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Venezuela: aumenta la tasa de mortalidad infantil y materna.

VENEZUELA – Emergencia por desnutrición, aumenta la tasa de mortalidad infantil y materna

viernes, 19 mayo 2017

Internet

Caracas (Agencia Fides) – Con la economía en caída libre, la escasez de alimentos y medicinas y el aumento de los precios de los productos alimenticios, la mitad de los niños venezolanos menores de cinco años están en riesgo inminente de desnutrición. La voz de alarma la ha lanzado Cáritas Venezuela que está realizando una investigación sobre la malnutrición infantil en cuatro estados Vargas, Miranda, Zulia, Distrito Capital y Caracas. Las últimas cifras muestran que el 11,4% de los niños menores de cinco años sufren de malnutrición aguda o moderada. “Estamos extremadamente preocupados”, se lee en un comunicado del director de Cáritas Venezuela recibido en la Agencia Fides.
“Desde octubre – continúa – estamos monitoreando los niveles de desnutrición y proporcionando atención a los niños menores de cinco años. Nuestros resultados muestran claramente que los niveles generales de desnutrición están aumentando y la desnutrición aguda en los niños ha superado el umbral crítico. Si no actuamos ahora, será difícil para estos niños reanudar su curva de crecimiento nutricional”. A los niños más vulnerables Cáritas distribuye kits especializados que contienen suplementos alimenticios, en particular, proteínas y minerales como el hierro. A las personas con mayor riesgo también se les dan fármacos.
Más de 8 de cada 10 familias, en 31 localidades investigadas por Cáritas, están comiendo menos que antes, y casi 6 de cada 10 ha afirmado que algunos miembros de la familia no comen para que otra persona de la familia pueda hacerlo. Es más, una familia de cada 2 comer hurgando en la basura de los restaurantes o en los contenedores de basura. Incluso el sistema de salud de Venezuela se ha desplomado. Los hospitales han quedado sin medicamentos ni suministros médicos, y aumentan las enfermedades transmitidas por mosquitos, como Zika, dengue, malaria y Chikungunya, y la tasa de mortalidad infantil y materna. Además de la escasez de alimentos, el otro gran riesgo para la salud es la falta de agua potable. Cáritas ha querido publicar esta investigación para instar a la comunidad nacional e internacional a que intervenga ante la crisis, ya que considera crucial para garantizar una ayuda alimentaria directa, incluso con integradores alimenticios, y restaurar las estructuras sanitarias, el agua potable y el saneamiento. (AP) (19/5/2017 Agencia Fides)


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Profunda crisis en la Rep. dem. del Congo.

CONGO RD – Crisis en la RDC: ¿se prepara una intervención extranjera?

Kinshasa – En la reunión del Grupo Internacional de Contacto sobre los Grandes Lagos, que se celebró el 15 de mayo en Washington, con la participación de los Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Bélgica, así como los Países Bajos, Suecia, Dinamarca y los representantes de la ONU, Unión Europea, Unión Africana y la Organización Internacional de la Francofonía, para tratar sobre la crisis en la República Democrática del Congo y Burundi, no fueron invitados los representantes de ambos estados y el único país africano admitido fue Angola.
Ante la falta de ejecución de los acuerdos de San Silvestre y la división de la oposición, el presidente Joseph Kabila corre el riesgo real de que se intervenga desde fuera en la crisis congoleña. “Sólo las dos potencias regionales, Ruanda y Angola pueden tocar la campana del final del recreo para la RDC”, ha comentado el periodista camerunés Louis Keumayou.La reunión en Washington, que contó con la participación del Gobierno de Luanda, podría haber sido un paso adelante en esta dirección.
Ante la política de estancamiento, la situación de seguridad en la RDC tiende a empeorar. Actualmente no son sólo las áreas periféricas las que están amenazados por la presencia de bandas armadas; también la capital, Kinshasa, ha sido escenario de un ataque contra la prisión central de Makala este 17 de mayo, causando la fuga de 4.000 prisioneros. Entre ellos se encuentra Ne Muanda Nsemi, líder de la secta Bundu dia Kongo. Las autoridades acusan a Bundu dia Kongo de ser responsable del ataque a la prisión, pero los líderes de la secta han afirmado que no tienen nada que ver con lo sucedido.


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ONU: preocupación por la situación en Venezuela.

La ONU continúa trabajando para mediar en la crisis de Venezuela

En los hospitales públicos venezolanos se agotan la mayoría de las medicinas y el material médico necesario. Foto: IRIN/Meridith Kohut

17 de mayo, 2017 — El Secretario General de la ONU se dijo hoy muy preocupado por la compleja situación que atraviesa Venezuela.

António Guterres afirmó que está siguiendo con mucha atención las dificultades políticas, la violencia y la grave situación económica y social que vive el país sudamericano.

El titular de la ONU hizo estas declaraciones en la rueda de prensa que ofreció tras su discurso ante el pleno del Parlamento Europeo en la localidad francesa de Estrasburgo.

“He tenido contactos con diferentes mediadores, expresidentes, la Santa Sede, y varios líderes regionales a fin de facilitar que se encuentren las formas de mediación indispensables para resolver esta crisis política, para así encontrar soluciones a las cuestiones que afectan al pueblo venezolano en el plano social económico y sanitario”.

El Consejo de Seguridad de la ONU analiza este miércoles la situación en Venezuela en una reunión informal a puerta cerrada.
Estados Unidos, uno de los cinco miembros permanentes del Consejo, solicitó la inclusión del tema de Venezuela en una reunión que ya estaba programada para analizar otros asuntos.

La petición tuvo lugar horas después de que el presidente Nicolás Maduro informara sobre la aprobación de un nuevo decreto de “estado de excepción y emergencia económica”.


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La cuestión de la normalización entre Israel y Palestina. Declaración de los obispos palestinos y orientales

“Israel-Palestina, herida abierta que no se puede normalizar”

A la vigilia del aniversario de la Guerra de 1967, la Comisión Justicia y Paz de la Asamblea de los Ordinarios católicos de Tierra Santa lanza un llamado a no acostumbrarse a «la ocupación y discriminaciones»
LAPRESSE

“Israel-Palestina, herida abierta que no se puede normalizar”

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Pubblicato il 15/05/2017
Ultima modifica il 15/05/2017 alle ore 20:26
GIOEGIO BERNARDELLI

«La situación policial en Israel y Palestina está lejos de ser normal, caracterizada como está por un conflicto que continúa entre los dos pueblos». Por ello (sobre todo en un «contexto político confuso y sin esperanzas») la Iglesia debe tener cuidado para no aceptar modalidades de relación con el Estado de Israel que lleven a considerar como algo «normal» la ocupación de los territorios, las injusticias y las discriminaciones que el conflicto provoca en Jerusalén Este y en Palestina.

 

Quien se pronunció de esta manera, a pocos días de los cincuenta años de la Guerra de los Seis Días (el conflicto durante el que en 1967 Israel asumió el control de toda Jerusalén y de Cisjordania), fue la Comisión Justicia y Paz de la Asamblea de los Ordinarios Católicos de la Tierra Santa, la conferencia episcopal que ve engloba al patriarcado latino y a las demás comunidades católicas de rito oriental presentes en Jerusalén. La declaración se titula «La cuestión de la “normalización”» y es un texto que afronta un tema muy difícil dentro de la sociedad palestina. Se está discutiendo, efectivamente, la actitud que hay que mantener en las relaciones con el Estado de Israel, sus instituciones, sus mismos ciudadanos: como palestinos, ¿es posible y es justo hacerlo «como si se viviera en una situación normal»?.

 

El documento recuerda que, en muchos aspectos, «el Estado de Palestina» sigue viviendo bajo una ocupación militar por parte de Israel, con la necesidad de pedir permisos incluso para muchos aspectos de la vida cotidiana. Cita también las injusticias provocadas por los asentamientos y por la legislación de construcciones israelíes; y después, las violaciones de la libertad de movimiento, las restricciones a las actividades económicas, los obstáculos para que se reúnan las familias. Además se refirió a las discriminaciones en contra de los árabes con ciudadanía isralelí que viven dentro de las fronteras reconocidas antes de 1967. «La Iglesia —escribió la comisión de los Ordinarios católicos de la Tierra Santa— no puede ignorar la injusticia, haciendo finta de que todo está bien».

 

«Hay más de 300 mil cristianos que viven en la actualidad en Israel —continúa el texto. Ciudadanos y residentes a largo plazo que son personas que respetan las leyes, pero también tienen el derecho y el deber moral de utilizar todos los instrumentos legales y los métodos no-violentos para promover plenos derechos y absoluta igualdad para todos los ciudadanos. Ignorarlo o disminuirlo sería una forma de normalización».

 

El desafío es delicado, porque, recuerda el documento, la Iglesia misma está llamada a pedir permisos y a relacionarse con las autoridades israelíes para garantizar las actividades de las propias parroquias, escuelas e instituciones. En estas relaciones, afirmó la comisión Justicia y Paz, se necesita constantemente «discernir entre lo que es inevitable y lo que, por el contrario, debe ser evitado», justamente para no dar la impresión de que una situación como esta pueda ser considerada como algo normal. Además de esto la Iglesia apuesta por la promoción del dialogo entre todos los que, israelíes y palestinos, «no quieren perpetuar esta situación» y no se ocultan tras «la presunción de que la colaboración puede ignorar la batalla por la justicia, ocultando realidades injustas que marcan las vidas cotidianas de los que experimentan la ocupación o la discriminación».

 

«La Iglesia que está en Israel y Palestina —concluye la Comisión Justicia y Paz de los católicos de Jerusalén— tiene la responsabilidad de recordar a la Iglesia universal que la que existe entre israelíes y palestinos es una herida abierta y purulenta». Por ello la invitación a las comunidades cristianas y a los creyentes para que «se consulten y trabajen estrechamente para encontrar las mejores vías para ofrecer testimonio de una sociedad justa e igual para todos, cultivando, al mismo tiempo, relaciones respetuosas con todos los ciudadanos, con los que deben vivir juntos por una paz justa y duradera».


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El caso Pagola y los obispos vascos.

¿Obispos castigadores solo en el País Vasco?

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Nos envían esta valiosa reflexión desde Vitoria, de su lectura se desprenden varias interrogantes: ¿Ciertas jerarquías, sinceramente, están en la línea de la Iglesia dialogante y participativa que promueve desde Roma, Papa Francisco? ¿Acaso esta dolorosa realidad no se vive también en diversas Diócesis de Latinoamérica? El lector juzgue, en conciencia, lo que se vive en sus respectivos lugares de misión y praxis eclesial. (N de la R).

Franciscanear: dícese de quienes “hacen como si” estuvieran identificados y en sintonía con el actual papa Francisco. De fachada e imagen pública van de “franciscanos”, pero, en realidad, viven con desagrado y en desacuerdo interior y práctico con los gestos, la orientación pastoral y el modelo de Iglesia del actual Obispo de Roma. Esperan a que se cierre el tiempo del papa Francisco a fin de volver a la situación eclesial que le precedió. Francisco, para algunos, particularmente obispos, es un mal sueño, un paréntesis del que esperan liberarse cuanto antes. La renovación de la Iglesia que quiere el papa Francisco está amortiguada, silenciada, boicoteada en muchos niveles. Las Diócesis vascas caminan sin aliento renovador, “castradas” por unos obispos que se aferran al pasado, a un pasado nada sinodal, corresponsable, como proclama y desea el papa. Y es que no pueden dar aquello de lo que carecen. Para muestra he aquí un “botón”, acaecido entre nosotros y claro exponente de lo que digo.

La Facultad de Teología de Vitoria celebra este año el 50º Aniversario de su apertura en 1967. Con este motivo, el Consejo de Facultad se ha venido reuniendo en diversos momentos para decidir los diferentes actos que se organizarán a lo largo de este año. Hace ya algunos meses, este Consejo, presidido por el Obispo de la diócesis alavesa, Juan Carlos Elizalde, trató de la posible concesión del título de Doctor Honoris Causa de la Facultad. Después de considerar diversos nombres, la mayoría se decantó, por razones diversas, por proponer la persona de D. José Antonio Pagola. Propuesta que no pareció agradar en absoluto al Obispo Elizalde. Por eso, se consideró oportuno madurar más la decisión y tratarla en la siguiente cita.

Esta reunión se celebró el 6 de marzo. Desde el comienzo, sin esperar a ninguna otra consideración, el Obispo manifestó su decisión. Después de consultar, según dijo, al Obispo de San Sebastián y al de Bilbao y a algún otro miembro de la jerarquía, expuso que el nombramiento del teólogo Pagola como Doctor Honoris Causa provocaría graves tensiones que no estaba dispuesto a asumir. Por ello, descartado Pagola, propuso el nombre de D. Saturnino Gamarra, profesor emérito de la Facultad, en la que ha sido profesor desde sus comienzos y director de la revista sacerdotal “Surge” durante muchos años.

El debate que siguió a continuación fue muy vivo y se prolongó más de lo esperado. ¿Qué tensiones podía provocar la propuesta de D. José Antonio? ¿Por parte de quiénes? La Congregación romana de Doctrina de la Fe se ha pronunciado afirmando que la obra de Pagola no contiene ninguna doctrina herética contraria a la fe. ¿Qué es lo que puede molestar ahora? ¿La decisión de la Facultad de Vitoria o la sentencia de Roma? ¿Qué se oculta detrás de esa objeción al teólogo guipuzcoano?

Se volvieron a presentar de nuevo los motivos para la propuesta a favor de D. José Antonio Pagola: su largos años de profesor de Cristología en la Facultad, sus incontables cursillos y cursos opcionales sobre Jesús, sus intervenciones abiertas a todo el público de la ciudad de Vitoria-Gasteiz siempre que se le ha llamado… Se señaló también su proyección internacional con motivo de su libro Jesús. Aproximación histórica, traducido ya a una docena de lenguas, entre otras al inglés, japonés, chino y ruso, y se recordó también el maltrato recibido en importantes sectores de la Iglesia española. Al parecer el debate fue muy fuerte y se llegó a hablar de la falta de audacia para defender la propuesta del teólogo donostiarra. Por último se decidió no conceder e nadie el título de Doctor Honoris Causa.

Esto es lo ocurrido. Estoy convencido que estos Obispos, si pudieran o se atrevieran, corregirían al propio papa Francisco pues, efectivamente, escuchándole con asiduidad y atención, da la impresión de que se ha podido inspirar en alguna obra de D. José Antonio Pagola o que, por lo menos, presenta en sus mensajes muchas similitudes con su obra acerca de Jesús.

Sinceramente, si reconocer los indiscutibles méritos de D. José Antonio Pagola en nuestras Iglesias puede ser, según estos Obispos, motivo de tensión, exigiría, a quien se sienta tensionado por ello, que lo diga abiertamente. Por otro lado, si la obra de Pagola, todavía hoy, se les indigesta a los Obispos de San Sebastián, Bilbao y Vitoria, quiere decir lo lejos que están del papa Francisco y qué lejos están del Pueblo de Dios a ellos encomendado. Y en esa lejanía del jerarca que no sintoniza con su pueblo cuánto sufrimiento, abandono y pérdida de tiempo originan en nuestras iglesias. Es de pena y escandaloso. Me parece que más que un problema de fe o eclesial nos encontramos, incluso, ante un déficit de calidad humana. ¿Qué talla humana demuestran tener quienes no son capaces de agradecer el ingente trabajo teológico y pastoral que D. José Antonio Pagola ha desarrollado durante su ministerio?

Ciertamente, todos podemos “franciscanear”. Pero lo de los obispos es mucho más grave. Si un obispo no sintoniza ni con su pueblo ni con aquel que es en este momento el que preside la Iglesia Universal, ¿qué pinta? ¿Qué credibilidad puede tener ante su Diócesis?

P. Xavier Larramendi  –  Guipuzkoa

Foro de Curas de Bizkaia


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Problemas en la iglesia grecomelequita. Informe

Acaba la era Gregorio, el Patriarca de la “Iglesia del Islam”

Detalles y claroscuros sobre la renuncia el Patriarca Laham. Un caso emblemático del malestar «interno» que viven muchas comunidades cristianas del Medio Oriente. Los posibles candidatos a la sucesión y las emergencias, espirituales y pastorales, que deberán afrontar

Gregorio III Laham

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Pubblicato il 08/05/2017
Ultima modifica il 08/05/2017 alle ore 12:12
GIANNI VALENTE
ROMA

Al final, el Patriarca Gregorio III Laham renunció. Ya no es él el Primado de la iglesia greco-melequita. Las modalidades bastante accidentadas de su salida del escenario confirman el carácter impetuoso del personaje. Pero también deja ver otros factores (a menudo olvidados) sobre el malestar «interno» que viven actualmente muchas comunidades cristianas en el Medio Oriente.

 

Patriarca vs. Sínodo

 

Papa Francisco hizo el el 6 de mayo la Sala de prensa vaticana difundiera la carta en la que advirtió a Gregorio III que aceptaba su renuncia, que le presentó el Patriarca en ocasión de una reciente audiencia, y presentó la suya como una decisión oportuna y necesaria «por el bien de la Iglesia greco-melequita». En la carta papal, se insiste intencionalmente en que la renuncia del Patriarca de 85 años fue «voluntaria», y no faltan los agradecimientos “protocolarios” para Gregorio, por haber «llamado la atención de la comunidad internacional sobre el drama que vive Siria».

 

En realidad, la renuncia del Patriarca es el resultado del enfrentamiento que se llevó a cabo entre el Patriarca y una mayoría cada vez más amplia entre los obispos melequitas. Según fuentes locales, justamente la Asamblea del Sínodo melequita habría presionado al Patriarca hasta que firmó, el pasado 23 de febrero, la carta de su renuncia. Pero después, el mismo Patriarca dio la impresión de querer congelar el proceso que desencadenó aquella firma: según un comunicado oficial del Patriarcado, difundido a principios de marzo, el Patriarca se habría quedado en su puesto y incluso se preparaba para poner en marcha «nuevos proyectos».

 

La «Iglesia del Islam»

 

Gregorio III siguió pocas veces los registros de la prudencia eclesial. Cuando era Vicario de Jerusalén, y se llamaba Loufti Laham, daban de qué hablar sus intervenciones a favor de los palestinos (recientemente se sumó a la huelga de hambre de los detenidos palestinos en las cárceles israelíes) y sus críticas contra las intervenciones militares occidentales en el Irak de Saddam Hussein. Solía decir: «Nosotros somos la Iglesia del Islam», y quedaban desorientados los teóricos del enfrentamiento entre un presunto Occidente «cristiano» y la Umma musulmana. Fue elegido Patriarca en 2000 y, como cristiano nacido en Siria, insistía en que «el Islam es nuestro ambiente, el contexto en el que vivimos y con el que somos históricamente solidarios», hasta tal punto que «cuando escucho un versículo de El Corán, para mí no se trata de algo extraño, es una expresión de la civilización a la que pertenezco». En su opinión, después del 11 de septiembre comenzó un proceso para eliminar progresivamente del mundo árabe a las comunidades cristianas, puesto que «nuestra simple existencia hace que no funcionen las ecuaciones según las cuales los árabes no pueden más que ser musulmanes, y los cristianos no pueden más que ser occidentales».

 

Desde que explotó el conflicto sirio, Gregorio III expresó inmediatamente sus sospechas sobre la matriz de las «primaveras árabes», y se perfiló a la cabeza de los demás altos jerarcas cristianos que estaban en mayor sintonía con la interpretación de los escenarios propuesta por el régimen sirio. En el verano de 2012 denunció una verdadera campaña en contra de los obispos y Patriarcas de las Iglesias sirias, acusados desde diferentes partes de someterse y convivir con el régimen: «La libertad de los pastores», afirmó en esa época Gregorio, «ha sido garantizada por todas partes y lo es hasta hot, tanto en relación con su comportamiento como con sus declaraciones públicas y privadas… No dejaremos que nadie hable en nuestro nombre o en nombre de los cristianos de Siria. No dejaremos que nadie manipule nuestras declaraciones para endosarnos acusaciones de cualquier tipo». Con la misma insistencia sostuvo iniciativas de reconciliación como las que promovió el movimiento inter-confesional Mussalaha, consideradas por la insurrección como operaciones de fachada fabricadas por el régimen.

 

Las raíces de la crisis

 

La distancia entre el Patriarca retirado y buena parte del Sínodo melequita no surgió alrededor de cuestiones políticas. También los obispos melequitas más críticos comparten bastante la lectura geopolítica de Gregorio sobre la tragedia siria. Y entre ellos no hay nadie que crea que Assad podría ser excluido de las negociaciones sobre el futuro de Siria. La raíz del enfrentamiento entre el Patriarca y los obispos melequitas es la gestión que Gregorio habría hecho de la Iglesia, por muchos considerada autocrática, tomando decisiones sin consultar a nadie y sin tener en cuenta la dinámica sinodal. Los críticos reprochan la falta de transparencia en la destinación de fondos recibidos y colectas en todo el mundo a favor de las comunidades locales, afectadas por la guerra. Además, muchos sacerdotes durante la guerra abandonaron Siria. En los discursos oficiales, el Patriarca incitaba a todos a que se quedaran en el país, para que no se vaciara de cristianos. Después, en diferentes ocasiones, ofreció apoyo a sacerdotes que migraban. Sobre todo, con razones comprensibles, si se trataba de sacerdotes casados, que dejaban sus tierras para salvar a la familia de la violencia y evitar un futuro obligatorio en el ejército a sus hijos.

 

La parálisis del Sínodo, que se extendió por lo menos durante dos años, influyó negativamente en la vida de muchas comunidades melequitas esparcidas por el Medio Oriente, con diferentes diócesis (como la Archieparquía de Petra y Filadelfia, en Jordania) que se quedaron sin obispo.

 

Las incógnitas tras la renuncia de Gregorio

 

Muchos obispos esperaban con impaciencia la renuncia del Patriarca Laham, pero no parecen tan de acuerdo con la elección de su sucesor. Durante la sede vacante, la Iglesia melequita será administrada por Jean Clément Jeanbart, obispo melequita de Alepo, quien tendrá que convocar, antes de que pasen dos meses, a la Asamblea sinodal para que elija a un nuevo Patriarca. Los candidatos a la sucesión son diferentes: entre ellos, el mismo Jeanbart, el Vicario de Damasco Joseph Absi y Cyril Salim Boutros, de 78 años, arzobispo melequita de Beirut y Jbeil. El nuevo Patrairca, sea quien sea, deberá afrontar sufrimientos y malestares que normalmente no aparecen en ese conformismo mediático que se aplica a la condición de las comunidades cristianas en el Medio Oriente. Emergencias espirituales y pastorales que no se resuelven a golpes de campañas e iniciativas para reunir fondos de alguna agencia occidental.


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Cómo sobrevivir en Venezuela.

El arte de sobrevivir en una Venezuela al límite

Por Marcos Gómez (@GomezMarcos), director de Amnistía Internacional Venezuela, 26 de abril de 2017

La crisis aparentemente interminable de Venezuela parece haber entrado en un capítulo nuevo, oscuro y alarmante.

Como salida de las páginas de un aterrador relato de suspense, la crisis, que parecía haber alcanzado su peor momento en meses recientes, ha sufrido otra escalada tras varias semanas de manifestaciones desencadenadas por la ira y la frustración que genera lo que ya parece un catálogo infinito de problemas.

El lunes, dos días antes de las manifestaciones pacíficas convocadas en todo el país para el 19 de abril, el presidente Maduro ordenó desplegar el ejército en las calles. Dijo que el ejército marcharía “en defensa de la moral” y “en repudio a los traidores de la patria”.

Terror en las calles

En medio de una de las manifestaciones más multitudinarias de los últimos meses, esta “llamada a las armas” del gobierno fue catastrófica: al menos dos personas murieron en circunstancias sospechosas (sumándose a las más de 16 muertes registradas durante las protestas de las últimas semanas) y hubo varios cientos de heridos y detenidos. Aumentaron los indicios de que grupos armados parapoliciales se están tomando la justicia por su mano. Se han convocado nuevas manifestaciones para los próximos días.

Pensaba que vivir (o sobrevivir) en Venezuela había preparado a la población para cualquier cosa. Las interminables estrategias para conseguir dos kilos de arroz o hacerse con medicamentos anticonvulsivos o para tratar la hipertensión arterial nos han hecho a todos expertos en el arte de arreglárselas con lo que hay.

Ahora, la gente debe enfrentarse también al terror mayúsculo de salir a la calle. Personas mayores y jóvenes temen poner el pie fuera de sus casas, participar en manifestaciones pacíficas o quejarse de lo que hay que hacer para sobrevivir aquí.


Manifestaciones en Venezuela. © Federico Parra AFP/Getty Images

Si sales a la calle para ejercer tu derecho humano a expresar lo que opinas, podrías ser atacado con gas lacrimógeno (incluso desde helicópteros), golpeado, encerrado durante años en prisión sin el debido proceso o incluso alcanzado por disparos de grupos paramilitares que, aunque no están reconocidos por las autoridades, ya actúan sin control por todo Venezuela.

Las autoridades utilizan hábilmente la violencia ejercida por algunos manifestantes para justificar la represión generalizada y perpetuar el discurso del “nosotros frente a ellos” que tanto ha perjudicado a nuestro país. No hay más que salir a la calle para respirar el miedo.

La represión y la violencia en las manifestaciones no son una novedad en Venezuela; en 2014 perdieron la vida más de 40 personas, entre ellas al menos 6 miembros de las fuerzas de seguridad. Más de 650 personas resultaron heridas y hubo más de 2.000 detenidos. La impunidad ha sido generalizada.

Muchos, tal vez ingenuamente, pensaron que eran episodios aislados. Nosotros creímos que el país aprendería de su historia reciente; sin embargo, en las últimas semanas, una nube de incertidumbre y violencia ha vuelto a ensombrecer el panorama en Venezuela. Día tras día nos despertamos con noticias de nuevas manifestaciones seguidas de imágenes escalofriantes de enfrentamientos violentos entre los manifestantes y las fuerzas de seguridad.

Desde que arrancó esta nueva ola de manifestaciones el 4 de abril, hemos visto crecer las tensiones a diario. Parece como si la gente no tuviera nada que perder, y en muchos casos así es.Lo que empezó siendo una sucesión de protestas normales por la situación política y humanitaria del país y en contra de la resolución de la Corte Suprema —ya anulada— de “prohibir” el Congreso no tardó en transformarse en algo mucho más preocupante.

Al tercer día nos encontramos acogiendo a manifestantes heridos en el vestíbulo del edificio donde vivo; allí, mi familia y yo prestamos primeros auxilios a mujeres y hombres contusionados y doloridos, frustrados y agotados por la realidad de la vida diaria en Venezuela.Vi como se lanzaban botes de gas lacrimógeno desde helicópteros mientras el presidente Maduro, hablando desde Cuba, intentaba tranquilizar a la población diciendo que “Venezuela está en paz […] y pequeños focos violentos […] fueron hoy neutralizados”.

Sus palabras contrastan claramente con la realidad sobre el terreno; en sólo una quincena, al menos siete personas han muerto en las protestas y varios cientos han resultado heridas.

A los pocos días de la primera oleada de protestas, el Ministerio Público de Venezuela anunció una investigación para encontrar a los responsables de los homicidios. Pero este esfuerzo en favor de la justicia y la rendición de cuentas no debe ser un mero ejercicio para salvar las apariencias, sino un compromiso genuino con el pleno respeto y la protección de los derechos humanos, en el que las personas con opiniones diferentes a las del gobierno no sean calificadas de enemigas y los autores de violaciones de derechos humanos comparezcan ante la justicia.


Manifestantes contra del gobierno venezolano entonan cánticos frente a la Organización de Estados Americanos (OEA) durante la sesión extraordinaria del Consejo Permanente, en Washington, el lunes 3 de abril de 2017. © AP Photo/Jose Luis Magana

Sobrevivir, una lucha

El trágico contraste entre la Venezuela que describen las autoridades y aquella en la que realmente vivimos es tan marcado que cuesta explicarlo. El presidente Maduro habla de un país en paz, donde la gente recibe alimentos distribuidos por camiones que financia el gobierno, la población infantil asiste felizmente a la escuela, sin desmayarse en clase por no tener nada que comer en casa, y los hospitales están perfectamente abastecidos y prestan a sus pacientes la mejor asistencia posible.

Pero todo esto es mera ficción, en la línea de la celebrada tradición latinoamericana del realismo mágico.

Muy al contrario, la Venezuela en la que yo —como varios millones más— me despierto cada día es un verdadero laberinto donde comprar los artículos más básicos se convierte en una misión casi imposible.

“¿Cómo sobrevive la gente en Venezuela?”, me preguntan muchos. Todavía no he sido capaz de encontrar una respuesta.

Pero una cosa sí es segura: la actitud de las autoridades venezolanas de “mirar para otro lado” ante la crisis ya no funciona. Esconderse tras un velo de propaganda y hacerse la víctima de un oscuro plan internacional para desestabilizar el país no sirve a nadie para comer y conservar la salud en Venezuela.

Ha llegado el momento de que todas las instituciones del Estado cumplan con sus obligaciones y trabajen en favor de todas las personas que viven en el país.

Nadie sabe cuánto tiempo podremos aguantar así, pero lo cierto es que se puede y se debe hacer algo para impedir que nuestro país se precipite a un abismo sin retorno