Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Ucrania: asesinados dos religiosos en pocos días.

 ucrania

 UCRANIA – Dos religiosos asesinados en pocos días

Kiev (Agencia Fides) – La hermana Alevtina, del convento de Florovsky, Kiev, ha sido asesinada en su apartamento este miércoles 29 de julio, según cuanto ha referido la Unión de las Confraternidades ortodoxas de los Cristianos de Ucrania a Interfax-Religion.

“Sabemos – ha dicho un portavoz – que al faltar el agua caliente en el convento, la religiosa se había ido a su apartamento en la ciudad para lavarse y cambiarse antes de someterse a una intervención de cirugía. Más tarde su sobrino ha encontrado el cuerpo con las manos atadas y marcas de tortura”.
La religiosa tenía 62 años. Interfax no ha podido obtener más información oficial sobre el caso por parte de la policía en Kiev.
Este es el segundo asesinato en pocos días infligido contra la Iglesia Ortodoxa Ucraniana del Patriarcado de Moscú. La misma mañana del miércoles 29 de julio, un sacerdote de 40 años de la Iglesia de Santa Tatiana en Kiev, el Padre Romano Nikolayev, murió debido a los disparos en la cabeza que había sufrido la semana anterior. (CE) (Agencia Fides, 30/07/2015)

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Nueva edición del Nuevo Testamento para Latinoamérica.

CELAM presenta nueva traducción del Nuevo Testamento para América Latina

Imagen referencial - Foto: Eduardo Berdejo (ACI Prensa)

Imagen referencial – Foto: Eduardo Berdejo (ACI Prensa)

BOGOTÁ, 30 Jul. 15 / 10:04 pm (ACI).- El Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), presentó una nueva traducción del Nuevo Testamento para los fieles del continente, fruto del trabajo de 26 expertos de la Escuela Bíblica de este organismo eclesial.

“El lenguaje es un ente vivo y las cosas se dicen de manera distinta con el paso del tiempo; así mismo, la ciencia bíblica va creciendo con los estudios. Este cambio, tanto del lenguaje como de los conocimientos, se debe traducir al ritmo de las nuevas necesidades de la Iglesia”, señaló Mons. Santiago Silva Retamales, director del equipo de la traducción durante la presentación realizada el pasado 27 de julio.

Este trabajo fue solicitado hace once años por la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos con el fin de poder atender a sus fieles hispanos con una traducción en español que recogiese las expresiones típicas de Latinoamérica; algo que también será un aporte importante para los católicos en el resto del continente.

En ese sentido, los costos fueron asumidos por el episcopado estadounidense, mientras que el CELAM se encargó de la traducción. El trabajo final fue presentado al Papa Francisco el 6 de mayo en el Vaticano.

Durante la conferencia de prensa, el Prelado indicó que el Nuevo Testamento conserva su esencia, pero era necesaria una traducción actualizada. “Esta es una Biblia que no quiere suplantar otra Biblia, ni dejar atrás a las otras. Lo que pretende es contribuir a la nueva evangelización, pues está ocupando un nicho particular”, indicó.

Así, durante la conferencia se indicó que uno de los aspectos más importantes son las explicaciones, con citas y comentarios, que dan un aporte fundamental. “Las notas están hechas para interpretar el texto, para ofrecer explicaciones y, sobre todo, para que sacerdotes y obispos puedan preparar las Misas”, señalaron.

Para asegurar el entendimiento de todos los hispanohablantes, fueron designados cuatro coordinadores lingüísticos que trabajaron en conjunto para que el contenido de la Biblia se entendiera en los países donde se habla español, sin caer en imprecisiones ni jergas.

El texto ya se puede conseguir en http://www.ppc-editorial.es/es

Se indicó que a la vez los episcopados de los países latinoamericanos implementarán un proceso de distribución física del Nuevo Testamento.

Asimismo, se informó que la nueva traducción y edición del Antiguo Testamento está en su última fase, por lo que en los próximos meses el CELAM presentará la Biblia completa para los latinoamericanos de habla hispana.


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Ataque de colonos israelíes a una vivienda palestina.

ONU condena ataque a familia palestina en Cisjordania y pide procesar a los responsables

Ban Ki-moon. Foto: ONU-Mark Garten

31 de julio, 2015 — El Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, condenó en los términos más enérgicos el asesinato de un niño palestino de año y medio en el norte de Cisjordania y pidió que los culpables de ese acto terrorista sean pronto presentados ante la justicia.

El ataque ocurrió en el poblado de Duma, cerca de Nablus, cuando la casa de la familia palestina Dawabsha fue incendiada. El niño murió y su padre, madre y hermano de cuatro años sufrieron quemaduras graves.

Los agresores, según testigos, fueron colonos israelíes que dejaron inscritas leyendas en hebreo en la vivienda atacada.

Stephan Dujarric, portavoz de la ONU, leyó un comunicado en el que el Secretario General reiteró su llamado a todas las partes no escalar aún más la tensión y evitar una mayor pérdida de vidas.

“Los fracasos para abordar efectivamente la impunidad en los repetidos actos de violencia de los colonos ha dado lugar a otro incidente horrendo que causó la muerte de un inocente. Esto debe terminar. La ausencia de un proceso político y la política de asentamientos ilegales de Israel, así como la práctica cruel e innecesaria de demoler viviendas palestinas, han suscitado violencia extremista en ambas partes”, dijo el portavoz en nombre de Ban Ki-moon.

Agregó que el crimen constituye una nueva amenaza a las aspiraciones legítimas del pueblo palestino de un Estado, y de seguridad por parte de Israel.

Ban urgió a ambas partes a tomar medidas decididas para volver a la vía de la paz.

Por su parte, el coordinador especial de la ONU para el Proceso de Paz en Medio Oriente, Nickolay Mladenov, se sumó al repudio e indignación del Secretario General, de los gobiernos israelí y palestino y de los líderes políticos mundiales, y urgió a emprender una investigación expedita y profunda para procesar a los culpables.

“Este vil asesinato fue cometido con un objetivo político. No debemos permitir que esas acciones de odio y violencia provoquen más tragedias personales y entierren cualquier perspectiva de paz”, subrayó el diplomático.

Mladenov afirmó que el crimen evidencia la necesidad de una solución inmediata al conflicto y del fin de la ocupación.


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Indulgencia plenaria para el Camino Ignaciano

La Santa Sede concede indulgencia plenaria a los peregrinos del camino ignaciano

caminoignac2La Santa Sede concede indulgencia plenaria a los peregrinos que acudan a los santuarios de Loyola y Manresa durante el Año Jubilar del Camino Ignaciano

La Penitenciaría Apostólica de la Santa Sede ha concedido indulgencia plenaria a los fieles católicos que peregrinen a los santuarios de Loyola y Manresa durante la celebración del primer Año Jubilar del Camino Ignaciano, cumpliendo las condiciones habituales establecidas por el derecho canónico.

Así lo comunica mediante sendos decretos el cardenal Mauro Piacenza, Penitenciario Mayor de la Santa Sede, respondiendo a las solicitudes realizadas por el P. Provincial de la Compañía de Jesús, Francisco José Ruiz Pérez  SJ, junto con los obispos de San Sebastián, Monseñor José Ignacio Munilla, y de Vic, Monseñor Romà Casanova, en cuyos territorios se encuentran los dos santuarios ignacianos de referencia del Camino Ignaciano: el de Loyola y el de Manresa.


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El Papa celebra con los jesuitas la fiesta de S. Ignacio.

“Dejémonos conquistar por Cristo para poder servir a nuestros hermanos”, el Papa a los jesuitas

2015-07-31 Radio Vaticana

(RV).- “Poner al centro a Cristo y a la Iglesia; dejarse conquistar por Él para servir y sentir la vergüenza de nuestros límites y pecados para ser humildes ante él y ante los hermanos”. Fueron los tres puntos de la meditación del Papa Francisco en la homilía de la Misa celebrada el 31 de julio de 2013, en la Fiesta de San Ignacio de Loyola, en la Iglesia del Gesú en Roma.

El Santo Padre, presidió la celebración como un jesuita más y habló a sus compañeros de estos dos fuegos que no se pueden separar: la centralidad del misterio de Jesús y la centralidad de la Iglesia.

Como jesuitas, dijo el Pontífice, nosotros y toda la Compañía, estamos por decirlo así “desplazados”, estamos al servicio de Cristo y de la Iglesia. No puede haber caminos paralelos o aislados. Sí, caminos de búsqueda, caminos creativos, sí, es importante; ir hacia las periferias… pero siempre en comunidad con la Iglesia, con esta pertenencia que nos da el valor para ir hacia adelante.

(RM – RV)

Escuchemos las palabras del Santo Padre:

Texto de la homilía completa del Papa Francisco
Fiesta de San Ignacio de Loyola 2013
En esta Eucaristía en la que celebramos a nuestro padre Ignacio de Loyola, a la luz de las lecturas que hemos escuchado, desearía proponer tres sencillos pensamientos guiados por tres expresiones: poner en el centro a Cristo y a la Iglesia; dejarse conquistar por Él para servir; sentir la vergüenza de nuestras limitaciones y pecados para ser humildes ante Él y ante nuestros hermanos.

1. El escudo de nosotros, jesuitas, es un monograma, el acrónimo de «Iesus Hominum Salvator» (IHS). Cada uno de vosotros podrá decirme: ¡lo sabemos muy bien! Pero este escudo nos recuerda continuamente una realidad que jamás debemos olvidar: la centralidad de Cristo para cada uno de nosotros y para toda la Compañía, a la que san Ignacio quiso precisamente llamar «de Jesús» para indicar el punto de referencia. Por lo demás, también al comienzo de los Ejercicios Espirituales nos sitúa ante nuestro Señor Jesucristo, nuestro Creador y Salvador (cf. EE, 5). Y esto nos lleva a nosotros, jesuitas, y a toda la Compañía a estar «descentrados», a tener delante al «Cristo siempre mayor», el «Deus semper maior», el «intimior intimo meo», que nos lleva continuamente fuera de nosotros mismos, nos lleva a una cierta kenosis, a salir del «propio amor, querer e interés» (ee, 189). No está descontada la pregunta para nosotros, para todos nosotros: ¿es Cristo el centro de mi vida? ¿Pongo verdaderamente a Cristo en el centro de mi vida? Porque existe siempre la tentación de pensar que estamos nosotros en el centro. Y cuando un jesuita se pone él mismo en el centro, y no a Cristo, se equivoca. En la primera lectura Moisés repite con insistencia al pueblo que ame al Señor, que camine por sus sendas, «pues Él es tu vida» (cf. Dt 30, 16.20). ¡Cristo es nuestra vida! A la centralidad de Cristo le corresponde también la centralidad de la Iglesia: son dos fuegos que no se pueden separar: yo no puedo seguir a Cristo más queen la Iglesia y con la Iglesia. Y también en este caso nosotros, jesuitas, y toda la Compañía no estamos en el centro; estamos, por así decirlo, «desplazados», estamos al servicio de Cristo y de la Iglesia, la Esposa de Cristo nuestro Señor, que es nuestra Santa Madre Iglesia Jerárquica (cf. EE, 353). Ser hombres enraizados y fundados en la Iglesia: así nos quiere Jesús. No puede haber caminos paralelos o aislados. Sí, caminos de investigación, caminos creativos, sí; esto es importante: ir hacia las periferias, las muchas periferias. Para esto se requiere creatividad, pero siempre en comunidad, en la Iglesia, con esta pertenencia que nos da el valor para ir adelante. Servir a Cristo es amar a esta Iglesia concreta, y servirla con generosidad y espíritu de obediencia.

2. ¿Cuál es el camino para vivir esta doble centralidad? Contemplemos la experiencia de san Pablo, que es también la experiencia de san Ignacio. El Apóstol, en la segunda lectura que hemos escuchado, escribe: me esfuerzo por correr hacia la perfección de Cristo porque también «yo he sido alcanzado por Cristo» (Flp 3, 12). Para Pablo sucedió en el camino de Damasco; para Ignacio en su casa de Loyola; pero el punto fundamental es común: dejarse conquistar por Cristo. Yo busco a Jesús, yo sirvo a Jesús porque Él me ha buscado antes, porque he sido conquistado por Él: y éste es el núcleo de nuestra experiencia. Pero Él es el primero, siempre. En español existe una palabra que es muy gráfica, que lo explica bien: Él nos «primerea». Es el primero siempre. Cuando nosotros llegamos, Él ha llegado y nos espera. Y aquí querría recordar la meditación sobre el Reino, en la segunda semana. Cristo nuestro Señor, Rey eterno, llama a cada uno de nosotros diciéndonos: «quien quisiere venir conmigo, ha de trabajar conmigo, porque siguiéndome en la pena, también me siga en la gloria» (EE, 95): ser conquistado por Cristo para ofrecer a este Rey toda nuestra persona y toda nuestra fatiga (cf. EE, 96); decir al Señor querer hacer todo para su mayor servicio y alabanza, imitarle en soportar también injurias, desprecio, pobreza (cf. EE, 98). Pero pienso en nuestro hermano en Siria en este momento. Dejarse conquistar por Cristo significa tender siempre hacia aquello que tenemos de frente, hacia la meta de Cristo (cf. Flp 3, 14) y preguntarse con verdad y sinceridad: ¿Qué he hecho por Cristo? ¿Qué hago por Cristo? ¿Qué debo hacer por Cristo? (cf. EE, 53).

3. Y llego al último punto. En el Evangelio Jesús nos dice: «Quien quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mi causa la salvará… Si uno se avergüenza de mí…» (Lc 9, 23-26). Y así sucesivamente. La vergüenza del jesuita. La invitación que hace Jesús es la de no avergonzarse nunca de Él, sino seguirle siempre con entrega total, fiándose y confiándose a Él. Pero contemplando a Jesús, como nos enseña san Ignacio en la Primera Semana, sobre todo contemplando al Cristo crucificado, sentimos ese sentimiento tan humano y tan noble que es la vergüenza de no estar a la altura; contemplamos la sabiduría de Cristo y nuestra ignorancia, su omnipotencia y nuestra debilidad, su justicia y nuestra iniquidad, su bondad y nuestra maldad (cf. EE, 59). Pedir la gracia de la vergüenza; vergüenza que me llega del continuo coloquio de misericordia con Él; vergüenza que nos hace sonrojar ante Jesucristo; vergüenza que nos pone en sintonía con el corazón de Cristo que se hizo pecado por mí; vergüenza que pone en armonía nuestro corazón en las lágrimas y nos acompaña en el seguimiento cotidiano de «mi Señor». Y esto nos lleva siempre, individualmente y como Compañía, a la humildad, a vivir esta gran virtud. Humildad que nos hace conscientes cada día de que no somos nosotros quienes construimos el Reino de Dios, sino que es siempre la gracia del Señor que actúa en nosotros; humildad que nos impulsa a ponernos por entero no a nuestro servicio o al de nuestras ideas, sino al servicio de Cristo y de la Iglesia, como vasijas de barro, frágiles, inadecuados, insuficientes, pero en los cuales hay un tesoro inmenso que llevamos y comunicamos (2 Co 4, 7). Siempre me ha gustado pensar en el ocaso del jesuita, cuando un jesuita acaba su vida, cuando declina. Y recuerdo siempre dos imágenes de este ocaso del jesuita: una clásica, la de san Francisco Javier, mirando China. El arte ha pintado muchas veces este ocaso, este final de Javier. También la literatura, en ese bello fragmento de Pemán. Al final, sin nada, pero ante el Señor; esto me hace bien: pensar en esto. El otro ocaso, la otra imagen que me viene como ejemplo, es la del padre Arrupe en el último coloquio en el campo de refugiados, cuando nos había dicho —lo que él mismo decía— «esto lo digo como si fuera mi canto del cisne: orad». La oración, la unión con Jesús. Y, después de haber dicho esto, tomó el avión, llegó a Roma con el ictus, que dio inicio a aquel ocaso tan largo y tan ejemplar. Dos ocasos, dos imágenes que a todos nosotros hará bien contemplar, y volver a estas dos. Y pedir la gracia de que nuestro ocaso sea como el de ellos.

Queridos hermanos, dirijámonos a Nuestra Señora; que Ella, que llevó a Cristo en su vientre y acompañó los primeros pasos de la Iglesia, nos ayude a poner siempre en el centro de nuestra vida y de nuestro ministerio a Cristo y a su Iglesia; que Ella, que fue la primera y más perfecta discípula de su Hijo, nos ayude a dejarnos conquistar por Cristo para seguirle y servirle en cada situación; que Ella, que respondió con la humildad más profunda al anuncio del Ángel: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38), nos haga experimentar la vergüenza por nuestra indigencia frente al tesoro que nos ha sido confiado, para vivir la humildad ante Dios. Que acompañe nuestro camino la paterna intercesión de san Ignacio y de todos los santos jesuitas, que continúan enseñándonos a hacer todo, con humildad, ad maiorem Dei gloriam.