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China: y llegó la reconciliación. Cómo?

China; una fábrica abandonada se convierte en iglesia

En una localidad de la diócesis de Baoding, los católicos que hace tiempo estaban divididos entre “oficiales” y “clandestinos” se unen para convertir una fábrica abandonada en un lugar de oración, para las liturgias y para la celebración de los sacramentos. Los muros y pavimentos restaurados ven surgir la reconciliación en los corazones que habían estado divididos durante décadas

China, foto de los “equipos” de constructores que han transformado la fábrica abandonada en iglesia

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Pubblicato il 05/04/2019
Ultima modifica il 05/04/2019 alle ore 15:20
GIANNI VALENTE
CIUDAD DEL VATICANO

«Hemos esperado años y hemos tenido esperanzas en la unidad durante años. Ahora el viento del este ha llegado finalmente, y se sienten los pasos de la primavera acercándose». Son imágenes simples y sugestivas las que utilizan los católicos de Shizhuang para describir lo que ha sucedido entre ellos durante el mes de marzo de este 2019. Primero la misa de reconciliación entre la comunidad católica “oficial” y la comunidad católica “clandestina”, celebrada el 3 de marzo por el arzobispo Francisco An Shuxin, siguiendo el camino de la unidad y del perdón recíproco sugerido por el Papa Francisco. Después la comunión vivida y experimentada en un proyecto común, de gran impacto simbólico: la construcción colectiva de una iglesia “provisional” dentro de una fábrica abandonada.

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Shizhuang es una localidad de 2000 habitantes, principalmente católicos (el 80%). Hasta hace no mucho, los sacerdotes y fieles de las llamadas comunidades “clandestinas” celebraban sus misas en las casas privadas. Después de la reconciliación de principios de marzo, se comprendió que el local que utilizaba la comunidad “oficial” no habría sido suficiente para contener las misas para los Bautismos católicos de la localidad, que finalmente se decidieron a compartir las liturgias eclesiásticas viviendo y manifestando su plena comunión sacramental. En las primeras celebraciones litúrgicas de la comunidad católica reconciliada, demasiadas personas se quedaban fuera del local, expuestas a la intemperie del norte de China, que todavía se siente en este periodo del año. Así, los católicos de la localidad de la diócesis de Baoding comenzaron a reunir fondos para construir una iglesia de dimensiones adecuadas. Mientras tanto pidieron permiso a las autoridades para poder adaptar una fábrica abandonada desde hace 30 años y convertirla en un espacio provisional para encontrarse y celebrar juntos la eucaristía.

Después de haber obtenido el consenso de las autoridades civiles, los sacerdotes y laicos se organizaron espontáneamente en equipos para arreglar la vieja fábrica y convertirla en lugar para la oración, para las liturgias y las celebraciones de los sacramentos.

La narración de esta aventura comunitaria, que ha recibido Vatican Insider, describe con conmoción el espectáculo del pueblo de Dios que «se ha puesto a construir la casa de Dios». Hombres y mujeres ofreciendo trabajo gratuito para la construcción, sudando y ensuciándose las manos juntos. El resto de la comunidad ofrece a los “constructores” el material necesario, además de comida y lo que se necesita para asegurar que puedan continuar con su trabajo. También se trabaja de noche, y, durante las sesiones de trabajo, los equipos de constructores viven juntos momentos de oración y visitas al Santísimo.

El trabajo gratuito surge claramente del agradecimiento compartido que los católicos de Shizhuang experimentan como rasgo característico de este nuevo periodo eclesial. «Si les preguntas de dónde sacan la energía necesaria para trabajar juntos», se lee en la narración de los hechos, «responden simplemente que están contentos, y por ello, a veces, ni se dan cuenta del cansancio. Todos están cansados, pero en sus caras se percibe gratitud y agradecimiento dirigido a Dios».

Durante la Revolución Cultural (1966-1976) las catedrales y las iglesias chinas eran las que se transformaban en fábricas, depósitos y establos. En agosto de 1966, Mao Tse-tung declaró que «en China ya no existe la religión».

A finales de los años setenta, cuando Deng Xiaoping sacó al país de esos años difíciles, alrededor del destino de los lugares de culto maltratados se abrieron nuevas heridas en el catolicismo chino: ¿convenía volver a abrir las casas de Dios, como pedía en el gobierno, y volver a celebrar en ellas los bautismos, los matrimonios, el sacrificio eucarístico cotidiano y los funerales de quien muriera? ¿O era mejor seguir celebrando las misas en la discreción de las propias viviendas, escapando a la vigilancia del poder que había perseguido a la Iglesia de Cristo?

En la actualidad, en la época de los claroscuros que está viviendo la Iglesia católica en China, hay muchos otros lugares de culto “maltratados” porque no cumplirían las reglas impuestas por los aparatos políticos locales. Pero también hay espacios industrializados que se transforman en lugares en los que se celebra la Eucaristía, con el permiso de los funcionarios del gobierno. Los muros y los pavimentos renovados presencian el surgimiento de la reconciliación de los corazones Los muros y el pavimento de cemento ven surgir la reconciliación de los corazones gracias a los hermanos que se habían separado durante tanto tiempo. Un milagro que no puede se impuesto por decreto por parte de nadie, ni siquiera según las disposiciones canónicas del Vaticano ni, mucho menos, las presiones políticas civiles.


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Los obispos coreanos aplauden el encuentro de los dos presidentes

Obispos coreanos celebran la cumbre por la reconciliación

“Una primavera tras un largo invierno”, así han definido los prelados de Corea la cumbre intercoreana del 27 de abril como gesto de diálogo y reconciliación

Ciudad del Vaticano

«Este vértice norte-sur pone fin a un conflicto activo desde hace mucho tiempo y se convertirá en un hito para la paz en la península coreana». Son las palabras de alegría y conmoción de los obispos coreanos, tras el histórico encuentro entre el líder norcoreano Kim Jong-un y el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, que tuvo lugar el 27 de abril de 2018.

La Iglesia católica coreana, junto con todo el pueblo de esa pequeña península del océano pacífico, celebraron las imágenes del saludo entre los dos máximos representantes políticos, en medio de un ambiente de diálogo y reconciliación, que tiempo atrás hubiera resultado “impensable”, cuando la posibilidad de un enfrentamiento nuclear y el ataque de misiles parecían incontenibles.

Un encuentro histórico

Kim Jong-un se ha convertido en el primer líder de Corea del Norte en atravesar la línea de demarcación militar que divida la península desde hace 70 años.

El presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, lo esperaba sonriente al lado del bordillo de cemento que indica el límite fronterizo.

Los dos han posado para los fotógrafos regalando unas imágenes que en cuestión de minutos habían dado la vuelta al mundo. Posteriormente, y en un gesto espontáneo, Kim pidió a Moon volver a cruzar juntos la frontera para pisar suelo norcoreano, y los dos lo han hecho de la mano.

La Iglesia celebra este gesto de reconciliación

En nombre de la Iglesia en Corea, monseñor Kim Hee-Joong celebra «el éxito de la cumbre, según las expectativas y en interés del pueblo coreano y de todos los pueblos» y exhorta al pueblo coreano a rezar con fuerza para que, como el Señor resucitado hizo descender la paz sobre sus discípulos, pueda también hoy dar a la península coreana una paz duradera.

«Es un día histórico. Estoy conmovido. He llorado al ver las imágenes. El proceso de reconciliación ha empezado. Ahora no se puede dar marcha atrás», añadió por su parte Monseñor Lazzaro You Heung-sik, obispo de Daejeon y presidente de la Comisión Episcopal para la Sociedad, en una llamada telefónica con medios locales.

La importancia del llamamiento del Papa por la Paz

Asimismo, el prelado hace incapié en lo importante que ha sido el llamamiento lanzado el miércoles 25 de abril por el Papa Francisco en su audiencia general, en la cual expresó su deseo de que se produzca «un diálogo transparente y un camino concreto de reconciliación y de fraternidad reencontrada».

El Santo Padre también pidió –recordó el obispo– «a todos los que tienen responsabilidad política que tuvieran el coraje de ser instrumentos y artesanos de paz, exhortándolos a proseguir el camino de reconciliación emprendido. Ha indicado la dirección en la que caminar para una paz verdadera no solo en la península coreana sino para toda la región asiática y el mundo entero».

Una primavera tras un largo invierno

 

Las imágenes del encuentro están teniendo un gran eco en Corea. «El pueblo coreano no creía que un encuentro entre los dos líderes fuera posible. Ahora estas imágenes nos están diciendo que es verdad y están comunicando un clima de gran fraternidad», continúa diciendo monseñor You, destacando las primeras palabras escritas en el libro de visitas por Kim Jong-un: «ahora comienza una nueva historia».

El obispo subraya también la presencia en la cumbre de todos los responsables militares y diplomáticos de Corea del Norte, y el hecho de que al terminar la jornada los dos líderes hayan firmado una declaración común y que en la cena ofrecida por Moon haya participado también la mujer de Kim. «Todo son señales positivas –comenta– que indican un diálogo impulsado con el corazón y no solo con un lenguaje puramente diplomático».

Y añade que «se está normalizando rápidamente una situación que ha sido anormal durante más de 60 años. La recuperación de la fraternidad del pueblo coreano finalmente está llegando a esta tierra como la primavera después de un largo invierno».

La Iglesia, durante todo este período de espera y preparación, ya seguido y rezado todos los días por la cumbre. «Nuestra tarea ahora como cristianos –añade monseñor You– es vivir esta realidad de diálogo en concreto y desde una fraternidad nunca olvidada, siempre esperada».

Ahora las miradas están fijas en la relación entre Kim Jong-un y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tendrán a finales de mayo o principios de junio, y al viaje a Estados Unidos que el presidente surcoreano Moon hará a mediados de mes para preparar el encuentro.


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Encuentros de perdón y reconciliación en el Santuario de Loyola.

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El Centro Loyola del Santuario de Loyola ha puesto en marcha un Proyecto de Perdón y Reconciliación para acompañar procesos que ayuden a sanar las heridas y el sufrimiento generados por los distintos tipos de violencia y la vulneración de los derechos humanos en nuestro país.

El Centro Loyola desarrollará  diferentes tipos de iniciativas:

  • Espacios de acogida y encuentro, diálogo y escucha mutua.
  • Reflexión social y espiritual.
  • Itinerarios de curación, recuperación y crecimiento humano.
  • Formación e investigación a propósito del perdón y la reconciliación.

El proyecto, coordinado por el jesuita Manu Arrue SJ, se llevará a cabo en colaboración con otras obras de la Compañía de Jesús, la Iglesia, los agentes sociales y la administración.

Primera actividad: Las Escuelas de Perdón y Reconciliación (ES.PE.RE.)

El Centro Loyola ha puesto en marcha en el mes de febrero de 2018 una experiencia piloto de Escuelas ES.PE.RE. (Escuelas de Perdón y Reconciliación). Se trata de una propuesta surgida en Colombia y extendida ya a 22 países del mundo ―principalmente en América― para ayudar a personas y comunidades que han sufrido o protagonizado violencias y vulneraciones de derechos humanos.

Un grupo de jesuitas y laicos del Santuario de Loyola viajaron el año pasado a Perú para conocer de primera mano el desarrollo y resultados del proyecto en el país americano, referente actual en este ámbito. Por su parte, responsables de ES.PE.RE. de Perú han visitado Loiola para ayudar a poner en marcha el proyecto en Euskadi.

En la experiencia piloto que ha comenzado en febrero han participado hasta ahora quince personas. Durante este año 2018 está previsto que participen otros dos grupos formados por personas a las que el Centro Loyola ha invitado expresamente. El objetivo es comenzar a ofrecer de manera abierta las escuelas ES.PE.RE. en 2019.

Las escuelas ES.PE.RE. se realizan en forma de taller. La formación comienza partiendo de la propia experiencia, se trabaja personalmente y en pequeños grupos de tres personas que normalmente no se conocen entre ellas. Es un trabajo dirigido a la curación: perdonarse a uno mismo y reconciliarse de un modo u otro. Los participantes asisten a los encuentros una vez por semana durante aproximadamente diez semanas. No se trata de una experiencia confesional, no hace falta ser creyente para participar en una escuela ES.PE.RE. La participación en estos talleres se realiza en total confidencialidad.

En América la metodología se ha aplicado en los últimos años con personas de diferentes perfiles:

  • Personas en prisión.
  • Personas que sufrieron violencia y desplazados, y personas que protagonizaron violencias y vulneraciones de derechos humanos.
  • Personas necesitadas de curar sus propias heridas y reconciliarse.
  • También se realizan experiencias inspiradas en ES.PE.RE. adaptadas a centros educativos.

Qué entendemos por reconciliación

Así como el perdón es algo que tiene que ver fundamentalmente con una decisión personal ―sin necesidad de que el otro me perdone―, la reconciliación supone el encuentro con la otra persona. Es un camino que puede dar lugar a diferentes resultados o tipos de reconciliación: una reconciliación de coexistencia (a distancia); una reconciliación de convivencia (próxima) o una reconciliación de comunión (renace el amor y la fraternidad). El Centro Loyola aborda la reconciliación contemplando esos tres tipos de resultados, a fin de acompañar cada proceso en su singularidad.

La reconciliación es un proceso de restauración personal y reparación de la fractura social, que tiene por lo menos tres dimensiones: la dimensión personal, la dimensión social y la dimensión política. Es por ello que está directamente relacionado con un modelo de Justicia Transicional que lo considera uno de sus cuatro vértices: Verdad – Responsabilidad (Accountability) – Reparación ― Reconciliación.

Este proyecto del Centro Loyola del Santuario de Loyola es fruto de la definición de la Misión de la Compañía de Jesús actualizada por la Congregación General 36 (2016) que llama a los jesuitas y a laicas/os en colaboración a ser agentes de reconciliación en un mundo fracturado.


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Sudán del sur: acuerdo en favor de la paz.

Firman cese de hostilidades en Sudán del Sur

Desplazados de Sudán del Sur en un campamento de Naciones Unidas. Foto: Nektarios Markogiannis/UNMISS

22 de diciembre, 2017 — La misión de las Naciones en Sudán del Sur UNMISS) celebra la firma del acuerdo que establece un cese de hostilidades en Sudán del Sur entre el Gobierno y los grupos rebeldes.

La firma es un paso importante para revitalizar el proceso de paz en el país, sumido en un violento conflicto desde 2013, y permitiría la llegada de ayuda humanitaria a los millones de civiles desamparados.

4,8 millones de personas sufren hambre en Sudán del Sur y más de dos millones han huido a países vecinos, según los últimos datos.
Los actores del conflicto firmaron el acuerdo durante el Forum de Revitalización de Alto Nivel que tuvo lugar en Addis Ababa, la capital de Etiopía.
UNMISS instó a todos los bandos a adherirse al acuerdo para poner fin a la violencia y promover una paz duradera que sirva los intereses de los sudaneses del sur.

Un conflicto de origen étnico

El cese de hostilidades retornaría al país a la senda perdida en 2015, cuando el acuerdo de paz colapsó luego de que el presidente Salva Kiir destituyera a su vicepresidente Riek Machar.

El conflicto enfrenta a los dos principales grupos étnicos del país: los dinka, a los que pertenece el presidente Kiir, y los nuer, entre ellos el vicepresidente Machar. A las tensiones se sumaron otros grupos violentos con distintos intereses, lo que ha reducido las opciones de lograr la paz.

UNMISS sigue comprometida a apoyar el proceso de paz en el marco de su mandato a través de la promoción de los esfuerzos de reconciliación, el fortalecimiento de los mecanismos de resolución del conflicto, la construcción de la cohesión nacional y la participación en iniciativas de paz regionales e internacionales.