Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Celebraciones del Papa en Cuaresma, Semana santa y Pascua.

Celebraciones presididas por el Santo Padre en los meses de marzo y abril de 2017

(RV).- La Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice publicó el calendario de las celebraciones presididas por el Santo Padre en los meses de marzo y abril de 2017.

Recordando que el primer miércoles de marzo, Miércoles de Ceniza, el Pontífice presidió la Eucaristía con el rito de bendición e imposición de las cenizas, en la Basílica de Santa Sabina en Roma. Mientras que, el domingo 5 de marzo, I Domingo de Cuaresma, se dará inicio a los ejercicios espirituales para el Papa y la Curia Romana en la localidad italiana de Ariccia. La Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice, también informó que, el viernes 10 de marzo, será la conclusión de los ejercicios espirituales para el Papa y la Curia Romana. Así mismo, el viernes 17 de este mes, el Santo Padre presidirá la Liturgia Penitencial, a las 5 de la tarde en la Basílica de San Pedro. Mientras que, el sábado 25 de marzo, Solemnidad de la Anunciación del Señor, el Sucesor de Pedro realizará su Visita Pastoral a la ciudad italiana de Milán.

Las celebraciones presididas por el Santo Padre continuaran durante el mes de abril, el domingo 2 de ese mes, el Pontífice irá en Visita Pastoral a la Diócesis italiana de Carpi. Mientras que, el domingo 9 de abril, Domingo de Ramos y de la Pasión del Señor, el Papa Francisco conmemorará la entrada del Señor en Jerusalén y presidirá la Santa Misa en la Plaza de San Pedro. Asimismo, la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice, también informó el calendario de celebraciones para la Semana Santa, que inician el jueves 13 de abril, Jueves Santo, con la celebración de la Santa Misa del Crisma a las 9.30 de la mañana, en la Basílica de San Pedro. Mientras que, el Santo Padre celebrará la Misa in Coena Domini, en un lugar que será comunicado posteriormente. Al día siguiente, Viernes Santo, el Papa presidirá la Celebración de la Pasión del Señor, a las 5.00 de la tarde en la Basílica de San Pedro; sucesivamente, a las 9.15 de la noche, el Pontífice se dirigirá al Coliseo Romano para la celebración del tradicional “Via Crucis”. El sábado 15 de abril, Sábado Santo, el Obispo de Roma presidirá en la Basílica de San Pedro la Vigilia Pascual a las 8.30 de la noche. Mientras que, el domingo 16 de abril, Domingo de Pascua, el Papa Francisco presidirá la Santa Misa del día en la Plaza de San Pedro a las 10.00 de la mañana y al mediodía, desde el balcón central de la Basílica Vaticana impartirá su Bendición “Urbi et Orbi”.


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Liturgia y música sacra, en palabras del Papa

La música sacra nos dona el sentido de la gloria de Dios, el Papa a los participantes en el Congreso sobre Música e Iglesia

2017-03-04 Radio Vaticana

(RV).- El Papa Francisco recibió este sábado a los participantes en el Congreso sobre “Música e Iglesia: culto y cultura a 50 años de la Musicam sacram”, organizado por el Consejo Pontificio de la Cultura y por la Congregación para la Educación Católica, en colaboración con el Pontificio Instituto de Música Sacra y el Pontificio Instituto Litúrgico del Ateneo San Anselmo.

En el discurso que les dirigió, Francisco empezó notando que medio siglo después de la Instrucción Musicam sacram, este encuentro ha querido profundizar, en una óptica interdisciplinar y ecuménica, la actual relación entre la música sacra y la cultura contemporánea, entre el repertorio musical adoptado y usado por la comunidad cristiana y las tendencias musicales prevalentes.

“El primer documento emanado por el Concilio Vaticano II fue la Constitución sobre la liturgia Sacrosanctum Concilium. Los Padres Conciliares advertían la dificultad de los fieles al participar en una liturgia de la que no comprendían plenamente el lenguaje, las palabras y los signos. Para concretar las líneas fundamentales trazadas por la Constitución, fueron emanadas Instrucciones, entre las que se encuentra precisamente aquella sobre la música sacra”, precisó el Pontífice, añadiendo que es aún de gran actualidad la premisa de la mencionada Instrucción: “La acción litúrgica reviste una forma más noble cuando es celebrada en canto, con los ministros de cada grado que desarrollan el propio oficio, y con la participación del pueblo. En esta forma, de hecho, la celebración adquiere una expresión más alegre, y el misterio de la sacra Liturgia y su naturaleza jerárquica y comunitaria son manifestados con mayor claridad”.

El Papa observó también que varias veces el Documento, siguiendo las indicaciones conciliares, pone en evidencia la importancia de la participación de toda la asamblea de los fieles, definida “activa, consciente, plena”, y subraya con mucha claridad que la verdadera solemnidad de una acción litúrgica no depende tanto de la forma más rica del canto y del aparato más fastuoso de las ceremonias, que más bien de la forma digna y religiosa de la celebración. Se trata, sobre todo, de participar intensamente en el Misterio de Dios, en la “teofanía” que se cumple en toda celebración eucarística, en la que el Señor se hace presente en medio de su pueblo.

“Al respecto, emerge una doble misión que la Iglesia está llamada a  perseguir, especialmente a través de aquellos que trabajan en este sector. Se trata, por una parte, de salvaguardar y valorizar el rico y multiforme patrimonio heredado del pasado, utilizándolo con equilibrio en el presente.  Por otra parte, es necesario hacer que la música sacra y el canto litúrgico sean plenamente ‘inculturados’ en los lenguajes artísticos y musicales de la actualidad. Que sepan encarnar y traducir la Palabra de Dios en cantos, sonidos, armonías que hagan vibrar el corazón de nuestros contemporáneos, creando también un oportuno clima emotivo, que disponga a la fe y suscite la acogida y la plena participación al misterio que se celebra. Para favorecer este recorrido, es necesario promover una adecuada formación musical, también en todos los que se preparan al sacerdocio, en diálogo con las corrientes musicales de nuestro tiempo, con las instancias de las diversas áreas culturales, y en actitud ecuménica”.

A los participantes en el simposio el Obispo de Roma agradeció por su empeño en el ámbito de la música sacra.  “Los acompañe la Virgen María, que en el Magnificat ha cantado la santidad misericordiosa de Dios”. Finalizando su discurso, Francisco los estimuló a no perder de vista el importante objetivo de ayudar a la asamblea litúrgica y al pueblo de Dios a percibir y a participar, con todos los sentidos, físicos y espirituales, del misterio de Dios. “La música sacra y el canto litúrgico tienen la tarea de donarnos el sentido de la gloria de Dios, de su belleza, de su santidad”.


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Cuaresma: significado y lectura de las sagradas escrituras.

Lent is a time to grow in the faith

  • (CNS/Catolico/Karen Callaway)
In Catholic culture, Lent is often seen as a time of fasting and self-denial. That is certainly part of the tradition, but not one that the liturgy stresses. The liturgical readings are more about preparing catechumens for baptism at the Easter Vigil.Preparing catechumens for baptism appears to be the more ancient tradition, but when the number of adult baptisms declined, the penitential side of Lent came to the fore. In some places, the practice of fasting for 40 days after the Epiphany in imitation of Christ’s time in the desert was combined with a shorter period of fasting immediately before Easter. Lent also became a time of public penance prior to being readmitted to the church at Easter.

Today, with the Rite of Christian Initiation of Adults (RCIA) common in many churches, Lent as a time of preparing for baptism is once more being emphasized. But what does that mean for the already baptized?

For me, Lent is all about the weekday Scripture readings. These readings were the original “Catechism of the Catholic Church.” It was only centuries later that the catechism, under the influence of Martin Luther and Robert Bellarmine, became what it is today, with its emphasis on doctrine.

The original catechesis was more about living the faith than knowing the faith. It was based on Scripture, not doctrinal teaching. Selected for the Lenten weekday readings were what the church considered the most important passages that a new Christian needed to know in order to practice the faith. In ancient times, the catechumens would gather in the cathedral each day during Lent where the bishop would instruct them using the Scripture readings.

Now, more than ever, we need to inspire action and a belief in the common good. But we need you. Subscribe button.jpg

Today, these same weekday Scripture readings can be a splendid way of reminding us of the essentials of our faith.

The Lenten Scripture readings include the story of Jonah, the story of Susanna, the Ten Commandments, the Lord’s Prayer, the parable of the prodigal son, the parable of the rich man and Lazarus, parts of the Sermon on the Mount, the two great commandments, the Last Judgment (Mathew 25), and many other favorites, including hopeful passages from Isaiah and Ezekiel. Themes of God’s compassion and our duty to the poor are repeated throughout Lent.

Immediately after Ash Wednesday, Deuteronomy asks us to choose life and Luke’s Gospel speaks of the death and resurrection of Jesus and our call to follow him. This is the big picture for the disciples of Christ.

On Friday, Isaiah tells us that the fasting desired by the Lord is

releasing those bound unjustly,
untying the thongs of the yoke;
Setting free the oppressed,
breaking every yoke;
Sharing your bread with the hungry,
sheltering the oppressed and the homeless;
Clothing the naked when you see them,
and not turning your back on your own.

On Saturday, Isaiah continues with calls to remove oppression, false accusation and malicious speech and to bestow your bread on the hungry and satisfy the afflicted. This is followed by the call of Levi, the tax collector, in Luke’s Gospel, where Jesus must defend himself for eating and drinking with tax collectors and sinners.

Thus begins Lent with key themes of the Gospels: the death and resurrection of Jesus, the call to discipleship, and special concern for the hungry and the poor.

The first week of Lent continues with the Ten Commandments, the Final Judgment of Matthew 25, the Lord’s Prayer, the story of Jonah, Jesus’ instruction on prayer, and sections of the Sermon on the Mount.

The second week of Lent speaks of the mercy of God and our duty to be merciful to one another. It also warns against acting prideful like the Pharisees. The Scriptures warn that following Christ means being a servant, not a person with power. This is thrust home by the parable of the rich man and Lazarus, which once again reminds the catechumens of their duty toward the poor. But the possibility of rejecting Jesus is also acknowledged with the story of the landowner whose son is killed by his tenants. But the week ends with the story of the prodigal father who welcomes his son after he has exhausted his inheritance.

God’s mercy and our need to be merciful continue to be emphasized in the third week of Lent with the parable of the master and the unforgiving servant along with other stories of sin and forgiveness. Friday of this week also has the two great commandments as articulated by Jesus in Mark’s Gospel.

The fourth week of Lent is full of stories of Jesus’ compassion for the sick, including the son of the royal official and the crippled man at the pool of Bethesda. It continues with Jesus in John’s Gospel responding to the unbelief of the Pharisees.

The fifth week begins with the stories of Susanna and of the woman caught in adultery. It continues with Jesus in Jerusalem responding to the Pharisees who ultimately reject him. The Old Testament readings match this rejection with stories about Jeremiah and those who suffered at the hands of Nebuchadnezzar. But Saturday‘s reading from Ezekiel reminds us of hope.

Lent concludes with the last days of Jesus prior to the Holy Triduum.

Lent is the perfect time to immerse ourselves in these wonderful Scripture passages. Sadly, most Catholics do not read or pray the Scriptures. For too many centuries, the clergy preferred it that way, lest the laity start getting ideas on their own. That day is over. While we can criticize the bishops for many things, we can no longer blame them for keeping the Scriptures out of the hands of the laity.

In fact, the bishops have gone out of their way to make the daily Scripture readings accessible on the Web at the website of the U.S. Conference of Catholic Bishops where they are available to read or be listened to. They are also available through apps like iBreviary or as audio downloads using podcasts (search for “Daily Readings from the New American Bible”).

Christians who do not read the Scriptures are starving themselves from the Word of God. Protestants understand this and read the Scriptures much more than do Catholics. Catholics content themselves to hearing the word on Sundays, if they come to church.

True reform will not happen in the church until the laity begin reading and praying over the Scriptures themselves. Without reflecting on the Scriptures, it is almost impossible to become an adult Christian. It is through reading the Scriptures that we open ourselves to inspiration from the Spirit. As Pope Francis said in Evangelii Gaudium:

Whenever we make the effort to return to the source and to recover the original freshness of the Gospel, new avenues arise, new paths of creativity open up, with different forms of expression, more eloquent signs and words with new meaning for today’s world.

There is no better way to return to the source than reading and praying over the weekday Scriptures during Lent.

[Jesuit Fr. Thomas Reese is a senior analyst for NCR and author of Inside the Vatican: The Politics and Organization of the Catholic Church. His email address is treesesj@ncronline.org.]

Editor’s note: We can send you an email alert every time Thomas Reese’s column, Faith and Justice, is posted. Go to this page and follow directions: Email alert sign-up.


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La cuaresma según Papa Francisco.

Papa: La Cuaresma es un tiempo de esperanza

(RV).- En el miércoles de cenizas que da inicio al tiempo litúrgico de la Cuaresma, el Papa Francisco relacionó el camino cuaresmal con la esperanza cristiana, y explicó que la Cuaresma, camino hacia la Pascua de Jesús, período de penitencia y mortificación que tiene como fin hacernos resurgir en Cristo, es, por naturaleza propia, un “tiempo de esperanza”.

Para profundizar sobre el significado del mismo, el pontífice se refirió a la experiencia del éxodo de los israelitas de Egipto, narrado por las Sagradas Escrituras: “Hoy, miércoles de ceniza, – dijo hablando en español – los invito a reflexionar sobre la cuaresma como tiempo de esperanza. Al igual que el Pueblo de Israel que sufrió la esclavitud en Egipto, cada uno de nosotros está llamado a hacer experiencia de liberación y a caminar por el desierto de la vida para llegar a la tierra prometida”.

El éxodo, un período largo de cuarenta años en el que el pueblo de Israel, ante las pruebas del camino, está siempre tentado de hacer marcha atrás, pero en el cual gracias a la esperanza y de la mano del Señor, finalmente es conducido de la esclavitud hacia la libertad. A partir de este concepto el Obispo de Roma hizo el punto en que la Cuaresma, como el éxodo, es un camino que nos conduce de la esclavitud hacia la libertad donada por Cristo Jesús: “Jesús nos abre el camino al cielo a través de su pasión, muerte y resurrección. Él ha debido humillarse y hacerse obediente hasta la muerte, vertiendo su sangre para librarnos de la esclavitud del pecado. Es el beneficio que recibimos de él, que debe corresponderse con nuestra acogida libre y sincera”.

El Papa añadió en italiano que la libertad que nos dona Jesús, no conlleva a que nosotros “no hagamos nada”, y que vayamos al paraíso “en carroza”, dado que, si bien nuestra salvación es don de Cristo, porque se trata de una “historia de amor”, “necesita de nuestro sí, y de nuestra participación en su amor, como nos lo demuestra nuestra Madre María, y después de ella, todos los santos”.

En la conclusión de la catequesis, tras recordar que los cristianos estamos llamados a seguir el ejemplo de Nuestro Señor que venció al tentador, y que ahora también nosotros debemos afrontar la tentación y superarla, de modo que nuestro camino cuaresmal sea signo sacramental de nuestra conversión, exhortó a todos “a caminar en esperanza y con empeño en este camino de amor, que Dios hoy nos propone al inicio de la Cuaresma”.

“Que nuestro esfuerzo forje una esperanza sólida, como la de María, que continuó a creer y a esperar incluso cuando se encontraba junto a la cruz de su Hijo. Que Dios los bendiga a todos”.


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Comentario al mensaje del Papa para la cuaresma.

“La tiranía del dinero provoca el desprecio del otro”

Mensaje de Cuaresma de Francisco: «La codicia es la raíz de todos los males. No hay que cerrar las puertas a los pobres y necesitados, el otro siempre es un don»
REUTERS
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Pubblicato il 07/02/2017
Ultima modifica il 07/02/2017 alle ore 15:05
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

«La codicia del dinero es la raíz de todos los males»: la corrupción y las envidias, peleas y sospechas, todo nace allí. En el Mensaje para la Cuaresma de este 2017, Papa Francisco vuelve a deplorar el apego a la riqueza que lleva a los que las poseen a «una especie de ceguera», a ver solo el propio yo y cerrarse al otro, especialmente «el pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación».

 

«El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico. En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz», afirma el Pontífice.

 

«La codicia del dinero es la raíz de todos los males», insistió, y reflexionó sobre la Parábola del Evangelio de Lucas que representa a dos personajes. Por una parte un hombre rico, cuyo nombre no se dice, esclavo de un «lujo exagerado» que manifiesta en sus vestidos opulentos. Su codicia «lo vuelve vanidoso», «su personalidad se desarrolla en la apariencia, en hacer ver a los demás lo que él se puede permitir. Pero la apariencia esconde un vacío interior. Su vida está prisionera de la exterioridad, de la dimensión más superficial y efímera de la existencia».

 

Por otra parte, está el pobre Lázaro, abandonado fuera de la puerta comiendo las migajas que caen de la mesa, con llagas en todo el cuerpo y los perros que se las lamen. Un «cuadro es sombrío, y el hombre degradado y humillado». Para el rico, «Lázaro es como invisible», mientras que para Dios es «un don, un tesoro de valor incalculable, un ser querido, amado, recordado por Dios, aunque su condición concreta sea la de un desecho humano».

 

En realidad, el que es degradado es el rico, que toca «el peldaño más bajo de esta decadencia moral»: la soberbia. «El hombre rico —continuó el Papa— se viste como si fuera un rey, simula las maneras de un dios, olvidando que es simplemente un mortal. Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación».

 

Se acuerda solamente cuanto, junto a Lázaro, acaba en el más allá y se encuentra con Abraham, a quien llama «padre», «demostrando que pertenece al pueblo de Dios». «Este aspecto hace que su vida sea todavía más contradictoria, ya que hasta ahora no se había dicho nada de su relación con Dios. En efecto, en su vida no había lugar para Dios, siendo él mismo su único dios», subrayó Francisco.

 

Entre los «tormentos del más allá, el rico pide que alivien su sufrimiento con un poco de agua. «Los gestos que se piden a Lázaro —explicó— son semejantes a los que el rico hubiera tenido que hacer y nunca realizó. Abraham, sin embargo, le explica: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces”. En el más allá se restablece una cierta equidad y los males de la vida se equilibran con los bienes».

 

El rico pide ayuda por sus hermanos que siguen vivos, pidiéndole a Abraham que mande a Lázaro para advertirles y que no acaben como él. «De esta manera —indicó el Pontífice— se descubre el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo. La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano»

 

El problema, pues, no es la riqueza, sino haber cerrado las puertas al otro, que siempre es, por el contrario, «un don, sea nuestro vecino, sea el pobre desconocido». Esta página del Evangelio ofrece, pues, «la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión», indicó Bergoglio. «El pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida», subrayó. «Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor», y «la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo».


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Mensaje de cuaresma del Papa. Resumen y texto oficial.

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2017

2017-02-07 Radio Vaticana

(RV).- «La Palabra es un don. El otro es un don». Es el Mensaje cuaresmal del Papa Francisco, que ha querido centrar «en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19-31)».

«Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión», escribe el Obispo de Roma, en su Mensaje, que fue presentado hoy en la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

Tras hacer hincapié en que el camino cuaresmal «es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte», señala que, en «este tiempo, recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor».

El Papa reitera que «Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar (cf. Homilía, 8 enero 2016)».

«La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna», recuerda asimismo el Santo Padre, añadiendo luego que, «en la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia».

«El otro es un don», «El pecado nos ciega», «La Palabra es un don». Son los tres puntos en los que reflexiona el Papa Francisco.

«Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico» (n. 1)

Con el apóstol Pablo el Papa reitera que «la codicia es la raíz de todos los males» (1 Tm 6,10)». Y añade que «ésta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico (cf. Exh. ap. Evangelii gaudium, 55). En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz» (n. 2)

«El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca. La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a vivir una experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dramática», asegura una vez más el Santo Padre y subraya que «el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo. La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano». (n. 3)

Antes de concluir su Mensaje el Papa Francisco exhorta a «todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma, que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo, para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana».

Y a orar «unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua».

(CdM – RV)

Texto completo del Mensaje del Papa Francisco:

La Palabra es un don. El otro es un don

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor. Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar (cf. Homilía, 8 enero 2016).

La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna. En la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia. En concreto, quisiera centrarme aquí en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19-31). Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión.

  1. El otro es un don

La parábola comienza presentando a los dos personajes principales, pero el pobre es el que viene descrito con más detalle: él se encuentra en una situación desesperada y no tiene fuerza ni para levantarse, está echado a la puerta del rico y come las migajas que caen de su mesa, tiene llagas por todo el cuerpo y los perros vienen a lamérselas (cf. vv. 20-21). El cuadro es sombrío, y el hombre degradado y humillado.

La escena resulta aún más dramática si consideramos que el pobre se llama Lázaro: un nombre repleto de promesas, que significa literalmente «Dios ayuda». Este no es un personaje anónimo, tiene rasgos precisos y se presenta como alguien con una historia personal. Mientras que para el rico es como si fuera invisible, para nosotros es alguien conocido y casi familiar, tiene un rostro; y, como tal, es un don, un tesoro de valor incalculable, un ser querido, amado, recordado por Dios, aunque su condición concreta sea la de un desecho humano (cf. Homilía, 8 enero 2016).

Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico.

  1. El pecado nos ciega

La parábola es despiadada al mostrar las contradicciones en las que se encuentra el rico (cf. v. 19). Este personaje, al contrario que el pobre Lázaro, no tiene un nombre, se le califica sólo como «rico». Su opulencia se manifiesta en la ropa que viste, de un lujo exagerado. La púrpura, en efecto, era muy valiosa, más que la plata y el oro, y por eso estaba reservada a las divinidades (cf. Jr 10,9) y a los reyes (cf. Jc 8,26). La tela era de un lino especial que contribuía a dar al aspecto un carácter casi sagrado. Por tanto, la riqueza de este hombre es excesiva, también porque la exhibía de manera habitual todos los días: «Banqueteaba espléndidamente cada día» (v. 19). En él se vislumbra de forma patente la corrupción del pecado, que se realiza en tres momentos sucesivos: el amor al dinero, la vanidad y la soberbia (cf. Homilía, 20 septiembre 2013).

El apóstol Pablo dice que «la codicia es la raíz de todos los males» (1 Tm 6,10). Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico (cf. Exh. ap. Evangelii gaudium, 55). En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz.

La parábola nos muestra cómo la codicia del rico lo hace vanidoso. Su personalidad se desarrolla en la apariencia, en hacer ver a los demás lo que él se puede permitir. Pero la apariencia esconde un vacío interior. Su vida está prisionera de la exterioridad, de la dimensión más superficial y efímera de la existencia (cf. ibíd., 62).

El peldaño más bajo de esta decadencia moral es la soberbia. El hombre rico se viste como si fuera un rey, simula las maneras de un dios, olvidando que es simplemente un mortal. Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación.

Cuando miramos a este personaje, se entiende por qué el Evangelio condena con tanta claridad el amor al dinero: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24).

  1. La Palabra es un don

El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca. La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a vivir una experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dramática. El sacerdote, mientras impone la ceniza en la cabeza, dice las siguientes palabras: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». El rico y el pobre, en efecto, mueren, y la parte principal de la parábola se desarrolla en el más allá. Los dos personajes descubren de repente que «sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él» (1 Tm 6,7).

También nuestra mirada se dirige al más allá, donde el rico mantiene un diálogo con Abraham, al que llama «padre» (Lc 16,24.27), demostrando que pertenece al pueblo de Dios. Este aspecto hace que su vida sea todavía más contradictoria, ya que hasta ahora no se había dicho nada de su relación con Dios. En efecto, en su vida no había lugar para Dios, siendo él mismo su único dios.

El rico sólo reconoce a Lázaro en medio de los tormentos de la otra vida, y quiere que sea el pobre quien le alivie su sufrimiento con un poco de agua. Los gestos que se piden a Lázaro son semejantes a los que el rico hubiera tenido que hacer y nunca realizó. Abraham, sin embargo, le explica: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces» (v. 25). En el más allá se restablece una cierta equidad y los males de la vida se equilibran con los bienes.

La parábola se prolonga, y de esta manera su mensaje se dirige a todos los cristianos. En efecto, el rico, cuyos hermanos todavía viven, pide a Abraham que les envíe a Lázaro para advertirles; pero Abraham le responde: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen» (v. 29). Y, frente a la objeción del rico, añade: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto» (v. 31).

De esta manera se descubre el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo. La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano.

Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor ―que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador― nos muestra el camino a seguir. Que el Espíritu Santo nos guie a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados. Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana. Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua.

Vaticano, 18 de octubre de 2016


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El Papa bautiza a unos niños en la Capilla Sixtina

«La fe es luz y deben hacerla crecer para que se convierta en testimonio», el Papa en la fiesta del Bautismo del Señor

(RV).- En la mañana del domingo 8 de enero, fiesta del Bautismo del Señor con la cual concluye el tiempo litúrgico de la Navidad, el Papa Francisco presidió por cuarta vez en su Pontificado, la Santa misa en la Capilla Sixtina en la cual administró el Sacramento del Bautismo a 13 niñas y 15 niños.

En una ceremonia litúrgica ambientada por cánticos y tras la presentación de los aspirantes a recibir el sacramento del bautismo, en el momento de la homilía, el Santo Padre dirigió las siguientes palabras a los padres, padrinos y familiares allí presentes:

Queridos padres, ustedes han pedido para sus hijos la fe, que les será dada en el bautismo. La fe, esto significa vida de fe porque la fe debe ser vivida, y caminar por el camino de la fe y dar testimonio de la fe. La fe no es recitar el credo los domingos cuando vamos a la misa, la fe no es solamente esto. La fe es creer en la verdad de Dios Padre que ha enviado a su Hijo y el Hijo nos da el espíritu que nos vivifica. La fe es confiar en Dios y eso es lo que ustedes tienen que enseñar a sus hijos con el ejemplo y con la vida.

La fe es luz. En esta ceremonia les será dada una vela encendida como en los primeros días de la Iglesia, y por eso en aquel tiempo el bautismo se llamaba la iluminación porque la fe ilumina el corazón, “hacer ver las cosas con otra luz” . Ustedes han pedido la fe, la iglesia da la fe con el bautismo a sus hijos, y ustedes tienen el compromiso de hacerla crecer, custodiarla y que se convierta en testimonio para todos los otros. Éste es el sentido de esta celebración, solamente esto quería decirles: custodiar la fe, hacerla crecer, de modo que sea testimonio para los otros.

Después… ha comenzado el concierto, (haciendo alusión a los llantos de algunos de los bebés durante la ceremonia) porque los niños se encuentran en un lugar que no conocen, los han levantado antes de lo común, empieza uno… da la nota, y los otros imitan… sencillamente porque ha llorado el otro. Jesús también hizo lo mismo, a mí me gusta pensar que la primera predicación de Jesús en el pesebre ha sido un llanto. Después como la ceremonia es muy larga, algunos lloran de hambre. Si es así, ustedes madres, sin vergüenza denles de mamar, como la Virgen daba de mamar a Jesús. No se olviden: ustedes han pedido la fe, ustedes tienen el compromiso de hacer crecer esta fe de modo que se convierta en testimonio para todos nosotros, también para nosotros, obispos, sacerdotes…todos. Gracias.

Posteriormente, la ceremonia prosiguió con los demás ritos preparatorios como la bendición del agua, la renuncia de los padres y padrinos al pecado, la profesión de fe y la pregunta formulada sobre el deseo de que el niño sea bautizado.

Pueden visualizar el evento completo y escuchar la crónica de Radio Vaticana en nuestro canal de Youtube.

(SL-RV)

(from Vatican Radio)