Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Jesuítas: En memoria del P. Kolvenbach

 

Jesuit News Around the World

Servicio Digital de Información SJ           Vol. XXI, No. 18 | 5 diciembre 2017

DE LA CURIA

 

En recuerdo del P. Peter-Hans Kolvenbach, S.J.

El Padre General Arturo Sosa ha nominado la biblioteca de la Compañía de Jesús en la Curia General de Roma: “Biblioteca Peter-Hans Kolvenbach”. Esta es la primera institución jesuita que lleva el nombre del 29º Superior General de la Compañía de Jesús. El Padre Kolvenbach (1928-2016) fue un entusiasta usuario de esta biblioteca durante los años que pasó en la Curia General. La renovada biblioteca, con su nuevo nombre, fue inaugurada el 24 noviembre del 2017 después de una misa de conmemoración presidida por el Padre General Sosa.

La Curia general ha creado una página web dedicada al P. Peter-Hans Kolvenbach. Presenta su biografía, testimonios sobre él, fotografías de diversos momentos de su generalato. Además también incluye algunos de sus escritos sobre la vida religiosa, y la espiritualidad y pedagogía ignacianas. Puede accederse a ella en la siguiente direcciónhttps://kolvenbach.jesuitgeneral.org

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Liderazgo ignaciano. Qué es?

San Ignacio de Loyola
San Ignacio de Loyola

Sus propuestas e intuiciones están relacionadas con la liberación interior en pro de una eficacia individual y social. Su opción de transformación propia se encami­na a un desarrollo humano de calidad y perfeccionamiento personal

(Grupo Comunicación Loyola).- «Liderazgo ignaciano» es la expresión de referencia a los principios y valores que configuraron a san Ignacio de Loyola como un hombre capaz de liderar, gobernar y dirigir una organización como la que él mismo fundó, la Compañía de Jesús. Una organización que ha prosperado y ha cumplido con su misión durante cerca de 500 años, implicando a sus miembros de manera personal e inspirando transformaciones duraderas. Su carisma ofrece respuestas a los retos actuales. Mueve a muchos a seguir sus prácticas en la búsqueda de acciones renovadoras de sus organizaciones y de su propia vida.

Su gran legado ha inspirado al rector de la Universidad de Deusto, José María Guibert SJ, y al doctor en Sociología por la Universidad de Deusto, Francisco Xabier Albistur, a desentrañar en toda su dimensión lo valores del liderazgo ignaciano. Acaban de publicar sendos libros El liderazgo ignaciano. Una senda de transformación y sostenibilidadde Sal Terrae, e Ignacio de Loyola, un líder para hoy, de Mensajero, respectivamente, donde abordan el mismo carisma desde una perspectivas diferentes y complementarias a la vez.

Ambos buscan respuestas a los retos del hombre de hoy: Guibert y la orientación de los líderes de instituciones de espiritualidad ignaciana a través de los valores y principios contenidos en las Constituciones de la Compañía de Jesús; Albistur y las reacciones objetivas en individuos, colectivos, instituciones junto con sus constatables efectos sociales ante las acciones de san Ignacio.

José María Guibert y Francisco Xabier Albistur presentaron sus nuevos libros el pasado 13 de noviembre en San Sebastián. Un acto de reflexión compartida en torno a la pregunta que ellos mismos y muchos otros se hacen, incluso en publicaciones internacionales como el Financial Times: ¿por qué un santo del siglo XVI es un modelo de gestión moderna? Los dos expertos ofrecerán sus estudiadas respuestas en el encuentro que moderará Felix Arrieta, director de DeustoForum Gipuzkoa. El acto se celebrará a las 19:00h. en el Centro Loyola Donostia // Loiola Zentroa.

El rector de la Universidad de Deusto buscó en El liderazgo ignaciano las claves ante la necesidad sentida de acompañar a personas en puestos de liderazgo que quieren dar un sentido ignaciano a su misión. “Buscamos no solo ofrecer una orientación técnica para los puestos directivos sino, aprovechando la tradición de san Ignacio de Loyola y de la Compañía de Jesús, inspirar unos valores y principios específicos directamente relacionados con la tarea del gobierno de las personas y las organizaciones”, reconoce el autor también del Diccionario del liderazgo ignaciano, manual de referencia que descifra 150 conceptos a través de textos ignacianos y su reflexión profunda de todos ellos.

Francisco Xabier Albistur escribe Ignacio de Loyola, un líder para hoy porque se siente movido por la auténtica necesidad real de mejores líderes para todos los ámbitos sociales. “Una demanda cada vez más apremiante ante ese remedo y caricatura del liderazgo”. Una crisis observable de liderazgo que le mueve a presentar la persona humana de Ignacio como referencia. “Sus propuestas e intuiciones están relacionadas con la liberación interior en pro de una eficacia individual y social. Su opción de transformación propia se encami­na a un desarrollo humano de calidad y perfeccionamiento personal. Su proyecto recapacitado y razonado de una organización eficiente está orientado a durar y a extenderse a personas de calidad, forma­ción y compromiso de servicio con la sociedad. Todo ello es un re­ferente sobre el papel impulsor y creativo que debe cumplir el líder reconocido en una sociedad”, escribe.


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USA: Concedida la extradición a España de uno de los militares responsables del asesinato de jesuitas en El Salvador

UN PASO HACIA LA VERDAD. Sobre los culpables de la masacre de los jesuitas de El Salvador. En el XXVIII aniversario del asesinato, Estados Unidos decide aprobar la extradición de un coronel acusado

Recordando el 16 de noviembre de 1989 en la Universidad(Foto El Faro-V. Peña)

Recordando el 16 de noviembre de 1989 en la Universidad(Foto El Faro-V. Peña)

El ex coronel y ex ministro de Defensa de El Salvador Inocente Montano, acusado de haber asesinado a cinco jesuitas españoles, entre ellos Ignacio Ellacuría, durante la guerra civil en El Salvador, se encuentra en este momento con un pie en el avión que lo llevará a Madrid. El veredicto final fue emitido por el Presidente de la Corte Suprema estadounidense, John Roberts, rechazando un recurso de la defensa de Montano que había objetado que la medida podía “provocar la muerte” de su cliente debido a su edad avanzada (74 años) y las múltiples enfermedades que padece, entre ellas diabetes y cáncer. La defensa ha procurado impedir la extradición de Montano desde que fue aprobada en febrero de 2016 por un juez del Tribunal Federal de Carolina del Norte. Ahora la entrega del ex coronel a la justicia española puede producirse en cualquier momento, porque esa decisión no admite ninguna apelación y el Departamento de Estado ya ha firmado una orden en este sentido.

Montano está acusado de haber ayudado a orquestar la masacre que se llevó a cabo en la madrugada del 16 de noviembre de 1989, cuando un comando de las Fuerzas Armadas salvadoreña irrumpió en el campus de la Universidad Centroamericana y asesinó al rector, el español Ignacio Ellacuría, junto con otras siete personas. El “escuadrón de la muerte” penetró en el Centro pastoral del ateneo, reunió a todas las personas que se encontraban en el lugar y las ejecutó después de hacerlas colocar boca abajo, sin dejar testigos. Los otros cinco sacerdotes asesinados eran los españoles Amando López, Juan Ramón Moreno, Segundo Montes e Ignacio Martín Baró, junto con el salvadoreño Joaquín López. Mataron también a la cocinera Elba Julia Ramos y a su hija Celina, de 16 años, ambas salvadoreñas.

Montano ha esperado más de dos años la decisión final sobre su extradición en una cárcel de Carolina del Norte, donde ya había cumplido una condena de 21 meses por haber mentido sobre su estatus migratorio en Estados Unidos, presumiblemente para no volver a El Salvador y responder por el homicidio. Montaño y otros 19 militares habían sido anteriormente juzgados en El Salvador, pero en aquel momento el juez de la Audiencia Nacional Española Eloy Velazco consideró en que se trataba de una farsa porque, a su criterio, los hechos no fueron objeto de una investigación profunda. Por esa razón, en 2011 reclamó la extradición de los acusados para que fueran juzgados en España.

Resulta oportuno recordar que numerosos crímenescometidos en El Salvador durante los años más cruentos de la guerra civil no llegaron a juicio debido a la promulgación de una ley de amnistía en 1993. Recién en el mes de julio de 2016 la Corte Suprema de Justicia del país declaró la inconstitucionalidad de dicha ley, lo que implicó la reapertura de los juicios, como el de la masacre de los jesuitas y el caso del asesinato en San Salvador de monseñor Óscar Arnulfo Romero (1980), quien ahora es beato de la Iglesia católica y está próximo a ser canonizado. El juez español Eloy Velasco volvió a pedir en 2016 a El Salvador la extradición de los ex militares, pero la Corte Suprema de Justicia de ese país anuló las órdenes de captura y los acusados de la masacre no fueron extraditados.

Con la decisión de las últimas horas, Montano será el primer militar salvadoreño que responde ante la Justicia española por el homicidio de Ellacuría y sus compañeros. El ex militar de 74 años, que ha sobrevivido a un tumor en la vesícula, comenzará un nuevo periplo judicial en el país ibérico por un crimen de lesa humanidad que marcó los últimos años de guerra en El Salvador y aceleró los acuerdos de paz, entre el gobierno y la guerrilla del FMLN, que se concretaron tres años después, en 1992. La llegada de Montano a Madrid permitirá dos cosas: que el caso siga su curso hasta llegar a juicio (aunque todavía faltan algunos pasos) y que durante el juicio se exponganante la Justicia todas las pruebas reunidashasta llegar a la sentencia. Sin la presencia de Montano, quien formó parte de las Fuerzas Armadas de El Salvador entre 1963 y 1994, a la Audiencia Nacional de España le resultaba imposible avanzar, porque la Constitución española prohíbe procesar a una persona ausente y que esta sea condenada sin que haya sido escuchada en el aula de un Tribunal.

Como se trata de un juicio oral, como todos los juicios del sistema judicial español, en este caso también quedará derogado el carácter “reservado” de los elementos probatorios que se reunieron durante la instrucción, y la presentación de los mismos será de público dominio. También habrá espacio para nuevas pruebas que pudieran presentar las partes, incluyendo nuevos testimonios o procedimientos que fueron rechazados en las fases anteriores.

Según la Comisión de la Verdad de El Salvador las declaraciones de los testigos oculares, las investigaciones periodísticas y los pronunciamientos de los especialistas como el profesor de Stanford Terry Karl, que fue testigo perito en los juicios por violación de derechos humanos en El Salvador, existe una clara responsabilidad del Estado Mayor en la masacre de los jesuitas, Elba Ramos, la esposa del jardinero de la casa donde vivían en el campus de la UCA, y su hija Celina, de 16 años. La ONG española “Guernica 37” y la Asociación de Derechos Humanos de España también consideran que el caso llegará a juicio, por la cantidad de pruebas reunidas que apuntan a Montano y al Estado Mayor del Ejército salvadoreño. Para la ley penal española la suspensión del proceso solo puede ocurrir cuando no se ha demostrado la consumación del delito o cuando no hay pruebas suficientes para acusar a una persona de haber participado como autor, cómplice o facilitador. Pero los documentos desclasificados y el testimonio de diversos peritos que ya fueron incorporados al proceso demuestran que Montano participó en reuniones el 15 de noviembre de 1989 en el Colegio Militar y la sede del Comando Conjunto del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de El Salvador, donde se autorizó la muerte de civiles considerados objetivos militares. Según estos documentos, Montano se encontraba presente cuando el ministro Ponce dio la orden al coronel Guillermo Benavidez de matar al padre Ellacuría asegurándose de no dejar testigos y de utilizar al batallón Atlacatl para realizar la operación.


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Opinión del P. Restrepo jesuita sobre el Papa Bergoglio

Álvaro Restrepo sj: “Jorge Mario es directo y franco, a veces reservado, pero siempre acogedor y fraterno”

“Nos llamábamos simplemente por nuestro nombre, dejando de lado protocolos innecesarios”

Álvaro Restrepo , 05 de septiembre de 2017 a las 13:01

No se limitaba a enseñar y a predicar acerca de la oración, la vivía

Bergoglio y sus padres/>

Bergoglio y sus padres

 Artículo del Anuario de los jesuitas reproducido por Religión Digital

(Álvaro Restrepo sj).- En el mes de septiembre el Papa Francisco visitará Colombia. Estará en Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena. Se me ha pedido una colaboración.  Con este motivo quiero compartirles un artículo que escribí para el Anuario de la Compañía y que lleva por título “Entre jesuitas: desde el Arzobispo Jorge Mario Bergoglio al Papa Francisco”.

El teólogo José María Castillo escribía: “El Vaticano no es una isla. Por eso, cuando tanta gente de buena voluntad dice que la Iglesia necesita un buen papa, no se refiere a que el nuevo Pontífice sea conservador o progresista, de derechas o de izquierdas. Lo que importa es que sea un hombre libre y decidido. Necesita un hombre tan apasionado por el Evangelio, que desconcierte a todos cuantos en el papado buscan un hombre de poder y mando. El Papa debe resultar desconcertante. El día en que el Vaticano sea el ‘punto de encuentro’ de todos los que sufren, ese día la Iglesia habrá encontrado el buen Papa que necesita”.

Desde el momento en que a través del “correo de las brujas” se supo en Colombia que yo había sido Provincial de Argentina y que por tanto en varias oportunidades había tratado con el entonces Arzobispo de la capital Jorge Mario Bergoglio, actual Papa Francisco, los medios de comunicación colombianos no cesaron de llamar.

Mucho se ha escrito a propósito del Papa Francisco. Me propongo compartir con los lectores algunas de las cosas que aún recuerdo con admiración y gratitud.

Conocí en Roma a Jorge Mario durante una reunión internacional de la Compañía de Jesús. Trabajamos juntos el tema de los Hermanos (los jesuitas no sacerdotes). Recuerdo su profundo aprecio por ellos.

A los pocos meses de haber yo llegado a la Argentina para prestar el servicio de Provincial, Monseñor Bergoglio asumía el arzobispado de Buenos Aires. Fue así como nos encontramos en la Capital Federal. Nuestras relaciones se caracterizaron siempre por el respeto a la labor de cada uno.

Sus raíces familiares piamontesas y sencillas me ayudaron a comprender mejor los valores y el carácter de Jorge Mario. Nació el 17 de diciembre de 1936 en el barrio porteño de Flores. Se graduó como técnico químico. A los 21 años decide ser sacerdote. Entra al seminario diocesano de Devoto, dirigido en ese entonces por los jesuitas. Fué ordenado sacerdote en la Compañía de Jesús en 1969 y nombrado Provincial para el sexenio 1973-1979. En 1998 es designado Arzobispo de Buenos Aires.

No es amigo de ostentaciones ni de publicidades. Vivía en un modesto apartamento acanto a la Catedral. Por lo demás, considero inútil tratar de compararlo con alguno de los Papas del siglo pasado. Hay que tratarlo personalmente. Es directo y franco, a veces reservado, pero siempre acogedor y fraterno. Nos llamábamos simplemente por nuestro nombre dejando de lado protocolos innecesarios.

Destaco su afecto sincero por los pobres, por los enfermos, por los jóvenes y por los sacerdotes. Cuando uno de los párrocos le informaba que uno de sus familiares estaba delicado de salud, el Arzobispo Jorge Mario se ofrecía gustoso a reemplazarlo en sus tareas parroquiales.

No olvido sus llamadas telefónicas para preguntarme por la salud de los jesuitas y pedirme el favor de averiguar el horario más conveniente para conversar tranquila y discretamente con el enfermo.

En cierta ocasión un joven estudiante jesuita le pidió un consejo para su apostolado con los más necesitados. La respuesta es reflejo de una honda experiencia pastoral:

“Visita con frecuencia a los pobres, acércate a ellos, mira cómo viven y cómo comparten generosamente lo poco que tienen. Después reflexiona y ora. Lo que pastoralmente les guste y necesiten es eso lo que debes hacer”.

Las homilías del Arzobispo el 25 de mayo, día nacional argentino, partían siempre del Evangelio. Con sumo respeto pero sin ambages predicaba acerca de lo que creía necesario comunicar a los presentes: gobernantes, ministros de estado y pueblo fiel -para el que, durante la ceremonia de la Catedral, permanecían las puertas abiertas.

Me acuerdo de la fuerza con la que pidió a los presentes que no se discriminaran a los emigrantes provenientes de Paraguay, Bolivia y Perú, so pretexto de que eran indocumentados:

“Ellos son hijos de Dios, personas hermanas y hermanos nuestros; poseen la tarjeta de identidad de sus países y si emigran a la Argentina es porque aquí buscan trabajo asumiendo con frecuencia las labores más duras. Sus salarios, si es que los reciben, son miserables. Respetémoslos y ayudémoslos”.


El interlocutor captaba inmediatamente la cultura amplia y la honda espiritualidad de Jorge Mario. Fue profesor de literatura y de sicología, licenciado en filosofía y teología. En Alemania completó su tesis doctoral sobre Romano Guardini. Su entrega apostólica no reñía con sus tareas de gobierno de la Arquidiócesis. Por el contrario, la hacía más creíble.

No se limitaba a enseñar y a predicar acerca de la oración, la vivía. Conocía perfectamente y meditaba las cartas y los escritos de San Ignacio de Loyola, de San Juan de la Cruz, de Santa Teresa de Jesús y el diario espiritual de Pedro Fabro.

Sabemos también su aprecio por la obra de Jorge Luis Borges y de Leopoldo Marechal.

Bergoglio es hombre de discernimiento. En cierta ocasión conferí con él un asunto delicado. Me admiró su respuesta: “si lo que quieres viene de Dios, el Espíritu Santo te lo hará sentir internamente y se encargará de que lo que proyectas se lleve a cabo. Pero si lo que buscas no proviene de Él, tu plan no resultará”.

El afecto por la persona de Jesús y la devoción a la Virgen María son recurrentes en sus charlas, escritos y homilías. La devoción a San José ocupa para Jorge Mario un puesto especial. No es simple coincidencia que asumiera oficialmente su pontificado un 19 de marzo.

Una cadena de televisión me hizo esta pregunta: ¿qué piensa usted de los cincuenta primeros días del Papa Francisco? Recordé que Dios es “el Dios de las sorpresas”, “el Dios siempre mayor”. Ciertamente me sorprendí al recibir la noticia de la elección de Francisco. Por vez primera teníamos en la historia un Papa latinoamericano y jesuita!

En la entrevista hice hincapié en sus gestos profundamente simbólicos del Papa Francisco y que llegan al corazón de la gente. La alegría y la esperanza de quienes lo escuchan y lo ven en la televisión son voz común, y no es raro oír personas que dicen haberse reconciliado con la Iglesia.

El 14 de marzo, día siguiente a la elección del nuevo Pontífice, el entonces Padre General de los jesuitas Adolfo Nicolás declaraba:

“En nombre de la Compañía de Jesús doy gracias a Dios por la elección del nuevo Papa, Cardenal Jorge Mario Bergoglio S.J., que abre para la Iglesia una etapa llena de esperanza.Todos los jesuitas acompañamos con la oración a este hermano nuestro y le agradecemos su generosidad para aceptar la responsabilidad de guiar a la Iglesia en un momento crucial. El nombre de ‘Francisco’ con el que desde ahora le conocemos, nos evoca su espíritu evangélico de cercanía a los pobres, su identificación con el pueblo sencillo y su compromiso con la renovación de la Iglesia. Desde el primer momento en que se ha presentado ante el pueblo de Dios nos ha dado testimonio visible de su sencillez, su humildad, su experiencia pastoral y su profundidad espiritual”.


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El Papa celebró con los jesuitas la fiesta de S. Ignacio

El Papa celebró con los jesuitas la fiesta de San Ignacio de Loyola

Martes 1 Ago 2017 | 11:12 am

Roma (Italia) (AICA):

 El papa Francisco almorzó, este lunes 31 de julio, con la comunidad de los padres jesuitas, en la Curia de la Compañía de Jesús en Roma, con ocasión de la fiesta de San Ignacio de Loyola. El pontífice fue recibido por el padre Arturo Sosa SJ, superior general de la Compañía. Es la quinta vez, en su pontificado, que el Santo Padre visita la Curia de los padres jesuitas.

Ya se convirtió en una costumbre del primer pontífice jesuita festejar al fundador de la Compañía de Jesús, san Ignacio de Loyola con sus hermanos jesuitas.

Asimismo Francisco envió ayer el siguiente mensaje en su cuenta twitter: “Como San Ignacio de Loyola, dejémonos conquistar por el Señor Jesús y guiados por Él, coloquémonos al servicio del prójimo”.+


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Homilía del Prepósito general de los jesuitas en la fiesta de S.Ignacio

  Padre Sosa: recorramos sin miedo el camino hacia las fuentes carismáticas de la Compañía

 

 

Celebrar la fiesta de San Ignacio es una invitación a profundizar nuestro carisma y espiritualidad: lo afirmó el padre Arturo Sosa Abascal, Superior General de los Jesuitas, en la homilía de la misa celebrada en la Iglesia del Jesús en Roma, ocasión de la fiesta del santo de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, este 31 de julio.

Recordando que el Concilio Vaticano II envió a “fundadores y fundadoras de congregaciones” a recorrer el camino de las propias fuentes carismáticas, el Superior de los Jesuitas los definió en su homilía “portadores de dones del Espíritu Santo a la Iglesia y al mundo”.

“Cada carisma – puntualizó el padre General de los Jesuitas – es dado para contribuir en la construcción del cuerpo de la Iglesia y para enriquecer su servicio a la misión del Cristo”. Y en este sentido subrayó que referirse a “San Ignacio fundador” es el modo de los jesuitas de “renovar la fidelidad al carisma recibido” y de abrirse a su enseñanza, siempre con un fundamento: “el amor de Jesús”. Por lo tanto – agregó – “el primer paso para volverse cristiano y jesuita es enamorarse de Jesús, volverse su amigo y compartir su vida y misión con los compañeros”.

Precisamente, señaló el padre Sosa, “es el amor de Jesús que funde aquella unión de mentes y corazones que hace posible la Compañía de Jesús, como ha escrito San Ignacio en las Constituciones”.

Unión de mentes que no significa compartir una ideología – precisó – porque los jesuitas “están invitados, como todos los cristianos a reflexionar por su cuenta, a tener ideas personales y a desarrollar el pensamiento”.

“Unión de mentes – especificó – quiere decir tener la mente dirigida, en primer lugar, a Dios y por ende, a la vocación a la cual hemos sido llamados”.

El Padre Sosa habló también de “la unión de los corazones” realizable solamente con una condición: si el amor de Cristo llena completamente nuestra afectividad, amor que es capaz de liberarnos de los afectos no dirigidos “solamente a Dios”.

Con la invitación a sus hermanos jesuitas a no tener miedo de recorrer el camino hacia las fuentes carismáticas de la Compañía, el padre General invocó a Nuestra Señora della Strada, la Virgen del Buen Camino, para que sea para ellos la guía en este camino hacia el origen de la fuente de vida, “el amor del Señor Jesús”.

(MCM-RV)

Texto completo de la homilía del Superior General de los Jesuitas

San Ignacio es un punto de referencia permanente para nosotros jesuitas y para tantas personas que se nutren de su espiritualidad. Celebrar su fiesta en esta Chiesa del Gesù (Iglesia del Jesús) en Roma, junto a los lugares donde él murió y donde antes había transcurrido años de su vida para consolidar los fundamentos de la Compañía de Jesús y para guiarla en su difusión apostólica en todo el mundo entonces desconocido, es, por lo tanto, una invitación a profundizar nuestro carisma y su espiritualidad. Celebramos esta tarde a San Ignacio como fundador, junto a otros nueve compañeros, de la Compañía de Jesús para dar gloria a Dios, que ha demostrado también en él su magnanimidad y su amor misericordioso, y por “la ayuda de las almas”.

El Concilio Vaticano II ha enviado a todas las congregaciones religiosas a recorrer el camino hacia sus propias fuentes carismáticas. Los fundadores y las fundadoras no son solamente buenas personas, con una profunda experiencia de la misericordia de Dios y una vida ejemplar, sino que reconocemos también en ellas una especial presencia del Espíritu Santo. Son portadores de dones específicos del Espíritu a la Iglesia y para el mundo. Cada carisma es dado para contribuir en la construcción del cuerpo de la Iglesia y enriquecer su servicio a la misión del Cristo en el cual Dios, uno y trino, reconcilia todas las cosas. La referencia a San Ignacio fundador es, por lo tanto, nuestro modo de renovar la fidelidad al carisma recibido y de abrirnos a su enseñanza, fuente también de la creatividad apostólica de la cual tenemos tanta necesidad en nuestros tiempos.

El fundamento es siempre el amor de Jesús. “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre lo amará, y vendremos a Él, y haremos morada con Él. Jesús, después de habernos amado, viene al encuentro de cada uno de nosotros, nos invita a seguirlo y nos reúne como sus compañeros. El primer paso para volverse cristiano y jesuita es entonces enamorarse de Jesús, volverse su amigo y compartir su vida y misión con los compañeros, también ellos enamorados y reunidos en su nombre para servir a la Iglesia.

Es el amor de Jesús que funde aquella unión de mentes y corazones que hace posible la Compañía de Jesús, como ha escrito San Ignacio en las Constituciones (671): “El principal vínculo recíproco entre ellos y con su jefe es el amor de Dios nuestro Señor. En efecto, si superiores e inferiores estarán muy unidos con su divina suma bondad, lo estarán con toda facilidad también entre ellos, en virtud del único amor, que de ella descenderá y se extenderá a todo el prójimo, especialmente al cuerpo de la Compañía”. Aquí y solamente aquí encontramos las condiciones para el discernimiento espiritual en común, a través del cual el Espíritu Santo guía nuestra contribución en la misión de Cristo.

Unión de mentes no significa compartir una ideología, una forma de pensamiento único entorno al cual levantamos muros para encontrar una falsa identidad que nos tranquiliza. Los jesuitas, como todos los cristianos, discípulos del Señor Jesús, están invitados a reflexionar por su cuenta, a tener ideas personales, a desarrollar el pensamiento y a hacer búsqueda profundizada en todos los campos del conocimiento humano. En efecto, la Compañía de Jesús invierte mucho tiempo y energías en la preparación intelectual de sus miembros, convencida de tener en la actividad intelectual un valioso instrumento apostólico para hacer presente la buena noticia de Jesús en todas las dimensiones de la vida humana, en todo tiempo, cultura y lugar.

Sino que unión de mentes quiere decir tener la mente dirigida, en primer lugar, a Dios y por ende a la vocación a la cual hemos sido llamados. Con las palabras de la Formula del Instituto (1), nuestra carta fundamental, del 1550: quien quiera formar parte de esta Compañía, “trate también de tener ante los ojos, hasta que vivirá, antes que cualquier otra cosa, a Dios, y luego la forma de este Instituto suyo que es una camino para llegar a Él, y de conseguir con todas las fuerzas tal fin que le fue propuesto por Dios”:

También la unión de los corazones es posible solamente si el amor de Cristo llena completamente nuestra afectividad, de manera tal que nos liberemos de todos nuestros “afectos desordenados”, es decir, de los afectos no dirigidos solamente a Dios. Parecería más simple unir los corazones que las mentes, pero no lo es. En el corazón de cada uno de nosotros se multiplican estos afectos desordenados que nos vinculan a las personas, lugares, trabajos apostólicos y se transforman en lazos tan cortos que hacen perder la libertad interior, la “indiferencia” del principio y fundamento de los Ejercicios Espirituales (23), aquella que hace “que no deseemos de parte nuestra la salud antes que la enfermedad, la riqueza antes que la pobreza, el honor antes que la deshonra, una vida larga antes que una vida breve, así para todo lo demás, deseando y eligiendo solamente aquello que nos puede conducir mejor al fin para el cual hemos sido creados”.

La unión de los corazones corresponde a la experiencia relatada por el profeta Jeremías, obligado a dejarse seducir por la fuerza de la presencia de Dios en su vida, no obstante todas las resistencias que él pone ante el encuentro con el Señor. A pesar de la sensación de vergüenza y la burla continua de la cual es víctima, reconoce finalmente que el amor del Señor se impuso en su corazón: “Había como un fuego ardiente, retenido en mis huesos; me esforzaba para contenerlo pero no podía”.

Por consiguiente, no tenemos que tener miedo de recorrer este camino hacia nuestras fuentes carismáticas, “en unión de mentes y corazones”. El Señor ha enviado el Paráclito, su Espíritu, para recordarnos todo lo que nos ha enseñado. No importa cual haya sido la vida antes del encuentro con el Señor. Él quiere usar su misericordia y regalarnos “gracia superabundante junto a la fe y la caridad que está en Jesucristo”, para ponernos al servicio de su misión, para hacer que nos transformemos en sus compañeros y confiarnos el ministerio de la reconciliación (cfr. 2 Corintios 5, 18).

Que Nuestra Señora della Strada (Virgen del Buen Camino) sea nuestra guía en este recorrido y obtenga para cada uno de nosotros la gracia de caminar incansablemente, hacia el origen de nuestra fuente de vida, el amor del Señor Jesús.


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Cuatro años de un Papa jesuita

Cuatro años de un papa jesuita

¿Qué ha supuesto para nosotros, los jesuitas, el nombramiento del papa Francisco, a los cuatro años de su elección? No puedo hablar, como es obvio, en nombre de “los jesuitas”, sino solo en el mío propio, pero sí con la esperanza de que al expresar mi sentir más personal esté expresando también el de otros muchos compañeros.

Comienzo distinguiendo dos niveles, conectados entre sí pero con distinto peso específico. El primero es más emotivo, toca fibras más sensibles a nuestro ser de jesuitas y de Compañía de Jesús. Que quien fue en otro tiempo compañero nuestro sea ahora nada menos que Pastor de la Iglesia universal nos llena de una gran alegría. El papa Francisco sintió de joven la misma llamada que nosotros, bebió de las mismas fuentes ignacianas, se incendió por dentro del mismo Cristo de los Ejercicios, pasó por las mismas etapas de formación… ¿Cómo no sentir alegría por un hecho así, el primero en quinientos años de historia de la Iglesia, y más teniendo en cuenta que las relaciones entre el Vaticano y la curia jesuítica no siempre fueron fáciles? Por otra parte –estoy seguro de ello- esa alegría no es narcisista ni muestra de un orgullo corporativo, sino de una honda gratitud al Señor y de una mayor disponibilidad para trabajar, bajo su guía, en la viña del Señor.

El segundo nivel es más hondo, más teológico, por decirlo así, tiene mayor peso. La Compañía de Jesús, tal como está configurada en la actualidad, nació de la segunda parte de un doble voto de Ignacio y sus compañeros en la colina de Montmartre (París) en 1534): si no salía adelante, como así sucedió, el proyecto de ir a Jerusalén, el grupo de los diez se pondría a disposición del Papa para ser enviados donde creyera que había mayor necesidad. Así lo hicieron, una vez fracasado el “proyecto Jerusalén” y constituidos ya en orden religiosa. No hay que extrañarse por tanto de que Nadal, el mejor intérprete de san Ignacio, dijera que este voto que vincula esencialmente a la Compañía de Jesús con el papa en lo tocante a sus misiones, era “nuestro primero y principal fundamento”. Es decir, que la Compañía de Jesús había nacido de él y que esa promesa sagrada sería siempre consustancial a nuestra Orden y a cada jesuita en ella. La Compañía de Jesús, afirmó en cierta ocasión un Provincial jesuita, nació con un impulso “paulino”, es decir, misionero, ad extra de sí, y con una devoción “petrina”, esto es, con una referencia operativa y afectiva al sucesor de Pedro como primer mediador de su presencia en el mundo.

¿Qué sucede en el caso del Papa Francisco? Dos cosas, a mi modo de ver. La primera es que los vínculos humanos, afectivos y espirituales, que unen a la Compañía con el papa hacen más “fácil” –digámoslo así- nuestra disponibilidad y obediencia a él para lo que quiera encomendarnos. La segunda, que la Compañía siente tan cercana a su carisma originario la orientación que el papa Francisco está imprimiendo en la Iglesia, que es para nosotros un gozo y un honor secundarle.

– “Demasiado humanas ambas razones”, pensará alguien. – “No, si estamos dispuestos a mantener la misma actitud en otras circunstancias distintas…”. El ejemplo lo tenemos en el propio san Ignacio a quien le tocó vivir su propio voto de obediencia al papa con uno “amigo” (Marcelo II) y con otro muy hostil (Paulo IV).

 

Toño García SJ