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Vaticano: nuevo sustituto en la secretaría de Estado.

El Papa presenta a la Secretaría de Estado el nuevo Sustituto, Mons. Peña Parra

En su primer día como Sustituto de Asuntos Generales, el Arzobispo venezolano de 58 años, Edgar Peña Parra, fue presentado a la Secretaría de Estado por el Papa Francisco, acompañado por el Cardenal Parolín.

Ciudad del Vaticano

La mañana del lunes 15 de octubre, Mons. Edgar Peña Parra asumió su nuevo cargo como Sustituto de Asuntos Generales de la Secretaría de Estado. Nombrado por el Papa Francisco el pasado 15 de agosto, sustituye al Cardenal Angelo Becciu, que ha pasado a ser Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

Encuentro con el Papa Francisco

Esta mañana el Papa Francisco, acompañado por el Cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin, ha presentado al Prelado a todo el personal de las tres Secciones del Dicasterio Vaticano, representado por sus respectivos superiores, en la Biblioteca de la Secretaría de Estado. El Santo Padre y el nuevo Suplente saludaron personalmente a los funcionarios que se habían reunido para la ocasión.

En el servicio diplomático de la Santa Sede

Edgar Peña Parra nació en Maracaibo, Venezuela, el 6 de marzo de 1960. Tras su ordenación sacerdotal el 23 de agosto de 1985, fue destinado a la Diócesis de Maracaibo. Es licenciado en Derecho Canónico. Ingresó en el servicio diplomático de la Santa Sede el 1 de abril de 1993 y posteriormente trabajó en las Representaciones Pontificias en Kenia, Yugoslavia, en la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra, en las Nunciaturas Apostólicas en Sudáfrica, Honduras y México.

Nuncio en Pakistán y Mozambique

Nombrado Arzobispo titular de Telepte el 8 de enero de 2011, recibió la ordenación episcopal el 5 de febrero de 2011, ocupando el cargo de Nuncio Apostólico en Pakistán de 2001 a 2014 y el de Nuncio Apostólico en Mozambique el 21 de febrero de 2015. Además del español, sabe italiano, inglés, francés, portugués y serbocroata.

El papel del Sustituto

El Suplente dirige la primera Sección del Secretariado de Estado que es especialmente responsable -según la Constitución Apostólica Pastor Bonus- “de la gestión de los asuntos relativos al servicio diario del Papa”; y de fomentar las relaciones con los diversos departamentos de la Curia Romana, “sin perjuicio alguno de su autonomía, y de coordinar el trabajo”.

Asuntos Generales se encarga también de “redactar y enviar las constituciones apostólicas, las cartas de decreto, las cartas apostólicas, las espístolas y otros documentos” que el Papa le confía; así como de llevar a cabo todos los actos relativos a los nombramientos que deben ser hechos o aprobados por el Pontífice en la Curia romana y en otros organismos dependientes de la Santa Sede. Asimismo, publica las actas y los documentos públicos de la Sede en el boletín titulado “Acta Apostolicae Sedis”; y divulga las comunicaciones oficiales relativas a los actos del Sucesor de Pedro y a la actividad de la Santa Sede.

Organización de viajes

Asuntos Generales tiene muchas otras responsabilidades, incluyendo la de organizar los Viajes Apostólicos del Papa.

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El caso Viganó: nuevas informaciones sobre el cardenal McCarrick

McCarrick; la primera petición (no sanción) de Benedicto fue en 2007

Una fuente en Estados Unidos revela que a finales de ese año el nuncio recomendó al cardenal molestador que mantuviera un «perfil bajo» y que se retirara a vivir en oración. Sambi se lo pidió varias veces al purpurado, pero sin dar órdenes formales

El ex cardenal McCarrick

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Pubblicato il 10/09/2018
Ultima modifica il 10/09/2018 alle ore 20:20
SALVATORE CERNUZIO – ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

 

 

La de Benedicto XVI no fue una “sanción” contra Theodore McCarrick, ni mucho menos una orden formal: era una petición, un consejo de una autoridad que con toda probabilidad fue comunicada al interesado en nombre del Papa afínales de 2007. McCarrick se tardó un año para seguir la recomendación del Papa Ratzinger y mudarse del seminario Redemptoris Mater de Washington, pero nunca tomó en serio la recomendación de mantener un «perfil bajo» y de que llevara una vida de oración. Lo que es cierto es que el nuncio Pietro Sambi, fiel ejecutor de la voluntad papal (además de ejemplo de diplomático obediente), trató en varias ocasiones de convencer a McCarrick, pero nunca logró convencerlo de que siguiera la voluntad del Pontífice. Es lo que se deduce de las palabras de una nueva fuente que conoció directamente los hechos que se verificaron entre 2007 y 2011 en Washington.

 

El affaire Viganò, que destapó la mala gestión del caso McCarrick durante los últimos veinte años, se está aclarando poco a poco: es evidente que el ex nuncio en los Estados Unidos citó fechas y documentos que están en su poder (o que pudo consultar) sobre los que no existen motivos para dudar. Pero es también evidente (y esto ha quedado comprobado) que el autor del “comunicado” despliega una memoria selectiva. Cuando, efectivamente, Viganò organiza sus recuerdos, estos parecen formulados unilateralmente para dañar a Francisco, descargando sobre él todas las responsabilidades, incluso afirmando que san Juan Pablo II era un Papa incapaz de razonar desde 2000, o la falta de sanciones en contra de McCarrick por parte de Benedicto XVI debido a su carácter manso.

 

LEA TAMBIÉN: Los recuerdos (imprecisos) del ex nuncio que pide la cabeza del Papa

 

Que el carácter acusatorio del “memorial” del ex nuncio tiene claros defectos en este sentido, mediante el uso instrumental de medias verdades y calculadas dosis de omisiones, es un hecho comprobado. Dos ejemplos claros de ellos: según el “comunicado” de Viganò habría habido “sanciones” de Benedicto XVI en contra del cardenal estadounidense, que después habrían caído con la llegada del Pontificado del Papa Francisco. Al haberse demostrado la falsedad del asunto (McCarrick no cambió su estilo de vida; solo lo hizo al principio, haciendo finta de que estaba modificando su actitud, y después siguió viajando e incluso se reunió en varias ocasiones con el papa Ratzinger en Roma), Viganò se vio obligado a corregir su versión: las sanciones de Benedicto XVI habrían existido, pero McCarrick no obedeció y el Papa no pidió que fueran respetadas. Todo da a entender que no se trataba de sanciones, por lo que Francisco no quitó absolutamente nada.

 

El segundo ejemplo se relaciona con el famoso y primer breve encuentro entre el entonces nuncio en Estados Unidos con el nuevo Papa, el 21 de junio de 2013. Viganò escribió que Francisco no lo dejó ni siquiera presentarse y que se demostró agresivo con él. Sin embargo, el prelado no recuerda bien y es desmentido por las imágenes televisivas. La pregunta es: si Viganò tiene recuerdos imprecisos y unilateralmente dirigidos en contra del actual Pontífice en los dos casos antes mencionados, ¿puede ser considerado confiable por completo cuando describe la conversación que tuvo con Francisco durante la primera audiencia, el 23 de junio de 2013? ¿Las palabras utilizadas son las que Viganò refirió o, como en los dos casos anteriores, fueron un poco exageradas por el ex nuncio?

 

Volvamos a la petición de Benedicto XVI. En su “comunicado”, Viganò dijo que, hipotéticamente, se habría verificado entre 2009 y 2010, puesto que, al no haberse enterado de ella en calidad de Delegado para las representaciones Pontificias, presume que estas decisiones hayan sido asumidas (con inexplicable retraso) solamente después de su traslado de la Secretaría de Estado a la Gobernación del Vaticano. En realidad un nuevo testigo (que pide el anonimato) reveló a Vatican Insider que la primera comunicación que recibió a McCarrick sobre la invitación a mudarse del seminario Redemptoris Mater y la recomendación de que viviera retirado en oración llegó en 2007. «Puedo asegurar que esto sucedió en diciembre de 2007. El entonces nuncio en Estados Unidos, Pietro Sambi, trasmitió al cardenal McCarrick esta disposición que le había comunicado desde Roma el entonces Prefecto de la Congregación para los Obispos, el cardenal Giovanni Battista Re».

 

Hay que fijarse bien en las fechas: nos encontramos a finales de 2007, dos años y medio después de la elección de Benedicto XVI. En ese momento, dando crédito a las reconstrucciones del “comunicado” del ex nuncio, llegó al Vaticano un año antes un mensaje sobre las acusaciones del ex sacerdote Gregory Littleton, enviado a la Secretaría de Estado por el nuncio Sambi. Si la fuente estadounidense consultada por Vatican Insider, que tuvo conocimiento directo de los hechos, mismos que recuerda exactamente, debemos suponer que la petición-recomendación del Papa Ratzinger fue transmitida por primera vez a McCarrick después del caso Littleton, pero antes de la publicación en línea del“Statement for Pope Benedict XVI about the pattern of sexual abuse crisis in the United States” de Richard Sipe, en el que se citan también los comportamientos inadecuados y los abusos de McCarrick con los seminaristas, fechado el 23 de abril de 2008.

 

En 2007 McCarrick llevaba viviendo más de un año en el seminario Redemptoris Mater de Washington, cuyo referente era el Camino neocatecumenal pero que pertenecía a la diócesis. Se mudó en julio de 2006, un mes después de que concluyeran las obras para construir este enorme complejo, más parecido a un campus universitario que a un instituto diocesano, construido por voluntad del mismo purpurado. Desde el proyecto inicial del Redemptoris Mater, que se encuentra en una propiedad que primero pertenecía a la orden de los Hermanos de las Escuelas cristianas (Lasallistas), se había pensado en un ala reservada exclusivamente al cardenal. Una zona separada del resto del seminario, accesible solamente mediante un código electrónico personal. Es decir, McCarrick no vivía la vida del seminario, ni tenía contactos con los seminaristas.

 

Vale la pena recordar, además, en otro aspecto sobre el que se ha hablado muy poco en estos últimos días: no parecen existir denuncias formales o señalaciones informales, rumores o sospechas (por lo menos según lo que hasta ahora se sabe) que demuestren o dejen pensar en comportamientos inadecuados por parte de McCarrick durante su episcopado en Washington y en los años que siguieron a su retiro. Parece ser que los seminaristas no señalaron ni abusos ni molestias o comportamientos inapropiados. Esto no es ninguna sorpresa: es muy probable que el entonces nuevo arzobispo de Washington, que fue creado cardenal inmediatamente después, se diera cuenta de la enorme visibilidad de su nuevo puesto, así como de la cercanía con el poder político y con la Casa Blanca. Es decir, se sabía bajo observación. Por lo demás, como demuestra un artículo de “The Washington Post”, el cardenal molestador era considerado en ese entonces como un campeón de la “tolerancia cero” en contra de la pederastia. Los testimonios que hasta ahora se han reunido sobre el comportamiento de McCarrick después de haber dejado de estar a la cabeza de la diócesis, demuestran solamente que el cardenal era una presencia estorbosa, difícil.

 

Volvamos a la indicación del nuncio, que fue transmitida oralmente a McCarrick a finales de 2007. Una indicación que se puede vincular directamente con la voluntad de Benedicto XVI, quien la habría transmitido probablemente al Secretario de Estado bertone o directamente al Prefecto de los Obispos, el cardenal Re. Si el Papa Ratzinger decidió comunicar a McCarrick esta petición, significa que se había enterado de las acusaciones en contra del cardenal, pero prefirió una forma de reacción “blanda”, debido a la edad del ex arzobispo de Washington, que ya era emérito. Además, las denuncias e indicaciones re referían al pasado y no había ninguna denuncia por pederastia. Benedicto, pues, elige esta vía suave y no demasiado restrictiva para McCarrick porque «no quería un escándalo público», según indicó el National Catholic Register citando una fuente cercana al Papa emérito.

 

Por lo demás, se podría deducir que Benedicto fue advertido sobre los problemas del cardenal pues en 2006 aceptó la renuncia del cardenal arzobispo cuando cumplió la edad canónica para la jubilación. Un año antes había cumplido 75 años, pero estaba en buenas condiciones de salud y se creía que habría permanecido por lo menos otro año en su puesto. En 2007 Viganò, que entonces era Delegado para las Representaciones Pontificias, no recibió ningún apunte ni ninguna indicación (de lo contrario, lo habría indicado en su “comunicado”, y no se habría referido a una presunta fecha posterior), por lo que se confirma el carácter reservado, confidencial y personal de la recomendación de Benedicto XVI.

 

¿Qué sucedió entonces? Pasan varios meses antes de que el cardenal decida abandonar la estructura del seminario. Tantos que el mismo Sambi le habría pedido ayuda a algunos de sus colaboradores para convencer a McCarrick de que se fuera y de que se retirara en oración. El nuncio, con las personas a las que se había dirigido, no se habría referido explícitamente a abusos contra seminaristas, pero de todas maneras se habría referido a «graves acusaciones». Solamente después del verano de 2008, el cardenal comenzó la mudanza a la parroquia de St. Thomas. Cuando, dentro y fuera del seminario Redemptoris Mater, preguntaban por qué se había mudado McCarrick, respondía simplemente: «Roma me pidió que dejara el seminario», sin ofrecer más detalles.

 

No hay que olvidar, además, otro particular. La visita de Benedicto XVI a Estados Unidos, en abril de 2008 (cuando visitó las ciudades de Washington y Nueva York). Durante el encuentro con los obispos del país, en el Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción de Washington el 16 de abril, McCarrick se encontraba en primera fila entre los cardenales.

 

¿Qué sucedió entre finales de 2007 y el 27 de julio de 2011, fecha de la muerte del nuncio Sambi? En su “comunicado” Viganò escribió que «el Papa Benedicto infligió a McCarrick las sanciones canónicas mencionadas y ellas fueron comunicadas por el Nuncio Apostólico en Estados unidos Pietro Sambi, monseñor Jean-François Lantheaume, entonces primer Consejero de la Nunciatura en Washington y Chargé d’Affaires a.i. desués de la muerte inesperada del Nuncio Sambi en Baltimore, me refirió, cuando llegué a Washington (y él está listo para testificar), sobre una conversación borrascosa, de más de una hora, del Nuncio Sambi con el Card. McCarrick, convocado a la nunciatura: “la voz del nuncio –me dijo Mons. Lantheaume – se sentía desde el corredor”». Estas palabras de Viganò demuestran que las intervenciones de Sambi sobre McCarrick fueron más de una y en diferentes periodos. Hay que recordar, efectivamente, que monseñor Lantheaume –que ahora ha dejado el servicio diplomático de la Santa Sede– llegó a la nunciatura de Washington después de mediados de 2010 (de hecho aparece por primera vez en servicio en Washington en el Anuario Pontificio de 2011). De acuerdo con lo que afirma la nueva fuente estadounidense, debemos suponer que los encuentros entre Sambi y McCarrick fueron más de uno y que el nuncio perdió en cierto momento los estribos ante la falta de obediencia del cardenal, que no tenía ninguna intención de cambiar de vida frente a la que evidentemente era solamente una petición del Pontífice y no una orden tajante. Y mucho menos una sanción canónica real.

 

No hay que olvidar que desde la primera comunicación a finales de 2007, hasta el final del Pontificado de Ratzinger, pasaron cinco años. Años durante los que McCarrick siguió viajando y participando en eventos públicos, viajando a Roma, encontrándose con el mismo Benedicto XVI. Se confirma también que, mientras Sambi parecía insistir e incluso alzar la voz ante el cardenal, en el periodo que Viganò pasó como nuncio en Estados Unidos durante el Pontificado de Francisco (de noviembre de 2011 a febrero de 2013), como refiere en el “comunicado”, habló solamente una vez con McCarrick para insistir nuevamente en las recomendaciones de Benedicto XVI. No parece haber insistido, sino todo lo contrario. Elogió públicamente a McCarrick, como sucedió en mayo de 2012. Es decir, Viganò parecía tener una actitud más positiva ante el purpurado molestador de la que tenía Sambi.

 

 

Al final, teniendo en cuenta el contexto general de la operación político mediática que comenzó el día en el que Francisco estaba celebrando la Misa final del Encuentro Mundial de las Familias en Dublín, diferentes personas que apoyan a Viganò tienden a insistir poco en su clamoroso gesto de pedir la renuncia del Papa Francisco. Petición que demuestra que quienes la crearon y concibieron, que quienes la han suscrito y han apoyado públicamente, tienen una concepción singular de la naturaleza de la iglesia, reducida casi a una corporación, con un administrador delegado sometido al voto de confianza de los accionistas.

 

Es interesante observar que precisamente en este punto, desde el frente conservador estadounidense, se ha elevado la voz de un ideólogo con gran influencia en la era Trump y de la soberanía, Steve Bannon, que no siente gran simpatía por el Papa Francisco. Bannon dijo a la Reuters: «la cuestión no podría ser más seria. No puede haber “informes”, cartas y acusaciones. El Papa, mediante una cadena ininterrumpida, es el Vicario de Cristo en la tierra. No puedes simplemente sentarte ahí y decirle: “Creo que tendrías que renunciar”». Palabras católicas, que no han resonado en las declaraciones de los obispos estadounidenses que intervinieron inmediatamente después de la publicación del “comunicado” de Viganò para apoyar la credibilidad del ex nuncio.


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Cómo va la reforma de la Curia Vaticana

“Sinodalidad, escucha y discernimiento: así gobierna el Papa Francisco”

A 5 años de la institución del C9, el secretario, monseñor Semeraro, expone cómo va la reforma de la Curia romana, que procede con «ponderación, pero sin correcciones de ruta»

Monseñor Semeraro con el Papa Francisco

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Pubblicato il 23/06/2018
Ultima modifica il 23/06/2018 alle ore 17:30
DOMENICO AGASSO JR.
CIUDAD DEL VATICANO

 

El Consejo de los cardenales está trabajando en la reforma de la Curia con «ponderación, pero sin correcciones de ruta». Lo aseguró el secretario, monseñor Marcello Semeraro, analizando los cinco años del C9, instituido por el Papa Francisco. Con respecto al Pontífice, dijo: está gobernando con «sinodalidad, discernimiento» y, en particular, «con escucha».

 

Semeraro, que es obispo de Albano, dijo en una entrevista con Vatican News (con el periodista Alessandro Gisotti) que está «impresionado» por la «absoluta disponibilidad de los cardenales miembros del consejo para ir al encuentro de los deseos del Papa de poner en marcha este proceso de reforma de la Curia».

 

A las críticas sobre una presunta «lentitud» provocada por «correcciones de ruta» del proceso de renovación, el religioso respondió de esta manera: «Me han dicho que el proceso de elaboración de la “Pastor bonus” (constitución apostólica aprobada por Juan Pablo II en 1988, ndr.) duró más o menos lo que ha durado este proceso: cinco años. La diferencia es que, probablemente, el proceso actual, en sus diferentes etapas, está mucho más bajo la mirada de todos y también es citado, mediante ruedas de prensa y las relaciones que hace la Sala de Prensa. Entonces, probablemente, al no tratarse de un trabajo secreto, sino que por este aspecto está un poco en boca de todos, puede dar la idea de la lentitud del proceso». Pero Semeraro insiste: «en tiempos de prisas y de excesivas aceleraciones, ¡haría un elogio de la lentitud! La lentitud no significa pereza u otras cosas: significa ponderación en este caso. Las correcciones de ruta, en cambio, no las veo para nada».

 

El C9 ha basado su trabajo en el criterio «de la consultación. Consultación de las diferentes realidades afectadas. En primer lugar los encargados de los dicasterios, los responsables de las diferentes oficinas de la Curia romana». «Esto ha tenido ya aplicaciones, aunque la atención de la opinión pública se ha concentrado en algunos aspectos económico-administrativos». El Secretario destacó la institución de la «tercera Sección, que interviene en la Secretaría de Estado, la iniciativa «sobre la traducción y las adecuaciones de los libros litúrgicos, que interviene en la Congregación para el Culto Divino. En este sentido –puntualizó–, el proceso de reforma de la Curia no está por venir, sino que es un proceso que ya se está llevando a cabo en cuestiones importantes, que probablemente no atraigan la atención de la opinión pública, así como podría atraerla una cuestión económica, como los balances de la Santa Sede».

 

Sobre la actitud de Jorge Mario Bergoglio, Semeraro recordó que «en un discurso muy importante, en ocasión del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los obispos, dijo que la sinodalidad comienza con la escucha, y después precisó que es una escucha recíproca». Este es el estilo del Obispo de Roma «con el que participa en las reuniones».

 

El Secretario reveló que Francisco «no quiso hacer ningún discurso oficial ni siquiera cuando comenzó el trabajo del Consejo de cardenales, sino que quiso ponerse inmediatamente a escuchar todo lo que habían reunido los cardenales en la consultación durante los meses de ese primer verano». En ese periodo «hubo más de 100 los informes que tuvo que examinar y ordenar personalmente para el archivo. La escucha, la intervención discreta, también la respuesta, en el caso de que se le pidiera un parecer al Papa… Pero una intervención discreta en el sentido de esa discreción que es una característica de la virtud de la prudencia, que es la virtud, según el esquema clásico de santo Tomás, de quien gobierna».

 

Además de la sinodalidad y de la escucha, el discernimiento es la otra palabra clave del Pontificado de Bergoglio: «El discernimiento no comienza con desiciones ya tomadas. Se dialoga, tratando de ponerse en la perspectiva del otro. Esto, obviamente, exige mucho esfuerzo con respecto a la evaluación y asunción de un voto de mayoría o de minoría». El C9 normalmente «somete a un voto de los presentes –explicó– incluso una deliberación votada por los presentes, sobre diferentes puntos cualificantes. Cuando no se llega a la unanimidad (o, diríamos, mayorías cualificadas de ocho votos de nueve), cuando no se llega a esta unanimidad o mayoría cualificada, el Consejo elige volver a reflexionar sobre la cuestión».

 

Sobre el borrador de la constitución apostólica “Praedicate Evangelium”, entregada al Pontífice el 13 de junio, Semeraro indicó: «El Consejo de cardenales fue instituido por el Papa no principalmente para la reforma de la Curia romana. Lo instituyó como grupo para aconsejarle en el gobierno de la Iglesia universal y, al haber surgido esta instancia en los encuentros de antes del Cónclave, también para estudiar un proyecto de revisión de la constitución apostólica». Entonces, también «cuando haya alcanzado su objetivo de proponer al Papa este texto de constitución, el Consejo continúa en sus actividades anteriores». El C9, explicó, ha preparado «un borrador de propuesta, porque el Consejo hace propuestas. Un borrador de propuesta que ahora, en estos meses de verano, será afinado, arreglado para que el Papa pueda contar con un texto que sea más o menos homogéneo en el equilibrio y en el lenguaje. Y después, así como sucedió con “Pastor bonus”, la intención del Santo padre es la de llegar a una consulta sobre los organismos. Creo que serán los dicasterios de la Curia romana y otras realidades las que el Papa querrá consultar».


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Consejo de Cardenales. Próxima reunión. Entrevista

El Papa y Mons. Marcello SemeraroEl Papa y Mons. Marcello Semeraro 

Mons. Semeraro: Para el Papa los Ejercicios Espirituales son la reforma en actos

Entrevista de Alessandro Gisotti a Mons. Semeraro secretario del Consejo de Cardenales de cara a la próxima reunión del C9.

Ciudad del Vaticano

El próximo lunes 26 de febrero comenzará la 23° reunión del Papa Francisco con el Consejo de Cardenales. Esta es la primera reunión del C9 de 2018, en un camino iniciado ya hace más de cuatro años, con la institución, el 28 de septiembre de 2013; de este nuevo organismo con el fin de ayudar al Pontífice “en el Gobierno de la Iglesia universal y de estudiar un proyecto de revisión de la Constitución Apostólica Pastor Bonus sobre la Curia Romana”.

Y para poder comprender mejor la perspectiva futura del trabajo del C9, nuestro colega Alessandro Gisotti entrevistó a Monseñor Marcello Semeraro, secretario del Consejo de Cardenales y Obispo de Albano.

“Diría que en la próxima sesión retomaremos los temas que ya están en la agenda, también porque al hacerlo, algunos pasos se vuelven más claros. Por ello, podríamos decir que la mirada, por parte del Consejo de Cardenales sobre los dicasterios fundamentales, ya está en la fase conclusiva. También, es el momento de hacer una relectura a partir de una reflexión sobre el trabajo culminado, ya que esto ha ayudado a aclarar algunos problemas que al principio no parecían urgentes”, explica Mons. Semeraro.

-En un artículo publicado recientemente para la revista “Il Regno”, usted enfatiza que la dimensión más importante de la reforma es la espiritual, no la estructural o funcional. Al respecto… ¿cuál es el significado de los Ejercicios que el Papa está llevando a cabo con la Curia Romana en Ariccia en estos días?

“El Santo Padre ha subrayado nuevamente que los Ejercicios Espirituales de la Curia Romana, que interrumpen la rutina del trabajo ordinario, incluso a través de gestos simbólicos como alejarse del habitual puesto de trabajo para intensificar un encuentro con Dios; son un momento de reflexión para todos, incluidos los colaboradores del Papa y de la Curia.

“ Es el momento de hacer una relectura a partir de una reflexión sobre el trabajo culminado, ya que esto ha ayudado a aclarar algunos problemas que al principio no parecían urgentes ”

¡Los Ejercicios Espirituales son ya de por sí, una reforma en actos!, añade el secretario del Consejo de Cardenales, explicando que lo que quiere decir el Papa Francisco es que si bien la reforma mete en movimiento la realidad de las organizaciones y estructuras, el primer cambio que debe lograr es el de cambiar la mentalidad.

Por tanto, lo que la reforma de la Curia pretende expresar, ante todo, es una sintonía con lo que el Papa ha escrito en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, es decir; meterse en el paradigma de la misioneridad, del anuncio del Evangelio, a la luz del cual se nos presentan todas las demás realidades organizativas e institucionales. En segundo lugar, reformar, quiere decir resaltar aún más nuestra relación de servicio.

“ ¡Los Ejercicios Espirituales son ya de por sí, una reforma en actos! Lo que quiere decir el Papa Francisco es que si bien la reforma mete en movimiento la realidad de las organizaciones y estructuras, el primer cambio que debe lograr es el de cambiar la mentalidad ”

-“La reforma es un movimiento”, dijo el Papa en su última reunión del C9 el pasado mes de diciembre. ¿Qué significado tiene una reforma entendida de este modo, que podemos definir como profundamente ignaciano?

La reforma de la Curia Romana nace justamente de un movimiento que debe entenderse verdaderamente como el Papa ha dicho, y desde el punto de vista ignaciano. De hecho, ha habido un movimiento en el espíritu de los cardenales en la reunión precedente al último Conclave. Y de este encuentro, ha surgido la instancia de que el nuevo Papa debería prestar atención a la reforma de la Curia Romana, reforma que no debe ser entendida como un ajuste de algo que no funciona bien, sino en el sentido de aplicar ese “semper reformandache”, que normalmente se aplica a la Iglesia pero más aún puede aplicarse de forma directa a la Curia.

-Dentro de pocos días se llevará a cabo el quinto aniversario de elección de Francisco como Sucesor de Pedro. Hacer una síntesis obviamente es muy difícil, pero personalmente como obispo, usted ¿qué dimensión del magisterio del Papa Bergoglio destacaría?

Más allá de los contenidos específicos y de los grandes documentos que el Papa nos ha dado y que expresan la línea de su Pontificado, yo lo resumiría diciendo que el Santo Padre nos pide asumir un punto de observación nuevo, es más nos pide tener puntos de observación múltiples para poder considerar mejor la realidad. No por nada, una de las palabras que le resulta más familiar es la de “mirada”, y esto proviene también de su espiritualidad ignaciana.

Entrevista de Alessandro Gisotti a Mons. Semeraro


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Personal Vaticano: cómo se hace la renuncia a los 75 años.

Vaticano, promulgato Motu Proprio del Papa Vaticano, promulgato Motu Proprio del Papa  

Motu Proprio del Papa sulla rinuncia: “Non un atto automatico ma di governo”

Promulgato un Motu Proprio di Papa Francesco sulla rinuncia, a motivo di età, dei titolari di alcuni uffici di nomina pontificia. L’incarico non decade ipso facto a 75 anni ma solo dopo la decisione del Pontefice a cui bisogna presentare la rinuncia. Una decisione che dunque può arrivare oltre i tre mesi stabiliti dall’articolo 3 del canone 189 di diritto canonico.

Benedetta Capelli – Città del Vaticano

Porta la data del 12 febbraio, il Motu Proprio di Papa Francesco “Imparare a congedarsi” con il quale si regola la rinuncia a 75 anni ad un ufficio ecclesiale “che – scrive il Pontefice – deve essere considerata parte integrante del servizio stesso, in quanto richiede una nuova forma di disponibilità”.

Un nuovo atteggiamento interiore

Francesco sottolinea l’importanza di prepararsi alla rinuncia “spogliandosi dei desideri di potere e della pretesa di essere indispensabile”, affrontando tale momento con “pace e fiducia” perché altrimenti potrebbe risultare “doloroso e conflittuale”. E’ nella preghiera che si avvia il discernimento per una nuova fase della vita, segnata per quanto possibile da “austerità, umiltà, preghiera di intercessione, tempo dedicato alla lettura e disponibilità a fornire semplici servizi pastorali”.

Continuare nell’ufficio non è un trionfo personale

Il proseguimento del proprio compito va considerato nell’ambito del “bene comune ecclesiale” e non deve essere considerato “un privilegio, o un trionfo personale, o un favore dovuto a presunti obblighi derivati dall’amicizia o dalla vicinanza, né come gratitudine per l’efficacia dei servizi forniti”. “Questa decisione pontificia – evidenzia il Papa –  non è un atto automatico ma un atto di governo; di conseguenza implica la virtù della prudenza che aiuterà, attraverso un adeguato discernimento, a prendere la decisione appropriata”.

A 75 anni il compito non cessa ipso facto

Con questo Motu Proprio, che integra l’articolo 2 del “Rescriptum ex audentia” sulla rinuncia dei vescovi diocesani e dei titolari di uffici di nomina pontificia del 3 novembre 2014 (art. 2 “La rinuncia ai predetti uffici pastorali produce effetti soltanto dal momento in cui sia accettata da parte della legittima autorità), il Papa stabilisce dunque che al compimento dei 75 anni,  i vescovi diocesani ed eparchiali come pure i vescovi coadiutori e ausiliari o titolari con speciali incarichi pastorali, sono invitati a presentare la rinuncia al loro ufficio pastorale. Lo stesso vale per i capi dicastero della Curia Romana non cardinali, i prelati superiori della Curia Romana e i vescovi che svolgono altri uffici alle dipendenze della Santa Sede, i rappresentanti pontifici che però così non cessano ipso facto dal loro ufficio.

Il Papa decide sulla rinuncia anche oltre i tre mesi dalla sua presentazione

Papa Francesco dunque stabilisce che la rinuncia va accettata e che “l’ufficio è considerato prorogato fino a quando non sia comunicata all’interessato l’accettazione della rinuncia o la proroga, per un tempo determinato o indeterminato”. Vengono così modificati i canoni 189 § 3 CIC e 970 § 1 CCEO che recitavano: “la rinuncia che necessita di accettazione, se non sia accettata entro tre mesi, manca di ogni valore; quella che non ha bisogno di accettazione sortisce l’effetto con la comunicazione del rinunciante fatta a norma del diritto”.


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Vaticano: nuevos nombramientos.

Dicasterios vaticanos; el Papa asigna nuevos encargos a cardenales

La mayor parte designada al Desarrollo Humano Integral. Zenari a las Iglesias orientales, Cupich a la Educación católica
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Pubblicato il 24/12/2017
Ultima modifica il 24/12/2017 alle ore 10:50
DOMENICO AGASSO JR.
CIUDAD DEL VATICANO

El que “padronea” es el Desarrollo Humano Integral. El Papa Francisco asignó a algunos cardenales nuevos encargos en diferentes Dicasterios de la Curia, principalmente en el “ministerio” que guía Peter Kodwo Appiah Turkson. Zenari, nuncio apostólico en Siria va a las Iglesias Orientales, Cupich a la Educación Católica.

 

Estos son todos los nombramientos, comunicados por la Sala de Prensa vaticana.

 

En la Congregación para las Iglesias Orientales, el cardenal italiano Mario Zenari.

 

En la Congregación para los Obispos, el cardenal Jusn José Omella Omella, arzobispo de Barcelona (España), que también va al Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica.

 

En la Congregación para la Educación Católica Carlos Osoro Sierra, arzobispo de Madrid (España) y Blase Joseph Cupich, arzobispo de Chicago (Estados Unidos).

 

En el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida: Baltazar Enrique Porras Cardozo, arzobispo de Mérida (Venezuela), Jozef De Kesel, arzobispo de Menchelen-Brussel (Bélgica) y Jean Zerbo, arzbispo de Bamako (Malí).

 

En el Dicasterio para el Servicio al Desarrollo Humano Integral: Patrick D’Rozario, arzobispo de Dhaka (Bangladesh); Maurice Piat, obispo de Port-Louis (Mauricio); John Ribat, arzobispo de Port Moresby (Papúa Nueva Guinea); Louis-Marie Ling Mangkhanekhoun, vicario apostólico di Paksé (Laos); Gregorio Rosa Chávez, auxiliar de San Salvadir (El Salvador).

 

En el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos: Anders Arborelius, O.C.D., obispo de Estocolmo (Suecia).

 

En la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano, Kevin Joseph Farrell, prefecto del Dicastero para los Laicos, la Familia y la Vida.


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Discurso navideño del Papa a la Curia Vaticana. Texto oficial.

DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCESCO

Sala Clementina
Jueves, 21 de diciembre de 2017

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Queridos hermanos y hermanas:

La Navidad es la fiesta de la fe en el Hijo de Dios que se hizo hombre para devolverle al hombre la dignidad filial que había perdido por culpa del pecado y la desobediencia. La Navidad es la fiesta de la fe en los corazones que se convierten en un pesebre para recibirlo, en las almas que dejan que del tronco de su pobreza Dios haga germinar el brote de la esperanza, de la caridad y de la fe.

Hoy tenemos una nueva ocasión para intercambiarnos nuestra felicitación navideña y también para desearos a todos, a vuestros colaboradores, a los Representantes pontificios, a todas las personas que prestan servicio en la Curia y a vuestros seres queridos una santa y alegre Navidad y un feliz Año Nuevo. Que esta Navidad nos haga abrir los ojos y abandonar lo que es superfluo, lo falso, la malicia y lo engañoso, para ver lo que es esencial, lo verdadero, lo bueno y auténtico. Muchas felicidades, de verdad.

Queridos hermanos:

Después de haber hablado en otras ocasiones sobre la Curia romana ad intra, este año quiero compartir con vosotros algunas reflexiones sobre la realidad de la Curia ad extra, es decir, sobre la relación de la Curia con las naciones, con las Iglesias particulares, con las Iglesias orientales, con el diálogo ecuménico, con el Judaísmo, con el Islam y las demás religiones, es decir, con el mundo exterior.

Mis reflexiones se apoyan ciertamente sobre los principios básicos y canónicos de la Curia, sobre la misma historia de la Curia, pero también sobre la visión personal que he procurado compartir con vosotros en los discursos de los últimos años, en el contexto de la reforma que se está realizando.

Con respecto a la reforma me viene a la mente la simpática y significativa expresión de Mons. Frédéric-François-Xavier De Mérode: «Hacer la reforma en Roma es como limpiar la Esfinge de Egipto con un cepillo de dientes»[1]. Se pone de manifiesto cuánta paciencia, dedicación y delicadeza se necesitan para alcanzar ese objetivo, ya que la Curia es una institución antigua, compleja, venerable, compuesta de hombres que provienen de muy distintas culturas, lenguas y construcciones mentales y que, de una manera estructural y desde siempre, está ligada a la función primacial del Obispo de Roma en la Iglesia, esto es, al oficio «sacro» querido por el mismo Cristo Señor en bien del cuerpo de la Iglesia en su conjunto (ad bonum totius corporis)[2].

Así pues, la universalidad del servicio de la Curia proviene y brota de la catolicidad del Ministerio petrino. Una Curia encerrada en sí misma traicionaría el objetivo de su existencia y caería en la autorreferencialidad, que la condenaría a la autodestrucción. La Curia, ex natura, está proyectada ad extra en cuanto y mientras está ligada al Ministerio petrino, al servicio de la Palabra y del anuncio de la Buena Noticia: el Dios Enmanuel, que nace entre los hombres, que se hace hombre para mostrar a todos los hombres su entrañable cercanía, su amor sin límites y su deseo divino de que todos los hombres se salven y lleguen a gozar de la bienaventuranza celestial (cf. 1 Tm 2,4); el Dios que hace salir su sol sobre buenos y malos (cf. Mt 5,45); el Dios que no ha venido para que le sirvan sino para servir (cf. Mt 20,28); el Dios que ha constituido a la Iglesia para que esté en el mundo, pero no del mundo, y para ser instrumento de salvación y de servicio.

Cuando saludé recientemente a los Padres y Jefes de las Iglesias Católicas orientales[3], y pensando precisamente sobre esta finalidad ministerial, petrina y curial, es decir, de servicio, utilicé la expresión de un «primado diaconal», remitiendo inmediatamente a la amada imagen de san Gregorio Magno del Servus servorum Dei. Esta definición, en su dimensión cristológica, es sobre todo expresión de la firme voluntad de imitar a Cristo, quien asumió la forma de siervo (cf. Flp 2,7). Benedicto XVI, cuando habló de ello, dijo que esta frase en los labios de Gregorio no era «una fórmula piadosa, sino la verdadera manifestación de su modo de vivir y actuar. Estaba profundamente impresionado por la humildad de Dios, que en Cristo se hizo nuestro servidor, nos lavó y nos lava los pies sucios»[4].

Esa misma actitud diaconal ha de caracterizar también a todos los que, de varias maneras, trabajan en el ámbito de la Curia romana, que, como recuerda el Código de Derecho Canónico, actuando en nombre y con la autoridad del Sumo Pontífice, «realiza su función […] para el bien y servicio de las Iglesias» (can. 360; cf. CCEO can. 46).

Primado diaconal «con relación al Papa»[5] e igualmente diaconal, por consiguiente, es el trabajo que se realiza dentro de la Curia romana ad intra y hacia el exterior ad extra. Este tema de la diaconía ministerial y curial, me lleva a un antiguo texto presente en la Didascalia Apostolorum donde se afirma: el «diácono sea el oído y la boca del Obispo, su corazón y alma»[6], puesto que la comunión, la armonía y la paz en la Iglesia está unida a esta concordia, ya que el diácono es el custodio del servicio en la Iglesia.[7] Pienso que no es casualidad que el oído sea el órgano para oír sino también para el equilibrio; y la boca el órgano para saborear y para hablar.

Otro texto antiguo añade que los diáconos están llamados a ser como los ojos del Obispo[8]. El ojo mira para transmitir las imágenes a la mente, ayudándola a tomar las decisiones y a dirigir bien a todo el cuerpo.

De estas imágenes se puede sacar la relación de comunión de filial obediencia para el servicio al pueblo santo de Dios. No hay duda, pues, que esta es la que existe también entre todos los que trabajan en la Curia romana, desde los Jefes de Dicasterio y Superiores, a los oficiales y a todos. La comunión con Pedro refuerza y da nuevo vigor a la comunión entre todos los miembros.

Desde este punto de vista, el recurso a la imagen de los sentidos del organismo humano nos ayuda a tener el sentido de la extroversión, de la atención hacia lo que está fuera. En el organismo humano, de hecho, los sentidos son nuestro primer contacto con el mundo ad extra, son como un puente hacia él; son nuestra posibilidad de relacionarnos. Los sentidos nos ayudan a captar la realidad e igualmente a colocarnos en la realidad. Por eso san Ignacio de Loyola recurría a los sentidos para contemplar los Misterios de Cristo y de la verdad[9].

Esto es muy importante si se quiere superar la desequilibrada y degenerada lógica de las intrigas o de los pequeños grupos que en realidad representan —a pesar de sus justificaciones y buenas intenciones— un cáncer que lleva a la autorreferencialidad, que se infiltra también en los organismos eclesiásticos en cuanto tales y, en particular, en las personas que trabajan en ellos. Cuando sucede esto, entonces se pierde la alegría del Evangelio, la alegría de comunicar a Cristo y de estar en comunión con él; se pierde la generosidad de nuestra consagración (cf. Hch 20,35 y 2 Co 9,7).

Permitidme que diga dos palabras sobre otro peligro, que es el de los traidores de la confianza o los que se aprovechan de la maternidad de la Iglesia, es decir de las personas que han sido seleccionadas con cuidado para dar mayor vigor al cuerpo y a la reforma, pero —al no comprender la importancia de sus responsabilidades— se dejan corromper por la ambición o la vanagloria, y cuando son delicadamente apartadas se auto-declaran equivocadamente mártires del sistema, del «Papa desinformado», de la «vieja guardia»…, en vez de entonar el «mea culpa». Junto a estas personas hay otras que siguen trabajando en la Curia, a las que se les da el tiempo para retomar el justo camino, con la esperanza de que encuentren en la paciencia de la Iglesia una ocasión para convertirse y no para aprovecharse. Esto ciertamente sin olvidar la inmensa mayoría de personas fieles que allí trabajan con admirable compromiso, fidelidad, competencia, dedicación y también con tanta santidad.

Parece oportuno, entonces, volviendo a la imagen del cuerpo, poner de relieve que estos «sentidos institucionales», a los que podemos comparar en cierto modo los Dicasterios de la Curia romana, deben trabajar de manera conforme a su naturaleza y finalidad: en el nombre y con la autoridad del Sumo Pontífice y siempre por el bien y al servicio de las Iglesias[10]. Ellos están llamados a ser en la Iglesia como unas fieles antenas sensibles: emisoras y receptoras.

Antenas emisoras en cuanto habilitadas para transmitir fielmente la voluntad del Papa y de los Superiores. La palabra «fidelidad»[11], para todos los que trabajan en la Santa Sede, «adquiere un carácter particular, desde el momento que ellos ponen al servicio del Sucesor de Pedro buena parte de sus propias energías, su tiempo y su ministerio cotidiano. Se trata de una grave responsabilidad, pero también de un don especial, que con el tiempo va desarrollando un vínculo afectivo con el Papa, de confianza interior, un idem sentire natural, que se expresa justamente con la palabra “fidelidad”»[12].

La imagen de la antena remite también a otro movimiento, este contrario, es decir el del receptor. Se trata de percibir las instancias, las cuestiones, las preguntas, los gritos, las alegrías y las lágrimas de las Iglesias y del mundo para transmitirlas al Obispo de Roma y permitirle que pueda llevar a cabo con más eficacia su tarea y su misión de «principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de fe y de comunión»[13]. Con semejante receptividad, que es más importante que el aspecto preceptivo, los Dicasterios de la Curia romana entran generosamente en ese proceso de escucha y de sinodalidad del que ya he hablado[14].

Queridos hermanos y hermanas:

He recurrido a la expresión «primado diaconal», a la imagen del cuerpo, de los sentidos y de la antena para explicar la necesidad más bien indispensable, de practicar el discernimiento de los signos de los tiempos[15], la comunión en el servicio, la caridad en la verdad, la docilidad al Espíritu y la obediencia confiada a los superiores, precisamente para alcanzar los espacios donde el Espíritu habla a las Iglesias (es decir, la historia) y para conseguir el objetivo de trabajar (por la salus animarum).

Quizá sea útil recordar aquí que los mismos nombres de los diversos Dicasterios y de las Oficinas de la Curia romana dan a entender cuáles son las realidades a favor de las cuales deben trabajar. Es decir, se trata de acciones fundamentales e importantes para toda la Iglesia y diría que para todo el mundo.

Al tener la Curia una tarea realmente muy amplia, me limitaré en esta ocasión a hablar genéricamente de la Curia ad extra, es decir, de algunos aspectos fundamentales, seleccionados, a partir de los cuales será fácil, en un futuro próximo, enumerar y profundizar los otros campos de actuación de la Curia.

La Curia y la relación con las Naciones

En este sector juega un papel fundamental la Diplomacia Vaticana que busca sincera y constantemente el que la Santa Sede sea un constructor de puentes, de paz y de diálogo entre las naciones. Y siendo una Diplomacia al servicio de la humanidad y del hombre, de mano tendida y de puerta abierta, se compromete a escuchar, a comprender, a ayudar, a plantear y a intervenir rápida y respetuosamente en cualquier situación para acortar distancias y para entablar confianza. El único interés de la Diplomacia Vaticana es estar libre de cualquier interés mundano o material.

La Santa Sede está presente en la escena mundial para colaborar con todas las personas y las naciones de buena voluntad y para repetir constantemente la importancia de proteger nuestra casa común frente a cualquier egoísmo destructivo; para afirmar que las guerras traen sólo muerte y destrucción; para sacar del pasado las lecciones necesarias que nos ayudan a vivir mejor el presente, a construir sólidamente el futuro y salvaguardarlo para las nuevas generaciones.

Los encuentros con los Jefes de las naciones y con las diversas delegaciones, junto a los Viajes apostólicos tienen el mismo sentido y objetivo.

Por eso se creó la Tercera Sección de la Secretaría de Estado, con la finalidad de manifestar la atención y la cercanía del Papa y de los superiores de la Secretaría de Estado al personal diplomático y también a los religiosos y a las religiosas, a los laicos y a las laicas que prestan trabajo en las Representaciones Pontificias. Una Sección que se ocupa de las cuestiones relativas a las personas que trabajan en el servicio diplomático de la Santa Sede, o que se preparan para ello, en estrecha colaboración con la Sección de Asuntos Generales y con la Sección para las Relaciones con los Estados[16].

Esta particular atención se basa en la doble dimensión del servicio del personal diplomático: pastores y diplomáticos, al servicio de las Iglesias particulares y de las naciones donde trabajan.

La Curia y las Iglesias particulares

La relación que une la Curia a las diócesis y a las eparquías es de máxima importancia. Estas encuentran en la Curia romana el apoyo y el soporte necesario. Es una relación que se basa en la colaboración, la confianza y nunca en la superioridad o el contraste. La fuente de esta relación está en el Decreto conciliar sobre el ministerio pastoral de los Obispos, en el que se explica más ampliamente que el trabajo de la Curia es «para bien de las Iglesias y al servicio de los sagrados Pastores»[17].

El punto de referencia de la Curia romana, de hecho, no es sólo el Obispo de Roma, del que le viene la autoridad, sino también las Iglesias particulares y sus Pastores en todo el mundo, para cuyo bien obra y actúa.

A esta característica de «servicio al Papa y a los obispos, a la Iglesia universal y a las Iglesias particulares» y al mundo entero, hice referencia en el primero de nuestros encuentros anuales, cuando subrayé que «en la Curia romana se aprende, “se respira” de un modo especial esta doble dimensión de la Iglesia, esta compenetración entre lo universal y lo particular; y me parece que ésta es una de las más bellas experiencias de quien vive y trabaja en Roma»[18].

Las visitas ad limina Apostolorum, en este sentido, representan una gran oportunidad de encuentro, diálogo y enriquecimiento mutuo. Por eso, en el encuentro con los obispos, he preferido tener un diálogo de escucha mutua, libre, reservado, sincero que va más allá de los esquemas protocolarios y el habitual intercambio de discursos y recomendaciones. También es importante el diálogo entre los Obispos y los distintos Dicasterios. Al retomar este año las visitas ad limina, después del año jubilar, los obispos me han confiado que han sido bien acogidos y escuchados por todos los Dicasterios. Esto me alegra mucho, y agradezco a los Jefes de los Dicasterios que están aquí presentes.

Permítanme también aquí, en este momento singular de la vida de la Iglesia, llamar vuestra atención sobre la próxima XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, convocada bajo el tema: «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional». Llamar a la Curia, a los Obispos y a toda la Iglesia a que presten una especial atención a los jóvenes, no quiere decir mirar sólo a ellos, sino también dirigir la mirada a un tema crucial para un gran número de relaciones y de urgencias: las relaciones intergeneracionales, la familia, los ámbitos de la pastoral, la vida social… Lo anuncia claramente el Documento preparatorio en su introducción: «La Iglesia ha decidido interrogarse sobre cómo acompañar a los jóvenes para que reconozcan y acojan la llamada al amor y a la vida en plenitud, y también pedir a los mismos jóvenes que la ayuden a identificar las modalidades más eficaces de hoy para anunciar la Buena Noticia. A través de los jóvenes, la Iglesia podrá percibir la voz del Señor que resuena también hoy. Como en otro tiempo Samuel (cf. 1 S 3,1-21) y Jeremías (cf. Jr 1,4-10), hay jóvenes que saben distinguir los signos de nuestro tiempo que el Espíritu señala. Escuchando sus aspiraciones podemos entrever el mundo del mañana que se aproxima y las vías que la Iglesia está llamada a recorrer»[19].

La Curia y las Iglesias orientales

La unidad y la comunión que existe en la relación entre la Iglesia de Roma y las Iglesias orientales representa un ejemplo concreto de riqueza en la diversidad para toda la Iglesia. Ellas, en la fidelidad a sus propias tradiciones de dos mil años y en la comunión eclesial experimentan y realizan la oración sacerdotal de Cristo (cf. Jn 17)[20].

En este sentido, en el último encuentro con los Patriarcas y Arzobispos Mayores de las Iglesias orientales, hablando del «primado diaconal», señalé también la importancia de profundizar y revisar la delicada cuestión de la elección de los nuevos obispos y eparcas que debe corresponder, por una parte, a la autonomía de las Iglesias orientales y, al mismo tiempo, al espíritu de responsabilidad evangélica y al deseo de reforzar cada vez más la unidad con la Iglesia Católica. «El todo, en la más convencida aplicación de la auténtica praxis sinodal, que es característica de las Iglesias de Oriente»[21]. La elección de cada obispo debe reflejar y reforzar la unidad y la comunión entre el Sucesor de Pedro y todo el colegio episcopal[22].

La relación entre Roma y Oriente es de mutuo enriquecimiento espiritual y litúrgico. En realidad, la Iglesia de Roma no sería realmente católica sin las inestimables riquezas de las Iglesias orientales y sin el testimonio heroico de tantos hermanos y hermanas nuestros orientales que purifican la Iglesia aceptando el martirio y ofreciendo su vida para no negar a Cristo[23].

La Curia y el diálogo ecuménico

Nos quedan todavía los ámbitos en los que la Iglesia Católica está particularmente comprometida, especialmente después del Concilio Vaticano II. Entre estos, la unidad entre los cristianos que «es una exigencia esencial de nuestra fe, una exigencia que brota desde lo íntimo de nuestro ser creyentes en Jesucristo»[24]. Se trata de un verdadero «camino», pero, como muchas veces han repetido también mis Predecesores, es un camino irreversible y sin vuelta atrás. «La unidad se hace caminando, para recordar que cuando caminamos juntos, es decir, cuando nos encontramos como hermanos, rezamos juntos, trabajamos juntos en el anuncio del Evangelio y en el servicio a los últimos, ya estamos unidos. Todas las diferencias teológicas y eclesiológicas que todavía dividen a los cristianos serán superadas sólo por esta vía, sin que nosotros sepamos cómo y cuándo, pero esto sucederá según lo que el Espíritu Santo quiera sugerir para el bien de la Iglesia»[25].

La Curia trabaja en este campo para favorecer el encuentro con el hermano, para deshacer los nudos de las incomprensiones y las hostilidades, y para combatir los prejuicios y el miedo del otro, que han impedido ver la riqueza de y en la diversidad y la profundidad del misterio de Cristo y de la Iglesia que permanece siempre más grande que cualquier expresión humana.

Los encuentros mantenidos con los Papas, los Patriarcas y los Jefes de las diversas Iglesias y Comunidades siempre me han llenado de alegría y gratitud.

La Curia y el Judaísmo, el Islam y las otras religiones

La relación de la Curia Romana con las otras religiones se basa en la enseñanza del Concilio Vaticano II y en la necesidad del diálogo. «Porque la única alternativa a la barbarie del conflicto es la cultura del encuentro»[26]. El diálogo está construido sobre tres orientaciones fundamentales: «El deber de la identidad, porque no se puede entablar un diálogo real sobre la base de la ambigüedad o de sacrificar el bien para complacer al otro. La valentía de la alteridad, porque al que es diferente, cultural o religiosamente, no se le ve ni se le trata como a un enemigo, sino que se le acoge como a un compañero de ruta, con la genuina convicción de que el bien de cada uno se encuentra en el bien de todos. La sinceridad de las intenciones, porque el diálogo, en cuanto expresión auténtica de lo humano, no es una estrategia para lograr segundas intenciones, sino el camino de la verdad, que merece ser recorrido pacientemente para transformar la competición en cooperación»[27].

Los encuentros con las autoridades religiosas en varios viajes apostólicos y los encuentros en el Vaticano, son verdadera prueba de ello.

Estos son sólo algunos aspectos, importantes pero no exclusivos, del trabajo de la Curia ad extra. Hoy he elegido estos aspectos, vinculados al tema del «primado diaconal», los «sentidos institucionales» y «fieles antenas emisoras y receptoras».

Queridos hermanos:

Comencé este nuestro encuentro hablando de la Navidad como la fiesta de la fe, ahora quisiera concluirlo evidenciando que la Navidad nos recuerda que una fe que no nos pone en crisis es una fe en crisis; una fe que no nos hace crecer es una fe que debe crecer; una fe que no nos interroga es una fe sobre la cual debemos preguntarnos; una fe que no nos anima es una fe que debe estar animada; una fe que no nos conmueve es una fe que debe ser sacudida. En realidad, una fe solamente intelectual o tibia es sólo una propuesta de fe que para llegar a realizarse tendría que implicar al corazón, al alma, al espíritu y a todo nuestro ser, cuando se deje que Dios nazca y renazca en el pesebre del corazón, cuando permitimos que la estrella de Belén nos guíe hacia el lugar donde yace el Hijo de Dios, no entre los reyes y el lujo, sino entre los pobres y los humildes.

Ángel Silesio, en su Peregrino querúbico, escribió: «Depende sólo de ti: Ah si pudiera tu corazón ser un pesebre, Dios nacería niño de nuevo en la tierra»[28].

Con estas reflexiones renuevo mis más fervientes deseos de Feliz Navidad para vosotros y vuestros seres queridos.

Gracias.

Quisiera, como regalo de Navidad, dejaros esta versión italiana de la obra del beato Padre María Eugenio del Niño Jesús, Je veux voir DieuQuiero ver a Dios. Es una obra de teología espiritual; nos hará bien a todos. Quizás se puede leer no de seguido, sino buscando en el índice el punto que más interesa o que más necesito. Espero que nos aproveche a todos.

Y, además, el Cardenal Piacenza ha sido tan generoso que, con el trabajo de la Penitenciaría, y junto con Mons. Nykiel, ha realizado este libro: La fiesta del perdón, como fruto del Jubileo de la Misericordia; y ha querido también regalarlo. Damos las gracias al Cardenal Piacenza y a la Penitenciaría Apostólica. Os lo entregarán a todos a la salida.

¡Gracias!

[Bendición]

Y, por favor, rezad por mí.

 

[1] Cf. Giuseppe Dalla Torre, Sopra una storia della Gendarmeria Pontificia (19 octubre 2017).

[2] «Para apacentar el Pueblo de Dios y acrecentarlo siempre, Cristo Señor instituyó en su Iglesia diversos ministerios, ordenados al bien de todo el Cuerpo» » (Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen Gentium18).

[3] Cf. Saludo a los Padres y Arzobispos Mayores (9 octubre 2017).

[4] Catequesis en la Audiencia general (4 junio 2008).

[5] Cf. Juan Pablo II, Discurso en la reunión plenaria del Sacro Colegio de Cardenales (21 noviembre 1985), 4.

[6] 2,44: Funk, 138-166; cf. W. Rordorf, Liturgie et eschatologie, en Augustinianum 18 (1978), 153-161; Id., Que savons-nous des lieux de culte chrétiens de l’époque préconstantinienne?, en L’Orient Syrien 9 (1964), 39-60.

[7] Cf. Encuentro con los sacerdotes y los consagrados, Catedral de Milán (25 marzo 2017).

[8] «En cuanto a los diáconos de la Iglesia, que sean como los ojos del obispo, que saben ver todo lo que hay a su alrededor, escrutando las acciones de cada uno en la Iglesia, por si alguno se encuentra en peligro de pecar: de este modo, advertido por la amonestación del que preside, tal vez no llevará a cabo su pecado» (Carta de Clemente a Santiago, 12: Rehm 14-15, en Enrico Cattaneo, I Ministeri nella Chiesa Antica, Testi patristici dei primi tre secoli, ed. Paulinas, 1997, p. 696).

[9] Cf. Ejercicios Espirituales, n. 121: «La quinta contemplación será traer los cinco sentidos sobre la primera y la segunda contemplación».

[10] En el comentario de san Jerónimo al Evangelio de san Mateo se encuentra una curiosa comparación entre los cinco sentidos del organismo humano y las vírgenes de la parábola evangélica, las cuales se convierten en necias cuando no obran ya según el fin que se les ha asignado (cf. Comm. in Mt XXVPL 26, 184).

[11] El concepto de fidelidad es fuerte y elocuente porque subraya también la duración en el tiempo del compromiso asumido, remite a una virtud que, como dijo Benedicto XVI, «expresa muy bien el vínculo especial entre el Papa y sus directos colaboradores, tanto en la Curia Romana como en las Representaciones Pontificias» (Discurso a la Pontificia Academia Eclesiástica, 11 junio 2012).

[12] Ibíd.

[13] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen Gentium, 18.

[14] «Una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha, con la conciencia de que escuchar “es más que oír”. Es una escucha recíproca en la cual cada uno tiene algo que aprender. Pueblo fiel, colegio episcopal, Obispo de Roma: uno en escucha de los otros; y todos en escucha del Espíritu Santo, el “Espíritu de verdad” (Jn 14,17), para conocer lo que él “dice a las Iglesias” (Ap 2,7)» (Discurso en el 50 aniversario del Sínodo de los Obispos, 17 octubre 2015).

[15] Cf. Lc 12,54-59; Mt 16,1-4; Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 11: «El Pueblo de Dios, movido por la fe, por la cual cree que es guiado por el Espíritu del Señor, que llena el orbe de la tierra, procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos que comparte con sus contemporáneos, cuáles son los signos verdaderos de la presencia o del designio de Dios. Pues la fe ilumina todo con una luz nueva y manifiesta el plan divino sobre la vocación integral del hombre, y por ello dirige la mente hacia soluciones plenamente humanas».

[16] Cf. Carta Pontificia (18 octubre 2017); Comunicación de la Secretaría de Estado (21 noviembre 2017).

[17] Christus Dominus, 9.

[18] Discurso a la Curia romana (21 diciembre 2013); Cf. Pablo VI, Homilía por el 80 cumpleaños (16 octubre 1977): «Sí, Roma he amado, en continua inquietud de meditar y comprender el trascendente secreto, incapaz ciertamente de penetrarlo y vivirlo, pero apasionado siempre, como todavía lo son, de descubrir cómo y porqué “Cristo es Romano” (Cf. Dante, La Divina Comedia, Purgatorio, XXXII, 102) [] vuestra “conciencia romana”, haya de ella, al origen, la nativa ciudadanía de esta Urbe llena de presagios, o la permanencia de domicilio o la hospitalidad allí gozada; “conciencia romana” que aquí tiene virtud de infundir a quien sepa respirarte el sentido del humanismo universal» (Insegnamenti di Paolo VI, XV [1977], 1957).

[19] Sínodo de Obispos, Asamblea General Ordinaria XVLos jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, Introducción.

[20] Por una parte, la unidad que responde al don del Espíritu, encuentra su expresión natural y cargada de significado en la «unión indefectible con el Obispo de Roma» (Benedicto XVI, Exhort. ap. postsin. Ecclesia in Medio Oriente, 40). Y por otra parte, estar incorporados en la comunión de todo el Cuerpo de Cristo, nos hace conscientes de tener que reforzar la unión y la solidaridad dentro de los varios Sínodos patriarcales, ‎‎«privilegiando en ellos el acuerdo en cuestiones de gran importancia para la Iglesia, con vistas a una acción colegial y unitaria» (ibíd.)‎.

[21] Discurso en el encuentro con los Patriarcas de las Iglesias Orientales y los Arzobispos Mayores (21 noviembre 2013).

[22] Junto a los Jefes y Padres, los Arzobispos y los Obispos orientales, en comunión ‎con el Papa, con la Curia y entre ellos, todos estamos llamados «a buscar siempre la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia y la mansedumbre» (cf. 1 Tm 6,11); [a adquirir] un estilo de vida sobrio a imagen de Cristo, que se despojó para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Co 8,9); …  [a la] transparencia en la gestión de los bienes y atención por cada debilidad y necesidad» (Discurso en el encuentro con los Patriarcas de las Iglesias orientales católicas y los Arzobispos Mayores, Sala del Consistorio, 21 noviembre 2013).

[23] Nosotros «vemos a tantos de nuestros hermanos y hermanas cristianos de las Iglesias orientales experimentar persecuciones dramáticas y una diáspora cada vez más inquietante» (Homilía con ocasión del centenario de la Congregación para las Iglesias orientales y del Pontificio Instituto Oriental, Basílica de Santa María Mayor, 12 octubre 2017). «En estas situaciones nadie puede cerrar los ojos» (Mensaje en el centenario de fundación del Pontificio Instituto Oriental, 12 octubre 2017).

[24] Discurso a la Plenaria del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (10 noviembre 2016)‎.

[25] Ibíd.

[26] Discurso a los participantes en la Conferencia Internacional para la paz, Al-Azhar Conference Centre, El Cairo (28 abril 2017).

[27] Ibíd.

[28]«Es mangelt nur an dir: Ach, könnte nur dein Herz zu einer Krippe werden, Gott würde noch einmal ein Kind auf dieser Erden» (Ed. Paulinas, 1989, p. 170 [234-235])