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Mons. Angelelli y otros tres mártires de la dictadura argentina.

Argentina: Angelelli será beato, el Papa aprobó el decreto

Francisco dio luz verde para reconocer como mártir al histórico obispo de La Rioja junto con sus compañeros: Carlos Murias, Gabriel Longueville, Wenceslao Pedernera, asesinados durante la última dictadura militar argentina

Monseñor Angelelli

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Pubblicato il 08/06/2018
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

Monseñor Angelelli será beato. En las últimas horas, el Papa Francisco aprobó el decreto con el cual reconoce su martirio “en odio a la fe”. Así, dio luz verde para su elevación al honor de los altares junto a sus compañeros en la diócesis de La Rioja: los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville, el laico Wenceslao Pedernera. Todos ellos asesinados en un tiempo oscuro de la historia argentina: la última dictadura militar (1976-1983). Aún no está definida la fecha de beatificación, pero existe la propuesta del mes de noviembre.

 

La noticia se la comunicó el propio pontífice a Marcelo Colombo, todavía obispo de La Rioja, con una llamada telefónica. “En sus palabras cálidas y paternales, al comunicarme esta hermosa novedad, el santo padre Francisco me animó a comenzar cuanto antes los trabajos preparatorios para la oportuna beatificación”, reveló el clérigo, en una carta dirigida a todos los fieles de su diócesis este mismo 8 de junio.

 

El Papa estaba contento, emocionado. De ahí el gesto de la comunicación directa, cuando este tipo de noticias corren por cuenta de la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano. Pero Jorge Mario Bergoglio tiene especial aprecio por Enrique Angelelli (1923-1976), a quien conoció como jesuita y con quien tuvo varios contactos hasta su muerte, el 4 de agosto de 1976, en el paraje Punta de Llanos, en la ruta nacional 38 a la salida de la localidad riojana de Chamical.

 

Ese día, junto al padre Arturo Pinto, el obispo regresaba tras haber celebrado una misa en homenaje, justamente, de Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, asesinados poco tiempo antes, en el mes de julio, en la misma zona. Por eso, desde hace muchos años, los lugareños los conocen como los “mártires de Chamical”. De ahí la decisión del propio obispo Colombo de pedir al Vaticano procesar todos los expedientes como una única causa.

 

Paradójicamente, las primeras causas de beatificación iniciadas formalmente de ese grupo fueron las de Murias y Longueville. Después vino la de Angelelli, y la de Pedernera, un líder obrero y activo laico católico, asesinado de 20 balazos por cuatro encapuchados en la madrugada del 25 de julio de 1976. Coca, su mujer, y sus hijas María Rosa, Susana y Estela fueron testigos presenciales del homicidio.

 

Aquellos cuatro homicidios se inscribieron en un mismo contexto histórico y político, fueron parte de un plan para desarticular una Iglesia en salida, capaz de colocarse del lado de los jornaleros explotados en esas tierras. Con un obispo de voz profética, que cuestionaba sin temor las injusticias y los excesos del régimen. Por eso, tras su muerte, Angelelli se convirtió en una figura emblemática para el pueblo, pero también incómoda para cierto establishment argentino.

 

El próximo 4 de agosto se cumplirán 42 años de la muerte del obispo. Para esa fecha ya se tiene lista una ceremonia especial dedicada a los mártires, para “para celebrar la vida que nos viene del señor y que en Enrique, Carlos, Gabriel y Wenceslao fue entregada por amor a Dios y a los hombres”, según señaló el obispo Colombo. En su carta recordó también que el 24 de agosto se cumplirán 50 años del inicio del ministerio pastoral de Angelelli en La Rioja, en 1968.

 

“Muy conmovido de poder darles este anuncio tan esperado, agradezco a Dios que nos ha permitido como diócesis y junto a los Frailes Franciscanos Conventuales, acompañar este proceso canónico que puso de relieve la nobleza de la entrega de nuestros mártires, testigos con su sangre del Reino de Dios”, indicó.

 

Y agregó: “En las próximas semanas podré comunicarles más detalles de la ceremonia de beatificación que compromete desde ya nuestra oración. ¡Dios bendiga a La Rioja y a su Iglesia! ¡Dios bendiga al pueblo riojano! Los abrazo y bendigo en Jesús, nuestro niño alcalde y buen pastor”.

 

Después de esta primera noticia, recibida desde Roma, se debe avanzar en la ceremonia de beatificación. Todavía el Vaticano no tiene una decisión tomada, pero desde La Rioja quieren proponer el próximo mes de noviembre. Las posibilidades se deben dialogar, también considerando que, para esas fechas, ya habrá asumido su cargo el nuevo prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos: Giovanni Angelo Becciu. Esta podría ser, quizás, su primera ceremonia de beatificación y si se mantiene el protocolo, resultaría natural que él fuese enviado como representante del Papa para encabezar la ceremonia.

 

Otro aspecto que no se debe desdeñar es el lugar y la logística, porque ya se piensa en un sitio con capacidad para acoger a una multitud venida, incluso, de diócesis vecinas. De Córdoba especialmente, donde Angelelli transcurrió buena parte de su vida sacerdotal. La ciudad de La Rioja se presenta como la alternativa viable, por accesos y desarrollo.

 

Todos estos aspectos desvelarán al obispo Colombo, justo al final de su servicio en esa provincia ya que, el 9 de agosto, se trasladará a Mendoza para asumir allí una arquidiócesis por voluntad del Papa Francisco.

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Nuevos santos y beatos, entre ellos Mons. Angelelli

Mons. Enrique Angelelli, Obispo argentino asesinado el 4 agosto de 1976Mons. Enrique Angelelli, Obispo argentino asesinado el 4 agosto de 1976 

Mons. Enrique Angelelli pronto será proclamado Beato

El Papa Francisco autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos promulgar el Decreto que reconoce el martirio de los Siervos de Dios Mons. Enrique Angelelli, Obispo de La Rioja, Gabriel Joseph Roger Longueville, Carlos de Dios Murias y Wenceslao Pedernera.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

La Oficina de Prensa de la Santa Sede informó que, este 8 de junio de 2018, el Santo Padre recibió en audiencia al Cardenal Angelo Amato, S.D.B., Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

Durante la audiencia, el Papa Francisco autorizó a la misma Congregación, promulgar los Decretos relativos al milagro atribuido a la intercesión del Beato Nunzio Sulprizio, laico; nacido en Pescosansonesco (Italia) el 13 de abril de 1817 y fallecido en Nápoles (Italia) el 5 de mayo de 1836.

Asimismo, se autorizó promulgar el Decreto del milagro atribuido a la intercesión de la Venerable Sierva de Dios María de la Concepción Cabrera de Armida Arias, laica y madre de familia; nacida en San Luis Potosí (México) el 8 de diciembre de 1862 y fallecida en Ciudad de México (México) el 3 de marzo de 1937.

Como también se reconoce el milagro atribuido a la intercesión de la Venerable Sierva de Dios María Guadalupe Ortiz de Landázuri y Fernández de Heredia, laica, de la Prelatura Personal de la Santa Cruz y  del Opus Dei; nacida en Madrid (España) el 12 de diciembre de 1916 y fallecida en Pamplona (España) el 16 de julio de 1975.

Por último, se autorizó la promulgación del Decreto que reconoce el martirio de los Siervos de Dios Enrique Ángel Carletti Angelelli, Obispo de La Rioja, Gabriel Joseph Roger Longueville, sacerdote diocesano, Carlos de Dios Murias, sacerdote profeso de la Orden de los Hermanos Menores Conventuales, y Wenceslao Pedernera, laico y  padre de familia, asesinados por  odio a la fe en Argentina en 1976.

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Hoy 24 de marzo es la jornada de los misioneros asesinados.

Oración y ayuno, Memoria de los misioneros mártires: “Llamados a la vida”

26° Jornada de oración y de ayuno en memoria de los Misioneros Mártires. Se escogió el 24 de marzo para esta celebración, en el aniversario del asesinato en 1980 de Mons. Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo de San Salvador.

Ciudad del Vaticano

“Martirio no es perder la vida sino es vivirla por una causa, donándose a los demás”, lo dijo Giovanni Rocca, secretario nacional del Movimiento Juvenil Misionero, organismo que forma parte de las Obras Misionales Pontificias. Este año la Jornada de oración y ayuno en Memoria de los misioneros mártires tiene como tema “Llamados a la vida” y busca exhortar a tener la valentía para anunciar el Evangelio, sin grandes palabras, y con gestos de encuentro, solidaridad y ayuda a los más necesitados.

Aniversario del martirio de Mons. Romero

Recordar con la oración, el ayuno y un gesto concreto de caridad a todos los misioneros que han sido asesinados en el mundo, incluso aquellos desconocidos para la gran mayoría de la gente y que han derramado su sangre por el Evangelio. Es esta la motivación que en 1993 llevó al Movimiento de Jóvenes Misioneros de las Obras Misionales Pontificias italianas a instaurar cada año la Jornada de oración y de ayuno en memoria de los Misioneros Mártires. Se escogió el 24 de marzo, el día del asesinato en 1980 de Mons. Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo de San Salvador, beatificado el 23 de mayo de 2015 y que será próximamente canonizado junto al Papa Pablo VI.

Los mártires del siglo XX y XXI

Entre las figuras más recientes de los misioneros reconocidos como mártires por la Iglesia, recordamos a los dos misioneros conventuales franciscanos polacos, Michal Tomaszek y Zbigniew Strzalkowski, que junto con el sacerdote diocesano italiano Alessandro Dordi murieron en agosto de 1991 en Perú y fueron beatificados el 5 de diciembre de 2015 en Chimbote. Para la beatificación se eligió como lema “Mártires de la fe y de la caridad, testigos de la esperanza”.

El 11 de diciembre de 2016 fueron beatificados en Vientiane, Laos, el misionero de los Oblatos de María Inmaculada (OMI) padre Mario Borzaga y el laico catequista Paul Thoj Xyooj, junto con otros 15 mártires (un sacerdote de Laos, Joseph Tien, 5 Laicos laosianos, 5 misioneros franceses OMI y 4 misioneros franceses MEP).

El 24 de mayo de 2014 fueron beatificados el misionero del PIME (Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras) padre Mario Vergara y el catequista Isidore Ngei Ko Lat, mártires murieron en Birmania en mayo de 1950.


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El Coliseo de Roma iluminado de color rojo por la sangre de los mártires.

El cardenal Piacenza pide derribar los muros de muerte e indiferencia, construir vida y paz

El Presidente internacional de Ayuda a la Iglesia Necesitada intervino en la iniciativa del Coliseo iluminado de rojo para recordar los mártires cristianos

El Coliseo iluminado de rojo para recordar los mártires cristianos

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Pubblicato il 24/02/2018
Ultima modifica il 24/02/2018 alle ore 21:22
DOMENICO AGASSO JR.
ROMA

El Coliseo está iluminado de rojo y lo mismo la catedral maronita de Sn Elías en Alepo, Siria, y la iglesia de San Pablo en Mosul, Irak. Es una iniciativa de Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN). El presidente internacional de AIN, el cardenal Mauro Piacenza, intervino en Roma invocando que se derriben en todo el mundo «los muros de muerte e indiferencia» para «construir la paz».

 

El purpurado en su discurso que pronunció hoy, 24 de febrero de 2018, comenzó recordando que «estamos frente al Coliseo, que constituye un “símbolo universal”, conocido por todos y por todos identificado con Roma». Pero no siempre se tiene la conciencia de que «este fue lugar de muerte y de asesinatos –indicó–, tanto por la barbarie de las luchas entre gladiadores como por el martirio de miles de cristianos, en oposición a la violencia del poder dominante, que pretendía un culto divino».

 

Las piedras y los muros del monumento simbólico de la Ciudad Eterna pueden tener, entonces, «un doble significado». Son «muros de vida, si los consideramos expresión de una civilización y de un imperio que supo intermediar, por toda la cultura occidental, por el helenismo de Atenas y por la fe de Jerusalén, permitiendo que Europa fuera lo que ha sido y lo que, en cierto sentido, sigue siendo». Pero también «muros de vida, si recordamos el impresionante número de hombres y de mártires que, entre ellos, ofrecido (o a quienes se vio arrancar) la vida por un poder incapaz de ver el bien integral de la persona».

 

Entonces «por esta razón esta tarde el Coliseo está iluminado por el dolor de la sangre: para dar voz a todos los “muros de muerte” que todavía hoy, como recuerda el Papa Francisco, hay en el mundo».

 

Piacenza cita a San Maximiliano María Kolbe: «¡El drama del siglo XX es la indiferencia!»; el cardenal considera que «la indiferencia es también el drama de este nuestro siglo XXI. La indiferencia frente al hermano que sufre, que no tiene de qué vivir, no puede acceder a las curas y a la formación básica; frente al hermano cuya dignidad ha sido pisoteada por algunos poderes ciegos, frente al hermano que no puede vivir la propia fe y la propia pertenencia, si no es pagando con la vida misma».

 

Todo esto debido a las «concepciones individualistas del hombre, en donde ya no encuentra sitio la pregunta: ¿Por cuál fin? De hecho, cuando el hombre cultiva exclusivamente el propio interés, llegando a excluir cualquier otro fin, tiende fatalmente a dañarse a sí mismo».

 

Por ello, esta tarde «estamos aquí, frente a estos “muros” culturalmente vitales y mortíferos en la experiencia, para ayudar a vencer la indiferencia. Ayuda a la Iglesia Necesitada, desde hace 70 años, lucha en todo el mundo para apoyar a los hermanos en necesidades y defender la legítima libertad de profesar la propia fe».

 

El llamado de Piacenza es: «Derribemos los muros de la muerte, comenzando por los muros de nuestra indiferencia: ¡no puedo estar sereno si mi hermano sufre!».

 

Lograremos derribar «los muros de la muerte y de la indiferencia ¡solamente sabiendo reconstruir!» Y se reconstruye solamente volviendo a responder a las preguntas fundamentales de nuestra existencia, antes que nada: ¿Por cuál fin?»; solamente volviendo a descubrir «el fin común que une a todos los hombres: ser y convertirse en personas podrá permitir, con el tiempo, recuperar una auténtica sensibilidad por el otro, porque también es mi interés el suyo, y su sufrimiento es también el mío».

 

Para concluir, Piacenza invoca a «María Reina de los Mártires y Fuente de Vida», para que «¡nos sostenga en la voluntad de derribar los muros de muerte y de indiferencia para construir culturas de vida y de paz!».


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Serán Beatos los mártires de Argelia. Qué sucedió.

Monjes trapenses de TibhirineMonjes trapenses de Tibhirine 

Nazaria Ignacia, nueva santa de la Iglesia Universal y el Obispo de Orán y compañeros mártires

El Papa autorizó la promulgación de 8 decretos, entre ellos, el que se refiere a la beata española, fundadora de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia, y al martirio del Obispo Pedro Claverie y siete monjes trapenses de Tibhirine, Argelia

El Santo Padre Francisco recibió en audiencia, la tarde del 26 de enero de 2018 al Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y autorizó a la Congregación la promulgación del Decreto referido a un milagro atribuido a la intercesión de la beata Nazaria Ignacia de March Mesa, Fundadora de la Congregación de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia

La Madre Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús, nació en Madrid, España, el 10 de enero de 1889 y murió en Buenos Aires, Argentina, el 6 de julio de 1943.

Entre los Decretos aprobados por el Santo Padre también los que se refieren a otros tres milagros:

el milagro atribuido a la intercesión de la Sierva de Dios Alfonsa María Eppinger, en el siglo Isabel, Fundadora de la Congregación de las Hermanas del Santísimo Salvador; nacida el 9 de septiembre de 1814, en Niederbronn, Francia, donde murió 31 de julio de 1867

el milagro atribuido a la intercesión de la Sierva de Dios Clelia Merloni, Fundadora del Instituto de las Apóstoles del Sagrado Corazón de Jesús,  que nació el 10 de marzo de 1861, en Forlí, Italia, y que murió el 21 de noviembre de 1930, en Roma

el milagro atribuido a la intercesión de la Sierva de Dios María Crucificada del Amor Divino, en el siglo María Gargani, Fundadora de las Apóstoles del Sagrado Corazón, que nació el 23 de diciembre de 1892 en Morra Irpino, hoy Morra De Sanctis, Italia, y que murió en Nápoles el 23 de mayo de 1973.

Dos de los decretos aprobados por el Papa son los que se refieren al martirio:

el martirio de los Siervos de Dios Pedro Claverie, de la Orden de los Frailes Predicadores, Obispo de Orán, y 18 compañeros religiosos y religiosas, asesinados en odio a la fe, en Argelia, desde 1994 a 1996

el martirio  de la Sierva de Dios Verónica Antal, laica, de la Orden Franciscana Secular; que nació el 7 de diciembre de 1935 en Nisiporeşti (Rumania) y que fue asesinada en odio a la fe el 24 de agosto de 1958, en Hălăuceşti (Rumania).

Otros dos Decretos aprobados por el Papa se refieren a las virtudes heroicas:

las virtudes heroicas del Siervo de Dios Ambrosio Grittani, Sacerdote diocesano y Fundador de las Oblatas de Benedicto José Labre; nacido en Ceglie del Campo (Italia), el 11 de octubre de 1907 y que murió el 30 de abril de 1051 en Molfetta (Italia)

las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Ana María Magdalena Delbrêl, laica, que nació en Mussidan (Francia) el 24 de octubre de 1904 y que murió en Ivry-sur-Seine (Francia) el 13 de octubre de 1964


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Nuevos mártires

Monjes trapenses de TibhirineMonjes trapenses de Tibhirine 

Nazaria Ignacia, nueva santa de la Iglesia Universal y el Obispo de Orán y compañeros mártires

El Papa autorizó la promulgación de 8 decretos, entre ellos, el que se refiere a la beata española, fundadora de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia, y al martirio del Obispo Pedro Claverie y siete monjes trapenses de Tibhirine, Argelia

El Santo Padre Francisco recibió en audiencia, la tarde del 26 de enero de 2018 al Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y autorizó a la Congregación la promulgación del Decreto referido a un milagro atribuido a la intercesión de la beata Nazaria Ignacia de March Mesa, Fundadora de la Congregación de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia

La Madre Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús, nació en Madrid, España, el 10 de enero de 1889 y murió en Buenos Aires, Argentina, el 6 de julio de 1943.

Entre los Decretos aprobados por el Santo Padre también los que se refieren a otros tres milagros:

el milagro atribuido a la intercesión de la Sierva de Dios Alfonsa María Eppinger, en el siglo Isabel, Fundadora de la Congregación de las Hermanas del Santísimo Salvador; nacida el 9 de septiembre de 1814, en Niederbronn, Francia, donde murió 31 de julio de 1867

el milagro atribuido a la intercesión de la Sierva de Dios Clelia Merloni, Fundadora del Instituto de las Apóstoles del Sagrado Corazón de Jesús,  que nació el 10 de marzo de 1861, en Forlí, Italia, y que murió el 21 de noviembre de 1930, en Roma

el milagro atribuido a la intercesión de la Sierva de Dios María Crucificada del Amor Divino, en el siglo María Gargani, Fundadora de las Apóstoles del Sagrado Corazón, que nació el 23 de diciembre de 1892 en Morra Irpino, hoy Morra De Sanctis, Italia, y que murió en Nápoles el 23 de mayo de 1973.

Dos de los decretos aprobados por el Papa son los que se refieren al martirio:

el martirio de los Siervos de Dios Pedro Claverie, de la Orden de los Frailes Predicadores, Obispo de Orán, y 18 compañeros religiosos y religiosas, asesinados en odio a la fe, en Argelia, desde 1994 a 1996

el martirio  de la Sierva de Dios Verónica Antal, laica, de la Orden Franciscana Secular; que nació el 7 de diciembre de 1935 en Nisiporeşti (Rumania) y que fue asesinada en odio a la fe el 24 de agosto de 1958, en Hălăuceşti (Rumania).

Otros dos Decretos aprobados por el Papa se refieren a las virtudes heroicas:

las virtudes heroicas del Siervo de Dios Ambrosio Grittani, Sacerdote diocesano y Fundador de las Oblatas de Benedicto José Labre; nacido en Ceglie del Campo (Italia), el 11 de octubre de 1907 y que murió el 30 de abril de 1051 en Molfetta (Italia)

las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Ana María Magdalena Delbrêl, laica, que nació en Mussidan (Francia) el 24 de octubre de 1904 y que murió en Ivry-sur-Seine (Francia) el 13 de octubre de 1964


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Nov. 16: En memoria de los jesuitas mártires de El Salvador.

En Memoria de los Mártires Jesuitas

ellacuria

¿Quiénes eran los padres Jesuitas de la U C A asesinados?

No me refiero a sus nombres y sus biografías, información siempre importante. Pienso en lo que fue su contribución al pueblo salvadoreño, defendiendo la negociación y la paz en plena guerra. En la década de los años 80 la situación del pueblo salvadoreño era agónica, por todos lados se escuchaban los estertores de muerte. El país se acercaba a las 50.000 víctimas. En ese contexto el grupo de jesuítas de la UCA (Universidad Centroamericana ‘José Simeón Cañas’) trabajaba por una salida dialogada al conflicto que enfrentaba al régimen con la guerrilla del FMLN surgida de los movimientos populares. A una solución pacífica dedicaron toda su inteligencia y su coraje.

Ignacio Ellacuría sabía del riesgo que corría, y tenía temor de la tradicional respuesta de los escuadrones de la muerte creados por el ex mayor Roberto D`Aubuisson (fundador además del partido derechista ARENA que ha gobernado el país hasta el 2009). Tal vez por eso dijo una vez en 1981: “Un análisis intelectual debe ser respondido con un análisis intelectual y no con el exilio, la cárcel, la tortura o un tiro en la nuca”. No podía saber que ocho años después ese tiro fuera disparado contra él y sus amigos.

La UCA siempre fue un espacio de concertación. Los jesuítas, verdaderos estrategas del diálogo, aprovechaban que por sus aulas habían desfilado empresarios, políticos, militares, periodistas, guerrilleros, lo que les daba una ventaja inicial idónea para intentarlo. Pero esta iniciativa preocupaba a los sectores militaristas partidarios de la guerra como única alternativa, a los que sólo contemplaban la hipótesis de hacer del país un enorme cementerio de toda la izquierda social y política, no solamente de la guerrillera. Su respuesta a la UCA la dieron sus escuadrones de la muerte que llevaron a cabo más de una docena de atentados con bombas contra la universidad, de la que muchos miembros fueron asesinados o huyeron al extranjero.

Antes de asesinar a los jesuítas, los sectores derechistas del país llevaron a cabo una cruzada para descalificarlos. Desde Radio Cuzclatán, emisora del ejército, se retransmitía en cadena nacional amenazas públicas contra los padres jesuítas, siendo Ignacio Ellacuría el foco de atención. “Ellacuría es guerrillero, que le corten la cabeza” “Ellacuría ha envenenado las mentes de la juventud” repetía desde la emisora el vicepresidente y ministro del Interior Francisco Merino. Sólo horas antes de la matanza en la madrugada del 16 de noviembre de 1989, un camión militar apostado frente a la puerta principal de la UCA lanzaba amenazas contra los jesuítas por medio de altoparlantes.

Entraron por la fuerza los militares que primero dieron fuego a la biblioteca. Sacaron de sus habitaciones a los padres y a dos mujeres empleadas y los ametrallaron de inmediato.

Los asesinos, miembros del regimiento Atlacatl, dejaron pintadas como esta: “El FMLN hizo este ajusticiamiento. Vencer o morir”. Y aunque desde el gobierno de Alfredo Cristiani se quiso atribuir a los guerrilleros el crimen, muy pronto se supo la verdad. Un grupo de expertos del FBI, Scotland Yard y hasta de la policía española, confirmaron lo que todo el mundo ya presumía: los autores eran miembros de un cuerpo especializado del ejército. Enseguida la propia CIA confirmó esta acusación. Además, los asesinos cometieron el error de dejar viva a una testigo que en todo momento permaneció escondida en una casa contigua, pero pudo verlo todo: Lucía Barrera de Cerna es su nombre, única superviviente y testigo presencial. Ella vio como ametrallaban sin compasión a los jesuítas, apuntándoles a sus cabezas, y luego a Elba Ramos y a su hija Celina, menor de edad.

Las presiones internacionales obligaron al régimen a organizar un juicio. Dos tenientes, un subteniente, dos sargentos y un cabo, encabezados por el coronel Guillermo Benavides, fueron responsabilizados del múltiple crimen, condenándolos primero y amnistiándolos después. La Compañía de Jesús rechazó tajantemente que ese juicio farsa cerrara el caso y exigió saber quién les dio la orden. El arzobispo Rivera y Damas sumó su voz a la demanda.

El coronel René Emilio Ponce es el primero de la lista. Él fue el que ordenó al coronel Benavides: “Maten al padre Ellacuría y no dejen ningún testigo”. Otro coronel, Inocente Orlando Montano estaba presente cuando Ponce dio la orden a Benavides. Detenido en Estados Unidos parece que será extraditado y entregado al juez Velasco. Hasta 17 militares deberán ser juzgados. Entre ellos los coroneles Rafael Humberto Larios, Juan Rafael Bustillo, Juan Orlando Zepeda y Francisco Elena Fuentes, que formaban junto con otros la terrible Tandona, grupo de coroneles de la misma tanda, conjurados para apoyarse mutuamente en su guerra antisubversiva.

La derecha salvadoreña, políticos y generales retirados, llevan días protestando contra las extradiciones que instruye el juez Velasco. Su argumento principal es que con ello se reabren heridas. Como si alguna vez se hubieran cerrado. El gobierno de ARENA montó un juicio a su medida y luego proclamó una amnistía con la que quiso poner fin a toda responsabilidad sobre la matanza de la UCA. Pero lo cierto es que las heridas se cerrarán sólo cuando se sepa toda la verdad y los culpables sean identificados, juzgados y condenados. De hecho en los Acuerdos de Paz no existe ningún párrafo que refleje un acuerdo de perdón para los crímenes de lesa humanidad, tal como recuerda la Procuraduría de Derechos Humanos de El Salvador.

Defensor del realismo histórico y filosófico de su amigo el donostiarra Xavier Zubiri, Ignacio Ellacuría practicó siempre un doble compromiso con El Salvador: siempre enseñó la realidad nacional (la fortaleza mayor de la UCA decía), y siempre vivió una ejemplar ética de la austeridad que era su modo de vínculo con las grandes mayorías sociales de un país empobrecido bajo el poder de unas pocas familias. Por ese compromiso valiente el pueblo salvadoreño no olvida a este vasco universal ni a sus amigos Ignacio Martín Baró, Segundo Montes, Amando López, Juan Ramón Moreno, Joaquín López.

Sí, se cebaron con sus cabezas. Tal vez porque esas eran las armas invencibles de los jesuitas, las de la razón y la inteligencia. Tan invencibles que los Acuerdos de Paz llegaron en enero de 1992. Lo que no sabían era que deberían dejar sus vidas para lograrlo. ¿O tal vez lo intuían?

En los Acuerdos de Paz no existe ningún párrafo que refleje un acuerdo de perdón para los crímenes de lesa humanidad

Sí, se cebaron con sus cabezas. Tal vez porque esas eran las armas invencibles de los jesuitas, las de la razón y la inteligencia.

Iosu Perales – Gipuzkoa

Consejo Editorial de Revista “Reflexión y Liberación” – Chile.