Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Nuevos santos, beatos y siervos de Dios.

Un nuevo santo español para la Iglesia universal y 109 mártires españoles, entre los Decretos autorizados por el Papa

2016-12-23 Radio Vaticana

(RV).- Fueron 8 los Decretos que el Papa Francisco autorizó a promulgar a la Congregación  para las Causas de los Santos, el 21 de diciembre de 2016. Dos se refieren a milagros, uno a martirio y cinco a virtudes heroicas.

En lo que respecta a los milagros, uno es el que se atribuye a la intercesión del Beato Faustino Míguez, sacerdote profeso de la Orden de los Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías (Esculapios), Fundador de la Congregación de las Hermanas Calasancias Hijas de la Divina Pastora.

Y en lo que respecta al martirio, se trata de los Siervos de Dios Mateo Casals, sacerdote profeso, Teófilo Casajús, Escolástico profeso, Fernando Saperas, hermano profeso, y 106 compañeros de la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de la Virgen María; asesinados por odio a la fe durante la guerra civil en España entre 1936 y 1937.

Faustino Míguez, el futuro santo español, nació el 24 de marzo de 1831 y murió el 8 de marzo de 1925.  El 25 de Octubre de 1998, fue beatificado por el Papa San Juan Pablo II en Roma, que dijo de él: «renunciando a sus propias ambiciones, siguió a Jesús Maestro y consagró su vida a la enseñanza de la infancia y la juventud, al estilo de San José de Calasanz. Como educador, su meta fue la formación integral de la persona. Como sacerdote, buscó sin descanso la santidad de las almas. Como científico, quiso paliar la enfermedad liberando a la humanidad que sufre en el cuerpo. En la escuela y en la calle, en el confesionario y en el laboratorio, el P. Faustino Míguez fue siempre trasparencia de Cristo que acoge, perdona y ama».

La Congregación de Hijas de la Divina Pastora, siguiendo el carisma del P. Faustino Míguez, está dedicada a la educación integral de la infancia y juventud y a la promoción de la mujer. Actualmente está presente en España, India, Chile, Argentina, Uruguay, Colombia, Nicaragua, Ecuador, Guinea Ecuatorial y Camerún.

El segundo milagro es el atribuido a la intercesión de la Venerable Sierva de Dios Leopoldina Naudet, italiana. (1773-1834) fundadora de la congregación de las Hermanas de la Sagrada Familia

También entre los Decretos referidos a virtudes heroicas hay dos españoles.

Se trata de los Siervos de Dios:

María Rafaela del Sagrado Corazón de Jesús (en el siglo Sebastiana Lladó y Sala), (1814-1899)  fundadora de la Congregación de los Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús y María

Y de Isidoro Zorzano Ledesma, (1902-1943) laico, de la Prelatura Personal de la Santa Cruz y del Opus Dei.

Los otros tres son uno de Francia y dos de Italia:

Jean-Baptiste Fouque,  francés, (1851- 1926), sacerdote diocesano.

Y los italianos son:

Lorenzo del Espíritu Santo (en el siglo Egidio Marcelli), (1874-1953)  religioso profeso de la Congregación de la Pasión de Jesucristo.

Y Clelia Merloni, (1861-1930)  fundadora del Instituto de  las Apóstoles del Sagrado Corazón de Jesús.

(CdM – RV)

(from Vatican Radio)


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Charles de Foucauld y sus seguidores hoy.

Charles de Foucauld y el “misterio de Nazaret”

A cien años de la muerte, la vida del «pequeño hermano universal» desde su nacimiento hasta la conversión, desde la experiencia en la Trapa hasta los tuareg del desierto. Hablan Fraccaro y Sequeri
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Charles de Foucauld y el “misterio de Nazaret”

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Pubblicato il 29/11/2016
Ultima modifica il 29/11/2016 alle ore 15:54
CRISTINA UGOCIONI
MILÁN

El jueves primero de diciembre se cumple el primer centenario de la muerte del beato Charles de Foucauld, figura fundamental de la espiritualidad cristiana reciente, un hombre que —dijo Papa Francisco— «tal vez como pocos otros intuyó el alcance de la espiritualidad que emana de Nazaret»; un hombre cuyo carisma —observó el teólogo Pierangelo Sequeri– «fue donado y destinado, anticipadamente, para este tiempo de la Iglesia».El oficial, el explorador

Charles de Foucauld nació en Estrasburgo, Francia, el 15 de septiembre de 1858. Durante la adolescencia sufrió la influencia del escepticismo religioso y del positivismo científico que caracterizaban su época; escribió, refiriéndose a esa época: «desde la edad de 15 o 16 años toda la fe había desaparecido en mí». Entró a la escuela militar y se convirtió en oficial. Due enviado con su regimiento a Argelia. En 1882 abandonó el ejército y emprendió un viaje de exploración que lo condujo primero a Marruecos y después al desierto argelino y tunecino.

«¡Dios mío, haz que yo Te conozca!»

Volvió al seno familiar parisino, en 1886, con la intención de preparar un texto sobre sus descubrimientos: fue un tiempo decisivo para su conversión. Escribió: «He iniciado a ir a la iglesia, sin ser creyente, pasaba largas horas repitiendo una extraña oración: “¡Dios mío, si existes, haz que yo Te conozca!”». Su conversión, acompañada por el abad Henry Huvelin, fue en octubre de ese mismo año: «Apenas creí que había un Dios, comprendí que no podía más que vivir para Él»

Jesús, obrero de Nazaret

Hizo inmediatamente un largo peregrinaje a la Tierra Santa, durante el que anotó: «Deseo conducir la vida que he entrevisto y percibido al caminar pos las calles de Nazaret, en donde Nuestro Señor, pobre artesano perdido en la humildad y en la oscuridad, apoyó los pies». Dirigiéndose a Jesús, escribió: «¡Cuán fértil en ejemplos y lecciones es esta vida de Nazaret! ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Qué bueno fuste al habernos dado esta instrucción durante 30 años!».

Al volver a su patria entró a la Trapa Notre-Dame des Neiges y después due enviado a la Trama de Akbés, en Siria. Pero se dio cuenta de que en la Trama no es posible «conducir la vida de pobreza, de abyección, de desapego efectivo, de humildad, diría incluso de recogimiento de Nuestro Señor en Nazaret». Un episodio significativo que vivió en ese tiempo: «Una semana me mandaron a rezar un poco al lado de un pobre obrero del lugar, católico, que murió en la fracción de al lado: ¡qué diferencia entre esta casa y nuestras habitaciones! Yo anhelo Nazaret».

La misma vida de Nuestro Señor

Al darse cuenta de que «ninguna congregación de la Iglesia da la posibilidad de conducir hoy y co Él esta vida que Él condujo de esta manera», se preguntaba si «no era hora de buscar a algunas almas con las cuales […] formar un inicio de pequeña Congregación de este tipo: el objetivo sería el de conducir cuanto lo más exactamente posible la misma vida de Nuestro Señor, viviendo únicamente del trabajo de las manos, sin aceptar ningún don espontáneo ni oblación, y siguiendo al pie de la letra todos sus consejos, sin poseer nada, privándonos de lo más posible, antes que nada para conformarnos a Nuestro Señor y después para darle lo más posible en la persona de los pobres. Añadir a este trabajo muchas oraciones».

Nazaret es la vida de Jesús, no simplemente su prefacio

Surgió algo conscientemente inédito en la geografía religiosa, observó Sequeri en el volumen «Charles de Foucauld. El Evangelio viene de Nazaret» (Vita e Pensiero): «La novedad de la intuición se da, en primer lugar, por la neta referencia cristológica de la imitación/secuela de Nuestro Señor Jesús: “la misma vida de Nuestro Señor” Jesús, es decir “la existencia humilde y oscura de Dios, obrero de Nazaret”». En otras palabras: «Nazaret no es el “prólogo” de la vida pública, el simple momento “preparatorio” de la misión, ni la forma de una “pre-evangelización” que ofrece un genérico compartir y un anónimo testimonio […] Nazaret es la vida de Jesús, no simplemente su prefacio. Es la misión redentora en acto, no su mera condición histórica. Nazaret es el trabajo, la cercanía, la proximidad doméstica del Hijo que se nutre durante largos años de lo que le importa al “abba-Dios” (“¿No sabían que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?”, Lc. 2, 49). ¿De dónde podría partir una nueva evangelización sin detenerse por todo el tiempo necesario en el fundamento en el que Dios la puso para el Hijo mismo?».

La lectura de los Evangelios

En 1897, el hermano Charles deja la Trapa y se muda a Nazaret, en donde vivió durante 3 años, en una casita en el monasterio de las clarissa. Marcaban sus días el trabajo, la adoración silenciosa de la Eucaristía y la lectura de los Evangelios. «De Foucauld desea vivir imitando a Jesús, “obrero de Nazaret”: y para hacerlo decide encomendarse a los Evangelios, que lee cotidianamente y sobre los que medita por escrito», cuenta Antonella Fraccaro, religiosa de las Discípulas del Evangelio (Instituto religioso que forma parte de la Asociación de Familias Espirituales Charles de Foucauld) y autora del volumen «Charles de Foucauld y los Evangelios». «Sus meditaciones —algunos miles de páginas— tienen un corte intimista y auto referencial; sacan a la luz sobre todo el vínculo intenso y afectuoso que Foucauld vive con el Señor. En el centro de las meditaciones no está su autor, sino la persona de Jesús y Su estilo, que debe ser asimilado día a día con Su gracia. Los motivos que inspiran la lectura de los Evangelios se expresan en un breve texto, muy significativo, escrito en una pequeño papel utilizado como separador. Anotó el hermano Charles dirigiéndose a Jesús: “Leo: 1o) para darte una prueba de amor, para imitarte, para obedecerte; 2o) para aprender a amarte mejor, para aprender a imitarte mejor, para aprender a obedecerte mejor; 3o) para poder hacer que los otros te amen, para poder hacer que los demás te imiten, para poder hacer que los demás te obedezcan”».

Con el pueblo del desierto

Durante el tiempo que pasó en Nazaret maduró en su interior la vocación al sacerdocio: fue ordenado en 1901 en Francia, y al año siguiente se estableció en Beni Abbès, en la parte argelina del Sahara, «entre las ovejas más perdidas, entre las más abandonadas». En esos días escribió: «De las 4.30 de la mañana a las 20.30 de la noche, no dejo de hablar, de ver gente: esclavos, pobres, enfermos, soldados, viajeros, curiosos […] Quiero que se acostumbren todos los habitantes de la tierra a considerarme un hermano, el hermano universal». En 1905 decidió dirigirse hacia el sur, entre los Tuareg, a Tamanrasset, en donde no hay «ni guarniciones, ni telégrafos, ni europeos».

La belleza doméstica de la radicación evangélica

La Nazaret que Charles anhelaba no estaba en la Trapa sino en el desierto. Sequieri comenta al respecto: «El punto no es tanto el de la dureza de la ascesis sino el de una imitación “real” de Nazaret: que tiene que encontrar las condiciones del propio rigor en la normalidad del contexto en el que las condiciones ya están dadas y no son artificialmente buscadas o reconstruidas religiosamente. En esas condiciones, efectivamente, el “pequeño hermano universal” se radica como su “bien amado hermano Jesús”, porque los hombres y las mujeres ya se han radicado: porque son la vida cotidiana, el horizonte de su mirada sobre el mundo». El rigor de esta “inhabitación” incluye «un principio de simplificación y un criterio de afinidad que liberan la singular belleza doméstica de la radicación evangélica».

Hermano y familiar de los Tuareg

Charles fue pródigamente generoso con sus Tuareg. «Quiso vencer las desconfianzas, conquistar su confianza, fraternizar, volverse un familiar; quiso hacer que conocieran la bondad de Jesús», dice Fraccaro. «Su tiempo estaba dividido entre la oración, las relaciones con los indígenas, a los que ayudaba y apoyaba de diferentes maneras, y los estudios de la lengua tuareg: redactó incluso un diccionario tuareg-francés. En las cartas a sus amigos lejanos les pedía que rezaran por estas almas abandonadas, y también por él: “Récenle para que yo haga lo que quiere de mí para ellos, porque yo soy el único, desgraciadamente, que me ocupo de ellos por Su parte y para Él».

La presencia eucarística

Los gestos de atención, la tenaz dedicación a los hombres y a las mujeres del desierto, conviven con una total relación/conversación con el Señor presente en la Eucaristía. Foucauld lo llevó entre quienes no lo conocían porque también ellos son “suyos”. Es una presencia, una bendición que todos perciben, todos sienten la oración y las palabras que la habitan, todos intuyen el vínculo especial al que da vida. La presencia eucarística del Señor condensa en sí la palabra y el gesto cristiano menos “anónimos” que existan (Sequeri).

Si el grano de trigo no muere

Charles de Foucauld murió el primero de diciembre de 1916, en Tamanrasset. Lo golpeó una bala durante una escaramuza provocada por las tropas rebeldes del Sahara. Él, que desde 1893 hasta el final de su vida se aplicó a la redacción de «Reglas» para estar agregaciones que tanto había deseado, murió solo. En las décadas siguientes, nacieron muchas familias de religiosos, religiosas, sacerdotes y laicos que se inspiran en él: en la actualidad son veinte y tienen presencia en todo el mundo. Reunidas en la Asociación de Familias Espirituales Charles de Foucauld, incluyen a alrededor de 13 mil personas. «En su diversidad —concluye Fraccaro– estas familias tienen rasgos comunes: la radicación en los contextos de la existencia ordinaria, la vida en pequeñas comunidades unidas por un espíritu fraterno, la meditación de la Palabra de Dios, la dedicación a las almas que más sufren y más abandonadas. El grano de trigo, muriendo, ha dado fruto, justamente como De Foucauld –tan vinculado a este versículo del Evangelio de Juan (12, 24)— esperaba que sucediera».


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El cura gaucho, José Brochero a los altares.

Argentina

UN SANTO POR ENCIMA DE LA “GRIETA” ARGENTINA. Comienza en Roma la “semana brocheriana” y el domingo el “cura gaucho” será canonizado. Entrevista al postulador Olivera

El postulador de la canonización, monseñor Santiago Olivera. En el recuadro la imagen clásica del Cura Gaucho a lomo de mula

El postulador de la canonización, monseñor Santiago Olivera. En el recuadro la imagen clásica del Cura Gaucho a lomo de mula

Argentina vive tiempos de polarización social. Un ambiente enrarecido por la “grieta”, una división invisible entre bandos políticos. Pero también celebra, en este 2016, el Bicentenario de su independencia. En ese contexto, el país tendrá su primer santo “autóctono”. Un sacerdote del pueblo, un pastor “con olor a oveja”. El “cura gaucho” José Gabriel Brochero. El postulador de su causa de canonización y obispo de Cruz del Eje, Santiago Olivera, aseguró que su figura es vigente porque habla de la “cultura del encuentro” y jamás “sembró grietas”, ni siquiera con los políticos “comecuras”.

Brochero nació el 16 de marzo de 1840 en Villa Santa Rosa del Río Primer, en la céntrica provincia argentina de Córdoba. Será elevado al honor de los altares por el Papa Francisco el próximo domingo 16 de octubre en la Plaza de San Pedro. Una misa en la cual se espera la presencia de más de mil fieles argentinos y unos 35 obispos de todo el país. Un evento que será seguido –en directo- por decenas de miles en la provincia de Córdoba y en otras latitudes del territorio argentino.

“Era un pastor comprometido con su gente y con su tiempo, un cura salidor, que iba a las periferias. Murió hace 102 años, sin embargo es muy actual. Cuando el Papa habla sobre el sacerdocio todo lo que dice fue vivido por él un siglo atrás. Era un hombre que hablaba con todos, que no tenía grietas, los consideraba amigos, incluso a los anticlericales los iba a buscar, trataba de acercarlos”, explicó Olivera en entrevista con  Vatican Insider.

Como sacerdote –recordó-, él se preocupó por el desarrollo de su pueblo, impulsó la construcción de escuelas, acueductos y caminos. Incluso alentaba a los habitantes de sus tierras a explotar turísticamente los paisajes de la zona. Tanto aprecio suscitó su labor que pocos días después de su muerte, el 26 de enero de 1914, un diario local lo describió con unas significativas palabras: “Supo armonizar una vida honrada como hombre digno, sacerdote entusiasta pero como mejor ciudadano”.

Con una anécdota, Olivera describió su gran sentido del humor, “como todo buen cordobés”. Recordó que en su época había un jefe político muy anticlerical y él lo fue a ver. Aunque no lo dejaban pasar él se metió a la fuerza y ante el personaje exclamó: “Me dicen que usted es ‘come curas’: Pero a mi no me va a comer porque ¡soy muy feo!”. Al final terminó trabando una amistad con ese político.

“Para nosotros (los argentinos), que estamos celebrando los 200 años de independencia, es un modelo. No marcaba para nada la grieta y para él todos eran amigos, así les decía”, insistió el obispo de Cruz del Eje.

Con motivo de la canonización, a partir del 12 de octubre próximo se vivirá en Roma una “semana brocheriana” que comenzará ese mismo miércoles con la proyección de un documental sobre el cura en la Casa de Cultura Argentina, ubicada a pocos pasos de la céntrica Piazza Barberini. El material fue producido por la Radio y Televisión Italiana RAI.

Un día después está prevista una “cantata brocheriana” en la iglesia nacional argentina y el viernes 14 habrá una jornada de reflexión sobre su figura en el Colegio Romano. El sábado 15, a las 16:30 horas, se celebrará una misa en la Basílica Santa María La Mayor y más tarde está prevista una vigilia en la misma iglesia argentina, en espera de la canonización del domingo 16 por la mañana en el Vaticano. El lunes el cardenal primado del país y arzobispo de Buenos Aires, Mario Aurelio Poli, presidirá una misa de acción de gracias con obispos y feligreses en la Basílica de San Pedro. En esa oportunidad se espera un saludo especial del Papa, pero aún no está confirmado.

Durante la canonización, Brochero volverá a montar a mula. O al menos una parte de él. Según lo previsto, el relicario que será presentado a Francisco en la ceremonia y que contendrá un trozo del hueso de su mano, tendrá forma del animal con el cual el cura solía recorrer decenas de kilómetros en su zona de evangelización. Ese precioso relicario será entregado al pontífice por los niños de los milagros, cuyas curaciones inexplicables permitieron que el sacerdote pueda ser reconocido como beato primero y, ahora, como santo.

Se trata de Nicolás y Camila. El primero, un joven oriundo de Córdoba víctima de un accidente de tránsito, hoy está totalmente recuperado. La segunda es una niña con una historia desgarradora. Salvajemente golpeada por su padrastro, llegó al hospital al borde de la muerte. Pero sus abuelos, Marina y Raúl, hicieron una novena a Brochero gracias a una estatuilla que recibieron desde la localidad de Mina Clavero. Y el cura intercedió por ese milagro. Ambas familias estarán en Roma, y podrán conocer al Papa argentino.


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Brasil: un joven surfista camino de los altares.

AS ONDAS PROFUNDAS DO SANTO SURFISTA. Partiu para Roma a documentação sobre um possível caso de santidade a respeito de um jovem brasileiro amante do surf

Guido Schäffer sobre sua prancha

Guido Schäffer sobre sua prancha

Das ondas mágicas de Copacabana aos altares. O primeiro degrau escalado pelo brasileiro Guido Schäffer, conhecido popularmente como o “santo surfista”, aconteceu no final de agosto, quando a Arquidiocese do Rio de Janeiro finalizou seu trabalho e enviou toda a documentação – mais de 20 mil páginas – para o Vaticano. Se o milagre submetido à comissão médica for comprovado, a beatificação será concretizada. Um segundo milagre o colocaria no clube ainda mais restrito dos santos católicos.

Guido Schäffer era um jovem de classe média alta da Zona Sul do Rio de Janeiro, formado em medicina e que adorava surfar. Em 2000, Guido surpreendeu sua família quando, depois de uma viagem com seus pais ao santuário de Fátima, em Portugal, e da leitura do livro O irmão de Assis, de Ignacio Larrañaga, revelou que queria ser padre. Determinado, entrou no seminário. Mas nunca deixou de ir à praia com os amigos para praticar o surfe.

“Ele sempre dizia que o ambiente ideal para se encontrar com Deus era na água, onde ele podia agradecer a grandiosidade do oceano e a sua beleza”, conta Maria Nazareth, a mãe de Guido Schäffer, conhecido como o “santo surfista”.  “O mar, para ele, representava a imensidão do amor de Deus. Guido não conseguia ver limites nesse amor. O mar era um lugar de profunda intimidade com Deus”, completa seu amigo padre Jorjão, da igreja Nossa Senhora da Paz, em Ipanema, e autor do livro Guido — Mensageiro do Espírito Santo (Ed. Casa da Palavra, 2015).

A partir da entrada de Guido no seminário, amigos e familiares ficavam surpresos com a forma com que ele se relacionava com os jovens e como orientava pessoas com qualquer tipo de problema. “O Guido era um jet-ski da fé porque ele nos puxava para entrar nas ‘ondas maiores, mais profundas’. Ele ia carregando para onde fosse necessário: se era um doente perdido, ele levava a pessoa a se recuperar. Se fosse uma pessoa da Igreja, ele fazia ela orar mais. Ele ia carregando com aquela energia que ele tinha, e era uma energia muito grande”, conta seu irmão Maurício Schäffer.

E padre Jorjão destaca como ele se entregava aos mais necessitados, doando as próprias roupas, se necessário. “Ele mostrava que a santidade é possível no mundo de hoje a qualquer pessoa. Ele tinha traços de liderança e uma grande preocupação social, tanto que fundou um grupo de oração com os jovens da paróquia”. O grupo se chamava Fogo do Espírito.

O surfista também passou a trabalhar com as irmãs Missionárias da Caridade, ordem criada por Madre Tereza de Calcutá, onde oferecia seus conhecimentos médicos. Em maio de 2009, porém, Guido estava surfando com os amigos na Barra da Tijuca, no Rio de Janeiro, quando sofreu um acidente e bateu com a cabeça na prancha. Ele desmaiou e se afogou, aos 34 anos.

Após a sua morte, a fama do “santo surfista” começou a chamar a atenção. Na missa de corpo presente, a Paróquia de Nossa Senhora de Copacabana recebeu uma multidão que veio se despedir. “Até ali não tínhamos a dimensão do que ele havia feito. Na fila de cumprimentos, várias pessoas vinham agradecer por sua ajuda por livrá-las da depressão, do alcoolismo e de outros vícios”, lembra a irmã de Guido, a advogada Angela Isnard, 45 anos. Nos meses seguintes, o túmulo do médico-seminarista, no Cemitério São João Batista, passou a ser ponto de romaria de devotos, que deixavam flores e placas em reconhecimento às graças alcançadas. O ritual se repete até hoje na Igreja Nossa Senhora da Paz, em Ipanema, para onde seus restos mortais foram transferidos em janeiro do ano passado.

A partir do clamor popular, uma carta assinada por d. Orani inaugurou o processo de beatificação, em janeiro de 2015. O processo de Guido encontra-se na fase de conclusão dos relatos que embasem a trajetória iluminada e virtudes heroicas. Em 2014, a Santa Sé já havia dado o nihil obstat (nenhuma objeção, em latim) e Guido foi intitulado Servo de Deus, o primeiro estágio do processo. A Arquidiocese do Rio já coletou depoimentos sobre as possíveis graças do seminarista. Segundo o coordenador da Comissão Histórica do Processo de Beatificação, d. Roberto Lopes, foram ouvidas trinta testemunhas, entre colegas de trabalho, surfistas e seminaristas. “O processo está ocorrendo de forma muito rápida pois, como a morte de Guido é recente, é mais fácil verificar documentos e encontrar pessoas que conviveram com ele”, disse o bispo à revista brasileira IstoÉ.

Em 1º de maio desse ano, d. Orani celebrou uma missa no posto 11 da Praia do Recreio, próximo ao local onde Guido morreu. A celebração coincidia também com o momento em que a fase do processo de canonização de Guido, a cargo da Cúria do Rio, chegava à reta final.

Em junho desse ano, os peritos analisaram a papelada – mais de 20 mil páginas de documentos e depoimentos que indicam sua santidade – e, no final de agosto, a documentação seguiu para o Vaticano. Agora, uma vez comprovado um milagre, ocorrerá a beatificação. Comprovado o segundo milagre, poderá ser declarado santo.

Testemunhos e relatos de milagres. Histórias de testemunhos de cura, intercessões em momentos críticos e realizações de pedidos não faltam.

A vida do cardiologista Bernardo Amorim, de 46 anos, mudou drasticamente em 2015. Vítima de uma doença nervosa que o deixou com o corpo todo paralisado, ele começou uma árdua batalha para restabelecer os movimentos. A mãe Eliana Amorim chegou a ouvir dos médicos que o filho só voltaria a andar em aproximadamente seis meses e que o exercício da medicina ficaria comprometido. Porém, o inesperado os surpreendeu. “Antes mesmo de sair do hospital ele já conseguia ficar em pé e dar alguns passos”, conta a mãe em entrevista à revista brasileira IstoÉ. “Hoje, quase um ano depois, Bernardo trabalha e dirige.” Foi para o “santo surfista” que Eliana pediu quando se deparou com a situação do filho. “Orei ao Guido, disse que Bernardo amava a medicina e pedi que ele pudesse voltar a trabalhar”, diz a mãe. “Depois da morte de Guido Schäffer, médicos, seminaristas e amigos começaram a comentar que ele deveria ser reconhecido como exemplo de vida cristã”, disse à ISTOÉ o cardeal d. Orani João Tempesta, arcebispo do Rio de Janeiro. “Era uma pessoa que trabalhou como médico e atuou de forma próxima dos pobres e doentes.”

Já a funcionária pública Juliana Gomes de Almeida, 37 anos, não conseguia engravidar. Guido a aconselhou que procurasse um grupo de mulheres com o mesmo problema. Mesmo depois de sua morte, o grupo de orações não se desfez. “Fiz um tratamento delicado e, de repente, o médico disse que estava grávida”, diz Juliana. “Tenho certeza que foi uma graça do Guido, o próprio médico ficou muito impressionado.”, contou à IstoÉ.

No livro escrito por padre Jorjão também há um episódio em que Guido, já formado em medicina, socorreu um morador de rua. Ele passou três horas conversando e tratando um abscesso que o homem tinha na cabeça. Ao final, o mendigo agradeceu dizendo: “Bendita pedrada! Foi preciso acontecer isso para conhecer Jesus!”

Diante de tudo isso, d. Orani ressaltou na homília da missa de maio que “a santidade consiste em deixar-se conduzir pelo Espírito Santo e colocar-se concretamente à disposição para que as maravilhas aconteçam. E Guido já tinha essa experiência ainda em vida, como mostram os testemunhos daqueles que conviveram com ele”.

Já Maria Nazareth concluiu: “O processo de beatificação de um filho é para os pais uma grande graça, consolação e alegria espiritual. Espero que seja bem sucedido e, assim, as maravilhas que Deus fez em Guido e através dele possam ajudar a levar mais pessoas para Cristo, como era o seu desejo”.


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La Madre Teresa y el pontificado de Papa Francisco.

Así eligen sus símbolos los Pontífices

La Madre Teresa es emblemática para el Pontificado de Francisco, como lo fueron, por ejemplo, los santos mártires ugandeses proclamados por Pablo VI o las canonizaciones de Josemaría Escrivá de Balaguer y Santa Faustina Kowalska para Juan Pablo II
LAPRESSE

Papa Francisco durante la canonización de la Madre Teresa

05/09/2016
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO
Durante los últimos 50 años los Papas han proclamado un centenar de nuevos santos y beatos, y son figuras muy diferentes entre sí. Algunos de ellos han representado más que otros un punto de referencia y una síntesis eficaz del mensaje del Pontífice que los elevó a los altares. No hay duda de que la Madre Teresa de Calcuta es emblemática para el Pontificado de Francisco, como lo fueron, por ejemplo, los santos mártires ugandeses proclamados por Pablo VI o las canonizaciones de Josemaría Escrivá de Balaguer y de Santa Faustina Kowalska para el Pontificado de Juan Pablo II.La pequeña monja albanesa, una santa «tan cercana a nosotros» y «tan tierna» a la que, «espontáneamente seguiremos llamando Madre Teresa», como dijo ayer Bergoglio, pasó su vida ocupándose concretamente de los pobres. Defendió y acogió la vida humana, la vida que todavía no ha nacido y la vida abandonada y descartada. «Hizo que los potentes de la tierra escucharan su voz, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes de la pobreza creada por ellos mismos», recordó Francisco, quien definió a la Madre Teresa como «una infatigable agente de misericordia». Una mujer que nos ayuda a comprender que el único criterio para la acción de los cristianos es «el amor gratuito, libre de cualquier ideología y de cualquier vínculo que se derrama sobre todos sin distinción de lengua, cultura, raza o religión».

Es el mismo mensaje que Francisco está tratando de transmitir. La Madre Teresa no fundó una ong, gastó su vida ayudando concretamente a los pobres, porque vivía simplemente el Evangelio sacando su fuerza de la oración. No hizo proselitismo, no imploró modelos occidentales, cuidó a los moribundos ayudándolos a morir con dignidad, los acogió y se ocupó de ellos con amor. Siempre tuvo que superar las perplejidades de los obispos hindúes. Pero la defendieron primero Papa Montini y después Juan Pablo II.

«Hay un solo Dios, y es Dios para todos —escribió la nueva santa. Por ello es importante que cada uno se muestre igual frente a Él. Siempre he dicho que debemos ayudar a los hindúes a ser hindúes mejores, a los musulmanes a ser mejores musulmanes y a los católicos a ser mejores católicos. Creemos que nuestro trabajo debe ser un ejemplo para la gente».

Habló y negoció con todos, desde Ronald Regan hasta Fidel Castro, pasando por los comunistas chinos, para pedirles simplemente que la dejaran ayudar a los que sufren. Ofreció el testimonio de que el amor por los pobres es esencial para la fe cristiana. No es «comunismo» o «pauperismo», como creen ciertas “buenas conciencias” (incluso entre los católicos), ocupados cotidianamente con e tiro al blanco contra el Papa argentino. La Madre Teresa fue un instrumento de paz y de reconciliación más allá de las diferencias de fe, de raza, de cultura y de estado social. Si estuviera viva en la actualidad, seguramente estaría en Lesbos o en Lampedusa, cuidando las heridas de los migrantes y refugiados. O distribuyendo cobijas entre los «sin techo» de Roma.

La versión en italiano de este artículo fue publicada hoy en la edición del periódico «La Stampa».


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Canonización de Teresa de Calcuta. Homilía del Papa

Homilía del Papa Francisco en la Santa Misa con Rito de Canonización de la Madre Teresa de Calcuta

2016-09-04 Radio Vaticana

(RV).- “Hoy entrego esta emblemática figura de mujer y de consagrada a todo el mundo del voluntariado: que ella sea su modelo de santidad”. Palabras elocuentes, las del Sucesor de Pedro, en la homilía de la Santa Misa con el rito de Canonización de la Madre Teresa de Calcuta, en la conclusión del Jubileo del Voluntariado y de los Operarios de Misericordia, llevada a cabo en una plaza de san Pedro repleta de fieles y peregrinos provenientes de cada rincón del mundo.

El Santo Padre desarrolló su homilía reflexionando a partir del interrogante del libro de la Sabiduría «¿Quién comprende lo que Dios quiere?». Un interrogante que presenta nuestra vida como un misterio, cuya clave de interpretación no poseemos, dijo, pero cuya respuesta encontramos en el mismo texto: para reconocer la llamada de Dios, debemos preguntarnos y comprender qué es lo que le gusta. Lo que a su vez se puede sintetizar en la expresión del Evangelio de Mateo: «Misericordia quiero y no sacrificios» (Mt 9,13).

El pontífice explicó que a Dios le agrada toda obra de misericordia, porque en el hermano que ayudamos reconocemos “el rostro de Dios que nadie puede ver” y es por eso que reiteró que no hay alternativa a la caridad, dado que “quienes se ponen al servicio de los hermanos, aunque no lo sepan, son quienes aman a Dios”.

Aun así, el Papa indicó que la vida cristiana “no es una simple ayuda que se presta en un momento de necesidad”, dado que esto sería un hermoso sentimiento de humana solidaridad que produce un beneficio inmediato, pero que es “estéril porque no tiene raíz”. El compromiso que el Señor pide es, en cambio, aquel de una vocación a la caridad con la que cada discípulo de Cristo lo sirve con su propia vida, para crecer cada día en el amor, es decir, “un compromiso serio y al mismo tiempo gozoso que requiere radicalidad y esfuerzo para reconocer al divino Maestro en los más pobres y ponerse a su servicio”.

Por eso el Obispo de Roma entregó al mundo del voluntariado a la Santa de Calcuta, incansable dispensadora de la misericordia divina, quien “se ponía a disposición de todos por medio de la acogida y la defensa de la vida humana”, como modelo de santidad, deseando, en la conclusión de su homilía, que ella ayude a comprender cada vez más que el único criterio de acción de los cristianos es el amor gratuito, libre de toda ideología y de todo vínculo, derramado sobre todos sin distinción de lengua, cultura, raza o religión, porque de este modo “abriremos así horizontes de alegría y esperanza a toda esa humanidad desanimada y necesitada de comprensión y ternura”.

(Griselda Mutual – Radio Vaticano)

A continuación, voz y texto completo de la Homilía pronunciada por el Papa Francisco en el XXIII Domingo del Tiempo Ordinario 

«¿Quién comprende lo que Dios quiere?» (Sb 9,13). Este interrogante del libro de la Sabiduría, que hemos escuchado en la primera lectura, nos presenta nuestra vida como un misterio, cuya clave de interpretación no poseemos. Los protagonistas de la historia son siempre dos: por un lado, Dios, y por otro, los hombres. Nuestra tarea es la de escuchar la llamada de Dios y luego aceptar su voluntad. Pero para cumplirla sin vacilación debemos ponernos esta pregunta. ¿Cuál es la voluntad de Dios en mi vida?

La respuesta la encontramos en el mismo texto sapiencial: «Los hombres aprendieron lo que te agrada» (v. 18). Para reconocer la llamada de Dios, debemos preguntarnos y comprender qué es lo que le gusta. En muchas ocasiones, los profetas anunciaron lo que le agrada al Señor. Su mensaje encuentra una síntesis admirable en la expresión: «Misericordia quiero y no sacrificios» (Os 6,6; Mt 9,13). A Dios le agrada toda obra de misericordia, porque en el hermano que ayudamos reconocemos el rostro de Dios que nadie puede ver (cf. Jn 1,18). Y cada vez que nos hemos inclinado ante las necesidades de los hermanos, hemos dado de comer y de beber a Jesús; hemos vestido, ayudado y visitado al Hijo de Dios (cf. Mt 25,40): es decir, hemos tocado la carne de Cristo.

Estamos llamados a concretar en la realidad lo que invocamos en la oración y profesamos en la fe. No hay alternativa a la caridad: quienes se ponen al servicio de los hermanos, aunque no lo sepan, son quienes aman a Dios (cf. 1 Jn 3,16-18; St 2,14-18). Sin embargo, la vida cristiana no es una simple ayuda que se presta en un momento de necesidad. Si fuera así, sería sin duda un hermoso sentimiento de humana solidaridad que produce un beneficio inmediato, pero sería estéril porque no tiene raíz. Por el contrario, el compromiso que el Señor pide es el de una vocación a la caridad con la que cada discípulo de Cristo lo sirve con su propia vida, para crecer cada día en el amor.

Hemos escuchado en el Evangelio que «mucha gente acompañaba a Jesús» (Lc 14,25). Hoy aquella «gente» está representada por el amplio mundo del voluntariado, presente aquí con ocasión del Jubileo de la Misericordia. Vosotros sois esa gente que sigue al Maestro y que hace visible su amor concreto hacia cada persona. Os repito las palabras del apóstol Pablo: «He experimentado gran gozo y consuelo por tu amor, ya que, gracias a ti, los corazones de los creyentes han encontrado alivio» (Flm 1,7). Cuántos corazones confortan los voluntarios. Cuántas manos sostienen; cuántas lágrimas secan; cuánto amor derraman en el servicio escondido, humilde y desinteresado. Este loable servicio da voz a la fe – ¡da voz a la fe! y expresa la misericordia del Padre que está cerca de quien pasa necesidad.

El seguimiento de Jesús es un compromiso serio y al mismo tiempo gozoso; requiere radicalidad y esfuerzo para reconocer al divino Maestro en los más pobres y descartados de la vida y ponerse a su servicio. Por esto, los voluntarios que sirven a los últimos y a los necesitados por amor a Jesús no esperan ningún agradecimiento ni gratificación, sino que renuncian a todo esto porque han descubierto el verdadero amor. Y cada uno de nosotros puede decir: ‘Igual que el Señor ha venido a mi encuentro y se ha inclinado sobre mí en el momento de necesidad, así también yo salgo al encuentro de él y me inclino sobre quienes han perdido la fe o viven como si Dios no existiera, sobre los jóvenes sin valores e ideales, sobre las familias en crisis, sobre los enfermos y los encarcelados, sobre los refugiados e inmigrantes, sobre los débiles e indefensos en el cuerpo y en el espíritu, sobre los menores abandonados a sí mismos, como también sobre los ancianos dejados solos. Dondequiera que haya una mano extendida que pide ayuda para ponerse en pie, allí debe estar nuestra presencia y la presencia de la Iglesia que sostiene y da esperanza’ Y hacer esto con la memoria viva de la mano tendida del Señor sobre mí, cuando estaba caído.

Madre Teresa, a lo largo de toda su existencia, ha sido una generosa dispensadora de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos por medio de la acogida y la defensa de la vida humana, tanto la no nacida como la abandonada y descartada. Se ha comprometido en la defensa de la vida proclamando incesantemente que «el no nacido es el más débil, el más pequeño, el más pobre». Se ha inclinado sobre las personas desfallecidas, que mueren abandonadas al borde de las calles, reconociendo la dignidad que Dios les había dado; ha hecho sentir su voz a los poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes – ¡ante los crímenes! – de la pobreza creada por ellos mismos. La misericordia ha sido para ella la «sal» que daba sabor a cada obra suya, y la «luz» que iluminaba las tinieblas de los que no tenían ni siquiera lágrimas para llorar – para llorar – su pobreza y sufrimiento.

Su misión en las periferias de las ciudades y en las periferias existenciales permanece en nuestros días como testimonio elocuente de la cercanía de Dios hacia los más pobres entre los pobres. ¡Hoy entrego esta emblemática figura de mujer y de consagrada a todo el mundo del voluntariado: que ella sea vuestro modelo de santidad! Pienso, quizá, que tendremos un poco de dificultad en llamarla Santa Teresa: su santidad está tan cerca de nosotros, tan tierna y fecunda que espontáneamente la seguiremos llamando: ¿madre Teresa’… Esta incansable trabajadora de la misericordia nos ayude a comprender cada vez más que nuestro único criterio de acción es el amor gratuito, libre de toda ideología y de todo vínculo y derramado sobre todos sin distinción de lengua, cultura, raza o religión. Madre Teresa amaba decir: «Tal vez no hablo su idioma, pero puedo sonreír». Llevemos en el corazón su sonrisa y entreguémosla a todos los que encontremos en nuestro camino, especialmente a los que sufren. Abriremos así horizontes de alegría y esperanza a toda esa humanidad desanimada y necesitada de comprensión y ternura


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Preparación de la canonización de la Madre Teresa.

Teresa de Calcuta, “la Santa perfecta para el Año de la Misericordia”

(RV).- Faltan pocas horas para la esperada canonización de Teresa de Calcuta y ya se han distribuido más de cien mil billetes para estar presentes el domingo en la Plaza de San Pedro durante la ceremonia, además de haber ya 600 periodistas acreditados para cubrir al detalle toda la información, como lo confirmó el director de la Oficina de Prensa del Vaticano, Greg Burke, durante la rueda de prensa realizada la mañana de este viernes.

Ante los numerosos periodistas presentes habló Sor Mary Prema, superiora de las Misioneras de la Caridad que conoció a Madre Teresa en 1980 y quien ha destacado que la nueva santa “vivía la vida como una alegría” y que su sonrisa “era un regalo para todos”. También, el padre Brian Kolodiejchuk, M.C., superior general de los padres Misioneros de la Caridad y postulador de la causa de canonización de Madre Teresa, aseguró que “es la santa perfecta para el Año de la Misericordia”. “Es una santa para todos. Para los pobres, para los ricos y para nuestro tiempo tan devastado por la violencia y la aridez del corazón, porque ella fue capaz de demostrar que el mal, que las miserias que nosotros tenemos pueden ser perdonadas”.

También estaba presente en la rueda de prensa el hombre que recibió el milagro por intercesión de la beata Teresa de Calcuta que ha permitido la canonización, Marcílio Haddad Andrino. Él y su mujer explicaron que todo comenzó cuando un amigo sacerdote les animó a rezar pidiendo la intercesión de la Madre Teresa para superar una enfermad que padecía. Y así fue, salió adelante y no sólo eso, sino que han podido tener hijos a pesar de lo que preveían los médicos.

Por otro lado, en la rueda de prensa se habló también del proyecto “Yo estuve allí”, organizado por la Secretaria para la Comunicación, y en cooperación con MC360PHOTO. Se trata de una foto panorámica de la plaza de San Pedro en la que se podrá hacer zoom sobre el rostro de cada participante de la canonización. Para más información pueden visitar la página web  www.motherteresasaint.com.