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Premios Ratzinger. Presencia de la mujer en la investigación teológica. Crónica

“Importante dar a las mujeres responsabilidades en la Iglesia”

Francisco entregó el “Premio Ratzinger” a la teóloga Marianne Schlosser y pidió ampliar los espacios femeninos en la investigación teológica, «territorio casi exclusivo del clero». También fue premiado el arquitecto Mario Botta: «Hoy se corre el riesgo de la deshumanización de los espacios urbanos»

El Papa entregando el galardón 2018 de la Fundación Joseph Ratzinger- Benedicto XVI

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Pubblicato il 17/11/2018
Ultima modifica il 17/11/2018 alle ore 14:03
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

Mujeres y arquitectura sacra. Las primeras se encuentran todavía al margen de ciertos ámbitos de la Iglesia; la segunda está en declive, mientras se asiste a una «deshumanización de los espacios urbanos». Son cuestiones que deben ser analizadas y lagunas que hay que llenar. Fue lo que dijo el Papa Francisco durante la ceremonia de hoy, en la Sala Clementina, en la que entregó el “Premio Ratzinger”, promovido por la Fundación vaticana Joseph Ratzinger – Benedicto XVI.

 

Entregando el galardón a la teóloga Marianne Schlosser (muy emocionada durante la ceremonia) y al arquitecto Mario Botta, el Papa Francisco aprovechó la ocasión para insistir en el deseo de que se reconozca «cada vez más la aportación femenina en el campo de la investigación teológica científica y de la enseñanza de la teología», normalmente considerados «territorios casi exclusivos del clero». También animó el compromiso del arquitecto que ha creado espacios sacros en las ciudades, «en particular cuando se corre el riesgo de olvidar la dimensión espiritual y la deshumanización de los espacios urbanos».

 

Pero antes, el Papa Bergoglio no olvidó dedicar un «afectuoso y grato recuerdo» a su predecesor Benedicto XVI, a quien está dedicado el galardón. «Como admiradores de su patrimonio cultural y espiritual –dijo–, ustedes han recibido la misión de cultivarlo y seguir haciéndolo fructificar, con ese espíritu fuertemente eclesial que ha distinguido a Joseph Ratzinger desde los tiempos de su fecunda actividad teológica juvenil, cuando ya dio frutos preciosos en el Concilio Vaticano II, y luego de manera cada vez más comprometedora en las sucesivas etapas de su larga vida de servicio, como profesor, arzobispo, jefe de Dicasterio y, finalmente, Pastor de la Iglesia universal».

 

El de Joseph Ratzinger, afirmó su sucesor, «es un espíritu mira con conciencia y valentía los problemas de nuestro tiempo y sabe extraer de la escucha de la Escritura en la tradición viva de la Iglesia la sabiduría necesaria para un diálogo constructivo con la cultura de hoy. En esta línea los animo a seguir estudiando sus escritos, pero también a abordar los nuevos temas sobre los que la fe está llamada al diálogo, como los que han evocado y que considero de gran actualidad, el cuidado de la creación como casa común y la defensa de la dignidad de la persona humana».

 

Después de los discursos del padre Federico Lombardi, ex vocero de la Santa Sede y actual presidente de la Fundación Ratzinger, y del cardenal Angelo Amato, prefecto emérito de la Congregación de las Causas de los Santos, el Papa Francisco reflexionó sobre los dos premiados en la edición de este año y expresó aprecio particularmente porque se haya atribuido a una mujer un premio sobre la investigación y la enseñanza de la teología, la profesora Schlosser.

 

«No es la primera vez -porque la profesora Anne-Marie Pelletier ya lo ha recibido-, pero es muy importante que se reconozca cada vez más la contribución de las mujeres en el campo de la investigación teológica científica y de la enseñanza de la teología, consideradas durante mucho tiempo territorios casi exclusivos del clero. Es necesario —insistió Francisco— que esta contribución sea estimulada y que encuentre un espacio más amplio, coherente con el crecimiento de la presencia femenina en los diferentes campos de responsabilidad de la vida de la Iglesia en particular, y no sólo en el campo cultural. Desde que Pablo VI proclamó a Teresa de Ávila y a Catalina de Siena doctoras de la Iglesia, no cabe duda de que las mujeres pueden alcanzar las cimas más altas en la inteligencia de la fe. Juan Pablo II y Benedicto XVI también lo han confirmado, incluyendo en la serie de doctores los nombres de otras mujeres, Santa Teresa de Lisieux y Hildegarda de Bingen».

 

Lo mismo vale para la arquitectura sacra, de la cual Botta es un ilustre exponente. «A lo largo de la historia de la Iglesia —explicó el Pontífice argentino—, los edificios sagrados han sido una llamada concreta a Dios y a las dimensiones del espíritu allí donde el anuncio cristiano se ha difundido en el mundo; han expresado la fe de la comunidad creyente, la han acogido y han contribuido a dar forma e inspiración a su oración. El compromiso del arquitecto que creó el espacio sagrado en la ciudad de los hombres es, por tanto, de altísimo valor y debe ser reconocido y animado por la Iglesia, en particular cuando se arriesga el olvido de la dimensión espiritual y la deshumanización de los espacios urbanos».

 

En el contexto de los grandes problemas de nuestra época, «la teología y el arte deben, pues, seguir siendo admiradas y elevadas por la potencia del Espíritu, fuente de fuerza, de alegría y de esperanza», recordó Francisco.

 

Al final de su discurso, el Papa volvió a recordar al Papa emérito y las palabras con las que «invitaba a la esperanza», evocando la enseñanza de San Buenaventura de Bagnoregio. En ocasión de una visita de 2009, en la patria del santo, Benedicto XVI citó una de sus bellas imágenes «de la esperanza», comparada con «el vuelo del ave, que despliega sus alas lo más ampliamente posible y para moverlas emplea todas sus fuerzas. En cierto sentido toda ella se hace movimiento para elevarse y volar. Esperar es volar, dice san Buenaventura. Pero la esperanza exige que todos nuestros miembros se pongan en movimiento y se proyecten hacia la verdadera altura de nuestro ser, hacia las promesas de Dios. Quien espera —afirma— “debe levantar la cabeza, dirigiendo a lo alto sus pensamientos, a la altura de nuestra existencia, o sea, hacia Dios”».

 

Por lo tanto, cómo no agradecer a los teólogos y a los arquitectos, pues, cada uno en sus disciplinas y con formas diferentes, afirmó el Papa, «nos ayudan a levantar la cabeza y dirigir nuestros pensamientos hacia Dios».


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Entrega de los premios Ratzinger en el Vaticano.

2018.11.17 Premio Ratzinger2018.11.17 Premio Ratzinger  (Vatican Media)

Premio Ratzinger. El Papa: Teología y arte sigan siendo elevados por el Espíritu

El Papa Francisco, complacido por participar también este año en la ceremonia de entrega de los premios de la Fundación Pontificia, tras saludar a los ganadores, al cardenal Angelo Amato y al padre Federico Lombardi, presidente de la fundación, invitó a los presentes a dirigir juntos un “afectuoso y agradecido pensamiento al Papa Emérito Benedicto XVI”

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

«En el contexto de los grandes problemas de nuestro tiempo, la teología y el arte deben pues, seguir siendo animados y elevados por el poder del Espíritu, fuente de fuerza, alegría y esperanza»: con estas palabras el Papa Francisco sintetizaba en el mediodía del 17 de setiembre, su agradecimiento y su aliento a las dos personalidades que fueron galardonadas con el Premio Joseph Ratzinger, conferidos por la Fundación Vaticana que lleva el nombre del Papa Emérito Benedicto XVI. Los galardonados fueron la teóloga Marianne Schlosser y el arquitecto Mario Botta

El patrimonio cultural y espiritual de Benedicto XVI

El Papa Francisco, complacido por participar también este año en la ceremonia de entrega de los premios de la Fundación Pontificia, tras saludar a los ganadores, al cardenal Angelo Amato y al padre Federico Lombardi, presidente de la fundación, invitó a los presentes a dirigir juntos un “afectuoso y agradecido pensamiento al Papa Emérito Benedicto XVI”:

“Como admiradores de su patrimonio cultural y espiritual – dijo – , ustedes han recibido la misión de cultivarlo y seguir haciéndolo fructificar, con ese espíritu fuertemente eclesial que ha distinguido a Joseph Ratzinger desde los tiempos de su fecunda actividad teológica juvenil, cuando ya dio frutos preciosos en el Concilio Vaticano II, y luego de manera cada vez más comprometedora en las sucesivas etapas de su larga vida de servicio, como profesor, arzobispo, jefe de Dicasterio y, finalmente, Pastor de la Iglesia universal”.

“El suyo –prosiguió – es un espíritu mira con conciencia y valentía los problemas de nuestro tiempo y sabe extraer de la escucha de la Escritura en la tradición viva de la Iglesia la sabiduría necesaria para un diálogo constructivo con la cultura de hoy. En esta línea los animo a seguir estudiando sus escritos, pero también a abordar los nuevos temas sobre los que la fe está llamada al diálogo, como los que han evocado y que considero de gran actualidad, el cuidado de la creación como casa común y la defensa de la dignidad de la persona humana”.

Estimular la contribución de las mujeres en ámbito teológico

Sucesivamente el Papa Francisco manifestó su especial agradecimiento a las dos personalidades que  han recibido el Premio, expresando su complacencia porque el Premio de Investigación y Enseñanza de Teología haya sido otorgado a una mujer, la profesora Marianne Schlosser:

“No es la primera vez -porque la profesora Anne-Marie Pelletier ya lo ha recibido-, pero es muy importante que se reconozca cada vez más la contribución de las mujeres en el campo de la investigación teológica científica y de la enseñanza de la teología, consideradas durante mucho tiempo territorios casi exclusivos del clero. Es necesario que esta contribución sea estimulada y que encuentre un espacio más amplio, coherente con el crecimiento de la presencia femenina en los diferentes campos de responsabilidad de la vida de la Iglesia en particular, y no sólo en el campo cultural. Desde que Pablo VI proclamó a Teresa de Ávila y a Catalina de Siena doctoras de la Iglesia, no cabe duda de que las mujeres pueden alcanzar las cimas más altas en la inteligencia de la fe. Juan Pablo II y Benedicto XVI también lo han confirmado, incluyendo en la serie de doctores los nombres de otras mujeres, Santa Teresa de Lisieux y Hildegarda de Bingen”.

El arte sagrado es de altísimo valor y debe ser reconocido

Luego de recordar que desde el año pasado la premiación se ha extendido al ámbito de las artes de inspiración cristiana, manifestó su felicitación al arquitecto Mario Botta, de reconocida fama mundial:

“A lo largo de la historia de la Iglesia, los edificios sagrados han sido una llamada concreta a Dios y a las dimensiones del espíritu allí donde el anuncio cristiano se ha difundido en el mundo; han expresado la fe de la comunidad creyente, la han acogido y han contribuido a dar forma e inspiración a su oración. El compromiso del arquitecto que creó el espacio sagrado en la ciudad de los hombres es, por tanto, de altísimo valor y debe ser reconocido y animado por la Iglesia, en particular cuando se arriesga el olvido de la dimensión espiritual y la deshumanización de los espacios urbanos”.

Levantar la cabeza hacia Dios

Tras sintetizar el valor del arte y la teología en el contexto de los problemas de nuestro tiempo, Francisco concluyó recordando las palabras del Papa Emérito sobre la esperanza, con ocasión de su visita a Bagnoregio, patria de San Buenaventura, y con ellas agradeció a los teólogos y arquitectos que “nos ayudan a levantar la cabeza y a dirigir nuestros pensamientos a Dios”, con el augurio de que su noble trabajo siempre se dirija a este fin:

«Una bella imagen de la esperanza la encontramos en una de sus predicaciones de Adviento, donde compara el movimiento de la esperanza con el vuelo del ave, que despliega sus alas lo más ampliamente posible y para moverlas emplea todas sus fuerzas. En cierto sentido toda ella se hace movimiento para elevarse y volar. Esperar es volar, dice san Buenaventura. Pero la esperanza exige que todos nuestros miembros se pongan en movimiento y se proyecten hacia la verdadera altura de nuestro ser, hacia las promesas de Dios. Quien espera —afirma— “debe levantar la cabeza, dirigiendo a lo alto sus pensamientos, a la altura de nuestra existencia, o sea, hacia Dios” (Sermo XVI, Dominica I Adv., Opera omnia, IX, 40a)».

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17 noviembre 2018, 12:29


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Premios e iniciativas de la Fundación Ratzinger

Vaticano: El “Premio Ratzinger” a una teóloga alemana y un arquitecto

La Fundación Vaticana “Joseph Ratzinger – Benedicto XVI” presentó la mañana de este jueves, 20 de septiembre de 2018, tres importantes iniciativas para este otoño: la 2° Edición del Premio “Razón abierta”, la 8° Edición del “Premio Ratzinger” y el VIII Simposio Internacional.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“La Fundación fue instituida en 2010 con la finalidad de promover estudios y publicaciones sobre las obras y el pensamiento de Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, y para promover estudios teológicos en relación a diversas disciplinas”, lo dijo el P. Federico Lombardi, S.J., Presidente del Consejo de Administración de la Fundación “Joseph Ratzinger – Benedicto XVI”, al presentar las iniciativas que esta Fundación Vaticana viene desarrollando en los próximos meses: la 2° Edición del Premio “Razón abierta”, la 8° Edición del “Premio Ratzinger” y el VIII Simposio Internacional.

Segunda Edición del Premio “Razón Abierta”

Esta iniciativa nació con la colaboración de la Universidad “Francisco de Vitoria” de Madrid, y que ahora llega a su 2 Edición inspirado en una idea central del pensamiento de Joseph Ratzinger: “Razón abierta”. Con esto se busca promover una visión más amplia y abierta de la razón y de su ejercicio en la búsqueda de la verdad y de las respuestas a las preguntas fundamentales sobre la humanidad y su destino.

“El Premio ‘Razón abierta’ es un complemento al ‘Premio Ratzinger’ – señaló el Dr. Max Bonilla, Responsable de Relaciones Exteriores de la Universidad Francisco de Vitoria – con el cual se ha querido colaborar para promover y animar la creación de una red de estudiosos dedicados al diálogo entre las ciencias particulares y la teología o la filosofía, siguiendo la mentalidad propuesta por el Papa Benedicto XVI de intentar abrir el horizonte de la razón humana a la verdad del hombre en relación con el mundo”.

Presentando a los ganadores de este año, el Dr. Bonilla señaló que, este año se había recibido más de 170 candidaturas de más de 100 Universidades de muchos países diferentes, para dos categorías, investigación y docencia. La entrega de premios se realizará el día 24 de septiembre en la Pontificia Academia de las Ciencias.

Los ganadores de la investigación son: Javier Sánchez Cañizares, de la Universidad de Navarra (España), con una obra titulada “Universo singular”, reflexión sobre las singularidades que se observan en la historia del universo a la luz de los resultados de la investigación cosmológica y física actual; y Juan Arana, de la Universidad de Sevilla (España), con la obra “La conciencia inexplicada. Ensayo sobre los límites de la comprensión naturalista”.

Los ganadores en la categoría Docencia son: Gonzalo Génova y María del Rosario González, Universidad Carlos III de Madrid y Universidad Complutense, por el curso “Ética para ingenieros: Entre la supervivencia y la dignidad”; mientras que John C. Cavadini, James Martin, Patricia Bellm y Christopher T. Baglow, de la Universidad de Notre Dame (Indiana, EE.UU.), han desarrollado un extenso programa de formación para profesores de secundaria: Educadores Católicos para comprometerse en el Diálogo entre Ciencia y Religión.

Premio “Razón Abierta”

Octava Edición del “Premio Ratzinger”

La segunda iniciativa de la Fundación Vaticana este año tiene como galardonados a una mujer, una teóloga católica y un reconocido arquitecto. Se trata de Marianne Schlosser. Teóloga católico. Profesor titular de Teología de la Espiritualidad en la Facultad de Teología Católica de la Universidad de Viena desde 2004. Tiene un profundo conocimiento de la teología y espiritualidad patrística y de la Baja Edad Media, con especial atención a las órdenes mendicantes, ha traducido al alemán gran parte de la obra de San Buenaventura y ha sido editora del Volumen II de la Ópera Omnia de Joseph Ratzinger sobre “La idea de revelación y la teología de la historia de Buenaventura”. En 2014 fue nombrada por el Papa Francisco como miembro de la Comisión Teológica Internacional.

El otro galardonado es, Mario Botta. Arquitecto de renombre internacional. Ha realizado numerosas intervenciones y proyectos y ha participado en numerosos concursos. Su arquitectura está influenciada por Le Corbusier, Carlo Scarpa y Louis Kahn. Ha trabajado en muchos tipos de edificios: casas, escuelas, bibliotecas, museos, bancos, pero también en particular en varios edificios importantes de culto, incluyendo la Iglesia de San Juan Bautista en Mogno, la Catedral de Evry, cerca de París, la Catedral del Santo Rostro en Turín. Es autor de una de las capillas expuestas en el “Pabellón” de la Santa Sede en la Isla de San Jorge, en la Bienal de Arquitectura de Venecia.

Octavo Simposio Internacional

La tercera iniciativa importante de la Fundación Ratzinger, es el VIII Congreso Internacional de Estudios, que este año se organiza en Roma, junto con la Universidad LUMSA el próximo 15 y 16 de noviembre. El título de este Congreso es desafiante: “Derechos fundamentales y conflictos entre derechos” y tiene por objeto honrar dos importantes aniversarios: el 70º Aniversario de la adopción por la Asamblea General de las Naciones Unidas de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el 20º Aniversario de la concesión del título honorífico al entonces Cardenal Joseph Ratzinger por parte de LUMSA por “La contribución fundamental que hizo durante sus estudios a la fundación del derecho”.

El tema elegido para el Simposio es considerado particularmente importante hoy por el Papa Emérito, que ha dedicado muchos discursos y reflexiones sobre este y que ha apreciado mucho esta elección. Los temas tratados son de gran actualidad: la libertad religiosa, el derecho natural, el laicismo positivo en el pensamiento de J. Ratzinger, la génesis y aplicación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la multiplicación de los derechos y el peligro de destrucción de la idea de derecho, la posición de la Iglesia en el debate sobre los derechos humanos, etc.


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La Iglesia y los derechos humanos. Debate doctrinal entre Ratzinger y un político italiano

El cortés deslinde de Ratzinger ante las nuevas tesis de Pera

La carta inédita de Benedicto XVI al filósofo: no concuerda con la teoría según la cual la Iglesia habría sufrido una involución al reconocer los modernos derechos humanos

Benedicto XVI con el filósofo italiano Marcello Pera

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Pubblicato il 07/05/2018
Ultima modifica il 07/05/2018 alle ore 09:15
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

«La visión contenida en su primer libro» “Por qué no podemos decirnos cristianos”, «sigue siendo para mí irrenunciable». Es lo que escribió el Papa emérito Benedicto XVI al filósofo Marcello Pera, en una carta del 29 de septiembre de 2014, después de haber leído el manuscrito del nuevo libro del expresidente del Senado italiano, “Derechos humanos y cristianismo. La Iglesia frente a la prueba de la modernidad”, del cual Ratzinger se deslinda con cortesía. Es lo que surge al leer la articulada carta, hasta ahora inédita, publicada en el libro de textos ratzingerianos “Liberar la libertad”, que tiene un prefacio del Papa Francisco, publicado el domingo 6 de mayo por Vatican Insider.

 

Marcello Pera participó en el congreso romano de los disidentes y de los críticos de Francisco que se llevó a cabo en Roma el 7 de abril de 2018. En esa ocasión, Pera criticó un cristianismo que «se compromete en acabar con las injusticias. Escucha la voz del mundo, el grito del mundo que sufre, y considera poder salir al encuentro de las injusticias y de los sufrimientos, traduciendo el mensaje cristiano en un mensaje que es secular o político. De esta manera la Iglesia, y no solamente Bergoglio, que es el último de los protagonistas de esta evolución o involución, ha acogido las exigencias del mundo secular y las ha hecho propias. De esta manera la Iglesia ha reconocido los derechos inderogables de la mujer, del hombre, del niño, del inmigrante, del que sufre, es decir ha transferido el mensaje del terreno de la salvación al terreno de la liberación, con la convicción de que quien se compromete en la liberación adquiere méritos para la salvación».

 

Según el filósofo «esta es una visión ideológica que hoy está muy extendida en las actitudes, en las palabras… de este Pontífice, pero que, desafortunadamente, me parece, ha afectado a la Iglesia en los últimos tiempos, y no solo en este siglo. Hoy se pronuncian palabras dentro de la Iglesia y se acogen palabras que hasta hace ochenta o noventa años eran consideradas herejías». Esta tesis no es ninguna novedad para todos los que leyeron el libro de Pera “Derechos humanos y cristianismo” (publicado en 2015). Tesis que suenan como una crítica al magisterio de la Iglesia de los últimos sesenta años, a partir de Juan XXIII y hasta el actual sucesor de Pedro. Una lectura que se encuentra en plena sintonía con las críticas que han esgrimido contra los últimos Pontífices los miembros de la Fraternidad San Pío X, fundada por el arzobispo Marcel Lefebvre.

 

Según el expresidente del Senado italiano existiría una especie de cesión autolesionista, sobre todo a partir de los pronunciamientos del Concilio Vaticano II, con una progresiva demolición de la conciencia, antes límpida y monolítica, del contenido “eversivo” de la cultura de los derechos. Pera advierte que la única salida es volver a reconocer en la cultura de los derechos (tal y como la concebían sus fieros adversarios de los siglos pasados) una gigantesca tentación demoniaca, utilizada precisamente como anzuelo para «desquiciar al cristianismo». Simplemente con estos breves e incompletos “botones de muestra” se puede advertir la diametral distancia entre la perspectiva del filósofo y la de Joseph Ratzinger, quien –lejos de replegarse hacia posturas lefebvrianas y anti-modernas como ciertos autoproclamados ratzingerianos del presente– ha identificado en lo profundo de la postura ilustrada un núcleo positivo de verdad que no es una amenaza, sino más bien fuente de un desafío, con el que el cristianismo puede volver a encontrar una vía más auténtica para hablar directamente al hombre de hoy en día. El precioso tesoro de la libertad de conciencia y de la promoción de la dignidad de la persona humana pueden, efectivamente, ser asociados con los orígenes mismos del cristianismo.

 

Es lo que escribe Benedicto XVI a Pera en la carta, después de haber leído el manuscrito de su libro. El tono de Ratzinger es positivo, atento, cortés: se intuye en esta delicadeza de las expresiones su relación de amistad con el filósofo y su aprecio por su trabajo. Sin embargo, el Papa emérito no deja de tomar distancias de la nueva obra del expresidente del Senado italiano. Reconoce que «el hiato entre las afirmaciones de los Papas del siglo XIX y la nueva visión que comienza con la “Pacem in terris” (encíclica de Juan XXIII, ndr.) es evidente y se ha discutido mucho al respecto. También representa el alma de la oposición de Lefebvre y de sus seguidores contra el Concilio».

 

Pero Ratzinger, en su carta, subraya también que «la cuestión de los derechos humanos adquirió prácticamente un lugar de gran relieve en el Magisterio y en la teología postconciliar hasta Juan Pablo II… En contra de las pretensiones totalitaristas del Estado marxista y de la ideología sobre la que se basaba, él advirtió en la idea de los derechos humanos el arma concreta capaz de limitar el carácter totalitarista del Estado, ofreciendo de esta manera el espacio de libertad necesario no solo para el pensamiento de la persona individual, sino también, y sobre todo, necesario para la fe de los cristianos y para los derechos de la Iglesia. La imagen secular de los derechos humanos, según la formulación de 1948, le pareció evidentemente como la fuerza racional para contrarrestar la pretensión omnicomprensiva, ideológica y práctica del Estado basado en el marxismo».

 

Y así, continúa Benedicto XVI en su carta inédita, «como Papa (Juan Pablo II, ndr.) afirmó el reconocimiento de los derechos humanos como una fuerza reconocida por la razón universal en todo el mundo en contra de las dictaduras de cualquier tipo. Esta afirmación se relacionaba no solamente con las dictaduras ateas, sino también con los Estados fundados con base en una justificación religiosa, así como los encontramos principalmente en el mundo islámico. A la fusión entre política y religión en el islam, que necesariamente limita la libertad de las demás religiones, incluida la de los cristianos, se contrapone la libertad de la fe –observa Ratzinger–, que en cierta medida considera al Estado laico como una forma justa de Estado, en la cual encuentra espacio la libertad de fe que los cristianos desde el principio han pretendido. En este sentido, Juan Pablo II sabía que estaba en profunda continuidad con la Iglesia de los orígenes».

 

En la carta a Pera, Benedicto XVI indica que el filósofo hizo propia la idea agustiniana del Estado y de la historia, pero añade: «Sin embargo, tal vez habría merecido una mayor consideración la visión aristotélica», retomada «cada vez más a partir del siglo XIX, cuando se comenzó a desarrollar la doctrina social de la Iglesia. Entonces se comenzaba con un orden doble, el “ordo naturalis” y el “ordo supernaturalis”; en donde el “ordo naturalis” era considerado completo en sí mismo… Con la construcción de un “ordo naturalis” que es posible aferrar de manera puramente racional, se trataba de adquirir una base argumentativa gracias a la cual la Iglesia habría podido hacer valer sus posturas éticas en el debate político con base en la racionalidad… Hacer valer lo que es auténticamente humano en donde no es posible afirmar la pretensión de la fe, en sí, es una posición justa. Corresponde a la autonomía del ámbito de la Creación y a la esencial libertad de la fe».

 

Claro, Ratzinger no oculta que existan también peligros, porque, olvidando la realidad del pecado original, se llega a «formas de optimismo ingenuas», o se acaba considerando lo que es propiamente cristiano como una estructura «superflua, superpuesta a lo humano natural», y se corre el peligro de caer en una «ingenua confianza en la razón que no percibe la efectiva complejidad de la conciencia racional en ámbito ético».

 

Por ello el deslinde ante las nuevas conclusiones de Pera. Benedicto XVI prefiere las conclusiones anteriores, contenidas en el libro “Por qué debemos decirnos cristianos”, en donde el filósofo «había demostrado convincentemente que sin la idea de Dios el liberalismo europeo es incomprensible e ilógico». Ahora, en cambio, en el nuevo libro, el liberalismo se ha convertido en «una etapa hacia la pérdida de fe en Dios».

 

Al leer la carta enviada a Pera en 2014, surge una vez más la irreducibilidad de Ratzinger a las simplificaciones cómodas de algunos de sus “seguidores”, que quisieran aplastarlo con clichés anti-modernos y con posiciones teológicas tradicionalistas. Por otra parte se advierte que varios protagonistas de la mini-galaxia de los que se oponen al actual Pontífice se oponen, en el fondo, al Concilio Vaticano II y a sus cambios en relación con la libertad religiosa y con los derechos humanos. Por lo tanto se oponen también a Pablo VI y a Juan Pablo II (además de oponerse al mismo Benedicto XVI), a pesar de que enaltezcan sus pronunciamientos, pero solamente seleccionando algunas partes.


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Prólogo del Papa a un libro de Ratzinger.

El Papa: dependemos de Dios, el marxismo se equivoca al negarlo

Francisco presenta el libro de Ratzinger sobre la relación entre fe y política: «El bien de la familia es decisivo para el futuro del mundo»

El Papa Francisco con el Papa emérito Benedicto XVI durante la apertura de la Puerta Santa en el Jubileo de la Misericordia

Pubblicato il 06/05/2018
Ultima modifica il 06/05/2018 alle ore 12:12
PAPA FRANCISCO

 

Publicamos el prefacio escrito por el Papa para el libro que reúne los textos del Pontífice emérito Benedicto XVI sobre la fe y la política: “Liberar la libertad. Fe y política en el tercer milenio” (Editorial Cantagalli). El próximo viernes, a las 18 horas, será presentado el volumen en el Senado italiano. Participarán el secretario del Papa emérito, Georg Gänswein, el presidente del Parlamento de la Unión Europea, Antonio Tajani, y el obispo Giampaolo Crepaldi. Estará presente la presidenta del Senado italiano, Maria Elisabetta Casellati

 

 

La relación entre la fe y la política es uno de los grandes temas que siempre ha estado en el centro de la atención de Joseph Ratzinger / Benedicto XVI, y atraviesa todo su camino intelectual y humano: la experiencia directa del totalitarismo nazi lo llevó, como joven estudioso, a reflexionar sobre los límites de la obediencia al Estado a favor de la libertad de la obediencia a Dios: «El Estado –escribe en este sentido en uno de los textos propuestos– no es la totalidad de la existencia humana y no abarca toda la experiencia humana. El hombre y su esperanza van más allá de la realidad del Estado y más allá de la acción política. Esto no solo vale para un Estado que se llama Babilonia, sino para cualquier tipo de Estado. El Estado no es la totalidad. Esto aligera el peso al hombre político y le abre el camino a una política racional. El Estado romano era falso y anticristiano precisamente porque quería ser el “totum” de las posibilidades y de las esperanzas humanas. Así pretende lo que no puede; así falsifica y empobrece al hombre. Con su mentira totalitaria se vuelve demoníaco y tiránico».

 

Posteriormente, también con estos fundamentos, al lado de San Juan Pablo II él elabora y propone una visión cristiana de los derechos humanos capaz de poner en discusión a nivel teórico y práctico la pretensión totalitaria del Estado marxista y de la ideología atea sobre la que se fundaba.

 

Porque para Raztinger el auténtico contraste entre el marxismo y el cristianismo no se da, ciertamente, en la atención preferencial del cristiano por los pobres: «Debemos aprender –una vez más, no solo a nivel teórico, sino en la forma de pensar y actuar– que al lado de la presencia real de Jesús en la Iglesia y en el sacramento, existe otra presencia real de Jesús en los pequeños, en los pisoteados de este mundo, en los últimos, en quienes Él quiere ser hallado por nosotros», escribió Ratzinger en los años setenta con una profundidad teológica y con una accesibilidad inmediata que son propias del pastor auténtico. Y ese contraste no se da tampoco, como él subrayó a mediados de los años ochenta, debido a la falta en el Magisterio de la Iglesia del sentido de equidad y solidaridad; y, como consecuencia, «en la denuncia del escándalo de las evidentes desigualdades entre ricos y pobres –sean desigualdades entre países ricos y países pobres o bien desigualdades entre clases sociales en el ámbito del mismo territorio nacional–, que ya no es tolerado».

 

 

sacramento, esiste quell’altra presenza reale di Gesù nei più piccoli, nei calpestati di questo mondo, negli ultimi, nei quali egli vuole essere trovato da noi» scrive Ratzinger già negli anni Settanta con una profondità teologica e insieme immediata accessibilità che sono proprie del pastore autentico. E quel contrasto non è dato nemmeno, come egli sottolinea alla metà degli anni Ottanta, dalla mancanza nel Magistero della Chiesa del senso di equità e solidarietà; e, di conseguenza, «nella denuncia dello scandalo delle palesi disuguaglianze tra ricchi e poveri – si tratti di disuguaglianze tra paesi ricchi e paesi poveri oppure di disuguaglianze tra ceti sociali nell’ambito dello stesso territorio nazionale che non è più tollerato».

 

 

El profundo contraste, nota Ratzinger, se da, por el contrario (y aún antes que la pretensión marxista de colocar el cielo en la tierra, la redención del hombre en el “más acá”), en la diferencia abismal que subsiste en relación con la manera en la que la redención debe suceder: «¿La redención se da mediante la liberación de cualquier dependencia, o la única vía que lleva a la liberación es la completa dependencia del amor, dependencia que sería luego la verdadera libertad?».

 

Y así, con un salto de treinta años, él nos acompaña en la comprensión de nuestro presente, como atestiguan la inmutable frescura y vitalidad de su pensamiento. Hoy en día, efectivamente y más que nunca, se vuelve a presentar la misma tentación del rechazo de cualquier dependencia del amor que no sea el amor del hombre por el propio ego, por «el yo y sus deseos»; y, como consecuencia, el peligro de la «colonización» de las conciencias por parte de una ideología que niega la certeza profunda según la cual el hombre existe como varón y hembra, a quienes ha sido asignada la tarea de la transmisión de la vida; esa ideología que llega a la producción planificada y racional de seres humanos y que –tal vez por algún fin considerado “bueno”– llega a considerar lógico y lícito cancelar lo que ya no se considera creado, donado, concebido y generado, sino hecho por nosotros mismos.

 

 

Estos aparentes “derechos” humanos, que se orientan hacia la autodestrucción del hombre (y nos lo demuestra con fuerza y eficacia Joseph Ratzinger) tienen un único común denominador que consiste en una única, gran negación: la negación de la dependencia del amor, la negación de que el hombre es criatura de Dios, hecho amorosamente por Él a Su imagen y a quien el hombre anhela como la cierva a los manantiales (Sal. 41). Cuando se niega esta dependencia entre criatura y creador, esta relación de amor, se renuncia en el fondo a la verdadera grandeza del hombre, al bastión de su libertad y de su dignidad.

 

Así, la defensa del hombre y de lo humano en contra de las reducciones ideológicas del poder pasa en la actualidad de establecer en la obediencia del hombre a Dios un límite de la obediencia al Estado. Aceptar este desafío, en el verdadero cambio de época que estamos viviendo, significa defender la familia. Por lo demás, ya San Juan Pablo II había comprendido muy bien el alcance de la cuestión: llamado con razón el “Papa de la familia”, no por nada subrayaba que «el porvenir de la humanidad pasa a través de la familia» (Familiaris consortio, 86). Y por esta línea también yo he insistido en que «el bien de la familia es decisivo para el futuro del mundo y de la Iglesia» (Amoris laetitia, 31).

 

Por ello, estoy particularmente feliz de poder introducir este segundo volumen de los textos elegidos de Joseph Ratzinger sobre el tema “fe y política”. Que puedan, junto con su poderosa Opera omnia, ayudarnos no solo a todos nosotros a comprender nuestro presente y a encontrar una sólida orientación para el futuro, sino también ser verdadera fuente de inspiración para una acción política que, poniendo la familia, la solidaridad y la equidad en el centro de su atención y de su programación, mire el futuro verdaderamente con clarividencia.


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El caso Viganó y la carta censurada de Ratzinger según Vatican Insider

La carta di Benedicto; he aquí el original, con los pasajes omitidos, publicada el 17 de marzo.

Primero la noticia de un párrafo que no fue publicado ni leído, en el que Ratzinger critica la decisión de incluir a un teólogo entre los autores de la colección. Después la publicación completa por parte de la Santa Sede
AFP

Francisco y Benedicto XVI

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Pubblicato il 17/03/2018
Ultima modifica il 17/03/2018 alle ore 18:34
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

La carta de Benedicto XVI que leyó el Prefecto de la Secretaría para la Comunicación, Dario Edoardo Viganò, durante la presentación de la colección de 11 volumencitos sobre la teología del Papa Francisco parece un “misterio” infinito. Pero ha llegado a su desenlace. El texto original de la carta del Papa emérito, efectivamente, contenía otro párrafo que no fue ni publicado ni leído durante la conferencia de prensa del pasado lunes 12 de marzo. La noticia fue dada a conocer nuevamente por el vaticanista Sandro Magister, y fue confirmada también por fuentes de Vatican Insider.

 

El original integral de la carta que recibió el Prefecto de la Comunicación no fue divulgado, mientras que el borrador se encuentra en la computadora del monasterio en el que Ratzinger vive desde que renunció al Pontificado. Las líneas omitidas contenían la crítica del Papa emérito sobre la decisión de encomendar la redacción de uno de los volúmenes a Peter Hünermann, teólogo alemán que fue uno de los grandes críticos del Papa Wojtyla y de su sucesor Benedicto XVI.

 

Los juicios negativos de Ratzinger sobre la elección de los comentadores de la “Teología de Francisco” no habrían debido llegar al dominio público. En el sobre de la carta que recibió Viganò se lee, efectivamente, “reservado-personal”. La pregunta a la que habría que responder ahora es esta: ¿el entorno de Benedicto XVI permitió la divulgación de los primeros dos párrafos o, como sea, fue advertido de esta decisión?

 

La respuesta llegó el sábado 17 de marzo de 2018 por la tarde, con la publicación de la carta integral por parte de la Santa Sede, de acuerdo con el “entourage” de Benedicto XVI. Esto deja pensar que también sobre la decisión de divulgar una parte de la carta estuvieran informados los colaboradores del Papa emérito. La difusión de la carta completa va acompañada con una nota de la Santa Sede, en la que se lee: «Con motivo de la presentación de la colección “La teología del Papa Francisco”, editada por la Lbreria Editrice Vaticana, que se llevó a cabo el pasado 12 de marzo, se dio a conocer una carta del Papa Emérito Benedicto XVI. Siguieron muchas polémicas sobre una presunta manipulación censoria de la fotografía distribuida como material fotográfico. De la carta, reservada, se leyó cuanto se consideró oportuno y relacionado solamente con la iniciativa, y, en particular cuanto el Papa Emérito afirma sobre la formación filosófica y teológica del actual Pontífice y la interior unión entre ambos Pontificados, dejando de lado algunas anotaciones sobre los colaboradores de la colección. La decisión se debió a la confidencialidad y no a la intención de censurar. Para disipar cualquier duda, se decidió publicar la carta completa».

 

Este es el párrafo que no se había dado a conocer: «Solamente al margen, me gustaría anotar mi sorpresa porque entre los autores figura también el profesor Hünermann, que durante mi Pontificado destacó por haber guiado iniciativas anti-papales. Él participó de manera relevante al lanzamiento de la “Kölner Erklärung”, que, en relación con la encíclica “Veritatis splendor”, atacó con virulencia la autoridad magisterial del Papa específicamente sobre cuestiones de teología moral. También la “Europäische Theologengesellschaft”, que él fundó, al principio fue concebida por él como una organización en oposición al magisterio papal. Después, el sentir eclesial de muchos teólogos impidió esta orientación, convirtiendo esa organización en un normal instrumento de encuentro entre teólogos».

 

La carta concluye de esta manera: «Estoy seguro de que comprenderá por mi negativa y le saludo cordialmente».

 

La polémicas sobre los textos omitidos de la carta del Papa emérito podrían invertir el efecto que se quería obtener con la divulgación de los fragmentos publicados. Ratzinger, sin embargo, escribió frases claras y duras en contra el doble «prejuicio insensato» de todos los que consideran que el Papa Francisco es demasiado práctico (y no particularmente ducho con la teología), y de todos los que creen que Ratzinger es demasiado teórico. Benedicto XVI subrayó también «la continuidad interior» que tienen ambos Pontificados. Un texto que, a la luz de la distancia que expresó ante las decisiones editoriales de la colección, resulta muy de Benedicto XVI.

 

ANSA

La foto desenfocada de la carta de Ratzinger (arriba) y la carta original publicada por la Santa Sede (abajo)