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Chile: renuncia de tres obispos, entre ellos Mons. Barros.

Encuentro Papa Francisco Obispos Chile acepta renunciaEncuentro del Papa con los Obispos de Chile 

El Papa Francisco acepta la renuncia de tres obispos en Chile

Se trata de Arzobispo de Puerto Montt, Mons. Cristián Caro Cordero y del Obispo de Valparaíso, Mons. Gonzalo Duarte García de Cortázar, que han presentado la renuncia por motivos de edad, y del Obispo de Osorno, Mons. Barros Madrid, que toma un año sabático

El Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la arquidiócesis de Puerto Montt, en Chile, presentada por motivos de edad por Mons. Cristián Caro Cordero, nombrando administrador apostólico “sede vacante et ad nutum Sanctae Sedis” de la arquidiócesis al padre Ricardo Basilio Morales Galindo, provincial de los Mercedarios en Chile.

Siempre en Chile, el Santo Padre ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Valparaíso, presentada también por motivos de edad por Mons. Gonzalo Duarte García De Cortázar y ha nombrado administrador apostólico “sede vacante et ad nutum Sanctae Sedis” de la diócesis a Mons. Pedro Mario Ossandón Buljevic, Obispo auxiliar de Santiago de Chile.

Por último, siempre en Chile, el Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Osorno, presentada por Mons. Juan Barros Madrid y ha nombrado administrador apostólico “sede vacante et ad nutum Sanctae Sedis” de esta diócesis a Mons. Jorge Enrique Concha Cayuqueo, Obispo auxiliar de Santiago de Chile. Mons. Barros toma un año sabático.

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España: los obispos españoles felicitan al nuevo presidente.

Cardenal Ricardo Blázquez y Pedro Sánchez.Cardenal Ricardo Blázquez y Pedro Sánchez. 

Obispos españoles felicitan al nuevo presidente, Pedro Sánchez

La Conferencia Episcopal Española expresa al presidente electo por el Congreso, “su predisposición para colaborar sinceramente con las autoridades legítimas del Estado en orden al mejor servicio del bien común”.

Ciudad del Vaticano

A través de un comunicado publicado el lunes 4 de junio, el presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), el cardenal Ricardo Blázquez, ha enviado su felicitación en representación de todos los obispos, a D. Pedro Sánchez, tras su elección por parte del Congreso de los Diputados como Presidente del Gobierno de España.

“Le aseguramos -señala el cardenal Blázquez– nuestras oraciones para que, Dios le conceda su luz y su fuerza en el desempeño de las altas responsabilidades que le encomienda el pueblo español, al servicio del bien común, la unidad, prosperidad y cohesión social de nuestro país, la paz, la justicia, la libertad y el bien común de todos los ciudadanos”.

Asimismo, el purpurado manifesta al presidente recién electo, su disposición personal y la de toda Conferencia Episcopal “para colaborar sinceramente con las autoridades legítimas del Estado en orden al mejor servicio del bien común”.

Primer presidente de España elegido por moción de censura

La elección de Pedro Sánchez, candidato del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), tuvo lugar el viernes 1 de junio tras ser aprobada la moción de censura promovida por el PSOE contra el anterior presidente, Mariano Rajoy, perteneciente al Partido Popular, (PP).

El socialista Pedro Sánchez, reunió 180 votos, superando los 176 mínimos que se necesitan para convertirse en el nuevo jefe del Gobierno, mientras que 169 diputados votaron en contra y hubo una abstención.

Tras su nombramiento, inicia una “inexplorada” situación en el panorama de la política española, ya que se trata de la primera vez, en la historia de este país, que un presidente de Gobierno es elegido mediante una moción de censura en el Congreso.

Comunicado de la CEE


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Deficiencias en la selección de obispos yt seminaristas. Análisis de Vatican Insider

Chile, las palabras del Papa sobre los homosexuales y las indicaciones olvidadas de Wojtyla

El caso chileno demuestra la existencia de graves problemas (y no solo en el país sudamericano) en el discernimiento vocacional, en los seminarios y en los procesos para nombrar a los obispos

Un grupo de sacerdotes

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Pubblicato il 30/05/2018
Ultima modifica il 30/05/2018 alle ore 10:44
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

El caso chileno y la explosión de nuevos escándalos después de la renuncia que todo el episcopado puso en manos del Papa Francisco dejan en evidencia la profundidad de las raíces que tiene la enfermedad que aflige a la Iglesia de ese país (y no solo). Demuestra también que muchos enseñamientos de los Pontífices, publicados en las últimas décadas, han sido considerados letra muerta por muchos obispos.

 

La semana pasada, dialogando a puerta cerrada con la asamblea general de la Conferencia Episcopal de Italia, el Papa Francisco (que ya había manifestado toda su preocupación por la disminución de las vocaciones sacerdotales) los invitó a ocuparse más de la calidad que de la cantidad de los futuros sacerdotes, refiriéndose al caso de personas homosexuales que deseen entrar al seminario: «Si tienen incluso la mínima duda, es mejor no dejar que entren». Francisco habló siguiendo la huella de dos documentos publicados en los últimos años por la Santa Sede: el primero es de 2005, cuando comenzaba el Pontificado de Benedicto XVI; el segundo es de 2016 y fue promulgado ya durante el Pontificado de Bergoglio. En ambos, respetando profundamente a las personas en cuestión, se sostiene que no es posible admitir en el seminario ni en las órdenes sacras a «aquellos que practiquen la homosexualidad» o que «presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas».

 

En una nota del documento entregado por el Papa Francisco a los obispos chilenos cuando estos últimos llegaron a Roma, se puede leer una crítica por haber encomendado la guía de los seminarios a «sacerdotes sospechosos de practicar la homosexualidad». La existencia de entramadas y organizadas redes de sacerdotes que cazaban presas en internet, así como los casos de abusos contra menores en los que se han visto involucrados eminentes sacerdotes, indican claramente que los criterios de discernimiento no se han aplicado correctamente.

 

En 1992, es decir diez años antes de que se publicara la instrucción de la Congregación para la Educación Católica en agosto de 2005 sobre el tema “Criterios de discernimiento vocacional en relación con las personas con tendencias homosexuales en vista de su admisión al seminario y a las órdenes sacras”, y más de veinte años antes de que se publicara la “Ratio Fundamentalis” de la Congregación para el Clero, titulada “El don de la vocación presbiterial” (son dos documentos que invitan a no dejar que entren al seminario a quienes presenten tendencias homosexuales profundamente arraigadas o practiquen la homosexualidad), Juan Pablo II divulgó la exhortación apostólica “Pastores dabo vobis”, dedicada a la «formación de los sacerdotes en las circunstancias actuales».

 

 

En ese documento se lee: «Puesto que el carisma del celibato, aun cuando es auténtico y probado, deja intactas las inclinaciones de la afectividad y los impulsos del instinto, los candidatos al sacerdocio necesitan una madurez afectiva que capacite a la prudencia, a la renuncia a todo lo que pueda ponerla en peligro, a la vigilancia sobre el cuerpo y el espíritu, a la estima y respeto en las relaciones interpersonales con hombres y mujeres. Una ayuda valiosa podrá hallarse en una adecuada educación para la verdadera amistad, a semejanza de los vínculos de afecto fraterno que Cristo mismo vivió en su vida».

 

El Papa Wojtyla también afirmó que «la madurez humana, y en particular la afectiva, exigen una formación clara y sólida para una libertad, que se presenta como obediencia convencida y cordial a la “verdad” del propio ser, al significado de la propia existencia, o sea, al “don sincero de sí mismo”, como camino y contenido fundamental de la auténtica realización personal. Entendida así, la libertad exige que la persona sea verdaderamente dueña de sí misma, decidida a combatir y superar las diversas formas de egoísmo e individualismo que acechan a la vida de cada uno, dispuesta a abrirse a los demás, generosa en la entrega y en el servicio al prójimo».

 

El problema que surge con los recientes escándalos no se relaciona solamente con la patología de la pederastia: en varios casos se trata, efectivamente, de abusos contra menores que ya son adolescentes. El problema más amplio, profundo y al que todavía no se ha dado una respuesta adecuada, tiene que ver con la inmadurez afectiva de los candidatos al sacerdocio, que, si no son hombres “resueltos” y maduros en su afectividad (sean heterosexuales u homosexuales) se dejarán condicionar por su inmadurez afectiva en las relaciones con los demás.

 

Que exista un problema relacionado con la homosexualidad dentro del clero lo demuestran las estadísticas de la OMS, según las cuales alrededor de 150 millones de niñas y chicas, y 73 millones de niños y chicos que no han cumplido los 18 años son obligados y sometidos a tener relaciones sexuales.

 

Si tomamos en cuenta los abusos contra menores perpetrados por exponentes del clero, las víctimas masculinas representan el alrededor del 75%.

 

El problema de la inmadurez sexual en los candidatos al sacerdocio, que acaba de explotar en Chile pero no solo existe en este país latinoamericano (como demuestran los diferentes escándalos en países europeos y en otras partes del mundo) indica que ha habido en las últimas décadas un grave problema con los criterios para seleccionar a los obispos.

 

La reacción de absoluta cerrazón auto-referencial y auto-defensiva con la que los pastores chilenos reaccionaron al escándalo (poniendo siempre en primera línea el buen nombre de la institución en lugar de defender a la grey, a los fieles, a los más pequeños y a los más indefensos entre los fieles) debería suscitar más de una pregunta sobre los criterios de selección y sobre el poder de grupos a la hora de promover ciertos candidatos al episcopado. Incapaces de vigilar sobre la madurez afectiva de sus seminaristas y de sus sacerdotes. Incapaces de hacer las cuentas con la realidad y de cobrar conciencia de los abusos (incluso cuando se denunciaban) escudándose en comportamientos de casta y lavándose las manos. Frente a los abusos, a los delitos terribles, ala inmadurez afectiva de sus sacerdotes, prefirieron hacer finta de no darse cuenta y demostraron, a la vez, ser inmaduros como padres.

 

Francisco en varias ocasiones (en entrevistas, homilías y libros) ha subrayado la distancia que existe entre la actitud de Jesús y la de Poncio Pilatos: Cristo vino para servir y lavó los pies a sus discípulos. Pilatos, en cambio, se lavó las manos. Una imagen útil para interpretar muchos casos eclesiales contemporáneos.


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Qué ha pasado en la iglesia de Chile y qué sucedera en adelante.

La iglesia chilena espera tiempos mejores

papachilesismo

Por los años sesenta y setenta Pablo VI nombró en Chile una generación de obispos excepcionales. Juan Pablo II, a partir de los años ochenta, en Chile y el resto de América Latina, nombró obispos con poca libertad para interpretar la doctrina de la Iglesia, hombres sin las luces de la generación anterior, timoratos, estrictamente fieles al gobierno del Papa.

Los obispos chilenos de Pablo VI hicieron frente a la dictadura de Pinochet. El cardenal Raúl Silva Henríquez creó la Vicaría de la Solidaridad que acogió y defendió a las víctimas de violaciones de los derechos humanos. Bajo la inspiración de la conferencia episcopal de Medellín (1968) y luego de la de Puebla (1979), y de la Teología de la liberación, la Iglesia chilena hostigada y perseguida, especialmente en las comunidades eclesiales de base, experimentó un fervor evangélico y profético extraordinario.

Estos mismos años, sin embargo, comenzó a hacerse fuerte el catolicismo conservador, discordante de las voces oficiales. Tenía a su favor a Pinochet y al cardenal Sodano, el nuncio. También tenía el viento favorable al entrevistado de Messori en Informe sobre la fe, el cardenal Ratzinger, el principal intérprete del Concilio en los últimos cincuenta años y fiero censurador de los teólogos de la liberación.

Lo que explica en gran medida las proporciones del problema de la Iglesia chilena actual, es que este fortalecimiento del catolicismo conservador se concentró en la agrupación sacerdotal muy poderosa creada por un párroco, el sacerdote Fernando Karadima, un hombre intelectualmente limitado, pero encantador de la elite. Este generó en torno a su persona una verdadera secta de jóvenes frágiles psicológicamente de los que abusó sexual y espiritualmente. No sin el consentimiento de Sodano, quien tenía un despacho privado en la parroquia de Karadima, de este grupo fueron nombrados obispos Juan Barros, quien llegó a constituirse en la “manzana de la discordia”, Andrés Arteaga, Tomislav Koljatic y Horacio Valenzuela.

El caso estalló en 2010. El nuevo arzobispo de Santiago el cardenal Francisco Javier Errázuriz, apartó al párroco de sus funciones. Pero lo hizo después que las víctimas de Karadima, James Hamilton, Juan Carlos Cruz y Andrés Murillo, le rogaran justicia desde 2003. El año 2011, el nuevo arzobispo, Ricardo Ezzati, tras investigar la situación, sancionó al párroco, impidiéndole ejercer públicamente el sacerdocio y la dirección espiritual. Paralelamente el caso fue presentado ante los tribunales de justicia los cuales, luego de haber juzgado culpable a Karadima, lo absolvieron por prescripción de los delitos.

En los años sucesivos se destaparon numerosos casos de abusos sexuales del clero, abusos de pederastia y pedofilia. Unos terminaron con sentencias civiles (hay sacerdotes presos), otros con sentencias canónicas (restringidos en su funciones sacerdotales) y, en fin, algunos cuantos aún están siendo investigados. Los doce recién suspendidos en Rancagua completan un panorama es desolador. El clero y casi todas las agrupaciones religiosas de varones, han tenidos casos de abusos y acusaciones (incluidos nosotros los jesuitas).

El Papa Francisco, después de equivocarse más de dos veces respecto a Juan Barros, repudiado por la diócesis de Osorno, decidió informarse a fondo y tomar medidas drásticas. Envió a Chile a investigar la situación al obispo de Malta Charles Scicluna y a Jordi Bertomeu, de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El resultado de esta indagación hizo concluir al Papa que había sido mal informado. ¿Quién lo informó mal? No lo sabemos. Pero, o él no le hizo caso a Francisco Javier Errázuriz, uno de la comisión de los “Nueve” (uno de sus estrechos colaboradores), ni al nuncio Ivo Scápolo, que por cercanía y cargo debieron hacerlo, o estos, o uno de estos, inclinaron la balance del lado de Barros. M. Ezzati, en cambio, tendrá otros “pecados”, pero se sabe que se opuso al nombramiento del obispo de Osorno.

Hoy, tras la renuncia de todo el episcopado chileno, parece cerrarse un capítulo y abrirse otro. ¿Será uno mejor?

La situación es inaudita. La carta que el Papa que entregó en privado a los obispos para discernir con ellos el futuro de la Iglesia chilena, es conmovedora. Este documento revela el impacto que han producido en Francisco los gravísimos abusos sexuales, psicológicos y de conciencia, de mayores y menores; y a su vez, estremece a los católicos por el tipo de inmoralidades cometidas por obispos y mandos medios en labores de encubrimiento de tales abusos y delitos. El documento, por una parte, esboza un verdadero programa de futura reforma de la Iglesia chilena y, por otra, confirma la comisión de irregularidades tan graves como destruir archivos, es decir, eliminación de pruebas. Cualquiera puede imaginar que el informe de 2,400 páginas que el investigador Charles Scicluna entregó al Pontífice, es espeluznante.

¿Qué viene? Suponemos que Francisco acogerá la renuncia de varios obispos renunciados ¿Cuántos? Es casi seguro que saldrán de la conferencia los cuatro dirigidos espirituales de Karadima. Además, todos los que ya habían renunciado por edad. Son cuatro. ¿Alguien más? No sabemos. Es decir, en el futuro inmediato tendrá que nombrarse, por lo menos, a ocho obispos y a un noveno por la sede vacante de Valdivia.

¿Qué viene? Ignoramos si los obispos que queden y los nuevos estarán a la altura de las exigencias que el Papa les ha puesto en el documento en comento. Francisco pide a todos trabajar por una Iglesia profética que sepa “poner a Cristo en el centro” de su corazón y de su acción. Un Iglesia profética, como la de los obispos de Pablo VI que se orientó por la opción por los pobres y encaró las violaciones de los derechos humanos, y no como la que vino después, la de la jerarquía que, en palabras de Francisco, “dejó de mirar y señalar al Señor para mirarse y ocuparse de sí misma”.

He aquí que surge una pregunta inquietante: ¿estarán capacitados los obispos que queden para emprender una conversión de esta magnitud? ¿Claudicarán estos a su alianza de clase con la elite de un país injusto como Chile? Hay entre estos obispos muy conservadores e incluso alguno que, antes de ser sacerdote, trabajó como abogado en dependencias de la dictadura. Si el Papa Francisco quiere realmente hacer los cambios que su giro pastoral requiere, tendrá que poner los medios para que sus palabras no queden en letra muerta. Deberá aceptar la renuncia de varios obispos más. Tendrá que desnivelar la conferencia episcopal. La Iglesia chilena ha pretendido operar con dos pastorales al mismo tiempo: una para los sectores altos, acomodados y religiosamente de tendencia pre-conciliar; y otra inspirada por las conferencias de Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida que, como cuatro martillazos sobre un mismo clavo, ratificaron una opción preferencial por los pobres. Pero en los últimos veinticinco años, al menos en la diócesis de Santiago, parece no haber pastoral alguna.

Otra pregunta: ¿Hay gente que pueda ser nombrada para reemplazar a los que se van que cumpla con el giro que el Papa quiere darle a la Iglesia chilena? En su carta hay una queja contra los seminarios. Los seminarios del período del “invierno eclesial” de Juan Pablo II han “resacralizado” al clero. Este tipo de clero, concluye la Royal Comisión sobre los abusos de menores en Australia (2017), genera relaciones humanas asimétricas e inapropiadas.

El Papa Francisco delinea un programa y pone los fundamentos para esperar algo mejor. Por de pronto, recuerda que Dios actúa en el santo pueblo de Dios y que en este pueblo hay una fe y una energía extraordinaria. Si los futuros obispos no se nutren y aprenden del pueblo de Dios en quien reside la fe de la Iglesia, creo yo, volveremos a lo mismo. Es imperioso, por tanto, dar participación a los fieles en la organización de su Iglesia. Lo dice Francisco con estas palabras: “Permítanme la insistencia, urge generar dinámicas eclesiales capaces de promover la participación y misión compartida de todos los integrantes de la comunidad eclesial”, dejando de lado la “psicología de las elites” (estilo y prácticas sectarias). ¿Participarán en alguna instancia los laicos en la elección de los próximos obispos?

Es la hora de los laicos. Esperamos que la nueva generación de obispos termine de “ordenar la casa” y ponga la Iglesia al servicio del mundo. Lo hagan o no lo hagan, ya ahora los católicos, curas y fieles debieran asumir un rol protagónico. Urge crear algo nuevo. Se necesita una Iglesia de comunidades. Se necesitan comunidades de todo tipo que exijan respeto y participación, capaces de representar con respeto sus diferencias a la autoridad y de rebelarse contra los atropellos. Es imperiosa más creatividad, más solidaridad con el prójimo, más participación de las mujeres, en una palabra, más Evangelio.

Jorge Costadoat, S.J.


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El Papa a la Conferencia episcopal italiana reunida en asamblea.

Aula del SínodoAula del Sínodo  (AFP or licensors)

Vocaciones, transparencia, diócesis: temas del Papa para la CEI

El Obispo de Roma inauguró los trabajos de la Conferencia Episcopal Italiana expresando sus preocupaciones para que los obispos, a partir de ellas, reflexionen en los próximos días

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

En el día en que la Iglesia celebra por primera vez la memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, el Santo Padre Francisco inauguró, con un discurso improvisado, los trabajos de la 71° Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana, que se llevan a cabo en el Vaticano del 21 al 24 de mayo.

Un encuentro que el Romano Pontífice quiere que sea de “diálogo y reflexión”: en efecto, en él, el Papa quiso compartir tres preocupaciones suyas.

La crisis de las vocaciones

En relación a esto, el Santo Padre señaló que es “la paternidad”, la que entra en juego allí. La “hemorragia” de vocaciones, dijo, es el “fruto envenenado de la cultura de lo provisional, del relativismo y del culto del dinero”, que aleja a los jóvenes de la vocación, y que sumado al bajo índice de natalidad en Europa, “a los escándalos y a los testimonios tibios”, llevan al continente a la aridez vocacional.

“Es triste ver el entero continente entrar en la aridez”, expresó.

Para sanear esta cuestión, el Papa propuso cosas prácticas: en primer lugar, un compartir “fidei donum”, entre las diócesis italianas, lo que reforzaría en el clero y en los fieles el “sensus ecclesiae” y el “sensus fidei”, dado que en Piemonte, por ejemplo, hay una gran aridez, y en cambio en Apulia hay “abundancia de vocaciones”.

Pobreza evangélica y transparencia

La segunda preocupación del Santo Padre es la pobreza evangélica y la transparencia: “como jesuita lo aprendí en las constituciones –dijo – : la pobreza es madre y muro de la vida apostólica. Madre porque la hace nacer y muro porque la protege. Sin pobreza –añadió – no hay celo apostólico, vida de servicio a los demás”.

Una preocupación que “tiene que ver con el dinero y la transparencia”. “Quien cree – dijo Francisco – no puede hablar de pobreza y vivir como un faraón”. Y “es escandaloso tratar el dinero sin transparencia o gestionar los bienes de la Iglesia como si fueran personales”.

“Tenemos el deber de gestionar con reglas claras y comunes” añadió, asegurando que es algo “de lo que rendiremos cuenta al ‘Dueño de la Viña’”. “Conozco uno de ustedes que nunca invita a cenar a nadie con el dinero de la diócesis, sino que paga de su propio bolsillo”, dijo, señalado que estos son “pequeños gestos, pero importantes”, y reconociendo que “en la CEI se hizo mucho en el camino de la pobreza y la trasparencia”, manifestó que “aún se debe hacer más en algunas cosas”.

Reducción y agrupamiento de las diócesis

Por último, acerca de la reducción y agrupamiento de las diócesis, el Pontífice reconoció que se trata de algo “no fácil, y menos en este tiempo”. Se trata de una exigencia pastoral examinada más veces, dice Francisco, y recuerda que ya Pablo VI había estudiado el excesivo número de diócesis, pronunciándose, el 19 junio del 1966, sobre la necesidad de “retocar los límites de algunas diócesis” y, más que nada, de proceder a su fusión para “crear circunscripciones con territorios, habitantes, clero y obras suficientes para una organización diocesana verdaderamente funcional”.

“Un argumento –dijo el Papa – que es antiguo y actual”, y que “es hora de concluir lo antes posible. “

Para que de estas “tres preocupaciones” partan las reflexiones, y agradeciendo la parresia, el Obispo de Roma animó al episcopado italiano en su labor de los próximos días y dio la palabra a los Obispos.


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Chile: revelaciones de un documento secreto entregado a los obispos

Pederastia; el Papa a los obispos de Chile: “no alcanza” remover a algunas personas

La carta después del último encuentro: se ha herido la comunidad eclesial, se ha debilitado el trabajo de la Iglesia. Posible renuncia de los prelados más cercanos a Karadima. Tv13 revela un duro documento reservado de Francisco

El Papa con los obispos chilenos en el Vaticano

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Pubblicato il 17/05/2018
Ultima modifica il 18/05/2018 alle ore 09:30
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

 

 

 

Todavía no se han anunciado decisiones, pero podrían llegar dentro de poco. Se deduce de la nueva carta que este 17 de mayo de 2018 por la tarde, al final del encuentro en la “auletta” del Aula Pablo VI, el Papa Francisco entregó a cada uno de los 34 obispos chilenos presentes. Todos ellos fueron convocados a Roma con una carta anterior del Pontífice, profundamente dolido por el resultado de la investigación sobre los abusos en Chile y profundamente conmovido tras los encuentros con las víctimas.

 

Pero, además de la carta, surge un documento durísimo de diez páginas que el Pontífice le entregó a los obispos. Un documento que habría debido ser reservado pero que llegó a las manos del canal de televisión chilena Tv13, que publicó los pasajes más significativos. Francisco, en este texto, basado en las conclusiones de la investigación que llevó a cabo monseñor Scicluna, dice que no es suficiente remover a algunas personas de sus puestos (cosa que se hará, de cualquier manera), porque «el problema es el sistema».

 

Comencemos con la carta pública: «Les quiero agradecer –escribe Bergoglio– que hayan acogido la invitación para que, juntos, hiciéramos un discernimiento franco frente a los graves hechos que han dañado la comunión eclesial y debilitado el trabajo de la Iglesia de Chile en los últimos años».

 

«A la luz de estos acontecimientos dolorosos respecto a los abusos -de menores, de poder y de conciencia-, hemos profundizado en la gravedad de los mismos, así como en las trágicas consecuencias que han tenido particularmente para las víctimas. A algunas de ellas –afirma el Pontífice en la nueva carta– yo mismo les he pedido perdón de corazón, al cual ustedes se han unido en una sola voluntad y con el firme propósito de reparar los daños causados».

 

«Les agradezco la plena disponibilidad que cada uno ha manifestado para adherir y colaborar en todos aquellos cambios y resoluciones que tendremos que implementar en el corto, mediano y largo plazo, necesarias para restablecer la justicia y la comunión eclesial». En los encuentros, pues, se discutió mucho y concretamente sobre lo que hay que hacer ahora y que será anunciado próximamente. Una primera decisión podría ser la de aceptar la renuncia de los cuatro obispos más cercanos al abusador serial Fernando Karadima.

 

«Después de estos días de oración y reflexión –concluye Francisco–los envío a seguir construyendo una Iglesia profética, que sabe poner en el centro lo importante: el servicio a su Señor en el hambriento, en el preso, en el migrante, en el abusado».

 

Además, pues de esta carta pública, Francisco le entregó a los obispos también un documento reservado de diez páginas. Lo dio a conocer el canal de televisión chileno Tv13. El texto, durísimo, se basa en las conclusiones de la investigación que el arzobispo maltés, Charles Scicluna, llevó a cabo: se habla de «hechos delictivos» y también sobre la necesidad de ir más allá de la remoción de algunas personas. Se habla también sobre la manera con la que fueron encubiertos los abusos sexuales, los abusos de poder y de consciencia.

 

El Papa escribe que algunos religiosos, expulsados de sus respectivas órdenes por los abusos cometidos, fueron acogidos en otras diócesis y recibieron encargos que los llevaron a estar en contacto con niños y chicos. Francisco critica la manera en la que fueron conducidas las investigaciones sobre los abusos: las denuncias recibidas «en no pocos casos han sido calificados muy superficialmente como inverosímiles lo que eran graves indicios de un efectivo delito», como sucedió al principio del caso Karadima. Algunas investigaciones ni siquiera se llevaron a cabo y se verificaron negligencias en la protección de los niños por parte de los obispos y de los superiores religiosos.

 

También hubo, subraya el documento, presiones contra los que debían encargarse de los procesos, además de la «destrucción de documentos comprometedores por parte de encargados de archivos eclesiásticos, evidenciando así una absoluta falta de respeto por el procedimiento canónico y, más aún, unas prácticas reprobables que deberán ser evitadas en el futuro».

 

Se verificaron problemas en los seminarios: obispos y superiores religiosos encomendaron la guía de los seminarios a sacerdotes sospechosos de homosexualidad. La Iglesia chilena, continúa el Papa en el documento, ha perdido su centro y se ha replegado en sí misma. No se ha dedicado la suficiente atención a las víctimas y las actitudes de mesianismo, elitismo y clericalismo «son todos sinónimos de perversión en el ser eclesial».

 

Ha habido una actitud en la Iglesia chilena con la que sus responsables se sentían “superiores” a los demás. Y no está de más recordar que precisamente al dirigirse a los religiosos del país, en enero de este año, el Papa Bergoglio les refrescó la memoria sentenciando: «no somos súper héroes».

 

Francisco le pide a los obispos que reconozcan sus errores y que no se sientan, pues, superiores a los demás. Y se dice alarmado por la actitud que algunos de ellos han mantenido tras el escándalo, refiriéndose explícitamente al caso Barros: el problema, escribe en el documento, no se resuelve solamente reduciéndolo «a remoción de personas: esto –y lo digo claramente- hay que hacerlo, pero no es suficiente, hay que ir más allá. Sería irresponsable de nuestra parte no ahondar en buscar las raíces y las estructuras que permitieron que estos acontecimientos concretos se sucedieran y perpetuasen». Es necesario que los obispos no caigan en la tentación de quererse salvar a sí mismos y su reputación: «el problema es el sistema».

 

Entonces, Francisco ha logrado comprender y explica cuán profunda es la crisis, esa crisis que a algunos importantes prelados chilenos les cuesta admitir. Preanuncia remociones, pero aclara con dureza que «no alcanzan», porque el mal que aflige a la Iglesia de Chile está más arraigado y es mucho más profundo: es «el sistema».


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Declaración de los obispos chilenos al término de sus encuentros con el Papa en Roma.

Obispos chilenos Obispos chilenos   (AFP or licensors)

Obispos chilenos ponen en manos del Papa sus cargos pastorales

“Perdón por el dolor causado a las víctimas, al Papa, al Pueblo de Dios y al país por nuestros graves errores y omisiones”: con esta premisa los obispos de Chile realizaron su declaración final tras los coloquios con el Papa Francisco

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

“Todos los obispos presentes en Roma, por escrito, hemos puesto nuestros cargos en las manos del Santo Padre para que libremente decida con respecto a cada uno de nosotros”: fue el anuncio de los obispos chilenos tras discernir en la presencia de Dios, “la responsabilidad de todos y cada uno” sobre las heridas devastadoras causadas a las víctimas de abusos así como sobre “el estudio de los cambios adecuados y duraderos que impidan la repetición de actos siempre reprobables”, tal como había expresado el Papa en la carta de convocación de los encuentros que se llevaron a cabo en el Vaticano.

Los prelados del episcopado suramericano realizaron una declaración a la prensa comunicando el resultado de los tres días de discernimiento, oración y coloquios con el Santo Padre Francisco, quien, por su parte, tal como anunciara la Oficina de Prensa de la Santa Sede en el comunicado del sábado 12, “no otorgará ninguna declaración ni antes, ni durante, ni después de los coloquios”, pero sí entregó una carta a los obispos, hecha pública tras finalizar la última reunión el jueves por la tarde, en la que les agradeció la disponibilidad manifestada “para adherir y colaborar en todos aquellos cambios y resoluciones” necesarios para restablecer la justicia y la comunión eclesial, a implementar “en el corto, mediano y largo plazo”.

Declaración final de los Obispos de la Conferencia Episcopal Chilena

El Obispo de San Bernardo Mons. Juan Ignacio González Ezzáruriz leyó en la rueda de prensa, en lengua española, la conclusión a la que llegaron los obispos, que remitimos a continuación:

Después de tres días de encuentros con el Santo Padre, y de muchas horas dedicadas a la meditación y a la oración, siguiendo sus indicaciones, los Obispos de Chile deseamos comunicar lo siguiente:

En primer lugar, agradecemos al Papa Francisco por su escucha de padre y su corrección fraterna. Pero especialmente, queremos pedir perdón por el dolor causado a las víctimas, al Papa, al Pueblo de Dios y al país por nuestros graves errores y omisiones.

Gracias también a Mons. Scicluna y al Rev. Jordi Bertomeu por su dedicación pastoral y personal, así como por el esfuerzo invertido en las últimas semanas para intentar sanar las heridas de la sociedad y de la Iglesia de nuestro país.

Gracias a las víctimas, por su perseverancia y su valentía, a pesar de las enormes dificultades personales, espirituales, sociales y familiares que han debido afrontar, tantas veces en medio de la incomprensión y los ataques de la propia comunidad eclesial. Una vez más imploramos su perdón y su ayuda para seguir avanzando en el camino de la curación y cicatrización de las heridas.

En segundo lugar, queremos anunciar que todos los obispos presentes en Roma, por escrito, hemos puesto nuestros cargos en las manos del Santo Padre para que libremente decida con respecto a cada uno de nosotros.

Nos ponemos en camino, sabiendo que estos días de honesto diálogo han sido un hito dentro de un proceso de cambio profundo, conducido por el Papa Francisco. En comunión con él, queremos restablecer la justicia y contribuir a la reparación del daño causado, para reimpulsar la misión profética de la Iglesia en Chile, cuyo centro siempre debió estar en Cristo.

Queremos que el rostro del Señor vuelva a resplandecer en nuestra Iglesia y a ello nos comprometemos. Con humidad y esperanza les pedimos a todos que nos ayuden a recorrer este camino.

Siguiendo la recomendación del Santo Padre imploramos a Dios que en estas difíciles y esperanzadoras horas, nuestra Iglesia sea protegida por el Señor y la Virgen del Carmen.

Declaración de los Obispos

Algunas precisiones

 

Tras recordar la rueda de prensa en que declararon venir “con dolor y vergüenza” el Secretario General de la Conferencia Episcopal chilena enumeró las actividades que llevaron a cabo esta semana y aludió al texto que el Santo Padre les entregó el primer día, en el que expresaba sus conclusiones y reflexiones sobre el informe de Mons. Scicluna. El texto del Papa indica con claridad una serie de hechos absolutamente reprobables que sucedieron en la Iglesia Chilena – explicó el Secretario de la Conferencia Episcopal –  en relación a abusos de poder, de conciencia y sexuales que han llevado a que la misma “haya disminuido el vigor profético que la caracterizaba”.

Obispos a disposición del Papa

A partir de allí se llevó a cabo un proceso de diálogo en el que “se fueron presentando sugerencias para las medidas a adoptar para superar esta crisis”, y se fue madurando la idea de que “para estar en sintonía con la voluntad del Santo Padre”, era conveniente declarar la más absoluta disponibilidad de poner nuestros cargos pastorales en las manos del Papa, añadió Mons. Ramos y precisó: se trató de “un gesto para asumir – no sin dolor- los graves hechos ocurridos y para que el Santo Padre pudiera, libremente, disponer de todos nosotros”.

“Fue así – prosiguió – que en el día de ayer, por escrito, manifestamos esta disponibilidad poniendo nuestros cargos a disposición del Papa. Así él podrá, en las semanas siguientes, decidir si acepta o rechaza lo que hemos señalado”.

Cada uno continua en sus trabajos pastorales en plenas funciones

Monseñor Gonzalez, Obispo de San Bernardo y miembro del Comité permanente de la Cech, por su parte señaló que este poner sus “cargos pastorales a completa disposición del Papa” implica que mientras tanto, “cada uno continua en sus trabajos pastorales en plenas funciones”, y que el Santo Padre puede aceptar de inmediato “la salida de un obispo, puede rechazarla, y por lo tanto quedaría confirmado en su cargo, o aceptarla y hacerla efectiva al nombramiento de la nueva autoridad diocesana”.

En la conclusión, el agradecimiento de los obispos a quienes los han acompañado con sus trabajo y su oración.

Precisiones de los Obispos