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Formación intelectual de Bergoglio. Una nueva biografía.

DESCUBRIENDO EL PENSAMIENTO DEL PAPA BERGOGLIO. Aparece la primera biografía intelectual de Bergoglio. Con sorpresas y desmentidas. Entrevista al autor, Massimo Borghesi

La tapa del libro

La tapa del libro

Borghesi, filósofo italiano con una larga trayectoria en la cátedra universitaria, estudios y publicaciones, presentará próximamente al público el resultado de un trabajo que estaba faltando. Y esa laguna era el origen de aproximaciones y desconocimientos. Una full immersion en las fuentes primarias que fueron alimentando a lo largo del tiempo la manera de ver y de razonar de quien hoy ocupa la cátedra más alta de la Iglesia Católica. Para llevar a cabo su investigación, Borghesi recibió una ayuda decisiva, precisamente la del sujeto investigado, quien aportó a su esfuerzo cuatro grabaciones de audio. “A través de un amigo en común, Guzmán Carriquiry, vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina, pude aprovechar la amabilidad del Papa Francisco y hacerle llegar algunas preguntas” revela el autor. El resultado del trabajo se podrá conocer dentro de pocos días, presentado por la casa editorial Jaca Book con el título “JORGE MARIO BERGOGLIO. Una biografía intelectual. Dialéctica y mística”. A continuación ofrecemos algunos anticipos, obtenidos de Borghesi con la complicidad de la amistad.

¿Qué te llevó a empezar este trabajo sobre el pensamiento del Papa?

El prejuicio, sobre todo en el ambiente intelectual y académico, que persiste sobre la imagen del pontificado. El Papa Francisco debió asumir la difícil herencia de Benedicto XVI, uno de los grandes teólogos del ‘900. Después de un pontificado con una fuerte impronta en el plano intelectual, el estilo pastoral de Bergoglio resultó demasiado “simple” para muchos, no adecuado a los grandes desafíos del mundo metropolitano, secularizado. Al Papa que vino del fin del mundo se le reprocha, en Europa y Estados Unidos, que no es “occidental”, europeo, culturalmente preparado.

¿Cuándo comprendiste que no era así?

Personalmente, había leído algunos textos de Bergoglio que me habían llamado mucho la atención. Entre ellos algunos discursos de la segunda mitad de los años ’70, cuando Bergoglio era el joven Provincial de los jesuitas argentinos. Me habían producido una fuerte impresión. Lo que me había impactado era el “pensamiento” que sustentaba sus argumentaciones. Bergoglio se dirigía a sus hermanos jesuitas que estaban viviendo una situación dramática y desgarradora. La Argentina de ese momento estaba gobernada por la Junta Militar, que llevaba adelante una sangrienta represión del frente revolucionario de los Montoneros. En relación a este conflicto la Iglesia se encontraba profundamente dividida entre los partidarios del gobierno y los que apoyaban la revolución. Para Bergoglio esa fractura de la sociedad también ponía en jaque a la Iglesia, que había sido incapaz de unir al pueblo. Su ideal era el catolicismo como coincidentia oppositorum, como superación de esas oposiciones que, cuando se radicalizan, se transforman en contradicciones insalvables. Bergoglio expresaba ese ideal a través de una filosofía propia, una concepción según la cual la ley que gobierna la unidad de la Iglesia, lo mismo que la social y política, está basada en una dialéctica “polar”, en un pensamiento “agónico” que mantiene unidos los opuestos sin cancelarlos ni reducirlos forzadamente al Uno. Multiplicidad y unidad constituían los dos polos de una tensión ineludible. Una tensión cuya solución estaba confiada, una y otra vez, al poder del Misterio divino que actúa en la historia. Esta perspectiva que emergía entre líneas en los discursos del joven Bergoglio me interesó inmediatamente. Asociada a las parejas polares que el Papa plantea en la Evangelii gaudium constituía una verdadera “filosofía” propia, un pensamiento original. Habiendo estudiado a fondo la dialéctica de Hegel y, sobre todo, la concepción de la polaridad en Romano Guardini, esa perspectiva me interesó inmediatamente. Era evidente que Bergoglio tenía una concepción original, un punto de vista teológico-filosófico que, curiosamente, no ha llamado la atención de los estudiosos.

El Papa hizo un aporte personal a tu trabajo de investigación con grabaciones que te hizo llegar. ¿Qué te permitió determinar ese aporte?

A través del amigo en común Guzmán Carriquiry, vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina, pude aprovechar la gentileza del Papa Francisco y enviarle algunas preguntas. Después de leer sus escritos, en efecto, se planteaba el interrogante sobre la génesis de su dialéctica polar. Era una lectura originalísima de la realidad que ofrecía analogías con el tomismo hilemórfico y dialéctico de Alberto Methol Ferré, el principal intelectual latinoamericano de las segunda mitad del ‘900. Pero Methol Ferré no estaba en el origen del pensamiento de Bergoglio. Los caminos de ambos recién se encuentran a fines de los años ’70, durante la preparación de la gran Conferencia de Puebla de la Iglesia latinoamericana. ¿Entonces de dónde saca Bergoglio su idea de la tensión polar como ley del Ser? Sobre este punto, que es clave, los artículos y libros no ofrecían ninguna pista. Es como si Bergoglio hubiera querido conservar el secreto sobre la fuente de su pensamiento. Aquí es donde las respuestas del Papa resultaron fundamentales. Gracias a ellas pude comprender que el punto de partida de su pensamiento se debe ubicar en los años del estudiantado en el Colegio San Miguel, cuando Bergoglio reflexiona sobre la teología de san Ignacio a través del modelo de la “Teología del como si”, y sobre todo a través de la lectura, determinante, del primer volumen de La dialectique des “Exercices spirituels” de saint Ignace de Loyola de Gaston Fessard. La lectura “tensionante”, dialéctica, que Fessard hace de san Ignacio está en el origen del pensamiento de Bergoglio. Para mí fue un verdadero descubrimiento.

Las influencias europeas más fuertes en el Papa, las que asimiló y dejaron huella en la estructura de su pensamiento, ¿cuáles son?

Uno de los resultados de mi libro fue precisamente establecer la gran influencia que tuvieron en Bergoglio los autores europeos, especialmente jesuitas. Desaparece así la leyenda del Papa latinoamericano que no estaría en condiciones de medirse con el pensamiento europeo. El autor clave sin duda es Gaston Fessard, jesuita, uno de los intelectuales franceses más geniales del ‘900. También Henri de Lubac, con la manera de concebir la relación entre Iglesia y sociedad que plantea en Catholicisme. Les aspects sociaux du dogme. Fessard y de Lubac son protagonistas de la “Escuela de Lyon”. Al seguirlos, Bergoglio es, en cierto modo, discípulo de esa escuela. Ambos, Fessard y de Lubac, adhieren a una concepción dialéctica, heredada de Adam Möhler, el gran fundador de la Escuela de Tubingen, para el cual la Iglesia es coincidentia oppositorum, unidad sobrenatural de lo que en el plano del mundo es irreconciliable. Es la misma concepción que tiene Bergoglio. Además de los dos autores jesuitas que acabamos de citar hay otro, también francés, que tuvo influencia en Bergoglio: Michel de Certeau. Él también fue protagonista del escenario intelectual, sobre todo en los años ’70. Pero el de Certeau que interesa a Bergoglio es el de los años ’60, el estudioso de la mística moderna, de Surin a Favre. El prefacio que escribió para el Memorial de Pierre Favre, el gran amigo de san Ignacio, es un texto clave en la formación de Bergoglio. Su ideal jesuítico de la vida cristiana, de lo contemplativo en acción, tiene el sello de Pierre Favre.

¿Hay otros autores que sean decisivos en su formación, además de los franceses?

A partir de 1986 adquiere un rol fundamental el ítalo alemán Romano Guardini. Ese año Bergoglio viaja a Frankfurt, Alemania, para hacer una tesis doctoral sobre Guardini. Pero el tema que elige no son las obras teológicas o de carácter religioso, sino el único trabajo íntegramente filosófico de Guardini: La oposición polar. Ensayo de una filosofía de lo concreto viviente. Es una decisión curiosa. ¿Por qué ocuparse del Guardini filósofo y no del teólogo? La respuesta resulta comprensible a la luz de mi estudio. Para Bergoglio, la antropología “polar” de Guardini es una confirmación de su visión dialéctica, antinómica, aprehendida a través de Fessard y de Lubac. La autoridad de Guardini confiere un valor especial al modelo de pensamiento que Bergoglio aplica en el campo eclesial y en el político-social. Al mismo tiempo, el modelo guardiniano amplía el bergogliano y permite profundizaciones inéditas. A partir de los años ’90, Guardini se convierte en un autor de referencia. Lo encontramos citado varias veces en la Evangelii gaudium y en Laudato si’. Otro autor clave es el gran teólogo suizo alemán Hans Urs von Balthasar. Esto fue un descubrimiento. A partir de los ’90, siendo ya obispo y luego cardenal, Bergoglio se acerca a la gran estética teológica de von Balthasar, comparte su enfoque, el primado que le reconoce a la belleza en función de comunicar el bien y la verdad. La unidad de los trascendentales del ser se convierte en un punto fundamental del pensamiento teológico filosófico de Bergoglio. De Balthasar, Bergoglio toma también las categorías para oponerse al gnosticismo, al vaciamiento de la carne de Cristo en los diversos “idealismos” espiritualistas. El ensayo sobre Ireneo, contenido en Gloria, impresionó mucho a Bergoglio. Y quiero recordar una última influencia: la obra de Mons. Luigi Giussani. Bergoglio era lector, y en algunos casos los presentó en Buenos Aires, de los libros de Giussani traducidos al español. Desde su punto de vista, las principales categorías del método educativo de Giussani – el encuentro, el estupor, la experiencia, etc. – se asocian al darse glorioso de la “forma” (Gestalt) tal como enseña von Balthasar. Todo ello orientado a una actitud  misionera, evangelizadora, que sitúa al cristiano en el horizonte de la Iglesia de los primeros siglos: como hace 2000 años.

¿Qué peso tienen en su pensamiento las fuentes latinoamericanas? En tu trabajo ocupa un lugar importante Methol Ferré, historiador y filósofo nacido en Uruguay…

Entre las fuentes latinoamericanas sin duda pondría en primera fila a Lucio Gera y su “Teología del pueblo”, la reformulación de la Teología de la liberación que hizo la Escuela del Río de la Plata, con su crítica al marxismo y su opción preferencial por los pobres. Es un aspecto conocido y estudiado del pensamiento de Bergoglio. A la “Teología del pueblo” le corresponde el mérito del redescubrimiento del valor de la religiosidad popular latinoamericana, simbolizada por el culto a la Virgen de Guadalupe, que supera los prejuicios de la cultura iluminista. Además de Gera y los teólogos cercanos a él, sin embargo, hay otros autores que son decisivos para la reflexión de Bergoglio. Entre ellos Miguel Ángel Fiorito, su profesor de filosofía. Fiorito es quien lo introduce en un redescubrimiento de los Ejercicios de san Ignacio a través de la lectura del estudio ignaciano de Gaston Fessard. Después, el encuentro con Amelia Podetti, la “filósofa” argentina más ilustre de los años ’70. Estudiosa de Hegel, Podetti desarrolla una reflexión sobre la inculturación de la fe, sobre la relación entre centro y periferia, sobre el rol de América Latina en el nuevo contexto mundial, que interesó mucho a Bergoglio. Finalmente, está el autor por excelencia: Alberto Methol Ferré, con quien compartió la experiencia del Celam desde 1979 hasta 1992 y es el intelectual más lúcido de América Latina. Bergoglio y Methol están en perfecta sintonía. Mi trabajo analiza el pensamiento de Methol Ferré, su tomismo dialéctico, y esto, junto con la entrevista que le hiciste a Methol en el libro El Papa y el Filósofo, es una novedad en el panorama cultural italiano. Methol Ferré y Bergoglio se encuentran, comparten la misma perspectiva sobre la Iglesia y la sociedad, tienen los mismos autores de referencia. Uno fundamentalmente: ambos dependen de la visión polar, dialéctica, de Gastón Fessard. Esa fuente común explica también su cercanía ideal, filosófica, su sintonía en la manera de afrontar los desafíos de la Iglesia latinoamericana a partir de los años ’70. Bergoglio aprecia muchísimo al “amigo” Methol, lee sus artículos en “Víspera” y “Nexo”, se siente impresionado por su geopolítica eclesial, comparte su ideal de la “Patria Grande”.

¿Hay adquisiciones finales de tu estudio, de síntesis, que replantean lo que se ha escrito hasta ahora sobre el Papa Bergoglio?

Las adquisiciones son muchas. En primer lugar, como ya dijimos, se aclara la génesis y el hilo conductor del pensamiento de Jorge Mario Bergoglio. Y es la primera vez que eso ocurre. Queda así desmentida la opinión de los que, por prejuicio o falta de documentación, siguen repitiendo que Francisco no tiene títulos para ejercer el ministerio petrino. Bergoglio es portador de un pensamiento original, dependiente de una tradición del pensamiento “católico” entre el ‘800 y el ‘900, la de Adam Möhler, Erich Przywara, Romano Guardini, Gaston Fessard y Henri de Lubac. Algunos de estos autores son jesuitas, otros no. Es una tradición ilustre que precisamente el magisterio de Francisco hoy permite redescubrir y valorizar. Una tradición que desmiente a los que – pienso sobre todo en las críticas contra Amoris laetitia – pretenden atribuir al Papa una teología praxística, relativista, permisiva. En la concepción “polar” de Bergoglio la Verdad y la Misericordia no se pueden separar, lo mismo que lo bello-bueno-verdadero a la luz de la unidad de los trascendentales. Los que critican a Francisco de supuesto  subjetivismo y modernismo demuestran que no conocen su pensamiento. Así como tampoco conocen su pensamiento quienes lo acusan de reducir la fe a la cuestión social y olvidar el primado del kerygma. Por el contrario, Francisco – como afirma explícitamente en la Evangelii Gaudium – quiere recuperar el primado del kerygma por encima de la desviación ética de la Iglesia de las últimas décadas y, al mismo tiempo, quiere un fuerte compromiso de los católicos en lo social. No hace ninguna reducción: son dos polos de una tensión que caracteriza lo católico. Respecto del compromiso político, la trascendencia, el primerear de la fe y de la gracia por encima de cualquier declinación histórica, es lo esencial. El Papa tiene una concepción “mística” que afirma la apertura del pensamiento respecto de cualquier clausura ideológica y sistemática, y esto en función de la acción del “Dios siempre más grande”.

¿En qué quedan las críticas que se le hacen a Bergoglio de ser “populista-peronista”?

Quienes las hacen, evidentemente no lo conocen a fondo, o las hacen sabiendo que no están en lo cierto. El Papa es un crítico de la absolutización de la economía capitalista desvinculada de cualquier ley ética, tal como se ha impuesto en la era de la globalización. Pero no es “populista”. Su simpatía por el peronismo, debido a la atención que presta a la cuestión social, no se debe confundir con las ideas salvíficas propias de una política ideológica. Es interesante, desde ese punto de vista, la valorización que hace Bergoglio en los años ’90 del De civitate Dei de san Agustín. Propone a Agustín como modelo actual para criticar los modelos teológico-políticos que comprometen la Iglesia con el poder, sean de derecha o de izquierda. Sobre este tema la posición de Bergoglio está totalmente en sintonía con la lectura de Agustín que hace Ratzinger. El libro aclara muchos puntos de la reflexión de Bergoglio que hasta el momento habían quedado en la sombra para el público europeo, constituyéndose en fuente de controversias. En esto reside, espero, la utilidad del mismo.

Traducción del italiano de Inés Gímenez Pecci

Massimo Borghesi, “JORGE MARIO BERGOGLIO. Una biografia intellettuale. Dialettica e mistica”. Introduzione di Guzmán Carriquiry Lecour. Jaca Book, Milano 2017

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Críticas al Papa. Comentario.

Críticas al Papa, preguntas y respuestas desde América

Un teólogo de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos escribe a Francisco, publica la carta y después de una entrevista con el secretario de los obispos, presenta su dimisión. Un compañero le responde recordando la “Donum veritatis”

La exhortación apostólica “Amoris laetitia”

Pubblicato il 03/11/2017
Ultima modifica il 03/11/2017 alle ore 14:41
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

El padre Thomas G. Weinandy, teólogo capuchino de 71 años que vive en Washington, el 1 de noviembre 2017 ha publicado una carta abierta al papa Francisco, publicada en EE.UU por el sitio web Crux , y en Italia por el blog del vaticanista Sandro Magister. La carta había sido enviada al Pontífice a finales de julio y el teólogo había recibido confirmación de la recepción por el Sustituto de la Secretaría de Estado.

 

Padre Weinandy, miembro de la Comisión Teológica Internacional, ex director ejecutivo y actual consultor de la oficina doctrinal de la Conferencia Episcopal americana, empieza con una profesión de fidelidad y sumisión al Papa. El capuchino ha explicado que había pedido una señal explícita de Jesús antes de escribir la carta, y que la había recibido mientras estaba en Roma. Después de profesar lealtad y sumisión al legítimo sucesor de Pietro, Weinandy pone de relieve sus críticas, comenzando con el Capítulo 8 de Amoris laetitia: “No hay necesidad de expresar mis preocupaciones personales sobre su contenido. Otros, no solo teólogos, sino también cardenales y obispos, ya lo han hecho … El Espíritu Santo es dado a la Iglesia, y en particular a ella, para vencer el error, no para favorecerlo”.

 

El religioso critica la actitud del Papa hacia la doctrina: “Quienes devalúan las doctrinas de la Iglesia están separados de Jesús, el autor de la verdad”. Ataca también a Francisco por los nombramientos episcopales en los Estados Unidos, en nombre de “fieles católicos”, que solo pueden estar “desconcertados por los nombramientos a ciertos obispos, hombres que no solo están abiertos a quienes tienen una visión opuesta a la fe cristiana, sino que incluso les apoyan y defienden”. Algunos sitios web han pensado en indicar el nombre y apellido de tales obispos, olvidando que todos habían sido elevados a la dignidad del obispo y en algunos casos también promovidos durante los pontificados de los dos predecesores inmediatos de Francisco.

 

El padre Weinandy también ataca al Papa respecto al “silencio” de los obispos: “¿Ha notado usted que la mayoría de los obispos del mundo permanecen en demasiado silencio? ¿Por qué? Los obispos aprenden rápidamente, y lo que muchos de ellos han aprendido de su pontificado no es que usted esté abierto a las críticas, sino que no las soporta. Muchos obispos guardan silencio porque quieren ser leales con usted, por lo que no se expresan –al menos en público; en privado es otra cosa– las preocupaciones que alimenta su pontificado. Muchos temen que si hablan francamente, serán marginados o algo peor”.

 

El mismo día de la publicación de la carta de denuncia de la “confusión” en la Iglesia, la Conferencia Episcopal de Estados Unidos anunció que el padre Weinandy, tras una entrevista con el secretario del episcopado, “renunció inmediatamente a su puesto como asesor de la Comisión Usccb de doctrina. El trabajo de la comisión apoya, en compañerismo afectivo, al Santo Padre y a la Iglesia en los Estados Unidos. Nuestras oraciones son para el padre Weinandy mientras termina su servicio al comité”.

 

Al día siguiente, 2 de noviembre de 2017, otro teólogo ex director ejecutivo de la oficina de doctrina de la Conferencia Episcopal estadounidense, tomó papel y bolígrafo para escribir una carta: esta vez no al Papa, sino al padre Weinandy. La carta ha sido publicada por la revista America Magazine . Monseñor John J. Strynkowski, sacerdote de la diócesis de Brooklyn, comienza diciendo que no quiere entrar en los méritos de las “condiciones subjetivas” que inspiraron a su colega Weinandy, pero le recuerda ante todo que la exhortación Amoris laetitiahacia la cual el teólogo capuchino “expresa gran preocupación, es el fruto de dos Sínodos y una amplia consulta en toda la Iglesia. Está ampliamente reconocida como un acto del Magisterio Ordinario y por lo tanto goza de la presunción de ser guiada por el Espíritu del Señor”.

 

Padre Weinandy había escrito al Papa que su guía, en referencia al capítulo 8 de Amoris laetitia, “a veces parece intencionalmente ambigua”. “Creo que la gran mayoría de los obispos y teólogos, –responde el padre Strynkowski– están en desacuerdo. El Papa, de hecho, abre la puerta a la posibilidad de que algunos divorciados católicos y vueltos a casar civilmente puedan ser admitidos a los sacramentos después de un cuidadoso discernimiento. Rocco Buttiglione, uno de los más importantes intérpretes de las enseñanzas de San Juan Pablo II, no ve contradicciones sino más bien una continuidad entre Familiaris consortio yAmoris laetitia . Recientemente el cardenal Gerhard Müller dijo que existen condiciones que abren a la posibilidad de recibir los sacramentos” para aquellos que viven en un segundo matrimonio . Las referencias citadas por Strynkowski se han publicado en varias ocasiones por Vatican Insider y se encuentran en el nuevo libro de Buttiglione para el que el cardenal Müller ha escrito un largo ensayo introductorio. 

 

 

 

 

Respecto a la crítica del P. Weinandy según la cual el Papa parece socavar la importancia de la doctrina de la Iglesia, el teólogo Strynkowski recuerda las muchas homilías del Papa “basadas en el Evangelio” que “nos recuerdan a un discípulo que es riguroso y sin compromisos. En segundo lugar, interpreto su crítica hacia los que hacen de la doctrina una ideología como un reto para nosotros para no aislar nunca la doctrina de su fuente en la misericordia de Dios revelada en Jesucristo”.

 

En la carta de respuesta viene definida como “una declaración gratuita” que perjudica a la unidad de la Iglesia lo que escribió el Padre Weinandy sobre los nombramientos de algunos obispos, “a menos que no estés dispuesto – escribe Strynkowski – a nombrar a estos obispos y sus presuntos puntos de vista en contra de la fe cristiana que tolerarían”. En la carta viene también criticada la declaración según la cual Francisco estaría resentido por las críticas, ya que siempre ha permanecido en silencio.

 

Para terminar el teólogo Strynkowski recuerda al compañero el “sabio” consejo contenido en Donum veritatis sobre el trabajo del teólogo , documento firmado en 1990 por el entonces cardenal Joseph Ratzinger y aprobado por San Juan Pablo II, el cual, en el párrafo 30, dice: “Si, a pesar de un esfuerzo leal, las dificultades persisten, es deber del teólogo dar a conocer a las autoridades judiciales los problemas causados por la propia enseñanza, las justificaciones que se han propuesto o incluso en la forma en que se presentan. Lo hará con un espíritu evangélico con el profundo deseo de resolver las dificultades. Sus objeciones podrán contribuir a un progreso real, estimulando al Magisterio a proponer la enseñanza de la Iglesia de una manera más profunda y argumentada”.

 

“En estos casos – concluye el párrafo mencionado – el teólogo evitará recurrir a los medios de comunicación en lugar de dirigirse a la autoridad responsable porque no es ejerciendo presión sobre la opinión pública que puede contribuir a la aclaración de problemas doctrinales y servir a la verdad”. Una indicación que ya ha sido desatendida en el pasado, pero que hoy parece estar prácticamente


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Nuevas críticas al Papa.

El banquero Gotti Tedeschi (y otros 61) acusa al Papa de 7 herejías

Publican la anunciada «corrección formal» de «Amoris laetitia»: ninguno de los cardenales u obispos en comunión con Roma la ha firmado. Entre los 62 firmantes destacan los nombres del ex presidente el IOR y de administradores de los blogs anti-Francisco
LAPRESSE

“Amoris laetitia”

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Pubblicato il 24/09/2017
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Después de una serie de anuncios vía Twitter por parte de sitios tradicionalistas, gracias a la red de blogs, sitios y periódicos en línea vinculados con las facciones anti-Francisco, el 23 de septiembre de 2017 a media noche fue publicada la anunciada «corrección formal» al Papa Bergoglio por presuntos errores contenidos en la exhortación post-sinodal «Amoris laetitia». Pero, sorpresivamente, el documento, que según lo afirmado por quienes lo ha publicado habría sido entregado al Papa el 11 de agosto, no contiene las firmas de ningún cardenal: no aparecen el arzobispo emérito de Bosnia, Carlo Caffarra (que falleció el 6 de septiembre y que, a decir verdad, nunca se quiso referir a «corrección» al Papa) ni el purpurado estadounidense Raymond Leo Burke, el primero que usó la expresión aunque no tenga bases histórico-canónicas serias; tampoco aparece la firma del anciano purpurado alemán Walter Brandmüller. Y ninguno de los obispos en comunión con Roma firmó el documento, ni siquiera el auxiliar de Astana Athanasius Schneider, el más expuesto mediáticamente en las críticas contra el Pontífice. La única firma de un obispo es la del superior de la Fraternidad San Pío X, Bernard Fellay.

 

La «corrección formal» presentada en forma de «corrección filial», firmada por 62 personas (40 son los primeros firmantes, los demás se han añadido recientemente) fue dada a conocer al unísono en Estados Unidos por el sitio ultra-tradicionalista «Rorate caeli» y en Italia, por el blog de Sandro Magister, por la «Nuova Bussola Quotidiana» (dirigida por Riccardo Cascioli) y por el sitio «Corrispondenza Romana» (del profesor Roberto De Mattei, uno de los firmantes).

 

En el texto se afirma que «por medio de palabras, actos y omisiones y por medio de pasajes del documento “Amoris laetitia”, Su Santidad ha sostenido, directa o indirectamente (con cuál y cuánta conciencia no lo sabemos ni pretendemos juzgarlo), las siguientes proposiciones falsas y herejes, propagadas en la Iglesia tanto con el público oficio como con actos privados». Sigue el elenco de las presuntas 7 falsas afirmaciones que los firmantes deducen de su interpretación del documento papal y de otras afirmaciones del Pontífice.

 

«1. Una persona justificada no tiene la fuerza, con la gracia de Dios, para seguir las exigencias objetivas de la ley divina, como si cualquiera de los mandamientos de Dios fuera imposible para los justificados; o como significando que la gracia de Dios, cuando produce la justificación del individuo, no produce invariablemente, y de su propia naturaleza, la conversión de todo pecado grave, o no es suficiente para la conversión de todo pecado grave.»

 

«2. Los católicos que han obtenido el divorcio civil del cónyuge con el cual están válidamente casados y han contraído un matrimonio civil con alguna otra persona durante la vida de su cónyuge, y que viven more uxorio con su pareja civil, y que eligen permanecer en este estado con pleno conocimiento de la naturaleza de su acto y con pleno consentimiento de la voluntad del acto, no están necesariamente en un estado de pecado mortal, y pueden recibir la gracia santificante y crecer en la caridad.»

 

«3. Un creyente católico puede tener pleno conocimiento de una ley divina y elegir violarla voluntariamente en una materia grave, pero no estar en un estado de pecado mortal como resultado de este acto.»

 

«4. Una persona, mientras obedece una prohibición divina, puede pecar contra Dios por medio de este mismo acto de obediencia.»

 

«5. La conciencia puede juzgar verdadera y correctamente que los actos sexuales entre personas que han contraído un matrimonio civil entre sí, aunque uno, o ambos, esté sacramentalmente casado con otra persona, a veces pueden ser moralmente correctos o reclamados o incluso mandados por Dios.»

 

«6. Los principios morales y las verdades morales contenidos en la revelación divina y en la ley natural no incluyen prohibiciones que condenan absolutamente ciertos tipos de actos, porque son siempre gravemente ilícitos a causa de su objeto.»

 

«7. Nuestro Señor Jesucristo quiere que la Iglesia abandone su antiquísima disciplina de denegar la Eucaristía a los divorciados y nuevamente casados, y de denegar la absolución a los divorciados y nuevamente casados que no expresen ninguna contrición, ni el propósito firme de enmendarse de su actual estado de vida Dios.»

 

«Todas estas proposiciones —concluyen los firmantes— contradicen verdades que son divinamente reveladas, y que los católicos deben creer con el asentimiento de la fe divina […] Al enunciar estas siete proposiciones, no pretendemos dar una lista exhaustiva de todas las herejías y errores que un lector imparcial, intentando leer “Amoris laetitia” en su sentido natural y obvio, consideraría como afirmadas, sugeridas o favorecidas por este documento. Una carta enviada a todos los cardenales de la Iglesia y a los patriarcas orientales enumera 19 proposiciones como tales. Más bien, pretendemos listar las proposiciones que las palabras, hechos y omisiones de Su Santidad, tal como ya fueron descritas, han efectivamente apoyado y propagado, para grave e inminente peligro de las almas».

 

El documento y la lista de sus firmantes está en línea en un sitio traducido a siete lenguas: las 7 herejías formuladas en latín van acompañadas de otros materiales. La firma, por varias razones, más relevante pues es la que más tiene que ver con el mundo vaticano, es la del banquero italiano Ettore Gotti Tedeschi, que fue presidente del Instituto para las Obras de Religión (IOR), a quien corrieron en 2012. Además del nombre de Fellay, hay otras firmas de sacerdotes, estudiosos, periodistas y blogueros de diferentes naciones, directamente relacionados con el mundo lefebvriano, del tradicionalismo y de la derecha católica.


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“Silencio” el film de Scorsese. Comentario.

Gracias a Dios existe Scorsese

«Silence», la obra maestra del director neoyorquino, inspirado en la novela de Shusaku Endo, ofrece vías sorprendentes para huir de la confusión que parece reinar en la actual condición eclesial, incluso en relación con las dinámicas más elementales del cristianismo
ANSA

Un fotograma de la película “Silence” de Martin Scorsese

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Pubblicato il 16/01/2017
Ultima modifica il 16/01/2017 alle ore 15:04
GIANNI VALENTE

A veces, para ver qué es el cristianismo, son mejores un par de horas en el cine que diez cursos de teología o de moral en las Universidades Pontificias. Sucedió en el pasado con Pasolini y Benigni, con Robert Bresson y Xavier Beauvois. Y vuelve a suceder ahora con Martin Scorsese y su película «Silence», inspirada (con una gestación que duró décadas) en la novela del escritor católico japonés Shusaku Endo, publicada en 1966. Una obra maestra que, narrando una historia de hace cuatro siglos, ofrece vías sorprendentes para huir de la confusión que parece reinar en la actual condición eclesial en relación con las dinámicas más elementales del cristianismo y con su comunicación.

La película es una historia de persecución cristiana, de debilidades cristianas y de apostasía, en la que incluso renegar en público de la propia pertenencia a la Iglesia, por paradoja de la gracia, se convierte en la ocasión más real de la experiencia de la redención que opera Cristo, y de su manera incomparable para dar la salvación, sin medida.

La aventura cristiana que retoma Scorsese es la de los misioneros jesuitas y de los cristianos «ocultos» en el Japón del siglo XVII. Aquellas comunidades soportaban y sufrían la persecución cruel ordenada por los shogunes. Llegó el rumor a Europa de que Cristovão Ferreira, jesuita portugués que animaba los corazones de sus hermanos con las narraciones de los prodigios de la evangelización en las duras tierras japonesas, en medio de la persecución, hizo una apostasía. Dos de sus jóvenes alumnos son enviados a Japón para verificar las alarmantes noticias que circulan sobre su maestro. Y así, se sumergen entre las vicisitudes de campesinos y pescadores bautizados, que viven su fe a escondidas, tratando de huir de las sospechas de las autoridades locales, que siempre están buscando cristianos para obligarlos a abjurar mediante suplicios atroces y perversos.

En la película de Scorsese, y en el libro de Shusaku Endo, el cristianismo no es «una religión superior para clases superiores» (Péguy). Para los campesinos y pescadores de las islas japonesas, todo el dinamismo de la fe cristiana se reduce a sus rasgos esenciales mínimos: la gracia de los sacramentos es el tesoro que han recibido y gracias al cual se sienten revestidos de Cristo, la fuente en la que constantemente quieren apagar su sed dentro de una condición humana marcada por la miseria y la violencia de los feroces perseguidores. Los dos jesuitas, ocultándose durante el día, ejercen en secreto su misión sacerdotal por las noches y perciben la grandeza y la necesidad, en esa condición tan difícil: la persecución que rodea a todos es brutal y no tiene ningún motivo, expresa odio gratuito, incluso cuando se trata de presentar con el disfraz de razones pseudo-culturales, insistiendo en el teorema según el cual el cristianismo «no está hecho para Japón».

La persecución es narrada en la película de Scorsese crudamente, sin «protestas» indignadas y sin suaves matices hagiográficos. Antes de ser capturados, los dos jesuitas asisten impotentes al martirio de los pobres campesinos que no pueden disimular su fe ante gestos de apostasía (como pisotear las imágenes sacras o escupir sobre el crucifijo) que les piden los perseguidores. El padre Paolo Rodrigues, protagonista principal de la obra, vive el escándalo frente a los sufrimientos atroces que los pobres soportan sin ningún motivo, esos mismos que deberían ser los preferidos de Cristo, en el «silencio» de Dios. No hay nada de heroico ni de sublime en la manera en la que los pobres cristianos japoneses son asesinados cuando se niegan a la apostasía. Existe solo el absoluto ensimismamiento de sus suplicios con la pasión de Cristo, también asesinado «como un malhechor». Así, gracias al genio artístico de Scorsese y de Shusaku Endo, alejándose de la desmemoria y de los equívocos que difunden hoy los aparatos «persecucionistas» en todas las comunidades cristianas, el martirio cristiano es reconocido y narrado en sus rasgos propios. Los mártires, en su participación en la muerte y resurrección de Cristo, aplican la salvación de Cristo a los hombres de su generación. Y la Iglesia nunca ha «protestado» por los mártires: en su «memoria», la liturgia siempre ha celebrado el martirio de Cristo, que sigue por la salvación del mundo.

Quien traiciona a los padres jesuitas, que serán capturados, es Kichijiro, el cristiano pusilánime que en más de una ocasión, durante la película, reniega de su fe para después pedir cada vez el perdón por las traiciones y recaídas. Kichijiro declara que no es capaz de vivir en una época en la que para no renegar de la fe hay que estar listos para el martirio. Para justificarse, afirma que en tiempos «normales» también él habría sido un buen cristiano como los demás y no habría debido reprocharse nada. El padre Rodrigues nunca le niega la absolución en la confesión ni el perdón sacramental, incluso cuando él mismo se encuentra viviendo como prisionero apóstata y no se siente digno de ejercer el sacerdocio. Así, Scorsese ayuda a reconocer que la naturaleza humana, debilitada por el pecado original, permanece débil. Que puede traicionar y seguir traicionando. Que hasta la valentía es un don que no se puede pretender ni presuponer. Solo se puede describir con agradecimiento, cuando sucede. Y el padre Rodrigues administra durante toda su vida los sacramentos, incluso a Kichijiro, porque cuenta con la eficacia de la gracia que transmiten. Así, confiesa, con toda la historia de la Iglesia, que los sacramentos no son solo el premio para quien se los merece, sino un tesoro que hay que ofrecer a quien no es digno, como hizo Jesús.

Bajo el peso del suplicio físico y psicológico de la persecución, «Silence» se convierte también en una historia de caídas, de ruina y fracasos, de sospechas y desencantos. Los inquisidores japoneses creen que podrán podar desde la raíz el florecer cristiano en esas islas si logran que los misioneros cometan apostasía. Llevan al padre Rodrigues a visitar al apóstata Ferreira, para que este induzca a su hermano jesuita por el mismo camino. Y los argumentos que utiliza el ex-maestro con su ex-discípulo, además de teorizar la impermeabilidad de los japoneses al cristianismo, cancelan cualquier pretensión de concebir la evangelización como una prestación propia, fruto de la propia coherencia y fidelidad, en la cual complacerse a sí mismo y los propios planes misioneros. Los inquisidores le piden que pise una tablita de madera que representa a Jesús, para salvar con ese gesto de formal y pública apostasía a cinc de sus amigos cristianos torturados en un pozo (ese en el que los condenados eran colgados de cabeza con pequeñas heridas detrás de la oreja, desde las que se iba perdiendo la sangre gota a gota, en una terrible y larga agonía). En el libro de Shusaku Endo, las palabras de Ferreira le reprochan no apostatar solo por amor propio, para no convertirse  en uno de esos que son considerados lo peor de la Iglesia, y para salvarse, sin importarle la vida de esos cinco pobrecitos, evidentemente considerados «inferiores».

Rodrigues toca sus impotencia. También su ímpetu de joven misionero generoso, listo para sacrificar su vida por Cristo, se derrumba. Pero justamente su caída, ese gesto sacrílego que certifica públicamente su apostasía, se convierte para él en el momento más íntimo de encuentro con Cristo, se convierte en la ocasión más inesperada para admirar cómo opera su salvación. Porque es el rostro de Cristo mismo, de la tablita que le piden que pise, el que lo invita a confiar, a no tener miedo, y le promete cargar sobre sí todo el dolor del misionero fracasado («¡Pisa! ¡Pisa! Yo sé mejor que nadie cuán lleno de dolor está tu pie. ¡Pisa! Para ser pisoteado por los hombres yo vine a este mundo. Para compartir el dolor de los hombres cargué la cruz»).

Cuando Rodrigues apoya su pie y todo su ser sobre la imagen del Hijo de Dios, justamente ese gesto sacrílego se convierte, en realidad, en una inigualable confesión de fe.

Después de la apostasía, el sacerdote Paolo Rodrigues vivirá hasta el último de los días en una especie de jaula de oro, con una esposa y un nombre japoneses impuestos por sus perseguidores. Algunos detalles que muestra Socrsese al final de la película dejan ver que su corazón de apóstata nunca será abandonado por el amor de Cristo, hasta el final.

«Para mí», declaró Martin Scorsese en la entrevista que concedió al padre Antonio Spadaro y publicada en «La Civiltà Cattolica», «todo se reduce a la cuestión de la gracia. La gracia se da a lo largo de la vida. Viene cuando menos te lo esperas». La película de Scorsese tiene las connotaciones de un don inesperado, justamente en su vertiginosa intuición de los rasgos esenciales de la experiencia cristiana. Un vértigo con respecto al cual resultan patéticas y grotescas las polémicas clericales que tratan de explotar hasta la película de Scorsese para orear resentimientos sobre el espíritu misionero de la Iglesia, insinuando algún tipo de conexión con los reiterados llamados de Papa Francisco a reconocer que la Iglesia «no crece por proselitismo, sino por atracción». La gran película de Scorsese es un don inesperado, incluso porque deja ver justamente la fuente verdadera que siempre ha alimentado el auténtico dinamismo misionero de la Iglesia. Como escribía Joseph Ratzinger, cuando participó como perito teólogo en la redacción del texto conciliar «De missionibus» durante el Concilio II Vaticano, la misión para la Iglesia «no es una batalla para capturar a los demás o llevarlos al propio grupo». No puede ser concebida como una conquista de almas operada por la Iglesia por fuerza propia, en lugar y por cuenta de Cristo. La misión de anunciar la salvación de Cristo, explicó el futuro Benedicto XVI, solo puede surgir como reflejo del atractivo de la gracia. Y justamente y solo por esto, no se trata de una actividad «opcional», porque una Iglesia encerrada en su auto-suficiencia, o preocupada por promoverse e incrementarse a sí misma, en lugar de anunciar el Evangelio, no sería la Iglesia de Cristo.


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Premios Ratzinger

El Papa entregó el Premio Ratzinger 2016

Sabado 26 Nov 2016 | 09:03 am

Ciudad del Vaticano (AICA):

El Santo Padre otorgó esta mañana en la Sala Clementina del Palacio Apostólico el Premio Ratzinger instituido en 2011 por la Fundación Vaticana Joseph Ratzinger- Benedicto XVI.

“Me alegra encontrarme con ustedes en esta ocasión tan importante”, comenzó diciendo el papa Francisco a los presentes y añadió: “Para mí es también una manera de expresar una vez más nuestro afecto y nuestro reconocimiento por el papa emérito Benedicto XVI, que sigue acompañándonos con su oración”.

Este año los galardonados son:

Monseñor Inos Biffi, catedrático emérito de Teología sistemática y de Historia de la teología medieval en la Facultad Teológica de Italia Septentrional, profesor de las mismas materias en la Facultad de Teología de Lugano, miembro de la Pontificia Academia de Teología, presidente del Instituto de Historia de teología medieval de Milán y director del Instituto de Historia de la teología de la Facultad de Teología de Lugano.

Profesor Ioannis Kourompeles, nacido en Atenas (Grecia) en 1965. Estudió Teología en las facultades teológicas de Tesalónica, Erlangen y Heidelberg. Enseña Historia de los dogmas y Teología dogmática y simbólica en la Facultad de Teología de la Universidad Aristóteles de Tesalónica. Es el primer ortodoxo que recibe el Premio Ratzinger.

Francisco recordó que el Jubileo de la Misericordia apenas concluido “nos recordó muchas veces que la misericordia está en el corazón del ‘protocolo’ con el cual Jesús dice que seremos juzgados: Tuve hambre y me han dado de comer, tuve sed y me dieron de beber…’” (Mt 25,35).

El Papa abordó así el tema de la escatología, vale a decir la reflexión que se interroga sobre el destino último del ser humano y del universo. Y señaló que el tema de la escatología “es fundamental cuando se reflexiona sobre el sentido de nuestra vida y nuestra historia, sin quedarnos cerrados en una impostación materialista o de todos modos intramundana”.

“Sabemos que el tema de la escatología -prosiguió el Papa- ocupó un lugar muy importante en el trabajo teológico del profesor Joseph Ratzinger, durante su actividad como prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe y también en su magisterio durante el pontificado”. Y citó en este sentido la encíciclica Spe Salvi, por las “profundas consideraciones sobre la via eterna y sobre la esperanza”.

Añadió que “la profundidad del pensamiento” del papa emérito “nos ayuda a permanecer abiertos al horizonte de la eternidad, dando así sentido también a nuestras esperanzas y a nuestros empeños humanos”. Porque su pensamiento “es un magisterio fecundo que sabe concentrarse sobre referencias fundamentales de nuestra vida cristiana” como lo son “la persona de Jesucristo, la caridad, la esperanza, la fe”. Motivo por el cual “toda la Iglesia le guardará gratitud por siempre”.

Felicitó también a los organizadores del Simposio internacional sobre el tema de la Escatología que se acaba de realizar en la Universidad de la Santa Cruz, y concluyó hoy en el Agustinianum, con la exposición del cardenal Gianfranco Ravasi.

Felicitó también a quienes fueron galardonados: a Mons. Inos Biffi, a la carrera de un gran teólogo; y al joven profesor Ioannis Kourempeles, a quien le animó a proseguir profundizando sobre el pensamiento de Ratzinger y la teología ortodoxa. +


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El P. Gustavo Gutiérrez y la teología de la liberación ante el Vaticano.

FUE VERDADERA TEOLOGÍA. No hay ninguna rehabilitación, revela Gutiérrez, porque “nunca fui condenado por la Congregación de la Fe”.

El teólogo peruano Gustavo Gutierrez

El teólogo peruano Gustavo Gutierrez

Hay pruebas que el padre Gustavo Gutiérrez está muy dispuesto a mostrar. Como una carta que le envió la Congregación para la Doctrina de la Fe donde dice, con todas las letras, que el diálogo sobre la teología de la liberación ha terminado satisfactoriamente. El dominico aprovecha una entrevista concedida al portal españolperiodistadigital.com para aclarar definitivamente qué fue lo que ocurrió en el pasado. Algunos pensaron que la Iglesia católica había cambiado, gracias al Papa Francisco, su postura sobre el movimiento teológico que en los años Ochenta recibía, o por lo menos eso decían los medios de información, una radical oposición dentro de la Muralla Leonina.

En parte es así, pero la historia es más compleja. De otra manera no tendría explicación que el Observatorio Romano –el diario del Vaticano- dedicara dos páginas al sacerdote peruano Gutiérrez, el primer representante de esta corriente teológica. Dos páginas publicadas el pasado 4 de septiembre que contenían una síntesis del libro “De parte de los pobres. Teología de la liberación, teología de la Iglesia”, escrito en 2004 en colaboración con Gerhard Ludwig Muller, el arzobispo alemán que en 2012 Ratzinger nombró Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. ¿Entonces qué ocurrió realmente? ¿Y por qué en tantos ambientes eclesiales existía la convicción generalizada de que los partidarios de la teología de la liberación eran una especie de excomulgados?

El padre Gutiérrez explica que, en su caso, el Vaticano recibió una advertencia desde Perú. Esa manera de entender la fe a partir de la condición de opresión de los pobres debía haber preocupado a algún miembro de la jerarquía andina. Sin embargo, nunca le abrieron un proceso porque sospecharan que estaba fuera de la ortodoxia. Por el contrario, hubo un diálogo, porque algunas afirmaciones suyas no se habían comprendido bien. Todo se resolvió positivamente, a tal punto que –afirma Gutiérrez- “Cuando me dicen que estuve condenado, me río un poco, pues jamás estuve condenado por la Congregación de la Fe”.

Su relación con el cardenal Muller también sorprendió a los que consideran que el guardián de la fe es un tradicionalista, teológicamente encerrado en el pasado. En realidad, ellos se conocen desde hace mucho tiempo. “Es un amigo, muy buen amigo” dice Gutiérrez, y no solo afirma que el Prefecto conoce muy bien la teología de la liberación sino que agrega que lo defendió en algunas circunstancias. El cardenal Muller estuvo en Perú y decidió hacer algo práctico para ayudar a los pobres –cuenta el teólogo peruano- y durante quince años fue a enseñar teología en el seminario de Cuzco, donde la población es indígena.

Aunque no ha tenido personalmente problemas directos, cuando los hubo –aclara Gutiérrez- fueron amplificados por los medios. No hay duda que sobre la Teología de la Liberación, por lo menos en Europa, ha pesado la sospecha de ser demasiado deudora de la ideología marxista o políticamente inclinada hacia la izquierda. La discusión en los principales diarios construyó una imagen esquemática del conflicto con la Curia romana, empeñada en censurar cualquier orientación teológica nueva. Por otra parte, es útil recordar que el telón de fondo de las incomprensiones y las condenas era el enfrentamiento geopolítico entre comunismo y capitalismo, Unión Soviética y Estados Unidos, que distorsionó la comprensión de la teología de la liberación y su decidida “opción por los pobres”, que después se convirtió en un elemento clave para la Iglesia de América Latina.


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Gustavo Gutiérrez y la teología de la liberación.

iglesia

 

En una entrevista publicada por Religión Digital, el teólogo Gustavo Gutiérrez habla sobre sí mismo y la teología de la liberación hoy. Para leer el documento basta pulsar el siguiente enlace:

http://www.periodistadigital.com/religion/america/2015/12/14/gustavo-gutierrez-jamas-estuve-condenado-por-la-congregacion-doctrina-de-la-fe-religion-iglesia-teologia-liberacion-muller.shtml