Loiola XXI

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Homilía del domingo 33. Autor J.A. Jauregui, jesuita

           

DOMINGO 33 TOA

Esta parábola de los talentos forma parte del quinto y último discurso de Jesús en el evangelio según san Mateo. Ya vimos en la parábola de las diez vírgenes que en toda esta instrucción domina el tema de la vigilancia. Una vigilancia comprendida como fidelidad a la misión recibida y que se ve sorprendida de pronto por la hora inesperada del juicio. La parábola de los talentos recoge y desarrolla la idea de la vigilancia-fidelidad que había sido ya el tema de la parábola del mayordomo; al siervo fiel del capítulo 24 corresponde el siervo bueno y fiel, dos veces repetido, de esta parábola. En estas dos parábolas el caso más importante es el de la infidelidad que es el más desarrollado (24,48-51; 25,24-30). Lo cual hace pensar que todo este pasaje es polémico. Jesús en este evangelio de san Mateo pone en guardia a sus discípulos contra una infidelidad cuya eventualidad ellos no la tienen en cuenta seriamente. Esta idea volverá a aparecer dramáticamente en la escena del juicio final (vv.31-46) donde los buenos y los malos quedarán sorprendidos por haber  cumplido o descuidado los imperativos de la vigilancia evangélica. De todos estos pasajes evangélicos se pueden extraer las diversas imágenes de infidelidad que nos aportan estas parábolas: en la primera parábola se trataba de una infidelidad manifestada en violencias y mala conducta del administrador con sus súbditos; en la parábola de las 10 muchachas era una infidelidad por imprevisión. En la parábola de hoy es una infidelidad por pereza y cobardía ante la temida severidad del señor.  El rasgo común de todas esas infidelidades es que consisten en una insuficiencia de actividad concreta. Lo cual confirma que para san Mateo la vigilancia no consiste en un fervor, una alegría ni siquiera en una fe. La vigilancia es una espera atenta, activa y responsable. Es un rasgo típico del primer evangelio. Hay una clara desproporción entre las líneas dedicadas a describir la rendición de cuentas de los siervos diligentes y las dedicadas a la condenación del mal servidor. Mientras la fidelidad y la recompensa de los dos siervos buenos se evocan brevemente, se describen ampliamente la actitud y la condenación del siervo perezoso. Lo mismo que la parábola de las diez doncellas, ésta termina con una nota desagradable de temor y de amenaza: “Echadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llano y el rechinar de dientes”.  Este desenlace deja sin resolver el enigma de si Dios no es tal vez un señor usurero e inmisericorde, como pensaba el tercer esclavo. Agrava esta ambigüedad el sentido alegórico de la parábola introducido por el evangelista. El señor de la parábola viene a ser en la intención del evangelista el Señor Jesús que se ausentó un buen día dejando en los creyentes la expectativa de una vuelta próxima pero no acaba de volver. En tiempos de san Mateo la iglesia veía en este relato la expresión de su fe en Jesucristo. Los lectores sabían perfectamente que aquí se trata del retorno de Jesús, del juicio final y también de la vida  de la comunidad eclesial bajo el signo de ese futuro. El significado de los talentos que reciben los tres

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