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Fuerte crecimiento demográfico de los Rohinyas.

Los campos de Bangladesh ven nacer a 60 rohinyás al día

PMA/Saikat Mojumder
Refugiados rohinyás

17 Mayo 2018

Nueve meses después de que los rohinyás comenzaran a abandonar Myanmar para refugiarse en este país, se estima que han nacido aproximadamente 16.000 niños refugiados en los asentamientos de Cox’s Bazar. UNICEF ha hecho sonar la voz de alarma sobre la situación que las mujeres y sus hijos afrontan en estos lugares, ya que muchos de los nacidos son resultado de la violencia sexual y se ven privados de sus derechos.

Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, alrededor de sesenta bebés nacen cada día en los campos de refugiados bangladesíesrespirando “por primera vez en condiciones espantosas y lejos de su hogar”, señala Edouard Beigbeder, el representante de la agencia en el país.

A finales de agosto de 2017, cuando la ola de violencia comenzó en el estado birmano de Rakhine, miles de rohinyás empezaron a huir a las playas y arrozales de Bangladesh. Desde entonces, han salido a la luz numerosos informes sobre abusos sexuales y violaciones, por lo que los bebés que están naciendo son, en muchos casos, fruto de la violencia sexual a la que muchas madres se ven expuestas en estos lugares.

Las mujeres y los niños que, además de superar las consecuencias del desplazamiento, sobreviven a la violencia sexual forman parte de los grupos más vulnerables dentro de los 800.000 rohinyás que viven en Cox’s Bazar. En particular, las mujeres y las niñas sufren riesgo de ser marginadas y, posteriormente, perseguidas.

“Es imposible saber el verdadero número de bebés que han nacido o nacerán como resultado de la violencia sexual”, añadió Beigbeder. “Pero resulta vital que todas y cada una de las madres o mujeres que esperan bebés y todos los recién nacidos reciban la ayuda y el apoyo que necesitan”.

Ayudar a las madres y sus hijos

De los bebés que han nacido en campamentos desde septiembre, se estima que solo uno de cada cinco lo han hecho en centros sanitarios, y que solo el 18 % de las madres dan a luz en estos lugares.

El Fondo ofrecen cuidados prenatales y posnatales a las madres y sus hijos, visitando los refugios para evaluar su situación, realizando consultas y proporcionando apoyo. De hecho, se ha conseguido formar cerca de 150 grupos de padres en los campos y alrededor de 250 voluntarios trabajan para garantizar que las mujeres asistan a centros médicos antes y después de dar a luz.

Los derechos de los bebés

Dadas las condiciones de estos campos de refugiados, muchos de los nacimientos no se registran, por lo que los bebés afrontan dificultades a la hora de acceder a determinados servicios esenciales: no van a la escuela, no reciben servicios de salud ni tienen derecho a seguridad social. En los casos en que los niños se encuentran separados de sus padres, la falta de documentación constituye un obstáculo adicional a la hora de reunirlos.

Esta falta de visibilidad legal aumenta su vulnerabilidad, así como el riesgo de que se violen sus derechos sin que nadie se dé cuenta. Por ello, la agencia de las Naciones Unidas indica que registrar de manera apropiada a quienes nacen en circunstancias de inestabilidad o conflicto constituye una prioridad.

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No al invierno demográfico. Homilía del Papa

“Los países sin niños por decisión tienen una enfermedad fea”

El Papa en Santa Marta: no al «invierno demográfico»; Dios es fecundo y quiere que todos lo sean, con buenas acciones y dando vida. No hay que mantener cerrado el corazón como «un objeto de museo»
REUTERS

“Los países sin niños por decisión tienen una enfermedad fea”

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Pubblicato il 19/12/2017
Ultima modifica il 19/12/2017 alle ore 17:00
DOMENICO AGASSO JR.
CIUDAD DEL VATICANO

El Señor desea que todos sean fecundos como Él, dándose al prójimo y dando vida. Los países sin niños, que viven «el invierno demográfico», tienen una «fea enfermedad». Lo dijo el Papa Francisco en la homilía matutina de hoy, 19 de septiembre de 2017, en la Capilla de la Casa Santa Marta, durante la que también invitó a no mantener el corazón cerrado, como un «objeto de museo».

 

Esterilidad y fecundad: son las dos palabras en torno a las cuales reflexionó el Papa Francisco. Las lecturas del día presentan el nacimiento de Sansón y de Juan Bautista que el ángel había anunciado a dos mujeres estériles o que tenían demasiados años como el caso de Isabel. El Santo Padre recordó que en aquel tiempo la esterilidad era una vergüenza, porque el nacimiento de un hijo se consideraba una gracia y un don de Dios. El Papa también recordó que en la Biblia se lee de tantas mujeres estériles, que deseaban ardientemente tener un hijo, o de tantas otras madres que lloraban por la pérdida del hijo y porque se habían quedado sin descendencia, como Sara, Noemí, Ana e Isabel, por ejemplo.

 

«Llenen la tierra, sean fecundos». Francisco recordó que se trata del primer mandamiento que Dios dio a nuestros padres. Y añadió que «Donde está Dios, hay fecundidad»: «Me vienen a la mente […] algunos países que han elegido la vía de la esterilidad y padecen esa enfermedad tan mala que es el invierno demográfico. Los conocemos. No tienen hijos. No. Que el bienestar, que esto, que esto otro… Países vacíos de niños y esto no es una bendición. Pero esto es algo de pasaje. La fecundidad siempre es una bendición de Dios».

 

El Papa destacó la fecundidad material y espiritual. El hecho de dar la vida. Y dijo que una persona puede ser célibe, como los sacerdotes y los consagrados, pero debe vivir igualmente dando la vida a los demás. Ay de nosotros, subrayó Francisco, si no somos fecundos a través de las buenas obras.

 

La fecundidad es un signo de Dios. Y el Pontífice recordó que los profetas han elegido símbolos hermosos, como el desierto. Qué otra cosa es más estéril que un desierto, dijo, y sin embargo, ellos dicen que también «el desierto florecerá, la aridez se llenará de agua». Es, precisamente, agregó Francisco, la promesa de Dios. Dios es fecundo.

 

«Es verdad, el diablo quiere la esterilidad –sentenció. Quiere que cada uno de nosotros no viva para dar vida, tanto física como espiritual, a los demás. Que viva para sí mismo: el egoísmo, la soberbia, la vanidad. Engordar el alma sin vivir para los demás. El diablo es el que hace crecer la cizaña del egoísmo y no nos hace fecundos».

 

 

Es una gracia tener hijos que nos cierren los ojos en la hora de nuestra muerte, dijo también el Papa Francisco, y citó el ejemplo de un anciano misionero de la Patagonia que, cuando tenía 90 años, decía que su vida había pasado como un soplo, pero que tenía tantos hijos espirituales junto a sí en su última enfermedad.

 

Aludiendo a la inminente Navidad el Papa dijo: «Aquí hay una cuna vacía. Podemos verla. Puede ser símbolo de esperanza porque vendrá el Niño; puede ser un objeto de museo, vacío durante toda la vida. Nuestro corazón es una cuna. ¿Cómo es mi corazón? ¿Está vacío – siempre vacío – pero abierto para recibir continuamente la vida y dar la vida? ¿Para recibir y ser fecundo? ¿O será un corazón conservado como un objeto de museo que jamás ha sido abierto a la vida ni a dar la vida?».

 

El Santo Padre Francisco concluyó su reflexión sugiriendo mirar esta cuna vacía y decir: «Ven Señor, llena la cuna, llena mi corazón e impúlsame a dar la vida, a ser fecundo».