Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Colombia: Medellín 50 años después.

Concluye en Colombia el congreso “Medellín: 50 años después”

El evento académico que fue organizado por el Boston College y la Pontificia Universidad Javeriana; contó con la participación de varias ponencias de invitados especiales

Ciudad del Vaticano

Unos 25 teólogos entre obispos, cardenales y profesores se han reunido del 3 al 5 de abril en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, Colombia, junto a toda la comunidad universitaria para celebrar el Congreso Internacional “Medellín: 50 años después”, en el que han conmemorado la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, (CELAM), celebrada en esta ciudad colombiana en 1968, que fue vivida como un momento clave de recepción de la renovación producida por el Concilio Vaticano II en los diversos ámbitos de vida eclesial y considerada como el nacimiento de la carta de identidad de una Iglesia que, progresivamente, adquirió un rostro teológico y pastoral propio en el marco de una iglesia mundial.

Medio siglo después, los temas de este encuentro se centraron en profundizar sobre su vigencia actual, la opción por los pobres y la pobreza y el rostro de una Iglesia auténticamente pobre, misionera y pascual entre otras cosas.

Diálogo teológico-pastoral en contextos iberoamericanos 

 

La apertura del congreso, organizado por la Facultad de Teología de la Javeriana y el Boston College Escuela de Teología y Ministerio, ha sido realizada por el Cardenal Baltazar E. Porras Cardozo, Arzobispo de Mérida, mientras que Monseñor Raúl Biord Castillo, obispo de La Guaira y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana ha realizado una ponencia sobre “evangelización y promoción humana en Medellín”.

Ya en Febrero de 2017, la Escuela de Teología y Ministerio del Boston College realizó el Primer Encuentro Iberoamericano de Teología en el que más de 50 teólogos de América Latina, España y Latinos en Norteamérica, iniciaron un camino de diálogo teológico-pastoral en contextos iberoamericanos.

Reflexionar sobre el quehacer eclesial y teológico

“Queremos reflexionar sobre la pastoralidad como nota inherente al quehacer eclesial y teológico, y no una mera aplicación, pastoral o práctica, de la teología y la vida de la Iglesia, por lo que buscamos profundizar el diálogo entre las generaciones fundadoras de la teología en Ibero-América, con otras intermedias y emergentes, con el fin de contribuir a una mejor comprensión del proceso de reformas que lidera el Papa Francisco”, afirman los participantes de este encuentro, en una nota recibida en la Agencia Fides, coordinadores del Proyecto Iberoamericano de Teología en el marco de la celebración de los 50 años de aquella Conferencia general “que definió la línea por la cual la Iglesia del continente ha caminado hasta hoy”.

Asimismo, los coordinadores han destacado que en esta oportunidad, han podido realizar dos nuevas actividades:

La primera ha consistido en una nueva reunión de trabajo del Grupo Iberoamericano de Teología y la segunda, abierta a todo público, en la realización del Congreso Internacional, en el cual “la teología latinoamericana ha jugado un papel relevante en el actual proceso de renovación eclesial que lleva adelante el Papa Francisco”.

Objetivos del encuentro

 

Entre los principales objetivos de este congreso destacan:

-Socializar y evaluar desde una perspectiva interdisciplinar la recepción del Concilio Vaticano II a partir del acontecimiento de Medellín, tanto en la región local, como en los diversos continentes.

-Discutir los alcances y límites de las ideas-fuerza de Medellín en el nuevo contexto socio-cultural, político, eclesial y teológico, en los ámbitos latinoamericano y mundial.

Y por último, reconocer los nuevos signos de los tiempos; identificar y valorar la emergencia de teologías y experiencias eclesiales alternas en América Latina y el Caribe a 50 años de Medellín.

Congreso “50 años después de Medellín”
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Qué piensa el Papa sobre el infierno. Comentario del jesuita Thomas Reese

Pope Francis and hell

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Italian journalist Eugenio Scalfari, co-founder and former editor of La Repubblica, speaks on Italian television Feb. 1, 2015. Scalfari claimed the pope denied the existence of hell. (CNS/Cristiano Minichiello, AFG)

Social media has been going crazy with reports that Pope Francis has denied the existence of hell. Even some mainstream media have picked up the story supposedly based on an interview by an Italian journalist.

Anyone who has followed the pope’s talks and sermons would immediately know that something does not smell right here. The pope has in fact spoken of hell in the past in a way that clearly indicates that he believes in it.

In 2014, the pope mentioned hell when calling the Mafia to conversion. In 2016, he said that people who do not open their hearts to Christ will end up condemning themselves to hell. The same year, he referred to hell as “the truth” and described it as being “far away from the Lord for eternity.”

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The most extensive papal explanation of hell came in response to a 2015 question from a female scout who asked, “If God forgives everyone, why does hell exist?” Francis acknowledged that this was a “good and difficult question.”

The pope spoke of a very proud angel who was envious of God, reports Catholic News Service.

“He wanted God’s place,” said Francis. “And God wanted to forgive him, but he said, ‘I don’t need your forgiveness. I am good enough!'”

“This is hell,” explained the pope. “It is telling God, ‘You take care of yourself because I’ll take care of myself.’ They don’t send you to hell, you go there because you choose to be there. Hell is wanting to be distant from God because I do not want God’s love. This is hell.”

Most contemporary theologians would agree with the pope. Hell is not about fire and brimstone; it is about our freedom to say no to God, our freedom to reject love and choose loneliness. If you believe in freedom, you have to believe in hell.

When we close our hearts and tell the world to go to hell, we are in fact choosing hell for ourselves. Hell is the absence of love, companionship, communion. We are not sent there; we choose it.

God did not create hell; we did.

On the other hand, some theologians think that hell is empty because once we meet God, we will choose him.

So why the confusion about Francis and hell?

The confusion came from Eugenio Scalfari, the 93-year-old co-founder and former editor of La Repubblica, an Italian daily, who in a March 28 story claims the pope told him “Hell does not exist.”

This is not the first time Scalfari has caused a sensation by reporting his conversations with the pope. Scalfari is an atheist friend with whom the pope enjoys talking. Scalfari presents detailed quotations of the pope despite the fact he does not record their conversations or even take notes. Every reporter in Rome knows that you cannot take Scalfari’s reports seriously, but his stories are just too sensational to be ignored.

The Vatican press office has issued a mild statement indicating no quotation in the article can “be considered as a faithful transcription of the words of the Holy Father.” What it should have said is that the article was absolute nonsense. It could then have given reporters the pope’s 2015 explanation of hell. That would have saved everyone a lot of confusion.

[Jesuit Fr. Thomas Reese is a columnist for Religion News Service and author of Inside the Vatican: The Politics and Organization of the Catholic Church.]


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Comentario crítico a una carta de Mons. Ladaria a los obispos

Placuit Deo

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El nuevo Prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe; monseñor Luis Ladaria Ferrer -teólogo jesuita- escribe una carta a los obispos católicos que merece nuestra atención porque es su carta de presentación  al encabezar este poderoso Dicasterio vaticano.

Primero, se debe celebrar la publicación de este escrito,  es un gesto de transparencia vaticana que vale la pena subrayar. Sin ser  de los destinatarios de este escrito, podemos aprovechar esta circunstancia  para conocer los enfoques de un pensamiento que  podrá orientar doctrinalmente a los obispos por adelante y opinar al respecto.

Algunos teólogos se alegraron del texto porque encuentran  lo expuesto en este documento en perfecta armonía con los pensamientos del mismo Papa Francisco que se refirió anteriormente a las dos mismas herejías de la Iglesia del siglo V. Esta carta no es larga  y resume la comprensión de la condición del hombre que Cristo  salva haciéndose hombre. Quiere  denunciar algunos  malentendidos actuales respecto a la Salvación divina.

El recuerdo de estas dos antiquísimas herejías coloca claramente los obispos destinatarios de esta carta  frente a  su tarea de vigilantes de la buena fe. Además  este alcance le permite equiparar los errores contemporáneos (simplificándolos mucho) con las deviaciones del principio del cristianismo. Acusa nuestras desviaciones modernas  de individualismo, subjetivismo, autorrealización, autosatisfacción… Así, presentada en negativo,  esta visión permite  orientar la conducción de la Iglesia.

La fundamentación dogmática utilizada tiene difícil de salir del vocabulario y de las nociones añejas para explicar el misterio central del Cristianismo. Don Luis, declara que la Iglesia está siempre reformándose y utiliza algunos conceptos originales pero en su exposición falta mucho para la transformación cultural de la Iglesia que queda tarea inconclusa después del Vaticano II.

El primer reparo que se puede hacer a la carta es el recurso al famoso concepto del  “pecado original”. Al referirse a esta situación humana, esta curiosa “culpabilidad inicial”, los discursos religiosos tartamudean. La teología tradicional y los catecismos no han sido capaces de dar una comprensión moderna de esta condición humana congénita y muchos se quedan con la “culpa  histórica de Adán”.

La “Salvación” no se puede entender sin precisar de qué se salva uno. Se declara que la Iglesia es el” lugar” de salvación, sus medios son “los sacramentos”. Este mismo concepto “Iglesia” molesta porque se le utiliza de repente como el designio de Cristo, otra vez como sacramento universal de salvación (pero se salvan también  los hombres de buena voluntad y  otros cristianos) otra vez  se refiere a ella como  institución eclesial, otra vez como la comunidad ( local o universal) visible de los católicos,  otra vez también designará “la voz autorizada que habla”. Poco se ve lo del “Lumen gentium” y del “Gaudium et Spes”.

Usar por ejemplo esta dicotomía  vetusta del “cuerpo y alma” sale como hablar “chino” para los hombres de hoy. Muchas de nuestras expresiones  tradicionales como la “Encarnación”,  “la Grace”, la “Carne”, les “sacramentos” suenan bastante esotéricas para los que no tuvieron una catequesis profundizada. Si en el tiempo pasado se utilizó la filosofía de la época para predicar el evangelio, ¿no se podría hoy día buscar hablar al unísono con  la(s) cultura(s) actual(es)? Existen ideologías de todo tipo pero  criticando algunos  filósofos actuales y utilizando otros más cristianos se podría inculturar mejor el cristianismo. Además existen estudios del psicoanálisis, de la sociología, de la antropología y de las ciencias en general que pueden facilitar hablar de la Salvación de Cristo a los hombres de hoy.

Son los obispos, los destinatarios titulares de esta carta y se supone que son a su vez teólogos, pero la teología que practican será la que llega a los catecismos, a las predicas y el cristiano de las bancas podrán entender el mensaje o dejar hablar a “los que saben”…Después, se les acusará de vivir la religión a su manera…

El que suscribe reconoce que no era destinatario de este escrito. Reconoce también el atrevimiento que significan estas líneas.

¡Que otros puedan decir las cosas mejor!

Paul Buchet

Consejo Editorial de Revista “Reflexión y Liberación”


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Nuevas aclaraciones a unas palabras de Benedicto XVI

La carta di Benedicto; he aquí el original, con los pasajes omitidos

Primero la noticia de un párrafo que no fue publicado ni leído, en el que Ratzinger critica la decisión de incluir a un teólogo entre los autores de la colección. Después la publicación completa por parte de la Santa Sede
AFP

Francisco y Benedicto XVI

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Pubblicato il 17/03/2018
Ultima modifica il 17/03/2018 alle ore 18:34
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

La carta de Benedicto XVI que leyó el Prefecto de la Secretaría para la Comunicación, Dario Edoardo Viganò, durante la presentación de la colección de 11 volumencitos sobre la teología del Papa Francisco parece un “misterio” infinito. Pero ha llegado a su desenlace. El texto original de la carta del Papa emérito, efectivamente, contenía otro párrafo que no fue ni publicado ni leído durante la conferencia de prensa del pasado lunes 12 de marzo. La noticia fue dada a conocer nuevamente por el vaticanista Sandro Magister, y fue confirmada también por fuentes de Vatican Insider.

 

El original integral de la carta que recibió el Prefecto de la Comunicación no fue divulgado, mientras que el borrador se encuentra en la computadora del monasterio en el que Ratzinger vive desde que renunció al Pontificado. Las líneas omitidas contenían la crítica del Papa emérito sobre la decisión de encomendar la redacción de uno de los volúmenes a Peter Hünermann, teólogo alemán que fue uno de los grandes críticos del Papa Wojtyla y de su sucesor Benedicto XVI.

 

Los juicios negativos de Ratzinger sobre la elección de los comentadores de la “Teología de Francisco” no habrían debido llegar al dominio público. En el sobre de la carta que recibió Viganò se lee, efectivamente, “reservado-personal”. La pregunta a la que habría que responder ahora es esta: ¿el entorno de Benedicto XVI permitió la divulgación de los primeros dos párrafos o, como sea, fue advertido de esta decisión?

 

La respuesta llegó el sábado 17 de marzo de 2018 por la tarde, con la publicación de la carta integral por parte de la Santa Sede, de acuerdo con el “entourage” de Benedicto XVI. Esto deja pensar que también sobre la decisión de divulgar una parte de la carta estuvieran informados los colaboradores del Papa emérito. La difusión de la carta completa va acompañada con una nota de la Santa Sede, en la que se lee: «Con motivo de la presentación de la colección “La teología del Papa Francisco”, editada por la Lbreria Editrice Vaticana, que se llevó a cabo el pasado 12 de marzo, se dio a conocer una carta del Papa Emérito Benedicto XVI. Siguieron muchas polémicas sobre una presunta manipulación censoria de la fotografía distribuida como material fotográfico. De la carta, reservada, se leyó cuanto se consideró oportuno y relacionado solamente con la iniciativa, y, en particular cuanto el Papa Emérito afirma sobre la formación filosófica y teológica del actual Pontífice y la interior unión entre ambos Pontificados, dejando de lado algunas anotaciones sobre los colaboradores de la colección. La decisión se debió a la confidencialidad y no a la intención de censurar. Para disipar cualquier duda, se decidió publicar la carta completa».

 

Este es el párrafo que no se había dado a conocer: «Solamente al margen, me gustaría anotar mi sorpresa porque entre los autores figura también el profesor Hünermann, que durante mi Pontificado destacó por haber guiado iniciativas anti-papales. Él participó de manera relevante al lanzamiento de la “Kölner Erklärung”, que, en relación con la encíclica “Veritatis splendor”, atacó con virulencia la autoridad magisterial del Papa específicamente sobre cuestiones de teología moral. También la “Europäische Theologengesellschaft”, que él fundó, al principio fue concebida por él como una organización en oposición al magisterio papal. Después, el sentir eclesial de muchos teólogos impidió esta orientación, convirtiendo esa organización en un normal instrumento de encuentro entre teólogos».

 

La carta concluye de esta manera: «Estoy seguro de que comprenderá por mi negativa y le saludo cordialmente».

 

La polémicas sobre los textos omitidos de la carta del Papa emérito podrían invertir el efecto que se quería obtener con la divulgación de los fragmentos publicados. Ratzinger, sin embargo, escribió frases claras y duras en contra el doble «prejuicio insensato» de todos los que consideran que el Papa Francisco es demasiado práctico (y no particularmente ducho con la teología), y de todos los que creen que Ratzinger es demasiado teórico. Benedicto XVI subrayó también «la continuidad interior» que tienen ambos Pontificados. Un texto que, a la luz de la distancia que expresó ante las decisiones editoriales de la colección, resulta muy de Benedicto XVI.

 

ANSA

La foto desenfocada de la carta de Ratzinger (arriba) y la carta original publicada por la Santa Sede (abajo)


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Polémica en torno a unas palabras de Benedicto XVI sobre unos escritos de Papa Francisco.

La carta de Benedicto y el párrafo leído pero omitido en el comunicado

Las polémicas sobre las palabras con las que Ratzinger explicó por qué no habría escrito una reseña teológica sobre los volúmenes dedicados a Francisco. La foto retocada de la carta

La foto retocada de la carta de Ratzinger

Pubblicato il 15/03/2018
Ultima modifica il 15/03/2018 alle ore 15:55
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

La carta con la que Benedicto XVI defendió a Francisco del «prejuicio insensato» de quienes lo consideran carente de formación teológica, y en la que se defendió a sí mismo del también «insensato prejuicio» de quienes siempre han considerado a Ratzinger solamente un «teórico de la teología», se ha convertido en el protagonista de un doble “misterio”. El primero se relaciona con la frase final de la carta misma, omitida en el comunicado de la Secretaría para la Comunicación, y de la que se deduce que el Papa emérito en realidad no habría podido leer los 11 volumencitos dedicados a la teología del sucesor antes de la presentación de los mismos, por lo que no habría escrito la breve página teológica que seguramente le habían pedido. El segundo “misterio” tiene que ver con la foto retocada de la carta difundida por el Vaticano, en la que las últimas dos líneas (las que introducen el pasaje omitido en el comunicado) se ven fuera de foco (y por lo tanto son incomprensibles).

 

Con respecto al primer “misterio”, hay que recordar que el Prefecto de la Secretaría para la Comunicación, monseñor Dario Edoardo Viganò, al comenzar el encuentro-conferencia de prensa que se llevó a cabo el pasado lunes 12 de marzo, leyó el texto completo, incluyendo el párrafo omitido, por lo que todos los periodistas presentes entraron en su conocimiento. En cuanto a la foto, el Vaticano admitió el retoque, según indicó la Associated Press.

 

«Celebro esta iniciativa –escribió Benedicto XVI– que quiere oponerse y reaccionar al necio prejuicio, según el cual el Papa Francisco sería sólo un hombre práctico, que carece de particular formación teológica o filosófica, al tiempo, que yo habría sido únicamente un teórico de la teología, que hubiera comprendido poco sobre la vida concreta de un cristiano de hoy».

 

«Los pequeños volúmenes –añadió Benedicto XVI– demuestran con razón que el Papa Francisco es un hombre de profunda formación filosófica y teológica, y ayudan por este motivo a ver la continuidad interior entre los dos Pontificados, aún con todas las diferencias de estilo y de temperamento».

 

 

«Sin embargo, no me apetece escribir sobre ellos una breve y densa página teológica –respondió el Papa emérito, pues seguramente se la habían pedido explícitamente–, porque siempre, en toda mi vida, me ha quedado claro que habría escrito y que me habría expresado solamente sobre los libros que he leído verdaderamente. Desgraciadamente, solo por razones físicas, no soy capaz de leer los once volumencitos en el fututo próximo, y mucho menos ahora que me esperan otros compromisos que ya he asumido».

 

 

Después de la difusión del último párrafo, transcrito y publicado el martes por el vaticanista italiano Sandro Magister, que estaba presente durante la conferencia de prensa, algunos comentadores han lanzado la hipótesis de que en la carta que monseñor Viganò envió para pedirle esa “paginita” teológica sugería a Benedicto XVI esas palabras insólitamente duras («prejuicio insensato»). Pero según ha podido comprobar el diario italiano “La Stampa”, esa expresión no aparecía en la petición de Viganò, por lo que se debe atribuir completamente al Papa emérito.

 

 

Este artículo fue publicado en la edición de hoy del periódico italiano “La Stampa”.


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Comentario al documento “Placuit Deo” de la Doctrina de la fe.

“Jesús único salvador de todo el hombre, no al pelagianismo ni al gnosticismo”

La carta “Placuit Deo” reafirma la enseñanza de la fe cristiana frente a las visiones de quienes solamente confían en las propias fuerzas y en las propias estrategias. Y toma también distancia de quienes creen en la salvación interior y rechazan la carne de Cristo y a la comunidad

“Jesús único salvador de todo el hombre, no al pelagianismo ni al gnosticismo”

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Pubblicato il 01/03/2018
Ultima modifica il 01/03/2018 alle ore 12:24
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

«Tanto el individualismo neo-pelagiano como el desprecio neo-gnóstico del cuerpo deforman la confesión de fe en Cristo, el Salvador único y universal» del hombre y de todos los hombres. «El lugar donde recibimos la salvación traída por Jesús es la Iglesia», cuya intermediación salvífica «nos asegura que la salvación no consiste en la autorrealización del individuo aislado, ni tampoco en su fusión interior con el divino, sino en la incorporación en una comunión de personas que participa en la comunión de la Trinidad». Lo afirma la carta “Placuit Deo” de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida a los obispos de la Iglesia católica y dedicada a algunos «aspectos de la salvación cristiana». El objetivo es «resaltar, en el surco de la gran tradición de la fe y con particular referencia a la enseñanza del Papa Francisco, algunos aspectos de la salvación cristiana que hoy pueden ser difíciles de comprender debido a las recientes transformaciones culturales».

 

El nuevo documento representa una puntualización doctrinal para contrarrestar, en el actual contexto que acepta «no sin dificultades la confesión de fe cristiana», el individualismo que tiene a ver al hombre como ser cuya realización «depende de sus propias fuerzas».  Jesucristo, en esta visión, se convierte en un modelo que hay que imitar, pues «transforma la condición humana, incorporándonos en una nueva existencia reconciliada con el Padre y entre nosotros a través del Espíritu». Otro de los riesgos presentes en la actualidad es la de «una salvación meramente interior, la cual tal vez suscite una fuerte convicción personal, o un sentimiento intenso, de estar unidos a Dios, pero no llega a asumir, sanar y renovar nuestras relaciones con los demás y con el mundo creado».

 

Esta segunda visión no logra apreciar el sentido de la encarnación de Cristo, que asumió «nuestra carne y nuestra historia, por nosotros los hombres y por nuestra salvación». Estas dos tendencias, recuerda la carta del ex Santo Oficio firmada por el Prefecto, el arzobispo Luis Ladaria Ferrer (y aprobada por el Papa Francisco), a menudo aparecen en las meditaciones de Francisco, quien las asocia a dos «antiguas herejías: el pelagianismo y el gnosticismo». En el pelagianismo, el hombre pretende salvarse a sí mismo, con sus fuerzas (y tal vez confiando demasiado en sus estructuras y estrategias), sin reconoce que depende de Dios y que necesita constantemente su ayuda, además de la relación con los demás. En el neo-gnosticismo, la salvación se convierte en algo «meramente interior, encerrada en el subjetivismo», exaltando el intelecto más allá de la «carne de Jesús».

 

«Tanto el individualismo neo-pelagiano como el desprecio neo-gnóstico del cuerpo –afirma el documento– deforman la confesión de fe en Cristo, el Salvador único y universal. ¿Cómo podría Cristo mediar en la Alianza de toda la familia humana, si el hombre fuera un individuo aislado, que se autorrealiza con sus propias fuerzas, como lo propone el neo-pelagianismo? ¿Y cómo podría llegar la salvación a través de la Encarnación de Jesús, su vida, muerte y resurrección en su verdadero cuerpo, si lo que importa solamente es liberar la interioridad del hombre de las limitaciones del cuerpo y la materia, según la nueva visión neo-gnóstica?».

 

E insiste en que «la salvación consiste en nuestra unión con Cristo», quien, «con su Encarnación, vida, muerte y resurrección, ha generado un nuevo orden de relaciones con el Padre y entre los hombres, y nos ha introducido en este orden gracias al don de su Espíritu, para que podamos unirnos al Padre como hijos en el Hijo». Frente a las aspiraciones a la salvación, a la eternidad, a la plena y feliz realización de sí, «la fe en Cristo nos enseña, rechazando cualquier pretensión de autorrealización, que solo se pueden realizar plenamente si Dios mismo lo hace posible, atrayéndonos hacia Él mismo. La salvación completa de la persona no consiste en las cosas que el hombre podría obtener por sí mismo, como la posesión o el bienestar material, la ciencia o la técnica, el poder o la influencia sobre los demás, la buena reputación o la autocomplacencia».

 

Nada de lo que ha sido creado «puede satisfacer al hombre por completo, porque Dios nos ha destinado a la comunión con Él y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Él». El documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe recuerda también que, «de acuerdo con la fe bíblica, el origen del mal no se encuentra en el mundo material y corpóreo, experimentada como un límite o como una prisión de la que debemos ser salvados. Por el contrario, la fe proclama que todo el cosmos es bueno, en cuanto creado por Dios, y que el mal que más daña al hombre es el que procede de su corazón. Pecando, el hombre ha abandonado la fuente del amor y se ha perdido en formas espurias de amor, que lo encierran cada vez más en sí mismo».

 

Después de haber recordado que, según el Evangelio, la salvación para todos los pueblos comienza con la aceptación de Jesús y que «la buena noticia de la salvación tienen nombre y rostro: Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador», el documento explica «la falta de fundamento de la perspectiva individualista», porque «testimonia la primacía absoluta de la acción gratuita de Dios; la humildad para recibir los dones de Dios, antes de cualquier acción nuestra, es esencial para poder responder a su amor salvífico». Y muestra que «por la acción humana plenamente de su Hijo, el Padre ha querido regenerar nuestras acciones, de modo que, asimilados a Cristo, podamos hacer “buenas obras, que Dios preparó de antemano para que las practicáramos”». Al mismo tiempo, «está claro, además, que la salvación que Jesús ha traído en su propia persona no ocurre solo de manera interior. De hecho, para poder comunicar a cada persona la comunión salvífica con Dios, el Hijo se ha hecho carne. Es precisamente asumiendo la carne, naciendo de una mujer, que “se hizo el Hijo de Dios Hijo del Hombre” y nuestro hermano».

 

El documento, ante el reduccionismo individualista pelagiano y el neo-gnosticismo que promete una liberación solamente interior, recuerda la manera en la que Jesús es Salvador: «No se ha limitado a mostrarnos el camino para encontrar a Dios, un camino que podríamos seguir por nuestra cuenta, obedeciendo sus palabras e imitando su ejemplo. Cristo, más bien, para abrirnos la puerta de la liberación, se ha convertido Él mismo en el camino». Y la «salvación consiste en incorporarnos a nosotros mismos en su vida, recibiendo su Espíritu». Él es, «al mismo tiempo, el Salvador y la Salvación». Además, la carta afirma que «el lugar donde recibimos la salvación traída por Jesús es la Iglesia, comunidad de aquellos que, habiendo sido incorporados al nuevo orden de relaciones inaugurado por Cristo, pueden recibir la plenitud del Espíritu de Cristo».

 

La salvación que «Dios nos ofrece, de hecho, no se consigue sólo con las fuerzas individuales, como indica el neo- pelagianismo, sino a través de las relaciones que surgen del Hijo de Dios encarnado y que forman la comunión de la Iglesia. Además, dado que la gracia que Cristo nos da no es, como pretende la visión neo-gnóstica, una salvación puramente interior, sino que nos introduce en las relaciones concretas que Él mismo vivió, la Iglesia es una comunidad visible: en ella tocamos la carne de Jesús, singularmente en los hermanos más pobres y más sufridos».

 

Es decir, «la mediación salvífica de la Iglesia, “sacramento universal de salvación”, nos asegura que la salvación no consiste en la autorrealización del individuo aislado, ni tampoco en su fusión interior con el divino, sino en la incorporación en una comunión de personas que participa en la comunión de la Trinidad». Y la participación, en la Iglesia, «al nuevo orden de relaciones inaugurado por Jesús sucede a través de los sacramentos, entre los cuales el bautismo es la puerta, y la Eucaristía, la fuente y cumbre». Gracias a los sacramentos, «los cristianos pueden vivir en fidelidad a la carne de Cristo y, en consecuencia, en fidelidad al orden concreto de relaciones que Él nos ha dado. Este orden de relaciones requiere, de manera especial, el cuidado de la humanidad sufriente de todos los hombres, a través de las obras de misericordia corporales y espirituales».

 

La carta concluye afirmando que «la conciencia de la vida plena en la que Jesús Salvador nos introduce empuja a los cristianos a la misión, para anunciar a todos los hombres el gozo y la luz del Evangelio». Pero, ¿qué sucede con las relaciones con las demás religiones? «En este esfuerzo», los cristianos «también estarán listos para establecer un diálogo sincero y constructivo con creyentes de otras religiones, en la confianza de que Dios puede conducir a la salvación en Cristo a “todos los hombres de buena voluntad, en cuyo corazón obra la gracia”», como se lee en la Constitución conciliar “Gaudium et spes”.


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Documento de la Doctrina de la fe, sobre la salvación cristiana.

Mons. Luis Francisco LADARIA FERRERMons. Luis Francisco LADARIA FERRER 

“Placuit Deo”: La salvación no se reduce a una praxis, gnosis o sentimiento

Publicada la mañana de este jueves, 1 de marzo, la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe, “Placuit Deo”, dirigida a los Obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la salvación cristiana.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Se espera que con esta Carta se pueda ayudar a los fieles para que tomen mayor conciencia de su dignidad de hijos de Dios. La salvación no puede reducirse simplemente a un mensaje, a una praxis, o a una gnosis ni siquiera a un sentimiento interior”, lo dijo Mons. Luis Francisco Ladaria Ferrer, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la presentación de la Carta de este Dicasterio titulada, “Placuit Deo y dirigida a los Obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la salvación cristiana, la mañana de este jueves, 1 de marzo en la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

En su intervención, el Prefecto recordaba que, después de la publicación de la Declaración “Dominus Iesus”, en el año 2000, diversos teólogos pidieron a la Congregación para la Doctrina de la Fe profundizar algunos aspectos ya enunciados en esta Declaración, sobre el tema de la salvación cristiana. En este sentido, afirma Mons. Ladaria, después de haber estudiado y profundizado la temática con algunos Consultores de la Congregación, hoy es presentada la Carta “Placuit Deo”, sobre algunos aspectos de la salvación cristiana.

Dos tendencias en el mundo contemporáneo

El Documento, señala el Prefecto, “pretende resaltar, en el surco de la gran tradición de la fe y con particular referencia a la enseñanza del Papa Francisco, algunos aspectos de la salvación cristiana que hoy pueden ser difíciles de comprender debido a las recientes transformaciones culturales”.

Para el hombre de hoy, subraya Mons. Ladaria, la comprensión del anuncio cristiano que proclama a Jesús como el único Salvador de todo el hombre y de toda la humanidad, es percibida con dificultad por dos tendencias en el mundo contemporáneo. Por un lado, el individualismo centrado en el sujeto autónomo tiende a ver al hombre como un ser cuya realización depende únicamente de su fuerza. Por otro lado, se extiende la visión de una salvación meramente interior, la cual tal vez suscite una fuerte convicción personal, o un sentimiento intenso, de estar unidos a Dios, pero no llega a asumir, sanar y renovar nuestras relaciones con los demás y con el mundo creado.

Desde esta perspectiva, afirma el Prefecto, se hace difícil comprender el significado de la Encarnación del Verbo, por la cual se convirtió miembro de la familia humana, asumiendo nuestra carne y nuestra historia, por nosotros los hombres y por nuestra salvación.

Pelagianismo y gnosticismo

El Santo Padre, en su Magisterio ordinario, evidencia Mons. Ladaria, muchas veces hace referencia a estas dos tendencias que se asemejan, en algunos aspectos, a dos antiguas herejías: el pelagianismo y el gnosticismo. “En nuestros tiempos, prolifera una especia de neo-pelagianismo para el cual el individuo, radicalmente autónomo, pretende salvarse a sí mismo, sin reconocer que depende, en lo más profundo de su ser, de Dios y de los demás. La salvación es entonces confiada a las fuerzas del individuo, o las estructuras puramente humanas, incapaces de acoger la novedad del Espíritu de Dios”. Y también, un cierto neo-gnosticismo, por su parte, presenta una salvación meramente interior, encerrada en el subjetivismo, que consiste en elevarse «con el intelecto hasta los misterios de la divinidad desconocida».

La salvación consiste en nuestra unión con Cristo

Frente a estas tendencias, precisa el Prefecto, “la presente Carta desea reafirmar que la salvación consiste en nuestra unión con Cristo, quien, con su Encarnación, vida, muerte y resurrección, ha generado un nuevo orden de relaciones con el Padre y entre los hombres, y nos ha introducido en este orden gracias al don de su Espíritu, para que podamos unirnos al Padre como hijos en el Hijo, y convertirnos en un solo cuerpo en el «primogénito entre muchos hermanos» (Rom 8, 29)”.

Servicio sobre la Carta “Placuit Deo”

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Rueda de Prensa de presentación de la Carta “Placuit Deo”

01 marzo 2018, 11:28