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La dramática situación de los Rohingyas y la proximidad del monzón.

Myanmar: el área de Kutupalong se ha convertido en el asentamiento de refugiados más grande del mundo

13 Febrero 2018

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados alertó sobre el peligro que representa para los desplazados rohinyás la temporada de monzones que empieza en marzo.

El área de Kutupalong, en Cox´s Bazar, se ha convertido en el asentamiento de refugiados más grande del mundo, advirtió hoy el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados durante una reunión en el Consejo de Seguridad sobre la situación humanitaria en Myanmar

En el transcurso de su intervención vía teleconferencia, Filippo Grandi advirtió sobre el peligro inminente al que se enfrentarán  los refugiados rohinyás en Bangladesh.

“La temporada de monzones comenzará en marzo. Estimamos que 107.000 refugiados viven en zonas propensas a inundaciones o deslizamientos de tierra. Decenas de miles de refugiados vulnerables necesitan ser reubicados urgentemente ya que sus vidas están en peligro”, destacó.

Añadió que el Gobierno de Bangladesh dirige un esfuerzo masivo de preparación para emergencias, pero el apoyo internacional debe intensificarse para evitar una catástrofe.

Agradecimiento a Bangladesh

A continuación, Grandi expresó su gratitud por la protección y el apoyo que brindan el gobierno y el pueblo de Bangladesh a los refugiados procedentes de Myanmar.

“El Gobierno, en colaboración con organizaciones nacionales y locales altamente capacitadas, Naciones Unidas y otros organismos humanitarios, con apoyo de los donantes, han obtenido una respuesta impresionante”, dijo.

Sin embargo, manifestó que muchos refugiados continúan sufriendo condiciones precarias y situaciones de hacinamiento. Los brotes de enfermedades, como la difteria, se han resuelto tomando medidas determinantes, pero siguen comportando un riesgo significativo.

Siguen sin cumplirse las condiciones de retorno a Mynamar

El Alto Comisionado también reiteró que todavía no se cumplen las condiciones para la repatriación voluntaria de los refugiados rohinyás.

“Las causas de su huida no se han abordado, y todavía no hemos visto progresos importantes en la lucha contra la exclusión y la denegación de derechos que se han profundizado en las últimas décadas, debido a la negación de la ciudadanía birmana”.

Apoyo internacional para ambos países

Grandi destacó que abordar las causas profundas de violencia y discriminación sistémica que ha provocado la huida de cientos de miles de personas en varias ocasiones durante décadas, y garantizar soluciones a la crisis actual, requerirá un importante apoyo tanto a Myanmar como a Bangladesh.

“Será necesaria la implicación política internacional y los conocimientos técnicos y recursos financieros a ambos lados de la frontera para abordar las actividades humanitarias y de desarrollo”, señaló.

De cumplirse, estas medidas tienen el potencial de producir importantes beneficios en toda la región, ayudando a prevenir el extremismo, fomentando la estabilidad y estimulando el desarrollo económico, finalizó Grandi.

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AMN.INT. prosigue en Myanmar la limpieza étnica.

Myanmar: Nuevas pruebas de que prosigue la limpieza étnica

Policía fronteriza en el Estado de Rajine, Myanmar. Copy: STR/AFP/Getty Images

La devastadora campaña de las fuerzas de seguridad de Myanmar contra la población rohingya en el norte del estado de Rajine dista de haber terminado”, ha declarado hoy Amnistía Internacional, que publica nuevos datos de las violaciones de derechos humanos que siguen cometiéndose y que en las últimas semanas han obligado a huir a cientos de personas más.

A finales de enero de 2018, la organización entrevistó a 19 hombres y mujeres rohingyas recién llegados a Bangladesh, que dijeron que habían huido debido a la privación forzada de alimentos, los secuestros y los saqueos. Las agencias humanitarias han documentado miles de nuevas llegadas durante diciembre y enero, y muchos días aún cruzan la frontera decenas de personas.

“Escudadas tras los desmentidos oficiales y las mentiras, y un esfuerzo concertado para negar el acceso a investigadores independientes, las fuerzas armadas de Myanmar siguen eludiendo las consecuencias de los crímenes de lesa humanidad”, ha afirmado Matthew Wells, asesor general de Amnistía Internacional sobre respuesta a las crisis, que acaba de regresar del último viaje de investigación de la organización a Cox’s Bazar, Bangladesh.

“Las fuerzas de seguridad de Myanmar están recurriendo a patrones arraigados de abusos para expulsar silenciosamente del país al mayor número posible de rohingyas. Si no hay una acción internacional más efectiva, esta campaña de limpieza étnica continuará su desastrosa marcha”.

La opresión continua parece concebida para hacer que el norte del estado de Rajine sea inhabitable para las decenas de miles de rohingyas que siguen viviendo allí, y se ha desatado tras la implacable campaña de violencia de las fuerzas armadas de Myanmar que ha llevado a que, desde agosto del año pasado, más de 688.000 personas rohingyas hayan pasado al otro lado de la frontera, a Bangladesh.

El 25 de agosto de 2017, el ejército de Myanmar lanzó una operación militar contra la población civil rohingya en el norte del estado de Rajine después de que el grupo armado Ejército de Salvación Rohingya de Arakán atacase alrededor de 30 puestos de las fuerzas de seguridad. Entre los crímenes de lesa humanidad cometidos por las fuerzas armadas figuran homicidios generalizados de mujeres, hombres y niños y niñas; violaciones y otras formas de violencia sexual de mujeres y niñas; expulsiones masivas y el incendio sistemático de pueblos.

Las personas que han llegado recientemente a Bangladesh estuvieron en Myanmar durante todos estos sucesos, intentando proteger sus propiedades y salvaguardar su derecho a vivir en sus pueblos.

Privación forzada de alimentos
Las personas recién llegadas contaron a Amnistía Internacional que la persecución persistente de las fuerzas armadas les hizo desistir y unirse forzosamente al éxodo a Bangladesh.

Casi todas achacaban su huida a la aguda inseguridad alimentaria creada por la privación forzada de alimentos a las comunidades rohingyas restantes llevada a cabo por las autoridades de Myanmar.

Muchas de las personas rohingyas que acababan de llegar a Bangladesh dijeron que el punto de inflexión llegó cuando las fuerzas armadas les negaron el acceso a sus campos de arroz en la temporada de la cosecha, en noviembre y diciembre. Las fuerzas de seguridad de Myanmar también han participado en el robo de ganado de la población rohingya o lo han facilitado, y han incendiado varios mercados locales e impedido el acceso a otros. Todo esto ha destrozado los medios de vida de la población rohingya y provocado escasez de comida.

Las autoridades de Myanmar han empeorado aún más la inseguridad alimentaria al restringir severamente el envío de asistencia humanitaria al norte del estado de Rajine.

Dildar Begum, de 30 años, llegó a Bangladesh a principios de enero de 2018 desde el pueblo de Ka Kyet Bet Kan Pyin, cerca de la localidad de Buthidaung. Contó a Amnistía Internacional que su familia quedó en una difícil situación económica cuando las autoridades llegaron a su casa y se llevaron una gran suma de dinero, amenazando con detener a su esposo si no pagaban. Luego los militares les impidieron a ellos y a otras personas rohingyas del pueblo cosechar sus campos de arroz. “No podíamos conseguir comida, por eso huimos”, dijo.

Secuestros de niñas y mujeres
Amnistía Internacional también ha documentado tres incidentes recientes en los que las fuerzas armadas de Myanmar secuestraron a niñas o mujeres jóvenes.

A principios de enero, unos soldados irrumpieron en una casa del pueblo de Hpoe Khaung Chaung, en el municipio de Buthidaung. Hasina, de 25 años, dijo que mientras registraban la casa, exigieron a punta de pistola a su tío que entregara a su prima de 15 años, Samuda. La familia no ha vuelto a ver a la niña. Lo mismo sucedió a las demás niñas y mujeres jóvenes secuestradas, lo que las convierte en víctimas de desaparición forzada.

Familias rohingyas de pueblos donde las fuerzas armadas han secuestrado recientemente a mujeres y niñas dijeron que habían huido por miedo a que continuaran los secuestros.

Dada la violencia sexual generalizada que caracteriza esta y otras campañas militares anteriores contra la población rohingya en el norte del estado de Rajine, el secuestro de mujeres y niñas hace temer seriamente la existencia de violaciones y esclavitud sexual.

Robo sistemático a la población rohingya que huye
Las personas rohingyas que huyen tienen que caminar por lo general varios días para llegar a la costa y pasar a Bangladesh en barco. Las fuerzas de seguridad de Myanmar han levantado puestos de control en estas rutas donde a menudo asestan un golpe final: el robo sistemático de dinero y otros objetos de valor a cada persona que pasa por ellos.

Más de una decena de personas rohingyas recién llegadas dijeron que el peor de estos controles es el que está cerca de la mancomunidad de Sein Hnyin Pyar, por donde muchos rohingyas cruzan las montañas que separan los municipios de Buthidaung y Maungdaw. Todas dijeron que se había levantado una valla de alambre de espinos en un sendero que sigue el curso de un arroyo. Cuando llega un grupo de familias, los soldados y la policía de la Guardia de Fronteras bajan de un puesto de las fuerzas de seguridad situado en una ladera y lo rodean, separando a los hombres de las mujeres.

Luego las fuerzas de seguridad roban sistemáticamente a los rohingyas todos los objetos de valor. Mohammed Salam, de 37 años, contó que cuando su familia pasó por el control próximo a Sein Hnyin Pyar, a principios de enero, los soldados les robaron a él y a su esposa más de 600.000 kyats (451 dólares estadounidenses), además de oro, un panel solar portátil y algo de ropa: prácticamente todas sus posesiones.

Muchos rohingyas dijeron que, después de robarles, las fuerzas de seguridad anotaban su nombre y los pueblos de los que venían. Algunos recién llegados contaron también que, en controles posteriores, en el municipio de Maungdaw, los habían fotografiado y, en algunos casos, grabado en un vídeo en el que decían que los militares no los habían maltratado.

Violencia sexual
Mujeres rohingyas que intentaban huir, sobre todo jóvenes, también contaron a Amnistía Internacional que soldados de Myanmar las sometían a violencia sexual durante los registros que efectuaban en los puestos de control.

Khateza, de 22 años, llegó al mismo control próximo a Sein Hnyin Pyar en torno al 25 de enero. Tras registrar a los hombres de la cabeza a los pies y robarles, las fuerzas de seguridad registraron a las mujeres.

“Nos registraron el cuerpo. Nos quitaron la ropa [exterior]. A todas las mujeres jóvenes, incluida a mí, nos registraron así: nos metieron la mano [sobre los pechos] […] fue realmente incómodo. Fue muy embarazoso. Yo lloraba”.

La respuesta internacional es “débil y poco eficaz”
“El alcance y la amplitud de estos ataques que siguen cometiéndose en el norte del estado de Rajine demuestran que las fuerzas armadas de Myanmar continúan atacando y haciendo daño no sólo a las personas, sino a la dignidad de la población rohingya en su conjunto. Esto explica por qué los planes para la repatriación organizada son lamentablemente prematuros”, dijo Matthew Wells.

Los gobiernos de Bangladesh y Myanmar firmaron un acuerdo de repatriación a finales de noviembre de 2017 y luego anunciaron que los retornos comenzarían el 23 de enero de 2018. El gobierno de Bangladesh retrasó la ejecución de la primera fase del plan horas antes de que finalizara el plazo, pero Myanmar sigue diciendo que está preparado para empezar.

“Desde que comenzó la crisis, la respuesta de la comunidad internacional a las atrocidades que se están cometiendo contra la población rohingya es débil y poco eficaz, pues o bien no comprende la gravedad de la situación en el norte del estado de Rajine o bien no presiona lo suficiente a las fuerzas armadas de Myanmar para que pongan fin a la limpieza étnica”, concluyó Matthew Wells.

“Hacen falta con urgencia un embargo de armas y sanciones específicas para transmitir el mensaje de que no se van a tolerar estas violaciones. También urge el acceso sin trabas y sostenido de la ayuda humanitaria a todo el norte del estado de Rajine”.


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Ahora se sabe cómo fue el encuentro del Papa con los jesuitas en Myanmar

Francisco: “Non hay misión sin proximidad”

La conversación entre el Papa y un grupo de jesuitas durante el viaje en Myanmar. «El fundamentalismo cristiano niega la Encarnación»

Francisco: “Non hay misión sin proximidad”

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Pubblicato il 14/12/2017
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

«Creo que no se puede pensar en una misión (lo digo no solo como jesuita, sino como cristiano) sin el misterio de la Encarnación». El Papa Francisco, al final del primer día de encuentros oficiales en Myanmar, dialogó con un grupo de jesuitas. La transcripción de lo que se dijeron fue publicada en la revista “La Civiltà Cattolica” y algunos fragmentos fueron anticipados en la edición de hoy del periódico italiano “Il Corriere della Sera”.

 

Francisco respondió de esta manera, con alusiones que no se limitan solo a la Compañía de Jesús, cuando le preguntaron qué esperaba el Papa de los jesuitas: «Creo que no se puede pensar en una misión (lo digo no solo como jesuita, sino como cristiano) sin el misterio de la Encarnación. El jesuita es aquel que siempre debe aproximarse, como se acercó el Verbo hecho carne. Los desafíos no están detrás, sino adelante. En esto, el beato Pablo VI ayudó mucho a la Compañía, y el 3 de diciembre de 1974 nos dirigió un discurso que sigue siendo plenamente actual. Dice, por ejemplo: “Por doquier, en las encrucijadas de la historia, están los jesuitas”. ¡Y para ir a las encrucijadas de la historia hay que rezar!». Es otra manera para decir y atestiguar la “projimidad” que es tan importante en el mensaje de Francisco.

 

Dobre los refugiados, el Papa Bergoglio dijo: «He visitado hasta ahora cuatro campos de refugiados. Tres enormes: Lampedusa, Lesbos y Bolonia. Y ahí el trabajo es de cercanía. A veces son verdaderos campos de concentración, cárceles. Yo trato de visitar, hablo claro, sobre todo con los países que cierran sus fronteras. Desgraciadamente en Europa hay países que han decidido cerrar las fronteras. Lo más doloroso es que para tomar esta decisión tuvieron que cerrar el corazón. Y nuestro trabajo misionero debe alcanzar también esos corazones que se han cerrado a la acogida de los otros. Estas cosas no llegan a los salones de nuestras grandes ciudades. Tenemos la obligación de denunciar y de hacer públicas las tragedias humanas que se tratan de callar».

 

 

A una pregunta sobre los musulmanes y el fundamentalismo, el Pontífice, después de haber recordado (como ya ha hecho en otras ocasiones que hay fundamentalistas en cada religión) respondió que el fundamentalismo «es una actitud del alma que se erige en juez de los demás y de los que comparten su religión. Es un ir a lo esencial (pretender ir a lo esencial) de la religión, pero a tal punto que se olvidan de lo que es esencial. Olvida las consecuencias. Las actitudes fundamentalistas adquieren diferentes formas, pero tienen como fondo común subrayar mucho lo esencial, negando lo existencial. El fundamentalista niega la historia, la persona. Y el fundamentalismo cristiano niega la Encarnación».

 

Después Francisco habló sobre los Rohinyá: «Jesucristo, hoy, se llama Rohinyá. Pienso en san Pedro Claver, a quien quiero mucho. Él trabajó con los esclavos de su tiempo. ¡Y pensar que algunos teólogos de entonces (no muchos, gracias a Dios) discutían sobre si tenían un alma o no! Su vida fue una profecía, y ayudó a sus hermanos y a sus hermanas que vivían en una condición vergonzosa. Pero esta vergüenza no ha acabado hoy. Hoy se discute mucho sobre cómo salvar los bancos. El problema es la salvación de los bancos. Pero, ¿quién salva la dignidad de los hombres y de las mujeres de hoy? La gente que se queda en la ruina no le interesa a nadie. Si tuviéramos un poco de sentido de la realidad, debería escandalizarnos. El escándalo mediático hoy tiene que ver con los bancos, no con las personas. Frente a todo esto, debemos pedir una gracia: la de llorar. El mundo ha perdido el don de las lágrimas. La desfachatez de nuestro mundo es tal que la única solución es rezar y pedir la gracia de las lágrimas. ¡Frente a esa pobre gente que he encontrado he sentido vergüenza! ¡He sentido vergüenza por mí mismo, por el mundo entero! Perdónenme, solo estoy tratando de compartir con ustedes mis sentimientos…».

 

Para concluir, el Papa explicó cuál es la mirada que motiva sus decisiones a la hora de nombrar a los nuevos cardenales. «Al nombrar a los cardenales, he tratado de ver a las pequeñas Iglesias. No para dar consolación, sino para lanzar un mensaje claro: las pequeñas Iglesias que crecen en periferias y no cuentan con antiguas tradiciones católicas hoy deben hablar a la Iglesia universal. Siento claramente que tienen algo que enseñarnos».


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El Papa y las minorías étnicas en Myanmar. Análisis de Thomas Reese. Muy recomendable.

Pope Francis, diplomatic prophet in Myanmar

Pope Francis meets with Myanmar’s leader, Aung San Suu Kyi, in Naypyitaw, Myanmar, on Nov. 28, 2017. (RNS/Pool/AP/Max Rossi)

It is hard to be both a diplomat and a prophet, but Pope Francis pulls it off better than anyone else.

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Prior to visiting Myanmar, the pope was urged by human rights activists to condemn the murder, rape and ethnic cleansing of Rohingya Muslims by the Myanmar military. Hundreds of villages in Rakhine state were burned by the military, and over half a million Rohingya fled as refugees to Bangladesh.

But Myanmar’s cardinal, Archbishop Charles Bo, asked the pope not to use the word “Rohingya” because he feared the small Catholic minority would be attacked by the Buddhist majority who see the Rohingya as illegal aliens who are a threat to their nation. The military denies any persecution is taking place, even though the evidence collected by journalists and human rights organizations is overwhelming.

Thus, Pope Francis was faced with a terrible dilemma: Be prophetic and put at risk Christians in Myanmar, or be silent and compromise his moral authority.

Pope Francis chose neither. Instead he carefully threaded the needle by being both prophetic and diplomatic. He told Myanmar’s leaders that the country’s people have suffered “from civil conflict and hostilities that have lasted for too long” and called for “peace based on respect for the dignity and rights of each member of society, respect for each ethnic group and its identity,” without using the word Rohingya.

No one misunderstood his message. Although the media noted his not using the word Rohingya, they also knew and reported that in his speech he was referring to the persecution of religious and ethnic minorities in Myanmar, especially the Rohingya Muslims.

Rohingya activists and human rights activists were not satisfied. They wanted him to specifically and publicly criticize the military and the government for its treatment of the Rohingya. I certainly understand and sympathize with their view.

On the other hand, it is one thing to be prophetic and personally suffer the consequences; it is another thing to put others at risk by your statements.

I have no doubt that Pope Francis would have been willing to put his own life at risk, but to put other lives at risk would be reckless, especially when it is unlikely that his words would have had any effect on the military, which continues to deny that any discrimination or ethnic cleansing is going on.

Were the pope and the Myanmar cardinal being overly cautious about the possibility of a blowback? Not at all. Christians are already being persecuted in Myanmar — also known as Burma — as has been clearly documented by the U.S. Commission on International Religious Freedom in its report “Hidden Plight: Christian Minorities in Burma.”

(Although I am a USCIRF commissioner, the views expressed here are my own and do not necessarily represent the views of the commission.)

Radical Buddhist monks are working arm in arm with the military in demonizing religious and ethnic minorities. Religious services have been disrupted, churches have been burned, ministers have been killed, and discrimination is rampant. Even getting a government ID is very difficult for non-Buddhists. In the minds of the military and most of the Buddhist population, you cannot be a Myanmar citizen unless you are a Buddhist, even though Catholics have lived there for over 500 years.

Some experts fear that the anti-Muslim violence in Rakhine state, which led to the refugee crisis, will spread to other parts of Myanmar.

Granted the terrible situation in Myanmar, has the pope’s visit had any effect?

It clearly has not made matters worse, which goes for progress in Myanmar. The trip certainly gave encouragement to the Catholics of Myanmar who rejoiced in the pope’s visit. He also gave encouragement to those who are working for interreligious reconciliation and dialogue.

[Updated Dec. 1] His trip to Bangladesh continued to keep the focus on the horrendous plight of Rohingya refugees. Not only did he thank the Bangladesh people and government for welcoming refugees from Rakhine state and called on the international community to do more to help them, he also used the word Rohingya when he met with 16 refugees while in Bangladesh.

Pope Francis recalled the Islamic creation story where God “at the beginning took a bit of salt, put it in water and created the souls of all people.” Speaking of the Rohingya, he said, “These brothers and sisters carry the salt of God within them.” Then he surprised all present by adding, “The presence of God today is also called Rohingya.”

Thus, Pope Francis played the diplomatic prophet in Myanmar, but became more forceful in Bangladesh.

So, I would judge the visit to be a net positive but no miraculous accomplishments. But then, we should not expect miracles from the pope. He can’t walk on water.


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El Papa a los jóvenes de Myanmar. Homilía

Viaje apostólico del Santo Padre Francisco a Myanmar y Bangladesh (26 noviembre – 2 diciembre 2017) – Santa misa en el Kyaikkasan Ground de Yangon

Esta mañana, después de dejar el arzobispado de Yangon, el Santo Padre Francisco se ha desplazado en automóvil al Kyaikkasan Ground .
A su llegada, después de saludar a los fieles en papamóvil, a las 8,30 (hora local- 3,00 hora de Roma) ha celebrado la santa misa en la XXXIV semana del tiempo ordinario.
Terminada la celebración eucarística, el cardenal arzobispo de Yangon, Charles Bo, S.D,B. ha saludado al Santo Padre. Tras la bendición final, el Papa ha regresado en automóvil al arzobispado para almorzar con los miembros del séquito papal.
Publicamos a continuación la homilía que el Santo Padre ha pronunciado después de la proclamación del evangelio:
                                                         Homilía del Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas: (Saludo en  lengua birmana)
Desde antes de venir a este país, he estado esperando que llegara este momento. Muchos de vosotros habéis venido de lejanas y remotas tierras montañosas, algunos incluso a pie. Vengo como peregrino para escuchar y aprender de vosotros, y para ofreceros algunas palabras de esperanza y consuelo.
La primera lectura de hoy, tomada del libro de Daniel, nos ayuda a ver lo limitada que era la sabiduría del rey Baltasar y sus videntes. Ellos sabían cómo alabar «a sus dioses de oro y plata, de bronce y de hierro, de madera y de piedra» ( Dn 5,4), pero no poseían la sabiduría para alabar a Dios, en cuyas manos está nuestra vida y nuestro aliento. Daniel, sin embargo, tenía la sabiduría del Señor y fue capaz de interpretar sus grandes misterios.
El intérprete definitivo de los misterios de Dios es Jesús. Él es la sabiduría de Dios en persona (cf. 1 Co 1,24). Jesús no nos enseñó su sabiduría con largos discursos o grandes demostraciones de poder político o terreno, sino entregando su vida en la cruz. A veces podemos caer en la trampa de confiar en nuestra propia sabiduría, pero la verdad es que podemos fácilmente desorientarnos. En esos momentos, debemos recordar que tenemos ante nosotros una brújula segura : el Señor crucificado. En la cruz, encontramos la sabiduría que puede guiar nuestras vidas con la luz que proviene de Dios.
Desde la cruz también nos llega la curación . Allí, Jesús ofreció sus heridas al Padre por nosotros, las heridas que nos han curado (cf. 1 Pe 2,4). Que siempre tengamos la sabiduría de encontrar en las heridas de Cristo la fuente de toda curación. Sé que muchos en Myanmar llevan las heridas de la violencia, heridas visibles e invisibles. Existe la tentación de responder a estas heridas con una sabiduría mundana que, como la del rey en la primera lectura, está profundamente equivocada. Pensamos que la curación pueda venir de la ira y de la venganza. Sin embargo, el camino de la venganza no es el camino de Jesús.
El camino de Jesús es radicalmente diferente. Cuando el odio y el rechazo lo condujeron a la pasión y a la muerte, él respondió con perdón y compasión. En el Evangelio de hoy, el Señor nos dice que, al igual que él, también nosotros podemos encontrar rechazo y obstáculos, sin embargo él nos dará una sabiduría a la que nadie puede resistir (cf. Lc 21,15). Está hablando del Espíritu Santo, gracias al cual el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones ( Rm 5, 5). Con el don de su Espíritu, Jesús nos hace capaces de ser signos de su sabiduría, que vence a la sabiduría de este mundo, y de su misericordia, que alivia incluso las heridas más dolorosas.
En la víspera de su pasión, Jesús se entregó a sus apóstoles bajo los signos del pan y del vino. En el don de la Eucaristía, no sólo reconocemos, con los ojos de la fe, el don de su cuerpo y de su sangre, sino que también aprendemos cómo encontrar descanso en sus heridas , y a ser purificados allí de todos nuestros pecados y de nuestros caminos errados. Queridos hermanos y hermanas, que encontrando refugio en las heridas de Cristo, podáis saborear el bálsamo saludable de la misericordia del Padre y encontrar la fuerza para llevarlo a los demás, para ungir cada herida y recuerdo doloroso. De esta manera, seréis testigos fieles de la reconciliación y la paz, que Dios quiere que reine en todos los corazones de los hombres y en todas las comunidades.
Sé que la Iglesia en Myanmar ya está haciendo mucho para llevar a otros el bálsamo saludable de la misericordia de Dios, especialmente a los más necesitados. Hay muestras claras de que, incluso con medios muy limitados, muchas comunidades anuncian el Evangelio a otras minorías tribales, sin forzar ni coaccionar, sino siempre invitando y acogiendo. En medio de tanta pobreza y dificultades, muchos de vosotros ofrecéis ayuda práctica y solidaridad a los pobres y a los que sufren. Con el servicio diario de vuestros obispos, sacerdotes, religiosos y catequistas, y en particular a través de la encomiable labor de la Catholic Karuna Myanmar y de la generosa asistencia proporcionada por las Obras Misionales Pontificias, la Iglesia en este país está ayudando a un gran número de hombres, mujeres y niños, sin distinción de religión u origen étnico. Soy testigo de que la Iglesia aquí está viva, que Cristo está vivo y está aquí con vosotros y con vuestros hermanos y hermanas de otras comunidades cristianas. Os animo a seguir compartiendo con los demás la valiosa sabiduría que habéis recibido, el amor de Dios que brota del corazón de Jesús.
Jesús quiere dar esta sabiduría en abundancia. Él recompensará ciertamente vuestra labor de sembrar semillas de curación y reconciliación en vuestras familias, comunidades y en toda la sociedad de esta nación. ¿No nos dijo él que nadie se puede resistir a su sabiduría (cf. Lc 21,15)? Su mensaje de perdón y misericordia se sirve de una lógica que no todos querrán comprender y que encontrará obstáculos. Sin embargo, su amor revelado en la cruz, en definitiva, nadie lo puede detener. Es como un GPS espiritual que nos guía de manera inexorable hacia la vida íntima de Dios y el corazón de nuestro prójimo.
La Santísima Virgen María siguió a su Hijo hasta la oscura montaña del Calvario y nos acompaña en cada paso de nuestro viaje terrenal. Que ella nos obtenga la gracia de ser mensajeros de la verdadera sabiduría , profundamente misericordiosos con los necesitados, con la alegría que proviene de encontrar descanso en las heridas de Jesús, que nos amó hasta el final.
Que Dios os bendiga a todos. Que Dios bendiga a la Iglesia en Myanmar. Que él bendiga a esta tierra con su paz. Que Dios bendiga a Myanmar.


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Palabras de aliento del Papa a la pequeña iglesia de Myanmar

“Aquí la Iglesia está ayudando a muchos, sin distinciones étnicas o religiosas”

La misa de Francisco en el Kyaikkasan Ground de Rangún: «Sé que muchos en Myanmar llevan las heridas de la violencia. Pensemos que la cura puede venir de la rabia y de la venganza. Sin embargo, la vía de la venganza no es la vía de Jesús»

El Papa durante la misa en Rangún

Pubblicato il 29/11/2017
Ultima modifica il 29/11/2017 alle ore 06:02
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A RANGÚN (MYANMAR)

En un país en el que todavía hay muchas heridas «visibles e invisibles» abiertas, y en donde el odio y la violencia debido a motivos étnicos todavía están vivos, hay que recordar que «la vía de la venganza no es la vía de Jesús». Lo hizo el Papa Francisco durante la homilía de la misa en el Kayaikkasan Ground, la zona de 60 hectareas que s eencuentra en el corazón de Rangún en donde se practican unas 30 disciplinas deportivas y en donde también se encuentra el Ministerio del deporte. Es una zona en la que pueden caber 250 mil personas. Allí se reunió el pequeño pueblo católico de Myanmar par encontrarse con el Papa. Eran muchos lo sue estaban, más de 100 mil. Según un primer cálculo de las autoridades locales había unas 150 mil personas. El palco papal estaba cubierto por un techo finamente decrado con motivos dorados orientales.

 

Francisco lleva los paramentos de color verde oscuro, recamados con motivos de flores típicos de la región. Hay cantos en latín y en la lengua local. Las oraciones de los fieles fueron recitadas en las lenguas shan, chin, tamil, karen, Kachin y kayan. La misa fue celebrada en latín, inglés y birmano. Francisco pronunció la homilía en italiano, con traucción al birmano.

 

El Papa indicó que es «necesario  recordar que tenemos ante nosotros una brújula segura: el Señor crucificado. En la cruz, encontramos la sabiduría que puede guiar nuestras vidas con la luz que proviene de Dios. Desde la cruz también nos llega la curación. Allí, Jesús ofreció sus heridas al Padre por nosotros, las heridas que nos han curado. ¡Que siempre tengamos la sabiduría de encontrar en las heridas de Cristo la fuente de toda curación!».

REUTERS

«Sé que muchos en Myanmar llevan las heridas de la violencia, heridas visibles e invisibles. Existe la tentación –explicó– de responder a estas heridas con una sabiduría mundana que, como la del rey en la primera lectura, está profundamente equivocada. Pensamos que la curación pueda venir de la ira y de la venganza. Sin embargo, la vía de la venganza no es la vía de Jesús. El camino de Jesús es radicalmente diferente. Cuando el odio y el rechazo lo condujeron a la pasión y a la muerte, él respondió con perdón y compasión».

 

En un país fuertemente marcado por el odio étnico (basta recordar el destino de los Rohinyá, pero también el de muchas otras minorías que en este momento sufren a pesar de no estar bajo la atención de los medios internacionales), las palabras del Papa indican la única vía cristiana posible. La cercanía a estas otras minorías religiosas está simbólicamente expresada en el pastoral artesanal de madera que usa el Pontífice: se lo regalaron los Kachin que ahora se encuentran en los campos para refugiados de la ciudad de Winemaw, en el estado de Kachin, con una población principalmente cristiana, en la parte septentrional de Myanmar.

 

«Sé que la Iglesia en Myanmar ya está haciendo mucho para llevar a otros el bálsamo saludable de la misericordia de Dios, especialmente –reconoce el Pontífice– a los más necesitados. Hay muestras claras de que, incluso con medios muy limitados, muchas comunidades anuncian el Evangelio a otras minorías tribales, sin forzar ni coaccionar, sino siempre invitando y acogiendo».

 

Después, el Papa recuerda que las actividades caritativas son ejercidas sin distinciones: «En medio de tanta pobreza y dificultades, muchos de ustedes ofrecen ayuda práctica y solidaridad a los pobres y a los que sufren. Con el servicio diario de sus obispos, sacerdotes, religiosos y catequistas, y en particular a través de la encomiable labor de la Catholic Karuna Myanmar y de la generosa asistencia proporcionada por las Obras Misionales Pontificias, la Iglesia en este país está ayudando a un gran número de hombres, mujeres y niños, sin distinción de religión u origen étnico».

 

Es por ello que el Papa afirma: «Soy testigo de que la Iglesia aquí está viva, que Cristo está vivo y está aquí con ustedes y con sus hermanos y hermanas de otras comunidades cristianas. Los animo a seguir compartiendo con los demás la valiosa sabiduría que han recibido, el amor de Dios que brota del corazón de Jesús».


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Papel de los obispos en Birmania según el Papa Fco: Comentario

“La Iglesia en Myanmar defiende los derechos humanos y apoya la democracia”

El mensaje de Francisco a los obispos birmanos: que la comunidad católica continúe teniendo «un papel constructivo en la vida de la sociedad», haciendo escuchar su voz «en cuestiones de interés nacional, insistiendo particularmente en el respeto de la dignidad y los derechos de todos, especialmente de los más pobres y vulnerables»

El Papa con los obispos birmanos

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Pubblicato il 29/11/2017
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A RANGÚN (MYANMAR)

«La Iglesia de Myanmar testimonia cotidianamente el Evangelio gracias a sus obras educativas y caritativas, su defensa de los derechos humanos, su respaldo a los principios democráticos. Pongan a la comunidad católica en condiciones de seguir teniendo un papel constructivo en la vida de la sociedad, haciendo escuchar vuestra voz en cuestiones de interés nacional, insistiendo particularmente en el respeto de la dignidad y los derechos de todos, especialmente de los más pobres y vulnerables». Es el mensaje que Francisco dirigió a 22 obispos birmanos, recibidos en el arzobispado de Rangún, residencia del Papa durante su estancia en estos días.

 

Es la última cita público de este día, antes del encuentro informal que el Papa tendrá con la comunidad de los jesuitas. En su discurso, el Papa reflexionó sobre «tres palabras: sanación, acompañamiento y profecía». La primera es curación: «El Evangelio que –explica Francisco– predicamos es sobre todo un mensaje de sanación, reconciliación y paz». Y en este país es un mensaje que «tiene un eco particular», puesto que Myanmar «está trabajando para superar divisiones profundamente enraizadas y para construir la unidad nacional. Sus comunidades llevan las marcas de este conflicto y han dado testigos valientes de la fe y de las antiguas tradiciones; para ustedes, por tanto, la predicación del Evangelio no debe ser sólo una fuente de consolación y de fortaleza, sino también una llamada a favorecer la unidad, la caridad y la sanación en la vida del pueblo».

 

Bergoglio después recordó que la comunidad católica en Myanmar «puede estar orgullosa de su testimonio profético de amor a Dios y al prójimo, que se expresa en el compromiso con los pobres, con los que están privados de derechos y sobre todo, en este tiempo, con tantos desplazados que, por así decirlo, yacen heridos a los bordes del camino». El Papa pidió que los obispos transmitieran su agradecimiento «a todos los que, como el Buen Samaritano, trabajan con generosidad para llevar el bálsamo de la sanación a quienes lo necesitan, sin tener en cuenta la religión ni la etnia». «Es esta sanación –añade– recuerden que la Iglesia es un “hospital de campo”. Curar, sanar heridas, sanar las almas: esta es su primera misión. Sanar, sanar a los heridos».

 

La segunda palabra es acompañamiento. Francisco explica que «un buen pastor está constantemente presente ante su grey» y le pide a los obispos birmanos «un esfuerzo especial para acompañar a los jóvenes»: «ocúpense de su formación en los sanos principios morales, que los guíen para afrontar los desafíos de un mundo que cambia rápidamente».

 

La tercera palabra es profecía: «La Iglesia de Myanmar testimonia cotidianamente el Evangelio gracias a sus obras educativas y caritativas, su defensa de los derechos humanos, su respaldo a los principios democráticos. Pongan a la comunidad católica en condiciones de seguir teniendo un papel constructivo en la vida de la sociedad, haciendo escuchar su voz en cuestiones de interés nacional, insistiendo particularmente en el respeto de la dignidad y los derechos de todos, especialmente de los más pobres y vulnerables». Una invitación a no retroceder ni retirarse, a pesar de ser una minoría. Una invitación a no callar frente a las violaciones de los derechos humanos.

 

Francisco invita a los obispos birmanos a mantener el equilibrio entre «salud física y espiritual». La salud física porque, explica, «sé que su ministerio es difícil y que, junto con los sacerdotes, a menudo se cansan bajo el peso del día y del calor». Con respecto a la «salud espiritual», indica, «recuerden la primera tarea del obispo: cuando los primeros cristianos recibieron las quejas de los griegos helénicos porque no estaban bien custodiadas sus viudas ni sus hijos, los apóstoles se reunieron e inventaron a los diáconos. Pedro anuncia esta noticia y allí anuncia la tarea del obispo, y dice así: para nosotros la oración es el anuncio de la palabra. La oración es la primera tarea del obispo. Cada uno de nosotros, obispos, tendrá que preguntarse, por la noche, en el examen de conciencia: ¿Cuántas horas he rezado hoy?».

 

Al final del encuentro, el Pontífice pide a todos los presentes rezar, «ustedes en birmano y yo en español», un Ave María. Antes del encuentro, en la catedral de Santa María, el Papa saludó a un sacerdote en silla de ruedas y se tomó una foto con los niños del coro.