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Nicaragua: los obispos consideran imposible el diálogo político en el actual clima de violencia

marcha protesta Nicaragua obispos no diálogo nacional violenciaLa gran marcha de protesta en Nicaragua  (AFP or licensors)

Obispos de Nicaragua: no a Diálogo Nacional si continúa la violencia

En un comunicado, los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua dejan claro que no se puede reanudar el Diálogo Nacional si el pueblo nicaragüense continúa a ser reprimido y asesinado

Ciudad del Vaticano

La Conferencia Episcopal de Nicaragua ha declarado hoy suspendido el diálogo nacional, lanzado por el Presidente Daniel Ortega, “mientras al pueblo de Nicaragua se le siga negando el derecho a manifestarse libremente y continúe siendo reprimido y asesinado”. Lo dieron a conocer este 31 de mayo los obispos de este país centroamericano, con un comunicado.

Dolor y condena

“Hemos vivido con profundo dolor los acontecimientos violentos perpetrados la noche de ayer por grupos armados afines al gobierno contra la población civil”, afirman los obispos nicaragüenses en el comunicado. “Condenamos enérgicamente estos hechos violentos en contra del ejercicio de la libre manifestación pacífica y rechazamos absolutamente esta agresión organizada y sistemática en contra del pueblo, la cual ha dejado decenas de heridos y algunas personas muertas”, continúa el texto.

No más violencia inhumana

Los Obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua – mediadores entre el Gobierno y representantes de la población civil – subrayan que no pueden “seguir permitiendo esta violencia inhumana” y además de condenar “todos estos actos de represión de parte de grupos cercanos al gobierno” aclaran que “no se puede reanudar la mesa del Diálogo Nacional mientras al pueblo de Nicaragua se le siga negando el derecho a manifestarse libremente y continúe siendo reprimido y asesinado”.

Finalmente, “en este momento en que la historia del país sigue manchada de sangre” los Obispos nicaragüenses invocan a la Virgen Dolorosa, para que consuele “a tantas madres nicaragüenses que sufren por el asesinato de sus hijos”.

La grave crisis sociopolítica continúa a dejar victimas

En el marco de manifestaciones a favor y en contra del Gobierno de Daniel Ortega, la marcha de ayer ha sido la más grande manifestación de plaza en Nicaragua de los últimos 30 años. Había sido convocada en coincidencia con el Día de la Madre por un grupo de madres de ciudadanos muertos durante la represión de las protestas, que tienen lugar desde el 18 de abril en el país y que ha dejado, decenas de muertos. Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la marcha de ayer ha dejado un saldo de 76 heridos y 11 muertos. La denominada “Madre de todas las marchas”, de más de 5 kilómetros, desfilaba pacíficamente por el centro del Managua en reclamo de justicia por las víctimas de la represión por la democratización del país, cuando fue atacada por  grupos armados que abrieron fuego indiscriminadamente entre la muchedumbre.

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Congo: los obispos ante la crisis actual del País.

CONGO RD – Los obispos: “Reiteramos nuestra oposición a un posible tercer mandato del Presidente actual”

sábado, 26 mayo 2018elecciones   obispos  

Kinshasa (Agencia Fides) – “Necesitamos organizar elecciones creíbles, transparentes e inclusivas para la estabilidad del país”, ha reiterado el Secretario General de la Conferencia Episcopal Nacional del Congo (CENCO), don Donatien Nshole, el 24 de mayo de 2018, en una conferencia de prensa en el Centro interdiocesano de Kinshasa.
“La CENCO celebra el respeto, manifestado hasta ahora, de las principales fases del calendario electoral y de las declaraciones de la Comisión Electoral Independiente (CENI) y del gobierno que aseguran la celebración de las elecciones presidenciales, legislativas nacionales y provinciales del 23 de diciembre” ha dicho el p. Nshole pero añadiendo que la CENCO está muy preocupada por “la inercia en la implementación de algunas disposiciones del acuerdo de 31 de diciembre de 2016 y por las declaraciones de algunos políticos que se alejan de la Constitución y del Acuerdo de San Silvestre, la única hoja de ruta para sacar de la crisis al país pacíficamente”. Se trata de una referencia clara a las declaraciones de algunos políticos de la mayoría presidencial sobre la posibilidad de otro mandato para el presidente Joseph Kabila.
Según el episcopado congoleño, “estas declaraciones, motivadas por los intereses de sus autores y no del Jefe de Estado, que no tiene nada que ganar en el ser responsable del incendio del país, deben ser desalentadas por quienes aman el Congo, porque pueden conducir fácilmente a la violencia que es perjudicial para la paz y la estabilidad de la República Democrática del Congo y de toda la subregión”.
El Padre Nshole también ha pedido que para preparar elecciones creíbles y pacíficas se retire la prohibición de manifestación.
Finalmente, sobre el uso de las máquinas electorales, los Obispos observan que la controversia sobre su fiabilidad no asegura la celebración de las elecciones en las condiciones adecuadas, y esperan que la certificación de las máquinas pueda concluirse antes de finales de julio, “para que en el caso de decidir no utilizarlas, la CENI puede imprimir los formularios en papel de acuerdo con el calendario electoral”. (L.M.) (Agencia Fides 26/5/2018)


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La república centroafricana en grave crisis

La crisis en la República Centroafricana “rompe el corazón”

Archivo: OCHA/Yaye N. SENE
La coordinadora humanitaria de la ONU Najat Rochdi visita Kaga Bandoro en la República Centroafricana.

28 Mayo 2018

La situación humanitaria en el país africano se ha agravado con un aumento de la violencia que amenaza casi todas las regiones del país. A empeorar la crisis contribuye la falta de dinero para financiar las operaciones de ayuda. Una funcionaria de la ONU describe esa realidad como “horrible”.

Una de cada cuatro personas son desplazados en la República Centroaficana, según Najat Rochdi, la coordinadora de la ayuda humanitaria en el país, que añadió que la situación de violencia se ha extendido a regiones que anteriormente vivían en calma, como el norte y el centro.
En una rueda de prensa en Ginebra, Rochdi advirtió que la malnutrición aguda afecta a más del 15% de la población en seis regiones administrativas, mientras que la mortalidad infantil se sitúa en el 18%.
“Me rompe el corazón cada vez que un niño se me acerca y me dice que tiene hambre”, explicó Rochdi al comentar la grave escasez de fondos para financiar las operaciones humanitaria. Después, añadió: “Es horrible, realmente horrible”.
“Lamentablemente, la situación ha empeorado porque en un año ha aumentado en un 70% el número de personas desplazadas, lo que significa que hay más niños y niñas desplazados. También significa que se va a sacrificar a una generación entera porque esos niños no van ir a la escuela. Es muy importante que sigamos suministrándoles una ayuda humanitaria que va más allá de la distribución de comida y de proporcionar acceso al agua potable y a la salud. Es simplemente darles acceso a la esperanza”, afirmó.
Me rompe el corazón cada vez que un niño se me acerca y me dice que tiene hambre.
En lo que va de año sólo se ha recaudado el 20% de los 515 millones de dólares que se necesita para ayudar a 1,9 millones de personas en la República Centroafricana.
La última espiral de violencia tiene su origen en los enfrentamientos entre la fuerzas gubernamentales y los rebeldes cristianos y musulmanes, así como entre los ataques mutuos entre estas milicias.
La gran riqueza natural del país, que posee diamantes, oro y uranio, continúa alimentando el conflicto, según la coordinadora, que comentó que “no hay ningún problema” en las áreas “donde no hay mucho que robar”.
La violencia ha alcanzado la capital, Banqui, a principios de mes tras un año de relativa tranquilidad. En un incidente reciente, 70 personas murieron en los enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad, milicias armadas y miles de desplazados.
La coordinadora dijo que las tropas de la misión de la ONU tuvieron que intervenir después de que a un grupo de musulmanes se le negara el acceso a los servicios sanitarios.
La ciudad de Bambari también ha sido testigo del retorno de los grupos armados a pesar de que se había declarado el año pasado como un lugar seguro para todas las comunidades.
Las milicias están poniendo presión sobre el Gobierno para obtener una amnistía, pero eso sería “un desastre”, según Rochid, que resaltó que los esfuerzos para acabar con la impunidad han dado como resultado la creación de una Corte Criminal Especial que debe empezar a trabajar la semana próxima. Algunos de los primeros acusados serán “líderes de alto rango de los grupos armados”.

Uno lugar peligroso para los trabajadores humanitarios

La funcionaria también explicó que la República Centroafricana es uno de los lugares más peligrosos para los trabajadores humanitarios, después de que el año pasado seis de ellos fueran asesinados y después de que el saqueo se haya convertido en un acto regular.
El aumento de la violencia ha provocado que un número de civiles cada vez mayor haya tenido que desplazarse a zonas remotas y de difícil acceso. En abril del año pasado, 670.000 personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares dentro del país, mientras la cifra de refugiados en las naciones vecinas, como Camerún y Chad, alcanza los 580.000.
Cerca de un 70% de las familias no tienen acceso a agua potable y un 80% no tienen acceso a letrinas, lo que representa “una puerta abierta a las enfermedades”, aseguró la coordinadora.
La situación se agrava porque las comunidades están tomando las armas para defenderse y para tomar la justicia por su mano.
Pese a la creciente inestabilidad y al hecho de que los niveles de financiación de la ayuda en 2017 llegaron solo al 40%, Rochid dijo que la asistencia que se entrega supone una gran diferencia sobre el terreno y está ayudando a preparar a las comunidades para soportar nuevas contingencias en el futuro.
El año pasado, más de un millón de personas tuvieron acceso al agua y se pudieron entregar más de 7000 toneladas de comida y otros artículos de primera necesidad. Además, 60.000 niños pudieron ir a clase. Alrededor de 70.000 familias campesinas recibieron semillas para poder plantar sus futuras cosechas y ser autosuficientes. Más de 17.000 niños de entre 6 y 59 meses que sufrían de malnutrición aguda también recibieron atención.

No subestimar la esperanza

Lo más importante es que haya gente en la República Centroafricana que tenga la sensación de que hay un futuro, destacó Rochdi, explicando que la ayuda humanitaria “es la diferencia entre la vida y la muerte”.
Este país ha pasado a menudo por ciclos de violencia y diferentes ciclos de trauma, por lo que solo conocen la ayuda de emergencia, y esto significa que si la pierden perderán la esperanza y con ella el compromiso con un proceso de paz.
La ayuda es también “la mejor forma para todos nosotros de mantener la paz”, agregó, ya que la financiación también da esperanza a las comunidades.
“No debemos subestimar la esperanza en al República Centroafricana. Este país ha pasado a menudo por ciclos de violencia y diferentes ciclos de trauma, por lo que solo conocen la ayuda de emergencia, y esto significa que si la pierden perderán la esperanza y con ella el compromiso con un proceso de paz. Y cuando eso se pierda acabará lo todo lo que estamos haciendo para mantener la paz”, concluyó


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Crítica situación en el Congo. Llamamiento de alarma de los obispos

Desesperado llamado de los obispos de El Congo: “La situación empeora cada hora”

La Conferencia Episcopal, alarmada por la serie infinita de violencia y por la intención de Kabila de no hacerse a un lado, lanza un mensaje invitando respetar los Acuerdos de San Silvestre

Protestas en El Congo

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Pubblicato il 26/05/2018
LUCA ATTANASIO
KINSHASA

 

«La situación está empeorando cada hora e indica que se está recrudeciendo la violencia urbana. No hay día sin que lleguen noticias de terribles escenas de asesinatos, secuestros en diferentes zonas del país». Son las palabras netas y alarmadas del fuerte llamado (el enésimo) que hizo la Conferencia Episcopal congoleña (Cenco) el 24 de mayo pasado, después de un nuevo periodo de graves tensiones y de nuevas inestabilidades. La Iglesia, que se ha convertido en uno sujeto político, se erige desde hace tiempo en defensa de la democracia y de los derechos, además de insistir en la aplicación de los Acuerdos de San Silvestre que fueron firmados en diciembre de 2016, gracias a la intermediación del mismo episcopado, que preveían nuevas elecciones antes de que terminara 2017 e indicaban una guía para volver a la normalidad en un país destrozado por años de conflictos, pobreza y, recientemente, de la vuelta del Ébola (aunque el contagio, como indicó la OMS, parece haber sido limitado).

 

Desde hace ya algunos meses, han sido precisamente los obispos y los laicos católicos los que indican cuál es el principal problema de Kabila, cuya dura respuesta no se ha hecho esperar: desde diciembre del año pasado sofoca con la represión manifestaciones pacíficas organizadas por comités de fieles católicos (a los que se han sumado también activistas de otras confesiones y religiones), mientras se prohíbe cualquier forma de asociación y se amenaza con la represión rigurosa de cualquier protesta.

 

En el poder desde hace 17 años, Kabila aceptó los principios del acuerdo de San Silvestre, con reservas, porque, según la Constitución, no habría podido volver a presentarse como candidato y, por lo tanto ha utilizado todos los pretextos para postergar las elecciones. Pero al final, después de tanta insistencia, incluso a nivel internacional, el 8 de noviembre pasado, fijó para el 23 de diciembre de 2018 las elecciones, Pero está nuevamente tratando de postergar la llamada a las urnas o, como sea, poder volver a presentarse como candidato.

 

«Nos preocupa mucho más –indican los obispos– la serie de declaraciones que llegan de la mayoría presidencial, que evoca la posibilidad de otro mandato para el actual presidente de la República, con gran desprecio de nuestra amada Constitución y del Acuerdo de San Silvestre que, al respecto, es muy claro».

 

En una conversación telefónica con Vatican Insider, don Donatiene Nshole, secretario de la Conferencia Episcopal, expresa los grandes temores de la Iglesia y de toda la población. «Kabila no dice nada, deja que hablen sus aliados y sus colaboradores, que hacen declaraciones muy ambiguas. Se habla de una posible recandidatura, despreciando el Acuerdo de San Silvestre y de la Constitución misma, que es muy clara: después de dos mandatos no hay ninguna posibilidad para volver a presentarse como candidatos».

 

«Kabila –prosigue el sacerdote– ya habría debido dejar la presidencia en diciembre de 2016. Estamos extremadamente preocupados, porque si el presidente pretende verdaderamente correr nuevamente por las elecciones, viviremos un neto deterioro de la situación político-social del País. La gente no aceptará nunca esta eventualidad y, si el gobierno demuestra que procederá hacia esa dirección, no faltarán los desórdenes. Mientras tanto, llegan noticias cotidianamente de violencia y de masacres en las ciudades, así como en las zonas de Beni Butembo, Goma y otras. La gente sigue huyendo en las fronteras».

 

Desde finales del año pasado ha habido manifestaciones organizadas por los laicos católicos, y a menudo han sido reprimidas con violencia. Ahora lo que se teme es que se llame a nuevas manifestaciones. «Se multiplican los rumores de nuevas marchas, organizadas por los laicos católicos y por la sociedad civil para manifestar la preocupación de todo el pueblo por la situación que se está verificando», explica Nshola. «El 25 de febrero pasado hubo una imponente manifestación, a la que se convocó después del llamado de los obispos católicos a pedir justicia y respeto de los acuerdos y a demostrar que el pueblo tenía los ojos abiertos. El principio era decir no a un poder que solamente actúa según la ley del más fuerte. Ha habido muchos enfrentamientos, muertos, pero el pueblo no se ha dejado atemorizar y está listo para salir nuevamente a la calle. Hay un riesgo real de llegar a una revolución, porque la gente no tiene esperanza, ya no cree ni en el acuerdo ni en el diálogo. Sé que los laicos católicos se están preparando para retomar las marchas y para poner en movimiento más fuerzas».

 

En relación con la respuesta que recibió el llamado del pasado 24 de mayo, el secretario de la Conferencia Episcopal declaró: «Hemos sentido la urgencia de hacer que se escuche nuestra voz, con la esperanza de que con este llamado el gobierno comprenda que la vía es, sin duda, errónea. No hemos recibido respuestas oficiales, pero en privado muchas personas, de diferentes partes, nos han enviado sus felicitaciones. La gente ve en la Iglesia la única estructura organizada y capaz para afrontar al poder, y cada vez son más las personas que se dirigen a nosotros con la esperanza de un cambio».


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Nota de los obispos de Nicaragua sobre la falta de diálogo nacional.

Obispos de Nicaragua suspenden el diálogo nacional por falta de consenso

Los prelados piden, a través de un comunicado, la conformación de una comisión mixta para alcanzar acuerdos y reactivar el diálogo en el país

Ciudad del Vaticano

Los obispos de Nicaragua han anunciado el miércoles 23 de mayo, a través de un comunicado, la suspensión del diálogo nacional en el que la Iglesia actúa como mediadora, ya que los grupos participantes no han podido llegar a un acuerdo, y en su lugar proponen la formación de una comisión mixta para lograr finalmente el tan anhelado consenso.

Suspensión del diálogo por falta de acuerdos

«Lamentamos vernos obligados (debido a la falta de consenso) a suspender, por ahora, esta mesa plenaria del diálogo nacional», afirmaba a medios locales el presidente de la Conferencia Episcopal nicaragüense, el cardenal Leopoldo Brenes, solicitando asimismo la formación de una comisión mixta integrada por seis personas, tres por cada parte, «con el objetivo de que se alcance un acuerdo para superar este impase».

 

Según informa el comunicado de los prelados, los miembros de la mesa de diálogo, que pretende superar la crisis nacional en la que de momento han muerto 76 personas; «no han alcanzado una acuerdo sobre la propuesta del Gobierno de quitar las barricadas, así como la petición de los universitarios, la sociedad civil y empresarios, de adelantar las elecciones».

Creación de una comisión mixta

Por ello, la Iglesia de esta nación ha sugerido crear una comisión que desbloquee la situación para que de esta manera, se puedan reactivar las conversaciones.

«Cuando hayan logrado este consenso, les rogamos nos lo comuniquen para poder reiniciar el diálogo y nuestro servicio de mediación», afriman los obispos en su documento, recordando que «la paz de nuestra patria y la vida de muchos nicaragüenses depende en gran parte de la continuación del diálogo».

Las protestas comenzaron el pasado mes de abril a raíz de una reforma de la seguridad social que aumentaba las retenciones a trabajadores y empresarios;y ponía a cotizar a los jubilados, pero han ido creciendo rápidamente hasta desencadenar enfrentamientos violentos que se han cobrado de decenas de ciudadanos que reclamaban la «democratización» del país.

Llamamiento a los medios a informar con la verdad

 

Por último, el comunicado concluye haciendo un llamiento a todos los medios de comunicación y redes sociales a “favorecer la veracidad y alentar un ambiente de respeto que abone para los avances del Diálogo, evitando los ataques, descalificaciones y las amenazas en perjuicio de la dignidad, reputación e integridad física y moral de los participantes en la mesa del diálogo”.


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Qué le ha pasado a la iglesia en Chile? Reflexión de Vatican Insider.

Chile; una Iglesia herida cobra conciencia

La clamorosa decisión de los 34 obispos de poner en las manos del Papa sus dimisiones abre una fase de renovación, que será larga y fatigosa

El Papa con los obispos chilenos

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Pubblicato il 19/05/2018
Ultima modifica il 19/05/2018 alle ore 12:29
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

Nunca en la historia de la Iglesia había pasado nada parecido: el episcopado de todo un país deja en manos del Papa su renuncia. Un gesto clamoroso e inédito, que representa la primera respuesta verdaderamente adecuada a la dramática situación. El escándalo de los abusos sexuales contra menores, de los abusos de conciencia, de poder, los encubrimientos, la incapacidad de darse cuenta de lo sucedido y de todo el descrédito que ha representado para la Iglesia. Todo ello llevó esta decisión necesaria.

 

En el documento de diez cartillas escrito por el Papa, que los 34 obispos recibieron al llegar al Vaticano, Francisco no se comportó como un inquisidor, no salió a cazar culpables o chivos expiatorios. Fue a la raíz del problema, demostrando, con datos claros y gracias a la profunda investigación que condujo monseñor Scicluna, cuán arraigada está esta enfermedad estructural y sistémica. Por ello pudo afirmar que lo que se ha hecho hasta ahora para reparar el mal cometido «no ha servido mucho», tal vez «por querer dar vuelta la página demasiado rápido y no asumir las insondables ramificaciones de este mal; o porque no se tuvo el coraje para afrontar las responsabilidades, las omisiones, y especialmente las dinámicas que han permitido que las heridas se hicieran y se perpetuaran en el tiempo».

 

Francisco recordó el pasado glorioso, profético, de la Iglesia chilena, que en los años setenta defendió al pueblo de la dictadura alzando valientemente la propia voz a favor de los más débiles. Pero después algo sucedió, cambió el centro alrededor del cual rotaba: «se volvió ella misma el centro de atención. Dejó de mirar y señalar al Señor para mirarse y ocuparse de sí misma». Entre líneas, se puede deducir el diagnóstico que ofrece el Papa en su documento: los pastores se alejaron del pueblo, se acercaron al poder, se convirtieron en una casta, con una «“psicología de elite”», con círculos cerrados, con espiritualidades narcisistas y autoritarias. En lugar de evangelizar, lo importante era sentirse especiales, diferentes de los demás: «Mesianismo, elitismos, clericalismos, son todos sinónimos de perversión en el ser eclesial; y también sinónimo de perversión es la pérdida de la sana conciencia de sabernos pertenecientes al santo Pueblo fiel de Dios que nos precede

 

La enfermedad que le ha dado a la Iglesia chilena, fruto de décadas de nombramientos seleccionados según las pertenencias a determinados clubs, y grupúsculos eclesiales, y a sus referentes vaticanos, no desaparece en un abrir y cerrar de ojos, con una operación de maquillaje, con la renuncia de algún obispo. Requiere que se excave mucho más profundamente. Ha habido encubrimientos, los culpables de los abusos expulsados de una orden religiosa fueron acogidos en otras partes, en diócesis en donde fueron puestos nuevamente en contacto con niños y jóvenes. Las denuncias de las víctimas que valientemente derribaron el asfixiante muro de silencio que envolvía los crímenes del padre Fernando Karadima, fueron tildadas de «inverosímiles» por obispos, arzobispos y cardenales, porque Karadima era un «santo» y un gran formador de curas y obispos. Las víctimas fueron desacreditadas, alejadas, rechazadas, definidas «serpientes» en los intercambios epistolares de los cardenales. Y ha sido impresionante leer, poco antes del encuentro con el Papa, que todo esto llenaba las bocas de algunos de los protagonistas, incapaces de ver, incapaces de aceptar las propias culpas. Ese “mea culpa” que, por el contrario, ha hecho el Papa Francisco al pedir perdón por haberse equivocado en relación con el caso chileno.

 

 

Con una Iglesia en la que se han verificado abusos de poder, en donde ha habido indebidas presiones contra los que estaban investigando para poder encubrir todo, en donde se han destruido documentos para impedir que las investigaciones prosiguieran y pudieran llegar a la verdad, el Papa Francisco no utilizó su «poder». No se presentó como un ángel exterminador, listo para fulminar a los culpables como “jefe” de la Iglesia universal. Propuso, por el contrario, a los 34 obispos chilenos un retiro espiritual, un camino de penitencia. Los puso frente a frente con sus responsabilidades, les abrió los ojos sobre el estado en el que se encuentra la Iglesia de Chile. En tres días, el episcopado chileno se dio cuenta de la situación finalmente y ha puesto al Papa en la condición llevar a cabo una renovación.

 

«Hermanos –escribió Francisco–, no estamos aquí porque seamos mejores que nadie. Como les dije en Chile, estamos aquí con la conciencia de ser pecadores-perdonados o pecadores que quieren ser perdonados, pecadores con apertura penitencial». Nada de súper héroes.

 

Una Iglesia que se preocupa solo por sí misma, por su buena reputación, que vive de sí misma, de su poder y de sus privilegios, y que no sabe estar cerca del pueblo. El caso de Chile se convierte en un caso emblemático para otras Iglesias, para otros episcopados, para otros países americanos y europeos. La actitud penitencial, de quien no se ponen en el pedestal y defiende lo indefendible, es un paso necesario en Chile y en cualquier otra parte del mundo. Las heridas solamente podrán cerrarse si la Iglesia chilena, además de poner en práctica las mejores acciones para tutelar a los menores y perseguir adecuadamente a los que se manchan con estos crímenes que destruyen el alma, vuelve a concentrarse nuevamente en lo que está fuera de sí misma y de su poder, volviendo a «mirar e indicar al Señor».


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La tragedia de Venezuela en opinión de dos obispos.

“Venezuela sufre un genocidio, una tragedia inimaginable”

Dos obispos venezolanos cuentan detalles sobre la crisis humanitaria que vive el país sudamericano. Y advierten que el gobierno del presidente Nicolás Maduro “es delincuencial”

Jaime José Villarroel Rodríguez y Enrique Pérez Lavado

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Pubblicato il 08/05/2018
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

La crisis en Venezuela se agudiza a cada momento. Diariamente, miles de personas abandonan el país engrosando la peor ola migratoria de las últimas décadas en Sudamérica. Una situación creada por un “gobierno delincuencial”, cuyos dirigentes “están involucrados en el narcotráfico” y, para mantener su poder, están provocando “un genocidio”.

 

Es el crudo diagnóstico que trazan dos obispos venezolanos. Jaime José Villarroel Rodríguez y Enrique Pérez Lavado, de Carúpano y Maturín respectivamente. Sus diócesis son pequeñas, ubicadas al noreste del país. No obstante, sufren igualmente los estragos de una tempestad social y económica que parece no tener fin. En esta peculiar entrevista doble con el Vatican Insider denuncian la trágica realidad en esa nación.

 

¿Cómo es la situación en Venezuela?

Jaime José Villarroel Rodríguez: “Tenemos una tragedia de dimensiones inimaginable. En este momento la situación de la falta de alimentos se ha agravado, más del 80 por ciento de las personas viven en pobreza y más del 20 por ciento padece pobreza extrema, a causa de la cual la gente no tiene ni para comer. La falta de medicinas es una calamidad, porque las personas mueren por eso. El año pasado más de 22 mil recién nacidos fallecieron y se registraron más de 700 mil casos de malaria o paludismo. Nosotros los venezolanos no imaginamos lo que se nos viene encima después de cinco años de decrecimiento económico en torno al 35 por ciento. La industria está totalmente destruida y la gente quiere irse del país porque no ve esperanza ni solución posible”.

 

¿Cómo se explica esta situación?

Enrique Pérez Lavado: “Hay un componente ideológico que todos conocemos pero es lo que menos pesa, porque existen otros intereses muy graves de por medio. Nuestros altos dirigentes políticos y militares están involucrados en el negocio del narcotráfico internacional. Esto ha llevado a que no se preocupen del pueblo sino de incrementar sus capitales, todos en el exterior. Eso les conviene, no hay otra manera de explicarse que estemos llegando a una especie de genocidio. Es una palabra muy grave, pero ya la situación ha alcanzado niveles de aniquilación hacia el pueblo venezolano. La gente está huyendo del país, es un asunto de supervivencia. No sabemos entonces qué busca esta gente. Quizás desde afuera es difícil comprender que no se trata de una dictadura política ni militar sino del ejercicio de una verdadera delincuencia”.

 

Jaime José Villarroel Rodríguez: “Puede sonar radical pero este es un gobierno delincuencial porque sabe del sufrimiento del pueblo y, por sus decisiones, gente muere, por eso está cometiendo un genocidio, eso no se puede negar. No podemos decir que es negligente porque no conoce la realidad”.

 

¿Cómo sobrevivir en esta situación?

Jaime José Villarroel Rodríguez: “La Iglesia tiene la misión de acompañar al pueblo. Es la única institución que tiene credibilidad porque está cercana a la gente y habla con claridad. Su trabajo, a través de instituciones como Cáritas, es extraordinario, en condiciones dificilísimas porque el gobierno no permite que entre ningún tipo de ayuda humanitaria. En nuestras parroquias y oficinas diocesanas se abren cada vez más comedores, se busca llevar medicinas para asistir a los enfermos necesitados, se asiste a niños desnutridos y a las madres. Poco a poco estamos sobreviviendo. El pueblo se las ingenia, a veces debe buscar en la basura la comida o comer mal porque no hay otra salida”.

 

El Papa Francisco ha indicado siempre al diálogo como el único camino de salida a la crisis, ¿esa vía ya está agotada?

Enrique Pérez Lavado: “Al diálogo no lo descartamos nunca porque es el camino fundamental para nosotros, por convicción no podemos recomendar caminos distintos a ese. Sin embargo en este momento está cerrado. Se mantienen algunas instancias de diálogo a otros niveles, por ejemplo algunos contactos entre delegados el Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) y personeros del gobierno, pero son -más bien- de tipo académico, no político. Siempre hablamos con el Papa del diálogo pero pensamos que, en este momento, no es factible”.

 

¿Hacia dónde creen ustedes que va el gobierno?

Jaime José Villarroel Rodríguez: “A una radicalización de este sistema, a terminar de controlar la otras instancias que quedan como la banca privada y tomar las pocas empresas que restan, terminando de apoderarse de todas las instituciones. Busca un pueblo sometido, no admite ningún tipo de crítica ni disidencia, menos de la Iglesia católica. Va a haber menos libertad, más violaciones de los derechos humanos y un país más sometido, donde cada vez existe menos esperanza. Quizás lo que va a ocurrir es que debamos salir a las calles, a recoger a los muertos para ver cómo les damos cristiana sepultura”.

 

Ustedes se reunieron estos días con el secretario de Estado de Vaticano, Pietro Parolin. ¿Cuál es la posición de la Santa Sede sobre lo que ocurre en Venezuela?

Enrique Pérez Lavado: “La Santa Sede sigue muy de cerca toda la situación. Anualmente la presidencia de la Conferencia Episcopal viene a Roma, se reúne con el secretario de Estado y con el Papa. Hay una información directa de los hechos y de la postura que hemos tomado los obispos. La mediación que se intentó para el diálogo no dio resultados, la misma Santa Sede lo reconoció. El pontífice ha manifestado su apoyo a los obispos venezolanos y, por supuesto, al pueblo. No obstante, la situación venezolana es tan compleja y evoluciona tan rápidamente que no es fácil mantener una posición fija, predecible. Por eso se requiere estar sobre la marcha y en eso el Papa debe hacer alarde de prudencia, porque sería como la última carta a jugar en esta situación”.

 

¿Qué va a pasar? ¿En qué va a terminar todo esto?

Jaime José Villarroel Rodríguez: “Nosotros no perdemos la esperanza de que podamos superar esta tragedia. ¿Cuándo va a ser? No sabemos. Pero igual luchamos, trabajamos, estamos junto al pueblo, no nos dejamos vencer por el desánimo y por estas situaciones tan difíciles, que parecen imposibles de superar en este momento. Nuestro mensaje siempre es de esperanza, no de gente derrotada. El pueblo venezolano ahora sólo quiere sobrevivir. No podemos pensar ni siquiera en qué pasará dentro de una semana, sólo vivimos pensando en cómo llegar al final del día. Pero no somos un pueblo que renuncia a luchar por sus libertades, por una vida más digna y para darle un futuro a los hijos. En estas situaciones difíciles, nuestra tarea es sembrar la esperanza en el corazón de las personas, así cuando esta situación pase aquella semilla germinará y dará frutos”.

 

Mientras tanto hay que afrontar el hoy…

Jaime José Villarroel Rodríguez: No podemos esperar a que esto pase para hacer nuestro trabajo, hay que hacerlo ya de modo que la buena semilla pueda crecer en el corazón de las personas. No nos sentimos desanimados, a pesar de la tragedia de dimensiones terribles. Existen ámbitos donde podemos actuar, podemos incidir y acompañar a nuestro pueblo. No solamente hablamos de nuestra tragedia, también pedimos el apoyo de instituciones internacionales para seguir impulsando nuestro trabajo. Queremos seguir sembrando valores y decirle a la gente que no podemos dejarnos corromper, porque todavía es posible encontrar una solución.

 

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