Loiola XXI

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El desastre humanitario de Guda Oriental (Siria) y la responsabilidad de la ONU

La vida de millones de personas en Siria depende de que el Consejo de Seguridad actúe

UNICEF/Almohibany
Un niño en Guta Oriental, fuera de Damasco, en Siria.

22 Febrero 2018

El coordinador Asuntos Humanitarios aseguró al órgano de la ONU encargado de mantener la paz y la seguridad mundial que la tragedia que se está desarrollando en Guta Oriental podía haberse evitado.

En su intervención, Mark Lowcock explicó que la Oficina del enviado especial para Siria ha estado recibiendo en las últimas 24 horas miles de mensajes de socorro a través de aplicaciones móviles y leyó en voz alta varios de ellos.

“No queremos la guerra, no queremos la guerra, no queremos la guerra. ¿Pueden oír nuestros mensajes, nuestras voces, nuestros miedos? Nuestra situación es trágica. Nuestros sótanos no son seguros y no tenemos bienes de primera necesidad. Ayúdenos, ayúdenos. En lugar de decir nunca más, el mundo está diciendo una más”, se escuchaba en uno de los mensajes, dijo Lowcock.

A continuación, el coordinador recordó que, bajo el derecho internacional, los Estados Miembros de la ONU están obligados a cumplir las leyes del derecho humanitario y añadió: “no son favores que deben comerciarse en un juego de muerte y destrucción”.

Después, desglosó las cifras que reflejan la intensificación de los bombardeos aéreos y de mortero en los cuatro últimos días. Trescientas personas han muerto en veintitrés ataques y, en un solo día, el 21 de febrero, se denunciaron siete ataques a centros médicos.

“Todos ustedes conocen las estadísticas de este conflicto. Todos ustedes saben que la mitad de la población de siria ha huido del país o se ha desplazado internamente. Esta gente lo ha perdido todo”, explicó antes de añadir: “Guta Oriental es un ejemplo de un desastre humanitario conocido, predecible y prevenible que se están desarrollando ante nuestros ojos”.

También recordó las palabras que el Secretario General, António Guterres, pronunció este miércoles ante ese Consejo de Seguridad sobre los cuatrocientos mil habitantes de Guta que están viviendo “el infierno en la tierra”, así como el comunicado en blanco que emitió UNICEF para mostrar que se ha quedado sin palabras para describir los actos de barbarie que se comenten en este barrio de Damasco.

“Todavía pueden salvar vidas en Guta Oriental y en otras partes de Siria. Les insto a que lo hagan. Millones de niños, mujeres y hombres maltratados y asediados dependen de que el Consejo de Seguridad actúe”, concluyó.

Tras las palabras de Lowcock, intervinieron los embajadores de los quince países que componen el Consejo y el embajador de Siria, que explicaron las posiciones de sus países, tras lo cual se suspendió la sesión.

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El admirable pueblo haitiano. Comentario.

HAITÍ A OCHO AÑOS DEL TERREMOTO QUE DEVASTÓ LA ISLA. Entre un corazón que no se rinde y una resistencia a toda prueba

“No puedo hablar”

“No puedo hablar”

Jean Dominique -se dice que es el mejor periodista haitiano de todos los tiempos- solía decir que el haitiano se expresa más con signos que con palabras. El haitiano habla realmente poco cuando habla (valga la redundancia): más bien gesticula, ríe a carcajadas, grita, hace mímica, toca a su(s) interlocutor(es) y, a veces, camina, corre, salta, se acurruca. Es como si la palabra quisiera no sólo articular, decir y comunicarse (es decir, salir simplemente de la boca como una voz que vehicula significados), sino también escenificar, teatralizar, “dramatizar”, re-crear el contexto, la vida, la historia, el mundo. La conversación espontánea entre los haitianos es toda una puesta en escena (una performance teatral improvisada) que es delicioso observar. Esta forma de hablar del haitiano tiene su correspondencia con la estructura del idioma que los haitianos inventaron: el creole. Es un idioma, tejido de frases incompletas, puntos de suspensión, pausas inesperadas que, paradójicamente, son altamente significativos. Si uno se queda solamente con los significados literales de las frases y de lo dicho verbalmente, seguramente entenderá muy poco del sentido de lo que se quiere decir. El creole es un idioma trenzado de un silencio significativo que intenta superar los límites de esta lengua y, en algunos casos –como lo veremos enseguida-, decir lo indecible. El silencio se convierte en un segundo lenguaje (común) que solamente los haitianos y quienes conocen profundamente su cultura pueden descodificar correctamente.

“No puedo hablar”. Hago esta larga introducción para contextualizar por qué, tras el terremoto del 12 de enero de 2010, la mayoría de los haitianos que vivían esta tragedia (hasta ahora, la peor tragedia de este siglo) no hablaban: simplemente “se quejaban en su corazón” (“yo t ap plenn nan kè”, en creole) guardando silencio; quejidos que se articulaban en esta onomatopeya “Mmmmmmmm”. De hecho, la palabra que los haitianos inventaron para intentar deletrear el drama del terremoto es una onomatopeya: “Goudougoudou”; incluso, algunos lo nombraron así: “un quejido en el corazón” (“se yon plenn nan kè”, en creole). Es una manera muy espiritual y profunda (desde el corazón) cómo las personas en Haití vivían el sinsentido del terremoto. El terremoto fue un golpe al corazón, de donde salió un quejido en forma de onomatopeyas. Como un grito del corazón. Un grito desesperado, como para despertar de una pesadilla.

Vale subrayar que ante el drama y -de hecho- ante los sucesos que golpean al corazón (por ejemplo, la muerte de un ser querido), los haitianos suelen gritar esta frase: “No puedo hablar” (“m pa kapab pale”, en creole). Con ello, se da a entender que lo único que se puede decir frente a lo indecible, es decir ante la incapacidad o la imposibilidad de hablar, es justamente esto: “No puedo hablar”. ¡La palabra diciendo paradójicamente su incapacidad para hablar! Además, nos podemos preguntar: ¿Para qué hablar frente al sinsentido? ¿Qué decir? ¿No se está ante los límites de lo comprensible, lo entendible, lo razonable? ¿Acaso de un corazón tan duramente golpeado puede salir algo bueno? ¿Algo así como una palabra de aliento, esperanza, solidaridad, humanidad, ternura, consuelo y consolación?  Los límites del lenguaje no son solamente “los límites de mi mundo”, tal como lo decía Ludwig Wittgenstein; son también los límites de la poesía, de la humanidad e incluso de nuestra visión de Dios o de los “loas” (los espíritus del vudú haitiano). Son los márgenes, los bordes y las grietas del sentido, del pensamiento y de la misma razón.

“Estar con”. En un viaje en avión de Puerto Príncipe a Bogotá con escala en Panamá, me tocó un asiento al lado de un colombiano que fue a Haití para ayudar a las víctimas del terremoto. El hombre era originario de Armenia, ciudad colombiana que fue también afectada por un mortal sismo el 25 de enero de 1999. Me dijo que, desde su experiencia, lo más importante que las víctimas necesitan tras vivir un drama de esta magnitud es la presencia de otros seres humanos. La soledad agrava exponencialmente el dolor y genera miedo, zozobra, desesperación y una desolación tan infernal como la misma muerte, me expresó convencido. Este colombiano, sexagenario, campesino y voluntario de la Cruz Roja Colombiana, fue a Haití esencialmente para estar con los haitianos, para hacerles sentir que no estaban solos y para acompañarlos en sus esfuerzos desesperados por sacar de los escombros y edificios a sus seres queridos. Con la esperanza remota (pero muy remota), “penumbral” y terca de encontrar, vivos o muertos, a sus seres queridos. Una esperanza que la razón no puede entender del todo.

Otra vez es el corazón golpeado, que se queja y suelta su último aliento para decir, pero sin palabras: “Mientras haya vida, hay esperanza”. Es posible que esto último sea la clave para comprender la histórica resistencia del pueblo haitiano que no se ha doblegado por la adversidad (durante más de dos siglos de una independencia que costó muy caro) y que, al contrario, se levanta tras las caídas.

Acompañé como traductor a una brigada de médicos puertorriqueños que venían de Puerto Rico a atender a las víctimas del terremoto en varias ciudades de Haití. Me sorprendió su sorpresa (valga la redundancia), cuando veían cómo los haitianos retomaban con rapidez sus actividades y sus vidas (improvisando campamentos, reconstruyendo casas, organizando reuniones barriales), tras un golpe tan duro. Me decían que esto era increíble e incomprensible: “¿Cómo así tan rápido?” Mi sorpresa se debe a que, desde que era niño, estoy acostumbrado a ver al pueblo haitiano recibir los golpes, enfrentarlos y levantarse; he podido ver esta misma resistencia de los haitianos en República Dominicana y en los países de América Latina (Brasil, Chile, Ecuador, Colombia, Panamá, Venezuela, entre otros), donde he tenido la oportunidad de acompañar a los migrantes y apoyarlos en la defensa de sus derechos y su dignidad.
Los golpes han sido diversos: dictaduras, ejército golpista, represión, corrupción de la clase política, indiferencia de la élite socio-económica, mala fe de las autoridades del país y de sectores de la llamada “comunidad internacional”, neocolonialismo norteamericano y franco-canadiense, falta de unidad entre los mismos haitianos, vulnerabilidad frente a las catástrofes ambientales, falta de protección de los derechos humanos de los migrantes, discriminación, xenofobia, entre otros.

Siguen y seguramente seguirán los golpes.  Sin embargo, entre un corazón que jamás se rinde y una resistencia a toda prueba, el pueblo haitiano avanza. Es hora de manifestar una solidaridad continental con el pueblo haitiano, tanto con quienes están en Haití como con los mismos migrantes (decenas de miles) que erran en el continente americano tras el “Goudougoudou” del 12 de enero de 2010, en busca de protección internacional de sus derechos humanos y de mejores condiciones de vida.

*Profesor e investigador de la Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia


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Homilía del Papa en Trujillo. Texto completo.

TEXTO y VIDEO: Homilía de la Misa del Papa en la playa de Huanchaco en Trujillo

 

 

(ACI).- El Papa Francisco pronunció una intensa homilía en la Misa en la playa de Huanchaco en la ciudad norteña de Trujillo en Perú, en la que exhortó a afrontar el dolor y la oscuridad con el “aceite” que da luz la vida, que es Jesús.

Antes de iniciar la Misa, el Papa saludó a las imágenes que llegaron hasta el lugar de la Eucaristía:

Quiero dar la bienvenida a todas las comunidades con sus imágenes, bienvenida a la Inmaculada Virgen de la Puerta de Otuzco, a la Santísima Cruz de Chalpón de Chiclayo, al Señor Cautivo de Ayabaca, a la Virgen de las Mercedes de Paita, reliquias de los mártires de Chimbote, Divino Niño del milagro de Eten, la Virgen Dolorosa de Cajamarca, San Jorge de Cajamarca, la Virgen de la Asunción de Cutervo, la Inmaculada Concepción de Chota, Nuestra Señora de la Alta gracia de Huamachuco, San Francisco de Asís de Huamachuco, Santo Toribio de Chamabamba-Huamachuco, la Virgen Asunta de Chachapoyas, San pedro de Chimbote, San Pedro de Huari, la Virgen del Socoro de Huanchaco y al Apóstol Santiago de Chuco.

Antes de comenzar la Eucaristía, pensemos en Jesús. Jesús el justo intercede por nosotros y nos reconcilia con el Padre. Abramos nuestro espíritu al arrepentimiento para acercarnos a la mesa del Señor.

Después de su saludo y luego del Evangelio, el Papa pronunció su homilía. A continuación el texto completo de su prédica:

Estas tierras tienen sabor a Evangelio. Todo el entorno que nos rodea, con este inmenso mar de fondo, nos ayuda a comprender mejor la vivencia que los apóstoles tuvieron con Jesús; y hoy, también nosotros, estamos invitados a vivirla.

Me alegra saber que han venido desde distintos lugares del norte peruano para celebrar esta alegría del Evangelio. Los discípulos de ayer, como tantos de ustedes hoy, se ganaban la vida con la pesca.

Salían en barcas, como algunos de ustedes siguen saliendo en los «caballitos de totora», y tanto ellos como ustedes con el mismo fin: ganarse el pan de cada día. En eso se juegan muchos de nuestros cansancios cotidianos: poder sacar adelante a nuestras familias y darles lo que las ayudará a construir un futuro mejor.

Esta «laguna con peces dorados», como la han querido llamar, ha sido fuente de vida y bendición para muchas generaciones. Supo nutrir los sueños y las esperanzas a lo largo del tiempo.

Ustedes, al igual que los apóstoles, conocen la bravura de la naturaleza y han experimentado sus golpes. Así como ellos enfrentaron la tempestad sobre el mar, a ustedes les tocó enfrentar el duro golpe del «Niño costero», cuyas consecuencias dolorosas todavía están presentes en tantas familias, especialmente aquellas que todavía no pudieron reconstruir sus hogares.

También por esto quise estar y rezar aquí con ustedes. A esta eucaristía traemos también ese momento tan difícil que cuestiona y pone muchas veces en duda nuestra fe. Queremos unirnos a Jesús. Él conoce el dolor y las pruebas; Él atravesó todos los dolores para poder acompañarnos en los nuestros.

Jesús en la cruz quiere estar cerca de cada situación dolorosa para darnos su mano y ayudar a levantarnos. Porque Él entró en nuestra historia, quiso compartir nuestro camino y tocar nuestras heridas. No tenemos un Dios ajeno a lo que sentimos y sufrimos, al contrario, en medio del dolor nos entrega su mano.

Estos sacudones cuestionan y ponen en juego el valor de nuestro espíritu y de nuestras actitudes más elementales. Entonces nos damos cuenta de lo importante que es no estar solos sino unidos, estar llenos de esa unión que es fruto del Espíritu Santo.

¿Qué les pasó a las muchachas del Evangelio que hemos escuchado? De repente, sienten un grito que las despierta y las pone en movimiento. Algunas se dieron cuenta que no tenían el aceite necesario para iluminar el camino en la oscuridad, otras en cambio, llenaron sus lámparas y pudieron encontrar e iluminar el camino que las llevaba hacia el esposo.

En el momento indicado cada una mostró de qué había llenado su vida. Lo mismo nos pasa a nosotros. En determinadas circunstancias nos damos cuenta con qué hemos llenado nuestra vida. ¡Qué importante es llenar nuestras vidas con ese aceite que permite encender nuestras lámparas en las múltiples situaciones de oscuridad y encontrar los caminos para salir adelante!

Sé que, en el momento de oscuridad, cuando sintieron el golpe del Niño, estas tierras supieron ponerse en movimiento y estas tierras tenían el aceite para ir corriendo y ayudarse como verdaderos hermanos. Estaba el aceite de la solidaridad, de la generosidad que los puso en movimiento y fueron al encuentro del Señor con innumerables gestos concretos de ayuda.

En medio de la oscuridad junto a tantos otros fueron cirios vivos que iluminaron el camino con manos abiertas y disponibles para paliar el dolor y compartir lo que tenían desde su pobreza. En la lectura, podemos observar cómo las muchachas que no tenían aceite se fueron al pueblo a comprarlo.

En el momento crucial de su vida, se dieron cuenta de que sus lámparas estaban vacías, de que les faltaba lo esencial para encontrar el camino de la auténtica alegría. Estaban solas y así quedaron solas fuera de la fiesta.

Hay cosas, como bien saben, que no se improvisan y mucho menos se compran. El alma de una comunidad se mide en cómo logra unirse para enfrentar los momentos difíciles, de adversidad, para mantener viva la esperanza. Con esa actitud dan el mayor testimonio evangélico. El Señor nos dice: «En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros» (Jn 13,35).

Porque la fe nos abre a tener un amor concreto, no de ideas, concreto, un amor de obras, de manos tendidas, de compasión; que sabe construir y reconstruir la esperanza cuando parece que todo se pierde. Así nos volvemos partícipes de la acción divina, esa que nos describe el apóstol Juan cuando nos muestra a Dios que enjuga las lágrimas de sus hijos. Y esta tarea divina de Dios la hace con la misma ternura que una madre busca secar las lágrimas de sus hijos.

Qué linda pregunta que nos puede hacer el Señor a cada uno de nosotros al final del día: ¿cuántas lágrimas has secado hoy? Otras tormentas pueden estar azotando estas costas y, en la vida de los hijos de estas tierras, tienen efectos devastadores.

Tormentas que también nos cuestionan como comunidad y ponen en juego el valor de nuestro espíritu. Se llaman violencia organizada como el «sicariato» y la inseguridad que esto genera; se llama una falta de oportunidades educativas y laborales, especialmente en los más jóvenes, que les impide construir un futuro con dignidad; o la falta de techo seguro para tantas familias forzadas a vivir en zonas de alta inestabilidad y sin accesos seguros; así como tantas otras situaciones que ustedes conocen y sufren, que como los peores huaicos destruyen la confianza mutua tan necesaria para construir una red de contención y esperanza.

Huaicos que afectan el alma y nos preguntan por el aceite que tenemos para hacerles frente. ¿Cuánto aceite tenés? Muchas veces nos interrogamos sobre cómo enfrentar estas tormentas, o cómo ayudar a nuestros hijos a salir adelante frente a estas situaciones. Quiero decirles: no hay salida, no hay otra salida mejor que la del Evangelio: se llama Jesucristo.

Llenen siempre sus vidas de Evangelio. Quiero estimularlos a que sean comunidad que se dejen ungir por su Señor con el aceite del Espíritu. Él lo transforma todo, lo renueva todo, lo conforta todo. En Jesús, tenemos la fuerza del Espíritu para no naturalizar lo que nos hace daño, no hacerlo una cosa natural, no naturalizar  lo que nos seca el espíritu y lo que es peor, nos roba la esperanza.

Los peruanos en este momento de la historia no tienen derecho a dejarse robar la esperanza.

En Jesús, tenemos el Espíritu que nos mantiene unidos para sostenernos unos a otros y hacerle frente a aquello que quiere llevarse lo mejor de nuestras familias. En Jesús, Dios nos hace comunidad creyente que sabe sostenerse; comunidad que espera y por lo tanto lucha para revertir y transformar las múltiples adversidades; comunidad amante porque no permite que nos crucemos de brazos.

Con Jesús, el alma de este pueblo de Trujillo podrá seguir llamándose «la ciudad de la eterna primavera», porque con Él todo es una oportunidad para la esperanza. Sé del amor que esta tierra tiene a la Virgen, y sé cómo la devoción a María los sostiene siempre llevándolos a Jesucristo y dándonos el único consejo que siempre repite: Hagan lo que Él os diga.

Pidámosle a ella que nos ponga bajo su manto y que nos lleve siempre a su Hijo; pero digámoselo cantando con esa hermosa marinera: «Virgencita de la puerta, échame tu bendición. Virgencita de la puerta, danos paz y mucho amor». ¿Se animan a cantarla? La cantamos juntos. ¿Quién empieza a cantar? Virgencita de la Puerta.. (el coro tampoco). Entonces se lo decimos si no lo cantamos. Virgencita de la Puerta échame tu bendición, Virgencita de la Puerta danos paz y mucho amor. Otra vez.


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El accidente de tráfico en Perú con más de 40 víctimas.

Accidente en Perú: El Card. Cipriani ofreció oraciones por las víctimas

Miercoles 3 Ene 2018 | 11:57 am

Lima (Perú) (AICA):

El arzobispo de Lima y primado del Perú, cardenal Juan Luis Cipriani, elevó sus oraciones tras el accidente que este martes 2 de enero cobró la vida de al menos 48 personas.

“Acompaño con mi oración a las familias de los fallecidos hoy en Pasamayo. Que Dios les dé fortaleza en este momento”, escribió el purpurado a través de la cuenta de twitter del arzobispado de Lima.

Alrededor de las 11.40 del martes 2 de enero, un autobús chocó con un camión y cayó a un abismo en el kilómetro 19 del llamado “serpentín” de Pasamayo, lo que originó que el primer vehículo cayera a un abismo de unos 100 metros.

El accidente ocurrió en la provincia de Huaral, a unos 75 kilómetros al norte de Lima. El autobús se dirigía desde la ciudad de Huacho con dirección a Lima.

Tras el accidente, los rescatistas lograron sacar del micro a cinco sobrevivientes, cuatro de los cuales están en estado grave en el hospital Alcides Carrión en el Callao.


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Filipinas: graves daños de la tormenta Tembin

Guterres: La ONU está lista para apoyar a Filipinas tras la tormenta Tembin

El Secretario General de la ONU, António Guterres. Foto: ONU/Mark Garten

23 de diciembre, 2017 — El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, expresó este sábado su tristeza tras enterarse de la pérdida de vidas y de los estragos causados por la tormenta tropical Tembin, que asoló la isla de Mindanao en Filipinas.

La tormenta, conocida localmente como “Vinta”, dejó a mas de 75 personas muertas. Docenas más están desaparecidas, mientras miles han tenido que dejar sus hogares. El temporal ha dañado casas e infraestructuras y se mantiene vigente la amenaza de deslizamientos de tierra.

En un comunicado de su portavoz, Stéphane Dujarric, el titular de la ONU ofrece sus más sentidas condolencias a las familias de las víctimas y desea una pronta recuperación a los heridos.

Asimismo, saluda los esfuerzos de los equipos de rescate y reconstrucción, así como los voluntarios que trabajan en condiciones difíciles.

“Las Naciones Unidas están listas para apoyar a las autoridades locales y nacionales, más allá de la ayuda que ya están proporcionando los socios humanitarios”, indica.


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Argentina: oración en todo el País por las víctimas del submarino ARA San Juan

Argentina se unirá en jornada de oración por víctimas de submarino ARA San Juan

 

Imagen referencial / Foto: Daniel Ibáñez (ACI Prensa)

Imagen referencial / Foto: Daniel Ibáñez (ACI Prensa)

 

BUENOS AIRES, 02 Dic. 17 / 11:13 am (ACI).- La Conferencia Episcopal Argentina (CEA), expresó su cercanía y afecto a las familias de las 44 personas que desaparecieron dentro del submarino ARA San Juan, e invitó al país a unirse en una jornada de oración para pedir a Dios por “estos valientes servidores de la patria” y por sus seres queridos.

El jueves 30 de noviembre la Armada Argentina dio por culminada la etapa de rescate de los 44 tripulantes del submarino que desapareció el 15 de ese mismo. En ese sentido, aunque el portavoz Enrique Balbi no lo dijo expresamente, esto significa que las autoridades dan por muertos a los marineros.

Balbi explicó que se había extendido “a más del doble la cantidad de días que determinan las posibilidades de rescate de la dotación (tripulación). A pesar de la magnitud de los esfuerzos realizados, no ha sido posible localizar al submarino”, señaló en una conferencia de prensa.

En su mensaje del 1 de diciembre, la Comisión Ejecutiva de la CEA expresó que los obispos están “conmovidos y perplejos” ante esta tragedia. “Queremos como pastores de la Iglesia expresar nuestra cercanía y afecto a los familiares de estos valientes servidores de la patria que desaparecieron en el mar a bordo del ARA San Juan”, indicó.

El Episcopado dijo que “en momentos como estos ninguna palabra es suficiente consuelo. Los cristianos solamente encontramos alivio al sufrimiento en ese encuentro con el Señor Jesús que es posible en la oración y en la fe”.

“Por eso, queremos invitar a los hermanos de cada una de nuestras comunidades, de cada parroquia, capilla o centro de culto, a elevar a Dios, nuestro Padre, una oración especial este próximo 3 de diciembre, Primer Domingo de Adviento”, señalaron.

Los obispos pidieron elevar plegarias “desde todos los rincones de nuestro país”.

“Pidamos unidos por quienes han sufrido esta pérdida irreparable, para que con María Santísima, madre de todo consuelo, puedan encontrar en la fe un alivio a su dolor; y para que esta tragedia fortalezca, en nuestra querida Argentina, un auténtico amor de hermanos”, expresaron.

El ARA San Juan, de fabricación alemana, servía en la Armada Argentina desde 1985.

El pasado 11 de noviembre zarpó de su base en Mar del Plata para participar en unos ejercicios de adiestramiento. Sin embargo, desapareció el miércoles 15 cuando retornaba desde la región austral de Ushuaia.

En su último contacto por teléfono registrado a las 7:30 a.m. (hora local), informó que había superado una avería en las baterías a raíz de un cortocircuito por ingreso de agua. Tres horas después se registró un ruido similar a una explosión a 30 millas del lugar donde había hecho el reporte.

En las operaciones de rescate participaron 18 países. Ahora que concluye el convenio internacional para buscar a los tripulantes, estas naciones decidirán si apoyan en las labores para recuperar los restos del submarino.


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Argentina: sufrimiento por la desaparición del submarino.

El Obispo Castrense celebró una misa por los tripulantes del ARA San Juan

Miercoles 22 Nov 2017 | 11:06 am

Mar del Plata (Buenos Aires) (AICA):

El obispo castrense, monseñor Santiago Olivera, arribó este 21 de noviembre a la ciudad de Mar del Plata donde, junto a los familiares de los tripulantes del submarino ARA San Juan, celebró una misa pidiendo por la pronta aparición de la nave.

La misa tuvo lugar en el Salón Almirante Brown de la Base Naval. Fue presidida por el obispo y concelebrada por el vicario general Castrense, presbítero Gustavo Acuña, en un gesto de cercanía con los familiares de los tripulantes que se encuentran alojados o pasan la jornada en el Comando del Área Naval Atlántica desde el último jueves, cuando se reportó el cese de las comunicaciones con la unidad.

En este difícil momento, monseñor Olivera se acercó a las familias para contenerlos y llevar a ellos el mensaje de la fe. “Por la unión que caracteriza a nuestra institución, vivimos esto con tal fuerza y de manera tan real, que la diócesis y cada uno de nosotros estamos sufriendo a cada minuto de búsqueda con los familiares de los submarinistas”, expresó.

“Es importante estar aquí, celebrar la Eucaristía, para renovarnos en esperanza y enfrentar juntos lo que se vaya presentando. Este es nuestro gesto, un signo de cercanía y fraternidad. Queremos ser auténtica familia diocesana que acompaña a los que sufren”, afirmó.

“Hoy celebraremos Misa, le rezaremos a la Patrona Stella Maris, madre del mar, y le pediremos esperanza”, concluyó el obispo Castrense.

En declaraciones a AICA, el prelado comentó que los familiares de los tripulantes están confiados y agradecidos a la Armada por la contención, y aunque están preocupados, también se muestran esperanzados. “La verdad que da mucha pena también, pero están manifestando mucha fe, comunión, cercanía entre ellos”, expresó.

La canción de la esperanza
Familiares de los tripulantes hicieron una canción titulada “Buscando ver el sol”, con la esperanza de que la canten los 44 tripulantes del submarino. “¡Ojalá así sea!”, expresaron.

La canción reconoce el trabajo de quienes “hacen patria a escondidas” y arriesgan su vida, llenándola de valor, poniendo la Nación “proa adelante”. La letra y la música pertenecen a Marcelo Polakoff, y la voz y producción estuvieron a cargo de Fernando Rahe.+