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Argentina: movimiento de obispos

Argentina: El largo adiós del arzobispo Aguer

El Papa Francisco recibió en audiencia privada al arzobispo de La Plata, justo cuando él alista su salida. Los rumores de una renuncia anticipada y la designación de un coadjutor

Aguer (foto de wikipedia)

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Pubblicato il 20/10/2017
Ultima modifica il 20/10/2017 alle ore 20:04
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

Héctor Aguer es un arzobispo destacado, y controvertido. Pastor de la diócesis argentina de La Plata, sus declaraciones públicas casi nunca pasan inadvertidas. Su historia episcopal resulta “paralela” a la de Jorge Mario Bergoglio. Ambos porteños de nacimiento, fueron auxiliares del cardenal Antonio Quarracino contemporáneamente. Y los dos fueron elevados al arzobispado en tiempos similares. El próximo 24 de mayo cumplirá los 75 años y presentará su renuncia, como lo establece la ley de la Iglesia. Pero él mismo ya empezó su largo adiós. En su diócesis se especula sobre la inminente llegada de un coadjutor. Hoy el Papa lo recibió en privado.

 

Este viernes, a primera hora, la Sala de Prensa del Vaticano distribuyó la agenda de actividades de Francisco. Apenas una lista de audiencias. Al mediodía, puntual, apareció la cita con Aguer. Un encuentro oficial, en el Palacio Apostólico. Media hora reservada, antes del discurso del Papa a una comitiva de asistentes a un encuentro de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales.

 

El arzobispo platense lleva algunos días en Roma. Por su viaje decidió posponer algunos compromisos en su diócesis. Entre sus colaboradores más cercanos existe un ambiente de fin de pontificado. Un contexto que se vive también en las parroquias. Diversas fuentes consultadas por el Vatican Insider pudieron confirmarlo.

 

La salida de Aguer es un tema de conversación cotidiana entre los sacerdotes. Algunos de ellos, de gran cercanía con el arzobispo, dan por hecho el inminente nombramiento de un coadjutor. Un obispo “con derecho a sucesión” que pueda tomar lentamente las riendas. Porque, según estas fuentes acreditadas, en la curia se baraja incluso una fecha: en mayo de 2018. Una renuncia que podría llegar antes del 24, la fecha de cumpleaños.

 

De verificarse antes de tiempo, la salida de Aguer sería anómala. Despertaría especulaciones. Se sumaría a otras salidas anticipadas de obispos argentinos, verificadas en los últimos meses. Como la de Adolfo Zecca, quien dejó el arzobispado de Tucumán formalmente el 9 de julio pasado. Pero él mismo anunció, con una carta pública difundida el 22 de junio. Una situación pocas veces vista. Normalmente se sabe de la dimisión anticipada de un obispo cuando el Papa se la acepta.

 

Zecca explicó en su misiva tener problemas de salud que le impedían cumplir en pleno su ministerio. Pero aclaró que no descartaba poder realizar “otro trabajo”. El 7 de octubre último, la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina le designó responsable de la Delegación para los Desafíos y Prospectivas de la Educación, un organismo apenas creado que debería fungir como observatorio de la educación en el país. Un puesto que le permitiría mantener el sueldo de obispo en activo asignado por el Estado. Aunque, hasta el momento, esta posibilidad se mantiene en suspenso. Por lo pronto ya se mudó a Buenos Aires, donde le fue asignado un departamento propiedad de la Iglesia.

 

La otra reciente y ocurrida en extrañas condiciones fue la de Gustavo Zanchetta, obispo de Orán (Salta). El 1 de agosto pasado el Vaticano confirmó su salida, aunque apenas tiene 53 años. Un par de días antes, había mandado una carta a los fieles atribuyendo todo a “un problema de salud” que no le permitía “llevar plenamente el ministerio pastoral” y de inmediata atención. Pocos días atrás reapareció en España y con aparente buen estado de salud, en la ceremonia de apertura de año académico en la Universidad Eclesiástica de San Dámaso.

 

Zanchetta era conocido por ser “amigo de Bergoglio”, como confirmó una fuente acreditada al Vatican Insider en Roma. Es más, a esa cercana relación se atribuyó su nombramiento en Orán el 22 de julio de 2013. Fue una de las primeras designaciones de obispos argentinos del actual pontificado. Apenas duró en el puesto cuatro años.

 

Aguer, nacido en 1943 en el barrio porteño de Mataderos, estudió Humanidades y Filosofía en el Seminario Metropolitano de Buenos Aires. Hombre inteligente, se hizo conocido por su fineza, pero también por su rigidez. Tras cumplir toda su carrera eclesiástica en la capital dio el paso previsible: ser obispo auxiliar de Quarracino. Juan Pablo II lo nombró el 26 de febrero de 1992.

 

Menos de tres meses después, el 20 de mayo, el Papa designó otro auxiliar. Un “outsider”, que no venía del clero diocesano y que llevaba varios años fuera de la diócesis. Era jesuita y estaba prácticamente en el exilio en la ciudad de Córdoba. Se trataba de Jorge Mario Bergoglio.

 

En esos años, ambos auxiliares parecían colocarse en las antípodas pastorales. Aguer era vicario zonal de Belgrano, que abarca los barrios más acomodados. Se ocupaba de doctrina, liturgia y espiritualidad. Bergoglio era vicario de Flores, zona popular y que incluye algunas villas. Eran dos figuras destacadas, no pasaban inadvertidas. Por aquellos años, los círculos eclesiásticos tenían en claro que, entre ellos dos, podría salir el sucesor de Quarracino. El elegido fue el jesuita, elevado a coadjutor el 3 de junio de 1997 y a arzobispo, el 28 de febrero siguiente.

Cuatro meses más tarde, el 26 de junio de 1998, Aguer fue enviado como coadjutor de La Plata. Debió esperar dos años antes de convertirse en titular. Cada uno, según su estilo, se convirtió en referente de la Iglesia argentina en la primera década de este siglo. La prensa siempre los ubicó en los extremos de la geometría episcopal. En el seno de la conferencia de obispos, a menudo sostuvieron líneas diferentes. Chocaron. Muchas veces salió victorioso Bergoglio, elegido presidente en dos ocasiones.

 

Su trato siempre fue de caballeros. Incluso cuando el arzobispo de La Plata quedó envuelto en un escándalo por salir de garante a Francisco Trusso, un ex banquero de origen italiano condenado a ocho años de prisión por maniobras fraudulentas a través del Banco Crédito Provincial. La fianza fue de un millón de pesos de la época.

 

Cuando los productores del programa televisivo “Claves para un mundo mejor” le propusieron al arzobispo de Buenos Aires registrar una columna semanal, este la rechazó con diplomacia y recomendó a Aguer. Él aceptó y sus filosos comentarios aún generan discusiones. La dureza de sus tomas de posición le han granjeado ampulosas críticas.

 

Por esa imagen pública de hombre lejano y dogmático, se le incluyó en el grupo de obispos “anti-Bergoglio”, incluso antes del Cónclave de 2013. De ahí que, tras la elección de Francisco, Aguer ocupó buena parte de una de las reuniones de su Consejo Presbiterial a contar cómo era su relación con el arzobispo de Buenos Aires y a explicar que jamás estuvieron peleados.

 

Observadores esperaban que esta distancia histórica provocase la salida del arzobispo de La Plata mucho antes, al inicio del pontificado. Eso no ocurrió. Incluso cuando Aguer protagonizó crisis públicas. Como cuándo selló una ruptura con el movimiento Scout o cuando pareció justificar una medida judicial a favor de un hombre condenado por delitos de lesa humanidad.

 

Ahora, una salida anticipada es posible. Pero es una eventualidad que las fuentes consultadas atribuyen más bien a la voluntad del propio arzobispo. Su estado de salud no es bueno. Se quebró la cadera y debió ser operado. Su fortaleza está mermada, también en el ánimo. Por eso él mismo inició, tiempo atrás, su largo adiós. ¿Quién podría sustituirle? Uno de sus auxiliares goza del aprecio del Papa. Alberto Bochatey. Francisco lo incluyó en la Pontificia Academia para la Vida y lo eligió interventor al Instituto Próvolo, envuelto en un escándalo por abusos sexuales contra menores.

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Venezuela: los obispos y las próximas elecciones regionales.

 Obispos de Venezuela exhortan salir a votar “masivamente” el 15 de octubre

 

 

(RV).- La Conferencia Episcopal Venezolana ha exhortado a los ciudadanos a participar “masivamente” de la jornada de elecciones regionales que se llevará a cabo el próximo domingo 15 de octubre. El episcopado afirma que las elecciones son una “luz en el camino” para defender “la democracia como régimen de gobierno”.

Luego de cuatro meses de intensas protestas en el 2017, y más de un centenar de muertes en estos enfrentamientos, sin obtener ningún tipo de solución a la crisis que enfrenta el país, lo dirigentes políticos optaron por participar en las elecciones de gobernadores que ya habían sido atrasadas de manera ilegal. Por lo cual se ha notado apatía y desilusión entre los electores.

Ante esta situación los obispos exhortan a los venezolanos: “¡Vayamos todos a votar por nuestro futuro!”

Manifiestan los Obispos en su comunicado: “El 15 de octubre, los venezolanos habilitados para votar, tenemos un deber para con nuestra Patria, para con nuestras regiones y para con las futuras generaciones. No nos dejemos ganar por la desconfianza y el desánimo. No asistir a votar es condenarnos a nosotros mismos y condenar a las futuras generaciones a vivir en la carencia de lo más elemental para una vida digna y serena, como son los alimentos, los medicamentos y la seguridad personal y jurídica”.

El episcopado pide a los miembros de la Iglesia asumir la responsabilidad democrática de electores, y unirse en oración el próximo 13 de octubre “para pedir al Espíritu Santo ilumine las mentes de todos a fin de conseguir lo que se anhela en nuestra nación”.

Johan Pacheco para RADIO VATICANA.


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La voz de los obispos USA y su desigual eficacia. Por Thomas Reese

Political priorities of US bishops may surprise you

Baltimore Archbishop William E. Lori processes during the Fortnight for Freedom Mass July 3 at the “Convocation of Catholic Leaders: The Joy of the Gospel in America.” (CNS photo/Bob Roller)
Progressive Catholics and many in the media accuse the American bishops of caring only about abortion, gay marriage and “religious freedom,” and not speaking out on issues of justice and peace. I have argued that such accusations require more nuance. In fact, the bishops often speak out on other issues, but for some reason they do not get the press attention that bishops get when they talk about abortion and religious freedom.To test this theory, I went through press releases that were issued by the U.S. Conference of Catholic Bishops since the first of the year to see how often the bishops actually speak on different topics. The review of almost seven months of press releases is revealing. (I acknowledge that a review of the press releases in 2016 might present different results, but I leave that to others.)

The bishops issued only seven press releases that were devoted solely to abortion, four of them in January when there was a major pro-life march in Washington, D.C. Two of the releases called for prayer, marches and advocacy. Another January release applauded the reestablishment of the Mexico City policy of denying government funds to overseas organizations that sponsor abortions. The other January release welcomed the passage of H.R. U.S. House of Representatives bill 7, “No Taxpayer Funding for Abortion and Abortion Insurance Full Disclosure Act of 2017,” and hoped the Senate would take it up.

Other abortion related press releases involved withholding funding from Planned Parenthood and the U.N. Population Fund. Finally, there was a release that called very disturbing the pledge by the Democratic National Committee chair to only support pro-abortion candidates.

The bishops also issued 11 press releases on health care legislation, most of it very critical of the Republican bills that cut back on Medicaid or reduce insurance subsides for low-income people. While the releases acknowledged that the bills provided critical life protections for the unborn, they said the bishops did not feel that there were sufficient conscience protections for those in health care. But most of the firepower was directed at the bills’ impact on the poor.

We refreshed our website!Drop us a line at redesign@ncronline.org to tell us what you think. We value your feedback.

Only two releases dealt with gay marriage, one a general defense of marriage as between a man and a woman, while the other expressed disappointment that President Donald Trump did not rollback the Obama executive order forbidding “sexual orientation” and “gender identity” discrimination by federal contractors.

Another six press releases dealt with freedom of religion. Many of these expressed gratitude to the Trump administration for reversing actions of the Obama administration on transgender students, HHS mandates, or denial of funding to religious social welfare organizations because of their position on gay marriage or bioethical issues. Others urged congressional support for the  Conscience Protection Act of 2017 and Child Welfare Provider Inclusion Act of 2017, which would protect conscience rights and funding of religious social welfare organizations.

That adds up to seven press releases on abortion, two on gay marriage, six on freedom of religion, and an additional 11 on health care where conscience issues were sometimes tangentially mentioned.

During the same time, the bishops issued 12 press releases on foreign policy, 20 on immigration, five on environmental issues, and five on other issues of justice or the poor. Additional press releases responded to terrorist attacks, but these were pastoral rather than political.

A simple headcount of press releases does not support the view that the bishops are only speaking out on abortion, gay marriage and religious freedom. Immigration and refugees were clearly a priority of the bishops when they criticized executive orders and other actions detrimental to refugees, so-called Dreamers (people qualifying for Deferred Action for Child Arrivals) and other immigrants.

Passionate rhetoric

Critics of the bishops might respond that even though the bishops issue press releases on immigration and other issues affecting the poor, their passion is in the culture wars.

To test this theory, I went through the press releases again looking at the rhetoric used on various issues.

Surprisingly, the rhetoric on abortion was relatively low key while the language on healthcare for the poor and immigration was very strong. I admit that this judgment is somewhat subjective, but perhaps some examples will show what I mean.

On abortion, the press releases speak of respect for the dignity of the human person, life as the most fundamental human right, and abortion as a “violent act.” The language got stronger when referring to “coerced sterilizations and forced abortions” in China, which were judged to be “unspeakable abuses.” Another press release attacked the Democratic National Committee chair’s pledge to support only pro-abortion candidates, calling the pledge “very disturbing” and an “intolerant position.”

When talking about abortion in the healthcare legislation, references to the unborn were almost always included in the same sentences as the poor, as in expressing their concern for “the most vulnerable among us, including the unborn and those experiencing deep poverty.” In fact, the denial of funds to abortion providers was the only thing that the bishops liked in the Republican health care bills. “By restricting federal funding for abortion, its providers, and the purchase of plans that cover it, the bill would have finally resolved a grave moral failing rooted within the very structure of the Affordable Care Act (ACA).”

In the press releases on gay marriage, government policy was judged to be “troubling and disappointing” and “deeply flawed.”

The language on religious freedom went to another level. Remedial legislation is “essential” to protect the “our first and most cherished freedom,” against “unjust discrimination,” “pressing restrictions,” “government-imposed burden on our ministries,” and “political whims.” The bishops speak of “our great dismay” and complain that “widely held moral and religious beliefs … have been maligned in recent years as bigotry or hostility.”

Another press release welcomed the U.S. Supreme Court’s decision striking down “harmful provisions” of the “pernicious Blaine Amendments,” which were enacted in “a time of intense anti-Catholic bigotry.”

Nor did the bishops think that the proposed healthcare bills provided adequate conscience protections for those involved in the healthcare industry. Early in the year these concerns were made in passing, but as the year went on the bishops became more adamant as Republicans appeared to ignore their concerns.

In May the bishops’ conference began to speak of “vital conscience protections” and the need to “honor all human life and dignity from conception to natural death, as well as defend the sincerely-held moral and religious beliefs of those who have any role in the health care system.” By June, the bishops are still complaining that the bill fails “to put in place conscience protections for all those involved in the health care system, protections which are needed more than ever in our country’s health policy.”

The bishops are clearly concerned about conscience protections in healthcare, but the rhetoric escalates when talking about the legislation’s impact on the poor. The bishops express “deep concern” regarding “serious flaws” and “serious deficiencies” in the Republican bills and their impact on “those experiencing deep poverty.” In March, the bishops accuse the legislation of creating “unacceptable problems, particularly for those who struggle on the margins of our society.” They complain that the bills do not address “problems like rising costs and premiums, as well as impediments to immigrant access.”

In April, the bishops continue to object that “the bill will harm poor and vulnerable people.” They find the bill “deeply disappointing” with “serious flaws, including unacceptable modifications to Medicaid that will endanger coverage and affordability for millions of people.” The bill will “severely impact many people with pre-existing conditions while risking for others the loss of access to various essential coverages.” The legislation “as it now stands, creates new and grave challenges for poor and vulnerable people, including immigrants.”

In June, the bishops again emphasize the “many serious flaws” in the House bill, including “unacceptable changes to Medicaid.” The bishops complain that the Senate bill “retains many of the fundamental defects of the House of Representatives-passed health care legislation, and even further compounds them” by providing “even less to those in need” resulting in a “detrimental impact on the poor and vulnerable.” In sum, “At a time when tax cuts that would seem to benefit the wealthy and increases in other areas of federal spending, such as defense, are being contemplated, placing a ‘per capita cap’ on medical coverage for the poor is unconscionable.”

Complaints continued in July, when the bishops “reacted strongly” and called the legislation “unacceptable” because “restructuring of Medicaid will adversely impact those already in deep health poverty.” “To end coverage for those who struggle every day without an adequate alternative in place would be devastating,” concluded the bishops. “The American Health Care Act legislation from the U.S. House of Representatives and the Better Care Reconciliation Act from the Senate were seriously flawed, and would have harmed those most in need in unacceptable ways. In the face of difficulties passing these proposals, the appropriate response is not to create greater uncertainty, especially for those who can bear it least, by repealing the ACA without a replacement.”

Refugees and immigrants

The bishops used very strong language in pointing out the problems with the Republican healthcare proposals, and they also let loose in defense of refugees and immigrants.

The bishops say they are “disappointed,” “disheartened,” “deeply troubled” and “deeply concerned” about the president’s actions on immigration and refugees. They complained of “fear and intolerance” and “bigotry,” and asserted the “moral urgency for comprehensive immigration reform that is just and compassionate.”

The bishops describe the president’s actions as “devastating,” “dire,” “alarming” and “injurious,” which needlessly put the lives of people “in harm’s way,” and “make migrants, especially vulnerable women and children, more susceptible to traffickers and smugglers.” They complain that the president’s executive order “virtually shuts down the refugee admissions program.” The “Executive Order has generated fear and untold anxiety among refugees, immigrants, and others.”

The administration’s actions “needlessly separate families, upend peaceful communities, endanger the lives and safety of the most vulnerable among us, breakdown the trust that currently exists between many police departments and immigrant communities, and sow great fear in those communities.”

Refugees and immigrants, which include “severed families” and “traumatized children,” were defended by the bishops as “vulnerable” “victims” having “inherent dignity,” “fleeing persecution,” in “darkness of isolation,” “who suffer at the hands of merciless persecutors.” They speak of “Jesus, Mary and Joseph as migrants and refugees.”

The bishops are “gravely concerned” that refugees “would then be sent back to a country where religious persecution and persecution against ethnic minorities remains an ongoing threat.” They even use the term genocide.

In their foreign policy press releases, they express concern for Christians and others suffering persecution and harassment in Syria, Iraq and Egypt. They speak of “horrendous attack,” “unspeakable evil” and “the innocent blood of defenseless Christians.” But they plead also for all victims of war in the Middle East: “May no effort be spared in guaranteeing humanitarian assistance to those wounded by this terrible conflict, in particular those forced to flee and the many refugees in nearby countries.”

The bishops also “expressed concern” for the House Republican budget proposal with its “harmful and unacceptable cuts to Medicaid” and to “important programs like SNAP that provide essential nutrition to millions of people.” “Reducing deficits through cuts for human needs — while simultaneously attempting a tax cut, as this proposal does — will place millions of poor and vulnerable people in real jeopardy. Congress should choose a better path, one that honors those struggling in our country.”

On the environment, the bishops complain that a March executive order “rescinds and weakens numerous environmental protections, and effectively dismantles the Clean Power Plan.” They also called president’s decision not to honor the U.S. commitment to the Paris agreement “deeply troubling,” but the rhetoric on environmental issues was low key in comparison to their words on religious freedom, healthcare and immigration.

Looking simply at the language used, one would have to conclude that the bishops are passionate about religious freedom, healthcare for the poor, and immigration.

Despite their passionate words, the bishops do not get that much attention when they speak on healthcare for the poor and immigration.

Looking at the spokespeople

A final factor I looked at was who was quoted in the press release.

On abortion, it was almost always the well-known Cardinal Timothy Dolan of New York, who is also chair of the bishops’ pro-life committee. People in red hats stick out in a crowd. Dolan, from the media capital of the world, is known to be a good communicator.

On healthcare, the most common spokesperson is little-known Bishop Frank Dewane of Venice, Florida, chairman of the U.S. Bishops’ Committee on Domestic Justice and Human Development. In three press releases that also dealt with conscience rights, he was joined by Dolan and Archbishop William Lori of Baltimore, chairman of the USCCB Ad Hoc Committee for Religious Liberty.

Likewise, on religious liberty, Lori was a frequent spokesperson, but he was often joined by Dolan and/or Archbishop Charles Chaput of Philadelphia, chair of the USCCB Committee on Laity, Marriage, Family Life and Youth. Only twice did a press release on religious freedom only have one spokesperson.

On immigration, the most common spokesperson was little-known Bishop Joe Vasquez of Austin, chair of the Committee of Migration.

Likewise, on the environment and other justice issues, the spokesman was often Dewane.

The choice of spokespersons may be one explanation of why the bishops’ positions on and immigration, environment and justice get less attention than their views on abortion, gay marriage and religious freedom. Dolan, Chaput and Lory are archbishops of major Eastern archdioceses and are better known in the media than relatively unknown bishops of smaller dioceses like Vasquez and Dewane. For reporters, as with the church, cardinals trump other prelates, and archbishops trump simple bishops.

In defense of the bishops’ conference, the spokespersons are almost always the chairs of committees that deal with the topic of the press release. But the U.S. bishops have always elected a cardinal as chair of the pro-life committee, while the justice and peace committees seem to be neglected today by high ranking prelates. While Vasquez and Dewane may be hard working and competent, they do not have the media status of a cardinal.

In conclusion, the number of press releases and the rhetoric used in the releases does not support the contention that the bishops only care about abortion, gay marriage and religious freedom, but the choice of spokespersons does give a higher focus to these issues. Like the bishops themselves, the media is obsessed with rank. Sadly, the strong language of the bishops on immigration, refugees and health care for the poor does not get the attention it deserves.

[Jesuit Fr. Thomas Reese is a columnist for NCR and author of Inside the Vatican: The Politics and Organization of the Catholic Church.]

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China y el nuevo obispo de Hong Kong

El nuevo obispo Yeung y China vista desde Hong Kong

Sigue los pasos del cardenal Tong, su predecesor. Podrían disminuir todavía más las suposiciones de los que en Hong Kong y otras partes se atribuyen arbitrariamente la tarea de “medir” constantemente la tasa de catolicidad de la realidad eclesial del resto de China
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Pubblicato il 03/08/2017
Ultima modifica il 03/08/2017 alle ore 13:02
GIANNI VALENTE
CIUDAD DEL VATICANO

En el escudo episcopal de Michael Yeung Ming-cheung, nuevo obispo de Hong Kong, están tanto la Gran Muralla como la colina del León de Hong Kong. Se puede decir que el sucesor del cardenal John Tong-Hon quiso enviar un mensaje simple pero elocuente: trabajaré para Hong Kong, pero también tendré la mirada puesta en China y en la Iglesia de China.

 

El nombramiento de Yeung como guía de la diócesis católica de Hong Kong ya estaba en programa, por decirlo así, desde noviembre de 2016, cuando el entonces obispo auxiliar se convirtió en obispo coadjutor de la misma diócesis.

 

El evento, eclesialmente “natural”, se reviste de interés a la luz de la actual y delicada fase de las relaciones entre el gobierno chino y la Iglesia católica, y por la profunda continuidad que al respecto manifiesta el nuevo obispo con su inmediato predecesor, el cardenal Tong. ¿Cuál será el papel presente y futuro de la diócesis de Hong Kong en esta partida? En su primera conferencia de prensa como obispo de la diócesis, Yeung expresó algunas consideraciones claras a pesar de su obviedad: repitió que Hong Kong no tiene un papel como “intermediario” en las relaciones entre China y el Vaticano, y tampoco puede imaginarse como una especie de “tercera fuerza”. Añadió que la única contribución interesante que la diócesis de Hong Kong puede ofrecer a todos es de carácter eclesial.

 

 

El escudo episcopal de Michale Yeung Ming-cheung, nuevo obispo de Hong Kong

 

El registro eclesial más familiar para el nuevo obispo de Hong Kong no parece el de las batallas públicas o del espesor intelectual, sino un registro concreto de las obras de la caridad para ayudar a los que están en necesidades. Su encargo como guía de la Caritas de Hong Kong, que comenzó en 2003, lo llamó a ocuparse de la difícil herencia del padre Francesco Lerda, el misionero del PIME que la guió durante las décadas heroicas del enorme trabajo a favor de los migrantes de la China continental. Todavía en la actualidad, en un contexto que ha cambiado mucho, con las nuevas pobrezas que afectan a la población de ese gran centro financiero internacional, muchos en Hong Kong, sobre todo entre los no cristianos, ven en la Caritas el rostro más interesante de la comunidad eclesial local.

 

Parece, con el nombramiento de Yeung, que la diócesis en el futuro no concentrará sus energías para contraponerse a las autoridades civiles. En el pasado, el nuevo obispo fue atacado por algunos ambientes y medios de comunicación de Hong Kong porque no acostumbraba criticar a China y por no haber apoyado con vigor las protestas anti-Pekín de Occupy Central. En realidad, Yeung repitió durante su primera conferencia de prensa como obispo que la Iglesia no es una entidad política, y que, como sea, se necesita demostrar solidaridad a todos los que intervienen con generosidad y hacen sentir su voz cuando ven amenazados los derechos humanos. Un enfoque moderado y realista, que no gusta mucho entre los sectores que quisieran una contraposición más explícita entre la comunidad eclesial local y Pekín o la administración local, guiada por la católica Carrie Lam, que fue elegida Chief Executive de Hong Kong en marzo del año pasado.

 

Las respuestas que ofreció Yeung en su primera conferencia de prensa permiten imaginar un enfoque nada arrogante ni quejumbroso en relación con la realidad eclesial de la República Popular china y sus sufrimientos. En las últimas décadas, las Iglesias de Taiwán y Hong Kong siempre se han tratado de afirmar como “Iglesias puente” entre los católicos chinos (sometidos a las prácticas invadentes de la política religiosa gubernamental) y la catolicidad universal. Una actitud que muchos apoyan con servicio fraterno, pero que en otros varios casos se ha transformado en la pretensión (a veces molesta) de ejercer una especie de “tutoría” doctrinal y pedagógica sobre la maltratada Iglesia de la China continental.

 

Si existe verdaderamente la sintonía (reconocida por varias facciones) entre el nuevo obispo ordinario de Hong Kong y su predecesor, habría que imaginar que serán frenadas las suposiciones de todos los que creen tener la tarea de “medir” constantemente, en Hong Kong, la tasa de catolicidad de la realidad eclesial del resto de China.

 

El cardenal Tong, también durante el tiempo que pasó a la cabeza de la diócesis de Hong Kong, desde abril de 2009, ha sido para todos los católicos chinos un hermano premuroso y con el corazón abierto dispuesto a encargarse de las dificultades y de los sufrimientos de todos, más que un juez y fustigador exterior. «La fe», dijo en una entrevista publicada en “30Giorni” en 2012, «no viene de nosotros. Proviene de Jesús. Y no somos los vigilantes ni los jueces de la fe de nuestros hermanos. Nosotros, simplemente, somos una diócesis hermana de las demás diócesis que están en el continente. Así, si ellas lo quieren, nosotros estaremos felices de compartir con ellas nuestro camino y nuestro trabajo pastoral». Como buen católico, Tong no cree que la fe y la unidad en la Iglesia se mantengan a fuerza de amenazas de excomunión o de insultos. Y siempre ha agradecido al Señor, que ha custodiado la fe en la Iglesia que vive en China, como solamente Él sabe hacer, incluso a lo largo de las décadas de la persecución cruel.


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El asesinato de Mons. Jaramillo, próximo beato.

LAS ÚLTIMAS HORAS DE VIDA DEL OBISPO QUE EL PAPA BEATIFICARÁ EN COLOMBIA. Monseñor Emilio Jaramillo fue secuestrado y asesinado por el ELN en 1989

El futuro beato con Juan Pablo II

El futuro beato con Juan Pablo II

Monseñor Jesús Emilio Jaramillo sabía que la situación con la guerrilla en Arauca estaba tensa y que el El miraba a los sacerdotes con recelo, pero a pesar de eso decidió hacer un recorrido evangelizador por la zona del Sarare. Y le costó la vida, el 2 de octubre de 1989. Fue asesinado con impactos de fusil en la espalda y en la cara y su cuerpo fue arrojado a la orilla de una trocha. Por eso el Papa Francisco acaba de reconocer el martirio de este obispo que será beatificado en septiembre próximo durante la visita papal.

El último día de vida de monseñor Jesús Emilio Jaramillo comenzó la mañana del domingo primero de octubre cuando el obispo, acompañado del padre Helmer Muñoz –quien era su asistente–, otro sacerdote, un seminarista y una monja, llegaron a Puerto Nidia, un caserío donde celebró la misa. Luego de almorzar, hacia las 2:30 de la tarde salieron en un campero hacia Fortul. Habían recorrido cerca de hora y media por una carretera destapada cuando llegaron hasta el río Caranal. Ahí, justo antes de pasar el puente de tablas, había tres hombres vestidos de campesinos, dos de ellos con armas largas. Hicieron detener el vehículo.

“Preguntaron “¿quién es Jesús Emilio Jaramillo?” y monseñor, sin titubear, dijo: ‘Soy yo’ “, contó el padre Muñoz.

Según su relato, los bajaron del carro y a la monja, el sacerdote y el seminarista les dijeron que se fueran para Fortul y les contaran a las autoridades que el obispo quedaba secuestrado por el Eln para enviar un comunicado. Al padre Helmer lo dejaron para que siguiera manejando.

“Dos de ellos se hicieron en la parte de atrás y a monseñor lo hicieron sentar en el medio. El tercero se hizo adelante”, relató el religioso. El carro comenzó a recorrer el extenso territorio del Sarare hasta que la noche comenzó a caer. El camino se hizo más difícil y el paso más lento. Y el temor de los religiosos aumentó. En un momento, monseñor sacó su rosario y comenzó a rezar. El padre Helmer les preguntó a los guerrilleros si creían en Dios. “Uno de ellos me contestó: ‘Para mi Dios es esto’, y mostró el arma”, relató el sacerdote.

Cuando ya eran como las 7 de la noche, hicieron detener el carro en un paraje rural en el sector de Santa Isabel. Le dijeron al obispo que se bajara, pero el padre Helmer insistió en acompañarlo, pues monseñor no veía bien de noche.

“Pero uno de los que estaba atrás me dijo: ‘Quédese usted, nosotros nos lo llevamos y vuelva en dos horas por él’, pero yo insistí en quedarme. “Entonces uno de ellos, uno alto, moreno, me dijo: ‘Se va a las buenas o a las malas’, por lo que monseñor me pidió que me fuera. Me puso la mano derecha sobre mi hombro y me dijo: ‘Hablemos un poquito’. “Nos hicimos a un lado mientras los hombres nos apuntaban. Me dijo: ‘Reconciliémonos, pongámonos en presencia del Señor y que se haga su voluntad’. Nos absolvimos mutuamente. “En voz baja me dijo que me alejara para que no se complicaran las cosas. “Las llaves del carro las habían tirado en un arenero, así que tuve que buscarlas. Y cuando ya me había subido al carro uno de ellos me dijo que mejor no viniera en dos horas, sino al otro día”, siguió con su relato el sacerdote. En ese momento el desenlace parecía evidente.

“Entonces monseñor les dijo: ‘Respeten a mi muchacho, respétenle la vida a mi muchacho, yo respondo por los sacerdotes”, contó.

El padre regresó a Caranal y pasó la noche dentro del carro. A la mañana siguiente madrugó de nuevo a la trocha. Llegó al sitio en donde lo había dejado la noche anterior. “Caminé como 50 metros y lo encontré al lado derecho de la carretera, destrozado totalmente”, siguió con su relato el padre. “Lo encontré boca arriba, cuando traté de mover el cuerpo se le salió parte de la masa encefálica. Tuve que envolverlo con mi estola, con los utensilios de la eucaristía”, contó el testigo.

Para él, el obispo fue asesinado como una hora después de que se separaron. “El primer tiro fue por la espalda y le fracturaron el brazo derecho, un tiro de costado, y el otro fue en la cara, fue con arma larga, según dijeron los expertos”, explicó Muñoz. El anillo episcopal no lo tenía, se lo habían llevado, y la cadena del pectoral estaba destrozada. Tras rezar un momento, cubrió el cuerpo con unas ramas, pues ya el sol acosaba la sabana y no quería que alguien lo viera así.

Regresó a Caranal a buscar al inspector de policía para hacer el levantamiento. Como no estaba, esa tarea la realizó la junta comunal. El cuerpo del obispo fue puesto en una camioneta y llevado hasta la inspección de La Esmeralda. Allí, en el centro asistencial del lugar, el cuerpo del obispo fue limpiado. En un helicóptero militar fue llevado hasta Arauca.

Sobre las razones del asesinato, el padre Helmer asegura que a monseñor Jaramillo lo consideraban cercano a la Mannesmann (multinacional que construyó el oleoducto Caño Limón-Coveñas), y que los curas obtenían las ganancias de las obras que hacía esa empresa. Pero también que trabajaba la plata que el Gobierno destinaba para los profesores a través del programa Educación Contratada. Y que le dolían las muertes de los soldados, pero no la de las demás personas.

“La beatificación de monseñor Jaramillo le va a traer muchas bendiciones a Arauca, incluso bendiciones a quienes despotricaron de él –que no fueron pocos– y que fueron los que llevaron con sus documentos y sus informaciones a la guerrilla en contra de monseñor”, concluyó el padre Helmer.


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Camerún: obispo muerto por asesinato, no por suicidio.

CAMERÚN – “Mons. Bala no se suicidio, sino que fue brutalmente asesinado; que se haga justicia”, afirman los obispos

miércoles, 14 junio 2017obispos   persecuciones  

Mons.Jean Marie Benoît Bala

Yaoundé (Agencia Fides) – “Mons. Jean Marie Benoît Bala no se suicidio, sino que fue brutalmente asesinado” afirma el comunicado de la Conferencia Episcopal de Camerún sobre la muerte de Su Exc. Mons. Jean Marie Benoît Bala, Obispo de Bafia, cuyo cuerpo fue encontrado en las aguas del río Sanaga, el 2 de junio.
La desaparición del obispo fue denunciada la mañana del 31 de marzo, cuando su coche fue encontrado en el Pont de l’Enfance. En el coche se encontró también “un mensaje extraño (…) junto a su documento de identidad y otros cosas personales”, recuerda el mensaje enviado a la Agencia Fides.
Al principio algunos habían sugerido que el Obispo se había suicidado y las autoridades enviaron buzos para buscar el cuerpo en el río. El 2 de junio, un pescador encontró los restos de Mons. Bala a pocos km del Pont de l’Enfance.
“Actualmente el cuerpo está a disposición de las autoridades judiciales para la investigación de las circunstancias, de las causas exactas y de los autores de este crimen atroz e inaceptable. (…) Nosotros, los obispos de Camerún afirmamos que Mons Jean Marie Benoît no se suicidó; fue brutalmente asesinado. Se trata de un asesinato más, uno de más”, se lee en el comunicado.
Los Obispos subrayan “la triste memoria de varios prelados, sacerdotes y personas consagradas que fueron asesinadas en circunstancias poco claras hasta la fecha. En particular, recordamos a Mons. Yves Plumey, Arzobispo Emerito de Garoua (asesinado en Ngaoundéré – 1991), don Joseph Mbassi (Yaoundé – 1988), p. Antony Fontegh (Kumbo-1990), las Hermanas de Djoum (1992), P. Engelbert Mveng (Yaoundé – 1995), solo por citar algunos”.
“Tenemos la impresión de que el clero de Camerún está particularmente perseguido por fuerzas oscuras y malvadas” denuncian los obispos de Camerún.
Al tiempo que piden que “se haga luz sobre las circunstancias y los motivos del asesinato del Mons. Bala, y que sean identificados y llevados ante la justicia para ser juzgados según la ley, todos los responsables”.
También exigen al Estado que “asuma el deber real de proteger la vida humana”; a los medios de comunicación y a los usuarios de las redes sociales que no difundan mentiras y respeten la dignidad de los seres humanos. Por último, los Obispos piden a los asesinos de Mons. Bala “qué realicen un camino de conversión urgente y radical”. (L.M.) (Agencia Fides 14/6/2017)


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En la Iglesia, el pastor debe saber despedirse.

“El obispo debe saber despedirse, no es el centro de la historia”

El Papa en Santa Marta: el pastor debe saber irse bien, y no «a medias», porque es un hombre libre, ha servido sin compromisos y «sin apropiarse del rebaño»

Papa Francisco: “El obispo debe saber despedirse, no es el centro de la historia”

Pubblicato il 30/05/2017
Ultima modifica il 30/05/2017 alle ore 14:33
DOMENICO AGASSO JR.
CIUDAD DEL VATICANO

El verdadero guía de una comunidad eclesiástica sabe irse bien, porque es un hombre libre, ha servido sin compromisos y sin apropiarse del rebaño. Además, se despide sabiendo que “no es el centro de la historia”. Palabra de Papa Francisco, que dedicó la homilía de hoy, 30 de mayo de 2017, a la «despedida de un obispo», como podría titularse la Primera Lectura de los Hechos de los Apóstoles.

 

San Pablo deja la Iglesia de Éfeso, que él mismo había fundado. Según indicó la Radio Vaticana, el Pontífice recordó: «Ahora debe irse. Todos los pastores debemos despedirnos. Llega un momento en el que el Señor te dice: ve a otra parte, ve allá, ven acá, ven conmigo». Uno de los pasos que debe dar «un pastor también es prepararse para despedirse bien, no a medias. El pastor que no aprende a despedirse es porque tiene algún vínculo no bueno con el rebaño, un vínculo que no fue purificado por la Cruz de Jesús».

 

Entonces, Pablo, en una especie de «consejo presbiterial» se despide de su comunidad eclesiástica: el Obispo de Roma recordó «tres actitudes» del apóstol.

 

Primera: dice que nunca se ha echado atrás. No es un acto de «vanidad, porque él dice que es el peor de los pecadores, lo sabe y lo dice», sino que simplemente relata «la historia» verdadera. «Una de las cosas que da mucha paz al pastor cuando se despide es acordarse de que nunca ha sido un pastor de compromisos», la conciencia de no haber «guiado a la Iglesia con compromisos. No se echó atrás. Y se necesita valentía para ello», insistió Francisco.

 

Segunda actitud: san Pablo comunica que va a Jerusalén movido por el Espíritu, sin saber qué le sucederá. Prácticamente, obedece al Espíritu Santo: «El pastor sabe que está en camino. Mientras guiaba a la Iglesia tenía la actitud de no hacer compromisos; ahora el Espíritu le pide que se ponga en camino, sin saber qué sucederá». Y el apóstol «continúa porque él no tiene nada propio, no hizo una apropiación indebida de su rebaño. Sirvió. “¿Ahora Dios quiere que me vaya? Me voy sin saber qué sucederá conmigo. Solo sé (el Espíritu se lo había comunicado) que el Espíritu Santo, de ciudad en ciudad, me dice que me esperan cadenas y tribulaciones”. Eso era lo que sabía». Sin embargo, no renuncia, acepta con confianza los nuevos desafíos peligrosos.

 

No lo espera «la jubilación. Voy a otra parte a servir a otras Iglesias —prosiguió el Papa. Siempre con el corazón abierto a la voz de Dios: dejo esto, seré qué me pide el Señor. Y ese pastor sin compromisos ahora es un pastor en camino».

 

Tercer punto: Pablo precisa que no considera, de ninguna manera, preciosa «mi vida». Y Francisco añadió: no es «el centro de la historia, de la historia grande o de la historia pequeña», sino que es «un servidor».

 

El Pontífice citó un dicho popular: «Como se vive, se muere; como se vive, se despide»; san Pablo se despide al final con «una libertad sin compromisos» y se pone en marcha hasta el final de la misión que Dios le encomendó en la tierra. Así «se despide un pastor», exclamó el Papa.

 

Francisco invocó: «Con este ejemplo tan bello, recemos por los pastores, por nuestros pastores, por los párrocos, por los obispos, por el Papa, para que sus vidas sean vidas sin compromisos, una vida en camino, y una vida en donde ellos —concluyó— no se crean que están en el centro de la historia y así aprendan a despedirse».