Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


Deja un comentario

Las reliquias del apóstol Pedro en el Vaticano. Su autenticidad. Nota histórica

2019.06.30 delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla,  Mgr Job, Arzobispo de Telmissos, jefe de la delegación ecuménica y el Card. Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo parala promoción de la Unidad de los Cristianos2019.06.30 delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, Mgr Job, Arzobispo de Telmissos, jefe de la delegación ecuménica y el Card. Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo parala promoción de la Unidad de los Cristianos 

Las reliquias de San Pedro son un regalo para la unidad de la Iglesia

Descubrimos el regalo del Papa Francisco al Patriarca de Constantinopla Bartolomé. Es un relicario que contiene 9 fragmentos de los huesos del apóstol Pedro, parte de un gran grupo conservado en la necrópolis del Vaticano.

Benedetta Capelli – Ciudad del Vaticano

En el crepúsculo de la necrópolis del Vaticano, el corazón del cristianismo, la luz de la fe de Pedro, el primer papa de la Iglesia, aún está encendida.

Dentro del espacio del “Muro G”, la pared de graffiti debajo del altar papal de la Basílica del Vaticano, hay 19 cajones transparentes con fragmentos de huesos que pertenecieron a Pedro. En estas reliquias durante mucho tiempo se investigó, hoy es posible decir que pertenecían a un hombre de constitución robusta, que murió en la vejez, faltan los huesos de los pies: un detalle que recuerda la crucifixión al revés de acuerdo con la voluntad del apóstol.

Pío XII fue el pontífice que en 1939 ordenó excavaciones debajo de la basílica, descubriendo después de diez años el lugar de entierro de Pedro. Solo en 1952 había un nicho funerario cubierto con graffiti preciosos que contenía huesos considerados del apóstol.

Las reliquias de San Pedro estarán también en Constantinopla

En el regalo de Francisco a Bartolomé, el 29 de junio de 2019, solemnidad de Pedro y Pablo, también está la huella de Pablo VI. Fue el Papa Montini, después de estar convencido de la identificación de esos restos óseos, que colocó los 19 cajones en 1968, donde se encuentran hoy día. De este importante grupo hizo sacar a 9, contenidos en un cajón de bronce, destinados a la capilla privada del departamento papal en el palacio apostólico.

Abierto en el altar de San Pedro, al final del Año de la Fe, el 24 de noviembre de 2013, a instancias de Francisco, el cajón se colocó al lado del altar.

“Un pensamiento proveniente del Espíritu Santo”. Así, en la Carta al Patriarca Ecuménico de Constantinopla Bartolomé, el Papa explica ese movimiento del corazón. Reliquias que Francisco imagina junto a las del apóstol Andrés, el pescador, el “primero en ser llamado”.

Es la forma de caminar juntos de nuevo, en una bendición, en oración común “al servicio de la familia humana que hoy está tentada a construir un futuro sin Dios”.

Es el abrazo de Francisco y Bartolomé lo que indica el camino, ya vislumbrado en Jerusalén por Pablo VI y Atenagoras, que quiso donarle al Papa Montini una imagen en la que Andrés y Pedro están cerca el uno del otro. Dos hermanos que aún hoy no dejan de mirar hacia la unidad de la Iglesia.

Photogallery


Deja un comentario

Ha muerto el historiador jesuita Manuel Revuelta. (RD)

Ha muerto el gran historiador Manuel Revuelta, SJ

Revuelta sj

Revuelta sj

Historiador de la Compañía de Jesús, sus páginas son imprescindibles para conocer la Iglesia y la  España contemporáneas

Era sobre todo un experto en las Reducciones del Paraguay y la expulsión y extinción de los jesuitas

No suficientemente valorado por el mundo de la cultura, dejó una  ingente obra y sobre todo un ejemplo de humildad y trabajo oculto

Los hombres grandes, los auténticos sabios, los ocultos investigadores mueren como han vivido en silencio. Casi nunca salen en la tele y su trayectoria pasa inadvertida para las masas de los grandes medios. Así acaba de fallecer un gran historiador de la Compañía de Jesús en España, el jesuita Manuel Revuelta.

Palentino de Población de Campos, cerca de Fromista,  ha muerto hoy en Salamanca a los 83 años de edad con una enorme obra a sus espaldas y sobre todo con una sencillez y calidad humana encantadoras. Manuel Revuelta perteneció a la Compañía de Jesús 65 años, 50 como profesor, una profesión convertida en estilo de vida hasta sus últimos días. Comillas, Santiago de Compostela Frankfurt, Salamanca y Madrid fueron sus destinos donde fue sumando conocimientos de Historia y de vida espiritual que volcaba en sus escritos.

Su discípulo, el joven historiador laico Javier Burrieza le ha dedicado una sentida necrológica:  “Sus obras –escribe- imprescindibles para entender la trayectoria de los jesuitas de los siglos XIX y XX, uno de estos autores situado en la línea de los grandes que contaron la historia de esta orden religiosa que nunca ha pasado desapercibida. Pero además, sus páginas son imprescindibles también para conocer la España contemporánea, hablando de exclaustración, anticlericalismo, confesionalismo… sabía conceptualizar, aclarar, matizar, reflexionar y siempre fue muy generoso con su tiempo, haciendo las cientos de recensiones que firmó o los prólogos de tantos libros”. Otra historiadora experta en la Historia de la Compañía, Inmaculada Fernández Arrillaga, de la Universidad de Alicante,  me escribe, impactada: “Era para mí un gran maestro, un padre”.

Manuel Revuelta

Se puede considerar que Revuelta ha sido el tercer gran historiador de la Compañía en España, en continuidad con la obra de  sus predecesores los padres Astrain y Frías, que analizaron esa historia en nuestro país desde los tiempos fundacionales. Su obra  reúne más de cincuenta artículos en diversas revistas como Razón y fe: Revista hispanoamericana de cultura, Carthaginensia: Revista de estudios e investigación, o en Historia 16, entre muchas otras. También es el autor de nueve libros, entre los que destacan aquellos relacionados con la labor educativa de la Compañía de Jesús, así como la historia de sus miembros más notables. Era sobre todo experto en Las Reducciones en Paraguay, la expulsión y extinción de la Orden y enseñó además de en Comillas en la Universidad de Deusto y la Complutense de Madrid (1976-1985).

Con motivo de su jubilación el historiador eclesiástico  José Manuel Cuenca Toribio acusaba en un artículo en Diario de Córdoba, a las Academias y otras instituciones de no haberle rendido el justo reconocimiento: “En cualquier tiempo y latitud de la España hodierna, el aplauso rendido a la biografía del jesuita palentino y a su nutrida y enjundiosa bibliografía es una exigencia intelectual y un deber de la éticamente precarizada sociedad hispana”. En lo que fue injusto Toribio es en meter en el saco de esa ingratitud a Comillas y la Compañía. Nada extraño, dado su actual antijesuitismo. Para él Revuelta, que acaba de morir,  era un “jesuita de los da antes”, no de los de ahora. Claro, como este sí le gustaba, era “de los de antes”. Pero el padre Revuelta era sin duda un hombre de estos tiempos, admirador de Arrupe e integrado en la actual Compañía.

Es muy cierto que no fue suficientemente valorado. Pero, como decían San Juan de la Cruz, “al atardecer de la vida nos examinarán del amor”. Eso es lo que queda, por encima incluso de una brillante carrera intelectual como la suya. Él, como pedía san Ignacio, se dedicó en cuerpo y alma a “en todo amar y servir”, a través de la investigación y la docencia. Fui testigo de esa gran humildad y delicadeza. Descanse en paz.


Deja un comentario

El Papa a un importante congreso de profesores de historia

El Papa: “Jesús, una Palabra que actúa en la historia y la transforma desde dentro”

Este sábado, 12 de enero, en la Sala del Consistorio del Vaticano, el Papa Francisco recibió en Audiencia a los participantes en el XVIII Congreso de la Asociación de Profesores de Historia de la Iglesia (AIPSC), con motivo de su 50° Aniversario de Fundación.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Que vuestro no fácil magisterio y vuestro testimonio contribuyan a la contemplación de Cristo, piedra angular, que actúa en la historia y en la memoria de la humanidad y de todas las culturas”, lo dijo el Papa Francisco a los participantes en el XVIII Congreso “Actividad, investigación y divulgación. La historia de la Iglesia del post-Concilio”, evento organizado por la Asociación de Profesores de Historia de la Iglesia (AIPSC), con motivo de su 50° Aniversario de Fundación (1967 – 2017), a quienes recibió en Audiencia este sábado, 12 de enero, en la Sala del Consistorio del Vaticano.

La historia, maestra de vida

En su discurso, el Santo Padre saludando a los participantes en este XVIII Congreso de la Asociación de Profesores de Historia de la Iglesia, y agradeciendo a su Presidente por haber recordado el antiguo refrán “historia magistra vitae”, dijo que es una máxima muy significativa y vinculada con su importante y generoso magisterio. “Un amigo de sus ‘padres fundadores’ y de su Asociación – precisó el Pontífice – el jesuita Giacomo Martina, un agudo historiador de la Iglesia, por mucho tiempo profesor en la Gregoriana y maestro de muchos de ustedes, me dicen que solía recordar a sus alumnos que la historia es ciertamente maestra de vida, pero que tiene muy pocos alumnos”.

Servicio y apasionado testimonio

El Papa Francisco refiriéndose al trabajo de los profesores de historia de la Iglesia en los seminarios, en universidades pontificias, en conferencias, en reuniones de estudio, etc., dijo que están dando una valiosa ayuda al estudio de la historia y a su magisterio, y les agradeció por este servicio y por este apasionado testimonio. “De hecho, la historia, estudiada con pasión, puede y debe enseñar mucho hasta hoy, tan desarticulada y sedienta de verdad, paz y justicia. Bastaría que, a través de ella – precisó el Pontífice – aprendiéramos a reflexionar con sabiduría y valentía sobre los dramáticos y malvados efectos de la guerra, de las muchas guerras que han perturbado el camino del hombre en esta tierra. Y no aprendemos”.

Una Palabra que actúa en la historia y la transforma

En este sentido, dijo el Santo Padre, Italia y en particular la Iglesia italiana, es tan rica en testimonios del pasado. La historia de la Iglesia italiana es de hecho un punto de referencia esencial para todos aquellos que quieren comprender, profundizar e incluso disfrutar del pasado, sin convertirlo en un museo o, peor aún, en un cementerio de nostalgia, sino para hacerlo vivo y presente a nuestros ojos. “Pero –como ustedes me han enseñado dijo el Pontífice – en el centro de la historia hay una Palabra que no nace por escrito, que no viene a nosotros de la investigación del hombre, sino que nos es dada por Dios y es testimoniada sobre todo a través de la vida y dentro de la vida. Una Palabra que actúa en la historia y la transforma desde dentro. Esta Palabra es Jesucristo, que marcó y redimió tan profundamente la historia humana que marcó el paso del tiempo en un antes y un después de él”.

El historiador creyente un estudioso de la verdad

Por ello, afirmó el Papa Francisco, la plena aceptación de su acción salvadora y misericordiosa debe hacer del historiador creyente un estudioso aún más respetuoso de los hechos y de la verdad, delicado y atento en su investigación, un testigo coherente en su enseñanza. Debería alejarlo de todo lo mundano ligado a la presunción de saber, como el ansia de reconocimiento profesional o académico, o la creencia de que puede juzgar los hechos y a las personas por sí mismo. De hecho, la capacidad de vislumbrar la presencia de Cristo y el camino de la Iglesia a través de la historia nos hace humildes, y nos aleja de la tentación de buscar refugio en el pasado para evitar el presente.

Cristo, actúa en la historia y en la memoria de la humanidad

Antes de concluir su discurso, el Santo Padre alentó a los profesores que su, no fácil magisterio y su testimonio contribuyan a la contemplación de Cristo, piedra angular, que actúa en la historia y en la memoria de la humanidad y de todas las culturas. Y que Él siempre les dé a gustar Su presencia salvadora en los hechos, documentos, eventos, grandes o pequeños. Sobre todo, yo diría, los hechos de los humildes, los últimos, también los actores de la historia. Y este será realmente el camino maestro para tener quizás algunos estudiantes a su lado, pero realmente buenos, generosos y preparados.

Finalmente, el Papa Francisco saludó a los participantes en este Congreso compartiéndoles su experiencia con dos jesuitas apasionados por la historia, los padres, Giacomo Martina y Hugo Vanni, quienes le ayudaron en profundizar la historia de la Iglesia y de los Papas.

Discurso del Papa Francisco


Deja un comentario

Homenaje al historiador P. Manuel Revuelta, jesuita.

Volver

El pasado 16 de agosto, el municipio palentino de Población de Campos, rendía un sentido  homenaje al primero de sus hijos ilustres, según refiere Wikipedia, nuestro compañero P. Manuel Revuelta González, Profesor Emérito de Historia contemporánea de España en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid. Ya de víspera, él mismo tuvo una conferencia en la iglesia, a la que asistió mucha gente, que la acogió con gusto y provecho. Al día siguiente, fiesta de San Roque, tuvo lugar el homenaje propiamente dicho en el “Pósito”, Centro Cultural de la Villa, dedicado en esta ocasión al homenajeado. Intervino en primer lugar el P. Eusebio Gil, Superior de la Residencia de Palencia, palentino también él (de Ampudia de Campos) y compañero de Revuelta durante muchos años, con una espléndida conferencia, primorosamente elaborada, muy completa y ponderada, sobre toda su obra como historiador. Habló después Peridis,  igualmente palentino, ocurrente e ingenioso como siempre, que hizo repetir al público, como una letanía, una retahíla de elogios al homenajeado.  Vino luego el  turno para un hijo del pueblo, Pedro Luis Huerta, experto en arte, que habló del influjo que Revuelta había tenido en él en los tiempos de estudiante y de sus publicaciones sobré el pueblo. Por fin, tomó la palabra el mismo Manolo para pronunciar ante sus paisanos una sabrosísima charla con el título de “Vivencias y recuerdos de Población de Campos”, en la que, presentándose como “ausente siempre presente”, evocó con gracioso decir las personas, lugares y  costumbres del pueblo que le vio nacer. El público le escuchó encandilado y rubricó sus palabras con sonoros y prolongados aplausos. Como confiesa él mismo: “Salió todo muy bien. El Ayuntamiento y el pueblo me mostraron  mucho cariño, y quedé emocionado”.

¿Por qué, tal homenaje? Hace solo pocos meses el Servicio de Publicaciones de la Universidad Pontificia Comillas había publicado el último libro de Manuel Revuelta “Enigmas históricos de la Iglesia Española Contemporánea”, que hace el número 20 de sus libros. En su Introducción dice él: ”Hace poco he superado los ochenta años de edad y estoy a punto de celebrar los cincuenta de mi dedicación a la docencia e investigación de la Historia. Tengo la sensación de que, durante esos años no he hecho otra cosa que escribir. … Escribir ha sido la principal ocupación de mi vida y la que más me ayuda a dar gracias a Dios ‘por tanto bien recibido’. … El número total de títulos de mi bibliografía alcanza el número de 482: 20 libros individuales, 67 libros colectivos, 120 artículos de revistas, 31 prólogos, 48 artículos en diccionarios diversos y 196 recensiones. Mis investigaciones históricas se centran en tres campos: la historia de la Iglesia de España (con especial atención al siglo XIX); la historia de la Compañía de Jesús {en España] en la edad contemporánea; y la historia de Palencia”. Por esta vida ejemplar, por este asiduo trabajo y por esta espléndida y desbordante producción, sus paisanos de Población de Campos – ¿ellos solos? – han querido homenajearle  tan justamente.

Hace poco un colega suyo, Catedrático emérito de Historia en una Universidad del Estado, haciéndose eco sumamente positivo y elogioso del libro y de toda la trayectoria docente e investigadora de su autor, lo califica en el título, no sin cierta intención no del todo pura y recta, desvelada después en el texto, como “Un jesuita de otros tiempos” https://www.elimparcial.es/noticia/177523/un-jesuita-de-otro-tiempo.html.  Ni Manolo mismo ni cuantos le conocemos podemos estar de acuerdo con esta calificación. [UV]


Deja un comentario

Las vacaciones de los Papas.

Los lugares de las vacaciones de los Papas

A lo largo de los siglos los Pontífices han salido de Roma para huir del calor, asistir a batallas navales espectaculares, jugar billar o cazar jabalíes

Benedicto XVI en Les Combes (Valle de Aosta) – (foto Il Sismografo)

70
0
Pubblicato il 10/08/2017
Ultima modifica il 10/08/2017 alle ore 15:04
MARCO RONCALLI
ROMA

Es difícil establecer con certeza cuándo nació entre los obispos de Roma la costumbre de las vacaciones veraniegas. Retrocediendo a lo largo de siglos y hojeando los pesados tomos de la “Historia de los Papas” de Ludwig von Pastor, o el mítico “Diccionario de erudición histórico-eclesiástica” de Gaetano Moroni, se encuentran los nombres de los que se alejaban de Roma para huir de la Canícula, pero también del aire viciado, causa de enfermedades, que provocaban algunos cursos de agua empantanados. «Roma, devoradora de hombres, feraz de fiebres y de muertos», se quejaba Pier Damiani. Y seguramente hay que remontarse a Inocencio III (1198-1216) para hablar de vacaciones estivas papales como de una costumbre regular. Bajo su Pontificado los romanos llamaban Letrán “palacio de invierno”. Las localidades elegidas para construir edificios rodeados de verde se encuentran principalmente en los alrededores de Roma. Si, para huir del siroco, Eugenio III (1145-1153) mandó construir un palacio en Señi, otros, como Clemente IV (1265-1268) y Nicolás III (1277-1280) preferían Anañi y Viterbo, ciudad en la que antes procedían con las medidas más disparatadas: expulsar a las prostitutas presentes, eliminar las tinas insalubres en las que se fabricaba el lino… Otros, en cambio, se dejaban encantar por los espactáculosd e la naturaleza entre las ruinas de Sora, Tívoli, Montefiascone… Esas bellezas, rodeadas de bosques frescos, que sedujeron a Pío II (1458-1464), Papa humanista que no desdeñaba los baños sulfúreos de Petriolo con algún cardenal, pero que, sobre todo, nos dejó (en los “Comentarios”) sus apuntes de viajes por la Apia antigua, incluida su visita papal a las colinas Ablani. O esas bellezas naturales, pobladas por una rica fauna que estimulaba la pasión venatoria de León X (1513-1521), cazador de jabalíes en la finca de la Magliana.

 

La costumbre de breves vacaciones se consolidó en el siglo XVII, con el palacio que mandó construir Urbano VIII (1623-1644), cerca del lago de Albano, en Castel Gandolfo, meta privilegiada hasta ahora por quince diferentes Papas. Así, con el tiempo, el lugar cedido en 1596 con una venta forzada por la familia Savelli a la Cámara Apostólica, por la suma de 24.000 escudos, y que fue incorporado por Clemente VIII entre las propiedades de la Santa Sede, se convirtió en una especie de Vaticano de verano (o “segundo Vaticano”). Aunque Piazza escribió, a propósito de la “villa de los Sumos Pontífices” que «Pablo V [1605-1621] fue el primero que, impulsado por la amenidad admirable por sobre cualquier otra del Lacio, por el sitio y por la cercanía de Roma, y por las delicias del lago, y la salubridad del aire, comenzara a echar los cimientos para la habitación Pontificia», fue Urbano VIII, que llegó al trono en 1623, quien puso en march alas obras de la villa en donde surgía la antigua acrópolis de Alba Longa, en donde los Gandulfos habían construido la propiedad que después habrían ocupado los Savelli. En su libro “Los Papas en el campo” (1953), Emilio Bonomelli, que fue bastante tiempo director de las Villas Pontificias, narró esa mañana del 10 de mayo de 1626 en la que los Papas comenzaron un nuevo viaje, el primero de una larga serie de “mudanzas” a Castel Gandolfo. Leemos que el Papa partió en esos días «en buena hora, en carroza de seis caballos» desde el Palacio del Quirinal, «antecedido por el crucífero a caballo, seguido por la corte en hábito corto de viaje, algunos a caballo, otros en litera», y en compañía de «monseñor Maestro de casa, el confesor, el secretario de los estados, de los memoriales, el secretario de las cifras, el médico secreto, el limosnero, el caudatario, el ayudante de cámara, el copero, el mayordomo, el maestro de cartas, los clérigos secretos, los capellanes, los ujieres, los porteadores, etc.», sin olvidar los «esbirros de campo», que habían sido ya informados por el gobernador de Roma para que garantizaran la seguridad del séquito papal a lo largo de su recorrido. Gracias a Maffeo Barberini, que como refirió el pintor Sandrart fue visto cerca del lago «arrojar las redes de pesca con deleite», poco a poco la residencia papal se fue ampliando y en la construcción del Palacio Pontificio trabajaron el arquitecto Carlo Maderno, Bartolomeo Breccioli y Domenico Castelli.

 

El segundo Papa que habitó en el Palacio Pontificio fue Alejandro VII (1655-1667), que «en la residencia estiva –escribió Pastor– hizo que Bernini añadiera la fachada y la galería, de la que se goza la vista del mar». El Papa Alejandro es recordado mientras observaba divertido desde las ventanas las fiestas populares, respirando a todo pulmón, como escribió Jacovacci en sus “Noticias sobre Castel Gandolfo”, el «aire más purgado». Pero Fabio Chigi también se sentía fascinado por el lago: más que los peces, lo que más lo atraía era el espejo de agua que atravesaba en faluca o bergantín. También se narra, en las crónicas en su honor sobre la primera estancia en Castel Gandolfo, que los Cabelleros de Malta organizaron una espectacular batalla naval entre dos grupos de actores-marineros (caballeros y turcos, estos últimos, obviamente, perdedores). Pero sobre todo es el jardín (que incluso en la actualidad se encuentra perfectamente conservado) el que se convierte en el protagonista de los paseos papales. «Contiene, en sí, espaciosos paseos y bellos y altos setos, por lo que el reinante Pontífice a menudo baja allí a hacer ejercicio», se lee en un documento de 1667.

 

Después de Alejandro VII, ningún Pontífice fue a Castel Gandolfo, hasta Clemente XI (1700-1721). Y de él habla Lancisi en sus “Efemérides de las vacaciones de Clemente XI”, en las que lo describe paseando escoltado por guardias suizos, rezando en las iglesias de Castello, o en las parroquias cercanas mientras asiste a los catecismos e interroga a los jóvenes.

 

El cuarto sucesor de Clemente XI, Benedicto XIV (1740-1758), pasó largos periodos en Castel Gandolfo. Fue uno de los Pontífices más encariñados con este sitio, en donde, como escribió Caraccioli, «podía relajar el alma». El Papa Lambertini no amaba las escoltas (que redujo), paseaba de buena gana por los bosques, conversaba con los campesinos y organizaba “justas” de lectura con sus huéspedes: como el prior Bouget, eminente hebraísta. Este Pontífice, en Castello, recarga sus energías y templa su temperamento. «No quiero rompecabezas. Esos llegarán cuando estemos en Roma», se quejó con el cardenal Alberoni que lo atormentaba con problemas.

 

Y después llegan las vacaciones de otros dos Clementes, XIII (1758-1769) y XIV (1769-1774). Este último, en particular, extendió la residencia al añadir la Villa Cybo con su parque y prefería pasar en un mes de otoño en Castello: le encantaba pasear y salir a caballo vestido de blanco, trotando sin estribos, ejercicio abandonado en 1771, después de dos caídas.

 

Hacia finales del siglo XVIII los eventos no permitieron que los Papas pasaran periodos fuera de Roma. Las tropas francesas llegaron incluso a ocupar el palacio. Pero, si Pío VI (1775-1799) no pudo viajar debido a las amenazas de los soldados de la revolución (y porque estaba ocupado con la limpieza pontina), Pío VII (1800-1823) retomó la tradición antes de su prisión y durante los años que siguieron a la Restauración, para alegría de los pobladores locales que lo festejaban con fuegos de artificio. Con Pío VII llegó el billar al Palacio Pontificio. Lo colocaron en una sala que tomó su nombre. EL mismo Pontífice se concedía algunas partidas con sus familiares, colaboradores y huéspedes. Entre estos últimos, el privilegio de jugar con Su Santidad le tocó al joven Massimo D’Azeglio, quien con su hermano Próspero, jesuita, y con su padre, Ministro del rey de Cerdeña ante la corte de Roma, visitó al Papa en 1814.

 

Otro Papa que visitó frecuentemente Castel Gandolfo fue Gregorio XVI (1831-1846). Amante de la pesca, aparece citado en un soneto de Gioacchino Belli a orillas del lago tratando de «pescar tencas por el ayuno».

 

También su sucesor, Pío IX (1846-1878), a pesar de todo, logró pasar algunos periodos en el “vaticano estivo” (con dos excursiones hasta Anzio). Además, en 1859 llegó a Albano y a Castello en carroza después de haber llegado a Cecchina, utilizando por primera vez el «noble tren a vapor». Sus últimas vacaciones, en la residencia gandolfina son las de mayo de 1869. Pero lo impedirán a partir de entonces el aumento de los robos, la cólera y la situación política italiana.

 

Así, la villa de los Papas permaneció cerrada desde 1870 hasta 1929, año de los Pactos Lateranenses. En virtud del artículo 14 del Concordato, Italia reconoció a la Santa Sede la propiedad del Palacio de Castel Gandolfo, con anexos (Villa Cybo) y la antigua Villa Barberini, de mayores dimensiones y que surgió sobre los restos de la villa de Domiciano. Con el Pontificado de Pío XI (1922-1939) volvió a comenzar la tradición de las vacaciones que se había afirmado, como se dijo, desde inicios del siglo XVII y que habían seguido la mayor parte de los Papas a partir de entonces.

Se cuenta que Achille Ratti llegó a Castel Gandolfo por primera vez el 24 de agosto de 1933, viajando de incógnito en un automóvil al que se le ponchó una rueda. Fue él quien comenzó restauraciones importantes, que fueron muy apreciadas por sus sucesores: desde Pío XII (1939-1958), que cuando estaba en Castello caminaba kilómetros mientras leía, o Juan XXIII (1958-1963), que en sus agendas anotaba sobre sí: «incluso en la calma de la residencia estiva, el Santo Padre prosigue sus actividades». Y también escribió que el sitio, «por encanto de la naturaleza, parece un jardín», o que «todo allí se encuentra en orden perfecto, y con sentido práctico y de belleza». Y también Pablo VI (1963-1978), que allí falleció precisamente durante el último verano de su vida.

 

Pero fue con el Pontificado de Juan Pablo II (1978-2005) cuando llegaron novedades para las vacaciones papales. No solo porque ya como Papa, así como su predecesor Pablo VI desde 1975, podía llegar a Castel Gandolfo en diez minutos con el helicóptero. En la residencia de Castel Gandolfo (en donde también reposaba al final de extenuantes viajes) también se encontró el espacio para una pequeña piscina, regalo de los polacos de Estados Unidos. Una piscina que permitía una media hora de brazadas antes del almuerzo, ejercicio saludable que alivia la nostalgia por los ríos de los Cárpatos o de los lagos Masuri. Pero no es todo, pues Wojtyla también se dirigió a caminar por los senderos alpinos: desde Cadore hasta el Valle de Aosta, etc. Y también lo hizo después Benedicto XVI.

 

Luego llegó el Papa Francisco, quien cuenta entre sus tantas alergias la de las vacaciones. Probablemente no sabe ni siquiera qué son, puesto que nunca se ha ido de vacaciones, ni siquiera cuando era arzobispo. Mientras tanto, abrió a los turistas buena parte de la residencia estiva de Castel Gandolfo, que podría convertirse en un museo. Es decir, esta historia de las vacaciones papales, por ahora, se ha terminado.


Deja un comentario

Visita del Papa al monumento conmemorativo de las víctimas de la matanza de armenios.

El Papa visita el Memorial de Tzitzernakaberd y reza por las víctimas del “Gran Mal”

2016-06-25 Radio Vaticana

(RV).- A casi 15 años de la visita de san Juan Pablo II, también Francisco se hace peregrino en la tierra oriental de Armenia, la primera entre las naciones que acogió el Evangelio de Jesús. El segundo día del 14 Viaje Apostólico vio al Santo Padre dirigirse muy temprano para uno de los eventos centrales de esta peregrinación: la visita al Memorial de Tzitzernakaberd en Erevan, capital de Armenia, tal como lo hiciera su amado predecesor en 2001.

El Memorial recuerda las víctimas de la matanza perpetrada por el gobierno de los “Jóvenes Turcos” del imperio otomano en 1915. Fue inaugurado el 29 de noviembre de 1967 y es un lugar de peregrinación para los armenios de todo el mundo que cada 24 de abril, día de duelo nacional declarado festivo, se dirigen allí para conmemorar a las víctimas del “Metz Yeghern” perpetrado entre el 1915 y el 1923.

La construcción de la obra comenzó en 1966 (durante la época soviética) y es de alguna manera ‘fruto de las protestas’ de Ereván de 1965, en la que más de un millón de personas manifestaron durante 24 horas para conmemorar el quincuagésimo aniversario del Gran Mal.

El memorial comprende tres partes, el muro de la memoria, el mausoleo, y la estela. La estela de 44 metros de altura está realizada en basalto, y apuntando al cielo simboliza el renacer de los armenios. Se encuentra al lado de las doce grandes losas, también realizadas en basalto gris y dispuestas en un círculo, las cuales representan las doce provincias perdidas en el actual territorio de Turquía. En el centro de las mismas, a una profundidad de 1,5 metros, se encuentra la llama eterna, signo de duelo. El muro que se extiende por cien metros a lo largo de la calle de acceso al Memorial lleva inscriptos los nombres de las ciudades y aldeas armenias en las cuales fueron ejecutadas las matanzas. Cerca del museo, inaugurado en el 1995, hay abetos plantados por diferentes personalidades en memoria y reconocimiento del genocidio.

En este lugar conmemorativo del Gran Mal, el Papa Francisco y el Catholicòs Armenio Apostólico fueron recibidos por el Presidente de la República, Serzh Sargsyan. Presentes también allí, jóvenes y niños y algunos descendientes de los cuatrocientos niños que desde el 1919 y por diversos meses, fueron acogidos y acudidos en Castel Gandolfo en los tiempos de Papa Pío XI.

Luego de haber depositado un homenaje floral, en un clima de intenso recogimiento en memoria de las víctimas, tuvo lugar una breve ceremonia religiosa que culminó con la oración final del Papa Francisco: “Cristo, que coronas a tus santos y cumples la voluntad de tus fieles y miras con amor y dulzura a tus criaturas, escúchanos desde los cielos de la santidad, por la intercesión de la Santa Madre de Dios por las súplicas de todos tus Santos y de quienes hoy es la memoria, Escúchanos, Señor, y ten piedad, perdónanos y expía nuestros pecados. Haznos dignos de glorificarte, con sentimientos de agradecimiento, junto al Padre y al Espíritu Santo, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Después del rezo del Padre Nuestro y de la bendición conjunta, la firma del Libro de Oro en el Museo del Memorial:

“Aquí rezo, con dolor en el corazón, para que nunca más haya tragedias como ésta, para que la humanidad no olvide y sepa vencer con bien el mal; Dios conceda al amado pueblo armenio y al mundo entero paz y consuelo”.

“Que Dios custodie la memoria del pueblo armenio. La memoria no debe ser diluida ni olvidada; la memoria es fuente de paz y de futuro”.


Deja un comentario

Sobre el origen de los indígenas del Amazonas. Nuevas revelaciones.

SOBRE EL ORIGEN DE LOS PUEBLOS DE AMÉRICA. Una nueva investigación revela rastros de ADN comunes entre los pueblos del Amazonas y aborígenes australianos. Duelo entre Science y Nature

Mezclas americanas

Mezclas americanas

La revista estadounidense Science publicó recientemente un estudio sobre el origen de los antiguos pueblos de América. Los resultados de la investigación demuestran que existirían conexiones genéticas entre los aborígenes australianos y los indígenas del Amazonas. Esa matriz común también fue confirmada por las investigaciones realizadas por el equipo de la revista británica Nature.

Hace muchos años que antropólogos y arqueólogos debaten sobre el origen y las dinámicas de esta conexión. La tesis de los migrantes que partieron del continente asiático y atravesaron la franja de tierra que unía Siberia y Alaska –actualmente cubierta por las aguas del estrecho de Bering- es universalmente aceptada por la comunidad científica. El equipo de Nature está convencido de que el contacto se verificó a consecuencia de una o dos antiguas oleadas migratorias en el continente, mientras los investigadores de Science afirman que ocurrió mucho después del poblamiento inicial. Jennifer Raff, antropóloga de la “University of Texas” de Austin, explica que, más allá de las normales divergencias, las dos revistas han abierto una «incredibly exciting window» en los estudios sobre los antepasados de los amerindios actuales.

Cuatro años de investigaciones permitieron al equipo de expertos de Science secuenciar 31 genomas completos y 79 parciales de individuos provenientes de Norte y Sudamérica, de Siberia y de Oceanía. Los mapas se compararon después con los genomas de tres antiguos esqueletos: Mal‘ta child (24.000 años, Siberia), Anzick child (12.600 años, Montana) y el hombre de Saqqaq (4.000 años, Groenlandia). Los resultados confirman que todos los amerindios, antiguos y modernos, derivan de una «source population» común localizada en Siberia. Hace aproximadamente 23.000 años se habría separado de las otras poblaciones asiáticas para asentarse en “Beringia”, la franja de tierra actualmente sumergida. Allí permanecieron unos 8.000 años y luego se difundieron por América en una sola oleada migratoria, para dividirse posteriormente entre América del Norte y América del Sud hace 13.000 años.

Rastros de ADN australo-melanesio en algunos amerindios vivientes, incluso en habitantes de las islas Aleutianas y la población Suruí del Brasil amazónico, son el dato más sorprendente de la investigación. Algunos antropólogos ya había sugerido una conexión, ilustrada en lo que se denomina «Paleoamerican model». Walter Neves de la “University of Sao Pãolo” de Brasile y Mark Hubbe de la “Ohio State University” de Columbia afirman la existencia de una «source population» diferente, ya que algunos individuos amerindios extintos presentaban cráneos estrechos y largos, muy semejantes a los de muchos australo-melanesios.

Por otra parte, los datos obtenidos por la investigación del equipo de Science refutan el «Paleoamerican model» porque el mapa de 17 individuos extintos de Sudamérica con esos rasgos distintivos no ha mostrado ningún rastro de ascendencia australo-melanesia. Por su parte David Reich, genetista de la “Harvard Medical School” de Boston, que dirige el grupo de investigación de Nature, concuerda con Mark Hubbe al afirmar que los 17 genomas son incompletos y cubren un rango demasiado estrecho para ofrecer datos científicos razonables. Su equipo ha realizado secuencias parciales del genoma de 106 amerindios de 25 poblaciones diferentes de Centro y Sudamérica y los ha comparado con los datos de ADN de 197 poblaciones externas al continente americano. Al final ha descubierto que algunas tribus del Amazonas tienen un 1 ó 2%  de su ADN en común con los nativos actuales de Australia, Nueva Guinea y las Islas Andaman. Las diferencias entre los ADN compartidos sugieren que la ascendencia no proviene directamente de estas poblaciones sino de otra –actualmente extinta- denominada “Pueblo Y”, que vivió en algún lugar de Asia del este y que en una época muy remota transmitió genes comunes a los paleo-americanos y los australo-melanesios.

¿Una o dos «source population»? ¿Contactos antiguos o recientes entre las poblaciones? Los datos científicos que ofrecen Science y Nature no permiten una interpretación unívoca, pero sí ofrecen fundamentación para dos diferentes análisis perfectamente razonables. Solo el mapeo de un número cada vez mayor de genomas aumentará los datos disponibles y quizás resolverá el misterio, para reconocer el triunfo de una de las dos prestigiosas revistas. O tal vez la ciencia, la historia o la arqueología puedan revelar la existencia de una tercera vía.