Loiola XXI

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La doctrina de la iglesia y los nuevos tiempos. El Papa

En las palabras de Francisco al Congreso por los 25 años del Catecismo, la clave para leer también el actual debate sobre “Amoris laetitia”
AP

Francisco al Congreso por los 25 años del Catecismo

Pubblicato il 11/10/2017
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

El tema que el Papa Francisco quiso subrayar en su discurso para el encuentro promovido por el dicasterio para la Nueva Evangelización fue el de la pena de muerte y de la necesidad de ampliar en el Catecismo el espacio que se le dedica. Era natural que este argumento llamara la atención de los medios de comunicación, considerando su actualidad. Pero el discurso del Pontífice también sirvió para insistir en que la doctrina y la Tradición se pueden conservar verdaderamente y heredar solamente haciendo que progresen. Consideraciones basadas en los Padres de la Iglesia y en los Concilios, que ayudan a enmarcar incluso el debate sobre los otros temas en discusión en los que se cita la fidelidad a la doctrina.

 

Francisco citó, antes que nada, la frase célebre de San Juan XXIII, quien, inaugurando el Concilio Vaticano II, el 11 de octubre de 1962, dijo que es necesario que la Iglesia no se aleje «del sacro patrimonio de las verdades recibidas por los padres; pero al mismo tiempo debe ver también el presente, las nuevas condiciones y formas de vida que han abierto caminos al apostolado católico». «Nuestro deber —continuaba el Papa de Bérgamo— no es solamente custodiar este tesoro precioso, como si nos preocupáramos únicamente por la antigüedad, sino dedicarnos con solícita voluntad y sin temor a esa obra que nuestra edad exige, prosiguiendo así el camino que la Iglesia hace desde hace casi veinte siglos».

 

El Papa Bergoglio explicó que «custodiar» y «progresar» es «lo que compete a la Iglesia por su misma naturaleza, para que la verdad impresa en el anuncio del Evangelio por parte de Jesús pueda alcanzar su plenitud hasta el fin de los siglos». El mismo san Juan Pablo II, al presentar el nuevo Catecismo de la Iglesia católica, sostenía que « tener en cuenta las explicitaciones de la doctrina que en el curso de los tiempos el Espíritu Santo ha sugerido a la Iglesia. Es necesario, además, que ayude a iluminar con la luz de la fe las situaciones nuevas y los problemas que en el pasado todavía no habían surgido». Los desafíos del presente no son los de hace un siglo y ni siquiera los de hace treinta años. Por ello se celebran Concilios y Sínodos, y por ello se celebraron dos asambleas de los obispos para discutir sobre el matrimonio y la familia, en contextos sociales que cambian a una velocidad sostenida.

 

«No es suficiente —explicó Francisco— encontrar un lenguaje nuevo para decir la fe de siempre; es necesario y urgente que, ante los nuevos desafíos y perspectivas que se abren para la humanidad, la Iglesia pueda expresar las novedades del Evangelio de Cristo que, aún estando encerradas en la Palabra de Dios, todavía no han salido a la luz. Es ese tesoro de “cosas antiguas y nuevas” del que hablaba Jesús, cuando invitaba a sus discípulos a enseñar lo nuevo que él traía sin descuidar lo antiguo». Después de haber recordado, retomando uno de los textos del Catecismo Romano al que dio valor el nuevo Catecismo, que afirma que «toda la sustancia de la doctrina y de la enseñanza debe orientarse a la caridad que nunca tendrá fin. De hecho, ya se expongan las verdades de la fe o los motivos de la esperanza o los deberes de la actividad moral, siempre y en todo hay que dar relieve al amor de Nuestro Señor», el Papa Francisco volvió a hablar sobre la Tradición como «una realidad viva».

 

«Solo una visión parcial —expresó Francisco— puede pensar en el “depósito de la fe” como una cosa estática. ¡La Palabra de Dios no puede ser conservada en naftalina como si se tratara de una vieja manta que hay que proteger contra los parásitos! No. La Palabra de Dios es una realidad dinámica, siempre viva que progresa y crece porque tiende a un cumplimiento que los hombres no pueden detener». El Papa insistió en la «afortunada fórmula» de san Vincenzo de Lérins: “annis consolidetur, dilatetur tempore, sublimetur aetate”, es decir que también el dogma de la religión cristiana «progresa, consolidándose con los años, desarrollándose con el tiempo, sublimándose con la edad». Una fórmula, afirmó Francisco, que pertenece ! a la peculiar condición de la verdad revelada en su ser transmitida por la Iglesia, y no significa para nada un cambio de doctrina».

 

Entonces, «no se puede conservar la doctrina sin hacer que progrese, ni se la puede atar a una lectura rígida e inmutable, sin humillar la acción del Espíritu Santo. “Dios, que muchas veces y en diferentes maneras en los tiempos antiguos habló a los padres”, “no cesa de hablar con la Esposa de su Hijo”. Esta voz estamos llamados a hacer nuestra con una actitud de “religiosa escucha”, para permitir que nuestra existencia eclesial progrese con el mismo entusiasmo del inicio, hacia nuevos horizontes que el Señor pretende hacer que alcancemos».

 

Con respecto a los cambios significativos que indican que la doctrina debe considerar «también el presente, las nuevas condiciones», como afirmaba el Papa Roncalli, se puede recordar el gran salto que representó la «Familiaris consortio» de Juan Pablo II. En esa exhortación post-sinodal, Wojtyla dejó muy clara la existencia de circunstancias atenuantes: «Sepan los pastores que, por amor de la verdad, están obligados a discernir bien las situaciones. Hay, efectivamente, diferencia entre cuantos sinceramente se han esforzado por salvar el primer matrimonio y han sido abandonados completa e injustamente, y cuantos por su grave culpa han destruido un matrimonio canónicamente válido. Están, para concluir, aquellos que han contraído una segunda unión en vista de la educación de los hijos y, a veces, están subjetivamente seguros, en consciencia, de que el matrimonio anterior, irreparablemente destruido, nunca había sido válido».

 

Y afirmaba, rompiendo con una tradición secular, que los divorciados en segunda unión, que por diferentes motivos no podían volver a los respectivos matrimonios ya fracasados, podían acceder a los sacramentos si se comprometían a vivir como hermano y hermana, es decir absteniéndose de tener relaciones sexuales. Esta decisión, en aquel momento, representaba una importante novedad. Los divorciados que se habían vuelto a casar y que estuvieran dispuestos a vivir como hermano y hermana (circunstancia que, obviamente, se relaciona con su intimidad y no se encuentra escrita en los documentos de identidad ni otras identificaciones), podían no solo ser acogidos en la comunidad cristiana, sino también participar en la Eucaristía.

 

Algunos años más tarde, en la carta al cardenal Penitenciero Mayor William Wakefield Baum (22 de marzo de 1996), el Papa Wojtyla afirmó: «Conviene, además, recordar que una cosa es la existencia del sincera proposición y otra cosa es el juicio de la inteligencia sobre el futuro: es, efectivamente, posible que, incluso en la lealtad del propósito de no pecar, la experiencia del pasado y la consciencia de la actual debilidad despierten el temor de nuevas caídas; pero ello no perjudica la autenticidad del propósito, cuando a ese temor se haya unido la voluntad, sostenida por la oración, de hacer lo que es posible para evitar la culpa». Un año más tarde, en el «vademecum» para los confesores en materia de moral familiar, redactado por el cardenal Alfonso López Trujillo, se leía que volver a caer en los «pecados de contracepción no es en sí mismo motivo para negar la absolución; esta no se puede impartir si faltan el suficiente arrepentimiento o el propósito de no volver a caer en el pecado».

 

Una reflexión más detallada y calmada sobre la historia de la Iglesia y sobre la teología ayudaría a comprender, por ejemplo, que es tradicional enseñanza de «Amoris laetitia» cuando afirma que en la evaluación de la culpa puede haber atenuantes. En el capítulo 8 de la exhortación que es fruto de dos Sínodos, el Papa, siguiendo el camino de esta tradición, concedió espacio a la posibilidad (sin caer en la casuística y sin permisivismo o «luz verde» indiscriminada) de que en algún caso los divorciados que están en segunda unión (que no logren vivir como hermano y hermana, pero que se den cuenta de su condición y comiencen un camino) puedan acceder incluso a los sacramentos, después de un periodo de discernimiento en compañía de un sacerdote. Como, por lo demás, sucedía en el pasado en algunos casos con la relación con el confesor.

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Amoris laetitia y la doctrina de Juan Pablo II

Schönborn: “Amoris laetitia” está en línea con el Catecismo de Wojtyla

El cardenal arzobispo de Viena fue el secretario de redacción del texto que aprobó Juan Pablo II hace exactamente 25 años

Christoph Schönborn, arzobispo de Viena, presentando “Amoris laetitia”

Pubblicato il 11/10/2017
Ultima modifica il 11/10/2017 alle ore 14:26
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

Con su exhortación apostólica sobre la familia “Amoris laetitia”, «el Papa Francisco está completamente en línea con el Catecismo». Lo afirma el cardenal Christoph Schönborn, arzobispo de Viena y figura clave de los dos sínodos sobre la familia (2014-2015), en pasaje de una entrevista con “Kathpress”, en ocasión de los 25 años de la aprobación del Catecismo de la Iglesia católica por parte de Juan Pablo II (el 11 de octubre de 1992), texto en el que el puprurado participó como «secretario de redacción».

 

Schönborn, a quien el Papa se ha referido en varias ocasiones como punto de referencia teológico sobre “Amoris laetitia” y que intervino para comentar las dudas (“dubia” en latín) presentadas por cuatro cardenales a la exhortación del Papa sobre la familia, respondió a una pregunta sobre los desarrollos que se han verificado durante los últimos 25 años, mediante, por ejemplo, los dos sínodos sobre la familia, sobre el redescubrimiento del «Dios misericordioso» y, precisamente, sobre la “Amoris laetitia”.

 

«Vale la pena recordar –afirmó Schönborn– que la tercera parte del Catecismo, que se ocupa sobre la moral, ofrece exactamente los presupuestos que el Papa Francisco hace valer en la “Amoris laetitia”: él cita en varias ocasiones el Catecismo, la sección del Catecismo sobre la moral, en la que, al lado de la clara formulación de las normas, se dirige la mirada a la vida de la persona, a la naturaleza condicionada del comportamiento humano, a la libertad de la persona, a la responsabilidad de la persona. Ha sido un gran paso que el Catecismo haya dedicado acaso una atención más fuerte al sujeto que actúa concretamente, a la persona en acción, y no solo a la objetividad de las normas. Creo que el debate sobre “Amoris laetitia” sería mucho más pacífico si los críticos de “Amoris laetitia” estudiaran profundamente la moral fundamental del Catecismo, que es totalmente orientada por Santo Tomás de Aquino: es decir que cada acción moral sucede en una historia, en la historia de una persona concreta, con las especificidades, las posibilidades, las premisas, las circunstancias de vida, los límites y las posibilidades de la propia libertad. Verla de cerca y hacerla visible es perceptible como espacio vital concreto en el que se debe cumplir el ideal concreto del matrimonio cristiano: esta, creo, es la importante aportación de “Amoris laetitia”, que se basa completamente en la primera sección de la tercera parte del Catecismo que se ocupa de las condiciones de las acciones humanas. Sugiero vivamente –concluyó el arzobispo de Viena– leer esta parte del Catecismo como introducción de la “Amoris laetitia”. De esta manera se comprenderá rápidamente que el Papa Francisco está absolutamente en línea con el Catecismo».

 

En la entrevista con “Kathpress” Schönborn que queja un poco de que en el mundo germanófono persistan antiguos prejuicios alrededor del Catecismo. Es un texto, afirmó, que «a menudo (gracias a Dios no por todas partes) es visto un poco de arriba a abajo. Con un poco de ironía y con un antiguo y repetido prejuicio según el cual sería preconciliar. Pero la idea misma del Catecismo no es una idea preconciliar. Estamos en el año de Lutero. El gran éxito de Lutero fue precisamente el “Pequeño Catecismo” y también el “Gran Catecismo”. La idea genial de Lutero fue la de resumir la fe en breves declaraciones y después presentarla en un Catecismo más grande para los que debían transmitir la fe con mayor elaboración. Pero por qué en el mundo alemán el Catecismo ya no sea recibido, para mí sigue siendo uno de los “Mysteria”, los secretos que no puedo explicar y que me duelen».


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Polémica en torno al Papa

“El problema no es Francisco sino sus predecesores”

Los seguidores del Abad de Nantes, quien acusó a Pablo VI y Juan Pablo II de “herejes”, rechazan la “corrección filial” contra Francisco y aseguran seguir “con benevolencia filial” las “homilías tan católicas del Papa”

El Papa Francisco

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Pubblicato il 10/10/2017
Ultima modifica il 10/10/2017 alle ore 07:53
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

“Nuestra comunidad recusa la carta escrita en contra del Papa. Él sigue fielmente a sus predecesores. El problema no es Francisco, sino el Concilio Vaticano II”. Con estas palabras, los seguidores de Georges de Nantes tomaron distancia de la “corrección filial” que acaba de acusar al pontífice argentino de “propagar herejías”. Una aclaración por demás significativa, tomando en cuenta que ese Abad francés fue el responsable de denunciar por “herejía, cisma y escándalo” primero a Pablo VI, en 1973, y luego a Juan Pablo II, 10 años después. Pero sus sucesores no condenan al actual pontífice, al cual llamaron ya “el dulce y humilde Jorge Mario Bergoglio”.

 

El padre Jorge de Nantes (1924-2010), como se le conoce en español, es el fundador del movimiento Contrareforma Católica. También de la Orden de los Hermanitos del Sagrado Corazón, iniciada en 1958 bajo la tutela de monseñor Le Couëdic, obispo de Troyes en Francia. Filósofo y teólogo prolífico, es recordado por sus “Liber Accusationis”, tres gruesos libros en los cuales denunció no solo a los mencionados Papas sino también al “autor” del Catecismo de la Iglesia Católica, “catecismo de orgullo, catequesis de impostores”.

 

Tras la publicación (el 24 de septiembre pasado) de la “correctio filialis”, un documento que atribuye al Papa Francisco la propagación de siete supuestas declaraciones contra la doctrina de la Iglesia, volvieron al recuerdo las múltiples acusaciones de herejía lanzadas contra sus predecesores en diversos momentos. Algunas de ellas fueron incluidas en un artículo del Vatican Insider.

 

El texto provocó una puntual respuesta. Con una carta en español fray Juan Pablo de Guadalupe, un mexicano miembro de los Hermanitos del Sagrado Corazón, hizo dos precisiones a nombre de la órden. En la primera aclaró que “el padre de Nantes nunca fue sedevacantista” porque, de haberlo sido, “no hubiera considerado necesario acusar a dos Papas”, directamente no los hubiese reconocido como tales.

 

En segundo término reveló otro detalle: en 1968, a petición del propio Abad, la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano revisó todos sus escritos durante un año. Al final de proceso, él “compareció ante tres jueces romanos que lo interrogaron durante doce sesiones”. “Al cabo de esto, el Santo Oficio no encontró ningún error en los escritos de nuestro padre fundador, mas de manera arbitraria se le pidió una sumisión ciega al conjunto del episcopado francés y que retirara todas sus acusaciones contra el soberano pontífice”, indicó el fraile.

 

Y agregó: “Entiendo que las acusaciones de nuestro fundador lo escandalicen, pero si no hay error en ellas, ¿acaso no es más escandaloso que el Pastor supremo de la Iglesia prediqué cosas contrarias a la fe? Pero si nuestro fundador está en el error, ¿por qué no condenarlo para el bien de las almas? Ese es el dilema que Roma, en contra de su deber, nunca quiso resolver”.

 

Empero, y aquí lo interesante, al mismo tiempo Juan Pablo de Guadalupe quiso destacar con énfasis la “gran diferencia” entre el Abad de Nantes, quien “dijo las cosas claras” y tuvo “el valor de pedir que sea Roma la que juzgue donde está la verdad”, y “un artículo -aún firmado difundido por el mundo entero en que se juzga que el Papa es herético, sin siquiera haber presentado su recurso ante la Congregación por la Doctrina de la Fe”.

 

Estas últimas palabras fueron dirigidas a la forma y el contenido de la “correctio filialis” contra Francisco, firmada -hasta ahora- por 235 personas, la mayoría de ellos estudiosos, sacerdotes o simples fieles. Con ellas, de manera indirecta, el fraile evidenció las lagunas canónicas tanto en el método como en el fondo de la corrección.

 

Más adelante, en la misma carta, agregó otro detalle de interés: consignó la mirada que tiene el sucesor del Abad de Nantes y actual superior de los Hermanitos del Sagrado Corazón, fray Bruno Bonnet-Eymard, sobre el pontífice argentino. Dejó constancia de “la benevolencia filial con que él ha seguido la mayoría de las homilías tan católicas de Francisco”.

 

Esa benevolencia, insistió, es “la razón por la cual nuestra comunidad recusa la carta escrita en contra del Papa, porque éste no hace más que seguir filialmente lo que han hecho sus predecesores. El problema no es el Papa Francisco sino sus predecesores y el Concilio Vaticano II”.

 

Un aprecio por Bergoglio entre los seguidores del abad francés se manifestó ya el 18 de abril de 20l3 en boca del propio superior, fray Bruno de Jesús María, durante una conferencia en París que llevó un título elocuente: “El santo que Dios nos ha dado”.

 

Unos 10 años antes, el mismo fraile había hablado del entonces arzobispo de Buenos Aires en un largo artículo publicado en el número 6 de la revista “¡Resucitó!” (enero 2003). Bajo la sugestiva cabeza “Dulce y humilde anticipación: ¿Hacia un nuevo San Pío X?”, el autor citó casi por completo otra nota, publicada en la revista italiana “L’Espresso” en su número 49 del 28 de noviembre de 2002.

 

Todavía faltaban tres años para la muerte de Juan Pablo II y el Cónclave en el cual fue elegido Benedicto XVI, en el cual Bergoglio fue protagonista. Pero ya entonces, el vaticanista Sandro Magister (citado por fray Bruno) escribió: “A mitad de noviembre lo querían elegir presidente de los obispos de Argentina. Pero rechazó. Pero si hubiese un Cónclave, le sería dificilísimo rechazar la elección como Papa. Porque es a él a quienes los cardenales votarían en cascada, si fuesen llamados a elegir de hoy para mañana al sucesor de Juan Pablo II. Él es Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires”.

 

El superior reforzó su punto citando una entrevista del propio Magister al diario argentino La Nación del 4 de diciembre de 2002. En ella, el periodista italiano destacaba que “Bergoglio no es Karol Wojtyla” y remarcaba el deseo de los cardenales de entonces por marcar una diferencia con el largo pontificado de Juan Pablo II con la elección de su sucesor.

 

Así lo resumió: “Piden uno que no sea desmedidamente mediático, uno con un estilo más sobrio, más interior. El Colegio Cardenalicio no es propenso a pedir al Papa que sea un gran actor; lo que sale del discurso en el Sínodo del año 2001, dedicado a la figura del obispo. Ahí son relevantes los desafíos de la Iglesia futura, y cómo deberá ser el próximo Papa: un Papa que predicará la cruz y volverá a lo esencial del evangelio. Es evidente que Bergoglio expresa exactamente esta exigencia de regreso al evangelio, de sobriedad con la cual la Iglesia debe afrontar sus luchas mostrando su profundo ser”.


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El Prof. Buttiglione responde a los que acusan de herejías al Papa

“¿La «correctio»? El método no es correcto: no discuten, condenan”

El filósofo Buttiglione responde y desmonta una por una las siete acusaciones de herejía que han dirigido a Francisco: «Si se sacan consecuencias lógicas de sus afirmaciones, incluso los críticos admiten que en algunos casos los divorciados pueden estar exentos de culpa grave y, por lo tanto, recibir la comunión»

El filósofo Rocco Buttiglione

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Pubblicato il 03/10/2017
Ultima modifica il 03/10/2017 alle ore 20:23
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

«Juzgan y condenan». Y sobre todo utilizan un «método incorrecto». El filósofo Rocco Buttiglione, profundo conocedor del pensamiento de Juan Pablo II, en esta larga entrevista con Vatican Insider desmenuza (discutiéndolas) todas las acusaciones de herejía que los firmantes de la «correctio filialis» han dirigido al actual Pontífice.

 

¿Qué piensa sobre la «correctio filialis» enviada al Papa y sobre el grupo de estudiosos que hace afirmaciones tan duras sobre el sucesor de Pedro?

 

Jesús no escribió un manual de metafísica y mucho menos de teología. Se encomendó a un grupo de hombres y después a uno, Pedro. Les prometió la asistencia del Espíritu Santo. Aquí, un grupo de hombres se erigen en jueces por encima del Papa. No exponen objeciones, no discuten. Juzgan y condenan. ¿Quién les autorizó a constituirse en jueces por encima del Papa?

 

Después de su publicación, algunos de los que firmaron el documento afirmaron que nunca habían dicho que el Papa fuera un hereje. ¿Se deduce esto al leer el texto?

 

Leamos el texto: “nos vemos obligados a dirigir una corrección a Su Santidad, a causa de la propagación de herejías ocasionada por la Exhortación apostólica «Amoris laetitia» y por otras palabras, hechos y omisiones de Su Santidad”. Si esta no es una acusación de herejía, yo no sé qué es. Los que firmaron el documento que dicen que nunca afirmaron que el Papa fuera un hereje no leyeron el texto que firmaron.

 

Antes de entrar detalladamente en las 7 «herejías», me gustaría detenerme sobre el lenguaje utilizado: se hacen afirmaciones («propositiones») dando a entender que el Papa las escribió, dijo o sostuvo: en realidad ninguna de ellas ha sido afirmada por Francisco. ¿Es correcto el método?

 

No, no es un método correcto. Las proposiciones no resumen correctamente el pensamiento del Papa. Pongamos un ejemplo: en la segunda proposición atribuyen al Papa la afirmación de que los divorciados que se han vuelto a casar y que permanecen en ese estado «con absoluta advertencia y deliberado consenso» están en la gracia de Dios. El Papa dice otra cosa: en algunos casos un divorciado que se ha vuelto a casar y permanece en tal estado sin plena advertencia y deliberado consenso puede estar en la gracia de Dios.

 

¿Por qué es tan significativo este ejemplo?

 

Los críticos comienzan sosteniendo que en ningún caso un divorciado que se ha vuelto a casar puede estar en la gracia de Dios. Y luego algunos (yo, por ejemplo) les han recordado que para tener un pecado mortal es necesaria no solo una materia grave (y el adulterio es ciertamente materia grave de pecado), sino también de plena advertencia y deliberado consenso. Ahora parece que se echan para atrás: incluso ellos han comprendido que en algunos casos el divorciado que se ha vuelto a casar puede estar exento de culpa debido a atenuantes subjetivos (la falta de la plena advertencia y del deliberato consenso). ¿Qué hacen para encubrir la retirada? Le atribuyen al Papa la afirmación de que el divorciado que se ha vuelto a casar que permanezca en su situación con plena advertencia y deliberado consenso sigue estando en estado de gracia. Esta falsificación de la postura del Papa, a la que se ven obligados, indica cuán desesperada es su situación desde el punto de vista lógico. Admiten implícitamente que hay algunas situaciones en las que el divorciado que se ha vuelto a casar puede recibir la Comunión, pero toda la revuelta contra «Amoris laetitia» nació de un rechazo visceral frente a esta posibilidad.

 

La Iglesia, cuando condenaba proposiciones juzgadas heréticas, siempre era muy precisa en establecer qué se hubiera dicho y las intenciones de aquel que lo había dicho. En este caso no ha sido así…

 

A los correctores les gusta convertirse en un Nuevo Santo Oficio, pero evidentemente no conocen los procedimientos…

 

Hablando sobre las 7 «herejías» atribuidas al Pontífice, se ve que giran alrededor del punto de la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar. ¿Son fundadas en su opinión?

 

La primera corrección atribuye al Papa la afirmación de que la gracia no es suficiente para permitirle al hombre evitar todos los pecados. El Papa dice, con toda evidencia, muy otra cosa: la cooperación del hombre con la gracia a menudo es insuficiente y parcial. Por ello no logra evitar todos los pecados. La cooperación con la gracia, además, se desarrolla en el tiempo. Cuando el hombre comienza a moverse hacia la salvación lleva consigo una carga de pecados de los que se liberará poco a poco. Por ello una persona que no logra llevar a cabo por completo las obras de la ley puede estar en la gracia de Dios. Es la noción del pecado venial.

 

De la segunda ya hemos hablado. Vayamos a la tercera…

 

La tercera corrección atribuye al Papa la afirmación de que se puede conocer el mandamiento de Dios y violarlo y, a pesar de ello, permanecer en la gracia de Dios. También en este punto el Papa dice, con toda evidencia, otra cosa: es posible conocer las palabras del mandamiento y no comprenderlas o reconocerlas en su verdadero significado. El cardenal Newman distinguía entre comprender la noción (he comprendido el sentido verbal de una proposición) y la comprensión real (he comprendido qué significa para mi vida). Algo semejante dice también Santo Tomás, cuando habla del error en buena fe.

 

La cuarta censura atribuye al Papa la afirmación de que se puede cometer un pecado obedeciendo a la voluntad de Dios.

 

Probablemente quien haya redactado la censura tenía en mente un pasaje de «Amoris laetitia» en el que el Papa dice que cuando una pareja de divorciados que se han vuelto a casar decide vivir junta como hermano y hermana (es decir actuando según la ley del Señor) se puede dar que acaben teniendo relaciones sexuales con terceras personas y destruyendo el nido que habían creado y en el que sus hijos encontraban el ambiente adecuado para su crecimiento y su madurez humana. El Papa no saca conclusiones de esta afirmación empírica. Pero, si se quieren sacar conclusiones, hay que tener mucha malicia para llegar a la conclusión propuesta por los censores. La conclusión más obvia es: que el confesor recomiende a la pareja interrumpir las relaciones sexuales y que tome seriamente en consideración su temor de no poder hacerlo y pasar de un pecado (el adulterio) a un pecado mayor (el adulterio más la traición de la segunda relación). El confesor debe acompañar a la pareja hasta que su maduración interior les permita dar el paso que pide la ley moral.

 

La quinta proposición atribuye al Papa la afirmación de que los actos sexuales de los divorciados que se han vuelto a casar entre ellos pueden ser buenos y no ser desagradables ante los ojos de Dios.

 

Aquí probablemente el aterro tenía en mente un pasaje de «Amoris laetitia» en el que el Papa dice que «esa conciencia puede reconocer no sólo que una situación no responde objetivamente a la propuesta general del Evangelio. También puede reconocer con sinceridad y honestidad aquello que, por ahora, es la respuesta generosa que se puede ofrecer a Dios, y descubrir con cierta seguridad moral que esa es la entrega que Dios mismo está reclamando en medio de la complejidad concreta de los límites, aunque todavía no sea plenamente el ideal objetivo. De todos modos, recordemos que este discernimiento es dinámico y debe permanecer siempre abierto a nuevas etapas de crecimiento y a nuevas decisiones que permitan realizar el ideal de manera más plena». El Papa no dice que Dios está contento porque los divorciados que se han vuelto a casar sigan teniendo relaciones sexuales entre sí. La conciencia reconoce que no está alineada a la ley. Pero la conciencia también sabe que ha comenzado un camino de conversión. Uno va a la cama con una mujer que no es su esposa, pero ha dejado de drogarse y de ir con prostitutas, ha encontrado un trabajo y cuida a sus hijos. Tiene el derecho de pensar que Dios está contento de él, por lo menos en parte (Santo Tomás diría: «secundum quid»). Dios no está contento por los pecados que sigue cometiendo. Está contento por las virtudes que comienza a practicar y, naturalmente, espera que en el futuro dé nuevos pasos hacia adelante.

 

¿Puede ofrecer otro ejemplo de esta situación?

 

Imaginemos a un padre que tiene un hijo enfermo y el niño mejora. Todavía tiene fiebre, pero ha dado de vomitar, logra mantener en el estómago lo que come, ha comenzado un tratamiento que parece funcionar. ¿El padre está contento porque su hijo está enfermo? No, está contento porque su hijo tiene síntomas de mejoría y de curación. Pensemos por un momento en la viuda del Evangelio que ofrece al tesoro del Templo dos pequeñas monedas de cobre. Jesús comenta: esta mujer ha dado mucho más que los ricos y potentes, incluso si han derramado toneladas de monedas de oro y plata. Esos dieron lo superfluo, ella dio todo lo que tenía. De la misma manera Dios tal vez se alegre más por un paso incierto hacia el bien de una persona que nació en una familia dividida, que fue bautizado pero nunca verdaderamente evangelizado, que nunca ha tenido frente a sus ojos un ejemplo de amor entre un hombre y una mujer, que ha crecido dentro de la ideología dominante según la cual el sexo es real y el amor no existe, que por el paso de una persona que observa plenamente la ley pero  tuvo buenos padres, buenos ejemplos, buenos maestros, un buen párroco y (tal vez lo más importante de todo) una buena esposa.

 

Vayamos a la sexta censura, en la que se afirma que el Papa dijo que no existen actos intrínsecamente malos, sino que, según las circunstancias, cada acto humano puede ser bueno o malo.

 

Aquí se quiere aplanar el pensamiento del Papa sobre la llamada «ética de la situación». Una vez más, «Amoris laetitia» dice otra cosas, absolutamente tradicionales, que hemos estudiado desde niños en el catequismo de la Iglesia católica, no solo en el nuevo de san Juan Pablo II, sino también en el viejo de san Pío X. Para tener un pecado mortal se necesitan tres condiciones: la materia grave (el adulterio siempre es, y sin excepciones, materia grave de pecado), la plena advertencia (debo saber que lo que estoy haciendo está mal) y el deliberado consenso (debo elegir libremente hacer lo que estoy haciendo). Si falta la plena advertencia y el deliberado consenso, un pecado mortal puede pasar de mortal a venial. La acción siempre es equivocada, pero el sujeto que la lleva a cabo no siempre tiene toda la responsabilidad. Es como en el derecho penal: el homicidio es un delito grave. Pero la pena puede ser muy diferente: tú manejas respetando todas las reglas y un borracho se te arroja mientras pasas. Tal vez serás absuelto o te darán una pequeña pena. Tú no respetas las reglas del código, manejas borracho y matas a un pobrecito que estaba pasando por allí. Tendrás una condena severa. Usas el coche como un arma para matar a una persona que odias. Te mereces la cadena perpetua.

 

La séptima y última «corrección filial» en el documento dice que el Papa es hereje porque se le acusa de querer dar la comunión a los divorciados que «no expresen ninguna contrición, ni el propósito firme de enmendarse de su actual estado de vida».

 

El Papa quiere acompañar a los divorciados que tienen la contrición por su estado de vida y el firme propósito de enmendarse. No dice que hay que darles la comunión siempre y como sea, sino que hay que acompañarlos en la situación concreta en la que se encuentran y evaluar también su nivel de responsabilidad subjetiva. El punto de llegada del camino es (cuando la reconciliación con el verdadero cónyuge no sea posible) la renuncia a las relaciones sexuales. Pero en el camino hay muchas etapas. Puede haber casos en los que una persona pueda estar en la gracia de Dios debido a atenuantes subjetivos (falta de plena advertencia y deliberado consenso) incluso si continúa a tener relaciones sexuales con la propia pareja. Pensemos en una mujer que quisiera tomar esta decisión de castidad pero el hombre no lo quiere, y si ella se la impusiera él se sentiría traicionado y se iría, destruyendo el vínculo de amor en el que crecen los hijos. ¿Quién negaría las atenuantes subjetivas a una mujer que siguiera teniendo relaciones sexuales con su hombre mientras, por otra parte, persevera en su intento de convencerlo de que se acerque a la castidad? En la disciplina canónica que no admite a los divorciados que se han vuelto a casar en los sacramentos hay que distinguir dos elementos o, si se prefiere, dos diferentes razones. La primera es una razón que deriva de la teología moral. El adulterio es intrínsecamente malo y nunca puede ser justificado. Pero esto no impide que la persona pueda no ser completamente responsable por esa transgresión debido a circunstancias atenuantes subjetivas. Existe una imposibilidad absoluta de dar la comunión a quienes estén en pecado mortal ( y esta regla es de derecho Divino y, por lo tanto, inderogable), pero si, debido a la falta de plena advertencia y deliberado consenso, no hay pecado mortal, la comunión se puede dar, desde el punto de vista de la teología moral, incluso a un divorciado que se ha vuelto a casar.

 

También existe otra prohibición, no moral, sino jurídica. La convivencia extra-matrimonial contradice claramente la ley de Dios y genera escándalo. Para proteger la fe del pueblo y reforzar la conciencia de la indisolubilidad del matrimonio, la legítima autoridad puede decidir no dar la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar aunque no estén en pecado mortal. Pero esta regla es de derecho humano y la legítima autoridad puede permitir derogaciones por razones justas.

 

¿Le parece que los que firmaron la «correctio» tuvieron en cuenta las posibles circunstancias atenuantes?

 

Si comparamos este último documento con los anteriores, no es difícil ver las huellas de cierto embarazo. Los documentos anteriores ignoraban completamente el problema relativo a las circunstancias atenuantes. Ahora tratan de tomarlo en consideración. Y para hacerlo deben hacer finta de que no comprendieron lo que el Papa dijo verdaderamente. Una consecuencia mucho más importante es que, ahora, si se sacan consecuencias lógicas de sus afirmaciones, incluso los críticos admiten que en algunos casos los divorciados que se han vuelto a casar pueden estar exentos de la culpa grave debido a las atenuantes subjetivas y, por lo tanto, recibir la comunión. Pero este, desde el inicio, es el verdadero objeto de la contienda.

 

¿El objetivo de las críticas, en su opinión, son solamente algunas afirmaciones del actual Pontífice o el magisterio, más en general, de los últimos Papas y, en el fondo, de la Iglesia post-conciliar?

 

No conozco a todos los que firmaron la «correctio». Entre los que conozco yo hay algunos lefebvrianos. Estaban en contra del Concilio, en contra de Pablo VI, en contra de Juan Pablo II, contra Benedicto XVI y ahora contra el Papa Francisco. Otros tienen que ver con el movimiento “Tradição, Familia, Propriedade”, que en su momento sostuvo al régimen militar en Brasil. Algunos afirman públicamente que la desviación de la Iglesia comienza con León XIII y la encíclica “Au milieu des sollicitudes”, que habría traicionado la alianza entre el trono y el altar, renunciando al principio del derecho divino de los reyes… Tratan de aislar al Papa Francisco, comparándolo con sus predecesores, pero estos adversarios también son adversarios de sus predecesores. No veo que haya entre los firmantes muchos cardenales (es más, no veo ninguno), no veo muchos obispos (uno solo, de 94 años), no veo muchos profesores ordinarios de teología o de filosofía (pero está Antonio Livi, a quien estimo tanto).

 

No hay duda de que el documento ha tenido un gran eco en los medios de comunicación…

 

Veo una campaña de opinión muy bien orquestada para dar la impresión de una «revuelta de los expertos», tan expertos que se pueden permitir dar lecciones al Papa. Claramente no es así. Permítaseme expresar una preocupación. Tengo la impresión de que algunos piensan que la Iglesia existe para defender una Tradición de la precede, que se opone a cualquier cambio histórico y que no es la Tradición cristiana. Los sabios, que son el depósito de esta Tradición increpada y eterna, tienen el derecho de juzgar también a la Iglesia, cuando falte a su tarea de combatir la modernidad. Un pensamiento de este tipo se presentó con fuerza en la “Action Françaiseˮ condenada por Pío XI. Siguiendo un razonamiento de este tipo, René Guenon pasó del catolicismo al islam, convencido de que ofrecía una defensa más eficaz de la Tradición contra la modernidad.


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Nuevas críticas al Papa.

El banquero Gotti Tedeschi (y otros 61) acusa al Papa de 7 herejías

Publican la anunciada «corrección formal» de «Amoris laetitia»: ninguno de los cardenales u obispos en comunión con Roma la ha firmado. Entre los 62 firmantes destacan los nombres del ex presidente el IOR y de administradores de los blogs anti-Francisco
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“Amoris laetitia”

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Pubblicato il 24/09/2017
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Después de una serie de anuncios vía Twitter por parte de sitios tradicionalistas, gracias a la red de blogs, sitios y periódicos en línea vinculados con las facciones anti-Francisco, el 23 de septiembre de 2017 a media noche fue publicada la anunciada «corrección formal» al Papa Bergoglio por presuntos errores contenidos en la exhortación post-sinodal «Amoris laetitia». Pero, sorpresivamente, el documento, que según lo afirmado por quienes lo ha publicado habría sido entregado al Papa el 11 de agosto, no contiene las firmas de ningún cardenal: no aparecen el arzobispo emérito de Bosnia, Carlo Caffarra (que falleció el 6 de septiembre y que, a decir verdad, nunca se quiso referir a «corrección» al Papa) ni el purpurado estadounidense Raymond Leo Burke, el primero que usó la expresión aunque no tenga bases histórico-canónicas serias; tampoco aparece la firma del anciano purpurado alemán Walter Brandmüller. Y ninguno de los obispos en comunión con Roma firmó el documento, ni siquiera el auxiliar de Astana Athanasius Schneider, el más expuesto mediáticamente en las críticas contra el Pontífice. La única firma de un obispo es la del superior de la Fraternidad San Pío X, Bernard Fellay.

 

La «corrección formal» presentada en forma de «corrección filial», firmada por 62 personas (40 son los primeros firmantes, los demás se han añadido recientemente) fue dada a conocer al unísono en Estados Unidos por el sitio ultra-tradicionalista «Rorate caeli» y en Italia, por el blog de Sandro Magister, por la «Nuova Bussola Quotidiana» (dirigida por Riccardo Cascioli) y por el sitio «Corrispondenza Romana» (del profesor Roberto De Mattei, uno de los firmantes).

 

En el texto se afirma que «por medio de palabras, actos y omisiones y por medio de pasajes del documento “Amoris laetitia”, Su Santidad ha sostenido, directa o indirectamente (con cuál y cuánta conciencia no lo sabemos ni pretendemos juzgarlo), las siguientes proposiciones falsas y herejes, propagadas en la Iglesia tanto con el público oficio como con actos privados». Sigue el elenco de las presuntas 7 falsas afirmaciones que los firmantes deducen de su interpretación del documento papal y de otras afirmaciones del Pontífice.

 

«1. Una persona justificada no tiene la fuerza, con la gracia de Dios, para seguir las exigencias objetivas de la ley divina, como si cualquiera de los mandamientos de Dios fuera imposible para los justificados; o como significando que la gracia de Dios, cuando produce la justificación del individuo, no produce invariablemente, y de su propia naturaleza, la conversión de todo pecado grave, o no es suficiente para la conversión de todo pecado grave.»

 

«2. Los católicos que han obtenido el divorcio civil del cónyuge con el cual están válidamente casados y han contraído un matrimonio civil con alguna otra persona durante la vida de su cónyuge, y que viven more uxorio con su pareja civil, y que eligen permanecer en este estado con pleno conocimiento de la naturaleza de su acto y con pleno consentimiento de la voluntad del acto, no están necesariamente en un estado de pecado mortal, y pueden recibir la gracia santificante y crecer en la caridad.»

 

«3. Un creyente católico puede tener pleno conocimiento de una ley divina y elegir violarla voluntariamente en una materia grave, pero no estar en un estado de pecado mortal como resultado de este acto.»

 

«4. Una persona, mientras obedece una prohibición divina, puede pecar contra Dios por medio de este mismo acto de obediencia.»

 

«5. La conciencia puede juzgar verdadera y correctamente que los actos sexuales entre personas que han contraído un matrimonio civil entre sí, aunque uno, o ambos, esté sacramentalmente casado con otra persona, a veces pueden ser moralmente correctos o reclamados o incluso mandados por Dios.»

 

«6. Los principios morales y las verdades morales contenidos en la revelación divina y en la ley natural no incluyen prohibiciones que condenan absolutamente ciertos tipos de actos, porque son siempre gravemente ilícitos a causa de su objeto.»

 

«7. Nuestro Señor Jesucristo quiere que la Iglesia abandone su antiquísima disciplina de denegar la Eucaristía a los divorciados y nuevamente casados, y de denegar la absolución a los divorciados y nuevamente casados que no expresen ninguna contrición, ni el propósito firme de enmendarse de su actual estado de vida Dios.»

 

«Todas estas proposiciones —concluyen los firmantes— contradicen verdades que son divinamente reveladas, y que los católicos deben creer con el asentimiento de la fe divina […] Al enunciar estas siete proposiciones, no pretendemos dar una lista exhaustiva de todas las herejías y errores que un lector imparcial, intentando leer “Amoris laetitia” en su sentido natural y obvio, consideraría como afirmadas, sugeridas o favorecidas por este documento. Una carta enviada a todos los cardenales de la Iglesia y a los patriarcas orientales enumera 19 proposiciones como tales. Más bien, pretendemos listar las proposiciones que las palabras, hechos y omisiones de Su Santidad, tal como ya fueron descritas, han efectivamente apoyado y propagado, para grave e inminente peligro de las almas».

 

El documento y la lista de sus firmantes está en línea en un sitio traducido a siete lenguas: las 7 herejías formuladas en latín van acompañadas de otros materiales. La firma, por varias razones, más relevante pues es la que más tiene que ver con el mundo vaticano, es la del banquero italiano Ettore Gotti Tedeschi, que fue presidente del Instituto para las Obras de Religión (IOR), a quien corrieron en 2012. Además del nombre de Fellay, hay otras firmas de sacerdotes, estudiosos, periodistas y blogueros de diferentes naciones, directamente relacionados con el mundo lefebvriano, del tradicionalismo y de la derecha católica.