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Catequesis del Papa el miércoles 20 de junio

Catequesis del Papa: “Pasemos de la mentalidad de esclavos, a la de hijos”

“Los mandamientos son parte de una relación, aquella de la Alianza entre Dios y su Pueblo”, tema de la catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 20 de junio de 2018.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Así, desde el principio, el Tentador, quiso engañar al hombre y a la mujer, haciéndoles creer que Dios no los amaba y que era un déspota que les imponía leyes y normas para someterlos. Lo mismo quiere hacernos creer también hoy a nosotros. Pero sabemos que Dios es un padre, que nos quiere y sale a nuestro encuentro”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General del tercer miércoles de junio de 2018, continuando con su ciclo de catequesis dedicadas a los Mandamientos.

El pasado miércoles iniciamos la catequesis sobre los diez mandamientos, señaló el Pontífice. Los mandamientos son parte de una relación, aquella de la Alianza entre Dios y su Pueblo. Hemos visto que el Señor Jesús, agregó el Papa, no ha venido a abolir la Ley, sino a darle cumplimiento. Tendríamos que entender mejor esta perspectiva, alentó el Pontífice.

Diferencia entre palabras y mandamientos

La Sagrada Escritura los llama también «las diez Palabras». ¿Qué diferencia hay entre un mandamiento y una palabra? El mandamiento es un precepto, una orden. En cambio, precisó el Papa Francisco, la palabra es el medio esencial de la relación como diálogo fundamentado en el amor. Dos personas que no se aman, no logran comunicar. Sin embargo, cuando alguien habla a nuestro corazón, termina nuestra soledad y comienza una comunicación que da vida.

En la Sagrada Escritura, señaló el Pontífice, los mandamientos no viven por sí mismos, sino son parte de una relación, como se puede ver al inicio del capítulo 20 del Libro del Éxodo, donde el texto habla de “palabras” y no de “mandamientos”. “La tradición judía las llamará siempre como el Decálogo, las diez Palabras. Y el término decálogo – afirmó el Papa – quiere decir justamente esto, relación”.

Es diverso cuando uno recibe una orden, dijo el Papa explicando la diferencia entre palabra y precepto, es diferente cuando uno trata de hablar con nosotros. “Un diálogo es mucho más que la comunicación de una verdad – puntualizó el Santo Padre – se realiza por el placer de hablar y por el bien concreto que se comunica entre quienes se quieren bien por medio de las palabras. Es un bien que no consiste en las cosas, sino en las mismas personas que recíprocamente se donan en el diálogo”.

“Con los mandamientos, que contienen sus palabras, Él nos cuida y protege de la autodestrucción, porque somos sus hijos, no sus súbditos”

Con los mandamientos, Dios nos cuida y protege

Así, desde el principio, el Tentador, quiso engañar al hombre y a la mujer, haciéndoles creer que Dios no los amaba y que era un déspota que les imponía leyes y normas para someterlos. Lo mismo quiere hacernos creer también hoy a nosotros. Pero sabemos que Dios es un padre, que nos quiere y sale a nuestro encuentro. Con los mandamientos, que contienen sus palabras, Él nos cuida y protege de la autodestrucción, porque somos sus hijos, no sus súbditos. Vivir como cristianos es pasar de la mentalidad de esclavos a la mentalidad de hijos.

El desafío, afirmó el Papa Francisco, es justamente entender los mandamientos no como una imposición de un déspota que obliga, sino como una palabra que nos cuida y protege de la autodestrucción. “El hombre está ante esta incertidumbre: ¿Dios me impone las cosas o cuida de mí? ¿Los mandamientos son sólo una ley o contienen una palabra? ¿Dios es amo o Padre? ¿Somos súbditos o hijos? Este combate, dentro y fuera de nosotros, se presenta continuamente: mil veces debemos escoger entre una mentalidad de esclavos y una mentalidad de hijos”.

Vivir como hijos y no como esclavos

Ya que un cristiano con un espíritu de esclavo, señaló el Papa Francisco, sólo puede acoger la Ley de modo opresivo, y puede producir dos resultados opuestos: una vida hecha de deberes y obligaciones, o una reacción violenta de rechazo. Todo el cristianismo es el paso de la letra de la Ley al Espíritu que da vida. “Se ve cuando un hombre o una mujer han vivido este pasaje o aun no – afirmó el Pontífice – la gente se da cuenta si un cristiano razona como hijo o como esclavo. Y nosotros mismos recordamos si nuestros educadores han cuidado de nosotros como padres y madres, o si nos han solamente impuesto reglas”.

Nuestro mundo no tiene necesidad de legalismo

En sus saludos a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica, el Papa Francisco los animó a vivir los mandamientos con espíritu filial y no como un legalismo, a vivir como cristianos con un corazón de hijos. “Nuestro mundo no tiene necesidad de legalismo, sino de sentirse amado y cuidado. Pidámosle con confianza al Señor el don de su Espíritu Santo, para que nos conceda acoger sus mandamientos con espíritu filial, y vivir como hermanos en la libertad de los hijos de Dios”.

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Catequesis del Papa

Alegría en la Plaza de san Pedro Alegría en la Plaza de san Pedro   (Vatican Media)

Catequesis del Papa: La vida verdadera la da sólo Jesús, buscar original y no la copia

Con el deseo de que volvamos a descubrir y revivamos los mandamientos, para que alcancemos una vida plena, el Santo Padre dio inicio a una nueva serie de catequesis sobre el tema

Griselda Mutual -Ciudad del Vaticano

En el miércoles de la X semana del tiempo ordinario el Papa Francisco inició un nuevo ciclo de catequesis, sobre el tema de los mandamientos, para ver cada uno de ellos como “la puerta que el Padre celeste ha abierto para conducirnos a la vida verdadera”.

Para realizar la introducción, y como él mismo lo dijo, tomó como punto de partida el pasaje del Evangelio oído en la plaza de San Pedro, Marcos capítulo 10, versículos 17 al 21, en el que un hombre pregunta al Maestro cómo hacer para heredar la Vida Eterna. Una pregunta en la que – señaló el Papa- se encuentra el desafío de toda existencia, es decir, el deseo de una vida plena e infinita.

“Comenzamos hoy una nueva serie de catequesis dedicada a los mandamientos. Nos sirve de introducción el diálogo de Jesús con aquel hombre que se acercó a preguntarle lo que tenía que hacer para heredar la vida eterna. En su pregunta latía el deseo de una vida plena, auténtica. Jesús le responde indicándole el camino del cumplimiento de los mandamientos”.

Para alcanzar la vida eterna vivir una existencia noble

Reflexionando sobre cómo alcanzar esa vida plena el Pontífice posó su pensamiento en los jóvenes, que tratan de “vivir” y en cambio se destruyen yendo detrás de cosas efímeras:

“Quisiera decir – expresó el Papa-  especialmente a los jóvenes : nuestro peor enemigo no son los problemas concretos, por cuan serios y dramáticos sean. El peligro más grande de la vida es un mal espíritu de adaptación que no es mansedumbre o humildad, sino mediocridad, pusilanimidad”.

De allí que – tras citar al Beato Pier Giorgio Frassati que afirmaba la necesidad de “vivir”, y no de “ir tirando”-  el Santo Padre pidiera para ellos el don de la “sana inquietud”, la capacidad de “no contentarse de una vida sin belleza”, porque, se preguntó Francisco, “si los jóvenes no serán hambrientos de vida auténtica, ¿adónde irá la humanidad?”.

Es necesario aceptar la verdad de nuestros límites

El Santo Padre manifestó sucesivamente que de la pregunta del hombre del Evangelio a Cristo, – que también está dentro de cada uno de nosotros, y a la Jesús responde citando el decálogo de los mandamientos – se evidencia precisamente, que ese hombre no tiene la vida plena:

“Pero él, a pesar de que cumple los mandamientos desde pequeño, siente que le sigue faltando algo. Así, mediante un proceso pedagógico, Jesús lleva a esa persona a reconocer sus propios límites para que confíe en él, el Hijo de Dios, el único que puede dar una vida plena. El hombre debía convencerse de que ya no puede vivir de sí mismo, de sus propias obras, de sus propios bienes; es necesario que lo deje todo para seguir al Señor, porque Él es la vida plena, el amor verdadero y la riqueza auténtica”.

El desafío es encontrar el “original”, no la “copia”

“¿Quién pudiendo elegir entre un original y la copia, elige la copia?” Esta pregunta el Pontífice propuso a los presentes para remarcar que la vida plena, el amor verdadero, puede darlo sólo Jesús:

“Jesús no ofrece sustitutos, ¡sino la vida real, el amor verdadero, la verdadera riqueza! ¿Cómo pueden los jóvenes seguirnos en la fe si no nos ven elegir el original, si nos ven adictos a las medias medidas? Se necesita el ejemplo de alguien que me invita a un “más allá”, a algo “más. San Ignacio lo llamó el “magis”, “el fuego, el fervor de la acción que sacude dormideras”.

El Papa concluyó  afirmando que “el camino, de lo que falta pasa por lo que hay”, es decir, que “debemos escudriñar lo ordinario para abrirnos a lo extraordinario”, y adelantó que “en estas catequesis intentaremos ver cada uno de los mandamientos como esa puerta que el Padre celeste ha abierto para conducirnos a la vida verdadera, dejando que Jesús nos tome de la mano y nos ayude a atravesarla”.

«Que María nos de la gracia de revivir los diez mandamientos como camino de amor»

Tras saludar a los fieles de diferentes nacionalidades dirigió, como de costumbre, su pensamiento a los jóvenes, los ancianos, los enfermos y los recién casados. Recordando la memoria de San Antonio de Padua, oró para que el Santo Doctor de la Iglesia y Patrono de los pobres les enseñe la belleza del amor sincero y gratuito: “sólo amando como Él amó, ninguno alrededor de ustedes se sentirá marginado  y, al mismo tiempo, ustedes serán cada vez más fuertes en las pruebas de la vida”, les dijo.

A los fieles de lengua española invitó a pedir “a la Virgen María que obtenga para nosotros la gracia de volver a descubrir y revivir los diez mandamientos como un camino de amor que nos llevará a la vida verdadera, que es Cristo” y les impartió su bendición.

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Catequesis del Papa el 13 de junio

Alegría en la Plaza de san Pedro Alegría en la Plaza de san Pedro   (Vatican Media)

Catequesis del Papa: La vida verdadera la da sólo Jesús, buscar original y no la copia

Con el deseo de que volvamos a descubrir y revivamos los mandamientos, para que alcancemos una vida plena, el Santo Padre dio inicio a una nueva serie de catequesis sobre el tema

Griselda Mutual -Ciudad del Vaticano

En el miércoles de la X semana del tiempo ordinario el Papa Francisco inició un nuevo ciclo de catequesis, sobre el tema de los mandamientos, para ver cada uno de ellos como “la puerta que el Padre celeste ha abierto para conducirnos a la vida verdadera”.

Para realizar la introducción, y como él mismo lo dijo, tomó como punto de partida el pasaje del Evangelio oído en la plaza de San Pedro, Marcos capítulo 10, versículos 17 al 21, en el que un hombre pregunta al Maestro cómo hacer para heredar la Vida Eterna. Una pregunta en la que – señaló el Papa- se encuentra el desafío de toda existencia, es decir, el deseo de una vida plena e infinita.

“Comenzamos hoy una nueva serie de catequesis dedicada a los mandamientos. Nos sirve de introducción el diálogo de Jesús con aquel hombre que se acercó a preguntarle lo que tenía que hacer para heredar la vida eterna. En su pregunta latía el deseo de una vida plena, auténtica. Jesús le responde indicándole el camino del cumplimiento de los mandamientos”.

Para alcanzar la vida eterna vivir una existencia noble

Reflexionando sobre cómo alcanzar esa vida plena el Pontífice posó su pensamiento en los jóvenes, que tratan de “vivir” y en cambio se destruyen yendo detrás de cosas efímeras:

“Quisiera decir – expresó el Papa-  especialmente a los jóvenes : nuestro peor enemigo no son los problemas concretos, por cuan serios y dramáticos sean. El peligro más grande de la vida es un mal espíritu de adaptación que no es mansedumbre o humildad, sino mediocridad, pusilanimidad”.

De allí que – tras citar al Beato Pier Giorgio Frassati que afirmaba la necesidad de “vivir”, y no de “ir tirando”-  el Santo Padre pidiera para ellos el don de la “sana inquietud”, la capacidad de “no contentarse de una vida sin belleza”, porque, se preguntó Francisco, “si los jóvenes no serán hambrientos de vida auténtica, ¿adónde irá la humanidad?”.

Es necesario aceptar la verdad de nuestros límites

El Santo Padre manifestó sucesivamente que de la pregunta del hombre del Evangelio a Cristo, – que también está dentro de cada uno de nosotros, y a la Jesús responde citando el decálogo de los mandamientos – se evidencia precisamente, que ese hombre no tiene la vida plena:

“Pero él, a pesar de que cumple los mandamientos desde pequeño, siente que le sigue faltando algo. Así, mediante un proceso pedagógico, Jesús lleva a esa persona a reconocer sus propios límites para que confíe en él, el Hijo de Dios, el único que puede dar una vida plena. El hombre debía convencerse de que ya no puede vivir de sí mismo, de sus propias obras, de sus propios bienes; es necesario que lo deje todo para seguir al Señor, porque Él es la vida plena, el amor verdadero y la riqueza auténtica”.

El desafío es encontrar el “original”, no la “copia”

“¿Quién pudiendo elegir entre un original y la copia, elige la copia?” Esta pregunta el Pontífice propuso a los presentes para remarcar que la vida plena, el amor verdadero, puede darlo sólo Jesús:

“Jesús no ofrece sustitutos, ¡sino la vida real, el amor verdadero, la verdadera riqueza! ¿Cómo pueden los jóvenes seguirnos en la fe si no nos ven elegir el original, si nos ven adictos a las medias medidas? Se necesita el ejemplo de alguien que me invita a un “más allá”, a algo “más. San Ignacio lo llamó el “magis”, “el fuego, el fervor de la acción que sacude dormideras”.

El Papa concluyó  afirmando que “el camino, de lo que falta pasa por lo que hay”, es decir, que “debemos escudriñar lo ordinario para abrirnos a lo extraordinario”, y adelantó que “en estas catequesis intentaremos ver cada uno de los mandamientos como esa puerta que el Padre celeste ha abierto para conducirnos a la vida verdadera, dejando que Jesús nos tome de la mano y nos ayude a atravesarla”.

«Que María nos de la gracia de revivir los diez mandamientos como camino de amor»

Tras saludar a los fieles de diferentes nacionalidades dirigió, como de costumbre, su pensamiento a los jóvenes, los ancianos, los enfermos y los recién casados. Recordando la memoria de San Antonio de Padua, oró para que el Santo Doctor de la Iglesia y Patrono de los pobres les enseñe la belleza del amor sincero y gratuito: “sólo amando como Él amó, ninguno alrededor de ustedes se sentirá marginado  y, al mismo tiempo, ustedes serán cada vez más fuertes en las pruebas de la vida”, les dijo.

A los fieles de lengua española invitó a pedir “a la Virgen María que obtenga para nosotros la gracia de volver a descubrir y revivir los diez mandamientos como un camino de amor que nos llevará a la vida verdadera, que es Cristo” y les impartió su bendición.

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La cuestión de Corea en el Angelus del Papa

Corea; el Papa: “Que los coloquios de Singapur garanticen un futuro de paz al mundo”

Ángelus en la Plaza San Pedro: «Que Dios nos libre de la tentación de la envidia, es un veneno mortal que destruye al otro. Si esta mala yerba germina dentro de nosotros, vayamos inmediatamente a confesarnos»

El Ángelus del Papa

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Pubblicato il 10/06/2018
Ultima modifica il 10/06/2018 alle ore 13:06
SALVATORE CERNUIZIO
CIUDAD DEL VATICANO

 

Una oración por Corea en vista de los próximos coloquios de Singapur entre el presidente estadounidense Donald Trump y el líder norcoreano Kim Yong-un, para que puedan ser garantía de paz para la península y para el mundo entero, y una advertencia sobre la envidia, un «veneno mortal», una «mala yerba» que puede crecer dentro de cada uno de nosotros y que lleva a acusar a los demás falsamente, con «malicia» o, incluso, a premeditar una manera para «destruir» su reputación.

 

«Deseo hacer llegar al amado pueblo coreano un pensamiento de amistad y mi oración», dijo el Papa al final del Ángelus que recitó hoy con los fieles en la Plaza San Pedro. «Que los próximos coloquios en Singapur garanticen un futuro de paz para la península coreana y para el mundo entero». El Papa pidió a los alrededor de 20 mil fieles reunidos en la Plaza San Pedro que rezaran con él un Ave María, para que la Virgen Reina de Corea acompañe estas negociaciones.

 

Y hoy se refirió principalmente a la envidia: «¡Que Dios nos libre de esta terrible tentación!», exclamó el Papa, para después advertir sobre este «veneno mortal» (para uno mismo y para los demás) e invita a confesarse inmediatamente cuando uno cae en este pecado antes que difunda y multiplique sus efectos nefastos.

 

«Puede suceder que una fuerte envidia por la bondad y por las obras buenas de una persona pueda llevar a acusarla falsamente. Aquí hay un veneno mortal: la malicia con la que, premeditadamente, se quiere destruir la buena fama del otro. ¡Que Dios nos libre de esta terrible tentación!», dijo el Pontífice. Y aconsejó: «Si, examinando nuestra consciencia, nos damos cuenta de que esta mala yerba está germinando dentro de nosotros, vayamos inmediatamente a confesarlo en el sacramento de la Penitencia, antes de que se desarrolle y produzca sus efectos malvados que son incurables».

 

El punto de partida para la catequesis del Papa fue el Evangelio de este domingo, 10 de junio de 2018, que narra las incomprensiones y las calumnias de los escribas que tuvo que soportar Jesús. Estos «hombres instruidos en las Sagradas Escrituras y encargados de explicarlas al pueblo» querían desacreditarlo ante el pueblo de Jerusalén, en donde la fama del Mesías comenzaba a difundirse. Ellos son enviados a Galilea «para hacer el oficio de los chismosos», dijo el Papa, «para quitarle la autoridad, y estos fueron enviados para hacer esto. No ahorran medios». Tanto que lanzan en contra de Jesús «una acusación precisa y terrible»: «Aquel es poseído por Belcebú y expulsa a los demonios mediante el jefe de los demonios». De hecho, Jesús sanó a muchas personas enfermas, y quieren hacer creer que él no lo hace con el Espíritu de Dios, sino con el del Maligno.

 

«Jesús reacciona con palabras fuertes y claras», aseguró el Papa, porque esos escribas, quizás sin darse cuenta, «están cayendo en el pecado más grave: negar y blasfemar el Amor de Dios que está presente y obra en Jesús». «Es pecado contra el Espíritu Santo – puntualizó – el único pecado imperdonable, porque comienza desde el cierre del corazón a la misericordia de Dios que actúa en Jesús».

 

Se trata de un episodio, afirmó el Pontífice, que contiene una advertencia que nos sirve a todos: «puede suceder que una envidia fuerte por la bondad y por las buenas obras de una persona pueda llevar a acusarlo falsamente. Aunque el Evangelio de hoy también habla de otro malentendido, dijo el Papa, el de los propios miembros de su familia, quienes estaban preocupados porque su nueva vida itinerante les parecía una locura.

 

«Jesús se mostró tan disponible para las personas, especialmente para los enfermos y pecadores, hasta el punto de que ya ni siquiera tuvo tiempo para comer. Tras ver esto, su familia decide traerlo de regreso a Nazaret. Llegan al lugar donde Jesús está predicando y lo envían a llamar. Le dicen: “Mira, tu madre, tus hermanos y hermanas están afuera y te buscan”, y él responde: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”, y mirando a las personas que le rodeaban para escucharlo, agrega: “¡He aquí mi madre y mis hermanos! Porque el que hace la voluntad de Dios, él es hermano, hermana y madre para mí”».

 

Jesús, agregó el Papa, «ha formado una nueva familia, que ya no se basa en vínculos naturales, sino en la fe en él, en su amor que nos acoge y nos une entre nosotros, en el Espíritu Santo» y la respuesta de Jesús «no es una falta de respeto por su madre y su familia», dijo Francisco, de hecho, «para María es el mayor reconocimiento, porque ella es la discípula perfecta que ha obedecido la voluntad de Dios en todo».

 

Por último, el Papa Francisco pidió «que la Virgen Madre nos ayude a vivir en comunión con Jesús, reconociendo la obra del Espíritu Santo actuando en Él y en la Iglesia y regenerando el mundo a una nueva vida», y recordó la beatificación de Adela de Batz de Trenquelléon, fundadora de las Hijas de María Inmaculada, llamadas marianistas, que ha tenido lugar hoy en Agen, Francia. Antes de despedirse, Francisco saludó a los peregrinos presentes en la Plaza San Pedro, particularmente a un grupo de fieles de las ciudades españolas Murcia, Pamplona y Logroño.


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Angelus del Papa hoy domingo.

El Papa en el Ángelus. El Papa en el Ángelus.  

Ángelus del Papa: “Confesarse de inmediato si sentimos envidia o malicia”

El Papa advierte de no caer en la terrible tentación de querer destruir la buena reputación del otro, acusando falsamente y asegura que “acoger la palabra de Jesús nos hace hermanos entre nosotros y nos hace ser la familia de Jesús”. Por el contrario, hablar de los demás y destruir su fama, “nos hace la familia del diablo”.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

Durante el Ángelus del segundo domingo de junio, el Santo Padre expuso el Evangelio del día, en el que Jesús tuvo que enfrentar dos tipos de malentendidos – el de los Escribas y el de sus propios familiares – para advertir de la malicia con la que, de forma premeditada, uno quiere destruir la buena reputación del otro.

Comentando el Evangelio del día, en el que se narra que algunos Escribas  fueron enviados desde Jerusalén a Galilea, donde la fama de Jesús comenzó a extenderse, para desacreditarlo a los ojos de la gente. Escribas que llegan con una acusación precisa y terrible: “Este hombre está poseído por Belcebú, príncipe de los demonios, y por eso los echa fuera” –  narra el Papa Francisco y continúa – de hecho, Jesús sanó a muchas personas enfermas, y quieren hacer creer que él no lo hace con el Espíritu de Dios, sino con el del Maligno.

“Jesús reacciona con palabras fuertes y claras” asegura el Papa, porque esos escribas, quizás sin darse cuenta, “están cayendo en el pecado más grave: negar y blasfemar el Amor de Dios que está presente y obra en Jesús”. Y la blasfemia – señaló – el pecado contra el Espíritu Santo: es el único pecado imperdonable, dice Jesús, “porque comienza desde el cierre del corazón a la misericordia de Dios que actúa en Jesús”.

Estar atentos del “veneno mortal” de la envidia

Se trata de un episodio – afirmó el Santo Padre – que contiene una advertencia que nos sirve a todos: “puede suceder que una envidia fuerte por la bondad y por las buenas obras de una persona pueda llevar a acusarlo falsamente” y aquí hay un verdadero “veneno mortal”: “la malicia con la que, de forma premeditada, uno quiere destruir la buena reputación del otro” aseguró Francisco, pidiendo entre exclamaciones que Dios nos libre de esta terrible tentación y que nos confesemos inmediatamente en el sacramento de la Penitencia “si al examinar nuestra conciencia, nos damos cuenta de que esta hierba maligna está brotando dentro de nosotros”, antes de que se desarrolle y produzca sus efectos malvados, los cuales son – dijo Francisco – “incurables”. “Tenga cuidado, porque esta actitud destruye familias, amistades, comunidades e incluso la sociedad” puntualizó.

Aunque el Evangelio de hoy también habla de otro malentendido – dijo el Papa – el de los propios miembros de su familia, quienes estaban preocupados porque su nueva vida itinerante les parecía una locura.

Acoger la palabra de Jesús nos hace hermanos

Jesús se mostró tan disponible para las personas, especialmente para los enfermos y pecadores, hasta el punto de que ya ni siquiera tuvo tiempo para comer. Tras ver esto, su familia decide traerlo de regreso a Nazaret. Llegan al lugar donde Jesús está predicando y lo envían a llamar. Le dicen: “Mira, tu madre, tus hermanos y hermanas están afuera y te buscan” y él responde: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”, y mirando a las personas que le rodeaban para escucharlo, agrega: “¡He aquí mi madre y mis hermanos! Porque el que hace la voluntad de Dios, él es hermano, hermana y madre para mí.

Jesús – agrega el Papa – “ha formado una nueva familia, que ya no se basa en vínculos naturales, sino en la fe en él, en su amor que nos acoge y nos une entre nosotros, en el Espíritu Santo” y la respuesta de Jesús “no es una falta de respeto por su madre y su familia” dice Francisco, de hecho, “para María es el mayor reconocimiento, porque ella es la discípula perfecta que ha obedecido la voluntad de Dios en todo”.

Es por ello, explica, que acoger la palabra de Jesús “nos hace hermanos entre nosotros y nos hace ser la familia de Jesús”. Por el contrario, “hablar de los demás  y destruir su fama, nos hace la familia del diablo”.

El Papa recuerda la Beatificación de Adela de Batz y pide por el pueblo coreano

Por último, el Papa Francisco pidió “que la Virgen Madre nos ayude a vivir en comunión con Jesús, reconociendo la obra del Espíritu Santo actuando en Él y en la Iglesia y regenerando el mundo a una nueva vida”.

También aprovechó para enviar un particular recuerdo al “amado pueblo coreano” en la amistad y la oración y expresó su deseo de que las conversaciones que tendrán lugar en los próximos días en Singapur “puedan contribuir al desarrollo de un camino positivo, que garantice un futuro pacífico para la Península de Corea y para todo el mundo” y recordó la beatificación de Adela de Batz de Trenquelléon – fundadora de las Hijas de María Inmaculada, llamadas marianistas – que ha tenido lugar hoy en Agen, Francia.


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Audiencia general del Papa hoy miércoles

Audiencia General del Papa Francisco Audiencia General del Papa Francisco   (Vatican Media)

El Papa en la catequesis: La Iglesia somos todos, no hay patrones y obreros

El Sacramento de la Confirmación vincula a la Iglesia Universal, extendida por toda la tierra, involucrando activamente a los confirmados en la vida de la Iglesia particular a la que pertenecen, y todos tenemos la responsabilidad de santificarnos los unos a los otros, de cuidar de los demás: así el Papa habló de la unidad de la Iglesia en la catequesis sobre la Confirmación, “para el crecimiento de la Iglesia”.

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

En la IX semana del tiempo ordinario, pleno verano en Roma, el Papa Francisco presidió la tradicional Audiencia General en la plaza de san Pedro, y prosiguió con su catequesis sobre el Sacramento de la Confirmación. La lectura del Evangelio fue tomada del libro de San Juan, capítulo 20, versículos 19 al 22., que narra a Jesús que sopla el Espíritu Santo sobre los discípulos.

Recibimos para dar, nuestra alma no es un depósito

Siguiendo con la reflexión sobre el Sacramento de la confirmación, el Santo Padre consideró en esta catequesis los efectos que el don del Espíritu Santo hace madurar en quienes lo reciben, llevándolos a ser, a su vez, un don para los demás:

“El Espíritu nos mueve a salir de nuestro egoísmo y a ser un don para los demás. La recepción de la confirmación nos une con mayor fuerza a los miembros del Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia. Tenemos que pensar en la Iglesia como un organismo vivo, compuesto de personas que caminan formando una comunidad junto al obispo, que es el ministro originario de la confirmación y quien nos vincula con la Iglesia”.

Improvisando, el Santo Padre remarcó que el “don” del Espíritu Santo, dado en la unción con el óleo por el Obispo, “es para que podamos darlo a los demás”, porque “siempre se recibe para dar”: “nunca recibir y tenerse las cosas adentro, como si el alma fuera un depósito”, pidió el Papa. “Siempre se recibe para dar, porque las gracias de Dios se reciben para dárselas a los demás”.

La Iglesia somos todos: no hay patrones y obreros

Francisco prosiguió afirmando que la misión de la Iglesia en el mundo procede a través del aporte de todos los que forman parte, y que si bien “alguno piensa que en la Iglesia hay patrones”, es decir, “los obispos, el Papa, los sacerdotes”, y luego “obreros”, que “son los demás”, esto no es así, porque “la Iglesia somos todos” y “todos tenemos la responsabilidad de santificarnos los unos a los otros, de cuidar de los demás”. Esto porque “la confirmación vincula a la Iglesia Universal, extendida por toda la tierra, involucrando activamente a los confirmados en la vida de la Iglesia particular  a la que pertenecen”.

El Espíritu nos da la paz, no a la guerra de las habladurías

“Esta incorporación a la comunidad eclesial – dijo en nuestro idioma el Pontífice –  se manifiesta en el signo de la paz con el que se concluye el rito de la confirmación. El obispo dice a cada confirmado: «la paz esté contigo». Estas palabras nos recuerdan el saludo de Jesús a sus discípulos en la noche de Pascua y expresan la unión con el Pastor de esa iglesia particular y con todos los fieles. Recibir la paz a través del obispo nos impulsa a trabajar por la comunión dentro y fuera de la Iglesia, a mejorar los vínculos de concordia en la parroquia y a cooperar con la comunidad cristiana”.

En este punto de la catequesis en italiano, sobre el tema de la paz, el Papa se detuvo nuevamente para invitar a reflexión:  “Está la ceremonia de la confirmación y luego nos damos la paz: el Obispo la da al confirmado y luego en la Misa, nos la damos todos entre nosotros. Esto significa armonía, significa caridad entre nosotros, significa paz”.

“¿Pero, qué pasa después?” – preguntó hipotéticamente. “Salimos y comenzamos a hablar mal de los otros, a sacar ‘el cuero’ a los demás. Comienzan las habladurías, y las habladurías son guerras”. “Si hemos recibido el signo de la paz con la fuerza del Espíritu Santo, debemos ser hombres y mujeres de paz y no ir por allí destruyendo con la lengua la paz que ha hecho el Espíritu”. pidió Francisco. Y siguió: “¡Pobre Espíritu Santo! ¡El trabajo que tiene con nosotros, con esta costumbre de las habladurías!”…

Así, pues, el Santo Padre pidió que “por favor la terminemos con las habladurías”, que “destruyen lo que hace Dios”.

No enjaular al Espíritu Santo, con obras y palabras comunicar el Evangelio

“La confirmación se recibe una sola vez, pero su fuerza espiritual se mantiene en el tiempo y anima a crecer espiritualmente con los demás”: por este motivo el Romano Pontífice exhortó a los confirmados a no “enjaular” al Espíritu Santo y a no oponer resistencia al viento que sopla empujándolos a caminar en libertad.

“Los animo – concluyó – a pedir la asistencia del Espíritu Santo en sus vidas para que les conceda la valentía de comunicar y anunciar la alegría del Evangelio, con palabras y obras, a cuantos encuentran en el camino de la vida”.

En junio rezarle al Corazón de Jesús

En los saludos a los fieles el Pontífice recordó que el próximo viernes será la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, e invitó a orar durante todo el mes de junio al Corazón de Jesús y a sostener con cercanía y afecto a los sacerdotes, para que sean imagen de aquel Corazón lleno de amor misericordioso.

A los jóvenes, los ancianos, los enfermos y los recién casados el Papa les animó a tomar del Corazón de Jesús el alimento y la bebida espiritual de la vida, para que “nutridos de Cristo, sean personas nuevas, transformadas en lo profundo por aquel amor Divino.

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El angelus del Papa hoy domingo. Sus palabras sobre la crisis en Nicaragua

Nicaragua; el Papa pide “basta violencia, la Iglesia está siempre por el diálogo”

Llamado a la paz de Francisco por el país centroamericano durante el Ángelus: «Respetar la libertad y la vida». Después invitó a todos a acompañarlo «espiritualmente» en la celebración del “Corpus Domini” en Ostia
ANSA
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Pubblicato il 03/06/2018
Ultima modifica il 03/06/2018 alle ore 14:20
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

El Papa Francisco expresó todo su «dolor» durante el Ángelus de hoy, en la Plaza San Pedro, por «las graves violencias» que sacuden en estos días a Nicaragua, «con muertos y heridos» en la represión ejercida para aplacar las «protestas sociales». Más de 100 víctimas, según los últimos datos, han perdido la vida en siete semanas de manifestaciones en las calles en contra de los recortes a las personas y a la seguridad social. Las últimas víctimas perdieron la vida el sábado pasado.

 

«La Iglesia está siempre abierta al diálogo», afirmó el Pontífice uniéndose a los esfuerzos de los obispos del país centroamericano, comprometidos desde hace semanas pero esto requiere del compromiso activo a respetar la libertad, y, primero que nada, la vida». También aseguró sus oraciones para los heridos y los difuntos, además de expresar la esperanza de que «cese la violencia y se garanticen las condiciones para que se retome el diálogo», subrayó el Papa recordando lo que escribió e la carta que envió al presidente Ortega en mayo (divulgada en las últimas horas).

 

En el país centroamericano las violencias iniciaron el pasado 18 de abril, con las protestas en contra de la reforma del sistema de previdencia social, decidida por el presidente Daniel Ortega, que consistía en un aumento de los aportes, con una disminución del 5 por ciento de las jubilaciones.

 

Los obispos se pronunciaron a este respecto señalando como arbitraria la decisión el gobierno de cobrar ese 5 por ciento a los jubilados «que con su esfuerzo han cotizado durante muchos años», recordando asimismo que una decisión de tal tipo «siempre trae consigo inestabilidad social», y que «rectificar las decisiones tomadas es signo de humanidad, escuchar es camino de sensatez, buscar a toda costa la paz es sabiduría». La represión ejercida por grupos afines al gobierno de Ortega, que ha dejado ya numerosas víctimas mortales, ha sido condenada más veces por la comunidad internacional.

 

 

En su catequesis, Papa Francisco se detuvo para reflexionar sobre la solemnidad del “Corpus Domini” que la Iglesia en Italia y otros países celebra este domingo. Una «escuela de amor concreto, paciente y sacrificado», según definió el Papa esta fiesta que «nos enseña a volvernos más acogedores y disponibles a cuantos buscan comprensión, ayuda, ánimo, y se encuentran marginados y solos».

 

El Pontífice celebrará hoy por la tarde, en Ostia, la fiesta del “Corpus”, repitiendo un gesto de Pablo VI de hace 50 años. Francisco invitó a «todos a participar, también espiritualmente, mediante la radio y la televisión», en este evento. Cada cristiano, efectivamente, no puede no celebrar el misterio del “Corpus Domini”, que «es un misterio de atracción a Cristo y de transformación en Él».

 

En la Eucaristía está la presencia de «Jesús vivo», recordó Francisco, es una «como puerta, una puerta abierta entre el templo y la calle, entre la fe y la historia, entre la ciudad de Dios y la ciudad del hombre».

 

Expresión de esta «piedad eucarística popular» son las procesiones con el Santísimo Sacramento, que en la solemnidad del Corpus Domini se llevan a cabo en muchos países y ciudades. Según el Papa, «constituyen un signo elocuente de que Jesús, muerto y resucitado, sigue recorriendo las calles del mundo, se acerca a nosotros y guía nuestro camino: alimenta la fe, la esperanza y el amor; consuela en las pruebas; sostiene el compromiso por la justicia y la paz».

 

Francisco reflexionó sobre el significado de la Eucaristía, sacramento «sobrio» pero al mismo tiempo «solemne», mediante el que «nosotros experimentamos la Nueva Alianza, que cumple en plenitud la comunión entre Dios y nosotros».

 

Como parte de esta Alianza, «nosotros, a pesar de ser pequeños y pobres, colaboramos en la construcción de la historia según el plan de Dios», dijo. Por ello «cada celebración eucarística, mientras constituye un acto de culto público a Dios,» toca nuestra «vida y los casos concretos de nuestra existencia. Mientras nos nutrimos del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, somos asimilados en Él, recibimos en nosotros su amor, no para mantenerlo celosamente, sino para compartirlo con los demás».

 

Es una lógica intrínseca de la Eucaristía misma, en la que se contempla a «Jesús pan partido y dado, sangre derramada por nuestra salvación»: «Es una presencia que, como fuego, quema en nosotros las actitudes egoístas, nos purifica de la tendencia a dar solo lo que hemos recibido, y enciende el deseo de hacernos también nosotros, en unión con Jesús, pan partido y sangre derramada por los hermanos», afirmó el Pontífice.

 

Que concluyó con una invocación a María, «Mujer eucarística», hasta que «crezca en toda la Iglesia la fe en el Cuerpo y en la Sangre del Señor, la alegría de participar en la Santa Misa, especialmente dominical, es el impulso para ofrecer testimonio de la inmensa caridad de Cristo».