Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Audiencia del Papa a la comunidad internacional Emanuel.

El Papa a la Comunidad Emanuel: Muestren al mundo la Misericordia de Dios

Sabado 7 Abr 2018 | 10:25 am

Ciudad del Vaticano (AICA):

En la mañana de hoy, sábado 7 de abril, el papa Francisco recibió en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, a los miembros de la Comunidad Emanuel, con motivo de su encuentro anual que este año tiene lugar en Roma. En su discurso, el Santo Padre animó a los miembros de esta Comunidad católica Internacional que reúne en su seno laicos, consagrados y sacerdotes.

“Esta peregrinación –afirmó el pontífice– es el signo de la plena participación de la Comunidad de Emanuel a la comunión de toda la Iglesia católica. Es también una ocasión para agradecerles por su fidelidad y cercanía al Sucesor de Pedro, para manifestarles mi aprecio por su compromiso misionero presente en todos los continentes y para animarlos a perseverar en el futuro”.

“Este futuro -agregó el Papa- está marcado por el reciente reconocimiento de la Asociación clerical de la Comunidad del Emanuel, el pasado 15 de agosto, estructura considerada oportuna a causa de las numerosas vocaciones suscitadas por el carisma del Emanuel y para una mayor fecundidad de la evangelización”.

El pontífice destacó que “lejos de aislar a los sacerdotes de los otros miembros de la comunidad, laicos o religiosos, espero que ese reconocimiento, por el contrario, vivifique la hermosa comunión entre los estados de vida de los que hacéis experiencia desde hace más de 40 años en la complementariedad de las diferentes vocaciones.

Francisco recordó seguidamente que “el carisma de la Comunidad del Emanuel está inscrito en su nombre: Emanuel, Dios con nosotros” y añadió: “Los aliento a que hagan descubrir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, dondequiera que el Espíritu los envíe, la Misericordia de Dios que nos amó hasta el punto de habitar entre nosotros. Ojalá, que allí donde esté presente su Comunidad, se manifieste la Misericordia del Padre”.

Por último, el Santo Padre los exhortó “a permanecer enraizados en Cristo a través de una vida interior sólida y confiando en el Espíritu Santo, que sale en ayuda de nuestra fragilidad y nos sana de todo lo que debilita nuestro compromiso misionero; a atesorar en el corazón este ardiente deseo de transmitir la alegría del Evangelio a quienes no lo conocen o lo han perdido; a ser protagonistas de la “Iglesia en salida” que está en la cima de mis deseos. +

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Cincuenta años de la Comunidad de San Egidio.

50 años de la Comunidad Sant Egidio: oración y servicio como semillas de paz

Entrevista a Andrea Poretti y Facundo Freyre, miembros de la Comunidad de Sant Egidio en Argentina quienes explican el servicio ofrecido a los más necesitados durante estos 50 años y su constante lucha contra el SIDA y la abolición de la pena de muerte

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

La Comunidad de Sant Egidio está de aniversario, celebra 50 años desde su fundación en 1968 en manos del Catedrático Andrea Riccardi quien fundó precisamente en Roma esta asociación pública de laicos comprometidos con la Iglesia con un objetivo claro: promover encuentros internacionales de oración por la paz con carácter ecuménico.

En una entrevista realizada a Andrea Poretti y Facundo Freyre, miembros de la Comunidad de Sant Egidio en Argentina, conocemos más profundamente el servicio constante que lleva ofreciendo esta comunidad desde sus inicios. Un servicio de ayuda a los pobres, pero también de oración y fraternidad a través de los más de 70 mil miembros que en la actualidad forman parte de esta comunidad. Para sus miembros, asegura Andrea Poretti, celebrar estos 50 años quiere decir “entrar en un clima de amistad y de alegría por vivir el Evangelio”.

La Comunidad de Sant Egidio nace en el corazón de Roma desde donde se dirige hacia las periferias “encontrando la pobreza” y de ahí se expande por todo el mundo hasta estar presente en la actualidad “en más de 70 países” afirma Andrea Poretti.

Además Sant Egidio se caracteriza por tener como objetivo la búsqueda de la paz, y ha sido reconocida por su lucha contra el virus de inmunodeficiencia humana conocido como SIDA, y por estar a favor de la abolición de la pena de muerte. “En África después de la paz en Mozambique se encontró el gran flagelo del SIDA y era necesario dar una respuesta” explica Andrea, y esa respuesta concreta era “buscar la cura”. Por su parte, la abolición de la pena de muerte “nace a partir de un pedido de un condenado a muerte para que le escriban una carta” relata Poretti, y es así que la Comunidad empieza de esta semilla pequeña como es este pedido hasta un trabajo que con el tiempo “se hizo muy importante” para la lucha contra la pena de muerte.

Facundo Freyre explicando el programa de este 50 aniversario, recuerda que el sábado 10 de febrero tendrá lugar una Misa presidida por el Secretario de Estado Pietro Parolin en San Giovanni Laterano, y concluirá el 11 de marzo con la visita del Papa Francisco a la Comunidad de Sant Egidio en Santa María de Trastevere.

Por último, Freyre explica el significado de la recién inaugurada estatua en la fachada del edificio de la comunidad, una obra de arte del escultor canadiense Timothy Schmalz y que la ha titulado “Homeless Jesús”: “ es un regalo que queremos hacernos a nosotros, pero también a Roma y al mundo entero” asegura. La estatua se encuentra sobre un banco en la calle y tiene “un lugar vacío en el banco para que uno pueda sentarse y hacer amistad y crear una fraternidad con aquel que esta sin hogar y sin familia” explica Freyre, concluyendo que en la comunidad hacen este servicio con aquel que no tiene donde vivir, porque es una realidad con la que abrazan “su realidad” y lo hacen “con el cariño del Evangelio que es un amor más grande que el que tenemos nosotros”.

 

 


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Audiencia del Papa al fundador de la Comunidad de San Egidio.

Audiencia del Papa a Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San EgidioAudiencia del Papa a Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio 

Comunicado de S. Egidio sobre la audiencia del Papa a su fundador

Intercambio de felicitaciones navideñas, paz, pobreza y refugiados, entre los temas tratados

Un Comunicado de la Comunidad de San Egidio señala que su fundador, Andrea Riccardi, fue recibido en audiencia por el Papa Francisco, la mañana del viernes 22 de diciembre.

Junto con un intercambio de felicitaciones en ocasión de la Navidad, en el curso de las conversaciones – enmarcada en vísperas del 50 aniversario de la Comunidad – se desarrolló el tema de la acogida y de la integración de los inmigrados y refugiados, con especial atención a los corredores humanitarios, que se han vuelto un modelo no sólo para Italia, sino también en Europa.

Asimismo se habló de otros temas entrañables en el compromiso de San Egidio, en los diversos continentes, como la construcción de la paz y, en general, la preocupación por los pobres y las periferias.Riccardi


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Bangla Desh: exhortación espontánea, improvisada del Papa a los religiosos y religiosas

“La cizaña destruye las comunidades, no al terrorismo de los chismes”

Francisco se reúne con los sacerdotes, las monjas y los seminaristas, y abandona el discurso preparado: «Cuando tengas ganas de hablar mal, mordéte la lengua. Qué bello ver monjas ancianas con los ojos que brillan de alegría después de una vida sirviendo»
AP

Francisco saludando a las  monjas de Bangladesh

Pubblicato il 02/12/2017
Ultima modifica il 02/12/2017 alle ore 07:46
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A DHAKA (BANGLADESH)

 

El Papa Francisco quiso visitar la más pequeña de las casas de las que se ocupan las monjas de la Madre Teresa de Calcuta aquí en Dhaka. Construida en 1976, fue la residencia preferida de la pequeña monja albanesa que fue proclamada santa por Bergoglio en 2016. Se encuentra en el barrio de Tejagon, en el complejo parroquial de la Holy Rosary Church, y ofrece asistencia y curas a miles de huérfanos y personas con discapacidades mentales y físicas. El Papa saludó a muchos enfermos: una mujer en silla de ruedas estaba presente durante la visita de Juan Pablo II en 1986. Fuera de la estructura, Francisco fue recibido por algunas bailarinas con vestidos tradicionales y por un grupo de niños. El Papa agradeció a las monjas por su actividad caritativa y, como regalo, ofreció un cuadro de la Madre Teresa.

 

 

Desde aquí, Bergoglio se trasladó a la iglesia, que también es la catedral de la diócesis de Chittagong, una de las que confinan con Dhaka. Y se reunió con los sacerdotes, monjas, religiosos, seminaristas y noviias. El encuentro comenzó con algunos testimonios. Francisco dejó a un lado el discurso preparado para la ocasión: «de ocho páginas… “Pero nosotros venimos aquí a escuchar al Papa, no a aburrirnos”. Por eso, para no aburrirnos, le voy a dar este discurso al señor cardenal, el lo va hacer traducir al bengalí y yo les voy a decir lo que se me ocurre ahora. No sé si será mejor o peor, ¡pero les aseguro que va a ser menos aburrido!».

 

El Papa dijo que al entrar a la Casa recordó la Lectura de Isaías que será proclamada durante la misa del próximo martes. «En aquellos días surgirá un pequeño brote de la Casa de Israel. Isaías describe allí la grandeza y la pequeñeza de la vida del servicio a Dios, y esto les toca a ustedes, porque son hombres y mujeres de fe que sirven a Dios».

 

«Sí, brota lo que está adentro, lo que está adentro de la tierra. Y esa es la semilla, no es ni tuya, ni tuya ni mía. La semilla –explicó Begoglio– la siembra Dios, y es Dios el que da el crecimiento. Yo soy el brote, cada uno de nosotros puede decir. Sí, pero no por mérito tuyo: de la semilla que te hace crecer. Y yo qué tengo que hacer: regarla. Para que eso crezca y llegue a esa plenitud del espíritu que es lo que ustedes tienen que dar como testimonio».

 

«¿Cómo se puede regar esta semilla? Cuidándola y cuidando el brote que empieza a crecer. Cuidar la vocación que hemos recibido. Como se cuida a un niño, como se cuida a un enfermo, como se cuida a un anciano. La vocación se cuida con ternura humana. Nuestras en comunidades, si en nuestros presbiterios falta esa dimensión de ternura humana, el brote queda chiquito, no crece, quizás se seque. Cuidar con ternura, porque cada hermano del presbiterio, cada hermano de la Conferencia episcopal, cada hermano o hermana de la comunidad religiosa, cada hermano seminarista, es una semilla de Dios, y Dios la mira con ternura de Padre».

 

«Es verdad –continuó– que de noche viene el enemigo y tira otra semilla, se corre el riesgo de que la buena semilla quede ahogada por la mala semilla. Qué fea que es la cizaña en los presbiterios, qué fea la cizaña en las conferencias episcopales, qué fea la cizaña en las comunidades religiosas y en los seminarios, cuidar el brote, el brote de la buena semilla. E ir viendo cómo crece, e ir viendo cómo se distingue de la mala semilla y de la mala yerba».

 

«Cuidar es discernir –añadió–, y darse cuenta de que la planta que crece, si va por este lado y la riego todos los días, crece bien; si va por este otro lado y la descuido, crece ma;, y darme cuenta cuándo está creciendo mal y cuándo hay compañías o personas o situaciones que amenazan el crecimiento. Discernir y solamente se discierne cuando uno tiene un corazón orante. Orar Cuidar es orar. Es pedirle a quien plantó la semilla que me enseña a regarla. Y si estoy en crisis o me quedo dormido, que la riegue un tiempito por mí. Orar es pedirle al Señor que nos cuide. Que nos dé la ternura que nosotros tenemos que dar a los demás».

 

«La segunda idea que me viene –prosiguió el Pontífice– es que en este jardín del Reino de Dios no hay solamente un brote: hay miles y miles de brotes, todos nosotros somos brotes. Y no es fácil hacer comunidad, no es fácil. Siempre las pasiones humanas, los defectos, las limitaciones, amenazan la vida comunitaria, amenazan la paz. La comunidad de la vida consagrada, la comunidad del seminario, la comunidad del presbiterio, y a comunidad de la conferencia episcopal tiene que saber defenderse de todo tipo de divisiones».

 

«Ayer agradecimos a Dios por el ejemplo que da Bangladesh en el diálogo interreligioso», dijo Francisco, citando entre los aplausos la frase que pronunció el cardenal Jean-Louis Tauran, quien en 2010 definió a este país como el mejor ejemplo de armonía en el diálogo interreligioso. «¿Vamos a hacer lo contrario, en el diálogo dentro de nuestra fe, de nuestra confesión católica, de nuestras comunidades? Ahí también Bangladesh tiene que ser el ejemplo de armonía. Hay muchos enemigos de la armonía, hay muchos. A mí me gusta mencionar uno, que basta como ejemplo. Quizás alguno me puede criticar porque soy repetitivo en esto, pero para mí es fundamental. El enemigo de la armonía en una comunidad religiosa, en un presbiterio, en un episcopado, en un seminario, es el espíritu del chisme».

«Y esto no es novedad mía –afirmó. Hace 2000 años lo dijo un tal Santiago en una carta que les escribió a la Iglesia. La lengua, hermanos y hermanas, la lengua. Lo que destruye una comunidad es el hablar mal de otros. El subrayar los defectos del otro. Pero no decírselo a él, decírselo a otro, y así crear un ambiente de desconfianza, un ambiente de recelo, un ambiente en el que no hay paz y en el que hay divisiones. Y una cosa que me gusta decirla como imagen de lo que es el espíritu del chisme, es terrorismo. Porque el que va a hablar mal de otro no lo dice públicamente, el que es terrorista no dice públicamente soy terrorista, el que va a hablar mal de otro, va a escondidas, habla con uno, tira la bomba y se va. Y la bomba destruye y él se va lo más tranquilo, lo más tranquila a tirar otra bomba. Querida hermana, querido hermano, cuando tengas ganas de hablar mal de otro, mordéte la lengua, lo más probable es que se te hinche, pero no harás mal a tu hermano o a tu hermana».

 

Para concluir, el Papa se refirió a otra idea: pedir el espíritu de la alegría, porque, explicó, sin alegría no es posible servir a Dios, y da mucha pena encontrar sacerdotes, religiosos, monjas, seminaristas, obispos amargados, con una cara triste: «¿Qué tomaste? ¿Vinagre? Cara de vinagre. O esa amargura del corazón –insistió Francisco–, cuando viene la semilla mala y dice: “Ah, mirá a este le hicieron superior, a esta la hicieron superior, a este obispo, y a mí me dejan de lado”. Ahí no hay alegría».

 

Citando a santa Teresa de Jesús, «la grande», Bergoglio explicó: «tiene… es una maldición, una frase que es una maldición. Se la dice a sus monjas: ¡ay de la monja que dice “hiciéronme sinrazón”! Usa una palabra castellana “sinrazón”, es decir algo que no es razonable. Cuando ella decía, se encontraba monjas que estaban lamentándose, no me dieron o que me debían dar, no me hicieron monja. Pobre monja, va camino abajo. Alegría. Esa alegría que no puede ser risa porque hay mucho dolor es paz». Y después, refiriéndose a la otra santa Teresa, «la pequeña», continuó: «Teresa del Niño Jesús, ella tenía que acompañar todas las noches al refertorio a una monja vieja inaguantable de mal genio, muy enferma, pobrecita, que se quejaba de todo. Una noche, mientras la acompañaba por el claustro, escuchó de un palacio vecino, seguramente, la música de una fiesta. La música de gente que se divertía bien. Gente buena. Como ella lo había hecho y lo había visto hacer a sus hermanas. Y se imaginó la gente que bailaba. Y ella dijo: “Mi gran alegría es esta y no la cambio por aquella”. Aún en los momentos de prueba, de dificultad de tener que soportar a un superior superiora un poquito raros. Aún en esos momentos decir “Contento, Señor”, como decía Alberto hurtado: “La alegría del corazón”».

 

«Les aseguro –concluyó– que a mí me da mucha ternura cuando me encuentro con sacerdotes, obispos o monjas ancianos, que han vivido con plenitud la vida. Los ojos son indescriptibles están llenos de alegría y de paz. Los que no vivieron así la vida, Idos es bueno Dios los cuida, pero les falta ese brillo en los ojos que tienen los que fueron alegres en la vida. Traten de buscar, sobre todo se ve más en las mujeres. Traten de buscar en las monjas viejas, esas monjitas que toda su vida estuvieron sirviendo, con alegría y paz, tienen unos ojos pícaros, brillantes, porque tienen la sabiduría del Espíritu Santo. El pequeño brote, en esos viejos y en esas viejas, se hizo la plenitud de los siete dones del Espíritu Santo. Acuérdense de esto el martes, cuando escuchen la lectura en la misa, y pregúntense a sí mismos ¿cuido el brote, rego el brote? ¿Cuido el brote en los demás? ¿Tengo miedo de ser terrorista y por lo tanto no hablo nunca mal de los demás y me abro al don de la alegría? A todos ustedes les deseo que cuando el buen vino de la vida los madure los ojos brillen de picardía, de alegría y de plenitud en del Espíritu Santo. Recen por mí y que Dios los bendiga».

 

El encuentro finalizó con la lectura de una oración mariana compuesta por el padre Mintu Palma, en la que se reza especialmente por el Papa: «Te pedimos, Señor, que conserves a nuestro Santo Padre el Papa Francisco, con amoroso cuidado, para que, gozando de buena salud, pueda guiar al pueblo de Dios por los senderos de la salvación, y que siga promoviendo la paz y la armonía en el mundo».


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Diciembre 3: fiesta anual de S. Fco.Javier y de la lengua vasca. Autor: Mons. Molères

 

Le 3 décembre, on fête Saint François-Xavier et la langue basque

Le livre « Saint François Xavier » de Mgr Molères est publié chez l’éditeur « Parole et Silence ». © DR

Avant de rendre son âme à Dieu, François de Xabier avait retrouvé pour d’ultimes prières la langue basque de son enfance, selon ce qu’avait rapporté son secrétaire et compagnon de route chinois ; en souvenir de l’apôtre navarrais, comme chaque année depuis 1949, ce dimanche 3 décembre sera placé sous le signe de l’euskara lors de la journée internationale qui lui est dédiée. Mgr Molères, qui fut évêque de Bayonne de 1986 à 2008, vient de publier « Saint François Xavier » chez l’éditeur « Parole et Silence ». Nous sommes très heureux de publier dans notre « Lettre Baskulture » ce texte qu’il nous a adressé.

ALC

Saint-François-Xavier, conquistador du Christ

Qui donc était cet homme qui fut conquistador du Christ jusqu’au bout du monde ?
Il fut d’abord un homme fortement enraciné dans le terroir basco-navarrais ; né le 7 avril 1506 au château de Xavier en Navarre, altière demeure à trois tours, créneaux, donjon et pont-levis ; par son père, il descendait des Etcheberria, qui au XIVème siècle vivaient à Jaxu, village proche de Saint-Jean-Pied-de-Port en Basse Navarre, et par sa mère de la noble famille des Azpilcueta, de la vallée de Baztan, anoblie bien avant le temps de Charlemagne ; son père, Jean de Jaxu, docteur en droit de l’université de Bologne devint par sa compétence et sa réputation de sagesse, le conseiller préféré des souverains de Navarre et « alcade major », président perpétuel du Tribunal suprême de Navarre ; retenu à Pampelune par son emploi et les besoins de la Cour, il appelait souvent ses enfants auprès de lui, et de temps en temps séjournait auprès d’eux. Dona Maria et sa sœur célibataire élevaient les six enfants de leur mieux ; dans ce climat de foi et d’harmonie surgit un événement inattendu ; le 24 juillet 1512, le duc d’Albe s’empare à l’improviste de Pampelune au nom du roi Ferdinand de Castille ; le roi de Navarre Jean d’Albret doit fuir en vitesse, rejoint par son conseiller Jean de Jaxu. Le 15 juin 1515 Ferdinand réunit définitivement la Navarre à la Castille ; le 16 octobre de la même année, Jean de Jaxu, disgracié, meurt. Vaillamment, son épouse fait face, réduit le train de vie familial et fait appel à son cousin magistrat, Martin d’Azpilcueta qui vient se fixer au château, démantelé peu après par le premier ministre du roi Ferdinand ; après plusieurs péripéties, les deux frères aînés tiennent en échec les forces de Castille jusqu’au jour de la capitulation navarraise.

François vient d’avoir 19 ans ; Dona Maria, sa mère, malgré sa peine, l’envoie à la célèbre université de Paris, conquérir ses grades universitaires ; ainsi, après une enfance heureuse, deuils, guerres, revers, réduction du train de vie, lui apprennent à surmonter ces épreuves et à forger son caractère.

Car ce jeune étudiant est un caractère, « la plus dure tête qu’il me fut donné de pétrir » disait St Ignace de Loyola. Vite, François-Xavier réussit dans ses études ; garçon brillant, sportif, à succès, il devient champion de saut en hauteur et maître ès arts, ce qui lui donne le droit d’enseigner, mais au collège Sainte barbe où il loge, il est co-chambriste avec un certain Pierre Favre ­­– qui devint un saint – et Iñigo de Loyola, de 15 ans plus âgé, blessé au siège de Pampelune, parmi les troupes castillanes opposées aux Navarrais ; cet homme s’était converti et était parti compléter ses études en Sorbonne ; le jeune Xavier regarde de haut ce Guipuzkoan mal accoutré qui, au bon moment, lui rappelle la question dérangeante de l’Evangile : « que sert à l’homme de gagner l’univers, s’il vient à perdre son âme ? »

Peu à peu, Ignace le guide sur les chemins de la vie spirituelle avec une méthode inspirée par l’Esprit-Saint et mise au point par lui : les Exercices Spirituels.

Désormais avec cinq autres jeunes, Xavier vit en équipe autour d’Ignace et le 15 août 1524, les sept prononcent leurs vœux de pauvreté, chasteté, obéissance et mise à la disposition du pape.

Une nouvelle vie commence ; durant 11 ans, dont 5 ans sur mer, dans des conditions souvent très dangereuses, ce jeune missionnaire, avec sa foi de converti, vit à fond son attachement au Christ ; il veut le faire connaître à l’autre bout du monde ; dans ce but, il part en Inde, à Malacca, en Malaisie, en Indonésie, au Japon, après avoir essuyé d’énormes tempêtes : « je n’ai peur de personne, sinon de Dieu, je tiens pour du néant toutes les autres craintes » écrit-il un soir à un ami jésuite.

Dans chaque pays où il débarque, il se préoccupe de trouver un traducteur pour traduire un catéchisme très élémentaire en tamoul, en malais, en japonais ; puis il va soigner les malades et vivre parmi les pauvres ; il paie de sa personne ; « il faut oser semer l’Evangile » disait-il.

Durant ces onze années de solitude et de fondation missionnaire, cet homme intrépide évolue intérieurement par l’action de l’Esprit-Saint ; dans sa première formation, il avait reçu une formation chrétienne rigoureuse, une théologie intransigeante ; progressivement il porte un autre regard sur Dieu et les gens qu’il rencontre ; il découvre que les païens ont aussi leurs valeurs et que lui-même peut bénéficier des ressources de leur culture ; lui qui pensait que les enfants morts sans baptême ne voyaient pas Dieu, à force d’expérimenter dans la solitude et l’épreuve la grâce de Dieu, modifie ce point de vue si radical.

Il fait encore une autre découverte spirituelle de taille ; au départ il pensait pouvoir rendre service à Dieu en lui offrant de nouveaux chrétiens, issus de pays et de cultures nouvellement évangélisés ; avec le temps il découvre dans l’action de grâce que Dieu lui accorde la faveur d’être son envoyé et qu’il doit lui en savoir gré, humblement.

Tout jeune converti, il avait rêvé d’aller en pèlerinage à Jérusalem ; au soir de sa vie, il croit encore qu’il y a une route par la Chine vers Jérusalem ; il découvre dans la solitude et la maladie, sous une paillotte fouettée par les vents, que Jésus vient à lui ; dans son délire il prie, sans doute en basque, puis en latin ; l’ilot de Sancian, au large de Canton, face à la Chine, lui sert de tombeau ; Jésus vient l’y chercher. Xavier n’a plus besoin d’aller à Jérusalem.

Une pieuse légende raconte (mais la légende contient souvent des éléments plus vrais que l’Histoire) qu’à des milliers de km de là, dans le manoir navarrais de Xavier, la croix du Christ qui se trouve dans le couloir d’accueil du château, se couvrit d’une mince pellicule de sang, alors qu’il agonise.

François, conquistador du Christ est enfin parvenu au but de son voyage, recru de fatigue et de sueur, mais toujours passionné de Dieu.

« L’amour ne dit jamais assez » dit l’Ecriture ; « L’enfer n’est pas si vaste que l’amour » ajoute Claudel.

Le 3 décembre 1552, François de Xavier meurt sous le regard de Dieu. A sa manière il a vécu dans sa courte et tumultueuse existence, le mystère pascal, avec sa double expérience de bondissements et de piétinements, d’audacieuses cavales et d’interminables attentes, de mort et de résurrection.

Cinquante ans après, un autre jésuite, le Père Matteo Ricci pénètre en Chine avec d’autres méthodes, d’autres audaces et d’autres patiences, car nous dit Saint Vincent de Paul : « L’amour est inventif à l’infini ».

Le livre « Saint François Xavier » de Mgr Molères est publié chez l’éditeur « Parole et Silence ».

+ Pierre Molères

Evêque émérite de Bayonne


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Jesuitas en Myanmar en espera de la visita del Papa

 

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Girish Santiago, SJ (GUJ)

Mientras nos preparamos ansiosamente para recibir y dar la bienvenida a nuestro querido papa Francisco en Myanmar (o Birmania) el 27 de noviembre de 2017, me vienen a la cabeza sus palabras tan llenas de solicitud: “Debemos salir a las ‘periferias’, donde hay sufrimiento, sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantos malos patrones” e “ir más allá de los muros de las iglesias“. En la actualidad, el mundo está asistiendo a la trasformación de nuestro ‘Myanmar’ de oro en un ‘Myanmar en llamas’, con los refugiados rohinyás, las personas internamente desplazadas en el estado de Kachin y los refugiados retornados en el estado de Kayah.

Es aquí donde nosotros, la misión jesuita de Myanmar, hemos escuchado el grito de nuestro pueblo y hemos respondido a la llamada de Dios para participar en su misión. Con esta confianza focalizada, el escolar Vincent Pham Doan (VIE) y yo fuimos enviados a la diócesis de Myitkyina, en el estado de Kachin. En el St. Luke’s College (en adelante SLC), un centro de formación sociopastoral, atendemos a 87 estudiantes de ambos sexos procedentes de las cuatro diócesis del Alto Myanmar -Banmaw, Lashio, Myitkyina y Kengtung- que se preparan para ser catequistas.

Es aquí donde nos impresiona hondamente la metáfora del papa sobre las ovejas y su olor. Es aquí donde colaboramos con el sencillo P. Leo Gopal, director del centro, y su comprometido equipo en el acompañamiento de los ‘olorosos estudiantes’ venidos de distintas periferias. Puesto que la cultura moderna ha desarraigado a las personas que orientamos pastoralmente, aquí es donde entramos en contacto con las hediondas situaciones de ‘nuestras ovejas y sus olores‘ en su contexto: personas afectadas por la guerra y personas internamente desplazadas y su agonía de una vida frustrada, diluida; un número enorme de pobres en las zonas mineras, que corren peligro de muerte por diversas causas; un número inmenso de jóvenes con problemas de drogas, sus familias y la oscuridad de su deseperación; muchachas cuya vida ha sido destrozada por la trata de personas y la esclavitud; comunidades remotas sin atención sociopastoral, privadas de formación en la fe-justicia. ¡Estas situaciones están necesitadas de liberación!

Para satisfacer esta necesidad, el SLC selecciona a aquellos jóvenes de ambos sexos de las comunidades afectadas que muestran mayor generosidad para ofrecer su servicio sin buscar grandes recompensas, inspirados por catequistas de mayor edad. A estos estudiantes les ofrecemos en el SLC, en colaboración con el EAPI de Manila (Filipinas), la posibilidad de obtener el Certificado Conjunto (Joint Diploma Certificate). En nuestros métodos de enseñanza nos esmeramos en contextualizar las ideas en la realidad, teniendo presentes las palabras del papa: “La realidad es superior a la idea” (Evangelii gaudium 231). Tenemos un plan de estudios altamente contextualizado: clases impartidas por profesores locales, pero también de otros lugares del mundo, todos los cuales conocen también de cerca el sufrimiento.

Como parte de su formación, los estudiantes son enviados de forma regular los fines de semana a parroquias y centros sociales cercanos. Además, viven dos semanas de intensiva exposición apostólica. Debidamente aleccionados, salen al encuentro de las ovejas y retornan con el olor de ellas. Las áreas de este programa de inmersión son: atención pastoral en comunidades remotas que no cuentan con sacerdote ni religiosos o religiosas residentes; trabajo en centros de atención a drogadictos; trabajo con personas internamente despazadas en campamentos; trabajo con personas con discapacidades en centros de atención a enfermos de sida e inmunoportadores; e iniciativas paz con comunidades ecuménicas e interreligiosas.

Habiéndome percatado de la importancia de este programa en el college, yo, como científico social, sentí la necesidad de acompañar a los estudiantes también en sus lugares de acción apostólica. Así, con el consentimiento del director, el escolar Doan y yo empezamos a visitar a los estudiantes participantes en el programa y en cuatro campamentos de personas internamente desplazadas incluso entregamos a cada familia una manta para combatir el punzante frío. A los estudiantes les asombró este planteamiento de “amor en acción”. Sobre las visitas me gustaría decir lo siguiente:

  • Merece la pena ver a los estudiantes contextualizando gozosamente las lecciones aprendidas en las aulas. Cuando les preguntaba cómo se sentían respecto de su experiencia, la respuesta, en kachin y en inglés, era invariablemente: “Grai Kaja, Wa Jau – fantástico, padre “
  • Sin duda, merece la pena que olamos a nuestras ovejas, que las veamos orar, predicar y practicar durante su experiencia de exposición apostólica.

Viendo el enfoque sociopastoral de los jesuitas, el P. Leo me dijo: “P. Girish, Ud. como director adjunto y profesor, y el escolar Doan, como administrador, además de realizar su ministerio en el campus, han ido a ver a nuestra gente in situ. De hecho, esta es la primera vez que algún religioso sale del campus para visitar a los estudiantes en los lugares donde están viviendo su experiencia apostólica. ¡Veo que Uds. los jesuitas son muy diferentes!”. Escuchar estas palabras testimoniales supuso para mí una lección de humildad y, sin embargo, también todo un reto. En efecto, somos enviados para introducir esa diferencia creativa pensando y sintiendo con la Iglesia. ¡Que Dios bendiga nuestra vida, nuestra misión y nuestro proceso de creación de redes!


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Europa, presente y futuro. Congreso en el Vaticano.

Encuentro sobre Europa: “No podemos dar marcha atrás”

 

Del 27 al 29 de octubre en el Vaticano, en el Aula Nueva del Sínodo, se lleva a cabo el Congreso “Repensar a Europa: contribución cristiana al futuro de la Ue” organizado por la Comisión de los episcopados de la Comunidad Europea (Comece) en colaboración con la Santa Sede, con ocasión del 60 aniversario de la firma de los Tratados de Roma (25 de marzo 1957).

Europa debe continuar con su evolución, también y precisamente a causa de las crisis del pasado. No hay marcha atrás, asegura el cardenal alemán Reinhard Marx, presidente de los obispos europeos entrevistado por el p. Bernd Hagenkord, de la Secretaría para la Comunicación vaticana. “Queremos crear un ámbito en el cual lograr tomar nuevo coraje”: es este el punto focal resaltado por el cardenal Marx.

Es verdad, agrega, sirve mucho coraje, ya que Europa no es más aquel lugar solar de hace algunos años. Hay menos optimismo en lo que respecta a la voluntad de una mayor comunidad; más bien, las señales indican una tendencia a la división.

“Estamos en un proceso de búsqueda, en una fase de orientación en la cual debemos decidir cuál deberá ser el destino de Europa en el futuro, en los próximos 20 o 50 años… ¿Cuál es el objetivo?”: estas son las interrogantes que se plantea el cardenal Marx. Las crisis siempre han existido, también si las más recientes han sido más bien “ásperas”, y la Iglesia quiere dar su contribución para volver a encontrar coraje.

Europa: un proyecto al que no se debe renunciar

“Europa es un proyecto al que no se debe renunciar. Es una experiencia única en la historia de la humanidad, el hecho de que pueblos y naciones hayan decidido libremente renunciar a una parte de su soberanía para trabajar juntos y nunca más declararse la guerra unos contra otros y  colaborar para obtener ventajas comunes y el bienestar de los pueblos en su singularidad, en el respeto de los derechos humanos, con la democracia, con la ayuda de las Constituciones, con el Estado de derecho, es un hecho grandioso. A veces es necesario recordarlo – la tendencia a olvidar es fuerte…”.

El purpurado menciona un segundo punto: la necesidad de una mayor solidaridad y subsidiariedad para Europa. Son, estos, dos conceptos estrechamente unidos en la Doctrina social.

Una mayor solidaridad

El tercer punto, en el elenco que la Iglesia ha preparado para afrontar el diálogo: ¿Qué representa Europa para el mundo? “¿Sobre cuáles valores fundamentales se basa Europa? Es, también este, un aspecto que debemos testimoniar al mundo; y ¿quién tiene el papel de exponerse por el ‘gran desarrollo de la humanidad, precisamente en la época actual en la que la voz de los Estados Unidos se ha vuelto un poco difícil? Pensemos en la cuestión del clima, en el gran concepto expresado por el Papa, de la ‘casa común de la Creación’; pensemos en el hecho que debemos estar presentes para todos, para que los pobres estén siempre en nuestro horizonte junto a la generación futura. Europa tiene en esto una grandísima responsabilidad, y probablemente el Papa lo reiterará con ocasión del Congreso. A Europa le corresponde un papel importante. Esta es la hora de Europa y también nosotros, como Iglesia, debemos recoger el reto”.

El prelado alemán no contempla la posibilidad de dar marcha atrás: es un camino equivocado, asegura. “No se puede volver atrás: jamás se debe retroceder, sino siempre ir adelante ”.

Uno de los obispos que se dirigirá a los participantes (la tarde del sábado 28) es el Obispo de Roma, el Papa Francisco. Ha sido él quien ha alentado a la organización conjunta de este congreso entre Comece y Vaticano y así ha demostrado una vez más que Europa no le es indiferente sino que si, como dice de sí mismo, él viene del “fin del mundo”. En cambio ha irritado y golpeado en este nuestro “fin del mundo”, una expresión que él ha introducido en uno de sus discursos dirigidos a Europa, el concepto de la “abuela estéril”. “La preocupación del Papa detrás de esta forma de decir es: ¿Europa tiene aún ganas de futuro y de vida? Esta encuentra expresión en la pregunta si estoy dispuesto a fundar una familia, a traer hijos al mundo …  Este es un impulso importante: Europa, eres parte del futuro. No te retires a tu mundo cerrado. No defiendas tu bienestar de forma que aparezca como un muro. La Europa amurallada y aquello que sucede a su alrededor, no interesa: eso es estéril. Juan Pablo II ha repetido a menudo en manera muy positiva: ‘Europa significa apertura’. Esta expresión ha sido el faro que me ha guiado en mi compromiso por Europa”.