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El pacifismo del Papa Pacelli y su negativa a participar en una cruzada anticomunista.

La guerra que “Dios quiere”: cuando Pío XII se alejó de los Estados Unidos

El debate que surgió con el artículo de “Civiltà Cattolica” sobre la visión «teopolítica del fundamentalismo cristiano». El Papa Pacelli y una página de historia olvidada

Pío XII

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Pubblicato il 24/07/2017
Ultima modifica il 24/07/2017 alle ore 16:17
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

El artículo de la revista “La Civiltà Cattolica” sobre la «teopolítica» de cierto fundamentalismo cristiano en el que se tocan frentes evangélicos y católicos conservadores ha provocado, comprensiblemente, bastantes discusiones. El límite del pequeño ensayo publicado por la revista de los jesuitas es, tal vez, que afronta al mismo tiempo demasiados argumentos de pasada, y por ello las pocas líneas dedicadas a la libertad religiosa provocaron reacciones críticas como la del arzobispo de Filadelfia, Charles J. Chaput, mientras otras cuestiones fueron interpretadas como un ataque indirecto contra la administración del presidente Donald Trump.

 

Es cierto que en el pasado (incluso reciente) no han faltado las “santas alianzas” (basta recordar los años ochenta y la lucha contra el comunismo de la era Regan), pero también es cierto que la Santa Sede, durante el último siglo, siempre se ha negado a bendecir alianzas entre el trono y el altar o “guerras santas” propugnadas por quienes dividen el mundo en «buenos» y «malos», a veces según las conveniencias del momento, como demuestran las guerras en Medio Oriente durante los últimos treinta años, en las que los aliados evidentes u ocultos de las potencias occidentales se han convertido en “los malos” contra los cuales luchar, y en nombre de la «exportación de la democracia» se ha creado inestabilidad y el aumento de los terrorismos. Un ejemplo poco recordado de esta actitud vaticana que trata de partir del realismo es el que protagonizó Pío XII entre los años cuarenta y cincuenta.

 

Eugenio Pacelli (elegido en marzo de 1939) fue un Papa anticomunista. Pero este rasgo no debe llevar a pensar que desplegó a la Iglesia en el frente occidentalista. En el clima plúmbeo de la Guerra Fría, a pesar de las terribles persecuciones que sufrieron los cristianos más allá de la Cortina de Hierro, Pío XII no deseaba que se recurriera a la fuerza para cambiar los equilibrios mundiales de Yalta, bien consciente de la potencia de los nuevos arsenales. El Papa confió al embajador Wladimir d’Ormesson, en una conversación de abril de 1949, hablando sobre las poblaciones del este: «Los desventurados que están encerrados en esos países que se han convertido en una prisión reclaman la guerra para salir. ¡Pero no! ¡Sobre todo la guerra no! Una nueva Guerra es impensable. Sería apocalíptica. Además no se concluiría nada. La experiencia que hemos tenido desde hace treinta años lo demuestra lo suficiente. Después de la Primera Guerra Mundial han surgido dificultades económicas enormes por todas partes, y fueron estas las que, de alguna manera, generaron la Segunda Guerra. Después de esta segunda conflagración, el mundo se ha vuelto más caótico… ¿En qué nos convertiríamos después de una tercera catástrofe? No, no, hay que luchar, trabajar por la paz; trabajar en ella razonablemente, metódicamente, sin descanso, sin dejarse intimidar por los que se esfuerzan por sabotear el equilibrio mundial. Hay que tener esperanza y confianza».

 

Pero fue en 1950, en ocasión de la guerra de Corea, cuando Pío XII tomó distancias de la “cruzada anticomunista” y de los motivos “religiosos” con los que se quería defender la intervención armada. En junio de 1950 Corea del Norte, bajo el control de la Unión Soviética, invadió Corea del Sur, protegida, en cambio, por los Estados Unidos. El orden mundial provisional establecido en Yalta parecía resquebrajarse hacia un apocalipsis nuclear. Los soldados estadounidenses y sus aliados se encontraban desplegados en un frente oriental desconocido, con la consigna de defender la civilización occidental de la barbarie. La intervención militar se dio con el mandato de las Naciones Unidas, que la decretaron cuando el representante de Moscú estaba ausente. El conflicto habría concluido con la división de las dos Coreas mediante el paralelo 38, en 1953, después de haber desplegado a cinco millones de soldados de 16 diferentes países y de haber provocado dos millones de muertos.

 

En esos momentos, según las palabras de algunos líderes occidentales, la guerra contra el comunismo asumió los rasgos de una lucha apocalíptica en contra del mal, encarnado en el dictador soviético Stalin. Un genio del mal que conspira para destruir la civilización cristiana occidental y que querría «sustituir la Revelación con la doctrina marxista del ateísmo comunista», según escribió el presidente estadounidense Henry Truman a Pío XII en una carta del 11 de agosto de 1948. Los analistas estadounidenses consideraban indispensable fortalecer las relaciones con la Santa Sede para crear un «frente unido». La estrategia de los Estados Unidos, directamente involucrados en la guerra en Corea para tratar de frenar al bloque soviético, era la de hacerse del apoyo de los líderes de las religiones en la batalla contra el enemigo comunista. La Casa Blanca apostaba por una declaración conjunta de los líderes religiosos o, por lo menos, un encuentro ecuménico que demostrara de alguna manera el apoyo de las religiones al frente occidental.

 

El 6 de diciembre de 1950, con la encíclica “Mirabile illud”, Pío XII rezó por la paz, pero advirtió a los gobernantes estadounidenses sobre las tentaciones de utilizar las armas nucleares: «El ingenio humano, destinado a muy otros objetivos, ha creado hoy instrumentos de guerra de tal potencia que suscitan horror en el ánimo de cualquier persona en su juicio, sobre todo porque no solo golpean a los ejércitos, ¡sino que a menudo arrollan a ciudadanos, chicos inocentes, mujeres, viejos, enfermos y, además, edificios sacros y monumentos de las más nobles artes! ¿Quién no se horroriza al pensar que puedan añadirse nuevos cementerios a los ya tan numerosos del reciente conflicto, y a otras tristísimas ruinas nuevas de burgos y ciudades? ¿Quién, finalmente, no tiembla al pensar que la destrucción de nuevas riquezas, consecuencia inevitable de cualquier guerra, puede empeorar cada vez más esa crisis económica que afecta a casi todos los pueblos, y especialmente a las clases más humildes?».

 

Myron Taylor, representante no oficial de la Casa Blanca en Europa, escribió a Pío XII el 21 de junio de 1951 para invitarlo a que se sumara a la cruzada anticomunista, pues «el último gran recurso que queda es unir a todos los hombres de fe en Dios y en la libertad humana, todos juntos en un gran y constante esfuerzo para despertar a sus semejantes en todas las tierras, renovar su fe e inspirar su resistencia». Para convencer al Papa sobre las bondades de la causa, Taylor dio a entender la posibilidad de que las potencias reconocieran a Pío XII como una especie de guía espiritual del mundo libre. Y escribió en su carta: «Bien puede ser que si los ocultos eventos del futuro se desarrollan, podría llegar un día en el que Su Santidad crea oportuno asumir la guía de una causa de tantos méritos para salvar a nuestro mundo civilizado de las pruebas más grandes». Pacelli, por su parte, no necesitaba que el diplomático estadounidense lo convenciera sobre los peligros del comunismo. Las persecuciones en contra de las Iglesias y de los fieles que acompañaron la expansión comunista inmediatamente después de la guerra eran un tormento enorme para él. Justamente en ese periodo, obispos, sacerdotes y laicos católicos estaban en la cárcel y eran perseguidos en muchos países del este. Y la Santa Sede, por decisión del Papa, publicó el famoso decreto de excomunión para los que se sumaran al comunismo ateo y materialista. El Pontífice, pues, no ignoraba la situación.

 

Pocos meses antes de la Navidad de 1951, Truman comenzó a presionar más a las religiones para que apoyaran directamente la lucha contra el comunismo. En un discurso dirigido a algunos eclesiásticos estadounidenses de diferentes confesiones, el 28 de septiembre de ese año, el presidente de Estados Unidos afirmó: «No se trata solo de preservar nuestra herencia religiosa en nuestras vidas y en nuestro país. Nuestro problema es mucho mayor. Se trata de preservar una civilización mundial en la cual pueda sobrevivir la creencia en Dios… Frente a la expansión del comunismo soviético, una potencia que es hostil a todo en lo que nosotros creemos…, todos los hombres que profesan la fe en Dios deberían unirse para pedir su ayuda y dirección. Nosotros deberíamos abandonar nuestras divergencias y unirnos inmediatamente, porque nunca como ahora nuestras divergencias han parecido tan mezquinas e insignificantes, frente al peligro que afrontamos hoy».

 

En la conclusión de su discurso, Truman se lamentó de que sus mensajes de unificación no siempre hayan tenido eco en las diferentes confesiones: «Desde hace tiempo, he tratado de provocar la unión de cierto número de grandes líderes religiosos del mundo en una común declaración de fe que se encuentra, como he dicho, en el XX capítulo del Éxodo, en los capítulos IV y VI del Evangelio según Mateo y en el discurso de la Montaña, y en una súplica común al Dios único que todos profesamos… Una declaración de este tipo atestiguaría la fuerza de nuestra fe común y nuestra confianza en su victoria final sobre las fuerzas que se oponen a ella». Pero los líderes religiosos no se sumaron a esta ecuménica «cruzada por la paz» en contra de los «ejércitos de la irreligión». Y así llegó la noche de Navidad, cuando tanto el presidente estadounidense como el Papa se dirigieron directamente a los hombres y a las mujeres de la época con palabras en cierta medida semejantes. A pesar de que no haya duda de que para Pío XII el comunismo representaba una forma de totalitarismo que amenaza la supervivencia misma de la Iglesia en muchos países, los tonos de los dos discursos natalicios son bastante diferentes. El Papa Pacelli, de hecho, no se deja “enrolar” en la cruzada anticomunista, y aprovecha su radiomensaje navideño para denunciar lo que no funciona en el llamado «mundo libre». Es un testimonio de la libertad interior de Pío XII y de su defensa de la libertad de la Iglesia.

 

Truman recurrió a tonos inspiradores, a una prosa netamente religiosa. Recordó «el humilde nacimiento del niño en la ciudad de David, en la que Dios dio su mensaje de amor al mundo», que se hace concreto en el espíritu de sacrificio de los soldados en el frente: «Nuestro corazón está entristecido en este tiempo de Navidad por el sufrimiento y el sacrificio de nuestros valientes hombres y mujeres que se encuentran en Corea. Extrañamos a nuestros chicos y a nuestras chicas. Nos están protegiendo a todos los hombres libres de la agresión». El presidente estadounidense exaltó las razones ideales de la intervención en Corea y concluyó identificando el triunfo militar en el frente coreano con la victoria que comenzó en el mundo con el nacimiento de Jesús: «Solo seremos fuertes si conservamos la fe, la fe que puede mover montañas y que, como dice san Pablo, es sustancia de esperadas y evidencia de cosas invisibles. La victoria que alcanzaremos nos fue prometida hace tanto tiempo, en las palabras del coro de los ángeles que cantaban en Belén: Gloria a Dios en los cielos y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad».

Desde Roma, el Papa de gestos hieráticos pronunció sus palabras frente a los micrófonos de la Radio Vaticana, que las difundió por todo el mundo. Pío XII comenzó diciendo que le gustaría dar un juicio «franco y sincero» sobre los hechos. Y la situación real de la que partió fue la división del mundo en dos campos opuestos: la humanidad misma está «dividida en dos grupos tan netamente separados que difícilmente están dispuestos a permitir que alguien, o de alguna manera, tenga la libertad para mantener entre las partes adversarias una actitud de neutralidad política». Por acá o por allá, la neutralidad no era posible en el mundo fragmentado en dos, y que acababa de salir del túnel de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, a pesar de la trágica experiencia que sufrieron las comunidades católicas en el este, incluso en un tiempo de contraposición tan aguda, el anticomunista Pío XII no identificó la misión de la Iglesia con las razones del “mundo libre”.

 

Papa Pacelli dijo: «Ahora esos que erróneamente consideran a la Iglesia casi como una potencia terrena cualquiera, como una especie de imperio mundial, fácilmente son inducidos a exigir de ella, como de otros, la renuncia a la neutralidad, la opción definitiva a favor de una o de otra parte. Sin embargo, para la Iglesia no se puede tratar de renunciar a una neutralidad política por la simple razón de que ella no se puede poner al servicio de intereses puramente políticos». En este alejarse de la lógica de los bloques se manifiesta también el sueño, típicamente pacelliano, de ver surgir de las ruinas de la Guerra Mundial un orden social cristiano. Un proyecto que el Pontífice proponía desde los primeros mensajes navideños, cuando la Segunda Guerra Mundial acababa de comenzar y las potencias beligerantes pretendían destruirse recíprocamente, en lugar de pensar en la construcción de un orden internacional. Este era el objetivo de los famosos mensajes en los que el Papa Pío XII proponía el ideal de una civilización católica alimentada por los principios evangélicos, casi como una «tercera vía» que no se agotaba en ninguno de los dos sistemas que se enfrentaban en el escenario internacional.

 

«El divino Redentor», afirmó el Papa, «fundó la Iglesia con el fin de comunicar mediante ella a la humanidad su verdad y su gracia hasta el final de los tiempos. La Iglesia es su “cuerpo místico”. Ella es toda de Cristo. Y Cristo es todo de Dios». Identificar la Iglesia con una de las formas de civilización, hacer que coincida la salvación cristiana con la instauración y la defensa de determinado eje de poder mundano significaría desnaturalizar «el fundamento sobre el que la Iglesia, como sociedad, reposa». Y alterar la naturaleza misma de la Iglesia: «Hombres políticos y a veces incluso hombres de Iglesia, que pretendieran hacer de la Esposa de Cristo su aliada o el instrumento de sus combinaciones políticas, nacionales o internacionales, dañarían la existencia misma de la Iglesia, su vida propia: en una palabra, la harían bajar al mismo nivel en el que se debaten los conflictos de interés temporales. Y esto es y sigue siendo verdadero aunque se dé por fines e intereses en sí mismos legítimos».

 

En el radiomensaje de Navidad de 1951, Pío XII ya intuía «la desgraciadamente difundida debilidad de un mundo que adora llamarse con énfasis “el mundo libre”». Sugirió que al oeste de la Cortina de Hierro la manipulación sutil de los deseos y de las conciencias podía producir «una sociedad reducida a mero automatismo». Constató la presión unificadora ejercida mediante el sistema de los medios de comunicación, cuando se refirió a los que «esperan su único alimento espiritual cotidiano… de la prensa, de la radio, del cine, de la televisión». Esta es la «condición dolorosa, que obstaculiza también a la Iglesia en sus esfuerzos de pacificación».

 

«Los que, por ejemplo, en el campo económico y social quisieran controlar la sociedad, incluso la dirección y la seguridad de su existencia; o que esperan hoy su único alimento espiritual cotidiano, cada vez menos de ellos mismos (es decir de las propias convicciones y de los propios conocimientos) y cada vez más, ya preparado, de la prensa, de la radio, del cine, de la televisión; ¿cómo podrían concebir la verdadera libertad, como podrían estimarla y desearla, si ya no tiene cabida en sus vidas?».

 

«Es decir, ellos», continuó Pío XII, «ya no son más que simples ruedas en los diferentes organismos sociales; ya no son hombres libres, capaces de asumir y de aceptar una parte de responsabilidad en las cosas públicas… Esta es la condición dolorosa, que también obstaculiza a la Iglesia en sus esfuerzos de pacificación, en sus llamados a la conciencia de la verdadera libertad humana, elemento indispensable, según la concepción cristiana, del orden social, considerado como una organización de paz. En vano, multiplicaría sus invitaciones a hombres privados de esa conciencia, y también, con mayor inutilidad, las dirigiría a una sociedad reducida a mero automatismo… Tal es la desgraciadamente extendida debilidad de un mundo que adora llamarse con énfasis “el mundo libre”. Este se engaña y no se conoce a sí mismo: en la verdadera libertad no radica su fuerza. Es un nuevo peligro, que amenaza la paz y que hay que denunciad a la luz del orden social cristiano. De allí también deriva en no pocos hombres de prestigio del llamado “mundo libre” una aversión contra la Iglesia, en contra de esta amonestadora inoportuna de algo que no se tiene, pero se pretende tener, y que, por una extraña inversión de ideas, precisamente se la niega injustamente; es decir el aprecio y el respeto de la genuina libertad».

 

A pesar de denunciar en el mismo radiomensaje la situación de los cristianos del este y las víctimas del comunismo, Pío XII, como hizo durante la Segunda Guerra Mundial cuando se abstuvo de bendecir la ofensiva italo-alemana contra los rusos, se negó dejarse “enrolar” en la cruzada mundial anticomunista. La primera vez fue el gobierno fascista el que le pidió que “bendijera” la guerra antibolchevique del Tercer Reich, pero el embajador de Benito Mussolini, que acudió al Vaticano, se topó con una negativa y además le refrescaron la memoria con respecto a las persecuciones de los nazis en Polonia. La segunda vez, en cambio, fue el presidente de los Estados Unidos el que pidió al Pontífice que asumiera un papel de guía espiritual y moral de la humanidad en la lucha contra el mal “encarnado” en Stalin. Aunque las circunstancias fueran diferentes, el anticomunista Pacelli, que también reconocía la imposibilidad de mantenerse neutral frente a lo que está sucediendo en la Unión Soviética y en los países satélites (así como tampoco lo hizo ante la amenaza nazi, llegando incluso a apoyar, como documentan los datos históricos, un complot para hacer que cayera

 

Hitler e impulsar la ayuda estadounidense a los soviéticos antialemanes), se niega a que lo utilicen. Se negó a desplegar a la Iglesia para que no se le identificara con un sistema político.


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Yemen: respetar a la población civil, pide ONU a los combatientes.

ACNUR urge a proteger a la población civil en Yemen

Desplazados de Al Mokha, en Yemen. Foto de archivo: ACNUR/Shabia Mantoo

19 de julio, 2017 — La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) expresó gran preocupación por el ataque aéreo cometido el martes por la tarde contra un grupo de desplazados en Mawza, Yemen, y urgió a las partes enfrentadas a proteger a la los civiles.

Las cifras preliminares indican que al menos 20 personas murieron, entre ellas varias mujeres y niños. Se cree que la mayor parte de las víctimas eran una misma familia.

El portavoz de ACNUR en Ginebra, William Spindler, informó que se está investigando lo que ocurrió y que aún no se puede determinar quién es responsable del ataque.

Asimismo, reiteró que la protección de la población civil es una obligación marcada por las leyes internacionales.

“Llamamos a todas las partes del conflicto a hacer todo lo posible para evitar la muerte de civiles y para no atacar instalaciones e infraestructura civil”, dijo.

Según ACNUR, las víctimas se habían desplazado de la localidad de Al Mokha a Mawza, ambas en el noreste de Yemen, para huir de la violencia.

El conflicto en Yemen ha desarraigado a 2 millones de personas que precisan asistencia humanitaria de emergencia.


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Ninive: enfrentamientos políticos tras la liberación.

SIRIA – Enfrentamiento entre las auto-definidas “milicias cristianas” que actúan en la Llanura de Nínive

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Qaraqosh (Agencia Fides) – Las unidades de protección de la Llanura de Nínive (Niniveh Plain Protection Units, NPU) han acusado a las “Brigadas Babilonia” de realizar una irrupción en una de sus bases para robar material militar y sobre todo para liberar a seis de sus milicianos, arrestados con precedencia acusados de haber saqueado casas privadas e iglesias cristianas, incluido el monasterio de Mar Behnam. El episodio, que tuvo lugar el sábado 15 de julio en Qaraqosh, pone de manifiesto el momento complicado que atraviesa la región, donde hay varios ejércitos y milicias que actúan a la par, con la intención de recavarse un espacio en la zona, después de la derrota de los yihadistas del Estado Islámico (Daesh) y la reconquista de Mosul.
Las Unidades de Protección de la Llanura de Nínive representan una organización militar local, formada en parte por cristianos nativos y fundada en 2014 como milicia de autodefensa territorial.
Las llamadas “Brigadas Babilonia”, cuyo jefe es Ryan al Kildani (Rayan el caldeo), también reclamar su etiqueta de milicia formada por cristianos, a pesar de que está documentada su vinculación con milicias chiíes como las Unidades de Protección Popular (Hashd al Shaabi) que también actúan en la zona. Los “leones” de las “Brigadas Babilonia” se presentan así mismos como “ciudadanos cristianos entrenados para defender las ciudades cristianas de Mesopotamia de los delincuentes terroristas extranjeros del Estado Islámico (Daesh) y de los terroristas de países como Afganistán, Arabia Saudita, Qatar, Túnez, Turquía, Kuwait, Libia y Marruecos”.
La Agencia Fides ha documentado en varias ocasiones la voluntad del Patriarcado caldeo de marcar su distancia de estos grupos armados activos en el escenario iraquí que tratan de reivindicar su propia afiliación a las comunidades cristianas locales.
En marzo de 2016 (véase Fides 15/3/2016), el patriarca caldeo Louis Raphael Sako había emitido un comunicado para reiterar que la Iglesia caldea “no tiene ninguna conexión, ya sea directa o indirecta, con las denominadas ‘Brigadas Babilonia’, o con cualquier milicia armada que se presente como cristiana”.
El monasterio de Mar Behnam, ocupado por los yihadistas del Daesh en julio de 2014 y parcialmente destruido por ellos en marzo de 2015, había sido tomado por el ejército iraquí y por las milicias chiítas en noviembre del año 2016. (GV) (Agencia Fides 17/7/2017).


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Mosul: responsabilidades de todos los combatientes.

Irak: La batalla entre la coalición dirigida por EE.UU., las fuerzas iraquíes y el Estado Islámico causa una catástrofe civil en Mosul

Víctimas tras un ataque aéreo del Estado Islámico en Mosul. 17 de marzo de 2017. ARIS MESSINIS/AFP/Getty Images
  • Un informe arroja luz sobre la magnitud de las muertes, lesiones y sufrimientos causados a la población civil atrapada entre las partes contendientes en Mosul
  • El Estado Islámico ha retenido deliberadamente a familias en el oeste de Mosul para utilizarlas como escudos humanos
  • Las fuerzas iraquíes y la coalición dirigida por EE.UU. han utilizado armas explosivas y poco precisas que ha matado a miles de civiles
  • Algunas de las violaciones del derecho internacional cometidas podrían constituir crímenes de guerra

11 de julio de 2017

Un nuevo informe de Amnistía Internacional revela la terrible magnitud de las muertes, lesiones y sufrimientos causados a la población civil atrapada en medio de la batalla por el oeste de Mosul. El informe documenta cómo el grupo autodenominado Estado Islámico ha llevado a civiles de pueblos de alrededor a las zonas de combate del oeste de Mosul, los ha dejado atrapados dentro de sus hogares y les ha impedido escapar, a fin de utilizarlos como escudos humanos. Mientras tanto, las fuerzas iraquíes y de la coalición, en vez de tomar medidas adecuadas para proteger a la población civil, la han dejado expuesta a terribles ataques efectuados con armasque jamás deben ser utilizadas en zonas civiles densamente pobladas.

At any cost: The civilian catastrophe in West Mosul, Iraq, cubre las hostilidades que han tenido lugar en el oeste de Mosul desde enero hasta mediados de mayo de 2017. El equipo de investigación de Amnistía Internacional entrevistó a 151 personas, entre habitantes del oeste del Mosul, especialistas y analistas, y documentó 45 ataques en total, que mataron al menos a 426 civiles e hirieron a más de 100, lo que ha permitido analizar 9 ataques específicos de las fuerzas iraquíes y de la coalición dirigida por Estados Unidos.

“La magnitud y gravedad de la pérdida de vidas civiles que se ha producido en la operación de reconquista de Mosul deben reconocerse públicamente y de inmediato en los niveles superiores de los gobiernos de Irak y los Estados que forman parte de la coalición dirigida por Estados Unidos”, ha manifestado Lynn Maalouf, directora de Investigación de Amnistía Internacional para Oriente Medio.

 

“Los horrores que la población de Mosul ha visto y el desprecio por la vida humana de que han dado muestra todas las partes en el conflicto no deben quedar impunes. Han sido aniquiladas familias enteras, muchas de las cuales yacen todavía bajo los escombros. La población de Mosul merece saber, de boca de su gobierno, que habrá justicia y reparación, para abordar debidamente así los horrorosos efectos de esta operación.“Debe establecerse de inmediato una comisión independiente, encargada de garantizar que se lleva a cabo una investigación efectiva de todo incidente sobre el que haya indicios creíbles de comisión de violaciones del derecho internacional y que se hacen públicos los resultados.”

Violaciones del derecho internacional cometidas por el Estado Islámico: desplazamiento forzado, ejecuciones sumarias y uso de escudos humanos

Desde octubre de 2016, el Estado Islámico llevó a cabo una campaña sistemática de desplazamiento forzado, en la que trasladó a miles de civiles de pueblos vecinos a zonas que estaban todavía bajo su control. Luego utilizó estos civiles como escudos humanos.

“Abu Haidar”, habitante del pueblo de Tel Arbeed a quien el Estado Islámico había obligado a mudarse al oeste de Mosul, contó a Amnistía Internacional:

“[Los miembros del Estado Islámico] te decían que tenías que marcharte o te mataban. Nos trajeron para utilizarnos como escudos humanos. Nos trajeron para ponernos entre ellos y los misiles. Todo esto fue antes de que comenzara la operación por el oeste de Mosul […] Cuando las fuerzas iraquíes avanzaron, el Estado Islámico retrocedió y se llevó a la mayoría de los civiles consigo”

Para impedir a los civiles evacuar las zonas en busca de seguridad, el Estado Islámico dejaba a la gente atrapada dentro de sus casas, soldándoles la puerta para que no pudieran abrir, poniendo armas trampa en las salidas y ejecutando sumariamente a centenares o, quizá, miles de personas que habían intentado escapar.

“Mohsen”, que vivía en Mosul, explicó a Amnistía Internacional: “Vinieron en una camioneta con un generador en la parte de atrás y soldaron la rendija que quedaba entre las dos puertas […] Lo hicieron en nuestra puerta y, peor aún, en otra casa de nuestro barrio donde había centenares de personas.”

Otro hombre, “Hasan”, vio al Estado Islámico colgar de los postes eléctricos los cadáveres de civiles que habían intentado huir. Explicó: “No teníamos opción. Si te quedabas, morías en tu casa a causa de los combates. Si intentabas escapar, te atrapaban, te mataban y colgaban tu cadáver de un poste eléctrico como advertencia. A cuatro vecinos nuestros, los atraparon al intentar escapar, y vi colgarlos del poste eléctrico. Los dejaron días allí colgados. Colgaron a entre 15 y 50 personas de los postes.”

El miedo a que el Estado Islámico los matara al intentar huir hacía que muchos civiles esperaran hasta que los enfrentamientos alcanzaran su punto álgido. Cuando los combatientes de SI estaban ya centrados en la lucha, los civiles aprovechan para llegar directamente hasta las fuerzas iraquíes cruzando el frente.

Violaciones del derecho internacional cometidas por las fuerza iraquíes y la coalición dirigida por Estados Unidos: Ataques ilícitos y uso de armas explosivas y poco precisas

“Cuando llegaron las fuerzas iraquíes, llegaron con ellas los morteros y los misiles.” – Mohsen

Como el Estado Islámico obligaba a la población civil a trasladarse a las zonas de combate y la impedía escapar, las partes del oeste de Mosul bajo su control se fueron llenando cada vez más de civiles a medida que se intensificaba la batalla. Las fuerzas iraquíes y la coalición dirigida por Estados Unidos no adaptaron sus tácticas a este hecho y continuaron utilizando armas explosivas y poco precisas, con efectos en una amplia superficie, en entornos urbanos densamente poblados.

“El uso de personas como escudos humanos por parte del SI no exime en absoluto a las fuerzas partidarias del gobierno de la obligación jurídica de proteger a la población civil. Los encargados de planear las operaciones militares debían haber puesto especial cuidado al determinar el modo de utilizar las armas para garantizar que los ataques no eran ilícitos”, ha afirmado Lynn Maalouf.

Amnistía Internacional ha documentado una constante de ataques en los que parece que la coalición dirigida por Estados Unidos y las fuerzas iraquíes no alcanzaron los objetivos militares previstos, sino que mataron e hirieron a civiles y destruyeron o dañaron bienes civiles. En algunos casos, parece que las muertes y lesiones causadas a civiles fueron consecuencia de la elección de armas inapropiadas para esas circunstancias o al hecho de no haber tomado las precauciones necesarias para verificar si el blanco era un objetivo militar.

Incluso en ataques en los que parece que se alcanzó el objetivo militar previsto, el uso de armas al parecer innecesariamente potentes o la ausencia de las debidas precauciones causaron pérdidas innecesarias de vidas civiles. Por ejemplo, el 17 de marzo de 2017, un ataque aéreo estadounidense efectuado sobre el barrio de Al Yadida de Mosul con objeto de neutralizar a dos francotiradores del Estado Islámico mató al menos a 105 civiles. Con independencia de que, como sostuvo el Departamento de Defensa de Estados Unidos, se produjera una explosión secundaria, los responsables deberían haber sabido perfectamente que los riesgos que suponía para la población civil el uso de una bomba de más de 200 kilos eran claramente excesivos con respecto a la ventaja militar prevista.

Mohamed, vecino de Al Tenak, barrio del oeste de Mosul, contó a Amnistía Internacional: “Los ataques iban dirigidos contra los francotiradores del Estado Islámicos. Un ataque destruyó una casa de dos pisos entera. Bombardearon de noche y de día. Alcanzaron muchas casas. Daban en una casa y destruían también las dos casas de los lados. Mataron a muchísima gente.”

“Las fuerzas iraquíes y los miembros de la coalición dirigida por Estados Unidos deben garantizar que los combates contra el Estado Islámico –no sólo en la batalla por Mosul, sino también en todas las demás de Irak y Siria– se libran de manera coherente con el derecho y las normas internacionales. Los Estados que participan en esta batalla no deben centrarse sólo en su aspecto militar, sino que tienen también que desplegar conjuntamente los recursos necesarios para aliviar el sufrimiento increíble de la población civil atrapada en medio del conflicto y sometida a abusos por el Estados Islámico”, ha añadido Lynn Maalouf.


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Sudán del Sur: situación trágica. Análisis

Petróleo, agua y tierras vírgenes: el tesoro “maldito” de Sudán del Sur

El padre Daniele Moschetti, comboniano, explica las razones del conflicto. «El embargo sobre la venta de armas no es aplicado, no le conviene a nadie». La guerra y la tragedia humanitaria en el país que el Papa querría visitar. El papel de al Qaeda y de las superpotencias
REUTERS

La guerra y la tragedia humanitaria en el país al que el Papa querría ir

Pubblicato il 12/07/2017
Ultima modifica il 12/07/2017 alle ore 12:54
FRANCESCO PELOSO
CIUDAD DEL VATICANO

La visita del Papa quedó sin fecha fija, debido a todos los peligos en una crisis que empeora cada vez más. Sudán del Sur vive un periodo complejo y terrible: una guerra civil desastrosa, millones de prófugos, poblaciones extenuadas. ¿Quién lo habría pensado? Todo comenzó en 2011 con la declaración de independencia, la separación del sur cristiano y animista con una minoría musulmana sin radicales, del norte árabe, cuna de un islam agresivo que consideraba África como un territorio de conquista, por lo menos en las intenciones de su líder, el autócrata Omar al Bashir. En 2011, el poder pasó a manos de Salva Kiir, presidente de etnia dinka, y del vicepresidente Riek Machar, de etnia nuer. Sin embargo, en explotó un nuevo conflicto entre ambos líderes y sus respectivos grupos étnicos; el vicepresidente Machar fue acusado de haber organizado un golpe de Estado. El poder en la actualidad está en manos de los grupos armados dinka del presidente Kiir, pero los rebeldes nuer dan batalla, aunque sean menos y cuenten con menos armas y patrocinio internacional (detrás de la guerra étnica de fachada se puede advertir la coluntad predatoria de algunos grupos de poder). Pero simplificando no se explica todo: ahora en el país hay por lo menos entre 7 y 8 grupos armados activos, los intereses de los países vecinos y de las grandes potencias del mundo favorecen el tráfico de armas y la guerra, aunque decenas de etnias y gran parte de la población no querían el conflicto. Entonces, ¿por qué se combate? Por el petróleo, naturalmente, pero también por el agua y por las tierras vírgenes que nunca han sido cultivadas (40 años de conflictos con breves periodos de relativa paz han contribuido para dejar casi intacto este tesoro).

 

Los recursos son la maldición de África, o por lo menos de algunos países, explicó a Vatican Insider el padre Daniele Moschetti, que durante seis años (hasta diciembre del año pasado) fue el Superior de los misioneros combonianos en Sudán del Sur. Además cuenta con una larga experiencia en África (y no solo): pasó 11 años en Kenya, un año en Palestina y, dentro de pocos meses, con otros misioneros, comenzará a trabajar con otros misioneros en las Naciones Unidas, tratando de dar voz al sur del mundo. Según Amnistía Internacional, «en Sudán del Sur se está verificando una de las crisis humanitarias más graves de los útlimos tiempos: hay casi un millón de desplazados en la región de Equatoria, mientras siguen sin castigo los asesinatos de civiles y los abusos contra mujeres y niñas». Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), «el númeor total de personas que han huido de Sudán del Sur hacia las regiones vecinas es de 1,6 millones. La nueva tasa de personas en fuga es alarmante y representa un peso difícil de sostener para una región que es cosniderablemente más pobre y cuyos recursos se están agotando rápidamente. Nadie, entre los países vecinos, es inmune. Los refugiados huyen hacia Sudán, Etiopía, Kenya, la República Democrática del Congo y la República Centroafricana. Casi la mitad de las personas que huyen ha llegado a Uganda, en las regiones septentrionales del país la situación ahora es crítica». Y también están los millones de desplazados internos, mientras gran parte de la población sufre el hambre.

 

Padre Moschetti, el marco del país es alarmante…

 

Hoy la situación es bastante catastrófica. Estamos a seis años exactos de la independencia y en Yuba (la capital, ndr.) no hubo celebraciones oficiales, como sucedía en el pasado; por otra parte, estamos frente a una desbandada de conjunto: hay un “crack” financiero muy grave, la banca central ya no tiene dólares, la inflación ha llegado al 900%; para comprender qué significa podemos comparar con Italia, en donde la inflación es del 1%. El valor del dinero local no tiene ningún peso, todo proviene del extranjero, todo lo que se come, lo que se usa. Debido a la guerra que comenzó el 15 de diciembre de 2013 y después de los enfrentamientos que se verificaron el año pasado en Yuba, en julio, justamente hace un año, más han abandonado el país: embajadas, organizaciones no gubernamentales, voluntarios…

 

Pero ahora hay organismos internacionales y misioneros, ¿no?

 

Muchas organizaciones se fueron después de los enfrentamientos de hace un año, aunque la mayor parte ha vuelto. Pero todavía tienen dificultades, porque el gobierno no logra garantizar la seguridad para los agentes humanitarios presentes, para los misioneros. Dicen: “Nosotros no garantizamos la seguridad de los operadores, de los misioneros”, porque después son atacados y asesinados. Y esto se da particularmente en zonas a las que están llevando comida y medicinas; por ello se aprovechan de esta situación para decir que no tienen posibilidades para proteger a nadie. Traducido significa: “No damos luz verde para llevar comida y agua a estas zonas porque falta la seguridad”. Se trata de una manera terrible para poner de rodillas las zonas en las que naturalmente están los rebeldes, pero también la población.

 

Aunque la guerra haya vuelto en 2013, el conflicto tiene raíces más antiguas…

 

Es un conflicto muy complejo. Hay que comenzar con la independencia de Sudán, en 1956. El país antes era una colonia inglesa. Desde aquella época había un grupo de sudsudaneses que podía independizarse del norte, pero los ingleses dejaron todo en manos del gobierno de Khartoum, que comenzó con el proceso de islamización. Como consecuencia, todos los misioneros, católicos y protestantes, fueron expulsados en 1964. Y justamente este proceso provocó la movilización de Estados Unidos. Sudán del Sur, el objetivo de alcanzar su independencia, siempre ha puesto de acuerdo a los republicanos con los demócratas en los Estados Unidos, que invirtieron miles de millones de dólares desde los 70 y 80 hasta ahora. Todas las administraciones estadounidenses han apoyado al SPLM (Sudan People’s Liberation Movement), es decir el ejército de rebeldes que luchaba contra Cashir, criminal internacional (que llegó al poder con un golpe de Estado en 1984, ndr.), pero nadie quiere capturarlo verdederamente.

 

Entonces, el fundamentalismo islámico ha influido en esta historia…

 

En tiempos de George W. Bush, Sudán estaba en la “lista negra” de países, porque desde allí partió, entre otros, Osama Bin Laden. Él formó a los primeros grupos militares, terroristas, exactamente en Khartoum. Los primeros ataques ideados por Osama Bin Laden y llevados a cabo por al Qaeda no fueron contra las Torres Gemelas de Nueva York, sino en contra de las embajadas estadounidenses de Nairobi (Kenya) y de Dar Es Salaam (Tanzania), el 7 de agosto de 1998 (224 fueron las víctimas y hubo unos 4 mil heridos). El primer ataque, pues, fue en África, dentro del continente y no fuera de él. La respuesta fueron bombardeos estadounidenses en Khartoum. Entonces, Sudán siempre ha estado en la “lista negra” y está sometido a un embargo. La parte meridional del país, que forma parte del África negra (el norte es árabe, ndr.), es mitad cristiana. Después hay un 7-8% de musulmanes no fundamentalistas y el resto son animistas.

 

¿La independencia de Sudán del Sur tenía espectadores interesados? 

 

Sí. Museveni, presidente de Uganda (que es un gran aliado de Estados Unidos), así como Kenya se vieron favorecidas por el proceso de independencia. Pero todos los países que tienen fronteras con Sudán del Sur tienenn grandes intereses. El país cuenta con enormes recursos, no se trata solo de petróleo (en este momento es el tercer yacimiento de África), también hay agua y tierras vírgenes, porque el país vivió 40 años de guerra (de 1956 a 2005, entre Khartoum y los independentistas del Sur, ndr.), con intervalos por un total de diez años con relativa paz. Pero durante la década de los 70 surgió una especie de “fiebre del petróleo”. Era la época de la austeridad en Europa, del ahorro de combustible. Así, cuando la OPEP (los países árabes) dijo “Ya basta, ya no hay petróleo para ustedes”, comenzaron las grandes búsquedas de nuevos yacimientos, y se encontraron los de Sudán del Sur. Desde ese momento comenzó la segunda guerra interna. Era 1983. En general, podemos decir que, por una parte estaban las grandes transnacionales europeas y estadounidenses que querían explotar los nuevos recursos; por otra, el gobierno de Khartoum que no quería deshacerse de lo que consideraba suyo. Al mismo tiempo, el gobierno sacaba la riqueza de las regiones meridionales para desarrollar el norte, pero sin hacer lo mismo con el sur, que quedó sin escuelas y en absoluta pobreza. Por ello comenzó la lucha por la independencia del sur, guiada por el SPLM, hasta los acuerdos firmados el 9 de enero de 2005 en Nairobi, cuando se eligió a un vicepresidente negro (y esta era una novedad importante) para todo Sudán: John Garang, dundador del SPLM, que en ese entonces no quería la separación del sur, al que, como sea, se le dio cierta autonomía.

 

Pero en 2011 Sudán se divide…

 

Hoy celebramos una independencia que el principal líder de Sudán del Sur, Garang, no quiso nunca; por el contrario, Salva Kiir y otros grupos militares apoyados por Estados Unidos siempre habían querido que el sur se separara del norte. De cualquier manera, la unidad del país era una vía para la islamización de África. Detrás de este conflicto hay un poco de todo: petróleo, agua, potencial desarrollo agrícola. Y después están todos los intereses de los países que lo rodean y que tienen menos recursos. Es como el Congo, que es el país más rico del mundo en cuanto a recursos, pero, desgraciadamente, es uno de los más pobres. Estas riquezas se convierten en maldiciones, no en bendiciones para el pueblo, sino para que se enriquezcan las élites. De hecho, todos los que ahora están en el poder son militares que han dejado el uniforme y guardan millones de dólares en sus cuentas de Estados Unidos, Inglaterra u otros sitios. Sus familias viven fuera del país.

 

Y ustedes, los misioneros, ¿logran todavía trabajar en el país?

 

Nosotros estamos en Sudán del Sur desde la época de Daniele Comboni, nuestro fundador, que llegó en 1858; nacimos en misión, y nos consideramos parte integral de esta historia, de este pueblo. Nunca nos hemos ido, solo cuando nos han expulsado, pero siempre hemos vueltoy hemos caminado junto a estos pueblos, pasando de las esclavitud, primero, a las guerras, el colonialismo, la islamización y ahora a los nuevos conflictos civiles y por el petróleo. Hemos perdido dos misiones en los últimos años, de 2013 a 2017, porque llegaban todos: los del gobierno, los rebeldes. Dos misiones importantes para nosotros, en las que hacíamos formación humana y espiritual, pero todo fue destruido debido a la lucha entre los del gobierno y los rebeldes. La gente escapó. Solo en Uganda hay un millón de prófugos, y muchos en la zona más fértil, en la provincia de Equatoria, en donde las etnias locales no querían la guerra de ninguna manera. Pero la presión del gobierno y de la etnia dinka, que ahora tiene el poder económico y militar, ha empeorado la situación. En Sudán todavía hay cientos de miles de prófugos, en Etiopía casi un millón, en Kenya alrededor de medio millón. En estos meses me encuentro en Italia y veo que se habla sobre la emergencia de los migrantes, cosa que me hace enojar y reír al mismo tiempo. Los países africanos se están haciendo cargo de millones de personas.

 

¿Cuáles potencias extranjeras tienen mayores intereses en Sudán del Sur?

 

Estadounidenses, ingleses, franceses, chinos, rusos y grandes multinacionales tienen intereses en Sudán del Sur. Se ha pedido 4 o 5 veces la introducción del embargo de las armas, pero países como Rusia o China están en contra y, directa o indirectamente, obstaculizan esta medida. Hay que tener en cuenta que el gobierno de Sudán del Sur en 2014 gastó mil millones de dólares en armas e hipotecó pozos de petróleo, que en este momento no han abierto todavía; están malbaratando el país para tener armas y aplastar la rebelión, no piensan para nada en el futuro ni en la gente. El Papa Francisco tenía que ir en octubre a Sudán del Sur, en compañía del arzobispo de Canterbury Justin Welby, primado anglicano, pero la visita quedó sin fecha por motivos de seguridad. Pero sería un viaje importantísimo, porque las Iglesias están haciendo un gran trabajo y son las únicas instituciones creíbles; la comunidad internacional primero le dio crédito al gobierno y después a los rebeldes. El único bastión son las Iglesias, que, entre otras cosas, hacen un gran trabajo de “lobbying advocacy” y de información, porque las partes en conflicto no quieren que se sepa lo que está sucediendo en el país, para poder seguir adelante con atrocidades nunca vistas, ni siquiera en el conflicto con los árabes (el conflicto por la independencia del norte costó millones de muertes). Se necesita que la comunidad internacional cobre una mayor conciencia. Ni siquiera los campos para refugiados están al seguro, ni siquiera los que cuentan con protección internacional, también allí han entrado soldados y han masacrado mujeres, ancianos y niños.


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Plan de reconstrucción cristiana para Nínive (Iraq)

     Ayuda a la Iglesia Necesitada prepara un «plan Marshall» para la Llanura del Nínive

Miercoles 12 Jul 2017 | 08:33 am

Roma (Italia) (AICA):

La fundación de la Santa Sede “Ayuda a la Iglesia Necesitada” (AIN) puso en marcha una gran campaña de reconstrucción de la presencia cristiana en la Llanura de Nínive, en Irak, que contemplará la reconstrucción de unas 13.000 casas cristianas de 9 ciudades de la Llanura de Nínive, dañadas o totalmente destrozadas por los terroristas del Daesh durante los últimos tres años.

Este plan de reconstrucción tiene un costo global que superará los 250 millones de dólares. Para ello se creó la «Comisión para la Reconstrucción de Nínive», cuya tarea es planificar y hacer seguimiento de todas las fases de la reedificación.

La comisión fue creada el pasado mes de marzo gracias a un importante acuerdo entre las tres iglesias cristianas iraquíes (la sirio-católica, la sirio-ortodoxa y la caldea), firmado en la sede de la arquidiócesis de la Iglesia caldea en Erbil.

Según el director de la sección de Oriente Medio de AIN, padre Andrej Halemba, “este es un momento histórico para el futuro del cristianismo en Irak. Para ello, AIN seguirá de cerca la labor de la comisión en la fase inicial, y en las fases sucesivas se limitará a buscar fuentes de financiación entre sus benefactores a nivel internacional.

Los fondos que la comisión obtenga se distribuirán proporcionalmente entre los representantes de cada iglesia, en función del número de casas dañadas pertenecientes a sus respectivos feligreses. La reconstrucción de estas casas de las familias cristianas, así como las iglesias y los edificios religiosos comenzará en los pueblos de Qaraqosh, Bartella y Karamles.

Por su parte monseñor Timothaeus Mosa Alshamany, arzobispo de la Iglesia siro-ortodoxa de Antioquía, afirmó que «hoy somos una iglesia verdaderamente unida en aras de la reconstrucción de las casas de la Llanura de Nínive, para infundir esperanza en el corazón de las personas que viven en estas aldeas y para invitar al retorno a aquellas que han huido”.

Desde la Iglesia siro-católica, monseñor Yohanna Petros Mouche, arzobispo de Mosul, señaló que con este gran proyecto de reconstrucción “queremos invitar a los cristianos de la Llanura de Nínive a retornar a casa y a continuar viviendo en sus aldeas para dar testimonio del cristianismo”.

“Nosotros somos las raíces del cristianismo, y debemos permanecer en nuestro país. Debemos quedarnos como testigos de Jesucristo en este país, en Iraq, y especialmente, en la Llanura de Nínive”, manifestó monseñor Nicodemus Daoud Mattisharaf.

Según una encuesta realizada por AIN, el 41% de las familias cristianas quiere retornar a sus propios hogares en la Llanura de Nínive, de donde se vieron obligadas a huir a raíz de la invasión del Daesh en 2014.

Entretanto la fundación pontificia continúa distribuyendo una ayuda alimentaria básica entre las aproximadamente 12.000 familias que se vieron obligadas a huir de Mosul y de otras ciudades y a buscar refugio en Erbil (Kurdistán iraquí). Desde marzo de 2016, AIN es la única organización internacional que viene apoyando con regularidad a los desplazados internos de la región y desde 2014 la ayuda de AIN a los los cristianos desplazados alcanzó los 30 millones de euros.+


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Yemen: dramática situación y responsabilidad internacional.

Cólera, riesgo de hambruna y conflicto continúan devastando a la población en Yemen

Enfermo de cólera en Yemen recibe tratamiento en una de las escasas instalaciones médicas que todavía funcionan. Foto: OCHA

12 de julio, 2017 — El cólera y el riesgo de una hambruna acechan a la población en casi todo el territorio de Yemen, mientras que el conflicto continúa causando desplazamientos masivos, muerte y destrucción, dijo hoy el secretario general adjunto de la ONU para Asuntos Humanitarios.

Stephen O’Brien fue uno de los participantes en una sesión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para discutir la situación en ese país árabe.

Según las cifras de la ONU, 7 millones de personas, entre ellas 2,3 millones de menores de 5 años, están al borde de la hambruna y son vulnerables a las enfermedades.

Además, 16 millones no tienen acceso a agua potable o instalaciones de saneamiento o higiene y se han reportado más de 320.000 probables casos de cólera y unas 1.750 muertes por ese padecimiento prevenible.

“Como lo he dicho antes, ésta es una crisis creada por el hombre y la escala de sufrimiento del pueblo yemenita como resultado del conflicto y las violaciones graves de la ley internacional. No se puede seguir perdiendo la humanidad frente a la política”, apuntó O’Brien.

Asimismo, se refirió a los responsables del conflicto y la epidemia tanto dentro como fuera del país.

“¿Hasta cuándo tomarán las medidas necesarias quienes apoyan a las partes del conflicto? ¿Cuándo desistirán de sus acciones violentas? Este escandaloso brote de cólera es responsabilidad de las partes del conflicto y de los actores más allá de las fronteras de Yemen que lideran, suministran, combaten y perpetúan el miedo y los enfrentamientos”, puntualizó.

O’Brien señaló que la comunidad internacional y el Consejo de Seguridad deben hacer más para garantizar que las partes del conflicto cumplan con sus obligaciones según las leyes internacionales.

El coordinador de Ayuda Humanitaria de la ONU lamentó, por otra parte, que sólo se haya recibido el 33% de los fondos solicitados para el plan de respuesta de emergencia en Yemen y subrayó la urgencia de conseguir los recursos faltantes para salvar vidas y aliviar el sufrimiento de la población.