Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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El Papa invita a participar los días 23 y 24 en “24 horas para el Señor”

24 horas para el Señor y nuevo apremiante llamamiento del Papa ante tragedia de refugiados

(RV).- El Papa Francisco invitó a los fieles del mundo a participar en la iniciativa  “24 horas para el Señor”, que se celebra el viernes y sábado que anteceden el IV Domingo de Cuaresma, como pidió él mismo en la Bula Misericordiae Vultus (n.17), convocando el Jubileo de la Misericordia, para hacer redescubrir el Sacramento de la Reconciliación:

«Invito a todas las comunidades a vivir con fe la cita del 23 y 24 de marzo, para redescubrir el sacramento de la reconciliación: “24 horas para el Señor”. Anhelo, que también este año, este momento privilegiado de gracia del camino cuaresmal se viva en tantas iglesias del mundo para experimentar el encuentro alegre con la misericordia del Padre, que a todos acoge y perdona».

En su audiencia general de la tercera semana de la Cuaresma 2017, el Obispo de Roma, hizo hincapié en que en especial en el camino cuaresmal «estamos llamados a estar disponibles siempre, con una sonrisa y la mano tendida a los que están en dificultad, volviéndonos así sembradores de esperanza».

Y, una vez más el Papa Francisco recordó la tragedia de los refugiados y alentó la acogida de los que buscan refugio huyendo de violencias y hambre:

«Saludo a los participantes en el encuentro para directores Migrantes y los aliento a proseguir en su compromiso para impulsar la acogida y la hospitalidad de los refugiados, favoreciendo su integración, teniendo en cuenta los derechos y deberes recíprocos para el que acoge y el que es acogido. No olvidemos que esta tragedia de los refugiados, de los emigrantes es la tragedia más grande después de la Segunda Mundial».

En su bienvenida a los peregrinos de lengua inglesa, el Papa recordó el Día Mundial del Agua y el de los Bosques:

«Dirijo mi cordial saludo a los participantes en la Conferencia “Watershed: Replenishing Water Values for a Thirsty World”, promovida por el Pontificio Consejo para la Cultura y por el Capítulo Argentino del Club de Roma. Justo hoy se celebra el Día Mundial del Agua, instituido hace 25 años por Naciones Unidas, y ayer se celebró el Día Internacional de los Bosques. Me alegro por este encuentro, que marca una nueva etapa en el compromiso conjunto de varias instituciones para sensibilizar sobre la necesidad de tutelar el agua como bien de todos, valorizando también sus significados culturales y religiosos. Aliento en especial vuestro esfuerzo en el campo de la educación, con propuestas dirigidas a los niños y a los jóvenes ¡Gracias por lo que hacen y que Dios los bendiga»

«La Cuaresma nos llama a la conversión y a la penitencia: nos indica el ayuno, la oración y la limosna como caminos de trasformación; nos alienta al examen de conciencia y a admitir humildemente nuestras culpas y la confesión de nuestros pecados», reiteró luego el Santo Padre, en su cordial saludo a los peregrinos polacos:

«Como dijo San Juan Pablo II “aprendan a llamar blanco lo que es blanco y negro lo que es negro, mal al mal y bien al bien. Aprendan a llamar pecado al pecado y no lo llamen liberación y progreso” (A los universitarios, 26 de marzo de 1981). Llenos de confianza en el poder de la Palabra de Dios, abramos nuestros corazones al don de su misericordia y de su perdón. Alabado sea Jesucristo».

En sus palabras a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, el Papa Francisco destacó la Solemnidad en la que la Iglesia universal celebra el ‘sí’ de la Madre de Dios:

«El próximo sábado celebraremos la Solemnidad de la Anunciación del Señor a la Virgen María. Queridos jóvenes, sepan ponerse a la escucha de la voluntad de Dios, como María; queridos enfermos, no se desalienten en los momentos más difíciles, sabiendo que el Señor no da una cruz superior a las propias fuerzas; y ustedes, queridos recién casados, edifiquen su vida matrimonial sobre la roca firme de la Palabra de Dios».

(CdM – RV)


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El mundo necesita el perdón. El Papa en Asís.

“El perdón de Dios no conoce límites”, lo recuerda el Papa en Asís, invitando a no renunciar a ser signos de perdón e instrumentos de misericordia

2016-08-04 Radio Vaticana

(RV).-  Con ocasión del VIII Centenario del Perdón de Asís, la indulgencia que San Franciscopidió a Honorio III en 1216, el  Papa Francisco peregrinó hasta la basílica papal de Santa María de los Ángeles.  Allí el Obispo de Roma tuvo un momento de oración en la Porciúncula.  Luego ofreció una meditación inspirada en Mateo 18,21-35.  ¿Por qué debemos perdonar a una persona que nos ha hecho mal?  preguntó el Papa. “Porque nosotros somos los primeros que hemos sido perdonados, e infinitamente más”, respondió. Al  hacernos conscientes de nuestra condición, que nos lleva a recaer con frecuencia en los mismos pecados,  el Santo Padre  recordó  que Dios no se cansa de ofrecer siempre su perdón cada vez que se lo pedimos. “Es un perdón pleno,  con el que nos da la certeza de que, aun cuando podemos recaer en los mismos pecados, tiene piedad de nosotros y no deja de amarnos”. Por esto elPontífice puntualizó que el perdón de Dios no conoce límites sino que va más allá de nuestra imaginación y alcanza a quien reconoce haberse equivocado y quiere volver a Él.

“El perdón del que nos habla San Francisco se ha hecho ‘cauce’ aquí en la Porciúncula, y continúa a ‘generar paraíso’ todavía después de ocho siglos. En este Año Santo de la Misericordia, es todavía más evidente cómo la vía del perdón puede renovar verdaderamente la Iglesia y el mundo”, reflexionó el Papa, recordando que ofrecer hoy el testimonio de la misericordia en el mundo es una tarea de la que nadie puede rehuir. “El mundo necesita el perdón; demasiadas personas viven encerradas en el rencor e incuban el odio, porque, incapaces de perdonar, arruinan su propia vida y la de los demás, en lugar de encontrar laalegría de la serenidad y de la paz”, observó, invocando por esto la intercesión del Santo de Asís para que jamás renunciemos a ser signos humildes de perdón e instrumentos demisericordia.

Texto completo de la meditación del Papa Francisco

Quisiera recordar hoy, queridos hermanos y hermanas, ante todo, las palabras que, según la antigua tradición, San Francisco pronunció justamente aquí ante todo el pueblo y los obispos: «Quiero enviar a todos al paraíso». ¿Qué cosa más hermosa podía pedir el Pobrecillo de Asís, si no el don de la salvación, de la vida eterna con Dios y de la alegría sin fin, que Jesús obtuvo para nosotros con su muerte y resurrección?

El Paraíso, después de todo, ¿qué es sino el misterio de amor que nos une por siempre con Dios para contemplarlo sin fin? La Iglesia profesa desde siempre esta fe cuando dice creer en la comunión de los santos. Jamás estamos solos cuando vivimos la fe; nos hacen compañía los santos y los beatos, y también las personas queridas que han vivido con sencillez y alegría la fe, y la han testimoniado con su vida. Hay un nexo invisible, pero no por eso menos real, que nos hace ser «un solo cuerpo», en virtud del único Bautismo recibido, animados por «un solo Espíritu» (cf. Ef 4,4). Quizás San Francisco, cuando pedía al Papa Honorio III la gracia de la indulgencia para quienes venían a la Porciúncula, pensaba en estas palabras de Jesús a sus discípulos: «En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿les habría dicho que voy a prepararles sitio? Cuando vaya y les prepare sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estén también ustedes» (Jn 14,2-3).

La vía maestra es ciertamente la del perdón, que se debe recorrer para lograr ese puesto en el Paraíso. Es difícil perdonar. ¿Cuánto cuesta, a nosotros, perdonar a los demás? Pensemos un poco. Y aquí, en la Porciúncula, todo habla de perdón. Qué gran regalo nos ha hecho el Señor enseñándonos a perdonar  –o, al menos, tener el deseo de perdonar-  para experimentar en carne propia la misericordia del Padre. Hemos escuchado la parábola con la que Jesús nos enseña a perdonar (cf. Mt 18,21-35). ¿Por qué debemos perdonar a una persona que nos ha hecho mal? Porque nosotros somos los primeros que hemos sido perdonados, e infinitamente más. No hay ninguno entre nosotros , aquí, que no haya sido perdonado. Cada uno piense… Pensemos en silencio en las cosas malas que hemos hecho y cómo el Señor nos las ha perdonado.  La parábola nos dice justamente esto: como Dios nos perdona, así también nosotros debemos perdonar a quien nos hace mal. Es la caricia del perdón. El corazón que perdona. El corazón que perdona, acaricia. Tan lejano de aquel gesto: ¡me la pagarás! El perdón es otra cosa.  Exactamente como en la oración que Jesús nos enseñó, el Padre Nuestro, cuando decimos: «Perdona nuestros pecados como también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo» (Mt 6,12). Las deudas son nuestros pecados ante Dios, y nuestros deudores son aquellos que nosotros debemos perdonar.

Cada uno de nosotros podría ser ese siervo de la parábola que tiene que pagar una gran deuda, pero es tan grande que jamás podría lograrlo. También nosotros, cuando en el confesionario nos ponemos de rodillas ante el sacerdote, repetimos simplemente el mismo gesto del siervo. Decimos: «Señor, ten paciencia conmigo». ¿Han pensado alguna vez en la paciencia de Dios? Tiene paciencia.  En efecto, sabemos bien que estamos llenos de defectos y recaemos frecuentemente en los mismos pecados. Sin embargo, Dios no se cansa de ofrecer siempre su perdón cada vez que se lo pedimos. Es un perdón pleno, total, con el que nos da la certeza de que, aun cuando podemos recaer en los mismos pecados, Él tiene piedad de nosotros y no deja de amarnos. Como el rey de la parábola, Dios se apiada, prueba un sentimiento de piedad junto con el de la ternura: es una expresión para indicar su misericordia para con nosotros. Nuestro Padre se apiada siempre cuando estamos arrepentidos, y nos manda a casa con el corazón tranquilo y sereno, diciéndonos que nos ha liberado y perdonado todo. El perdón de Dios no conoce límites; va más allá de nuestra imaginación y alcanza a quien reconoce, en el íntimo del corazón, haberse equivocado y quiere volver a Él. Dios mira el corazón que pide ser perdonado.

El problema, desgraciadamente, surge cuando nosotros nos ponemos a confrontarnos con nuestro hermano que nos ha hecho una pequeña injusticia. La reacción que hemos escuchado en la parábola es muy expresiva: «Págame lo que me debes» (Mt 18,28). En esta escena encontramos todo el drama de nuestras relaciones humanas. Todo el drama. Cuando nosotros estamos en deuda con los demás, pretendemos la misericordia; en cambio cuando estamos en crédito, invocamos la justicia. Y todos hacemos así, todos. Esta no es la reacción del discípulo de Cristo ni puede ser el estilo de vida de los cristianos. Jesús nos enseña a perdonar, y a hacerlo sin límites: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (v. 22). Así pues, lo que nos propone es el amor del Padre, no nuestra pretensión de justicia. En efecto, limitarnos a lo justo, no nos mostraría como discípulos de Cristo, que han obtenido misericordia a los pies de la cruz sólo en virtud del amor del Hijo de Dios. No olvidemos, las palabras severas con las que se concluye la parábola: «Lo mismo hará con ustedes mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano» (v. 35).

Queridos hermanos y hermanas: el perdón del que nos habla San Francisco se ha hecho «cauce» aquí en la Porciúncula, y continúa a «generar paraíso» todavía después de ocho siglos. En este Año Santo de la Misericordia, es todavía más evidente cómo la vía del perdón puede renovar verdaderamente la Iglesia y el mundo. Ofrecer el testimonio de la misericordia en el mundo de hoy es una tarea que ninguno de nosotros puede rehuir. Repito: ofrecer el testimonio de la misericordia en el mundo de hoy es una tarea que ninguno puede rehuir. El mundo necesita el perdón; demasiadas personas viven encerradas en el rencor e incuban el odio, porque, incapaces de perdonar, arruinan su propia vida y la de los demás, en lugar de encontrar la alegría de la serenidad y de la paz. Pedimos a San Francisco que interceda por nosotros, para que jamás renunciemos a ser signos humildes de perdón e instrumentos de misericordia. Y podemos orar por esto. Cada uno a su manera.  Invito a los frailes y a los obispos  a ir a los confesionarios – también yo iré-  para estar a disposición del perdón. Hoy nos hará bien recibirlo, aquí, juntos. Que el Señor nos dé la gracia de decir aquella palabra que el Padre no nos deja terminar de decir, aquella que dijo el hijo pródigo:  “Padre he pecado con…”   le tapó la boca y lo abrazó.  Nosotros comenzaremos a decir y Él nos tapará la boca y nos vestirá. “ Pero Padre, tengo miedo de hacer lo mismo mañana”. ¡Vuelve! El Padre siempre está mirando hacia el camino. Mira en espera que regrese el hijo pródigo y todos nosotros lo somos. Que el Señor nos dé esta gracia.

(Raúl Cabrera, Radio Vaticano)

(from Vatican Radio)


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Argentina: las madres de la plaza de Mayo y el Papa

LÍDER DE MADRES DE PLAZA DE MAYO EN EL VATICANO. De las críticas contra Bergoglio al descubrimiento de Francisco

Hebe De Bonafini

Hebe De Bonafini

Por el momento solo sabemos lo que ella ha declarado. La señora Hebe de Bonafini, líder histórica del grupo más importante de Madres de Plaza de Mayo, dijo que el Santo Padre la había invitado a visitarlo en el Vaticano, y eso podría concretarse, si sus médicos personales se lo permiten, el próximo 27. Digamos desde ya que nos parece curioso porque los Pontífices, incluyendo a Francisco, casi nunca, por no decir nunca, hacen ese tipo de invitaciones. Es mucho más probable que ante un discreto sondeo proveniente de Argentina hayan respondido que existe esa posibilidad, pero sin un compromiso formal. Conociendo al Papa Francisco no parece imposible que reciba a la señora de Bonafini, aunque ella en el pasado lo acusó de ser “fascista y cómplice de la dictadura militar”. No sería la primera vez que el Santo Padre recibe personalidades argentinas que en el pasado lo atacaron gravemente. Hebe de Bonafini estaba en Italia cuando el Cónclave eligió a Bergoglio. Las crónicas dicen que en sus declaraciones, según parece desde la ciudad de Pescara, afirmó: “Hace muchos años que las madres, en realidad desde que empezaron su lucha, colaboran solamente con sacerdotes del tercer mundo. Tenemos una lista de 150 sacerdotes asesinados por la dictadura, y la Iglesia oficial nunca se preocupó por ellos ni reclamó sus cuerpos. Las madres hablaban de la Iglesia oficial cuando nadie lo hacía. Esta es opresiva, en cambio las del tercer mundo son liberadoras. Solo tenemos relación con ellas y para el Papa que han nombrado, lo único que tenemos para decir es: Amén”.

La Asociación de la Bonafini nació en 1986, cuando un nutrido grupo de madres, que luchaba desde hacía años para obtener verdad y justicia por las gravísimas violaciones de derechos humanos durante las dictaduras militares entre 1976 y 1983, se separó debido a las diferencias de opinión sobre la oportunidad de aceptar una reparación económica por la pérdida de sus hijos que ofrecía el entonces presidente Raúl Alfonsín. Algunas de ellas, debido a la pobreza, aceptaron, pero nunca renunciaron a luchar por la verdad y la justicia. Otras no. Entonces ese grupo encabezado por Hebe de Bonafini abandonó la asociación y formó otra. Algunos meses después la señora Hebe cambió de opinión sobre el cardenal Jorge Mario Bergoglio, recuerda Giorgio Bernardelli, “llamándolo simplemente padre Francisco”. Y declarando cándidamente que estaba impresionada por los testimonios de tantas personas de las villas –los barrios de emergencia de Buenos Aires- sobre su amistad con el cardenal Bergoglio. “En la carta dice: “Permítame llamarlo padre Francisco, porque es a Francisco al que ahora he descubierto. Mi padre también se llamaba Francisco y era un santo trabajador con las manos llenas de callos por todo el trabajo que hacía para mantenernos. Del padre Francisco no conocía su trabajo pastoral; solo sabía que en aquella catedral vivía el principal dirigente de la Iglesia argentina. Esa catedral que cuando marchábamos y pasábamos delante de ella cantábamos: “Se quedaron callados cuando se los llevaban”. Hoy –sigue diciendo Hebe de Bonafini- con gran sorpresa escucho a muchos compañeros que cuentan sobre su compromiso y su trabajo en las villas. Y de eso me alegro infinitamente y siento que puedo esperar un cambio en el Vaticano”.

El mismo Bernardelli recordaba en su artículo de 2013: “De todos modos la líder de las Madres de Plaza de Mayo no retrocede ni un milímetro en sus batallas. Anuncia que enviará al Papa la lista de todos los sacerdotes y obispos desaparecidos o asesinados en el Tercer mundo, para que la Iglesia los recuerde y haga propias sus batallas. Le pide al Papa Francisco “desde lo más profundo del corazón” que luche por una Iglesia de los pobres”, como en nuestra “gran patria latinoamericana de José de San Martín y Simón Bolívar” hicieron miles de personas que pagaron con la vida el precio del compromiso de erradicar la pobreza. Era el gran sueño de nuestros hijos desaparecidos”. “Gracias padre Francisco y cuando se encuentre con el Papa en el Vaticano –concluye irónicamente la señora Hebe de Bonafini- háblele de este pedido que le hago yo y millones de otras madres”.”.

Hebe De Bonafini hoy tiene 88 años y está bastante enferma; durante la dictadura perdió dos hijos: Jorge Omar y Raúl Alfredo, muertos entre 1977 y 1978, y su nuera María Elena Bugnoni Cepeda. El 4 de mayo de 1997 Hebe de Bonafini, junto con Marta Badillo y el abogado Sergio Schocklender, anunciaron que habían pedido que se sometiera a juicio al ex Nuncio en Argentina, el cardenal Pio Laghi, porque el diplomático, en su opinión, “visitaba asiduamente los centros de detención clandestinos y permitía las torturas y las ejecuciones que allí se realizaban”. El documento fue presentado ante el Tribunal de Roma el 21 de mayo de 1997, día en que el purpurado cumplía 75 años.

Por último hay que recordar que una de las fundadoras históricas de la asociación de Madres de Plaza de Mayo fue la paraguaya Esther Balestrino de Careaga, militante comunista muerta durante la dictadura militar, a la que habían secuestrado una hija y su yerno. Esther fue la jefa de Jorge Mario Bergoglio cuando éste, siendo joven, trabajaba en un laboratorio químico para el análisis de alimentos. Bergoglio siempre dijo, con respecto a Esther Balestrino, que “es una de las personas que más influyeron en mi vida”.


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El Papa confesor y penitente en la Basílica de S. Pedro.

Papa Francisco: revisemos los horarios y los programas que alejan a los fieles del confesionario

Durante la liturgia penitencial para la reconciliación en San Pedro, el Pontífice se confesó y después confesó a algunos fieles. El año pasado fue en el anuncio del Jubileo. «Que cada hombre y cada mujer encuentre a un padre que lo espere y lo perdone»
REUTERS

Papa Francisco confesándose

04/03/2016
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO
Hoy «nosotros los pastores estamos llamados a escuchar el grito, tal vez oculto, de cuantos desean encontrarse con el Señor», por lo que hay que «revisar esos comportamientos que a veces no ayudan a los demás a acercarse a Jesús, los horarios y los programas que no salen al encuentro de las necesidades reales de todos los que se podrían acercar al confesionario, las reglas humanas, si valen más que el deseo de perdón, nuestras rigideces que podrían mantener lejos de la ternura de Dios». Lo dijo Papa Francisco durante la homilía de la «liturgia penitencial para la reconciliación», misma que presidió hoy por la tarde en la Basílica de San Pedro.

La celebración, en la vigilia del cuarto domingo de la Cuaresma (la misma en la que hace un año el Papa anunció el Jubileo extraordinario de la Misericordia en curso) inaugura el momento penitencial especial, llamado «24 horas para el Señor», promovido por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización. Al final de la homilía el Papa se confesó y después confesó personalmente a algunos fieles.

Durante la homilía Francisco reflexionó sobre una invocación de Bartimeo, que aparece en el Evangelio de Marcos («Que yo vea de nuevo»: «Es esta —indicó— la petición que hoy queremos dirigir hacia el Señor. Ver de nuevo, después de que nuestros pecados nos ha hecho perder de vista el bien y nos han distraído de la belleza de nuestra llamada, haciéndonos, por el contrario, errar lejos de la meta». Cada uno de nosotros, dijo el Papa, «se encuentra en la situación de Bartimeo. Su ceguera lo llevó a la pobreza y a vivir en los márgenes de la ciudad, dependiendo de los demás en todo. También el pecado tiene este efecto: nos empobrece y nos aísla. Es una ceguera del espíritu, que impide ver lo esencial, fijar la mirada sobre el amor que da la vida; y conduce poco a poco a detenerse sobre lo que es superficial, hasta volvernos insensibles a los demás y al bien. Cuántas tentaciones —dijo el Papa— tienen la fuerza de nublar la vista del corazón y de volverlo miope. ¡Cuán fácil y erróneo es creer que la vida depende de lo que se tiene, del éxito o de la admiración que se recibe; que la economía está hecha solo de ganancia y de consumo; que los propios deseos individuales deben prevalecer sobre la responsabilidad social! Viendo solo nuestro yo, nos volvemos ciegos, apagados y replegados sobre nosotros mismos», sin alegría ni «verdadera libertad».

Pero «Jesús pasa» y «va más allá», y su «presencia cercana» hace sentir «que lejos de Él nos falta algo importante. Nos hace sentir necesitados de salvación, y este es el inicio de la curación del corazón. Después, cuando el deseo de ser curados se vuelve audaz, conduce a la oración, a gritar con fuerza e insistencia ayuda, como hace Bartimeo». Pero, «desgraciadamente, como esos ‘muchos’ del Evangelio, siempre hay alguien que no quiere detenerse, que no quiere ser molestado por los que gritan el propio dolor, prefiriendo hacer callar y regañar al pobre que da fastidio». Y en este Año jubilar, «como Bartimeo, arrojemos la capa y levantémonos; es decir, arrojemos lo que nos impide ser veloces en el camino hacia Él, sin miedo de dejar lo que nos da seguridad y a lo que estamos apegados; no nos quedemos sentados, volvamos a levantarnos, volvamos a encontrar nuestra estatura espiritual, la dignidad de hijos amados que están ante el Señor para ser curados por Él en los ojos, perdonados y recreados».

«Hoy más que nunca —prosiguió el Papa—, sobre todo nosotros los pastores estamos llamados también a escuchar el grito, tal vez oculto, de todos los que desean encontrar al Señor. Debemos revisar esos comportamientos que a veces no ayudan a los demás a acercarse a Jesús, los horarios y los programas que no salen al encuentro de las necesidades reales de todos los que se podrían acercar al confesionario, las reglas humanas, si valen más que el deseo de perdón, nuestras rigideces que podrían mantener lejos de la ternura de Dios. No debemos disminuir las exigencias del Evangelio, pero no podemos correr el riesgo de hacer vano el deseo del pecador de reconciliarse con el Padre, porque la vuelta a casa del hijo es lo que el Padre más espera». El nuestro, dijo Francisco, «es el ministerio del acompañamiento, para que el encuentro con el Señor sea personal, íntimo, y para que el corazón pueda abrirse sinceramente y sin temor al Salvador. No lo olvidemos: es solo Dios quien actúa en cada persona. En el Evangelio, es Él quien se detiene y pregunta por el ciego; es Él quien ordena que se lo lleven; es Él quien lo escucha y lo cura. Nosotros hemos sido elegidos para suscitar el deseo de la conversión, para ser instrumentos que faciliten el encuentro, para tender la mano y absolver, haciendo visible y operante su Misericordia. Que cada hombre, que cada mujer que se acerque al confesionario —dijo el Papa— encuentre a un padre que lo espere y lo perdone. La conclusión de la narración evangélica está llena de significado: Bartimeo ‘inmediatamente ve de nuevo y lo siguió por el camino’. También nosotros, cuando nos acercamos a Jesús, volvemos a ver la luz para ver el futuro con confianza, volvemos a encontrar la fuerza y el valor para ponernos en camino». Y «después del abrazo del Padre, hacemos fiesta en nuestro corazón, porque Él hace fiesta».


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El Papa confesor en la Basílica de S. Pedro.

“24 horas para el Señor” junto al Papa Francisco, para vivir la Misericordia de Dios

2016-03-04 Radio Vaticana

(RV).- En el marco del Jubileo de la Misericordia el Santo Padre da inicio este viernes 4 de marzo con la celebración penitencial en san Pedro, a la tercera edición de la iniciativa “24 horas para el Señor” promovida por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, bajo el lema “Misericordiosos como el Padre”.

Como ya ha sucedido en las precedentes ediciones de esta iniciativa, durante la celebración penitencial el Santo Padre se confesará y confesará a algunos penitentes.

Las diócesis en los cinco continentes se unen espiritualmente al Papa Francisco para ofrecer a todos la posibilidad de hacer experiencia personal de la misericordia de Dios.

Tal como se lee en el comunicado de prensa del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, se trata de una iniciativa que “nace con el intento de volver a poner en el centro la importancia de la oración, de la adoración eucarística y el don del sacramento de  la reconciliación”, querida fuertemente por el Sucesor de Pedro.

Recordamos que fue precisamente el viernes 13 de marzo de 2015, durante la celebración penitencial con ocasión de esta iniciativa, que el Pontífice anunció el Año Santo de la Misericordia, y que en la Bula de Convocación del Jubileo escribía: “La iniciativa “24 horas para el Señor”, a celebrarse durante el viernes y sábado que anteceden el IV domingo de Cuaresma, se incremente en las Diócesis. Muchas personas están volviendo a acercarse al sacramento de la Reconciliación y entre ellas muchos jóvenes, quienes en una experiencia semejante suelen reencontrar el camino para volver al Señor, para vivir un momento de intensa oración y redescubrir el sentido de la propia vida. De nuevo ponemos convencidos en el centro el sacramento de la Reconciliación, porque nos permite experimentar en carne propia la grandeza de la misericordia. Será para cada penitente fuente de verdadera paz interior”.

El Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización invita a todos los que participan de esta iniciativa a compartir su experiencia en sus canales social y a enviar un breve testimonio y una foto a info@im.va. (GM – RV)


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Mensaje del Papa para el próximo año jubilar

Mensaje del Papa a Mons. Fisichella por el Año Jubilar “El perdón de Dios no se puede negar al que se haya arrepentido”

2015-09-01 Radio Vaticana

 

(RV).- En el marco del Año Jubilar de la Misericordia, el Papa Francisco escribió una carta a Mons. Rino Fisichella,  Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, donde se lee como el Santo Padre destaca algunos puntos importantes para “facilitar que sea un auténtico momento de encuentro con la misericordia de Dios para todos los creyentes”.

El Obispo de Roma habla en primer lugar de los peregrinos que en cada diócesis o en Roma vivirán esta gracia del Jubileo, y explica que deberán hacer una “breve peregrinación” hacia laPuerta Santa, abierta en cada catedral o en las iglesias establecidas por el obispo diocesano y en las cuatro basílicas papales en Roma, como signo del deseo profundo de auténtica conversión. Así mismo recuerda que es importante que este momento esté unido al Sacramento de la Reconciliación y a la celebración de la santa Eucaristía con una reflexión sobre la misericordia.

Francisco nombra en su carta a Mons. Fisichella a quienes por diversos motivos no podrán llegar a la Puerta Santa, como los enfermos, los ancianos, o los fieles que están solos, y asegura que “también a través de los diversos medios de comunicación, será para ellos el modo de obtener la indulgencia jubilar”. También dedica unas palabras a los presos que están en cárceles, y les recuerda que “la misericordia del Padre quiere estar cerca de quien más necesita de su perdón”. Así mismo explica que en las capillas de las cárceles podrán ganar la indulgencia, y se lee en la carta: “que cada vez que atraviesen la puerta de su celda, dirigiendo su pensamiento y la oración al Padre, pueda este gesto ser para ellos el paso de la Puerta Santa, porque la misericordia de Dios, capaz de convertir los corazones, es también capaz de convertir las rejas en experiencia de libertad”.

Explica el Vicario de Cristo que la indulgencia también se puede ganar para los difuntos, “a ellos estamos unidos por el testimonio de fe y caridad que nos dejaron”.

El Papa invita a vivir de la misericordia para obtener la gracia del perdón completo y total por el poder del amor del Padre que no excluye a nadie, y en este sentido escribe “que la indulgencia jubilar plena es fruto del acontecimiento mismo que se celebra y se vive con fe, esperanza y caridad”.

Otro de los importantes puntos en los que el Papa incide en su carta es el hecho de como algunas personas viven el drama del aborto con una consciencia superficial, casi sin darse cuenta del gravísimo mal que comporta un acto de ese tipo, explica. Muchos otros, en cambio, incluso viviendo ese momento como una derrota, consideran no tener otro camino por dónde ir. Pienso, de forma especial, en todas las mujeres que han recurrido al aborto, y recuerda que “el perdón de Dios no se puede negar a todo el que se haya arrepentido, sobre todo cuando con corazón sincero se acerca al Sacramento de la Confesión para obtener la reconciliación con el Padre”. Así asegura que por este motivo ha decidido conceder  “a todos los sacerdotes para el Año jubilar, no obstante cualquier cuestión contraria, la facultad deabsolver del pecado del aborto a quienes lo han practicado y arrepentidos de corazón piden por ello perdón”.

Finalmente, el Papa considera también a los fieles que frecuentan las iglesias donde celebran los sacerdotes de la Fraternidad de San Pío X, “este Año jubilar de la Misericordia no excluye a nadie. Desde diversos lugares, algunos hermanos obispos me han hablado de su buena fe y práctica sacramental, unida, sin embargo, a la dificultad de vivir una condición pastoralmente difícil. Confío que en el futuro próximo se puedan encontrar soluciones para recuperar la plena comunión con los sacerdotes y los superiores de la Fraternidad. Al mismo tiempo –explica-, movido por la exigencia de corresponder al bien de estos fieles, por una disposición mía establezco que quienes durante el Año Santo de la Misericordia se acerquen a los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X para celebrar el Sacramento de la Reconciliación, recibirán válida y lícitamente la absolución de sus pecados

(MZ-RV)

Mensaje completo del Papa a Mons. Fisichella 

Al venerado hermano

Monseñor Rino Fisichella

Presidente del Pontificio Consejo

para la Promoción de la Nueva Evangelización

La cercanía del Jubileo extraordinario de la Misericordia me permite centrar la atención en algunos puntos sobre los que considero importante intervenir para facilitar que la celebración del Año Santo sea un auténtico momento de encuentro con la misericordia de Dios para todos los creyentes. Es mi deseo, en efecto, que el Jubileo sea experiencia viva de la cercanía del Padre, como si se quisiese tocar con la mano su ternura, para que se fortalezca la fe de cada creyente y, así, el testimonio sea cada vez más eficaz.

Mi pensamiento se dirige, en primer lugar, a todos los fieles que en cada diócesis, o como peregrinos en Roma, vivirán la gracia del Jubileo. Deseo que la indulgencia jubilar llegue a cada uno como genuina experiencia de la misericordia de Dios, la cual va al encuentro de todos con el rostro del Padre que acoge y perdona, olvidando completamente el pecado cometido. Para vivir y obtener la indulgencia los fieles están llamados a realizar una breve peregrinación hacia la Puerta Santa, abierta en cada catedral o en las iglesias establecidas por el obispo diocesano y en las cuatro basílicas papales en Roma, como signo del deseo profundo de auténtica conversión. Igualmente dispongo que se pueda ganar la indulgencia en los santuarios donde se abra la Puerta de la Misericordia y en las iglesias que tradicionalmente se identifican como Jubilares. Es importante que este momento esté unido, ante todo, al Sacramento de la Reconciliación y a la celebración de la santa Eucaristía con una reflexión sobre la misericordia. Será necesario acompañar estas celebraciones con la profesión de fe y con la oración por mí y por las intenciones que llevo en el corazón para el bien de la Iglesia y de todo el mundo.

Pienso, además, en quienes por diversos motivos se verán imposibilitados de llegar a la Puerta Santa, en primer lugar los enfermos y las personas ancianas y solas, a menudo en condiciones de no poder salir de casa. Para ellos será de gran ayuda vivir la enfermedad y el sufrimiento como experiencia de cercanía al Señor que en el misterio de su pasión, muerte y resurrección indica la vía  maestra para dar sentido al dolor y a la soledad. Vivir con fe y gozosa esperanza este momento de prueba, recibiendo la comunión o participando en la santa misa y en la oración comunitaria, también a través de los diversos medios de comunicación, será para ellos el modo de obtener la indulgencia jubilar. Mi pensamiento se dirige también a los presos, que experimentan la limitación de su libertad. El Jubileo siempre ha sid­­­­o la ocasión de una gran amnistía, destinada a hacer partícipes a muchas personas que, incluso mereciendo una pena, sin embargo han tomado conciencia de la injusticia cometida y desean sinceramente integrarse de nuevo en la sociedad dando su contribución honesta. Que a todos ellos llegue realmente la misericordia del Padre que quiere estar cerca de quien más necesita de su perdón. En las capillas de las cárceles podrán ganar la indulgencia, y cada vez que atraviesen la puerta de su celda, dirigiendo su pensamiento y la oración al Padre, pueda este gesto ser para ellos el paso de la Puerta Santa, porque la misericordia de Dios, capaz de convertir los corazones, es también capaz de convertir las rejas en experiencia de libertad.

He pedido que la Iglesia redescubra en este tiempo jubilar la riqueza contenida en las obras de misericordia corporales y espirituales. La experiencia de la misericordia, en efecto, se hace visible en el testimonio de signos concretos como Jesús mismo nos enseñó. Cada vez que un fiel viva personalmente una o más de estas obras obtendrá ciertamente la indulgencia jubilar. De aquí el compromiso a vivir de la misericordia para obtener la gracia del perdón completo y total por el poder del amor del Padre que no excluye a nadie. Será, por lo tanto, una indulgencia jubilar plena, fruto del acontecimiento mismo que se celebra y se vive con fe, esperanza y caridad.

La indulgencia jubilar, por último, se puede ganar también para los difuntos. A ellos estamos unidos por el testimonio de fe y caridad que nos dejaron. De igual modo que los recordamos en la celebración eucarística, también podemos, en el gran misterio de la comunión de los santos, rezar por ellos para que el rostro misericordioso del Padre los libere de todo residuo de culpa y pueda abrazarlos en la bienaventuranza que no tiene fin.

Uno de los graves problemas de nuestro tiempo es, ciertamente, la modificación de la relación con la vida. Una mentalidad muy generalizada que ya ha provocado una pérdida de la debida sensibilidad personal y social hacia la acogida de una nueva vida. Algunos viven el drama del aborto con una consciencia superficial, casi sin darse cuenta del gravísimo mal que comporta un acto de ese tipo. Muchos otros, en cambio, incluso viviendo ese momento como una derrota, consideran no tener otro camino por dónde ir. Pienso, de forma especial, en todas las mujeres que han recurrido al aborto. Conozco bien los condicionamientos que las condujeron a esa decisión. Sé que es un drama existencial y moral. He encontrado a muchas mujeres que llevaban en su corazón una cicatriz por esa elección sufrida y dolorosa. Lo sucedido es profundamente injusto; sin embargo, sólo el hecho de comprenderlo en su verdad puede consentir no perder la esperanza. El perdón de Dios no se puede negar a todo el que se haya arrepentido, sobre todo cuando con corazón sincero se acerca al Sacramento de la Confesión para obtener la reconciliación con el Padre. También por este motivo he decidido conceder  a todos los sacerdotes para el Año jubilar, no obstante cualquier cuestión contraria, la facultad de absolver del pecado del aborto a quienes lo han practicado y arrepentidos de corazón piden por ello perdón. Los sacerdotes se deben preparar para esta gran tarea sabiendo conjugar palabras de genuina acogida con una reflexión que ayude a comprender el pecado cometido, e indicar un itinerario de conversión verdadera para llegar a acoger el auténtico y generoso perdón del Padre que todo lo renueva con su presencia.

Una última consideración se dirige a los fieles que por diversos motivos frecuentan las iglesias donde celebran los sacerdotes de la Fraternidad de San Pío X. Este Año jubilar de la Misericordia no excluye a nadie. Desde diversos lugares, algunos hermanos obispos me han hablado de su buena fe y práctica sacramental, unida, sin embargo, a la dificultad de vivir una condición pastoralmente difícil. Confío que en el futuro próximo se puedan encontrar soluciones para recuperar la plena comunión con los sacerdotes y los superiores de la Fraternidad. Al mismo tiempo, movido por la exigencia de corresponder al bien de estos fieles, por una disposición mía establezco que quienes durante el Año Santo de la Misericordia se acerquen a los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X para celebrar el Sacramento de la Reconciliación, recibirán válida y lícitamente la absolución de sus pecados.

Confiando en la intercesión de la Madre de la Misericordia, encomiendo a su protección la preparación de este Jubileo extraordinario.

Vaticano, 1 de septiembre de 2015


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Indulgencia plenaria para el Camino Ignaciano

La Santa Sede concede indulgencia plenaria a los peregrinos del camino ignaciano

caminoignac2La Santa Sede concede indulgencia plenaria a los peregrinos que acudan a los santuarios de Loyola y Manresa durante el Año Jubilar del Camino Ignaciano

La Penitenciaría Apostólica de la Santa Sede ha concedido indulgencia plenaria a los fieles católicos que peregrinen a los santuarios de Loyola y Manresa durante la celebración del primer Año Jubilar del Camino Ignaciano, cumpliendo las condiciones habituales establecidas por el derecho canónico.

Así lo comunica mediante sendos decretos el cardenal Mauro Piacenza, Penitenciario Mayor de la Santa Sede, respondiendo a las solicitudes realizadas por el P. Provincial de la Compañía de Jesús, Francisco José Ruiz Pérez  SJ, junto con los obispos de San Sebastián, Monseñor José Ignacio Munilla, y de Vic, Monseñor Romà Casanova, en cuyos territorios se encuentran los dos santuarios ignacianos de referencia del Camino Ignaciano: el de Loyola y el de Manresa.