Loiola XXI

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El Papa en el Regina Coeli: Sólo Jesús, el Buen Pastor, sana todas nuestras heridas

“¿Quién es Cristo sanador? ¿En qué consiste ser sanado por él? ¿De qué nos cura?… la respuesta a estas preguntas nos la da el propio Evangelio”, dijo Francisco a la hora del Regina Coeli en el IV Domingo de Pascua, fiesta del Buen Pastor

Sofía Lobos – Ciudad del Vaticano

Tras ordenar a 16 nuevos sacerdotes en una misa en la Basílica de San Pedro, en el IV Domingo de Pascua, fiesta del Buen Pastor y Jornada Mundial de oración por las vocaciones; el Papa Francisco rezó la oración mariana del Regina Coeli, desde la ventana del Palacio Apostólico.

El Santo Padre recordó que la liturgia dominical continúa avanzando en su intención de “ayudarnos a redescubrir nuestra identidad como discípulos del Señor resucitado”.

“En los Hechos de los Apóstoles, Pedro declara abiertamente que la curación de los lisiados, realizada por él y de la que habla todo Jerusalén, tuvo lugar en el nombre de Jesús, porque no hay salvación en ningún otro” (4,12), explicó Francisco, señalando que en este hombre sanado está cada uno de nosotros, y cada una de nuestras comunidades; por que “cada uno puede recuperarse de las muchas formas de debilidad espiritual: ambición, pereza, orgullo… si acepta depositar con confianza su existencia en las manos del Señor resucitado”.

Dejarnos sanar por Jesús, el Buen Pastor

“¿Pero quién es Cristo sanador? ¿En qué consiste ser sanado por él? ¿De qué nos cura? ¿Y mediate qué maneras?”, se preguntó el Obispo de Roma ante miles de fieles y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro.

“Encontramos la respuesta a todas estas preguntas en el Evangelio de hoy, donde Jesús dice: Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas “(Jn 10,11)”, añadió el Papa, haciendo hincapié en que esta autopresentación de Jesús no puede reducirse a una simple sugerencia emocional sin ningún efecto concreto; ya que “Jesús sana siendo un pastor que da vida. Dando su vida por nosotros”.

Asimismo, el Pontífice puso en relevancia el enorme valor que tiene cada una de nuestras vidas ante los ojos de Dios:

“Jesús le dice a cada uno: tu vida es tan valiosa para mí, que para salvarla yo doy todo de mí mismo. Es precisamente esta ofrenda de vida lo que lo hace el buen Pastor por excelencia, el que sana, el que nos permite vivir una vida bella y fructífera”, añadió Francisco.

Jesús conoce a cada uno de nosotros

El Papa también resaltó cómo el propio Evangelio nos dice en qué condiciones Jesús puede sanarnos y puede hacer que nuestras vidas sean felices y den frutos abundantes: “Yo soy el buen pastor, conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen, como el Padre me conoce  y yo Conozco al Padre”(versículos 14-15).

“Jesús no habla de un conocimiento intelectual, sino de una relación personal, de predilección, de ternura mutua, un reflejo de la misma relación íntima de amor entre Él y el Padre. Esta es la actitud a través de la cual se realiza una relación viva y personal con Jesús: dejándonos conocer por Él”.

“Él está atento a cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón profundamente: conoce nuestras fortalezas y nuestras debilidades, los proyectos que hemos logrado y las esperanzas que fueron decepcionadas. Pero nos acepta tal como somos, nos conduce con amor, porque de su mano podemos atravesar incluso caminos inescrutables sin perder el rumbo”.

Estamos llamados a conocer a Jesús

A su vez, Francisco señaló que también nosotros estamos llamados a conocer a Jesús: “Esto implica buscar un encuentro con Él, que despierte el deseo de seguirlo abandonando las actitudes autorreferenciales para emprender nuevos senderos, indicados por Cristo mismo y abiertos a vastos horizontes”.

En cambio, “cuando en nuestras comunidades se enfría el deseo de vivir la relación con Jesús, de escuchar su voz y seguirlo fielmente, es inevitable que prevalezcan otras formas de pensar y vivir que no son coherentes con el Evangelio”, concluyó el Papa invitando a todos a buscar la intercesión de la Virgen María, para que ella nos ayude a conocer verdaderamente a Jesús.

El Papa en el Regina Coeli

El Papa en el Regina Coeli: Sólo Jesús, el Buen Pastor, sana todas nuestras heridas

“¿Quién es Cristo sanador? ¿En qué consiste ser sanado por él? ¿De qué nos cura?… la respuesta a estas preguntas nos la da el propio Evangelio”, dijo Francisco a la hora del Regina Coeli en el IV Domingo de Pascua, fiesta del Buen Pastor

Sofía Lobos – Ciudad del Vaticano

Tras ordenar a 16 nuevos sacerdotes en una misa en la Basílica de San Pedro, en el IV Domingo de Pascua, fiesta del Buen Pastor y Jornada Mundial de oración por las vocaciones; el Papa Francisco rezó la oración mariana del Regina Coeli, desde la ventana del Palacio Apostólico.

El Santo Padre recordó que la liturgia dominical continúa avanzando en su intención de “ayudarnos a redescubrir nuestra identidad como discípulos del Señor resucitado”.

“En los Hechos de los Apóstoles, Pedro declara abiertamente que la curación de los lisiados, realizada por él y de la que habla todo Jerusalén, tuvo lugar en el nombre de Jesús, porque no hay salvación en ningún otro” (4,12), explicó Francisco, señalando que en este hombre sanado está cada uno de nosotros, y cada una de nuestras comunidades; por que “cada uno puede recuperarse de las muchas formas de debilidad espiritual: ambición, pereza, orgullo… si acepta depositar con confianza su existencia en las manos del Señor resucitado”.

Dejarnos sanar por Jesús, el Buen Pastor

“¿Pero quién es Cristo sanador? ¿En qué consiste ser sanado por él? ¿De qué nos cura? ¿Y mediate qué maneras?”, se preguntó el Obispo de Roma ante miles de fieles y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro.

“Encontramos la respuesta a todas estas preguntas en el Evangelio de hoy, donde Jesús dice: Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas “(Jn 10,11)”, añadió el Papa, haciendo hincapié en que esta autopresentación de Jesús no puede reducirse a una simple sugerencia emocional sin ningún efecto concreto; ya que “Jesús sana siendo un pastor que da vida. Dando su vida por nosotros”.

Asimismo, el Pontífice puso en relevancia el enorme valor que tiene cada una de nuestras vidas ante los ojos de Dios:

“Jesús le dice a cada uno: tu vida es tan valiosa para mí, que para salvarla yo doy todo de mí mismo. Es precisamente esta ofrenda de vida lo que lo hace el buen Pastor por excelencia, el que sana, el que nos permite vivir una vida bella y fructífera”, añadió Francisco.

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Molfetta: el Papa de visita en la tierra de Tonino Bello

“Cristianos hambrientos, no afirmados”, que sufren por la miseria

En Molfetta el Papa Francisco celebró la Misa recordando el ejemplo de don Tonino Bello, «obispo-siervo que aprendía a que se lo comiera la gente»: como él, llevemos el testimonio de Jesús al mundo, pero no «como protagonistas campeones del propio valor»
REUTERS

Francisco en Molfetta

Pubblicato il 20/04/2018
Ultima modifica il 20/04/2018 alle ore 12:37
«¡Levántate!». Porque «lo primero que hay que evitar es quedarse en el suelo, sufrir la vida, quedar atrapados por el miedo». A la población de Molfetta que lo esperó desde el amanecer de pie bajo el palco, en el puerto, en los balcones y a las ventanas, Francisco recordó la invitación de su histórico obispo Tonino: «¡De pie!». Y exhortó a «volver a levantarse siempre, a ver hacia lo alto, porque el apóstol de Jesús» no puede conformarse con «pequeñas satisfacciones».

 

Francisco llegó en helicóptero al antiguo burgo salentino, segunda y última etapa de su visita pastoral, con casi una hora de retraso. Francisco se dirigió inmediatamente a la sacristía: la vuelta acostumbrada entre los papamóviles quedó para el final de la misa que el Pontífice celebró (llevando el pastoral de madera de don Tonino Bello) en un palco blanco y amarillo frente al Mar Adriático, con un gran crucifijo de madera de olivo, símbolo de paz y de las tierras mediterráneas, y la estatua de la Virgen de los Mártires, patrona de la ciudad.

 

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El Papa basó su homilía en dos palabras: «pan» y «palabra». Las reflexiones del pontífice se entralazaron con frases pronunciadas y escritas por don Tonino, y resulta difícil distinguir cuál pertenece a cuál. «No son suficientes las obras de caridad, si falta la caridad de las obras. Si falta el amor del que parten las obras, si falta la fuente, si falta el punto de partida, que es la Eucaristía, cualquier empeño pastoral resulta solo un montón de cosas», decía don Bello.

 

Una advertencia que Bergoglio retomó para insistir que «la vida cristiana vuelve a comenzar cada vez desde aquí, desde esta mesa, en la que Dios nos sacia de amor. Sin Él, Pan de vida, cualquier esfuerzo en la Iglesia es vano». «La Eucaristía es esto: no un rito bello, sino la comunión más íntima, más concreta, más sorprendente que se pueda imaginar con Dios: una comunión de amor tan real que toma la forma del comer», afirmó el Obispo de Roma. «Quien se nutre de la Eucaristía, asimila la misma mentalidad del Señor. Él es “Pan partido” por nosotros y quien lo recibe se convierte a su vez en pan partido, que no lleva la levadura del orgullo, sino que se da a los demás: deja de vivir para sí, por el propio éxito, por tener algo o para convertirse en alguien, sino que vive para Jesús y como Jesús, es decir por los demás».

 

Es el ejemplo que dio el obispo Tonino: «un obispo-siervo, un Pastor que se hizo pueblo, que frente al Tabernáculo aprendía a que se lo comiera la gente». Él «soñaba una Iglesia hambrienta de Jesús e intolerante frente a cualquier mundanidad, una Iglesia que sabe descubrir el cuerpo de Cristo en los Tabernáculos incómodos de la miseria, del sufrimiento, de la soledad». Porque, decía, «la Eucaristía no soporta» lo sedentario y, «sin levantarse de la mesa», la Eucaristía es «un sacramento incompleto».

 

Este «Pan de vida» es también «Pan de paz», añadió el Papa. La paz que, según don Bello, «no viene cuando uno toma solo su pan y se va a comérselo por su cuenta. La paz es algo más: es convivialidad». Es «comer el pan con los demás, sin separarse, sentarse a la mesa con personas diferentes», en donde «el otro es un rostro que debe ser descubierto, contemplado, acariciado». Porque «los conflictos y todas las guerras encuentran su raíz en la difuminación de los rostros». Y los cristianos y quien comparta «este Pan de unidad y de paz» están llamados «a amar cada rostro, a remendar cualquier rasgadura; a ser, siempre y donde sea, constructores de paz».

 

Al lado del Pan, la Palabra. Bergoglio recordó las «ásperas discusiones» alrededor de las palabras de Jesús: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». «Muchas de nuestras palabras se parecen a estas: ¿cómo puede el Evangelio resolver los problemas del mundo? ¿Para qué sirve hacer el bien en medio de tanto mal?». Así, «caemos en el error de esa gente, paralizada por las discusiones sobre las palabras de Jesús, en lugar de estar lista para recibir el cambio de vida que Él ha pedido». Por ello, Tonino Bello deseaba «recibir esta novedad de vida, pasando finalmente de las palabras a los hechos». Era constante su invitación a quien «no tenía la valentía para cambiar»: «los especialistas de la perplejidad», los llamaba, «los contables pedantes de los pros y los contras. Los cautelosos calculadores hasta el espasmo antes de moverse».

 

«A Jesús no se responde según los cálculos o las conveniencias del momento, sino con el “Sí” de toda la vida. Él no busca nuestras reflexiones, sino nuestra conversión», afirmó el Papa. Y esta conversión se resume en ese «¡levántate!» proclamado por don Tonino Bello. «La vida cristiana debe invertirse para Jesús y gastarse por los demás. Después de haber encontrado al Resucitado no se puede esperar, no se puede postergar: hay que ir, salir, a pesar de todos los problemas e incertidumbres».

 

Hay que ser «constructores de paz», como pedía el obispo. El Papa exclamó: «Servidores del mundo, pero como resucitados, no como empleados. Sin entristecerse nunca, sin resignarse nunca. Es bello ser “correos de esperanza”, distribuidores simples y alegres del “Aleluya” pascual». La Palabra de Dios hace esto: «Libera, hace seguir adelante, humildes y valientes al mismo tiempo. No nos convierte en los protagonistas afirmados y campeones del propio valor, sino –concluyó el Pontífice– en testimonio genuino de Jesús en el mundo».


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El Papa nos invita a un sincero examen de conciencia.

El Papa: el mundo, un poco “esquizoide”, grita “libertad” pero luego es esclavo

En Santa Marta, el Papa invita a un examen de conciencia: «¿Soy libre o apegado a ambiciones, pasiones riquezas y moda?»

El Papa Francisco

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Pubblicato il 13/04/2018
Ultima modifica il 13/04/2018 alle ore 19:34
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

 

«¿Soy libre? ¿O soy esclavo de mis pasiones, de mis ambiciones, de tantas cosas, de las riquezas, de la moda? (Parece una broma, pero, ¡cuánta gente es esclava de la moda!)». ¿Libre, verdaderamente libre, o, como este mundo, «un poco “esquizoide”», que grita: «¡Libertad, libertad, libertad!», pero luego es «cada vez más esclavo, esclavo, esclavo»?

 

Preguntas cruciales que se dirigen a la conciencia y que impulsan a una revisión de la propia vida. El Papa Francisco las puso sobre el altar de la pequeña capilla de la Casa Santa Marta, en donde celebró la acostumbrada misa matutina. En su homilía, publicada por Vatican News, el Pontífice habló de tres grados de libertad, la que da Cristo, «con su obra redentora», a las cuales corresponden tres ejemplos, tres testimonios, protagonistas de las lecturas de la liturgia de hoy: Gamaliel, los apóstoles Pedro y Juan, y Jesús mismo.

 

Gamaliel, hebreo doctor de la ley y fariseo, convence al sinedrio para que libere a Pedro y a Juan, que estaban en la cárcel por haber curado a un paralítico. Es, por lo tanto, «un hombre libre» porque es capaz de «pensar con la mente fría», de hacer que los demás razonen y los convence de que «el tiempo hará su trabajo». «El hombre libre no tiene miedo del tiempo: deja actuar a Dios, deja espacio para que Dios actúe en el tiempo. El hombre libre es paciente. Y ése era un judío. No era un cristiano, No había reconocido a Jesús Salvador. Pero era un hombre libre. Formula su pensamiento, lo ofrece a los demás y es aceptado. La libertad no es impaciente», subrayó Francisco.

 

También Pilatos, por ejemplo, era una persona que «pensaba bien, con la mente fría». Él se da cuenta de que Jesús era inocente, pero «no logra resolver el problema, porque no era libre, estaba apegado a la promoción», «le faltaba el coraje de la libertad porque era esclavo del arribismo, de la ambición, del éxito».

 

El segundo el ejemplo de libertad son Pedro y Juan, que curaron al paralítico y se encuentran frente al sinedrio, que al final los libera, pero no sin antes haberlos castigado, a pesar de que eran inocentes. Los dos apóstoles fueron castigados «injustamente», pero «se van alegres por haber sido ultrajados por el nombre de Jesús». «Esta es la libertad de imitar a Jesús», comentó, «es otra libertad, más grande, más larga, más cristiana. Pedro podía ir con el juez y comenzar una causa contra el sinedrio para pedir una indemnización. En cambio estaba alegre, como Juan, porque habían sufrido en nombre de Dios. Eran libres en el sufrimiento, por seguir a Jesús».

 

La actitud del cristiano es precisamente esta. Es decir: «Señor, tú me has dado tanto, has sufrido tanto por mí. ¿Qué puedo hacer yo por ti? Toma, señor, mi vida, mi mente, mi corazón, todo es tuyo». Es «la libertad de un enamorado de Jesucristo», la misma que viven muchos fieles hoy en el mundo: «Hay muchos, en la cárcel, cristianos, torturados, que sacan adelante esta libertad: de confesar a Jesucristo», observó el Papa.

 

Después pasó al tercer ejemplo: Jesús. El Evangelio narra su milagro de la multiplicación del pan y de los peces que sorprende y entusiasma a la multitud a tal punto que «lo busca para proclamarlo rey». Pero Él se retira de nuevo al monte: «se aleja del triunfalismo. No se deja engañar por el triunfalismo: era libre». Libre como lo fue en el desierto cuando rechaza las tentaciones de Satanás. Libre al seguir «la voluntad del Padre», acabando incluso en la cruz. «El ejemplo de libertad más grande», afirmó el Papa Francisco.

 

Y concluyó invitando a pensar «en este día a mi libertad, nuestra libertad», con estas preguntas: «¿mi libertad es cristiana? ¿soy libre? ¿O soy esclavo de mis pasiones, de mis ambiciones, de tantas cosas… de las riquezas, de la moda? Pensemos en nuestra libertad en este mundo que es un poco esquizoide, esquizofrénico ¿no?… Grita: libertad, libertad, libertad… y es más esclavo, esclavo, esclavo. Pensemos en esa libertad que Dios nos dona en Jesús».


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Audiencia semanal del Papa en el Vaticano.

  ES

Catequesis del Papa: Tras la misa vivir más como cristianos

En la última catequesis sobre la Santa Misa el Papa se refirió a los Ritos Conclusivos, y recordó que nuestra participación no termina allí: los frutos de la Misa están destinados a madurar en la vida de cada día

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

Una mañana lluviosa en Roma vio al Papa Francisco presidir la Audiencia general en la plaza de san Pedro, en el miércoles de la Octava de Pascua. La plaza, convertida en un jardín con las flores llegadas desde los Países Bajos, con motivo de la Pascua del Señor, estaba repleta de peregrinos, a pesar del mal tiempo.

Cristo es la flor nueva

A este jardín pascual el Pontífice se refirió en el inicio de su catequesis: “Ustedes ven que hoy hay flores – dijo. Las flores dicen gozo, alegría; también, en algunos lugares, a la Pascua se la llama “Pascua florida”, porque florece Cristo resucitado: es la flor nueva. Florece nuestra justificación, florece la santidad de la Iglesia. Por este motivo hay tantas flores: es nuestra alegría”.

Recordando luego que toda la semana festejamos la Pascua, invitó a los presentes a intercambiar el gozoso saludo entre sí, y también a saludar al “amado Papa Benedicto que – dijo – nos sigue por televisión”. “Al Papa Benedicto, todos decimos Feliz Pascua: ‘¡Felices Pascuas!’ Y un aplauso, ¡fuerte!”.

Tras este intercambio con los fieles, inició la última catequesis sobre la Santa Misa, relativa a los Ritos de Conclusión.

“Con esta catequesis – expresó en español – terminamos el ciclo dedicado a la Santa Misa. Nuestra atención se centra hoy en los ritos de conclusión. Después de la oración de la comunión, la Misa termina con la bendición y el saludo al pueblo. Concluye igual que iniciaba con el signo de la cruz, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

Tras la misa vivir más como cristianos

Sucesivamente el Papa Francisco habló del compromiso que conlleva la participación en la Santa Misa:

La celebración de la Misa – prosiguió en nuestro idioma – lleva consigo el compromiso del testimonio cristiano. Salimos de la Iglesia para «ir en paz», para llevar la bendición de Dios a nuestras casas, a los ambientes en los que vivimos y trabajamos, «glorificando a Dios con nuestra vida». No podemos olvidar que celebramos la Eucaristía para aprender a ser hombres y mujeres eucarísticos, dejando que Cristo actúe en nuestras vidas, como decía san Pablo: «Estoy crucificado con Cristo; vivo, pero no soy yo el que vive, sino Cristo quien vive en mí» (Ga 2,19-20).

El Santo Padre precisó también que a través de la Eucaristía, el Señor Jesús entra en nosotros, en nuestro corazón y en nuestra carne. Y lo hace para que podamos expresar en la vida del sacramento recibido en la fe. Así, el Papa añadió que si nosotros salimos de la iglesia “charlando”, “mira éste, mira aquel”, es decir, “con la lengua larga”, esto significa que “la misa no entró en mi corazón”. “Y ¿por qué?” – preguntó el Papa. “Porque no soy capaz de vivir con el testimonio cristiano. Cada vez que salgo de la misa tengo que salir mejor de como entré, con más vida, con más fuerza, con más ganas de dar testimonio cristiano”.

De ahí que impulsó tomar conciencia de que la misa “encuentra cumplimiento, en las elecciones concretas de aquellos que dejan involucrar en primera persona en los misterios de Cristo”. Y porque, agregó el Papa, “en la medida en que mortificamos nuestro egoísmo, se crea dentro de nosotros un mayor espacio para el poder de su Espíritu”, exhortó a dejarnos ensanchar el alma con la fuerza del Espíritu después de haber recibido el Cuerpo y la Sangre de Cristo:

“Déjense ensanchar el alma… no estas almas estrechas y cerradas, pequeñas, egoístas… ¡no! Almas anchas, almas grandes, con grandes horizontes… Déjense ensanchar el alma con la fuerza del Espíritu, después de haber recibido el Cuerpo y la Sangre de Cristo”.

La Presencia real de Cristo no termina en la Misa

“La Presencia real de Cristo en el pan consagrado no termina con la Misa, sino que se reserva en el Sagrario para la comunión de los enfermos y la adoración silenciosa. El culto eucarístico, dentro y fuera de la Misa, nos ayuda a permanecer en Cristo y a crecer en nuestra unión con Él y con su Iglesia, nos separa del pecado y nos lleva a comprometernos con los pobres y necesitados”.

Hablando en italiano, profundizó: “La misa es como el grano de trigo que luego en la vida ordinaria crece, crece y madura en buenas obras, en las actitudes que nos asemejan a Jesús”. “El acercarse con regularidad al banquete eucarístico renueva, fortalece y profundiza la relación con la comunidad cristiana a la que pertenecemos, según el principio de que la “Eucaristía hace la Iglesia”.

En la conclusión de la catequesis, en los saludos a los peregrinos de los diversos países, dirigió, como es habitual, un pensamiento especial a los jóvenes, a los ancianos, los enfermos y los recién casados, a quienes tras recordarles que Cristo ha vencido la muerte y nos ayuda a acoger los sufrimientos como ocasión privilegiada de redención y salvación, les invitó a vivir el mensaje pascual dando testimonio en los lugares de vida la paz y la alegría, dones del Resucitado.

A los peregrinos de lengua española en particular, en esta semana de Pascua, “en la que la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte resuena con toda su fuerza y belleza”, invitó “a nutrirse constantemente de la Eucaristía, dejándose renovar con el encuentro real con Jesús, hasta que gustemos plenamente del banquete que nos tiene preparado por toda la eternidad”, y les impartió su bendición.

Escuche y descargue el servicio con la Voz del Papa

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Photogallery Audiencia General del 4 de Abril de 2018


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Comentario a las palabras del Papa el domingo de Pascua

Francisco: “De Dios una sorpresa tras otra; sus noticias nos hacen correr”

La homilía de la Misa de Pascua en la Plaza San Pedro: «El Señor no sabe hacer un anuncio sin sorprendernos y conmovernos. Con palabras de los jóvenes: “es un golpe bajo”»

La misa en la Plaza San Pedro

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Pubblicato il 01/04/2018
Ultima modifica il 01/04/2018 alle ore 11:54
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

En esta Pascua, «¿tengo el corazón abierto a las sorpresas de Dios o procedo con la cantilena del “mañana veremos”?». El Papa Francisco tomó el micrófono durante la misa Pascual en la Plaza San Pedro y pronunció una breve homilía improvisada, reflexionando sobre el Evangelio. «Escuchando este pasaje, quisiera decir tres cosas: primero, el anuncio. Allí hay un anuncio: el Señor ha resucitado. Un anuncio que en los primeros tiempos cristianos iba de boca en boca, era el saludo: “Jesús ha resucitado”», dijo el Pontífice a los miles de fieles que abarrotaban la Plaza San Pedro, transformada para la ocasión en un enorme jardín de floristas holandeses, que enviaron al Vaticano 50 mil plantas.

 

El Papa concentró su homilía sobre las figuras de las mujeres que fueron al Sepulcro para ungir el cuerpo del Señor y, por el contrario, «se encontraron frente a una sorpresa. La sorpresa». «Los anuncios de Dios siempre son una sorpresa –comentó Bergoglio–, porque el nuestro es el Dios de las sorpresas. Es así, desde el inicio de historia de la salvación, desde nuestro padre Abraham, a quien Dios dice “Ve, ve, abandona tu tierra y ve”».

 

«Siempre una sorpresa tras otra. Dios no sabe hacer un anuncio sin sorprendernos», afirmó el Papa. «Y la sorpresa es la que te conmueve el corazón, la que te toca precisamente allí en donde no te lo esperas. Para usar las palabras de los jóvenes: la sorpresa es “un golpe bajo”, no te lo esperas». Y Dios actúa así: «va allí y te conmueve».

 

Conmueve, pone en marcha. El segundo aspecto es, efectivamente, «la prisa»: «las mujeres corren, van de prisa a decir: “Hemos encontrado esto”. Las sorpresas de Dios nos ponen en camino inmediatamente, sin esperar. Así corren, para ver». Corren también Pedro y Juan: «De Juan, el Evangelio dice que creyó. También Pedro creyó, pero a su manera: la fe un poco mezclada con el remordimiento de haber renegado del Señor», observó Francisco.

 

Los dos discípulos corren como corrieron los pastores esa noche de Navidad y que decían: «Vamos a Belén a ver lo que nos dijeron los ángeles». Corren como corrió la samaritana para decirle a su gente: «Esta es una novedad, he encontrado a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho». «Y la gente sabía qué había hecho esa mujer».

 

«Esa mujer corre, deja lo que está haciendo, incluso la ama de casa deja las papas en la olla, se las encontrará quemadas, pero no importa, lo que importa es ir a ver la sorpresa, el anuncio», dijo Bergoglio. «También hoy –añadió– sucede en nuestras ciudades, en las aldeas, la gente corre para ir a ver algo extraordinario. Ir de prisa… Andrés no perdió tiempo, fue donde Pedro a decirle: “Hemos encontrado al Mesías”. Las buenas noticias se dan siempre así, de prisa».

 

Pero también están los que se toman «un poco de tiempo», porque no quieren arriesgarse. El Evangelio cita un nombre: Tomás, el apóstol que respondió tras escuchar el anuncio de la Resurrección: «Lo creeré cuando vea las heridas». «El Señor es bueno, lo espera con amor», subrayó el Papa, «el Señor tiene paciencia para los que no van de prisa».

 

El anuncio, pues, y la sorpresa, la respuesta de prisa. Pero hay un tercer elemento que destacó Francisco, que es, en realidad, una pregunta: «Y yo, ¿qué?». Tres palabras que encierran un examen de conciencia que todos los cristianos deberían hacerse en este que es el momento más importante del año cristiano: «¿Tengo el corazón abierto a las sorpresas de Dios? ¿Soy capaz de ir de prisa o siempre con esa cantilena: “pero, mañana veremos, mañana, mañana”? ¿Qué e dice la sorpresa? Hoy, en esta Pascua de 2018, ¿qué hago yo?».


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Palabras del Papa en el lunes de Pascua

El Papa en el Regina Coeli: “Sólo la fraternidad puede garantizar la paz duradera”

El Santo Padre en el “Lunes del Ángel” y antes de rezar el Regina Coeli, se centró en la fraternidad como fruto de la Pascua de Cristo que, mediante su muerte y resurrección, derrotó al pecado.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

“Sin un intercambio fraterno, no se puede crear una auténtica comunidad eclesial o civil: existe sólo un grupo de individuos motivados por sus propios intereses”. Son las palabras del Papa Francisco antes del rezo del Regina Coeli del lunes después de Pascua, el conocido como “Lunes del Ángel”.

¡Cristo ha resucitado!

Los Evangelios narran – explicó el Pontífice – que cuando las mujeres fueron al Sepulcro lo encontraron abierto. Temían que no pudieran entrar porque la tumba se había cerrado con una piedra grande. En cambio –  continuó el Papa –  estaba abierto; y desde dentro una voz les dice que Jesús no está allí, sino que ha resucitado.

Así, es la primera vez que se pronuncian las palabras: “Ha resucitado” y son los propios evangelistas quienes nos dicen que este primer anuncio fue dado por los ángeles. En este contexto el Papa señala que hay un significado en esta presencia angelical: “cómo a anunciar la Encarnación de la Palabra había sido un ángel, Gabriel, también para anunciar por primera vez la Resurrección no fue suficiente una palabra humana”. “Era necesario un ser superior para comunicar una realidad tan impactante” explica Francisco, que tal vez  – prosigue – “ningún hombre se atrevería a pronunciarla”.

El Papa también recordó que es un día “de celebración y convivencia” ya que después de celebrar la Pascua, “sentimos la necesidad de reunirnos con nuestros seres queridos y con amigos para la fiesta” puntualizando que “Jesús ha roto el muro de división entre los hombres y ha restaurado la paz”.

Fraternidad: una responsabilidad para los cristianos

Además, hizo hincapié en la fraternidad como “fruto de la Pascua de Cristo que, mediante su muerte y resurrección, derrotó al pecado que separaba al hombre de Dios, al hombre de sí mismo, al hombre de sus hermanos” asegurando que “ el pecado siempre separa, siempre hace enemistades”.

Francisco también afirmó que “la pascua de Cristo ha hecho estallar en el mundo la novedad del diálogo”; novedad que se ha convertido en una responsabilidad para los cristianos y por la que estamos llamados “a cuidar el bien común y a nuestros hermanos, especialmente a los más débiles y marginados” porque sólo la fraternidad –  aseveró el Papa – “puede garantizar una paz duradera, vencer la pobreza, extinguir las tensiones y las guerras y erradicar la corrupción y la criminalidad” y pidió a la Virgen

María para que “la fraternidad y la comunión que experimentamos en estos días pascuales puedan convertirse en nuestro estilo de vida y en el alma de nuestras relaciones”.

“El don de la Paz” para nuestros hermanos

Después de rezar a la madre del cielo, Francisco deseó a todos una Octava de Pascua “en serenidad” y en la cual se prolonga la alegría de la Resurrección de Cristo así como aseguró una oración especial para el Día Mundial de la Conciencia del Autismo, que se celebra hoy.

Por último, invocó “el don de la paz” para todo el mundo, especialmente para las poblaciones que más sufren los conflictos actuales y renovó su llamamiento “para que los secuestrados o injustamente privados de libertad sean liberados y regresen a sus hogares”.


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Audiencia general del Papa el miércoles santo.

2018-03-28 Audiencia General 2018-03-28 Audiencia General   (Vatican Media)

El Papa: Permitamos que esta Pascua nos lave el alma

El anuncio de alegría y esperanza que culmina el triduo, nos recuerda que las cosas viejas han pasado y todo ha sido renovado en Cristo, muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra glorificación, dijo el Santo Padre

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

El triduo, pascual, que inicia este jueves, fue el tema de la catequesis del Papa Francisco en el Miércoles Santo. “¿Cuál es la fiesta más importante de nuestra fe? ¿La Pascua o la Navidad?”: con esta pregunta el Santo Padre dio inicio a la catequesis en la Plaza de San Pedro, en un diálogo con los fieles para hacerles presente la importancia de esta fiesta cristiana, que es el núcleo y centro de nuestra fe.

Se trata de días, dijo el Pontífice, que constituyen la memoria del gran y único misterio, “la fiesta de nuestra salvación, la fiesta del amor de Dios por nosotros”.  Tres días santos que, por así decir, son la matriz de la vida personal de los cristianos, como lo es para los hermanos judíos, el éxodo de Egipto:

«Los días del Triduo Pascual – dijo en español – constituyen la memoria celebrativa del único y gran misterio de la muerte y resurrección de Cristo, y marcan las etapas fundamentales de nuestra fe y de nuestra vocación en el mundo. Estos tres días nos recuerdan los grandes eventos de la salvación realizados por Cristo y nos proyectan a nuestro destino futuro, reforzando nuestro compromiso y testimonio en la historia».

¡Cristo resucitó! Un llamado a la misión

El Papa aludió luego al canto de la Secuencia en la mañana de Pascua, anuncio solemne de la Resurrección del Señor, que dice así: «Cristo, nuestra esperanza, resucitó y nos espera en Galilea». Y tras recordar que en distintos países del este europeo se saluda en los días pascuales con esa  “conmovida exultación” de la resurrección de Cristo, precisó que dichas palabras contienen no sólo un anuncio de alegría y esperanza, sino también una llamada a la responsabilidad y a la misión:

«El anuncio de alegría y esperanza- dijo en español –  que culmina el triduo, nos recuerda que las cosas viejas han pasado y todo ha sido renovado en Cristo, muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra glorificación. Este anuncio es también una llamada a la responsabilidad en la misión, pues renueva en todos los bautizados el sentido de nuestra nueva condición, y nos invita a despojarnos del hombre viejo para vivir como hombres resucitados, que hacen del mundo un espacio nuevo donde ser, gracias a Cristo y con Él, instrumentos de consuelo y esperanza para aquellos que sufren todavía hoy la humillación y la soledad».

Jesús el único que nos justifica y nos hace renacer

Sucesivamente, retomando las palabras del Apóstol Pablo que resumen el evento Pascual, «Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado» recordó que nuestro Señor es el único que nos justifica y nos hace renacer, y que para ello, “no se debe pagar nada”, porque la justificación “es gratuita”.

También trajo a la memoria que, en los primeros tiempos, en el día de pascua se bautizaba a la gente, y anunció que por ese motivo, en la noche del sábado bautizará a ocho adultos en la Basílica Vaticana.

La memoria del bautismo durante el Triduo Pascual, “advenimiento fundamental” que renueva en los bautizados a su condición nueva, nos lleva, como dice san Pablo, “a resucitar con Cristo y buscar los bienes del cielo”, por ello, dijo el Papa “mirar hacia lo alto” y “ensanchar los horizontes”, porque “ésta es nuestra fue”, “nuestra justificación”.

El cristiano que se deja lavar por Cristo, inicia una vida nueva

En este punto de la catequesis que impartió en italiano, el Santo Padre manifestó tener que decir una cosa “dolorosa y triste”: existen cristianos falsos.  Son lo que dicen “Jesús resucitó”, “fui justificado por Jesús”, pero que viven una vida corrupta.

“Un cristiano, repito, es pecador, todos lo somos, yo lo soy, pero tenemos la seguridad que cuando pedimos perdón, el Señor nos perdona. El corrupto finge ser una persona honrada, pero al final, en su corazón, hay putrefacción”, expresó, y recordó a los presentes a los así llamados “cristianos mafiosos”, que llevan la muerte en el alma y también a los demás.  Cristianos que, según Francisco, “terminarán mal”, por lo que invitó a rezar por ellos, para que el Señor toque sus almas.

Lavémonos los ojos del alma

Ya en el final de la catequesis, el Santo Padre compartió con los presentes una costumbre de su país y de varios países: “cuando el día de Pascua se oyen las campanas, las mamás, las abuelas, llevan a los niños a lavarse los ojos con agua, con el agua de la vida, como signo para poder ver las cosas de Jesús, las cosas nuevas”. 

“Dejémonos, en esta Pascua, lavarnos el alma, lavarnos los ojos alma, para ver las cosas bellas y hacer cosas bellas. ¡Esto es maravilloso”. “Es un signo de cómo ver a Jesús Resucitado”.

En los saludos a los fieles recordó, como es habitual, a los enfermos, los recién casados, los jóvenes y los ancianos, y les invitó a reflexionar sobre el precio de sangre pagado por el Señor para la salvación. A los peregrinos de lengua española en particular, llamó a disponerse a vivir bien el Triduo Santo para que, con la ayuda de la Virgen María, entremos de lleno en el misterio de Cristo muerto y resucitado por nosotros y así dejemos que él trasforme nuestra vida.

“Antes de terminar – añadió – quiero desearles a todos los presentes, a sus familias y comunidades una profunda vivencia del Triduo Pascual, y a todos una feliz y Santa Pascua. Y también un pedido. Les quiero pedir una cosa: Que cada uno de ustedes, así como hacen tanto barullo lindo, tengan el coraje de ir a confesarse en estos días. Hagan una buena confesión. Gracias”.

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Audiencia general del 28 de marzo