Loiola XXI

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El apostolado de la oración y la red mundial de oración.

El Papa FranciscoEl Papa Francisco  (Vatican Media)

El Papa aprobó los estatutos de su Red Mundial de Oración

El Santo Padre ha constituido, a la Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración) como un servicio pontificio con sede en la Ciudad del Vaticano, en la que también ha incluido al Movimiento Eucarístico Juvenil.

Ciudad del Vaticano

La Secretaría de Estado de la Santa Sede ha informado que el Papa Francisco decidió constituir a la Red Mundial de Oración del Papa – conocida en sus orígenes como Apostolado de la Oración – como obra pontificia, con sede legal en el Estado de la Ciudad del Vaticano. Este servicio eclesial de la Santa Sede está confiado al cuidado de la Compañía de Jesús.

La comunicación oficial se hizo a través de una carta firmada por Mons. Giovanni Angelo Becciu, sustituto de Asuntos Generales de la Secretaría de Estado del Vaticano. En la aprobación de los estatutos está incluido al Movimiento Eucarístico Juvenil (MEJ), la rama integrada por los jóvenes de la Red Mundial de Oración del Papa.

Director Internacional de la Red Mundial de Oración

“Estamos muy agradecidos al Señor por haber recibido esta noticia que facilitará nuestra misión. Es un hito muy importante en los casi 175 años de historia de nuestra Red”, dijo el P. Frédéric Fornos SJ, Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa y del Movimiento Eucarístico Juvenil. “Como servicio pontificio – agregó el Director – mediante las diferentes etapas de refundación que hemos emprendido, queremos que nuestros equipos estén cada vez más y mejor preparados para servir a la misión de la Iglesia y al Papa en los cinco continentes mediante el trabajo y la oración por los desafíos de la humanidad y de la Iglesia”.

La misión de la Red Mundial de Oración del Papa

La misión concreta de la Red Mundial de Oración del Papa es orar y vivir los desafíos de la humanidad y de la Iglesia que preocupan al Santo Padre, expresados en sus intenciones mensuales. Fue fundada en 1844 por los jesuitas en el sur de Francia. Está presente en 98 países y la integran más de 35 millones de personas, de los cuales 1,6 millones de niños y jóvenes del MEJ.

Estatutos de la Red Mundial de Oración del Papa
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Meditación del viernes santo. Autor: Josep M. Rambla jesuita.

Retiro en la ciudad (II): Viernes santo: un varón de dolores engendradores de vida

RETIRO EN LA CIUDAD (II): VIERNES SANTO: UN VARÓN DE DOLORES ENGENDRADORES DE VIDA

Josep M. Rambla Blanch.

A. Varón de dolores

Hoy os propongo acompañar la meditación de dos imágenes profundamente impactantes que nos invitan a entrar en los dolores de Cristo y del mundo, así como en sus capacidades de ser engendradores de vida y de consolación. Primero, conviene no pasar por alto demasiado rápidamente por encima de la crudeza desgarradora de los dolores de Cristo. Son dolores que nos quitan el aliento cuando los contemplamos. Hay tantos vídeos de YouTube sobre dramas del mundo e injusticias que es casi imposible llegar hasta el final… Son dolores que no deben ser “racionalizados” demasiado rápidamente, que no deben ser objeto de un discurso para encontrar un sentido. ¡Dejemos primero que nos impacte su crudeza! Invito a contemplar el Cristo crucificado de Benito Prieto Coussent.

Dolor del Cristo

Jesús se sintió como un hombre pisoteado… Como un gusano… Repugnante a la mirada de quien lo ve…, con todas las amargas vertientes del dolor. Isaías es el profeta que más ayudó a la primera comunidad cristiana a contemplar la Pasión y la Crucifixión: “Un hombre lleno de dolor, acostumbrado al sufrimiento. Como a alguien que no merece ser visto, lo despreciamos, no le tuvimos en cuenta” (Is 53,3). “Nosotros pensamos que Dios lo había herido, que le había castigado y humillado” (Is 53,4). ¡Un hombre fracasado! Un fracaso no solamente humano para ser abandonado por todos y para ser considerado como un delincuente, sino también un fracaso religioso: ¡los poderes religiosos también lo estaban condenando a muerte! Así puede “compadecerse de nuestras debilidades” (Hebr 4,15).

El sufrimiento de nuestro mundo

Contemplar a Jesús es contemplar el sufrimiento de nuestro mundo. Qué profundidad la del dolor de quienes mueren de hambre, de quienes se ahogan en medio del mar viendo la costa de salvación, de quienes padecen una enfermedad crónica incurable, de quienes son torturados, de los que sufren el paro o las consecuencias personales y familiares de la injusta sociedad de la desigualdad, los encarcelados injustamente… ¡Cuántas caras tiene el sufrimiento! Ante este padecer, Dios nos llama a:

a. Luchar contra el propio dolor…Porque el cristianismo no es una exaltación del sufrimiento. Y Dios está en el dolor, a nuestro lado, dándonos fuerzas para luchar…

b. Luchar contra el dolor ajeno…Quienes luchan por los refugiados en alta mar o en campos de refugiados… El riesgo de la vida, los accidentes continuos, el cansancio, el miedo…, la pérdida de prestigio, la incomprensión, ser tachados de idealistas, de ingenuos, de “buenismo”…

c. Compartir simplemente el  sufrimiento de los demás. ¿Es posible y humano vivir sin ningún tipo de dolor y de sufrimiento cuando hermanas y hermanos nuestros se encuentran abrumados bajo el peso de sufrimientos inmensos? Sabemos muchas cosas sobre el sufrimiento de la gente, pero no sabemos demasiado de su mismo sufrimiento.

B. COMO ABUNDAN LOS SUFRIMIENTOS, ABUNDA EL CONSUELO

Sabemos por experiencia en nuestras vidas que “donde abundó el sufrimiento, sobreabundó la gracia y el consuelo”. Por ello, propongo contemplar el Cristo de la sonrisa, aquel ante el que san Francisco Javier rogó de niño y de adolescente tantas veces en su castillo natal de Navarra.

El dolor luminoso

En el evangelio de Juan, la Pasión es “la libertad y la soberana majestad del Cristo en el sufrimiento y en la muerte” (Donatien Mollat). Paradójicamente, en el momento más oscuro, ante un ajusticiado y despreciado, “un gusano y no hombre” (Sal 22,7), el centurión grita: “¡Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios!” (Mc 15, 39). El dolor de Cristo es luminoso para el centurión hasta el punto de hacerlo pronunciar la confesión definitiva del evangelio de Marcos.

En la medida de los sufrimientos, abunda el consuelo (cf. 2Cor1,5)

Dios está presente en el sufrimiento humano, se esconde, pero no desaparece. Y el dolor se convierte en “cruz”. Contemplamos algunas luces que irradia el sufrimiento…:

a. El sufrimiento de la compasión.Las entrañas de Jesús fueron removidas por el sufrimiento de los demás. La persona que sigue a Jesús entrará también en este sufrimiento de la “misericordia”, un corazón afectado por el sufrimiento de los demás. “Dichosos los compasivos” (Mt 5,7).

b. El sufrimiento de la misma solidaridad efectiva. La compasión es dolorosa y dulce a la vez, pero exige desprendimiento personal y material, dar y darse. “Hay más felicidad en dar que en recibir” (Hch 20,35).

c. El sufrimiento de la identificación con el dolor ajeno. El amor lleva a la identificación. Y el amor cristiano, se inspira en el que quiso hacerse “igual en todo a sus hermanos” (Hebr 2,17). Hay carismas especiales que son luz en la oscuridad…

d. El dolor de un nuevo nacimiento.Cada herida que nos deja el dolor en nuestra vida es como una rendija que nos va abriendo a la vida plena, cuando Dios lo será todo en todos (cf. 1Cor 15,28).

viernes santo

Imagen extraída de: Pixabay


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La jornada de ayuno y oración por la paz el 23 de febrero. . Invitación a otras religiones.

Jornada  de Oración y Ayuno por la PazJornada de Oración y Ayuno por la Paz 

23 de febrero: El Papa convoca Jornada de Oración y Ayuno por la Paz

El Papa Francisco anunció la celebración, el viernes 23 de febrero, de una Jornada de Oración y Ayuno por la Paz, en particular por las poblaciones de la República Democrática del Congo y Sudán del Sur.

Ciudad del Vaticano

“Ante las trágicas situaciones de conflicto que se prolongan en diversas partes del mundo, invito a todos los fieles a una especial Jornada de oración y ayuno por la paz para el próximo 23 de febrero, viernes de la Primera Semana de Cuaresma”, con estas palabras el Papa Francisco anunció el pasado domingo, 4 de febrero, durante la oración del Ángelus, la celebración de una Jornada de oración y ayuno por la paz.

Oración por la República Democrática del Congo y Sudán del Sur

“La ofreceremos en particular por la poblaciones de la República Democrática del Congo y de Sudán del Sur – agregó el Pontífice – como en otras ocasiones semejantes, invito también a los hermanos y hermanas no católicos y no cristianos a asociarse a esta iniciativa en las modalidades que consideren más oportunas, pero todos juntos”, alentaba el Obispo de Roma a los fieles y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro para rezar a la Madre de Dios.

Las religiones pueden contribuir a la consolidación de la paz

En este sentido, el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso hizo saber esta mañana – en un Comunicado de prensa – que el Santo Padre también invitó a los miembros de otras religiones a unirse a la iniciativa, en las formas que considerasen más apropiadas. “El Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso – se lee en el documento – consciente de que las religiones pueden contribuir en gran medida al logro y la consolidación de la paz, estará agradecido a los hermanos y hermanas de otras religiones que deseen acoger este llamamiento y vivir momentos de oración, ayuno y reflexión según su propia tradición y en sus lugares de culto”.

Jornada de Oración y Ayuno por la Paz
06 febrero 2018, 17:15


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Mensaje del Papa para la cuaresma 2018

Pranco con i poveriEl Papa Francisco durante un almuerzo con los pobres  (@L’Osservatore Romano)

Mensaje pontificio de Cuaresma: Atentos a los falsos profetas que enfrían el amor

“Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría”. Así se titula el Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma de este año que se presentó esta mañana en la Sala de Prensa de la Santa Sede. Intervinieron en la presentación el Cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral; Monseñor Graham Bell, Subsecretario del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización y la Dra. Natalia Peiró, Secretaria General de Caritas España

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

En su mensaje para la Cuaresma – firmado en la Ciudad del Vaticano el 1 de noviembre de 2017, en la Solemnidad de Todos los Santos – el Papa Francisco escribe que “una vez más nos sale al encuentro la Pascua del Señor”, y explica que para prepararnos a recibirla, la Providencia de Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, que define “signo sacramental de nuestra conversión”.

Tal como lo expone el Pontífice, mediante este mensaje desea “ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia”; y lo hace inspirándose en una expresión de Jesús según el Evangelio de Mateo: “Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría”.

Frase que proviene de la enseñanza sobre el fin de los tiempos, ambientada en el Monte de los Olivos de Jerusalén, donde precisamente tendrá inicio la pasión del Señor, que en este caso respondiendo a una pregunta de sus discípulos, anuncia “una gran tribulación” y describe la situación en la que podría encontrarse la comunidad de los fieles: frente a acontecimientos dolorosos, algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones, que es el centro de todo el Evangelio.

Los falsos profetas

En el primer punto de este mensaje, titulado “los falsos profetas”, el Pontífice invita a preguntarnos ¿qué formas asumen? Y no duda en responder que “son como ‘encantadores de serpientes’”, que “se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren”. De ahí su exclamación ante los tantos hijos de Dios que “se dejan fascinar por las lisonjas de un placer momentáneo, al que se lo confunde con la felicidad”. O acerca de cuántos hombres y mujeres que “viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos”; sin olvidar a quienes “viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad”.

También se refiere a esos otros falsos profetas que denomina “charlatanes”, que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles. Tanto es así que el Pontífice dirige su pensamiento a los numerosos jóvenes “a los que se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de ‘usar y tirar’, de ganancias fáciles pero deshonestas; o que “se dejan cautivar por una vida completamente virtual”, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después “resultan dramáticamente sin sentido”.

Dignidad, libertad y capacidad de amar

Se trata de “estafadores” –  tal como escribe el Papa Bergoglio – que no sólo ofrecen cosas sin valor, sino que quitan lo más valioso, es decir “la dignidad, la libertad y la capacidad de amar”. Sí porque como leemos en este mensaje pontificio, “es el engaño de la vanidad”, lo que lleva a “pavonearse” hasta caer en lo ridículo. De manera que no es una sorpresa, puesto que “desde siempre el demonio, que es ‘mentiroso y padre de la mentira’, presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre”.

Por esta razón el Sucesor de Pedro insiste en la necesidad de discernir y examinar en el propio corazón si nos sentimos amenazados por las mentiras de estos falsos profetas. Y reafirma que hay que “aprender a no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y ciertamente sirven para nuestro bien”.

Un corazón frío

En el segundo punto de este texto – que lleva por subtítulo “un corazón frío” –  Francisco recuerda que Dante Alighieri, en su descripción del infierno, se imagina al diablo sentado en un trono de hielo; “su morada es el hielo del amor extinguido”, escribe e invita a preguntarnos: “¿Cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?”.

Entre las causas el Papa destaca “la avidez por el dinero”, “raíz de todos los males”, a la que sigue “el rechazo de Dios” y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación “antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus Sacramentos”. Y añade que todo esto se transforma en una violencia que se dirige contra los que consideramos una amenaza para nuestras “certezas”, como “el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas”.

Enfriamiento de la caridad

Sin olvidar que la creación también es un testigo silencioso de este “enfriamiento de la caridad”, el Pontífice escribe que el amor se enfría asimismo en nuestras comunidades y recuerda que en su Exhortación apostólica Evangelii gaudium ha tratado también de describir las señales más evidentes de esta falta de amor, como el egoísmo, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, o la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente, con lo que disminuye el entusiasmo misionero.

¿Qué podemos hacer?

Todo esto sugiere al Obispo de Roma plantearse la pregunta – en su tercer punto – acerca de lo que podemos hacer. Aquí Francisco reafirma que la Iglesia, en su carácter de “madre y maestra”, además de la medicina, a veces amarga de la verdad, “nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno”.

Y agrega que el hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que “nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos, para buscar finalmente el consuelo en Dios”, que es nuestro Padre y que desea la vida para nosotros. Al mismo tiempo – añade – el ejercicio de la limosna “nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano”; mientras el ayuno, “debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer”.

El Santo Padre manifiesta en su mensaje que desearía que su voz “traspasara las fronteras de la Iglesia Católica”, para llegar a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, “dispuestos a escuchar a Dios”. A todos ellos les dice directamente que “si se sienten afligidos porque en el mundo se extiende la iniquidad, si les preocupa la frialdad que paraliza el corazón y las obras, si ven que se debilita el sentido de una misma humanidad, únanse a nosotros para invocar juntos a Dios”, ayunar juntos y juntos ayudar a nuestros hermanos.

El fuego de la Pascua

El Papa concluye invitando de modo especial a los miembros de la Iglesia “a emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración”. Y destaca que una ocasión propicia para esto será la iniciativa titulada “24 horas para el Señor”, que este año invita a celebrar el Sacramento de la Reconciliación en un contexto de adoración eucarística.

En efecto destaca que esta iniciativa se llevará a cabo los días 9 y 10 de marzo, inspirándose en las palabras del Salmo 130 que reza: “De ti procede el perdón”. De este modo, al menos una iglesia en cada diócesis, permanecerá abierta durante las 24 horas, para permitir la oración de adoración y la confesión sacramental.

Tras bendecir a todos de corazón, asegurando su oraciones y pidiendo que se rece por él, el Obispo de Roma escribe que “en la noche de Pascua reviviremos el sugestivo rito de encender el cirio pascual”, con lo cual “la luz que proviene del ‘fuego nuevo’ poco a poco disipará la oscuridad e iluminará la asamblea litúrgica”. De ahí su deseo de que “la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu, para que todos podamos vivir la misma experiencia de los discípulos de Emaús”.

Síntesis del Mensaje del Papa para la Cuaresma
Texto oficial del mensaje

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA CUARESMA 2018

 

«Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12)

 

Queridos hermanos y hermanas:

Una vez más nos sale al encuentro la Pascua del Señor. Para prepararnos a recibirla, la Providencia de Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, «signo sacramental de nuestra conversión»[1], que anuncia y realiza la posibilidad de volver al Señor con todo el corazón y con toda la vida.

Como todos los años, con este mensaje deseo ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia; y lo hago inspirándome en una expresión de Jesús en el Evangelio de Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (24,12).

Esta frase se encuentra en el discurso que habla del fin de los tiempos y que está ambientado en Jerusalén, en el Monte de los Olivos, precisamente allí donde tendrá comienzo la pasión del Señor. Jesús, respondiendo a una pregunta de sus discípulos, anuncia una gran tribulación y describe la situación en la que podría encontrarse la comunidad de los fieles: frente a acontecimientos dolorosos, algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones, que es el centro de todo el Evangelio.

Los falsos profetas

Escuchemos este pasaje y preguntémonos: ¿qué formas asumen los falsos profetas?

Son como «encantadores de serpientes», o sea, se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren. Cuántos hijos de Dios se dejan fascinar por las lisonjas de un placer momentáneo, al que se le confunde con la felicidad. Cuántos hombres y mujeres viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos. Cuántos viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad.

Otros falsos profetas son esos «charlatanes» que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles: cuántos son los jóvenes a los que se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de «usar y tirar», de ganancias fáciles pero deshonestas. Cuántos se dejan cautivar por una vida completamente virtual, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después resultan dramáticamente sin sentido. Estos estafadores no sólo ofrecen cosas sin valor sino que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar. Es el engaño de la vanidad, que nos lleva a pavonearnos… haciéndonos caer en el ridículo; y el ridículo no tiene vuelta atrás. No es una sorpresa: desde siempre el demonio, que es «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44), presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre. Cada uno de nosotros, por tanto, está llamado a discernir y a examinar en su corazón si se siente amenazado por las mentiras de estos falsos profetas. Tenemos que aprender a no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y ciertamente sirven para nuestro bien.

Un corazón frío

Dante Alighieri, en su descripción del infierno, se imagina al diablo sentado en un trono de hielo[2]; su morada es el hielo del amor extinguido. Preguntémonos entonces: ¿cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?

Lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero, «raíz de todos los males» (1 Tm 6,10); a esta le sigue el rechazo de Dios y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus Sacramentos[3]. Todo esto se transforma en violencia que se dirige contra aquellos que consideramos una amenaza para nuestras «certezas»: el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas.

También la creación es un testigo silencioso de este enfriamiento de la caridad: la tierra está envenenada a causa de los desechos arrojados por negligencia e interés; los mares, también contaminados, tienen que recubrir por desgracia los restos de tantos náufragos de las migraciones forzadas; los cielos —que en el designio de Dios cantan su gloria— se ven surcados por máquinas que hacen llover instrumentos de muerte.

El amor se enfría también en nuestras comunidades: en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium traté de describir las señales más evidentes de esta falta de amor. estas son: la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente, disminuyendo de este modo el entusiasmo misionero[4].

¿Qué podemos hacer?

Si vemos dentro de nosotros y a nuestro alrededor los signos que antes he descrito, la Iglesia, nuestra madre y maestra, además de la medicina a veces amarga de la verdad, nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno.

El hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos[5], para buscar finalmente el consuelo en Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida.

El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida. Al igual que, como cristianos, me gustaría que siguiésemos el ejemplo de los Apóstoles y viésemos en la posibilidad de compartir nuestros bienes con los demás un testimonio concreto de la comunión que vivimos en la Iglesia. A este propósito hago mía la exhortación de san Pablo, cuando invitaba a los corintios a participar en la colecta para la comunidad de Jerusalén: «Os conviene» (2 Co 8,10). Esto vale especialmente en Cuaresma, un tiempo en el que muchos organismos realizan colectas en favor de iglesias y poblaciones que pasan por dificultades. Y cuánto querría que también en nuestras relaciones cotidianas, ante cada hermano que nos pide ayuda, pensáramos que se trata de una llamada de la divina Providencia: cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos; y si él hoy se sirve de mí para ayudar a un hermano, ¿no va a proveer también mañana a mis necesidades, él, que no se deja ganar por nadie en generosidad?[6]

El ayuno, por último, debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer. Por una parte, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios. El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre.

Querría que mi voz traspasara las fronteras de la Iglesia Católica, para que llegara a todos ustedes, hombres y mujeres de buena voluntad, dispuestos a escuchar a Dios. Si se sienten afligidos como nosotros, porque en el mundo se extiende la iniquidad, si les preocupa la frialdad que paraliza el corazón y las obras, si ven que se debilita el sentido de una misma humanidad, únanse a nosotros para invocar juntos a Dios, para ayunar juntos y entregar juntos lo que podamos como ayuda para nuestros hermanos.

El fuego de la Pascua

Invito especialmente a los miembros de la Iglesia a emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración. Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo.

Una ocasión propicia será la iniciativa «24 horas para el Señor», que este año nos invita nuevamente a celebrar el Sacramento de la Reconciliación en un contexto de adoración eucarística. En el 2018 tendrá lugar el viernes 9 y el sábado 10 de marzo, inspirándose en las palabras del Salmo 130,4: «De ti procede el perdón». En cada diócesis, al menos una iglesia permanecerá abierta durante 24 horas seguidas, para permitir la oración de adoración y la confesión sacramental.

En la noche de Pascua reviviremos el sugestivo rito de encender el cirio pascual: la luz que proviene del «fuego nuevo» poco a poco disipará la oscuridad e iluminará la asamblea litúrgica. «Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu»[7], para que todos podamos vivir la misma experiencia de los discípulos de Emaús: después de escuchar la Palabra del Señor y de alimentarnos con el Pan eucarístico nuestro corazón volverá a arder de fe, esperanza y caridad.

Los bendigo de todo corazón y rezo por ustedes. No se olviden de rezar por mí.

Vaticano, 1 de noviembre de 2017
Solemnidad de Todos los Santos

Francisco

 


[1] Misal Romano, I Dom. de Cuaresma, Oración Colecta.

[2] «Salía el soberano del reino del dolor fuera de la helada superficie, desde la mitad del pecho» (Infierno XXXIV, 28-29).

[3] «Es curioso, pero muchas veces tenemos miedo a la consolación, de ser consolados. Es más, nos sentimos más seguros en la tristeza y en la desolación. ¿Sabéis por qué? Porque en la tristeza nos sentimos casi protagonistas. En cambio en la consolación es el Espíritu Santo el protagonista» (Ángelus, 7 diciembre 2014).

[4] Núms. 76-109.

[5] Cf. Benedicto XVI, Enc. Spe salvi, 33.

[6] Cf. Pío XII, Enc. Fidei donum, III.

[7] Misal Romano, Vigilia Pascual, Lucernario.

 


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Jornada de oración por la paz el próximo 23 de febrero, primer viernes de cuaresma.

El Papa invita a una Jornada de oración y ayuno por la paz el próximo 23 de febrero

Después de rezar el Ángelus del 4 de febrero el Santo Padre invitó a preguntarnos: “¿Qué puedo hacer yo por la paz?”. Y tras recordar al nuevo Beato Teresio Olivelli y la celebración en Italia de la Jornada por la Vida, dirigió su pensamiento a la República Democrática del Congo y a Sudán del Sur, sin olvidar las poblaciones afectadas por un ciclón en Madagascar

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

El nuevo beato Teresio Olivelli modelo para los jóvenes

Después de rezar a la Madre de Dios, y antes de saludar a los diversos grupos de fieles y peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco recordó que ayer en la localidad italiana de Vigevano fue proclamado Beato el joven Teresio Olivelli, asesinado a causa de su fe en 1945, en el campo de concentración de Hersbruck.

“El – dijo el Santo Padre – testimonió a Cristo en el amor hacia los más débiles y se une a la larga fila de los mártires del siglo pasado”. De ahí que haya manifestado el deseo de que “su sacrificio heroico sea semilla de esperanza y de fraternidad, sobre todo para los jóvenes”.

El Evangelio de la vida, alegría para el mundo

El Papa también recordó que hoy se celebra en Italia la Jornada por la Vida, que tiene por tema “El Evangelio de la vida, alegría para el mundo”. “Me asocio – dijo – al Mensaje de los Obispos italianos y manifiesto mi aprecio y aliciente a las diversas realidades eclesiales que promueven y sostienen la vita de tantas maneras”. Y de modo especial Francisco saludó a los numerosos representantes del Movimiento por la Vida presentes en la Plaza de San Pedro.

Cercanía del Papa a las poblaciones de Madagascar

El Pontífice también aseguró su cercanía a las poblaciones de Madagascar, que se vieron afectadas recientemente por un ciclón que ha causado víctimas e ingentes daños, con el deseo que de que “el Señor los consuele y sostenga”.

¿Qué puedo hacer yo por la paz?

Además el Obispo de Roma anunció que ante las trágicas situaciones de conflicto que se prolongan en diversas partes del mundo, desea invitar a todos los fieles a una especial Jornada de oración y ayuno por la paz para el próximo 23 de febrero, viernes de la Primera Semana de Cuaresma.

República Democrática del Congo y Sudán del Sur en el corazón de Francisco

“La ofreceremos de modo especial – dijo – por las poblaciones de la República Democrática del Congo y de Sudán del Sur”. E invitó también, como en otras ocasiones, a los hermanos y hermanas no católicos y no cristianos, para que se asocien a esta iniciativa según las modalidades que consideren más oportunas.

Francisco dirigió un apremiante llamamiento para que también nosotros escuchemos el grito de dolor y angustia y para que cada uno de nosotros nos preguntemos ante Dios: “¿Qué puedo hacer yo por la paz?”.

“Seguramente podemos rezar, y no sólo – dijo el Papa – pero cada uno puede decir concretamente ‘no’ a la violencia”. Y añadió que “las victorias obtenidas con la violenta son falsas victorias”; “mientras trabajar por la paz ¡hace bien a todos!”.

Tras saludar a los fieles italianos y a los procedentes de otros países, el Papa dirigió unas palabras a los voluntarios y a los colaboradores de la Asociación “Fraterna Domus” que trabaja desde hace cincuenta años en Roma en favor de la acogida y la solidaridad. Y deseó a todos feliz domingo, con su habitual pedido de oraciones por él.


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Cómo cambiar el Padrenuestro en español.

El “padrenuestro” del papa Francisco, ahora en español

Jueves 14 Dic 2017 | 11:08 am

Madrid (España) (AICA):

A partir del 12 de diciembre se encuentra a la venta en España la traducción en español del libro “Padre nuestro del papa Francisco”, publicado por la Romana Editorial y Libreria Editrice Vaticana. La presidenta de Romana Editorial, Carmen Magallón, explicó que se trata del comentario del pontífice a la oración del corazón del cristiano y aseguró que estamos ante “un libro de una grandísima belleza y ternura”.

En una entrevista concedida a Europa Press, con motivo de la presentación de la obra en Madrid, Carmen Magallón explicó que el Santo Padre realizó un comentario “versículo por versículo” del padrenuestro.

“Es un libro que, seguramente, cuando lo leemos nos descubre tantas cosas que nos tocan verdaderamente el corazón”, destacó la presidenta de Romana Editorial, quien detalló que transcurre a lo largo de una entrevista que le hace Marco Pozza, teólogo y capellán de la cárcel de Padua, norte de Italia.

Magallón agregó que el libro es “muy fácil de leer porque es una conversación” y está dirigido al gran público. “A todos nos incumbe el padrenuestro, señaló la presidenta de la editorial, y afirmó: “El papa Francisco tiene ese don, todo el mundo lo recibe y lo quiere, es muy fácil de leer, ameno. Es un regalo estupendo para Navidad”.

Preguntada sobre si podría servir como base para la educación cristiana en las aulas, Carmen Magallón respondió que “seguramente sí, porque es la palabra del Santo Padre sobre la oración central del cristiano”. “Nos da una perspectiva francamente enriquecedora. Creo que es un libro apto para cualquier persona”, subrayó.

Para Romana Editorial, “las palabras del papa Francisco, con su original estilo, lenguaje vivo, rico de metáforas e imágenes, capaz de tocar el corazón de quienes escuchan, de involucrarles, y de relacionarse con las circunstancias particulares de sus vidas, comentan la oración del padrenuestro, que el Santo Padre trata de iluminar con la luz del Evangelio”. La introducción del volumen fue escrita por el mismo Francisco, como reconocimiento a la trascendencia de la oración que Jesús regaló a sus discípulos.

Según destacó Magallón, el Papa está “muy contento con el libro” y así se lo comunicó personalmente el pasado sábado 9 de diciembre.

El libro fue presentado en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, el lunes 11 de diciembre y contó con la intervención del arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro; el rector de la Universidad Julio Luis Martínez; la presidenta de Romana Editorial, Carmen Magallón; y Marco Pozza, quien realizó la entrevista al papa Francisco.

El cardenal Carlos Osoro destacó la sencillez con la que está escrito el libro, que calificó de “obra de arte” y que “animó a meditarla”. El arzobispo madrileño señaló la importancia de “poder llamar a Dios ‘Padre’, sentirnos hijos suyos y por lo tanto sabernos hermanos”.+


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Oración del Papa a la Inmaculada en el centro de Roma.

Oración del Papa en el día de la Inmaculada: “somos pobres pecadores pero siempre tus hijos”

 

El viernes 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de Maríatras rezar el Ángelus al mediodía con miles de peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco se dirigió a la Plaza de España en Roma para rendir homenaje a la Reina de los Cielos.

Como es ya tradición, el Santo Padre llegó en torno a las 4:00 de la tarde a la plaza, sede de la embajada española ante la Santa Sede, abarrotada de fieles deseosos de compartir el momento de la oración del Papa y la entrega de la ofrenda floral al monumento de la Inmaculada, que reposa sobre una esbelta columna de aproximadamente 12 metros de altura.

 

“Madre Inmaculada: por quinta vez me pongo a tus pies como obispo de Roma, para rendirte homenaje en nombre de todos los habitantes de esta ciudad”, dijo el Obispo de Roma.

“Queremos agradecerte por tu cuidado constante con el que nos acompañas en nuestro camino. El camino de las familias, parroquias, comunidades religiosas; el camino de aquellos que todos los días, a veces con dificultad, pasan por Roma para ir a trabajar; el camino de los enfermos, de los ancianos, de todos los pobres, de tantas personas que emigraron desde tierras de guerra y hambre”, añadió el Sucesor de Pedro agradeciendo la presencia materna, tierna y fuerte que encuentra el cristiano “tan pronto como dirige a Nuestra Señora, un pensamiento, una mirada o un fugaz Ave María”.

«Oh Madre, ayuda a esta ciudad a desarrollar los “anticuerpos” contra algunos virus de nuestros tiempos», prosiguió el Papa.

«La indiferencia, que dice: “no me concierne”, la mala educación cívica que desprecia el bien común, el miedo al diferente y al extranjero; el conformismo disfrazado de transgresión, la hipocresía de acusar a los otros mientras se hacen las mismas cosas; la resignación a la degradación ambiental y ética; la explotación de tantos hombres y mujeres. Ayúdanos a rechazar estos y otros virus con los anticuerpos que provienen del Evangelio. Haz que tomemos el buen hábito de leer todos los días un pasaje del Evangelio, y siguiendo tu ejemplo, custodiemos la Palabra en el corazón, para que como buena semilla dé frutos en nuestras vidas».

En su oración, el Santo Padre también recordó el ejemplo de conversión acaecido hace 175 años en la Iglesia de San Andrea delle Fratte, a unos pocos metros de distancia de Plaza de España; cuando la Virgen tocó el corazón de Alfonso Ratisbonne, que en ese momento, de ateo y enemigo de la Iglesia pasó a ser cristiano.

“A él te mostraste como una Madre de gracia y misericordia”, dijo Francisco.

«Concédenos también a nosotros, especialmente en las pruebas y en las tentaciones, fijar la mirada en tus manos abiertas que dejan caer sobre la tierra las gracias del Señor, y deshacernos de toda arrogancia orgullosa, para reconocernos como verdaderamente somos:pequeños y pobres pecadores, pero siempre tus hijos. Y así poner nuestra mano en la tuya para dejarnos llevar hasta Jesús, nuestro hermano y salvador, y hasta nuestro Padre Celestial, que nunca se cansa de esperarnos ni de perdonarnos cuando regresamos a Él.

¡Gracias, Oh Madre, porque siempre nos escuchas!

Bendice a la Iglesia de Roma, bendice a esta ciudad y al mundo entero. Amén», concluyó el Papa.

nuestra mano en la tuya para dejarnos llevar hasta Jesús, nuestro hermano y salvador, y hasta nuestro Padre Celestial, que nunca se cansa de esperarnos ni de perdonarnos cuando regresamos a Él.

¡Gracias, Oh Madre, porque siempre nos escuchas!

Bendice a la Iglesia de Roma, bendice a esta ciudad y al mundo entero. Amén», concluyó el Papa.