Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Catequesis del Papa el miércoles 22 de noviembre.

Audiencia general

Catequesis del Santo Padre
Saludos en las diversas lenguas
La audiencia general ha tenido lugar esta mañana a las 9,25  en la Plaza de San Pedro   donde el Santo Padre Francisco ha encontrado  a los grupos de peregrinos y fieles procedentes de Italia y de todos los lugares del mundo.
El Papa ha proseguido su nuevo ciclo de catequesis dedicada a la santa misa, cuyo tema ha sido esta vez:  “La misa es el memorial del misterio pascual de Cristo” . Tras resumir su catequesis en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes.
La audiencia general ha terminado con el canto del   Pater Noster  y la  bendición apostólica.
Catequesis del Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas: ¡buenos días!
Continuando con la catequesis  sobre la misa, podemos preguntarnos: ¿Qué es esencialmente la misa? La misa es el memorial del misterio pascual de Cristo . Nos hace partícipes  de su victoria sobre el pecado y la muerte, y da un significado pleno a nuestra vida.
Por eso, para comprender el valor de la misa, debemos entender ante todo el significado bíblico del “memorial”. No es “solamente el recuerdo de los acontecimientos del pasado, sino la proclamación de las maravillas que Dios ha realizado en favor de los hombres (cf Ex 13,3). En la celebración litúrgica, estos acontecimientos se hacen, en cierta forma, presentes y actuales. De esta manera Israel entiende su liberación de Egipto: cada vez que es celebrada la pascua, los acontecimientos del Éxodo se hacen presentes a la memoria de los creyentes a fin de que conformen su vida a estos acontecimientos”. “( Catecismo de la Iglesia Católica, 1363 ). Jesucristo, con su pasión, muerte, resurrección y ascensión al cielo, ha llevado a cumplimiento la Pascua. Y la misa es el memorial de su Pascua, de su “éxodo” que  cumplió por nosotros, para sacarnos de la esclavitud y hacernos entrar en la tierra prometida de la vida eterna. No es solamente un recuerdo, no; es mucho más: es hacer presente lo que sucedió hace veinte siglos.
La Eucaristía nos lleva siempre a la cumbre de la acción salvífica de  Dios: el Señor Jesús, haciéndose pan partido para nosotros, derrama sobre todos nosotros su misericordia y su amor, como hizo en la cruz, con el fin de renovar nuestro corazón, nuestra existencia y nuestra forma de comunicarnos con Él y con nuestros hermanos. Dice el Concilio Vaticano II:.. ” La obra de nuestra redención se efectúa cuantas veces se celebra en el altar el sacrificio de la cruz, por medio del cual «Cristo, que es nuestra Pascua, ha sido inmolado»” (Const. dogmática Lumen Gentium , 3).
Cada celebración de la Eucaristía es un rayo de ese sol sin ocaso que es Jesús resucitado. Participar en la Misa, especialmente el domingo, significa entrar en la victoria del Resucitado, ser iluminados por su luz, calentados por su calor. A través de la celebración eucarística, el Espíritu Santo nos hace partícipes de la vida divina que es capaz de transfigurar todo nuestro ser mortal. Y en su paso de la muerte a la vida, del tiempo a la eternidad, el Señor Jesús también nos arrastra con Él para hacer  Pascua. En la misa se hace Pascua. En la misa nosotros estamos con Jesús, muerto y resucitado y Él nos empuja hacia adelante, a la vida eterna,  En la misa, nos unimos a Él. Más aún, Cristo vive en nosotros y nosotros vivimos en Él. ” Con Cristo estoy crucificado, -dice San Pablo- y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí. La vida que vivo al presente, en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí “( Gálatas 2: 19-20). Así pensaba Pablo.
En efecto,  su sangre  nos libera de la muerte y del miedo a la muerte. Nos libera no solo del dominio de la muerte física, sino también de la muerte espiritual, que es el mal, el pecado, que se apodera de nosotros  cada vez que somos víctimas de nuestros pecados o de los pecados  de los demás. Y entonces nuestra vida se contamina, pierde belleza, pierde significado, se marchita.
Cristo, en cambio, nos vuelve a dar la vida; Cristo  es la plenitud de la vida, y cuando se enfrentó a la muerte la aniquiló para siempre: “Resucitando destruyó la muerte y nos dio nueva  vida”.  La Pascua de Cristo es la victoria definitiva sobre la muerte porque Él transformó su muerte en acto supremo de amor. ¡Murió por amor! Y en la Eucaristía quiere comunicarnos este amor pascual y victorioso. Si lo recibimos con fe, también nosotros  podemos amar verdaderamente a Dios y al prójimo, podemos amar cómo Él nos amó, dando la vida.
Si el amor de Cristo está en mí, puedo entregarme plenamente al otro en la certeza interior  de que si el otro me hiriera, yo  no moriría; de lo contrario, debería defenderme. Los mártires han dado sus vidas por esta certeza de la victoria de Cristo sobre la muerte. Solo si experimentamos este poder de Cristo, el poder de su amor, somos verdaderamente libres de darnos sin temor. Esto es la misa: entrar en esta pasión, muerte, resurrección, ascensión de Jesús. Cuando vamos a misa es como si fuéramos al calvario, lo mismo. Pero pensad: Si en el momento de la misa vamos al calvario- imaginadlo- y sabemos que el hombre que está allí es Jesús: ¿Nos pondríamos a hablar, a sacar fotografías, a hacer un espectáculo? ¡No! ¡Porque es Jesús! De seguro estaríamos en silencio, en llanto y también con la alegría de ser salvados. Cuando entramos en una iglesia para ir a misa pensemos en esto: entro en el calvario, donde Jesús da su vida por mí. Y así se acaba el espectáculo, se acaban las charlas, los comentarios y estas cosas que nos alejan de algo tan hermoso como es la misa, el triunfo de Jesús.
Creo que está más claro ahora que la Pascua está presente y activa cada vez que celebramos la misa, es decir, el sentido del memorial . La participación en la Eucaristía nos adentra en el misterio pascual de Cristo, haciéndonos pasar con Él de la muerte a la vida, es decir, allí en el calvario. La misa es rehacer el calvario, no un espectáculo.Inizio modulo

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El Papa: conviene pensar en que esta vida tendrá un fin.

Homilía del Papa: Pensar en la muerte hace bien

2017-11-17 Radio Vaticana

de María Fernanda Bernasconi  

Reflexionar sobre el fin del mundo y también sobre el fin de cada uno de nosotros. Es la invitación que la Iglesia hace a través del pasaje del Evangelio de San Lucas (17, 26-37) propuesto por la liturgia del día y sobre lo cual reflexionó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta el tercer viernes de noviembre.

¡La llamada llegará!

El Evangelio relata la vida normal de los hombres y mujeres antes del diluvio universal y durante los días de Lot en que comían, bebían, comparaban, vendían, se casaban… y después, llega como un rayo, el día de la manifestación del Hijo del hombre. Y las cosas cambian.

Un día llegará la llamada de Jesús

La Iglesia, que es madre – dijo el Papa – quiere que cada uno de nosotros piense en la propia muerte. Todos nosotros estamos acostumbrados a la normalidad de la vida: horarios, obligaciones, trabajo, momentos de descanso… Y pensamos que será siempre así. Pero un día– prosiguió diciendo el Santo Padre – llegará la llamada de Jesús que nos dirá: “¡Ven!”.  Para algunos esta llamada será inesperada, para otros después de una larga enfermedad, no lo sabemos. Pero – añadió Francisco – “¡la llamada llegará!”. Y será una sorpresa. Y después vendrá la otra sorpresa del Señor: la vida eterna. Por esta razón “la Iglesia en estos días nos dice: detente un poco, párate a pensar en la muerte”.

Para algunos esta llamada será inesperada, para otros después de una larga enfermedad, no lo sabemos

El Papa Francisco describió lo que suele suceder, incluida la participación en el velatorio y el hecho de ir al cementerio, que se ha vuelto una costumbre social. Se va, se habla con las demás personas, en algunos casos también se come y se bebe: es “una reunión más para no pensar”.

Detente, párate, no todos los días serán así

“Y hoy la Iglesia, hoy el Señor, con esa bondad que tiene, nos dice a cada uno de nosotros: “Detente, párate, no todos los días serán así. No te acostumbres como si esto fuera la eternidad. Llegará el día en que serás quitado, el otro permanecerá, tú serás quitada, tú serás quitado”. Es ir con el Señor, pensar que nuestra vida tendrá un fin. Y esto hace bien”.

El Pontífice explicó que esto hace bien ante el inicio de una nueva jornada de trabajo, por ejemplo, en que podemos pensar: “Hoy, quizá, sea el último día, no sé, pero haré bien el trabajo”. Y así con las relaciones en la familia o cuando vamos a ver al médico.

“Pensar en la muerte no es una fantasía mala, es una realidad. Si es mala o no es mala depende de mí, de cómo pienso yo. Pero que llegará, llegará. Y ahí se producirá el encuentro con el Señor. Esto será lo hermoso de la muerte. Será el encuentro con el Señor, será Él el que saldrá al encuentro, será Él el que dirá: “Ven, ven, bendito de mi Padre, ven conmigo”.

Ante la llamada del Señor ya no habrá tiempo para arreglar nuestras cosas

Y ante la llamada del Señor ya no habrá tiempo para arreglar nuestras cosas. Hacia el final de su reflexión Francisco refirió lo que un sacerdote le confió recientemente:

“El otro día he encontrado a un sacerdote, de 65 años más o menos, y tenía algo malo, no se sentía bien… Fue a ver al doctor y me dijo: ‘Mire – después de la visita – usted tiene esto, ésta es una cosa mala, pero quizá estemos a tiempo de pararla, haremos esto, si no se detiene haremos esto otro… y si no se detiene… comenzaremos a caminar y yo lo acompañaré hasta el final’. ¡Bueno aquel médico, con cuánta dulzura dijo la verdad”!

Del mismo modo también nosotros – exhortó el Papa al concluir – acompañémonos en este camino, hagamos todo, pero siempre mirando hacia allá, al día en que “el Señor vendrá a buscarme para ir con Él”.


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Angelus del Papa el domingo 12 nov.

El Papa en el Ángelus: “Si nos dejamos guiar por la búsqueda de nuestros intereses, nuestras vidas se vuelven estériles”

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“La parábola de las diez vírgenes” fue el argumento que eligió el Papa Francisco a la hora del rezo del Ángelus del segundo domingo de noviembre para explicar que no debemos esperar al último momento de nuestra vida para cooperar con la gracia de Dios.

En la parábola, las diez vírgenes son las doncellas que estaban a cargo de recibir y acompañar al esposo en la ceremonia de matrimonio, y dado que en ese momento era costumbre celebrarla por la noche, las doncellas estaban equipadas con lámparas. La parábola dice que cinco de ellas eran prudentes y las otras cinco necias. De hecho, las prudentes llevaban el aceite para las lámparas mientras que las necias no. En el momento de la llegada del esposo, las necias se dan cuenta que no tiene el aceite para las lámparas y se lo piden a las cinco prudentes pero éstas no se lo dan, pues no tenían suficiente para todas y el esposo entra a la sala nupcial con las que estaban preparadas.

El Santo Padre presentó esta parábola para explicar dos cosas, la primera, que debemos mantenernos listos para el encuentro con Jesús, y la segunda, distinguir entre ser necio y ser prudente: “Si nos dejamos guiar por lo que nos parece más conveniente buscando nuestros intereses, nuestras vidas se vuelven estériles”, dijo el Papa Francisco, pero por el contrario, “si estamos atentos y tratamos de hacer el bien, con gestos de amor, podemos mantenernos tranquilos mientras esperamos la llegada del Señor” porque “puede venir en cualquier momento” concluyó el Pontífice .

Además, después del rezo mariano del Ángelus, el Santo Padre recordó la proclamación de ayer en Madrid de los beatos Vicente Queralt LLoret junto a 20 compañeros mártires y de José Maria Fernández Sánchez junto a 38 compañeros mártires.

(Mireia Bonilla)

Texto completo de la reflexión del Papa antes del rezo del Ángelus

 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este domingo, el Evangelio (cfr., Mt 25,1-13) nos indica la condición para entrar en el Reino de los Cielos. Y lo hace con la parábola de las diez vírgenes: se trata de aquellas doncellas que estaban encargadas de acoger y acompañar al esposo a la ceremonia de bodas, y ya que en aquellos tiempos era costumbre celebrarlas de noche, las jóvenes estaban equipadas con lámparas.

La parábola dice que cinco de estas vírgenes son prudentes y cinco necias: en efecto, las prudentes llevaron consigo el aceite para las lámparas, mientras las necias no lo llevaron. El esposo tarda en llegar y todas se duermen. A medianoche es anunciada la llegada del esposo; entonces las vírgenes necias se dan cuenta que no tienen el aceite para las lámparas, y se lo piden a aquellas prudentes. Pero éstas responden que no se lo pueden dar, porque no bastaría para todas. Entonces mientras las necias van en búsqueda del aceite, llega el esposo. Las vírgenes prudentes entran con él en la sala del banquete nupcial y la puerta se cierra. Las cinco necias vuelven demasiado tarde, llaman a la puerta pero la respuesta es: “No las conozco” (v. 12), y se quedan afuera.

¿Qué  nos quiere enseñar Jesús con esta parábola? Nos recuerda que debemos estar preparados para el encuentro con Él. Muchas veces, en el Evangelio, Jesús exhorta a velar, y lo hace también al final de este relato, dice así: “Estén prevenidos, porque no saben ni el día ni la hora” (v. 13). Pero con esta parábola nos dice que velar no significa solamente no dormir sino estar preparados; en efecto todas las vírgenes se duermen antes que llegue el esposo, pero al despertarse algunas están listas y otras no. Aquí está entonces el significado del ser sabios y prudentes: se trata de no esperar el último momento de nuestra vida para colaborar con la gracia de Dios, sino de hacerlo ya, ahora. Sería hermoso pensar un poco: un día será el último. Si fuera hoy, ¿cómo estoy preparado, preparada? Debo hacer esto y esto… prepararse como si fuera el último día: esto hace bien.

La lámpara es el símbolo de la fe que ilumina nuestra vida, mientras el aceite es el símbolo de la caridad que alimenta, hace fecunda y creíble la luz de la fe. La condición para estar preparados al encuentro con el Señor no es solamente la fe, sino una vida cristiana rica de amor y de caridad por el prójimo. Si nos dejamos guiar de lo que nos parece más cómodo, por la búsqueda de nuestros intereses, nuestra vida se vuelve estéril, incapaz de dar la vida a los otros, y no acumulamos ninguna reserva de aceite para la lámpara de nuestra fe y ésta – la fe – se apagará al momento de la venida del Señor, o aun antes.

Si en cambio estamos preparados y tratamos de hacer el bien, con gestos de amor, de comunión, de servicio al prójimo en dificultad, podemos quedarnos tranquilos mientras esperamos la venida del esposo: el Señor podrá venir en cualquier momento, y también el sueño de la muerte no nos asusta, porque tenemos la reserva de aceite, acumulada con las obras buenas de cada día. La fe inspira la caridad y la caridad custodia la fe.

Que la Virgen María nos ayude a volver nuestra fe siempre más activa por medio de la caridad; para que nuestra lámpara pueda resplandecer ya aquí, en el camino terreno, y luego para siempre, en la fiesta de bodas en el paraíso.

Palabras del Papa después de la oración a la Madre de Dios

Queridos hermanos y hermanas,

Ayer en Madrid fueron proclamados Beatos Vicente Queralt LLoret y 20 compañeros mártires y José María Fernández Sánchez y 38 compañeros mártires. Algunos de los nuevos Beatos eran miembros de la Congregación de la Misión: sacerdotes, hermanos coadjutores, novicios; otros eran laicos pertenecientes a la Asociación de la Medalla Milagrosa. Todos fueron asesinados por odio a la fe durante la persecución religiosa acaecida en el curso de la guerra civil española entre el 1936 y el ’37. Demos gracias a Dios por el gran don de estos testigos ejemplares de Cristo y del Evangelio.

Los saludo a todos ustedes, familias, parroquias, asociaciones y fieles que han venido de Italia y de tantas partes del mundo. En particular saludo a los peregrinos procedentes de Washington, Filadelfia, Brooklyn y Nueva York; al coro parroquial Santa María Magdalena de Nuragus (Cerdeña), a los fieles de Tuscania, Ercolano y Venecia; la Sociedad de bochas de Rosta y los confirmandos de Galzignano.

A todos les deseo un feliz domingo. Y por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!

(Traducción de María


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Nuevo ciclo de catequesis del Papa sobre la misa.

El Papa inició un nuevo ciclo de catequesis dedicado a la santa misa

Miercoles 8 Nov 2017 | 09:29 am

Ciudad del Vaticano (AICA):

El papa Francisco inició este miércoles 8 de noviembre un nuevo ciclo de catequesis dedicado a la santa misa. “El ‘corazón’ de la Iglesia es la eucaristía”, afirmó el pontífice ante los miles de peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro provenientes de diversas partes del mundo. El pontífice señaló que “es fundamental entender bien el valor y el significado de la santa misa para vivir más plenamente nuestra relación con Dios”.

Francisco explicó que “a través de estas catequesis que empezamos hoy me gustaría redescubrir junto con ustedes la belleza que se esconde en la celebración eucarística, y que, una vez revelada, da pleno sentido a la vida de cada uno de nosotros”.

El pontífice comenzó relatando cómo muchos cristianos en todo el mundo y a lo largo de los dos mil años de historia resistieron hasta la muerte para defender la eucaristía e incluso hoy “arriesgan su vida para participar en la misa dominical”.

Esos cristianos, dijo el Papa, “nos dejaron el testimonio de que se puede renunciar a la vida terrena por la eucaristía, porque nos da la vida eterna haciéndonos partícipes de la victoria de Cristo sobre la muerte”.

El Santo Padre formuló a continuación algunas preguntas: “¿Buscamos ese manantial del que brota “el agua viva” para la vida eterna?, ¿Qué hace de nuestra vida un sacrificio espiritual de alabanza y de acción de gracias y nos hace un solo cuerpo con Cristo?”, y expresó que en las próximas catequesis le gustaría ir respondiendo esas preguntas “para volver a descubrir, o a descubrir, cómo a través de este misterio de fe resplandece el amor de Dios”.

Es el deseo de Su Santidad “volver a los cimientos, redescubrir lo que es esencial, a través de lo que se toca y se ve en la celebración de los sacramentos”.

Catequesis del Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas: ¡buenos días!

Comenzamos hoy una serie nueva de catequesis, que se centrará en el “corazón” de la Iglesia, es decir en la eucaristía. Para nosotros, cristianos, es fundamental entender bien el valor y el significado de la santa misa para vivir cada vez más plenamente nuestra relación con Dios.

No podemos olvidar el gran número de cristianos que, en todo el mundo, a lo largo de dos mil años de historia, han resistido hasta la muerte para defender la eucaristía, ni tampoco a aquellos que, incluso hoy, arriesgan la vida para participar en la misa dominical.

En el 304, durante la persecución de Diocleciano, un grupo de cristianos del norte de África fue sorprendido mientras celebraba la misa en una casa y fue arrestado. El procónsul romano, en el interrogatorio, les preguntó por qué lo habían hecho, sabiendo que estaba absolutamente prohibido. Y ellos contestaron: “Sin el domingo no podemos vivir”, que significaba: Si no podemos celebrar la Eucaristía, no podemos vivir, nuestra vida cristiana moriría.

Efectivamente, Jesús dijo a sus discípulos: “Si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes”. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día “(Jn 6,53 a 54).

Aquellos cristianos norteafricanos fueron asesinados porque celebraban la eucaristía. Nos dejaron el testimonio de que se puede renunciar a la vida terrena por la eucaristía, porque nos da la vida eterna haciéndonos partícipes de la victoria de Cristo sobre la muerte. Un testimonio que nos interpela y exige una respuesta sobre lo que significa para cada uno de nosotros participar en el sacrificio de la misa y acercarnos a la mesa del Señor.

¿Buscamos ese manantial del que brota “el agua viva” para la vida eterna?, ¿Qué hace de nuestra vida un sacrificio espiritual de alabanza y de acción de gracias y nos hace un solo cuerpo con Cristo? Este es el sentido más profundo de la santa eucaristía, que significa “acción de gracias”: acción de gracias a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, que nos atrae y nos transforma en su comunión de amor.

En las próximas catequesis me gustaría responder a algunas preguntas importantes sobre la eucaristía y la misa, para volver a descubrir, o a descubrir, cómo a través de este misterio de fe resplandezca el amor de Dios.

El Concilio Vaticano II estaba fuertemente animado por el deseo de que los cristianos comprendiesen la grandeza de la fe y la belleza del encuentro con Cristo. Por ese motivo, era necesario ante todo actuar, con la guía del Espíritu Santo, una adecuada renovación de la liturgia ya que la Iglesia vive y se renueva continuamente gracias a ella.

Un tema central que los Padres conciliares subrayaron es la formación litúrgica de los fieles, indispensable para una verdadera renovación. Y este es también el objetivo de este ciclo de catequesis que comenzamos hoy: crecer en el conocimiento del don que Dios nos dio en la eucaristía.

La eucaristía es un acontecimiento maravilloso en el que Jesucristo, nuestra vida, se hace presente. Participar en la misa “es vivir otra vez la pasión y la muerte redentora del Señor. Es una teofanía: el Señor se presenta en el altar para ser ofrecido al Padre por la salvación del mundo”. (Homilía en la misa, Casa Santa Marta, 10 de febrero de 2014).

El Señor está allí, con nosotros, presente. Son tantas las veces que vamos allí, miramos las cosas, charlamos entre nosotros mientras el sacerdote celebra la eucaristía… ¡y no celebramos cerca de Él! ¡Pero es el Señor! Si hoy viniera aquí el Presidente de la República o alguien muy importante en el mundo, seguro que todos estaríamos cerca de él, que querríamos saludarlo. Pero pensá: Cuando vas a misa ¡el Señor está allí! Y estás distraído. ¡Es el Señor! Tenemos que pensarlo. “Padre es que las misas son aburridas…” Pero¡ qué decís! ¿El Señor es aburrido? –”No, no, la misa no, los curas”. –“Ah, que se conviertan los curas, pero el Señor es quien está allí”- ¿Entendido? No se olviden. “Participar en la misa es vivir otra vez la pasión y la muerte redentora del Señor”.

Probemos ahora a formular algunas preguntas fáciles. Por ejemplo, ¿Por qué se hace el signo de la cruz y el acto de penitencia al comienzo de la Misa? Y aquí me gustaría hacer otro paréntesis. ¿Han visto cómo se persignan los niños? No saben lo que hacen, si es el signo de la cruz o un dibujo…. Hay que enseñar a los niños a persignarse bien. Así empieza la misa, así empieza la vida, así empieza la jornada.

Quiere decir que fuimos redimidos con la cruz del Señor. Miren a los niños y enséñenles a persignarse bien. Y esas lecturas en la misa, ¿Por qué están allí? ¿Por qué los domingos hay tres lecturas y los demás días dos? ¿Por qué están allí? ¿Qué significado tiene la lectura en la misa?, ¿por qué se leen y qué tienen que ver? O, ¿Por qué en un momento dado el sacerdote que preside la celebración dice: “Levantemos el corazón?” No dice: “¡Levantemos los celulares para sacar una foto! No, está muy mal. Y les digo que me pongo muy triste cuando celebro aquí en la Plaza o en la Basílica y veo tantos celulares levantados, no solamente por los fieles, sino también por algunos sacerdotes y también por obispos. Pero, ¡por favor! La misa no es un espectáculo: es ir a encontrar la pasión y la resurrección del Señor. Por eso el sacerdote dice: “Levantemos el corazón”. ¿Qué significa? Acuérdense: Nada de celulares.

Es muy importante volver a los cimientos, redescubrir lo que es esencial, a través de lo que se toca y se ve en la celebración de los sacramentos. La petición del apóstol Santo Tomás (cf. Jn 20,25), de poder ver y tocar las heridas de los clavos en el cuerpo de Jesús, es el deseo de poder, de alguna manera, “tocar” a Dios para creer en El. Lo que Santo Tomás pide al Señor es lo que todos necesitamos: verlo y tocarlo para reconocerlo. Los sacramentos salen al encuentro de esta necesidad humana. Los sacramentos, y la celebración eucarística en particular, son los signos del amor de Dios, las formas privilegiadas de reunirse con él.

Así, a través de estas catequesis que empezamos hoy me gustaría redescubrir junto con ustedes la belleza que se esconde en la celebración eucarística, y que, una vez revelada, da pleno sentido a la vida de cada uno de nosotros. Nuestra Señora nos acompañe en este nuevo tramo del camino. Gracias.


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Angelus del Papa del 1 noviembre.

Oremos por las víctimas del terrorismo, de las guerras y de toda violencia, pidió el Papa

 

 

En la cita del Ángelus de Todos los Santos, después del rezo a la Madre de Dios, el Papa Francisco  expresó su repulsa ante el terrorismo que volvió a sembrar dolor en varias partes del mundo:

«Estoy profundamente entristecido por los ataques terroristas de estos últimos días en Somalia, Afganistán y ayer en Nueva York. Mientras deploro tales actos de violencia, ruego por los difuntos, por los heridos y sus familiares.

Pidamos al Señor que convierta los corazones de los terroristas y libere al mundo del odio y de la locura homicida que abusa del nombre de Dios para sembrar muerte».

El Papa culminó sus saludos refiriéndose a la Santa Misa del 2 de noviembre, por los caídos de todas las guerras, presidida por él en el día de la Conmemoración de todos los fieles difuntos, en el Cementerio Americano de Neptuno, cerca de Roma, y al Momento de oración en el Mausoleo de las Fosas Ardeatinas por las víctimas de la masacre del 24 de marzo de 1944, en la capital italiana.

Y pidió que se le acompañe con la oración:

«Mañana por la tarde iré al Cementerio Americano de Neptuno y luego a las Fosas Ardeatinas: les pido que me acompañen con la oración en estas dos etapas de memoria y de sufragio por las víctimas de la guerra y de la violencia. Las guerras no producen nada más que cementerios y muerte: es por ello que he querido dar este signo en un momento en el que nuestra humanidad parece que no ha aprendido la lección o no la quiere aprender»

Saludando a los numerosos peregrinos de Italia y de varios países, el Santo Padre se dirigió a los provenientes de Courbevoi, Francia y de Derry, Irlanda, así como a los fieles de Terrasini, a los jóvenes confirmados de Módena, a la Asociación ‘Comprometerse sirve’.

También animó a los numerosísimos participantes en la X edición de la Carrera de los Santos, iniciativa salesiana de beneficencia, para sostener proyectos misioneros:

«Dirijo un saludo especial a los participantes en la Carrera de los Santos, promovida por la Fundación ‘Don Bosco en el mundo’ para ofrecer una dimensión de fiesta popular a la celebración religiosa de Todos los Santos. Gracias por vuestra bella iniciativa y por vuestra presencia»

A todos, deseó buena fiesta con la compañía espiritual de los Santos


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El paraíso: catequesis del Papa

Papa: Donde está Jesús, está la misericordia y la felicidad

 

(RV).- En su Audiencia General del cuarto miércoles de octubre el Santo Padre concluyó su serie de catequesis sobre la esperanza cristiana, centrándose en el paraíso, cual meta de nuestra esperanza.

Hablando en italiano, el Francisco explicó que precisamente “paraíso” es una de las últimas palabras que Jesús pronunció en la cruz al dirigirse al “buen ladrón”. Invitando a la audiencia a detenerse en esa escena, el Papa destacó que el Señor no estaba solo en la cruz, puesto que tanto a la derecha como a la izquierda había dos malhechores. Y agregó que es posible que al pasar ante las tres cruces izadas sobre el Gólgota, algunas personas hayan pensado que finalmente se hacía justicia.

Al recordar que junto a Jesús se encontraba un delincuente que había reconocido merecer aquel terrible suplicio, el Papa Bergoglio afirmó que lo llamamos “el buen ladrón”, en contraposición al otro puesto que dice: “Recibimos lo que nos hemos merecido por nuestras acciones”, tal como se lee en el Evangelio de San Lucas.

Refiriéndose a aquel viernes trágico y santo en el CalvarioFrancisco dijo que Jesús llega al punto máximo de su encarnación y de su solidaridad con nosotros que somos pecadores. Y también allí el Señor tiene la última cita con un pecador, para abrirle de par en par, también a él, las puertas de su Reino.

De hecho – prosiguió explicando el Santo Padre – es la única vez que la palabra “paraíso” aparece en los Evangelios. Y el Hijo de Dios lo promete a un “pobre diablo” que en el madero de la cruz tuvo el valor de dirigirle la más humilde de las peticiones: “Acuérdate de mí cuando entrarás en tu Reino”. Naturalmente el Papa destacó que no tenía obras de bien para hacer valer y, sin embargo, se encomienda a Jesús, reconociéndolo inocente, bueno y tan diverso de él. Por esta razón – dijo Francisco – fue suficiente aquella palabra de humilde arrepentimiento, para tocar el corazón de Jesús.

Por eso el “buen ladrón” nos recuerda nuestra verdadera condición ante Dios. La de ser sus hijos por quienes tiene compasión y a quien desarmaos cada vez que le manifestamos la nostalgia de su amor. Sí, como sucede en las tantas habitaciones de los hospitales o en las celdas de las cárceles. Se trata de un verdadero “milagro” que se repite constantemente puesto que no hay una sola persona, por más mal que haya vivido, que permanezca sola con su desesperación dado que a la gracia es para todos.

Después de destacar que ante Dios nos presentamos todos con las manos vacías, como aquel publicano de la parábola que se había detenido a rezar en el fondo del templo, el Papa Bergoglio afirmó que “cada vez que un hombre, haciendo el último examen de conciencia de su vida, descubre que sus faltas superan tanto las obras de bien, no debe desanimarse, sino encomendarse a la misericordia de Dios.

Por otra parte, debemos comprender que Dios es Padre y, como tal, espera hasta el último instante para que regresemos a Él, como el hijo pródigo que cuando comienza a confesar sus culpas, el padre le tapa la boca con un abrazo.

Del paraíso Francisco explicó que no es un lugar de fábula ni un jardín encantado; sino el abrazo con Dios, Amor infinito, en el que entramos gracias a Jesús, que murió en la cruz por nosotros.

Donde está Jesús, está la misericordia y la felicidad. Sin Él hay frío y tinieblas. En la hora de la muerte – dijo también el Papa Francisco – el cristiano repite a Jesús: “Acuérdate de mí”. Y si no hubiera nadie que se acordara de nosotros – añadió – Jesús estará allí, junto a nosotros. Si creemos esto – concluyó diciendo el Santo Padre – dejaremos de temer la muerte y podemos esperar también en partir de este mundo con serenidad y tanta confianza.


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Los cristianos en la sociedad. Angelus del Papa

“Pagar impuestos es un acto debido para sentirse ciudadanos”

Lo dijo el Papa en el Ángelus: «El cristiano no contrapone a Dios y a César». Francisco encomendó a la intercesión del «Papa San Juan Pablo II la misión de la Iglesia en el mundo»
AFP

El Papa Francisco

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Pubblicato il 22/10/2017
Ultima modifica il 22/10/2017 alle ore 15:21
GIACOMO GALEAZZI
CIUDAD DEL VATICANO

«Pagar los impuestos es un acto debido para sentirse ciudadanos», afirma el Papa en el Ángelus, y «el cristiano está llamado a comprometerse concretamente en las realidades humanas y sociales sin contraponer a Dios y a César, sino iluminando las realidades terrenales con la luz que viene de Dios». Por ello, «es justo sentirse ciudadanos de un Estado, pero somos imagen de Dios», y, por el contrario «contraponer a Dios y a César es una actitud fundamentalista».

 

Francisco recordó que ayer en Barcelona «han sido beatificados Mateo Casals, Teófilo Casajús, Fernando Saperas y 106 compañeros mártires, pertenecientes a la Congregación religiosa de los Claretianos y asesinados por odio a la fe durante la guerra civil española. Su heroico ejemplo y su intercesión apoyen a los cristianos que también en nuestros días, en diversas partes del mundo, sufren discriminaciones y persecuciones».

 

El Pontífice subrayó que hoy se celebra la Jornada Misionera Mundial, con el tema «La misión en el corazón de la Iglesia». Y exhortó a todos a «vivir la alegría de la misión testimoniando el Evangelio en los ambientes en los que cada uno vive y obra. Al mismo tiempo, estamos llamados a apoyar con el afecto, la ayuda concreta y la oración a los misioneros que han partido para anunciar a Cristo a aquellos que todavía no lo conocen». Recordó también que «es mi intención promover un Mes Misionero Extraordinario en octubre de 2019, con el propósito de alimentar el ardor de la actividad evangelizadora de la Iglesia “ad gentes”».

 

En el día en el que se recuerda «la memoria litúrgica de San Juan Pablo II, el Papa misionero, encomendamos a su intercesión la misión de la Iglesia en el mundo». Y lo citó también tras el Ángelus en sus cuentas de Twitter.