Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Jerusalén, ciudad abierta e internacional. Declaración de la Custodia de Tierra Santa

Custodia de Tierra Santa: Jerusalén debe ser una ciudad para todos y de todos

2017-12-09 Radio Vaticana

 

María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

“Jerusalén es un tesoro de toda la humanidad que no puede ser reducido a cuestiones de disputas territoriales y de soberanía política”: lo subraya en un mensaje el Patriarcado Latino de Jerusalén, mostrando preocupación “por las violencias que podrían desencadenarse y las imprevisibles consecuencias” a raíz de la  decisión de la administración de Estados Unidos de reconocer Jerusalén como capital de Israel.

En el mensaje el Patriarcado evidencia el llamamiento del Santo Padre, en la audiencia del miércoles 6 de diciembre que, expresando profunda preocupación, ha invitado a no crear nuevos pretextos para otras violencia en Oriente Medio sino a preservar en la Ciudad Santa el Status Quo, que debería garantizar los equilibrios entre las comunidades religiosas de las tres religiones y entre las dos partes de la ciudad”.

Nuestro colega Amedeo Lomonaco entrevistó al Padre Ibrahim Faltas, franciscano de la Custodia de Tierra Santa, quien expresó su deseo de que Jerusalén sea una ciudad internacional abierta a todos:

“Jerusalén es una ciudad única y la comunidad internacional debe encontrar una solución con el fin de que esta ciudad internacional sea abierta a todos. No es una parte que declara que es la capital de Israel o de Palestina o de otros países. Jerusalén debe ser una ciudad para todos y de todos: ésta debe ser Jerusalén”.

Ante nuestros micrófonos el padre Faltas lanza un llamamiento:

“Traten de encontrar una solución para Jerusalén”. Jerusalén es el corazón del conflicto: una vez resuelto este problema pienso que realmente habrá paz en todo el mundo. San Juan Pablo II decía: “si no habrá paz en Jerusalén, será imposible la paz en todo el mundo”. No queremos que ahora haya una tercera revuelta. Yo espero que no. Y también Abu Mazen está en contra de la violencia y contra una tercera revuelta.

P- Jerusalén debe ser en realidad un símbolo nacional para Israel y para Palestina…

“Debe ser así. No para los palestinos y los israelíes sino que debe ser también un modelo de convivencia entre las tres religiones: cristianos, musulmanes y judíos. La ciudad vieja ya está llena de cristianos, musulmanes y judíos, que viven juntos: todos habitan juntos. Hay casas de judíos, de musulmanes y de cristianos: no existe en todo el mundo algo similar. La única solución es que exista una ciudad abierta e internacional”.


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Encuentro emotivo del Papa con los Rohinyas en Bangladesh

El Papa: “¡La presencia de Dios hoy se llama también Rohinyá!”

Conmovedor encuentro de Francisco con los prófugos que huyeron de la persecución en Myanmar: «Les pido perdón por la indiferencia del mundo. Sigamos ayudándolos, no cerremos nuestros corazones, no miremos a otra parte»
REUTERS

El Papa se encuentra con un grupo de refugiados de la etnia Rohinyá

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Pubblicato il 01/12/2017
Ultima modifica il 01/12/2017 alle ore 14:08
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A DHAKA (BANGLADESH)

Fue un encuentro conmovedor, lleno de miradas, gestos y lágrimas, más que de palabras. Después de la oración ecuménica presidida por el obispo anglicano, que se arrodilló frente al Pontífice pidiendo su bendición, los Rohinyá subieron al palco. Las dos mujeres llevaban el velo y también el niqab, pero descubrieron su rostro. Miles de personas los recibieron con un gran aplauso y, después de que el Papa los saludó uno por uno, dejaron de transmitir tanto las imágenes como el audio.

 

Pasaron, pues, a saludar al Papa, que decidió pasar unos minutos con ellos después del evento público. Francisco apoyó la mano sobre la cabeza de algunos de ellos, escuchó con rostro serio y visiblemente interesado sus historias y peticiones. Las imagenes de este encuentro, lleno de gestos y miradas, más que de palabras, son un mensaje poderoso, que cierra dos días de polémicas inútiles sobre el hecho de que el Pontífice no haya pronunciado la palabra “Rohinyá” en sus discursos. Bergoglio lanzó un fuerte llamado público a favor de esta población en agosto de este año, refiriéndose a los derechos de las minorías al dirigirse a las autoridades de Myanmar. También pidió que la comunidad internacional interviniera en esta emergencia humanitaria y ahora, finalmente, pudo hacer visible su cercanía y participación en el sufrimiento de los Rohinyá.

 

El Papa les dijo: «Estamos cerca de ustedes, su situación es muy dura. En nombre de todos los que les han hecho daño, por la indiferencia del mundo, pido perdón». «Queridos hermanos y hermanas –añadió Bergoglio– todos nosotros hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, todos nosotros somos imágenes del Dios vivo. Su religión enseña que Dios, al comienzo, tomó un poco de sal y la arrojó al agua, que es el alma de todos los hombres, y cada uno de nosotros lleva un poco de esta sal. Estos hermanos y hermanas llevan dentro de sí la sal de Dios».

 

Algunos Rohinyá lloraban. «Queridos hermanos y hermanas, solamente hagamos que el mundo vea lo que hace el egoísmo del mundo con la imagen de Dios. Sigamos haciendo el bien a ellos, ayudándolos, sigamos moviéndonos para que sean reconocidos sus derechos, no cerremos el corazón. No miremos hacia otra parte. La presencia de Dios hoy también se llama Rohinyá. Que cada uno de nosotros dé la propia respuesta». Francisco aseguró al final del encuentro que hará «¡todo lo pisoble para ayudarlos!».


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Bangladesh: Encuentro del Papa con los líderes religiosos incluídos representantes de los Rohynia.

El Papa: la diversidad no es una amenaza; construyamos la paz con confianza

Francisco reza por la paz con los musulmanes, hinduistas y budistas: «un llamado respetuoso pero firme a los que traten de fomentar la división, el odio y la violencia en nombre de la religión». El recuerdo de la tragedia del Rama Plaza
AP

El Papa llegando al encuentro interreligioso y ecuménico

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Pubblicato il 01/12/2017
Ultima modifica il 01/12/2017 alle ore 14:30
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A DHAKA (BANGLADESH)

Llega a bordo de un carrito tradicional guiado por un joven bangladesí a la tienda montada en el amplio jardín del arzobispado de Dhaka. El encuentro interreligioso y ecuménico, la última cita del día que concluye con el abrazo entre el Papa y un grupo de refugiados de la etnia Rohinyá. El mensaje de Francisco es una invitación a construir la paz y a vivir entre las diferentes religiones no solo una «mera tolerancia», sino una auténtica «apertura del corazón».

 

Participan en el encuentro líderes musulmanes, hinduistas, budistas y cristianos (católicos y anglicanos). Casi todos, en sus saludos, citan la tragedia de los Rohinyá y pronuncian palabras muy duras contra el terrorismo fundamentalist. Al tomar la palabra, Bergoglio se ve muy cansado por el día intenso que ha tenido. Dice que el objetivo del encuentro es «profundizar nuestra amistad y para expresar el deseo unánime del don de una paz genuina y duradera». Cita también los cantos y las danzas que animaron la asamblea, como signo de «armonía, fraternidad y paz encarnado en las enseñanzas de las religiones del mundo».

 

 

«Que nuestro encuentro de esta tarde –añade Francisco– pueda ser un signo claro del esfuerzo de los líderes y de los seguidores de las religiones presentes en este país por vivir juntos con respeto recíproco y buena voluntad. Que este compromiso, aquí en Bangladesh, donde el derecho a la libertad religiosa es un principio fundamental, sea una llamada de atención respetuosa pero firme hacia quien busque fomentar la división, el odio y la violencia en nombre de la religión».

Se requiere «más que una mera tolerancia», hay que «tender la mano al otro en actitud de comprensión y confianza recíproca, para construir una unidad que considere la diversidad no como amenaza, sino como fuente de enriquecimiento y crecimiento. Nos exhorta a tener apertura de corazón, para ver en los otros un camino, no un obstáculo». Y esta apertura del corazón, explica Bergoglio, tiene tres características: es una puerta, «no es una teoría abstracta, sino una experiencia vivida. Nos permite entablar un diálogo de vida, no un simple intercambio de ideas. Requiere buena voluntad y capacidad de acogida, pero no debe ser confundida con la indiferencia o la reticencia al expresar nuestras convicciones más profundas. Implicarse fructuosamente con el otro significa compartir nuestra identidad religiosa y cultural, pero siempre con humildad, honestidad y respeto».

 

También es semejante a una «escalera que se eleva hacia el Absoluto. Recordando esta dimensión trascendente de nuestra actividad, nos damos cuenta de la necesidad de purificar nuestros corazones, para poder ver las cosas en su justa perspectiva». Y al final también dice que es un camino, que «conduce a la búsqueda de la bondad, la justicia y la solidaridad».

 

Francisco recuerda que las diferentes comunidades religiosas de Bangladesh «han abrazado este camino mediante el compromiso por el cuidado de la tierra, nuestra casa común, y la respuesta a los desastres naturales que han asolado la nación en los últimos años». Y cita «la manifestación común de dolor, oración y solidaridad que ha acompañado el trágico derrumbe del Rana Plaza, que sigue impreso en la mente de todos. En estas diversas expresiones vemos cómo el camino de la bondad conduce a la cooperación para servir a los demás». Una referencia al terrible derrumbe de un edificio comercial de ocho pisos, en abril de 2013, en Savar, un distrito de la gran zona de Dhaka, en donde perdieron la vida 1129 personas que trabajaban en una fábrica textil y fueron obligadas a trabajar a pesar de las enormes grietas que tenía la estructura.

 

El Papa concluye invocando un «espíritu de apertura, aceptación y cooperación entre los creyentes no contribuye simplemente a una cultura de armonía y paz, sino que es su corazón palpitante. ¡Cuánto necesita el mundo de este corazón que late con fuerza, para combatir el virus de la corrupción política, las ideologías religiosas destructivas, la tentación de cerrar los ojos a las necesidades de los pobres, de los refugiados, de las minorías perseguidas y de los más vulnerables!».


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El Papa con los monjes budistas de Myanmar

Viaje apostólico del Santo Padre Francisco a Myanmar y Bangladesh (26 noviembre – 2 diciembre 2017) – Encuentro con el Consejo Supremo “Sangha” de los monjes budistas

Por la tarde, el Santo Padre se ha desplazado en automóvil  desde el arzobispado de Yangon hasta el Kaba Aye Center , uno de los templos budistas más venerados del sudeste asiático.
A su llegada el Papa ha sido recibido por el ministro  de Asuntos Religiosos y Cultura, Thura U Aung Ko. A las 16,15 ,hora local- 10,45 hora de Roma, ha tenido lugar el encuentro con el Consejo Supremo “Sangha” de los monjes budistas.
Una vez entrado en la Sala grande del complejo el Papa Francisco ha saludado al presidente del Comité estatal “Sangha” el venerable Bhaddanta Kumarabhivamsa.
Después de la intervención del presidente del “Sangha”, el Santo Padre ha pronunciado un discurso.
Al final, tras el intercambio de regalos y las fotos, el Santo Padre se ha despedido del presidente del “Sangha” para trasladarse en automóvil al arzobispado, sede del encuentro con los obispos. Durante el recorrido el Papa ha dado una vuelta en papamóvil alrededor de la  St Mary’s Cathedral donde mañana celebrará la santa misa con los jóvenes.
Publicamos a continuación el discurso que el Santo Padre ha dirigido a los presentes durante el encuentro con el Consejo Supremo “Sangha” de los monjes budistas.
Discurso del Santo Padre
Es una gran alegría para mí estar hoy con vosotros. Agradezco al Ven. Bhaddanta Kumarabhivamsa, Presidente del Comité de Estado Sangha Maha Nayaka, por sus palabras de bienvenida y por el esfuerzo realizado para organizar mi visita hoy aquí. Los saludo a todos, y agradezco de modo particular la presencia de Su Excelencia Thura Aung Ko, Ministro para los Asuntos Religiosos y la Cultura.
Nuestro encuentro es una ocasión importante para renovar y reforzar los lazos de amistad y de respeto que unen a los budistas y a los católicos. Es también una oportunidad para reafirmar nuestro compromiso por la paz, el respeto de la dignidad humana y la justicia para todos los hombres y mujeres. No sólo en Myanmar, sino también en todo el mundo, las personas necesitan que los líderes religiosos den este testimonio común. Porque, cuando nosotros hablamos con una sola voz, afirmando el valor perenne de la justicia, de la paz y de la dignidad fundamental de todo ser humano, ofrecemos una palabra de esperanza. Ayudamos a los budistas, a los católicos y a todos a luchar por alcanzar una mayor armonía en sus comunidades.
En todas las épocas, la humanidad ha experimentado injusticias, momentos de conflicto y desigualdades entre las personas. En nuestro tiempo, estas dificultades parecen ser particularmente graves. Las heridas causadas por los conflictos, la pobreza y la opresión persisten, y crean nuevas divisiones, aunque la sociedad haya alcanzado un gran progreso tecnológico y las personas en el mundo sean cada vez más conscientes de que comparten la misma naturaleza humana y el mismo destino. Frente a estos desafíos, jamás debemos resignarnos. Sobre las bases de nuestras respectivas tradiciones espirituales, sabemos que existe un camino que nos permite avanzar, que lleva a la curación, a la mutua comprensión y al respeto. Un camino basado en la compasión y en el amor.
Manifiesto mi estima a todos los que en Myanmar viven según las tradiciones religiosas del Budismo. A través de las enseñanzas de Buda, y el testimonio elocuente de muchos monjes y monjas, la gente de esta tierra ha sido formada en los valores de la paciencia, de la tolerancia y del respeto por la vida, así como en una espiritualidad atenta y profundamente respetuosa de nuestro medio ambiente. Como sabemos, estos valores son esenciales para un desarrollo integral de la sociedad, a partir de la familia, que es la unidad más pequeña pero más esencial, para luego extenderse a la red de relaciones que nos ponen en estrecha conexión —relaciones enraizadas en la cultura, en la pertenencia étnica y nacional, pero en definitiva enraizadas en la pertenencia a la misma naturaleza humana. En una auténtica cultura del encuentro, estos valores fortalecen a nuestras comunidades y las ayudan para que puedan iluminar al conjunto de la sociedad con esa luz tan necesaria.
El gran desafío de nuestros días es el de ayudar a las personas a que se abran a la trascendencia. A que sean capaces de mirar en su interior y de conocerse a sí mismas de manera que puedan reconocer la interconexión recíproca con los demás. Darse cuenta de que no podemos permanecer aislados los unos de los otros. Si debemos estar unidos, como es nuestro propósito, es necesario superar todas las formas de incomprensión, de intolerancia, de prejuicio y de odio. ¿Cómo podemos hacerlo? Las palabras de Buda nos ofrecen a todos una guía: «Conquista al hombre airado mediante el amor; conquista al hombre de mala voluntad mediante la bondad; conquista al avaro mediante la generosidad; conquista al mentiroso mediante la verdad» ( Dhammapada , XVII, 223). Son sentimientos parecidos a los que se expresan en la oración atribuida a san Francisco de Asís: «Señor, hazme instrumento de tu paz. Que donde hay odio, yo ponga el amor. Que donde hay ofensa, yo ponga el perdón […]. Que donde hay tinieblas, yo ponga la luz. Que donde hay tristeza, yo ponga la alegría».
Que esta sabiduría siga animando todos los esfuerzos que se realizan para promover la paciencia y la comprensión, y para curar las heridas de los conflictos que a lo largo de los años han dividido a personas de distintas culturas, etnias y convicciones religiosas. Estos esfuerzos no son sólo prerrogativas de los líderes religiosos, ni competencia exclusiva del Estado. Al contrario, la sociedad en su conjunto, todos aquellos que viven en la comunidad, son los que deben compartir la tarea de superar el conflicto y la injusticia. Sin embargo, los líderes civiles y religiosos tienen la responsabilidad propia de garantizar que cada voz sea escuchada, de forma que se puedan comprender con claridad y confrontar en un espíritu de imparcialidad y de recíproca solidaridad los desafíos y las necesidades del momento presente. Felicito al Panglong Peace Conference por el trabajo que está desarrollando en este ámbito, y ruego para que los que guían este esfuerzo puedan seguir promoviendo una mayor participación de todos los que viven en Myanmar. Esto ayudará al compromiso de avanzar en la paz, la seguridad y una prosperidad que incluya a todos.
Ciertamente, para que estos esfuerzos produzcan frutos duraderos, se necesitará una mayor cooperación entre los líderes religiosos. A este respecto, deseo que sepáis que la Iglesia Católica es un interlocutor disponible. Los momentos de encuentro y de diálogo entre los líderes religiosos demuestran que son un factor importante en la promoción de la justicia y de la paz en Myanmar. Sé que el pasado mes de abril la Conferencia de los Obispos Católicos ha organizado un encuentro de dos días sobre la paz, en el que han participado los líderes de las diferentes comunidades religiosas, junto a embajadores y representantes de agencias no gubernamentales. Estos encuentros son esenciales para profundizar en el conocimiento recíproco y afirmar los lazos que nos unen y nuestro destino común. La justicia auténtica y la paz consolidada se alcanzan sólo cuando están garantizadas para todos.
Queridos amigos, que los budistas y los católicos caminemos juntos a lo largo de este sendero de curación, y trabajemos hombro con hombro por el bien de cada uno de los habitantes de esta tierra. En las Escrituras Cristianas, el apóstol Pablo anima a sus oyentes a alegrarse con los que están alegres, y a llorar con los que lloran (cf. Rm 12,15), llevando con humildad los unos las cargas de los otros (cf. Ga 6,2). En nombre de mis hermanos y hermanas católicos, expreso nuestra disponibilidad para seguir caminando con vosotros y sembrar semillas de paz y de curación, de compasión y de esperanza en esta tierra.
Os doy las gracias nuevamente por haberme invitado a estar hoy aquí con vosotros. Invoco sobre todos la bendición divina de la alegría y de la paz.