Loiola XXI

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Los obispos vascos en la actualidad: Análisis

 

 

Religión Digital publica un amplio análisis sobre el comportamiento de los tres obispos vascos en el momento presente.

Para ver el informe basta pulsar el siguiente enlace:http://www.periodistadigital.com/religion/espana/2017/04/13/crece-el-malestar-con-los-obispos-vascos-entre-el-clero-y-los-fieles-de-euskadi-iglesia-religion-dios-jesus-papa.shtml

 


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Nuevas concesiones a los sacerdotes Lefebvristas.

El Papa Francisco autoriza a sacerdotes de la Fraternidad San Pío X a confesar y celebrar matrimonios

El Santo Padre Francisco aprobó, el pasado 24 de marzo, la Carta de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei dirigida a los Prelados de las Conferencias Episcopales interesadas acerca de la licencia para la celebración de los matrimonios de los fieles de la Fraternidad San Pío X.

En la misiva, firmada por el cardenal Gerhard Card. Müller, Presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe y por el Secretario, Mons. Guido Pozzo, arzobispo titular de Bagnoregio, se hace referencia a las iniciativas que se están llevando a cabo para conseguir la plena comunión con la Iglesia de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. En este marco, se lee en la carta, “el Santo Padre ha decidido conceder a todos los sacerdotes del mencionado Instituto las facultades para confesar válidamente”.

Siguiendo la misma línea pastoral y con el objetivo de “tranquilizar la conciencia de los fieles, no obstante  – precisa el documento –  la situación canónica de la Fraternidad S. Pío X continúa siendo, por ahora, objetivamente  ilegítima, el Santo Padre a propuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Ecclesia Dei, ha decidido autorizar a los Reverendísimos Ordinarios a que concedan las licencias para asistir a los matrimonios de fieles que siguen la actividad pastoral de la Fraternidad”, siguiendo algunas indicaciones específicas.

(MCM-RV)

A continuación el texto completo de la Carta:

Eminencia:

Excelencia Rev.ma:

Como Ud. sabe, desde hace algún tiempo se están realizando encuentros e iniciativas para conseguir la plena comunión con la Iglesia de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. En concreto, recientemente el Santo Padre ha decidido conceder a todos los sacerdotes del mencionado Instituto las facultades para confesar válidamente (cf. Carta Apostólica Misericordia et misera, n. 12), asegurando la posibilidad de que la absolución sacramental de los pecados por ellos administrada sea recibida válida y lícitamente.

En la misma línea pastoral, que pretende tranquilizar la conciencia de los fieles –no obstante, que la situación canónica de la Fraternidad S. Pío X continúa siendo, por ahora, objetivamente  ilegítima– el Santo Padre, a propuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Ecclesia Dei, ha decidido autorizar a los Reverendísimos Ordinarios a que concedan las licencias para asistir a los matrimonios de fieles que siguen la actividad pastoral de la Fraternidad, según las siguientes indicaciones.

Siempre que sea posible, el Obispo delegará a un sacerdote de la Diócesis para asistir a los matrimonios (o bien, a un sacerdote de otra circunscripción eclesiástica con las debidas licencias) recibiendo el consentimiento de los cónyuges durante la celebración del matrimonio que en la liturgia del Vetus Ordo se realiza al inicio de la Santa Misa. Ésta la celebra, después, un sacerdote de la Fraternidad. Allí donde ello no sea posible o no haya sacerdotes de la Diócesis que puedan recibir el consentimiento de las partes, el Ordinario puede conceder directamente las facultades necesarias a un sacerdote de la Fraternidad que celebrará también la Santa Misa, advirtiéndole de la obligación de hacer llegar cuanto antes a la Curia diocesana la documentación del matrimonio celebrado.

Este Dicasterio confía en Su colaboración con la convicción de que con estas indicaciones no sólo se podrán remover los escrúpulos de conciencia de algunos fieles unidos a la FSSPX y la falta de certeza sobre la validez del sacramento de matrimonio, sino que al mismo tiempo, se avanzará hacia la plena regularización institucional.

El Sumo Pontífice Francisco, el 24 de marzo de 2017, en la audiencia concedida al Cardinal Presidente, ha aprobado la presente Carta y ha ordenado su publicación.

Dada en Roma, en la Sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, 27 de marzo de 2017.

Gerhard Card. Müller


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Auidiencia del Papa al Colegio Español de Roma.

Papa: como hermano, padre y amigo pido que huyan del carrerismo. Audiencia al Pontificio Colegio español

2017-04-01 Radio Vaticana

El Santo Padre puso en guardia contra el carrerismo y contra elacademicismo clerical y señaló que un presbiterio que no mantiene la unidad «de hecho echa a Dios»

(RV).- El Papa Francisco recibió a la comunidad del Pontificio Colegio español de San José de Roma, encabezada por el Card. Ricardo Blázquez Pérez, presidente de la Conferencia Episcopal Española y co-patrono del Colegio, celebrando así el 125 aniversario de su fundación, al haber nacido el 1º de abril de 1892, por obra del Beato Manuel Domingo y Sol, fundador de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Sagrado Corazón de Jesús.

El Papa recordó la voluntad del Señor, con las palabras de Jesús: amar de todo corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas

Con su gratitud a Dios por esta Institución, que nació con «la vocación de ser un referente para la formación del clero» y destacando que «formarse supone ser capaces de acercarse con humildad al Señor y preguntarle: ¿Cuál es tu voluntad? ¿Qué quieres de mí? Sabemos la respuesta, pero tal vez nos haga bien recordarla, para ello les propongo las tres palabras del Shemá con las que Jesús respondió al Levita: “amarás al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas” (Mc 12,30)».

En la primera respuesta de Jesús, destacando que «amar de todo corazón, significa hacerlo sin reservas y sin dobleces», sin afán de éxito personal o de carrera, el Papa señaló que la caridad pastoral, supone «salir al encuentro del otro, comprendiéndolo, aceptándolo y perdonándolo de corazón», para reiterar luego la importancia de ser una comunidad, con la ayuda del Espíritu Santo y con el combate espiritual personal, «que no pasó de moda, sigue siendo actual como en los primeros tiempos de la Iglesia».

«Amar con toda el alma es estar dispuestos a ofrecer la vida». En la segunda respuesta de Jesús, señalando que «esta actitud debe persistir en el tiempo, y abarcar todo nuestro ser», como proponía el Fundador del Colegio, el Santo Padre destacó la importancia de la formación integral y del discernimiento que «lleva a la Resurrección y a la Vida» y «permite dar una respuesta consciente y generosa a Dios y a los hermanos». El Obispo de Roma afirmó asimismo que son cuatro las columnas de la formación: académica, espiritual, comunitaria y apostólica

«No olviden que el diablo entra siempre por el bolsillo»

«Finalmente, la tercera respuesta de Jesús, amar con todas las fuerzas, nos recuerda que allí donde está nuestro tesoro está nuestro corazón (cf. Mt 6,21), y que es en nuestras pequeñas cosas, seguridades y afectos, donde nos jugamos el ser capaces de decir que sí al Señor o darle la espalda como el joven rico», recordó el Papa, con la importancia de «estar más cerca de los pobres y débiles», y lo que pedía el Fundador del Pontificio Colegio español de San José y añadiendo un pedido suyo:

«¡Y, por favor, – y esto como hermano, como padre, como amigo- por favor, huyan del carrerismo eclesiástico: es una peste»


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El Papa con el clero en Milán (Italia)

“Los desafíos nos ayudan para que nuestra fe no se vuelva ideológica”

El Papa a los sacerdotes, a los religiosos y a las monjas de Milán: «Nos salvan de un pensamiento cerrado y definido, y nos abren a una comprensión más amplia del dato revelado»
REUTERS

Papa Francisco con el cardenal Angelo Scola en la Catedral de Milán

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Pubblicato il 25/03/2017
Ultima modifica il 25/03/2017 alle ore 14:39
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A MILÁN

«Debemos temer una fe sin desafíos, una fe que se considere completa, todo hecho… Esta fe no sirve. Los desafíos nos ayudan a que nuestra fe no se vuelva ideológica». El Duomo de Milán está lleno de sacerdotes, monjas y religiosos. Hay muchos sacerdotes enfermos, en sillas de ruedas. Entre ellos también está el cardenal Dionigi Tettamanzi, a quien Francisco saluda con gran afecto. Es un momento central de la visita del Pontífice a la diócesis ambrosiana: el diálogo con los sacerdotes y monjas. Además de algunos representantes de otras confesiones cristianas, está presenta una pequeña delegación musulmana. Francisco, que conocía ya las preguntas que le habrían hecho, preparó unos apuntes escritos, pero fue completándolos añadiendo reflexiones espontáneas.

 

Libres de los resultados

 

Al responder a una pregunta de don Gabriele Gioia, dijo: «Tú sabes que la evangelización no siempre es sinónimo de pescar peces. Salir a alta mar, dar testimonio. Después está el Señor, Él pesca peces, cuándo y cómo, no lo sabemos. Nosotros somos instrumentos inútiles». El papa después invitó a «no perder la alegría de evangelizar, porque evangelizar es una alegría. Debemos pedir la gracia de no perderla. No está bien ser tristes, un evangelizador triste es como si no estuviera convencido de que Jesús es alegría, te da la alegría, y cuando te llama te cambia la vida y de da nueva alegría. También en la cruz, pero en alegría».

 

Los desafíos ayudan la fe

 

«Cada época histórica, desde los primeros tiempos del cristianismo, ha estado sometida constantemente a múltiples desafíos», explicó Francisco. «No debemos temer los desafíos, hay que tomarlos como el buey, ¡por los cuernos! ¡No los teman! Es bueno que existan, porque nos hacen crecer, son signo de fe viva, de una comunidad que busca a su Señor y que tiene los ojos y los corazones abiertos». El papa añadió: «Debemos más bien temer una fe sin desafíos, una fe que se considera completa, todo hecho, como si todo ya se hubiera dicho y hecho. Esta fe no sirve. Los desafíos nos ayudan para que nuestra fe no se vuelva ideológica. Siempre las ideologías crecen y germinan cuando uno cree que tiene la fe ya completa». Los desafíos «nos salvan de un pensamiento cerrado y definido, y nos abren a una comprensión más amplia del hecho revelado».

 

Por una cultura de la diversidad

 

«Creo que la iglesia –dijo el Papa–, en el arco de toda su historia, tiene mucho que enseñarnos y para ayudarnos para una cultura de la diversidad. El Espíritu Santo es el Maestro de la diversidad. La Iglesia, a pesar de ser una, es multiforme. La Tradición eclesial tiene una gran experiencia sobre cómo “administrar” lo múltiple dentro de su historia y de su vida. Hemos visto y vemos muchas riquezas y muchos horrores/errores». Francisco invitó a ver el mundo «sin condenarlo y sin santificarlo, reconociendo los aspectos luminosos y los aspectos oscuros. Así como ayudándonos a discernir los excesos de uniformidad o de relativismo». No hay que confundir, continuó, «unidad con uniformidad», ni «pluralidad con pluralismo». Lo que se trata de hacer es «reducir la tensión y cancelar el conflicto o la ambivalencia a la que somos sometidos en cuanto seres humanos», pero «tratar de eliminar uno de los polos de la tensión es eliminar la manera en la que Dios quiso revelarse en la humanidad de Su Hijo».

 

 

Formar al discernimiento

 

«La cultura de la abundancia a la que estamos sometidos –continuó el Papa– ofrece un horizonte de muchas posibilidades, presentando todas como válidas y buenas. Nuestros jóvenes están expuestos a un “zapping” constante». Francisco considera que está «bien enseñarles a discernis, para que tengan los instrumentos y los elementos que les ayuden a recorrer el camino de la vida sin que se extinga el Espíritu Santo que está en ellos». Cuando se es niño, continuó, «es fácil que el papá y la mamá digan lo que debemos hacer, y está bien. Pero mientras vamos creciendo, en medio de una multitud de voces en la que aparentemente todos tienen razón, el discernimiento de lo que nos conduce a la resurrección, a la vida y no a una cultura de muerte, es crucial».

 

Los diáconos no son «medios curas»

 

Respondiendo a la pregunta de un diácono permanente, el Papa advirtió que no hay que considerar «a los diáconos como “medio curas” y “medio laicos”. Este es un peligro, ¿eh? Al final no están ni aquí ni allá. Verlos así nos hace daño y les hace daño».

 

Existe el peligro del clericalismo, añadió Francisco, y «a veces parece casi que el diácono toma el sitio del sacerdote». La otra tentación «es la del funcionalismo, un chico que sirve para cien tareas. No, ustedes –añadió– tienen un carisma claro en la Iglesia y deben custodiarlo. El diaconato es una vocación específica, una vocación familiar que llama al servicio como uno de los dones característicos del pueblo de Dios». Los obispos, desde los tiempos de los apóstoles, tienen como tarea principal la de rezar y de anunciar la Palabra. Los diáconos siempre tienen como tarea el servicio «a Dios y a los hermanos. ¡Y cuánto camino hay que hacer en este sentido!». Además, observó Bergoglio, «no hay servicio en el altar, no hay liturgia que no se abra al servicio de los pobres, y no hay servicio a los pobres que no conduzca a la liturgia».

 

Pocos y anicanos, pero nunca resignados

 

Al final, Francisco respondió a la pregunta de una religiosa que habló sobre las dificultades por la falta de vocaciones: cada vez más pocos y cada vez más viejos. El Papa habló sobre el sentimiento de la resignación. «Sin darnos cuenta, cada vez que pensamos o constatamos que somos pocos, o en muchos casos ancianos, que experimentamos el peso, la fragilidad más que el esplendor, nuestro espíritu comienza a ser corroído por la resignación. Y la resignación después conduce a la pereza… Pocos sí, en minoría sí, ancianos sí, ¡resignados nunca!». El remedio que «restaura y da paz», añadió, es la misericordia de Dios. Cuando, por el contrario, uno se resigna o vive pensando en las glorias del pasado, «comienzan a ser pesadas las estructuras, ahora vacías, y nos dan ganas de venderlas para tener dinero para la vejez. Comienza a pesar el dinero que tenemos en el banco, y la pobreza, ¿a dónde va? Pero el Señor es bueno, cuando una congregación religiosa no va por la vía de la pobreza, normalmente el Señor envía a un ecónomo o a una ecónoma que derrumba todo, ¡y esta es una gracia!».

 

El «gracias» a Milán

 

Después el Papa salió al atrio de la Catedral para recitar el Ángelus con los fieles en la plaza. «Los saludo y les agradezco por esta calurosa acogida aquí en Milán –dijo Francisco–; la niebla ya se fue, las malas lenguas dicen que llegrá la lluvia, no lo sé, yo todavía no la vedo. Muchas gracias por su afecto y les pido que recen por mí para que pueda servir al Señor y hacer su voluntad».


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Amazonia y cómo resolver la grave escasez de clero.

Donde el sacerdote es un lujo

El Amazonas tiene enormes extensiones y un clero mínimo. Aquí pueden surgir “soluciones concretas y valientes”
TERRE D’AMERICA

Cuatro veces al año…

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Pubblicato il 22/12/2016
Ultima modifica il 22/12/2016 alle ore 07:23
RAFAEL MARCOCCIA
SAN PABLO, BRASIL
¿Y ahora qué podemos esperar?, se pregunta un diario italiano comentando la finalización del año de la Misericordia y el futuro de este pontificado. La Iglesia brasileña de la región amazónica tiene una esperanza, y es que el Papa Francisco anuncie pronto algunas iniciativas para facilitar el trabajo de evangelización y la celebración más frecuente de la misa en una región inmensa y con una grave escasez de sacerdotes. Basta decir – como señala la Conferencia Episcopal de Brasil – que el 70% de las comunidades locales participan de la celebración eucarística solamente una vez por año.En 2014 el Papa Francisco había pedido “soluciones valientes y concretas” para afrontar los problemas, y los obispos de la región acaban de enviar al Vaticano un documento con algunas propuestas, fruto del congreso sobre el Amazonas que se realizó el mes pasado. La idea del documento, más que proponer soluciones revolucionarias es mejorar las experiencias ya vividas en la diócesis de Amazonia, si bien de manera irregular y discontinua, para difundirlas e intensificarlas.

La principales propuestas están relacionadas con las tesis que dom Claudio Hummes ha planteado en reiteradas oportunidades. El objetivo es formar ministros ordenados locales pero sobre todo crear un clero autóctono e incluso indígena que pueda desarrollar comunidades tanto en los lugares más aislados como en las periferias urbanas de las ciudades de Amazonia, donde actualmente hay una fuerte presencia evangélica de matriz pentecostal.

Clero autóctono. Todos los obispos de la región están de acuerdo en que la decisión más importante es promover un “rostro amazónico” de la Iglesia a partir de un clero nacido en esa región, verdaderamente involucrado en la cultura, la historia, los problemas, los sueños y los proyectos del pueblo amazónico, incluyendo de manera especial el universo de los pueblos indígenas, que son los pueblos originarios de la misma. Actualmente son pocas las diócesis de Amazonia con un número significativo de sacerdotes autóctonos. En efecto, la mayor parte del clero de Amazonia está compuesto por misioneros de otras diócesis brasileñas o extranjeros. “El clero autóctono sigue siendo un gran desafío”, afirma dom Esmeraldo Barreto de Frias, presidente de la Comisión Episcopal Pastoral para la Acción Misionera de la CNBB.

La principal dificultad es que muchos de estos jóvenes de las comunidades costeras no quieren o incluso no pueden salir del lugar donde viven porque son el sostén, tanto económico como a nivel de fe, de sus familias o de la comunidad. La propuesta entonces es que la formación de los sacerdotes se abrevie, se haga en módulos periódicos, directamente en el lugar donde viven, con una duración muy inferior a la tradicional aunque siempre supervisada por los obispos locales.

Junto con esa formación más rápida se ha propuesto también una campaña para que los formadores calificados de todo el país, sobre todo los profesores de teología, puedan viajar durante el año a estas comunidades lejanas para colaborar en la formación. Dom Giuliano Frigeni, obispo de Parintis (en el estado de Amazonas) explica: “Es más económico recibir un clero ya instruido y por lo general bien formado culturalmente. Además, nuestros católicos no están acostumbrados a mantener al sacerdote, sobre todo porque en los últimos 80-90 años los misioneros extranjeros, europeos y estadounidenses, traían recursos con ellos”. El obispo considera que actualmente el clero autóctono no consigue muchos recursos, que no necesita solo para cubrir la alimentación y la salud. “También hay que considerar el elevado costo del transporte a través de los ríos o por carreteras llenas de baches cruzando la selva”. Parintins es una región de 64.000 km2, con una población de 200 mil habitantes repartidos en cinco municipios, e incluye 450 comunidades y 70 aldeas indígenas a lo largo de ríos, lagos y selvas.

Una de las objeciones que más se escucha contra el clero autóctono es el peligro de una educación menos calificada que la de los sacerdotes. Pero Dom Frigeni afirma: “Sabemos por experiencia que aquí es muy importante la inculturación, y quién mejor que los jóvenes del lugar, que han crecido en nuestras familias y comunidades, para llegar hasta el corazón del pueblo. Podemos tener sacerdotes “con olor a oveja”, como le gusta decir al Papa Francisco”. Y termina diciendo: “¡Es necesario que el pueblo sienta la belleza de este clero autóctono!”

Clero indígena. Otra propuesta de los obispos de la región amazónica, siempre dentro de la perspectiva de un clero autóctono, es reforzar el clero indígena. Son todavía muy pocas las experiencias al respecto, pero se considera fundamental para que los indígenas vuelvan a ser protagonistas de su propia historia. En el pasado, muchos indígenas que estuvieron en contacto con misioneros se convirtieron al catolicismo. Sin embargo hoy la situación es muy distinta. Muchos indios e incluso aldeas enteras se han convertido a iglesias neopentecostales debido a la intensa actividad de estos grupos religiosos y la escasa presencia de sacerdotes cerca de las aldeas, y por lo tanto de celebracions eucarísticas. “Hace falta una mayor presencia constante de nuestros curas cerca de las comunidades indígenas católicas”, afirma Dom Edson Damian, obispo de San Gabriel de Cachoeira, en el estado de Amazonas.

Otro de los pedidos que se hicieron al Papa es la autorización para celebrar la liturgia en las lenguas locales, siguiendo el ejemplo de lo que ocurre en Chiapas, México. “Francisco ha dicho con toda claridad que la Iglesia debe encontrar una verdadera acción pastoral indígena, vale decir, que nazca de la historia, la cultura, y los usos y costumbres de la gente local”, declara dom Edson. “El Papa está apoyando este trabajo serio de una acción pastoral, de una misión realmente indígena”.

Además del clero, se ha planteado también la propuesta de facilitar de formación de diáconos indígenas, siempre como ocurre en Chiapas. La ventaja es que el servicio eclesial de estos diáconos es gratuito porque viven de su trabajo en los campos, y que son elegidos por la propia comunidad, que conoce sus capacidades y su disposición para el servicio, y reciben una formación especial para ejercer su ministerio que se va concretando a medida que se requieren esos servicios. Estos diáconos indígenas serían confirmados por el obispo y acompañados por agentes pastorales. Además, se podrían elegir también laicos casados que notoriamente conducen su familia con sabiduría. “Esto sería importante porque la cultura indígena no comprende el celibato”, afirma el obispo de São Gabriel da Cachoeira.

Los ministerios diferenciados. A las propuestas relacionadas con el clero autóctono o indígena se ha sumado además la solicitud de reforzar los ministerior diferenciados. “¿Por qué no reponsabilizar más a nuestros laicos, hombre y mujeres, matrimonios católicos practicantes y ejemplares, para hacer que se conviertan en líderes con funciones caracterizadas por ministerios diferenciados, como el de coordinadores-pastores, evangelizadores, pacificadores y de obras de caridad?”, se pregunta dom Frigeni, de Parintins. El obispo cuenta que en su diócesis las comunidades que están dentro de la selva y las costeras son guiadas por ministros de la Palabra, ministros extraordinarios de la Eucaristía donde hay iglesias con sagrario, y por los catequistas, quienes sistemáticamente realizan cursos de formación y son acompañados por los sacerdotes. “Las distancias no permiten llegar hasta esas comunidades con la frecuencia necesaria y las celebraciones eucarísticas son muy limitadas a lo largo del año, numéricamente hablando”, se lamenta en un primer momento, pero después afirma: “Sin embargo, tenermos estas comunidades organizadas en sectores de 10 ó 12 comunidades que se reúnen todos los meses en una de ellas. Rezan juntos y crecen en la fe y también viven, con o sin la presencia de sacerdotes, momentos de fraternidad y de diversión, compartiendo los alimentos que cada comunidad pone en común”.

En São Gabriel da Cachoeira hay experiencias similares. Aquí los catequistas y los coordinadores son una presencia fuerte. Si no fuera por ellos que evangelizan las comunidades, el cristianismo no se hubiera conservado”, afirma dom Edson. Hubo una época en que la presencia de salesianos, que siempre se preocuparon por la formación de catequistas, fue muy fuerte en la región. Hoy en día ha disminuído – antes eran 60 y ahora son 19. Dom Edson cuenta que actualmente los sacerdotes alcanzan a llegar hasta las comunidades cuatro veces por año término medio, y cuando las visitan, los catequistas les informan quiénes están preparados para recibir los diversos sacramentos.

Para facilitar la evangelización en las zonas donde no hay sacerdotes y considerando que la formación del clero autóctono o indígena puede requerir mucho tiempo, se ha propuesto la figura de los ministros ordenados locales, casados o no, que puedan administrar los sacramentos y guiar la comunidad, identificados directamente por sus comunidades de pertenencia y acompañados por los obispos, que serían reconocidos como hombres de fe y de virtud probadas.

Corrientes más tradicionales del catolicismo brasileño piensan que esto abre la puerta al fin del celibato y por eso plantean una serie de objeciones. Han llegado a calificarlo con términos duros, como “Iglesia tribal”, que practica una “falsa autoevangelización”. Los defensores de la propuesta, por su parte, afirman que lo que está en juego no es el fin del celibato sino que estas comunidades tengan la posiblidad de acceder con mayor frecuencia a la eucaristía, y además recuerdan que el celibato no es un dogma sino una norma disciplinaria. Dom Edson llegó a afirmar: “Espero que la Iglesia no espere mucho más para abrir el presbiterio a hombres casados, visto que ya tenemos diáconos que pueden ser ordenados sacerdotes”.

De todos modos, tanto en el caso de la formación de un clero autóctono e indígena, que requiere tiempo para alcanzar resultados numéricamente más consistentes, como en el caso de reforzar los ministerios diferenciados, lo que está en juego es una iglesia con una nueva mentalidad, una nueva forma de realizar el trabajo pastoral, una nueva manera de construir las comunidades y un modo nuevo de asumir compromisos que realmente tengan incidencia en la vida de los pueblos que viven en la región amazónica. Afortunadamente es un proceso que ya está en curso.


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Cardenales críticos con el Papa en el Vaticano.

Los cardenales de la Curia que bloquean al Papa Francisco

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En las cumbres del Vaticano, la resistencia a Jorge Bergoglio por parte de “los rigoristas que se agarran solo a la letra de la ley”, como dijo el mismo Francisco, está encabezada por cuatro supercardenales, “ministros” de dicasterios clave del gobierno central de la Iglesia, la Curia Vaticana. “El clima es feo. El Papa está en la mitad del río”, señala Marco Politi, uno de los mejores vaticanistas, que apoya abiertamente a Bergoglio. 

En “Alegría del Amor”  el documento escrito por Francisco refleja los equilibrios internos de la Iglesia como acto de gobierno del Papa. Y en este sentido, “las señales de las frenadas impuestas son vistosas”.

Tras la derrota del primer documento, que fue una gran victoria de los conservadores en la mitad del Sinodo de 2014, saltaron las propuestas centrales del camino penitencial de los divorciados vueltos a casar que les permitía acceder a la comunión.

“Los frenazos” dieron como resultado un texto con ambiguedades, que por ejemplo no dice nada del acceso a los sacramentos, salvo en una nota al pie de página, la número 351, que hay que buscar con la lupa. Ni se habla, por supuesto de la comunión a los divorciados vueltos a casar.

Todos los demas temas que podían estar a la orden del día fueron sacados de lugar. En primer lugar la cuestión de las parejas de homosexuales, que en la primera propuesta aludía al caracter positivo de una pareja homosexual. También el rol de la mujer en la Iglesia, que Bergoglio quiere que sea “decisivo”. O materias delicadas como los anticonceptivos y la fertilidad asistida, o las parejas de hecho, una realidad que se difunde entre “las familias como son”, según el propio pontífice.

El Papa Francisco, enfrascado en roces continuos con el guardián de la ortodoxia, el prefecto para la Doctrina de la Fe, cardenal Gerhard Mueller, alemán, hizo elevar la exhortación al arzobispo de Viena, el cardenal Christian Schoenborn, a quién presentó como “un gran teólogo”. Mueller, que hasta dijo públicamente que la preparación teológica de Bergoglio era insuficiente y era necesario ayudarlo, enfatiza como los otros cardenales de la Curia en la línea rigorista que “el matrimonio es indisoluble por voluntad divina y nadie, ni un Papa, puede cambiar esta doctrina”.

Al presentar el documento final del doble Sínodo, prácticamente en nombre del Papa, el cardenal Schoenborn, dijo que el examen “caso por caso” crea una situación inevitable. “Un confesor estará más dispuesto, otro será más severo…es el discernimiento”.  La flexibilidad creará un mapa a mancha de leopardo, que obligará a convivir el rigorismo y la apertura.

Una novedad favorable a la línea de Bergoglio –que cuando era cardenal en Buenos Aires favorecía que los curas dieran los sacramentos a las parejas “non sanctas”-, llegó al Vaticano desde las Filipinas, el país católico más importante de Asia. La conferencia episcopal afirmó que “la misericordia no puede esperar” y que “desde ahora obispos y sacerdotes deben abrir los brazos acogedores a lo que son tenidos fuera de la Iglesia por un sentimiento de culpa o verguenza”.

Desde Africa, el continente donde más crece el catolicismo, las cosas se ven desde otra óptica. Hay un líder que es amigo de criticar pesantemente a los occidentales, viejos colonizadores, pero que defiende a capa y espada la línea ortodoxa de la Iglesia. El cardenal Robert Sarah es un rigorista de fuerte peso intelectual. De Guinea vino al Vaticano y Francisco lo promovió a “ministro” para la Educación Católica y la Disciplina de los Sacramentos. Sarah no acepta la más mínima concesión en el tema de la indisolubilidad del matrimonio sacramental, querida por Jesucristo y, por tanto, un hito del “depósito de la fe”.

En la línea de Mueller y Sarah hay que señalar también al cardenal Marc Ouellet, titular del estratégico dicasterio encargado de nombrar y controlar a los obispos. Ouellet fue un “papable” cuando en marzo de 2013 el Cónclave eligió a Jorge Bergoglio. Ya amenazó al menos una vez con renunciar porque sostiene que el Papa argentino le cambia continuamente las ternas de candidatos a obispos. A veces logra imponer su criterio, más conservador. Otra vez el pontífice lo puentea para dar vida en las conferencias episcopales a obispos “con olor a oveja”, invariablemente en la línea progresista.

Lo mismo sostiene el cuarto supercardenal que resiste a Francisco. Pero la diferencia es que su figura está debilitada. El Papa argentino puso al arzobispo de Sydney, Australia, cardenal George Pell, a cargo de toda el área económica y financiera. Fue el primer cambio profundo en la reorganización de la Curia. Pero el superministro de la economía vaticana, ha dado muchos dolores de cabeza al pontífice. Su estrategia es considerada un fracaso por algunos colaboradores del Papa. Además Pell dio demasiado que hablar cuando debió responder en videoconferencias que fueron seguidas por toda la prensa mundial, a los cuesitonamientos de una comisión australiana por las acusaciones de que el cardenal cubrió la acción de varios sacerdotes pedófilos en su país.

Pell no solo se había opuesto a cualquier cambio con los divorciados vueltos a casar sino que también promovió una carta de 13 cardenales contra el Papa poco antes que comenzara el segundo Sínodo de la Familia, en octubre de 2015. Aquella maniobra se desbarrancó cuando la mayoría de los firmantes, alarmados, negaron haber suscripto el mensaje.

Si a todo esto agregamos cómo se difunden las críticas, seminarios, conferencias y reuniones universitarias de los conservadores en Estados Unidos para oponerse a la línea pastoral y reformista de Francisco, se explica lo que afirmó el profesor Andrea Riccardi, líder de la progresista Comunidad de San Egidio, cuando dijo que en los últimos cien años ningún Papa tuvo nunca tantas resistencias como Francisco desde las estructuras eclesiásticas, a los episcopados y al clero.

Julio Algañaraz – Ciudad del Vaticano


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Seminaristas y clero norteamericano. Análisis.

 USA

    Who will bring forth Pope Francis’ vision?

 |  A Roman Observer
Pope Francis, with the publication of Amoris Laetitia (The Joy of Love), has offered a broad and deep reflection on the myriad (and often messy) issues concerning marriage, the family and human sexuality.And in doing so, the 79-year-old pope has also put forth a clear vision of Christian discipleship. It is one based more on personal responsibility and prayerful discernment than on the mere following of church rules.

Furthermore, in this same document he has sketched out a profile of the ordained minister. Both priests and bishops are to be servant-leaders who, with mercy and patience, humbly accompany, dialogue and collaborate with their people as fellow disciples. The pope doesn’t want pastors who harangue Catholics who fall short of the mark with rules and moral laws “as if they were stones to throw at people’s lives.”

In essence, he is re-proposing the model of discipleship and servant-leadership that emerged from the Second Vatican Council (1962-65). He is attempting to pick up the journey that the church had embarked upon in the first decade or so following Vatican II, but one that John Paul II halted and began to “correct” and recalibrate early on in his long pontificate (1978-2005).

Pope Francis’ rejoining of that earlier journey should be greatly encouraging for the many so-called Vatican II Catholics who have remained actively involved in the church despite the Wojtylan U-turn. And it could offer new hope to those many former Catholics who feel that the church under the sainted Polish pope abandoned them when it changed course.

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But there is a serious challenge here. The vast majority of the world’s bishops, younger clergy (under the age of 45 or so) and seminarians are squarely on the road that St. John Paul II and his German successor built. Too many find themselves greatly conflicted by Francis and all that he is doing to shake up and renew the church.

A good number of them are rigid personalities obsessed with the “clarity” of doctrine, who find their identity in a churchy world of black and white (like the uniform they wear) and exude confidence in being the recognized and unchallenged upholders of the Truth that they believe is possessed by the church alone.

This type of cleric (and the enabling clericalist lay people that continue to put priests on a pedestal) will be of little help in implementing the vision Pope Francis has unveiled in Amoris Laetitia.

And by the looks and sounds of things it doesn’t seem like the seminaries — at least here in Rome and in most places in the United States — offer much hope of changing that any time soon.

The Pontifical North American College here in the Eternal City is but one example. I have some familiarity with the place, since I was a seminarian there from 1986 to 1988 before discontinuing studies for the priesthood. Friendships I made with some very fine people — some who are now ordained (several as bishops), others who have left the active ministry — does not alter my strong conviction that, like most other seminaries, it is built on an inadequate model and mentality for preparing parish priests for today.

For a long time NAC held the distinction for having one of the worst early attrition rates among all American seminaries. It is difficult to locate records that the bishops are not particularly proud of, but it is said that an unusually high number of NAC alumni leave the priesthood shortly after ordination compared to those from other seminaries.

That is not exactly a badge of honor for an institution that has come to epitomize and is designed to perpetuate the type of episcopal leadership and model of church that has emerged over the past three decades with the increasingly conservative U.S. hierarchy.

After all, it is under the authority of a board of governors and the U.S. Conference of Catholic Bishops. Its current chairman is Archbishop John Myers, the Opus Dei-affiliated Archbishop of Newark. Bishops, cardinals and wealthy donors are frequent guests at the college. When now-Cardinal Timothy Dolan was rector (1994-2001) he added a number of suites and apartments exclusively for their use. “NACkers,” as the residents are called, are used to the constant presence of princes of the church and movers and shakers in the world.

The NAC was established in 1859, back in the reign of Pius IX, when a handful of students lodged in a modest building near the Trevi Fountain. Since the 1950s it has been situated on the Janiculum Hill where it enjoys a commanding view of St Peter’s Basilica and the Vatican, looking in one direction, and a spectacular panorama of the entire city of Rome, facing the other way.

The “new” place was purposely designed big and brash (built in the blocky Fascist architecture) to show the Holy See and the rest of the Catholic world that the young American Church had money and could hold its own.

“It’s not home, but it’s much,” we used to say.

Early on it became known as the place that prepared future bishops for the United States by equipping its episcopal leaders with a Roman pedigree. In fact, from the earliest part of the last century up to 1974 even the rector was almost always a bishop. The last in that line was the late James Hickey (1969-1974) who would go on to become the cardinal archbishop of Washington.

A number of today’s current U.S. bishops — including Cardinals Raymond Burke, James Harvey, Daniel DiNardo and Timothy Dolan — were at the NAC at some point during his five years as rector. But the Hickey Boys, as they were known, almost became the last generation of this bishop factory.

Over the next sixteen years (1974-1990) a succession of three rectors — Msgrs. Harold Darcy, Charlie Murphy and Larry Purcell — tried to prepare the students with the servant-leadership model that was in vogue after Vatican II. They added pastoral training and ministry programs and, with a less regimented community atmosphere, appealed to the maturity and responsibility of the students to cooperate with their efforts.

But by the early 1980s something changed. A new generation of more conservative U.S. bishops increasingly began sending seminarians to NAC who self-identified as being conservative or traditional. Emboldened by their bishops, they were unabashedly critical of the college’s “liberal” faculty.

Years later a student at the college described these as the “lax years” when he discovered that I was an alumnus.

Seminary is a time for discernment and, on the face of it, Msgr. Purcell and his formation team were hired by the U.S. bishops to help us discern, and perhaps even make a judgment, about whether or not we were truly called to priesthood. But it became clear that there were those forceful bishops who sent students to NAC already determined to ordain them no matter what the formation staff said.

A major shift occurred at the college in 1990 and the stars began to align again when Msgr. Edwin O’Brien of New York was appointed rector. A favored son of Cardinal John O’Connor, he immediately tightened up discipline and the seminary dress code. Those who have described NAC as the West Point of U.S. Catholic seminaries take their cue from the now-Cardinal O’Brien, currently the Rome-based Patron of the Knights of the Holy Sepulcher.

Known for insisting that his seminarians keep their shoes shined, hair neatly combed and shirts pressed, he actively courted wealthy Catholics to help fund the college. Among other initiatives he began what has become the annual Rector’s Dinner, a gala evening to entertain the benefactors and wine and dine U.S. bishops and Vatican cardinals.

The 24th edition of the dinner took place this past Thursday and “donations” started at $450 per plate.The top brass of the U.S. hierarchy was there, including the soon to be retiring apostolic nuncio to Washington, Archbishop Carlo Mario Viganò.

The enrollment at the start of his academic year was 252 students, an all-time record. That’s about a hundred more residents than in the 1980s. Cardinal Dolan can be credited with initiatives to drive up the numbers. During his years as rector the mantra, “200 for 2000,” was part of a campaign to increase the college’s population to two hundred seminarians for the year of the Great Jubilee. It didn’t happen then, but the college is filled to overflowing now.

This, too, has been part of an effort by the U.S. bishops to convince their Vatican minders that priestly vocations in America are dramatically on the rise — which is patently false. In reality, the more powerful leaders in the American hierarchy encourage bishops to send more students to Rome, depleting other seminaries even to the point that some of them — like American College in Louvain, Belgium, which was founded before NAC — have been forced to close or merge.

Msgr. James Checchio, who was rector from 2005 until this past January, has overseen this period of unparalleled enrollment. The New Jersey native, who will be ordained Bishop of Metuchen next month, also carried out the construction of a 10-floor tower that has added another 36,000 square feet of space for classrooms, chapels and lounges to the NAC expanse. It was finished in only 18 months, a miracle in a country where it’s notoriously complicated to get the various construction permits. And the project reportedly cost only $7 million or so, which was paid by a generous benefactor.

Bad institutions can sometimes do great harm to good people. And it’s hard to see how places like NAC are preparing future priests to have the “smell of the sheep” or helping them embrace Pope Francis’ dream of “a poor Church for the poor.

[Robert Mickens is editor-in-chief of Global Pulse. Since 1986, he has lived in Rome, where he studied theology at the Pontifical Gregorian University before working 11 years at Vatican Radio and then another decade as correspondent for The Tablet of London.]

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