Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Reducir la pobreza depende de acabar con la desigualdad y proteger la naturaleza

Lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible en 2030 aún es posible, pero exige un cambio urgente en la relación entre los seres humanos y la naturaleza, abordar el cambio climático, proteger la biodiversidad y reducir la desigualdad tanto social como de género, según un grupo de científicos que propone veinte medidas para esa transformación.

La Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible puede lograrse todavía, según un informe de las Naciones Unidas sobre el camino recorrido hasta ahora para lograrla que será lanzado ante los líderes mundiales en la próxima Asamblea General a finales de septiembre.

El informe The Future is Now: Science for Achiving Sustainable Development (el futuro es ahora: la ciencia al servicio del desarrollo sostenible), redactado por un grupo independiente de científicos advierte, sin embargo, que para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible de esa Agenda se debe plantear un cambio radical en términos medioambientales, económicos y sociales. Factores que están interconectados.

El documento, de 250 páginas, explica que alcanzar estos Objetivos exige fundamentalmente desacoplar el crecimiento económico y la degradación medioambiental, reduciendo al mismo tiempo las desigualdades sociales y de género en términos de riqueza, ingresos y acceso a las mismas oportunidades.

No será fácil

La cuestión es compleja y no existe una solución única que sirva para todos, por lo que las medidas para el cambio deben ser diferentes entre países en desarrollo y países desarrollados.

La amplia transformación que se necesita no será fácil. Hará falta una profunda comprensión científica para anticipar y mitigar las tensiones inherentes a un cambio estructural de esa naturaleza. Por ejemplo, aquellos que pierdan sus trabajos en la industria energética por el abandono de los combustibles fósiles deben recibir apoyo para lograr medios de vida alternativos.

Lo que sí está claro y es simple es que “generar el crecimiento económico a base de aumentar el consumo de bienes materiales ya no es una opción viable a nivel mundial”, según el informe, que ha sido presentado este miércoles en la sede de la Organización en Nueva York.

Las proyecciones indican que el uso de materiales a nivel planetario se duplicará prácticamente entre 2017 y 2060 pasando de 89 a 167 gigatoneladas, lo que conllevará un aumento de las emisiones de gases tóxicos, contaminantes y de efecto invernadero.

Según los científicos, el modelo actual de desarrollo ha brindado prosperidad a cientos de millones de personas pero, al mismo tiempo, ha llevado a la pobreza continua y otras privaciones a otros muchos millones. Además, ha creado unos niveles sin precedentes de desigualdad que socavan la innovación, la cohesión social y el crecimiento económico sostenible.

Por si fuera poco, ese modelo ha acercado al mundo a “puntos de inflexión del sistema climático mundial y en la biodiversidad”.

ONU/Predrag Vasic
Científicos autores del informe sobre la situación del desarrollo sostenible en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York.

Distintos puntos de partida

Como no todos los países empiezan desde el mismo punto de partida, los científicos reconocen que el crecimiento seguirá siendo necesario en los países más pobres, para garantizar la creación de infraestructuras y servicios sociales. Sin embargo, destacan que hacerlo de la manera tradicional, crecimiento primero y limpieza después, no es una opción.

Por su parte, los países desarrollados tienen que cambiar ya sus patrones de producción y consumo, limitando el uso de combustibles fósiles y de plásticos y animando al sector público y el privado a invertir en línea con los citados Objetivos.

En este sentido, el informe propone que las Naciones Unidas prueben la creación de un certificado de inversión financiera en sostenibilidad, con claras directrices, para alentar y recompensar a las industrias y mercados que contribuyan al avance del desarrollo sostenible, desalentando la inversión en aquellos que no lo hagan.

Para cambiar de rumbo, los científicos proponen veinte medidas concretas que deben transformar una serie de áreas de las actividades humanas, especialmente nuestros sistemas de producción y consumo de los alimentos y la energía, ya que son clave no sólo porque están llevando el medioambiente a esos puntos de inflexión, sino porque son áreas críticas para la salud y el bienestar.

Otro punto importante es la forma en la que gestionamos nuestras ciudades.

Sistema alimentario

El sistema alimentario debe sufrir cambios generalizados tanto en su infraestructura como en las normas sociales, culturales y políticas que respaldan el insostenible statu quo actual.

En la actualidad, aproximadamente 2000 millones de personas padecen por la carestía de alimentos y 820 millones están desnutridas. Al mismo tiempo, las tasas de sobrepeso, un rasgo de la pobreza, están creciendo en casi todas las regiones del mundo. Se estima que unos 2000 millones de adultos tienen un peso mayor que el que deberían, a los que se añaden cuarenta millones de niños menores de cinco años.

Para los países en desarrollo, se necesitan bases de protección social más fuertes que garanticen la alimentación de sus poblaciones, y así como las naciones ricas, también deben reducir el impacto ambiental de sus sistemas de producción y el desperdicio de alimentos y la dependencia de fuentes de proteínas de origen animal. También deben prestar atención a la desnutrición, incluido el sobrepeso de sus ciudadanos.

PNUD/Rob Few
Una cocina solar.

Sistema energético

Cerca de 1000 millones de personas no tienen acceso a la electricidad, predominantemente en África subsahariana, y más de 3000 millones dependen de combustibles contaminantes para cocinar que causan alrededor de 3,8 millones de muertes prematuras cada año.

Estas brechas de la desigualdad deben cerrarse, al mismo tiempo que se ha de aumentar la eficiencia energética y eliminar gradualmente la generación de energía basada en combustibles fósiles para que la economía mundial se descarbonice, en línea con las aspiraciones del Acuerdo de París para frenar el cambio climático.

La cantidad de energía renovable moderna en el suministro total de energía global ha aumentado en un promedio del 5,4% anual durante la última década. Mientras tanto, desde 2009 el coste de la electricidad renovable se ha reducido en un 77 por ciento para la energía solar fotovoltaica y en un 38% para la eólica terrestre.

Durante cinco años consecutivos, las inversiones globales en energía limpia han excedido los 300.000 millones de dólares anuales.

Sin embargo, el crecimiento adicional se ha visto obstaculizado por los subsidios directos e indirectos a los combustibles fósiles, que continúan distrayendo de sus verdaderos costos económicos, de salud y ambientales.

PNUD//Freya Morales
Parque eólico en las afueras de Nuakchot, capital de Mauritania.

 

Sistema urbanístico

Con dos tercios de la población mundial viviendo en ciudades en el año 2050, el informe encuentra que lograr la Agenda 2030 requerirá urbes más compactas y eficientes que cuenten con un mejor transporte público, mejores servicios sociales y una economía que proporcione medios de vida dignos y sostenibles, incluidos los que ofrecen la tecnología y la industria basada en la naturaleza.

Las asociaciones y hermanamientos entre ciudades pueden ayudar a los líderes municipales a desarrollar buenas prácticas y ampliar su experiencia.

Decidir con conocimiento

En el informe, el primero de su género, los expertos señalan la necesidad de que el conocimiento científico represente un gran papel en la toma de las decisiones. Las Universidades, los legisladores y los investigadores deben estrechar su colaboración.

Pero también consideran que la propia ciencia debe transformarse para cambiar sus actuales prioridades y encaminarse a una ciencia sostenible. La ayuda al desarrollo debe apoyar su capacidad y facilitar su acceso especialmente en el llamado Sur global.


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La transformación de un antiguo basurero en viviendas. Visita del Papa

Papa visita la Ciudad de la Amistad: la pobreza no es una fatalidad, hay esperanza

El Santo Padre visitó la obra misionera del padre Pedro Opeka: la comunidad Akamasoa construida encima de un basurero como signo de esperanza en medio de la pobreza y la destrucción. Francisco agradeció a todos por esta impresionante labor de dignidad humana y alentó a los jóvenes “a no bajar nunca los brazos ante la pobreza, ya que ser pobre no es una fatalidad, siempre hay esperanza”, dijo.

Ciudad del Vaticano

En la última jornada de su viaje apostólico a Madagascar y tras haber celebrado la Misa en el Campo Diocesano de Soamandrakizay, el Santo Padre visitó la “Ciudad de la Amistad” en la comunidad Akamasoa, una obra fundada en 1.989 por el padre Pedro Opeka, sacerdote argentino, miembro de la Congregación de la Misión (padres vicentinos-lazaristas), quien trabaja en Madagascar desde hace más de 30 años.

En medio de un basurero abandonado el misionero construyó una barriada de chabolas precarias que hoy se han convertido en casas de ladrillos, gracias a la ayuda de la fundación France Libertés y al trabajo de tantos voluntarios solidarios que quisieron aportar un granito de arena para el desarrollo de uno de los países más pobres del mundo.

Dios decidió permanecer con ustedes

Y fue precisamente este lugar, el cual Francisco quiso conocer de primera mano. Allí fue recibido por el padre Opeka, quien lo acompañó hasta el gimnasio Manantenasoa donde se reunieron unos 8.000 jóvenes.

Tras escuchar el canto de bienvenida, junto con el discurso del misionero argentino y las palabras de Fanny, una niña que habló en representación de toda la comunidad, el Papa les dedicó unas palabras de aliento animándolos a perseverar en este camino de lucha a pesar de las dificultades.

En primer lugar, el Pontífice manifestó su alegría por este especial encuentro en Akamasoa, “expresión de la presencia de Dios en medio de su pueblo pobre; un Dios que decidió vivir y permanecer en medio de ellos”.

Testimonio de Padre Pedro Opeka

Gritos de dolor transformados en esperanza

“Al ver sus rostros radiantes, doy gracias al Señor que ha escuchado el clamor de los pobres y que ha manifestado su amor con signos concretos como la creación de esta obra, construida con sus propias manos”- dijo el Papa- asegurando que sus gritos, fruto de la impotencia de vivir sin techo, de ver crecer a los niños en la desnutrición y de no tener trabajo; se han transformado en cantos de esperanza para ellos mismos y para todos los que los contemplan.

“Cada rincón de estos barrios, cada escuela o dispensario son un canto de esperanza que desmiente y silencia toda fatalidad. Digámoslo con fuerza, la pobreza no es una fatalidad”, añadió.

Una fe sin obras está muerta

Haciendo referencia a la enorme labor que hay detrás de la construcción de este barrio, y de la valentía de aquellos que junto al padre Opeka se aventuraron a transmitir el enorme tesoro del esfuerzo, la disciplina y la honestidad; el Papa recordó que en los cimientos de esta comunidad “encontramos una fe viva que se tradujo en actos concretos, capaz de mover montañas”.

 

“Una fe que permitió ver posibilidad donde sólo se veía precariedad, ver esperanza donde sólo se veía fatalidad, ver vida donde tantos anunciaban muerte y destrucción”, aseveró Francisco citando como ejemplo las palabras del apóstol Santiago: “la fe si no tiene obras está muerta por dentro” (St 2,17).

Jóvenes: no bajen nunca los brazos ante la pobreza

Asimismo, Francisco dedicó unas profundas palabras para los jóvenes de Akamasoa: “no bajen nunca los brazos ante los efectos nefastos de la pobreza, ni jamás sucumban a las tentaciones del camino fácil o del encerrarse en ustedes mismos”.

“Ahora les toca a ustedes continuar el trabajo que realizaron sus mayores”, dijo el Obispo de Roma, haciendo hincapié en que la fuerza para realizarlo se encuentra en su fe y en el testimonio vivo que sus mayores han plasmado en sus vidas”.

“Dejen que florezcan en ustedes los dones que el Señor les ha dado”, concluyó el Papa exhortándolos a pedir a Dios que los ayude a ponerse al servicio de sus hermanos y hermanas con generosidad.

Gracias por el testimonio profético y esperanzador

E invitando a todos a rezar para que Madagascar logre modelos de desarrollo que privilegien la lucha contra la pobreza y la exclusión social desde la confianza, la educación y el trabajo; el Santo Padre se despidió agradeciendo, una vez más, al padre Pedro, a sus colaboradores y a todos los amigos de Akamasoa, “por su testimonio profético y esperanzador”.

Posteriormente, Francisco se trasladó hacia la cantera de Mahatazana donde realizó una oración por los trabajadores.


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Madagascar: situación real y visita del Papa

MADAGASCAR-RELIGION-POPEMadagascar  (AFP or licensors)

Madagascar: expectativa ante la llegada del Papa en la capital malgache

En los estratos de pobreza generalizada y resistente, el Papa Francisco encuentra a un pueblo inmerso en dificultades y sonrisas, en hambre y la mansedumbre, en riesgo de desviarse, pero capaz de celebrar y acoger. Manos extendidas para pedir comida, manos extendidas para ofrecer alegría y liberación

Antonella Palermo – Antananarivo

A lo largo de la estrecha carretera de una docena de kilómetros desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad, se ve en continuación a tantos niños, mujeres con bebés en sus brazos, vendedores ambulantes de carne de cebú y harinas, una larga fila de furgonetas y coches viejos que atascan el tráfico en una de las pocas vías de comunicación de esta zona.

Sembrador de paz y esperanza

Las banderas de la Ciudad del Vaticano flanquean junto a las de este país en algunos de los principales cruces en que se ve en los carteles la figura del Papa y el lema de la visita: “Sembrador de paz y esperanza” que destacan asimismo cerca de los lugares que se verán más interesados por el paso del Pontífice. En las zonas pantanosas detrás de las pistas de vuelo, algunos hombres excavan para extraer plantas para alimentar a los animales. Más allá están los campos de arroz, con las mujeres curvadas en el agua fangosa que parecen arrancar los días de la tierra. En los bordes, los trozos de ladrillos de arcilla crean ramificaciones y geometrías inestables. Son los propios niños, en gran medida, quienes los construyen. Los venden – nos dicen – y, junto con algunos adultos, custodian las interminables filas de comida expuestas al polvo y al sol de la altiplanicie, a los juegos y a la ropa de tercera y cuarta mano.

La apuesta por los jóvenes, el alma de este pueblo

“Aquí, a los cuarenta años eres viejo”, nos dicen en algunas parroquias, mientras ultiman los preparativos para recibir al Papa. La mala salud socava las energías y rara vez hace que los hombres y las mujeres tengan una visión de futuro y sean emprendedores. Precisamente en la brecha entre el desencanto y la apuesta, la visita del Santo Padre es percibida como una fuente providencial, una oportunidad para un potencial renacimiento. A la fe en Jesucristo se la siente como un recurso importante y los que trabajan aquí en la formación de los nuevos sacerdotes esperan que “la presencia del Papa la arraigue profundamente”. Aunque, de hecho, hay muchos jóvenes que asisten a las actividades parroquiales, no pocos se sienten atraídos por otras cosas en los últimos años. Por lo tanto, consolidar la fe católica en un contexto en el que la difusión de las prácticas sectarias es muy consistente y coexiste con las demás formas arraigadas de cultos tradicionales, es uno de los principales retos que son el telón de fondo de la llegada del Papa a esta gran isla.

La Iglesia, catalizador contra corrupción y delincuencia

El guía que nos acompaña en el centro de la capital nos advierte que tengamos cuidado, incluso durante el día, y también en los centros habitados: el riesgo de la delincuencia, de la violencia contra los turistas y los operadores extranjeros parece ser un lugar común. “Esperamos que la visita del Papa traiga un soplo de aire fresco con repercusiones de buena convivencia civil en nombre de la promoción y el bienestar humano”: esto es lo que esperan los agentes pastorales, pero también los que se dedican a actividades comerciales y que desean mejorar el espíritu de iniciativa económica y social del pueblo malgache desde dentro.

La Iglesia está en primera línea en este frente, hasta el punto de considerar la cita central de la vigilia con el Papa, el sábado 7 de septiembre, un acontecimiento equivalente a una Jornada Mundial de la Juventud: se estima la llegada de unas ochocientas mil personas de toda la isla.

La Madagascar que espera al Papa

06 septiembre 2019, 15:33


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Nuevas formas de la pobreza en el mundo (ONU)

La pobreza se extiende por todas partes, pero de forma muy desigual

Banco Mundial//Jamie Martin
Niños acuden al reparto de comida diaria en una zona pobre de Ecuador.

11 Julio 2019

Nuevos datos cuestionan los conceptos tradicionales de “ricos” y “pobres”. La pobreza multidimensional está presente en todas partes, según el último informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, pero su reparto es muy desigual tanto entre las distintas regiones como dentro de los países. El reporte destaca que naciones como Perú han logrado reducir este flagelo.

El Índice de Pobreza Multidimensional de 2019, que mira más allá del ingreso monetario y muestra cómo la pobreza es la experiencia de enfrentar carencias múltiples y simultáneas, tales como la falta de acceso a los servicios de salud, a un trabajo digno o la exposición a la violencia, destaca que el concepto tradicional de pobreza resulta obsoleto. Los nuevos datos demuestran con mayor claridad que nunca que etiquetar a los países, incluso a los hogares, como ricos y pobres conlleva una simplificación excesiva.

El reporte revela la profunda desigualdad que existe en el reparto de ese flagelo tanto entre los distintos países y regiones del mundo, como en el interior de los países.

“Para combatir la pobreza necesitamos saber dónde viven las personas pobres. No están distribuidas uniformemente en cada país, ni siquiera dentro los hogares”, explica el administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Achim Steiner, para quien el Índice ofrece la información detallada que necesitan los responsables políticos para elaborar políticas mejor dirigidas y más efectivas”.

El documento confirma los datos del año pasado acerca de que, en 101 países estudiados, 1300 millones de personas viven en la pobreza multidimensional, un 23,1% de su población. Unos 886 millones lo hacen en países de renta media y 440 en los de renta baja.

“Esto muestra que el desafío de reducir la pobreza multidimensional no se limita a los países de bajos ingresos”, asegura el informe, que afirma que “la pobreza está en todas partes”.

África subsahariana y Asia del sur, las regiones con más pobres

© UNICEF/Andrea Campeanu
Pobreza en Juba, Sudán del Sur.

No obstante, el África subsahariana y el sur de Asia albergan la mayor proporción de pobres, alrededor del 84,5%.

Dentro de estas regiones, el nivel de desigualdad se describe como “enorme” ya que, en África, la pobreza varía entre el 6,3% en Sudáfrica y el 91,9% en Sudán del Sur, mientras que en el sur de Asia es del 0,8% en Maldivas frente al 55,9% de Afganistán.

Además, muchos de los países estudiados en el informe muestran “grandes” niveles de desigualdad interna: en Uganda, por ejemplo, la incidencia de la pobreza multidimensional en las diferentes provincias varía desde el 6,0% en Kampala hasta el 96,3 por ciento en Karamoja.

La desigualdad en el reparto de la pobreza multidimensional también alcanza a la edad ya que la mitad de los 1300 millones de pobres en esta categoría son menores de 18 años y un tercio, son niños menores de 10 años.

La gran mayoría de estos niños, alrededor del 85 por ciento, vive en el sur de Asia y en el África subsahariana, divididos a partes iguales entre las dos regiones. El panorama es particularmente grave en Burkina Faso, Chad, Etiopía, Níger y Sudán del Sur, donde el 90% o más de los niños menores de 10 años, se consideran pobres multidimensionalmente.

El caso de Perú

Pero los nuevos datos también muestran una tendencia positiva: los más rezagados son los que más rápido están progresando. El estudio examina cada año el caso diez países para observar los patrones de las políticas de reducción de la pobreza, el Objetivo número 1 de los 17 que componen la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible.

“Estudiamos los datos de un grupo de diez países de renta media y baja y obtuvimos resultados esperanzadores, ya que el 40 por ciento más pobre de la población ha avanzado más rápido que el resto”, señala Sabina Alkire, quien dirige la preparación del Índice. “Una tendencia en favor de los pobres que reduce las desigualdades en varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

Los datos de estos diez países señalan que 270 millones de personas salieron de la pobreza multidimensional en el tiempo transcurrido entre las dos encuestas comparadas.

De la región de América Latina, el informe de este año observa la situación de Perú, país en la categoría de ingresos medios altos y destaca que, junto con India y Etiopía, ha logrado reducir significativamente los niveles de privación en los diez indicadores que componen el Índice.

Perú ha hecho avances especialmente en el acceso a la energía limpia, la electricidad y la vivienda, menciona el informe. Además, la reducción de la pobreza en las zonas rurales del Perú superó a la de las zonas urbanas contrario a la tendencia en el continente.

500 millones más de pobres

El Índice muestra cada año la incidencia de la pobreza multidimensional en el mundo. El experto del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Pedro Conceição, explica que cuando la pobreza se mide en todas sus dimensiones “encontramos que unos 500 millones de personas más se añaden a la lista de pobreza extrema” frente a la medición más clásica que solo tienen en cuenta el nivel de ingresos.

“Esto nos da una imagen mucho más completa, así como indicaciones para saber hacia dónde apuntar las políticas públicas para abordar las privaciones de la gente: ¿es más en salud? ¿en educación? O en otros aspectos que pueden permitir a las personas salir de la pobreza si se hacen inversiones en esos apartados”, comenta.


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La pobreza entre las nuevas prioridades de los jesuitas.

Pope Francis greets an elderly woman as he meets with people of Banado Norte, a poor neighborhood in Asuncion, Paraguay, July 12, 2015. (CNS photo/Paul Haring) 

On Feb. 19, the Society of Jesus sent out to its members a letter detailing four “universal apostolic preferences,” approved by Pope Francis, that are to guide the life and work of the Jesuits over the next 10 years. They center around Ignatian spirituality, poverty, youth and the environment. The second preference, walking with the poor, provides an opportunity for the Jesuits to change their way of life and make their mission more credible.

St. Ignatius explains the 30-day retreat he calls Spiritual Exercises as a “way of preparing and disposing the soul to rid itself of all inordinate attachments, and, after their removal, of seeking and finding the will of God in the disposition of our life for the salvation of our soul.” Anything that can help people find the will of God is of universal and permanent value for all believers.

The apostolic preference of “walk[ing] with the poor, the outcasts of the world, those whose dignity has been violated, in a mission of reconciliation and justice” follows from two key meditations in the Spiritual Exercises. But the meaning of that preference could be missed. It is not about directly working for the poor, although it certainly includes that. Essentially, it is living like the poor.

The second preference, walking with the poor, provides an opportunity for the Jesuits to change their way of life and make their mission more credible.

Because Jesuit life is based on the Exercises, my assumption is that this preference is grounded, first, on the “Kingdom meditation,” in which Jesus invites us to “labor with” him to establish the reign of God on earth. But the response Ignatius proposes makes clear that the invitation is more to a way of life than to a particular kind of work: “Eternal Lord of all things…this is the offering of myself which I make…to imitate you in bearing all wrongs and all abuse and poverty, both actual and spiritual, should your most holy majesty choose to admit me to such a state and way of life” (emphasis added).

This is reinforced in the meditation on the “Two Standards,” in which Ignatius identifies the respective strategies of the devil and of Jesus. The devil tempts people to two things that are not in and of themselves sinful—to seek wealth and prestige—but nevertheless set people up for the sin of all sins, pride.

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The strategy of Jesus to combat pride is to urge people to embrace two things that in and of themselves are not good but that together lead to one great good. The first, writes Ignatius, is “poverty as opposed to affluence”; the second is “insults or contempt as opposed to the prestige of this world.” These prepare the ground for us to receive the third virtue: “humility as opposed to pride.” This strategic insight may be St. Ignatius’ greatest contribution to theology.

If the clergy follows Pope Francis’ example, the public image of the church might be transformed from one of wealth and prestige to one of poverty and humility.

We see a sterling example of humility in Pope Francis. One of his first notable acts when elected was to move out of the papal palace. The first Jesuit pope refused the honorific titles and trappings of papal protocol and made himself available to the poor. Francis has changed the entire image of the papacy and our expectation of how a pope should act. If the hierarchy and clergy follow his example, the public image of the entire church might be transformed from its image of wealth and prestige to one of poverty and humility.

I was a Jesuit for 32 years. I left because I felt called to help form a new religious order (which did not work out). Though I was critical of the way we Jesuits were living out our vow of poverty and made my criticism known in talks and in the Jesuit publication Studies in the Spirituality of Jesuits,” my issues with poverty were not the reason I left. I was satisfied I could live personal poverty, even if communal poverty was not all that it should be. But since St. Ignatius calls poverty the “outer bulwark” of religious life, I believed then and still do that the Jesuits needed to defend it as a first priority.

It is to this that the Jesuits have dedicated themselves: to “walk with the poor and outcasts of the world” by living like them in “bearing all wrongs and all abuse and poverty,” according to the Spiritual Exercises. And in this way to embrace the “mission of reconciliation and justice.”

It is to this that the Jesuits have dedicated themselves: to “walk with the poor and outcasts of the world.”

To “walk with” is to accompany. It is to do for the poor what God did for the human race by becoming one of us. Jesus validated humanity by becoming Emmanuel, “God with us.” Henceforth, nothing human can be despised. By becoming poor with the poor, the Jesuits will validate the “outcasts of the world, those whose dignity has been violated.”

To paraphrase Philippians 2:5 and Hebrews 4:15, to “walk with the poor” is to let the same mind be in us that was in Christ Jesus, who, though he was rich, emptied himself, being born in poverty. It is to give to the poor ministers able to sympathize with what they experience, being in every respect as they are, except in what is dehumanizing or detrimental to the greater good.

Jesuit poverty should be as dramatically visible and shocking as the incarnation of Jesus. This statement only repeats Pope Paul VI, who defined Christian witness as a lifestyle that “stirs up irresistible questions in the hearts of those who see how they live: Why are they like this? Why do they live in this way?” Jesuits should live in a way that raises eyebrows. Anybody who sees a Jesuit on the street should be able to identify him as one who is at home with “the poor and outcasts of the world.”

Jesuit poverty should be as dramatically visible and shocking as the incarnation of Jesus.

Many Jesuit schools educate primarily the wealthy. True, these high schools and colleges work hard to enroll as many poor students as possible. Nevertheless, in working with the sons and daughters of the upper classes, one can easily slip into the trappings of the upper classes. Should the Society take its men out of these schools or accept the challenge of living a poor lifestyle within them?

Living a poor lifestyle is a communal challenge. Rick Thomas, S.J., who worked with the poor in El Paso, Tex., told me of his frustration when, at a Jesuit meeting in Mobile Ala., he was served steak. “The people I work with get a piece of meat like this maybe once a year,” Father Thomas said. “I don’t want to eat steak. But it’s all there is.” Not uncommon is the story of a college faculty member who was regularly invited to dinner at a Jesuit community and told one of his hosts: “I love dinner with the Jesuits. I can’t afford to eat like that myself.”

So how does one live poverty when it is not a communal commitment? That is the gauntlet the Jesuits have just taken up. Their second apostolic preference, as I understand it, is to make poverty real.

Making poverty real can be done, beginning with individual choices. Though surrounded by Vatican affluence, Pope Francis lives simply. In Father Thomas’s biography, the photo of his room is austere. Unlike most Franciscans, Jesuits don’t wear a habit, but nothing would keep them from wearing inexpensive clothes from the Goodwill store.

Making poverty real can be done, beginning with individual choices.

Do these examples sound ridiculous? Is this unrealistic? Here is where the call to discernment comes in. When he was a missionary in Japan in the 1500s, St. Francis Xavier discovered he could only win over the Japanese for Christianity by converting the ruling class. To do this, he and his companions presented themselves as dignitaries. It bore fruit by gaining them access to scholars and other religious and civil leaders they would not have encountered otherwise.

 

But each situation calls for a new discernment. The benefits and witness of authentic poverty in our time and place and culture are too predictable to be abandoned lightly. And discernment demands detachment. A few years ago, a Jesuit province in the United States decided it had to close one of its high schools because of the low number of Jesuits available for that ministry. It wasn’t clear, however, which school should be closed. The faculty of each school in the province was asked to engage in communal discernment to determine whether their school was the one that should be closed. A Jesuit priest said that in prayer he came to believe that the school where he lived should remain open.

But at breakfast the next morning, this priest reported a change of heart. He said to his fellow Jesuits: “It occurred to me when I was shaving this morning that this is the only school we staff where I would have a private bathroom. I think that had a lot to do with my discernment!”

The Jesuits will only be able to bring about significant changes in the Society of Jesus—and in the world—through a communal conversion to overcome individualism and develop a visible lifestyle that gives concrete credibility to their decision to “walk with the poor.”

This is the challenge the Jesuits have embraced. That they will be equal to it is my prayer for them and my plea.


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Iniciativas en la tercera jornada mundial de los pobres

Foto Archivo Almuerzo del Papa con los pobres el 17 noviembre del 2017Foto Archivo Almuerzo del Papa con los pobres el 17 noviembre del 2017  (Ossevatore Romano)

Jornada Mundial de los pobres. Almuerzo con el Papa entre las iniciativas

A las 11 y media, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, tuvo lugar la Conferencia de prensa de presentación del Mensaje del Santo Padre para la III Jornada Mundial de los Pobres. Intervinieron el presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, Mons. Rino Fisichella y el sub secretario del dicasterio, Mons. Graham Bell

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

«La esperanza de los pobres nunca se frustrará» (Sal 9,19) es el título del Mensaje del Papa Francisco para la tercera Jornada Mundial de los Pobres que se lleva a cabo el 17 de noviembre

Intervención de Mons. Fisichella:

“A veces se necesita poco para restaurar la esperanza: basta detenerse, sonreír, escuchar”

Por un día dejamos de lado las estadísticas, dijo el prelado, los pobres no son números a los que apelar para presumir de obras y proyectos. Los pobres son personas a las que hay que ayudar: son jóvenes y viejos solos, que se les invita a compartir una comida; Hombres, mujeres y niños esperando una palabra amistosa “(n. 9). Es con esta expresión del Papa Francisco, dijo Mons. Fisichella, que uno puede releer su Mensaje para la Tercera Jornada Mundial de los Pobres que se celebrará como es ya tradición el domingo precedente a la Solemnidad de Jesucristo, el Rey del universo, con el cual termina el Año Litúrgico, este año será el próximo 17 de noviembre.

El tema central de este Día será la expresión mediada por el Salmo: “La esperanza de los pobres nunca se frustrará” (Sal 9,19). Una mirada y una acción de esperanza, por lo tanto, surgen de las palabras del Papa Francisco porque, dijo el prelado, sobre todo, los pobres tienen que vivir este momento con la certeza que proviene de la confianza en la intervención del Señor. En su Mensaje, el Papa ofrece a través de las palabras del salmista, que presenta una situación actual impresionante con nuestros tiempos a pesar de la distancia temporal, una hermosa definición de los pobres: “Él es el hombre de confianza” (No. 3). Él, es decir, quien “confía en el Señor” porque lo conoce; es decir, tiene una “relación personal de afecto y amor” con Dios.

Reflexionar sobre formas de pobreza y acción concreta para ofrecer esperanza

Es en esta perspectiva que la trama del Mensaje se despliega con el objetivo de hacernos reflexionar sobre dos coordenadas: la descripción de las nuevas formas de pobreza que están bajo nuestros ojos todos los días, y la acción concreta de aquellos que con su testimonio puede ofrecer esperanza. Mons. Fisichelle se refirió a la expresión de Don Primo Mazzolari: “Los pobres son una protesta continua contra nuestras injusticias; El pobre es un polvorín. Si los enciendes, el mundo explota”(No. 4), permite al Papa Francisco provocar a aquellos que parecen sordos e indiferentes al sufrimiento de “millones de hombres, mujeres, jóvenes y niños … que recorren las calles de nuestras ciudades “. (No. 2).

A partir de aquí, comienza una reflexión sobre el compromiso concreto que los cristianos -y con ellos los que tienen la solidaridad de corazón y viven para la redención de los pobres, de su dignidad y en favor de la justicia- están llamados a expresar “en la vida ordinaria de cada día “. Un compromiso que “no consiste solo en iniciativas de asistencia que, si bien son loables y necesarias, deben apuntar a aumentar en todos, la atención total que se debe a cada persona que está en peligro” (No. 7). En resumen, el Papa Francisco vuelve a un tema que le es especialmente querido: “Los pobres, en primer lugar, necesitan a Dios, su amor se hace visible por las personas santas que viven a su lado, que en la sencillez de sus vidas expresan y hacen surgir la fuerza del amor cristiano”.

Iniciativas en semana antes de la celebración de la Jornada

Más concretamente, pero a su debido tiempo se comunicará, el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, como coordinador  del evento, propondrá varias iniciativas que encontrarán su expresión más inmediata la semana anterior con la realización de un Presidio Sanitario en la Plaza de San Pedro. De hecho, como se ha hecho el año pasado, el prelado informa que será un verdadero hospital móvil con diferentes especializaciones, donde los necesitados pueden recibir atención médica gratuita. Con la experiencia del año pasado, será posible aumentar tanto el número de nuevas especializaciones médicas como la presencia de muchos médicos voluntarios. El año pasado, solo como ejemplo, dijo, se brindaron más de 3000 atenciones médicas, y con un sentido de alegría y responsabilidad podemos decir que las vidas se salvaron realmente. En cuanto a las enfermedades infecciosas (cirrosis del hígado, VIH, tuberculosis) podemos decir que se realizaron 203 intervenciones en personas de edad promedio de 40 años; El 75,4% nunca había realizado una prueba; 6/10 personas dieron positivo para cirrosis, 1 para VIH, 41/132 para Mantoux (tuberculosis), 77.8% estaban desempleados y 19.7% subempleados; Se salvaron 3 personas a punto de tener un ataque al corazón … en resumen, un servicio que fue un signo concreto de esperanza para muchos de los que se encuentran en la calle y que a menudo son fantasmas.

Del resto, se propondrá el almuerzo con el Santo Padre en el Aula Pablo VI para 1500 pobres de diferentes partes de Italia y Europa, que seguirá a la celebración de la Santa Misa en San Pedro. Finalmente, en la tarde del 9 de noviembre, tendremos la III edición del Concierto “Con los pobres por los pobres” siempre en el Aula Pablo VI, en el que participará el Maestro ganador del Oscar Nicola Piovani, junto con el maestro Mons. Marco Frisina.

Por último, Mons. Fisichella dijo que el Mensaje de este año parece concluir un primer paso. En 2017: “No amamos con palabras sino con hechos”, se refirió a una acción concreta que expresa la caridad; en 2018: “Este pobre clamor y el Señor lo escucha”, se evocó el tema de la confianza y la fe, de quienes se confían a Dios con todo su ser; en 2019: “La esperanza de los pobres nunca se frustrará”, se refiere a la esperanza, si así lo desea, en la visión de C. Péguy, descrita como la hermana menor de la fe y la caridad; Es el más pequeño, el oculto, pero lleva a los otros dos y les da la fuerza necesaria.

Intervención de Mons. Graham Bell

Mons. Bell por su parte, dijo que la Segunda Jornada de los pobres celebrada el pasado noviembre, tuvo un eco no sólo en Roma sino también en las diócesis dispersas en todo el mundo. Las noticias llegaron al Consejo Pontificio de muchas iniciativas que van desde algunas a nivel parroquial hasta las de la diócesis, que incluyen toda la acción de la Iglesia, desde la liturgia hasta iniciativas particulares destinadas a mejorar las vidas de los más desfavorecidos, cuya vida está marcada por todo lo que proviene de la pobreza económica en términos de salud física y espiritual.

“También ha habido iniciativas dirigidas a emular lo que el Papa Francisco hizo en Roma, con almuerzos organizados para los pobres. Un ejemplo puede ser suficiente para los muchos otros que no podemos nombrar: el de la Diócesis de Ales-Terralba que, en San Gavino Monreale, organizó un almuerzo para los pobres en el contexto de una iniciativa que, además del almuerzo con los pobres, lo unió con testimonios y celebraciones litúrgicas en un intento por hacer que todos tomen conciencia de la necesidad de una atención especial a los pobres, que son una forma peculiar de la presencia del Resucitado en nuestro medio”.

Siempre en Europa, la Arquidiócesis de Westminster, dijo el prelado, ha invitado, con gran éxito, a escuelas y parroquias a emprender iniciativas para ayudar a los pobres, centrando la atención en los bancos de alimentos, pero también en la necesidad de católicos individuales que le den una mano a cuantos los rodean, prestando especial atención a los ancianos y los solitarios, a menudo los más sujetos a una soledad que se está extendiendo cada vez más en nuestra cultura occidental. En Alemania, la Arquidiócesis de Berlín organizó un banquete para las personas sin hogar y vulnerables de la ciudad en la Catedral de Saint Edwige, cerrada por su restauración pero abierta para esta ocasión, donde el Arzobispo recibió a unos 300 invitados y 140 ayudantes de parroquias locales.

América celebrando también la Jornada Mundial de los Pobres

Al ir a América del Norte, la parroquia de la Iglesia de los Primeros Pueblos del Sagrado Corazón (Sacred Heart Church of the First Peoples )en Edmonton, Alberta, dijo Mons. Bell, ofreció, con la participación del Arzobispo Richard Smith, un almuerzo para los pobres, incluidos los desamparados, los desempleados, y drogadictos. En México, los Obispos publicaron una Carta, cuyo título recuerda el lema del Día Mundial de los Pobres 2018, o “Los gritos de los pobres”, para llamar la atención sobre la Jornada, que también es una reflexión sobre quién es este momento es pobre en el contexto mexicano. La carta dice: “Hoy escuchamos los gritos de enfermos y desalojados, de desempleados y subempleados, de mujeres maltratadas y familiares de personas desaparecidas, de niños maltratados, de aquellos que están marginados por tener habilidades diferentes y muchos otros”. El documento continúa, expresando la gratitud de la Conferencia Episcopal por el “cuidado pastoral y acompañamiento, liderado por la Comisión de Movilidad Humana, en los 133 albergues y centros de recepción y orientación de nuestra Iglesia”.

El prelado concluyó suintervención, diciendo que la Jornada Mundial de los Pobres se está consolidando. “Les he ofrecido algunos ejemplos pequeños entre los miles de los cuales somos conscientes, pero a partir de estos pocos ejemplos podemos vislumbrar una Iglesia que está convencida de que se debe prestar especial atención a los pobres como una forma completamente privilegiada de la presencia del Resucitado en medio de nosotros, y por lo tanto, deben ser recibidos, servidos y amados si queremos ser coherentes con nuestra vocación bautismal. La intuición del Papa Francisco, por lo tanto, permanece como una acción concreta que esa semana está llena de iniciativas para llevar al domingo como punto culminante”.


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Mensaje del Papa para la tercera jornada de los pobres

Mensaje del Papa para Jornada Mundial de los PobresMensaje del Papa para Jornada Mundial de los Pobres 

Jornada de los pobres. Papa: no son números sino personas que necesitan ayuda

Los pobres son tratados como basura, sin embargo, el Reino de Dios les pertenece y en ellos hay un poder salvador. Así escribe el Papa en su Mensaje para la Tercera Jornada Mundial dedicada a cuántos la sociedad de hoy juzga, descarta, trata con retórica y soporta. Es tarea de los cristianos sembrar entre ellos la esperanza y la confianza

Gabriella Ceraso – Ciudad del Vaticano

«La esperanza de los pobres nunca se frustrará» (Sal 9,19). Las palabras del Salmo son el título del Mensaje del Papa en esta Tercera Jornada Mundial de los pobres que el Pontífice ha instituido al concluir el Jubileo de la Misericordia que es el 17 de noviembre. Los protagonistas son hombres, mujeres, jóvenes, niños: víctimas de la nueva esclavitud que los convierte en inmigrantes, huérfanos, personas sin hogar, marginados. Los pobres son el fruto cada vez más numeroso de una sociedad con fuertes desequilibrios sociales que construye muros y barras en las entradas y que le gustaría deshacerse de ellos; pero también son aquellos que “confían en el Señor” y la Iglesia, como todo cristiano, está llamada a un compromiso particular hacia ellos.

Desarrollo, desigualdad y nueva esclavitud

 

El tema del Mensaje es, por lo tanto, el Salmo cuyas palabras, explica el Papa, manifiestan ante todo una “actualidad increíble”. Hoy, como en el momento de la composición del Salmo, un “gran desarrollo económico” ha generado una desigualdad como para enriquecer a grupos de personas a costa de una masa cada vez más pobre: personas indigentes que “carecen de lo necesario” y “privilegiadas” que “sin ningún sentido de Dios” dan la caza a los pobres para “tomar incluso lo poco que tienen” y esclavizarlos. Aquí están los “nuevos esclavos” que Francesco designa: familias obligadas a emigrar a vivir, huérfanos explotados, jóvenes desempleados por “políticas miopes”, inmigrantes “víctimas de intereses” y explotación, prostitutas, drogadictos, muchos “sin hogar y marginados” que caminan sin rumbo en nuestras ciudades:

“¡Cuántas veces vemos a los pobres en los basureros recogiendo el fruto del descarte y de lo superfluo, para encontrar algo para alimentarse o vestirse! Al convertirse en parte de un vertedero humano, son tratados como basura, sin que ningún sentimiento de culpa invierta en aquellos que son cómplices de este escándalo. Considerados a menudo parásitos de la sociedad, a los pobres no se le perdona ni siquiera su pobreza. El juicio está siempre en alerta. No pueden darse el lujo de ser tímidos o desanimados, son percibidos como amenazantes o incapaces, simplemente porque son pobres”.

Pobre sin esperanza en la sociedad

Y “el drama en el drama” agrega el Papa, a los pobres de hoy se les ha quitado la esperanza de “ver el final del túnel de la miseria”, tan es así que se ha llegado a “teorizar y realizar una arquitectura hostil para deshacerse de su presencia también en las calles, últimos lugares de acogida “. Los pobres “tratados con retórica”, “soportados con molestia”, “cazados” como en una “expedición de caza”, no quieren al final nada más que volverse “invisibles”, “transparentes”:

“Deambulan de una parte a la otra de la ciudad, con la esperanza de conseguir un trabajo, una casa, un afecto … Toda eventual posibilidad ofrecida se convierte en un destello de luz; sin embargo, incluso cuando al menos la justicia debería vislumbrar, a menudo se enfurece contra ellos con la violencia del abuso. Se ven obligados a pasar interminables horas bajo el sol abrasador para cosechar los frutos de la temporada, pero son recompensados con una paga miserable; no tienen seguridad laboral ni condiciones humanas que les permitan sentirse iguales a los demás. Para ellos no hay pagos redundantes, indemnizaciones, ni siquiera la posibilidad de enfermarse”.

Los pobres confían en el Señor: su clamor abraza la tierra

La descripción que hace el salmo está coloreada de “tristeza por la injusticia, el sufrimiento y la amargura que afecta a los pobres”. Pero a pesar de esto, señala el Papa, el Salmo “ofrece una hermosa definición de los pobres”. Él es el que “confía en el hermoso Señor” (ver v.11) y en esta confianza —señala— existe la “certeza de que nunca será abandonado”, por lo tanto, siempre vive en la presencia de ese Dios que lo recuerda “. Y Dios, el Papa subraya nuevamente retomando las palabras del Salmo, es “quien hace justicia y no olvida”:

Se pueden construir muchos muros y se pueden bloquear las entradas para ilusionarse con sentirse seguros con las riquezas propias en detrimento de quienes dejan afuera. No será así para siempre. El “día del Señor”, como lo describen los profetas (ver Am 5.18; Is 2-5; Gl 1-3), destruirá las barreras creadas entre los países y reemplazará la arrogancia de unos pocos con la solidaridad de muchos. La condición de marginación en la que se acosa a millones de personas no durará mucho. Su grito aumenta y abraza a toda la tierra.

Revivir la esperanza y restaurar la confianza

Qué apremiante es el llamado que las Sagradas Escrituras confían a los pobres, oprimidos y postrados, pero siempre amados: “Jesús nunca tuvo el temor de identificarse con cada uno de ellos”, a ellos en las Bienaventuranzas les dio el Reino de Dios a ellos y a ellos, Jesús “siempre ha demostrado ser un padre generoso e inagotable en su bondad”. Aquí, escribe el Papa, lo que Jesús comenzó, colocando a los pobres en el centro, nos debe servir como enseñanza:

“Él inauguró, pero nos encomendó a nosotros, sus discípulos, la tarea de llevarlo adelante, con la responsabilidad de dar esperanza a los pobres. Es necesario, especialmente en un período como el nuestro, revivir la esperanza y restaurar la confianza. Es un programa que la comunidad cristiana no puede subestimar. La credibilidad de nuestra proclamación y el testimonio de los cristianos depende de ello.

Tocar la carne de Cristo, comprometerse en el servicio

La Iglesia es “pueblo”, aclara una vez más Francisco, con la vocación de “no hacer sentir a nadie extranjero o excluido” porque todos están involucrados en el mismo “camino de salvación”:

“Más bien, estamos llamados a tocar la carne para comprometidos en un servicio que es la auténtica evangelización. La promoción social de los pobres no es un compromiso externo en el anuncio del Evangelio, por el contrario, muestra el realismo de la fe cristiana y su validez histórica. El amor que da vida a la fe en Jesús no permite a sus discípulos encerrarse en sí mismos, en un individualismo asfixiante, oculto en segmentos de intimidad espiritual, sin ninguna influencia en la vida social.

Como Jean Vanier, testigos de la esperanza cristiana

 

Un ejemplo de “el gran apóstol de los pobres”, capaz de escuchar “su clamor” y de producir esperanza en ellos, fue Jean Vanier, a quien el Papa menciona en su Mensaje definiéndolo el “santo de al lado”. Fallecido el pasado mayo a la edad de 90 años, Vanier fundó L’Arche, una comunidad de acogida para personas con discapacidades, activa en todo el mundo con cerca de 150 centros: con su compromiso diario, el Papa escribe, “creó signos tangibles del amor concreto, y así ha producido una esperanza inquebrantable “. Aquí está entonces, el compromiso que Francisco le pide a los cristianos para que no se traicione su credibilidad. La “opción para los últimos” debe ser una “elección prioritaria” y no debe consistir únicamente en “iniciativas de asistencia”. Necesitamos un “cambio de mentalidad” y un “compromiso continuo a lo largo del tiempo”:

No es fácil ser testigos de la esperanza cristiana en el contexto de la cultura del consumo y del descarte, siempre orientada a aumentar el bienestar superficial y efímero. Es necesario un cambio de mentalidad para redescubrir lo esencial y dar cuerpo e incisión al anuncio del reino de Dios. La esperanza también se comunica a través del consuelo, que se realiza acompañando a los pobres no por unos momentos llenos de entusiasmo, sino con un compromiso que continúa en el tiempo. Los pobres adquieren verdadera esperanza no cuando nos ven gratificados por haberles dado algo de nuestro tiempo, sino cuando reconocen en nuestro sacrificio un acto de amor gratuito que no busca recompensa.

Llamamiento a los voluntarios: más dedicación y diálogo fraterno

Con un llamamiento específico, el Papa se dirige a los voluntarios que “percibieron por primera vez la importancia de prestar atención a los pobres” y les pide que se unan en la dedicación, “para buscar lo que realmente necesita cada persona pobre”, “bondad de su corazón” más allá de las culturas, de “formas de expresarse”. Esto requiere dejar de lado “las divisiones que provienen de visiones ideológicas o políticas”:

“En primer lugar, los pobres necesitan a Dios, su amor hecho visible por las personas santas que viven a su lado, que en la sencillez de sus vidas expresan y resaltan la fuerza del amor cristiano. Dios usa tantos caminos e infinitas herramientas para alcanzar los corazones de las personas. Por supuesto, los pobres también se acercan a nosotros porque les estamos distribuyendo alimentos, pero lo que realmente necesitan va más allá del plato caliente o el sándwich que ofrecemos. Los pobres necesitan de nuestras manos para levantarse, nuestros corazones para sentir nuevamente el calor del afecto, de nuestra presencia para superar la soledad. Simplemente necesitan amor.

Los pobres no son números sino personas a las que hay que ayudar

 

En este sentido, el Papa enfatiza lo poco que se necesita para “restaurar la esperanza” y qué “fuerza salvadora” hay en los pobres, una fuerza visible y experimentable con la fe y no con los “ojos humanos”:

A veces se necesita poco para restaurar la esperanza: basta detenerse, sonreír, escuchar.  Por un día, dejamos de lado las estadísticas; Los pobres no son números a los que apelar para presumir de obras y proyectos. Los pobres son personas a las que hay que ayudar: son jóvenes y viejos solos, que se les invita a compartir una comida; Hombres, mujeres y niños esperando una palabra amistosa. Los pobres nos salvan porque nos permiten encontrarnos con el rostro de Jesucristo.

Sembrando signos tangibles de esperanza

 

Esta fuerza de salvación “palpita en el corazón del pueblo de Dios en el camino”, señala el Papa y no “excluye a nadie”, sino que involucra a todos en una “verdadera peregrinación de conversión para reconocer a los pobres y amarlos”. Al final del Mensaje, por lo tanto, la nueva invitación se dirigió “a los discípulos del Señor” para que puedan ser “evangelizadores consistentes”: sembrando signos tangibles de esperanza.

“A todas las comunidades cristianas y a quienes sienten la necesidad de brindar esperanza y consuelo a los pobres, les pido que trabajen para que esta Jornada Mundial pueda fortalecer en muchos la voluntad de colaborar eficazmente para que nadie se sienta privado de la cercanía y la solidaridad”.