Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Qué se puede esperar de la cumbre del Vaticano sobre abusos de menores

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Cunctando regitur mundus: “By delay is the world ruled.” This ancient Latin aphorism has long been a guiding principle of the practice of romanita, the art of getting things done in the Eternal City. In a church that tends to measure time in centuries, patience to wait for the right moment to act is indeed important.

The U.S. Catholic bishops and their flock got a taste of how romanita works before and during the U.S.C.C.B. meeting in November in Baltimore, when Pope Francis asked them to table a vote on new sex abuse reforms until after the worldwide meeting of the presidents of the bishops’ conferences of the Catholic Church in Rome planned from Feb. 21 to 24. Pope Francis and his advisers, it seemed, did not want the U.S. bishops to act unilaterally or rashly on an issue with worldwide implications.

Now that the Vatican meeting is finally upon us, hopes are high (perhaps too high) that the summit will bring about significant and lasting change in the church’s approach to the plague of sex abuse and its cover-up. We pray for those gathered in Rome and urge them to remember that this is no longer a time for waiting. The church needs strong and unequivocal guidelines for the prevention of abuse and justice for the abused, a public declaration that the rights of victims have priority and legislative action to ensure that no one in the church, even bishops and cardinals, is above the law.

Sometimes by transparency and decisive action is the world ruled.

[Explore America’s in-depth coverage of Sexual Abuse and the Catholic Church.]

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El próximo encuentro del Papa con los presidentes de las conferencias episcopales

Padre Zollner  encuentro vaticano protección menoresEl Padre Zollner  

El Padre Zollner presenta el Encuentro sobre la Protección de Menores

El Padre Hans Zollner – miembro de la Comisión Vaticana contra la Pedofilia y presidente del Centro para la Protección de Menores en el Gregoriano – presentó a los periodistas las líneas principales de la cumbre sobre la protección de los menores en la Iglesia, querida por el Papa Francisco, que se celebrará en el Vaticano del 21 al 24 de febrero.

Maurizio Fontana – Ciudad del Vaticano

El 85% de los niños de Oriente Medio y del cinturón norteafricano son víctimas de la violencia: heridos en el cuerpo, la mente y el alma por los abusos sexuales, la guerra, el terrorismo, el reclutamiento forzado en las milicias de niños y la falta de justicia a todos los niveles.  Ochenta y cinco millones de niños y jóvenes.  Es a partir de esta figura, un verdadero golpe en el estómago y en la conciencia de todos, que el Padre Hans Zollner utilizó para presentar -en una reunión celebrada en Roma en la mañana del martes 12 de febrero con periodistas- las líneas principales de la cumbre sobre la protección de los niños en la Iglesia, que se celebrará en el Vaticano del 21 al 24 de febrero. “¿Quién habla de estos ochenta y cinco millones de niños? El jesuita, miembro del comité organizador de la cumbre, preguntó de manera provocativa. Nadie. Pero el conocimiento, la conciencia es el primer paso decisivo para afrontar este drama.

Y éste será uno de los pasos fundamentales que se darán en el encuentro que el Papa Francisco desea vivamente. Será, precisó el jesuita, un encuentro de pastores que por primera vez pondrá sobre la mesa la cuestión de la protección de los menores en la Iglesia de manera sistémica, teniendo en cuenta las estructuras y procedimientos a nivel mundial.

El encuentro, anticipó Zollner, contará con la participación constante del Pontífice y se estructurará en torno a tres puntos clave. El primer día se discutirán las responsabilidades pastorales y jurídicas del obispo. Por lo tanto, será el turno de establecer -el segundo día de trabajo- a quien el obispo o superior de una orden debe informar sobre su trabajo en la materia y luego identificar qué estructuras, procedimientos y métodos son concretamente aplicables. Este es un aspecto que implica directamente la sinodalidad, uno de los elementos clave de la cumbre de finales de febrero. Por último, la tercera jornada estará dedicada al tema de la transparencia. Transparencia interna, por supuesto, pero también hacia las autoridades estatales y hacia todo el pueblo de Dios.

Es fundamental -añadió el presidente del Centro para la Protección de Menores de la Pontificia Universidad Gregoriana- entender que las normas no son suficientes: la claridad de los procedimientos no resolverá mágicamente el problema. La verdadera cuestión es cómo llegar a un cambio de actitud. La ayuda puede venir de escuchar directamente a las víctimas del abuso. Una escucha que todos los obispos han sido invitados a hacer directamente en sus países y que también será posible durante la cumbre gracias a algunos testimonios ya previstos. “Aquellos que realmente escuchan el grito de ayuda que viene de una de estas víctimas – subrayó el Padre Zollner – el llanto, las heridas de la psique, del cuerpo, del corazón y de la fe, no pueden permanecer como antes”. Esta será una de las principales herramientas para sensibilizar a los representantes de toda la Iglesia. Es, precisó el jesuita, una etapa de un largo camino por recorrer, pero ciertamente “tenemos la oportunidad de hacer algo importante”


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La pederastia en la iglesia Un amplio análisis

Pederastia, la voz de las víctimas puede salvar a la Iglesia

En vista del encuentro de febrero en el Vaticano, los obispos tendrán que «escuchar directamente el sufrimiento» de quienes sufrieron abusos. El precedente del cardenal Schönborn, los retrasos de la Iglesia italiana y el caso chileno

Pederastia, la voz de las víctimas puede salvar a la Iglesia

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Pubblicato il 11/02/2019
Ultima modifica il 11/02/2019 alle ore 14:50
FRANCESCO PELOSO
CIUDAD DEL VATICANO

Desde que en los últimos 20 años las víctimas de abusos sexuales cometidos por sacerdotes han superado la vergüenza, el miedo a los estigmas sociales, el temor de no ser creídas, y han comenzado a hablar, el escándalo de la pederastia explotó bruscamente en la Iglesia. Su voz, mucho más que los procedimientos judiciales, que los procesos canónicos, que la burocratización inevitable y necesaria del delito para obtener justicia, ha roto la lógica del encubrimiento. Del 21 al 24 de febrero se llevará a cabo en el Vaticano un encuentro dedicado a la protección de los menores en la Iglesia, en el que participarán todos los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo. En un mensaje dirigido a todos ellos, el comité organizador del encuentro en el Vaticano ha dado una indicación precisa: «encontrarse con las víctimas supervivientes a los abusos sexuales del clero, en sus respectivos países, antes del encuentro de Roma, para conocer directamente el sufrimiento que han experimentado».

“Un lamento que toca el alma”

El testimonio directo, efectivamente, tiene un valor no solamente penitencial. Es también el instrumento que puede romper «el abuso de poder» (según las palabras del Papa) que se crea y amplifica detrás del mecanismo de los abusos para defender a la institución y a sus miembros, sin importar la justicia ni la piedad. En la carta del Papa, de agosto de 2018, dedicada al escándalo y dirigida a todo el pueblo de Dios, Francisco afirmó al respecto: «El dolor de estas víctimas es un lamento que sube al cielo, que toca el alma y que durante mucho tiempo ha sido ignorado, oculto o silenciado. Pero su grito ha sido más fuerte que todas las medidas que han tratado de hacerlo callar o, incluso, han pretendido resolverlo con decisiones que han aumentado la gravedad, cayendo en la complicidad. Grito que el Señor ha escuchado mostrándonos, una vez más, de qué parte quiere estar».

El camino de la Iglesia austriaca

Recientemente algunas Conferencias Episcopales (empezando por las de Estados Unidos y Francia), afrontando las consecuencias del escándalo, han escuchado las voces de las víctimas; un paso no formal que indica un camino, siempre y cuando se tome verdaderamente en serio. Y, por otra parte, no se puede olvidar que algunas Iglesias locales, algunos altos prelados, sean precursores en este sentido. Entre ellos está, sin dudas, el cardenal Christoph Schönborn, arzobispo de Viena y líder de la Iglesia austriaca. Desde 2003, la Iglesia en Austria se ha comprometido, a la luz de los casos de avisos, en el combate de la plaga de la pederastia mediante un proceso nada fácil hacia la transparencia y el reconocimiento público del escándalo.

Después, en 2010, el cardenal Schönborn organizó, en la catedral de San Esteban de Viena, una celebración penitencial con varias asociaciones de víctimas de abusos. Según las noticias que publicó “L’Osservatore Romano” en ese entonces «una decena de testimonios, mujeres y hombres, víctimas directas de los abusos o representantes de ellos, hablaron denunciando y presentando ante Dios la violencia sufrida, las heridas insanables, la desilusión, pero también sus esperanzas y sus peticiones. Ante tanto dolor, observó el purpurado, cada palabra está “fuera de lugar”. Mejor el silencio, pero no el silencio cómplice, sino el silencio reflexivo y sapiente de Job, cuya fe, según la narración bíblica, es duramente puesta a prueba». Entonces, «el purpurado ha reconocido la responsabilidad de algunos sacerdotes, tanto en casos de “violencia sexual” como al haber “ocultado los hechos”. Y ha reconocido, en nombre de la Iglesia, “haber dado más importancia a la seguridad, al poder, a la apariencia”».

Los retrasos de la Cei y el reciente cambio

En este contexto, se muestra con gran retraso la Iglesia italiana que solamente en estos últimos tiempos está tratando de recuperar el tiempo perdido. La Cei ha afinado finalmente las “líneas guía” para afrontar el fenómeno coherentemente con las indicaciones de la Santa Sede, después de haber redactado en los últimos años documentos análogos que no han superado no solo el juicio de la opinión pública, sino de los dicasterios vaticanos competentes. Ahora algo comienza a moverse, aunque el borrador de las líneas guía sobre la pederastia será sometida a votación definitivamente en el mes de mayo, en ocasión de la asamblea anual general de los obispos italianos. También habrá dos encuentros en el futuro próximo: uno antes del encuentro en el Vaticano con el Consejo de la presidencia de la Cei y otro, en primavera, con el Consejo Episcopal permanente. Sin embargo, sería importante que estos encuentros no se reduzcan a “momentos” demasiado privados, en los que la institución absuelve esencialmente un papel necesario y al cual parecería obligada. En las próximas semanas quedará claro cuál es el camino que ha elegido la Conferencia Episcopal.

Por otra parte, la relación con las víctimas no siempre ha sido fácil para la Iglesia; a menudo la experiencia sufrida ha dejado profundas e indelebles heridas en las biografías de hombres y mujeres, a veces son padres de familia que han visto las vidas de sus hijos destrozadas (muchos suicidios) por haber confiado en “su” Iglesia; en otros casos, la rabia por los encubrimientos, las protecciones ofrecidas a los depredadores seriales, no deja de agitar los ánimos. Sin contar que muchas víctimas de abusos han sido obligadas a callar, sobre todo en Estados Unidos, con imponentes indemnizaciones económicas mediante las cuales, a menudo, ha quedado sofocado incluso el escándalo. En algunos casos, las desorbitadas indemnizaciones de las diócesis han obtenido el efecto contrario, pero casi siempre el conflicto judicial nace de la intención de ocultar la verdad.

El caso chileno

Lo cierto es que algunas víctimas se han vuelto “famosas” porque han dedicado sus vidas a luchar contra la pederastia clerical, a pedir justicia, y poco importa que, a veces, en sus discursos y argumentos entren las polémicas más ásperas. Por ejemplo, el caso de Juan Carlos Cruz, chileno. Su nombre se relaciona con el caso del obispo chileno Juan Barros, gran protector (además de otros sacerdotes) del poderoso exsacerdote Fernando Karadima, que abusó de él y de otros. Juan Carlos y algunos de sus compañeros nunca han dejado de pedir justicia, acusando a la cúpula de la Iglesia chilena.

Cuando Francisco fue a Chile, en enero de 2018, defendió a Barros, pero después explicó que había sido mal informado, por lo que se retractó radicalmente y se ocupó del doloroso caso de los abusos en el país andino de una manera que se convirtió en un banco de prueba para la Iglesia universal. En este camino de concientización, en el que incluso renunciaron todos los obispos chilenos, de investigaciones conducidas directamente por el Vaticano, mediante el enviado del Papa, monseñor Charles Scicluna, la voz de las víctimas tuvo un papel importante. Cruz y otras dos víctimas de Karadima fueron escuchadas en una serie de largas entrevistas por el Pontífice. Es precisamente una de las cosas lo que pedían.

En 2015, Cruz, en una carta enviada al Papa, en la que describió con detalles los abusos sufridos y los encubrimientos de Karadima, concluyó: «Sigo adelante, aunque cueste, querido Santo Padre, trato de no caer en la tristeza y en la desesperación porque espero que alguien como usted pueda hacer algo. Espero, si Dios quiere, ir a verle un día y abrazarle personalmente. Siempre rezo por usted. Por favor, ayúdenos. Quiero creer desesperadamente en usted y conservar mi fe. Todo lo que ha sucedido en los últimos años y en los últimos días indica lo contrario. Por favor, Santo Padre, no sea como todos los demás. Somos muchos los que creemos, a pesar de todo, que usted puede hacer algo».


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Pensilvania, U.S.; plena colaboración de la iglesia con las autoridades en la eliminación de los abusos a menores.

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pensilvania investigación federal abusos menores clero plena colaboraciónPlena colaboración de las Diócesis del Estado de Pensilvania en investigación federal sobre abusos a menores de parte del clero  (2018 Getty Images)

Investigación federal abusos en Pensilvania: plena colaboración de las diócesis

Las diócesis del Estado de Pensilvania ofrecen su total apoyo y colaboración a las fuerzas del orden en su objetivo de eliminar la plaga de los abusos a menores

Ciudad del Vaticano

Las Diócesis de Pensilvania dan su plena colaboración a una investigación abierta por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos sobre los abusos sexuales cometidos por el clero en este Estado americano. La Iniciativa federal sigue a la publicación de un informe, el pasado mes de agosto, que habla de unos 300 sacerdotes que han abusado de por lo menos mil menores en los últimos 70 años.

En varios comunicados y declaraciones, las Diócesis de Pensilvania reiteran su total apoyo a la investigación federal, que concierne en particular la entrega de la documentación relativa a los abusos, así como “han colaborado plenamente con las solicitudes de información relativas al Gran Jurado estatal”. Como subraya la nota de la Diócesis de Allentown, la Iglesia “se considera un socio de las fuerzas del orden en su objetivo de eliminar los abusos a menores, dondequiera ocurran en la sociedad”.

Tras la publicación del informe del Gran Jurado, el presidente de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, el cardenal, Daniel DiNardo, habló del fracaso de la dirección episcopal y de una verdadera “catástrofe moral”, reiterando la petición de perdón y el compromiso de seguir el camino de la verdad, de la justicia y de la tolerancia cero hacia toda forma de abuso.

En una declaración emitida por la Oficina de Prensa del Vaticano sobre el caso de Pensilvania, el director Greg Burke declaró que “las víctimas deben saber que el Papa está de su parte. Los que han sufrido son su prioridad, y la Iglesia quiere escucharlos para erradicar este trágico horror que destruye la vida de los inocentes”.

Durante su visita a los Estados Unidos, en septiembre del 2015, encontrando a un grupo de víctimas de abusos precisamente en Filadelfia, Pensilvania, el Papa afirmó: “Les prometo que seguiremos el camino de la verdad, dondequiera pueda llevarnos. El clero y los obispos serán llamados a rendir cuentas si han abusado de niños o no han sido capaces de protegerlos”.

En la carta de febrero 2015 a los Presidentes de las Conferencias Episcopales y a los Superiores de los Institutos de Vida Consagrada sobre la Comisión Pontificia para la protección de los Menores, el Papa Francisco escribe: “Las familias deben saber que la Iglesia no escatima esfuerzos para tutelar a sus hijos y que tienen derecho de dirigirse a ella con plena confianza, porque es una casa segura. Por lo tanto, no se podrá dar prioridad a otro tipo de consideraciones, cualquiera que sea su naturaleza, como por ejemplo el deseo de evitar el escándalo, porque no hay absolutamente lugar en el ministerio para aquellos que abusan de los menores”.


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El Cardenal Cupich de Chicago sobre pederastia, homosexuales y obispos

Cupich: que obispos cedan algunos poderes y dejen que laicos vigilen sobre casos de abuso

La propuesta del arzobispo de Chicago, en vista del encuentro de noviembre entre los obispos estadounidenses sobre la pederastia: crear un nuevo órgano de investigación nacional

El cardenal Cupich

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Pubblicato il 16/10/2018
Ultima modifica il 16/10/2018 alle ore 21:11
JOSHUA J. MCELWEE – HEIDI SCHLUMPF
CIUDAD DEL VATICANO

 

Los obispos católicos de Estados Unidos deben renunciar a algunos de los propios poderes en las diócesis y permitir la creación de un nuevo órgano nacional que pueda ocuparse de las investigaciones sobre las acusaciones por mala conducta de los miembros del episcopado. Es lo que afirmó el cardenal Blaise Joseph Cupich, arzobispo de Chicago, en una entrevista exclusiva del 13 de octubre con el National Catholic Reporter, en la que explica que será su propuesta durante el encuentro del episcopado estadounidense que se llevará a cabo en Baltimore del 12 al 14 de noviembre para responder a la crisis que han provocado las revelaciones sobre los abusos del ex cardenal Theodore McCarrick.

 

Según el arzobispo de Chicago, cuando se reúnan en noviembre para discutir sobre la plaga de la pederastia del clero, los religiosos «deberán ser muy claros en relación con los procedimientos para establecer las responsabilidades por las acusaciones sobre obispos». «Cedamos nuestros derechos como obispos para que entre alguien más e indague sobre nosotros». Esto es, según el cardenal, lo que se debería establecer. «Cada uno debe estar dispuesto a decir: “Dejaré que un grupo independiente investigue mi persona en el caso de que haya una acusación en mi contra”».

 

El cardenal, que está participando en el Sínodo de los obispos sobre los jóvenes también se refirió a la propia experiencia con los supervivientes de los abusos sexuales, al cambio de la mentalidad que deben tener los obispos en relación con las propias responsabilidades y al hecho de que los sacerdotes de orientaciones homosexuales son considerados «un chivo expiatorio».

 

Por primera vez, Cupich comentó también la renuncia de Donald Wuerl, el cardenal de Washington que el viernes 12 de octubre (tras los resultados del informe del “Gran Jurado” de Pennsylvania y las polémicas por la gestión de algunos casos de sacerdotes depredadores a principios de los años noventa) concluyó su larga carrera. «No me sorprendió su decisión de hacerse a un lado, porque siempre ha puesto el bien de la Iglesia por encima de todo… hasta llegar a decir: “He cometido errores”», afirmó Cupich. «Este es el hombre que conozco: un hombre honesto que siempre ha tratado de hacer lo mejor por amor de la Iglesia, hasta admitir que había cometido esos errores».

 

En la entrevista, concedida al margen de las sesiones de trabajo sinodales, el purpurado subrayó que la renuncia de Wuerl será una oportunidad para que «las personas den un paso hacia atrás y vean también todas las maneras en las que han contribuido a la vida de la Iglesia». «Si verdaderamente queremos decir la verdad, debemos decirla hasta el fondo y aprovechar este momento para apreciar su contribución», que es «enorme».

 

Sobre la cuestión de los sacerdotes homosexuales, en cambio, Cupich explicó que «debemos hacer que todos dentro de la Iglesia vivan una auténtica vida y casta. Esto está fuera de discusión». Sin embargo, «se ha demostrado que la crisis de los abusos, las violencias contra menores, en realidad son imputables a otros factores, no solo a que alguien sea gay». «Esto está claro. Las investigaciones lo demuestran. No se trata de mi opinión personal», afirmó el cardenal; «creo que nos estamos equivocando de camino si no nos ocupamos de lo que gira alrededor de la cultura del clericalismo, y de los privilegios, los poderes y la protección que ofrece. Estos tres elementos deben ser eliminados de la vida de la Iglesia. Todo lo demás es secundario, si antes no afrontamos esto».

 

Según Cupich, además, es necesario que cada uno de los prelados católicos cedan una parte de la propia autoridad para permitir la creación de un nuevo grupo de investigación a nivel nacional; la Conferencia Episcopal nacional todavía no tiene el poder para crear este órgano por sí misma: «No puede hacerlo, la iniciativa debe provenir de Roma o de cada obispo individualmente». El organismo en cuestión debería ser «una especie de comisión laica de supervisión que tenga la tarea de recibir las denuncias de abusos, las acusaciones sobre os obispos, o acusaciones sobre la mala gestión de los obispos de estos casos», explicó. Un órgano de este tipo a nivel nacional sería necesario para reconstruir la confianza entre los laicos y los obispos y «para asegurarse que no haya la mínima duda sobre favoritismos» cuando se investigue por una acusación contra un prelado.

 

Las revelaciones de este verano sobre McCarrick, uno de los líderes más influyentes en la Iglesia estadounidense del último cuarto de siglo, han llevado a muchos católicos a preguntarse cómo fue posible que no hubiera sido denunciado antes y, por lo tanto, a pedir un proceso independiente para evaluar las futuras acusaciones contra obispos. El comité administrativo de los obispos estadounidenses anunció en septiembre que se ha aprobado la creación de un «sistema de indicación por parte de terceros» para las acusaciones en contra de prelados, pero no ofreció información específica que, probablemente, será un argumento de discusión durante el encuentro de noviembre. Cupich dijo que no había recibido ningún material preparatorio para la reunión: «Estoy seguro de que están trabajando, pero no hemos recibido nada por el momento».

 

«Nuestro pueblo no está contra nosotros: quieren que la Iglesia tenga éxito. Quieren que los obispos tengan éxito, pero también quieren ayudarnos y no deberíamos tener miedo», afirmó el arzobispo de Chicago. «Esta no es ciencia misilística», añadió. «Podemos ser transparentes. Podemos contar con una manera par determinar las responsabilidades. Podemos hacerlo. No debería ser algo difícil para nosotros».

 

Cupich maduró sus deseos de afrontar los abusos sexuales por parte del clero «de la manera más honesta, transparente y responsable posible» gracias a sus encuentros con los supervivientes. En particular, su primer encuentro, cuando era obispo de Rapid City, en Dakota del Sur (1998-2019), con un hombre de 50 años que sufrió abusos sexuales décadas antes. «Mientras él hablaba, comprendí que estaba escuchando a un niño de nueve años», dijo. «Era desgarradora la manera en la que contaba la historia, porque describía los detalles de manera muy gráfica, muy real».

 

Según Cupich, «nuestras palabras de perdón no significan nada si no entramos en contacto concreto y nos sentamos frente a las víctimas para permitir que nos arrolle de verdad el trauma, el dolor que han sufrido». Su primera reacción al escuchar la historia de ese hombre fue de «rabia, profunda rabia», pero esta rabia «se transformó en determinación para que las víctimas siempre estén antes que nada, para que se encuentre una manera para que la iglesia haga lo correcto», aseguró el arzobispo, activo en el Comité episcopal estadounidense (fue incluso presidente) que se ocupa de la protección de los niños.

 

 

Además de la cuestión de un organismo internacional para investigar las acusaciones contra los prelados, Cupich se dijo convencido de que en la reunión de noviembre los obispos estadounidenses deberían afrontar las revelaciones que contiene el informe del “Gran Jurado” de Pennsylvania. Publicado el 14 de agosto, el documento analizó la gestión de la Iglesia en relación con los casos de pederastia en seis diócesis del estado e identificó por lo menos mil víctimas menores de edad durante setenta años.

 

«¿Sabemos si todas estas víctimas han recibido cuidados y atención pastoral?», se preguntó Cupich recordando que la misma Carta para la protección de los niños y de los jóvenes, adoptada en 2002 después del escándalo de los abusos en Boston, ordena que los prelados «deberían ser transparentes con las personas y encontrar a las víctimas».

 

¿Y los sacerdotes? «¿Esos sacerdotes han sido destituidos? ¿Fueron señalados a Roma, como habría debido ser, aunque fueran casos históricos?», prosiguió el purpurado. La misma Carta de 2002 no prevé que los obispos deban elencar públicamente en sus diócesis a los sacerdotes que han sido acusados, pero el cardenal de Chicago afirmó que «habrían debido ser divulgados, para permitir que otras víctimas salieran a la luz». «Creo —añadió— que es importante que las persona involucradas en casos de este tipo y comprobados, con acusaciones creíbles, deban ser nombradas públicamente para que las víctimas salgan a la luz. Yo siempre lo he hecho, pero no es así en todas las diócesis».

 

Es necesario, antes que nada, un cambio de mentalidad por parte de los obispos en relación con la propia responsabilidad, por lo que Cupich considera importante que los prelados se dirijan constantemente al pueblo de sus diócesis y se enteren mediante los sacerdotes qué es lo que viven sus parroquianos. «Hay que ser responsables de los propios sacerdotes, porque ellos están en primera línea con el pueblo. Te dicen lo que dice la gente, acaso antes de que lo haga la gente».

 

Para concluir, en relación con el Sínodo sobre las exigencias de los jóvenes en la actualidad (el segundo en el que participa el cardenal estadounidense, después del de 2015 sobre la familia), Cupich afirmó: «Es algo enriquecedor y, al mismo tiempo, inquietante. Para nosotros, del mundo occidental, sobre todo de Estados Unidos, es impresionante entrar en contacto con los traumas, las dificultades, las luchas, los desafíos de los jóvenes de todo el mundo». En particular, el cardenal quedó profundamente sorprendido por el discurso de un joven iraquí que habló sobre su vida, en medio de una constante violencia. «Caigo en la trampa de concentrarme en mi zona, en las cuestiones y preocupaciones que tenemos en Estados Unidos».

 

¿Cómo está tomando en cuenta el Sínodo las preocupaciones de los jóvenes tanto de las zonas desarrolladas como subdesarrolladas y en vías de desarrollo? El cardenal Cupich respondió que hay una convergencia entre los jóvenes de todo el mundo, que es la búsqueda de la autenticidad: «No están buscando una Iglesia perfecta, están buscando una Iglesia auténtica. Pueden tolerar los errores, pero no pueden tolerar la “inautenticidad” o la falta de honestidad sobre los difíciles problemas del presente».


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Audiencia del Papa al Presidente de Chile.

El Papa y el Presidente de ChileEl Papa y el Presidente de Chile 

Papa y Presidente de Chile: colaboración para combatir y prevenir abusos

El Papa Francisco recibió en audiencia, la mañana de este sábado 12 de octubre, al Presidente de la República de Chile, el Señor Sebastián Piñera Echenique, en el Palacio Apostólico Vaticano.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

La Oficina de Prensa de la Santa Sede informó que, la mañana de este sábado 12 de octubre, en el Palacio Apostólico Vaticano, el Santo Padre ha recibido al Presidente de la República de Chile, el Señor Sebastián Piñera Echenique, quien a continuación se ha reunido con el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado, acompañado de Mons. Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados.

Defensa de la vida y abusos a menores

Durante las cordiales conversaciones se ha puesto de manifiesto la satisfacción por las buenas relaciones existentes entre la Santa Sede y Chile. Sucesivamente, se han detenido sobre la situación del País, haciendo referencia en modo particular a la defensa de la vida y a la dolorosa herida de los abusos a menores, subrayando el compromiso de todos en la colaboración para combatir y prevenir la comisión de estos crímenes y su ocultamiento. A lo largo de los coloquios se han afrontado otros temas de interés común en ámbito internacional y regional, sobre todo en lo referido a la acogida de los migrantes.


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Chile; despojados del sacerdocio dos obispos. Comentario de Vatican insider

Abusos sexuales: El Papa separa del sacerdocio a dos obispos chilenos

Después de la dimisión del estado clerical de Fernando Karadima, ahora Francisco José Cox y Marco Antonio Órdenes Fernández fueron despojados del sacerdocio “como consecuencia de actos manifiestos de abusos a menores”

Abusos sexuales: El Papa separa del sacerdocio a dos obispos chilenos

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Pubblicato il 13/10/2018
Ultima modifica il 13/10/2018 alle ore 17:02
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

Desde hace años, sus nombres eran símbolo de abusos sexuales. Aunque permanecían alejados de sus funciones episcopales. Finalmente, el Papa decidió aplicarles la dimisión del estado clerical. Se trata de Francisco José Cox Huneeus, arzobispo emérito de La Serena, y Marco Antonio Órdenes Fernández, obispo emérito de Iquique. En un comunicado oficial, dado a conocer este sábado por la sala de prensa de la Santa Sede, puso por escrito que su alejamiento del sacerdocio fue determinada “como consecuencia de actos manifiestos de abusos a menores”.

 

Según reseñó una nota oficial, en ambos casos de aplicó el artículo 21 en su punto 2 del decreto papal (en forma de “motu proprio”) “Sacramentorum Sanctitatis Tutela”. Se trata de un texto del 30 de abril de 2001, firmado por el Papa Juan Pablo II y que se convirtió en el texto base para la atracción, en la Santa Sede, de los casos de abusos sexuales y otros delitos graves de los sacerdotes.

 

“La decisión adoptada por el Papa el pasado jueves, 11 de octubre de 2018, no admite recurso. La Congregación para la Doctrina de la Fe lo ha notificado ya a los interesados, a través de sus respectivos superiores, en sus respectivas residencias”, continuó el texto vaticano.

 

Cox, de 84 años y quien condujo la Arquidiócesis de La Serena entre 1990 y 1997, continuará formando parte del Instituto de los Padres de Schoenstatt, de acuerdo con la comunicación de la Santa Sede. Esta determinación, que no es común y no fue explicada por la oficina de información vaticana, tiene -con toda probabilidad- el objetivo de asegurar su control al interior de una institución de la Iglesia católica.

Ordenado sacerdote en 1961, fue obispo de Chillán y, entre 1981 y 1985, fue secretario del Pontificio Consejo para la Familia del Vaticano. Hace unos días, reapareció en público tras muchos años de permanecer en Alemania, en una casa de Schoenstatt. Esta semana, el canal chileno de televisión 24 Horas, logró entrar a la residencia donde se hospeda, en la localidad de Vallendar. Incluso cruzó unas palabras con Cox, quien desistió hacer comentarios sobre las acusaciones que, durante años, se lanzaron en su contra en Chile.

 

Este episodio desató una crisis mediática, que obligó a la comunidad de Schoenstatt a afrontar abiertamente el problema. El viceprovincial del movimiento en Chile, Patricio Moore, calificó la situación “como una vergüenza” y reconoció que “se han cometido muchísimos errores”. Al mismo tiempo y en entrevista con una radio chilena, reveló que la acogida de Cox en Alemania fue una petición del Vaticano y reconoció que, con el conocimiento de los casos, hubiese preferido que permaneciese en Chile.

Al mismo tiempo anunció algunas nuevas “medidas de restricción” aplicadas contra Cox, entre estas la privación del teléfono celular y la prohibición para que pueda salir del reciente donde se aloja en Alemania. Schoenstatt es el mismo movimiento al que pertenece el cardenal y arzobispo emérito de Santiago de Chile, Francisco Javier Errázuriz, actualmente miembro del C-9, el consejo de purpurados que asesora al Papa Francisco en el gobierno de la Iglesia universal.

 

El otro obispo separado, Marco Antonio Órdenes Fernández de 53 años, en 2012 protagonizó un escándalo público en su país. El 9 de octubre de aquel año, el entonces Papa Benedicto XVI aceptó la renuncia del prelado a la guía de la diócesis de Iquique. Todo precipitó en el arco de pocos días. Hasta entonces Órdenes era el obispo chileno más joven. Al inicio de aquel mes, Rodrigo Pino Jelcic dio la cara y acusó públicamente al prelado de haber mantenido una “relación amorosa” de carácter sexual con él mientras era rector del Santuario Nuestra Señora del Carmen de La Tirana.

 

La respuesta de la Iglesia fue inmediata. Primero la nunciatura apostólica (embajada vaticana) confirmó que, efectivamente, existía una investigación en curso. Y abundó que la misma había comenzado en el mes de abril anterior. Más tarde, el Obispado de Iquique emitió un comunicado en el cual manifestó su dolor, indicó que Órdenes se encontraba fuera del país y pensaba regresar a la brevedad.

 

El miércoles 3, el nuncio apostólico Ivo Scapolo se reunió con él en la ciudad chilena de Arica. Durante ese encuentro le pidió su renuncia y le recomendó mantener un bajo perfil mientras concluían las pesquisas conducidas por la Congregación para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede. La primera petición el obispo la cumplió, la segunda no.

 

Tres días después, el sábado 6 de octubre, uno de los periódicos de mayor circulación en Chile publicó una amplia entrevista con el clérigo en la cual reconoció sus actos, pero aclaró que esos habían ocurrido “no con un menor de edad”. Sus palabras causaron tanta perplejidad que el portavoz de la Conferencia Episcopal, Jaime Coiro, debió salir al cruce para aclarar que, “para la Iglesia, siempre es tremendamente doloroso que un ministro consagrado al servicio de Jesucristo y de la Iglesia reconozca su participación en conductas impropias”.

 

La Congregación para los Obispos del Vaticano se movió con velocidad y procesó la renuncia obligatoria en cuestión de días