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Ser mártir. Significado. Condiciones. Características.

Angelelli: ¿qué significa martirio “en odio de la fe”?

Una reflexión sobre el significado de la figura del mártir en la Iglesia, desde las nociones pre-conciliares hasta la actualidad

En recuerdo de monseñor Angelelli

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Pubblicato il 10/07/2018
Ultima modifica il 10/07/2018 alle ore 10:09
QUIQUE BIANCHI

Como un sol tibio en una mañana de invierno fue para muchos de nosotros la noticia de la próxima beatificación del obispo Enrique Angelelli y sus compañeros mártires. Las crónicas agregan que serán declarados mártires por haber sido asesinados “en odio de la fe” (odium fidei). Algunos pueden preguntarse qué significa realmente esta expresión ya que una lectura literal de la misma puede llevar a confusión. Podría objetarse -por ejemplo- que quienes mataron a Angelelli no odiaban la fe cristiana, más bien al contrario, algunos de ellos eran fervientes católicos. De aquí podría llegarse a la apresurada conclusión de que sus muertes fueron por cuestiones políticas, no religiosas y que por tanto se estaría forzando la interpretación de la historia al declararlos mártires. Por eso creemos que merece ensayarse una somera explicación sobre qué significa el martirio in odium fidei.

 

¿Qué es el martirio?

 

La primera etapa que debemos recorrer en este camino es preguntarnos acerca del significado del martirio. El mártir por excelencia es Cristo. Él entrega voluntariamente su vida para dar testimonio del amor misericordioso del Padre. Muchos otros en la historia han dado su vida por Jesucristo o por encarnar sus enseñanzas. La Iglesia los considera mártires porque sus muertes están asociadas a la muerte de Cristo. Etimológicamente mártir significa testigo. Como Cristo, que es el “testigo fiel” (Apoc 1,5), digno de fe, que da fe del amor de Dios y este testimonio provoca en nosotros la fe. Del mismo modo, la sangre de los mártires mezclada con la de Cristo suscita nuestra fe, hace creíble la Buena Noticia que trajo Jesús y que la Iglesia transmite. Bien lo entendía Tertuliano cuando plasmó la inspiradora sentencia: “sangre de mártires, semilla de cristianos”.

 

Desde los primeros mártires asesinados por el imperio romano hasta el presente, el concepto de martirio ha tenido distintas acentuaciones. No corresponde aquí ofrecer una panorámica. Pero sí notar que el Concilio Vaticano II aportó una visión propia del martirio donde lo normativo es el amor de Cristo. Por tanto, el acento no está tanto en la profesión de fe del mártir sino en el amor que está en la base del testimonio del santo. La noción preconciliar insistía en que la muerte debía ser instigada por un rechazo a la fe del mártir. En cambio, Lumen Gentium42 al hablar de martirio no nombra la profesión de fe, aunque ciertamente la supone, sino que prefiere hablar de martirio como signo del amor que se abre hasta hacerse total donación de sí (cf. R. Fisichella, Voz: Martirio en Nuevo Diccionario de Teología Fundamental, Paulinas, 1992).

 

Desde esta perspectiva Karl Rahner, movilizado por el asesinato de Romero en El Salvador escribió sobre la necesidad de ampliar el concepto tradicional de martirio de modo que incluya a quienes mueren luchando por un valor cristiano como la justicia (K. Rahner, Dimensiones del martirio, Concilium 183, 1983). Allí explica que cuando decimos que el mártir muere por la fe, el término fe incluye la moral cristiana. Pone como ejemplo a Santa María Goretti, que es considerada mártir y sin embargo no murió por profesar su fe sino por defender un valor cristiano como la virginidad.

 

El caso de Maximiliano Kolbe es un buen ejemplo de esta ampliación del concepto de martirio que se da después del Concilio. Este sacerdote franciscano polaco murió en Auschwitz después de haberse ofrecido espontáneamente a reemplazar a uno de los prisioneros elegidos para morir de hambre. En 1971 es beatificado por Pablo VI no como mártir sino bajo el título de “confesor” ya que, si bien su muerte fue un acto de caridad sublime al morir por otro, no fue interrogado directamente sobre su fe. Pero en 1982 Juan Pablo II, en contra del juicio de algunos miembros de la curia romana, decide canonizarlo como mártir. De este modo, Kolbe se constituyó en el primer santo que cambió de categoría entre las dos etapas de la misma canonización (Cf. A. Frossard, No olvidéis el amor: La pasión de Maximiliano Kolbe, Ed. Palabra, 2005).

 

Odium fidei

 

El mártir siempre muere por odium fidei. A la luz de lo que dijimos sobre la noción posconciliar de martirio puede entenderse que es también odium fidei, el rechazo hacia conductas que son consecuencias de la fe. Esto ya podía encontrarse en la doctrina clásica cuando Santo Tomás se pregunta “si sólo la fe es causa del martirio” (ST II-II q124, a5). Allí explica que “a la verdad de la fe pertenece no sólo la creencia del corazón, sino también la confesión externa, la cual se manifiesta no sólo con palabras por las que se confiesa la fe, sino también con obras por las que se demuestra la posesión de esa fe” (ibíd.). Ilustra la afirmación con el ejemplo a Juan el Bautista, quien es considerado mártir y no murió por defender la fe sino por reprender un adulterio.

 

Mostraría una concepción demasiado intelectualista de la fe pensar que el odium fidei solo puede aplicarse cuando la agresión se produce explícitamente contra la doctrina cristiana. Además, como bien señala J. González Faus, llevaría a la paradoja de sostener que “sólo un no cristiano podría provocar mártires. Sólo un emperador Juliano, o un gobierno ateo. Un cristiano, por cruel que fuese, no podría provocarlos pues, si se confiesa cristiano, no odiará la fe”(J.I. González Faus, “El mártir testigo del amor”, Revista Latinoamericana de Teología 55, 2002).

 

Desde este marco teológico podemos afirmar claramente que quienes sufren la muerte por oponerse desde sus convicciones cristianas a gobiernos que ejercieron el terrorismo de estado pueden identificarse como mártires. Aun sin olvidar que -en el caso de Angelelli y Romero, al que podría agregarse el obispo Ponce de León y tantos mártires latinoamericanos- los verdugos fueron muchas veces militares católicos, que actuaban pretendidamente en defensa del cristianismo y con la anuencia de algunos sectores de la Iglesia. Lo que hay, es odio a una de las consecuencias de la fe de estos testigos: la justicia. Un valor que ellos estimaron más que a sus vidas.

 

Monseñor Angelelli y sus compañeros no sólo enseñaban el credo, sino todo lo que éste encierra. Especialmente, que todos somos iguales en dignidad y que luchar contra la injusticia es amar a Dios y al prójimo. En sus casos, el odium fidei tomó la forma de un odium amoris. Ese mismo amor que los llevó a la muerte y que hoy es fuente de gracia e inspiración para quienes los veneramos como mártires.

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La santidad de Oscar Arnulfo Romero según su Postulador

mons. RomeroEl Papa Pablo VI saluda a Monseñor Oscar Arnulfo Romero 

Mons. Urrutia: “Una vez más, el Papa sorprendió al mundo”

“Monseñor Romero fue un sacerdote que llevó una vida santa desde el seminario. Y aunque existieron evidentemente, por la naturaleza humana, pecados en su vida, todos ellos fueron purificados con el derramamiento de su sangre en el acto martirial”. Lo afirma el Postulador diocesano de la causa de Canonización del Beato en un documento publicado recientemente

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

En estos días, Monseñor Rafael Urrutia, Canciller del Arzobispado de San Salvador, Vicario Episcopal para los Movimientos y Asociaciones de fieles y Postulador diocesano de la causa de Canonización del Beato Oscar Arnulfo Romero hizo público un documento en el que afirma que “una vez más, el Papa Francisco sorprendió al mundo con la firma de dos Decretos que permiten la canonización del Papa Pablo VI, beatificado en octubre de 2014; y de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, beatificado el 23 de mayo de 2015. Ambos Decretos, firmados el 6 de marzo del año en curso, reconocen dos milagros obtenidos por la intercesión de Pablo VI y del Beato Romero, último escollo para la santificación plena, jurídicamente hablando; y así a partir de la ceremonia de canonización del 14 de octubre próximo, ambos serán llamados Santos”.

Monseñor Urrutia comienza explicando cómo se sigue el iter procesal para que los siervos de Dios lleguen a ser declarados santos por fama de santidad por fama de martirio. Y afirma que en ambos casos se vive la santidad, aunque para el martirio requiere de una llamada particular de Dios a uno de sus hijos, una elección que Dios hace a muy pocos de sus hijos; porque “el martirio es un don que Dios concede a pocos de sus hijos, para que llegue a hacerse semejante a su Maestro, que aceptó libremente la muerte por la salvación del mundo, asemejándose a él en el derramamiento de su sangre como un acto sublime de amor”. Por esta razón – escribe el Postulador – “la más grande apología del cristianismo es la que da un mártir como máximo testimonio de amor”.

Desde el punto de vista personal, agradece a los detractores de Monseñor Romero y a la euforia de quienes lo aman, porque así lo han ayudado a interiorizar su martirio y a comprender que, aunque entre las disposiciones antecedentes al martirio no son requeridas la santidad y las virtudes heroicas durante la vida del siervo de Dios, ese martirio en él, es la plenitud de una vida santa. En una palabra – explica – “Dios eligió al Beato para su misión martirial porque encontró en él, a un hombre con experiencia de Dios o dicho con palabras del Evangelio, encontró a Óscar, lleno de gracia”.

Tras analizar algunos de los elementos constitutivos del concepto jurídico del martirio, propone un pasaje de la homilía pronunciada con motivo del 20° aniversario de la muerte de Monseñor Romero, en el año 2000, pronunciada por Monseñor Fernando Sáenz Lacalle, Arzobispo de San Salvador, quien dijo textualmente: “El horrible crimen que segó la vida de nuestro amado predecesor le proporcionó una inestimable fortuna: morir como testigo de la fe al pie del altar”. 

Después de recorrer brevemente la vida del Beato, de la que se deduce su riqueza en matices y ofrece la figura de un pastor en el que se descubre su enorme profundidad, su interioridad, su espíritu de unión con Dios, raíz, fuente y cumbre de toda su existencia, no solamente desde su vida Arzobispal, sino desde su vida de estudiante y joven sacerdote, Monseñor Urrutia define al futuro Santo: “Mons. Romero, hombre humilde y tímido, pero poseído por Dios logró hacer lo que siempre quiso hacer: grandes cosas, pero por los caminos que el Señor le tenía señalados, caminos que fue descubriendo en su intensa e íntima unión con Cristo, modelo y fuente de toda santidad”.

En efecto, al cabo de treinta años de trabajo como Postulador Diocesano de su Causa de Canonización, Monseñor Urrutia ha querido compartir de este modo su punto de vista, su apreciación por un Obispo Buen Pastor que siempre fue obediente a la voluntad de Dios con delicada docilidad a sus inspiraciones; que vivió según el corazón de Dios, no sólo los tres años de su vida arzobispal, sino toda su vida.

Y concluye: “Es cuanto afirma en la Carta Apostólica de Beatificación el Papa Francisco cuando dice: ‘Oscar Arnulfo Romero y Galdámez, obispo y mártir, pastor según el corazón de Cristo, evangelizador y padre de los pobres, testigo heroico del reino de Dios, reino de justicia, de fraternidad, de paz’”.


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Mons. Angelelli y otros tres mártires de la dictadura argentina.

Argentina: Angelelli será beato, el Papa aprobó el decreto

Francisco dio luz verde para reconocer como mártir al histórico obispo de La Rioja junto con sus compañeros: Carlos Murias, Gabriel Longueville, Wenceslao Pedernera, asesinados durante la última dictadura militar argentina

Monseñor Angelelli

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Pubblicato il 08/06/2018
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

Monseñor Angelelli será beato. En las últimas horas, el Papa Francisco aprobó el decreto con el cual reconoce su martirio “en odio a la fe”. Así, dio luz verde para su elevación al honor de los altares junto a sus compañeros en la diócesis de La Rioja: los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville, el laico Wenceslao Pedernera. Todos ellos asesinados en un tiempo oscuro de la historia argentina: la última dictadura militar (1976-1983). Aún no está definida la fecha de beatificación, pero existe la propuesta del mes de noviembre.

 

La noticia se la comunicó el propio pontífice a Marcelo Colombo, todavía obispo de La Rioja, con una llamada telefónica. “En sus palabras cálidas y paternales, al comunicarme esta hermosa novedad, el santo padre Francisco me animó a comenzar cuanto antes los trabajos preparatorios para la oportuna beatificación”, reveló el clérigo, en una carta dirigida a todos los fieles de su diócesis este mismo 8 de junio.

 

El Papa estaba contento, emocionado. De ahí el gesto de la comunicación directa, cuando este tipo de noticias corren por cuenta de la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano. Pero Jorge Mario Bergoglio tiene especial aprecio por Enrique Angelelli (1923-1976), a quien conoció como jesuita y con quien tuvo varios contactos hasta su muerte, el 4 de agosto de 1976, en el paraje Punta de Llanos, en la ruta nacional 38 a la salida de la localidad riojana de Chamical.

 

Ese día, junto al padre Arturo Pinto, el obispo regresaba tras haber celebrado una misa en homenaje, justamente, de Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, asesinados poco tiempo antes, en el mes de julio, en la misma zona. Por eso, desde hace muchos años, los lugareños los conocen como los “mártires de Chamical”. De ahí la decisión del propio obispo Colombo de pedir al Vaticano procesar todos los expedientes como una única causa.

 

Paradójicamente, las primeras causas de beatificación iniciadas formalmente de ese grupo fueron las de Murias y Longueville. Después vino la de Angelelli, y la de Pedernera, un líder obrero y activo laico católico, asesinado de 20 balazos por cuatro encapuchados en la madrugada del 25 de julio de 1976. Coca, su mujer, y sus hijas María Rosa, Susana y Estela fueron testigos presenciales del homicidio.

 

Aquellos cuatro homicidios se inscribieron en un mismo contexto histórico y político, fueron parte de un plan para desarticular una Iglesia en salida, capaz de colocarse del lado de los jornaleros explotados en esas tierras. Con un obispo de voz profética, que cuestionaba sin temor las injusticias y los excesos del régimen. Por eso, tras su muerte, Angelelli se convirtió en una figura emblemática para el pueblo, pero también incómoda para cierto establishment argentino.

 

El próximo 4 de agosto se cumplirán 42 años de la muerte del obispo. Para esa fecha ya se tiene lista una ceremonia especial dedicada a los mártires, para “para celebrar la vida que nos viene del señor y que en Enrique, Carlos, Gabriel y Wenceslao fue entregada por amor a Dios y a los hombres”, según señaló el obispo Colombo. En su carta recordó también que el 24 de agosto se cumplirán 50 años del inicio del ministerio pastoral de Angelelli en La Rioja, en 1968.

 

“Muy conmovido de poder darles este anuncio tan esperado, agradezco a Dios que nos ha permitido como diócesis y junto a los Frailes Franciscanos Conventuales, acompañar este proceso canónico que puso de relieve la nobleza de la entrega de nuestros mártires, testigos con su sangre del Reino de Dios”, indicó.

 

Y agregó: “En las próximas semanas podré comunicarles más detalles de la ceremonia de beatificación que compromete desde ya nuestra oración. ¡Dios bendiga a La Rioja y a su Iglesia! ¡Dios bendiga al pueblo riojano! Los abrazo y bendigo en Jesús, nuestro niño alcalde y buen pastor”.

 

Después de esta primera noticia, recibida desde Roma, se debe avanzar en la ceremonia de beatificación. Todavía el Vaticano no tiene una decisión tomada, pero desde La Rioja quieren proponer el próximo mes de noviembre. Las posibilidades se deben dialogar, también considerando que, para esas fechas, ya habrá asumido su cargo el nuevo prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos: Giovanni Angelo Becciu. Esta podría ser, quizás, su primera ceremonia de beatificación y si se mantiene el protocolo, resultaría natural que él fuese enviado como representante del Papa para encabezar la ceremonia.

 

Otro aspecto que no se debe desdeñar es el lugar y la logística, porque ya se piensa en un sitio con capacidad para acoger a una multitud venida, incluso, de diócesis vecinas. De Córdoba especialmente, donde Angelelli transcurrió buena parte de su vida sacerdotal. La ciudad de La Rioja se presenta como la alternativa viable, por accesos y desarrollo.

 

Todos estos aspectos desvelarán al obispo Colombo, justo al final de su servicio en esa provincia ya que, el 9 de agosto, se trasladará a Mendoza para asumir allí una arquidiócesis por voluntad del Papa Francisco.


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Nuevos santos y beatos, entre ellos Mons. Angelelli

Mons. Enrique Angelelli, Obispo argentino asesinado el 4 agosto de 1976Mons. Enrique Angelelli, Obispo argentino asesinado el 4 agosto de 1976 

Mons. Enrique Angelelli pronto será proclamado Beato

El Papa Francisco autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos promulgar el Decreto que reconoce el martirio de los Siervos de Dios Mons. Enrique Angelelli, Obispo de La Rioja, Gabriel Joseph Roger Longueville, Carlos de Dios Murias y Wenceslao Pedernera.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

La Oficina de Prensa de la Santa Sede informó que, este 8 de junio de 2018, el Santo Padre recibió en audiencia al Cardenal Angelo Amato, S.D.B., Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

Durante la audiencia, el Papa Francisco autorizó a la misma Congregación, promulgar los Decretos relativos al milagro atribuido a la intercesión del Beato Nunzio Sulprizio, laico; nacido en Pescosansonesco (Italia) el 13 de abril de 1817 y fallecido en Nápoles (Italia) el 5 de mayo de 1836.

Asimismo, se autorizó promulgar el Decreto del milagro atribuido a la intercesión de la Venerable Sierva de Dios María de la Concepción Cabrera de Armida Arias, laica y madre de familia; nacida en San Luis Potosí (México) el 8 de diciembre de 1862 y fallecida en Ciudad de México (México) el 3 de marzo de 1937.

Como también se reconoce el milagro atribuido a la intercesión de la Venerable Sierva de Dios María Guadalupe Ortiz de Landázuri y Fernández de Heredia, laica, de la Prelatura Personal de la Santa Cruz y  del Opus Dei; nacida en Madrid (España) el 12 de diciembre de 1916 y fallecida en Pamplona (España) el 16 de julio de 1975.

Por último, se autorizó la promulgación del Decreto que reconoce el martirio de los Siervos de Dios Enrique Ángel Carletti Angelelli, Obispo de La Rioja, Gabriel Joseph Roger Longueville, sacerdote diocesano, Carlos de Dios Murias, sacerdote profeso de la Orden de los Hermanos Menores Conventuales, y Wenceslao Pedernera, laico y  padre de familia, asesinados por  odio a la fe en Argentina en 1976.

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Hoy 24 de marzo es la jornada de los misioneros asesinados.

Oración y ayuno, Memoria de los misioneros mártires: “Llamados a la vida”

26° Jornada de oración y de ayuno en memoria de los Misioneros Mártires. Se escogió el 24 de marzo para esta celebración, en el aniversario del asesinato en 1980 de Mons. Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo de San Salvador.

Ciudad del Vaticano

“Martirio no es perder la vida sino es vivirla por una causa, donándose a los demás”, lo dijo Giovanni Rocca, secretario nacional del Movimiento Juvenil Misionero, organismo que forma parte de las Obras Misionales Pontificias. Este año la Jornada de oración y ayuno en Memoria de los misioneros mártires tiene como tema “Llamados a la vida” y busca exhortar a tener la valentía para anunciar el Evangelio, sin grandes palabras, y con gestos de encuentro, solidaridad y ayuda a los más necesitados.

Aniversario del martirio de Mons. Romero

Recordar con la oración, el ayuno y un gesto concreto de caridad a todos los misioneros que han sido asesinados en el mundo, incluso aquellos desconocidos para la gran mayoría de la gente y que han derramado su sangre por el Evangelio. Es esta la motivación que en 1993 llevó al Movimiento de Jóvenes Misioneros de las Obras Misionales Pontificias italianas a instaurar cada año la Jornada de oración y de ayuno en memoria de los Misioneros Mártires. Se escogió el 24 de marzo, el día del asesinato en 1980 de Mons. Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo de San Salvador, beatificado el 23 de mayo de 2015 y que será próximamente canonizado junto al Papa Pablo VI.

Los mártires del siglo XX y XXI

Entre las figuras más recientes de los misioneros reconocidos como mártires por la Iglesia, recordamos a los dos misioneros conventuales franciscanos polacos, Michal Tomaszek y Zbigniew Strzalkowski, que junto con el sacerdote diocesano italiano Alessandro Dordi murieron en agosto de 1991 en Perú y fueron beatificados el 5 de diciembre de 2015 en Chimbote. Para la beatificación se eligió como lema “Mártires de la fe y de la caridad, testigos de la esperanza”.

El 11 de diciembre de 2016 fueron beatificados en Vientiane, Laos, el misionero de los Oblatos de María Inmaculada (OMI) padre Mario Borzaga y el laico catequista Paul Thoj Xyooj, junto con otros 15 mártires (un sacerdote de Laos, Joseph Tien, 5 Laicos laosianos, 5 misioneros franceses OMI y 4 misioneros franceses MEP).

El 24 de mayo de 2014 fueron beatificados el misionero del PIME (Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras) padre Mario Vergara y el catequista Isidore Ngei Ko Lat, mártires murieron en Birmania en mayo de 1950.


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El Coliseo de Roma iluminado de color rojo por la sangre de los mártires.

El cardenal Piacenza pide derribar los muros de muerte e indiferencia, construir vida y paz

El Presidente internacional de Ayuda a la Iglesia Necesitada intervino en la iniciativa del Coliseo iluminado de rojo para recordar los mártires cristianos

El Coliseo iluminado de rojo para recordar los mártires cristianos

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Pubblicato il 24/02/2018
Ultima modifica il 24/02/2018 alle ore 21:22
DOMENICO AGASSO JR.
ROMA

El Coliseo está iluminado de rojo y lo mismo la catedral maronita de Sn Elías en Alepo, Siria, y la iglesia de San Pablo en Mosul, Irak. Es una iniciativa de Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN). El presidente internacional de AIN, el cardenal Mauro Piacenza, intervino en Roma invocando que se derriben en todo el mundo «los muros de muerte e indiferencia» para «construir la paz».

 

El purpurado en su discurso que pronunció hoy, 24 de febrero de 2018, comenzó recordando que «estamos frente al Coliseo, que constituye un “símbolo universal”, conocido por todos y por todos identificado con Roma». Pero no siempre se tiene la conciencia de que «este fue lugar de muerte y de asesinatos –indicó–, tanto por la barbarie de las luchas entre gladiadores como por el martirio de miles de cristianos, en oposición a la violencia del poder dominante, que pretendía un culto divino».

 

Las piedras y los muros del monumento simbólico de la Ciudad Eterna pueden tener, entonces, «un doble significado». Son «muros de vida, si los consideramos expresión de una civilización y de un imperio que supo intermediar, por toda la cultura occidental, por el helenismo de Atenas y por la fe de Jerusalén, permitiendo que Europa fuera lo que ha sido y lo que, en cierto sentido, sigue siendo». Pero también «muros de vida, si recordamos el impresionante número de hombres y de mártires que, entre ellos, ofrecido (o a quienes se vio arrancar) la vida por un poder incapaz de ver el bien integral de la persona».

 

Entonces «por esta razón esta tarde el Coliseo está iluminado por el dolor de la sangre: para dar voz a todos los “muros de muerte” que todavía hoy, como recuerda el Papa Francisco, hay en el mundo».

 

Piacenza cita a San Maximiliano María Kolbe: «¡El drama del siglo XX es la indiferencia!»; el cardenal considera que «la indiferencia es también el drama de este nuestro siglo XXI. La indiferencia frente al hermano que sufre, que no tiene de qué vivir, no puede acceder a las curas y a la formación básica; frente al hermano cuya dignidad ha sido pisoteada por algunos poderes ciegos, frente al hermano que no puede vivir la propia fe y la propia pertenencia, si no es pagando con la vida misma».

 

Todo esto debido a las «concepciones individualistas del hombre, en donde ya no encuentra sitio la pregunta: ¿Por cuál fin? De hecho, cuando el hombre cultiva exclusivamente el propio interés, llegando a excluir cualquier otro fin, tiende fatalmente a dañarse a sí mismo».

 

Por ello, esta tarde «estamos aquí, frente a estos “muros” culturalmente vitales y mortíferos en la experiencia, para ayudar a vencer la indiferencia. Ayuda a la Iglesia Necesitada, desde hace 70 años, lucha en todo el mundo para apoyar a los hermanos en necesidades y defender la legítima libertad de profesar la propia fe».

 

El llamado de Piacenza es: «Derribemos los muros de la muerte, comenzando por los muros de nuestra indiferencia: ¡no puedo estar sereno si mi hermano sufre!».

 

Lograremos derribar «los muros de la muerte y de la indiferencia ¡solamente sabiendo reconstruir!» Y se reconstruye solamente volviendo a responder a las preguntas fundamentales de nuestra existencia, antes que nada: ¿Por cuál fin?»; solamente volviendo a descubrir «el fin común que une a todos los hombres: ser y convertirse en personas podrá permitir, con el tiempo, recuperar una auténtica sensibilidad por el otro, porque también es mi interés el suyo, y su sufrimiento es también el mío».

 

Para concluir, Piacenza invoca a «María Reina de los Mártires y Fuente de Vida», para que «¡nos sostenga en la voluntad de derribar los muros de muerte y de indiferencia para construir culturas de vida y de paz!».


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Serán Beatos los mártires de Argelia. Qué sucedió.

Monjes trapenses de TibhirineMonjes trapenses de Tibhirine 

Nazaria Ignacia, nueva santa de la Iglesia Universal y el Obispo de Orán y compañeros mártires

El Papa autorizó la promulgación de 8 decretos, entre ellos, el que se refiere a la beata española, fundadora de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia, y al martirio del Obispo Pedro Claverie y siete monjes trapenses de Tibhirine, Argelia

El Santo Padre Francisco recibió en audiencia, la tarde del 26 de enero de 2018 al Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y autorizó a la Congregación la promulgación del Decreto referido a un milagro atribuido a la intercesión de la beata Nazaria Ignacia de March Mesa, Fundadora de la Congregación de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia

La Madre Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús, nació en Madrid, España, el 10 de enero de 1889 y murió en Buenos Aires, Argentina, el 6 de julio de 1943.

Entre los Decretos aprobados por el Santo Padre también los que se refieren a otros tres milagros:

el milagro atribuido a la intercesión de la Sierva de Dios Alfonsa María Eppinger, en el siglo Isabel, Fundadora de la Congregación de las Hermanas del Santísimo Salvador; nacida el 9 de septiembre de 1814, en Niederbronn, Francia, donde murió 31 de julio de 1867

el milagro atribuido a la intercesión de la Sierva de Dios Clelia Merloni, Fundadora del Instituto de las Apóstoles del Sagrado Corazón de Jesús,  que nació el 10 de marzo de 1861, en Forlí, Italia, y que murió el 21 de noviembre de 1930, en Roma

el milagro atribuido a la intercesión de la Sierva de Dios María Crucificada del Amor Divino, en el siglo María Gargani, Fundadora de las Apóstoles del Sagrado Corazón, que nació el 23 de diciembre de 1892 en Morra Irpino, hoy Morra De Sanctis, Italia, y que murió en Nápoles el 23 de mayo de 1973.

Dos de los decretos aprobados por el Papa son los que se refieren al martirio:

el martirio de los Siervos de Dios Pedro Claverie, de la Orden de los Frailes Predicadores, Obispo de Orán, y 18 compañeros religiosos y religiosas, asesinados en odio a la fe, en Argelia, desde 1994 a 1996

el martirio  de la Sierva de Dios Verónica Antal, laica, de la Orden Franciscana Secular; que nació el 7 de diciembre de 1935 en Nisiporeşti (Rumania) y que fue asesinada en odio a la fe el 24 de agosto de 1958, en Hălăuceşti (Rumania).

Otros dos Decretos aprobados por el Papa se refieren a las virtudes heroicas:

las virtudes heroicas del Siervo de Dios Ambrosio Grittani, Sacerdote diocesano y Fundador de las Oblatas de Benedicto José Labre; nacido en Ceglie del Campo (Italia), el 11 de octubre de 1907 y que murió el 30 de abril de 1051 en Molfetta (Italia)

las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Ana María Magdalena Delbrêl, laica, que nació en Mussidan (Francia) el 24 de octubre de 1904 y que murió en Ivry-sur-Seine (Francia) el 13 de octubre de 1964