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Los rohinyas podrán regresar a Myanmar

Un nuevo acuerdo sienta las bases para el regreso de los refugiados rohinyás a Myanmar

UNICEF/UN0204054/Sokol
Un niño rohingyá transporta un haz de leña mientras sus compañeros refugiados se bañan en un estanque artificial en el asentamiento improvisado de Shamlapur, en el distrito de Bazar Cox, Bangladesh.

1 Junio 2018

Dos organismos de la ONU alcanzaron con el gobierno de Myanmar un acuerdo que sienta las bases para el retorno voluntario a ese país de los refugiados rohinyás asentados en Bangladesh. Sin embargo, las condiciones para el regreso no se dan todavía. Entre las recomendaciones para hacer viable la repatriación figura la de otorgar la nacionalidad birmana a los refugiados.

El texto del memorándum de entendimiento entre Myanmar, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y el Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD) se redactó el jueves en Nay Pyi Taw y deberá firmarse la semana próxima.

El documento delinea un marco de cooperación tripartita para crear las condiciones que permitan la repatriación voluntaria, segura, digna y sostenible de los refugiados rohinyás a sus lugares de origen o preferencia.

Un primer paso para la repatriación

El memorándum es un primer paso necesario para el proceso de retorno que también apoyará la recuperación y el desarrollo de las comunidades que viven el estado birmano de Rakhine, hogar de esa etnia.

Según el acuerdo, ambos organismos de Naciones Unidas podrán visitar los sitios de origen y de posible reasentamiento de los refugiados en Rakhine, donde no se ha permitido el acceso desde el estallido de la violencia en agosto pasado.

Una vez en el terreno, ACNUR evaluará la situación e iniciará tareas de protección de civiles, además de que reportará sus hallazgos en las comunidades a los refugiados en Bangladesh, de manera que éstos cuenten con información independiente y puedan decidir si su retorno sería digno y seguro.

Las agencias de la ONU también ayudarán a las autoridades locales a fortalecer sus capacidades para facilitar la repatriación de los refugiados.

La firma del memorándum refrendaría el compromiso del gobierno de Myanmar con la búsqueda de una solución para los rohinyás, que se ajuste a las recomendaciones de la Comisión de Asesoría, un equipo internacional de diplomáticos liderados por Kofi Annan, ex Secretario General de la ONU.

Dichas recomendaciones incluyen el establecimiento de una opción viable y voluntaria para obtener la ciudadanía birmana y para la libertad de tránsito de toda la población en el estado de Rakhine independientemente de su religión, origen étnico o estatus de ciudadanía. Del mismo modo, la Comisión pugna por la implementación de programas de desarrollo que apoyen el modo de vida y la cohesión social de todas las comunidades.

Enfoque amplio para buscar una solución

La firma del memorándum de entendimiento forma parte del enfoque amplio de ACNUR y el PNUD para respaldar la transición hacia una paz justa para toda la población del estado de Rakhine.

El 13 de abril pasado, el gobierno de Bangladesh y ACNUR firmaron otro memorándum de entendimiento sobre el retorno voluntario de los rohinyás a Myanmar, una vez que las condiciones sean propicias.

En Bangladesh, los rohinyás se preparan para el monzón

Mientras tanto, en el vecino Bangladesh, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) asiste a los refugiados rohinyás y a los residentes de Bazar Cox en la preparación para afrontar posibles escenarios de desastre durante la próxima temporada de monzones.

La OIM también distribuye entre esas poblaciones suministros básicos para los temporales, entre los que se cuentan radios, kits de primeros auxilios, camillas, ropa para protegerse de las lluvias torrenciales y banderas y sirenas para anunciar situaciones de emergencia.

Además, unos 1500 voluntarios, 500 de ellos rohinyás y 1.000 bengalíes que viven al sur de Bazar Cox han recibido kits de emergencia para ayudar a la población si fuera necesario.

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Myanmar: graves actos de violencia de grupos armados Rohingyas

Myanmar: Nuevos indicios de que un grupo armado rohingya masacró a decenas de personas en el estado de Rajine

© Particular
  • Nuevos datos recopilados en el estado de Rajine señalan una atroz masacre de hindúes
  • Hombres, mujeres, niños y niñas agrupados y masacrados al estilo de una ejecución
  • Se necesita urgentemente el acceso de la ONU y de investigadores independientes

Un grupo armado rohingya que empuñaba armas de fuego y espadas fue responsable de al menos una masacre, y posiblemente dos, de hasta 99 mujeres, hombres, niñas y niños hindúes, además de homicidios ilegítimos y secuestros de habitantes de poblados hindúes en agosto de 2017. Así lo ha revelado Amnistía Internacional hoy, tras llevar a cabo una investigación detallada en el estado de Rajine, en Myanmar.

Basándose en decenas de entrevistas realizadas allí y al otro lado de la frontera, en Bangladesh, así como en pruebas fotográficas analizadas por patólogos forenses, la organización reveló cómo, con estos brutales ataques, los combatientes del Ejército de Salvación Rohingya de Arakán sembraron el terror entre las comunidades hindúes y otras comunidades étnicas.

“Nuestra investigación más reciente sobre el terreno arroja una luz muy necesaria sobre los abusos contra los derechos humanos, en su mayoría no documentados, cometidos por el Ejército de Salvación Rohingya de Arakán durante la indeciblemente oscura historia reciente del norte del estado de Rajine”, ha manifestado Tirana Hassan, directora de Respuesta a las Crisis de Amnistía Internacional.

“Resulta difícil ignorar la enorme brutalidad de las acciones del Ejército de Salvación, que han dejado una huella indeleble en las personas supervivientes con las que hemos hablado. La rendición de cuentas por estas atrocidades es en todos los aspectos tan crucial como la de los crímenes de lesa humanidad cometidos por las fuerzas de seguridad de Myanmar en el norte del estado de Rajine.

Masacre en Kha Maung Seik

Hacia las ocho de la mañana del 25 de agosto de 2017, el Ejército de Salvación Rohingya de Arakán atacó la comunidad hindú del poblado de Ah Nauk Kha Maung Seik, en un conjunto de poblados conocido como Kha Maung Seik, en el norte del municipio de Maungdaw. En el momento del ataque, los residentes hindúes vivían en estrecha proximidad con los residentes rohingyas, predominantemente musulmanes. Los residentes rajine, predominantemente budistas, también vivían en la misma zona.

Unos hombres armados vestidos de negro, y residentes rohingyas locales vestidos de civil, obligaron a agruparse a decenas de mujeres, hombres, niñas y niños hindúes, a los que robaron, ataron y vendaron los ojos antes de conducirlos a las afueras del poblado, donde separaron a los hombres de las mujeres y los niños y niñas de menos edad. Unas horas después, los combatientes del Ejército de Salvación Rohingya de Arakán mataron, al estilo de una ejecución, a 53 de los hindúes, empezando por los hombres.

Ocho mujeres hindúes y ocho de sus hijos fueron secuestrados y salvaron la vida, después de que los combatientes del Ejército de Salvación Rohingya de Arakán obligaran a las mujeres a acceder a “convertirse” al islam. Estas supervivientes se vieron obligadas a huir con los combatientes a Bangladesh varios días después, antes de ser repatriadas a Myanmar en octubre de 2017 con el apoyo de las autoridades de Bangladesh y Myanmar.

Bina Bala, una mujer de 22 años que sobrevivió a la masacre, contó a Amnistía Internacional:

“[Los hombres] llevaban cuchillos y largas barras de hierro. Nos ataron las manos a la espalda y nos vendaron los ojos. Les pregunté qué hacían. Uno de ellos respondió: ‘Sois como los rajine, tenéis una religión diferente, no podéis vivir aquí’. Hablaba la lengua rohingya. Nos preguntaron qué pertenencias teníamos, y luego nos golpearon. Finalmente les di mi oro y mi dinero”.

Las cinco supervivientes entrevistadas por Amnistía Internacional dijeron que habían visto cómo mataban a sus familiares hindúes o habían oído sus gritos. Raj Kumari, de 18 años, dijo: “Mataron a los hombres. Nos dijeron que no los miráramos […] Llevaban cuchillos. También tenían algunas espadas y barras de hierro. […] Nos escondimos en los arbustos y pudimos ver algo […] Mi tío, mi padre, mi hermano… los mataron a todos.”

Formila, de unos 20 años, contó a Amnistía Internacional que no había visto cómo mataban a los hombres hindúes, pero que los combatientes “volvieron con sangre en las espadas, y sangre en las manos” y dijeron a las mujeres que habían matado a los hombres. Más tarde, cuando se la llevaban junto con las otras siete mujeres secuestradas, Formila volvió la cabeza y vio a los combatientes del Ejército de Salvación Rohingya de Arakán matar a las otras mujeres y niños. “Vi a unos hombres agarrando [a las mujeres] por la cabeza y el pelo, y a otros con cuchillos. Y luego les cortaron la garganta”, dijo.

Según una lista detallada de las personas muertas que recibió Amnistía Internacional, entre las víctimas de Ah Nauk Kha Maung Seik había 20 hombres, 10 mujeres y 23 niños y niñas, 14 de ellos menores de ocho años. Estos datos coinciden con múltiples testimonios recopilados por la organización tanto en Bangladesh como en Myanmar, de supervivientes y testigos y de líderes comunitarios hindúes.

Ese mismo día, los 46 hombres, mujeres niños y niñas hindúes del vecino poblado de Ye Bauk Kyar desaparecieron. Los miembros de la comunidad hindú del norte del estado de Rajine suponen que los miembros de la comunidad murieron a manos de los mismos combatientes del Ejército de Salvación Rohingya de Arakán. Sumadas a las de Ah Nauk Kha Maung Seik, se cree que la cifra total de muertes es de 99.

A finales de septiembre de 2017 se desenterraron, de cuatro fosas comunes, los cadáveres de 45 personas de Ah Nauk Kha Maung Seik. Los restos de las demás víctimas de ese poblado, así como las 47 de Ye Bauk Kyar, aún no se han encontrado.

“En este acto brutal y sin sentido, los miembros del Ejército de Salvación Rohingya de Arakán capturaron a decenas de mujeres, hombres, niñas y niños hindúes y los aterrorizaron antes de matarlos a las afueras de sus propios poblados. Los autores de este atroz crimen deben rendir cuentas de sus actos”, ha manifestado Tirana Hassan.

Otros homicidios ilegítimos de hindúes cometidos por el Ejército de Salvación Rohingya de Arakán

Amnistía Internacional también ha documentado la participación del Ejército de Salvación Rohingya de Arakán en otros homicidios y ataques violentos contra miembros de otras comunidades étnicas y religiosas.

El 26 de agosto de 2017, los miembros del Ejército de Salvación Rohingya de Arakán mataron a seis hindúes —dos mujeres, un hombre y tres niños— e hirieron a otra mujer hindú a las afueras del municipio de Maungdaw, cerca del poblado de Myo Thu Gyi.

Kor Mor La, de 25 años, fue una de las dos mujeres que, junto con cuatro niños, sobrevivieron al ataque. A su esposo, Na Ra Yan, de 30 años, y su hija Shu Nan Daw, de cinco, los mataron. “Los que nos dispararon iban vestidos de negro. […] No les veía la cara, sólo los ojos. […] Tenían armas de fuego largas y pistolas”, dijo Kor Mor Lar. “A mi esposo le dispararon cuando estaba a mi lado. A mí me dispararon [en el pecho]. Después de eso apenas estaba consciente.”

Los homicidios se produjeron tan sólo unos días después de que los combatientes del Ejército de Salvación Rohingya de Arakán lanzaran una serie de ataques contra unos 30 puestos de seguridad en Myanmar el 25 de agosto de 2017, unos ataques que provocaron una campaña de violencia ilegal y enormemente desproporcionada por parte de las fuerzas de seguridad de Myanmar. Amnistía Internacional y otros han documentado detalladamente la manera en que esta campaña se caracterizó por los homicidios, las violaciones y otros actos de violencia sexual, la tortura, el incendio de poblados, tácticas de hambruna forzada y otras violaciones de derechos humanos que constituyen crímenes de lesa humanidad en virtud del derecho internacional. Más de 693.000 rohingyas tuvieron que huir a Bangladesh, donde aún permanecen.

Decenas de miles de personas de otras comunidades étnicas y religiosas tuvieron también que desplazarse en el estado de Rajine durante la violencia. Aunque la mayoría han regresado a sus casas, algunas siguen viviendo en albergues temporales, ya sea porque sus casas fueron destruidas o porque temen nuevos ataques del Ejército de Salvación Rohingya de Arakán si regresan a sus poblados.

Se necesitan investigaciones independientes

“Los atroces ataques del Ejército de Salvación Rohingya de Arakán estuvieron seguidos de una campaña de limpieza étnica emprendida por el ejército de Myanmar contra la población rohingya en su conjunto. Ambos deben ser condenados: los abusos o las violaciones de derechos humanos cometidos por un bando no justifican los cometidos por el otro”, ha manifestado Tirana Hassan.

“Todas las personas supervivientes y las familias de las víctimas tienen derecho a la justicia, la verdad y la reparación por el inmenso daño que han sufrido.”

En una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU celebrada la semana pasada, el representante permanente de Myanmar criticó a varios miembros de la ONU por escuchar únicamente “una versión” de la historia y no reconocer los abusos cometidos por el Ejército de Salvación Rohingya de Arakán.

“El gobierno de Myanmar no puede criticar a la comunidad internacional diciendo que es unilateral mientras, al mismo tiempo, niega el acceso al norte del estado de Rajine. El alcance completo de los abusos cometidos por el Ejército de Salvación Rohingya de Arakán y de las violaciones de derechos humanos cometidas por el ejército de Myanmar no se conocerá hasta que se permita a los investigadores independientes de derechos humanos, incluida la misión de investigación de la ONU, acceso completo y sin trabas al estado de Rajine”, ha manifestado Tirana Hassan.


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Difícil situación humanitaria de los Rohinyas en Myanmar y Bangladesh

La doble crisis humanitaria de los rohinyás en Myanmar y Bangladesh

OCHA
Ursula Mueller conversa con desplazados del campamento de Dar Pai en el estado de Rakhine en Myanmar.

17 Abril 2018

La situación de los rohinyás en Bangladesh es muy difícil pero no debe olvidarse a los que aún viven en Myanmar, donde el acceso humanitario ha empeorado significativamente en el último año según la subsecretaria de la ONU para Asuntos Humanitarios.

Ursulla Mueller comentó este martes su reciente visita de seis días a Myanmar, donde se reunió con autoridades y desplazados internos y fue testigo de la difícil situación que se vive en estados como el de Rakhine.

Además de los cerca de 700,000 refugiados rohinyás que han huido a través de la frontera con Myanmar, otros 400,000 viven en “situación difícil”  dentro del país, sin acceso a servicios de salud o educación, informó Mueller este martes.

“Proteger a los más vulnerables en Myanmar debe estar en el centro de la respuesta humanitaria de la comunidad internacional y del Gobierno. Sin importar donde estén, o cuál sea su etnia, religión o ciudadanía, debemos trabajar juntos para que nadie esté privado de la protección y de la ayuda humanitaria”, expresó la subsecretaria ante la prensa.

Mueller mantuvo conversaciones con funcionarios gubernamentales sobre la difícil situación de la minoría étnica mayoritariamente musulmana basada principalmente en el estado de Rakhine.

También se reunió con el consejero de Estado y Premio Nobel Daw Aung San Suu Kyi, con quien habló sobre la importancia de “acabar con la violencia”, y alcanzar la paz y la reconciliación.

“En esta reunión, reafirmé el compromiso de las Naciones Unidas de apoyar la paz, la estabilidad y el desarrollo en Myanmar y ofrecí el apoyo continuo de la ONU para garantizar que todas las personas afectadas por conflictos y desastres naturales reciban la protección y asistencia que necesitan”, dijo Mueller.

En el estado de Rakhine, la funcionaria visitó campamentos donde unas 130,000 personas, la mayoría de las cuales se identifican como rohinyás, permanecen confinadas en condiciones deplorables después de casi seis años de desplazamiento.

En el municipio de Maungdaw, se reunió con las comunidades locales afectadas por la violencia del año pasado y visitó un nuevo sitio de tránsito de retorno de refugiados que el Gobierno está construyendo, así como algunos proyectos de viviendas nuevas y zonas en las que aldeas fueron quemadas o demolidas.

“Hay una crisis humanitaria en ambos lados de la frontera entre Bangladesh y Myanmar que está afectando al grupo más grande de apátridas del mundo”, expresó.

La tragedia que se desarrolla en los campamentos de Cox Bazar es terrible pero que no debe olvidarse a los 400.000 musulmanes que aún viven en el estado de Rakhine, quienes siguen enfrentando una vida de marginación debido a la restricción de su libertad de movimiento.

Mueller recalcó que estas restricciones comprometen gravemente sus derechos y obstaculizan su acceso a la salud, los medios de subsistencia, la protección, la educación y otros servicios esenciales.

Sobre el regreso de los refugiados en Myanmar, la funcionaria dijo que las condiciones solo pueden alcanzarse si se abordan los problemas críticos como la libertad de circulación, la cohesión social, los medios de subsistencia y el acceso a los servicios.

“La Comisión Asesora del Estado de Rakhine ha proporcionado una hoja de ruta importante hacia un futuro mejor para todas las comunidades allí, pero sus recomendaciones deben aplicarse de manera integral e imparcial, en el espíritu en que fueron escritas”, dijo la subsecretaria humanitaria.

También resaltó que si los consejos de esta comisión liderada por el exsecretario general Kofi Annan se aplican, las vidas de las personas más pobres se verán profundamente transformadas.

ONU/Mark Garten
Ursula Mueller, subsecretaria general para Asuntos Humanitarios durante una conferencia de prensa en la sede de la ONU

La violencia se extiende más allá de Rakhine

El acceso humanitario en Myanmar ha empeorado significativamente en el último año, no solo en Rakhine sino también en los estados de Kachin y Shan. “Cuando cortas esa línea humanitaria, hay un impacto humano muy real”, recalcó la funcionaria.

Agregó que al menos 10.000 personas han sido recientemente desplazadas o reubicadas por combates entre los militares de Myanmar y los grupos armados étnicos en los estados de Kachin y Shan desde el comienzo del año, mientras que unas 100.000 personas siguen desplazadas como resultado del conflicto entre las autoridades y el Ejército de Independencia de Kachin que se reinició en 2011.

“El conflicto en Kachin es uno de los más antiguos  del mundo, sin embargo, es una crisis humanitaria olvidada”, alertó Mueller, asegurando que constantemente se producen enfrentamientos cerca de campos de desplazados y zonas civiles y que aún se ponen minas antipersonales en los campos y carreteras.

La subsecretaria llamó a todas las partes para que garanticen la protección de todos los civiles de conformidad con el derecho internacional.

La prevención de desastres

Durante su misión Mueller discutió formas de fortalecer la preparación y respuesta ante desastres. Myanmar es uno de los países más propensos a los desastres en el mundo. “Precisamente la última vez que la visité fue hace casi diez años en la tragedia del ciclón Nargis”, recordó.

La funcionaria dijo que, si bien los esfuerzos de reducción del riesgo de desastres deben mejorarse aún más, el Gobierno y las organizaciones nacionales han logrado excelentes progresos en los últimos años en la creación de capacidad nacional para la preparación y respuesta en casos de desastre.

Mueller reiteró que se necesita con urgencia más fondos para el Plan de respuesta humanitaria de Myanmar para 2018, que exige 183 millones de dólares para satisfacer las necesidades de 832,000 personas en los estados de Rakhine, Kachin, Shan y Kayin.


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la tragedia de los rohinyas de Myanmar (Birmania)

Se necesitan cerca de mil millones de dólares para ayudar a los refugiados rohinyás en Bangladesh

PMA/Saikat Mojumder
Refugiados rohinyás.

16 Marzo 2018

La ONU ha lanzado este viernes un llamamiento humanitario por un total de novecientos cincuenta y un millones de dólares que se destinarán a ayudar a unos 900.000 rohinyás y 336.000 personas de las comunidades de acogida en Bangladesh.

El Plan de Respuesta Conjunta 2018 fue presentado en Ginebra por el Alto Comisionado para los Refugiados, Filippo Grandi, el director general de la Organización Internacional para las Migraciones, William Swing, y la coordinadora residente de las Naciones Unidas en Bangladesh, Mia Seppo.

Durante el encuentro, la ONU elogió la respuesta del Gobierno y el pueblo de Bangladesh ante la llegada de unos 671.000 refugiados rohinyá procedentes de Myanmar, desde el pasado 25 de agosto de 2017.

Más de la mitad del llamamiento, un 54%, se destinará a garantizar la alimentación, el agua y el saneamiento, la vivienda y otras ayudas básicas. Las necesidades alimentarias representan por sí solas un 25% del total.

A diario se necesitan más de dieciséis millones de litros de agua potable, unas 12.200 toneladas métricas de alimentos al mes, 180.000 familias de refugiados necesitan combustible para cocinar, se necesita construir y mantener unas 50.000 letrinas y, por lo menos, treinta instalaciones de gestión de aguas residuales.

 Hablamos de necesidades verdaderamente críticas, tanto por parte de las comunidades de Bangladesh que tan generosamente han abierto sus puertas, como de una población apátrida y refugiada que incluso antes de esta crisis estaba entre las más marginadas y en riesgo del mundo”, dijo el Alto Comisionado para los Refugiados Filippo Grandi.

Entre otras necesidades el plan también incluye la construcción de cuarenta y tres centros de atención primaria, unas cinco milaulas adicionales para 614.000 niños y jóvenes, unos cien centros de tratamiento nutricional y una serie de programas de protección para las 144.000 madres solteras y sus familias.

La coordinadora residente en Bangladesh, Mia Seppo, destacó la generosidad de la comunidad internacional a los llamados de ayuda realizados hasta el momento, pero destacó que el mayor donante de esta crisis es Bangladesh.

“Desde el punto de vista de ser los primeros en responder, de proporcionar tierra, de mantener sus fronteras abiertas, de proporcionar asilo, de construir carreteras, de ampliar las redes eléctricas, de proporcionar alimentos, de destinar funcionarios públicos, de proporcionar policía y ejército para mantener el orden en el campamento. El mayor donante a esta crisis sigue siendo el pueblo y el gobierno de Bangladesh”.

A día de hoy, la respuesta a situaciones de emergencia para los refugiados rohinyá de Cox´s Bazar ha recibido el 74% de la financiación necesaria (321 millones de dólares de los 434 millones de dólares necesarios) entre septiembre de 2017 y febrero de 2018.


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Myanmar: el gobierno contrario a toda investigación sobre sus crímenes contra los rohinya

Niños, discapacitados y ancianos rohinyás fueron tiroteados o quemados vivos

PMA/Saikat Mojumder
Refugiados rohingya

12 Marzo 2018

Los expertos de la Misión de Investigación de la ONU en Myanmar  han informado este lunes sobre la comisión de graves violaciones de los derechos humanos contra la comunidad rohinya, y señalaron que  dichos abusos pueden constituir crímenes contra el derecho internacional humanitario.

A su vez, instaron a las autoridades birmanas a que dejen de negar las denuncias sobre estas violaciones durante la presentación de su informe este lunes ante el Consejo de derechos Humanos.

La información que estamos recopilando es extensa y abrumadora”, destacó el presidente de la Misión, Marzuki Darusman, acompañado por los otros dos integrantes del grupo, Radhika Coomaraswamy de Sri Lanka y Chris Sidoti de Australia.

El informe provisional se basa en los datos reunidos en una serie de misiones en Bangladesh, Malasia y Tailandia. Los equipos de investigación entrevistaron a más de seiscientas víctimas y testigos de violaciones y abusos a los derechos humanos. Los equipos también han recopilado y analizado imágenes satelitales, fotografías y vídeos.

En el estado de Rakhine, el informe enumera ocho hallazgos en relación con las denuncias presentadas, donde las denominadas “operaciones de desminado” de las fuerzas de seguridad de Myanmar, en respuesta a los ataques del Ejército de Salvación Arakan Rohinyá, desplazaron a casi 700.000 refugiados rohinyás a Bangladesh desde el pasado mes de agosto.

“Estas operaciones causaron un alto número de víctimas “, indica el informe. Las muertes se produjeron por disparos indiscriminados contra los aldeanos que huían.  Muchos también fueron quemados vivos en sus hogares, entre ellos ancianos, discapacitados y niños. Otros murieron a causa de hachazos.

Las imágenes satelitales muestran que al menos 319 aldeas fueron parcial o totalmente destruidas por el fuego después de las “operaciones de limpieza” que se iniciaron el 25 de agosto de 2017.

En relación con las fuerzas militares de Myanmar, el grupo recibió informes fidedignos de ataques indiscriminados o desproporcionados, ejecuciones extrajudiciales, privación arbitraria de libertad, desapariciones forzadas, destrucción de bienes y saqueo, tortura y trato inhumano, violación y otras formas de violencia sexual, trabajo forzoso y reclutamiento de niños en las fuerzas armadas.

El Consejo de Derechos Humanos creó la Misión de Investigación el pasado marzo y le concedió el mandato de “establecer los hechos y circunstancias de las presuntas violaciones de los derechos humanos cometidas por las fuerzas militares y de seguridad, así como los abusos cometidos en Myanmar”. Su interés se centra en los Estados de Rakhine, Shan y Kachin desde 2011.

El Gobierno de Myanmar se ha negado a dar acceso al país a la Misión de Investigación y ha bloqueado los intentos de llevar a cabo una investigación independiente e imparcial.

El informe final de la misión investigadora se presentará al Consejo de Derechos Humanos en septiembre.


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Myanmar: la limpieza étnica de los rohinya continúa.

“La limpieza étnica de los rohinyás en Myanmar continúa”

UNICEF/Nybo
Una niña refugiada rohingyá de tres años y el albergue de bambú que su familia construye en Cox Bazar

6 Marzo 2018

Así lo afirma el secretario general adjunto de la ONU para los derechos humanos, después de visitar a la población rohinyá en Bangladesh durante cuatro días.

Andrew Gilmour compartió con refugiados en el campamento de Kutupalong, que desde agosto del año pasado se ha convertido en el más grande del mundo. Allí varias personas le dijeron que los rohingyás que intentan abandonar sus aldeas en Myanmar son secuestrados y nunca más regresan.

“La limpieza étnica de rohingyás de Myanmar continúa. No creo que podamos sacar ninguna otra conclusión de lo que he visto y oído en Cox’s Bazar “, dijo.

La tasa de homicidios y violencia sexual en el estado de Rakhine ha disminuido desde agosto y septiembre del año pasado, pero existen testimonios creíbles de continuos asesinatos, violaciones, torturas y secuestros, así como de inanición forzada.

“La naturaleza de la violencia ha cambiado del frenético baño de sangre y las violaciones masivas del año pasado a una campaña de terror e inanición forzada diseñada para que los rohinyás que quedan abandonen sus hogares y se vayan a Bangladesh”, aseguró Gilmour.

WFP/Saikat Mojumder
Refugiados rohingya

Los rohinyás cuentan su pesadilla

Durante la visita de Gilmour un hombre contó cómo su padre fue secuestrado por el ejército de Myanmar en febrero y días después recibió una notificación para ir a recoger su cuerpo. El refugiado aseguró que tuvo mucho miedo de preguntarle a los militares qué le había sucedido a su padre, pero que el cadáver estaba cubierto de hematomas.

Otro hombre describió haber sido retenido por la policía fronteriza dentro de su propia casa en enero mientras secuestraban a su hija de 17 años. Al padre le apuntaron con un arma a la cabeza y lo patearon repetidamente. Más tarde, cuando salió a buscarla, lo atacaron de nuevo. Su hija no ha sido vista desde entonces.

La Oficina de Derechos Humanos asegura que se trata de un tema recurrente: mujeres y niñas secuestradas, que nunca regresan; y que sus familiares temen lo peor: que fueron violadas y asesinadas.

“El gobierno de Myanmar está ocupado diciéndole al mundo que está listo para recibir de nuevo a los rohingyás, mientras que al mismo tiempo sus fuerzas militares continúan forzándolos a huir a Bangladesh”, dijo Gilmour. “Los retornos seguros, dignos y sostenibles son, por supuesto, imposibles en las condiciones actuales. La conversación ahora debe centrarse en detener la violencia en el estado de Rakhine, garantizar la rendición de cuentas de los responsables y la necesidad de que Myanmar cree las condiciones para el retorno”, agregó.

El gobierno de Myanmar está ocupado diciéndole al mundo que está listo para recibir de nuevo a los rohingyás, mientras que al mismo tiempo sus fuerzas militares continúan forzándolos a huir a Bangladesh.

Gilmour aseguró que el mundo no puede permitir que los autores de este “caso brutal de limpieza étnica que puede constituir un genocidio” sean recompensados.

“Será necesaria la repatriación de los rohingyás a sus hogares y a su país, así como la rendición de cuentas por los crímenes de lesa humanidad que puedan haberse cometido contra ellos”, dijo.

La amenaza de la temporada de lluvias

Durante su visita a Bangladesh, Gilmour se reunió con equipos locales de la ONU y ONGs involucradas en la respuesta humanitaria de Cox Bazar, y alertó sobre la amenaza mortal que representa la inminente temporada de lluvias.

Aunque la respuesta del gobierno de Bangladesh y de organismos internacionales a la crisis de los rohingyás ha sido  notable, las lluvias posiblemente tendrán un efecto devastador en campamentos como el de Kutupalong, que consiste en un extenso complejo de refugios hechos con láminas de plásticos y postes de bambú.

“Después de haber sufrido tanto por una tragedia provocada por el hombre, existe el riesgo de que sean víctimas de un desastre natural que con certeza podemos decir que causará deslizamientos de tierra e inundaciones. Además, las fuentes de agua podrían contaminarse y causar brotes de cólera mortales”, aseguró el secretario general adjunto.

El pedido a los donantes internacionales

En Dhaka, la capital de Bangladesh, Gilmour elogió la gran hospitalidad de ese país al proporcionar protección y refugio a quienes más lo necesitaban.

El alto oficial de derechos humanos de la ONU aseguró que el país ha demostrado un nivel de generosidad que desafortunadamente falta en muchas otras partes del mundo.

Es absolutamente esencial que los donantes internacionales demuestren su aprecio y apoyo al asumir compromisos a largo plazo para ayudar a los refugiados, así como a las comunidades locales.

“Es absolutamente esencial que los donantes internacionales demuestren su aprecio y apoyo al asumir compromisos a largo plazo para ayudar a los refugiados, así como a las comunidades locales”, dijo.

Finalmente, Gilmour hizo un llamado a las autoridades para que garanticen que los rohinyás puedan vivir con dignidad, les permitan el acceso a oportunidades de trabajo y defiendan el derecho a la educación de todos los niños.

 


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Dramática situación de más de 700.000 niños roginyas

Alrededor de 720.000 niños rohinyás “atrapados en el limbo”

© UNICEF/Nybo
Un grupo de niños rohinyas migran hacia Cox’s Bazar, en Bangladesh.

23 Febrero 2018

El mal clima de Bangladesh y la violencia constante en Myamar amenazan a cientos de miles de niños rohinyás, advirtió este viernes UNICEF mientras hacía un llamamiento urgente para aumentar la asistencia antes del inicio de la temporada de tormentas.

“Alrededor de 720.000 niños rohinyás se encuentran atrapados – bien acorralados por la violencia y obligados a desplazarse dentro de Myanmar, o bien hacinados en los campos de Bangladesh porque no pueden volver a casa”, indicó Manuel Fontaine, Director de Programas de Emergencia de el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.

El lanzamiento del informe de UNICEF coincide con el sexto mes desde el comienzo del último éxodo de refugiados rohinyás hacia el sur de Bangladesh.

La agencia señala que, probablemente, las inundaciones que se esperan por la llegada de la temporada de ciclones invadan los campos vulnerables e insalubres, donde vive la mayoría de los refugiados. Esta situación aumenta la posibilidad de que haya brotes de enfermedades transmitidas por el agua y que haya que cerrar escuelas y centros sanitarios.

El documento estima que cerca de 185.000 niños rohinyás permanecerán en el estado de Rakhine, en Myanmar, asustados por la violencia y el horror que han llevado a sus familiares y vecinos a huir.

“Es una crisis sin una solución inmediata que podría tardar años en resolverse a menos que haya un esfuerzo pactado para abordar sus causas”, declaró Fontaine.

Asimismo, el informe indica que los rohinyás son personas sin rumbo, perseguidas en sus casas y comunidades, atrapadas en el limbo y privadas de sus derechos básicos, mientras nuevos problemas amenazan su bienestar.

Llamamiento de UNICEF al Gobierno

UNICEF hace un llamamiento al Gobierno de Myanmar para que termine con la violencia y  la crisis de derechos humanos en el estado de Rakhine, refiriéndose a las restricciones que sufren los rohinyás en cuanto a libertad de circulación, acceso limitado a sanidad, educación y medios de subsistencia, así como a la dependencia de ayuda humanitaria.

Según el documento, reconocer los derechos básicos de los rohinyás serviría para crear las condiciones necesarias para que los refugiados regresen a sus antiguos hogares en Myanmar.

“No volverán a casa a menos que se les garantice su seguridad, posean una nacionalidad, puedan enviar a sus hijos al colegio y tenga oportunidades de futuro”, explicó Fontaine.

Desde agosto de 2017, la falta de acceso a diversas zonas del estado de Rakhine ha dificultado gravemente el trabajo de UNICEF y otras agencias humanitarias.

Resulta imprescindible acceder inmediatamente y sin impedimentos a los niños que residen en este estado, así como abordar las tensiones que existen entre las comunidades y promover la cohesión social, dijo UNICEF.

Las labores de asistencia que ha dirigido y supervisado el Gobierno de Bangladesh han evitado el desastre, dado que las comunidades locales han acogido a 79.000 ronhinyás.