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Malí: satisfacción por el nombramiento de Cardenal del arzobispo de Bamako.

MALI – “Mons. Zerbo gratamente sorprendido por el nombramiento como cardenal”

lunes, 22 mayo 2017obispos   consistorio  

Bamako (Agencia Fides) – “El arzobispo está gratamente sorprendido por la noticia. No esperaba su nombramiento como cardenal” dice a la Agencia Fides don Edmond Dembele, Secretario general de la Conferencia Episcopal de Mali, informando sobre las reacciones en el País ante el anuncio por parte del Papa Francisco del nombramiento, en el Consistorio del 28 de junio de cinco nuevos Cardenales, entre ellos Su Exc. Mons. Jean Zerbo, Arzobispo de Bamako
“La noticia ha sido recibida en el país con alegría. El Presidente Ibrahim Boubacar Keïta ha enviado un mensaje para felicitar al Arzobispo, expresando su agradecimiento al Papa Francisco. Los otros obispos de Mali están felices, así como los fieles católicos. La comunidad de Bamako ha expresado su satisfacción con cantos y aplausos. Pero no sólo los católicos están contentos con este nombramiento: en todo Malí, la noticia ha sido bien recibida”.
Esto se debe a que – dice el sacerdote – los malienses han visto el nombramiento a cardenal de Mons. Zerbo como un mensaje del Papa dirigió principalmente a la Iglesia local para que continúe la misión que comenzó hace mucho tiempo y sobre todo para que persevere en los esfuerzos para reconciliar el país. Pero también es un llamamiento a todo el Mali para que salga de la crisis que inició en 2012 y camine hacia la reconciliación y la paz”.
La crisis del 2012 vio como el norte del país caía en manos de diversos grupos yihadistas. La intervención francesa, seguida de una misión de la ONU, permitió liberar las zonas ocupadas, pero, como dice, don Dembele “Malí se enfrenta ahora a un conflicto asimétrico, con ataques de grupos armados contra localidades en el norte y el centro del país que crean una gran inseguridad”. (L.M.) (Agencia Fides 22/5/2017)


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Medjugorje: situación actual. En espera de un juicio definitivo.

Medjugorje: estas son las conclusiones de la comisión Ruini

El trabajo que Papa Francisco aprecia: positivo sobre las primeras apariciones, mucho menos sobre las actuales, propone transformar la iglesia en santuario pontificio. Las dudas de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que discutió sobre el fenómeno en 2016

Peregrinos en Medjugorje

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Pubblicato il 16/05/2017

Trece votos a favor del reconocimiento de la sobrenaturalidad de las primeras 7 apariciones de Medjugorje, un voto en contra y uno suspensivo. La mayor parte de votos suspensivos y muchas dudas sobre el proseguir del fenómeno de las apariciones desde finales desde 1981 hasta la fecha. Este es el resultado final del trabajo de la comisión sobre Medjugorje instituida en 2010 por Benedicto XVI y presidida por el cardenal Camillo Ruini. Un documento al que se refirió el Papa durante el diálogo con los periodistas al volver de Fátima, cuando reveló la distinción entre las primeras apariciones y el fenómeno posterior, diciendo: «una comisión compuesta por buenos teólogos, obispos y cardenales. La relación de la comisión es muy, muy buena». Como se sabe, la indicación de las palabras del Pontífice es positiva sobre los frutos espirituales y las conversiones («gente que se convierte, que encuentra a Dios, que cambia de vida. Y esto no gracias a una varita mágica»), pero negativa sobre las apariciones que continúan en la actualidad: « Yo, personalmente, soy más malo, prefiero a la Virgen Madre que a la Virgen que se vuelve encargada de una oficina de telégrafos y envía un mensaje cada día».

 

Una comisión instituida por Ratzinger

 

Del 17 de marzo de 2010 al 17 de enero de 2014, por voluntad de Benedicto XVI, fue instituida una comisión presidida por Ruini. Además del ex-presidente de la Conferencia Episcopal de Italia, formaban parte de ella los cardenales Jozef Tomko, Vinko Puljić, Josip Bozanić, Julián Herranz y Angelo Amato. Además también estaban el psicoanalista Tony Anatrella, los teólogos Pierangelo Sequeri, Franjo Topić, Mihály Szentmártoni y Nela Gašpar, el mariólogo Salvatore Perrella, el antropólogo Achim Schütz, el canonista David Jaeger, el relator de las Causas de los Santos Zdzisław Józef Kijas, el psicólogo Mijo Nikić y el oficial de la Doctrina de la Fe Krzysztof Nykiel. Tuvieron la tarea de «reunir y examinar todo el material» sobre Medjugorje y presentar «una relación detallada», con la votación sobre la «sobrenaturalidad o no» de las apariciones, además de indicar las «soluciones pastorales» más adeucadas. La comisión se reunió 17 veces, evaluó toda la documentación depositada en el Vaticano, en la parroquia de Medjugorje y en los archivos de los servicios secretos de la ex Yugoslavia. Escuchó a todos los videntes y testigos, y en abril de 2012 hizo una visita al pequeño pueblo de Bosnia-Herzegovina.

 

Juicio positivo sobre las primeras apariciones

 

La comisión identificó una diferencia muy neta entre el inicio del fenómeno y su desarrollo posterior. Y decidió expresarse con dos votaciones diferentes sobre dos fases diferentes: las primeras 7 presuntas apariciones, que se dieron entre el 24 de junio y el 3 de julio de 1981, y todo lo que sucedió después. Los miembros y los expertos se expresaron con 13 votos a favor de reconocer la sobrenaturalidad de las primeras visiones. Uno de los miembros votó en contra y uno de los expertos expresó un voto suspensivo. La comisión sostiene que los siete chicos videntes eran normales psíquicamente, que fueron sorprendidos por la aparición, y en que no hubo ninguna influencia exterior (ni por parte de los franciscanos de la parroquia ni de otros sujetos) en lo que dijeron haber visto. Se negaron a contar lo que habían visto a pesar de que la policía los hubiera arrestado y amenazado de muerte. La comisión también descartó la hipótesis del origen demoníaco de las apariciones.

 

Las dudas sobre el desarrollo del fenómeno

 

En relación con la segunda fase de las apariciones, la comisión tuvo en cuenta las fuertes interferencias provocadas por el conflicto entre el obispo y los franciscanos de la parroquia, así como por el hecho de que las apariciones, preanunciadas y programadas singularmente para los videntes (y ya no en grupo), hayan continuado con mensajes repetitivos. Estas continúan, a pesar de que los chicos hubieran dicho que habrían acabado, cosa que no se ha verificado. Y después está el tema de los “secretos” de tintes apocalípticos que los videntes afirman haber recibido de la aparición. Sobre esta segunda fase, la comisión votó en dos momentos diferentes. Una primera vez tomando en cuenta los frutos espirituales de Medjugorje, pero dejando a un lado el comportamiento de los videntes. En esta votación 3 miembros y 3 expertos afirmaron que había efectos positivos, 4 miembros y 3 expertos indicaron que había efectos mixtos, principalmente positivos, y otros 3 miembros dijero que había efectos mixtos (positivos y negativos). Si además de los frutos espirituales se tiene en cuenta el comportamiento de los videntes, 8 miembros y 4 expertos consideraron que no se podía dar un juicio, mientras que otros 2 miembros votaron en contra de la supernaturalidad.

 

La solución pastoral

 

Después de haber constatado que los videntes de Medjugorje nunca fueron seguidos adecuadamente desde el punto de vista espiritual, y de haber observado que desde hacía tiempo ya no formaban parte de un grupo, la comisión se pronunció a favor de levantar la prohibición de organizar peregrinajes a Medjugorje (con los votos de 13 miembros y expertos de los 14 que estaban presentes) y votó a favor de la creación en Medjugorje de «una autoridad dependiente de la Santa Sede» y de la transformación de la parroquia en un santuario pontificio. Una decisión motivada por cuestiones pastorales (el cuidado de los millones de peregrinos que llegan allí, evitar que se formen “iglesias paralelas”, aclarar cuestiones económicas), pero que no implicaría reconocer la supernaturalidad de las apariciones.

 

Las dudas de la Doctrina de la Fe

 

También habló al respecto durante la entrevista volviendo de Fátima. La Congregación para la Doctrina de la Fe, guiada por el cardenal Gerhard Ludwig Müller ha expresado sus dudas sobre el fenómeno y también sobre la relación de la comisión Ruini, considerada como un documento confiable pero que debe ser comparado con otros pareceres y documentos. En 2016 se llevó a cabo una Feria IV, la reunión mensual de los miembros del dicasterio, convocada para discutir sobre el caso de Medjugorje y sobre la relación de la comisión Ruini. Cada uno de los cardenales y obispos miembros recibió el texto de la comisión pero también más documentos que se encuentran en la Congregación para la Doctrina de la Fe. Durante la reunión se le pidió a los miembros que expresaran sus opiniones. El Papa Francisco, que no quería que la relación de la comisión Ruini fuera “subastada”, estableció que le enviaran a él, personalmente, todos los pareceres de los miebros de la Feria IV. Y esto se cumplió puntualmente.

 

La decisión de Francisco

 

El Papa, después de haber examinado la relación de la comisión Ruini y los pareceres de los miembros de la Congregación para la Doctrina de la Fe, decidió encomendar al arzobispo polaco Henryk Hoser, una misión de «enviado especial de la Santa Sede» para «adquirir conocimientos más profundos sobre la situación pastoral» en Medjugorje y, «sobre todo, de las exigencias de los fieles que allí se dirigen en peregrinaje» para «sugerir eventuales iniciativas pastorales para el futuro». Antes de que termine el verano de este 2017 el enviado de la Santa Sede le entregará los resultados de su trabajo al Papa y este tomará una decisión.


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Mensaje del Papa a la conferencia de obispos CELAM reunidos en El Salvador.

“No tengamos miedo de ensuciarnos por nuestra gente”, exhorta el Papa a obispos

 Obispos durante la Asamblea General Ordinaria del CELAM / Foto: Facebook Comunicación CELAM
Obispos durante la Asamblea General Ordinaria del CELAM / Foto: Facebook Comunicación CELAM

SAN SALVADOR , 10 May. 17 / 06:02 pm (ACI).- El Papa Francisco dirigió un mensaje a los obispos latinoamericanos para alentarlos a no tener miedo “del fango de la historia” ni de ensuciarse por los fieles, pues “solo pesca aquel que no tiene miedo de arriesgar y comprometerse por los suyos”.

El Santo Padre dirigió este mensaje a los prelados reunidos en 36° Asamblea General Ordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), que se realiza en El Salvador hasta el 12 de mayo.

El texto fue leído por el Presidente del CELAM, Cardenal Rubén Salazar Gómez, y en este el Pontífice hace una reflexión basada en la historia del hallazgo de la Virgen de Aparecida, que en 2017 cumple tres siglos.

Francisco recordó que la pequeña imagen de solo 36 centímetros fue encontrada hace 300 años por un grupo de pescadores que “salió como de costumbre a tirar sus redes”. “Salieron a ganarse la vida y fueron sorprendidos por un hallazgo que les cambió los pasos: en sus rutinas son encontrados por una pequeña imagen toda recubierta de fango. Era Nuestra Señora de la Concepción”, que luego sería conocida como Nuestra Señora de Aparecida.

“Nuestra Señora Aparecida nos hace crecer, nos sumerge en un camino discipular. Aparecida es toda ella una escuela de discipulado. Y, al respecto, quisiera señalar tres aspectos”, indicó el Papa.

El Pontífice dijo que el primer aspecto son los pescadores, un pequeño grupo de hombres que diariamente afrontaban la incertidumbre, con la inseguridad “de nunca saber cuál sería la ‘ganancia’ del día”, pero acostumbrados “a enfrentar inclemencias con la reciedumbre y cierta santa ‘tozudez’ de quienes día a día no dejan –porque no pueden- de tirar las redes”.

El segundo aspecto es la Madre, indicó el Papa. María que conoce la vida de sus hijos y “va a donde no se la espera”. En el relato de Aparecida la encontramos en medio del río rodeada de fango. Ahí espera a sus hijos, ahí está con sus hijos en medio de sus luchas y búsquedas. No tiene miedo de sumergirse con ellos en los avatares de la historia y, si es necesario, ensuciarse para renovar la esperanza. María aparece allí donde los pescadores tiran las redes, allí donde esos hombres intentan ganarse la vida. Ahí está ella”, afirmó.

Finalmente viene el encuentro, señaló Francisco. “Las redes no se llenaron de peces sino de una presencia que les llenó la vida y les dio la certeza de que en sus intentos, en sus luchas, no estaban solos. Era el encuentro de esos hombres con María”, indicó.

El Papa explicó que en Aparecida está la “dinámica del Pueblo creyente que se confiesa pecador y salvado, un pueblo recio y tozudo, consciente de que sus redes, su vida, está llena de una presencia que lo alienta a no perder la esperanza”. “Todo esto nos presenta un hermoso icono que a nosotros, pastores, se nos invita a contemplar”, invitó el Pontífice.

Francisco, que en su texto denunció la corrupción como “uno de los pecados más graves que azota hoy a nuestro Continente”, señaló que Aparecida no trae recetas “sino claves” para “‘encender’ el deseo de quitarnos todo ropaje innecesario y volver a las raíces, a lo esencial, a la actitud que plantó la fe en los comienzos de la Iglesia y después hizo de nuestro Continente la tierra de la esperanza”.

El Santo Padre indicó que la primera invitación que este ícono hace a los pastores es a aprender a mirar, escuchar y conocer al Pueblo de Dios. “¡Cuánto tenemos que aprender de la fe de nuestra gente! La fe de madres y abuelas que no tienen miedo a ensuciarse para sacar a sus hijos adelante. Saben que el mundo que les toca vivir está plagado de injusticias”.

“No solo lo saben… lo viven. Y ellas son el claro ejemplo de la segunda realidad que como pastores somos invitados a asumir: no tengamos miedo de ensuciarnos por nuestra gente. No tengamos miedo del fango de la historia con tal de rescatar y renovar la esperanza. Sólo pesca aquél que no tiene miedo de arriesgar y comprometerse por los suyos”.

Francisco aclaró que “esto no nace de la heroicidad o del carácter kamikaze de algunos, ni es una inspiración individual de alguien que se quiera inmolar. Toda la comunidad creyente es la que va en búsqueda de Su Señor, porque sólo saliendo y dejando las seguridades (que tantas veces son ‘mundanas”) es como la Iglesia se centra. Sólo dejando de ser autorreferencial somos capaces de re-centrarnos en Aquél que es fuente de Vida y Plenitud”.

El Papa señaló que recentrarse “con Cristo en su Pueblo es tener el coraje de ir hacia las periferias del presente y del futuro, confiados en la esperanza de que el Señor sigue presente y Su presencia será fuente de Vida abundante”.

En ese sentido, alentó a vivir la realidad de hoy, cada vez más complicada y desconcertante, “como discípulos del Maestro sin permitirnos ser observadores asépticos e imparciales, sino hombres y mujeres apasionados por el Reino, deseosos de impregnar las estructuras de la sociedad con la Vida y el Amor que hemos conocido”.

“Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades”, expresó Francisco al recordar pasajes de su exhortación apostólica Evangelii Gaudium.

“Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida”, señaló.

Francisco aseguró a los obispos que “esto ayudará a revelar la dimensión misericordiosa de la maternidad de la Iglesia que, al ejemplo de Aparecida, está entre los ‘ríos y el fango de la historia’ acompañando y alentando la esperanza para que cada persona, allí donde esté, pueda sentirse en casa, puede sentirse hijo amado, buscado y esperado”.

El Papa afirmó que el diálogo con el Pueblo fiel de Dios “ofrece al pastor dos actitudes muy lindas a cultivar: coraje para anunciar el Evangelio y aguante para sobrellevar las dificultades y los sinsabores que la misma predicación provoca”.

“En la medida en que nos involucremos con la vida de nuestro pueblo fiel y sintamos el hondón de sus heridas, podremos mirar sin ‘filtros clericales’ el rostro de Cristo, ir a su Evangelio para rezar, pensar, discernir y dejarnos transformar, desde Su rostro, en pastores de esperanza”, culminó.


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Conferencia de los obispos latinoamericanos en El Salvador.

“PARA PERMANECER FIELES, HAY QUE SALIR”. A diez años de la Conferencia de Aparecida, comienza la cumbre de los obispos de América Latina en El Salvador. Se espera la intervención del Papa

Bergoglio en Aparecida (a su lado, el cardenal brasileño Hummes), en mayo de 2007. Él presidió el equipo que redactó el documento final

Bergoglio en Aparecida (a su lado, el cardenal brasileño Hummes), en mayo de 2007. Él presidió el equipo que redactó el documento final

La XXXVI Asamblea general del Consejo episcopal de América Latina, CELAM, que dará comienzo en San Salvador (El Salvador) el próximo 9 de mayo, con la participación de los delegados de los 22 Episcopados de la región, desde México hasta Chile y Argentina, incluyendo obviamente a las Conferencias episcopales de América Central (SEDAC) y de la zona del Caribe, concluirá sus trabajos el 12 del mismo mes, décimo aniversario de la visita de Benedicto XVI al Santuario de la Virgen de Aparecida, en Brasil.

Aquel día, después del rezo del Santo Rosario, el Papa Ratzinger se encontró con los sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas y diáconos en la Basílica del Santuario de Aparecida, y al día siguiente celebró la Santa Misa de inauguración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y el Caribe en la plaza  frente al Santuario. Seguramente la reunión plenaria del CELAM recordará en sus conclusiones todos estos eventos ocurridos hace diez años, en especial la publicación del voluminoso documento final – el Documento de Aparecida – elaborado durante las dos semanas de trabajo por un equipo que presidía el entonces arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Mario Bergoglio. Tiempo después el cardenal Bergoglio, conversando con la periodista Stefania Falasca, explicó: «El documento de Aparecida no se agota en sí mismo, no cierra, no es el último paso, porque la apertura final es sobre la misión. El anuncio y el testimonio de los discípulos. Para permanecer fieles hay que salir. Permaneciendo fieles se sale, este es el corazón de la misión, y es lo que en el fondo dice Aparecida. Permanecer fieles implica una salida. Si uno permanece en el Señor sale de sí mismo. Parece una paradoja, pero precisamente porque permanecemos, porque somos fieles, cambiamos. No permanecemos fieles, como los tradicionalistas o los fundamentalistas, a la letra. La fidelidad es siempre un cambio, un florecimiento, un crecimiento. El Señor obra un cambio en aquel que le es fiel. Es la doctrina católica. San Vicente de Lerins hace la comparación entre el desarrollo biológico del hombre, entre el hombre que crece, y la Tradición que, al transmitir de una época a otra el depositum fidei, crece y se consolida con el transcurso del tiempo: “Ut annis scilicet consolidetur, dilatetur tempore, sublimetur aetate”».

En un artículo del arzobispo Víctor Manuel Fernández, publicado en el diario Clarín de Buenos Aires hace algún tiempo, éste recordaba que Bergoglio llegó  a Aparecida «esperanzado y preocupado. Muchos le decían que esta Conferencia podía resucitar el entusiasmo y la esperanza, pero sobre todo el sueño de una Iglesia latinoamericana con una identidad propia y un proyecto histórico marcado por la belleza del Evangelio y el amor a los pobres. Algunos decían que en la anterior Conferencia (Santo Domingo) la injerencia de la Curia vaticana había sido excesiva, y que el “fervor latinoamericano” había sido extinguido». Y refiriéndose a la presencia y el discurso del Papa Ratzinger, el cardenal Bergoglio aclaró a Stefania Falasca: «El Papa dio indicaciones generales sobre los problemas de América Latina y luego dejó libertad: ¡les toca a ustedes! Fue algo grande, por parte del Papa. La Conferencia comenzó con los informes de los veintitrés presidentes de las varias Conferencias episcopales, que abrieron el debate sobre los temas en los varios grupos. También las fases de redacción del documento estuvieron abiertas a la aportación de todos. A la hora de recibir los textos para la segunda y tercera redacción, llegaron 2.240. Nuestra disposición fue la de recibir todo lo que venía de abajo, del pueblo de Dios, y la de hacer no tanto una síntesis cuanto más bien una armonía».

El padre Rigoberto Pérez Garrido, Secretario ejecutivo del Departamento de Comunicación y Prensa del CELAM, explicó que en San Salvador, a partir del martes, el testimonio, la vida y los escritos del beato Óscar Arnulfo Romero estarán en el centro de las reflexiones, así como el magisterio del Papa Francisco. Un punto central de la agenda será la situación actual de la región, con sus desafíos, crisis, males y perspectivas, y por lo tanto es natural – agregó el padre Pérez Garrido – que una parte importante de las reflexiones se centre en la Doctrina Social de la Iglesia. Por otra parte, se trata de un componente esencial del Plan pastoral Global que se está aplicando desde 2015 hasta 2019.

Fuentes cercanas a la Asamblea afirman que los participantes recibirán un Mensaje especial del Papa Francisco.


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Egipto. La verdadera personalidad de los coptos

El tesoro de los Coptos

Basta ver sin superficialidad la historia de los coptos y su condición del presente para intuir que Papa Francisco no va a Egipto como «defensor de los cristianos perseguidos», sino como un mendigo. Uno que busca reposo en los rostros y en las historias de los mártires y de los santos

El tesoro de los Coptos

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Pubblicato il 24/04/2017
Ultima modifica il 24/04/2017 alle ore 16:42
GIANNI VALENTE
ROMA

Papa Francisco no va a Egipto a «defender a los cristianos». La superficialidad y las distorsiones con las que se ve desde el Occidente a los cristianos de Oriente asedian también la inminente y difícil visita del Obispo de Roma a El Cairo. Dan a entender que el líder cristiano más seguido por el sistema mediático global saldrá de Roma para ofrecer un poco de visibilidad efímera a los bautizados un poco desafortunados de las Iglesias orientales, diseminados en tierras musulmanas. Pero sería suficiente ver precisamente a los coptos, su historia y su condición presente, para intuir que tal vez el Sucesor de Pedro vuela a El Cairo movido por el espíritu del mendigo. Como un peregrino que busca reposo en los rostros y en las palabras de los mártires y de los santos, porque son ellos quienes ofrecen testimonio de que «Cristo está vivo» (homilía de Papa Francisco en la Basílica de San Bartolomé en la Isla tiberina, durante la liturgia en memoria de los Nuevos Mártires).

 

Una Iglesia que no se oculta

 

Los coptos no piden ser «defendidos» y tampoco han buscado protectores extranjeros. Reivindican, a veces incluso de manera exasperada la propia fisionomía de cristiandad autóctona. Dicen que son los «verdaderos» egipcios, que se hicieron cristianos durante la época de la predicación apostólica, mucho antes de que llegaran los conquistadores musulmanes. Desde entonces, siempre han mantenido la propia propensión a arreglárselas solos. Su misma historia los aleja de cualquier tentación de imaginarse como representantes del Occidente cristiano «in partibus infidelium».

 

Durante las controversias cristológicas del siglo V, incluso la adhesión a las fórmulas monofisitas (que rechazaban una distinción demasiado neta entre la naturaleza humana y la naturaleza divina de Cristo) y el rechazo del Concilio de Calcedonia fueron adoptadas por los coptos como factor de distinción y contraposición con respecto a los «calcedonios» ocupantes bizantinos. Cuando llegaron los conquistadores musulmanes, los coptos los recibieron como liberadores.

 

La fuerte huella autóctona de los coptos volvió a surgir con fuerza cuando nació el Egipto moderno, con la masiva participación en los diferentes pasajes del proceso de emancipación nacional. La gran parte de ellos, con la bendición del Patriarca Cirilo V, se involucraron en el movimiento nacionalista en contra de la dominación británica, entrando en masa (después de la Primera Guerra Mundial) al Wafd, el bloque nacionalista que llevaría a Egipto a su independencia. Su lucha común con los musulmanes en contra de los extranjeros fue sincera y convencida: los coptos no veían ningún beneficio en la perpetuación del protectorado británico, que les parecía parte del juego del proselitismo protestante y de las Iglesias occidentales. En esa época, el obispo Sergio incitava a la revuelta desde la catedral de El Cairo, y la abría a los musulmanes, después de que el gobierno, bajo el ala británica, hubiera cerrado la mezquita de al Azhar.

 

Convencidos también de la consistencia numérica (en la actualidad se estima que son alrededor de 10 millones, pero ellos afirman ser muchos más), los coptos nunca se han sometido dócilmente a la condición de minoría apartada, esa que el derecho musulmán reserva a los «dimes», los que creen en las demás religiones abrahamíticas. Su visibilidad social, alimentada por el «despertar espiritual» de matriz monástica que se verificó durante el siglo pasado se expresa en manifestaciones exuberantes. Su devoción no se ha quedado encerrada en sus corazones ni en el silencio de sus iglesias: los peregrinajes, los ayunos comunitarios, las conferencias, las catequesis para jóvenes en las iglesias que pronuncian hábiles predicadores son expresión ordinaria de su vida comunitaria.

 

En la era Mubarak, con su compañía eclesial estructurada, los coptos representaron (con la Hermandad Musulmana) la única realidad popular capaz de ofrecer redes de tutela social, sanitaria y educativa a los propios fieles. Y el perfil no marginable de la comunidad copta siempre ha tenido un peso, incluso en las últimas décadas, en la compleja partida de sus relaciones con el poder político y con la mayoría musulmana.

 

Ningún descuento de los Rais

 

En otros países árabes, como Irak y Siria, los regímenes autoritarios «panarabistas» han representado puertos de supervivencia para las comunidades cristianas locales. Pero para los «estorbosos» coptos egipcios nunca ha sido así. Después de la revolución de 1952, justamente el régimen de Nasser, al insistir en la identidad arábigo-musulmana, trató de relegarlos a la condición marginal de entidad «extranjera», asimilándolos con otras comunidades cristianas no autóctonas. Durante los años setenta, para encontrar consensos en su marcha para alejarse del socialismo nasseriano filo-soviético, el presidente Sadat abrió al islam conservador, anunciando la intención de islamizar la legislación. La movilización de los coptos de 1980 en contra de una propuesta de ley que preveía la condena a muerte en el caso de apostasía inauguró una estación de tensiones que acentuaron el surco de mutuo resentimiento entre la comunidad copta y el régimen, con Sadat, que hizo arrestar a ocho obispos y obligó al Patriarca Shenouda III a exiliarse durante años al monasterio de Anba Bishoy.

 

Incluso en la formal proclamación de los principios del laicismo, bajo Sadat y después bajo Mubarak, prosiguió la marginación de los cristianos por los cuadros de las instituciones públicas. En 1910, entre los funcionarios públicos, los coptos representaban el 45%, mientras que en el parlamento de principios de los noventa, los coptos eran solamente 7 de 454. Después de las llamadas Primaveras árabes y el paréntesis islamista de Mohamed Mursi, el nuevo hombre fuerte de Egipto, el presidente ex-general Abdel Fattah al Sisi, demuestra signos inéditos de atención y consideración hacia la Iglesia copta. Que se ha convertido durante los últimos años en el objetivo de la violencia sectaria de los grupos islamistas y de las masacres perpetradas por el terror yihadista.

 

Las «geometrías variables» con el islam

 

En las relaciones más que milenarias entre los coptos y los musulmanes egipcios ha sucedido de todo. Los primeros gobernadores musulmanes garantizaron a los coptos un sitio nada marginal dentro del nuevo orden islámico. Después, con los soberanos mamelucos comenzaron las violencias, y bajo el dominio de los sultanes turcos los coptos fueron reducidos al estatus de minoría étnico-religiosa tolerada y sometida, según el sistema otomano de las Millet.

 

En el Egipto moderno, el crecimiento de la Hermandad Musulmana y del islam político dio una contribución a la marginación política de los coptos. Frente al incremento de la violencia en contra de los cristianos durante las últimas décadas (con un saldo aproximado de más de 1800 cristianos asesinados en los últimos 35 años), los coptos nunca han ocultado o minimizado las persecuciones sufridas, sino que han denunciado claramente la falta de protección por parte de los omnipresentes aparatos policiales. Pero los líderes laicos y eclesiásticos de la Iglesia copta siempre ha evitado reaccionar a la violencia con acusaciones genéricas e indiferenciadas hacia la comunidad musulmana.

 

En sus intervenciones oficiales, los líderes coptos siempre han llamado a la concordia interreligiosa como garantía de la unidad del país, reivindicando la propia comunidad de destino con los musulmanes. Y siempre han evitado identificarse excesivamente con el Occidente. Con los musulmanes, muchos coptos comparten también la desconfianza frente a los modelos de la modernidad occidental, considerados como factores de ateísmo práctico y de pérdida de la identidad comunitaria. Durante las últimas décadas, esta línea «realista» ha sido contradicha y puesta en dificultades solo por el activismo de algunos sectores de la diáspora copta en Estados Unidos, Canadá y Australia.

 

Las redes del terror

 

Las redes del terror tienen muy claro cuál es el camino para desestabilizar Egipto y saben que pasa por la deliberada instigación a enfrentamientos confesionales entre los coptos y los musulmanes. Pero ya en 1981, cuando los ataques contra cristianos provocaron 17 muertos en Zawiya-el-Hamra, el Consejo comunitario de la Iglesia copta se refería a un Egipto en el que «los minaretes y los campanarios se abrazan», y en donde la unidad nacional había nacido con las batallas en las que «la sangre del musulmán se mezcló con la sangre del cristiano».

 

Así, los cristianos coptos se alejan de las trampas del sectarismo. Y, sobre todo, siguen teniendo una mirada cristiana frente a los casos martiriales que viven en carne y hueso, evitando protestas y recriminaciones «persecucionistas». Frente a las últimas masacres de coptos, perpetradas por los terroristas en dos iglesias el Domingo de Ramos, el Patriarca Tawadros II consoló a los hermanos invitándolos a considerar que las víctimas, justamente por haber muerto ese día, han llevado «los ramos de la palma y del olivo a Cristo mismo», y en el momento del martirio, pasando a través del dolor, llegaron «a la alegría gloriosa de la Resurrección».

 

Si esta es la historia pasada y reciente de la Iglesia copta, tal vez deberían tenerla en cuenta ciertos auto-elegidos «protectores» trasnochados, que con sus furias militantes mortifican e insultan a los cristianos de Oriente, tratándolos como agentes secuestrados en tierras extranjeras.


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Egipto: los cristianos en espera de la visita del Papa.

“Nosotros, cristianos de Egipto, vivimos en el temor pero esperamos al Papa alegres”

El Patriarca Ibrahim Isaac Sidrak comentó la inminente llegada del Pontífice al país sacudido por los atentados: «Tendrá repercusiones positivas en toda la nación». «Después de los ataques, la presencia de los fieles en las celebraciones casi ha aumentado». «Que al Sisi esté atento a las minorías»

El Patriarca Ibrahim Isaac Sidrak

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Pubblicato il 22/04/2017
Ultima modifica il 22/04/2017 alle ore 12:06
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

«El Papa de la Paz en el Egipto de la Paz». Para el Patriarca copto-católico Ibrahim Isaac Sidrak, el lema elegido para el viaje de Francisco (del 28 y 29 de abril de 2017), «no es un deseo, sino una certeza». A pesar de que el país siga bajo shock por el doble atentado del Domingo de Ramos en Tanta y Alejandría, y de que viva constantemente con el fantasma de las persecuciones contra la minoría de la comunidad cristiana; a pesar de que sea difícil hablar de paz en Egipto. Sin embargo la paz es un objetivo por el que trabajan todos en el país: cristianos, musulmanes, obispos, políticos e incluso el mismo presidente al Sisi. Y ahora también Papa Francisco, que con su llegada, esperada con «sentimientos opuestos» por la población, dará un nuevo impulso al proceso de paz, como explicó el Patriarca Sidrak a Vatican Insider.

 

¿Cómo viven los cristianos después de los últimos atentados? Hace algunos días se verificó una explosión frente al monasterio de Santa Catalina…

 

El estado de ánimo no es de los mejores, claramente; la gente está preocupada por la oleada de violencia que puntualmente se verifica antes o durante las festividades cristianas. El desánimo es natural. Pero a pesar de ello la participación en las celebraciones no ha disminuido, es más está casi aumentando, y esta es una señal muy esperanzadora. Los fieles saben encontrar en los momentos difíciles un apoyo seguro en la fe, reforzando su identidad de cristianos coptos egipcios.

 

¿Cuál es la raíz de esta violencia? ¿Hay algún nexo con la visita de Papa Francisco?

 

La raíz es, sin duda, terrorista. Son los que no quieren a Egipto y quieren hacer que caiga el Estado. Por lo demás, fueron precisamente los fundamentalistas islámicos los que reivindicaron los últimos atentados. En relación con la visita del Papa, no sabría con certeza… Por una parte, es posible; por otra, también es cierto se trata de ataques que se verifican sistemáticamente poco antes o durante las fiestas cristianas, y cuyos objetivos son todos, incluidos los musulmanes. Si hubieran querido atemorizar el ambiente para la visita papal habrían esperado el final de las celebraciones pascuales.

 

Faltan pocos días para la llegada del Papa. Usted fue quien, el pasado 6 de febrero, durante la visita «ad limina» de los obispos de Alejandría de los coptos, le entregó a la invitación formal para que visitara el país. Ahora que el viaje es inminente, ¿qué sienten? ¿Hay temores por la seguridad?

 

Tenemos sentimientos opuestos. Claro, hay una gran alegría por la gracia de recibir al Sucesor de Pedro en nuestra tierra, un evento que, sin duda, tendrá repercusiones positivas para toda la nación. Por otra parte, no podemos ocultar el temor ni el ansia porque todo proceda de la mejor manera. ¡Pero tenemos confianza! Nos estamos preparando no solo logísticamente, sino también con una intensa e incesante oración al Señor para que guíe y proteja los pasos de nuestro Pontífice.

 

Francisco estará en al Azhar con el Gran Imán al Tayyeb, el Patriarca Tawadros y Bartolomé I. ¿Qué significado tendrá este encuentro ecuménico en un momento histórico en el que Egipto (y el mundo) está afrontando las pruebas tan duras de los extremismos religiosos?

 

Un significado muy profundo. Es la vía que trazó el Concilio Vaticano II. Para ser testimonio creía de la resurrección de Cristo es indispensable caminar juntos, con el objetivo de crear la unidad entre los cristianos, y para encontrarnos con los hermanos de las demás religiones en un dialogo real y fructuoso para la construcción de la sociedad civil. Pero, paradójicamente, precisamente las pruebas y las dificultades de nuestro tiempo son un estímulo para trabajar por esta que es la misión de la Iglesia. Ya hay señales y testimonios que animan sobre la unidad entre las diferentes confesiones y tradiciones presentes en Egipto, y esto nos da esperanza y un impulso para continuar por esta dirección.

 

Hablando de unidad… ¿Qué tal van las relaciones entre los coptos-católicos y los coptos-ortodoxos? ¿Y con el Patriarca Tawadros?

 

Las relaciones entre católicos y ortodoxos están mejorando con el tiempo. Evidentemente todavía hay mucho que hacer para alcanzar la esperada unidad. Sobre todo en relación con algunas cuestiones como la participación y el reconocimiento de los sacramentos, la autoridad petrina y algunos puntos doctrinales. Por todo ello no hay una plena unidad. Pero el camino ha sido trazado con claridad, y Papa Tawadros II demuestra un sincero deseo de encuentro con los católicos. La relación con él siempre ha sido muy buena, desde el principio de mi ministerio, cuando, pro primera vez en la historia, asistió a la ceremonia de «entronación» de un Patriarca copto-católico.

 

¿Cuáles son las relaciones con el presidente al Sisi? Últimamente ha dado señales positivas para los cristianos en Egipto, como la ley sobre la construcción de Iglesias o su participación en la misa de la Navidad copta…

 

El presidente hace lo mejor que puede para estar cerca de todos los egipcios. Todos, incluidas las minorías. Hay que decir que hace cualquier esfuerzo para que crezcan nuestro país y su seguridad, y demuestra afecto por los cristianos con signos concretos de participación, particularmente en los momentos difíciles.

 

Después de los atentados en Tanta y Alejandría, al Sisi anunció la creación de un Consejo Supremo para combatir al terrorismo. ¿Cómo piensan contrarrestar los líderes religiosos la plaga del fundamentalismo?

 

Sin duda, apostamos por la educación y la formación de las nuevas generaciones, enseñándoles a ser abiertos y tolerantes hacia los que son diferentes. De cualquier manera, creo que frente al misterio del mal cualquier estrategia o iniciativa humana resulta poco eficaz y a la larga fracasa. Claro, como creyentes, «combatimos» este tipo de plagas con la oración, como Nuestro Señor que ofreció gritos y súplicas al único que puede librarnos del mal y de la muerte.

 

El Papa habla a menudo sobre el ecumenismo de la sangre. ¿Qué le parece?

 

Creo que el Papa, como siempre, tiene expresiones y palabras que explican profundamente la realidad. Es justamente lo que sucedió cuando comenzó la aventura de la Iglesia y durante el resto de su historia. No se puede prescindir del martirio, que es el testimonio más alto, si se desea la llegada del Reino de Dios, que es un reino de amor y unidad.

 

Entonces, ¿qué es lo que espera para la visita del Papa?

 

«El Papa de la Paz en el Egipto de la Paz». Puedo decir que no es un deseo, sino una certeza.


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Homilía del Papa en el acto de veneración de los mártires antiguos y modernos.

El Papa reza por los Nuevos Mártires, “ellos son la sangre viva de la Iglesia”

2017-04-22 Radio Vaticana

(RV).- “La herencia viva de los mártires nos dona hoy a nosotros paz y unidad. Ellos nos enseñan que, con la fuerza del amor, con la mansedumbre, se puede luchar contra la prepotencia, la violencia, la guerra y se puede realizar con paciencia la paz”, lo dijo el Papa Francisco en su homilía en la Liturgia de la Palabra que presidió en la Basílica romana de San Bartolomé, con la Comunidad de San Egidio, el cuarto sábado de abril.

En la Celebración de la Memoria de los Testigos de la fe de los siglos XX y XXI, el Santo Padre dijo que, “hemos llegado hasta esta Basílica de San Bartolomé como peregrinos, aquí donde la historia antigua del martirio se une a la memoria de los nuevos mártires, de tantos cristianos asesinados por las desequilibradas ideologías de siglo pasado, y asesinados sólo porque eran discípulos de Jesús”.

“El recuerdo de estos heroicos testimonios antiguos y recientes – señaló el Pontífice – nos confirma en la conciencia que la Iglesia es una Iglesia de mártires. Ellos han tenido la gracia de confesar a Jesús hasta el final, hasta la muerte. Ellos sufren, ellos donan la vida, y nosotros recibimos la bendición de Dios por su testimonio”. Y existen también, tantos mártires escondidos, dijo el Papa, esos hombres y esas mujeres fieles a la fuerza humilde del amor, a la voz del Espíritu Santo, que en la vida de cada día buscan ayudar a los hermanos y de amar a Dios sin reservas.

“Jesús – afirmó el Papa Francisco – nos ha elegido y nos ha rescatado, por un don gratuito de su amor. Con su muerte y resurrección nos ha rescatado del poder del mundo, del poder del diablo, del poder del príncipe de este mundo”. Y el origen del odio, dijo el Papa, esta en el príncipe de este mundo, él nos odia y suscita la persecución, que desde los tiempos de Jesús y de la Iglesia naciente continúa hasta nuestros días. ¡Cuántas comunidades cristianas hoy son objeto de persecución! ¿Por qué? A causa del odio del espíritu del mundo.

Por ello, recordar estos testimonios de la fe y orar en este lugar, puntualizó el Santo Padre, es un gran don. Es un don para la Comunidad de San Egidio, para la Iglesia de Roma, para todas las Comunidades cristianas de esta ciudad, y para tantos peregrinos. Y entonces podemos orar así, dijo el Papa: “Oh Señor, haznos dignos testimonios del Evangelio y de tu amor; infunde tu misericordia sobre la humanidad; renueva tu iglesia, protege a los cristianos perseguidos, concede pronto la paz al mundo entero”.

Audio y Texto completo de la homilía del Papa Francisco

Hemos venido como peregrinos a esta Basílica de San Bartolomé en la Isla Tiberina, donde la historia antigua del martirio se une a la memoria de los nuevos mártires, de tantos cristianos asesinados por las desequilibradas ideologías de siglo pasado, y asesinados sólo porque eran discípulos de Jesús.

El recuerdo de estos heroicos testimonios antiguos y recientes nos confirma en la conciencia que la Iglesia es una Iglesia de mártires. Y los mártires son aquellos que, como nos lo ha recordado el Libro del Apocalipsis, «vienen de la gran tribulación y han lavado sus vestiduras, haciéndolas cándidas en la sangre del Cordero» (7,17). Ellos han tenido la gracia de confesar a Jesús hasta el final, hasta la muerte. Ellos sufren, ellos donan la vida, y nosotros recibimos la bendición de Dios por su testimonio. Y existen también tantos mártires escondidos, esos hombres y esas mujeres fieles a la fuerza humilde del amor, a la voz del Espíritu Santo, que en la vida de cada día buscan ayudar a los hermanos y de amar a Dios sin reservas.

Si miramos bien, la causa de toda persecución es el odio del príncipe de este mundo hacia cuantos han sido salvados y redimidos por Jesús con su muerte y con su resurrección. En el pasaje del Evangelio que hemos escuchado (Cfr. Jn 15,12-19) Jesús usa una palabra fuerte y escandalosa: la palabra “odio”. Él, que es el maestro del amor, a quien gustaba mucho hablar de amor, habla de odio. Pero Él quería siempre llamar las cosas por su nombre. Y nos dice: “No se asusten. El mundo los odiará; pero sepan que antes de ustedes, me ha odiado a mí”.

Jesús nos ha elegido y nos ha rescatado, por un don gratuito de su amor. Con su muerte y resurrección nos ha rescatado del poder del mundo, del poder del diablo, del poder del príncipe de este mundo. Y el origen del odio es este: porque nosotros hemos sido salvados por Jesús, y el príncipe de este mundo esto no lo quiere, él nos odia y suscita la persecución, que desde los tiempos de Jesús y de la Iglesia naciente continúa hasta nuestros días. ¡Cuántas comunidades cristianas hoy son objeto de persecución! ¿Por qué? A causa del odio del espíritu del mundo.

Cuantas veces, en momentos difíciles de la historia, se ha escuchado decir: “Hoy la patria necesita héroes”. Los mártires pueden ser pensados como héroes pero lo fundamental del mártir es que es uno que ha recibido una gracia. Existe la gracia de Dios, no el coraje, no valentía, ésto es lo que lo hace mártir.

Hoy, del mismo modo, nos podemos preguntar: “¿Qué cosa necesita hoy la Iglesia?” Mártires, testimonios, es decir, Santos, aquellos de la vida ordinaria, porque son los Santos los que llevan adelante a la Iglesia. ¡Los Santos!, sin ellos la Iglesia no puede ir adelante. La Iglesia necesita de los Santos de todos los días, de la vida ordinaria llevada adelante con coherencia; pero también de aquellos que tienen la valentía de aceptar la gracia de ser testigos hasta el final, hasta la muerte. Todos ellos son la sangre viva de la Iglesia. Son los testimonios que llevan adelante la Iglesia; aquellos que atestiguan que Jesús ha resucitado, que Jesús está vivo, y lo testifican con la coherencia de vida y con la fuerza del Espíritu Santo que han recibido como don.

Yo querría hoy añadir un ícono más en esta Iglesia: una mujer. No sé su nombre, pero ella nos mira desde el Cielo. Cuando estaba en Lesbos, saludaba a los refugiados y encontré a un hombre de 30 años con tres niños que me ha dicho: “Padre yo soy musulmán, pero mi esposa era cristiana. A nuestro país han venido los terroristas, nos han visto y nos han preguntado cuál era la religión que practicábamos. Han visto el crucifijo, y nos han pedido tirarlo al piso. Mi mujer no lo hizo y la han degollado delante de mí. Nos amábamos mucho”.

Este es el ícono que hoy les traigo como regalo aquí. No sé si este hombre está todavía en Lesbos o ha logrado ir a otra parte. No sé si ha sido capaz de huír de ese campo de concentración porque los campos de refugiados… muchos de ellos son campos de concentración, son abandonados ahí, a los pueblos generosos que los acogen, que tienen que llevar adelante este peso porque los acuerdos internacionales parecen ser más importantes que los Derechos Humanos. Y este hombre no tenía rencor. Y él siendo musulmán llevaba adelante esta cruz sin rencor, se refugiaba en el amor de su mujer, que ha recibido la gracia del martirio.

Recordar estos testimonios de la fe y orar en este lugar es un gran don. Es un don para la Comunidad de San Egidio, para la Iglesia de Roma, para todas las Comunidades cristianas de esta ciudad, y para tantos peregrinos. La herencia viva de los mártires nos dona hoy a nosotros paz y unidad. Ellos nos enseñan que, con la fuerza del amor, con la mansedumbre, se puede luchar contra la prepotencia, la violencia, la guerra y se puede realizar con paciencia la paz. Y entonces podemos orar así: «Oh Señor, haznos dignos testimonios del Evangelio y de tu amor; infunde tu misericordia sobre la humanidad; renueva tu Iglesia, protege a los cristianos perseguidos, concede pronto la paz al mundo entero. A ti Señor la Gloria y a nosotros la vergüenza».

(Traducción del Italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

(from Vatican Radio)