Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Los mártires de hoy y la Iglesia.

Papa: Los mártires de hoy son la fuerza de la Iglesia

2017-01-30 Radio Vaticana

(RV).- La mayor fuerza de la Iglesia hoy está en las pequeñas Iglesias perseguidas. Es cuanto afirmó el Santo Padre en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Francisco centró su reflexión en los mártires. En efecto, afirmó hoy son más que los de los primeros siglos del cristianismo. Y explicó que los medios de comunicación no lo dicen, porque no es noticia. De ahí su invitación a hacer memoria de cuantos sufren el martirio.

Sí, porque como dijo el Pontífice “sin memoria no hay esperanza”. Y lo recordó comentando la Carta a los Hebreos que presenta la liturgia del día y que exhorta, precisamente, a remitirse a la memoria de toda la historia del pueblo del Señor. De hecho, el capítulo 11, se refiere, ante todo, a una “memoria de docilidad”, que – como afirmó el Papa – comienza con Abraham quien, obediente, salió de su tierra sin conocer su meta. Además, en este capítulo también se habla de otras dos memorias: la de las grandes hazañas del Señor, cumplidas por Gedeón, Sansón, David y tantos otros que han hecho grandes proezas en la historia de Israel”.

Para los medios de comunicación los mártires no son noticia

Y después hay un tercer grupo del que hacer memoria, la “memoria de los mártires”: “Aquellos que han sufrido y dado su vida como Jesús”. El Santo Padre recordó que la Iglesia es, en efecto, este pueblo de Dios, “pecador pero dócil”, “que hace grandes cosas y que también da testimonio de Cristo hasta el martirio”:

“Los mártires son aquellos que llevan adelante la Iglesia, son aquellos que sostienen a la Iglesia, que la han sostenido y la sostienen hoy. Y hoy hay más que en los primeros siglos. Los medios de comunicación no lo dicen porque no hace noticia, pero tantos cristianos en el mundo hoy son bienaventurados porque son perseguidos, insultados, encarcelados. ¡Hay tantos en las cárceles, sólo por llevar una cruz o por confesar a Jesucristo! Ésta es la gloria de la Iglesia y nuestro apoyo y también nuestra humillación: nosotros que tenemos todo, todo parece fácil para nosotros y si nos falta algo nos quejamos… ¡Pero pensemos en estos hermanos y hermanas que hoy, en número mayor al de los primeros siglos, sufren el martirio!”.

Francisco recordó que no puede olvidar “el testimonio de aquel sacerdote y aquella monja en la Catedral de Tirana: años y años de cárcel, trabajos forzados y humillaciones”, para los cuales no existían los derechos humanos.

La mayor fuerza de la Iglesia

Y añadió que hoy, la mayor fuerza de la Iglesia está en “las pequeñas Iglesias perseguidas”:

“Y nosotros, también es verdad y justo, estamos satisfechos cuando veamos un acto eclesial grande, que ha tenido gran éxito, los cristianos que se manifiestan… ¡Y esto es bello! ¿Esta es fuerza? Sí, es fuerza. Pero la mayor fuerza de la Iglesia hoy está en las pequeñas Iglesias, pequeñas, con poca gente, perseguidas, con sus obispos en la cárcel. Ésta es nuestra gloria hoy, ésta es nuestra gloria y nuestra fuerza hoy”.

La sangre de los mártires es semilla de cristianos

Hacia el final de su homilía el Obispo de Roma afirmó que una Iglesia sin mártires es “una Iglesia sin Jesús”. Por lo que invitó a rezar “por nuestros mártires que sufren tanto”, “por aquellas Iglesias que no tienen libertad de expresión”, porque “ellas son nuestra esperanza”. En los primeros siglos de la Iglesia – recordó el Santo Padre – un antiguo escritor decía: “La sangre de los cristianos, la sangre de los mártires, es semilla de cristianos”.

“Ellos con su martirio, con su testimonio, con su sufrimiento, incluso dando la vida, ofreciendo la vida, siembran cristianos para el futuro y en las demás Iglesias. Ofrezcamos esta Misa por nuestros mártires, por aquellos que ahora sufren, por las Iglesias que sufren, que no tienen libertad. Y demos gracias al Señor por estar presente, con la fortaleza de su Espíritu, en estos hermanos y hermanas nuestros que hoy dan testimonio de Él”.


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En memoria de Lluis Espinal, jesuita asesinado en Bolivia.

En memoria de la muerte de Lluís Espinal

55976e179d0ccVictor Codina. El 22 de marzo se cumplen 36 años de la muerte de Espinal.

La figura de Espinal es polifacética: poeta, artista, especialista en cine, radio y televisión,  escritor, hombre comprometido con la política, luchador contra la dictadura, mártir de la democracia… Yo quisiera referirme a su dimensión más profunda, a su espiritualidad que es la raíz última y el sentido más profundo de su vida.

Nació en 1932 en el seno de una familia muy cristiana en St. Fruitós de Bages, pueblo vecino a la ciudad de Manresa, donde Ignacio de Loyola tuvo grandes experiencias místicas que se plasmaron en el libro de losEjercicios Espirituales. En este clima nació en Lluís Espinal la vocación a la Compañía de Jesús a la que ingresó en 1949. Acabados sus estudios, fue ordenado sacerdote en 1962, el mismo año en que comenzaba en Roma elConcilio Vaticano II. Espinal vivió la primavera eclesial del concilio.

Como compañero de Espinal durante unos 20 años, soy testigo de su profunda experiencia humana y cristiana, de su espiritualidad, de su honradez y autenticidad, expresadas muchas veces en forma poética y artística. Esta experiencia espiritual y humana es la que se manifiesta en sus Oraciones a quemarropa que se han hecho populares y que seguramente escribió cuando estudiaba en Bérgamo medios de comunicación social.

Pero esta vivencia espiritual, que al comienzo fue más bien personalista, poco a poco se fue abriendo a la dimensión social, a la justicia, a la defensa de los derechos humanos, a la crítica de la dictadura, primero de la dictadura franquista en España y luego de la dictadura de Bánzer en Bolivia.

Hay fechas muy significativas en su vida. Espinal llega a Bolivia el mítico año 1968, cuando los obispos latinoamericanos reunidos en Medellín para aplicar el Vaticano II a sus Iglesias locales, disciernen los signos de los tiempos, escuchan el clamor del pueblo oprimido y optan por los pobres y por su liberación.

Por otra parte, en 1974-75, la Compañía de Jesús, reunida en su Congregación general 32, redefine el carisma ignaciano de los jesuitas de defensa y propagación de la fe como promoción de la fe y de la justicia. Y en sus decretos se dice que esta opción evangélica seguramente tendrá un gran costo humano y social.

Todo esto influye en Espinal que a la dimensión tradicional de la fe en Cristo unirá la lucha por la justicia. Su experiencia espiritual se vuelve compromiso social, la fe le lleva a la justicia, su mística conduce a la profecía, su huelga de hambre con las mujeres mineras se convierte en una experiencia existencial y eucarística. Y cuando la policía desaloja a los huelguistas del local donde hacían la huelga, Espinal pide que se lean las bienaventuranzas. En su mesita de noche estaba el evangelio de Juan abierto en el diálogo entre Jesús y Pilato. La talla de Espinal que el Presidente de Bolivia Evo Morales entregó al Papa Francisco en su visita a La Paz que representa la hoz y el martillo con el crucifijo de sus votos clavado en ella, expresa de modo artístico esta confluencia de la fe y la justicia en la vida de Espinal.

Por esto su muerte, como la de Mons. Romero asesinado el 24 de marzo de 1980, dos días después de Espinal, no es simplemente casual ni tampoco un hecho solamente político, es un martirio por la fe y por el evangelio, una muerte en seguimiento de Jesús de Nazaret que fue asesinado por los poderes políticos y religiosos de su tiempo. El Papa Francisco en su visita a Bolivia, al descender del aeropuerto del Alto a La Paz, se detuvo unos minutos  cerca de Achachicala donde había sido hallado el cuerpo acribillado a balazos de Espinal, rezó  por él y dijo que Espinal había sido asesinado por predicar el evangelio.

Espinal forma parte de los más de 50 jesuitas asesinados desde que la Compañía de Jesús hizo su opción por la fe y la justicia. Es un testigo del evangelio vivido hasta sus últimas consecuencias. En el aniversario de su muerte, recordamos su figura profética y subversiva. ¿Qué nos diría Espinal hoy?

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Agentes pastorales asesinados en el mundo en 2015

 

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Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Según la información recopilada por la Agencia Fides, durante el año 2015 han sido asesinados en el mundo 22 agentes pastorales. Por séptimo año consecutivo, el número más alto de agentes pastorales asesinados se ha registrado en América. Del 2000 al 2015, según los datos que poseemos, han sido asesinados en el mundo 396 agentes pastorales, de los cuales 5 eran obispos.
En el 2015 han muerto de forma violenta 13 sacerdotes, 4 religiosas y 5 laicos. Según la repartición por continentes, en América han sido asesinado 8 agentes pastorales (7 sacerdotes y 1 religiosa); en África han sido asesinados 5 agentes pastorales (3 sacerdotes, 1 religiosa, 1 laica); en Asia han sido asesinados 7 agentes pastorales (1 sacerdote, 2 religiosas, 4 laicos); en Europa han sido asesinados 2 sacerdotes.
Como viene sucediendo en los últimos años, la mayor parte de los agentes pastorales han sido asesinados como resultado de intentos de robo o hurto, y en algunos casos agredidos con ferocidad, una señal del clima de decadencia moral, de pobreza económica y cultural, que genera violencia y desprecio por la vida humana. En estas situaciones, similares en todas las latitudes del mundo, los sacerdotes, las religiosas y los laicos asesinados, vivían en la vida cotidiana dando su testimonio: administrando los sacramentos, ayudando a los pobres y los marginados, cuidando de los huérfanos y de los toxico-dependientes, siguiendo proyectos de desarrollo o simplemente teniendo abierta la puerta de su casa. Y algunos fueron asesinados por las mismas personas a las que ayudaban. “Ayer, como hoy, aparecen las tinieblas del rechazo de la vida, pero brilla más fuerte aún la luz del amor, que vence el odio e inaugura un mundo nuevo” (Papa Francisco, Ángelus del 26 de diciembre de 2015).
La lista anual de Fides, que sin duda es incompleta, no se refiere sólo de los misioneros ‘ad gentes’ en sentido estricto, sino a todos los agentes pastorales asesinados de forma violenta. No se utiliza el término “mártires”, si no sólo en su sentido etimológico de “testigos” para no entrar en el juicio que la Iglesia podrá dar a algunos de ellos, y también por las pocas noticias que se consigue recoger sobre su vida y las circunstancias de la muerte.
A la lista provisional realizada anualmente por la Agencia Fides, siempre hay que añadir la larga lista de aquellos muchos, de los cuales tal vez nunca se tendrá noticia o de los que ni siquiera se sabrá el nombre, que en todos los rincones del planeta sufren y pagan con sus vidas, su fe en Jesucristo. (SL) (Agencia Fides 30/12/2015)
Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Según la información recopilada por la Agencia Fides, durante el año 2015 han sido asesinados en el mundo 22 gentes pastorales. Por séptimo año consecutivo, el número más alto de agentes pastorales asesinados se ha registrado en América. Del 2000 al 2015, según los datos que poseemos, han sido asesinados en el mundo 396 agentes pastorales, de los cuales 5 eran obispos.
En el 2015 han muerto de forma violenta 13 sacerdotes, 4 religiosas y 5 laicos. Según la repartición por continentes, en América han sido asesinado 8 agentes pastorales (7 sacerdotes y 1 religiosa); en África han sido asesinados 5 agentes pastorales (3 sacerdotes, 1 religiosa, 1 laica); en Asia han sido asesinados 7 agentes pastorales (1 sacerdote, 2 religiosas, 4 laicos); en Europa han sido asesinados 2 sacerdotes.
Como viene sucediendo en los últimos años, la mayor parte de los agentes pastorales han sido asesinados como resultado de intentos de robo o hurto, y en algunos casos agredidos con ferocidad, una señal del clima de decadencia moral, de pobreza económica y cultural, que genera violencia y desprecio por la vida humana. En estas situaciones, similares en todas las latitudes del mundo, los sacerdotes, las religiosas y los laicos asesinados, vivían en la vida cotidiana dando su testimonio: administrando los sacramentos, ayudando a los pobres y los marginados, cuidando de los huérfanos y de los toxico-dependientes, siguiendo proyectos de desarrollo o simplemente teniendo abierta la puerta de su casa. Y algunos fueron asesinados por las mismas personas a las que ayudaban. “Ayer, como hoy, aparecen las tinieblas del rechazo de la vida, pero brilla más fuerte aún la luz del amor, que vence el odio e inaugura un mundo nuevo” (Papa Francisco, Ángelus del 26 de diciembre de 2015).
La lista anual de Fides, que sin duda es incompleta, no se refiere sólo de los misioneros ‘ad gentes’ en sentido estricto, sino a todos los agentes pastorales asesinados de forma violenta. No se utiliza el término “mártires”, si no sólo en su sentido etimológico de “testigos” para no entrar en el juicio que la Iglesia podrá dar a algunos de ellos, y también por las pocas noticias que se consigue recoger sobre su vida y las circunstancias de la muerte.
A la lista provisional realizada anualmente por la Agencia Fides, siempre hay que añadir la larga lista de aquellos muchos, de los cuales tal vez nunca se tendrá noticia o de los que ni siquiera se sabrá el nombre, que en todos los rincones del planeta sufren y pagan con sus vidas, su fe en Jesucristo. (SL) (Agencia Fides 30/12/2015)


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El Salvador: el martirio de las Hermanas de Maryknoll

Martirio de las Hnas. de Maryknoll a 35 años clama justicia

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Maura, Ita, Jean y Dorothy están vivas, y yo sólo puedo agradecer a Dios por haberlas conocido, querido…(Hna. Madeline Dorsey).

 

 

 

 

 

 

Corría el año 1980, cuando comenzaba en El Salvador la guerra entre rebeldes de izquierda que buscaban una reforma social y las milicias represivas del gobierno conservador. Cerca de un millón de personas resultaron desplazadas por el conflicto y más de 75,000 perdieron la vida. Entre los muertos se encuentran miembros de la iglesia, a quienes se les consideraba subversivos por ayudar a los pobres. La Hermana de Maryknoll Madeleine Dorsey, quien sirvió en El Salvador en ese momento, reflexiona sobre la muerte de cuatro de sus compañeras: la Hermana Ursulina Dorothy Kazel, la misionera laica Jean Donovan y las Hermanas de Maryknoll Ita Ford y Maura Clarke.
El recuerdo de los eventos de 1980 siempre será doloroso y hermoso al mismo tiempo, ya que la fe de la gente querida que perdimos aún nos habla hoy en día. Que yo haya sobrevivido sigue siendo un misterio para mí. Trabajaba con los pobres y tuve las mismas probabilidades de encontrar la muerte que mis compañeras. Ninguna otra Hermana de Maryknoll conocía la complejidad de El Salvador, ni entendía la guerra no declarada del gobierno contra sus propios pobres como yo.
Yo había sido testigo de demasiada violencia ese año y me encontraba sola, sirviendo a una comunidad de 8.000 personas en la Diócesis de Santa Ana. Los recién formados escuadrones de la muerte llegaban por las noches, se llevaban a los jóvenes y, en ocasiones, a sus padres también.
Dorothy Kazel y Jean Donovan, del equipo misionero de Cleveland, trabajaban a hora y media de Santa Ana. Siempre les preocupó que yo estuviera sola. Jean insistía en que no dejara de ir a nuestros días de oración y descanso que planificábamos con anterioridad.
En 1979, cuando el equipo líder de las Hermanas de Maryknoll solicitó voluntarias para unirse a nosotros en El Salvador, Carla Piette, Ita ford, Terry Alexander y Maura Clarke se ofrecieron. Carla llegó el 24 de marzo, el mismo día en que el Arzobispo Oscar Romero fue asesinado mientras ofrecía una Misa. El impacto de su muerte fue sobrecogedor en todo el mundo. Romero denunciaba constantemente la violencia. La voz del pueblo había sido silenciada.
Maura e Ita hicieron trabajo social con los refugiados desplazados. Por designio de Dios, la gentil Maura, tras sólo tres meses y medio en El Salvador, acompañó a Ita, Dorothy y Jean a su martirio.
Es una historia de muerte, sepultura y resurrección. Es la única manera en la que puedo recordar aquellos días desde aquel 2 de diciembre en el que desapareció el automóvil en el que se desplazaban las cuatro misioneras. Dos días de búsqueda después, un granjero le contó a su párroco que había sido obligado a enterrar “cuatro mujeres blancas sin identificar”. Literalmente, “volamos” en un jeep hasta esa zona remota.
Entonces vino la dolorosa exhumación. Jean salió primera, su adorable rostro había sido destrozado. Dorothy tenía una expresión tranquila. La cara de Maura parecía emitir un quejido silencioso. Finalmente, estaba la pequeña Ita. Me acerqué para limpiar la tierra de sus mejillas y colocar su brazo cerca de su costado. Nosotras, las Hermanas, caímos de rodillas en reverencia. Sentí como si fuera un momento de resurrección. Sí, sus cuerpos muertos y abusados estaban 35allí, pero sus almas estaban con el cariñoso Salvador.
Cada 2 de diciembre se celebra con liturgias, reconstrucciones dramatizadas y procesiones la memoria de estas mujeres que sirvieron a la iglesia. En Estados Unidos, varias obras sociales para gente de bajos recursos llevan sus nombres. En El Salvador, también, un proyecto de agricultura autosostenible fue llamado en honor de las religiosas, así como muchas jóvenes de ese país.
Maura, Ita, Jean y Dorothy están vivas, y yo sólo puedo agradecer a Dios por haberlas conocido, querido y apreciado, mujeres maravillosas con dones de entrega generosa.
Testimonio de la Hna. Madeline Dorsey, tiene 92 años y vive en el centro de las Hermanas de Maryknoll en New York.
Revista Maryknoll USA  –  Reflexión y Liberación Chile


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Perú: beatificación multitudinaria de tres mártires.

Más de 25 mil participarán en beatificación de primeros mártires de Perú

P. Alessandro Dordi, P. Miguel Tomaszek y P. Zbigniew Strzalkowski.

LIMA, 03 Dic. 15 / 05:02 pm (ACI/EWTN Noticias).- Más de 25 mil personas participarán en la beatificación de los padres Zbigniew Strzalkowski, Michele Tomaszek y Alessandro Dordi, los primeros mártires de la historia de Perú, que se celebrará el 5 de diciembre en el estadio “Centenario” de Chimbote, departamento de Ancash, al norte del país.

La ceremonia, que comenzará a las 10:00 a.m. (hora local), será presidida por el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el Cardenal Angelo Amato, y contará con la participación de 60 obispos y 300 sacerdotes entre peruanos y extranjeros.

Los polacos Tomaszek y Strzalkowski, de la Orden de los Hermanos Menores Conventuales, y el italiano Dordi fueron asesinados por odio a la fe en 1991 en distintas zonas de Ancash, a manos del grupo terrorista marxista maoísta Sendero Luminoso, que buscaba imponer por las armas un régimen comunista.

El Papa Francisco aprobó el decreto que los reconoce como mártires el 3 de febrero de este año. Poco después, el Obispado de Chimbote anunció que la ceremonia de beatificación se realizaría el 5 de diciembre.

En declaraciones a ACI Prensa en mayo de este año, Mons. Luis Bambarén, Obispo Emérito de Chimbote e iniciador del proceso de beatificación de los tres presbíteros, aseguró que Abimael Guzmán, fundador de Sendero Luminoso, admitió que él mismo ordenó la ejecución de los mártires.

Guzmán le dijo a Mons. Bambarén que para los terroristas “con la Misa, laBiblia, el Catecismo, la Eucaristía, los sacramentos, la evangelización”, los sacerdotes impedían “que el mensaje de la lucha armada sea aceptado por los jóvenes y el pueblo, porque la religión es ‘el opio del pueblo’”.

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Perú: próxima beatificación de tres mártires

2015-12-01

 

Perú

PERU – “Mártires de la fe y de la caridad, testigos de esperanza”: beatificación de tres misioneros mártires

Chimbote (Agencia Fides) – “Una tierra que fue regada con la sangre de los mártires, está llamada a generar nuevos cristianos por el ejemplo del Evangelio”, escribe el Obispo de Chimbote, Su Exc. Mons. Angelo Francisco Simón Piorno, en un mensaje publicado con motivo de la beatificación de los tres misioneros mártires, los franciscanos polacos Miguel Tomaszek y Zbigniew Strzalkowski y el sacerdote italiano Alessandro Dordi, que se llevará a cabo el sábado 5 de diciembre.
Los tres misioneros fueron asesinados en Ancash (Perú), por la guerrilla del Sendero Luminoso, debido a su defensa de los valores del Evangelio y a su trabajo con los pobres. Los franciscanos fueron asesinados en Pariacoto el 9 de agosto de 1991, el sacerdote italiano el 25 de agosto de 1991, después de celebrar una misa en Vinzos, pueblo del valle del río Santa.
En su mensaje, enviado a la Agencia Fides, el Obispo de Chimbote, explica que “en el lugar de la beatificación hemos puesto esta expresión: ‘Mártires de la fe y de la caridad, testigos de esperanza’. Mártires de la fe, porque esto ha sido lo que les dio la fuerza para hacer frente a la muerte inminente y mártires de la caridad, porque toda su vida se dedicaron a las comunidades rurales, con las personas que viven en la pobreza y la marginación. Por estas razones, se han convertido no sólo para nuestra diócesis, sino para toda la Iglesia de Perú, en testigos de esperanza”.
Dado el gran número de fieles que se esperan, la beatificación tendrá lugar en el Estadio de Chimbote, la diócesis donde trabajaban los tres mártires. La Conferencia Episcopal Peruana ha puesto en marcha una página web dedicada a la beatificación de los mártires con sus biografías, notas sobre el martirio, testimonios, detalles de la beatificación, noticias y material multimedia, vídeo y fotos. (CE) (Agencia Fides, 01/12/2015)


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Los mártires ugandeses recordados por el Papa.

Los mártires de Uganda nos indican el camino: Su fe buscó el bien de todos, incluso del Rey que los condenó, dijo el Papa

 

 

 

 

 

 

 

(RV).- Despues de visitar el santuario anglicano de mártires, el Namugongo Anglican Shrine, en el lugar mismo del martirio de ugandeses católicos y anglicanos, donde rezó en silencio, Francisco se trasladó al Santuario Nacional Católico de Namugongo donde  celebró la Eucaristía, en el 50 aniversario de la canonización de estos cristianos condenados, torturados y asesinados por su fe en Jesús como única causa.

La forma del Santuario de Namugongo evoca la campana tradicional de la etnia Baganda y se apoya sobre veintidós pilastras que representan a los 22 mártires católicos. Frente a la entrada principal de la Basílica, bajo el gran Altar, se encuentra el lugar donde Carlos Lwanga fue quemado vivo el 3 de Junio de 1886. Construido sobre el mismo sitio donde fueron condenados a muerte los mártires de Uganda, fue consagrado por el Papa Pablo VI el último día de su Viaje Apostólico en Uganda (31 Julio a 2 Agosto 1969). Difícil de captar el ánimo profundo de la Iglesia en Uganda si no se conoce la historia de Namugongo y el puesto que este ocupa en la conciencia de los cristianos ugandeses. El Santuario es meta de peregrinos todo el año y de una gran peregrinación nacional (3 de Junio, fiesta litúrgica de S. Carlos Lwanga) en la cual participan decenas de miles de peregrinos de toda Uganda y de los Países limítrofes.

Aquí Francisco dijo entre otras cosas: “Los mártires de Uganda nos indican el camino. Su fe buscó el bien de todos, incluso del mismo Rey que los condenó por su credo cristiano. Su respuesta buscaba oponer el amor al odio, y de ese modo irradiar el esplendor del Evangelio. Ellos no se limitaron a decir al Rey lo que el Evangelio prohibía, sino que mostraron con su vida lo que significa realmente decir «sí» a Jesús. Significa misericordia y pureza de corazón, ser humildes y pobres de espíritu, y tener sed de la justicia, con la esperanza de la recompensa eterna. El testimonio de los mártires nuestra, a todos los que han conocido su historia, entonces y hoy, que los placeres mundanos y el poder terreno no dan alegría ni paz duradera. Es más, la fidelidad a Dios, la honradez y la integridad de la vida, así como la genuina preocupación por el bien de los otros, nos llevan a esa paz que el mundo no puede ofrecer. Esto no disminuye nuestra preocupación por las cosas de este mundo, como si mirásemos solamente a la vida futura. Al contrario, nos ofrece un objetivo para la vida en este mundo y nos ayuda a acercarnos a los necesitados, a cooperar con los otros por el bien común y a construir, sin excluir a nadie, una sociedad más justa, que promueva la dignidad humana, defienda la vida, don de Dios, y proteja las maravillas de la naturaleza, la creación, nuestra casa común”. jesuita Guillermo Ortiz – RADIO VATICANA

Texto y audio de Homilía del Santo Padre en la Misa en el Santuario de los Mártires de Uganda, Namugongo

 

Sábado, 28 de noviembre de 2015

«Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra» (Hch 1,8).

Desde la época Apostólica hasta nuestros días, ha surgido un gran número de testigos para proclamar a Jesús y manifestar el poder del Espíritu Santo. Hoy, recordamos con gratitud el sacrificio de los mártires ugandeses, cuyo testimonio de amor por Cristo y su Iglesia ha alcanzado precisamente «los extremos confines de la tierra». Recordamos también a los mártires anglicanos, su muerte por Cristo testimonia el ecumenismo de la sangre. Todos estos testigos han cultivado el don del Espíritu Santo en sus vidas y han dado libremente testimonio de su fe en Jesucristo, aun a costa de su vida, y muchos de ellos a muy temprana edad.

También nosotros hemos recibido el don del Espíritu, que nos hace hijos e hijas de Dios, y también para dar testimonio de Jesús y hacer que lo conozcan y amen en todas partes. Hemos recibido el Espíritu cuando renacimos por el bautismo, y cuando fuimos fortalecidos con sus dones en la Confirmación. Cada día estamos llamados a intensificar la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida, a «reavivar» el don de su amor divino para convertirnos en fuente de sabiduría y fuerza para los demás.

El don del Espíritu Santo se da para ser compartido. Nos une mutuamente como fieles y miembros vivos del Cuerpo místico de Cristo. No recibimos el don del Espíritu sólo para nosotros, sino para edificarnos los unos a los otros en la fe, en la esperanza y en el amor. Pienso en los santos José Mkasa y Carlos Lwanga que, después de haber sido instruidos por otros en la fe, han querido transmitir el don que habían recibido. Lo hicieron en tiempos difíciles. No estaba amenazada solamente su vida, sino también la de los muchachos más jóvenes confiados a sus cuidados. Dado que ellos habían cultivado la propia fe y habían crecido en el amor de Cristo, no tuvieron miedo de llevar a Cristo a los demás, aun a precio de la propia vida. Su fe se convirtió en testimonio; venerados como mártires, su ejemplo sigue inspirando hoy a tantas personas en el mundo. Ellos siguen proclamando a Jesucristo y el poder de la cruz.

Si, a semejanza de los mártires, reavivamos cotidianamente el don del Espíritu Santo que habita en nuestros corazones, entonces llegaremos a ser de verdad los discípulos misioneros que Cristo quiere que seamos. Sin duda, lo seremos para nuestras familias y nuestros amigos, pero también para los que no conocemos, especialmente para quienes podrían ser poco benévolos e incluso hostiles con nosotros. Esta apertura hacia los demás comienza en la familia, en nuestras casas, donde se aprende a conocer la misericordia y el amor de Dios. Y se expresa también en el cuidado de los ancianos y de los pobres, de las viudas y de los huérfanos.

Como aquella madre y sus siete hijos, que describe el segundo Libro de los Macabeos, se animaban unos a otros en el momento de la gran prueba (7,1-2.9-14), del mismo modo, como miembros de la familia de Dios, debemos ayudarnos unos a otros, protegernos y guiarnos a la plenitud de la vida. Pienso con gratitud en todos aquellos –Obispos, sacerdotes, mujeres y hombres consagrados y catequistas– que de mil modos diversos han ayudado a las familias cristianas. Que la Iglesia en este país, especialmente mediante las comunidades parroquiales, siga ayudando a las parejas jóvenes en su preparación al matrimonio, anime a los esposos a vivir el vínculo conyugal en el amor y la fidelidad, y ayude a los padres en su tarea de ser los primeros maestros de la fe de sus hijos.

Al igual que los Apóstoles y los mártires de Uganda antes que nosotros, hemos recibido el don del Espíritu Santo para ser discípulos-misioneros, llamados a salir hacia los otros y llevar el Evangelio a todos. En ocasiones esto supondrá ir hasta los confines del mundo, como misioneros en tierras lejanas. Esto es esencial para la difusión del Reino de Dios, y les pido siempre una respuesta generosa a esta exigencia. Sin embargo, no es necesario viajar para ser discípulos-misioneros. En realidad, solamente hace falta abrir los ojos a las necesidades que encontramos en nuestras casas y en nuestras comunidades locales para darnos cuenta de las numerosas oportunidades que allí nos esperan.

También en esto los mártires de Uganda nos indican el camino. Su fe buscó el bien de todos, incluso del mismo Rey que los condenó por su credo cristiano. Su respuesta buscaba oponer el amor al odio, y de ese modo irradiar el esplendor del Evangelio. Ellos no se limitaron a decir al Rey lo que el Evangelio prohibía, sino que mostraron con su vida lo que significa realmente decir «sí» a Jesús. Significa misericordia y pureza de corazón, ser humildes y pobres de espíritu, y tener sed de la justicia, con la esperanza de la recompensa eterna.

El testimonio de los mártires nuestra, a todos los que han conocido su historia, entonces y hoy, que los placeres mundanos y el poder terreno no dan alegría ni paz duradera. Es más, la fidelidad a Dios, la honradez y la integridad de la vida, así como la genuina preocupación por el bien de los otros, nos llevan a esa paz que el mundo no puede ofrecer. Esto no disminuye nuestra preocupación por las cosas de este mundo, como si mirásemos solamente a la vida futura. Al contrario, nos ofrece un objetivo para la vida en este mundo y nos ayuda a acercarnos a los necesitados, a cooperar con los otros por el bien común y a construir, sin excluir a nadie, una sociedad más justa, que promueva la dignidad humana, defienda la vida, don de Dios, y proteja las maravillas de la naturaleza, la creación, nuestra casa común.

Queridos hermanos y hermanas, esta es la herencia que han recibido de los mártires ugandeses: vidas marcadas por la fuerza del Espíritu Santo, vidas que también ahora siguen dando testimonio del poder transformador del Evangelio de Jesucristo. Esta herencia no la hacemos nuestra como un recuerdo circunstancial o conservándola en un museo como si fuese una joya preciosa. En cambio, la honramos verdaderamente, y a todos los santos, cuando llevamos su testimonio de Cristo a nuestras casas y a nuestros prójimos, a los lugares de trabajo y a la sociedad civil, tanto si nos quedamos en nuestras propias casas como si vamos hasta los más remotos confines del mundo.

Que los mártires ugandeses, junto con María, Madre de la Iglesia, intercedan por nosotros, y que el Espíritu Santo encienda en nosotros el fuego del amor divino. Omukama abawe omukisa. (Que Dios los bendiga).