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Nombrado el nuevo arzobispo de Milán.

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Delpini: “Soy inadecuado, necesito ayuda, escucharé a todos”

Fue nombrado el nuevo arzobispo de Milán, que en su discurso habló sobre la alegría, sobre la necesidad de Dios; indicó que espera «una convivencia fraterna que no contraponga las religiones como enemigos que se desafían, sino como caminos que ayudan para volver a encontrar las raíces del humanismo»
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Mario Enrico Delpini, nuevo arzobispo de Milán

Pubblicato il 07/07/2017
Ultima modifica il 07/07/2017 alle ore 19:18
ANDREA TORNIELLI
MILÁN

Un largo aplauso a las 12,01 después del anuncio del nombre del 144o arzobispo de Milán, una de las mayores y más importantes diócesis del mundo. Es el actual vicario general Mario Delpini, que cumplirá 66 años al final de este mes. Lo anunció en la capilla de la curia ambrosiana el cardenal Angelo Scola, quien se refirió a una «noticia de grande importancia para nuestra Iglesia y para toda la ciudad». A partir de hoy, el cardenal que deja el puesto se convertirá en administrador apostólico de la diócesis. Su sucesor ingresará el 24 de septiembre. Desde las primeras palabras que pronunció, Delpini reveló algo sobre sí: se dijo inadecuado, pidió la ayuda de todos, dijo querer escuchar mucho y lograr que sea posible que todos hablen con él.

 

Después del anuncio, el cardenal Scola trazó un breve perfil de su sucesor y recordó que: «se ha ocupado de cuestiones de administración e incluso de cuestiones delicadas, de cuya importancia a menudo la mayoría no se entera. Monseñor Delpini es un hombre de oración, que vive ascéticamente y en gran pobreza. Y subraya lo esencial de la fe. Conoce a los sacerdotes muy bien. Es infatigable visitando las parroquias —continuó el cardenal— y es un hombre capaz de diálogo. Ha afrontado situaciones muy diferentes, incluidas la pobreza y la exclusión». Scola después hizo público su agradecimiento al Papa: «El Santo Padre me dijo que no tenía prisa, pero yo le pedí que nombrara a mi sucesor para evitar los peligros de un estancamiento en una diócesis tan compleja y articulada. El Papa acogió esta petición mía y le estoy muy agradecido».

 

Después tomó la palabra el nuevo arzobispo Deplini: «A pesar del elogio que acaba de hacer Su Eminencia» se dijo inadecuado para la misión encomendada, pero «agradezco al Santo Padre, agradezco al cardenal Scola que por lo que sé animó y aprobó esta decisión. Pero siento antes que nada que no soy adecuado. Y se ve desde el nombre: después de nombres solemnes como Angelo, Dionigi, Giovanni Battista, Carlo Maria, Alfredo Ildefonso… ahora ustedes dirán: “Llega Mario, ¿qué tipo de nombre es? Ya se ve”… s el que me dieron mi mamá y mi papá». Y Delpini continuó indicando que no solo él se siente inadecuado: «Toda mi vida he estado aquí, no podré ser una sorpresa. Creo que los que me conocen dirán: “Sí, es un buen hombre, pero ¿arzobispo de Milán? ¡No sé si estará a la altura!”. He participado y he tomado muchas decisiones que han marcado la vida de las personas y de las instituciones. Y cuando se toman decisiones, al no tener el don de la infalibilidad, algunas habrán sido equivocadas y no habrán gustado. Me gustaría pedir que no se queden atrapados en el resentimiento, pido perdón por decisiones no lo suficientemente atentas a las personas. Pido volver a empezar con benevolencia, para mostrar una Iglesia unida, alegre, dispuesta a la confrontación y también aceptando que luego haya alguien que tenga que decidir».

 

El nuevo arzobispo también habló sobre la Iglesia ambrosiana y la ciudad: «Para la Iglesia de Milán se necesitaría un arzobispo santo, mientras yo, lo comprendo, soy un mediocre, un buen hombre pero mediocre. Se nos pide rezar por la Iglesia y el arzobispo, que demos testimonio de esa santidad de pueblo y de esa laboriosidad generosa que existen en Milán. Y si luego pienso en los desafíos que la ciudad, la metrópolis, la región tienen que afrontar, en toda la innovación, la cultura e inteligencia que hay, se necesitaría un obispo que sea un genio. Si recuerdo la biografía de mis predecesores (Scola, Tettamanzi, Martini) me quedo un poco aplastado al tomar su herencia. Porque en estos años yo he escrito algunas tonterías, historias para niños… Necesitaré consejos, confrontarme con los teólogos y académicos de Milán para interpretar el tiempo en el que vivimos y el futuro que nos espera».

 

 

 

El nuevo arzobispo de Milán también respondió a tres preguntas de los periodistas que estaban presentes durante el anuncio del nombramiento. La primera fue: «¿Qué don le pide al Espíritu Santo? Y, ¿se mudará a este palacio?». «Pediría para esta diócesis y para la sociedad civil —respondió Delpini— el don de la alegría. Me parece que es una de las resonancias más normales del Evangelio: me parece que el Papa ha insistido justamente en ese mensaje que considera central. Con el Evangelio viene la alegría, “Evangelii gaudium”, porque nosotros los milaneses somos buenos, eficientes, pero a veces hay nerviosismo, impaciencia, quejas. Le pido al Espíritu Santo el don de la alegría. En cuanto al palacio, por ahora todavía vive en él el cardenal, y yo no tengo intención hacer mudanzas. Luego lo pensaré, porque el elogio que ha entretejido Scola incluía también la expresión de que yo vivo en extrema pobreza. Pero no vivo bajo un puente, por lo que no tengo urgencia para entrar al palacio».

 

La segunda pregunta fue: «¿Qué le gustaría decirle a los fieles milaneses?». «Papa Francisco, eligiendo al vicario general de la diócesis, quiere aconsejar una continuidad con los predecesores y con el cardenal Scola. Yo creo que tendremos que seguir por el mismo camino que han recorrido los obispos que han servido a esta Iglesia. No tengo ningún proyecto pastoral. Algo sí: que todos puedan hablar conmigo, que todos puedan tener voz… Tendré que ser yo quien les escuche, a los que estén de acuerdo y a los que no lo estén, para no tomar decisiones precipitadas. Y luego aprenderemos el oficio».

 

Al final, la última pregunta fue sobre los desafíos que hay que afrontar, especialmente el de los migrantes: «Quisiera decir que yo soy un cura, por lo que el mensaje que puedo dar a la ciudad es el de acordarse de Dios, buscar a Dios, vivir la relación con Dios porque estoy convencido de que una ciudad secularizada como la nuestra, que vive en la laicidad, sin la referencia de Dios, no tiene esperanza. Me parece que las primeras palabras que el Papa dijo en las Casas Blancas fueron: “Yo vengo como un sacerdote”. Vengo a hablarles de Dios y del Evangelio de Jesús. El primer mensaje que me gustaría dar es este y lo siento como irrenunciable, como siervo del Señor y ministro de la Iglesia. Quisiera que todos tuvieran una esperanza de vida eterna, y la certidumbre de que Dios nos ama y nos quiere felices. Y sobre esto habría que enfocar una convivencia fraterna que no contraponga las religiones como enemigos que se desafían, sino como caminos que ayudan a volver a encontrar las raíces del humanismo. Ninguno de nosotros viene al mundo para morir. Nosotros, para vivir, necesitamos a Dios».

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Autor: loiolaxxi

periodista, jesuita, bloguero, profesor, jubilado

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