Loiola XXI

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Iraq: tras la batalla de Mosul más de 800.000 personas necesitan asistencia humanitaria.

Irak: Un año después, cientos de miles de personas sufren las consecuencias de la batalla de Mosul

AHMAD AL-RUBAYE/AFP/Getty Images

Coincidiendo con el primer aniversario del lanzamiento de la ofensiva de las fuerzas iraquíes y la coalición dirigida por Estados Unidos para recuperar el control de la ciudad de Mosul, en manos del grupo armado autodenominado Estado Islámico, Samah Hadid, directora de Campañas sobre Oriente Medio para Amnistía Internacional, ha dicho:

“La batalla de Mosul ha tenido consecuencias catastróficas para los habitantes de la ciudad. En los combates murieron familias enteras, y aún hay muchas personas enterradas bajo los escombros. Los contendientes dieron muy poco valor a las vidas civiles. Muchas de las personas que tuvieron la suerte de escapar viven ahora en condiciones insoportables en campamentos improvisados y tienen un futuro incierto.

 

 “La comunidad internacional no debe olvidarse de la gente de Mosul. Es urgente que se financie ayuda humanitaria para más de 800.000 personas que ahora viven en tiendas de campaña sin un acceso adecuado a atención médica, alimentos y agua.

“Ahora muchas de las personas desplazadas viven también atemorizadas. Aumentan las desapariciones forzadas a manos de fuerzas gubernamentales, junto con juicios apresurados y sin garantías, seguidos de ejecuciones llevadas a cabo a partir de confesiones extraídas bajo tortura. Instamos a las autoridades iraquíes a que garanticen que todos los juicios cumplen las normas internacionales sin recurrir a la pena de muerte.

“También es importante que el gobierno iraquí y la coalición dirigida por Estados Unidos reconozcan la grave pérdida de vidas civiles que provocó la operación de Mosul, así como su papel en ella. Deben garantizar que las violaciones denunciadas se investigan imparcialmente y que los responsables rinden cuentas. La población de Mosul merece saber que habrá justicia y reparación para las víctimas y sus familias. Y el mundo necesita ver que hemos aprendido las lecciones de la batalla de Mosul para que a la población civil atrapada en otras batallas se le ahorren consecuencias tan catastróficas.

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Gaza: situación insostenible.

ONU analiza una década de deterioro en Gaza

Mujer palestina refugiada en un albergue de la UNRWA. Foto: UNRWA/Shareef Sarhan

11 de julio, 2017 — Diez años después de que Hamas asumiera el control de la Franja de Gaza e Israel impusiera el bloqueo a ese territorio, la población vive en condiciones cada vez más precarias y desesperadas.

El equipo de la ONU en Palestina publicó hoy un informe en el que conmina a Israel, a la Autoridad Palestina, a Hamas y a la comunidad internacional a actuar para impulsar el desarrollo sostenible y la reactivación de los sectores productivos de Gaza, así como a mejorar la libertad de movimiento de personas, bienes y servicios desde y hacia ese territorio.

Advierte que las proyecciones realizadas hace 5 años de una situación “invivible” para los habitantes de Gaza en 2020 son aún peores porque el deterioro se ha acelerado considerablemente.

El coordinador de la ONU para Ayuda Humanitaria en los Territorios Palestinos Ocupados, Robert Piper, consideró que si bien la toma del poder en Gaza por Hamas, las restricciones impuestas por Israel y la división administrativa de la Franja y Cisjordania son los factores identificables, existen otras causas de ese sufrimiento.

“Hay muchos actores involucrados y muchos de nosotros, incluyendo a la comunidad internacional, cargan con parte del a responsabilidad de la situación en la que se encuentran hoy los civiles de Gaza”, dijo.

El estudio subraya el empeoramiento de los servicios de salud y la carencia de doctores e instalaciones hospitalarias.

Asimismo, señala que gracias al trabajo de la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA), Gaza ha mantenido estándares educativos altos pese a que las horas de clase se reducen a cuatro diarias.

Por otra parte, indica que la única fuente de agua se habrá agotado sin remedio para 2020 a menos que se tomen medidas inmediatas para preservarla.

Piper reiteró el llamado a tomar medidas que reviertan el atraso en el que se hunde ese territorio y el desconsuelo de su población.

“La asistencia humanitaria, sobre todo de parte de la UNRWA, ayudan a frenar un poco la caída, pero la dirección hacia un mayor sufrimiento es clara”, alertó.


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La Primera Jornada mundial de los pobres el próximo noviembre.

Papa Francisco y la I Jornada Mundial de los Pobres

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El 19 de noviembre de 2017 se celebrará por primera vez la Jornada Mundial de los Pobres instituida por el Papa Francisco el 21 de noviembre de 2016  al  final del  Jubileo  Extraordinario de  la  Misericordia.

 

No amemos de palabra sino con obras

1.«Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras» (1 Jn 3,18). Estas palabras del apóstol Juan expresan un imperativo que ningún cristiano puede ignorar. La seriedad con la que el «discípulo amado» ha transmitido hasta nuestros días el mandamiento de Jesús se hace más intensa debido al contraste que percibe entre las palabras vacías presentes a menudo en nuestros labios y los hechos concretos con los que tenemos que enfrentarnos. El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres. Por otro lado, el modo de amar del Hijo de Dios lo conocemos bien, y Juan lo recuerda con claridad. Se basa en dos pilares: Dios nos amó primero (cf. 1 Jn 4,10.19); y nos amó dando todo, incluso su propia vida (cf. 1 Jn 3,16). Un amor así no puede quedar sin respuesta. Aunque se dio de manera unilateral, es decir, sin pedir nada a cambio, sin embargo inflama de tal manera el corazón que cualquier persona se siente impulsada a corresponder, a pesar de sus limitaciones y pecados. Y esto es posible en la medida en que acogemos en nuestro corazón la gracia de Dios, su caridad misericordiosa, de tal manera que mueva nuestra voluntad e incluso nuestros afectos a amar a Dios mismo y al prójimo. Así, la misericordia que, por así decirlo, brota del corazón de la Trinidad puede llegar a mover nuestras vidas y generar compasión y obras de misericordia en favor de nuestros hermanos y hermanas que se encuentran necesitados.

 

  1. «Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha» (Sal 34,7). La Iglesia desde siempre ha comprendido la importancia de esa invocación. Está muy atestiguada ya desde las primeras páginas de los Hechos de los Apóstoles, donde Pedro pide que se elijan a siete hombres «llenos de espíritu y de sabiduría» (6,3) para que se encarguen de la asistencia a los pobres. Este es sin duda uno de los primeros signos con los que la comunidad cristiana se presentó en la escena del mundo: el servicio a los más pobres. Esto fue posible porque comprendió que la vida de los discípulos de Jesús se tenía que manifestar en una fraternidad y solidaridad que correspondiese a la enseñanza principal del Maestro, que proclamó a los pobres como bienaventurados y herederos del Reino de los cielos (cf. Mt 5,3).

«Vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2,45). Estas palabras muestran claramente la profunda preocupación de los primeros cristianos. El evangelista Lucas, el autor sagrado que más espacio ha dedicado a la misericordia, describe sin retórica la comunión de bienes en la primera comunidad. Con ello desea dirigirse a los creyentes de cualquier generación, y por lo tanto también a nosotros, para sostenernos en el testimonio y animarnos a actuar en favor de los más necesitados. El apóstol Santiago manifiesta esta misma enseñanza en su carta con igual convicción, utilizando palabras fuertes e incisivas: «Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que le aman? Vosotros, en cambio, habéis afrentado al pobre. Y sin embargo, ¿no son los ricos los que os tratan con despotismo y los que os arrastran a los tribunales? […] ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: “Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago”, y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta» (2,5-6.14-17).

 

  1. Ha habido ocasiones, sin embargo, en que los cristianos no han escuchado completamente este llamamiento, dejándose contaminar por la mentalidad mundana. Pero el Espíritu Santo no ha dejado de exhortarlos a fijar la mirada en lo esencial. Ha suscitado, en efecto, hombres y mujeres que de muchas maneras han dado su vida en servicio de los pobres. Cuántas páginas de la historia, en estos dos mil años, han sido escritas por cristianos que con toda sencillez y humildad, y con el generoso ingenio de la caridad, han servido a sus hermanos más pobres. Entre ellos destaca el ejemplo de Francisco de Asís, al que han seguido muchos santos a lo largo de los siglos. Él no se conformó con abrazar y dar limosna a los leprosos, sino que decidió ir a Gubbio para estar con ellos. Él mismo vio en ese encuentro el punto de inflexión de su conversión: «Cuando vivía en el pecado me parecía algo muy amargo ver a los leprosos, y el mismo Señor me condujo entre ellos, y los traté con misericordia. Y alejándome de ellos, lo que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo» (Test 1-3; FF 110). Este testimonio muestra el poder transformador de la caridad y el estilo de vida de los cristianos.

No pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida. En efecto, la oración, el camino del discipulado y la conversión encuentran en la caridad, que se transforma en compartir, la prueba de su autenticidad evangélica. Y esta forma de vida produce alegría y serenidad espiritual, porque se toca con la mano la carne de Cristo. Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles. Son siempre actuales las palabras del santo Obispo Crisóstomo: «Si queréis honrar el cuerpo de Cristo, no lo despreciéis cuando está desnudo; no honréis al Cristo eucarístico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuidáis a ese otro Cristo que sufre por frío y desnudez»   (Hom.  in Matthaeum, 50, 3: PG 58).

Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma.

 

  1. No olvidemos que para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocación para seguir a Jesús pobre. Es un caminar detrás de él y con él, un camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos (cf. Mt 5,3; Lc 6,20). La pobreza significa un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales. La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad. Es la pobreza, más bien, la que crea las condiciones para que nos hagamos cargo libremente de nuestras responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su gracia. La pobreza, así entendida, es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y los afectos de modo generoso y desprendido (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 25-45).

Sigamos, pues, el ejemplo de san Francisco, testigo de la auténtica pobreza. Él, precisamente porque mantuvo los ojos fijos en Cristo, fue capaz de reconocerlo y servirlo en los pobres. Si deseamos ofrecer nuestra aportación efectiva al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario que escuchemos el grito de los pobres y nos comprometamos a sacarlos de su situación de marginación. Al mismo tiempo, a los pobres que viven en nuestras ciudades y en nuestras comunidades les recuerdo que no pierdan el sentido de la pobreza evangélica que llevan impresa en su vida.

 

  1. Conocemos la gran dificultad que surge en el mundo contemporáneo para identificar de forma clara la pobreza. Sin embargo, nos desafía todos los días con sus muchas caras marcadas por el dolor, la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, por la ignorancia y el analfabetismo, por la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria, y por la migración forzada. La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero. Qué lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada.

Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados. A la pobreza que inhibe el espíritu de iniciativa de muchos jóvenes, impidiéndoles encontrar un trabajo; a la pobreza que adormece el sentido de responsabilidad e induce a preferir la delegación y la búsqueda de favoritismos; a la pobreza que envenena las fuentes de la participación y reduce los espacios de la profesionalidad, humillando de este modo el mérito de quien trabaja y produce; a todo esto se debe responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad.

Todos estos pobres —como solía decir el beato Pablo VI— pertenecen a la Iglesia por  «derecho evangélico»   (Discurso en la apertura de la segunda sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II, 29 septiembre 1963) y obligan a la opción fundamental por ellos. Benditas las manos que se abren para acoger  a  los  pobres  y  ayudarlos:   son  manos  que  traen  esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad.   Benditas  las  manos  que  se  abren sin pedir nada a cambio, sin  «peros»  ni  «condiciones»:  son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios.

 

  1. Al final del Jubileo de la Misericordia quise ofrecer a la Iglesia la Jornada Mundial de los Pobres, para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados. Quisiera que, a las demás Jornadas mundiales establecidas por mis predecesores, que son ya una tradición en la vida de nuestras comunidades, se añada esta, que aporta un elemento delicadamente evangélico y que completa a todas en su conjunto, es decir, la predilección de Jesús por los pobres.

Invito a toda la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad a mantener, en esta jornada, la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial. Esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad. Dios creó el cielo y la tierra para todos; son los hombres, por desgracia, quienes han levantado fronteras, muros y vallas, traicionando el don original destinado a la humanidad sin exclusión alguna.

 

  1. Es mi deseo que las comunidades cristianas, en la semana anterior a la Jornada Mundial de los Pobres, que este año será el 19 de noviembre, Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, se comprometan a organizar diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta. Podrán invitar a los pobres y a los voluntarios a participar juntos en la Eucaristía de ese domingo, de tal modo que se manifieste con más autenticidad la celebración de la Solemnidad de Cristo Rey del universo, el domingo siguiente. De hecho, la realeza de Cristo emerge con todo su significado más genuino en el Gólgota, cuando el Inocente clavado en la cruz, pobre, desnudo y privado de todo, encarna y revela la plenitud del amor de Dios. Su completo abandono al Padre expresa su pobreza total, a la vez que hace evidente el poder de este Amor, que lo resucita a nueva vida el día de Pascua.

 

En ese domingo, si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan protección y ayuda, acerquémonos a ellos: será el momento propicio para encontrar al Dios que buscamos. De acuerdo con la enseñanza de la Escritura (cf. Gn 18, 3-5; Hb 13,2), sentémoslos a nuestra mesa como invitados de honor; podrán ser maestros que nos ayuden a vivir la fe de manera más coherente. Con su confianza y disposición a dejarse ayudar, nos muestran de modo sobrio, y con frecuencia alegre, lo importante que es vivir con lo esencial y abandonarse a la providencia del Padre.

 

  1. El fundamento de las diversas iniciativas concretas que se llevarán a cabo durante esta Jornada será siempre la oración. No hay que olvidar que el Padre nuestro es la oración de los pobres. La petición del pan expresa la confianza en Dios sobre las necesidades básicas de nuestra vida. Todo lo que Jesús nos enseñó con esta oración manifiesta y recoge el grito de quien sufre a causa de la precariedad de la existencia y de la falta de lo necesario. A los discípulos que pedían a Jesús que les enseñara a orar, él les respondió con las palabras de los pobres que recurren al único Padre en el que todos se reconocen como hermanos. El Padre nuestro es una oración que se dice en plural: el pan que se pide es «nuestro», y esto implica comunión, preocupación y responsabilidad común. En esta oración todos reconocemos la necesidad de superar cualquier forma de egoísmo para entrar en la alegría de la mutua aceptación.

 

  1. Pido a los hermanos obispos, a los sacerdotes, a los diáconos —que tienen por vocación la misión de ayudar a los pobres—, a las personas consagradas, a las asociaciones, a los movimientos y al amplio mundo del voluntariado que se comprometan para que con esta Jornada Mundial de los Pobres se establezca una tradición que sea una contribución concreta a la evangelización en el mundo contemporáneo.

Que esta nueva Jornada Mundial se convierta para nuestra conciencia creyente en un fuerte llamamiento, de modo que estemos cada vez más convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda. Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio.

Vaticano, 13 de junio de 2017

Memoria de San Antonio de Padua

FRANCISCO


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Genova: el almuerzo del Papa con los más necesitados.

Cercanía del Papa Francisco con los pobres, refugiados, sin techo y detenidos en Génova

(RV).- En el marco de la Visita Pastoral del Papa Francisco a Génova, la XVII Visita del Pontífice en Italia, el Santo Padre almorzó con los pobres, refugiados, sin techo y detenidos de esta ciudad, en el Santuario de Nuestra Señora de la Guardia.

En su intenso programa, el Sucesor de Pedro también ha querido abrazar las diversas realidades que componen el tejido social de la ciudad, mostrando su cercanía con las personas descartadas por la sociedad. Han sido alrededor de 130 los comensales que asistieron a la “Sala del Caminetto”, del Santuario de Nuestra Señora de la Guardia, entre ellos: 11 presos de dos cárceles de Génova, 5 provenientes de la cárcel de Marassi y 6 detenidos de la cárcel de Pontedecimo; también fueron invitadas personas pobres y sin hogar, que son asistidos por numerosas asociaciones eclesiales; además de migrantes y solicitantes de asilo alojados en las diversas estructuras de la diócesis.

Con ellos, el Papa compartió viandas típicas de la tradición genovesa, un plato de comida, sobrio pero esencial, hecho con las manos y con el corazón de las personas que trabajan allí, valorizando al más débil, alimentos preparados por las personas de la Cooperativa Social “San Jorge de la Guardia”. Un momento simbólico, un encuentro significativo en continuidad con la historia del Santuario, que desde sus orígenes ha distribuido los alimentos a los pobres, porque las manos y el corazón de la Madre de Jesús – Nuestra Señora de la Guardia, patrona de Génova – están siempre abiertas a sus hijos más débiles, en el espíritu y en el cuerpo.

De este modo, en su visita a Génova, el Papa Francisco vuelve a tocar los “temas candentes” y recurrentes de su pontificado: el anuncio de la alegría del Evangelio, la superación de la cultura del descarte, la falta de trabajo y oportunidades para los jóvenes, la denuncia de la mundanidad como un mal de nuestro tiempo, la propuesta de reforma de la Iglesia que muchas veces es auto-referencial y no misionera; y sobre todo, la acogida a los migrantes y los últimos de la sociedad.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)


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Argentina: casi la mitad de los niños viven en situación de pobreza

ARGENTINA – Casi seis millones de niños y adolescentes viven en condiciones de pobreza

Buenos Aires – La crisis argentina sigue afectando de manera dramática, especialmente a los niños. A partir de un estudio realizado por el Centro para la Investigación Participativa en Política Económica y Social muestra que la mitad de los niños y adolescentes en el país viven por debajo del umbral de la pobreza. El Cippes ha declarado que 46 de cada 100 niños en el grupo de edad entre 0 y 17 años sufren de este estigma. En total, se trata de casi seis millones de los 13 millones y medio de niños y adolescentes en el país. Además, el 10,07% de los niños en Argentina viven en un estado de indigencia.


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Servicios de lavandería e higiene a los pobres en Roma.

Abre la “Lavandería del Papa” para pobres

Comienza sus servicios en un centro de la Comunità di Sant’Egidio el servicio impulsado por la Limosnería apostólica, que ofrece a los “sin techo” lavado y secado gratis

Abre la “Lavandería del Papa” para pobres

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Pubblicato il 10/04/2017
Ultima modifica il 10/04/2017 alle ore 12:56
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Después de las duchas, la peluquería, el dormitorio y el ambulatorio, faltaba la lavandería. A partir de hoy, lunes 10 de abril de 2017, ofrece sus servicios en Roma la “Lavandería de Papa Francisco”, un servicio gratuito para las personas más pobres, en particular para las personas sin hogar. «En esta lavandería –afirma un comunicado del obispo limosnero Konrad Krajevski– ellos podrán lavar, secar y planchar los propios vestidos y mantas». Una de las mayores dificultades para los que viven en la calle, además de encontrar qué comer, un rincón donde pasar la noche o baños públicos, es justamente la de poder lavar y secar la ropa que usan, y normalmente la única que tienen.

 

La iniciativa, se lee en la nota, nació de la invitación del Papa «a dar “concreción” a la experiencia de gracia del Año jubilar de la Misericordia. Así escribió en la Carta apostólica “Misericordia et misera”, al final del Jubileo: “Querer estar cerca de Cristo exige hacerse prójimo de los hermanos, porque no hay nada que agrade más al Padre que un signo concreto de misericordia. Por su naturaleza misma, la misericordia se hace visible y tangible en una acción concreta y dinámica”, por lo tanto “es el momento de dar espacio a la fantasía de la misericordia para dar vida a muchas nuevas obras, fruto de la gracia”».

 

Este, pues, es el signo concreto que ha querido la Limosnería apostólica: un lugar y un servicio «para dar forma concreta a la caridad y al mismo tiempo inteligencia a las obras de misericordia, para restituir la dignidad a muchas personas que son nuestros hermanos y hermanas, llamados con nosotros a construir una “ciudad confiable”».

 

La lavandería se encuentra dentro del Centro Gente de Paz de la Comunità di Sant’Egidio, en el antiguo complejo hospitalario de San Gallicano, en la calle San Gallicano, 25. Esta asociación de voluntariado se ocupará concretamente de la lavandería, además de otros servicios, activos desde hace diez años, de recepción y asistencia para las personas más pobres. En los próximos meses se sumarán los servicios de más duchas, una peluquería, un guardarropa, ambulatorios médicos y distribución de víveres de primera necesidad, de manera parecida a lo que ya sucede bajo la columnata de San Pedro.

 

En los locales del Centro en los que se da el servicio de lavandería se colocaron lavadoras y secadoras de última generación, con todo y planchas. Todo el equipo lo donó Whirpool Corporation. «Coordinó y compartió este proyecto –concluye la nota de la Limosnería– fue el grupo industrial Procter & Gamble, que desde hace años dona rastrillos y espuma para afeitarse Gillette a la peluquería para los pobres de la columnata de San Pedro, y que provee gratuitamente detergentes para lavar Dash y Lenor».


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Los sacerdotes y la pobreza cristiana.

Francisco: “Que los sacerdotes tengan la valentía de la pobreza”

El Papa en Santa Marta: a los curas se les perdona todo, menos el apego al dinero y a los malos tratos; deben ser como esos «obreros que trabajan y ganan lo justo y no pretenden más»
AP

Francisco: “Que los sacerdotes tengan la valentÍa de la pobreza”

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Pubblicato il 18/11/2016
Ultima modifica il 18/11/2016 alle ore 13:07
DOMENICO AGASSO JR.
CIUDAD DEL VATICANO
La gente le puede perdonar todo a un sacerdote, pero no el apego al dinero ni los malos tratos. Entonces, «que Dios nos dé la gracia de la pobreza cristiana», para que podamos ser sacerdotes como esos obreros que «ganan lo justo y no pretenden más». Fue lo que dijo Papa Francisco hoy, 18 de noviembre de 2016, por la mañana durante la misa en la Capilla de la Casa Santa Marta, según indicó la Radio Vaticana.Ante la presencia de los secretarios de los nuncios apostólicos, que se encuentran en el Vaticano por el Jubileo de los colaboradores y representaciones pontificias (organizado por la Secretaría de Estado), el Pontífice reflexionó sobre el Evangelio del día, en el que se lee cuando Jesús corre a los mercaderes del templo, transformado en una «cueva de ladrones».

Cristo «nos hace comprender dónde está la semilla del anticristo, la semilla del enemigo, la semilla que arruina su Reino». El apego al dinero. El corazón apegado al dinero, subrayó Bergoglio, «es un corazón idólatra» y recordó que Jesús dice que «no es posible servir a dos señores, a dos patrones», a Dios y al dinero. Y añadió que el dinero es «el anti-Señor», si bien podemos elegir: «el Señor Dios, la casa del Señor Dios que es casa de oración. El encuentro con el Señor, con el Dios del amor. Y el señor-dinero, que entra en la casa de Dios, siempre trata de entrar. Y estos que cambiaban el dinero o vendían cosas, alquilaban aquellos puestos, ¡eh!: a los sacerdotes… a los sacerdotes les alquilaban, después enteraba el dinero. Éste es ‘el señor’ que puede arruinar nuestra vida y nos puede conducir a que terminemos mal nuestra vida, incluso sin felicidad, sin la alegría de servir al verdadero Señor, que es el único capaz de darnos la verdadera alegría».

Se trata de «una elección personal», recordó el Papa, quien preguntó a los presentes: «¿Cómo es su actitud con el dinero? ¿Están apegados al dinero?». «El pueblo de Dios tiene una gran intuición, tanto para aceptar, en el hecho de canonizar como en el de condenar – porque el pueblo de Dios tiene capacidad de condenar – perdona tantas debilidades, tantos pecados a los sacerdotes; pero hay dos que no puede perdonar: el apego al dinero, cuando ve al sacerdote apegado al dinero, no perdona eso, o el maltrato a la gente, cuando el sacerdote maltrata a los fieles: esto el pueblo de Dios no puede digerirlo, y no lo perdona. Las otras cosas, las otras debilidades, los otros pecados… sí, no están bien, pero pobre hombre, está solo, es esto… y trata de justificar. Pero la condena no es tan fuerte y definitiva: el pueblo de Dios ha sabido comprender esto. El estado de señor que tiene el dinero y lleva a un sacerdote a ser patrón de una empresa o príncipe, o podemos ir hacia arriba…».

El Pontífice recordó a los “terafín”, los ídolos que Raquel, la esposa de Jacob, tenía escondidos: «es triste ver a un sacerdote que llega al final de su vida, está en agonía, está en coma y los sobrinos como buitres allí, viendo qué pueden aferrar. Denle este deleite al Señor: un verdadero examen de conciencia. ‘Señor, Tú eres mi Señor ¿o esto – como Raquel – este ‘terafín’ escondido en mi corazón, este ídolo del dinero?’. Y sean valerosos, sean valientes. Hagan elecciones. Dinero suficiente, lo que tiene un trabajador honrado, el ahorro suficiente, lo que tienen un trabajador honrado. Pero el interés no es lícito, esto es una idolatría. Que el Señor nos dé hoy a todos nosotros la gracia de la pobreza cristiana».

«Que el Señor – concluyó el Papa –  nos dé la gracia de esta pobreza de obrero, de aquellos que trabajan y ganan lo justo y no pretenden más».