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El cambio climático y la ola de calor en Europa.

UNESCO/A. Popov
Si las emisiones de efecto invernadero continúan aumentando, para mediados de siglo las temperaturas promedio de verano podrían ser hasta 4,5 grados más altas.

26 Julio 2019

El calor histórico que sufre Europa esta semana y amenaza con afectar la capa de hielo de Groenlandia no es coincidencia, se trata de una muestra de la relación entre el calentamiento global causado por el hombre y episodios cada vez más fuertes de temperaturas extremas que ponen en riesgo la salud de millones de personas.

El 2019 estará entre los cinco años más cálidos registrados en la historia a causa del cambio climático, aseguró la Organización Meteorológica Mundial este viernes.

Si las emisiones de efecto invernadero continúan aumentando, para mediados de siglo las temperaturas promedio de verano podrían ser hasta 4,5 grados más altas que ahora, afirmó la portavoz Claire Nullis.

“Las intensas y extensas olas de calor llevan la firma del cambio climático provocado por el hombre, en línea con los descubrimientos científicos. Las olas de calor fueron más frecuentes, y más intensas”, dijo.

Por segunda vez en menos de un mes una ola de calor generalizada afectó a Europa dejando innumerables récords de temperaturas máximas y mínimas, interrupciones del transporte e infraestructura y estrés en la salud de las personas y el medio ambiente.

Lo que fue significativo fue que los registros se rompieron por dos, tres o cuatro grados, y no en la fracción usual de un grado.

Los países del Benelux experimentaron temperaturas de más de 40 grados, y París también registró récords de 42.6 grados. El Reino Unido vio el día más caluroso registrado en julio en toda la historia.

“Lo que fue significativo fue que los registros se rompieron por dos, tres o cuatro grados, y no en la fracción usual de un grado. Los servicios meteorológicos nacionales además emitieron muchas alertas de calor con el fin de proteger la salud de las personas”, agregó Nullis.

Un calor que se transporta al Ártico

La ola de calor en Europa fue causada por el aire caliente proveniente del norte de África y España.

Ese calor ahora se transportaría hacia Groenlandia, lo que provocaría altas temperaturas y contribuiría al derretimiento de las capas de hielo, donde recientemente se han perdido 160.000 millones de toneladas de su superficie, una extensión que equivale a 64 millones de piscinas olímpicas.

“Esto trae implicaciones para la extensión del hielo marino del Ártico, que ahora está casi en su nivel más bajo registrado. El de 2012 había sido el más bajo de todos los tiempos”, aseguró la portavoz.

La ola de calor de julio sigue a otra inusualmente temprana y excepcionalmente intensa en junio, que estableció récords de temperatura en Europa y aseguró que el mes de junio fuera el más caluroso registrado en el continente, con una temperatura promedio de 2 ° C por encima de lo normal.

Junio ​​también fue el junio más caluroso registrado a nivel mundial, con graves incendios forestales en el Ártico.

ONU/Mark Garten
El volumen del hielo disminuye en el Ártico.

La conexión científica entre el cambio climático y las olas de calor

Se han realizado muchos estudios científicos sobre los vínculos entre el cambio climático y las olas de calor.

Las olas de calor son consistentes con el hallazgo científico que muestra evidencia de eventos de calor más frecuentes, prolongados e intensos, ya que las concentraciones de gases de efecto invernadero llevan a un aumento de las temperaturas globales”, aseguró Johannes Cullmann, director del Departamento de Clima y Agua de la OMM.

Cada ola de calor que se produce en Europa hoy en día se hace más probable y más intensa por el cambio climático inducido por el hombre.

“Las observaciones muestran un aumento muy grande en la temperatura de estas olas de calor. En la actualidad, se estima que este evento ocurre con un período de retorno de 30 años, pero las olas de calor frecuentes también fueron aproximadamente 4ºC más frías hace un siglo. En otras palabras, una ola de calor tan intensa se está produciendo al menos 10 veces más frecuentemente hoy que hace un siglo”, asegura un estudio publicado por científicos en World Weather Attribution citado por la OMM.

Una ola de calor tan intensa se está produciendo al menos 10 veces más frecuentemente hoy que hace un siglo.

En su Quinto Informe de Evaluación (2014), el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático dijo que “es muy probable que la influencia humana haya contribuido a los cambios observados a escala global en la frecuencia e intensidad de las temperaturas diarias extremas desde mediados del siglo XX. “Es probable que la influencia humana haya más que duplicado la probabilidad de ocurrencia de olas de calor en algunos lugares”.

Mientras que en su informe de 2018 sobre el calentamiento global de 1,5°, el IPCC dijo que los riesgos relacionados con el clima para la salud, los medios de vida, la seguridad alimentaria, el suministro de agua, la seguridad humana y el crecimiento económico que se proyectan aumentarán con un calentamiento global de 1,5 ° y aún más si se llega a 2° C.

“La limitación del calentamiento a 1,5° C en lugar de 2° podría resultar en 420 millones de personas menos expuestas a fuertes olas de calor”, expresa ese informe.

Entre 2000 y 2016, se estimó que la cantidad de personas expuestas a las olas de calor aumentó en alrededor de 125 millones de personas, ya que su duración promedio fue de 0,37 días más, en comparación con el período comprendido entre 1986 y 2008, según la Organización Mundial de la Salud.

Met Office
Gráfica sobre el aumento de la temperatura media del planeta.

Escenarios de cambio climático

Muchos países han emitido evaluaciones del clima nacional y escenarios que subrayan la estrecha conexión entre el cambio climático y el calor, asegura la OMM.

Por ejemplo, el informe sobre el estado del clima del Reino Unido mostró un aumento en las temperaturas máximas más altas y los períodos cálidos más largos. El día más caluroso del año para la década más reciente (2008-2017) ha aumentado 0,8°por encima del promedio de 1961-1990. Los períodos cálidos también han aumentado en más del doble de 5,3 días entre 1961-1990 a más de 13 días en la década más reciente, entre2008 y2017.

El verano de 2018 fue el más cálido conjunto registrado en el Reino Unido en general y el más caluroso de Inglaterra. La investigación de Met Office mostró que el cambio climático inducido por el hombre hizo que las temperaturas veraniegas del Reino Unido en 2018 fueran 30 veces más probables de lo que habría sido naturalmente. Para el 2050, se espera que esto ocurra cada dos años.

Francia también ha informado de un aumento en la frecuencia e intensidad de las olas de calor en los últimos 30 años, mientras que los escenarios de cambio climático en Suiza advierten que, si las emisiones de gases de efecto invernadero continúan aumentando, a mediados de este siglo, las temperaturas promedio en verano pueden ser hasta 4.5° más altas que ahora.

“Para 2060, los días más calurosos en un verano promedio podrían ser hasta 5,5° más altos que en la actualidad. Esto se explica en parte por el hecho de que se evaporará menos agua y se enfriará el suelo porque habrá menos humedad”, dice el informe suizo.

“Las regiones de Europa que rodean el mar Mediterráneo, incluida Suiza, se ven afectadas por algunos de los aumentos más severos de las temperaturas extremas en todo el mundo. Esta tendencia ha sido evidente incluso en las últimas décadas y es muy probable que continúe en el futuro “, concluye el informe.

Noticias ONU/ Anton Uspensky
La temperatura global sigue en ascenso y el nivel del mar continúa aumentando.

Los alarmantes detalles de la ola de calor en Europa

El récord absoluto de 42,6° para París se registró el 25 de julio en la estación meteorológica del centenario en París-Monsouris, y rompió el récord anterior que data del 28 de julio de 1947 con 40,4°. Esta temperatura es típica de la temperatura promedio de julio en Bagdad, la capital de Iraq.

La noche del 24 de julio también fue excepcionalmente calurosa, con temperaturas mínimas por encima de 25° e incluso 28,3° en una estación meteorológica del centro de París.

La OMM asegura que lo que llama la atención es el margen con el que se batieron los registros. Lille registró 41,4 °, casi 4° por encima del récord anterior. Francia estableció un récord nacional de temperatura de 46°  durante la última ola de calor el 28 de junio.

Fue la segunda vez que el Servicio Meteorológico de Francia emitió advertencias de nivel rojo para una ola de calor. La primera vez fue durante la ola de calor de junio, cuando varios departamentos del sur fueron puestos en alerta roja, pero no había precedentes en los que París y el norte del país estuvieran en alerta máxima.

No había precedentes en los que París y el norte de Francia estuvieran en alerta máxima.

El Servicio Meteorológico Alemán, Deutscher Wetterdienst, describió el 25 de julio como un día que hará historia del clima. Alemania estableció un nuevo récord nacional de temperatura (cifra provisional) de 42.6°C en Lingen, en la frontera holandesa, superando el antiguo récord en 2.3°. Hubo 25 estaciones meteorológicas por encima de 40° . El anterior récord nacional de temperatura fue de 40.3° el5 de julio de 2015.

Los Países Bajos rompieron un récord de calor de 75 años, establecido en agosto de 1944, con una temperatura de 40.7°  en Gilye Rijen. Bélgica también estableció un nuevo récord nacional de 41.8°. Luxemburgo estableció un nuevo récord nacional de 40.8 ° C.

Las temperaturas en el Reino Unido alcanzaron los 38.1 grados centígrados en el sur de Inglaterra, estableciendo un nuevo récord para la temperatura más alta de julio registrada en ese país. El nuevo récord se estableció en Cambridge superando el anterior de 36.7°C establecido en Heathrow en 2015, según el servicio meteorológico inglés.

ONU/Mark Garten
Vista de París, Francia, desde el edificio de la UNESCO.

Francia advirtió además que la ola de calor acentuará la sequía porque no ha llovido en muchas partes del país desde el final de la última ola de calor a principios de julio. Varios lugares han establecido nuevos récords de los mínimos de precipitaciones desde que comenzaron los registros, incluidos 0,2 mm en el aeropuerto de Orly y 1 mm en Lille.

Miles de hectáreas fueron quemadas por incendios forestales en el norte de Francia, donde es muy raro ver estos eventos. Solo en Normandie, un total de 1500 hectáreas se quemaron ayer con 28 incendios diferentes, una región que nunca había experimentado tal situación.

El servicio meteorológico nacional de España también ha pronosticado temperaturas de más de 40°C y advierte sobre el riesgo de incendio extremo en gran parte de la península y las islas debido a una combinación de calor, viento y rayos. Un incendio se desató en el centro de Portugal al comienzo de la semana.

Los servicios meteorológicos e hidrológicos nacionales en Europa trabajan en estrecha colaboración con las autoridades nacionales y locales en los planes de acción de salud del calor para proteger vidas. Estos sistemas de alerta temprana para la salud debido al  calor han activado los esfuerzos de protección civil en toda la región.

Las olas calor matan a miles de personas cada año y, a menudo, desencadenan eventos secundarios, como incendios forestales y fallas en las redes eléctricas.

La urbanización agrava el problema. Los golpes de calor, la deshidratación, las enfermedades cardiovasculares y otras relacionadas con la temperatura son importantes riesgos para la salud.

Durante la ola de calor de esta semana, se interrumpió el transporte público y las autoridades de muchas ciudades impusieron límites a los automóviles privados para intentar controlar la contaminación


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Romania: el Papa en la ciudad histórica de Iasi

Viaje a Rumania: el Papa visita la Catedral Santa María Virgen Reina de IaşiViaje a Rumania: el Papa visita la Catedral Santa María Virgen Reina de Iaşi 

Rumania: visita del Papa a la Catedral de Iaşi

En su segunda jornada en Rumania el Papa Francisco – después de haber celebrado por la mañana la Santa Misa en el Santuario mariano de Sumuleu Ciuc – visitó, a primeras horas de la tarde, en forma privada, la Catedral Santa María Reina en Iaşi, donde rezó en silencio y posteriormente bendijo a los presentes que lo acompañaron en este acto de devoción

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

Iaşi, con casi trescientos veinte mil habitantes, es el centro político, económico y cultural más importante de la provincia de Moldavia y una de las ciudades más antiguas de Rumania. Situada en el noreste del país, a orillas del río Bahlui, durante muchos siglos ha sido atravesada por las rutas comerciales más importantes que conectan Polonia, Hungría, Rusia y Constantinopla.

Iaşi: la nueva capital de la juventud rumana hasta el 2020

Además, desde el lejano 1408 es el principal centro de la cultura moldava. Aquí se publicó el primer periódico y se fundó la primera Universidad rumana. Y hoy en día Iaşi es sede de cinco universidades. En 1565, la ciudad se convirtió en la capital de Moldavia y por un corto período – de 1859 a 1862 – la capital de Rumania. En los últimos 500 años, la historia, la cultura y la vida religiosa han dado forma al carácter de este centro, que cuenta con un gran número de iglesias ortodoxas, unas cien, la mayoría de las cuales se encuentran en el llamado “Platoul de Aur”, la Meseta de Oro, el centro histórico. La más antigua, la iglesia principesca de San Nicolás, data del reinado de Esteban el Grande (1457-1504).

La Catedral Metropolitana de Santa Paraschiva, patrona de Moldavia, del siglo XVII, y la Iglesia de los Tres Jerarcas (Basilio el Grande, Juan Crisóstomo y Gregorio de Nacianceno), el último ejemplo de arte bizantino, construida en 1635-1639 por Vasile Lupu, destacan por su belleza. La iglesia más antigua de la ciudad, Biserica Sfantul Nicolae Domnesc, data de 1492. Lugares de interés son también la antigua catedral católica (de 1789); la Gran Sinagoga, el lugar de culto judío más antiguo de Rumania y el segundo más antiguo de Europa; el Palacio de la Cultura en la Plaza Unirii, construido en estilo neogótico; el Monasterio Ortodoxo Goliat (de 1660) con sus murallas y torres y el antiguo Palacio de la Universidad.

Del 2 de mayo de 2019 al 1° de mayo de 2020 Iaşi fue elegida como la nueva capital de la juventud rumana con el compromiso de formar a los jóvenes, a las organizaciones juveniles y a toda la comunidad, para mejorar su impacto en la comunidad, en un amplio proceso de desarrollo urbano. La Sede Episcopal comenzó en 1818 como Vicariato Apostólico en continuidad con la Sede de Milcov (1227), Siret (1371), Baia (1413) y Bacău (1607).

La Diócesis de Iaşi

Iaşi es Diócesis desde el 27 de junio de 1884 sufragánea de Bucarest, Cuenta con casi cuatro millones cuatrocientos sesenta mil habitantes de los cuales casi doscientos dieciséis mil son católicos. En ella hay ciento cincuenta y seis parroquias, además de seminarios, e Institutos religiosos masculinos y femeninos; Institutos Educativos católicos y de beneficencia.

La Catedral Santa María Virgen Reina de Iaşi

La Catedral Santa María Virgen Reina forma parte del complejo episcopal católico de Iaşi, junto con la Catedral Vieja, o Iglesia de Santa María de la Asunción, el Palacio Episcopal y la Plaza de la Catedral. Erigida en las inmediaciones de la antigua catedral, construida entre los años 1782 y 1789, la nueva catedral está dedicada a la “Santísima Virgen María, Reina” razón por la cual asume los rasgos arquitectónicos de una corona. Fue consagrada en el año 2005, después de doce de trabajo.

De estilo moderno, con preciosos mosaicos sobre los evangelistas y vitrales sobre los sacramentos y misterios del rosario, este edificio tiene un diámetro externo de treinta y ocho metros y una altura de veintiséis. En su interior domina el gran mosaico que representa la asunción al cielo de la Virgen María. En el balcón, un mosaico reproduce la historia de la salvación con la pasión de Cristo. En la parte subterránea de la catedral se encuentra el memorial dedicado al Beato Antón Durcovici, Obispo de Iaşi y mártir en 1951. Allí se custodia el quirógrafo de su testamento y una urna que contiene la tierra simple de la fosa común en la que su cuerpo fue arrojado en el cementerio de los pobres de Sighetu Marmației

A su llegada a la Catedral el Papa Francisco fue recibido por el Obispo auxiliar quien le entregó el crucifijo. Después de la segunda puerta, el Párroco de la Catedral, junto con una familia, le entregó el agua bendita para la aspersión. El Santo Padre atravesó la nave central hasta el altar, donde un joven diácono y un sacerdote anciano le dieron una vela que el Pontífice colocó delante de las reliquias del beato mártir Antón Durcovici.

Agradecimiento del Papa

Dirigiendo unas palabras espontáneas el Santo Padre al bendecir a todos les manifestó su gratitud por estar allí. “Gracias por venir – les dijo – gracias por estar con sus enfermos y gracias a ustedes que llevan adelante la enfermedad ofreciéndosela al Señor. Ahora oremos juntos a la Virgen antes de la bendición”.

Y tras rezar el Ave María y después de bendecirlos les pidió, por favor, que no se olviden de rezar por él.


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Venezuela: premios Andrés Bello

ES
2019.02.01 premio ucab, por valores democraticos2019.02.01 premio ucab, por valores democraticos 

Conferencia Episcopal Venezolana gana premio Valores Democráticos

La Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) ha sido acreedora del Premio Valores Democráticos 2018, en la categoría “Integridad Democrática” otorgado por el Centro de Estudios Políticos y de Gobierno (CEPYG) de la Universidad Católica Andrés Bello, este miércoles 30 de enero

Manuel Cubías – Ciudad del Vaticano

Con el propósito de honrar públicamente la trayectoria y esfuerzo de personas e instituciones que luchan por hacer de Venezuela una república moderna, el Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello (CEPyG) otorgó los premios “Valores Democráticos 2018”, que recayeron en cuatro instituciones y tres personalidades de alto perfil nacional.

Tres categorías

Tres fueron las categorías de los Premios: “Libertad de Pensamiento” donde fueron galardonados ProdaVinci, la organización CEDICE y el periodista César Miguel Rondón. En la categoría “Hacedores de Democracia”, fueron galardonados Foro Penal y María Corina Machado. Y por último en la categoría “Integridad Democrática”, el Padre Luis Ugalde, S.J y la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV).

Integridad del la CEV

Mons. José Luis Azuaje, Arzobispo de Maracaibo y Presidente de la CEV, recibió en nombre del Episcopado Venezolano el premio que reconoce la integridad de esta institución en su infatigable labor humanitaria, acompañada por la lucha firme en pro de la construcción de un liderazgo social y por el reclamo incesante del respeto al poder soberano del pueblo. La constancia de su labor y trayectoria de coherencia democrática le hicieron merecedor de este galardón.

“Como Conferencia Episcopal Venezolana nos sentimos realmente comprometidos al recibir este galardón de la Universidad Católica Andrés Bello, del Centro de Estudios Político y de Gobierno, es un estímulo para seguir trabajando. No sólo somos los obispos, hay tantas personas que están trabajando por el bienestar del pueblo venezolano, por la búsqueda de la libertad anhelada para todo el pueblo, también por la promoción de la dignidad de la persona humana”, expresó Mons. Azuaje.

Compromiso

Enfatizó el Presidente de la CEV que recibir el premio es un compromiso, “queremos compartirlo con este pueblo que ha sido tan noble, un pueblo valeroso, un pueblo que realmente ha sabido dar, como decimos en Venezuela, “la talla” en los momentos cruciales, en los momentos necesarios. Y pedimos a Dios que nos siga dando la alegría, el gozo, pero sobre todo esa parresía, esa fuerza del Espíritu Santo para seguir al servicio de este pueblo nuestro, que es un pueblo que realmente necesita muchísimo de la ayuda de todos y, entre todos vamos a lograr que la libertad, el bienestar, esté presente en cada hogar, en cada persona”.

El presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, monseñor José Luis Azuaje, destacó que “además de apoyar todo lo que sea necesario para la transformación de las estructuras de opresión que vive el pueblo, nos toca también decirle a la sociedad que no podemos olvidar. En la historia de un pueblo no se trata de hacer borrón y cuenta nueva, sino de sacar aprendizajes provenientes de los acontecimientos históricos para no cometer nuevamente los pecados que han generado tanta sangre y sufrimiento y que deja un país destruido y lleno de tragedias”.

El CEPYG es una dependencia académica de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello, fundada el 29 de enero de 2013 que tiene el propósito de contribuir al desarrollo de una cultura ciudadana, así como al mejoramiento de la gestión pública y la gerencia política orientada hacia el fortalecimiento de la gobernabilidad democrática. Para el logro de este objetivo, el Centro de Estudios Políticos desarrolla sus actividades bajo tres líneas estratégicas: investigación, formación e incidencia política.


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Entrega de los premios Ratzinger en el Vaticano.

2018.11.17 Premio Ratzinger2018.11.17 Premio Ratzinger  (Vatican Media)

Premio Ratzinger. El Papa: Teología y arte sigan siendo elevados por el Espíritu

El Papa Francisco, complacido por participar también este año en la ceremonia de entrega de los premios de la Fundación Pontificia, tras saludar a los ganadores, al cardenal Angelo Amato y al padre Federico Lombardi, presidente de la fundación, invitó a los presentes a dirigir juntos un “afectuoso y agradecido pensamiento al Papa Emérito Benedicto XVI”

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

«En el contexto de los grandes problemas de nuestro tiempo, la teología y el arte deben pues, seguir siendo animados y elevados por el poder del Espíritu, fuente de fuerza, alegría y esperanza»: con estas palabras el Papa Francisco sintetizaba en el mediodía del 17 de setiembre, su agradecimiento y su aliento a las dos personalidades que fueron galardonadas con el Premio Joseph Ratzinger, conferidos por la Fundación Vaticana que lleva el nombre del Papa Emérito Benedicto XVI. Los galardonados fueron la teóloga Marianne Schlosser y el arquitecto Mario Botta

El patrimonio cultural y espiritual de Benedicto XVI

El Papa Francisco, complacido por participar también este año en la ceremonia de entrega de los premios de la Fundación Pontificia, tras saludar a los ganadores, al cardenal Angelo Amato y al padre Federico Lombardi, presidente de la fundación, invitó a los presentes a dirigir juntos un “afectuoso y agradecido pensamiento al Papa Emérito Benedicto XVI”:

“Como admiradores de su patrimonio cultural y espiritual – dijo – , ustedes han recibido la misión de cultivarlo y seguir haciéndolo fructificar, con ese espíritu fuertemente eclesial que ha distinguido a Joseph Ratzinger desde los tiempos de su fecunda actividad teológica juvenil, cuando ya dio frutos preciosos en el Concilio Vaticano II, y luego de manera cada vez más comprometedora en las sucesivas etapas de su larga vida de servicio, como profesor, arzobispo, jefe de Dicasterio y, finalmente, Pastor de la Iglesia universal”.

“El suyo –prosiguió – es un espíritu mira con conciencia y valentía los problemas de nuestro tiempo y sabe extraer de la escucha de la Escritura en la tradición viva de la Iglesia la sabiduría necesaria para un diálogo constructivo con la cultura de hoy. En esta línea los animo a seguir estudiando sus escritos, pero también a abordar los nuevos temas sobre los que la fe está llamada al diálogo, como los que han evocado y que considero de gran actualidad, el cuidado de la creación como casa común y la defensa de la dignidad de la persona humana”.

Estimular la contribución de las mujeres en ámbito teológico

Sucesivamente el Papa Francisco manifestó su especial agradecimiento a las dos personalidades que  han recibido el Premio, expresando su complacencia porque el Premio de Investigación y Enseñanza de Teología haya sido otorgado a una mujer, la profesora Marianne Schlosser:

“No es la primera vez -porque la profesora Anne-Marie Pelletier ya lo ha recibido-, pero es muy importante que se reconozca cada vez más la contribución de las mujeres en el campo de la investigación teológica científica y de la enseñanza de la teología, consideradas durante mucho tiempo territorios casi exclusivos del clero. Es necesario que esta contribución sea estimulada y que encuentre un espacio más amplio, coherente con el crecimiento de la presencia femenina en los diferentes campos de responsabilidad de la vida de la Iglesia en particular, y no sólo en el campo cultural. Desde que Pablo VI proclamó a Teresa de Ávila y a Catalina de Siena doctoras de la Iglesia, no cabe duda de que las mujeres pueden alcanzar las cimas más altas en la inteligencia de la fe. Juan Pablo II y Benedicto XVI también lo han confirmado, incluyendo en la serie de doctores los nombres de otras mujeres, Santa Teresa de Lisieux y Hildegarda de Bingen”.

El arte sagrado es de altísimo valor y debe ser reconocido

Luego de recordar que desde el año pasado la premiación se ha extendido al ámbito de las artes de inspiración cristiana, manifestó su felicitación al arquitecto Mario Botta, de reconocida fama mundial:

“A lo largo de la historia de la Iglesia, los edificios sagrados han sido una llamada concreta a Dios y a las dimensiones del espíritu allí donde el anuncio cristiano se ha difundido en el mundo; han expresado la fe de la comunidad creyente, la han acogido y han contribuido a dar forma e inspiración a su oración. El compromiso del arquitecto que creó el espacio sagrado en la ciudad de los hombres es, por tanto, de altísimo valor y debe ser reconocido y animado por la Iglesia, en particular cuando se arriesga el olvido de la dimensión espiritual y la deshumanización de los espacios urbanos”.

Levantar la cabeza hacia Dios

Tras sintetizar el valor del arte y la teología en el contexto de los problemas de nuestro tiempo, Francisco concluyó recordando las palabras del Papa Emérito sobre la esperanza, con ocasión de su visita a Bagnoregio, patria de San Buenaventura, y con ellas agradeció a los teólogos y arquitectos que “nos ayudan a levantar la cabeza y a dirigir nuestros pensamientos a Dios”, con el augurio de que su noble trabajo siempre se dirija a este fin:

«Una bella imagen de la esperanza la encontramos en una de sus predicaciones de Adviento, donde compara el movimiento de la esperanza con el vuelo del ave, que despliega sus alas lo más ampliamente posible y para moverlas emplea todas sus fuerzas. En cierto sentido toda ella se hace movimiento para elevarse y volar. Esperar es volar, dice san Buenaventura. Pero la esperanza exige que todos nuestros miembros se pongan en movimiento y se proyecten hacia la verdadera altura de nuestro ser, hacia las promesas de Dios. Quien espera —afirma— “debe levantar la cabeza, dirigiendo a lo alto sus pensamientos, a la altura de nuestra existencia, o sea, hacia Dios” (Sermo XVI, Dominica I Adv., Opera omnia, IX, 40a)».

Escuche y comparta el servicio con voz del Papa
17 noviembre 2018, 12:29


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Cuarto centenario de Diego de Pantoja. Simposio en Pekin.

Año Diego de Pantoja: Reflexiones sobre la historia de los intercambios culturales entre China y España

En este 2018 en el que además del 45 aniversario de las Relaciones entre España y China se celebra también el  IV centenario del fallecimiento de Diego de Pantoja, ante todo un intelectual e impulsor de las relaciones entre China, España y el mundo de habla hispana, no podía faltar un evento en el que se encontraran académicos, investigadores y otros especialistas en temas relacionados, con el fin de reivindicar el legado de este ilustre y desconocido español que fue el primero en acceder a la Ciudad Prohibida ya en el año 1601.
Por ello, el Instituto Cervantes de Pekín, la Embajada de España en la R.P. de China y la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín, junto con el apoyo de numerosas instituciones chinas, españolas e iberoamericanas organizan un simposio que reunirá en la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín a los principales expertos de China, España e Hispanoamérica en la Historia de nuestras Relaciones Internacionales.
El simposio contará con un total de 7 paneles mediante los cuales estos  académicos, investigadores y especialistas harán recorrido, constancia y reflexión sobre el pasado, presente y futuro de las relaciones entre China, España e Iberoamérica. Cada panel estará compuesto tanto por especialistas chinos e hispanohablantes. Para finalizar el simposio, los moderadores de cada panel plantearán las conclusiones de cada una de sus mesas.
Pueden ampliar información sobre el programa, los contenidos de cada panel y los participantes en el enlace a nuestra página web que aparece más abajo, al final de esta página.

DENTRO DE


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Acto inaugural del Congreso mundial de universidades de jesuitas.

Father General Arturo Sosa SJ: “We can take a gigantic step in our service to the Church and the world”. IAJU Assembly inaugurated

Jesuit universities from every part of the world officially began their Assembly this morning at the University of Deusto (Bilbao) in a ceremony presided by the King of Spain, Felipe VI; the president of the Basque Government, Iñigo Urkullu; and the Father General of the Society of Jesus, Arturo Sosa SJ. Under the theme “Transforming Our World Together”, up to 300 attendees, including rectors and academic authorities from leading Jesuit universities and colleges from across the globe, will explore the most urgent priorities for their institutions in today’s world and set up a network to face those challenges.

Addressing all the participants gathered in Deusto’s classical main hall, Father General Arturo Sosa SJ’s first words (his main speech will be on Wednesday) emphasized that “we have the opportunity to take a gigantic step in the service that the Society of Jesus and its universities give to the Church and the world, if we grow in collaboration among ourselves and if we are able to unite in a common horizon the immense work that universities around the world are already doing”. In Arturo Sosa SJ’s opinion, Jesuit universities should “delve deeper into our common commitment without losing any of our roots in each of the places”. The goal is “to help the Church in its discernment of the service of reconciliation, between human beings, with Creation and with God”.

Before the Father General’s words, Deusto rector, Jose María Guibert SJ, recalled a letter that St Ignatius sent to the Spanish king at that time: “All the goodness of Christianity and of the whole world depends on the  proper education of youth”, words that a father general could also send to a king of Spain today. Guibert took this opportunity to mention some of the most revered Jesuits from our area: Ignatius himself, Francis Xavier, Francisco Gárate, Esteban de Zudaire, Juan de Mayorga, and, of course, Pedro Arrupe and Ignacio Ellacuría, both of whom were from Bilbao and such an inspiration to Jesuits in modern times. Set against the background of this long tradition, our efforts this week focus on promotion of healing and reconciliation in our local and regional communities by means of our universities.

King Felipe VI of Spain shared memories of his student years at Georgetown. With the Jesuits he learnt that “academic excellence must always go hand in hand with values like effort, responsibility and the common good”. Felipe VI stressed that Jesuit universities have a specific model in which “values are at the core”. He also mentioned the Jesuit intellectual apostolate, saying that it is all the more important today, in a world that faces challenges like inequality, violence, human rights violations or environmental damage. The lehendakari, Iñigo Urkullu, took advantage of his speech to show his interest in the different areas that the Assembly will work on, and to state that the Basque people share the same worries and challenges for the future.

The inaugural address of the Assembly, entitled “Catholic Social Teaching and the Role of the Jesuit University Today” was given by Cardinal Gianfranco Ravasi, President of the Pontifical Council for Culture and President of the Pontifical Commission for Sacred Archeology.


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Congreso mundial de universidades de jesuitas. Ponencia del Card. Ravasi

 

 

 

I NUOVI PARADIGMI SOCIO-CULTURALI
E IL RUOLO DELLE UNIVERSITÀ GESUITE
Card. GIANFRANCO RAVASI
UNA PREMESSA
Il vocabolo stesso università nella sua matrice filologica suppone il compito di
abbracciare l’«universo» della conoscenza in cui siamo immersi cercando di
ricondurre a «unità» una molteplicità immensa di saperi. Per questo l’università, con
la varietà delle sue articolazioni in facoltà, dipartimenti, istituzioni, laboratori e così
via, deve essere sempre attenta ad affacciarsi sia sulla grande eredità del passato sia
sul presente storico col suo cambio di paradigmi culturali. Vorremmo, al riguardo,
evocare dal punto di vista metodologico due voci diverse.
La prima è significativa proprio nel contesto di un orizzonte come quello delle
università gesuite. Papa Francesco nel suo discorso alla Curia Romana del 22
dicembre 2016 proponeva «un antico adagio che illustra la dinamica degli Esercizi
Spirituali del metodo ignaziano, ossia:
deformata reformare,
reformata conformare,
conformata confirmare,
confirmata transformare».
È evidente in questo processo la necessità di un’evoluzione e di una solidità, di
un dialogo col passato e di un confronto col presente, di una dialettica ma anche di
una continuità, di una complessità mutevole e di un progetto unitario di base. È ciò
che un’altra voce, molto diversa da quella di papa Francesco, suggerisce basandosi
sulla contemporaneità.
Era alle soglie della sua morte, nel 2011, quando Steve Jobs, l’acclamato
fondatore di “Apple”, faceva una dichiarazione che può essere assunta a suo
testamento ideale: «La tecnologia da sola non basta. È il matrimonio tra la tecnologia
e le arti liberali, tra la tecnologia e le discipline umanistiche a darci quel risultato che
ci fa sorgere un canto nel cuore». Era in pratica la sintesi simbolica di un suo
2
precedente intervento tenuto il 12 giugno 2005 all’università di Harvard, quando
aveva esaltato la necessità del ritorno alla figura dell’«ingegnere» rinascimentale,
cioè di colui che era in grado di connecting the dots, «unire i punti» e concludeva:
«Non si possono unire i punti guardando avanti, si possono unire solo guardando
indietro».
Fuor di metafora, per inoltrarci nel futuro e in una conoscenza sempre più acuta
e profonda dell’essere e dell’esistere è indispensabile un ponte tra presente e passato,
tra classicità e modernità, tra arti e scienze, tra storia e tecnica. Già il pensatore
giudeo-alessandrino Filone nel I sec. d.C. definiva nel De somniis (II, 234) il sapiente
come methórios, cioè colui che sta sul limitare del confine tra mondi diversi, «con lo
sguardo rivolto contemporaneamente avanti e indietro», come suggerirà secoli dopo
una figura alta della cultura occidentale, anticipatore dell’umanesimo, Francesco
Petrarca (simul ante retroque prospiciens). È, dunque, necessario un connubio tra
humanities e science, ed è suggestivo che l’acronimo ultimamente imperante STEM
(Science – Technology – Engineering – Mathematics) sia stato allargato in STEAM
con l’aggiunta della componente Arts.
I
CAMBI DI PARADIGMA
L’orizzonte da affrontare è così vasto e complesso da impedire la costruzione di
una vera e propria mappa completa, come è attestato anche da un’immensa
bibliografia che è in incessante evoluzione. Infatti il panorama socio-culturale, a
differenza di epoche passate, è molto mobile tant’è vero, ad esempio, che i cosiddetti
millennials rivelano lineamenti differenti e inediti rispetto ai giovani nati nel
decennio precedente. A questo corrisponde il frenetico evolversi dei fenomeni
strutturali generali. Vorremmo, perciò, offrire solo alcune coordinate tra le tante
possibili, presentandole solo come spunti per una riflessione più compiuta.
Ovviamente le questioni sono comuni a tutta la società e non sono specifiche dei
giovani: costoro, però, ne sono il segno più netto perché hanno in esse il loro ambito
«genetico».
3
1. In questo primo capitolo di indole generale cerchiamo di individuare alcuni
cambi di paradigma socio-culturali. Il primo riguarda lo stesso concetto di cultura
che non ha più l’originaria accezione intellettuale illuministica di aristocrazia delle
arti, scienze e pensiero, ma ha assunto caratteri antropologici trasversali a tutti i
settori del pensare e agire umano, recuperando l’antica categoria di paideia e
humanitas, i due termini che indicavano nella classicità la cultura (vocabolo allora
ignoto se non per l’«agri-cultura»). Per questo il perimetro del concetto è molto
ampio e coinvolge ad esempio, la cultura industriale, contadina, di massa, femminile,
giovanile e così via. Essa si esprime, poi, oltre che nelle civiltà nazionali e
continentali, anche in linguaggi comuni e universali, veri e propri nuovi «esperanto»,
come la musica, lo sport, la moda, i media.
Conseguenza evidente è nel fenomeno del multiculturalismo, che è però un
concetto statico di pura e semplice coesistenza tra etnie e civiltà differenti: più
significativo è quando diventa interculturalità, categoria più dinamica che suppone
un’interazione forte con cui le identità entrano in dialogo, sia pure faticoso, tra loro.
Questo incontro è favorito dall’urbanesimo sempre più dominante. Al dato positivo
dell’osmosi tra le culture si associano alcuni corollari problematici tra loro antitetici.
Da un lato, il sincretismo o il «politeismo dei valori» che incrina i canoni identitari e
gli stessi codici etici personali; d’altro lato, la reazione dei fondamentalismi, dei
nazionalismi, dei sovranismi, dei populismi, dei localismi (tant’è vero che ora si parla
di «glocalizzazione» che sta minando l’ancora dominante globalizzazione).
2. L’erosione delle identità culturali, morali e spirituali e la stessa fragilità dei
nuovi modelli etico-sociali e politici, la mutevolezza e l’accelerazione dei fenomeni,
la loro fluidità quasi aeriforme (codificata ormai nella simbologia della «liquidità»
prospettata da Baumann) incidono evidentemente anche sull’antropologia, in
particolare giovanile. Il tema è ovviamente complesso e ammette molteplici analisi ed
esiti. Indichiamo solo il fenomeno dell’io frammentato, legato al primato delle
emozioni, a ciò che è più immediato e gratificante, all’accumulo lineare di cose più
che all’approfondimento dei significati. La società, infatti, cerca di soddisfare tutti i
bisogni ma spegne i grandi desideri ed elude i progetti a più largo respiro, creando
così uno stato di frustrazione e soprattutto la sfiducia in un futuro. La vita personale è
4
sazia di consumi eppur vuota, stinta e talora persino spiritualmente estinta. Fiorisce,
così, il narcisismo, ossia l’autoreferenzialità che ha vari emblemi simbolici come il
«selfie», la cuffia auricolare, o anche il «branco» omologato, la discoteca o
l’esteriorità corporea. Ma si ha anche la deriva antitetica del rigetto radicale espresso
attraverso la protesta fine a se stessa o il «bullismo» brutale o la violenza verbale e
iconica sulle bacheche social oppure l’indifferenza generalizzata con la caduta nelle
tossicodipendenze o con gli stessi suicidi in giovane età.
3. Si configura, quindi, un nuovo fenotipo di società. Per tentare
un’esemplificazione significativa – rimandando per il resto alla sterminata
documentazione sociologica elaborata in modo continuo – proponiamo una sintesi
attraverso una battuta del filosofo Paul Ricoeur: «Viviamo in un’epoca in cui alla
bulimia dei mezzi corrisponde l’atrofia dei fini». Domina, infatti, il primato dello
strumento rispetto al significato, soprattutto se ultimo e globale. Pensiamo alla
prevalenza della tecnica (la cosiddetta «tecnocrazia») sulla scienza; oppure al
dominio della finanza sull’economia; all’aumento di capitale più che all’investimento
produttivo e lavorativo; all’eccesso di specializzazione e all’assenza di sintesi, in tutti
i campi del sapere, compresa la teologia; alla mera gestione dello Stato rispetto alla
vera progettualità politica; alla strumentazione virtuale della comunicazione che
sostituisce l’incontro personale; alla riduzione dei rapporti alla mera sessualità che
emargina e alla fine elide l’eros e l’amore; all’eccesso religioso devozionale che
intisichisce anziché alimentare la fede autentica e così via.
4. Un altro esempio «sociale» (ma nel senso di social) che anticipa il discorso
più specifico, che svolgeremo successivamente, è quello espresso da un asserto da
tempo formalizzato: «Non ci sono fatti, ma solo interpretazioni», asserto che
coinvolge un tema fondamentale come quello di verità (e anche di «natura umana»).
Il filosofo Maurizio Ferraris, studiandone gli esiti sociali nel saggio Postverità e altri
enigmi (Mulino 2017), commentava: «Frase potente e promettente questa sul primato
dell’interpretazione, perché offre in premio la più bella delle illusioni: quella di avere
sempre ragione, indipendentemente da qualunque smentita». Si pensi al fatto che ora
i politici più potenti impugnano senza esitazione le loro interpretazioni e postverità
come strumenti di governo, le fanno proliferare così da renderle apparentemente
5
«vere». Ferraris concludeva: «Che cosa potrà mai essere un mondo o anche
semplicemente una democrazia in cui si accetti la regola che non ci sono fatti ma solo
interpretazioni?». Soprattutto quando queste fake news sono frutto di una manovra
ingannatrice ramificata lungo le arterie virtuali della rete informatica?
5. Infine affrontiamo solo con un’evocazione la questione religiosa. La
«secolarità» è un valore tipico del cristianesimo sulla base dell’assioma evangelico
«Rendete a Cesare ciò che è di Cesare e a Dio ciò che è di Dio», ma anche della
stessa Incarnazione che non cancella la sarx per una gnosi spiritualistica. Proprio per
questo ogni teocrazia o ierocrazia non è cristiana, come non lo è il fondamentalismo
sacrale, nonostante le ricorrenti tentazioni in tal senso. C’è, però, anche un
«secolarismo» o «secolarizzazione», fenomeno ampiamente studiato (si veda, ad
esempio, l’imponente e famoso saggio L’età secolare di Charles Taylor, del 2007) che
si oppone nettamente a una coesistenza e convivenza con la religione. E questo
avviene attraverso vari percorsi: ne facciamo emergere due più sottili (la
persecuzione esplicita è, certo, più evidente ma è presente in ambiti circoscritti).
Il primo è il cosiddetto «apateismo», cioè l’apatia religiosa e l’indifferenza
morale per le quali che Dio esista o meno è del tutto irrilevante, così come nebbiose,
intercambiabili e soggettive sono le categorie etiche. È ciò che è ben descritto da papa
Francesco nell’Evangelii gaudium: «Il primo posto è occupato da ciò che è esteriore,
immediato, visibile, veloce, superficiale, provvisorio. Il reale cede posto
all’apparenza… Si ha l’invasione di tendenze appartenenti ad altre culture,
economicamente sviluppate ma eticamente indebolite» (n. 62). Il pontefice introduce
anche il secondo percorso connettendolo al precedente: «Esso tende a ridurre la fede
e la Chiesa all’ambito privato e intimo; con la negazione di ogni trascendenza ha
prodotto una crescente deformazione etica, un indebolimento del senso del peccato
personale e sociale e un progressivo aumento del relativismo, dando luogo a un
disorientamento generalizzato» (n. 64).
Sottolineiamo la prima frase della dichiarazione papale: in pratica si avalla la
concezione secondo cui la religiosità è solo una spiritualità interiore e personale, è
un’esperienza da relegare tra le volute degli incensi e il brillare dei ceri nello spazio
sacro dei tempi, separata dal pulsare della piazza. Questi due aspetti del «nuovo
6
ateismo» non escludono, certo, la presenza di un ateismo più conservatore ancora
vincolato all’attacco critico e fin sarcastico (alla Hitchens, Dawkins, Onfray,
Odifreddi e così via), oppure la figura dei cosiddetti nones, che cancellano ogni
religiosità, affidandosi però paradossalmente a rituali pagani…
6. Sono solo alcuni spunti di analisi riguardo a fenomeni che diventano
altrettante sfide pastorali e che si allargano a temi ulteriori rilevanti come i citati
concetti di «natura umana» e di «verità», con la relativa questione del gender, o come
i problemi sollevati dall’ecologia e dalla sostenibilità (si veda la Laudato si’), nei cui
confronti i giovani sono particolarmente sensibili, o l’incidenza dell’economia
appiattita sulla finanza che crea l’accumulo enorme di capitali ma anche la loro
fragilità «virtuale», generando crisi sociali gravi e, in connessione, la piaga della
disoccupazione o della sotto-occupazione mal retribuita. Pensiamo anche a temi più
specifici come il nesso tra estetica e cultura, in particolare il rilievo dei nuovi
linguaggi musicali per i giovani e, a più largo raggio, il legame tra arte e fede e così
via.
Importante, però, è ribadire che l’attenzione ai cambi di paradigma socioculturali
non dev’essere mai né un atto di mera esecrazione, né la tentazione di
ritirarsi in oasi sacrali, risalendo nostalgicamente a un passato mitizzato. Il mondo in
cui ora viviamo è ricco di fermenti e di sfide rivolte alla fede, ma è anche dotato di
grandi risorse umane e spirituali delle quali i giovani sono spesso portatori: basti solo
citare la solidarietà vissuta, il volontariato, l’universalismo, l’anelito di libertà, la
vittoria su molte malattie, il progresso straordinario della scienza, l’autenticità
testimoniale richiesta dai giovani alle religioni e alla politica e così via. Ma questo è
un altro capitolo molto importante da scrivere in parallelo a quello finora abbozzato e
che esula dall’approccio limitato che abbiamo scelto.
Cercheremo ora di restringere l’orizzonte così vasto e variegato finora evocato,
introducendo due itinerari che possiamo considerare capitali nella contemporaneità,
quelli della scienza e della comunicazione. Sono le strade che soprattutto i giovani
percorrono con entusiasmo, convinti che qui si annidano le risposte più fondate a
tante loro attese. Effettivamente si tratta di vie affascinanti, anche se tuttora agli
esordi, capaci di creare vere e proprie rivoluzioni. Considerata la complessità di
7
questi due percorsi e l’incidenza positiva e negativa che essi hanno sulla società e
sulla stessa antropologia, offriamo una lettura un po’ più distesa, anche se
chiaramente incompleta.
II
SCIENZA E ANTROPOLOGIA
La genetica e il DNA
Entriamo, dunque, in un altro territorio sconfinato e dai contorni
ininterrottamente in evoluzione, ove gli interrogativi si moltiplicano a grappolo. È
l’orizzonte della scienza contemporanea che lancia nuove sfide all’antropologia,
ridisegna i contorni e approfondisce i segreti fenomenici della natura umana e
soprattutto si presenta spesso agli occhi dei giovani come capace di offrire le uniche
risposte solide e di aprire un futuro mirabile. Evocheremo tre ambiti fondamentali: la
genetica col DNA, le scienze neuro-cognitive, l’intelligenza artificiale. Innanzitutto la
scoperta del DNA e della sua flessibilità e persino della sua modificabilità ha
registrato esiti differenti: da un lato, si è sviluppata la ricerca volta a eliminare le
patologie; d’altro lato, però, si è ipotizzato l’uso dell’ingegneria genetica per
migliorare e mutare il fenotipo antropologico prospettando un futuro con il genoma
umano radicalmente modificato. È in quest’ulteriore prospettiva che si apre l’ancora
confuso panorama del trans- e post-umanesimo.
Questa manipolazione del DNA genera un delta ramificato di interrogazioni di
varia indole, per ora solo futurologiche, a partire da quella di base sulla stessa specie
umana: questi nuovi fenotipi antropologici saranno ancora classificabili nel genere
homo sapiens sapiens? Quale impatto socio-culturale avrà la disuguaglianza tra
individui potenziati attraverso la modificazione genetica rispetto agli esseri umani
«normali»? Si dovrà elaborare una specifica identità sociale ed etica per questi
«nuovi» individui? Ma le questioni si fanno roventi a livello teologico: questi
interventi nel cuore della vita umana sono compatibili e, quindi, giustificabili con la
visione biblica dell’uomo come luogotenente o viceré o «immagine» del Creatore,
8
oppure sono da classificare nel peccato capitale-originale del voler essere «come
Dio», nell’atto dell’hybris adamica, giudicata nel c. 3 della Genesi?
Le scienze neuro-cognitive
Un ulteriore ambito ove la ricerca si sta inoltrando in modo deciso è quello
delle neuroscienze. Per la tradizione platonico-cristiana mente/anima e cervello
appartengono a piani diversi, l’uno metafisico, l’altro biochimico. La concezione
aristotelico-cristiana, pur riconoscendo la sostanziale autonomia della mente dalla
materia cerebrale, ammette che quest’ultima è una condizione strumentale per
l’esercizio delle attività mentali e spirituali. Un modello di natura più «fisicalista» e
diffuso nell’orizzonte contemporaneo non esita invece, anche sulla base della teoria
evoluzionista, a ridurre la mente e l’anima radicalmente a un dato neuronale, per altro
già in sé impressionante: il nostro cervello che pesa solo 120-180 grammi contiene
una galassia di un centinaio di miliardi di neuroni, tanti quante sono le stelle della Via
Lattea. Essi comunicano tra loro attraverso un sistema di connessioni dette «sinapsi»,
calcolate nell’ordine di un milione di miliardi, con una potenzialità di combinazione
interattiva dell’ordine di 100300 (cento alla trecentesima potenza)! È, quindi,
comprensibile la tentazione di esaurire ogni atto cognitivo a questo livello.
Noi, di fronte a questa complessità, ci accontentiamo di sottolineare che è di
scena anche qui l’identità umana che certamente ha nel cervello-mente (comunque si
intenda la connessione) uno snodo fondamentale per cui, se si influisce
strutturalmente su questa realtà, si va nella linea di ridefinire l’essere umano. La
sequenza dei problemi filosofico-teologico-etici si allunga, allora, a dismisura: come
collocare in un simile approccio la volontà, la coscienza, la libertà, la responsabilità,
la decisione, la calibratura tra gli impulsi esterni e quelli intrinseci, l’interpretazione
delle informazioni acquisite e soprattutto l’origine del pensiero, della simbolicità,
della religione, dell’arte, in ultima analisi l’«io»?
L’intelligenza artificiale
Questa prospettiva ci conduce, senza soluzione di continuità, a un terzo
orizzonte altrettanto impressionante e delicato, quello delle «macchine pensanti»,
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cioè dell’intelligenza artificiale. Allo stato attuale la cosiddetta robotica sta generando
macchine sempre più autonome. È indubbia la ricaduta positiva nel campo della
medicina, dell’attività produttiva, delle funzioni gestionali e amministrative. Ma,
proprio in quest’ultimo settore, sorgono quesiti sul futuro del lavoro che è concepito
nella visione classica e biblica come una componente dell’ominizzazione stessa (il
«coltivare e custodire» e il «dare il nome» agli esseri viventi e non). La possibilità di
squilibri sociali non può essere ottimisticamente esclusa, soprattutto se si configura
una classe privilegiata di ideatori, programmatori e proprietari di simili macchine.
Gli interrogativi si fanno forse più urgenti sul versante antropologico, dato che
già oggi alcune macchine hanno una notevole capacità di «appropriarsi» della parola,
creando così in modo autonomo informazione. C’è, poi, ancor più rilevante il
versante etico. Quali valori morali possono essere programmati negli algoritmi che
conducono la macchina pensante a processi decisionali di fronte a scenari che le si
presentano davanti e nei cui confronti deve operare una decisione capace di influire
sulla vita di creature umane?
Le inquietudini riguardano in particolare la cosiddetta «intelligenza artificiale
forte» (artificial general intelligence o Strong Al) i cui sistemi sono programmati per
un’autonomia della macchina fino al punto di migliorare e ricreare in proprio la
gamma delle sue prestazioni, così da raggiungere una certa «autocoscienza». È ciò
che hanno liberamente descritto gli autori di romanzi o film di fantascienza, ma che
ora è in via di sperimentazione e che ha sollecitato le reazioni nette e allarmate anche
di alcuni scienziati come Stephen Hawking, recentemente scomparso, che
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organismi umani di elementi tecnologici, come l’impianto di chips per rafforzare la
memoria e l’intelligenza del soggetto o potenziare le capacità di certi organi, come
l’occhio (il cyborg). Più problematico il download del cervello umano su un sistema
digitale oppure il trasferimento di un sistema digitale nel cervello così da eliminarne i
limiti… In realtà, è spontaneo reagire con qualche apprensione di fronte a queste
fughe in avanti, soprattutto quando si hanno le prime avvisaglie di derive
incontrollabili, come nel caso sorprendente dei due robot di Facebook, denominati
«umanamente» Alice e Bob, nella sede di Memlo Park in California, che nel 2017
hanno aperto tra loro una «conversazione» in una lingua incomprensibile agli
sperimentatori.
Concludendo, finora è sembrato stabile il discrimine tra macchina con
intelligenza artificiale e persona umana (anche se, a livello europeo, si cerca
paradossalmente di introdurre il soggetto «personalità elettronica»!), secondo
l’asserto del filosofo statunitense del linguaggio John Searle per il quale i computer
posseggono la sintassi ma non la semantica, in pratica non sanno quello che fanno.
Ma le prospettive della citata «intelligenza artificiale forte», che è convinta di poter
varcare questa linea di demarcazione con l’avvento di macchine non solo pensanti ma
autocoscienti, rimescola le carte e richiede nuove attenzioni e interrogazioni, ma
anche qualche demitizzazione.
III
L’INFOSFERA
Dal sociale al social
Il secondo itinerario che la cultura e la società contemporanea hanno imboccato
è talmente rilevante nei suoi esiti da aver già creato secondo alcuni un nuovo fenotipo
antropologico che preluderebbe a qualche tratto «postumano». Ci riferiamo alla
questione della comunicazione di massa. La semplice caduta di una vocale ha
profondamente mutato il nostro orizzonte. Da un lato, infatti, c’era il tradizionale
sociale, costituito da una rete calda di relazioni reali e dirette, ove bene e male, vero e
falso, giusto e ingiusto, amore e odio e così via, conservavano una loro identità e una
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dialettica consequenziale. D’altro lato, si ha ora il social che è, invece, una rete
fredda di relazioni virtuali, ove la realtà evapora, le categorie si miscelano, creando
una palude informatico-narrativa piuttosto amorfa dalla quale emergono soprattutto
gli eccessi, i sussulti, le esplosioni, le bolle maggiori. Eppure esso rimane uno
strumento fondamentale di interconnessione relazionale.
In tale prospettiva le fisionomie umane si alterano e muta la realtà stessa della
«persona». Quest’ultimo termine nella concezione filosofica tradizionale rimandava a
un’identità precisa, concreta, configurata, nominata. Ora lo stesso termine
paradossalmente ritorna al significato originario latino di «maschera»: si pensi al
ricorso al «nick-name» dal taglio fantasmatico o alle narrazioni presenti in Facebook
che offrono «facce» spesso artificiose e artificiali. Ha colto con acutezza questo
fenomeno uno dei migliori filosofi «digitali» contemporanei, Luciano Floridi
dell’università di Oxford con la sua opera Quarta rivoluzione. Come l’infosfera sta
trasformando il mondo (Cortina, Milano 2017). Dopo le precedenti grandi svolte
della storia e della scienza moderna, ossia le tre rivoluzioni antropologiche, la
copernicana, la darwiniana e la psicanalitica, entra in scena una rivoluzione
informatica che riesce a mutare le coordinate globali della stessa democrazia, oltre
che della cultura.
L’analisi sull’attuale infosfera è ormai condotta da un’impressionante massa di
saggi e di interventi. Anche in questo caso ci accontentiamo di offrire solo di qualche
spunto di base. È ormai scontato il rimando ai primi passi di tale analisi condotte da
Marshall McLuhan con le sue primordiali considerazioni sul contrappunto tra
contenuto e comunicazione con l’assioma ormai abusato fino allo stereotipo secondo
il quale anche «il mezzo è messaggio» per cui, come lo studioso canadese ironizzava
in uno dei saggi della Sposa meccanica (1951), «i modelli di eloquenza non sono più
oggi i classici ma le agenzie pubblicitarie». Esse riescono a plasmare talmente il
messaggio che «la moderna Cappuccetto Rosso non avrebbe nulla in contrario a
lasciarsi oggi mangiare dal lupo».
Ma si è andati ben oltre. Infatti il segno più rilevante del mutamento in corso
riguardo agli equilibri tra contenuto e comunicazione – mutamento che il sociologo
americano John Perry Barlow anni fa ha comparato alla scoperta del fuoco nella
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storia della civiltà – è nel fatto che ora la comunicazione non è più un medium simile
a una protesi che aumenta la funzionalità dei nostri sensi permettendoci di vedere o di
sentire più lontano, ma è divenuto un ambiente totale, globale, collettivo,
un’atmosfera che non si può non respirare, neanche da parte di chi si illude di
sottrarvisi, appunto un’infosfera.
Si delinea, così, nell’odierna comunicazione non più un’«estensione di noi
stessi», come intendeva McLuhan (The Extension of Man era il sottotitolo del suo
saggio Understanding Media del 1964) ma il trapasso a una nuova «condizione
umana», a un inedito modello antropologico i cui tratti sono comandati da questa
realtà onnicomprensiva della quale Internet ne è il vessillo imperante. Anche Galileo
col telescopio credeva solo di «estendere» le capacità visive, ma alla fine creò una
rivoluzione non solo cosmologica ma anche epistemologica e antropologica per la
quale l’uomo non era più il centro dell’universo (la «rivoluzione copernicana»).
Siamo, quindi, immersi in un «creato» differente rispetto al «creato» primordiale.
In esso ci sono già molti nuovi cittadini a titolo pieno, quelli che a partire dal
2001 con Mark Prensky sono chiamati digital natives, rispetto a quelli delle
precedenti generazioni che al massimo possono aspirare ad essere «migranti digitali»,
incapaci – come accade appunto agli immigrati – di perdere l’antico accento. Immersi
in questo nuovo «ambiente» generale e globale, rimane comunque sempre più
difficile e insensato adottare il rigetto apocalittico. Tuttavia bisogna essere sensibili e
criticamente sorvegliati così da non diventare «info-obesi», cioè integrati totali, per
usare l’ormai famosa antitesi del testo Apocalittici ed integrati di Umberto Eco
(1964).
Alcuni vizi della comunicazione informatica
Non si deve, dunque, piombare nell’isolazionismo impossibile o nella critica
radicale alla Popper che negli anni Settanta del secolo scorso aveva aperto una
contestazione stentorea nei confronti della nuova comunicazione ai suoi tempi a
prevalenza televisiva, capace a suo avviso solo di addormentare lo spirito critico, di
trasformare la democrazia in telecrazia, di pervertire il senso etico, estetico e
veritativo. Tuttavia emergono certamente alcuni vizi comunicativi che esigono
13
cautela e giudizi critici, soprattutto tenendo conto del fatto che l’infosfera è ormai
quasi totalizzante. Sono, infatti, in crisi profonda i metodi tradizionali di
comunicazione e le relative agenzie come la Chiesa, lo Stato, la scuola, la stampa.
Cerchiamo, dunque, di presentare alcune riserve che sono suscitate da questo nuovo
orizzonte generale.
A livello puramente linguistico emerge subito un fenomeno problematico di
base: simili ai cittadini della Babele biblica, rischiamo di non comprenderci e di
essere inabili al dialogo, divenuti vittime di una comunicazione malata, eccessiva
quantitativamente e qualitativamente, spesso ferita dalla violenza, approssimativa e
aggrappata a stereotipi, all’eccesso e alla volgarità e persino alla falsificazione.
Abbiamo bisogno, perciò, di una campagna di ecologia linguistica: il «comunicare»
autentico, come indica la matrice latina, è un mettere a disposizione dell’altro (cum)
un munus, cioè un «dono», una «missione». È, quindi, una condivisione di valori, di
confidenze, di contenuti, di emozione.
Un’ulteriore riserva da segnalare riguarda un altro fenomeno informatico a
prima vista positivo, ossia la moltiplicazione esponenziale dei dati offerti. Essa,
infatti, può indurre a un relativismo agnostico, a un’anarchia intellettuale e morale, a
una flessione della capacità del vaglio selettivo critico. Risultano sconvolte le
gerarchie dei valori, si disperdono le costellazioni delle verità ridotte a un giuoco di
opinioni variabili nell’immenso paniere delle informazioni. Si attua in modo inatteso
quel principio che il filosofo Thomas Hobbes aveva formulato nel suo celebre
Leviathan (1651): «Auctoritas non veritas facit legem», è l’autorità potente e
dominante che determina le idee, il pensiero, le scelte, il comportamento, e non la
verità in sé, oggettiva. La nuova autorità è appunto l’opinione pubblica prevalente,
che ottiene più spazio e ha più efficacia all’interno di quella massa enorme di dati
offerti dalla comunicazione informatica e che, così, crea le «verità». Emblematica
della deriva a cui si può essere condotti e che abbiamo già evocato è il trionfo
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deregulation imposta dalla globalizzazione informatica, che sembrerebbe essere
principio di pluralismo, sotto la stessa molteplicità contenutistica precedentemente
segnalata, si cela in realtà una sottile operazione di omologazione e di controllo. Non
per nulla le gestioni delle reti sono sempre più affidate alle mani di magnati o di
«mega-corporations» o di centri di potere che riescono abilmente e sapientemente a
orientare, a sagomare, a plasmare a proprio uso (e ad uso del loro mercato e dei loro
interessi) contenuti e dati creando, quindi, nuovi modelli di comportamento e di
pensiero. Esemplari sono i recenti casi legati all’uso strumentale sociopolitico dei dati
Facebook o all’irruzione informatica esterna nelle vicende elettorali di una nazione.
Si assiste, così, a quella che è stata chiamata un po’ rudemente «una lobotomia
sociale» che asporta alcuni valori consolidati per sostituirne altri spesso artificiosi e
alternativi. Curiosamente già lo storico francese Alexis de Tocqueville nella sua opera
La democrazia in America (1835-1840) aveva previsto per il futuro della società
americana un sistema nel quale «il cittadino esce un momento dalla dipendenza per
eleggere il padrone e subito vi rientra». Profilo che, per certi versi, s’adatta all’attuale
società informatica e alle sindromi di dipendenza che essa riesce a creare.
Un’ultima osservazione critica riguarda l’accelerazione e la moltiplicazione dei
contatti ma anche la loro riduzione alla virtualità. Come prima si accennava, si
piomba in una comunicazione «fredda» e solitaria che esplode in forme di
esasperazione e di perversione. Si ha, da un lato, l’intimità svenduta della «chat line»
o di Facebook oppure, per stare nell’ambito televisivo, quella dei programmi
cosiddetti di reality del genere Il grande fratello; si ha la violazione della coscienza
soggettiva, dell’interiorità, della sfera personale. D’altro lato, si ottiene come risultato
una più accentuata solitudine, un’incomprensione di fondo, una serie di equivoci, una
fragilità nella propria identità, una perdita di dignità. È stato osservato dal citato
Barlow che non appena i computer si sono moltiplicati e le antenne paraboliche sono
fiorite sui tetti delle case, la gente si è chiusa nelle case e ha abbassato le serrande.
Paradossalmente, l’effetto dello spostarsi verso la realtà virtuale e verso mondi
mediatici è stato quello della separazione gli uni dagli altri e della morte del dialogo
vivo e diretto nel «villaggio».
Il realismo della critica e l’ottimismo dell’impegno
15
Di fronte a questo orizzonte così problematico, forte può essere la tentazione
dello scoraggiamento e dell’atteggiamento rassegnato o dimissionario, nella
convinzione dell’inarrestabilità di un simile processo destinato a creare un nuovo
standard umano. Non è, certo, cristiano l’atteggiamento disincarnato di chi si
rinchiude nel suo piccolo mondo antico, accontentandosi di seguire le regole del
passato, deprecando le degenerazioni dell’era presente. Per i giovani, poi, questo è
per eccellenza il loro mondo in cui sono nati e si trovano a loro agio.
Il filosofo e sociologo francese Edgar Morin – pur osservando che i nuovi
mezzi sorti per distinguere la realtà dalla manipolazione e la verità dalla menzogna,
come la fotografia, il cinema e la televisione, sono stati usati in molti casi proprio per
favorire l’illusione, la manipolazione e la menzogna – ha dimostrato con molti altri
studiosi di questi fenomeni come la nuova comunicazione possa, in ultima analisi,
generare una realtà più ricca e complessa e persino più feconda anche umanamente. È
ciò che spesso sperimentiamo anche a livello ecclesiale nell’annuncio e nell’impegno
pastorale attraverso i nuovi «media».
Il realismo della conoscenza e della critica non giustifica, allora, il pessimismo
dell’impegno. E questo vale maggiormente per il credente e per il pastore. Le sfide
sono forti, rischiose e pericolose ma proprio per questo esigono fiducia e coraggio,
nella consapevolezza che il cuore della fede è nella Rivelazione, ossia nella
comunicazione divina che spezza il silenzio ineffabile della trascendenza e si apre
all’umanità. È un dialogo che – nel cristianesimo – vede in azione il Figlio stesso di
Dio, dopo la voce dei profeti e dei sapienti di Israele: «Dio nessuno mai l’ha visto:
proprio il Figlio unigenito che è nel seno del Padre, lui lo ha rivelato» (Giovanni
1,18). Una comunicazione che prosegue oralmente attraverso gli apostoli e che
diventa scritta fin dai primi secoli.
È significativo notare che è proprio il magistero della Chiesa nella sua
espressione più alta ad avere costantemente invitato la comunità cristiana a non
adottare un isolazionismo protettivo ma a entrare in questo che è «il primo areopago
moderno», come aveva fatto Paolo ad Atene (Atti 17,22-32). È noto che la frase
appena citata appartiene all’enciclica Redemptoris missio del 1990. In essa san
Giovanni Paolo II riconosceva che ormai è in corso una «nuova cultura»: essa nasce,
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«prima ancora che dai contenuti, dal fatto stesso che esistono nuovi modi di
comunicare con nuovi messaggi, nuove tecniche e nuovi atteggiamenti psicologici».
Il papa, anzi, era convinto che questa cultura «sta unificando l’umanità
rendendola – come si suol dire – “un villaggio globale”. I mezzi di comunicazione
sociale hanno raggiunto una tale importanza da essere per molti il principale
strumento informativo e formativo, di guida e di ispirazione per i comportamenti
individuali, familiari, sociali. Le nuove generazioni soprattutto crescono in modo
condizionato da essi… È, allora, necessario integrare il messaggio cristiano in questa
“nuova cultura” creata dalla comunicazione moderna» (n. 37). È ciò che attesta
attualmente in modo esemplare l’incidenza di papa Francesco sia all’interno dei
nuovi «media» sia nella sua stessa comunicazione personale oltre che istituzionale
(cf. Evangelii gaudium n. 79).
Infatti egli privilegia la frase coordinata rispetto a quella subordinata, cioè la
dichiarazione semplice, essenziale, incisiva, abbandonando la ramificazione del
discorso secondo articolazioni più complesse. Spesso le sue affermazioni possono
essere contenute in un tweet, comprimendosi nel perimetro di 140 (o 280) caratteri,
un po’ come accadeva non di rado allo stesso Gesù nei suoi lóghia (ad esempio, il
citato «Rendete a Cesare quel che è di Cesare e a Dio quel che è di Dio»,
nell’originale greco dei Vangeli, totalizza più o meno una cinquantina di caratteri).
Questa sinteticità sposata alla semplicità, in una cultura affidata appunto
all’essenzialità persino schematica, riesce a conquistare un’attenzione universale e a
catturare l’adesione, spogliando i temi religiosi della retorica verbosa, dall’enfasi
declamatoria, dall’«ecclesialese» stereotipato. Un motto giudaico affermava in modo
curioso ma suggestivo che «val di più un granello di pepe che non un cesto di
cocomeri».
Una seconda qualità del linguaggio di papa Francesco è il ricorso al simbolo,
un po’ come faceva Gesù che, secondo l’evangelista Matteo, «fuori della parabola
non diceva nulla alle folle» (13,34). Si tratta di un paradigma capitale nella cultura
contemporanea che predilige l’immagine proiettata sullo schermo televisivo o del
computer rispetto alla lettura testuale o all’astrazione ideologica. Ora, il simbolo
genuino nella sua struttura costitutiva riesce «a mettere insieme» (per stare
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all’etimologia di questo vocabolo) la realtà concreta, l’esperienza immediata, la
quotidianità con la trascendenza, l’eterno, l’infinito, lo spirito. La simbologia delle
parabole di Gesù è, al riguardo, esemplare perché parte dal terreno, dai vegetali, dagli
animali, dalle vicende domestiche e sociali e ascende fino al Regno di Dio (famoso è
l’avvio parabolico «Il Regno dei cieli è simile a…»). Così, chi mai non conosce certe
immagini di papa Francesco come appunto «le periferie esistenziali» o «l’odore delle
pecore» o «il sudario non ha tasche» o «la corruzione (s)puzza» o «la Chiesa in
uscita» oppure «l’ospedale da campo», «la terza guerra mondiale a pezzi» e così via?
Inoltre, se risaliamo allo stesso Concilio Vaticano II, ritroviamo già l’appello a
riconoscere che gli strumenti della comunicazione sociale «contribuiscono
mirabilmente a sollevare e ad arricchire lo spirito e a diffondere e a consolidare il
Regno di Dio» (Inter mirifica n. 2). Paolo VI nella esortazione apostolica Evangelii
nuntiandi del 1975, segnalando le esitazioni che avevano causato una «rottura tra
Vangelo e cultura» (n. 20), un iato dai risvolti molteplici non solo comunicativi ma
anche artistici, musicali, sociali e culturali in senso generale, non esitava ad
ammonire che «la Chiesa si sentirebbe colpevole di fronte al Signore se non
adoperasse questi potenti mezzi» (n. 45). È sorprendente notare come il linguaggio
tecnico dei computer si sia curiosamente avvicinato a quello teologico mutuandone
alcuni termini come, ad esempio, icon, save, convert, justify, vocaboli che
appartengono alla stessa Sacra Scrittura, apparentemente così remota
cronologicamente e ideologicamente.
È, dunque, indispensabile continuare a elaborare una riflessione teologica e
pastorale sulla stessa comunicazione nei tempi di Internet e sulle modalità con cui
innestarvi l’annunzio evangelico. Alla base, quindi, c’è la convinzione che la rete sia
un «dominio» dotato di grandi potenzialità spirituali. È necessario continuare la
ricerca per la costruzione di una grammatica comunicativa pastorale. Questa
sollecitazione deve coinvolgere non solo i «tecnici» della civiltà digitale ma anche gli
operatori ecclesiali nel loro continuo e costante confronto col profilo antropologico
contemporaneo del nativo digitale e della nuova società social, e quindi in modo
privilegiato col mondo dei giovani.
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UNA CONCLUSIONE: LA «NATURA UMANA»
Abbiamo accennato, nella nostra lettura essenziale sui cambi di paradigma, alla
fluidità a cui è sottoposta una delle categorie classiche dell’antropologia, cioè quella
di natura umana. Su di essa si è abbattuta negli ultimi tempi una sorta di terremoto
culturale che ne ha incrinato le fondamenta. L’atmosfera è quella registrata già da
Max Weber con la sua identificazione dell’attuale «politeismo dei valori». Le
conseguenze erano il predominio dell’interpretazione sul dato oggettivo, il primato
della soggettività, l’impero del relativo sull’assoluto.
La domanda, allora, diventa sostanzialmente questa: è possibile nel pluralismo
appena evocato recuperare un concetto condiviso di «natura umana» che impedisca di
accontentarsi della pura e semplice proceduralità sociale? Per offrire una risposta a
una questione così imponente, risaliamo nel pensiero occidentale lungo due grandi
fiumi ermeneutici, dotati di tante anse, affluenti e ramificazioni ma ben identificabili
nel loro percorso. Il primo ha come sorgente ideale il pensiero aristotelico che per
formulare il concetto di natura umana ha attinto alla matrice metafisica dell’essere.
La base è, perciò, oggettiva, iscritta nella realtà stessa della persona, e funge da
necessaria stella polare per l’etica.
Questa concezione dominante per secoli nella filosofia e nella teologia è
icasticamente incisa nel motto della Scolastica medievale Agere sequitur esse, il
dover essere nasce dall’essere, l’ontologia precede la deontologia. Questa
impostazione piuttosto granitica e fondata su un basamento solido ha subìto in epoca
moderna una serie di picconate, soprattutto quando – a partire da Cartesio e dal
riconoscimento del rilievo della soggettività (cogito, ergo sum) – si è posta al centro
la libertà personale. Si è diramato, così, un secondo fiume che ha come sorgente il
pensiero kantiano: la matrice ora è la ragione pratica del soggetto retta
dall’imperativo categorico, il «tu devi». Al monito della «ragione», della legge
morale incisa nella coscienza, si unisce la «pratica», cioè la determinazione concreta
dei contenuti etici, guidata da alcune norme generali, come la «regola d’oro» ebraica
e cristiana («non fare all’altro ciò che non vuoi sia fatto a te» e «fa’ all’altro ciò che
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vuoi ti si faccia») o come il principio «laico» del non trattare ogni persona mai come
mezzo bensì come fine.
Frantumata da tempo la metafisica aristotelica, si è però assistito nella
contemporaneità anche alla dissoluzione della ragione universale kantiana che pure
aveva una sua «solidità». Ci si è trovati, così, su un terreno molle, ove ogni
fondamento si è sgretolato, ove il «disincanto» ha fatto svanire ogni discorso sui
valori, ove la secolarizzazione ha avviato le scelte morali solo sul consenso sociale e
sull’utile per sé o per molti, ove il multiculturalismo ha prodotto non solo un
politeismo religioso ma anche un pluralismo etico. Al dover essere che era stampato
nell’essere o nel soggetto si è, così, sostituita solo una normativa procedurale o
un’adesione ai mores dominanti, cioè ai modelli comuni esistenziali e
comportamentali di loro natura mobili.
È possibile reagire a questa deriva che conduce all’attuale delta ramificato
dell’etica così da ricomporre un nuovo fenotipo di «natura umana» che conservi un
po’ delle acque dei due fiumi sopra evocati senza le rigidità delle loro mappe
ideologiche? Molti ritengono che sia possibile creare un nuovo modello centrato su
un altro assoluto, la dignità della persona, còlta nella sua qualità relazionale. Si
unirebbero, così, le due componenti dell’oggettività (la dignità) e della soggettività
(la persona) legandole tra loro attraverso la relazione col prossimo, essendo la natura
umana non monadica ma dialogica, non cellulare ma organica, non solipsistica ma
comunionale. È questo il progetto della filosofia personalistica (pensiamo ai
contributi di Lévinas, Mounier, Ricoeur, Buber).
È quello che sta alla base della stessa antropologia biblica a partire dalla prima
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un equilibrio delicato con l’esigenza della giustizia e considerati come strutturali alla
«natura umana».
Essa, così concepita, recupera una serie di categorie etiche classiche che
potrebbero dare sostanza al suo realizzarsi. Proviamo a elencarne alcune. Innanzitutto
la virtù della giustizia che è strutturalmente ad alterum e che il diritto romano aveva
codificato nel principio Suum cuique tribuere (o Unicuique suum): a ogni persona
dev’essere riconosciuta una dignità che affermi l’unicità ma anche l’universalità per
la sua appartenenza all’umanità. Nella stessa linea procede la cultura ebraico-cristiana
col Decalogo che evoca i diritti fondamentali della persona alla libertà religiosa, alla
vita, all’amore, all’onore, alla libertà, alla proprietà. Nella stessa prospettiva si
colloca anche la citata «regola d’oro».
Inoltre, l’imperativo morale fondamentale si dovrebbe ricostruire partendo da
un’ontologia personale relazionale, fondata soprattutto sulla figura universale e
cristiana del «prossimo» e sulla logica dell’amore nella sua reciprocità ma anche
nella sua gratuità ed eccedenza. Per spiegarci in termini biblici a tutti noti: «Ama il
prossimo tuo come te stesso» (reciprocità), ma anche «non c’è amore più grande di
chi dà la vita per la persona che ama» (donazione). Infine, in senso più completo, nel
dialogo «io-tu» è coinvolto – come suggeriva il citato Ricoeur – pure il «terzo», cioè
l’umanità intera, anche chi non incontro e non conosco ma che appartiene alla
comune realtà umana.
È la scelta che il filosofo francese definiva come il «migrare nelle memorie
altrui», un impegno particolarmente sollecitato dall’attuale contesto storico europeo
coi vari flussi migratori e il relativo rimescolamento di culture. Da qui si giustifica
anche la funzione della politica dedicata a costruire strutture giuste e solidali per
l’intera società. La riflessione attorno a questi temi è naturalmente più ampia e
complessa ed è aperta a una declinazione secondo applicazioni molteplici. Tuttavia
potrebbe essere fondata su un dato semplice, ossia sulla nostra più radicale,
universale e costante identità fondata sulla relazione e il dialogo con l’altro.
Concludendo, di fronte agli squarci che abbiamo aperto soprattutto
nell’orizzonte dell’antropologia, l’università è chiamata a coinvolgersi negli
interrogativi che ininterrottamente la cultura e la società contemporanea pongono alla
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ricerca. Resta, comunque, fisso il principio che sant’Ignazio di Loyola formulava in
quegli Esercizi Spirituali che abbiamo citato in apertura, un’opera per la quale «non
occorre essere cattolici, né cristiani, né credenti, né umanisti per esserne interessati»,
come osservava l’agnostico Roland Barthes nel suo saggio Sade, Fourier, Loyola
(1971): «Non è l’abbondanza del sapere a saziare e soddisfare l’anima, ma lo è il
sentire e gustare le cose internamente».