Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Quién era San José y cuál fue su rol en la sagrada familia. Palabras del Papa

“Que San José dé a los jóvenes la capacidad de arriesgar por sus sueños”

El Papa en Santa Marta: el padre putativo de Jesús es el custodio de las debilidades de los hombres y del «sueño de Dios». Participaron en la misa las familias de las chicas estudiantes de intercambio que murieron en un accidente en España

“Que San José dé a los jóvenes la capacidad de arriesgar por sus sueños”

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Pubblicato il 20/03/2017
Ultima modifica il 20/03/2017 alle ore 13:20
DOMENICO AGASSO JR.
CIUDAD DEL VATICANO

Que ayude a los chicos a asumir «las tareas difíciles que han visto soñando». Por lo tanto, a tener la capacidad de soñar, además de arriesgar. Es la invocación que Papa Francisco elevó a San José durante la Misa de esta mañana, 20 de marzo de 2017, en la capilla de la Casa Santa Marta. El Papa reflexionó sobre la figura del padre putativo de Jesús, custodio (con ternura paterna) de las debilidades de los hombres y del “sueño de Dios”, cuya solemnidad fue cambiada porque ayer, 19 de marzo, coincidía con el domingo de Cuaresma.

 

El Pontífice celebró en memoria de las trece estudiantes que participaban en el programa de intercambio universitario europeo Erasmus, que fallecieron hace un año en España en un accidente en Cataluña. Estuvieron presentes en la celebración los padres y familiares de las chicas italianas que perdieron la vida hace un año.

 

Como indicó la Radio Vaticana, el Pontífice subrayó que San José obedece al Ángel que se le aparece en sueños, y toma consigo a la Virgen, embarazada por obra del Espíritu Santo. José es un hombre reservado, y obediente, lleva sobre sí la promesa de «descendencia, de herencia, de paternidad, de filiación, de estabilidad». Y este hombre, que es un «soñador», es capaz de «aceptar esta tarea, esta tarea pesada y que tiene mucho que decirnos a nosotros en este tiempo de fuerte sentido de orfandad». Y así, «toma la promesa de Dios y la saca adelante en silencio con fortaleza, para que lo que Dios quiere se cumpla», recordó el obispo de Roma.

 

San José puede «decirnos muchas cosas, pero no habla», es«el hombre oculto, que tiene la mayor autoridad en el momento sin darla a ver». Francisco puso el acento en lo que Dios confió al carpintero: son «cosas débiles: promesas», y una promesa, dijo el Papa, es débil. Como son débiles el Nacimiento del Niño, la fuga a Egipto. Sin embargo san José toma en el corazón y «hace suyas» todas «estas debilidades» como se sacan adelante las debilidades: «con mucha ternura, con la ternura con la que se carga un niño».

 

Bergoglio recordó con énfasis: «Es el hombre que no habla, sino que obedece, el hombre de la ternura, el hombre capaz de sacar adelante las promesas para que se vuelvan sólidas, seguras; el hombre que garantiza la estabilidad del Reino de Dios, la paternidad de Dios, nuestra filiación como hijo de Dios». Al Papa le gusta pensar en él «como el custodio de las debilidades, de nuestras debilidades incluso: es capaz de hacer que nazcan cosas bellas de nuestras debilidades, e incluso de nuestros pecados».

 

Según el Pontífice, es custodio de las debilidades para que se vuelvan fuertes, en la fe. Y este encargo lo recibió durante un sueño: es por ello que San José es un hombre «capaz de soñar». Y es también «custodio del sueño de Dios»: el sueño de «salvarnos a todos», de la redención. El Señor se lo confía a este humilde carpintero. ¡Humilde, pero «grande este carpintero!».

 

Al final, Francisco lo invocó: «Que nos dé la capacidad de soñar, porque cuando soñamos cosas grandes, cosas bellas, nos acercamos al sueño de Dios, las cosas que Dios sueña sobre nosotros». En particular, «que dé a los jóvenes (porque él era joven) la capacidad de soñar, de arriesgar y de emprender tareas difíciles que han visto en sueños». Y «a todos nosotros la fidelidad que generalmente crece en una actitud justa, él era justo, crece en el silencio y crece en la ternura –concluyó el Papa– que es capaz de custodiar las propias debilidades y las de los demás».


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Elecciones de la jerarquía española.

José Manuel Vidal, director de Religión Digital ofrece un severo análisis de las últimas elecciones en la asamblea de la Conferencia episcopal española. El comentario lleva el título de: “Las diez claves para entender los resultados de las recientes elecciones episcopales” de España.

Puede leerse en el siguiente enlace:

http://www.periodistadigital.com/religion/espana/2017/03/19/las-10-claves-para-entender-los-resultados-de-las-recientes-elecciones-episcopales.shtml
-episcopales.shtml


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El Cardenal Blázquez, al frente de la asamblea de los obispos españoles, felicita al Papa en su cuarto aniversario.

 

En nombre de los obispos españoles el Cardenal Blazquez felicita al Papa Francisco.

Hoy, 13 de marzo, se cumplen cuatro años de la elección del Papa Francisco. Por este motivo y por la circunstancia de final de un trienio y comienzo de otro, que marca el ritmo de nuestra andadura, quiero expresar en nombre de la Conferencia Episcopal nuestra comunión con el papa Francisco, obispo de Roma y pastor de la Iglesia universal. Recuerdo algunos ingredientes que constituyen la realidad rica y básica de la comunión eclesial entre cabeza y miembros del Colegio Episcopal: la unión fraterna en el ministerio episcopal, la colaboración y obediencia al sucesor de Pedro, el afecto cordial en el Señor, el apoyo en el ejercicio de su ministerio petrino, la manifestación de cercanía en las pruebas que comporta el encargo de apacentar el rebaño del Señor, la gratitud por su vida generosamente entregada en el cumplimiento del ministerio recibido, la búsqueda de los caminos del Evangelio en nuestro tiempo con sus oportunidades y desafíos. El papa Francisco nos repite constantemente que oremos por él; desde aquí invito a todos a pedir al Señor, con unas palabras de la Liturgia de las Horas, que le conceda «una fe inquebrantable, una esperanza viva y una caridad solícita».

 


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Problemas internos en algunas comunidades cristianas de Medio Oriente.

 

La crisis constante en el Patriarcado greco-melequita
El desmentido de los rumores de la renuncia del Patriarca Grègoire III Laham. Mientras tanto hay quienes hablan de una carta ya enviada a Roma. Un caso emblemático de las dificultades «internas» que viven la jerarquía y el clero de muchas comunidades cristianas del Medio Oriente
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Pubblicato il 06/03/2017
Ultima modifica il 06/03/2017 alle ore 18:11
GIANNI VALENTE
A pesar de las declaraciones rituales para tranquilizar y sobre el espíritu de «renovada comunión», siguen soplando vientos de crisis sobre las relaciones entre el Patriarca greco-melequita Grègoire III Laham y una gran parte del episcopado de esa Iglesia católica oriental. El Patriarcado acaba de difundir un comunicado para insistir en que el Patriarca permanecerá en su sitio, guiando el Patriarcado, y en que se está preparando para «nuevos proyectos», con la intención de redoblar los propios esfuerzos, «tanto a nivel local como a nivel internacional», para «aliviar los sufrimientos de la población en la crisis actual, sobre todo en Siria, Irak y Palestina». Pero el comunicado, como una especie de «excusatio non petita», ha confirmado las tensiones que existen desde hace tiempo dentro del Sínodo melequita. En Damasco, mientras tanto, se difunden rumores que hablan de una carta de renuncia del Patriarca ya enviada a Roma.
La primera y clamorosa manifestación del malestar reinante en el Sínodo melequita surgió en junio de 2016. En esa época el Sínodo de la Iglesia Católica greco-melequita, después comenzar el 20 de junio en el seminario de Ain Traz, al sureste de Beirut, fue interrumpido pues un buen número de obispos no se presentaron a la asamblea sinodal, con lo que no hubo el quórum necesario para que esta continuara. De los 22 obispos melequitas entonces en sus puestos, solamente 11 participaron en la asamblea inaugural. Desde entonces, las tensiones y los malos humores cobraban cuerpo con la petición de la renuncia del Patriarca Grègorie III, apoyada por un grupo de por lo menos 10 obispos, y la elección de un nuevo Patriarca. Las causas de estos malestares también se relacionaban con algunas cuestiones financiero-administrativas: algunos acusaban al Patriarca de haber acabado con el patrimonio de la Iglesia. En una declaración después de que se fijara una nueva fecha para el Sínodo, Grègorio III, subrayó que el derecho canónico oriental no contempla la posibilidad de imponer al Patriarca la renuncia en contra de su voluntad, y que todas las eventuales controversias debían ser afrontadas dentro de la Asamblea sinodal. El Patriarca citaba en esa ocasión algunas disposiciones propuestas por la Congregación vaticana para las Iglesias orientales.

Del 21 al 23 de febrero de este año, el Sínodo del Patriarcado melequita volvió a reunirse en la sede patriarcal de Raboué, en Líbano. Lo que hizo posible el éxito de la asamblea sinodal fue la obra de persuasión que llevaron a cabo los Nuncios apostólicos en Siria y en el Líbano, el cardenal Mario Zenari y el arzobispo Garbiele Caccia, ambos excepcionalmente presentes durante las sesiones de trabajo sinodal. Al final de la Asamblea se difundió un comunicado con tonos alentadores, en el que los participantes dieron gracias al Señor por haberles dado el «espíritu de reconciliación fraterna» para restablecer la paz en la Iglesia y «retomar el camino de comunión». En el comunicado se aludía al tono «inconveniente» que utilizaron algunos obispos en las polémicas y también a los «errores de gestión, con toda probabilidad involuntarios» que indicaron algunos obispos en la administración del patrimonio. También se estableció la fecha para la próxima Asamblea sinodal, que será del 19 al 24 de junio de 2017, y se subrayó que, mientras tanto, los nuevos miembros permanentes del Sínodo patriarcal, que deben ser nombrados, habrían «asistido» al Patriarca en sus funciones. En realidad, desde Damasco algunas fuentes cercanas al Patriarcado sostienen que durante la Asamblea sinodal de febrero el Patriarca, bajo las presiones de la mayor parte de los obispos, habría firmado una carta para renunciar al propio ministerio patriarcal. La carta ya habría sido enviada a Roma, pero todavía no habría ninguna respuesta. Según algunos observadores, las indicaciones de la Santa Sede podrían llegar después de la Cuaresma y de la celebración de la Pascua. Pero hay quienes creen que el Patriarca no quiera renunciar verdaderamente: habría que leer con esta clave de interpretación el comunicado que acaba de difundir el la oficina para las comunicaciones del Patriarcado. El texto se refiere explícitamente a algunos artículos publicados por algunos medios locales en los que se alude a la posible renuncia del Patriarca, y también invita a los que trabajan en los medios a publicar noticias cuya veracidad haya sido confirmada.

Más allá de las indiscreciones, el estado de malestar en la Iglesia melequita es una de las señales más elocuentes de las dificultades «internas» que viven las jerarquías y el clero de muchas comunidades cristianas del Medio Oriente, desveladas por las convulsiones causadas por los conflictos y las contraposiciones sectarias. Hace algunos días, el arzobispo Samir Nassar, que guía la archieparquía de Damasco de los maronitas, en su carta cuaresmal indicó entre las primeras causas de los sufrimientos que acechan a las Iglesias en Siria la hemorragia de sacerdotes que han huido de Damasco durante los años de la guerra civil, dejando a los fieles sin consuelo pastoral. El Patriarca caldeo Louis Raphael I Sako ha llevado a cabo una larga batalla para denunciar el éxodo de sacerdotes y religiosos que han abandonado su patria y que se han mudado (sin el consenso de sus obispos) al Occidente. Mientras el tejido eclesial local parece disiparse en muchas zonas, aumenta el número de agentes eclesiales comprometidos por completo en operaciones de colectas de fondos y en la gestión de recursos para favorecer a los «cristianos perseguidos».


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Cuba y el santuario de la Virgen de El Cobre.

Cuba; la iglesia de El Cobre será restituida al episcopado

Primera parte de un viaje a una tierra de frontera y de encuentros en la que «ser cristiano no es más difícil de cuanto lo sea en los demás países del mundo»

Cuba; la iglesia de El Cobre será restituida al episcopado

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Pubblicato il 04/03/2017
LUIS BADILLA
SANTIAGO DE CUBA

La arquidiócesis de Santiago de Cuba, que se encuentra en la región occidental de la isla que fue cuna del primer cristianismo cubano, y que ha sido visitada por tres Papas (Juan Pablo II en 1998, Benedicto XVI en 2012 y Francisco en 2015), y que en la actualidad es guiada por el presidente de la Conferencia de los obispos católicos del país, monseñor Dionisio García, está viviendo desde hace tiempo una floreciente primavera religiosa. Y su centro es precisamente un pequeño pueblo, El Cobre, a 32 kilómetros de la ciudad. Desde aquí, en 1953, comenzó la revolución cubana orquestada por el comandante Fidel y su hermano Raúl Castro. Pero antes había sido cuna de las luchas independentistas en contra de la dominación española y en contra de la esclavitud. Entre los 47 obispos que ha tenido desde 1517, casi todos ellos ilustres, destaca san Antonio María Claret y Clark, Cmf (del 20 de mayo de 1850 al 20 de junio de 1859, día de su renuncia).

 

Entre sus más de 15 parroquias, está la de El Cobre, sede del famoso Santuario de la Basílica de Nuestra Señora de El Cobre, que funge también como iglesia parroquial. La iglesia de la parroquia existe pero desde hace más de 50 años, después de la nacionalización, y se ha utilizado con otros objetivos, sobre todo como almacén estatal. Durante este año los amplios locales serán restituidos a la iglesia y así la parroquia volverá a su vida normal y el párroco, el dinámico padre Gustavo Cunill, a quien visitamos durante algunos días en su casa parroquial, contará con el espacio necesario para todas las actividades de la comunidad eclesial local. Al escuchar sus generosas e inteligentes respuestas a mis preguntas, recordé lo que decía un arzobispo cubano que ya falleció: «En Cuba no es más difícil ser cristiano de cuanto lo sea en los demás países del mundo».

 

Santuario y parroquia temporal

 

Durante más de medio siglo la parroquia local ha compartido el santuario, dirigido actualmente por el padre rector Eugenio Castellanos, para llevar a cabo y desarrollar sus actividades, que son muchas a pesar de que el pueblo sea pequeño: catequesis, bautismos, grupos juveniles de voluntarios para la asistencia a los enfermos graves o terminales, centro de distribución semanal de ayuda material a las poblaciones más necesitadas. En las últimas semanas, la parroquia también ha estado en primera línea en las actividades de socorro entre los habitantes cuyas modestas propiedades (pequeñas casas blancas, en orden, aseadas y graciosas) fueron devastadas por el paso del huracán Sanday en noviembre del año pasado. Más del 50% de las viviendas se quedaron sin techo y no pocas fueron reducidas a escombros, porque se utilizaron materiales ligeros para su construcción. El mismo santuario, a pesar de ser de cemento y de su solidez, sufrió algunos daños: se cayeron las puertas principales y muchos vidrios de las ventanas quedaron hechos añicos. Había sucedido lo mismo en 2012 con otro huracán.

 

La restitución de la iglesia parroquial, que forma parte de un gradual proceso de devolución de los edificios de culto a la Iglesia católica cubana, dará a este lugar un singular y nuevo dinamismo, y el padre Gustavo Cunill se está preparando con el optimismo y el entusiasmo que revela en su compromiso pastoral. Don Gustavo indica que las dificultades no son pocas, pero no desiste y se siente muy animado por el obispo y por sus demás hermanos, así como por las visitas de los Papas al santuario y al pueblito: Benedicto XVI y Francisco. Hace 19 años, san Juan Pablo II, anciano y enfermo, no pudo visitar la Basílica menor, por lo que, en la plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba, en la que celebró la Eucaristía, se puso aliado del altar una pequeña estatua de la Virgen de la Caridad de El Cobre para que lo acompañara.

 

Girasoles amarillos para la «Cachita»

 

Benedicto y Francisco, durante sus respectivas visitas a Cuba, pasaron una noche cerca del Santuario en una pequeña casa, un edificio rectangular simple y esencial, construido para Papa Ratzinger en pocos meses, en uno de los patios internos de la Casa para retiros espirituales de la que se ocupan las monjas de Madre Teresa de Calcuta, al lado de la basílica mariana. En la zona hay otros dos edificios: un pequeño albergue para peregrinos y una casa en la que se retiró después de su renuncia, por motivos de edad, el arzobispo anterior, monseñor Pedro Claro Meurice Estilu, que murió en Miami el 10 de febrero de 2007.

 

Toda la vida de la comunidad de El Cobre (cuyas principales fuentes de trabajo son dos: una pequeña mina de oro abierta y las oficinas estatales) gira al rededor del Santuario, día y noche. Es gran de la atracción por la piedad popular, por la devoción mariana y por los peregrinajes que hacen los cubanos y también mucha gente del extranjero. Cada semana la Basílica recibe a algunos miles de fieles y todos, antes de entrar al santuario (la «casa de la Madre de los cubanos», llamada afectuosamente con el diminutivo «Cachita» y proclamada Patrona de Cuba por Benedicto XV hace cien años), compran una vela y un original y hermoso homenaje floral en forma de corona ovan en donde, sobre una base de hojas entretejidas con gran habilidad y belleza, hay varios girasoles amarillos.

 

Pequeñas obras maestras de los artesanos del pueblo, principalmente mujeres de todas las edades, que después son vendidas por las calles que conducen a la Basílica por los varones, principalmente jóvenes. A quienes compran el arreglo de flores se les regala una bolsita con guijarros entre los que hay pequeñas y luminosas pepitas de cobre. La atención y el respeto de los vendedores, tanto ambulantes como los que tienen pequeños e improvisados quioscos, son sorprendentes, cien por ciento hechos en Cuba, gentiles, persuasivos y solidarios. A menudo, cuando los peregrinos y turistas quieren ofrecerles más (los precios son irrisorios) se niegan con cortesía y firmeza. Le sucedió a nuestro grupo, que escuchó decir: «No señor. Nosotros queremos explotar el turismo y no al turista».

 

La mina de cobre abandonada y la religión de la unidad nacional

 

Toda la historia del país, de la Virgen y del Santuario, así como del pequeño pueblo, se relaciona con una mina de cobre, que fue clausurada en el año 2000 porque ya no daba buenos rendimientos. La existencia del cobre en este lugar fue descubierta durante los primeros años del siglo XVI. Un puñado de europeos, principalmente alemanes, comenzó a explotar el mineral utilizando mano de obra de muchos esclavos indígenas y afrocubanos, evangelizados por el eremita Mathias de Olivera. Entre 1673 y 1731 hubo muchas protestas y levantamientos del pueblo en contra de la explotación y de la esclavitud, que fue abolida gradualmente entre 1880 y 1886. El monumento «El Cimarrón», en una veta de la mina, recuerda la lucha contra el esclavismo.

 

En 1606 dos indígenas (Rodrigo y Juan de Hoyos) y un criollo (Juan Mortero) encontraron en la bahía de Nipe, que se abre al Mar Caribe, una pequeña estatua de la Virgen que estaba flotando. La estatua estaba bastante arruinada y tenía un a frase: «Yo soy la Virgen de la Caridad». En el siglo XVII, después de una pequeña restauración, la estatuita fue colocada en la capilla del hospital para los esclavos mineros. El primer santuario fue destruido en 1906. La construcción del santuario actual comenzó alrededor de 1902. En 1936 la «Cachita» fue coronada por voluntad de Papa Pío XI. Los Padres de la Patria, entre los que destaca Carlos Manuel de Céspedes, en 1868, junto con los «manbisas» (insurgentes contra la dominación española) dejaron a los pies de la Virgen las armas con las que habían combatido. Desde entonces también se conoce a la Virgen como «La Mambisa».

 

Estos son algunos datos históricos que anticipan una realidad imborrable de Cuba: su carácter, su unidad y su temperamento nacional no pueden ser explicados ni comprendidos fuera del catolicismo y de su intrínseca vocación mariana. Así como la historia cubana desde mediados del siglo XX hasta la fecha no puede explicarse sin el «castro-guevarismo», toda la historia del pueblo cubano, desde el descubrimiento de Colón, no se puede explicar sin el Evangelio y la Virgen. Y esta es una realidad única y excepcional entre todas las naciones del continente americano.

 

Los últimos 21 años de la historia cubana

 

Durante 43 años, de 1953 a 1996, año del encuentro en el Vaticano entre el presidente Fidel Castro y Juan Pablo II, las relaciones entre la revolución cubana, la Iglesia local y la Santa Sede, nunca interrumpidas, tuvieron altibajos, sobre todo por situaciones específicas y circunscritas, pero ninguna de las partes denunció o enfatizó (porque nunca existió) una situación de persecución religiosa. Una presunta persecución fue impugnada pro la propaganda política e ideológica anti-cubana, aderezada a menudo con la ignorancia y la mentira. Es por ello que desde 1996, gradualmente y en el respeto recíproco, fue creciendo el diálogo, la colaboración y el intercambio entre La Habana el episcopado y la Sede Apostólica. En este proceso, las visitas de tres Papas han sido piedras de toque.

 

Quedan pendientes, para las etapas sucesivas, dos aspectos nada fáciles y probablemente muy largos. Por un lado están las conversaciones que comenzaron a finales del año pasado entre dos delegaciones: cinco miembros que representan al episcopado cubano, guiadas por el arzobispo de Santiago de Cuba, monseñor Dionisio García (presidente de la Conferencia de los Obispos católicos), y cinco representantes del gobierno guiados por el Ministerio de Asuntos Exteriores, Bruno Rodríguez. Por otra parte está un amplio capítulo dentro de la Iglesia cubana misma, en donde los desafíos son múltiples, en particular los que se relacionan con la actualización no solo al momento histórico del país, sino también con el dinamismo del Pontificado actual. Las cuestiones específicas son diferentes y van desde la formación del clero hasta la catequesis y más en general pasan por las formas de evangelización, por la relevante cuestión del sincretismo religioso y por la respuesta a las exigencias de las nuevas generaciones en un país que ha envejecido mucho y en el que nacen muy pocos niños. Volveremos a hablar sobre estos argumentos en los próximos artículos.


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La cuestión de los obispos en las relaciones China-Vaticano.

Cuando Ratzinger dijo: todos los obispos chinos son “válidos”

Desde los años ochenta, un análisis exhaustivo de la Congregación para la Doctrina de la Fe, guiada por el entonces cardenal Joseph Ratzinger, dejó claro que todas las ordenaciones episcopales chinas administradas sin el consenso del Papa eran válidas. Ateniéndose a los mismos criterios sugeridos por el cardenal Joseph Tong para exponer las razones del posible acuerdo entre China y el Vaticano sobre los nombramientos de los obispos chinos

Fieles chinos rezando

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Pubblicato il 28/02/2017
Ultima modifica il 28/02/2017 alle ore 11:25
GIANNI VALENTE

El nombramiento de los obispos católicos chinos representa el «problema crucial» que deben resolver la China popular y la Santa Sede. Y los «resultados preliminares» del dialogo en curso entre ambas partes hacen «tener buenas esperanzas» en un «posible acuerdo» sobre las modalidades con las cuales serán elegidos y nombrados los candidatos chinos al episcopado. Lo escribió el cardenal chino Joseph Tong, obispo de Hong Kong, en un ensayo dedicado al «futuro del dialogo entre China y la Santa Sede desde el punto de vista eclesiológico». Algunas semanas después de su publicación, el texto del templado cardenal chino se perfila cada vez más como una ocasión preciosa (a pesar de ser menospreciada y saboteada por varias fracciones) para favorecer un saludable salto de cualidad en el análisis sobre la negociación que están llevando a cabo China y la Santa Sede.

En su texto, con mucha paciencia, Tong describió las razones y los criterios que guían a la Sede Apostólica en su presuroso afán para resolver el «nudo» de las ordenaciones episcopales chinas. Volvió a explicar que la comunión jerárquica entre el Sucesor de Pedro y los obispos católicos chinos, como con todos los demás, tiene que ver con la naturaleza misma de la Iglesia, representa un elemento al que no se puede renunciar de su misma catolicidad, y por lo tanto se distingue hasta de importantes derechos reivindicativos en nombre de la libertad religiosa. Porque cancelar o impedir cualquier manifestación de la libertad religiosa, por esperable que sea y por defendible que sea, de por sí no cancela y no desvirtúa la catolicidad de la Iglesia de Roma, como documentan milenios de historia del cristianismo.

 

Y hay una premura dominante que impulsa a la Sede Apostólica a verificar la posibilidad de un acuerdo con las autoridades civiles chinas en relación con la cuestión de los nombramientos de los obispos: la exigencia de certificar y garantizar que en el futuro la legitimidad de las ordenaciones de los obispos católicos chinos y la eficacia de salvación de los sacramentos por ellos administrados ya no se vea ofuscada, ni siquiera por las sombras efímeras de la duda y de la sospecha. Esta preocupación sugiere y determina también las decisiones concretas que hay que tomar en la negociación con las autoridades chinas.

 

En el acuerdo en el que se está trabajando, sugirió el cardenal Tong, el consenso del Sucesor de Pedro para los nombramientos de los nuevos obispos chinos es explícitamente reconocido como «conditio sine qua non», elemento imprescindible y vinculante en la dinámica propia de las ordenaciones episcopales católicas. El acuerdo propuesto por Tong en su texto respeta todo lo que la Tradición, con base en la Sagrada Escritura, ha mantenido, definido, custodiado y defendido como esencial en relación con la elección de los sucesores de los apóstoles.

 

Los detractores del posible acuerdo entre China y el Vaticano, para continuar con sus «pequeñas guerras», se ven obligados a ocultar (a veces con vergonzoso desprecio de la inteligencia ajena) un dato emblemático más que evidente: los criterios de discernimiento eclesial seguidos por la Santa Sede en las negociaciones en curso con los gobernantes chinos son los mismos que guiaron a otros Papas y a sus colaboradores que debían tomar decisiones delicadas y concretas ante otras dificultades parecidas e incluso más graves en relación con la Iglesia en China. Como sucedió, por ejemplo, a mediados de la década de los ochenta, cuando la Congregación para la Doctrina de la Fe, guiada por el entonces cardenal Joseph Ratzinger, recibió el encargo de verificar si las ordenaciones episcopales ilegítimas (celebradas en China con presiones de los organismos «patrióticos» y sin el consenso del Papa) podían ser consideradas válidas o eran solamente parodias sacrílegas construidas por una Iglesia reducida a departamento religioso del aparato civil. Una historia del pasado que ilumina el presente. Y que Vatican Insider puede recorrer, añadiendo detalles inéditos.

 

Un tesoro en riesgo

 

Las auto-ordenaciones episcopales democráticas, que no cuentan con el consenso del Obispo de Roma y que se celebran bajo la dirección de la Asociación patriótica de los católicos chinos, comenzaron en 1958. Durante largos años, bajo las presiones del poder civil, en los mismos ritos de consagración se incluían algunas fórmulas inadecuadas y se omitían algunas de las acostumbradas, como para insistir en que tales ordenaciones episcopales se daban sin ninguna «interferencia vaticana» en la vida religiosa del país. Después del «apagón» total con el cruel paréntesis de la Revolución cultural, las ordenaciones episcopales «democráticas» volvieron a comenzar durante la década de los años setenta, cuando sacerdotes y obispos volvieron a operar en las diócesis después de haber sido liberados de los campos de reeducación y de los campos de trabajos forzados. Durante esos años algunos católicos chinos del área «clandestina», la que se negaba a cualquier compromiso con la política religiosa del Partido comunista, habían vuelto a plantear algunas dudas sobre la validez misma de las consagraciones episcopales que no contaban con la aprobación papal.

 

Si las de los obispos «patrióticos» no eran verdaderas ordenaciones episcopales, quería decir que eran inválidas también las ordenaciones sacerdotales administradas por esos mismos obispos. Así, se habría negado el valor y la eficacia también de los sacramentos celebrados en las iglesias que el gobierno comenzaba a permitir, después de la Revolución cultural. Se habría disipado el tesoro de la gracia y del consuelo cristiano al que finalmente muchos fieles podían acceder con cierta facilidad, después de años tremendos.

 

Sucesión apostólica ininterrumpida

 

Mientras tanto, llegaban a Roma también las cartas enviadas por obispos chinos ordenados a principios de los años ochenta sin mandato Pontificio, que pedían el reconocimiento como obispo legítimo de la Sede Apostólica. Entonces la Congregación de Propaganda Fide sometió la cuestión a Juan Pablo II, quien le encargó el estudio del caso para «aclarar dudas que podrían eventualmente subsistir sobre la validez misma de la ordenación». En 1983, esa petición de aclaraciones doctrinales fue presentada a la Congregación para la Doctrina de la Fe. El trabajo, coordinado por el ya fallecido Jean Jérôme Hamer, entonces Secretario del dicasterio vaticano que después habría sido creado cardenal, duró dos años y se sirvió de los «votos de tres autorizados canonistas apreciados por los Dicasterios vaticanos»: el actual cardenal Josè Saraiva Martins, el jesuita Gianfranco Ghirlanda (que después se convirtió en Recotr de la Pontificia Universidad Gregoriana) y don Antonio Miralles, de la Prelatura personal del Opus Dei, profesor de Teología dogmática en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. En 1985 cayeron todas las reservas: la Santa Sede reconoció como válidas las ordenaciones episcopales en China, más allá de cualquier duda razonable. Y esto sucedió en virtud de consideraciones y argumentaciones sorprendentemente en sintonía con el «modus operandi» de la Santa Sede en la actual fase de las negociaciones sino-vaticanas.

 

En la primera mitad de los años ochenta, los funcionarios y asesores del ex Santo Oficio no se pudieron a medir los hechos partiendo de la premisa de que todo estaba en orden. Más bien trataron de verificar si las ordenaciones episcopales chinas «patrióticas» se habían llevado a cabo con las condiciones esenciales exigidas para la validez sacramental.

 

La Iglesia católica reconoce que solamente los varones bautizados pueden convertirse en sacerdotes y obispos, y que solo los obispos que han recibido la sucesión apostólica válida a su vez pueden transmitirla. Al respecto, se verificó minuciosamente toda la nómina de los consagrantes de cada una de las ordenaciones ilegítimas celebradas desde 1958 hasta 1982, para documentar que en las líneas de sucesión apostólica no había habido interrupciones.

 

Rituales «retocados», pero no en lo esencial

 

La Congregación para la Doctrina de la Fe, reuniendo también las versiones de testigos oculares, verificó que todas las ordenaciones de los obispos «patrióticos» chinos se habían llevado a cabo según el Pontifical romano, en las viejas ediciones latinas, tanto antes como después de la Revolución cultural. La Constitución apostólica «Sacramentum ordinis» de Pío XII (de 1947) indicó que eran elementos irrenunciables para considerar válida una ordenación episcopal la imposición de las manos del obispo consagrante sobre el elegido y la recitación de algunas palabras del «Praefatio» (la oración de la consagración), es decir la fórmula «Comple in sacerdote tuo ministerii tui summum, et ornamentis totius glorificationis instructum coelestis unguenti rore sanctifica» («Cumple en tu sacerdote la plenitud de tu ministerio y revístelo con las insignias de la más alta dignidad, santifícalo con la frescura del celeste ungüento»). En las ordenaciones ilegítimas chinas, algunas partes del ritual se omitían o se manipulaban. En la fórmula de juramento se omitían todas las referencias al Papa y a la Sede apostólica. Se incluían fórmulas de carácter nacionalista y «patriótico», o referencias al «principio de independencia», para garantizar la declarada obediencia al gobierno. A pesar de todas estas manipulaciones y cambios fuertes, el análisis meticuloso de los textos que llevó a cabo el ex Santo Oficio confirmó que las omisiones y las inserciones arbitrarias, incluso en el caso de que se verificaran todas efectivamente durante la celebración de las ordenaciones, habrían afectado aspectos no esenciales en relación con la validez del sacramento.

 

Quod facit Ecclesia

 

La otra condición necesaria para la validez de la ordenación episcopal es que la consagración se dé según la intención de «hacer lo que hace la Iglesia» cuando consagra a un obispo («intentio faciendi quod facit Ecclesia»). Tanto en la China continental como en Hong Kong, algunos sostenían que tal condición estaba en contradicción con las afirmaciones de «independencia» y de la absoluta ausencia de referencias a los vínculos con el Obispo de Roma. Pero también sobre este punto las informaciones reunidas por el ex Santo Oficio excluyeron que se pudiera invocar el «defecto de intención» para plantear dudas sobre la validez de las ordenaciones chinas.

 

En particular, con respecto a la cuestión de la intención, algunos expertos consultados citaron un pasaje de la «Apostolicae curae» (de 1896), la Carta apostólica de León XIII sobre la invalidez de las ordenaciones anglicanas. En ese pasaje se insistía en el principio según el cual, al no poder juzgar la Iglesia la intención interior, cuando se respetaran la forma y la materia exigidas para la administración del sacramento, se presumía que tanto el consagrante como el consagrado habrían pretendido «hacer lo que hace la Iglesia» cuando consagra a obispos.

 

Uno de los asesores consultados indicó al respecto que la misma profesión del Credo por parte de los obispos «patrióticos» durante la liturgia de ordenación demostraba su intención de confesar la misma fe de la Iglesia de Roma. De esta manera, se reconocía y se afirmaba que la comunión jerárquica de los obispos chinos con el Obispo de Roma se fundaba y estaba incluida en la confesión de la misma fe.

 

Y así, para alejar cualquier sospecha sobre el «caso chino», era suficiente tener familiaridad y consonancia real con la doctrina católica consolidada durante siglos, además de tener en cuenta cómo habían sido afrontados casos análogos, incluso en la historia reciente de la Iglesia. Desde San Gregorio Magno hasta el Concilio ecuménico Vaticano II, desde San Agustín y Santo Tomás de Aquino hasta el Código de Derecho Canónico promulgado en 1983, el Magisterio y la teología clásica han reconocido válidos los sacramentos administrados incluso por ministros heréticos y cismáticos, siempre y cuando existieran las necesarias condiciones de validez, con base en que «la virtud de Cristo que actúa en los sacramentos es obstaculizada por la condición indigna del ministro» (Papa Atanasio II). Las sanciones canónicas que afectan a los obispos consagrados sin el consenso de la Sede apostólica anulan los actos jurisdiccionales y de magisterio que administran. Pero no pueden invalidar los actos sacramentales, administrados en virtud de la «potestas ordinis» o «potestas sanctificandi» que es irrevocable, en cuanto obtenida en virtud del sacramento que toca la dimensión ontológica de la persona. Y luego, ¿verdaderamente se puede presuponer que los protagonistas de estos casos tienen realmente una intención cismática?

 

Ningún cisma chino

 

Nunca ningún Papa ha reconocido la consumación de un verdadero cisma en el difícil caso de la catolicidad china. Y, a partir de los últimos años setenta, se multiplicaron los testimonios de obispos que decían haber pronunciado las fórmulas «independentistas» «sólo con los labios, pero no con el corazón». Muchos describían incluso los «trucos» que habían utilizado para no pronunciar las fórmulas más ambiguas, omitiéndolas con el visto bueno del consagrante. A menudo el órgano de la Iglesia comenzaba a tocar con mayor intensidad, llenando la iglesia con su sonido potente, para que nadie lograra escuchar las palabras exactas utilizadas en las fórmulas de juramento…

 

Desde los años setenta, las cartas que los obispos ilegítimos enviaban a Roma pidiendo ser legitimados reforzaban en el Vaticano la percepción de que sus casos debían ser juzgados teniendo en cuenta las circunstancias concretas en las que esos obispos habían sido ordenados. Todos se declaraban absolutamente convencidos de la validez de la ordenación recibida. Todos afirmaban haber aceptado la ordenación sin mandato pontificio solamente para garantizar, en tales circunstancias, la continuidad de la Iglesia en China, con la esperanza de que llegaran tiempos mejores. Por ello, a pesar de dejar la última decisión al Papa, también la Congregación para la Doctrina de la Fe, guiada por el entonces cardenal Joseph Ratzinger, expresó un parecer favorable sobre la reintegración de los obispos que pedían la legitimación en el pleno ejercicio del propio ministerio episcopal, apelando a la «suprema lex» que es «la salvación de las almas». Ni siquiera la colaboración de estos obispos con los organismos patrióticos bajo el control del Partido comunista era presentada como un dato que cancelara esta posibilidad.

 

Después de aquel análisis, los Papas predecesores de Bergoglio siempre han reconocido que la sincera voluntad interior de comunión con la Sede de Roma era el factor determinante para considerar caso por caso la situación de cada uno de los obispos chinos, y también las peticiones y las propuestas que enviaban al Vaticano. «Si quieren la comunión», repetía Juan Pablo II a sus colaboradores que lo tenían al tanto sobre «las cosas chinas», «yo se la concedo en un momento. ¡Soy el Papa! La única verdadera pregunta es: ¿quieren de verdad la comunión?» Y Benedicto XVI, en el libro entrevista «Luz del mundo» del periodista Peter Seewald (LEV, 2010), insiste en que «el vivo deseo de estar en unión con el Papa siempre ha estado presente en los obispos ordenados de manera ilegítima. Esto le ha permitido a todos recorrer el camino hacia la comunión, a lo largo del cual han sido acompañados por la obra paciente que se ha hecho con cada uno de ellos individualmente».

 

Los saboteadores de la Tradición

 

Los criterios con los que se guiaba la Sede apostólica cuando reconoció la validez de las ordenaciones episcopales chinas reflejan los que ha seguido el cardenal John Tong en su último texto sobre el futuro del dialogo entre China y la Santa Sede. Se empeñan en ocultarlo los pequeños grupos virtuales que, torpemente, con sus «chantajes doctrinales», tratan de presionar a la Sede apostólica en relación con la cuestión china. Pero bastaría tener un mínimo de respeto por la Tradición y por la naturaleza propia dela Iglesia, o por lo menos tener en cuenta la fantasía que se ha utilizado a lo largo de la historia para custodiar la sucesión apostólica, para reconocer que ahora, en las condiciones actuales es el mismo «sensus fidei» el que sugiere (como escribió Benedicto XVI en la Carta a los católicos chinos de 2007) la oportunidad y la conveniencia de encontrar «un acuerdo con el gobierno para resolver algunas cuestiones tanto sobre la elección de los candidatos al episcopado como sobre la publicación del nombramiento de los obispos y sobre el reconocimiento (para efectos civiles en cuanto necesarios) del nuevo obispo por parte de las autoridades civiles».


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Se anuncia que el Papa visitará la diócesis de Carpi (Italia) el 2 de abril

Visita pastoral del Papa Francisco a Carpi, Italia: el 2 de abril próximo

2017-02-28 Radio Vaticana

(RV).- La Oficina de Prensa de la Santa Sede informó que el próximo domingo 2 de abril de 2017, el Papa Francisco realizará una visita pastoral a la Diócesis de Carpi, en la región italiana de Emilia-Romaña. Asimismo, en un comunicado de prensa de la Diócesis, el Obispo de Carpi, Mons. Francesco Cavina, expresó su alegría al anunciar la visita del Santo Padre, “agradezco profundamente a Su Santidad Francisco – afirmó el Obispo – que viene a encontrar a una Iglesia que está haciendo un camino significativo de fe y que vive un momento de esperanza después de las consecuencias del sismo de 2012”. “Esta Iglesia particular de Carpi – señaló Mons. Cavina – sabrá prepararse con empeño y entusiasmo para recibir al Sucesor de Pedro, después de la solemne reapertura de la Iglesia Catedral de la ciudad, el 25 de marzo próximo”. Finalmente, el Obispo de Carpi señala que, “toda la comunidad cristiana y civil, en cada una de sus expresiones, después de haberse comprometido con dedicación y empeño para la reapertura de la propia Iglesia Catedral, se reunirá con fervor y afecto alrededor de la persona del Santo Padre para escuchar de Su voz, palabras de aliento para proseguir, con fe y esperanza, en el camino que Él ha señalado para confirmar siempre más en Cristo también a la Iglesia de Carpi”.