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La larga presidencia de Kagame en Ruanda. Análisis

En Rwanda Kagame casi obtiene el 100%

A pesar de las dudas sobre sus métodos para-dictatoriales, Paul Kagame gana su tercer mandato con un plebiscito. El país, sacudido hace 27 años por el genocidio, vive una nueva estación de paz y estabilidad. Habla Philippe Rukamba, obispo de Butare y Presidente de la Conferencia Episcopal, testigo, en 1994, de gravísimos episodios

Elecciones en Rwanda

Pubblicato il 12/08/2017
Ultima modifica il 12/08/2017 alle ore 13:01
LUCA ATTANASIO
ROMA

 

En las siete rondas electorales que se han llevado a cabo en Rwanda desde 2003, la participación de la población nunca ha estado por debajo del 96%, mientras que las preferencias por Paul Kagame, indiscutible presidente, nunca han bajado del 96%. En las últimas votaciones, del pasado 4 de agosto, el Presidente incluso obtuvo el 99% de los votos, actualizando la expresión “voto búlgaro” con “rwandés”. Kagame, que está en el poder prácticamente desde hace 27 años (de 1994 a 2000 como líder del ejército y presidente de facto, y regularmente electo en 2000, ndr.), llamó a un referéndum constitucional en 2015, gracias al cual, con más del 98% de los votos, introdujo cambios a la Constitución que le permitieron volver a presentarse como candidato y que podrían abrirle el camino para permanecer en el poder hasta 2034.

 

Pero el control prácticamente total conquistado a fuerza de votos y raramente contestado, sobre todo por sus dimensiones, convierte a Kagama en una especie de monarca absoluto con el vicio, según muchos observadores, de métodos al límite de la dictadura. Diferentes organizaciones no gubernamentales, entre las que está Amnistía Internacional, hablan de «clima de terror» y denuncian constantes homicidios, torturas y desapariciones. La libertad de prensa y de opinión han sufrido drásticas disminuciones, mientras la vida de los movimientos de la oposición es muy dura: de los once partidos que obtuvieron el permiso para participar en las elecciones, nueve son grupos políticos aliados del Frente Patriótico Rwandés (el partido del Presidente).

 

Pero Paul Kagame cuenta con una serie de datos positivos indiscutibles. Gracias a un crecimiento constante del Producto Interno Bruto, estable en el 7% durante los últimos años, y al dinamismo económico que han logrado aprovechar de la mejor manera la industria agrícola y la de las exportaciones de minerales, Rwanda es uno de los países famosos por su desarrollo económico y por el repunte social. La poca tolerancia del presidente ante los métodos democráticos no ha opacado el récord mundial de presencia femenina en el Parlamento: más del 63%.

 

Pero tal vez lo que ha convertido a este político de etnia Tutsi en un presidente amado por el pueblo ha sido la capacidad de sacar a un país del terrible pantano del genocidio y volverlo lo más unido y libre posible de las increíbles presiones étnicas que provocaron en cien días (de abril a julio de 1994) casi un millón de muertos.

 

Monseñor Philippe Rukamba, obispo de Butare y Presidente de la Conferencia Episcopal de Rwanda, habló con Vatican Insider sobre esta nueva fase que vive el país africano, sobre el papel de la Iglesia católica en los meses del terror y en el proceso de reconciliación y desarrollo.

 

«Cuando un país es sacudido por un genocidio, las heridas del pueblo permanecen abiertas durante muchos años. Creo que el Estado ha tenido un papel muy útil para que la gente comprendiera que vivir juntos y en paz es lo mejor para todos. Después fueron instituidas comisiones que se ocupan de las víctimas del genocidio, que ayudan a los niños huérfanos, a los inválidos y que luchan en contra de la ideología de la masacre. Todo esto nos permite vivir en cierta armonía. Podemos decir que el balance hasta el momento del gobierno Kagame es muy positivo; ha hecho todo lo que podía, en una situación muy, muy compleja. De cualquier manera, podemos decir que ahora hay paz plena y cuando hay paz todo va mejor.

 

¿Cuáles son los pasos clave para cerrar el capítulo del genocidio?

 

Se comenzó a partir de las raíces comunes, de la historia que hemos tenido. Kagame quiso extirpar todo lo que aludía al concepto de etnia, ya no se puede ni siquiera pronunciar “hutu” o “tutsi”. Luego, en el trabajo, se cancelaron las discriminaciones y las asunciones ya no tienen base étnica. El trabajo de la Comisión para la Paz y la Convivencia ha sido capilar: entraba a las aldeas y se encontraba con la gente, tratando de convencerla sobre la paz.

 

¿Cuáles son los problemas principales que debe afrontar el país en la actualidad?

 

El primero de los problemas sigue siendo la paz: es necesario que haya paz entre nosotros y los países vecinos, y hacer todo lo posible para mantenerla. Después de un genocidio basta muy poco para anular todos los esfuerzos hechos. También existe un grave problema económico, la gente debe salir de la pobreza y también aquí los subsidios que el Estado eroga están ayudando, sobre todo en algunas zonas rurales. Por suerte no hay episodios de violencia, ni enfrentamientos étnicos visibles; si los hay, están arraigados los corazones, y tenemos que hacer lo que sea para extirparlos. Con respecto a los derechos humanos, no logramos tener conciencia de lo que sucede realmente: escuchamos de vez en cuando que hay violaciones, pero no somos capaces de verificarlo directamente.

 

En marzo de este año, el Papa, al recibir al Presidente Kagame, pidió perdón en nombre de la Iglesia por el genocidio. ¿Qué le parece el papel de la Iglesia durante ese periodo y a 27 años de distancia?

 

La Iglesia fue acusada de contubernio, tuvo una parte activa en las masacres. Nos acusaron de no haber frenado el genocidio. Pero un genocidio es una cosa demasiado grande, no sé si habríamos tenido verdaderamente el poder para detenerlo. De cualquier manera, el encuentro entre el Papa y el Presidente fue muy útil. Se aclaró que hubo gravísimos actos por parte de sacerdotes, monjas, religiosos o laicos, pero que no se trataba de un plan preestablecido. Claro, fue espantoso. Desde entonces, nos hemos responsabilizado de la sensibilización, para explicar y convencer, y lo hacemos todos los domingos. Hemos tratado de ayudar a las víctimas del genocidio o de la rabia del post-genocidio. Hemos instituido el concepto de Iglesia como familia sin distinciones. Con nuestra comisión Justicia y Paz trabajamos para crear reconciliación.

 

Usted fue testigo de actos muy graves…

 

Sí, era párroco de Kibungo, en el este de Rwanda. El obispo creó un centro en el que se refugió mucha gente. Un día rodearon ese lugar y mataron a todos. Ante mis ojos tomaron y mataron a más de 1200 personas, una cosa que nunca podré olvidar. La paz que ahora vivimos tiene verdaderamente un valor inmenso.

 

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El presidente Trump evita el término genocidio hablando del conflicto turco-armeno.

ESTADOS UNIDOS – El Presidente Trump también evita usar la expresión “Genocidio Armenio”

martes, 25 abril 2017genocidio armenio   geopolítica  

tr.com

ESTADOS UNIDOS

2017-04-25
El Presidente Trump también evita usar la expresión “Genocidio Armenio”

2017-03-08
e abril, ha dedicado un pronunciamiento oficial a las masacres planificadas y sufridas en la Península de Anatolia por los armenios hace 102 años, pero ha evitado aplicar a esas masacres la definición de “Genocidio armenio”, siguiendo la línea marcada por sus últimos 4 predecesores para no suscitar reacciones resentidas por parte de Turquía.
En el pasado, los Presidentes USA Jimmy Carter y Ronald Regan habían usado la expresión “Genocidio armenio”, peor luego, desde George H.W Bush hasta Barack Obama, la expresión ha desaparecido de los pronunciamientos de los líderes de la Casa Blanca.
El presidente actual de Estados Unidos, conocido por su forma desinhibida de expresarse sin escrúpulos diplomáticos excesivos, incluso sobre temas sensibles de interés internacional, ha definido las masacres de armenios perpetradas durante la Primera Guerra Mundial “una de las peores atrocidades en masa cometidas en el siglo XX”, recordando que “en 1915, un millón y medio de armenios fueron deportados, asesinados o llevados a la muerte en los últimos años del Imperio otomano”. Luego se ha unido al duelo de las comunidades armenias dispersas en todo el mundo “por la pérdida de vidas inocentes y el sufrimiento de tantos”. Expresiones similares a las utilizados por los últimos presidentes de Estados Unidos.
La prensa USA recuerda que el presidente Obama, a causa de la presión turca sobre el Congreso de Estados Unidos, había dejado de lado su promesa durante la campaña electoral de reconocer el carácter genocida de las masacres sufridas más de un siglo atrás por los armenios. También se remarca que el Presidente Trump fue el primer líder occidental en felicitar al presidente turco Recep Tayyip Erdogan tras los resultados del referéndum celebrado en Turquía el 16 de abril, que permitirán al hombre fuerte de Ankara ampliar aún más sus poderes.
Mientras que los presidentes de Estados Unidos se abstienen de reconocer oficialmente el genocidio armenio, en 2016 el Congreso de Estados Unidos e incluso el secretario de Estado estadounidense John Kerry quisieron definir como “genocidio” la violencia sufrida en Medio Oriente por los cristianos y otras minorías étnicas y religiosas a manos de los milicianos del autodenominado Estado islámico (Daesh).
Sobre la base de esos pronunciamientos, según lo informado por la Agencia Fides (véase Fides 19//2016) se había planteado la posibilidad de entregar suministros militares de Estados Unidos a las llamadas “milicias cristianas” que operan en la llanura de Nínive, justificando esta acción como parte de la lucha contra los yihadistas del Daesh. En ese contexto, contactado por la Agencia Fides (véase Fides 18 de marzo de 2016), el arzobispo sirio Jacques Behnan Hindo, guía de la archieparquía siro católica de Hassaké-Nisibi, había definido el camino que había llevado a la administración de Estados Unidos a reconocer como “genocidio” la violencia del Daesh contra los cristianos como una “operación geopolítica que instrumentaliza la categoría de genocidio para sus propios intereses”. (GV) (Agencia Fides 25/4/2017).


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Genocidio de Ruanda: 23 aniversario.

Evitar que se repita un genocidio, la mejor manera de honrar a las víctimas de Rwanda

Cruces de madera en un cementerio en el pueblo de Nyanza en una zona rural de Kigali, la capital de Rwanda. Durante el genocidio en 1994, más de 10.000 personas fueron quemadas vivas cuando trataban de huir a Burundi. Foto: UNICEF/Giacomo Pirozzi

07 de abril, 2017 — Este 7 de abril se conmemoran 23 años del genocidio en Rwanda. En 1994, 800.000 personas fueron asesinadas de forma sistemática en todo ese país. En su gran mayoría, los fallecidos eran de etnia tutsi, junto con hutus moderados, twas y otros.

El Secretario General de la ONU, António Guterres, ha emitido un mensaje por la fecha.

El titular de la ONU consideró que la resistencia de los supervivientes y su capacidad de reconciliación constituyen hoy una fuente de inspiración para todos.

Consideró que la única manera de honrar verdaderamente la memoria de quienes murieron en el país africano es asegurando que esos hechos no vuelvan a ocurrir.

“La prevención del genocidio y de otros crímenes monstruosos es una responsabilidad común y un deber fundamental de las Naciones Unidas”, subrayó.

El titular de la ONU consideró que el mundo debe estar siempre atento ante las señales de alerta de genocidio y actuar de manera rápida y pronta contra esa amenaza. Recordó que la historia está llena de trágicos capítulos de odio, inacción e indiferencia, un ciclo que ha dado lugar a actos de violencia, detenciones y campos de exterminio.

Guterres instó a aprender las lecciones de Ruanda y a trabajar juntos para construir un futuro en el que reinen la dignidad, la tolerancia y el respeto por los derechos humanos de todas las personas.

Como parte de la observación de la fecha, este viernes se hará una vigilia y se observará un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas. A la ceremonia anual asistirá el Secretario General, se escuchará el testimonio de un sobreviviente y se realizará lectura de poesía, entre otras presentaciones.


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El Papa recibe al presidente de Ruanda y recuerda el genocidio contra los Tutsis

El Papa: el genocidio de Ruanda ha deformado el rostro de la Iglesia

Con el presidente Kagame, Francisco implora el perdón a Dios por los pecados y las faltas de la Iglesia y de sus miembros, como los sacerdotes y religiosos que cedieron al odio y a la violencia
AFP

Papa Francisco con el presidente de Ruanda, Paul Kagame, y su esposa

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Pubblicato il 20/03/2017
Ultima modifica il 20/03/2017 alle ore 14:54
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

Con el presidente de Ruanda, Paul Kagame, que fue recibido hoy en el Vaticano, el Papa «ha manifestado su profundo dolor, el de la Santa Sede y el de la Iglesia por el genocidio contra los Tutsis, ha expresado solidaridad con las víctimas y con los que siguen sufriendo las consecuencias de aquellos acontecimientos trágicos» e imploró el perdón de Dios «por los pecados y las faltas de la Iglesia y de sus miembros, entre los cuales sacerdotes, religiosos y religiosas que cedieron al odio y a la violencia traicionando su misión evangélica», subrayando que las «faltas cometidas en aquella circunstancia» han «deformado el rostro de la Iglesia». Francisco también expresó su deseo de que su gesto contribuya a «purificar la memoria» y promover un «futuro de paz».

 

Durante el encuentro cordial, refirió la sala de prensa de la Santa Sede, «se ha apreciado el notable camino recorrido para recuperar la estabilidad social, económica y política del país. Se ha evidenciado la colaboración entre el Estado y la Iglesia local en la obra de reconciliación nacional y de consolidación de la paz en beneficio de toda la Nación. En este contexto, el Papa ha manifestado su profundo dolor, el de la Santa Sede y el de la Iglesia por el genocidio contra los Tutsis, ha expresado solidaridad con las víctimas y con los que siguen sufriendo las consecuencias de aquellos acontecimientos trágicos y, en línea con el gesto efectuado por San Juan Pablo II durante el Gran Jubileo del año 2000, ha renovado la imploración de perdón a Dios por los pecados y las faltas de la Iglesia y de sus miembros, entre los cuales sacerdotes, religiosos y religiosas que cedieron al odio y a la violencia traicionando su misión evangélica. El Papa ha expresado también la esperanza de que este humilde reconocimiento de las faltas cometidas en aquella circunstancia que, por desgracia, han desfigurado el rostro de la Iglesia, contribuyan, también a la luz del reciente Año Santo de la Misericordia y del Comunicado publicado por el episcopado de Ruanda en ocasión de la clausura del mismo, a “purificar la memoria” y a promover, con esperanza y confianza renovadas, un futuro de paz, dando testimonio de que es concretamente posible vivir y trabajar juntos cuando se pone en el centro la dignidad de la persona humana y el bien común».

 

La Igelsia católica de Ruanda muchas veces ha sido acusada por su cercanía con el régimen durante el genocidio de 1994. En noviembre del año pasado, en ocasión del final del Jubileo de la Misericordia, en todas las parroquias de país se leyó una carta en la que los obispos pedían perdón por los pecados cometidos durante el genocidio por parte de los católicos, y no de la Iglesia en cuanto institución. El gobierno consideró que no era suficiente el “mea culpa”. Kagame en persona evocó la oportunidad de que el Papa pidiera disculpas en nombre de toda la Iglesia. En Ruanda, el 49,5% de la población es católico, el 39,4% protestante y los musulmanes representan el 1,8%.

 

A veinte años del genocidio, en 2014, el Papa entregó a los obispos del país, que fueron al Vaticano para su visita “ad limina apostolorum”, un discurso en el que recordó «el espantoso genocidio que ha provocado tanto sufrimiento y heridas, muy lejos todavía de haberse curado». Y uniéndose personalmente «al luto nacional», aseguró sus oraciones por las comunidades «a menudo laceradas, por todas las víctimas y sus familias, por el pueblo entero, sin distinción de religión, de etnia o de opción política». El Papa subrayó que «la Iglesia tiene un sitio importante en la reconstrucción de una sociedad reconciliada», y exhortó a los obispos a seguir adelante con resolución «ofreciendo testimonio de la vedad». También recordó en aquella ocasión que, a veinte años de «aquellos trágicos eventos, la reconciliación y la cura de las heridas siguen siendo la prioridad de la Iglesia en Ruanda», y subrayó la necesidad de «reforzar las relaciones de confianza entre la Iglesia y el Estado», porque «un diálogo constructivo y auténtico con las autoridades no podrá sino favorecer la obra común de reconciliación y de reconstrucción de la sociedad alrededor de los valores de la dignidad humana, de la justicia y de la paz».

 

El pasado sábado 18 de marzo, el Papa nombró como nuncio apostólico en Ruanda (sede diplomática vacante desde junio de 2016) al sacerdote polaco Andrzej Józwowicz. La noticia de la audiencia de hoy en el Vaticano fue anunciada oficialmente por la presidencia del país, que, a través de Twitter, informó que el Presidente había llegado ayer por la noche a Roma «bajo invitación de Su Santidad Papa Francisco», para un encuentro «sobre las relaciones bilaterales entre Ruanda y el Vaticano».

 

Después de la audiencia, el Presidente se encontró con el Secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin, a quien acompañaba el Secretario para las Relaciones con los Estados, Mons. Paul Richard Gallagher. Durante las cordiales conversaciones se han recordado las buenas relaciones existentes entre la Santa Sede y Ruanda. Se ha apreciado el notable camino recorrido para recuperar la estabilidad social, económica y política del país.

 

El próximo jueves 23 de marzo el Papa recibirá al presidente de Camerún, Paul Biya.


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La visita del Papa Francisco al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau

El silencio de Francisco por las víctimas de la Shoah

El momento más conmovedor del viaje del Papa a Polonia; la firma en el libro de visitas: «¡Señor, ten piedad de tu pueblo! ¡Señor, perdón por tanta crueldad!»
AP

Papa Francisco en Auschwitz

29/07/2016
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A AUSCHWITZ-BIRKENAU

Es el día del silencio y de a oración. Papa Francisco procede lentamente, solo, atravesando el famoso arco con la frase: «El trabajo libera». Reza mudo en la plaza de la Llamada, el famoso sitio en donde eran asesinados los prisioneros, en donde san Maximiliano Kolbe ofreció su vida por la de otro prisionero, un gesto de amor en el lugar de la barbarie y de la pérdida de la humanidad.

 

Bergoglio, tercer Pontífice que entra a Auschwitz II – Birkenau, los campos de concentración en donde fueron exterminados más de un millón de hebreos, decidió no pronunciar ningún discurso. Porque el silencio es la forma más elevada de respeto por las víctimas. Lo que Francisco tenía que decir sobre la horrible tragedia de la Shoah lo dijo en el Yad Vasehm, en Jerusalén, durante el dialogo con su amigo rabino Abraham Skorka: «La Shoah es un genocidio como los demás genocidios del siglo XX, pero tiene una particularidad. No quiero decir que sea de primera importancia, mientras lo demás serían de segunda importancia, sino que hay una particularidad, una construcción idólatra contra el pueblo hebreo. La raza pura y el ser superior son los ídolos sobre cuya base se creó el nazismo. No es solo un problema geopolítico, sino que también existe una cuestión religiosa y cultural. Y cada hebreo que era asesinado era una bofetada al Dios vivo en nombre de los ídolos».

 

 

 

Papa Francisco en Auschwitz

 

 

En el sitio de la masacre, cada palabra habría sido inútil, demasiado poco. El Papa fue recibido discretamente por la Primera ministra Beata María Szydlo y por las autoridades. Papa Francisco también firmó el libro de visitas del campo de concentración, y dejó este mensaje escrito en español: «¡Señor, ten piedad de tu pueblo! ¡Señor, perdón por tanta crueldad!».

 

 

La firma del Papa en el libro de visitas de Auschwitz.

 

Dentro del bloque 11 se reunió personalmente con doce personas que sobrevivieron a la barbarie. Una de ellas prefiere permanecer en el anonimato. El último de ellos le entregó una vela con la que Francisco encendió una lámpara, como regalo al campo, justamente frente al muro de las ejecuciones. La lámpara, con un escudo en plata dorada, se encuentra en una base de madera de nogal y se inspira en la valla metálica del campo de concentración, que sufrió la erosión del tiempo y del clima, como representación del poder que llega a teorizar la supremacía sobre el hombre y sobre la naturaleza. Entre estos escombros renacen la flora y la fauna, como indicando el rescate de la historia humana fecundada por la Pascua de Cristo. De ahí el ideal Corazón de Jesús, sobre el que arde el fuego de la caridad que impulsa al testimonio cristiano en el mundo. Tres de los supervivientes tienen más de cien años. En el Yad Vashem, Francisco besó las manos de los supervivientes; ahora aquí en Auschwitz, dentro del Bloque 11, los abrazó uno por uno, después de haberles estrechado la mano. Hay algunos que le muestran fotos y le piden un autógrafo. Otros le besan la mano.

 

La segunda etapa dentro de Auschwitz es la visita y la oración en la celda en la que murió el padre Kolbe, franciscano polaco. En la celda del hambre, iluminada por una pequeña luz gracias a una pequeña ventana, Francisco se sentó solo, en la penumbra. Y rezó en silencio. En los muros hay cosas escritas y el dibujo de una cruz. El padre Kolbe le dijo al médico que le inyectaba el ácido fénico para acelerar la muerte: «Usted no ha entendido nada de la vida. El odio no sirve para nada, solo el amor crea».

 

Después Francisco se dirigió a Birkenau, el verdadero lugar-símbolo de la Shoah. Entró por la entrada principal y siguió su recorrido a bordo de un cochecito eléctrico paralelamente a las vías del tren, ese camino de hierro que llevaba a la muerte. Frente al monumento a las víctimas de las Naciones lo estaban esperando alrededor de mil huéspedes. El Papa observó las lápidas conmemorativas en diferentes lenguas de las víctimas. El Papa depositó una gran veladora y algunos papeles en una de las lápidas y permaneció varios instantes en oración silenciosa. La única voz que se elevaba fue la del rabino jefe de Polonia, Michael Schudrich, que canta en hebreo el salmo 130, «De profundis». El texto también fue leído en polaco por un párroco.

 

 

Salmo 130, “De Profundis”

 

 

Estaban esperando a Papa Francisco 25 «Justos entre las Naciones», no hebreos que en la hora más oscura, poniendo en peligro la propia vida y la de sus seres queridos, salvaron las vidas de los perseguidos. Como sucedió con la familia Ulma, exterminada por los nazis por haber acogido y ocultado a 8 hebreos en una fábrica. Entre los justos también estaba una monja, Janina Kierstan, madre general de las Hermanas Franciscanas de la Familia, la orden que salvó a unos 500 niños hebreos.

 

El sacrificio del padre Kolbe, el de los Ulma y la valentía de los «Justos entre las Naciones» representan un signo de esperanza, una luz débil pero al mismo tiempo poderosa en medio de la oscuridad de la humanidad.


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Los islamistas acusados de genocidio.

Siria: ONU denuncia al ISIS de cometer genocidio contra la comunidad yazidí

El Presidente de la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre la República Árabe Siria de la ONU, Oaulo Pinheiro. Foto ONU: Jean-Marc Ferré

16 de junio, 2016 — La Comisión Internacional Independiente nombrada por la ONU para investigar las atrocidades que se cometen en Siria acusó al grupo terrorista ISIS de cometer genocidio contra la comunidad Yazidí.

En el informe “Llegaron para destruir: Los crímenes del ISIS contra los Yazidíes”, presentado hoy, se recogen evidencias que demuestran que los terroristas han cometidos crimines de guerra y de lesa humanidad.

Durante la presentación del informe en Ginebra, el Presidente de la Comisión, Paulo Pinheiro, ofreció detalles sobre los horrores que sufre esa comunidad.

Más allá de haber recolectado suficientes evidencias y testimonios para poder afirmar con contundencia que se ha cometido genocidio, Pinheiro sostuvo que la propia formación terrorista ha hecho público su deseo de destruir a la comunidad por considerarlos paganos e inferiores a las personas.

“El genocidio se encuentra en marcha. Desde el día del ataque a Sinjar hasta hoy, el ISIS ha buscado de forma permanente eliminar a los Yazidíes a través del asesinato, la esclavitud, la tortura y otros tratos inhumanos y degradantes”, enfatizó Pinheiro, quien expresó esperanzas de que las evidencias conduzcan a una respuesta política.

En ese sentido, afirmó que esperaban que los Estados miembros del Consejo de Seguridad estarán convencidos de la importancia de intentar hacer Justicia, remitiendo el caso a la Corte Penal Internacional, o estableciendo un tribunal ad hoc con la jurisdicción geográfica y temporal pertinente.

La comunidad Yazidí se asentaba en la región de Sinjar, al norte de Iraq, hasta que fueron atacados el 3 de agosto de 2014 por las fuerzas del ISIS y en cuestión de días fueron rodeados, dispersados y asesinados.

Mientras que los hombres y adolescentes fueron asesinados las mujeres y los niños fueron trasladados a Siria donde estuvieron en confinamiento y vendidos como esclavos.

A los menores se les permite quedarse con sus madres hasta que cumplen 12 años para luego someterlos a entrenamiento militar y se les fuerza a combatir en Siria.

Los hallazgos del informe se basaron en entrevistas con sobrevivientes, líderes religiosos, activistas, abogados y otros testimonios que corroboraron las informaciones recopiladas por la Comisión.


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Rwanda tras el genocidio

22 años después, la ONU resalta las lecciones aprendidas tras el genocidio en Rwanda

Cruces de madera en un cementerio en el pueblo de Nyanza en una zona rural de Kigali, la capital de Rwanda. Durante el genocidio en 1994, más de 10.000 personas fueron quemadas vivas cuando trataban de huir a Burundi. Foto: UNICEF/Giacomo Pirozzi

07 de abril, 2016 — Hoy se cumplen 22 años desde que Rwanda se desangraba en un genocidio, en el que 800.000 personas fueron asesinadas, 200.000 mujeres fueron violadas y dos millones de ciudadanos tuvieron que huir del país.

Casi un cuarto de siglo después, el Secretario General de Naciones Unidas aseguró que la valentía de los supervivientes debería servir como fuente de inspiración, ya que demuestran que la reconciliación es posible incluso después de una tragedia así.

Sin embargo, el asesor especial de la ONU sobre la prevención del genocidio, Adama Dieng, advirtió que el genocidio no es un acontecimiento aislado y que ninguna parte del mundo es inmune.

“Debemos prestar más atención a la prevención. El genocidio no ocurre de la noche a la mañana. El genocidio es un proceso. Lleva tiempo, necesita recursos y planificación. Y sabemos que el genocidio siempre va precedido por graves violaciones de derechos humanos”, dijo el asesor.

El Titular de la ONU felicitó a los Estados miembros dentro y fuera de la región por sus constantes esfuerzos para detener y entregar a los prófugos y poner fin a la impunidad. Ban resaltó que la mejor manera de evitar la repetición de tragedias semejantes es reconocer la responsabilidad compartida y comprometerse con la acción común para proteger a las personas en peligro.

El tema de la conmemoración de este año se centra en la lucha contra la ideología del genocidio. En ese contexto, el Secretario General instó a los gobiernos y demás autoridades a mantenerse firmes ante la incitación al odio y a aquellos que instigan a la división y la violencia.

“La historia de Rwanda nos enseña una lección elemental”, señaló en su mensaje para esta jornada de reflexión. “Si bien la capacidad para la iniquidad absoluta está presente en todas las sociedades, también hay lugar para cualidades como la comprensión, la generosidad y la reconciliación”, añadió.

Según informes, aproximadamente un 30 por ciento de la población sigue sufriendo estrés postraumático. Dieng recomendó que se invierta más en asistencia psicológica en todo el país para ayudar a estas personas, aunque la verdadera clave está en los esfuerzos del gobierno para fortalecer el proceso de reconciliación.