Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Homilía domingo 5º TO. Autor J,A. Jáuregui S.J.

 

 

DOMINGO 5 TOC

Ev.: Lc 5,1-11

 

Esta escena de la pesca milagrosa con el protagonismo de Pedro es una contrarréplica de la escena de la sinagoga de Nazaret: frente a la crítica y el rechazo de que es objeto Jesús por parte de sus conciudadanos, surge aquí el seguimiento personal y comprometido de Simón y de sus compañeros. Responder a Jesús como discípulo significa comprometerse a seguirle en su camino; un seguimiento que va a comportar la función de “recoger vivos” a los hombres, insertándolos en el dinamismo del Reino.

El relato guarda un notable parecido con la pesca milagrosa en Jn 21. No es el momento de enunciar todas las semejanzas, pero su abundancia hace razonable concluir que ambos relatos, independientemente, proceden de una misma y única tradición original. Muchas razones abogan por un relato originariamente post-pascual que Lucas anticipó a la vida de Jesús. Una huella clara está en el tratamiento que da Pedro a Jesús llamándole “Señor”. Por otra parte, la frase de Jesús “En adelante serás pescador de hombres” hace pensar en una misión apostólica del primer testigo de Cristo resucitado. La idea de un marco posterior a la resurrección para la pesca milagrosa de Pedro sugiere que Lucas, de manera independiente, actuó como Mateo cuando introdujo un logion postpascual en la construcción del diálogo de Mt 16,18 (“Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”). La intención de Lucas en esta anticipación de la pesca milagrosa a la vida de Jesús unida al protagonismo de Pedro es preparar el papel dominante que Pedro va a tener, entre los Doce, en el libro de los Hechos de los Apóstoles.  La autoridad de los primeros predicadores del mensaje cristiano recibida del poder de Cristo, la individualiza Lucas en la vocación y el envío misionero de la figura señera de Pedro. Una comparación con la primera lectura confirma la afirmación de E. Fuchs: Jesús tuvo la audacia de actuar en el lugar de Dios en sus llamadas al seguimiento.

En contraste con este espíritu común a la fe de la Iglesia primitiva, las grandes iglesias aparecen para la conciencia actual como esos aparatos gigantescos de poder anónimo, más como un peligro que como una fuente de esperanza. Frente a su anonimato y uniformidad progresiva semejante a los grandes poderes del mundo que están a nuestro alrededor  devorando a los individuos, muchos han  buscado refugio en el pequeño grupo, llámese “comunidad de base” o “Iglesia desde abajo” cuyos miembros se declaran explícitamente a veces, no sin arrogancia, seguidores de Jesús de Nazaret. El Papa Benedicto XVI ve en esta postura elementos válidos. Pero señala una desviación que se ha visto confirmada en muchas experiencias concretas. La adhesión al cristianismo en estos grupos no abarca el conjunto de la Iglesia entera, sino que termina en la simpatía del sacerdote o de los dirigentes laicos. Entonces cuenta más la capacidad del animador que la potestad que le fue dada… la potestad queda suplantada por el poder, un poder basado en  la propia simpatía carismática. Entonces la  autoridad  a la que apelan unívocamente Pablo y  Lucas en las lecturas de hoy se pierde, y así desaparece lo esencial. Lo auténtico de la Iglesia, sin menosprecio de las cualidades personales de sus ministros, es  esa potestad   que tiene para decir y hacer palabras y obras de salvación que el ser humano necesita y que nunca puede extraer de sí mismo. Nadie puede apropiarse el yo de Cristo  o el yo de Dios. Y el sacerdote habla con este YO cuando dice “ESTO ES MI CUERPO” y “YO TE PERDONO TUS PECADOS”. La audacia con que el sacerdote se apropia el yo de Dios es semejante a la que tenía Jesús en su vida terrenal. En la actuación del sacerdote es Dios quien actúa en virtud de la potestad que dio Jesús a su Iglesia. Sin esta autoridad de Cristo el sacerdote no pasa de ser un asistente social. De ahí que la vinculación interna a la potestad de la Iglesia en un acto de profunda obediencia sea la opción fundamental del sacerdote. El Papa nos exhorta en sus escritos a adherirnos incondicionalmente al numeroso grupo de sacerdotes fieles que, con esta actitud ejemplar, encarnan la Iglesia como un lugar de esperanza para todos los hombres.

 

Bilbao,  10 de febrero de 2019

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Homilía del domingo cuarto. Autor: J.A. Jáuregui S.J.

 

 

 

 

DOMINGO 4 TOC

Evangelio: Lc 4,16-21

 

El evangelio de este domingo forma una unidad con el del domingo pasado. La palabra clave para interpretar su sentido es ese HOY  del cumplimiento de las promesas mesiánicas de Is 61, que leímos el domingo pasado y respira el mismo espíritu profético de nuestra primera lectura. La cita bíblica tiene claras resonancias mesiánicas. Lo que anunció Isaías es lo que ahora está realizando Jesús. Por eso añade Jesús interpretando el vaticinio de Isaías: “Hoy se ha cumplido esta escritura en vuestro oídos”. No puede negarse que la mirada del evangelista contempla ese hoy en un pasado lejano, como si ese hoy hubiese perdido aquella frescura que tenía la declaración paulina en 2 Cor 6,2: “Ahora es tiempo propicio, ahora es día de salvación”. Lucas sabía muy bien que la sentencia de Jesús pertenecía al pasado, pero su obra tiene que servir, no para evocar la historia, sino para mantener la vida de la Iglesia hoy, inserta en el tiempo de la salvación que comenzó entonces. En consecuencia san Lucas no se limita a contemplar aquel HOY pasado de Jesús con la mirada fría de un historiador que trata de reconstruir el pasado tal como sucedió para quedarse anclado en él. El texto del evangelio hace una referencia inmediata al cumplimiento – aquí y ahora – del pasaje citado de Isaías. Y ese cumplimiento no se puede restringir al tiempo pasado de Jesús. En la perspectiva de san Lucas, el cumplimiento sigue teniendo vigencia también en el tiempo de la Iglesia. Dicho de otro modo, el HOY pasado del tiempo de Jesús es para san Lucas en su visión histórica eclesial el comienzo – la arché – del nuevo éxodo de Jesús que se prolonga en la vida de la Iglesia y llega hasta nuestros días. Contemplada desde esta perspectiva, toda la escena de la sinagoga de Nazaret, viene a ser un programa que contiene en síntesis toda la historia de la palabra de la predicación cristiana a lo largo de su doble obra y que el mismo san Lucas define en el episodio de la Transfiguración como un Éxodo (análempsis). En ese  HOY del cumplimiento de la profecía, Jesús se presenta abiertamente  como el Mesías, salvador de los desheredados, prometido por Isaías. La gente de Nazaret oye su mensaje con división de opiniones. La mayoría no cree. Una actitud sorprendentemente idéntica a la de los judíos, que en los Hch, rehúsan aceptar el mensaje de Pablo en Antioquia de Pisidia, en Corinto, en Roma. Jesús toma la palabra y apela a dos pasajes del libro de los Reyes: el profeta Elías otorga los favores de Dios a una pobre viuda de Sarepta en el territorio de Sidón (1 Re 17); el profeta Eliseo sana de la lepra a Naamán el sirio (2 Re 5). Había muchas viudas y leprosos en Israel. Pero los favores de Dios se dirigen a los extranjeros.

El alcance de estas explicaciones de Jesús en el contexto general de la obra de Lucas se entiende naturalmente en función de la alternativa: Israel – los gentiles. Este episodio entraña la amenaza profética más hiriente que podía infligirse al pueblo de Israel. Pero en la pluma de Lucas presagia lo que de hecho ha pasado ya en la historia de la expansión de la Palabra, que es la verdadera protagonista de toda la obra literaria de san Lucas: que el mensaje de la salvación, a través de una dialéctica constante de rechazo y avance, pasará de los judíos a los gentiles. Así lo proclamará solemnemente san Pablo al final de los Hch después de citar a Isaías 6,9-10: “Por tanto, que os quede claro que esta salvación de Dios ha sido enviada a los gentiles, ellos sí escucharán”.

El Papa Benedicto XVI en su obra Los Caminos de Jesucristo, después de exponer todos los  vaivenes que ha sufrido la investigación sobre la imagen de Jesús a lo largo del siglo XX, desde Harnack, Bultmann, Moltmann, la exégesis marxista hasta la nueva edad, señala el verdadero método para descubrir el Jesús de ayer que es el Cristo de hoy y de siempre: “Puesto que toda salvación tiene que ver con él y la Iglesia es inseparable de él, entonces es claro que… en toda referencia a él está contenida de alguna manera la Iglesia”. Es exactamente el camino inspirado que nos señala san Lucas en el evangelio de hoy. Un mensaje valiente, poco actual, difícil de creer en nuestra generación, pero que el evangelio de hoy nos urge llevarlo adelante con todos nuestros medios.

 

Bilbao, 31 de enero de 2016


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Panamà: la misa conclusiva del Papa en la JMJ

¡Ustedes son el “ahora” de Dios!: el Papa a los jóvenes en la Misa conclusiva de la JMJ

En su homilía en la Misa de envío de la JMJ de Panamá el Papa pidió a los jóvenes que se dejen enamorar por el Señor y que peleen por su espacio hoy, porque “la vida es hoy”

María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

¡Sientan que tienen una misión y enamórense!: lo pidió con fuerza el Papa Francisco a los 700 mil jóvenes reunidos en el Metro Park de Panamá, con ocasión de la Santa Misa por la Jornada Mundial de la Juventud, en el último día de su visita en el país centroamericano. Una homilía con la que el Papa instó a  jóvenes llegados de más de 150 países para la JMJ en Panamá, a “poner en acto el sueño con el que el Señor los soñó”, “ahora”, porque les dijo, “ustedes no son el futuro sino el ahora de Dios”.

En medio a una multitud de jóvenes en fiesta, el Papa llegó en el papamóvil al Metro Park, donde fue recibido por el Arzobispo de Panamá, Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, y se dirigió entre los fieles a la Sacristía del Campo San Juan Pablo II. En la misa participaron también los presidentes de cinco países latinoamericanos: Costa Rica, Colombia, Guatemala, El Salvador y Honduras y Portugal.

Tomar parte en el ahora de Dios para llevar la Buena Noticia

Recordando la visita de Jesús a la sinagoga de Nazaret, cuando afirmó: Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír» (Lc 4,20-21), Francisco explica a los miles de jóvenes reunidos en el Campo San Juan Pablo II, que Jesús “revela el ahora de Dios que sale a nuestro encuentro para convocarnos también a tomar parte en su ahora de llevar la Buena Noticia a los pobres, la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia en el Señor”.

Un Dios concreto y cotidiano

El Santo Padre evidencia que no todos los que estaban presentes en la sinagoga y escuchaban a Jesús se sentían “invitados o convocados” porque no todos los “vecinos de Nazaret estaban preparados para creer en alguien que conocías y habían visto crecer”. Algo que “puede sucedernos también a nosotros” afirma Francisco porque “no siempre creemos que Dios pueda ser tan concreto y cotidiano, tan cercano y real, y menos aún que se haga tan presente y actúe a través de alguien conocido como puede ser un vecino, un amigo, un familiar.”

“E incluso a ustedes, queridos jóvenes, les puede pasar lo mismo cada vez que piensan que su misión, su vocación, que hasta su vida es una promesa tan solo para el futuro y nada tiene que ver con vuestro presente”,  precisa el Papa, “como si ser joven fuera sinónimo de sala de espera de quien aguarda el turno de su hora”.

La “ficción” de la alegría y los riesgos del “mientras tanto”

El Obispo de Roma advierte de los riesgos del “mientras tanto” de esa hora: “les inventamos o se inventan un futuro higiénicamente bien empaquetado y sin consecuencia  bien armado y garantizado con todo ‘bien asegurado’. “Es la ficción de alegría” dice, un modo para tranquilizarlos y adormecerlos, “para que no hagan ruido, para que no se pregunten ni pregunten, para que no se cuestionen ni cuestionen” explica, “tan solo porque consideramos o consideran que todavía no es su ahora; que son demasiado jóvenes para involucrarse en soñar y trabajar el mañana”.

Involucrarse para trabajar por el mañana ahora

Recordando en su homilía el Sínodo de los Obispos dedicado a los jóvenes del pasado mes de octubre, Francisco evidencia uno de sus frutos: la riqueza del encuentro y de la escucha mutua entre generaciones, “el valor de reconocer que nos necesitamos y que tenemos que esforzarnos en propiciar canales y espacios en los que involucrarse en soñar y trabajar el mañana ya desde hoy, juntos.

Porque los jóvenes son el ahora de Dios y Él, afirma el Papa, “los convoca y los llama en sus comunidades y ciudades a ir en búsqueda de sus abuelos, de sus mayores; a ponerse de pie y junto a ellos tomar la palabra y poner en acto el sueño con el que el Señor los soñó”.

Enamorarse de Jesús y su misión

Es ahora el tiempo de actuar, porque “allí donde esté su tesoro allí estará su corazón”, dice el Papa, y “aquello que los enamore”, “será lo que los haga levantarse por la mañana y los impulse en las horas de cansancio, lo que les rompa el corazón y lo que les haga llenarse de asombro, alegría y gratitud. Sientan que tienen una misión y enamórense, que eso lo decidirá todo. ¡Dejemos que el Señor nos enamore!

Jesús quiere ser nuestro tesoro

Para Jesús no existe un “mientras tanto”, dice el Papa, sino que “Él quiere ser nuestro tesoro”, porque no es un “mientras tanto” en la vida o moda pasajera, es amor de entrega que invita a entregarse. “Es amor concreto, cercano, real – explica el Papa – ; es alegría festiva que nace al optar y participar en la pesca milagrosa de la esperanza y la caridad, la solidaridad y la fraternidad frente a tanta mirada paralizada y paralizante por los miedos y la exclusión, la especulación y la manipulación”.

“ El Señor y su misión no son un “mientras tanto” en nuestra vida, algo pasajero, ¡son nuestra vida! ”


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Panamá. Consagración por el Papa Francisco del altar de la catedral.

El Papa consagra altar de la primera catedral de Tierra Firme de América

El papa Francisco consagró el altar de la primera catedral de tierra firme, la Basílica Santa María la Antigua de Panamá, este sábado. Una ceremonia cargada de significado donde se colocarán las reliquias de tres santos latinoamericanos: Santa Rosa de Lima, San Arnulfo Romero, San Martín de Porres, junto con un santo polaco: San Juan Pablo II. Panamá fue la primera Catedral en América cuyo altar fue consagrado por un sumo pontífice

JMJ y Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

“Es un honor que el Santo Padre en su visita a Panamá por la JMJ 2019, decida consagrar este altar; esta es una expresión de amor y respeto a la iglesia panameña”, sostuvo el Nuncio apostólico en Panamá,  Mons. Miroslaw Adamczyk.

Otros Papas han consagrado altares

El Nuncio recordó dos acontecimientos solemnes donde los Sumos Pontífices han participado, uno el 15 de junio de 1993 en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena en España que presidió, el hoy Santo Papa Juan Pablo II. Otra ceremonia eclesiástica que marcó la historia de la Iglesia de España fue la Consagración de la Iglesia de la Sagrada Familia y del Altar, el pasado 7 de noviembre de 2010, por el hoy Papa Emérito, Benedicto XVI.

Pero a diferencia de las dos celebraciones solemnes en España, la consagración en la Catedral panameña solo será del Altar, debido a que la Catedral ya fue consagrada solemnemente el 4 de abril de 1796 por el Obispo Remigio de la Santa María la Antigua.

La Liturgia

Según el subdirector del departamento de Liturgia de la Arquidiócesis de Panamá, el Padre Manuel Ríos Yuil, explicó que en el acto litúrgico el altar esta desnudo (sin mantel), se untó el aceite que se utiliza para estas consagraciones, el Santo Crisma; se encendió un mechero de incienso y se realiza la oración de Consagración. Luego de eso, se reviste el altar, se enciende las velas por primera vez y se pasa a la celebración eucarística, el que preside, en esta ocasión el Papa Francisco, venera por primera vez el altar y lo besa, lo que normalmente se da cuando comienza la misa”, explicó Ríos.

Las reliquias

Otro punto que resalta en la ceremonia religiosa ha sido la colocación de las reliquias de los Santos de Sevilla San Aurelio y San Getulio en un relicario dentro de la Catedral panameña y la colocación de las nuevas reliquias de los Santos Latinoamericanos: Santa Rosa de Lima, San Oscar Romero y San Martín de Porres, junto con la del papa polaco San Juan Pablo II.

Después del canto de las letanías se procede a colocar las reliquias sobre el altar, se hace la plegaria de la dedicación y se unge el altar.


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Domingo del bautismo de Jesús. Homilia de J.A. Jáuregui S.J.

 

 

BAUTISMO DE JESUS.

Ev.: Lc 3,15-16.21.22

Todo este episodio evangélico está envuelto en unos fenómenos que nos resultan extraños por ser absolutamente ajenos a nuestras experiencias de vida sensible y de vida religiosa. “Cielo que se rasga”,descenso del Espíritu Santo en forma de paloma” “voz del cielo que se oye”. Todos estos rasgos visibles y audibles son propios de las teofanías en la historia de las religiones. El N.T. nos ofrece otros ejemplos de teofanías, por ejemplo, en la transfiguración del Señor y en la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. ¿Qué significa toda esta intrusión de fenómenos mitológicos en una escena – el bautismo de Jesús por Juan el Bautista –  cuya historicidad nadie pone en duda? Resulta paradójico que  precisamente este detalle histórico, aceptado sin ambages por toda la investigación moderna, creara, por el contrario,  muy pronto  graves dificultades a la primitiva tradición cristiana. Les resultaba escandaloso e inaceptable que el Hijo de Dios se hiciera bautizar con un bautismo de agua para el perdón de los pecados. Ya en san Marcos, el más antiguo de los tres Sinópticos, aparece sutilmente este embarazo de la tradición. El relato provoca la impresión de que el bautismo de Jesús es tan sólo el presupuesto y el preludio de lo que se describe a continuación: la apertura de los cielos, el descenso del Espíritu como una paloma y la proclamación celestial de Jesús como Hijo elegido de Dios. La narración tiene su centro de gravedad en la instauración solemne de Jesús como el Mesías o como el Hijo de Dios con una fórmula sacra que recuerda el texto del salmo 2,7: “Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy”. Esta proclamación solemne de la vocación de Jesús a Hijo de Dios acontece en medio de señales sensibles: dos visibles y una audible con palabras llenas de sentido. Que “se rasgó el cielo” quiere decir que Dios, que habita en lo más alto de los cielos, se abaja hasta llegar a este mundo a un hombre concreto. El cielo se abre para que pueda descender el Espíritu de Dios a Jesús. Este motivo del don del Espíritu encaja muy bien dentro de la tradición judía. Dado que el Espíritu en el A.T. va unido siempre con la idea de fuerza y de poder, esta donación del Espíritu a Jesús viene a ser una habilitación para que realice con autoridad el cometido de su vocación. Viene a decir que en Jesús Dios mismo está manos a la obra con todo su poder en la tierra. Hay que destacar un tercer detalle: el Espíritu invisible se hace visible para Jesús en forma de una paloma. A partir de este relato la paloma ha venido a ser en el mundo cultural cristiano el símbolo del Espíritu Santo. Pero en tiempo de Jesús la paloma era en el mundo judío imagen de la palabra de Dios, de la sabiduría de Dios y, sobre todo, del pueblo entero de Dios. Es indudable que Jesús en esa visión de la paloma, como símbolo del pueblo de Dios, vio que descendía sobre él el Espíritu de Dios para capacitarle y enviarle a realizar una vocación de entrega al pueblo entero de Israel. Jesús se sintió solidario de sus hermanos los hombres. Confirma esta vocación de total entrega al pueblo la interpretación audible de la voz del Señor que evoca la profecía mesiánica de Isaías 42 de la primera lectura: “Mirad a mi elegido a quien prefiero. Sobre él he puesto mi Espíritu, para que traiga el Espíritu a las naciones… y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas…”. La salvación universal se concibe como consumación de la salvación particular de todo el pueblo de Israel. Comentarios recientes abundan en la idea de que aquí Jesús se siente solidario de sus hermanos los hombres. Sobre todo de aquellos que son víctimas de la injusticia y  de la violencia. La vocación de Jesús le impulsa a decir a todos, incluso a los verdaderamente culpables, que hay un camino distinto para el hombre. El camino consiste en sustituir la injusticia, el odio, el egoísmo, la ambición, la violencia… por la práctica del amor. Jesús asume con esta vocación a ser el Hijo de Dios, el predilecto,  un compromiso de lucha para que se instauren definitivamente entre los hombres la justicia, la libertad, el amor, la paz, la felicidad. Y se compromete a dar su vida en esta lucha. Así demostrará que es posible para el hombre amar a la humanidad hasta dar la vida por ella.

Todo esto es verdad, pero el mensaje del evangelio va más al fondo. Como escribe atinadamente Walter Kasper en su obra “El Dios de Jesucristo”, “la verdadera vida consiste en conocer y glorificar a Dios, como reza la oración sacerdotal de Jesús en el evangelio según Juan. Porque en medio de todas las vicisitudes y oscilaciones de la historia de la humanidad, la salvación del hombre consiste en vivir en comunión con Dios, que es amor desde la eternidad. Por eso justamente una teología de orientación antropológica debe ser, valga la redundancia, una teología teológica que muestre cómo el “ad maiorem hominis gloriam” sólo es posible mediante el “ad maiorem Dei gloriam”. Por eso la teología sólo puede poner de manifiesto la relevancia antropológica de sus enunciados siendo realmente teología y no convirtiéndose en antropología. Precisamente el reconocimiento de la divinidad de Dios lleva a la humanización del hombre”. Así aborda Marcos el relato del bautismo de Jesús. Enfrenta al hombre moderno ante un planteamiento sumamente actual de la fe en la trinidad de Dios. Muchos opinan que lo más importante hoy día es la cuestión de la existencia de Dios y no tanto la cuestión de su misterio íntimo. La doctrina trinitaria les parece una intromisión indiscreta en el misterio de Dios. Pero frente al cuestionamiento radical de la fe cristiana no sirve de nada un teísmo tímido, general y vago  minado por la Ilustración, sino sólo el testimonio decidido sobre el Dios vivo de la historia, que se manifestó concretamente por medio de Jesucristo en el Espíritu tal como lo relata el episodio del bautismo de Jesús

Bilbao, 13 de enero de 2019

 


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Epifanía. Misa y homilía del Papa

Papa en la Misa de Epifanía: Jesús es la luz verdadera que brilla en la humildad

En su homilía el Santo Padre recordó que la Navidad tiene un sentido auténtico cuando, al igual que los Reyes Magos, salimos a buscar a Jesús, “la verdadera luz del mundo”.

Sofía Lobos – Ciudad del Vaticano

El domingo 6 de enero, Fiesta de la Epifanía, “la manifestación del Señor a todas las naciones”; el Papa Francisco presidió la Santa Misa a las 10 de la mañana en la Basílica de San Pedro, a la que asistieron miles de fieles y peregrinos.

Los Reyes Magos en busca de la Estrella

“De esta manera se revela la hermosa realidad de la venida de Dios para todos: cada nación, lengua y población es acogida y amada por Él. El símbolo de esto es la luz, que alcanza e ilumina todo”, explicó el Pontífice en su homilía haciendo especial hincapié en la figura de lostres Reyes magos de Oriente, quienes en una actitud abierta a las sorpresas de Dios, salieron a buscar al Mesías siguiendo la luz de la estrella: “Lo encontraron, pero no donde ellos pensaban. No en el palacio real de Jerusalén, sino en una humilde morada en Belén”.

Los poderosos no se dieron cuenta

Igualmente, el Santo Padre señaló que la misma paradoja surgió en Navidad, cuando el Evangelio hablaba del censo de toda la tierra en tiempos del emperador Augusto y del gobernador Cirenio (cf. Lc 2,2): “ninguno de los poderosos de la época se dio cuenta de que el Rey de la historia había nacido en su momento”.

Dios ilumina, no deslumbra

La explicación está en que la luz de Dios no va a aquellos que brillan con luz propia. “Dios se propone, no se impone, ilumina, pero no deslumbra”- dijo Francisco- aseverando que siempre hay una gran tentación de confundir la luz de Dios con las luces del mundo.

La Iglesia no es sol, sino luna

“Cuántas veces hemos perseguido los destellos seductores del poder y del protagonismo, convencidos de que estamos haciendo un buen servicio al Evangelio, pero en realidad encendimos las luces en el lado equivocado, porque Dios no estaba allí”, aseguró el Papa; recordando que Jesús es la verdadera estrella del mundo que brilla en humilde amor; y que sólo Él está al centro.

“Cuántas veces, pues, como Iglesia, hemos intentado brillar con nuestra propia luz. Pero no somos el sol de la humanidad. Somos la luna que, a pesar de sus sombras, refleja la luz verdadera, el Señor: Él es la luz del mundo (cf. Jn 9, 5). Él, no nosotros”, afirmó.

Buscar un camino alternativo al mundo

Y en referencia a la conclusión del Evangelio que relata como los Magos de Oriente, habiendo encontrado a Jesús, “regresaron a su país por otro camino”. (Mt 2,12); Francisco subraya que se trata de buscar “un camino alternativo al mundo, como el que siguen los que se quedan con Jesús en Navidad: María y José, los pastoresy no la vía de los poderosos, como los escribas consultados por Herodes que sabiendo dónde había nacido Jesús no se movieron”.

Imitemos a los Reyes Magos

“No basta con saber dónde nació Jesús, como los escribas, si no llegamos a ese lugar. No basta saber que Jesús nació, como Herodes, si no lo encontramos. Cuando su dónde se convierte en nuestro dónde, su cuándo en nuestro cuándo, su persona en nuestra vida, entonces las profecías se cumplen en nosotros. Entonces Jesús nace dentro de mí y se convierte en un Dios vivo para mí. Hoy estamos invitados a imitar a los Reyes Magos. No discuten, sino que caminan; no se quedan a mirar, sino que entran en la casa de Jesús; no se ponen en el centro, sino que se inclinan ante Él, que es el centro; no se fijan en sus propios planes, sino que están dispuestos a tomar otros caminos”, concluyó el Pontífice.

Misa de la Epifanía de Nuestro Señor

 

06 enero 2019, 10:16


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Enero 6, epifanía o Reyes Magos. Homilía de J.A, Jáuregui S.J.

 

 

Hoy celebra la Iglesia la festividad de la Epifanía del Señor, en términos paulinos: la fiesta de la gran revelación del misterio escondido desde todos los siglos en el profundo arcano del proyecto salvador de Dios. El mysterion del que habla san Pablo en Rom (11,25) y en la carta a los Efesios. Esa obra increíble que menciona Pablo en Hch 13,41 citando al profeta Habacuc 1,5.(“Ved, despreciadores, sorprendeos y desapareced, porque yo voy a realizar una obra en vuestros días, una obra que no la creeríais si alguno os la contara”).   Ese misterio profundo, esa obra increíble no es otra cosa que la Iglesia. Celebramos hoy, pues, la obra por excelencia de Jesucristo que es la Iglesia universal establecida por todos los pueblos de la tierra.

Las lecturas de hoy  relatan la parábola descrita desde la cautividad de Babilonia (s. VI a.C.) hasta el tiempo de la realización del proyecto salvador de Dios en la Iglesia cristiana, en ese laós ex ethnon (= pueblo extraído de todas las naciones) que desborda inmensamente la prerrogativa de un pueblo que llegó a creerse el pueblo de Dios por excelencia con exclusión de las naciones. En la primera lectura Isaías describe desde el destierro en el siglo VI a.C. el sueño de la vuelta de los desterrados de Israel en términos de una peregrinación centripetal de todas las naciones hacia Jerusalén. Allí tendrá lugar un juicio en el que comparecerán todas las naciones y en el que Israel habrá de desempeñar el papel importante de testigo. Las naciones reconocerán que el Dios de Israel es el único Dios verdadero. Si Jeremías había descrito poco antes su propio destierro en clave de anti-éxodo a Egipto, Isaías, a la luz de la portentosa hazaña del éxodo de Egipto hasta llevar al pueblo a la tierra prometida, describe la vuelta de Babilonia como una réplica del éxodo de los israelitas de Egipto.

El evangelio de san Mateo presenta como un fenómeno de dimensiones cósmicas la realización histórica de esa gran promesa de Isaías. Una estrella conduce a unos magos de Oriente hasta el lugar donde se encuentra el recién nacido Rey de Israel.          Se han llevado a cabo muchos estudios acerca del género literario de esta descripción, mezcla de elementos midráshicos con otros de intencionada verosimilitud histórica. San Mateo quiso indudablemente presentar por encima de todo en una fascinante prolepsis la realidad viviente de su propia Iglesia que era, en la fe de aquellos cristianos, la realización de la profecía de Isaías. Los magos de Oriente, que obviamente eran gentiles, peregrinan a Jerusalén para reconocer con sus regalos la realeza de Jesús y la manifestación escatológica de la salvación de Dios en este Niño recién nacido. Estos magos cumplen anticipadamente lo que Jesús profetizará con ocasión de la fe del centurión pagano en el cap. 8º de Mt: “Y os aseguro que vendrán de oriente y occidente y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos, mientras que los hijos del Reino serán arrojados a las tinieblas de fuera”. Con esta dualidad antagónica entre el pueblo que no acepta y el no-pueblo que recibe al Mesías-Jesús con alegría presenta san Mateo de modo simbólico y anticipado el gran misterio de la revelación de la salvación de Dios a todas las naciones cumplida en el nacimiento de Jesucristo. El evangelista anticipa así lo que Jesús resucitado mandará a sus discípulos al final del Evangelio: “Id y haced discípulos de todos los pueblos”.En la narración de esta secuencia Mateo está influenciado por la evolución que había tenido lugar en el último tercio del siglo I y por la historia de su propia comunidad eclesial. Aunque la proclamación del evangelio se había hecho en primer lugar a los judíos, la mayor parte del pueblo judío había rechazado a Jesús como Mesías. Mientras los cristianos eran perseguidos, azotados en las sinagogas y relegados a los tribunales paganos para dar testimonio de Jesús, los gentiles acudían en masa a las comunidades cristianas. Los magos de Oriente, sabios y doctos entre los gentiles, reciben la proclamación de Jesús como Mesías  a través de un fenómeno cósmico. Pero, aunque se dieron prisa en ir a Jerusalén a rendir homenaje, la revelación completa acerca del Mesías la reciben a través de la fuente de la revelación que son las Escrituras. Y ahí se  cumple la paradoja: los judíos que tienen las Escrituras y pueden leer en ellas lo que han dicho los profetas, no se molestan en ir a Belén a adorar al rey recién nacido. En la doble  reacción ante esta proclamación por la estrella y las Escrituras, los sabios gentiles aceptan y rinden homenaje, mientras que el que gobierna en Jerusalén y todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo no creen. Al contrario, conspiran contra el rey de los judíos e intentan matarlo.

San Mateo plasmó en esta descripción una anticipación de la pasión de Jesús. En el juicio y crucifixión de Jesús, el gobernador de Jerusalén y todos los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo estaban confabulados contra Jesús. Sobre ese modelo están calcados los personajes del relato evangélico de hoy: el rey de Jerusalén todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo. En la pasión todo el pueblo aceptó la responsabilidad de la sangre de Jesús. Aquí Jerusalén entera se une al miedo de las autoridades ante el nacimiento del Mesías. Finalmente los magos buscan al rey de los judíos. Fue curiosamente la acusación colocada en la cabecera de la cruz de Jesús: “El rey de los judíos”.La segunda lectura recoge un fragmento de la carta de san Pablo a los Efesios que es la reflexión más profunda y sistemática de este proyecto salvador de Dios realizado en el misterio por antonomasia que es la Iglesia de Jesucristo. Ese misterio al que alude sin entenderlo san Pablo en la carta a los romanos y le hace exclamar: “¡Oh, profundidad de riqueza y de sabiduría y de conocimiento de Dios! ¿Qué insondables son sus juicios y que irrastreables sus caminos!”(Rom 11,33).