Loiola XXI

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Carta del Papa a los franciscanos de Tierra Santa

Carta del Santo Padre al Custodio de Tierra Santa con motivo de los 800 años de la presencia franciscana

El Santo Padre Francisco ha mandado al Custodio de Tierra Santa,  el Padre Francesco Patton, O.F.M., una carta con motivo de los 800 años de la presencia franciscana en esa tierra.
La carta ha sido entregada por S.E. el cardenal Leonardo Sandri,   Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales,  en visita a Tierra Santa dal 16 al 21 de octubre con motivo de ese aniversario, en el curso del solemne pontifical que ha presidido esta mañana en la iglesia de San Salvador en Jerusalén.
Sigue el texto .
Carta del Santo Padre
Para el Reverendísimo Padre Francisco Patton, O.F.M. Custodio de Tierra Santa
He sabido con alegría que esta Custodia.con motivo de los 800 años de la presencia franciscana en Tierra Santa, ha querido celebrar  ese aniversario  importante y feliz con numerosas  iniciativas religiosas, pastorales y culturales, todas ellos orientadas al  redescubrimiento de la encomiable contribución  de los “hermanos de la cuerda “- como se les llamaba – en  los lugares donde el Hijo de Dios se hizo carne, y habitó entre nosotros (cf. Jn 1,14). En esta ocasión, me complace dirigirle  un saludo especial  al igual que a todos  los hermanos, que así mantienen  vivo el testimonio cristiano, estudian las Escrituras y acogen a los  peregrinos. El seráfico Padre Francisco, en el capítulo de Pentecostés  en mayo de 1217, abrió  la Orden a la  dimensión “misionera y universal”, enviando a sus hermanos a todas las naciones como testigos de  fe, de  fraternidad y de  paz; y así se  creó la Provincia de Tierra Santa, en un principio llamada de Ultramar  o de Siria. Este ampliarse del horizonte  de la evangelización fue el comienzo de una aventura extraordinaria, que llevó hace ocho siglos, a los primeros frailes menores a desembarcar en Acre, donde el pasado 11 de junio, empezasteis  las celebraciones del centenario, renovando vuestra adhesión a la llamada de Jesús, en fidelidad al Evangelio y a la Iglesia.
Asiduos  en la contemplación y la oración, sencillos  y pobres, obedientes al Obispo de Roma, también estáis comprometidos en  el presente a  vivir en  Tierra Santa junto a los hermanos de diferentes culturas, etnias y religiones, sembrando la paz,  la hermandad y  el respeto. Es bien sabida  vuestra disponibilidad para  acompañar  los pasos de los peregrinos procedentes  de todo el mundo a través de la acogida y la guía. Os habéis  dedicado a la búsqueda de los testimonios arqueológicos y al estudio atento de las Sagradas Escrituras, atesorando la famosa frase de San Jerónimo, que durante muchos años vivió retirado en Belén: “La ignorancia de las Escrituras es ignorancia de  Cristo” (Comm En. Is. Prol:.. PL 24,17).
No quiero olvidar, además de la custodia y  de  la animación de los santuarios, vuestro compromiso en  servicio de  la comunidad eclesial local. Os animo a perseverar alegres en el apoyo  a nuestros hermanos, especialmente los más pobres y los más débiles;  en la educación de la juventud – que a menudo  corre el riesgo de perder la esperanza en un contexto todavía sin paz -; en la acogida de los ancianos y el cuidado de los enfermos, viviendo concretamente en la cotidianidad  las obras de misericordia. Uniéndome a mis venerados predecesores, comenzando con Clemente VI que, con la bula Gratias agimus os  confío  la custodia de los Santos Lugares, quiero renovar ese mandato, alentándoos a ser testigos alegres del Resucitado en Tierra Santa.
Sois embajadores de todo el Pueblo de Dios  que con generosidad siempre os ha sostenido, en particular, a través de la “Colecta para Tierra Santa”, que contribuye a garantizar que en la Tierra de Jesús la fe se haga  visible mediante las obras. De manera especial os sostiene, en nombre del Sucesor de Pedro, la Congregación para las Iglesias Orientales, que en estos días celebra su centenario. Por último, deseo recordaos las palabras de vuestro fundador, ” Aconsejo de veras, amonesto y exhorto a mis hermanos en el Señor Jesucristo que, cuando van por el mundo, no litiguen ni contiendan con palabras (cf. 2 Tim 2,14), ni juzguen a los otros; sino sean apacibles, pacíficos y moderados, mansos y humildes, hablando a todos honestamente, como conviene. “(Regla bulada , 3, 10-11: FF 85).
Confío la Custodia de Tierra Santa, cada una de sus comunidades y todos los frailes  a la protección maternal de la Virgen María y ,mientras  invoco la intercesión de vuestro santo patrón  Antonio de Padua, os imparto de corazón la bendición apostólica.
Desde el Vaticano, 17 de octubre, 2017

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Brasil. Tercer centenario de la virgen de Aparecida.

APARECIDA DE FIESTA. Grandes festejos para celebrar los 300 años de la aparición de la patrona de Brasil, el 12 de octubre. Se espera la presencia de 250.000 personas. Allí acudió el Papa Francisco poco después de ser elegido

El escultor Cláudio Pastro durante los trabajos en la cúpula del santuario que será inaugurada el 11 de octubre

El escultor Cláudio Pastro durante los trabajos en la cúpula del santuario que será inaugurada el 11 de octubre

La ciudad de Aparecida, a 180 km de San Pablo, está en plena ebullición, inmersa en los preparativos para celebrar los 300 años de la aparición de Nuestra Señora de Aparecida, patrona de Brasil desde 1930. Con solo 36.000 habitantes, Aparecida espera que acudan más de 250.000 fieles – 200.000 solamente el 12 de octubre – , un flujo que, de confirmarse, sería un 40% mayor que el del año pasado y constituiría un nuevo récord. La mayor parte de los visitantes se concentra en el Santuario, que consta de 143.000 metros cuadrados de superficie construida, un templo que puede contener 30.000 personas, seis capillas y algunos museos. En estos días se celebrarán aproximadamente 60 misas, novenas, rosarios y predicaciones. El cardenal italiano Giovanni Battista Re, enviado del Papa Francisco, presidirá dos misas los días 11 y 12.

La fiesta incluye la tradicional novena de Nuestra Señora de Aparecida y espectáculos gratuitos de renombrados artistas brasileños que recitarán canciones y poemas a la Virgen y han renunciado a cualquier tipo de remuneración. Pero el momento más esperado es la inauguración de la cúpula central del santuario, que se realizará el 11 de octubre. Esta estructura, proyectada por el artista Cláudio Pastro, mide 34 metros de diámetro, 109 de circunferencia y 72 de altura. El padre João Batista de Almeida, director del Santuario, cuenta que la construcción de la obra fue un gran desafío para el equipo de ingenieros. “Todo el mosaico de la cúpula se hizo en Italia, donde, piedra sobre piedra, se fue creando la obra de arte”, explica. Para revestir los 2.000 metros cuadrados se utilizaron más de 5 millones de piezas y requirió más de 2.000 días de trabajo.

Para la celebración de los 300 años, la imagen de Nuestra Señora de Aparecida será revestida con dos capas realizadas por las Hermanas Carmelitas de Santa Teresita del Niño Jesús, de Aparecida. Las piezas, bordadas con pequeñas piedras brillantes y cristales sobre una tela de terciopelo importado de Alemania, requirieron un mes de trabajo. El diseño con plantas acuáticas, escenas de pesca, peces y la bandera brasileña, hace referencia a los pescadores y a la pesca milagrosa de 1717, que se considera el primer milagro de Nuestra Señora de Aparecida. El 11 y 12 de octubre se emitirá un documental inédito titulado “Aparecida do Brasil”, producido por TV Aparecida en colaboración con el canal History Channel. Malu Veiga, coordinadora de la programación de TV Aparecida, anticipa que “el telespectador verá una producción donde se representa el contexto histórico y de devoción de Nuestra Señora de Aparecida, comenzando por el rescate de la imagen y los primeros milagros que la consagran como santa, hasta la llegada de los Misioneros Redentoristas y la construcción del santuario mariano más grande del mundo”. Dos momentos destacados del documental, presentado por el periodista Rodrigo Álvarez – autor del libro Aparecida, uno de los más vendidos de Brasil – son las dramatizaciones de los hechos históricos reconstruidos, entre ellos el atentado contra la imagen de Nuestra Señora en 1978 y la narración de la investigación histórica sobre la construcción de uno de los principales símbolos católicos de devoción de Brasil

En la cúpula del Santuario de Aparecida se inaugurará también un pequeño museo y se colocará una estatua de la Virgen de 50 metros de altura a tres kilómetros de la basílica. El monumento, realizado en acero inoxidable, terminará de construirse en diciembre y tendrá 12 metros más de altura que el famoso Cristo Redentor de Río de Janeiro. La colocación de la estatua en su ubicación definitiva tiene un costo de aproximadamente 2 millones de reales (625.000 dólares) y la mayor parte de esa suma será donada por el artista plástico Gilmar Pinna, autor de la obra. La escultura será expuesta en un nuevo parque municipal de 130.000 metros cuadrados que cuenta con restaurantes y estacionamiento para 2.000 automóviles. Actualmente, el Santuario Nacional de Aparecida recibe doce millones de fieles por año.


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El cristianismo no es sólo la suma de preceptos y normas morales. Palabras del Papa

«La arrogancia y la presunción, que a veces se convierten también en violencia, son un impedimento a la tenaz y tierna voluntad de Dios», dijo el Papa Francisco durante el Ángelus. Por el contrario, «la grandeza del cristianismo es la ausencia de venganza». De hecho, «a través de situaciones de debilidad y de pecado, Dios sigue poniendo en circulación el “vino nuevo” de su viña, es decir, la misericordia», afirmó el Papa. Dios es «paciente» y «no se venga» por nuestros pecados y errores, prosiguió: «el cristianismo no es sólo la suma de preceptos y normas morales, sino que es ante todo una propuesta de amor que Dios, por medio de Jesús, ha hecho y sigue haciendo a la humanidad». Por ello, «sólo hay un impedimento ante la tenaz y tierna voluntad de Dios: nuestra arrogancia y nuestra presunción, que a veces se convierte también en violencia». Y «frente a estas actitudes y donde no se producen frutos, la Palabra de Dios conserva toda su fuerza de reprensión y admonición: “el Reino de Dios se les quitará a ustedes y se le entregará a un pueblo que produzca los frutos del Reino”».

 

El Pontífice reflexionó sobre la especificidad de la fe en Cristo recordando la «urgencia de responder con frutos de bien a la llamada del Señor, que nos llama a convertirnos en su viña, nos ayuda a comprender qué hay de nuevo y original en el cristianismo». La historia entre Dios y su pueblo, «como cualquier historia de amor, tiene momentos positivos pero también traiciones». En su meditación sobre las Escrituras, el Papa se dirigió a los fieles que estaban reunidos en la Plaza San Pedro e indicó que «la liturgia de este domingo nos propone la parábola de los viñadores, a quienes el propietario arrienda la viña que había plantado y luego se va». Así, comentó el Papa, «es puesta a la prueba la lealtad de estos labradores»: «la viña está confiada a ellos, que deben custodiarla, hacerla fructificar y entregar la cosecha al dueño». Cuando llega «el tiempo de la cosecha, el dueño envía a sus siervos a cosechar los frutos. Pero los viñadores asumen una actitud posesiva: no se consideran simples gestores, sino propietarios, y se niegan a entregar la cosecha. Maltratan a los sirvientes, hasta el punto de matarlos». El dueño, recordó Jorge Mario Bergoglio, «se muestra paciente con ellos: envía a otros siervos, más numerosos que los primeros, pero el resultado es el mismo. Al final decide enviar a su propio hijo; pero esos labradores, prisioneros de su comportamiento posesivo, también matan a su hijo».

 

Este relato, explicó el Pontífice, ilustra alegóricamente los reproches que los Profetas habían hecho sobre la historia de Israel. «Es una historia —explicó Francisco— que nos pertenece: se habla de la alianza que Dios quiso establecer con la humanidad y a la cual llamó a participar también a nosotros. Sin embargo, esta historia de alianza, como cada historia de amor, conoce sus momentos positivos, pero también está signada por traiciones y rechazos». Además, recordó, «para hacer entender cómo Dios Padre responde a los rechazos opuestos a su amor y a su propuesta de alianza, el pasaje evangélico pone en los labios del dueño del viñedo una pregunta: “Cuando vuelva el dueño, ¿qué hará con esos labradores?”. Esta pregunta subraya que la desilusión de Dios por el comportamiento malvado de los hombres no es la última palabra». Y precisamente, subrayó el Papa, «he aquí la gran novedad del cristianismo: un Dios que, aunque decepcionado por nuestros errores y nuestros pecados, no rompe su palabra, no se detiene y sobre todo no se venga. A través de las “piedras de deshecho”- Cristo es la primera piedra que los constructores han desechado- a través de situaciones de debilidad y de pecado, Dios sigue poniendo en circulación el ÷“vino nuevo” de su viña, es decir, la misericordia».

 

Según Francisco, el cristianismo «no es sólo la suma de preceptos y normas morales, sino que es ante todo una propuesta de amor que Dios, por medio de Jesús, ha hecho y sigue haciendo a la humanidad». Es una invitación a «entrar en esta historia de amor, convirtiéndose en una viña viva y abierta, rica de frutos y de esperanza para todos».

 

Por ello, insistió Francisco, «una viña cerrada puede volverse salvaje y producir uvas silvestres. Estamos llamados a salir de la viña para ponernos al servicio de los hermanos que no están con nosotros, para sacudirnos mutuamente y animarnos, para recordarnos que debemos ser la viña del Señor en cualquier ambiente, incluso en los más lejanos e incómodos». Y por ello invitó a invocar la «intercesión de María Santísima para que nos ayude a ser, en todas partes, especialmente en las periferias de la sociedad, la viña que el Señor ha plantado para el bien de todos».

 

Después del Ángelus, Francisco recordó que «Ayer en Milán fue proclamado Beato el padre Arsenio de Trigolo ( en el siglo José Migliavacca), sacerdote de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos y fundador de la congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación. Alabamos al Señor por este humilde discípulo suyo, que aún en la adversidad y las pruebas, y ha tenido tantas, nunca perdió la esperanza». Jorge Mario Bergoglio saludó «con afecto a todos ustedes peregrinos, sobre todo a las familias y a los grupos parroquiales, provenientes de Italia y de diversas partes del mundo. En particular: a los fieles de Australia, de Francia y de Eslovaquia, así como a los de Polonia que se unen espiritualmente a los compatriotas que hoy celebran el Día del Papa».

 

El Pontífice también saludó con afecto al «grupo del Santuario de la Virgen de Fátima en la ciudad de Pieve, acompañados por el Cardenal Gualtiero Bassetti: queridos hermanos y hermanas, les animo a que continúen con alegría vuestro camino de fe, bajo la mirada pensativa y tierna de nuestra madre celestial: ella es nuestro refugio y nuestra esperanza. ¡Sigan adelante!». A todos deseó buen domingo y buen almuerzo y pidió, como acostumbra, oraciones por él.


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Chile ante la próxima visita del Papa

La Iglesia Católica en pausa

coco

(Jorge Costadoat, SJ).-

La Iglesia Católica en Chile se prepara a la venida del Papa. ¿Será importante su visita? Suponemos que sí. Pero, ¿será decisiva? Es decir, ¿podrá marcar un antes y un después? Urge que así sea.

Vista la Iglesia a la distancia de los últimos sesenta años, distingo dos grandes etapas, y espero una tercera. Desde 1961 hasta 1991, su planteamiento pastoral puede ser denominado “Catolicismo Social”. Esta larga etapa, a su vez, tuvo dos períodos. El primero, antecedido por la atención que la jerarquía católica puso a la “cuestión social” desde el siglo XIX, cuyo difusor fue el Padre Hurtado, tuvo por hito el impulso de la reforma agraria. Precisamente el año 1961 el episcopado decidió motivarla con la cesión de las propiedades de las diócesis, iniciativa concretada de un modo emblemático por don Manuel Larraín y el Cardenal Silva Henríquez.

El segundo período, desde 1973 hasta 1991, la jerarquía católica, los sacerdotes y las religiosas, laicos y laicas cristianos y creyentes en la parábola del buen samaritano, se abocaron a la defensa de las víctimas de las violaciones de los derechos humanos, personas ejecutadas, desaparecidas, torturadas, y al acompañamiento y cuidado de sus familiares. El ícono de estos años fue la Vicaría de la Solidaridad. La Iglesia Católica chilena interpretó el Evangelio como nunca lo había hecho en su historia. También por estos años, a instancias del obispo Juan Francisco Fresno, ella convocó al Acuerdo nacional que tuvo por objeto luchar para recuperar la democracia. En esta etapa, en sus dos períodos, la postura eclesiástica oficial fue bien acogida por unos, pero resistida por otros. Ya por estos años, sin embargo, se hizo sentir la resistencia de sectores conservadores a las reformas del Concilio Vaticano II. Progresivamente se le quitó el piso a las comunidades eclesiales de base en las que se dio mayor participación a los pobres en la Iglesia y, al mismo tiempo, se fortalecieron movimientos laicales de clase alta que pusieron mucho énfasis en temas de familia y de sexualidad.

Recuperada la democracia, desde 1991 hasta 2017, se abrió una nueva etapa pastoral que puede denominarse “Catolicismo sexual”. La inauguró la carta pastoral de Monseñor Oviedo titulada: “Moral, juventud y sociedad permisiva” (1991). En esta etapa los obispos han denunciado el deterioro de la moralidad en el campo de la sexualidad: se oponen a las experiencias sexuales fuera del matrimonio, a los anticonceptivos, a los preservativos para evitar el sida, a la “píldora del día después”, a la fertilidad asistida, a los textos de enseñanza de educación sexual en los colegios, a la ley de divorcio, a la ley de aborto, a la de ley de unión de parejas del mismo sexo y, ahora último, a la ley de matrimonio homosexual. El resultado de esta etapa es tristísimo. No se ve cómo la Iglesia jerárquica puede estar en contra de la ley de despenalización del aborto en tres causales y, al mismo tiempo, no aceptar la contracepción artificial. Pero nada ha sido peor que, tras haber declarado una crisis moral sexual en la sociedad, hayan salido a la luz pública graves casos de abusos sexuales del clero contra menores de edad y personas frágiles, constatándose a la vez desidia y gestiones de encubrimiento de parte de los superiores jerárquicos y haciendo oídos sordos a las demandas de justicia de las víctimas. Después de veinticinco años, la pérdida de credibilidad en nosotros los sacerdotes ha puesto en grave peligro la transmisión de la fe.

La visita del Papa Francisco, en enero próximo, pudiera marcar el comienzo de una tercera etapa. Esta podría llamarse “Catolicismo socio-ambiental”. Más que una posibilidad, es un deseo personal mío, pero que tiene una sólida base en Laudato si` (2015), la encíclica social más importante desde Rerum novarum (1891). El planeta enfrenta una situación dramática y, en el caso de los más pobres, inminentemente trágica. ¿Qué puede aportar la Iglesia? La encíclica es un cargamento de ideas. A mí parecer, la Iglesia chilena, jerarquía y laicado, debiera capacitarse y, antes de esto, convertirse al Dios de la creación. El país necesita una mística de amor a la tierra. Bien pudiera la Iglesia cultivarla, para luego iniciar a otros en ella. La tradición judeo-cristiano tiene un acervo milenario de experiencias, de intentos y de fracasos, de vías purgativas e iluminativas, de palabras e imágenes, de sentimiento y de arte, todo lo cual pudiera aprovecharse. Necesitamos una mística, es decir, una visión y convicción espiritual, una sensibilidad estética y un compromiso ético con la humanidad y todos los seres que nos hagan gozar con la creación y, en la medida de nuestras pocas fuerzas, cuidarla amorosamente.

Los cristianos no están preparados para esta batalla. En realidad, son parte del problema. Por esto, tendrán que conectarse espiritualmente con el medio ambiente humano y ecológico, reenfocar por completo la educación, generar nuevos estilos de vida y una nueva cultura. Deseo que en esta tercera etapa, la del “Catolicismo socio-ambiental”, los católicos, en humilde colaboración con los otros cristianos, con los fieles de otras religiones, con los seguidores de cualquier idea noble y humanista, anuncien al Jesús olvidado que hablaba de Dios con su experiencia de artesano y en metáforas.

Jorge Costadoat, SJ


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El Papa en la audiencia general: el sufrimiento y la esperanza cristiana.

El Papa: Barcelona, Congo, prófugos… «Dios llora con nosotros y nos sorprende»

En la Audiencia general el Francisco rezó también por las personas afectadas por el terremoto que sacudió la isla de Isquia, Italia, y habló sobre el Dios que renueva todas las cosas: «nosotros los cristianos, somos gente de primavera, no de otoño»
AFP

El Papa Francisco entre los fieles en el Aula Pablo VI

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Pubblicato il 23/08/2017
Ultima modifica il 23/08/2017 alle ore 11:30
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

«He saludado a alguien de Barcelona: cuántas noticias tristes desde allí… Saludé a alguien del Congo: cuántas noticias tristes desde allá, por nombrar solo a dos de ustedes que están aquí. Traten de pensar en los rostros de los niños atemorizados por la guerra, el llanto de las madres, los sueños rotos de muchos jóvenes, en los prófugos que afrontan viajes terribles y son explotados tantas veces…». Durante la Audiencia general de este miércoles 23 de agosto, el Papa, que después de la catequesis rezó también por los muertos, los heridos, los familiares y los que perdieron las casas en el terremoto que sacudió la isla de Isquia, en Italia, invitó a los fieles a leer «no de manera abstracta, sino después de haber leído una noticia de nuestros días» el pasaje de la Biblia en el que Dios afirma: «¡Yo hago nuevas todas las cosas!». Porque «la grande visión de la esperanza cristiana» se basa en que «nosotros tenemos un Padre que sabe llorar, que llora con nosotros», «un Padre que nos espera para consolarnos, porque conoce nuestros sufrimientos y ha preparado para nosotros un futuro diferente», un «Dios de las novedades y de las sorpresas». Y el cristiano, dijo Francisco, «es una persona de primavera, que espera el fruto, que espera la flor, que espera el sol», no una persona «de otoño», que ve hacia abajo «como los cerdos», siempre «amargado, con la cara de pimiento en vinagre».

 

«La esperanza cristiana se basa en la fe en Dios que siempre crea novedades en la vida del hombre, en la historia y en el cosmos. Nuestro Dios es el Dios de las novedades porque es el Dios de las sorpresas», explicó el Papa prosiguiendo con su ciclo de catequesis dedicado a la esperanza cristiana. «No es cristiano caminar con la mirada hacia abajo, como hacen los cerdos, sin alzar los ojos al horizonte».

«¡Yo hago nuevas todas las cosas!»

 

«Traten –propuso el Papa a los fieles que se encontraban en el Aula Pablo VI– de meditar en este pasaje de la Sagrada Escritura no de manera abstracta, sino después de haber leído una noticia de nuestros días, después de haber visto el telediario o la primera página de los periódicos en donde hay tantas tragedias, en donde se dan noticias tristes a las que todos corremos el riesgo de acostumbrarnos. Yo he saludado a alguien de Barcelona: cuántas noticias tristes desde allí… Saludé a alguien del Congo: cuántas noticias tristes desde allá, por nombrar solo a dos de ustedes que están aquí. Traten de pensar en los rostros de los niños atemorizados por la guerra, el llanto de las madres, los sueños rotos de muchos jóvenes, en los prófugos que afrontan viajes terribles y son explotados tantas veces… La vida, desgraciadamente, también es esto. A veces se podría decir que es sobre todo esto. Puede ser. Pero –prosiguió– hay un Padre que llora lágrimas de infinita piedad por sus hijos. Nosotros tenemos un padre que sabe llorar, que llora con nosotros. Un Padre que nos espera para consolarnos, porque conoce nuestros sufrimientos y ha preparado para nosotros un futuro diferente. Esta es la gran visión de la esperanza cristiana, que se dilata sobre todos los días de nuestra existencia, y que quiere levantarnos

 

«Dios no quiso nuestras vidas por equivocación, obligándose a sí mismo y a nosotros a duras noches de angustia», continuó Francisco. «Nos ha creado porque nos quiere felices» y «nosotros creemos y sabemos que la muerte y el odio no son las últimas palabras pronunciadas sobre la parábola de la existencia humana».

 

Ser cristianos, prosiguió Francisco, «implica una nueva perspectiva: una mirada llena de esperanza. Algunos creen que la vida mantiene todas sus felicidades en la juventud y en el pasado, y que vivir es un lento decaer. Otros más consideran que nuestras alegrías son solo episódicas y pasajeras, y que en la vida de los hombres está escrito el sinsentido. Esos que frente a tantas calamidades dicen que la vida no tiene sentido. Pero nosotros los cristianos no creemos esto. Creemos, en cambio, que en el horizonte del hombre hay un sol que ilumina por siempre. Creemos que nuestros días más bellos todavía están por venir. Somos más gente de primavera que de otoño. A mí –dijo el Pontífice– me gustaría preguntar, cada uno responda en su corazón: ¿soy un hombre, una mujer, un chico, una chica de primavera o de otoño? ¿Mi alma está en primavera o en otoño? No nos mezamos en nostalgias, arrepentimientos y quejas: sabemos que Dios nos quiere herederos de una promesa e infatigables cultivadores de sueños. ¿Soy persona de primavera, que espera el fruto, que espera la flor, que espera el sol, o persona de otoño, que siempre está con la cara viendo hacia abajo, amargado, como he dicho otras veces: con cara de pimiento en vinagre». El cristiano sabe que el Reino de Dios «está creciendo como un gran campo de trigo, aunque en medio haya cizaña, problemas, chismes, guerras, enfermedades… pero el trigo crece. Y al final el mal será eliminado».

 

El futuro, concluyó el Papa, «no nos pertenece» y al momento de la muerte, en el que tras la muerte estaremos con el Señor, «será bello descubrir en ese instante que no se perdió nada, ninguna sonrisa y ninguna lágrima. Por larga que haya sido nuestra vida, nos parecerá haber vivido en un soplo. Y que la Creación no se detuvo en el sexto día del Génesis, sino que ha proseguido, incansable, porque Dios siempre se ha preocupado por nosotros. Hasta el día en el que todo se cumpla, en la mañana en la que se extingan las lágrimas, en el mismo instante en el que Dios pronuncie su última palabra de bendición: “¡Yo hago nuevas todas las cosas!”. Sí, nuestro Padre es el Dios de las novedades y de las sorpresas. Y en ese día nosotros estaremos verdaderamente felices, ¿y lloraremos? Sí, pero lloraremos de alegría».

Después de la catequesis, el Papa recordó y aseguró su cercanía a «todos los que sufren debido al terremoto que el lunes por la noche sacudió la isla de Isquia. Rezamos por los muertos, por los heridos, por los respectivos familiares y por las personas que han perdido la casa». Entre los fieles presentes, Francisco bendijo a Polonia, recordando que el sábado y el domingo en el santuario nacional en Jasna Gora se celebra la solemnidad de la Beata María Virgen de Czestochowa y el tercer centenario de la coronación de su milagrosa estatua; también saludó a un grupo de estudiantes universitarios españoles que entonaron un canto coral: «Creía que en la universidad de Salamanca solo les enseñaban a estudiar en los libros, ¡pero cantan bien, felicidades!».


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Barcelona: Misa en la Sagrada Familia por las víctimas de los atentados.

Solemne misa en la Sagrada Familia por víctimas del atentado

El cardenal Omella: «la paz es el mejor alimento de nuestras vidas»; Papa Francisco: «Estoy cerca de ustedes en este momento doloroso»

Solemne misa en la Sagrada Familia por víctimas del atentado

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Pubblicato il 20/08/2017
Ultima modifica il 20/08/2017 alle ore 12:09
PABLO LOMBÓ

«Nuestra presencia en este lugar santo es signo de repulsa del atentado y es oración para pedir a Dios, Padre de toda bondad, que cambie nuestros corazones de piedra y nos dé un corazón de carne». Desde el altar de la Basílica de la Sagrada Familia, el cardenal arzobispo de Barcelona, Joan Josep Omella recordó hoy, 20 de agosto de 2017, a las víctimas y a los heridos de los atentados que sacudieron las ciudades de Barcelona y Cambrils el jueves pasado, y en los que perdieron la vida 15 personas.

 

Participaron en esta misa por la paz y por la recuperación del más de centenar de heridos los Reyes de España, Felipe VI y Leticia, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y la alcaldesa de Cambrils (Tarragona), Camí Mendoza. También estaba presente una representación de la comunidad musulmana en Barcelona, además de muchos de los familiares de las víctimas y heridos de los ataques terroristas. Precisamente la Sagrada Familia, la obra maestra del arquitecto Antoní Gaudí, parece haber sido uno de los posibles objetivos del grupo de terroristas que atacó a los paseantes en las Ramblas. Centenares de barceloneses y turistas comenzaron a entrar a la Basílica hacia las 09.00 de la mañana para asistir a la eucaristía, que concelebran el obispo auxiliar de Barcelona, Sebastià Taltavull, y el arzobispo emérito de Barcelona, cardenal Lluís Martínez Sistach.

 

El obispo auxiliar, Taltavull, instó a que todo el dolor vivido en Cataluña esta semana debido a los ataques deje paso a «un nuevo estilo de convivencia que respete los derechos humanos y vele por la dignidad, superando toda diferencia y exclusión».

 

El cardenal arzobispo de Barcelona, Joan Josep Omella, proclamó durante su homilía de la Misa solemne en la Sagrada Familia por los atentados en Barcelona y Cambrils que «la unión nos hace fuertes; la división nos corroe y nos destruye». «Es bonito ver que hoy entorno el altar del Señor —continuó— estamos unidos las autoridades supremas del Estado, las autoridades autonómicas y locales, los representantes de las diversas confesiones presentes en nuestra tierra, las diversas instituciones sociales, hombres y mujeres de toda clase y condición social, buena voluntad. És el bonito mosaico sobre el cual se construye una sociedad», y subrayó que «la paz es el mejor alimento de nuestras vidas».

 

Omella también recordó que Gaudí concibió la Sagrada Familia como «un templo reparador, es decir, un lugar para orar por los pecados del mundo», y se preguntó: «¿no es un pecado gravísimo atentar contra la vida de unos semejantes, de nuestros prójimos, de unos seres inocentes y de niños?». Por ello imploró que Dios «cambie nuestros corazones de piedra y nos dé un corazón de carne, lleno de sentimientos de humanidad, fraternidad, misericordia y de paz». Citando el Evangelio del día, que relata la historia de la mujer cananea que pide a Jesús que interceda por su hija enferma, el arzobispo de Barcelona, pidió al Señor que «que cure a quienes han quedado heridos o destrozados por estos atentados y que conceda a nuestro mundo vivir en paz y concordia».

 

«Todos hemos recibido en estos días pasados muestras de cercanía y de repulsa por los atentados sufridos en nuestra ciudad de Barcelona y en la ciudad hermana de Cambrils», recordó el purpurado, en primer lugar, el telegrama enviado en nombre del Francisco por el cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin, en el que el Papa condenó nuevamente «la violencia ciega, que es una ofensa gravísima al Creador, y eleva su oración al Altísimo para que nos ayude a seguir trabajando con determinación por la paz y la concordia en el mundo».

 

A los fieles reunidos en oración por las víctimas de atentado, el arzobispo de Barcelona reveló haber recibido además otro mensaje del Papa Francisco, el sábado 19 de agosto por la tarde, quien «me dejó un mensaje en el móvil: “Además del mensaje que le envió en nombre mío el cardenal Parolin, de manera particular, quiero personalmente hacerme cercano a usted y acompañarlo en la misa que va a celebrar. Estoy cerca de ustedes en este momento doloroso. Les acompaño mucho. Que Dios les bendiga. Rezo por ustedes y ustedes recen por mí».

 

«Quiero acabar agradeciendo a las fuerzas de seguridad del Estado, de la autonomía y de Barcelona la generosidad con la que actúan siempre; a los profesionales de la sanidad, su generosidad. Hay mucha reserva de humanidad en nuestra tierra —constató Omella. Da gusto sentirse de esta sociedad, cuando uno ve tanta generosidad. Que la Virgen de la Merced, Patrona de Barcelona, y de Montserrat, Patrona de Cataluña, os acompañen siempre con su amor maternal».


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Desde Barcelona: no más muertes en nombre de Dios.

DESDE BARCELONA, CON PROFUNDA TRISTEZA

Cristianisme i Justícia se une al dolor de las víctimas y pide no más muertes en nombre de Dios

Desde Barcelona, con profunda tristeza, nos unimos al dolor de las víctimas y los familiares del atentado perpetrado ayer, 17 de agosto de 2017. Nuestra ciudad, plural y diversa, siempre acogedora y defensora de la paz, ha sido víctima de esta barbarie terrorista que azota el siglo XXI. Desde hace tiempo, como centro de estudios, intentamos analizar las causas de la violencia, de la desigualdad en el mundo, de la utilización de las religiones como medio ideológico para la división y la confrontación, pero hoy toca alzarnos de nuevo en defensa de la pluralidad, el respeto y la libertad y unirnos a todas las comunidades religiosas, musulmanas, cristianas, así como a toda la sociedad civil organizada que apuesta por un futuro de convivencia y paz. No más muertes en nombre de Dios.

Barcelona, 18 de agosto de 2017