Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


Deja un comentario

Representantes de 1.000 moralistas católicos de unos 80 Países en el Vaticano.

Representantes de una asociación de unos 1.000 moralistas católicos han visitado al Papa y a la Curia Vaticana. Sus impresiones son muy positivas. El reportaje lo consideramos de indudable importancia. Véase en Religión Digital en la siguiente clave:

http://www.periodistadigital.com/religion/america/2017/03/27/keenan.shtml


Deja un comentario

Comentario al discurso del Papa a la UE

El Papa: que Europa vuelva a descubrir la solidaridad, antídoto contra los populismos

El discurso a los líderes de la Unión en el 60 aniversario de los Tratados de Roma. No tengan miedo «de asumir decisiones eficaces, capaces de responder a los problemas reales de las personas»
AP
21
0
Pubblicato il 24/03/2017
Ultima modifica il 24/03/2017 alle ore 18:47
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

«Europa vuelve a encontrar esperanza cada vez que pone al hombre en el centro y en el corazón de las instituciones». Esto implica «la escucha atenta y confiada de las instancias que provienen tanto de los individuos como de la sociedad y de los pueblos» que la componen. Lo dijo Francisco a los líderes de los 27 países de la Unión Europea, que fueron recibidos en el Vaticano este 24 de marzo de 2017 por la tarde, en ocasión de los sesenta años de los Tratados de Roma, que marcaron el nacimiento de la Comunidad Europea. Se trata de un discurso que continúa con el recorrido que comenzó con los discursos de Bergoglio en Estrasburgo (en noviembre de 2014) y en ocasión del Premio Carlo Magno (en mayo de 2016) y que llega un momento en el que crecen los movimientos populistas de la mano del miedo por los atentados yihadistas. Después de los discursos iniciales del Presidente del Consejo italiano, Paolo Gentiloni, y del Presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, el Papa comenzó su discurso invitando a volver a descubrir y a dar vida a los ideales de los padres fundadores, recordó las raíces cristianas de Europa, habló sobre la solidaridad como «el más eficaz antídoto contra los modernos populismos» e invitó a los líderes europeos a «no tener miedo a tomar decisiones eficaces, para responder a los problemas reales de las personas y para resistir al paso del tiempo».

 

Europa no es un conjunto de reglas que hay que seguir

 

En la primera parte de su discurso, el Papa volvió a proponer los ideales europeos con las palabras de los padres fundadores, recordando que el aniversario «no puede ser sólo un viaje al pasado, sino más bien el deseo de redescubrir la memoria viva de ese evento para comprender su importancia en el presente» y poder afrontar los desafíos «del futuro». Los padres fundadores nos recuerdan, dijo Francisco, que Europa «no es un conjunto de normas que cumplir, o un manual de protocolos y procedimientos que seguir», sino «una vida, una manera de concebir al hombre a partir de su dignidad trascendente e inalienable y no sólo como un conjunto de derechos que hay que defender o de pretensiones que reclamar». El origen de la idea de Europa, decía Alcide De Gasperi, es «la figura y la responsabilidad de la persona humana con su fermento de fraternidad evangélica, […] con su deseo de verdad y de justicia que se ha aquilatado a través de una experiencia milenaria». El espíritu de solidaridad europea, continuó Francisco, «es especialmente necesario ahora, para hacer frente a las fuerzas centrífugas, así como a la tentación de reducir los ideales fundacionales de la Unión a las exigencias productivas, económicas y financieras».

 

Los muros que se levantan y la paz «por descontado»

 

El Papa también recordó todos los esfuerzos que hubo que hacer para derrumbar la barrera artificial que dividió a Europa en dos, cuyo simbolo era el Muro de Berlín. «¡Cuánto se ha luchado para derribar ese muro! Sin embargo, hoy se ha perdido la memoria de ese esfuerzo. Se ha perdido también la conciencia del drama de las familias separadas, de la pobreza y la miseria que provocó aquella división. Allí donde desde generaciones se aspiraba a ver caer los signos de una enemistad forzada, ahora se discute sobre cómo dejar fuera los “peligros” de nuestro tiempo: comenzando por la larga columna de mujeres, hombres y niños que huyen de la guerra y la pobreza, que sólo piden tener la posibilidad de un futuro para ellos y sus seres queridos». Después Francisco se refirió al gran éxito de la paz en Europa, «el tiempo de paz más largo de los últimos siglos». Un bien que «para muchos», de alguna manera, «se da por descontado, y así no es difícil que se acabe por considerarla superflua. Por el contrario, la paz es un bien valioso y esencial, ya que sin ella no es posible construir un futuro para nadie, y se termine por “vivir al día”».

 

La crisis es una oportunidad

 

Bergoglio explicó que el común denominador de los padres fundadores de Europa unida «era el espíritu de servicio, unido a la pasión política, y a la conciencia de que en el origen de la civilización europea se encuentra el cristianismo, sin el cual los valores occidentales de la dignidad, libertad y justicia resultan incomprensibles». Esos valores, continuó, «seguirán teniendo plena ciudadanía si saben mantener su nexo vital con la raíz que los engendró. En la fecundidad de tal nexo está la posibilidad de edificar sociedades auténticamente laicas», sin «contraposiciones ideológicas, en las que encuentran igualmente su lugar el oriundo, el autóctono, el creyente y el no creyente». La «crisis», concepto que domina nuestro tiempo (desde la crisis económica hasta la de la familia, pasando por la de las instituciones o la de los migrantes) es un término que «por sí mismo» no tiene «una connotación negativa», y no indica «solamente un mal momento que hay que superar»: la palabra en griego significa «investigar, valorar, juzgar. Por esto, nuestro tiempo es un tiempo de discernimiento, que nos invita a valorar lo esencial y a construir sobre ello; es, por lo tanto, un tiempo de desafíos y de oportunidades».

 

¿Cuáles son las esperanzas para la Europa del mañana?

 

Las respuestas a esta pregunta, según Francisco, se encuentran justamente en los pilares sobre los que fue edificada la Comunidad económica europea: «la centralidad del hombre, una solidaridad eficaz, la apertura al mundo, la búsqueda de la paz y el desarrollo, la apertura al futuro». Los que gobiernan deben «identificar los procesos concretos» para evitar que «los pasos significativos» que se dan se dispersen, sino que «aseguren un camino largo y fecundo». Para volver a encontrar la esperanza se requiere «la escucha atenta y confiada de las instancias que provienen tanto de los individuos como de la sociedad y de los pueblos que componen la Unión». Desgraciadamente, «a menudo se tiene la sensación de que se está produciendo una «separación afectiva» entre los ciudadanos y las Instituciones europeas, con frecuencia percibidas como lejanas y no atentas a las distintas sensibilidades que constituyen la Unión». Bergoglio recordó que «Europa es una familia de pueblos» y que la Unión Europea «nace como unidad de las diferencias y unidad en las diferencias».

 

Los populismos y el liderazgo político

 

Hoy la Unión Europea necesita «redescubrir el sentido de ser ante todo «comunidad» de personas y de pueblos». La solidaridad, explicó el Papa, es «el antídoto más eficaz contra los modernos populismos», e «implica la conciencia de formar parte de un solo cuerpo, y al mismo tiempo implica la capacidad que cada uno de los miembros tiene para “simpatizar” con el otro y con el todo. Si «uno sufre, todos sufren. Por eso, hoy también nosotros lloramos con el Reino Unido por las víctimas del atentado que ha golpeado en Londres hace dos días». Por el contrario, los populismos «florecen precisamente por el egoísmo, que nos encierra en un círculo estrecho y asfixiante». Se necesita, como consecuencia, «volver a pensar en modo europeo, para conjurar el peligro de una gris uniformidad o, lo que es lo mismo, el triunfo de los particularismos». Los líderes políticos, afirma Francisco, deben evitar «usar las emociones para ganar el consenso, para elaborar en cambio, con espíritu de solidaridad y subsidiaridad, políticas que hagan crecer a toda la Unión en un desarrollo armónico, de modo que el que corre más deprisa tienda la mano al que va más despacio, y el que tiene dificultad se esfuerce para alcanzar al que está a la cabeza».

 

Migrantes, un desafío cultural

 

Europa «vuelve a encontrar esperanza cuando no se encierra en el miedo de las falsas seguridades». Por lo demás, su historia «su historia está fuertemente marcada por el encuentro con otros pueblos y culturas, y su identidad es, y siempre ha sido, una identidad dinámica y multicultural». «No se puede limitar —observó el Pontífice— a gestionar la grave crisis migratoria de estos años como si fuera sólo un problema numérico, económico o de seguridad. La cuestión migratoria plantea una pregunta más profunda, que es sobre todo cultural». Francisco subrayó que el miedo advertido a menudo encuentra «su causa más profunda en la pérdida de ideales». Sin «una verdadera perspectiva de ideales, se acaba siendo dominado por el temor de que el otro nos cambie nuestras costumbres arraigadas, nos prive de las comodidades adquiridas, ponga de alguna manera en discusión un estilo de vida basado sólo con frecuencia en el bienestar material». Por el contrario, «la riqueza de Europa ha sido siempre su apertura espiritual y la capacidad de platearse cuestiones fundamentales sobre el sentido de la existencia». Europa, insistió Bergoglio, «tiene un patrimonio moral y espiritual único en el mundo, que merece ser propuesto una vez más con pasión y renovada vitalidad, y que es el mejor antídoto contra la falta de valores de nuestro tiempo, terreno fértil para toda forma de extremismo». Estos son los ideales «que han hecho a Europa, la “península de Asia” que de los Urales llega hasta el Atlántico».

 

Invertir en el desarrollo y en la familia

 

El Papa recordó que «no hay verdadera paz cuando hay personas marginadas y forzadas a vivir en la miseria», ni cuando «falta el trabajo o la expectativa de un salario digno», ni «en las periferias de nuestras ciudades, donde abunda la droga y la violencia».

 

Hay que ofrecerles a los jóvenes «perspectivas serias de educación, posibilidades reales de inserción en el mundo del trabajo». Europa vuelve a encontrar su esperanza «cuando invierte en la familia, que es la primera y fundamental célula de la sociedad. Cuando respeta la conciencia y los ideales de sus ciudadanos. Cuando garantiza la posibilidad de tener hijos, con la seguridad de poderlos mantener. Cuando defiende la vida con toda su sacralidad».

 

A sus 60 años, la Unión no está vieja

 

«A diferencia de un ser humano de sesenta años —concluyó Francisco—, la Unión Europea no tiene ante ella una inevitable vejez, sino la posibilidad de una nueva juventud. Su éxito dependerá de la voluntad de trabajar una vez más juntos y del deseo de apostar por el futuro. A vosotros, como líderes, os corresponde discernir el camino para un “nuevo humanismo europeo”, hecho de ideales y de concreción. Esto significa no tener miedo a tomar decisiones eficaces, para responder a los problemas reales de las personas y para resistir al paso del tiempo». Y es por ello que Francisco, retomando las palabras del Primer Ministro de Luxemburgo, Joseph Bech, concluyó diciendo: «Creo que Europa merece ser construida».


Deja un comentario

Todos los derechos humanos son necesarios.

¿ES POSIBLE LA DIGNIDAD SIN TODOS LOS DERECHOS?

Xavier Alonso. Es una pregunta peligrosa, porque puede justificar que se limiten los derechos. No, no es  posible. La máxima dignidad consiste en tener todos los derechos. Si hablamos de inmigración, su integración está condicionada por el principio de gradualidad. En España y en todos los países los derechos son adquiridos por los extranjeros gradualmente, paso a paso, con el paso del tiempo. Al llegar al país, aunque no tengas “papeles”[1], dispones ya de ciertos derechos: servicios sociales básicos, reunión, asociación, sindicación, huelga, educación obligatoria, asistencia sanitaria pública (en algunas comunidades autónomas), tutela judicial, asistencia jurídica gratuita. Y hay un derecho-obligación que es fundamental, un derecho-bisagra fundamental: el derecho  a empadronarse. Toda persona, tenga o no papeles, debe empadronarse. Empadronarse sirve para hacer contar el tiempo, 3 años, hasta que puedas obtener la autorización de residencia por arraigo social[2], que da paso al segundo nivel de derechos, los de los extranjeros “con papeles”: reagrupación familiar, ayudas públicas de vivienda, educación postobligatoria, trabajo y seguridad social, sufragio activo y pasivo en las elecciones locales bajo ciertas circunstancias.La culminación de todo este sistema es adquirir la nacionalidad[3]: ya no eres extranjero, eres español. Al obtener la nacionalidad, se consigue el último derecho, a votar en el resto de las elecciones, autonómicas y nacionales. Ahí está la dignidad. Dignidad = todos los derechos. Dignidad = cuando dejas de ser extranjero y eres español.

Ciudadanía, nacionalidad y derechos

Por ello, en la Constitución hay que tender a fijarse en si habla de “español”, “extranjero”, “extranjero residente”, “todas las persona”, etc., para saber hasta dónde alcanza el derecho respectivo. La palabra ciudadano suele tener allí un valor programático. La palabra ciudadano evoca la máxima dignidad, pero, si la dignidad equivale a todos los derechos, eso solo es de los españoles. La ciudadanía europea no existe si no es en referencia a la condición de nacional de algunos de los 28 estados miembros. Es ciudadano de la Unión Europea toda persona que ostente la nacionalidad de uno de los 28 estados miembros[4]. Por lo demás, algunas políticas de inmigración en España, por ejemplo, la catalana, anunciaron el principio de ciudadanía residente[5], como queriendo expresar: se es ciudadano con todos los derechos de un modo alternativo al de alcanzar la nacionalidad. Pero esta es una declaración de principios, un desiderátum, algo no alegable ante un tribunal: “Oiga, yo ya tengo todos los derechos que se pueden tener en España, porque resido aquí”. No, no es posible. Los principios no son derechos pero sí que obligan a las Administraciones: es la famosa cláusula de “estado social” de España y de algunas comunidades autónomas[6] también: son poderes públicos que están obligados a “remover los obstáculos” que impidan o dificulten que la plenitud de la libertad y la igualdad sean reales y efectivas. Las Administraciones, pues, deben arremangarse, hacer, moverse, deben empujar el proceso para que la gente tenga el máximo de derechos cuanto antes…

Dignidad y derechos

Volvamos a la pregunta peligrosa: ¿Es posible la dignidad sin todos los derechos mientras que el extranjero no llega obtener nuestra nacionalidad? ¿Hay algo entre medio? ¿Hay vida, más allá del pasaporte español? Un apunte previo: el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Parece entonces que una cosa es la dignidad, y otra los derechos. ¿Qué hay entre  el primer día en que llegas a España, y el día en que obtienes el pasaporte? Sí, hay un camino horizontal, un conjunto de años dentro de los cuales la persona reconstruye su capital social[7], con la ayuda de varios acompañantes de ese camino: la ayuda de sí mismo, de su familia y amigos, de sus co-nacionales, de sus vecinos españoles, de las ONG, de las Administraciones, de… Todo el tiempo hasta la adquisición de la nacionalidad no es un tiempo vacío, al contrario, es un tiempo de oportunidades. Un tiempo en que se adquiere conciencia de ser lo que se es: primero, una persona vulnerable, y todavía expulsable, necesitada de ayuda; después, una persona con derechos básicos (llevar a los hijos al cole, ir al ambulatorio, alquilar un piso); y finalmente, una persona con reivindicaciones políticas y que exige igualdad de trato y participación plena[8].

Luchar para que se cumplan las normas

 ¿Y cómo incidir en que el extranjero salve, de la mejor manera posible, el camino entre tener algunos de nuestros derechos y tenerlos todos? En primer lugar, luchando porque mejoren -o no empeoren- los requisitos para tener un determinado derecho. Por ejemplo, antes los extranjeros irregulares tenían derecho a la asistencia sanitaria pública gratuita, pero una ley[9] acabó, sin ningún debate parlamentario, con un derecho que había costado 15 años de luchas sociales y políticas conseguir[10]. Ahora hay que tener papeles[11] para acceder a la sanidad  pública. A veces la lucha no es porque una norma cambie, sino porque se cumpla: ¿cuánto tiempo tarda el Estado en citar a una persona que solicita la nacionalidad? Y una vez citada, ¿cuánto tiempo tarda en reconocerle la nacionalidad? ¡Años! Juzgados, registros, prestan un servicio público, y ese servicio está colapsado, es demasiado lento, frustrándose así las expectativas de docenas de miles de personas en cada momento. En segundo lugar, que las personas estén informadas. Cuanta más información tengan, mejor planificarán el progreso de su situación legal en España. Y por último, tengamos en cuenta que el camino es horizontal pero no es llano. Está lleno de dificultades: colas, pequeñas o grandes batallas legales, discriminaciones sutiles, alguna humillación… Los que acompañan a los extranjeros lo saben: abogados, voluntarios, trabajadoras sociales… Pero, ojo, que en el camino aparecerán algunos cómplices inesperados: la ayuda existe, y está a veces en donde menos la esperas, incluso en la policía, en los jueces, en… Un trato amable, una resolución favorable… Preguntemos a alguien que tenga por fin toda su situación arreglada, después de años de dar vueltas. Somos el fruto de nuestros propios esfuerzos, y de los esfuerzos de muchos que nos han echado una mano. Finalmente, no creamos que conseguir el pasaporte español es porque se quiera tener la identidadespañola, se quiera ser culturalmente español. Quizás se quiera o no, pero la nacionalidad de un nuevo país europeo se quiere sobre todo por seguridad jurídica, para no ser clandestino, para poder ir a tu país cuando quiera con seguridad, para mejorar

Para el inmigrante, la dignidad consiste en tener todos los derechos, que en nuestro país consiste en adquirir la nacionalidad española. Los derechos se adquieren gradualmente, durante una serie de años en los que también hay una posibilidad de dignidad. Se puede acompañar a los extranjeros en su camino, lleno de dificultades pero también de oportunidades. Incidir en que ese recorrido se haga con dignidad conlleva informar bien, de entrada, al inmigrante, luchar para que los requisitos de los derechos mejoren o no se endurezcan, para que los requisitos, simplemente, se cumplan –sin demoras no justificadas- y que los años hasta llegar a la nacionalidad estén jalonados de oportunidades de formación, creación de redes sociales propias y pequeñas victorias jurídicas intermedias, como el arraigo, la autorización de residencia de larga duración o la reagrupación de las familias. La finalidad de obtener la nacionalidad española es que el extranjero –que deja de serlo- sea realmente igual a nosotros…

***

[1] Aunque a España se puede llegar legalmente o “con papeles”, y miles de personas lo hacen cada año: por trabajo, estudios, reagrupación familiar, etc.

[2] En 2015, 35.060 personas “sin papeles” en todo el Estado estaban regularizadas por arraigo.

[3] “Adquisición de la nacionalidad por residencia”, según el Código Civil.

[4] Artículo 20.1 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea

[5] V. el Pla de Ciutadania i Immigració 2005-08. Barcelona: Generalitat de Catalunya.

[6] Art. 9.2 de la Constitución, art. 11.3 del Estatuto de Autonomía de Aragón, art. 10.1 del de Andalucía, art. 4 del de Castilla-La Mancha, art. 7.1 del de Extremadura,  art. 4.2 del de  Cataluña, etc.

[7] Concepto fundamental de Pierre Bourdieu: recursos por lo regular intangibles basados en pertenencia a grupos, relaciones, redes de influencia y colaboración. [Wikipedia, consulta de 28 de febrero de 2017]

[8] El conocido como ciclo migratorio, v. Felice Dassetto.

[9] Real Decreto Ley 16/2012.

[10] Los que van de la Ley orgánica 7/1985 y la Ley orgánica 4/2000.

[11] Salvo en algunas Comunidades Autónomas.


1 comentario

La sociedad norteamericana y la elección del presidente Trump.

feb102017

 

images2Ya durante la campaña nos habíamos horrorizado por el atrevimiento e inmoralidad de sus provocaciones: nos parecía extraño que un candidato a presidente pudiera afirmar que “puedo disparar a alguien en plena Quinta Avenida y no perdería votos”, que nunca había pagado impuestos, sus afirmaciones xenófobas, su defensa de la tortura, su misoginia, el desprecio hacia México.

Sin embargo, como en algunas ocasiones, la verdad ha superado todas las expectativas. Después de su toma de posesión el 20 de enero nos ha acostumbrado al desafío diario, a la audacia y al “in crescendo” del disparate, que, como una coraza, convierte en normal el disparate del día anterior

: el muro, el oleoducto, los nombramientos, el mantenimiento de sus propias empresas aun siendo presidente, su desprecio por el estado de derecho y el poder legislativo, su fobia hacia el mundo árabe, la prohibición de la entrada —en un país de inmigrantes por historia y realidad—  a los ciudadanos de los siete países afectados, con síntomas de comportamiento antisocial, agresividad, paranoia, grandiosidad, egocentrismo. La ausencia total de sentido moral y ético tanto en el lenguaje como la falta de escrúpulos en los hechos del dirigente de la nación más poderosa es un salto en la degradación social colectiva.

Sin duda el Tea Party es de derechas o de ultraderechas, pero Trump es otra cosa. Hay quien lo define como la adaptación empresarial del Ku Kux Klan del siglo XXI, la reacción histérica y patológica del blanco a quien se le ha hecho creer que está perseguido y tiene que atacar.

¿Patología? Lo de menos es pensar sobre el Trump-persona. Lo preocupante es pensar en la sociedad que le ha votado. ¿Por qué la mitad de una sociedad teóricamente civilizada, cumbre del mundo libre, heredera de Washington y Tocqueville, que con su independencia en 1776 selló la primera declaración de Derechos Humanos, en la que desde sus orígenes ha predominado el modelo de sociedad abierta, democracia representativa y prensa libre, ha dado su confianza a un personaje así?

Sencillamente, porque tanto Trump como la ultraderecha europea son un producto de la globalización financiera, del neoliberalismo y,  sobre todo,  representan la indignación popular por la crisis de 2008. Su auge en Estados Unidos lo han hecho posible tanto republicanos como demócratas, y en Europa las instituciones financieras, la Troika, padres de la arquitectura económica que ha generado estos monstruos.

¿Fascismo? No al estilo de los fascismos europeos del siglo pasado, pero sí utilizando su misma retórica racista o afirmando que en el interior mismo de los Estados Unidos, si se quiere que la nación prospere, hay cuerpos extraños que hay que extirpar. El mismo discurso de Hitler en su día.

Es importante releer su discurso de toma de posesión.  Como en todas las dictaduras,  hay un intento de conexión directa entre él, el elegido y carismático, creyéndose vocero de Dios y el pueblo, sin mediaciones, sin partidos, donde se vincula a sí mismo y a su gobierno directamente con el pueblo, sin cortapisas, con argumentos populistas y numerosas referencias a Dios. Dijo en su discurso: “Lo que realmente importa no es qué partido controla nuestro gobierno, sino si nuestro gobierno está controlado por el pueblo” o “estamos protegidos por Dios”.

El fascismo especula demagógicamente con las necesidades de la gente. Exprimirá a las masas hasta no poder más, pero se acerca a ellas hablando de anticapitalismo, alimentando el sentimiento popular contra el expolio de la burguesía y de los bancos, los trusts y los magnates y lanzando consignas de proteccionismo económico y aislacionismo cultural. En Alemania: “Nuestro estado no es un estado capitalista, sino un estado corporativo”; en la España franquista: “Hemos superado la lucha de clases”; en Estados Unidos,  apropiándose del mito de pueblo elegido.

El fascismo es cada vez menos una amenaza y cada vez más una realidad. Un fascismo actualizado en sus formas pero idéntico en el fondo, y que gana sus apoyos entre las clases más afectadas por la globalización y las políticas neoliberales. Al día siguiente de la toma de posesión se reunieron en Alemania los principales líderes de la ultraderecha europea, desde Marine Le Pen a la alemana Petry, bajo el lema “Libertad para Europa”. No es casual. Estamos a las puertas de elecciones clave este año en Holanda, Francia y Alemania. Se hacen llamar “los líderes políticos de la nueva Europa, que están cerca de asumir responsabilidades de gobierno en sus respectivos países”. Al fin y al cabo Trump es brutalmente claro. Pero la vieja y cobarde Europa, que se proclama defensora de valores, decide pagar a un tercero para que le haga el trabajo sucio y pare a los que huyen de la guerra y la muerte. Y en España ponemos concertinas. El “huevo de la serpiente” se pone en evidencia.

Qué hacer?

La única ventaja de lo ocurrido es que puede despertarnos. Trump ha puesto las cosas fáciles: o conmigo o contra mí. Nos toca a nosotros escoger entre el racismo y egoísmo (individual, familiar o de grupo) o la posibilidad de construir una sociedad fundamentada en una justicia igual para todos, la del altruismo y la solidaridad por lo colectivo.

Es admirable la valentía de los numerosos colectivos que se movilizan en Estados Unidos: mujeres, jueces, universidades, iglesias, algunos ya seriamente amenazados. Antes de la II Guerra Mundial el silencio cómplice de las potencias europeas dio alas al rápido crecimiento del fascismo hasta que fue imparable. Ojalá la prudente reacción de la Europa de hoy no suponga lo mismo.

La sociedad norteamericana tiene una oportunidad para organizarse contra el fascismo encubierto de Trump y contra el modelo neoliberal y militarista impuesto en Estados Unidos y desde Estados Unidos a todo el mundo en los últimos mandatos, también por Obama y Clinton. Trump no es sino su exacerbación patológica. Y la sociedad europea tiene también la oportunidad de escoger: o la solidaridad y cambio de modelo de la UE o el fascismo y la ultraderecha que avanza sobre una UE en descomposición. Permanecer impasibles supone repetir los errores del pasado.

Desde el seguimiento de Jesús

La figura de Jesús está en las antípodas. No sólo por el programa ético y político de justicia social de Mateo 25 sobre las obras de misericordia del dar de comer al hambriento, vestido al desnudo y acoger al perseguido,  sino,  y quizá de manera más contundente,  por el mensaje de las Bienaventuranzas — humanamente imposible de digerir y que sólo puede aceptarse desde la fe— en las que Jesús, en el pórtico de su vida publica, anuncia que los pobres, los que lloran, los humildes, son los preferidos de Dios y de ellos es el Reino. Poner esto en práctica en el mundo de hoy supondrá unos riesgos que como seguidores de Jesús habrá que aceptar.


Deja un comentario

El Papa Francisco y los homosexuales.

El Papa y los homosexuales: distinguir pecado y pecador es la tradición cristiana

La respuesta de Francisco, que contó cómo siempre ha estado cerca de las personas homosexuales desorienta a los «relativistas» y a los «rigoristas», pero arroja una luz interesante sobre la vida de la Iglesia
– –

Un “gay pride”

03/10/2016
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Las duras palabras sobre el «adoctrinamiento» de la teoría de género que pronunció Papa Francisco el sábado pasado, primero de octubre, en Tiflis, dieron la vuelta al mundo. En esa ocasión estaba respondiendo al testimonio de una joven madre de familia, y no había en ellas particulares novedades, salvo la imagen de la «guerra mundial» en contra del matrimonio. En varias ocasiones el Pontífice argentino se ha expresado en contra de las «colonizaciones ideológicas» refiriéndose explícitamente a la teoría de género. Los que siguen de lejos ciertas afirmaciones papales se quedaron sorprendidos, en su momento, por aquel «¿quién soy yo para juzgar?», pero les ha costado asimilar las afirmaciones de Bergoglio, como si se estuvieran despertando de un sueño, según el cual el pecado ya no existiría.

Durante el vuelo de regreso de Bakú a Roma, al dialogar con los periodistas que lo acompañaron en su viaje a Azerbaiyán, el Papa respondió a una pregunta sobre la teoría de género y sobre la actitud del pastor frente a las personas que sufren por su identidad sexual. Francisco, sin cambiar ni una coma a sus críticas hacia la teoría de género, dijo que había acompañado y «acercado al Señor» a personas con tendencias homosexuales, a personas que practican la homosexualidad e incluso a transexuales. Dijo que lo había hecho cuando era cura, cuando era obispo e incluso como Papa. Y sus palabras sorprendieron la sensibilidad de muchos. Una actitud de acogida, de apertura, puesto que Jesús «seguramente no diría: “¡Vete, porque eres homosexual!”, no».

Algunos tal vez se podrán sorprender porque no estaban acostumbrados a escuchar a un Papa decir estas cosas, pero (una vez más), Francisco simplemente ha sido cura. La distinción entre el error y quien yerra, entre el pecado y el pecador, no es un invento bergogliano, sino pertenece a la tradición cristiana. Debería, más bien, llamar la atención que las palabras de apertura sean interpretadas o instumentalizadas tanto por los «relativistas» como por los «rigoristas», como el fin anunciado de cualquier regla en materia de moral sexual. Una buena noticia para los primeros; el apocalipsis para los segundos. En ambos casos, falta el ensimismamiento con la mirada de Jesús, que siente compasión y derrama misericordia, con la parábola del Buen Pastor que deja a las noventa y nueve ovejas para ir a buscar a la oveja extraviada. Para los primeros, cada frase del Pontífice debe ser reducida a consigna e interpretada como «¡todos libres!». Para los segundos, cualquier alusión pastoral de misericordia, cualquier llamado a la acogida y al discernimiento de las diferentes situaciones, suena como una peligrosa forma de «buenismo».

El ejemplo fulminante para describir la situación de la Iglesia contemporánea se lo ofreció a Francisco el transexual español Diego Neria Lejárrag. Es un ejemplo que vale la entrevista entera. Y así lo contó el Papa: «en el barrio en el que vivía estaban el viejo sacerdote, el viejo párroco, y uno nuevo. Cuando el nuevo párroco lo veía, le gritaba desde la acera: “¡Te vas a ir al infierno!”. Cuando se encontraba con el viejo, le decía: “¿Desde hace cuánto que no te confiesas? Ven, ven, así te confieso y puedes hacer la comunión”». Sorprenden estas actitudes tan diferentes. El cura más joven ya había condenado a Diego. El cura más viejo, que se formó en la Iglesia de los años cincuenta, trataba de acercarlo y de acompañarlo. Cuando era arzobispo en Buenos Aires, a los que le preguntaban qué habría escrito sobre su lapida, el actual Pontífice respondió: «Jorge Mario Bergoglio. Cura». Y no es difícil imaginar con cuál de los dos sacerdotes citados se identifica, proponiendo hacer lo mismo.

Cuando uno entra en contacto con las vidas, con los sufrimientos, las experiencias e veces dramáticas de las personas, en la condición en la que se encuentren, explicó el Papa durante la entrevista en el avión, hay que ensimismarse con la mirada de Jesús Ya lo indicaba San Ambrosio, en el «De Abraham»: «En donde se trata de extender la gracia, allí Cristo está presente; cuando se debe ejercer el rigor, están presentes solo los ministros, pero Cristo está ausente».

El ejemplo que le contó a Francisco el transexual español describe bien la diferencia entre los que se dedican a ser «repetidores» de doctrinas abstractas sin involucrarse verdaderamente con las vidas de los hombres y de las mujeres heridos, y los que, por el contrario, no se olvidan de que la Iglesia «no está en el mundo para condenar, sino para permitir el encuentro con ese amor visceral que es la misericordia de Dios».


Deja un comentario

Una plataforma de principios para el partido demócrata en USA

USA

Democratic platform is progressive wish list

The draft of the Democratic Party Platform, written by the party’s drafting committee, was released just before the Fourth of July weekend. It is a wish list of progressive proposals that builds on the achievements of the Obama administration but carries them forward way beyond anything the Republican Congress would consider.The platform is clearly influenced by Bernie Sanders’ supporters, who pushed the party beyond the positions adopted by Hillary Clinton or the president. The “greed and recklessness of Wall Street” takes more heat than establishment Democrats have been willing to apply in the past.

The draft can still be changed by the platform committee when it meets on July 8 or by the convention when the Democrats meet July 25-28.

There is much in the platform that is consistent with Catholic social teaching and even with the U.S. bishops’ document, Forming Consciences for Faithful Citizenship.

To raise incomes and restore economic security, it calls for:

Download NCR‘s newest resource:“Hell, hope and healing,” a four-part series on the effects of child abuse and the paths to recovery. Get it FREE!
healing.jpg

  • Increasing the minimum wage to $15 an hour
  • Support for labor unions
  • Equal pay for women
  • Paid family and medical leave
  • Increasing the supply of affordable housing
  • Protecting Social Security and retirement plans

All of this is consistent with Catholic social teaching and the positions taken by the U.S. bishops.

As Pope Francis wrote, “Every economic and political theory or action must set about providing each inhabitant of the planet with the minimum wherewithal to live in dignity and freedom, with the possibility of supporting a family, educating children, praising God and developing one’s own human potential.”

The platform also promises to create good-paying jobs through:

  • Investment in infrastructure
  • Support for manufacturing
  • Clean energy jobs
  • Investment in research, technology, and science
  • Support for small business
  • Jobs for youth

Again, all of this is consistent with Catholic social teaching. As Pope Francis says, “There is no worse dispossession than not being able to earn one’s own bread, than being denied the dignity of work.”

The platform then pledges to fight for economic fairness and against inequality, the platform promises to:

  • Fix our financial system
  • Stop corporate concentration
  • Increase taxes on wealthiest Americans and largest corporations, including taxes on Wall Street traders and foreign profits of U.S. corporations
  • Make sure future trade agreements do not allow our trading partners to undercut American workers by taking shortcuts on labor policy or the environment

Pope Francis’ concerns about the economic system are well known. Inequality, he writes, “results from ideologies which uphold the absolute autonomy of markets and financial speculation, and thus deny the right of control to States, which are themselves charged with providing for the common good.”

Pope Benedict went further than the Democratic platform in condemning grave imbalances between the rich and the poor, and he strongly supported the role of government in “pursuing justice through redistribution” of wealth.

But while Catholic social teaching would certainly support protecting labor and the environment in trade agreements, a univocal focus on what is good for America is not in the Catholic tradition. It is noteworthy that when the American bishops were working on their 1986 pastoral letter, “Economic Justice for All,” the Vatican intervened insisting that they listen to their brother bishops in Latin America who saw trade as a way of improving the lives of their people. As a result, their letter parted company with their labor union allies on this topic.

In addition, Catholic progressives in the developing world are critical of American exports of government-subsidized farm products and of long-lived patent protection, issues that the platform does not touch. Although American farm products have helped feed the world, they have also put millions of peasant farmers out of business and forced them into city slums looking for work.

The platform also promises to bring Americans together, remove barriers, and create ladders of opportunity. Specifically, it commits the Democratic Party to:

  • Fight to end institutional and systemic racism and close the racial wealth gap
  • Reform the criminal justice system, including abolishing the death penalty and allowing states to legalize marijuana
  • Fight for comprehensive immigration reform, defend the president’s Deferred Action for Childhood Arrivals and Deferred Action for Parents of Americans, and support due process for those fleeing violence in Central America, especially children
  • Fight to end discrimination on the basis of race, ethnicity, national origin, language, religion, gender, sexual orientation, gender identity, or disability
  • Support comprehensive federal non-discrimination protections for all LGBT Americans and push back against state efforts to discriminate against LGBT individuals
  • Find ways to support the good work of people of faith and religious organizations

Catholic social teaching supports the struggle against racism and discrimination. The U.S. bishops have been strong supporters of comprehensive immigration reform and have opposed the death penalty. The platform’s brief reference to the good work of people of faith and religious organizations is welcome, although it could have been stronger.

The U.S. bishops would be concerned that government support for LGBT rights not interfere with what they consider fundamental religious freedom. The pope and the bishops have also opposed legalizing drugs.

The platform believes “that we can pay for ambitious progressive investments that create good-paying jobs and offer security to working families without adding to the debt by making those at the top and the largest corporations pay their fair share.” This is also believed by many supporters of Catholic social teaching, although there are few economists who agree with them.

The platform also has a strong section on the environment with promises to combat climate change and to build a clean energy economy. All of this would be consistent with Laudato Si’, Pope Francis’ encyclical on the environment. No mention is made of a carbon tax, the policy that is most recommended by most economists who have studied the issue.

Education is also treated at length in the document. “Cost should not be a barrier to getting a degree or credential,” it says, “and debt should not hold you back after you graduate.” It has nothing to say about holding down costs, but it does make sensible recommendations for refinancing student debt and allowing such debts to be covered by bankruptcy law.

The platform takes a crack at for-profit schools, mentioning Trump University, but says nothing about Catholic schools. It says that states and schools will be held accountable for raising achievement levels of all students, but says nothing about holding teachers accountable. The teachers’ union is a strong force in the Democratic Party.

In its section on health care, the platform speaks of health care as a right, not a privilege, the same language used in Catholic social teaching. It supports the expansion of Medicaid in the 20 states that have not yet approved it. It also calls for insurance to cover mental health care.

It calls for expansion of public health services and of treatment for drug and alcohol addiction.

It promises to “keep costs down by making premiums more affordable, reducing out-of-pocket expenses, and capping prescription drug costs.”  There are few specifics on how to control health care costs except that to permit citizens to purchase drugs from Canadian pharmacies and allow Medicare to negotiate better deals with pharmaceutical companies.

In “Reproductive Health, Rights, and Justice,” the platform breaks with Catholic social teaching and opposes “federal and state laws and policies that impede a woman’s access to abortion, including by repealing the Hyde Amendment.” The Hyde Amendment forbids the use of Federal funds for abortions. In the foreign policy section, the platform calls for repeal of the Helms Amendment that bars U.S. funding of abortion abroad. Elsewhere it states a person’s position on abortion should be taken into consideration in the appointment of judges.

While it speaks of abortions being “legal and safe,” the draft does not say “rare,” as Clinton did during her 2008 run for president. The platform says that family planning services will help reduce the need for abortions. And in what almost looks like an aside at the end of this section, it says it supports a woman’s decision to have a child, including adoption and support services.

Sadly, there is no recognition that some Democrats have problems with abortion. On two other issues, the platform recognizes a diversity of views in the party, but not here. The Sanders and Clinton delegates could not agree on a financial transaction tax nor on the Trans Pacific Partnership (TPP), but those who wanted a tent big enough for pro-life Democrats were spurned.

The platform then turns to the role of the United States in the world, where it pretty much supports the foreign policy of the Obama Administration. It believes that the United States can be a force for peace and prosperity in the world. It attacks Trump’s foreign policy views as disastrous for the country and the world.

It looks to “the conclusion of long-term nation-building with large military footprints,” and promises “to get rid of outdated Cold War-era systems and ensure our security with a more agile and more flexible force.”

“We will strengthen our homeland security, deal wisely and firmly with those who seek to imperil America or our partners, deter aggression, promote peace, and use all the tools of American power, especially diplomacy and development, to confront global threats and ensure war is the last resort.”

It says we must defeat ISIS and Al Qaeda, and continue as part of a broad coalition to destroy ISIS’s stronghold in Iraq and Syria. But it promises to “press those in the region, especially the Gulf countries and local forces on the ground, to carry their weight in prosecuting this fight.” It continues Obama’s opposition to torture and his support for closing Guantanamo prison.

“We are horrified by ISIS’ genocide of Christians and Yezidis and crimes against humanity against Muslims and others in the Middle East,” say the drafters. “We will do everything we can to protect religious minorities and the fundamental right of freedom to worship and believe.”

In short, on the environment, the poor, and economic issues, the platform is pretty much in sync with Catholic social teaching. If anything, papal teaching would probably be more to the left than the platform. Likewise, in foreign policy, Catholic social teaching would emphasize negotiations, diplomatic solutions, and peace making and put less stress on military solutions than does the platform. The U.S. bishops will also object to its strong support for abortion and it silence on their concerns about religious freedom.

[Update July 8, 7 PM EDT: In the foreign policy section, the platform committee changed “freedom of worship and belief” to the more expansive phrase “freedom of religion,” protecting themselves from attacks from Republicans. Sanders delegates are still pushing for inclusion in the platform of indexing the minimum wage for inflation, and opposition to fracking and the Trans Pacific Partnership (TPP) agreement.]

[Jesuit Fr. Thomas Reese is a senior analyst for NCR and author of Inside the Vatican: The Politics and Organization of the Catholic Church. His email address is treesesj@ncronline.org.]


Deja un comentario

Los papeles de Panamá y el secreto bancario.

Los Papeles de Panamá reiteran necesidad de poner fin al secreto bancario

El experto independiente de la ONU sobre Deuda Externa y Derechos Humanos, Juan Pablo Bohoslavsky. Foto ONU/Jean-Marc Ferré

08 de abril, 2016 — Un experto independiente de la ONU instó hoy una vez más a la comunidad internacional a poner fin inmediatamente al secreto bancario, tomando en cuenta que la evasión de impuestos y el flujo de fondos de origen ilícito socavan la justicia y privan a los gobiernos de los recursos necesarios para la realización de los derechos económicos,sociales y culturales.

En declaraciones a propósito de la reciente filtración a la prensa de los llamados Papeles de Panamá, el experto sobre Deuda Externa y Derechos Humanos, Juan Pablo Bohoslavsky, afirmó que esos documentos demuestran cómo las corporaciones, los ricos y los políticos han ocultado sus activos sistemáticamente en más de 20 jurisdicciones de ultramar.

“Todos los Estados acordaron el año pasado que los flujos de fondos ilícitos deben ser reducidos, y sobre la base de este consenso general, la revelación de los Panama Papers ahora pone de relieve que este compromiso político debe concretarse con medidas específicas y operativas que aseguren el intercambio automático de información fiscal para reducir al mínimo el secreto bancario,” apuntó el especialista argentino.

Boholavsky añadió que los clientes pueden haber tenido diferentes motivos para depositar sus activos en más de 210.000 empresas fantasmas, no obstante, aclaró que una razón principal parece ser la evasión de impuestos para ocultar la corrupción y fondos criminales.

El experto sostuvo que según estimados del tanque pensante estadounidense Global Financial Integrity, en 2015 había 24 millones de millones de dólares en paraísos fiscales.

Asimismo, apuntó que entre 2008 y 2013 se observó un incremento de estos depósitos en un 28% mientras que, paradójicamente, se redujo la cantidad de titulares de cuentas, lo que señala la creciente concentración de la riqueza en pocas personas.

Boholavsky sostuvo que de continuar esta tendencia, los esfuerzos para implementar la nueva Agenda para el Desarrollo 2030 se verán afectados de manera negativa y rotunda, porque no se podrán obtener los recursos necesarios para financiar la realización de sus objetivos.