Loiola XXI

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El Papa a los Benedictinos.

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Papa a Benedictinos: ”compartir los dones de Dios con los demás”

El Papa Francisco se encuentra con los monjes de la Confederación Benedictina con ocasión de 125 aniversario de la fundación.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

La “relevante contribución” que los Benedictinos han aportado en cada parte del mundo por casi 1.500 años a la vida de la Iglesia ha sido la primera cosa que el Papa Francisco ha querido considerar en su discurso a los monjes.

Una contribución que tiene su origen en 1893 cuando el Papa León XIII quiso unir a todos los Benedictinos fundando una casa común de estudio y oración en Roma; “una inspiración que ha llevado a los monjes benedictinos de todo el mundo a vivir un espíritu más profundo de comunión con la Sede de Pedro y entre ellos” aseguró el Papa.

“La espiritualidad benedictina – continuó – es conocida por su lema: Ora et labora et lege, es decir: Oración, trabajo, estudio” y afirmó que la oración “genera en nuestros corazones, dispuestos a recibir los dones sorprendentes que Dios está siempre dispuesto a darnos, un espíritu de renovado fervor” que nos lleva, a través de nuestro trabajo cotidiano, “a compartir los dones de la sabiduría de Dios con los demás”.  Y “con los demás” el Papa Francisco se refirió a “la comunidad, a aquellos que van a Monasterio para la búsqueda de Dios, y a aquellos que estudian en sus colegios, escuelas y universidades”.

Francisco también resaltó “el anuncio y la sorpresa”, “la respuesta inmediata” y “el corazón dispuesto a recibir los dones de Dios” como algunos de los aspectos que caracterizan la vida diaria benedictina.

San Benito y el discernimiento espiritual

“San Benito fue una estrella luminosa en su tiempo” – dijo el Santo Padre – “porque siempre supo discernir entre lo esencial y lo secundario en la vida espiritual, poniendo firmemente al Señor al centro”. Un ejemplo con el que alentó a los monjes benedictinos, como hijos de Dios, a que en nuestro tiempo “practiquen el discernimiento para reconocer aquello que proviene del Espíritu Santo y aquello que proviene del espíritu del mundo o del diablo”, porque – tal y como escribe en su nueva Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate – “sin la sabiduría del discernimiento, podemos transformarnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento”.

La belleza del silencio

El Papa también recordó que vivimos en una época en la que las personas están tan ocupadas “que no tienen tiempo suficiente para escuchar la voz de Dios”. Y en este contexto actual, “vuestros monasterios y vuestros conventos – aseguró el Papa – se vuelven como Oasis, donde cada hombre y mujer de cualquier edad y procedencia, cultura y religión, pueden descubrir la belleza del silencio y encontrarse a ellos mismos, en armonía con el Creador”.

El fuerte compromiso ecuménico e interreligioso

Los Benedictinos siempre han sido reconocimos por su compromiso ecuménico y de diálogo interreligioso y Francisco no desaprovechó este encuentro para animarles a “continuar con esta obra importante para la Iglesia y para el mundo”.

El servicio educativo y de formación

También un discurso en el que el Papa les agradeció por “su servicio” en el campo educativo y formativo, que desarrollan “aquí en Roma – afirmó – y en tantas otras partes del mundo”, exhortándoles a dar a los estudiantes, junto con las necesarias nociones y conocimientos “los instrumentos para que puedan crecer en la sabiduría que los impulsa a buscar continuamente a Dios en sus vidas” – esa misma sabiduría continuó – “que los llevará a practicar el entendimiento mutuo, porque todos somos hijos de Dios, hermanos y hermanas, en este mundo que tiene tanta sed de paz”.

Antes de concluir, deseó que esta celebración del Jubileo para el aniversario de la fundación de la Confederación Benedictina “sea una oportunidad fructífera para reflexionar sobre la búsqueda de Dios y su sabiduría, y sobre cómo transmitir su riqueza perenne de manera más efectiva a las generaciones futuras”.

Escucha el servicio con voz de Papa Francisco
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Una religiosa responsable para los institutos de vida consagrada

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El Papa nombra a una religiosa jefe de la Congregación para los Institutos de vida consagrada El Papa nombra a una religiosa jefe de la Congregación para los Institutos de vida consagrada   (AFP or licensors)

El Papa nombra a una religiosa jefe de la Congregación para la vida consagrada

La Oficina de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica sera dirigida por la Hermana Annunziata Remossi

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

La Reverenda Hermana Annunziata Remossi, perteneciente al Instituto Religioso “Hermanas Oblatas de la Virgen María de Fátima” (O.M.V.F.) es la nueva jefa de la Oficina de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.

Un nombramiento llevado a cabo por el Papa Francisco y con el que aboga, una vez más, por la importancia del papel de la mujer dentro de la Iglesia.

Se trata del Dicasterio que se ocupa del régimen, la disciplina, los derechos y privilegios de los institutos de vida consagrada (órdenes y congregaciones religiosas, tanto masculinas como femeninas, e institutos seculares). Además, la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica es también competente a lo concerniente a la vida eremita, las vírgenes consagradas, y las asociaciones y nuevas formas de vida consagrada.

Es importante puntualizar que tiene una competencia de carácter personal, y no posee límites territoriales, extendiéndose a todos los aspectos de la vida consagrada: vida cristiana, vida religiosa y vida clerical.

 


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Entrevista con el General de la Compañía de Jesús, sobre el jesuita Bergoglio

60 años de Vida religiosa del Papa Francisco. Entrevista al P. Arturo Sosa Abascal

El Superior General de los Jesuitas, en entrevista con Vatican News

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

El 13 de marzo de 2018 se cumplen cinco años de la elección del primer Papa jesuita, del primer Papa proveniente de América Latina, del primer pontífice que no es nativo de Europa, Oriente Medio o Norte de África. Sesenta años atrás, Jorge Mario Bergoglio entraba en la Compañía de Jesús, el 11 marzo de 1958.

¿Cómo era la Compañía en los años jóvenes de Bergoglio? El padre Arturo Sosa Abascal, XXXI Superior General de los Jesuitas, elegido en 2016, responde a esta y a otras preguntas en esta entrevista para Vatican News.

R. Es una pregunta difícil para mí porque era un niño de diez años en ese momento, pero estaba estudiando en un Colegio de la Compañía en Caracas, Venezuela. Era un momento de esperanza hacia el Concilio: el Concilio estaba preparándose, era la etapa previa. Era una Compañía de Jesús al estilo de lo que se formó con la restauración en el siglo XIX. Sin embargo, surgían algunos elementos importantes que luego florecen con el Concilio. En concreto, en Europa surge una reflexión teológica profunda, con otra perspectiva, más abierta a los cambios que se veían en el medioambiente. En América Latina se empezaba a hablar de crear centros de acción e investigación social. El padre Janssens invitó a todas las provincias latinoamericanas a crear centros de reflexión, investigación y acción social, y se destinó a muchos jóvenes jesuitas al estudio de las ciencias sociales. Empieza la apertura hacia lo que hemos llamado luego la inculturación, en India, en África, en Asia. La Compañía empieza a tener interés en echar raíces en cada cultura. Es un momento en que por fuera no se ven muchos cambios, pero sí hay esfuerzos para ir buscando la manera de enfrentar un mundo que se veía cada vez más complicado. Esa fue la etapa del padre Bergoglio. Se ordena durante el Concilio Vaticano II con la elección del padre Arrupe. Su vida apostólica inicia precisamente cuando todo esto eso sale hacia afuera y está dando frutos. En América Latina el Concilio fue una explosión de esperanza y la Iglesia sintió un viento fuerte que llevó a buscar nuevas vías para vivir la vida cristiana, y llevó a estar más comprometidos con la suerte de los pueblos. Era un periodo en que América Latina estaba buscando nuevas vías de desarrollo; era un momento muy entusiasmante para los jóvenes jesuitas de esa época, y para los que estaban alrededor de la Compañía de Jesús en ese momento.

P. De más de 35 mil miembros en los años sesenta, a cerca de la mitad en nuestros días. Padre Arturo Sosa Abascal ¿por qué?

R. Es una pregunta también difícil porque no se puede dar “una” respuesta. Suelo decir que la Compañía de Jesús desde sus orígenes no está preocupada por los números sino por la calidad. Ojalá fuéramos muchos, pero la mentalidad no es la de buscar gente. Estamos preocupados por mantener la calidad de los jesuitas que deciden permanecer en la SI. La Compañía nació con diez, después creció, fue suprimida, después volvió a crecer, todo en circunstancias muy distintas. Además los crecimientos y decrecimientos han sido geográficamente muy disparejos, no es el mismo fenómeno en todas partes. Hoy ciertamente somos menos y seremos menos en los próximos años por razones puramente demográficas. Pero esa demografía indica también otras cosas: por ejemplo, la disminución muy fuerte es en Europa y EE.UU y el crecimiento muy fuerte en África, Asia meridional y pacífico. Esto porque Europa ha vivido un proceso muy complejo de secularización, lo que tiene un efecto, y ha vivido también un proceso demográfico muy distinto, es decir, hoy son muchos menos los jóvenes en Europa de los que había hace cincuenta años, lo que hace que incluso las universidades se planteen si pueden seguir o no. Lo mismo podemos decir de los EE.UU. En cambio la demografía en América Latina o África o Asia es distinta: son continentes predominantemente jóvenes, con la diferencia de que los católicos son minorías, es decir, son muchos elementos. Por otra parte, diría que si nosotros tomáramos las obras apostólicas que la Compañía de Jesús tenía bajo su responsabilidad cuando eran 35 mil jesuitas, y cuántas tenemos ahora, son más ahora que antes, porque hemos aprendido a colaborar. Hemos aprendido a que nosotros no podemos hacer las cosas solos: ni podemos ni queremos hacerlas solos; y aprendimos que la Compañía vive porque es capaz de generar otras dinámicas, y que es posible, en vez de tener un colegio con treinta o cuarenta jesuitas, tener una red con veinte colegios y tienes los mismos 30 jesuitas, con otras muchas otras personas que participan en la misma misión: es otro estilo. En eso también suelo repetir que ésta es la Compañía De Jesús, es decir que quien se va a ocupar de esto, es el Señor Jesús.

P. Papa Francisco en la investidura de Sumo Pontífice: ¿ha colmado las expectativas de la Compañía?

R. No nos toca a nosotros juzgar a un Papa, yo diría que habría preguntarle al Papa Francisco, si la Compañía ha colmado las expectativas del Papa. La Compañía de Jesús nació para ponerse al servicio de la Iglesia a través de lo que el Papa considera que son los puntos en los que la Compañía puede ayudar mejor con la misión de la Iglesia. Ciertamente hemos querido hacer un esfuerzo para apoyar a este Papa como lo hicimos con los anteriores, desde el Concilio Vaticano II que es ese punto de referencia tan importante para nosotros, pues con el Papa Pablo VI hubo una estrechísima colaboración. Papa Pablo VI en concreto pidió a la Compañía trabajar en el tema de la secularización, de la expansión cultural y en el enraizamiento en otras culturas. Igual, en el largo pontificado de Juan Pablo II, la compañía estuvo tratando de ayudar lo más posible a lo que fue esa visión más misionera que Juan Pablo II quiso tener en la Iglesia, y, por supuesto, con el Papa Francisco nos sentimos llamados a apoyar esa línea con la que ha insistido tanto, que está muy en el corazón de los jesuitas, que es el tema del discernimiento. Ha insistido en que la Iglesia debe ser capaz de discernir cómo Dios actúa en la historia y cómo nosotros podemos acompañar a ese proceso. Nos lo dijo en la Congregación General, ojalá que podamos contribuir con que la Iglesia sea una Iglesia con mayor capacidad de discernimiento, más sinodal, más capaz de buscar las orientaciones de hoy, con mayor integración de la Iglesia en ese proceso.

P. ¿En qué se hace evidente que estamos ante un Papa Jesuita?

R. Este tema es clave: creo que el Papa se caracteriza por esa libertad que hace posible el discernimiento, que son elementos medulares de la espiritualidad ignaciana que los jesuitas tratamos de vivir. Su insistencia en la oración, en el estar realmente cerca de la persona de Jesús, que no es sólo de los jesuitas, también de todo cristiano, pero hay un modo de hacerlo muy específico que marca a la Compañía en su formación. También su extraordinaria sensibilidad social: el Papa tiene una sensibilidad social que le sale por los poros, algo que fue desarrollado por la Compañía desde los inicios, sobre todo tras el Concilio, con esa vinculación entre la promoción de la fe y la lucha por la justicia social, el diálogo con todas las culturas, la apertura al mundo. El Papa se caracteriza por ser una de la pocas figuras mundiales que de verdad está pendiente del mundo en un sentido muy amplio y que toma en consideración sobre todo la gente y los pueblos que más están sufriendo, y el sufrimiento del planeta. Creo que en el haber tomado esa línea – que a nadie le gusta – en defensa de la naturaleza y biodiversidad del planeta, se muestra una persona que ha estado en lo que la Compañía ha tratado de hacer en los últimos cincuenta años.

P. El Santo Padre en sus viajes apostólicos reserva usualmente un espacio para encontrarse con sus hermanos miembros de la Compañía de Jesús: ¿aún hoy hay un vínculo especial?

R. Esta entrevista es con ocasión de recordar los sesenta años de su entrada al noviciado y eso crea un vínculo que aunque él tiene bastante tiempo de obispo y ahora de Papa, no se pierde. Ese aire de familia está allí y nos hace bien a todos. A él, las veces que lo he encontrado con grupos de jesuitas, se le nota que le gusta sentirse en medio a los hermanos jesuitas. Y para nosotros también es una bendición tener un hermano que está cumpliendo esta función tan importante en la Iglesia, que no es nada fácil en este momento de la historia y mucho menos como la ha enfrentado el Papa Francisco. Es una manera de reconocer que existe un vínculo y una manera de decirnos mutuamente que contamos unos con otros. Lo disfrutamos, pues, cuando uno se reúne con la familia siempre es muy sabroso.


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Nigeria: Reacción de las religiosas ante la violencia en el País.

Nigeria; las monjas contra la violencia

Iniciativa de oración y de acción de la Conferencia de las Religiosas. Es alarmante el conflicto entre pastores y campesinos. Habla sor Bibiana Emenaha
REUTERS

Nigeria; las monjas contra la violencia

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Pubblicato il 07/03/2018
LUCA ATTANASIO
ROMA

Atrapada entre el terrorismo de Boko Haram, un conflicto entre pastores y campesinos latente en diferentes zonas del país y que está cobrando muchísimas vidas, y el crónico fenómeno del tráfico de seres humanos (con secuestros y violencias generalizadas), Nigeria corre el peligro de ser englutida por una vorágine de dramáticas características. La Conferencia nacional de las Religiosas (NCWR), alarmada desde hace ya tiempo por la situación, decidió pasar a la acción.

 

En ocasión del pasado Miércoles de Ceniza, el 14 de febrero, las monjas católicas nigerianas, apoyadas por Africa Faith & Justice Network (AFJN), una red de organismos de ambientes católicos que favorece proyectos de apoyo y cooperación entre Estados Unidos y África, han organizado una Jornada Nacional de Oración y Ayuno en todo el país y, en diferentes ciudades (en Abuya, por ejemplo, la manifestación se llevó a cabo en una de las plazas principales), han desfilado pacíficamente reuniendo a centenares de personas. Desde entonces, siguen llamando a las autoridades gubernamentales a que se comprometan en la activación de canales de reconciliación y pacificación, y a no bajar la guardia ante tantas manifestaciones de la violencia.

 

La iniciativa, que ha tenido un eco amplio, nació de la extrema «preocupación por los enfrentamientos violentos de las comunidades, que han aumentado, en particular entre agricultores y pastores, debido a los asesinatos sin sentido y la destrucción desenfrenada de vidas humanas, por los secuestros que no cesan y la violencia contra las mujeres y chicas».

 

El que parece ser más alarmante en este momento es el conflicto entre las comunidades de ganaderos y las que se dedican a la cultivación. La llamada “guerra por la tierra” daña a todo el país desde hace ya varios años. Las dos etnias étnicamente en conflicto son los Fulanos (pastores) y los Tiv (campesinos), y el principal escenario de sus disputas es el estado de Benue. Pero desgraciadamente no son los únicos grupos étnicos en conflicto y hay varias zonas afectadas por esta situación (Nasarawa, Kaduna, Taraba y Plateau son otras zonas afectadas), que se ha agravado dramáticamente con el permanente estado de sequía que se vive en grandes áreas del país. El elevado costo, durante 2017, fue de más de 3000 muertos y alrededor de 65.000 desplazados y refugiados.

 

Según algunos expertos, se está yendo gradualmente hacia una «somalización» de algunas áreas. «El círculo vicioso provocado por ataques y contraataques –declaró Oshita Oshita, director general del Institute for Peace and Conflict Resolution (IPCR)– podría llevar, en poco tiempo, a un verdadero conflicto».

 

Sor Bibiana Emenaha, coordinadora del Comité para el Apoyo a la Dignidad de la Mujer (COSUDOW), una de las realidades que organizaron la manifestación pacífica, indicó durante una conversación con Vatican Insider desde Benin City cuál fue el origen de la marcha y explicó cuál es la situación actual en el país.

 

«Las noticias de asesinatos, masacres, secuestros, saqueos de aldeas, tráfico de seres humanos y las acciones de Boko Haram continúan a un ritmo impresionante y, en los últimos tiempos, han registrado un aumento. Por ello, la NCWR decidió salir a la calle y, además de pedir el apoyo de Dios, reunir a las mujeres y hombres de buena voluntad para detener este estado alarmante. Estamos convencidas de que Dios escucha el grito de sus hijos, que se dirigen a él desesperados».

 

Las religiosas nigerianas desde hace varios años están en primera línea en la lucha contra el tráfico de seres humanos y la violencia. ¿Cuáles son las últimas acciones que han llevado a cabo?

 

La Conferencia de las Religiosas ha emprendido una larga serie de iniciativas para encontrar una solución a todos estos problemas. Cito uno de mi ciudad, Benin City (uno de los centros más tristemente famosos en todo el mundo debido a la explotación de la prostitución y la esclavitud, ndr.), en donde abrimos un refugio para rehabilitar e reinsertar a las chicas que se han visto afectadas por el tráfico de seres humanos, que han sido repatriadas después de haber sido vendidas y enviadas a Europa, a los estados que son los principales explotadores de la esclavitud moderna. La NCWR, mediante la organización que yo coordino, la COSUDOW, siempre ha estado activa en la lucha contra el narcotráfico, en el apoyo legal y psicológico a las víctimas y en la formación.

 

Pero nosotras organizamos constantemente campañas para la sensibilización de todos sobre los peligros de este dramático fenómeno: tenemos programas activos en las escuelas, en las iglesias, en los mercados, en las localidades, por la radio y la televisión, pero también metiéndonos en contacto con las familias de las chicas y de los chicos involucrados en el tráfico de personas y ofreciendo apoyo para que vuelvan al propio contexto. Hay que decir que la Iglesia católica apoya nuestro trabajo, por ejemplo con becas para las chicas que vuelven y animando a los sacerdotes para que hablen en contra de la explotación o en contra de la violencia en sus homilías. La COSUDOW, desde 1999, año de su nacimiento, ha logrado reintegrar a 380 personas.

 

Entre las víctimas de la violencia también hay muchas religiosas que han sido secuestradas; otras están en constante peligro debido a los conflictos entre pastores y campesinos, o por las amenazas constantes de Boko Haram. ¿Qué es lo que piden ustedes a las autoridades gubernamentales?

 

Antes que nada, pedimos mayor seguridad y protección de la vida y de las propiedades. Y luego, creemos que se tiene que hacer cualquier esfuerzo para crear oportunidades de trabajo para los jóvenes, con tal de evitar que sean explotados para poder sobrevivir. Mientras tanto, pedimos que se favorezca un sistema de educación que funcione mejor y que permita a los ciudadanos ser más conscientes sobre el futuro y sobre los riesgos, además de ayudarles a ser capaces para afrontar los desafíos sin recurrir a la violencia o a la explotación. Pero lo antes posible se debe activar todo esfuerzo que pretenda frenar el derramamiento de sangre.

 

 

La iniciativa ha tenido un carácter multirreligioso, pues se unieron musulmanes y miembros de otras confesiones religiosas. ¿Ustedes creen que la lucha en contra de la violencia es un terreno fértil para el diálogo?

 

Completamente. Hemos marchado por la paz junto a nuestros hermanos musulmanes y de otras confesiones cristianas, y estamos en primera línea con ellos cotidianamente en la lucha contra la violencia. Durante todo el año organizamos seminarios, encuentros y conferencias en las que participan mujeres de otras religiones y confesiones, y su presencia representa un valor añadido para llegar a los resultados que nos hemos planteado.


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La vida consagrada hoy. Entrevista con Mons. Catalá.

Mons. Jesús Catalá Ibañez, Obispo de Málaga.Mons. Jesús Catalá Ibañez, Obispo de Málaga. 

Diálogo con Mons. Catalá: Desafíos y riquezas de la Vida Consagrada

Entrevista al presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, en el marco de la jornada mundial de los consagrados 2018.

Sofía Lobos- Ciudad del Vaticano

“La vida Consagrada, encuentro con el Amor de Dios”, es el lema de esta 22° jornada mundial de la vida consagrada que se celebra el 2 de febrero, fiesta litúrgica de la Presentación del Señor, y que este año se presenta como una “nueva ocasión para entrar en lo más íntimo de uno mismo”; con la invitación a profundizar sobre qué es lo esencial en esta vocación de entrega al servicio de la Iglesia y del prójimo, basada en una profunda relación de amor con Cristo.

En este contexto, entrevistamos a Monseñor Jesús Catalá Ibáñez, Obispo de la Diócesis de Málaga y Presidente de la Comisión para la Vida Consagrada en España, quien nos habla sobre los desafíos y las riquezas de la vida consagrada.

En alusión al lema de esta jornada 2018, ¿qué es lo esencial en la vida de un consagrado para poder vivir verdaderamente en un permanente encuentro con el amor de Dios?

“Lo más importante es la unión con Jesús. Lo esencial es vivir como Él y tener un encuentro con Él desde la obediencia, la pobreza y la virginidad, que es lo que caracteriza a las personas de especial consagración”, explica Mons. Catalá, haciendo hincapié en que todo encuentro con el Señor es importante para los fieles, tal y como sucedía en los tiempos de Jesús narrados en los Evangelios, donde se ve cómo esos encuentros transforman la vida de todo aquel que experimentaba el amor de Dios, a través de la figura de su Hijo. “Un encuentro, que no sólo cambia a quien lo vive sino que a su vez, lo capacita para amar a los demás”.

“ El encuentro con Jesús transforma y cambia la vida de uno para siempre ”

Como presidente de la Comisión Episcopal para la vida consagrada, ¿cuáles cree que son los principales desafíos a los que se enfrentan los consagrados en el mundo moderno de hoy, tan lleno de distracciones?

Los desafíos son en principio, los mismos a los que se enfrentan todos los cristianos, porque vivimos en la misma sociedad y existen los mismos retos.

Una sociedad que de alguna manera, se aleja de Dios, en la que hombre quiere autoerigirse en independiente y autónomo de su Creador, reflejada un poco en esa secularización que existe en varios ámbitos y que al mismo tiempo es un gran desafío para todo cristiano. En cuanto a los consagrados, es una realidad, el hecho de que deben afrontar estos desafíos con una mayor claridad y dureza, si cabe, porque todo el sentido de su vida depende de esa consagración.

En su experiencia como Obispo de la Diócesis de Málaga, ¿ha podido experimentar la presencia de una crisis en las vocaciones religiosas y también en las vocaciones de vida consagrada?

En este punto, Mons. Catalá responde haciendo una importante distinción sobre esta cuestión, ya que no considera la palabra “crisis” como la más adecuada para describir la situación actual de la vida religiosa: “Es cierto que hay un descenso entre las personas que quieren dedicarse al Señor en la Vida Consagrada, es cierto que muchas congregaciones se están haciendo mayores… pero eso no expresa una crisis de vocaciones. El Señor sigue llamando, quizás falta la respuesta de muchos que no quieren oír esa llamada, o los afanes del mundo se lo impiden”, explica el prelado.

“ No hay crisis en la vida consagrada porque el Señor sigue llamando… hay crisis de respuestas a esa llamada ”

“Por tanto, la vida consagrada no está en crisis. La vida consagrada es una respuesta al Señor a vivir más cerca de Él, de una manera profunda y hay mucha gente que vive esa respuesta de manera plena. Por ello yo distinguiría entre una disminución de quienes responden a la llamada de Dios, porque no hay crisis de llamadas sino crisis de respuestas”.

Y haciendo esta distinción, ¿qué mensaje dejaría a los cristianos, especialmente a los jóvenes que se plantean la vocación a la vida consagrada, para contrarrestar de algún modo esa “crisis de respuestas” a la que usted hace referencia?

Animaría a todos los jóvenes, y no tan jóvenes porque el Señor llama a cualquier edad; les diría que primero se pongan delante del Señor, que lo escuchen, lean su Palabra, recen y tengan un encuentro personal con Él. No cabe la posibilidad de dar una respuesta si no hay un encuentro personal con Jesús. Hay que acercarse a Él, ponerse de rodillas ante Él, alabarle y preguntarle… Señor… ¿tú qué quieres de mí?

Nuestra entrevista finaliza hablando sobre la riqueza espiritual concreta que aportan los consagrados al modelo de “Iglesia en salida” que propone el Papa Francisco.

“ Ojalá las personas pudieran abrir los ojos y ver la enorme riqueza que existe en la vida consagrada ”

 

Una riqueza que el presidente de la Comisión para la Vida Consagrada define como fundamental, no sólo para la Iglesia sino para todo el mundo, ya que los consagrados  “ayudan, atienden y acompañan de modo especial a los más excluidos y desfavorecidos de la sociedad”; una riqueza, que a menudo, pasa desapercibida para los demás: “Ojalá las personas pudieran abrir los ojos y ver la enorme riqueza que existe en la vida consagrada”, concluye Mons. Catalá.

Escuche la entrevista a Mons. Jesús Catalá Ibáñez

 


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febrero 2: día de las vidas consagradas. Homilía del Papa

FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR
XXII JORNADA MUNDIAL DE LA VIDA CONSAGRADA

CONCELEBRACIÓN EUCARÍSTICA PARA LOS CONSAGRADOS

HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO

Basílica Vaticana
Viernes, 2 de febrero de 2018

[Multimedia]


 

Cuarenta días después de Navidad celebramos al Señor que, entrando en el templo, va al encuentro de su pueblo. En el Oriente cristiano, a esta fiesta se la llama precisamente la «Fiesta del encuentro»: es el encuentro entre el Niño Dios, que trae novedad, y la humanidad que espera, representada por los ancianos en el templo.

En el templo sucede también otro encuentro, el de dos parejas: por una parte, los jóvenes María y José, por otra, los ancianos Simeón y Ana. Los ancianos reciben de los jóvenes, y los jóvenes de los ancianos. María y José encuentran en el templo las raíces del pueblo, y esto es importante, porque la promesa de Dios no se realiza individualmente y de una sola vez, sino juntos y a lo largo de la historia. Y encuentran también las raíces de la fe, porque la fe no es una noción que se aprende en un libro, sino el arte de vivir con Dios, que se consigue por la experiencia de quien nos ha precedido en el camino. Así los dos jóvenes, encontrándose con los ancianos, se encuentran a sí mismos. Y los dos ancianos, hacia el final de sus días, reciben a Jesús, que es el sentido a sus vidas. En este episodio se cumple así la profecía de Joel: «Vuestros hijos e hijas profetizarán, vuestros ancianos tendrán sueños y visiones» (3,1). En ese encuentro los jóvenes descubren su misión y los ancianos realizan sus sueños. Y todo esto porque en el centro del encuentro está Jesús.

Mirémonos a nosotros, queridos hermanos y hermanas consagrados. Todo comenzó gracias al encuentro con el Señor. De un encuentro y de una llamada nació el camino de la consagración. Es necesario hacer memoria de ello. Y si recordamos bien veremos que en ese encuentro no estábamos solos con Jesús: estaba también el pueblo de Dios —la Iglesia—, jóvenes y ancianos, como en el Evangelio. Allí hay un detalle interesante: mientras los jóvenes María y José observan fielmente las prescripciones de la Ley —el Evangelio lo dice cuatro veces—, y no hablan nunca, los ancianos Simeón y Ana acuden y profetizan. Parece que debería ser al contrario: en general, los jóvenes son quienes hablan con ímpetu del futuro, mientras los ancianos custodian el pasado. En el Evangelio sucede lo contrario, porque cuando uno se encuentra en el Señor no tardan en llegar las sorpresas de Dios. Para dejar que sucedan en la vida consagrada es bueno recordar que no se puede renovar el encuentro con el Señor sin el otro: nunca dejar atrás, nunca hacer descartes generacionales, sino acompañarse cada día, con el Señor en el centro. Porque si los jóvenes están llamados a abrir nuevas puertas, los ancianos tienen las llaves. Y la juventud de un instituto está en ir a las raíces, escuchando a los ancianos. No hay futuro sin este encuentro entre ancianos y jóvenes; no hay crecimiento sin raíces y no hay florecimiento sin brotes nuevos. Nunca profecía sin memoria, nunca memoria sin profecía; y, siempre encontrarse.

La vida frenética de hoy lleva a cerrar muchas puertas al encuentro, a menudo por el miedo al otro —las puertas de los centros comerciales y las conexiones de red permanecen siempre abiertas—. Que no sea así en la vida consagrada: el hermano y la hermana que Dios me da son parte de mi historia, son dones que hay que custodiar. No vaya a suceder que miremos más la pantalla del teléfono que los ojos del hermano, o que nos fijemos más en nuestros programas que en el Señor. Porque cuando se ponen en el centro los proyectos, las técnicas y las estructuras, la vida consagrada deja de atraer y ya no comunica; no florece porque olvida «lo que tiene sepultado», es decir, las raíces.

La vida consagrada nace y renace del encuentro con Jesús tal como es: pobre, casto y obediente. Se mueve por una doble vía: por un lado, la iniciativa amorosa de Dios, de la que todo comienza y a la que siempre debemos regresar; por otro lado, nuestra respuesta, que es de amor verdadero cuando se da sin peros ni excusas, y cuando imita a Jesús pobre, casto y obediente. Así, mientras la vida del mundo trata de acumular, la vida consagrada deja las riquezas que son pasajeras para abrazar a Aquel que permanece. La vida del mundo persigue los placeres y los deseos del yo, la vida consagrada libera el afecto de toda posesión para amar completamente a Dios y a los demás. La vida del mundo se empecina en hacer lo que quiere, la vida consagrada elige la obediencia humilde como la libertad más grande. Y mientras la vida del mundo deja pronto con las manos y el corazón vacíos, la vida según Jesús colma de paz hasta el final, como en el Evangelio, en el que los ancianos llegan felices al ocaso de la vida, con el Señor en sus manos y la alegría en el corazón.

Cuánto bien nos hace, como Simeón, tener al Señor «en brazos» (Lc 2,28). No sólo en la cabeza y en el corazón, sino en las manos, en todo lo que hacemos: en la oración, en el trabajo, en la comida, al teléfono, en la escuela, con los pobres, en todas partes. Tener al Señor en las manos es el antídoto contra el misticismo aislado y el activismo desenfrenado, porque el encuentro real con Jesús endereza tanto al devoto sentimental como al frenético factótum. Vivir el encuentro con Jesús es también el remedio para la parálisis de la normalidad, es abrirse a la cotidiana agitación de la gracia. Dejarse encontrar por Jesús, ayudar a encontrar a Jesús: este es el secreto para mantener viva la llama de la vida espiritual. Es la manera de escapar a una vida asfixiada, dominada por los lamentos, la amargura y las inevitables decepciones. Encontrarse en Jesús como hermanos y hermanas, jóvenes y ancianos, para superar la retórica estéril de los «viejos tiempos pasados» —esa nostalgia que mata el alma—, para acabar con el «aquí no hay nada bueno». Si Jesús y los hermanos se encuentran todos los días, el corazón no se polariza en el pasado o el futuro, sino que vive el hoy de Dios en paz con todos.

Al final de los Evangelios hay otro encuentro con Jesús que puede ayudar a la vida consagrada: el de las mujeres en el sepulcro. Fueron a encontrar a un muerto, su viaje parecía inútil. También vosotros vais por el mundo a contracorriente: la vida del mundo rechaza fácilmente la pobreza, la castidad y la obediencia. Pero, al igual que aquellas mujeres, vais adelante, a pesar de la preocupación por las piedras pesadas que hay que remover (cf. Mc 16,3). Y al igual que aquellas mujeres, las primeras que encontraron al Señor resucitado y vivo, os abrazáis a Él (cf. Mt 28,9) y lo anunciáis inmediatamente a los hermanos, con los ojos que brillan de alegría (cf. v. 8). Sois por tanto el amanecer perenne de la Iglesia: vosotros, consagrados y consagradas, sois el alba perenne de la Iglesia. Os deseo que reavivéis hoy mismo el encuentro con Jesús, caminando juntos hacia Él; y así se iluminarán vuestros ojos y se fortalecerán vuestros pasos.


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El Papa presidirá el 2 de febrero la jornada mundial de la vida consagrada.

El Papa Francisco presidirá celebraciones de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada

Redacción ACI Prensa

 

El Papa Francisco. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

El Papa Francisco. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

 

El Papa Francisco celebrará el próximo 2 de febrero en la Basílica de San Pedro en el Vaticano la Misa con motivo de la 32° Jornada Mundial de la Vida Consagrada.

La Jornada, organizada por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, tendrá como motivo central unas palabras del propio Pontífice: “La vocación es un regalo que hemos recibido del Señor, el cual ha puesto su mirada sobre nosotros y nos ha amado llamándonos a seguirlo en la vida consagrada”.

En un comunicado de prensa difundido por la Congregación, se señala que “son miles de consagrados y consagradas en todo el mundo que acogen el don de la vocación con alegría y disponibilidad mediante múltiples carismas, que en sus vidas buscan el rostro de Dios, esforzándose para construir la paz y la fraternidad a pesar de las dificultades”.

El texto indica también que “celebrar la Jornada Mundial de la Vida Consagrada es ocasión de fiesta, de compromiso y de solicitud al Señor por el don de las nuevas vocaciones que renuevan el rostro de la Iglesia y del mundo, que anuncian la alegría del Evangelio y el amor de Dios que da sentido a la existencia”.