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Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Nuevas transmisiones en OC de Radio Vaticano para la Amazonia.

La radio es el medio de comunicación más común en la Amazonía La radio es el medio de comunicación más común en la Amazonía  

Sínodo, las ondas cortas llevan al Papa al Amazonas

El programa brasileño de Radio Vaticano reanuda la transmisión en ondas cortas a la región amazónica

Ciudad del Vaticano

Desde hace más de 61 años, Brasil escucha la voz del Papa a través de Radio Vaticano. El próximo 1 de agosto, el programa brasileño de la estación pontificia, después de un período de ausencia, vuelve a emitirse en ondas cortas para el Amazonas.

Al acercarse el Sínodo Pan-Amazónico (6-27 de octubre de 2019), Radio Vaticana-Vatican News muestra así su atención hacia una importante región de Brasil que hace de la radio su principal herramienta de comunicación. La voz del Papa volverá a ser escuchada en la radio por los más de 25 millones de personas que viven en este pulmón de nuestro planeta. La decisión de transmitir en ondas cortas responde a la realidad geográfica de la Amazonía, en la certeza de que todos tienen derecho a recibir, de una manera u otra, el mensaje de Cristo.

Creado en marzo de 1958, 27 años después de la fundación de Radio Vaticano, el 12 de febrero de 1931, el Programa Brasileño es una de las cerca de 40 realidades lingüísticas que llevan al mundo entero las enseñanzas de la Iglesia, del Magisterio Petrino y de las noticias internacionales leídas a la luz del Evangelio. En su historia, el Programa Brasileño ha seguido siete pontificados, desde Pío XII hasta el Papa Francisco. Actualmente, los brasileños de Radio Vaticano-Vatican News ofrecen una amplia gama de programas diarios en estilo multimedia a través de las diferentes plataformas: radio, web y social.

Con ocasión del 50º aniversario, en marzo de 2008, Benedicto XVI expresó su agradecimiento al Programa Brasileño por el inestimable servicio en el anuncio del Evangelio y en la promoción de la comunión entre la Iglesia y el pueblo de Brasil.

 


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Desde hoy 14 nuevas Beatas españolas mártires

2019.06.06 Maria Carmen Lacaba Andia, beatificazione 22 giugno 2019La Beata María del Carmen Lacaba Andía y compañeras mártires 

España: 14 nuevas Beatas mártires Concepcionistas Franciscanas

La mañana de este 22 de junio tuvo lugar en la capital española, en Santa María la Real de la Almudena, la ceremonia de beatificación de catorce religiosas mártires de la Orden de la Inmaculada Concepción. Presidió la solemne celebración, en nombre del Papa Francisco, el Cardenal Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

A las 11 de la mañana comenzó en Madrid la solemne ceremonia de beatificación de las catorce religiosas Concepcionistas Franciscanas mártires cuya imagen puede observarse en el tapiz desplegado en el momento de su proclamación en Santa María la Real de la Almudena.

Concelebrantes

Con el Cardenal Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos concelebraron el Cardenal Carlos Osoro, Arzobispo de Madrid; Monseñor José Carballo, Secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica; el Cardenal Ricardo Blázquez, Arzobispo de Valladolid y Presidente de la Conferencia Episcopal Española; el Cardenal Carlos Amigo, Arzobispo emérito de Sevilla; Monseñor Braulio Rodríguez, Arzobispo de Toledo; Monseñor Juan del Río, Arzobispo castrense; Monseñor Eusebio Hernández, Obispo de Tarazona; Monseñor Juan Antonio Martínez Camino, Obispo auxiliar de Madrid; Benjamín Echeverría, Superior provincial de la Provincia de los Capuchinos de España; Carlos Coca , Vicario provincial de la Provincia de los Menores de España, y Fray Juan Carlos Moya, provincial de la Provincia de los Menores, además de otros presbíteros.

Memoria martirial

El 15 de enero de 2019, el Papa Francisco firmó el decreto de martirio de María del Carmen Lacaba y de otras trece religiosas Concepcionistas Franciscanas. En el año 2002 se abrió la causa que se clausuró en febrero de 2010. Diez de ellas pertenecían a la comunidad madrileña del monasterio de San José; dos a la comunidad de Escalona, Toledo, y las otras dos a la de El Pardo, Madrid.

Las nuevas beatas

Se trata de la Madre María del Carmen Lacaba Andía, nacida en Borja, Zaragoza en 1882; Sor María Petra Pilar de los Dolores, nacida en Pamplona, Navarra, en 1864; Sor María Eustaquia de la Asunción, nacida en Anaya,  Segovia, en 1864; Sor María Balbina de San José, nacida en Madrid, en 1886; Sor María Guadalupe de la Ascensión, nacida en Madrid en 1892; Sor María Beatriz de Santa Teresa, nacida en Nava de los Caballeros, León, en 1908; Sor María Clotilde del Pilar Campos Urdiales, nacida en Valdealcón, León, en 1897; Sor María del Santísimo Sacramento, nacida en El Toboso, Toledo, en 1887; Sor María Juana de San Miguel, nacida en Arraiza, Navarra, en 1860; Sor María Basilia de Jesús Díaz Recio, nacida en la aldea burgalesa de Santa Coloma de Rudrón, en 1889; la Madre Inés de San José nacida en Avedillo, Zamora, en 1889; Sor María del Carmen de la Purísima Concepción, nacida en Avedillo, Zamora en 1895; la Madre María de San José Ytoiz, nacida en 1871 y Sor María de la Asunción Pascual Nieto, nacida en Villorobe, Burgos, en 1887.

Homilía del Cardenal Angelo Becciu

Refiriéndose a estas mártires que fueron asesinadas en España en 1936 durante la persecución religiosa que pretendía eliminar a la Iglesia en esta nación, el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos afirmó que “ellas permanecieron fuertes en la fe: non se asustaron ante los ultrajes, las angustias ni las persecuciones”. Sino que, por el contrario, estuvieron preparadas y dispuestas “a sellar con su vida la Verdad que profesaban con sus labios, asociando el martirio de Jesús a su martirio de fe, de esperanza y de caridad”.

Y al recordar que la beata María del Carmen (en el siglo Isabel Lacaba Andía) y sus trece compañeras eran monjas de la misma familia monástica, pero de tres monasterios diferentes: el Monasterio de Madrid, el Monasterio de El Pardo y Monasterio de Escalona, afirmó que “todas, perseverando en su consagración a Dios, dieron su vida por la fe y como prueba suprema de amor”. Y destacó que sufrieron la persecución y la muerte por su estado de vida religiosa y su total adhesión a Cristo y a la Iglesia”. A la vez que “sus verdugos eran milicianos que, guiados por el odio contra la Iglesia Católica, fueron los protagonistas de una persecución religiosa general y sistemática contra las personas más representativas de la Comunidad Católica”.

De manera que las nuevas Beatas ciertamente tenían bien presente la exhortación del divino Maestro: “Busquen sobre todo el reino de Dios y su justicia” (Mt 6, 33). De ahí que sean “un ejemplo y un aliciente para todos, pero sobre todo para las monjas Concepcionistas, y también para todas las consagradas que dedican totalmente su vida a la oración y a la contemplación”. A la vez que puso de manifiesto que “en esta preciosa misión orante, las religiosas de clausura están llamadas a gustar y ver cuán bueno es el Señor, para testimoniar a todos cuán envolvente es el Amor de Dios”.

“ La crueldad de los pelotones de ejecución y todo el sistema de odio organizado fueron superados ”

Sanguis martyrum – semen christianorum

“‘La fuerza se manifiesta plenamente en la debilidad’ (2 Cor 12, 9), respondió el Señor al apóstol Pablo”, recordó el Cardenal Becciu. Y “hoy – dijo – damos gracias por esta fuerza que también se ha convertido en la fuerza de los mártires en España. La fuerza de la fe, de la esperanza y del amor, que se ha mostrado más fuerte que la violencia”. Y añadió que “la crueldad de los pelotones de ejecución y todo el sistema de odio organizado fueron superados. Cristo, que se hizo presente junto a los mártires, vino a ellas con la fuerza de su muerte y de su martirio”.

Y recordó lo que escribió el famoso escritor romano Tertuliano: “Sanguis martyrum – semen christianorum”; la sangre de los mártires es la semilla de los cristianos. De manera que – prosiguió diciendo en su homilía – “no podemos dudar de la fecundidad de esta semilla, aunque las fuerzas que tratan de erradicar el ‘semen christianorum’, es decir, los valores cristianos, de las conciencias y del tejido de nuestras sociedades, parezcan crecer de formas diferentes”.

Por esta razón afirmó que frente a las actitudes de cierre hacia las personas más necesitadas, frente a la indiferencia religiosa, frente al relativismo moral, frente a la prepotencia de los más fuertes hacia los más débiles, frente a los ataques contra la unidad de la familia y el carácter sagrado de la vida humana, no podemos olvidar la belleza del Evangelio.

“ ¡Beata María del Carmen Isabel Lacaba Andía y compañeras mártires, ruega por nosotros! ”

A la vez que afirmó que estas catorce nuevas beatas, que perseveraron en la fe incluso en el momento del supremo sacrificio, “animan a continuar con alegría y esperanza dando testimonio en todo ambiente del amor y la misericordia de Dios, que nunca nos abandona, especialmente en la hora del fracaso y la derrota”.

Por último pidió encomendarse a su intercesión, cuya existencia se ha convertido para toda la Iglesia, especialmente para el pueblo de Dios que peregrina en España, en un poderoso faro de luz, en una invitación apremiante a vivir el Evangelio de manera radical y sencilla, ofreciendo un valiente testimonio de fe que supera toda barrera y abre horizontes de esperanza y fraternidad.

¡Beata María del Carmen Isabel Lacaba Andía y compañeras mártires, ruega por nosotros!


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Próximamente tres nuevas Beatas españolas.

España tendrá tres nuevas beatas martirizadas durante la guerra civil

El Papa Francisco autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos promulgar el Decreto que reconoce el martirio de las Siervas de Dios Pilar Gullón Yturriaga y 2 compañeras, laicas, asesinadas por odio a la fe en Pola de Somiedo (España), el 28 de octubre de 1936, durante la guerra civil española.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

La Oficina de Prensa de la Santa Sede informó que, este 11 de junio de 2019, el Santo Padre recibió en audiencia al Cardenal Angelo Amato, S.D.B., Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Durante la audiencia, el Papa Francisco autorizó a la misma Congregación, promulgar los Decretos relativos al martirio de las Siervas de Dios Pilar Gullón Yturriaga y 2 compañeras, laicas, asesinadas por odio a la fe en Pola de Somiedo (España), el 28 de octubre de 1936, durante la guerra civil española.


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Unas 100.000 personas hoy en la misa del Papa en Rumania.

Pope Francis visits RomaniaAnte cien mil fieles durante la Divina Liturgia en el Campo de la Libertad de la ciudad rumana de Blaj, el Papa beatificó a siete Obispos greco-católicos, mártires  (ANSA)

Papa: Libertad y misericordia, herencia de los nuevos beatos al pueblo rumano

El Santo Padre animó a los fieles que participaron en la divina liturgia durante la que beatificó a siete Obispos greco-católicos, mártires, a llevar la luz del Evangelio y a seguir luchando, como estos beatos, contra las nuevas ideologías que surgen

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

Tras haberse despedido esta mañana en Bucarest de los empleados y miembros de la Nunciatura Apostólica, en esta última jornada en Rumania el Santo Padre emprendió el vuelo que lo condujo a la ciudad de Sibiu, donde viven poco más de ciento cincuenta mil habitantes en esta región de Transilvania, la más grande y rica de las ciudadelas amuralladas del siglo XII construida por los colonos alemanes, los llamados sajones de Transilvania. Aquí sus corporaciones pagaron para la construcción de edificios imponentes y las fortificaciones necesarias para su protección. El centro histórico de Sibiu conserva la grandeza del pasado, cuando las corporaciones de entonces, ricas y poderosas, dominaban el comercio regional.

Y en el Campo de la Libertad, situado en la parte oriental de Blaj – distante treinta y seis kilómetros de la conocida ciudad de Alba Iulia – a las 11 de la mañana hora local tuvo lugar el inicio de la divina liturgia con la beatificación de siete Obispos mártires greco-católicos.

Siete Obispos greco-católicos, mártires, hoy nuevos beatos

Se trata de: Mons. Iuliu Hossu, Mons. Vasile Aftenie, Mons. Ioan Bălan, Mons. Valeriu Traian Frențiu, Mons. Ioan Suciu, Mons. Tit Liviu Chinezu, Mons. Alexandru Rusu. Aquí – recordamos – en el Campo de la Libertad situado en la zona oriental de la ciudad de Blaj, cerca del Seminario Teológico Greco-Católico, en mayo del año 1848, más de cuarenta mil personas se reunían para afirmar su conciencia nacional y pedir el reconocimiento del pueblo rumano como nación, la libertad y la igualdad de derechos civiles. Blaj también es el memorial del testimonio de los mártires católicos durante la dictadura comunista.

Ante la presencia de unas cien mil personas, entre las cuales el presidente de Rumania y la Primera Ministra, tras la solemne fórmula de beatificación, pronunciada en latín, y festejada por el tañido de las campanas de la ciudad, en el transcurso de la divina liturgia, el Papa Francisco inició su homilía con la pregunta de los discípulos a Jesús: “Maestro ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?”. Y explicó que esta pregunta desencadena una serie de movimientos y acciones que acompañará todo el relato evangélico desvelando y dejando en evidencia lo que realmente enceguece el corazón humano.

Su ceguera no era fruto del pecado

Sí, porque como dijo el Santo Padre, “Jesús, al igual que sus discípulos, ve al ciego de nacimiento, es capaz de reconocerlo y ponerlo en el centro. Y después de aclarar que su ceguera no era fruto del pecado mezcla el polvo de la tierra con su saliva y lo pone en sus ojos; luego le ordena lavarse en la piscina de Siloé. Cuando se lavó, el ciego recobró la vista”. Llegado a este punto, el Pontífice dijo a los fieles que “es interesante notar cómo el milagro se narra en apenas dos versículos, en los demás se pone la atención no en el ciego recuperado, sino en las discusiones que desencadena. Parece que su vida y especialmente su curación se vuelve banal, anecdótica o elemento de discusión, así como de irritación y enojo. El ciego sanado es interrogado en un primer momento por la multitud estupefacta, después por los fariseos; y estos interrogan también a sus padres. Ponen en duda la identidad del hombre sanado; posteriormente niegan la acción de Dios, poniendo como excusa que Dios no actúa en sábado; llegan incluso a dudar que aquel hombre naciera ciego”.

Las acciones y prioridades de Jesús

A partir de esta escena y las discusiones provocadas, el Papa Francisco se refirió a cuán difícil resulta comprender “las acciones y prioridades de Jesús”, puesto que así “son las resistencias y hostilidades que surgen en el corazón humano cuando, en el centro, en lugar de encontrar a las personas se ponen intereses particulares”.

“ Ante la feroz opresión del régimen, ellos manifestaron una fe y un amor ejemplar hacia su pueblo ”

El Santo Padre también afirmó acerca de estos nuevos beatos que “ante la feroz opresión del régimen, ellos manifestaron una fe y un amor ejemplar hacia su pueblo”. Y añadió que con gran valentía y fortaleza interior, aceptaron ser sometidos a un encarcelamiento severo y a todo tipo de ultrajes, con tal de no negar su pertenencia a su amada Iglesia. Estos pastores, mártires de la fe, han recuperado y dejado al pueblo rumano una preciosa herencia que podemos resumir en dos palabras: libertad y misericordia”.

Luchar contra las nuevas ideologías

El Santo Padre concluyó su homilía animando a los fieles “a llevar la luz del Evangelio a nuestros contemporáneos y a seguir luchando, como estos beatos, contra estas nuevas ideologías que surgen”. Y les deseó que sean “testigos de libertad y de misericordia, haciendo prevalecer la fraternidad y el diálogo ante las divisiones, incrementando la fraternidad de la sangre, que encuentra su origen en el período de sufrimiento en el que los cristianos, dispersos a lo largo de la historia, se han sentido cercanos y solidarios”. “Que los acompañen en su camino – concluyó Francisco – la materna protección de la Virgen María y la intercesión de los nuevos beatos”.


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Rumania: los siete obispos mártires que beatificará el Papa

Conozca a los siete obispos mártires que beatificará el Papa en Rumania

El domingo 2 de junio, en la ciudad rumana de Blaj, el Santo Padre beatificará a siete obispos greco-católicos asesinados durante la dictadura comunista en los años 50.

Ciudad del Vaticano

La mayoría de ellos sufrieron cárcel y tortura en los años previos a que Nicolás Ceasucescu se convirtiera en el máximo responsable del país, cargo que asumió en 1967 hasta que fue ejecutado en 1989. Previamente, entre 1965 y 1989 había sido secretario general del Partido Comunista rumano.

Cuando en 1945 finalizó la II Guerra Mundial, comenzó una durísima persecución contra los greco-católicos. A continuación, compartimos una síntesis de la biografía de siete obispos mártires, perseguidos y asesinados por no renunciar a su fe; quienes serán beatificados el 2 de junio por el Papa Francisco durante su viaje apostólicos a Rumania.

Iuliu Hossu 

Nació el 30 de enero de 1885 en Milas, hijo de sus padres Ioan, sacerdote, y Victoria. En 1904 comenzó sus estudios teológicos en el Colegio de Propaganda Fide de Roma. En 1906 y 1908 se doctoró en filosofía y teología respectivamente. El 27 de marzo de 1910 fue ordenado sacerdote por el obispo Vasile Hossu. En Lugoj ocupó los cargos de protocolista, archivero, bibliotecario y finalmente vicario y secretario episcopal. El 3 de marzo de 1917 fue nombrado obispo de la eparquía greco-católica de Gerla en Transilvania, que quedó vacante, mientras ejercía el ministerio de capellán militar. El 1 de diciembre de 1918, proclamó la Declaración de la Unidad de Rumanía en la llanura de Blaj, que sancionaba la separación de Transilvania del Imperio Austro-Húngaro y la unificación con Moldavia y Valaquia en el naciente estado rumano.

 

En 1930 la eparquía de Gherla cambió su nombre a Cluj-Gherla, trasladando su centro a la ciudad de Cluj Napoca. Aquí hubo un período de ocupación entre 1940 y 1944. El 28 de octubre de 1948, el obispo Hossu fue arrestado por el gobierno comunista y llevado a Dragoslavele. Posteriormente fue trasladado al Monasterio Ortodoxo de Caldarusani y en 1950 a la Penitenciaría de Sighetul Marmatiei. En 1955 llegó a Curtea de Arges, en 1956 al monasterio de Ciorogarla y finalmente de nuevo a Caldarusani.

Así escribía en agosto de 1961, mientras estaba encerrado a la fuerza, en las primeras páginas de sus memorias: “Tu amor, Señor, no he podido quitármelo; el me basta: te pido perdón por todos mis pecados y te doy gracias con todo mi ser por todo lo que me has dado, tu siervo indigno”. Iuliu Hossu fue privado de toda libertad hasta su muerte el 28 de mayo de 1970 en el Hospital Colentina de Bucarest, donde sus últimas palabras fueron: “Mi batalla ha terminado, la vuestra continúa”. El Papa Pablo VI le creó cardenal “in pectore” en 1969, el primero de nacionalidad rumana, y luego hizo público su nombramiento en 1973, tres años después de la muerte del pastor.

Vasile Aftenie

Nació el 14 de junio de 1899 en Lodroman, hijo de Petru y Agafia. En 1919 se matriculó en la Facultad de Teología y fue enviado a estudiar al Colegio Griego de San Atanasio en Roma. En 1925 obtuvo un doctorado en filosofía y teología tras el cual regresó a casa. El 1 de enero de 1926 fue ordenado sacerdote por el Metropolitano Vasile Suciu. Después de un mes fue nombrado profesor de la Academia de Teología Blaj.

 

El 1 de octubre de 1939 fue nombrado rector de la mencionada Academia Teológica. En abril de 1940 fue elegido obispo titular de Ulpiana, recibiendo el cargo de auxiliar del metropolita Alexandru Nicolescu, obispo de Fagaras y Alba Julia. La consagración episcopal tuvo lugar el 5 de junio de 1940 en la catedral de Blaj. Regresó a Bucarest como Vicario Obispo.

Tras varios intentos frustrados de comprometerlo, fue finalmente arrestado el 28 de octubre de 1948 por el régimen comunista. Junto con otros cinco obispos greco-católicos fue llevado a Dragoslavele y luego al Monasterio Ortodoxo de Caldarusani, transformado en un campo de concentración. En mayo de 1949 fue trasladado y aislado en el Ministerio del Interior, donde sufrió terribles torturas. Mutilado y con la barba arrancada, fue encerrado en la prisión de Vacaresti, donde murió el 10 de mayo de 1950. Fue enterrado en el cementerio católico de Belu con un rito religioso oficiado por un sacerdote católico romano.

Ioan Balan

Nació en Teius el 11 de febrero de 1880. Realizó estudios de teología en el seminario central de Budapest. En 1903 fue ordenado sacerdote y continuó sus estudios en Viena. En 1909 se trasladó a Bucarest, donde necesitaban un confesor greco-católico. En 1919 regresó a Blaj convirtiéndose de nuevo en su canónigo metropolitano y dos años más tarde en rector de la Academia de Teología. En 1929 fue nombrado miembro de la Comisión Vaticana que debía redactar el nuevo Código de Derecho Canónico de las Iglesias Orientales.

 

En noviembre de 1936 fue consagrado obispo de Lugoj, tras el nombramiento del obispo Alexandru Nicolescu como Metropolitano. Se negó a trasladarse a la ortodoxia, compartió la suerte de otros obispos greco-católicos y fue detenido el 28 de octubre de 1948 a las 15 horas. Fue llevado al Palacio Patriarcal de Dragoslavele y luego al Monasterio de Caldarusani en febrero de 1949.

De allí fue trasladado de nuevo a la penitenciaría de Sighetul Marmatiei en mayo de 1950. Cinco años más tarde se vio obligado a vivir en el Monasterio de Curtea de Arges. En 1956 fue trasladado al Monasterio de Ciorogarla, cerca de Bucarest, donde permaneció aislado hasta el final de su vida terrenal. Estaba gravemente enfermo, murió en un hospital de Bucarest el 4 de agosto de 1959 y fue enterrado en el cementerio católico de Belu. Nunca fue juzgado y, en consecuencia, nunca fue condenado.

Valeriu Traian Frentiu

Nació el 25 de abril de 1875 en Resita, de su padre Ioachim, sacerdote, y de su madre Rozalia. Estudió teología en Budapest entre 1894 y 1898, y fue ordenado sacerdote el 28 de septiembre de 1898. En 1902 obtuvo su doctorado. Trabajó en la Eparquía de Lugoj como canciller, párroco y vicario, hasta el 4 de noviembre de 1912, a la edad de sólo 37 años, cuando fue nombrado obispo. El 25 de febrero de 1922 fue trasladado a la sede episcopal de Oradea, donde el 3 de mayo del mismo año tomó posesión de la diócesis.

Después de la muerte del metropolita Alexandru Nicolescu en 1941, Mons. Frentiu fue transferido de nuevo, como Administrador Apostólico, a la Arquidiócesis de Alba Iulia y Fagaras, que gobernó durante todo el período de la Segunda Guerra Mundial. En 1947 regresó a Oradea, donde fue detenido el 28 de octubre de 1948. Fue llevado primero al campo de concentración de Dragoslavele y luego, en febrero de 1949, al Monasterio de Caldarusani.

En 1950 terminó en la penitenciaría de Sighetul Marmatiei, donde no pudo soportar la crueldad perpetrada por el régimen y murió el 11 de julio de 1952. Al igual que otros obispos que murieron en Sighet, Valeriu Traian Frentiu también fue enterrado de noche, sin ataúd, en la fosa común del Cementerio de los Pobres, para evitar peregrinaciones a las tumbas de los mártires asesinados en Sighet.

Ioan Suciu

Nació el 4 de diciembre de 1907 en Blaj en el seno de una familia de sacerdotes greco-católicos. Buen amigo de Tit Liviu Chinezu, estudiaron teología juntos en Roma, en el Colegio Griego. Después de obtener su doctorado en teología, después de seis años de estudio en el Instituto Angelicum, fue ordenado sacerdote el 29 de noviembre de 1931. Luego regresó a Blaj para ser profesor en la Academia de Teología.

 

El 6 de mayo de 1940 fue nombrado obispo auxiliar de Oradea Mare, con el título de Moglena-Slatina en Bulgaria, como asistente de Mons. Valeriu Traian Frentiu. La ordenación episcopal tuvo lugar el 22 de julio de 1940. El 29 de agosto de 1941, el futuro cardenal Iuliu Hossu, del que Iaon Suciu seguía siendo auxiliar, hizo su entrada como nuevo obispo de Oradea. Mons. Valeriu Traian Frentiu volvió a Oradea en 1947, pero Ioan Suciu fue destinado a la archidiócesis de Alba-Iulia y Fagaras como administrador apostólico. El Obispo Suciu dio una serie de conferencias en las principales ciudades del país, declarando la imposibilidad de un acuerdo entre el cristianismo y el materialismo ateo. Arrestado el 28 de octubre de 1948, fue llevado a Dragoslavele y luego al Monasterio de Caldarusani.

En mayo de 1950 fue llevado al Ministerio del Interior y en octubre del mismo año a la prisión de Sighetul Marmatiei, donde sufrió hambre, frío, enfermedades y numerosas torturas. Allí murió el 27 de junio de 1953 en la celda número 44. Fue enterrado en el cementerio de los pobres, y hasta la fecha no hemos sabido el lugar exacto donde descansan sus restos mortales.

En dos cartas dirigidas a sus fieles en octubre de 1948 decía: “Para la Iglesia Rumana Unida llegó el Viernes Santo. Ahora, queridos fieles, tenemos la oportunidad de mostrar si pertenecemos a Cristo o si estamos del lado de Judas, el traidor… No os dejéis engañar por palabras vanas, por comités, por promesas, por mentiras, sino que permanezcáis firmes en la fe por la que vuestros padres y vuestros antepasados han derramado su sangre… No podemos vender a Cristo ni a la Iglesia…. Si toman sus Iglesias, oren al Señor, como lo hicieron los primeros cristianos, cuando los emperadores paganos destruyeron sus lugares de oración y quemaron sus libros sagrados”. Estas palabras suyas también resonaron en el Coliseo el 7 de mayo de 2000 con ocasión de la Conmemoración Ecuménica de los Testigos de la Fe del siglo XX, presidida por Juan Pablo II.

Tit Liviu Chinezu

Nació en 1904 en Huduc, hoy Maioresti. Su padre era un sacerdote greco-católico. En 1925 comenzó sus estudios teológicos en Roma, en el Colegio de San Atanasio. Después de obtener su doctorado en filosofía y teología, fue ordenado sacerdote el 31 de enero de 1930. En 1931 regresó a Blaj y fue nombrado profesor en la Escuela Normal de Profesores de Primaria. En 1937 fue transferido a la Academia Teológica y en 1947 a Bucarest como prototipo.

El 28 de octubre, fue arrestado y llevado al Monasterio de Neamt, junto con otros 25 sacerdotes greco-católicos. Luego fue transferido a Caldarusani, el 3 de diciembre de 1949 recibió la ordenación episcopal de otros obispos cautivos. A pesar de todas las precauciones tomadas para que el régimen no se enterara del suceso, la noticia se difundió por igual y el nuevo obispo Tit Liviu Chinezu fue trasladado a la penitenciaría de Sighetul Marmatiei.

Debido al trabajo forzoso, el hambre y el frío Tit Liviu Chinezu cayó gravemente enfermo. Avisados los enfermeros de la prisión de su situación – con la excusa de llevarlo a la enfermería – lo trasladaron a una celda sin calefacción más grande, donde después de sólo dos días, el 15 de enero de 1955, murió literalmente congelado por el frío. Fue enterrado de noche, sin ataúd, en un lugar no especificado del llamado Cementerio de los Pobres. Nunca había sido juzgado y, en consecuencia, nunca había sido condenado.

Alexandru Rusu

Nació el 22 de noviembre de 1884 en Sãulia de Câmpie, de sus padres Vasile, sacerdote, y Rozalia. En 1903 se trasladó a Budapest para realizar estudios teológicos. Siete años más tarde obtuvo el doctorado en teología y el 20 de julio de 1910 fue ordenado sacerdote. Fue nombrado profesor y luego profesor titular de Teología Dogmática en la Academia Teológica Blaj.

En 1920 fue nombrado Secretario Metropolitano y en 1923 Canónigo del Capítulo Metropolitano. El 30 de enero de 1931 fue consagrado obispo de Maramureș en Blaj por el metropolita Vasile Suciu y el 2 de febrero entró en Baia-Mare. En marzo de 1946, el Sínodo Metropolitano eligió al Obispo Alexandru Rusu como Metropolitano, elección reconocida por la Santa Sede, pero no por el entonces gobierno dictatorial.

Detenido el 28 de octubre de 1948, fue llevado a Dragoslavele, en el Monasterio de Caldarusani, y luego a Sighetul Marmatiei. También sobrevivió en esta última penitenciaría y fue trasladado de nuevo a Curtea de Arges y luego aislado en el Monasterio de Cocos. En 1957 fue condenado a 25 años de prisión por instigación y alta traición. En 1963 enfermó y murió el 9 de mayo del mismo año en Gherla. Fue enterrado en el cementerio de la prisión sin ningún rito religioso.


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Los siete obispos mártires que serán beatificados por el Papa en Rumanía

Conozca a los siete obispos mártires que beatificará el Papa en Rumania

El domingo 2 de junio, en la ciudad rumana de Blaj, el Santo Padre beatificará a siete obispos greco-católicos asesinados durante la dictadura comunista en los años 50.

Ciudad del Vaticano

La mayoría de ellos sufrieron cárcel y tortura en los años previos a que Nicolás Ceasucescu se convirtiera en el máximo responsable del país, cargo que asumió en 1967 hasta que fue ejecutado en 1989. Previamente, entre 1965 y 1989 había sido secretario general del Partido Comunista rumano.

Cuando en 1945 finalizó la II Guerra Mundial, comenzó una durísima persecución contra los greco-católicos. A continuación, compartimos una síntesis de la biografía de siete obispos mártires, perseguidos y asesinados por no renunciar a su fe; quienes serán beatificados el 2 de junio por el Papa Francisco durante su viaje apostólicos a Rumania.

Iuliu Hossu 

Nació el 30 de enero de 1885 en Milas, hijo de sus padres Ioan, sacerdote, y Victoria. En 1904 comenzó sus estudios teológicos en el Colegio de Propaganda Fide de Roma. En 1906 y 1908 se doctoró en filosofía y teología respectivamente. El 27 de marzo de 1910 fue ordenado sacerdote por el obispo Vasile Hossu. En Lugoj ocupó los cargos de protocolista, archivero, bibliotecario y finalmente vicario y secretario episcopal. El 3 de marzo de 1917 fue nombrado obispo de la eparquía greco-católica de Gerla en Transilvania, que quedó vacante, mientras ejercía el ministerio de capellán militar. El 1 de diciembre de 1918, proclamó la Declaración de la Unidad de Rumanía en la llanura de Blaj, que sancionaba la separación de Transilvania del Imperio Austro-Húngaro y la unificación con Moldavia y Valaquia en el naciente estado rumano.

 

En 1930 la eparquía de Gherla cambió su nombre a Cluj-Gherla, trasladando su centro a la ciudad de Cluj Napoca. Aquí hubo un período de ocupación entre 1940 y 1944. El 28 de octubre de 1948, el obispo Hossu fue arrestado por el gobierno comunista y llevado a Dragoslavele. Posteriormente fue trasladado al Monasterio Ortodoxo de Caldarusani y en 1950 a la Penitenciaría de Sighetul Marmatiei. En 1955 llegó a Curtea de Arges, en 1956 al monasterio de Ciorogarla y finalmente de nuevo a Caldarusani.

Así escribía en agosto de 1961, mientras estaba encerrado a la fuerza, en las primeras páginas de sus memorias: “Tu amor, Señor, no he podido quitármelo; el me basta: te pido perdón por todos mis pecados y te doy gracias con todo mi ser por todo lo que me has dado, tu siervo indigno”. Iuliu Hossu fue privado de toda libertad hasta su muerte el 28 de mayo de 1970 en el Hospital Colentina de Bucarest, donde sus últimas palabras fueron: “Mi batalla ha terminado, la vuestra continúa”. El Papa Pablo VI le creó cardenal “in pectore” en 1969, el primero de nacionalidad rumana, y luego hizo público su nombramiento en 1973, tres años después de la muerte del pastor.

Vasile Aftenie

Nació el 14 de junio de 1899 en Lodroman, hijo de Petru y Agafia. En 1919 se matriculó en la Facultad de Teología y fue enviado a estudiar al Colegio Griego de San Atanasio en Roma. En 1925 obtuvo un doctorado en filosofía y teología tras el cual regresó a casa. El 1 de enero de 1926 fue ordenado sacerdote por el Metropolitano Vasile Suciu. Después de un mes fue nombrado profesor de la Academia de Teología Blaj.

 

El 1 de octubre de 1939 fue nombrado rector de la mencionada Academia Teológica. En abril de 1940 fue elegido obispo titular de Ulpiana, recibiendo el cargo de auxiliar del metropolita Alexandru Nicolescu, obispo de Fagaras y Alba Julia. La consagración episcopal tuvo lugar el 5 de junio de 1940 en la catedral de Blaj. Regresó a Bucarest como Vicario Obispo.

Tras varios intentos frustrados de comprometerlo, fue finalmente arrestado el 28 de octubre de 1948 por el régimen comunista. Junto con otros cinco obispos greco-católicos fue llevado a Dragoslavele y luego al Monasterio Ortodoxo de Caldarusani, transformado en un campo de concentración. En mayo de 1949 fue trasladado y aislado en el Ministerio del Interior, donde sufrió terribles torturas. Mutilado y con la barba arrancada, fue encerrado en la prisión de Vacaresti, donde murió el 10 de mayo de 1950. Fue enterrado en el cementerio católico de Belu con un rito religioso oficiado por un sacerdote católico romano.

Ioan Balan

Nació en Teius el 11 de febrero de 1880. Realizó estudios de teología en el seminario central de Budapest. En 1903 fue ordenado sacerdote y continuó sus estudios en Viena. En 1909 se trasladó a Bucarest, donde necesitaban un confesor greco-católico. En 1919 regresó a Blaj convirtiéndose de nuevo en su canónigo metropolitano y dos años más tarde en rector de la Academia de Teología. En 1929 fue nombrado miembro de la Comisión Vaticana que debía redactar el nuevo Código de Derecho Canónico de las Iglesias Orientales.

 

En noviembre de 1936 fue consagrado obispo de Lugoj, tras el nombramiento del obispo Alexandru Nicolescu como Metropolitano. Se negó a trasladarse a la ortodoxia, compartió la suerte de otros obispos greco-católicos y fue detenido el 28 de octubre de 1948 a las 15 horas. Fue llevado al Palacio Patriarcal de Dragoslavele y luego al Monasterio de Caldarusani en febrero de 1949.

De allí fue trasladado de nuevo a la penitenciaría de Sighetul Marmatiei en mayo de 1950. Cinco años más tarde se vio obligado a vivir en el Monasterio de Curtea de Arges. En 1956 fue trasladado al Monasterio de Ciorogarla, cerca de Bucarest, donde permaneció aislado hasta el final de su vida terrenal. Estaba gravemente enfermo, murió en un hospital de Bucarest el 4 de agosto de 1959 y fue enterrado en el cementerio católico de Belu. Nunca fue juzgado y, en consecuencia, nunca fue condenado.

Valeriu Traian Frentiu

Nació el 25 de abril de 1875 en Resita, de su padre Ioachim, sacerdote, y de su madre Rozalia. Estudió teología en Budapest entre 1894 y 1898, y fue ordenado sacerdote el 28 de septiembre de 1898. En 1902 obtuvo su doctorado. Trabajó en la Eparquía de Lugoj como canciller, párroco y vicario, hasta el 4 de noviembre de 1912, a la edad de sólo 37 años, cuando fue nombrado obispo. El 25 de febrero de 1922 fue trasladado a la sede episcopal de Oradea, donde el 3 de mayo del mismo año tomó posesión de la diócesis.

Después de la muerte del metropolita Alexandru Nicolescu en 1941, Mons. Frentiu fue transferido de nuevo, como Administrador Apostólico, a la Arquidiócesis de Alba Iulia y Fagaras, que gobernó durante todo el período de la Segunda Guerra Mundial. En 1947 regresó a Oradea, donde fue detenido el 28 de octubre de 1948. Fue llevado primero al campo de concentración de Dragoslavele y luego, en febrero de 1949, al Monasterio de Caldarusani.

En 1950 terminó en la penitenciaría de Sighetul Marmatiei, donde no pudo soportar la crueldad perpetrada por el régimen y murió el 11 de julio de 1952. Al igual que otros obispos que murieron en Sighet, Valeriu Traian Frentiu también fue enterrado de noche, sin ataúd, en la fosa común del Cementerio de los Pobres, para evitar peregrinaciones a las tumbas de los mártires asesinados en Sighet.

Ioan Suciu

Nació el 4 de diciembre de 1907 en Blaj en el seno de una familia de sacerdotes greco-católicos. Buen amigo de Tit Liviu Chinezu, estudiaron teología juntos en Roma, en el Colegio Griego. Después de obtener su doctorado en teología, después de seis años de estudio en el Instituto Angelicum, fue ordenado sacerdote el 29 de noviembre de 1931. Luego regresó a Blaj para ser profesor en la Academia de Teología.

 

El 6 de mayo de 1940 fue nombrado obispo auxiliar de Oradea Mare, con el título de Moglena-Slatina en Bulgaria, como asistente de Mons. Valeriu Traian Frentiu. La ordenación episcopal tuvo lugar el 22 de julio de 1940. El 29 de agosto de 1941, el futuro cardenal Iuliu Hossu, del que Iaon Suciu seguía siendo auxiliar, hizo su entrada como nuevo obispo de Oradea. Mons. Valeriu Traian Frentiu volvió a Oradea en 1947, pero Ioan Suciu fue destinado a la archidiócesis de Alba-Iulia y Fagaras como administrador apostólico. El Obispo Suciu dio una serie de conferencias en las principales ciudades del país, declarando la imposibilidad de un acuerdo entre el cristianismo y el materialismo ateo. Arrestado el 28 de octubre de 1948, fue llevado a Dragoslavele y luego al Monasterio de Caldarusani.

En mayo de 1950 fue llevado al Ministerio del Interior y en octubre del mismo año a la prisión de Sighetul Marmatiei, donde sufrió hambre, frío, enfermedades y numerosas torturas. Allí murió el 27 de junio de 1953 en la celda número 44. Fue enterrado en el cementerio de los pobres, y hasta la fecha no hemos sabido el lugar exacto donde descansan sus restos mortales.

En dos cartas dirigidas a sus fieles en octubre de 1948 decía: “Para la Iglesia Rumana Unida llegó el Viernes Santo. Ahora, queridos fieles, tenemos la oportunidad de mostrar si pertenecemos a Cristo o si estamos del lado de Judas, el traidor… No os dejéis engañar por palabras vanas, por comités, por promesas, por mentiras, sino que permanezcáis firmes en la fe por la que vuestros padres y vuestros antepasados han derramado su sangre… No podemos vender a Cristo ni a la Iglesia…. Si toman sus Iglesias, oren al Señor, como lo hicieron los primeros cristianos, cuando los emperadores paganos destruyeron sus lugares de oración y quemaron sus libros sagrados”. Estas palabras suyas también resonaron en el Coliseo el 7 de mayo de 2000 con ocasión de la Conmemoración Ecuménica de los Testigos de la Fe del siglo XX, presidida por Juan Pablo II.

Tit Liviu Chinezu

Nació en 1904 en Huduc, hoy Maioresti. Su padre era un sacerdote greco-católico. En 1925 comenzó sus estudios teológicos en Roma, en el Colegio de San Atanasio. Después de obtener su doctorado en filosofía y teología, fue ordenado sacerdote el 31 de enero de 1930. En 1931 regresó a Blaj y fue nombrado profesor en la Escuela Normal de Profesores de Primaria. En 1937 fue transferido a la Academia Teológica y en 1947 a Bucarest como prototipo.

El 28 de octubre, fue arrestado y llevado al Monasterio de Neamt, junto con otros 25 sacerdotes greco-católicos. Luego fue transferido a Caldarusani, el 3 de diciembre de 1949 recibió la ordenación episcopal de otros obispos cautivos. A pesar de todas las precauciones tomadas para que el régimen no se enterara del suceso, la noticia se difundió por igual y el nuevo obispo Tit Liviu Chinezu fue trasladado a la penitenciaría de Sighetul Marmatiei.

Debido al trabajo forzoso, el hambre y el frío Tit Liviu Chinezu cayó gravemente enfermo. Avisados los enfermeros de la prisión de su situación – con la excusa de llevarlo a la enfermería – lo trasladaron a una celda sin calefacción más grande, donde después de sólo dos días, el 15 de enero de 1955, murió literalmente congelado por el frío. Fue enterrado de noche, sin ataúd, en un lugar no especificado del llamado Cementerio de los Pobres. Nunca había sido juzgado y, en consecuencia, nunca había sido condenado.

Alexandru Rusu

Nació el 22 de noviembre de 1884 en Sãulia de Câmpie, de sus padres Vasile, sacerdote, y Rozalia. En 1903 se trasladó a Budapest para realizar estudios teológicos. Siete años más tarde obtuvo el doctorado en teología y el 20 de julio de 1910 fue ordenado sacerdote. Fue nombrado profesor y luego profesor titular de Teología Dogmática en la Academia Teológica Blaj.

En 1920 fue nombrado Secretario Metropolitano y en 1923 Canónigo del Capítulo Metropolitano. El 30 de enero de 1931 fue consagrado obispo de Maramureș en Blaj por el metropolita Vasile Suciu y el 2 de febrero entró en Baia-Mare. En marzo de 1946, el Sínodo Metropolitano eligió al Obispo Alexandru Rusu como Metropolitano, elección reconocida por la Santa Sede, pero no por el entonces gobierno dictatorial.

Detenido el 28 de octubre de 1948, fue llevado a Dragoslavele, en el Monasterio de Caldarusani, y luego a Sighetul Marmatiei. También sobrevivió en esta última penitenciaría y fue trasladado de nuevo a Curtea de Arges y luego aislado en el Monasterio de Cocos. En 1957 fue condenado a 25 años de prisión por instigación y alta traición. En 1963 enfermó y murió el 9 de mayo del mismo año en Gherla. Fue enterrado en el cementerio de la prisión sin ningún rito religioso.


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Beatificados hoy los cuatro mártires de La Rioja (Argentina)

Beatificación de los mártires de La Rioja: testimonio valiente de amor por Cristo

La ceremonia fue presidida por el Cardenal Angelo Becciu, a las 10 de la mañana hora local de Argentina. “Los nuevos Beatos siempre contaron con la ayuda de Dios, incluso cuando tuvieron que sufrir por la justicia”, dijo en su homilía el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, en representación del Papa Francisco.

Ciudad del Vaticano

El sábado 27 de abril en torno a las 10 de la mañana, tuvo lugar en La Rioja, provincia de Argentina, la ceremonia de beatificación del obispo Enrique Angelelli, junto a dos religiosos (Carlos Murias y Gabriel Longueville) y un laico (Wenceslao Pedernera) asesinados en 1976, durante el primer año de la dictadura militar que vivió el país.

La justicia argentina estableció en 2014 que la muerte de Angelelli no se debió a un accidente, como decía la dictadura, sino que fue “una acción premeditada” y “llevada a cabo en el marco del terrorismo de Estado”, y por ello fueron condenados a cadena perpetua los represores Luciano Benjamín Menéndez y Luis Fernando Estrella.

Cinco años después de aquel veredicto, el Card. Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos fue el encargado de beatificar a estos cuatro mártires en representación del Papa Francisco.

Sacrificar la vida por amor a Cristo

«Hoy la Iglesia se complace en reconocer que Enrique Ángel Angelelli, Obispo de La Rioja, Carlos de Dios Murias, franciscano conventual, Gabriel Longueville, sacerdote misionero fidei donum, y el catequista Wenceslao Pedernera, padre de familia; fueron insultados y perseguidos a causa de Jesús y de la justicia evangélica y han alcanzado una gran recompensa en el cielo», dijo el Card. Becciu en su homilía subrayando que ellos fueron testigos fieles del Evangelio manteniéndose firmes en su amor a Cristo y a su Iglesia a costa del sacrificio extremo de la vida.

 

El régimen dictatorial, vigente desde hacía pocos meses en Argentina, consideraba sospechosa cualquier forma de defensa de la justicia social. En ese contexto, los cuatro Beatos desarrollaban una acción pastoral abierta a los nuevos desafíos pastorales; atenta a la promoción de los estratos más débiles, a la defensa de su dignidad y a la formación de las conciencias, en el marco de la Doctrina Social de la Iglesia.

“Todo esto, para intentar ofrecer soluciones a los múltiples problemas sociales”, añadió el purpurado señalando que los cuatro hombres fueron asesinados debido a su diligente actividad de promoción de la justicia cristiana; en medio de una época, en la que “el compromiso en favor de una justicia social y de la promoción de la dignidad de la persona humana se vio obstaculizado con todas las fuerzas de las autoridades civiles”.

Mártires: ejemplo de fidelidad al Evangelio

En cuanto al Beato Enrique Ángel Angelelli, el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos recordó que fue un pastor valiente que, “nada más llegar a La Rioja, empezó a trabajar con gran celo para socorrer a una población muy pobre y víctima de injusticias”.

Por su parte, los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville “fueron capaces de individuar y responder a los desafíos concretos de la evangelización siendo cercanos a las franjas más desfavorecidas de la población”. Mientras que Wenceslao Pedernera, catequista y miembro activo del movimiento católico rural, “se dedicó apasionadamente a una generosa actividad social alimentada por la fe. Humilde y caritativo con todos”.

 

“Estos cuatro Beatos son modelos de vida cristiana. El ejemplo del Obispo enseña a los pastores de hoy a ejercer el ministerio con ardiente caridad, siendo fuertes en la fe ante las dificultades. Los dos sacerdotes exhortan a los presbíteros de hoy a ser asiduos en la oración y a hallar, en el encuentro con Jesús y en el amor por Él, la fuerza para no escatimar nunca en el ministerio sacerdotal. Finalmente el padre de familia enseña a los laicos a distinguirse por la transparencia de la fe, dejándose guiar por ella en las decisiones más importantes de la vida”, destacó el cardenal Becciu.

Un legado para el pueblo argentino

Asimismo, Su Eminencia hizo hincapié en que todos vivieron y murieron por amor: “el significado de los Mártires hoy reside en el hecho de que su testimonio anula la pretensión de vivir de forma egoísta o de construir un modelo de sociedad cerrada y sin referencia a los valores morales y espirituales”, aseveró.

“Los admiramos por su valentía. Les agradecemos su fidelidad en circunstancias difíciles, una fidelidad que es más que un ejemplo: es un legado para esta diócesis y para todo el pueblo argentino y una responsabilidad que debe vivirse en todas las épocas”, concluyó el purpurado pidiendo la intercesión de los nuevos beatos para que el Señor “sostenga con la fuerza del Espíritu Santo a quienes hoy trabajan en favor del auténtico progreso y de la construcción de la civilización del amor”.