Loiola XXI

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En el Angelus el Papa recuerda a los mártires de Argelia beatificados hoy

2018.12.08 Angelus2018.12.08 Angelus  (Vatican Media)

El Papa recuerda la beatificación de Mons. Pierre Claverie y compañeros mártires

En los saludos tras el rezo mariano el Santo Padre recordó la beatificación del Obispo Pierre Claverie y sus dieciocho compañeros víctimas de la violencia de la década de los noventa en Argelia. Y pidió la intercesión de la Virgen por las víctimas de la tragedia en la discoteca de Ancona, acaecida en la madrugada de este 8 de diciembre

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

En los saludos después del rezo mariano el Papa Francisco recordó la beatificación en Argelia de Mons. Pierre Claverie y dieciocho compañeros, que fueran asesinados por odio a la fe, víctimas de la violencia en Argelia a finales de los años 1990. Esta década costó la vida a más de 150 mil argelinos:

Nuevos beatos en Argelia fuente de esperanza para la comunidad

“Hoy en el Santuario de Notre Dame de Santa Cruz en Orán, Argelia, han sido proclamados beatos el obispo Pierre Claverie y dieciocho compañeros religiosos y religiosas, asesinados por odio a la fe. ¡Diecinueve nuevos beatos! Estos mártires de nuestro tiempo fueron fieles anunciadores del Evangelio, humildes constructores de paz y heroicos testigos de la caridad cristiana: un obispo, sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos. Su testimonio valiente es fuente de esperanza para la comunidad católica argelina y semilla de diálogo para toda la sociedad. Que esta Beatificación sea para todos un estímulo para construir juntos un mundo de fraternidad y solidaridad. ¡Demos un aplauso a los nuevos Beatos! ¡Todos juntos!”

El Papa pide por los fallecidos en la discoteca en Ancona

El Papa Francisco aseguró su oración por las víctimas de la tragedia en Ancona, en Corinaldo, donde durante un concierto dentro de una discoteca se originó un momento de pánico debido a un supuesto gas urticante difuso en el interior, causando una estampida que provocó la muerte de cinco jóvenes y una mamá, y numerosos heridos:

“Aseguro mi recuerdo en mi oración a los jóvenes y la mamá que fallecieron en la discoteca en Corinaldo, cerca de Ancona, así como a los numerosos heridos. Pido para todos la intercesión de la Virgen”.

Aliento del Papa a la Acción Católica Italiana

Tras saludar con afecto los peregrinos procedentes de Italia y de diversos países, a las familias, grupos parroquiales y asociaciones, el Papa se refirió a la iniciativa que se lleva a cabo en las parroquias italianas que en esta fiesta de la Inmaculada han propuesto la renovación a la Acción Católica, la asociación que “desde hace 150 años –dijo el Papa – es un don y un recurso para el camino de la Iglesia en Italia”:

“Animo a sus articulaciones diocesanas y parroquiales a comprometerse en la formación de laicos capaces de dar testimonio del Evangelio, convirtiéndose en levadura de una sociedad más justa y solidaria”.

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Mañama, 9 de diciembre, beatificación de 19 mártires de Argelia.

Beatificación de 19 mártires argelinos. Beatificación de 19 mártires argelinos.  

Iglesia argelina se prepara para la beatificación de sus diecinueve mártires

Diecinueve religiosos de ocho diferentes congregaciones religiosas que padecieron y fueron víctimas del terrorismo en Argelia durante la década de los noventa serán beatificados el próximo 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción en la localidad de Orán al noreste de país africano.

José Villanueva – Ciudad del Vaticano

La Iglesia de Argelia celebrará este sábado 8 de diciembre la beatificación de los diecinueve religiosos quienes dieron su vida durante la época del terrorismo argelino. Los religiosos pertenecen a diferentes congragaciones religiosas, cuyo testimonio de vida refleja los lazos de hermandad y amistad que se establecieron con los argelinos, permaneciendo con ellos en este periodo difícil, cultivando el diálogo y ofreciendo un signo de coexistencia pacífica a pesar de la guerra civil.

Los nuevos beatos son Monseñor Pierre Claverie, el hermano Henri Vergès, la hermana Paul-Hélène Saint-Raymond, la hermana Esther Paniagua Alonso, Sor Caridad Álvarez Martín, el padre Jean Chevillard, el Padre Alain Dieulangard, el padre Charles Deckers, el padre Christian Chessel, Sor Angèle-Marie Littlejohn, la hermana Bibiane Leclercq, Sor Odette Prévost, el hermano Luc Dochier, el hermano Christian de Chergé, el  hermano Christophe Lebreton, el Hermano Michel Fleury, el hermano Bruno Lemarchand, el hermano Célestin Ringeard y el hermano Paul Favre-Miville.

Se trata sacerdotes, monjas, religiosos y religiosas de vida consagrada que decidieron no abandonar Argelia durante la década oscura, iniciada en 1991 y terminada en 2002. Un periodo lleno de constantes ataques y enfrentamientos sangrientos entre las fuerzas armadas del gobierno contra los fundamentalistas islámicos que ocasionó la vida de 150 mil argelinos. Entre ellos, 13 religiosos, incluido un obispo y 6 religiosos, que fueron asesinados por el grupo extremista Gia.

Testimonio de vida de los nuevos mártires

Durante el desarrollo de las elecciones legislativas de 1991, los islamistas obtuvieron una amplia mayoría en el parlamento argelino y proponían a toda costa el establecimiento de una república islámica. Ante la difícil situación, el ejército argelino impuso un golpe de estado con la finalidad de impedir los planes del grupo islamista. En respuesta, los fundamentalistas se organizaron en el grupo islámico armado, para aterrorizar y castigar a cualquiera que apoyara al gobierno.

Miles de víctimas entre la población civil, incluidos imanes, intelectuales, artistas, periodistas, médicos, abogados, jueces y maestros, pero también mujeres y niños. El 30 de octubre de 1993, la organización terrorista emitió un ultimátum para que los extranjeros abandonaran Argelia en un mes. Muchos, presionados por las embajadas, tuvieron que abandonar el país, otros querían quedarse y el visor extremista se centró así en ellos. Los religiosos serán beatificados este 08 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción en la iglesia Notre Dame de Orán, al noreste de Argelia.

El hermano Vergès y la hermana de  Saint-Raymond

El 8 de mayo de 1994, el hermano Henri Vergès y la hermana Paul-Hélène Saint-Raymond fueron asesinados en la biblioteca de la diócesis de Argel. De esa biblioteca, a la que asistieron muchos estudiantes, el Hermano Henri fue el responsable. De nacionalidad francesa, también había sido director de una escuela y profesor de matemáticas. Dijo: “Es mi compromiso marista lo que me permitió, a pesar de mis limitaciones, encajar armoniosamente en un ambiente musulmán, y mi vida en este ambiente, a su vez, me hizo comprender más profundamente como un cristiano marista. Dios sea alabado”. Se graduó en ingeniería antes de unirse a las Hermanitas de la Asunción, después de sus votos y estudios para convertirse en enfermera. La hermana Paula-Hélène de Saint-Raymond, también francesa, llegó a Argelia en 1963. En los barrios pobres de la capital ofreció asistencia. entre los más pobres y entre sus compromisos también había trabajo con el hermano Henri entre los jóvenes. Proclamar a Cristo en la sociedad musulmana significaba para ella respetar la creencia del otro y al mismo tiempo profundizar la propia fe cristiana.

Hermana Caridad Álvarez Martín y Hermana Ester Paniagua

Las hermanas Caridad Álvarez Martín y Ester Paniagua, misioneras agustinas, españolas, eran conocidas por todos, siempre junto a los ancianos, los niños discapacitados y las familias necesitadas. Iban a misa cuando fueron asesinados el 23 de octubre de 1994. La hermana Caridad había estado en Argelia durante más de treinta años. “Estoy abierto a lo que Dios y mis superiores querrán de mí. María ha permanecido abierta a la voluntad de Dios, dijo, en este momento quiero permanecer con esta actitud ante Dios “. Y tocando las palabras de la hermana Ester, especialmente dedicada a los enfermos e integradas a la cultura árabe, cuando se le preguntó si temía la situación en el país: “Nadie puede quitarnos la vida porque ya la hemos dado”.

Los cuatro padres blancos de Tizi Ouzou

El 27 de diciembre de ese mismo año, en Tizi Ouzou, en Cabilia, en la pequeña comunidad de padres blancos, la redada de un grupo de hombres armados. Inmersos en sus actividades diarias, el padre francés Jean Chevillard, el padre Alain Dieulangard, el padre Christian Chessel y el padre belga Charles Deckers. “Sé que puedo morir asesinado – observó el padre Jean mientras se propagaba la violencia en Argelia -. Nuestra vocación es dar testimonio de la fe cristiana en la tierra musulmana. Para el resto ‘Inch Allah!’ “. La gente de Tizi Ouzou los conocía bien y los amaba; El padre Alain, misionero durante años, se dedicó a la enseñanza, el padre Christian había establecido una biblioteca para estudiantes y el padre Charles, que había aprendido a hablar bereber, dirigía un centro juvenil. Cientos de musulmanes tomaron parte en su funeral.

Hermana Bibiane Leclerq y Hermana Angèle-Marie Littlejohn

Regresaron a la misa, la hermana Bibiane Leclerq y la hermana Angèle-Marie Littlejohn, misioneras de Nuestra Señora de los Apóstoles, cuando fueron asesinadas el 3 de septiembre de 1995 en Argel. Comprometidas en el orfanato y en el consejo de las niñas dirigido por su Congregación, las dos religiosas enseñaron a cortar, coser y bordar, pero también ayudaron a familias desfavorecidas. “Son las mismas personas que piden monjas”, explicó la hermana francesa Bibiane cuando se le preguntó si debía quedarse en Argelia o no. Nativa de Túnez, la hermana Angèle-Marie era particularmente amorosa con los jóvenes que ella trató de inculcar en el amor por el arte y el trabajo bien hecho. Poco antes de morir, un religioso que había compartido su miedo con ella dijo: “No debemos tener miedo. Solo tenemos que vivir bien el momento presente, el resto no nos pertenece “.

Sor Odette Prévost

Poco más de dos meses después, el 10 de noviembre, en Argel, un terrorista dispara a la hermana Odette Prévost, una hermana pequeña del Sagrado Corazón. De ascendencia francesa, había estado en una misión en varias ciudades del Magreb, y para comprender mejor el Islam, la religión de las personas que frecuentaba todos los días, leyó el Corán y entró en grupos de oración de cristianos y musulmanes. Consciente del hecho de que su vida estaba en peligro, definió el contexto sociopolítico en el que había encontrado un “momento privilegiado para vivir con más verdad, fidelidad a Jesucristo y al Evangelio”.

Los monjes de Tibhirine

La historia de los siete monjes de Tibhirine es quizás la más atroz. Secuestrado la noche del 26 de marzo de 1996 en su monasterio de Notre-Dame de l’Atlas, a unos sesenta kilómetros de Argel, unos dos meses después, el 25 de mayo, solo se encuentran sus cabezas cerca de Medea. Hermano Paul Favre-Miville, Hermano Luc Dochier, pág. Christophe Lebreton, hermano Michel Fleury, p. Bruno Lemarchand, p. Célestin Ringeard y p. Christian de Chergé fue enterrado en el cementerio de su monasterio el 4 de junio. Su historia también se contó en la película Hombres de Dios, en 2010. La opción de permanecer en Argelia, a pesar del creciente clima de terror, había madurado en común, después de haber enfrentado y compartido durante mucho tiempo sus experiencias personales y dolorosas. discernimiento. Una decisión, suya, que expresaba el deseo de estar con la gente, que los consideraba amigos, y compartir, especialmente con los más pobres, los peligros de la violencia. Aunque diferentes entre sí, los religiosos de Tibhirine estaban unidos por el amor a los argelinos, por el respeto al Islam y por el deseo de pobreza.

Monseñor Pierre Claverie, obispo de Orán

El último de los mártires cristianos en Argelia es el obispo de Oran Mgr. Pierre Claverie, religioso dominicano. Fue asesinado el 1 de agosto de 1996 por un coche bomba, junto con su conductor musulmán y su amigo Mohammed Bouchikhi, ante la Curia de la diócesis. Nunca se cansó de exhortar a los creyentes a una convivencia pacífica con respecto al otro y el compromiso con el diálogo estaba en el centro de su vida. En el ícono de la Beatificación de los 19 mártires de Argelia también está Mohammed, que había decidido quedarse con Mons. Claverie arriesgando su vida. Una forma de recordar que, en los años oscuros del terrorismo, cristianos y musulmanes murieron por la misma causa: no querían que el terror prevaleciera en la vida cotidiana y deseaban dar testimonio de un posible diálogo. Mgr. Claverie: “Es hora de que participemos en el sufrimiento y la esperanza de Argelia, con amor, respeto, paciencia y claridad”.

Y nuevamente: “El martirio es el mayor testimonio de amor. No se trata de apresurarse a la muerte, ni de buscar el sufrimiento por sufrir, pero es derramando la sangre de uno mismo que uno se acerca a Dios “.


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Alarmante incremento de sacerdotes asesinados en el mundo

SABATO 17 NOVEMBRE 2018

(a cura Redazione “Il sismografo”)

(LB-RCNel corso del 2017 sono stati uccisi 16 sacerdoti. In questi undici mesi del 2018, sino ad oggi, i sacerdoti uccisi, tenendo conto dei due preti massacrati giorni fa in Repubblica Centrafricana, sono ormai 32, una cifra molto alta e senza precedenti. In pratica ogni 10 giorni è stato ucciso nel mondo un sacerdote. Il Messico, dove sono stati uccisi 7 preti, si conferma come il Paese più pericoloso per il clero.
Ecco le nostre statistiche:
AFRICA[15]*
– Malawi (1)
p. Tony Mukomba (morto il 18 gennaio )
– Repubblica Centrafricana (5)
p.  Joseph Désiré Angbabata (morto il 22 marzo)
p. Albert Toungoumalè-Baba (morto il 1°maggio 2018)
p. Firmin Gbagoua (morto il 29 giugno 2018)
p. Blaise Mada (morto il 15 novembre 2018)
p. Celestino Ngoumbango (morto il 15 novembre 2018)
– Congo (Rep. Dem.) (1)
p. Etienne Nsengiunva (morto l’8 aprile 2018)
– Costa d’Avorio (1)
p. Bernardin Brou Aka Daniel (morto il 23 aprile 2018)
– Nigeria (5)
p. Joseph Gor (morto il 24 aprile 2018)
p. Felix Tyolaha (morto il 24 aprile 2018)
p. Michael Akawu (morto il 18 agosto 2018)
p. Jude Egbom (morto il 10 settembre 2018)
p. Stephen Ekakabor (deceduto per le gravi ferite cerebrali riportate in seguito a un tentativo di rapina subito nel 2017, nella parrocchia di san Giuseppe, regione di Okpare-Olomu)
– Camerun (1)
p. Alexandre Sob Nougi (morto il 20 luglio 2018)
– Sud Sudan (1)
p.Victor Luke Odhiambo (morto il 14 novembre 2018)
AMERICA[13]
– Messico (7)
p. Germain Muñiz García (morto il 5 febbraio)
p. Iván Añorve Jaimes (morto il 5 febbraio)
p. Rubén Alcántara Díaz (morto il 18 aprile)
p. Juan Miguel Contreras García (morto il 20 aprile)
p. Moises Fabila (morto il 25 aprile)
p. Miguel Gerardo Flores (morto il 18 agosto 2018)
p. Icmar Arturo Orta (trovato morto il 14 ottobre 2018)
– Colombia (1)
p. Dagoberto Noguera (morto il 10 marzo)
– El Salvador (1)
p. Walter Osmir Vásquez Jiménez (morto il 29 marzo)
– Venezuela (1)
p. José Garcia Escobar (morto il 10 luglio)
– Perù (1)
p. Carlos Riudavets Montes (missionario spagnolo, morto 10 agosto)
– Stati Uniti (1)
p. William Costello (corpo ritrovato il 17 agosto 2018)
– Ecuador (1)
p. Arturo Rene Pozo Sampaz (morto 7-8 ottobre 2018)
ASIA[3]
– India (1)
p. Xavier Thelakkat (morto il 1°marzo)
– Filippine (2)
p. Mark Anthony Yuaga Ventura (29 aprile 2018)
p. Richmnond Nilo (10 giugno 2018)
EUROPA[1]
– Germania (1)
p. Alain-Florent Gandoulou (morto il 22 febbraio)
***
* – Non include il nome di  p. Florent Mbulanthie Tulantshiedi (Florent Tula) della Rep. Dem. del Congo il cui corpo è stato ritrovato il 2 marzo scorso.  Nonostante i segni evidenti di tortura, non è stato ancora considerato come vittima di un omicidio.
– Non include il nome del reverendo Louis Odudu, cappellano della chiesa Seat of Wisdom Catholic Chaplaincy di Effurun, Delta State,  morto mercoledì 19 settembre, quattro giorni dopo essere sfuggito ai rapitori che lo avevano sequestrato. Le cause della morte restano tuttora ignote ma non si esclude che possano essere direttamente collegate al suo rapimento, il sacerdote dopo la fuga aveva infatti lamentato forti dolori e aveva chiesto di essere portato in ospedale.


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Mons. Romero: un difícil camino hasta su canonizaciçon

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En camino a la Canonización del Beato Oscar Arnulfo Romero

Desde hace meses, no han parado en la Oficina de la Canonización del arzobispado de San Salvador, atendiendo llamadas por teléfono venidas de todas partes del mundo, correos electrónicos, pidiendo información. Además, orientando al pueblo salvadoreño, quienes vendrán a la ceremonia y quienes desde el país, asistirán al evento

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

El Padre Juan Carlos Rengucci de la Pía Sociedad, San Cayetano, religioso argentino, vivió en el Salvador por seis años, y conoció en todos sus aspectos la figura de Mons. Romero y todo lo que representa para el pueblo salvadoreño.  Participó en la ceremonia de Beatificación, en el Salvador y ahora está en Roma para seguir la ceremonia de Canonización.

Estudió en la Pontificia Universidad Lateranense, teología pastoral, y su tesis fue dedicada a las cuatro cartas pastorales, de Mons. Romero. En su tesis habló de la postura teológica de Mons. Romero frente a una realidad social que estaba estallando en esa época. Su postura siempre fue fiel al magisterio de la Iglesia y al Evangelio, dijo el padre Rengucci, y desde allí Mons. Romero, se dedicó hacia los más necesitados.

Mons. Romero siempre con su pueblo

Mons. Romero siempre con su pueblo

“Podemos decir hoy poniendo las palabras del Papa, que Mons. Romero ya practicaba una Iglesia en salida y por eso fue tan cuestionado y criticado no sólo a nivel político y económico internacional sino también por el propio clero que no estaba de acuerdo con esta situación y que no quería tomar una postura”, dijo el religioso, por tanto, afirmó que Mons. Romero sintió que necesitaba dar una respuesta al pueblo que sufría y fue así que la dio y estuvo en medio de su pueblo.

Un pueblo, en los tiempos de Mons. Romero, y hoy día un pueblo que es testigo de su elevación a los altares como santo. El padre Rengucci hace un análisis del pueblo en la época de Mons. Romero y el de ahora.

El religioso afirma que lo que sucedía en la época de Mons. Romero es que tanto la derecha como el ejército eran los que mandaban en el país, y de fondo las familias que manejaban al pueblo. Mons. Romero intentó una iglesia que tenía voz, no era una Iglesia sumisa a la situación, sino que fue dando voz al pueblo que reclamaba sus derechos, por querer hacer esto, dijo el padre Rengucci,  el gobierno y los militares tomaron represalias para con el pueblo. Y la única voz creíble y de confianza era Mons. Romero, a la cual la gente se dirigía. Después de eso se hicieron varias cosas a nivel humanitario y social, el pueblo estaba muy dividido.

El legado de Mons. Romero

Años difíciles para la figura de Mons. Romero, incluso después de su muerte

Después de la muerte de Mons. Romero, prácticamente la izquierda toma como estandarte su figura, siendo politizada y esto no fue bueno para la Iglesia. Pero más tarde, dijo el padre Rengucci, la Iglesia comenzó a recuperar la figura de Mons. Romero, fue así que, aunque el país estaba dividido ya Mons. Romero no era visto como aquel “de izquierda” sino aquel pastor que amó a su pueblo por medio de Jesucristo.

Ahora, hoy, finalizó el padre Rengucci, es mucho más aceptado en diversos ambientes, no como años atrás, no hay una división en la sociedad. Hoy, la ceremonia de canonización hace un núcleo de unidad, en los partidos políticos, en la sociedad misma, en el pueblo salvadoreño, en los más humildes. La figura de Mons. Romero pasó a ser no más algo que dividía, sino que unió al pueblo.


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Argelia; próxima beatificación de 19 religiosos argelinos mártires

Mártires argelinos; sor Augusta Tescari: “Sabían que se arriesgaban, pero permanecieron al lado de la gente”

El testimonio de la religiosa postuladora de la orden trapista. Los 19 monjes, asesinados durante la guerra civil, serán beatificados el 8 de diciembre en Orán

Mártires argelinos

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Pubblicato il 01/10/2018
LUCA ATTANASIO
ROMA

 

No sucede a menudo en la historia de la Iglesia que los beatificados pertenezcan a un grupo de personas. La canonización que se llevará a cabo en el santuario de Nuestra Señora de Santa Cruz en Orán, Argelia, el próximo 8 de diciembre, será para los 19 mártires, asesinados en diferentes momentos y lugares a lo largo de la sangrienta guerra civil argelina, pero cuyo común denominador es una serie sorprendente de factores. Todos ellos eran religiosos (pertenecían a ocho diferentes Congregaciones), en una tierra casi por completo musulmana en la que no es posible llevar a cabo conversiones, y ofrecían su testimonio con sencillez, viviendo integrados entre la gente y, cuando la situación empeoró y sus mismas vidas corrían peligro, decidieron permanecer en medio de su pueblo. Siguen siendo un poderoso símbolo de pasión desinteresada por la paz, de comunión y de diálogo profundo, de convivencia pacífica. Es significativo, pues, que accedan al primer escalón de la santificación representados en el ícono de la beatificación con un musulmán: Muhamed Bouchikhi, el joven chofer argelino de monseñor Pierre Claverie, obispo de Orán, asesinado con él el primero de agosto de 1996. Entre los 19, destacan las figuras de los siete monjes trapistas de Tibhirine, cuya historia fue narrada con gran destreza en la película “Hombres de Dios”. Fueron secuestrados entre el 26 y el 27 de marzo de 1996 y sus cuerpos fueron encontrados dos meses después. Sor Augusta Tescari es la monja trapista que desde hace 20 años se ocupa de las causas de santificación como postuladora general de su orden.

 

Sor Augusta, ¿cuál fue el camino que llevó a la beatificación de los 19 mártires?

 

Fue un camino tan complejo cuanto maravilloso, con el que surgió una voluntad de compartir y de comunión profunda. El 7 de mayo de 2000 hubo en el Coliseo una ceremonia de conmemoración dedicada a los mártires del siglo XX. En esa ocasión se leyó una parte del testamento de Christian de Chergé, el prior de Tibhirine. Estaban presentes las familias y los amigos de los monjes. Se dirigieron inmediatamente después a monseñor Tessier, en esa época arzobispo de Argel, para sugerirle que introdujera la causa de beatificación. Tessier aceptó inmediatamente la invitación y envió una petición a las ocho Congregaciones involucradas (Trapistas, Dominicos, Maristas, Pequeñas Hermanas de la Asunción, Monjas Agustinianas Misioneras, Padres Blancos, Hermanas de Nuestra Señora de los Apóstoles, Pequeñas Hermanas del Sagrado Corazón, ndr.). En la petición había condiciones bien precisas: que se hiciera una causa común para todos y que se trabajara en colaboración. Todos aceptaron y, a partir de 2002, comenzaron los encuentros con los diferentes responsables de las congregaciones. La dirección del proceso fue encomendada al hermano marista Giovanni Bigotto. Nos encontrábamos varias veces al año y las sesiones eran verdaderamente complejas, no era fácil encontrar un acuerdo, no porque hubiera diferencias, sino porque las dificultades eran muchas: algunas Congregaciones todavía estaban presentes en Argelia y temían repercusiones; otras temían que las reacciones habrían comprometido las buenas relaciones con la población. Es decir: no era para nada fácil. Pero considero importante subrayar cómo, al final, prevaleció una profunda comunión que nos permitió encontrar en 2005 un pleno acuerdo, gracias a la gran amistad que, mientras tanto, se había creado entre nosotros.

 

¿Qué sentido tiene esta beatificación para la Iglesia universal, para los cristianos inmersos en mundos musulmanes, para el mundo tan dividido?

 

Antes que nada, considero muy significativo que los 19 fueran religiosos. Estudiando durante años las biografías de todos estos mártires, comprendimos cuánto compartían por amor desinteresado el compromiso y cómo querían permanecer en Argelia hasta el final para no traicionar a la gente. Yo creo que todos ellos son un símbolo poderoso que demuestra que nuestra fraternidad va mucho más allá de la religión, de la condición social, del sexo; somos fundamentalmente hermanos y hermanas. Que junto con estos 19 haya sido asesinado un musulmán de 22 años, que estaba perfectamente consciente de los riesgos que corría por ser asistente del obispo y que nunca lo abandonó, demuestra con mayor decisión lo que dije antes. No hay que olvidar que los 19 son una pequeña parte de los 200 mil exterminados por una guerra civil espantosa que provocó masacres de niños, mujeres y hombres. Esperemos que el único Dios que adoramos haya recibido a nuestros 19 mártires y a los pobres 200 mil muertos inocentes. Para nosotros la beatificación también tiene este significado.

 

Hablando sobre sus siete hermanos, la beatificación, antes que de la muerte, es un reconocimiento de una vida de comunión…

 

Conocí la vida de los 19 y quedé muy sorprendida por la humanidad de todos ellos: espléndidas personas, humanísimas, con defectos y capacidades para superarlos. Hombres y mujeres comprometidos en su apostolado, en la vida contemplativa, pero siempre auténticos y apasionados. Vivían en condiciones duras en Argelia, pero permanecían y cultivaban su amistad con el pueblo y el sentido del deber, sentían el deseo de no irse en los momentos de peligro. Mis siete hermanos provenían de diferentes monasterios y llegaron a Tibhirine porque allí ya no había vocaciones. Tenían personalidades muy fuertes y decidieron poner al servicio de una presencia muy significativa: la población entera los consideraba como amigos y defensores en el momento de la guerra. Estaban en medio, incluso físicamente, de los avances del ejército o de los rebeldes, y los civiles buscaban protección con ellos. Compartían por completo el trabajo en los campos con los habitantes, y las ganancias en una forma de cooperativismo muy avanzada. Estaba el ambulatorio de Fray Luke, médico, en el que, como decía él mismo, «se curaba hasta el diablo», es decir que se acogía a todo el mundo, sin distinciones. Supe que también había pequeñas disputas, relacionadas con el canto o con otros argumentos. Pero es maravilloso que frente a la perspectiva de la muerte cada uno haya hecho un proceso de discernimiento y que hayan aceptado permanecer juntos sabiendo perfectamente todo lo que se arriesgaban. Esa dramática espera los unió de tal manera que se convirtió en un símbolo: la prueba de que no solo individualmente, sino en comunidad, es posible llegar al martirio y, sobre todo, de que es posible alcanzar la plenitud humana juntos.

 

¿Ha vuelto a abrir el monasterio de Tibhirine?

 

En realidad, nunca ha sido cerrado. Siempre ha habido un sacerdote de Argel que se ocupaba de los locales y de los huertos, además de la memoria de los monjes. La gente del lugar le ha preguntado repetidamente si se reconstruye una comunidad trapista, pero no es posible: para ir al monasterio se necesita un permiso con una escolta de policía. Sin embargo, por ahora viven en el monasterio cuatro miembros de la comunidad de Chemin Neuf, que perpetúan la memoria de los monjes y mantienen vivo el vínculo con la población.


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Ser mártir. Significado. Condiciones. Características.

Angelelli: ¿qué significa martirio “en odio de la fe”?

Una reflexión sobre el significado de la figura del mártir en la Iglesia, desde las nociones pre-conciliares hasta la actualidad

En recuerdo de monseñor Angelelli

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Pubblicato il 10/07/2018
Ultima modifica il 10/07/2018 alle ore 10:09
QUIQUE BIANCHI

Como un sol tibio en una mañana de invierno fue para muchos de nosotros la noticia de la próxima beatificación del obispo Enrique Angelelli y sus compañeros mártires. Las crónicas agregan que serán declarados mártires por haber sido asesinados “en odio de la fe” (odium fidei). Algunos pueden preguntarse qué significa realmente esta expresión ya que una lectura literal de la misma puede llevar a confusión. Podría objetarse -por ejemplo- que quienes mataron a Angelelli no odiaban la fe cristiana, más bien al contrario, algunos de ellos eran fervientes católicos. De aquí podría llegarse a la apresurada conclusión de que sus muertes fueron por cuestiones políticas, no religiosas y que por tanto se estaría forzando la interpretación de la historia al declararlos mártires. Por eso creemos que merece ensayarse una somera explicación sobre qué significa el martirio in odium fidei.

 

¿Qué es el martirio?

 

La primera etapa que debemos recorrer en este camino es preguntarnos acerca del significado del martirio. El mártir por excelencia es Cristo. Él entrega voluntariamente su vida para dar testimonio del amor misericordioso del Padre. Muchos otros en la historia han dado su vida por Jesucristo o por encarnar sus enseñanzas. La Iglesia los considera mártires porque sus muertes están asociadas a la muerte de Cristo. Etimológicamente mártir significa testigo. Como Cristo, que es el “testigo fiel” (Apoc 1,5), digno de fe, que da fe del amor de Dios y este testimonio provoca en nosotros la fe. Del mismo modo, la sangre de los mártires mezclada con la de Cristo suscita nuestra fe, hace creíble la Buena Noticia que trajo Jesús y que la Iglesia transmite. Bien lo entendía Tertuliano cuando plasmó la inspiradora sentencia: “sangre de mártires, semilla de cristianos”.

 

Desde los primeros mártires asesinados por el imperio romano hasta el presente, el concepto de martirio ha tenido distintas acentuaciones. No corresponde aquí ofrecer una panorámica. Pero sí notar que el Concilio Vaticano II aportó una visión propia del martirio donde lo normativo es el amor de Cristo. Por tanto, el acento no está tanto en la profesión de fe del mártir sino en el amor que está en la base del testimonio del santo. La noción preconciliar insistía en que la muerte debía ser instigada por un rechazo a la fe del mártir. En cambio, Lumen Gentium42 al hablar de martirio no nombra la profesión de fe, aunque ciertamente la supone, sino que prefiere hablar de martirio como signo del amor que se abre hasta hacerse total donación de sí (cf. R. Fisichella, Voz: Martirio en Nuevo Diccionario de Teología Fundamental, Paulinas, 1992).

 

Desde esta perspectiva Karl Rahner, movilizado por el asesinato de Romero en El Salvador escribió sobre la necesidad de ampliar el concepto tradicional de martirio de modo que incluya a quienes mueren luchando por un valor cristiano como la justicia (K. Rahner, Dimensiones del martirio, Concilium 183, 1983). Allí explica que cuando decimos que el mártir muere por la fe, el término fe incluye la moral cristiana. Pone como ejemplo a Santa María Goretti, que es considerada mártir y sin embargo no murió por profesar su fe sino por defender un valor cristiano como la virginidad.

 

El caso de Maximiliano Kolbe es un buen ejemplo de esta ampliación del concepto de martirio que se da después del Concilio. Este sacerdote franciscano polaco murió en Auschwitz después de haberse ofrecido espontáneamente a reemplazar a uno de los prisioneros elegidos para morir de hambre. En 1971 es beatificado por Pablo VI no como mártir sino bajo el título de “confesor” ya que, si bien su muerte fue un acto de caridad sublime al morir por otro, no fue interrogado directamente sobre su fe. Pero en 1982 Juan Pablo II, en contra del juicio de algunos miembros de la curia romana, decide canonizarlo como mártir. De este modo, Kolbe se constituyó en el primer santo que cambió de categoría entre las dos etapas de la misma canonización (Cf. A. Frossard, No olvidéis el amor: La pasión de Maximiliano Kolbe, Ed. Palabra, 2005).

 

Odium fidei

 

El mártir siempre muere por odium fidei. A la luz de lo que dijimos sobre la noción posconciliar de martirio puede entenderse que es también odium fidei, el rechazo hacia conductas que son consecuencias de la fe. Esto ya podía encontrarse en la doctrina clásica cuando Santo Tomás se pregunta “si sólo la fe es causa del martirio” (ST II-II q124, a5). Allí explica que “a la verdad de la fe pertenece no sólo la creencia del corazón, sino también la confesión externa, la cual se manifiesta no sólo con palabras por las que se confiesa la fe, sino también con obras por las que se demuestra la posesión de esa fe” (ibíd.). Ilustra la afirmación con el ejemplo a Juan el Bautista, quien es considerado mártir y no murió por defender la fe sino por reprender un adulterio.

 

Mostraría una concepción demasiado intelectualista de la fe pensar que el odium fidei solo puede aplicarse cuando la agresión se produce explícitamente contra la doctrina cristiana. Además, como bien señala J. González Faus, llevaría a la paradoja de sostener que “sólo un no cristiano podría provocar mártires. Sólo un emperador Juliano, o un gobierno ateo. Un cristiano, por cruel que fuese, no podría provocarlos pues, si se confiesa cristiano, no odiará la fe”(J.I. González Faus, “El mártir testigo del amor”, Revista Latinoamericana de Teología 55, 2002).

 

Desde este marco teológico podemos afirmar claramente que quienes sufren la muerte por oponerse desde sus convicciones cristianas a gobiernos que ejercieron el terrorismo de estado pueden identificarse como mártires. Aun sin olvidar que -en el caso de Angelelli y Romero, al que podría agregarse el obispo Ponce de León y tantos mártires latinoamericanos- los verdugos fueron muchas veces militares católicos, que actuaban pretendidamente en defensa del cristianismo y con la anuencia de algunos sectores de la Iglesia. Lo que hay, es odio a una de las consecuencias de la fe de estos testigos: la justicia. Un valor que ellos estimaron más que a sus vidas.

 

Monseñor Angelelli y sus compañeros no sólo enseñaban el credo, sino todo lo que éste encierra. Especialmente, que todos somos iguales en dignidad y que luchar contra la injusticia es amar a Dios y al prójimo. En sus casos, el odium fidei tomó la forma de un odium amoris. Ese mismo amor que los llevó a la muerte y que hoy es fuente de gracia e inspiración para quienes los veneramos como mártires.


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La santidad de Oscar Arnulfo Romero según su Postulador

mons. RomeroEl Papa Pablo VI saluda a Monseñor Oscar Arnulfo Romero 

Mons. Urrutia: “Una vez más, el Papa sorprendió al mundo”

“Monseñor Romero fue un sacerdote que llevó una vida santa desde el seminario. Y aunque existieron evidentemente, por la naturaleza humana, pecados en su vida, todos ellos fueron purificados con el derramamiento de su sangre en el acto martirial”. Lo afirma el Postulador diocesano de la causa de Canonización del Beato en un documento publicado recientemente

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

En estos días, Monseñor Rafael Urrutia, Canciller del Arzobispado de San Salvador, Vicario Episcopal para los Movimientos y Asociaciones de fieles y Postulador diocesano de la causa de Canonización del Beato Oscar Arnulfo Romero hizo público un documento en el que afirma que “una vez más, el Papa Francisco sorprendió al mundo con la firma de dos Decretos que permiten la canonización del Papa Pablo VI, beatificado en octubre de 2014; y de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, beatificado el 23 de mayo de 2015. Ambos Decretos, firmados el 6 de marzo del año en curso, reconocen dos milagros obtenidos por la intercesión de Pablo VI y del Beato Romero, último escollo para la santificación plena, jurídicamente hablando; y así a partir de la ceremonia de canonización del 14 de octubre próximo, ambos serán llamados Santos”.

Monseñor Urrutia comienza explicando cómo se sigue el iter procesal para que los siervos de Dios lleguen a ser declarados santos por fama de santidad por fama de martirio. Y afirma que en ambos casos se vive la santidad, aunque para el martirio requiere de una llamada particular de Dios a uno de sus hijos, una elección que Dios hace a muy pocos de sus hijos; porque “el martirio es un don que Dios concede a pocos de sus hijos, para que llegue a hacerse semejante a su Maestro, que aceptó libremente la muerte por la salvación del mundo, asemejándose a él en el derramamiento de su sangre como un acto sublime de amor”. Por esta razón – escribe el Postulador – “la más grande apología del cristianismo es la que da un mártir como máximo testimonio de amor”.

Desde el punto de vista personal, agradece a los detractores de Monseñor Romero y a la euforia de quienes lo aman, porque así lo han ayudado a interiorizar su martirio y a comprender que, aunque entre las disposiciones antecedentes al martirio no son requeridas la santidad y las virtudes heroicas durante la vida del siervo de Dios, ese martirio en él, es la plenitud de una vida santa. En una palabra – explica – “Dios eligió al Beato para su misión martirial porque encontró en él, a un hombre con experiencia de Dios o dicho con palabras del Evangelio, encontró a Óscar, lleno de gracia”.

Tras analizar algunos de los elementos constitutivos del concepto jurídico del martirio, propone un pasaje de la homilía pronunciada con motivo del 20° aniversario de la muerte de Monseñor Romero, en el año 2000, pronunciada por Monseñor Fernando Sáenz Lacalle, Arzobispo de San Salvador, quien dijo textualmente: “El horrible crimen que segó la vida de nuestro amado predecesor le proporcionó una inestimable fortuna: morir como testigo de la fe al pie del altar”. 

Después de recorrer brevemente la vida del Beato, de la que se deduce su riqueza en matices y ofrece la figura de un pastor en el que se descubre su enorme profundidad, su interioridad, su espíritu de unión con Dios, raíz, fuente y cumbre de toda su existencia, no solamente desde su vida Arzobispal, sino desde su vida de estudiante y joven sacerdote, Monseñor Urrutia define al futuro Santo: “Mons. Romero, hombre humilde y tímido, pero poseído por Dios logró hacer lo que siempre quiso hacer: grandes cosas, pero por los caminos que el Señor le tenía señalados, caminos que fue descubriendo en su intensa e íntima unión con Cristo, modelo y fuente de toda santidad”.

En efecto, al cabo de treinta años de trabajo como Postulador Diocesano de su Causa de Canonización, Monseñor Urrutia ha querido compartir de este modo su punto de vista, su apreciación por un Obispo Buen Pastor que siempre fue obediente a la voluntad de Dios con delicada docilidad a sus inspiraciones; que vivió según el corazón de Dios, no sólo los tres años de su vida arzobispal, sino toda su vida.

Y concluye: “Es cuanto afirma en la Carta Apostólica de Beatificación el Papa Francisco cuando dice: ‘Oscar Arnulfo Romero y Galdámez, obispo y mártir, pastor según el corazón de Cristo, evangelizador y padre de los pobres, testigo heroico del reino de Dios, reino de justicia, de fraternidad, de paz’”.