Loiola XXI

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China: cómo deben comportarse los católicos. La opinión del P. Shi

El padre Shih: no se necesita en China “una Iglesia de oposición”

Entrevista en “La Civiltà Cattolica” con el jesuita se Shanghái que durante varios años dirigió los programas chinos de la Radio Vaticana: entre la Iglesia y el gobierno chino conviene intentar recorrer el camino de la «tolerancia recíproca»

El padre Joseph Shih con el director de “La Civiltà Cattolica”, el padre Antonio Spadaro

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Pubblicato il 05/10/2017
GIANNI VALENTE
CIUDAD DEL VATICANO

La Iglesia católica en China «existe y funciona». Y precisamente para facilitar su vitalidad apostólica conviene reconocer que «el gobierno en China es comunista», que con ese gobierno hay que hacer cuentas y que el registro más apropiado para llegar a acordar las relaciones entre la Iglesia y el poder chino no es el de la «oposición» ni mucho menos el del «compromiso», sino el de un «saludable realismo» y una «tolerancia recíproca». Lo sugiere el jesuita chino Joseph Shih, de 90 años, en una amplia entrevista publicada en el último número de “La Civiltà Cattolica”, hecha por el padre Antonio Spadaro, director de la revista de los jesuitas italianos, cuyos borradores son revisados en el Vaticano.

 

El padre Shih habla con conocimiento de causa: durante su larga vida de sacerdote, sagaz y discreto, ha vivido los senderos, los sufrimientos y las anomalías del catolicismo chino en la China Popular. Oriundo de una familia católica de Shanghái con 10 hijos, entró a la Compañía de Jesús en 1944. Después de salir de la China maoísta, fue ordenado sacerdote en Filipinas (en 1957) y después enseñó durante 35 años en la Pontificia Universidad Gregoriana. Trabajó durante 25 años en la Radio Vaticana, en donde fue también responsable de los programas en chino de la Radio del Papa. Ahora pasa la mayor parte del año en Shanghái, por lo que sigue en estrecho contacto con las dinámicas y los procesos reales que plasman las vivencias de las comunidades católicas chinas en el presente.

 

El eclipse de las “aldeas cristianas”

 

«La vida de la Iglesia», explicó el padre Shih, «ha cambiado junto con la sociedad. Los católicos chinos vivían principalmente en las zonas rurales, mientras que ahora los jóvenes de las aldeas van a buscar trabajo a las ciudades. A menudo sus padres los siguen para ocuparse de sus hijos. Así las aldeas se vacían. Las Iglesias pierden a sus parroquianos. Los viejos católicos están dispersos». Además, precisamente los desequilibrios sociales en acto provocan nuevas inquietudes y nuevas preguntas. Según el padre Shih, no hay que sorprenderse de que, en los últimos años, los fieles de las diferentes religiones hayan aumentado. Incluso la vieja aldea cristiana de Zikawei, en donde surgía la iglesia de San Ignacio, dice el anciano jesuita, ahora fue devorada por el tejido comercial de Shanghái; las viejas casas de las familias cristianas fueron demolidas por completo, pero a las siete misas que se celebran entre el sábado y el domingo en San Ignacio la iglesia siempre está llena, y entre los nuevos fieles que llegan desde diferentes partes del país hay «muchos jóvenes e intelectuales».

 

Divisiones fomentadas y una fe que sabe “distinguir”

 

En la entrevista, el padre Shih describe apropiadamente el origen y la naturaleza real de las divisiones entre las comunidades “oficiales” y las llamadas “clandestinas” que todavía atormentan a la Iglesia en China. Tal división, sugiere Shih, es principalmente un efecto de la política religiosa del gobierno, que impone también a la Iglesia, como a las demás comunidades de fe, sus órganos de control. No todos, en la Iglesia católica, aceptan esta situación. Por ello, desde el punto de vista del gobierno, «hay dos partes en la Iglesia católica. El gobierno reconoce la parte que acepta sus leyes y no reconoce a la otra que las rechaza. Pero «los católicos que viven en China –resalta el jesuita chino– conocen estas definiciones, y, sin embargo, saben distinguir entre la política religiosa del gobierno y la propia fe. Para ellos, en China no hay más que una sola Iglesia, es decir la Iglesia una, santa, católica y apostólica. En esta única Iglesia se encuentran dos comunidades distintas, cada una con sus obispos y sus sacerdotes. Entre ellos hay frecuentes disputas, que no se deben a diferencias en la fe, sino que son más bien expresión de conflictos de interés religioso. Además, después de los inistentes llamados del Papa Juan Pablo II –recordó el padre Shih– las dos partes comenzaron a reconciliarse».

 

En contra de estos procesos de reconciliación, reconoció el jesuita de Shanghái, están los que acentúan exagerada e instrumentalmente las diferencias entre la «Iglesia oficial» y la «Iglesia clandestina», apostando principalmente por sabotear el diálogo que han retomado China y la Santa Sede. Esta contraposición, fomentada principalmente en el extranjero, anotó el jesuita, «no ayuda para nada la vida y la misión de la Iglesia en China». Mientras, precisamente una mirada de fe sugiere también cuáles son los criterios que hay que seguir en las relaciones con el gobierno».

 

Una Iglesia que no tiene el problema de “desafiar” a nadie

 

El realismo de la fe, explicó Shih, lleva a reconocer que «el gobierno chino es comunista», que esto no cambiará «ciertamente durante mucho tiempo», y que «la Iglesia en China debe tener alguna relación con el gobierno chino». Una relación de «oposición», responde Shih a la pregunta del padre Spadaro, «sería un suicidio». Pero también la perspectiva de un compromiso complaciente y que ceda sería, según Shih, inadecuado, puesto que por este camino «la Iglesia perdería la propia identidad». La fórmula que sugiere el jesuita chino es la de la «tolerancia recíproca». La tolerancia, explicó, «es diferente del compromiso. El compromiso cede algo al otro, hasta el punto de que el otro se encuentra satisfecho. La tolerancia no cede ni exige que el otro ceda». Y, puesto que la Iglesia católica en China «existe y funciona», significa que «de alguna manera la tolerancia ya se experimenta».

 

Las perspectivas que sugiere Shih también aluden a la Santa Sede, pues, indicó, si pretende verdaderamente facilitar la vida de los católicos chinos, debe resistir a las presiones y reproches de quienes quisieran crear una «fuerza antagonista» frente al gobierno de Pekín. «Si la Santa Sede se opusiera al gobierno», anotó Shih, «la Iglesia en China se vería obligada a elegir entre ambos, y elegiría, necesariamente, a la Santa Sede. Así, la Iglesia sería mal vista por el gobierno chino». Benedicto XVI, en su Carta a los católicos chinos de 2007, escribió que en China la Iglesia católica «no tiene la misión de cambiar la estructura o la administración del Estado, sino anunciar a Cristo a los hombres». A diez años de ese texto, el padre Shih expresó su deseo de que los católicos chinos puedan vivir una vida auténticamente cristiana en China tal y como es en la actualidad, y, por ello espera que la Santa Sede «no desafíe al gobierno con un ideal demasiado elevado e irreal», porque «obligaría a elegir entre la Iglesia y el gobierno chino». El jesuita aconsejó a los católicos chinos no escuchar a quienes intervienen, desde el extranjero, en sus problemas, y que lo hacen siempre «sin congruencia y dañando a la Iglesia».

 

El “caso Ma Daqin”

 

En la entrevista concedida al padre Spadaro, el jesuita chino Joseph Shih interpreta con los criterios de un «sano realismo», sugerido por el “sensus fidei”, el caso del obispo Taddeo Ma Daqin, a quien conoce bien y por quien se preocupa mucho.

 

Ma Daqin fue ordenado obispo auxiliar de Shanghái el 7 de julio de 2012, con el consenso del Papa y con el reconocimiento del gobierno chino, pero al final de su ordenación episcopal declaró públicamente la intención de abandonar los encargos que hasta aquel momento tenía en los organismos “patrióticos”, de los que se sirve la política religiosa gubernamental, para dedicarse por completo al ministerio pastoral. Esa declaración provocó la inmediata reacción de los aparatos gubernamentales, que obligaron a Ma Daqin a vivir en un retiro en el seminario de Sheshán, impidiéndole ejercer su ministerio episcopal. En junio de 2016, el obispo “impedido” de Shanghái publicó en su sitio un largo artículo para expresar su arrepentimiento por haber abandonado la Asociación patriótica. En abril de este año se trasladó a la provincia de Fujián, en donde celebró públicamente la misa con el obispo “ilegítimo” Zhan Silu, ordenado sin el visto bueno de la Santa Sede. En los medios de comunicación occidentales aparecieron inmediatamente textos y opiniones que etiquetaban a Ma Daqin como un “traidor”. «Yo», explicó el padre Shih, «conozco muy bien al obispo Ma Daqin. Él no ha cambiado de bando ni se ha rendido: más bien creo que se ha despertado. Muchos dicen que aman a China, pero tienen una idea abstracta del país. Aman, tal vez, la China de Confucio o la de Jiang Jieshi (Chiang Kai-shek). Para el obispo Taddeo Ma Daqin, amar a China quiere decir amar a la China concreta, es decir la China actual, la China gobernada por el Partido comunista. Él ya no cree que la Iglesia debe necesariamente oponerse al gobierno chino; es más, ha comprendido que, para poder existir y actuar en la China de hoy, la Iglesia necesariamente debe volverse por lo menos “tolerable” para el gobierno. Es decir, monseñor Ma Daqin es un obispo chino que tiene un saludable realismo. El hecho de que haya ido a Mindong y que haya concelebrado con el obispo “ilegítimo” Zhan Silu tenía, efectivamente, como objetivo una reconciliación con el gobierno chino». Y el padre Shih espera que «la Santa Sede lo apoye y deje que lo intente».

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La Comisión europea sobre lo sucedido el 1 de octubre en Cataluña.

 

 

Comunicado sobre lo sucedido en Catalunya

Bruselas, 2 de octubre de 2017

Bajo la Constitución española, la votación de ayer en Catalunya no fue legal.

Para la Comisión Europea, tal y como ha reiterado repetidamente el presidente Juncker, este es un asunto interno de España que se debe tratar dentro del orden constitucional de España.

También reiteramos la postura legal mantenida por esta Comisión y sus predecesoras. Si se organizara un referéndum de acuerdo con la Constitución española significaría que el territorio resultante se encontraría fuera de la Unión Europea.

Más allá de los aspectos puramente legales del asunto, la Comisión cree que estos son tiempos de unidad y estabilidad, no de división ni fragmentación.

Llamamos a los actores relevantes a moverse rápidamente de la confrontación al diálogo. La violencia nunca puede ser un instrumento de la política. Confiamos en el liderazgo del presidente Mariano Rajoy para gestionar este complejo proceso con total respeto a la Constitución española y a los derechos fundamentales de sus ciudadanos.


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Exigencias de la ONU al gobierno de Myanmar

La “pesadilla humanitaria” en Myanmar podría propagarse, advierte Guterres

El Secretario General de la ONU, António Guterres, en el Consejo de Seguridad. Foto: ONU/Kim Haughton

28 de septiembre, 2017 — El Secretario General de la ONU António Guterres denunció hoy la “pesadilla” humanitaria que sufre la minoría Rohingya en Myanmar y exigió al gobierno que cese las operaciones militares y reabra el acceso humanitario a la región azotada por el conflicto.

“La situación se ha convertido en una de las emergencias de refugiados que más rápido se han agravado, una pesadilla humanitaria y de derechos humanos”, dijo el Secretario General al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Más de 500.000 refugiados Rohingya han huido a la vecina Bangladesh después de que los ataques de militantes de esta minoría musulmana contra puestos de seguridad desencadenarán el mes pasado una agresiva represión por parte de las fuerzas militares de Myanmar.

Guterres aseguró haber recibido “testimonios escalofriantes” de refugiados sometidos a “excesos de violencia y graves violaciones de los derechos humanos”, incluyendo el disparo indiscriminado de armas, el uso de minas terrestres contra civiles y violencia sexual. “Esto es inaceptable y debe acabar inmediatamente”, exhortó.

El Secretario General instó a Myanmar a cesar las operaciones militares, permitir el acceso sin restricciones de la ayuda humanitaria y el regreso seguro y voluntario de los refugiados a sus áreas de origen. También expresó preocupación por el actual clima de antagonismo hacia Naciones Unidas y otros grupos de asistencia.

“La realidad sobre el terreno exige acción. Una actuación rápida, para proteger a las personas, aliviar el sufrimiento, prevenir más inestabilidad, abordar las causas de la situación y forjar, por fin, una solución duradera”, señaló.

El líder de la ONU recordó que la “violencia sistémica” podría hacer que los disturbios se propaguen al centro del estado de Rakhine, lo que pondría en riesgo de desplazamiento a otros 250.000 musulmanes.

Guterres señaló que el 9 de octubre se celebrará una cumbre de donantes para abordar la crisis en Myanmar pero no especificó el lugar.


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De nuevo en el Vaticano el caso Orlandi.

El caso Orlandi y la investigación del padre Lombardi

En febrero de 2012 “Chi l’ha visto?” dio a conocer algunos pasajes de un apunte interno del director de la Sala de prensa vaticana. En las semanas que siguieron llevó a cabo una pequeña “pesquisa” sobre el caso y su resultado fue publicado el 14 de abril de ese año

San Pedro (foto: Chris Helgren – Reuters)

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Pubblicato il 27/09/2017
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

El 22 de febrero de 2012, con la presencia de Pietro Orlandi (hermano de Emanuela) en el estudio, el programa televisivo italiano “Chi l’ha visto?” resumía en un reportaje el contenido de uno de los apuntes que el padre Federico Lombardi, entonces director de la Sala de Prensa vaticana, envió a uno de sus superiores o, como sea, a alguien de peso. Se trata de una nota reservada, en la que el jesuita responsable de los medios de comunicación vaticanos sintetiza datos ciertos y cuestiones abiertas sobre el caso del secuestro de la joven Emanuela. Ese texto fue escrito pocas semanas antes, el 9 de enero. Estaban comenzando los “Vatileaks”, la primera gran fuga de documentos reservados (del escritorio del Papa) fotocopiados por el mayordomo y ayudante de cámara Paolo Gabriele que, después de la publicación del libro “Su Santidad” de Gianluigi Nuzzi, fue arrestado.

Ese 22 de febrero el libro de Nuzzi todavía no había sido publicado y entre los documentos que comenzaban a filtrarse a algunos periódicos, la nota de Lombardi no estaba. No es difícil pensar que ese documento, un texto enviado por correo electrónico por el vocero vaticano a Georg Gänswein, el secretario particular de Benedicto XVI, haya sido entregado a Pietro Orlandi por el mismo Paolo Gabriele, puesto que se conocían y frecuentaban. El texto completo del documento nunca ha sido publicado.

 

Al leerlo íntegramente se comprende que no era un informe sobre el secuestro, sino la reseña de un libro, la lectura guiada y aderezada con varias consideraciones de un texto que acababa de ser publicado (firmado por Pietro Orlandi y un periodista italiano del diario “Il Corriere della Sera”). De hecho, era suficiente ver el título del documento para comprender su naturaleza: «Sobre el libro de Fabrizio Peronaci y Pietro Orlandi: “Mi hermana Emanuela” (Apunte P.Lombardi, 27.12.2011, actualizado el 9.1.2012)».

 

Lombardi informó a su interlocutor, el secretario del Pontífice, sobre el contenido del volumen, que le parece «bastante confiable en las informaciones que da sobre hechos y documentos». Recuerda también las diferentes pistas citadas e el libro y observa: «Efectivamente se percibe que la tragedia de la familia no es solo la de una hija desaparecida, sino también la de la tortura prolungada de mensajes, reivindicaciones, informaciones contradictorias, que siempre mantienen las dudas y vuelven a despertar la cuestión hasta nuestros días con presuntos nuevos elementos (como las declaraciones bastante recientes de Sabrina Minardi, amante del “boss” de la Banda della Magliana, Renatino De Pedis)». Se refiere a la última investigación basada en las declaraciones de la «arrepentida» Minardi, que después concluyó sin ninguna novedad.

 

«Pietro Orlandi –escribe Lombardi– parece una persona que efectivamente busca la verdad, manifiesta la capacidad de rechazar algunas hipótesis que le parecen completamente infundadas. Positivos, en este sentido, son su no dar crédito a las acusaciones infamantes contra Marcinkus (bello también el testimonio de su mamá a favor de Marcinkus), o la presentación cordial que hace de Luigi Mennini».

El vocero vaticano también considera que es «excesiva la seguridad con la que se identifica la sigla “Phoenix” con los servicios secretos italianos», uno de los elementos de novedad del libro que analiza los diferentes despistes en el todavía oscuro y misterioso caso. Se definen como «infundadas y fantásticas» las afirmaciones sobre «el coronel Esterman, sus contactos con la Stasi y los demás servicios de inteligencia, y su intención de huir de Roma». Después se concentra en la actitud de Pietro Orlandi, quien «considera como verdadero que la hermana haya sido secuestrada porque era ciudadana vaticana, en conexión con el atentado a JPII (Juan Pablo II, ndr.), y a quien le gustaría que este hecho fuera reconocido y declarado públicamente. Sobre esta conexión parecería que se habrían expresado –acreditándola– también JPII y el card. Casaroli (esto es posible, pero esto lo dice P.Orlandi y yo no tengo la certeza absoluta, al no tratarse de declaraciones públicas documentadas)… Efectivamente, los mensajes que pedían un intercambio Agca – Emanuela fueron muchos e insistentes».

 

Lombardi habla del «interés» y del «compromiso», «muy grandes», del Papa Wojtyla, y después se refiere a algunas de las afirmaciones de Pietro Orlandi con respecto a que su familia no hubiera recibido avisos sobre el riesgo de los secuestros por parte de las autoridades vaticanas (después de una indicación de los servicios franceses, el Vaticano advirtió a las familias del ayudante de cámara Angelo Gugele y del jefe de los gendarmes Camilo Cibin, que también tenían hijas). El hermano de Emanuela, recuerda Lombardi en su apunte, «también considera que el Vaticano no informó lo suficiente a su familia (por ejemplo de los contactos que tuvo con los secuestradores, mediante una línea telefónica reservada) y que no colaboró lo necesario con los investigadores italianos (así como sostienen los investigadores italianos, como Malerba y, sobre todo, el juez Priore: porque algunos prelados se rechazaron a testificar)».

 

De esta «falta de colaboración y transparencia» citada en el libro, nace la idea de una «pista interna» que «habría sido encubierta por el Vaticano mismo y que podría llevar a los verdaderos (o a algunos verdaderos) mandantes del plan del atentado en contra del Papa y del consecuente secuestro de Emanuela. Los hechos de informaciones y circunstancias inquietantes, “inexplicables” sin “topos” y espías internos, confirmarían esta pista y su encubrimiento. (Nota: de algunas de estas circunstancias me parece efectivamente que circularon rumores que, por lo que me resulta, nunca fueron verdaderamente desmentidos)».

 

«De cualquier manera –escribe el padre Lombardi en su nota dirigida al secretario del Pontífice–, en el libro de Orlandi –Peronaci se pueden reconocer algunos claros indicios sobre el compromiso vaticano para tratar de colaborar en la solución del secuestro (la línea telefónica directa para los contactos con los secuestradores: la cita con el juez Sica para el contacto con los secuestradores, aunque haya fracasado, el contacto de monseñor Stanislao con los carabineros para desenmascarar el fraude del turco Sufurler…). En cambio, no se ven verdaderas pruebas de querer ocultar algo. Por ejemplo, la interceptación de una llamada telefónica de Bonarelli (gendarme vaticano que debía ser escuchado por los magistrados en relación con el caso de Mirella Gregori, otra chica que desapareció algunas semanas antes que Emanuela, ndr.), no me parece que demuestra demasiado, cuando no una bastante y normal invitación a la prudencia (por parte de Cibin, creo) en la deposición que deberá hacer. O bien, el comportamiento de monseñor Stanislao» con quienes querían aprovecharse de la situación y crear un fraude, gracias al cual «se llegó rápidamente» a desenmascararlos, «y sería exagerado hablar de una “negociación”» a espaldas de la familia Orlandi.

 

«Sin embargo, hay –reconoce Lombardi– algunos aspectos de comportamiento humano y cristiano probablemente criticables o imprudentes, que han contribuido a la actitud negativa de Pietro». El portavoz cita tres ejemplos: la «reacción irritada de Castillo Lara (cardenal, ndr.) a la primera entrevista de Pietro Orlandi». La «entrevista de Oddi (otro cardenal, ndr.) sobre hipótesis nada honrosas para Emanuela» (se refiere a que el purpurado afirmó haber escuchado que Emanuela había vuelto al Vaticano en coche, acreditando la pista de un escándalo de naturaleza sexual o de trata de blancas). Y también «la ausencia de autoridades vaticanas en el funeral de Ercole Orlandi (por lo menos es lo que se afirma en el libro)».

 

En su conjunto, escribe el padre Lombardi, «me parece evidente que la hipótesis de una “pista interna” vaticana de autores intelectuales eclesiásticos de alto nivel del atentado del Papa o del secuestro es una infamia increíble, a la que no hay que dar la más mínima credibilidad». Sin embargo, el portavoz añade una lista de «puntos sobre los que no es fácil dar hoy una respuesta definitiva ni documentable».

 

«Por ejemplo:

– El hecho que hubiera habido una advertencia sobre el peligro de secuestros (por parte de los servicios franceses) y que se hubieran tomado medidas de prevención (Gugel, Cibin…).

– Si la no colaboración con las autoridades italianas (por lo menos en algunas de las formas requeridas – rogatorias, desposición de Bonarelli) es una normal y justificada afirmación de soberanía vaticana o si efectivamente se mantuvieron reservadas algunas circunstancias que habrían podido ayudar a aclarar algo.

– La cuestión de la ayuda económica a Solidarnosc. No creo que haya sido aclarado nunca verdaderamente (para el público exterior no), y vuelve a complicar también esta cuestión (por lo menos según la hipótesis del juez Priore sobre la responsabilidad de la Banda della Magliana en el secuestro).

– Las circunstancias “inexplicables” que hacen pensar en informantes dentro del Vaticano».

 

Lombardi cita al final las «presuntas interrogantes relacionadas con la tumba del “boss” de la Banda della Magliana, “Renatino”, en Sant’Apollinare, y, como me parece que por parte de la Iglesia el cardenal Vicario haya declarado la disponibilidad a dejar abrir tal tumba, no comprendo por qué esto no se ha dado todavía» (también esta verificación no habría producido ning’un resultado poco tiempo después).

 

El mensaje de Lombardi a monseñor Gänswein termina con una pregunta: «¿Tiene sentido profundizar todavía la cuestión con algún testigo autorizado que ocupaba en esa época algún cargo de responsabilidad y que sea capaz de dar una información o una opinión informada para un juicio más seguro y adecuado sobre el caso?». No contamos con una respuesta, escrita o verbal. Pero, teniendo en cuenta lo que sucedió posteriormente, podría ser que el secretario de Benedicto XVI, después de haber presumiblemente informado al Papa, hubiera respondido afirmativamente, autorizando nuevas investigaciones por parte del vocero vaticano. No hay que olvidar que casi todos los que en 1983 ocupaban cargos de responsabilidad en el Vaticano ya no están vivos y se percibe que ni el padre Lombardi ni sus interlocutores conocen informaciones decisivas.

 

El resultado de esta personal “investigación” fue el comunicado que firmó el padre Federico Lombardi, y que sigue siendo en la actualidad el documento oficial más largo, articulado, puntual, confiable y actualizado sobre el caso Orlandi. La estatura moral y la preparación del entonces vocero vaticano están fuera de discusión: lo que escribió en la nota difundida el 14 de abril de 2012 fue fruto de su investigación personal y de los diálogos que tuvo con quienes pudieran tener algún conocimiento sobre los hechos.

 

«Puesto que ha pasado un tiempo considerable desde los hechos en cuestión (el secuestro fue el 22 de junio de 1983, hace casi 30 años) y puesto que buena parte de las personas entonces en cargos de responsabilidad han desaparecido, no es naturalmente posible pensar en un nuevo análisis detallado de los eventos. A pesar de ello, es posible, gracias a algunos testimonios particularmente confiables y a una relectura de la documentación disponible, verificar en sustancia con cuáles criterios y actitudes procedieron los responsables vaticanos para afrontar esa situación». Se comprende que entre los testimonios «particularmente confiables» esta el del cardenal Giovanni Battista Re.

 

Para responder a las preguntas sobre el compromiso de las autoridades vaticanas de la época para «afrontar verdaderamente la situación», sobre su colaboración con las autoridades italianas y si existen «elementos nuevos, no revelados pero conocidos por alguien en el Vaticano, que pudieran ser útiles para conocer la verdad», Lombardi recuerda principalmente el compromiso personal de Juan Pablo II y sus ocho llamados por la liberación de Emanuela, su visita a la familia de la chica y el puesto de trabajo garantizado a su hermano en el IOR. «A este compromiso personal del Papa es natural que correspondiera el compromiso de sus colaboradores».

 

«El cardenal Agostino Casaroli, Secretario de Estado y, por lo tanto primer colaborador del Papa –escribe Lombardi– siguió personalmente el caso, tanto que, como se sabe, se puso a disposición para los contactos con los secuestradores mediante una línea telefónica particular. Como demostró en el pasado y sigue haciéndolo el cardenal Giovanni Battista Re (entonces asesor de la Secretaría de Estado y hoy principal y más confiable testimonio de esa época), no solo la Secretaría de Estado misma, sino también el Gobernatorado estuvieron comprometidos haciendo lo posible para afrontar la dolorosa situación con la necesaria colaboración con las autoridades italianas investigadoras, a las que tocaban la competencia y la responsabilidad de las investigaciones, puesto que el secuestro se verificó en Italia».

 

Para demostrar esta «plena disponibilidad a la colaboración», la nota cita, por ejemplo, la posibilidad que tuvieron los investigadores, «y sobre todo el SISDE (Servicio para la Información y la Seguridad Democrática)», para acceder «a la central telefónica del Vaticano para escuchar posibles llamadas de los secuestradores, y también después en algunas ocasiones autoridades vaticanas recurrieron a la colaboración con autoridades italianas para desenmascarar formas de fraudes por parte de presuntos informantes».

 

«Corresponde, entonces,a la pura verdad –continúa la nota—cuanto se afirmó con nota verbal de la Secretaría de Estado N. 187.168, del 4 de marzo de 1987, en respuesta a una llamada vaticana a la primera petición formal de información presentada por la magistratura italiana investigadora en la fecha del 13 de noviembre de 1986, cuando se dice que “las noticias relacionadas con el caso […] fueron transmitidas en su momento al PM doctor Sica”. Como todas las cartas e indicaciones que llegaron al Vaticano fueron enviadas rápidamente al Doctor Domenico Sica y al Inspectorado de P.S. en el Vaticano, se presume que se encuentren custodiadas en las competentes oficinas judiciales italianas».

 

El padre Federico Lombardi añadió: «También en la segunda fase de la investigación (años después) las tres rogatorias enviadas a las autoridades vaticanas por los investigadores italianos (una en 1994 y dos en 1995) encontraron respuesta (notas verbales de la Secretaría de Estado N. 346.491, del 3 de mayo 1994; N. 369.354, del 27 de abril de 1995; N. 372.117, del 21 de junio de 1995). Como pidieron los investigadores, el Sr. Ercole Orlandi (papá de Emanuela), el Com. Camillo Cibin (entonces Comandante de la vigilancia vaticana), el Card. Agostino Casaroli (que fue Secretario de Estado), S.E. Mons. Eduardo Martínez Somalo (que fue Sustituto de la Secretaría de Estado), Mons. Giovanni Battista Re (entonces asesor de la Secretaría de Estado), S.E. Mons. Dino Monduzzi (entonces Prefecto de la Casa Pontificia), Mons. Claudio Maria Celli (que fue Subsecretario de la Sección para las relaciones con los Estados de la secretaría de Estado), entregaron a los jueces del Tribunal Vaticano sus deposiciones sobre las preguntas hechas por los investigadores y la documentación fue enviada, mediante la embajada de Italia ante la Santa Sede, a las autoridades que la pedían. Los fascículos relativos existen todavía y siguen estando a disposición de los investigadores».

 

Lombardi revela que «en la época del secuestro de Emanuela, las autoridades vaticanas, en espíritu de verdadera colaboración, concedieron a los investigadores italianos y al SISDE la autorización para tener bajo vigilancia el teléfono vaticano de la familia Orlandi y para acceder libremente al Vaticano para ir a la vivienda de los mismos Orlandi, sin ninguna intermediación de funcionarios vaticanos». El vocero concluye: «No es, pues, fundado acusar al Vaticano de haber rechazado colaborar con las autoridades italianas encargadas de las investigaciones.

 

¿Por qué, entonces, los magistrados italianos titulares de las diferentes investigaciones sobre el caso no ocultaron nunca que consideraban poco suficiente la colaboración de las autoridades vaticanas? Lo que es cierto es que influyó en este juicio que el Vaticano hubiera respondido a las rogatorias internacionales enviando las preguntas por escrito a los testigos para después transmitir las respuestas a los magistrados italianos, sin que tuvieran la posibilidad para interrogar directamente a los protagonistas.

 

«Que en las deposiciones en cuestión no estuviera presente un magistrado italiano, sino que se pidiera a la parte italiana que formulara con precisión las preguntas que hacer –observa Lombardi en el comunicado– forma parte de la praxis ordinaria internacional en la cooperación judicial y no debe, pues, sorprender, ni mucho menos crear sospechas (véase el art. 4 de la Convención Europea de asistencia judicial en materia penal, del 20 de abril de 1959». Verdadero y jurídicamente incontestable. Pero no se pueden comparar respuestas por escrito con un coloquio personal. Las reacciones de los magistrados son, pues, completamente comprensibles.

 

«La sustancia de la cuestión –afirma Lombardi– es que, desgraciadamente no se tuvo en el Vaticano ningún elemento útil concreto para la solución del caso que ofrecer a los investigadores. En ese momento, las autoridades vaticanas, con base en los mensajes recibidos que se referían a Alí Agca (que, como periodo, coincidieron prácticamente con la instructoria sobre el atentado al Papa), compartieron la opinión difundida de que el secuestro fuera utilizado por una oscura organización criminal para enviar mensajes y presionar en relación con el encarcelamiento y los interrogatorios al atentador del Papa».

 

«No se tuvo –añadió el vocero vaticano– ningún motivo para pensar en otras posibles razones para el secuestro. La atribución de conocimiento de secretos relacionados con el secuestro mismo por parte de personas pertenecientes a las instituciones vaticanas, sin indicar ningún nombre, no corresponde, pues, a ninguna información confiable ni fundada: a veces parece casi una coartada frente a la desilusión y a la frustración por no haber logrado encontrar la verdad».

 

La nota de Lombardi concluye afirmando «con decisión» estos puntos: «Todas las autoridades vaticanas colaboraron con compromiso y transparencia con las autoridades italianas para afrontar la situación del secuestro en la primera fase y, después, también en las investigaciones posteriores». Además, «no resulta que se haya ocultado nada, ni que existan en el Vaticano “secretos” sobre el tema. Seguir afirmándolo es completamente injustificado, incluso porque, se insiste una vez más, todo el material hallado en el Vaticano fue entregado, en su momento, al P.M. investigador y a las autoridades de Policía; además, el SISDE, la Cuestura de Roma y los Carabineros tuvieron acceso directo a la familia Orlandi y a la documentación útil para las investigaciones».

 

En resumen, el padre Lombardi, después de haber escuchado nuevamente a los testigos que seguían con vida, aseguró que no hay secretos que revelar ni inconfesables «pistas internas». Poco más de una semana antes de que se difundiera la nota de Lombardi, en la Basílica de San Pedro el predicador de la Casa Pontificia, el padre Raniero Cantalamessa, utilizó palabras muy fuertes en la homilía del Viernes Santo, y que se podían aplicar al caso Orlandi: «¡Cuántos delitos atroces que han quedado, en los últimos tiempos, sin culpable; cuántos casos sin resolver! No se lleven con ustedes el secreto a la tumba». Según lo que afirma la articulada declaración vaticana que hizo Lombardi, no habría habido nunca secretos en el Vaticano en relación con el caso Orlandi.

 

Este documento, que debe ser leído teniendo en cuenta la nota interna que envió Lombardi a Gänswein, parecería querer cerrar definitivamente un caso de secuestro y desaparición que se verificó fuera de las murallas de la Ciudad del Vaticano, pero que involucró a una ciudadana vaticana, hija de un empleado del pequeño Estado.

 

¿Qué aporta al caso el nuevo documento, claramente falso y probablemente escrito para pasar como tal, publicado en el libro de Emiliano Fittipaldi titulado “Impostores”? Lo que da valor a ese texto (escrito por una mente refinada y hábil) es que se encontraba en el archivo que monseñor Lucio Vallejo Balda hizo durante el periodo en el que fue Secreario de la COSEA, la Comisión encargada de vigilar la situación económico-administrativa de los dicasterios y de las oficinas vaticanas, y de proponer reformas. Formaba parte de esa comisión Francesca Immacolata Chaouqui, quien se refirió por primera vez al documento (un presunto informe de gastos que la Santa Sede habría hecho para mantener a Emanuela Orlandi oculta en el extranjero), en un libro publicado en febrero de 2017. Y, como Vallejo Balda, quien habló sobre el documento con varias personas, parecía creer en su contenido.

 

¿Es posible que ese texto contenga pedazos de informaciones verdaderas, es decir, por ejemplo, notas de los gastos para investigar sobre el caso Orlandi? Es difícil decirlo, puesto que faltan documentos y testimonios atendibles al respecto. Lo que es cierto es que nos encontramos a la vigilia de un nuevo “Vatileaks”, con la publicación de nuevos documentos reservados (probablemente en parte provenientes todavía del archivo de monseñor Vallejo Balda). Y también el caso de Emanuela Orlandi, que desapareció una tarde de junio en el centro de Roma, sobre cuyo destino no se ha sabido nada, acaba en este revoltijo de venenos, mensajes cruzados y chantajes.


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Las críticas a los Papas ayer y hoy.

El documento en contra de las “herejías” del Papa también le tocó a Wojtyla

Desde el frente «sedevacantista» le atribuyeron 101. Las críticas contra Juan Pablo II fueron mucho más numerosas y difundidas, por parte de teólogos que criticaban el «centralismo romano». El cardenal Müller fue sujeto a exámenes de doctrina por los algunos blogueros

Juan Pablo II con el cardenal Jorge Mario Bergoglio

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Pubblicato il 26/09/2017
Ultima modifica il 26/09/2017 alle ore 10:33
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

La velocidad de la red y de las redes sociales que se convierten en repetidoras contribuyen a agigantar lo que está sucediendo (por ejemplo en el caso de la llamada «corrección filial» al Papa Francisco), como si nunca antes hubiera pasado algo semejante. Una mirada a la historia reciente de la Iglesia nos hace comprender que no es así, además de ayudar a reportar a su justa dimensión el documento firmado por 79 estudiosos, investigadores, periodistas y blogueros en el que se sostiene que el Papa Francisco ha propagado y «proposiciones herejes». Los autores del texto, firmado también por el ex presidente del IOR, Ettore Gotti Tedeschi, indican 7 «herejías» en realidad nunca escritas o pronunciadas por el Pontífice, sino «deducidas» por ellos mismos de su magisterio o de sus discursos. Se trata, muy probablemente, de un primer paso hacia esa «corrección formal» a la que se ha referido con frecuencia el cardenal estadounidense Raymond Leo Burke, uno de los cuatro firmantes de las «dudas» sobre «Amoris laetitia» que fueron presentadas a Bergoglio.

 

Dar un paso hacia atrás ayuda a comprender el alcance real del documento que se está discutiendo en estos días.  Juan Pablo II, por sus afirmaciones en línea con el Concilio Ecuménico Vaticano II (verdadero blanco de muchos críticos) en los ámbitos del ecumenismo, de la libertad religiosa y del diálogo con las demás religiones, fue atacado repetidamente durante su vida. Y también después de su muerte algunas personas del área más extrema del tradicionalismo, representada por el «sedevacantismo» (es decir quienes consideran que no hay un verdadero Papa en la cátedra de Pedro desde Pío XII), llegaron a atribuirle 101 «herejías». Para criticarlo utilizaban citas extraídas de los documentos de los Papas del pasado.

 

Tienen que ver con algunas afirmaciones del Papa Wojtyla sobre el ecumenismo, es decir sobre los hermanos separados, que son, precisamente, llamados hermanos y ya no «hijos del diablo», sobre la posibilidad de definir a los «cristianos» incluso a los no católicos, sobre la salvación posible más allá de las fronteras visibles de la Iglesia, sobre la salvación de los niños muertos sin el bautismo, sobre la posibilidad del martirio cristiano fuera de la Iglesia católica, sobre la definición de los hebreos como «nuestros hermanos», sobre la libertad de conciencia como derecho humano, sobre el derecho a la libertad de profesar la propia fe incluso para los no católicos… Todo ello aderezado con notas en las que se indicaba dónde y cuándo el Papa Juan Pablo II había hecho ciertas afirmaciones, y dónde y cuándo afirmaban lo contrario los Papas del pasado.

 

Pero no hay que olvidar que el caso apenas citado se refiere a fracciones extremistas marginales, que en la actualidad se dan a conocer explotando las potencialidades de internet, pero que no tienen consistencia real entre el pueblo cristiano. Muy diferentes (tanto por su seriedad como por sus proporciones) fueron las críticas y las peticiones que hicieron llegar a san Juan Pablo II los teólogos que estaban en contra del llamado «centralismo romano». Una crítica al Pontífice polaco y también a su Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe Joseph Ratzinger. Estamos hablando de la famosa Declaración de Colonia, que hasta hace algunos años era presentada como un «ataque contra el magisterio» por parte de quienes hoy se comportan de la misma manera porque el magisterio no dice exactamente lo que ellos piensan.

 

En 1989, promovida inicialmente por los teólogos de Tubinga Norbert Greinacher y Dietmar Mieth y por un primer grupo de disidentes, la «carta abierta» fue suscrita por 162 profesores de teología católica de lengua alemana. Después la firmaron inmediatamente en Holanda 17.000 laicos y eclesiásticos y, en la entonces República Federal Alemana, 16.000 párrocos y laicos, además de un centenar de grupos católicos. Otras declaraciones parecidas surgieron en Bélgica, Francia, España, Italia, Brasil y Estados Unidos. El motivo que desencadenó la declaración fue la sucesión del obispo de Colonia y que se pusieran en discusión las prerrogativas tradicionalmente concedidas al capítulo en muchas diócesis alemanas en relación con la indicación de las ternas de los candidatos.

 

Se criticaban, pues, el «centralismo romano» y la falta de escucha por parte de la Santa Sede a las instancias e indicaciones de las Iglesias locales. Se decía que la negación de la autorización eclesiástica para la enseñanza a «teólogos y teólogas cualificados» era «un grave peligro y atentado a la libertad de investigación». En el documento se utilizaban los mismos argumentos de quienes ahora critican a Francisco, invitando a los «obispos a acordarse del ejemplo de Pablo, que permaneció en comunión con Pedro a pesar de “resistírsele en la cara”, en relación con la cuestión de la misión entre los paganos».

 

El 15 de mayo de 1989 también en Italia, es decir la nación que es considerada la más católica de Europa y en la que vive el Papa, que también es su primado, 63 teólogos publicaron en la revista «Il Regno» un documento crítico titulado «Carta a los Cristianos – Hoy en la Iglesia», expresando su disgusto «por determinadas actitudes de la autoridad central de la Iglesia en el ámbito de la enseñanza, en el de la disciplina y en el de ámbito institucional», para manifestar «la impresión de que la Iglesia católica ha sido sacudida por fuertes impulsos regresivos». Lo firmaron muchos profesores importantes de varias facultades teológicas y diferentes universidades italianas.

 

Volviendo a las críticas que provienen del frente «tradicionalista» o conservador, no hay que olvidar los ataques, a veces feroces, en contra de Benedicto XVI por algunos de sus discursos en los que afrontaba el tema del ecumenismo o por la decisión de participar en el encuentro interreligioso de Asís. Tampoco hay que olvidar que muchos criticaron muy duramente al cardenal Gerhard Ludwig Müller pocas semanas antes de que fuera nombrado Prefecto de la Congregación para la doctrina de la Fe, en 2012. Una operación de alto nivel, con apoyos dentro de la Curia romana, para sacar a la luz algunas de sus afirmaciones consideradas «heterodoxas» y para tratar de frenar su nombramiento.

 

La traducción a diferentes lenguas de los pasajes «dudosos» de sus obras fue enviada anónimamente por correo electrónico a varios periodistas con la esperanza de que se transformaran en los inquisidores de Müller. Y los textos fueron difundidos en sitios y blogs cercanos al llamado mundo tradicionista y lefebvriano. El futuro Prefecto, en su momento, escribió que la doctrina sobre la virginidad de María «no se relaciona tanto con específicas propiedades fisiológicas del proceso natural del nacimiento», que «el cuerpo y la sangre de Cristo no indican elementos materiales de la persona humana de Jesús durante su vida o de su corporeidad transfigurada» y que gracias al Bautismo «nosotros, como católicos y cristianos evangélicos, estamos ya unidos incluso en eso que llamamos la Iglesia visible».

 

En ese momento, para defender a Müller, salió al ruedo Nicola Bux, que era el asesor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, con una entrevista a Vatican Insider en la que dijo: «El desarrollo doctrinal se enriquece con el debate: quien tiene más argumentos convence. En las acusaciones contra monseñor Müller se extrapola todo del contexto: así es fácil condenar a quien sea. Un verdadero católico debe confiar en la autoridad del Papa, siempre».


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Perú: situación del País y la audiencia del Papa al Presidente.

Perú: Lleva el presidente crisis del gobierno a cita con el Papa

Justo cuando el mandatario Pedro Pablo Kuczynski atraviesa la peor crisis de su administración, fue recibido en el Vaticano por el Papa Francisco y al salir tomó distancia de uno de los problemas principales de su gobierno: la ideología de género
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Pubblicato il 22/09/2017
Ultima modifica il 22/09/2017 alle ore 14:45
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

“No debe haber ideología en la educación”. Apenas pocas palabras dedicó el presidente peruano, Pedro Pablo Kuczynski, para referirse tangencialmente a la ideología de género. Las pronunció este viernes, al salir de una audiencia privada con el Papa en el Vaticano. Un encuentro que se concretó mientras el mandatario afronta la peor crisis de su administración. Turbulencias que llevaron a la caída de buena parte de sus ministros y que tuvo en el “gender” uno de sus grandes catalizadores.

 

“Los hombres y las mujeres deben tener oportunidades iguales, nosotros somos gente moderada, lo que nos interesa es que todas las chicas y los chicos tengan una buena educación y tengan la vida que elijan”, respondió el presidente, al borde de la Plaza de San Pedro, a los periodistas que le preguntaban su opinión sobre la presencia de la ideología de género en el currículo educativo nacional.

 

Era el tema más delicado. La manzana de la discordia entre el Congreso peruano y el presidente. Eso y una prolongada huelga educativa pusieron en jaque a la ministra Marilú Martens primero, y luego a todo el gobierno. A tanto llegó el cruce político que el parlamento, cuya mayoría está en manos del opositor y fujimorista partido Fuerza Popular, le quitó la confianza al gobierno y obligó a Kuczynski a iniciar un recambio prácticamente de todo su equipo.

 

Apenas esta semana, Martens fue sustituida junto con la primera ministra. Cambio precipitado por una crisis producto, entre otras cosas, de un gran descontento popular y de las acciones de un frente compuesto por diversos grupos católicos, evangélicos y fujimoristas. Por eso, como era previsible, el presidente dedicó una parte de su encuentro con el Papa a dar explicaciones.

 

“Yo le conté un poco lo que ha pasado. En el Perú hemos tenido una censura de la ministra de educación y por lo tanto renunció la presidente del Consejo de Ministros, estamos superando esa situación, tenemos una nueva primera ministra, la mayoría de los otros ministros se han quedado, pero hicimos cambios en educación y salud”, indicó.

 

“Él se quedó muy tranquilo con las explicaciones que les di. A él y al cardenal (Pietro) Parolin, (secretario de Estado del Vaticano) con quien tuvimos una larga conversación, les dije que el Perú es un país muy diverso pero tolerante, de muchas etnias y tradiciones culturales, profundamente religioso”, añadió.

 

La cita con Francisco duró unos 26 minutos, en privado y sin intérpretes. En la biblioteca personal del pontífice en el Palacio Apostólico. Formó parte de la delegación Alfonso Fernández Grados Carrero, responsable de la organización del viaje papal a Perú previsto del 18 al 21 de enero de 2018. De ese tema se habló también en el diálogo privado. Quedó refrendado que ya se encuentra “casi todo listo” y sólo falta definir exactamente donde se llevará a cabo la gran misa del Papa al concluir su visita.

 

También se habló del desarrollo y la lucha contra la pobreza, la protección del medio ambiente, y de la “situación de algunos ex presidentes que están en la cárcel”, según dijo el propio Kuczynski. Con esas palabras se refería a Alberto Fujimori, cuya hija Keiko controla la misma mayoría en el congreso que desencadenó la crisis del gobierno. Pero también a Ollanta Humala, envuelto en la trama Obedretch.

 

Al final de la audiencia, durante el intercambio de regalos, el presidente insistió ante el Papa sobre las dificultades de su gobierno y Francisco le respondió “ya vendrán tiempos mejores”. El mandatario le obsequió un Barayok, un bastón de mando incaico y una imagen de la Virgen de los Desatanudos, muy querida por el pontífice, pintada en estilo cusqueño.

 

Por su parte, Bergoglio obsequió un medallón de bronce con la imagen de un árbol de olivo partido que se une gracias a sus ramas. Le explicó a su invitado que a él le gusta regalarlo a los jefes de Estado porque es un signo de paz, de unidad. Además, también regaló copias preciosas de su encíclica “Laudato Si” y sus exhortaciones apostólicas y “Evangelii Gaudium” y “Amoris Laetitia”.

 

Con Parolin, se abordó la situación en Venezuela con el cual Perú tiene prácticamente rotas las relaciones diplomáticas. El presidente insistió en la necesidad de abrir un canal para el ingreso de ayuda humanitaria y de buscar un diálogo para que “haya un sistema de gobierno transicional”.

 

“Estamos todos preocupados, queremos ayudar, creemos que un país con las mayores reservas de petróleo del mundo se merece un destino mejor para sus habitantes”, precisó. Y luego se refirió a la corrupción en el continente, refiriéndose específicamente al caso Obedretch.

 

Al respecto, Kuczynski anticipó: “Le explicamos al cardenal Parolin que en la cumbre de las Américas que se realizará en Lima en abril del año que viene vamos a hacer una propuesta, en consulta con los otros gobiernos, para crear una Corte Interamericana contra la Corrupción”.


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Burundi; ante la profunda crisis del País los obispos piden diálogo político.

BURUNDI – “El diálogo inclusivo como única vía para encontrar la paz”: llamamiento de los Obispos para superar la crisis política

Bujumbura – “El diálogo inclusivo es la única forma de reencontrar la paz”, dicen los obispos de Burundi en su mensaje publicado al final de su asamblea plenaria y leído en todas las parroquias del país durante las homilías del domingo 10 de septiembre.
“Insistimos una vez más en que el diálogo inclusivo debe ser privilegiado, por un interés de la nación en detener el camino a todos aquellos que quieren emprender la guerra”, dice el documento recibido en Fides.“Invitamos a todos los involucrados en la crisis a participar en el diálogo bajo la mediación de un facilitador, y expresamos nuestra preocupación porque parece que es difícil de lograr”.
El llamamiento de los Obispos llega en un momento en que no parece encontrarse una salida a la crisis política burundiana comenzada en abril de 2015 tras el anuncio del presidente Pierre Nkurunziza de volver a presentarse para las elecciones con un tercer mandato, en violación de la constitución y de los acuerdos de paz de Arusha, que sólo conceden dos mandatos presidenciales. Después de la elección de Nkurunziza, en julio de 2015, la violencia y la represión se acentuaron, empujando a más de 425.000 burundianos a refugiarse en países vecinos. Ya en 2015 , los obispos pidieron un “diálogo inclusivo”, con los líderes de la oposición forzados al exilio para tratar de alcanzar un acuerdo para superar la crisis. Hasta ahora, el gobierno se ha limitado al diálogo con fuerzas que no son totalmente representativas de toda la realidad política y social del país.
Desde abril de 2015 hasta la actualidad, la crisis ha causado la muerte de entre 500 y 2.000 personas , así como cientos de personas desaparecidas y otras torturadas.El 4 de septiembre, expertos nombrados por las Naciones Unidas que investigan violaciones de los derechos humanos en Burundi han pedido a la Corte Penal Internacional que inicie una investigación “lo antes posible” sobre los abusos cometidos por oficiales y agentes de las fuerzas de seguridad de Burundi acusados de ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias, tortura y violencia sexual.