Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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José de Aldunate: 100 años.

P. José Aldunate: 100 años de vida ejemplar…

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Nuestro Homenaje y Reconocimiento al querido P. José Aldunate Lyon,  Jesuita y Moralista que hoy -lunes 5- cumple 100 años de vida, lucha y testimonio ejemplar. Y, a solicitud de diversas personas y Comunidades Cristianas de Latinoamérica, presentamos este excelente y profético artículo de P. Pepe, escrito hace más de 25 años y de plena vigencia para Chile, América y el Mundo.

Nuestra Etica para nuestros Tiempos

Tarea de todos y también de la Iglesia.

Nuestro artículo tiene tres partes. La primera, expone la necesidad absoluta que tiene la humanidad de una ética que responda a nuestros tiempos. Esa necesidad la compulsaremos en tres ámbitos: en el mundial, en el latinoamericano y en el más reducido de nuestro Chile.

Una segunda parte buscará señalar las características de esta ética universal.

La tercera parte se pregunta de dónde surgirá esta ética. ¿Cuál es el papel que tendrían en esto las religiones y las iglesias? Y más particularmente ¿Cuál podría ser la contribución de la Iglesia Católica en la gestación y elaboración de esta ética?

  1. Necesidad absoluta de una ética universal para nuestros tiempos

Empezando por la necesidad de un orden mundial, está la tesis brillantemente defendida por Hans Kung en su obra reciente: “Proyecto de una ética mundial”. La humanidad no podrá sobrevivir sin una ética mundial.

Saltan a la vista las absurdas y suicidas inmoralidades de un desarrollo sin norte y sin guía. Cada año se gastan 900.000 millones de dólares en armamentos militares, pudiendo con esta cantidad dar techo a 300 millones que no tienen vivienda y solucionar en pocos años todo el déficit de habitación mundial. Cada año se destruye una superficie de bosques -que son el pulmón del globo- en una extensión equivalente a tres provincias de Chile y se termina para siempre con 360 especies animales vegetales que son parte de nuestro patrimonio genético. Cada año se destruyen alimentos y se limita su producción. Cada año mueres 12 millones de niños de hambre y la mayor parte de la humanidad está bajo el nivel de la pobreza y no puede alimentarse como debería. Estas situaciones arguyen la absoluta no vigencia de criterios éticos.

El enorme desarrollo tecnológico está pidiendo a gritos su complemento de alma: convicciones éticas. Está por de pronto el poder nuclear capaz de destruir el universo. El desenfreno en la producción tiene a agotar la naturaleza por una parte y convertir el mundo en un basural por otra la información y comunicación mutuas, cada vez más plena y directa, pide a nivel ético un lenguaje común para que sepamos entendernos realmente. En una palabra, como lo explica bien Teilhard de Chardin, la conciencia colectiva de la humanidad tiene que ir asumiendo la responsabilidad por el futuro del hombre y de su evolución. Todo esto nos habla de una ética colectiva que oriente esta conciencia.

Los pensadores de nuestros tiempos, las Universidades, los organismos internacionales y los jefes religiosos han tomado conciencia de esta situación mundial y buscan soluciones. Nos tocó participar en noviembre de 1990 en un simposio convocado por la Goetheuniversitat de Frankfurt que buscaba un concepto compartido sobre derechos humanos que pudiese orientar las diversas culturas y filosofías de las cuatro partes del mundo. Ese mismo año, el World Economic  Forum de Davos organizó otro congreso alrededor del tema: “¿Por qué necesitamos modelos éticos globales para sobrevivir?”. La UNESCO se ha preocupado del papel de las religiones mundiales en la construcción de la paz y el Papa Juan Pablo II reunió a representantes de todas las confesiones en Asís para rogar por la paz.

La urgente necesidad de una ética mundial se aplica también a Latinoamérica que está cada vez más integrada al mundo y participa de sus contradicciones y amenazas para la sobrevivencia. Pero Latinoamérica tiene también una coherencia regional que debería imponer una mayor integración y solidaridad.

La homogeneidad religiosa racial e histórica de nuestros pueblos hacen más factible la elaboración de una ética universal y su implementación. Los problemas que exige para su solución un talante ético son también más homogéneos: la pobreza, el contraste entre ricos y pobres, el militarismo y armamentismo, la marginación de los indígenas, el comercio de drogas y la corrupción funcionaria. La violencia bajo todas sus formas.

En este quinto centenario de las Américas, conviene plantear fuertemente esta exigencia, la de una ética que responda a las necesidades y aspiraciones de esta patria grande de Bolívar y San Martín.

Y hablando finalmente de Chile, nuestro país sufre además contradicciones y aporías propias de un tránsito desde un régimen de dictadura hacia una democracia. Indudablemente, en dos años, se han creado espacios en que la libertad y la eticidad han comenzado a florecer. Pero el imperio de la verdad, la justicia y la reconciliación se ve aun notablemente entrabado. ¿Cómo llegar a un auténtico estado de derecho cuando rige la impunidad para atroces crímenes y hay todo un género de ciudadanos que viven exentos de la obligación común de dar cuenta de sus actos? Se habla de soberanía del pueblo y éste no tienen manera de hacer valer su voluntad frente a las disposiciones arbitrarias que le han impuesto. Se proclama la vigencia de los derechos humanos y el 41% de la población no tiene derecho real a los medios más esenciales de vida. A pesar de esta realidad, se pregona el gran éxito de nuestro sistema económico. Estos absurdos y otros muchos están en cierta manera encubiertos por las instancias jurídicas, económicas y políticas que están en juego. ¿No faltaría una instancia ética que pudiese revelar la hipocresía de lo jurídico y la inoperancia de lo político, y haga sentir su peso para encaminar nuestra marcha en servicio del hombre real?

Esta es precisamente nuestra tesis: hace mucha falta, para este tránsito a la democracia, una instancia ética. Este vacío no lo llenan las iglesias que han manifestado inhibición para actuar en este terreno de lo contingente. Tampoco han logrado las instituciones de derechos humanos situarse eficazmente en este nuevo contexto político.

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  1. CARACTERISTICAS DE ESTA ÉTICA UNIVERSAL
  2. Ha de ser una ética universal, ecuménica (de todo el mundo habitado), es decir, no vinculada a lo particular (raza, religión, ideología, intereses, partidos…). Debe tener la aceptación de las mayorías conscientes, reflejar sus opciones fundamentales.
  3. Debe ser una ética de responsabilidad. Ha de hacerse responsable del mundo y de su futuro, del pleno desarrollo de la humanidad. Se le juzgará por sus resultados.
  4. Su meta ha de ser humanizar la humanidad. Que ésta pueda realizarse más plenamente, individual y socialmente, desarrollar sus rasgos constitutivos, no solamente su racionalidad sino también su afectividad y demás capacidades, su capacidad de relación y solidaridad, su capacidad de acción y transformación del mundo.
  5. Será una ética histórica que asume toda la evolución de la humanidad, su pasado, su presente y su futuro. Una ética holística o global que forma al hombre en todas sus dimensiones y dentro del mundo físico que lo enmarca y condiciona. Una ética por tanto ecológica.
  6. Será una ética liberadora de todas las violencias y esclavitudes, tanto colectivas (encarnadas en las instituciones: costumbres, leyes, religiones, sistemas, símbolos, etc.) como personales (centrada en la conciencia).
  7. Será una ética dialogal, fruto del encuentro y comunicación de todas las lenguas y culturas. No excluirá a priori ninguna partícula de la verdad del hombre. En especial dialogará con las ciencias, las tecnologías, el arte, la filosofía y el sentir del pueblo.
  8. Dialogará particularmente con las religiones y con sus instituciones morales o éticas, tanto teóricas como prácticas. Las convocará no solamente para escucharlas sino para lograr su cooperación a la obra común de promover la humanización del mundo, condición de su propia sobrevivencia.

Estas -nos ofrece- sin las características que tendría que tener una ética que quiera responder a un gran vacío que nos ostenta el mundo moderno. Unos han denominado esta ética, una “ética minimal” que ofreciera el mínimo común exigible de obligaciones para todos, otros “una ética cívica” o “una ética ciudadana” o “una ética secularizada”

  • ¿Cómo surgirá esta ética de los tiempos nuevos? Contribución de la Iglesia

Parece indudable que esta ética no se da, al menos en un grado ponderable. Precisamente, por este “vacío”, está el mundo como está. Pero entonces muchas preguntas se nos ofrecen. ¿Por qué se ha producido esta falla que podría ser tan fatal en la evolución de la humanidad? ¿Dónde están los obstáculos y las responsabilidades? ¿Qué hacer ahora para remediar esta diferencia? ¿A qué elementos positivos se podría recurrir?

Para responder estas preguntas necesitaríamos el concurso de psicólogos sociales (o tal vez psiquiatras sociales), historiadores, filósofos, teólogos, etc. Hemos de dejar estas preguntas abiertas, porque nos falta espacio y competencia para abordarlas aquí. Y también porque queremos concentrarnos en una pregunta más particular: ¿Cuál podría ser la contribución de la Iglesia Católica en la gestación y elaboración de esta ética? Y esto, tomando en cuenta el triple espacio que demanda esta conducción ética; el espacio mundial, el latinoamericano y el de Chile, nuestra patria.

Ante todo, situemos a la “ética cristiana” frente a esta otra que postulamos para el mundo de hoy. Nos ayudará un poco de historia.

La Iglesia ha sido con su doctrina y con su ética, la “Madre y Maestra” del “occidente cristiano”. Impregnó el imperio romano, educó a los bárbaros, forjó las nuevas nacionalidades de Europa, irradió a través de conquistas colonizadoras y la predicación misionera, sobre todo el mundo. La pregunta es: ¿qué pasó que esta ética cristiana, propalada por la Iglesia, no llegara a constituir una ética para el mundo?

Hay, en la Iglesia, quienes porfían de que no puede haber otra ética para el mundo. Pero históricamente comprobamos que esta ética no ha sido eficaz para combatir los elementos de corrupción y asegurar la sobrevivencia del mundo moderno.

¿Dónde ha estado la falla?

Una educadora debe reconocer el momento en que su pupilo deja de ser niño y se va volviendo adulto y responsable. Nuestra hipótesis es que la Iglesia no supo reconocer oportunamente esta evolución.

Lo que llamamos “modernidad” entró en la cultura occidental con el Renacimiento, y más plenamente con la Ilustración (s.17 y 18, Independencia américa y Revolución Francesa. Los Derechos Humanos y la Democracia.) La Iglesia tardó dos siglos en darle un pleno reconocimiento. Esta tardanza fue fatal.

Efectivamente, fue el Concilio Vaticano II (1962-65), el que marca el final de una mentalidad de Edad Media y de una ética de Cristiandad y abrió la Iglesia al mundo moderno. Fue un vuelco copernicano, como enfatizó Pablo VI, en que la Iglesia se constituyó “servidora del mundo”.

Para poder servir al mundo, la ética cristiana deberá dar dos pasos:

El primer paso es renovarse ella misma, “modernizarse” en un buen sentido, dejar de ser la “ética de Cristiandad”. No logró hacerlo en el mismo Concilio Vaticano II; la renovación, comenzaba por Bernard Haring y quedó bloqueada. Pero la moral cristiana se ha ido renovando en el post-concilio, no sin graves dificultades.

El segundo paso, es que la ética cristiana entre a dialogar con las demás instancias que influyen en las conducta y motivación de la humanidad, con las grandes religiones, con las ciencias y tecnologías, con los movimientos de la historia. Dialogar quiere decir ante todo escuchar.

Este diálogo es también parte de la renovación de la propia ética cristiana. En realidad, no hay real diferencia entre estas dos fases: una ética cristiana renovada se sabrá situar en un contexto mundial y no será por esto menos cristiana.

Estas, nos parece, son las condiciones para que la ética cristiana pueda retomar el papel que Cristo le entregó de dar la vida al mundo. Deberá dialogar con un mundo que ya es mayor de edad… o que, por lo menos, se siente tal.

No podemos, en esta síntesis histórica, omitir un generoso esfuerzo que hizo la teología cristiana para adecuarse al desafío de sus tiempos y crear una moral para toda la humanidad. Frente a los tiempos modernos, la renovación escolástica de los siglos XVI y XVII, continuada más tarde por la neo-escolástica de Jacques Maritain ha desarrollado toda una línea de “ley natural”, en búsqueda de una moral “autónoma” valedera para un mundo mayor de edad que no quiere admitir los postulados de la fe. Juan Pablo II ha dicho que la contribución de la Iglesia, “Experta en humanidad” es una concepción del hombre y de la sociedad.

Estas iniciativas están muy enmarcadas en una filosofía aristotélico-tomista. Hemos de ser cautos en asumir estos conceptos de “naturaleza humana”, porque a veces cargan mucha ideología y no han sido sometidos a un diálogo con las ciencias y con la historia.

Confirma lo dicho toda la trayectoria de la “Doctrina Social de la Iglesia” que ha debido, a partir de la realidad, buscar una nueva constitución epistemológica para llegar a ser relevante en la sociedad moderna.

Concluimos pues diciendo que la moral cristiana debe dejar de ser una moral de la Cristiandad; debe dialogar con el mundo y con la historia. Así podrá asumir, junto con las demás fuerzas vivas de la humanidad, el desafío de crear una ética que asegure el futuro de la misma humanidad.

Pasemos ahora al escenario latinoamericano. Para que podamos contar con una ética continental, ¿cuál podrá ser y debe ser el aporte de la Iglesia?

La Iglesia, católica principalmente, por cierto ha sido en esta parte del mundo y desde 500 años, la “La Madre y Maestra”. Ha forjado el talante ético y cristiano de nuestras mayorías. Pero ha sido igualmente una madre demasiado posesiva que no comprendió a tiempo -aún ahora no todos en ella parecen comprender- todo el alcance de la aspiración a la justicia y a la libertad que ha agitado y sigue agitando a estos pueblos.

Persisten aún mentalidades conservadoras de Cristiandad.

La inadecuación de la ética de Cristiandad se hizo patente en los movimientos de independencia nacional de principio del siglo pasado. Pero ya de antes arrastramos un pecado original: el de haber aplastado la ética y las culturas de los pueblos indígenas, junto con su religión, imponiendo las de la nación conquistadora. No creemos que baste deplorar este hecho como algo del pasado. Tenemos que expurgar este pecado y asumir actitudes nuevas.

La Iglesia latinoamericana se prepara para proclamar en la Cuarta Conferencia Episcopal en Santo Domingo, las líneas de una nueva evangelización. Esta implicaría lo que estamos necesitando con extrema urgencia: una ética para Latinoamérica, que responda a las angustiosas y amenazantes realidades que la afligen.

Esta ética deberá derivarse pues del examen de estas realidades. De aquí partirán nuestros obispos, conforme al método: “ver-juzgar-actuar”. El peligro siempre está en que la mentalidad conservadora de muchos falsee esta dinámica y termine con imperativos de acción que ya no responden a nuestras realidades sino a sus propios esquemas conceptuales. Ciertamente que no nos servirá una ética de principios abstractos, a-históricos, incapaces de transformar nuestra realidad.

Esperamos de Santo Domingo una ética liberadora, que haya descubierto en nuestro difícil devenir, en este “revés de la historia” la obra del pecado y también el proyecto de Dios y se aboque a la tarea de rehacer, con la cooperación de todos los hombres y mujeres de buena voluntad un camino de desarrollo integral en justicia y fraternidad.

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Para terminar, digamos algo muy breve sobre lo tercero que nos propusimos.

Hemos hablado de la necesidad que tenemos en Chile de una instancia ética que nos oriente y apoye en el difícil tránsito hacia una verdadera democracia. Nos preguntamos ahora cuál ha de ser en esto el papel de la Iglesia.

Como hemos indicado, este camino hacia la democracia no puede estar entregado a condicionamientos puramente económicos, ni puede ser conducido por criterios solamente políticos, sino que debe encarnar los valores éticos de respecto a los derechos del hombre, austeridad de la vida, justicia y reconciliación, igualdad y fraternidad.

La Iglesia chilena, en los 17 años de dictadura, ha hecho todo un aprendizaje. Ha aprendido a jugarse en forma muy concreta en la defensa de los derechos humanos, dentro de la contingencia de todas clases de atropellos reales. Y esta defensa práctica del hombre, ha tomado posiciones frente a los poderes de la dictadura. No ha temido hacer la política contingente que se da en la defesa del hombre.

Ahora bien, es necesario que la Iglesia continúe en este terreno si ha de contribuir a crear esa instancia ética que nos hace tanta falta. Para esto ha de escuchar y dialogar con los demás agentes de nuestro acontecer, aportando su propia perspectiva.

Desgraciadamente, se advierte una tendencia regresiva en los ámbitos eclesiales, en el sentido de abandonar el terreno de lo contingente, para reconcentrarse en “lo propio” que vendría a ser religión y la moral cristiana. Pero esta moral, tal como se la concibe, abstracta, retórica, legalista, no interesa al ciudadano del mundo. No sirve para entregar vida y salvación al mundo.

La Iglesia chilena contribuirá a esta ética que postulamos, y ayudará a Chile en su tránsito a la democracia si mantiene este camino de servicio real a los derechos humanos que le ha conquistado prestigio, y si lo consolida en un diálogo abierto con todas las fuerzas vivas y sanas de la nación.

C o n c l u s i ó n

Hans Kung en su obra que hemos citado y que ha inspirado en parte este escrito, “Proyecto de una ética mundial” sintetiza su exposición en la siguiente tesis:

  • No hay supervivencia sin una ética mundial
  • No hay paz mundial sin paz religiosa
  • No hay paz religiosa sin diálogo entre religiones

Nosotros hemos querido situar su reflexión, netamente europea, en esta América y en este rincón del mundo y pensar qué significa este mensaje de salvar el mundo para nuestro quéhacer de cristianos comprometidos.

Me parece que las siguientes conclusiones pueden derivarse de lo expuesto:

  1. Es de extrema urgencia crear una ética de nuestros tiempos no solamente a escala mundial sino también a escala latinoamericana y de nuestro propio país.
  2. Para contribuir a esta ética para nuestros tiempos, la ética cristiana de asegurar su cobertura a la modernidad y a las otras éticas propias de otras religiones y culturas, Hans Kung habla de la paz religiosa. Una ética de Cristiandad es una ética no desprovista de violencia, que cae fácilmente en el fundamentalismo, el integrismo, el sectarismo, como lo ha demostrado la historia, y la propia historia de la “evangelización” de nuestro continente (“evangelización” entre comillas, porque tantas veces ha sido violenta e impositiva, muy lejos de ser una “buena nueva”).
  3. La ética cristiana no solamente ha de abrirse a otras culturas sino ha de dialogar activamente con ellas, dispuesta a dejarse enseñar y construir juntos una ética para el mundo, que no necesariamente será igual que una ética para el cristiano.


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Genova: Sacerdotes y religios@s hoy; en conversación con el Papa

No a los curas Google y Wikipedia”

El Papa en Génova se encuentra con los obispos, el clero y los religiosos de Liguria; pide expulsar a los seminaristas que murmuran, pues «cría cuervos y te comerán los ojos»; no a los sacerdotes «que saben todo» y a los que son «empresarios». Cita al cardenal Canestri: «La Iglesia es como un río, lo importante es estar dentro del río»
ANSA

Papa Francisco en la catedral de Génova

Pubblicato il 27/05/2017
Ultima modifica il 27/05/2017 alle ore 16:07
DOMENICO AGASSO JR.
ENVIADO A GÉNOVA

Responsables de los seminarios, «expulsen a los seminaristas que murmuran», de lo contrario, como dice el dicho, «cría cuervos y te sacarán los ojos». Hay que desconfiar de los sacerdotes «que saben todo», a los que los niños podrían llamar «curas Google y Wikipedia», porque son dañinos, así como los curas «empresarios», que no están abiertos a las sorpresas de Dios. El Papa Francisco lo dijo hoy, 27 de mayo de 2017, por la mañana en la Catedral de San Lorenzo de la ciudad de Génova, en donde se reunió con los obispos de Liguria, con el clero y los religiosos de la región, con los colaboradores laicos de la Curia y con representantes de otras confesiones, en la segunda etapa de su visita a la ciudad. El Pontífice citó al cardenal Giovanni Canestri: «La Iglesia es como un río, lo importante es estar adentro del río».

 

Después del saludo del arzobispo cardenal Angelo Bagnasco, el obispo de Roma respondió a algunas preguntas que le hicieron. Pero antes, al tomar la palabra, pidió «rezar juntos por nuestros hermanos coptos egipcios que han sido asesinados porque no querían renegar su fe. Junto a ellos, junto a sus obispos, a mi hermano Tawadros. Los invito a rezar en silencio y luego juntos un Ave María. Y no olvidemos que hoy los mártires cristianos son más numerosos que en los primeros tiempos de la Iglesia».

 

Padre Santo, le pedimos que nos indique los criterios para vivir una intensa vida espiritual en nuestro ministerio que, en la complejidad de la vida moderna y de las tareas administrativas, tiene a hacer que vivamos dispersos y fragmentados.

 

Diré que entre más imitemos el estilo de Jesús, mejor haremos nuestro trabajo de pastores. Este es el criterio fundamental, el estilo de Jesús. Siempre Jesús estaba en camino, en medio de la gente, la multitud, dice el Evangelio, que distingue bien entre discípulos, multitud, doctores de la ley. Podemos intuir que la mayor parte del tiempo Jesús lo pasaba en la calle: esto quiere decir cercanía a los problemas de la gente, no se escondía; después, por la noche, se escondía para rezar. Esto es útil para nosotros, que siempre vamos con prisas, viendo el reloj porque hay que apurarse; pero este comportamiento no es pastoral. Jesús no hacía esto. Jesús nunca estuvo parado, y, como todos los que caminan, está expuesto a tensiones.

El miedo más grande que debemos tener es a una vida estática, del cura que tiene todo bien resuelto, en orden, estructurado, todo en su lugar. Yo tengo miedo del cura estático, incluso cuando es estático en la oración, de tal hora a tal hora. Pero, ¿no te dan ganas de pasar una hora más con el Señor? Una vida tan estructurada no es una vida cristiana. Tal vez ese párroco sea un buen empresario, pero ¿es cristiano? ¿Por lo menos vive como cristiano? Sí, celebra la misa, pero ¿el estilo? ¿Es cristiano o de empresario? Jesús siempre ha sido un hombre de la calle, de camino, abierto a las sorpresas de Dios; por el contrario, el sacerdote que tiene todo planeado, todo estructurado, generalmente está cerrado a las sorpresas de Dios, y se pierde esa alegría de la sorpresa del encuentro. El Señor te sorprende cuando no te lo esperas pero si eres abierto.

 

No hay que tener miedo de esta tensión que nos toca vivir, nosotros estamos en camino y el mundo es así; un educador, un padre, un sacerdote está expuesto a esta tensión, un corazón que ama siempre vivirá expuesto a esta tensión.

 

Si vemos a Jesús, en los Evangelios nos hacen ver dos momentos fuertes, que son el fundamento: el encuentro con el Padre y el encuentro con las personas, todas, incluso las más incómodas, como los leprosos.

 

La oración: tú puedes rezar como un perico, pero no es la manera correcta: en cambio, encuentra al Señor, cállate, déjate ver, di una cosa al Señor… Encuentro. Con la gente, lo mismo. Nosotros, los sacerdotes, sabemos cuánto sufre la gente que viene a pedir consejo y nosotros respondemos apresuradamente: “Ahora no tengo tiempo”. De prisa y no en camino.

 

Claro, estar con la gente cansa, ¡pero es el pueblo de Dios! Pero, ¡piensen en Jesús! Hay que dejarse cansar por la gente, no defender demasiado la propia tranquilidad.

 

El sacerdote no debe hablar demasiado de sí mismo, no debe sentir la necesidad de verse al espejo. El cansancio que sirve es el de la santidad, y no debe ser autoreferencia.

 

Hay que preguntarse: “¿Soy hombre de la calle? ¿De oreja que sabe escuchar? ¿Me dejo cansar por la gente? Esto era Jesús, no hay otras fórmulas.

 

Nos hará bien a todos los sacerdotes recordar que solo Jesús es el Salvador, no hay otros. Y pensar que Jesús nunca se legó a las estructuras, sino que siempre se vinculaba a las relaciones. Si un sacerdote ve que está legado a las estructuras, algo no funciona.

 

Una vez escuché a un hombre de Dios, posible beato, que decía que en la Iglesia hay que vivir lo mínimo de estructuras y lo máximo de vida, y no al contrario.

Sin la relación con Dios y con el prójimo nada tiene sentido en la vida de un sacerdote: harás carrera, irás a esa parroquia que te gusta, pero el corazón quedará vacío, porque tu corazón está legado a las estructuras y no a las relaciones esenciales, con el Padre y con Jesús y con las personas.

 

Quisiéramos vivir mejor la fraternidad sacerdotal tan aconsejada por nuestro cardenal arzobispo y promovida con encuentros diocesanos, vicariales, peregrinajes, retiros y ejercicios espirituales, semanas de comunidad… ¿Puede darnos alguna indicación?

 

Cuántos años tiene usted (“81 ya cumplidos”, fue la respuesta, ndr.) Somos coetáneos. Le hago una confesión, escuhcándolo hablar así, le habría dado 20 años menos (risas generales, ndr.).

 

Fraternidad es una bella palabra, pero no cotiza en la bolsa de valores, es una palabra, es muy difícil la fraternidad entre nosotros, es un trabajo de todos los días en la fraternidad presbiterial. Nosotros tenemos un peligro, de haber creado esa imagen del cura que sabe todo, que no necesita consejos. Los niños pueden decir: “¡Pero este es un cura Google y Wikipedia!”. Y esto hace daño a la vida presbiterial.

¿Por qué perder tanto tiempo en reuniones? Y ¿cuántas veces en las reuniones yo estoy en órbita y no escucho a mi hermano sacerdote que está hablando? Si el obispo dijera: “Ustedes saben que el año que viene aumenta el 8X1000” (impuesto en Italia destinado por los contribuyentes que lo deseen a la Iglesia católica, ndr.), ¡ahí sí avanza la atención! (Risas generales, ndr.) Hay preguntas que debemos hacernos mientras en las reuniones no escucho al otro que está hablando: ¿Por qué no me interesa? ¿Por qué no me interesa lo que está diciendo mi hermano sacerdote?

 

Hay que escucharse, rezar juntos, un buen almuerzo, y hacer fiesta juntos; los sacerdotes jóvenes, un partidito de futbol juntos, esto hace bien: ser hermanos, la fraternidad es muy humana. Los “hermanos” son una riqueza para el otro.

 

Los sacerdotes y los obispos no somos el Señor, nosotros somos los discípulos del Señor, debemos ayudarnos, también discutir, como los discípulos que discutían sobre quién era el más grande entre ellos, pero no chismear, “decir por detrás”. “¿Escuchaste lo que dijo este tonto?”; no a las murmuraciones y a las competiciones.

 

Pensé tres veces si podía decirlo, no sé si debo decirlo, pero puedo decirlo (risas, ndr.). Para hacer un nombramiento de un obispo se piden informaciones a sacerdotes, fieles, consagrados: A veces se encuentran calumnias u opiniones que, sin ser graves, devalúan al sacerdote, y se entiende inmediatamente que detrás están los celos. Cuando no hay fraternidad sacerdotal está la traición de la fe. Para seguir adelante, para crecer, se despluma al hermano.

 

El gran enemigo contra la fraternidad sacerdotal son la envidia y los celos. Sucede que a veces es más importante la ideología que la fraternidad, e incluso que la doctrina. ¿A dónde hemos llegado?

Puede ayudar saber que ninguno de nosotros es el todo, todos somos parte de un cuerpo, la Iglesia de Cristo. La pretensión de tener razón siempre te lleva a equivocarte, pero esto se aprende desde el seminario.

 

Un buen arzobispo de aquí, el cardenal Canestri, decía que “la Iglesia es como un río, lo importante es estar adentro del río”, pero estar a la derecha o a la izquierda del río es una variedad lícita, lo importante es estar dentro del río. Y muchas veces nosotros queremos que el río se haga pequeño y que esté solo de nuestra parte, y condenamos a los demás. Esto no es fraternidad. Todos dentro del río.

 

Esto se aprende en el seminario, y yo lo aconsejo a los formadores: si ven a un seminarista bueno, inteligente, pero que es un chismoso, expúlsenlo: será una hipoteca para la fraternidad. Hay un dicho: cría cuervos y te sacarán los ojos; si crías cuervos en el seminario, destruirán cualquier fraternidad en el presbiterio.

Y luego están el párroco y el vicepárroco, a veces van de acuerdo, a veces están en partes diferentes del río: hagan un esfuerzo para comprenderse y hablarse, lo importante es estar dentro del río y no chismear, se necesita crear unidad; debemos tomar los dones, los carismas, las luces de cada uno.

 

Una vez, algunos monjes fueron a ver al abad Pafnuncio, preocupados por los pecados de uno de ellos y le pidieron ayuda a él: “Sí, he visto en la orilla del río a un hombre en el lodo hasta las rodillas, algunos hermanos querían darle una mano, y, por el contrario, lo hundieron hasta el cuello; hay algunas ayudas que en realidad tratan de destruir, disfrazadas de ayudas”.

 

Una cosa que nos ayudará mucho cuando nos encontremos frente a los pecados y a las cosas feas de nuestros hermanos que tratan de romper la fraternidad es preguntarse: ¿cuántas veces yo he sido perdonado?

 

Usted ha vivido una larga vida consagrada en diferentes situaciones y con diferentes roles de responsabilidad. ¿Qué puede decirnos para vivir nuestra consagración con mayor intensidad, fieles a nuestro carisma, a nuestro apostolado y a la diócesis? (Pregunta de la madre Rosangela Sala, presidenta de Usmi lígure, ndr.)

 

Madre Rosangela, la conozco desde hace años. Es buena, pero tiene un defecto, conduce a 140 kilómetros por hora (risas, ndr.). La diócesis es esa porción del pueblo de Dios que tiene cara. Ha hecho, hace y hará historia. Todos estamos dentro de la diócesis. Nos ayuda para que nuestr fe no sea teórica. Y ustedes, consagradas y consagrados, son un regalo para la Iglesia, cada carisma es un regalo para la Iglesia universal, pero siempre es interesante ver como todos los carismas nacen en un lugar concreto y están unidos con la vida de la diócesis concreta, no nacen en el aire. Lugar concreto que después crece y tiene un carácter universal, pero en el origen siempre tiene una concreción. Es bello hacer memoria de cómo no hay un carisma sin una experiencia fundadora concreta, raíces concretas. Pensemos en los franciscanos: el lugar que nos viene a la mente inmediatamente es Asís, “Pero somos universales”. Sí, es cierto, pero el origen concreto prevalece. El carisma es para ser encarnado, nace en un lugar concreto y luego crece. Pero siempre hay que buscar dónde nació. Esto nos enseña a amar a la gente en los lugares concretos. Concretamente. La concreción de la Iglesia la da la diocesanidad. Esto no quiere decir matar el carisma, no, ayuda a que el carisma se vuelva más real, más visible, más cercano. Cuando la universalidad de un instituto se olvida que debe insertarse en los lugares concretos, en las diócesis concretas, esta orden al final olvidará dónde nació. Se universaliza, pero no hay esa concreción de la diocesanidad. Institutos religiosos voladores no existen, y si alguien tiene esa pretensión, acabará mal.

 

Y pensar en la universalidad sin concreción lleva a la autoreferencialidad. Y después subrayo la disponibilidad. Disponibilidad para ir a donde hay más riesgos, necesidades; hay que donar el carisma, insertarse donde hay más necesidades, en todas las periferias. Estas periferias son el reflejo de los lugares en los que nació el carisma primordial. Y cuando digo disponibilidad también digo revisión de las obras: a veces se hacen porque no hay personal; pero también cuando no hay personal es bueno preguntarse: ¿nuestro carisma es necesario aquí? Hay que ser disponibles, con prudencia de gobierno, pero sin miedo de los riesgos.

 

¿Cómo afrontar la general disminución de vocaciones a la vida sacerdotal y consagrada?

 

Hay un problema demográfico, en Italia estamos bajo cero. Si no hay chicos, no hay vocaciones; era más fácil en tiempos de familias numerosas. Es más fácil convivir con un gato y con el perro que con el hijo, porque me aseguro el amor programado, me siento acompañado por el perro o el gato. En cada época debemos ver las cosas que suceden como un paso del Señor: hoy, el Señor pasa a vernos y nosotros debemos preguntarnos qué sucede.

 

También está la crisis matrimonial, los jóvenes ya no se casan, prefieren convivir. Es una crisis trasversal. Una crisis trasversal que, como tal, es un tiempo para preguntarle al Señor: ¿qué debemos hacer? ¿Cambiar? Afrontar los problemas es necesario, aprender de los problemas es algo obligatorio.

 

Hay que buscar una respuesta a esto, que no sea reductiva, de conquista. Recuerdo como si fuera ahora: “la trata de las novicias”, título del periódico italiano “Corriere della Sera”, creo que de hace algunos años. Fue un escándalo. Una congregación que cogía el pullman, iba a lugares pobres, convencía a las chicas a que fueran a Buenos Aires para que convertirse en novicias, y las cosas no funcionaban. Y este es un dato de hace quince años, pero ha sucedido también en Roma, congregaciones que iban a los países extracomunitarios, pobres: encontraban personas que no tenían vocación, pero que no querían estar allí en esos lugares, entonces venían aquí, no se consagraban, algunos tal vez encontraban trabajo, pero otros acababan en la calle.

 

Los jóvenes piden testimonio de autenticidad, armonía con el carisma. Nosotros debemos comprender que con los comportamientos mundanos somos nosotros los que provocamos ciertas crisis vocacionales, hemos sido nosotros mismos. Se necesita una conversión pastoral, misionera, testimonio que atraiga las vocaciones.

 

Las vocaciones existen, Dios las da, pero si tu, sacerdote o monja, siempre estás ocupado y no tienes tiempo de escuchar a los jóvenes que vienen (que a veces son aburridos), no las cultivamos; los jóvenes están en movimiento: hay que hacerles propuestas misionales. Haciendo estas obras de bien con ellos el Señor les habla.

El testimonio también se ofrece sin palabras. Acabo con una anécdota: en la zona en la que era obispo auxiliar, en un hospital cerca del vicariato, había tres monjitas ancianas y enfermas de una congregación que no tenía gente: la madre general, con buen sentido, las volvió a llamar; un sacerdote llamó a la madre general de una congregación de Corea para pedirle ayuda. Llegan tres monjas coreanas y después de algunos días los enfermos estaban felices: «¡Qué monjas más buenas!». «¿Pero, qué están diciendo, cómo las entienden si no hablan ni una palabra de español?». «La sonrisa», el lenguaje de gestos, del testimonio del amor. Incluso sin palabras se puede atraer a la gente. El testimonio es la clave de las vocaciones.


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Alegría y esperanza en la vocación religiosa. El Papa a las religiosas.

Bergoglio a las monjas: no se resignen por la disminución de las vocaciones

A las Pías Discípulas del Divino Maestro Francisco aconseja no unirse a los «profetas de desventura que tanto daño hacen a la Iglesia»; se necesita una alegría sin maquillajes

Papa Francisco con las Pías Discípulas del Divino Maestro

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Pubblicato il 22/05/2017
Ultima modifica il 22/05/2017 alle ore 19:36
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

La alegría (una «alegría verdadera, no maquillada») debe ser el centro de la vida religiosa. Lo dijo el Papa al recibir hoy por la mañana a las Pías Discípulas del Divino Maestro, en ocasión de su capítulo general, a las que pidió no unirse «a los profetas de desventura que tanto daño hacen a la Iglesia» y que no caigan en esa resignación que viene cuando «el diablo» dice «no tenemos vocaciones»: «Despierten al mundo, iluminen el futuro, siempre con la sonrisa, con la alegría, con la esperanza».

 

«Como consagradas, viven en primer lugar la profecía de la alegría», dijo el Papa en su discurso. «En primer lugar, la alegría del Evangelio una profecía y el mundo hoy necesita esto». La alegría «es una bella realidad en la vida de muchos consagrados, pero también es un gran desafío para todos nosotros. ¡Una secuela triste es una triste secuela! Y la alegría auténtica, no auto-referencial o auto-complacida, es el testimonio más creíble de una vida plena, no una alegría maquillada… ¡no maquillen la alegría! Al mismo tiempo, esta alegría que llena sus corazones y se manifiesta en sus rostros las guiará a salir hacia las periferias participando en la alegría de la Iglesia que es la evangelización, convencidas de que Jesús es la buena noticia, es alegría para todos. Esta alegría aleja de nosotros el cáncer de la resignación, fruto de la pereza que vuelve árida el alma. Monjas resignadas no, por favor. El diablo dirá: “pero somos pocas, no tenemos vocaciones…”. Y así se alarga la cara y se pierde la alegría y acabamos en esa resignación: no, no se puede acabar así, la esperanza de Jesucristo es alegría».

 

Según el Papa, además, los religiosos deben ser «profetas de esperanza»: «Con esta confianza y esta fortaleza, les repito: no se unan a los profetas de la desventura, por favor, que tanto dañan a la Iglesia y a la vida consagrada; no cedan a la tentación de la somnolencia (como los apóstoles en el Getsemaní) ni de la desesperación. Refuercen su vocación de “centinelas de la mañana” para poder anunciar a los demás la llegada de la aurora. Despierten al mundo, iluminen el futuro, siempre con la sonrisa, con la alegría, con la esperanza».

 

El Papa, que por la mañana recibió al decano del colegio cardenalicio Angelo Sodano y a los obispos de Guatemala, comenzó su discurso pidiendo perdón por su retraso: «¿A qué hora llegaron? Tenía el encuentro con los obispos de Guatemala, estos encuentros se alargan, se alargan… y luego -añadió entre las risas de las religiosas- la factura la pagan las monjas». La superiora de la congregación recordó el origen piantes que une a las Pías Discípulas del Divino Maestro y a Papa Bergoglio, bromeando sobre la metáfora evangélica del vino nuevo en odres viejos: «Del origen piamontés no podía más que venir vino nuevo».

 

Frutos de comunión con los hermanos y hermanas de la Familia Paulina fueron los primeros frutos que deseó el Papa, es decir la comunión con quienes las religiosas comparten el padre fundador, el beato Santiago Alberione, y la misión de llevar el Evangelio. Y para ello es necesario «escuchar», porque «uno de los apostolados importantes de hoy es el apostolado de la oreja». «Es necesario —añadió— mantener un clima de discernimiento, para reconocer lo que pertenece al Espíritu y lo que le es contrario», evitando caer víctimas «de la cultura del zapping y, a veces, de una cultura de muerte» que en la sociedad actual presenta todas las propuestas como «válidas y buenas».


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Nuevo provincial de los jesuitas de España.


El día 18 de mayo de 2017 el P. General Arturo Sosa, SJ, ha nombrado Provincial de España de la Compañía de Jesús al P. Antonio José España Sánchez

Nació en Madrid el 09/12/1966; ingresó en la Compañía de Jesús en el noviciado de Sevilla el 26/09/1984, fue ordenado en el colegio Chamartín (Madrid) el 19/06/1998, por Mons. Eugenio Romero Pose. Hizo los últimos votos en Madrid el 07/01/2006. Estudió EGB y BUP en el Colegio de San Agustín, Madrid (1972-1981) y BUP, COU y Selectividad en el Instituto Ramiro de Maeztu, Madrid (1981-1984).

 

Acabado el Noviciado en Sevilla (1984-1986) cursó Filosofía en la Universidad Pontificia Comillas, Madrid (1986-88) e Historia en la Universidad Aunónoma de Madrid (1988-93). Hizo la etapa de Magisterio en el colegio Chamartín, donde fue profesor de historia en COU, tutor 3 BUP, y colaborador en pastoral (1993- 94). Comenzó la Teología en la Universidad Pontificia Comillas (1994-98) que concluyó con la licenciatura en Weston Jesuit School of Theology, Cambrigde, USA, al tiempo que cursó un master en Educación en Harvard (1998-2000).

Residió en la comunidad del Sagrado Corazón de Madrid, trabajando en Charmartín como Jefe general de formación y profesor de historia, además de colaborar en la iglesia de su residencia (2000-2003). Realizada la Tercera Probación en Salamanca con el P. José Antonio García Rodríguez (2003-04), trabajó en Chamartín (2004-2009) como Jefe de Formación, profesor de Religión e Historia, asistente de CVX (2004-2009) y subdirector desde 2006. En Oviedo fue superior, coordinador de la CAL-Asturias, y profesor en los colegios de Oviedo y Gijón (2009-13).

Desde 2013 está en el colegio Chamartín, de Madrid, como superior, director del colegio y profesor. Fue consultor de la Provincia de Castilla (2010-14) y es coordinador del Núcleo apostólico Madrid-Chamartín desde 2014.

 Master en Educación, Harvard, USA, 2000  Licenciado en Teología, Weston School of Theology, Boston, USA, 1999.  Licenciado en Ciencias Eclesiásticas, Universidad Pontificia Comillas 1997.  Licenciado en Historia Contemporánea, Universidad Autónoma Madrid, 1993


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Madagascar: asesinado un capuchino en el asalto a su convento.

africaMADAGASCAR – Asesinan a un padre capuchino en el asalto a su convento

miércoles, 26 abril 2017 

Antananarivo (Agencia Fides) – Un capuchino malgache de 46 años, el p. Lucien Njiva, ha sido asesinado durante la noche entre el sábado 22 y el domingo 23 de abril, en el convento de Ambendrana Antsohihy.
Según cuanto ha referido a la Agencia Fides Don Eric Franck Randriamiandrinirinarivo, Director de Radio Don Bosco Madagascar, “alrededor de la una de la mañana, unos cinco hombres armados atacaron el monasterio, agrediendo y hiriendo a un joven diácono de 26 años, Jérémy. Al oír los gritos del diácono, el p. Lucien se apresuró para ayudarle blandiendo una escopeta de caza, pero los hombres armados lo mataron disparándolo con un rifle Kalashnikov”.
“El diácono ha sido trasladado a un hospital de la capital, Antananarivo, mientras que la policía ha anunciado la detención de algunas personas relacionadas con el asesinato del p. Lucien” refiere don Franck.
Los bandidos querían apoderarse de la campana del monasterio. Los capuchinos habían logrado frustrar un primer intento de robo durante la Semana Santa, cuando los bandidos atacaron el convento siempre de noche, pero tuvieron que huir por la reacción de los religiosos. La campana había sido escondida, pero esto no ha sido suficiente para disuadir a los delincuentes.
El Director de Radio Don Bosco Madagascar explica que “hace algún tiempo que se han multiplicado los robos de campanas con el fin de extraer los metales con las que se fabrican y venderlos en el mercado negro. Es un negocio muy lucrativo”.
El asalto al monasterio de Ambendrana Antsohihy es sólo el último de una serie de ataques contra iglesias y conventos católicos. Antes del asesinato del p. Lucien, el episodio más grave fue el asalto en la noche del 1 de abril, al convento de las Soeurs de Notre Dame de la Salette de Antsahatanteraka Antsirabé, en la que se cometieron violencias sexuales contra algunas religiosas y postulantes (véase Fides 8/4/2017). Según la prensa local en cinco semanas se han registrado cuatro asaltos con saqueos a conventos. (L.M.) (Agencia Fides 26/4/2017)


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Religioso asesinado en un centro de asistencia en Venezuela.

VENEZUELA – Franciscano asesinado por unos delincuentes que han robado alimentos destinados a discapacitados y ancianos

martes, 11 abril 2017violencia   hambre   política  

Aragua (Agencia Fides) – El franciscano Diego Bedoya, de los “Hermanos Franciscanos de la Cruz Blanca” responsable de la “Casa Hogar” en La Victoria, en el estado de Aragua, en Venezuela, ha sido encontrado muerto el lunes 10 de abril, a primera hora de la mañana, en su despacho. La noticia ha sido confirmada por la Conferencia Episcopal de Venezuela. Según otra información recibida en la Agencia Fides de la gente del lugar, podría haber sido asesinado durante un robo, ya que en el cuello tenía una herida de arma blanca.
El hermano Diego, 35 años, de nacionalidad colombiana, estaba en Venezuela desde hacía más de 15 años, y llevaba a cabo su ministerio pastoral en la Casa dedicada al cuidado y a la asistencia de los ancianos y de los niños discapacitados, en la que viven 65 personas que no son auto-suficientes. Este centro trabaja en estrecha colaboración con la “Cruz Blanca”, que también proporciona alimentos y víveres a los sectores más débiles de la sociedad. Los ladrones se llevaron reservas de alimentos destinados a los huéspedes del centro.
El cuerpo del religioso mostraba signos de lucha, por lo que parece que también fue golpeado antes de ser asesinado. La policía ha confirmado que han sido robados los ordenadores y otros objetos de valor, así como todo el suministro de alimentos para los niños discapacitados y los ancianos que viven allí. (CE) (Agencia Fides, 11/04/2017)


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Coloquio del Papa con la Unión de Superiores religiosos.

La Chiesa deve rimanere in uscita – Il colloquio del 25 novembre scorso tra Papa Francesco e l’Unione superiori maggiori

2017-02-09 L’Osservatore Romano

Lo scorso 25 novembre il Papa ha incontrato nell’aula del Sinodo i membri dell’Unione superiori maggiori riuniti per l’ottantottesima assemblea generale sul tema «Andate e portate frutto. La fecondità della profezia» e dopo i saluti del presidente, il cappuccino Mauro Jöhri, e del segretario generale, il comboniano David Glenday, ha dialogato per oltre due ore con i religiosi. Di seguito pubblichiamo le domande e le risposte secondo la trascrizione che esce nel numero 4000 della Civiltà Cattolica.

Santo Padre, noi riconosciamo la sua capacità di parlare ai giovani e di infiammarli per la causa del Vangelo. Noi sappiamo anche del suo impegno per avvicinare i giovani alla Chiesa; per questo ha convocato il prossimo Sinodo dei vescovi sui giovani, la fede e il discernimento vocazionale. Quali motivazioni l’hanno spinta a convocare il Sinodo sui giovani? Quali suggerimenti ci offre per raggiungere i giovani oggi?

Michelangelo«Il profeta Gioele»(Cappella Sistina)

Alla fine del Sinodo scorso ogni partecipante ha dato tre suggerimenti sul tema da affrontare nel prossimo. Poi sono state consultate le Conferenze episcopali. Le convergenze sono andate su temi forti, quali gioventù, formazione sacerdotale, dialogo interreligioso e pace. Nel primo Consiglio post-sinodale è stata fatta una bella discussione. Io ero presente. Ci vado sempre, ma non parlo. Per me importante è ascoltare davvero. È importante che io ascolti, ma lascio che siano loro a lavorare liberamente. In questo modo capisco come emergono le problematiche, quali sono le proposte e i nodi, e come si affrontano.

Hanno scelto i giovani. Ma alcuni sottolineavano l’importanza della formazione sacerdotale. Personalmente ho molto a cuore il tema del discernimento. L’ho raccomandato più volte ai gesuiti: in Polonia e poi alla Congregazione Generale. Il discernimento accomuna la questione della formazione dei giovani alla vita: di tutti i giovani, e in particolare, a maggior ragione, anche dei seminaristi e dei futuri pastori. Perché la formazione e l’accompagnamento al sacerdozio ha bisogno del discernimento.

Al momento è uno dei problemi più grandi che abbiamo nella formazione sacerdotale. Nella formazione siamo abituati alle formule, ai bianchi e ai neri, ma non ai grigi della vita. E ciò che conta è la vita, non le formule. Dobbiamo crescere nel discernimento. La logica del bianco e nero può portare all’astrazione casuistica. Invece il discernimento è andare avanti nel grigio della vita secondo la volontà di Dio. E la volontà di Dio si cerca secondo la vera dottrina del Vangelo e non nel fissismo di una dottrina astratta. Ragionando sulla formazione dei giovani e sulla formazione dei seminaristi, ho deciso il tema finale così come è stato comunicato: «I giovani, la fede e il discernimento vocazionale».

La Chiesa deve accompagnare i giovani nel loro cammino verso la maturità, e solo con il discernimento e non con le astrazioni i giovani possono scoprire il loro progetto di vita e vivere una vita davvero aperta a Dio e al mondo. Dunque ho scelto questo tema per introdurre il discernimento con maggior forza nella vita della Chiesa. L’altro giorno abbiamo avuto la seconda riunione del Consiglio post-sinodale. Si è discusso abbastanza bene su questo argomento. Hanno preparato la prima bozza sui Lineamenta che si dovrà inviare subito alle Conferenze episcopali. Hanno lavorato anche religiosi. È uscita una bozza ben preparata.

Questo comunque è il punto chiave: il discernimento, che è sempre dinamico, come la vita. Le cose statiche non vanno. Soprattutto con i giovani. Quando io ero giovane, la moda era fare riunioni. Oggi le cose statiche come le riunioni non vanno bene. Si deve lavorare con i giovani facendo cose, lavorando, con le missioni popolari, il lavoro sociale, con l’andare ogni settimana a dar da mangiare ai senzatetto. I giovani trovano il Signore nell’azione. Poi, dopo l’azione si deve fare una riflessione. Ma la riflessione da sola non aiuta: sono idee… solo idee. Dunque due parole: ascolto e movimento. Questo è importante. Ma non solamente formare i giovani all’ascolto, bensì innanzitutto ascoltare loro, i giovani stessi. Questo è un primo compito importantissimo della Chiesa: l’ascolto dei giovani. E nella preparazione del Sinodo la presenza dei religiosi è davvero importante, perché i religiosi lavorano molto con i giovani.

Che cosa si aspetta dalla vita religiosa nella preparazione del Sinodo? Quali speranze Lei ha per il prossimo Sinodo sui giovani, alla luce della diminuzione delle forze della vita religiosa in Occidente?

Certo, è vero che c’è una diminuzione delle forze della vita religiosa in Occidente. Certamente è collegata al problema demografico. Ma è anche vero che a volte la pastorale vocazionale non risponde alle attese dei giovani. Il prossimo Sinodo ci darà idee. La diminuzione della vita religiosa in Occidente mi preoccupa.

Ma mi preoccupa anche un’altra cosa: il sorgere di alcuni nuovi Istituti religiosi che sollevano alcune preoccupazioni. Non dico che non debbano esserci nuovi Istituti religiosi! Assolutamente no. Ma in alcuni casi mi interrogo su che cosa stia accadendo oggi. Alcuni di essi sembrano una grande novità, sembrano esprimere una grande forza apostolica, trascinano tanti e poi… falliscono. A volte si scopre persino che dietro c’erano cose scandalose… Ci sono piccole fondazioni nuove che sono davvero buone e che fanno sul serio. Vedo che dietro queste buone fondazioni ci sono a volte anche gruppi di vescovi che accompagnano e garantiscono la loro crescita. Però ce ne sono altre che nascono non da un carisma dello Spirito Santo, ma da un carisma umano, da una persona carismatica che attira per le sue doti umane di fascinazione. Alcune sono, potrei dire, «restaurazioniste»: esse sembrano dare sicurezza e invece danno solo rigidità. Quando mi dicono che c’è una Congregazione che attira tante vocazioni, lo confesso, io mi preoccupo. Lo Spirito non funziona con la logica del successo umano: ha un altro modo. Ma mi dicono: ci sono tanti giovani decisi a tutto, che pregano tanto, che sono fedelissimi. E io mi dico: «Benissimo: vedremo se è il Signore!».

Alcuni poi sono pelagiani: vogliono tornare all’ascesi, fanno penitenze, sembrano soldati pronti a tutto per la difesa della fede e di buoni costumi… e poi scoppia lo scandalo del fondatore o della fondatrice… Noi sappiamo, vero? Lo stile di Gesù è un altro. Lo Spirito Santo ha fatto rumore il giorno della Pentecoste: era all’inizio. Ma di solito non fa tanto rumore, porta la croce. Lo Spirito Santo non è trionfalista. Lo stile di Dio è la croce che si porta avanti fino a che il Signore non dice «basta». Il trionfalismo non va bene d’accordo con la vita consacrata.

Dunque, non mettete la speranza nel fiorire improvviso e massiccio di questi Istituti. Cercate invece l’umile cammino di Gesù, quello della testimonianza evangelica. Benedetto XVI ce lo ha detto molto bene: la Chiesa non cresce per proselitismo, ma per attrazione.

Perché ha scelto tre tematiche mariane per le prossime tre Giornate mondiali della gioventù che condurranno alle Giornate mondiali di Panamá?

I temi mariani per le prossime tre Giornate mondiali non li ho scelti io! Dall’America Latina hanno chiesto questo: una forte presenza mariana. È vero che l’America Latina è molto mariana, e a me è sembrata una cosa molto buona. Non ho avuto altre proposte, e io ero contento così. Ma la Madonna vera! Non la Madonna capo di un ufficio postale che ogni giorno manda una lettera diversa, dicendo: «Figli miei, fate questo e poi il giorno dopo fate quest’altro». No, non questa. La Madonna vera è quella che genera Gesù nel nostro cuore, che è Madre. Questa moda della Madonna superstar, come una protagonista che mette se stessa al centro, non è cattolica.

Santo Padre, la sua missione nella Chiesa non è facile. Malgrado le sfide, le tensioni, le opposizioni, Lei ci offre la testimonianza di un uomo sereno, di un uomo di pace. Qual è la sorgente della sua serenità? Da dove viene questa fiducia che la ispira e che può sostenere anche la nostra missione? Chiamati a essere guide religiose, cosa ci suggerisce per vivere con responsabilità e pace il nostro compito?

Qual è la sorgente della mia serenità? No, non prendo pastiglie tranquillanti! Gli italiani danno un bel consiglio: per vivere in pace ci vuole un sano menefreghismo. Io non ho problemi nel dire che questa che sto vivendo è un’esperienza completamente nuova per me. A Buenos Aires ero più ansioso, lo ammetto. Mi sentivo più teso e preoccupato. Insomma: non ero come adesso. Ho avuto un’esperienza molto particolare di pace profonda dal momento che sono stato eletto. E non mi lascia più. Vivo in pace. Non so spiegare.

Per il conclave, mi dicono che nelle scommesse a Londra ero nel numero 42 o 46. Io non lo prevedevo affatto. Ho pure lasciato l’omelia pronta per il Giovedì santo. Nei giornali si diceva che ero un king maker, ma non il Papa. Al momento dell’elezione io ho detto semplicemente: «Signore, andiamo avanti!». Ho sentito pace, e quella pace non se n’è andata.

Nelle Congregazioni Generali si parlava dei problemi del Vaticano, si parlava di riforme. Tutti le volevano. C’è corruzione in Vaticano. Ma io sono in pace. Se c’è un problema, io scrivo un biglietto a san Giuseppe e lo metto sotto una statuetta che ho in camera mia. È la statua di san Giuseppe che dorme. E ormai lui dorme sotto un materasso di biglietti! Per questo io dormo bene: è una grazia di Dio. Dormo sempre sei ore. E prego. Prego a mio modo. Il breviario mi piace tanto e mai lo lascio. La Messa tutti i giorni. Il rosario… Quando prego, prendo sempre la Bibbia. E la pace cresce. Non so se questo è il segreto… La mia pace è un regalo del Signore. Che non me la tolga!

Credo che ciascuno debba trovare la radice dell’elezione che il Signore ha fatto su di lui. Del resto, perdere la pace non aiuta affatto a soffrire. I superiori devono imparare a soffrire, ma a soffrire come un papà. E anche a soffrire con molta umiltà. Per questa strada si può andare dalla croce alla pace. Ma mai lavarsi le mani dai problemi! Sì, nella Chiesa ci sono i Ponzio Pilato che se ne lavano le mani per stare tranquilli. Ma un superiore che se ne lava le mani non è padre e non aiuta.

Santo Padre, nei suoi interventi ci ha detto spesso che ciò che specifica la vita religiosa è la profezia. Ci siamo confrontati a lungo su cosa significhi essere radicali nella profezia. Quali sono le «zone di sicurezza e di conforto» da cui siamo chiamati a uscire? Lei ha parlato alle monache di una «ascesi profetica e credibile». Come la intende in una prospettiva rinnovata di «cultura della misericordia»? Come può la vita consacrata contribuire a tale cultura?

Essere radicali nella profezia. A me questo importa tanto. Prenderò come «icona» Gioele. Mi viene spesso in mente, e so che viene da Dio. Dice: «Gli anziani avranno sogni e i giovani profetizzeranno ». Questo versetto è un nocciolo della spiritualità delle generazioni. Essere radicali nella profezia è il famoso sine glossa, la regola sine glossa, il Vangelo sine glossa. Cioè: senza calmanti! Il Vangelo va preso senza calmanti. Così hanno fatto i nostri fondatori.

La radicalità della profezia dobbiamo trovarla nei nostri fondatori. Loro ci ricordano che siamo chiamati a uscire dalle nostre zone di conforto e sicurezza, da tutto quello che è mondanità: nel modo di vivere, ma anche nel pensare strade nuove per i nostri Istituti. Le strade nuove vanno cercate nel carisma fondazionale e nella profezia iniziale. Dobbiamo riconoscere personalmente e comunitariamente qual è la nostra mondanità.

Persino l’ascetica può essere mondana. E invece deve essere profetica. Quando sono entrato nel noviziato dei gesuiti, mi hanno dato il cilicio. Va bene anche il cilicio, ma attenzione: non deve aiutarmi a dimostrare quanto sono bravo e forte. La vera ascesi deve farmi più libero. Credo che il digiuno sia una cosa che conservi attualità: ma come faccio il digiuno? Semplicemente non mangiando? Santa Teresina aveva anche un altro modo: mai diceva cosa le piaceva. Non si lamentava e prendeva tutto quello che le davano. C’è un’ascesi quotidiana, piccola, che è una mortificazione costante. Mi viene in mente una frase di sant’Ignazio che aiuta a essere più liberi e felici. Lui diceva che per seguire il Signore aiuta la mortificazione in tutte le cose possibili. Se ti aiuta una cosa, falla, anche il cilicio! Ma solamente se ti aiuta a essere più libero, non se ti serve per mostrare a te stesso che sei forte.

Cosa comporta la vita comunitaria? Qual è il ruolo di un superiore per custodire questa profezia? Quale apporto possono dare i religiosi per contribuire al rinnovamento delle strutture e della mentalità della Chiesa?

La vita comunitaria? Alcuni santi l’hanno definita una continua penitenza. Ci sono comunità in cui la gente si spella e si spiuma! Se la misericordia non entra nella comunità, non va bene. Per i religiosi la capacità di perdono deve spesso iniziare nella comunità. E questo è profetico. Si comincia sempre con l’ascolto: che tutti si sentano ascoltati. Ci vuole ascolto e persuasione anche da parte del superiore. Se il superiore rimprovera continuamente, non aiuta a creare la profezia radicale della vita religiosa. Sono convinto che i religiosi siano in vantaggio nel dare un contributo al rinnovamento delle strutture e della mentalità della Chiesa.

Nei consigli presbiterali delle diocesi i religiosi aiutano nel cammino. E non devono avere paura di dire le cose. Nelle strutture della Chiesa entra il clima mondano e principesco, e i religiosi possono contribuire a distruggere questo clima nefasto. E non c’è bisogno di diventare cardinali per credersi prìncipi! Basta essere clericali. Questo è quanto di peggio ci sia nell’organizzazione della Chiesa. I religiosi possono contribuire con la testimonianza di una fratellanza più umile. I religiosi possono dare la testimonianza di un iceberg capovolto, dove la punta, cioè il vertice, il capo, è capovolta, sta in basso.

Santo Padre, noi abbiamo speranze che attraverso la sua guida si sviluppino migliori relazioni tra vita consacrata e Chiese particolari. Che cosa ci suggerisce per esprimere in pienezza i nostri carismi nelle Chiese particolari e per affrontare le difficoltà che a volte sorgono nei rapporti con i vescovi e il clero diocesano? Come vede la realizzazione del dialogo della vita religiosa con i vescovi e la collaborazione con la Chiesa locale?

Da tempo si chiede di rivedere i criteri circa i rapporti tra i vescovi e i religiosi stabiliti nel 1978 dalla Congregazione per i religiosi e dalla Congregazione per i vescovi nel documento Mutuae relationes. Già nel Sinodo del 1994 ne se era parlato. Quel documento risponde a un certo tempo e non è più così attuale. Il tempo è maturo per il cambiamento.

È importante che i religiosi si sentano appieno dentro la Chiesa diocesana. Appieno. A volte ci sono tante incomprensioni che non aiutano all’unità, e allora bisogna dare un nome ai problemi. I religiosi devono essere nelle strutture di governo della Chiesa locale: consigli di amministrazione, consigli presbiterali… A Buenos Aires i religiosi eleggevano i loro rappresentanti nel consiglio presbiterale. Il lavoro va condiviso nelle strutture delle diocesi. I religiosi devono essere nelle strutture di governo della diocesi. Da isolati non ci si aiuta. In questo si deve crescere tanto. E così anche il vescovo è aiutato a non cadere nella tentazione di diventare un po’ principe…

Ma anche la spiritualità va diffusa e condivisa, e i religiosi sono portatori di forti correnti spirituali. In alcune diocesi i sacerdoti del clero diocesano si riuniscono in gruppi di spiritualità francescana, carmelitana… Ma che lo stile di vita possa essere condiviso: alcuni preti diocesani si chiedono perché non possano vivere insieme per non essere soli, perché non possano vivere una vita più comunitaria. Il desiderio viene, ad esempio, quando si ha la buona testimonianza di una parrocchia retta da una comunità di religiosi. Dunque, c’è un livello di collaborazione radicale, perché spirituale, di anima. E stare vicini spiritualmente in diocesi tra il clero e i religiosi aiuta a risolvere le possibili incomprensioni. Si possono studiare e ripensare tante cose. Tra queste anche la durata del servizio come parroco, che mi sembra breve e si cambiano i parroci troppo facilmente.

Non nascondo che poi ci sono tanti altri problemi a un terzo livello, legato alla gestione economica. I problemi vengono quando si toccano le tasche! Penso alla questione dell’alienazione dei beni. Con i beni dobbiamo essere molto delicati. La povertà è midollare nella vita della Chiesa. Sia quando la si osserva, sia quando non la si osserva. Le conseguenze sono sempre forti.

Santo Padre, come la Chiesa anche la vita religiosa è impegnata ad affrontare le situazioni di abusi sessuali sui minori e di abusi finanziari con trasparenza e determinazione. Tutto ciò è una contro-testimonianza, suscita scandali e ha anche ripercussioni sulla proposta vocazionale e sull’aiuto dei benefattori. Quali misure ci suggerisce per prevenire tali scandali nelle nostre Congregazioni?

Forse non c’è il tempo per una risposta molto articolata e faccio affidamento alla vostra sapienza. Fatemi dire però che il Signore vuole tanto che i religiosi siano poveri. Quando non lo sono, il Signore manda un economo che porta l’Istituto in fallimento! A volte Congregazioni religiose sono accompagnate da un amministratore ritenuto «amico» e che poi le fa fallire. Comunque, criterio fondamentale per un economo è quello di non essere personalmente attaccato ai soldi. Una volta accadde che una suora economa svenne e una consorella disse a chi la soccorreva: «Passatele sotto il naso una banconota e certamente si riprenderà!». C’è da ridere, ma anche da riflettere. Importante poi verificare come le banche investono i soldi. Non deve mai accadere che ci siano investimenti in armi, ad esempio. Mai.

Circa gli abusi sessuali: pare che su 4 persone che abusano, 2 siano state abusate a loro volta. Si semina l’abuso nel futuro: è devastante. Se sono coinvolti preti o religiosi, è chiaro che è in azione la presenza del diavolo che rovina l’opera di Gesù tramite colui che doveva annunciare Gesù. Ma parliamoci chiaro: questa è una malattia. Se non siamo convinti che questa è una malattia, non si potrà risolvere bene il problema. Quindi, attenzione a ricevere in formazione candidati alla vita religiosa senza accertarsi bene della loro adeguata maturità affettiva. Per esempio: mai ricevere nella vita religiosa o in una diocesi candidati che sono stati respinti da un altro seminario o da un altro Istituto senza chiedere informazioni molto chiare e dettagliate sulle motivazioni dell’allontanamento.

Santo Padre, la vita religiosa non è in funzione di se stessa, ma della sua missione nel mondo. Lei ci ha invitato ad essere una Chiesa in uscita. Dal suo punto di osservazione, la vita religiosa nelle diverse parti del modo sta operando questa conversione?

La Chiesa è nata in uscita. Era chiusa nel Cenacolo e poi è uscita. E deve rimanere in uscita. Non deve tornare a chiudersi nel Cenacolo. Gesù ha voluto che fosse così. E «fuori» significa quelle che io chiamo periferie, esistenziali e sociali. I poveri esistenziali e i poveri sociali spingono la Chiesa fuori di sé. Pensiamo a una forma di povertà, quella legata al problema dei migranti e dei rifugiati: più importante degli accordi internazionali è la vita di quelle persone! E proprio nel servizio della carità è pure possibile trovare un ottimo terreno per il dialogo ecumenico: sono i poveri che uniscono i cristiani divisi! Queste sono tutte sfide aperte per i religiosi di una Chiesa in uscita. L’Evangelii gaudium vuole comunicare questa necessità: uscire. Vorrei che si tornasse a quella Esortazione apostolica con la riflessione e la preghiera. Essa è maturata alla luce dell’Evangelii nuntiandi e del lavoro fatto ad Aparecida, contiene un’ampia riflessione ecclesiale. E infine ricordiamolo sempre: la misericordia è Dio in uscita. E Dio è sempre misericordioso. Anche voi uscite!