Loiola XXI

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Nov. 16: En memoria de los jesuitas mártires de El Salvador.

En Memoria de los Mártires Jesuitas

ellacuria

¿Quiénes eran los padres Jesuitas de la U C A asesinados?

No me refiero a sus nombres y sus biografías, información siempre importante. Pienso en lo que fue su contribución al pueblo salvadoreño, defendiendo la negociación y la paz en plena guerra. En la década de los años 80 la situación del pueblo salvadoreño era agónica, por todos lados se escuchaban los estertores de muerte. El país se acercaba a las 50.000 víctimas. En ese contexto el grupo de jesuítas de la UCA (Universidad Centroamericana ‘José Simeón Cañas’) trabajaba por una salida dialogada al conflicto que enfrentaba al régimen con la guerrilla del FMLN surgida de los movimientos populares. A una solución pacífica dedicaron toda su inteligencia y su coraje.

Ignacio Ellacuría sabía del riesgo que corría, y tenía temor de la tradicional respuesta de los escuadrones de la muerte creados por el ex mayor Roberto D`Aubuisson (fundador además del partido derechista ARENA que ha gobernado el país hasta el 2009). Tal vez por eso dijo una vez en 1981: “Un análisis intelectual debe ser respondido con un análisis intelectual y no con el exilio, la cárcel, la tortura o un tiro en la nuca”. No podía saber que ocho años después ese tiro fuera disparado contra él y sus amigos.

La UCA siempre fue un espacio de concertación. Los jesuítas, verdaderos estrategas del diálogo, aprovechaban que por sus aulas habían desfilado empresarios, políticos, militares, periodistas, guerrilleros, lo que les daba una ventaja inicial idónea para intentarlo. Pero esta iniciativa preocupaba a los sectores militaristas partidarios de la guerra como única alternativa, a los que sólo contemplaban la hipótesis de hacer del país un enorme cementerio de toda la izquierda social y política, no solamente de la guerrillera. Su respuesta a la UCA la dieron sus escuadrones de la muerte que llevaron a cabo más de una docena de atentados con bombas contra la universidad, de la que muchos miembros fueron asesinados o huyeron al extranjero.

Antes de asesinar a los jesuítas, los sectores derechistas del país llevaron a cabo una cruzada para descalificarlos. Desde Radio Cuzclatán, emisora del ejército, se retransmitía en cadena nacional amenazas públicas contra los padres jesuítas, siendo Ignacio Ellacuría el foco de atención. “Ellacuría es guerrillero, que le corten la cabeza” “Ellacuría ha envenenado las mentes de la juventud” repetía desde la emisora el vicepresidente y ministro del Interior Francisco Merino. Sólo horas antes de la matanza en la madrugada del 16 de noviembre de 1989, un camión militar apostado frente a la puerta principal de la UCA lanzaba amenazas contra los jesuítas por medio de altoparlantes.

Entraron por la fuerza los militares que primero dieron fuego a la biblioteca. Sacaron de sus habitaciones a los padres y a dos mujeres empleadas y los ametrallaron de inmediato.

Los asesinos, miembros del regimiento Atlacatl, dejaron pintadas como esta: “El FMLN hizo este ajusticiamiento. Vencer o morir”. Y aunque desde el gobierno de Alfredo Cristiani se quiso atribuir a los guerrilleros el crimen, muy pronto se supo la verdad. Un grupo de expertos del FBI, Scotland Yard y hasta de la policía española, confirmaron lo que todo el mundo ya presumía: los autores eran miembros de un cuerpo especializado del ejército. Enseguida la propia CIA confirmó esta acusación. Además, los asesinos cometieron el error de dejar viva a una testigo que en todo momento permaneció escondida en una casa contigua, pero pudo verlo todo: Lucía Barrera de Cerna es su nombre, única superviviente y testigo presencial. Ella vio como ametrallaban sin compasión a los jesuítas, apuntándoles a sus cabezas, y luego a Elba Ramos y a su hija Celina, menor de edad.

Las presiones internacionales obligaron al régimen a organizar un juicio. Dos tenientes, un subteniente, dos sargentos y un cabo, encabezados por el coronel Guillermo Benavides, fueron responsabilizados del múltiple crimen, condenándolos primero y amnistiándolos después. La Compañía de Jesús rechazó tajantemente que ese juicio farsa cerrara el caso y exigió saber quién les dio la orden. El arzobispo Rivera y Damas sumó su voz a la demanda.

El coronel René Emilio Ponce es el primero de la lista. Él fue el que ordenó al coronel Benavides: “Maten al padre Ellacuría y no dejen ningún testigo”. Otro coronel, Inocente Orlando Montano estaba presente cuando Ponce dio la orden a Benavides. Detenido en Estados Unidos parece que será extraditado y entregado al juez Velasco. Hasta 17 militares deberán ser juzgados. Entre ellos los coroneles Rafael Humberto Larios, Juan Rafael Bustillo, Juan Orlando Zepeda y Francisco Elena Fuentes, que formaban junto con otros la terrible Tandona, grupo de coroneles de la misma tanda, conjurados para apoyarse mutuamente en su guerra antisubversiva.

La derecha salvadoreña, políticos y generales retirados, llevan días protestando contra las extradiciones que instruye el juez Velasco. Su argumento principal es que con ello se reabren heridas. Como si alguna vez se hubieran cerrado. El gobierno de ARENA montó un juicio a su medida y luego proclamó una amnistía con la que quiso poner fin a toda responsabilidad sobre la matanza de la UCA. Pero lo cierto es que las heridas se cerrarán sólo cuando se sepa toda la verdad y los culpables sean identificados, juzgados y condenados. De hecho en los Acuerdos de Paz no existe ningún párrafo que refleje un acuerdo de perdón para los crímenes de lesa humanidad, tal como recuerda la Procuraduría de Derechos Humanos de El Salvador.

Defensor del realismo histórico y filosófico de su amigo el donostiarra Xavier Zubiri, Ignacio Ellacuría practicó siempre un doble compromiso con El Salvador: siempre enseñó la realidad nacional (la fortaleza mayor de la UCA decía), y siempre vivió una ejemplar ética de la austeridad que era su modo de vínculo con las grandes mayorías sociales de un país empobrecido bajo el poder de unas pocas familias. Por ese compromiso valiente el pueblo salvadoreño no olvida a este vasco universal ni a sus amigos Ignacio Martín Baró, Segundo Montes, Amando López, Juan Ramón Moreno, Joaquín López.

Sí, se cebaron con sus cabezas. Tal vez porque esas eran las armas invencibles de los jesuitas, las de la razón y la inteligencia. Tan invencibles que los Acuerdos de Paz llegaron en enero de 1992. Lo que no sabían era que deberían dejar sus vidas para lograrlo. ¿O tal vez lo intuían?

En los Acuerdos de Paz no existe ningún párrafo que refleje un acuerdo de perdón para los crímenes de lesa humanidad

Sí, se cebaron con sus cabezas. Tal vez porque esas eran las armas invencibles de los jesuitas, las de la razón y la inteligencia.

Iosu Perales – Gipuzkoa

Consejo Editorial de Revista “Reflexión y Liberación” – Chile.

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China reconoce el heroísmo de unos misioneros cristianos

La Academia china de las Ciencias sociales exalta a los mártires de Zhengding

El «think tank» del gobierno hace un homenaje al obispo y a los nueve misioneros (europeos) quemados vivos porque protegían a las chicas que los soldados japoneses pretendían como «mujeres de consuelo». Un caso que suscitó el interés del mismo Xi Jinping
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Pubblicato il 11/11/2017
Ultima modifica il 11/11/2017 alle ore 19:23
GIANNI VALENTE
ROMA

La Academia china de las Ciencias Sociales encendió los reflectores sobre los misioneros católicos que desde lejanas tierras europeas llegaron a China para anunciar el Evangelio. Y no los describió como «quintas columnas» de los imperialismos occidentales. Al contrario, los exaltó como «amigos» del pueblo chino, dispuestos a dar la vida para proteger a mujeres y niños de la violencia de los invasores japoneses, cuando el ejército del Sol Levante trató de subyugar a China. Una constatación a la que no parece ajeno el interés demostrado por el mismo presidente Xi Jinping ante las narraciones sobre los misioneros mártires de los años treinta del siglo pasado.

 

El reconocimiento del bien que hicieron los misioneros católicos al pueblo chino surgió en una conferencia organizada a finales de octubre por el mayor centro de investigación histórica y social de la República Popular China, en ocasión del 80 aniversario del llamado «Masacre de la Iglesia de Zhengding», en donde, en 1937 ocho misioneros europeos que asistían a miles de prófugos fueron asesinados por los soldados japoneses. También la Agencia Fides, relacionada con la Congregación vaticana de Propaganda Fide, dio relieve al alcance y las consecuencias del congreso: De los académicos del “think tank” del gobierno de Pekín llega la constatación de que esos misioneros católicos fueron movidos a tal gesto de gratuita oblación de sí no por un vago sentimiento humanitario o por la decisión de querer convertirse en héroes, sino simplemente por su fe cristiana».

 

El martirio, la fe y Xi Jinping

 

El caso sobre el que reflexionó el simposio, organizado también gracias al Instituto cultural Faith, dirigido por el sacerdote católico John Baptist Zhang, representa uno de los testimonios más emblemáticos de la dedicación al pueblo chino manifestada por los misioneros católicos durante la segunda guerra sino-japonesa: es la historia del obispo holandés Frans Schraven y los ocho misioneros europeos que fueron asesinados por los soldados japoneses porque trataron de proteger a las 200 chicas chinas que los militares del ejército invasor pretendían reducir a esclavas sexuales. Los historiadores la recuerdan como «la masacre de la iglesia de Zhengding», perpetrada el 9 de octubre de 1937: el obispo Schraven, desde 1921 vicario apostólico de Zhengding (hoy Shi Jiang Zhuang), y sus compañeros de martirio fueron quemados vivos por las tropas de ocupación japonesas. Además de las 200 chicas que los soldados nipones reclamaban como «mujeres de consuelo», el obispo Frans y sus compañeros acogieron y defendieron de la violencia de los militares a otros miles de desplazados chinos, que encontraron refugio en la iglesia.

 

Los académicos, eclesiásticos, historiadores y representantes políticos que participaron en la conferencia, refiere la Agencia Fides, se mostraron de acuerdo en reconocer el aporte positivo que la Iglesia católica en China ofreció a la nación y a su población durante la guerra con los invasores japoneses. Algunas intervenciones incluso exaltaron en términos más generales la contribución de los misioneros católicos en el desarrollo de la sociedad china, sobre todo en los campos de la educación, cultural y sanitario. «Nuestra evaluación sobre los misioneros», subrayó el profesor Li Qiu Ling, de la Universidad del Pueblo de Pekín, «debe volver a considerar su identidad y condición misionera. La razón profunda por la que no se echaron para atrás, en ese trágico tiempo que China estaba afrontando, radica precisamente en su fe». El profesor Liu Guo Peng, investigador del Instituto de Estudios sobre el Cristianismo de la Academia y moderador de la Conferencia, indicó que en 2013, durante el trabajo de catalogación de los documentos conservados en el Archivo de Propaganda Fide, pudo estudiar los documentos que atestiguan el martirio del obispo Frans y sus compañeros.

 

Durante la conferencia también se indicó que el presidente Xi Jinping escuchó la historia sobre el sacrificio del obispo y de sus compañeros en China cuando se encontraba en Holanda en 2014, durante su visita oficial. Y se utilizaron también para los mártires de Zhengding las palabras de agradecimiento que el presidente chino ha dedicado en sus discursos oficiales a todos los que durante la Segunda Guerra Mundial «sacrificaron sus vidas por el país, por la nación y por la paz». En octubre de 2014, pocos meses después de la visita holandesa de Xi Jinping, el apoyo de los misioneros católicos a la población china durante la invasión japonesa fue el argumento de otro congreso organizado en el seminario de Hebéi con la participación de instituciones académicas y culturales como la Universidad Fudan de Shanghái y la Universidad Normal de Hebéi.

 

Una mirada objetiva sobre la obra de los misioneros en China

 

La obra de los misioneros católicos en China, que también fue considerada por la conferencia china de las Ciencias sociales, se convirtió en el pasado en terreno de polémicas e iniciativas controvertidas. En 2000 incluso muchos misioneros acabaron en la trituradora de la polémica china con el Vaticano, en ocasión de la canonización de los 120 mártires de China, elevados a la gloria de los altares por Juan Pablo II el primero de octubre de ese Año Jubilar. La fecha elegida para la canonización coincidía con el día de la fiesta nacional de la República Popular China. Y en todo el proceso de canonización se hizo notar el activismo de la Iglesia y de las instituciones de Taiwán (con el embajador taiwanés ante el Vaticano en primera fila durante la ceremonia de canonización). Estos detalles alimentaron la irritación del gobierno de Pekín, que atacó la canonización como una operación política, un «complot» anti-chino.En la polémica, misioneros y sacerdotes mártires fueron denigrada como agentes del colonialismo occidental, autores de «delitos» contra el pueblo chino.

 

Ahora, la conferencia sobre la masacre de la iglesia de Zhengding confirma que instituciones culturales chinas e instituciones eclesiásticas pueden confrontarse y tratar de compartir una mirada serena y objetiva incluso sobre la historia de las misiones católicas en China. Por lo demás, también la historiografía católica reconoce sin censuras que entre los siglos XIX y XX el fervor apostólico en China tuvo que afrontar las estrategias imperialistas de los países occidentales, que pretendían repartirse el botín de un imperio que estaba colapsando. En realidad, ya desde entonces los misioneros y los hombres de Iglesia más agudos no dejaban de denunciar cuán sofocante era, para la acción apostólica, la presión de las potencias imperialistas. Celso Constantini, que fue el primer delegado pontificio en China (y cuyo proceso de beatificación acaba de comenzar) en 1920 trazó un crudo balance de las décadas en las que la misión se convirtió para las potencias occidentales en un instrumento de expansión colonial: «Los chinos —reconoció Constantini— sufrieron la formidable serie de pérdidas y humillaciones por obra de las misiones cristianas, y vieron las misiones estrechamente conectadas con apolítica agresiva delas naciones extranjeras […]. Sucedió que los gobiernos europeos expulsaban a los religiosos del propio país, negándoles el derecho común a todos los ciudadanos, pero estuvieron muy preocupados por protegerlos en las misiones en China […]. En virtud de los tratados impuestos a China por la fuerza, y especialmente por la exención de los extranjeros de la jurisdicción china, las misiones acabaron constituyendo un “imperium” en imperio».


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Próxima beatificación de mártires españoles.

Miercoles 8 Nov 2017 | 10:32 am

El próximo sábado 11 de noviembre serán beatificados 60 mártires de la familia vicentina. La celebración de la misa comenzará a las 11 en el palacio de Vistalegre y será presidida por el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Concelebrarán otros siete cardenales y 28 obispos, y se espera la participación de miles de fieles.

De los nuevos beatos, 14 son varones laicos, miembros de la Asociación de la Medalla Milagrosa; dos son Hijas de la Caridad y el resto 40 religiosos (24 sacerdotes vicentinos, 14 hermanos de la misma Congregación de la Misión y 2 novicios), más cinco sacerdotes de la diócesis de Cartagena.

“Estos 60 mártires dieron su vida por amor. Murieron amando y perdonando. Mostraron una sabiduría que viene de arriba, que no lleva a rivalidades ni a desórdenes, sino que viene de Jesucristo”, dijo el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro, durante la rueda de prensa de anuncio de la beatificación.

Para el arzobispo, estos mártires son un modelo “más actual que nunca”, porque “hay momentos en la historia en los que parece que nos cuesta perdonar. Por eso es bueno traer a la memoria a personas como estas, gente que no destruye sino que perdona, que da la vida no por una idea, sino por una persona: Jesucristo”, porque “la paz tiene un nombre y un rostro: Jesucristo”.

Por su parte el visitador de la provincia San Vicente de Paúl-España, el padre Jesús María González, señaló que “para la familia vicentina esta beatificación es un broche de oro al jubileo de los 400 años del carisma vicentino que estamos celebrando este año”. Además, estos mártires “llevaron a la plenitud el carisma vicentino: misión y caridad”, y “han sido fieles continuadores de la misión que Cristo nos ha confiado”.

Asimismo la hermana Ángeles Infante, de las Hijas de la Caridad y miembro de la comisión de preparación de la beatificación, destacó que la beatificación es “una gran fiesta de fe, de perdón y de esperanza”, porque para los mártires “su gran tesoro es la vida, que entregan por amor a semejanza de Cristo. Y esto solo se entiende con la fe”. Además, “todos ellos murieron perdonando”, porque para ellos el perdón fue “su perla preciosa”.

Los nuevos beatos mártires
La mayoría de los nuevos beatos mártires, treinta y nueve, murieron en Madrid (uno en Aravaca, otro en Boadilla, dos en Canillas, tres en Hortaleza, 15 en la capital, 10 en Paracuellos de Jarama y siete en Vallecas.

En la provincia de Murcia fueron martirizados doce: siete en Cartagena, tres en Totana, uno en Archena y otro en Jumilla. El resto lo fueron en las de Barcelona (cinco), Valencia (tres) y Gerona (uno).

Su edad media era de casi 48 años, el de mayor edad tenía 77 (el hermano Saturnino Tobar). Con ellos, el número total de mártires del siglo XX en España elevados a los altares asciende a 1.875. +


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Beatificación de 109 mártires claretianos.

Beatifican a 109 mártires claretianos asesinados durante la Guerra Civil española

Por Blanca Ruiz

Beatificación de 109 mártires claretianos en la Sagrada Familia de Barcelona (España). Foto: Claretianos

Beatificación de 109 mártires claretianos en la Sagrada Familia de Barcelona (España). Foto: Claretianos

MADRID, 21 Oct. 17 / 07:28 am (ACI).- El Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Cardenal Angelo Amato, presidió en el templo de la Sagrada Familia en Barcelona la beatificación de los 109 mártires claretianos muertos durante la Guerra Civil, que respondieron con el “eficaz arma” del perdón aquel intento de aniquilar el cristianismo en España.

Durante la homilía el Cardenal recordó las palabras: “No tenim por. No tenemos miedo” que miles de personas gritaron tras los atentados del pasado agosto en Barcelona. “El terrorismo intenta con su diabólica inventiva de muerte infundir miedo, pero el pueblo responde a una sola voz: ‘no tenim por’, no tenemos miedo. Nadie puede herir al hombre con el miedo y el terror”.

Por eso insistió en que “en el hombre existe un potente antivirus, que es su vocación a la vida y no a la muerte; al amor y no al odio; al gozo y no al miedo. El hombre está hecho para amar, vivir y gozar y nada ni nadie puede separar al hombre de la vida y del amor”.

El Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos aseguró que la historia de la persecución religiosa española durante el siglo pasado “fue una virulenta epidemia de muerte y destrucción que dejó tras de sí miles y miles de víctimas indefensas e inocentes. Sin embargo hizo emerger el coraje de miles de mártires, hombres y mujeres cuya sangre se ha convertido en la savia del dinamismo de la Iglesia española actual”.

Frente al diabólico tsunami de la persecución, los 109 religiosos claretianos reaccionaron con la eficaz arma de la caridad y del perdón. Para aquellos que querían aniquilar la presencia cristiana en España, los mártires respondieron perdonando, orando y gritando: ‘no tenemos miedo’”, subrayó el Cardenal.

“Los mártires claretianos no tuvieron miedo, estaban dispuestos a sacrificar sus vidas para decir al mundo, una vez más, que el bien vence al mal” y aseguró que esta beatificación es una invitación a “transformar la tristeza en alegría, el rencor en perdón a los enemigos que también están necesitados de redención. Nos invitan, por último, a no tener miedo y permanecer fieles a nuestra identidad cristiana, más aún, a sentirnos orgullosos de ella”.

También afirmó que el sacrificio de las vidas de estos claretianos fue “la semilla de un cristianismo más fuerte y más consciente de la Verdad del Evangelio, que enseña a amar a los amigos y también a los enemigos, porque la única venganza del cristiano es el perdón de los enemigos”.

Por eso explicó que la Iglesia celebra a los mártires, “no por venganza, sino por volver a proponer hoy, ayer y mañana, la eterna ley cristiana de la caridad sin límites” porque “el cristianismo propone una cultura de paz y fraternidad, y no de guerra”.

Sobre los mártires claretianos beatificados hoy, el Cardenal aseguró que fueron “fieles hasta el final a Cristo y a su vocación cristiana y sacerdotal” y recordó los últimos momentos de algunos de ellos.

Como es el caso del P. Mateo Casals, que encabeza la causa. “Su único delito fue ser un sacerdote católico. Según los testigos, el P. Mateo se había preparado para el martirio y en el camino que conducía a su ejecución varias veces repitió en voz alta: ¡Viva Cristo Rey! ¿viva el Sagrado Corazón de Jesús!”, dijo.

También recordó la muerte de un estudiante que recitaba el rosario. “Los milicianos marxistas le obligaron a tirarlo al suelo y pisotearlo (el rosario). Ante su negativa le metieron el crucifijo en la boca empujándolo hasta el punto de hacerle escupir sangre”.

El Cardenal aseguró durante la homilía que “nos contraría que después de las torturas y los asesinatos, los milicianos se jactaban de sus abusos como si fueran actos gloriosos. Pero nos conforta que todos los religiosos se comportaron con fortaleza y dignidad e incluso con alegría, sin nunca traicionar su fidelidad a Cristo y a la Iglesia, ya que antes de ser asesinados los milicianos les prometían la libertad si abjuraban de su fe, pero ninguno lo hizo”.

Ante esta “moderna masacre de inocentes” el Cardenal Amato recordó las palabras de Jesús: “Bienaventurados vosotros cuando os insulten, persigan y calumnien de cualquier modo por mi causa”.


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Descubierto el lugar en que fueron enterrados los 21 mártires coptos degollados por los yihadistas.

LIBIA – Procurador líbico:sabemos donde están enterrados los mártires coptos degollados por los yihadistas

Trípoli – El Procurador general líbico Al Sadiq al Sour ha referido en una conferencia de prensa que celebró ayer jueves 28 de septiembre que ha sido individuado el lugar donde se encuentran enterrados los restos mortales de los 21 cristianos coptos degollados por los yihadistas del Estado Islámico en 2015. Según cuanto ha referido el mismo procurador, ya han iniciado las excavaciones en la zona en la que se encuentra la fosa común. El posible hallazgo de lo que queda de los cuerpos de las víctimas se debe a la detención de un hombre acusado de haber tomado parte en la masacre, reivindicada por los yihadistas con la publicación en la red de un macabro vídeo de la decapitación colectiva. El Procurador Al-Sadiq al-Sour también ha indicado una playa cercana a un hotel de la ciudad de Sirte como el lugar en el que se produjo la matanza y ha añadido que se ha individuado al hombre que gravó las escenas y montó el vídeo.
La noticia de la posible recuperación de los cuerpos de los 21 coptos se ha propagado rápidamente por todo Egipto, generando gran entusiasmo, especialmente en las comunidades coptas de la región de Minya, de donde provienen la mayoría de las víctimas de la masacre. Los familiares de las víctimas se han puesto de inmediato en contacto con la cancillería egipcia para confirmar la noticia y han pedido que los restos mortales de sus seres queridos, que ya son celebrados como mártires, regresen pronto a su Patria para ser enterrados en las iglesias y capillas que les han sido dedicadas.Los 21 coptos egipcios fueron secuestrados en Libia en enero de 2015. El vídeo de su decapitación fue subido a la red por sitios yihadistas el 15 de febrero. Apenas una semana después de su decapitación bárbara, el patriarca católico ortodoxo Tawadros II decidió inscribir a los 21 mártires degollados por el Estado islámico en Libia en el Synaxarium, el libro de los mártires de la Iglesia Copta, estableciendo que su memoria fuese celebrada el 15 de febrero. “El vídeo que retrata su ejecución – dijo tras la masacre a la Agencia Fides Anba Antonios Aziz Mina, obispo copto católico emérito de Guizeh – fue montado como una escena de cine escalofriante con la intención de difundir el terror. Sin embargo, en ese diabólico producto del horror sangriento, se ve que algunos de los mártires, en el momento de su ejecución bárbara, repetían ‘Señor Jesucristo’. El nombre de Jesús fue la última palabra en sus labios. Como en la pasión de los primeros mártires, confiaron en Aquel que pronto los recibiría. Y así celebraron su victoria, la victoria que ningún asesino podrá quitarles. Ese nombre susurrado en el último instante fue el sello de su martirio”. .


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Argentina: aniversario del asesinato de Mons. Angelelli

  ARGENTINA – Un 4 de agosto fue asesinado Mons. Enrique Angelelli, el obispo de los pobres

La Rioja – El 4 de agosto de 1976, el padre Arturo Pinto y Mons. Angelelli mientras regresaban de una celebración en honor de dos sacerdotes asesinados. A lo largo de la carretera hacia Córdoba, dos coches se acercaron chocando contra ellos. El padre Pinto, único testigo de lo sucedido, comunicó que, al despertarse, encontró al obispo asesinado con varios disparos en la cabeza. Durante años, la muerte de Angelelli fue enmascarada como un accidente automovilístico. Solo en el 2009 las cosas cambiaron porque ese año se reabrió el caso.
41 años después de su muerte, la comunidad recuerda sus palabras: “hay que tener el oído atento, siempre puesto a lo que dice el Evangelio y a lo que dice el pueblo”.Mons. Enrique Angelelli , obispo de la diócesis de La Rioja, era uno de los obispos más conocidos del País, contrario a la dictadura. Murió en un accidente de automóvil simulado, poco después de instaurarse la dictadura militar. Tras 38 años, el 4 de julio de 2014, fueron condenados a cadena perpetua dos altos mandos del ejercito por el homicidio del obispo. Durante décadas las autoridades sostuvieron que su muerte fue un accidente. En 2015 se abrió la fase diocesana de su causa de beatificación .


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La celebración de los mártires en la iglesia de S. Bartolomé en Roma. Crónica.

El Papa: “Los campos para refugiados son campos de concentración”

Fuerte denuncia de Francisco durante la vigilia por los «nuevos mártires» en San Bartolomé: «Los acuerdos internacionales son más importantes que los derechos humanos». El recuerdo de una cristiana degollada frente al marido musulmán. Llamado por los migrantes: «Crueldad hacia ellos. Que la generosidad del Sur contagie al Norte»
REUTERS

Papa Francisco

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Pubblicato il 22/04/2017
Ultima modifica il 22/04/2017 alle ore 20:07
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

«Muchas son las pruebas de los justos, pero de todas los salva el Señor; Él custodia todos sus huesos, ni siquiera uno será roto». El coro entonaba las estrofas del Himno de los mártires mientras Bergoglio entraba a la Basílica de San Bartolomé en la Isla Tiberina, en donde presidió hoy, 22 de abril de 2017, por la tarde la vigilia de oración promovida por la Comunidad de Sant’Egidio por los Nuevos mártires de los siglos XX y XXI.

 

En este lugar elegido por Juan Pablo II después del Jubileo del año 2000 como memorial para los nuevos y antiguos mártires, en donde el testimonio de los cristianos asesinados «in odium fidei» durante los siglos pasados se entrelaza con la de los seguidores de Cristo perseguidos por las ideologías del siglo XX o por las recientes locuras extremistas, Papa Francisco entró como peregrino y rezó por todos los que «han tenido la gracia de confesar a Jesús hasta la muerte».

 

«Algunos han sido nuestros amigos, o incluso comensales», dijo Andrea Riccardi, fundador de Sant’Egidio, en su saludo inicial, en el que recordó a algunos de ellos: don Andrea Santoro, asesinado en Turquía; Shabbaz Bhatti, asesinado en Paquistán; Christian de Chergé, masacrado en Argelia; el padre Jaques Hamel, degollado en Normandía; el obispo Enrique Angelelli, perseguido por los militares en Argentina. De estos y otros testimonios se conserva en las capillas laterales de la Basílica un objeto personal: la estola, el breviario, el pastoral, el cáliz, la bibbia: «Hemos sido sus amigos pero no nos libramos de la voluntad tenaz de salvarnos a nosotros mismos». Es más, han querido recordarnos, mediante el testimonio «usque ad sanguinis effusionem», que «como cristianos no somos vencedores por el poder, las armas, el dinero, sino habitados por la fuerza humilde de la fe y del amor». Cristianos que, al contrario del resto del mundo sacudido por la «guerra, madre de dolores y pobreza», «no roban la vida, sino la dan».

 

«El recuerdo de estos heroicos testimonios antiguos y recientes nos confirma en la conciencia que la Iglesia es la Iglesia si es Iglesia de mártires», comenzó Papa Francisco en su homilía. Y, con un hijo de voz, añadió: «un ícono más en esta Iglesia». «Una una mujer. No sé su nombre, pero ella nos mira desde el Cielo. Cuando estaba en Lesbos, saludaba a los refugiados y encontré a un hombre de 30 años con tres niños que me ha dicho: “Padre yo soy musulmán, pero mi esposa era cristiana. A nuestro país han venido los terroristas, nos han visto y nos han preguntado cuál era la religión que practicábamos. Han visto el crucifijo, y nos han pedido tirarlo al piso. Mi mujer no lo hizo y la han degollado delante de mí. Nos amábamos mucho”. Este es el ícono que hoy les traigo como regalo aquí. No sé si este hombre está todavía en Lesbos o ha logrado ir a otra parte. No sé si ha sido capaz de huir de ese campo de concentración porque los campos de refugiados… muchos de ellos son campos de concentración, son abandonados ahí, a los pueblos generosos que los acogen, que tienen que llevar adelante este peso porque los acuerdos internacionales parecen ser más importantes que los Derechos Humanos. Y este hombre no tenía rencor. Y él siendo musulmán llevaba adelante esta cruz sin rencor, se refugiaba en el amor de su mujer, que ha recibido la gracia del martirio».

 

El mártir es, de hecho, «un graciado», afirmó Bergoglio. «Cuantas veces, en momentos difíciles de la historia, se ha escuchado decir: “Hoy la patria necesita héroes”. Los mártires pueden ser pensados como héroes pero lo fundamental del mártir es que es uno que ha recibido una gracia. Existe la gracia de Dios, no el coraje, no valentía, esto es lo que lo hace mártir». Los mártires, prosiguió el Pontífice citando los pasajes del Apocalipsis leídos en la liturgia, «han tenido la gracia de confesar a Jesús hasta el fin, hasta la muerte. Ellos sufren, ellos dan la vida, y no recibimos la bendición de Dios por su testimonio», dijo el Papa. Y recordó también a «tantos mártires ocultos» de hoy, esos hombres y mujeres «fieles a la fuerza mansa del amor, a la voz del Espíritu Santo, que en la vida de cada día tratan de ayudar a los hermanos y de amar a Dios sin reservas».

 

Papa Bergoglio describió la «causa» de sus persecuciones: «el odio del príncipe de este mundo hacia cuantos han sido salvados y redimidos por Jesús con su muerte y con su resurrección. En el pasaje del Evangelio que hemos escuchado (Cfr. Jn 15,12-19) Jesús usa una palabra fuerte y escandalosa: la palabra “odio”. Él, que es el maestro del amor, a quien gustaba mucho hablar de amor, habla de odio. Pero Él quería siempre llamar las cosas por su nombre. Y nos dice: “No se asusten. El mundo los odiará; pero sepan que antes de ustedes, me ha odiado a mí”. Jesús nos ha elegido y nos ha rescatado, por un don gratuito de su amor. Con su muerte y resurrección nos ha rescatado del poder del mundo, del poder del diablo, del poder del príncipe de este mundo. Y el origen del odio es este: porque nosotros hemos sido salvados por Jesús, y el príncipe de este mundo esto no lo quiere, él nos odia y suscita la persecución, que desde los tiempos de Jesús y de la Iglesia naciente continúa hasta nuestros días. ¡Cuántas comunidades cristianas hoy son objeto de persecución! ¿Por qué? A causa del odio del espíritu del mundo».

 

Entonces, «¿qué cosa necesita hoy la Iglesia?», se preguntó el Papa: «Mártires, testimonios, es decir, Santos, aquellos de la vida ordinaria, porque son los Santos los que llevan adelante a la Iglesia. ¡Los Santos!, sin ellos la Iglesia no puede ir adelante. La Iglesia necesita de los Santos de todos los días, de la vida ordinaria llevada adelante con coherencia; pero también de aquellos que tienen la valentía de aceptar la gracia de ser testigos hasta el final, hasta la muerte».

 

Todos ellos son, para el Papa, «la sangre viva de la Iglesia», los testigos «que demuestran que Jesús resucitó, que Jesús es vivo» y que «nos enseñan que, con la fuerza del amor, con la mansedumbre, se puede luchar contra la prepotencia, la violencia, la guerra y se puede realizar con paciencia la paz».

 

Antes de la homilía del Pontífice, momento conmovedor de la celebración, ofrecieron tres testimonios el hijo de Paul Schneider, pastor de la Iglesia reformada, asesinado en el campo de exterminio de Buchenwald en 1939: «Mi padre fue elegido para ofrecer testimonio del Evangelio y esto me consuela», dijo. Después habló Roselyne Hamel, hermana del padre Jacques, el párroco de Rouen degollado por dos fundamentalistas en julio del año pasado durante la misa. Mi hermano «nunca quiso estar en el centro, sino que ofreció un testimonio al mundo entero cuya extensión la podemos medir todavía. Con su muerte se convirtió en un hermano universal», afirmó la mujer. Al final, un amigo de William Quijano, asesinado por las Maras de El Salvador, que trataba de «romper las cadenas de la violencia», a través de la educación y la formación de los niños, con la certeza de que «un país sin escuelas y maestros es un país sin futuro».