Loiola XXI

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Primeros pasos hacia la paz en Yemen

Las partes no deben desviarse de sus compromisos en Yemen

ONU/Loey Felipe
El Consejo de Seguridad se reúne sobre la situación en Yemen.

9 Enero 2019

El enviado especial de la ONU para Yemen asegura que a pesar de que ambas partes se han adherido al Acuerdo de Estocolmo su implementación se está haciendo de forma “gradual”, por lo que se necesitará materializar los avances antes de  una nueva ronda de consultas.

Tanto el Gobierno yemení como los hutíes, las dos partes en conflicto en Yemen, han respetado en buena medida el cese al fuego en la provincia de Hodeida desde el 18 de diciembre, lo que ha conducido a una reducción significativa de las hostilidades, informó este miércoles Martin Griffiths al Consejo de Seguridad este miércoles.

“Desafortunadamente, ha habido actos violentos, especialmente en la ciudad de Hodeida y en los distritos del sur de la provincia. Sin embargo, los enfrentamientos han sido limitados en comparación con lo que vimos en las semanas previas a las consultas en Estocolmo. Creo que esta calma relativa refleja el beneficio tangible del acuerdo para el pueblo yemení y la determinación de las partes de que funcione”, aseguró.

El enviado especial dijo que, desde las conversaciones en Estocolmo, se había reunido con el presidente yemení, Abd Rabbo Mansour Hadi, y el líder hutí, Abdelmalik Al-Houthi, y que ambos habían expresado “su determinación de avanzar en todos sus compromisos y aprovechar en las consultas futuras el progreso logrado hasta ahora“.

ONU
Representantes de ambas partes del Comité de Coordinación de Reubicación de Yemen se dan la mano.

Los avances desde el acuerdo

Desde el 22 de diciembre, la ONU ha desplegado en Hodeida los primeros elementos de un equipo de observadores encabezado por el general holandés Patrick Cammaert.

“Este rápido despliegue ha dado una señal clara a las partes y al pueblo yemení del compromiso de la comunidad internacional para ejecutar el acuerdo sobre el terreno”, agregó el enviado especial.

Martin Griffiths aseguró que la activación del Comité de Coordinación de la Reubicación es bienvenida e indicó que ha pedido a las partes que continúen colaborando regularmente y de buena fe con el general Cammaert y su equipo, para que los arreglos de seguridad y las mejoras en el acceso humanitario puedan cumplirse rápidamente.

Con respecto a la situación en la ciudad de Taiz, el enviado de la ONU acogió con satisfacción las medidas adoptadas por las partes interesadas para el establecimiento de los mecanismos acordados en Estocolmo, incluido el nombramiento de los miembros de un comité conjunto.

Sobre el intercambio de prisioneros que se acordó entonces, dijo que su Oficina y el Comité están haciendo un seguimiento del proceso y finalizando con ambas partes las listas de prisioneros antes de que se reúnan en Amman la próxima semana.

Sin embargo, Griffiths lamentó que no se haya podido llegar a un acuerdo sobre el tema del Banco Central de Yemen y la apertura del aeropuerto de Sanaa durante las conversaciones de Estocolmo. “Si estos dos problemas se resolvieran, contribuirían significativamente a aliviar el sufrimiento humanitario”, dijo.

Una implementación “gradual”

El enviado de la ONU aseguró que el avance en la implementación de los compromisos de Estocolmo es gradual, pero aun así ha hecho una contribución tangible a la paz.

“Probablemente haya muchos obstáculos que superar en los próximos días, semanas y meses, pero las partes no deben desviarse de sus compromisos”, dijo Griffiths, quien solicitó el apoyo del Gobierno y el Consejo para alentarlas a superar cualquier desafío que puedan encontrar en el camino.

“Debemos cumplir lo que se acordó en Suecia y mostrar un progreso sustancial de esos compromisos si queremos construir la confianza. Hay un sentido de esperanza tangible, hay un sentido de optimismo, pero también de preocupación. Es mi opinión y la del liderazgo de ambas partes que el progreso sustancial, particularmente en Hodeida, es algo que nos gustaría ver antes de convocar las próximas consultas”.

No obstante, Griffiths dijo que tenía la esperanza de poder convocar otra ronda de consultas pronto para medir los avances y establecer las pautas para terminar con el conflicto en Yemen.

ONU/Loey Felipe
Mark Lowcock, el jefe de asuntos humanitarios de la ONU, informa al Consejo de Seguridad sobre la situación en Yemen.

El 80% de la población de Yemen necesita asistencia humanitaria

Por su parte el jefe de Asuntos Humanitarios de la ONU, Mark Lowcock, dijo al Consejo que la situación humanitaria en Yemen sigue siendo “catastrófica” ya que más de 24 millones de personas necesitan actualmente asistencia humanitaria, lo que representa el 80% de la población.

“El avance importante que hemos visto en el campo político merece nuestro apoyo total y continuo. Pero eso no alimenta a un solo niño hambriento”, afirmó.

Según él, se necesita más avances de manera más rápida en cuestiones como el acceso a la ayuda humanitaria, la eliminación de las barreras a las importaciones comerciales y el pago de pensiones y salarios de los funcionarios públicos. También consideró que era necesario que la comunidad internacional considerara aportar fondos adicionales para el plan humanitario de 2019.

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Conflictos en el mundo en 2019. ONU

UN diplomacy: political conflicts to watch in 2019

UN Photo/Paulo Filgueiras
Rosemary A. DiCarlo, UN Under-Secretary-General for Political Affairs.

31 December 2018

As the world – and the United Nations – continues to grapple with political crises, we look at the political landscape with Under-Secretary-General for Political Affairs Rosemary DiCarlo. We begin by asking her what it’s like to be the top UN political officer.

My role is twofold. First is to help resolve conflict and to help prevent conflicts.  Our role in the Department of Political Affairs – soon to be Political and Peacebuilding Affairs is very much focused on preventing conflict as well. And we work on a range of issues, many that do not come before the Security Council. Our goal is to help resolve them before they come to the … Council.”

“I cover the entire world now. I have never in my entire career had a job where I had to cover the entire world,” Ms. DiCarlo said in her first interview with UN News. As the Deputy to at the US Mission to the United Nations, I worked a lot on issues that came before the Security Council. In the Security Council, one promotes one government’s positions and policies. Of course, one is there to broker agreements among other members.”

“But where I am now, I find it all the more complicated, that it takes a different set of skills to work with so many individuals and countries to be able help resolve a particular issue or come to agreement on particular matters. I do think that having worked in the Security Council, I do have a perspective of a Member State, an understanding what is expected of us – and they expect a lot, I have to say – but that has I think helped me in this position in the first few months.”

Here are some of the main issues on the UN political agenda – in no particular order – for the coming year, according to UN political affairs chief DiCarlo.

UN Photo/Loey Felipe
Rosemary A. DiCarlo, Under-Secretary-General for Political Affairs, addresses the Security Council meeting on Non-proliferation and the Democratic People’s Republic of Korea on 17 September 2018.

Yemen

Images of starving Yemeni children shocked the world this year, as it emerged that more than eight million Yemenis are now on the verge of famine, of them 1.8 million children under the age of five who are acutely malnourished.

The humanitarian situation in Yemen has been “horrific” given the destruction, devastation and loss of life since 2011 but the UN is “very, very grateful” to see the two sides – the Government of Abdrabbuh Mansour Hadi and the Houthi forces – come together in Sweden earlier this month to discuss an end to the conflict.

There are now UN monitors on the ground [led by retired Dutch General Patrick Cammaert] to see if there are violations of the ceasefire agreement on the port city of Hudaydah, and also to help open up pathways so that aid can be received at the port and distributed in other parts of the country.

Ms. DiCarlo also told UN News that the agreement on a ceasefire is only the beginning: “There’s a lot more to be done to resolve the conflict in Yemen, but this is a very good start.”

She credits the good offices of Special Envoy Martin Griffiths for the progress made so far.

UN Secretary-General’s ‘good offices’

The Secretary-General’s “good offices” is a term for work led by the Secretary-General, one of his senior officials or individuals working on stand-by, prepared to help mediate a dispute. All this happens only with acceptance and permission of the people involved. The issues could be related to any issue, from elections to access to a port city, as in the case of Yemen.

Syria

After nearly eight years of war, more than 13 million people need aid – including 6.1 million people who have been internally displaced, and 5.5 million people living as refugees in Iraq, Jordan, Lebanon and Turkey. Along with these figures from the UN humanitarian affairs office (OCHA) , consider this one – 66 per cent of children in Syria have lost a loved one, had their house damaged or suffer conflict-related injuries.

“Syria has been with us for a long time and we have not really moved forward on a political process, but our intention is to keep supporting those efforts,” Ms. DiCarlo said.

Starting in January, the UN-led efforts at diplomatic negotiations will be headed by Geir Pederson, who succeeds Staffan de Mistura, Lakhdar Brahimi and the late Kofi Annan.

The latest discussions have been on creating a new, more inclusive Constitution in post-war Syria, which has been the focus of intensive consultations among three countries heavily invested in Syria’s future – Iran, Russia and Turkey.

The new year brings new unknowns, including the latest announcement that the United States is pulling its troops out of Syria, and what that means for the conflict and the road home for those affected.

We have not seen progress, have not seen conditions that are appropriate for refugees to return – Ms. DiCarlo on the Rohingya refugee crisis

Rohingya Refugee Crisis

“We have not seen progress, have not seen conditions that are appropriate for refugees to return, both in terms of the physical layout but also in terms of political guarantees,” Ms. DiCarlo told UN News about the situation of Rohingya refugees who have fled from Myanmar into Bangladesh.

Under an agreement struck between the two countries, thousands of refugees who fled starting in August 2017 were due to return to Myanmar last month. But none wanted to for fear of the Myanmar army, also known as the Tatmadaw – and other groups – which has been accused of committing genocide.

The UN appointed a Special Envoy to work with the Government of Myanmar, to enhance cooperation on addressing the conflict. Christine Schraner Burgener has met with Aung San Suu Kyi and other senior officials. Her job is to work with the Government to try to resolve outstanding issues and to help the Government put in place a framework so that we can see refugees return, Ms. DiCarlo said.

Colombia

In 2016, combatants from the FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) laid down their weapons after 50 years of bloody conflict that killed more than 260,000 people and displaced some seven million.

Ms. DiCarlo visited Colombia in early December and met with some of former combatants who are now parliamentarians, tailors, bakers and teachers.

“The United Nations has given to these communities help to develop livelihoods so they can turn from the activities of its previous movement,” she said. “I saw a number of FARC now in the legislature and very proud of a group that is making decisions on the future of the country.”

The UN says the reintegration process has made progress but remains complex: “It’s steady work and there’s a way to go, but I think the United Nations can be proud of the role it played in helping to bring about an agreement but also in verifying the implementation of it.”

As part of the pace deal, a special chamber is looking into egregious crimes that took place during the conflict, and a truth commission set up in May is hoping to help victims heal from the trauma of the conflict.

The opinion of whether these will bring justice “is divided,” Ms. DiCarlo said.

“There’s also a sense of extreme gratitude on the part of a lot of people that the violence that they saw before is over. Although there is still some violence from criminal groups that have come in. It’s going to be a long-term process,” Ms. DiCarlo said.

“I saw a very vibrant society and sense among the group that they have a stake in the future of the country.”


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La Navidad en Afganistán, un país en guerra. Entrevista

Celebrazione religiosa in AsiaCelebrazione religiosa in Asia  (ANSA)

Afghanistan: p. Scalese, un Natale di testimonianza per i cristiani

Celebrare il Natale in un Paese da decenni in guerra: la testimonianza di padre Giovanni Scalese, superiore ecclesiastico della missione cattolica in Afghanistan

Giada Aquilino – Città del Vaticano

Un “piccolo gregge” con la missione di offrire la “testimonianza” cristiana in un Paese in guerra da decenni, l’Afghanistan: così padre Giovanni Scalese, superiore ecclesiastico della missione cattolica nel Paese asiatico, presenta la piccola comunità locale che celebra in queste ore la nascita di Gesù.

Una comunità di stranieri

“Il Natale in Afghanistan è una festa un po’ particolare, non è condivisa dalla popolazione locale, che è nella totalità musulmana. Quindi è una festa che riguarda esclusivamente i cristiani, che sono solo stranieri”, spiega il barnabita raggiunto telefonicamente a Kabul da Vatican News. “Molti di coloro che fanno parte della nostra comunità cristiana e che frequentano regolarmente la Chiesa – racconta – in queste occasioni tornano a casa per celebrare la festa con le loro famiglie; però ci sono altri che rimangono per tanti motivi e che in queste occasioni partecipano alle celebrazioni. Per noi è molto importante, perché proprio in questi momenti si prende maggiore consapevolezza della propria identità, di ciò che siamo. Il fatto di celebrare la nascita di Cristo significa per noi ricordarci che siamo cristiani e quindi anche quel dovere di dare una testimonianza” (Ascolta l’intervista a padre Scalese).

La realtà religiosa

L’Afghanistan è una Repubblica islamica, per gli stranieri “non ci sono limitazioni” nell’esercitare la propria religione, “per gli afghani” la situazione è diversa. “In questo Paese – aggiunge padre Scalese – vige la legge islamica. E quindi, anche se la Costituzione riconosce la libertà religiosa, di fatto questa libertà è molto limitata. Ci sono poche minoranze religiose, come quelle induista o sikh, e non esiste di fatto una minoranza religiosa cristiana: è semplicemente un piccolo gregge, la cui parte più significativa – evidenzia – è costituita dai religiosi che risiedono qui in maniera più stabile” rispetto ai rappresentanti del corpo diplomatico, ai militari, agli operatori di organizzazioni internazionali o associazioni umanitarie “che si fermano nel Paese per brevi periodi”.

Prevale ancora l’insicurezza

Il Paese è in guerra da decenni. Gli Stati Uniti hanno annunciato il dimezzamento delle loro truppe. La Nato al momento prosegue il proprio impegno. I talebani controllano un’ampia parte del territorio. E l’Afghanistan, osserva il barnabita, “è un Paese ancora molto insicuro, gli attentati proseguono, i morti continuano ad esserci, si vive nella paura”. Tanto che Papa Francesco ha parlato di “disumana violenza”, auspicando di continuare a lavorare per “costruire la pace”. Padre Scalese assicura comunque di “percepire un certo ottimismo”. “In questo ultimo periodo – evidenzia – ci sono stati vari incontri a livello nazionale e internazionale: ad alcuni di questi, hanno partecipato anche i talebani, che sembrerebbero animati pure loro da una volontà di porre fine a questa situazione che ormai si trascina da 17 anni. Gli americani – prosegue – si è capito che vogliono a poco a poco disimpegnarsi e così anche gli altri Paesi occidentali. Quindi si spera che si possa arrivare ad una soluzione pacifica, con un accordo”.

Le conquiste in senso democratico

La popolazione è stanca “di questa guerra infinita”, nonostante le “conquiste democratiche che pure ci sono state negli anni”. Padre Scalese cita come esempio “le ultime elezioni che, nonostante i limiti oggettivi, sono un segno di una iniziale maturità democratica del popolo afghano”. Il riferimento è alle parlamentari di ottobre, per le quali si sono susseguite accuse di frodi e irregolarità in varie zone del Paese, in un momento in cui crescono pure i timori di ulteriori infiltrazioni terroristiche dalla Siria. Nel caso di un ritiro definitivo delle truppe internazionali dall’Afghanistan, padre Scalese non vede comunque il rischio di un ritorno “alla situazione precedente questa lunghissima guerra, cioè al periodo talebano che era molto chiuso, senza alcun tipo di libertà”.

L’impegno della piccola Chiesa locale

Le tre comunità religiose presenti sul territorio, “i gesuiti, le suore di Madre Teresa e una realtà inter-congregazionale”, rimangono al fianco della popolazione. “I gesuiti – sottolinea il religioso – sono impegnati in campo educativo. Le suore di Madre Teresa hanno un orfanotrofio per bambini abbandonati e assistono qualche centinaio di famiglie bisognose. La comunità Pbk – Pro bambini di Kabul ha una piccola scuola” per piccoli con disabilità psichiche, per introdurli all’istruzione pubblica. “Sono dei piccoli ma significativi segni – conclude padre Scalese – della presenza della Chiesa in questa realtà”.


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La situación de los cristianos en Medio Oriente. Análisis

The badly damaged church of Mar Behnam and Mart Sarah awaits repairs in Baghdeda (Qaraqosh), Iraq. In the foreground is the church's collapsed bell tower, demolished by Daesh, as ISIS is known here, during its retreat from the city. Photo by Kevin Clarke.The badly damaged church of Mar Behnam and Mart Sarah awaits repairs in Baghdeda (Qaraqosh), Iraq. In the foreground is the church’s collapsed bell tower, demolished by Daesh, as ISIS is known here, during its retreat from the city. Photo by Kevin Clarke.

Just a few months ago Chaldean Archbishop Bashar Warda, C.S.S.R., of the Archdiocese of Erbil in Iraqi Kurdistan had expressed exasperation with the halting flow of U.S. aid to Iraqi Christians and other minority communities attempting to recover from the devastation of the ISIS occupation. It was a frustration shared by other Christian leaders of Iraq’s Nineveh province.

Now he sees signs of revived, perhaps sustained support, beginning with the opening of a U.S. Agency for International Development office in Erbil that has provided much-needed aid to nearby Chaldean Christian communities. In Karamles, a village that had been badly damaged by ISIS militants, that has meant five new water wells, a new tractor to help get the agricultural economy back on its feet and a renovated medical clinic.

“Aid is starting to come in,” he said via email from Erbil, “but it needs to come with an urgency that has been missing for years.” Of particular importance, according to Archbishop Warda, is aid meant to develop livelihood programs to help provide work and jumpstart the region’s damaged economy.

“We see a direct correlation with Christians continuing to leave and not having jobs,” he said. “We Christians have always been noted to be entrepreneurial, but how can we do that if there is no seed money?”

“Aid is starting to come in,” Archbishop Warda said, “but it needs to come with an urgency that has been missing for years.”

The Christian community in Iraq has been decimated by decades of conflict, persecution and disorder, culminating in the unbelievable savagery of ISIS. After two millennia in Iraq, the Christian population has reduced to a vanishing point, raising concerns around the world about the viability of this ancient community.

But Archbishop Warda is weary of more expressions of concern. “If Christianity is to survive here,” he said, “there needs to be a more dynamic and creative approach to helping our communities quickly and effectively.”

Waiting for the reconstruction has been deeply discouraging to Nineveh’s Christians, he said, “nearly four and a half years since ISIS destroyed our communities, homes, churches and jobs.”

“I understand that the humanitarian aid pot is being chased by many NGOs,” he said, “but many of our communities are still not benefiting fully at the moment. The delivery systems for the NGOs, including many of the leading private groups, are still very slow, ponderous and burdensome.

“We have done everything we can to make sure that the donors and NGOs know that, truly, we are fast running out of time,” Archbishop Warda said. “It is a tremendous frustration to us that there still seems to be such a disconnect on this issue.”

“If Christianity is to survive here,” he said, “there needs to be a more dynamic and creative approach to helping our communities quickly and effectively.”

Archbishop Warda expects significant new assistance to reach Nineveh’s Christians because of the passage of the Iraq and Syria Genocide Relief and Accountability Act (also known as H.R. 390), signed into law by President Trump on Dec. 11. The law was introduced by U.S. House Rep. Chris Smith, a Republican from New Jersey and a longtime advocate for the Christian communities of Iraq. It will allow U.S. funding to be directed to entities besides the Iraqi central government, including faith-based and religious organizations that are helping with recovery and stabilization efforts. Few in the region have much confidence in Baghdad’s effectiveness in handling aid, so the ability to fund nongovernment actors is significant.

Archbishop Warda said the effort was “a start, but much more needs to be done.”

“This is a crucial and historic bill for all [Iraqi] minorities to allow them to live lives with dignity and peace, with freedom of faith,” he said. “The bill is a great encouragement not only to the minorities but also to the Iraqi people in general. We have had too much war for far too many years, and we need to sow the seeds of peace and reconciliation in our [war-torn] society.”

He said the Iraqi people need to understand “that a civilized society can only exist with mutual respect and dignity.”

“Those who act against such vital human values need to and will be brought to justice; they need to understand that no stone will be left unturned to bring them to justice,” he said.

In addition to creating new avenues for aid delivery, H.R. 390 enables the U.S. State Department—in collaboration with other federal agencies—to conduct criminal investigations and apprehend individuals identified as alleged ISIS members and to identify warning signs of genocide and threats of persecution.

According to the archbishop, that should mean ISIS terrorists will face a lifetime of pursuit for their crimes. “I have always been impressed how governments will never cease in their fight against terrorism,” he said. “That was admirably demonstrated in the…search for justice of the victims of the 1988 Pan Am attack over Lockerbie, [Scotland], a cowardly act of terrorism.

Regrettably, he said, he is still waiting for signs of competent security assistance and cooperation from Baghdad.

“I expect H.R. 390 will be in the same vein and [will produce] the same determination,” he said. “H.R. 390 will send a strong message to those who do not respect the rule of law about what a civilized society means.”

In terms of improving the security situation in a region still menaced by remnants of ISIS and confronting new political and ethnic tensions, Archbishop Warda hopes to see a more authoritative role from the Iraqi central government. “We need a federal police force, and [Christians need] to be no longer dependent on others” for defense and security, he said. “I know currently this may be an ideal, but we have to work for it. Otherwise we cannot grow as a country.”

As the Trump administration made plans this week to withdraw U.S. troops from Syria, Archbishop Warda urged that U.S. forces and the international community remain on the ground in Iraq “to train such a federal police force manned fairly by all citizens of Iraq.”

“It is crucial to remove all the militias,” he said, “and that includes Christian ones. The rule of law needs to come back to Iraq and be enforced by one agency and one agency alone.

“Security remains a paramount issue for not only the minorities but also for the [Sunni population],” he said. “The Hashd al-Shaabi [a Shiite militia] helped in the fight against ISIS, but they now need to return to their homeland [in southern Iraq]. They are increasing their presence and this is unsettling for the minorities and Sunnah.”

Members of this Shiite militia have buying houses in once predominantly Christian villages such as Bartella and Bashiqa, he said. “We have had enough conflict in Iraq to last a lifetime,” the archbishop said. “It is time to stop it now and prevent a build-up for another potential conflict through forced population change.”

Regrettably, he said, he is still waiting for signs of competent security assistance and cooperation from Baghdad. “I can only hope that H.R. 390 will awaken them to their responsibility to provide and apply the rule of law. People need to know that their government cares about their right for protection, not to behave in an arbitrary way of self-interest by a few people. The law must be applied consistently and impartially.”

He said the religious and ethnic minorities of northern Iraq “feel neglected and forgotten.”

“The new government needs to win that trust back,” Archbishop Warda said, “especially for the minorities and other displaced persons.” He said many remain concerned about “a resurgent ISIS in a different form” and the government’s capacity to stop it.

“It should be incumbent on the government to rebuild the minds of its people away from the mentality of ISIS that still remains,” he said. “No one expected the Islam in Mosul was to be so reactionary and brutal.

“The government needs to bring back trust its people and to be ruled by its people and not outsiders. We are all talented enough as a nation to stand on our own two feet. We need to see a visionary government committed to reconciliation,” Archbishop Warda said.

“I am convinced that if the rule of law comes back in the shape of a federal police force,” the archbishop said, “many of our communities in camps in Jordan, Lebanon and Turkey will come back to their villages here.”

As Christian communities across Nineveh continue efforts to restore the housing and infrastructure demolished by ISIS or by the months-long campaign to dislodge the militants by Iraqi and U.S. military, the Diocese of Erbil has been sponsoring its own good works. According to Archbishop Warda, the city’s first Catholic hospital, the Maryamana (Mother Mary) is nearing completion. It is an obvious source of pride. “It will have 75 beds, seven operating theaters, 14 consulting rooms and a staff of 120 people,” the archbishop said. “It will provide the best medical care with the best medical equipment.

“In my mission to be a ‘church of the people,’ it will most certainly address the health concerns of the poor, the elderly and [internally displaced people],” Archbishop Warda said. “It will serve all faiths. The Maryamana will be a great and welcome sign to our people that—with our churches, university, schools and seminary—we have a future and purpose in Iraq.”

In other positive developments, the village of Batnaya “has now been opened.” Archbishop Warda said it was crucial that humanitarian aid reach this Christian village as soon as possible to encourage its former residents to return from cities where they found sanctuary like Erbil and Dohuk. “They have waited far too long and want to see immediate help,” he said.

See Kevin Clarke’s reports from Iraq: 


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República centroafricana. Urge una aclaración sobre la matanza que costó la vida a unas 100 personas.

República Centroafricana: Disparan y queman vivas a 100 personas al abandonar las fuerzas de paz de la ONU Alindao

© Joanne Mariner/Amnesty International

Naciones Unidas debe llevar a cabo una investigación exhaustiva sobre la respuesta de sus fuerzas de mantenimiento de la paz a un ataque reciente en el que hasta un centenar de civiles perdieron la vida en un campo para personas desplazadas de la República Centroafricana, ha manifestado Amnistía Internacional hoy, en un nuevo informe.

Según numerosos testigos, las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU no intervinieron cuando, el 15 de noviembre, en Alindao, un grupo armado atacó el campo, sino que se retiraron a su base central en un vehículo blindado, dejando sin protección a miles de civiles.

Debe abrirse de inmediato una investigación imparcial para determinar, en particular, si la Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en la República Centroafricana (MINUSCA) no cumplió con su deber de proteger la vida de más de las más de 18.000 personas residentes allí.

 

“Decenas de civiles murieron en la matanza perpetrada en el campo para personas desplazadas de Alindao al no hacer nada para repeler a los atacantes armados las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU encargadas de proteger a la población”, ha señalado Joanne Mariner, asesora general de Amnistía Internacional sobre respuesta a las crisis.

“Aunque los atacantes armados las superaran con creces en número, la actuación de las fuerzas de la ONU antes del ataque y en el curso de él pone gravemente en duda que cumplieran con su mandato de protección de la población civil.”

La MINUSCA ha dicho a Amnistía Internacional que, como sus fuerzas eran muy reducidas, les habría resultado imposible contener la violencia. Pero no se explica en absoluto que, con sus vehículos blindados y sus armas pesadas, las fuerzas no tomaran posiciones defensivas que podrían haber disuadido a los atacantes, especialmente si hubieran efectuado disparos de advertencia.

Ataque sangriento

El 15 de noviembre, entre las ocho y las ocho y media de mañana, una sección de Seleka llamada Unión por la Paz en República Centroafricana (Union pour la Paix en Centrafrique, UPC) atacó el campo para personas desplazadas de la misión católica de Alindao. Disparó proyectiles de mortero y granadas propulsadas por cohetes y saqueó y quemó, a continuación, la mayoría de las estructuras de vivienda del campo.

Los combatientes de UPC iban acompañados de gran número de civiles musulmanes armados de Alindao y los pueblos circundantes, que, según informes, estaban enfurecidos a causa de los homicidios de civiles musulmanes que se habían cometido en zona, entre ellos el del conductor de una mototaxi, perpetrado esa misma mañana.

Amnistía entrevistó a 20 personas supervivientes, muchas de las cuales explicaron que las fuerzas mauritanas de la MINUSCA destacadas allí no habían respondido al ataque. En vez de defender a la población de los atacantes o de efectuar siquiera disparos de advertencia, las fuerzas mauritanas se retiraron a su base principal en el campo.

Cuando los atacantes terminaron de saquear y quemar el lugar al final del día, al menos 70 civiles habían perdido la vida –aunque algunas fuentes calculan un total de casi 100 muertes– y alrededor de 18.000 personas desplazadas se habían visto obligadas a huir otra vez.

Homicidios en gran escala de mujeres, niños y niñas, y personas internamente desplazadas en situaciones de vulnerabilidad

Entre las víctimas había gran número de mujeres, niños y niñas y personas ancianas o con discapacidad.

Georgette, cuya familia se había visto obligada a huir de su hogar, en el barrio de Bangui-ville de Alindao, en mayo de 2017, perdió a su madre y a su hija de ocho años cuando los atacantes derribaron la puerta de su vivienda y dispararon contra ellas. Su madre, Marie, de alrededor de 65 años, murió allí mismo; su hija, Natasha, falleció 10 días más tarde en el hospital de Bambari, donde la habían llevado para que recibiera atención médica.

Las personas ancianas o con discapacidad eran especialmente vulnerables y murieron en gran número al no poder escapar del ataque. A muchas las quemaron vivas en sus viviendas, que estaban construidas con postes de madera y ramas secas sumamente combustibles.

Los atacantes mataron también a dos curas católicos, los hermanos Prospère Blaise Mada y Célestin Ngoumbango. Amnistía Internacional no ha podido confirmar si los atacaron deliberadamente por ser curas, pero, según testigos, en el momento de su muerte llevaban sotana.

Los combatientes de UPC y sus cómplices saquearon masivamente y quemaron luego casi todas las viviendas y vaciaron el almacén del Programa Mundial de Alimentos. Amnistía Internacional examinó imágenes de satélite que mostraban claramente que la zona había sido quemada.

“Naciones Unidas tiene que determinar si la matanza de Alindao pudo haberse evitado y, lo que es aún más importante, qué puede hacer para garantizar que se impiden o se repelen los ataques violentos en el futuro”, ha añadido Joanne Mariner.

Por su sólido mandato de protección de la población civil, las fuerzas de la MINUSCA mantienen desde hace mucho tiempo una presencia en el campo para personas internamente desplazadas de Alindao. Antes del actual contingente de paz mauritano (al que, desde el ataque del 15 de noviembre, se ha sumado uno ruandés), eran fuerzas burundesas las que protegían el campo.

Gran número de personas que habían residido en el campo dijeron a Amnistía Internacional que el contingente mauritano, que estaba allí aproximadamente desde mayo, no controlaba debidamente la zona ni impedía la entrada de armas y combatientes armados. A diferencia de los contingentes de la MINUSCA destacados anteriormente en el campo, raras veces efectuaba patrullas, y delegaba gran parte de sus deberes cotidianos en un pequeño “equipo de seguridad” de combatientes antibalaka.

“La aparente aceptación del control antibalaka del campo por parte de las fuerzas de mantenimiento de la paz mauritanas hacía que la población civil corriera mucho peligro”, ha explicado Joanne Mariner.

La MINUSCA negó que sus fuerzas permitieran la presencia de combatientes antibalaka en el campo, señalando que éste es tan grande que resulta sumamente difícil controlarlo. Sin embargo, la actuación de las fuerzas mauritanas muestra que no sólo tenían conocimiento de la presencia de combatientes antibalaka, sino que también la autorizaban.

Amenaza de más violencia

La amenaza de nuevos ataques contra población civil desplazada persiste en gran medida en otras partes del país. El 4 diciembre, combatientes de UPC atacaron, según informes, otro campo para personas internamente desplazadas administrado por la iglesia católica en Ippy, causando la muerte dos niños. Testigos presenciales dijeron a Amnistía Internacional que había allí fuerzas mauritanas de la MINUSCA en ese momento y no hicieron nada para impedir el ataque.

Votación en la ONU para prorrogar el mandato de mantenimiento de la paz

El Consejo de Seguridad de la ONU celebra el 14 de diciembre una votación para prorrogar otro año el mandato de la MINUSCA. Amnistía Internacional es partidaria de la presencia de la MINUSCA en la República Centroafricana y reconoce que, a pesar de las numerosas dificultades, las fuerzas para el mantenimiento de la paz han salvado incontables vidas. Pide a la comunidad internacional que garantice, no obstante, que las fuerzas están debidamente adiestradas, estructuradas y equipadas para cumplir con su ambicioso mandato.

“El secretario general de la ONU, António Guterres, debe garantizar que se lleva a cabo una investigación exhaustiva, oportuna e independiente sobre la causa de los homicidios de Alindao. Servirá para que la ONU cumpla mejor con su mandato de proteger a la población civil de la República Centroafricana”, ha afirmado Joanne Mariner.

“El informe de la investigación debe hacerse público, y tienen que tomarse medidas concretas para aplicar sus recomendaciones.”

Además, la MINUSCA debe garantizar que fuerzas militares adecuadas y con el equipo apropiado efectúan patrullas efectivas en las zonas de alto riesgo del país, incluidas Bambari, Batangafo, Alindao, Ippy, y Bangassou.


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Yemen en una situación humanitaria catastrófica se logra una tregua.

El acuerdo de Yemen es una buena noticia y un mensaje de esperanza

ONU / Eskinder Debebe
El enviado especial del Secretario General para Yemen, Martin Griffiths, informa al Consejo de Seguridad por videoconferencia el 14 de diciembre de 2018

14 Diciembre 2018

“Tras dos años y medio de oportunidades perdidas, se ha reanudado el proceso político para encontrar una solución global al conflicto del Yemen”, afirmó este viernes el enviado especial de la ONU para Yemen. No obstante, la situación humanitaria ha alcanzado el grado de catástrofe.

Con estas palabras, Martin Griffiths, resaltó este jueves ante el Consejo de Seguridad la importancia del Acuerdo de alto el fuego alcanzado ayer entre el gobierno yemení y los hutíes en Suecia, especialmente en relación con el final de las hostilidades en la ciudad portuaria de Hodeida.

“Este acuerdo entró en vigor tras su publicación el 13 de diciembre. Incluye la retirada escalonada pero rápida de ambas partes tanto de los tres puertos de Hodeida como de la ciudad, dentro del contexto de un cese al fuego en toda la provincia. Se pide a las Naciones Unidas que supervisen el cumplimiento de estos compromisos por las partes”

Griffiths instó al Consejo a abordar este último requisito ya que el acuerdo requiere urgentemente un sistema de vigilancia “sólido y eficaz” y, además, es aceptado por ambas partes.

La ONU en control de los puertos

El diplomático británico consideró que el primer paso “fundamental” es el permiso obtenido para que la ONU asuma el liderazgo de los puertos que tendría que efectuarse “en unos días”.

Especificó que Naciones Unidas “asumirá el liderazgo en el apoyo a la Corporación de puertos del Mar Rojo de Yemen en la gestión e inspección de Hodeidah, Salif y Ras Issa, lo que incluirá un mejor seguimiento por parte del Mecanismo de Verificación e Inspección de la ONU”.

Otras Partes del Acuerdo

El compromiso mutuo alcanzado en Suecia también incluye la posibilidad de abrir corredores humanitarios en la ciudad de Taiz que permitan el paso seguro de bienes y personas a través de las líneas del frente, la reducción de los combates en esa provincia y el despliegue de operaciones de desmovilización y la liberación e intercambio de prisioneros.

Todos estos puntos están sujetos a la creación de un comité conjunto, que incluya a las Naciones Unidas, y debería reunirse a la mayor prontitud.

Recordó que antes del encuentro en Suecia las partes acordaron también el establecimiento de un comité mixto para “planificar y facilitar la liberación mutua de todos los prisioneros” que, según estimaciones de Griffiths, podría darse a mediados de enero e incluir hasta 4000 prisioneros.

La reapertura del aeropuerto de Saná y las medidas necesarias para mejorar las actividades y el funcionamiento del Banco Central de Yemen, que comportaría el pago de los sueldos de los funcionarios públicos, fueron dos puntos en los que no se alcanzó ningún acuerdo en el país escandinavo.

Por último, ambas partes acordaron volver a reunirse a finales de enero donde también tratarán el acuerdo marco que Griffiths presentó al Consejo de Seguridad el pasado mes de junio.

El convenio busca restaurar las instituciones y el monopolio estatal de la laseguridad con el objetivo de proporcionar un futuro político claro y definido a todas las partes.

 

Niño recibiendo tratamiento para la desnutrición aguda en un hospital de Hajjah, en Yemen. Foto: PMA/Abeer Etefa.

Unos 250.000 yemeníes al borde la inanición

Por su parte, el secretario general adjunto de Asuntos Humanitarios, Mark Lowcock, confirmó que, tras el completo análisis de un consorcio de agencias que recopiló datos de la mayoría de los distritos de Yemen, más de 20 millones de yemeníes -dos tercios de la población- padecen actualmente inseguridad alimentaria.

Lowcock destacó que el estudio habla “por primera vez de condiciones de fase 5 en Yemen”. El término técnico para la fase 5 es “catástrofe…”. Se caracteriza por carencias alimentarias extremas, tasas de malnutrición muy elevadas y un exceso de mortalidad. Casi un cuarto de millón de yemeníes está literalmente al borde de la inanición”, resaltó.

La única nota positiva del informe es el impacto y alcance de la asistencia humanitaria en el país árabe, especialmente en la entrega de ayuda alimentaria o la distribución de dinero para comprar comida, indicó.

Igualmente destacó la urgencia de las cinco medidas destinadas a evitar una dispersión de la hambruna que propuso al Consejo el mes de octubre: el cese de hostilidades, la protección del suministro de bienes, la estabilización de la economía, la financiación del plan de respuesta de las Naciones Unidas y que las partes sigan participando seriamente en el proceso de Griffiths, ya que “forman un conjunto, no un menú. Necesitamos más acción en todas ellas”.

Para finalizar destacó que “a pesar de las buenas noticias de Suecia, queda un largo camino por recorrer”.


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Progresos en las negociaciones sobre la guerra del Yemen.

“Progresos” en las conversaciones para acabar con la guerra en Yemen

OCHA/Giles Clarke
Vehículos esperando en fila para pasar sobre un puente dañado por un ataque aéreo en 2016. La carretera es una de las cuatro que unen Hodeida (Al Hudayda) con el resto del país.

11 Diciembre 2018

El enviado especial de la ONU espera poder anunciar acuerdos concretos sobre el puerto de Hodeida y el aeropuerto de la capital, Saná, en los próximos días. Martin Griffiths quiere volver a reunir a las partes a comienzos de 2019.

Las consultas políticas, convocadas por la ONU, entre los bandos enfrentados en Yemen han logrado progresos “en unos cuantos asuntos”, ha asegurado Martin Griffiths, el enviado especial de la ONU para Yemen, en una conferencia de prensa este lunes.

Tras cinco días de conversaciones, los representantes del Gobierno y de la oposición hutí han abordado la reapertura del aeropuerto de la capital, Saná, reducir las hostilidades en las ciudades de Taiz y Hodeida y un intercambio de prisioneros. Según informaciones de prensa, en las listas de prisioneros que han intercambiado las dos partes hay 15.000 nombres.

En las conversaciones también se ha hablado de la desastrosa situación económica, dijo Griffiths. Tras cuatro años de conflicto, la economía de Yemen ha colapsado, creando una crisis humanitaria que ha llevado a ocho millones de personas al borde de la hambruna y a tres cuartas partes de la población a depender de la ayuda internacional.

La ONU ha propuesto que el puesto de Hodeida, uno de los más importantes del país, sea controlado conjuntamente por los rebeldes hutíes y el Gobierno, bajo supervisión de la ONU. Griffiths ha defendido que la Organización tenga un papel importante en el puerto, que es un “canal humanitario esencial” para el país.

El enviado especial ha dicho estar animado por el “espíritu positivo y la seriedad” de las dos partes, y sigue “siendo ambicioso” sobre el resultado de las conversaciones, ya que espera anunciar acuerdos tangibles al final de la ronda de consultas que se están llevando en Estocolmo, la capital sueca.

“La esperanza es la divisa del mediador; si no das un sentido de optimismo y esperanza a las partes, no animarás a que den un paso más”, explicó. “Espero que podamos conseguir algunos logros en los próximos días”

Griffiths confía en que los dos bandos accedan a una segunda ronda de consultas a comienzos del próximo año.

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