Loiola XXI

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Haití: violencia y grave crisis nacional. Llamamiento de los obispos

Anti-government protests continue in HaitiAnti-government protests continue in Haiti  (ANSA)

Haití: “El momento es grave”, denuncian los Obispos

Tal como informa la Agencia de noticias Fides, los Obispo haitianos declaran: “El momento es grave, porque hay violencia contra la vida. Deploramos la pérdida de vidas y bienes registrados recientemente en las manifestaciones. Aprovechamos esta oportunidad para expresar nuestra solidaridad con las víctimas y los familiares de las víctimas”

Ciudad del Vaticano

“La hora es grave, la pobreza aumenta, el bien común está amenazado. ¡El país está al borde del abismo! Esta situación no puede durar más”. Con estas palabras los Obispos de la Conferencia Episcopal de Haití se refieren a la terrible situación de violencia general que se vive en el país después de que la población saliera a las calles para manifestarse contra el gobierno del Presidente Jovenel Moïse.

El sábado 9 de febrero, en Puerto Príncipe, un niño de 14 años fue asesinado durante una manifestación, mientras otra persona murió el domingo 10 en Jacmel, tal como informaron los medios locales. La policía utilizó gas lacrimógeno para dispersar a los cientos de jóvenes de los barrios más pobres que marcharon el lunes 11 en una de las principales arterias de la capital. Los disparos resonaron en las calles aledañas. En la confusión general, las tiendas fueron saqueadas. Y según información local, esta movilización nunca se vio.

Intensificación de la ira popular

La ira popular se está intensificando con el empeoramiento de las dificultades económicas sufridas por la mayoría que es pobre. Ante una inflación que ha superado el 15% durante dos años, la primera solicitud de los manifestantes es tener algo para comer. La frustración se vio agravada por la publicación, a fines de enero, de un informe del Tribunal de Cuentas sobre la gestión desastrosa y las posibles desviaciones de fondos prestados por Venezuela desde el año 2008 para financiar su desarrollo.

Situación de tensión

La situación de tensión continúa. Los bloqueos en las carreteras se reportan en varias ciudades donde los eventos tuvieron lugar el lunes 11 de febrero. Tanto es así que por temor a la violencia, la mayoría de las escuelas, empresas y administraciones permanecieron cerradas. Y a partir de la movilización nacional de la oposición, del 7 de febrero, que marcó los dos años del mandato presidencial de Jovenel Moïse, se organizaron manifestaciones espontáneas menores en los principales centros urbanos. Al mismo tiempo se registraron barricadas construidas por jóvenes que detenían a quienes intentaban cruzarlas, con incendios de vehículos y saqueos a las tiendas, en un ambiente de intimidación que paralizó la capital, Puerto Príncipe.

Por esta razón, los Obispos de este país llaman “a la conciencia de los ciudadanos de los diferentes partidos a una decisión patriótica”, tal como se lee en su mensaje, publicado el lunes por la noche, 11 de febrero, y enviado a la mencionada Agencia Fides.

En busca de una solución inteligente

“Debemos encontrar una solución inteligente que tenga en cuenta los mejores intereses de la nación y la defensa del bien común” – escriben los Obispos – y en este sentido afirman que recurren “a la conciencia de los ciudadanos de los diversos partidos políticos para una decisión patriótica, incluso si es a un costo elevado”.

De ahí que hayan invitado para el 11 de febrero, en la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes y Día Mundial de los Enfermos, a orar por Haití, dirigiendo sus miradas al Señor.


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Haití: a los nueve años del terremoto siguen los problemas y carencias de todo orden.

Nueve años del terremoto de Haití: un país olvidado del mundo

Vatican News entrevista al sacerdote jesuita, padre Miller Lamothé, director del Centro de espiritualidad de la Compañía de Jesús en Haití: un país que vive sumido en la pobreza y que tras 9 años del demoledor terremoto en 2010; sigue sin recuperarse mientras su pueblo es ignorado por gran parte del mundo.

Sofía Lobos – Vatican News

Han pasado 9 años desde la fatídica tarde del 12 de enero de 2010 en el que un demoledor terremoto sacudió Haití, con epicentro a 15 km de Puerto Príncipe, su capital. El primer temblor se produjo a las 16:53 hora local. Según los servicios geológicos fue el más fuerte registrado desde 1770 y sus consecuencias fueron devastadoras, teniendo en cuenta que hablamos del país más pobre del continente americano.

La cifra oficial de fallecidos no es del todo exacta, debido a la dificultad de las tareas de rescate y a la complejidad de llevar a cabo registros organizados en medio de tales circunstancias, pero aproximadamente se calculan unas 230.000 vidas perdidas en semejante catástrofe y 3 millones de afectados.

Haití no logró recuperarse del terremoto

Casi una década después el recuerdo de esta tragedia nacional sigue “fresco” en la memoria del pueblo haitiano, que no logra recuperarse de las graves consecuencias que se desencadenaron tras el terremoto: el nivel de pobreza incrementó alarmantemente, muchas de las estructuras caídas no fueron reconstruidas, el sistema sanitario continúa colapsado en varias áreas, especialmente las más marginadas y el nivel de formación de sus ciudadanos sigue condicionado por la falta de organización, carencia de recursos económicos y empleos estables.

Un país olvidado del mundo

A todo esto se suma un factor crucial para entender la situación actual de Haití: el olvido.

Pasado el terremoto y la atención de los medios, el mundo parece haber dado la espalda a esta pequeña nación, con la excepción de algunas organizaciones internacionales que trabajan en el terreno, así como la Iglesia cuya ayuda se hace efectiva a través de los misioneros y los proyectos sociales que llevan a cabo.

En este contexto Vatican News entrevistó al sacerdote jesuita, P. Miller Lamothé, director del Centro de espiritualidad de la Compañía de Jesús en tierras haitianas:

Escuche la entrevista

Además, nuestro entrevistado explica a fondo la importante labor que desempeñan los jesuitas ayudando a la población que vive sumida en la más extrema de las pobrezas y sufre las consecuencias de la marginación. Destaca especialmente la parte de formación espiritual que proporcionan: “Sin fe en Dios, esta situación no se puede superar”, asegura.

La labor de los jesuitas en Haití

Pasan los años pero el tiempo en Haití parece haberse detenido; las cosas no mejoran, la gente no progresa, la ayuda es insuficiente y la esperanza, a veces, decae en picado. Existen desafíos a los que este pueblo debe enfrentarse para poder finalmente levantarse: “hay que ofrecer la posibilidad a los jóvenes de generar actividades y trabajos, para que puedan vivir con dignidad y no se vean forzados a abandonar el país, en muchas ocasiones arriesgando la propia vida”, concluye el padre Miller.

Desafíos de un país olvidado

 

 


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Haiti, continuo empeoramiento. Situación caótica.

Pobreza-en-HaitiPobreza-en-Haiti  (AFP or licensors)

Hermana Marcella Catozza: Haití va hacia el abismo

La misionera de la Fraternidad Franciscana de Busto Arsizio cuenta a Noticias Vaticanas los brutales ataques lanzados por hombres armados contra el orfanato donde se alojan 146 niños y cómo la situación en el país es una emergencia perpetua

Barbara Castelli – Ciudad del Vaticano

“El jueves pasado por la noche, bandidos armados irrumpieron en el Kay pè Giuss, el orfanato donde acogemos a 146 niños, 30 de los cuales están gravemente discapacitados, y trataron de llevarse el generador de energía. La noche siguiente, 20-25 hombres regresaron en fuerza, con ametralladoras, pistolas, machetes, y atacaron la despensa, que sirve tanto a los niños del orfanato como a los 400 niños de la guardería de la misión, y se llevaron todo. También se llevaron el material higiénico y luego se fueron donde los niños dormían, robando también los colchones y todo lo que encontraron. Todo de una manera violenta”.

La historia de la Hermana Marcella Catozza, a la cabeza de la misión de Vilaj Italyen en Haití, uno de los países más pobres del mundo, nos deja atónitos. La obra del misionero italiano nació en 2005 en Waf Jeremie, en una de las zonas más desfavorecidas de Puerto Príncipe, una barriada construida sobre un vertedero. “El mayor daño sufrido -continúa-, además del daño material, es la fragilidad de estos niños, que ya han sufrido mucho. Aquí están tratando de reconstruir su humanidad en un camino de belleza y bondad. Es como si hubieran recibido otro golpe”.

Haití y su perenne estado de emergencia

Sor Marcella Catozza nos cuenta que el refugio nació “casi por casualidad después del terremoto”, una obra que ha crecido “gracias al generoso trabajo de muchos”. “En este país no hay futuro para los niños -señala- porque es un país que va hacia el abismo, que vive en la violencia, que no va hacia ninguna parte. No estamos construyendo nada para asegurar un futuro diferente: trabajamos como si estuviéramos siempre en una emergencia. Así es como “se detienen las situaciones de emergencia: se hacen comedores, se hacen hospitales, se hacen escuelas en la calle”, todas iniciativas que, sin embargo, “no construyen un futuro diferente” para Haití. Nuestro deseo”, insiste la hermana, “es preparar a estos niños para que cambien de país, pudiendo recibir formación”. Estos acontecimientos nos llevan a acelerar los pasos que queríamos dar: llevar a los primeros 40 niños a nuestras instalaciones italianas, cerca de Asís”.

No hay voluntad de cambiar las cosas

La Hermana Marcella Catozza ha trabajado en el Amazonas, Albania y Vietnam, pero en el Caribe encuentra dificultades que son casi insuperables. La falta de interlocutores, por ejemplo, tanto que no es posible llamar a la policía después de los ataques, porque “la policía tiene miedo de los bandidos, porque los bandidos tienen la realidad en sus manos”. “Es como si siempre tuvieras que empezar de nuevo: nunca logras caminar a través del tiempo”. Y el estado “no ayuda”. Médicos Sin Fronteras, por ejemplo, concluye la Hermana Marcella Catozza, “está saliendo del país: ya han cerrado tres hospitales porque el Estado ha obligado a pagar impuestos alucinantes. Antes, Médicos Sin Fronteras gestionaba hospitales gratuitos: ahora la gente no sabe adónde ir. Este es el drama de este país: no hay voluntad de hacer que las cosas cambien”.

La Vía Láctea Foundation Onlus

La Fondazione Via Lattea Onlus, de la que la Hermana Marcella Catozza es presidenta vitalicia, fue fundada hace unos dos años para apoyar diversas obras en todo el mundo. “El misionero -especifica- debe tener el valor de entregar el trabajo a las personas con las que lo ha hecho, de pedirles un paso de adulto, para que realmente puedan empezar a ser protagonistas de la historia y de las obras que venimos a hacer en su país”.


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Haiti: a falta de recursos internacionales de ayuda humanitaria.

Haití, la ayuda humanitaria en peligro de quedarse sin recursos

UN Photo/Logan Abassi
La Vicesecretaria General, Amina Mohammed (izq.) y la Enviada Especial para Haití, Josette Sheeran, con familias haitianas afectadas por el cólera. Foto: UN Haiti

2 Agosto 2018

El Plan de Respuesta Humanitaria ha recibido sólo 1,5 millones de dólares o un 7 por ciento del llamamiento hecho para 2018. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) hace un llamado a la comunidad internacional a responder con urgencia a las necesidades de ayuda humanitaria del país caribeño.

En los últimos años, Haití ha estado plagado de desastres naturales que han afectado su economía. El país ocupa el cuarto lugar mundial entre las naciones en crisis de déficit de financiamiento para enfrentar la emergencia humanitaria, según un nuevo informe de la FAO.

Plan humanitario 

A la fecha, el Plan de Respuesta Humanitaria de Haití solo ha recibido 1,5 millones de dólares de los 22 millones que se necesitan para dar apoyo a 461.000 personas.

“Nuestros recursos para apoyar a Haití son actualmente muy limitados. Por eso la FAO hace este llamado urgente. Es fundamental actuar ahora para fortalecer la seguridad alimentaria y los medios de vida de los habitantes de la isla. Esto nos permitirá salvar vidas y reforzar su resiliencia para crisis futuras, pero para eso necesitamos a nuestros socios con recursos”, dijo Julio Berdegué, representante regional de la FAO.

Con la mayoría de los haitianos dependiendo de la agricultura para su supervivencia y expuestos a catástrofes recurrentes, rehabilitar y fortalecer los medios de vida es clave para mejorar la seguridad alimentaria y la capacidad de las personas de responder a crisis futuras.

Recuperar la producción  

ONU/Logan Abassi

Para enfrentar la temporada de ciclones, entre otros aspectos, la FAO señaló que el requerimiento más urgente para el periodo entre julio y diciembre son 6,5 millones de dólares para dar apoyo a 142.000 personas.

Los fondos serán utilizados para recuperar la producción de ganado y peces, mediante labores de capacitación, distribución de equipos de pesca, la reconstrucción de los barcos, la provisión de clínicas veterinarias móviles y la instalación de campos de forraje.

Haití es extremadamente vulnerable al paso de los huracanes: en 2016, el huracán Matthew devastó cultivos a lo largo del territorio, dejando a más de 1,4 millones de haitianos en necesidad de apoyo alimentario, de los que 800.000 necesitan ayuda alimentaria inmediata.

Sistema de prevención                                                   

Parte de los 22 millones de dólares que actualmente solicita la FAO a la comunidad internacional serán utilizados para poner en marcha sistemas de alerta temprana y monitoreo del sistema de seguridad alimentaria.                                

Otro aspecto clave para la resiliencia a las crisis es mejorar la coordinación del sector dedicado a la seguridad alimentaria mediante asistencia técnica, una labor en la cual la FAO puede dar apoyo inmediato.


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Haití, Guatemala y Colombia en un plan conjunto contra el hambre y el subdesarrollo agrícola en América Latina.

Haití, Guatemala y Colombia, clave para reducir el hambre en América Latina

Maria Fleischmann/World Bank
Tres mujeres siembran en una granja de Chimaltenango, Guatemala.

4 Agosto 2018

Tres agencias de la ONU se han unido para desarrollar acciones conjuntas en estos países para erradicar la pobreza y el hambre, promover el desarrollo rural y agrícola, y prevenir y gestionar los desastres de origen natural.

El Fondo de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) anunciaron que profundizarán su colaboración en América Latina y el Caribe, con un énfasis especial en Haití, Guatemala y Colombia.

El acuerdo regional responde a un acuerdo global entre las agencias de multiplicar esfuerzos para intensificar las acciones de superación de la pobreza y el hambre en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. La alianza busca mejorar la eficacia en el trabajo de las tres agencias, dando una respuesta de mayor calidad a los países y ahorrando los escasos recursos que muchas veces se aplican en gastos duplicados.

“Un tema importante de trabajo es la pobreza rural y el cambio climático. Lamentablemente las comunidades más golpeadas por las consecuencias del cambio climático como inundaciones, sequías, huracanes o incendios están en las zonas más pobres, las zonas de montaña o las comunidades costeras. Entonces necesitamos redoblar los esfuerzos, canalizar más recursos y territorios, repensar las políticas públicas, repensar la institucionalidad y generar nuevas alianzas para llegar con más intensidad a estos territorios”, explica Adoniram Sanches, coordinador regional de programas de la FAO.

ONU/Logan Abassi
Mujer preparando comida en Haití.

¿Por qué Haití, Guatemala y Colombia?

“Hay un tema que unifica a los tres países. Aunque Haití es la nación que tiene mayores índices de hambre y pobreza en la región, al igual que Guatemala y Colombia, tiene algunos territorios donde existe un núcleo duro de hambre que predomina”, asegura Sanches.

Un informe de la FAO y la Organización Mundial de la Salud reveló el año pasado que después de varios años de mejoras progresivas, el hambre en América Latina aumentó en un 6%.

La peor situación en términos de prevalencia de subalimentación la representa Haití, donde casi el 47% de la población, es decir cinco millones de personas, sufren hambre. Es por ello por lo que el país es un foco importante de las agencias de la ONU, que buscan fortalecer los sistemas de protección social, la agricultura y la resistencia a los desastres naturales.

Aunque la cifra de personas con inseguridad alimentaria es la mitad que en Haití (2,5 millones), Guatemala también hace parte de los 44 países a nivel mundial que se encuentran en la escala “grave” de hambre, conforme al último estudio de índices globales.

En el país centroamericano existen causas estructurales que afectan la seguridad alimentaria, tales como el aumento de la pobreza, los problemas de tenencia de tierra y el cambio climático, que ha impactado a más de 300.000 familias desde 2014.

FAO entra con toda la asistencia técnica para producir los alimentos, el PMA con todo el tema de logística, el FIDA financiando proyectos.

El año pasado, el país aprobó una ley de Alimentación Escolar que beneficia actualmente a más de 2,2 millones de niños y niñas de 33.000 centros educativos. La legislación promueve la compra de alimentos de productores locales y fomenta la agricultura familiar.  El nuevo acuerdo busca reforzar el apoyo en su implementación.

“FAO entra con toda la asistencia técnica para producir los alimentos, el PMA con todo el tema de logística, el FIDA financiando proyectos y así se van creando circuitos cortos de alimentos frescos y saludables fomentando el crecimiento económico”, explica Sanches.

Por su parte Colombia, aunque no hace parte de la lista “crítica” de países con inseguridad alimentaria grave, también presenta varios desafíos, especialmente en el marco del proceso de paz entre el Gobierno y las FARC-EP.

“Colombia es distinto a Guatemala y Haití, en cuanto a su perfil político y los llamados territorios de paz. Las familias que estaban involucradas en las guerrillas eran y son agricultores. Entonces se trata de retomar con procesos productivos a los territorios que estaban rezagados por mucho tiempo, un desafío bastante interesante tanto como para el Gobierno como para las tres agencias del acuerdo”, asegura el coordinador de programas de la FAO, agregando que jefes de Estado de la región se han comprometido en varias ocasiones a apoyar con todas las medidas posibles el acuerdo de paz de Colombia. “La paz es un valor global. Colombia está en el radar de la ONU y es un país prioritario”.

Adoniram Sanches explica que existe otro elemento que une a los tres países además de los focos de hambre. Se trata de la falta de coordinación institucional.

Es insuficiente. Los ministerios, las fundaciones, los institutos trabajan de manera aislada, fragmentada. Cuando se mezcla por ejemplo cambio climático con el hambre, es necesario un enfoque interinstitucional. Que el Ministerio de Agricultura hable con el de Alimentación, y con el Ministerio del Desarrollo Social y el del Medio Ambiente, y puedan coordinar una respuesta focalizada”, dice.

FAO
Plantación de café cerca de Manizales, Colombia.

Los avances que se esperan

El acuerdo entre FAO, FIDA y PMA busca lograr avances específicos en tres frentes. El primero se trata de mantener un sistema de protección social “potente y funcional a favor de los más pobres”, asegura Sanches.

“Si logramos rebajar el hambre por tantos años consecutivos es porque el Estado funcionó bien, se focalizaron las políticas y se incrementó el gasto público llegando a los núcleos duros de la pobreza. A pesar de las cuestiones económicas no se puede bajar la guardia y se debe mantener el foco en la pobreza”, explica.

Si logramos rebajar el hambre por tantos años consecutivos es porque el Estado funcionó bien, se focalizaron las políticas y se incrementó el gasto público llegando a los núcleos duros de la pobreza.

Un segundo frente se trata de la ya mencionada institucionalidad: “tiene que rediseñarse, los desafíos son nuevos y distintos, algunas estructuras funcionales que tenemos en los Gobiernos hoy en día vienen de los años 70 y 80 y necesitan revisadas, teniendo en cuenta los factores ambientales, económicos y sociales”.

Finalmente, asegura el representante de la FAO, se debe poner énfasis a crear sistemas de producción más resilientes en las zonas rurales.

Hay que estar más preparados para absorber los shocks externos del cambio climático que estarán presentes en la región por mucho tiempo. Debemos crear una nueva perspectiva para administrar los recursos naturales. La crisis no es temporal, es permanente y duradera y tenemos que adaptar a las familias a convivir con estos fenómenos manteniendo el crecimiento y la productividad”.

Si todos estos objetivos se logran, y se reduce la pobreza y el hambre en Guatemala, Haití y Colombia, se dará un paso adelante en América Latina

Si tratamos ese grupo de tres países podremos volver a reducir ese 6% de personas con inseguridad alimentaria en la región”.


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Haití: nueva misión de la ONU. Ahora: desarrollo.

La misión de la ONU en Haití: del mantenimiento de la paz a un enfoque de desarrollo

ONU/Manuel Elias
Jean-Pierre Lacroix, jefe de las operaciones de mantenimiento de la paz.

3 Abril 2018

El jefe de las operaciones de mantenimiento de la paz, Jean Pierre Lacroix, advirtió que la transición podría verse opacada por la inseguridad económica y la exclusión social de los jóvenes y los más vulnerables.

Tras terminar con la presencia militar de cascos azules en Haití, las Naciones Unidas están trabajando para pasar a ejecutar una misión de desarrollo sostenible y este miércoles el Consejo de Seguridad recibió el primer informe sobre este proceso.

Jean Pierre Lacroix, quien visitó Haití en marzo, declaró que la Misión para el Apoyo a la Justicia en Haití está en pleno funcionamiento y aplicando activamente su mandato que comenzó en octubre del año pasado.

“Su presencia civil se concentra en el área metropolitana de Puerto Príncipe, con equipos móviles multidisciplinarios que monitorean el desarrollo político y del estado de derecho y se relacionan regularmente con las comunidades locales y las partes interesadas en los diez departamentos de Haití. Este modelo de despliegue está vinculado a una huella ligera y no intrusiva, al tiempo que crea un canal de comunicación regular con la población haitiana en todo el país”, dijo el secretario general adjunto para las operaciones de mantenimiento de la paz.

Lacroix recalcó que el principal objetivo de la nueva misión es consolidar la estabilidad y la seguridad en el país a largo plazo, por lo que se necesita más que nunca de una fuerte ejecución de la ley y de un respeto a los derechos humanos.

A pesar de la retirada de los cascos azules, la Misión se ha comprometido a ayudar a la Policía Nacional Haitiana a través de un programa de mentoría y asesoramiento, así como ha comenzado a apoyar a los dos cuerpos reguladores del poder judicial en el fortalecimiento de la rendición de cuentas.

“Otras áreas clave de apoyo de la Misión están dedicadas a ayudar a frenar la detención preventiva prolongada y el hacinamiento en las cárceles”, explicó Lacroix.

Los desafíos

Lacroix advirtió que las debilidades de las instituciones del estado de derecho continúan generando múltiples desafíos de derechos humanos y fomentando una cultura de la impunidad. Por lo tanto, las prioridades de la Misión en este ámbito incluyen la necesidad de fortalecer las instituciones nacionales de derechos humanos para garantizar el debido proceso y el acceso a la justicia, mejorar la protección de las mujeres y los niños, y la lucha contra la violencia sexual y de género.

“Debemos tener en cuenta que los desafíos y riesgos permanecen, especialmente mientras nos preparamos para una transición del mantenimiento de la paz al desarrollo. Haití ha recorrido un largo camino para lograr la relativa estabilidad política y de seguridad que ahora disfruta, pero las persistentes incertidumbres económicas, que pueden dar lugar a la exclusión social, especialmente de los jóvenes y los más vulnerables, pueden socavar este progreso”, dijo.

El secretario general adjunto recalcó la importancia de mantener una buena relación con el Gobierno y resaltó el apoyo del presidente Moïse, de la que fue testigo durante su reciente visita al país.

“Es necesario un diálogo franco, abierto y respetuoso con las partes interesadas nacionales clave para permitir la colaboración positiva en todos los niveles con el fin de lograr un cambio efectivo”, dijo.

Hacia una retirada de la Misión

Jean Pierre Lacroix dijo ante el Consejo que, si bien el logro de resultados en la Misión sigue siendo la prioridad, ya se ha comenzado a preparar una transición a una presencia que no sea de mantenimiento de la paz.

Agregó que la estrategia para que esto suceda buscará anticipar y mitigar cualquier brecha que pueda surgir de la retirada y que esperaba con interés la estrecha colaboración con el Gobierno haitiano y otros socios para garantizar el éxito de esta transición.

“Una salida ampliamente consultada y de propiedad, basada en puntos de referencia, sigue siendo el enfoque correcto para preservar los logros de estabilización y consolidación de la paz logrados durante una década en Haití. Estamos decididos a garantizar, dentro del plazo general ya indicado por el Consejo, que  la Misión sea la última operación de mantenimiento de la paz desplegada en Haití”, concluyó Lacroix.

La Misión de Apoyo a la Justicia de las Naciones Unidas en Haití (MINUJUSTH) sucedió a la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH), que concluyó su mandato de 13 años el 15 de octubre de 2017.

La nueva misión fue establecida con la Resolución 2350 del Consejo de Seguridad, adoptada por unanimidad en abril de 2017 por un período inicial de seis meses y hasta el 15 de abril de 2018.

La MINUJUSTH comprende siete Unidades Policiales Formadas con un total de 980 miembros de FPU y 295 Oficiales de individuales y 351 civiles de personal internacional y nacional.


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El admirable pueblo haitiano. Comentario.

HAITÍ A OCHO AÑOS DEL TERREMOTO QUE DEVASTÓ LA ISLA. Entre un corazón que no se rinde y una resistencia a toda prueba

“No puedo hablar”

“No puedo hablar”

Jean Dominique -se dice que es el mejor periodista haitiano de todos los tiempos- solía decir que el haitiano se expresa más con signos que con palabras. El haitiano habla realmente poco cuando habla (valga la redundancia): más bien gesticula, ríe a carcajadas, grita, hace mímica, toca a su(s) interlocutor(es) y, a veces, camina, corre, salta, se acurruca. Es como si la palabra quisiera no sólo articular, decir y comunicarse (es decir, salir simplemente de la boca como una voz que vehicula significados), sino también escenificar, teatralizar, “dramatizar”, re-crear el contexto, la vida, la historia, el mundo. La conversación espontánea entre los haitianos es toda una puesta en escena (una performance teatral improvisada) que es delicioso observar. Esta forma de hablar del haitiano tiene su correspondencia con la estructura del idioma que los haitianos inventaron: el creole. Es un idioma, tejido de frases incompletas, puntos de suspensión, pausas inesperadas que, paradójicamente, son altamente significativos. Si uno se queda solamente con los significados literales de las frases y de lo dicho verbalmente, seguramente entenderá muy poco del sentido de lo que se quiere decir. El creole es un idioma trenzado de un silencio significativo que intenta superar los límites de esta lengua y, en algunos casos –como lo veremos enseguida-, decir lo indecible. El silencio se convierte en un segundo lenguaje (común) que solamente los haitianos y quienes conocen profundamente su cultura pueden descodificar correctamente.

“No puedo hablar”. Hago esta larga introducción para contextualizar por qué, tras el terremoto del 12 de enero de 2010, la mayoría de los haitianos que vivían esta tragedia (hasta ahora, la peor tragedia de este siglo) no hablaban: simplemente “se quejaban en su corazón” (“yo t ap plenn nan kè”, en creole) guardando silencio; quejidos que se articulaban en esta onomatopeya “Mmmmmmmm”. De hecho, la palabra que los haitianos inventaron para intentar deletrear el drama del terremoto es una onomatopeya: “Goudougoudou”; incluso, algunos lo nombraron así: “un quejido en el corazón” (“se yon plenn nan kè”, en creole). Es una manera muy espiritual y profunda (desde el corazón) cómo las personas en Haití vivían el sinsentido del terremoto. El terremoto fue un golpe al corazón, de donde salió un quejido en forma de onomatopeyas. Como un grito del corazón. Un grito desesperado, como para despertar de una pesadilla.

Vale subrayar que ante el drama y -de hecho- ante los sucesos que golpean al corazón (por ejemplo, la muerte de un ser querido), los haitianos suelen gritar esta frase: “No puedo hablar” (“m pa kapab pale”, en creole). Con ello, se da a entender que lo único que se puede decir frente a lo indecible, es decir ante la incapacidad o la imposibilidad de hablar, es justamente esto: “No puedo hablar”. ¡La palabra diciendo paradójicamente su incapacidad para hablar! Además, nos podemos preguntar: ¿Para qué hablar frente al sinsentido? ¿Qué decir? ¿No se está ante los límites de lo comprensible, lo entendible, lo razonable? ¿Acaso de un corazón tan duramente golpeado puede salir algo bueno? ¿Algo así como una palabra de aliento, esperanza, solidaridad, humanidad, ternura, consuelo y consolación?  Los límites del lenguaje no son solamente “los límites de mi mundo”, tal como lo decía Ludwig Wittgenstein; son también los límites de la poesía, de la humanidad e incluso de nuestra visión de Dios o de los “loas” (los espíritus del vudú haitiano). Son los márgenes, los bordes y las grietas del sentido, del pensamiento y de la misma razón.

“Estar con”. En un viaje en avión de Puerto Príncipe a Bogotá con escala en Panamá, me tocó un asiento al lado de un colombiano que fue a Haití para ayudar a las víctimas del terremoto. El hombre era originario de Armenia, ciudad colombiana que fue también afectada por un mortal sismo el 25 de enero de 1999. Me dijo que, desde su experiencia, lo más importante que las víctimas necesitan tras vivir un drama de esta magnitud es la presencia de otros seres humanos. La soledad agrava exponencialmente el dolor y genera miedo, zozobra, desesperación y una desolación tan infernal como la misma muerte, me expresó convencido. Este colombiano, sexagenario, campesino y voluntario de la Cruz Roja Colombiana, fue a Haití esencialmente para estar con los haitianos, para hacerles sentir que no estaban solos y para acompañarlos en sus esfuerzos desesperados por sacar de los escombros y edificios a sus seres queridos. Con la esperanza remota (pero muy remota), “penumbral” y terca de encontrar, vivos o muertos, a sus seres queridos. Una esperanza que la razón no puede entender del todo.

Otra vez es el corazón golpeado, que se queja y suelta su último aliento para decir, pero sin palabras: “Mientras haya vida, hay esperanza”. Es posible que esto último sea la clave para comprender la histórica resistencia del pueblo haitiano que no se ha doblegado por la adversidad (durante más de dos siglos de una independencia que costó muy caro) y que, al contrario, se levanta tras las caídas.

Acompañé como traductor a una brigada de médicos puertorriqueños que venían de Puerto Rico a atender a las víctimas del terremoto en varias ciudades de Haití. Me sorprendió su sorpresa (valga la redundancia), cuando veían cómo los haitianos retomaban con rapidez sus actividades y sus vidas (improvisando campamentos, reconstruyendo casas, organizando reuniones barriales), tras un golpe tan duro. Me decían que esto era increíble e incomprensible: “¿Cómo así tan rápido?” Mi sorpresa se debe a que, desde que era niño, estoy acostumbrado a ver al pueblo haitiano recibir los golpes, enfrentarlos y levantarse; he podido ver esta misma resistencia de los haitianos en República Dominicana y en los países de América Latina (Brasil, Chile, Ecuador, Colombia, Panamá, Venezuela, entre otros), donde he tenido la oportunidad de acompañar a los migrantes y apoyarlos en la defensa de sus derechos y su dignidad.
Los golpes han sido diversos: dictaduras, ejército golpista, represión, corrupción de la clase política, indiferencia de la élite socio-económica, mala fe de las autoridades del país y de sectores de la llamada “comunidad internacional”, neocolonialismo norteamericano y franco-canadiense, falta de unidad entre los mismos haitianos, vulnerabilidad frente a las catástrofes ambientales, falta de protección de los derechos humanos de los migrantes, discriminación, xenofobia, entre otros.

Siguen y seguramente seguirán los golpes.  Sin embargo, entre un corazón que jamás se rinde y una resistencia a toda prueba, el pueblo haitiano avanza. Es hora de manifestar una solidaridad continental con el pueblo haitiano, tanto con quienes están en Haití como con los mismos migrantes (decenas de miles) que erran en el continente americano tras el “Goudougoudou” del 12 de enero de 2010, en busca de protección internacional de sus derechos humanos y de mejores condiciones de vida.

*Profesor e investigador de la Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia