Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Descubierto el lugar en que fueron enterrados los 21 mártires coptos degollados por los yihadistas.

LIBIA – Procurador líbico:sabemos donde están enterrados los mártires coptos degollados por los yihadistas

Trípoli – El Procurador general líbico Al Sadiq al Sour ha referido en una conferencia de prensa que celebró ayer jueves 28 de septiembre que ha sido individuado el lugar donde se encuentran enterrados los restos mortales de los 21 cristianos coptos degollados por los yihadistas del Estado Islámico en 2015. Según cuanto ha referido el mismo procurador, ya han iniciado las excavaciones en la zona en la que se encuentra la fosa común. El posible hallazgo de lo que queda de los cuerpos de las víctimas se debe a la detención de un hombre acusado de haber tomado parte en la masacre, reivindicada por los yihadistas con la publicación en la red de un macabro vídeo de la decapitación colectiva. El Procurador Al-Sadiq al-Sour también ha indicado una playa cercana a un hotel de la ciudad de Sirte como el lugar en el que se produjo la matanza y ha añadido que se ha individuado al hombre que gravó las escenas y montó el vídeo.
La noticia de la posible recuperación de los cuerpos de los 21 coptos se ha propagado rápidamente por todo Egipto, generando gran entusiasmo, especialmente en las comunidades coptas de la región de Minya, de donde provienen la mayoría de las víctimas de la masacre. Los familiares de las víctimas se han puesto de inmediato en contacto con la cancillería egipcia para confirmar la noticia y han pedido que los restos mortales de sus seres queridos, que ya son celebrados como mártires, regresen pronto a su Patria para ser enterrados en las iglesias y capillas que les han sido dedicadas.Los 21 coptos egipcios fueron secuestrados en Libia en enero de 2015. El vídeo de su decapitación fue subido a la red por sitios yihadistas el 15 de febrero. Apenas una semana después de su decapitación bárbara, el patriarca católico ortodoxo Tawadros II decidió inscribir a los 21 mártires degollados por el Estado islámico en Libia en el Synaxarium, el libro de los mártires de la Iglesia Copta, estableciendo que su memoria fuese celebrada el 15 de febrero. “El vídeo que retrata su ejecución – dijo tras la masacre a la Agencia Fides Anba Antonios Aziz Mina, obispo copto católico emérito de Guizeh – fue montado como una escena de cine escalofriante con la intención de difundir el terror. Sin embargo, en ese diabólico producto del horror sangriento, se ve que algunos de los mártires, en el momento de su ejecución bárbara, repetían ‘Señor Jesucristo’. El nombre de Jesús fue la última palabra en sus labios. Como en la pasión de los primeros mártires, confiaron en Aquel que pronto los recibiría. Y así celebraron su victoria, la victoria que ningún asesino podrá quitarles. Ese nombre susurrado en el último instante fue el sello de su martirio”. .

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Argentina: aniversario del asesinato de Mons. Angelelli

  ARGENTINA – Un 4 de agosto fue asesinado Mons. Enrique Angelelli, el obispo de los pobres

La Rioja – El 4 de agosto de 1976, el padre Arturo Pinto y Mons. Angelelli mientras regresaban de una celebración en honor de dos sacerdotes asesinados. A lo largo de la carretera hacia Córdoba, dos coches se acercaron chocando contra ellos. El padre Pinto, único testigo de lo sucedido, comunicó que, al despertarse, encontró al obispo asesinado con varios disparos en la cabeza. Durante años, la muerte de Angelelli fue enmascarada como un accidente automovilístico. Solo en el 2009 las cosas cambiaron porque ese año se reabrió el caso.
41 años después de su muerte, la comunidad recuerda sus palabras: “hay que tener el oído atento, siempre puesto a lo que dice el Evangelio y a lo que dice el pueblo”.Mons. Enrique Angelelli , obispo de la diócesis de La Rioja, era uno de los obispos más conocidos del País, contrario a la dictadura. Murió en un accidente de automóvil simulado, poco después de instaurarse la dictadura militar. Tras 38 años, el 4 de julio de 2014, fueron condenados a cadena perpetua dos altos mandos del ejercito por el homicidio del obispo. Durante décadas las autoridades sostuvieron que su muerte fue un accidente. En 2015 se abrió la fase diocesana de su causa de beatificación .


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La celebración de los mártires en la iglesia de S. Bartolomé en Roma. Crónica.

El Papa: “Los campos para refugiados son campos de concentración”

Fuerte denuncia de Francisco durante la vigilia por los «nuevos mártires» en San Bartolomé: «Los acuerdos internacionales son más importantes que los derechos humanos». El recuerdo de una cristiana degollada frente al marido musulmán. Llamado por los migrantes: «Crueldad hacia ellos. Que la generosidad del Sur contagie al Norte»
REUTERS

Papa Francisco

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Pubblicato il 22/04/2017
Ultima modifica il 22/04/2017 alle ore 20:07
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

«Muchas son las pruebas de los justos, pero de todas los salva el Señor; Él custodia todos sus huesos, ni siquiera uno será roto». El coro entonaba las estrofas del Himno de los mártires mientras Bergoglio entraba a la Basílica de San Bartolomé en la Isla Tiberina, en donde presidió hoy, 22 de abril de 2017, por la tarde la vigilia de oración promovida por la Comunidad de Sant’Egidio por los Nuevos mártires de los siglos XX y XXI.

 

En este lugar elegido por Juan Pablo II después del Jubileo del año 2000 como memorial para los nuevos y antiguos mártires, en donde el testimonio de los cristianos asesinados «in odium fidei» durante los siglos pasados se entrelaza con la de los seguidores de Cristo perseguidos por las ideologías del siglo XX o por las recientes locuras extremistas, Papa Francisco entró como peregrino y rezó por todos los que «han tenido la gracia de confesar a Jesús hasta la muerte».

 

«Algunos han sido nuestros amigos, o incluso comensales», dijo Andrea Riccardi, fundador de Sant’Egidio, en su saludo inicial, en el que recordó a algunos de ellos: don Andrea Santoro, asesinado en Turquía; Shabbaz Bhatti, asesinado en Paquistán; Christian de Chergé, masacrado en Argelia; el padre Jaques Hamel, degollado en Normandía; el obispo Enrique Angelelli, perseguido por los militares en Argentina. De estos y otros testimonios se conserva en las capillas laterales de la Basílica un objeto personal: la estola, el breviario, el pastoral, el cáliz, la bibbia: «Hemos sido sus amigos pero no nos libramos de la voluntad tenaz de salvarnos a nosotros mismos». Es más, han querido recordarnos, mediante el testimonio «usque ad sanguinis effusionem», que «como cristianos no somos vencedores por el poder, las armas, el dinero, sino habitados por la fuerza humilde de la fe y del amor». Cristianos que, al contrario del resto del mundo sacudido por la «guerra, madre de dolores y pobreza», «no roban la vida, sino la dan».

 

«El recuerdo de estos heroicos testimonios antiguos y recientes nos confirma en la conciencia que la Iglesia es la Iglesia si es Iglesia de mártires», comenzó Papa Francisco en su homilía. Y, con un hijo de voz, añadió: «un ícono más en esta Iglesia». «Una una mujer. No sé su nombre, pero ella nos mira desde el Cielo. Cuando estaba en Lesbos, saludaba a los refugiados y encontré a un hombre de 30 años con tres niños que me ha dicho: “Padre yo soy musulmán, pero mi esposa era cristiana. A nuestro país han venido los terroristas, nos han visto y nos han preguntado cuál era la religión que practicábamos. Han visto el crucifijo, y nos han pedido tirarlo al piso. Mi mujer no lo hizo y la han degollado delante de mí. Nos amábamos mucho”. Este es el ícono que hoy les traigo como regalo aquí. No sé si este hombre está todavía en Lesbos o ha logrado ir a otra parte. No sé si ha sido capaz de huir de ese campo de concentración porque los campos de refugiados… muchos de ellos son campos de concentración, son abandonados ahí, a los pueblos generosos que los acogen, que tienen que llevar adelante este peso porque los acuerdos internacionales parecen ser más importantes que los Derechos Humanos. Y este hombre no tenía rencor. Y él siendo musulmán llevaba adelante esta cruz sin rencor, se refugiaba en el amor de su mujer, que ha recibido la gracia del martirio».

 

El mártir es, de hecho, «un graciado», afirmó Bergoglio. «Cuantas veces, en momentos difíciles de la historia, se ha escuchado decir: “Hoy la patria necesita héroes”. Los mártires pueden ser pensados como héroes pero lo fundamental del mártir es que es uno que ha recibido una gracia. Existe la gracia de Dios, no el coraje, no valentía, esto es lo que lo hace mártir». Los mártires, prosiguió el Pontífice citando los pasajes del Apocalipsis leídos en la liturgia, «han tenido la gracia de confesar a Jesús hasta el fin, hasta la muerte. Ellos sufren, ellos dan la vida, y no recibimos la bendición de Dios por su testimonio», dijo el Papa. Y recordó también a «tantos mártires ocultos» de hoy, esos hombres y mujeres «fieles a la fuerza mansa del amor, a la voz del Espíritu Santo, que en la vida de cada día tratan de ayudar a los hermanos y de amar a Dios sin reservas».

 

Papa Bergoglio describió la «causa» de sus persecuciones: «el odio del príncipe de este mundo hacia cuantos han sido salvados y redimidos por Jesús con su muerte y con su resurrección. En el pasaje del Evangelio que hemos escuchado (Cfr. Jn 15,12-19) Jesús usa una palabra fuerte y escandalosa: la palabra “odio”. Él, que es el maestro del amor, a quien gustaba mucho hablar de amor, habla de odio. Pero Él quería siempre llamar las cosas por su nombre. Y nos dice: “No se asusten. El mundo los odiará; pero sepan que antes de ustedes, me ha odiado a mí”. Jesús nos ha elegido y nos ha rescatado, por un don gratuito de su amor. Con su muerte y resurrección nos ha rescatado del poder del mundo, del poder del diablo, del poder del príncipe de este mundo. Y el origen del odio es este: porque nosotros hemos sido salvados por Jesús, y el príncipe de este mundo esto no lo quiere, él nos odia y suscita la persecución, que desde los tiempos de Jesús y de la Iglesia naciente continúa hasta nuestros días. ¡Cuántas comunidades cristianas hoy son objeto de persecución! ¿Por qué? A causa del odio del espíritu del mundo».

 

Entonces, «¿qué cosa necesita hoy la Iglesia?», se preguntó el Papa: «Mártires, testimonios, es decir, Santos, aquellos de la vida ordinaria, porque son los Santos los que llevan adelante a la Iglesia. ¡Los Santos!, sin ellos la Iglesia no puede ir adelante. La Iglesia necesita de los Santos de todos los días, de la vida ordinaria llevada adelante con coherencia; pero también de aquellos que tienen la valentía de aceptar la gracia de ser testigos hasta el final, hasta la muerte».

 

Todos ellos son, para el Papa, «la sangre viva de la Iglesia», los testigos «que demuestran que Jesús resucitó, que Jesús es vivo» y que «nos enseñan que, con la fuerza del amor, con la mansedumbre, se puede luchar contra la prepotencia, la violencia, la guerra y se puede realizar con paciencia la paz».

 

Antes de la homilía del Pontífice, momento conmovedor de la celebración, ofrecieron tres testimonios el hijo de Paul Schneider, pastor de la Iglesia reformada, asesinado en el campo de exterminio de Buchenwald en 1939: «Mi padre fue elegido para ofrecer testimonio del Evangelio y esto me consuela», dijo. Después habló Roselyne Hamel, hermana del padre Jacques, el párroco de Rouen degollado por dos fundamentalistas en julio del año pasado durante la misa. Mi hermano «nunca quiso estar en el centro, sino que ofreció un testimonio al mundo entero cuya extensión la podemos medir todavía. Con su muerte se convirtió en un hermano universal», afirmó la mujer. Al final, un amigo de William Quijano, asesinado por las Maras de El Salvador, que trataba de «romper las cadenas de la violencia», a través de la educación y la formación de los niños, con la certeza de que «un país sin escuelas y maestros es un país sin futuro».


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Homilía del Papa en el acto de veneración de los mártires antiguos y modernos.

El Papa reza por los Nuevos Mártires, “ellos son la sangre viva de la Iglesia”

2017-04-22 Radio Vaticana

(RV).- “La herencia viva de los mártires nos dona hoy a nosotros paz y unidad. Ellos nos enseñan que, con la fuerza del amor, con la mansedumbre, se puede luchar contra la prepotencia, la violencia, la guerra y se puede realizar con paciencia la paz”, lo dijo el Papa Francisco en su homilía en la Liturgia de la Palabra que presidió en la Basílica romana de San Bartolomé, con la Comunidad de San Egidio, el cuarto sábado de abril.

En la Celebración de la Memoria de los Testigos de la fe de los siglos XX y XXI, el Santo Padre dijo que, “hemos llegado hasta esta Basílica de San Bartolomé como peregrinos, aquí donde la historia antigua del martirio se une a la memoria de los nuevos mártires, de tantos cristianos asesinados por las desequilibradas ideologías de siglo pasado, y asesinados sólo porque eran discípulos de Jesús”.

“El recuerdo de estos heroicos testimonios antiguos y recientes – señaló el Pontífice – nos confirma en la conciencia que la Iglesia es una Iglesia de mártires. Ellos han tenido la gracia de confesar a Jesús hasta el final, hasta la muerte. Ellos sufren, ellos donan la vida, y nosotros recibimos la bendición de Dios por su testimonio”. Y existen también, tantos mártires escondidos, dijo el Papa, esos hombres y esas mujeres fieles a la fuerza humilde del amor, a la voz del Espíritu Santo, que en la vida de cada día buscan ayudar a los hermanos y de amar a Dios sin reservas.

“Jesús – afirmó el Papa Francisco – nos ha elegido y nos ha rescatado, por un don gratuito de su amor. Con su muerte y resurrección nos ha rescatado del poder del mundo, del poder del diablo, del poder del príncipe de este mundo”. Y el origen del odio, dijo el Papa, esta en el príncipe de este mundo, él nos odia y suscita la persecución, que desde los tiempos de Jesús y de la Iglesia naciente continúa hasta nuestros días. ¡Cuántas comunidades cristianas hoy son objeto de persecución! ¿Por qué? A causa del odio del espíritu del mundo.

Por ello, recordar estos testimonios de la fe y orar en este lugar, puntualizó el Santo Padre, es un gran don. Es un don para la Comunidad de San Egidio, para la Iglesia de Roma, para todas las Comunidades cristianas de esta ciudad, y para tantos peregrinos. Y entonces podemos orar así, dijo el Papa: “Oh Señor, haznos dignos testimonios del Evangelio y de tu amor; infunde tu misericordia sobre la humanidad; renueva tu iglesia, protege a los cristianos perseguidos, concede pronto la paz al mundo entero”.

Audio y Texto completo de la homilía del Papa Francisco

Hemos venido como peregrinos a esta Basílica de San Bartolomé en la Isla Tiberina, donde la historia antigua del martirio se une a la memoria de los nuevos mártires, de tantos cristianos asesinados por las desequilibradas ideologías de siglo pasado, y asesinados sólo porque eran discípulos de Jesús.

El recuerdo de estos heroicos testimonios antiguos y recientes nos confirma en la conciencia que la Iglesia es una Iglesia de mártires. Y los mártires son aquellos que, como nos lo ha recordado el Libro del Apocalipsis, «vienen de la gran tribulación y han lavado sus vestiduras, haciéndolas cándidas en la sangre del Cordero» (7,17). Ellos han tenido la gracia de confesar a Jesús hasta el final, hasta la muerte. Ellos sufren, ellos donan la vida, y nosotros recibimos la bendición de Dios por su testimonio. Y existen también tantos mártires escondidos, esos hombres y esas mujeres fieles a la fuerza humilde del amor, a la voz del Espíritu Santo, que en la vida de cada día buscan ayudar a los hermanos y de amar a Dios sin reservas.

Si miramos bien, la causa de toda persecución es el odio del príncipe de este mundo hacia cuantos han sido salvados y redimidos por Jesús con su muerte y con su resurrección. En el pasaje del Evangelio que hemos escuchado (Cfr. Jn 15,12-19) Jesús usa una palabra fuerte y escandalosa: la palabra “odio”. Él, que es el maestro del amor, a quien gustaba mucho hablar de amor, habla de odio. Pero Él quería siempre llamar las cosas por su nombre. Y nos dice: “No se asusten. El mundo los odiará; pero sepan que antes de ustedes, me ha odiado a mí”.

Jesús nos ha elegido y nos ha rescatado, por un don gratuito de su amor. Con su muerte y resurrección nos ha rescatado del poder del mundo, del poder del diablo, del poder del príncipe de este mundo. Y el origen del odio es este: porque nosotros hemos sido salvados por Jesús, y el príncipe de este mundo esto no lo quiere, él nos odia y suscita la persecución, que desde los tiempos de Jesús y de la Iglesia naciente continúa hasta nuestros días. ¡Cuántas comunidades cristianas hoy son objeto de persecución! ¿Por qué? A causa del odio del espíritu del mundo.

Cuantas veces, en momentos difíciles de la historia, se ha escuchado decir: “Hoy la patria necesita héroes”. Los mártires pueden ser pensados como héroes pero lo fundamental del mártir es que es uno que ha recibido una gracia. Existe la gracia de Dios, no el coraje, no valentía, ésto es lo que lo hace mártir.

Hoy, del mismo modo, nos podemos preguntar: “¿Qué cosa necesita hoy la Iglesia?” Mártires, testimonios, es decir, Santos, aquellos de la vida ordinaria, porque son los Santos los que llevan adelante a la Iglesia. ¡Los Santos!, sin ellos la Iglesia no puede ir adelante. La Iglesia necesita de los Santos de todos los días, de la vida ordinaria llevada adelante con coherencia; pero también de aquellos que tienen la valentía de aceptar la gracia de ser testigos hasta el final, hasta la muerte. Todos ellos son la sangre viva de la Iglesia. Son los testimonios que llevan adelante la Iglesia; aquellos que atestiguan que Jesús ha resucitado, que Jesús está vivo, y lo testifican con la coherencia de vida y con la fuerza del Espíritu Santo que han recibido como don.

Yo querría hoy añadir un ícono más en esta Iglesia: una mujer. No sé su nombre, pero ella nos mira desde el Cielo. Cuando estaba en Lesbos, saludaba a los refugiados y encontré a un hombre de 30 años con tres niños que me ha dicho: “Padre yo soy musulmán, pero mi esposa era cristiana. A nuestro país han venido los terroristas, nos han visto y nos han preguntado cuál era la religión que practicábamos. Han visto el crucifijo, y nos han pedido tirarlo al piso. Mi mujer no lo hizo y la han degollado delante de mí. Nos amábamos mucho”.

Este es el ícono que hoy les traigo como regalo aquí. No sé si este hombre está todavía en Lesbos o ha logrado ir a otra parte. No sé si ha sido capaz de huír de ese campo de concentración porque los campos de refugiados… muchos de ellos son campos de concentración, son abandonados ahí, a los pueblos generosos que los acogen, que tienen que llevar adelante este peso porque los acuerdos internacionales parecen ser más importantes que los Derechos Humanos. Y este hombre no tenía rencor. Y él siendo musulmán llevaba adelante esta cruz sin rencor, se refugiaba en el amor de su mujer, que ha recibido la gracia del martirio.

Recordar estos testimonios de la fe y orar en este lugar es un gran don. Es un don para la Comunidad de San Egidio, para la Iglesia de Roma, para todas las Comunidades cristianas de esta ciudad, y para tantos peregrinos. La herencia viva de los mártires nos dona hoy a nosotros paz y unidad. Ellos nos enseñan que, con la fuerza del amor, con la mansedumbre, se puede luchar contra la prepotencia, la violencia, la guerra y se puede realizar con paciencia la paz. Y entonces podemos orar así: «Oh Señor, haznos dignos testimonios del Evangelio y de tu amor; infunde tu misericordia sobre la humanidad; renueva tu Iglesia, protege a los cristianos perseguidos, concede pronto la paz al mundo entero. A ti Señor la Gloria y a nosotros la vergüenza».

(Traducción del Italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

(from Vatican Radio)


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El Papa venera a los mártires de los tiempos modernos

Oración del Papa por los «Nuevos Mártires»

(RV).- Con su alegría al recibir al Papa Francisco, la Comunidad de San Egidio presenta el programa de la visita y de la Oración del Santo Padre – el 22 de abril a las cinco de la tarde – en Basílica romana de San Bartolomé, encomendada a la misma Comunidad, y dedicada, desde 1999, a la memoria de los «Nuevos Mártires», por voluntad de Juan Pablo II.

En la Liturgia de la Palabra, intervendrán también parientes y amigos de tres de los numerosos testigos de la fe, cuya memoria se conserva en la iglesia de la Isla Tiberina:

Karl Schneider, hijo de Paul, Pastor de la Iglesia Reformada, asesinado en 1939 en el campo de Buchenwald porque había definido los objetivos del nazismo, entonces en el poder, como «inconciliables con las palabras de la Biblia»

Roselyne, hermana del P. Jacques Hamel, asesinado en Rouen, en Francia, el 26 de julio de 2016, cuando acaba de celebrar la Santa Misa

Francisco Hernández Guevara, amigo de William Quijano, un joven de San Egidio en El Salvador, asesinado en septiembre de 2009, porque con las «Escuelas de la Paz» de la misma Comunidad, ofrecía a los adolescentes en el barrio en el que vivía una alternativa a las «maras», pandillas de jóvenes que siembran terror en ese país de América Central.

El Papa Francisco, después de su homilía, rendirá homenaje a las seis capillas laterales de la basílica que conservan las reliquias de los mártires de Europa, África, América y Asia, del comunismo y del nazismo.

En el curso de la Liturgia, se encenderán algunas velas para acompañar cada oración que se pronunciará en memoria de los testigos de la fe del siglo XX hasta nuestros días. Desde los armenios y los otros cristianos de las Iglesias víctimas de masacres perpetradas durante la Primera Guerra Mundial, a los mártires de la paz y del diálogo, como los monjes trapenses de Nuestra Señora del Atlas en Argelia y don Andrea Santoro en Turquía. También de quien ha sido asesinado por la mafia, como Don Pino Puglisi, en Italia, y los numerosos misioneros que, en tantas partes del mundo, han entregado su vida por el Evangelio.

Un recuerdo que abrazará todos los continentes, uniendo nombres más conocidos como el del Arzobispo de San Salvador, Oscar Arnulfo Romero, a otros menos conocidos.

Se rezará también por los Obispos Mar Gregorios Ihrahim y Paul Yazigi, así como por el P. Paolo Dall’Oglio, secuestrados desde hace tanto tiempo en Siria, de los cuales no se tiene noticia alguna.

Al finalizar la oración, el Papa Francisco encontrará, en los locales cercanos a la basílica, a un grupo de refugiados llegados a Italia gracias a corredores humanitarios, así como a algunas mujeres víctimas de la trata y a algunos menores no acompañados.

(CdM – RV)

(from Vatican Radio)


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Niños y adolescentes entre los próximos nuevos santos.

Los Santos niños de México a Fátima, “testigos de verdad”

Se confirma el 13 de mayo la canonización de los dos “pastorinhos”. El 15 de octubre serán santos tres indígenas adolescentes mexicanos y 30 mártires brasileños. El cardenal Amato: «Un signo para los niños y adolescentes objeto de explotación y cosificación»

Los pastorcillos de Fátima Francisco yJGiacinta Marto y Lucia dos Santos

Pubblicato il 20/04/2017
Ultima modifica il 20/04/2017 alle ore 16:14
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

A los 11 y a los 9 años, Francisco y Jacinta Marto, los dos “pastorinhos” analfabetas de Fátima a los que se les apareció la “Señora”, la Virgen María, en la Cova da Iria, probablemente no habrían imaginado que in día la Iglesia los habría proclamado Santos. Papa Francisco los canonizará el próximo 13 de mayo de 2017, en el centenario de las apariciones, en el que será el evento clave de su viaje a la pequeña ciudad portuguesa durante la gran misa en el Santuario.

 

El anuncio fue dado esta mañana por el Pontífice en un Consistorio ordinario público, durante el que fueron comunicadas oficialmente las fechas de canonización de otros Beatos. Además de Francisco y Jacinta, serán otros tres niños: los mexicanos Cristóbal, Antonio y Juan, que durante la primera evengelización de América se sumaron sin reservas a la fe cristiana y fueron martirizados por este motivo. El primero falleció en 1527 en manos de su padre, los otros dos en 1529, azotados por sus compatriotas de Tlaxcala. Desde hace siglos, los historiadores de la Iglesia mexicana los celebran como los “protomártires” no solo de México, sino de toda América Latina, “semillas” que hicieron que floreciera el cristianismo en el Nuevo Mundo.

 

Al recordar su luminoso testimonio, el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el cardenal Angelo Amato, quiso dedicar un pensamiento, durante el Consistorio, a todos los jóvenes que en la actualidad pagan su fe con la sangre.

 

«No sin una particular conmoción recordamos que cinco de los Beatos son niños y adolescentes», esto es muy significativo «en la historia de nuestros días, en los que los pequeños no raramente se convierten en objeto de explotación y de cosificación», subrayó el purpurado. Y afirmó que estos pequeños futuros santos son «testimonios de verdad y libertad, mensajeros de paz de una humanidad reconciliada en el amor».

 

La ceremonia de canonización de Cristóbal, Antonio y Juan se llevará a cabo el 15 de octubre en la Plaza San Pedro, junto con las de los sacerdotes Andrea de Soveral y Ambrogio Francesco Ferro, del laico Matteo Moreira y de 27 compañeros, todos martirizados en Brasil durante labárbara represión calvinista perpetrada por los holandeses en contra de la fe católica en 1645. Ese día serán proclamados santos (como se anunció hoy en el Consistorio) también el escolapio español Faustino Míguez, que fundó el Instituto Calasanciano de las Hijas de la Divina Pastora para educar a niñas pobres, y Angelo da Acri (Luca Antonio Falcone), profeso de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos, que vivió a caballo entre los siglos XVII y XVII en el Reino de Nápoles, que se puso de parte de los débiles contra los abusos y las prepotencias de los potentes, castigando la corrupción y las injusticias sociales de su tiempo.

 

Se conocen diferentes detalles sobre las vidas de los dos “pastorcillos” y de su largo proceso que comenzó en 1952 y terminó en 1979, sobre todo gracias a los textos que escribió su prima Lucía dos Santos, consagrada dorotea que murió en 2005 a los 98 años y que pudo presenciar la beatificación de los dos hermanitos que presidió Juan Pablo II en el Santuario de Fátima el 13 de mayo de 2000, durante el gran Jubileo. En cambio, se sabe poco sobre las historias de los tres indígenas martirizados “in odium fidei”.

 

Los tres vivieron durante los primeros años del siglo XVI, cuando llegaron los misioneros franciscanos y dominicos a México, en el que dominaba el imperio azteca, con sus cultos y sacrificios practicados por una casta de sacerdotes que adoraba ídolos. Los evangelizadores condenaron estas costumbres paganas, a veces utilizando métodos drásticos, como la destrucción de templos e ídolos, y al mismo tiempo trabajaron para la promoción y la defensa de los indígenas. Esto fue uno de los factores que favorecieron el rápido desarrollo del cristianismo entre las poblaciones locales y esta también fue una de las causas que desencadenaron la persecución de los fieles al paganismo contra los evangelizadores.

 

La oleada de sangre y violencia que siguió arrolló a los tres jóvenes, educados en la escuela franciscana de Tlaxcala y asesinados en momentos y lugares diferentes por sus compatriotas. El primero fue “Cristobalito”, de 13 años, hijo predilecto del heredero del principal cacique Acxotécatl, quien, siguiendo el ejemplo de sus tres hermanos, pidió espontáneamente el Bautismo, eligiendo el nombre de Cristóbal. Se propuso convertir a su padre y lo exhortaba a cambiar de costumbres, a veces rompía los ídolos que había en su casa y trataba de llevar el Evangelio a sus familiares y conocidos. El hombre le rompió las articulaciones a su hijo con un bastón, pero él seguí a rezando hasta que fue arrojado a una hoguera. El cuerpo, incorrupto, fue sepultado primero en una habitación de la casa y un año más tarde fue llevado por los franciscanos al convento de Tlaxcala, y al final a la iglesia de Santa María.

 

También en Tlaxcala nacieron Antonio y Juan. El primero era nieto y heredero del cacique local, mientras que Juan, de condición humilde, era su siervo. Ambos fueron a la escuela de los franciscanos. En 1529 los dominicos decidieron fundar una misión en Oaxaca, por lo que le pidieron al director de la escuela que les indicara algunos chicos para que los acompañaran como intérpretes. Antonio y Juan, de 13 años, se propusieron inmediatamente. El grupo llegó a Tepeaca y los chicos ayudaron a los misioneros a recoger los ídolos. Después Antonio y Juan se trasladaron solos a Cuauhtinchán. Antonio entraba a las casas y Juan se quedaba en el umbral. Durante una de estas acciones, los indígenas los atacaron y golpearon a Juan tan fuerte que lo mataron en el acto. Antonio trató de ayudarlo pero los agresores también lo agredieron. Los frailes recobraron sus cadáveres y los sepultaron en Tepeaca, en una capilla. Juan Pablo II los proclamó Beatos el 6 de mayo de 1990 en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe de la Ciudad de México, durante la ceremonia en la que también fue beatificado Juan Diego, el “mensajero” de la Virgen Morena.

 

También fue violento el fin que tuvo el jesuita brasileño Andre Soveral, martirizado a los 73 años en julio de 1645 en la capilla de la Virgen de las Velas en Cunhau (una de las dos únicas parroquias que existían en esa época en el Río Grande del Norte). Al final de una misa, una tropa de soldados holandeses calvinistas irrumpieron en la Iglesia, cerraron las puertas, torturaron al párroco y a los fieles inocentes, que eran principalmente obreros y campesinos. Unos meses después, el 3 de octubre, le tocó la misma suerte al padre Ambrosio Francisco Ferro, arrollado con sus parroquianos por el odio de los soldados holandeses y 200 indígenas en la Parroquia de la Virgen de la Presentación. Juan Pablo II los elevó a los altares el 5 de marzo de 2000.

 


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Los mártires de hoy y la Iglesia.

Papa: Los mártires de hoy son la fuerza de la Iglesia

2017-01-30 Radio Vaticana

(RV).- La mayor fuerza de la Iglesia hoy está en las pequeñas Iglesias perseguidas. Es cuanto afirmó el Santo Padre en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Francisco centró su reflexión en los mártires. En efecto, afirmó hoy son más que los de los primeros siglos del cristianismo. Y explicó que los medios de comunicación no lo dicen, porque no es noticia. De ahí su invitación a hacer memoria de cuantos sufren el martirio.

Sí, porque como dijo el Pontífice “sin memoria no hay esperanza”. Y lo recordó comentando la Carta a los Hebreos que presenta la liturgia del día y que exhorta, precisamente, a remitirse a la memoria de toda la historia del pueblo del Señor. De hecho, el capítulo 11, se refiere, ante todo, a una “memoria de docilidad”, que – como afirmó el Papa – comienza con Abraham quien, obediente, salió de su tierra sin conocer su meta. Además, en este capítulo también se habla de otras dos memorias: la de las grandes hazañas del Señor, cumplidas por Gedeón, Sansón, David y tantos otros que han hecho grandes proezas en la historia de Israel”.

Para los medios de comunicación los mártires no son noticia

Y después hay un tercer grupo del que hacer memoria, la “memoria de los mártires”: “Aquellos que han sufrido y dado su vida como Jesús”. El Santo Padre recordó que la Iglesia es, en efecto, este pueblo de Dios, “pecador pero dócil”, “que hace grandes cosas y que también da testimonio de Cristo hasta el martirio”:

“Los mártires son aquellos que llevan adelante la Iglesia, son aquellos que sostienen a la Iglesia, que la han sostenido y la sostienen hoy. Y hoy hay más que en los primeros siglos. Los medios de comunicación no lo dicen porque no hace noticia, pero tantos cristianos en el mundo hoy son bienaventurados porque son perseguidos, insultados, encarcelados. ¡Hay tantos en las cárceles, sólo por llevar una cruz o por confesar a Jesucristo! Ésta es la gloria de la Iglesia y nuestro apoyo y también nuestra humillación: nosotros que tenemos todo, todo parece fácil para nosotros y si nos falta algo nos quejamos… ¡Pero pensemos en estos hermanos y hermanas que hoy, en número mayor al de los primeros siglos, sufren el martirio!”.

Francisco recordó que no puede olvidar “el testimonio de aquel sacerdote y aquella monja en la Catedral de Tirana: años y años de cárcel, trabajos forzados y humillaciones”, para los cuales no existían los derechos humanos.

La mayor fuerza de la Iglesia

Y añadió que hoy, la mayor fuerza de la Iglesia está en “las pequeñas Iglesias perseguidas”:

“Y nosotros, también es verdad y justo, estamos satisfechos cuando veamos un acto eclesial grande, que ha tenido gran éxito, los cristianos que se manifiestan… ¡Y esto es bello! ¿Esta es fuerza? Sí, es fuerza. Pero la mayor fuerza de la Iglesia hoy está en las pequeñas Iglesias, pequeñas, con poca gente, perseguidas, con sus obispos en la cárcel. Ésta es nuestra gloria hoy, ésta es nuestra gloria y nuestra fuerza hoy”.

La sangre de los mártires es semilla de cristianos

Hacia el final de su homilía el Obispo de Roma afirmó que una Iglesia sin mártires es “una Iglesia sin Jesús”. Por lo que invitó a rezar “por nuestros mártires que sufren tanto”, “por aquellas Iglesias que no tienen libertad de expresión”, porque “ellas son nuestra esperanza”. En los primeros siglos de la Iglesia – recordó el Santo Padre – un antiguo escritor decía: “La sangre de los cristianos, la sangre de los mártires, es semilla de cristianos”.

“Ellos con su martirio, con su testimonio, con su sufrimiento, incluso dando la vida, ofreciendo la vida, siembran cristianos para el futuro y en las demás Iglesias. Ofrezcamos esta Misa por nuestros mártires, por aquellos que ahora sufren, por las Iglesias que sufren, que no tienen libertad. Y demos gracias al Señor por estar presente, con la fortaleza de su Espíritu, en estos hermanos y hermanas nuestros que hoy dan testimonio de Él”.