Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Homilía domingo 28, 14 oct- Autor: J.A. Jáuregui S.J.

 

 

DOM. 28 T.O.B.

Ev.:  Mc 10,17-31 (Episodio del joven rico)

 

Durante muchos años se interpretó este episodio en el sentido de una distinción, querida por Jesús, entre la vida cristiana corriente y la vida de perfección, representada y actualizada en la Iglesia por el estado de perfección  de la vida religiosa. En tiempos del concilio Vaticano  II quedó superada esta interpretación. También los laicos están llamados a la vida de perfección y el estado laical no es de una calidad cristiana inferior a la vida religiosa. (Decreto sobre el apostolado de los seglares del Vat II).

Hoy ha vuelto a resurgir esa misma distinción preconciliar pero desde una perspectiva ética y sociológica. Se ha escrito a propósito de este episodio, llamado del joven rico, que para ir al cielo basta con ser personalmente honrado, con no ser injusto y no hacer daño a los demás; más aún, que ni siquiera hace falta ser religioso. A la pregunta de aquel hombre (¿Qué tengo que hacer para ganar la vida eterna?) Jesús le responde recordándole los mandamientos que se refieren a la convivencia humana, a los preceptos morales de la segunda tabla del decálogo. Ese es el camino para ir al cielo. Pero la misión que Dios había encomendado a Jesús no era enseñar a los hombres el camino del cielo, sino mostrarles la manera de convertir la tierra en un cielo. Por eso Jesús, cuando se entera de que aquel hombre ha cumplido todo eso desde su juventud, le muestra su afecto y le hace una oferta superior: “Una cosa te falta: vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y después: Ven y sígueme”. Y la razón de esta distinción entre el cristiano corriente y el verdadero discípulo de Jesús  radica en que, cuando Jesús invita a alguien a unirse a él, lo está invitando a la tarea de construir el reino de Dios, y éste consiste en una nueva manera de vivir la convivencia humana, basada en la justicia, en la igualdad, en el servicio por amor… y es imposible colaborar en este proyecto desde una situación que, por principio, debe desaparecer para que ese proyecto se cumpla: no se puede construir la justicia desde la riqueza, que es efecto y causa de injusticias.

Pero esta manera de interpretar el pasaje del evangelio de hoy – por más que seduzca a muchos -, además de introducir en el texto evangélico un problema moderno, ajeno a la mentalidad del evangelista, no tiene en cuenta detalles importantes del mismo texto. Sobre todo, esa cosa única que le falta al hombre está en clara relación con todo lo que el hombre ha cumplido desde su juventud, pero también está en clara correspondencia con el único bueno. Este hombre que había cumplido bien los mandamientos morales, había pasado por alto desde la primera frase dirigida a Jesús llamándole Maestro bueno que Dios es el único bueno. Existe, pues, una relación intencionada del evangelista entre eso “único” que le falta al hombre y “el único” que es Dios; el único y lo único, se implican mutuamente. La enumeración de los preceptos morales de la convivencia humana deja en evidencia que eso único que le falta es el contenido de la primera tabla del decálogo: amar, temer y honrar  a Dios “con todo el corazón, con toda el alma, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas”, como manda el Deut (6,5). La exigencia de Jesús que explicita eso único que le falta (“Anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme”) tiene la función de descubrir la razón de las dificultades que tiene el hombre para seguir a Jesús: está apegado a sus riquezas. No está dispuesto a entregar su corazón a Dios solo, es decir, a renunciar a sus riquezas por causa del seguimiento a Jesús y a decir desde lo más hondo del corazón aquello que se nos invita a nosotros a repetir tantas veces: “Tomad, Señor, y recibid, etc.”.

No es la renuncia a la riqueza  lo único que le falta al joven rico. Le falta la libertad para seguir a Jesús, es decir, la confianza incondicional en solo Dios. Esta deficiencia la pone de relieve la exigencia de renunciar a sus riquezas. Al buen hombre no le faltaba seriedad ética. Había probado incluso su amor al prójimo. Pero no estaba preparado para lo único  sin lo cual “todo lo demás” no conduce al camino de la vida eterna: amar y honrar a Dios sobre todas las cosas. Esto indica que no estaba dominado sólo por Dios. Por eso se marcha triste y puede decirse que incluso la renuncia a todas las riquezas por sí sola no le hubiera servido de nada.  Lo confirma el  himno paulino del amor cristiano en 1 Cor 13: “Y si se diera el caso de que repartiera a los pobres todos mis bienes… pero no tuviera caridad, de nada me sirve”. La exigencia de Jesús (“Vende lo que tienes y dáselo a los pobres etc.”) no contiene inmediatamente eso único que le falta al hombre. Es más bien una contraseña que hace reconocible eso único que le falta, lo único necesario de lo que le habla también Jesús a Marta en el evangelio de Lucas. La relación con la riqueza viene a ser la piedra de toque de su relación con Dios. Por eso los ricos lo tienen tan difícil entrar en el Reino de Dios porque no se puede servir a dos señores, no se puede servir a Dios y a las riquezas. Lo único verdaderamente necesario y único para entrar en la vida es “amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas” y como consecuencia derivada cumplir los preceptos morales de la segunda tabla del decálogo.

Por lo tanto, como formula bien Fuchs, esta exigencia de Jesús no se puede interpretar ni ética ni sociológicamente. Se trata de una cuestión genuinamente religiosa. Sólo si se resuelve el problema teológico, se toma la medida exacta al tratamiento correcto de los bienes terrenos. Sólo el que confía únicamente en Dios, podrá tratar responsablemente también los

bienes terrenos que se le han confiado. La correcta relación con Dios lleva al hombre a una relación correcta con los pobres.

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Homilía de J.A. Pagola para el domingo 27 del 7 de octubre

 

 

CONTRA EL PODER DEL VARÓN (Marcos 10,2-16)

Domingo 27 Tiempo ordinario – B (2018-10-07)

 

Los fariseos plantean a Jesús una pregunta para ponerlo a prueba. Esta vez no es una cuestión sin importancia, sino un hecho que hace sufrir mucho a las mujeres de Galilea y es motivo de vivas discusiones entre los seguidores de diversas escuelas rabínicas: «¿Le es lícito al marido separarse de su mujer?»

 

No se trata del divorcio moderno que conocemos hoy, sino de la situación en que vivía la mujer judía dentro del matrimonio, controlado absolutamente por el varón. Según la Ley de Moisés, el marido podía romper el contrato matrimonial y expulsar de casa a su esposa. La mujer, por el contrario, sometida en todo al varón, no podía hacer lo mismo.

La respuesta de Jesús sorprende a todos. No entra en las discusiones de los rabinos. Invita a descubrir el proyecto original de Dios, que está por encima de leyes y normas. Esta ley «machista», en concreto, se ha impuesto en el pueblo judío por la dureza del corazón de los varones, que controlan a las mujeres y las someten a su voluntad.

 

Jesús ahonda en el misterio original del ser humano. Dios «los creó varón y mujer». Los dos han sido creados en igualdad. Dios no ha creado al varón con poder sobre la mujer. No ha creado a la mujer sometida al varón. Entre varones y mujeres no ha de haber dominación por parte de nadie.

 

Desde esta estructura original del ser humano, Jesús ofrece una visión del matrimonio que va más allá de todo lo establecido por la Ley. Mujeres y varones se unirán para «ser una sola carne» e iniciar una vida compartida en la mutua entrega, sin imposición ni sumisión.

 

Este proyecto matrimonial es para Jesús la suprema expresión del amor humano. El varón no tiene derecho alguno a controlar a la mujer como si fuera su dueño. La mujer no ha de aceptar vivir sometida al varón. Es Dios mismo quien los atrae a vivir unidos por un amor libre y gratuito. Jesús concluye de manera rotunda: «Lo que Dios unió que no lo separe el hombre».

 

Con esta posición, Jesús está destruyendo de raíz el fundamento del patriarcado bajo todas sus formas de control, sometimiento e imposición del varón sobre la mujer. No solo en el matrimonio, sino en cualquier institución civil o religiosa.

 

Hemos de escuchar el mensaje de Jesús. No es posible abrir caminos al reino de Dios y su justicia sin luchar activamente contra el patriarcado. ¿Cuándo reaccionaremos en la Iglesia con energía evangélica contra tanto abuso, violencia y agresión del varón sobre la mujer? ¿Cuándo defenderemos a la mujer de la «dureza de corazón» de los varones?

 

Jose Antonio Pagola

 


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Homilía del domingo 26. Autor; J.A. Jáuregui S.J.

 

  • DOMINGO 26 T.O.B.
    Lecturas: Num 11,25-29; Sant 5,1-6; Mc 9,38-43.45.47-48
    No es casual que sea precisamente Juan, el hermano de Santiago, a
    los que Jesús llamó “hijos del trueno” por su temperamento fogoso y su
    intransigencia, el que se dirige a Jesús diciendo: “Maestro, hemos visto a
    uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir,
    porque no es de los nuestros”. No es este el único rasgo de intransigencia
    protagonizado por estos hermanos Juan y Santiago, los hijos de Zebedeo.
    Cuando Jesús se dirigía a Jerusalén quiso pasar por Samaria y los
    samaritanos se lo impidieron obligándole a dar un considerable rodeo por
    Perea. Juan y Santiago preguntaron a Jesús: “Señor, ¿quieres que digamos
    que baje fuego del cielo y los consuma?”. Pero Jesús volviéndose los
    reprendió. Y algunos manuscritos añaden la reprensión literal de Jesús.
    “No sabéis de qué espíritu sois”. ¿Una lección de tolerancia de Jesús?
    En pocas ocasiones de la historia se ha oído hablar tanto de
    tolerancia como en estos tiempos de democracia. Efectivamente la
    tolerancia se considera un valor propio de las sociedades democráticas. Si
    uno no es tolerante, no es demócrata. Quien no es tolerante, sobre todo en
    cuestiones concernientes a la religión, es motejado de fanático, fascista,
    dictador. Sin embargo, no parece que su contrario, la intolerancia, sea un
    mal definitivamente extinguido en las sociedades democráticas actuales. De
    cuando en cuando rebrota esta mala hierba que envenena la convivencia. Y
    en nuestra sociedad pasa por una peligrosa fase de crecimiento. Muchos se
    dejan guiar por la consigna: “Quien no es de los míos, es mi enemigo”.
    Esta frase ha sido utilizada por muchos grupos de intolerantes, incluso para
    manipular los sentimientos religiosos del pueblo. Y creen encontrar un
    fundamento evangélico en la frase de Jesús: “Quien no está conmigo, está
    contra mí y quien no recoge conmigo, desparrama”. Pero olvidan poner
    en relación esta frase con la que leemos hoy en el evangelio: “… quien no
    está contra nosotros, está a favor nuestro”.
    De aquí se ha llegado a sacar recientemente la conclusión de que
    Jesús con esta doble sentencia resuelve en principio el problema moderno
    de la tolerancia ya que “en relación con la liberación del hombre no es
    posible mantenerse neutral: o se está a favor o se está en contra, y si se
    está a favor, se está en el mismo lado que Jesús y los suyos”.
    Según esta explicación se identifica la verdad absoluta que es Jesús
    para el evangelista con la liberación del hombre. Como si Jesús hubiera
    pretendido en esta escena evangélica resolver el problema de la tolerancia
    en la sociedad humana o se opusiera a todo tipo de intransigencia. Los dos
    extremos están lejos de la perspectiva de Jesús en este evangelio.
    El problema de la tolerancia en la convivencia humana no se
    resuelve pretendiendo conseguir a ultranza la liberación del hombre ya que
    la tolerancia se ha formulado conceptualmente como confrontación entre
  • libertad y verdad, y esta confrontación se mueve en la alternativa entre
    dogmatismo y relativismo. Y esta alternativa cae fuera no sólo del
    horizonte evangélico de hoy sino de toda la Biblia. El problema moderno
    de cómo la verdad absoluta de la religión y la legitimidad de opiniones
    divergentes pueden conciliarse en una convivencia práctica y en una
    síntesis doctrinal no llega siquiera a plantearse ni se resuelve
    satisfactoriamente en la Biblia. De la pretensión de verdad absoluta de la
    religión cristiana en la Edad Media se derivó finalmente la Inquisición. En
    la historia de la Iglesia hubo que esperar muchos siglos para que los
    métodos propios de las ciencias naturales y el descubrimiento de culturas
    extrañas contribuyeran a relativizar las pretensiones de verdad absoluta de
    las confesiones cristianas. Libertad y verdad vienen a ser dos componentes
    que marcan la cuestión de la tolerancia en la época moderna. Hoy día casi
    todas las constituciones democráticas de los estados se basan en el
    reconocimiento, por una parte, de la libertad del individuo y, por otra, en
    una separación entre Iglesia y Estado. Dentro de estas coordenadas se
    mueve el proceso de solución del problema de la tolerancia entre las
    diversas confesiones cristianas y entre las diversas religiones del mundo.
    Ante el gravísimo problema del ecumenismo la Iglesia, desde el Vaticano
    II, ha recurrido a la flexibilidad evitando toda actitud sectaria inclinada a
    rechazar a las personas que no forman parte de la Iglesia católica.
    También Jesús se inclinó por una actitud de flexibilidad y de acogida
    frente a la intransigencia del discípulo Juan. Pero, a renglón seguido, nos
    brinda una enseñanza, de candente actualidad para la Iglesia actual, sobre
    los casos en que hay que ser intransigentes, aun con merma de la libertad
    del hombre. Se trata de los casos de escándalo, es decir, cuando se trata de
    inducir al mal como son los casos frecuentes de pederastia denunciados
    recientemente. Jesús empieza defendiendo a los pequeños contra cualquier
    tipo de corrupción. Jesús defiende a los niños con un vigor extremo: sería
    mejor sufrir el peor de los suplicios antes que inducir a los niños al pecado.
    Jesús añade otros ejemplos con un lenguaje simbólico difícil de asimilar
    para recalcarnos que cuando hay circunstancias que nos inducen al pecado
    mortal, es preciso ser radicales, aceptando incluso las renuncias más
    dolorosas. Escribe el Cardenal Vanhoye: “Es importante saber mostrarnos
    intransigentes cuando se trata de infidelidades graves al Señor que nos
    impiden entrar en la vida eterna, en la comunión eterna con Dios”. La
    permisividad de nuestra sociedad es un gran obstáculo para hacer realidad
    esta exhortación radical de Jesús. En este punto se impone ser sal de la
    tierra viviendo el sentir con la Iglesia.
    Bilbao,30 de septiembre de 2018
    José Antonio Jáuregui S.J

 


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Estonia: misa del Papa en Tallin

Misa del Papa en Tallin: «sean un pueblo santo, con el corazón abierto a Dios»

En la homilía en la misa votiva del Espíritu Santo celebrada en Tallin, el Santo Padre recordó el sufrimiento del pueblo de Estonia, y animó a todos a “salir a promover la relación con Dios”, dando testimonio de “un pueblo santo”, orgulloso de sus raíces y con el corazón abierto.

Ciudad del Vaticano – Juan Carlos Velarde González

Hoy el Santo Padre en la Plaza de la Libertad, en Tallin – Estonia, ha celebrado la última celebración eucarística antes de su regreso a Roma después de haber visitado desde el pasado sábado los tres países bálticos: Lituania, Letonia y Estonia.

En la homilía en la misa votiva del Espíritu Santo que ha celebrado, el Santo Padre ha querido recordar el sufrimiento del pueblo de Estonia partiendo de la reflexión sobre la “llegada del pueblo hebreo —una vez liberado de la esclavitud en Egipto— al monte Sinaí”. “Vosotros –ha continuado el Papa- sabéis de luchas por la libertad, podéis identificaros con aquel pueblo”.

Un pueblo que conoce el amor de su Dios

El Papa Francisco recordó cómo el pueblo que llega hasta el Sinaí “es un pueblo que ya ha visto el amor de su Dios, es un pueblo que decide hacer un pacto de amor porque Dios ya lo amó primero y le expresó ese amor”.

Haciendo una consideración sobre el don de la fe recordó que: “los cristianos sabemos que la propuesta de Dios lleva a la plenitud”, a la vez que hizo una reflexión más: “Algunos se consideran libres cuando viven sin Dios o al margen de él. No advierten que de ese modo transitan por esta vida como huérfanos, sin un hogar donde volver. Nos toca a nosotros, al igual que al pueblo salido de Egipto, escuchar y buscar”.

Llamados al encuentro con Jesús

Ante esa búsqueda, esa “sed, que habita en todo corazón humano, Jesús, nos anima a resolverla yendo a su encuentro. Él es quien puede llenarnos de la plenitud”.

Ante la tentación de buscar saciar la sed interior que lleva dentro de sí todo hombre, el Papa recordó que: “En el desierto, el pueblo de Israel va a caer en la tentación de buscarse otros dioses… Pero Dios siempre lo atrae nuevamente, y ellos recordarán lo que escucharon y vieron en el monte”.

Ante esta llamada a volver a Dios, el Papa compartió con la pequeña porción del Pueblo de Dios que peregrina en Estonia: “somos la pequeña porción que tiene que fermentar toda la masa, que no se esconde ni se aparta, que no se considera mejor ni más pura”. Y tomando el ejemplo del águila cuando resguarda a sus polluelos y los ayuda a valerse por sí mismos sin dejar de protegerlos, el Papa les recordó que:

“Así es Dios con su pueblo elegido, lo quiere en “salida”, arriesgado en su vuelo y siempre protegido solo por él. Tenemos que perder el miedo y salir de los espacios blindados, porque hoy la mayoría de los estonios no se reconocen como creyentes”.

El Papa además dio pistas en la homilía para estar en actitud de salida, les dijo: “Salir como sacerdotes; lo somos por el bautismo. Salir a promover la relación con Dios… Necesitamos crecer en una mirada cercana para contemplar, conmovernos y detenernos ante el otro, con una mirada respetuosa y llena de compasión que es capaz de sanar, desatar ataduras y hacer crecer en la vida cristiana y dar testimonio de ser un pueblo santo”.

Todos estamos llamados a ser santos

Añadió el Santo Padre: “Hoy elegimos ser santos saneando los márgenes y las periferias de nuestra sociedad, allí donde nuestro hermano yace y sufre el descarte, en él está la imagen de Dios, es un hermano redimido por Jesucristo”.

El Santo Padre finalizó su homilía recordando al pueblo de Estonia: “Qué bueno es sentirse parte de un pueblo. Vayamos a la montaña santa, a la de Moisés, a la de Jesús, y pidámosle que nos despierte el corazón, que nos regale el don del Espíritu para discernir en cada momento de la historia cómo ser libres, cómo abrazar el bien y sentirnos elegidos, cómo dejar que Dios haga crecer, aquí en Estonia y en el mundo entero, su nación santa, su pueblo sacerdotal”.

 


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Letonia. Misa del Papa en Anglona.

Misa del Papa en Letonia: “Unidos a María salgan al encuentro del pueblo”

El Santo Padre celebra la Santa Misa en el Santuario Madre de Dios de la ciudad de Anglona, en Letonia y asegura que María y los discípulos nos invitan a acoger, a volver a apostar por el hermano y por la fraternidad universal.

Juan Carlos Velarde – Ciudad del Vaticano

El Santo Padre ha presidido esta tarde, en el Santuario internacional de la Madre de Dios, dentro de su visita apostólica a Letonia; la Misa de María, Madre de la Iglesia.

Comenzó su homilía señalando la similitud entre la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles y aquello que estaba viviendo él junto al pueblo de Letonia en la misa: “íntimamente unidos, dedicados a la oración, y en compañía de María, nuestra Madre”.

En su reflexión sobre el evangelio de San Juan, el Papa subrayó dos momentos en los que se entrecruza la vida de Jesus con la de su Madre: las bodas de Caná y María al pie de la cruz. Al respecto señaló el Papa que: “pareciera que al evangelista le interesa mostrarnos a la Madre de Jesús en esas situaciones de vida aparentemente opuestas: el gozo de unas bodas y el dolor por la muerte de un hijo”.

María, firmemente de pie junto a su Hijo

“María –dijo el Papa- está “firmemente de pie” junto a su Hijo… con firmeza, “clavada” al pie de la cruz… María se muestra en primer lugar así: al lado de los que sufren. Con ellos está también la Madre, clavada junto a esa cruz de la incomprensión y del sufrimiento”. La Virgen también “nos muestra un modo de estar al lado de estas realidades… se trata de que quienes padecen una realidad de dolor nos sientan a su lado y de su lado, de modo firme, estable”.

De ahí que el Papa ha llamado a ir: “al encuentro de nuestro pueblo para consolarlo y acompañarlo; sin tener miedo de experimentar la fuerza de la ternura y de implicarnos y complicarnos la vida por los otros”. (cf. ibíd., 270).

María, invitada por Jesús a recibir al discípulo amado

El Papa hizo la siguiente reflexión: “María es invitada por Jesús a recibir al discípulo amado como su hijo. El texto nos dice que estaban juntos, pero Jesús percibe que no lo suficiente, que no se han recibido mutuamente”. De ahí que “María recibe al discípulo, porque las relaciones que nos sanan y liberan son las que nos abren al encuentro y a la fraternidad con los demás, porque descubren en el otro al mismo Dios”.

El Papa señaló además: ”En tiempos donde pareciera que vuelve a haber modos de pensar que nos invitan a desconfiar de los otros…, María y los discípulos de estas tierras nos invitan a acoger, a volver a apostar por el hermano, por la fraternidad universal.

María, mujer que se deja recibir

Señaló el Papa: “María se muestra también como la mujer que se deja recibir, que humildemente acepta pasar a ser parte de las cosas del discípulo”, de ahí que señalase: “Cuando con fe escuchamos el mandato de recibir y ser recibidos, es posible construir la unidad en la diversidad, porque somos capaces de mirar más allá, de ver a los otros en su dignidad más profunda, como hijos de un mismo Padre”.

Finalizó el Santo Padre su homilía destacando como “María nos recuerda el gozo de haber sido reconocidos como sus hijos, y su Hijo Jesús nos invita a traerla a casa, a ponerla en medio de nuestra vida. Que todos en Letonia, sepan que estamos dispuestos a privilegiar a los más pobres, levantar a los caídos y recibir a los demás así como vienen y se presentan ante nosotros”.

Escucha la homilía del Santo Padre pronunciada durante la Santa Misa en Anglona


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Letonia. Misa del Papa

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Misa del Papa en Letonia: “Unidos a María salgan al encuentro del pueblo”

El Santo Padre celebra la Santa Misa en el Santuario Madre de Dios de la ciudad de Anglona, en Letonia y asegura que María y los discípulos nos invitan a acoger, a volver a apostar por el hermano y por la fraternidad universal.

Juan Carlos Velarde – Ciudad del Vaticano

El Santo Padre ha presidido esta tarde, en el Santuario internacional de la Madre de Dios, dentro de su visita apostólica a Letonia; la Misa de María, Madre de la Iglesia.

Comenzó su homilía señalando la similitud entre la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles y aquello que estaba viviendo él junto al pueblo de Letonia en la misa: “íntimamente unidos, dedicados a la oración, y en compañía de María, nuestra Madre”.

En su reflexión sobre el evangelio de San Juan, el Papa subrayó dos momentos en los que se entrecruza la vida de Jesus con la de su Madre: las bodas de Caná y María al pie de la cruz. Al respecto señaló el Papa que: “pareciera que al evangelista le interesa mostrarnos a la Madre de Jesús en esas situaciones de vida aparentemente opuestas: el gozo de unas bodas y el dolor por la muerte de un hijo”.

María, firmemente de pie junto a su Hijo

“María –dijo el Papa- está “firmemente de pie” junto a su Hijo… con firmeza, “clavada” al pie de la cruz… María se muestra en primer lugar así: al lado de los que sufren. Con ellos está también la Madre, clavada junto a esa cruz de la incomprensión y del sufrimiento”. La Virgen también “nos muestra un modo de estar al lado de estas realidades… se trata de que quienes padecen una realidad de dolor nos sientan a su lado y de su lado, de modo firme, estable”.

De ahí que el Papa ha llamado a ir: “al encuentro de nuestro pueblo para consolarlo y acompañarlo; sin tener miedo de experimentar la fuerza de la ternura y de implicarnos y complicarnos la vida por los otros”. (cf. ibíd., 270).

María, invitada por Jesús a recibir al discípulo amado

El Papa hizo la siguiente reflexión: “María es invitada por Jesús a recibir al discípulo amado como su hijo. El texto nos dice que estaban juntos, pero Jesús percibe que no lo suficiente, que no se han recibido mutuamente”. De ahí que “María recibe al discípulo, porque las relaciones que nos sanan y liberan son las que nos abren al encuentro y a la fraternidad con los demás, porque descubren en el otro al mismo Dios”.

El Papa señaló además: ”En tiempos donde pareciera que vuelve a haber modos de pensar que nos invitan a desconfiar de los otros…, María y los discípulos de estas tierras nos invitan a acoger, a volver a apostar por el hermano, por la fraternidad universal.

María, mujer que se deja recibir

Señaló el Papa: “María se muestra también como la mujer que se deja recibir, que humildemente acepta pasar a ser parte de las cosas del discípulo”, de ahí que señalase: “Cuando con fe escuchamos el mandato de recibir y ser recibidos, es posible construir la unidad en la diversidad, porque somos capaces de mirar más allá, de ver a los otros en su dignidad más profunda, como hijos de un mismo Padre”.

Finalizó el Santo Padre su homilía destacando como “María nos recuerda el gozo de haber sido reconocidos como sus hijos, y su Hijo Jesús nos invita a traerla a casa, a ponerla en medio de nuestra vida. Que todos en Letonia, sepan que estamos dispuestos a privilegiar a los más pobres, levantar a los caídos y recibir a los demás así como vienen y se presentan ante nosotros”.

Escucha la homilía del Santo Padre pronunciada durante la Santa Misa en Anglona


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Homilía del domingo 25. Autor J.A.Jáuregui S.J.

 

 

DOMINGO 25 T.O.B.

Lecturas: Sab 2,12.17-20; Sant 3,16-4,3; Mc 9,29-36

Las lecturas de este domingo nos recuerdan dos veces la pasión de Jesucristo. La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, describe de una manera muy impresionante la hostilidad de los hombres impíos contra el justo. Muy pronto vieron los primeros cristianos en este texto así como en los cantos de Siervo de Dios en Is 53, una predicción de los padecimientos de nuestro Señor Jesucristo.

La lectura del evangelio pone en boca de Jesús la enseñanza que Jesús dirige reservadamente a sus discípulos y no a todo el pueblo mientras atraviesa de incógnito Galilea con sus discípulos. Jesús aprovecha esta oportunidad para volver a instruir a sus discípulos acerca del destino del Hijo del Hombre. Les decía a sus discípulos refiriéndose a sí mismo: “Este hombre va a ser entregado en manos de los hombres, que le darán muerte; después de morir, al cabo de tres días, resucitará”. Veíamos el domingo pasado cómo Jesús les hacía una predicción parecida de la pasión  poco después de la confesión mesiánica de Pedro. Aquella predicción hacía depender la pasión de la necesidad del cumplimiento de un plan divino. La predicción de este domingo insiste en que el Hijo del Hombre será entregado en manos de los hombres. Muchos exegetas ven aquí una alusión a la traición de Judas, pero otros descubren un sentido más profundo: una referencia a todo lo que sucederá en la pasión desde el punto de vista escatológico, es decir, como parte de la actividad del mundo contra Dios y contra el Hijo del Hombre. La entrega del Hijo del Hombre se realiza según el designio de Dios.

La necesidad del cumplimiento de este designio salvífico de Dios se expresa en el Nuevo Testamento con un verbo que los especialistas designan como el deî divino. Y se aplica no sólo a la necesidad de la pasión, muerte y resurrección de Jesús sino también a la vida presente de los cristianos. Toda la vida de los cristianos está sometida a la voluntad de Dios. Bajo este signo aparece en el evangelio de san Lucas la necesidad de orar siempre sin desfallecer; así también en las cartas paulinas la necesidad ineludible de llevar una conducta agradable a Dios y de una disposición pacífica.

Como un contrapunto de esta predicción de Jesús, Marcos recalca la falta de comprensión de los discípulos: “… no entendían estas palabras y tenían miedo de pedirle explicaciones”. En perfecto paralelismo con la reacción de Pedro después de la primera predicción de la pasión, aquí la reacción de los discípulos deja entender que tienen otras perspectivas distintas de las de Jesús. “Para ellos el Mesías debe ser un vencedor, debe triunfar; por eso no puede ser entregado en manos de sus enemigos, no puede ser ejecutado”. Por otra parte, el término resucitar no estaba muy claro en aquel tiempo. “Nosotros tenemos una palabra específica para expresar la resurrección de los muertos. Pero los términos usados en aquel tiempo eran muy vagos. Se hablaba de “volver a levantarse”, de “despertarse”. Términos que se prestaban a una falsa interpretación”. Este contraste de mentalidades entre Jesús y sus discípulos lo pone de relieve la discusión que traen por el camino

La cuestión sobre la que han discutido los discípulos es un reflejo de su mentalidad genuinamente hebrea. “La aspiración a ser grandes penetraba toda la piedad israelita. En todas las ocasiones, en las asambleas religiosas, en la administración de la justicia, en la mesa común, en cualquier actividad surgía inmediatamente el problema de quién era el más grande; la valoración de la dignidad, del puesto que correspondía a cada uno era objeto de constante atención y se le atribuía gran importancia”. El silencio embarazoso de los discípulos ante la pregunta de Jesús es la expresión patente de su culpabilidad consciente por haber manifestado con su amor propio una mentalidad que no se corresponde con la de su Maestro.

A continuación describe el evangelista una escena que en su origen tuvo otro contexto distinto porque difícilmente encaja en la composición de lugar de este fragmento evangélico. Con el fin de ejemplarizar esta enseñanza, Jesús toma a un niño, lo pone en medio y abrazándole, dice a sus discípulos: “Quien acoge a uno de estos niños en atención a mí, me acoge a mí mismo. Y quien me acoge a mí, no me acoge a mí sino al que me envió”. De este modo nos hace comprender que el servicio consiste en acoger a las personas y, sobre todo, a los humildes, a los niños.

Todo el empeño de la Iglesia por la educación de los niños y de la juventud se basa en estas palabras de Jesús. La Iglesia pretende acoger al mismo Jesús cuando acoge a los niños y se pone al servicio de su vida y de su formación.

La postura más opuesta a la de acoger a Jesús en la gente sencilla se pone de manifiesto en la actitud de la gente perversa de la primera lectura que pone como pretexto las cualidades del hombre justo para perseguirle y aniquilarlo. “Acechemos al justo que nos resulta incómodo, se opone a nuestras acciones, nos echa en cara las faltas contra la ley… Lo someteremos a tormentos despiadados, para apreciar su paciencia y comprobar su temple; lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien mira por él”. La pasión de Jesús fue provocada por la maldad de hombres así. Jesús, que pasó por este mundo haciendo el bien porque Dios estaba con él, fue criticado, perseguido, acusado y condenado a muerte ignominiosa precisamente por eso.

Debemos pedirle a Dios la gracia de vernos libres de esta mentalidad

mala y perversa, a través de la unión con el corazón tolerante y humilde de Jesús.                                                          Bilbao, 23 de septiembre de 2018

José Antonio Jáuregui S.J.