Loiola XXI

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Los grandes ídolos actuales según el Papa: éxito, poder, dinero.

Francisco: el éxito, el poder y el dinero esclavizan, no liberan

«La naturaleza humana, para huir de la precariedad, busca una religión “hágalo usted mismo”». Durante la Audiencia general el Papa invocó a Edith Stein para que «custodie Europa desde el cielo». Sting y su esposa presentes en el Aula Pablo VI
ANSA

El Papa durante la audiencia general

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Pubblicato il 08/08/2018
Ultima modifica il 08/08/2018 alle ore 11:17
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

 

«Piensen bien en esto: liberar al pueblo de Egipto a Dios no le costó mucho trabajo, lo hizo como signo de potencia y amor; el gran trabajo de Dios fue sacar a Egipto del corazón del pueblo, es decir quitar la idolatría, y todavía sigue trabajando para quitarla de nuestro corazón, sacar ese Egipto que llevamos dentro, la fascinación de la idolatría». El Papa Francisco prosigue su ciclo de catequesis sobre los Diez Mandamientos, en la audiencia general de los miércoles, a partir del cordero de oro que el pueblo hebreo construye en el desierto mientras espera la vuelta de Moisés, «símbolo de todos los deseos que dan la ilusión de la libertad y, por el contrario, esclavizan, porque el ídolo siempre esclaviza». Francisco subrayó que «la naturaleza humana, para huir de la precariedad, busca una religión “hágalo usted mismo”», busca «éxito, poder y dinero», que, como todos los ídolos, son «pobres tranquilizaciones». En cambio,Jesucristo, «que se hizo pobre por nosotros», demuestra que «reconocer la propia debilidad no es la desgracia de la vida humana», sino, por el contrario, que «por la puerta de la debilidad entra la salvación de Dios». Jorge Mario Bergoglio invocó a Edith Stein, patrona de Europa, para que «custodie Europa desde el cielo».

 

El Papa comenzó su reflexión a partir del «ídolo por excelencia: el cordero de oro». El episodio del libro del Éxodo «tiene un contexto preciso: el desierto, en donde el pueblo espera a Moisés, que ha subido al monte para recibir las instrucciones de Dios», recordó Francisco. El desierto «es un lugar en donde reinan la precariedad y la inseguridad, en donde faltan el agua, la comida y el refugio. El desierto es una imagen de la vida humana, cuya condición es incierta y no posee garantías inviolables». Entonces, el pueblo «cae en la trampa» y «pide un dios invisible» para «poderse identificar y orientar: le dicen a Arón: “¡Haz para nosotros un dios que nos guíe!”, haznos un jefe, haznos un líder. La naturaleza humana –anotó Bergoglio–, para huir de la precariedad, la precariedad del desierto, busca una religión “hágalo usted mismo”. Si Dios no se deja ver, nos creamos un dios a medida», pero el ídolo, prosiguió citando la encíclica “Lumen fidei”, «es un pretexto para ponerse a sí mismos en el centro de la realidad, en la adoración de la obra de las propias manos».

 

El cordero de oro «es símbolo de riqueza. Éxito, poder y dinero. ¡Estos son los grandes ídolos, son las tentaciones de siempre! He aquí lo que es el cordero de oro: el símbolo de todos los deseos que dan la ilusión de la libertad y que, por el contrario, esclavizan, porque el ídolo siempre esclaviza», insistió el Papa haciendo una comparación con «la fascinación de la serpiente que me al pajarito, el pajarito se queda sin poder moverse y la serpiente lo atrapa».

 

Arón no supo oponerse, «pero –indicó Francisco– todo nace de la incapacidad de confiar antes que nada en Dios, de poner en Él nuestras inseguridades, de dejar que sea Él quien dé verdadera profundidad a los deseos de nuestro corazón. Esto permite sostener también la debilidad, la incertidumbre y la precariedad. Sin el primado de Dios se cae fácilmente en la idolatría y nos conformamos con tristes tranquilizaciones. Piensen bien en esto: liberar al pueblo de Egipto a Dios no le costó mucho trabajo, , lo hizo como signo de potencia y amor; el gran trabajo de Dios fue sacar a Egipto del corazón del pueblo, es decir quitar la idolatría, y todavía sigue trabajando para quitarla de nuestro corazón, sacar ese Egipto que llevamos dentro, la fascinación de la idolatría. Cuando se acoge el Dios de Jesucristo, que de rico se hizo pobre por nosotros, se descubre entonces que reconocer la propia debilidad no es la desgracia de la vida humana, sino la condición para abrirse a Aquel que es verdaderamente fuerte. Entonces, por la puerta de la debilidad entra la salvación de Dios, es en fuerza de la propia insuficiencia que el hombre se abre a la paternidad de Dios», y en «Cristo nuestra fragilidad ya no es una maldición, sino un lugar de encuentro con el Padre y fuente de una nueva fuerza desde lo alto».

 

Al final de la catequesis, el Papa recordó con los peregrinos italianos que hoy es la fiesta de San Domenico de Guzmán, fundador de la Orden de los predicadores, y añadió: «en Europa hoy se celebra la fiesta de Santa Teresa Bendita de la Cruz, Edith Stein», que falleció en el campo de concentración de Auschwitz el 9 de agosto de 1942. «Mujer de coherencia, mujer que buscaba a Dios con honestidad y amor, mujer mártir de su pueblo hebraico y cristiano: que ella, patrona de Europa –concluyó– rece y custodie Europa desde el cielo».

 

Al final de la audiencia en el Aula Pablo VI, el Papa saludó al conocido cantante británico Gordon Summer, alias “Sting”, que estuvo presente durante la catequesis con su esposa Trudie Styler.

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Catequesis del Papa en la audiencia general del 8 de agosto.

Papa Francisco audiencia general aula Pablo VI idolatría Dios corazonesEl Papa en la audiencia general del 8 de agosto en el aula Pablo VI  (Vatican Media)

Papa, catequesis: El trabajo de Dios es quitar la idolatría de nuestros corazones

En la audiencia general de este 8 de agosto, dedicada a la idolatría, el Papa Francisco recuerda que reconocer la propia debilidad es la condición para abrirse a Dios y para rechazar a los ídolos de nuestro corazón

Ciudad del Vaticano

El Aula Pablo VI repleta de fieles llegados de los cinco continentes fue el escenario de la segunda audiencia general del Papa Francisco, después de la pausa de verano del mes de julio, en la que el Pontífice continuó su catequesis sobre el primer mandamiento del Decálogo, profundizando sobre la idolatría, con la escena bíblica del becerro de oro, que representa el ídolo por excelencia.

El desierto hace nacer ansiedades e idolatría

El Santo Padre inicia su catequesis invitando a los 7 mil fieles presentes a detenerse en el contexto en el cual se desarrolla este episodio del libro del Éxodo, y se pregunta: ¿Qué es el desierto? “El desierto – afirma – es el lugar en el que reinan la precariedad y la falta de seguridad” donde no hay nada, “faltan el agua, la comida y el amparo”. Y ésta – evidencia el Papa – “es una imagen de la vida humana, cuya condición es incierta y no posee garantías inviolables”. Esta inseguridad genera en el hombre “ansiedades primarias”, como el comer y beber.

Francisco explica que la naturaleza humana, para escapar de la precariedad, de la precariedad del desierto, busca una religión ‘casera’: “si Dios no se deja ver, nos hacemos un dios a medida”   – afirma –  y pone en evidencia que “frente al ídolo no hay riesgo de una llamada a salir de la propia seguridad, porque los ídolos tienen boca y no hablan”. “Entendemos entonces – precisa el Papa –  que el ídolo es un pretexto para ponerse en el centro de la realidad, en adoración de la obra de las propias manos”.

Las tentaciones de todos los tiempos

La necesidad de un ídolo lleva a Aarón a crear un becerro – entonces símbolo de fecundidad, abundancia, energía y fuerza – hecho de oro y, por lo tanto,  representación por excelencia de la riqueza.

“Estos son los grandes ídolos: el éxito, el poder y el dinero ¡Son las tentaciones de siempre!” advierte Francisco. “Esto es el becerro de oro: el símbolo de todos los deseos que dan la ilusión de libertad y que, en cambio, esclavizan, porque el ídolo siempre esclaviza”.

“La gran obra de Dios – subraya el Papa – es quitar la idolatría de nuestros corazones”.

El Obispo de Roma explica a continuación que “todo nace de la incapacidad de confiar sobre todo en Dios, de poner nuestra seguridad en Él, de dejar que Él sea el que dé verdadera profundidad a los deseos de nuestros corazones”.  Y advierte que esto “también apoya la debilidad, la incertidumbre y la precariedad”.  La referencia a Dios – agrega el Papa – nos hace fuertes en la debilidad, en la incerteza y también en la precariedad” porque “sin la primacía de Dios caemos fácilmente en la idolatría y nos contentamos con miserables garantías”.

La debilidad, condición para abrirse a Dios

Sin embargo, aceptar a Jesús que “se hizo pobre por nosotros” es reconocer que “la propia debilidad no es la desgracia de la vida humana, sino la condición para abrirse a quien es verdaderamente fuerte”:

“La salvación de Dios entra por la puerta de la debilidad” asegura el Santo Padre, subrayando que es “por su propia insuficiencia que el hombre se abre a la paternidad de Dios”. Y agrega: “La libertad del hombre nace en el dejar que el verdadero Dios sea el único Señor. Esto nos permite aceptar nuestra propia fragilidad y rechazar los ídolos de nuestros corazones”.

Cristo es la fuente de nuevas fuerzas 

Mirar al Crucificado, para nosotros los cristianos, es reconocer que en Él  “débil, despreciado y despojado de todas las posesiones” está el verdadero rostro de Dios, “la gloria del amor y no la del engaño resplandeciente”:

“Nuestra sanación viene de Aquel que se hizo pobre, que acogió el fracaso, que llevó al límite nuestra precariedad para llenarla de amor y fuerza. Él viene a revelarnos la paternidad de Dios; en Cristo nuestra fragilidad ya no es una maldición, sino un lugar de encuentro con el Padre y la fuente de nuevas fuerzas desde lo alto”, afirma el Papa.

Santa Teresa de la Cruz, mártir del pueblo judío y cristiano

Al término de la audiencia general, el Papa Francisco recordó la memoria litúrgica de Santo Domingo de Guzmán y la fiesta, mañana 9 de agosto, de Santa Teresa Benedicta de la Cruz, que fue Edith Stein, co-patrona de Europa. “Mártir, mujer de coherencia, mujer que busca a Dios con honestidad, con amor – dijo Francisco  – y mujer mártir de su pueblo judío y cristiano”. Y con la esperanza de que Ella, la Patrona de Europa, rece y proteja a Europa de la frialdad, concluyó: “¡Y que Dios los bendiga a todos!”


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Angelus del Papa del domingo 5 de agosto.

papa ángelus fe Jesús obras buenas Es la fe en Jesús la que nos permite cumplir obras buenas, aseguró el Papa en el Ángelus del domingo 5 de agosto  (Vatican Media)

El Papa en el Ángelus: la fe en Jesús nos permite cumplir las obras de Dios

Ante una soleada Plaza de San Pedro Francisco ha recordado que Jesús vino a abrirnos un “horizonte más amplio” que las satisfacciones materiales inmediatas

María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

La obra de Dios no consiste tanto en el “hacer” cosas sino en el “creer” en Aquel que Él ha enviado: con estas palabras se dirigió el Papa Francisco a los numerosos peregrinos llegados a la plaza de San Pedro, para rezar junto a Él la oración del Ángelus y escuchar su reflexión sobre el Evangelio dominical.

Es el Evangelio de Juan que guía la reflexión del Obispo de Roma de este domingo estivo de agosto; un pasaje que recuerda el encuentro de la muchedumbre con Jesús, que después de haber sido saciada por Él con el pan, se pregunta qué hacer para agradar a Dios.

Jesús abre un horizonte más amplio

Un encuentro, que como recuerda el mismo Papa, está “lleno de ternura” porque Jesús sale al encuentro de la gente para satisfacer sus necesidades, aunque – evidencia Francisco – “a Jesús no le basta que la gente lo busque, quiere que la gente lo conozca; quiere que su búsqueda y el encuentro con Él vayan más allá de la satisfacción inmediata de las necesidades materiales”.

 

Porque Él, ha venido a traernos “algo más” y es por eso que dirigiéndose a la multitud les dice: “Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse”. Éste es el modo de Jesús  para “estimular a la gente a dar un paso adelante, a preguntarse sobre el significado del milagro y no sólo a aprovecharse de él”, dice Francisco.

Nuestro alimento espiritual cotidiano

Porque es Jesús mismo, “el pan de Vida”, el don que el Padre ha hecho a la humanidad, es “el alimento espiritual que puede satisfacer el hambre más profundo” asegura el Pontífice. “Se trata de un alimento que Jesús nos dona cada día: su Palabra, su Cuerpo, su Sangre”.

La fe en Jesús, para cumplir obras perfumadas de Evangelio

Hoy estas palabras están dirigidas también a nosotros – asegura el Santo Padre – es “la fe en Jesús la que nos permite cumplir las obras de Dios”. Y sólo el dejarnos involucrar en esta “relación de amor y confianza” con Él nos permitirá “cumplir obras buenas que perfuman de Evangelio por el bien y las necesidades de los hermanos”. Porque Él, “pan de la vida”  – recuerda el Papa – “nos invita a no olvidar que si bien es necesario preocuparnos por el pan, es más importante aun cultivar la relación el Él, reforzar nuestra fe en Él, que ha venido para saciar nuestro hambre de verdad, nuestro hambre de justicia, nuestro hambre de amor”.

María, guía para abandonarnos en los brazos de Dios

“Que La Virgen María – concluye el Pontífice – en el día en el que recordamos la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor en Roma, la Salus Populi Romani, nos sostenga en nuestro camino de fe y nos ayude a abandonarnos con alegría al designio de Dios sobre nuestra vida”.

Pablo VI interceda por la Iglesia y la paz en el mundo

Después de rezar a la Madre de Dios, el Papa ha recordado que hace cuarenta años, el Beato Papa Pablo VI estaba viviendo sus últimas horas en esta tierra” ya que murió en la tarde del 6 de agosto de 1978. Francisco ha invitado a recordarlo “con tal veneración y gratitud, esperando su canonización, el 14 de octubre” con la esperanza para que “desde el cielo interceda por la Iglesia que ha amado tanto y por la paz en el mundo”. Y refiriéndose al futuro santo como al “gran Papa de la modernidad”, Francisco pidió “un saludo con una aplauso” para él.


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Catequesis del Papa el primer miércoles de agosto. Comentario.

Francisco: beneficio, fama y éxito son ídolos que sacrifican vidas humanas

El Papa retoma el ciclo de catequesis sobre los diez mandamientos durante la audiencia general en el aula Paolo VI después de la pausa de julio: «Por la carrera se sacrifican los hijos, descuidándolos; la belleza requiere sacrificios humanos»

El Papa Francisco toma la mano de un fiel durante la primera audiencia general de agosto en el Aula Paolo VI

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Pubblicato il 01/08/2018
Ultima modifica il 01/08/2018 alle ore 15:14
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

La idolatría es «una tendencia humana que no ahorra ni creyentes ni ateos» y está «de gran actualidad», porque si en la antigüedad se hacían sacrificios humanos a los ídolos», también hoy «los ídolos piden sangre» cuando, por ejemplo, muchas personas se quedan sin trabajo porque los empresarios deciden «despedir gente para ganar más dinero», «la fama pide la inmolación de si mismos, de la propia inocencia y autenticidad», o «por la carrera se sacrifican los hijos, se descuidan o simplemente no se tienen». Después de la pausa de julio, el Papa Francisco retoma la cita con la audiencia general de los miércoles siguiendo un ciclo de catequesis sobre los diez mandamientos de la primera ley de los diez mandamientos: «No tendrás otro Dios fuera de mí».

 

«Está bien detenerse sobre el tema de la idolatría, que está de gran actualidad», ha dicho Jorge Mario Bergoglio durante la audiencia que por el calor se ha desarrollado en el aula de Paolo VII: «los mandamientos prohíben hacer ídolos o imágenes de cualquier otro tipo de realidad: todo, de hecho, puede ser usado como ídolo. Estamos hablando de una tendencia humana que no dejan de lado ni creyentes ni ateos. Por ejemplo, nosotros cristianos podemos preguntarnos: ¿Cuál es verdaderamente mi Dios?, ¿es el amor Uno y Trino, o mi imagen, mi éxito personal, quizás en el interior de la Iglesia?”, ha preguntado Francisco, que ha advertido: “Se puede crecer en una familia que dice ser cristiana pero centrada, en realidad, en puntos de referencia extraños al Evangelio”.

 

El ser humano, ha continuado el Papa, «no vive sin concentraser en algo. Entonces el mundo ofrece el ‘supermarket’ de los ídolos, que pueden ser objetos, imágenes, ideas, roles. Por ejemplo la oración: nosotros debemos rezar a Dios , nuestro padre, pero yo recuerdo una vez que fui a una parroquia en la otra diócesis (Buenos Aires, ndr) para dar una misa y después tenía que dar la comunión en otra parroquia distante un kilómetro. Fui caminando y atravesé un bonito parque y allí había más de 50 mesitas con dos sillas y la gente sentada, unos delante de los otros. ¿Y qué hacían? El tarot. Iban allí a “rezar” el ídolo en lugar de rezar a Dios. Iban allí para ver el futuro en las cartas. Esta es una idolatría de nuestro tiempo. ¿Cuántos de vosotros habéis ido a que os lean las cartas para ver el futuro? ¿Cuántos de vosotros habéis ido para que os lean las cartas, en lugar de rezar al Señor? El Señor está vivo, los otros son ídolos y no sirven”.

 

Una idolatría, ha continuado el Papa, se desarrolla en tres fases. La primera, el ídolo, término que proviene del griego «ver», es una «visión» que tiende a convertirse en una fijación, una obsesión. El ídolo es en realidad una proyección de nosotros mismos en los objetos o en los proyectos. De esta dinámica se sirve, por ejemplo, la publicidad: no veo el objeto en si mismo sino que percibo aquel vehículo, aquel teléfono, aquel cargo o cualquier otra cosa como un medio para realizarme y responder a mis necesidades esenciales. Y lo busco, hablo de ello, pienso en ello, en la idea de poseer ese objeto o realizar ese proyecto, alcanzar esa posición, parece una vida maravillosa, feliz, una torre para alcanzar el cielo –ha dicho Bergoglio en referencia a la Torre de Babel– y todo se convierte en funcional para alcanzar esa meta».

 

Se entra entonces en la segunda fase: “los ídolos exigen un culto, exigen rituales ante ellos se postra y se sacrifica todo. En la antigüedad hacían sacrificios humanos a los ídolos, pero también hoy: por la carrera se sacrifican los hijos, descuidándolos, o simplemente no teniéndolos; la belleza requiere sacrificios humanos; la fama pide la inmolación de sí mismo, de la propia inocencia y autenticidad. Los ídolos piden sangre. El dinero roba la vida y el placer lleva a la soledad. Las estructuras económicas sacrifican vidas humanas para utilidades mayores: pensemos en tanta gente sin trabajo porque los empresarios han despedido a la gente para ganar más dinero. El ídolo del dinero… Se vive en la hipocresía, haciendo y diciendo lo que los demás esperan, porque el Dios de la propia afirmación lo impone. Y se destruyen vidas, familias y se abandonan jóvenes en manos de modelos destructivos con tal de aumentar el beneficio. También la droga –ha continuado el Papa– es un ídolo: cuántos jóvenes destruyen la salud y hasta la vida adorando este ídolo de la droga”.

 

Aquí, ha dicho Francisco, «llega el tercer y más trágico estadio: ’… y no les servirás’. Los ídolos esclavizan. Prometen felicidad pero no la dan; y nos encontramos viviendo por esta o aquella cosa, por esa visión, en una vorágine autodestructiva, en espera de un resultado que no llega nunca. Los ídolos prometen vida pero en realidad la quitan. El Dios verdadero no pide la vida, sino que la dona. El Dios verdadero no ofrece una proyección de nuestro éxito, sino que enseña a amar. El amor verdadero no pide hijos, sino que dona a su Hijo por nosotros. Los ídolos proyectan hipótesis futuras y hacen despreciar el presente. El Dios verdadero enseña a vivir en la realidad de cada día, no con ilusiones sobre el futuro, sino caminando hacia el futuro. Yo os invito a pensar hoy: ¿cuántos ídolos tengo? ¿cuál es mi preferido? Reconocer las propias idolatrías ya es un inicio de gracia, y coloca en el camino del amor”, ha concluido el Pontífice. “Para amar de verdad es necesario liberarse de los


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El hombre actual y sus ídolos modernos. Catequesis del Papa

2018.08.01 Audiencia General en el Aula Pablo VI2018.08.01 Audiencia General en el Aula Pablo VI  (Vatican Media )

El Papa: Reconozcamos y erradiquemos los ídolos que nos tienen esclavizados

“Los ídolos esclavizan. Prometen felicidad, pero no la dan; y nos encontramos viviendo para esa cosa o esa visión, atrapados en un vórtice autodestructivo, esperando un resultado que nunca llega”, dijo Francisco en la catequesis del primer miércoles de agosto

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

En la memoria de san Alfonso María de Ligorio este primero de agosto, el Papa Francisco reanudó sus Audiencias Generales en el Aula Pablo VI del Vaticano, tras la pausa estiva. El Romano Pontífice impartió su catequesis sobre los diez mandamientos. Tras haber escuchado junto con los peregrinos presentes el primer mandamiento del decálogo, tomado del Libro del Éxodo el cual reza:  «No tendrás otros dioses frente a mí» (Ex 20,3), hizo el punto en el tema de la idolatría. Se trata de un tema “de gran actualidad”, dijo, que afecta a todos los seres humanos, creyentes o no.

El ser humano, sea creyente o no, es propenso a crearse ídolos

“El mandamiento prohíbe crearse ídolos o imágenes de cualquier tipo”, explicó en primer lugar. “Porque todo –  añadió- puede ser usado como ídolo”. “Se trata de una tendencia humana que no ahorra ni a creyentes ni a ateos”. La idolatría – recordó citando el catecismo de la Iglesia Católica – no se refiere sólo a los cultos falsos del paganismo. Es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios.

Hablando en español se expresó de esta manera:

El primer mandamiento del decálogo, que dice: «No tendrás otros dioses frente a mí» (Ex 20,3), nos lleva a reflexionar sobre el tema de la idolatría, que es de gran actualidad. Al dar este mandamiento, Dios añade: «No te fabricarás ídolos ni figura alguna, […] no te postrarás ante ellos, ni les darás culto» (Ex 20,4-5).

Los “ídolos” esclavizan. Pero, ¿qué es un “dios” a nivel existencial?

A la pregunta arriba expuesta Francisco respondió explicando que es aquello que está en el centro de la vida y algo de lo que uno depende y piensa. “Uno puede crecer en una familia nominalmente cristiana, pero centrada, en realidad, en puntos de referencia ajenos al Evangelio”, dijo. Y explicó que esto sucede porque los seres humanos no viven sin enfocarse en algo:

El ser humano, sea creyente o no, es propenso a crearse ídolos. La palabra “ídolo” en griego viene del verbo “ver”. Un ídolo es una “visión” que llega a ser una fijación, una obsesión sobre algo que pudiera responder a las propias necesidades y, por tanto, se busca y se hace todo por alcanzarla, pensando que en ella está la felicidad.

El ídolo – se explayó Francisco en italiano- en realidad es una proyección de uno mismo en objetos o proyectos: y es ésta la dinámica que utiliza la publicidad. No veo el objeto en sí mismo, sino que percibo ese automóvil, el teléfono inteligente, ese rol u otras cosas, como un medio para realizarme y responder a mis necesidades esenciales.

Es así como “lo busco, hablo de eso, pienso en eso” y “la idea de poseer ese objeto o realizar ese proyecto, llegar a esa posición, parece una forma maravillosa de alcanzar la felicidad, una torre para alcanzar el cielo (véase Gen 11,1-9), y todo se vuelve funcional para ese objetivo”, añadió.

Los ídolos arruinan vidas y familias

“Sin embargo, los ídolos exigen un culto y a ellos se sacrifica la propia vida con tal de alcanzarlos. Se antepone el dinero, la fama o el éxito a la familia, a los hijos y a la integridad de la vida. Los ídolos son mentirosos prometen felicidad, pero no la dan, sino que esclavizan y terminan haciéndose dueños de nuestra existencia”: así el Pontífice puso en guardia sobre el poder nocivo que ejercen los ídolos en nuestras vidas, dando, además, algunos ejemplos de estos ídolos, a saber, la fama, la belleza, la carrera, el dinero.

“Los ídolos piden sangre”, aseguró. Y  “las estructuras económicas sacrifican vidas humanas por mayores ganancias”. De este modo las vidas se arruinan, las familias se destruyen y los jóvenes quedan en manos de modelos destructivos, sólo para aumentar las ganancias.

“En cambio, el verdadero Dios  – iluminó el Papa a los presentes – no nos ofrece ilusiones ficticias ni hace despreciar el momento presente, sino que enseña a amar a los demás y a vivir la realidad de cada día”.

Reconocer las propias idolatrías es un inicio de gracia

Y porque el Dios verdadero no pide la vida sino que la dona, reconocer las propias idolatrías es un inicio de gracia que pone en el camino del amor, sostuvo Francisco, explicando asimismo que, de hecho, el amor es “incompatible” con la idolatría: si algo se vuelve absoluto e intocable, entonces es más importante que un cónyuge, un hijo o una amistad. El apego a un objeto o a una idea nos hace ciegos al amor.

En cambio “para amar de verdad”, uno “debe ser un ser libre de los ídolos”.

Reconozcamos y erradiquemos los ídolos que nos tienen esclavizados

En los saludos que dirigió a los fieles en los distintos idiomas, hablando en italiano se dirigió en particular, y como lo hace habitualmente, a los jóvenes, los ancianos, los enfermos y los recién casados, y recordando la memoria litúrgica de San Alfonso María de Ligorio “celante pastor que conquistó los corazones de la gente con mansedumbre y ternura, frutos de la relación con Dios, bondad infinita”, les animó a que su ejemplo les ayude a vivir con alegría la fe en las acciones sencillas de cada día.

Mientras que en la conclusión de la catequesis que impartió en nuestro idioma animó a todos a entrar en el propio interior “para reconocer y erradicar los ídolos que los tienen esclavizados”  y para poner en su lugar “al verdadero Dios, que los hará – dijo – libres y plenamente felices”.


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Angelus del Papa hoy domingo 29 julio

Ángelus del Papa del último domingo de julio 2018. Ángelus del Papa del último domingo de julio 2018.   (AFP or licensors)

Ángelus del Papa: “Prevalezca la solidaridad, no la guerra”

“Ser solidarios en favor de los pobres, los débiles, los últimos y los indefensos es la mejor comprobación de la calidad de nuestra fe, tanto a nivel personal, como a nivel comunitario”.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

“Juan nos muestra a Jesús atento a las necesidades primarias de las personas” ha asegurado el Papa Francisco antes de rezar la oración mariana del Ángelus, asomado desde el balcón de la Plaza de San Pedro.

Comentando el episodio de la multiplicación de los panes del Evangelio según San Juan, el Papa explicó que la liturgia de hoy “induce a no quitar la mirada de aquel Jesús que el domingo pasado, en el Evangelio de Marcos, viendo “una gran multitud, tuvo compasión de ella”. Un episodio que surge “de un hecho concreto” puntualizó, pues “la gente tiene hambre y Jesús implica a sus discípulos para que su hambre sea saciada” y con el que Jesús no se limita a dar esto a la muchedumbre, sino que ofrece “su Palabra, su consuelo, su salvación y su vida”.

“Nosotros, sus discípulos, no podemos hacer como quien no quiere la cosa” dijo el Pontífice, y subrayó que sólo escuchando las más sencillas peticiones de la gente y poniéndose junto a sus concretas situaciones existenciales “se podrá ser escuchados cuando se habla de valores superiores”.

Estar disponibles para los demás

Francisco también afirmó que el Evangelio de hoy nos invita a estar disponibles y ser laboriosos, pues Jesús también hoy “sigue dando de comer”, “sigue haciéndose presencia viva y consoladora”, y lo hace “por medio de nosotros”. Además – continuó – no debemos olvidar que “el amor de Dios por la humanidad hambrienta de pan, de libertad, de justicia, de paz y, sobre todo, de su gracia divina, jamás decae”.

Ser solidarios con los más débiles

El Santo Padre, así mismo, exhortó a “no permanecer como espectadores indiferentes y tranquilos” ante el grito del hambre de tantos hermanos y hermanas en todas partes del  mundo – “todo tipo de hambre”, puntualizó.

“El anuncio de Cristo, pan de vida eterna, exige un compromiso generoso de solidaridad en favor de los pobres, los débiles, los últimos y los indefensos” señaló el Papa, explicando que esta acción de cercanía y de caridad “es la mejor comprobación de la calidad de nuestra fe, tanto a nivel personal, como a nivel comunitario”.

No desperdiciar los recursos de los que disponemos

Al término del relato, el Evangelista refiere que, cuando todos se saciaron, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que han sobrado para que nada se desperdicie». Momento en el que Francisco pidió a los fieles presentes en la Plaza de San Pedro que, a imitación de Cristo, “estamos llamados a hacer que los recursos existentes en el mundo, no se desperdicien, no sean destinados a finalidades de autodestrucción del hombre, sino que sirvan para su verdadero bien y su legítimo desarrollo”.

Por último, el Papa pidió orar a la Virgen María para que en el mundo “prevalezcan los programas dedicados al desarrollo, a la alimentación, a la solidaridad”, y no esos “del odio, de los armamentos y de la guerra”.


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Angelus del Papa el domingo 22 de julio

Ángelus del Papa FranciscoÁngelus del Papa Francisco  (ANSA)

Con Jesús a nuestro lado podemos superar las pruebas

“Cuando nos alejamos de Jesús y de su amor, nos perdemos y la existencia se transforma en desilusión e insatisfacción. Con Jesús a nuestro lado, se puede proceder con seguridad, se pueden superar las pruebas, avanzar en el amor hacia Dios y hacia el prójimo”

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

En su alocución previa al rezo mariano del Ángelus, el Papa Francisco recordó que Jesús se hizo Don por los demás, convirtiéndose en modelo de amor y servicio para cada uno de nosotros. Porque Jesús es la palabra de la Verdad. Y todos necesitamos de la palabra de la Verdad, dijo el Papa, que nos guíe e ilumine el camino. Sin la verdad, que es Cristo mismo, no es posible encontrar la orientación justa de la vida.

El Papa retomó el Evangelio de hoy de San Mateo, que narra cuando los apóstoles, tras su primera misión regresan donde Jesús y e cuentan “todo lo que habían hecho y enseñado”. Después de la experiencia de la misión, ciertamente emocionante pero también agotadora, necesitaban un momento de reposo. Y Jesús, lleno de comprensión, se preocupa de asegurarles un poco de alivio y dice: “Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco”.

Son tres los verbos del Pastor

Sin embargo, no logra encontrar un momento tranquilo para los apóstoles, pues la multitud adivinando el lugar solitario donde se llegaría con la barca junto a sus discípulos, se le adelantaron: “Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma”.

Al respecto, el Papa recuerda que lo mismo puede ocurrir hoy día. A veces no logramos realizar nuestros proyectos porque ocurre un imprevisto urgente que cambia nuestros programas y solicita flexibilidad y disponibilidad para las necesidades de los demás. En estas circunstancias, estamos llamados a imitar a Jesús.

En esta breve frase, el evangelista nos ofrece lo que se podrían llamar, afirma el Pontífice, los tres verbos del Pastor:  ver, tener compasión, enseñar. La mirada de Jesús no es una mirada neutra o peor aún, fría y alejada, porque Jesús mira siempre con los ojos del corazón. Y su corazón es tan tierno y lleno de compasión, que sabe cuáles son las necesidades escondidas de las personas.

Además, su compasión nos indica simplemente una reacción emotiva ante una situación de malestar de la gente, y mucho más: es una actitud y la predisposición de Dios hacia el hombre y su historia. Jesús aparece como la realización de la solicitud y de la atención de Dios hacia su pueblo. Por último, dijo Francisco, que Jesús se conmovió al ver toda aquella gente necesitada de un guía y de ayuda, y en vez de obrar un milagro, Jesús se puso a enseñar muchas cosas. Este es el primer pan que el Mesías ofrece a la multitud hambrienta y perdida: el pan de la Palabra.

El Papa concluyó su alocución pidiéndole a María Santísima que nos ayude a hacernos cargo de los problemas, de los sufrimientos y de las dificultades de nuestro prójimo, por medio de una actitud de compartir y de servicio.