Loiola XXI

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Hoy miércoles la catequesis semanal del Papa

Catequesis del Papa: Santos y pecadores, todos amados por el mismo Padre

Necesitamos aprender de Dios que es bueno con todos, por eso debemos seguir el ejemplo de Jesús: recordar en nuestra oración al Padre a aquellos que amamos como también a aquellos que no amamos tanto. Lo afirmó el Papa al profundizar sobre la oración del Padrenuestro, durante la catequesis del miércoles 13 de febrero

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

“No hay espacio para el individualismo en el diálogo con Dios, ni ostentación de los propios problemas como si fuéramos los únicos que sufren en el mundo”, porque “no hay oración elevada a Dios que no sea aquella de una comunidad de hermanos y hermanas”. Fue la afirmación del Papa en el miércoles 13 de febrero, continuando con sus catequesis sobre el Padrenuestro.

Hay una ausencia del “yo” en el Padrenuestro

La reflexión del Papa de este día giró en torno al diálogo con Dios, un diálogo que es “un cruce de miradas entre dos personas que se aman: Dios y el hombre”. Francisco recordó una vez más que Jesús quiere que sus discípulos no sean como los hipócritas que rezan con ostentación, porque la verdadera oración “es la que se cumple en el secreto de la consciencia y del corazón, y es visible sólo a Dios”.

«Seguimos con la catequesis sobre el Padrenuestro para aprender a rezar cada vez mejor. La verdadera oración es la que se realiza en el secreto del corazón; es un diálogo silencioso, como un cruce de miradas entre dos personas que se aman: Dios y el hombre».

La palabra opuesta al yo es “nosotros”

En el Padrenuestro – dijo el Papa – falta la palabra ‘yo’. Nunca se dice ‘yo’. Y esto porque “no hay espacio para el individualismo en el diálogo con Dios”, ni “ostentación de los propios problemas como si fuéramos los únicos que sufren en el mundo”. Hay una “ausencia del yo” en el Padrenuestro, y la palabra opuesta al “yo”, no es el “tú”, sino el “nosotros”.

«Jesús nos enseña a rezar con el “tú”, y no con el “yo”; porque la oración cristiana es confidencial pero también es diálogo. En la oración del Padrenuestro decimos: “Sea santificado tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad”. Y en la segunda parte pasa al “nosotros”: “danosel pan de cada día, perdona nuestras deudas, no nos dejes caer en la tentación, líbranos del mal”. La oración cristiana no es individualista, sino que es un diálogo con Dios, desde y con la comunidad de hermanos y hermanas».

“Señor ablanda mi corazón”

«El cristiano – resumió en español – cuando reza lleva consigo a las personas y las situaciones que vive, y hace propios los sentimientos de Jesús, que siente compasión de cuantos encuentra en su camino. También nosotros cuando rezamos tenemos presentes a aquellas personas que no buscan a Dios, porque Jesús no ha venido a salvar solo a los justos, sino a todos».

Tras este recordatorio, Francisco invitó a mirar dentro el propio corazón, remarcando que “si uno no se da cuenta de que hay tanta gente alrededor que sufre, si no se siente pena por las lágrimas de los pobres, se está acostumbrado a todo”. Por eso preguntó a los presentes: “¿cómo está tu corazón? ¿Se marchitó?”. “No, -dijo- peor: es de piedra”. Así, el Santo Padre señaló que en este caso “es bueno implorar al Señor que nos toque con su Espíritu y ablande nuestro corazón”.

Santos y pecadores, todos amados por el mismo Padre

Concluyendo la catequesis el Pontífice quiso plasmar esta enseñanza en los corazones y llamó a hacernos una pregunta: “¿Cuándo rezo, me abro al grito de tantas personas cercanas y lejanas? ¿O pienso en la oración como en una especie de anestesia para poder estar más tranquilo?”. Y tras hacer presente que “ese nosotros que Jesús nos enseñó”, nos hace sentir responsables de nuestros hermanos y hermanas, aseguró:

«Santos y pecadores, somos todos hermanos amados por el mismo Padre».

Saludando a los peregrinos de lengua española, Francisco animó a pensar en cómo es el diálogo con el Señor, y a seguir el ejemplo de Jesús para rezar de forma concreta, recordando a aquellos que tenemos al lado y amamos, como también a aquellos que no queremos tanto. “Necesitamos aprender de Dios que es bueno con todos”, finalizó.

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Angelus del Papa del domingo 10 de febrero

Papa Francisco Ángelus barcoFrancisco a la hora del Ángelus del domingo 10 de febrero  (Vatican Media)

Papa, Ángelus: acojamos al Señor en el barco de nuestras vidas

A la hora del Ángelus dominical, el Papa invitó a responder como con fe al Señor para entrar mar adentro en la humanidad de nuestro tiempo

María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

Como Pedro, respondamos al Señor con fe y disponibilidad para colaborar en su misión: fue ésta la invitación del Papa Francisco a la hora del Ángelus dominical del segundo domingo de febrero. Ante los numerosos fieles, romanos y peregrinos reunidos en la plaza de san Pedro, el Pontífice reflexionó sobre el Evangelio de Lucas, que relata la llamada de Jesús a Pedro.

Como Simón dar nuestra respuesta de fe a Jesús

Francisco recuerda que no obstante Simón Pedro había pasado la noche en el mar sin pescar nada, no dudó en echar nuevamente las redes cuando se lo pidió Jesús. Y ésta, explica el Obispo de Roma, “es la respuesta de fe, que también nosotros estamos llamados a dar; es la actitud de disponibilidad que el Señor pide a todos sus discípulos, especialmente a los que tienen tareas de responsabilidad en la Iglesia”.

La obediencia confiada de Pedro produjo un resultado prodigioso – evidencia el Papa, “una pesca milagrosa, signo del poder de la palabra de Jesús” porque, explica, “cuando nos ponemos generosamente a su servicio, Él hace grandes cosas en nosotros”. Y agrega:

“ Nos pide que lo acojamos en el barco de nuestras vidas, que compartamos con él y que naveguemos por un mar nuevo, que se revela lleno de sorpresas ”

Remar mar adentro para ser testigos de bondad y misericordia

El Pontífice afirma que la invitación de Jesús “a entrar mar adentro en la humanidad de nuestro tiempo, a ser testigos de la bondad y de la misericordia, da un nuevo sentido a nuestra existencia, que a menudo corre el riesgo de aplastarse sobre sí misma”. Y, como Simón, también nosotros “podemos quedarnos sorprendidos y titubeantes ante la llamada que nos dirige el divino Maestro, y nos sentimos tentados a rechazarla por nuestra inadecuación”.

Sin miedo, colaborar en la misión del Señor

Jesús animó a Pedro  diciéndole: “No tengas miedo; desde ahora serás pescador de hombres”, recuerda el Papa, “porque Dios, si confiamos en Él, nos libera de nuestro pecado y nos abre un nuevo horizonte: colaborar en su misión”.

Anunciadores y testigos del Reino

“El mayor milagro que Jesús realizó por Simón y los demás pescadores decepcionados y cansados no es tanto la red llena de peces como el haberles ayudado a no ser víctimas de la decepción y del desaliento ante las derrotas” precisa el Papa.

Francisco concluye pidiéndole a la Virgen Santa que fue modelo de pronta adhesión a la voluntad de Dios, que “nos ayude a sentir la fascinación de la llamada del Señor y nos haga disponibles para colaborar con Él para difundir por todas partes su palabra de salvación”.

Escuche y descargue el audio con la voz del Papa

 

10 febrero 2019, 12:19


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Temas de la catequesis hoy del Papa

El Papa: la JMJ, signo contracorriente frente a nacionalismos y muros

Durante la Audiencia general, Francisco habló sobre el viaje a Panamá y recordó a todos los niños para referirse al invierno demográfico europeo. Centroamérica necesita paz y justicia

El Papa Francisco durante la Audiencia general en el Aula Pablo VI

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Pubblicato il 30/01/2019
Ultima modifica il 30/01/2019 alle ore 18:31
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

La «gran sinfonía de voces y de lenguas» de la Jornada Mundial de la Juventud ha sido «un signo profético, un signo contracorriente frente a la triste tendencia actual a los nacionalismos conflictuales, que elevan muros y se encierran». Lo dijo el Papa durante la Audiencia general dedicada al reciente viaje a Panamá (del 23 al 28 de enero).

Jorge Mario Bergoglio comenzó a contar sus recuerdos resaltando la «acogida calurosa y familiar» que le dedicó el país centroamericano, «la misma que hemos visto en la gente que por todas partes acorrió a saludar con gran fe y entusiasmo. Una cosa que me llamó tanto la atención fue que la gente levantaba en brazos a los niños cundo pasaba el papamóvil, como diciendo: “¡Este es mi orgullo, este es mi futuro!”, y hacían ver a los niños. Había tantos, y las madres y los padres orgullosos de esos niños. Pensé: ¡cuánta dignidad en este gesto, y cuán elocuente es para el invierno demográfico que estamos viviendo en Europa! El orgullo de aquella familia son los niños, la seguridad para el futuro son los niños. El invierno demográfico sin niños es duro».

Después, el Papa recordó las diferentes etapas de la JMJ, precedida por el encuentro de los jóvenes de los pueblos originarios y de los pueblos afroamericanos: «Cinco días de encuentro, los jóvenes indígenas y los jóvenes afrodescendientes, son muchos en aquella región, han abierto la puerta de la Jornada Mundial. Fue una iniciativa importante que ha manifestado mucho mejor el rostro multiforme de la Iglesia en América Latina, que es mestiza. Después –prosiguió– con la llegada de los grupos de todo el mundo, se formó la gran sinfonía de rostros y de lenguas, típica de este evento. Ver todas esas banderas desfilar juntas, bailar en las manos de los jóvenes alegres de encontrarse es un signo profético. Es un signo –subrayó– de que los jóvenes cristianos son en el mundo levadura de paz».

En Panamá, todo se “contagió” y “amalgamó” gracias a la presencia alegre de los jóvenes: una fiesta para ellos y una fiesta para Panamá, y también para toda América Central, marcada por tantos dramas y necesitada de esperanza y de paz y de justicia», continuó Francisco.

El Papa recordó también el Vía Crucis, revelando que «a mí me gusta mucho hacer el Vía Crucis, porque es ir con María detrás de Jesús. Y siempre llevo conmigo, para hacerlo en cualquier momento, un Vía Crucis de bolsillo, que me regaló una persona muy apostólica en Buenos Aires. Y cuando tengo tiempo, lo tomo y sigo el Vía Crucis. Hagan también ustedes el Vía Crucis, porque es seguir a Jesús con María en el camino de la cruz, donde Él dio la vida por nosotros, por nuestra redención. En el Vía Crucis se aprende el amor paciente, silencioso y concreto».

Francisco después se refirió a la liturgia penitencial en la cárcel para menores y a la visita a la casa-familia Buen Samaritano, con chicos enfermos de SIDA; recordó la vigilia de oración, «con todos los chicos y las chicas, entusiastas y también capaces de silencio y de escucha», y la misa final a la mañana siguiente, ocasión para afirmar que los jóvenes «no son el “mañana”, no son el “mientras tanto”, sino el hoy, el ahora de la Iglesia y del mundo». Pero también, dijo, para hacer un llamado a la «responsabilidad de los adultos», para que no falten a las nuevas generaciones ni educación, ni trabajo, ni comunidad, ni familia: «y esto es clave en este momento en el mundo, porque estas cosas faltan: instrucción, es decir, educación, trabajo (¿cuántos jóvenes carecen de él?), y comunidad: que se sientan acogidos en la familia y en la sociedad».

A los peregrinos portugueses que estaban presentes en la Audiencia general, al final, el Papa recordó: «¡La próxima Jornada serán en portugués!».


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En la audiencia semanal el Papa ha hablado sobre la JMJ de Panamà.

2019.01.30 Udienza GeneraleEl Papa Francisco durante la audiencia general del 30 de enero  (Vatican Media)

Papa: los jóvenes son levadura de paz, contra los muros y los nacionalismos

Durante la audiencia general, celebrada en el Aula Pablo VI ante la presencia de miles de fieles, el Pontífice se refirió a su reciente viaje apostólico a Panamá, con motivo de la XXXIV Jornada Mundial de la Juventud sobre el tema: “Aquí está la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra”

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

Tras regresar el lunes de su viaje apostólico internacional a Panamá, el Santo Padre Francisco reanudó esta mañana, en el Aula Pablo VI del Vaticano, su acostumbrada audiencia semanal ante la presencia de casi siete mil fieles y peregrinos de los cinco continentes.

De entre los grupos más numerosos destacamos el de las familias italianas del mundo del espectáculo itinerante, la asociación del voluntariado europeo solidario, los miembros del Instituto Caetani de Cisterna de Latina, un grupo de sacerdotes franceses de la diócesis de Versalles, acompañados por Mons. Eric Aumonier, otro de peregrinos estadounidenses de Luisiana, Texas y California, miembros mexicanos del Instituto Juan Sebastián Elcano de Cartagena, parroquianos argentinos de Santa Rosa de los Andes y miembros del colegio San José de Coimbra en Portugal.

Como es habitual en estos casos, el Santo Padre trazó un balance de su viaje a Panamá, con motivo de la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud, que tenía como lema las palabras de María al Ángel: Aquí está la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra.

En primer lugar, el Papa dio gracias a Dios “por la presencia de tantos jóvenes que han contagiado a todo el País y a toda América Central con su alegría y su fe. Agradezco también a las autoridades, dijo, a los habitantes y a todos los voluntarios por su afectuosa acogida”.

Los niños, mi orgullo, mi futuro

Hablando en italiano espontáneamente, Francisco destacó que una cosa le llamó tanto la atención en Panamá fue que la gente levantaba en brazos s los niños. Cuando él pasaba con el Papamóvil, todos levantaban a los niños como para decir, “¡he aquí mi orgullo, he aquí mi futuro!”. Y “¡hacían ver a los niños – exclamó – y eran tantos!”. “Y los padres o las madres orgullosos de aquel niño”.

El invierno demográfico, sin niños, es duro

Entonces el Papa dijo que pensó en la gran dignidad de este gesto, y ¡cuán elocuente es para “el invierno demográfico que estamos viviendo en Europa! “El orgullo de aquella familia son los niños”, dijo. Y “la seguridad para el futuro son los niños”. “¡El invierno demográfico, sin niños, es duro!”.

América Central necesitada de esperanza, paz y justicia

Si bien el motivo de este viaje fue la Jornada Mundial de la Juventud, el Papa Bergoglio explicó que además del encuentro con los jóvenes tuvo la oportunidad de encontrarse con otras realidades del país, con las autoridades, los obispos, los jóvenes detenidos, los consagrados y una casa-familia. “Todo – dijo Francisco – fue como ‘contagiado’ y ‘amalgamado’ por la presencia gozosa de los jóvenes: una fiesta para ellos y una fiesta para Panamá, y también para toda América Central, marcada por tantos dramas y necesitada de esperanza y de paz, y también de justicia”.

El rostro multiforme de la Iglesia en América Latina

El Pontífice no olvidó decir que esta Jornada Mundial de la Juventud estuvo precedida por el encuentro de los jóvenes de los pueblos nativos y afroamericanos. “Un hermoso gesto, dijo, tuvieron cinco días de encuentro, los jóvenes indígenas y los jóvenes afrodescendientes”.

Y tras destacar que son muchos en aquella región, añadió que ellos fueron quienes abrieron la puerta a la Jornada Mundial de la Juventud. Lo que definió una iniciativa importante que ha manifestado aún más el rostro multiforme de la Iglesia en América Latina: “América Latina es mestiza”, dijo el Papa.

Los jóvenes cristianos son en el mundo levadura de paz

Ver desfilar juntas todas las banderas – recordó Francisco –, verlas danzar en las manos de los jóvenes felices de encontrarse, es “un signo profético, un signo contracorriente con respecto a la triste tendencia actual, la de los nacionalismos conflictivos, que levantan muros y se excluyen de la universalidad, del encuentro entre los pueblos”. “Es un signo – añadió –  de que los jóvenes cristianos son en el mundo levadura de paz”.

Tras aludir a la “huella mariana” de esta Jornada Mundial de la Juventud, el Pontífice destacó la etapa del Vía Crucis, es decir, “caminar con María detrás de Jesús que lleva la cruz” y que es escuela de vida cristiana, donde se aprende el amor paciente, silencioso y concreto.

En el Vía Crucis se aprende el amor paciente, silencioso y concreto

Y añadió textualmente: “Les hago una confidencia: a mí me gusta mucho hacer el Vía Crucis, porque es ir con María detrás de Jesús. Y siempre llevo conmigo, para hacerlo en cualquier momento, un Vía Crucis de bolsillo, que me regaló una persona muy apostólica en Buenos Aires. Y cuando tengo tiempo, lo tomo y sigo el Vía Crucis. Hagan también ustedes el Vía Crucis, porque es seguir a Jesús con María en el camino de la cruz, donde Él dio la vida por nosotros, por nuestra redención. En el Vía Crucis se aprende el amor paciente, silencioso y concreto”.

María, la “influencer de Dios

Refiriéndose al culmen de la Jornada Mundial de la Juventud y de su viaje dijo el Papa que en la Vigilia, en aquel campo lleno de jóvenes que durmieron allí, y que a las ocho de la mañana participaron en la Misa conclusiva, se renovó el diálogo vivo con todos los chicos y chicas, entusiastas y también capaces de silencio y de escucha. Allí, recordó Francisco, pasaban del entusiasmo a la escucha y a la oración en silencio. A ellos – prosiguió – les propuse a María como aquella que, en su pequeñez, más que cualquier otra persona ha “influido” en la historia del mundo, y la hemos llamada la “influencer de Dios”.

Instrucción, trabajo y comunidad para los jóvenes

Asimismo recordó que los jóvenes “no son el mañana”. “No – dijo Francisco – son el hoy para el mañana. No son el mientras tanto, sino el hoy, el ahora de la Iglesia y del mundo”. Por esta razón hizo un llamamiento a la responsabilidad de los adultos, para que no falten a las nuevas generaciones la instrucción, el trabajo, la comunidad y la familia. “Y ésta – agregó el Santo Padre – es la clave en este momento en el mundo, porque estas cosas faltan. “Instrucción, es decir, educación. Trabajo: cuántos jóvenes carecen de él. Comunidad: que se sientan acogidos en la familia y en la sociedad”.

Por último, el Santo Padre aludió al fuerte valor simbólico que tuvo la consagración del altar de la restaurada Catedral de Santa María La Antigua, que estuvo cerrada durante siete años. E hizo una analogía entre el Crisma que consagra el altar, que es el mismo – dijo – que unge a los que reciben el Bautismo, la Confirmación, a los sacerdotes y a los obispos. De ahí su deseo de que la familia de la Iglesia, en Panamá y en el mundo entero, tome siempre del Espíritu Santo nueva fecundidad, para que prosiga y se difunda en la tierra la peregrinación de los jóvenes discípulos misioneros de Jesucristo.

Escuche la catequesis

30 enero 2019, 13:18


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Qué quiso decir el Papa en su homilía de la misa de clausura en Panama.

  Pope Francis greets the crowd before celebrating Mass for World Youth Day pilgrims at St. John Paul II Field in Panama City Jan. 27, 2019. (CNS photo/Paul Haring)

Pope Francis issued a powerful “wake up” call to hundreds of thousands of young people from 155 countries, in his homily at the closing mass of World Youth Day in Panama on Sunday, Jan. 27.

He told them, “Dear young people, you are not the future but the now of God and he invites you and calls you in your communities and cities to go out and find your grandparents and elders; to stand up and with them to speak out and realize the dream that the Lord has dreamed for you.”

He urged these young people from all continents, as they waved the flags of their home countries, to “realize that you have a mission and fall in love; that will decide everything,” as Father Pedro Arrupe, former Father General of the Jesuits, once said.

Francis reminded the young, “we may possess everything, but if we lack the passion of love, we will have nothing.” He appealed to them, “Let us allow the Lord to make us fall in love!”

The vast majority of young people had slept in tents or sleeping bags in the extensive Metro Park overnight, after attending last evening’s prayer vigil with the pope. At six o’clock this morning, they received a stirring wake-up call over the public address system, to the sounds of drums and music. But that was nothing compared to the wake-up that Pope Francis issued to them in the presence of the presidents of Panama, Costa Rica, Colombia, Guatemala, Honduras, El Salvador, and Portugal.

Last evening’s vigil of prayer and today’s mass were enriched by the presence near the altar of the blood-stained shirt that Archbishop Óscar Romero was wearing when he was shot while celebrating mass, and his episcopal mitre on which was emblazoned the words “to think with the church.”

Also, at the side of the altar stood the pilgrim statue of Our Lady of Fatima which had been brought here from Portugal. Cardinal Kevin Farrell, President of the Vatican’s Dicastery for the Laity, the Family, and Life, which is co-organizer of the W.Y.D. along with the local church, announced that the next World Youth Day will be held in Portugal. He did not give an exact date, but it is widely expected to be held in 2022.

In his homily at the festive Eucharistic celebration, which was concelebrated by 450 cardinals and bishops from many countries including the United States, and 4,000 priests, Francis told them that Jesus was inviting each one present to join him in his “mission” today, not tomorrow. He did so by drawing on the Gospel of the day which tells how, as a young man, Jesus began his public ministry when he went into the synagogue in Nazareth and stood up “and put into action God’s dream” by “proclaiming good news to the poor… bringing liberty to captives and recovering of sight to the blind, setting at liberty those who are oppressed, announcing the year of the Lord’s favor” (Luke 4.20-21). Pope Francis explained that “Jesus reveals the now of God,  who comes to meet us and to call us to take part” in this same mission today.

Pope Francis explained that “the now of God” becomes present with Jesus. “It is a merciful love that does not wait for ideal or perfect situations to show itself, nor does it accept excuses for its appearance,” the pope said. He continued, “It is God’s time that makes every situation and place both right and proper. In Jesus, the promised future begins and becomes life.”

Francis warned the youth against thinking that “your mission, your vocation, even your life itself, is a promise far off in the future, having nothing to do with the present. As if being young were a kind of waiting room, where we sit around until we are called.”

Seeking to wake them up to God’s call, Francis, wearing green vestments, told them “we do not always believe that God can be that concrete and commonplace, that close and real, and much less that he can become so present and work through somebody like a neighbor, a friend, a relative.”

Indeed, he said, “we do not always believe that the Lord can invite us to work and soil our hands with him in his Kingdom in that simple and blunt a way.” He recalled that Benedict XVI had put in well in Sept. 2005 when he declared that it is hard to accept that “God’s love can become concrete and can almost be experienced in history with all its painful and glorious vicissitudes.”

Francis remarked that like Jesus’ neighbors in Nazareth “we too prefer a distant God: nice, good, generous but far-off, a God who does not inconvenience us. Because a close and everyday God, a friend and brother, demands that we be concerned with our surroundings, everyday affairs and above all fraternity.”

He reminded them, however, that “God chose not to reveal himself as an angel or in some spectacular way, but to give us a face that is fraternal and friendly, concrete and familiar. God is real because love is real; God is concrete because love is concrete.” Indeed, as Benedict XVI said, “this concrete manifestation of love is one of the essential elements in the life of Christians.”

Francis warned the youth against thinking that “your mission, your vocation, even your life itself, is a promise far off in the future, having nothing to do with the present. As if being young were a kind of waiting room, where we sit around until we are called.”

He advised them against inventing “a hygienically sealed future, without consequences, where everything is safe, secure and ‘well insured’; a ‘make-believe’ happiness” that allows them “to think, that your now has not yet come, that you are too young to be involved in dreaming about and working for the future.”

He recalled that last October’s Synod on Young People had called for “intergenerational dialogue, the enrichment of exchange and the value of realizing that we need one another” and insisted “that we have to work to create channels and spaces that encourage dreaming of and working for tomorrow, starting today” and to do this “not in isolation, but rather side by side, creating a common space. A space that is not simply taken for granted, or won in a lottery, but a space for which you too must fight.”

Francis told the young crowd, “Jesus wants to enter into and win over our hearts. He wants to be our treasure, because he is not a “meantime,”  an interval in life or a passing fad; he is generous love that invites us to entrust ourselves.” Indeed, he said, “Jesus is concrete, close, real love. He is festive joy, born of opting for and taking part in the miraculous draught of hope and charity, solidarity and fraternity, despite the paralyzed and paralyzing gaze born of fear and exclusion, speculation and manipulation. “

Addressing them directly as ‘brothers and sisters,’  Francis declared, “the Lord and his mission are not a ‘meantime’ in our life, something temporary; they are our life!”

He urged them to follow the example of Mary, the mother of Jesus, “who not only believed in God and in his promises as something possible, she believed God himself and dared to say ‘yes’ to taking part in this now of the Lord. She felt she had a mission; she fell in love and that decided everything.”

He concluded by repeating that Jesus was inviting them “to live out your love in a practical way” and, he said, if they responded to his call with their ‘yes’ then this “may be the gateway for the Holy Spirit to give us a new Pentecost for the world and for the Church.”

Addressing them directly as ‘brothers and sisters,’  Francis declared, “the Lord and his mission are not a ‘meantime’ in our life, something temporary; they are our life!”

Francis then went on with the festive celebration, protected from the sun under a great canopy, as the more than one hundred-strong choir led the singing, and prayers were said in the different languages.

At the conclusion of the joyful celebration, Francis thanked God “for having given us the opportunity to share these days together and to experience once more this World Youth Day.”  He also thanked Panama’s president, Juan Carlos Varela Rodríguez, and the presidents of the  other nations present. He thanked especially the Archbishop of Panama, José Domingo Ulloa Mendieta, for his “generosity and hard work” in hosting this World Youth Day, and the bishops of neighboring countries and their communities for providing accommodation and assistance for this great event.

Pope Francis then concluded the celebration by thanking the young people and entrusting them to the protection of Our Lady, and asking them to pray for him.

After mass, Pope Francis drove to the nearby Casa Hogar El Buen Samaritano Juan Díaz, built in 2005 by the local church to provide assistance to young people and adults affected by AIDS who are deprived of familial and economic assistance.

Once he had greeted and spoken to them, Francis drove back to the nunciature for lunch. Later in the afternoon he will go to a stadium to thank the thousands of volunteers from many countries who had worked to make the W.Y.D. such a success.


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Panamà: la misa conclusiva del Papa en la JMJ

¡Ustedes son el “ahora” de Dios!: el Papa a los jóvenes en la Misa conclusiva de la JMJ

En su homilía en la Misa de envío de la JMJ de Panamá el Papa pidió a los jóvenes que se dejen enamorar por el Señor y que peleen por su espacio hoy, porque “la vida es hoy”

María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

¡Sientan que tienen una misión y enamórense!: lo pidió con fuerza el Papa Francisco a los 700 mil jóvenes reunidos en el Metro Park de Panamá, con ocasión de la Santa Misa por la Jornada Mundial de la Juventud, en el último día de su visita en el país centroamericano. Una homilía con la que el Papa instó a  jóvenes llegados de más de 150 países para la JMJ en Panamá, a “poner en acto el sueño con el que el Señor los soñó”, “ahora”, porque les dijo, “ustedes no son el futuro sino el ahora de Dios”.

En medio a una multitud de jóvenes en fiesta, el Papa llegó en el papamóvil al Metro Park, donde fue recibido por el Arzobispo de Panamá, Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, y se dirigió entre los fieles a la Sacristía del Campo San Juan Pablo II. En la misa participaron también los presidentes de cinco países latinoamericanos: Costa Rica, Colombia, Guatemala, El Salvador y Honduras y Portugal.

Tomar parte en el ahora de Dios para llevar la Buena Noticia

Recordando la visita de Jesús a la sinagoga de Nazaret, cuando afirmó: Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír» (Lc 4,20-21), Francisco explica a los miles de jóvenes reunidos en el Campo San Juan Pablo II, que Jesús “revela el ahora de Dios que sale a nuestro encuentro para convocarnos también a tomar parte en su ahora de llevar la Buena Noticia a los pobres, la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia en el Señor”.

Un Dios concreto y cotidiano

El Santo Padre evidencia que no todos los que estaban presentes en la sinagoga y escuchaban a Jesús se sentían “invitados o convocados” porque no todos los “vecinos de Nazaret estaban preparados para creer en alguien que conocías y habían visto crecer”. Algo que “puede sucedernos también a nosotros” afirma Francisco porque “no siempre creemos que Dios pueda ser tan concreto y cotidiano, tan cercano y real, y menos aún que se haga tan presente y actúe a través de alguien conocido como puede ser un vecino, un amigo, un familiar.”

“E incluso a ustedes, queridos jóvenes, les puede pasar lo mismo cada vez que piensan que su misión, su vocación, que hasta su vida es una promesa tan solo para el futuro y nada tiene que ver con vuestro presente”,  precisa el Papa, “como si ser joven fuera sinónimo de sala de espera de quien aguarda el turno de su hora”.

La “ficción” de la alegría y los riesgos del “mientras tanto”

El Obispo de Roma advierte de los riesgos del “mientras tanto” de esa hora: “les inventamos o se inventan un futuro higiénicamente bien empaquetado y sin consecuencia  bien armado y garantizado con todo ‘bien asegurado’. “Es la ficción de alegría” dice, un modo para tranquilizarlos y adormecerlos, “para que no hagan ruido, para que no se pregunten ni pregunten, para que no se cuestionen ni cuestionen” explica, “tan solo porque consideramos o consideran que todavía no es su ahora; que son demasiado jóvenes para involucrarse en soñar y trabajar el mañana”.

Involucrarse para trabajar por el mañana ahora

Recordando en su homilía el Sínodo de los Obispos dedicado a los jóvenes del pasado mes de octubre, Francisco evidencia uno de sus frutos: la riqueza del encuentro y de la escucha mutua entre generaciones, “el valor de reconocer que nos necesitamos y que tenemos que esforzarnos en propiciar canales y espacios en los que involucrarse en soñar y trabajar el mañana ya desde hoy, juntos.

Porque los jóvenes son el ahora de Dios y Él, afirma el Papa, “los convoca y los llama en sus comunidades y ciudades a ir en búsqueda de sus abuelos, de sus mayores; a ponerse de pie y junto a ellos tomar la palabra y poner en acto el sueño con el que el Señor los soñó”.

Enamorarse de Jesús y su misión

Es ahora el tiempo de actuar, porque “allí donde esté su tesoro allí estará su corazón”, dice el Papa, y “aquello que los enamore”, “será lo que los haga levantarse por la mañana y los impulse en las horas de cansancio, lo que les rompa el corazón y lo que les haga llenarse de asombro, alegría y gratitud. Sientan que tienen una misión y enamórense, que eso lo decidirá todo. ¡Dejemos que el Señor nos enamore!

Jesús quiere ser nuestro tesoro

Para Jesús no existe un “mientras tanto”, dice el Papa, sino que “Él quiere ser nuestro tesoro”, porque no es un “mientras tanto” en la vida o moda pasajera, es amor de entrega que invita a entregarse. “Es amor concreto, cercano, real – explica el Papa – ; es alegría festiva que nace al optar y participar en la pesca milagrosa de la esperanza y la caridad, la solidaridad y la fraternidad frente a tanta mirada paralizada y paralizante por los miedos y la exclusión, la especulación y la manipulación”.

“ El Señor y su misión no son un “mientras tanto” en nuestra vida, algo pasajero, ¡son nuestra vida! ”


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Panamá; la vigilia del Papa con los jóvenes

El Papa en la Vigilia: “Jóvenes, no tengan miedo, que están para más”

Discurso del Santo Padre en la Vigilia con los Jóvenes, en el Campo “San Juan Pablo II”, en el marco de la celebración de la 34° Jornada Mundial de la Juventud, Panamá 2019.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“El evangelio nos enseña que el mundo no será mejor porque haya menos personas enfermas, débiles, frágiles o ancianas de quien ocuparse e incluso no porque haya menos pecadores, sino será mejor cuando sean más las personas que, como estos amigos, estén dispuestos y se animen a gestar el mañana y creer en la fuerza transformadora del amor de Dios”, lo dijo el Papa Francisco en la Vigilia con los Jóvenes, en el Campo “San Juan Pablo II”, este sábado 26 de enero de 2019, en el marco de su 26° Viaje Apostólico Internacional a Panamá, con ocasión de la 34° Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

El Señor viene a plantar y a plantarse

A los jóvenes congregados en el Metro Park de Panamá, el Pontífice les recordó que, la vida que Jesús nos regala es una historia de amor, una historia de vida que quiere mezclarse con la nuestra y echar raíces en la tierra de cada uno. Esa vida – precisó el Papa – no es una salvación colgada “en la nube” esperando ser descargada, ni una “aplicación” nueva a descubrir o un ejercicio mental fruto de técnicas de autosuperación. Tampoco un “tutorial” con el que aprender la última novedad. “La salvación que el Señor nos regala es una invitación a ser parte de una historia de amor que se entreteje con nuestras historias; que vive y quiere nacer entre nosotros para que demos fruto allí donde estemos, como estemos y con quien estemos. Allí viene el Señor a plantar y a plantarse; es el primero en decir ‘sí’ a nuestra vida, a nuestra historia, y quiere que también digamos ‘sí’ junto a Él”.

María, la “influencer” de Dios

Así sorprendió a María y la invitó a formar parte de esta historia de amor. Sin lugar a dudas la joven de Nazaret no salía en las “redes sociales” de la época, no era una “influencer”, pero sin quererlo ni buscarlo se volvió la mujer que más influenció en la historia. María, la “influencer” de Dios. Con pocas palabras se animó a decir “sí” y a confiar en el amor y en las promesas de Dios, única fuerza capaz de hacer nuevas todas las cosas.

Siempre llama la atención la fuerza del “sí” de esa joven, de ese «hágase» que le dijo al ángel. Fue una cosa distinta a una aceptación pasiva o resignada o un “sí” como diciendo: bueno, vamos a probar a ver qué pasa. Fue algo más, algo distinto. Fue el “sí” de quien quiere comprometerse y arriesgar, de quien quiere apostarlo todo, sin más seguridad que la certeza de saber que era portadora de una promesa. Tendría, sin dudas, una misión difícil, pero las dificultades no eran una razón para decir “no”. Tendría complicaciones, ciertamente, pero no serían las mismas complicaciones que se producen cuando la cobardía nos paraliza por no tener todo claro o asegurado de antemano.

La fuerza del “Si”, del “hágase”

Respondiendo a las preguntas de los jóvenes, el Papa Francisco dijo que, muchos jóvenes a ejemplo de María arriesgan y apuestan guiados por una promesa. Gracias Erika y Rogelio por el testimonio que nos han regalado. Compartieron sus temores, dificultades y todo el riesgo vivido ante el nacimiento de su hija Inés. Ante su llegada, frente a todos los anuncios y dificultades que aparecían, tomaron una decisión y dijeron como María «hágase», decidieron amarla.

Decir “sí” al Señor, es animarse a abrazar la vida como viene con toda su fragilidad y pequeñez y hasta muchas veces con todas sus contradicciones e insignificancias con el mismo amor con el que nos hablaron Erika y Rogelio. ¿Por qué? Porque solo lo que se ama puede ser salvado. Solo lo que se abraza puede ser transformado. El amor del Señor es más grande que todas nuestras contradicciones, fragilidades y pequeñeces, pero es precisamente a través de nuestras contradicciones, fragilidades y pequeñeces como Él quiere escribir esta historia de amor. ¡El primer paso es no tener miedo de recibir la vida como viene, abrazar la vida!

La cultura del abandono

Comentando el testimonio de Alfredo, un joven ex-toxico dependiente, el Papa dijo que, su testimonio lo resumo en los cuatro “sin” que dejan nuestra vida sin raíces y se seca: sin trabajo, sin educación, sin comunidad, sin familia. Es imposible que alguien crezca si no tiene raíces fuertes que ayuden a estar bien sostenido y agarrado a la tierra. Es fácil “volarse” cuando no hay desde donde sujetarse. Como nos decía Alfredo, cuando uno se descuelga y queda sin trabajo, sin educación, sin comunidad y sin familia al final del día nos sentimos vacíos y terminamos llenando ese vacío con cualquier cosa. Porque ya no sabemos para quién vivir, luchar y amar.

Es la cultura del abandono y de la falta de consideración. No digo todos, pero muchos sienten que no tienen mucho o nada para aportar porque no cuentan con espacios reales desde donde sentirse convocados. Lo sabemos bien, no basta estar todo el día conectado para sentirse reconocido o amado. Sentirse considerado e invitado a algo es más grande que estar “en la red”. Significa encontrar espacios en el que puedan con sus manos, con su corazón y con su cabeza sentirse parte de una comunidad más grande que los necesita y que también ustedes necesitan.

Abrazar la vida como se presenta

Eso los santos lo entendieron muy bien. Pienso por ejemplo en Don Bosco que no se fue a buscar a los jóvenes a ninguna parte lejana o especial, sino que aprendió a ver todo lo que pasaba en la ciudad con los ojos de Dios y, así, fue golpeado por cientos de niños y jóvenes abandonados sin estudio, sin trabajo y sin la mano amiga de una comunidad. Muchos vivían en la misma ciudad, muchos criticaban a esos jóvenes, pero no sabían mirarlos con los ojos de Dios. Él lo hizo y se animó a dar el primer paso: abrazar la vida como se presenta y, a partir de ahí, no tuvo miedo de dar el segundo: crear con ellos una comunidad, una familia donde con trabajo y estudio se sintieran amados. Darles raíces desde donde sujetarse para que puedan llegar al cielo.

Y siempre se puede “retoñar y echar renuevos” cuando hay una comunidad, calor de hogar donde echar raíces, que brinda la confianza necesaria y prepara el corazón para descubrir un nuevo horizonte: horizonte de hijo amado, buscado, encontrado y entregado a una misión. Por medio de rostros concretos es como el Señor se hace presente. Decir “sí” a esta historia de amor es decir “sí” a ser instrumentos para construir, en nuestros barrios, comunidades eclesiales capaces de callejear la ciudad, abrazar y tejer nuevas relaciones. Ser un “influencer” en el siglo XXI es ser custodios de las raíces, custodios de todo aquello que impide que nuestra vida se vuelva gaseosa, se evapore en la nada. Sean custodios de todo aquello que nos permita sentirnos parte los unos de los otros. Que nos pertenecemos.

¡Hágase según tu palabra!

Finalmente, el Santo Padre comentó la experiencia de Nirmeen, una joven palestina que participó en la JMJ de Cracovia. Allí dijo el Papa, se encontró con una comunidad viva, alegre, que le salió a su encuentro, le dio pertenencia y le permitió vivir la alegría que significa ser encontrada por Jesús. Yo les pregunto, dijo el Papa: ¿Esa es vuestra grandeza? ¿No habrán sido creados para más? María lo comprendió y dijo: ¡Hágase! Erika y Rogelio lo comprendieron y dijeron: ¡Hágase! Alfredo lo comprendió y dijo: ¡Hágase! Nirmeen lo comprendió y dijo: ¡Hágase! Amigos, les pregunto: ¿Están dispuestos a decir “sí”? El evangelio nos enseña que el mundo no será mejor porque haya menos personas enfermas, débiles, frágiles o ancianas de quien ocuparse e incluso no porque haya menos pecadores, sino será mejor cuando sean más las personas que, como estos amigos, estén dispuestos y se animen a gestar el mañana y creer en la fuerza transformadora del amor de Dios.

¿Quieren ser “influencer” al estilo de María, que se animó a decir «hágase»? Solo el amor nos vuelve más humanos, más plenos, todo el resto son buenos pero vacíos placebos. Amigos: Les pido también que en ese cara a cara con Jesús le pidan por mí para que yo tampoco tenga miedo de abrazar la vida, cuide las raíces y diga como María: ¡Hágase según tu palabra!