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Venezuela: cómo transcurrió la jornada de oración por el País

Venezuela; la odisea de rezar en un país que precipita

La jornada de oración convocada por los obispos venezolanos movilizó a millones de personas. Pero no fue fácil para muchos fieles, que debieron superar obstáculos como la inseguridad y la falta de transporte para elevar una súplica común por el fin del drama que azota al país
REUTERS

Fieles rezando por Venezuela

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Pubblicato il 22/05/2017
Ultima modifica il 22/05/2017 alle ore 14:40
CARLOS ZAPATA*
CARACAS

Las protestas continúan en las calles de Venezuela. Suman 52 días de marchas y represión. La violencia y el hambre crecen en el país. En medio de la peor crisis de su historia, los obispos convocaron a una Jornada de Oración por la Paz este domingo 21 de mayo. Pero en esta tierra no es fácil ni siquiera elevar plegarias. Por eso, los fieles debieron pasar verdaderas odiseas para llegar a los templos que todavía se encuentran en medio de barricadas.

 

Son tiempos atípicos. Pero no impidieron que millones respondieran a la convocatoria de la Conferencia Episcopal. Pudo más la sed de consuelo y oración. Las iglesias lucieron abarrotadas. Rostros emotivos, lágrimas y espontáneos cantos de fragmentos del himno nacional de rodillas, en el momento de la consagración.

 

La jornada se desarrolló de forma diferente según cada región. En algunas, con pocos actos externos. En otras, con grandes altares en plazas, acompañados de procesiones y cantos al mejor estilo de las nutridas romerías de Semana Santa. Encendió la nostalgia de la lectura de los nombres de los casi cincuenta muertos en las últimas semanas de protestas, cual letanías de un conmovedor rosario.

 

El denominador común fue la exposición del santísimo. Regiones fronterizas como Táchira o céntricas como Chacao y Los Teques, en Miranda, se convirtieron en centros de adoración perpetua. Otras tuvieron apenas breves momentos de reflexión durante las misas, con prácticas silenciosas y pocos signos externos, por razones de seguridad.

 

El rezo del rosario en las comunidades es ya una de las prácticas más comunes en medio de la crisis. Ni bien cae la tarde, vecinos se congregan en sus barrios y urbanizaciones para orar. La súplica coincide: todos piden por Venezuela. La mayoría ruega por justicia y libertad. Otros agregan perdón y reconciliación. Anhelan un cambio urgente en una nación cuyas calles lucen desoladas, con trancas, residuos de hollín producto de la quema del caucho, cartuchos de perdigones y múltiples huellas de la represión.

 

Este domingo fue distinto. Mientras muchos asistían a misa, pequeños grupos de muchachos jugaban fútbol en las calles, en las cercanías de las barricadas con los que se protegen de motorizados armados y la acción represiva de agentes del orden público. Los choques violentos no tienen horario, pero la oscuridad es cómplice de los grupos paramilitares (los “colectivos”). Arrecian con robos disparos, saqueos y destrozos en comercios.

 

Durante la semana las actividades varían, pero distan mucho de la “normalidad”. Por la mañana suelen haber concentraciones o marchas. Pocos locales abren y, quienes lo hacen, cierran al mediodía. Cada tarde comienza un no anunciado toque de queda. En regiones como San Cristóbal (en la frontera con Colombia) la situación se agudiza, por el paro de transporte y largas colas en las pocas estaciones de servicio que surten gasolina.

 

La capital de Táchira se mantiene sitiada. Allí el gobierno aplica la segunda fase del plan Zamora, que incluye la movilización de dos mil funcionarios de la fuerza armada nacional. Ahí mismo, también tuvo lugar la jornada de oración y ayuno organizada por los obispos. En sus templos se leyó la más reciente exhortación episcopal, que rechazó por “innecesaria y peligrosa” la propuesta del presidente Nicolás Maduro de reformar la Constitución con una Asamblea comunal.

 

En la plaza Bolívar de Chacao, el municipio donde fuera alcalde Leopoldo López (uno de los presos políticos más conocidos del país) se llevó a cabo un Rosario por la Paz de Venezuela. En la diócesis de Los Teques, todas las comunidades parroquiales reportaron nutridas asistencias. Por decenas se contaron las horas santas por la paz, los altares fueron ataviados con banderas del país y las oraciones siguieron las líneas indicadas por el cardenal Jorge Urosa Savino, arzobispo de Caracas.

 

En la catedral de esa ciudad se hicieron dos minervas con el Santísimo Sacramento y se renovó la consagración de Venezuela al Santísimo Sacramento, otro punto común en la mayoría de los templos de la nación.

 

En los Altos Mirandinos “se agravó la situación. No hay gasolina y comienza a escasear fuertemente la comida. Por la geografía, es más difícil movilizarse. Regresar a la residencia del obispo es una hazaña. Todas las reuniones están suspendidas”, contó a Vatican Insider el obispo auxiliar de Caracas, Jesús González de Zárate. Mientras, en San Antonio de los Altos, “un muro con bloques superpuestos en la Panamericana afectó el normal tránsito de las personas. El movimiento ‘Resistencia’ ha dicho que no cederán hasta que Maduro se vaya”, agregó.

 

Este lunes 22 se realizará otra marcha nacional, esta vez “por la salud de Venezuela”. Se exigirá la urgente apertura de un canal humanitario, principal petición de los obispos al recibir una comitiva presidencial el pasado viernes 19 de mayo en la sede de la Conferencia Episcopal.

 

La jornada de este domingo permitió renovar la consagración del país al santísimo sacramento, que hiciera por primera vez Juan Bautista Castro, el 2 de julio de 1899. El octavo arzobispo de Caracas se convertiría en padre fundador de la Congregación Siervas del Santísimo Sacramento y su legado alimenta hoy la esperanza del pueblo venezolano que, como en tiempos del “limosnero del señor”, se arrodilla ante Dios para suplicar un nuevo milagro.

 

* Periodista y ex editor del Diario Católico de Venezuela


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Oración con el Papa por los cristianos perseguidos.

El Video del Papa con la intención del mes de marzo: “Ayudar a los cristianos perseguidos”

(RV).- La Red Mundial de Oración del Papa publicó “El Video del Papa” con la intención de oración del Santo Padre para el mes de marzo, en el que invita a los católicos a rezar por los cristianos perseguidos.

Durante todo el mes de marzo de 2017, cuyo inicio coincide este año con el comienzo de la Cuaresma, el Obispo de Roma nos pide que, “recemos por nuestros hermanos y hermanas perseguidos, para que sientan el apoyo de toda la Iglesia, a través de la oración y de la ayuda material”.

Escuchemos el comentario del Papa Francisco a la intención de oración para este mes en “El Video del Papa”:

Ayudar a los cristianos perseguidos

“¡Cuántas personas son perseguidas por motivo de su fe, obligadas a abandonar sus casas, sus lugares de culto, sus tierras, sus afectos!

Son perseguidos y ejecutados por ser cristianos, sin que los persecutores hagan distinción entre las confesiones a las que pertenecen.

Les hago una pregunta, ¿cuántos de ustedes rezan por los cristianos que son perseguidos?

Anímense a hacerlo conmigo para que experimenten el apoyo de todas las Iglesias y comunidades, por medio de la oración y de la ayuda material”.

Además, el Apostolado de la Oración informa que es posible descargar en el móvil la aplicación ‘Click To Pray’, para conectarse con más facilidad con el Papa en la oración por los grandes desafíos de la humanidad.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)


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Oración del Papa ante la estatua de la Inmaculada en Roma.

Homenaje a la Inmaculada en la Plaza de España

2016-12-08 Radio Vaticana

 

 

 

 

 

 

(RV).- En la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, tras rezar el Ángelus al mediodía con miles de fieles en la Plaza de san Pedro, como es tradición, el Obispo de Roma se dirigió a la Plaza de España a las cuatro de la tarde para rendir homenaje junto con los fieles romanos y peregrinos a la Reina del Cielo.

Con devoción filial el Papa Francisco rezó la siguiente oración:

Oh María, nuestra Madre Inmaculada,
en el día de tu fiesta vengo a ti, y no vengo solo:
Traigo conmigo a todos aquellos que tu Hijo me ha confiado, en esta ciudad de Roma y en el mundo entero,
para que tú los bendigas y los salves de los peligros.

Te traigo, Madre, a los niños,
especialmente aquellos solos, abandonados,  que por ese motivo son engañados y explotados.
Te traigo, Madre, a las familias, que llevan adelante la vida y la sociedad
con su compromiso cotidiano y escondido; en modo particular a las familias que tienen más dificultades
por tantos problemas internos y externos. Te traigo, Madre, a todos los trabajadores, hombres y mujeres,
Y te encomiendo especialmente a quien, por necesidad, se esfuerza por desempeñar un trabajo indigno
y a quien el trabajo lo ha perdido o no puede encontrarlo.

Necesitamos tu mirada inmaculada,
para recuperar la capacidad de mirar a las personas y cosas con respeto y reconocimiento
sin intereses egoístas o hipocresías. Necesitamos de tu corazón inmaculado,
para amar en modo gratuito sin segundos fines, sino buscando el bien del otro,
con sencillez y sinceridad, renunciando a máscaras y maquillajes. Necesitamos tus manos inmaculadas,
para acariciar con ternura, para tocar la carne de Jesús
en los hermanos pobres, enfermos, despreciados, para levantar a los que se han caído y sostener a quien vacila.
Necesitamos de tus pies inmaculados, Para ir al encuentro de quienes no saben dar el primer paso,
para caminar por los senderos de quien se ha perdido, para ir a encontrar a las personas solas.

Te damos gracias, oh Madre, porque mostrándote a nosotros
libre de toda mancha de pecado, Tú nos recuerdas que ante todo está la gracia de Dios,
está el amor de Jesucristo que dio su vida por nosotros, está la fortaleza del Espíritu Santo que hace nuevas todas las cosas.
Haz que no cedamos al desánimo, sino que, confiando en tu ayuda constante,
trabajemos duro para renovarnos a nosotros mismos, a esta ciudad y al mundo entero.
¡Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios!

El Santo Padre depositó a los pies de la Virgen Santísima una corona de rosas blancas y después de saludar a las autoridades y a los fieles presentes, se dirigió a la Basílica de Santa María La Mayor, para rezar ante la imagen de la Salus Populi Romani.

(Traducción del italiano: Griselda Mutual, Radio Vaticano)

(from Vatican Radio)


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Papa Francisco: el rosario.

Papa Francisco: la oración del Rosario es la síntesis de la historia de la misericordia de Dios que se transforma en historia de salvación. Texto completo.

Queridos hermanos y hermanas, En esta Vigilia hemos recorrido los momentos fundamentales de la vida de Jesús, en compañía de María. Con la mente y el corazón hemos ido a los días del cumplimiento de la misión de Cristo en el mundo. LaResurrección como signo del amor extremo del Padre que devuelve vida a todo y es anticipación de nuestra condición futura. LaAscensión como participación de la gloria del Padre, donde también nuestra humanidad encuentra un lugar privilegiado. Pentecostés, expresión de la misión de la Iglesia en la historia hasta el fin de los tiempos, bajo la guía del Espíritu Santo. Además, en los dos últimos misterios hemos contemplado a la Virgen María en la gloria del Cielo, ella que desde los primeros siglos ha sido invocada como Madre de la Misericordia.

Por muchos aspectos, la oración del Rosario es la síntesis de la historia de la misericordia de Dios que se transforma en historia de salvación para quienes se dejan plasmar por la gracia. Los misterios que contemplamos son gestos concretos en los que se desarrolla la actuación de Dios para con nosotros. Por medio de la plegaria y de la meditación de la vida de Jesucristo, volvemos a ver su rostro misericordioso que sale al encuentro de todos en las diversas necesidades de la vida. María nos acompaña en este camino, indicando al Hijo que irradia la misericordia misma del Padre. Ella es en verdad la Odigitria, la Madre que muestra el camino que estamos llamados a recorrer para ser verdaderos discípulos de Jesús. En cada misterio del Rosario la sentimos cercana a nosotros y la contemplamos como la primera discípula de su Hijo, la que cumple la voluntad del Padre (cf. Mc 3,31-35; Mt 12,46-50; Lc8,19-21).

La oración del Rosario no nos aleja de las preocupaciones de la vida; por el contrario, nos pide encarnarnos en la historia de todos los días para saber reconocer en medio de nosotros los signos de la presencia de Cristo. Cada vez que contemplamos un momento, un misterio de la vida de Cristo, estamos invitados a comprender de qué modo Dios entra en nuestra vida, para luego acogerlo y seguirlo. Descubrimos así el camino que nos lleva a seguir a Cristo en el servicio a los hermanos. Cuando acogemos y asimilamos dentro de nosotros algunos acontecimientos destacados de la vida de Jesús, participamos de su obra de evangelización para que el Reino de Dios crezca y se difunda en el mundo. Somos discípulos, pero también somos misioneros y portadores de Cristo allí donde él nos pide estar presentes. Por tanto, no podemos encerrar el don de su presencia dentro de nosotros. Por el contrario, estamos llamados a hacer partícipes a todos de su amor, su ternura, su bondad y su misericordia. Es la alegría del compartir que no se detiene ante nada, porque conlleva un anuncio de liberación y de salvación.

María nos permite comprender lo que significa ser discípulo de Cristo. Ella fue elegida desde siempre para ser la Madre, aprendió a ser discípula. Su primer acto fue ponerse a la escuchade Dios. Obedeció al anuncio del Ángel y abrió su corazón para acoger el misterio de la maternidad divina. Siguió a Jesús, escuchando cada palabra que salía de su boca (cf. Mc3,31-35; Mt 12,46-50; Lc 8,19-21); conservó todo en su corazón (cf. Lc 2,19) y se convirtió en memoria viva de los signos realizados por el Hijo de Dios para suscitar nuestra fe. Sin embargo, no basta sólo escuchar. Esto es sin duda el primer paso, pero después lo que se ha escuchado es necesario traducirlo en acciones concretas. El discípulo, en efecto, entrega su vida al servicio del Evangelio.

De este modo, la Virgen María acudió inmediatamente a donde estaba Isabel para ayudarla en su embarazo (cf. Lc 1,39-56); en Belén dio a luz al Hijo de Dios (cf. Lc 2,1-7); en Caná se ocupó de los dos jóvenes esposos (cf. Jn 2,1-11); en el Gólgota no retrocedió ante el dolor, sino que permaneció ante la cruz de Jesús y, por su voluntad, se convirtió en Madre de la Iglesia (cf. Jn 19,25-27); después de la Resurrección, animó a los Apóstoles reunidos en el cenáculo en espera del Espíritu Santo, que los transformó en heraldos valientes del Evangelio (cf. Hch 1,14). A lo largo de su vida, María ha realizado lo que se pide a la Iglesia: hacer memoria perenne de Cristo. En su fe, vemos cómo abrir la puerta de nuestro corazón para obedecer a Dios; en su abnegación, descubrimos cuánto debemos estar atentos a las necesidades de los demás; en sus lágrimas, encontramos la fuerza para consolar a cuantos sufren. En cada uno de estos momentos, María expresa la riqueza de la misericordia divina, que va al encuentro de cada una de las necesidades cotidianas.

Invoquemos en esta tarde a nuestra tierna Madre del cielo, con la oración más antigua con la que los cristianos se dirigen a ella, sobre todo en los momentos de dificultad y de martirio. Invoquémosla con la certeza de saber que somos socorridos por su misericordia maternal, para que ella, «gloriosa y bendita», sea protección, ayuda y bendición en todos los días de nuestra vida: «Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, Oh Virgen gloriosa y bendita».