Loiola XXI

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Los obispos coreanos aplauden el encuentro de los dos presidentes

Obispos coreanos celebran la cumbre por la reconciliación

“Una primavera tras un largo invierno”, así han definido los prelados de Corea la cumbre intercoreana del 27 de abril como gesto de diálogo y reconciliación

Ciudad del Vaticano

«Este vértice norte-sur pone fin a un conflicto activo desde hace mucho tiempo y se convertirá en un hito para la paz en la península coreana». Son las palabras de alegría y conmoción de los obispos coreanos, tras el histórico encuentro entre el líder norcoreano Kim Jong-un y el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, que tuvo lugar el 27 de abril de 2018.

La Iglesia católica coreana, junto con todo el pueblo de esa pequeña península del océano pacífico, celebraron las imágenes del saludo entre los dos máximos representantes políticos, en medio de un ambiente de diálogo y reconciliación, que tiempo atrás hubiera resultado “impensable”, cuando la posibilidad de un enfrentamiento nuclear y el ataque de misiles parecían incontenibles.

Un encuentro histórico

Kim Jong-un se ha convertido en el primer líder de Corea del Norte en atravesar la línea de demarcación militar que divida la península desde hace 70 años.

El presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, lo esperaba sonriente al lado del bordillo de cemento que indica el límite fronterizo.

Los dos han posado para los fotógrafos regalando unas imágenes que en cuestión de minutos habían dado la vuelta al mundo. Posteriormente, y en un gesto espontáneo, Kim pidió a Moon volver a cruzar juntos la frontera para pisar suelo norcoreano, y los dos lo han hecho de la mano.

La Iglesia celebra este gesto de reconciliación

En nombre de la Iglesia en Corea, monseñor Kim Hee-Joong celebra «el éxito de la cumbre, según las expectativas y en interés del pueblo coreano y de todos los pueblos» y exhorta al pueblo coreano a rezar con fuerza para que, como el Señor resucitado hizo descender la paz sobre sus discípulos, pueda también hoy dar a la península coreana una paz duradera.

«Es un día histórico. Estoy conmovido. He llorado al ver las imágenes. El proceso de reconciliación ha empezado. Ahora no se puede dar marcha atrás», añadió por su parte Monseñor Lazzaro You Heung-sik, obispo de Daejeon y presidente de la Comisión Episcopal para la Sociedad, en una llamada telefónica con medios locales.

La importancia del llamamiento del Papa por la Paz

Asimismo, el prelado hace incapié en lo importante que ha sido el llamamiento lanzado el miércoles 25 de abril por el Papa Francisco en su audiencia general, en la cual expresó su deseo de que se produzca «un diálogo transparente y un camino concreto de reconciliación y de fraternidad reencontrada».

El Santo Padre también pidió –recordó el obispo– «a todos los que tienen responsabilidad política que tuvieran el coraje de ser instrumentos y artesanos de paz, exhortándolos a proseguir el camino de reconciliación emprendido. Ha indicado la dirección en la que caminar para una paz verdadera no solo en la península coreana sino para toda la región asiática y el mundo entero».

Una primavera tras un largo invierno

 

Las imágenes del encuentro están teniendo un gran eco en Corea. «El pueblo coreano no creía que un encuentro entre los dos líderes fuera posible. Ahora estas imágenes nos están diciendo que es verdad y están comunicando un clima de gran fraternidad», continúa diciendo monseñor You, destacando las primeras palabras escritas en el libro de visitas por Kim Jong-un: «ahora comienza una nueva historia».

El obispo subraya también la presencia en la cumbre de todos los responsables militares y diplomáticos de Corea del Norte, y el hecho de que al terminar la jornada los dos líderes hayan firmado una declaración común y que en la cena ofrecida por Moon haya participado también la mujer de Kim. «Todo son señales positivas –comenta– que indican un diálogo impulsado con el corazón y no solo con un lenguaje puramente diplomático».

Y añade que «se está normalizando rápidamente una situación que ha sido anormal durante más de 60 años. La recuperación de la fraternidad del pueblo coreano finalmente está llegando a esta tierra como la primavera después de un largo invierno».

La Iglesia, durante todo este período de espera y preparación, ya seguido y rezado todos los días por la cumbre. «Nuestra tarea ahora como cristianos –añade monseñor You– es vivir esta realidad de diálogo en concreto y desde una fraternidad nunca olvidada, siempre esperada».

Ahora las miradas están fijas en la relación entre Kim Jong-un y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tendrán a finales de mayo o principios de junio, y al viaje a Estados Unidos que el presidente surcoreano Moon hará a mediados de mes para preparar el encuentro.

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Encuentros de perdón y reconciliación en el Santuario de Loyola.

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El Centro Loyola del Santuario de Loyola ha puesto en marcha un Proyecto de Perdón y Reconciliación para acompañar procesos que ayuden a sanar las heridas y el sufrimiento generados por los distintos tipos de violencia y la vulneración de los derechos humanos en nuestro país.

El Centro Loyola desarrollará  diferentes tipos de iniciativas:

  • Espacios de acogida y encuentro, diálogo y escucha mutua.
  • Reflexión social y espiritual.
  • Itinerarios de curación, recuperación y crecimiento humano.
  • Formación e investigación a propósito del perdón y la reconciliación.

El proyecto, coordinado por el jesuita Manu Arrue SJ, se llevará a cabo en colaboración con otras obras de la Compañía de Jesús, la Iglesia, los agentes sociales y la administración.

Primera actividad: Las Escuelas de Perdón y Reconciliación (ES.PE.RE.)

El Centro Loyola ha puesto en marcha en el mes de febrero de 2018 una experiencia piloto de Escuelas ES.PE.RE. (Escuelas de Perdón y Reconciliación). Se trata de una propuesta surgida en Colombia y extendida ya a 22 países del mundo ―principalmente en América― para ayudar a personas y comunidades que han sufrido o protagonizado violencias y vulneraciones de derechos humanos.

Un grupo de jesuitas y laicos del Santuario de Loyola viajaron el año pasado a Perú para conocer de primera mano el desarrollo y resultados del proyecto en el país americano, referente actual en este ámbito. Por su parte, responsables de ES.PE.RE. de Perú han visitado Loiola para ayudar a poner en marcha el proyecto en Euskadi.

En la experiencia piloto que ha comenzado en febrero han participado hasta ahora quince personas. Durante este año 2018 está previsto que participen otros dos grupos formados por personas a las que el Centro Loyola ha invitado expresamente. El objetivo es comenzar a ofrecer de manera abierta las escuelas ES.PE.RE. en 2019.

Las escuelas ES.PE.RE. se realizan en forma de taller. La formación comienza partiendo de la propia experiencia, se trabaja personalmente y en pequeños grupos de tres personas que normalmente no se conocen entre ellas. Es un trabajo dirigido a la curación: perdonarse a uno mismo y reconciliarse de un modo u otro. Los participantes asisten a los encuentros una vez por semana durante aproximadamente diez semanas. No se trata de una experiencia confesional, no hace falta ser creyente para participar en una escuela ES.PE.RE. La participación en estos talleres se realiza en total confidencialidad.

En América la metodología se ha aplicado en los últimos años con personas de diferentes perfiles:

  • Personas en prisión.
  • Personas que sufrieron violencia y desplazados, y personas que protagonizaron violencias y vulneraciones de derechos humanos.
  • Personas necesitadas de curar sus propias heridas y reconciliarse.
  • También se realizan experiencias inspiradas en ES.PE.RE. adaptadas a centros educativos.

Qué entendemos por reconciliación

Así como el perdón es algo que tiene que ver fundamentalmente con una decisión personal ―sin necesidad de que el otro me perdone―, la reconciliación supone el encuentro con la otra persona. Es un camino que puede dar lugar a diferentes resultados o tipos de reconciliación: una reconciliación de coexistencia (a distancia); una reconciliación de convivencia (próxima) o una reconciliación de comunión (renace el amor y la fraternidad). El Centro Loyola aborda la reconciliación contemplando esos tres tipos de resultados, a fin de acompañar cada proceso en su singularidad.

La reconciliación es un proceso de restauración personal y reparación de la fractura social, que tiene por lo menos tres dimensiones: la dimensión personal, la dimensión social y la dimensión política. Es por ello que está directamente relacionado con un modelo de Justicia Transicional que lo considera uno de sus cuatro vértices: Verdad – Responsabilidad (Accountability) – Reparación ― Reconciliación.

Este proyecto del Centro Loyola del Santuario de Loyola es fruto de la definición de la Misión de la Compañía de Jesús actualizada por la Congregación General 36 (2016) que llama a los jesuitas y a laicas/os en colaboración a ser agentes de reconciliación en un mundo fracturado.


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Sudán del sur: acuerdo en favor de la paz.

Firman cese de hostilidades en Sudán del Sur

Desplazados de Sudán del Sur en un campamento de Naciones Unidas. Foto: Nektarios Markogiannis/UNMISS

22 de diciembre, 2017 — La misión de las Naciones en Sudán del Sur UNMISS) celebra la firma del acuerdo que establece un cese de hostilidades en Sudán del Sur entre el Gobierno y los grupos rebeldes.

La firma es un paso importante para revitalizar el proceso de paz en el país, sumido en un violento conflicto desde 2013, y permitiría la llegada de ayuda humanitaria a los millones de civiles desamparados.

4,8 millones de personas sufren hambre en Sudán del Sur y más de dos millones han huido a países vecinos, según los últimos datos.
Los actores del conflicto firmaron el acuerdo durante el Forum de Revitalización de Alto Nivel que tuvo lugar en Addis Ababa, la capital de Etiopía.
UNMISS instó a todos los bandos a adherirse al acuerdo para poner fin a la violencia y promover una paz duradera que sirva los intereses de los sudaneses del sur.

Un conflicto de origen étnico

El cese de hostilidades retornaría al país a la senda perdida en 2015, cuando el acuerdo de paz colapsó luego de que el presidente Salva Kiir destituyera a su vicepresidente Riek Machar.

El conflicto enfrenta a los dos principales grupos étnicos del país: los dinka, a los que pertenece el presidente Kiir, y los nuer, entre ellos el vicepresidente Machar. A las tensiones se sumaron otros grupos violentos con distintos intereses, lo que ha reducido las opciones de lograr la paz.

UNMISS sigue comprometida a apoyar el proceso de paz en el marco de su mandato a través de la promoción de los esfuerzos de reconciliación, el fortalecimiento de los mecanismos de resolución del conflicto, la construcción de la cohesión nacional y la participación en iniciativas de paz regionales e internacionales.


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Colombia: congreso nacional para la reconciliación.

VIII Congreso Nacional por la Reconciliación en Colombia

 

 

(RV).- Colombia. Se llevará a cabo del 11 al 13 de octubre el VIII Congreso Nacional de Reconciliación en Bogotá, organizado por el Secretariado Nacional de Pastoral Social / Cáritas Colombiana (SNPS).

Se trata de un congreso que ha convocado durante 17 años a comunidades religiosas, jóvenes, medios de comunicación, organizaciones y a la comunidad en general, y que este año llevará por tema principal las “Experiencias Internacionales en Construcción de Paz”.

Tal como informa Cáritas Colombia, “en esta versión 2017, en relación a la coyuntura del post-acuerdo de paz que vive el países relevante poder examinar y socializar los retos o desafíos que como sociedad trae esta nueva realidad”. Los objetivos predispuestos para cada uno de los días del congreso serán, en el día uno, “la apropiación de la cultura de la no violencia como modelo de vida en la construcción de la reconciliación y la paz en el país. En el segundo día se tratará de resaltar la importancia del desarrollo humano integral para la consecución de la paz, y en el tercer día, quiere reconocerse el valor de la memoria histórica en los procesos de verdad, justicia y reparación integral.

“La reconciliación requiere cambios, -expresó Monseñor Héctor Fabio Henao Gaviria, Director del SNPS – un orden comunitario y social que garantice que no se volverá a los hechos de división y enfrentamientos del pasado”.

(Griselda Mutual – Radio Vaticano)


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Colombia: desde Cartagena último llamamiento del Papa en su visita

“Condeno con firmeza la lacra del narcotráfico, mantenida y sostenida por hombres sin escrúpulos”

Desde Cartagena, en la última Misa del viaje, el Papa volvió a hablar sobre el proceso de paz en Colombia: «Nada podrá reemplazar el encuentro reparador; ningún proceso colectivo nos exime del desafío de encontrarnos, de clarificar, perdonar», porque «quien toma la iniciativa siempre es el más valiente»; para la pacificación no bastan «acuerdos entre grupos políticos»
REUTERS

El Papa Francisco pronunciando la última homilía de su viaje colombiano en Cartagena

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Pubblicato il 11/09/2017
Ultima modifica il 11/09/2017 alle ore 01:13
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A CARTAGENA

«Condeno con firmeza la lacra del narcotráfico que ha puesto fin a tantas vidas y que es mantenida y sostenida por hombres sin escrúpulos. Hago un llamado para terminar con el narcotráfico que lo único que hace es sembrar muerte por doquier y destrozando tantas familias». Y también, la reconciliación y la paz son un proceso en el que todos debemos participar, no bastan acuerdos institucionales entre grupos políticos, ni cláusulas normativas: «Nada podrá reemplazar ese encuentro reparador; ningún proceso colectivo nos exime del desafío de encontrarnos, de clarificar, perdonar». El Papa Francisco, antes de dejar Colombia para volver a Roma, celebró la Misa en el área portuaria di Contecar en Cartagena, ciudad símbolo de los derechos humanos, porque aquí nació la preocupación para aliviar la situación de los oprimidos de la época, esencialmente la época de los esclavos, por quienes santos como Pedro Claver reclamaron el respeto y la libertad.

 

En la homilía, el Papa recordó el texto evangélico del pastor bueno que deja a las 99 ovejas para ir a buscar a la que se había extraviado, y dijo: «No hay nadie lo suficientemente perdido que no merezca nuestra solicitud, nuestra cercanía y nuestro perdón. Desde esta perspectiva, se entiende entonces que una falta, un pecado cometido por uno, nos interpele a todos pero involucra, en primer lugar, a la víctima del pecado del hermano; ese está llamado a tomar la iniciativa para que quien lo dañó no se pierda. Tomar la iniciativa; quien toma la iniciativa —insistió Francisco— siempre es el más valiente». Palabras muy significativas en una realidad como la colombiana.

 

«En estos días escuché muchos testimonios –añadió Francisco– de quienes han salido al encuentro de personas que les habían dañado. Heridas terribles que pude contemplar en sus propios cuerpos; pérdidas irreparables que todavía se siguen llorando, sin embargo han salido, han dado el primer paso en un camino distinto a los ya recorridos. Porque Colombia hace décadas que a tientas busca la paz y, como enseña Jesús, no ha sido suficiente que dos partes se acercaran, dialogaran; ha sido necesario que se incorporaran muchos más actores a este diálogo reparador de los pecados».

 

Y esto es lo que ha enriquecido al Papa en su viaje: «hemos aprendido que estos caminos de pacificación, de primacía de la razón sobre la venganza, de delicada armonía entre la política y el derecho, no pueden obviar los procesos de la gente. No se alcanza con el diseño de marcos normativos y arreglos institucionales entre grupos políticos o económicos de buena voluntad». De hecho, «Jesús encuentra la solución al daño realizado en el encuentro personal entre las partes. Además, siempre es rico incorporar en nuestros procesos de paz la experiencia de sectores que, en muchas ocasiones, han sido invisibilizados, para que sean precisamente las comunidades quienes coloreen los procesos de memoria colectiva». Una aclaración importante la el Papa, pues Colombia es gobernada por una élite compuesta por unas 300 familias, todas emparentadas entre sí.

 

Por lo tanto, es necesario encontrarse para volver a comenzar, dijo el Papa, y «nada podrá reemplazar ese encuentro reparador; ningún proceso colectivo nos exime del desafío de encontrarnos, de clarificar, perdonar. Las heridas hondas de la historia precisan necesariamente de instancias donde se haga justicia, se dé posibilidad a las víctimas de conocer la verdad, el daño sea convenientemente reparado y haya acciones claras para evitar que se repitan esos crímenes». La reconciliación no significa silenciar lo que ocurrió, ni ocultar la verdad o las responsabilidades.

 

«Pero eso sólo –añadió– nos deja en la puerta de las exigencias cristianas. A nosotros se nos exige generar “desde abajo” un cambio cultural: a la cultura de la muerte, de la violencia, respondemos con la cultura de la vida, del encuentro». Como decía el escritor colombiano Garbiel García Márquez, que nació precisamente aquí, en Cartagena: «Este desastre cultural no se remedia ni con plomo ni con plata, sino con una educación para la paz, construida con amor sobre los escombros de un país enardecido donde nos levantamos temprano para seguirnos matándonos los unos a los otros…».

 

«¡Cuántas veces –observó Francisco– se “normalizan” procesos de violencia, exclusión social, sin que nuestra voz se alce ni nuestras manos acusen proféticamente! […] No podemos negar que hay personas que persisten en pecados que hieren la convivencia y la comunidad». Sobre todo las drogas: «Condeno con firmeza —exclamó con vigor Francisco— la lacra del narcotráfico que ha puesto fin a tantas vidas y que es mantenida y sostenida por hombres sin escrúpulos. Hago un llamado para terminar con el narcotráfico que lo único que hace es sembrar muerte por doquier y destrozando tantas familias». También recordó otros problemas serios como la explotación de los recursos naturales y la contaminación, la tragedia de la explotación en el trabajo, los tráficos ilegales de dinero y la especulación financiera, la prostitución que «cada día cosecha víctimas inocentes, sobre todo entre los más jóvenes, robándoles el futuro», el abominio del tráfico de seres humanos, los delitos y los abusos en contra de los menores, la esclavitud, la «tragedia frecuentemente desatendida de los emigrantes con los que se especula indignamente en la ilegalidad» e incluso, añadió Bergoglio, «una “aséptica legalidad” pacifista que no tiene en cuenta la carne del hermano, la carne de Cristo».

 

No es posible vivir en paz sin firmes principios de justicia, concluyó Francisco, que también rezó con los colombianos para que se cumpla el lema de su viaje: «¡Demos el primer paso!», que significa, «salir al encuentro de los demás con Cristo, el Señor». Si Colombia «quiere una paz estable y duradera, debe dar urgentemente un paso hacia esta dirección, que es «aquella del bien común, de la equidad, de la justicia, del respeto de la naturaleza humana y de sus exigencias».