Loiola XXI

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Catequesis semanal del Papa

Catequesis del Papa: “Que Jesús nos dé la gracia de una total confianza en Dios”

“La oración del Padrenuestro nos hace pedir lo que es esencial para nosotros”, tema de la catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 12 de diciembre de 2018.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Continuamos con nuestra reflexión sobre el Padrenuestro. Jesús enseña esta oración a sus discípulos, es una oración breve, con siete peticiones, número que en la Biblia significa plenitud. Es también una oración audaz, porque Jesús invita a sus discípulos a dejar atrás el miedo y a acercarse a Dios con confianza filial, llamándolo familiarmente «Padre»”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General del segundo miércoles de diciembre de 2018, continuando con su ciclo de catequesis dedicadas a la oración del Padre Nuestro.

La palabra ‘Padre’, expresa confianza filial

El Santo Padre dijo que, Jesús invita a sus discípulos a acercarse a Dios y a dirigirle con confianza algunas peticiones: sobre todo en relación a Él y luego en relación a nosotros. “No hay preámbulos en el Padre Nuestro. Miren esto – subrayó el Pontífice – no hay preámbulos. Jesús no enseña fórmulas para congraciarse con el Señor; al contrario, nos invita a orar a Él, derribando las barreras de la dependencia y del miedo. No dice que se dirijan a Dios llamándolo ‘Todopoderoso’, o ‘Altísimo’, Tú que estas tan lejos de nosotros, yo soy un miserable. No, no. No dice así, sino simplemente «Padre», con toda simplicidad, como los niños se dirigen al papá. Y esta palabra ‘Padre, expresa confidencia y confianza filial”.

El Padre Nuestro nos hace pedir lo que es esencial

“El Padrenuestro – señaló el Papa Francisco – hunde sus raíces en la realidad concreta del hombre. Nos hace pedir lo que es esencial, como el ‘pan de cada día’, porque como nos enseña Jesús, la oración no es algo separado de la vida, sino que comienza con el primer llanto de nuestra existencia humana. Está presente donde quiera que haya un hombre que tiene hambre, que llora, que lucha, que sufre y anhela una respuesta que le explique su destino”. Jesús, en la oración, afirmó el Pontífice, no quiere apagar al ser humano, no quiere anestesiarlo. No quiere que nos deshagamos de preguntas y demandas aprendiendo a soportar todo. En cambio, quiere que todo sufrimiento, toda inquietud, se eleve al cielo y se convierta en diálogo.

“Tener fe, decía una persona, es un hábito de gritar”

¡Tu fe te ha salvado!

Recordando el pasaje del Evangelio que habla sobre el ciego Bartimeo, el Papa Francisco dijo que, todos debemos ser como él, como este hombre ciego que mendigaba en las puertas de Jericó. “A su alrededor había mucha gente buena que le decía que se callara: ¡quédate callado! Pasa el Señor. Cállate. No molestes. El Maestro tiene muchas cosas que hacer; no lo molestes. Tú eres fastidioso con tus gritos. No molestes. Pero él – precisó el Papa – no escuchaba esos consejos: con santa insistencia, pretendía que su condición miserable pudiera finalmente encontrar a Jesús”. Este ciego, subrayó el Santo Padre, gritaba fuerte, quería ser curado, quería ver. “Y Jesús le devuelve la vista y le dice: Tu fe te ha salvado, como para explicar que lo decisivo para su sanación fue esa oración, esa invocación gritada con fe, más fuerte que el sentido común de tanta gente que quería callarlo”.

“La oración no sólo precede a la salvación, sino que de alguna manera ya la contiene, porque libera de la desesperación de aquellos que no creen en una vía de salida de muchas situaciones insoportables”

La oración de petición, un acto de fe en Dios Padre

Finalmente el Papa Francisco dijo que, ninguno de nosotros está obligado a abrazar la teoría que alguien en el pasado ha hecho, que la oración de petición es una forma débil de la fe, mientras que la oración más auténtica sería la de alabanza pura, la que busca a Dios sin el peso de ninguna petición. “No, esto no es verdad. La oración de petición es auténtica, es espontanea, es un acto de fe en Dios que es Padre, que es bueno, que es omnipotente. Es un acto de fe en mí, que soy pequeño, pecador, necesitado. Y por esto la oración, para pedir algo, es muy noble. Dios es el Padre que tiene una inmensa compasión por nosotros, y quiere que sus hijos le hablen sin temor”.

Total confianza en Dios que es Padre

Antes de concluir su catequesis, el Papa Francisco saludó cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica. “El Señor Jesús nos dé la gracia de una total confianza en Dios, Padre compasivo que nos ama y permanece siempre a nuestro lado. Que Nuestra Señora de Guadalupe, cuya fiesta celebramos hoy, nos ayude a entregarnos al amor providente de Dios y a poner en Él toda nuestra esperanza”.

 

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Angelus del Papa el domingo 9 de diciembre

2018.12.08 Ángelus2018.12.08 Ángelus  (Vatican Media)

Ángelus del Papa en la Solemnidad de la Inmaculada: el «heme aquí», de María

¿Por qué no empezar los días con un ‘heme aquí Señor’? Fue la pregunta – y la invitación – que el Papa planteó a los fieles, después de explicar el significado profundo de estas palabras que marcaron la vida de la Madre que está en los cielos

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

Tras el chaparrón de primeras horas de la mañana en la Ciudad del Vaticano, el sol relució en la Plaza de san Pedro como para rendir honor a la Virgen en su día. Y exactamente al mediodía, el Papa Francisco se asomó a la ventana del Palacio apostólico Vaticano para rezar junto con los fieles del mundo la oración mariana del Ángelus en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción.

Iniciando su alocución con un caluroso “¡buenos días y feliz fiesta!” a  los fieles presentes, el Santo Padre centró su catequesis sobre el Evangelio del día en una frase que fue “clave” en la vida de María: “Heme aquí”.

«El pecado aísla y hace permanecer solos»

«La Palabra de Dios nos presenta hoy una alternativa. En la primera lectura está el hombre que en los orígenes dice ‘no’ a Dios. En el Evangelio está María que en la Anunciación dice ‘sí’ a Dios. En ambas lecturas es Dios quien busca al hombre. Pero en el primer caso se dirige a Adán, después del pecado, y le pregunta: ‘¿Dónde estás?’ (Gn 3,9), y él responde: ‘Me he escondido’ (v. 10). En el segundo caso, en cambio, se dirige a María, sin pecado, que le responde: ‘He aquí la esclava del Señor’ (Lc 1,38)».

“Heme aquí” – dijo el Pontífice- es lo opuesto de “me escondí’. “Heme aquí” abre a Dios, mientras el pecado cierra, aísla, hace permanecer solos uno mismo.

«Heme aquí» es remedio contra el pecado

¿Por qué no empezar los días con un ‘heme aquí Señor’? Fue la pregunta – y la invitación – que el Papa planteó a los fieles, después de explicar el significado profundo de estas palabras que marcaron la vida de la Madre que está en los cielos:

«Heme aquí, es la palabra clave de la vida. Marca el pasaje de una vida horizontal, centrada en uno mismo y en las propias necesidades, a una vida vertical, elevada hacia Dios. Heme aquí, es estar disponible para el Señor, es la cura para el egoísmo, el antídoto para una vida insatisfecha, que siempre carece de algo. Heme aquí es el remedio contra el envejecimiento del pecado, es la terapia para permanecer jóvenes dentro. Heme aquí, es creer que Dios cuenta más que mi yo. Es elegir apostar por el Señor, dócil a sus sorpresas. Por ello decirle heme aquí es la mayor alabanza que podemos ofrecerle. ¿Por qué no empezar los días así? Sería bueno decir todas las mañanas: ‘Heme aquí, Señor, hoy se cumpla en mí tu voluntad’. Lo diremos en la oración del Ángelus, pero podemos repetirlo ya ahora, juntos: ¡Heme aquí, Señor, hoy se haga en mí tu voluntad!»

Confiarse en Dios en todo y para todo

El Papa subrayó cómo María “no pone límites a Dios”. Ella no ama al Señor “cuando le da la gana”, sino que vive confiándose en Dios, en todo y para todo:

«María añade: ‘que se cumpla en mí conforme a tu palabra’. No dice ‘conforme a mi’, dice ‘conforme a Ti’. No pone límites a Dios. No piensa: ‘me dedico un poco a Él, me doy prisa y luego hago lo que quiero’. No, María no ama al Señor cuando tiene ganas, de modo intermitente. Vive confiándose en Dios en todo y para todo. Ese es el secreto de la vida. Todo lo puede quien se confía en Dios».

La tentación del diablo es insinuar la desconfianza en Dios

Recordándonos una vez más, que Dios es “el más tierno de los padres”, y que nunca nos abandona, el Papa Francisco puso en guardia sobre la tentación del diablo que “insinúa la desconfianza en Dios”, y señaló cómo María, desde los inicios, venció esta tentación:

«El Señor, sin embargo, queridos hermanos y hermanas, sufre cuando le respondemos como Adán: ‘tengo miedo y me he escondido’. Dios es Padre, el más tierno de los padres, y desea la confianza de sus hijos. Cuántas veces sospechamos de Él, ¡sospechamos de Dios! Pensamos que puede enviarnos alguna prueba, privarnos de nuestra libertad, puede abandonarnos. Pero esto es un gran engaño, es la tentación de los orígenes, la tentación del diablo: insinuar la desconfianza en Dios. María vence esta primera tentación con su ‘heme aquí’. Y hoy miramos la belleza de la Virgen, nacida y vivida sin pecado, siempre dócil y transparente a Dios».

«Dios no resuelve mágicamente los problemas»

Y aunque María venció esta primera tentación con su “heme aquí”, su vida, señaló el Papa, no fue fácil. Pero ella, con su sabiduría, ante los problemas puso su confianza en Dios:

«Eso no significa que la vida fuera fácil para ella. No no. Estar con Dios no resuelve mágicamente los problemas. Lo recuerda la conclusión del Evangelio de hoy: ‘Y el Ángel se alejó de ella (v. 38)’. Se alejó: es un verbo fuerte. El ángel deja sola a la Virgen en una situación difícil. Ella sabía en qué modo particular se convertiría en la Madre de Dios, se lo había dicho el ángel, pero el ángel no se lo había explicado a los demás, sólo a ella. Y los problemas comenzaron inmediatamente: pensemos en la situación irregular según la ley, en el tormento de San José, en los planes de vida saltados, en lo que la gente habría dicho…Pero María pone su confianza en Dios ante los problemas. Ella es dejada por el ángel, pero cree que con ella, en ella, ha permanecido Dios, y se confía: confía en Dios. Está segura de que con el Señor, aunque de modo inesperado, todo irá bien. He aquí la actitud sabia: no vivir dependiendo de los problemas – terminado uno, ¡se presentará otro! – sino fiándose de Dios y confiándose cada día en Él: ¡heme aquí! ¡heme aquí es la palabra, heme aquí es la oración! Pidamos a la Inmaculada Concepción la gracia de vivir así».

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El angelus del Papa el día de la Inmaculada

El dolor del Papa por los chicos y la mamá que murieron en Ancona

En el Ángelus de la Inmaculada, Francisco rezó por las víctimas y los heridos de la discoteca de Corinaldo. Recordó también los mártires de Argelia, beatificados hoy: «Humildes constructores de paz». Por la tarde rezará en la Plaza de España, bajo la estatua de la Virgen
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El Ángelus del Papa

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Pubblicato il 08/12/2018
Ultima modifica il 08/12/2018 alle ore 15:04
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

Durante el Ángelus en la Plaza San Pedro, el Papa recordó a las víctimas de Ancona, en donde se verificó un accidente en una discoteca de Corinaldo. Perdieron la vida seis personas (dos chicos y tres chicas de entre 14 y 16 años, y la madre de una chica). Resultaron heridos alrededor de 50 jóvenes que se habían reunido en la discoteca para asistir a un concierto. Bergoglio se estrechó alrededor de los familiares de los chicos y de la mujer que murieron «esta noche», y aseguró su cercanía a los múltiples heridos; para todos ellos, especialmente para las familias que están viviendo un luto, invocó la «intercesión de la Virgen».

Del drama en la discoteca, el Papa pasó a la fiesta que se celebra hoy en Argelia, pues en el Santuario de Nuestra Señora de Santa Cruz de Orán fueron proclamados beatos el obispo Pietro Claverie y 18 compañeros religiosos y religiosas, asesinados “in sodium fidei”. «Estos mártires de nuestro tiempo han sido fieles anunciadores del Evangelio, humildes constructores de paz y heroicos testimonios de la caridad cristiana», dijo el Pontífice. «Un obispo, sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos. Su testimonio valiente es fuente de esperanza para la comunidad católica argelina y semilla de diálogo para toda la sociedad. Que esta Beatificación sea para todos un estímulo para construir juntos un mundo de fraternidad y solidaridad. ¡Demos un aplauso —pidió el Pontífice— a los nuevos Beatos! ¡Todos juntos!»

Tras saludar con afecto los peregrinos procedentes de Italia y de diversos países, a las familias, grupos parroquiales y asociaciones, el Papa se refirió a la iniciativa que se lleva a cabo en las parroquias italianas que en esta fiesta de la Inmaculada han propuesto la renovación a la Acción Católica, la asociación que «desde hace 150 años –dijo el Papa – es un don y un recurso para el camino de la Iglesia en Italia»: «Animo a sus articulaciones diocesanas y parroquiales a comprometerse en la formación de laicos capaces de dar testimonio del Evangelio, convirtiéndose en levadura de una sociedad más justa y solidaria»

Hoy por la tarde, recordó Francisco, «me dirigiré a Santa María La Mayor a rezarle a la Virgen y luego iré a la Plaza de España para renovar el tradicional acto de homenaje y oración a los pies del monumento de la Inmaculada. Les pido que se unan a mi espiritualmente en este gesto, que expresa la devoción filial a nuestra Madre Celestial». Probablemente después del momento de oración, Francisco visitará la sede del periódico italiano “Il Messaggero”, en la vía del Tritone, para saludar a los periodistas y a los directores del diario romano.

La catequesis del obispo de Roma se concentró completamente en la figura de María, antes de la oración mariana del Ángelus. En particular reflexionó sobre la frase que la Virgen pronuncia tras en anuncio del arcángel Gabriel: «¡Heme aquí!», un signo de absoluta disponibilidad que en la actualidad representa «la cura para el egoísmo, el antídoto para una vida insatisfecha, a la que siempre le falta algo».

«Heme aquí es el remedio contra el envejecimiento del pecado, es la terapia para permanecer jóvenes dentro», subrayó el Papa Francisco. «Heme aquí, es creer que Dios cuenta más que mi “yo”. Es elegir apostar por el Señor, dócil a sus sorpresas. Por ello decirle heme aquí es la mayor alabanza que podemos ofrecerle —explicó. ¿Por qué no empezar los días así? Sería bueno decir todas las mañanas: ‘Heme aquí, Señor, hoy se cumpla en mí tu voluntad’. Lo diremos en la oración del Ángelus, pero podemos repetirlo ya ahora, juntos: ¡Heme aquí, Señor, hoy se haga en mí tu voluntad!».

Una voluntad que, aclaró Francisco, no elude los problemas. La vida incluso para María no fue fácilLa vida tampoco fue fácil para María: «Estar con Dios no resuelve mágicamente los problemas. Lo recuerda la conclusión del Evangelio de hoy: ‘Y el Ángel se alejó de ella’. Se alejó: es un verbo fuerte. El ángel deja sola a la Virgen en una situación difícil. Ella sabía en qué modo particular se convertiría en la Madre de Dios, se lo había dicho el ángel, pero el ángel no se lo había explicado a los demás, sólo a ella. Y los problemas comenzaron inmediatamente: pensemos en la situación irregular según la ley, en el tormento de San José, en los planes de vida saltados, en lo que la gente habría dicho».

La diferencia es que la Virgen, subrayó el Pontífice, «pone su confianza en Dios ante los problemas. Ella es dejada por el ángel, pero cree que con ella, en ella, ha permanecido Dios, y se confía: confía en Dios. Está segura de que con el Señor, aunque de modo inesperado, todo irá bien. He aquí la actitud sabia: no vivir dependiendo de los problemas – terminado uno, ¡se presentará otro! – sino fiándose de Dios y confiándose cada día en Él: ¡heme aquí! ¡heme aquí es la palabra, heme aquí es la oración! Pidamos a la Inmaculada Concepción la gracia de vivir así».

La alternativa, recordó el Papa, es vivir como Adán, cuya respuesta a Dios («Me he escondido») cuando lo buscaba después del pecado es especular a la de la Virgen, que en el Evangelio pronuncia su «Sí». «Heme aquí es lo contrario de me he escondido», subrayó Francisco, «el heme aquí abre a Dios, mientras el pecado cierra, aísla, hace que nos quedemos solos con nosotros mismos. Heme aquí es la palabra clave de la vida. Marca el paso de una vida horizontal, basada en sí mismo y en las propias necesidades, a una vida vertical, impulsada hacia Dios».

Una vida como la de la Virgen María que dice: «Heme aquí, Señor, hoy se cumpla en mí tu voluntad». No según mi voluntad, sino según «la Tuya», recordó el Papa: María «no pone límites a Dios. No piensa: ‘me dedico un poco a Él, me doy prisa y luego hago lo que quiero’. No, María no ama al Señor cuando tiene ganas, de modo intermitente. Vive confiándose en Dios en todo y para todo. Ese es el secreto de la vida. Todo lo puede quien se confía en Dios».

Ese es «el secreto de la vida. Todo lo puede quien se confía en Dios», concluyó el Papa. «Todo lo puede quien se confía en Dios». Pero el Señor «sufre cuando le respondemos como Adán: ‘tengo miedo y me he escondido’. Dios es Padre, el más tierno de los padres, y desea la confianza de sus hijos. ¡Cuántas veces sospechamos de Él, sospechamos de Dios! Pensamos que puede enviarnos alguna prueba, privarnos de nuestra libertad, puede abandonarnos. Pero esto es un gran engaño, es la tentación de los orígenes, la tentación del diablo: insinuar la desconfianza en Dios».


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La visita del Papa al centro de Roma el día de la Inmaculada. Comentario

El Papa: que los romanos no se resignen a los inconvenientes, que quien gobierna sea sabio

Al pie de la estatua de la Inmaculada en la Plaza de España, Francisco pidió «no abandonar a sí mismas» a las familias de los refugiados, sino tutelar sus derechos, pues «vienen antes que cualquier legítima exigencia». La visita a la redacción de “Il Messaggero”
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El Papa visita la estatua de la Inmaculada de Roma

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Pubblicato il 08/12/2018
Ultima modifica il 08/12/2018 alle ore 18:01
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

Una oración a la Virgen por todos los habitantes de Roma, para que no se resignen a los «inconvenientes» que deben vivir cotidianamente, y por los gobernantes de la ciudad, para que tengan «sabiduría y clarividencia».  Después, un diálogo apasionado: «Sabes lo que significa llevar en el seno la vida y sentir a tu alrededor la indiferencia, el rechazo, a veces el desprecio. Por esto te pido que estés cerca de las familias que hoy en Roma, en Italia, en el mundo entero viven situaciones semejantes, para que no sean abandonadas a sí mismas, sino tuteadas en sus derechos, derechos humanos que vienen antes de cualquier exigencia por legítima que sea».

Desde hace 65 años los Papas se trasladan al pie del monumento de la Inmaculada que se encuentra en el corazón de Roma, en la Plaza de España, realizado por el arquitecto Luigi Poletti y el escultor Giuseppe Obici en honor de la Inmaculada Concepción de María, dogma establecido por Pío IX en 1854. El primero que la visitó fue Juan XXIII, quien le llevó como don una canasta de rosas blancas. Así empezó la tradición que ahora continúa el Papa Francisco, quien desde que se asomó de la Logia de las bendiciones no ha ocultado su profunda devoción mariana.

Esta devoción que demuestra también con sus constantes visitas a la “Salus Populi Romani”, el ícono que se encuentra en la Basílica de Santa María Mayor (según la tradición fue pintado por San Lucas), protectora de todos los habitantes de la Ubre. Francisco fue hoy por la tarde al templo, alrededor de las 15.15, en su 65a visita desde que comenzó el Pontificado. Permaneció allí algunos minutos rezando frente a la efigie mariana y depositó una ofrenda de flores.

Después, a bordo de un Ford Escort azul, se dirigió a la Plaza de España. La señal de su llegada fue el estruendo de aplausos que se difundió por las calles, tradicionalmente espacio de las compras de lujo de la capital italiana. Alrededor de 10 mil turistas y fieles, muchos de los cuales eran migrantes, se concentraron tras las barreras para esperarlo.

En primera fila estaban alrededor de 300 enfermos asistidos por los voluntarios de la Unitalsi. A ellos se dedicó el Papa el final de su oración, abrazándolos y bendiciéndolos. A una de las viejitas que trataba de levantarse, le apoyó la mano en los hombros para pedirle que se quedara sentada. Otra le regaló un paquete de galletas.

Al llegar al monumento, unos minutos antes de lo previsto, Bergoglio fue recibido por el cardenal Angelo De Donatis, vicario de Roma, y por la alcaldesa Virginia Raggi, quien susurró algunas palabras en su oído. También estaba presente el presidente de la Región Lazio, Nicola Zingaretti.

A la Virgen Francisco encomendó a la ciudad de Roma, a todos: los gobernantes y los pobres, los enfermos y las familias en dificultades, los párrocos y los consagrados, los estudiantes y los ancianos: «Vela por esta ciudad, en los hogares, las escuelas, las oficinas, los comercios,

en las fábricas, hospitales, cárceles», dijo en la oración compuesta para la Solemnidad.

En ella, el Papa se dirigió directamente a la Virgen: Madre Inmaculada, en el día de tu fiesta, tan querida por el pueblo cristiano, vengo a rendirte un homenaje en el corazón de Roma. En mi corazón traigo a los fieles de esta Iglesia y todos los que viven en esta ciudad, especialmente los enfermos y cuántos por diferentes situaciones les cuesta salir adelante. En primer lugar, queremos agradecerte. Por el cuidado materno con el que nos acompañas en nuestro camino: ¡Cuántas veces oímos, con lágrimas en los ojos, a aquellos que han experimentado tu intercesión por las gracias que pides por nosotros a tu Hijo Jesús! También pienso en una gracia ordinaria que das a las personas que viven en Roma: la de afrontar los inconvenientes de la vida cotidiana con paciencia».

Ante los inconvenientes de la vida cotidiana, el Papa le pidió a la Virgen María, que nos dé fuerza para no rendirnos, más bien, de permitir que cada uno ponga de su parte para mejorar las cosas. Para que el cuidado de cada uno haga que Roma sea más bella y habitable para todos; Porque el deber bien hecho de cada uno asegure los derechos de todos. En su oración el Papa pidió por «aquellos que tienen roles de mayor responsabilidad» pensando en el bien común de la ciudad, para que la Virgen les de sabiduría, previsión, espíritu de servicio y colaboración. Y le pidió por los sacerdotes, y mujeres de vida consagrada, religiosa y seglar.

El Pontífice le pidió a la «Madre de Dios, que se quede cerca de las familias que hoy en Roma, en Italia, y en el mundo entero viven situaciones similares, para que no estén abandonas a sí mismas, sino tutelados sus derechos, derechos humanos que van antes que cualquier, exigencia, por legítima que sea». Y que vele por Roma, que no falte por ningún lado dijo, el testamento de Jesús: “Amaos como yo os he amado”.

Después de la oración se cantaron las letanías y el antiguo canto mariano “Tota pulchra”. El Papa saludó a algunos sacerdotes romanos y se entretuvo con De Donatis para hablar durante algunos minutos. Después abandonó la Plaza, pero no para volver al Vaticano, sino para ir a la cercana calle del Tritón.

En esa vía se encuentra la sede de la redacción del periódico romano “Il Messaggero”, que en septiembre cumplió 140 años. El Papa fue recibido a la entrada por el director, Virman Cusenza, por Azzurra Caltagirone y por la vaticanista Franca Giansoldati, que le regaló un ramo de rosas. Saludó a los periodistas, a los dirigentes y al personal del diario, en un gesto de cercanía para el mundo del periodismo, que vive una fase de crisis.


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Visita del Papa al centro de Roma en la fiesta de la Inmaculada

2018.12.08 Omaggio Immacolata2018.12.08 Omaggio Immacolata  (Vatican Media)

Virgen María, permanece cercana a las familias del mundo

El Papa Francisco, en su oración a la Virgen María en la Plaza de España, le pidió a la Madre de Dios, que se quede cerca de las familias que hoy en Roma, en Italia, y en el mundo entero viven situaciones de indiferencia, rechazo y a veces desprecio. Le pidió que sean tutelados los derechos de las familias. En la Solemnidad de la Inmaculada Concepción Francisco se dirigió a la Basílica de Santa María Mayor, para rendir un homenaje a la Virgen Salus Populi Romani

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

Seguidamente, y como es tradición se dirigió a las cuatro de la tarde a la Plaza de España, al acto de oración y homenaje a la Virgen de la Inmaculada. La Plaza de España, lugar donde se encuentra también la embajada española ante la Santa Sede, estaba abarrotada de fieles deseosos de compartir el momento de la oración del Papa y la entrega de la ofrenda floral al monumento de la Inmaculada, que reposa sobre una esbelta columna de aproximadamente 12 metros de altura.

Oración completa del Papa a Nuestra Señora Inmaculada:

Madre Inmaculada, en el día de tu fiesta, tan querida por el pueblo cristiano,

Vengo a rendirte un homenaje en el corazón de Roma.

En mi corazón traigo a los fieles de esta Iglesia.

y todos los que viven en esta ciudad, especialmente los enfermos.

y cuántos por diferentes situaciones les cuesta salir adelante.

En primer lugar, queremos agradecerte.

Por el cuidado materno con el que nos acompañas en nuestro camino:

¡Cuántas veces oímos, con lágrimas en los ojos, a aquellos que han experimentado tu intercesión por las gracias que pides por nosotros a tu Hijo Jesús!

También pienso en una gracia ordinaria que das a las personas que viven en Roma:

La de afrontar los inconvenientes de la vida cotidiana con paciencia.

Cada uno que ponga de su parte por una vida mejor

Ante los inconvenientes de la vida cotidiana, el Papa le pidió a la Virgen María, que nos dé fuerza para no rendirnos, más bien, de permitir que cada uno ponga de su parte para mejorar las cosas. Para que el cuidado de cada uno haga que Roma sea más bella y habitable para todos; Porque el deber bien hecho de cada uno asegure los derechos de todos. En su oración el Papa pidió por “aquellos que tienen roles de mayor responsabilidad” pensando en el bien común de la ciudad, para que la Virgen les de sabiduría, previsión, espíritu de servicio y colaboración. Y le pidió por los sacerdotes, y mujeres de vida consagrada, religiosa y secular:

Santa Virgen

Quisiera confiarte en modo particular a los sacerdotes de esta diócesis:

Los párrocos, los vice-párrocos, los sacerdotes ancianos que con el corazón de pastores continúan trabajando por el pueblo de Dios,

Por los tantos sacerdotes estudiantes de todo el mundo que colaboran en las parroquias.

Por todos ellos te pido la dulce alegría de evangelizar

y el don de ser padres, cercanos al pueblo, misericordiosos.

A ti, Mujer, consagrada a Dios, confío a las mujeres consagradas en la vida religiosa y en la vida secular,

que gracias a Dios en Roma hay tantas, más que en cualquier otra ciudad del mundo,

y forman un hermoso mosaico de nacionalidades y culturas.

Por ellas, te pido la alegría de ser, como Tú, esposas y madres,

Fecundas en la oración, en la caridad, en la compasión.

Virgen María, cercana a las familias

Oh Madre de Jesús, Una última cosa te pido, en esta época de Adviento, pensando en los días en que Tú y José estaban ansiosos por el inminente nacimiento de vuestro hijo, preocupados porque estaba el censo y también porque tenían que abandonar vuestro país, Nazaret, e ir a Belén. Sabes lo que significa llevar en el seno la vida y sentir a tu alrededor la indiferencia, el rechazo, a veces el desprecio.

Al respecto, el Pontífice le pidió a la Madre de Dios, que se quede cerca de las familias que hoy en Roma, en Italia, y en el mundo entero viven situaciones similares, para que no estén abandonas a sí mismas, sino tutelados sus derechos, derechos humanos que van antes que cualquier, exigencia, por muy legítima que sea. Y que vele por Roma, que no falte por ningún lado dijo, el testamento de Jesús: “Amaos como yo os he amado” (cf. Jn 13, 34).

Oh María Inmaculada, Amanecer de la esperanza en el horizonte de la humanidad.

Vela por esta ciudad,

En los hogares, las escuelas, las oficinas, los comercios,

en las fábricas, hospitales, cárceles;

que no falte en ninguna parte lo que Roma tiene más preciado,

y que conserva para el mundo entero, el testamento de Jesús:

“Amaos como yo os he amado” (cf. Jn 13, 34).

Amén.

Al concluir este acto, el Pontífice se dirige a la sede del cotidiano romano “Il Messaggero”, para saludar a los dirigentes y al personal.

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Oración del Papa ante la Salus Populi Romani en Santa María La Mayor, y homenaje en el Monumento a la Inmaculada en Plaza de España
08 diciembre 2018, 14:47


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Dos visitas sorpresa del Papa en la periferia de Roma.

El Papa visita a sorpresa la periferia sur de Roma

El Santo Padre Francisco, en el marco del “Viernes de la Misericordia”, ha visitado en la tarde de hoy, “CasAmica Onlus” y la comunidad terapéutica “El Puente y el Árbol”, en la perifera sur de Roma, informa en un comunicado la Oficina de Prensa de la Santa Sede

María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

Este viernes 7 de diciembre, el Santo Padre ha querido retomar el compromiso pastoral del Viernes de la Misericordia. Así lo informa en un comunicado la Oficina de Prensa de la Santa Sede, ilustrando el recorrido realizado por el Pontífice.

El Papa salió las 15.30 horas de Casa Santa Marta acompañado de S.E. Mons. Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización y esta vez visitó dos realidades en el extremo sur de los suburbios de Roma.

CasAmica Onlus

La primera visita lo llevó a la CasAmica Onlus en la zona de Trigoria, una estructura que acoge a personas enfermas que deben recibir atención hospitalaria continua, acompañadas por sus familiares. Se trata de personas que atraviesan graves dificultades económicas y que no disponen de recursos suficientes para mantener su sustento primario cotidiano. Los huéspedes de la estructura son en su mayoría italianos y provienen de las regiones del sur, obligados a trasladarse a los principales centros de salud de Roma para recibir tratamiento, además estaban presentes algunas familias del norte de África y de Europa del Este. Las estructuras hospitalarias que atienden a los huéspedes de la Asociación, que padecen enfermedades muy graves, como tumores o leucemia, son el Campus Biomédico, el Instituto Nacional de Tumores Regina Elena y el Hospital Pediátrico Bambino Gesù. El servicio que se ofrece en estos centros pone de relieve el fenómeno de las “migraciones por motivos de salud”, a lo que se añade la carga de incomodidades y la pobreza que ello conlleva.

El Papa llamó a la puerta y fue recibido por el personal de servicio, que quedó sorprendido por la inesperada visita. A su llegada, algunos pacientes se encontraban en la gran cocina y algunos niños en la sala de juegos. El Santo Padre se detuvo a jugar y a bromear con ellos, luego intercambió algunas palabras de consuelo con los padres que lo recibieron con gran afecto, escuchando con mucha atención sus sufrimientos. Luego el Papa Francisco – acompañado por la Presidenta de la Asociación CasAmica Onlus, Dra. Lucia Cagnacci Vedani – escuchó la historia de Aquiles y Andrei, dos niños de 13 y 11 años de edad que sufren de enfermedad oncológica grave, huéspedes en la institución con sus padres, aquella de Sandra y Plamen de Bulgaria y la de Arwa que viene de Marruecos, niños de 3 a 5 años de edad con enfermedades hematológicas; y, por último, al Sr. Orazio da Montalto di Castro, al Sr. Giuseppe da Cosenza y a la Sra. Giosina da Acireale, acompañados de sus respectivos cónyuges, que también padecen graves enfermedades oncológicas.

Antes de saludarlos, el Santo Padre dejó un pergamino en memoria del encuentro y entregó algunos regalos para las familias.

El Puente y el Árbol

Posteriormente, el Papa se dirigió a la comunidad de rehabilitación terapéutica “Il Ponte e l’Albero” (El Puente y el árbol) – se lee comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede -, situada en uno de los “puentes” del barrio Laurentino 38, una zona muy difícil de la periferia sur de Roma. Los huéspedes de la estructura son doce jóvenes con problemas mentales, que han experimentado condiciones familiares que no han hecho posibles mejorías en  su situación.

El Papa, a pie, subió dos escalones del “puente”, llegó hasta donde estaban los muchachos, sorprendiéndolos en medio de una de sus actividades. Con esta visita, el Papa Francisco ha realizado el deseo de estos jóvenes, que hace meses le habían escrito una carta en la que le hablaban de sus dificultades cotidianas causadas por sus dificultades mentales, así como de su voluntad y sus esfuerzos para continuar en el camino del tratamiento junto a los médicos y agentes, esperando una visita del Pontífice.

Luego, se sentó con ellos, los escuchó y los animó, respondiendo a sus preguntas. Mientras tanto, también han llegado a la comunidad algunos padres que han abrazado al Papa con gran emoción, agradeciéndole este gesto de cercanía.

El Papa Francisco escuchó al Dr. Paolo Stievano, Director Psicólogo de la institución, quien le explicó la gran angustia de estos chicos y cómo la estructura sanitaria del Departamento de Salud Mental de la “ASL Roma 2” logra proveer ayuda a las familias.

El Papa dejó un gran pan dulce de 10 kg como regalo para las próximas fiestas navideñas. Y al final de la visita, el Santo Padre regresó al Vaticano.


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El decálogo y la libertad humana. Un niño interrumpe al Papa, Foto

El Papa: el Decálogo no es una serie de prohibiciones, sino vida nueva

Francisco, interrumpido por un niño durante la Audiencia general, dijo: «Es argentino, es indisciplinado». Y recomendó que todos sean «libres» con Dios, como hijos con el Padre

Un niño argentino en el Aula Pablo VI durante la Audiencia general

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Pubblicato il 28/11/2018
Ultima modifica il 28/11/2018 alle ore 13:34
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

Con los Diez Mandamientos «llevados a cumplimiento por Jesús», Dios siembra «deseos nuevos» en el corazón del hombre, como un «trasplante de corazón«, y si los deseos malvados «arruinan al hombre», los deseos del Espíritu «son el germen de la vida nueva». El Papa concluyó el ciclo de catequesis dedicado al Decálogo durante la Audiencia general de hoy, en la que explicó que «mientras según la carne era una serie de prescripciones y de prohibiciones, según el Espíritu esta misma ley se vuelve vida». Mientras Francisco hablaba en el Aula Pablo VI, un niño lo interrumpió: «Es argentino, es indisciplinado», dijo Jorge Mario Bergoglio, quien comentó: «Cuando Jesús dice que debemos ser como los niños, nos dice que debemos ser libres como un niño con su padre. Este niño nos ha predicado a todos».

 

Dios, dijo el Papa, «nos invita a la obediencia para rescatarnos del engaño de las idolatrías que tanto poder tienen sobre nosotros. Efectivamente, buscar la propia realización en los ídolos de este mundo nos vacía y nos esclaviza, mientras lo que nos da estatura y consistencia es la relación con Él, que, en Cristo, nos hace hijos a partir de su paternidad. Esto implica un proceso de bendición y de liberación, que son el verdadero descanso, auténtico. Como dice el Salmo: “Solo en Dios reposa el alma mía: de Él mi salvación”. Esta vida liberada se convierte en acogida de nuestra historia personal y nos reconcilia con lo que, desde la infancia hasta el presente, hemos vivido, haciéndonos adultos y capaces de dar el justo peso a las realidades y a las personas en nuestra vida. Por este camino entramos en la relación con el prójimo que, empezando por el amor que Dios muestra en Jesucristo, es una llamada a la belleza de la fidelidad, de la generosidad y de la autenticidad».

 

Pero, para vivir así, explicó el Papa, necesitamos «un corazón nuevo, habitado por el Espíritu Santo. Yo me pregunto: ¿cómo se da este “trasplante” de corazón, del corazón viejo al corazón nuevo? Mediante el don de deseos nuevos, atención a la palabra: deseos nuevos, que son sembrados en nosotros por la gracia de Dios, particularmente mediante los Dies Mandamientos llevados a cumplimiento por Jesús, como Él enseña en el “Sermón de la Montaña”. “De hecho, en la contemplación de la vida descrita por el Decálogo – precisó el Pontífice – es decir, una vida agradecida, libre, auténtica, bendecida, adulta, vigilante y amante de la vida, fiel, generosa y sincera, nosotros, casi sin darnos cuenta, nos encontramos ante Cristo. El Decálogo es su radiografía, la describe como un negativo fotográfico que deja aparecer su rostro, como en la Sábana Santa. Y así el Espíritu Santo fecunda nuestro corazón poniendo en él, los deseos que son su don, los deseos del Espíritu. Desear según el Espíritu, desear al ritmo del Espíritu, desear con la música del Espíritu».

 

Así descubrimos mejor lo que significa que el Señor Jesús no vino a abolir la ley, sino a dar cumplimiento, afirma el Papa Francisco, y mientras que la ley según la carne era una serie de prescripciones y prohibiciones, según el Espíritu esta misma ley se convierte en vida, porque ya no es una norma, sino que la misma carne de Cristo, que nos ama, nos busca, nos perdona, nos conforta y en su Cuerpo recompone la comunión con el Padre, perdido por la desobediencia del pecado: «en Cristo, y sólo en Él, el Decálogo deja de ser condenación y se convierte en la auténtica verdad de la vida humana, es decir, el deseo de amor, de alegría, de paz, de magnanimidad, de benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio».

 

 

Es para esto lo que sirve buscar a Cristo en el Decálogo, afirmó el Papa Francisco, para hacer fructificar nuestros corazones para que estén llenos de amor y abiertos a la obra de Dios. Cuando el hombre sigue el deseo de vivir según Cristo, entonces está abriendo la puerta de la salvación, que sólo puede venir, porque Dios Padre es generoso y, como dice el Catecismo, «tiene sed de que nosotros tengamos sed de Él». «Si son los malos deseos los que arruinan al hombre – precisó el Papa – entonces, el Espíritu pone sus santos deseos en nuestros corazones, que son la semilla de una nueva vida. La vida nueva no es el esfuerzo titánico por ser coherente con una norma, sino la vida nueva es el mismo Espíritu de Dios que comienza a guiarnos hacia sus frutos, en una feliz sinergia entre nuestra alegría de ser amados y su alegría de amarnos. Se encuentran los dos gozos: la alegría de Dios de amarnos y nuestra alegría de ser amados».

 

Mientras el Papa hablaba desde el palco, un niño se acercó a él. «Dame un besito», le dijo el Papa abrazándolo. La mamá se apuró para tratar de recuperar a su pequeño, pero el Papa le dijo que estaba bien, que lo dejara, por lo que el niño siguió dando vueltas libremente en el palco del Aula Pablo VI. «Es argentino, es indisciplinado«, comentó Francisco, «este niño no puede hablar: es mudo, pero puede comunicarse, puede expresarse. Y tiene una cosa que me hace pensar: es libre, indisciplinadamente libre. Pero es libre. Y esto me hace pensar: ¿soy también así de libre ante Dios? Cuando Jesús dice que debemos llegar a ser como niños, nos dice que debemos tener la libertad que un niño tiene ante su padre. Sí, creo que este muchacho ha predicado para todos nosotros, y pedimos la gracia de que pueda hablar».