Loiola XXI

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S. Vicente de Paul: cuarto centenario de su obra. Discurso del Papa

Caridad que dura por siglos, el Papa recibe a la Familia Vicentina

2017-10-14 Radio Vaticana

 

El sábado 14 de octubre el Papa Francisco recibió a más de 10 mil miembros de la Familia Vicentina en una audiencia con motivo del Año Jubilar convocado por los Vicentinos por los 400 de fundación. En el marco de este momento de encuentro, testimonio, música y oración, el Papa rezó ante el corazón de San Vicente, reliquia especialmente traída a Roma para esta ocasión desde París, asimismo se lanzó la Alianza Global por los Sin Techo. El Santo Padre empezó saludando afectuosamente a estos hermanos, recordando que están en movimiento por los caminos del mundo, como San Vicente les pediría también hoy. “San Vicente ha generado un impulso de caridad que dura por los siglos”, les dijo, alentándolos a seguir este camino reflexionando sobre tres verbos “importantes para el espíritu vicentino, pero también para la vida cristiana en general: adorar, acoger, ir”.

Adorar. Son numerosas las invitaciones de San Vicente a cultivar la vida interior y a dedicarse a la oración que purifica y abre el corazón. Para él la oración es esencial. Es la brújula de cada día, es como un manual de vida, es – escribía – el «gran libro del predicador»: solamente rezando se obtiene de Dios el amor para derramar sobre el mundo; solamente rezando se tocan los corazones de la gente cuando se anuncia el Evangelio (cfr Carta a A. Durand, 1658).

Para San Vicente, notó el Papa, la oración no es solamente un deber y mucho menos un conjunto de fórmulas. La oración es detenerse ante Dios para estar con Él, para dedicarse simplemente a Él…

Ésta es la oración más pura, aquella que hace espacio al Señor y a su alabanza, y a nada más: la adoración. Quien adora, quien frecuenta la fuente viva del amor no puede más que quedarse, por decir, “contaminado”. Y comienza a comportarse con los demás como el Señor hace con él: se vuelve más misericordioso, más comprensivo, más disponible, supera las propias rigideces y se abre a los demás.

Llegamos al segundo verbo: acoger. Cuando escuchamos esta palabra, viene de inmediato a la mente algo por hacer. Pero en realidad acoger es una disposición más profunda: no pide solamente hacer lugar para alguien, sino ser personas acogedoras, disponibles, acostumbradas a darse a los demás. Como Dios por nosotros, así nosotros por los otros. Acoger significa redimensionar el propio yo, enderezar la manera de pensar, comprender que la vida no es mi propiedad privada y que el tiempo no me pertenece. Es un lento despegarse de todo aquello que es mío: mi tiempo, mi descanso, mis derechos, mis programas, mi agenda. Quien acoge renuncia al yo y hace entrar en la vida el tú y el nosotros.

El ultimo verbo: ir.

El amor es dinámico, sale de sí. Quien ama no está sentado mirando, esperando la llegada de un mundo mejor, sino que con entusiasmo y sencillez se levanta y va. San Vicente lo dijo bien: «Nuestra vocación es ir, no a una parroquia y ni siquiera a una diócesis, sino por toda la tierra. ¿Y a hacer qué ?  A encender el corazón de los hombres, haciendo aquello que hizo el Hijo de Dios, que ha venido a traer el fuego al mundo para inflamarlo de su amor» (Conferencia del 30 de mayo 1659). Esta vocación es siempre válida para todos. Coloca a cada uno interrogantes : “¿Voy al encuentro de los otros, como quiere el Señor? ¿Llevo a donde voy este fuego de la caridad o me quedo encerrado a calentarme frente a mi chimenea?”.

A la familia vicentina Francisco deseó “no detenerse, sino continuar tomando cada día de la adoración, el amor de Dios y a difundirlo por el mundo a través del buen contagio de la caridad, de la disponibilidad, y de la concordia”.

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Nuevo superior general de los Hermanos Maristas.

El Hno. Ernesto Sánchez Barba es el nuevo superior general de los Hermanos Maristas

Jueves 5 Oct 2017 | 12:13 pm

Hno.Sánchez Barba, nuevo superior general de los Hermanos Maristasver más

Rionegro (Colombia) (AICA):

El XXII Capítulo General de los Hermanos Maristas, que se está celebrando en Rionegro, Colombia, eligió al hermano Ernesto Sánchez Barba, de la provincia marista de México Occidental, como nuevo superior general durante los próximos ochos años. Se convierte así en el decimocuarto sucesor de san Marcelino Champagnat, que fundó la congregación hace 200 años en Francia.

Como vicario general el Capítulo General de los Hermanos Maristas eligió al hermano español Luis Carlos Gutiérrez Blanco.

El nuevo superior general, que sustituye en el cargo a Emili Turú, nació en en Guadalajara, México, el 21 de febrero de 1961, y es el noveno hijo de la familia de dieciséis que formaron sus padres Carlos y Juanis.

Hizo los primeros votos en el Instituto en 1986, en Palencia, y luego se trasladó a Guatemala, habiendo hecho la profesión perpetua en 1992. Inicialmente trabajó en los colegios de Guatemala, Costa Rica y Puerto Rico. Más tarde se convirtió en responsable provincial de la educación y recorrió así los seis países de la Provincia, en América Central.

Hizo estudios universitarios en Estudios Sociales y Lenguaje. Es licenciado en teología, maestro en administración y supervisión educativa y logró el doctorado en educación por la universidad de Puerto Rico.

Fue profesor en diferentes contextos y se destaca por la pasión por la enseñanza, que ve como espacio de transformación, humanización y evangelización. Fue también miembro de la junta directiva de las conferencias de religiosos de Costa Rica y Guatemala.

Desde diciembre de 2013 es provincial, además de ser miembro de la Comisión de Misión y Subcomisión de Educación de la Conferencia Interamericana de Provinciales, de la cual es coordinador del Consejo Permanente.

Es la primera vez en la historia de la congregación que el Capítulo General se celebra fuera de la casa generalicia, situada en Roma. “El Consejo General hizo esta elección para expresar, con un gesto concreto, el deseo del Instituto de acoger la invitación del papa Francisco para salir a las periferias del mundo”.

De hecho, el mensaje que saldrá del Capítulo enfatizará la necesidad del Instituto de dejar las zonas de confort y crear un nuevo paradigma en relación a lo que Dios pide ser y hacer a los Maristas de Champagnat”, aseguran desde la institución.

Durante el XXII Capítulo General, según los maristas, se han vivido “momentos proféticos” que condicionarán el futuro de la congregación en los próximos años. En este sentido, los participantes se han encontrado “con personas marginadas en las periferias de Medellín”, han dedicado “un día entero de escucha a jóvenes de Venezuela, Colombia y Ecuador” y, en otras de las sesiones, “los laicos”, con un protagonismo especial de las mujeres, quienes condujeron algunas de las sesiones capitulares”.

Los 79 capitulares representan a cerca de 3.000 hermanos presentes en 81 países. Desde hace varios años, también los laicos se sienten llamados a vivir el Carisma de Champagnat y comparten con los Hermanos vida y misión. Como en otros Capítulos, 8 laicos fueron invitados a participar en la asamblea capitular en Colombia junto con los Hermanos.+


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Un sacerdote confiesa haber tenido dos hijos.

Oscar Turrión, sacerdote legionario. Captura Youtube

Oscar Turrión, sacerdote legionario. Captura Youtube

ROMA, 06 Oct. 17 / 03:57 pm (ACI).- La Oficina de Comunicación Internacional de los Legionarios de Cristo informó que el Ex Rector del Pontificio Colegio Internacional María Mater Ecclesiae en Roma, P. Oscar Turrión, dejará el sacerdocio tras reconocer que es padre de dos hijos.

En un comunicado dado a conocer este viernes 6 de octubre, se explica que el 27 de marzo de 2017 el sacerdote “informó a los superiores que acababa de tener una hija, y pidió que se guardara reserva”.

“Al conocer este hecho, los superiores procedieron a solicitar a la Santa Sede el nombramiento de un nuevo rector del seminario, que inició su mandato en el mes de agosto”.

El sacerdote pidió luego “permiso para vivir un tiempo fuera de comunidad para reflexionar y orar” con la “restricción de no ejercer el ministerio sacerdotal en público”.

Recién el jueves 5 de octubre, el P. Turrión “reconoció que tuvo otro hijo, con la misma mujer, hace unos años. Además, manifestó su intención de abandonar el ministerio sacerdotal y de solicitar la dispensa de las obligaciones contraídas con su ordenación”.

Los Legionarios explican que el sacerdote fue formador del Pontificio Colegio Internacional Maria Mater Ecclesiae desde el año 2007 y fue nombrado rector de dicho Colegio por un trienio en 2014.

“Al presentarlo como candidato al puesto de rector, según es costumbre, se revisó su historial y se tuvo un coloquio con él, en el que manifestó que era idóneo para el cargo y agradeció la confianza depositada en él”, indica el comunicado.

En su comunicado, los Legionarios lamentan lo ocurrido y expresan su compromiso “en el camino de renovación que seguimos recorriendo de la mano de la Iglesia”.


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Tras la experiencia del secuestro. Impresiones de un misionero salesiano.

Los sacerdotes liberados y el secuestro como “retiro espiritual”

El salesiano Tom Unzhunnalil, liberado después de haber sido secuestrado en Yemen, vuelve a la India. Y en las Filipinas, Teresito Soganub, secuestrado por los yihadistas en Marawi, se prepara para retomar su servicio activo

El padre Tom Unzhunnalil durante su secuestro

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Pubblicato il 29/09/2017
Ultima modifica il 29/09/2017 alle ore 13:37
PAOLO AFFATATO
ROMA

Llegó a la India para reunirse con los obispos, sus hermanos salesianos y con las autoridades civiles, como el Primer Ministro Narendra Modi y el Ministro del Exterior Sushma Sawaraj, a quienes agradeció personalmente «por su compromiso en su liberación». Concluidos los últimos análisis médicos en el Vaticano, en camino hacia la plena recuperación tanto física como psicológica, el sacerdote salesiano Tom Uzhunnalil, secuestrado en Yemen en marzo de 2016 y liberado el 12 de septiembre de este año, después de 18 meses, quiso volver a sus orígenes y dentro de poco, como insiste, retomará sus actividades misioneras.

 

El sacerdote celebrará una misa de acción de gracias en la Catedral de Nueva Delhi, después irá a Bangalore para abrazar a los salesianos de su provincia y, en los próximos días, participará en diferentes encuentros con autoridades civiles y religiosas del estado de Kerala, de donde es originario. Después se pensará en su regreso al servicio pastoral activo.

 

Pero ya nada será como antes. El masacro de las monjas con las que trabajaba (las cuatro Misioneras de la Caridad asesinadas el 3 de marzo de 2016) y la experiencia del largo secuestro lo han marcado para siempre. «Esos días fueron como un largo retiro espiritual», recordó el salesiano en una conversación con Vatican Insider. «Pude entrar profundamente dentro de mí mismo, pensando en mi vida, en mi vocación, en la misión que el Señor me ha encomendado», dijo.

 

«En su bondad y en su Providencia –prosiguió Tom Uzhunnalil–, el Señor me ha concedido tener esta experiencia, experimentar la precariedad, el sufrimiento, la privación, la prisión y después volver a ser un hombre libre, poder seguir desempeñando mi misión de bautizado, de sacerdote, de hijo de don Bosco. Agradezco a Dios con todo mí mismo por esta nueva posibilidad», afirmó conmovido.

 

El salesiano también dijo que había encontrado fuerza, durante el secuestro, gracias a la «comunión espiritual»: «Celebré espiritualmente la misa cada día, recordando de memoria las lecturas y las partes de la liturgia, sin tener ni los textos litúrgicos ni el pan y el vino para celebrar el sacrificio eucarístico». Pero en ese momento, en manos de sus secuestradores que habrían podido acabar co su existencia terrenal, «el sacrificio eucarístico era yo mismo, mi mismo cuerpo era un sacrificio viviente que agradaba a Dios», explicó.

 

El sacerdote agradece haber vivido el largo calvario que lo acercó «al hombre de los dolores, a aquel que conoce el sufrir, maltratado y rechazado, el Cristo en la Cruz». Y afirma no haber temido la muerte. Muchas veces recordó el episodio del 3 de marzo de 2016, precisamente antes de la masacre: la directora de la Casa de las Misioneras de la Caridad de Aden, viendo la situación tan precaria en la que se encontraban como misioneros en un territorio marcado por conflictos y violencia, dijo: «Sería bello ser martirizados todos juntos por Cristo». Y la más joven de las religiosas, que sobrevivió al ataque, respondió: «Yo quiero vivir por Cristo».

 

Esa nueva vida ahora es una realidad para el Salesiano que tiene el entusiasmo de un joven religioso y que se dice listo para darse todo con el objetivo de «sembrar el Evangelio y anunciar el Reino de los cielos».

 

La misma disposición de ánimo se encuentra en otro sacerdote que tuvo la misma experiencia dolorosa de un secuestro. Teresito Soganub (llamado “Chito”), el sacerdote filipino que fue secuestrado el 23 de mayo y liberado tras 117 días por los terroristas del grupo “Maute”, vinculado con el llamado Estado Islámico, que ocupó la ciudad de Marawi en la Isla de Mindanao (en las FIlipinas meridionales).

 

«Mi secuestro fue voluntad de Dios. Una prueba que Él quiso. Confío en Él. Mi futuro lo veo solo en Marawi los cristianos y los musulmanes somos hermanos y creemos en el único Dios», dijo, después de que el ejército filipino, que está haciendo todo lo posible para derrotar a los yihadistas, lo liberó.

 

El sacerdote de Marawi, al llegar a Manila, describió los días de su secuestro e indicó que no intentó la fuga, para «compartir hasta el final el destino de los demás rehenes». Soganub agradeció a «todos los que han rezado por nosotros y por nuestra salvación», y dijo que quiere seguir comprometiéndose en la obras del diálogo entre musulmanes y cristianos y de la construcción de la paz.

 

Un secuestro como “experiencia espiritual”. Hablaba de ello, en 1998, Luciano Benedetti, el misionero del Pontificio Instituto para las Misiones en el Extranjero (PIME) que resistió 68 días en manos de los terroristas del grupo Abu Sayyaf, vagando por las selvas de Mindanao: «Fui secuestrado por los hombres, pero también por Dios», dijo cuando lo salvaron. «Ha sido una experiencia más –explicó–, un “extra” para mi vida. Llevo conmigo el recuerdo de haber visto a la muerte a la cara, pero también el descubrimiento de un núcleo de humanidad, es decir de la semilla de Dios presente en mis secuestradores. Para mí es un llamado a dar más espacio a la oración y a la relación personal con Dios».


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Cuarto centenario de S. Alonso Rodríguez, jesuita

En las próximas semanas se celebrarán los actos centrales del IV centenario de San Alonso Rodríguez SJ (1532-1617). Con este motivo el provincial, Antonio España SJ, ha escrito una carta  en la que le describe como “un contemplativo en la acción, incluso en una acción aparentemente poco relevante”, como fue la de ser el portero del colegio jesuita de Montesión, en Palma de Mallorca. A finales de octubre será el P. General quien le recuerde en otra carta, dirigida a toda la Compañía.

Después de los actos celebrados en los pasados meses de abril y mayo en su Segovia natal, es Palma de Mallorca, donde murió tras vivir como jesuita más de cuarenta años, quien concentra la mayoría de actos. Se sucederán dos peregrinaciones, eucaristías, una novena y se expondrán las reliquias del santo. La Compañía de Jesús ha organizado también varias tandas de ejercicios espirituales, publicaciones sobre su figura en distintas revistas y la digitalización de todos sus manuscritos en el archivo jesuita de Alcalá de Henares. En Segovia, el obispo presidirá una eucaristía que será retransmitida por Televisión Española en el programa El Día del Señor.

● Mes de octubre: exposición de piezas alusivas a San Alonso en los museos diocesanos de Mallorca y Segovia, visitas al museo de Montesión.

● 5-8 de octubre (Segovia). Peregrinación de la diócesis de Segovia a Mallorca.

● 8 de octubre (Palma de Mallorca). Peregrinación desde Montesión (Palma de Mallorca) a la capilla de Bellver (10:00 h). Eucaristía a las 12 h. presidida por el P. Superior de Montesión, Norberto Alcover SJ.

● Ciclo de conciertos de órgano en la catedral de Segovia: días 1, 22 y 27 de octubre a las 20:00. Y recital de la Escolanía de Segovia, Fundación Don Juan de Borbónel 29 de octubre en la iglesia del Seminario, a las 19:00.

● Ciclo de conferencias en Segovia, sala capitular de la iglesia de San Justo (19:30 horas): 19 de octubre, Palabra de santo: la expresión escrita de San Alfonso Rodríguez (D. Juancho del Barrio)20 de octubre, Las huellas de San Alfonso Rodríguez en Segovia: documentos e iconografía (D. David San Juan);26 de octubre. La mística escondida de San Alfonso Rodríguez (S. Daniel Cuesta SJ); 27 de octubre, Alfonso Rodríguez: de espíritu humilde y de corazón abrasado (P. Alfredo Verdoy SJ); 4 de noviembre (a las 20:00), La Segovia que conoció San Alfonso Rodríguez (D. Joaquín González-Herrero).

● 19 de octubre (Palma de Mallorca). Inauguración del curso de la Casa de Espiritualidad San Alonso Rodríguez (Son Bono), a las 19:00. Intervenciones del obispo electo de Mallorca, D. Sebastián Taltavull, y del director de la casa, Norberto Alcover SJ .

● 20 de octubre (Palma de Mallorca). Concierto a cargo de la orquesta Junge Camerata Academica Sant Llorenç. Obras de V. Monti, A. Albinoni y J. Strauss, entre otras. Iglesia de Nuestra Señora de Montesión. 20:00 horas.

● 21-30 de octubre (Mallorca y Cádiz). Tandas de Ejercicios Espirituales en Son Bono (Mallorca), dirigidas por Elías Royón, SJ y en El Puerto de Santa María (Cádiz), por Pedro Cambreleng, SJ.

● 22 de octubre (Palma de Mallorca). Apertura del novenario y eucaristía (19h.) presidida por el Provincial de España de la Compañía de Jesús, P. Antonio España SJ. Se instalarán las reliquias del santo en el presbiterio de la iglesia de Nuestra Señora de Montesión.

● 25 de octubre (Palma de Mallorca). Conferencia del historiador D. Pedro de Montaner sobre “San Alonso Rodríguez en la Mallorca de su tiempo”(CaixaForum, P/ de Weyler, 3, Palma).

● 29 de octubre (Segovia y Madrid). En la catedral de Segovia se celebrará una eucaristía presidida por el Obispo de la diócesis, D. César Augusto Franco, con asistencia del Provincial a las 10:30. Será retransmitida por RTVE en directo (programa El Día del Señor). Asimismo, Radio Nacional retrasmitirá la misa dominical de las 8 de la mañana a toda España el domingo 29 de octubre desde la parroquia S. Francisco de Borja de Madrid.

● 31 de octubre (Palma de Mallorca). Clausura del centenario en la catedral con eucaristía solemne (19 h), presidida por el obispo electo de Mallorca, D. Sebastià Taltavull.

Todos los artículos que se han publicado o se irán editando puedes encontrarlos en esta carpeta. Fotografías de San Alonso Rodríguez SJ AQUÍ

Y en el Archivo de la Compañía de Jesús en Alcalá de Henares, se han digitalizado todos los manuscritos que dejó San Alonso en Montesión. Están a disposición de quien los solicite.

 

Breve biografía:

Alonso Rodríguez (Segovia, 1532 – Palma de Mallorca, 1617) es el Patrono de los Hermanos de la Compañía de Jesús. Nació y vivió en Segovia, inició estudios en Alcalá de Henares, ingresó en la Compañía en Valencia y vivió y murió en Montesión, Palma de Mallorca, en cuya iglesia reposan sus restos mortales, junto a otros recuerdos.

A la muerte de su esposa e hijos, este comerciante arruinado y fracasado, decidió renovar su vida por completo. Ingresó en la Compañía de Jesús a los 39 años y su principal tarea fue la de ser portero en el Colegio Montesión de Palma de Mallorca. Modelo de humildad y de vida interior, se esforzó por vivir la presencia de Dios constantemente. Su profunda sensibilidad y trato espiritual, que lo hacían correr a abrir la puerta con el gozo de recibir al mismo Dios, llevó a que le buscaran para recibir consejo y guía espiritual, desde el más pobre hasta el virrey o jesuitas como san Pedro Claver, apóstol de los esclavos negros.

Por orden de sus superiores escribió un tratado espiritual que hoy ocupa tres gruesos volúmenes. En estos escritos, así como en su ejemplar vida, Alonso Rodríguez se muestra como un verdadero místico que ilumina, desde una sencilla portería, la misión de la Compañía universal.

Murió con fama de santidad y su vida nos sigue transmitiendo enseñanzas. Fue declarado Venerable en 1626; el Gran i General Consell lo nombró patrono de la Ciudad de Palma y de la Isla de Mallorca en 1632. En 1760, Clemente XIII decretó el grado heroico de sus virtudes, pero la expulsión de España de la orden jesuita (1767) y la posterior supresión (1773) retrasaron su beatificación hasta 1825, por el papa León XII, y su canonización hasta el 15 de enero de 1888 por el papa León XIII.


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Mensaje del Papa en el cuarto centenario de S. Vicente de Paul

  Mensaje del Santo Padre a la Familia Vicentina con motivo del 400° aniversario de su carisma

Publicamos a continuación el mensaje que el Santo Padre Francisco ha enviado a la Familia Vicentina con motivo del  400° aniversario de su carisma (1617-2017).
Mensaje del Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas:
Con ocasión del 4º centenario del carisma que dio nacimiento a su Familia, me gustaría unirme a ustedes con unas palabras de agradecimiento y de ánimo y poner de relieve el valor y la actualidad de san Vicente de Paul.
San Vicente estuvo siempre en camino, abierto a la búsqueda de Dios y de sí mismo. A esta búsqueda constante se añadió la acción de la gracia: como pastor, tuvo un encuentro fulgurante con Jesús, el Buen Pastor, en la persona de los pobres. Lo que se comprobó especialmente cuando se conmovió ante la mirada de un hombre sediento de misericordia y la situación de una familia que carecía de todo lo necesario. En ese momento, descubrió la mirada de Jesús que le emocionó, invitándole a vivir, no ya para sí mismo, sino para servirle sin reserva en los pobres a los que Vicente de Paul llamaría más tarde “nuestros  señores y nuestros amos” ( Correspondencia, conferencias, documentos , Coste XI-3, p. 273). Su vida se transformó entonces en un servicio constante hasta su último suspiro. Una Palabra de la Escritura le había dado el sentido de su misión: “El Señor me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva” (cf. Lc 4, 18 ).
Con el deseo ardiente de dar a conocer a Jesús a los pobres, se consagró intensamente al anuncio, sobre todo por medio de las misiones populares, y especialmente prestando atención a la formación de los sacerdotes (del clero). Utilizaba de manera natural un « método sencillo »: hablar, en primer lugar con su propia vida y después, con una gran sencillez, de forma familiar y directa. El Espíritu hizo de él un instrumento que suscitó un impulso de generosidad en la Iglesia. Inspirado por los primeros cristianos que tenían “un solo corazón y una sola alma” ( Hch 4, 32 ), san Vicente fundó las “Caridades” con el fin de atender a los más necesitados, viviendo en comunión y poniendo a disposición de todos sus propios bienes, con alegría, con la certeza de que Jesús y los pobres son los tesoros más valiosos y que, como a él le gustaba repetir, “cuando tú vas hacia el pobre, encuentras a Jesús”.
Este “granito de mostaza”, sembrado en 1617, hizo germinar la Congregación de la Misión y la Compañía de las Hijas de la Caridad, se ramificó en otros Institutos y Asociaciones y se ha convertido en un gran árbol (cf. Mc 4, 31-32 ): su Familia. Pero todo comenzó con este granito de mostaza: san Vicente no quiso nunca ser un protagonista o un líder, sino “un granito”. Estaba convencido de que la humildad, la mansedumbre y la sencillez son condiciones esenciales para encarnar la ley de la semilla que da vida muriendo (cf. Jn 12, 20-26), esta ley que hace fecunda la vida cristiana, esta ley por la que se recibe dando, se encuentra perdiendo y se irradia ocultándose. San Vicente estaba igualmente convencido de que no era posible hacerlo todo él solo, sino juntos, como Iglesia y Pueblo de Dios. A este respecto, me gusta recordar su intuición profética de valorar las cualidades excepcionales femeninas que se manifestaron en la delicadeza espiritual y la sensibilidad humana de santa Luisa de Marillac.
“Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” ( Mt 25, 40 ), dice el Señor. La búsqueda de los más pobres y abandonados” está en el núcleo central de la Familia vicenciana, con la conciencia profunda de ser “indignos de rendirles nuestros pequeños servicios” ( Correspondencia, conferencias, documentos , Coste XI-3, p. 273). Deseo que este año de acción de gracias al Señor y de profundización del carisma sea la ocasión de beber en el manantial, de refrescarse en la fuente del espíritu de los orígenes. No olviden que las fuentes de gracia en las que ustedes beben, brotaron de corazones sólidos y firmes en el amor, “modelos insignes de caridad” (Benedicto XVI, Carta Encíclica Deus Caritas est , 40). Ustedes aportan el mismo frescor, solamente levantando la mirada hacia la roca de donde brota. La roca es Jesús pobre, que pide que se le reconozca en aquel que es pobre, que no tiene voz. Pues Él está ahí. Y ustedes, a su vez, cuando encuentran existencias frágiles, rotas por pasados difíciles, están llamados a ser rocas. No a parecer duros e inquebrantables, ni a mostrarse insensibles a los sufrimientos, sino a ser puntos de apoyo, sólidos frente a los avatares del tiempo, resistentes en las adversidades, porque ustedes “reparan en la peña de donde fueron tallados, y en la cavidad del pozo de donde fueron excavados” (cf . Is 51,1 ). Así, están llamados a ir a las periferias de la condición humana y a llevar, no sus capacidades, sino el Espíritu del Señor, “Padre de los pobres”. El los esparce por el mundo, ampliamente, como a granos que crecen en una tierra árida, como un bálsamo de consuelo para el que está herido, como un fuego de caridad para calentar tantos corazones fríos por el abandono y endurecidos por el rechazo.
En verdad, todos nosotros estamos llamados a beber de la roca que es el Señor y a apagar la sed del mundo con la caridad que viene de él. La caridad está en el corazón de la Iglesia, es la razón de su acción, el alma de su misión. “La  caridad es la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia. Todas las responsabilidades y compromisos trazados por esta doctrina provienen de la caridad que, según la enseñanza de Jesús, es la síntesis de toda la Ley” (Benedicto XVI, Carta Encíclica Caritas in veritate, 2 ). Es la vía que tenemos que seguir para que la que Iglesia sea cada vez más madre y maestra de caridad, con un amor cada vez más intenso y desbordante entre ustedes y para con todos los hombres (cf , 1 Ts 3, 12). Concordia y comunión en el interior de la Iglesia, apertura y acogida en el exterior, con el valor de reconocer lo que puede ser una ventaja a fin de imitar en todo a su Señor y de encontrarse plenamente a sí mismos, haciendo de la aparente debilidad de la caridad la única razón de su orgullo (cf.   1Co 12, 19 ).
Resuenan en nosotros las palabras del Concilio, de una gran actualidad : “Cristo Jesús […] se hizo pobre, siendo rico. Así también la Iglesia, aunque necesite de medios humanos para cumplir su misión, no fue instituida para buscar la gloria terrena, sino para proclamar la humildad y la abnegación, también con su propio ejemplo. Cristo fue enviado por el Padre a «evangelizar a los pobres… así también la Iglesia abraza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana; más aún, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo” (Concilio Ecuménico Vaticano II, Const. Dogm. Lumen Gentium, 8 ).
San Vicente realizó esto a lo largo de su vida y nos habla, aún hoy, a cada uno de nosotros, como Iglesia. Su testimonio nos invita a estar siempre en camino, dispuestos a dejarnos sorprender por la mirada del Señor y por su Palabra. Nos pide la pobreza de corazón, una disponibilidad total y una humildad dócil. Nos impulsa a la comunión fraterna entre nosotros y a la misión valiente en el mundo. Nos pide liberarnos de lenguajes complicados, de discursos egocéntricos, centrados en nosotros mismos y de apego a los bienes materiales, que pueden tranquilizarnos en lo inmediato pero que no nos dan la paz de Dios y a menudo son incluso un obstáculo para la misión. Nos exhorta a invertir en la creatividad del amor, con la autenticidad de un “corazón que ve” (cf. Benedicto XVI, Carta Encíclica Deus Caritas est, 31). De hecho, la caridad no se contenta con buenas costumbres del pasado, sino que sabe transformar el presente. Y esto es aún más necesario hoy día, ante la complejidad cambiante de nuestra sociedad globalizada donde ciertas formas de limosna y de ayuda, aunque justificadas por intenciones generosas, corren el riesgo de alimentar formas de explotación y de desigualdad y de no producir progresos reales y duraderos. Por esta razón, imaginar la caridad, organizar la cercanía e invertir en la formación son las enseñanzas actuales que nos vienen de san Vicente. Pero, al mismo tiempo, su ejemplo nos anima a dar espacio y tiempo a los pobres, a los numerosos pobres de nuestro tiempo, a los demasiado numerosos pobres de hoy, a hacer nuestros sus pensamientos y dificultades. El cristianismo sin contacto con el que sufre, es un cristianismo desencarnado, incapaz de tocar la carne de Cristo. Encontrar a los pobres, preferir a los pobres, dar la voz a los pobres con el fin de que su presencia no sea reducida al silencio por la cultura de lo efímero. Espero vivamente (con fuerza) que la celebración de la Jornada Mundial de los Pobres del próximo 19 de noviembre nos ayude en nuestra “vocación a seguir a Jesús pobre”,  convirtiéndonos “cada vez más y mejor en signo concreto  del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados y reaccionando ante la cultura del descarte y del derroche” ( Mensaje para la primera Jornada Mundial de los Pobres “No amemos de palabra sino con obras”, 13 de junio de 2017).
Pido para la Iglesia y para todos ustedes la gracia de encontrar al Señor Jesús en el hermano hambriento, sediento, extranjero, despojado de su ropa y de su dignidad, enfermo y prisionero o indeciso, ignorante, obstinado en el pecado, afligido, grosero, desconfiado y molesto. Y de encontrar en las llagas gloriosas de Jesús, la fuerza de la caridad, la felicidad del grano que, al morir, da vida, la fecundidad de la roca de donde brota el agua, la alegría de salir de sí mismos y de ir por el mundo, sin nostalgia del pasado sino con la confianza en Dios, creativos frente a los desafíos de hoy y de mañana porque, como decía san Vicente, “el amor es inventivo hasta el infinito”.

Del Vaticano, 27 de septiembre de 2017


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Colombia: el Papa a los religiosos en Medellín.

El Papa: “Religiosos, ustedes son signo del amor de Dios y la promesa de un nuevo inicio para Colombia”

2017-09-10 Radio Vaticana

(RV).- “El Señor ha puesto su mirada sobre Colombia: ustedes son signo de ese amor de predilección. Nos toca ofrecer todo nuestro amor y servicio unidos a Jesucristo, nuestra vid. Y ser promesa de un nuevo inicio para Colombia, que deja atrás diluvios de desencuentro y violencia, que quiere dar muchos frutos de justicia y paz, de encuentro y solidaridad.”, lo dijo el Papa Francisco en el Encuentro con sacerdotes, religiosos y religiosas, consagrados y consagradas, seminaristas y sus familias congregados el segundo sábado de septiembre, en el Centro de eventos La Macarena de Medellín, en el marco de su 20° Viaje Apostólico a Colombia.

Comentando un pasaje del Evangelio de San Juan que fue proclamado en la celebración, el Santo Padre dijo que, la alegoría de la vid verdadera se da en el contexto de la última cena de Jesús. “En ese ambiente de intimidad, de cierta tensión pero cargada de amor – afirmó el Pontífice – el Señor lavó los pies de los suyos, quiso perpetuar su memoria en el pan y el vino, y también les habló a los que más quería desde lo hondo de su corazón”. En esa primera noche «eucarística», en esa primera caída del sol después del gesto de servicio, agregó el Papa, Jesús abre su corazón y les entrega su testamento.

Agradeciendo a los consagrados que dieron sus testimonios, y citando el numeral 29 del documento de Aparecida, el Papa Francisco dijo que, la propia historia vocacional inicia con la experiencia de Jesús que sale a nuestro encuentro, que nos primerea y que de ese modo nos ha captado el corazón. «Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo».

Muchos de ustedes, jóvenes, alentó el Obispo de Roma, habrán descubierto este Jesús vivo en sus comunidades; comunidades de un fervor apostólico contagioso, que entusiasman y suscitan atracción. Porque, “los jóvenes – precisó el Pontífice – son naturalmente inquietos y, si bien asistimos a una crisis del compromiso y de los lazos comunitarios, son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado”. Esa es la vid a la que se refiere Jesús en el texto que hemos proclamado, puntualizó el Papa, la vid que es el «pueblo de la alianza». Y esta vid —que es la de Jesús— tiene el atributo de ser la verdadera.

Continuando con la explicación de la alegoría de la vid del Evangelio de San Juan, el Santo Padre dijo que, Dios no sólo corta, sino también Dios limpia la vid de imperfecciones. Tenemos en Colombia ejemplos de que esto es posible, afirmó el Pontífice, pensemos en santa Laura Montoya, una religiosa admirable cuyas reliquias tenemos con nosotros y que desde esta ciudad se prodigó en una gran obra misionera en favor de los indígenas de todo el país. Solo aquel que descubre la buena noticia es capaz de esto dijo el Papa, y la buena noticia es que Él – Jesús – está dispuesto a limpiarnos, que no estamos terminados, que como buenos discípulos estamos en camino. Además, Jesús nos invita a permanecer en Él agregó el Papa Francisco, y permanecer no significa solamente estar, sino que indica mantener una relación vital, existencial, de absoluta necesidad; es vivir y crecer en unión íntima y fecunda con Jesús, fuente de vida eterna. Y sólo se puede permanecer en Jesús: tocando la humanidad de Cristo, contemplando su divinidad, para vivir en la alegría.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)

Voz y texto completo del discurso del Papa Francisco

Estimados hermanos obispos,

Queridos sacerdotes, consagrados, consagradas, seminaristas,

Queridas familias, ¡queridos «paisas»!

La alegoría de la vid verdadera que acabamos de escuchar del Evangelio de Juan se da en el contexto de la última cena de Jesús. En ese ambiente de intimidad, de cierta tensión pero cargada de amor, el Señor lavó los pies de los suyos, quiso perpetuar su memoria en el pan y el vino, y también les habló a los que más quería desde lo hondo de su corazón.

En esa primera noche «eucarística», en esa primera caída del sol después del gesto de servicio, Jesús abre su corazón; les entrega su testamento. Y así como en aquel cenáculo se siguieron reuniendo posteriormente los Apóstoles, algunas mujeres y María, la Madre de Jesús (cf. Hch 1,13-14), hoy también acá en este espacio nos hemos reunido nosotros a escucharlo, a escucharnos. La hermana Leidy de San José, María Isabel y el padre Juan Felipe nos han dado su testimonio. También cada uno de los que estamos aquí podríamos narrar la propia historia vocacional. Todos coincidirían en la experiencia de Jesús que sale a nuestro encuentro, que nos primerea y que de ese modo nos ha captado el corazón. Como dice el Documento de Aparecida: «Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo» (n. 29).

Muchos de ustedes, jóvenes, habrán descubierto este Jesús vivo en sus comunidades; comunidades de un fervor apostólico contagioso, que entusiasman y suscitan atracción. Donde hay vida, fervor, ganas de llevar a Cristo a los demás, surgen vocaciones genuinas; la vida fraterna y fervorosa de la comunidad es la que despierta el deseo de consagrarse enteramente a Dios y a la evangelización (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 107). Los jóvenes son naturalmente inquietos y, si bien asistimos a una crisis del compromiso y de los lazos comunitarios, son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado. Cuando lo hacen captados por Jesús, sintiéndose parte de la comunidad, se convierten en «callejeros de la fe», felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra (cf. ibíd., 107).

Esa es la vid a la que se refiere Jesús en el texto que hemos proclamado: la vid que es el «pueblo de la alianza». Profetas como Jeremías, Isaías o Ezequiel se refieren a él como una vid, hasta un salmo, el 80, canta diciendo: «Tú sacaste de Egipto una vid… le preparaste terreno, echó raíces y llenó toda la región» (vv.9-10). A veces expresan el gozo de Dios ante su vid, otras su enojo, desconcierto y despecho; jamás se desentiende de ella, nunca deja de padecer sus distancias, de salir al encuentro de este pueblo que, cuando se aleja de Él se seca, arde y se destruye.

¿Cómo es la tierra, el sustento, el soporte donde crece esta vid en Colombia? ¿En qué contextos se generan los frutos de las vocaciones de especial consagración? Seguramente en ambientes llenos de contradicciones, de claroscuros, de situaciones vinculares complejas. Nos gustaría contar con un mundo, con familias y vínculos más llanos, pero somos parte de esta crisis cultural, y en medio de ella, contando con ella, Dios sigue llamando. Sería casi evasivo pensar que todos ustedes han escuchado el llamado de Dios en medio de familias sostenidas por un amor fuerte y lleno de valores como la generosidad, el compromiso, la fidelidad o la paciencia (cf. Exhort. ap. Amoris laetitia, 5). Algunas, quiera Dios que muchas, serán así. Pero tener los pies sobre la tierra es reconocer que nuestros procesos vocacionales, el despertar del llamado de Dios, nos encuentra más cerca de aquello que ya relata la Palabra de Dios y del que tanto sabe Colombia: «Un sendero de sufrimiento y de sangre […] la violencia fratricida de Caín sobre Abel y los distintos litigios entre los hijos y entre las esposas de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob, llegando luego a las tragedias que llenan de sangre a la familia de David, hasta las múltiples dificultades familiares que surcan la narración de Tobías o la amarga confesión de Job abandonado» (ibíd., 20). Desde el comienzo ha sido así: Dios manifiesta su cercanía y su elección; Él cambia el curso de los acontecimientos al llamar a hombres y mujeres en la fragilidad de la historia personal y comunitaria. No tengamos miedo, en esa tierra compleja Dios siempre ha hecho el milagro de generar buenos racimos, como las arepas al desayuno. ¡Que no falten vocaciones en ninguna comunidad, en ninguna familia de Medellín!

Y esta vid —que es la de Jesús— tiene el atributo de ser la verdadera. Él ya utilizó este término en otras ocasiones en el Evangelio de Juan: la luz verdadera, el verdadero pan del cielo, o el testimonio verdadero. Ahora, la verdad no es algo que recibimos —como el pan o la luz— sino que brota desde adentro. Somos pueblo elegido para la verdad, y nuestro llamado tiene que ser en la verdad. No puede haber lugar, si somos sarmientos de esta vid, si nuestra vocación está injertada en Jesús, para el engaño, la doblez, las opciones mezquinas. Todos tenemos que estar atentos para que cada sarmiento sirva para lo que fue pensado: dar frutos. Desde los comienzos, a quienes les toca acompañar los procesos vocacionales, tendrán que motivar la recta intención, un deseo auténtico de configurarse con Jesús, el pastor, el amigo, el esposo. Cuando los procesos no son alimentados por esta savia verdadera que es el Espíritu de Jesús, entonces hacemos experiencia de la sequedad y Dios descubre con tristeza aquellos tallos ya muertos. Las vocaciones de especial consagración mueren cuando se quieren nutrir de honores, cuando están impulsadas por la búsqueda de una tranquilidad personal y de promoción social, cuando la motivación es «subir de categoría», apegarse a intereses materiales, que llega incluso a la torpeza del afán de lucro. Como he dicho ya en otras ocasiones, el diablo entra por el bolsillo. Esto no es privativo de los comienzos, todos nosotros tenemos que estar atentos porque la corrupción en los hombres y mujeres que están en la Iglesia empieza así, poco a poco, luego —nos lo dice Jesús mismo— se enraíza en el corazón y acaba desalojando a Dios de la propia vida. «No se puede servir a Dios y al dinero» (Mt 6,21.24), no podemos aprovecharnos de nuestra condición religiosa y de la bondad de nuestro pueblo para ser servidos y obtener beneficios materiales.

Hay situaciones, estilos y opciones que muestran los signos de sequedad y de muerte: ¡No pueden seguir entorpeciendo el fluir de la savia que alimenta y da vida! El veneno de la mentira, el ocultamiento, la manipulación y el abuso al Pueblo de Dios, a los frágiles y especialmente a los ancianos y niños no pueden tener cabida en nuestra comunidad; son ramas que decidieron secarse y que Dios nos manda cortar.

Pero Dios no sólo corta; la alegoría continúa diciendo que Dios limpia la vid de imperfecciones. La promesa es que daremos fruto, y en abundancia, como el grano de trigo, si somos capaces de entregarnos, de donar la vida libremente. Tenemos en Colombia ejemplos de que esto es posible. Pensemos en santa Laura Montoya, una religiosa admirable cuyas reliquias tenemos con nosotros y que desde esta ciudad se prodigó en una gran obra misionera en favor de los indígenas de todo el país. ¡Cuánto nos enseña la mujer consagrada de entrega silenciosa, abnegada, sin mayor interés que expresar el rostro maternal de Dios! Así mismo, podemos recordar al beato Mariano de Jesús Euse Hoyos, uno de los primeros alumnos del Seminario de Medellín, y a otros sacerdotes y religiosas de Colombia, cuyos procesos de canonización han sido introducidos; como también otros tantos, miles de colombianos anónimos que, en la sencillez de su vida cotidiana, han sabido entregarse por el Evangelio y que ustedes llevarán en su memoria y serán estímulo en su entrega. Todos nos muestran que es posible seguir fielmente la llamada del Señor, que es posible dar mucho fruto.

La buena noticia es que Él está dispuesto a limpiarnos, que no estamos terminados, que como buenos discípulos estamos en camino. ¿Cómo va cortando Jesús los factores de muerte que anidan en nuestra vida y distorsionan el llamado? Invitándonos a permanecer en Él; permanecer no significa solamente estar, sino que indica mantener una relación vital, existencial, de absoluta necesidad; es vivir y crecer en unión íntima y fecunda con Jesús, fuente de vida eterna. Permanecer en Jesús no puede ser una actitud meramente pasiva o un simple abandono sin consecuencias en la vida cotidiana y concreta. Permítanme proponerles tres modos de hacer efectivo este permanecer:

Permanecemos tocando la humanidad de Cristo:

Con la mirada y los sentimientos de Jesús, que contempla la realidad no como juez, sino como buen samaritano; que reconoce los valores del pueblo con el que camina, así como sus heridas y pecados; que descubre el sufrimiento callado y se conmueve ante las necesidades de las personas, sobre todo cuando estas se ven avasalladas por la injusticia, la pobreza indigna, la indiferencia, o por la perversa acción de la corrupción y la violencia.

Con los gestos y palabras de Jesús, que expresan amor a los cercanos y búsqueda de los alejados; ternura y firmeza en la denuncia del pecado y el anuncio del Evangelio; alegría y generosidad en la entrega y el servicio, sobre todo a los más pequeños, rechazando con fuerza la tentación de dar todo por perdido, de acomodarnos o de volvernos sólo administradores de desgracias.

Permanecemos contemplando su divinidad:

Despertando y sosteniendo la admiración por el estudio que acrecienta el conocimiento de Cristo porque, como recuerda san Agustín, no se puede amar a quien no se conoce (cf. La Trinidad, Libro X, cap. I, 3).

Privilegiando para ese conocimiento el encuentro con la Sagrada Escritura, especialmente el Evangelio, donde Cristo nos habla, nos revela su amor incondicional al Padre, nos contagia la alegría que brota de la obediencia a su voluntad y del servicio a los hermanos. Quien no conoce las Escrituras, no conoce a Jesús. Quien no ama las Escrituras, no ama a Jesús (cf. San Jerónimo, Prólogo al comentario del profeta Isaías: PL 24,17). ¡Gastemos tiempo en una lectura orante de la Palabra! En auscultar en ella qué quiere Dios para nosotros y nuestro pueblo.

Que todo nuestro estudio nos ayude a ser capaces de interpretar la realidad con los ojos de Dios, que no sea un estudio evasivo de los aconteceres de nuestro pueblo, que tampoco vaya al vaivén de modas o ideologías. Que no viva de añoranzas ni quiera encorsetar el misterio, que no quiera responder a preguntas que ya nadie se hace y dejar en el vacío existencial a aquellos que nos cuestionan desde las coordenadas de sus mundos y sus culturas.

Permanecer y contemplar su divinidad haciendo de la oración parte fundamental de nuestra vida y de nuestro servicio apostólico. La oración nos libera del lastre de la mundanidad, nos enseña a vivir de manera gozosa, a elegir alejándonos de lo superficial, en un ejercicio de auténtica libertad. Nos saca de estar centrados en nosotros mismos, escondidos en una experiencia religiosa vacía y nos lleva a ponernos con docilidad en las manos de Dios para realizar su voluntad y hacer eficaz su proyecto de salvación. Y en la oración, adorar. Aprender a adorar en silencio.

Seamos hombres y mujeres reconciliados para reconciliar. Haber sido llamados no nos da un certificado de buena conducta e impecabilidad; no estamos revestidos de una aureola de santidad. Todos somos pecadores y necesitamos del perdón y la misericordia de Dios para levantarnos cada día; Él arranca lo que no está bien y hemos hecho mal, lo echa fuera de la viña y lo quema. Nos deja limpios para poder dar fruto. Así es la fidelidad misericordiosa de Dios para con su pueblo, del que somos parte. Él nunca nos dejará tirados al costado del camino. Dios hace de todo para evitar que el pecado nos venza y cierre las puertas de nuestra vida a un futuro de esperanza y de gozo.

Finalmente, hay que permanecer en Cristo para vivir en la alegría:

Si permanecemos en Él, su alegría estará en nosotros. No seremos discípulos tristes y apóstoles amargados. Al contrario, reflejaremos y portaremos la alegría verdadera, el gozo pleno que nadie nos podrá quitar, difundiremos la esperanza de vida nueva que Cristo nos ha traído. El llamado de Dios no es una carga pesada que nos roba la alegría. Dios no nos quiere sumidos en la tristeza y el cansancio que vienen de las actividades mal vividas, sin una espiritualidad que haga feliz nuestra vida y aun nuestras fatigas. Nuestra alegría contagiosa tiene que ser el primer testimonio de la cercanía y del amor de Dios. Somos verdaderos dispensadores de la gracia de Dios cuando trasparentamos la alegría del encuentro con Él.

En el Génesis, después del diluvio, Noé planta una vid como signo del nuevo comienzo; finalizando el Éxodo, los que Moisés envió a inspeccionar la tierra prometida, volvieron con un racimo de uvas, signo de esa tierra que manaba leche y miel. Dios se ha fijado en nosotros, en nuestras comunidades y familias. El Señor ha puesto su mirada sobre Colombia: ustedes son signo de ese amor de predilección. Nos toca ofrecer todo nuestro amor y servicio unidos a Jesucristo, nuestra vid. Y ser promesa de un nuevo inicio para Colombia, que deja atrás diluvios de desencuentro y violencia, que quiere dar muchos frutos de justicia y paz, de encuentro y solidaridad. Que Dios los bendiga; que Dios bendiga la vida consagrada en Colombia. Y no se olviden de rezar por mí.