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El 8 de diciembre beatificación de 19 mártires en tiempos y lugares diversos de Argelia

El Papa: mártires de Algeria, persecuciones no son una realidad del pasado

Carta del Papa al card. Becciu por la Beatificación de 19 mártires en Algeria. Jesús lo había preanunciado a sus discípulos: “Un siervo no es más grande de su patrón. Si me han perseguido a mía, los perseguirán también a ustedes”

Sergio Centofanti – Ciudad del Vaticano

Se publicó hoy la Carta del Papa al cardenal Giovanni Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, su Enviado Especial a la celebración eucarística que presidirá el próximo 8 de diciembre, Fiesta de la Inmaculada Concepción, en el Santuario de Nuestra Señora de Santa Cruz de Orán, en Algeria, con ocasión de la Beatificación de 19 mártires.

Diecinueve mártires para Algeria

Se trata del obispo de Orán, Pierre Claverie y 18 religiosos y religiosas asesinados en Algeria en circunstancias diversas durante la guerra civil que ha afectado al país nord-africano en tiempos del conflicto entre los islamistas del “Frente islámico de salvación” y los militares algerinos entre 1991 y 2002. Entre estos mártires se encuentran siete monjes trapenses de Tibhirine asesinados en 1996.

“El mismo Jesús, Hijo de Dios” – escribe el Papa Francisco en la carta en latín – “que ha sufrido la persecución y la cruel muerte en la cruz, sin ninguna culpa”, lo había preanunciado a sus discípulos: “Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más grande que su señor. Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes; si fueron fieles a mi palabra, también serán fieles a la de ustedes (Jn 15,20). Estas palabras – explica – continúan a ser confirmadas “en varias regiones y modos” mostrándonos a todos que “Las persecuciones no son una realidad del pasado, porque hoy también las sufrimos, sea de manera cruenta, como tantos mártires contemporáneos, o de un modo más sutil, a través de calumnias y falsedades”. (Gaudete et exsultate, 94).

Fe, amor y perdón

“La Iglesia siempre tuvo una particular devoción por los mártires, que han dado testimonio de la fe y el amor por el Señor Jesús, hasta el derramamiento de la sangre”, tal como lo hicieron estos 19 mártires en tierra argelina, que dieron la vida confiando en las palabras de Jesús: “Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra”(…) “Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo” (Mt 28,18.20).

El Papa se dirige al card. Becciu pidiéndole que transmita su “saludo fraternal a los seguidores de otras religiones y a todas las personas de buena voluntad”. Estos Beatos – concluye el Papa – han perdonado a sus asesinos, demostrando que aman más la vida eterna y ahora “Poseen lo que amaron, pero lo poseerán más abundantemente tras la resurrección de los muertos”.  (S. Agustín, Sermón 302,7)

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Argentina: el obispo Angelelli fue mártir?

El martirio de Angelelli: he aquí por qué lo asesinaron

Investigación: entre los documentos de la causa de beatificación del obispo argentino asesinado en 1976 está también la carta al nuncio en la que afirmaba haber recibido amenazas de muerte

El obispo Angelelli

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Pubblicato il 30/10/2018
Ultima modifica il 30/10/2018 alle ore 13:32
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

El Papa Francisco lo recordó el pasado 29 de octubre para dar su consejo: «Una oreja para escuchar la palabra de Dios y otra para escuchar al pueblo». El obispo de La Rioja Enrique Angelelli, asesinado en 1976, será beatificado en la ciudad de la que era pastor el próximo 27 de abril de 2019, además de otros dos sacerdotes (un fraile argentino, Carlos de Dios Murias, y el padre francés “fidei donum” Gabriel Longueville) y un laico padre de familia (Wenceslao Perdernera). Todos ellos fueron asesinados en pocos días, durante el verano de 1976, por militares. Mientras las circunstancias del martirio de los dos sacerdotes y del laico que colaboraban con Angelelli no dejan lugar a dudas (fueron asesinados después de haber sido secuestrados y atados de pies y manos, los primeros dos, y agredido por un comando mientras se encontraba en su casa con su familia, el tercero), la muerte del obispo durante mucho tiempo fue considerada un accidente automovilístico. Una “verdad” oficial, del régimen, a la que no creyeron desde el principio muchos fieles de La Rioja, pues había muchos indicios de que se estaba preparando algo nefasto para su pastor, que acabó en el blanco de los militares por su cercanía a los campesinos y por su anuncio evangélico siguiendo las huellas del Concilio Vaticano II y de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Medellín. El padre Jorge Mario Bergoglio lo conoció personalmente en 1973.

 

En los últimos meses han surgido sospechas sobre las circunstancias de la muerte de Angelelli, así como sobre su misión episcopal, que fue obstaculizada por sectores del catolicismo argentino entusiastas de la dictadura militar y alérgicos a ciertas enseñanzas de la Doctrina social de la Iglesia, en relación con la justicia social. Se ha tratado (primero en Argentina y después entre algunos sitios de internet que pertenecen a la galaxia de medios de comunicación anti-Francisco) de disminuir la figura de Angelelli, presentándolo como un “agitador”, un político, un marxista. Lo mismo sucedió, durante muchas décadas, con el nuevo santo Óscar Arnulfo Romero, el arzobispo de San Salvador asesinado en el altar mientras celebraba la Eucaristía.

 

El franciscano conventual Murias y el sacerdote francés Longueville, secuestrados en la base aérea de Chamical, Argentina, el 19 de julio de 1976, fueron torturados, asesinados y sus cadáveres fueron aliados dos días después. Wenceslado Pedrera, organizador del Movimiento Rural Católico, fue asesinado en su casa frente a su esposa y sus tres hijas el 25 de julio de ese mismo año. Su causa de beatificación llegó a Roma en 2015. Pocos días después de su asesinato, el obispo Angelelli (18 de julio de 1923 – 4 de agosto de 2976), al volver de Chamical en donde había celebrado una misa en recuerdo de Murias y Longueville, falleció en un accidente automovilístico, según lo que la policía y el tribunal. Pero en julio de 2015, después de que el Vaticano aportara un documento-clave, un tribunal estatal reconoció que se había tratado de un homicidio y condenó a cadena perpetua al ex general del ejército Luciano Benjamín Menéndez, de 86 años, y al ex comodoro Luis Fernando Estrella, de 82 años, reconociéndolos como los autores intelectuales.

 

A mediados de julio fueron secuestrados los dos sacerdotes de Chamical. Personas que habían mostrado credenciales de la Policía Federal se presentaron en la residencia de las religiosas en donde estaban cenando ambos y se los llevaron. Los convencieron para que los acompañaran diciéndoles que habrían debido testificar por algunos jóvenes encarcelados. Los coches en los que se los llevaron no tenían placas. Las monjas, alarmadas, no denunciara los hechos porque la policía local las convenció de que no era conveniente. Los cuerpos sin vida de ambos fueron encontrados dos días después, el 21 de julio, en un lugar cerca de las vías del tren, a cinco kilómetros del pueblo. Fueron acribillados. Tenían los pies y las manos atadas. Tenían los ojos vendados. Una semana después, el campesino laico Pedernera fue ametrallado en su casa de Sañogasta.

 

El obispo Angelelli reunió testimonios sobre estos homicidios y conservaba consigo, celosamente, la documentación con la cual, se lee en la relación histórica que se encuentra en las actas del proceso de beatificación, quedaba claro el «plan sistemático de represión». Desde el 5 de julio de 1976, pocos días antes de que sus dos colaboradores fueran brutalmente asesinados, el obispo Angelelli escribió una detallada relación al nuncio apostólico en Argentina, Pio Laghi (catalogada en las actas de la causa con el protocolo n. 898/2014 por la Congregación para los Obispos), en la que explicó que el jefe militar Osvaldo Héctor Battaglia obstaculizaba el trabajo pastoral de la Iglesia, humillando al obispo, a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas con todo tipo de vigilancia y secuestros, incluso durante los ejercicios espirituales: «A todos los presos se le hacen las preguntas fundamentales acera de la relación con el obispo, con los sacerdotes, religiosas e instituciones de la Iglesia». Los militares suspendieron la transmisión vía radio de la misa que celebraba Angelelli en la catedral de La Rioja y la sustituyeron con una que celebraba un capellán militar. Los militares obligaron al sacerdote arrestado, el padre Ruíz, a escribir desde la cárcel una carta en contra de Angelelli, quien afirmó: «fue moralmente torturado para que la escribiera».

 

«Estamos permanentemente obstaculizados —escribió Angelelli al nuncio— para cumplir con la misión de la Iglesia. Personalmente, los sacerdotes, las religiosas, somos humillados, requisados y allanados por la policía con orden del ejército. Ya no es fácil hacer una reunión con los catequistas. Todo este proceder surge principalmente del ejército y de la persona del jefe y del segundo jefe: Pérez Battaglia y Malagamba. El jefe de policía, mayor de Césari, al “demorar” a seis religiosas entre las que estaba la Provincial de las Azules, Madre María Eugenia, públicamente se les dijo que eran sospechadas y que el mayor ideólogo marxista era el obispo. (¡ridículo!). Pero hasta esto llegamos. Me aconsejan que se lo diga: nuevamente he sido amenazado de muerte. Al Señor y a María me encomiendo. Sólo se lo digo para que lo sepa», pero considerar estos hechos «no significa que no debamos mirar todo desde la Fe y con una gran paz interior y con esperanza cristiana». Hay que notar el fragmento en el que Angelelli se refiere a las amenazas de muerte y explica al nuncio apostólico que no eran las primeras que recibía.

 

«No es una novedad lo que informo —se lee en la relación del obispo a monseñor Laghi—, pero es una realidad dolorosa de la que me duele muchísimo. Nuestra cárcel está repleta de detenidos. Personas honorables; padres de familia; gente sencilla, están dentro muchos de ellos por el solo “delito” de ser miembros fieles y conscientes de la Iglesia […] Una novedad para La Rioja: se tortura asquerosamente. Quiero volver a un asunto del que le hablé la última vez: la misión de la Vicaría Castrense, en estas circunstancias que vivimos y las relaciones con la diócesis. Después de la entrevista con el general Menéndez y el general Vaquero en el Comando del III Cuerpo del Ejército en Córdoba, comprendí lo que significa que nuestros militares se sientan “cruzados de la fe” y sientan que hay que unir cruz y espada para matar a los enemigos de Dios y de la Patria. Me lo dijo con esas palabras y convencido, en una conversación amable. Señor nuncio, ¡pensemos a tiempo todo esto para no tener que lamentar consecuencias dolorosas en un futuro muy próximo! ¡No quiero pintar negro el horizonte!».

 

Desgraciadamente Angelelli no estaba pintando de negro el horizonte, sino simplemente anunciando (y no había que ser profeta para hacerlo) lo que estaba por suceder. E indicaba nombre y apellido de los autores intelectuales. En otra carta al nuncio, del 27 de julio, el obispo informó al representante del Papa sobre los asesinatos de los dos sacerdotes y del laico, hablando, a pesar de todo, de «paz y esperanza». Pero también añadió: «Se está investigando. Creo que necesitamos garantías para que tenga resultado positivo. Juzgo que obstaculizarán determinados intereses para que no camine». En esa misma carta, Anglelelli pidió un encuentro con el nuncio, para «brindar más elementos de juicio». No habría tenido la posibilidad para reunirse con Laghi, pues su vida estaba por ser troncada, y los documentos que había reunido fueron secuestrados por los militares.

 

El 27 de julio de 1976, el padre Giorgio Morosinato, Custodio Provincial de los conventuales, escribió al Ministro general de la Orden, escribió una carta al Ministro General de la Orden, el padre Vitale Bommarco, sobre el asesinato de los dos sacerdotes. El documento fue encomendado a la nunciatura apostólica de Buenos Aires para que llegara a Italia sin ser interceptada: «No tenemos dudas de que el doble delito fue perpetrado directamente o mediante mercenarios por la extrema derecha», ni de que quien asesinó «ha obrado con la protección o el favor de la policía local. El pueblo repite unánimemente que todo es obra de dos altos oficiales dela base de Chamical». En relación con los homicidios, el padre Morosinato, después de haber hablado con Angelelli, escribió: «No pudiendo, por muchas razones, golpear directamente a la persona del obispo local, toman represalias contra alguno de sus ayudantes. EL obispo ha tenido serias dificultades con dos oficiales de la Base de Chamical por motivos religiosos y de jurisdicción. Además, el clero indicaba que tanto la policía como el ejército consideran a Mons. Angelelli y al clero de izquierdas o directamente comunistas».

 

Otra de las razones que cita el superior franciscano en su texto, que ahora pertenece a los documentos de la causa, es la «venganza en contra de los dos sacerdotes» y «particularmente contra el padre Carlos, que siempre, en público y en privado, defendía al obispo y, sin medias tintas, predicaba el Evangelio según la actualización proclamada por el Vaticano II y por Medellín». También se quería «dar una lección al clero argentino que no se encontraba en la sintonía política impuesta por este nuevo gobierno. Se pretende on estos dos asesinatos cerrar las bocas. Por supuesto, ni el padre Carlos ni el padre Gabriel Longueville pertenecían a la izquierda, ni usaban armas. Además, el padre Carlos había participado con el papá en varias campañas electorales a favor del partido radical (partido del centro). Es más, se puede decir que eran anti-comunistas. Examinando la actividades de los dos sacerdotes, su predicación (el padre Carlos dejó escritas todas sus prédicas dominicales de estos últimos meses), el obispo y el clero local hemos concluido, reunidos todos en Chamical, que los dos sacerdotes, fueron martirizados porque no tuvieron miedo de predicar el Evangelio como la Iglesia y el Papa quieren que sea predicado hoy y por haberse puesto de la parte de los humildes que no tienen ninguna posibilidad de hacerse escuchar. Y esto explica por qué el gran afecto que la gente de Chamical nutría por sus dos sacerdotes y por qué ahora los siente como santos y protectores. Todo nos hace sospechar que la persecución continuará».

 

Angelelli escribió al nuncio Pio Laghi sobre las amenazas de muerte que había recibido. Después de los brutales homicidios de julio de 1976, perpetrados contra personas cercanas a él, se dio cuenta de que las amenazas eran inminentes y las había aceptado. El entonces vicario, el padre Arturo Pinto, al describir los últimos días de vida del obispo indicó que estaba consciente de ser el próximo en la lista de los militares y, al mismo tiempo, su determinación a no escapar o establecer acuerdos, según expresó el mismo obispo en una reunión del 3 de agosto de 1976: «En esa reunión, quienes estábamos, le insistimos que tomara distancia porque teníamos miedo por su vida, a lo que él contestó, entre otras cosas: “El pastor no abandona a sus ovejas… A mí me buscan y me encontrarán”» (“Summarium Testium Angelelli”, teste XXIII, § 186).

 

Sor Angélica dos Santos se reunió con Angeleli durante los últimos días de julio y los primeros de agosto de 1976. Su testimonio, en las actas de la causa, confirma lo que afirmó Pinto: «en esos días precedentes, en una oración de Laudes que se prolongó mucho, al final él hizo un círculo-espiral que mostraba que estaba por tocarle finalmente a él, después de los curas. Como el apóstol Pedro, yo me negaba a aceptar esa posibilidad. Él, como Jesús, me reprochó duramente […] Le dijeron la noche anterior: “Prelado, deje La Rioja, tome un colectivo y váyase a Córdoba”. Pero él no quiso. “Si persiguen a las ovejas, el pastor no puede huir”». También el padre Sebastián Antonio Glassman estaba en esa reunión y confirmó estos detalles, añadiendo que Angelelli recomendó a todos la necesidad de seguir ofreciendo testimonio de los valores evangélicos con valentía, pero al mismo tiempo con la necesaria prudencia: «a nosotros nos aconsejó prudencia, no provocar, no hacernos los héroes, cuidad a nuestro pueblo, no hablar demasiado, porque la gente sabía lo que éramos, pensábamos y no necesitaba que nos hiciéramos los profetas». El padre Miguel Ángel López, como otros testigos citados, confirma plenamente la conciencia del obispo de ser el objetivo principal de los militares después de los asesinatos de los dos sacerdotes y del laico. Otro testigo, Miguel Argentino Pérez Gaudio, cita otras palabras de Angelelli: «Era valiente. “Mirá, Miguel, no sé para cuánto tengo, me van a matar”, llegó a decírmelo». «Nos parece que las afirmaciones de los testigos —se lee en la “Positio”— no dejan lugar a ninguna duda legítima sobre la disponibilidad del Siervo de Dios a dar la sangre por amor de Cristo».

 

El 3 de agosto, Angelelli se reunió con sus más cercanos colaboradores y, según lo que recordó Pinto, expresó ser consciente de que su destino ya estaba marcado: «En esta reunión, quienes estábamos, le insistimos que tomara distancia porque teníamos miedo por su vida […] Y dijo: “Ahora me toca a mí”». En el ámbito de la misma reunión, el obispo pidió al entonces sacerdote Pinto que lo acompañara de vuelta a su sede. Los eventos del día siguiente fueron descritos con bastante precisión por el testigo. Este último indicó que revisó muy bien todo antes de salir y se aseguró de que el vehículo estuviera en buenas condiciones. Por lo tanto, después de haber almorzado en la casa de algunas religiosas, hacia las 15 él y Angelelli decidieron ponerse en marcha. Considerando la situación, tomaron un camino para evitar cualquier contacto con la entrada de la CELPA (“Centro de Ensayo e Lanzamiento de Proyectiles Autopropulsadosˮ, unidad operativa de las fuerzas aéreas argentinas en La Rioja, que en esa época estaba bajo el comando de Luis Fernando Estrella y Lázaro Aguirre). Al llegar a Punta de los Llanos, a 32 kilómetros de Chamical, se verificó el accidente: «Pasado el paraje mencionado de Punta de los Llanos […] vi sorpresivamente —afirmó Pinto— como un segundo vehículo de tamaño mediano y color claro que nos daba alcance y de manera brusca y rápida nos cerraba el paso. En ese momento alcancé a escuchar un gran reventón perdiendo el conocimiento, que recobré al día siguiente cuando salía del hospital de Chamical hacia Córdoba».

 

Los documentos que el obispo llevaba consigo nunca fueron encontrados. En el juicio penal instruido a finales de diciembre para esclarecer los hechos testificó también Rodolfo Peregrino Fernández, secretario privado del entonces ministro del Interior Albano Harnguindeguy. Fernández afirmó que dos días después de la muerte de Angelelli los documentos en cuestión fueron llevados al Ministerio del Interior, en Buenos Aires y que allí se depositaron como documentos reservados.


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Las últimas palabras de Mons. Romero poco antes de su muerte.

Archbishop Romero with Saint John Paul II (Wikimedia Commons).

As archbishop of San Salvador, Óscar Romero advocated for the poor and worked for peace amid an escalating civil war. For this reason, he was assassinated as he concluded his homily on March 24, 1980. On Sunday, Oct. 14, Óscar Romero will be canonized in Rome.

The Mass was being offered for the first anniversary of the death of Sara Meardi de Pinto, mother of Jorge Pinto, publisher and editor of El Independiente, a small weekly newspaper. The Gospel reading was Jn. 12:23-26:

The hour has come for the Son of Man to be glorified. I assure you, unless the grain of wheat falls to the ground and dies, it remains infertile. But if it dies, it produces a great yield. Those who love their own life lose it; those who hate themselves in this world will be preserved for life eternal. Let whoever wants to serve me, follow me; and my servant will be where I am. Whoever serves me will be rewarded by my Father.

James R. Brockman, S.J., author of Romero: A Life (Orbis Books) and editor/translator of Romero’s The Violence of Love (Harper), reexamined the tape recording of Archbishop Romero’s homily and published the following translation of it in the March 28, 1992, issue of America:

Because of what Jorgito has written in today’s editorial in El Independiente, I have some understanding of his filial emotions on the anniversary of his mother’s death. In particular, I can glimpse her noble spirit, how she placed all of her refined education, her graciousness, at the service of a cause that is so important today: our people’s true liberation.

You have just heard Christ’s Gospel, that one must not love oneself so much as to avoid getting involved in the risks of life which history demands of us.

My dear brothers and sisters, I think we should not only pray this evening for the eternal rest of our dear Doña Sarita, but above all we should take up her message, which every Christian ought to give intense life to. Many do not understand, and they think Christianity should not get involved in such things. But, to the contrary, you have just heard Christ’s Gospel, that one must not love oneself so much as to avoid getting involved in the risks of life which history demands of us, that those who would avoid the danger will lose their life, while those who out of love for Christ give themselves to the service of others will live, like the grain of wheat that dies, but only apparently. If it did not die, it would remain alone. The harvest comes about because it dies, allows itself to be sacrificed in the earth and destroyed. Only by destroying itself does it produce the harvest.

From her place in eternity, Doña Sarita wonderfully confirms the message of the following passage from Vatican II, which I have chosen on her behalf. It says:

We do not know when the earth and humanity will be consummated, nor do we know how the universe will be transformed. This world’s present state, deformed by sin, is to pass away. But God teaches us that He is preparing a new dwelling place and a new earth where justice dwells and whose blessedness will fulfill and surpass all the longings for peace which spring up in the human heart. Then, when death has been overcome, God’s children will arise in Christ. What was sown as something weak and corrupt will be clothed with incorruptibility. Charity and its fruits will endure, and all the creatures that God created with human beings in mind will be free of the bondage of futility.

We are warned that it profits one nothing to gain the whole world and lose oneself. Nevertheless, the expectation of a new earth must not weaken but rather stimulate our concern for perfecting this earth, where the body of the new human family grows, a body that even now is able in some way to foreshadow that new age. And so, to the extent that temporal progress can contribute to the better ordering of human society, it is of serious concern for the kingdom of God, even though temporal progress must be carefully distinguished from the growth of Christ’s kingdom.

Let us do what we can. We can all do something, at least have a sense of understanding.

For after we have spread the benefits of human dignity, brotherhood and freedom across the earth in the Lord’s Spirit and following his command, we shall rediscover all those good effects of our nature and of our efforts, but clean of every stain, brightened and transfigured. Then Christ will hand over to the Father “an eternal and universal kingdom: a kingdom of truth and life, a kingdom of holiness and grace, a kingdom of justice, love and peace” [Preface from the Mass of Christ the King]. “On this earth that kingdom is already present in mystery. When the Lord returns, its perfection will be accomplished” [Gaudium et Spes, No. 39].

This is the hope that inspires us Christians. We know that every effort to better a society, especially one that is so enmeshed in injustice and in sin, is an effort that God blesses, that God desires, that God demands of us. And when one finds generous people, like Sarita, and her thought incarnated in Jorgito and in all those who work for these ideals—one must try to purify them, of course, Christianize them, clothe them with the hope of what lies beyond. That makes them stronger, giving us the assurance that all that we work at on earth, if we nourish it in a Christian hope, will never be a failure. We’ll find it in a purer form in that kingdom where our merit will be in what we have worked at here on earth.

I think that to aspire is not without purpose at a time of hope and struggle, on this anniversary. We remember with gratitude that generous woman who was able to sympathize with the concerns of her husband and of her son and of all who work for a better world, and who added her own part, her grain of wheat, in her suffering. Beyond a doubt, this will guarantee that her heavenly reward will be in proportion to that sacrifice and understanding, which many lack at this moment in El Salvador.

This holy Mass, the Eucharist, is itself an act of faith. With Christian faith we know that at this moment the wheaten host is changed into the body of the Lord who offered himself for the world’s redemption and in that chalice the wine is transformed into the blood that was the price of salvation. May this body immolated and this blood sacrificed for humans nourish us also, so that we may give our body and our blood to suffering and to pain—like Christ, not for self, but to impart notions of justice and peace to our people.

Let us, then, join together intimately in faith and hope at this moment of prayer for Doña Sarita and for ourselves.

[At this moment the fatal shot struck Archbishop Romero, and he fell mortally wounded.]


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Próxima visita del Papa a Palermo (Italia) en memoria del P. Puglisi

Rector del seminario de Palermo don Silvio SgròRector del seminario de Palermo don Silvio Sgrò 

La visita del Papa Francisco a Palermo es una caricia

El padre Silvio Sgrò resalta la expectativa de los seminaristas por la visita pastoral del Papa Francisco a Palermo, en el 25° aniversario del asesinato mafioso in odium fidei del Beato mártir Giuseppe Puglisi

Ciudad del Vaticano        

En una entrevista realizada por Alessandra Zaffiro, el P. Silvio Sgrò, rector del Seminario arzobispal de Palermo, resaltó el significado de la visita del Papa Francisco y la gran expectativa de los seminaristas que tiene a su cargo:

“Es sin duda una caricia que el Papa quiere regalar a toda la Iglesia de Palermo, a la entera Iglesia y a cada miembro de la Iglesia de Palermo. También pienso en todos los que no son cristianos pero que seguramente reciben con gran alegría y entusiasmo la presencia del Papa Francisco que, como sabemos, es visto con gran admiración y atención por todos”.

El 15 de septiembre próximo el Papa Francisco viajará a Palermo, capital de Sicilia, en ocasión del vigésimo quinto aniversario del martirio del padre Giuseppe Puglisi, párroco asesinado por la mafia siciliana en el difícil barrio de Brancaccio, por su trabajo contra el crimen organizado, hablando a los jóvenes y abriendo el “Centro Padre Nostro”.

El Papa Francisco en Palermo, signo importante de comunión

“Creo que la presencia del Papa Francisco en Palermo es una señal importante para nosotros en la dirección de la comunión. Necesitamos estímulos fuertes que nos ayuden a sentirnos Iglesia, comunidad, que nos ayuden a experimentar la pertenencia – continua don Sgrò – y  además, desde luego, el Papa Francisco nos indica la dirección tomada por Don Pino Puglisi: la dirección de la fidelidad hasta el final. Don Pino nunca retrocedió y se mantuvo fiel en su misión hasta el fin”.

Gran expectativa por la visita del Obispo de Roma

Durante la entrevista, el padre Sgrò, resalta la gran expectativa de los seminaristas de Palermo ante la llegada del Papa Bergoglio, y la huella que ha dejado el trabajo del beato Pino Puglisi en la vida de los futuros sacerdotes de la Iglesia siciliana:

“Hay tanta expectativa y muchos de ellos están activamente comprometidos en esta etapa organizativa – señala don Silvio, describiendo cómo los seminaristas están viviendo este período. Está quien colabora con la secretaria, quien está preparando la liturgia y estará activamente involucrado después en el servicio del altar durante la celebración eucarística. Cada seminarista mira con gran atención la figura del Papa Francisco. Creo que nuestros seminaristas están impresionados por su capacidad de estar entre la gente, con gran sencillez y, sin duda, también están impresionados por su capacidad comunicar de forma franca, directa, comprensible. Pienso que esto es muy importante para su formación en vista del futuro sacerdocio”.

Don Pino sabía cómo sacudir a las masas

“El padre Pino Puglisi es una presencia en nuestras vidas – dice el sacerdote – sobre todo nos guía en su ser discípulo del Señor: es un hombre que ha seguido a Cristo porque estaba enamorado de Cristo, capaz de acoger constantemente la Palabra del Señor y hacerla suya, aquella palabra que en él se ha vuelto vida y en esto el padre Pino es seguramente ejemplo para nuestros seminaristas y para nosotros los sacerdotes. Su tiempo estuba a disposición de Dios y de los demás. Sabemos que tuvo una especial atención hacia los jóvenes, y esto atrae a nuestros seminaristas. El padre Puglisi no era una persona que hacía un particular rumor,  sino una persona que con su presencia silenciosa sabía cómo dejar la huella, cómo atraer a la gente, cómo estimular”.

A pesar de los riesgos permaneció en su comunidad

“Yo era un joven cuando el padre Puglisi fue asesinado.  Me encontraba en el seminario y él fue por un periodo nuestro padre espiritual. Recuerdo una meditación que tuvimos: fue la última que nos ofreció -dice el padre Silvio- exactamente en el mes de junio del mismo año, el año del asesinato. Nos hizo meditar sobre el décimo capítulo del Evangelio de San Juan sobre el Buen Pastor. El Buen Pastor que da la vida por sus ovejas. Y para mí es una especie de testamento que Don Pino nos ha dejado. Ciertamente era consciente del riesgo que corría en esos días su vida, pero se quedó allí, en su comunidad parroquial, en ese territorio, y quiso de alguna manera involucrarnos también, dejándonos esta preciosa semilla que ciertamente, en diferentes formas, ha dado y continúa dando frutos en nuestras vidas, en nuestro ministerio “.

Fidelidad diaria en las cosas pequeñas

“Debemos aspirar a la coherencia: somos cristianos, somos discípulos del Señor, debemos vivir de acuerdo con esta pertenencia, de acuerdo con nuestra elección, a partir de las pequeñas cosas. Cuando el padre Pino nos decía ‘si cada uno hace algo’, se refería también a las cosas pequeñas de cada día y  pienso que lo primero es precisamente la fidelidad, la fidelidad a aquellos gestos cotidianos que debemos vivir de acuerdo con las responsabilidades que hemos asumido en nuestra vida, en aquello que es nuestro estado de vida, nuestro trayecto particular de vida:  no cosas extraordinarias, sino fidelidad cotidiana en las pequeñas cosas”.


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Ser mártir. Significado. Condiciones. Características.

Angelelli: ¿qué significa martirio “en odio de la fe”?

Una reflexión sobre el significado de la figura del mártir en la Iglesia, desde las nociones pre-conciliares hasta la actualidad

En recuerdo de monseñor Angelelli

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Pubblicato il 10/07/2018
Ultima modifica il 10/07/2018 alle ore 10:09
QUIQUE BIANCHI

Como un sol tibio en una mañana de invierno fue para muchos de nosotros la noticia de la próxima beatificación del obispo Enrique Angelelli y sus compañeros mártires. Las crónicas agregan que serán declarados mártires por haber sido asesinados “en odio de la fe” (odium fidei). Algunos pueden preguntarse qué significa realmente esta expresión ya que una lectura literal de la misma puede llevar a confusión. Podría objetarse -por ejemplo- que quienes mataron a Angelelli no odiaban la fe cristiana, más bien al contrario, algunos de ellos eran fervientes católicos. De aquí podría llegarse a la apresurada conclusión de que sus muertes fueron por cuestiones políticas, no religiosas y que por tanto se estaría forzando la interpretación de la historia al declararlos mártires. Por eso creemos que merece ensayarse una somera explicación sobre qué significa el martirio in odium fidei.

 

¿Qué es el martirio?

 

La primera etapa que debemos recorrer en este camino es preguntarnos acerca del significado del martirio. El mártir por excelencia es Cristo. Él entrega voluntariamente su vida para dar testimonio del amor misericordioso del Padre. Muchos otros en la historia han dado su vida por Jesucristo o por encarnar sus enseñanzas. La Iglesia los considera mártires porque sus muertes están asociadas a la muerte de Cristo. Etimológicamente mártir significa testigo. Como Cristo, que es el “testigo fiel” (Apoc 1,5), digno de fe, que da fe del amor de Dios y este testimonio provoca en nosotros la fe. Del mismo modo, la sangre de los mártires mezclada con la de Cristo suscita nuestra fe, hace creíble la Buena Noticia que trajo Jesús y que la Iglesia transmite. Bien lo entendía Tertuliano cuando plasmó la inspiradora sentencia: “sangre de mártires, semilla de cristianos”.

 

Desde los primeros mártires asesinados por el imperio romano hasta el presente, el concepto de martirio ha tenido distintas acentuaciones. No corresponde aquí ofrecer una panorámica. Pero sí notar que el Concilio Vaticano II aportó una visión propia del martirio donde lo normativo es el amor de Cristo. Por tanto, el acento no está tanto en la profesión de fe del mártir sino en el amor que está en la base del testimonio del santo. La noción preconciliar insistía en que la muerte debía ser instigada por un rechazo a la fe del mártir. En cambio, Lumen Gentium42 al hablar de martirio no nombra la profesión de fe, aunque ciertamente la supone, sino que prefiere hablar de martirio como signo del amor que se abre hasta hacerse total donación de sí (cf. R. Fisichella, Voz: Martirio en Nuevo Diccionario de Teología Fundamental, Paulinas, 1992).

 

Desde esta perspectiva Karl Rahner, movilizado por el asesinato de Romero en El Salvador escribió sobre la necesidad de ampliar el concepto tradicional de martirio de modo que incluya a quienes mueren luchando por un valor cristiano como la justicia (K. Rahner, Dimensiones del martirio, Concilium 183, 1983). Allí explica que cuando decimos que el mártir muere por la fe, el término fe incluye la moral cristiana. Pone como ejemplo a Santa María Goretti, que es considerada mártir y sin embargo no murió por profesar su fe sino por defender un valor cristiano como la virginidad.

 

El caso de Maximiliano Kolbe es un buen ejemplo de esta ampliación del concepto de martirio que se da después del Concilio. Este sacerdote franciscano polaco murió en Auschwitz después de haberse ofrecido espontáneamente a reemplazar a uno de los prisioneros elegidos para morir de hambre. En 1971 es beatificado por Pablo VI no como mártir sino bajo el título de “confesor” ya que, si bien su muerte fue un acto de caridad sublime al morir por otro, no fue interrogado directamente sobre su fe. Pero en 1982 Juan Pablo II, en contra del juicio de algunos miembros de la curia romana, decide canonizarlo como mártir. De este modo, Kolbe se constituyó en el primer santo que cambió de categoría entre las dos etapas de la misma canonización (Cf. A. Frossard, No olvidéis el amor: La pasión de Maximiliano Kolbe, Ed. Palabra, 2005).

 

Odium fidei

 

El mártir siempre muere por odium fidei. A la luz de lo que dijimos sobre la noción posconciliar de martirio puede entenderse que es también odium fidei, el rechazo hacia conductas que son consecuencias de la fe. Esto ya podía encontrarse en la doctrina clásica cuando Santo Tomás se pregunta “si sólo la fe es causa del martirio” (ST II-II q124, a5). Allí explica que “a la verdad de la fe pertenece no sólo la creencia del corazón, sino también la confesión externa, la cual se manifiesta no sólo con palabras por las que se confiesa la fe, sino también con obras por las que se demuestra la posesión de esa fe” (ibíd.). Ilustra la afirmación con el ejemplo a Juan el Bautista, quien es considerado mártir y no murió por defender la fe sino por reprender un adulterio.

 

Mostraría una concepción demasiado intelectualista de la fe pensar que el odium fidei solo puede aplicarse cuando la agresión se produce explícitamente contra la doctrina cristiana. Además, como bien señala J. González Faus, llevaría a la paradoja de sostener que “sólo un no cristiano podría provocar mártires. Sólo un emperador Juliano, o un gobierno ateo. Un cristiano, por cruel que fuese, no podría provocarlos pues, si se confiesa cristiano, no odiará la fe”(J.I. González Faus, “El mártir testigo del amor”, Revista Latinoamericana de Teología 55, 2002).

 

Desde este marco teológico podemos afirmar claramente que quienes sufren la muerte por oponerse desde sus convicciones cristianas a gobiernos que ejercieron el terrorismo de estado pueden identificarse como mártires. Aun sin olvidar que -en el caso de Angelelli y Romero, al que podría agregarse el obispo Ponce de León y tantos mártires latinoamericanos- los verdugos fueron muchas veces militares católicos, que actuaban pretendidamente en defensa del cristianismo y con la anuencia de algunos sectores de la Iglesia. Lo que hay, es odio a una de las consecuencias de la fe de estos testigos: la justicia. Un valor que ellos estimaron más que a sus vidas.

 

Monseñor Angelelli y sus compañeros no sólo enseñaban el credo, sino todo lo que éste encierra. Especialmente, que todos somos iguales en dignidad y que luchar contra la injusticia es amar a Dios y al prójimo. En sus casos, el odium fidei tomó la forma de un odium amoris. Ese mismo amor que los llevó a la muerte y que hoy es fuente de gracia e inspiración para quienes los veneramos como mártires.


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La santidad de Oscar Arnulfo Romero según su Postulador

mons. RomeroEl Papa Pablo VI saluda a Monseñor Oscar Arnulfo Romero 

Mons. Urrutia: “Una vez más, el Papa sorprendió al mundo”

“Monseñor Romero fue un sacerdote que llevó una vida santa desde el seminario. Y aunque existieron evidentemente, por la naturaleza humana, pecados en su vida, todos ellos fueron purificados con el derramamiento de su sangre en el acto martirial”. Lo afirma el Postulador diocesano de la causa de Canonización del Beato en un documento publicado recientemente

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

En estos días, Monseñor Rafael Urrutia, Canciller del Arzobispado de San Salvador, Vicario Episcopal para los Movimientos y Asociaciones de fieles y Postulador diocesano de la causa de Canonización del Beato Oscar Arnulfo Romero hizo público un documento en el que afirma que “una vez más, el Papa Francisco sorprendió al mundo con la firma de dos Decretos que permiten la canonización del Papa Pablo VI, beatificado en octubre de 2014; y de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, beatificado el 23 de mayo de 2015. Ambos Decretos, firmados el 6 de marzo del año en curso, reconocen dos milagros obtenidos por la intercesión de Pablo VI y del Beato Romero, último escollo para la santificación plena, jurídicamente hablando; y así a partir de la ceremonia de canonización del 14 de octubre próximo, ambos serán llamados Santos”.

Monseñor Urrutia comienza explicando cómo se sigue el iter procesal para que los siervos de Dios lleguen a ser declarados santos por fama de santidad por fama de martirio. Y afirma que en ambos casos se vive la santidad, aunque para el martirio requiere de una llamada particular de Dios a uno de sus hijos, una elección que Dios hace a muy pocos de sus hijos; porque “el martirio es un don que Dios concede a pocos de sus hijos, para que llegue a hacerse semejante a su Maestro, que aceptó libremente la muerte por la salvación del mundo, asemejándose a él en el derramamiento de su sangre como un acto sublime de amor”. Por esta razón – escribe el Postulador – “la más grande apología del cristianismo es la que da un mártir como máximo testimonio de amor”.

Desde el punto de vista personal, agradece a los detractores de Monseñor Romero y a la euforia de quienes lo aman, porque así lo han ayudado a interiorizar su martirio y a comprender que, aunque entre las disposiciones antecedentes al martirio no son requeridas la santidad y las virtudes heroicas durante la vida del siervo de Dios, ese martirio en él, es la plenitud de una vida santa. En una palabra – explica – “Dios eligió al Beato para su misión martirial porque encontró en él, a un hombre con experiencia de Dios o dicho con palabras del Evangelio, encontró a Óscar, lleno de gracia”.

Tras analizar algunos de los elementos constitutivos del concepto jurídico del martirio, propone un pasaje de la homilía pronunciada con motivo del 20° aniversario de la muerte de Monseñor Romero, en el año 2000, pronunciada por Monseñor Fernando Sáenz Lacalle, Arzobispo de San Salvador, quien dijo textualmente: “El horrible crimen que segó la vida de nuestro amado predecesor le proporcionó una inestimable fortuna: morir como testigo de la fe al pie del altar”. 

Después de recorrer brevemente la vida del Beato, de la que se deduce su riqueza en matices y ofrece la figura de un pastor en el que se descubre su enorme profundidad, su interioridad, su espíritu de unión con Dios, raíz, fuente y cumbre de toda su existencia, no solamente desde su vida Arzobispal, sino desde su vida de estudiante y joven sacerdote, Monseñor Urrutia define al futuro Santo: “Mons. Romero, hombre humilde y tímido, pero poseído por Dios logró hacer lo que siempre quiso hacer: grandes cosas, pero por los caminos que el Señor le tenía señalados, caminos que fue descubriendo en su intensa e íntima unión con Cristo, modelo y fuente de toda santidad”.

En efecto, al cabo de treinta años de trabajo como Postulador Diocesano de su Causa de Canonización, Monseñor Urrutia ha querido compartir de este modo su punto de vista, su apreciación por un Obispo Buen Pastor que siempre fue obediente a la voluntad de Dios con delicada docilidad a sus inspiraciones; que vivió según el corazón de Dios, no sólo los tres años de su vida arzobispal, sino toda su vida.

Y concluye: “Es cuanto afirma en la Carta Apostólica de Beatificación el Papa Francisco cuando dice: ‘Oscar Arnulfo Romero y Galdámez, obispo y mártir, pastor según el corazón de Cristo, evangelizador y padre de los pobres, testigo heroico del reino de Dios, reino de justicia, de fraternidad, de paz’”.


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Argentina: intolerable difamación contra Mons. Angelelli

Angelelli beato, el mártir que aún “molesta a los poderosos”

Al cumplirse 42 años del asesinato de Enrique Angelelli reaparecen en Argentina duros ataques contra su figura y acusaciones contra el Papa por autorizar su beatificación con un objetivo “político-ideológico”. El obispo Marcelo Colombo replica: Su figura “molestó y molesta a los poderosos”

El opispo Enrique Angelelli

Pubblicato il 04/08/2018
Ultima modifica il 04/08/2018 alle ore 11:55
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

“Angelelli de ninguna manera constituye el modelo de ejemplaridad cristiana que la Iglesia exige para iniciar un proceso de canonización”. Una sentencia neta, que sorprendió y causó indignación entre los obispos argentinos en los últimos días. No provino de un experto en derecho canónico, ni de un teólogo. Fue el núcleo de la editorial en un conocido diario, que con especial rudeza cuestionó directamente al Papa por autorizar “una beatificación de tono político-ideológico”. Al cumplirse exactamente 42 años del asesinato del histórico pastor de La Rioja, el 4 de agosto de 1976, y en la víspera de su reconocimiento como mártir, el artículo fue interpretado como una afrenta a la Iglesia toda y un intento por menguar su cualidad profética en un escenario político borrascoso en el país. Por eso, el obispo Marcelo Colombo, todavía administrador de la misma diócesis, replicó: “¿No será mucho, señores? ¿Tanto les molestamos?”.

 

“¿No deberían ocuparse de los problemas reales del país, de las víctimas de los que juegan con la especulación financiera y nos despojan del futuro? ¿No deberían preocuparles las cortinas de humo que desde los espacios de poder económico y político, cada día nos apartan de la realidad para enfrascarnos en nuevas y más cínicas grietas que debilitan a este alicaído cuerpo social? Ojalá este periodismo recupere la cordura y la objetividad”, cuestionó el todavía administrador diocesano de La Rioja.

Un desfogo y una respuesta al artículo publicado por el diario La Nación en su edición del 30 de julio. Un texto sin firma, que manifestó así la postura de la publicación toda. La nota, en realidad bastante corta, cuestiona al mismo tiempo los procesos judiciales y los procesos eclesiásticos. Intenta, aportando escasos datos, cuestionar la versión de que la muerte de Angelelli en un extraño accidente automovilístico en el inhóspito paraje riojano de Punta de los Llanos no fue producto de una acción organizada por los militares.

 

 

Pero, lo que más molestó a la Iglesia argentina, fue el determinismo con el cual se aseveró que el obispo no fue “mártir por defender la fe”. Lo acusaron de tener una “activa y probada” vinculación con la organización terrorista Montoneros. Y para certificar esas declaraciones, publicó una peculiar foto en la cual él habría estado “oficiando misa” con un cartel de la agrupación a sus espaldas.

 

Este detalle resulta sugestivo. Porque la editorial no indica ni fecha, ni lugar, ni circunstancias o contexto de esa imagen borrosa en blanco y negro, que parece sacada de alguna publicación, porque incluye un pie de foto con la frase: “Monseñor Angelelli bendijo la Sala y elogió el esfuerzo de los compañeros peronistas”. No se aporta la información que permita situar la escena en tiempo y espacio.

 

Las explicaciones no son aspecto secundario. Porque, para quienes no conozcan a fondo la historia argentina, es necesario recordar que Montoneros no siempre fue una organización clandestina. Tampoco se puede olvidar que surgió en el seno de la misma Iglesia católica. Se extendió con tanta fuerza a nivel nacional que, en su apogeo, llegó a tener decenas de miles de miembros entre sus filas. No en todas las provincias argentinas sus líderes operaban de la misma manera, y en muchos ambientes católicos no era considerado incongruente, por ejemplo, ser catequista y montonero. Es fue caso de Pedro Corzo, dirigente de la unidad básica del Barrio 4 de Junio en La Rioja, fallecido hace apenas unos años atrás.

 

Conocedores de la historia revelaron al Vatican Insider que el acto en cuestión habría sido la inauguración de una salita de salud en 1973, poco tiempo después de la elección de Carlos Saúl Menem como gobernador de la provincia. Las fuentes recuerdan que, para entonces, Montoneros no sólo era legal sino que era la “cenicienta” entre las organizaciones peronistas. Y agregan que el grupo volvió a la clandestinidad tras el famoso episodio durante el cual Juan Domingo Perón echó a sus militantes de la Plaza de Mayo de Buenos Aires al grito de “imberbes”, el 1 de mayo de 1974. De todas maneras, tampoco se puede probar un vínculo estable, preciso y extendido en el tiempo de Angelelli con el grupo.

 

Una opinión distinta se hizo Juan Aurelio Ortiz, que todos conocen como Alilo, sacerdote e historiador riojano. En una nota directamente cuestionó la veracidad de la fotografía del obispo exhibiendo algunos particulares incongruentes. “¿En qué quedamos, oficiando una misa o bendiciendo una sala? ¿Da lo mismo decir Montoneros que peronistas? ¿No se enteraron que a las fotos se las puede truchar? De las toneladas de fotos que vi nunca aparece Angelelli vestido de esa manera, con un rosario que le llega hasta la cintura”, escribió.

 

Y agregó: “Seré un ‘cabecita negra’, pero entiendo lo que leo. ¿En qué fecha se desarrolló el acto? ¿En qué lugar? ¿Por qué no aprovecharon para consignar por lo menos una frase de Angelelli ‘proponiendo un modelo violento y sectario’? Era una ocasión más que propicia para probar lo que sostienen. ¿Por qué omiten estos datos tan elementales en todo buen periodista? En todo caso, la afirmación de ‘subversivo’ me recuerda que también a Jesucristo le echaron en cara que comía con los pecadores”.

 

Efectivamente la foto es extraña. O se podría decir las fotos, porque existen al menos dos que circulan por internet. La publicada por La Nación solo muestra al obispo y el cartel de fondo. Pero una segunda, que evidenciaron otros medios también críticos, aporta datos significativos. En esta se puede ver a Angelelli rodeado por muchos niños. Algunos de ellos muy pequeños, de hasta 10 años o menos, todos sentados en el suelo y vestidos de gala. Convenientemente, a ninguno de los presentes se le puede identificar el rostro, todo está demasiado difuminado, salvo la inscripción de Montoneros que si aparece enfocada. Una escena que dista mucho de la bendición a un grupo listo para salir a empuñar las armas terroristas.

 

Sea como sea, las afirmaciones del periódico de Buenos Aires causaron “sorpresa e indignación” en el pueblo fiel de La Rioja, expresadas a través del obispo Colombo, que se alista a asumir la Arquidiócesis de Mendoza. Por eso no quiso quedarse callado y redactó una respuesta.

 

“Sin ningún fundamento, con afirmaciones altisonantes, carentes de sustento salvo el odio y la búsqueda permanente del descrédito de la Iglesia, el autor anónimo de este editorial que atribuiremos por tanto al mismo diario en la persona de su director, menosprecia el rigor jurídico de la justicia humana que en sucesivas intervenciones”, escribió. Y cuestionó directamente a La Nación que “todo lo sabe y todo lo juzga porque es la medida absoluta de la objetividad y la independencia periodística al punto de ‘tener la justa’ inclusive en materia canónica”.

 

“Enrique Angelelli, pastor de tierra adentro, molestó y molesta a los poderosos. Su palabra sencilla y sincera, nacida del evangelio, preocupaba y preocupa a quienes quieren disciplinar a la Iglesia de Jesucristo para que responda a sus intereses y tranquilice sus conciencias, de quienes entonces pretendieron acallar la voz del pastor y ahora ensucian su memoria y buscan paralizar las energías de una Iglesia en salida, dispuesta a caminar con paso firme, sin negar sus errores y fragilidades, para llegar a todos los hombres y mujeres, especialmente los más pobres y excluidos”, añadió.

 

Tras el mensaje de Colombo, se multiplicaron las muestras de solidaridad de diversos obispos, sacerdotes y grupos, como la Acción Católica Argentina. “(A Angelelli) lo quisieron silenciar con amenazas y con la muerte. Solo lograron transformarlo definitivamente en un profeta que desborda los límites de su diócesis y de nuestra patria, cuya voz seguirá resonando en todos los rincones de América Latina”, indicó una declaración del obispado de Quilmes.

 

“(Rechazamos) una mirada tan sesgada como la que propone el artículo editorial citado, donde se cuestiona por un lado el proceso civil-penal, y por otro la rigurosidad del proceso canónico que llevó al papa Francisco a declarar beato al padre obispo Enrique Angelelli”, añadió Miguel Ángel D’Annibale, obispo electo de San Martín y administrador apostólico de Río Gallegos.

 

Monseñor Angelelli será declarado mártir en los próximos meses, seguramente en noviembre aunque la fecha todavía no es oficial. En la misma ceremonia serán beatificados también los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville, y el laico Wenceslado Pedernera, todos asesinados en aquellos meses de 1976.