Loiola XXI

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La fiesta del Corpus Christi con el Papa en Roma.

El Papa celebrará el Corpus Christi en el barrio romano de Casal Bertone

El domingo 23 de junio, Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, a las 6.00 de la tarde, el Papa Francisco celebrará la Santa Misa en la iglesia de Santa María Consolatrice, en el barrio romano de Casal Bertone.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

El Director “ad interim” de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Alessandro Gisotti informó que, el domingo 23 de junio, Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, a las 6.00 de la tarde, el Papa Francisco celebrará la Santa Misa en la iglesia de Santa María Consolatrice, en el barrio romano de Casal Bertone. Asimismo, Alessandro Gisotti precisó que, al final de la celebración Eucarística, recorrerá las calles del barrio  la procesión con el Santísimo Sacramento que concluirá con la bendición Eucarística impartida por el Santo Padre.

Localidad romana de Ostia
Localidad romana de Ostia

El Corpus Christi del 2017 y 2018

Al respecto, recordamos que el Papa Francisco decidió cambiar la celebración del Corpus Christi en la ciudad de Roma de jueves a domingo. Desde el 18 de junio de 2017, la procesión romana del Corpus Christi que iniciaba desde el sagrado de la Basílica de San Juan de Letrán, recorriendo toda la vía Merulana hasta llegar a la Basílica de Santa María Mayor en la ‘ciudad eterna’ ya no se realiza más de jueves sino de domingo.

Inicialmente la fiesta del Corpus Christi fue instituida por Urbano IV en 1264. En la bula Transitururs de hoc mundo se establecía que el jueves después de la octava de Pentecostés, es decir el jueves después de la fiesta de la Santísima Trinidad. Aunque al establecer la fiesta no se hablaba de procesión, pronto el pueblo fiel vio la necesidad de coronar la fiesta con una procesión con la Eucaristía.

El año pasado, el Papa Francisco celebró esta Solemnidad en la localidad romana de Ostia, el 3 de junio de 2018. Allí, el Santo Padre presidió la celebración Eucarística en la plaza frente a la parroquia de Santa Mónica. Al finalizar, la procesión con el Santísimo Sacramento el Pontífice impartió la bendición Eucarística.


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Pentecostés. Necesidad del Espíritu Santo en nuestra vida.

Papa, Pentecostés: para tener paz necesitamos al Espíritu, no pastillas o soluciones rápidas

El Papa en Pentecostés denuncia la actual forma de vida en la que se buscan soluciones rápidas: “una pastilla detrás de otra para seguir adelante, una emoción detrás de otra para sentirse vivos” y asegura que lo que necesitamos es el Espíritu: “es Él quien pone orden en el frenesí”.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

El Papa Francisco celebra la Santa Misa en la solemnidad de Pentecostés en la Plaza de San Pedro y asegura que la historia de los discípulos, que parecía haber llegado a su final, es renovada por la juventud del Espíritu: “aquellos jóvenes que poseídos por la incertidumbre pensaban que habían llegado al final, fueron transformados por una alegría que los hizo renacer” y esta transformación – ha puntualizado – es obra “del Espíritu Santo”.

Y es precisamente en torno a la tercera persona de la Trinidad que el Papa Francisco ha centrado su homilía. Para el Papa, el Espíritu no es, como podría parecer, “algo abstracto” sino “la persona más concreta y más cercana que nos cambia la vida”. Y para corroborar esto, pide que nos fijemos en los apóstoles, a quienes el Espíritu no les facilitó la vida ni les realizó milagros espectaculares pero les trajo la armonía que les faltaba, “porque Él es armonía” ha dicho el Obispo de Roma.

El Espíritu Santo trae armonía dentro del hombre

El Papa también ha señalado que la historia de los discípulos nos dice que incluso ver al Resucitado no es suficiente si uno no lo recibe en su corazón: “No sirve de nada saber que el Resucitado está vivo si no vivimos como resucitados”. Y en este sentido, explica que es el Espíritu el que hace “que Jesús viva y renazca en nosotros” y el que “nos resucita por dentro”.

La paz no es solucionar problemas externos sino recibir al Espíritu

Posteriormente, narrando cuando Jesús le dice a los discípulos: «Paz a vosotros» y les da el Espíritu, el Pontífice ha señalado que la paz no consiste en solucionar los problemas externos sino en recibir el Espíritu Santo: “cuántas veces nos quedamos en la superficie y en lugar de buscar el Espíritu tratamos de mantenernos a flote, pensando que todo irá mejor si se acaba ese problema, si ya no veo a esa persona, si se mejora esa situación” ha dicho el Papa, advirtiendo que esta actitud no nos dará tranquilidad, pues “una vez que termina un problema, vendrá otro y la inquietud volverá”. En cambio, sí la encontraremos en la paz de Jesús y la armonía del Espíritu.

Necesitamos al Espíritu, no soluciones rápidas

El sucesor de Pedro también ha hablado de la actual forma de vida, en la que vivimos sometidos a prisas y en la que parece que la armonía está marginada. “Vivimos  en un continuo nerviosismo que nos hace reaccionar mal a todo” dice el Papa y además, buscamos la solución rápida: “una pastilla detrás de otra para seguir adelante, una emoción detrás de otra para sentirse vivos”. Pero lo que necesitamos – puntualiza – “es el Espíritu”: “es Él quien pone orden en el frenesí. Él es la paz en la inquietud, la confianza en el desánimo, la alegría en la tristeza, la juventud en la vejez, el valor en la prueba”. Y es gracias a Él – ha señalado – que Jesús no es un personaje del pasado sino “una persona viva hoy”.

Las actuales desarmonías se traducen en divisiones

Por otro lado, el Papa ha hablado de las “desarmonías” actuales, afirmando que se han convertido en verdaderas divisiones: “están los que tienen demasiado y los que no tienen nada, los que buscan vivir cien años y los que no pueden nacer” y en esta era de la tecnología – puntualiza – estamos distanciados: “más “social” pero menos sociales”. Frente a esto, el Papa explica que necesitamos “el Espíritu de unidad”, que nos regenere como Iglesia, como Pueblo de Dios y como humanidad fraterna: “El Espíritu Santo reúne a los distantes, une a los alejados, trae de vuelta a los dispersos. Mezcla diferentes tonos en una sola armonía, porque ve sobre todo lo bueno, mira al hombre antes que sus errores, a las personas antes que sus acciones”.

El Papa insta a ser hombres espirituales: devolver bien por mal

Al final de su homilía, el Santo Padre denuncia la actual moda de “adjetivar e insultar” – “después nos damos cuenta de que hace daño” dice el Papa – y explica que devolviendo mal por mal y pasando de víctimas a verdugos, “no se vive bien”. De ahí de exhortación final a ser “hombres espirituales que devuelven bien por mal y responden a la arrogancia con mansedumbre, a la malicia con bondad, al ruido con el silencio, a las murmuraciones con la oración, al derrotismo con la sonrisa”. Pero para ser espirituales y gustar la armonía del Espíritu – concluye – “debemos poner su mirada por encima de la nuestra”.


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Domingo de la Ascensión. Homilía de J.A. Jáuregui S.J.

 

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  ASCENSION  DEL SEÑOR

          El domingo pasado escuchábamos de labios de Jesús la solución que da san Juan al problema del retorno del Señor. La Iglesia primitiva entendió que el retorno de Jesús – la Parusía – consistía en que, pasado un tiempo, volvería sobre las nubes del cielo. Pero en los primeros 20 capítulos de cuarto evangelio no se menciona la parusía. El retorno de Cristo para san Juan viene a ser algo muy distinto de la expectativa primitiva. Si bien mantiene la creencia en un futuro día del Señor, carga el acento en un significado de la Parusía que lo explica en varios textos del cap. 14: “No os dejaré huérfanos, volveré; el mundo no me verá más, vosotros sí me veréis pues de la vida que yo tengo viviréis también vosotros”. Jesús retorna junto a los que, mientras viven en la tierra, le aman y guardan sus mandamientos. Vuelve para morar con ellos en su Espíritu: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos y entonces yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la Verdad”.   Juan da al problema del retorno de Jesús una solución basada en la Escatología realizada ya aquí. El Espíritu es el don por excelencia del final.

San Lucas, en cambio,  resuelve en términos de una Ascensión el problema de la demora de la Parusía. Una solución más acorde con su programa teológico de historia de la salvación. No había otra disyuntiva.  Tenemos que confesar que se nos hace imposible, en plena era espacial, aceptar esta ascensión vertical de Jesús al cielo en cuerpo y alma. Los estudios concienzudos y eruditos hechos para tratar de dar con el acontecimiento histórico narrado en nuestra primera lectura no han tenido éxito. Lo más que se ha logrado demostrar es que todos los términos y motivos literarios son  propios del evangelista.  Pero estos hallazgos no llegan a demostrar la historicidad fáctica del hecho de la ascensión. El presupuesto tradicional que tenía a los evangelistas por testigos oculares de los hechos narrados o, en el caso de Lucas por un historiador que había comprobado rigurosamente los acontecimientos, hace años que no lo acepta la exégesis católica actual. Una elemental modestia intelectual nos obliga a detenernos ante el abismo que separa los más sólidos logros de la investigación de muchos hechos inalcanzables y refractarios a la ciencia histórica. Pero en este caso no es aventurado sospechar que san Lucas intentó con las formas literarias de la historiografía judeo-helenística de su tiempo y dentro de los límites de las categorías espaciales de la época resolver el problema teológico del retorno del Señor más que reconstruir un hecho histórico sobre las bases de la historiografía  moderna.  San Lucas era un hombre de la tercera generación cristiana que escribió los Hechos de los Apóstoles por los años 90 de nuestra era. Para aquella generación no constituía un problema la resurrección de Jesús en el cuerpo tal como se había expresado en las fórmulas tradicionales más antiguas. Ahora bien, si Cristo había resucitado con su cuerpo, no para volver a este mundo sino para subir al mundo de Dios, la conclusión era evidente: había subido al cielo con su cuerpo. Pero aquí es donde entra el problema de la interpretación. El mismo Lucas explica cómo entendía esta resurrección corporal en las fórmulas de apariciones elaboradas en Hch 10,40ss.; y 13,31. En 10,40ss. Pedro describe la aparición como una acción de Dios: “(Dios) lo hizo manifiesto”. La fórmula no equivale a “Hacerse  visible” como en Rom 10,20, sino a “Dios lo hizo visible”, es decir, lo hizo visible a la percepción humana.  El v. 41 explicita el momento de la aparición: “mientras comía y bebía con ellos después de la resurrección”. Esta frase remite a la escena del final del tercer evangelio donde Jesús, comiendo un pez, elimina cualquier sombra de duda acerca de su presencia corporal. Esta es la prueba de que las ataduras de la muerte no le han retenido como arguye también Pedro en la aplicación que hace del salmo 16 a la resurrección de Cristo introduciendo la dualidad de alma y cuerpo: “pues no fue abandonado (su alma) en el Hades ni su carne vio la corrupción” (Hch 2,31).        Cabe en buena lógica preguntarse dónde tuvo su origen esta concepción de la resurrección que no aparece ni en Marcos ni en las cartas de Pablo. Parece que esta concepción fue característica de fines del siglo I. (Mira Jn 20, 24-29 y Jn 21,9-14). Estos relatos de apariciones fueron motivados por intereses apologéticos. Los destinatarios de estas narraciones bien pudieron ser, entre otros, algunos grupos docetas que ponían en duda  que Jesús resucitara con el cuerpo.  La misma mentalidad y la misma mano se ven en la redacción de la aparición a los discípulos al final del evangelio. Refleja una comprensión de la resurrección que se acerca a la revivificación de un muerto ya que no es un fantasma, come y bebe con ellos, parece empeñado en superar las categorías docetas de un ambiente generalizado que propugnó una comprensión falsa de la muerte y resurrección de Jesús: como si se tratara de un cuerpo aparente.

De todo este recorrido acerca de la comprensión lucana de la resurrección con categorías helenísticas de división cuerpo – alma se desprende como algo obvio la legitimidad de representar la subida de Jesús al cielo en términos visibles, utilizando el género literario bien extendido de  una ascensión, similar a las ascensiones de tantos héroes conocidos de la cultura bíblica y helenística, aunque fuera un dato nuevo respecto de las tradiciones anteriores de Pablo y Marcos. El único rasgo  original y diferente respecto de las anteriores ascensiones de la literatura bíblica y griega, era que se trataba, no de un ser vivo que sube al cielo antes de morir para volver después a la vida, como Elías,  sino de un crucificado que sube al cielo después de resucitar con la promesa cierta de volver como había subido, es decir, en la gloria de la nube. La Ascensión nos prepara para la venida ya próxima del Espíritu Santo enviado por Jesús en Pentecostés.

 

Bilbao. 2 de junio de 2019


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El Regina coeli del Papa hoy en Blaj (Rumania)

2019.06.02 Viaggio Apostolico in Romania Divinia Liturgia con Beatificazione di sette Vescovi Martiri Grego CattoliciAl término de la Divina Liturgia el Papa rezó el Regina Coeli  (Vatican Media)

Regina Coeli del Papa: Que María proteja a todos los rumanos

Antes de rezar la oración del Regina Coeli el Papa pidió que “la Virgen María haga extensiva su protección materna a todos los ciudadanos de Rumania que a lo largo de la historia han confiado siempre en su intercesión”

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

“Antes de concluir esta Divina Liturgia, deseo saludaros una vez más a los que están aquí presentes y a los que he encontrado durante estos días, asimismo agradezco a todos la cordial acogida”. Con estas palabras antes de rezar el Regina Coeli, el Papa Francisco saludó al Presidente de la República y a las demás autoridades, manifestándoles “un sincero agradecimiento” por su “fructuosa colaboración” en la preparación y el desarrollo de su visita.

Afecto y gratitud del Papa Francisco

También afirmó que estaba agradecido a Su Beatitud el Patriarca Daniel, al Santo Sínodo, al clero y a los fieles de la Iglesia Ortodoxa de Rumanía, que lo han acogido fraternalmente. “Que el Señor bendiga esta antigua e ilustre Iglesia y la sostenga en su misión”.

“ Que el Señor bendiga esta antigua e ilustre Iglesia y la sostenga en su misión ”

El Obispo de Roma aprovechó esta oportunidad para dirigir su saludo “lleno de afecto y de gratitud a Su Beatitud el Cardenal Lucian Mureşan”; a los fieles de la Iglesia Católica, a los obispos, sacerdotes, religiosos y a los fieles laicos de Bucarest y de Iaşi, así como a los numerosos pelegrinos de Şumuleu Ciuc. Y dio gracias al Señor por haberle dado la posibilidad de rezar con todos ellos y animar su “empeño en la evangelización y en el testimonio de la caridad”.

Homenaje a todos los hijos de la Iglesia Greco-Católica

Además, Francisco en Blaj, “tierra de martirio, libertad y misericordia”, rindió homenaje a todos los hijos de la Iglesia Greco-Católica, que desde hace tres siglos testimonian “con ardor apostólico” su fe. Y pidió que “la Virgen María haga extensiva su protección materna a todos los ciudadanos de Rumania que a lo largo de la historia han confiado siempre en su intercesión”. A ella los encomendó a todos y le pidió “que los guíe en el camino de la fe, para avanzar hacia un futuro de auténtico progreso y de paz, y para contribuir en la construcción de una patria cada vez más justa y fraterna”.


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Unas 100.000 personas hoy en la misa del Papa en Rumania.

Pope Francis visits RomaniaAnte cien mil fieles durante la Divina Liturgia en el Campo de la Libertad de la ciudad rumana de Blaj, el Papa beatificó a siete Obispos greco-católicos, mártires  (ANSA)

Papa: Libertad y misericordia, herencia de los nuevos beatos al pueblo rumano

El Santo Padre animó a los fieles que participaron en la divina liturgia durante la que beatificó a siete Obispos greco-católicos, mártires, a llevar la luz del Evangelio y a seguir luchando, como estos beatos, contra las nuevas ideologías que surgen

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

Tras haberse despedido esta mañana en Bucarest de los empleados y miembros de la Nunciatura Apostólica, en esta última jornada en Rumania el Santo Padre emprendió el vuelo que lo condujo a la ciudad de Sibiu, donde viven poco más de ciento cincuenta mil habitantes en esta región de Transilvania, la más grande y rica de las ciudadelas amuralladas del siglo XII construida por los colonos alemanes, los llamados sajones de Transilvania. Aquí sus corporaciones pagaron para la construcción de edificios imponentes y las fortificaciones necesarias para su protección. El centro histórico de Sibiu conserva la grandeza del pasado, cuando las corporaciones de entonces, ricas y poderosas, dominaban el comercio regional.

Y en el Campo de la Libertad, situado en la parte oriental de Blaj – distante treinta y seis kilómetros de la conocida ciudad de Alba Iulia – a las 11 de la mañana hora local tuvo lugar el inicio de la divina liturgia con la beatificación de siete Obispos mártires greco-católicos.

Siete Obispos greco-católicos, mártires, hoy nuevos beatos

Se trata de: Mons. Iuliu Hossu, Mons. Vasile Aftenie, Mons. Ioan Bălan, Mons. Valeriu Traian Frențiu, Mons. Ioan Suciu, Mons. Tit Liviu Chinezu, Mons. Alexandru Rusu. Aquí – recordamos – en el Campo de la Libertad situado en la zona oriental de la ciudad de Blaj, cerca del Seminario Teológico Greco-Católico, en mayo del año 1848, más de cuarenta mil personas se reunían para afirmar su conciencia nacional y pedir el reconocimiento del pueblo rumano como nación, la libertad y la igualdad de derechos civiles. Blaj también es el memorial del testimonio de los mártires católicos durante la dictadura comunista.

Ante la presencia de unas cien mil personas, entre las cuales el presidente de Rumania y la Primera Ministra, tras la solemne fórmula de beatificación, pronunciada en latín, y festejada por el tañido de las campanas de la ciudad, en el transcurso de la divina liturgia, el Papa Francisco inició su homilía con la pregunta de los discípulos a Jesús: “Maestro ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?”. Y explicó que esta pregunta desencadena una serie de movimientos y acciones que acompañará todo el relato evangélico desvelando y dejando en evidencia lo que realmente enceguece el corazón humano.

Su ceguera no era fruto del pecado

Sí, porque como dijo el Santo Padre, “Jesús, al igual que sus discípulos, ve al ciego de nacimiento, es capaz de reconocerlo y ponerlo en el centro. Y después de aclarar que su ceguera no era fruto del pecado mezcla el polvo de la tierra con su saliva y lo pone en sus ojos; luego le ordena lavarse en la piscina de Siloé. Cuando se lavó, el ciego recobró la vista”. Llegado a este punto, el Pontífice dijo a los fieles que “es interesante notar cómo el milagro se narra en apenas dos versículos, en los demás se pone la atención no en el ciego recuperado, sino en las discusiones que desencadena. Parece que su vida y especialmente su curación se vuelve banal, anecdótica o elemento de discusión, así como de irritación y enojo. El ciego sanado es interrogado en un primer momento por la multitud estupefacta, después por los fariseos; y estos interrogan también a sus padres. Ponen en duda la identidad del hombre sanado; posteriormente niegan la acción de Dios, poniendo como excusa que Dios no actúa en sábado; llegan incluso a dudar que aquel hombre naciera ciego”.

Las acciones y prioridades de Jesús

A partir de esta escena y las discusiones provocadas, el Papa Francisco se refirió a cuán difícil resulta comprender “las acciones y prioridades de Jesús”, puesto que así “son las resistencias y hostilidades que surgen en el corazón humano cuando, en el centro, en lugar de encontrar a las personas se ponen intereses particulares”.

“ Ante la feroz opresión del régimen, ellos manifestaron una fe y un amor ejemplar hacia su pueblo ”

El Santo Padre también afirmó acerca de estos nuevos beatos que “ante la feroz opresión del régimen, ellos manifestaron una fe y un amor ejemplar hacia su pueblo”. Y añadió que con gran valentía y fortaleza interior, aceptaron ser sometidos a un encarcelamiento severo y a todo tipo de ultrajes, con tal de no negar su pertenencia a su amada Iglesia. Estos pastores, mártires de la fe, han recuperado y dejado al pueblo rumano una preciosa herencia que podemos resumir en dos palabras: libertad y misericordia”.

Luchar contra las nuevas ideologías

El Santo Padre concluyó su homilía animando a los fieles “a llevar la luz del Evangelio a nuestros contemporáneos y a seguir luchando, como estos beatos, contra estas nuevas ideologías que surgen”. Y les deseó que sean “testigos de libertad y de misericordia, haciendo prevalecer la fraternidad y el diálogo ante las divisiones, incrementando la fraternidad de la sangre, que encuentra su origen en el período de sufrimiento en el que los cristianos, dispersos a lo largo de la historia, se han sentido cercanos y solidarios”. “Que los acompañen en su camino – concluyó Francisco – la materna protección de la Virgen María y la intercesión de los nuevos beatos”.


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Festividad litúrgica de la Ascensión. Homilía del Papa

1019.05.13 AscensioneUna de las tantas representaciones de la Ascensión el Señor  (© BAV, Vat.gr.1162)

Papa: con la Ascensión el Señor nos recuerda que la meta es el Cielo

“Con su Ascensión el Señor Resucitado atrae nuestra mirada al Cielo, para mostrarnos que la meta de nuestro camino es el Padre”. Con estas palabras Francisco nos recuerda mediante un tweet el significado de la solemnidad común a todas las Iglesias cristianas, que se celebra el cuadragésimo día después de la Pascua de Resurrección y concluye la presencia del “Cristo histórico”

Roberta Barbi – Ciudad del Vaticano

“Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos. Estando ellos mirando fijamente al cielo mientras se iba, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: ‘Galileos, ¿qué hacen ahí mirando al cielo? Este que les ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como lo han visto subir al cielo’” (Hechos 1, 9-11)

El jueves de la sexta semana de Pascua se celebra la solemnidad de la Ascensión en la Ciudad del Vaticano y en algunos países, mientras en Italia y en otras naciones, el calendario la desplaza al domingo siguiente. Estamos en el tiempo de la Pascua, es decir, de la alegría, de la liberación de la muerte y del pecado gracias a la Resurrección, en el tiempo de la promesa de la salvación. Jesús, por lo tanto, regresa para despedirse de los apóstoles que ahora están listos para esta separación, como hijos adultos. La separación, sin embargo, sólo es aparente, porque el Señor, aunque invisible, continúa trabajando en la Iglesia y es temporal, porque un día volverá.

Fuentes históricas y orígenes de esta solemnidad

Los Evangelios hablan poco de la Ascensión: Mateo y Juan terminan el relato con las apariciones de Jesús después de la Resurrección. Marcos le dedica la última frase del texto, mientras Lucas le da más amplitud, especialmente en los Hechos de los Apóstoles. Aquí precisa que cuarenta días después de la Pascua – un número muy simbólico en toda la Biblia – Jesús conduce a los apóstoles a Betania y una vez que llega al Monte de los Olivos (también llamado Monte de la Ascensión) los bendice y les habla antes de subir al cielo y regresar al Padre. En este discurso Jesús confirma la promesa de la venida del Espíritu que no los dejará solos y anuncia su segunda venida, al final de los tiempos.

“ ¿Qué hacen ahí mirando al cielo? Este que les ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como lo han visto subir al cielo ”

La celebración de la Ascensión tiene orígenes ancestrales, tal como lo demuestra Eusebio de Cesara  y se ve influenciada por la tradición judía, por ejemplo, en la imagen de la “ascensión” a Dios, no sólo física – si bien las catedrales y los monasterios se sitúan a menudo en posiciones elevadas – sino también espiritual, entendida como purificación y recogimiento para escuchar la Palabra. Inicialmente se celebraba en Belén precisamente para subrayar que desde allí todo había comenzado, y constituía una unidad con la fiesta de Pentecostés, celebrada la tarde del mismo día, pero de la que ya se había separado entre los siglos V y VI, como lo demostraron San Juan Crisóstomo y San Agustín, quienes a la Ascensión dedicaron homilías enteras.

Significado de la Ascensión

Al volver al Padre, Jesús cierra un círculo, que ha atravesado su existencia humana para volver al cielo, aun permaneciendo vivo y presente en la Iglesia. Pero es precisamente gracias al momento de la Ascensión que se supera esta dicotomía entre el cielo y la tierra: Jesús se va, pero sólo precede, como un hermano, como un rey y como el Hijo amado, a todos los hombres, en el paraíso, allí donde está Dios. Como un hombre, Jesús bajó al infierno para salvar a Adán y así, con la Ascensión, reafirma una vez más que el cielo es el destino al que el hombre debe aspirar, la santidad, resumiendo el significado del misterio de la Encarnación y el fin último de la salvación. La glorificación de la naturaleza humana, encarnada por el Verbo en toda su pobreza y por Él, después, elevada hasta el cielo, se explica mejor aún en las diversas oraciones pertenecientes a la tradición bizantina en la que se supera la disputa, precisamente, entre el cielo y la tierra.

“A la derecha del Padre”

Hay muchos puntos dentro de los Evangelios en que Jesús prefigura lo que sucederá en la Ascensión. Por ejemplo, durante la Última Cena, anuncia “voy al Padre”. Y el lugar a la derecha del Padre es, de hecho, el lugar de honor, el del Hijo predilecto que por amor se hizo carne, murió y resucitó y así ha salvado a la humanidad. Ese lugar siempre ha sido suyo, porque antes de ser hombre Jesús es el Hijo del Padre y tiene gloria estable con Él. Jesús, pues, asciende al cielo para dar inicio al reino que no tiene fin, pero también para preparar nuestro lugar en el cielo. Si Jesús no volviera al Padre en el cielo, no habría redención ni salvación para el hombre: sólo así, de hecho, Él completa de alguna manera su Resurrección enviando, después, al Consolador al mundo.

La Ascensión en el Arte

Muchos de los significados de esta fiesta se pueden entender aún mejor analizando la iconografía. La Ascensión del Señor está a menudo representada por una escena dividida en dos partes, que representan el cielo y la tierra. En el cielo está Cristo, representado en el gesto del Pantocrátor, es decir, el Señor de todas las cosas, mientras que en su mano izquierda tiene el rollo de la Ley. Lleva las vestiduras de la Resurrección, los colores dominantes son los reales, el blanco y el rojo, todo está lleno de luz e incluso los cielos se doblan para ser su trono. Abajo, en cambio, en la tierra, permanece la humanidad, pero es una humanidad renovada: de las rocas áridas, en efecto, surgen cuatro arbustos exuberantes, es decir, los cuatro rincones de la Tierra que serán vivificados por la Palabra, por los Cuatro Evangelios.

Incluso los apóstoles se visten a menudo de verde, el color de la liberación a través de la gracia, y su actitud es ahora de esperanza en la promesa, no más de consternación por lo que ha sucedido. En primer plano, con frecuencia, están Pedro y Pablo, pero en la escena también está María, a que suele ir acompañada por dos ángeles y ellos tres son los únicos seres que llevan la aureola. María está en eje con su Hijo, cuya misión humana ha compartido, y es, en la práctica, la conjunción entre los dos mundos. La suya ya no es una expresión de dolor, sino una actitud de oración: la de la Iglesia y de toda la humanidad, en espera del fin de los tiempos.


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Domingo 2º de Pascua. Homilía de J.A. Jáuregui S.J.

 

iglesia1SEGUNDO DOMINGO PASCUA C

Ev.: Jn 20,

 

El cuarto evangelista nos presenta 4 episodios que representan otros tantos ejemplos de la fe en Jesús resucitado. El Discípulo Amado cree después de ver los lienzos mortuorios , pero sin haber visto al mismo Jesús. María Magdalena ve a Jesús, pero no le reconoce hasta ser llamada por su nombre. Los discípulos le ven y creen. También Tomás le ve y cree, pero sólo después de haber insistido tercamente en el aspecto maravilloso de la aparición. Los cuatro casos ejemplarizan la actitud de los que ven (en el sentido juaneo del término) y creen.  El evangelista pondrá fin a su mensaje llamando la atención al final sobre las que han creído sin ver. El cuarto evangelista, que no nos cuenta el sermón de las bienaventuranzas de Mt y Lc, termina su evangelio llamando bienaventurados, dichosos a los que creen sin haber visto.

De estos tres últimos ejemplos con sus oportunos correctivos se desprende cuál ha de ser el modelo de nuestra fe en la resurrección.

María Magdalena reconoce a Jesús. Se siente invadida de gozo. Pero no ha reconocido todavía a Jesús por lo que realmente es. Piensa que está de vuelta. Como si  los tres últimos días no hubieran sido más que una horrible pesadilla. La vida puede comenzar de nuevo. El Maestro amado y venerado está realmente allí. Pero interpreta mal su visión del Resucitado. Se arroja a sus pies y le confiesa como Maestro. Interpreta la resurrección de Jesús como la de Lázaro, como una vuelta a este mundo, como el Maestro del tiempo pasado de la actividad de Jesús. Se arroja a sus pies. Quiere retenerlo en este mundo. No ha entendido que la resurrección de Jesús es una resurrección para el mundo de Dios,  Por eso el Señor le dice: “Suéltame. Que todavía no he ido al Padre”.  Es inútil que Maria se aferre a Jesús para impedirle ir al Padre. En realidad Jesús está en camino hacia el Padre. El gesto de María quiere prolongar la comunión humana que ya no tiene sentido ninguno ni ninguna utilidad. “Di a los discípulos y a Pedro: ‘Voy a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro a Dios”. Para que cuando se aparezca a sus discípulos sepan que viene del mundo de Dios, que es el Señor, el Hijo entronizado en el Cielo junto al Padre, y no el Jesús terreno que vuelve redivivo a este mundo. Es el Hijo de Dios que nos hace hijos de Dios por la fe en El.

La aparición a los discípulos nos enseña que, como dice Ph. Menoud, si Cristo hubiera resucitado sin testigos, no sería posible la redención sino a costa de una nueva encarnación. Nos recuerda que nuestra fe se apoya en el testimonio de unos discípulos que vieron al Resucitado y proclamaron valientemente su fe en Jesús Mesías y Señor por la resurrección de entre los muertos. Nos recuerda lo que dice Eph 2,20 que la Iglesia apostólica está edificada sobre el testimonio de los apóstoles y profetas

         Pero el evangelio de hoy nos recuerda el caso especial de Tomás. Este no acepta la palabra de los otros discípulos. Exige que se le permita examinar el cuerpo de Jesús con dedos y mano. Pide más de lo que se ofreció a los otros discípulos. Tomás quiere ver y tocar. Los discípulos y Tomás representan dos actitudes distintas ante las apariciones de Jesús resucitado. Cuando ven a Jesús, los discípulos se sienten movidos a reconocerle como Señor. Tomás, por el contrario, no cree en el testimonio de sus compañeros; quiere comprobar lo milagroso en sí.

Tomás, después de recibir su correctivo, expresa su fe con una profesión de fe rotunda: “Señor mío y Dios mío”. La fuente de estos títulos es puramente bíblica. Combina los términos usados en los LXX para traducir YHWH Elohay por “Señor, Dios mío”. (Cfr. Ps 35,23: Dios mío y Señor mío”). Tomás se dirige a Jesús en los mismos términos que emplea Israel para dirigirse a Yahvé. R. Brown observa, sin embargo, que Jesús es honrado como Dios en una profesión de fe. La aplicación neotestamentaria del término “Dios” a Jesús no constituye todavía una formulación dogmática, sino que aparece en un contexto litúrgico, cultual. Es una respuesta de alabanza a Dios que se ha revelado en Jesús. Este “Señor mío y Dios mío” de Tomás se aproxima mucho a la cláusula del prólogo de Juan la Palabra era Dios”, con la que forma una inclusión que abarcaba todo el cuarto evangelio antes de que se le añadiera el capítulo 21. Muy probablemente pone Juan en boca de Tomás una doxología que confesaba a fines del siglo I toda la comunidad cristiana

Pero el evangelio no termina ahí. Añade una bienaventuranza en la que estamos involucrados todos nosotros. El autor vuelve la mirada a una época en la que ya no será posible ver a Jesús. Hasta el momento final descrito en el evangelio solo era posible un tipo de fe auténtica que brotaba de la presencia visible de Jesús, pero con la inauguración de la presencia invisible de Jesús Espíritu surge un nuevo tipo de fe. La fe de los que creemos sin haber visto.

 

Bilbao, 28 de abril de 2019