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No al invierno demográfico. Homilía del Papa

“Los países sin niños por decisión tienen una enfermedad fea”

El Papa en Santa Marta: no al «invierno demográfico»; Dios es fecundo y quiere que todos lo sean, con buenas acciones y dando vida. No hay que mantener cerrado el corazón como «un objeto de museo»
REUTERS

“Los países sin niños por decisión tienen una enfermedad fea”

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Pubblicato il 19/12/2017
Ultima modifica il 19/12/2017 alle ore 17:00
DOMENICO AGASSO JR.
CIUDAD DEL VATICANO

El Señor desea que todos sean fecundos como Él, dándose al prójimo y dando vida. Los países sin niños, que viven «el invierno demográfico», tienen una «fea enfermedad». Lo dijo el Papa Francisco en la homilía matutina de hoy, 19 de septiembre de 2017, en la Capilla de la Casa Santa Marta, durante la que también invitó a no mantener el corazón cerrado, como un «objeto de museo».

 

Esterilidad y fecundad: son las dos palabras en torno a las cuales reflexionó el Papa Francisco. Las lecturas del día presentan el nacimiento de Sansón y de Juan Bautista que el ángel había anunciado a dos mujeres estériles o que tenían demasiados años como el caso de Isabel. El Santo Padre recordó que en aquel tiempo la esterilidad era una vergüenza, porque el nacimiento de un hijo se consideraba una gracia y un don de Dios. El Papa también recordó que en la Biblia se lee de tantas mujeres estériles, que deseaban ardientemente tener un hijo, o de tantas otras madres que lloraban por la pérdida del hijo y porque se habían quedado sin descendencia, como Sara, Noemí, Ana e Isabel, por ejemplo.

 

«Llenen la tierra, sean fecundos». Francisco recordó que se trata del primer mandamiento que Dios dio a nuestros padres. Y añadió que «Donde está Dios, hay fecundidad»: «Me vienen a la mente […] algunos países que han elegido la vía de la esterilidad y padecen esa enfermedad tan mala que es el invierno demográfico. Los conocemos. No tienen hijos. No. Que el bienestar, que esto, que esto otro… Países vacíos de niños y esto no es una bendición. Pero esto es algo de pasaje. La fecundidad siempre es una bendición de Dios».

 

El Papa destacó la fecundidad material y espiritual. El hecho de dar la vida. Y dijo que una persona puede ser célibe, como los sacerdotes y los consagrados, pero debe vivir igualmente dando la vida a los demás. Ay de nosotros, subrayó Francisco, si no somos fecundos a través de las buenas obras.

 

La fecundidad es un signo de Dios. Y el Pontífice recordó que los profetas han elegido símbolos hermosos, como el desierto. Qué otra cosa es más estéril que un desierto, dijo, y sin embargo, ellos dicen que también «el desierto florecerá, la aridez se llenará de agua». Es, precisamente, agregó Francisco, la promesa de Dios. Dios es fecundo.

 

«Es verdad, el diablo quiere la esterilidad –sentenció. Quiere que cada uno de nosotros no viva para dar vida, tanto física como espiritual, a los demás. Que viva para sí mismo: el egoísmo, la soberbia, la vanidad. Engordar el alma sin vivir para los demás. El diablo es el que hace crecer la cizaña del egoísmo y no nos hace fecundos».

 

 

Es una gracia tener hijos que nos cierren los ojos en la hora de nuestra muerte, dijo también el Papa Francisco, y citó el ejemplo de un anciano misionero de la Patagonia que, cuando tenía 90 años, decía que su vida había pasado como un soplo, pero que tenía tantos hijos espirituales junto a sí en su última enfermedad.

 

Aludiendo a la inminente Navidad el Papa dijo: «Aquí hay una cuna vacía. Podemos verla. Puede ser símbolo de esperanza porque vendrá el Niño; puede ser un objeto de museo, vacío durante toda la vida. Nuestro corazón es una cuna. ¿Cómo es mi corazón? ¿Está vacío – siempre vacío – pero abierto para recibir continuamente la vida y dar la vida? ¿Para recibir y ser fecundo? ¿O será un corazón conservado como un objeto de museo que jamás ha sido abierto a la vida ni a dar la vida?».

 

El Santo Padre Francisco concluyó su reflexión sugiriendo mirar esta cuna vacía y decir: «Ven Señor, llena la cuna, llena mi corazón e impúlsame a dar la vida, a ser fecundo».

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