarquía y el clero en general, están demandados, algunos citados como imputados a declarar, siendo fuertemente investigados por la justicia civil y lo que más llama la atención es que no hay reconocimiento, ni aceptación, ni un mea culpa sincero.

Más bien, no han hecho nada de nada por salvaguardar el buen prestigio de la institución que los cobija y ampara, además, se han burlado de los principios básicos de convivencia humana.  Al contrario estuvieron siempre conscientes de lo que sucedía pero lo ocultaron y encubrieron, faltaron a la Verdad,por lo tanto, se convirtieron en cómplices de crímenes y ahora no les conviene asumir sus responsabilidades personales y menos como autoridades. Ante estos hechos, que falta de honestidad, de transparencia y de consecuencia, hoy por toda esta desconfianza no podemos creerles, esto lo han desencadenado ustedes mismos, háganse cargo, lo mínimo que pueden hacer es renunciar e irse solitos y bajo un prudente silencio.

Para  quienes no profundizan en estos temas y hablan sin fundamentos de la crisis de la Iglesia católica chilena les recordamos que esta es una situación muy grave y el mundo espera ver qué ocurrirá. Para nosotros, como comunidad de Laicos y Laicas de Osorno, esto es gravísimo, ya que iglesia somos todos, no solo el clero, administrativamente y quienes se reconocen como especiales (consagrados) son los que se han tomado la institución religiosa para usufructuar en todo sentido, son los consagrados mal formados los que se adueñaron del poder y se desperfilaron perdiendo todo raciocinio hasta  olvidarse del legado de Nuestro Señor Jesucristo, donde uno de sus mandamientos es Ama a Tu Prójimo como a Ti mismo, es la jerarquía y los consagrados, religiosos y religiosas quienes nos tienen sumidos en esta brutal crisis, donde fracasó definitivamente la formación de estos clérigos y religiosos casi sin distinción.

Lo que ya se conoce y está por conocerse (nada permanecerá oculto dice la Escritura) deja mucho que desear, es aberrante y denigrante ver como tratan de justificar lo injustificable, siguen haciendo el ridículo gratuitamente y así solo profundizan el daño ocasionado a todos los creyentes católicos, tanto individual como comunitario,  personas que se supone deben ser intachables, que se preparan durante años para guiar, proteger y formar, han traicionado el Evangelio,  la sana idiosincrasia y la profunda confianza que el pueblo religioso y creyente depositaba en ellos, esto es  esencial  para subsistir en la vida comunitaria y porque no decirlo en la sociedad en general que quiere ser Discípula (o) del Nazareno.

Mario Vargas Vidal                                   Danilo Andrade Barrientos

Vocero                                                       Laico Ignaciano

Comunidad de Laicos y Laicas de Osorno – Chile.


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La crisis de la iglesia en Chile. Análisis

Felipe Berríos sjAgencias

Mientras haya curas con cuellos romanos, con colleras, que hay que tratarlos de padre u obispos, mientras nosotros seguimos en un estilo que los laicos están para servirnos, excluyendo a la mujer de la Iglesia, esto va a seguir igual

(J. B./Efe).- Ricardo Ezzati “ya no es pastor de nadie y ha perdido la autoridad”. El jesuita chileno Felipe Berríos ha sido meridianamente claro sobre el futuro del todavía cardenal de Santiago. “Es necesario un cambio lo antes posible”.

“Ahora que él (Ezzati) está caído, no quiero hacer leña de él, pero obviamente que ya no es pastor de nadie”, recalcó Berríos, quien advirtió que, tras la renuncia de la plenaria episcopal en mayo pasado, “el problema (ahora) no es cambiar a los obispos, porque no tienes a quién poner”.

“Uno, no tienes a quién poner; dos, hay que cambiar el estilo de la Iglesia. Mientras haya curas con cuellos romanos, con colleras, que hay que tratarlos de padre u obispos, mientras nosotros seguimos en un estilo que los laicos están para servirnos, excluyendo a la mujer de la Iglesia, esto va a seguir igual no más”, denunció el jesuita.

La marcha de Ezzati parece cada vez más clara después de que renunciara a presidir el Te Deum del próximo 18 de septiembre, y también saliera de la Pontificia Universidad de Chile. Para Berríos, “ya ha perdido autoridad, hace mucho tiempo que no tiene autoridad de pastor, no puede ejercer como pastor, ya no está ejerciendo como pastor. Mantiene el título, por eso que sería bueno un cambio lo antes posible“.

Por su parte, el periodista Juan Carlos Cruz, una de las víctimas del influyente sacerdote Fernando Karadima, dijo esperar que “Ezzati salga luego, no se va a librar”. “Creo que ninguno de los obispos actualmente en la Conferencia Episcopal debería ser arzobispo de Santiago. Todos tienen algo“, enfatizó.

Mientras que uno de los denunciantes en el caso Maristas, Eneas Espinoza,afirmó que “fruto de la presión, Ezzati no preside, pero eso no resuelve el problema de fondo”.

“Cuando una crisis es tan profunda, lo único que podría dar una voz de esperanza es que la intervención viniese desde afuera”, agregó.


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Declaraciones del jesuita Cardenal Ladaria.

Mi papel es para defender la fe, pero no soy un inquisidor

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Monseñor Luis Ladaria; Jesuita y Prefecto de la Doctrina de la Fe, que recibirá la púrpura el 28 de junio explica ciertos temas de interés para la Iglesia

A casi un año exacto como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe, el ex Santo Oficio, el jesuita Luis Ladaria Ferrer se prepara para recibir la púrpura el próximo jueves 28 de junio durante el Consistorio que presidirá el Papa Francisco. En estos meses como prefecto (un papel que sirve para «promover y defender la fe, y no para ser inquisidor», aclaró) el nuevo cardenal ha debido afrontar cuestiones espinosas como la comunión a los cónyuges protestantes planteada por el Episcopado alemán, o la del sacerdocio y del diaconato a las mujeres. Precisamente sobre estos temas Ladaria dialogó, con la naturalidad y sentido del humor que le caracterizan, con algunos periodistas durante un breve encuentro organizado por la Sala de Prensa vaticana, a 48 horas de la gran ceremonia en la Basílica de San Pedro.

Sobre la cuestión de la hospitalidad eucarística que ha provocado tantas discusiones, se tuvo la impresión de que su carta fue un “freno” con respecto a la posición anterior de la Santa Sede. ¿Cuásl es la perspectiva?

No era directamente un freno, sino una llamada a la reflexión, sobre todo a partir de la idea de que es una cuestión tan grave que una Conferencia Episcopal de un país debe actuar teniendo en cuenta a toda la Iglesia, para que se llegue a la solución, pero para toda la Iglesia. Es un punto central, si cada uno toma el proprio camino, se puede crear un poco de confusión. Entonces, no fue un freno, sino una invitación a la reflexión. Tratemos de reflexionar, porque se trata de un punto que no toca solamente a un país, no toca solamente a una diócesis, sino a la Iglesia universal. Y esta también era la preocupación del Santo Padre.

Usted también es presidente de la Comisión de estudio sobre el diaconato femenino…

Sí, indignamente fui nombrado presidente…

El camino del sacerdocio para las mujeres parece definitivamente cerrado. ¿A cuáles resultados se ha llegado sobre la cuestión de las llamadas diaconisas?

Es una materia que hemos estudiado y pasaremos dentro de poco nuestras conclusiones al Papa Francisco. Hay que decir que el Santo Padre no nos pidió que estudiáramos si las mujeres pueden ser o no diaconesas: no era esta la pregunta que el Papa nos hizo, sino la de tratar de decir claramente cuáles son los problemas, cuál era la situación en la Iglesia antigua sobre este punto del diaconato de las mujeres y así por el estilo. Sabemos que en la Iglesia antigua existían, efectivamente, las llamadas diaconesas: ¿qué quería decir esto? ¿Era lo mismo que con los diáconos, o no era lo mismo? ¿Era algo muy extendido o algo más bien local? Estas preguntas eran el objeto primario del encargo que hemos recibido del papa. Entonces, no es tarea nuestra decir: “Santo Padre, usted puede ordenar diaconesas”. No, no es eso lo que nos pidió el Papa.

Recordando su nombramiento cardenalicio, ¿cómo recibió la noticia?

Me encontraba celebrando la Fiesta de los Pueblos junto con todas las comunidades extranjeras de Roma en la Basílica de San Juan de Letrán. Durante la misa se acercó un ceremoniero y me dijo que había escuchado en la radio que el Papa Francisco había convocado un Consistorio y que yo estaba en la lista de los nuevos cardenales. Lo supe así, y pensé: “Aceptemos lo que nos dice el Señor”. Y seguí celebrando la misa como si nada.

La púrpura es para servir la caridad, dijo el Papa Francisco en diferentes Consistorios. Usted añadió: para servir también a los fieles simples. ¿En qué sentido?

No lo dije yo, es una idea que retomé de Benedicto XVI, cuando era prefecto de la Congregación. Él decía que tenemos el deber de proteger la fe de las personas que no han tenido una gran formación teológica, que no han estudiado en facultades de teología. La fe de estas personas debe ser defendida para evitar que, mediante ciertas ideas, se pierda. Es lo que trato de hacer yo; de propio no pongo nada.

Dentro de algunos días cumplirá un año como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. ¿Cómo interpreta este encargo, como un mediador o como un inquisidor?

No, inquisidor no. La inquisición se ha acabado, ya no existe. Como está escrito en los documentos oficiales y como decía hace pobo, debemos promover y proteger la fe. Primero promover, con diferentes empeños y diferentes actividades, tratar de que la fe sea cada vez más conocida y proclamada. Defender también quiere decir actuar si en algún momento hay que decir alguna palabra de aclaración. Pero estas intervenciones tratamos de hacerlas siempre con el diálogo, de manera discreta, de manera que no se dañe la buena fama de las personas. Esto es muy importante. 

Salvatore Cernuzio  –  Ciudad del Vaticano

Vatican Insider   –   Reflexión y Liberación

Prefecto Luis Ladaria; No más encubrimientos ante los abusos

“El hecho de que estos casos se estudien, se traten y se castigue debidamente a quien ha cometido este crimen es algo que nos interesa mucho también para la prevención y para que se vea que hay conciencia de este problema y que no se quiere cubrir”, ha señalado Monseñor Luis Ladaria.

A este respecto, ha reconocido que “hubo un tiempo en que se tendía a cubrir” pero ha defendido que esta actitud debe ser erradicada “porque eso es favorecer que estos abusos continúen”. Ladaria ha señalado que recibirá el birrete cardenalicio “como una responsabilidad”, pero también como “un acto de confianza” por parte del Pontífice. “Siento que el Papa habrá pensado que mi actuación en nueve años como secretario de esta Congregación pues no le habrá parecido demasiado mal y me nombró prefecto”, ha declarado a algunos periodistas en la sala de prensa del Vaticano.

Para el arzobispo español, su trabajo “sustancialmente no va cambiar” pero ha reconocido que “es cierto que se hace de otra manera, con una mayor responsabilidad”, a pesar de que “las competencias del prefecto de una congregación no dependen directamente de ser un cardenal”.

Preguntado sobre si las mujeres podrán ser algún día sacerdotes, Ladaria ha señalado que Juan Pablo II dejó ese tema cerrado y ha alertado de caer “en el error de pensar que el papel de la mujer en la Iglesia es solamente el problema de si tiene o no tiene funciones ministeriales de orden sagrado”.  En este sentido, considera una “reducción” ligar en exclusiva el papel femenino en la Iglesia al sacerdocio porque “la Iglesia es mucho más rica”.

“Desde hace tres semanas tenemos en la Congregación de la Fe tres consultoras, lo cual nunca había ocurrido. Y en la Comisión Teológica hay seis mujeres. Tantas no había habido nunca. En la Comisión Bíblica, nunca había habido una mujer y ahora hay tres. Todo esto significa que hay una presencia de la mujer en la Iglesia. Es empobrecer la visión ver nada más el problema del ministerio”, ha reivindicado.

Luis La


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El nombramiento de los nuevos Cardenales. Crónica

“Ninguno de nosotros debe sentirse «superior» a nadie”, ni “mirar los demás desde arriba”

El Papa en el Consistorio para los nuevos cardenales habló sobre «intrigas de palacio» en las curias eclesiásticas. Y explicó que el mayor honor es «servir a Cristo en el hambriento, en el olvidado, en el encarcelado, en el enfermo, en el tóxico-dependiente»
AFP

Francisco durante el Consistorio

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Pubblicato il 28/06/2018
Ultima modifica il 28/06/2018 alle ore 17:07
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

 

«Ninguno de nosotros debe sentirse “superior” a nadie. Ningunos de nosotros debe mirar a los demás por sobre el hombro, desde arriba […] La mayor promoción que se nos puede otorgar: servir a Cristo en el pueblo fiel de Dios, en el hambriento, en el olvidado, en el encarcelado, en el enfermo, en el tóxico-dependiente», y no dejarse corroer por «intrigas asfixiantes que secan y vuelven estéril el corazón y la misión». Son claras y nada fáciles las palabras que el Papa Francisco pronunció en la breve homilía durante el Consistorio público para la creación de 14 nuevos cardenales. El Pontífice concluyó con una cita sobre la pobreza del testamento espiritual de san Juan XXIII.

 

Los nuevos purpurados, uno por uno, desfilan frente al Papa para recibir de sus mano el birrete rojo (el color púrpura que indica el juramento de servir al Obispo de Roma y a la Iglesia “usque ad sanguinis effusionem”, hasta el derramamiento de la propia sangre), el anillo cardenalicio y el pergamino con el “título” que asigna a cada uno una iglesia parroquial de la diócesis de Roma, con lo que entran a título pleno en el clero romano, aunque ejerzan su ministerio en lugares alejadísimos.

 

Los nuevos purpurados son: Luis Raphael I Sako, patriarca de Babilonia de los Caldeos, en IrakLuis Ladaria Ferrer, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe; Angelo De Donatis, Vicario de Roma; Giovanni Angelo Becciu, Sustituto de la Secretaría de EstadoKonrad Krajewski, Limosnero Pontificio; Joseph Coutts, arzobispo de, en Paquistán; António dos Santos Marto, obispo de Leiria-Fátima; Pedro Ricardo Barreto Jimeno, arzobispo de Huancayo, Perú; Désiré Tsarahazana, arzobispo de Toamasina, Madagascar; Giuseppe Petrocchi, arzobispo de L’Aquila, ItaliaThomas Aquino Manyo Maeda, arzobispo de Osaka, Japón. Además de ellos hay otros tres que tienen más de ochenta años: Sergio Obeso Rivera, arzobispo emérito mexicano; Toribio Ticona Porco, prelado emérito de Corocoro, en Bolivia; y el padre español Aquilino Bocos Merino, de los misioneros claretianos, el único que no es obispo.

 

 

En su saludo al Papa, el primero de los nuevos cardenales, el iraquí Luis Sako, recordó que «algunos musulmanes que fueron a felicitarme expresaron su admiración por la apertura de la Iglesia y por su estar siempre cerca de la gente en sus preocupaciones, miedos y esperanzas». Sako se refirió a los sufrimientos de los cristianos: «Su llamado paternal es para nosotros de animación en nuestros sufrimientos y nos da la esperanza de que la tormenta actual pasará y será posible vivir juntos armoniosamente. Creo firmemente en la fecundidad del amor empujado hasta el final. Esta sangre de los mártires no es por nada, Santidad, le aseguramos nuestro apoyo y nuestra colaboración aún más intensa para promover la cultura del diálogo, del respeto y de la paz, por todas partes y en particular en sonde más se necesita».

 

La imposición de los birretes estuvo acompañada por los aplausos de los fieles (más consistentes cuando pasaron los purpurados italianos, pues iban mayormente acompañados). Fueron significativos los abrazos del Papa con los nuevos cardenales, con sus colaboradores más cercados (De Donatis, Ladaria, Becciu y Krajevski), pero fue largo y conmovedor también el abrazo con otros, como con el arzobispo de Karachi, Joseph Coutts, o con el arzobispo de L’Aquila, Giuseppe Petrocchi. Un birrete diferente de los normales fue entregado al patriarca iraquí: en lugar del tradicional “tricornio”, recibió uno de forma cilíndrica semejante a un fez.

 

Francisco meditó sobre el pasaje del Evangelio de Marcos apenas leído en el que se describe la subida de Jesús a Jerusalén, mientras camina frente a sus discípulos. Cristo precede, «primerea», dice Bergoglio, a los suyos, en la hora «de las grandes determinaciones y decisiones».

 

«Todos sabemos –añadió el Papa– que los momentos importantes y cruciales en la vida dejan hablar al corazón y muestran las intenciones y las tensiones que nos habitan. Tales encrucijadas de la existencia nos interpelan y logran sacar a la luz búsquedas y deseos no siempre transparentes del corazón humano». Ante el tercer y más duro de los anuncios de la pasión, el evangelista Marcos no teme revelar «ciertos secretos del corazón de los discípulos: búsqueda de los primeros puestos, celos, envidias, intrigas, arreglos y acomodos; una lógica que no solo carcome y corroe desde dentro las relaciones entre ellos, sino que además los encierra y enreda en discusiones inútiles y poco relevantes». Pero Jesús les dice con fuerza: «No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor».

 

De esta manera, explicó el Pontífice, «el Señor trata de recentrar la mirada y el corazón de sus discípulos, no permitiendo que las discusiones estériles y autorreferenciales ganen espacio en el seno de la comunidad. ¿De qué sirve ganar el mundo entero si se está corroído por dentro? ¿De qué sirve ganar el mundo entero si se vive atrapado en intrigas asfixiantes que secan y vuelven estéril el corazón y la misión? En esta situación —como alguien hacía notar— se podrían vislumbrar ya las intrigas palaciegas, también en las curias eclesiásticas».

 

Las palabras evangélicas son utilizadas para analizar la situación actual de la Iglesia. Y esas palabras de Jesús, «No será así entre vosotros», son una «invitación y una apuesta a recuperar lo mejor que hay en los discípulos y así no dejarse derrotar y encerrar por lógicas mundanas que desvían la mirada de lo importante», invitando, por el contrario, a dedicarse a la misión.

 

Precisamente la misión «supone dejar de ver y velar por los propios intereses para mirar y velar por los intereses del Padre. La conversión de nuestros pecados, de nuestros egoísmos no es ni será nunca un fin en sí misma, sino que apunta principalmente a crecer en fidelidad y disponibilidad para abrazar la misión».

 

Y Francisco invitó a estar «bien dispuestos y disponibles para acompañar y recibir a todos y a cada uno, y no nos vayamos convirtiendo en exquisitos expulsivos o por cuestiones de estrechez de miradas o, lo que sería peor, por estar discutiendo y pensando entre nosotros quién será el más importante. Cuando nos olvidamos de la misión, cuando perdemos de vista el rostro concreto de nuestros hermanos, nuestra vida se clausura en la búsqueda de los propios intereses y seguridades. Así comienza a crecer el resentimiento, la tristeza y la desazón».

 

En la Iglesia asfixiada por luchas internas, por intrigas de palacio, por grupitos viejos y nuevos, «poco a poco queda menos espacio para los demás, para la comunidad eclesial, para los pobres, para escuchar la voz del Señor. Así se pierde la alegría, y se termina secando el corazón». Por el contrario, Jesús enseña que «el que quiera ser primero, sea esclavo de todos». Es «la invitación que el Señor nos hace para no olvidarnos que la autoridad en la Iglesia crece en esa capacidad de dignificar, de ungir al otro, para sanar sus heridas y su esperanza tantas veces dañada».

 

Por ello, recordó el Papa indicando el ejemplo de Jesús, «la única autoridad creíble es la que nace de ponerse a los pies de los otros para servir a Cristo. Es la que surge de no olvidarse que Jesús, antes de inclinar su cabeza en la cruz, no tuvo miedo ni reparo de inclinarse ante sus discípulos y lavarles los pies. Esa es la mayor condecoración que podemos obtener, la mayor promoción que se nos puede otorgar: servir a Cristo en el pueblo fiel de Dios, en el hambriento, en el olvidado, en el encarcelado, en el enfermo, en el tóxico-dependiente, en el abandonado, en personas concretas con sus historias y esperanzas, con sus ilusiones y desilusiones, sus dolores y heridas».

 

Solo de esta manera, concluyó Bergoglio, «la autoridad del pastor tendrá sabor a Evangelio, y no será como “un metal que resuena o un címbalo que aturde”. Ninguno de nosotros debe sentirse “superior” a nadie. Ningunos de nosotros debe mirar a los demás por sobre el hombro, desde arriba. Únicamente nos es lícito mirar a una persona desde arriba hacia abajo, cuando la ayudamos a levantarse».

 

Para concluir, Francisco hizo que resonaran en la basílica vaticana las palabras del testamento espiritual de San Juan XXIII: «Nacido pobre, pero de honrada y humilde gente, estoy particularmente feliz de morir pobre, habiendo distribuido según las diferentes exigencias y circunstancias de mi simple y modesta vida, al servicio de los pobres y de la Santa Iglesia que me ha alimentado, lo que me llegó a las manos (en medida bastante más limitada que lo demás) durante los años de mi sacerdocio y de mi episcopado. Apariencias de comodidad, a menudo, velaron ocultas espinas de pobreza y me impidieron dar siempre con la generosidad que habría querido. Agradezco a Dios esta gracia de la pobreza de la cual hice votos en mi juventud, pobreza de espíritu, como Padre del S. Corazón, y pobreza real; y que me sostuvo para no pedir nunca nada, ni puestos, ni dinero, ni favores, nunca, ni para mí, ni para mis parientes o amigos» (29 de junio de 1954).

 

Un ejemplo, el del Papa Bueno que ahora es santo, que Francisco plantea a todos, y, particularmente, a los nuevos y viejos cardenales.


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El Papa crea 14 nuevos Cardenales.

El Papa crea 14 cardenales: «servir a Cristo es la mayor condecoración»

Durante el Consistorio ordinario público en la Basílica de San Pedro, el Santo Padre recordó a los nuevos miembros del Colegio cardenalacio que la máxima grandeza y ambición a la que pueden aspirar “es servir a Cristo y a su Iglesia”.

Sofía Lobos – Ciudad del Vaticano

La tarde del viernes 28 de junio, el Papa Francisco presidió en la Basílica de San Pedro, un Consistorio ordinario público para la creación de 14 nuevos cardenales procedentes de 11 países, cuyos orígenes expresan la universalidad de la Iglesia que, tal y como ha subrayado el propio Pontífice, “continúa a anunciar el amor misericordioso de Dios a todos los hombres de la tierra”.

El Santo Padre dirigió un discurso claro y profundo a los nuevos miembros del Colegio cardenalacio recordándoles que la máxima grandeza y ambición a la que puede aspirar el cristiano es la del servicio al prójimo, siendo capaces de entregar la vida por los demás; siguiendo el modelo del Hijo de Dios.

Servir a Cristo es la mayor condecoración

“La única autoridad creíble es la que nace de ponerse a los pies de los otros para servir a Cristo. Es la que surge de no olvidarse que Jesús, antes de inclinar su cabeza en la cruz, no tuvo miedo ni reparo de inclinarse ante sus discípulos y lavarles los pies. Esa es la mayor condecoración que podemos obtener, la mayor promoción que se nos puede otorgar: servir a Cristo en el pueblo fiel de Dios”, dijo Francisco, destacando que ese servicio cobra vida ” en el hambriento, en el olvidado, en el encarcelado, en el enfermo, en el tóxico-dependiente, en el abandonado, en personas concretas con sus historias y esperanzas, con sus ilusiones y desilusiones, sus dolores y heridas”.

Príncipes de la Iglesia humildes y siervos

Asimismo, el Pontífice reafirmó que sólo actuando de esta manera, “la autoridad del pastor tendrá sabor a Evangelio, y no será como «un metal que resuena o un címbalo que aturde» (1 Co 13,1).

Y en alusión a la humildad que debe prevalecer en el corazón de estos “Príncipes de la Iglesia”, que en la práctica deben comportarse como “pastores que han sido llamados a servir a la Iglesia” bajo la distinción de cardenal; el Sucesor de Pedro los exhortó a no sentirse superiores a nadie: “Ninguno de nosotros debe mirar a los demás por encima del hombro, desde arriba. Únicamente nos es lícito mirar a una persona desde arriba hacia abajo, cuando la ayudamos a levantarse”, dijo.

El peligro de la búsqueda del interés propio

En referencia al pasaje del Evangelio de San Marcos (10,32), leído en la ceremonia del consistorio; en el que dos discípulos, Santiago y Juan, piden a Jesús que les conceda puestos privilegiados cuando alcance la gloria eterna, (sin comprender verdaderamente a qué tipo de gloria se refería el Maestro); el Santo Padre puso en guardia sobre las ambiciones y “las encrucijadas de la existencia que nos interpelan” a lo largo de la vida y “logran sacar a la luz búsquedas y deseos no siempre transparentes del corazón humano”.

Ante este dilema, la respuesta de Jesús es muy clara: «el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor» (Mc 10,43), ya que Él busca recentrar la mirada y el corazón de sus discípulos, “no permitiendo que las discusiones estériles y autorreferenciales ganen espacio en el seno de la comunidad”, explicó el Obispo de Roma observando que “en la búsqueda de los propios intereses y seguridades, comienza a crecer el resentimiento, la tristeza y la desazón. Poco a poco queda menos espacio para los demás, para la comunidad eclesial, para los pobres, para escuchar la voz del Señor”, y así, “se pierde la alegría, y se termina secando el corazón” (cf. Exhort. Ap. Evangelii Gaudium, 2).

La importancia de no olvidarse de la misión

Por otra parte, el Papa resaltó otra de las enseñanzas de Jesús que brota de este Evangelio:  “la conversión, la transformación del corazón y la reforma de la Iglesia siempre es y será en clave misionera, pues supone dejar de ver y velar por los propios intereses para mirar y velar por los intereses del Padre”.

“Estemos bien dispuestos y disponibles, especialmente en los momentos de dificultad, para acompañar y recibir a todos y a cada uno, y no nos vayamos convirtiendo en exquisitos expulsivos, que por cuestiones de estrechez de miradas, se la pasan discutiendo y pensando entre nosotros quién será el más importante”, dijo Francisco a los purpurados.

Agradecer a Dios por la gracia de la pobreza

Por último, el Santo Padre concluyó recordando una palabras del testamento espiritual de san Juan XXIII, “que adelantándose en el camino” pudo decir:

«Nacido pobre, pero de honrada y humilde familia, estoy particularmente contento de morir pobre, habiendo distribuido según las diversas exigencias de mi vida sencilla y modesta, al servicio de los pobres y de la santa Iglesia que me ha alimentado, cuanto he tenido entre las manos —poca cosa por otra parte— durante los años de mi sacerdocio y de mi episcopado».

«Aparentes opulencias ocultaron con frecuencia espinas escondidas de dolorosa pobreza y me impidieron dar siempre con largueza lo que hubiera deseado. Doy gracias a Dios por esta gracia de la pobreza de la que hice voto en mi juventud, como sacerdote del Sagrado Corazón, pobreza de espíritu y pobreza real; que me ayudó a no pedir nunca nada, ni puestos, ni dinero, ni favores, nunca, ni para mí ni para mis parientes o amigos» (29 junio 1954)».

Homilía del Papa

 

 


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Cómo va la reforma de la Curia Vaticana

“Sinodalidad, escucha y discernimiento: así gobierna el Papa Francisco”

A 5 años de la institución del C9, el secretario, monseñor Semeraro, expone cómo va la reforma de la Curia romana, que procede con «ponderación, pero sin correcciones de ruta»

Monseñor Semeraro con el Papa Francisco

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Pubblicato il 23/06/2018
Ultima modifica il 23/06/2018 alle ore 17:30
DOMENICO AGASSO JR.
CIUDAD DEL VATICANO

 

El Consejo de los cardenales está trabajando en la reforma de la Curia con «ponderación, pero sin correcciones de ruta». Lo aseguró el secretario, monseñor Marcello Semeraro, analizando los cinco años del C9, instituido por el Papa Francisco. Con respecto al Pontífice, dijo: está gobernando con «sinodalidad, discernimiento» y, en particular, «con escucha».

 

Semeraro, que es obispo de Albano, dijo en una entrevista con Vatican News (con el periodista Alessandro Gisotti) que está «impresionado» por la «absoluta disponibilidad de los cardenales miembros del consejo para ir al encuentro de los deseos del Papa de poner en marcha este proceso de reforma de la Curia».

 

A las críticas sobre una presunta «lentitud» provocada por «correcciones de ruta» del proceso de renovación, el religioso respondió de esta manera: «Me han dicho que el proceso de elaboración de la “Pastor bonus” (constitución apostólica aprobada por Juan Pablo II en 1988, ndr.) duró más o menos lo que ha durado este proceso: cinco años. La diferencia es que, probablemente, el proceso actual, en sus diferentes etapas, está mucho más bajo la mirada de todos y también es citado, mediante ruedas de prensa y las relaciones que hace la Sala de Prensa. Entonces, probablemente, al no tratarse de un trabajo secreto, sino que por este aspecto está un poco en boca de todos, puede dar la idea de la lentitud del proceso». Pero Semeraro insiste: «en tiempos de prisas y de excesivas aceleraciones, ¡haría un elogio de la lentitud! La lentitud no significa pereza u otras cosas: significa ponderación en este caso. Las correcciones de ruta, en cambio, no las veo para nada».

 

El C9 ha basado su trabajo en el criterio «de la consultación. Consultación de las diferentes realidades afectadas. En primer lugar los encargados de los dicasterios, los responsables de las diferentes oficinas de la Curia romana». «Esto ha tenido ya aplicaciones, aunque la atención de la opinión pública se ha concentrado en algunos aspectos económico-administrativos». El Secretario destacó la institución de la «tercera Sección, que interviene en la Secretaría de Estado, la iniciativa «sobre la traducción y las adecuaciones de los libros litúrgicos, que interviene en la Congregación para el Culto Divino. En este sentido –puntualizó–, el proceso de reforma de la Curia no está por venir, sino que es un proceso que ya se está llevando a cabo en cuestiones importantes, que probablemente no atraigan la atención de la opinión pública, así como podría atraerla una cuestión económica, como los balances de la Santa Sede».

 

Sobre la actitud de Jorge Mario Bergoglio, Semeraro recordó que «en un discurso muy importante, en ocasión del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los obispos, dijo que la sinodalidad comienza con la escucha, y después precisó que es una escucha recíproca». Este es el estilo del Obispo de Roma «con el que participa en las reuniones».

 

El Secretario reveló que Francisco «no quiso hacer ningún discurso oficial ni siquiera cuando comenzó el trabajo del Consejo de cardenales, sino que quiso ponerse inmediatamente a escuchar todo lo que habían reunido los cardenales en la consultación durante los meses de ese primer verano». En ese periodo «hubo más de 100 los informes que tuvo que examinar y ordenar personalmente para el archivo. La escucha, la intervención discreta, también la respuesta, en el caso de que se le pidiera un parecer al Papa… Pero una intervención discreta en el sentido de esa discreción que es una característica de la virtud de la prudencia, que es la virtud, según el esquema clásico de santo Tomás, de quien gobierna».

 

Además de la sinodalidad y de la escucha, el discernimiento es la otra palabra clave del Pontificado de Bergoglio: «El discernimiento no comienza con desiciones ya tomadas. Se dialoga, tratando de ponerse en la perspectiva del otro. Esto, obviamente, exige mucho esfuerzo con respecto a la evaluación y asunción de un voto de mayoría o de minoría». El C9 normalmente «somete a un voto de los presentes –explicó– incluso una deliberación votada por los presentes, sobre diferentes puntos cualificantes. Cuando no se llega a la unanimidad (o, diríamos, mayorías cualificadas de ocho votos de nueve), cuando no se llega a esta unanimidad o mayoría cualificada, el Consejo elige volver a reflexionar sobre la cuestión».

 

Sobre el borrador de la constitución apostólica “Praedicate Evangelium”, entregada al Pontífice el 13 de junio, Semeraro indicó: «El Consejo de cardenales fue instituido por el Papa no principalmente para la reforma de la Curia romana. Lo instituyó como grupo para aconsejarle en el gobierno de la Iglesia universal y, al haber surgido esta instancia en los encuentros de antes del Cónclave, también para estudiar un proyecto de revisión de la constitución apostólica». Entonces, también «cuando haya alcanzado su objetivo de proponer al Papa este texto de constitución, el Consejo continúa en sus actividades anteriores». El C9, explicó, ha preparado «un borrador de propuesta, porque el Consejo hace propuestas. Un borrador de propuesta que ahora, en estos meses de verano, será afinado, arreglado para que el Papa pueda contar con un texto que sea más o menos homogéneo en el equilibrio y en el lenguaje. Y después, así como sucedió con “Pastor bonus”, la intención del Santo padre es la de llegar a una consulta sobre los organismos. Creo que serán los dicasterios de la Curia romana y otras realidades las que el Papa querrá consultar».