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Abril 27: cuatro nuevos beatos argentinos

Carta del Arzobispo de La Plata sobre los mártires de La Rioja

“Que ellos intercedan también por nosotros, para que nos renovemos en la fe y aceptemos amar con todas las consecuencias”, escribe Mons. Víctor Manuel Fernández, Arzobispo de La Plata, Argentina, ante la inminente beatificación de los mártires riojanos que tendrá lugar el 27 de abril.

Ciudad del Vaticano

“El próximo sábado 27 la Iglesia en Argentina, y toda la Iglesia universal, se alegrará con cuatro nuevos beatos que sufrieron persecución por su compromiso evangélico y murieron en la provincia de La Rioja. Uno de ellos es un laico, padre de familia y trabajador, otro es un religioso franciscano, otro es un sacerdote diocesano y otro el obispo”, escribe Mons. Víctor Manuel Fernández, Arzobispo de La Plata, Argentina, en una carta publicada en la Octava de Pascua y ante la inminente beatificación de los mártires riojanos.

Mons. Fernández explica un breve resumen sobre la vida de cada uno de ellos:

El laico Wenceslao Pedernera

«El laico Wenceslao Pedernera nació en Los Jagüeles (San Luis) el 28 de septiembre de 1936. En Mendoza, donde trabajaba en los viñedos, se conoció con Coca, su esposa, cuyo padre administraba las viñas Gargantini. Fue acercándose a Jesús poco a poco. En la capilla de las Bodegas, un día Jesús revolucionó su corazón y a partir de ese momento comenzó una vida nueva de gracia.

 

 

En ese entonces, se conocieron con Carlos Di Marco y Rafael Sifré, amigos de Mons. Angelelli, líderes de la Acción Católica rural. En 1973, buscando una entrega mayor, se mudó a La Rioja para integrar el movimiento rural diocesano, un proyecto de cooperativismo, de evangelización y de aplicación concreta de la Doctrina Social de la Iglesia. Por ayudar evangélicamente a los humildes trabajadores y campesinos, fue asesinado frente a su mujer y a sus hijas el 25 de julio de 1976, en Sañogasta. En su agonía dijo: “Los perdono”.Que todos los laicos y laicas de nuestra Arquidiócesis lo tomen como ejemplo de compromiso y puedan imitar su entrega hasta dar la vida. Que su sangre derramada nos aliente.

El franciscano Carlos de Dios Murias 

El franciscano Carlos de Dios Murias nació en Córdoba el 10 de octubre de 1945. Realizó sus estudios secundarios en el Liceo Militar General Paz y los universitarios en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Córdoba. En medio de su carrera, sintiéndose llamado por el Señor, ingresó a la orden de los Frailes Franciscanos Conventuales. Profesó solemnemente sus votos en 1971 y recibió la ordenación sacerdotal el 17 de diciembre de 1972 en Buenos Aires. Lo ordenó Mons. Angelelli, a quien conocía desde su juventud. A partir de 1974, acompañó varias misiones populares en la diócesis de La Rioja hasta que, en febrero de 1976, formó parte del Convento de Saldán (Córdoba), viviendo en Chamical (La Rioja,) de cuya parroquia fue nombrado vicario en mayo de ese mismo año.

Se destacó inmediatamente por su servicio evangélico a los más pobres y por el reclamo de justicia ante los atropellos a la dignidad de la persona humana en el contexto de la última Dictadura cívico-militar en Argentina. Frente a las amenazas recibidas decía: “Podrán silenciar la voz de Carlos, pero no podrán silenciar el Evangelio”. El 18 de julio de 1976 fue secuestrado en Chamical y asesinado junto al padre Gabriel Longueville.

El sacerdote Gabriel Longueville

El sacerdote Gabriel Longueville nació el 18 de marzo de 1931 en el pueblo rural de Etables (Francia). Cuando percibió signos concretos de vocación sacerdotal, ingresó en el Seminario Mayor de la diócesis de Viviers donde recibió el sacramento del orden el 23 de julio de 1957. Pero su perfil fue decididamente misionero. Para ello, se preparó en México y luego arribó a Corrientes en 1970. Al año siguiente, comenzó su misión en la diócesis de La Rioja y en 1972 fue designado párroco de la Parroquia El Salvador de la localidad de Chamical. Allí, luego de llevar fructuosamente la Buena Nueva a los pobres, fue secuestrado y asesinado el 18 de julio de 1976. En realidad, se llevaban sólo a Carlos Murias, pero él le dijo: “No te dejo solo, yo voy con vos”. Y así se entregó al martirio. Que la ofrenda de su vida nos estimule a ser más misioneros, a ser capaces de renunciar a muchas cosas para llevar el Evangelio más allá de nuestras comodidades, e incluso a ser capaces de ir a la muerte para no dejar a un hermano abandonado.

El obispo Enrique Angelelli

El obispo Enrique Angelelli nació en Córdoba el 17 de julio de 1923.Se ordenó sacerdote el 9 de octubre de 1949. En 1951, obtuvo la licenciatura en Derecho Canónico por la Universidad Gregoriana. Se formó en los tiempos de renovación teológica y eclesial previo al Concilio Vaticano II. A su regreso a la Argentina, desempeñó una destacable labor apostólica en diferentes ámbitos: capillas, barrios humildes, en la docencia, en el Tribunal Eclesiástico, y como asesor de la Juventud Obrera Católica (JOC). Juan XXIII lo designó obispó auxiliar de Córdoba y recibió la consagración episcopal el 12 de marzo de 1961. En, 1963, se hizo cargo del rectorado del Seminario de Córdoba.

Participó en diversos períodos del Vaticano II como padre conciliar (1962, 1964 y 1965). En 1964, la Iglesia en Córdoba vivió momentos conflictivos; Angelelli renunció al cargo de rector del seminario en 1965 y Mons. Ramón Castellano al arzobispado. Trabajó en diversas áreas y en la Conferencia Episcopal Argentina se destacó, entre otras, su actuación en la COEPAL (Comisión Episcopal de Pastoral).

Amar con todas las consecuencias

El 3 de julio de 1968, fue nombrado obispo de La Rioja. Visitaba con frecuencia las comunidades y llevó adelante en su diócesis la aplicación concreta del Concilio, la promoción humana, la defensa de la dignidad de toda persona, hasta el día de su muerte. Murió el 4 de agosto de 1976, después de recibir amenazas y sabiendo que se acercaba su fin, en un accidente automovilístico provocado en la ruta 38, en Punta de Los Llanos. Fue cuando regresaba a la ciudad de La Rioja del sepelio de los sacerdotes asesinados días antes en Chamical. El 8 de junio de 2018, el Papa Francisco lo declaró mártir junto a sus tres compañeros».

Finalmente, Mons. Fernández concluye pidiendo que estos mártires “intercedan también por nosotros, para que nos renovemos en la fe y aceptemos amar con todas las consecuencias”.


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Argentina: el heroismo de cuatro nuevos beatos sacrificados por la dictadura.

El corazón del Papa en la Argentina de los “cuatro Mártires”

Serán beatos dentro de pocos días el obispo Angelelli y sus tres compañeros asesinados durante los años de la dictadura militar

Muralistas del Grupo Cultural Cruz del Sur pintan murales en las villas miseria de León Suárez para festejar la beatificación de Angelelli y compañeros el próximo 27 de abril (foto © Santiago Barassi)

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Pubblicato il 20/04/2019
Ultima modifica il 20/04/2019 alle ore 18:33
ALVER METALLI
BUENOS AIRES

Todo está listo en la provincia argentina de La Rioja para el «memorable evento» «El himno de los cuatro mártires» ha sido ensayado y vuelto a ensayar por el coro que lo interpretará en la misa de beatificación frente al pueblo que asistirá a la pobre provincia argentina desde todos los rincones del país. Las cuatro cortinas, una para cada uno de los beatos, están en su lugar y serán inauguradas el martes 23 de abril por el nuevo obispo de La Rioja Dante G. Braida. A partir de entonces habrá conferencias, presentaciones de libros, representaciones teatrales, manifestaciones artísticas, proyecciones de películas, conciertos, exposiciones fotográficas inspiradas por y en Angelelli, Murias, Longueville y Pedrenera, obispo el primero, religioso el segundo, sacerdote el tercero y laico el cuarto, para representar idealmente todas las vocaciones ordenadas de la Iglesia católica. Después, la larga vigilia que comenzará alrededor de la media noche del viernes 26 de abril, con la caminata de 7 kilómetros desde las puertas de la catedral hasta el parque de la ciudad, y que concluirá el sábado 27 por la mañana para dejar espacio a la ceremonia de beatificación verdadera, presidida por el cardenal Giovanni Angelo Becciu, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos desde hace poco menos de un año. En nombre del Papa Francisco, evidentemente, que puede ser considerado el gran “patrocinador” de los nuevos veatos argentinos.

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«El Papa Francisco conoció a Angelelli como provincial jesuita y en esos años visitó la diócesis en la que trabajaban algunos sacerdotes de su congregación, algunos de los cuales también sufrieron la persecución y la cárcel en esos días», cuenta Marcelo Colombo, hoy arzobispo de Mendoza y durante mucho tiempo obispo de La Rioja, otro de los grandes promotores de la beatificación que se llevará a cabo dentro de pocos días. Colombo recuerda que «en 2006, en ocasión del 30 aniversario del asesinato de Angelelli, Bergoglio presidió las celebraciones con la participación de muchos obispos y sacerdotes. Su homilía de entonces fue elocuente. Todos la recuerdan con emoción». Fue Bergoglio el que, en calidad de presidente de la Conferencia Episcopal argentina, decretó la creación de una comisión de investigación sobre la vida y la muerte de los cuatro próximos beatos. También se debe a Bergoglio la búsqueda y el envío a los magistrados de dos cartas que el obispo argentino Angelelli llevaba consigo cuando fue asesinado. Algunos días después también se enviaron copias al Vaticano y llegaron a las manos del Papa, quien las envió al tribunal que condenó a la cadena perpetua a los militares Menéndez, Estrella y Vera en febrero de 2013. «En la causa de monseñor Angelelli fue decisiva la incorporación de dos documentos que el Papa nos envió para que los presentáramos ante los tribunales argentinos», afirmó el obispo Colombo.

Su sucesor, el obispo Braida (también nombrado por el Papa Francisco) puso a toda la diócesis de La Rioja en «estado de beatificación» y extendió «a toda la Iglesia en la Argentina la invitación a unirse con el pueblo de Dios para que los testimonios de Angelelli, Wenceslao, Carlos y Gabriel nos impulsen hoy a prestar “un oído al pueblo y otro al Evangelio”», citando una famosa frase atribuida a Angelelli.

También las biografías oficiales de los próximos beatos están listas y serán leídas durante la ceremonia. Resalta el nacimiento francés de Gabriel Longueville, con todo y su servicio militar en Argelia en 1956, que en ese entonces era todavía colonia francesa. Longueville llegó a Argentina en 1968 como misionero y, después de algunos años, se unió, «con convicción», según precisa su biografía, «al proyecto pastoral de monseñor Angelelli». «Trató de conocer y comprender a su grey, visitando los pueblos y los lugares más remotos, animando la organización de la Caritas y el acompañamiento de los más pobres y excluidos». Hasta que fue secuestrado por la policía junto con el sacerdote Murias, y con él asesinado.

Este último tuvo un camino muy diferente en el entorno de Angelelli. Murias abandonó los estudios de ingeniería para comenzar la vida consagrada y, mientras Longeville maduraba la decisión de ir de Francia a Argentina en el fatídico ’68, Murias pronunció la confesión simple como franciscano conventual ese mismo año. El 31 de diciembre de 1971 pronunció la profesión solemne. Después de haber completado la formación filosófica y teológica, el 17 de diciembre de 1972 Murias recibió el presbiterio de manos del obispo Angelelli. En esos años, el joven Murias entró en contacto con las “villas miseria” de la periferia de Buenos Aires, que evidentemente han anunciado grandes festejos populares con motivo de la próxima beatificación. Murias se mudó a La Rioja para establecerse con una comunidad de la Orden de los Frailes Menores Conventuales. El vínculo con Angelelli se fue estrechando, hasta el trágico domingo del 18 de julio: mientras estaba cenando en la casa de las “Monjas de San José”, algunas personas que se presentaron como miembros de la policía se lo llevaron y lo asesinaron por la noche con Longueville.

Wenceslao Pedernera, en cambio, era un padre de familia de origen campesino. La biografía oficial de su beatificación lo presenta como comprometido en el ámbito de las cooperativas rurales y en el “Movimiento rural de Acción Católica Argentina”. Se encontró con el obispo Angelelli durante un curso de formación en la provincia de La Rioja y poco después se mudó con su mujer y sus tres hijas al mismo territorio. Un paso que tuvo consecuencias en su vida. «En Argentina, en ese momento, este servicio a favor del asociarse solidario de los trabajadores era sospechoso y estigmatizado como subversivo, y por este motivo, particularmente después de la instauración de la dictadura militar, Wenceslao recibió diferentes amenazas con sus familiares». Entre el 24 y el 25 de julio de 1976, mientras estaba reposando en su casa, fue atacado por un grupo de hombres armados que lo acribillaron frente a su esposa y sus hijas; gravemente herido, murió pocas horas después en el hospital Chilecito, «pero no antes de haber perdonado a sus asesinos y de pedir a su familia que no odiara».

El más conocido de los cuatro es el obispo Enrique Angelelli. Su decreto de beatificación recuerda que le fue encomendada la guía de la diócesis de La Rioja en julio de 1968, en una de las zonas más pobres de la Argentina. Allí desempeñó su acción pastoral siguiendo las huellas de la opción preferencial por los pobres. La biografía de Angelelli establece una relación estrecha entre el contexto político que se creó después del golpe militar de marzo de 1976 y la persecución que sufrió con sus colaboradores. Hasta el momento fatal del 4 de agosto de 1976, mientras recorría la carretera nacional 38 (ahora llamada “Ruta monseñor Enrique Angelelli”), a la altura de la localidad de Punta de los Llanos, con el falso accidente automovilístico en el que perdió la vida.

El decreto de beatificación firmado por el Papa también recuerda que con el fin de la dictadura hubo un largo proceso penal que emitió una sentencia por parte de los magistrados. La justicia argentina, efectivamente, volvió a abrir el caso en 2010 después de que varios testigos, personas bien informadas, algunos ex militares arrepentidos, y pruebas aplastantes dejaran en evidencia la falsedad de la tesis oficial del accidente automovilístico. El 4 de julio de 2014 una sentencia reconoció «la naturaleza dolosa del accidente, organizado por los que poseían el poder político en la Argentina de esos años».

Hay que subrayar que la figura de Angelelli, según se deduce de los últimos documentos tanto de la Iglesia argentina como en las palabras que serán pronunciadas dentro de pocos días en las celebraciones de La Rioja, tiene una relación explícita con el Vaticano II y se conecta con la tradición post-conciliar latinoamericana que cuenta con momentos de síntesis que se desarrollan a lo largo de medio siglo y que llegan a la Conferencia general de Aparecida de 2017, pasando por figuras como la de monseñor Romero en El Salvador. Angelelli es, pues, situado en la estela de Romero más de lo que sugieren las simples analogías de la muerte violenta y de las denigraciones que sufrieron ambos en vida. A pesar de todo, fue uno de los primeros obispos latinoamericanos asesinados por la violencia política, y su sacrificio ha sido el último en ser reconocido.


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Argentina: el obispo Angelelli fue mártir?

El martirio de Angelelli: he aquí por qué lo asesinaron

Investigación: entre los documentos de la causa de beatificación del obispo argentino asesinado en 1976 está también la carta al nuncio en la que afirmaba haber recibido amenazas de muerte

El obispo Angelelli

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Pubblicato il 30/10/2018
Ultima modifica il 30/10/2018 alle ore 13:32
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

El Papa Francisco lo recordó el pasado 29 de octubre para dar su consejo: «Una oreja para escuchar la palabra de Dios y otra para escuchar al pueblo». El obispo de La Rioja Enrique Angelelli, asesinado en 1976, será beatificado en la ciudad de la que era pastor el próximo 27 de abril de 2019, además de otros dos sacerdotes (un fraile argentino, Carlos de Dios Murias, y el padre francés “fidei donum” Gabriel Longueville) y un laico padre de familia (Wenceslao Perdernera). Todos ellos fueron asesinados en pocos días, durante el verano de 1976, por militares. Mientras las circunstancias del martirio de los dos sacerdotes y del laico que colaboraban con Angelelli no dejan lugar a dudas (fueron asesinados después de haber sido secuestrados y atados de pies y manos, los primeros dos, y agredido por un comando mientras se encontraba en su casa con su familia, el tercero), la muerte del obispo durante mucho tiempo fue considerada un accidente automovilístico. Una “verdad” oficial, del régimen, a la que no creyeron desde el principio muchos fieles de La Rioja, pues había muchos indicios de que se estaba preparando algo nefasto para su pastor, que acabó en el blanco de los militares por su cercanía a los campesinos y por su anuncio evangélico siguiendo las huellas del Concilio Vaticano II y de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Medellín. El padre Jorge Mario Bergoglio lo conoció personalmente en 1973.

 

En los últimos meses han surgido sospechas sobre las circunstancias de la muerte de Angelelli, así como sobre su misión episcopal, que fue obstaculizada por sectores del catolicismo argentino entusiastas de la dictadura militar y alérgicos a ciertas enseñanzas de la Doctrina social de la Iglesia, en relación con la justicia social. Se ha tratado (primero en Argentina y después entre algunos sitios de internet que pertenecen a la galaxia de medios de comunicación anti-Francisco) de disminuir la figura de Angelelli, presentándolo como un “agitador”, un político, un marxista. Lo mismo sucedió, durante muchas décadas, con el nuevo santo Óscar Arnulfo Romero, el arzobispo de San Salvador asesinado en el altar mientras celebraba la Eucaristía.

 

El franciscano conventual Murias y el sacerdote francés Longueville, secuestrados en la base aérea de Chamical, Argentina, el 19 de julio de 1976, fueron torturados, asesinados y sus cadáveres fueron aliados dos días después. Wenceslado Pedrera, organizador del Movimiento Rural Católico, fue asesinado en su casa frente a su esposa y sus tres hijas el 25 de julio de ese mismo año. Su causa de beatificación llegó a Roma en 2015. Pocos días después de su asesinato, el obispo Angelelli (18 de julio de 1923 – 4 de agosto de 2976), al volver de Chamical en donde había celebrado una misa en recuerdo de Murias y Longueville, falleció en un accidente automovilístico, según lo que la policía y el tribunal. Pero en julio de 2015, después de que el Vaticano aportara un documento-clave, un tribunal estatal reconoció que se había tratado de un homicidio y condenó a cadena perpetua al ex general del ejército Luciano Benjamín Menéndez, de 86 años, y al ex comodoro Luis Fernando Estrella, de 82 años, reconociéndolos como los autores intelectuales.

 

A mediados de julio fueron secuestrados los dos sacerdotes de Chamical. Personas que habían mostrado credenciales de la Policía Federal se presentaron en la residencia de las religiosas en donde estaban cenando ambos y se los llevaron. Los convencieron para que los acompañaran diciéndoles que habrían debido testificar por algunos jóvenes encarcelados. Los coches en los que se los llevaron no tenían placas. Las monjas, alarmadas, no denunciara los hechos porque la policía local las convenció de que no era conveniente. Los cuerpos sin vida de ambos fueron encontrados dos días después, el 21 de julio, en un lugar cerca de las vías del tren, a cinco kilómetros del pueblo. Fueron acribillados. Tenían los pies y las manos atadas. Tenían los ojos vendados. Una semana después, el campesino laico Pedernera fue ametrallado en su casa de Sañogasta.

 

El obispo Angelelli reunió testimonios sobre estos homicidios y conservaba consigo, celosamente, la documentación con la cual, se lee en la relación histórica que se encuentra en las actas del proceso de beatificación, quedaba claro el «plan sistemático de represión». Desde el 5 de julio de 1976, pocos días antes de que sus dos colaboradores fueran brutalmente asesinados, el obispo Angelelli escribió una detallada relación al nuncio apostólico en Argentina, Pio Laghi (catalogada en las actas de la causa con el protocolo n. 898/2014 por la Congregación para los Obispos), en la que explicó que el jefe militar Osvaldo Héctor Battaglia obstaculizaba el trabajo pastoral de la Iglesia, humillando al obispo, a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas con todo tipo de vigilancia y secuestros, incluso durante los ejercicios espirituales: «A todos los presos se le hacen las preguntas fundamentales acera de la relación con el obispo, con los sacerdotes, religiosas e instituciones de la Iglesia». Los militares suspendieron la transmisión vía radio de la misa que celebraba Angelelli en la catedral de La Rioja y la sustituyeron con una que celebraba un capellán militar. Los militares obligaron al sacerdote arrestado, el padre Ruíz, a escribir desde la cárcel una carta en contra de Angelelli, quien afirmó: «fue moralmente torturado para que la escribiera».

 

«Estamos permanentemente obstaculizados —escribió Angelelli al nuncio— para cumplir con la misión de la Iglesia. Personalmente, los sacerdotes, las religiosas, somos humillados, requisados y allanados por la policía con orden del ejército. Ya no es fácil hacer una reunión con los catequistas. Todo este proceder surge principalmente del ejército y de la persona del jefe y del segundo jefe: Pérez Battaglia y Malagamba. El jefe de policía, mayor de Césari, al “demorar” a seis religiosas entre las que estaba la Provincial de las Azules, Madre María Eugenia, públicamente se les dijo que eran sospechadas y que el mayor ideólogo marxista era el obispo. (¡ridículo!). Pero hasta esto llegamos. Me aconsejan que se lo diga: nuevamente he sido amenazado de muerte. Al Señor y a María me encomiendo. Sólo se lo digo para que lo sepa», pero considerar estos hechos «no significa que no debamos mirar todo desde la Fe y con una gran paz interior y con esperanza cristiana». Hay que notar el fragmento en el que Angelelli se refiere a las amenazas de muerte y explica al nuncio apostólico que no eran las primeras que recibía.

 

«No es una novedad lo que informo —se lee en la relación del obispo a monseñor Laghi—, pero es una realidad dolorosa de la que me duele muchísimo. Nuestra cárcel está repleta de detenidos. Personas honorables; padres de familia; gente sencilla, están dentro muchos de ellos por el solo “delito” de ser miembros fieles y conscientes de la Iglesia […] Una novedad para La Rioja: se tortura asquerosamente. Quiero volver a un asunto del que le hablé la última vez: la misión de la Vicaría Castrense, en estas circunstancias que vivimos y las relaciones con la diócesis. Después de la entrevista con el general Menéndez y el general Vaquero en el Comando del III Cuerpo del Ejército en Córdoba, comprendí lo que significa que nuestros militares se sientan “cruzados de la fe” y sientan que hay que unir cruz y espada para matar a los enemigos de Dios y de la Patria. Me lo dijo con esas palabras y convencido, en una conversación amable. Señor nuncio, ¡pensemos a tiempo todo esto para no tener que lamentar consecuencias dolorosas en un futuro muy próximo! ¡No quiero pintar negro el horizonte!».

 

Desgraciadamente Angelelli no estaba pintando de negro el horizonte, sino simplemente anunciando (y no había que ser profeta para hacerlo) lo que estaba por suceder. E indicaba nombre y apellido de los autores intelectuales. En otra carta al nuncio, del 27 de julio, el obispo informó al representante del Papa sobre los asesinatos de los dos sacerdotes y del laico, hablando, a pesar de todo, de «paz y esperanza». Pero también añadió: «Se está investigando. Creo que necesitamos garantías para que tenga resultado positivo. Juzgo que obstaculizarán determinados intereses para que no camine». En esa misma carta, Anglelelli pidió un encuentro con el nuncio, para «brindar más elementos de juicio». No habría tenido la posibilidad para reunirse con Laghi, pues su vida estaba por ser troncada, y los documentos que había reunido fueron secuestrados por los militares.

 

El 27 de julio de 1976, el padre Giorgio Morosinato, Custodio Provincial de los conventuales, escribió al Ministro general de la Orden, escribió una carta al Ministro General de la Orden, el padre Vitale Bommarco, sobre el asesinato de los dos sacerdotes. El documento fue encomendado a la nunciatura apostólica de Buenos Aires para que llegara a Italia sin ser interceptada: «No tenemos dudas de que el doble delito fue perpetrado directamente o mediante mercenarios por la extrema derecha», ni de que quien asesinó «ha obrado con la protección o el favor de la policía local. El pueblo repite unánimemente que todo es obra de dos altos oficiales dela base de Chamical». En relación con los homicidios, el padre Morosinato, después de haber hablado con Angelelli, escribió: «No pudiendo, por muchas razones, golpear directamente a la persona del obispo local, toman represalias contra alguno de sus ayudantes. EL obispo ha tenido serias dificultades con dos oficiales de la Base de Chamical por motivos religiosos y de jurisdicción. Además, el clero indicaba que tanto la policía como el ejército consideran a Mons. Angelelli y al clero de izquierdas o directamente comunistas».

 

Otra de las razones que cita el superior franciscano en su texto, que ahora pertenece a los documentos de la causa, es la «venganza en contra de los dos sacerdotes» y «particularmente contra el padre Carlos, que siempre, en público y en privado, defendía al obispo y, sin medias tintas, predicaba el Evangelio según la actualización proclamada por el Vaticano II y por Medellín». También se quería «dar una lección al clero argentino que no se encontraba en la sintonía política impuesta por este nuevo gobierno. Se pretende on estos dos asesinatos cerrar las bocas. Por supuesto, ni el padre Carlos ni el padre Gabriel Longueville pertenecían a la izquierda, ni usaban armas. Además, el padre Carlos había participado con el papá en varias campañas electorales a favor del partido radical (partido del centro). Es más, se puede decir que eran anti-comunistas. Examinando la actividades de los dos sacerdotes, su predicación (el padre Carlos dejó escritas todas sus prédicas dominicales de estos últimos meses), el obispo y el clero local hemos concluido, reunidos todos en Chamical, que los dos sacerdotes, fueron martirizados porque no tuvieron miedo de predicar el Evangelio como la Iglesia y el Papa quieren que sea predicado hoy y por haberse puesto de la parte de los humildes que no tienen ninguna posibilidad de hacerse escuchar. Y esto explica por qué el gran afecto que la gente de Chamical nutría por sus dos sacerdotes y por qué ahora los siente como santos y protectores. Todo nos hace sospechar que la persecución continuará».

 

Angelelli escribió al nuncio Pio Laghi sobre las amenazas de muerte que había recibido. Después de los brutales homicidios de julio de 1976, perpetrados contra personas cercanas a él, se dio cuenta de que las amenazas eran inminentes y las había aceptado. El entonces vicario, el padre Arturo Pinto, al describir los últimos días de vida del obispo indicó que estaba consciente de ser el próximo en la lista de los militares y, al mismo tiempo, su determinación a no escapar o establecer acuerdos, según expresó el mismo obispo en una reunión del 3 de agosto de 1976: «En esa reunión, quienes estábamos, le insistimos que tomara distancia porque teníamos miedo por su vida, a lo que él contestó, entre otras cosas: “El pastor no abandona a sus ovejas… A mí me buscan y me encontrarán”» (“Summarium Testium Angelelli”, teste XXIII, § 186).

 

Sor Angélica dos Santos se reunió con Angeleli durante los últimos días de julio y los primeros de agosto de 1976. Su testimonio, en las actas de la causa, confirma lo que afirmó Pinto: «en esos días precedentes, en una oración de Laudes que se prolongó mucho, al final él hizo un círculo-espiral que mostraba que estaba por tocarle finalmente a él, después de los curas. Como el apóstol Pedro, yo me negaba a aceptar esa posibilidad. Él, como Jesús, me reprochó duramente […] Le dijeron la noche anterior: “Prelado, deje La Rioja, tome un colectivo y váyase a Córdoba”. Pero él no quiso. “Si persiguen a las ovejas, el pastor no puede huir”». También el padre Sebastián Antonio Glassman estaba en esa reunión y confirmó estos detalles, añadiendo que Angelelli recomendó a todos la necesidad de seguir ofreciendo testimonio de los valores evangélicos con valentía, pero al mismo tiempo con la necesaria prudencia: «a nosotros nos aconsejó prudencia, no provocar, no hacernos los héroes, cuidad a nuestro pueblo, no hablar demasiado, porque la gente sabía lo que éramos, pensábamos y no necesitaba que nos hiciéramos los profetas». El padre Miguel Ángel López, como otros testigos citados, confirma plenamente la conciencia del obispo de ser el objetivo principal de los militares después de los asesinatos de los dos sacerdotes y del laico. Otro testigo, Miguel Argentino Pérez Gaudio, cita otras palabras de Angelelli: «Era valiente. “Mirá, Miguel, no sé para cuánto tengo, me van a matar”, llegó a decírmelo». «Nos parece que las afirmaciones de los testigos —se lee en la “Positio”— no dejan lugar a ninguna duda legítima sobre la disponibilidad del Siervo de Dios a dar la sangre por amor de Cristo».

 

El 3 de agosto, Angelelli se reunió con sus más cercanos colaboradores y, según lo que recordó Pinto, expresó ser consciente de que su destino ya estaba marcado: «En esta reunión, quienes estábamos, le insistimos que tomara distancia porque teníamos miedo por su vida […] Y dijo: “Ahora me toca a mí”». En el ámbito de la misma reunión, el obispo pidió al entonces sacerdote Pinto que lo acompañara de vuelta a su sede. Los eventos del día siguiente fueron descritos con bastante precisión por el testigo. Este último indicó que revisó muy bien todo antes de salir y se aseguró de que el vehículo estuviera en buenas condiciones. Por lo tanto, después de haber almorzado en la casa de algunas religiosas, hacia las 15 él y Angelelli decidieron ponerse en marcha. Considerando la situación, tomaron un camino para evitar cualquier contacto con la entrada de la CELPA (“Centro de Ensayo e Lanzamiento de Proyectiles Autopropulsadosˮ, unidad operativa de las fuerzas aéreas argentinas en La Rioja, que en esa época estaba bajo el comando de Luis Fernando Estrella y Lázaro Aguirre). Al llegar a Punta de los Llanos, a 32 kilómetros de Chamical, se verificó el accidente: «Pasado el paraje mencionado de Punta de los Llanos […] vi sorpresivamente —afirmó Pinto— como un segundo vehículo de tamaño mediano y color claro que nos daba alcance y de manera brusca y rápida nos cerraba el paso. En ese momento alcancé a escuchar un gran reventón perdiendo el conocimiento, que recobré al día siguiente cuando salía del hospital de Chamical hacia Córdoba».

 

Los documentos que el obispo llevaba consigo nunca fueron encontrados. En el juicio penal instruido a finales de diciembre para esclarecer los hechos testificó también Rodolfo Peregrino Fernández, secretario privado del entonces ministro del Interior Albano Harnguindeguy. Fernández afirmó que dos días después de la muerte de Angelelli los documentos en cuestión fueron llevados al Ministerio del Interior, en Buenos Aires y que allí se depositaron como documentos reservados.


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Argentina: intolerable difamación contra Mons. Angelelli

Angelelli beato, el mártir que aún “molesta a los poderosos”

Al cumplirse 42 años del asesinato de Enrique Angelelli reaparecen en Argentina duros ataques contra su figura y acusaciones contra el Papa por autorizar su beatificación con un objetivo “político-ideológico”. El obispo Marcelo Colombo replica: Su figura “molestó y molesta a los poderosos”

El opispo Enrique Angelelli

Pubblicato il 04/08/2018
Ultima modifica il 04/08/2018 alle ore 11:55
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

“Angelelli de ninguna manera constituye el modelo de ejemplaridad cristiana que la Iglesia exige para iniciar un proceso de canonización”. Una sentencia neta, que sorprendió y causó indignación entre los obispos argentinos en los últimos días. No provino de un experto en derecho canónico, ni de un teólogo. Fue el núcleo de la editorial en un conocido diario, que con especial rudeza cuestionó directamente al Papa por autorizar “una beatificación de tono político-ideológico”. Al cumplirse exactamente 42 años del asesinato del histórico pastor de La Rioja, el 4 de agosto de 1976, y en la víspera de su reconocimiento como mártir, el artículo fue interpretado como una afrenta a la Iglesia toda y un intento por menguar su cualidad profética en un escenario político borrascoso en el país. Por eso, el obispo Marcelo Colombo, todavía administrador de la misma diócesis, replicó: “¿No será mucho, señores? ¿Tanto les molestamos?”.

 

“¿No deberían ocuparse de los problemas reales del país, de las víctimas de los que juegan con la especulación financiera y nos despojan del futuro? ¿No deberían preocuparles las cortinas de humo que desde los espacios de poder económico y político, cada día nos apartan de la realidad para enfrascarnos en nuevas y más cínicas grietas que debilitan a este alicaído cuerpo social? Ojalá este periodismo recupere la cordura y la objetividad”, cuestionó el todavía administrador diocesano de La Rioja.

Un desfogo y una respuesta al artículo publicado por el diario La Nación en su edición del 30 de julio. Un texto sin firma, que manifestó así la postura de la publicación toda. La nota, en realidad bastante corta, cuestiona al mismo tiempo los procesos judiciales y los procesos eclesiásticos. Intenta, aportando escasos datos, cuestionar la versión de que la muerte de Angelelli en un extraño accidente automovilístico en el inhóspito paraje riojano de Punta de los Llanos no fue producto de una acción organizada por los militares.

 

 

Pero, lo que más molestó a la Iglesia argentina, fue el determinismo con el cual se aseveró que el obispo no fue “mártir por defender la fe”. Lo acusaron de tener una “activa y probada” vinculación con la organización terrorista Montoneros. Y para certificar esas declaraciones, publicó una peculiar foto en la cual él habría estado “oficiando misa” con un cartel de la agrupación a sus espaldas.

 

Este detalle resulta sugestivo. Porque la editorial no indica ni fecha, ni lugar, ni circunstancias o contexto de esa imagen borrosa en blanco y negro, que parece sacada de alguna publicación, porque incluye un pie de foto con la frase: “Monseñor Angelelli bendijo la Sala y elogió el esfuerzo de los compañeros peronistas”. No se aporta la información que permita situar la escena en tiempo y espacio.

 

Las explicaciones no son aspecto secundario. Porque, para quienes no conozcan a fondo la historia argentina, es necesario recordar que Montoneros no siempre fue una organización clandestina. Tampoco se puede olvidar que surgió en el seno de la misma Iglesia católica. Se extendió con tanta fuerza a nivel nacional que, en su apogeo, llegó a tener decenas de miles de miembros entre sus filas. No en todas las provincias argentinas sus líderes operaban de la misma manera, y en muchos ambientes católicos no era considerado incongruente, por ejemplo, ser catequista y montonero. Es fue caso de Pedro Corzo, dirigente de la unidad básica del Barrio 4 de Junio en La Rioja, fallecido hace apenas unos años atrás.

 

Conocedores de la historia revelaron al Vatican Insider que el acto en cuestión habría sido la inauguración de una salita de salud en 1973, poco tiempo después de la elección de Carlos Saúl Menem como gobernador de la provincia. Las fuentes recuerdan que, para entonces, Montoneros no sólo era legal sino que era la “cenicienta” entre las organizaciones peronistas. Y agregan que el grupo volvió a la clandestinidad tras el famoso episodio durante el cual Juan Domingo Perón echó a sus militantes de la Plaza de Mayo de Buenos Aires al grito de “imberbes”, el 1 de mayo de 1974. De todas maneras, tampoco se puede probar un vínculo estable, preciso y extendido en el tiempo de Angelelli con el grupo.

 

Una opinión distinta se hizo Juan Aurelio Ortiz, que todos conocen como Alilo, sacerdote e historiador riojano. En una nota directamente cuestionó la veracidad de la fotografía del obispo exhibiendo algunos particulares incongruentes. “¿En qué quedamos, oficiando una misa o bendiciendo una sala? ¿Da lo mismo decir Montoneros que peronistas? ¿No se enteraron que a las fotos se las puede truchar? De las toneladas de fotos que vi nunca aparece Angelelli vestido de esa manera, con un rosario que le llega hasta la cintura”, escribió.

 

Y agregó: “Seré un ‘cabecita negra’, pero entiendo lo que leo. ¿En qué fecha se desarrolló el acto? ¿En qué lugar? ¿Por qué no aprovecharon para consignar por lo menos una frase de Angelelli ‘proponiendo un modelo violento y sectario’? Era una ocasión más que propicia para probar lo que sostienen. ¿Por qué omiten estos datos tan elementales en todo buen periodista? En todo caso, la afirmación de ‘subversivo’ me recuerda que también a Jesucristo le echaron en cara que comía con los pecadores”.

 

Efectivamente la foto es extraña. O se podría decir las fotos, porque existen al menos dos que circulan por internet. La publicada por La Nación solo muestra al obispo y el cartel de fondo. Pero una segunda, que evidenciaron otros medios también críticos, aporta datos significativos. En esta se puede ver a Angelelli rodeado por muchos niños. Algunos de ellos muy pequeños, de hasta 10 años o menos, todos sentados en el suelo y vestidos de gala. Convenientemente, a ninguno de los presentes se le puede identificar el rostro, todo está demasiado difuminado, salvo la inscripción de Montoneros que si aparece enfocada. Una escena que dista mucho de la bendición a un grupo listo para salir a empuñar las armas terroristas.

 

Sea como sea, las afirmaciones del periódico de Buenos Aires causaron “sorpresa e indignación” en el pueblo fiel de La Rioja, expresadas a través del obispo Colombo, que se alista a asumir la Arquidiócesis de Mendoza. Por eso no quiso quedarse callado y redactó una respuesta.

 

“Sin ningún fundamento, con afirmaciones altisonantes, carentes de sustento salvo el odio y la búsqueda permanente del descrédito de la Iglesia, el autor anónimo de este editorial que atribuiremos por tanto al mismo diario en la persona de su director, menosprecia el rigor jurídico de la justicia humana que en sucesivas intervenciones”, escribió. Y cuestionó directamente a La Nación que “todo lo sabe y todo lo juzga porque es la medida absoluta de la objetividad y la independencia periodística al punto de ‘tener la justa’ inclusive en materia canónica”.

 

“Enrique Angelelli, pastor de tierra adentro, molestó y molesta a los poderosos. Su palabra sencilla y sincera, nacida del evangelio, preocupaba y preocupa a quienes quieren disciplinar a la Iglesia de Jesucristo para que responda a sus intereses y tranquilice sus conciencias, de quienes entonces pretendieron acallar la voz del pastor y ahora ensucian su memoria y buscan paralizar las energías de una Iglesia en salida, dispuesta a caminar con paso firme, sin negar sus errores y fragilidades, para llegar a todos los hombres y mujeres, especialmente los más pobres y excluidos”, añadió.

 

Tras el mensaje de Colombo, se multiplicaron las muestras de solidaridad de diversos obispos, sacerdotes y grupos, como la Acción Católica Argentina. “(A Angelelli) lo quisieron silenciar con amenazas y con la muerte. Solo lograron transformarlo definitivamente en un profeta que desborda los límites de su diócesis y de nuestra patria, cuya voz seguirá resonando en todos los rincones de América Latina”, indicó una declaración del obispado de Quilmes.

 

“(Rechazamos) una mirada tan sesgada como la que propone el artículo editorial citado, donde se cuestiona por un lado el proceso civil-penal, y por otro la rigurosidad del proceso canónico que llevó al papa Francisco a declarar beato al padre obispo Enrique Angelelli”, añadió Miguel Ángel D’Annibale, obispo electo de San Martín y administrador apostólico de Río Gallegos.

 

Monseñor Angelelli será declarado mártir en los próximos meses, seguramente en noviembre aunque la fecha todavía no es oficial. En la misma ceremonia serán beatificados también los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville, y el laico Wenceslado Pedernera, todos asesinados en aquellos meses de 1976.


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Mons. Angelelli y otros tres mártires de la dictadura argentina.

Argentina: Angelelli será beato, el Papa aprobó el decreto

Francisco dio luz verde para reconocer como mártir al histórico obispo de La Rioja junto con sus compañeros: Carlos Murias, Gabriel Longueville, Wenceslao Pedernera, asesinados durante la última dictadura militar argentina

Monseñor Angelelli

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Pubblicato il 08/06/2018
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

Monseñor Angelelli será beato. En las últimas horas, el Papa Francisco aprobó el decreto con el cual reconoce su martirio “en odio a la fe”. Así, dio luz verde para su elevación al honor de los altares junto a sus compañeros en la diócesis de La Rioja: los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville, el laico Wenceslao Pedernera. Todos ellos asesinados en un tiempo oscuro de la historia argentina: la última dictadura militar (1976-1983). Aún no está definida la fecha de beatificación, pero existe la propuesta del mes de noviembre.

 

La noticia se la comunicó el propio pontífice a Marcelo Colombo, todavía obispo de La Rioja, con una llamada telefónica. “En sus palabras cálidas y paternales, al comunicarme esta hermosa novedad, el santo padre Francisco me animó a comenzar cuanto antes los trabajos preparatorios para la oportuna beatificación”, reveló el clérigo, en una carta dirigida a todos los fieles de su diócesis este mismo 8 de junio.

 

El Papa estaba contento, emocionado. De ahí el gesto de la comunicación directa, cuando este tipo de noticias corren por cuenta de la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano. Pero Jorge Mario Bergoglio tiene especial aprecio por Enrique Angelelli (1923-1976), a quien conoció como jesuita y con quien tuvo varios contactos hasta su muerte, el 4 de agosto de 1976, en el paraje Punta de Llanos, en la ruta nacional 38 a la salida de la localidad riojana de Chamical.

 

Ese día, junto al padre Arturo Pinto, el obispo regresaba tras haber celebrado una misa en homenaje, justamente, de Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, asesinados poco tiempo antes, en el mes de julio, en la misma zona. Por eso, desde hace muchos años, los lugareños los conocen como los “mártires de Chamical”. De ahí la decisión del propio obispo Colombo de pedir al Vaticano procesar todos los expedientes como una única causa.

 

Paradójicamente, las primeras causas de beatificación iniciadas formalmente de ese grupo fueron las de Murias y Longueville. Después vino la de Angelelli, y la de Pedernera, un líder obrero y activo laico católico, asesinado de 20 balazos por cuatro encapuchados en la madrugada del 25 de julio de 1976. Coca, su mujer, y sus hijas María Rosa, Susana y Estela fueron testigos presenciales del homicidio.

 

Aquellos cuatro homicidios se inscribieron en un mismo contexto histórico y político, fueron parte de un plan para desarticular una Iglesia en salida, capaz de colocarse del lado de los jornaleros explotados en esas tierras. Con un obispo de voz profética, que cuestionaba sin temor las injusticias y los excesos del régimen. Por eso, tras su muerte, Angelelli se convirtió en una figura emblemática para el pueblo, pero también incómoda para cierto establishment argentino.

 

El próximo 4 de agosto se cumplirán 42 años de la muerte del obispo. Para esa fecha ya se tiene lista una ceremonia especial dedicada a los mártires, para “para celebrar la vida que nos viene del señor y que en Enrique, Carlos, Gabriel y Wenceslao fue entregada por amor a Dios y a los hombres”, según señaló el obispo Colombo. En su carta recordó también que el 24 de agosto se cumplirán 50 años del inicio del ministerio pastoral de Angelelli en La Rioja, en 1968.

 

“Muy conmovido de poder darles este anuncio tan esperado, agradezco a Dios que nos ha permitido como diócesis y junto a los Frailes Franciscanos Conventuales, acompañar este proceso canónico que puso de relieve la nobleza de la entrega de nuestros mártires, testigos con su sangre del Reino de Dios”, indicó.

 

Y agregó: “En las próximas semanas podré comunicarles más detalles de la ceremonia de beatificación que compromete desde ya nuestra oración. ¡Dios bendiga a La Rioja y a su Iglesia! ¡Dios bendiga al pueblo riojano! Los abrazo y bendigo en Jesús, nuestro niño alcalde y buen pastor”.

 

Después de esta primera noticia, recibida desde Roma, se debe avanzar en la ceremonia de beatificación. Todavía el Vaticano no tiene una decisión tomada, pero desde La Rioja quieren proponer el próximo mes de noviembre. Las posibilidades se deben dialogar, también considerando que, para esas fechas, ya habrá asumido su cargo el nuevo prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos: Giovanni Angelo Becciu. Esta podría ser, quizás, su primera ceremonia de beatificación y si se mantiene el protocolo, resultaría natural que él fuese enviado como representante del Papa para encabezar la ceremonia.

 

Otro aspecto que no se debe desdeñar es el lugar y la logística, porque ya se piensa en un sitio con capacidad para acoger a una multitud venida, incluso, de diócesis vecinas. De Córdoba especialmente, donde Angelelli transcurrió buena parte de su vida sacerdotal. La ciudad de La Rioja se presenta como la alternativa viable, por accesos y desarrollo.

 

Todos estos aspectos desvelarán al obispo Colombo, justo al final de su servicio en esa provincia ya que, el 9 de agosto, se trasladará a Mendoza para asumir allí una arquidiócesis por voluntad del Papa Francisco.


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Nuevos santos y beatos, entre ellos Mons. Angelelli

Mons. Enrique Angelelli, Obispo argentino asesinado el 4 agosto de 1976Mons. Enrique Angelelli, Obispo argentino asesinado el 4 agosto de 1976 

Mons. Enrique Angelelli pronto será proclamado Beato

El Papa Francisco autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos promulgar el Decreto que reconoce el martirio de los Siervos de Dios Mons. Enrique Angelelli, Obispo de La Rioja, Gabriel Joseph Roger Longueville, Carlos de Dios Murias y Wenceslao Pedernera.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

La Oficina de Prensa de la Santa Sede informó que, este 8 de junio de 2018, el Santo Padre recibió en audiencia al Cardenal Angelo Amato, S.D.B., Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

Durante la audiencia, el Papa Francisco autorizó a la misma Congregación, promulgar los Decretos relativos al milagro atribuido a la intercesión del Beato Nunzio Sulprizio, laico; nacido en Pescosansonesco (Italia) el 13 de abril de 1817 y fallecido en Nápoles (Italia) el 5 de mayo de 1836.

Asimismo, se autorizó promulgar el Decreto del milagro atribuido a la intercesión de la Venerable Sierva de Dios María de la Concepción Cabrera de Armida Arias, laica y madre de familia; nacida en San Luis Potosí (México) el 8 de diciembre de 1862 y fallecida en Ciudad de México (México) el 3 de marzo de 1937.

Como también se reconoce el milagro atribuido a la intercesión de la Venerable Sierva de Dios María Guadalupe Ortiz de Landázuri y Fernández de Heredia, laica, de la Prelatura Personal de la Santa Cruz y  del Opus Dei; nacida en Madrid (España) el 12 de diciembre de 1916 y fallecida en Pamplona (España) el 16 de julio de 1975.

Por último, se autorizó la promulgación del Decreto que reconoce el martirio de los Siervos de Dios Enrique Ángel Carletti Angelelli, Obispo de La Rioja, Gabriel Joseph Roger Longueville, sacerdote diocesano, Carlos de Dios Murias, sacerdote profeso de la Orden de los Hermanos Menores Conventuales, y Wenceslao Pedernera, laico y  padre de familia, asesinados por  odio a la fe en Argentina en 1976.

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Argentina: aniversario del asesinato de Mons. Angelelli

  ARGENTINA – Un 4 de agosto fue asesinado Mons. Enrique Angelelli, el obispo de los pobres

La Rioja – El 4 de agosto de 1976, el padre Arturo Pinto y Mons. Angelelli mientras regresaban de una celebración en honor de dos sacerdotes asesinados. A lo largo de la carretera hacia Córdoba, dos coches se acercaron chocando contra ellos. El padre Pinto, único testigo de lo sucedido, comunicó que, al despertarse, encontró al obispo asesinado con varios disparos en la cabeza. Durante años, la muerte de Angelelli fue enmascarada como un accidente automovilístico. Solo en el 2009 las cosas cambiaron porque ese año se reabrió el caso.
41 años después de su muerte, la comunidad recuerda sus palabras: “hay que tener el oído atento, siempre puesto a lo que dice el Evangelio y a lo que dice el pueblo”.Mons. Enrique Angelelli , obispo de la diócesis de La Rioja, era uno de los obispos más conocidos del País, contrario a la dictadura. Murió en un accidente de automóvil simulado, poco después de instaurarse la dictadura militar. Tras 38 años, el 4 de julio de 2014, fueron condenados a cadena perpetua dos altos mandos del ejercito por el homicidio del obispo. Durante décadas las autoridades sostuvieron que su muerte fue un accidente. En 2015 se abrió la fase diocesana de su causa de beatificación .