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AMN. INT. aplaude las medidas adoptadas por la ONU contra los abusos sexuales de su personal.

ONU: El informe sobre los abusos sexuales es un paso en la dirección correcta

10 de marzo de 2017

En respuesta a la publicación, hoy, del informe anual del secretario general de la ONU, António Guterres, sobre medidas especiales de protección frente a la explotación y los abusos sexuales, Joanne Mariner, asesora general de Amnistía Internacional sobre respuesta a las crisis, ha manifestado:

El secretario general António Guterres reconoce con razón que los abusos sexuales de los integrantes de las operaciones de paz y otros miembros del personal de la ONU constituyen un mal cruel e inexcusable, que mancha la reputación de toda la organización. Amnistía Internacional acoge con beneplácito sus esfuerzos por instituir una amplia variedad de reformas para abordar mejor este azote.

“Tras la investigación de Amnistía Internacional estamos convencidos de que la impunidad es un problema básico que fomenta los abusos sexuales. Son muy pocos los integrantes de operaciones de paz y otros miembros del personal de la ONU sospechosos de responsabilidad penal por delitos de violencia sexual que han llegado a enfrentarse a una amenaza real de enjuiciamiento criminal por los delitos cometidos.

“Ante este hecho decepcionante, nos parece muy alentadora la propuesta del secretario general de dejar de pagar a los países que no investigan a tiempo las denuncias de abusos formuladas contra sus tropas y depositar ese dinero en un fondo fiduciario para ayudar a las personas supervivientes. Instamos al secretario general de la ONU a aprobar la propuesta para que los Estados miembros la pongan en práctica.

“Nos preocupa, no obstante, que no se ejerza aún presión suficiente sobre los Estados miembros para asegurar que se investigan y enjuician con garantías los casos de comisión de abusos sexuales.

“Amnistía Internacional considera igualmente positivas otras medidas anunciadas por el secretario general, como la nueva orientación adoptada para empoderar a las víctimas de abusos, la aplicación de medidas de verificación de antecedentes del personal de la ONU más estrictas, la creación de un nuevo puesto dedicado a la promoción de los derechos de las víctimas, la prórroga del puesto de coordinador especial sobre la mejora de la respuesta de la ONU a la explotación y los abusos sexuales, el establecimiento de un “círculo de liderazgo” formado por jefes de Estado y la creación de una junta asesora especial compuesta de expertos y líderes de la sociedad civil que se ocupe de formular recomendaciones para prevenir tales abusos.

“Esperamos colaborar con las Naciones Unidos y los Estados miembros para contribuir a garantizar que este amplio programa de reformas se lleva adelante con los recursos y la voluntad política necesarios.”

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Conclusiones de la plenaria de la Pontificia Comisión para tutela de los menores.

Comisión anti-abusos pide encontrar nuevas formas para dar voz a las víctimas

Concluyó ayer la plenaria del organismo, que agradeció a Marie Collins e insistió en su voluntad de colaborar con la Congregación para la Doctrina de la Fe en relación con las “Líneas guía” para contrarrestar la pederastia
REUTERS

El cardenal arzobispo de Boston y presidente de la Comisión anti-abusos, Sean O’Malley

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Pubblicato il 27/03/2017
Ultima modifica il 27/03/2017 alle ore 17:28
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

Antes que nada, el agradecimiento por el trabajo de Marie Collins y por su fuerte compromiso a favor de las víctimas de abuso. Es el punto con el que comienza el comunicado de la plenaria de la Pontificia Comisión para la Turela de los Menores, que concluyó ayer, 26 de marzo de 2017. Después se expresan la promesa de un mayor compromiso para encontrar «nuevas formas» para dar voz a los supervivientes y colaborar con la Congregación de la Doctrina de la Fe (el dicasterio que fue el principal blanco de las acusaciones de la irlandesa Marie Collins) para la difusión de las “Líneas guía” de la lucha contra los abusos en la Iglesia. Al final, se anunció una novedad, es decir que los 16 miembros de la Comisión se reunirán de vez en cuando con los representantes de las Conferencias Episcopales que viajen a Roma para las “visitas ad limina” (hoy, por ejemplo, le toca a los obispos del oeste de Canadá).

 

En la nota publicada hoy, al final de los tres días que duró la plenaria, y difundida por la Radio Vaticana, los miembros de la Comisión y el cardenal presidente, Sean O’Malley, agradecieron a la ex-colega irlandesa por el gran trabajo que ha desempeñado a favor de quienes (como ella a los 13 años) han sufrido los abusos de sacerdotes y también a para la prevención y la lucha contra la pederastia. «Sus recomendaciones fueron uno de los temas centrales de la plenaria», indica el documento. También se agradece a Marie Collins por su disponibilidad a colaborar con el equipo pontificio en los programas de educación para los nuevos obispos y para los oficiales de la Curia.

 

Durante las sesiones de trabajo, informó la nota, se reflexionó particularmente sobre uno de los pasajes de la declaración con la que Collins presentó su renuncia el pasado primero de marzo, en el que se quejaba de la falta de respuesta inmediata (o, a veces, de una respuesta y basta) por parte de las oficinas vaticanas para las víctimas que escriben cartas al Papa y a la Santa Sede. La Comisión expresó el deseo de que cada niño o adulto víctima de pederastia pueda recibir rápidamente una respuesta de la Curia. «Es importante responder directamente», afirman los expertos. La Comisión está consciente de que esta tarea es particularmente difícil, «debido al gran volumen y la naturaleza de la correspondencia», y se sabe que a exige «recursos y procedimientos claros y específicos». Sin embargo, se subraya, «reconocer la correspondencia y dar respuestas rápidas y personales es una manera para promover la curación y la transparencia» queridas por Papa Francisco.

 

Los miembros de la comisión enviarán al Pontífice «más recomendaciones» para que las tenga en consideración y que podrían ser útiles para mejorar el trabajo del organismo instituido en 2014. También aseguraron que continuarán «trabajando para asistir a las Iglesias locales en su responsabilidad para la protección de los menores», mediante visitas locales, conferencias y los ya citados cursos de formación. Además de todo ello, estarán las entrevistas “cara a cara” con los obispos de los diferentes países que se encuentren en Roma en “visita ad limina” para comunicarles las “Líneas guía” de la Pontificia Comisión para la Tutela de los Menores, que son un «elemento esencial» de la lucha contra los abusos en la Iglesia. Estas “Líneas guía”, ampliamente apoyadas por el Papa, serán comunicadas a las congregaciones religiosas, o se pueden consultar directamente desde el sitio web de la Comisión (www.protectionofminors.va). En este trabajo de comunicación y difusión se insiste en la «voluntad de trabajar con la Congregación para la Doctrina de la Fe».

 

Por el contrario, no se especifica si llegaran nuevos miembros al equipo, que cubran los huecos que han dejado Marie Collins y el inglés Peter Saunders, que también fue víctima de pederastia, quien no participa en los trabajos de la Comisión desde febrero de 2016, cuando criticó públicamente al cardenal australiano George Pell, Prefecto de la Secretaría para la Economía.

 

El comunicado también indica que antes de la plenaria hubo un congreso sobre la educación y la prevención, titulado “Safeguarding in Homes and Schools: Learning from Experience Worldwide”, que se llevó a cabo el día 23 de marzo en la Pontificia Universidad Gregoriana, promovido por el Centro para la Protección de los Menores, que nació en el Ateneo con la colaboración de la Congregación para la Educación Católica. Participaron en el encuentro, que se concentró particularmente en Amérca Latina, más de 150 personalidades, entre los que estaban el cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, y diferentes responsables de los dicasterios de la Curia romana, como el cardenal Marc Ouellet, Kevin Farrel, João Bráz de Aviz y Peter Turkson.

 

Al inaugurar el encuentro, el cardenal O’Malley insistió en la línea dura de Papa Francisco, quien, dijo, todavía está «completamente comprometido para arrancar la plaga de los abusos sexuales». «Si la Iglesia no se compromete en la tutela de menores, nuestros esfuerzos evangelizadores no tendrán efecto», ha afirmado el arzobispo de Boston: «no hay justificación en nuestros días para fracasar en la implementación de estándares concretos de protección para nuestros niños, jóvenes y adultos vulnerables».


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Asamblea Pontificia Comisión tutela derechos de los menores.

Pederastia; O’Malley: las víctimas deben seguir teniendo voz

A partir de mañana y hasta el domingo se llevará a cabo la primera plenaria de la Pontificia Comisión para la Tutela de los Menores después de la renuncia de Marie Collins
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El cardenal O’Malley

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Pubblicato il 23/03/2017
Ultima modifica il 23/03/2017 alle ore 15:46
IACOPO SCARAMUZZI
ROMA

«¿Cómo pueden seguir teniendo una voz potente en nuestro trabajo las víctimas/supervivientes y cómo pueden seguir ayudándonos a orientarnos?». Se lo preguntó el cardenal Sean O’Malley, arzobispo de Boston y Presidente de la Pontificia Comisión para la Tutela de los Menores, durante la introducción de un seminario que se está llevando a cabo hoy en la Pontificia Universidad Gregoriana sobre el papel de la educación en la prevención de la pederastia. También subrayó que esa pregunta será «un argumento central» de la misma comisión en la asamblea plenaria, que volverá a reunirse a partir de mañana y hasta el próximo domingo por primera vez desde la renuncia de Marie Collins, mujer irlandesa que, cuando era niña, sufrió los abusos de un sacerdote.O’Malley agradeció a los cardenales Parolin, Ouellet, Farrel y Braz de Aviz por su colaboración. «Que no haya dudas», dijo el purpurado capuchino, sin referirse explícitamente al caso Collins. «Papa Francisco está completamente comprometido para arrancar el escándalo del abuso sexual en la Iglesia».

 

«Nuestro fin último en programas como el de hoy es seguir aprendiendo las maneras para desarrollar e implementar programas exhaustivos y rigurosos para tutelar a los más vulnerables de los abusos sexuales», dijo O’Malley. «He expresado en varias ocasiones mis firmes convicciones personales sobre estos temas, incluido el curso que se llevó a cabo en Roma para los nuevos obispos en septiembre del año pasado. Simplemente no hay justificación en nuestros días para fracasar en la implementación de estándares concretos de protección para nuestros niños, jóvenes y adultos vulnerables. Como creyentes en Jesucristo, estamos llamados a reformar y renovar todas las instituciones de nuestra Iglesia. Pero Dios también nos ha llamado a ser testimonios y firmes defensores en nuestras sociedades y en todas las instituciones públicas. Y debemos, seguramente, afrontar el mal de los abusos sexuales de los curas. En el Consistorio de febrero de 2015, dije a mis hermanos cardenales y a Papa Francisco que abusar de niños y de los más vulnerables “no es un problema católico o solo clerical. Es un problema humano. En el mundo de comunicaciones instantáneas de hoy, nuestro pueblo católico se está volviendo más consciente del problema de los abusos sexuales en la Iglesia y pide que nosotros, que somos sus pastores, demos los pasos necesarios para proteger a los niños encomendados a nuestro cuidado”. Es este el compromiso que ha unido a los miembros de nuestra Comisión (de los cinco continentes) para ofrecer nuestra experiencia y consejo a nuestro Santo Padre. Papa Francisco nos encomendó la misión de “promover la responsabilidad local en las Iglesias particulares” y de ofrecer asistencia “mediante el intercambio de «best-practices» y programas de educación, formación y desarrollo, y desarrollando respuestas adecuadas al abuso sexual”. Este trabajo incluye a todas nuestras instituciones educativas en las Iglesias locales».

 

«Puedo decir solo pocas palabras sobre Papa Francisco», continuó el cardenal estadounidense. «Cuando muchas personas hablan de nuestro Santo Padre, lo llaman “el Papa Reformador”. Pero lo que yo he notado es que ellos normalmente hablan de las reformas de las estructuras. Nuestro Santo Padre nos recuerda que primero nosotros debemos hablar de la reforma de los corazones (de la verdadera conversión). Esta es nuestra tarea hoy. No es algo que lograremos en una noche. Pero nosotros podemos educar verdaderamente a las personas para que cambien sus corazones y sus mentes. El trabajo de ofrecer ambientes seguros en todas las instituciones católicas es una parte crucial de esto. Que no haya dudas: Papa Francisco está completamente comprometido en arrancar el escándalo del abuso sexual en la Iglesia».

 

«Permítanme –dijo O’Malley– despedirme con una última reflexión. Todos estos programas mejores y “best practices” no ayudarán a nada si nosotros fracasamos al poner a las víctimas y a los que sobrevivieron al abuso sexual en primer lugar. Nuestra Comisión ha adoptado el “principio de prioridad”, antes la víctima, y será un argumento central durante nuestra asamblea plenaria de esta semana: ¿Cómo pueden seguir teniendo una voz potente en nuestro trabajo las víctimas/supervivientes y cómo pueden seguir ayudándonos a orientarnos? Deseo agradecerles por haberse unido a nuestra Comisión y a nuestros socios hoy. El motor que guía jornadas de estudio como esta es la conciencia de que nunca podemos volvernos indulgentes en este trabajo y que debemos seguir aprendiendo de la experiencia e incluso de nuestros errores. Hacer que nuestra Iglesia sea verdaderamente segura para cada uno exige nuestra colaboración en todos los niveles. Durante estos últimos tres años, en nuestros encuentros con las Iglesias locales del mundo, un tema que ha surgido a menudo es la necesidad de compartir más los recursos y el conocimiento. Este seminario nos ofrece una oportunidad importante para continuar por este camino juntos»


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Fuerte réplica de Marie Collins al Cardenal Müller.

Prevención de la pederastia; Collins responde al cardenal Müller

National Catholic Reporter publicó la réplica de la ex víctima de abusos al Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe después de haber renunciado a la Comisión Pontificia
AFP

Marie Collins

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Pubblicato il 14/03/2017
Ultima modifica il 14/03/2017 alle ore 16:17
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

Marie Collins, mujer irlandesa que sufrió el abuso sexual de un sacerdote cuando era niña, respondió punto per punto, en una intervención publicada por el National Catholic Reporter a la entrevista que el cardenal Gerhard Ludwig Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, concedió para responder a las acusaciones que Collins hizo contra su dicasterio cuando anunció su renuncia a la Pontificia Comisión para la Tutela de los Menores.

 

Uno. El cardenal Müller afirmó «no poder comprender que se hable de falta de colaboración» entre la Comisión para la Tutela de los Menores y el ex Santo Oficio. Collins recordó que «en 2015 fueron enviadas a su Congregación las invitaciones de algunos grupos de trabajo de la Comisión pidiendo la participación de un representante en los encuentros sucesivos en Roma para discutir cuestiones de interés recíproco», pero la Congregación declinó las invitaciones indicando que solo era posible una comunicación por escrito. Fue hasta septiembre de 2016 que un representante de la Congregación para la Doctrina de la Fe participó en los encuentros y «la discusión fue muy útil, espero que lo haya sido para la Congregación como lo fue para la Comisión»

 

Dos. Müller dijo que «en estos últimos años ha habido un contacto permanente» entre el dicasterio y la Comisión: «No sé qué forma haya tomado este contacto permanente», replicó Collins, según quien los miembros de la Comisión no han visto «ningún resultado positivo» de un contacto de ese tipo.

 

El purpurado alemán había subrayado que un colaborador de la Congregación «forma parte» de la Comisión, y Collins precisa que hay que utilizar el verbo en el pasado, puesto que Claudio Papale dejó de involucrarse «en la comisión en 2015 (aunque los miembros de la comisión no hubieran recibido su renuncia sino hasta mayo de 2016)».

 

Collins también se detiene sobre lo que afirmó el cardenal Müller con respecto a un nuevo tribunal para los obispos negligentes frente a las denuncias de sacerdotes pederastas, es decir que se trataba solo de un «proyecto» que después quedó en el olvido después de un «dialogo intenso entre los diferentes Dicasterios involucrados en la lucha contra la pederastia en el clero». «¿Dice que era solo un proyecto?», se preguntó la mujer irlandesa, para después recordar la declaración vaticana del 10 de junio de 2015 sobre la «institución de una nueva Sección Judicial dentro de la Congregación para la Doctrina de la Fe y el nombramiento de personal estable que prestará servicio en el Tribunal Apostólico», además de la aprobación de la propuesta por parte del Papa, que la había autorizado «para que se ofrezcan los recursos adecuados para conseguir estos fines». Revelando que en las discusiones entre dicasterios la Comisión nunca estuvo involucrada, Marie Collins afirmó: «Quisiera agradecerle, eminencia, por confirmar con sus palabras que mi afirmación sobre el tribunal era verdadera. La Comisión Pontificia lo propuso, el Consejo de los cardenales y el Papa lo aprobaron y después fue rechazado por su Congregación». La mujer también le preguntó al purpurado por qué, si los instrumentos ya existen, «ningún obispo ha sido oficial y transparentemente sancionado o removido por su negligencia: si no se trata por falta de normas, ¿será falta de voluntad?».

 

Marie Collins después respondió detalladamente a la afirmación del cardenal Müller que, respondiendo sobre dos casos citados por la misma mujer como motivo de su renuncia, un «cambio de procedimientos» en la atención para las víctimas y una «petición de colaboración», ambos «rechazados» por el ex Santo Oficio, dijo: «No sé de estos episodios». En cuanto a la primera, es decir la petición de que la Congregación para la Doctrina de la Fe respondiera a cada una de las letras que envíen las víctimas de abusos, Collins afirmó, entre otras cosas, que: «Parece que la preocupación de que un obispo local pudiera sentirse no respetado (si una Congregación romana lo rebasa al responder a una víctima de su diócesis, ndr.) tiene mucho más peso que la falta de respeto para con los sobrevivientes». En cuanto al segundo punto, es decir la petición de la Comisión de cooperar con las líneas guía para la defensa de los niños, «puede ser», afirmó Collins, que la misma Comisión «sea percibida como un equipo de “expertos” externos que usurpan la que el dicasterio considera una propia zona de responsabilidad: en tal caso, ¿no se podría superar el problema con una discusión franca» en nombre de la tutela de los niños?

 

Marie Collins rechazó otra de las afirmaciones del cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, según el cual «las quejas se basan en un malentendido en relación con nuestra verdadera tarea», subrayando que la petición de una respuesta a las cartas de las víctimas era simplemente para que tuvieran un indicio de que «la carta había sido recibida y que se le habría dedicado la atención adecuada», para que la víctima de abusos que la hubiera escrito no se sintiera «ignorada».

 

 

Séptimo punto, último y «más personal», de las aclaraciones de Marie Collins, en respuesta a las afirmaciones de Müller: «nunca tuve antes la ocasión de conocerla». La mujer recordó una cena en Dublín, precisamente después de su nombramiento como miembro de la Comisión, en la que también participaron otros oficiales de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

 

Marie Collins, para concluir, precisó que lo que la Comisión desea es «mejorar la protección de los niños y de los adultos vulnerables en todas las partes del mundo en las que esté la Iglesia católica», y «en lugar de volver hacia atrás en una actitud de negación o de ofuscamiento, cuando una crítica como la mía es planteada el pueblo de la Iglesia merece una explicación apropiada. Todos tenemos derecho a la transparencia, a la honestidad y a la claridad. Los malos funcionamientos ya no pueden ser ocultados detrás de las puertas cerradas de las instituciones. Esto sucede hasta que los que conocen la verdad querrán seguir en silencio». Firma, Marie Collins, ex miembro de la Comisión Pontificia para la Tutela de los Menores.


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La renuncia de Marie Collins y sus motivaciones más o menos explicables.

El gesto de Collins y la respuesta de Müller, las razones de un malestar

Es simplista razonar en términos de «Papa bueno» y «Curia mala». Desde el punto de vista formal y logístico el cardenal tiene razón. Pero las víctimas de pederastia esperan mayor sensibilidad

La Iglesia está pasando una fase delicada en la lucha contra la pederastia clerical

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Pubblicato il 07/03/2017
Ultima modifica il 07/03/2017 alle ore 11:59
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

El clamoroso gesto de Marie Collins, al abandonar la comisión vaticana para la Tutela de los menores, fue una verdadera sacudida, como la definió el Secretario de Estado Pietro Parolin. La mujer irlandesa, que sufrió los abusos de un sacerdote cuando tenía 13 años, indicó que había renunciado debido a algunas resistencias en la Curia romana. El episodio específico fue la decisión de la Congregación para la Doctrina de la Fe de no acoger una petición de la comisión, que invitaba a responder siempre directamente a las víctimas que escribieran.

 

Algunos días después intervino con tranquilidad el cardenal Gerhard Ludwig Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, explicando que su dicterio «tiene la tarea de hacer un proceso canónico. Es bueno que el contacto personal con las víctimas lo lleven a cabo los pastores del lugar. Y cuando llega una carta, pedimos siempre que sea el obispo el que siga el cuidado pastoral de la víctima, aclarando que la Congregación hará todo lo posible para hacer justicia. Es un malentendido que este dicasterio, en Roma, se pueda ocupar de todas las diócesis y órdenes religiosas en el mundo. No se respetaría el principio legítimo de la autonomía de las diócesis y de la subsidiariedad».

 

Las palabras del cardenal, que siempre se ha mostrado muy firme en la lucha contra la pederastia clerical, pueden ser explicadas de esta manera: la Doctrina de la Fe hace muchos esfuerzos para llevar a cabo con velocidad los procesos, que duran años, debido a su enorme cantidad. Para responder directamente a cientos de cartas se necesitarían más recursos humanos. La misma Comisión para la Tutela de los Menores, que no tiene la tarea de ocuparse de casos individuales, sino de proponer iniciativas para contrarrestar el fenómeno protegiendo a los niños, tampoco logra responder a todas las cartas e indicaciones que recibe. Hay que recordar también que la Congregación para la Doctrina de la Fe tiene funciones de tribunal, y hay que tenerlo en cuenta en las modalidades de la respuesta, que no debería condicionar el juicio final. Es cierto que, contando con las fuerzas necesarias, se podría responder directamente notificando la llegada de la denuncia o de la petición. Pero hay que preguntarse cuál sería el efecto si la víctima recibiera solamente un acuse de recibo con lenguaje notarial.

 

Efectivamente, no son raros los casos en los que las víctimas cuentan haber sido heridas nuevamente, después de los abusos sufridos, por las respuestas demasiado burocráticas o defensivas por parte de los obispos y de las curias diocesanas. Cuando en la comunicación prevalece el lenguaje jurídico y las preocupaciones por el desarrollo de los posibles procesos (con todo y petición de indemnización) no hay ni empatía ni la capacidad para demostrar compasión y cercanía para los que denuncian abusos sexuales.

 

Al mismo tiempo, hay que tener cuidado con no caer en eso que Müller definió como un cliché, es decir la representación del «Papa bueno» y la «Curia mala» que solo pretende obstaculizarlo. No hay duda de que este cliché se ha aplicado en la historia más o menos reciente de la Iglesia. Y tampoco hay duda de que en algunos casos no se trataba de un cliché, sino de una realidad: ¿cómo no recordar los contrastes y las resistencias más o menos encubiertas frente a las aperturas de san Juan XXIII? ¿Las distancias que algunos tomaron de san Juan Pablo II? ¿O las lentitudes con las que (no) se ponían en práctica las indicaciones de Benedicto XVI? Ahora, además, los ejemplos posibles son abundantes. Pero el cardenal Müller tiene razón al invitar a no generalizar. Por lo demás, una lectura detenida de lo que declaró la misma Marie Collins demuestra que ella misma no quiso llevar a cabo esta generalización según el cliché del «Papa bueno» y la «Curia mala», reconociendo la existencia de muchas oficinas vaticanas que colaboran con la comisión anti-pederastia.

 

Pero también es cierto que no se pueden ignorar las instancias, es más los gritos que están detrás de la decisión de Marie Collins. Gritos que llegan de los que han vivido la terrible experiencia de los abusos de un menor, los silencios, las complicidades, los ocultamientos, los menosprecios y sobre todo esa sutil y perversa capacidad clerical de hacer que la víctima parezca culpable y viceversa, provocando complejos de auto-acusación justamente en los niños o niñas que sufrieron abusos, sin comprender hasta el fondo cuán profunda es la herida en el alma de los pequeños violados y cuán grave es el crimen horrendo cuando los que lo perpetran son los sacerdotes a quienes las familias encomiendan a sus niños para que los eduquen a la fe. Deberían ser los obispos, recordó el cardenal Müller, los que muestren acogida, compasión, comprensión, cercanía. Son los obispos en sus respectivas diócesis los que deberían responder. Pero es comprensible que las víctimas también pidan respuestas a Roma.

 

Existen las reglas de la justicia, del proceso canónico, las normas casi de emergencia promulgadas por Benedicto XVI, que fueron confirmadas por su sucesor Francisco. Lo que debe aumentar es una mentalidad y una cultura capaces de ofrecer el testimonio de la cercanía y de la comprensión a las víctimas. Una cercanía y una comprensión que, seguramente, no tienen que ver con las comas del Derecho canónico ni con la lista de lo que compete a cierta oficina o no. Además, no hay que olvidar el testimonio personal de los últimos dos Pontífices, que en repetidas ocasiones y con valentía (incluso pudiendo provocar malos humores en la Curia o eclesiales) se han reunido con algunas víctimas. Las han acogido, escuchado, han llorado con ellas. Les han dado una respuesta.

 

¿Cómo lograr salir del «impasse» y tener en cuenta tanto la realidad contingente de la Curia romana y las reglas procesales, como el grito que representa la decisión de Marie Collins? Antes que nada saliendo de los opuestos extremismos, de las visiones que pintan con tonos oscuros los ambientes curiales como si fueran irredimibles, acaso para exaltar la figura papal (como sucedió y ha seguido sucediendo en los últimos cincuenta años). Y también saliendo de ese sutil sarcasmo clerical que bajo el escondite de los códigos muestra fastidio cuando una comisión vaticana, conformada también por mujeres y ex-víctimas, pretende hacer recomendaciones a los prelados, con la esperanza de que estos las tomen en consideración. Lo que se necesitaría, tal vez, es mayor sensibilidad, un exceso de sensibilidad, buscando soluciones nuevas, que, sin interferir con los procesos, puedan ofrecer el testimonio de que la iglesia está verdaderamente cerca de quienes han sufrido estos abusos.

 

Efectivamente, no está escrito en ninguna parte que la Congregación para la Doctrina de la Fe deba ser la que responda a cada una de las víctimas. Podría hacerlo otro ente, autónomo y sin relación con los procedimientos jurídicos, capaz de dar directamente un signo de atención y de cercanía a quienes quienes declaran ser víctimas de abusos.


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Renuncia Marie Collins a la comisión antiabusos del Vaticano.

Renuncia Marie Collins a la comisión anti-abusos del Vaticano

La también víctima de pederastia indicó su «frustración por la falta de colaboración de algunos dicasterios de la Curia con la Comisión». Seguirá dando cursos de formación para obispos
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Renuncia Marie Collins a la comisión anti-abusos del Vaticano

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Pubblicato il 01/03/2017
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

Marie Collins, la irlandesa que formaba parte de la Pontificia Comisión para la tutela de los menores y que sufrió abusos cuando era pequeña, se dijo «frustrada» y humillada al ver que su trabajo y el de sus colegas se ve obstaculizado por los mismos dicasterios de la Curia que habrían debido apoyar al organismo instituido por el Papa en 2014 en la lucha en contra de estos aberrantes crímenes.

 

La mujer decidió renunciar. Irrevocablemente. La gota que derramó el vaso fue la «falta de colaboración de otros dicasterios de la Curia romana» con la Pontificia Comisión, como indica una nota que dio a conocer hoy la Santa Sede. en particular, por parte del «dicasterio mayormente involucrado al tratar los casos de abusos», como escribió Collins en un comunicado que difundió a través de su cuenta de Twitter, después de un duro artículo publicado hoy en el National Catholic Reporter, en el que se acusa explícitamente a la Congregación para la Doctrina de la Fe.

 

Su salida representa una gran pérdida para la Comisión, pues Collins fue una de las fundadoras además de ser una de sus mayores representantes: desde 2012 ha dado cursos de formación en Roma y en todo el mundo para los obispos recién nombrados sobre cómo luchar contra la plaga de los abusos. En su momento fue una gran conquista. Pero Marie Collins, aceptando la invitación del cardenal Sean O’Malley (presidente de la Comisión), seguirá impartiendo cursos en el futuro. Lo explicó la nota vaticana, en la que se subraya que Collins proseguirá con su trabajo para el organismo «en un papel educativo, como reconocimiento de sus excepcionales capacidades de enseñanza y del impacto de su testimonio como sobreviviente».

 

El 13 de febrero pasado O’Malley recibió su renuncia y subrayó que durante estos años «Marie ha apoyado constante e infatigablemente las voces de las víctimas y de los sobrevivientes para que fueran escuchadas», y para que su «curación» se convirtiera en «una prioridad de la Iglesia». Este trabajo lo hizo con una gran dedicación, para que nadie tuviera que sufrir lo que ella cuando a los 13 años sufrió los abusos de un capellán durante una hospitalización. Pero Marie Collins se encontró con un muro.

 

Como escribió NCR, incluso la más simple petición de la Comisión es «aprobada por el Papa». Por ejemplo deber responder «siempre» a las cartas enviadas al Vaticano por las víctimas de abusos, pero un «oficial de la Curia» se negó a hacerlo. Y aún peor. La Comisión había recomendado instituir un tribunal para juzgar a los obispos negligentes y el Papa había dado su consenso, anunciándolo en junio de 2015: «hasta el momento —continúa NCR— la Congregación para la Doctrina de la Fe, como la baronesa Sheila Hollins declaró a la Royal Comission, ha encontrado problemas “legales” no especificados, por lo que nunca fue instituido (el tribunal, ndr.)».

 

 

«Una situación imposible», a la que «he asistido con desconsuelo», afirmó Marie Collins. En la carta que difundió desde su cuenta de Twitter explicó: «Desde que comenzó el trabajo de la Comisión en marzo de 2014 me quedé impresionada por la dedicación de mis colegas y por los deseos sinceros de Papa Francisco de ofrecer una asistencia a la cuestión de los abusos sexuales del clero. Creo que la constitución de una Comisión, la propuesta de que participaran expertos externos para que la aconsejaran sobre lo que era necesario para dar mayor seguridad a los menores fueron sinceras. Sin embargo, a pesar de que el Santo Padre hubiera aprobado todas las recomendaciones que hizo la Comisión, hubo frenos constantemente. Esto sucedió debido a la resistencia por parte de algunos miembros de la Curia vaticana al trabajo de la Comisión. La falta de cooperación, en particular por parte del Dicasterio más estrechamente involucrado en el tratamiento de los casos de abuso, fue vergonzosa».

 

Entonces, no le quedó más remedio que renunciar. «Cuando acepté mi nombramiento en la Comisión en 2014 —explicó— dije públicamente que, si hubiera encontrado algún conflicto entre lo que estaba sucediendo tras bambalinas y lo que se decía públicamente, no me habría quedado (en la Comisión, ndr.). Y he aquí que este punto ha llegado. Siento no tener otra posibilidad que renunciar para mantener mi integridad».

 

El Papa aceptó su renuncia expresando «profundo aprecio» por su obra a favor de las víctimas. Una «aportación extraordinaria» que «me faltará», escribió O’Malley en nombre de los demás miembros de su equipo en una breve nota. «Seguramente —prometió el purpurado estadounidense— escucharemos con atención todo lo que Marie querrá compartir con nosotros sobre sus preocupaciones», que serán discutidas en la plenaria de la Pontificia Comisión, que será el próximo mes. «Estamos profundamente agradecidos por la voluntad de Marie de seguir trabajando con nosotros en la formación de los jefes de la Iglesia, incluidos los próximos encuentros para nuevos obispos y para los dicasterios de la Santa Sede. Nuestras oraciones permanecerán con Marie y con todas las víctimas y sobrevivientes de abusos sexuales». Collins deseó, por su parte, «lo mejor» a sus ex-colegas «para el futuro», y expresó su deseo de que logren «superar esta resistencia» interna.

 

Con la renuncia de Collins la Comisión cuenta con 16 miembros, pues hace exactamente un año entró al escenario el inglés Peter Saunders, asesor del equipo y también víctima de un sacerdote pederasta, quien atacó duramente en junio de 2015 al cardenal australiano George Pell, prefecto de la Secretaría para la Economía y miembro del «C9», durante la transmisión televisiva australiana «60 Minutes».


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Víctima de abuso escribe un libro y el Papa hace el prefacio.

Prefacio del Papa para el libro de una víctima de abusos

«Una monstruosidad absoluta, un pecado horrendo». Francisco escribió y firmó la introducción al volumen del francés Daniel Pittet, que sufrió las violaciones de un religioso durante cuatro años

Papa Francisco

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Pubblicato il 13/02/2017
PAPA FRANCISCO

El gesto inédito de Francisco: escribe el prefacio a la narración de un hombre que cuando era pequeño fue violado por un religioso durante cuatro años. El libro se llama «Lo perdono, padre», y lo escribió el francés Daniel Pittet, que en noviembre del año pasado quiso reunirse con la persona que lo vejaba después de cuarenta años. El libro concluye con la entrevista al fraile responsable de los abusos. Gracias a la amabilidad de los editores italianos, publicamos el texto integral del prefacio del Pontífice.

 

 

Para quien ha sido víctima de un pederasta es difícil contar lo que ha sufrido, describir los traumas que todavía persisten a distancia de años. Por este motivo el testimonio de Daniel Pittet es necesario, precioso y valiente.

 

Conocí a Daniel en el Vaticano en 2015, en ocasión del Año de la vida consagrada. Quería difundir a gran escala el libro titulado «Amar es darlo todo», que reunía los testimonios de religiosos y religiosas, de sacerdotes y consagrados. No me podía imaginar que este hombre entusiasta y apasionado de Cristo fuera una víctima de abusos por parte de un sacerdote. Sin embargo, esto fue lo que me contó, y su sufrimiento me afectó mucho. Vi una vez más los daños espantosos provocados por los abusos sexuales y el largo y doloroso camino que espera a las víctimas.

 

Estoy feliz de que otros puedan leer hoy su testimonio y descubrir hasta qué punto el mal puede entrar al corazón de un servidor de la Iglesia.

 

¿Cómo puede un sacerdote, al servicio de Cristo y de su Iglesia, llegar a provocar tanto mal? ¿Cómo puede haber consagrado su vida para conducir a los niños a Dios, y acabar, en cambio, devorándolos en eso que he llamado «un sacrificio diabólico», que destruye tanto a la víctima como la vida de la Iglesia? Algunas víctimas han llegado hasta el suicidio. Estos muertos pesan en mi corazón, en mi conciencia y en la de toda la Iglesia. A sus familias ofrezco mis sentimientos de amor y de dolor y, humildemente, pido perdón.

 

Se trata de una monstruosidad absoluta, de un pecado horrendo, radicalmente en contra de todo lo que Cristo nos enseña. Jesús usa palabras muy severas en contra de todos los que hacen daño a los niños: «Pero si alguien escandaliza a uno de estos pequeños que creen en mí, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo hundieran en el fondo del mar» (Mateo, 18, 6).

 

Nuestra Iglesia, como recordé en la carta apostólica «Como una madre amorosa» del 4 de junio de 2016, debe cuidar y proteger con afecto particular a los más débiles e indefensos. Hemos declarado que es nuestro debe dar prueba de severidad extrema con los sacerdotes que traicionan su misión, y con su jerarquía, obispos o cardenales, que los hubieran protegido, como ya ha sucedido en el pasado.

 

En la desgracia, Daniel Pittet pudo encontrar también otra cara de la Iglesia, y esto le permitió no perder la esperanza en los hombres ni en Dios. Nos cuenta también de la fuerza de la oración que nunca abandonó, y que lo consoló en las horas más oscuras.

 

Decidió de encontrar a su agresor cuarenta años después, y ver en los ojos de ese hombre que lo hirió en lo profundo del alma. Y le tendió la mano. El niño herido es hoy un hombre de pie, frágil pero de pie. Me sorprenden mucho sus palabras: «Muchas personas no logran comprender que yo no lo odie. Lo he perdonado y he construido mi vida sobre ese perdón».

 

Agradezco a Daniel porque los testimonios como el suyo derriban el muro del silencio que sofocaba los escándalos y los sufrimientos, arrojan luz sobre una terrible zona de sombra en la vida de la Iglesia. Abren el camino a una reparación justa y a la gracia de la reconciliación, y ayudan también a los pederastas a cobrar conciencia de las terribles consecuencias de sus acciones.

 

Rezo por Daniel y por todos aquellos que, como él, han sido heridos en su inocencia, que Dios los vuelva a levantar y los cure, y que nos dé a todos nosotros su perdón y su misericordia.