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El Bangladesh que espera a Papa Francisco

Bangladesh espera al Papa Francisco

La sobre-población, la pobreza, el espíritu de acogida, la laboriosidad: el rostro del país asiático según la descripción de sor Annamaria Panza y del padre Franco Cagnasso

Sor Annamaria Panza, misionera en Bangladesh desde hace 13 años

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Pubblicato il 22/11/2017
CRISTINA UGUCCIONI
DHAKA

Después de haber visitado Myanmar, el Papa Francisco (del 30 de noviembre al 2 de diciembre próximos) visitará Bangladesh. La densidad de la población de este país, que nació en 1971, es de las mayores del mundo: 160 millones de habitantes en un territorio de alrededor de 15.000 kilómetros cuadrados (la mitad del territorio, por ejemplo, de Italia). Los católicos constituyen una pequeña minoría, con menos de 400.000 personas. Después siguen los protestantes (menos de 300.000), los budistas (alrededor de 700.000) e hindúes (poco menos de 8 millones). La gran mayoría de la población es musulmana.

 

La expectativa de los musulmanes

 

«Todos los órganos de información han anunciado la visita del Pontífice, la población musulmana me parece muy curiosa e interesada, también porque el Papa Francisco ha reservado una especial atención por los grandes sufrimientos de los musulmanes Rohinyá, que, huyendo en masa de Myanmar, fueron acogidos en campos para prófugos que contruyó el gobierno aquí en el sur. En el país no todos tienen las ideas muy claras: algunos me han preguntado dónde se encuentra el Vaticano o si el Vaticano es un estado mayor que Italia». Lo dijo a Vatican Insider el padre Franco Cagnasso, de 74 años (20 de los cuales los ha pasado en Bangladesh), misionero del PIME que vive en Dhaka, la capital, donde ofrece sus servicios en una parroquia de la periferia, enseña y se ocupa de la formación de un grupo de jóvenes que están buscando su vocación.

 

Los misioneros del PIME 

 

Llegaron a este territorio, que entonces pertenecía a la India, en 1855; en él se quedaron cuando, en 1947 fue fundado Paquistán y también en 1971, cuando, después de una guerra cruel, nació Bangladesh. En la actualidad los misioneros y las misioneras (Monjas Misioneras de la Inmaculada) del PIME son respectivamente 22 y 54 (de las cuales solo 15 son extranjeras). Están presentes en las ciudades y en diferentes zonas rurales habitadas por aborgígenes, se ocupan de la evangelización y de las actividades pastorales, además de comprometerse en los rubros de la educación, de la salud y social con escuelas, hospitales, consultorios médicos, centros de asistencia y de promoción humana.

 

La alegría de los católicos

 

El padre Franco dice que la llegada casi inminente del Papa Francisco representa una gran alegría para el clero católico local (constituido principalmente por bangladesíes) y para las minúsculas comunidades locales presentes en el territorio. «Los fieles están felices y agradecidos: esperan que el Pontífice les ofrezca buenos pensamientos y de aliento, que los confirme en la fe haciendo que se sientan parte de la gran familia de la Iglesia. Si, como me imagino, los medios describen la visita en términos positivos, los católicos se sentirán incluso orgullosos y finalmente tomados en cuenta, precisamente como sucedió en 1986, en ocasión del viaje de Juan Pablo II, cuando la población musulmana vio con simpatía a los católicos y la policía los elogió públicamente por el admirable comportamiento que demostraron durante la visita».

 

El terrorismo

 

Desgraciadamente, también Bangladesh, en estos años, ha sido atacado en repetidas ocasiones por el terrorismo: el atentado más grave de los últimos tiempos, en el que perdieron la vida también nueve ciudadanos italianos, fue en la capital Dhaka, el primero de julio de 2016. «Aquí la población islámica, que es principalmente pacífica y profesa un islam abierto y moderado, condenó duramente ese y los demás atentados, sosteniendo que los ejecutores no pueden decirse verdaderos musulmanes porque, se afirma, “el Islam es religión de paz”. EL gobierno se está comprometiendo mucho para combatir contra el terrorismo y ha puesto en marcha operaciones de vigilancia en las madrasas (escuelas coránicas, ndr.)», afirmó sor Annamaria Panza, de 53 años (13 de los cuales los ha pasado en Bangladesh), responsable de la comunidad provincial de las Monjas Misioneras de la Inmaculada: «por el momento, en Dhaka, la situación es tranquila, pero hay mucho miedo y se vive en estado de alerta: la policía vigila con mucha atención».

 

Los problemas principales

 

El mayor de los problemas que afectan al país, según sor Annamaria, es «la sobrepoblación. Es expresión ejemplar de ello Dhaka, en donde viven 16 millones de personas y las casas aumentan a un ritmo constante. Se ha convertido en una ciudad extremadamente caótica, casi inhumana. La economía nacional ha tenido un crecimiento tumultuoso, debido principalmente a las tantas fábricas textiles que han surgido en los últimos años, pero todo ello ha provocado fuertes desequilibrios y nuevas formas de pobreza. Muchísimos bangladesíes, sin posibilidades para mantener a sus familias, deciden migrar, por lo que el principal ingreso del país son sus remesas».

 

Pobreza y corrupción

 

Los misioneros y las misioneras del PIME han visto el proceso de urbanización que comenzó en los años ochenta del siglo pasado, y a lo largo de este tiempo se han establecido en las ciudades para promover iniciativas de apoyo a la población. En Dhaka, por ejemplo, abrieron dos estructuras para ofrecer a los trabajadores acompañamiento espiritual y asistencia: «La sobre-población se ha convertido en un problema social: la pobreza está muy extendida, las personas ricas aumentan, pero una multitud inmensa no logra sobrevivir y a menudo trabaja en condiciones inhumanas», subrayó el padre Franco, que añadió: «Otro de los problemas que afligen al país, y del que se quejan los mismos bangladesíes, es la corrupción: creo que esta plaga explica la difusión entre la población musulmana de la petición de instaurar la ley islámica o leyes que se inspiren en ella. Es importante subrayarlo: aunque en Bangladesh exista una minoría radical y violenta, esta petición no debe ser considerada como fruto de una postura radical, pues manifiesta la cada vez mayor convicción de que el islam podría ser la mejor solución para organizar a la sociedad y, como consecuencia, erradicar el fenómeno de la corrupción».

 

Las minorías religiosas

 

En Bangladesh, en donde el islam es la religión estatal desde 1988, existe la libertad de culto: no hay obstáculos para la práctica religiosa ni para la construcción de nuevos lugares de culto. Las leyes tutelan a las minorías y no prevén explícitas discriminaciones, según indicaron sor Annamaria y el padre Franco: «Por otra parte, en realidad, las minorías religiosas, paralelamente a las minorías étnicas, son a menudo penalizadas». Y añadió el padre Franco: «No me gustaría atribuir la culpa de todo ello al islam en cuanto tal: como sucede en otros países, cuando una comunidad representa a la mayoría y al mismo tiempo es fuerte y unida puede acabar penalizando a las minorías incluso sin darse cuenta. No se puede negar que hechos de abusos, normalmente detonados por razones económicas, dañen a las minorías, que son objetivos más fáciles».

 

El diálogo interreligioso

 

La Iglesia católica local ha instituido la Comisión para el diálogo interreligioso que trabaja con mucho compromiso; para promover el conocimiento recíproco en cada diócesis se organizan encuentros y debates, en los que también participan sor Annamaria y el padre Franco: «Tenemos la impresión de que el diálogo interreligioso no es un tema particularmente importante para la población, pero hay iniciativas apoyadas por pequeños grupos de personas que desean conocerse y ofrecer un contributo al desarrollo del país y a la cohesión social». En la capital, por ejemplo, se lleva a cabo cada año una peregrinación a los lugares de culto de las diferentes religiones. En la universidad de Dhaka surgióel departamento de Ciencia de las religiones, con profesores cristianos, musulmanes, hindúes y budistas. Además, en ocasión de la graves emergencias, como por ejemplo un aluvión, grupos de religiones diferentes se reúnen para ponerse de acuerdo sobre cómo coordinar los rescates y la ayuda.

 

Un pueblo, muchas cualidades

 

Después de muchos años de vivir en Bangladesh, el padre Franco y sor Annamaria han aprendido a conocer a este pueblo, del que aprecian muchas peculiaridades: «los bangladesíes poseen un fuerte sentido de la familia, un notable espíritu de acogida y una admirable laboriosidad: aquí nadie está con los brazos cruzados, nadie se desespera: incluso en las situaciones más difíciles todos buscan paciente y obstinadamente modos para arreglárselas y seguir adelante». Sor Annamaria añade: «Admiro mucho también su sentido artístico, gracias al cual crean cuadros, música y cantos de una belleza refinada. Otra peculiaridad de este pueblo que siempre me ha sorprendido mucho es el sentido de lo divino: en Bangladesh se puede decir que no existe el ateísmo: todos creen en la existencia de Dios y están seguros de Su cercanía. En este país las mujeres cuentan poco, pero yo soy muy respetada precisamente porque, en cuanto religiosa, soy, para todos “una mujer de Dios”: las personas con las que me encuentro (pertenezcan a la religión que pertenezcan) me piden que rece por ellas y que las bendiga. En Bangladesh la bendición (la de los padres a los hijos, de los ancianos a los jóvenes, de los religiosos a todos) es importantísima, en cierta manera es indispensable para vivir».

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Catequesis del Papa el miércoles 22 de noviembre.

Audiencia general

Catequesis del Santo Padre
Saludos en las diversas lenguas
La audiencia general ha tenido lugar esta mañana a las 9,25  en la Plaza de San Pedro   donde el Santo Padre Francisco ha encontrado  a los grupos de peregrinos y fieles procedentes de Italia y de todos los lugares del mundo.
El Papa ha proseguido su nuevo ciclo de catequesis dedicada a la santa misa, cuyo tema ha sido esta vez:  “La misa es el memorial del misterio pascual de Cristo” . Tras resumir su catequesis en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes.
La audiencia general ha terminado con el canto del   Pater Noster  y la  bendición apostólica.
Catequesis del Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas: ¡buenos días!
Continuando con la catequesis  sobre la misa, podemos preguntarnos: ¿Qué es esencialmente la misa? La misa es el memorial del misterio pascual de Cristo . Nos hace partícipes  de su victoria sobre el pecado y la muerte, y da un significado pleno a nuestra vida.
Por eso, para comprender el valor de la misa, debemos entender ante todo el significado bíblico del “memorial”. No es “solamente el recuerdo de los acontecimientos del pasado, sino la proclamación de las maravillas que Dios ha realizado en favor de los hombres (cf Ex 13,3). En la celebración litúrgica, estos acontecimientos se hacen, en cierta forma, presentes y actuales. De esta manera Israel entiende su liberación de Egipto: cada vez que es celebrada la pascua, los acontecimientos del Éxodo se hacen presentes a la memoria de los creyentes a fin de que conformen su vida a estos acontecimientos”. “( Catecismo de la Iglesia Católica, 1363 ). Jesucristo, con su pasión, muerte, resurrección y ascensión al cielo, ha llevado a cumplimiento la Pascua. Y la misa es el memorial de su Pascua, de su “éxodo” que  cumplió por nosotros, para sacarnos de la esclavitud y hacernos entrar en la tierra prometida de la vida eterna. No es solamente un recuerdo, no; es mucho más: es hacer presente lo que sucedió hace veinte siglos.
La Eucaristía nos lleva siempre a la cumbre de la acción salvífica de  Dios: el Señor Jesús, haciéndose pan partido para nosotros, derrama sobre todos nosotros su misericordia y su amor, como hizo en la cruz, con el fin de renovar nuestro corazón, nuestra existencia y nuestra forma de comunicarnos con Él y con nuestros hermanos. Dice el Concilio Vaticano II:.. ” La obra de nuestra redención se efectúa cuantas veces se celebra en el altar el sacrificio de la cruz, por medio del cual «Cristo, que es nuestra Pascua, ha sido inmolado»” (Const. dogmática Lumen Gentium , 3).
Cada celebración de la Eucaristía es un rayo de ese sol sin ocaso que es Jesús resucitado. Participar en la Misa, especialmente el domingo, significa entrar en la victoria del Resucitado, ser iluminados por su luz, calentados por su calor. A través de la celebración eucarística, el Espíritu Santo nos hace partícipes de la vida divina que es capaz de transfigurar todo nuestro ser mortal. Y en su paso de la muerte a la vida, del tiempo a la eternidad, el Señor Jesús también nos arrastra con Él para hacer  Pascua. En la misa se hace Pascua. En la misa nosotros estamos con Jesús, muerto y resucitado y Él nos empuja hacia adelante, a la vida eterna,  En la misa, nos unimos a Él. Más aún, Cristo vive en nosotros y nosotros vivimos en Él. ” Con Cristo estoy crucificado, -dice San Pablo- y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí. La vida que vivo al presente, en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí “( Gálatas 2: 19-20). Así pensaba Pablo.
En efecto,  su sangre  nos libera de la muerte y del miedo a la muerte. Nos libera no solo del dominio de la muerte física, sino también de la muerte espiritual, que es el mal, el pecado, que se apodera de nosotros  cada vez que somos víctimas de nuestros pecados o de los pecados  de los demás. Y entonces nuestra vida se contamina, pierde belleza, pierde significado, se marchita.
Cristo, en cambio, nos vuelve a dar la vida; Cristo  es la plenitud de la vida, y cuando se enfrentó a la muerte la aniquiló para siempre: “Resucitando destruyó la muerte y nos dio nueva  vida”.  La Pascua de Cristo es la victoria definitiva sobre la muerte porque Él transformó su muerte en acto supremo de amor. ¡Murió por amor! Y en la Eucaristía quiere comunicarnos este amor pascual y victorioso. Si lo recibimos con fe, también nosotros  podemos amar verdaderamente a Dios y al prójimo, podemos amar cómo Él nos amó, dando la vida.
Si el amor de Cristo está en mí, puedo entregarme plenamente al otro en la certeza interior  de que si el otro me hiriera, yo  no moriría; de lo contrario, debería defenderme. Los mártires han dado sus vidas por esta certeza de la victoria de Cristo sobre la muerte. Solo si experimentamos este poder de Cristo, el poder de su amor, somos verdaderamente libres de darnos sin temor. Esto es la misa: entrar en esta pasión, muerte, resurrección, ascensión de Jesús. Cuando vamos a misa es como si fuéramos al calvario, lo mismo. Pero pensad: Si en el momento de la misa vamos al calvario- imaginadlo- y sabemos que el hombre que está allí es Jesús: ¿Nos pondríamos a hablar, a sacar fotografías, a hacer un espectáculo? ¡No! ¡Porque es Jesús! De seguro estaríamos en silencio, en llanto y también con la alegría de ser salvados. Cuando entramos en una iglesia para ir a misa pensemos en esto: entro en el calvario, donde Jesús da su vida por mí. Y así se acaba el espectáculo, se acaban las charlas, los comentarios y estas cosas que nos alejan de algo tan hermoso como es la misa, el triunfo de Jesús.
Creo que está más claro ahora que la Pascua está presente y activa cada vez que celebramos la misa, es decir, el sentido del memorial . La participación en la Eucaristía nos adentra en el misterio pascual de Cristo, haciéndonos pasar con Él de la muerte a la vida, es decir, allí en el calvario. La misa es rehacer el calvario, no un espectáculo.Inizio modulo


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Es oportuna la próxima visita del Papa a Myanmar? La opinión de Thomas Reese, S.J.

Pope Francis shouldn’t risk going to Myanmar

This article appears in the Francis in Myanmar and Bangladesh feature series. View the full series.

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A Rohingya refugee carries his son and belongings into Teknaf, Bangladesh, Oct. 25. (CNS/Adnan Abidi, Reuters)

Next week, Pope Francis will make a visit to Myanmar, where he risks either compromising his moral authority or putting in danger the Christians of that country. I have great admiration for the pope and his abilities, but someone should have talked him out of making this trip.

I pray I am wrong.

Myanmar is a mess.

Under a veneer of democracy, the military still holds most of the power, including control of the police and other security forces. Allied with the military are radical Buddhist monks who have rallied their people against the Rohingya, a Muslim minority whom they consider hostile foreigners even though they have been in Myanmar for generations. The result has been what the United Nations calls a textbook case of ethnic cleansing, one that some people think borders on genocide.

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The evidence is overwhelming. Satellite photos show scores of villages burned to the ground. Nearly 600,000 Rohingya have fled their country becoming refugees in Bangladesh. Journalists and human rights organizations have recorded hundreds of eyewitness stories of systematic rape, mass murder, and organized terror against the Rohingya by the Myanmar military. The refugees in overcrowded, disorganized camps are clearly traumatized by their experience.

This crisis did not just suddenly appear without notice. The U.S. Commission on International Religious Freedom has been documenting the abuse of the Rohingya for years and has listed Myanmar, which the U.S. State Department still calls Burma, as a “country of particular concern,” one of the worst countries in the world on religious freedom.

Although I have been a commissioner of the commission since appointed by President Barack Obama in 2014, the views expressed in this column are my own and do not necessarily represent the views of the commission.

In its annual reports, the commission has been very critical of Myanmar. In December 2016, it also published a special report on “The Ongoing Persecution of Rohingya Muslims in Burma.” But it is not only the Muslims who have been persecuted by the Buddhist majority. Also documented by the commission is the hidden plight of the Christian minorities in Burma.

This is why the pope’s Myanmar visit, which begins on Nov. 27, is so dangerous for the 4 percent of the population that is Christian, including the 659,000 Catholics.

On the one hand, his prophetic voice should be on the side of the Rohingya refugees, but the Myanmar military and government deny any ethnic cleansing is happening. A strong defense of the Rohingya will lead to increased persecution of the Christians in Myanmar. Cardinal Charles Maung Bo, archbishop of Yangon, has warned the pope not to even use the word “Rohingya,” a term the Buddhist majority rejects.

In the last century, Pope Pius XII faced a similar dilemma. Would speaking out against genocide of the Jews during World War II put Catholics at risk? Francis is walking through the same mine field in Myanmar. If he is prophetic, he puts Christians at risk; if he is silent about the persecution of the Rohingya, he loses moral credibility. While I hope he and the Myanmar Christians survive the experience, Pius XII’s credibility clearly did not.

This is not the first visit of Francis to a troubled land. He visited the Middle East in 2014, and Cuba and the Central African Republic in 2015. Those trips were almost universally deemed successes. If he is equally successful in Myanmar, I will not be surprised to see him walk on water.

[Jesuit Fr. Thomas Reese is a columnist for Religion News Service and author of Inside the Vatican: The Politics and Organization of the Catholic Church.]

Editor’s note: Sign up to receive free newsletters, and we will notify you when new columns by Fr. Reese are published.


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Mensaje del Papa a Bangladesh ante su próxima visita

Video mensaje del Papa Francisco a Bangladés en vísperas de su viaje

2017-11-21 Radio Vaticana

 

El Papa Francisco envió un video mensaje a todo el pueblo bangladesí, como es tradicional, antes de emprender su Viaje Apostólico a esta nación, del 30 de noviembre al 2 de diciembre de 2017, donde llegará procedente de Myanmar, con el lema «Armonía y Paz».

El Obispo de Roma dirige «una palabra de saludo y de amistad» y recuerda que peregrina «como ministro del Evangelio de Jesucristo, para proclamar su mensaje de reconciliación, de perdón y de paz». Así como su anhelo de confirmar a los católicos en «la fe y en el testimonio del Evangelio, que enseña la dignidad de todo hombre y mujer, y nos llama a abrir nuestros corazones a los demás, en especial a los más pobres y necesitados»

Destacando también su alegría ante el encuentro con los líderes religiosos en Ramna, el Papa reitera la importancia actual de impulsar el respeto mutuo como miembros de la «única familia humana».

El mensaje pontificio termina invocando las «divinas bendiciones de alegría y de paz» sobre Bangladés.

«Queridos amigos

mientras me preparo a visitar Bangladés, ya dentro de pocos días, deseo enviar una palabra de saludo y de amistad a todo su pueblo. No veo la hora de que llegue el momento en el que podremos estar juntos.

Llego como ministro del Evangelio de Jesucristo, para proclamar su mensaje de reconciliación, de perdón y de paz. Mi visita tiene la intención de confirmar a la comunidad católica de Bangladés en su fe y en su testimonio del Evangelio, que enseña la dignidad de todo hombre y mujer, y nos llama a abrir nuestros corazones a los demás, en especial a los más pobres y necesitados.

Al mismo tiempo, deseo encontrar al pueblo entero. En especial, no veo la hora de encontrar a los líderes religiosos en Ramna. Vivimos en un tiempo en el que los creyentes y los hombres de buena voluntad, en todo lugar, están llamados a promover recíprocamente la comprensión y el respeto y a sostenerse el uno con el otro, como miembros de la única familia humana.

Sé que muchos en Bangladés están trabajando con empeño para preparar mi visita y les agradezco. Pido a cada uno que rece para que los días en los cuales estaré con ustedes puedan ser fuente de esperanza y de aliento para todos. ¡Sobre ustedes y sus familias invoco las divinas bendiciones de alegría y de paz!».

(CdM)


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El Papa sobre el diaconado.

El Papa: “Diaconado permanente, signo visible de la diaconía de Cristo Siervo en la historia de los hombres”

2017-11-20 Radio Vaticana

 

“La Iglesia encuentra en el Diaconado permanente la expresión y al mismo tiempo, el impulso vital para hacerse ella misma signo visible de la diaconía de Cristo Siervo en la historia de los hombres”, lo escribe el Papa Francisco en el prefacio del libro titulado: “El Diaconado en el pensamiento de Papa Francisco. Una iglesia pobre para los pobres”, escrito por Enzo Petrolino, Presidente del Diaconado de Italia.

El texto – presentado en rueda de prensa la tarde de este lunes, 20 de noviembre, en la Sala Marconi de Palacio Pío del Vaticano – recopila las intervenciones del entonces Arzobispo de Buenos Aires, sobre el diaconado durante el curso de su ministerio episcopal en Argentina y aquellas más recientes pronunciadas como Obispo de Roma.

En el prefacio de este volumen, el Santo Padre resalta el extraordinario crecimiento espiritual y pastoral de la Iglesia en los últimos decenios, gracias a la profunda recepción de los documentos del Concilio Vaticano II. “En este contexto – escribe el Santo Padre – el diaconado permanente ha reencontrado las raíces de su presencia en la comunidad de los creyentes y en el más amplio tejido social, adquiriendo de una parte conciencia del propio rol de servicio a Cristo y a los hombres, y recibiendo, de otra parte, un nuevo impulso de las orientaciones que el Magisterio ha dado a lo largo de estos años a la común reflexión eclesial”.

Así mismo, el Papa Francisco subraya que es necesario profundizar el desarrollo que el Diaconado permanente ha vivido hasta hoy, para comprender mejor su recorrido, mediante una lectura que contenga toda la riqueza doctrinal, pastoral y exhortativa. “La Iglesia encuentra en el Diaconado permanente – puntualiza el Pontífice – la expresión y al mismo tiempo el impulso vital para hacerse ella misma signo visible de la diaconía de Cristo Siervo en la historia de los hombres”. Por ello, es importante señala el Papa, la sensibilidad en la formación de una “conciencia diaconal” que puede considerarse el motivo de fondo que debe penetrar en las comunidades cristianas.

Otro aspecto importante, puntualiza el Papa Francisco, es aquel de la oración por las vocaciones. También hoy, agrega, la comunidad cristiana debe estar siempre presente en el germinar de las vocaciones, en su formación y en su perseverancia. “Toda la diaconía de la Iglesia – de la cual aquella ministerial es signo e instrumento – tiene su corazón pulsante en el Ministerio Eucarístico y se realiza ante todo en el servicio de los pobres que son el rostro de Cristo sufriente”.

A lo largo de las etapas del camino diaconal, evidencia el Papa Francisco, a lo largo de estos años, el magisterio pontificio ha dejado una huella al mismo tiempo clara y motivadora en el signo de la obediencia fiel y de la alegría que debe acompañar la misión del diácono en la Iglesia y en el mundo de hoy, amplificando las orientaciones indicadas por el Concilio y alargando los horizontes de acción. Por ello, afirma el Papa, “el ministerio diaconal debe ser visto, pues, como parte integrante del trabajo hecho por el Concilio para preparar a la entera Iglesia a un renovado apostolado en el mundo de hoy. Los diáconos pueden ser definidos pioneros de una nueva civilización del amor, como amaba decir Juan Pablo II”.


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El Papa sobre el diaconado permanente.

El Papa: “Diaconado permanente, signo visible de la diaconía de Cristo Siervo en la historia de los hombres”

 

 

“La Iglesia encuentra en el Diaconado permanente la expresión y al mismo tiempo, el impulso vital para hacerse ella misma signo visible de la diaconía de Cristo Siervo en la historia de los hombres”, lo escribe el Papa Francisco en el prefacio del libro titulado: “El Diaconado en el pensamiento de Papa Francisco. Una iglesia pobre para los pobres”, escrito por Enzo Petrolino, Presidente del Diaconado de Italia.

El texto – presentado en rueda de prensa la tarde de este lunes, 20 de noviembre, en la Sala Marconi de Palacio Pío del Vaticano – recopila las intervenciones del entonces Arzobispo de Buenos Aires, sobre el diaconado durante el curso de su ministerio episcopal en Argentina y aquellas más recientes pronunciadas como Obispo de Roma.

En el prefacio de este volumen, el Santo Padre resalta el extraordinario crecimiento espiritual y pastoral de la Iglesia en los últimos decenios, gracias a la profunda recepción de los documentos del Concilio Vaticano II. “En este contexto – escribe el Santo Padre – el diaconado permanente ha reencontrado las raíces de su presencia en la comunidad de los creyentes y en el más amplio tejido social, adquiriendo de una parte conciencia del propio rol de servicio a Cristo y a los hombres, y recibiendo, de otra parte, un nuevo impulso de las orientaciones que el Magisterio ha dado a lo largo de estos años a la común reflexión eclesial”.

Así mismo, el Papa Francisco subraya que es necesario profundizar el desarrollo que el Diaconado permanente ha vivido hasta hoy, para comprender mejor su recorrido, mediante una lectura que contenga toda la riqueza doctrinal, pastoral y exhortativa. “La Iglesia encuentra en el Diaconado permanente – puntualiza el Pontífice – la expresión y al mismo tiempo el impulso vital para hacerse ella misma signo visible de la diaconía de Cristo Siervo en la historia de los hombres”. Por ello, es importante señala el Papa, la sensibilidad en la formación de una “conciencia diaconal” que puede considerarse el motivo de fondo que debe penetrar en las comunidades cristianas.

Otro aspecto importante, puntualiza el Papa Francisco, es aquel de la oración por las vocaciones. También hoy, agrega, la comunidad cristiana debe estar siempre presente en el germinar de las vocaciones, en su formación y en su perseverancia. “Toda la diaconía de la Iglesia – de la cual aquella ministerial es signo e instrumento – tiene su corazón pulsante en el Ministerio Eucarístico y se realiza ante todo en el servicio de los pobres que son el rostro de Cristo sufriente”.

A lo largo de las etapas del camino diaconal, evidencia el Papa Francisco, a lo largo de estos años, el magisterio pontificio ha dejado una huella al mismo tiempo clara y motivadora en el signo de la obediencia fiel y de la alegría que debe acompañar la misión del diácono en la Iglesia y en el mundo de hoy, amplificando las orientaciones indicadas por el Concilio y alargando los horizontes de acción. Por ello, afirma el Papa, “el ministerio diaconal debe ser visto, pues, como parte integrante del trabajo hecho por el Concilio para preparar a la entera Iglesia a un renovado apostolado en el mundo de hoy. Los diáconos pueden ser definidos pioneros de una nueva civilización del amor, como amaba decir Juan Pablo II”.


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Homilía del Papa en la Primera jornada mundial de los pobres.

“Los pobres son nuestro pasaporte al paraíso”

En la misa de la primera Jornada Mundial de los Pobres, Francisco advirtió sobre el «gran pecado de la indiferencia; es deber evangélico cuidar a los que sufren»; el Pontífice reza por la tripulación del submarino argentino “Ara de San Juan”
ANSA

La Misa en esta primera Jornada Mundial de los Pobres

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Pubblicato il 19/11/2017
Ultima modifica il 19/11/2017 alle ore 12:56
GIACOMO GALEAZZI
CIUDAD DEL VATICANO

«En el pobre, Jesús llama a la puerta de nuestro corazón y, sediento, nos pide amor»; «la omisión es también el mayor pecado contra los pobres —afirmó Francisco. Aquí adopta un nombre preciso: indiferencia». Y añadió: «todos somos mendigos de lo esencial, del amor de Dios, que nos da el sentido de la vida y una vida sin fin. Por eso hoy también tendemos la mano hacia Él para recibir sus dones», porque «para el cielo no vale lo que se tiene, sino lo que se da, y “el que acumula tesoro para sí” no se hace “rico para con Dios”». Y es por este motivo que «nadie puede considerarse inútil, ninguno puede creerse tan pobre que no pueda dar algo a los demás». En la homilía de la misa celebrada en ocasión de la primera Jornada Mundial de los Pobres, el Papa reflexionó sobre las Sagradas Escrituras para lanzar un llamado a los fieles que llegaron de todo el mundo a la Plaza San Pedro: «No busquemos lo superfluo para nosotros, sino el bien para los demás, y nada de lo que vale nos faltará. Amar al pobre significa luchar contra todas las pobrezas, espirituales y materiales». Y advirtió que «no hacer nada malo no es suficiente, porque Dios no es un revisor que busca billetes sin timbrar, es un Padre que sale a buscar hijos para confiarles sus bienes y sus proyectos». Y es triste «cuando el Padre del amor no recibe una respuesta de amor generosa de parte de sus hijos, que se limitan a respetar las reglas, a cumplir los mandamientos, como si fueran asalariados en la casa del Padre». En su meditación, el Papa advirtió sobre la tentación de considerarse ajenos al prójimo en dificultades pensando «No es algo que me concierne, no es mi problema, es culpa de la sociedad». Una actitud que consiste en «mirar a otro lado cuando el hermano pasa necesidad, es cambiar de canal cuando una cuestión seria nos molesta», y también «indignarse ante el mal, pero no hacer nada. Dios, sin embargo, no nos preguntará si nos hemos indignado con razón, sino si hicimos el bien». Pero, precisó el Papa, «Dios no nos preguntará si nos hemos indignado con razón, sino si hicimos el bien». Por ello se preguntó: «¿cómo podemos complacer al Señor de forma concreta?». «Cuando se quiere agradar a una persona querida, haciéndole un regalo, por ejemplo, es necesario antes de nada conocer sus gustos, para evitar que el don agrade más al que lo hace que al que lo recibe —afirmó. Cuando queremos ofrecer algo al Señor, encontramos sus gustos en el Evangelio».

 

Entonces el Pontífice invocó al Señor, «que tiene compasión de nuestra pobreza y nos reviste de sus talentos», para que «nos dé la sabiduría de buscar lo que cuenta y el valor de amar, no con palabras sino con hechos». Después de la lectura del Evangelio, Jorge Mario Bergoglio subrayó que «tenemos la alegría de partir el pan de la Palabra, y dentro de poco de partir y recibir el Pan Eucarístico, que son alimento para el camino de la vida. Todos lo necesitamos, ninguno está excluido». Y es por ello que debemos «la mano hacia Él para recibir sus dones», exhortó. Precisamente los dones son el argumento de la parábola del Evangelio: nos dice que nosotros somos «destinatarios de los talentos de Dios, “cada cual según su capacidad”». Y, recomendó el Papa, «en primer lugar, debemos reconocer que tenemos talentos, somos “talentosos” a los ojos de Dios. Por eso nadie puede considerarse inútil, ninguno puede creerse tan pobre que no pueda dar algo a los demás. Hemos sido elegidos y bendecidos por Dios, que desea colmarnos de sus dones, mucho más de lo que un papá o una mamá quieren para sus hijos». Y Dios, «para el que ningún hijo puede ser descartado, confía a cada uno una misión». Según Jorge Mario Bergoglio, Dios, «como Padre amoroso y exigente que es, nos hace ser responsables». De hecho, «en la parábola vemos que cada siervo recibe unos talentos para que los multiplique». Pero «mientras los dos primeros realizan la misión, el tercero no hace fructificar los talentos; restituye sólo lo que había recibido». Y dice: «“Tuve miedo —dice—, y fui y escondí tu talento en la tierra; mira, aquí tienes lo que es tuyo”. Este siervo recibe como respuesta palabras duras: “Siervo malo y perezoso”».El Pontífice se preguntó qué es lo que no le ha gustado al Señor: «para decirlo con una palabra que tal vez ya no se usa mucho y, sin embargo, es muy actual, diría: la omisión. Lo que hizo mal fue no haber hecho el bien. Muchas veces nosotros estamos también convencidos de no haber hecho nada malo y así nos contentamos, presumiendo de ser buenos y justos».

 

Pero de esta manera «corremos el riesgo de comportarnos como el siervo malvado: tampoco él hizo nada malo, no destruyó el talento, sino que lo guardó bien bajo tierra». Efectivamente, recordó el Papa, «el siervo malvado, a pesar del talento recibido del Señor, el cual ama compartir y multiplicar los dones, lo ha custodiado celosamente, se ha conformado con preservarlo. Pero quien se preocupa sólo de conservar, de mantener los tesoros del pasado, no es fiel a Dios. En cambio, la parábola dice que quien añade nuevos talentos, ese es verdaderamente “fiel”, porque tiene la misma mentalidad de Dios y no permanece inmóvil: arriesga por amor, se juega la vida por los demás, no acepta el dejarlo todo como está. Sólo una cosa deja de lado: su propio beneficio. Esta es la única omisión justa».

 

Francisco citó nuevamente el pasaje evangélico del día, en el que Jesús dice: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis». Y explicó: «estos hermanos más pequeños, sus predilectos, son el hambriento y el enfermo, el forastero y el encarcelado, el pobre y el abandonado, el que sufre sin ayuda y el necesitado descartado», en sus rostros «podemos imaginar impreso su rostro; sobre sus labios, incluso si están cerrados por el dolor, sus palabras: “Esto es mi cuerpo”». Por ello, «cuando vencemos la indiferencia y en el nombre de Jesús nos prodigamos por sus hermanos más pequeños, somos sus amigos buenos y fieles, con los que Él ama estar». Y «Dios lo aprecia mucho, aprecia la actitud que hemos escuchado en la primera Lectura, la de la “mujer fuerte” que “abre sus manos al necesitado y tiende sus brazos al pobre”». Esta es «la verdadera fortaleza: no los puños cerrados y los brazos cruzados, sino las manos laboriosas y tendidas hacia los pobres, hacia la carne herida del Señor».

 

En los pobres «se manifiesta la presencia de Jesús, que siendo rico se hizo pobre». En ellos, pues, «en su debilidad, hay una “fuerza salvadora”. Y si a los ojos del mundo tienen poco valor, son ellos los que nos abren el camino hacia el cielo, son “nuestro pasaporte para el paraíso”». Y «para nosotros un deber evangélico cuidar de ellos, que son nuestra verdadera riqueza, y hacerlo no sólo dando pan, sino también partiendo con ellos el pan de la Palabra, pues son sus destinatarios más naturales. Amar al pobre significa luchar contra todas las pobrezas, espirituales y materiales». Francisco insistió en ello, porque «nos hará bien» recordarlo.

 

De hecho, concluyó, «acercarnos a quien es más pobre que nosotros, tocará nuestra vida. Nos hará bien, nos recordará lo que verdaderamente cuenta: amar a Dios y al prójimo». Y esto es lo único que «dura para siempre, todo el resto pasa; por eso, lo que invertimos en amor es lo que permanece, el resto desaparece». Hoy, exhortó, «podemos preguntarnos: “¿Qué cuenta para mí en la vida? ¿En qué invierto? ¿En la riqueza que pasa, de la que el mundo nunca está satisfecho, o en la riqueza de Dios, que da la vida eterna?”. Esta es la elección que tenemos delante: vivir para tener en esta tierra o dar para ganar el cielo. Porque para el cielo no vale lo que se tiene, sino lo que se da».

 

Al final de la Misa, el Papa recitó el Ángelus y rezó incluso «por la tripulación del submarino militar argentino con el que se ha perdido contacto». Además, insistió el Papa, «quiero hoy recordar de manera particular a las poblaciones que viven una dolorosa pobreza a causa de la guerra y de los conflictos. Por eso renuevo a la comunidad internacional un apremiante llamamiento a comprometer todo esfuerzo posible para favorecer la paz, en particular en Oriente Medio. Dirijo un pensamiento especial al querido pueblo libanés y rezo por la estabilidad del País, para que pueda continuar siendo un “mensaje” de respeto y convivencia para toda la Región y para el mundo entero».

 

Dios, aseguró el Pontífice, nos estima enormemente, y esta conciencia «nos ayuda a ser personas responsables en cada una de nuestras acciones». Esto nos debe «infundir valor, mientras el miedo inmoviliza siempre y a menudo nos lleva a tomas decisiones equivocadas. El miedo desanima tomar decisiones, induce a refugiarse en soluciones seguras y garantizadas, y así no se acaba haciendo nada bueno». Y «para salir adelante en la vida y crecer en el camino de la vida, hay que tener confianza, no debemos pensar que Dios es un patrón malo, duro y severo que quiere castigarnos. Si dentro de nosotros existe esta imagen equivocada de Dios, entonces nuestra vida no podrá ser fecunda, porque viviremos con el miedo y esto no nos llevará a nada constructivo».

 

Dios, subrayó Jorge Mario Bergoglio, «no es un patrón severo e intolerante, sino un padre lleno de amor y ternura, de bondad». Por ello, «podemos y debemos tener una inmensa confianza en Él. Jesús nos muestra la generosidad y la premura del Padre en muchos modos: con su palabra, con sus gestos, con su acogida hacia todos, especialmente hacia los pecadores, los pequeños y los pobres». De hecho, «sus advertencias indican su interés por que no desperdiciemos inútilmente nuestra vida». Y «la parábola de los talentos nos llama a una responsabilidad personal y a una fidelidad que se convierte también en la capacidad de volvernos a poner constantemente en camino por nuevas vías, sin enterrar el talento, es decir los dones que Dios nos ha encomendado, y de los que nos pedirá cuentas». Y después pidió que la Virgen Santa «interceda por nosotros, para que permanezcamos fieles a la voluntad de Dios haciendo que den frutos los talentos con los que nos ha dotado, así seremos iguales a los demás y, en el último día, seremos acogidos por el Señor, que nos invitará a participar de su alegría».

 

Después de haber recitado la oración mariana, el Papa recordó que «hoy recurre también el Día mundial en recuerdo de las víctimas de accidentes de tráfico, instituida por la ONU. Aliento a las instituciones públicas en el compromiso de la prevención, y exhorto a los automovilistas a la prudencia y al respeto de las reglas, como primera forma de tutela de sí mismos y de los demás».