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El Opus Dei cumple 90 años. Situación actual y perspectivas. Entrevista.

Opus Dei 90 años, el prelado: “Perdón por nuestras faltas y pecados”

Al cumplirse 90 años de la prelatura del Opus Dei, entrevista exclusiva con el prelado Fernando Ocáriz. Entre otras cosas, pide perdón por “las faltas y pecados” de los miembros de la Obra, divisa los horizontes de acción de la prelatura y comenta el reciente llamado del Papa a rezar el rosario por la protección de la Iglesia de los ataques del demonio, “el gran acusador”

Opus Dei 90 años, el prelado: “Perdón por nuestras faltas y pecados”

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Pubblicato il 02/10/2018
Ultima modifica il 02/10/2018 alle ore 10:57
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

“Perdón por nuestras faltas y pecados”. Una petición inusual para un momento de celebración. Al cumplir 90 años de fundación del Opus Dei, el prelado Fernando Ocáriz quiso reconocer las carencias de los miembros de la Obra, sobre todo con aquellas personas que no recibieron en ella “la generosidad y el cariño que necesitaban”. Pero, al mismo tiempo, manifestó gratitud por las miles de personas que, en los cinco continentes y gracias al camino propuesto por la prelatura, “desean enamorarse de Cristo y ser almas de oración en medio del mundo”.

 

Tercer sucesor de san Josemaría Escrivá de Balaguer, nacido en Francia de una familia española exiliada durante la Guerra Civil (1936-1939), conduce los destinos del Opus Dei desde el 23 de enero de 2017. En esta entrevista con el Vatican Insider y en el aniversario de fundación, repasa los desafíos de la prelatura, aborda asuntos de actualidad eclesial y, comentando el llamado del Papa a todos los fieles del mundo a rezar por la unidad de la Iglesia y contra los ataques del diablo, deja en claro: “Todo lo que es contrario a la unidad no viene de Dios, sino del enemigo”.

 

¿Cuál es el “estado de salud” del Opus Dei, al cumplirse estos 90 años?

Doy gracias a Dios por todos los católicos que, con la gracia de Dios, responden libremente, cada día, a la vocación cristiana. Y entre ellos, hombres y mujeres del Opus Dei, o que participan en los apostolados que la Obra realiza. Los viajes pastorales que hice este verano a Nigeria, Argentina, Bolivia y Paraguay me han llevado también a esta consideración agradecida, al ver a tantos jóvenes y mayores que desean enamorarse de Cristo y ser almas de oración en medio del mundo; al contemplar tantas realidades de servicio que han fructificado gracias al mensaje de san Josemaría: escuelas, dispensarios médicos, universidades, etc.

 

A lo anterior hay que añadir también las limitaciones de cada uno; los obstáculos objetivos o subjetivos que encontramos; la dificultad, por ejemplo, de desarrollar una labor de evangelización en climas y ambientes complejos, a veces de verdadera persecución para los cristianos. Un aniversario es buen momento para dar gracias a Dios y, a la vez, pedir perdón por nuestras faltas y pecados. Pienso, por ejemplo, en personas que hayan estado en contacto con las labores del Opus Dei y a las que no hayamos conseguido atender con la generosidad y el cariño que ellos necesitaban. El 90 aniversario nos lleva a decirle a Dios, como solía hacer el beato Álvaro del Portillo: “gracias, perdón, ayúdame más”.

 

¿Cómo es guiar al Opus Dei en tiempos del Papa Francisco?

San Josemaría solía repetir en latín: Omnes cum Petro ad Iesum per Mariam. Es decir, “todos, con Pedro, a Jesús por María”. La unión con Pedro, en cada tiempo, es camino necesario para los católicos. Ahora el Papa invita a todos a ponernos en salida, evitando conformismos que frenen el dinamismo evangelizador que necesita el mundo. El santo padre me dijo que deseaba que el Opus Dei difundiera el mensaje del evangelio en esa periferia que son actualmente las clases medias de la sociedad, en aquellos ambientes donde, a veces, Dios ya no tiene espacio y crece la pobreza de valores e ideales.

 

En este sentido, es urgente que llevemos más la alegría del evangelio a la familia y a la juventud; ámbitos de evangelización que el pasado Congreso general del Opus Dei señaló como prioritarios. Siguiendo el deseo del Papa para la Iglesia, también desde la prelatura nos empeñamos por ayudar a los novios y a los matrimonios para que manifiesten la belleza del amor auténtico, y acompañamos a los jóvenes para que descubran su misión en el mundo.

 

Han pasado cinco años desde la elección del Papa Francisco, ¿qué rescata especialmente de este tiempo?

Entre otras tantas cosas, su invitación al anuncio del evangelio a través de lo que alguna vez ha llamado la “santidad de la puerta de al lado”: realizar el propio deber –rezar, trabajar, sacar la casa adelante, atender a la familia, descansar– con la ilusión de que esas tareas, aún en medio de dificultades y sufrimientos, sean camino de encuentro con Dios y de servicio a los demás. La Iglesia es el conjunto de todos los bautizados, cada uno es protagonista de la evangelización. Subrayaría también su insistencia sobre el perdón y la misericordia de Dios, que tuvo un punto álgido en el Jubileo de la Misericordia. Supone un recordatorio constante del amor de Dios por todos los hombres, que percibimos de un modo evidente en el sacramento de la reconciliación. Ningún hombre o mujer, por muchas que hayan sido sus miserias, puede desesperar del perdón de Dios: siempre hay un camino de retorno a Él. Por otro lado, la cercanía del Papa Francisco hacia las personas más vulnerables, apela a todos los cristianos a fomentar esa “cultura del encuentro” tan evangélica.

 

Apenas unos días atrás el Papa invitó a todos los fieles del mundo a rezar contra los ataques del diablo, que busca siempre romper la unidad de la Iglesia, ¿cómo recibió este llamado?

La primera reacción que he tenido es de alegría, porque una invitación del Papa a rezar por una intención suya tan importante anima, nos da ímpetu y esperanza por la fe que tiene el Papa en la oración. Por otra parte nos da pena porque responde a una situación difícil. Es coherente con el tema de la unidad. Todo lo que es contrario a la unidad no viene de Dios, sino del enemigo. También pide a rezar a San Miguel. La unidad es condición de vida, también porque para la Iglesia, no sólo por teología sino también por fe, el Papa es principio visible de unidad; sobre el Papa recae el peso de la unidad y por eso nos pide que le ayudemos con la oración, no sólo ahora sino desde siempre. Cada vez que termina una carta pide: “Reza por mí”. Se ve que no se trata de una frase bonita, piadosa, sino que cree en la oración y pide oración, por eso tenemos todos la obligación “gustosa” de apoyar al Papa con la oración, sobre todo en este momento difícil. Siempre hay que rezar por el Papa, pero cuanto más difícil sean las situaciones, cuanto más riesgo haya contra la unidad, más razón para estar con el Papa y con la unidad de la Iglesia.

 

¿Con este gesto, el Papa pide que antes de angustiarse o indignarse por los problemas es necesario volver a la esencia?

Vincular la figura del Papa con la unidad no sólo es bueno, es esencial. El Papa es principio visible de unidad, de fe y de comunión. Insisto, es motivo de alegría pero también de pena, por las dificultades actuales.

 

Desde hace muchos años el Opus Dei tiene presencia en países como China y Rusia, los mismos que el Papa ha colocado entre sus prioridades. ¿Son todavía países “tabú” para la Iglesia? 

En el caso de Rusia, la presencia de la Iglesia Católica es estimada y conocida por la jerarquía Ortodoxa, y existe un deseo de colaboración fraterna, que se ha acentuado tras el encuentro del Papa con el Patriarca de Moscú en 2016. Hay muchos desafíos espirituales y culturales comunes a católicos y ortodoxos, y en los que los fieles del Opus Dei que viven en Rusia trabajan unidos a los demás cristianos: la promoción de la familia, el respeto de la vida, la ayuda a los necesitados, el impulso a los jóvenes para que no tengan miedo de ir contra corriente, el apoyo a los cristianos perseguidos en varias partes del mundo, etc.

 

Y en el caso de China, ¿Qué derroteros podrían los cristianos transitar en esos lugares?

Por cuanto se refiere a China, los nuevos acuerdos implican necesariamente nuevos retos, como explicaba el Papa. La Iglesia en China desea vivir su fe y proseguir la obra de evangelización y los pocos fieles de la Obra que trabajan en ese gran país desean contribuir como uno más, aprendiendo de los demás católicos, y aportando el mensaje de la santificación de la vida ordinaria.

 

Luego de las crisis mediáticas que debió afrontar Opus Dei años atrás, como la del “Código Da Vinci”, ¿siente que ya se ha explicado suficientemente la naturaleza de la prelatura? 

Me parece que, en buena medida, se trata de percepciones del pasado, bastante comunes cuando surge una nueva realidad en la Iglesia. En el caso del Opus Dei, por ejemplo, ha costado explicar la autonomía de sus miembros que, por ser laicos como la mayoría de fieles de la Iglesia, gozan de la misma libertad en sus decisiones vitales, profesionales, intelectuales, políticas, sin que sus puntos de vista o actuaciones representen a la prelatura, como sucede con los fieles de cualquier otra circunscripción eclesial: diócesis, ordinariatos, etc. A medida que se acerca a sus cien años de vida, hay muchísima gente que ha conocido el Opus Dei de modo directo, no solo por habladurías, y que ha podido hacerse un juicio verdadero de la realidad.

 

¿Aún existe gente que la considere un grupo cerrado y sectario?

Por otro lado, no hay que extrañarse si, de vez en cuando, surgen fenómenos pseudo-literarios o de ficción como el que usted menciona. Creo que a veces no hay otro remedio que responder a estos sucesos con una sonrisa y trabajando pacientemente para que emerja la verdad. La caricatura del Opus Dei estaba tan lejos de la realidad, que era casi cómica. Considerando todo esto con perspectiva de años, puedo decir que tal vez sirvió para acumular experiencia sobre cómo darse a conocer mejor, con una audiencia mucho más amplia de lo habitual. Y en este sentido, doy gracias a Dios por los miles de personas que se han acercado a la Iglesia a través de esta aparente contradicción. Desde la perspectiva de la fe, la crítica y la oposición siempre han estimulado a los cristianos a un mayor espíritu de oración, de humildad y al deseo de compartir con los demás la alegría de una vida según el evangelio.

 

¿Cómo ve el futuro del Opus Dei? 

Mi deseo para el futuro es que, fieles al carisma de san Josemaría, todos en el Opus Dei nos dejemos guiar por el espíritu santo para un renovado impulso evangelizador. Se trata de llevar el calor de Jesucristo a muchos amigos, familiares, colegas, vecinos, conocidos. Lo esencial de este impulso evangelizador no es poner en marcha nuevas actividades o instituciones como las ya existentes, y que son en sí mismas algo muy bueno y positivo, sino fomentar la amistad personal, la apertura a todos y el espíritu de servicio, actitudes profundamente evangélicas que resultan fundamentales para el apostolado cristiano y que, al mismo tiempo, son compatibles con los defectos y debilidades que todos tenemos.

 

¿Qué desafíos advierte en el horizonte?

Los desafíos son muy variados. En los países de minoría cristiana, como Indonesia o Sri Lanka (por mencionar dos de los últimos en que ha iniciado el trabajo estable de la prelatura), es importante mantener la confianza en el señor y tener mucha fe: el compromiso cristiano de los fieles del Opus Dei y en general de los católicos es una pequeña semilla, cuyos frutos crecen poco a poco, con la gracia de Dios. En otros países de tradición cristiana, quizás el principal reto sea vivir el evangelio con alegría y autenticidad, sin mimetizarse con una sociedad que a menudo pone en primer lugar los factores materiales o económicos. Otro desafío evidente, común a toda la Iglesia, es el relevo generacional. Cada año fallecen unos mil fieles de la prelatura, personas que por decirlo de algún modo han culminado su camino: junto al dolor que se vive ante cada una de estas separaciones humanas, son una gran fuerza espiritual y un apoyo para la labor de evangelización de la Iglesia en el mundo.

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Conferencia de provinciales jesuitas europeos en Barcelona (España)

Publicado: Sábado, 22 Septiembre 2018

El P. Arturo Sosa SJ abre la Asamblea de la Conferencia de provinciales europeos en Barcelona

El Superior General de la Compañía de Jesús, P. Arturo Sosa SJ y el presidente de la Conferencia de Provinciales Europeos, el P. Franck Janin SJ han abierto hoy sábado 22 de septiembre la Asamblea de la Conferencia de Provinciales Europeos, que reúne las tres asistencias de la Compañía de Jesús en Europa y que se celebra en la Casa de Ejercicios San Ignacio de Sarrià, en Barcelona.

El encuentro tiene dos temas de trabajo principales. En primer lugar, las preferencias apostólicas de la Compañía de Jesús a nivel global, un trabajo que está realizando la Compañía para identificar aquellos temas que deben marcar las líneas de los próximos años. Y en segundo lugar, la realidad de los centros de formación de jesuitas en Europa para impulsar la cooperación entre ellos.

En sus intervenciones en la sesión incial de la Asamblea, tanto el P. Arturo Sosa SJ como el P. Franck Janin SJ han recordado la relevancia del proceso en el que está inmerso la Compañía a nivel mundial de definición de las preferencias apostólicas, por lo que han destacado la labor de discernimiento que se va a llevar a cabo estos días, a partir del trabajo que se ha venido realizado ya durante los últimos meses en las provincias, y que ahora los provinciales van a analizar teniendo en cuenta la realidad no sólo de Europa sinó de la Compañía de Jesús en todo el mundo. Este misma fórmula se lleva a cabo en el resto de asistencias del mundo.

El P. General Arturo Sosa ha insistido especialmente en la importancia del momento actual, una idea que había aparecido también en la oración previa al inicio de la Asamblea, con una cita de la Congregación General 36, que clama «ahora es el tiempo» ante los retos que debemos que afrontar.

A todas estas cuestiones dedicarán los participantes tres días de trabajo, desde hoy hasta el próximo lunes. Además el encuentro se aprovecha también para realizar las reuniones de cada una de las asistencias. La de Europa Meridional tuvo lugar el viernes previo a la Asamblea, mientras que el resto de Asistencias se reunirán el próximo miércoles. Participan en este encuentro 32 jesuitas, entre provinciales, algunos representantes de las províncias más numerosas, el P. General y sus asistentes para Europa. El dia previo al inicio de la Asamblea, ayer viernes, el P. Provincial Antonio España, dio la bienvenida a todos los participantes y presentó la Provincia.

Ver fotos del encuentro en este enlace: Álbum de fotos JCEP Assembly – Barcelona 2018


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Cuarto centenario de Diego de Pantoja. Simposio en Pekin.

Año Diego de Pantoja: Reflexiones sobre la historia de los intercambios culturales entre China y España

En este 2018 en el que además del 45 aniversario de las Relaciones entre España y China se celebra también el  IV centenario del fallecimiento de Diego de Pantoja, ante todo un intelectual e impulsor de las relaciones entre China, España y el mundo de habla hispana, no podía faltar un evento en el que se encontraran académicos, investigadores y otros especialistas en temas relacionados, con el fin de reivindicar el legado de este ilustre y desconocido español que fue el primero en acceder a la Ciudad Prohibida ya en el año 1601.
Por ello, el Instituto Cervantes de Pekín, la Embajada de España en la R.P. de China y la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín, junto con el apoyo de numerosas instituciones chinas, españolas e iberoamericanas organizan un simposio que reunirá en la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín a los principales expertos de China, España e Hispanoamérica en la Historia de nuestras Relaciones Internacionales.
El simposio contará con un total de 7 paneles mediante los cuales estos  académicos, investigadores y especialistas harán recorrido, constancia y reflexión sobre el pasado, presente y futuro de las relaciones entre China, España e Iberoamérica. Cada panel estará compuesto tanto por especialistas chinos e hispanohablantes. Para finalizar el simposio, los moderadores de cada panel plantearán las conclusiones de cada una de sus mesas.
Pueden ampliar información sobre el programa, los contenidos de cada panel y los participantes en el enlace a nuestra página web que aparece más abajo, al final de esta página.

DENTRO DE


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Audiencia del Papa a la comunidad internacional Emanuel.

El Papa a la Comunidad Emanuel: Muestren al mundo la Misericordia de Dios

Sabado 7 Abr 2018 | 10:25 am

Ciudad del Vaticano (AICA):

En la mañana de hoy, sábado 7 de abril, el papa Francisco recibió en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, a los miembros de la Comunidad Emanuel, con motivo de su encuentro anual que este año tiene lugar en Roma. En su discurso, el Santo Padre animó a los miembros de esta Comunidad católica Internacional que reúne en su seno laicos, consagrados y sacerdotes.

“Esta peregrinación –afirmó el pontífice– es el signo de la plena participación de la Comunidad de Emanuel a la comunión de toda la Iglesia católica. Es también una ocasión para agradecerles por su fidelidad y cercanía al Sucesor de Pedro, para manifestarles mi aprecio por su compromiso misionero presente en todos los continentes y para animarlos a perseverar en el futuro”.

“Este futuro -agregó el Papa- está marcado por el reciente reconocimiento de la Asociación clerical de la Comunidad del Emanuel, el pasado 15 de agosto, estructura considerada oportuna a causa de las numerosas vocaciones suscitadas por el carisma del Emanuel y para una mayor fecundidad de la evangelización”.

El pontífice destacó que “lejos de aislar a los sacerdotes de los otros miembros de la comunidad, laicos o religiosos, espero que ese reconocimiento, por el contrario, vivifique la hermosa comunión entre los estados de vida de los que hacéis experiencia desde hace más de 40 años en la complementariedad de las diferentes vocaciones.

Francisco recordó seguidamente que “el carisma de la Comunidad del Emanuel está inscrito en su nombre: Emanuel, Dios con nosotros” y añadió: “Los aliento a que hagan descubrir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, dondequiera que el Espíritu los envíe, la Misericordia de Dios que nos amó hasta el punto de habitar entre nosotros. Ojalá, que allí donde esté presente su Comunidad, se manifieste la Misericordia del Padre”.

Por último, el Santo Padre los exhortó “a permanecer enraizados en Cristo a través de una vida interior sólida y confiando en el Espíritu Santo, que sale en ayuda de nuestra fragilidad y nos sana de todo lo que debilita nuestro compromiso misionero; a atesorar en el corazón este ardiente deseo de transmitir la alegría del Evangelio a quienes no lo conocen o lo han perdido; a ser protagonistas de la “Iglesia en salida” que está en la cima de mis deseos. +


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Cincuenta años de la Comunidad de San Egidio.

50 años de la Comunidad Sant Egidio: oración y servicio como semillas de paz

Entrevista a Andrea Poretti y Facundo Freyre, miembros de la Comunidad de Sant Egidio en Argentina quienes explican el servicio ofrecido a los más necesitados durante estos 50 años y su constante lucha contra el SIDA y la abolición de la pena de muerte

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

La Comunidad de Sant Egidio está de aniversario, celebra 50 años desde su fundación en 1968 en manos del Catedrático Andrea Riccardi quien fundó precisamente en Roma esta asociación pública de laicos comprometidos con la Iglesia con un objetivo claro: promover encuentros internacionales de oración por la paz con carácter ecuménico.

En una entrevista realizada a Andrea Poretti y Facundo Freyre, miembros de la Comunidad de Sant Egidio en Argentina, conocemos más profundamente el servicio constante que lleva ofreciendo esta comunidad desde sus inicios. Un servicio de ayuda a los pobres, pero también de oración y fraternidad a través de los más de 70 mil miembros que en la actualidad forman parte de esta comunidad. Para sus miembros, asegura Andrea Poretti, celebrar estos 50 años quiere decir “entrar en un clima de amistad y de alegría por vivir el Evangelio”.

La Comunidad de Sant Egidio nace en el corazón de Roma desde donde se dirige hacia las periferias “encontrando la pobreza” y de ahí se expande por todo el mundo hasta estar presente en la actualidad “en más de 70 países” afirma Andrea Poretti.

Además Sant Egidio se caracteriza por tener como objetivo la búsqueda de la paz, y ha sido reconocida por su lucha contra el virus de inmunodeficiencia humana conocido como SIDA, y por estar a favor de la abolición de la pena de muerte. “En África después de la paz en Mozambique se encontró el gran flagelo del SIDA y era necesario dar una respuesta” explica Andrea, y esa respuesta concreta era “buscar la cura”. Por su parte, la abolición de la pena de muerte “nace a partir de un pedido de un condenado a muerte para que le escriban una carta” relata Poretti, y es así que la Comunidad empieza de esta semilla pequeña como es este pedido hasta un trabajo que con el tiempo “se hizo muy importante” para la lucha contra la pena de muerte.

Facundo Freyre explicando el programa de este 50 aniversario, recuerda que el sábado 10 de febrero tendrá lugar una Misa presidida por el Secretario de Estado Pietro Parolin en San Giovanni Laterano, y concluirá el 11 de marzo con la visita del Papa Francisco a la Comunidad de Sant Egidio en Santa María de Trastevere.

Por último, Freyre explica el significado de la recién inaugurada estatua en la fachada del edificio de la comunidad, una obra de arte del escultor canadiense Timothy Schmalz y que la ha titulado “Homeless Jesús”: “ es un regalo que queremos hacernos a nosotros, pero también a Roma y al mundo entero” asegura. La estatua se encuentra sobre un banco en la calle y tiene “un lugar vacío en el banco para que uno pueda sentarse y hacer amistad y crear una fraternidad con aquel que esta sin hogar y sin familia” explica Freyre, concluyendo que en la comunidad hacen este servicio con aquel que no tiene donde vivir, porque es una realidad con la que abrazan “su realidad” y lo hacen “con el cariño del Evangelio que es un amor más grande que el que tenemos nosotros”.

 

 


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Audiencia del Papa al fundador de la Comunidad de San Egidio.

Audiencia del Papa a Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San EgidioAudiencia del Papa a Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio 

Comunicado de S. Egidio sobre la audiencia del Papa a su fundador

Intercambio de felicitaciones navideñas, paz, pobreza y refugiados, entre los temas tratados

Un Comunicado de la Comunidad de San Egidio señala que su fundador, Andrea Riccardi, fue recibido en audiencia por el Papa Francisco, la mañana del viernes 22 de diciembre.

Junto con un intercambio de felicitaciones en ocasión de la Navidad, en el curso de las conversaciones – enmarcada en vísperas del 50 aniversario de la Comunidad – se desarrolló el tema de la acogida y de la integración de los inmigrados y refugiados, con especial atención a los corredores humanitarios, que se han vuelto un modelo no sólo para Italia, sino también en Europa.

Asimismo se habló de otros temas entrañables en el compromiso de San Egidio, en los diversos continentes, como la construcción de la paz y, en general, la preocupación por los pobres y las periferias.Riccardi


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Bangla Desh: exhortación espontánea, improvisada del Papa a los religiosos y religiosas

“La cizaña destruye las comunidades, no al terrorismo de los chismes”

Francisco se reúne con los sacerdotes, las monjas y los seminaristas, y abandona el discurso preparado: «Cuando tengas ganas de hablar mal, mordéte la lengua. Qué bello ver monjas ancianas con los ojos que brillan de alegría después de una vida sirviendo»
AP

Francisco saludando a las  monjas de Bangladesh

Pubblicato il 02/12/2017
Ultima modifica il 02/12/2017 alle ore 07:46
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A DHAKA (BANGLADESH)

 

El Papa Francisco quiso visitar la más pequeña de las casas de las que se ocupan las monjas de la Madre Teresa de Calcuta aquí en Dhaka. Construida en 1976, fue la residencia preferida de la pequeña monja albanesa que fue proclamada santa por Bergoglio en 2016. Se encuentra en el barrio de Tejagon, en el complejo parroquial de la Holy Rosary Church, y ofrece asistencia y curas a miles de huérfanos y personas con discapacidades mentales y físicas. El Papa saludó a muchos enfermos: una mujer en silla de ruedas estaba presente durante la visita de Juan Pablo II en 1986. Fuera de la estructura, Francisco fue recibido por algunas bailarinas con vestidos tradicionales y por un grupo de niños. El Papa agradeció a las monjas por su actividad caritativa y, como regalo, ofreció un cuadro de la Madre Teresa.

 

 

Desde aquí, Bergoglio se trasladó a la iglesia, que también es la catedral de la diócesis de Chittagong, una de las que confinan con Dhaka. Y se reunió con los sacerdotes, monjas, religiosos, seminaristas y noviias. El encuentro comenzó con algunos testimonios. Francisco dejó a un lado el discurso preparado para la ocasión: «de ocho páginas… “Pero nosotros venimos aquí a escuchar al Papa, no a aburrirnos”. Por eso, para no aburrirnos, le voy a dar este discurso al señor cardenal, el lo va hacer traducir al bengalí y yo les voy a decir lo que se me ocurre ahora. No sé si será mejor o peor, ¡pero les aseguro que va a ser menos aburrido!».

 

El Papa dijo que al entrar a la Casa recordó la Lectura de Isaías que será proclamada durante la misa del próximo martes. «En aquellos días surgirá un pequeño brote de la Casa de Israel. Isaías describe allí la grandeza y la pequeñeza de la vida del servicio a Dios, y esto les toca a ustedes, porque son hombres y mujeres de fe que sirven a Dios».

 

«Sí, brota lo que está adentro, lo que está adentro de la tierra. Y esa es la semilla, no es ni tuya, ni tuya ni mía. La semilla –explicó Begoglio– la siembra Dios, y es Dios el que da el crecimiento. Yo soy el brote, cada uno de nosotros puede decir. Sí, pero no por mérito tuyo: de la semilla que te hace crecer. Y yo qué tengo que hacer: regarla. Para que eso crezca y llegue a esa plenitud del espíritu que es lo que ustedes tienen que dar como testimonio».

 

«¿Cómo se puede regar esta semilla? Cuidándola y cuidando el brote que empieza a crecer. Cuidar la vocación que hemos recibido. Como se cuida a un niño, como se cuida a un enfermo, como se cuida a un anciano. La vocación se cuida con ternura humana. Nuestras en comunidades, si en nuestros presbiterios falta esa dimensión de ternura humana, el brote queda chiquito, no crece, quizás se seque. Cuidar con ternura, porque cada hermano del presbiterio, cada hermano de la Conferencia episcopal, cada hermano o hermana de la comunidad religiosa, cada hermano seminarista, es una semilla de Dios, y Dios la mira con ternura de Padre».

 

«Es verdad –continuó– que de noche viene el enemigo y tira otra semilla, se corre el riesgo de que la buena semilla quede ahogada por la mala semilla. Qué fea que es la cizaña en los presbiterios, qué fea la cizaña en las conferencias episcopales, qué fea la cizaña en las comunidades religiosas y en los seminarios, cuidar el brote, el brote de la buena semilla. E ir viendo cómo crece, e ir viendo cómo se distingue de la mala semilla y de la mala yerba».

 

«Cuidar es discernir –añadió–, y darse cuenta de que la planta que crece, si va por este lado y la riego todos los días, crece bien; si va por este otro lado y la descuido, crece ma;, y darme cuenta cuándo está creciendo mal y cuándo hay compañías o personas o situaciones que amenazan el crecimiento. Discernir y solamente se discierne cuando uno tiene un corazón orante. Orar Cuidar es orar. Es pedirle a quien plantó la semilla que me enseña a regarla. Y si estoy en crisis o me quedo dormido, que la riegue un tiempito por mí. Orar es pedirle al Señor que nos cuide. Que nos dé la ternura que nosotros tenemos que dar a los demás».

 

«La segunda idea que me viene –prosiguió el Pontífice– es que en este jardín del Reino de Dios no hay solamente un brote: hay miles y miles de brotes, todos nosotros somos brotes. Y no es fácil hacer comunidad, no es fácil. Siempre las pasiones humanas, los defectos, las limitaciones, amenazan la vida comunitaria, amenazan la paz. La comunidad de la vida consagrada, la comunidad del seminario, la comunidad del presbiterio, y a comunidad de la conferencia episcopal tiene que saber defenderse de todo tipo de divisiones».

 

«Ayer agradecimos a Dios por el ejemplo que da Bangladesh en el diálogo interreligioso», dijo Francisco, citando entre los aplausos la frase que pronunció el cardenal Jean-Louis Tauran, quien en 2010 definió a este país como el mejor ejemplo de armonía en el diálogo interreligioso. «¿Vamos a hacer lo contrario, en el diálogo dentro de nuestra fe, de nuestra confesión católica, de nuestras comunidades? Ahí también Bangladesh tiene que ser el ejemplo de armonía. Hay muchos enemigos de la armonía, hay muchos. A mí me gusta mencionar uno, que basta como ejemplo. Quizás alguno me puede criticar porque soy repetitivo en esto, pero para mí es fundamental. El enemigo de la armonía en una comunidad religiosa, en un presbiterio, en un episcopado, en un seminario, es el espíritu del chisme».

«Y esto no es novedad mía –afirmó. Hace 2000 años lo dijo un tal Santiago en una carta que les escribió a la Iglesia. La lengua, hermanos y hermanas, la lengua. Lo que destruye una comunidad es el hablar mal de otros. El subrayar los defectos del otro. Pero no decírselo a él, decírselo a otro, y así crear un ambiente de desconfianza, un ambiente de recelo, un ambiente en el que no hay paz y en el que hay divisiones. Y una cosa que me gusta decirla como imagen de lo que es el espíritu del chisme, es terrorismo. Porque el que va a hablar mal de otro no lo dice públicamente, el que es terrorista no dice públicamente soy terrorista, el que va a hablar mal de otro, va a escondidas, habla con uno, tira la bomba y se va. Y la bomba destruye y él se va lo más tranquilo, lo más tranquila a tirar otra bomba. Querida hermana, querido hermano, cuando tengas ganas de hablar mal de otro, mordéte la lengua, lo más probable es que se te hinche, pero no harás mal a tu hermano o a tu hermana».

 

Para concluir, el Papa se refirió a otra idea: pedir el espíritu de la alegría, porque, explicó, sin alegría no es posible servir a Dios, y da mucha pena encontrar sacerdotes, religiosos, monjas, seminaristas, obispos amargados, con una cara triste: «¿Qué tomaste? ¿Vinagre? Cara de vinagre. O esa amargura del corazón –insistió Francisco–, cuando viene la semilla mala y dice: “Ah, mirá a este le hicieron superior, a esta la hicieron superior, a este obispo, y a mí me dejan de lado”. Ahí no hay alegría».

 

Citando a santa Teresa de Jesús, «la grande», Bergoglio explicó: «tiene… es una maldición, una frase que es una maldición. Se la dice a sus monjas: ¡ay de la monja que dice “hiciéronme sinrazón”! Usa una palabra castellana “sinrazón”, es decir algo que no es razonable. Cuando ella decía, se encontraba monjas que estaban lamentándose, no me dieron o que me debían dar, no me hicieron monja. Pobre monja, va camino abajo. Alegría. Esa alegría que no puede ser risa porque hay mucho dolor es paz». Y después, refiriéndose a la otra santa Teresa, «la pequeña», continuó: «Teresa del Niño Jesús, ella tenía que acompañar todas las noches al refertorio a una monja vieja inaguantable de mal genio, muy enferma, pobrecita, que se quejaba de todo. Una noche, mientras la acompañaba por el claustro, escuchó de un palacio vecino, seguramente, la música de una fiesta. La música de gente que se divertía bien. Gente buena. Como ella lo había hecho y lo había visto hacer a sus hermanas. Y se imaginó la gente que bailaba. Y ella dijo: “Mi gran alegría es esta y no la cambio por aquella”. Aún en los momentos de prueba, de dificultad de tener que soportar a un superior superiora un poquito raros. Aún en esos momentos decir “Contento, Señor”, como decía Alberto hurtado: “La alegría del corazón”».

 

«Les aseguro –concluyó– que a mí me da mucha ternura cuando me encuentro con sacerdotes, obispos o monjas ancianos, que han vivido con plenitud la vida. Los ojos son indescriptibles están llenos de alegría y de paz. Los que no vivieron así la vida, Idos es bueno Dios los cuida, pero les falta ese brillo en los ojos que tienen los que fueron alegres en la vida. Traten de buscar, sobre todo se ve más en las mujeres. Traten de buscar en las monjas viejas, esas monjitas que toda su vida estuvieron sirviendo, con alegría y paz, tienen unos ojos pícaros, brillantes, porque tienen la sabiduría del Espíritu Santo. El pequeño brote, en esos viejos y en esas viejas, se hizo la plenitud de los siete dones del Espíritu Santo. Acuérdense de esto el martes, cuando escuchen la lectura en la misa, y pregúntense a sí mismos ¿cuido el brote, rego el brote? ¿Cuido el brote en los demás? ¿Tengo miedo de ser terrorista y por lo tanto no hablo nunca mal de los demás y me abro al don de la alegría? A todos ustedes les deseo que cuando el buen vino de la vida los madure los ojos brillen de picardía, de alegría y de plenitud en del Espíritu Santo. Recen por mí y que Dios los bendiga».

 

El encuentro finalizó con la lectura de una oración mariana compuesta por el padre Mintu Palma, en la que se reza especialmente por el Papa: «Te pedimos, Señor, que conserves a nuestro Santo Padre el Papa Francisco, con amoroso cuidado, para que, gozando de buena salud, pueda guiar al pueblo de Dios por los senderos de la salvación, y que siga promoviendo la paz y la armonía en el mundo».