Loiola XXI

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Amazonia y cómo resolver la grave escasez de clero.

Donde el sacerdote es un lujo

El Amazonas tiene enormes extensiones y un clero mínimo. Aquí pueden surgir “soluciones concretas y valientes”
TERRE D’AMERICA

Cuatro veces al año…

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Pubblicato il 22/12/2016
Ultima modifica il 22/12/2016 alle ore 07:23
RAFAEL MARCOCCIA
SAN PABLO, BRASIL
¿Y ahora qué podemos esperar?, se pregunta un diario italiano comentando la finalización del año de la Misericordia y el futuro de este pontificado. La Iglesia brasileña de la región amazónica tiene una esperanza, y es que el Papa Francisco anuncie pronto algunas iniciativas para facilitar el trabajo de evangelización y la celebración más frecuente de la misa en una región inmensa y con una grave escasez de sacerdotes. Basta decir – como señala la Conferencia Episcopal de Brasil – que el 70% de las comunidades locales participan de la celebración eucarística solamente una vez por año.En 2014 el Papa Francisco había pedido “soluciones valientes y concretas” para afrontar los problemas, y los obispos de la región acaban de enviar al Vaticano un documento con algunas propuestas, fruto del congreso sobre el Amazonas que se realizó el mes pasado. La idea del documento, más que proponer soluciones revolucionarias es mejorar las experiencias ya vividas en la diócesis de Amazonia, si bien de manera irregular y discontinua, para difundirlas e intensificarlas.

La principales propuestas están relacionadas con las tesis que dom Claudio Hummes ha planteado en reiteradas oportunidades. El objetivo es formar ministros ordenados locales pero sobre todo crear un clero autóctono e incluso indígena que pueda desarrollar comunidades tanto en los lugares más aislados como en las periferias urbanas de las ciudades de Amazonia, donde actualmente hay una fuerte presencia evangélica de matriz pentecostal.

Clero autóctono. Todos los obispos de la región están de acuerdo en que la decisión más importante es promover un “rostro amazónico” de la Iglesia a partir de un clero nacido en esa región, verdaderamente involucrado en la cultura, la historia, los problemas, los sueños y los proyectos del pueblo amazónico, incluyendo de manera especial el universo de los pueblos indígenas, que son los pueblos originarios de la misma. Actualmente son pocas las diócesis de Amazonia con un número significativo de sacerdotes autóctonos. En efecto, la mayor parte del clero de Amazonia está compuesto por misioneros de otras diócesis brasileñas o extranjeros. “El clero autóctono sigue siendo un gran desafío”, afirma dom Esmeraldo Barreto de Frias, presidente de la Comisión Episcopal Pastoral para la Acción Misionera de la CNBB.

La principal dificultad es que muchos de estos jóvenes de las comunidades costeras no quieren o incluso no pueden salir del lugar donde viven porque son el sostén, tanto económico como a nivel de fe, de sus familias o de la comunidad. La propuesta entonces es que la formación de los sacerdotes se abrevie, se haga en módulos periódicos, directamente en el lugar donde viven, con una duración muy inferior a la tradicional aunque siempre supervisada por los obispos locales.

Junto con esa formación más rápida se ha propuesto también una campaña para que los formadores calificados de todo el país, sobre todo los profesores de teología, puedan viajar durante el año a estas comunidades lejanas para colaborar en la formación. Dom Giuliano Frigeni, obispo de Parintis (en el estado de Amazonas) explica: “Es más económico recibir un clero ya instruido y por lo general bien formado culturalmente. Además, nuestros católicos no están acostumbrados a mantener al sacerdote, sobre todo porque en los últimos 80-90 años los misioneros extranjeros, europeos y estadounidenses, traían recursos con ellos”. El obispo considera que actualmente el clero autóctono no consigue muchos recursos, que no necesita solo para cubrir la alimentación y la salud. “También hay que considerar el elevado costo del transporte a través de los ríos o por carreteras llenas de baches cruzando la selva”. Parintins es una región de 64.000 km2, con una población de 200 mil habitantes repartidos en cinco municipios, e incluye 450 comunidades y 70 aldeas indígenas a lo largo de ríos, lagos y selvas.

Una de las objeciones que más se escucha contra el clero autóctono es el peligro de una educación menos calificada que la de los sacerdotes. Pero Dom Frigeni afirma: “Sabemos por experiencia que aquí es muy importante la inculturación, y quién mejor que los jóvenes del lugar, que han crecido en nuestras familias y comunidades, para llegar hasta el corazón del pueblo. Podemos tener sacerdotes “con olor a oveja”, como le gusta decir al Papa Francisco”. Y termina diciendo: “¡Es necesario que el pueblo sienta la belleza de este clero autóctono!”

Clero indígena. Otra propuesta de los obispos de la región amazónica, siempre dentro de la perspectiva de un clero autóctono, es reforzar el clero indígena. Son todavía muy pocas las experiencias al respecto, pero se considera fundamental para que los indígenas vuelvan a ser protagonistas de su propia historia. En el pasado, muchos indígenas que estuvieron en contacto con misioneros se convirtieron al catolicismo. Sin embargo hoy la situación es muy distinta. Muchos indios e incluso aldeas enteras se han convertido a iglesias neopentecostales debido a la intensa actividad de estos grupos religiosos y la escasa presencia de sacerdotes cerca de las aldeas, y por lo tanto de celebracions eucarísticas. “Hace falta una mayor presencia constante de nuestros curas cerca de las comunidades indígenas católicas”, afirma Dom Edson Damian, obispo de San Gabriel de Cachoeira, en el estado de Amazonas.

Otro de los pedidos que se hicieron al Papa es la autorización para celebrar la liturgia en las lenguas locales, siguiendo el ejemplo de lo que ocurre en Chiapas, México. “Francisco ha dicho con toda claridad que la Iglesia debe encontrar una verdadera acción pastoral indígena, vale decir, que nazca de la historia, la cultura, y los usos y costumbres de la gente local”, declara dom Edson. “El Papa está apoyando este trabajo serio de una acción pastoral, de una misión realmente indígena”.

Además del clero, se ha planteado también la propuesta de facilitar de formación de diáconos indígenas, siempre como ocurre en Chiapas. La ventaja es que el servicio eclesial de estos diáconos es gratuito porque viven de su trabajo en los campos, y que son elegidos por la propia comunidad, que conoce sus capacidades y su disposición para el servicio, y reciben una formación especial para ejercer su ministerio que se va concretando a medida que se requieren esos servicios. Estos diáconos indígenas serían confirmados por el obispo y acompañados por agentes pastorales. Además, se podrían elegir también laicos casados que notoriamente conducen su familia con sabiduría. “Esto sería importante porque la cultura indígena no comprende el celibato”, afirma el obispo de São Gabriel da Cachoeira.

Los ministerios diferenciados. A las propuestas relacionadas con el clero autóctono o indígena se ha sumado además la solicitud de reforzar los ministerior diferenciados. “¿Por qué no reponsabilizar más a nuestros laicos, hombre y mujeres, matrimonios católicos practicantes y ejemplares, para hacer que se conviertan en líderes con funciones caracterizadas por ministerios diferenciados, como el de coordinadores-pastores, evangelizadores, pacificadores y de obras de caridad?”, se pregunta dom Frigeni, de Parintins. El obispo cuenta que en su diócesis las comunidades que están dentro de la selva y las costeras son guiadas por ministros de la Palabra, ministros extraordinarios de la Eucaristía donde hay iglesias con sagrario, y por los catequistas, quienes sistemáticamente realizan cursos de formación y son acompañados por los sacerdotes. “Las distancias no permiten llegar hasta esas comunidades con la frecuencia necesaria y las celebraciones eucarísticas son muy limitadas a lo largo del año, numéricamente hablando”, se lamenta en un primer momento, pero después afirma: “Sin embargo, tenermos estas comunidades organizadas en sectores de 10 ó 12 comunidades que se reúnen todos los meses en una de ellas. Rezan juntos y crecen en la fe y también viven, con o sin la presencia de sacerdotes, momentos de fraternidad y de diversión, compartiendo los alimentos que cada comunidad pone en común”.

En São Gabriel da Cachoeira hay experiencias similares. Aquí los catequistas y los coordinadores son una presencia fuerte. Si no fuera por ellos que evangelizan las comunidades, el cristianismo no se hubiera conservado”, afirma dom Edson. Hubo una época en que la presencia de salesianos, que siempre se preocuparon por la formación de catequistas, fue muy fuerte en la región. Hoy en día ha disminuído – antes eran 60 y ahora son 19. Dom Edson cuenta que actualmente los sacerdotes alcanzan a llegar hasta las comunidades cuatro veces por año término medio, y cuando las visitan, los catequistas les informan quiénes están preparados para recibir los diversos sacramentos.

Para facilitar la evangelización en las zonas donde no hay sacerdotes y considerando que la formación del clero autóctono o indígena puede requerir mucho tiempo, se ha propuesto la figura de los ministros ordenados locales, casados o no, que puedan administrar los sacramentos y guiar la comunidad, identificados directamente por sus comunidades de pertenencia y acompañados por los obispos, que serían reconocidos como hombres de fe y de virtud probadas.

Corrientes más tradicionales del catolicismo brasileño piensan que esto abre la puerta al fin del celibato y por eso plantean una serie de objeciones. Han llegado a calificarlo con términos duros, como “Iglesia tribal”, que practica una “falsa autoevangelización”. Los defensores de la propuesta, por su parte, afirman que lo que está en juego no es el fin del celibato sino que estas comunidades tengan la posiblidad de acceder con mayor frecuencia a la eucaristía, y además recuerdan que el celibato no es un dogma sino una norma disciplinaria. Dom Edson llegó a afirmar: “Espero que la Iglesia no espere mucho más para abrir el presbiterio a hombres casados, visto que ya tenemos diáconos que pueden ser ordenados sacerdotes”.

De todos modos, tanto en el caso de la formación de un clero autóctono e indígena, que requiere tiempo para alcanzar resultados numéricamente más consistentes, como en el caso de reforzar los ministerios diferenciados, lo que está en juego es una iglesia con una nueva mentalidad, una nueva forma de realizar el trabajo pastoral, una nueva manera de construir las comunidades y un modo nuevo de asumir compromisos que realmente tengan incidencia en la vida de los pueblos que viven en la región amazónica. Afortunadamente es un proceso que ya está en curso.


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Cardenales críticos con el Papa en el Vaticano.

Los cardenales de la Curia que bloquean al Papa Francisco

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En las cumbres del Vaticano, la resistencia a Jorge Bergoglio por parte de “los rigoristas que se agarran solo a la letra de la ley”, como dijo el mismo Francisco, está encabezada por cuatro supercardenales, “ministros” de dicasterios clave del gobierno central de la Iglesia, la Curia Vaticana. “El clima es feo. El Papa está en la mitad del río”, señala Marco Politi, uno de los mejores vaticanistas, que apoya abiertamente a Bergoglio. 

En “Alegría del Amor”  el documento escrito por Francisco refleja los equilibrios internos de la Iglesia como acto de gobierno del Papa. Y en este sentido, “las señales de las frenadas impuestas son vistosas”.

Tras la derrota del primer documento, que fue una gran victoria de los conservadores en la mitad del Sinodo de 2014, saltaron las propuestas centrales del camino penitencial de los divorciados vueltos a casar que les permitía acceder a la comunión.

“Los frenazos” dieron como resultado un texto con ambiguedades, que por ejemplo no dice nada del acceso a los sacramentos, salvo en una nota al pie de página, la número 351, que hay que buscar con la lupa. Ni se habla, por supuesto de la comunión a los divorciados vueltos a casar.

Todos los demas temas que podían estar a la orden del día fueron sacados de lugar. En primer lugar la cuestión de las parejas de homosexuales, que en la primera propuesta aludía al caracter positivo de una pareja homosexual. También el rol de la mujer en la Iglesia, que Bergoglio quiere que sea “decisivo”. O materias delicadas como los anticonceptivos y la fertilidad asistida, o las parejas de hecho, una realidad que se difunde entre “las familias como son”, según el propio pontífice.

El Papa Francisco, enfrascado en roces continuos con el guardián de la ortodoxia, el prefecto para la Doctrina de la Fe, cardenal Gerhard Mueller, alemán, hizo elevar la exhortación al arzobispo de Viena, el cardenal Christian Schoenborn, a quién presentó como “un gran teólogo”. Mueller, que hasta dijo públicamente que la preparación teológica de Bergoglio era insuficiente y era necesario ayudarlo, enfatiza como los otros cardenales de la Curia en la línea rigorista que “el matrimonio es indisoluble por voluntad divina y nadie, ni un Papa, puede cambiar esta doctrina”.

Al presentar el documento final del doble Sínodo, prácticamente en nombre del Papa, el cardenal Schoenborn, dijo que el examen “caso por caso” crea una situación inevitable. “Un confesor estará más dispuesto, otro será más severo…es el discernimiento”.  La flexibilidad creará un mapa a mancha de leopardo, que obligará a convivir el rigorismo y la apertura.

Una novedad favorable a la línea de Bergoglio –que cuando era cardenal en Buenos Aires favorecía que los curas dieran los sacramentos a las parejas “non sanctas”-, llegó al Vaticano desde las Filipinas, el país católico más importante de Asia. La conferencia episcopal afirmó que “la misericordia no puede esperar” y que “desde ahora obispos y sacerdotes deben abrir los brazos acogedores a lo que son tenidos fuera de la Iglesia por un sentimiento de culpa o verguenza”.

Desde Africa, el continente donde más crece el catolicismo, las cosas se ven desde otra óptica. Hay un líder que es amigo de criticar pesantemente a los occidentales, viejos colonizadores, pero que defiende a capa y espada la línea ortodoxa de la Iglesia. El cardenal Robert Sarah es un rigorista de fuerte peso intelectual. De Guinea vino al Vaticano y Francisco lo promovió a “ministro” para la Educación Católica y la Disciplina de los Sacramentos. Sarah no acepta la más mínima concesión en el tema de la indisolubilidad del matrimonio sacramental, querida por Jesucristo y, por tanto, un hito del “depósito de la fe”.

En la línea de Mueller y Sarah hay que señalar también al cardenal Marc Ouellet, titular del estratégico dicasterio encargado de nombrar y controlar a los obispos. Ouellet fue un “papable” cuando en marzo de 2013 el Cónclave eligió a Jorge Bergoglio. Ya amenazó al menos una vez con renunciar porque sostiene que el Papa argentino le cambia continuamente las ternas de candidatos a obispos. A veces logra imponer su criterio, más conservador. Otra vez el pontífice lo puentea para dar vida en las conferencias episcopales a obispos “con olor a oveja”, invariablemente en la línea progresista.

Lo mismo sostiene el cuarto supercardenal que resiste a Francisco. Pero la diferencia es que su figura está debilitada. El Papa argentino puso al arzobispo de Sydney, Australia, cardenal George Pell, a cargo de toda el área económica y financiera. Fue el primer cambio profundo en la reorganización de la Curia. Pero el superministro de la economía vaticana, ha dado muchos dolores de cabeza al pontífice. Su estrategia es considerada un fracaso por algunos colaboradores del Papa. Además Pell dio demasiado que hablar cuando debió responder en videoconferencias que fueron seguidas por toda la prensa mundial, a los cuesitonamientos de una comisión australiana por las acusaciones de que el cardenal cubrió la acción de varios sacerdotes pedófilos en su país.

Pell no solo se había opuesto a cualquier cambio con los divorciados vueltos a casar sino que también promovió una carta de 13 cardenales contra el Papa poco antes que comenzara el segundo Sínodo de la Familia, en octubre de 2015. Aquella maniobra se desbarrancó cuando la mayoría de los firmantes, alarmados, negaron haber suscripto el mensaje.

Si a todo esto agregamos cómo se difunden las críticas, seminarios, conferencias y reuniones universitarias de los conservadores en Estados Unidos para oponerse a la línea pastoral y reformista de Francisco, se explica lo que afirmó el profesor Andrea Riccardi, líder de la progresista Comunidad de San Egidio, cuando dijo que en los últimos cien años ningún Papa tuvo nunca tantas resistencias como Francisco desde las estructuras eclesiásticas, a los episcopados y al clero.

Julio Algañaraz – Ciudad del Vaticano


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Seminaristas y clero norteamericano. Análisis.

 USA

    Who will bring forth Pope Francis’ vision?

 |  A Roman Observer
Pope Francis, with the publication of Amoris Laetitia (The Joy of Love), has offered a broad and deep reflection on the myriad (and often messy) issues concerning marriage, the family and human sexuality.And in doing so, the 79-year-old pope has also put forth a clear vision of Christian discipleship. It is one based more on personal responsibility and prayerful discernment than on the mere following of church rules.

Furthermore, in this same document he has sketched out a profile of the ordained minister. Both priests and bishops are to be servant-leaders who, with mercy and patience, humbly accompany, dialogue and collaborate with their people as fellow disciples. The pope doesn’t want pastors who harangue Catholics who fall short of the mark with rules and moral laws “as if they were stones to throw at people’s lives.”

In essence, he is re-proposing the model of discipleship and servant-leadership that emerged from the Second Vatican Council (1962-65). He is attempting to pick up the journey that the church had embarked upon in the first decade or so following Vatican II, but one that John Paul II halted and began to “correct” and recalibrate early on in his long pontificate (1978-2005).

Pope Francis’ rejoining of that earlier journey should be greatly encouraging for the many so-called Vatican II Catholics who have remained actively involved in the church despite the Wojtylan U-turn. And it could offer new hope to those many former Catholics who feel that the church under the sainted Polish pope abandoned them when it changed course.

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But there is a serious challenge here. The vast majority of the world’s bishops, younger clergy (under the age of 45 or so) and seminarians are squarely on the road that St. John Paul II and his German successor built. Too many find themselves greatly conflicted by Francis and all that he is doing to shake up and renew the church.

A good number of them are rigid personalities obsessed with the “clarity” of doctrine, who find their identity in a churchy world of black and white (like the uniform they wear) and exude confidence in being the recognized and unchallenged upholders of the Truth that they believe is possessed by the church alone.

This type of cleric (and the enabling clericalist lay people that continue to put priests on a pedestal) will be of little help in implementing the vision Pope Francis has unveiled in Amoris Laetitia.

And by the looks and sounds of things it doesn’t seem like the seminaries — at least here in Rome and in most places in the United States — offer much hope of changing that any time soon.

The Pontifical North American College here in the Eternal City is but one example. I have some familiarity with the place, since I was a seminarian there from 1986 to 1988 before discontinuing studies for the priesthood. Friendships I made with some very fine people — some who are now ordained (several as bishops), others who have left the active ministry — does not alter my strong conviction that, like most other seminaries, it is built on an inadequate model and mentality for preparing parish priests for today.

For a long time NAC held the distinction for having one of the worst early attrition rates among all American seminaries. It is difficult to locate records that the bishops are not particularly proud of, but it is said that an unusually high number of NAC alumni leave the priesthood shortly after ordination compared to those from other seminaries.

That is not exactly a badge of honor for an institution that has come to epitomize and is designed to perpetuate the type of episcopal leadership and model of church that has emerged over the past three decades with the increasingly conservative U.S. hierarchy.

After all, it is under the authority of a board of governors and the U.S. Conference of Catholic Bishops. Its current chairman is Archbishop John Myers, the Opus Dei-affiliated Archbishop of Newark. Bishops, cardinals and wealthy donors are frequent guests at the college. When now-Cardinal Timothy Dolan was rector (1994-2001) he added a number of suites and apartments exclusively for their use. “NACkers,” as the residents are called, are used to the constant presence of princes of the church and movers and shakers in the world.

The NAC was established in 1859, back in the reign of Pius IX, when a handful of students lodged in a modest building near the Trevi Fountain. Since the 1950s it has been situated on the Janiculum Hill where it enjoys a commanding view of St Peter’s Basilica and the Vatican, looking in one direction, and a spectacular panorama of the entire city of Rome, facing the other way.

The “new” place was purposely designed big and brash (built in the blocky Fascist architecture) to show the Holy See and the rest of the Catholic world that the young American Church had money and could hold its own.

“It’s not home, but it’s much,” we used to say.

Early on it became known as the place that prepared future bishops for the United States by equipping its episcopal leaders with a Roman pedigree. In fact, from the earliest part of the last century up to 1974 even the rector was almost always a bishop. The last in that line was the late James Hickey (1969-1974) who would go on to become the cardinal archbishop of Washington.

A number of today’s current U.S. bishops — including Cardinals Raymond Burke, James Harvey, Daniel DiNardo and Timothy Dolan — were at the NAC at some point during his five years as rector. But the Hickey Boys, as they were known, almost became the last generation of this bishop factory.

Over the next sixteen years (1974-1990) a succession of three rectors — Msgrs. Harold Darcy, Charlie Murphy and Larry Purcell — tried to prepare the students with the servant-leadership model that was in vogue after Vatican II. They added pastoral training and ministry programs and, with a less regimented community atmosphere, appealed to the maturity and responsibility of the students to cooperate with their efforts.

But by the early 1980s something changed. A new generation of more conservative U.S. bishops increasingly began sending seminarians to NAC who self-identified as being conservative or traditional. Emboldened by their bishops, they were unabashedly critical of the college’s “liberal” faculty.

Years later a student at the college described these as the “lax years” when he discovered that I was an alumnus.

Seminary is a time for discernment and, on the face of it, Msgr. Purcell and his formation team were hired by the U.S. bishops to help us discern, and perhaps even make a judgment, about whether or not we were truly called to priesthood. But it became clear that there were those forceful bishops who sent students to NAC already determined to ordain them no matter what the formation staff said.

A major shift occurred at the college in 1990 and the stars began to align again when Msgr. Edwin O’Brien of New York was appointed rector. A favored son of Cardinal John O’Connor, he immediately tightened up discipline and the seminary dress code. Those who have described NAC as the West Point of U.S. Catholic seminaries take their cue from the now-Cardinal O’Brien, currently the Rome-based Patron of the Knights of the Holy Sepulcher.

Known for insisting that his seminarians keep their shoes shined, hair neatly combed and shirts pressed, he actively courted wealthy Catholics to help fund the college. Among other initiatives he began what has become the annual Rector’s Dinner, a gala evening to entertain the benefactors and wine and dine U.S. bishops and Vatican cardinals.

The 24th edition of the dinner took place this past Thursday and “donations” started at $450 per plate.The top brass of the U.S. hierarchy was there, including the soon to be retiring apostolic nuncio to Washington, Archbishop Carlo Mario Viganò.

The enrollment at the start of his academic year was 252 students, an all-time record. That’s about a hundred more residents than in the 1980s. Cardinal Dolan can be credited with initiatives to drive up the numbers. During his years as rector the mantra, “200 for 2000,” was part of a campaign to increase the college’s population to two hundred seminarians for the year of the Great Jubilee. It didn’t happen then, but the college is filled to overflowing now.

This, too, has been part of an effort by the U.S. bishops to convince their Vatican minders that priestly vocations in America are dramatically on the rise — which is patently false. In reality, the more powerful leaders in the American hierarchy encourage bishops to send more students to Rome, depleting other seminaries even to the point that some of them — like American College in Louvain, Belgium, which was founded before NAC — have been forced to close or merge.

Msgr. James Checchio, who was rector from 2005 until this past January, has overseen this period of unparalleled enrollment. The New Jersey native, who will be ordained Bishop of Metuchen next month, also carried out the construction of a 10-floor tower that has added another 36,000 square feet of space for classrooms, chapels and lounges to the NAC expanse. It was finished in only 18 months, a miracle in a country where it’s notoriously complicated to get the various construction permits. And the project reportedly cost only $7 million or so, which was paid by a generous benefactor.

Bad institutions can sometimes do great harm to good people. And it’s hard to see how places like NAC are preparing future priests to have the “smell of the sheep” or helping them embrace Pope Francis’ dream of “a poor Church for the poor.

[Robert Mickens is editor-in-chief of Global Pulse. Since 1986, he has lived in Rome, where he studied theology at the Pontifical Gregorian University before working 11 years at Vatican Radio and then another decade as correspondent for The Tablet of London.]

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Mexico: el Papa en Morelia con el clero.

Misa del Papa en Morelia: ¡Dios, Papá nuestro, no nos dejes caer en la tentación!

2016-02-16 Radio Vaticana

(RV).- Anunciar a Dios Padre – papá, abba – nuestro, con nuestra vida, no como funcionarios de lo divino, pues no queremos ser nunca empleados de Dios, «sino vivir rezando y rezar viviendo», como nos enseñó Jesús.

Misionando en México la Misericordia y la Paz de Cristo,  en el XII  Viaje Apostólico internacional de su Pontificado, el Papa Francisco, en la cuarta y penúltima jornada de su peregrinación, celebró la Santa Misa con sacerdotes, religiosos, religiosas, consagrados y seminaristas en Morelia, en el estadio «Venustiano Carranza», donde fue recibido con gran alegría y fervor.  La cuarta Misa multitudinaria del Papa en tierra mexicana, la del martes de la I semana de Cuaresma, fue en español y en la lengua indígena purhépecha.

En su homilía el Obispo de Roma destacó la importancia de la oración y de la misión evangelizadora – como nos invita Jesús también hoy – «para hacer experiencia del amor misericordioso del Padre en nuestra vida y en nuestra historia».

Haciendo hincapié en la misión de ser testigos del Señor, el Papa Francisco puso en guardia contra la resignación, que resume las tentaciones que se presentan ante realidades tan difíciles, en ambientes dominados por violencia, corrupción, tráfico de drogas, desprecio de la dignidad de la persona, indiferencia ante el sufrimiento y la precariedad.

El Sucesor de Pedro evocó el ejemplo del primer Obispo de Michoacán, Vasco Vázquez de Quiroga, «Tata Vasco», el «español que se hizo indio», en el que «el dolor del sufrimiento de sus hermanos se hizo oración y la oración se hizo respuesta».

(CdM – RV)

Texto y audio completo de la homilía del Papa Francisco:

«Hay un dicho, entre nosotros que dice así: «Dime cómo rezas y te diré cómo vives, dime cómo vives y te diré cómo rezas», porque mostrándome cómo rezas, aprenderé a descubrir el Dios que vives y, mostrándome cómo vives, aprenderé a creer en el Dios al que rezas»; porque nuestra vida habla de la oración y la oración habla de nuestra vida; porque nuestra vida habla en la oración y la oración habla en nuestra vida. A rezar se aprende, como aprendemos a caminar, a hablar, a escuchar. La escuela de la oración es la escuela de la viday en la escuela de la vida es donde vamos haciendo la escuela de la oración. Y Pablo, a su discípulo predilecto Timoteo, cuando le enseñaba o lo exhortaba a vivir la fe le decía “acordate de tu madre y de tu abuela”, y a los seminaristas cuando entran al seminario muchas veces me preguntaban… Padre pero yo quisiera tener una oración más profunda más mental … mirá seguí rezando como te enseñaron en tu casa y después poco a poco tu oración irá creciendo como tu vida fue creciendo. A rezar se aprende. Como en la vida.

Jesús quiso introducir a los suyos en el misterio de la Vida, en el misterio de su vida. Les mostró comiendo, durmiendo, curando, predicando, rezando, qué significa ser Hijo de Dios. Los invitó a compartir su vida, su intimidad y estando con Él, los hizo tocar en su carne la vida del Padre. Los hace experimentar en su mirada, en su andar la fuerza, la novedad de decir: «Padre nuestro». En Jesús, esta expresión, Padre Nuestro, no tiene el «gustillo» de la rutina o de la repetición, al contrario, tiene sabor a vida, a experiencia, a autenticidad. Él supo vivir rezando y rezar viviendo, diciendo: Padre nuestro.

Y nos ha invitado a nosotros a lo mismo. Nuestra primera llamada es a hacer experiencia de ese amor misericordioso del Padre en nuestra vida, en nuestra historia. Su primera llamada es introducirnos en esa nueva dinámica de amor, de filiación. Nuestra primera llamada es aprender a decir «Padre nuestro», como Pablo insiste, Abba. ¡Ay de mí sino evangelizara!, dice Pablo. ¡Ay de mí! porque evangelizar, prosigue, no es motivo de gloria sino de necesidad (cf. 1 Co 9,16). Nos ha invitado a participar de su vida, de la vida divina, ay de nosotros consagrados, consagradas, seminaristas, sacerdotes, obispos, ay de nosotros si no la compartimos, ay de nosotros si no somos testigos de lo que hemos visto y oído, ay de nosotros.

No queremos ser funcionarios de lo divino, no somos ni queremos ser nunca empleados de la empresa de Dios, porque somos invitados a participar de su vida, somos invitados a introducirnos en su corazón, un corazón que reza y vive diciendo: «Padre nuestro». ¿Y qué es la misión sino decir con nuestra vida, desde el principio hasta el final, como nuestro hermano Obispo que murió anoche, qué es la misión sino decir con nuestra vida «Padre nuestro»?

A este Padre nuestro es a quien rezamos con insistencia todos los días: y qué le decimos en una de esas cosas,  no nos dejes caer en la tentación. El mismo Jesús lo hizo. Él rezó para que sus discípulos —de ayer y de hoy— no cayéramos en la tentación. ¿Cuál puede ser una de las tentaciones que nos pueden asediar? ¿Cuál puede ser una de las tentaciones que brota no sólo de contemplar la realidad sino de caminarla? ¿Qué tentación nos puede venir de ambientes muchas veces dominados por la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas, el desprecio por la dignidad de la persona, la indiferencia ante el sufrimiento y la precariedad? ¿Qué tentación podemos tener nosotros una y otra vez, nosotros llamados a la vida consagrada, al Presbiterado, al Episcopado, qué tentación podemos tener frente a todo esto, frente a esta realidad que parece haberse convertido en un sistema inamovible?

Creo que la podríamos resumir con una sola palabra: resignación. Y frente a esta realidad nos puede ganar una de las armas preferidas del demonio, la resignación. ¿Y qué le vas a hacer? La vida es así. Una resignación que nos paraliza, una resignación que nos impide, no sólo caminar, sino también hacer camino; una resignación que no sólo nos atemoriza, sino que nos atrinchera en nuestras «sacristías» y aparentes seguridades; una resignación que no sólo nos impide anunciar, sino que nos impide alabar, nos quita la alegría, el gozo de la alabanza. Una resignación que no sólo nos impide proyectar, sino que nos frena para arriesgar y transformar. Por eso, Padre nuestro, no nos dejes caer en la tentación. 

Qué bien nos hace apelar en los momentos de tentación a nuestra memoria. Cuánto nos ayuda el mirar la «madera» de la que fuimos hechos. No todo ha comenzado con nosotros, y tampoco todo terminará con nosotros, por eso cuánto bien nos hace recuperar la historia que nos ha traído hasta aquí.

Y, en este hacer memoria, no podemos saltearnos a alguien que amó tanto este lugar que se hizo hijo de esta tierra. A alguien que supo decir de sí mismo: «Me arrancaron de la magistratura y me pusieron en el timón del sacerdocio, por mérito de mis pecados. A mí, inútil y enteramente inhábil para la ejecución de tan grande empresa; a mí, que no sabía manejar el remo, me eligieron primer Obispo de Michoacán» (Vasco Vázquez de Quiroga, Carta pastoral, 1554).

Agradezco, paréntesis, al Señor Cardenal Arzobispo que haya querido que se celebrase esta Eucaristía con el báculo de este hombre y el Cáliz de él. Con ustedes quiero hacer memoria de este evangelizador, conocido también como Tata Vasco, como «el español que se hizo indio». La realidad que vivían los indios Purhépechas descritos por él como «vendidos, vejados y vagabundos por los mercados, recogiendo las arrebañaduras tiradas por los suelos», lejos de llevarlo a la tentación y de la acedia de la resignación, movió su fe, movió su vida, movió su compasión y lo impulsó a realizar diversas propuestas que fuesen de «respiro» ante esta realidad tan paralizante e injusta. El dolor del sufrimiento de sus hermanos se hizo oración y la oración se hizo respuesta. Y eso le ganó el nombre entre los indios del «Tata Vasco», que en lengua purhépecha significa: Papá.

Padre, papá, Tata, abba. Esa es la oración, esa es la expresión a la que Jesús nos invitó.

Padre, papá, abba, no nos dejes caer en la tentación de la resignación, no nos dejes caer en la tentación de la acedia, no nos dejes caer en la tentación de la  pérdida de la memoria, no nos dejes caer en la tentación de olvidarnos de nuestros mayores que nos enseñaron con su vida a decir: Padre Nuestro».


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Perú. El Card. Cipriani ante las denuncias de abusos sexuales al Sodalicio

Cardenal Cipriani: Fundador del Sodalicio de Vida Cristiana debe responder por acusaciones

LIMA, 01 Nov. 15 / 10:52 am (ACI).- El Arzobispo de Lima y Primado del Perú,Cardenal Juan Luis Cipriani, demandó al fundador del Sodalicio de VidaCristiana, Luis Fernando Figari, que dé la cara ante las acusaciones contra él de abusos físicos, psicológicos y sexuales, que son investigadas por el Vaticano y fueron recientemente difundidas en distintos medios de comunicación.

Durante la emisión del programa Diálogo de Fe del 31 de octubre, el Cardenal Juan Luis Cipriani pidió “que Figari dé la cara a las denuncias contra él. No podemos disimularlo. Tiene que afrontar la situación muy delicada y grave”.

“Evidentemente, no podemos condenarlo sin la capacidad de defenderse, pero hay denuncias muy graves y claras”, señaló.

El Arzobispo de Lima también advirtió que “todos los miembros del Sodalicio no están metidos en este tema. Tengo la obligación de salvar la honra e imagen de muchos miembros del Sodalicio que hacen una labor muy buena en parroquias, colegios y trabajos sociales”.

El Sodalicio de Vida Cristiana es una sociedad de vida apostólica fundada en el Perú a la que pertenece el director de ACI Prensa, Alejandro Bermúdez.

En un comunicado difundido el 21 de octubre, el actual superior del Sodalicio, Alessandro Moroni, señaló que los testimonios que acusan a Figari son “verosímiles y que deben ser esclarecidos exhaustivamente”, anunció la creación de una comisión ad-hoc para investigar las denuncias y pidió “perdón de todo corazón” a los afectados.

Desde abril de este año, el Vaticano nombró a Mons. Fortunato Pablo Urcey, Obispo Prelado de Chota y Secretario General de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP), comoVisitador Apostólico para investigar las acusacionescontra Luis Fernando Figari.

El Arzobispo de Lima aseguró que “la Iglesia siempre vela y velará para que haya una buena conducta entre sus miembros y cuando haya una mala conducta intervendrá, buscando siempre la verdad y el bien”.

“En el caso de Luis Fernando Figari, el superior actual del Sodalicio tiene la obligación de decirle: ‘sobre usted hay denuncias que tiene que contestar’. El superior tiene la obligación de emplazar al fundador y al que fue superior (Figari) para conminarlo (a dar la cara) no solo moralmente, sino humanamente hablando tiene una obligación”, señaló.

El Cardenal Cipriani pidió a Moroni “que encare este problema y al Visitador Apostólico que investigue”.

Al Visitador Apostólico, el Arzobispo pidió que “separe al señor Figari mientras termina esta investigación. No podemos decir expulsión porque no hay certeza. Es muy duro, pero por encima de todo está el bien de la Iglesia y de la institución”.

El Primado del Perú añadió que la comisión ad-hoc ofrecida por el Sodalicio “no puede ser hecha por quien es juez y parte, debe ser absolutamente independiente. Sino no tiene confianza. Y hay que hacerla ya”.

El Cardenal subrayó que para la Iglesia “los abusos sexuales siempre son materia grave, especialmente los casos de niños. La Iglesia nunca puede encubrirlos, caería en falta de confianza gravísima”.

Benedicto XVI y ahora el Papa Francisco nos han recordado esta obligación. Todo lo que sea un abuso o maltrato a los niños no solo es pecado, sino delito. Esta realidad y obligación tiene como toda institución a una autoridad competente”,  explicó.

El Arzobispo de Lima lamentó que a pesar de que la Iglesia en este caso ha “actuado con transparencia y rapidez” hay medios de comunicación a los “que no les interesa la Iglesia ni los niños. Les interesa molestar”.

El Cardenal Cipriani reiteró que no todos los miembros del Sodalicio deben cargar “el estigma de ser una institución podrida, porque no es verdad”.

“Conozco el Sodalicio y sé que tienen muchas obras muy buenas”, recordó.

Sin embargo, advirtió, “si no veo una claridad en la actuación, tengo que decir que hay que separar lo que está mal y hay que corregir lo puede haberse contagiado”.

Pero “no enterrar la institución”, indicó, “eso no está en el escenario”.


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Declaraciones de un teólogo polaco y respuesta del Vaticano.

Declaración del Director de la Oficina de Prensa a propósito de la entrevista de Mons. Charamsa

(RV).- Un gesto “grave” tendente a someter a la Asamblea sinodal sobre la familia – que comenzará mañana – a “una presión mediática injustificada”

La Oficina de Prensa de la Santa Sede reacciona con estas palabras de su Director, el Padre Federico Lombardi, ante la entrevista concedida por  Mons. Krzystof  Charamsa al periódico “Corriere della Sera”, en la que el teólogo polaco se declara homosexual y conviviente.

Sigue el texto  el texto de la Declaración del Padre Federico Lombardi:

“Acerca de las declaraciones y entrevistas concedidas por Mons. Krzystof  Charamsa cabe señalar que –  a pesar del respeto que merecen los hechos y circunstancias personales y las reflexiones sobre ellos –  la elección de declarar algo tan clamoroso en la víspera de la apertura de Sínodo resulta muy grave y no responsable, ya que apunta a someter a la Asamblea sinodal a una presión mediática injustificada.

Ciertamente, Mons. Charamsa no podrá seguir desempeñando las tareas precedentes en la Congregación para la Doctrina de la Fe y las universidades pontificias, mientras que los otros aspectos de su situación competen a su Ordinario diocesano”.

(MFB – RV).

(from Vatican Radio)


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El proceso de canonización de Rutilio Grande en marcha.

LA CAUSA DE RUTILIO GRANDE EN MANOS DE UN JESUITA. Es el padre Anton Witwer, postulador General de los Jesuitas, con la colaboración de Rafael Urrutia en El Salvador

Pablo VI bendice la foto de Rutilio Grande que le muestra Romero

Pablo VI bendice la foto de Rutilio Grande que le muestra Romero

Cuando estuvimos con monseñor Rafael Urrutia en su minúscula oficina del arzobispado de San Salvador, a pocos pasos del seminario de San José de la Montaña y de la sede del semanario Orientación, poco después de la beatificación de Romero, él ya estaba trabajando para introducir la causa del sacerdote jesuita salvadoreño Rutilio Grande García y sus compañeros mártires, Nelson Rutilio y Manuel Solórzano. El mismo semanario Orientaciónpublica ahora la noticia de que el Arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar Alas, decidió aceptar la apertura formal de la causa de Rutilio Grande, aunque es necesario aclarar que el proceso ya se encontraba en una fase avanzada. En el decreto publicado por la arquidiócesis se afirma que la solicitud fue presentada precisamente por Rafael Urrutia, quien ha sido nombrado vicepostulador diocesano de la causa “por mandato fechado en Roma el 16 de junio del año en curso”. El postulador será el padre Anton Witwer, Postulador General de los Jesuitas, designación que confirma el interés del Papa jesuita. Por otra parte, como recuerda el sitio SuperMartyrio, el cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, ya le había comunicado al arzobispo Escobar Alas que el Papa estaba “muy contento” de que “Usted ya haya iniciado el proceso de canonización del P. Rutilio Grande”. Francisco recordó a Rutilio Grande en el vuelo de regreso de Corea, en agosto de 2014:  “detrás de él [Romero], viene Rutilio Grande”, dijo el Papa. Una referencia posterior atribuida al Papa figura en el comunicado oficial difundido por la sala de prensa de la Presidencia de El Salvador sobre la visita al Vaticano del entonces Presidente Mauricio Funes. “Después de monseñor Romero podrían llegar otras canonizaciones”, contó Funes.

Rafael Urrutia, que tuvo una participación decisiva en la beatificación de Romero, está convencido de que los tiempos de la causa diocesana pueden ser breves. El trabajo, da a entender sin decirlo explícitamente, está muy avanzado. “Esperamos terminar para el mes de noviembre. Queremos llevar todo a Roma el primero de noviembre, que fue el día que terminamos de preparar la causa de Romero”. Ya se había hecho mucho trabajo, informa SuperMartyrio. “Entre el final del año pasado y el inicio del año en curso, se recolectaron aproximadamente 30 testimonios de testigos, incluyendo familiares, sacerdotes y laicos, para respaldar la beatificación del mártir jesuita salvadoreño”.  SuperMartyrio agrega que “Mons. Urrutia, el P. Edwin Henríquez (segundo vice postulador de la causa), y el abogado Rodrigo Belismelis (también veterano de la causa Mons. Romero) recogieron testimonios en El Salvador y Guatemala”.

Romero-Rutilio Grande. El resultado positivo de la primera causa es también un buen auspicio para la segunda. “Facilitará el camino de Rutilio”, admite el padre Urrutia. “Creo que la historia de Romero ha dejado una marca en Roma”. Y después de Rutilio, “todos los demás” agrega Urrutia, “una sola causa para todos”, seminaristas, sacerdotes y catequistas asesinados antes y después de Romero. En “todos los demás”, sin embargo, no están incluidos los seis jesuitas de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, Ellacuría y sus compañeros, asesinados el 16 de noviembre de 1989. “Para ellos probablemente habrá una causa aparte”, aclara Urrutia. Y no es todo. Urrutia nombra al antecesor inmediato de Romero, monseñor Luis Chávez y González, tercer arzobispo de San Salvador –“un hombre santo”- y el de Arturo Rivera y Damas, salesiano, que ocupó el lugar de Romero cuando este murió, “un verdadero confesor”. Arturo Rivera y Damas colaboró activamente con Romero y mantuvo con él una estrecha relación de amistad personal. En las votaciones internas de la Conferencia Episcopal Salvadoreña se alineaba siempre con él. Apoyó también el trabajo de Rutilio Grande en las zonas rurales de la arquidiócesis de las que era obispo auxiliar. Un mes después de asesinato de Romero, en abril de 1980, Juan Pablo II lo nombró administrador apostólico de la arquidiócesis de San Salvador y lo confirmó como arzobispo el 28 de febrero de 1983. Participó en las negociaciones de paz entre el gobierno y la guerrilla e inció la causa de beatificación de Romero. En los años de su gobierno se produjo la masacre de los jesuitas de la UCA. Falleció debido a un infarto el 26 de noviembre de 1994. “Trabajaría con inmenso placer en la causa de Rivera y Damas, al que quiero mucho”, declara Urrutia, quien hubiera deseado que las dos figuras, la de Romero y la de Rivera y Damas, se consideraran más relacionadas: “Una cuestión de justicia y una manera de agradecerle a este obispo extraordinario”.