Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Julio 31 San Ignacio de Loyola, fundador de la Cía. de Jesús (jesuitas)

Ignacio de Loyola

Íñigo López Sánchez, quien adoptaría el nombre de Ignacio, nació en 1491 en el castillo de Loyola junto a la aldea vasca llamada Azpeitia. Fue caballero al servicio de Carlos I de España y V de Alemania, “hombre dado a las vanidades del mundo”, “con un grande y vano deseo de ganar honra” (Autobiografía, 1). Herido en 1521 por una bala de cañón cuando defendía la fortaleza de Pamplona, fue llevado al castillo de su familia y se sometió a dolorosas cirugías debido a la fractura de una pierna.

Durante su convalecencia, al no encontrar libros de caballería se dedicó a leer una vida de Cristo y las vidas de los santos.

Cuenta él mismo que “cuando pensaba en aquello del mundo, se deleitaba mucho; mas cuando después de cansado lo dejaba, hallábase seco y descontento; y cuando en ir a Jerusalén descalzo, y en no comer sino yerbas, y en hacer todos los demás rigores que veía haber hecho los santos, no solamente se consolaba cuando estaba en los tales pensamientos, mas aún después de dejado, quedaba contento y alegre”. (Autobiografía, 8). Esta experiencia lo conduciría a la conversión.

Su primera decisión fue ir a Jerusalén como peregrino. Una vez curado se dirigió a pie a la abadía benedictina de Nuestra Señora de Montserrat cercana a Barcelona. Allí, ante la imagen de María con el Niño Jesús, veló una noche entera y dejó sus armas de caballero para dirigirse a Manresa, pequeño poblado de Cataluña donde permaneció de marzo de 1522 a febrero de 1523 viviendo una experiencia de Dios que alcanzó su momento más luminoso junto al río Cardoner: “Y estando allí sentado se le empezaron a abrir los ojos del entendimiento; y no que viese alguna visión, sino entendiendo y conociendo muchas cosas, tanto de cosas espirituales, como de cosas de la fe y de letras; y esto con una ilustración tan grande, que le parecían todas las cosas nuevas”. (Autobiografía, 30). Él mismo consignaría su experiencia en el libro de los “Ejercicios Espirituales“.


Después de pasar el año 1523 en Jerusalén buscando las huellas de Jesús, a quien quería “conocer mejor, para imitarlo y seguirlo”, a su regreso se dedicó a estudiar gramática y letras en Barcelona y Alcalá. Pronto tuvo que afrontar dificultades y fue solicitado por la Inquisición en Salamanca, donde fue interrogado y declarado inocente. En febrero de 1528 llegó a París para estudiar en La Sorbona, donde en marzo de 1533 obtuvo el grado de Maestro en Artes, que según la titulación universitaria lo autorizaba para enseñar filosofía y teología. Desde entonces latinizó su nombre firmando como “Ignatius”.

En París compartió un cuarto con dos estudiantes: Pedro Fabro, de Saboya, y Francisco Javier, de Navarra, ambos con 23 años de edad. Se hicieron amigos y pronto Fabro, designado como su tutor de estudios, compartiría su deseo de llevar una vida austera en seguimiento de Cristo. Otro tanto sucedió con Javier, joven de gran ambición en quien hizo mella una frase de Jesús que le repetía Ignacio con frecuencia: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?”. (Mateo 16,26). Otros estudiantes se unieron al proyecto: el portugués Simón Rodríguez y los españoles Diego Laínez, Alfonso Salmerón y Nicolás de Bobadilla. Oraban juntos, discutían sobre la vida cristiana y hablaban de “cosas de Dios”. Ignacio les comunicaba lo que había experimentado, principalmente en Manresa, y suscitaba en ellos el deseo de buscar a Dios.

Fortalecidos por su experiencia espiritual, los siete amigos deciden lo que van a hacer: servir como sacerdotes, si es posible en Jerusalén, o si no irán a Roma para presentarse ante el Papa “a fin de que él los envíe a donde juzgue que será más favorable a la gloria de Dios y utilidad de las almas”. Se dan un año como plazo, desde cuando se encuentren en Venecia. El 15 de agosto de 1534 en París, en la capilla de Montmartre, sellan su proyecto con voto solemne en una misa presidida por Fabro, ordenado el 30 de mayo.

Ignacio enferma en 1535 y va a recuperarse en su tierra natal. La cita en Venecia se aplaza entonces para comienzos de 1537. Mientras tanto el grupo aumenta con los franceses Claudio Jay, Pascasio Broet y Juan Bautista Codure. Restablecido Ignacio, el 8 de enero de 1537 se encuentran en Venecia, donde el 24 de junio son ordenados sacerdotes los que aún no lo eran. La guerra con los turcos dificulta el viaje, y mientras esperan a embarcarse trabajan pastoralmente y se designan “Compañía de Jesús”. Desde entonces añaden a sus nombres las iniciales S.J. (Societatis Jesu, en latín).

Como no parte ningún barco se dirigen a Roma, donde se encuentran en la Pascua de 1538. Ignacio llega con Laínez y Fabro hacia mediados de noviembre de 1537. A 15 kilómetros de Roma, en la capilla de La Storta, Ignacio “sintió tal mutación en su alma y vio tan claramente que Dios Padre lo ponía con Cristo, su Hijo, que no se atrevería a dudar de esto…” (Autobiografía, 96). A sus compañeros les dijo: “He visto a Cristo con su cruz a cuestas y a su lado al Padre Eterno que le decía a su Hijo: ‘quiero que tomes a éste como servidor’, y Jesús me dijo: ‘quiero que nos sirvas’ “.

Los compañeros son recibidos por el Papa en noviembre de 1538 y se ofrecen para cualquier misión que les confíe. Y siendo de países tan diferentes, se hacen esta reflexión: “más vale que permanezcamos de tal manera unidos y ligados en un solo cuerpo, que ninguna separación física, por grande que sea, nos pueda separar”. Deciden por ello formar una nueva orden religiosa, cuya primera “Fórmula del Instituto” es sometida a la consideración de Paulo III, quien el 27 de septiembre de 1540 firma la bula o documento pontificio de aprobación. El 17 de abril de 1541, después de haber rechazado dos veces el voto unánime de sus compañeros, Ignacio acepta el cargo de Prepósito (del latín: puesto delante como guía) General. El 22 de abril los compañeros hacen votos solemnes de pobreza, castidad y obediencia, y otro voto especial de obediencia al Papa para las misiones que les confíe.

En 1541 Ignacio fija su residencia en una vieja casa situada en el centro de Roma frente a una capilla dedicada a Nuestra Señora de la Estrada. La Compañía de Jesús recibe la responsabilidad de la parroquia, e Ignacio se instala en tres pequeñas piezas cercanas al presbiterio. Su principal trabajo allí fue la redacción de las Constituciones de la Compañía de Jesús, lo cual hizo hasta su muerte, siempre en proceso de incorporar las observaciones de sus compañeros y las nuevas experiencias. Su libro de los Ejercicios Espirituales fue aprobado y recomendado por el Papa Paulo III el 31 de julio de 1548.

El 21 de julio de 1550 la Compañía de Jesús obtiene del Papa Julio III su confirmación como orden religiosa, mediante la bula aprobatoria de una segunda Fórmula del Instituto, con un texto ampliado. Las misiones se multiplican en Europa, Asia, África y América.

El Papa envía a algunos teólogos jesuitas al Concilio de Trento, convocado para tratar los puntos de discusión suscitados con motivo del cisma protestante. Ignacio funda instituciones educativas, casas para catecúmenos judíos y mahometanos, un refugio para mujeres errantes, y organiza colectas para los pobres y los prisioneros.

A comienzos de julio de 1556, una fatiga extrema lo obliga a descansar y muere al amanecer del 31 del mismo mes, a los 65 años. Al morir Ignacio, la Compañía de Jesús contaba en el mundo con 1036 jesuitas, unos sacerdotes y otros hermanos, distribuidos en 11 Provincias (circunscripciones territoriales), y con 92 casas de las que 33 correspondían a obras educativas. Fue canonizado como santo por el Papa Gregorio XV el 12 de marzo de 1622, con Francisco Javier y Teresa de Ávila. Sus restos reposan en Roma, en la Iglesia del Gesú.

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India: serias dificultades, con trasfondo político, para las religiosas de la Madre Teresa

Un escándalo sobre las Misioneras de la Caridad que podría ser instrumentalizado

En India el arresto de una monja en Rachi por tráfico de adopciones está llevando a toda la orden de la Madre Teresa al banquillo de los acusados. Pero la gobernanta de Calcuta acusa: los nacionalistas hindúes están utilizando el caso para promover sus intereses

Un grupo de Misioneras de la Caridad

Pubblicato il 14/07/2018
Ultima modifica il 14/07/2018 alle ore 14:54
GIORGIO BERNARDELLI
MILÁN

 

Un caso local bastante feo. En la India del nacionalismo hinduista podría llegar a transformarse en una acusación generalizada en contra de las monjas de la Madre Teresa. Desde hace una docena de días las Misioneras de la Caridad están en el ojo del huracán debido al caso judicial que concluyó con el arresto de una de ellas, además de una colaboradora laica, con la acusación de tráfico de adopciones ilegales.

 

Los hechos habrían sucedido en una casa para madres solteras que las religiosas administran en la capital del estado de Jharkhand, una de las 243 estructuras al servicio de los últimos de las que se ocupan todos los días las monjas de la caridad en la India. Las autoridades judiciales recibieron la denuncia de una pareja de hindúes que habría depositado 120 mil rupias (unos 1500 euros) para poder adoptar a uno de los niños de las madres solteras. Y están investigando si se trata de un episodio aislado. Hay que añadir, además, que desde 2015 las Misioneras de la Caridad, como política general, habían dejado de ofrecer servicios para la adopción de niños en la India porque no comparten los principios del gobierno de Nueva Delhi, que permiten la adopción entre las parejas de personas del mismo sexo o entre solteros.

 

El 5 de julio, al enterarse de la noticia sobre la directora del centro de Ranchi, sor Concilia, la Casa Madre de las Misioneras de la Caridad difundió inmediatamente una posición neta al respecto: «Estamos completamente sorprendidas por lo que ha sucedido en una de nuestras casas –escribió la superiora, sor Mary Prema. Nunca habría debido suceder. Va en contra de nuestras convicciones morales. Estamos verificando con mucha atención el episodio. Adoptaremos todas las precauciones necesarias para que un incidente de este tipo no vuelva a repetirse nunca».

 

Pero mientras tanto, las Misioneras de la Caridad deben afrontar una serie de acciones que ha puesto en marcha el gobierno local de Jharkhand, que, específicamente, parece querer extender las acusaciones a toda la familia religiosa fundada por la Madre Teresa de Calcuta. El jefe de la policía pidió que el gobierno central de Nueva Delhi congelara todas las cuentas bancarias de las Misioneras de la Caridad, para verificar la existencia de violaciones en los financiamientos del extranjero. Todo ello mientras en la opinión pública del país vuelven las viejas tesis del periodista inglés Christopher Hitchens, que acusaba a la Madre Teresa de explotar la pobreza en la India. El Movimiento de los nacionalistas hindúes, el RSS, muy cercano al primer ministro Narendra Modi, pidió que se le revocara a la fundadora de las Misioneras de la Caridad el “Baharat Ratna”, la mayor condecoración de la India, que se le otorgó en 1980.

 

Ante esta oleada de acusaciones, que tiene toda la pinta de ser una instrumentalización, el obispo auxiliar de Ranchi, Telesphore Bilung, indicó que el gobierno local, bajo la guía de los nacionalistas hindúes, introdujo en año pasado en Jharkhand las polémicas leyes anti-conversión. «Tenemos noticias de perquisiciones en diferentes distritos del Estado –declaró a la agencia UcaNews. Están tratando de demostrar que los cristianos están relacionados con actividades ilegales». También la portavoz de las Misioneras de la Caridad, Sunita Kumar, se refirió al intento de «amenazar y sofocar financieramente» a la orden religiosa fundada por la Madre Teresa, «cuya obra en la India, desde 1950 hasta la fecha, es evidente para todos».

 

Las próximas elecciones políticas, que se llevarán a cabo en mayo de 2019, parecen influir en esta historia: los nacionalistas hinduistas del partido BJP, en el gobierno con Modi, han sido acusados en varias ocasiones durante estos años de construir el propio consenso mediante actos de hostilidad cada vez más graves y elaborados en contra de las minorías. En este contexto, es significativo que haya defendido a las Misioneras de la Caridad Mamata Banerjee, gobernadora del estado de Bengala Occidental, el estado de Calcuta: «Están maliciosamente tratando de difamar el nombre de la Madre Teresa, tomando como blanco a las monjas –escribió en un “tuit”. El BJP no se olvida de nadie y debe ser condenado con firmeza. Dejen que las Misioneras de la Caridad sigan desempeñando su servicio a favor de los más pobres entre los pobres».


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El Verbo Divino: capítulo general y audiencia del Papa

Papa al Verbo Divino. Las tres palabras clave para ser un verdadero misionero

Discurso del Papa a los participantes del 18° Capitulo General de la Sociedad del Verbo Divino: Confiar en el Señor, anunciar la palabra de Dios y realizar obras de misericordia como premisas para ser un buen misionero.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

Confianza, anuncio y hermanos. Son las tres palabras sobre las que el Papa Francisco ha reflexionado durante su discurso a los participantes del 18° Capitulo General de la Sociedad del Verbo Divino, con quienes se reunió en la mañana del viernes 22 de junio en la Sala Clementina del Vaticano.

El lema que acompaña a este 18° Capitulo General es «“El amor de Cristo nos urge”: enraizados en la Palabra, comprometidos en su misión». Lema que tiene “un claro sabor paulino y misionero” ha expresado Francisco, y el cual les invita a que en cada rincón del mundo donde estén presentes, vuelvan “a mirar las raíces”, a ver “dónde están arraigados” y “cuál es la savia que da vida a sus comunidades y a las obras que realizan”.

Tener confianza en el Señor aporta valentía

Lo primero que pidió el Santo Padre fue tener “confianza en Dios y en su divina Providencia”, porque el saber abandonarnos en sus manos – aseguró – “es esencial en nuestra vida de cristianos y consagrados”. En este contexto además, citó a San Arnoldo, quien estaba convencido de que en la vida de un misionero no hay nada que pueda justificar la falta de valentía y de confianza en Dios, para auspiciarles a no sentir “miedo y cerrazón” y a no poner “frenos y trabas a la acción del Espíritu”. También les invitó a “renovar la confianza en el Señor”, “a salir sin miedo” y a dar testimonio “de la alegría del Evangelio”, la cual – puntualizó – “hace felices a muchos”. Una confianza en el Señor que, por otro lado, les debe ayudar también a “estar abiertos al discernimiento”, para examinar la propia vida, buscando hacer la voluntad de Dios en todas sus actividades y proyectos.

Anunciar la Palabra de Dios te convierte en un verdadero misionero

“Proclamar la Palabra de Dios” es esencial para el misionero. Y es por ello – dijo Francisco – que en el corazón de todo Verbita “deben arder como un fuego que no se apaga las palabras de san Pablo”: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!». “El mandato misionero no conoce fronteras ni culturas – dijo el Papa – todo el mundo es tierra de misión”. Es sólo, “asumiendo la Palabra de Dios como fundamento de sus vidas” y dejando que ésta arda en sus corazones, lo que hará, de cada uno de ustedes “un verdadero misionero”. Aunque esto – dijo el Papa saliéndose de su discurso –  “es un poco desordenado, pero el asunto es ir, después será el orden, más adelante” – y continuó – “pero la vida del misionero siempre es desordenada. Solamente tiene una seguridad de orden: la oración. Y con la oración va adelante”.

Momento del discurso en el que el Papa también aprovechó para alentarles a vivir y dejarse santificar por la Palabra de Dios: “Vivan y déjense santificar por la Palabra de Dios y vivirán para ella”.

Una comunidad que camina unida es la mayor evangelización

“Qué hermoso es ver una comunidad que camina unida y donde sus miembros se aman” expresó el Pontífice a los participantes del Capitulo General del Verbo Divino. “Aunque se peleen, aunque discuten” dijo, “porque en toda buena familia que se ama, se pelea, se discute”, pero después – continuó – “hay armonía y hay paz”.

Asegurando que vivimos “la cultura de la exclusión, la cultura del descarte”, les expresó que sólo “unidos” es como podrán “afrontar cualquier dificultad y la tarea de salir al encuentro de otros hermanos que están fuera”; los cuales – puntualizó Francisco – “se encuentran excluidos por la sociedad, abandonados a su suerte o pisoteados por intereses egoístas”.

En este contexto, les pidió como “brújula” que oriente sus pasos de hermanos misioneros, escuchar y dar respuesta “a los gritos de quienes piden pan y justicia”, llevar paz y promoción “a los que buscan una vida más digna” y consolar y ofrecer razones de esperanza “a las tristezas y sufrimientos de tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo”, porque como misioneros, son enviados para hacer realidad el espíritu de las Bienaventuranzas “a través de las obras de misericordia”.

Las palabras “orígenes” y “cementerio” deben ser raíces para el misionero

Por último, Francisco expresó dos palabras: orígenes y cementerio: “Los orígenes no son sólo una historia, no son una cosa, no son una espiritualidad abstracta. Los orígenes son raíces y para que la raíz pueda dar vida hay que cuidarla, hay que regarla. Hay que mirarla y quererla” aseguró, explicando que cuando les dijo que “sean arraigados a los orígenes”, se refería a que sus orígenes “sean raíz que los haga crecer”.

Después habló de cementerios, – pero no bajo un pensamiento lúgubre – acentuó: “Piensen en los cementerios de regiones lejanas, en Asia, en África, en Amazonia… cuántos de ustedes están allí y en la lápida se lee que murieron jóvenes, porque se jugaron, jugaron la vida”. “No se olviden: raíces y cementerio” – concluyó – “raíces y cementerio que también son raíces para ustedes”.

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Capítulo general de la Sociedad del Verbo Divino.

(Izq).San Arnoldo Janssen fundador de la SVD y el misionero Giuseppe Freinademetz, de la misma congregación.(Izq).San Arnoldo Janssen fundador de la SVD y el misionero Giuseppe Freinademetz, de la misma congregación. 

En marcha el 18° Capítulo General de la Sociedad del Verbo Divino

La reunión tendrá lugar en Italia bajo el tema “El Amor de Cristo nos urge” (2 Cor 5,14): Enraizados en la Palabra, Comprometidos en su Misión”.

Ciudad del Vaticano

Del 17 de junio al 14 de julio, tendrá lugar en el Centro Ad Gentes de Nemi (Italia), el 18º Capítulo General de la Sociedad del Verbo Divino (SVD), al que asistirán 151 participantes de 46 países, de los cinco continentes de los cuales, 58 son Superiores y delegados de las Provincias, Regiones y Misiones, que representan a más de 6.000 Misioneros del Verbo Divino que trabajan en 84 países alrededor del mundo.

En este evento, también participarán miembros del Generalato en Roma, dos representantes de las Misioneras Siervas del Espíritu Santo y cuatro laicos asociados de las cuatro zonas (AFRAM, ASPAC, EUROPE y PANAM).

El tema de este capítulo es: “El Amor de Cristo nos urge” (2 Cor 5,14): Enraizados en la Palabra, Comprometidos en su Misión”.

La agenda del Capítulo

Según informa, Modeste Munimi, coordinador General de Comunicaciones de la SVD, además de abordar el tema principal, la agenda del Capítulo incluirá los informes del Generalato, las Zonas, las Provincias/Regiones/Misiones, se revisarán las resoluciones, recomendaciones y Directivas para la Congregación del 17º Capítulo General, así como las proposiciones, resoluciones y recomendaciones del Generalato, las Provincias/Regiones/Misiones y los miembros de la Congregación a título individual, y la elección del Superior General y su Consejo.

La Sociedad del Verbo Divino (SVD) es una congregación de sacerdotes y hermanos, fundada por San Arnoldo Janssen en 1875 en Steyl (Holanda). Son más conocidos bajo la denominación de Misioneros del Verbo Divino. Los miembros de la congregación están presentes y trabajan en todos los continentes, en su mayoría en la pastoral, educación, apostolado bíblico, comunicación justicia, paz e integridad de la creación, y otros ministerios especializados.


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Monjas de clausura. Qué dice el documento papal? Comentario

El Vaticano a las monjas de clausura: sobriedad y discreción al usar redes sociales

En la instrucción “Cor Orans” de la Congregación para la Vida Consagrada se introduce la afiliación o supresión de monasterios con menos de cinco monjas. Se refuerza el papel de las ecónomas federales

Monjas de clausura

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Pubblicato il 15/05/2018
Ultima modifica il 15/05/2018 alle ore 19:28
IACOPO SCARAMUZZI – SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

Los medios de comunicación masivos y las redes sociales pueden ser utilizados también por las monjas de clausura, pero con «sobriedad y discreción». Lo precisa la Instrucción de la Congregación para la Vida Consagrada “Cor Orans”, dedicada a los monasterios de vida contemplativa, «corazón orante» de la Iglesia que, a pesar de la emergencia por la disminución de vocaciones, cuenta actualmente con 37.970 monjas de clausura en todo el mundo.

 

Con el documento publicado hoy, que aplica concretamente la Constitución apostólica “Vultum Dei Quaerere” del Papa Francisco (de julio de 2016), el Dicasterio de la Santa Sede deroga algunos cánones del Código de Derecho Canónico, para establecer, entre otras cosas, que cuando un monasterio tiene menos de cinco monjas pierde su autonomía jurídica en vista de una afiliación o de su supresión, y para no incentivar «el reclutamiento de candidatas de otros países con el único objetivo de salvaguardar la sobrevivencia del monasterio». El documento equilibra la relación entre cada una de las casas religiosas y las Federaciones de los monasterios, reforzando, en el respeto de la autonomía de los monasterios, estas «estructuras de comunión» también en relación con las visitas canónicas y la revisión de las cuentas de cada monasterio.

 

En cuatro capítulos (dedicados a los temas del monasterio autónomo, de la federación de los monasterios, de la clausura, de la formación inicial y permanente), el documento ofrece indicaciones prácticas para las contemplativas, empezando por dos pequeñas acciones cotidianas como el uso de los medios de comunicación y de las redes sociales. Todas las monjas de clausura pueden acceder a ellos, pero solamente «con sobriedad y discreción», explica la Instrucción, porque existe el peligro de «vaciar el silencio contemplativo cuando se llena la clausura de ruidos, de noticias y de palabras». La «sobriedad y discreción» exigidas no tienen que ver solamente con los «contenidos», sino también con la «cantidad de las informaciones» y con el «tipo de comunicación», para que «estén al servicio de la formación a la vida contemplativa y de las comunicaciones necesarias», y no sean «ocasión de disipación o de evasión de la vida fraternal». Por lo tanto, «el uso de los medios de comunicación, por razones de información, de formación o de trabajo, puede ser consentido en el monasterio, con prudente discernimiento, para utilidad común», subraya la Congregación. La «separación del mundo», más en general, «debe ser material y eficaz, no solo simbólica o espiritual».

 

Una «novedad absoluta» de la Instrucción, subrayó durante la conferencia de prensa para la presentación del documento el secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, monseñor José Rodríguez Carballo, es el artículo 45: «Cuando en un monasterio autónomo las profesas de votos solemnes llegan al número de cinco, la comunidad de dicho monasterio pierde el derecho a la elección de la propia superiora. En tal caso, la presidenta federal debe informar a la Santa Sede en vista del nombramiento de la Comisión “ad hoc”». Esta es, prosiguió el franciscano, una disposición «que seguramente tiene que ver con un consistente número de monasterios, a los cuales, pues, se pedirá que se cobre consciencia de la propia realidad, en un diálogo con la Santa Sede y con las figuras de referencia previstas por la comisión».

 

La instrucción precisa que la autonomía jurídica de un monasterio debe «presuponer una real autonomía de vida, es decir la capacidad de ocuparse de la vida del monasterio en todas sus dimensiones (vocacional, formativa, de gobierno, relacional, litúrgica, económica…)». De hecho, aclaró Carballo, «el Dicasterio ha debido constatar en varias ocasiones, con tristeza, la existencia de monasterios que ya no eran capaces de llevar adelante una vida digna, sin que hubiera una legislación que indicara cuándo y cómo intervenir al respecto: haber colmado esta laguna legislativa es seguramente uno de los puntos más importantes y más esperados de la Instrucción». Lo que desea la Congregación vaticana es que «los monasterios sean realidades vivas y significativas, evitando prolongar experiencias que no tienen, razonablemente, posibilidad de futuro». La autonomía, pues, permanece, pero «a ciertas condiciones, siguiendo el principio general de que a la autonomía “sui iuris” corresponda la autonomía real de un monasterio: si no existe esta autonomía, no puede existir la autonomía jurídica, y entonces se procederá a la afiliación, o en algunos casos, desgraciadamente, incluso a la supresión».

 

El documento vaticano también precisa particularmente las normas de la afiliación, «verdadera novedad desde el punto de vista legislativo», explicó el religioso español: «Novedad preciosa, porque permitirá que muchos monasterios en dificultades sean apoyados y sostenidos por otras comunidades más florecientes, si se abren en espíritu de fe y de comunión a esta posibilidad de ayuda fraternal, que podrá, por una parte, abrir procesos de revitalización y, por otra, preparar un terreno adecuado a la transferencia y a la acogida de las monjas en caso de clausura, para que puedan seguir viviendo dignamente su consagración».

 

Solamente cuando se verificare la «ineficacia de la afiliación» la Santa Sede procedería al «paso, seguramente grave», de la supresión. Puesto que el documento deroga algunos cánones, se necesitaba que el Pontífice, en calidad de legislador, aprobara las modificaciones, cosa que hizo el pasado 25 de marzo. Las novedades introducidas por la “Cor Orans”, precisó monseñor Carballo, «responden en gran medida a lo que las mismas monjas han pedido».

 

La Instrucción deroga, además, el derecho canónico también en relación con las Federaciones de monasterios, figura introducida por Pío XII. La intención del Papa Pacelli con las constitución apostólica “Sponsa Christi Ecclesia”, de 1950, explicó el padre Sebastiano Paciolla, subsecretario de la Congregación vaticana, «era mantener los monasterios como realidades autónomas, pero existía el peligro del aislamiento entre los diferentes monasterios, a veces incluso entre los que se encontraban cerca geográficamente. Las Federaciones nacieron para superar este aislamiento. Siendo una estructura de comunión, debía respetar la autonomía de los monasterios y toda la normativa en materia era tan fuerte en el respeto de la autonomía de los monasterios que la estructura de comunión tenía un reducidísimo alcance para ser aplicada y al final cada monasterio seguía siendo un mundo en sí mismo».

 

La “Vultum Dei Quaerere” del Papa Francisco «no ha modificado el estatus de los monasterios ni la realidad de la Federación, sino que ha equilibrado mejor las relaciones dentro de estas dos realidades respetando» la autonomía jurídica, «pero precisando los criterios de una autonomía que debe ser real, y no una etiqueta». El texto vaticano de hoy refuerza, particularmente, la figura de la presidenta federal (sin darle “súper poderes”, precisó Paciolla) y le encmienda el papel de «co-visitadora» en ocasión de las regulares visitas canónicas, refuerza el papel del Consejo federal y también el de la ecónoma federal, que «tiene la responsabilidad de ejecutar lo que establece el Consejo federal y colabora con la presidenta de la Federación, en el contexto de la visita regular», para verificar las cuentas «de cada uno de los monasterios», identificando los puntos positivos y los puntos críticos, «datos que deben aparecer en la relación final de la visita».

 

Entre las normas generales, también se aclaran los términos de la relación entre el monasterio y el obispo diocesano, que, entre otras cosas, puede tomar decisiones «oportunas cuando constate que existen abusos y después de que los llamados hechos a la Superiora mayor no hayan tenido ningún efecto». El obispo interviene también «en la erección del monasterio dando el consenso por escrito antes de que se pida el beneplácito de la Sede Apostólica», así como en el caso de su «supresión». También tiene la «facultad por justa causa de entrar a la clausura y permitir, con el consenso de la Superiora mayor que otras personas entren».

 

El último capítulo del documento vaticano se ocupa de la formación. Uno de los temas que afronta es el dela constitución de «comunidades monásticas internacionales y multiculturales», que «manifiesta la universalidad de un carisma»: acoger vocaciones provenientes de otros países, precisa la Congregación vaticana, «debe ser objeto de adecuado discernimiento». Uno de los criterios de la acogida es la «perspectiva de difundir en un futuro la vida monástica en Iglesias particulares en las que esta forma de la secuela de Cristo no esté presente». Sin embargo, precisa el texto, se debe «evitar por completo el reclutamiento de candidatas de otros países con el único objetivo de salvaguardar la sobrevivencia del monasterio».


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Nuevo documento doctrinal-jurídico para las religiosas contemplativas tras la realización de una encuesta.

Cor Orans: el documento sobre los monasterios femeninos

Patricia Ynestroza -Ciudad del Vaticano

Intervinieron en la Conferencia de prensa de presentación, Mons. José Rodríguez Carballo y el padre Sebastiano Paciolla, secretario y sub secretario del dicasterio.

En entrevista con Mons. Carballo recordó que tanto la Constitución del Santo Padre, la Vultum dei Quaerere como Cor Orans, la Instrucción aplicativa que fue hecha pública hoy, nacen de la petición misma de las religiosas contemplativas.

Por primera vez en la historia de este dicasterio y de la vida contemplativa, se hizo una encuesta a todos los monasterios del mundo sobre ciertos puntos, entre ellos la formación, la clausura y la autonomía, y tanto la Vultum dei Quaerere, como la instrucción Cor Orans, recogen fielmente las orientaciones que dieron en su gran parte los monasterios, recogiendo fielmente los criterios para, por ejemplo, mantener la autonomía sui iuris, pues han sido las mismas religiosas que han respondido.

Mons Carballo ante nuestros micrófonos

Mons. Carballo, dijo que este documento responde a la Constitución Apostólica que hace poco publicó su Santidad.

Mons Carballo ante nuestros micrófonos

Mons. Carballo nos recordó que estamos en un tiempo de cambios muy significativos. Estamos en una época donde los tiempos corren a una velocidad espantosa, muchos ya dicen que no es una época de cambios sino un cambio de época, y esto también se refleja en la vida contemplativa, de allí, afirma,  que en esta Instrucción hay unas normas que están en continuación con la Constitución anterior, la del Papa Pio XII, pero también algunas novedades, que eran absolutamente necesarias, o al menos así lo piensa el dicasterio,  en estos momentos, afirma el secretario, si queremos que la vida contemplativa siga siendo corazón orante en la Iglesia.

Pero en concreto, que pidieron las religiosas de la Vida Contemplativa, que cambios solicitaron.

Mons Carballo ante nuestros micrófonos

La Instrucción Cor Orans insiste bastante en la formación, y es el gran desafío que tienen hoy día los todos los consagrados, incluso las contemplativas. por tanto, en este documento se indican los periodos de formación, teniendo en cuenta el principio de la Vultum dei Quaerere, donde se dice claramente que la formación no puede durar menos de nueve años. Se ha instituido en esta instrucción el aspirantado que no existía, se hará por un mínimo de un año, otro año el postulantado, dos años el noviciado, y ya van cuatro, por tanto, al menos cinco años de profesión temporal o simple. También se insiste en una formación permanente, que es otro de los cárdines fundamentales de la vida consagrada, y de la vida en la Iglesia.

Por último hay otra novedad importante que viene regulada y es la afiliación de los monasterios. Y Esto no existía antes, Un monasterio por el número de hermanas, por su edad y por otras circunstancias, puede perder la autonomía sui iuris, afiliándose de consecuencia a otro. Con dos objetivos, el primero es dar nueva vida a ese monasterio, que, como dijo Mons. Carballo, está un poco flojo, el segundo es que si hay que cerrarlo hay que acompañar ese proceso de cierre, que siempre es doloroso.


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El Papa a los religios@s

Foto de archivoFoto de archivo  (ANSA)

Papa a consagrados: el ars bene moriendi, eutanasia espiritual

“¿Cuáles son las cosas que el Espíritu quiere que se mantengan fuerte en la vida consagrada?” Preguntó el Papa. Y respondió: “la oración, la pobreza y la paciencia”. A partir de allí desarrolló su reflexión

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

El Papa Francisco recibió en la mañana de este 4 de mayo a cerca de setecientos participantes en el Congreso Internacional promovido por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, y pronunció un discurso improvisado, acerca de “los criterios auténticos para discernir lo que está sucediendo”.

“Hoy suceden tantas cosas -dijo – que para no perderse en este mundo, en la neblina de la mundanidad, en las provocaciones, en el espíritu de guerra, necesitamos criterios auténticos que nos guíen en el discernimiento”.

Espíritu Santo, Autor de la Diversidad y Creador de la Unidad

Para hablar del discernimiento el Papa realizó una pregunta: “¿cuáles son las cosas que el Espíritu quiere que se mantengan fuerte en la vida consagrada?” Y respondió: “la oración, la pobreza y la paciencia”. Y a partir de allí desarrolló su reflexión.

La oración en la vida consagrada “es el aire que hace renovar la llamada”

“La oración es volver a la primera llamada, a la Persona que me ha llamado”, manifestó Francisco. “Es lo que hace que yo trabaje para ese Señor, no para mis intereses o para las instituciones para las que trabajo”.

Sin el “aire” de la oración, añadió, tal vez seríamos buenas personas, cristianos, católicos que trabajan en muchas obras de la Iglesia. Mientras que, en cambio, la consagración “debes renovarla continuamente en la oración, en un encuentro con el Señor”.

La pobreza es el muro que defiende de la mundanidad

Para explicar la pobreza en la vida consagrada, el Papa citó las Constituciones de san Ignacio. “La pobreza es la madre. Es el muro de contención de la vida consagrada”.

“La pobreza es el muro que defiende del espíritu de la mundanidad”, afirmó, y puso en guardia sobre los “tres escalones” que llevan de la consagración a la mundanidad religiosa:

“Primero, el dinero, es decir la falta de pobreza. Segundo, la vanidad, que va desde el extremos de pavonearse a pequeñas cosas de vanidad. Y tercero, la soberbia, el orgullo”.

De allí, “parten todos los vicios”, advirtió el Pontífice, y explicó que si se custodia el primero de los escalones, es decir, el de la pobreza, los demás no vienen. De ahí que la pobreza sea “el muro que defiende del desarrollo mundano que tanto daña cada consagración”.

Paciencia es capacidad de padecer

El Santo Padre concluyó su reflexión con la paciencia. Explicó que sin la paciencia, es decir, sin la capacidad de padecer, sin “entrar en paciencia” como Jesús, una vida consagrada no puede sostenerse. Se trata de la paciencia que va desde las pequeñas cosas de la vida comunitaria, hasta el sacrificio de sí mismos:

“Sin paciencia se entienden las guerras internas de una congregación”, observó. “Sin paciencia se entiende el afán de hacer carrera en los capítulos generales”.

Pero se trata “no sólo de la paciencia en la vida comunitaria”, agregó, sino también de la paciencia “ante los sufrimientos del mundo”, es decir, “llevar sobre las espaldas los problemas y sufrimientos del mundo”.

El ars bene moriendi, eutanasia espiritual

El Papa también denotó la falta de paciencia ante la escasez de vocaciones, lo que ha llevado a algunas congregaciones a la opción del ars bene moriendi, es decir, el “arte de bien morir”:

“¿Falta la paciencia y no las vocaciones no vienen?” –supuso. “Vendemos y nos apegamos al dinero, por cualquier cosa que pudiese suceder en el futuro. Esta es una señal de que se está cerca de la muerte: cuando una Congregación comienza a apegarse al dinero”, advirtió.

De ese modo invitó a preguntarse si este “ars bene moriendi”, reside en los propios corazones:

“Sin paciencia no se puede ser magnánimos, -aseguró. No se puede seguir al Señor: nos cansamos. Lo seguimos hasta un cierto punto y a la primera o segunda prueba, adiós. Elijo el ars bene moriendi”.

“El ars bene moriendi es la eutanasia espiritual de un corazón consagrado que no da más, que no tiene el coraje de seguir al Señor”.

En la conclusión, el Obispo de Roma pidió a los consagrados “estar atentos” a la oración, a la pobreza y la paciencia, y los animó a continuar con los estudios, el trabajo y a hacer propuestas buenas, “que siempre tengan la mirada que quiere Jesús”.

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