Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Trump contra la admisión de personas musulmanas en USA

Nuevo rechazo de los tribunales a la prohibición discriminatoria de Trump contra personas musulmanas

Acto de Amnistía Internacional en Campo de Gibraltar contra la prohibición de la entrada de personas musulmanas del presidente Donald Trump. © Tomoyuki Hotta

25 de mayo de 2017

Tras el fallo de la Corte de Apelaciones del Cuarto Circuito en contra de la prohibición revisada de la entrada de personas musulmanas dictada por el presidente Trump, Margaret Huang, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Estados Unidos, ha declarado:

“Una y otra vez vemos que los tribunales y la ciudadanía rechazan totalmente este intento flagrante de convertir la intolerancia en ley. En vez de esperar a que otro tribunal más se pronuncie en contra de ella, el Congreso puede y debe tomar medidas que pongan definitivamente fin a esta política discriminatoria y peligrosa”.


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Los derechos humanos en Arabia Saudí y la visita de Trump

La primera gira internacional de Trump, una señal de alarma para los derechos humanos en Oriente Medio

Por Philip Luther 8@philipluther) director para el norte de África y Oriente Medio de Amnistía Internacional,24 de mayo de 2017

Ha comenzado la primera gira internacional del presidente Donald Trump, y para muchas personas no pasa desapercibida la ironía que supone que Trump haya decidido que su primera etapa sea Arabia Saudí, el país donde se encuentran algunos de los lugares más sagrados para el islam.

A las pocas semanas de ocupar el cargo, el presidente Trump provocó la indignación mundial con su decisión, claramente discriminatoria, de prohibir la entrada en Estados Unidos a los ciudadanos y ciudadanas de seis países de mayoría musulmana.

Y sin embargo, este fin de semana asistió a una cumbre en Riad, a la que acudieron también decenas de dirigentes de todo el mundo islámico.

Trump también ha mantenido importantes reuniones con los dirigentes de Arabia Saudí y de otros miembros del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo Pérsico a fin de estrechar lazos en materia económica y de seguridad. La lucha contra el terrorismo y la seguridad nacional han ocupado un lugar destacado en la agenda, y el rey Salman de Arabia Saudí ha descrito la reunión como una oportunidad de establecer “una nueva alianza en la guerra contra el extremismo”.


El presidente Donald Trump y la primera dama Melania Trump se unieron al rey Salman bin Abdulaziz Al Saud, de Arabia Saudí, y al presidente de Egipto, Abdel Fattah Al Sisi, el domingo 21 de mayo, para participar en la inauguración del “Centro Global para Combatir la Ideología Extremista”. © Foto oficial de la Casa Blanca por Shealah Craighead.

Ya de por sí esto debería hacer sonar las alarmas. El principal país anfitrión de la cumbre, Arabia Saudí, y muchos de los demás Estados del Golfo tienen un terrible historial en lo que se refiere a pisotear los derechos de la gente en nombre de la seguridad. La lucha contra el terrorismo se ha utilizado reiteradamente como justificación para recortar la libertad de expresión y reprimir a activistas de derechos humanos, disidentes políticos pacíficos y críticos del gobierno. Muchas de estas personas han sufrido acoso, prohibiciones para viajar y detenciones arbitrarias, o han sido privadas de su nacionalidad, siempre con el pretexto de proteger la seguridad nacional.

Durante su estancia en Arabia Saudí, el presidente Trump ha anunciado también uno de los mayores acuerdos de armas de la historia: Estados Unidos venderá armas —buques de combate, vehículos blindados para transporte de personal, misiles y otras municiones, y su correspondiente mantenimiento— por un valor millonario. Seguir suministrando armas y ayuda militar a Arabia Saudí, que dirige una coalición militar en Yemen sospechosa de cometer violaciones del derecho humanitario, es, como mínimo, una irresponsabilidad. Al hacerlo, Estados Unidos se arriesga a ser cómplice de crímenes de guerra.

Desde que comenzara el conflicto de Yemen, en 2015, Estados Unidos ha transferido armas a a Arabia Saudí por valor de más de 3.000 millones de dólares. No hay duda alguna de que estas armas están ayudando a exacerbar un conflicto que ha tenido un devastador impacto sobre la población civil. En septiembre de 2016, Amnistía Internacional confirmó que los restos de la aleta de una bomba hallados en un hospital de Médicos sin Fronteras que sufrió un ataque aéreo el 15 de agosto pertenecían a una bomba guiada de precisión serie Paveway de fabricación estadounidense.

La posibilidad de que el presidente Trump establezca alianzas nocivas con dirigentes que comparten su desdén por los derechos humanos durante su primera incursión en la diplomacia extranjera es sumamente preocupante.

Durante la cumbre de Riad estaba previsto que el presidente Trump coincidiera con el presidente de Sudán, Omar Al Bashir, contra quien pesa una orden de detención de la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra, genocidio y crímenes de lesa humanidad.


Esta foto, tomada el martes 14 de febrero de 2017, muestra a trabajadores de la construcción en el barrio de Har Homa en el este de Jerusalén. Para la mayoría de los israelíes, Har Homa se ha convertido en otro barrio de Jerusalén, pero se trata de un asentamiento ilegal. © AP/Dan Balilty

La próxima escala del presidente Trump en su gira internacional ha sido una visita de 24 horas a Israel, donde ha anunciado un ambicioso plan para conseguir “el acuerdo definitivo” de paz en Oriente Medio. Los gobiernos de Israel tienen décadas de experiencia en el uso de la seguridad nacional como justificación de violaciones en gran escala. Las brutales prácticas de Israel han infligido sufrimiento en gran escala a los palestinos y palestinas de los Territorios Ocupados durante sus 50 años de ocupación.

En los últimos meses, animadas ante la perspectiva de tener un nuevo aliado en la Casa Blanca, las autoridades israelíes también han acelerado la expansión de los asentamientos, anunciando sus planes de crear dos nuevos asentamientos en la Cisjordania ocupada y de construir más de 6.000 viviendas ilegales en los asentamientos ya existentes, en flagrante violación del derecho internacional. También han intensificado las demoliciones de viviendas palestinas y han reactivado los planes de construir miles de viviendas en el territorio ocupado de Jerusalén Oriental, suspendidos ante la presión de Estados Unidos.

Tanto en su país como en el extranjero, el presidente Trump ha dejado claro en reiteradas ocasiones que los derechos humanos no podrían estar más lejos de su agenda.


Banderas de Estados Unidos y Arabia Saudí a la llegada de Trump al país. © AFP/Getty Images

Su gira internacional puede sentar las bases de una nueva alianza entre dirigentes de ideas afines que coincidan en la idea, profundamente errónea y peligrosa, de que la seguridad nacional puede justificar que se pisoteen los derechos básicos de la gente.

Por eso es tan importante mantener la lucha en favor de los derechos humanos, protestando ante la injusticia y defendiendo la dignidad humana.

Ahora más que nunca, necesitamos valientes defensores y defensoras de los derechos humanos que puedan ayudar a llenar el vacío que dejan los dirigentes que dan la espalda a los derechos humanos.

El pasado 16 de mayo, Amnistía Internacional presentó su campaña internacional “Valiente” para ayudar a proteger a las personas que defienden los derechos humanos en todo el mundo.


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La visita de Trump a Arabia Saudí. Análisis.

Trump and Saudi Arabia

  • U.S. President Donald Trump, right, meets with Saudi Deputy Crown Prince and Minister of Defense Mohammed bin Salman in the Oval Office of the White House, March 14. (Newscom/Reuters/Kevin Lamarque)
President Donald Trump’s first foreign trip looks more like a pilgrimage than anything else — Rome, Jerusalem and Saudi Arabia. Let’s hope someone explains to him that he cannot go to Mecca.The first stop on his “hajj” is Saudi Arabia on Friday, May 19.

For the White House, this trip is all about political theater. Trump’s staff wants him to look presidential after all of the disasters that have accompanied his first 100-plus days in Washington. That should not be difficult with all of the pageantry surrounding the visit. The Saudis will treat him like royalty. They will appeal to his tremendous ego, and he will love every minute of it. He will even have an opportunity to give a major speech on Islam and the need to confront radical ideologies.

The Saudis know they need a relationship with the United States, and they know that the United States, despite all Trump’s anti-Muslim rhetoric, wants a good relationship with them.

So, what will happen behind closed doors?

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For the Trump administration, the primary goals of diplomacy are improving U.S. national security and improving our balance of trade. Human rights, including religious freedom, will not be as much of a concern as it was during the Obama administration. This will please the Saudis, who are tired of being preached to by the Americans.

Trump will want to claim that the trip helped create jobs in the United States. The Saudi will undoubtedly purchase more weapons, which will please our military industrial complex, including defense workers who voted for Trump.

The Saudis also want to expand their entertainment sector, although this is making the religious establishment nervous. Saudi officials are tired of seeing Saudis spending their entertainment dollars abroad in Dubai and other places. Saudis see the entertainment sector as a way to create jobs and diversify their economy. This opening could mean big contracts for the American entertainment industry, everything from theme parks to concerts and movies.

But discussions about national security issues will be even more important than trade talks. Both sides want to share intelligence and discuss strategy for dealing with common foes.

Saudi Arabia sees itself and the United States united by a common enemy — Iran. Unlike the Obama administration, there is little interest among Trump advisors in reaching out to Iran, which is fine with the Saudis.

The Saudis continue to fight a proxy war with Iran in Yemen, for which we are selling them weapons. Likewise, in Syria, the Saudis and the U.S. are united against the Iranian-backed Assad regime.

Although the Saudis were delighted to see the U.S. bomb the Syrian air base, the U.S. and Saudi Arabia are not completely on the same page in Syria. The U.S. is primarily focused on ISIS, while the Saudis want to get rid of Assad and his Iranian backers. The Saudis will be nervous about any Trump administration backroom negotiations with Russia that may leave Assad in place.

Since Trump’s next stop is Israel, both sides will have plenty to say to each other about the Israeli-Palestinian conflict. Whether there will be a meeting of minds is doubtful, but the discussions may contribute to Trump’s education on the complexities of the issue.

Islamic extremism will be another topic of discussion.

In the past, Saudi Arabia has been a major source of funding of Sunni extremism around the world, which is not surprising granted the privileged and powerful position of Wahhabism in Saudi society. The rise and continued place of the Saudi royal family in Saudi Arabia has been supported by the Wahhabi religious establishment, which holds very conservative views about the role of women and about other cultural issues, including everything from entertainment to religious freedom. Their view of Islam has been exported to Africa and Asia through the funding of conservative mosques and religious leaders, as well as the funding of satellite preachers.

Some of these leaders, however, proved uncontrollable, and they turned to violence. The Saudis could ignore this when the violence was aimed at non-Muslims and Shia, but not when it was directed at other Sunni Muslims, including themselves. In short, the Saudi elites have come to realize that some of those they supported and funded in the past adopted a form of extremism that even threatens them.

Today, the Saudi political leadership is being more careful about to whom it gives money, but some wealthy Saudis continue to fund extremist groups. An important priority in any discussions with the Saudi should be the defunding of extremism, not just by the government but also by individual Saudis.

Another goal of U.S.-Saudi negotiations should be the reform of Saudi educational materials, especially texts dealing with religion, history and social sciences.

In the past, these texts have indoctrinated negative stereotypes of Jews, Christians, Shia and other religious groups. The Saudis have been cleaning up this material, but more needs to be done to encourage interreligious tolerance and understanding. For future generations, this is extremely important not only in Saudi Arabia but all over the world where Saudi texts are used in education. The Saudis are open to this because they were embarrassed when it was discovered that ISIS was using their textbooks in the areas of Iraq and Syria that it controlled.

The Saudi government is in the process of reforming its educational system to prepare for a more diversified and less oil-based economy. It is using the best educational theories and practices it can find in America. It wants to develop a entrepreneurial workforce capable of participating in a knowledge-based economy. In addition, thousands of Saudi students, both men and women, have studied abroad and are bringing home new ideas that are changing Saudi society. Hopefully, Trump will be told that his anti-Muslim rhetoric is scaring Saudi and other Muslim students away from American universities. This is neither good for Saudi Arabia nor the United States.

The Saudi trip will provide the kind of political theater the White House desires. It will provide a safe stage for Trump’s first trip abroad, as long as he stays on message and does not tweet something stupid. He will be shown as working to protect the U.S. from terrorism and as bringing home the jobs he promised his supporters. It will also help counter the charge that he is Islamophobic. “See, they love me!” But in the long run, all of that will matter little unless he can get the Saudis to truly cut back on the sponsoring of extremism with their money and educational materials.


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Encuentro Trump Papa Francisco. Aspectos positivos.

Trump y Francisco juntos para sostener la libertad religiosa

Bergoglio comienza el encuentro sin sonrisas, pero la Casa Blanca indica: «Hay un fuerte acuerdo sobre la defensa de los derechos humanos»

Donald Trump y su esposa Melania en la Capilla Sixtina

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Pubblicato il 25/05/2017
Ultima modifica il 25/05/2017 alle ore 12:20
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Más que los contenidos del encuentro, lo que era importante es que el Papa y Donald Trump se encontraran y se escucharan. En este sentido, el cara a cara de media hora que se llevó a cabo ayer por la mañana en el Vaticano (y que comenzó a las 8.30 para no interferir con la Audiencia general de los miércoles; «Primero la gente», le gusta repetir a Francisco en estas ocasiones) fue positivo. El primer contacto directo con el nuevo inquilino de la Casa Blanca.

 

Además de expresar satisfacción por las buenas relaciones entre la Santa Sede y Estados Unidos, los puntos de encuentro son «el común compromiso a favor de la vida y de la libertad religiosa y de conciencia». Después, informó el comunicado vaticano, se deseó «una serena colaboración entre el Estado y la Iglesia católica de los Estados Unidos, comprometida en el servicio a la población en los campos de la salud, de la educación y de la asistencia a los inmigrantes». Este es un signo que demuestra algunas tensiones: la Iglesia estadounidense criticó las decisiones de la nueva administración en el ámbito de la inmigración.

 

La nota de la Santa Sede citó el intercambio de «visiones» sobre algunos temas de actualidad internacional y sobre la «promoción de la paz en el mundo mediante la negociación política y el diálogo interreligioso, con particular referencia a la situación en el Medio Oriente y a la tutela de las comunidades cristianas». En el encuentro con el Pontífice se habló también sobre la paz y sobre la multiplicación de los focos que la amenazan. Como se sabe, Francisco repite desde hace tiempo que ha comenzado la «tercera guerra mundial en pedacitos». En cambio, durante el encuentro entre Donald Trump, el cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, y el «ministro del Exterior» vaticano, monseñor Richard Gallagher, el presidente insistió en el diálogo interreligioso. Parolin, dijo su homólogo estadounidense, el Secretario de Estado Rex Tillerson, le pidió al presidente que no abandonara los compromisos asumidos por los Estados Unidos en la cumbre sobre el clima de París. Trump no se comprometió y tampoco «ha tomado una decisión».

 

 

La Casa Blanca informó que el presidente habló sobre el compromiso común en el combate al terrorismo: «Estados Unidos y la Santa Sede comparten muchos valores fundamentales y tratan de comprometerse globalmente para promover los derechos humanos, combatir los sufrimientos humanos y proteger la libertad religiosa». Trump también renovó el compromiso de Estados Unidos para combatir el hambre en el mundo, con una suma de más de 300 millones de dólares para las crisis en Yemen, Sudán, Somalia y Nigeria.

 

 

La audiencia con el Papa comenzó a las 8.31 de la mañana, después de que el presidente y la Primera Dama hubieran atravesado las habitaciones renacentistas del Palacio Apostólico lanzando miradas hacia los frescos de los techos. Melania y su hija, Ivanka, iban vestidas de negro, con el velo, según un protocolo que cada vez se utiliza menos. Fuera de la Biblioteca el Papa y Trump se estrecharon las manos por primera vez. Había cierta tensión en los rostros de ambos. «Bienvenido», dijo Francisco. «Es verdaderamente un gran honor», respondió Trump. Dentro del estudio, ambos líderes se sometieron al rito de las fotos oficiales. Trump sonrió un poco y Bergoglio un poco menos. «Es el protocolo», susurró el Papa a su huésped, como queriendo disculparse. «I sepas spanish», advirtió Francisco, después de haberse haberse acomodado tras el escritorio. Concluido el encuentro privado, la delegación estadounidense entró a la Biblioteca. Melania le pidió al Papa que bendijera un Rosario. Francisco, bromeando, le preguntó si le había dado a su marido «la potizza», un dulce tradicional esloveno de nueces. La Primera Dama no comprendió bien (y tampoco el intérprete), por lo que respondió: «Sí, pizza, deliciosa».

 

Trump le regaló al Papa las obras de Martin Luther King. El Papa, por su parte, le ofreció el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 2017 («La firmé personalmente para usted», dijo Bergoglio), además de los tres principales documentos de su Pontificado, encuadernados en cuero rojo: la exhortación apostólica «Evangelii gaudium», la encíclica «Laudato si’» dedicada a la defensa de la creación, y la exhortación sobre el matrimonio y la familia «Amoris laetitia». Francisco le explicó de qué trataban los tres volúmenes y el presidente estadounidense dijo: «Bien, los leeré». Al despedirse, Trump dijo: «Good luck. Buena suerte, gracias y no olvidaré lo que dijo». Después la familia Trump visitó la Capilla Sixtina y San Pedro: «Hemos tenido una reunión fantástica», fue el comentario final del presidente de Estados Unidos.

 

Después del encuentro en el Vaticano, el presidente Trump fue al palacio del Quirinale para la visita de cortesía al presidente italiano Sergio Mattarella. El encuentro también duró media hora y el tema principal fue la lucha contra el terrorismo. Antes de partir hacia Bruselas, el líder estadounidense recibió al presidente del Consejo italiano, Paolo Gentiloni, en la residencia del embajador de Estados Unidos ante Italia, y lo agradeció por el compromiso italiano en la estabilización de Libia y en la lucha contra el terrorismo islámico.

 

Este artículo fue publicado en la edición de hoy del periódico italiano «La Stampa».


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El Papa Francisco recibió al presidente Trump. Nota oficial.

El Papa Francisco recibió al Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump

2017-05-24 Radio Vaticana

(RV).- El Papa Francisco recibió la mañana del 24 de mayo en la Biblioteca del Palacio Apostólico al Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump y séquito.

La Audiencia al Jefe de Estado estadounidense inició a las 8.30 de mañana. Tras encontrar al Pontífice, el Presidente Trump se dirigió al Palacio del Quirinal para reunirse con Presidente del Estado Italiano Sergio Mattarella, y más tarde, con el Primer Ministro Gentiloni.

Desde muy temprano la ciudad de Roma se presentó blindada: los helicópteros sobrevolaban el Vaticano y más de 1.000 agentes fueron desplegados en tierra, en colaboración con la CIA.

La entrada en procesión del coche blindado del Presidente de los EE.UU. en el Vaticano ocurrió aproximadamente a las 08:20 y se dirigió al atrio de san Damaso, en donde el Jefe de Estado y su séquito, conformado por once personas, fueron recibidos por la Guardia Suiza y por el Prefecto de la Casa Pontificia, Mons. George Ganswein.

De allí el ingreso al Palazo Apostólico Vaticano para tomar el ascensor que lo llevó a la biblioteca privada del Pontífice, en donde fue recibido por el Papa Francisco. Mientras tanto, fieles y peregrinos llenaban la plaza de San Pedro para la tradicional Audiencia General de los días miércoles.

Tras el encuentro con el Santo Padre, el Presidente Trump mantuvo un coloquio con el Cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin y con S.E. Mons.Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados.

Al finalizar, la visita del Presidente y la Primera Dama a la Capilla Sixtina y la Basílica de San Pedro.

La Oficina de Prensa del Vaticano informó en un comunicado que “durante las cordiales conversaciones, se ha expresado la satisfacción por las buenas relaciones bilaterales existentes entre la Santa Sede y los Estados Unidos de América, así como por el compromiso común en favor de la vida y de la libertad religiosa y de conciencia”. Asimismo “se ha manifestado el deseo de una colaboración serena entre el Estado y la Iglesia Católica en los Estados Unidos, comprometida en el servicio a la población en los campos de la salud, la educación y la asistencia a los inmigrantes. Las conversaciones también han permitido un intercambio de puntos de vista sobre algunos temas relacionados con la actualidad internacional y con la promoción de la paz en el mundo a través de la negociación política y el diálogo interreligioso, con especial referencia a la situación en Oriente Medio y a la tutela de las comunidades cristianas”.

(Griselda Mutual – Radio Vaticano)


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Medio Oriente: la visita de Trump y el diálogo interreligioso.

“Diálogo interreligioso, fundamental en el Medio Oriente”

Entrevista con el arzobispo Pierbattista Pizzaballa, administrador apostólico de del Patriarcado latino Jerusalén, sobre la visita de Donald Trump a Arabia Saudita e Israel

El arzobispo Pierbattista Pizzaballa

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Pubblicato il 23/05/2017
Ultima modifica il 23/05/2017 alle ore 09:49
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Haber comprendido que le diálogo entre las religiones es una pieza fundamental en el mosaico del Medio Oriente «es un paso importante y positivo». El arzobispo Pierbattista Pizzaballa, administrador apostólico del PatriarcadoLatino de Jerusalén, comentó con el periódico italiano «La Stampa» el discurso del presidente de los Estados Unidos en Raid.

 

Trump volvió a lanzar el dialogo entre musulmanes, hebreos y cristianos para resolver el drama que vive el Medio Oriente. ¿Qué le parece?

 

Que la política haya comprendido que el diálogo intrerreligioso es una pieza importante del mosaico del Medio Oriente es un paso importante y positivo. El elemento religioso en el pasado no era considerado, porque se creía que era elemento de división. En parte, desgraciadamente, es cierto, pero por ello también es significativo incluir el contexto religioso, aunque todo se vuelva más difícil.

 

¿Hay posibilidades concretas?

 

Hay que evitar reducir el dialogo interreligioso a declaraciones-consignas sobre la paz, que no tocan la vida real. Desgraciadamente, a menudo acaba así. Y es necesario que todos los líderes religiosos sepan interrogarse sobre sus responsabilidades en la creación de una mentalidad de respeto recíproco. En este contexto, la alianza con las naciones árabes-musulmanas en contra del terrorismo no puede afrontar su precisa y específica responsabilidad de hacer algo realmente, de preguntar y de preguntarse cómo y de donde nace el fundamentalismo que está contaminando las naciones. Si el diálogo interreligioso no se interroga sobre la vida real de los propios fieles y de los problemas concretos, se convierte en un eslogan, que no es necesario y, es más, se vuelve irritante.

 

Con el viaje a Arabia Saudita Trump identificó en el mundo sunita el interlocutor más adecuado para este diálogo. ¿Por qué esta decisión?

 

El mundo sunita constituye casi el 80% del mundo musulmán. Está claro que si que, si se quiere hablar con el mundo musulmán, hay que comenzar por ahí. Arabia Saudita, como se sabe, tiene una influencia extraordinaria en el mundo sunita, tanto porque los Lugares Santos principales se encuentran en su territorio, como porque con sus recursos económicos influye enormemente en todos los países del Medio Oriente. Sin embargo, creo que el motivo de la primera visita a ese país tiene que ver, antes que nada, con los vínculos tradicionales y económicos que Estados Unidos tienen con Arabia y con el deseo, creo, de redefinir la política de la nueva administración estadounidense en el Medio Oriente.

 

¿Los sauditas podrían jugar un papel en la solución del conflicto entre israelíes y palestinos y en la antigua cuestión de Jerusalén?

 

Espero que sí. Teniendo en cuenta su fuerte influencia en el mundo árabe, los sauditas podrían jugar un papel importante en la pacificación entre los países árabes e Israel. La solución al conflicto entre israelíes y palestinos, de hecho, no se agota solo dentro las fronteras de los dos países, sino que exige un enfoque mucho más amplio; basta recordar la cuestión de los prófugos palestinos, por ejemplo. Pero, al mismo tiempo, toto esto se queda bloqueado si no se identifican, contemporáneamente, soluciones concretas entre israelíes y palestinos, que en este momento no me parece ver en el horizonte. Espero estar equivocado.

 

¿Es una novedad que un presidente estadounidense visite los Lugares Santos cristianos?

 

En el pasado Bush visitó Cafarnaum, Obama la Basílica de Belén y ahora Trump el Santo Sepulcro. Que un presidente visite un lugar santo no es ninguna novedad. Normalmente se prefería entrar en el Santo Sepulcro, por las complicaciones políticas. Su determinación de querer ir de cualquier manera es positiva. Veremos cómo evoluciona en el futuro.

 

La Comisión Justicia y Paz de los obispos de la Tierra Santa recordó que «la situación política en Israel y Palestina está lejos de ser normal». ¿Qué significado tiene esta postura?

 

Creo que la comisión quiere llamar la atención de todos sobre la cuestión de Jerusalén para que no se acepte inconscientemente la política de los hechos consumados. Como Iglesias cristianas, como sea, debemos comprometernos más para hablar de la Jerusalén cristiana y ser capaces de un discurso actual en el sentido de nuestra presencia aquí como cristianos y para expresar por qué la Jerusalén terrestre todavía es importante para nosotros y para nuestra fe de hoy. Es el desafío que nos espera en los próximos años.

 

¿Qué espera del encuentro entre Trump y el Papa?

 

Espero que haya declaraciones y compromisos para trabajar juntos y que puedan identificar las prioridades sobre las que habrá que trabajar en los próximos años.


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El próximo encuentro en el Vaticano entre Donald Trump y el Papa.

Donald Trump

Republican presidential candidate Donald Trump speaks to supporters as he takes the stage for a campaign event in Dallas, Monday, Sept. 14, 2015. (AP Photo/LM Otero)

Contactos reservados y llamadas entre la Casa Blanca y el Papa

el miércoles el presidente de Estados Unidos volará a Roma desde Israel. La nueva embajadora ante la Santa Sede, Callista Gingrich

Papa Francisco (Ap)

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Pubblicato il 22/05/2017
Ultima modifica il 22/05/2017 alle ore 09:05
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

A las 8.30 del próximo miércoles 24 de mayo, dos americanos se estrecharán las manos por primera vez. Durante algunos meses la audiencia del presidente Donald Trump con el Papa argentino estuvo en entredicho, y hasta hace tres semanas la Casa Blanca no había hecho ninguna solicitud. Es más, se difundió la indiscreción de que Trump, en realidad, había decidido cancelarla. Y no eran solo rumores. Pero lo que cambió la situación fue el trabajo de algunos consejeros del presidente y señales muy precisas que llegaron desde el Vaticano. El que se movió desde el principio para favorecer los contactos, de acuerdo con el nuncio en Estados Unidos, Christoph Pierre, y la Secretaría de Estado vaticana, fue el cardenal Donald Wuerl, arzobispo de Washington. La vía para el primer contacto no oficial con la nueva administración pasó a través del mundo evangélico en el contexto del National Prayer Breakfast, en el que participa activamente el vicepresidente Mike Pence. También por este motivo el presidente del movimiento Renovación en el Espíritu, el italiano Salvatore Martínez, que conoce y frecuenta ese ambiente, viajó en varias ocasiones a los Estados Unidos para romper el hielo. Los dos personajes clave, entre los consejeros de Trump, fueron los pastores evangélicos Jay Strack y Paula White.

 

El 13 de marzo pasado fue el encuentro decisivo, con el nuncio y el cardenal Wuerl, en la nunciatura de Washington, en el que participaron algunos de los consejeros de Trump. Por parte de la Santa Sede explicaron que el Papa está listo para organizar una audiencia. Pero el inquilino de la Casa Blanca, ocupado en diferentes frentes nacionales e internacionales, no parece interesado. Hasta que el 19 de abril su portavoz, Sean Spicer, anunció: «Nos pondremos en contacto con el Vaticano» para organizar una audiencia. Casi inmediatamente, el Sustituto de la Secretaría de Estado, Angelo Becciu, declaró que Francisco «siempre está dispuesto a recibir a los jefes de Estado que piden audiencia». Estados Unidos no habían nombrado todavía a su embajador ante la Santa Sede (este sábado, 20 de mayo, fue nombrada Callista Gingrich). Pero desde el Vaticano surgen señales tranquilizadoras también al respecto: ningún problema.

 

A pesar de ello, durante otros diez días, el teléfono no suena. Y se llega así al 29 de abril, cuando el Papa, al volver de Egipto, insistió: «Recibo a todo jefe de Estado que pide audiencia», pero añadió que hasta aquel momento no había llegado ninguna por parte de Trump. Después de esta enésima señal positiva, a principios de mayo, llegan tanto la llamada de la Casa Blanca como una petición formal por escrito. Trump comienza a lanzar señales: el encuentro con Francisco queda en la agenda después de las visitas a Arabia Saudita e Israel. El Presidente viajará a ver al Pontífice para reunirse con un líder religioso más que con un jefe de estado, después de haber visitado a los aliados del mundo musulmán y hebraico. Trump se está preparando sobre todo para escuchar: no ha querido estudiar informes como sucede con los encuentros con los jefes de Estado, sus colaboradores están terminando de preparar un video para presentarle quién es Francisco.

 

Después de las centellas de febrero de 2016, cuando el Papa dijo que «una persona que solo piensa en construir muros no es cristiana», los tonos por parte vaticana se han suavizado mucho. Francisco no de dejó volver a acarrear en polémicas. AL volver de Fátima dijo: «Yo nunca juzgo a una persona sin antes escucharla». Las posturas son radicalmente diferentes, comenzando por los temas de la migración y la defensa del medio ambiente. El Vaticano espera que Estados Unidos pueda favorecer la paz en el Medio Oriente y aumentar la ayuda para los países pobres. El imprevisible Trump se encontrará frente a un interlocutor abierto, franco y dispuesto a escucharlo. Es difícil hacer previsiones.

 

 

Este artículo fue publicado en la edición de hoy, lunes 22 de mayo de 2017, del periódico italiano “La Stampa”.