Loiola XXI

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El nuevo arzobispo de París.

Un ex médico es el nuevo arzobispo de París

Michel Aupetit, que hasta ahora era el obispo de Nanterre, sucede al cardenal André Vingt-Trois, de quien fue auxiliar

Michel Aupetit

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Pubblicato il 07/12/2017
Ultima modifica il 07/12/2017 alle ore 13:10
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Monseñor Michel Aupetit, que hasta ahora era obispo de Nanterre, es el nuevo arzobispo metropolitano de París, sucediendo al cardenal André Vingt-Trois, quien deja su puesto por haber alcanzado el límite de edad. Lo indicó la Radio Vaticana.

 

Aupetit, que nació el 23 de marzo de 1951 en Versalles (en la diócesis homónima), se licenció en Medicina en 1978 en la Universidad de Créteil. Ejerció la profesión médica en Colombes, en la periferia norte de París, durante doce años. Se especializó en bioética médica y también enseñó esa materia en el Hospital Henri Mondor de Céteil. En 1990 entró al Seminario para la formación sacerdotal, que concluyó con el bachillerato en Teología. Fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1995 por la arquidiócesis de París.

 

Después de su ordenación tuvo los siguientes encargos ministeriales: vicario de la parroquia Saint-Paul-Saint-Louis y capellán de los Liceos del barrio del Marais: François Couperin, Charlemagne et Saint-Germain, Victor Hugo (de 1995 a 2001); fue también párroco de Notre-Dame de l’Arche d’Alliance (2001-2006), decano del decanato Pasteur-Vaugirard (2004-2006), vicario general de París y miembro del Consejo presbiterial (de 2006 a 2013).

 

Fue nombrado obispo Titular de Massita y auxiliar de París el 2 de febrero de 2013, y consagrado el 19 de abril siguiente fue transferido el 4 de abril de 2014 a la sede episcopal de Nanterre. Dentro de la Conferencia Episcopal francesa, es también presidente del Consejo Familia y Sociedad, además del grupo de trabajo de Bioética.

 

Los que lo conocen lo describen como una persona jovial, concreta, que no deja de tomar posturas y de llevar a cabo los proyectos que comienza. Era el candidato preferido por el cardenal que se va, Vingt-Trois, quien, al tomar posesión de la diócesis parisina, lo quiso como su vicario general. Después lo nombró auxiliar pero un año más tarde consintió su traslado como obispo de Nanterre. Una posición desde la que, tal vez, le fue fácil volver a París para guiar la diócesis.

 

El nombramiento del cardenal Vingt-Trois como arzobispo de París, en 2005, fue uno de los últimos nombramientos importantes del Papa Wojtyla, quien, desde el Policlínico Gemelli, aceptó la petición que le había hecho el cardenal Jean-Marie Lustiger. Vingt-Trois fue auxiliar de Lustiger durante una década antes de ser transferido, en 1999, a Tours.

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Honduras: comunicado de los obispos sobre la situación actual del País.

Honduras: Los obispos exhortan al diálogo y a superar toda forma de violencia

Martes 5 Dic 2017 | 10:06 am

Tegucigalpa (Honduras) (AICA):

“No tenemos derecho a fracasar una vez más en la construcción del Estado de Honduras y de su democracia”, escriben los obispos de la Conferencia Episcopal de Honduras en el comunicado dirigido a la comunidad nacional en medio de la controversia y violencia suscitada por las reñidas elecciones presidenciales del pasado 26 de noviembre que desataron una ola de protestas violencias en todo el país y que hasta el momento han dejado unos siete muertos.

A causa de la situación de violencia fue decretado por diez días el estado de excepción, que prohíbe la libre circulación entre las seis de la tarde y las seis de la mañana en todo o parte del territorio nacional, con el intento de poner fin a las protestas violentas que se han multiplicado en el país.

El papa Francisco también expresó este domingo, durante la oración del ángelus, su esperanza de que Honduras “pueda superar la crisis de manera pacífica”.

El comunicado de los obispos hondureños lamenta la “hora difícil de la historia social y política de nuestro país”, y advirtió que “no tenemos derecho a fracasar una vez más en la construcción del Estado de Honduras y de su democracia”.

Los obispos demandaron a las autoridades “recuperar la institucionalidad del Tribunal Supremo Electoral, en base a la legitimidad y transparencia de sus acciones en este proceso electoral, procediendo de forma inmediata a la investigación especial de actas que sean solicitadas por los Partidos Nacional y la Alianza contra la dictadura”.

Este escrutinio de actas, indicaron, debe contar con la vigilancia de los observadores de la Unión Europea, la Organización de Estados Americanos y el Grupo de Países Cooperantes, además de los candidatos que disputan la presidencia.

Los prelados exigieron además “mantener actitudes de respeto, convivencia y diálogo entre los miembros de la comunidad y superar toda forma de violencia”.

“Por eso pedimos a los dirigentes del Partido Nacional y la Alianza contra la Dictadura, que durante el tiempo que dure toda la verificación de los datos, con el escrutinio especial de actas, y posteriormente a la declaración del resultado, orienten a sus bases para que asuman una postura de respeto, de madurez ciudadana, de promoción de la paz y la convivencia pacífica”.

El comunicado episcopal alentó además a “renovar la esperanza de que esta crisis sea ocasión para que Honduras se afiance como Estado de Derecho, se fortalezca con la ley sus instituciones, avance en la lucha contra la impunidad, la corrupción y la pobreza”.

“Todos los sectores sociales, políticos, académicos y religiosos comprometámonos a impulsar un diálogo franco, eficaz y creativo a corto plazo, que permita alcanzar acuerdos mínimos de gobernabilidad y gobernanza, restauración de la paz y la convivencia ciudadana en nuestra Honduras”, exhortaron.

Al finalizar su mensaje, los Obispos de Honduras expresaron su pedido a Dios para que “dé sabiduría a nuestros dirigentes para gobernar, les dé justicia para actuar correctamente y practicar el bien, y a todos los ciudadanos nos conceda rectitud de corazón y auténtico amor a la patria”. +


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Argentina: los obispos ante la tragedia del submarino desaparecido

Submarino argentino desaparecido: Solidaridad de la Iglesia tras noticia de explosión

Submarino ARA San Juan / Crédito: Flickr Mariano Mantel (CC BY-NC 2.0)

Submarino ARA San Juan / Crédito: Flickr Mariano Mantel (CC BY-NC 2.0)

BUENOS AIRES, 24 Nov. 17 / 11:58 am (ACI).- “Necesitamos más que nunca la valentía de la fe”, afirmó el Obispo Castrense de Argentina, Mons. Santiago Olivera, luego de se confirmara que hubo una explosión en el área donde el submarino ARA San Juan desapareció.

El submarino se perdió el miércoles 15 de noviembre en el golfo de San Juan, en el Atlántico meridional, cuando se dirigía a una base naval en Mar de Plata con 44 tripulantes.

Desde la desaparición de la nave, grupos de búsqueda y rescate de distintos países se han sumado a la tarea de encontrarla.

Recién el jueves 23 de noviembre, 8 días después de la desaparición del submarino, la Armada argentina confirmó que se registró un “evento consistente con una explosión” el 15 de noviembre por la mañana, día en el que se tuvo el último contacto con el submarino.

Múltiples análisis arrojaron que esta “anomalía hidroacústica” se registró cuatro horas después del último contacto con el submarino, se trató de “un evento impulsivo subacuático, una señal inusual en las cercanías de la última posición conocida del submarino argentino desaparecido”.

Pese al nuevo panorama, las autoridades insistieron en que seguirán buscando “hasta tener una evidencia más concreta dónde está el submarino San Juan y nuestros 44 tripulantes”.

La noticia provocó consternación entre los familiares y amigos de los 44 tripulantes.

Mons. Olivera expresó al respecto que “en este momento en que la incertidumbre se instala en todos los argentinos ensombreciendo nuestros pensamientos y sentimientos, nos sentimos llamados a anunciar que la omnipotencia de Dios se manifiesta en su misericordia”.

“Dios nos mira siempre con amor, para cumplir en nosotros sus designios providentes”, señaló en un comunicado.

El Obispo Castrense explicó que misericordia significa “antes que nada curar las heridas” y acompañar “con espíritu acogedor” a las familias, compañeros, superiores y cercanos de estos “servidores de la Patria que abrazando con pasión este llamado, han enfrentado graves peligros, entregándose como fecundo don”.

El Prelado también valoró el afecto y cercanía de tantas personas, especialmente el gesto de la comunidad internacional “que ha venido en nuestra ayuda, haciendo posible una verdadera cultura del encuentro”.

“Aspiremos a que ella se instale en todos, que sepamos mirarnos a los ojos como hermanos e hijos de un mismo mundo, sin enfrentamientos estériles. Debemos ser capaces de contemplar y capitalizar el dolor de muchos”, alentó.

Mons. Olivera reiteró su llamado a rezar por los 44 compatriotas “en todas nuestras celebraciones y Eucaristías”, y por la fortaleza y consuelo de sus familias.

“También recemos por nuestra Patria y sus Instituciones. En estos momentos, necesitamos más que nunca la valentía de la fe. Tengamos confianza, el Señor es nuestra fortaleza”, concluyó su comunicado.


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Papel del obispo en la crisis matrimonial. Discurso del Papa

Nulidad matrimonial; el Papa: el obispo, único juez en el proceso breve

Audiencia a los que participan en el curso de la Rota Romana sobre la nueva reforma, en la que pidió cercanía «a los sufrimientos de los fieles que esperan de la justicia eclesial la ayuda para volver a encontrar la paz de las conciencias y la voluntad de Dios sobre la admisión a la Eucaristía»

El Papa con la Rota Romana

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Pubblicato il 25/11/2017
Ultima modifica il 25/11/2017 alle ore 16:15
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

«Ustedes están llamados a ser próximos en la soledad y en el sufrimiento de los fieles que esperan de la justicia eclesial la ayuda competente y factual para poder encontrar la paz de sus conciencias y la voluntad de Dios sobre la readmisión a la Eucaristía». El Papa Francisco dialogó con los jueces canónicos que participaron en el curso de formación promovido por el Tribunal Apostólico de la Rota Romana, sobre el tema: “El nuevo proceso matrimonial y el procedimiento Super Rato”. Y aprovechó para aclarar, «definitivamente», algunos aspectos fundamentales de los dos “Motu prorpio” para la nulidad matrimonial, “Mitis Iudex Dominus Iesus” y “Mitis et misericors Iesus”, en particular sobre el papel del obispo «como juez personal y único» en el proceso breve.

 

Antes que nada, Francisco recordó que los dos textos fueron fruto de los dos Sínodos sobre la familia, por lo tanto, «expresión de un método sinodal» y «meta de un serio camino sinodal» que pretendía «estudiar las situaciones y el desarrollo de la familia en el mundo de hoy, la preparación al matrimonio, las maneras para socorrer a los que sufren debido al fracaso de su matrimonio, la educación de los hijos y otras temáticas». Después invitó a los jueces, precisamente en continuidad con las dos Asambleas, a que se esfuercen para ser en sus comunidades «misioneros y testimonios del espíritu sinodal», además de la «consolación pastoral» que, subrayó, «es el fin de esta nueva normativa matrimonial». Con esta actitud, exhortó, «cada uno de ustedes debe ser leal colaborador del propio Obispo, al cual las nuevas normas reconocen un papel determinante, sobre todo en el proceso breve, en cuanto él es el “juez nato” de la Iglesia particular».

 

Al respecto, el Papa, para que la aplicación de la nueva ley sobre el proceso matrimonial (a dos años de su promulgación) «sea causa y motivo de salvación y paz para el gran número de fieles heridos en su situación matrimonial», establece algunos puntos-clave «determinantes y exclusivos» sobre el ejercicio personal del obispo como «juez personal y único en el proceso “breviore”», para que tal principio nunca sea interpretado como «hecho excluyente», «delegando casi todo a los Tribunales».

 

El obispo juez, afirmó el Papa en los primeros dos puntos, es «arquitrabe, principio constitutivo y elemento discriminante de todo el proceso breviore», para cuya validez se exigen dos condiciones inseparables: el episcopado y estar a la cabeza de una comunidad diocesana de fieles. Recordando que la competencia exclusiva y personal del pastor proviene directamente del Vaticano II; explicó que el proceso breve no es una «opción» que el obispo puede elegir, sino una «obligación» de la cual él es «componente exclusivo en las tres frases»: la instancia, la intstructoria (que siempre debe llevar a cabo «el Vicario judicial o por otro instructor, también laico, por el asesor, y siempre presente el defensor del vínculo») y la decisión («pronunciada coram Domino, es siempre y solo del Obispo diocesano»), que siempre es prerrogativa del obispo diocesano.

 

«Encomendar todo el proceso breviore al tribunal interdiocesano (tanto del más próximo como de más diócesis) –advirtió el Pontífice– llevaría a desnaturalizar y reducir la figura del Obispo padre, cabeza y juez de sus fieles a mero firmante de la sentencia».

 

Bergoglio indica algunos «criterios fundamentales»: «la proximidad y la gratuidad», dos «perlas» que necesitan los pobres, y la «misericordia» que exige que el obispo «actúe cuanto antes» el proceso breve; en el caso de que no se considere listo en el presente para actuarlo, «debe reenviar la causa el proceso ordinario, el cual de todos modos debe ser conducido con la debida solicitud».

 

Todo ello, insistió el Papa Francisco al final y con mucha claridad, «ocurre sin pedir el permiso o la autorización a otra Institución o a la Signatura Apostólica».


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La Conferencia episcopal española sobre el conflicto de Cataluña.

 

En su discurso inicial a la asamblea de obispos reunida en Madrid, el Cardenal Blazquez, presidente  de la conferencia episcopal española ha pronunciado las siguientes palabras sobre el conflicto de Cataluña:

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            3.- Participando en las preocupaciones y esperanzas

Al comenzar la Asamblea Plenaria quiero hacerme eco de los sentimientos que la situación actual suscita en nosotros. Desde hace algún tiempo el desarrollo de los acontecimientos en Cataluña nos preocupaba en medida creciente; y nos entristeció la Declaración Unilateral de Independencia del día 27 del pasado mes de octubre. Significaba la ruptura del orden constitucional que los españoles nos hemos dado hace cuarenta años.

Juzgamos que la Declaración de ruptura es un hecho grave y perturbador de nuestra convivencia, que va más allá de las discrepancias entre las formaciones políticas. La Constitución se gestó, redactó y fue aprobada en las urnas, como fruto del consenso entre todos. Los españoles en aquellos años pasamos de la incertidumbre ante el futuro a la satisfacción porque el deseo ampliamente compartido de reconciliación se había traducido en una regulación fundamental de nuestra convivencia. La ruptura reciente nos ha entristecido y preocupado, ya que la Constitución había nacido con la aspiración de configurar para las generaciones presentes y futuras un marco general de libertad y respeto en el que cabíamos todos. Es comprensible que el paso del tiempo y la vitalidad de la sociedad fuera mostrando la conveniencia de reformar o añadir aspectos nuevos en la Constitución para que siempre sea actual, pero ella misma indicaba los procedimientos para introducir los cambios oportunos.

La Iglesia, que colaboró eficazmente en la Transición política, aunque no siempre sea reconocido, desea continuar cumpliendo su misión de reconciliación y pacificación. El ministerio de los obispos y presbíteros está al servicio de la comunión eclesial; y, por ello, también de la convivencia pacífica de los ciudadanos. Nuestra renuncia a la militancia política favorece que nadie se considere extraño a la comunidad cristiana por opciones legítimas.

Apoyamos el restablecimiento del orden constitucional, porque es un bien común. La normalización de la vida social y el correcto funcionamiento de las instituciones suponen y exigen el respeto de la ley, que regula nuestra convivencia. La normalización requiere, además, el esfuerzo de todos para que las relaciones sociales, eclesiales y familiares afectadas negativamente por estos hechos sean renovadas por el respeto a la libertad de todos, la mutua confianza y la concordia serena. La Iglesia por su misma naturaleza puede contribuir a la pacificación personal y social, acentuando particularmente la solidaridad entre todos y la atención a los pobres. Como suele decir el papa deseamos destruir muros y tender puentes.

El presidente Adolfo Suárez pidió que se pusiera como epitafio en su sepulcro: “La concordia fue posible”. Estamos convencidos de que también hoy es posible la convivencia en la diversidad. Como entonces el diálogo de los ciudadanos y en las instituciones será un impulso renovado para continuar construyendo una sociedad en paz, en libertad y en justicia.


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China: al habla con un obispo católico reconocido por el gobierno.

El obispo chino Han explica por qué pidió el reconocimiento del gobierno

Entrevista con el obispo “ex-clandestino” de Lanzhou, que hasta ahora no había sido reconocido como guía de la diócesis por los aparatos chinos y que acaba de celebrar su toma de posesión episcopal con la legitimación de las autoridades civiles: «Así tendremos menos obstáculos para dedicar nuestras energías al anuncio del Evangelio. En China, si no se cuenta con el reconocimiento del gobierno, todo se vuelve más complicado, incluso las cosas más sencillas»

El obispo Han con algunos fieles

Pubblicato il 17/11/2017
GIANNI VALENTE
ROMA

Lanzhou es una de las ciudades más contaminadas del mundo. Y José Han Zhi-hai es su obispo católico desde hace 14 años. Fue ordenado en 2003 con el nombramiento del Papa, pero sin el reconocimiento del gobierno. Sin embargo, desde hace algunos días, su condición de sucesor de los apóstoles obtuvo también la “certificación” gubernamental. En esta entrevista exclusiva con Vatican Insider explica las razones y los caminos que lo llevaron a pedir el reconocimiento del gobierno para su episcopado. La ceremonia oficial se llevó a cabo el 10 de noviembre, en la catedral de Lanzhou, dedicada al Sagrado Corazón. Todos los obispos que participaron en el rito están en plena y declarada comunión con el Papa. Y lo mismo sucedió en la ceremonia oficial del obispo de Handan, José Sun Jigen, ordenado en 2011 con el mandato apostólico recibido por la Santa Sede y también con el reconocimiento por parte del gobierno de Pekín.

 

José Han nació en 1966, en medio de la Revolución cultural. En esos años sus familiares fueron custodios de la fe, simplemente rezando en sus casas, en la intimidad de sus corazones. Y recordó que su vocación floreció al ver al padre Felipe, el sacerdote (que después se habría convertido en obispo de Lanzhou) que, después de su liberación en 1978, tras 30 años de prisión y aislamiento sn nunca quejarse, volvió a comenzar a anunciar el Evangelio inmediatamente por pueblos y aldeas.

 

¿Usted fue quien pidió al gobierno que reconociera su dignidad episcopal?

 

Sí, fui yo quien pidió ser reconocido como obispo por el gobierno. Desde 2003 esperaba que el gobierno reconociera oficialmente el papel que tengo, en virtud de la ordenación episcopal.

 

¿Por qué lo pidió?

 

Porque es obvio: sin el reconocimiento del gobierno es más complicado sacar adelante la diócesis y ayudar a la Iglesia local que se desarrolla. Este reconocimiento oficial nos da mayor libertad para dedicar nuestras energías con menos obstáculos al anuncio del Evangelio. Hay muchos sacerdotes y monjas que quieren sacar adelante su misión. En China, si no cuentas con el reconocimiento del gobierno, todo se Vuelve más complicado, incluso las cosas más sencillas.

 

Ser reconocido significa aceptar el papel de la Asociación patriótica y de los demás organismos que controlan la vida de la Iglesia…

 

Sí, pero ahora en la Iglesia hay cada vez más jóvenes que ya no se fijan demasiado en estas cosas. A ellos no les interesa mucho lo que hace la Asociación patriótica. A ellos les importa poder caminar y crecer en la fe, poder expresar la propia fe sin esconderse.

 

¿Cuándo pidió el reconocimiento del gobierno? ¿Cómo fue el trámite?

 

En 2003 los sacerdotes de la diócesis eran menos de los que hay ahora. Desde entonces hablábamos al respecto, y todos estaban listos para superar las objeciones y registrarse en los organismos del gobierno. Este propósito se robusteció después de haber leído la Carta del Papa Benedicto XVI a los católicos chinos. Yo y los sacerdotes estábamos listos, en conciencia, a dialogar con el gobierno y aceptar su gestión de la política religiosa.

 

¿Por qué no fue reconocido en esa época?

 

Durante los años siguientes, ciertos personajes, desde fuera de China, opinaron y dijeron que quienes buscaban la legitimidad del gobierno mediante los organismos patrióticos no eran buenos católicos, y presentaban su interpretación de las cosas como la única legítima. Así, en esos años, todo ha cambiado, y se ha “desbloqueado” todo. Después llegó también el caso de Taddeo Ma Daqin, el obispo de Shanghái que tuvo que retirarse en Sheshán, después de que había declarado la intención de salirse de la Asociación Patriótica. Entonces, muchos sacerdotes de mi diócesis dijeron: «Estamos confundidos, ya no comprendemos qué está pasando; tal vez sea mejor esperar».

 

¿Y luego?

 

En 2013 hubo otro momento en el que creí que había llegado el momento de ser reconocido por el gobierno. Pero surgieron nuevos problemas. Dejamos pasar la ocasión. Y luego, este año, los del gobierno me sugirieron nuevamente que tomara en consideración la posibilidad de ser reconocido como obispo oficial. Me dijeron: si cuentas con el apoyo de los sacerdotes, si los sacerdotes están contigo, nosotros estamos listos para reconocerte.

 

Entonces, ¿ahora colaborará con la Asociación Patriótica y con la política gubernamental? 

 

Hay que decir que en nuestra diócesis diferentes sacerdotes ya tenían contactos con la Asociación Patriótica y los demás organismos. Se trató de un proceso gradual. Las palabras de la política religiosa del gobierno son “libertad religiosa” y “autonomía, independencia”. El sentido de esta independencia de órdenes exteriores exigida a las comunidades religiosas es solamente político. Lo importante para el gobierno es que las comunidades religiosas estén incluidas en el marco político chino. Les interesa la seguridad, la estabilidad nacional. Y siempre hay que tener en cuenta que en China no hay solamente católicos, sino también otras religiones. Y ciertas reglas valen para todos.

 

¿Todos comparten su decisión en la diócesis?

 

La diócesis, en conjunto, está unida. Algunos sacerdotes y algunos fieles tienen una opinión diferente, pero esta diversidad no llega a poner en duda la comunión de fe. Tal vez durante los últimos años los he descuidado un poco y tengo mis responsabilidades para con ellos. Pero algunos de ellos parece movido por los celos. Como sea, lo que más nos preocupa es custodiar y hacer que crezca la comunión entre nosotros. Tratamos de hacerlo de cualquier manera. Y precisamente por esto deseamos que China y la Santa Sede encuentren un acuerdo: así podremos caminar todos juntos, unidos al Papa.

 

¿Qué esperan en su diócesis sobre las negociaciones entre China y la Santa Sede?

 

Si la Santa Sede sigue mostrando señales de simpatía y no de hostilidad hacia China, el camino ya emprendido para resolver ciertos problemas será más rápido.

 

¿Y cómo se manifiesta ahora su comunión con el Papa?

 

Yo siempre he estado en plena comunión con el Papa. Y creo que todos los obispos en China viven o quieren vivir en plena comunión con el Papa. Formar parte de la Iglesia católica implica precisamente esto. Esta comunión debe manifestarse en la situación práctica, concreta de cada país. Hay que sacar adelante la propia misión en el propio país tal y como es.

 

Usted, en 2003, después de haber sido ordenado obispo “clandestino”, es decir no reconocido por el gobierno, escribió una carta abierta para invitar a todos los obispos chinos a superar las laceraciones y a confesar la propia comunión con el Papa. ¿Cuál es la situación actual? 

 

Nosotros seguimos rezando por ello. Como dije antes: si no hay unidad quiere, decir que no hay camino de fe. La división entre los hermanos siempre es obra del diablo, de «aquel que divide». Ahora podemos seguir adelante, como siempre nos invita el Papa Francisco, quien, como Papa, reconoce y abraza también la cultura china. Si seguimos adelante, siguiendo a Jesús, el mañana llegará pronto.


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Argentina: movimiento de obispos

Argentina: El largo adiós del arzobispo Aguer

El Papa Francisco recibió en audiencia privada al arzobispo de La Plata, justo cuando él alista su salida. Los rumores de una renuncia anticipada y la designación de un coadjutor

Aguer (foto de wikipedia)

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Pubblicato il 20/10/2017
Ultima modifica il 20/10/2017 alle ore 20:04
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

Héctor Aguer es un arzobispo destacado, y controvertido. Pastor de la diócesis argentina de La Plata, sus declaraciones públicas casi nunca pasan inadvertidas. Su historia episcopal resulta “paralela” a la de Jorge Mario Bergoglio. Ambos porteños de nacimiento, fueron auxiliares del cardenal Antonio Quarracino contemporáneamente. Y los dos fueron elevados al arzobispado en tiempos similares. El próximo 24 de mayo cumplirá los 75 años y presentará su renuncia, como lo establece la ley de la Iglesia. Pero él mismo ya empezó su largo adiós. En su diócesis se especula sobre la inminente llegada de un coadjutor. Hoy el Papa lo recibió en privado.

 

Este viernes, a primera hora, la Sala de Prensa del Vaticano distribuyó la agenda de actividades de Francisco. Apenas una lista de audiencias. Al mediodía, puntual, apareció la cita con Aguer. Un encuentro oficial, en el Palacio Apostólico. Media hora reservada, antes del discurso del Papa a una comitiva de asistentes a un encuentro de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales.

 

El arzobispo platense lleva algunos días en Roma. Por su viaje decidió posponer algunos compromisos en su diócesis. Entre sus colaboradores más cercanos existe un ambiente de fin de pontificado. Un contexto que se vive también en las parroquias. Diversas fuentes consultadas por el Vatican Insider pudieron confirmarlo.

 

La salida de Aguer es un tema de conversación cotidiana entre los sacerdotes. Algunos de ellos, de gran cercanía con el arzobispo, dan por hecho el inminente nombramiento de un coadjutor. Un obispo “con derecho a sucesión” que pueda tomar lentamente las riendas. Porque, según estas fuentes acreditadas, en la curia se baraja incluso una fecha: en mayo de 2018. Una renuncia que podría llegar antes del 24, la fecha de cumpleaños.

 

De verificarse antes de tiempo, la salida de Aguer sería anómala. Despertaría especulaciones. Se sumaría a otras salidas anticipadas de obispos argentinos, verificadas en los últimos meses. Como la de Adolfo Zecca, quien dejó el arzobispado de Tucumán formalmente el 9 de julio pasado. Pero él mismo anunció, con una carta pública difundida el 22 de junio. Una situación pocas veces vista. Normalmente se sabe de la dimisión anticipada de un obispo cuando el Papa se la acepta.

 

Zecca explicó en su misiva tener problemas de salud que le impedían cumplir en pleno su ministerio. Pero aclaró que no descartaba poder realizar “otro trabajo”. El 7 de octubre último, la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina le designó responsable de la Delegación para los Desafíos y Prospectivas de la Educación, un organismo apenas creado que debería fungir como observatorio de la educación en el país. Un puesto que le permitiría mantener el sueldo de obispo en activo asignado por el Estado. Aunque, hasta el momento, esta posibilidad se mantiene en suspenso. Por lo pronto ya se mudó a Buenos Aires, donde le fue asignado un departamento propiedad de la Iglesia.

 

La otra reciente y ocurrida en extrañas condiciones fue la de Gustavo Zanchetta, obispo de Orán (Salta). El 1 de agosto pasado el Vaticano confirmó su salida, aunque apenas tiene 53 años. Un par de días antes, había mandado una carta a los fieles atribuyendo todo a “un problema de salud” que no le permitía “llevar plenamente el ministerio pastoral” y de inmediata atención. Pocos días atrás reapareció en España y con aparente buen estado de salud, en la ceremonia de apertura de año académico en la Universidad Eclesiástica de San Dámaso.

 

Zanchetta era conocido por ser “amigo de Bergoglio”, como confirmó una fuente acreditada al Vatican Insider en Roma. Es más, a esa cercana relación se atribuyó su nombramiento en Orán el 22 de julio de 2013. Fue una de las primeras designaciones de obispos argentinos del actual pontificado. Apenas duró en el puesto cuatro años.

 

Aguer, nacido en 1943 en el barrio porteño de Mataderos, estudió Humanidades y Filosofía en el Seminario Metropolitano de Buenos Aires. Hombre inteligente, se hizo conocido por su fineza, pero también por su rigidez. Tras cumplir toda su carrera eclesiástica en la capital dio el paso previsible: ser obispo auxiliar de Quarracino. Juan Pablo II lo nombró el 26 de febrero de 1992.

 

Menos de tres meses después, el 20 de mayo, el Papa designó otro auxiliar. Un “outsider”, que no venía del clero diocesano y que llevaba varios años fuera de la diócesis. Era jesuita y estaba prácticamente en el exilio en la ciudad de Córdoba. Se trataba de Jorge Mario Bergoglio.

 

En esos años, ambos auxiliares parecían colocarse en las antípodas pastorales. Aguer era vicario zonal de Belgrano, que abarca los barrios más acomodados. Se ocupaba de doctrina, liturgia y espiritualidad. Bergoglio era vicario de Flores, zona popular y que incluye algunas villas. Eran dos figuras destacadas, no pasaban inadvertidas. Por aquellos años, los círculos eclesiásticos tenían en claro que, entre ellos dos, podría salir el sucesor de Quarracino. El elegido fue el jesuita, elevado a coadjutor el 3 de junio de 1997 y a arzobispo, el 28 de febrero siguiente.

Cuatro meses más tarde, el 26 de junio de 1998, Aguer fue enviado como coadjutor de La Plata. Debió esperar dos años antes de convertirse en titular. Cada uno, según su estilo, se convirtió en referente de la Iglesia argentina en la primera década de este siglo. La prensa siempre los ubicó en los extremos de la geometría episcopal. En el seno de la conferencia de obispos, a menudo sostuvieron líneas diferentes. Chocaron. Muchas veces salió victorioso Bergoglio, elegido presidente en dos ocasiones.

 

Su trato siempre fue de caballeros. Incluso cuando el arzobispo de La Plata quedó envuelto en un escándalo por salir de garante a Francisco Trusso, un ex banquero de origen italiano condenado a ocho años de prisión por maniobras fraudulentas a través del Banco Crédito Provincial. La fianza fue de un millón de pesos de la época.

 

Cuando los productores del programa televisivo “Claves para un mundo mejor” le propusieron al arzobispo de Buenos Aires registrar una columna semanal, este la rechazó con diplomacia y recomendó a Aguer. Él aceptó y sus filosos comentarios aún generan discusiones. La dureza de sus tomas de posición le han granjeado ampulosas críticas.

 

Por esa imagen pública de hombre lejano y dogmático, se le incluyó en el grupo de obispos “anti-Bergoglio”, incluso antes del Cónclave de 2013. De ahí que, tras la elección de Francisco, Aguer ocupó buena parte de una de las reuniones de su Consejo Presbiterial a contar cómo era su relación con el arzobispo de Buenos Aires y a explicar que jamás estuvieron peleados.

 

Observadores esperaban que esta distancia histórica provocase la salida del arzobispo de La Plata mucho antes, al inicio del pontificado. Eso no ocurrió. Incluso cuando Aguer protagonizó crisis públicas. Como cuándo selló una ruptura con el movimiento Scout o cuando pareció justificar una medida judicial a favor de un hombre condenado por delitos de lesa humanidad.

 

Ahora, una salida anticipada es posible. Pero es una eventualidad que las fuentes consultadas atribuyen más bien a la voluntad del propio arzobispo. Su estado de salud no es bueno. Se quebró la cadera y debió ser operado. Su fortaleza está mermada, también en el ánimo. Por eso él mismo inició, tiempo atrás, su largo adiós. ¿Quién podría sustituirle? Uno de sus auxiliares goza del aprecio del Papa. Alberto Bochatey. Francisco lo incluyó en la Pontificia Academia para la Vida y lo eligió interventor al Instituto Próvolo, envuelto en un escándalo por abusos sexuales contra menores.