Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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El Papa a la Renovación Carismática Católica

El Papa a la Renovación: “Son un precioso instrumento del Espíritu Santo para el ecumenismo”

 

(RV).- “La Renovación carismática católica es un precioso instrumento del Espíritu Santo para el ecumenismo”, con estas palabras el Papa Francisco alentó en su Mensaje a los participantes en la Vigilia de Pentecostés con ocasión del Jubileo de Oro de la Renovación Carismática Católica Internacional, reunidos en el Circo Máximo.

En su mensaje al inicio de las celebraciones de este Jubileo de Oro, el Santo Padre agradecía por ser instrumentos de gracia del Paráclito. “Doy gracias a Dios junto a ustedes por estos 50 años de acción soberana del Espíritu Santo – afirmó el Papa – que ha dado vida a esta corriente de gracia que es el Renovación Carismática Católica. ¡Felicidades por este Jubileo de Oro!”. Los más de 30 mil participantes, provenientes de más de 130 países, congregados en el Circo Máximo de Roma, oraron junto al Pontífice en vísperas de la Fiesta de Pentecostés.

Como toda obra del Espíritu Santo conduce a la unidad en la diversidad, señaló el Papa, es por eso que la Renovación Carismática es, “un precioso instrumento del Espíritu para caminar juntos, con los demás hermanos cristianos, unidos en la oración y en el trabajo por los más necesitados hacia la Mesa Eucarística”.


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Dimite el gran maestro de la Soberana Orden de Malta.

Comunicado de la Oficina de Prensa, 25.01.2017

Ayer, 24 de enero de 2017, en audiencia con el Santo Padre, Su Alteza Em.ma Fra’ Matthew Festing ha presentado su dimisión del cargo de Gran Maestro de la Soberana Orden Militar de Malta.

          Hoy, 25 de enero, el Santo Padre ha aceptado dicha dimisión, expresando a Fra’ Festing aprecio y reconocimiento por los sentimientos de lealtad y devoción hacia el Sucesor de Pedro y por la disponibilidad para servir humildemente al bien de la Orden y de la Iglesia.

El gobierno de la Orden será asumido ad interim por el Gran Comendador hasta que sea nombrado el Delegado Pontificio.


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Nombrado ya el nuevo Consejo General del Opus Dei.

Mons. Fernando Ocáriz nombra al Consejo general del Opus Dei

Mons. Fernando Ocáriz, nuevo prelado del Opus Dei, ha nombrado a los miembros del Consejo general, organismo que, junto con la Asesoría central, le asiste en el gobierno pastoral de la prelatura.

DEL OPUS DEI28 de Enero de 2017

Opus Dei - Mons. Fernando Ocáriz nombra al Consejo general del Opus DeiDe izqda. a dcha.: Julien Nagore, Carlos Cavazzoli, Antoni Pujals y Lucas Niklison.

Mons. Fernando Ocáriz, nuevo prelado del Opus Dei, ha nombrado a los miembros del Consejo general, organismo que, junto con la Asesoría central, le asiste en el gobierno pastoral de la prelatura. En los próximos días también se publicará en esta página web el nombre de las mujeres que formarán parte de la nueva Asesoría.

MONS. MARIANO FAZIO ES VICARIO GENERAL Y ANTONI PUJALS ES VICARIO SECRETARIO CENTRAL.

Con la aprobación de quienes participan en el tercer congreso electivo del Opus Dei, el prelado ha nombrado a Mons. Mariano Fazio (Buenos Aires, 1960) vicario general y al sacerdote Antoni Pujals i Ginebreda (Terrassa, 1955) vicario secretario central (había sido vicario de la delegación del Opus Dei en Cataluña desde 2002 hasta 2016).

El prelado ha nombrado también tres vicesecretarios, un prefecto de estudios y un administrador general para la atención de los distintos ámbitos de la labor formativa y apostólica de los hombres del Opus Dei: iniciativas con la juventud, evangelización de la familia, formación teológica y espiritual, etc. Se trata de: Javier de Juan (nacido en Albacete, España, en 1975), vicesecretario; Carlos Cavazzoli (Buenos Aires, Argentina, 1962), vicesecretario; Matthew Anthony (San Luis, Estados Unidos, 1981), vicesecretario; Luis Romera (Barcelona, España, 1962), prefecto de estudios; y Julien Nagore (nacido en Pamplona en 1951 y residente en París desde la juventud), administrador general.

Han sido igualmente nombrados los delegados regionales en las diversas circunscripciones en que se divide geográficamente el trabajo apostólico de la prelatura, que actualmente son 49. Proceden de más de 30 naciones.

Una vez concluido el congreso, el prelado ha nombrado al sacerdote Javier Yáñiz (Barcelona, España, 1976) director espiritual y a Mons. Carlos Nannei (Santa Fe, Argentina, 1945) procurador ante la Santa Sede. Ambos colaboran directamente con el Consejo. El director espiritual ayuda al prelado en la orientación espiritual de los fieles de la prelatura y en cuestiones de doctrina y liturgia. Entre sus cometidos está el acompañamiento a los socios de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, una asociación de clérigos intrínsecamente unida a la prelatura del Opus Dei. Por su parte, el procurador se ocupa más directamente de las relaciones de la prelatura con la Santa Sede.

Más información sobre el congreso electivo


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Opus Dei: comienza el proceso para la elección del nuevo Prelado.

Comienza el proceso para la elección del prelado del Opus Dei

Después de la muerte de Javier Echevarría, el pasado 12 de diciembre, el próximo 21 de enero será el «plemum» del consejo para las mujeres. Será el primer líder de la Obra que no habrá trabajado estrechamente con el fundador
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Comienza el proceso para la elección del prelado del Opus Dei

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Pubblicato il 16/01/2017
Ultima modifica il 16/01/2017 alle ore 17:26
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

El próximo sábado 21 de enero, con una reunión del «plenum» del consejo para las mujeres de la prelatura, se llevará a cabo la elección del próximo prelado del Opus Dei, después del fallecimiento de monseñor Javier Echevarría el pasado 12 de diciembre. Las votaciones comenzarán el próximo lunes 23 de enero. La cita marca un cambio generacional: el próximo prelado, explicó el vicario auxiliar, monseñor Fernando Ocáriz, «ya no será una persona que haya trabajado de manera directa con el fundador» de la Obra, san Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975).

Echevarría, de 84 años, falleció el 12 de diciembre por la noche. Fue hospitalizado el 5 de ese mismo mes en el policlínico de la Universidad Campus Bio-Médico de Roma debido a una leve infección pulmonar. Fue secretario de monseñor Escrivá de Balaguer de 1953 a 1975, cuando fue nombrado secretario general del Opus Dei. En 1994 fue elegido Prelado, sucediendo a Álvaro del Portillo (1914-1994), que durante años fue el principal colaborador del fundador y fue nombrado prelado desde la creación de la prematura personal del Opus Dei, por voluntad de Juan Pablo II en 1982. Echevarría asistió tanto a la canonización del fundador del Opus (en 2002) como a la beatificación de su predecesor (en 2014).

El proceso para elegir a su sucesor, que fue convocado el pasado 22 de diciembre por parte de monseñor Ocáriz, vicario auxiliar en este periodo, comenzará en Roma el próximo 21 de enero, con una reunión del «plenum» del Consejo para las mujeres de la prelatura, llamado «Asesoría central», y el 23 de enero comienza el congreso electoral. Los miembros del congreso, teniendo en cuenta las propuestas de la Asesoría central, proceden a la votación. En todo el proceso, indicó la sala de prensa de la Obra, participarán 194 fieles del Opus Dei. Se trata de sacerdotes y laicos de por lo menos 32 años de edad y que se incorporaron a la Prelatura hace por lo menos hace 9 años, como mínimo. Fueron nombrados por el prelado entre los fieles de las diferentes naciones en las que el Opus Dei desempeña su trabajo pastoral.

No hay candidatos oficiales. La elección del prelado necesariamente debe llevar a un sacerdote, que ya tenga 40 años de edad, que sea miembro del congreso electoral, que pertenezca a la Prelatura desde hace por lo menos 10 años y que tenga 5 años de servicio sacerdotal. En la actualidad el número de sacerdotes que tienen estos requisitos es de 94. Entre ellos hay varios vicarios regionales de la Prelatura (representantes del prelado en cada país o circunscripción), pero también hay otros sacerdotes que trabajan o que se han ocupado de tareas del gobierno pastoral del Opus Dei en Roma o en las 49 circunscripciones que componen en la actualidad la Prelatura. Después de la elección, que debe ser aceptada por el elegido, este último debe pedir, en persona o por medio de otras personas, confirmación al Papa, que es quien nombra al prelado del Opus.

En las dos elecciones anteriores fue elegido como Prelado en «número dos» del Opus Dei; en 1975 el beato Álvaro del Portillo, que durante años fue el principal colaborador del fundador. Después, con el fallecimiento de monseñor Del Portillo, fue elegido quien hasta entonces había sido vicario general, monseñor Javier Echevarría.

¿Usted cree que se podría repetir esta tendencia en las futuras elecciones? «De hecho —explicó Ocáriz, vicario auxiliar, es decir el actual “número dos”, mientras el vicario general es el argentino Mariano Fazio—, en las elecciones anteriores se verificó esta circunstancia. Creo que esto haya sucedido debido a las personalidades y a las biografías de los dos sucesores anteriores, que fueron formados directamente por san Josemaría. Los electoras votaron en conciencia por estas personas. No fue un procedimiento automático. Les pareció que lo mejor era elegir a quien había trabajado más de cerca con el fundador. Desde entonces, han cambiado algunas circunstancias: el nuevo prelado ya no será una persona que haya trabajado de manera directa con el fundador como habían hecho el beato Álvaro del Portillo y Javier Echevarría, aunque es probable que lo haya conocido y frecuentado. Según yo, en el congreso electoral hay muchos candidatos válidos, buenos y prudentes, que podrían asumir el encargo. Los electores tienen la responsabilidad de votar libremente por aquel que, en conciencia, consideren más idóneo. El nombre de la persona que resulte será inmediatamente transmitido a Papa Francisco, porque se pide la confirmación del romano Pontífice».

Los estatutos de la Prelatura, explica el Opus Dei, describen las diferentes condiciones humanas, espirituales y jurídicas que debe tener el prelado para garantizar el correcto desempeño del encargo. En resumen: debe distinguirse en la virtud de la caridad, de la prudencia, en la vida de piedad, en el amor por la Iglesia y su Magisterio, y en la fidelidad al Opus Dei: debe poseer una profunda cultura, tanto en las ciencias eclesiásticas ticas como en las profanas, y tener adecuadas dotes de gobierno pastoral.

La página web del Opus Dei dará información actualizada sobre las diferentes fases del congreso.


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Pésame del Papa a la muerte de Carmen Hernández.

Gratitud del Papa por el testimonio de Carmen Hernández

2016-07-22 Radio Vaticana

(RV).- Durante la ceremonia fúnebre por el alma la Señorita Carmen Hernández, coiniciadora del Camino Neocatecumenal – quien falleció el pasado 19 de julio en su casa en Madrid, a la edad de 85 años y cuyo funeral tuvo lugar ayer por la tarde en la Catedral de la Almudena de la capital española – se leyó el mensaje que el Papa Francisco envió a Kiko Argüello en el que manifiesta su gratitud por el testimonio que ha dado durante tantos años.

El Santo Padre escribe que recibió “con emoción” la noticia de la muerte de la Señorita Carmen Hernández, después de una larga existencia marcada por su amor a Jesús y por un gran entusiasmo misionero”. De ahí que “en esta hora de dolorosa separación” el Pontíficemanifieste su cercanía espiritual junto con su afecto por todos los familiares y el mismo Camino Neocatecumenal. El Papa se une asimismo “a cuantos han apreciado su ardor apostólico” que se  concretó de modo especial al indicar “un itinerario de redescubrimiento del bautismo y de educación permanente en la fe”.

Por esta razón, el Papa Bergoglio da “gracias al Señor por el testimonio de esta mujer, animada por un sincero amor a la Iglesia, que ha gastado su vida en el anuncio de la Buena Noticia en cada lugar”, sin olvidarse “de los más alejados”, ni de “las personas más marginadas”.

Francisco encomienda su alma “a la Divina Bondad para que la acoja en el gozo de la Pascua eterna”, a la vez que anima a quienes la han conocido y a cuantos forman parte del Camino Neocatecumenal “a mantener viva su ansia evangelizadora, en una comunión activa con los obispos y sacerdotes y ejercitando la paciencia y la misericordia con todos”.

Con este deseo, el Obispo de Roma invoca la intercesión materna de la Virgen María e imparte a los participantes en el rito de exequias su bendición apostólica.

Texto del mensaje del Santo Padre Francisco:

Francisco (Kiko) Argüello
Camino Neocatecumenal
Madrid

He recibido con emoción la noticia de la muerte de la Sra. Carmen Hernández, después de una larga existencia marcada por su amor a Jesús y por un gran entusiasmo misionero. En esta hora de dolorosa separación estoy espiritualmente cercano con mi afecto a todos los familiares y a todo el Camino Neocatecumenal, del que ella ha sido coiniciadora, como también a cuantos han apreciado su ardor apostólico concretado sobre todo al indicar un itinerario de redescubrimiento del bautismo y de educación permanente en la fe. Doy gracias al Señor por el testimonio de esta mujer, animada por un sincero amor a la Iglesia, que ha gastado su vida en el anuncio de la Buena Noticia en cada lugar, también aquellos más alejados, no olvidando a las personas más marginadas.

Confío su alma a la Divina Bondad para que la acoja en el gozo de la Pascua eterna y anime a aquellos que la han conocido y a cuantos son parte del Camino Neocatecumenal a mantener viva su ansia evangelizadora, en una comunión activa con los obispos y sacerdotes y ejercitando la paciencia y la misericordia con todos.

Con este deseo, invoco la intercesión materna de la Virgen María e imparto a cuantos están presentes en el rito de exequias la bendición apostólica.

(María Fernanda Bernasconi – RV).


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El Papa: Iglesia y laicado en Latinoamérica.

america latina

Laicos en la vida pública, Iglesia y mundo. Carta del Papa al Presidente de la CAL

(RV).- Los laicos, son parte del Santo Pueblo fiel de Dios y por lo tanto, los protagonistas de la Iglesia y del mundo, a los que los pastores están llamados a servir y no a servirse de ellos, recuerda el Papa Francisco, que envió una Carta al  Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, sobre la importancia del compromiso de los laicos en la vida pública.

En el documento – firmado el 19 de marzo de 2016, Solemnidad de San José, en el cuarto año de su pontificado –  el Santo Padre recuerda el encuentro que mantuvo (4 de marzo de 2016)  con los participantes en la Asamblea Plenaria de la CAL, sobre el tema: «Indispensable compromiso de los fieles laicos en la vida pública de los países latinoamericanos».

Recogiendo lo compartido espontáneamente y prosiguiendo su reflexión, con el anhelo de que «el espíritu de discernimiento y reflexión ‘no caigan en saco roto’» y «nos ayude y siga estimulando a servir al Santo Pueblo fiel de Dios», el Obispo de Roma hace hincapié en  que el «Santo Pueblo fiel de Dios es al que como pastores estamos continuamente invitados amirar, proteger, acompañar, sostener y servir».

«Nos hace bien recordar que la Iglesia no es una elite de los sacerdotes, de los consagrados, de los obispos, sino que todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios», escribe el Papa Francisco, evocando en su densa reflexión el magisterio del Concilio Vaticano II y al Beato Pablo VI. Y pone en guardia contra el clericalismo, animando la piedad popular y la pastoral popular y señalando asimismo que, ante los desafíos que la vida contemporánea presenta, los pastores deben estimular la inculturación, alentando a la gente a vivir, anunciar y celebrar su fe «en el aquí y ahora de la historia».

«Dos memorias se nos pide cuidar en nuestro pueblo. La memoria de Jesucristo y la memoria de nuestros antepasados», madres, abuelas, padres…, recuerda luego, una vez más el Sucesor de Pedro, que antes de concluir su carta recuerda también su oración en México, ante la Madre de Dios y la oportunidad de estar a solas y de dejarse mirar por Ella.

(CdM – RV)

Texto completo de la Carta del Papa Francisco

A Su Eminencia Cardenal

Marc Armand Ouellet, P.S.S.

Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina

Eminencia:

Al finalizar el encuentro de la Comisión para América Latina y el Caribe tuve la oportunidad de encontrarme con todos los participantes de la asamblea donde se intercambiaron ideas e impresiones sobre la participación pública del laicado en la vida de nuestros pueblos.

Quisiera recoger lo compartido en esa instancia y continuar por este medio la reflexión vivida en esos días para que el espíritu de discernimiento y reflexión “no caiga en saco roto”; nos ayude y siga estimulando a servir mejor al Santo Pueblo fiel de Dios.

Precisamente es desde esta imagen, desde donde me gustaría partir para nuestra reflexión sobre la actividad pública de los laicos en nuestro contexto latinoamericano. Evocar al Santo Pueblo fiel de Dios, es evocar el horizonte al que estamos invitados a mirar y desde donde reflexionar. El Santo Pueblo fiel de Dios es al que como pastores estamos continuamente invitados a mirar, proteger, acompañar, sostener y servir. Un padre no se entiende a sí mismo sin sus hijos. Puede ser un muy buen trabajador, profesional, esposo, amigo pero lo que lo hace padre tiene rostro: son sus hijos. Lo mismo sucede con nosotros, somos pastores. Un pastor no se concibe sin un rebaño al que está llamado a servir. El pastor, es pastor de un pueblo, y al pueblo se lo sirve desde dentro. Muchas veces se va adelante marcando el camino, otras detrás para que ninguno quede rezagado, y no pocas veces se está en el medio para sentir bien el palpitar de la gente.

Mirar al Santo Pueblo fiel de Dios y sentirnos parte integrante del mismo nos posiciona en la vida y, por lo tanto, en los temas que tratamos de una manera diferente. Esto nos ayuda a no caer en reflexiones que pueden, en sí mismas, ser muy buenas pero que terminan funcionalizando la vida de nuestra gente, o teorizando tanto que la especulación termina matando la acción. Mirar continuamente al Pueblo de Dios nos salva de ciertos nominalismos declaracionistas (slogans) que son bellas frases pero no logran sostener la vida de nuestras comunidades. Por ejemplo, recuerdo ahora la famosa expresión: “es la hora de los laicos” pero pareciera que el reloj se ha parado.

Mirar al Pueblo de Dios, es recordar que todos ingresamos a la Iglesia como laicos. El primer sacramento, el que sella para siempre nuestra identidad y del que tendríamos que estar siempre orgullosos es el del bautismo. Por él y con la unción del Espíritu Santo, (los fieles) quedan consagradas como casa espiritual y sacerdocio santo (LG 10) Nuestra primera y fundamental consagración hunde sus raíces en nuestro bautismo. A nadie han bautizado cura, ni obispo. Nos han bautizados laicos y es el signo indeleble que nunca nadie podrá eliminar. Nos hace bien recordar que la Iglesia no es una elite de los sacerdotes, de los consagrados, de los obispos, sino que todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios. Olvidarnos de esto acarrea varios riesgos y/o deformaciones en nuestra propia vivencia personal como comunitaria del ministerio que la Iglesia nos ha confiado. Somos, como bien lo señala el Concilio Vaticano II, el Pueblo de Dios, cuya identidad es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo (LG 9). El Santo Pueblo fiel de Dios está ungido con la gracia del Espíritu Santo, por tanto, a la hora de reflexionar, pensar, evaluar, discernir, debemos estar muy atentos a esta unción.

A su vez, debo sumar otro elemento que considero fruto de una mala vivencia de la eclesiología planteada por el Vaticano II. No podemos reflexionar el tema del laicado ignorando una de las deformaciones más fuertes que América Latina tiene que enfrentar – y a las que les pido una especial atención – el clericalismo. Esta actitud no sólo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiene una tendencia a disminuir y desvalorizar la gracia bautismal que el Espíritu Santo puso en el corazón de nuestra gente. El clericalismo lleva a la funcionalización del laicado; tratándolo como “mandaderos”, coarta las distintas iniciativas, esfuerzos y hasta me animo a decir, osadías necesarios para poder llevar la Buena Nueva del Evangelio a todos los ámbitos del quehacer social y especialmente político. El clericalismo lejos de impulsar los distintos aportes, propuestas, poco a poco va apagando el fuego profético que la Iglesia toda está llamada a testimoniar en el corazón de sus pueblos. El clericalismo se olvida que la visibilidad y la sacramentalidad de la Iglesia pertenece a todo el Pueblo de Dios (cfr. LG 9-14) Y no solo a unos pocos elegidos e iluminados.

Hay un fenómeno muy interesante que se ha producido en nuestra América Latina y me animo a decir, creo que es de los pocos espacios donde el pueblo de Dios fue soberano de la influencia del clericalismo: me refiero a la pastoral popular. Ha sido de los pocos espacios donde el pueblo (incluyendo a sus pastores) y el Espíritu Santo se han podido encontrar sin el clericalismo que busca controlar y frenar la unción de Dios sobre los suyos. Sabemos que la pastoral popular como bien lo ha escrito Pablo VI en la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, tiene ciertamente sus límites. Está expuesta frecuentemente a muchas deformaciones de la religión, pero prosigue, cuando está bien orientada, sobre todo mediante una pedagogía de evangelización, contiene muchos valores. Refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer. Hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe. Comporta un hondo sentido de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante. Engendra actitudes interiores que raramente pueden observarse en el mismo grado en quienes no poseen esa religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptación de los demás, devoción. Teniendo en cuenta esos aspectos, la llamamos gustosamente “piedad popular”, es decir, religión del pueblo, más bien que religiosidad … Bien orientada, esta religiosidad popular puede ser cada vez más, para nuestras masas populares, un verdadero encuentro con Dios en Jesucristo. (EN 48) El Papa Pablo usa una expresión que considero es clave, la fe de nuestro pueblo, sus orientaciones, búsquedas, deseo, anhelos, cuando se logran escuchar y orientar nos terminan manifestando una genuina presencia del Espíritu. Confiemos en nuestro Pueblo, en su memoria y en su “olfato”, confiemos que el Espíritu Santo actúa en y con ellos, y que este Espíritu no es solo “propiedad” de la jerarquía eclesial.

He tomado este ejemplo de la pastoral popular como clave hermenéutica que nos puede ayudar a comprender mejor la acción que se genera cuando el Santo Pueblo fiel de Dios reza y actúa. Una acción que no queda ligada a la esfera íntima de la persona sino por el contrario se transforma en cultura; una cultura popular evangelizada contiene valores de fe y de solidaridad que pueden provocar el desarrollo de una sociedad más justa y creyente, y posee una sabiduría peculiar que hay que saber reconocer con una mirada agradecida. (EG 68)

Entonces desde aquí podemos preguntarnos, ¿qué significa que los laicos estén trabajando en la vida pública?

Hoy en día muchas de nuestras ciudades se han convertidos en verdaderos lugares de supervivencia. Lugares donde la cultura del descarte parece haberse instalado y deja poco espacio para una aparente esperanza. Ahí encontramos a nuestros hermanos, inmersos en esas luchas, con sus familias, intentando no solo sobrevivir, sino que en medio de las contradicciones e injusticias, buscan al Señor y quieren testimoniar lo. ¿Qué significa para nosotros pastores que los laicos estén trabajando en la vida pública? Significa buscar la manera de poder alentar, acompañar y estimular todo los intentos, esfuerzos que ya hoy se hacen por mantener viva la esperanza y la fe en un mundo lleno de contradicciones especialmente para los más pobres, especialmente con los más pobres. Significa como pastores comprometernos en medio de nuestro pueblo y, con nuestro pueblo sostener la fe y su esperanza. Abriendo puertas, trabajando con ellos, soñando con ellos, reflexionando y especialmente rezando con ellos. Necesitamos reconocer la ciudad –y por lo tanto todos los espacios donde se desarrolla la vida de nuestra gente– desde una mirada contemplativa, una mirada de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas… Él vive entre los ciudadanos promoviendo la caridad, la fraternidad, el deseo del bien, de verdad, de justicia. Esa presencia no debe ser fabricada sino descubierta, develada. Dios no se oculta a aquellos que lo buscan con un corazón sincero. (EG 71) No es nunca el pastor el que le dice al laico lo que tiene que hacer o decir, ellos lo saben tanto o mejor que nosotros. No es el pastor el que tiene que determinar lo que tienen que decir en los distintos ámbitos los fieles. Como pastores, unidos a nuestro pueblo, nos hace bien preguntamos cómo estamos estimulando y promoviendo la caridad y la fraternidad, el deseo del bien, de la verdad y la justicia. Cómo hacemos para que la corrupción no anide en nuestros corazones.

Muchas veces hemos caído en la tentación de pensar que el laico comprometido es aquel que trabaja en las obras de la Iglesia y/o en las cosas de la parroquia o de la diócesis y poco hemos reflexionado como acompañar a un bautizado en su vida pública y cotidiana; cómo él, en su quehacer cotidiano, con las responsabilidades que tiene se compromete como cristiano en la vida pública. Sin darnos cuenta, hemos generado una elite laical creyendo que son laicos comprometidos solo aquellos que trabajan en cosas “de los curas” y hemos olvidado, descuidado al creyente que muchas veces quema su esperanza en la lucha cotidiana por vivir la fe. Estas son las situaciones que el clericalismo no puede ver, ya que está muy preocupado por dominar espacios más que por generar procesos. Por eso, debemos reconocer que el laico por su propia realidad, por su propia identidad, por estar inmerso en el corazón de la vida social, pública y política, por estar en medio de nuevas formas culturales que se gestan continuamente tiene exigencias de nuevas formas de organización y de celebración de la fe. ¡Los ritmos actuales son tan distintos (no digo mejor o peor) a los que se vivían 30 años atrás! Esto requiere imaginar espacios de oración y de comunión con características novedosas, más atractivas y significativas –especialmente–para los habitantes urbanos. (EG 73) Es obvio, y hasta imposible, pensar que nosotros como pastores tendríamos que tener el monopolio de las soluciones para los múltiples desafíos que la vida contemporánea nos presenta. Al contrario, tenemos que estar al lado de nuestra gente, acompañándolos en sus búsquedas y estimulando esta imaginación capaz de responder a la problemática actual. Y esto discerniendo con nuestra gente y nunca por nuestra gente o sin nuestra gente. Como diría San Ignacio, “según los lugares, tiempos y personas”. Es decir, no uniformizando. No se pueden dar directivas generales para una organización del pueblo de Dios al interno de su vida pública. La inculturación es un proceso que los pastores estamos llamados a estimular alentado a la gente a vivir su fe en donde está y con quién está. La inculturación es aprender a descubrir cómo una determinada porción del pueblo de hoy, en el aquí y ahora de la historia, vive, celebra y anuncia su fe. Con la idiosincrasia particular y de acuerdo a los problemas que tiene que enfrentar, así como todos los motivos que tiene para celebrar. La inculturación es un trabajo de artesanos y no una fábrica de producción en serie de procesos que se dedicarían a “fabricar mundos o espacios cristianos”.

Dos memorias se nos pide cuidar en nuestro pueblo. La memoria de Jesucristo y la memoria de nuestros antepasados. La fe, la hemos recibido, ha sido un regalo que nos ha llegado en muchos casos de las manos de nuestras madres, de nuestras abuelas. Ellas han sido, la memoria viva de Jesucristo en el seno de nuestros hogares. Fue en el silencio de la vida familiar, donde la mayoría de nosotros aprendió a rezar, a amar, a vivir la fe. Fue al in terno de una vida familiar, que después tomó forma de parroquia, colegio, comunidades que la fe fue llegando a nuestra vida y haciéndose carne. Ha sido también esa fe sencilla la que muchas veces nos ha acompañado en los distintos avatares del camino. Perder la memoria es desarraigarnos de donde venimos y por lo tanto, nos sabremos tampoco a donde vamos. Esto es clave, cuando desarraigamos a un laico de su fe, de la de sus orígenes; cuando lo desarraigamos del Santo Pueblo fiel de Dios, lo desarraigamos de su identidad bautismal y así le privamos la gracia del Espíritu Santo. Lo mismo nos pasa a nosotros, cuando nos desarraigamos como pastores de nuestro pueblo, nos perdemos.

Nuestro rol, nuestra alegría, la alegría del pastor está precisamente en ayudar y estimular, al igual que hicieron muchos antes que nosotros, sean las madres, las abuelas, los padres los verdaderos protagonistas de la historia. No por una concesión nuestra de buena voluntad, sino por propio derecho y estatuto. Los laicos son parte del Santo Pueblo fiel de Dios y por lo tanto, los protagonistas de la Iglesia y del mundo; a los que nosotros estamos llamados a servir y no de los cuales tenemos que servirnos.

En mi reciente viaje a la tierra de México tuve la oportunidad de estar a solas con la Madre, dejándome mirar por ella. En ese espacio de oración pude presentarle también mi corazón de hijo. En ese momento estuvieron también ustedes con sus comunidades. En ese momento de oración, le pedí a María que no dejara de sostener, como lo hizo con la primera comunidad, la fe de nuestro pueblo. Que la Virgen Santa interceda por ustedes, los cuide y acompañe siempre,

Vaticano, 19 de marzo de 2016


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Neocatecumenales: mensaje del Papa.

«Quien anuncia el amor no puede dejar de hacerlo con el mismo estilo del amor»

En el encuentro con los neocatecumenales, que envían a 300 familias en misión, Papa Francisco explicó qué significa evangelizar. Y advirtió sobre las divisiones y la cizaña sembrada por el diablo que «comienza a menudo con hacernos creer que somos buenos, tal vez mejores que los demás»
AP

Papa Francisco con el movimiento catecumenal

18/03/2016
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

«Quien anuncia el amor no puede dejar de hacerlo con el mismo estilo del amor», sin creerse mejor que los demás. El Evangelio «se propone y jamás se impone», actúa como la «lluvia en la tierra», como una pequeña «semilla que  lleva un fruto en el silencio». Lo dijo Papa Francisco a miles de neocatecumenales que fueron recibidos en una audiencia en el aula Pablo VI. Durante el encuentro trescientas familias fueron «enviadas» en misión a diferentes países del mundo, en 6 grupos de cincuenta dirigidos cada uno por un sacerdote.

Al entrar, el Papa saludó a muchos fieles y a muchísimos niños. Invitó a cuatro a que se sentaran con él en un tapete. Al saludar a Francisco, el fundador del movimiento, Kiko Argüello, dijo: «Yo soy peligroso, padre, soy un laico, dicen: ¡Hay que detener a este Kiko!».

El Papa agradeció a todos, especialmente a «los que están por partir… bendigo al Señor por esto, por el don del Camino y por el don de cada uno de ustedes». Y después subrayó las tres palabras sobre las que reflexionó: «unidad, gloria, y mundo».

Francisco recordó que la de la unidad de sus discípulos fue la última petición de Jesús, antes de la Pasión. «La comunión es esencial». El enemigo de Dios «y del hombre, el diablo», puede dañar mucho «a la Iglesia tentando nuestra humanidad».

«Provoca la presunción —añadió el Papa—, el juicio sobre los demás, la cerrazón, la división. Él mismo es “el divisor” y comienza habitualmente con hacer creer que somos buenos, mejor que los demás: así tiene el terreno listo para sembrar la cizaña. Es la tentación de todas las comunidades y se puede insinuar también en los carismas más bellos de la Iglesia».

Y es por este motivo que el Papa invitó a vigilar para que el carisma recibido siga siendo «gracia de Dios para aumentar la comunión». El carisma, «puede deteriorarse cuando nos cerramos o jactamos, cuando nos queremos distinguir de los demás. Por eso, es necesario custodiarlo. Cuiden su carisma. ¿Cómo? Siguiendo la vía maestra: la unidad humilde y obediente. Es siempre necesario vigilar el carisma, purificando los eventuales excesos humanos mediante la búsqueda de la unidad con todos y la obediencia a la Iglesia. Así se respira en la Iglesia y con la Iglesia».

La Iglesia, continuó el Papa, es madre, «no una organización que busca adeptos, o un grupo que va adelante siguiendo la lógica de sus ideas, sino una Madre que transmite la vida recibida de Jesús». Y «esta fecundidad se expresa a través del ministerio y de la guía de los pastores».

El Papa después subrayó que la gloria de Dios se manifiesta en la cruz: «es el amor, que en ella resplandece y se difunde. Es una gloria paradójica: sin aclamaciones, sin ganancia y sin aplausos. Pero sólo esta gloria hace el Evangelio fecundo. Así también la Madre Iglesia es fecunda cuando imita el amor misericordioso de Dios, que se propone y jamás se impone. Ese es humildad, actúa como la lluvia en la tierra, como el aire que se respira, como una pequeña semilla que lleva un fruto en el silencio. Quien anuncia el amor no puede dejar de hacerlo con el mismo estilo de amor».

Para concluir, Francisco habló sobre el «mundo». «Dios ha amado tanto al mundo —dijo Bergoglio— que envió a Jesús. Quien ama no está lejos, sino ve al encuentro. Ustedes irán al encuentro de tantas ciudades, de tantos países. Dios no es atraído por la mundanidad, al contrario, la detesta; pero ama el mundo que ha creado, y ama a sus hijos en el mundo así como son, ahí donde viven, incluso si están “alejados”. No será fácil la vida en países lejanos, en otras culturas, no les será fácil, ¡eh! Pero es su misión. Y esto lo hacen por amor, por amor a la Madre Iglesia».

Francisco invitó a las familias misioneras a mostrar «a los hijos la mirada tierna del Padre y consideren un don las realidades que encontraran; familiaricen con las culturas, las lenguas y los usos locales, respetándolas y reconociendo las semillas de gracia que el Espíritu ha ya sembrado. Sin ceder a la tentación de trasplantar modelos adquiridos, siembren el primer anuncio: “lo que es más bello, más grande, más atrayente y al mismo tiempo más necesario”».

«Es la buena noticia —concluyó— que debe siempre regresar, de lo contrario la fe corre el riesgo de convertirse en una doctrina fría y sin vida. Evangelizar como familias, luego, viviendo la unidad y la simplicidad, es ya un anuncio de vida, un hermoso testimonio, del cual les agradezco mucho. Y les agradezco, en nombre mío, pero también en nombre de toda la Iglesia por este gesto de ir, pero ir hacia lo desconocido y sufrir. Porque habrá sufrimiento ahí, pero también habrá la alegría de la gloria de Dios, la gloria que está en la Cruz. Los acompaño y los animo, y les pido, por favor, de no olvidarse de rezar por mí. Yo me quedo aquí, pero con el corazón voy con ustedes».