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Pensilvania, U.S.; plena colaboración de la iglesia con las autoridades en la eliminación de los abusos a menores.

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pensilvania investigación federal abusos menores clero plena colaboraciónPlena colaboración de las Diócesis del Estado de Pensilvania en investigación federal sobre abusos a menores de parte del clero  (2018 Getty Images)

Investigación federal abusos en Pensilvania: plena colaboración de las diócesis

Las diócesis del Estado de Pensilvania ofrecen su total apoyo y colaboración a las fuerzas del orden en su objetivo de eliminar la plaga de los abusos a menores

Ciudad del Vaticano

Las Diócesis de Pensilvania dan su plena colaboración a una investigación abierta por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos sobre los abusos sexuales cometidos por el clero en este Estado americano. La Iniciativa federal sigue a la publicación de un informe, el pasado mes de agosto, que habla de unos 300 sacerdotes que han abusado de por lo menos mil menores en los últimos 70 años.

En varios comunicados y declaraciones, las Diócesis de Pensilvania reiteran su total apoyo a la investigación federal, que concierne en particular la entrega de la documentación relativa a los abusos, así como “han colaborado plenamente con las solicitudes de información relativas al Gran Jurado estatal”. Como subraya la nota de la Diócesis de Allentown, la Iglesia “se considera un socio de las fuerzas del orden en su objetivo de eliminar los abusos a menores, dondequiera ocurran en la sociedad”.

Tras la publicación del informe del Gran Jurado, el presidente de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, el cardenal, Daniel DiNardo, habló del fracaso de la dirección episcopal y de una verdadera “catástrofe moral”, reiterando la petición de perdón y el compromiso de seguir el camino de la verdad, de la justicia y de la tolerancia cero hacia toda forma de abuso.

En una declaración emitida por la Oficina de Prensa del Vaticano sobre el caso de Pensilvania, el director Greg Burke declaró que “las víctimas deben saber que el Papa está de su parte. Los que han sufrido son su prioridad, y la Iglesia quiere escucharlos para erradicar este trágico horror que destruye la vida de los inocentes”.

Durante su visita a los Estados Unidos, en septiembre del 2015, encontrando a un grupo de víctimas de abusos precisamente en Filadelfia, Pensilvania, el Papa afirmó: “Les prometo que seguiremos el camino de la verdad, dondequiera pueda llevarnos. El clero y los obispos serán llamados a rendir cuentas si han abusado de niños o no han sido capaces de protegerlos”.

En la carta de febrero 2015 a los Presidentes de las Conferencias Episcopales y a los Superiores de los Institutos de Vida Consagrada sobre la Comisión Pontificia para la protección de los Menores, el Papa Francisco escribe: “Las familias deben saber que la Iglesia no escatima esfuerzos para tutelar a sus hijos y que tienen derecho de dirigirse a ella con plena confianza, porque es una casa segura. Por lo tanto, no se podrá dar prioridad a otro tipo de consideraciones, cualquiera que sea su naturaleza, como por ejemplo el deseo de evitar el escándalo, porque no hay absolutamente lugar en el ministerio para aquellos que abusan de los menores”.

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El Cardenal Cupich de Chicago sobre pederastia, homosexuales y obispos

Cupich: que obispos cedan algunos poderes y dejen que laicos vigilen sobre casos de abuso

La propuesta del arzobispo de Chicago, en vista del encuentro de noviembre entre los obispos estadounidenses sobre la pederastia: crear un nuevo órgano de investigación nacional

El cardenal Cupich

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Pubblicato il 16/10/2018
Ultima modifica il 16/10/2018 alle ore 21:11
JOSHUA J. MCELWEE – HEIDI SCHLUMPF
CIUDAD DEL VATICANO

 

Los obispos católicos de Estados Unidos deben renunciar a algunos de los propios poderes en las diócesis y permitir la creación de un nuevo órgano nacional que pueda ocuparse de las investigaciones sobre las acusaciones por mala conducta de los miembros del episcopado. Es lo que afirmó el cardenal Blaise Joseph Cupich, arzobispo de Chicago, en una entrevista exclusiva del 13 de octubre con el National Catholic Reporter, en la que explica que será su propuesta durante el encuentro del episcopado estadounidense que se llevará a cabo en Baltimore del 12 al 14 de noviembre para responder a la crisis que han provocado las revelaciones sobre los abusos del ex cardenal Theodore McCarrick.

 

Según el arzobispo de Chicago, cuando se reúnan en noviembre para discutir sobre la plaga de la pederastia del clero, los religiosos «deberán ser muy claros en relación con los procedimientos para establecer las responsabilidades por las acusaciones sobre obispos». «Cedamos nuestros derechos como obispos para que entre alguien más e indague sobre nosotros». Esto es, según el cardenal, lo que se debería establecer. «Cada uno debe estar dispuesto a decir: “Dejaré que un grupo independiente investigue mi persona en el caso de que haya una acusación en mi contra”».

 

El cardenal, que está participando en el Sínodo de los obispos sobre los jóvenes también se refirió a la propia experiencia con los supervivientes de los abusos sexuales, al cambio de la mentalidad que deben tener los obispos en relación con las propias responsabilidades y al hecho de que los sacerdotes de orientaciones homosexuales son considerados «un chivo expiatorio».

 

Por primera vez, Cupich comentó también la renuncia de Donald Wuerl, el cardenal de Washington que el viernes 12 de octubre (tras los resultados del informe del “Gran Jurado” de Pennsylvania y las polémicas por la gestión de algunos casos de sacerdotes depredadores a principios de los años noventa) concluyó su larga carrera. «No me sorprendió su decisión de hacerse a un lado, porque siempre ha puesto el bien de la Iglesia por encima de todo… hasta llegar a decir: “He cometido errores”», afirmó Cupich. «Este es el hombre que conozco: un hombre honesto que siempre ha tratado de hacer lo mejor por amor de la Iglesia, hasta admitir que había cometido esos errores».

 

En la entrevista, concedida al margen de las sesiones de trabajo sinodales, el purpurado subrayó que la renuncia de Wuerl será una oportunidad para que «las personas den un paso hacia atrás y vean también todas las maneras en las que han contribuido a la vida de la Iglesia». «Si verdaderamente queremos decir la verdad, debemos decirla hasta el fondo y aprovechar este momento para apreciar su contribución», que es «enorme».

 

Sobre la cuestión de los sacerdotes homosexuales, en cambio, Cupich explicó que «debemos hacer que todos dentro de la Iglesia vivan una auténtica vida y casta. Esto está fuera de discusión». Sin embargo, «se ha demostrado que la crisis de los abusos, las violencias contra menores, en realidad son imputables a otros factores, no solo a que alguien sea gay». «Esto está claro. Las investigaciones lo demuestran. No se trata de mi opinión personal», afirmó el cardenal; «creo que nos estamos equivocando de camino si no nos ocupamos de lo que gira alrededor de la cultura del clericalismo, y de los privilegios, los poderes y la protección que ofrece. Estos tres elementos deben ser eliminados de la vida de la Iglesia. Todo lo demás es secundario, si antes no afrontamos esto».

 

Según Cupich, además, es necesario que cada uno de los prelados católicos cedan una parte de la propia autoridad para permitir la creación de un nuevo grupo de investigación a nivel nacional; la Conferencia Episcopal nacional todavía no tiene el poder para crear este órgano por sí misma: «No puede hacerlo, la iniciativa debe provenir de Roma o de cada obispo individualmente». El organismo en cuestión debería ser «una especie de comisión laica de supervisión que tenga la tarea de recibir las denuncias de abusos, las acusaciones sobre os obispos, o acusaciones sobre la mala gestión de los obispos de estos casos», explicó. Un órgano de este tipo a nivel nacional sería necesario para reconstruir la confianza entre los laicos y los obispos y «para asegurarse que no haya la mínima duda sobre favoritismos» cuando se investigue por una acusación contra un prelado.

 

Las revelaciones de este verano sobre McCarrick, uno de los líderes más influyentes en la Iglesia estadounidense del último cuarto de siglo, han llevado a muchos católicos a preguntarse cómo fue posible que no hubiera sido denunciado antes y, por lo tanto, a pedir un proceso independiente para evaluar las futuras acusaciones contra obispos. El comité administrativo de los obispos estadounidenses anunció en septiembre que se ha aprobado la creación de un «sistema de indicación por parte de terceros» para las acusaciones en contra de prelados, pero no ofreció información específica que, probablemente, será un argumento de discusión durante el encuentro de noviembre. Cupich dijo que no había recibido ningún material preparatorio para la reunión: «Estoy seguro de que están trabajando, pero no hemos recibido nada por el momento».

 

«Nuestro pueblo no está contra nosotros: quieren que la Iglesia tenga éxito. Quieren que los obispos tengan éxito, pero también quieren ayudarnos y no deberíamos tener miedo», afirmó el arzobispo de Chicago. «Esta no es ciencia misilística», añadió. «Podemos ser transparentes. Podemos contar con una manera par determinar las responsabilidades. Podemos hacerlo. No debería ser algo difícil para nosotros».

 

Cupich maduró sus deseos de afrontar los abusos sexuales por parte del clero «de la manera más honesta, transparente y responsable posible» gracias a sus encuentros con los supervivientes. En particular, su primer encuentro, cuando era obispo de Rapid City, en Dakota del Sur (1998-2019), con un hombre de 50 años que sufrió abusos sexuales décadas antes. «Mientras él hablaba, comprendí que estaba escuchando a un niño de nueve años», dijo. «Era desgarradora la manera en la que contaba la historia, porque describía los detalles de manera muy gráfica, muy real».

 

Según Cupich, «nuestras palabras de perdón no significan nada si no entramos en contacto concreto y nos sentamos frente a las víctimas para permitir que nos arrolle de verdad el trauma, el dolor que han sufrido». Su primera reacción al escuchar la historia de ese hombre fue de «rabia, profunda rabia», pero esta rabia «se transformó en determinación para que las víctimas siempre estén antes que nada, para que se encuentre una manera para que la iglesia haga lo correcto», aseguró el arzobispo, activo en el Comité episcopal estadounidense (fue incluso presidente) que se ocupa de la protección de los niños.

 

 

Además de la cuestión de un organismo internacional para investigar las acusaciones contra los prelados, Cupich se dijo convencido de que en la reunión de noviembre los obispos estadounidenses deberían afrontar las revelaciones que contiene el informe del “Gran Jurado” de Pennsylvania. Publicado el 14 de agosto, el documento analizó la gestión de la Iglesia en relación con los casos de pederastia en seis diócesis del estado e identificó por lo menos mil víctimas menores de edad durante setenta años.

 

«¿Sabemos si todas estas víctimas han recibido cuidados y atención pastoral?», se preguntó Cupich recordando que la misma Carta para la protección de los niños y de los jóvenes, adoptada en 2002 después del escándalo de los abusos en Boston, ordena que los prelados «deberían ser transparentes con las personas y encontrar a las víctimas».

 

¿Y los sacerdotes? «¿Esos sacerdotes han sido destituidos? ¿Fueron señalados a Roma, como habría debido ser, aunque fueran casos históricos?», prosiguió el purpurado. La misma Carta de 2002 no prevé que los obispos deban elencar públicamente en sus diócesis a los sacerdotes que han sido acusados, pero el cardenal de Chicago afirmó que «habrían debido ser divulgados, para permitir que otras víctimas salieran a la luz». «Creo —añadió— que es importante que las persona involucradas en casos de este tipo y comprobados, con acusaciones creíbles, deban ser nombradas públicamente para que las víctimas salgan a la luz. Yo siempre lo he hecho, pero no es así en todas las diócesis».

 

Es necesario, antes que nada, un cambio de mentalidad por parte de los obispos en relación con la propia responsabilidad, por lo que Cupich considera importante que los prelados se dirijan constantemente al pueblo de sus diócesis y se enteren mediante los sacerdotes qué es lo que viven sus parroquianos. «Hay que ser responsables de los propios sacerdotes, porque ellos están en primera línea con el pueblo. Te dicen lo que dice la gente, acaso antes de que lo haga la gente».

 

Para concluir, en relación con el Sínodo sobre las exigencias de los jóvenes en la actualidad (el segundo en el que participa el cardenal estadounidense, después del de 2015 sobre la familia), Cupich afirmó: «Es algo enriquecedor y, al mismo tiempo, inquietante. Para nosotros, del mundo occidental, sobre todo de Estados Unidos, es impresionante entrar en contacto con los traumas, las dificultades, las luchas, los desafíos de los jóvenes de todo el mundo». En particular, el cardenal quedó profundamente sorprendido por el discurso de un joven iraquí que habló sobre su vida, en medio de una constante violencia. «Caigo en la trampa de concentrarme en mi zona, en las cuestiones y preocupaciones que tenemos en Estados Unidos».

 

¿Cómo está tomando en cuenta el Sínodo las preocupaciones de los jóvenes tanto de las zonas desarrolladas como subdesarrolladas y en vías de desarrollo? El cardenal Cupich respondió que hay una convergencia entre los jóvenes de todo el mundo, que es la búsqueda de la autenticidad: «No están buscando una Iglesia perfecta, están buscando una Iglesia auténtica. Pueden tolerar los errores, pero no pueden tolerar la “inautenticidad” o la falta de honestidad sobre los difíciles problemas del presente».


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Audiencia del Papa al Presidente de Chile.

El Papa y el Presidente de ChileEl Papa y el Presidente de Chile 

Papa y Presidente de Chile: colaboración para combatir y prevenir abusos

El Papa Francisco recibió en audiencia, la mañana de este sábado 12 de octubre, al Presidente de la República de Chile, el Señor Sebastián Piñera Echenique, en el Palacio Apostólico Vaticano.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

La Oficina de Prensa de la Santa Sede informó que, la mañana de este sábado 12 de octubre, en el Palacio Apostólico Vaticano, el Santo Padre ha recibido al Presidente de la República de Chile, el Señor Sebastián Piñera Echenique, quien a continuación se ha reunido con el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado, acompañado de Mons. Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados.

Defensa de la vida y abusos a menores

Durante las cordiales conversaciones se ha puesto de manifiesto la satisfacción por las buenas relaciones existentes entre la Santa Sede y Chile. Sucesivamente, se han detenido sobre la situación del País, haciendo referencia en modo particular a la defensa de la vida y a la dolorosa herida de los abusos a menores, subrayando el compromiso de todos en la colaboración para combatir y prevenir la comisión de estos crímenes y su ocultamiento. A lo largo de los coloquios se han afrontado otros temas de interés común en ámbito internacional y regional, sobre todo en lo referido a la acogida de los migrantes.


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Chile; despojados del sacerdocio dos obispos. Comentario de Vatican insider

Abusos sexuales: El Papa separa del sacerdocio a dos obispos chilenos

Después de la dimisión del estado clerical de Fernando Karadima, ahora Francisco José Cox y Marco Antonio Órdenes Fernández fueron despojados del sacerdocio “como consecuencia de actos manifiestos de abusos a menores”

Abusos sexuales: El Papa separa del sacerdocio a dos obispos chilenos

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Pubblicato il 13/10/2018
Ultima modifica il 13/10/2018 alle ore 17:02
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

Desde hace años, sus nombres eran símbolo de abusos sexuales. Aunque permanecían alejados de sus funciones episcopales. Finalmente, el Papa decidió aplicarles la dimisión del estado clerical. Se trata de Francisco José Cox Huneeus, arzobispo emérito de La Serena, y Marco Antonio Órdenes Fernández, obispo emérito de Iquique. En un comunicado oficial, dado a conocer este sábado por la sala de prensa de la Santa Sede, puso por escrito que su alejamiento del sacerdocio fue determinada “como consecuencia de actos manifiestos de abusos a menores”.

 

Según reseñó una nota oficial, en ambos casos de aplicó el artículo 21 en su punto 2 del decreto papal (en forma de “motu proprio”) “Sacramentorum Sanctitatis Tutela”. Se trata de un texto del 30 de abril de 2001, firmado por el Papa Juan Pablo II y que se convirtió en el texto base para la atracción, en la Santa Sede, de los casos de abusos sexuales y otros delitos graves de los sacerdotes.

 

“La decisión adoptada por el Papa el pasado jueves, 11 de octubre de 2018, no admite recurso. La Congregación para la Doctrina de la Fe lo ha notificado ya a los interesados, a través de sus respectivos superiores, en sus respectivas residencias”, continuó el texto vaticano.

 

Cox, de 84 años y quien condujo la Arquidiócesis de La Serena entre 1990 y 1997, continuará formando parte del Instituto de los Padres de Schoenstatt, de acuerdo con la comunicación de la Santa Sede. Esta determinación, que no es común y no fue explicada por la oficina de información vaticana, tiene -con toda probabilidad- el objetivo de asegurar su control al interior de una institución de la Iglesia católica.

Ordenado sacerdote en 1961, fue obispo de Chillán y, entre 1981 y 1985, fue secretario del Pontificio Consejo para la Familia del Vaticano. Hace unos días, reapareció en público tras muchos años de permanecer en Alemania, en una casa de Schoenstatt. Esta semana, el canal chileno de televisión 24 Horas, logró entrar a la residencia donde se hospeda, en la localidad de Vallendar. Incluso cruzó unas palabras con Cox, quien desistió hacer comentarios sobre las acusaciones que, durante años, se lanzaron en su contra en Chile.

 

Este episodio desató una crisis mediática, que obligó a la comunidad de Schoenstatt a afrontar abiertamente el problema. El viceprovincial del movimiento en Chile, Patricio Moore, calificó la situación “como una vergüenza” y reconoció que “se han cometido muchísimos errores”. Al mismo tiempo y en entrevista con una radio chilena, reveló que la acogida de Cox en Alemania fue una petición del Vaticano y reconoció que, con el conocimiento de los casos, hubiese preferido que permaneciese en Chile.

Al mismo tiempo anunció algunas nuevas “medidas de restricción” aplicadas contra Cox, entre estas la privación del teléfono celular y la prohibición para que pueda salir del reciente donde se aloja en Alemania. Schoenstatt es el mismo movimiento al que pertenece el cardenal y arzobispo emérito de Santiago de Chile, Francisco Javier Errázuriz, actualmente miembro del C-9, el consejo de purpurados que asesora al Papa Francisco en el gobierno de la Iglesia universal.

 

El otro obispo separado, Marco Antonio Órdenes Fernández de 53 años, en 2012 protagonizó un escándalo público en su país. El 9 de octubre de aquel año, el entonces Papa Benedicto XVI aceptó la renuncia del prelado a la guía de la diócesis de Iquique. Todo precipitó en el arco de pocos días. Hasta entonces Órdenes era el obispo chileno más joven. Al inicio de aquel mes, Rodrigo Pino Jelcic dio la cara y acusó públicamente al prelado de haber mantenido una “relación amorosa” de carácter sexual con él mientras era rector del Santuario Nuestra Señora del Carmen de La Tirana.

 

La respuesta de la Iglesia fue inmediata. Primero la nunciatura apostólica (embajada vaticana) confirmó que, efectivamente, existía una investigación en curso. Y abundó que la misma había comenzado en el mes de abril anterior. Más tarde, el Obispado de Iquique emitió un comunicado en el cual manifestó su dolor, indicó que Órdenes se encontraba fuera del país y pensaba regresar a la brevedad.

 

El miércoles 3, el nuncio apostólico Ivo Scapolo se reunió con él en la ciudad chilena de Arica. Durante ese encuentro le pidió su renuncia y le recomendó mantener un bajo perfil mientras concluían las pesquisas conducidas por la Congregación para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede. La primera petición el obispo la cumplió, la segunda no.

 

Tres días después, el sábado 6 de octubre, uno de los periódicos de mayor circulación en Chile publicó una amplia entrevista con el clérigo en la cual reconoció sus actos, pero aclaró que esos habían ocurrido “no con un menor de edad”. Sus palabras causaron tanta perplejidad que el portavoz de la Conferencia Episcopal, Jaime Coiro, debió salir al cruce para aclarar que, “para la Iglesia, siempre es tremendamente doloroso que un ministro consagrado al servicio de Jesucristo y de la Iglesia reconozca su participación en conductas impropias”.

 

La Congregación para los Obispos del Vaticano se movió con velocidad y procesó la renuncia obligatoria en cuestión de días


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Chile: dos obispos destituídos por el Papa

VATICAN- Papa FranciscoVATICAN-Papa Francisco  

El Papa dimite a Mons. Francisco Cox, arzobispo chileno

El Santo Padre ha dimitido del estado clerical a Mons. Francisco José Cox Huneeus, arzobispo emérito de La Serena (Chile), miembro del Instituto de los Padres de Schoenstatt, y a Mons. Marco Antonio Órdenes Fernández, obispo emérito de Iquique (Chile)

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

En un comunicado de la Sala de Prensa de la Santa Sede se explica que en “ambos casos” se ha aplicado el artículo 21 § 2, 2° del motu proprio “Sacramentorum Sanctitatis Tutela”, como consecuencia de actos manifiestos de abusos a menores.

El Papa tomó esta decisión el pasado jueves y “no admite recurso”.  La Congregación para la Doctrina de la Fe lo ha notificado ya a los interesados, a través de sus respectivos superiores, en sus respectivas residencias. Francisco José Cox Huneeus continuará formando parte del Instituto de los Padres de Schoenstatt.


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El caso Viganó y la necesidad de una adecuada respuesta por parte del Vaticano. Thomas Reese..

Columns • Opinion • Thomas Reese: Signs of the Times

Doubts about Viganò’s accusations aside, Pope Francis needs a better response

Archbishop Carlo Maria Viganò listens to remarks at the United States Conference of Catholic Bishops’ annual fall meeting on Nov. 16, 2015, in Baltimore. (AP Photo/Patrick Semansky)

(RNS) — It is hard to know what to think of the bombshell dropped by Archbishop Carlo Maria Viganò, who released a scalding letter on Sunday (Aug. 26) calling on Pope Francis to resign. Viganò, the former Vatican ambassador to the United States, claims in the letter that Pope Francis knew that recently resigned Cardinal Theodore McCarrick abused seminarians when he was a bishop in New Jersey but nonetheless didn’t punish the cardinal.

The 7,000-word document also accuses about a dozen Vatican cardinals who served in the papacies of John Paul, Benedict and Francis of being part of the coverup.

It might be easy to write Viganò off as a disgruntled employee. He was denied the job he sought under Pope Benedict XVI — president of the governorate of the Vatican City State — and was sent to the United States as papal nuncio, or representative to the U.S. government and the American church. In a 2012 memo to Pope Benedict, which was leaked to the media, Viganò complained that he was being exiled because he had made enemies trying to reform Vatican finances.

Nuncio to the United States is no minor job, but the head of the Vatican government normally becomes a cardinal.

Viganò became even more unhappy with his job as nuncio after the election of Pope Francis, who ignored his recommendations in the appointment of bishops. And although most nuncios to the U.S. later become cardinals, it became clear that he was never going to get a red hat.

It is worth noting that many of the people Viganò accuses are the same people with whom he had conflicts in the Vatican.

Nor is this the first time Viganò has criticized the pope. He joined Cardinal Raymond Burke and others in criticizing the pope’s document on the family, “Amoris Laetitia,” because they thought it diverged from orthodoxy.

Disgruntled employee? Yes. But many whistleblowers are disgruntled employees.

What is more damning are questions about Viganò’s own record regarding the American sex abuse scandal. During legal proceedings against the Archdiocese of St. Paul and Minneapolis, a 2014 letter from Viganò was uncovered in which he told an auxiliary bishop to limit an investigation against the local archbishop and to destroy evidence.

Viganò was certainly not known for transparency and accountability while he was nuncio from 2011 to 2016, but now he presents himself as a born-again defender of the abused.

In the letter, Viganò goes after many former and current officials in the Vatican, including the three most recent secretaries of state: cardinals Angelo Sodano, Tarcisio Bertone and Pietro Parolin. Other Vatican cardinals he alleges knew about McCarrick’s abuse include William Levada, Giovanni Battista Re, Marc Ouellet, Leonardo Sandri, Fernando Filoni, Angelo Becciu, Giovanni Lajolo and Dominique Mamberti.

Given how the crimes of Rev. Marcial Maciel Degollado, founder of the Legionairies of Christ, were ignored during the papacy of Pope John Paul II, some of what Viganò says sounds possible. But no evidence is presented.

Interestingly, John Paul escapes Viganò’s criticism. Viganò implies that McCarrick’s appointment to Washington and as a cardinal was the work of Sodano “when John Paul II was already very ill.” Yet McCarrick was appointed archbishop of Washington in 2000, five years before John Paul died. Was John Paul a puppet during his last five years in office? And if McCarrick’s abuse of seminarians was so widely known in John Paul’s curia, it is hard to believe that Cardinal Joseph Ratzinger did not know. Did he tell John Paul?

Viganò claims that Re told him that, sometime between 2009 and 2010, Pope Benedict told McCarrick to stop living at a seminary, saying Mass in public, traveling and lecturing.

But there is no evidence to support the claim that McCarrick was sanctioned by Pope Benedict. McCarrick continued to celebrate Mass, travel and lecture throughout the papacy of Benedict. And on his many visits to Rome, he stayed at the North American College, the residence for U.S. seminarians. Anyone who thinks Benedict would tolerate such disobedience doesn’t know Benedict.

Pope Francis, flanked by Vatican spokesperson Greg Burke, listens to a journalist’s question Aug. 26, 2018, during a news conference aboard the flight to Rome at the end of his two-day visit to Ireland. (AP Photo/Gregorio Borgia, Pool)

Viganò claims that he told Pope Francis on June 23, 2013: “Holy Father, I don’t know if you know Cardinal McCarrick, but if you ask the Congregation for Bishops there is a dossier this thick about him. He corrupted generations of seminarians and priests, and Pope Benedict ordered him to withdraw to a life of prayer and penance.” Since Pope Francis allegedly did not listen to him then, Viganò thinks he should resign.

Viganò released his letter as Pope Francis was wrapping up his visit to Ireland. Journalists asked the pope about it during the press conference on the plane headed back to Rome.

“I will not say one word on this,” the pope said, according to a New York Times video. “I think this statement speaks for itself, and you have sufficient journalistic capacity to reach your own conclusions.”

“When time will pass and you’ll draw the conclusions, maybe I will speak,” said Francis. “But I’d like that you do this job in a professional way.”

Of course, many headlines read: “Pope refuses to respond to accusations of coverup.”

The pope was correct to encourage journalists to examine the Viganò document to see what is true and what is not. The press conference was not the place to do a line-by-line critique of the document. Many reporters have in fact examined the document and found its claims wanting.

But what about Viganò’s claim that he told the pope about McCarrick?

Since the pope is the only other witness to this encounter, only he can verify or deny what Viganò said, and refusing to answer that question does not enhance his credibility. The pope’s media advisers should have told him so immediately after the press conference and responded to the reporters with a clarification before they filed their stories.

The answer could have been, “No, he did not say that to the pope.” Or, it could have been: “Yes, he did say that to the pope, but there is no record of the alleged sanctions by Benedict. The pope disregarded the accusations because Viganò had a history of unsubstantiated accusations. And remember, it was Francis who told McCarrick to spend the rest of his life in prayer and penance and took away his red hat.”

Reporters, like most people, like the pope, but they also have a job to do. The Vatican should not make it difficult.

Just as every diocese in the United States needs to do a full and transparent account of clerical sex abuse and each diocese’s response, so too the Vatican must disclose what it knew, when it knew and what it did or did not do. Nothing less will begin the restoration of credibility to the Catholic Church.

(The views expressed in this commentary do not necessarily represent those of Religion News Service.)


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Abusos de menores. Importantes aclaraciones de Mons.Scicluna

Abusos; monseñor Scicluna: una humillación que nos hará más humildes

Es padre sinodal quien se encargaba de los casos de pederastia en la Iglesia. En el encuentro de febrero de 2019 con los presidentes de los episcopados nacionales habrá una discusión sobre la cooperación con la justicia civil y sobre la responsabilidad de los obispos
AP

Monseñor Charles Scicluna

Pubblicato il 08/10/2018
Ultima modifica il 08/10/2018 alle ore 17:44
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

 

 

«No hay otros caminos hacia la humildad que la humillación». Según monseñor Charles Scicluna las crisis de los abusos sexuales de menores son una oportunidad para que la Iglesia responda a la «sed de justicia» de las víctimas y de todo el pueblo de Dios. Padre sinodal, el arzobispo de Malta fue promotor de justicia de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 2002 a 2012 y se encargaba de los casos de pederastia en la Iglesia. Su presencia en la rueda de prensa cotidiana sobre el Sínodo sobre los jóvenes que se está llevando a cabo en el Vaticano (del 3 al 28 de octubre) se transformó inevitablemente en una conferencia de prensa sobre las noticias de los últimos tres meses y sobre las perspectivas para el futuro próximo. La asamblea sinodal, precisó el religioso maltés, no es lugar del que hay que esperarse «respuestas veloces» al tema «tremendamente trágico» de los abusos sexuales. Lo será el encuentro de los presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo convocados por el Papa Francisco; en esta cumbre especial se afrontarán cuestiones como una mayor responsabilización (“accountability”) de los obispos, la lentitud de la justicia eclesial, la cooperación necesaria con las autoridades civiles.

 

El Papa Francisco, que en 2015 lo nombró presidente del Colegio para examinar los recursos en la sesión ordinaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe en materia de “delicta graviora”, envió también a monseñor Scicluna a Chile para investigar sobre las denuncias contra el sacerdote pederasta Fernando Karadima, en el ojo del huracán, y de los fieles de la diócesis de Osorno en donde era obispo un alumno de este último, monseñor Juan Barros, que mientras tanto renunció.

 

El presente es «un momento muy importante porque uno de los frutos puede ser volverse más humildes, y no hay otro camino hacia la humildad que la humillación», dijo monseñor Scicluna al responder a la larga serie de preguntas de los periodistas que estaban en la Sala de Prensa vaticana. «¿Qué pienso sobre personas que dicen: “¡Ustedes hacen una cosa y dicen otra, vergüenza!”? Creo que tienen razón. Debemos avergonzarnos. Y creo que no hay otra manera que la humildad y el silencio. No tengo una receta instantánea, a veces estas cosas requieren mucho más tiempo del que uno se imagina. Pero al mismo tiempo creo que hay muchos sacerdotes santos ahí afuera. Como escribió el Papa, la santidad es el encuentro de mi debilidad con la misericordia de Dios. Y hay muchos sacerdotes que viven santamente y le cambian la vida a las personas. Este milagro sucede cada día y seguramente no conquista los títulos de los periódicos, como hacen las cartas y las contra-cartas, pero sucede todos los días. No lo creo: lo veo todos los días. Deberíamos tener este fuerte sentido de la realidad, no pensar que las cartas que nos mandamos son lo más importante en la Iglesia, porque de lo contrario vivimos en una burbuja. Cuando encuentras a personas que han cambiado sus vidas al encontrarse con un santo sacerdote lo comprendes, aunque sea más noticia un árbol que se quema que un bosque que crece»

 

Durante el Sínodo, dijo el religioso maltés, «un momento muy importante fue el “mea culpa” que pronunció el arzobispo Fischer (Anthony Fischer de Sídney, ndr.), creo que interpretó los sentimientos de muchos de nosotros. La cuestión de los abusos sexuales de menores está en el “Instrumentum laboris”, en el punto 66, entonces no es algo que haya entrado por la ventada, era ya un tema presente. Es una experiencia que algunos jóvenes han hecho de la Iglesia, viendo ahombres de Iglesia que dicen una cosa y hacen otra. Tengo la impresiónd e que el tema se ha afrontado también en todos los círculos lingüísticos, que es un tema general que tendrá que encontrar mayor espacio en el documento final. Sabemos que la mayor parte de las víctimas son jóvenes, hay que hablar de las heridas infingidas precisamente por quienes habrían debido cuidarlos: es mucho más que trágico, es tremendamente trágico. Y el Papa Francisco, rodeado de obispos de todo el mundo, tiene el mismo deseo de pasar de las palabras bellas a las acciones, para que la Iglesia sea un lugar más seguro y conducir a las diferentes culturas a que apliquen la carta circular que la Congregación para la Doctrina de la Fe envió a las conferencias episcopales de todo el mundo en 2011, para proponer líneas guía que después fueron revisadas por la misma congregación. Hay que ir a la raíz de los abusos, aumentar la responsabilización. Y no solo por lo que hacemos, sino también por todo lo que no hacemos, como ha aclarado el Santo padre con el “motu proprio” sobre los obispos negligentes, que fue un mensaje muy fuerte. Nosotros los obispos que somos responsables frente a Dios o a nuestra conciencia, pero también frente a nuestro pueblo».

 

«Pero el Sínodo no es sobre los abusos. Tenemos un encuentro importante en febrero, con los presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo —recordó Scicluna— y creo que ese será el momento en donde tendremos que plantear la cuestión no solo de la prevención, sino también de la responsabilización: creo que ese es el mejor lugar. No espero respuestas veloces en este Sínodo, hay muchas otras cuestiones en discusión, pero el encuentro de febrero es el encuentro justo para estas cuestiones».

 

En la Iglesia, específicamente, «se espera una mayor responsabilización de los obispos» y «creo que debemos confiar en el Papa Francisco para que se realice un sistema en donde haya mayor responsabilización». En el encuentro de febrero, del cual «por fortuna no soy el responsable», «como obispo, presidente de la pequeña Conferencia Episcopal maltesa, creo que debemos darnos cuenta, antes que nada, a pesar de provenir de países y de culturas diferentes, de que el de los abusos sexuales no es un problema vinculado a una cultura determinada o a una determinada parte geográfica del mundo, como alguno dijo en el pasado. Luego, claro, diferentes culturas tienen diferentes maneras de afrontar el problema en el campo, hay culturas en las cuales la vergüenza es el mayor obstáculo para descubrir el abuso. Pero debemos también ir a la raíz del problema. El Papa Francisco lo llama clericalismo y debemos ser más concretos para decir qué significa este caldo de cultivo, esta perversión del ministerio, debemos contrarrestar la tendencia a tratar el ministerio como una fuente de poder. Y después está la cuestión de la formación del clero, de la selección. Y también el tema de la cooperación con las autoridades civiles. Es fundamental dar respuestas a nuestras comunidades, porque el problema tiene que ver con todos nosotros». Con respecto a los jóvenes, muchos de los cuales no van a la Iglesia, «el punto no es la Iglesia o los obispos, sino Jesús: si encuentras a Jesús, quieres estar allí. Las familias no están hechas de santos, muchos so pecadores (“join the club!”), pero las personas siguen creando familias. A los jóvenes diría: ustedes tienen sed de justicia, sed de Dios, concéntrense sobre el rostro amoroso y tierno de Jesús, y en ese momento querrán ser parte de la familia de la Iglesia, a pesar de que esté llena de pecadores». A quien hizo una pregunta específica sobre el caso McCarrick, Scicluna respondió recordando que la equiparación entre los adultos con discapacidades con menores, en el derecho eclesial en relación con los crímenes de pederastia, es «un desarrollo en la ley de la Iglesia» introducido por Benedicto XVI: «No sé si la ley se desarrollará aún más, pero creo que hay que tomar la cuestión en consideración». Pero no en este sínodo, como sea, sino en el encuentro de febrero.

 

«Lo que me duele —afirmó Scicluna— es que la justicia (eclesial, ndr.) a veces toma un tiempo que es un poco exagerado, y este es un problema que entristece mucho al Papa Francisco; sé como testigo directo cuánto sufre el Papa por la lentitud. Pero está también la justicia civil que hay que respetar, porque las respuestas no deben darse solo dentro de la Iglesia, sino, si el delito es civil, hay que respetar la jurisdicción civil y someter al culpable (como dice Benedicto XVI en la Carta a los fieles irlandeses) a las consecuencias de sus acciones deliberadas. Como obispo, ahora, estoy del otro lado del escritorio, vivo esta experiencia como pastor de mi pueblo: padre para el sacerdote que peca, padre para la víctima. Esta es una división trágica para el obispo. Buscar la verdad es esencial, pero he aprendido, en mi servicio a mi Iglesia, una pequeña Iglesia, que debo contar con la ayuda de quien sea un experto, no puedo confiar solo en mi prudencia, porque hay una emoción espiritual, hay una cercanía que no me permite la distancia necesaria para un juicio sereno. Por ello he creado un grupo de laicos expertos que han la investigación y me dan las indicaciones para un juicio, y esto me deja bastante sereno, ser un pastor al servicio de la verdad y de la incolumidad de mi pueblo».

 

A los jóvenes que han sufrido un abuso «tengo poco que decir: preferiría llorar con ellos, como me ha sucedido tantas veces. Ante esta tragedia, el silencio y el llanto son la primera respuesta. Pero luego hay una gran sed de verdad y de justicia, que no es incompatible con la misericordia, porque todos necesitamos misericordia, pero la misericordia está vacía si no se respeta la verdad. Hay que decirle pecado al pecado, esta es la justicia. Cuando el Papa Francisco habla de santidad, en la “Gaudete et exsultate”, recuerda que Jesús hablaba de “sed y hambre” de justicia, porque la sed y el hambre son el instinto más fuerte: es como sin justicia no pudiéramos vivir, porque la sed y el hambre de justicia son radicales, fundamentales. Y, cuando encuentro a las víctimas (que ya no son jóvenes porque para hablar de una experiencia dolorosa a veces se necesitan años) encuentro una gran sed y una gran hambre de justicia, que yo comparto».

 

 

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