Loiola XXI

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Australia: la pederastia y la iglesia católica.

Lazos en honor a las víctimas de abusos en la Iglesia en Ballarat, AustraliaRD

Los obispos ahora tenemos mucho menos peso y se nos trata de forma más o menos benigna como una parte interesada que hay que controlar que como líderes a los que hay que escuchar

(Cameron Doody).- El juicio contra el cardenal George Pell por supuestos abusos a menores. La Real Comisión anti-pederastia, cuyo informe -previsto para diciembre- revelará el verdadero alcance de las negligencias y encubrimientos de los obispos. Son algunos de los factores que se han convergido en “la peor crisis” a la que se enfrenta la Iglesia australiana en toda su historia, según ha advertido el arzobispo de Brisbane y vicepresidente del episcopado nacional, Mark Coleridge.

Coleridga, quien fue llamado a consulta a Roma la pasada semana para abordar la situación de la Iglesia del país, concedió una entrevista al Tablet en la que se confesó que la Iglesia en Australia “ha sido sacudida hasta lo más profundo”. El escándalo de las agresiones a menores “le he roto el corazón”, añadió el prelado, evocando las estadísticas que manejan el tribunal especial del Gobierno australiano que evidencian que entre 1980 y 2015 el 7% del clero de entonces perpetró este tipo de crímenes contra niños.

Consecuencia de esta vergüenza nacional de los abusos a menores en la Iglesia, reconoció el arzobispo Coleridge, ha sido que “nuestra influencia social y política ha disminuido mucho, así como nuestra autoridad moral”. Y eso “en un momento en el que Australia está debatiendo cuestiones de una gran importancia social” -como el reconocimiento legal de los matrimonios homosexuales- “y los obispos ahora tenemos mucho menos peso y se nos trata de forma más o menos benigna como una parte interesada que hay que controlar que como líderes a los que hay que escuchar”.

Por todo esto, concluyó el arzobispo de Brisbane, “está claro que la Iglesia está atravesando un tiempo de cambio profundo, doloroso y permanente“. Pero no todo está perdido, matizó, ya que “aún así hay en esto una gracia punzante, convocando a la Iglesia a una mayor autenticidad”. Tanto la llamada de la Real Comisión de limpiar la Iglesia a fondo como el reto del Papa Francisco de ser Iglesia en salida, dijo Coleridge, les parece ser a los obispos australianos “uno de las alteraciones extrañas del Espíritu Santo”.

La magistrada acuerda la comparecencia de cincuenta testigos de la acusación en el caso Pell

Mientras tanto, en el caso del cardenal Pell, se espera que comparezcan hasta cincuenta testigos cuando la audiencia preliminar contra el Prefecto de la Secretaría de Economía de la Santa Sede por supuestos abusos sexuales eche a andar el 5 de marzo próximo.

En el curso de una vista de veinte minutos que tuvo lugar la semana pasada en Melbourne, en la que se fijó la fecha en la que se decidirá si hay pruebas suficientes como para juzgar finalmente al purpurado, la magistrada acordó la comparecencia de un medio centenar de testigos de la acusación, cuyo informe, visto en la cita y según fuentes judiciales, era “voluminoso”. 45 de esos testigos serán interrogados también por la defensa, que intentará demostrar, según el abogado del cardenal Pell, que las acusaciones contra el religioso “son imposibles”.

Aunque la policía del estado australiano imputó a Pell este pasado mes de junio cargos que involucran a “demandantes múltiples”, la naturaleza exacta de esos supuestos delitos aún no ha sido revelada. El cardenal y su equipo legal sigue insistiendo en su inocencia, hasta el punto en el que, en la vista de la semana pasada y aunque no fuera necesario, el abogado avanzó que en marzo Pell se declarará “no culpable”.

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Pederastia en la red. Pornografía infantil. Cifras.

Pederastia en la red; en la Gregoriana las cifras de un fenómeno subestimado

El padre Zollner: el año pasado hubo 57 mil casos en Europa, cinco niños al día sufrieron abusos en el mundo. La «pornificación» de la sociedad y la prevención posible

Pederastia en la red; en la Gregoriana las cifras de un fenómeno subestimado

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Pubblicato il 04/10/2017
Ultima modifica il 04/10/2017 alle ore 18:56
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

La pederastia en la red, «más difundida de lo que se dice», la violencia intrínseca de la pornografía y de una «sociedad pornificada», la posibilidad de prevenir los abusos contra menores. El congreso «Child Dignity in the Digital World» (La dignidad de los menores en el mundo digital), en la Pontificia Universidad Gregoriana, comenzó con las comunicaciones de académicos y expertos de Estados Unidos y diferentes países. El jesuita alemán Hans Zollner, director del Centre for Child Protection en el mismo Ateneo romano de los jesuitas que ha organizado el evento, además de ser miembro de la Pontificia Comisión para la Tutela de los Menores, subrayó la necesidad de afrontar el problema transversal, con la participación de diferentes gobiernos, científicos, representantes de las fuerzas del orden y religiosos. Zollner comentó que un óptimo primer paso es la reciente decisión de la Conferencia Episcopal de Italia de crear un «grupo de trabajo» para la prevención de la pederastia en la Iglesia.

 

En el congreso, que fue inaugurado ayer por el cardenal Secretario de Estado vaticano Pietro Parolin, «hay mucha energía, mucha buena voluntad y comprensión entre todos los que han venido de todas partes del mundo y de diferentes proveniencias religiosas, universitarias, profesionales», afirmó el padre Zollner en una de las pausas de las sesiones de trabajo de esta primera mañana de discusión plenaria. «Es una experiencia muy bella, y ya es uno de los objetivos del congreso que haya un acuerdo para combatir un mal que, como hemos visto en las presentaciones de esta mañana, es muy grande y tiene un impacto mucho más amplio de lo que pensamos. Aquí tenemos a los mejores en el ámbito que desde hace 20 o 30 años llevan a cabo una investigación muy seria, provienen de las mejores universidades de los Estados Unidos, de escuelas de medicina, de psicología forense, y hemos escuchado lo que la ciencia en este momento conoce sobre este fenómeno , signo de una perversión sexual más extendida de lo que se dice».

 

¿Puede dar un dato que explique la difusión del fenómeno?

 

El año pasado en Europa se denunciaron 57 mil casos de abuso sexual de menores en la red, imágenes de desnudos, películas, producidas con chantajes o por la fuerza, a menudo imágenes hechas o vendidas por los mismos padres o por miembros de la familia. Se puede pensar, razonablemente, que los casos que sucedieron son por lo menos cinco veces más. Son números impresionantes y detrás de estas grandes cifras se esconden vidas destrozadas para siempre. El mayor daño que se verifica con el abuso en línea, luego, es que estas imágenes seguirán estando, por decirlo así, siempre accesibles. Hay medidas que pueden suprimir una foto o un video, pero si una sola persona descargó la imagen en su computadora puede volver a cargarla de nuevo. Una persona que ha sufrido abusos, de esta manera, sufre dos, tres, muchas veces, no sabe quién ve este material ni quién posee una foto muy íntima suya. La Interpol dijo que el año pasado cinco niños fueron víctimas de abuso en el mundo para producir pedopornografía en línea, es decir para grabar una violación, a veces incluso dañando a niños muy pequeños, de entre 3 y 4 años, destrozando no solo su cuerpo sino también su alma.

 

La baronesa Joanna Shields, fundadora de la organización británica WeProtect Global Alliance, indicó, en su discurso durante la apertura del congreso, que los videos pornográficos «no describen simplemente a dos adultos manteniendo una relación sexual, ellos presentan interacciones misóginas sin amor, llenas de abuso verbal y físico». ¿Se volvió a hablar sobre este tema en el Congreso?

 

Sí, también las relaciones de esta mañana evidenciaron la violencia inherente de la pornografía. Mary Ann Layden, de la University of Pennsylvania, indicó que la sociedad ha sido «pornificada», y citó investigaciones que indican que si uno ve pornografía, incluso entre adultos, recibe imágenes de relación entre sexos que demuestran a un varón dominante, a una mujer sometida, que envían un mensaje según el cual a la mujer le gustaría ser humillada, sufrir, y la difusión de la pornografía ha desencadenado la difusión de prácticas sexuales, hasta hace poco no muy difundidas, que infligen dolor a la mujer. Donald Hilton Jr., della University of Texas Helath Science Center, habló sobre la influencia de la pornografía en el funcionamiento del cerebro: entre antes se exponga al niño a imágenes pornográficas, antes será influenciado por un imaginario, inundado de emociones que no puede procesar, porque ni el cerebro ni el corazón están preparados para ver estas imágenes. Y aquí hay un fenómeno muy interesante: el inicio de la adolescencia parece anticiparse cada vez más. En los Estados Unidos, las niñas han concluido el desarrollo sexual adolescente a la edad de 13 o 14 años, por lo tanto el comienzo de la pubertad, desde el punto de vista fisiológico, se sitúa entre los 9 o 10 años, por lo que se ve que este inicio se anticipa para cada generación un año, mientras que la responsabilidad y el desarrollo del cerebro se dan siempre a la misma edad, o incluso después. Se registra, pues, una madurez del cuerpo muy precoz a la que no corresponden la madurez en las relaciones y cognitiva, la conciencia de la propia identidad y de la propia vida sexual, y esta es una tensión, en mi opinión, espantosa, porque los niños actúan sexualmente pero no se dan cuenta de lo que están haciendo. Por el contrario, debemos ayudar a que se dé una mayor integración entre el físico y la ética.

 

Elizabeth J. Letourneau, de la John Hopkins University, insistió en la posibilidad de prevenir los abusos sexuales contra menores, que no son una enfermedad que no se cure y en la que inevitablemente se vuelva a caer. ¿Cómo prevenir, a qué hay que apostarle?

 

La prevención tiene muchos aspectos. Si hablamos de imágenes en línea, hay que hacer todo lo posible para que las imágenes dejen de circular, y esto quiere decir el los legisladores, de los Estados, deben imponer leyes más severas, y después castigar a quienes las violen. También se debería educar más a las personas en donde hay mayores riesgos. Las imágenes, por ejemplo, son vendidas a menudo en familias violentas, destruidas, poco funcionales, por lo que deberíamos invertir en la estabilización en la convivencia de las personas, en las familias y en otros tipos de convivencia. Es una prevención que tiene orígenes lejanos, pero que tendrá resultados duraderos. Además, hay que educar mejor a los jóvenes para que sepan qué significa publicar en línea las propias imágenes íntimas, si ceden a la invitación de sus compañeros de exponerse. La prevención incluye a todos, a los niños y a los adolescentes que acceden fácilmente a internet sin control. En estos días hemos escuchado a menudo la palabra colaboración, hacer redes: nos damos cuenta de que ni la ciencia, ni la política, ni las fuerzas del orden, ni las religiones pueden hacer nada solas. Letourneau se refirió a la Iglesia y subrayó que los científicos necesitan la voz fuerte de la Iglesia, y yo añadiría de todas las religiones. Y esto es precisamente lo que esperamos del discurso del Santo Padre del próximo viernes.


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El Papa a la comisión para la protección de menores.

l Papa a la Comisión para la Protección de los Menores: “La Iglesia lugar de piedad y compasión”

 

 

(RV).- “La Iglesia está llamada a ser un lugar de piedad y compasión, especialmente para los que han sufrido. Para todos nosotros, la Iglesia Católica sigue siendo un hospital de campo que nos acompaña en nuestro itinerario espiritual”, lo dijo el Papa Francisco en su discurso a los miembros de la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores, a quienes recibió en Audiencia el tercer jueves de septiembre.

En su discurso entregado, el Santo Padre saludó y agradeció a los miembros de esta Comisión Pontificia al comienzo de su Asamblea Plenaria, al mismo tiempo que les manifestó su aprecio por las reflexiones presentadas, ya que ellas, “han expresado muy bien el papel que pensé para la Comisión cuando la formé hace tres años – afirmó el Papa – un servicio que confío en que seguirá siendo de gran ayuda en los próximos años para el Papa, la Santa Sede, los Obispos y los Superiores Mayores de todo el mundo”.

El abuso sexual es un pecado horrible

Hoy, señaló el Pontífice, deseo compartir con ustedes el profundo dolor que siento en el alma por la situación de los niños abusados. “El escándalo del abuso sexual – precisó el Papa – es verdaderamente una ruina terrible para toda la humanidad, y que afecta a tantos niños, jóvenes y adultos vulnerables en todos los países y en todas las sociedades”. Sentimos vergüenza, agregó el Santo Padre, por los abusos cometidos por ministros sagrados, que deberían ser los más dignos de confianza. Pero también, dijo, hemos experimentado un llamado, que viene directamente de nuestro Señor Jesucristo: acoger la misión del Evangelio para la protección de todos los menores y adultos vulnerables. En este sentido, afirmó el Papa, “permítanme decir con toda claridad que el abuso sexual es un pecado horrible completamente opuesto y en contradicción con lo que Cristo y la Iglesia nos enseñan”. Por ello, los animo a seguir alimentando su compromiso personal de hacer todo lo posible para combatir este mal y eliminar esta ruina de entre nosotros.

El principio de “tolerancia cero”

“Hoy – reiteró una vez más el Obispo de Roma – que la Iglesia, en todos los niveles, responderá con la aplicación de las más firmes medidas a todos aquellos que han traicionado su llamado y han abusado de los hijos de Dios”. Las medidas disciplinarias que las Iglesias particulares han adoptado es responsabilidad primordial de los Obispos, sacerdotes y religiosos, de aquellos que han recibido del Señor la vocación de ofrecer sus vidas al servicio, incluyendo la protección vigilante de todos los niños, jóvenes y adultos vulnerables. “Por esta razón – afirmó el Papa – la Iglesia irrevocablemente y a todos los niveles pretende aplicar contra el abuso sexual de menores el principio de tolerancia cero”.

Esfuerzos de la Iglesia para proteger a todos los menores

Durante los últimos tres años, señaló el Papa Francisco, la Comisión ha enfatizado continuamente los principios más importantes que guían los esfuerzos de la Iglesia para proteger a todos los menores y adultos vulnerables. “Me llenó de alegría – dijo el Pontífice – saber que muchas Iglesias particulares han adoptado vuestra recomendación para una Jornada de Oración, y para un diálogo con las víctimas y supervivientes de abusos, así como con los representantes de las organizaciones de víctimas”. También es alentador saber cuántas Conferencias Episcopales y Conferencias de Superiores Mayores han buscado vuestro consejo con relación a las Directrices para la protección de menores y adultos vulnerables en todo el mundo.

La Iglesia lugar de piedad y compasión

Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco alentó a seguir llevando adelante las diferentes oportunidades de aprendizaje, educación y formación que realiza la Comisión. En este sentido dijo el Papa, “la Iglesia está llamada a ser un lugar de piedad y compasión, especialmente para los que han sufrido. Para todos nosotros, la Iglesia Católica sigue siendo un hospital de campo que nos acompaña en nuestro itinerario espiritual”. Es el lugar donde podemos sentarnos con otros, escucharlos y compartir con ellos nuestras luchas y nuestra fe en la buena nueva de Jesucristo. Por ello, señaló el Pontífice, confío plenamente en que la Comisión seguirá siendo un lugar donde podamos escuchar con interés las voces de las víctimas y de los supervivientes. Porque tenemos mucho que aprender de ellos y de sus historias personales de coraje y perseverancia.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)

(from Vatican Radio)


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Pederastia: la actitud del Papa Francisco.

Pederastia; el Papa: “A los culpables nunca les daré la gracia”

Francisco recibe a la Pontificia Comisión para la Tutela de los Menores y anunció nuevos cambios en los procedimientos para los procesos en los casos de abusos: «Es una enfermedad, metámonoslo en la cabeza. La Iglesia ha cobrado conciencia demasiado tarde»

El Papa Francisco

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Pubblicato il 21/09/2017
Ultima modifica il 21/09/2017 alle ore 13:40
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

No hay atajos. Los sacerdotes y religiosos condenados por pederastia no tendrán nunca la gracia del papa Francisco. ¿Por qué? «Simplemente porque la persona que hace esto, sea un hombre o una mujer, está enferma. La pederastia es una enfermedad. Hoy él se arrepiente, sigue adelante, lo personamos, pero dos años después recae».

 

La línea de «tolerancia cero» que inauguró Benedicto XVI y retomada ampliamente por Bergoglio en contra de los crímenes de los abusos sexuales contra menores de edad asume nuevos matices y nuevas aplicaciones prácticas. El Pontífice argentino las ilustró en la audiencia a la Pontificia Comisión para la Tutela de los Menores, que fue recibida hoy por la mañana en el Vaticano. Durante la audiencia puso sobre la mesa los temas que deberán ser afrontados durante la asamblea plenaria de la Comisión, que comenzará hoy.

 

En un breve discurso, Francisco anunció cambios e indicaciones que, de cierta manera, representan una ruptura con el pasado: «Quien es condenado por abusos sexuales contra menores puede dirigirse al Papa para obtener la gracia», pero «yo nunca he firmado una de estas y nunca la firmaré. Espero que quede claro», subrayó el Papa.

 

Una línea dura que Francisco decidió adoptar después de años de lagunas y errores por parte de las diócesis y de los Tribunales eclesiásticos en la lucha contra la plaga de la pederastia. «La Iglesia ha llegado tarde», admitió el Pontífice: tarde para cobrar conciencia de la gravedad del problema, tarde para asumirse sus responsabilidades. «Es la realidad: hemos llegado tarde. Tal vez la antigua práctica de transferir a la gente adormiló un poco las conciencias», dijo. Y «cuando la conciencia llega tarde, también los medios para resolver el problema llegan tarde».

 

Pero no todo está perdido: «El Señor ha suscitado profetas», dijo Francisco, «uno es el cardenal» Sean O’Malley, arzobispo de Boston (diócesis estadounidense duramente afectada por los casos de abusos sexuales) y presidente de la Comisión que, con los demás miembros, está trabajando duramente y «contracorriente» para «hacer que salga el problema a la superficie y verlo a la cara».

 

Pero este trabajo, subrayó el Papa, no solo tiene que ver con la Comisión, sino con «toda la Santa Sede». Empezando por la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Dicasterio que se ocupa de afrontar estos crímenes. «Creo que, por el momento, resolver el problema de los abusos debe estar bajo la competencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe», confirmó Francisco, «esta ha sido una cosa práctica. Cuando llegaba un problema nuevo, venía una disciplina nueva para la reducción al estado laico, y siempre la ha tomado la Congregación para la Doctrina de la Fe. Después, cuando la cosa se afianzó bien, en el caso de la “laicización” de los sacerdotes pasó al Culto Divino y después al Clero». «Y esto lo digo —añadió—porque algunos piden que vaya directamente al sistema judicial de la Santa Sede, es decir a la Rota y a la Signatura».

 

Pero «en este momento el problema es grave», denunció el Obispo de Roma, y no es solamente grave el problema, sino también que «algunos no hayan cobrado conciencia del problema». Por lo tanto «es bueno que permanezca en la Doctrina de la Fe, para que todos en la Iglesia cobren conciencia».

 

El primer paso es «comenzar a estudiar y clasificar» los casos, para poder acelerar algunos procesos que se han quedado estancados. «Ah, hay muchos casos que no avanzan, están allí… Esto es cierto», dijo el papa Francisco, por lo que «con el nuevo secretario (Giacomo Morandi, ndr.), y también el prefecto anterior (el cardenal Gerhard Ludwig Müller, que concluyó su mandato el primero de julio pasado, ndr.)he ha concluso il mandato il 1° luglio scorso, ndr.) estaba de acuerdo, se está tratando de contratar a cada vez más personas para que trabajen en la clasificación de los procesos».

 

El segundo paso, en cambio, tiene que ver con la comisión dentro de la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidida por el arzobispo de Malta, Charles Scicluna, que es quien recibe los recursos: «Trabaja bien, pero se debe ajustar con la presencia de algún obispo diocesano que conozca el problema en el lugar», afirmó el Papa Bergoglio. «Se está trabajando en esto» y también, reveló, en otro frente: «en esta comisión hay principalmente canonistas. Examinan que todo el proceso vaya bien, si no hay un “qui pro quo”», pero de esta manera, «existe la tentación de los abogados de reducir la pena. Por lo demás, viven de esto».

 

Entonces, anunció el Papa, «he decidido equilibrar un poco esta situación y digo que también un abuso de menores, si se prueba, es suficiente para no recibir recursos. Si existen las pruebas es definitivo. ¿Por qué? Simplemente porque la persona que hace esto, sea hombre o mujer, está enferma. Es una enfermedad. Hoy él se arrepiente, sigue adelante, lo perdonamos, pero después de dos años recae. Debemos metérnoslo en la cabeza: esta es una enfermedad».

 

Siguiendo esta misma línea, el Papa habló sobre el tercer nivel: «Quien sea condenado puede dirigirse al Papa para pedir la gracia. Yo nunca he firmado una de estas y nunca la firmaré. Que quede claro, pueden decirlo». Bergoglio hizo un «mea culpa» y admitió que solamente en un caso, al comenzar su Pontificado, de un sacerdote de Crema, decidió «la vía más benévola» en lugar de reducirlo al estado laico. «Pero después de dos años él volvió a caer». Yo «aprendí» con esta experiencia y «nunca más lo he vuelto a hacer».

 

Es una «enfermedad fea», subrayó el Papa. Fea y «vieja», como atestiguan las cartas de San Francisco Javier, que regañaba a los monjes budistas por este «vicio». Hay que seguir adelante y arrancarla. Punto. La cuestión es vieja, pero hay «nuevas soluciones». «Sigamos adelante con confianza», concluyó Francisco. E insistió en su agradecimiento a los miembros de la Comisión anti-abusos, porque «sin ustedes no habría sido posible hacer lo que hemos hecho en la Curia y que tenemos que seguir haciendo».


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El escándalo de un funcionario de la nunciatura del Vaticano en Washington.

Scandals in the Catholic Church: Bad news and good news

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Vatican flags along Pennsylvania Avenue for Pope Francis’ visit in 2015. (Photo courtesy of Victoria Pickering/Flickr Creative Commons)

Leaders in the Catholic Church, like leaders in any organization, hate scandals. They wish that they never happen, and when they do, they try to deal with them internally so as not to get a lot of bad publicity.

The problem is that they usually make a mess of it. Any attempt by the church to try to limit publicity is seen as a cover-up.

A better strategy would be to recognize that scandals represent bad news and good news. The bad news is that something bad happened; the good news is that the perpetrator got caught. Scandals should be seen as an opportunity for the church to show it can act responsibly in the face of a scandal, because scandals are an inevitable part of life.

And there have been lots of scandals. The worst, of course, is the sexual abuse of children by Catholic clerics. This criminal abuse has been devastating on children, and attempts by church leaders in the past to cover it up have made matters worse for the children and their families as well as the church.

current-issue-eNCR-with-logo.jpgIt’s here! Subscribe to eNCR, the digital version of our biweekly newspaper. (Curious? Preview eNCR here.)

When accusations of abuse are raised, church leaders need to cooperate with law enforcement and follow the procedures that have been laid out by the church to deal with such accusations. Not only do church leaders have to do this, they have to be seen as doing it by the media and the public.

The latest church scandal has involved the Vatican nunciature or embassy in Washington, where one of its officials has been accused by the United States of violating laws relating to child pornography. It presents a case study of what to do and what not to do.

On the positive side, the Vatican did issue a press release acknowledging that the U.S. State Department had notified it of a possible violation of child pornography laws by an official in the nunciature.

This is certainly progress from the days when reporters would have only gotten a “no comment” from the Vatican. But, for the most part, the Vatican is making a mess of it. The Vatican followed the old, failed strategy of saying as little as possible rather than getting all of the story out at one time. Today, professional PR firms recommend getting all of the bad news out as soon as possible in order to limit the number of follow-up stories.

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Apostolic nunciature in Washington, D.C. (Photo courtesy of Jonathunder/Wikimedia Commons)

The silliest part of the press release was its refusal to name the official who was accused by the State Department. Since the press release said that the official had been recalled to Rome, it did not take long for the media to find a list of nunciature officials and then discover which one is no longer in the United States. By not naming the official right away, the Vatican gave the appearance of a cover-up. In addition, it temporarily put all of its nunciature officials under suspicion. Not good.

Second, there was no specificity in the accusation. Was it possession of child pornography or production or distribution? Both Vatican and U.S. criminal laws make these kinds of distinctions. I presume it was possession, but since the Vatican did not say so, the media were forced to discuss the various possibilities, making the story worse than was necessary.

Third, the Vatican press release gave no explanation of how the official would be dealt with other than to say that “The Promoter of Justice opened an investigation.” This was made worse by adding, “investigations carried [out] by the Promoter of Justice are subject to investigative confidentiality.”

After decades of dealing with the sexual abuse crisis, it is hard to imagine a worse press release in the 21st century.

What should the press release have said?

First, it should have begun by saying that any accusation of child pornography is taken very seriously by the Vatican and will be thoroughly investigated. It could have noted that possession of child pornography is a violation of church law as well as a violation of the Vatican City criminal code to which Vatican diplomats are held accountable as if the crime were committed inside the Vatican itself.

Thus, the accused will undergo two investigations, one by church officials for a violation of church law, and a second by Vatican City officials for a violation of its criminal statutes.

If he is found guilty of violating church law, he can be laicized (expelled from the priesthood) and never be allowed to act as a priest again. If he is found guilty of violating the Vatican City criminal code, he can be imprisoned and fined.

Nor was anything said about the current status of the accused, except that he is in Vatican City. The press release should have said that he is currently suspended as a priest and diplomat while the investigation takes place. It could have added that he will be confined to the Vatican and will not have unsupervised access to children or the internet until the investigation is over. This is the kind of information people want to know.

None of this was explained in the press release.

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A map of Vatican City. (Graphic courtesy of Thomas Römer/OpenStreetMap data/Wikimedia Commons)

The case of Archbishop Józef Wesołowski, nuncio to the Dominican Republic, shows what happened in another recent case. He was nuncio to the Dominican Republic until August 2013, when he was recalled to the Vatican after accusations of the sexual abuse of minors. In June of 2014, he was laicized after an investigation and trial by the Congregation for Doctrine of the Faith. A year later, he was indicted by Vatican City prosecutors on allegations of possession of child pornography. He was found dead of a heart attack on Aug. 27, 2015, before the criminal trial could take place.

It is way past the time when the Vatican can proceed in secrecy at its own pace without any transparency. Because of the church’s bad record in dealing with sexual abuse, the Vatican has to be forthcoming with information so that the media and the public know there will be no cover-up.

This is especially true in the current case, where the Vatican has invoked diplomatic immunity so that the official will be tried under Vatican law rather than U.S. laws. Even though the U.S. would not want its diplomats tried by a foreign power, the Vatican’s use of this immunity will not go down well in the United States. There are legitimate arguments in favor of diplomatic immunity, but they will not be listened to if the Vatican is not transparent in showing it can and will responsibly deal with the case.

There are other interesting stories for the media to pursue. For example, how did the nunciature official come to the attention of the U.S. government? Was it through a sting operation? Did he access a child pornography site being monitored by the FBI? Or was the nunciature being spied upon by the FBI, CIA or NSA?

Whatever the source of the government’s information, the accused is still innocent until proven guilty under U.S. and Vatican law. But there will also be a trial in the court of public opinion, and so far, the Vatican is losing in that court, where the church is judged guilty until proven innocent.

[Jesuit Fr. Thomas Reese is a columnist for Religion News Service and author of Inside the Vatican: The Politics and Organization of the Catholic Church.]

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Un sacerdote con material pedopornográfico.

El sacerdote bajo sospechas de pedo-pornografía y algunas cuestiones abiertas

El caso del cura que el Estado de la Ciudad del Vaticano llamó inmediatamente de Washington: perspectivas «mundanas» y la nostalgia de una mirada cristiana

La sede de la nunciatura en Washington

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Pubblicato il 16/09/2017
Ultima modifica il 16/09/2017 alle ore 16:17
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

El triste caso del sacerdote en servicio dentro de la nunciatura apostólica de Washington, que fue llamado a toda prisa al Vaticano para ser interrogado por la acusación de posesión de material pedo-pornográfico, deja algunas cuestiones sin respuesta, y no son nada fáciles de afrontar.

 

Antes que nada, es útil recordar que se trata de un «indagado», no de un «condenado» y, por lo tanto, sus responsabilidades deben ser demostradas. En segundo lugar, según admitieron las fuentes del Departamento de Estado, se sospecha que el sacerdote en cuestión posea, pero no que «produzca o difunda, pornografía infantil». Hay que aclarar inmediatamente para no provocar equivocaciones: la pederastia y todo lo que hay alrededor pertenecen a la categoría de los delitos y de los pecados más oscuros y reprobables, porque los que sufren los abusos son niños que quedarán arruinados de por vida.

 

Pero, también en este caso, hay niveles de responsabilidad diferentes: una cosa son los abusos contra los menores y la producción de material pedo-pornográfico, y otra es poseer este material. Esto es un delito, tanto en los Estados Unidos como en el Vaticano. Y con más graves consecuencias, desde el punto de vista moral, cuando quien posee ese material es un sacerdote, sobre todo si cuenta con la inmunidad diplomática porque trabaja en una de las nunciaturas más importantes del mundo.

 

El comunicado que divulgó ayer, viernes 15 de septiembre de 2017, la Sala de prensa vaticana llegó anticipando la difusión de la noticia. Es probable que en este caso, más allá de la prontitud de reflejos a la hora de trasferir al Vaticano al cura y abrir una investigación, se haya preferido actuar de inmediato desde el punto de vista de la comunicación para marcar el ritmo, y no seguir, de la divulgación de la noticia. Anunciando en un comunicado oficial que se trataba de un sacerdote con inmunidad diplomática en servicio en la nunciatura de Washington, era inevitable que en pocas horas su nombre fuera identificado y divulgado por los medios de comunicación, puesto que los sacerdotes secretarios en servicio son solo tres.

 

Entonces, hay que reconocer que en este caso la Santa Sede se actuó con rapidez en todos los frentes, evitando cualquier confusión, como, por ejemplo, sucedió con el caso del nuncio Józef Wesołowski (quien, y no está de más recordarlo, fue acusado de abusos y no solo no de poseer material pedo-pornográfico). Y, si no consideró oportuno responder afirmativamente a la petición del Departamento de Estado estadounidense, que exigía cancelar la inmunidad diplomática del sospechoso, el Vaticano demostró no querer transigir sobre este tipo de delitos ni querer, de alguna manera, «encubrir» para defender el buen nombre de la institución, como sucedía en un pasado no muy lejano.

 

Sin embargo, quedan abiertas algunas cuestiones, que difícilmente serán discutidas, sobre todo si se considera que se hizo todo lo necesario para aplicar las normas, las reglas, los códigos y los reglamentos de emergencia para combatir el fenómeno de la pederastia en cualquiera de sus manifestaciones. Si, efectivamente, el indagado resulta culpable y, por lo tanto, condenado según las nuevas normas que introdujeron Benedicto XVI y Francisco, se podrá afirmar que la Iglesia se dotó finalmente de medidas eficientes para combatir la pederastia en su interior. Pero esto dejará, una vez más, sin solución la pregunta ¿cómo es posible que esto haya sucedido nuevamente? Es decir, las cuestiones de la formación y de los problemas sobre la identidad sexual, de la calidad de las relaciones interpersonales, de las amistades, de la capacidad de identificar las señales de disgusto y de verdadera enfermedad, de la excepcional copertura que representan los viajes, de la inmunidad diplomática percibida como impunidad para cuantos tengan estos tipos de problemas y de los criterios con los que son elegidas las personas que entrarán al servicio diplomático.

 

Es decir, la reacción «mundana», aunque sea muy correcta desde el punto de vista formal, es la del aislamiento de la «oveja negra», cuya foto será recortada y eliminada del álbum de familia. Pero sin que esto cale más hondo. Resulta aún más iluminador y congruente, desde todos los puntos de vista, la reacción que en su momento tuvo Benedicto XVI frente al escándalo internacional por los casos de pederastia cometidos por exponentes del clero. El Papa Ratzinger, que también actuó con firmeza en el ámbito de las normas con leyes de emergencia, quiso presentar una imagen de Iglesia penitencial: en lugar de invocar complots y ataques exteriores, y en lugar de refugiarse en el funcionalismo y en las «best practices» como si se tratara de una empresa (ejemplo de esa que el Papa Francisco llama, citando a Lubac, «mundanidad espiritual», todavía muy de moda en el Vaticano), se hizo cargo pidiendo perdón por los pecados de sus miembros y por la herida que este pecado provocaba.

 

Esa preciosa y actual enseñanza del Papa emérito fue indigesta para muchos autoproclamados «ratzingerianos». Porque era un testimonio ajeno a cualquier triunfalismo y reivindicación, y porque presentaba el rostro más auténtico de una Iglesia humilde, llena de pecado, necesitada de volver a aprender cotidianamente a recibir todo de su Señor y no de sus propias fuerzas, inteligencias o habilidades administrativas.


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La Iglesia en Chile y la próxima visita del Papa

Una visita Complicada por los Abusos sexuales

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Causó cierto impacto mediático el anuncio oficial de que el Papa Francisco visitará Chile y Perú en enero próximo. Hay interrogantes y también preocupación ante este importante acontecimiento; porque en la Diócesis de Osorno permanece un Obispo impuesto que causa grave división y confusión en un amplio sector ciudadano por haber sido cómplice de Fernando Karadima, uno de los sacerdotes que más daño ha causado a la Iglesia Católica chilena por  sus actos reñidos con la moral y por  los abusos sexuales cometidos durante años.

Ciertamente y con razón, todo el país se conmocionó al saber que Fernando Karadima practicó diversos abusos sexuales y otros en forma impune por años. Además,  fue un personaje influyente por décadas en el sigiloso proceso de nombramientos de nuevos obispos para Chile. Desde la Parroquia El Bosque y rodeado de una selecta élite eclesial, política y empresarial, ayudó al Nuncio de la época, Angelo Sodano, a redibujar el perfil y el accionar del episcopado hacia posiciones del todo conservadoras y distantes del Concilio Vaticano II.

En este contexto y bajo diversos matices y estrategias, se nombraron varios obispos que salieron de la “cantera del P. Karadima”, tuvieron “su formación espiritual” y muchos de ellos –presbíteros y obispos- posteriormente, le defendieron de las fundadas acusaciones, algunos incluso llegaron hasta Roma para intentar detener el juicio Canónico que se abrió en la Congregación para la Doctrina de la Fe. Pero, eran de tal contundencia los escritos acusadores que, finalmente, la Santa Sede condenó a Fernando Karadima por abuso sexual y psicológico reiterado en contra de varios jóvenes seminaristas que vivían su vocación religiosa y cumplían con su diaria rutina en la Parroquia.

Desde la ciudad de Osorno,  escandalizada por todos estos acontecimientos, han sido innumerables los actos, vigilias, acciones no violentas y declaraciones en que hemos pedido una y otra vez que salga del Obispado don Juan Barros Madrid. Tanto por ser un obispo impuesto, como por haber callado los ilícitos criminales, pues él sabía de los abusos de Karadima y no los denunció.  Más aún; es uno de los que viajó a Roma para alegar en beneficio del hoy; abusador sexual recluido en un recinto eclesiástico de por vida.

Por estos hechos de por sí graves, ya que estamos hablando de una de las perversidades humanas más detestables, como es la Pederastia, a miles de personas nos parece preocupante que la próxima visita del Papa a Chile sea un cierto nuevo respaldo al obispo Barros. Nos parece injusto que no se escuche el clamor ciudadano que pide algo esencial y conveniente para todos, en primer lugar, para la Iglesia Católica que registra en Chile una enorme baja en la percepción ciudadana de credibilidad. Como nunca la Iglesia está cuestionada y sumida en una larga crisis de liderazgo, precisamente, porque está golpeada por los abusos sexuales, siendo los casos más dolorosos e indignos los de Karadima y O’Reilly. Y, para colmo, ambos abusadores permanecen en el Presbiterio, es decir; siguen siendo parte de la Iglesia. Esto es, francamente, inaceptable y contradictorio con lo que el propio Santo Padre dice y pide desde Roma.

Con todo, nos asiste la Esperanza de que se produzca un cambio en nuestra Diócesis de Osorno. En este contexto, cómo no recordar la reciente visita del P. Felipe Berríos a nuestra ciudad. Pudimos compartir, reflexionar y soñar una Iglesia más cercana, acogedora, dialogante y sin manchas que afecten su praxis Misionera, tal como lo señalan las enseñanzas de Jesús el Nazareno.

También, agradecemos muy sinceramente su palabra libre, solidaria y comprometida  con nuestra justa causa cuando señaló, acá en Osorno, clara y públicamente que: “Juan Barros es el punto que genera el conflicto, lo ideal sería que renuncie ahora, por amor a la Iglesia y a su misma vocación. No se empequeñecerá si renuncia, al contrario, seguirá siendo Obispo hasta su muerte, pero que renuncie a su ejercicio le hará bien a todos…”.

Danilo Andrade Barrientos

Laico Ignaciano  –  Osorno

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