Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Oración del Papa a la Inmaculada en el centro de Roma.

Oración del Papa en el día de la Inmaculada: “somos pobres pecadores pero siempre tus hijos”

 

El viernes 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de Maríatras rezar el Ángelus al mediodía con miles de peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco se dirigió a la Plaza de España en Roma para rendir homenaje a la Reina de los Cielos.

Como es ya tradición, el Santo Padre llegó en torno a las 4:00 de la tarde a la plaza, sede de la embajada española ante la Santa Sede, abarrotada de fieles deseosos de compartir el momento de la oración del Papa y la entrega de la ofrenda floral al monumento de la Inmaculada, que reposa sobre una esbelta columna de aproximadamente 12 metros de altura.

 

“Madre Inmaculada: por quinta vez me pongo a tus pies como obispo de Roma, para rendirte homenaje en nombre de todos los habitantes de esta ciudad”, dijo el Obispo de Roma.

“Queremos agradecerte por tu cuidado constante con el que nos acompañas en nuestro camino. El camino de las familias, parroquias, comunidades religiosas; el camino de aquellos que todos los días, a veces con dificultad, pasan por Roma para ir a trabajar; el camino de los enfermos, de los ancianos, de todos los pobres, de tantas personas que emigraron desde tierras de guerra y hambre”, añadió el Sucesor de Pedro agradeciendo la presencia materna, tierna y fuerte que encuentra el cristiano “tan pronto como dirige a Nuestra Señora, un pensamiento, una mirada o un fugaz Ave María”.

«Oh Madre, ayuda a esta ciudad a desarrollar los “anticuerpos” contra algunos virus de nuestros tiempos», prosiguió el Papa.

«La indiferencia, que dice: “no me concierne”, la mala educación cívica que desprecia el bien común, el miedo al diferente y al extranjero; el conformismo disfrazado de transgresión, la hipocresía de acusar a los otros mientras se hacen las mismas cosas; la resignación a la degradación ambiental y ética; la explotación de tantos hombres y mujeres. Ayúdanos a rechazar estos y otros virus con los anticuerpos que provienen del Evangelio. Haz que tomemos el buen hábito de leer todos los días un pasaje del Evangelio, y siguiendo tu ejemplo, custodiemos la Palabra en el corazón, para que como buena semilla dé frutos en nuestras vidas».

En su oración, el Santo Padre también recordó el ejemplo de conversión acaecido hace 175 años en la Iglesia de San Andrea delle Fratte, a unos pocos metros de distancia de Plaza de España; cuando la Virgen tocó el corazón de Alfonso Ratisbonne, que en ese momento, de ateo y enemigo de la Iglesia pasó a ser cristiano.

“A él te mostraste como una Madre de gracia y misericordia”, dijo Francisco.

«Concédenos también a nosotros, especialmente en las pruebas y en las tentaciones, fijar la mirada en tus manos abiertas que dejan caer sobre la tierra las gracias del Señor, y deshacernos de toda arrogancia orgullosa, para reconocernos como verdaderamente somos:pequeños y pobres pecadores, pero siempre tus hijos. Y así poner nuestra mano en la tuya para dejarnos llevar hasta Jesús, nuestro hermano y salvador, y hasta nuestro Padre Celestial, que nunca se cansa de esperarnos ni de perdonarnos cuando regresamos a Él.

¡Gracias, Oh Madre, porque siempre nos escuchas!

Bendice a la Iglesia de Roma, bendice a esta ciudad y al mundo entero. Amén», concluyó el Papa.

nuestra mano en la tuya para dejarnos llevar hasta Jesús, nuestro hermano y salvador, y hasta nuestro Padre Celestial, que nunca se cansa de esperarnos ni de perdonarnos cuando regresamos a Él.

¡Gracias, Oh Madre, porque siempre nos escuchas!

Bendice a la Iglesia de Roma, bendice a esta ciudad y al mundo entero. Amén», concluyó el Papa.

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Jornada de oración por Sudán y Congo. Homilía del Papa

El Papa reza por Sudán del Sur y el Congo: “Es hipocresía negar la masacre de mujeres y niños”

 

De Mireia Bonilla

En la tarde del 23 de noviembre el Pontífice presidió una Celebración Litúrgica de oración por la paz en Sudán del Sur y en la República Democrática del Congo desde la Basílica de San Pedro en el Vaticano bajo el deseo de “esparcir con nuestra oración semillas de paz” en estas dos naciones, así como “en todas las partes del mundo que sufren por la guerra”.

 

Francisco convocó esta oración por la paz en estos dos países, que son de los más castigados en el planeta, rezando para que el Señor resucitado derribe los muros de la enemistad que dividen hoy a los hermanos”, “socorra a las mujeres víctimas de la violencia en las zonas de guerra y en cualquier parte del mundo” y “salve a los niños que sufren a causa de conflictos que no tienen que ver con ellos” pero que “les roban su infancia y a veces también la propia vida.

El pontífice también condenó la “hipocresía” afirmando que es a través de ella donde la guerra muestra su rostro más horrible: ¡Cuánta hipocresía cuando se niegan las masacres de mujeres y niños! exclamó.

Además, pidió al Señor que dotara tanto a los gobernantes como a todos los responsables “un espíritu noble y recto, firme y valiente en la búsqueda de la paz, mediante el diálogo y la negociación”.

Asegurando su cercanía a estas naciones, y exhortando a todos a rezar por la paz y por nuestros hermanos afectados, el Papa aseguró que “los cristianos creemos y sabemos que la paz es posible porque Cristo ha resucitado”.

Una celebración, que estuvo abierta para todos, sin necesidad de entrada, en la que el Papa Francisco explicó que le hubiera gustado poder visitar ambos países, pero ante la imposibilidad asegura su oración por ellos, ya que ésta es lo más importante “porque es más poderosa” afirmó.

Voz y texto completo de las Palabras del Santo Padre

 

Esta noche, queremos esparcir con nuestra oración semillas de paz en la tierra de Sudán del Sur y de la República Democrática del Congo, así como en todas las partes del mundo que sufren por la guerra. Había decidido visitar Sudán del Sur, pero no ha sido posible. Sin embargo sabemos que la oración es más importante, porque es más poderosa: la plegaria actúa con la fuerza de Dios, para quien nada es imposible.

Por eso agradezco de corazón a quienes han ideado esta vigilia y se han esforzado en llevarla a cabo.

«Cristo resucitado nos invita. Aleluya». Estas palabras del canto en lengua suajili han acompañado la procesión de entrada, con algunas imágenes de los dos países por los que estamos rezando especialmente. Los cristianos creemos y sabemos que la paz es posible porque Cristo ha resucitado. Él nos da el Espíritu Santo, a quien hemos invocado.

Como san Pablo nos ha recordado hace unos instantes, Jesucristo «es nuestra paz» (Ef 2,14). En la Cruz, ha cargado con todo el mal del mundo, también con los pecados que generan y fomentan las guerras: la soberbia, la avaricia, la sed de poder, la mentira… Jesús ha vencido todo esto con su resurrección. Cuando se apareció en medio de sus amigos les dijo: «Paz a vosotros» (Jn 20,19.21.26). Nos lo repite también a nosotros aquí, en esta noche: «Paz a vosotros».

Sin ti, Señor, vana sería nuestra oración y engañosa nuestra esperanza de paz. Pero tú estás vivo y obras para nosotros y con nosotros; tú, nuestra paz.

Que el Señor resucitado derribe los muros de la enemistad que dividen hoy a los hermanos, especialmente en Sudán del Sur y en la República Democrática del Congo.

Que socorra a las mujeres víctimas de la violencia en las zonas de guerra y en cualquier parte del mundo.

Que salve a los niños que sufren a causa de conflictos que no tienen que ver con ellos, pero que les roban su infancia y a veces también la propia vida. ¡Cuánta hipocresía cuando se niegan las masacres de mujeres y niños! Aquí la guerra muestra su rostro más horrible.

Que el Señor ayude a los humildes y a los pobres del mundo a seguir creyendo y esperando en que el Reino de Dios está cerca, que está en medio de nosotros, y es «justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo» (Rm 14,17). Que sostenga a todos los que, día tras día, se esfuerzan por combatir el mal con el bien, con gestos y palabras de fraternidad, de respeto, de encuentro, de solidaridad.

Que el Señor afiance en los gobernantes y en todos los que tienen responsabilidades un espíritu noble y recto, firme y valiente en la búsqueda de la paz, mediante el diálogo y la negociación.

Que el Señor nos conceda a todos nosotros ser artesanos de paz allí donde estemos, en la familia, en la escuela, en el trabajo, en las comunidades, en cualquier ambiente; «lavándonos los pies» unos a otros, a semejanza de nuestro Maestro y Señor. A él la gloria y la alabanza, hoy y por los siglos de los siglos. Amén.


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Oración por la paz en Sudán y en Congo. Plabras del Papa

  

Celebración de oración por la paz en Sudán del Sur y en la República Democrática del Congo

Esta tarde a las 17,30 en el altar de la Cátedra de la Basílica Vaticana, el Santo Padre Francisco preside una Celebración  de oración  por la paz en Sudán del Sur y en la República Democrática del Congo.
Publicamos a continuación la homilía  que el Papa pronuncia en el curso de la celebración:
Homilía del Santo Padre
Esta tarde, queremos esparcir con nuestra oración semillas de paz en la tierra de Sudán del Sur y de la República Democrática del Congo, así como en todas las partes del mundo que sufren por la guerra. Había decidido visitar Sudán del Sur, pero no ha sido posible. Sin embargo sabemos que la oración es más importante, porque es más poderosa: la plegaria actúa con la fuerza de Dios, para quien nada es imposible.
Por eso agradezco de corazón a quienes han ideado esta vigilia y se han esforzado en llevarla a cabo.
«Cristo resucitado nos invita. Aleluya». Estas palabras del canto en lengua suajili han acompañado la procesión de entrada, con algunas imágenes de los dos países por los que estamos rezando especialmente. Los cristianos creemos y sabemos que la paz es posible porque Cristo ha resucitado. Él nos da el Espíritu Santo, a quien hemos invocado.
Como san Pablo nos ha recordado hace unos instantes, Jesucristo « es nuestra paz» ( Ef 2,14). En la Cruz, ha cargado con todo el mal del mundo, también con los pecados que generan y fomentan las guerras: la soberbia, la avaricia, la sed de poder, la mentira… Jesús ha vencido todo esto con su resurrección. Cuando se apareció en medio de sus amigos les dijo: «Paz a vosotros» ( Jn 20,19.21.26). Nos lo repite también a nosotros aquí, en esta noche: «Paz a vosotros».
Sin ti, Señor, vana sería nuestra oración y engañosa nuestra esperanza de paz. Pero tú estás vivo y obras para nosotros y con nosotros; tú, nuestra paz.
Que el Señor resucitado derribe los muros de la enemistad que dividen hoy a los hermanos, especialmente en Sudán del Sur y en la República Democrática del Congo.
Que socorra a las mujeres víctimas de la violencia en las zonas de guerra y en cualquier parte del mundo.
Que salve a los niños que sufren a causa de conflictos que no tienen que ver con ellos, pero que les roban su infancia y a veces también la propia vida. ¡Cuánta hipocresía cuando se niegan las masacres de mujeres y niños! Aquí la guerra muestra su rostro más horrible.
Que el Señor ayude a los humildes y a los pobres del mundo a seguir creyendo y esperando en que el Reino de Dios está cerca, que está en medio de nosotros, y es «justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo» ( Rm 14,17).
Que sostenga a todos los que, día tras día, se esfuerzan por combatir el mal con el bien, con gestos y palabras de fraternidad, de respeto, de encuentro, de solidaridad.
Que el Señor afiance en los gobernantes y en todos los que tienen responsabilidades un espíritu noble y recto, firme y valiente en la búsqueda de la paz, mediante el diálogo y la negociación.
Que el Señor nos conceda a todos nosotros ser artesanos de paz allí donde estemos, en la familia, en la escuela, en el trabajo, en las comunidades, en cualquier ambiente; «lavándonos los pies» unos a otros, a semejanza de nuestro Maestro y Señor. A él la gloria y la alabanza, hoy y por los siglos de los siglos. Amén.


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Papa Francisco: oración de los gobernantes y por los gobernantes.

Homilía del Papa: “No rezar por los gobernantes es pecado”

 

 

(RV).- Que los cristianos acompañen con la oración a los gobernantes, incluso si hacen cosas graves. Es la exhortación que hizo el Papa en su homilía de la Misa matutina del lunes 18 de septiembre celebrada en la capilla de la Casa de Santa MartaFrancisco también pidió a los gobernantes que recen, puesto que de lo contrario, existe el riesgo de cerrarse en el propio grupo. Mientras el gobernante que, en cambio, tiene conciencia de su propio carácter subalterno frente al pueblo y a Dios, reza.

La reflexión del Santo Padre comenzó con la Primera Lectura del día en que San Pabloaconseja a Timoteo que rece por los gobernantes. A la vez que destacó que en el Evangelio hay un gobernante que reza: es el centurión que tenía a un siervo enfermo. Amaba a su pueblo y amaba a su siervo, puesto que se preocupaba por él.

“Este hombre experimentó la necesidad de la oración” – dijo el Papa – y no sólo porque “amaba” sino también porque “tenía conciencia de no ser el patrón de todo, no ser la última instancia”. Sabía que por encima de él hay otro que gobierna. Tenía subalternos, los soldados, pero él mismo estaba en la condición de subalterno. Y esto lo lleva a orar. En efecto, el gobernante que tiene esta conciencia, reza:

“Si no reza, se cierra en su propia auto-referencialidad o en la de su partido, en aquel círculo del que no puede salir; es un hombre cerrado en sí mismo. Pero cuando ve los verdaderos problemas, tiene esta conciencia de ‘subalternidad’, que hay otro que tiene más poder que él. ¿Quién tiene más poder que un gobernante? El pueblo, que le ha dado el poder, y Dios, del que viene el poder a través del pueblo. Cuando un gobernante tiene esta conciencia de ‘subalternidad’, reza”.

De manera que el Papa puso de manifiesto la importancia de la oración del gobernante, “porque – como dijo – es la oración por el bien común del pueblo que le ha sido encomendado”. Y recordó en este sentido la conversación que mantuvo precisamente con un gobernante que todos los días transcurría dos horas en silencio ante Dios, a pesar de estar muy ocupado. Es necesario, por tanto, pedir a Dios la gracia de poder gobernar bien como Salomón que no pidió a Dios la riqueza sino la sabiduría para gobernar.

De ahí que Francisco haya afirmado que los gobernantes deben pedir al Señor esta sabiduría. Es tan importante que los gobernantes recen – reafirmó – pidiendo al Señor que no les quite la conciencia del carácter de “subalternos” de Dios y del pueblo: “Que mi fuerza se encuentre allí y no en el pequeño grupo o en mí mismo”.

Y a quien podría objetar diciendo que es agnóstico o ateo, el Papa respondió: “Si no puedes rezar, confróntate con tu conciencia”, con “los sabios de tu pueblo”. Pero “no permanezcas solo con el pequeño grupo de tu partido”, porque como subrayó Francisco, “esto es auto-referencial”.

Teniendo en cuenta que en la Primera LecturaPablo invitaba a rezar por los reyes, el Santo Padre comentó que cuando un gobernante hace una cosa que no nos gusta es criticado o, al contrario, elogiado. Es dejado solo con su partido, con el Parlamento”:

“‘No, yo lo he votado ’… ‘yo no lo he votado, que haga lo suyo’. No, nosotros no podemos dejar a los gobernantes solos: debemos acompañarlos con la oración. Los cristianos deben rezar por los gobernantes. ‘Pero, Padre, ¿cómo voy a rezar por  éste, que hace cosas tan graves?’ – ‘Tiene más necesidad aún. Reza, haz penitencia por el gobernante’. La oración de intercesión  – es tan hermoso esto que dice Pablo – es para todos los reyes, para todos aquellos que están en el poder. ¿Para qué? ‘Para que podamos conducir una vida calma y tranquila’. Cuando el gobernante es libre y puede gobernar en paz, todo el pueblo se beneficia de esto”.

El Papa concluyó pidiendo que se haga un examen de conciencia sobre la oración por los gobernantes:

“Les pido un favor: cada uno de ustedes dedique hoy cinco minutos, no más que eso. Si es un gobernante, pregúntese: ¿‘Yo rezo al que me ha dado el poder a través del pueblo?’. Y si no es gobernante: ¿‘Yo rezo por los gobernantes? Sí, por éste o por aquel sí, porque me gusta; por aquellos, no. ¡Y tienen más necesidad aquellos que éste!’. ¿Rezo por todos los gobernantes? Y si ustedes encuentran, cuando hacen el examen de conciencia para confesarse, que no han rezado por los gobernantes, lleven esto a la confesión. Porque no rezar por los gobernantes es un pecado”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).


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Génova; la misión y la fuerza de la oración. El Papa Francisco

“Dejemos las discusiones de los que solo se escuchan a sí mismos, y trabajemos por la paz”

El Papa en la homilía en la Plaza Kennedy, último acto de la visita pastoral en Génova: «Pongámonos en juego con valentía, convencidos de que hay más alegría en el dar que en el recibir»; que los chismes los hagan los otros y que cada uno haga obras «por el bien común»
REUTERS

La misa de Papa Francisco en Génova

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Pubblicato il 27/05/2017
Ultima modifica il 27/05/2017 alle ore 18:00
DOMENICO AGASSO JR.
ENVIADO A GÉNOVA

Los chismes «dejémoslos a los demás». A los que se pierden en «falsas discusiones», escuchándose solo a sí mismos. Hay que trabajar «por el bien común y por la paz», poniéndose en juego «con valentía, convencidos de que hay más alegría en el dar que en el recibir». Lo afirmó el Papa Francisco hoy, 27 de mayo de 2017, en la homilía que pronunció durante la misa en la Plaza Kennedy de la ciudad de Génova, última cita de su visita pastoral. Además, el Pontífice observó y aconsejó: «Viviendo siempre entre cosas que hacer, podemos inquietarnos por nada. Para no dejarnos sumergir por este “mal del vivir”, recordemos cada día “arrojar el ancla en Dios”: llevémosle los pesos, encomendémosle todo».

 

El obispo de Roma reveló: «El poder de Jesús, la fuerza de Dios. Este tema atraviesa las Lecturas de hoy: en la primera, Jesús dice que los discípulos no deben conocer “tiempos o momentos que el Padre ha reservado a su poder”, pero les promete la “fuerza del Espíritu Santo”; en la segunda Lectura, San Pablo habla sobre la “extraordinaria grandeza de su potencia hacia nosotros” y sobre “la eficacia de su fuerza”». Pero, ¿en qué consiste esta fuerza, «este poder de Dios?», se preguntó el Papa Bergoglio.

 

Cristo dice que es un «poder “en el cielo y sobre la tierra”. Es, antes que nada, el poder de conectar el cielo y la tierra». El poder del Hijo de Dios «no se acabó una vez que subió al cielo; continúa todavía y dura para siempre. De hecho, antes de subir hacia el Padre, Jesús dijo: “Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”». Esta no es solo una forma de decir, «una simple tranquilización, como cuando antes de partir para un largo viaje se le dice a los amigos: “Pensaré en ustedes”. No –puntualizó el Papa. Jesús está verdaderamente con nosotros y para nosotros: en el cielo siempre le muestra al Padre su humanidad, nuestra humanidad, es asó “está siempre vivo para interceder” a nuestro favor».

 

El Pontífice subrayó que esta es «la palabra clave del poder de Jesús: intercesión. Jesús intercede ante el Padre día a día, en cada momento, por nosotros. En cada oración, en cada una de nuestras peticiones de perdón, sobre todo en cada Misa, Jesús interviene: le muestra al Padre los signos de su vida ofrecida, sus llagas, e intercede, obteniendo misericordia para nosotros. Él es nuestro “abogado” y, cuando tenemos alguna “causa” importante, hacemos bien al encomendársela a Jesús, intercede por mí, por esa persona, por esa situación…».

 

El Hijo de Dios también nos ha dado la capacidad para interceder, «a nosotros, a su Iglesia, que tiene el poder y también el deber de interceder, de rezar por todos». Francisco invitó a preguntarse: «¿Yo rezo? Nosotros, como Iglesia, como cristianos, ¿ejercemos este poder llevando a Dios a las personas y las situaciones?». Según el Papa, «el mundo lo necesita. Nosotros mismos lo necesitamos».

 

Efectivamente, en nuestros días, observó, «corremos y trabajamos tanto, nos empeñamos por muchas cosas, pero corremos el peligro de llegar cansados a la noche y con el alma apesumbrada, semejantes a una nave llena de mercancías que después de un viaje fatigoso vuelve al puerto con el único deseo de atracar y apagar las luces». Así, viviendo siempre entre «muchas carreras y cosas que hacer, son podemos perder, encerrarnos en nosotros mismos e inquietarnos por nada». Para no dejarnos sumergir «por este “mal de vivir” –aconsejó el Papa–, recordemos cada día “arrojar el ancla en Dios”: llevémosle los pesos, a las personas y las situaciones, encomendémosle todo». Es justamente esta la fuerza decisiva «de la oración, que conecta el cielo con la tierra, que permite que Dios entre en nuestro tiempo».

 

La oración cristiana «no es una manera para estar un poco más en paz con uno mismo o para encontrar cierta armonía interior; nosotros rezamos para llevarle todo a Dios, para encomendarle el mundo: la oración es intercesión. No es tranquilidad, es caridad. Es pedir, es buscar, es llamar a la puerta».

 

Para Francisco la primera responsabilidad de cada ser humano es «interceder sin cansarnos, porque la oración es la fuerza que saca adelante el mundo; es nuestra misión, una misión que –reconoció– al mismo tiempo cuesta fatigas y da paz».

 

Y es «nuestro poder: no prevalecer o gritar más fuerte, según la lógica de este mundo, sino ejercer la fuerza mansa de la oración, con la que se puede incluso detener las guerras y obtener la paz».

 

El Papa también reflexionó sobre la «segunda palabra clave» que se deduce del Evangelio de hoy: el anuncio. Dios envía «a los suyos a anunciarlo solamente con la potencia del Espíritu Santo». Se trata de «un acto de extrema confianza en los suyos», y de la misma manera «Jesús confía en nosotros, ¡cree en nosotros más de lo que nosotros creamos en nosotros mismos! Nos envía, a pesar de nuestras faltas; sabe que no seremos nunca perfectos y que, si esperáramos volvernos mejores para evangelizar, nunca empezaríamos».

 

Pero después Francisco adviritó: «Para Jesús es importante que superemos inmediatamente una gran imperfección: la cerrazón». Porque la Palabra del Señor no puede ser encerrada ni sigilada, el amor de Dios es «dinámico y quiere alcanzar a todos». Para anunciar, pues, se necesita «andar, salir de sí mismos. Con el Señor no se puede estar quietos, acomodados en el propio mundo o en los recuerdos nostálgicos del pasado; con Él está prohibido mecerse en las seguridades adquiridas». Dios no aprecia las comodidades, «sino que incomoda e impulsa siempre». Desea que los hombres siempre estén «en salida, libres de la tentación de conformarse cuando estamos bien y tenemos todo bajo control».

 

El cristiano, entonces, «no está quieto, sino en camino: con el Señor hacia los otros. Pero el cristiano no es un atleta que corre enloquecido o un conquistador que debe llegar antes que los demás. Es un peregrino, un misionero, un “maratoneta con esperanza”: manso pero decidido a caminar; con confianza y al mismo tiempo activo; creativo pero siempre respetuoso; emprendedor y abierto; laborioso y solidario». Por ello, el Papa exhortó: «¡Recorramos con este estilo las calles del mundo!».

 

Los lugares en los que hay que anunciar a Jesús son «las calles del mundo: es sobre todo allí en donde el Señor espera ser conocido hoy». Quiere que «el anuncio sea llevado con su fuerza; no con la fuerza del mundo, sino con la fuerza límpida y mansa del testimonio alegre».

 

Francisco invocó: «Pidamos al Señor la gracia de no “fosilizarnos” en cuestiones que no son centrales, sino dedicarnos plenamente a la urgencia de la misión». Y exhortó: «Dejemos para los demás los chismes y las falsas discusiones de quienes solo se escuchan a sí mismos, y trabajemos concretamente por el bien común y por la paz; pongámonos en juego, convencidos de que hay más alegría en el dar que en el recibir».


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Venezuela: cómo transcurrió la jornada de oración por el País

Venezuela; la odisea de rezar en un país que precipita

La jornada de oración convocada por los obispos venezolanos movilizó a millones de personas. Pero no fue fácil para muchos fieles, que debieron superar obstáculos como la inseguridad y la falta de transporte para elevar una súplica común por el fin del drama que azota al país
REUTERS

Fieles rezando por Venezuela

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Pubblicato il 22/05/2017
Ultima modifica il 22/05/2017 alle ore 14:40
CARLOS ZAPATA*
CARACAS

Las protestas continúan en las calles de Venezuela. Suman 52 días de marchas y represión. La violencia y el hambre crecen en el país. En medio de la peor crisis de su historia, los obispos convocaron a una Jornada de Oración por la Paz este domingo 21 de mayo. Pero en esta tierra no es fácil ni siquiera elevar plegarias. Por eso, los fieles debieron pasar verdaderas odiseas para llegar a los templos que todavía se encuentran en medio de barricadas.

 

Son tiempos atípicos. Pero no impidieron que millones respondieran a la convocatoria de la Conferencia Episcopal. Pudo más la sed de consuelo y oración. Las iglesias lucieron abarrotadas. Rostros emotivos, lágrimas y espontáneos cantos de fragmentos del himno nacional de rodillas, en el momento de la consagración.

 

La jornada se desarrolló de forma diferente según cada región. En algunas, con pocos actos externos. En otras, con grandes altares en plazas, acompañados de procesiones y cantos al mejor estilo de las nutridas romerías de Semana Santa. Encendió la nostalgia de la lectura de los nombres de los casi cincuenta muertos en las últimas semanas de protestas, cual letanías de un conmovedor rosario.

 

El denominador común fue la exposición del santísimo. Regiones fronterizas como Táchira o céntricas como Chacao y Los Teques, en Miranda, se convirtieron en centros de adoración perpetua. Otras tuvieron apenas breves momentos de reflexión durante las misas, con prácticas silenciosas y pocos signos externos, por razones de seguridad.

 

El rezo del rosario en las comunidades es ya una de las prácticas más comunes en medio de la crisis. Ni bien cae la tarde, vecinos se congregan en sus barrios y urbanizaciones para orar. La súplica coincide: todos piden por Venezuela. La mayoría ruega por justicia y libertad. Otros agregan perdón y reconciliación. Anhelan un cambio urgente en una nación cuyas calles lucen desoladas, con trancas, residuos de hollín producto de la quema del caucho, cartuchos de perdigones y múltiples huellas de la represión.

 

Este domingo fue distinto. Mientras muchos asistían a misa, pequeños grupos de muchachos jugaban fútbol en las calles, en las cercanías de las barricadas con los que se protegen de motorizados armados y la acción represiva de agentes del orden público. Los choques violentos no tienen horario, pero la oscuridad es cómplice de los grupos paramilitares (los “colectivos”). Arrecian con robos disparos, saqueos y destrozos en comercios.

 

Durante la semana las actividades varían, pero distan mucho de la “normalidad”. Por la mañana suelen haber concentraciones o marchas. Pocos locales abren y, quienes lo hacen, cierran al mediodía. Cada tarde comienza un no anunciado toque de queda. En regiones como San Cristóbal (en la frontera con Colombia) la situación se agudiza, por el paro de transporte y largas colas en las pocas estaciones de servicio que surten gasolina.

 

La capital de Táchira se mantiene sitiada. Allí el gobierno aplica la segunda fase del plan Zamora, que incluye la movilización de dos mil funcionarios de la fuerza armada nacional. Ahí mismo, también tuvo lugar la jornada de oración y ayuno organizada por los obispos. En sus templos se leyó la más reciente exhortación episcopal, que rechazó por “innecesaria y peligrosa” la propuesta del presidente Nicolás Maduro de reformar la Constitución con una Asamblea comunal.

 

En la plaza Bolívar de Chacao, el municipio donde fuera alcalde Leopoldo López (uno de los presos políticos más conocidos del país) se llevó a cabo un Rosario por la Paz de Venezuela. En la diócesis de Los Teques, todas las comunidades parroquiales reportaron nutridas asistencias. Por decenas se contaron las horas santas por la paz, los altares fueron ataviados con banderas del país y las oraciones siguieron las líneas indicadas por el cardenal Jorge Urosa Savino, arzobispo de Caracas.

 

En la catedral de esa ciudad se hicieron dos minervas con el Santísimo Sacramento y se renovó la consagración de Venezuela al Santísimo Sacramento, otro punto común en la mayoría de los templos de la nación.

 

En los Altos Mirandinos “se agravó la situación. No hay gasolina y comienza a escasear fuertemente la comida. Por la geografía, es más difícil movilizarse. Regresar a la residencia del obispo es una hazaña. Todas las reuniones están suspendidas”, contó a Vatican Insider el obispo auxiliar de Caracas, Jesús González de Zárate. Mientras, en San Antonio de los Altos, “un muro con bloques superpuestos en la Panamericana afectó el normal tránsito de las personas. El movimiento ‘Resistencia’ ha dicho que no cederán hasta que Maduro se vaya”, agregó.

 

Este lunes 22 se realizará otra marcha nacional, esta vez “por la salud de Venezuela”. Se exigirá la urgente apertura de un canal humanitario, principal petición de los obispos al recibir una comitiva presidencial el pasado viernes 19 de mayo en la sede de la Conferencia Episcopal.

 

La jornada de este domingo permitió renovar la consagración del país al santísimo sacramento, que hiciera por primera vez Juan Bautista Castro, el 2 de julio de 1899. El octavo arzobispo de Caracas se convertiría en padre fundador de la Congregación Siervas del Santísimo Sacramento y su legado alimenta hoy la esperanza del pueblo venezolano que, como en tiempos del “limosnero del señor”, se arrodilla ante Dios para suplicar un nuevo milagro.

 

* Periodista y ex editor del Diario Católico de Venezuela


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Oración con el Papa por los cristianos perseguidos.

El Video del Papa con la intención del mes de marzo: “Ayudar a los cristianos perseguidos”

(RV).- La Red Mundial de Oración del Papa publicó “El Video del Papa” con la intención de oración del Santo Padre para el mes de marzo, en el que invita a los católicos a rezar por los cristianos perseguidos.

Durante todo el mes de marzo de 2017, cuyo inicio coincide este año con el comienzo de la Cuaresma, el Obispo de Roma nos pide que, “recemos por nuestros hermanos y hermanas perseguidos, para que sientan el apoyo de toda la Iglesia, a través de la oración y de la ayuda material”.

Escuchemos el comentario del Papa Francisco a la intención de oración para este mes en “El Video del Papa”:

Ayudar a los cristianos perseguidos

“¡Cuántas personas son perseguidas por motivo de su fe, obligadas a abandonar sus casas, sus lugares de culto, sus tierras, sus afectos!

Son perseguidos y ejecutados por ser cristianos, sin que los persecutores hagan distinción entre las confesiones a las que pertenecen.

Les hago una pregunta, ¿cuántos de ustedes rezan por los cristianos que son perseguidos?

Anímense a hacerlo conmigo para que experimenten el apoyo de todas las Iglesias y comunidades, por medio de la oración y de la ayuda material”.

Además, el Apostolado de la Oración informa que es posible descargar en el móvil la aplicación ‘Click To Pray’, para conectarse con más facilidad con el Papa en la oración por los grandes desafíos de la humanidad.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)