Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


Deja un comentario

El Papa a la comisión para la protección de menores.

l Papa a la Comisión para la Protección de los Menores: “La Iglesia lugar de piedad y compasión”

 

 

(RV).- “La Iglesia está llamada a ser un lugar de piedad y compasión, especialmente para los que han sufrido. Para todos nosotros, la Iglesia Católica sigue siendo un hospital de campo que nos acompaña en nuestro itinerario espiritual”, lo dijo el Papa Francisco en su discurso a los miembros de la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores, a quienes recibió en Audiencia el tercer jueves de septiembre.

En su discurso entregado, el Santo Padre saludó y agradeció a los miembros de esta Comisión Pontificia al comienzo de su Asamblea Plenaria, al mismo tiempo que les manifestó su aprecio por las reflexiones presentadas, ya que ellas, “han expresado muy bien el papel que pensé para la Comisión cuando la formé hace tres años – afirmó el Papa – un servicio que confío en que seguirá siendo de gran ayuda en los próximos años para el Papa, la Santa Sede, los Obispos y los Superiores Mayores de todo el mundo”.

El abuso sexual es un pecado horrible

Hoy, señaló el Pontífice, deseo compartir con ustedes el profundo dolor que siento en el alma por la situación de los niños abusados. “El escándalo del abuso sexual – precisó el Papa – es verdaderamente una ruina terrible para toda la humanidad, y que afecta a tantos niños, jóvenes y adultos vulnerables en todos los países y en todas las sociedades”. Sentimos vergüenza, agregó el Santo Padre, por los abusos cometidos por ministros sagrados, que deberían ser los más dignos de confianza. Pero también, dijo, hemos experimentado un llamado, que viene directamente de nuestro Señor Jesucristo: acoger la misión del Evangelio para la protección de todos los menores y adultos vulnerables. En este sentido, afirmó el Papa, “permítanme decir con toda claridad que el abuso sexual es un pecado horrible completamente opuesto y en contradicción con lo que Cristo y la Iglesia nos enseñan”. Por ello, los animo a seguir alimentando su compromiso personal de hacer todo lo posible para combatir este mal y eliminar esta ruina de entre nosotros.

El principio de “tolerancia cero”

“Hoy – reiteró una vez más el Obispo de Roma – que la Iglesia, en todos los niveles, responderá con la aplicación de las más firmes medidas a todos aquellos que han traicionado su llamado y han abusado de los hijos de Dios”. Las medidas disciplinarias que las Iglesias particulares han adoptado es responsabilidad primordial de los Obispos, sacerdotes y religiosos, de aquellos que han recibido del Señor la vocación de ofrecer sus vidas al servicio, incluyendo la protección vigilante de todos los niños, jóvenes y adultos vulnerables. “Por esta razón – afirmó el Papa – la Iglesia irrevocablemente y a todos los niveles pretende aplicar contra el abuso sexual de menores el principio de tolerancia cero”.

Esfuerzos de la Iglesia para proteger a todos los menores

Durante los últimos tres años, señaló el Papa Francisco, la Comisión ha enfatizado continuamente los principios más importantes que guían los esfuerzos de la Iglesia para proteger a todos los menores y adultos vulnerables. “Me llenó de alegría – dijo el Pontífice – saber que muchas Iglesias particulares han adoptado vuestra recomendación para una Jornada de Oración, y para un diálogo con las víctimas y supervivientes de abusos, así como con los representantes de las organizaciones de víctimas”. También es alentador saber cuántas Conferencias Episcopales y Conferencias de Superiores Mayores han buscado vuestro consejo con relación a las Directrices para la protección de menores y adultos vulnerables en todo el mundo.

La Iglesia lugar de piedad y compasión

Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco alentó a seguir llevando adelante las diferentes oportunidades de aprendizaje, educación y formación que realiza la Comisión. En este sentido dijo el Papa, “la Iglesia está llamada a ser un lugar de piedad y compasión, especialmente para los que han sufrido. Para todos nosotros, la Iglesia Católica sigue siendo un hospital de campo que nos acompaña en nuestro itinerario espiritual”. Es el lugar donde podemos sentarnos con otros, escucharlos y compartir con ellos nuestras luchas y nuestra fe en la buena nueva de Jesucristo. Por ello, señaló el Pontífice, confío plenamente en que la Comisión seguirá siendo un lugar donde podamos escuchar con interés las voces de las víctimas y de los supervivientes. Porque tenemos mucho que aprender de ellos y de sus historias personales de coraje y perseverancia.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)

(from Vatican Radio)

Anuncios


Deja un comentario

Pederastia: la actitud del Papa Francisco.

Pederastia; el Papa: “A los culpables nunca les daré la gracia”

Francisco recibe a la Pontificia Comisión para la Tutela de los Menores y anunció nuevos cambios en los procedimientos para los procesos en los casos de abusos: «Es una enfermedad, metámonoslo en la cabeza. La Iglesia ha cobrado conciencia demasiado tarde»

El Papa Francisco

371
0
Pubblicato il 21/09/2017
Ultima modifica il 21/09/2017 alle ore 13:40
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

No hay atajos. Los sacerdotes y religiosos condenados por pederastia no tendrán nunca la gracia del papa Francisco. ¿Por qué? «Simplemente porque la persona que hace esto, sea un hombre o una mujer, está enferma. La pederastia es una enfermedad. Hoy él se arrepiente, sigue adelante, lo personamos, pero dos años después recae».

 

La línea de «tolerancia cero» que inauguró Benedicto XVI y retomada ampliamente por Bergoglio en contra de los crímenes de los abusos sexuales contra menores de edad asume nuevos matices y nuevas aplicaciones prácticas. El Pontífice argentino las ilustró en la audiencia a la Pontificia Comisión para la Tutela de los Menores, que fue recibida hoy por la mañana en el Vaticano. Durante la audiencia puso sobre la mesa los temas que deberán ser afrontados durante la asamblea plenaria de la Comisión, que comenzará hoy.

 

En un breve discurso, Francisco anunció cambios e indicaciones que, de cierta manera, representan una ruptura con el pasado: «Quien es condenado por abusos sexuales contra menores puede dirigirse al Papa para obtener la gracia», pero «yo nunca he firmado una de estas y nunca la firmaré. Espero que quede claro», subrayó el Papa.

 

Una línea dura que Francisco decidió adoptar después de años de lagunas y errores por parte de las diócesis y de los Tribunales eclesiásticos en la lucha contra la plaga de la pederastia. «La Iglesia ha llegado tarde», admitió el Pontífice: tarde para cobrar conciencia de la gravedad del problema, tarde para asumirse sus responsabilidades. «Es la realidad: hemos llegado tarde. Tal vez la antigua práctica de transferir a la gente adormiló un poco las conciencias», dijo. Y «cuando la conciencia llega tarde, también los medios para resolver el problema llegan tarde».

 

Pero no todo está perdido: «El Señor ha suscitado profetas», dijo Francisco, «uno es el cardenal» Sean O’Malley, arzobispo de Boston (diócesis estadounidense duramente afectada por los casos de abusos sexuales) y presidente de la Comisión que, con los demás miembros, está trabajando duramente y «contracorriente» para «hacer que salga el problema a la superficie y verlo a la cara».

 

Pero este trabajo, subrayó el Papa, no solo tiene que ver con la Comisión, sino con «toda la Santa Sede». Empezando por la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Dicasterio que se ocupa de afrontar estos crímenes. «Creo que, por el momento, resolver el problema de los abusos debe estar bajo la competencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe», confirmó Francisco, «esta ha sido una cosa práctica. Cuando llegaba un problema nuevo, venía una disciplina nueva para la reducción al estado laico, y siempre la ha tomado la Congregación para la Doctrina de la Fe. Después, cuando la cosa se afianzó bien, en el caso de la “laicización” de los sacerdotes pasó al Culto Divino y después al Clero». «Y esto lo digo —añadió—porque algunos piden que vaya directamente al sistema judicial de la Santa Sede, es decir a la Rota y a la Signatura».

 

Pero «en este momento el problema es grave», denunció el Obispo de Roma, y no es solamente grave el problema, sino también que «algunos no hayan cobrado conciencia del problema». Por lo tanto «es bueno que permanezca en la Doctrina de la Fe, para que todos en la Iglesia cobren conciencia».

 

El primer paso es «comenzar a estudiar y clasificar» los casos, para poder acelerar algunos procesos que se han quedado estancados. «Ah, hay muchos casos que no avanzan, están allí… Esto es cierto», dijo el papa Francisco, por lo que «con el nuevo secretario (Giacomo Morandi, ndr.), y también el prefecto anterior (el cardenal Gerhard Ludwig Müller, que concluyó su mandato el primero de julio pasado, ndr.)he ha concluso il mandato il 1° luglio scorso, ndr.) estaba de acuerdo, se está tratando de contratar a cada vez más personas para que trabajen en la clasificación de los procesos».

 

El segundo paso, en cambio, tiene que ver con la comisión dentro de la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidida por el arzobispo de Malta, Charles Scicluna, que es quien recibe los recursos: «Trabaja bien, pero se debe ajustar con la presencia de algún obispo diocesano que conozca el problema en el lugar», afirmó el Papa Bergoglio. «Se está trabajando en esto» y también, reveló, en otro frente: «en esta comisión hay principalmente canonistas. Examinan que todo el proceso vaya bien, si no hay un “qui pro quo”», pero de esta manera, «existe la tentación de los abogados de reducir la pena. Por lo demás, viven de esto».

 

Entonces, anunció el Papa, «he decidido equilibrar un poco esta situación y digo que también un abuso de menores, si se prueba, es suficiente para no recibir recursos. Si existen las pruebas es definitivo. ¿Por qué? Simplemente porque la persona que hace esto, sea hombre o mujer, está enferma. Es una enfermedad. Hoy él se arrepiente, sigue adelante, lo perdonamos, pero después de dos años recae. Debemos metérnoslo en la cabeza: esta es una enfermedad».

 

Siguiendo esta misma línea, el Papa habló sobre el tercer nivel: «Quien sea condenado puede dirigirse al Papa para pedir la gracia. Yo nunca he firmado una de estas y nunca la firmaré. Que quede claro, pueden decirlo». Bergoglio hizo un «mea culpa» y admitió que solamente en un caso, al comenzar su Pontificado, de un sacerdote de Crema, decidió «la vía más benévola» en lugar de reducirlo al estado laico. «Pero después de dos años él volvió a caer». Yo «aprendí» con esta experiencia y «nunca más lo he vuelto a hacer».

 

Es una «enfermedad fea», subrayó el Papa. Fea y «vieja», como atestiguan las cartas de San Francisco Javier, que regañaba a los monjes budistas por este «vicio». Hay que seguir adelante y arrancarla. Punto. La cuestión es vieja, pero hay «nuevas soluciones». «Sigamos adelante con confianza», concluyó Francisco. E insistió en su agradecimiento a los miembros de la Comisión anti-abusos, porque «sin ustedes no habría sido posible hacer lo que hemos hecho en la Curia y que tenemos que seguir haciendo».


Deja un comentario

El escándalo de un funcionario de la nunciatura del Vaticano en Washington.

Scandals in the Catholic Church: Bad news and good news

WEB-SCANDALS-CATHOLIC-CHURCH.jpg

Vatican flags along Pennsylvania Avenue for Pope Francis’ visit in 2015. (Photo courtesy of Victoria Pickering/Flickr Creative Commons)

Leaders in the Catholic Church, like leaders in any organization, hate scandals. They wish that they never happen, and when they do, they try to deal with them internally so as not to get a lot of bad publicity.

The problem is that they usually make a mess of it. Any attempt by the church to try to limit publicity is seen as a cover-up.

A better strategy would be to recognize that scandals represent bad news and good news. The bad news is that something bad happened; the good news is that the perpetrator got caught. Scandals should be seen as an opportunity for the church to show it can act responsibly in the face of a scandal, because scandals are an inevitable part of life.

And there have been lots of scandals. The worst, of course, is the sexual abuse of children by Catholic clerics. This criminal abuse has been devastating on children, and attempts by church leaders in the past to cover it up have made matters worse for the children and their families as well as the church.

current-issue-eNCR-with-logo.jpgIt’s here! Subscribe to eNCR, the digital version of our biweekly newspaper. (Curious? Preview eNCR here.)

When accusations of abuse are raised, church leaders need to cooperate with law enforcement and follow the procedures that have been laid out by the church to deal with such accusations. Not only do church leaders have to do this, they have to be seen as doing it by the media and the public.

The latest church scandal has involved the Vatican nunciature or embassy in Washington, where one of its officials has been accused by the United States of violating laws relating to child pornography. It presents a case study of what to do and what not to do.

On the positive side, the Vatican did issue a press release acknowledging that the U.S. State Department had notified it of a possible violation of child pornography laws by an official in the nunciature.

This is certainly progress from the days when reporters would have only gotten a “no comment” from the Vatican. But, for the most part, the Vatican is making a mess of it. The Vatican followed the old, failed strategy of saying as little as possible rather than getting all of the story out at one time. Today, professional PR firms recommend getting all of the bad news out as soon as possible in order to limit the number of follow-up stories.

WEB-SCANDAL-CATHOLIC-CHURCH2.jpg

Apostolic nunciature in Washington, D.C. (Photo courtesy of Jonathunder/Wikimedia Commons)

The silliest part of the press release was its refusal to name the official who was accused by the State Department. Since the press release said that the official had been recalled to Rome, it did not take long for the media to find a list of nunciature officials and then discover which one is no longer in the United States. By not naming the official right away, the Vatican gave the appearance of a cover-up. In addition, it temporarily put all of its nunciature officials under suspicion. Not good.

Second, there was no specificity in the accusation. Was it possession of child pornography or production or distribution? Both Vatican and U.S. criminal laws make these kinds of distinctions. I presume it was possession, but since the Vatican did not say so, the media were forced to discuss the various possibilities, making the story worse than was necessary.

Third, the Vatican press release gave no explanation of how the official would be dealt with other than to say that “The Promoter of Justice opened an investigation.” This was made worse by adding, “investigations carried [out] by the Promoter of Justice are subject to investigative confidentiality.”

After decades of dealing with the sexual abuse crisis, it is hard to imagine a worse press release in the 21st century.

What should the press release have said?

First, it should have begun by saying that any accusation of child pornography is taken very seriously by the Vatican and will be thoroughly investigated. It could have noted that possession of child pornography is a violation of church law as well as a violation of the Vatican City criminal code to which Vatican diplomats are held accountable as if the crime were committed inside the Vatican itself.

Thus, the accused will undergo two investigations, one by church officials for a violation of church law, and a second by Vatican City officials for a violation of its criminal statutes.

If he is found guilty of violating church law, he can be laicized (expelled from the priesthood) and never be allowed to act as a priest again. If he is found guilty of violating the Vatican City criminal code, he can be imprisoned and fined.

Nor was anything said about the current status of the accused, except that he is in Vatican City. The press release should have said that he is currently suspended as a priest and diplomat while the investigation takes place. It could have added that he will be confined to the Vatican and will not have unsupervised access to children or the internet until the investigation is over. This is the kind of information people want to know.

None of this was explained in the press release.

WEB-SCANDAL-CATHOLIC-CHURCH3.jpg

A map of Vatican City. (Graphic courtesy of Thomas Römer/OpenStreetMap data/Wikimedia Commons)

The case of Archbishop Józef Wesołowski, nuncio to the Dominican Republic, shows what happened in another recent case. He was nuncio to the Dominican Republic until August 2013, when he was recalled to the Vatican after accusations of the sexual abuse of minors. In June of 2014, he was laicized after an investigation and trial by the Congregation for Doctrine of the Faith. A year later, he was indicted by Vatican City prosecutors on allegations of possession of child pornography. He was found dead of a heart attack on Aug. 27, 2015, before the criminal trial could take place.

It is way past the time when the Vatican can proceed in secrecy at its own pace without any transparency. Because of the church’s bad record in dealing with sexual abuse, the Vatican has to be forthcoming with information so that the media and the public know there will be no cover-up.

This is especially true in the current case, where the Vatican has invoked diplomatic immunity so that the official will be tried under Vatican law rather than U.S. laws. Even though the U.S. would not want its diplomats tried by a foreign power, the Vatican’s use of this immunity will not go down well in the United States. There are legitimate arguments in favor of diplomatic immunity, but they will not be listened to if the Vatican is not transparent in showing it can and will responsibly deal with the case.

There are other interesting stories for the media to pursue. For example, how did the nunciature official come to the attention of the U.S. government? Was it through a sting operation? Did he access a child pornography site being monitored by the FBI? Or was the nunciature being spied upon by the FBI, CIA or NSA?

Whatever the source of the government’s information, the accused is still innocent until proven guilty under U.S. and Vatican law. But there will also be a trial in the court of public opinion, and so far, the Vatican is losing in that court, where the church is judged guilty until proven innocent.

[Jesuit Fr. Thomas Reese is a columnist for Religion News Service and author of Inside the Vatican: The Politics and Organization of the Catholic Church.]

Editor’s note: Sign up to receive free newsletters , and we will notify you when new columns by Fr. Reese are out.


Deja un comentario

Un sacerdote con material pedopornográfico.

El sacerdote bajo sospechas de pedo-pornografía y algunas cuestiones abiertas

El caso del cura que el Estado de la Ciudad del Vaticano llamó inmediatamente de Washington: perspectivas «mundanas» y la nostalgia de una mirada cristiana

La sede de la nunciatura en Washington

40
0
Pubblicato il 16/09/2017
Ultima modifica il 16/09/2017 alle ore 16:17
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

El triste caso del sacerdote en servicio dentro de la nunciatura apostólica de Washington, que fue llamado a toda prisa al Vaticano para ser interrogado por la acusación de posesión de material pedo-pornográfico, deja algunas cuestiones sin respuesta, y no son nada fáciles de afrontar.

 

Antes que nada, es útil recordar que se trata de un «indagado», no de un «condenado» y, por lo tanto, sus responsabilidades deben ser demostradas. En segundo lugar, según admitieron las fuentes del Departamento de Estado, se sospecha que el sacerdote en cuestión posea, pero no que «produzca o difunda, pornografía infantil». Hay que aclarar inmediatamente para no provocar equivocaciones: la pederastia y todo lo que hay alrededor pertenecen a la categoría de los delitos y de los pecados más oscuros y reprobables, porque los que sufren los abusos son niños que quedarán arruinados de por vida.

 

Pero, también en este caso, hay niveles de responsabilidad diferentes: una cosa son los abusos contra los menores y la producción de material pedo-pornográfico, y otra es poseer este material. Esto es un delito, tanto en los Estados Unidos como en el Vaticano. Y con más graves consecuencias, desde el punto de vista moral, cuando quien posee ese material es un sacerdote, sobre todo si cuenta con la inmunidad diplomática porque trabaja en una de las nunciaturas más importantes del mundo.

 

El comunicado que divulgó ayer, viernes 15 de septiembre de 2017, la Sala de prensa vaticana llegó anticipando la difusión de la noticia. Es probable que en este caso, más allá de la prontitud de reflejos a la hora de trasferir al Vaticano al cura y abrir una investigación, se haya preferido actuar de inmediato desde el punto de vista de la comunicación para marcar el ritmo, y no seguir, de la divulgación de la noticia. Anunciando en un comunicado oficial que se trataba de un sacerdote con inmunidad diplomática en servicio en la nunciatura de Washington, era inevitable que en pocas horas su nombre fuera identificado y divulgado por los medios de comunicación, puesto que los sacerdotes secretarios en servicio son solo tres.

 

Entonces, hay que reconocer que en este caso la Santa Sede se actuó con rapidez en todos los frentes, evitando cualquier confusión, como, por ejemplo, sucedió con el caso del nuncio Józef Wesołowski (quien, y no está de más recordarlo, fue acusado de abusos y no solo no de poseer material pedo-pornográfico). Y, si no consideró oportuno responder afirmativamente a la petición del Departamento de Estado estadounidense, que exigía cancelar la inmunidad diplomática del sospechoso, el Vaticano demostró no querer transigir sobre este tipo de delitos ni querer, de alguna manera, «encubrir» para defender el buen nombre de la institución, como sucedía en un pasado no muy lejano.

 

Sin embargo, quedan abiertas algunas cuestiones, que difícilmente serán discutidas, sobre todo si se considera que se hizo todo lo necesario para aplicar las normas, las reglas, los códigos y los reglamentos de emergencia para combatir el fenómeno de la pederastia en cualquiera de sus manifestaciones. Si, efectivamente, el indagado resulta culpable y, por lo tanto, condenado según las nuevas normas que introdujeron Benedicto XVI y Francisco, se podrá afirmar que la Iglesia se dotó finalmente de medidas eficientes para combatir la pederastia en su interior. Pero esto dejará, una vez más, sin solución la pregunta ¿cómo es posible que esto haya sucedido nuevamente? Es decir, las cuestiones de la formación y de los problemas sobre la identidad sexual, de la calidad de las relaciones interpersonales, de las amistades, de la capacidad de identificar las señales de disgusto y de verdadera enfermedad, de la excepcional copertura que representan los viajes, de la inmunidad diplomática percibida como impunidad para cuantos tengan estos tipos de problemas y de los criterios con los que son elegidas las personas que entrarán al servicio diplomático.

 

Es decir, la reacción «mundana», aunque sea muy correcta desde el punto de vista formal, es la del aislamiento de la «oveja negra», cuya foto será recortada y eliminada del álbum de familia. Pero sin que esto cale más hondo. Resulta aún más iluminador y congruente, desde todos los puntos de vista, la reacción que en su momento tuvo Benedicto XVI frente al escándalo internacional por los casos de pederastia cometidos por exponentes del clero. El Papa Ratzinger, que también actuó con firmeza en el ámbito de las normas con leyes de emergencia, quiso presentar una imagen de Iglesia penitencial: en lugar de invocar complots y ataques exteriores, y en lugar de refugiarse en el funcionalismo y en las «best practices» como si se tratara de una empresa (ejemplo de esa que el Papa Francisco llama, citando a Lubac, «mundanidad espiritual», todavía muy de moda en el Vaticano), se hizo cargo pidiendo perdón por los pecados de sus miembros y por la herida que este pecado provocaba.

 

Esa preciosa y actual enseñanza del Papa emérito fue indigesta para muchos autoproclamados «ratzingerianos». Porque era un testimonio ajeno a cualquier triunfalismo y reivindicación, y porque presentaba el rostro más auténtico de una Iglesia humilde, llena de pecado, necesitada de volver a aprender cotidianamente a recibir todo de su Señor y no de sus propias fuerzas, inteligencias o habilidades administrativas.


Deja un comentario

La Iglesia en Chile y la próxima visita del Papa

Una visita Complicada por los Abusos sexuales

chilepapa16

Causó cierto impacto mediático el anuncio oficial de que el Papa Francisco visitará Chile y Perú en enero próximo. Hay interrogantes y también preocupación ante este importante acontecimiento; porque en la Diócesis de Osorno permanece un Obispo impuesto que causa grave división y confusión en un amplio sector ciudadano por haber sido cómplice de Fernando Karadima, uno de los sacerdotes que más daño ha causado a la Iglesia Católica chilena por  sus actos reñidos con la moral y por  los abusos sexuales cometidos durante años.

Ciertamente y con razón, todo el país se conmocionó al saber que Fernando Karadima practicó diversos abusos sexuales y otros en forma impune por años. Además,  fue un personaje influyente por décadas en el sigiloso proceso de nombramientos de nuevos obispos para Chile. Desde la Parroquia El Bosque y rodeado de una selecta élite eclesial, política y empresarial, ayudó al Nuncio de la época, Angelo Sodano, a redibujar el perfil y el accionar del episcopado hacia posiciones del todo conservadoras y distantes del Concilio Vaticano II.

En este contexto y bajo diversos matices y estrategias, se nombraron varios obispos que salieron de la “cantera del P. Karadima”, tuvieron “su formación espiritual” y muchos de ellos –presbíteros y obispos- posteriormente, le defendieron de las fundadas acusaciones, algunos incluso llegaron hasta Roma para intentar detener el juicio Canónico que se abrió en la Congregación para la Doctrina de la Fe. Pero, eran de tal contundencia los escritos acusadores que, finalmente, la Santa Sede condenó a Fernando Karadima por abuso sexual y psicológico reiterado en contra de varios jóvenes seminaristas que vivían su vocación religiosa y cumplían con su diaria rutina en la Parroquia.

Desde la ciudad de Osorno,  escandalizada por todos estos acontecimientos, han sido innumerables los actos, vigilias, acciones no violentas y declaraciones en que hemos pedido una y otra vez que salga del Obispado don Juan Barros Madrid. Tanto por ser un obispo impuesto, como por haber callado los ilícitos criminales, pues él sabía de los abusos de Karadima y no los denunció.  Más aún; es uno de los que viajó a Roma para alegar en beneficio del hoy; abusador sexual recluido en un recinto eclesiástico de por vida.

Por estos hechos de por sí graves, ya que estamos hablando de una de las perversidades humanas más detestables, como es la Pederastia, a miles de personas nos parece preocupante que la próxima visita del Papa a Chile sea un cierto nuevo respaldo al obispo Barros. Nos parece injusto que no se escuche el clamor ciudadano que pide algo esencial y conveniente para todos, en primer lugar, para la Iglesia Católica que registra en Chile una enorme baja en la percepción ciudadana de credibilidad. Como nunca la Iglesia está cuestionada y sumida en una larga crisis de liderazgo, precisamente, porque está golpeada por los abusos sexuales, siendo los casos más dolorosos e indignos los de Karadima y O’Reilly. Y, para colmo, ambos abusadores permanecen en el Presbiterio, es decir; siguen siendo parte de la Iglesia. Esto es, francamente, inaceptable y contradictorio con lo que el propio Santo Padre dice y pide desde Roma.

Con todo, nos asiste la Esperanza de que se produzca un cambio en nuestra Diócesis de Osorno. En este contexto, cómo no recordar la reciente visita del P. Felipe Berríos a nuestra ciudad. Pudimos compartir, reflexionar y soñar una Iglesia más cercana, acogedora, dialogante y sin manchas que afecten su praxis Misionera, tal como lo señalan las enseñanzas de Jesús el Nazareno.

También, agradecemos muy sinceramente su palabra libre, solidaria y comprometida  con nuestra justa causa cuando señaló, acá en Osorno, clara y públicamente que: “Juan Barros es el punto que genera el conflicto, lo ideal sería que renuncie ahora, por amor a la Iglesia y a su misma vocación. No se empequeñecerá si renuncia, al contrario, seguirá siendo Obispo hasta su muerte, pero que renuncie a su ejercicio le hará bien a todos…”.

Danilo Andrade Barrientos

Laico Ignaciano  –  Osorno

19510374_10212655939968417_638226636499722519_n


Deja un comentario

Sobre los abusos contra los niños de Regensburg habla el obispo

Coro de Regensburg; carta del obispo: “Solo puedo pedir humildemente perdón por los abusos”

Monseñor Rudolf Voderholzer escribió a la diócesis después de la publicación del Informe final sobre los abusos contra los “Domspatzen”: «Informe indigerible, pero puede ayudar a las víctimas»

El Coro de Regensburg

20
0
Pubblicato il 24/07/2017
Ultima modifica il 24/07/2017 alle ore 13:11
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

«Todo esto me duele profundamente y me llena de vergüenza. Solo puedo pedir humildemente perdón, en nombre de los culpables, la mayor parte fallecidos, pido que se acepte esta petición». Faltaba solamente su voz entre todas las que han comentado el triste caso de la violencia y los abusos que sufrieron los pequeños miembros del coro de los “Domspatzen”. El obispo de Regensburg, Rudolf Voderholzer, decidió publicar una carta a los fieles, del 22 de julio, y pidió que se leyera durante todas las celebraciones dominicales de ayer.

 

En el texto Voderholzer comentó el resultado del Informe final redactado y publicado por el abogado Ulrich Weber, después de una cuidadosa y larga investigación encomendada por la misma diócesis. La investigación demostró que a lo largo de alrededor de medio siglo 547 niños del coro de la catedral fueron víctimas de maltratos y violencia carnal, 60 de ellos sufrieron también abusos sexuales. El obispo expresó a las víctimas su agradecimiento por haber contribuido con la investigación ofreciendo sus testimonios, algunos pronunciados después de décadas de traumas y silencios. «A pesar del sufrimiento vivido, se pusieron en contacto con los representantes de la diócesis, en particular con el señor Weber».

 

Monseñor Voderholzer alabó también el trabajo que llevó a cabo el abogado, pues logró «esclarecer» las «estructuras» y «contextos» que permitieron «o incluso favorecieron» estos delitos. Una conclusión fundamental para evitar que se repitan en el futuro. El religioso también se refirió al «aislamiento», a las «barreras comunicativas» y a las «omisiones» por parte de los responsables políticos y eclesiales como circunstancias que hicieron posible el horror al que fueron sometidos aquellos chicos, algunos incluso muy pequeños, día tras día.

 

No se trata solo de «bofetones», escribió Voderholzer. Es más, esta era une medida punitiva corriente en la época, incluso en las escuelas, socialmente aceptada para obtener disciplina y obtener mejores resultados, sobre todo en el ámbito artístico. En el informe se describen violencias «muy superiores»: niños encerrados en sacos negros, puñetazos, patadas, golpes con objetos contundentes y otras atrocidades. Sin olvidar las violaciones perpetradas principalmente en la Vorschule Etterzhausen, la escuela de formación adyacente al coro.

 

«Quien lea estas descripciones solo podrá sentir horror y consternación», se lee en la carta del obispo de Regensburg. Muchos niños y chicos «vivían en un terror constante» de castigos «arbitrarios e inminentes», e incluso en la actualidad, después de casi cuarenta años, sufren por las «humillaciones que soportaron». «Estos niños fueron encomendados de buena fe a sacerdotes y al personal eclesial» cuyo compromiso era vivir «los diez mandamientos y el mandamiento del amor», afirmó monseñor Voderholzer, quien no dejó de admitir todo su dolor y toda su vergüenza: «Solamente puedo pedir humildemente perdón», dijo el obispo, también en nombre «de los culpables, la mayor parte fallecidos», implorando que sea acogida su petición.

 

No es fácil. Estos resultados «son difíciles de digerir también para nosotros», confió el obispo. Sin embargo, era necesario llegar a los resultados del informe. Era necesario para las víctimas, que consideraron muy positivo el informe pues «les ayudará a tener paz frente a este doloroso capítulo de su historia». Y también era necesario el informe para las autoridades competentes del Gobierno federal, que pudieron ver, por escrito, y evaluar el trabajo que ha hecho la Iglesia al respecto, sobre todo a partir de 2010, cuando la diócesis activó medidas, estructuras y a personas que se ocuparon no solo de los casos de abusos sexuales, sino también de las agresiones físicas.

 

Aunque se ha hecho mucho en escuelas, coros, guarderías e institutos para la tutela de los menores, se necesita mayor «apoyo», dijo el obispo, para otras iniciativas que pretenden prevenir casos semejantes. «Apoyar a los niños y a los jóvenes, ofrecer testimonio de la fe con la palabra y con el ejemplo, pero también aprender de ellos, esta es nuestra tarea para el futuro».

 

Al final de su carta Voderholzer recordó que se están esperando los resultados de otros dos estudios que «deberán aclarar más los contextos históricos y sociológicos» de los abusos contra los “Domspatzen”, y aseguró que la diócesis continuará comprometiéndose por las víctimas con apoyo económico (en los últimos años las víctimas recibieron una indemnización de 2550 euros) y psicológico, basado en nuevos estudios. Al mismo tiempo solicitó que «todos aquellos que fueron víctimas de violencia o de abusos sexuales en otras instituciones eclesiásticas, y que hasta ahora no lo han señalado», encuentren el valor «para confiar en nosotros», para que «puedan experimentar reconocimiento y justicia, y encuentren ayuda».


Deja un comentario

El Cardenal Müller y los abusos en Regensburg

Müller sobre los abusos en Regensburg: “Busqué la verdad”

El cardenal fue entrevistado por el periódico italiano “Il Corriere della Sera”: «En estos años he sentido vergüenza. Nunca he defendido la institución, es más: fui yo quien puso en marcha la investigación»
ANSA

El cardenal Gerhard Ludwig Müller

39
0
Pubblicato il 20/07/2017
Ultima modifica il 20/07/2017 alle ore 12:08
PAOLO PETRINI
CIUDAD DEL VATICANO

«En realidad, fui yo quien puso en marcha el proceso de información. Le encargué a un equipo de expertos que investigaran los hechos ocurridos cincuenta años antes de mi mandato como obispo de Regensburg. En el sitio web de la diócesis hay una gran documentación con todos los pasos de nuestro trabajo. En esta primera fase, entre 2010 y 2012, se hizo todo lo que era posible y necesario. Ulrich Weber incluso me agradeció por esta iniciativa. Siete años después es muy fácil juzgar los inicios, cuando todavía sabíamos poco. Y después fue el obispo el que organizó y comunicó el trabajo de las personas encargadas de esta tarea. Nunca he defendido la institución, más bien defendí a los “Domspatzen” de hoy, que no tienen nada que ver con estos crímenes de hace 50 años».

 

Con estas palabras, el cardenal Gerhard Ludwig Müller, ex obispo de Regensburg y ex Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe, respondió a los detalles que ha ofrecido el abogado Ulrich Weber en el informe de 450 páginas dedicado a los abusos contra los niños del coro del Duomo. El cardenal, en una entrevista con el periódico italiano “Il Corriere della Sera”, recordó que el actual obispo de Regensburg, Rudolf «tomó la iniciativa» de esta investigación «tres años después de mi partida, con base a las nuevas informaciones. No se pueden confundir las etapas de un proceso de investigación que duró siete años y medio. Yo participé en el trabajo solo durante los dos primeros años».

 

Müller en que siempre actuó con rectitud durante su mandato de cinco años a la cabeza del ex Santo Oficio. «Como encargado de un Supremo Tribunal de la Iglesia, siempre estuve absolutamente determinado en alejar a los clérigos que se lo merecían, siempre en el absoluto respeto del derecho a defenderse. Debo subrayar una vez más que cualquier acusado, en la Congregación para la Doctrina de la Fe, contó con la presunción de inocencia hasta el final del proceso, y que, al mismo tiempo, nunca negué la voz a ninguna de las víctimas. Todo ello a pesar de las presiones a las que estaba expuesto, sobre todo mediáticas. Estoy convencido de que la justicia imparcial es la mejor ayuda y contribución que la Santa Sede puede ofrecer a los obispos del mundo. Solamente de esta manera podrán a su vez demostrar el afecto materno de la Iglesia y la reparación, en la medida de lo posible, del daño material y espiritual sufrido por las víctimas».

 

En relación con el hermano de Benedicto XVI, el cardenal afirmó: «No me encontraba en Regensburg en la época en la que Georg Ratzinger fue maestro del coro, entre 1964 y 1994, pero estoy convencido de que no sabía nada. Hubo un caso de un asistente que abusó de varios chicos, en 1972: en su contra instituimos en 2010 un proceso canónico, después de haberlo sabido».

 

Sobre el elevado número de víctimas en este caso (547 niños), dijo: «Desgraciadamente estos números son verdaderos. En relación con los abusos sexuales, se trata de, relativamente, pocos delincuentes, nueve, que provocaron tantas víctimas. No hablo solo de los bofetones, sino de las violaciones corporales y psíquicas, que también eran crímenes en el pasado. Como hombre de Iglesia hago mío el sufrimiento de las víctimas, de sus familias y de la comunidad. Hablamos de “delicta gravoria”, los delitos más graves. Porque la Iglesia no es una institución mundana, sino el Cuerpo de Cristo, el Pueblo de Dios».

 

El cardenal también desmintió que exista una relación entre el final de su mandato en la Congregación para la Doctrina de la Fe, mismo que el Papa Francisco no renovó, y la presentación del informe su Regensburg. «No tiene nada que ver ni temporal ni materialmente. Estos hechos ocurrieron muchos años antes de mi servicio como obispo de Regensburg y yo hice mi deber».