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El Papa a la clase política en su visita a Cesena (Italia)

«La corrupción es una carcoma y el buen político también es mártir»

El Papa comenzó su visita a Cesena hablando de política: «Que no sea ni sierva ni patrona, sino amiga y colaboradora». «Es la hora del diálogo entre ancianos y jóvenes. Sigan por este camino»
REUTERS

El Papa en Cesena

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Pubblicato il 01/10/2017
Ultima modifica il 01/10/2017 alle ore 09:31
DOMENICO AGASSO JR.
ENVIADO A CESENA

La política no debe ser «ni sierva ni patrona, sino amiga y colaboradora». Tampoco «temerosa ni temeraria, sino responsable y valiente y prudente». Que no deje «a los márgenes a algunas categorías, que no saquee ni contamine los recursos naturales». «Que sepa armonizar las legítimas aspiraciones de individuos y de grupos manteniendo el timón bien firme sobre el interés de toda la ciudadanía». El Papa francisco comenzó su visita a Cesena, antes de dirigirse a Bolonia, en la Plaza del Pueblo, lugar simbólico del encuentro que alude al bien común, en el que «se amasa el bien común». EL Pontífice invitó a los políticos a que pidan perdón cuando se equivoquen, y después «seguir adelante». También hizo un fuerte llamado para reforzar el diálogo entre los jóvenes y los ancianos.

 

El Pontífice llegó a Cesena (para después dirigirse a Bolonia) hoy, primero de octubre de 2017, en el tercer centenario del Papa Pío VI. En Bolonia, en cambio, participará en la conclusión del Congreso eucarístico diocesano. A su llegada al helipuerto, cerda del Hipódromo de Cesena, el Papa fue recibido por monseñor Douglas Regattieri, obispo de Cesena-Sarsina. Inmediatamente después se dirigió en coche hacia la Plaza del Pueblo, en donde se reunió con los ciudadanos.

 

El Pontífice se dijo «feliz de comenzar mi visita a Cesena en este lugar tan significativo para la vida civil y social de su ciudad. Una ciudad –recordó– rica en civilización y cargada de historia, que entre sus hijos más ilustres vio nacer a dos Papas: Pío VI, de quien recordamos el tercer centenario de nacimiento, y Pío VII».

Desde hace siglos «esta Plaza constituye el lugar de encuentro de los ciudadanos y el ámbito en donde se pone el mercado. Merece, pues, su nombre: Plaza del Pueblo, o simplemente “La Plaza”, espacio público en el que se toman decisiones relevantes para la ciudad en su Palacio Municipal y se ponen en marcha iniciativas económicas y sociales». Es un lugar «emblemático en donde las aspiraciones de los individuos se confrontan con las exigencias, las expectativas y los sueños de toda la ciudadanía; en donde los grupos particulares cobran conciencia de que sus deseos deben ser armonizados con los de la colectividad; en donde se aprende que, si no se persigue con constancia, compromiso e inteligencia el bien común, ni siquiera los individuos podrán usufruir sus derechos ni realizar sus más nobles aspiraciones, porque faltaría el espacio ordenado y civil en donde vivir y operar». Es el lugar en el que se «amasa el bien común, se trabaja por el bien común».

 

La centralidad de la plaza «manda, pues, el mensaje de que es esencial trabajar todos juntos por el bien común. Esta es la base del buen gobierno de la ciudad, que la hace bella, sana y acogedora, encrucijada de iniciativas y motor de un desarrollo sostenible e integral».

 

Y la Plaza del Pueblo, «como todas las demás Plazas de Italia, apela a la necesidad, para la vida de la comunidad, de la buena política; no de esa que es sierva de ambiciones individuales o de la prepotencia de facciones o centros de intereses», subrayó el Papa. Más bien «una política que no sea ni sierva ni patrona, sino amiga y colaboradora; no temerosa ni temeraria, sino responsable y, por lo tanto, valiente y prudente al mismo tiempo; que se involucren cada vez más las personas, que sean progresivamente incluidas y participen cada vez más»; y «que no deje al margen a algunas categorías, que no saquee ni contamine los recursos naturales –ellos, efectivamente no son un pozo sin fondo sino un tesoro que nos ha dado Dios para que lo usemos con respeto e inteligencia. Una política que sepa armonizar las legítimas aspiraciones de los individuos y de los grupos manteniendo el timón bien firme sobre el interés de toda la ciudadanía».

 

Este es «el rostro auténtico de la política y su razón de ser: un servicio inestimable para el bien de toda la colectividad. Y este es el motivo por el cual la doctrina social de la Iglesia la considera una noble forma de caridad».

 

«La corrupción –afirmó duramente– es la carcoma de la vocación política, no deja que crezca la civilización y el buen político tiene también la propia cruz cuando quiere ser bueno, porque debe dejar muchas veces sus ideas personales para tomar las iniciativas de los demás y armonizarlas, acomunarlas para que se conviertan en el bien común; en este sentido, el buen político siente que es un mártir, digamos, porque deja sus propias ideas y las pone al servicio para dirigirse hacia el bien común».

 

Francisco también exhortó a los chicos y a los menos jóvenes «a prepararse adecuadamente y comprometerse personalmente en este campo, asumiendo desde el comienzo la perspectiva del bien común y rechazando cualquier forma de corrupción por mínima que sea».

 

Después el Pontífice exhortó, como en otras ocasiones, a un mayor diálogo entre generaciones, en particular entre jóvenes y ancianos: porque «el anciano, con su sabiduría, puede corregir al político que corre el riesgo de equivocarse, indicándole el camino correcto. Hoy no es el tiempo solamente de los jóvenes, sino de los jóvenes y de los ancianos juntos». Ha llegado el momento «del diálogo entre jóvenes y ancianos. Por favor, vayan por este camino». Y principalmente en la política.

 

El obispo de Roma animó a «exigir de los protagonistas de la vida pública coherencia de compromiso, preparación, rectitud moral, capacidad de iniciativa, paciencia y fuerza de ánimo al afrontar los desafíos de hoy, pero sin pretender una imposible perfección».

 

Los asuntos humanos e históricos «y la complejidad de los problemas no permiten resolver todo inmediatamente. Un sano realismo sabe que incluso la mejor clase dirigente no puede resolver en un abrir y cerrar de ojos todas las cuestiones. Para darse cuenta es suficiente tratar de actuar personalmente, en lugar de limitarse a observar y criticar desde el balcón las acciones de los demás».

 

De esta manera se encontrará la fuerza para asumir las propias responsabilidades que nos competen, comprendiendo al mismo tiempo que, incluso la ayuda de Dios y la colaboración de los hombres, se podrán «cometer errores». Y cuando suceda que «un político se equivoque, que pida perdón –exclamó el Papa sin leer el texto que había preparado–, y después, seguir adelante».

 

Cesena, «como toda la Romaña, ha sido tradicionalmente tierra de encendidas pasiones políticas», recordó; y por ello «quisiera decirles a todos ustedes: vuelvan a descubrir también en el presente el valor de esta dimensión esencial de la convivencia civil y den su aportación, estén listos para hacer que prevalezca el bien del todo por sobre el bien de una parte; estén listos para reconocer que hay que verificar cada idea y remodelarla mediante la confrontación con la realidad; estén listos para reconocer que es fundamental poner en marcha iniciativas suscitando amplias colaboraciones más que apostar por en ocupar puestos».

 

Y Francisco subrayó: «Sean exigentes con ustedes mismos y con los demás, sabiendo que el compromiso consciente acompañado con una preparación idónea dará frutos y hará que crezcan el bien e incluso la felicidad de las personas».

 

La política, en estos años, ha parecido «a veces retroceder frente a la agresividad y a la presencia de otras formas de poder –observó–, como el poder financiero o mediático. Hay que volver a impulsar los derechos de la buena política, su idoneidad específica para servir al bien público, para actuar con el objetivo de disminuir las desigualdades y promover con medidas concretas el bien de las familias, ofreciendo un sólido marco de derechos-deberes y haciéndolos efectivos para todos».

 

Para concluir el Pontífice pidió rezar «al Señor para que suscite buenos políticos, a los que les importe verdaderamente la sociedad, el pueblo y el bien de los pobres».

Antes de despedirse de la Plaza del Pueblo, Francisco recordó a «quienes están sufriendo» y después bajó del palco para saludar a los enfermos que estaban presentes.

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El Papa a los alcaldes italianos.

Exhortaciones del Papa a los ayuntamientos de Italia

 

 

(RV).- El Papa Francisco dio su cordial bienvenida a los miembros de la Asociación nacional de ayuntamientos italianos

«La sociedad humana se puede sostener solamente cuando se apoya sobre una solidaridad verdadera, mientras donde crecen envidias ambiciones desenfrenadas y espíritu de adversidad, se condena a la violencia y al caos»

Con las imágenes de Babel y de la nueva Jerusalén, en la Sagrada Escritura, el Santo Padre señaló la ciudad de la que quería hablar:

«Una ciudad que no admite los sentidos únicos de un individualismo exasperado, que disocia el interés privado del público. Que no soporta ni siquiera los callejones sin salida de la corrupción, donde se anidan las plagas de la disgregación. Que no conoce los muros de la privatización de los espacios públicos, donde el ‘nosotros’ se reduce a eslóganes, a artificio retórico que enmascara el interés de pocos».

Destacando la importancia de «custodiar la pasión del bien común», de impulsar el crecimiento de la dignidad de ser ciudadanos, de promover la justicia social, el trabajo, los servicios y las oportunidades, además de educar a la responsabilidad, el Papa puso en guardia contra el riesgo de que se produzcan lugares con carriles dispares. Donde al faltar los servicios adecuados se forman nuevas formas de pobreza y marginación:

«Es allí donde la ciudad se mueve en dos carriles distintos: por una parte, la autopista de cuantos corren ‘hiper-garantizados’, por otra, la angostura de las pistas por las que pasan los pobres y los desempleados, las familias numerosas, los inmigrados, los que no tienen a nadie con quien poder contar. No debemos aceptar estos esquemas que separan y hacen que la vida de uno sea la muerte de otro y la lucha acabe destruyendo todo sentido de solidaridad y fraternidad humana».

En este contexto, el Obispo de Roma quiso hablar a los alcaldes italianos como habla un hermano:

«Les quiero hablar como hermano: es necesario frecuentar las periferias – las urbanas, las sociales y las existenciales – . El punto de vista de los últimos es la mejor escuela, nos hace comprender cuáles son las necesidades más verdaderas y descubre las soluciones aparentes. Al tiempo que nos da el pulso de la injusticia, nos indica también el camino para eliminarla, construir comunidades donde cada uno se sienta reconocido como persona y ciudadano, titular de deberes y derechos, en la lógica indisoluble que enlaza el interés del individuo con el bien común. Porque lo que contribuye al bien de todos concurre también al bien individual».

Para moverse en esta perspectiva necesitamos una política y una economía que vuelvan a centrarse en la ética:

«Una ética de la responsabilidad, de las relaciones de la comunidad y del ambiente. Igualmente, tenemos necesidad de un ‘nosotros’ auténtico, de formas de ciudadanía sólidas y duraderas. Tenemos necesidad de una política de la acogida y de la integración, que no deje al margen al que llega a nuestro territorio, sino que se esfuerce en hacer buen uso de los recursos de los que cada uno es portador.

Conociendo y comprendiendo el malestar de muchos ciudadanos en Italia ante la llegada masiva de migrantes y refugiados, el Papa dijo que es un malestar que se explica con el innato temor hacia el ‘extranjero’, un temor que se agrava con las heridas debidas a la crisis económica, a la impreparación de las comunidades locales, a lo inadecuado de las medidas adoptadas en un clima de emergencia. Y señaló cómo se puede superar:

«Este malestar se puede superar a través del ofrecimiento de espacios de encuentro personal y de conocimiento mutuo. Bienvenidas sean entonces todas aquellas iniciativas que promueven la cultura del encuentro, el intercambio recíproco de riquezas artísticas y culturales, el conocimiento de los lugares y de las comunidades de origen de los recién llegados.

Me alegra saber que muchas de las administraciones locales aquí representadas pueden contarse entre los principales promotores de buenas prácticas de acogida y de integración, con resultados alentadores que merecen una vasta difusión. Espero que tantos sigan vuestro ejemplo».


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Por primera vez, un no italiano nuncio en Italia.

Italia tendrá, por primera vez, un nuncio apostólico no italiano

Hacia la nunciatura de la calle Po, el suizo Emil Paul Tscherrig, actual representante de la Santa Sede en Argentina

Monseñor Emil Paul Tscherrig

Pubblicato il 01/09/2017
Ultima modifica il 01/09/2017 alle ore 12:43
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Es un nombramiento que marca un precedente histórico: salvo sorpresas de última hora, por primera vez, desde que existe la Nunciatura apostólica en Italia y la República de San Marino, será guiada por un arzobispo que no es italiano. Como sucesor de monseñor Adriano Bernardini, que renuncia por límites de edad, el Papa Francisco habría elegido al actual nuncio en Argentina, el suizo Emil Paul Tscherrig, de 70 años, oriundo de Unterems. El nombramiento por parte de la Santa Sede todavía debe ser comunicado, pero mientras tanto fue dado a conocer semi-oficialmente que el Congreso de Estado de la República de San Marino expresó gran visto bueno durante la sesión del 28 de agosto. Como el nuncio de Italia lo es también de San Marino, el parecer solicitado a la pequeña República significa que el nombramiento de Tscherrig es casi un hecho.

 

Monseñor Tscherring era el representante diplomático del Pontífice en Buenos Aires desde que comenzó 2012, por voluntad de Benedicto XVI, y sustituyó al arzobispo Adriano Bernardini, que fue trasladado a la Nunciatura italiana en Roma. El entonces cardenal Bergoglio, pues, pudo conocerlo en persona y trabajar con él durante un año antes de convertirse en Papa.

 

Tscherring nació en Suiza en 1947 y fue ordenado sacerdote el 11 de abril de 1974. Fue nombrado arzobispo titular de Voli el 4 de mayo de 1996 y ordenado el 27 de junio de 1996. También en 1996 fue nombrado nuncio apostólico en Burundi, después en las Antillas (2000), Corea y Mongolia (2004), Suecia, Dinamarca, Finlandia, Islandia y Noruega (2008). A principios de 2012 fue enviado a Argentina.

 

La Nunciatura en Italia siempre había sido asignada, hasta ahora, a nuncios apostólicos de origen italiano. En los últimos años, cuando el nuncio era el actual Presidente del Gobernatorado, el cardenal Giuseppe Bertello, por primera vez la Nunciatura italiana tuvo un secretario no italiano, el español Luis Miguel Muñoz Cardaba. Pero nunca había sido nombrado un titular no italiano. En cambio, en los demás países del mundo siempre ha sido normal que el nuncio pudiera ser de otro país.

 

En el caso del actual cambio de guardia en la calle Po también hay otra coincidencia: tanto Tscherring como su predecesor, Bernardini, antes de llegar a Italia estuvieron en Argentina. Como se sabe, Bernardini, en la época de su servicio en Buenos Aires, no tenía muy buenas relaciones con el entonces arzobispo Bergoglio, sobre todo en cuestiones como los nombramientos episcopales. Muchos esperaban que, al convertirse en el Papa, Francisco lo habría sustituido inmediatamente en la Nunciatura italiana, punto importante para los nombramientos de los nuevos obispos. En cambio, durante cuatro años y hasta el final de su mandato, Bernardini ha permanecido en su puesto ocupándose de las «provisiones» (así le dicen a las designaciones episcopales en la jerga eclesial italiana) para las diócesis del país.


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Italia y la devolución de migrantes a Libia.

   Italia, dispuesta a relegar a personas refugiadas y migrantes a terribles abusos en centros de detención libios

2 de agosto de 2017

En respuesta a la noticia de que el Parlamento italiano ha votado a favor de desplegar buques de guerra en aguas libias para apoyar a la guardia costera de Libia en la interceptación y devolución de personas refugiadas y migrantes a ese país, Gauri Van Gulik, directora adjunta de Amnistía Internacional para Europa, ha declarado:

“Las autoridades italianas han demostrado hoy que consideran más importante mantener a las personas refugiadas y migrantes lejos de sus costas que proteger su vida y su bienestar. Facilitar la interceptación y devolución de personas refugiadas y migrantes a Libia da lugar a que sean recluidas arbitrariamente en centros en los que, casi con toda seguridad, corren peligro de tortura, violación e incluso homicidio, y la votación de hoy podría convertir a las autoridades italianas en cómplices de estos horrores”.

“Italia, junto con otros Estados miembros de la UE, debería estar centrándose en incrementar sus operaciones de búsqueda y salvamento. En lugar de eso, ha optado por eludir su responsabilidad y poner en peligro a las mismas personas a las que dice que intenta ayudar, con medidas como proporcionar cobertura y apoyo militar a la guardia costera libia, cuya conducta temeraria y abusiva contra las personas refugiadas y migrantes durante las interceptaciones se ha documentado repetidamente por parte de Amnistía Internacional, entre otros. Además, Italia, con el aboyo de la UE, pone trabas a la capacidad de las ONG de rescatar a personas en el mar, demostrando la mala orientación de todo el enfoque.”

Esta no es la respuesta a la crisis humanitaria en el Mediterráneo central: es la receta para aumentar el sufrimiento. Toda cooperación con las autoridades libias debe dar prioridad a la vigilancia y la rendición de cuentas por cualquier violación de derechos humanos que hayan cometido. Además, debe estar condicionada al compromiso verificable de las autoridades libias de mejorar las condiciones de las personas refugiadas y migrantes en el país.”


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Plan del gobierno italiano contra las inmigraciones desde Libia.

Italia: El despliegue de buques de guerra para patrullar las aguas libias expondrá a las personas refugiadas a abusos terribles

David Ramos/Getty Images

31 de julio de 2017

La propuesta de las autoridades italianas de enviar buques de guerra a patrullar las aguas territoriales libias es un intento vergonzoso de eludir su deber de rescatar a las personas refugiadas y migrantes en el mar y de ofrecer protección a quienes la necesitan, ha manifestado Amnistía Internacional antes de una votación que tendrá lugar mañana en el Parlamento italiano.

El plan prevé el despliegue de hasta seis barcos para apoyar a la guardia costera libia en la interceptación y devolución de personas refugiadas y migrantes a Libia, donde éstas podrían sufrir terribles abusos y violaciones de derechos humanos. En virtud del plan, es probable que se autorice a personal militar italiano a usar la fuerza contra contrabandistas y traficantes de personas, lo que también podría provocar que personas refugiadas e migrantes quedaran atrapadas en el fuego cruzado.

En lugar de enviar barcos para ayudar a salvar vidas y de ofrecer protección a personas refugiadas y migrantes desesperadas, Italia está planeando desplegar buques de guerra para devolverlas a Libia”, afirmó John Dalhuisen, director de Amnistía Internacional para Europa.

Esta estrategia vergonzosa no está concebida para poner fin a la creciente cifra de muertes en el Mediterráneo central, sino más bien para impedir la llegada de personas refugiadas y migrantes a las costas italianas. Las afirmaciones de que se respetarán los derechos de las personas devueltas sonarán huecas a quienes han huido de abusos atroces en los centros de detención libios.”

Información complementaria

Libia continúa siendo un país sumamente inseguro para las personas refugiadas y migrantes, que son objeto de manera habitual de homicidio, secuestro a cambio de rescate, esclavitud y trabajo forzoso, violación y otros abusos. El país no posee un sistema de asilo para quienes necesitan protección y penaliza la entrada y estancia irregulares, lo que da lugar a la detención automática de miles de personas.


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El Papa y su homenaje a dos sacerdotes italianos.

El Papa visitó las ciudades de Bozzolo y Barbiana para honrar la memoria de dos sacerdotes

Martes 20 Jun 2017 | 09:34 am

Bozzolo (Italia) (AICA):

El papa Francisco realizó este martes 20 de junio una breve visita a dos ciudades italianas con la intención de visitar las tumbas de dos emblemáticos sacerdotes en proceso de beatificación: don Primo Mazzolari, en Bozzolo, diócesis de Cremona y a don Lorenzo Milani, en Barbiana, diócesis de Florencia. El Santo Padre tomó las figuras de ambos sacerdotes y los ofreció como ejemplo de las virtudes que honran la vida de los sacerdotes.

“Un sacerdote pobre y no un pobre sacerdote”
Tras haber orado unos instantes ante la tumba de don Primo Mazzolari, el pontífice subrayó que “los párrocos son la fuerza de la Iglesia en Italia”, y puso de ejemplo a este sacerdote italiano por su compromiso pastoral.

“Don Primo Mazzolari fue considerado como ‘el párroco de Italia’”, destacó. “Como decía el Beato Pablo VI: ‘Caminaba adelante con un paso largo, y con frecuencia no se le podía seguir el ritmo. Y así sufrió él y hemos sufrido también nosotros. Es el destino de los profetas’”.

El Papa meditó sobre el mensaje de don Primo Mazzolari, “para lo cual, me sitúo simbólicamente ante los tres escenarios que cada día llenaron sus ojos y su corazón: el río, la granja y la llanura”.

“Don Primo desempeñó su ministerio a lo largo del río, símbolo del poder de la gracia de Dios que va recorriendo incesantemente a lo largo del mundo”, explicó.

“Su palabra, predicada o escrita, dibujaba un pensamiento y una fuerza persuasiva clara de la fuente de la Palabra del Dios vivo: el Evangelio meditado y rezado ante el Crucifijo y ante los hombres, celebrando con gestos sacramentales que jamás redujo a un puro rito”.

El Papa señaló que “don Mazzolari, párroco en Cicognara y en Bozzolo, no abandonó nunca el río de la vida, del sufrimiento de la gente, que le formó como pastor contundente y exigente, en primer lugar consigo mismo. A lo largo del río aprendía a recibir cada día el don de la verdad y del amor, para hacerse portador fuerte y generoso”.

En segundo lugar el Santo Padre explicó el simbolismo de la granja, la cual “en tiempos de don Primo, era una ‘familia de familias’ que vivían juntos en este fértil campo, también sufriendo injusticias y miserias, a la espera de un cambio que, a su vez, se tradujo en un éxodo a las ciudades”.

“La granja, la casa, nos dice la idea de Iglesia que guiaba a don Mazzolari. También él pensaba en una Iglesia en salida”. Don Mazzolari “era un párroco convencido de que ‘el destino del mundo se madura en las periferias’, e hizo de la propia humanidad un instrumento de la misericordia de Dios”.

Recordó que se le definía como “el párroco de los lejanos”, pues en su acción pastoral se preocupaba por los que estaban lejos, y trataba de poner en práctica “un método de apostolado válido para todos”.

“Esta mirada misericordiosa y evangélica sobre la humanidad le llevó a dar valor también a la necesaria gradualidad. El sacerdote no es alguien que exija la perfección, sino que ayuda a cada uno a dar lo mejor de sí”.

Por último, se refirió a la llanura como un ámbito de evangelización ineludible. “Quien ha acogido el ‘Discurso de la montaña’ no teme avanzar, como caminante y testigo, en la llanura que se abre sin límites”.

“A la caridad pastoral de don Primo se abrían diferentes horizontes en la compleja situación que debió afrontar: la guerra, los totalitarismos, las luchas fratricidas, la crisis de la democracia, la miseria de su gente”.

En este sentido, animó a los sacerdotes a “escuchar el mundo y a los que viven y trabajan en él para hacerse cargo de cada situación sin miedo a cruzar los desiertos y las zonas de sombra. Así podemos hacernos Iglesia pobre con los pobres, la Iglesia de Jesús”.

Don Primo Mazzolari nació en Cremona el 13 de enero de 1890 y falleció el 12 de abril de 1959. Su ministerio sacerdotal se caracterizó por su cercanía a los fieles y su compromiso evangélico con los más desfavorecidos. Asimismo, se caracterizó por su oposición sin complejos al fascismo y al comunismo. Se encuentra en proceso de beatificación.

Don Lorenzo Milani con sed de absoluto
Después de rezar en privado ante la tumba de don Lorenzo Milani, en la localidad de Barbiana, habló a los educadores, jóvenes y sacerdotes, y los invitó a amar a la Iglesia y donarse a Dios.

Pero el Papa también explicó el motivo de su visita: “he venido a Barbiana para rendir homenaje a la memoria de un sacerdote que ha testimoniado como en el don de su sí a Cristo se encuentran los hermanos en sus necesidades y se sirve, para que sea defendida y promovida su dignidad de personas, con la misma donación que Jesús nos ha mostrado hasta la cruz”.

El Papa advirtió a los sacerdotes presentes de que “sin sed del absoluto se puede ser buenos funcionarios de lo sagrado, pero no se puede ser sacerdotes capaces de ser servidores de Cristo en los hermanos”.

“Amemos a la Iglesia, queridos hermanos, y hagámosla amar, mostrándola como madre premurosa de todos, sobre todo de los más pobres y frágiles, tanto en la vida social como en la persona y religiosa”.

Al hablar de la labor educativa, el Santo Padre manifestó que la palabra “es la que podrá abrir el camino a la plena ciudadanía en la sociedad, mediante el trabajo, y a la plena pertenencia a la Iglesia, con una fe consciente”.

“Esto vale para nuestros tiempos, en los que solo poseer la palabra puede permitir discernir entre tantos y a menudo confusos mensajes que nos llueven encima, y dar expresión a las instancias profundas del propio corazón, como a las esperas de justicia de tantos hermanos y hermanas”.

Dirigiéndose a los jóvenes, afirmó que “vivís –como tantos otros en el mundo– en situación de marginación” pero “alguno está cerca vuestro para no dejaros solos e indicaros el camino para un posible rescate, un futuro que se abra sobre horizontes más positivos”.

A los educadores dijo que la suya “es una misión llena de obstáculos, pero también de alegrías”. “Es una misión de amor porque no se puede enseñar sin amar y sin la consciencia de que aquello que se dona es solo un derecho que se reconoce, algo que aprender”.

Francisco hizo un llamado a la “libertad de conciencia” que sea capaz “de confrontarse con la realidad y orientarse guiada por el amor”. “Vivir la libertad de conciencia de modo auténtico, como búsqueda de los verdadero, de lo hermoso y del bien, dispuestos a pagar el precio que conlleva”.+


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El Papa con el Jefe de Estado italiano. Crónica.

El Papa y Mattarella: compromiso por los migrantes, el trabajo y contra el terrorismo

Francisco visitó el Quirinale; el abrazo con 200 niños de las zonas afectadas por los terremotos. «Se necesitan iniciativas en contra del desempleo, no especulaciones. Políticas para la familia». Es «indispensable una cooperación internacional» para ayudar a los prófugos
REUTERS

El Papa y Mattarella

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Pubblicato il 10/06/2017
Ultima modifica il 10/06/2017 alle ore 13:19
SALVATORE CERNUZIO
ROMA

Desempleo, baja natalidad, migrantes, terrorismo. Es una Italia con graves problemas nacionales e internacionales la que se presenta ante la mirada del Papa Francisco, quien, a pesar de todo, ve al país con mucha «esperanza», como afirmó en el largo discurso que pronunció durante su visita al presidente italiano Sergio Mattarella, hoy por la mañana, en el Quirinale. Una visita que llega como respuesta protocolaria a la que hizo el apenas elegido presidente italiano al Vaticano, el 18 de junio de 2015.

 

Francisco llegó poco antes de las 11 de la mañana, a bordo de un Ford Focus azul, después de haber recorrido las calles del centro de la capital italiana. La primera etapa fue en el Patio de Honor, en donde había 200 niños de las zonas afectadas por el terremoto que sacudió el centro de Italia. Todos ellos recibieron a Francisco agitando banderillas tricolores y con los colores (blanco y amarillo) del Vaticano.

 

Mattarella recibió al Obispo de Roma con unas pocas y simples palabras: «Gracias, Santidad». Están lejos los tiempos de las sólidas amistades entre un Papa y un presidente italiano, como la que había entre Ciampi y Wojtila, pero entre el argentino Bergoglio y el católico Mattarella hay una buena sintonía.

 

El encuentro duró 20 minutos. Después se llevó a cabo el intercambio de regalos en la Sala degli Arazzi (el Papa le regaló un ícono ruso de los santos Pedro y Pablo), la presentación de las dos delegaciones y una breve parada en la capilla de la Anunciación, una de las joyas del Palacio del Quirinale, que custodia una Virgen de Guido Reni, restaurada hace algunos años. El Papa y el Presidente italiano se detienen allí para rezar durante unos instantes y después se persignan. En el Salone dei Corazzieri pronunciaron sus discursos.

 

Mattarella habló sobre la «elevada responsabilidad» de quienes están llamados a trabajar en las instituciones públicas, sobre las políticas de crecimiento para los jóvenes, sobre el drama del trabajo, sobre el compromiso común por los migrantes y por el ambiente, a la luz de la «Laudato si’».

 

El Papa Francisco respondió hablando de «esperanza» arraigada en la «memoria grata hacia los padres y abuelos» que, explicó, «también son los míos, porque mis raíces están en este país», y en la memoria grata «hacia las generaciones que nos han precedido y que, con la ayuda de Dios, sacaron adelante los valores fundamentales: la dignidad de la persona, la familia, el trabajo…». El Pontífice no dejó de denunciar las emergencias que deben afrontar tanto el país como todo el Viejo continente en la actualidad: «Sin embargo, vivimos en un tiempo en el que Italia y el conjunto de Europa están llamadas a confrontarse con problemas y riesgos de diferente naturaleza, como el terrorismo internacional, que encuentra alimento en el fundamentalismo; el fenómeno migratorio, que ha aumentado por las guerras y graves y persistentes desequilibrios sociales y económicos en muchas zonas del mundo; y la dificultad de las jóvenes generaciones de acceder a un trabajo estable y digno, que contribuye a aumentar la desconfianza en el futuro y no favorece el nacimiento de nuevas familias y de hijos».

 

Pero el Papa también tiene esperanza, porque «Italia, mediante la operosa generosidad de sus ciudadanos y el compromiso de sus instituciones (y aprovechando sus abundantes recursos espirituales) ha trabajado para transformar estos desafíos en ocasiones de crecimiento y en nuevas oportunidades». Prueba de ello son «la acogida de numerosos prófugos que desembarcan en sus costas, la obra de primeros auxilios que garantizan sus naves en el Mediterráneo y el compromiso de filas de voluntarios, entre los que se distinguen las asociaciones y entes eclesiales, además de la red capilar de las parroquias». Prueba de ello también es, según Francisco, el compromiso en Italia a nivel «internacional a favor de la paz, de la seguridad y de la cooperación entre los Estados», así como todos los ejemplos de «proficua colaboración entre la comunidad eclesial y la comunidad civil» para asistir a las poblaciones del centro de Italia afectadas por el terremoto.

 

Justamente este esfuerzo, y todas las actividades para afrontar la crisis migratoria, son, según Francisco, «expresión de sentimientos y de actitudes que encuentran su fuente más genuina en la fe cristiana, que ha plasmado el carácter de los italianos», en particular en relación con el complejo fenómeno migratorio, «está claro —afirmó el Papa— que pocas naciones no pueden encargarse de él por entero, garantizando una ordenada integración de los recién llegados en el propio tejido social. Por esta razón, es indispensable y urgente que se desarrolle una amplia e incluyente cooperación internacional».

 

Y también es urgente la cuestión del trabajo, de la que se tienen que ocupar en primer lugar los poderes públicos, los empresarios y los sindicatos. Bergoglio recordó su reciente visita a la acerería de Génova Ilva, en donde pudo estar, «no teóricamente, sino en contacto directo con la gente» y la plaga del desempleo. Insistió en el llamado que había hecho en esa ocasión a «generar y acompañar procesos que den lugar a nuevas oportunidades de trabajo digno». Los problemas que deben afrontar los jóvenes, «los cinturones de pobreza, la dificultad que tienen los jóvenes para formar una familia y traer hijos al mundo encuentran un común denominador en la insuficiencia de la oferta de trabajo, a veces tan precario o tan poco retribuido que no permite» proyectos serios», dijo. Por este motivo, afirmó, se necesita «una alianza de sinergías e iniciativas» para que los recursos «financieros estén al servicio de este objetivo de gran aliento y valor social», en lugar de que sean desperdiciados en «inversiones principalmente especulativas, que demuestran la falta de un plan a largo plazo, la insuficiencia consideración del verdadero papel de quienes hacen empresa y, en última instancia, debilidad e instinto de fuga frente a los desafíos de nuestro tiempo». Por ello pidió: «trabajo estable» y «una política comprometida a favor de la familia», porque de esta manera se sientan las bases para «un auténtico desarrollo sostenible» y para un «crecimiento armonioso de la sociedad».

 

«Señor Presidente —concluyó el Papa— estoy seguro de que, si Italia logra valerse de todos sus recursos espirituales y materiales en espíritu de colaboración entre sus diferentes elementos civiles, encontrará la vía adecuada para un desarrollo ordenado y para gobernar de la manera más apropiada los fenómenos y las problemáticas que tenemos frente a nosotros». Italia «encontrará en la Iglesia siempre el mejor aliado para el crecimiento de la sociedad, para su concordia y para su verdadero progreso», insistió. «¡Que Dios —pidió— proteja y bendiga a Italia!».