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La vida consagrada hoy. Entrevista con Mons. Catalá.

Mons. Jesús Catalá Ibañez, Obispo de Málaga.Mons. Jesús Catalá Ibañez, Obispo de Málaga. 

Diálogo con Mons. Catalá: Desafíos y riquezas de la Vida Consagrada

Entrevista al presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, en el marco de la jornada mundial de los consagrados 2018.

Sofía Lobos- Ciudad del Vaticano

“La vida Consagrada, encuentro con el Amor de Dios”, es el lema de esta 22° jornada mundial de la vida consagrada que se celebra el 2 de febrero, fiesta litúrgica de la Presentación del Señor, y que este año se presenta como una “nueva ocasión para entrar en lo más íntimo de uno mismo”; con la invitación a profundizar sobre qué es lo esencial en esta vocación de entrega al servicio de la Iglesia y del prójimo, basada en una profunda relación de amor con Cristo.

En este contexto, entrevistamos a Monseñor Jesús Catalá Ibáñez, Obispo de la Diócesis de Málaga y Presidente de la Comisión para la Vida Consagrada en España, quien nos habla sobre los desafíos y las riquezas de la vida consagrada.

En alusión al lema de esta jornada 2018, ¿qué es lo esencial en la vida de un consagrado para poder vivir verdaderamente en un permanente encuentro con el amor de Dios?

“Lo más importante es la unión con Jesús. Lo esencial es vivir como Él y tener un encuentro con Él desde la obediencia, la pobreza y la virginidad, que es lo que caracteriza a las personas de especial consagración”, explica Mons. Catalá, haciendo hincapié en que todo encuentro con el Señor es importante para los fieles, tal y como sucedía en los tiempos de Jesús narrados en los Evangelios, donde se ve cómo esos encuentros transforman la vida de todo aquel que experimentaba el amor de Dios, a través de la figura de su Hijo. “Un encuentro, que no sólo cambia a quien lo vive sino que a su vez, lo capacita para amar a los demás”.

“ El encuentro con Jesús transforma y cambia la vida de uno para siempre ”

Como presidente de la Comisión Episcopal para la vida consagrada, ¿cuáles cree que son los principales desafíos a los que se enfrentan los consagrados en el mundo moderno de hoy, tan lleno de distracciones?

Los desafíos son en principio, los mismos a los que se enfrentan todos los cristianos, porque vivimos en la misma sociedad y existen los mismos retos.

Una sociedad que de alguna manera, se aleja de Dios, en la que hombre quiere autoerigirse en independiente y autónomo de su Creador, reflejada un poco en esa secularización que existe en varios ámbitos y que al mismo tiempo es un gran desafío para todo cristiano. En cuanto a los consagrados, es una realidad, el hecho de que deben afrontar estos desafíos con una mayor claridad y dureza, si cabe, porque todo el sentido de su vida depende de esa consagración.

En su experiencia como Obispo de la Diócesis de Málaga, ¿ha podido experimentar la presencia de una crisis en las vocaciones religiosas y también en las vocaciones de vida consagrada?

En este punto, Mons. Catalá responde haciendo una importante distinción sobre esta cuestión, ya que no considera la palabra “crisis” como la más adecuada para describir la situación actual de la vida religiosa: “Es cierto que hay un descenso entre las personas que quieren dedicarse al Señor en la Vida Consagrada, es cierto que muchas congregaciones se están haciendo mayores… pero eso no expresa una crisis de vocaciones. El Señor sigue llamando, quizás falta la respuesta de muchos que no quieren oír esa llamada, o los afanes del mundo se lo impiden”, explica el prelado.

“ No hay crisis en la vida consagrada porque el Señor sigue llamando… hay crisis de respuestas a esa llamada ”

“Por tanto, la vida consagrada no está en crisis. La vida consagrada es una respuesta al Señor a vivir más cerca de Él, de una manera profunda y hay mucha gente que vive esa respuesta de manera plena. Por ello yo distinguiría entre una disminución de quienes responden a la llamada de Dios, porque no hay crisis de llamadas sino crisis de respuestas”.

Y haciendo esta distinción, ¿qué mensaje dejaría a los cristianos, especialmente a los jóvenes que se plantean la vocación a la vida consagrada, para contrarrestar de algún modo esa “crisis de respuestas” a la que usted hace referencia?

Animaría a todos los jóvenes, y no tan jóvenes porque el Señor llama a cualquier edad; les diría que primero se pongan delante del Señor, que lo escuchen, lean su Palabra, recen y tengan un encuentro personal con Él. No cabe la posibilidad de dar una respuesta si no hay un encuentro personal con Jesús. Hay que acercarse a Él, ponerse de rodillas ante Él, alabarle y preguntarle… Señor… ¿tú qué quieres de mí?

Nuestra entrevista finaliza hablando sobre la riqueza espiritual concreta que aportan los consagrados al modelo de “Iglesia en salida” que propone el Papa Francisco.

“ Ojalá las personas pudieran abrir los ojos y ver la enorme riqueza que existe en la vida consagrada ”

 

Una riqueza que el presidente de la Comisión para la Vida Consagrada define como fundamental, no sólo para la Iglesia sino para todo el mundo, ya que los consagrados  “ayudan, atienden y acompañan de modo especial a los más excluidos y desfavorecidos de la sociedad”; una riqueza, que a menudo, pasa desapercibida para los demás: “Ojalá las personas pudieran abrir los ojos y ver la enorme riqueza que existe en la vida consagrada”, concluye Mons. Catalá.

Escuche la entrevista a Mons. Jesús Catalá Ibáñez

 

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febrero 2: día de las vidas consagradas. Homilía del Papa

FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR
XXII JORNADA MUNDIAL DE LA VIDA CONSAGRADA

CONCELEBRACIÓN EUCARÍSTICA PARA LOS CONSAGRADOS

HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO

Basílica Vaticana
Viernes, 2 de febrero de 2018

[Multimedia]


 

Cuarenta días después de Navidad celebramos al Señor que, entrando en el templo, va al encuentro de su pueblo. En el Oriente cristiano, a esta fiesta se la llama precisamente la «Fiesta del encuentro»: es el encuentro entre el Niño Dios, que trae novedad, y la humanidad que espera, representada por los ancianos en el templo.

En el templo sucede también otro encuentro, el de dos parejas: por una parte, los jóvenes María y José, por otra, los ancianos Simeón y Ana. Los ancianos reciben de los jóvenes, y los jóvenes de los ancianos. María y José encuentran en el templo las raíces del pueblo, y esto es importante, porque la promesa de Dios no se realiza individualmente y de una sola vez, sino juntos y a lo largo de la historia. Y encuentran también las raíces de la fe, porque la fe no es una noción que se aprende en un libro, sino el arte de vivir con Dios, que se consigue por la experiencia de quien nos ha precedido en el camino. Así los dos jóvenes, encontrándose con los ancianos, se encuentran a sí mismos. Y los dos ancianos, hacia el final de sus días, reciben a Jesús, que es el sentido a sus vidas. En este episodio se cumple así la profecía de Joel: «Vuestros hijos e hijas profetizarán, vuestros ancianos tendrán sueños y visiones» (3,1). En ese encuentro los jóvenes descubren su misión y los ancianos realizan sus sueños. Y todo esto porque en el centro del encuentro está Jesús.

Mirémonos a nosotros, queridos hermanos y hermanas consagrados. Todo comenzó gracias al encuentro con el Señor. De un encuentro y de una llamada nació el camino de la consagración. Es necesario hacer memoria de ello. Y si recordamos bien veremos que en ese encuentro no estábamos solos con Jesús: estaba también el pueblo de Dios —la Iglesia—, jóvenes y ancianos, como en el Evangelio. Allí hay un detalle interesante: mientras los jóvenes María y José observan fielmente las prescripciones de la Ley —el Evangelio lo dice cuatro veces—, y no hablan nunca, los ancianos Simeón y Ana acuden y profetizan. Parece que debería ser al contrario: en general, los jóvenes son quienes hablan con ímpetu del futuro, mientras los ancianos custodian el pasado. En el Evangelio sucede lo contrario, porque cuando uno se encuentra en el Señor no tardan en llegar las sorpresas de Dios. Para dejar que sucedan en la vida consagrada es bueno recordar que no se puede renovar el encuentro con el Señor sin el otro: nunca dejar atrás, nunca hacer descartes generacionales, sino acompañarse cada día, con el Señor en el centro. Porque si los jóvenes están llamados a abrir nuevas puertas, los ancianos tienen las llaves. Y la juventud de un instituto está en ir a las raíces, escuchando a los ancianos. No hay futuro sin este encuentro entre ancianos y jóvenes; no hay crecimiento sin raíces y no hay florecimiento sin brotes nuevos. Nunca profecía sin memoria, nunca memoria sin profecía; y, siempre encontrarse.

La vida frenética de hoy lleva a cerrar muchas puertas al encuentro, a menudo por el miedo al otro —las puertas de los centros comerciales y las conexiones de red permanecen siempre abiertas—. Que no sea así en la vida consagrada: el hermano y la hermana que Dios me da son parte de mi historia, son dones que hay que custodiar. No vaya a suceder que miremos más la pantalla del teléfono que los ojos del hermano, o que nos fijemos más en nuestros programas que en el Señor. Porque cuando se ponen en el centro los proyectos, las técnicas y las estructuras, la vida consagrada deja de atraer y ya no comunica; no florece porque olvida «lo que tiene sepultado», es decir, las raíces.

La vida consagrada nace y renace del encuentro con Jesús tal como es: pobre, casto y obediente. Se mueve por una doble vía: por un lado, la iniciativa amorosa de Dios, de la que todo comienza y a la que siempre debemos regresar; por otro lado, nuestra respuesta, que es de amor verdadero cuando se da sin peros ni excusas, y cuando imita a Jesús pobre, casto y obediente. Así, mientras la vida del mundo trata de acumular, la vida consagrada deja las riquezas que son pasajeras para abrazar a Aquel que permanece. La vida del mundo persigue los placeres y los deseos del yo, la vida consagrada libera el afecto de toda posesión para amar completamente a Dios y a los demás. La vida del mundo se empecina en hacer lo que quiere, la vida consagrada elige la obediencia humilde como la libertad más grande. Y mientras la vida del mundo deja pronto con las manos y el corazón vacíos, la vida según Jesús colma de paz hasta el final, como en el Evangelio, en el que los ancianos llegan felices al ocaso de la vida, con el Señor en sus manos y la alegría en el corazón.

Cuánto bien nos hace, como Simeón, tener al Señor «en brazos» (Lc 2,28). No sólo en la cabeza y en el corazón, sino en las manos, en todo lo que hacemos: en la oración, en el trabajo, en la comida, al teléfono, en la escuela, con los pobres, en todas partes. Tener al Señor en las manos es el antídoto contra el misticismo aislado y el activismo desenfrenado, porque el encuentro real con Jesús endereza tanto al devoto sentimental como al frenético factótum. Vivir el encuentro con Jesús es también el remedio para la parálisis de la normalidad, es abrirse a la cotidiana agitación de la gracia. Dejarse encontrar por Jesús, ayudar a encontrar a Jesús: este es el secreto para mantener viva la llama de la vida espiritual. Es la manera de escapar a una vida asfixiada, dominada por los lamentos, la amargura y las inevitables decepciones. Encontrarse en Jesús como hermanos y hermanas, jóvenes y ancianos, para superar la retórica estéril de los «viejos tiempos pasados» —esa nostalgia que mata el alma—, para acabar con el «aquí no hay nada bueno». Si Jesús y los hermanos se encuentran todos los días, el corazón no se polariza en el pasado o el futuro, sino que vive el hoy de Dios en paz con todos.

Al final de los Evangelios hay otro encuentro con Jesús que puede ayudar a la vida consagrada: el de las mujeres en el sepulcro. Fueron a encontrar a un muerto, su viaje parecía inútil. También vosotros vais por el mundo a contracorriente: la vida del mundo rechaza fácilmente la pobreza, la castidad y la obediencia. Pero, al igual que aquellas mujeres, vais adelante, a pesar de la preocupación por las piedras pesadas que hay que remover (cf. Mc 16,3). Y al igual que aquellas mujeres, las primeras que encontraron al Señor resucitado y vivo, os abrazáis a Él (cf. Mt 28,9) y lo anunciáis inmediatamente a los hermanos, con los ojos que brillan de alegría (cf. v. 8). Sois por tanto el amanecer perenne de la Iglesia: vosotros, consagrados y consagradas, sois el alba perenne de la Iglesia. Os deseo que reavivéis hoy mismo el encuentro con Jesús, caminando juntos hacia Él; y así se iluminarán vuestros ojos y se fortalecerán vuestros pasos.


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El Papa presidirá el 2 de febrero la jornada mundial de la vida consagrada.

El Papa Francisco presidirá celebraciones de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada

Redacción ACI Prensa

 

El Papa Francisco. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

El Papa Francisco. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

 

El Papa Francisco celebrará el próximo 2 de febrero en la Basílica de San Pedro en el Vaticano la Misa con motivo de la 32° Jornada Mundial de la Vida Consagrada.

La Jornada, organizada por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, tendrá como motivo central unas palabras del propio Pontífice: “La vocación es un regalo que hemos recibido del Señor, el cual ha puesto su mirada sobre nosotros y nos ha amado llamándonos a seguirlo en la vida consagrada”.

En un comunicado de prensa difundido por la Congregación, se señala que “son miles de consagrados y consagradas en todo el mundo que acogen el don de la vocación con alegría y disponibilidad mediante múltiples carismas, que en sus vidas buscan el rostro de Dios, esforzándose para construir la paz y la fraternidad a pesar de las dificultades”.

El texto indica también que “celebrar la Jornada Mundial de la Vida Consagrada es ocasión de fiesta, de compromiso y de solicitud al Señor por el don de las nuevas vocaciones que renuevan el rostro de la Iglesia y del mundo, que anuncian la alegría del Evangelio y el amor de Dios que da sentido a la existencia”.


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Perú: encuentro del Papa con los religiosos y religiosas.

El Papa Francisco encontró a los religiosos, consagrados y seminaristas en el Colegio SeminarioEl Papa Francisco encontró a los religiosos, consagrados y seminaristas en el Colegio Seminario 

Vocaciones: una llamada de amor para amar y servir. El Papa a los consagrados

Tres puntos a memorizar del discurso del Papa sobre la importancia de la “vocación memoriosa”

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

El Colegio Seminario SS. Carlos y Marcelo fue el escenario del encuentro del Papa con los sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas del Perú. Agradeciendo las palabras que Mons. José Antonio Eguren Anselmi, Arzobispo de Piura le dirigió, el Pontífice, con la concreción y la pedagogía que lo caracteriza, desarrolló su discurso en tres puntos, previa reflexión sobre la fe y la vocación, tras poner la mirada en Toribio de Mogrovejo, misionero y Santo Patrono del episcopado latinoamericano.

La virtud de ser memoriosos

Poniendo el centro en las raíces, Francisco precisó que ellas son lo que nos sostiene a lo largo del tiempo y de la historia para crecer hacia arriba y dar fruto. “Nuestras vocaciones – dijo- tendrán siempre esa doble dimensión: raíces en la tierra y corazón en el cielo”. Y porque un árbol que no tiene raíces se marchita,  el Papa lo comparó con la vida espiritual : “da mucha pena ver algún obispo, cura o monja marchito”, pero “mucha más pena da cuando veo seminaristas marchitos”, agregó. “Esto es muy serio: la Iglesia es buena, es Madre, y si ven que no pueden, por favor, hablen antes de tiempo, antes de que sea tarde. Antes que se den cuenta que ya no tienen raíces y que se están marchitando… Aún hay tiempo para salvar, porque Jesús vino a eso, y si llamó es para salvar”.

De allí que el Papa destacara la importancia de la memoria de la vocación: “la memoria – dijo – mira al pasado para encontrar la savia que ha irrigado durante siglos el corazón de los discípulos, y así reconoce el paso de Dios por la vida de su pueblo”.

Punto uno: La alegre conciencia de sí

El ejemplo del Papa para desarrollar el primer punto fue la figura de Juan el Bautista. Juan, dijo el Papa, “era hombre memorioso de la promesa y de su propia historia”. Él tenía claro que él no era el Mesías sino simplemente quien lo anunciaba. De este modo su figura manifiesta la conciencia del discípulo que sabe que no es ni será nunca el Mesías, sino sólo un invitado a señalar el paso del Señor por la vida de su gente.

Así el Pontífice señaló que a los consagrados, se les pide simplemente “trabajar codo a codo con el Señor”, y, en ese sentido la memoria “libra de la tentación de los mesianismos”.

Una tentación, que según el Papa se combate de muchos modos, “pero también con la risa”, que da “la capacidad espiritual de estar delante del Señor con los propios límites, errores y pecados, pero también con los aciertos y con la alegría de saber que Él está a nuestro lado”.

Por ese motivo Francisco aconsejó “cuidarse de la gente tan pero tan importante que, en la vida, se ha olvidado de sonreír”, dando como medicina dos pastillas: una “rezar y pedir la gracia de la alegría”. “La segunda pastilla, – dijo- la puedes hacer varias veces por día si la necesitas: mírate al espejo”, “¡el espejo sirve como cura!”, bromeó.

Punto dos: La hora del llamado

El Papa destacó en el segundo punto la importancia de la memoria de la hora en que Cristo los tocó con su mirada, como a Juan el Bautista, quien grabó hasta la hora del encuentro con Jesús que le cambió la vida, marcando un antes y un después en su existencia: “eran las cuatro de la tarde”.

“Las veces que nos olvidamos de esta hora, nos olvidamos de nuestros orígenes, de nuestras raíces; y al perder estas coordenadas fundamentales dejamos de lado lo más valioso que un consagrado puede tener: la mirada del Señor”, afirmó. Y les aseguró: “¡Si el Señor se enamoró de ustedes y los eligió, no fue por ser más numerosos que los demás, pues son el pueblo más pequeño, sino por puro amor! (cf. Dt 7,7-8)”.

A seguir, el Santo Padre quiso detenerse en otro aspecto importante para él. Haciendo memoria de la fe que les fuera en muchos casos, transmitida por las familias, los exhortó a no olvidar, “y mucho menos despreciar”, la fe fiel y sencilla del pueblo.

“Sepan acoger, acompañar y estimular el encuentro con el Señor. No se vuelvan profesionales de lo sagrado olvidándose de su pueblo, de donde los sacó el Señor. No pierdan la memoria y el respeto por quien les enseñó a rezar”, les pidió, y les recordó también que el Pueblo fiel de Dios “tiene olfato y sabe distinguir entre el funcionario de lo sagrado y el servidor agradecido”. “El Pueblo de Dios es aguantador, – reafirmó – pero reconoce a quien lo sirve y lo cura con el óleo de la alegría y de la gratitud”.

Punto tres: La alegría es contagiosa cuando es verdadera

Para dejar el legado de su tercer punto del discurso el Romano Pontífice se centró esta vez en la figura de Andrés, quien tras haber estado con Jesús, volvió a casa de su hermano anunciándole que había encontrado al Mesías: “la noticia más grande que podía darle- dijo el Santo Padre. Y lo condujo a Jesús”.

Así el Papa anunció que “la fe en Jesús se contagia”, que no puede confinarse ni encerrarse: los discípulos recién llamados atraen a su vez a otros mediante su testimonio de fe, como Andrés que comienza su apostolado por los más cercanos, por su hermano Simón, casi como algo natural, irradiando alegría.

“ La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús ”

Pero hablando de la alegría el Papa fue aún más allá: porque la alegría abre a los demás, fue asertivo al decir que “en el mundo fragmentado que nos toca vivir, que nos empuja a aislarnos, somos desafiados a ser artífices y profetas de comunidad. Porque nadie se salva solo”.

En este punto de su discurso, puso en guardia sobre la tentación del “hijo único” que quiere todo para sí, y a quienes tengan que ocupar misiones en el servicio de la autoridad les pidió que “no se vuelvan autorreferenciales” y que traten de cuidar a sus hermanos: “procuren que estén bien –solicitó – porque el bien se contagia”.

Tras pedir, casi al final de su discurso, que en los presbiterios haya más diálogo entre los ancianos y los jóvenes, solicitó particularmente a estos últimos que “hagan soñar a los viejos”,  y recordando el libro de Joel capítulo 3, versículo 1, explicó:  “porque si los jóvenes harán soñar a los viejos, los viejos harán profetizar a los jóvenes”.

Y citó también un antiguo refrán africano: “los jóvenes caminan rápido, y lo tiene que hacer, pero son los viejos los que conocen el camino”.

En la conclusión, con la ternura de padre que lo caracteriza, el agradecimiento, la bendición apostólica y su pedido de oración por él, “a modo del Perú”.


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Chiles: los religiosos y las religiosas hoy, según el Papa Francisco.

“El pueblo de Dios no espera súper héroes sino pastores con compasión”

A los curas y a las monjas de Chile Francisco dedica el discurso más importante del viaje y ofrece detalles que describen la misión y la relación con el mundo de todos los cristianos: una Iglesia con heridas y capaz de comprender las heridas del mundo de hoy y hacerlas suyas
REUTERS
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Pubblicato il 16/01/2018
Ultima modifica il 16/01/2018 alle ore 22:09
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO EN SANTIAGO DE CHILE

“El pueblo de Dios no espera ni necesita súper héroes sino que espera pastores, consagrados, que conozcan la compasión”. El Papa Francisco, ante la imagen de la Virgen puesta en el altar para la ocasión en la catedral de Santiago de Chile, pronuncia una de las meditaciones más bellas de su pontificado. Habla a los curas y a las monjas, y ofrece pequeños detalles que describen la misión y la relación con la modernidad válidos para cualquier cristiano. Lo hace describiendo tres momentos de la vida de Pedro: cuando está afligido por la muerte de Jesús, cuando es perdonado y cuando es trasfigurado. Tres momentos compartidos por la primera comunidad porque, explica Francisco, “la experiencia de los apóstoles tiene siempre este doble aspecto, el personal y el comunitario”, porque “somos, si, llamados individualmente, pero siempre a formar parte de un grupo más grande. No existe el “selfie vocacional”. La vocación exige que la foto te la tome otro: ¿qué le vamos a hacer?”.

 

Bergoglio ha descrito después la desesperación y la pérdida de los discípulos después de la crucifixión. “Pedro lo había negado, Judas lo había traicionado, los otros habían huido o se habían escondido. Solo un puñado de mujeres y el discípulo amado se quedaron. El resto, se había ido”. Persecuciones, tribulaciones, dudas que se exponen a “varias tentaciones” descritas por el Pontífice: “Discutir de ideas, no prestar la debida atención al hecho, obsesionarse demasiado con los perseguidores … y creo que la peor de todas las tentaciones es parar y rumiar desolación”.

 

Este momento de desesperación y turbulencia, el Papa lo une con el clima que se respira en Chile sobre el escándalo de la pedofilia clerical. “Conozco el dolor que ha significado casos de abuso infantil y sigo cuidadosamente lo mucho que hacéis para superar este grave y doloroso mal”, dice. “Dolor por el daño y el sufrimiento de las víctimas y sus familias, que han visto traicionada la confianza que habían depositado en los ministros de la Iglesia. Dolor por el sufrimiento de las comunidades eclesiales; y dolor también para ustedes”. “Sé -añade- que a veces han sufrido insultos en el metro o caminando por la calle; que ir “vestido como un sacerdote” en muchas zonas “se está pagando caro”. Es por eso que les invito a pedirle a Dios que nos dé la claridad para llamar a la realidad con su nombre, la valentía de pedir perdón y la capacidad de aprender a escuchar lo que Él nos está diciendo”.

 

Francisco ha hablado de las sociedad que cambian rápidamente. “Están naciendo nuevas y variadas formas culturales que no se ajustan a los entornos ya conocidos. Y debemos reconocer que, muchas veces, no sabemos cómo insertarnos en estas nuevas situaciones. A menudo soñamos con las “cebollas de Egipto” (una referencia bíblica a la nostalgia del pueblo liberado de Israel que, mientras cruza el desierto, lamenta la comida del tiempo de la esclavitud, ndr) y olvidamos que la tierra prometida está delante. Que la promesa es de ayer, pero para mañana”. Aquí está “la tentación de cerrarnos y aislarnos para defender nuestras posiciones que terminan por ser nada más que bellos monólogos”. Podemos sentirnos tentados a pensar que todo va mal, y en lugar de profesar una “buena noticia, lo que profesamos es solo apatía y desilusión”.

 

Esta actitud se puede encontrar en varias partes del mundo, especialmente en Occidente, donde el pesimismo hacia la modernidad se extiende y obstaculiza a ciertos cristianos. “Así cerramos los ojos a los desafíos pastorales –continúa el Papa– creyendo que el Espíritu no tiene nada que decir. Así olvidamos que el Evangelio es un viaje de conversión, pero no solo “de los demás”, sino también nuestro. Nos guste o no, estamos invitados a enfrentarnos a la realidad tal y como se nos presenta”.

 

Después Francisco ha hablado de Pedro perdonado. El príncipe de los apóstoles “experimentó su limitación, su fragilidad, su ser un pecador. Era un pecador como los demás, estaba tan necesitado como los demás, era tan frágil como los demás. Pedro decepcionó a aquel a quien había jurado protección. Un momento crucial en la vida de Pedro”.

 

“Como discípulos, como Iglesia –explica Bergoglio– nos puede pasar lo mismo: existen momentos en los que nos confrontamos no con nuestras glorias sino con nuestra debilidad. Horas cruciales en la vida de los discípulos, pero esa es también la hora en la que nace el apóstol”. Pero Jesús, añade el Pontífice, pregunta a Pedro si lo amaba, no le reprocha ni le condena, porque “quiere salvarlo del peligro de permanecer encerrado en su pecado, de seguir “masticando” la desolación fruto de su límite … lo quiere salvar de esa actitud destructiva que es el victimismo o, por el contrario, de caer en un “total todo da igual” que termina por diluir cualquier compromiso en el relativismo más dañino”. La victimización que aísla o el relativismo escéptico y distante, los dos grandes riesgos de aquellos que permanecen enganchados en su propio mal.

 

Jesús quiere liberar a Pedro “del considerar a cualquiera que se le oponga como un enemigo, o del no aceptar con serenidad las contradicciones o las críticas. Quiere liberarlo de la tristeza y especialmente del mal humor. Con esa pregunta, Jesús invita a Pedro a escuchar el propio corazón y a aprender a discernir”. “¿Qué es lo que hace fuerte a Pedro como apóstol? ¿Qué nos mantiene como apóstoles?”, preguntó el Papa, respondiendo: “Una cosa solo: la misericordia ha sido usada… Jesús nos ha visto, se ha acercado a nosotros, nos ha dado su mano y ha usado la misericordia”.

 

“No estamos aquí porque somos mejores que los demás. No somos súper héroes, que desde arriba, bajan a encontrarse con los “mortales” –ha continuado Francisco, con palabras dirigidas a la Iglesia chilena–. Más bien hemos sido enviados con el conocimiento de ser hombres y mujeres perdonados. Y esta es la fuente de nuestra alegría”. Y como “Jesús no se presenta a sí mismo sin heridas”, los suyos también son invitados a “no esconder ni disimular” sus heridas. “Una Iglesia con heridas”, explica Bergoglio, “es capaz de entender las heridas del mundo de hoy y hacerlas suyas, soportarles, acompañarlas y tratar de sanarlas. Una iglesia con heridas no está en el centro, no se cree perfecta, pero pone en el centro al único que puede sanar las heridas y que se llama Jesucristo”.

 

La conciencia de tener heridas libera “de convertirse en autorreferencial”, de creerse “superior”. Libera de la tendencia “prometeica” de aquellos que dependen “únicamente de sus propias fuerzas y se sienten superiores a los demás porque observan ciertas normas o porque son irrevocablemente fieles a un cierto estilo católico típico del pasado”.

 

“En Jesús –dice de nuevo Francesco– nuestras heridas han aumentado. Nos hacen solidarios; nos ayudan a destruir los muros que nos aprisionan en una actitud elitista para estimularnos a construir puentes e ir a encontrar a tantos sedientos por el mismo amor misericordioso que solo Cristo puede ofrecernos. ¡Cuántas veces soñamos con planes apostólicos expansionistas, meticulosos y bien diseñados, típicos de los generales derrotados! Así negamos nuestra historia de Iglesia, que es gloriosa como una historia de sacrificio, de esperanza, de lucha diaria, de vida consumada en el servicio”. El Papa no evita manifestar su preocupación porque “existen comunidades que viven más angustiadas por figurar sobre la carta, por ocupar espacios, por aparecer y mostrarse, que por remangarse las mangas e ir a tocar la realidad que sufre nuestro pueblo de feligreses”. El pueblo de Dios “no espera ni necesita súper héroes, espera pastores, consagrados, que conozcan la compasión, que sepan tender una mano, que sepan pararse ante quien ha caído”.

 

Así Pedro se trasfigura. Él que se oponía a que el Maestro le lavase lo pies, empieza a “entender que la verdadera grandeza pasa por hacerse pequeños y servidores. ¡Qué pedagogía la de nuestro Señor! Del gesto profético de Jesús a la Iglesia profética que, lavada del propio pecado, no tiene miedo de ir a servir a una humanidad herida”. Una invitación, explica Bergoglio, “a pasar del ser una Iglesia de desesperados a una Iglesia servicial de tantos desesperados que viven a nuestro lado. Una Iglesia capaz de ponerse al servicio de su Señor en los hambrientos, en la prisión, en los sedientos, en los desamparados, en los desnudos, en los enfermos … Un servicio que no se identifica con el bienestar o el paternalismo, sino con la conversión del corazón”.

 

El problema, concluye Francisco, “no es alimentar a los pobres, vestir al desnudo, ayudar al enfermo, sino considerar que los pobres, los desnudos, los enfermos, los presos, los desamparados tienen la dignidad de sentarse en nuestras mesas, de sentirse “en casa” entre nosotros, de sentirse en familia. Esa es la señal de que el Reino de Dios está entre nosotros”.

 

Por tanto “renovar la profecía es renovar nuestro compromiso de no esperar un mundo ideal, una comunidad ideal, un discípulo ideal para vivir o para evangelizar, sino crear las condiciones para que cualquier persona desesperada pueda encontrarse con Jesús. No se aman las situaciones, ni las comunidades ideales, se aman las personas”. El Papa ha utilizado una oración del gran cardenal chileno Raúl Silva Henríquez para sellar su discurso: “La Iglesia que amo es la Santa Iglesia de todos los días … la tuya, la mía, la Santa Iglesia de todos los días… Jesús, el Evangelio, el pan, la Eucaristía, el Cuerpo de Cristo humilde todos los días. Con los rostros de los pobres y las caras de hombres y mujeres que cantaron, que lucharon, que sufrieron. La Santa Iglesia de todos los días”.


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Perú: Reacción del Sodalicio ante la intervención del Vaticano.

El Sodalicio tras la intervención vaticana: “Colaboraremos en todo”

Respuesta de esa sociedad de vida apostólica luego que la Santa Sede anunció el nombramiento de un comisario que la guie tras la crisis por los abusos de su fundador, Luis Fernando Figari

Miembros del Sodalicio de Vida Cristiana

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Pubblicato il 11/01/2018
Ultima modifica il 11/01/2018 alle ore 15:56
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

“Colaboraremos en todo. Reiteramos nuestra más absoluta obediencia al Papa”. Esas dos frases resumen la respuesta del Sodalicio de Vida Cristiana al inesperado anuncio de la intervención determinada por la Santa Sede . El Papa ordenó la designación de un comisario apostólico, un obispo colombiano que asumirá el control del movimiento sumido en la peor crisis de su historia por los abusos, incluidos sexuales, cometidos por su fundador, Luis Fernando Figari, y otros de sus miembros de alto rango. 

 

Tras la comunicación del Vaticano, emitida este miércoles 10 de enero, siguió una nota de esa realidad eclesial de origen peruano publicada en su sitio web. Un texto puntual, atribuido genéricamente al Sodalicio. No fue firmado ni por su superior, Alessandro Moroni Llabrés, ni por su consejo general. Un detalle significativo, tomando en cuenta que la mayor parte de los comunicados sobre la situación en el grupo durante la crisis fueron anunciados con detalles por el propio Moroni, incluso con didácticos videos explicativos.

 

Pero la situación sufrió un cambio. Por primera vez la Santa Sede se pronunció públicamente y de manera oficial sobre la crisis interna en el grupo. Al hacerlo, dejó bien en claro varias cosas: el Papa siempre siguió las informaciones llegadas a Roma sobre los actos de Figari y sus colaboradores, datos que refieren cuestiones “de notable gravedad” y pidió “actuar con especial atención” sobre el régimen interno, la formación y la gestión económica-financiera.

 

En su respuesta, los sodálites confirmaron que se enteraron este mismo miércoles de la noticia sobre la designación de su comisario apostólico, Noel Antonio Londoño Buitrago, obispo de Jericó. No fueron informados con anterioridad, ni tuvieron tiempo para prepararse. Además, confirmaron que, en su nuevo puesto, el clérigo “podrá intervenir directamente en el gobierno de nuestra sociedad, también en las cuestiones económicas y los demás asuntos de la marcha habitual del Sodalicio”.

 

“El cardenal Joseph Tobin seguirá ejerciendo la función de delegado ‘ad nutum’ de la congregación. Como hemos hecho hasta ahora con el cardenal Joseph Tobin desde su nombramiento como delegado para Sodalicio en mayo de 2016, colaboraremos en todo con monseñor Londoño para que pueda ejercer sus funciones según lo dispuesto por la Santa Sede”, indicaron.

 

“Agradecemos al Papa Francisco y a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica que sigan con preocupación la vida de nuestra comunidad y reiteramos nuestra disposición para acoger todo lo que disponga para la mejor marcha de nuestra sociedad. Reafirmamos una vez más nuestra absoluta obediencia al santo padre y a la santa madre Iglesia”, precisaron.

 

Más allá de las frases de ocasión, el anuncio del “comisariamento” (como se conoce a la medida, según el término en italiano) representa un significativo viraje en la línea sostenida por la Santa Sede en el pasado reciente.

 

Un año atrás el prefecto para la Vida Consagrada, Joao Braz de Aviz, afirmaba que el gobierno general del Sodalicio tenía “clara conciencia de los errores cometidos en el pasado por Figari”, mostraba “decidida voluntad de liberarse del estilo de gobierno y formación por él adoptados” y estaba dispuesto a “remediar, en el límite de lo posible y en todo caso de lo justo, a los daños causados a cualquiera”. Esto en una carta fechada el 30 de enero de 2017 en la cual se daban disposiciones sobre qué hacer con el fundador.

 

Ese texto incluía frases públicamente cuestionadas como, por ejemplo, el considerar a Figari como “mediador de un carisma de origen divino” y ordenar al Sodalicio asumir “toda la carga necesaria para asegurarle un estilo decoroso de vida”. No obstante, aquella comunicación parecía ser el punto final a una crisis que, para ese momento, ya sacudía las entrañas del movimiento. Sobre todo tomando en cuenta que, en abril de 2015, el Vaticano había ordenado una visita apostólica conducida por el obispo Pablo Urcey.

 

Entre otras cosas, la misión del prelado de Chota era “verificar la autenticidad real” de todas las acusaciones formuladas, recientes y pasadas, contra el fundador. Algunos meses más tarde, Urcey presentó su informe y el Vaticano llegó a la convicción de que Figari era culpable. Simultáneamente, en mayo de 2016, la misma Congregación para la Vida Religiosa emitió un decreto con el cual designó al cardenal Tobin como “delegado apostólico” con el objetivo de acompañar y vigilar la labor de los superiores.

 

Todo esto precedió las medidas contra el fundador, contenidas en la mencionada carta. Entre otras cosas se le prohibía regresar al Perú, aparecer en actos públicos y hablar con la prensa. Así las cosas, un año después nadie esperaba el nombramiento de un comisario. No era parte de la ecuación, aunque en el Perú el escándalo público no daba tregua. No era estrictamente necesaria su designación, ya existía un delegado, con poderes para vigilar, y “esperanza en el gobierno”, aunque la autoridad moral de los superiores se había desgastado significativamente.

 

Pero la Santa Sede se vio empujada a modificar el curso fisiológico de la situación. Delegado no es lo mismo que comisario. Aunque ambos son encargos apostólicos, misiones conferidas por el Papa con amplio margen de acción, el comisario tiene mayor peso específico y capacidad de gobierno. En el caso puntual de Londoño, aún se desconocen públicamente los detalles de su encomienda, pero ya se sabe que tendrá potestad de gobierno. Y nadie estará por encima de él. Reportará directamente a Roma y, más específicamente, al Papa.

 

Esto constituye, en los hechos, un descabezamiento. La toma efectiva del control del movimiento desde el exterior, dictada por una autoridad superior. En los papeles, Alessandro Moroni y su consejo continuarán en sus puestos, al menos temporalmente. O mientras no se comunique otra cosa. Pero ni él ni los otros superiores podrán tomar decisiones importantes sin la autorización del comisario. El comienzo de una nueva etapa.


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Intervenido por el Vaticano el Sodalicio de vida cristiana.

Santa Sede: intervenido el Sodalicio de Vida Cristiana

El decreto emanado por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica

La Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica ha emanado hoy, miércoles 10 de enero de 2018, el Decreto en el que dispone el Comisariamento de la Sociedad de vida apostólica Sodalitium Christianae Vitae (Sodalicio de Vida Cristiana) y nombra Comisario Apostólico de la citada Sociedad a Su Excelencia Mons. Noel Antonio Londoño Buitrago, C.Ss.R., Obispo de Jericó (Antioquía), Colombia.

El Cardenal W. Tobin, C.Ss.R., continuará siendo referente de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica en cuanto Delegado ad nutum en relación con Sodalitium Christianae Vitae, particularmente para las cuestiones de índole económica.

El Santo Padre Francisco ha seguido con preocupación todas las informaciones que, desde hace varios años, han ido llegando a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica sobre la situación del Sodalicio de Vida Cristiana. El Papa se ha mostrado especialmente atento a la notable gravedad de las informaciones acerca del régimen interno, la formación y la gestión económica-financiera, motivo por el cual ha pedido con insistencia al Dicasterio una particular atención. A esto se han sumado últimamente las graves medidas adoptadas por la autoridad judicial peruana con respecto al Sr. Luis Fernando Figari. Después de un profundo análisis de toda la documentación, el Dicasterio ha emanado el Decreto de Comisariamento.