Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


Deja un comentario

Genocidio de Ruanda: 23 aniversario.

Evitar que se repita un genocidio, la mejor manera de honrar a las víctimas de Rwanda

Cruces de madera en un cementerio en el pueblo de Nyanza en una zona rural de Kigali, la capital de Rwanda. Durante el genocidio en 1994, más de 10.000 personas fueron quemadas vivas cuando trataban de huir a Burundi. Foto: UNICEF/Giacomo Pirozzi

07 de abril, 2017 — Este 7 de abril se conmemoran 23 años del genocidio en Rwanda. En 1994, 800.000 personas fueron asesinadas de forma sistemática en todo ese país. En su gran mayoría, los fallecidos eran de etnia tutsi, junto con hutus moderados, twas y otros.

El Secretario General de la ONU, António Guterres, ha emitido un mensaje por la fecha.

El titular de la ONU consideró que la resistencia de los supervivientes y su capacidad de reconciliación constituyen hoy una fuente de inspiración para todos.

Consideró que la única manera de honrar verdaderamente la memoria de quienes murieron en el país africano es asegurando que esos hechos no vuelvan a ocurrir.

“La prevención del genocidio y de otros crímenes monstruosos es una responsabilidad común y un deber fundamental de las Naciones Unidas”, subrayó.

El titular de la ONU consideró que el mundo debe estar siempre atento ante las señales de alerta de genocidio y actuar de manera rápida y pronta contra esa amenaza. Recordó que la historia está llena de trágicos capítulos de odio, inacción e indiferencia, un ciclo que ha dado lugar a actos de violencia, detenciones y campos de exterminio.

Guterres instó a aprender las lecciones de Ruanda y a trabajar juntos para construir un futuro en el que reinen la dignidad, la tolerancia y el respeto por los derechos humanos de todas las personas.

Como parte de la observación de la fecha, este viernes se hará una vigilia y se observará un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas. A la ceremonia anual asistirá el Secretario General, se escuchará el testimonio de un sobreviviente y se realizará lectura de poesía, entre otras presentaciones.


Deja un comentario

El Papa recibe al presidente de Ruanda y recuerda el genocidio contra los Tutsis

El Papa: el genocidio de Ruanda ha deformado el rostro de la Iglesia

Con el presidente Kagame, Francisco implora el perdón a Dios por los pecados y las faltas de la Iglesia y de sus miembros, como los sacerdotes y religiosos que cedieron al odio y a la violencia
AFP

Papa Francisco con el presidente de Ruanda, Paul Kagame, y su esposa

31
0
Pubblicato il 20/03/2017
Ultima modifica il 20/03/2017 alle ore 14:54
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

Con el presidente de Ruanda, Paul Kagame, que fue recibido hoy en el Vaticano, el Papa «ha manifestado su profundo dolor, el de la Santa Sede y el de la Iglesia por el genocidio contra los Tutsis, ha expresado solidaridad con las víctimas y con los que siguen sufriendo las consecuencias de aquellos acontecimientos trágicos» e imploró el perdón de Dios «por los pecados y las faltas de la Iglesia y de sus miembros, entre los cuales sacerdotes, religiosos y religiosas que cedieron al odio y a la violencia traicionando su misión evangélica», subrayando que las «faltas cometidas en aquella circunstancia» han «deformado el rostro de la Iglesia». Francisco también expresó su deseo de que su gesto contribuya a «purificar la memoria» y promover un «futuro de paz».

 

Durante el encuentro cordial, refirió la sala de prensa de la Santa Sede, «se ha apreciado el notable camino recorrido para recuperar la estabilidad social, económica y política del país. Se ha evidenciado la colaboración entre el Estado y la Iglesia local en la obra de reconciliación nacional y de consolidación de la paz en beneficio de toda la Nación. En este contexto, el Papa ha manifestado su profundo dolor, el de la Santa Sede y el de la Iglesia por el genocidio contra los Tutsis, ha expresado solidaridad con las víctimas y con los que siguen sufriendo las consecuencias de aquellos acontecimientos trágicos y, en línea con el gesto efectuado por San Juan Pablo II durante el Gran Jubileo del año 2000, ha renovado la imploración de perdón a Dios por los pecados y las faltas de la Iglesia y de sus miembros, entre los cuales sacerdotes, religiosos y religiosas que cedieron al odio y a la violencia traicionando su misión evangélica. El Papa ha expresado también la esperanza de que este humilde reconocimiento de las faltas cometidas en aquella circunstancia que, por desgracia, han desfigurado el rostro de la Iglesia, contribuyan, también a la luz del reciente Año Santo de la Misericordia y del Comunicado publicado por el episcopado de Ruanda en ocasión de la clausura del mismo, a “purificar la memoria” y a promover, con esperanza y confianza renovadas, un futuro de paz, dando testimonio de que es concretamente posible vivir y trabajar juntos cuando se pone en el centro la dignidad de la persona humana y el bien común».

 

La Igelsia católica de Ruanda muchas veces ha sido acusada por su cercanía con el régimen durante el genocidio de 1994. En noviembre del año pasado, en ocasión del final del Jubileo de la Misericordia, en todas las parroquias de país se leyó una carta en la que los obispos pedían perdón por los pecados cometidos durante el genocidio por parte de los católicos, y no de la Iglesia en cuanto institución. El gobierno consideró que no era suficiente el “mea culpa”. Kagame en persona evocó la oportunidad de que el Papa pidiera disculpas en nombre de toda la Iglesia. En Ruanda, el 49,5% de la población es católico, el 39,4% protestante y los musulmanes representan el 1,8%.

 

A veinte años del genocidio, en 2014, el Papa entregó a los obispos del país, que fueron al Vaticano para su visita “ad limina apostolorum”, un discurso en el que recordó «el espantoso genocidio que ha provocado tanto sufrimiento y heridas, muy lejos todavía de haberse curado». Y uniéndose personalmente «al luto nacional», aseguró sus oraciones por las comunidades «a menudo laceradas, por todas las víctimas y sus familias, por el pueblo entero, sin distinción de religión, de etnia o de opción política». El Papa subrayó que «la Iglesia tiene un sitio importante en la reconstrucción de una sociedad reconciliada», y exhortó a los obispos a seguir adelante con resolución «ofreciendo testimonio de la vedad». También recordó en aquella ocasión que, a veinte años de «aquellos trágicos eventos, la reconciliación y la cura de las heridas siguen siendo la prioridad de la Iglesia en Ruanda», y subrayó la necesidad de «reforzar las relaciones de confianza entre la Iglesia y el Estado», porque «un diálogo constructivo y auténtico con las autoridades no podrá sino favorecer la obra común de reconciliación y de reconstrucción de la sociedad alrededor de los valores de la dignidad humana, de la justicia y de la paz».

 

El pasado sábado 18 de marzo, el Papa nombró como nuncio apostólico en Ruanda (sede diplomática vacante desde junio de 2016) al sacerdote polaco Andrzej Józwowicz. La noticia de la audiencia de hoy en el Vaticano fue anunciada oficialmente por la presidencia del país, que, a través de Twitter, informó que el Presidente había llegado ayer por la noche a Roma «bajo invitación de Su Santidad Papa Francisco», para un encuentro «sobre las relaciones bilaterales entre Ruanda y el Vaticano».

 

Después de la audiencia, el Presidente se encontró con el Secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin, a quien acompañaba el Secretario para las Relaciones con los Estados, Mons. Paul Richard Gallagher. Durante las cordiales conversaciones se han recordado las buenas relaciones existentes entre la Santa Sede y Ruanda. Se ha apreciado el notable camino recorrido para recuperar la estabilidad social, económica y política del país.

 

El próximo jueves 23 de marzo el Papa recibirá al presidente de Camerún, Paul Biya.


Deja un comentario

La visita del Papa Francisco al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau

El silencio de Francisco por las víctimas de la Shoah

El momento más conmovedor del viaje del Papa a Polonia; la firma en el libro de visitas: «¡Señor, ten piedad de tu pueblo! ¡Señor, perdón por tanta crueldad!»
AP

Papa Francisco en Auschwitz

29/07/2016
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A AUSCHWITZ-BIRKENAU

Es el día del silencio y de a oración. Papa Francisco procede lentamente, solo, atravesando el famoso arco con la frase: «El trabajo libera». Reza mudo en la plaza de la Llamada, el famoso sitio en donde eran asesinados los prisioneros, en donde san Maximiliano Kolbe ofreció su vida por la de otro prisionero, un gesto de amor en el lugar de la barbarie y de la pérdida de la humanidad.

 

Bergoglio, tercer Pontífice que entra a Auschwitz II – Birkenau, los campos de concentración en donde fueron exterminados más de un millón de hebreos, decidió no pronunciar ningún discurso. Porque el silencio es la forma más elevada de respeto por las víctimas. Lo que Francisco tenía que decir sobre la horrible tragedia de la Shoah lo dijo en el Yad Vasehm, en Jerusalén, durante el dialogo con su amigo rabino Abraham Skorka: «La Shoah es un genocidio como los demás genocidios del siglo XX, pero tiene una particularidad. No quiero decir que sea de primera importancia, mientras lo demás serían de segunda importancia, sino que hay una particularidad, una construcción idólatra contra el pueblo hebreo. La raza pura y el ser superior son los ídolos sobre cuya base se creó el nazismo. No es solo un problema geopolítico, sino que también existe una cuestión religiosa y cultural. Y cada hebreo que era asesinado era una bofetada al Dios vivo en nombre de los ídolos».

 

 

 

Papa Francisco en Auschwitz

 

 

En el sitio de la masacre, cada palabra habría sido inútil, demasiado poco. El Papa fue recibido discretamente por la Primera ministra Beata María Szydlo y por las autoridades. Papa Francisco también firmó el libro de visitas del campo de concentración, y dejó este mensaje escrito en español: «¡Señor, ten piedad de tu pueblo! ¡Señor, perdón por tanta crueldad!».

 

 

La firma del Papa en el libro de visitas de Auschwitz.

 

Dentro del bloque 11 se reunió personalmente con doce personas que sobrevivieron a la barbarie. Una de ellas prefiere permanecer en el anonimato. El último de ellos le entregó una vela con la que Francisco encendió una lámpara, como regalo al campo, justamente frente al muro de las ejecuciones. La lámpara, con un escudo en plata dorada, se encuentra en una base de madera de nogal y se inspira en la valla metálica del campo de concentración, que sufrió la erosión del tiempo y del clima, como representación del poder que llega a teorizar la supremacía sobre el hombre y sobre la naturaleza. Entre estos escombros renacen la flora y la fauna, como indicando el rescate de la historia humana fecundada por la Pascua de Cristo. De ahí el ideal Corazón de Jesús, sobre el que arde el fuego de la caridad que impulsa al testimonio cristiano en el mundo. Tres de los supervivientes tienen más de cien años. En el Yad Vashem, Francisco besó las manos de los supervivientes; ahora aquí en Auschwitz, dentro del Bloque 11, los abrazó uno por uno, después de haberles estrechado la mano. Hay algunos que le muestran fotos y le piden un autógrafo. Otros le besan la mano.

 

La segunda etapa dentro de Auschwitz es la visita y la oración en la celda en la que murió el padre Kolbe, franciscano polaco. En la celda del hambre, iluminada por una pequeña luz gracias a una pequeña ventana, Francisco se sentó solo, en la penumbra. Y rezó en silencio. En los muros hay cosas escritas y el dibujo de una cruz. El padre Kolbe le dijo al médico que le inyectaba el ácido fénico para acelerar la muerte: «Usted no ha entendido nada de la vida. El odio no sirve para nada, solo el amor crea».

 

Después Francisco se dirigió a Birkenau, el verdadero lugar-símbolo de la Shoah. Entró por la entrada principal y siguió su recorrido a bordo de un cochecito eléctrico paralelamente a las vías del tren, ese camino de hierro que llevaba a la muerte. Frente al monumento a las víctimas de las Naciones lo estaban esperando alrededor de mil huéspedes. El Papa observó las lápidas conmemorativas en diferentes lenguas de las víctimas. El Papa depositó una gran veladora y algunos papeles en una de las lápidas y permaneció varios instantes en oración silenciosa. La única voz que se elevaba fue la del rabino jefe de Polonia, Michael Schudrich, que canta en hebreo el salmo 130, «De profundis». El texto también fue leído en polaco por un párroco.

 

 

Salmo 130, “De Profundis”

 

 

Estaban esperando a Papa Francisco 25 «Justos entre las Naciones», no hebreos que en la hora más oscura, poniendo en peligro la propia vida y la de sus seres queridos, salvaron las vidas de los perseguidos. Como sucedió con la familia Ulma, exterminada por los nazis por haber acogido y ocultado a 8 hebreos en una fábrica. Entre los justos también estaba una monja, Janina Kierstan, madre general de las Hermanas Franciscanas de la Familia, la orden que salvó a unos 500 niños hebreos.

 

El sacrificio del padre Kolbe, el de los Ulma y la valentía de los «Justos entre las Naciones» representan un signo de esperanza, una luz débil pero al mismo tiempo poderosa en medio de la oscuridad de la humanidad.


Deja un comentario

Los islamistas acusados de genocidio.

Siria: ONU denuncia al ISIS de cometer genocidio contra la comunidad yazidí

El Presidente de la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre la República Árabe Siria de la ONU, Oaulo Pinheiro. Foto ONU: Jean-Marc Ferré

16 de junio, 2016 — La Comisión Internacional Independiente nombrada por la ONU para investigar las atrocidades que se cometen en Siria acusó al grupo terrorista ISIS de cometer genocidio contra la comunidad Yazidí.

En el informe “Llegaron para destruir: Los crímenes del ISIS contra los Yazidíes”, presentado hoy, se recogen evidencias que demuestran que los terroristas han cometidos crimines de guerra y de lesa humanidad.

Durante la presentación del informe en Ginebra, el Presidente de la Comisión, Paulo Pinheiro, ofreció detalles sobre los horrores que sufre esa comunidad.

Más allá de haber recolectado suficientes evidencias y testimonios para poder afirmar con contundencia que se ha cometido genocidio, Pinheiro sostuvo que la propia formación terrorista ha hecho público su deseo de destruir a la comunidad por considerarlos paganos e inferiores a las personas.

“El genocidio se encuentra en marcha. Desde el día del ataque a Sinjar hasta hoy, el ISIS ha buscado de forma permanente eliminar a los Yazidíes a través del asesinato, la esclavitud, la tortura y otros tratos inhumanos y degradantes”, enfatizó Pinheiro, quien expresó esperanzas de que las evidencias conduzcan a una respuesta política.

En ese sentido, afirmó que esperaban que los Estados miembros del Consejo de Seguridad estarán convencidos de la importancia de intentar hacer Justicia, remitiendo el caso a la Corte Penal Internacional, o estableciendo un tribunal ad hoc con la jurisdicción geográfica y temporal pertinente.

La comunidad Yazidí se asentaba en la región de Sinjar, al norte de Iraq, hasta que fueron atacados el 3 de agosto de 2014 por las fuerzas del ISIS y en cuestión de días fueron rodeados, dispersados y asesinados.

Mientras que los hombres y adolescentes fueron asesinados las mujeres y los niños fueron trasladados a Siria donde estuvieron en confinamiento y vendidos como esclavos.

A los menores se les permite quedarse con sus madres hasta que cumplen 12 años para luego someterlos a entrenamiento militar y se les fuerza a combatir en Siria.

Los hallazgos del informe se basaron en entrevistas con sobrevivientes, líderes religiosos, activistas, abogados y otros testimonios que corroboraron las informaciones recopiladas por la Comisión.


Deja un comentario

Rwanda tras el genocidio

22 años después, la ONU resalta las lecciones aprendidas tras el genocidio en Rwanda

Cruces de madera en un cementerio en el pueblo de Nyanza en una zona rural de Kigali, la capital de Rwanda. Durante el genocidio en 1994, más de 10.000 personas fueron quemadas vivas cuando trataban de huir a Burundi. Foto: UNICEF/Giacomo Pirozzi

07 de abril, 2016 — Hoy se cumplen 22 años desde que Rwanda se desangraba en un genocidio, en el que 800.000 personas fueron asesinadas, 200.000 mujeres fueron violadas y dos millones de ciudadanos tuvieron que huir del país.

Casi un cuarto de siglo después, el Secretario General de Naciones Unidas aseguró que la valentía de los supervivientes debería servir como fuente de inspiración, ya que demuestran que la reconciliación es posible incluso después de una tragedia así.

Sin embargo, el asesor especial de la ONU sobre la prevención del genocidio, Adama Dieng, advirtió que el genocidio no es un acontecimiento aislado y que ninguna parte del mundo es inmune.

“Debemos prestar más atención a la prevención. El genocidio no ocurre de la noche a la mañana. El genocidio es un proceso. Lleva tiempo, necesita recursos y planificación. Y sabemos que el genocidio siempre va precedido por graves violaciones de derechos humanos”, dijo el asesor.

El Titular de la ONU felicitó a los Estados miembros dentro y fuera de la región por sus constantes esfuerzos para detener y entregar a los prófugos y poner fin a la impunidad. Ban resaltó que la mejor manera de evitar la repetición de tragedias semejantes es reconocer la responsabilidad compartida y comprometerse con la acción común para proteger a las personas en peligro.

El tema de la conmemoración de este año se centra en la lucha contra la ideología del genocidio. En ese contexto, el Secretario General instó a los gobiernos y demás autoridades a mantenerse firmes ante la incitación al odio y a aquellos que instigan a la división y la violencia.

“La historia de Rwanda nos enseña una lección elemental”, señaló en su mensaje para esta jornada de reflexión. “Si bien la capacidad para la iniquidad absoluta está presente en todas las sociedades, también hay lugar para cualidades como la comprensión, la generosidad y la reconciliación”, añadió.

Según informes, aproximadamente un 30 por ciento de la población sigue sufriendo estrés postraumático. Dieng recomendó que se invierta más en asistencia psicológica en todo el país para ayudar a estas personas, aunque la verdadera clave está en los esfuerzos del gobierno para fortalecer el proceso de reconciliación.


Deja un comentario

Karadzic condenado a 40 años de prisión.

Alto Comisionado para los Derechos Humanos aplaude condena de Radovan Karadžic a 40 años de prisión

Radovan Karadžic fue detenido en 2008 después de unos 14 años de huida. Foto de archivo: ONU

24 de marzo, 2016 — El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos aplaudió la sentencia histórica del Tribunal Penal Internacional para los delitos de la Antigua Yugoslavia (TPIY) emitida hoy contra el ex líder serbobosnio Radovan Karadžic, que ha sido condenado a 40 años de prisión por crímenes de guerra, crímenes contra la Humanidad y genocidio durante la guerra de Bosnia.

En un comunicado, Zeid Ra’ad Al Hussein describió el veredicto como “extremadamente importante” ya que representa una sólida manifestación del implacable compromiso de la comunidad internacional con la rendición de cuentas. El mensaje de este proceso, según el Alto Comisionado, es que “nadie está por encima de la ley”.

El fallo considera a Karadžic culpable de 10 de los 11 cargos de los que se le acusaba, incluidos el genocidio de la ciudad de Srebrenica, donde en 1995 fueron asesinados 8.000 hombres musulmanes, y el sitio de Sarajevo, donde murieron cerca de 11.000 personas. La sentencia llega 21 años después de la guerra de Bosnia, que entre 1992 y 1995, causó más de 100.000 muertes.

Zeid señaló que su condena es simbólicamente muy poderosa, sobre todo para las víctimas de las guerras en Bosnia-Herzegovina y la Antigua Yugoslavia, pero también para otras víctimas en el resto del mundo. “No importa lo poderosos que sean, o lo intocables que se crean. No importa el continente donde vivan. Pero los responsables de estos crímenes deben saber que no escaparán de la justicia”, aseguró.

El Alto Comisionado recordó que la condena de hoy puede ser apelada, pero aun así insistió en que debe marcar un histórico punto de inflexión. Según Zeid, el veredicto expone a Karadžic, que pasó 14 años como fugitivo, como lo que es en realidad: “un arquitecto de la destrucción y el asesinato a gran escala”.

Karadžic es la figura política de mayor peso condenada por este tribunal y su proceso es el más importante contra un criminal de guerra más importante desde la Segunda Guerra Mundial.


Deja un comentario

El genocidio de Ruanda, visto para sentencia? Análisis

Republic of Rwanda - vector map

Republic of Rwanda – vector map

¿Un genocidio visto para sentencia?

El Tribunal Penal Internacional para Ruanda termina sus trabajos en medio de las dudas

 

El Tribunal Penal Internacional para Ruanda cerraba sus puertas de manera formal el 31 de diciembre de 2015 después de 21 años de juicios a los responsables del genocidio y otras graves violaciones a los derechos humanos cometidas en 1994. Los resultados son 93 personas acusadas, 61 condenadas, 14 absueltas y 9 en busca y captura bajo una recompensa de cinco millones de dólares. ¿Se ha sacado algo en claro durante el proceso?

 

Por Sebastián Ruiz

 

Cruzaba los dedos de las manos y miraba al abismo. Pero el vértigo y las náuseas de Jean-Paul Akayesu se disiparon inmediatamente al escuchar el veredicto: pasar el resto de sus días en una prisión en Malí. Tenía entonces 45 años y le esperaba la perpetua. El 2 de septiembre de 1998, Akayesu, el que fuera alcalde de la ciudad ruandesa de Taba, muy cerca de la capital, Kigali, se convertía en el primer condenado internacional por participar –e incluso supervisar– el genocidio ruandés entre abril y junio de 1994. Sus cinco hijos, sus antiguos alumnos de la escuela –que le tenían en alta estima– y su propia comunidad, se desvanecían en silencio.

La herida todavía sangraba por reciente. Las víctimas, tutsis y hutus moderados, asistieron metafóricamente al juicio junto al taimado, manipulador y brutal Akayesu. Durante la vista celebrada en la sede del Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR) en Arusha (Tanzania), los magistrados sentenciaron que el joven alcalde cambió el traje ejecutivo por el de militar durante su mandato para garantizar su futuro político a costa de los suyos. Se estima que 800.000 ruandeses fueron asesinados, 200.000 ruandesas fueron violadas y dos millones de ciudadanos huyeron del país. Aparte del imaginario –tatuado a fuego en las retinas– sobre la crueldad humana y la brutalidad con la que se produjo, que permanecerá para siempre.

 

Desplazados en la República Democrática de Congo / Fotografía: Archivo Mundo Negro
Desplazados en la República Democrática de Congo / Fotografía: Archivo Mundo Negro

 

Fuera de Ruanda, las imágenes que llegaban parecían confirmar los tópicos de los conflictos tribales en África resueltos por la vía cruel. Una guerra sin sentido. No obstante, un genocidio no se produce en un contexto de anarquía. Lo que ocurrió en Ruanda estaba perfectamente orquestado por un grupo extremista hutu, un ejército compuesto por personas desempleadas, conocidos como interahamwe –“los que trabajan juntos”– o impuzamugambi –“los que comparten un objetivo común”–. Además, según los documentos desclasificados hace unos años, tanto Bill Clinton, el entonces presidente de Estados Unidos, como su homólogo francés, François Mitterand, tenían pleno conocimiento de la situación antes de los fatídicos 100 días de 1994. Ambos países, además, mantenían claros intereses en ese escenario que supone la frontera con República Democrática de Congo (RDC), rica en recursos minerales.

La noche del 7 de diciembre de 2015, de forma casi mediática y a pocos días de que el TPIR anunciara su cierre después de 21 años persiguiendo a los intelectuales del genocidio, la Interpol detenía en Goma (RDC), ciudad fronteriza con Ruanda, a otro alcalde implicado. Se trataba de Ladislas Ntaganzwa. Envejecido y demacrado, la Justicia le hacía revivir sus días más oscuros. De acuerdo con la acusación, el TPIR subrayó que Ntaganzwa participó en la planificación, preparación y ejecución de la matanza de más de 20.000 tutsis en la parroquia de Cyahinda entre el 14 y 18 de abril de 1994. Durante esos días las campanas enmudecieron ante la partitura que se interpretaba. Tanto el juicio de Ntaganzwa, como el de otras nueve personas que siguen en busca y captura, con una recompensa de 5 millones de dólares para quien las encuentre, pasarán por los banquillos ruandeses sin que la justicia internacional, hasta el momento, haya zanjado la historia.

Ruanda bajo el mandato de Kagamé simboliza un desarrollo económico al ritmo que marcan Occidente y los donantes internacionales, cuyas ayudas suponen la mitad del PIB del país. Sin embargo, no queda claro si las medidas adoptadas para garantizar la reconciliación social, incluyendo los juicios internacionales y nacionales de los implicados en el genocidio, han tenido éxito y han conseguido abordar las causas por las que este se produjo.

 

Imagen del juicio contra Jean-Paul Akeyesu / Fotografía: Archivo Mundo Negro
Imagen del juicio contra Jean-Paul Akeyesu / Fotografía: Archivo Mundo Negro

 

La ¿reconciliación? social

Más de 120.000 personas fueron detenidas en los años posteriores al genocidio, con pruebas escasas o nulas, por su papel en la violencia. Prácticamente todos hutus. Y si bien la comunidad internacional y el Gobierno de Ruanda consideraron los procesamientos como un paso crucial hacia la recuperación del país, el elevado número de detenidos hizo que la reconciliación resultara difícil en los planos social y legal. El TPIR fue establecido en noviembre de 1994 por la ONU para juzgar a los responsables del genocidio. Sin embargo, la labor de la Corte ha sido socavada por la falta de apoyo del propio Gobierno de Kagamé, que siempre ha manifestado su rechazo por tres elementos claves relativos a su ubicación (Tanzania), su jurisdicción temporal (solo atendía a los hechos de 1994 y no consideraba la violencia contra los tutsis previa al genocidio) y a la ausencia de sentencias de muerte.

Para acelerar el proceso, el Ejecutivo ruandés estableció los gacaca, tribunales comunitarios, elegidos por el pueblo. Aunque en el inicio no eran profesionales, fueron ampliamente alabados por la comunidad internacional. Cerca de 12.000 gacaca trataron más de 1,2 millones de casos en todo Ruanda. Tenían, a priori, una misión reparadora, aunque no lo fueron ni por los procesos ni por las sentencias que de allí salieron. Como explica Lars Waldorf, investigador sobre el genocidio, “dos tercios de estos casos tenían que ver con delitos contra la propiedad. Ningún otro país recién salido de un conflicto ha llevado a juicio a tantos delincuentes de poca importancia y acusados circunstanciales. ¿Sirvieron estos juicios masivos para fomentar la justicia y la reconciliación étnica?”.

Pero es solo una parte de la historia. La otra es que hubo un segundo genocidio. Mientras que los tutsis y algunos hutus moderados fueron las claras víctimas del genocidio, el Frente Patriótico Ruandés (FPR), en su origen guerrilla liderada por Kagamé, mató a entre 25.000 y 45.000 civiles hutus durante su marcha hacia Kigali. Un informe de 2010 de la ONU sugirió que durante los diez años posteriores a 1994, el FPR había sido culpable de delitos graves. El propio juez de la Audiencia Nacional española, Fernando Andreu Merelles, imputaba al presidente ruandés en 2008 bajo los cargos de “delitos de genocidio y de lesa humanidad, delitos contra las personas y bienes protegidos en caso de conflicto armado, integración en organización terrorista y actos terroristas”.

 

Refugiados en la iglesia de la Sagrada Familia, en Kigali / Fotografía: Archivo Mundo Negro
Refugiados en la iglesia de la Sagrada Familia, en Kigali / Fotografía: Archivo Mundo Negro

 

De cara a la galería y a la opinión pública internacional, Kagamé ha establecido programas sociales y legales con el objetivo de eliminar las divisiones étnicas. En Ruanda hoy por hoy nadie se define como hutu, tutsi o tua, sino como ruandés. Además de los juicios, se han aprobado nuevas leyes para garantizar la igualdad de todos los ciudadanos. Estas se han introducido junto con los programas de educación para la paz. Sin embargo, la estabilidad y la reconciliación han tenido un precio. Diversas ONG como Human Rights Watch o Amnistía Internacional han elaborado una serie de informes que detallan el control autoritario de Kagamé en el poder. Los críticos dicen que no hay libertad de prensa y las figuras de la oposición han sido intimidadas, acosadas y encarceladas. Incluso antiguos aliados tutsis han sido expulsados cuando han mostrado una voz crítica contra el Gobierno.

En enero de 2014, el ex jefe de Inteligencia de Ruanda, Patrick Karegeya, fue encontrado muerto en Johannesburgo (Sudáfrica), donde se le había concedido el asilo. Después de servir al Gobierno ruandés durante diez años, Karegeya acusó a Kagamé y su séquito de estar detrás del ataque, en 1994, contra el avión en el que viajaba el presidente ruandés, Juvénal Habyarimana, atentado que se considera como el inicio del genocidio. En marzo de 2014, el general Kayumba Nyamwasa, ex jefe del Ejército de Ruanda, sobrevivió a un tercer intento de asesinato. Otro ejemplo es Victoire Ingabire Umuhoze, figura de la oposición hutu a quien encarcelaron después de ser interrogada y reconocer públicamente que hubo hutus moderados que murieron junto a los tutsis.

Un caso también muy relevante es el del cantante Kizito Mihigo, condenado a diez años de cárcel en febrero de 2015 por conspirar para atentar contra el presidente y por incitación al odio. Kizito, uno de los más populares intérpretes ruandeses, reconoció haber intercambiado mensajes con el opositor en el exilio Congreso Nacional de Ruanda (RNC, por sus siglas en inglés), paradójicamente cofundado por Patrick Karegeya. Mihigo es el intérprete del tema Igisobanuro cy’urupfu, que recordaba los 20 años del genocidio y abogaba por la reconcilición y el perdón entre los ruandeses. Sin embargo, considerado por el Gobierno como revisionista, fue prohibido.

Y, mientras, la historia se encuentra en vilo. El 18 de diciembre de 2015, un 98 por ciento de la población ruandesa votaba “sí” a la reforma constitucional decidida en noviembre, en la que se abarcaban varios artículos, entre ellos el 101 y el 172, que harán posible que Kagamé, de 58 años, pueda mantenerse en el poder 17 años más. La justicia del vencedor en Ruanda parece más comprensiva “porque los crímenes del vencedor parecen pequeños al lado de los del perdedor, tanto por la gravedad como por escala”, sentencia Waldorf.

 

Barack Obama habla con Paul Kagamé durante la 70 Asamblea General de las Naciones Unidas / Fotografía: Getty Images
Barack Obama habla con Paul Kagamé durante la 70 Asamblea General de las Naciones Unidas / Fotografía: Getty Images