Loiola XXI

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Economía, trabajo, vida social. Entrevista del Papa

Papa Francisco trabajo dignidad dinero economía El Papa Francisco con un trabajador en Cagliari 

El dinero verdadero se hace con el trabajo que crea dignidad y más trabajo

La sola persecución del beneficio ya no garantiza la vida de la empresa: se necesita formación en los valores y una ética amiga de la persona. Lo afirma Francisco en la entrevista que publica hoy el periódico italiano, Il Sole 24 ore, en la que se refiere también a una economía que “mata” porque el hombre ya no está en el centro de sus propias dinámicas

Giada Aquilino – Ciudad del Vaticano

La gestión de la economía y de la finanza, la creación de nuevo trabajo, el respeto del ambiente y la acogida de los migrantes pasan todos por una ética “amiga de la persona”, “fuerte incentivo” para una conversión de la que “tenemos necesidad”. Es la reflexión del Papa Francisco en la entrevista concedida a Il Sole 24 Ore, que se encuentra hoy en los quioscos.

Falta la conciencia de un origen común, de una pertenencia a una raíz común de humanidad y de un futuro que debemos construir juntos. Esta conciencia de base permitiría el desarrollo de nuevas convicciones, nuevas actitudes y estilos de vida. Una ética amiga de la persona tiende a la superación de la distinción rígida entre realidades volcadas a la utilidad y las orientadas no al mecanismo exclusivo de las ganancias, dejando amplio espacio a actividades que constituyen y amplían el llamado tercer sector.

El ídolo llamado dinero

La economía de hoy es una economía que “mata”, porque – reafirma el Papa – “la persona ya no está en el centro”, “obedece sólo al dinero”, “hacer dinero se vuelve el objetivo primario y único”. Francisco pone de manifiesto que se construyen “estructuras de pobreza, esclavitud y de descarte”.

La importancia actual de la actividad financiera con respecto a la economía real no es casual: detrás de esto está la elección de alguien que piensa, equivocándose, que el dinero se hace con el dinero. El dinero, el verdadero, se hace con el trabajo. Es el trabajo lo que confiere la dignidad al hombre, no el dinero. El desempleo que atañe a diversos países europeos es la consecuencia de un sistema económico que ya no es capaz de crear trabajo, porque ha puesto en el centro a un ídolo, que se llama dinero.

Que el trabajo produzca más trabajo

Cuando se le pregunta cómo un empresario pueda ser un “creador” de valor para la propia empresa y para los demás, a partir de la comunidad en la que vive y trabaja, el Papa recuerda cuán importante es “la atención a la persona concreta”, lo que significa “dar a cada uno lo suyo”, “sacando a las madres y a los padres de familia de la angustia por no poder dar un futuro, y ni siquiera un presente a sus propios hijos”.

Significa saber dirigir, pero también saber escuchar, compartiendo con humildad y confianza proyectos e ideas. Significa hacer que el trabajo produzca más trabajo, que la responsabilidad cree más responsabilidad, que la esperanza cree más esperanza, sobre todo para las generaciones jóvenes, que hoy más que nunca tienen necesidad. Creo que es importante trabajar juntos para construir el bien común y un nuevo humanismo del trabajo, promover un trabajo respetuoso de la dignidad de la persona que no ve sólo la ganancia o las exigencias productivas sino que promueve una vida digna sabiendo que el bien de las personas y el bien de la empresa caminan juntas.

Un desarrollo integral

Francisco exhorta “a desarrollar la solidaridad y a crear un nuevo orden económico que no genere más descartes, enriqueciendo la actividad económica con la atención a los pobres y la disminución de las desigualdades”. Tenemos necesidad, subraya, “de coraje y genial creatividad”.

La distribución y participación en la riqueza producida, la integración de la empresa en un territorio, la responsabilidad social, el bienestar empresarial, la paridad de retribución salarial entre hombres y mujeres, la conjugación entre los tiempos de trabajo y los tiempos de vida, el respeto del medio ambiente, el reconocimiento de la importancia del hombre con respecto a la máquina y el reconocimiento del justo salario, así como la capacidad de innovación son elementos importantes que mantienen viva la dimensión comunitaria de una empresa. Perseguir un desarrollo integral requiere atención a los temas que acabo de enumerar.

La acción económica es un hecho ético

Una sana economía, señala Francisco, no está “nunca desconectada” del significado de lo que se produce y la acción económica es “siempre” también un hecho ético.

Mantener unidas acciones y responsabilidades, justicia y beneficio, producción de riqueza y su redistribución, funcionamiento y respeto del ambiente se convierten en elementos que con el tiempo garantizan la vida de la empresa.

Aún mucho trabajo por hacer para desarrollar la dimensión ecológica

Desde este punto de vista, el significado de la empresa “se amplía” y hace comprender que “la búsqueda del beneficio por sí sola ya no garantiza la vida de la empresa” y que “ya no es posible que los operadores económicos no escuchen el grito de los pobres”. Por eso el Papa piensa no sólo en la formación técnica en la empresa, sino también en una “formación en los valores”: solidaridad, ética, justicia, dignidad, sostenibilidad, para enriquecer el “pensamiento y la capacidad operativa”. Con la perspectiva de un desarrollo de la dimensión ecológica, apunta a la “convergencia de varias acciones: políticas, culturales, sociales, productivas”, aunque “el trabajo que queda por hacer sigue siendo mucho”.

Compartir un viaje común

Vuelve el grito de los pobres al recordar que, cuando se mueven, “asustan especialmente a los pueblos que viven en el bienestar”. Francisco observa que “no existe un futuro pacífico para la humanidad si no es en la aceptación de la diversidad, en la solidaridad, en el pensar en la humanidad como una sola familia”. La referencia es a los migrantes, “gran desafío para todos” hoy: el viaje que realizan, destaca, después de todo, “se hace en dos” y no hay que tener miedo de compartirlo, con esperanza.

Aquellos que vienen a nuestra tierra, y nosotros que vamos hacia sus corazones para entenderlos, entender su cultura, su lengua, sin descuidar el contexto actual. Esto sería un signo claro de un mundo y una Iglesia que busca ser abierta, inclusiva y acogedora, una Iglesia madre que abraza a todos en el compartir el viaje común.

Dignidad del trabajo y sociedades justas y democráticas

Instado a responder acerca de los consensos obtenidos en Italia por fuerzas políticas definidas populistas, que no comparten la apertura de las fronteras nacionales a los inmigrantes, y  sobre las orientaciones que deben darse a Europa, el Papa exhorta a mirar a las personas que huyen de la pobreza y el hambre, instando a “muchos empresarios” y a otras tantas “instituciones europeas que no carecen de genialidad y coraje” a “emprender caminos de inversión”, en sus países, en la formación, desde la escuela hasta el desarrollo de verdaderos sistemas culturales y, sobre todo, en el trabajo”, con el objetivo de beneficiar a los Estados “hoy todavía pobres “, “dando a esas personas la dignidad del trabajo y a su país la capacidad de tejer lazos sociales positivos capaces de construir sociedades justas y democráticas”.

Las respuestas a las peticiones de ayuda, aunque generosas, quizás no han sido suficientes, y hoy nos encontramos llorando miles de muertos. Ha habido demasiados silencios. El silencio del sentido común, el silencio del siempre se ha hecho así, el silencio del nosotros siempre contrapuesto al de ellos. El Señor promete consuelo y liberación a todos los oprimidos del mundo, pero necesita de nosotros para hacer eficaz su promesa. Necesita nuestros ojos para ver las necesidades de los hermanos y de las hermanas. Necesita nuestras manos para socorrer. Necesita nuestra voz para denunciar las injusticias cometidas en el silencio, a veces cómplice, de muchos. Sobre todo, el Señor necesita nuestro corazón para manifestar el amor misericordioso de Dios hacia los más últimos, los rechazados, los abandonados, los marginados.

Integración y alojamiento digno

Por parte de los migrantes, añade, es necesario que respeten la cultura y las leyes del país que los acoge, “con el fin de implementar conjuntamente un camino de integración y superar todos los temores y preocupaciones”.

Encomiendo también estas responsabilidades a la prudencia de los gobiernos, para que encuentren modalidades compartidas para dar una acogida digna a tantos hermanos y hermanas que piden ayuda. Se puede recibir a un cierto número de personas, sin descuidar la posibilidad de integrarlas y organizarlas de manera digna. Es necesario prestar atención al tráfico ilegal, conscientes de que la recepción no es fácil.

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Discurso del Papa a la fundación Centesimus annus

El Papa a la fundación Centesimus Annus: «Globalicen la cultura de la justicia»

El Santo Padre recibió en audiencia a la Fundación Centesimus Annus – Pro Pontifice, reunidos en Roma con ocasión del 25° aniversario de su constitución a cargo de Juan Pablo II

Sofía Lobos – Ciudad del Vaticano

El sábado 26 de mayo, en torno a las 11:30 de la mañana, el Papa Francisco recibió en audiencia en la Sala Regia del Vaticano a los miembros de la fundación Centesimus Annus – pro Pontifice, reunidos en Roma con ocasión del 25° aniversario de su formación a cargo de Juan Pablo II y de la celebración de la conferencia internacional “Debates sobre las nuevas políticas y estilos de vida en la era digital”, presidida por el cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolín, que contó también con la intervención del Patricarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I.

Valores éticos en el sistema económico actual

En su discurso, el Santo Padre agradeció a la fundación el trabajo fundamental que realizan con tanto empeño, y que consiste en dar a conocer la sabiduría de la Doctrina Social de la Iglesia a cuantos  trabajan en los sectores empresariales y económicos de la sociedad civil.

“Después de un cuarto de siglo, esta tarea es más necesaria que nunca, ya que los retos sociales y económicos que enfrenta la comunidad internacional se han vuelto cada vez más complejos e interconectados”, afirmó el Papa señalando que las actuales dificultades y crisis en la economía tienen una dimensión ética innegable: están vinculados a una mentalidad de egoísmo y exclusión que genera la cultura del descarte, que ciega respeto a la dignidad humana de los más vulnerables.

“Y prueba de ello es la creciente globalización de la indiferencia frente a los obvios desafíos morales a los que la familia humana debe enfrentarse”,  añadió el Obispo de Roma, mencionando especialmente los numerosos obstáculos al desarrollo humano integral que padecen las personas, no sólo en los países materialmente más pobres sino también cada vez más en medio de la opulencia del mundo desarrollado.

Afrontar nuevos estilos de vida en la era digital

Por otra parte, el Sucesor de Pedro habló de los problemas éticos urgentes que están relacionados con los movimientos migratorios mundiales y en este contexto, destacó el papel indispensable de la Fundación, “encargada de llevar la luz del mensaje del Evangelio para asistir a estas exigencias humanas, ayudando así a la Iglesia a cumplir este aspecto esencial de su misión”.

En cuanto al tema elegido para la conferencia de este año: “Nuevas políticas y nuevos estilos de vida en la era digital”, el Santo Padre subrayó uno de los retos relacionados con esta temática: las amenazas que las familias están afrontando a causa de la escasez de oportunidades laborales estables y el impacto de la revolución de la cultura digital.

El Pontífice resaltó, que tal y como ha puesto en evidencia, el recorrido de preparación para el Sínodo de este año, dedicado a los jóvenes, “es un área crucial en la cual la solidaridad de la Iglesia es efectivamente necesaria”.

Construir una cultura global de la justicia

“La contribución de ustedes es una expresión privilegiada de la atención de la Iglesia hacia el futuro de los jóvenes y las familias”, observó Francisco, recordando que, por otra parte, se trata de una actividad en la que la cooperación ecuménica es de especial importancia y la presencia del Patriarca Bartolomé de Constantinopla en su conferencia, “es un signo elocuente de esta responsabilidad común”.

“Queridos amigos, al compartir su conocimiento y experiencia, y al transmitir la riqueza de la doctrina social de la Iglesia, ustedes buscan formar las conciencias de líderes en el campo político, social y económico. Os animo a perseverar en este esfuerzo, que ayuda a construir una cultura global de la justicia económica, la igualdad y la inclusión”, concluyó el Pontífice, expresando su gratitud y aprecio “por todo lo que ya han logrado, confiando su futuro compromiso a la providencia de Dios en oración”.

Escucha el discurso del Papa Francisco


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Importantes iniciativas de la fundación “Centesimus annus”

La Fundación “Centesimus Annus” presentó sus iniciativas por sus 25 años

Este 18 de abril se realizó la Conferencia de presentación de la actividad de la Fundación “Centesimus Annus – Pro Pontifice” y de la Conferencia Internacional “New Policies and Life-Styles in the Digital Age”.

Ciudad del Vaticano

Esta mañana, a las 12,15, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede tuvo lugar la Conferencia de presentación de la Fundación “Centesimus Annus – Pro Pontifice” (para promover el conocimiento de la Doctrina social de la Iglesia Católica) con motivo del 25° Aniversario de su fundación y de la Conferencia Internacional “New Policies and Life-Styles in the Digital Age” que tendrá lugar en Roma, en el Palacio de la Cancillería del 24 al 26 de mayo de 2018.

En la presentación intervinieron Mons. Diarmuid Martin, Arzobispo de Dublín, Domingo Sugranyes Bickel, Presidente del Consejo de la Fundación “Centesimus Annus – Pro Pontifice”, Anna Maria Tarantola, miembro del Consejo de Administración de la Fundación “Centesimus Annus – Pro Pontifice” y delegada del Consejo para el  Comité Científico de la Fundación.

Mons. Diarmuid Martin: los pobres pagan por la corrupción

En su intervención Mons. Diarmuid Martin recordó la importancia de la enseñanza social de la Iglesia como parte de la disciplina de la teología moral, la misma que implica el diálogo con las ciencias sociales y con la reflexión económica y financiera, con la ciencia política y hoy cada vez más con la reflexión ecológica. “Esta es una de las contribuciones originales de la Fundación Centesimus Annus – Pro-Pontefice, dijo el Arzobispo de Dublin, como vehículo de diálogo entre la enseñanza social de la Iglesia y las ciencias sociales”.

Desde su creación, la Fundación “Centesimus Annus”, afirmó Mons. Diarmuid Martin ha sido un puente entre los principios éticos y la enseñanza de la Iglesia y los desafíos cotidianos que los responsables políticos y los profesionales deben afrontar en sus decisiones en el área de la reforma y la gobernanza de la situación financiera internacional. En este sentido, el Papa Francisco ha solicitado incansablemente un proceso urgente de corrección del modo  de funcionamiento de la economía mundial, que apunte especialmente a las causas de la exclusión de los más pobres y el desarrollo de modelos económicos de inclusión.

En los últimos años, la Fundación “Centesimus Annus” ha participado en un proceso de consulta y reflexión sobre el desafío de lograr que la arquitectura financiera internacional se centre más en el bien común. Este hecho se conoce como el Proceso de Dublín ya que la primera sesión de esa consulta tuvo lugar en Dublín en 2014.

Domingo Sugranyes: estudio y difusión de la DSI

La Fundación Centesimus Annus – Pro Pontifice (CAPP) fue establecida por San Juan Pablo II en 1993 como un foro abierto de debate para promover el estudio y la difusión de la doctrina social de la Iglesia Católica. Es una fundación que actúa bajo la jurisdicción del Vaticano y está vinculada al APSA (Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica).

A lo largo de los años, la Fundación se ha centrado en las posibilidades prácticas para el mundo empresarial y la economía en general de un compromiso profesional basado en la virtud, en la gestión responsable de la economía y en el uso de una innovación tecnológica que promueva la igualdad de oportunidades y un empresariado conforme con los principios de sostenibilidad global. Lo anterior se  ha realizado poniendo en común las experiencias de los responsables económicos y empresariales  con  las de los economistas y especialistas universitarios en el campo de las ciencias sociales, todos ellos involucrados en la búsqueda de una brújula ética común.

Con motivo de su 25.mo aniversario, la Fundación está llevando a cabo una nueva encuesta sobre cuáles sean hoy los aspectos más acuciantes en el campo de la economía y la ética social a la luz de los principios de la doctrina social cristiana proyectada al bien común salvaguardando la economía mercado.
Conferencia Internacional de la Fundación

Siguiendo las indicaciones del Papa Francisco, la Fundación reunirá también este año a un grupo internacional de líderes públicos, académicos, líderes sindicales, así como empresarios y profesionales para buscar formas innovadoras que permiten interpretar las novedades en el campo de la economía y de la innovación tecnológica, frente a los desafíos éticos que enfrentamos como consecuencia de la aparición de nuevos paradigmas, nuevas formas de poder derivadas del uso de las tecnologías y estilos de vida basados en la cultura del “usar y tirar”, ignorando a los pobres y despreciando a los débiles.

Como en la época  de la “Rerum Novarum”, trataremos de identificar los “elementos de novedad” para repensar las prioridades socioeconómicas a las que nos enfrentamos hoy. Este es el objetivo de la conferencia internacional de la Fundación CAPP de 2018 que tratará tres temas: “La familia frente a las incertidumbres laborales derivadas de la revolución cultural digital”; “Hacia una cadena alimentaria sostenible: actitud responsable contra la cultura del “usar y tirar e Individuo, trabajo, empleo inclusivo”.

La conferencia internacional de la Fundación CAPP con motivo del 25° aniversario tendrá lugar en Roma del 24 al 26 de mayo de 2018 en el Palazzo della Cancelleria y  en el Palacio Apostólico Vaticano. La conferencia concluirá con un discurso sobre “Una agenda común de los cristianos por el bien común”, pronunciado por el patriarca ecuménico Bartolomé, en una sesión presidida por el Secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin. Seguirá una audiencia privada con el Papa Francisco.

La lista de oradores incluye a miembros de la Academia Pontificia para la Vida, la Fundación Vaticana Gravissimum Educationis, la FAO, la Confederación Europea de Sindicatos y una serie de economistas comprometidos con el trabajo académico y líderes empresariales.

Trabajo preparatorio llevado a cabo por la Fundación

La Fundación ha trabajado durante los últimos 12 meses en los temas del futuro del trabajo y la educación en el contexto de la revolución digital. Las cuestiones de las  nuevas especializaciones y contratos de trabajo se abordaron en la conferencia internacional de 2017. La misma conferencia también fueron claves los temas de la  migración, la trata de personas y la lucha contra los delitos financieros; también se reflexionó sobre la posibilidad de incentivar o recompensar la conducta económica socialmente virtuosa. También en 2017, se celebraron dos conferencias locales, una en Turín y la otra en Berlín sobre cuestiones del futuro del trabajo y los desafíos planteados por la inteligencia artificial.

Para enriquecer el trabajo con nuevas ideas, la Fundación ya comenzó en 2013 una serie de consultas con expertos de ética en los asuntos internacionales y finanzas, llamada el “Proceso de Dublín”. El quinto evento de esta serie titulado “Una brújula ética para la era digital” se ha llevado a cabo recientemente en Nueva York. La iniciativa fue copatrocinada por la Universidad de Fordham en Nueva York. Las sesiones se desarrollaron sobre la base de dos informes principales, presentados respectivamente por el Prof. Georges Enderle (Universidad de Notre-Dame, Indiana) y  el Prof. Niên-he Hsieh (Harvard University Business School) y con contribuciones de diferentes especialistas en temas relacionados con la doctrina social y la innovación procedentes de los Estados Unidos, Europa y Asia. Todos los documentos han sido publicados en el sitio web de la Fundación. El 15 de marzo de 2017 tuvo lugar una presentación pública del trabajo de la Fundación en la Fordham University en Nueva York, en la que participaron el Observador Permanente de la Santa Sede en la ONU, S.E. Monseñor Bernardito Auza,  el ex Primer Ministro de Malta y miembro del Consejo de la Fundación, Lawrence Gonzi,  el Presidente de la Fordham University, Padre Joseph McShane SJ.


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El Papa habló claro al Foro de Davos. Cuál fue la respuesta?

Pues no, el papa Francisco no se calló en Davos

PUES NO, EL PAPA FRANCISCO NO SE CALLÓ EN DAVOS

Eduardo Rojo. El 27 de marzo del pasado año escribí una entrada para este blog con el título “Del pasado al futuro de la Unión Europea. ¿Escucharán los Jefes de Estado y de Gobierno al papa Francisco?”, del que reproduzco ahora un breve párrafo “Llega el viernes 24 de marzo de 2017. En la Sala Regia del Vaticano el Santo Padre Francisco se reúne con los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea presentes en la capital italiana para la celebración del 60 aniversario del Tratado de Roma que instituyó la Comunidad Económica Europea. Con respeto y silencio los dirigentes políticos escuchan al papa Francisco… ¿o fingen que le escuchan?”

Le escucharon, ciertamente, pero los avances que el papa pedía en materia de derecho sociales para las personas que lo necesitan, que son muchas en el espacio geográfico de la Europa de los (todavía) 28 Estados, va a ritmo de tortuga, si me permiten utilizar una expresión coloquial. Ojalá que el desarrollo efectivo del pilar europeo de derechos sociales, solemnemente suscrito por los representantes de la Comisión Europea, el Consejo y el Parlamento, el 17 de noviembre en la cumbre de Gotemburgo, aporte más esperanza a esas personas que ven cada día su futuro inmediato (no tienen tiempo para pensar ni en el medio ni, mucho menos, en el largo plazo, con preocupación).

Y del ámbito europeo al mundial, de Roma a Davos, de la reunión institucional de Jefes de Estado y de Gobierno a otra no menos importante, celebrada del 23 al 26 de enero, en la que se encuentra el poder político y el poder económico (si es que puede establecerse una diferencia entre ambos, ciertamente ficticia en muchos países) y en la que cada año se debate y discute sobre la realidad mundial y en la que se fijan, sin ningún tipo de formalismo jurídico pero sí con un alto grado de efectividad por la importancia de quienes participan en la reunión, las líneas de trabajo de los próximos meses (o años), y en donde en ocasiones la presencia de potentes ONGs y del sindicalismo europeo e internacional contribuye, modestamente, a que se tomen en consideración los problemas del cada vez más diversificado mundo del trabajo. De la importancia que se le concede a reunión da debida cuenta su página web: “reunirá a una cantidad récord de jefes de estado y de gobierno, además de organizaciones internacionales y líderes de los ámbitos de los negocios, sociedad civil, académico, arte y medios”.

A dicha reunión del Foro Económico Mundial se dirigió, esta vez no físicamente sino a través de un mensaje enviado a su presidente, el profesor Klaus Schwab, atendiendo la invitación formulada para aportar “la perspectiva de la Iglesia Católica y de la Santa Sede en la reunión en Davos”.

Y vuelvo a hacerme casi la misma la pregunta que me hice hace ya casi año. ¿Escucharon, realmente, al papa Francisco, las personas presentes en la ciudad suiza, o simplemente fingieron que le escuchaban y al finalizar su mensaje volvieron a sus asuntos “más importantes”, los de las cuotas de poder entre diferentes Estados y organizaciones económicas? No soy especialmente optimista al respecto, visto lo poco que se ha avanzado, por no decir que se ha retrocedido para muchas personas, en materia de derechos sociales (trabajo, salud, vivienda), pero sí lo soy con respecto a la valentía con la que el papa Francisco ha puesto nuevamente la cuestión social sobre la mesa del debate político, con una nueva llamada de atención a encarar de frente y sin rodeos cómo hacer un mundo mejor para todas las personas que lo habitan y no únicamente para una ínfima minoría, haciendo bueno el lema elegido este año por el Foro, que no debería, pues, quedarse en meras palabras o una imagen de fachada: “Crear un futuro compartido en un mundo fracturado”.

Porque, tras el obligado saludo de cortesía a la invitación formulada, y no la menos educada manifestación de la oportunidad del tema elegido para la reunión, el papa entra ya directo y manifiesta su confianza en que los debates ayudarán a “orientar sus deliberaciones en la búsqueda de mejores bases para construir sociedades inclusivas, justas y solidarias, capaces de restaurar la dignidad de aquellos que viven con gran incertidumbre y que no pueden soñar con un mundo mejor”.

Y ¿por qué es necesario que se encaminen por esa vía? Porque, “a nivel de gobernanza global, somos cada vez más conscientes de que existe una creciente fragmentación entre los Estados y las instituciones. Están surgiendo nuevos actores, así como una nueva competencia económica y acuerdos comerciales regionales. Las nuevas tecnologías están transformando los modelos económicos y el mundo globalizado, de tal forma que, condicionadas por intereses privados y una ambición de lucro a toda costa, parecen favorecer una mayor fragmentación e individualismo, en lugar de facilitar enfoques que sean más inclusivos”. Y sigue sin cortarse un pelo el papa Francisco cuando afirma que “la inestabilidad financiera ha traído nuevos problemas y serios desafíos que los gobiernos deben enfrentar, como el aumento del desempleo y de la pobreza, la ampliación de la brecha socioeconómica y las nuevas formas de esclavitud, a menudo enraizadas en situaciones de conflicto, migración y diversos problemas sociales. Junto a ello, encontramos ciertos estilos de vida bastante egoístas, marcados por una opulencia que ya no es sostenible y con frecuencia indiferentes al mundo que nos rodea, y especialmente a los más pobres entre los pobres”.

En fin, tras poner las cartas sobre la mesa, reafirma una vez más la tesis defendida en anteriores escritos y documentos de que “los modelos económicos también deben observar una ética del desarrollo sostenible e integral, basada en los valores que colocan al ser humano a la persona y sus derechos en el centro”, y que “no podemos permanecer en silencio frente al sufrimiento de millones de personas, ni podemos seguir avanzando como si la propagación de la pobreza y la injusticia no tuvieran ninguna causa. Es un imperativo moral, una responsabilidad que involucra a todos, crear las condiciones adecuadas para permitir que todas las personas vivan de manera digna”.

Lean el mensaje, vale la pena, señores y señoras asistentes a Davos, y aplíquenlo en su actividad política, económica y social cotidiana. Pero esto, lo dice quien firma, y no pasa, de momento, de ser sólo un deseo, que, eso sí, con el esfuerzo y la lucha de muchas personas, puede convertirse en realidad.


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Un nuevo libro sobre el pensamiento sociopolítico de Papa Francisco.

El Papa Francisco y la política: que no gobierne el dinero

Un nuevo libro de Tornielli y Saleri narra el magisterio social del Pontificado mediante los grandes temas de la actualidad: la democracia, la globalización, las finanzas, los migrantes y Europa
LAPRESSE

El Papa Francisco entre la gente

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Pubblicato il 10/02/2018
Ultima modifica il 10/02/2018 alle ore 18:22
UGO MAGRI

Con su gusto por las paradojas, el político italiano Massimo D’Alema definió al Papa Francisco como «el mejor líder de la izquierda», certificando, de alguna manera, las sospechas de los conservadores (y no solo católicos) que reprochan al Sucesor de Pedro «demasiada política» y que lo acusan abiertamente de populismo, “tercermundismo” y anti-capitalismo. En el mundo mediático que lo banaliza todo, se ha impuesto el cliché del Pontífice poco concentrado en los dogmas de fe y muy dedicado a la denuncia de los males terrenales. Pocos hacen un esfuerzo para comprender e indagar profundamente qué es lo que sostiene verdaderamente el Papa. Entre los personajes más icónicos de nuestra época, Francisco también es, paradójicamente, uno de los menos conocidos.

 

Trata de llenar esta laguna una investigación que estará disponible en las librerías italianas a partir del martes 13 de febrero, publicada por la editorial Piemme. Los autores son Pier Paolo Saleri, analista político, y Andrea Tornielli, vaticanista del periódico italiano “La Stampa”, que conoce de verdad al hombre y al Pontífice Jorge Mario Bergoglio. Cuatro años de encíclicas y discursos son analizados detalladamente, catalogados según grandes argumentos, estudiados para encontrar el hilo conductor. El rasgo común de todos estos textos analizados es una crítica implacable de la avidez convertida en sistema. La única fuerza que ahora parece gobernar el mundo es la búsqueda de ganancias, por lo que cualquier manifestación humana es sometida al “dios dinero”. El poder de la riqueza huye de toda regla y, expandiéndose sin control, determina injusticias que ya no es posible ver. Miles de millones de seres humanos arrojados a la miseria por el egoísmo de pocos. Un ecosistema destrozado por la explotación salvaje de los recursos naturales. La paz amenazada en su raíz por los mercaderes de armas cada vez más destructivas. Los pueblos culturalmente colonizados por el «pensamiento único» liberal e individualista. Según Bergoglio, el único origen de este mal, es la tiranía del capital.

 

Sin embargo, al avanzar con la lectura de este volumen, se descubre que el Papa Francisco no está en contra del libre mercado, mucho menos contra el capitalismo; acaso está en contra de sus excesos, evidentes para todos, principalmente en América Latina (de donde proviene) y en el llamado “Tercer Mundo”. El Papa argentino no ve con sospechas a los empresarios, a quienes, es más, en sus discursos contrapone positivamente a la especulación financiera, esta sí completamente indiferente ante el destino de comunidades enteras.

 

El Papa llega a sostener que «trabajar bien» es un deber de los empleados, no solamente a cambio de un salario. Distingue también entre una globalización “buena”, que enriquece los vínculos entre los pueblos, y una globalización “mala”, conducida por el “mercatismo” sin escrúpulos. Denuncia sin medias tintas la raíz humana de la crisis ecológica, concede que es indispensable frenar un crecimiento basado en el despojo del planeta, pero «nadie quiere volver a la época de las cavernas», ha precisado el Papa. Si el enemigo es identificado en la «soberbia del dominio, de la posesión, de la manipulación, de la explotación» de la Creación, el aliado no puede ser el ambientalismo ideológico que considera al hombre la causa de todos los males y que propone como remedio la desnatalidad. Se equivocan los animalistas al comparar a todos los seres vivos, negando las jerarquías entre ellos. Y Francisco, a quien los tradicionalistas reprochan no condenar lo suficiente a los homosexuales, como sea, está en contra de la teoría de género.

 

Resumiendo: el Papa quiere justicia social, pero no es marxista; critica el liberalismo salvaje sin ser “no global”; teme por el ambiente, pero no sería apropiado definirlo “ambientalista”; está cerca de los homosexuales en cuanto personas, pero se niega a convertirlos en un modelo; participa en la modernidad, pero como antítesis al “pensamiento único” de matriz individualista. Si acaso, explican Tornielli y Saleri, las referencias culturales de este Pontificado deben ser buscadas en donde sería más lógico encontrarlas: en el magisterio de la Iglesia y en su doctrina social que comenzó con León XIII (La “Rerum Novarum” de 1891) y que cada uno de sus sucesores fue enriqueciendo en el espíritu de los tiempos. La polémica vaticana en contra de la economía de las ganancias es antigua, tanto que ya en 1949 Giovanni Spadolini acuñó la afortunada definición de “Papado socialista”.

 

Francisco no es una excepción. En su magisterio se aprecia una crítica del sistema más estructural, expresada con una indignación más explícita con respecto a sus predecesores. Con un impulso que lo lleva a invertir el lugar común de la «cristiana resignación» frente a los entuertos del mundo. Una visión cristiana, sostiene Bergoglio, nunca puede ser pasiva ni resignada. Por ello el «deber» de cada católico de meterse a la política. Este deber de ofrecer testimonio de las propias ideas subsiste aunque en el mundo ya no haya un solo partido de clara inspiración religiosa. Es más, según la visión del papa Francisco, precisamente por este motivo y con mayor razón.

 

 

La portada del libro “El dinero no gobierna. Política, economía y ambiente en el pensamiento social del Papa Francisco”, de Andrea Tornielli y Pier Paolo Saleri (Piemme, 2018).

 

Este artículo fue publicado por la edición de esta semana del suplemento “Tuttolibro” del periódico italiano “La Stampa”.


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Chile; discurso del Papa ante autoridades y cuerpo diplomático.

TEXTO: Discurso del Papa Francisco en su encuentro con autoridades y sociedad civil de Chile

 

El Papa en su discurso ante las autoridades de Chile

El Papa en su discurso ante las autoridades de Chile

 

(ACI).- El Papa Francisco dirigió este martes un discurso ante las autoridades, sociedad civil y cuerpo diplomático, en el que hizo un llamado a una “opción radical por la vida” y pidió perdón por los abusos contra menores cometidos por sacerdotes.

A continuación el texto completo:

Señora Presidenta, miembros del Gobierno de la República y del Cuerpo Diplomático, representantes de la sociedad civil, distinguidas autoridades, señoras y señores:

Es para mí una alegría poder estar nuevamente en suelo latinoamericano y comenzar esta visita por esta querida tierra chilena que ha sabido hospedarme y formarme en mi juventud; quisiera que este tiempo con ustedes fuera también un tiempo de gratitud por tanto bien recibido.

Me viene a la memoria esa estrofa de vuestro himno nacional: «Puro, Chile, es tu cielo azulado, / puras brisas te cruzan también, / y tu campo de flores bordado/ es la copia feliz del Edén», un verdadero canto de alabanza por la tierra que habitan, llena de promesas y desafíos; pero especialmente preñada de futuro.

Gracias señora Presidenta por las palabras de bienvenida que me ha dirigido. En usted quiero saludar y abrazar al pueblo chileno desde el extremo norte de la región de Arica y Parinacota  hasta el archipiélago sur «y a su desenfreno de penínsulas y canales». La diversidad y riqueza geográfica que poseen nos permite vislumbrar la riqueza de esa polifonía cultural que los caracteriza.

Agradezco la presencia de los miembros del gobierno; los Presidentes del Senado, de la Cámara de Diputados y de la Corte Suprema, así como las demás autoridades del Estado y sus colaboradores.

Saludo al Presidente electo aquí presente, señor Sebastián Piñera Echenique, que ha recibido recientemente el mandato del pueblo chileno de gobernar los destinos del País los próximos cuatro años.

Chile se ha destacado en las últimas décadas por el desarrollo de una democracia que le ha permitido un sostenido progreso. Las recientes elecciones políticas fueron una manifestación de la solidez y madurez cívica que han alcanzado, lo cual adquiere un relieve particular este año en el que se conmemoran los 200 años de la declaración de la independencia. Momento particularmente importante, ya que marcó su destino como pueblo, fundamentado en la libertad y en el derecho, que ha debido también enfrentar diversos períodos turbulentos pero que logró —no sin dolor— superar. De esta forma supieron ustedes consolidar y robustecer el sueño de sus padres fundadores.

En este sentido, recuerdo las emblemáticas palabras del Card. Silva Henríquez cuando en un Te Deum afirmaba: «Nosotros —todos— somos constructores de la obra más bella: la patria. La patria terrena que prefigura y prepara la patria sin fronteras. Esa patria no comienza hoy, con nosotros; pero no puede crecer y fructificar sin nosotros. Por eso la recibimos con respeto, con gratitud, como una tarea que hace muchos años comenzaba, como un legado que nos enorgullece y compromete a la vez».

Cada generación ha de hacer suyas las luchas y los logros de las generaciones pasadas y llevarlas a metas más altas aún. El bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día. No es posible conformarse con lo que ya se ha conseguido en el pasado e instalarse, y disfrutarlo como si esa situación nos llevara a desconocer que todavía muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos reclaman a todos.

Tienen ustedes, por tanto, un reto grande y apasionante: seguir trabajando para que la democracia y el sueño de sus mayores, más allá de sus aspectos formales, sea de verdad lugar de encuentro para todos. Que sea un lugar en el que todos, sin excepción, se sientan convocados a construir casa, familia y nación.

Un lugar, una casa, una familia, llamada Chile: generoso, acogedor, que ama su historia, que trabaja por su presente de convivencia y mira con esperanza al futuro. Nos hace bien recordar aquí las palabras de san Alberto Hurtado: «Una Nación, más que por sus fronteras, más que su tierra, sus cordilleras, sus mares, más que su lengua o sus tradiciones, es una misión a cumplir». Es futuro. Y ese futuro se juega, en gran parte, en la capacidad de escuchar que tengan su pueblo y sus autoridades.

Tal capacidad de escucha adquiere gran valor en esta nación donde su pluralidad étnica, cultural e histórica exige ser custodiada de todo intento de parcialización o supremacía y que pone en juego la capacidad que tengamos para deponer dogmatismos exclusivistas en una sana apertura al bien común —que si no tiene un carácter comunitario nunca será un bien—.

Es preciso escuchar: escuchar a los parados, que no pueden sustentar el presente y menos el futuro de sus familias; a los pueblos originarios, frecuentemente olvidados y cuyos derechos necesitan ser atendidos y su cultura cuidada, para que no se pierda parte de la identidad y riqueza de esta nación. Escuchar a los migrantes, que llaman a las puertas de este país en busca de mejora y, a su vez, con la fuerza y la esperanza de querer construir un futuro mejor para todos.

Escuchar a los jóvenes, en su afán de tener más oportunidades, especialmente en el plano educativo y, así, sentirse protagonistas del Chile que sueñan, protegiéndolos activamente del flagelo de la droga que les cobra lo mejor de sus vidas. Escuchar a los ancianos, con su sabiduría tan necesaria y su fragilidad a cuestas. No los podemos abandonar.

Escuchar a los niños, que se asoman al mundo con sus ojos llenos de asombro e inocencia y esperan de nosotros respuestas reales para un futuro de dignidad. Y aquí no puedo dejar de manifestar el dolor y la vergüenza que siento ante el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia. Me quiero unir a mis hermanos en el episcopado, ya que es justo pedir perdón y apoyar con todas las fuerzas a las víctimas, al mismo tiempo que hemos de empeñarnos para que no se vuelva a repetir.

Con esta capacidad de escucha somos invitados —hoy de manera especial— a prestar una preferencial atención a nuestra casa común: fomentar una cultura que sepa cuidar la tierra y para ello no conformarnos solamente con ofrecer respuestas puntuales a los graves problemas ecológicos y ambientales que se presentan; en esto se requiere la audacia de ofrecer «una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático» que privilegia la irrupción del poder económico en contra de los ecosistemas naturales y, por lo tanto, del bien común de nuestros pueblos.

La sabiduría de los pueblos originarios puede ser un gran aporte. De ellos podemos aprender que no hay verdadero desarrollo en un pueblo que dé la espalda a la tierra y a todo y a todos los que la rodean. Chile tiene en sus raíces una sabiduría capaz de ayudar a trascender la concepción meramente consumista de la existencia para adquirir una actitud sapiencial frente al futuro.

El alma de la chilenía es vocación a ser, esa terca voluntad de existir. Vocación a la que todos están convocados y en la que nadie puede sentirse excluido o prescindible. Vocación que reclama una opción radical por la vida, especialmente en todas las formas en la que ésta se vea amenazada.

Agradezco una vez más la invitación de poder venir a encontrarme con ustedes, con el alma de este pueblo; y ruego para que la Virgen del Carmen, Madre y Reina de Chile, siga compañando y gestando los sueños de esta bendita nación.


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Venezuela: el jesuita L. Ugalde y la conferencia episcopal.

 

 

 

Luis Ugalde,
un jesuita que sacude a Venezuela
Macky Arenas
Ene 12, 2018
Su intervención en la reunión de obispos fue contundente,
recordando a Pío XII cuando “sacó hasta a las monjas de
sus claustros” para salvar a Italia del comunismo
Teniendo como marco la reunión de anual de obispos, en pleno
desarrollo, el respetado sacerdote jesuita Luis Ugalde, ex rector de la
Universidad Católica Andrés Bello y catedrático de Teoría Política, impactó
con su exposición. En ella, abordó la problemática venezolana
apelando a un recurso muy ignaciano: el discernimiento como método
profundo y verdadero a través del cual San Ignacio, uno de los
maestros y testimonios de la espiritualidad, nos comunica un camino
pedagógico, humano y muy espiritual para manejar y adiestrar la libertad.
“Ahora, como nunca, la Iglesia en Venezuela se ve exigida a
sacar lo mejor de sí y ponerlo al servicio de una sociedad en pleno
naufragio –comenzó el P Ugalde. Nuestra identidad y fuente de inspiración
es Jesucristo y en él está la brújula para discernir y orientarnos
en esta encrucijada. ¿Qué es lo que Dios bendice y maldice hoy y
aquí?” se preguntó, recordando aquella sentencia de Mt 25,35 cuando
Jesús ensena que Dios nos bendice porque “tuve hambre y me dieron
de comer, tuve sed y me dieron de beber, era emigrante y me recibieron,
estaba desnudo y me vistieron, estaba enfermo y me visitaron,
estaba encarcelado y me vinieron a ver”, en clara alusión a la
indiferencia del poder ante las penurias del pueblo y el compromiso
que ello plantea a los creyentes de cara a quienes se encuentran más
desvalidos.
Acto seguido, recordó que en la 1ª carta de Juan se nos dice:
“A Dios nunca lo ha visto nadie; si nos amamos unos a otros, Dios
permanece en nosotros” (1 Jn 4,12). Y al que asegura amar a Dios
pero no a su hermano, “porque si no ama al hermano a quien ve, no
puede amar a Dios a quien no ve” (1 Jn 4,20).
Bromeó con la manifiesta aversión de los venezolanos por las
maldiciones, pero sentenció: “En esta encrucijada vital no hay espacio
para evadirlas. Jesús dice ‘apártense de mí, malditos’ porque tuve
hambre y no me dieron de comer” etc. (Mt. 25,41-44). Jesús y la vida
no nos dejan escapatoria cuando la realidad es de hambre, enfermedad,
exilio y cárcel. No vale decir que nunca lo reconocimos, porque
estábamos distraídos o éramos agnósticos, ateos o de otra religión
no cristiana”.
Venezuela entera, y con ella la Iglesia, estamos en el dilema sin
escapatoria de ser benditos o malditos de Dios de acuerdo a como
respondamos al hermano en necesidad, a los 30 millones de hermanos.
“En Venezuela –continuó- el hambre, la sed, la enfermedad, la
cárcel, el exilio, la inseguridad… no son pequeños errores o accidentes
de un proceso que básicamente funciona bien y da vida (…) La
Iglesia enseña que el bien cuanto más universal es más divino y el
mal más maligno y por ello la política, cuando se orienta al bien
común, es una muy elevada forma de amor cristiano o puede ser la
negación del seguimiento de Jesús. Hoy en Venezuela es la política la
que siembra muerte”.
Se remontó en su intervención a “aquellos años de la dura
postguerra” cuando el Papa Pío XII pidió ir a votar, incluso a las monjas
de clausura”. Puso a funcionar todos los resortes de la Iglesia, a
los seminaristas a predicar en las calles, activó cualquier recurso a
disposición de los católicos “porque de esa decisión dependía que Italia
cayera o no en manos de un sistema como el que impuso por largas
décadas su inhumanidad dictatorial en países del Este europeo”.
Hay momentos en que la evasión es totalmente incompatible con la
responsabilidad cristiana. Estamos en uno de esos que deciden el futuro
del país.
Hizo planteamientos muy concretos: ante la ilegalidad e inconstitucionalidad
con que trabaja el gobierno y en las cuales funda su
ventajismo, urgió a la Conferencia Episcopal a exigir –al gobierno y la
oposición- que los procesos electorales se realicen en condiciones de
transparencia. Como quiera que ello no basta, alentó a la Iglesia a
“llamar a la movilización de las conciencias” para superar la desesperanza
que paraliza y los intereses particularistas que minan la indispensable
unión para la reconstrucción nacional.
La votación debe ser masiva. Es preciso y urgente un cambio de
presidente y de gobierno “porque no es posible prolongar la actual
catástrofe”. Para ello, un elemento clave la Fuerza Armada. Entender
el actual desorden pasa por conocer su orientación dominante. Que
vuelvan hacia la democracia y se ajusten a su deber constitucional es
de vida o muerte para el país.
Cerró con una grave interpelación a los católicos: “El déficit
mayor de nosotros como Iglesia, como pueblo de Dios, es que no hay
coherencia y seguimiento práctico de la comunidad cristiana a los
magníficos documentos de la Conferencia Episcopal Venezolana. Los
obispos están muy claros y hay que escucharlos”. Es un gran reto que
enfrentamos este año, que considera decisivo para el destino del
país.-