Loiola XXI

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Argentina: aniversario del asesinato de Mons. Angelelli

  ARGENTINA – Un 4 de agosto fue asesinado Mons. Enrique Angelelli, el obispo de los pobres

La Rioja – El 4 de agosto de 1976, el padre Arturo Pinto y Mons. Angelelli mientras regresaban de una celebración en honor de dos sacerdotes asesinados. A lo largo de la carretera hacia Córdoba, dos coches se acercaron chocando contra ellos. El padre Pinto, único testigo de lo sucedido, comunicó que, al despertarse, encontró al obispo asesinado con varios disparos en la cabeza. Durante años, la muerte de Angelelli fue enmascarada como un accidente automovilístico. Solo en el 2009 las cosas cambiaron porque ese año se reabrió el caso.
41 años después de su muerte, la comunidad recuerda sus palabras: “hay que tener el oído atento, siempre puesto a lo que dice el Evangelio y a lo que dice el pueblo”.Mons. Enrique Angelelli , obispo de la diócesis de La Rioja, era uno de los obispos más conocidos del País, contrario a la dictadura. Murió en un accidente de automóvil simulado, poco después de instaurarse la dictadura militar. Tras 38 años, el 4 de julio de 2014, fueron condenados a cadena perpetua dos altos mandos del ejercito por el homicidio del obispo. Durante décadas las autoridades sostuvieron que su muerte fue un accidente. En 2015 se abrió la fase diocesana de su causa de beatificación .

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El asesinato de Mons. Jaramillo, próximo beato.

LAS ÚLTIMAS HORAS DE VIDA DEL OBISPO QUE EL PAPA BEATIFICARÁ EN COLOMBIA. Monseñor Emilio Jaramillo fue secuestrado y asesinado por el ELN en 1989

El futuro beato con Juan Pablo II

El futuro beato con Juan Pablo II

Monseñor Jesús Emilio Jaramillo sabía que la situación con la guerrilla en Arauca estaba tensa y que el El miraba a los sacerdotes con recelo, pero a pesar de eso decidió hacer un recorrido evangelizador por la zona del Sarare. Y le costó la vida, el 2 de octubre de 1989. Fue asesinado con impactos de fusil en la espalda y en la cara y su cuerpo fue arrojado a la orilla de una trocha. Por eso el Papa Francisco acaba de reconocer el martirio de este obispo que será beatificado en septiembre próximo durante la visita papal.

El último día de vida de monseñor Jesús Emilio Jaramillo comenzó la mañana del domingo primero de octubre cuando el obispo, acompañado del padre Helmer Muñoz –quien era su asistente–, otro sacerdote, un seminarista y una monja, llegaron a Puerto Nidia, un caserío donde celebró la misa. Luego de almorzar, hacia las 2:30 de la tarde salieron en un campero hacia Fortul. Habían recorrido cerca de hora y media por una carretera destapada cuando llegaron hasta el río Caranal. Ahí, justo antes de pasar el puente de tablas, había tres hombres vestidos de campesinos, dos de ellos con armas largas. Hicieron detener el vehículo.

“Preguntaron “¿quién es Jesús Emilio Jaramillo?” y monseñor, sin titubear, dijo: ‘Soy yo’ “, contó el padre Muñoz.

Según su relato, los bajaron del carro y a la monja, el sacerdote y el seminarista les dijeron que se fueran para Fortul y les contaran a las autoridades que el obispo quedaba secuestrado por el Eln para enviar un comunicado. Al padre Helmer lo dejaron para que siguiera manejando.

“Dos de ellos se hicieron en la parte de atrás y a monseñor lo hicieron sentar en el medio. El tercero se hizo adelante”, relató el religioso. El carro comenzó a recorrer el extenso territorio del Sarare hasta que la noche comenzó a caer. El camino se hizo más difícil y el paso más lento. Y el temor de los religiosos aumentó. En un momento, monseñor sacó su rosario y comenzó a rezar. El padre Helmer les preguntó a los guerrilleros si creían en Dios. “Uno de ellos me contestó: ‘Para mi Dios es esto’, y mostró el arma”, relató el sacerdote.

Cuando ya eran como las 7 de la noche, hicieron detener el carro en un paraje rural en el sector de Santa Isabel. Le dijeron al obispo que se bajara, pero el padre Helmer insistió en acompañarlo, pues monseñor no veía bien de noche.

“Pero uno de los que estaba atrás me dijo: ‘Quédese usted, nosotros nos lo llevamos y vuelva en dos horas por él’, pero yo insistí en quedarme. “Entonces uno de ellos, uno alto, moreno, me dijo: ‘Se va a las buenas o a las malas’, por lo que monseñor me pidió que me fuera. Me puso la mano derecha sobre mi hombro y me dijo: ‘Hablemos un poquito’. “Nos hicimos a un lado mientras los hombres nos apuntaban. Me dijo: ‘Reconciliémonos, pongámonos en presencia del Señor y que se haga su voluntad’. Nos absolvimos mutuamente. “En voz baja me dijo que me alejara para que no se complicaran las cosas. “Las llaves del carro las habían tirado en un arenero, así que tuve que buscarlas. Y cuando ya me había subido al carro uno de ellos me dijo que mejor no viniera en dos horas, sino al otro día”, siguió con su relato el sacerdote. En ese momento el desenlace parecía evidente.

“Entonces monseñor les dijo: ‘Respeten a mi muchacho, respétenle la vida a mi muchacho, yo respondo por los sacerdotes”, contó.

El padre regresó a Caranal y pasó la noche dentro del carro. A la mañana siguiente madrugó de nuevo a la trocha. Llegó al sitio en donde lo había dejado la noche anterior. “Caminé como 50 metros y lo encontré al lado derecho de la carretera, destrozado totalmente”, siguió con su relato el padre. “Lo encontré boca arriba, cuando traté de mover el cuerpo se le salió parte de la masa encefálica. Tuve que envolverlo con mi estola, con los utensilios de la eucaristía”, contó el testigo.

Para él, el obispo fue asesinado como una hora después de que se separaron. “El primer tiro fue por la espalda y le fracturaron el brazo derecho, un tiro de costado, y el otro fue en la cara, fue con arma larga, según dijeron los expertos”, explicó Muñoz. El anillo episcopal no lo tenía, se lo habían llevado, y la cadena del pectoral estaba destrozada. Tras rezar un momento, cubrió el cuerpo con unas ramas, pues ya el sol acosaba la sabana y no quería que alguien lo viera así.

Regresó a Caranal a buscar al inspector de policía para hacer el levantamiento. Como no estaba, esa tarea la realizó la junta comunal. El cuerpo del obispo fue puesto en una camioneta y llevado hasta la inspección de La Esmeralda. Allí, en el centro asistencial del lugar, el cuerpo del obispo fue limpiado. En un helicóptero militar fue llevado hasta Arauca.

Sobre las razones del asesinato, el padre Helmer asegura que a monseñor Jaramillo lo consideraban cercano a la Mannesmann (multinacional que construyó el oleoducto Caño Limón-Coveñas), y que los curas obtenían las ganancias de las obras que hacía esa empresa. Pero también que trabajaba la plata que el Gobierno destinaba para los profesores a través del programa Educación Contratada. Y que le dolían las muertes de los soldados, pero no la de las demás personas.

“La beatificación de monseñor Jaramillo le va a traer muchas bendiciones a Arauca, incluso bendiciones a quienes despotricaron de él –que no fueron pocos– y que fueron los que llevaron con sus documentos y sus informaciones a la guerrilla en contra de monseñor”, concluyó el padre Helmer.


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Cuatro nuevos Beatos en España.

Beatificados en Madrid cuatro monjes benedictinos asesinados por odio a la fe durante la Guerra Civil

(RV).- Cuatro monjes benedictinos fueron beatificados en Madrid, en la catedral de la Almudena este 29 de octubre en un ceremonia que presidió el Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Se trata de José Antón Gómez, Antolín Pablos Villanueva, Rafael Alcocer Martínez y Luis Vidaurrázaga González, quienes fueron martirizados durante la Guerra Civil Española.

Fue el pasado mes de abril cuando el Santo Padre Francisco firmó el decreto de beatificación de los mártires benedictinos del monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos) quienes fueron asesinados por odio a la fe en 1936. Los cuatro monjes residían en el priorato de Santa María de Montserrat, en la calle San Bernardo 79, que el monasterio de Silos poseía en la capital de España desde 1922.

El Padre José Antón Gómez nació en Hacinas (Burgos) en 1878. Durante el verano de 1936 huyó y se escondió en casa de unos amigos ante la persecución religiosa, pero finalmente fue detenido el día 24 de septiembre en una pensión y conducido a la checa de Fomento donde fue fusilado.

El Padre Antolín Pablos Villanueva era de Lerma (Burgos), donde nació en 1871. Vivió en México algunos años y desde 1919 residía en Madrid donde se dedicó a la investigación histórica. Fue fusilado el 8 de noviembre de 1936 en Soto de Aldovea.

El Padre Rafael Alcocer Martínez (Madrid, 1889) era un gran orador y un excelente arabista. Fue detenido en una librería donde se refugiaba y asesinado el 4 de octubre.

El Padre Luis Vidaurrázaga González era de Bilbao. En Madrid se dedicaba a la dirección espiritual y a las clases de gregoriano. Se refugió en casa de un amigo pero fue delatado, y finalmente asesinado la noche del 31 de diciembre de 1936.

Los restos de estos cuatro monjes descansan en la iglesia de Nuestra Señora de Montserrat de Madrid.


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Qué paso con una cruz pectoral de Romero?

LA CRUZ DE ROMERO. Del pecho del beato salvadoreño al pecho del dirigente radical italiano Marco Pannella

Las cruces pectorales utilizadas por monseñor Romero. La primera de la derecha fue la menos usada, la de la izquierda, con un sencillo “IHS” era la que llevaba con mayor frecuencia y fue sepultada junto con él.

Las cruces pectorales utilizadas por monseñor Romero. La primera de la derecha fue la menos usada, la de la izquierda, con un sencillo “IHS” era la que llevaba con mayor frecuencia y fue sepultada junto con él.

En una carta escrita al Papa Francisco pocos días antes de su muerte, el dirigente radical italiano Marco Pannella confesó al Pontífice, “He tomado en mis manos la cruz que llevaba monseñor Romero y no puedo separarme de ella”. Pannella, un no creyente, había pedido prestada la cruz pectoral del beato salvadoreño a monseñor Vincenzo Paglia, postulador de la causa de Romero, y sintió una fuerte atracción por la reliquia que le hacía difícil devolverla. Monseñor Paglia, por su parte, confesó que se sintió incómodo por tener que insistir en que se la restituyera, porque la reliquia parecía despertar una sed espiritual en su amigo ateo, que estaba muriendo de cáncer.

El episodio pone de manifiesto la atracción que ejerce la figura de Romero en los ateos comprometidos, y precisamente el desafío que se había propuesto el beato era atraer ese tipo de personas a la fe. “No basta decir: yo soy ateo, yo no creo en Dios, yo no lo ofendo”, dijo Romero en su famosa última homilia dominical. “Si no es cuestión de que tú creas, es que objetivamente tú tienes rotas tus relaciones con el principio de toda vida. Mientras no lo descubras, y no lo sigas, y no lo ames, tú eres una pieza descoyuntada de su origen”, dijo Romero, previendo el anhelo de las personas como Pannella por el Absoluto. La cruz de Romero es un tótem de esa sed de trascendencia de los que trabajan por la justicia.

Mons. Paglia recibió la cruz de Mons. Ricardo Urioste, vicario de Romero, cuando fue nombrado postulador. Le dijo el amigo del mártir: “Esta es la cruz de Mons. Romero.  Te la regalo para que te acompañe y te ayude en el trabajo de la Causa, porque será una causa difícil y tendrás que superar muchos obstáculos”. Es una de las varias cruces asociadas con el arzobispo mártir, la más preciosa de tres cruces pectorales utilizadas por Romero durante sus años de arzobispo. Al contrario de lo que muchos dijeron, no es la cruz que llevaba puesta en el momento de su martirio; en realidad Romero la usó muy pocas veces, probablemente debido a su austeridad personal.

Es una cruz pontificia (para un obispo), conocida como una “Cruz de San Chad”, que combina elementos de la “Cruz de Jerusalén” (o “Cruz de los Cruzados”) y la Cruz Cuadrada.  Todo el simbolismo que contiene se refiere a la evangelización, a la urgencia de llevar el mensaje de Cristo a los cuatro ángulos de la tierra.

Las oraciones que acompañan el proceso que realiza el obispo al revestirse para la misa pontificial se refieren a la cruz pectoral en el sentido de la disposición personal al martirio: «Munire digneris me, Domine Jesu Christe», reza la antigua plegaria: “Dígnate protegerme, Señor Jesucristo, de toda trampa de los enemigos, por la señal de tu Santísima Cruz: y dígnate conceder a este siervo indigno tuyo, que mientras tenga sobre mi pecho esta Cruz, tenga siempre presente la memoria de la Pasión y las victorias de tus Santos Mártires”.

Hoy esta cruz se ha convertido en un poderoso símbolo de la potencia evangelizadora de su martirio.


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Verdad, justicia y perdón, ante la masacre de la UCA en El Salvador. Declaración de los jesuitas.

Declaración de la Compañía de Jesús por masacre de la UCA

El_Salvador

La Compañía de Jesús y la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, frente a las reacciones generadas por las órdenes de captura de los 17 exmilitares señalados por la justicia española como presuntos autores intelectuales y materiales de la masacre del 16 de noviembre de 1989, comunican su posición a la sociedad en general.

1. No deben extrañar las reacciones de los sectores que tradicionalmente se han opuesto a que la justicia brille en El Salvador. Ante la exigencia de verdad y justicia, siempre han sonado tambores de guerra, han anunciado nuevos derramamientos de sangre, han hablado de abrir heridas, de venganza y de inestabilidad en el país. ¿Quiénes realmente atizan la polarización y provocan inestabilidad: los que buscamos la verdad y la justicia, o los que defienden la impunidad?

2. Demasiadas veces se ha escuchado la obscena frase “perdón y olvido”. El dolor causado por un crimen no se resuelve con el olvido, sino con el reconocimiento de la verdad, el arrepentimiento y la dignificación de las víctimas. Ese es el camino del perdón cristiano y la senda para la verdadera reconciliación. Exigir justicia no es venganza, sino reclamar que se repare el daño causado.

3. La Compañía de Jesús y las autoridades de la UCA han reiterado muchas veces su disposición a perdonar a quienes planearon y ejecutaron ese horrendo crimen. Sin embargo, sigue pendiente que se conozca toda la verdad y se deduzcan las responsabilidades respectivas, lo cual se hace a través del sistema de justicia, para que posteriormente se pueda ofrecer el perdón.

4. Es cierto que la exigencia de verdad y justicia incomoda a los señalados y preocupa a sus amistades y familiares. Pero no se debe olvidar quiénes son las verdaderas víctimas de los crímenes del conflicto armado y quiénes provocaron tanta humillación, sufrimiento y muerte. Víctimas inocentes son Elba, su hija Celina y nuestros hermanos jesuitas. Víctimas son los niños, mujeres y ancianos del Sumpul y de El Mozote. Víctimas fueron monseñor Romero, los sacerdotes, religiosas y miles de catequistas asesinados durante la guerra. Y todas las personas que fueron violadas, torturadas, asesinadas y desaparecidas. Estas víctimas nunca han sido centrales para los Gobiernos de posguerra. Se les condenó al olvido y a sus victimarios se les premió con impunidad. Ahora, cuando se acusa judicialmente a quienes la Comisión de la Verdad señaló como responsables últimos de la masacre en la UCA, se pretende hacer pasar como víctimas a los verdugos.

5. Las capturas y la petición de extradición no son un asunto político, como se pretende hacer ver. Las capturas responden a una orden de captura internacional girada a través de la Interpol, cuyo cumplimiento es obligatorio por los compromisos asumidos por El Salvador a nivel internacional en material policial y judicial. Al contrario, ha sido la falta de voluntad política la que ha impedido que se haga justicia en nuestra tierra y la que ha obligado a recurrir a la justicia española. Lo hemos dicho antes y lo seguimos sosteniendo: queremos que funcione el sistema de justicia salvadoreño y por ello hemos trabajado, aunque sin obtener ningún resultado hasta la fecha.

Mientras la justicia salvadoreña mantenga sus puertas cerradas, no se debe impedir que el caso se ventile en las instancias de justicia internacional. Si los imputados no son culpables de lo que se les acusa, tendrán la oportunidad de demostrarlo en un juicio que ofrece las debidas garantías. Si solo obedecían “órdenes de los políticos”, como declaró un alto militar de la época, deben decir qué políticos les dieron la orden de masacrar a dos mujeres inocentes y a seis defensores de la verdad y la justicia. Si es cierto que esa orden existió, los altos jefes militares debieron actuar conforme a su conciencia y desobedecerla, pues ya monseñor Romero les había avisado: “Ante una orden de matar que dé un hombre, debe de prevalecer la ley de Dios que dice ‘No matar’”.

6. Las reacciones y opiniones contra las capturas realizadas por la Policía responden a los intereses de los responsables de planificar y ejecutar masacres durante la guerra; victimarios que hasta la fecha han sido protegidos por el Estado y han preferido optar por la impunidad en desmedro de la verdad y la justicia. Las graves violaciones a los derechos humanos cometidos por parte del Estado son más graves en cuanto está obligado a defender y proteger siempre los derechos humanos, incluso en situación de guerra. Quienes decidieron el asesinato de los jesuitas con nocturnidad y alevosía saben perfectamente que no perpetraron “simples asesinatos”. La masacre fue el resultado de un plan pensado y ejecutado con la lógica del terrorismo de Estado, y por ello es un crimen de lesa humanidad. Defender a los que tuvieron la última responsabilidad en los asesinatos e impedir que la justicia realice su misión es avalar el crimen y ponerse del lado de la impunidad.

7. Querer conocer la verdad de lo que ocurrió y llevar el caso ante la justicia no atenta contra el auténtico espíritu de los Acuerdos de Paz. Hay que recordar que las partes negociadoras se comprometieron a cumplir con las recomendaciones de la Comisión de la Verdad y reconocieron la “necesidad de esclarecer y superar todo señalamiento de impunidad de oficiales de la Fuerza Armada, especialmente en los casos donde esté comprometido el respeto a los derechos humanos”. A tal fin, las partes remitieron “la consideración y resolución de este punto a la Comisión de la Verdad. Todo ello sin perjuicio del principio […] de que hechos de esa naturaleza, independientemente del sector al que pertenecieron sus autores, deben ser objeto de la actuación ejemplarizante de los tribunales de justicia, a fin de que se aplique a quienes resulten responsables las sanciones contempladas por la ley” (Acuerdos de Paz, Capítulo I: Fuerza Armada). Este es el verdadero espíritu de los Acuerdos de Paz, que fue desvirtuado posteriormente por las partes al aprobar la ley de amnistía.

8. La actuación del Gobierno al respecto deja mucho que desear. La PNC no solo cumplió tardíamente la difusión roja, sino que únicamente ha capturado a cuatro militares (tres de ellos de bajo rango y con menos probabilidades de ser extraditados), permitiendo la fuga de 13 exmilitares, entre ellos seis reconocidos exoficiales que nunca se han sentado en el banquillo de los acusados y que son acusados de ser los presuntos autores intelectuales de la masacre. Además, el Presidente trató el caso como un asunto político al reunirse con los partidos para darles explicaciones por las capturas, sin que haya trascendido el mensaje que les transmitió. Tampoco fue pertinente ni acertado que el Vicepresidente pidiera la no extradición y se uniera así al coro de la derecha política, que pretende seguir manoseando la autonomía e imparcialidad del sistema de justicia.

9. Reconocemos y apoyamos la actuación del Procurador General para la Defensa de los Derechos Humanos, que con valentía y con argumentación sólida ha instado a las autoridades respectivas a cumplir con la ley. Y condenamos las acusaciones e insultos de los que ha sido objeto por parte de los que quieren que la impunidad siga vigente en el país; gente que no tiene ninguna autoridad moral para criticar a un defensor de los derechos humanos.

10. Conocer la verdad de lo que pasó en este y otros casos será un bien para El Salvador, contribuirá a que se haga justicia para la víctimas, constituirá un paso trascendental en el proceso de reconciliación y llevará paz a los mismos victimarios. Solo siguiendo este camino podremos decir con el profeta Isaías: “La obra de la justicia será la paz y los frutos de la justicia serán tranquilidad y seguridad para siempre. Mi pueblo vivirá en habitaciones buenas, en barrios seguros, en lugares tranquilos”. Para el pueblo de Dios, nunca ha existido contradicción entre justicia y paz, entre verdad y paz. Al contrario, la paz es el fruto de la verdad y de la justicia.

La Libertad, 2 de marzo de 2016


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ONU recuerda a Oscar Arnulfo Romero

Monsenor-Romero-beatificado-desbloquear-Papa_TINIMA20130422_0386_18ONU recuerda a Óscar Arnulfo Romero y aboga por el derecho a la verdad

En el Día Internacional del Derecho a la Verdad, la ONU recuerda a Monseñor Óscar Arnulfo Romero. Foto: Carlos Reyes Manzo – APA

24 de marzo, 2016 — La ONU celebra hoy el Día Internacional del Derecho a la Verdad y para la Dignidad de las Víctimas, una jornada en la que rinde homenaje a Monseñor Óscar Arnulfo Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980.

Monseñor Romero denunció activamente las violaciones de los derechos humanos de las personas más vulnerables de El Salvador, por ello, en esta fecha Naciones Unidas recuerda que todas las víctimas del mundo tienen derecho a saber la verdad sobre los abusos que las hayan afectado.

En su mensaje para la ocasión, el Secretario General de la ONU señaló que la verdad también beneficia a las comunidades en su conjunto porque constituye una salvaguarda contra la repetición de las atrocidades.

“El derecho a la verdad está estrechamente vinculado al derecho a la justicia”, apuntó Ban Ki-moon.

Indicó que la ONU apoya los esfuerzos por esclarecer la verdad y devolver la dignidad a las víctimas, como las comisiones de investigación y los procesos de examen que documentan las violaciones de derechos humanos y formulan recomendaciones para garantizar la rendición de cuentas y la reconciliación.

Ban subrayó que Naciones Unidas ha abogado por la celebración de consultas inclusivas y genuinas con las víctimas y los grupos afectados.

Como ejemplo de ello citó los casos de Colombia, Túnez, Mali, Sri Lanka, Nepal y Sudán del Sur.

El titular de la ONU aseveró que se requiere la participación de las víctimas en todas las etapas de los procesos de justicia y enfatizó que estos deben reconocer la necesidad de medidas de reparación.

Llamó también a establecer mecanismos adecuados para la protección de las víctimas y los testigos, y pidió preservar los archivos y otros documentos relativos a las violaciones de los derechos humanos para asegurar que no se distorsionen los registros históricos y se preserve la memoria.

“En este día, insto a los Estados a que adopten medidas para promover la verdad, la justicia y las reparaciones para las víctimas, lo que es crucial para que no se repitan las violaciones graves de los derechos humanos. Hagamos más por proteger los derechos humanos y la dignidad de las personas”, concluyó Ban.


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Mártir del nazismo un sacerdote checo

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Conoce al “Ángel de Dachau” asesinado por los nazis y declarado mártir por el Papa

ROMA, 31 Ene. 16 / 07:23 pm (ACI).- El P. Engelmar Unzeitig fue un joven sacerdote de origen checo que fue arrestado por los nazis el 21 de abril de 1941.

¿Su crimen? Predicar contra el Tercer Reich, especialmente contra el trato hacia el pueblo judío. También por incentivar a su congregación a permanecer fiel a Dios y a resistir las mentiras del régimen nazi.

Como castigo, el sacerdote fue enviado al campo de concentración de Dachau, conocido como “el monasterio más grande del mundo” porque llegó a encerrar a cerca de 2700 clérigos, de los cuales el 95 por ciento eran sacerdotes católicos polacos.

Durante su cautiverio estudió ruso para poder ayudar a los que llegaban de Europa Oriental y por su actitud de servicio a los demás se le consideró como un hombre santo dentro de Dachau.

El trato hacia los sacerdotes y ministros en Dachau era impredecible: a veces les permitían alabar y otras eran tratados severamente. Por ejemplo, en un Viernes Santo, para “celebrar la ocasión”, los nazis seleccionaron a decenas de sacerdotes para torturarlos.

Por varios años el P. Unzeitig gozó de buena salud pese al maltrato que recibía. Sin embargo, cuando una epidemia de fiebre tifoidea asoló el campo, él y otros 19 sacerdotes se ofrecieron de voluntarios para hacer lo que nadie quería: atender a los enfermos y moribundos, lo que significaba una certera sentencia de muerte.

Así él y sus compañeros bañaban y cuidaban a los enfermos. También oraban con ellos y les administraban los últimos ritos.

A pesar de las circunstancias difíciles, el P. Unzeitig encontró esperanza y alegría en su fe, tal como se refleja en las cartas que le envió a su hermana:

“Hagamos lo que hagamos, queramos lo que queramos, es seguramente solo la gracia que nos lleva y nos guía. La gracia todopoderosa de Dios nos ayuda a superar obstáculos…el amor duplica nuestra fuerza, nos hace ingeniosos, nos hace sentir contentos y libres interiormente. Si la gente se diera cuenta de lo que Dios tiene preparado para los que le aman! “, escribió.

En otra carta señaló:

“Incluso detrás de los sacrificios más difíciles y los peores sufrimientos está Dios con su amor paternal, que está satisfecho con la buena voluntad de sus hijos y a ellos y otros da la felicidad “.

El 2 de marzo de 1945 el P.Unzeitig sucumbió a la fiebre tifoidea junto con otros dos sacerdotes voluntarios. El campo de concentración de Dachau fue liberado por los soldados estadounidenses unas semanas después.

En reconocimiento a sus virtudes heroicas, el P. Engelmar Unzeitig fue declarado Venerable por el Papa Benedicto XVI el 3 de julio del año 2009.

El pasado 21 de enero el Papa Francisco reconoció oficialmente al P. Unzeitig como mártir, asesinado por odio a la fe, lo cual abre el camino para su beatificación.

Traducido por María Ximena Rondón. Publicado originalmente en CNA.

El P. Unzeitig tenía 30 años, y había sido ordenado dos años antes de su llegada a Dachau. Nació en 1911 en Greifendorf, la actual República Checa. Ingresó al seminario a los 18 años y se convirtió en sacerdote de la Sociedad Misionera Mariannhill, cuyo lema era: “Si nadie más va: ¡yo voy!”.