Loiola XXI

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Celebración del centenario de Romero.

    Ezzati: «El beato Romero es un Santo de la esperanza»

Celebración por los 100 años del nacimiento del mártir beato salvadoreño. Papa Francisco: que su martirio «no deje de dar frutos abundantes de comunión eclesial, reconciliación y solidaridad, a fin de edificar una sociedad justa»; Ezzati llama a salvadoreños a superar «la violencia homicida con “la violencia del amor”»

Recordando el martirio de monseñor Romero

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Pubblicato il 15/08/2017
Ultima modifica il 15/08/2017 alle ore 19:51
PABLO LOMBÓ
TURÍN

«Las palabras del Papa Francisco confirman que el beato Romero es un Santo de la esperanza». El cardenal chileno Ricardo Ezzati, enviado pontificio, pronunció estas palabras durante la solemne celebración por el centenario del nacimiento del mártir beato salvadoreño, Óscar Arnulfo Romero, que presidió en la Catedral de San Salvador hoy, 15 de agosto de 2017, solemnidad de la Asunción de la Virgen. La misa presidida por el representante del Papa Francisco fue la conclusión de tres días de peregrinación con ocasión de los cien años del nacimiento del mártir y beato salvadoreño, asesinado en 1980 por los «escuadrones de la muerte» mientras celebraba la misa en la capilla del hospital de la Divina Providencia.

 

Las palabras del enviado papal parecen confirmar, en vía no oficial, las indiscreciones que circularon ayer en las redes sociales sobre la hipótesis de que el Papa viaje a El Salvador el año próximo para participar en la posible ceremonia de canonización del beato mártir.

 

Al comenzar su homilía, el cardenal Ezzati recordó la carta que el Papa Francisco le envió al encomendarle ser su representante para las celebraciones en El Salvador. «Ya se cumplen cien años del nacimiento del beato Oscar Arnulfo Romero —escribió el Papa—, obispo y mártir, ilustre pastor y testigo del Evangelio, decidido defensor de la Iglesia y de la dignidad del hombre. Hijo de la amada tierra de El Salvador, habló a la gente de nuestro tiempo de la obra salvífica de nuestro Señor Jesucristo y de su amor hacia todos, especialmente hacia los pobres y descartados. Tanto en su vida sacerdotal como en el comienzo de su ministerio episcopal experimentó un singular camino espiritual, que lo llevó a propagar la justicia, la reconciliación y paz».

 

Francisco, continuó el purpurado chileno, «ha tenido la bondad de enviarme como su Legado personal, para representarlo en este acontecimiento eclesial que los convoca en este día de júbilo. Uds. saben tanto como yo, que él tiene un afecto muy grande por esta tierra “que lleva e nombre del Divino Salvador”», y recordó el deseo del Pontífice argentino de que «el martirio de monseñor Romero no deje de dar frutos abundantes de comunión eclesial, de reconciliación y solidaridad entre los salvadoreños, a fin de edificar una sociedad justa y noble». Por ello, exclamó, «es demasiado valiosa la vida de cada salvadoreño como para no superar la violencia homicida con “la violencia del amor”». «En esta esperanzada lucha por la vida, el Papa está con ustedes —afirmó su enviado—, los exhorta a humanizar y a compartir con equidad el desarrollo de su país y les envía su bendición apostólica».

 

Ezzati añadió que «el Beato monseñor Romero es un mártir de la Esperanza. Lo es para los más pobres del Continente, lo es para nuestra querida Iglesia, lo es para los que luchan por la justicia, la reconciliación y la paz que, con cariño renovado, ya lo llama “San Romero de América”. El Beato Romero es un santo de la Esperanza».


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Mons. Romero. Editorial de L’Osservatore Romano.

Editorial – Un obispo y un Papa- Centenario del nacimiento de Óscar Romero

2017-08-10 L’Osservatore Romano

En el día de la Asunción se conmemora el centenario del nacimiento de uno de los cristianos más conocidos de nuestro tiempo, Óscar Romero. El arzobispo de San Salvador fue asesinado en 1980 a los sesenta y tres años mientras celebraba la misa, por haber denunciado la injusticia y la violencia que flagelaban al pequeño país centroamericano: tomas de posición claras en nombre del Evangelio. Ante su tumba en 1983 rezó Juan Pablo II, que en 1997 autorizó la apertura de su causa de canonización, pero no fue hasta 2012 que se retomó, por decisión de Benedicto XVI y luego de Francisco, hasta que llegó su beatificación en 2015 como mártir.

Pero importante para Romero fue sobre todo Pablo vi, el Papa que le nombró en 1970 obispo auxiliar de San Salvador, en 1974 obispo de Santa María y en 1977 arzobispo de la capital. El joven clérigo había estado en Roma, donde había estudiado en la Gregoriana entre finales de los años treinta e inicios de los años cuarenta, ya en plena Guerra. Será precisamente esta formación romana, que le dejó una huella tradicional, la que le permita seguir una veintena de años más tarde el periodo conciliar con confianza en el magisterio. Y precisamente la visión abierta de Papa Montini, que guía con valor y sabiduría el Vaticano ii, es la que el sacerdote salvadoreño inicia a acoger.

En un artículo publicado a principios de 1965 Romero escribe: «Para no caer en el ridículo de una acrítica afición a lo viejo y para no caer en el ridículo de hacerse aventureros de “sueños artificiosos” de novedad es mejor vivir hoy más que nunca ese clásico axioma: “sentir con la Iglesia” que concretamente significa incondicionado apego a la jerarquía», de matriz ignaciana, será elegida cinco años después por el nuevo auxiliar de San Salvador como su lema episcopal.

Obispo en un país cruelmente oprimido por las oligarquías y por los militares, preocupado por las tendencias políticas que se manifiestan en la teología de la liberación, progresivamente llega a compartir el concepto de la centralidad de los pobres, que en 1968 había sido reiterado por la conferencia de Medellín en la cual había participado Pablo vi, primer Papa que pisó América Latina. Y precisamente un documento de Montini, la Evangelii nuntiandi, recordado más de una vez con admiración por su actual sucesor, da aliento a monseñor Romero. Que precisamente por su posición moderada es elegido como arzobispo de San Salvador, mientras la situación se hace cada vez más difícil y la violencia represiva aumenta.

La primera homilía del obispo es precisamente para un amigo fraterno, el jesuita Rutilio Grande, asesinado por los escuadrones de la muerte con dos fieles, Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus, mientras iba a celebrar por la novena de san José, casi una anticipación de su propia muerte: «Así ama la Iglesia; muere con ellos y con ellos se presenta a la trascendencia del cielo. Los ama, y es significativo que mientras el padre Grande caminaba para su pueblo, a llevar el mensaje de la misa y de la salvación, allí fue donde cayó acribillado. Un sacerdote con sus campesinos, camina a su pueblo para identificarse con ellos, para vivir con ellos, no una inspiración revolucionaria, sino una inspiración de amor».

Pocos días después Romero viaja a Roma para buscar el apoyo que ya no tiene del nuncio, y el Papa le recibe enseguida, como había acaecido tres años antes, y como sucederá un año después, precisamente en el aniversario de la elección de Montini. El recuerdo detallado de esta última audiencia está en el diario del arzobispo. «Pablo VI me ha estrechado la mano derecha y la ha sostenido durante largo rato entre sus dos manos y yo también he estrechado con mis dos manos la mano del Papa» que le habla extensamente: «Comprendo su difícil trabajo. Es un trabajo que puede ser incomprendido y precisa mucha paciencia y fortaleza. Sé bien que no todos piensan como usted; es difícil, en las circunstancias de su país, tener tal unanimidad de pensamiento; pero siga adelante con valor, con paciencia, con fuerza, con esperanza». Un mes y medio más tarde Montini expiraba. Menos de dos años después Romero era asesinado.


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Otra via a la santidad. Comentario.

El Papa añade una vía a la santidad: ofrecer la vida por los demás

La introduce con el «motu proprio» «Maiorem hac dilectionem», para los cristianos que, impulsados por la caridad, ofrecen heroicamente la propia existencia al prójimo

La Plaza San Pedro durante una canonización

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Pubblicato il 11/07/2017
Ultima modifica il 11/07/2017 alle ore 14:39
DOMENICO AGASSO JR.
CIUDAD DEL VATICANO

Llega una nueva «vía» que se puede recorrer durante el camino a la beatificación y canonización. Se relaciona con los cristianos que, impulsados por la caridad, ofrecen heroicamente su existencia al prójimo. Es «el ofrecimiento de vida» que se añade al «martirio» y a las «virtudes heroicas» con los que hasta ahora comenzaban los procedimientos para declarar santa a una persona en la Iglesia. Lo decidió el Papa Francisco con un «motu proprio» publicado hoy, 11 d julio de 2017.

 

Con «Maiorem hac dilectionem» sobre el ofrecimiento de la vida, el Pontífice abre el camino a la beatificación de los fieles que han dado sus vidas por el prójimo aceptando libre y voluntariamente una muerte cierta y prematura.

 

Son «dignos de especial consideración y honor —se lee en el Documento papal— esos cristianos que, siguiendo más de cerca las huellas y las enseñanzas del Señor Jesús, han ofrecido voluntaria y libremente la vida por los demás y han perseverado hasta la muerte con este propósito. Está claro —se explica— que el heroico ofrecimiento de la vida, sugerido y sostenido por la caridad, expresa una verdadera, plena y ejemplar imitación de Cristo y, por lo tanto, merece esa admiración que la comunidad de los fieles suele reservar a los que voluntariamente han aceptado el martirio de la sangre o han ejercido heroicamente las virtudes cristianas».

 

Es una novedad que modifica las reglas que existen desde hace siglos. Lo que se requiere es que en estos casos se verifique «el ejercicio, por lo menos en medida ordinaria, de las virtudes cristianas» antes de ofrecer la vida. Y, como sea, para la beatificación es necesario que se verifique un milagro después de la muerte.

 

Hasta ahora la Iglesia católica preveía que se podía proceder con la beatificación de un siervo de Dios por el martirio o por sus virtudes heroicas. Hay también «una tercera vía, menos conocida y menos transitada», explica a «L’Osservatore Romano» monseñor Marcello Bartolucci, Secretario de la Congregación para las Causas de los Santos, «pero que lleva al mismo resultado de las otras dos. Es la vía de los llamados “casus excepti”, de esta manera definidos por el Código de Derecho Canónico de 1917. Su reconocimiento lleva a la confirmación de un culto antiguo, es decir posterior al Pontificado de Alejandro III (1181) y anterior a 1534, tal como estableció Urbano VIII (1623-1644), el gran legislador de las Causas de los Santos. Esta confirmación del culto antiguo es llamada también “beatificación equipolente”».

 

Entonces, además de las anteriores, ahora se suma otra manera para llegar a la santidad: el ofrecimiento de la vida. De hecho, «últimamente, la Congregación para las Causas de los Santos se preguntado —refiere Bartolucci— si no son merecedores de la beatificación los Siervos de Dios que, inspirados por el ejemplo de Cristo, hayan libre y voluntariamente ofrecido e inmolado la propia vida por los hermanos en un supremo acto de caridad, que haya sido directamente causa de muerte, poniendo en práctica de esta manera la palabra del Señor: “Nadie tiene un amor más grande que este: dar la propia vida por los amigos”».

 

La reflexión sobre esta nueva modalidad comenzó con «Benedicto XIV», que «no excluía de los honores de los altares a los que habían dado la vida en un extremo acto de caridad, como, por ejemplo, a asistencia a los apestados que, al desencadenar el contagio, se convertía en una causa cierta de muerte. Toda esta problemática —indica el Secretario de la Congregación para las Causas de los Santos- comenzó a convertirse en objeto de explícita reflexión» en el dicasterio a partir de 2014.


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Un nuevo camino para la beatificación: dar la vida por los demás..

Motu Proprio del Papa Francisco sobre el «ofrecimiento de la vida»

2017-07-11 Radio Vaticana

 

(RV).- Con la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio «Maiorem hac dilectionem», que empieza con las palabras de Jesús: «No hay amor más grande que dar la vida por los amigos» (Jn15, 13) el Papa Francisco abrió el camino a la beatificación y canonización de los cristianos que, con la intención de seguir al Señor, impulsados por la caridad, han ofrecido heroicamente su propia vida por el prójimo, aceptando libre y voluntariamente una muerte cierta y prematura.

En el Artículo 1, el Santo Padre establece que el ofrecimiento de la vida es un nuevo camino, una nueva circunstancia en el  proceso de beatificación y de canonización, distinta de las del martirio y la heroicidad de las virtudes.

Este cuarto camino establecido por el Papa Francisco enriquece y se suma a los tres previstos a lo largo de los siglos por la Iglesia católica, que prevén que se puede proceder a la beatificación de un Siervo de Dios afianzados en el camino del martirio; el camino de las virtudes heroicas y el equivalente que confirma el culto antiguo.

«Son dignos de especial consideración y honor aquellos cristianos que, siguiendo más de cerca las huellas y las enseñanzas del Señor Jesús, han ofrecido voluntaria y libremente su vida por los demás y han perseverado hasta la muerte en este propósito», leemos en el documento que Francisco firmó el 11 de julio, en el quinto año de su Pontificado.

«Es cierto que el heroico ofrecimiento de la vida, sugerido y sostenido por la caridad, expresa una verdadera, plena y ejemplar imitación de Cristo y, por lo tanto, es merecedor de aquella admiración que la comunidad de los fieles suele reservar a aquellos que voluntariamente han aceptado el martirio de sangre o han ejercido en grado heroico las virtudes cristianas», reitera el Papa al comenzar su Carta Apostólica.

E introduciendo las nuevas normas señala que las establece con el parecer favorable expresado por la Congregación para las Causas de los Santos, que en la Sesión Plenaria del 27 de septiembre de 2016, estudió atentamente si estos cristianos merecen la beatificación.


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Nuevos santos, beatos y siervos de Dios.

Un nuevo santo español para la Iglesia universal y 109 mártires españoles, entre los Decretos autorizados por el Papa

2016-12-23 Radio Vaticana

(RV).- Fueron 8 los Decretos que el Papa Francisco autorizó a promulgar a la Congregación  para las Causas de los Santos, el 21 de diciembre de 2016. Dos se refieren a milagros, uno a martirio y cinco a virtudes heroicas.

En lo que respecta a los milagros, uno es el que se atribuye a la intercesión del Beato Faustino Míguez, sacerdote profeso de la Orden de los Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías (Esculapios), Fundador de la Congregación de las Hermanas Calasancias Hijas de la Divina Pastora.

Y en lo que respecta al martirio, se trata de los Siervos de Dios Mateo Casals, sacerdote profeso, Teófilo Casajús, Escolástico profeso, Fernando Saperas, hermano profeso, y 106 compañeros de la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de la Virgen María; asesinados por odio a la fe durante la guerra civil en España entre 1936 y 1937.

Faustino Míguez, el futuro santo español, nació el 24 de marzo de 1831 y murió el 8 de marzo de 1925.  El 25 de Octubre de 1998, fue beatificado por el Papa San Juan Pablo II en Roma, que dijo de él: «renunciando a sus propias ambiciones, siguió a Jesús Maestro y consagró su vida a la enseñanza de la infancia y la juventud, al estilo de San José de Calasanz. Como educador, su meta fue la formación integral de la persona. Como sacerdote, buscó sin descanso la santidad de las almas. Como científico, quiso paliar la enfermedad liberando a la humanidad que sufre en el cuerpo. En la escuela y en la calle, en el confesionario y en el laboratorio, el P. Faustino Míguez fue siempre trasparencia de Cristo que acoge, perdona y ama».

La Congregación de Hijas de la Divina Pastora, siguiendo el carisma del P. Faustino Míguez, está dedicada a la educación integral de la infancia y juventud y a la promoción de la mujer. Actualmente está presente en España, India, Chile, Argentina, Uruguay, Colombia, Nicaragua, Ecuador, Guinea Ecuatorial y Camerún.

El segundo milagro es el atribuido a la intercesión de la Venerable Sierva de Dios Leopoldina Naudet, italiana. (1773-1834) fundadora de la congregación de las Hermanas de la Sagrada Familia

También entre los Decretos referidos a virtudes heroicas hay dos españoles.

Se trata de los Siervos de Dios:

María Rafaela del Sagrado Corazón de Jesús (en el siglo Sebastiana Lladó y Sala), (1814-1899)  fundadora de la Congregación de los Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús y María

Y de Isidoro Zorzano Ledesma, (1902-1943) laico, de la Prelatura Personal de la Santa Cruz y del Opus Dei.

Los otros tres son uno de Francia y dos de Italia:

Jean-Baptiste Fouque,  francés, (1851- 1926), sacerdote diocesano.

Y los italianos son:

Lorenzo del Espíritu Santo (en el siglo Egidio Marcelli), (1874-1953)  religioso profeso de la Congregación de la Pasión de Jesucristo.

Y Clelia Merloni, (1861-1930)  fundadora del Instituto de  las Apóstoles del Sagrado Corazón de Jesús.

(CdM – RV)

(from Vatican Radio)


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Charles de Foucauld y sus seguidores hoy.

Charles de Foucauld y el “misterio de Nazaret”

A cien años de la muerte, la vida del «pequeño hermano universal» desde su nacimiento hasta la conversión, desde la experiencia en la Trapa hasta los tuareg del desierto. Hablan Fraccaro y Sequeri
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Charles de Foucauld y el “misterio de Nazaret”

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Pubblicato il 29/11/2016
Ultima modifica il 29/11/2016 alle ore 15:54
CRISTINA UGOCIONI
MILÁN

El jueves primero de diciembre se cumple el primer centenario de la muerte del beato Charles de Foucauld, figura fundamental de la espiritualidad cristiana reciente, un hombre que —dijo Papa Francisco— «tal vez como pocos otros intuyó el alcance de la espiritualidad que emana de Nazaret»; un hombre cuyo carisma —observó el teólogo Pierangelo Sequeri– «fue donado y destinado, anticipadamente, para este tiempo de la Iglesia».El oficial, el explorador

Charles de Foucauld nació en Estrasburgo, Francia, el 15 de septiembre de 1858. Durante la adolescencia sufrió la influencia del escepticismo religioso y del positivismo científico que caracterizaban su época; escribió, refiriéndose a esa época: «desde la edad de 15 o 16 años toda la fe había desaparecido en mí». Entró a la escuela militar y se convirtió en oficial. Due enviado con su regimiento a Argelia. En 1882 abandonó el ejército y emprendió un viaje de exploración que lo condujo primero a Marruecos y después al desierto argelino y tunecino.

«¡Dios mío, haz que yo Te conozca!»

Volvió al seno familiar parisino, en 1886, con la intención de preparar un texto sobre sus descubrimientos: fue un tiempo decisivo para su conversión. Escribió: «He iniciado a ir a la iglesia, sin ser creyente, pasaba largas horas repitiendo una extraña oración: “¡Dios mío, si existes, haz que yo Te conozca!”». Su conversión, acompañada por el abad Henry Huvelin, fue en octubre de ese mismo año: «Apenas creí que había un Dios, comprendí que no podía más que vivir para Él»

Jesús, obrero de Nazaret

Hizo inmediatamente un largo peregrinaje a la Tierra Santa, durante el que anotó: «Deseo conducir la vida que he entrevisto y percibido al caminar pos las calles de Nazaret, en donde Nuestro Señor, pobre artesano perdido en la humildad y en la oscuridad, apoyó los pies». Dirigiéndose a Jesús, escribió: «¡Cuán fértil en ejemplos y lecciones es esta vida de Nazaret! ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Qué bueno fuste al habernos dado esta instrucción durante 30 años!».

Al volver a su patria entró a la Trapa Notre-Dame des Neiges y después due enviado a la Trama de Akbés, en Siria. Pero se dio cuenta de que en la Trama no es posible «conducir la vida de pobreza, de abyección, de desapego efectivo, de humildad, diría incluso de recogimiento de Nuestro Señor en Nazaret». Un episodio significativo que vivió en ese tiempo: «Una semana me mandaron a rezar un poco al lado de un pobre obrero del lugar, católico, que murió en la fracción de al lado: ¡qué diferencia entre esta casa y nuestras habitaciones! Yo anhelo Nazaret».

La misma vida de Nuestro Señor

Al darse cuenta de que «ninguna congregación de la Iglesia da la posibilidad de conducir hoy y co Él esta vida que Él condujo de esta manera», se preguntaba si «no era hora de buscar a algunas almas con las cuales […] formar un inicio de pequeña Congregación de este tipo: el objetivo sería el de conducir cuanto lo más exactamente posible la misma vida de Nuestro Señor, viviendo únicamente del trabajo de las manos, sin aceptar ningún don espontáneo ni oblación, y siguiendo al pie de la letra todos sus consejos, sin poseer nada, privándonos de lo más posible, antes que nada para conformarnos a Nuestro Señor y después para darle lo más posible en la persona de los pobres. Añadir a este trabajo muchas oraciones».

Nazaret es la vida de Jesús, no simplemente su prefacio

Surgió algo conscientemente inédito en la geografía religiosa, observó Sequeri en el volumen «Charles de Foucauld. El Evangelio viene de Nazaret» (Vita e Pensiero): «La novedad de la intuición se da, en primer lugar, por la neta referencia cristológica de la imitación/secuela de Nuestro Señor Jesús: “la misma vida de Nuestro Señor” Jesús, es decir “la existencia humilde y oscura de Dios, obrero de Nazaret”». En otras palabras: «Nazaret no es el “prólogo” de la vida pública, el simple momento “preparatorio” de la misión, ni la forma de una “pre-evangelización” que ofrece un genérico compartir y un anónimo testimonio […] Nazaret es la vida de Jesús, no simplemente su prefacio. Es la misión redentora en acto, no su mera condición histórica. Nazaret es el trabajo, la cercanía, la proximidad doméstica del Hijo que se nutre durante largos años de lo que le importa al “abba-Dios” (“¿No sabían que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?”, Lc. 2, 49). ¿De dónde podría partir una nueva evangelización sin detenerse por todo el tiempo necesario en el fundamento en el que Dios la puso para el Hijo mismo?».

La lectura de los Evangelios

En 1897, el hermano Charles deja la Trapa y se muda a Nazaret, en donde vivió durante 3 años, en una casita en el monasterio de las clarissa. Marcaban sus días el trabajo, la adoración silenciosa de la Eucaristía y la lectura de los Evangelios. «De Foucauld desea vivir imitando a Jesús, “obrero de Nazaret”: y para hacerlo decide encomendarse a los Evangelios, que lee cotidianamente y sobre los que medita por escrito», cuenta Antonella Fraccaro, religiosa de las Discípulas del Evangelio (Instituto religioso que forma parte de la Asociación de Familias Espirituales Charles de Foucauld) y autora del volumen «Charles de Foucauld y los Evangelios». «Sus meditaciones —algunos miles de páginas— tienen un corte intimista y auto referencial; sacan a la luz sobre todo el vínculo intenso y afectuoso que Foucauld vive con el Señor. En el centro de las meditaciones no está su autor, sino la persona de Jesús y Su estilo, que debe ser asimilado día a día con Su gracia. Los motivos que inspiran la lectura de los Evangelios se expresan en un breve texto, muy significativo, escrito en una pequeño papel utilizado como separador. Anotó el hermano Charles dirigiéndose a Jesús: “Leo: 1o) para darte una prueba de amor, para imitarte, para obedecerte; 2o) para aprender a amarte mejor, para aprender a imitarte mejor, para aprender a obedecerte mejor; 3o) para poder hacer que los otros te amen, para poder hacer que los demás te imiten, para poder hacer que los demás te obedezcan”».

Con el pueblo del desierto

Durante el tiempo que pasó en Nazaret maduró en su interior la vocación al sacerdocio: fue ordenado en 1901 en Francia, y al año siguiente se estableció en Beni Abbès, en la parte argelina del Sahara, «entre las ovejas más perdidas, entre las más abandonadas». En esos días escribió: «De las 4.30 de la mañana a las 20.30 de la noche, no dejo de hablar, de ver gente: esclavos, pobres, enfermos, soldados, viajeros, curiosos […] Quiero que se acostumbren todos los habitantes de la tierra a considerarme un hermano, el hermano universal». En 1905 decidió dirigirse hacia el sur, entre los Tuareg, a Tamanrasset, en donde no hay «ni guarniciones, ni telégrafos, ni europeos».

La belleza doméstica de la radicación evangélica

La Nazaret que Charles anhelaba no estaba en la Trapa sino en el desierto. Sequieri comenta al respecto: «El punto no es tanto el de la dureza de la ascesis sino el de una imitación “real” de Nazaret: que tiene que encontrar las condiciones del propio rigor en la normalidad del contexto en el que las condiciones ya están dadas y no son artificialmente buscadas o reconstruidas religiosamente. En esas condiciones, efectivamente, el “pequeño hermano universal” se radica como su “bien amado hermano Jesús”, porque los hombres y las mujeres ya se han radicado: porque son la vida cotidiana, el horizonte de su mirada sobre el mundo». El rigor de esta “inhabitación” incluye «un principio de simplificación y un criterio de afinidad que liberan la singular belleza doméstica de la radicación evangélica».

Hermano y familiar de los Tuareg

Charles fue pródigamente generoso con sus Tuareg. «Quiso vencer las desconfianzas, conquistar su confianza, fraternizar, volverse un familiar; quiso hacer que conocieran la bondad de Jesús», dice Fraccaro. «Su tiempo estaba dividido entre la oración, las relaciones con los indígenas, a los que ayudaba y apoyaba de diferentes maneras, y los estudios de la lengua tuareg: redactó incluso un diccionario tuareg-francés. En las cartas a sus amigos lejanos les pedía que rezaran por estas almas abandonadas, y también por él: “Récenle para que yo haga lo que quiere de mí para ellos, porque yo soy el único, desgraciadamente, que me ocupo de ellos por Su parte y para Él».

La presencia eucarística

Los gestos de atención, la tenaz dedicación a los hombres y a las mujeres del desierto, conviven con una total relación/conversación con el Señor presente en la Eucaristía. Foucauld lo llevó entre quienes no lo conocían porque también ellos son “suyos”. Es una presencia, una bendición que todos perciben, todos sienten la oración y las palabras que la habitan, todos intuyen el vínculo especial al que da vida. La presencia eucarística del Señor condensa en sí la palabra y el gesto cristiano menos “anónimos” que existan (Sequeri).

Si el grano de trigo no muere

Charles de Foucauld murió el primero de diciembre de 1916, en Tamanrasset. Lo golpeó una bala durante una escaramuza provocada por las tropas rebeldes del Sahara. Él, que desde 1893 hasta el final de su vida se aplicó a la redacción de «Reglas» para estar agregaciones que tanto había deseado, murió solo. En las décadas siguientes, nacieron muchas familias de religiosos, religiosas, sacerdotes y laicos que se inspiran en él: en la actualidad son veinte y tienen presencia en todo el mundo. Reunidas en la Asociación de Familias Espirituales Charles de Foucauld, incluyen a alrededor de 13 mil personas. «En su diversidad —concluye Fraccaro– estas familias tienen rasgos comunes: la radicación en los contextos de la existencia ordinaria, la vida en pequeñas comunidades unidas por un espíritu fraterno, la meditación de la Palabra de Dios, la dedicación a las almas que más sufren y más abandonadas. El grano de trigo, muriendo, ha dado fruto, justamente como De Foucauld –tan vinculado a este versículo del Evangelio de Juan (12, 24)— esperaba que sucediera».


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El cura gaucho, José Brochero a los altares.

Argentina

UN SANTO POR ENCIMA DE LA “GRIETA” ARGENTINA. Comienza en Roma la “semana brocheriana” y el domingo el “cura gaucho” será canonizado. Entrevista al postulador Olivera

El postulador de la canonización, monseñor Santiago Olivera. En el recuadro la imagen clásica del Cura Gaucho a lomo de mula

El postulador de la canonización, monseñor Santiago Olivera. En el recuadro la imagen clásica del Cura Gaucho a lomo de mula

Argentina vive tiempos de polarización social. Un ambiente enrarecido por la “grieta”, una división invisible entre bandos políticos. Pero también celebra, en este 2016, el Bicentenario de su independencia. En ese contexto, el país tendrá su primer santo “autóctono”. Un sacerdote del pueblo, un pastor “con olor a oveja”. El “cura gaucho” José Gabriel Brochero. El postulador de su causa de canonización y obispo de Cruz del Eje, Santiago Olivera, aseguró que su figura es vigente porque habla de la “cultura del encuentro” y jamás “sembró grietas”, ni siquiera con los políticos “comecuras”.

Brochero nació el 16 de marzo de 1840 en Villa Santa Rosa del Río Primer, en la céntrica provincia argentina de Córdoba. Será elevado al honor de los altares por el Papa Francisco el próximo domingo 16 de octubre en la Plaza de San Pedro. Una misa en la cual se espera la presencia de más de mil fieles argentinos y unos 35 obispos de todo el país. Un evento que será seguido –en directo- por decenas de miles en la provincia de Córdoba y en otras latitudes del territorio argentino.

“Era un pastor comprometido con su gente y con su tiempo, un cura salidor, que iba a las periferias. Murió hace 102 años, sin embargo es muy actual. Cuando el Papa habla sobre el sacerdocio todo lo que dice fue vivido por él un siglo atrás. Era un hombre que hablaba con todos, que no tenía grietas, los consideraba amigos, incluso a los anticlericales los iba a buscar, trataba de acercarlos”, explicó Olivera en entrevista con  Vatican Insider.

Como sacerdote –recordó-, él se preocupó por el desarrollo de su pueblo, impulsó la construcción de escuelas, acueductos y caminos. Incluso alentaba a los habitantes de sus tierras a explotar turísticamente los paisajes de la zona. Tanto aprecio suscitó su labor que pocos días después de su muerte, el 26 de enero de 1914, un diario local lo describió con unas significativas palabras: “Supo armonizar una vida honrada como hombre digno, sacerdote entusiasta pero como mejor ciudadano”.

Con una anécdota, Olivera describió su gran sentido del humor, “como todo buen cordobés”. Recordó que en su época había un jefe político muy anticlerical y él lo fue a ver. Aunque no lo dejaban pasar él se metió a la fuerza y ante el personaje exclamó: “Me dicen que usted es ‘come curas’: Pero a mi no me va a comer porque ¡soy muy feo!”. Al final terminó trabando una amistad con ese político.

“Para nosotros (los argentinos), que estamos celebrando los 200 años de independencia, es un modelo. No marcaba para nada la grieta y para él todos eran amigos, así les decía”, insistió el obispo de Cruz del Eje.

Con motivo de la canonización, a partir del 12 de octubre próximo se vivirá en Roma una “semana brocheriana” que comenzará ese mismo miércoles con la proyección de un documental sobre el cura en la Casa de Cultura Argentina, ubicada a pocos pasos de la céntrica Piazza Barberini. El material fue producido por la Radio y Televisión Italiana RAI.

Un día después está prevista una “cantata brocheriana” en la iglesia nacional argentina y el viernes 14 habrá una jornada de reflexión sobre su figura en el Colegio Romano. El sábado 15, a las 16:30 horas, se celebrará una misa en la Basílica Santa María La Mayor y más tarde está prevista una vigilia en la misma iglesia argentina, en espera de la canonización del domingo 16 por la mañana en el Vaticano. El lunes el cardenal primado del país y arzobispo de Buenos Aires, Mario Aurelio Poli, presidirá una misa de acción de gracias con obispos y feligreses en la Basílica de San Pedro. En esa oportunidad se espera un saludo especial del Papa, pero aún no está confirmado.

Durante la canonización, Brochero volverá a montar a mula. O al menos una parte de él. Según lo previsto, el relicario que será presentado a Francisco en la ceremonia y que contendrá un trozo del hueso de su mano, tendrá forma del animal con el cual el cura solía recorrer decenas de kilómetros en su zona de evangelización. Ese precioso relicario será entregado al pontífice por los niños de los milagros, cuyas curaciones inexplicables permitieron que el sacerdote pueda ser reconocido como beato primero y, ahora, como santo.

Se trata de Nicolás y Camila. El primero, un joven oriundo de Córdoba víctima de un accidente de tránsito, hoy está totalmente recuperado. La segunda es una niña con una historia desgarradora. Salvajemente golpeada por su padrastro, llegó al hospital al borde de la muerte. Pero sus abuelos, Marina y Raúl, hicieron una novena a Brochero gracias a una estatuilla que recibieron desde la localidad de Mina Clavero. Y el cura intercedió por ese milagro. Ambas familias estarán en Roma, y podrán conocer al Papa argentino.