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Rumania: los siete obispos mártires que beatificará el Papa

Conozca a los siete obispos mártires que beatificará el Papa en Rumania

El domingo 2 de junio, en la ciudad rumana de Blaj, el Santo Padre beatificará a siete obispos greco-católicos asesinados durante la dictadura comunista en los años 50.

Ciudad del Vaticano

La mayoría de ellos sufrieron cárcel y tortura en los años previos a que Nicolás Ceasucescu se convirtiera en el máximo responsable del país, cargo que asumió en 1967 hasta que fue ejecutado en 1989. Previamente, entre 1965 y 1989 había sido secretario general del Partido Comunista rumano.

Cuando en 1945 finalizó la II Guerra Mundial, comenzó una durísima persecución contra los greco-católicos. A continuación, compartimos una síntesis de la biografía de siete obispos mártires, perseguidos y asesinados por no renunciar a su fe; quienes serán beatificados el 2 de junio por el Papa Francisco durante su viaje apostólicos a Rumania.

Iuliu Hossu 

Nació el 30 de enero de 1885 en Milas, hijo de sus padres Ioan, sacerdote, y Victoria. En 1904 comenzó sus estudios teológicos en el Colegio de Propaganda Fide de Roma. En 1906 y 1908 se doctoró en filosofía y teología respectivamente. El 27 de marzo de 1910 fue ordenado sacerdote por el obispo Vasile Hossu. En Lugoj ocupó los cargos de protocolista, archivero, bibliotecario y finalmente vicario y secretario episcopal. El 3 de marzo de 1917 fue nombrado obispo de la eparquía greco-católica de Gerla en Transilvania, que quedó vacante, mientras ejercía el ministerio de capellán militar. El 1 de diciembre de 1918, proclamó la Declaración de la Unidad de Rumanía en la llanura de Blaj, que sancionaba la separación de Transilvania del Imperio Austro-Húngaro y la unificación con Moldavia y Valaquia en el naciente estado rumano.

 

En 1930 la eparquía de Gherla cambió su nombre a Cluj-Gherla, trasladando su centro a la ciudad de Cluj Napoca. Aquí hubo un período de ocupación entre 1940 y 1944. El 28 de octubre de 1948, el obispo Hossu fue arrestado por el gobierno comunista y llevado a Dragoslavele. Posteriormente fue trasladado al Monasterio Ortodoxo de Caldarusani y en 1950 a la Penitenciaría de Sighetul Marmatiei. En 1955 llegó a Curtea de Arges, en 1956 al monasterio de Ciorogarla y finalmente de nuevo a Caldarusani.

Así escribía en agosto de 1961, mientras estaba encerrado a la fuerza, en las primeras páginas de sus memorias: “Tu amor, Señor, no he podido quitármelo; el me basta: te pido perdón por todos mis pecados y te doy gracias con todo mi ser por todo lo que me has dado, tu siervo indigno”. Iuliu Hossu fue privado de toda libertad hasta su muerte el 28 de mayo de 1970 en el Hospital Colentina de Bucarest, donde sus últimas palabras fueron: “Mi batalla ha terminado, la vuestra continúa”. El Papa Pablo VI le creó cardenal “in pectore” en 1969, el primero de nacionalidad rumana, y luego hizo público su nombramiento en 1973, tres años después de la muerte del pastor.

Vasile Aftenie

Nació el 14 de junio de 1899 en Lodroman, hijo de Petru y Agafia. En 1919 se matriculó en la Facultad de Teología y fue enviado a estudiar al Colegio Griego de San Atanasio en Roma. En 1925 obtuvo un doctorado en filosofía y teología tras el cual regresó a casa. El 1 de enero de 1926 fue ordenado sacerdote por el Metropolitano Vasile Suciu. Después de un mes fue nombrado profesor de la Academia de Teología Blaj.

 

El 1 de octubre de 1939 fue nombrado rector de la mencionada Academia Teológica. En abril de 1940 fue elegido obispo titular de Ulpiana, recibiendo el cargo de auxiliar del metropolita Alexandru Nicolescu, obispo de Fagaras y Alba Julia. La consagración episcopal tuvo lugar el 5 de junio de 1940 en la catedral de Blaj. Regresó a Bucarest como Vicario Obispo.

Tras varios intentos frustrados de comprometerlo, fue finalmente arrestado el 28 de octubre de 1948 por el régimen comunista. Junto con otros cinco obispos greco-católicos fue llevado a Dragoslavele y luego al Monasterio Ortodoxo de Caldarusani, transformado en un campo de concentración. En mayo de 1949 fue trasladado y aislado en el Ministerio del Interior, donde sufrió terribles torturas. Mutilado y con la barba arrancada, fue encerrado en la prisión de Vacaresti, donde murió el 10 de mayo de 1950. Fue enterrado en el cementerio católico de Belu con un rito religioso oficiado por un sacerdote católico romano.

Ioan Balan

Nació en Teius el 11 de febrero de 1880. Realizó estudios de teología en el seminario central de Budapest. En 1903 fue ordenado sacerdote y continuó sus estudios en Viena. En 1909 se trasladó a Bucarest, donde necesitaban un confesor greco-católico. En 1919 regresó a Blaj convirtiéndose de nuevo en su canónigo metropolitano y dos años más tarde en rector de la Academia de Teología. En 1929 fue nombrado miembro de la Comisión Vaticana que debía redactar el nuevo Código de Derecho Canónico de las Iglesias Orientales.

 

En noviembre de 1936 fue consagrado obispo de Lugoj, tras el nombramiento del obispo Alexandru Nicolescu como Metropolitano. Se negó a trasladarse a la ortodoxia, compartió la suerte de otros obispos greco-católicos y fue detenido el 28 de octubre de 1948 a las 15 horas. Fue llevado al Palacio Patriarcal de Dragoslavele y luego al Monasterio de Caldarusani en febrero de 1949.

De allí fue trasladado de nuevo a la penitenciaría de Sighetul Marmatiei en mayo de 1950. Cinco años más tarde se vio obligado a vivir en el Monasterio de Curtea de Arges. En 1956 fue trasladado al Monasterio de Ciorogarla, cerca de Bucarest, donde permaneció aislado hasta el final de su vida terrenal. Estaba gravemente enfermo, murió en un hospital de Bucarest el 4 de agosto de 1959 y fue enterrado en el cementerio católico de Belu. Nunca fue juzgado y, en consecuencia, nunca fue condenado.

Valeriu Traian Frentiu

Nació el 25 de abril de 1875 en Resita, de su padre Ioachim, sacerdote, y de su madre Rozalia. Estudió teología en Budapest entre 1894 y 1898, y fue ordenado sacerdote el 28 de septiembre de 1898. En 1902 obtuvo su doctorado. Trabajó en la Eparquía de Lugoj como canciller, párroco y vicario, hasta el 4 de noviembre de 1912, a la edad de sólo 37 años, cuando fue nombrado obispo. El 25 de febrero de 1922 fue trasladado a la sede episcopal de Oradea, donde el 3 de mayo del mismo año tomó posesión de la diócesis.

Después de la muerte del metropolita Alexandru Nicolescu en 1941, Mons. Frentiu fue transferido de nuevo, como Administrador Apostólico, a la Arquidiócesis de Alba Iulia y Fagaras, que gobernó durante todo el período de la Segunda Guerra Mundial. En 1947 regresó a Oradea, donde fue detenido el 28 de octubre de 1948. Fue llevado primero al campo de concentración de Dragoslavele y luego, en febrero de 1949, al Monasterio de Caldarusani.

En 1950 terminó en la penitenciaría de Sighetul Marmatiei, donde no pudo soportar la crueldad perpetrada por el régimen y murió el 11 de julio de 1952. Al igual que otros obispos que murieron en Sighet, Valeriu Traian Frentiu también fue enterrado de noche, sin ataúd, en la fosa común del Cementerio de los Pobres, para evitar peregrinaciones a las tumbas de los mártires asesinados en Sighet.

Ioan Suciu

Nació el 4 de diciembre de 1907 en Blaj en el seno de una familia de sacerdotes greco-católicos. Buen amigo de Tit Liviu Chinezu, estudiaron teología juntos en Roma, en el Colegio Griego. Después de obtener su doctorado en teología, después de seis años de estudio en el Instituto Angelicum, fue ordenado sacerdote el 29 de noviembre de 1931. Luego regresó a Blaj para ser profesor en la Academia de Teología.

 

El 6 de mayo de 1940 fue nombrado obispo auxiliar de Oradea Mare, con el título de Moglena-Slatina en Bulgaria, como asistente de Mons. Valeriu Traian Frentiu. La ordenación episcopal tuvo lugar el 22 de julio de 1940. El 29 de agosto de 1941, el futuro cardenal Iuliu Hossu, del que Iaon Suciu seguía siendo auxiliar, hizo su entrada como nuevo obispo de Oradea. Mons. Valeriu Traian Frentiu volvió a Oradea en 1947, pero Ioan Suciu fue destinado a la archidiócesis de Alba-Iulia y Fagaras como administrador apostólico. El Obispo Suciu dio una serie de conferencias en las principales ciudades del país, declarando la imposibilidad de un acuerdo entre el cristianismo y el materialismo ateo. Arrestado el 28 de octubre de 1948, fue llevado a Dragoslavele y luego al Monasterio de Caldarusani.

En mayo de 1950 fue llevado al Ministerio del Interior y en octubre del mismo año a la prisión de Sighetul Marmatiei, donde sufrió hambre, frío, enfermedades y numerosas torturas. Allí murió el 27 de junio de 1953 en la celda número 44. Fue enterrado en el cementerio de los pobres, y hasta la fecha no hemos sabido el lugar exacto donde descansan sus restos mortales.

En dos cartas dirigidas a sus fieles en octubre de 1948 decía: “Para la Iglesia Rumana Unida llegó el Viernes Santo. Ahora, queridos fieles, tenemos la oportunidad de mostrar si pertenecemos a Cristo o si estamos del lado de Judas, el traidor… No os dejéis engañar por palabras vanas, por comités, por promesas, por mentiras, sino que permanezcáis firmes en la fe por la que vuestros padres y vuestros antepasados han derramado su sangre… No podemos vender a Cristo ni a la Iglesia…. Si toman sus Iglesias, oren al Señor, como lo hicieron los primeros cristianos, cuando los emperadores paganos destruyeron sus lugares de oración y quemaron sus libros sagrados”. Estas palabras suyas también resonaron en el Coliseo el 7 de mayo de 2000 con ocasión de la Conmemoración Ecuménica de los Testigos de la Fe del siglo XX, presidida por Juan Pablo II.

Tit Liviu Chinezu

Nació en 1904 en Huduc, hoy Maioresti. Su padre era un sacerdote greco-católico. En 1925 comenzó sus estudios teológicos en Roma, en el Colegio de San Atanasio. Después de obtener su doctorado en filosofía y teología, fue ordenado sacerdote el 31 de enero de 1930. En 1931 regresó a Blaj y fue nombrado profesor en la Escuela Normal de Profesores de Primaria. En 1937 fue transferido a la Academia Teológica y en 1947 a Bucarest como prototipo.

El 28 de octubre, fue arrestado y llevado al Monasterio de Neamt, junto con otros 25 sacerdotes greco-católicos. Luego fue transferido a Caldarusani, el 3 de diciembre de 1949 recibió la ordenación episcopal de otros obispos cautivos. A pesar de todas las precauciones tomadas para que el régimen no se enterara del suceso, la noticia se difundió por igual y el nuevo obispo Tit Liviu Chinezu fue trasladado a la penitenciaría de Sighetul Marmatiei.

Debido al trabajo forzoso, el hambre y el frío Tit Liviu Chinezu cayó gravemente enfermo. Avisados los enfermeros de la prisión de su situación – con la excusa de llevarlo a la enfermería – lo trasladaron a una celda sin calefacción más grande, donde después de sólo dos días, el 15 de enero de 1955, murió literalmente congelado por el frío. Fue enterrado de noche, sin ataúd, en un lugar no especificado del llamado Cementerio de los Pobres. Nunca había sido juzgado y, en consecuencia, nunca había sido condenado.

Alexandru Rusu

Nació el 22 de noviembre de 1884 en Sãulia de Câmpie, de sus padres Vasile, sacerdote, y Rozalia. En 1903 se trasladó a Budapest para realizar estudios teológicos. Siete años más tarde obtuvo el doctorado en teología y el 20 de julio de 1910 fue ordenado sacerdote. Fue nombrado profesor y luego profesor titular de Teología Dogmática en la Academia Teológica Blaj.

En 1920 fue nombrado Secretario Metropolitano y en 1923 Canónigo del Capítulo Metropolitano. El 30 de enero de 1931 fue consagrado obispo de Maramureș en Blaj por el metropolita Vasile Suciu y el 2 de febrero entró en Baia-Mare. En marzo de 1946, el Sínodo Metropolitano eligió al Obispo Alexandru Rusu como Metropolitano, elección reconocida por la Santa Sede, pero no por el entonces gobierno dictatorial.

Detenido el 28 de octubre de 1948, fue llevado a Dragoslavele, en el Monasterio de Caldarusani, y luego a Sighetul Marmatiei. También sobrevivió en esta última penitenciaría y fue trasladado de nuevo a Curtea de Arges y luego aislado en el Monasterio de Cocos. En 1957 fue condenado a 25 años de prisión por instigación y alta traición. En 1963 enfermó y murió el 9 de mayo del mismo año en Gherla. Fue enterrado en el cementerio de la prisión sin ningún rito religioso.


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Los siete obispos mártires que serán beatificados por el Papa en Rumanía

Conozca a los siete obispos mártires que beatificará el Papa en Rumania

El domingo 2 de junio, en la ciudad rumana de Blaj, el Santo Padre beatificará a siete obispos greco-católicos asesinados durante la dictadura comunista en los años 50.

Ciudad del Vaticano

La mayoría de ellos sufrieron cárcel y tortura en los años previos a que Nicolás Ceasucescu se convirtiera en el máximo responsable del país, cargo que asumió en 1967 hasta que fue ejecutado en 1989. Previamente, entre 1965 y 1989 había sido secretario general del Partido Comunista rumano.

Cuando en 1945 finalizó la II Guerra Mundial, comenzó una durísima persecución contra los greco-católicos. A continuación, compartimos una síntesis de la biografía de siete obispos mártires, perseguidos y asesinados por no renunciar a su fe; quienes serán beatificados el 2 de junio por el Papa Francisco durante su viaje apostólicos a Rumania.

Iuliu Hossu 

Nació el 30 de enero de 1885 en Milas, hijo de sus padres Ioan, sacerdote, y Victoria. En 1904 comenzó sus estudios teológicos en el Colegio de Propaganda Fide de Roma. En 1906 y 1908 se doctoró en filosofía y teología respectivamente. El 27 de marzo de 1910 fue ordenado sacerdote por el obispo Vasile Hossu. En Lugoj ocupó los cargos de protocolista, archivero, bibliotecario y finalmente vicario y secretario episcopal. El 3 de marzo de 1917 fue nombrado obispo de la eparquía greco-católica de Gerla en Transilvania, que quedó vacante, mientras ejercía el ministerio de capellán militar. El 1 de diciembre de 1918, proclamó la Declaración de la Unidad de Rumanía en la llanura de Blaj, que sancionaba la separación de Transilvania del Imperio Austro-Húngaro y la unificación con Moldavia y Valaquia en el naciente estado rumano.

 

En 1930 la eparquía de Gherla cambió su nombre a Cluj-Gherla, trasladando su centro a la ciudad de Cluj Napoca. Aquí hubo un período de ocupación entre 1940 y 1944. El 28 de octubre de 1948, el obispo Hossu fue arrestado por el gobierno comunista y llevado a Dragoslavele. Posteriormente fue trasladado al Monasterio Ortodoxo de Caldarusani y en 1950 a la Penitenciaría de Sighetul Marmatiei. En 1955 llegó a Curtea de Arges, en 1956 al monasterio de Ciorogarla y finalmente de nuevo a Caldarusani.

Así escribía en agosto de 1961, mientras estaba encerrado a la fuerza, en las primeras páginas de sus memorias: “Tu amor, Señor, no he podido quitármelo; el me basta: te pido perdón por todos mis pecados y te doy gracias con todo mi ser por todo lo que me has dado, tu siervo indigno”. Iuliu Hossu fue privado de toda libertad hasta su muerte el 28 de mayo de 1970 en el Hospital Colentina de Bucarest, donde sus últimas palabras fueron: “Mi batalla ha terminado, la vuestra continúa”. El Papa Pablo VI le creó cardenal “in pectore” en 1969, el primero de nacionalidad rumana, y luego hizo público su nombramiento en 1973, tres años después de la muerte del pastor.

Vasile Aftenie

Nació el 14 de junio de 1899 en Lodroman, hijo de Petru y Agafia. En 1919 se matriculó en la Facultad de Teología y fue enviado a estudiar al Colegio Griego de San Atanasio en Roma. En 1925 obtuvo un doctorado en filosofía y teología tras el cual regresó a casa. El 1 de enero de 1926 fue ordenado sacerdote por el Metropolitano Vasile Suciu. Después de un mes fue nombrado profesor de la Academia de Teología Blaj.

 

El 1 de octubre de 1939 fue nombrado rector de la mencionada Academia Teológica. En abril de 1940 fue elegido obispo titular de Ulpiana, recibiendo el cargo de auxiliar del metropolita Alexandru Nicolescu, obispo de Fagaras y Alba Julia. La consagración episcopal tuvo lugar el 5 de junio de 1940 en la catedral de Blaj. Regresó a Bucarest como Vicario Obispo.

Tras varios intentos frustrados de comprometerlo, fue finalmente arrestado el 28 de octubre de 1948 por el régimen comunista. Junto con otros cinco obispos greco-católicos fue llevado a Dragoslavele y luego al Monasterio Ortodoxo de Caldarusani, transformado en un campo de concentración. En mayo de 1949 fue trasladado y aislado en el Ministerio del Interior, donde sufrió terribles torturas. Mutilado y con la barba arrancada, fue encerrado en la prisión de Vacaresti, donde murió el 10 de mayo de 1950. Fue enterrado en el cementerio católico de Belu con un rito religioso oficiado por un sacerdote católico romano.

Ioan Balan

Nació en Teius el 11 de febrero de 1880. Realizó estudios de teología en el seminario central de Budapest. En 1903 fue ordenado sacerdote y continuó sus estudios en Viena. En 1909 se trasladó a Bucarest, donde necesitaban un confesor greco-católico. En 1919 regresó a Blaj convirtiéndose de nuevo en su canónigo metropolitano y dos años más tarde en rector de la Academia de Teología. En 1929 fue nombrado miembro de la Comisión Vaticana que debía redactar el nuevo Código de Derecho Canónico de las Iglesias Orientales.

 

En noviembre de 1936 fue consagrado obispo de Lugoj, tras el nombramiento del obispo Alexandru Nicolescu como Metropolitano. Se negó a trasladarse a la ortodoxia, compartió la suerte de otros obispos greco-católicos y fue detenido el 28 de octubre de 1948 a las 15 horas. Fue llevado al Palacio Patriarcal de Dragoslavele y luego al Monasterio de Caldarusani en febrero de 1949.

De allí fue trasladado de nuevo a la penitenciaría de Sighetul Marmatiei en mayo de 1950. Cinco años más tarde se vio obligado a vivir en el Monasterio de Curtea de Arges. En 1956 fue trasladado al Monasterio de Ciorogarla, cerca de Bucarest, donde permaneció aislado hasta el final de su vida terrenal. Estaba gravemente enfermo, murió en un hospital de Bucarest el 4 de agosto de 1959 y fue enterrado en el cementerio católico de Belu. Nunca fue juzgado y, en consecuencia, nunca fue condenado.

Valeriu Traian Frentiu

Nació el 25 de abril de 1875 en Resita, de su padre Ioachim, sacerdote, y de su madre Rozalia. Estudió teología en Budapest entre 1894 y 1898, y fue ordenado sacerdote el 28 de septiembre de 1898. En 1902 obtuvo su doctorado. Trabajó en la Eparquía de Lugoj como canciller, párroco y vicario, hasta el 4 de noviembre de 1912, a la edad de sólo 37 años, cuando fue nombrado obispo. El 25 de febrero de 1922 fue trasladado a la sede episcopal de Oradea, donde el 3 de mayo del mismo año tomó posesión de la diócesis.

Después de la muerte del metropolita Alexandru Nicolescu en 1941, Mons. Frentiu fue transferido de nuevo, como Administrador Apostólico, a la Arquidiócesis de Alba Iulia y Fagaras, que gobernó durante todo el período de la Segunda Guerra Mundial. En 1947 regresó a Oradea, donde fue detenido el 28 de octubre de 1948. Fue llevado primero al campo de concentración de Dragoslavele y luego, en febrero de 1949, al Monasterio de Caldarusani.

En 1950 terminó en la penitenciaría de Sighetul Marmatiei, donde no pudo soportar la crueldad perpetrada por el régimen y murió el 11 de julio de 1952. Al igual que otros obispos que murieron en Sighet, Valeriu Traian Frentiu también fue enterrado de noche, sin ataúd, en la fosa común del Cementerio de los Pobres, para evitar peregrinaciones a las tumbas de los mártires asesinados en Sighet.

Ioan Suciu

Nació el 4 de diciembre de 1907 en Blaj en el seno de una familia de sacerdotes greco-católicos. Buen amigo de Tit Liviu Chinezu, estudiaron teología juntos en Roma, en el Colegio Griego. Después de obtener su doctorado en teología, después de seis años de estudio en el Instituto Angelicum, fue ordenado sacerdote el 29 de noviembre de 1931. Luego regresó a Blaj para ser profesor en la Academia de Teología.

 

El 6 de mayo de 1940 fue nombrado obispo auxiliar de Oradea Mare, con el título de Moglena-Slatina en Bulgaria, como asistente de Mons. Valeriu Traian Frentiu. La ordenación episcopal tuvo lugar el 22 de julio de 1940. El 29 de agosto de 1941, el futuro cardenal Iuliu Hossu, del que Iaon Suciu seguía siendo auxiliar, hizo su entrada como nuevo obispo de Oradea. Mons. Valeriu Traian Frentiu volvió a Oradea en 1947, pero Ioan Suciu fue destinado a la archidiócesis de Alba-Iulia y Fagaras como administrador apostólico. El Obispo Suciu dio una serie de conferencias en las principales ciudades del país, declarando la imposibilidad de un acuerdo entre el cristianismo y el materialismo ateo. Arrestado el 28 de octubre de 1948, fue llevado a Dragoslavele y luego al Monasterio de Caldarusani.

En mayo de 1950 fue llevado al Ministerio del Interior y en octubre del mismo año a la prisión de Sighetul Marmatiei, donde sufrió hambre, frío, enfermedades y numerosas torturas. Allí murió el 27 de junio de 1953 en la celda número 44. Fue enterrado en el cementerio de los pobres, y hasta la fecha no hemos sabido el lugar exacto donde descansan sus restos mortales.

En dos cartas dirigidas a sus fieles en octubre de 1948 decía: “Para la Iglesia Rumana Unida llegó el Viernes Santo. Ahora, queridos fieles, tenemos la oportunidad de mostrar si pertenecemos a Cristo o si estamos del lado de Judas, el traidor… No os dejéis engañar por palabras vanas, por comités, por promesas, por mentiras, sino que permanezcáis firmes en la fe por la que vuestros padres y vuestros antepasados han derramado su sangre… No podemos vender a Cristo ni a la Iglesia…. Si toman sus Iglesias, oren al Señor, como lo hicieron los primeros cristianos, cuando los emperadores paganos destruyeron sus lugares de oración y quemaron sus libros sagrados”. Estas palabras suyas también resonaron en el Coliseo el 7 de mayo de 2000 con ocasión de la Conmemoración Ecuménica de los Testigos de la Fe del siglo XX, presidida por Juan Pablo II.

Tit Liviu Chinezu

Nació en 1904 en Huduc, hoy Maioresti. Su padre era un sacerdote greco-católico. En 1925 comenzó sus estudios teológicos en Roma, en el Colegio de San Atanasio. Después de obtener su doctorado en filosofía y teología, fue ordenado sacerdote el 31 de enero de 1930. En 1931 regresó a Blaj y fue nombrado profesor en la Escuela Normal de Profesores de Primaria. En 1937 fue transferido a la Academia Teológica y en 1947 a Bucarest como prototipo.

El 28 de octubre, fue arrestado y llevado al Monasterio de Neamt, junto con otros 25 sacerdotes greco-católicos. Luego fue transferido a Caldarusani, el 3 de diciembre de 1949 recibió la ordenación episcopal de otros obispos cautivos. A pesar de todas las precauciones tomadas para que el régimen no se enterara del suceso, la noticia se difundió por igual y el nuevo obispo Tit Liviu Chinezu fue trasladado a la penitenciaría de Sighetul Marmatiei.

Debido al trabajo forzoso, el hambre y el frío Tit Liviu Chinezu cayó gravemente enfermo. Avisados los enfermeros de la prisión de su situación – con la excusa de llevarlo a la enfermería – lo trasladaron a una celda sin calefacción más grande, donde después de sólo dos días, el 15 de enero de 1955, murió literalmente congelado por el frío. Fue enterrado de noche, sin ataúd, en un lugar no especificado del llamado Cementerio de los Pobres. Nunca había sido juzgado y, en consecuencia, nunca había sido condenado.

Alexandru Rusu

Nació el 22 de noviembre de 1884 en Sãulia de Câmpie, de sus padres Vasile, sacerdote, y Rozalia. En 1903 se trasladó a Budapest para realizar estudios teológicos. Siete años más tarde obtuvo el doctorado en teología y el 20 de julio de 1910 fue ordenado sacerdote. Fue nombrado profesor y luego profesor titular de Teología Dogmática en la Academia Teológica Blaj.

En 1920 fue nombrado Secretario Metropolitano y en 1923 Canónigo del Capítulo Metropolitano. El 30 de enero de 1931 fue consagrado obispo de Maramureș en Blaj por el metropolita Vasile Suciu y el 2 de febrero entró en Baia-Mare. En marzo de 1946, el Sínodo Metropolitano eligió al Obispo Alexandru Rusu como Metropolitano, elección reconocida por la Santa Sede, pero no por el entonces gobierno dictatorial.

Detenido el 28 de octubre de 1948, fue llevado a Dragoslavele, en el Monasterio de Caldarusani, y luego a Sighetul Marmatiei. También sobrevivió en esta última penitenciaría y fue trasladado de nuevo a Curtea de Arges y luego aislado en el Monasterio de Cocos. En 1957 fue condenado a 25 años de prisión por instigación y alta traición. En 1963 enfermó y murió el 9 de mayo del mismo año en Gherla. Fue enterrado en el cementerio de la prisión sin ningún rito religioso.


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Mensaje del Papa a la asamblea plenaria del CELAM

CELAM. Asamblea GeneralCELAM. Asamblea General  (AFP or licensors)

Papa a Obispos CELAM: les anima responder a los retos del continente

Esta semana ha comenzado la XXXVII Asamblea General Ordinaria del CELAM en Tegucigalpa, Honduras, que ha reunido a representantes de 22 conferencias episcopales del continente

Ciudad del Vaticano

La sesión inaugural fue dirigida por el presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM, Cardenal Rubén Salazar Gómez, que inició su intervención con una oración en la imploró la presencia del Espíritu Santo para discernir con claridad frente a las actividades y propuestas que harán parte de la agenda de la Asamblea.

El mensaje del Papa

Posteriormente compartió con los asistentes, el saludo del Santo Padre enviado a través del Secretario de Estado Vaticano Cardenal Pietro Parolín. En la misiva el Santo Padre invitó a los miembros de la Asamblea a poner la mirada en Dios y en los pueblos de América Latina y el Caribe; con miras a la elección de una nueva presidencia del CELAM que, como organismo de comunión eclesial, debe colaborar con los pastores para que animen y sostengan con un espíritu renovado, su misión dando respuesta a los retos del continente; por lo que asegura sus oraciones por las sesiones de la Asamblea y confía su desarrollo a la protección maternal de la Virgen María.

Compartir la realidad define retos para la Iglesia: Nuncio Apostólico

Por su parte el hasta ahora Nuncio Apostólico de su santidad en Honduras, Monseñor Novatus Rugambwa afirmó que ante los desafíos de la realidad, la acción de la Iglesia debe ser visible, tangible y eficaz en la vida pública, por lo que alentó a la asamblea a efectuar un análisis de la realidad de América Latina y a compartir las realidades nacionales y regionales; porque esto permite asumir desafíos y revelar muchos elementos que dan cuenta de la presencia de Dios en las Iglesias locales lo que recuerda a la Iglesia la necesidad de actuar en conjunto. “Que nunca falte la valentía, los métodos y medios para guiar proféticamente el pueblo de Dios en la dirección indicada que no es otra sino la del encuentro con Jesucristo lo que se convierte en la principal tarea de la Iglesia”. Indicó.

Las palabras de los anfitriones

A su turno el Presidente de la Conferencia Episcopal de Honduras Monseñor Ángel Garachana Pérez, invitó a los miembros de la Asamblea a sentirse en familia, porque para la Iglesia hondureña es un regalo contar con la presencia del CELAM y confía en que este encuentro ayudará a ampliar los horizontes eclesiales para dinamizar el proceso de conversión espiritual, pastoral e institucional que actualmente vive la Iglesia de América Latina y el Caribe.

Y el Arzobispo de Tegucigalpa, Cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, recordó que ante los ataques concretos a la figura del San Padre, el CELAM, tiene una deuda de amor y gratitud y al respecto debe ofrecer una palabra para aquellos que no tienen amor porque no tienen fe, ilusión y esperanza. Así mismo invitó a la Asamblea a sentir y disfrutar la hospitalidad de Honduras y Tegucigalpa, cuyos nombres explicó con un breve relato de carácter histórico.

Finalmente, el Secretario General Adjunto del CELAM, Monseñor Francisco Niño Súa, leyó ante los miembros de la Asamblea los estatutos que se emplearán en las diferentes sesiones de la Asamblea.

Conferencia de prensa

Mons. Carlos María Colazzi, primer vicepresidente del CELAM preguntado sobre qué hace la Iglesia para luchar contra la corrupción, respondió: “la persona humana corrompe el proyecto de Dios y se corrompe a sí misma. El esclarecimiento de la verdad nos hace libres. Con el pecado perdemos el esplendor de la verdad que hay en cada persona”.

Mons. Juan Espinoza Jiménez, Secretario General del CELAM, de México fue cuestionado sobre el tema de las migraciones. El Obispo afirmó que el tema de las migraciones es una realidad que está ocurriendo en toda América Latina. Por ejemplo: Centro América migra hacia Estados Unidos. Venezuela hacia Brasil, Argentina, Ecuador. Haití hacia Chile. La Iglesia Católica junto con otras instituciones trabajan en red para ayudar a los miles de personas que migran buscando un mejor futuro o huyendo de la violencia y amenazas en sus países de origen. Añadió: “es un problema grande y detrás de él hay muchos intereses egoístas que añaden sufrimiento a las personas”.


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Argentina: encuentro de los obispos con el Papa en su visita “ad limina”

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Fraterno encuentro del Papa con los obispos argentinos en Visita ad limina

El primer grupo de obispos argentinos en visita ad Limina se encontró en la mañana del 2 de mayo con el Papa Francisco. Más de dos horas de “diálogo fraterno” durante el cual el Pontífice destacó la importancia de la educación, manifestó su preocupación por los jóvenes y pidió a los pastores argentinos “cercanía” a todo el pueblo

María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

Más de dos horas de encuentro “fraterno” e intercambio fecundo sobre las distintas realidades pastorales del país fue el que vivió en la mañana del 2 de mayo el primer grupo de obispos argentinos, presentes en Roma con ocasión de su visita ad Limina Apostolorum. Un encuentro “cordial y dialogal” en el que los temas “fueron saliendo espontáneamente” después de la invitación del Papa a “compartir cada uno lo que quería compartir”. Así lo explicaron a Vatican News, tres obispos de este primer grupo: Adolfo Canecín, obispo de la diócesis de Goya, provincia de Corrientes; Mons. Andres Stanovnik, arzobispo de Corrientes y Damián Bitar, obispo de Oberá, en la provincia de Misiones.

Jóvenes, tema central del encuentro

En la entrevista, los prelados argentinos señalaron como tema fundamental del encuentro, aquel de los jóvenes: “la realidad juvenil en esta cultura digital que nos toca vivir, y la impotencia que a veces genera su abordaje, para acompañar y para evangelizar a los jóvenes en esta realidad”. También “el tema de la droga dependencia y otras adicciones en el mundo juvenil”, afirmó mons. Adolfo Canecín, obispo de Goya.

Jóvenes y vocaciones

De su diócesis en particular, el obispo de Goya compartió con el Santo Padre una experiencia positiva: una “efervescencia juvenil” que “no tenían” tiempo atrás y que atribuyen a la Jornada Mundial de la Juventud, al Sínodo de los jóvenes y a la Exhortación apostólica Post sinodal ‘Cristo vive’, sobre los jóvenes para rejuvenecer la Iglesia.

Fortalecidos y confirmados en la fe

“Nos vamos del encuentro confirmados en nuestra fe”, afirmó por su parte el arzobispo de Corrientes, Mons. Andres Stanovnik. El prelado destacó además algunos aspectos que los ayudaron a salir fortalecidos del encuentro con el Papa:

“Nos dijo que la Iglesia Argentina, según lo que él percibía, veía y sentía sobre todo en este último tiempo siendo él Pastor Universal, es una Iglesia que está cerca de la gente”, “acompañando la realidad de la gente, sus alegrías y las dificultades por las que está atravesando”. Algo que según el pastor de Corrientes el Romano Pontífice “valora muchísimo”.

La educación, fundamental para el Papa

“Por otra parte – agregó – insistió mucho en la educación: la educación en Argentina tiene muchas carencias. Insistió fuertemente en el tema educativo: no sólo en la educación de la fe, que es natural en el ejercicio de nuestro ministerio, sino la educación en general”.

La invitación a visitar “a su pueblo”

“Fue realmente común la invitación al Santo Padre a que visite su pueblo”, añadió mons. Stanovnik. “Nuestro pueblo, y sobre todo nuestro pueblo sencillo, el ‘santo pueblo fiel de Dios’ lo quiere, y lo quiere mucho. Rezamos por él. Yo le acerqué los sentimientos del pueblo correntino, que lo quiere, reza por él y espera también su visita, cuando él lo disponga”.

La acogida del Papa con un abrazo

“Fue impactante para todos entrar en la biblioteca y ser recibidos personalmente por él con un abrazo” expresó emocionado Mons. Damián Bitar, obispo de Oberá, relatando que era la primera vez que se encontraba “con Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco, Sucesor de Pedro”. “Nos hizo enormemente bien ese gesto humano, ese gesto de padre y de pastor” aseguró. “Fue también hermoso poder decirle al final que nos diera la bendición, una bendición para llevar a nuestros fieles, a los jóvenes, a las familias, a los enfermos”.

Cercanía de pastores con todos

“La Iglesia debe ser ‘hospital del campaña’, en medio del campo del mundo donde lamentablemente hay muchos heridos, sobre todo los heridos hoy por las adicciones, por la falta de trabajo, los heridos por la pobreza”: fue la frase del Papa que el obispo de Oberá quiso subrayar, agregando: “nos pidió, por eso, que nuestras Iglesias sean como un gran hospital de campaña donde podamos ser instrumentos para sanar esas heridas. Y en este tema – añadió el prelado – subrayó una palabra: ‘cercanía’. “Cercanía de pastores con todos, con los sacerdotes, con los jóvenes, y particularmente, con los que más sufren”.

Visita ad limina de los Obispos argentinos, mayo de 2019


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Llamado por el Papa llega a Roma el obispo auxiliar de Managua fuertemente crítico con el gobierno de Ortega

Llega a Roma el obispo nicaragüense llamado por el Papa por las amenazas en su contra

Monseñor Silvio José Báez, conocido por sus fuertes críticas contra el gobierno de Ortega, permanecerá en el Vaticano para colaborar con Francisco. Ayer se despidió de su país; algunos critican la decisión hablando de «exilio forzado»; otros la aplauden temiendo un «nuevo caso Romero»

Monseñor Silvio José Báez, obispo de Nicaragua auxiliar de la arquidiócesis de Managua

Pubblicato il 24/04/2019
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

Su nombre llegó a los periódicos internacionales cuando, durante el verano pasado, en Twitter (que utiliza tanto) mostró las fotos de las heridas al brazo que le procuraron las “Turbas”, las tropas de paramilitares fieles al dictador Daniel Ortega, que lo agredieron en una iglesia de Diriamba. Pero desde mucho antes, en Nicaragua (de rodillas desde abril de 2018 debido a una profunda crisis política, social y económica), monseñor Silvio José Báez, obispo auxiliar de Managua, era conocido como una voz crítica y de autoridad en contra del gobierno sandinista.

Desde ayer el obispo que pertenece a la orden de los carmelitas se encuentra en Roma. Fue llamado por el Papa Francisco. Y aquí permanecerá mucho tiempo para colaborar con el Pontífice, aunque todavía no sepa cómo. Se trata de una decisión que va más allá de su voluntad, explicó el mismo Báez, pero, según afirmó, respeta con «amorosa obediencia» al Papa.

En Nicaragua algunos hablan de «exilio forzado», de «castigo» por una exposición excesiva; otros acusan a la Santa Sede de haber cedido a las presiones de Ortega, que en los últimos meses pidió que Báez fuera destituido de la Mesa Nacional de Diálogo, en la que participa la Iglesia como intermediario, por sus posiciones extremas. Parece, efectivamente, que el presidente envió en agosto pasado al Vaticano al canciller de su gobierno, Denis Moncada, para pedir que las altas esferas diplomáticas vaticanas sustituyeran al prelado en la Comisión del Diálogo con alguien menos identificado con la oposición. Esta petición fue liquidada por la Santa Sede con pocas frases de circunstancia y comunicadas por el cardenal arzobispo de Managua, Leopoldo Brenes, que denunció una absoluta incomunicabilidad con el gobierno.

Más allá de las críticas, tras la decisión del Pontífice de llamar a Roma a Báez se celaría la voluntad de defender al obispo que, como él mismo ha admitido, ha recibido a lo largo del año varias amenazas de muerte. Y no solo él, sino también otros miembros de la Iglesia nicaragüense que han sufrido persecución y violencias, sobre todo desde que el presidente Ortega tildara a los obispos y sacerdotes públicamente de «traidores», «golpistas», «conspiradores», colaboradores de los regímenes imperialistas.

Los medios de comunicación locales indicaron que había una verdadera sentencia de condena. El obispo mismo se refirió recientemente a «continuos drones» sobre su departamento y dijo que se había visto obligado a cambiar su número de teléfono cuatro veces en menos de un año. Y entre junio y julio del año pasado recibió una llamada de la Embajada de los Estados Unidos que le advirtió sobre la existencia de un plan para matarlo, con todos los detalles, en el que se describían sus movimientos y costumbres.

Como se ha dicho, el auxiliar de Managua es una de las personalidades más expuestas en el país centroamericano en este año de crisis. Ha utilizado las redes sociales para llamar la atención de la comunidad internacional sobre lo que está sucediendo en Nicaragua. En Twitter, Facebook y YouTube ha apoyado a los manifestantes, ha denunciado públicamente los crímenes y las violaciones de los derechos humanos del gobierno de Ortega y de su esposa, Rosario Murillo, ha publicado fotos de la represión de los paramilitares protegidos por las autoridades (disparos contra los manifestantes o ataques armados contra parroquias). Las críticas de Báez han sido, en varias ocasiones, tremendas, así como algunas de sus homilías. Su voz, a veces, ha resonado más que la del cardenal Brenes, que en las fases de negociación (fracasado porque la pareja Ortega-Murillo se negó a anticipar las elecciones presidenciales) siempre ha lo ha querido a su lado.

Algunos han llegado a comparar su figura con la de Óscar Arnulfo Romero, el obispo salvadoreño asesinado en el altar por los escuadrones de la muerte de El Salvador, que fue canonizado durante el año pasado. Muchos amigos y admiradores de Báez han alabado la decisión del Papa de sacarlo de Nicaragua para evitar que tuviera un destino semejante al del obispo mártir.

El compromiso eclesial y político de Báez ha sido apreciado no solo por los fieles católicos, sino también por los círculos de intelectuales, periodistas y autoridades civiles que desde siempre se han declarado alejadas de la Iglesia. Lo demostró la presencia de muchas cámaras en el aeropuerto ayer para transmitir en vivo su partida, a pesar de que Báez no hubiera revelado ni el día ni la hora de su viaje y de que hubiera pedido que no se organizara ninguna despedida, para no exponer a personas en el futuro.

Desde el anuncio de que después de la Pascua habría dejado su «amada tierra» por un tiempo definitivo, la cobertura mediática sobre su caso ha sido enorme. Él mismo se reunió con los periodistas el 11 de abril en una conferencia de prensa (según muchos «conmovedora») por orden del Papa, quien pidió al prelado que explicara las razones de su traslado al pueblo. A su lado estaba el cardenal arzobispo de Managua, Leopoldo Brenes. «Agradezco al Papa Francisco que, después de haber confirmado mi ministerio y mi estilo episcopal, me pidió que fuera a Roma por un poco. Llevo en mi corazón de pastor la alegría y los dolores, los dolores y las esperanzas de mi pueblo de Nicaragua. ¡Gracias a todos ustedes por su afecto!», dijo en esa ocasión, según indicó Vatican News.

«Yo no he pedido dejar el país. Fui llamado por el Santo Padre. Esta decisión en virtud de la que dejo Nicaragua es una responsabilidad del Santo Padre», añadió textualmente Báez. Y dijo que, durante una audiencia privada en el Vaticano con el Papa el pasado 4 de abril, le confesó a Francisco: «Le digo, con gran sinceridad, que en este momento experimento un gran dolor en mi corazón. Es el dolor de aquel que no puede estar físicamente con el amado pueblo nicaragüense».

«El Papa no hizo ni una sola observación, ni un solo reproche ni una sola corrección. Para mí fue la confirmación de Pedro de su hermano», dijo Báez. También explicó que le había mostrado a Francisco, durante el encuentro, un álbum de fotografías que en sesenta imágenes resumía sus diez años (desde 2009) de trabajo episcopal como obispo auxiliar de Managua, siempre al lado del pueblo. Pueblo que, aseguró, no abandonará: «Donde me encuentre, lo llevaré en mi corazón de pastor y ciertamente no perderé mi interés por Nicaragua».

Báez, que siempre se ha mostrado muy comunicativo, ha construido desde ayer un muro de silencio y no ha querido responder a las peticiones de entrevistas por parte de los medios de comunicación. No se sabe dónde esté en el Vaticano y tampoco cuál será su “puesto” en Roma. «No sé qué me espera, el Papa solo me pidió que fuera», dijo el obispo, «me dijo varias veces: estoy interesado en tenerte aquí conmigo, en este momento te necesito».

Seguramente, mediante el prelado carmelita Bergoglio tendrá un canal directo para monitorear la crisis de Nicaragua que, lejos de ver la palabra fin, ha provocado nuevamente muerte y devastación (alrededor de 400 son las víctimas) en un país que había logrado salir de las dictaduras y en el que se habían instalado la paz y una cierta prosperidad.


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Ecuador: declaraciones del nuevo arzobispo de Quito.

Mons. Alfredo Jose Espinoza, nuevo arzobispo de Quito, Ecuador.Mons. Alfredo Jose Espinoza, nuevo arzobispo de Quito, Ecuador. 

Nuevo arzobispo de Quito: “Llego con actitud de salida; no soy obispo de despacho”

Entrevista a Mons. Espinoza, nuevo arzobispo de Quito. “Es un nuevo desafío y los desafíos hay que enfrentarlos poniéndose las manos de Dios con humildad”.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

El pasado 5 de abril Su Santidad el Papa Francisco encomendó un nuevo encargo pastoral a Monseñor Alfredo José Espinoza Mateus, hasta la fecha Obispo de Loja para ser ahora el nuevo arzobispo de Quito y Primado del Ecuador. Una nueva misión en la que el Señor le pide “echar la redes en un mar más grande como es la Arquidiócesis de Quito” ha declarado para Vatican News.

El prelado electo de 61 años asegura que ha recibido la noticia tal y como pide el Papa, es decir, “abierto a las sorpresas de Dios” y que su lema episcopal es “Os haré pescadores de hombres”. Además, asegura que “no se lo esperaba” y que está muy contento aunque también lo estaba en la diócesis de Loja, donde durante los últimos 5 años “ha trabajado intensamente y tenía muchos proyectos a futuro” ha explicado.

Escucha la entrevista completa

Espíritu de salida. Pasión por el Evangelio

Durante la entrevista, Mons. Espinoza también declara que va a la Arquidiócesis de Quito con “espíritu alegre”, con espíritu “apasionado”: “yo soy un hombre apasionado, apasionado por el Evangelio y apasionado por el Reino” pero también con un espíritu “de salida, de cercanía y de misericordia”.

“El deseo del Papa es una orden para mí”

Mons. Espinoza recuerda la frase de San Juan Bosco que le dijo al Nuncio Apostólico tras aceptar su nombramiento: “el deseo del Papa es una orden para mí” y asegura que su deseo sería “seguir en Loja” pero si el Papa le pide ir a Quito, “va a    Quito”. Una nueva misión que emprende con ganas “de escucha”, “de conocer” y con el corazón alegre, “dispuesto a lo que me pida el Señor” ha puntualizado.

“Nunca he sido ni seré obispo de despacho”

Hablando acerca de los nuevos retos y trabajos pastorales, Mons. Espinoza explica que lo primero que hará será salir: “no seré y nunca he sido un obispo de despacho. Me encanta salir a las parroquias”. Además, afirma que su primera línea pastoral en el Episcopado es “la actitud de salida, mirando a las periferias”: “Comenzaré por el sur de Quito que es un mundo inmenso, grande, popular, pero también iré al norte”.

Un pastor con el corazón abierto, sencillo y cercano

El nuevo arzobispo de Quito pide a los feligreses de su nueva jurisdicción que abran su corazón para que puedan recibir lo que les lleva: “el Evangelio con gran alegría” y se describe así mismo como un pastor “con un corazón grande, con un corazón que sabe amar, sencillo y cercano” pero también un pastor “que va con el corazón abierto para entregarse totalmente”. Por último les exhorta a “caminar junto a él” y les asegura que como pastor de Quito “caminará delante, en medio y detrás” de ellos.


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Cómo se desarrollará la cumbre sobre los abusos de menores. Editorial de Tornielli

Imagen de archivo del Vaticano.Imagen de archivo del Vaticano. EDITORIAL

Encuentro Protección de Menores: cuatro días que dejarán su huella

Del 21 al 24 de febrero, el encuentro en el Vaticano para la protección de los menores: sensibilización, escucha de las víctimas, responsabilidad de los obispos y transparencia

Andrea Tornielli

El encuentro sobre la protección de los menores que se celebra en el Vaticano está destinado a dejar su huella. Incluso antes de que se examinen a fondo las indicaciones concretas necesarias sobre lo que se debe hacer frente al flagelo de los abusos, será la conciencia en toda la Iglesia de las consecuencias dramáticas e indelebles causadas a los menores que los han padecido lo que dejará su impronta.

Las voces de los niños, niñas y jóvenes que son víctimas indefensas de estos horrendos actos de violencia no dejarán de escucharse. Su grito está destinado a romper la barrera del silencio que durante demasiado tiempo ha impedido la comprensión.

El primer objetivo, tras el testimonio personal de los dos últimos Papas, que sistemáticamente se encontraron con los supervivientes, los escucharon, lloraron y rezaron con ellos, es por tanto la conciencia de que el abuso de menores por parte de clérigos y religiosos es un acto abominable. Un acto que traspasa para siempre las almas de los niños confiados por sus padres a los sacerdotes para educarlos en la fe. No se trata principalmente de una cuestión de leyes y normas, ni de objeciones burocráticas o incluso de estadísticas. Se trata de escuchar a las víctimas, de intentar compartir su doloroso drama, de hacer suyas sus heridas devastadoras. Es un cambio de mentalidad que se requiere, para que nadie pretenda nunca más no ver, encubrir, minimizar.

Por primera vez, el tema se tratará en clave global, según las diferentes experiencias y culturas. El primer día el tema principal será la responsabilidad de los obispos en su tarea pastoral, espiritual y jurídica. El segundo día se tratará sobre todo de la “rendición de cuentas”, discutiendo las soluciones que deben adoptarse de acuerdo con el Derecho Canónico para evaluar los casos en los que los pastores han fracasado en su tarea y han actuado con negligencia. Finalmente, el tercer día se dedicará al compromiso de transparencia, en los procedimientos internos de la Iglesia, hacia las autoridades civiles, pero sobre todo hacia el pueblo de Dios, cuya contribución a la seguridad de los lugares frecuentados por los menores es indispensable. La conclusión de los trabajos, el domingo, después de la Misa celebrada en la Sala Regia, es confiada al Papa Francisco.

Lo que se celebra en el Vaticano es sobre todo un acontecimiento eclesial, un diálogo entre pastores en comunión con el Sucesor de Pedro. Por eso la oración, acompañada de la escucha de las víctimas, marcará cada cita. Los tres primeros días de trabajo culminarán en la liturgia penitencial precisamente porque, ante el abismo del pecado y de un pecado tan grave y abominable, los creyentes están llamados a pedir humildemente perdón por la herida infligida al cuerpo eclesial y su posibilidad de testimonio evangélico.

Este nuevo paso es para la Iglesia el último en el orden del tiempo de una larga serie que comenzó hace poco menos de veinte años con la introducción de leyes cada vez más estrictas y eficaces para combatir el flagelo del abuso. Procedimientos que han permitido reducir drásticamente el número de casos, como demuestran todos los informes publicados recientemente: las quejas que surgen se refieren, de hecho, en su gran mayoría, a casos que datan de hace muchos años y que se produjeron antes de la entrada en vigor de las nuevas normas.

Con el encuentro que se abre en el Vaticano, la Iglesia no sólo señala el camino a sus propias jerarquías y comunidades, sino que también ofrece un testimonio doloroso y un compromiso preciso con toda la sociedad. Porque la protección de los menores es una cuestión que concierne a todos, como lo demuestran las impresionantes cifras de menores maltratados en el mundo.