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La equivocación del Papa en la cuestión de la pederastia en Chile. Comentario de Thomas Reese

‘I have made serious mistakes,’ says pope. ‘I ask forgiveness.’

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Pope Francis lies down in prayer during the Good Friday Passion of Christ Mass inside St. Peter’s Basilica at the Vatican on March 30, 2018. (AP/Andrew Medichini)

The catchphrase “Love means never having to say you’re sorry” was more memorable than the film “Love Story,” where it was uttered twice. At first the words sounded nice, but on reflection they made no sense at all, especially to a Christian.

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Saying you are sorry is itself an expression of love. It can be an expression of sympathy toward someone who is suffering or it can be an expression of regret for having hurt someone.

What could be more loving?

Lawyers often tell their clients never to say they are sorry lest it be taken as an acknowledgment of guilt and liability. During the sexual abuse crisis, Catholic bishops who followed this legal advice got in lots of trouble.

Authority figures often fear admitting mistakes to avoid undermining their credibility. This is why many in the Roman Curia thought Pope John Paul II was crazy when, as part of the celebration of two millennia of Christianity, he decided not only to celebrate the achievements of 2,000 years of Christianity but also to ask for forgiveness for the sins of the church during the same period. Such an admission, they thought, would weaken the authority of the church. After all, if the church made mistakes in the past, it could make mistakes in the future, so why should people follow it?

Of course, the opposite happened. John Paul gained credibility and respect for his honesty.

In his recent letter to Chilean bishops, Pope Francis has admitted he made “grave errors” in judgment in dealing with the sexual abuse crisis there. He had defended Bishop Juan Barros, who was accused of knowing about the abuse done by the Rev. Fernando Karadima but doing nothing about it. Francis said there was no proof. He even accused the bishop’s accusers of “calumny.”

Eventually, Francis did the right thing and sent Maltese Archbishop Charles Scicluna to investigate. Scicluna has a reputation for being a dogged investigator who follows the evidence. He is the one who got the goods on the Rev. Marcial Maciel, a sexual predator and founder of the Legionaries of Christ.

Scicluna is one of the few clerics trusted by survivors of sexual abuse. His 2,300-page report based on 64 interviews forced the pope to acknowledge with “pain and shame” the “many crucified lives” of those who were victims of abuse.

The pope admitted he was wrong and apologized. This was not a “non-apology apology,” but a full-throated admission that he had messed up.

“I have made serious mistakes in the assessment and perception of the situation,” he wrote. He said this was due to a “lack of truthful and balanced information,” but it was still his mistake.

“I ask forgiveness from all those I offended,” he said, “and I hope to be able to do so personally, in the coming weeks, in the meetings I will have with representatives of the people who were interviewed.”

The pope has asked the Chilean bishops to come to Rome to assist him “in discerning the short, mid- and long-term measures that must be adopted to re-establish ecclesial communion in Chile, with the goal of repairing as much as possible the scandal and re-establishing justice.”

Popes are not supposed to make mistakes. And if they do, the church tends to wait decades — if not centuries — before admitting it. But Francis from the beginning of his papacy has admitted that he is a sinner like every other Christian. He made a mistake, corrected it, asked for forgiveness. That is what it means to be a Christian.

Catholics should remember that priests and their congregations begin every Eucharist with an admission of sins: “I confess to almighty God, and to you my brothers and sisters, that I have greatly sinned in my thoughts and in my words, in what I have done and in what I have failed to do.”

In the Catholic Church, love means always having to say you’re sorry.

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Chile y la desinformación del Papa sobre la pederastia.

CHILE. ¿QUIÉN LE MINTIÓ AL PAPA? ¿Quién debía transmitirle “información veraz y equilibrada” y no lo hizo? Una frase clave de la carta a los obispos chilenos

Posted on 12 abril 2018 by Alver Metalli in In evidenziaPolíticaSociedad |

Foto de grupo de la Conferencia episcopal

por Luis Badilla

En la carta del Papa Francisco a los obispos chilenos, reunidos en su 115ª Asamblea Plenaria en la localidad de Punta de Tralca, cerca de la ciudad capital Santiago, dice: «En lo que me toca, reconozco y así quiero que lo transmitan fielmente, que he incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada».

Esta es una de las claves para comprender la carta del Papa, para comprender toda la situación chilena de los últimos años y sobre todo del período – decisivo – comprendido entre el 2 de junio de 2017 hasta enero de 2018, vale decir, desde que Francisco recibió por primera vez una carta oficial del gobierno chileno de la señora M. Bachelet que lo invitaba al país y la Visita concreta entre el 18 y el 22 de enero pasado. Es un período breve pero intenso, cuando se decantan y quedan en claro los principales elementos y componentes de la declinación de la Iglesia chilena, gradual pero irrefrenable, que comenzó en la década del ’70 y continúa hasta la actualidad.

A partir de esa carta oficial del gobierno de Santiago comienza efectivamente la “preparación” del viaje y se empieza a completar el mapa actualizado de la Iglesia chilena, cuya situación era conocida desde hace años, sobre todo en el Vaticano. Pero ese mapa debía ser actualizado ante las nuevas circunstancias, el Papa en Chile, incorporando todos los análisis y consideraciones necesarias para que la peregrinación contara con raíces pastorales, religiosas, sociales, eclesiales y políticas sólidas, que permitieran asegurar el “éxito” pastoral, de imagen y de contenidos de la misma.

Al Papa, y a determinadas autoridades del Vaticano, le llegaron toneladas de información, y toneladas de información fueron solicitadas de manera específica. El mismo Pontífice mantuvo dos encuentros a puertas cerradas con el Episcopado chileno durante la visita ad Limina, el 20 y el 23 de febrero de 2017. Fueron en total 6 horas de encuentro, evento bastante insólito e inédito desde hace muchos años. Posteriormente, el 16 de enero Francisco volvió a estar con los obispos en Santiago de Chile, en la sacristía de la Catedral, y les dirigió un discurso no demasiado exigente, evitando tocar las grandes cuestiones que en esta nación han roto hace mucho tiempo la comunión eclesial.

Ahora, según la invitación que transmite la carta publicada ayer, probablemente la tercera semana de mayo habrá un cuarto encuentro del Pontífice con todos los obispos chilenos. Y este es otro hecho inédito, más aún, sorprendente: un Papa que se encuentra con todos los obispos de un Episcopado Nacional 4 veces en 15 meses.

A esta altura muchos se preguntan, sobre todo en Chile, a qué se refiere el Papa Francisco cuando dice: «he incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada». Se puede suponer, por el contexto de la carta y por lo que se puede leer entre líneas, que esta “información no veraz ni equilibrada” corresponde a todo el caso Karadima y sus derivaciones, incluyendo los 4 obispos que salieron de la confraternidad del sacerdote procesado y condenado, especialmente Barros. Y seguramente también se refiere a la manera como fue relatado, ilustrado y tal vez documentado para el Papa, de manera poco seria y sincera, el impacto de toda esta historia en el clima de preparación de su Visita y posteriormente en el desarrollo de la Visita misma, muy poco acompañada por el aparato mediático de la Iglesia chilena y del mismo Vaticano (Secretaría de comunicación y Sala de prensa), totalmente impreparados para la delicadeza casi trágica del evento.

Entonces, quiénes son los responsables de lo que el Santo Padre describe como “falta de información veraz y equilibrada”.

Son varias personas, sobre todo en Chile pero no solo allí. Las que desde el principio resultan más evidentes son tres, y todas ellas de grueso calibre y relevancia. El primero es Mons. Ivo Scapolo, Nuncio apostólico en Chile desde 2011 y que ya unos años atrás declaraba ser abiertamente contrario a una Visita del Papa porque se hubiera considerado un apoyo al gobierno de la señora Bachelet que él definía, ante un diplomático chileno con el cual hablaba de esa posibilidad, como “una persona de izquierda, atea y abortista”.

Luego tendrá que dar muchas respuestas y aclarar diversas cuestiones de estos últimos 25 años el arzobispo emérito de Santiago, el cardenal Francisco Javier Errázuriz, de 84 años, el miembro más anciano del Consejo de 9 cardenales (C9), gran defensor del padre Fernando Karadima, al que definió como “santo”, y que siempre hizo todo lo posible, incluso durante la visita del Papa, para desacreditar a las víctimas del grupo Karadima.

Por último, el actual arzobispo de Santiago, el cardenal Ricardo Ezzati, persona muy subordinada al autoritarismo de su predecesor. Tendrá que dar numerosas respuestas a preguntas inevitables y aclarar muchas situaciones en las cuales su rol ha sido como mínimo sospechoso. Obviamente estos tres prelados no son los únicos responsables. Hay otros, pero ellos tres, a diferencia de todos los demás, fueron los informantes más cercanos y constantes del Papa desde el día mismo de su elección, hace cinco años. A ellos les corresponde la mayor parte de la responsabilidad en este caso.

A partir de aquí, si hay voluntad, habría que remontarse a fines de la década del ’70, cuando la Iglesia chilena, por influencias externas, empezó a cambiar de piel porque se la consideraba demasiado creativa, libre, dinámica e influyente en la región latinoamericana. Fueron los años en los cuales se decidió que era urgente la “normalización” de las iglesias particulares de América Latina, para adecuar su vida, su pastoral, a los intereses geopolíticos de la guerra fría que se desarrollaba en el corazón de Europa. Pero esa es otra cuestión.


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La desinformación del Papa sobre la pederastia en Chile. Nuevos datos

A finales de abril tres víctimas de Karadima se encuentran con el Papa

Cruz, Hamilton y Murillo serán recibidos a finales del mes en Santa Marta. La polémica con el cardenal Errázuriz

Fernando Karadima

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Pubblicato il 14/04/2018
Ultima modifica il 14/04/2018 alle ore 16:58
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

A finales de este mes deberían llegar al Vaticano, probablemente el 28 o el 29 de abril, Juan Carlos Cruz, James Hamilton y José Andrés Murillo, tres de las víctimas del poderoso párroco que abusaba de menores Fernando Karadima. La prensa chilena dio la noticia.

 

El mismo Pontífice indicó su voluntad de encontrarse con algunas de las víctimas en la histórica carta a los obispos chilenos, dada a conocer el pasado miércoles 11 de abril de 2018, en la que Francisco admite haber cometido «graves equivocaciones» de valoración sobre los abusos cometidos por religiosos en Chile debido a que lo habían informado mal. Bergoglio, que recibió el informe de 2300 páginas redactado por su enviado especial, el arzobispo Charles Schiclina, ha podido finalmente darse cuenta de la situación real y por ello ha convocado al Vaticano a todo el episcopado chileno.

 

Hamilton, Cruz y Murillo han criticado al cardenal Francisco Javier Errázuriz, arzobispo demérito de Santiago de Chile y miembro del “C9” de los cardenales consejeros del Papa. Errázuriz dijo hace dos días que no le había dado noticias falsas al Pontífice y aseguró que no era tarea suya informarlo. Errázuriz también agradeció a las víctimas por haber «roto el silencio». Según Cruz, el cardenal «trata de hacer creer que nos apoyó», pero, en opinión de las víctimas, «nunca lo ha hecho». Murillo, con un “tuit”, comentó de esta manera las declaraciones del arzobispo emérito de Santiago: «En lugar de asumir que fallaron, que traicionaron su rol y nuestra confianza, los obispos de Chile tratan de sacarse los balazos culpándose unos a otros. Triste espectáculo».

 


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Por qué la equivocación del Papa en la cuestión de la pederastia de Chile?

 temblor o terremoto en el episcopado chileno?

El Papa habló: ¿habrá temblor o terremoto en el episcopado chileno?

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Se pronunció el Papa: “… he incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada”.

Continúa la carta enviada ayer por Francisco a los obispos chilenos: “Ya desde ahora pido perdón a todos aquellos a los que ofendí…”. El Papa acierta en el tono y en el fondo. Pero, sobre todo, abre la esperanza de una solución a la crisis del episcopado chileno y de una recuperación de la confianza en él de parte de los católicos y de los chilenos en general. Aun así, todo lo ocurrido, que por cierto aun no acaba, deja planteados problemas sin resolver que afectan a la iglesia en todas partes del mundo y que, en lo inmediato, a la iglesia chilena le han costado demasiado caro.

Vamos por orden. ¿Quiénes informaron mal al Papa como para haber nombrado y mantenido en el cargo al obispo Juan Barros? ¿Quién no le hizo saber con fuerza y claridad que la situación de los abusos sexuales y de conciencia del clero en Chile, especialmente los ocurridos en el círculo del P. Fernando Karadima, han estremecido al país? Por la información que tenemos, no han sido Monseñor Ezzati ni Monseñor Silva, últimos presidentes de la conferencia, ni la conferencia misma, ni muchos obispos más. ¿Quiénes fueron entonces? Talvez fue Monseñor Francisco Javier Errázuriz.  No lo sabemos. Pero él ha debido informar correctamente al Papa y Francisco ha debido escucharle con más atención que a otros, porque lo conoce bien y es uno de los nueve consejeros más estrechos que tiene. ¿Ha sido el nuncio, Monseñor Scapolo, quien lo informó deficientemente? Hemos de suponer que el Papa también ha debido confiar en él. Del nuncio ha dependido en gran medida el nombramiento de Barros. En eso consiste su cargo. Si al Nuncio lo pasaron a llevar en el nombramiento de Barros, ¿quién lo hizo? ¿Por qué Scapolo aceptó que lo hicieran?

El Papa espera juntarse nuevamente con los obispos chilenos en Roma y suponemos que, en esta ocasión, se solucionarán los problemas que hayan de solucionarse. Es casi evidente que el obispo Barros tendrá que dejar el cargo. Pero, ¿solo él? ¿Qué información le llegó a Francisco en el informe de Scicluna que pudiera servir al episcopado para zafarse de la situación penosa en que se encuentra? La salida de Barros, a estas alturas, es una solución de poca monta. El problema del episcopado chileno es antiguo y mucho mayor. Si no lo fuera, Barros no sería obispo de Osorno.

A mi entender la incomunicación en la iglesia es el problema número uno. Esta incomunicación tiene diversos planos. En el plano más profundo, existe una distancia gigante de mentalidad entre las autoridades y la inmensa mayoría de los católicos. Los católicos, entre ellos muchos sacerdotes, no nos sentimos culturalmente representados por los obispos. Entendemos el Evangelio en registros culturales diferentes. El tema emblemático es la situación de la mujer. Una comprensión razonable del Evangelio hoy, daría a ella el lugar de dignidad que la actual doctrina y la organización clerical le desconocen. Son muchos otros los asuntos pendientes. No me puedo alargar.

En lo inmediato, la incomunicación entre el Papa y los católicos se ha expresado a propósito del nombramiento de un obispo, pero atañe por parejo al nombramiento de todos los obispos. ¿Por qué estos nombramientos dependen principalmente del nuncio? ¿Por qué los hace en última instancia el Papa?

Creo que llega la hora en que las iglesias locales tengan una palabra decisiva en la elección de sus autoridades. Los laicos también tendrían que tener más de un voto. Y, por cierto, derecho a veto, como lo han ejercido los osorninos. No puede ser que los obispados “se consigan” en la corte vaticana tras años de escalamientos, paleteadas y cocktailes en las embajadas. ¿Cuánto han influido en los nombramientos de obispos las famosas cartas del temible Cardenal Medina?

El problema es todavía mayor. Llega la hora de que las iglesias regionales dejen de depender tanto de la iglesia de Roma. El Papa tiene por misión unir a las iglesias y representar la unidad de la Iglesia de Cristo. Pero constituye un exceso intolerable –además de perjudicial- que pretenda gobernarlas a todas. El modelo de la monarquía absoluta adoptado por Iglesia católica los años de Carlos III y Luis XIV no da para más. A los católicos nos falta democracia y, bajo algunos aspectos, respeto a los derechos humanos dentro de la misma iglesia. Falta rendición de cuentas (accountability). ¿Quién le responde al pueblo de Dios? Los católicos viven desinformados. Todo se resuelve a sus espaldas y en secreto.

Los católicos de Osorno nos llevan la delantera. Queda mucho por andar.

Jorge Costadoat, S.J.


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Chile: el Papa reconoce haberse equivocado en el problema de la pederastia.

El Papa a Chile: Me equivoqué con Barros, pido perdón

En una inédita y descarnada carta, el Papa reconoce haberse equivocado en el caso del obispo chileno Juan Barros y anticipa medidas para recuperar la confianza rota por la crisis por los abusos sexuales contra menores en la Iglesia de ese país

El obispo chileno Juan Barros

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Pubblicato il 11/04/2018
Ultima modifica il 12/04/2018 alle ore 06:58
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

Una carta franca. Descarnada, como pocas veces se ha leído con la firma de un Papa. Francisco la dirigió a los obispos de Chile. En ella, reconoce por primera vez que se equivocó gravemente en el caso del obispo de Osorno, Juan Barros, pupilo del sacerdote abusador Fernando Karadima y acusado de encubrir sus ataques sexuales contra menores. Tras estudiar el informe realizado por el arzobispo maltés, Charles Scicluna, concluyó que los testimonios de las víctimas son verdaderos. Por eso les pidió perdón. Dijo haber actuado con “falta de información veraz y equilibrada”. Y anticipó que recibirá pronto a representantes de todos los afectados.

 

No se trata de una misiva como cualquier otra. Fechada el 8 de abril pasado, ocupa más de dos páginas y fue dada a conocer este día por la sala de prensa de la Santa Sede. Una reflexión pausada y meditada, que abre un camino de solución para la herida abierta que el caso Karadima ha significado para la Iglesia chilena. Este sacerdote, hombre que durante muchos años ejerció un amplio poder en las estructuras eclesiásticas del país, fue hallado culpable de abusos sexuales en 2011, durante el pontificado de Benedicto XVI. Con una consecuente condena del Vaticano a alejarse de toda actividad pastoral y permanecer recluido.

 

Su salida de escena no acabó con los problemas, que se perpetuaron en sus colaboradores más cercanos. Como Barros, ex obispo militar que fue designado por Francisco como obispo de la sueña diócesis de Osorno en 2015. El nombramiento desató una dura resistencia, y abrió una grieta en el país. Las víctimas de Karadima lo acusaron de encubridor y lanzaron una campaña para que el Papa diese marcha atrás. Pero eso no ocurrió porque Francisco, como él mismo reconoció, fue engañado.

 

La situación precipitó con el correr de los meses, y de los años, hasta que se manifestó claramente en el viaje apostólico a tierras chilenas, en enero pasado. El caso Barros empañó la gira, también por las declaraciones del Papa en las cuales defendió al obispo y afirmó que no habían evidencias en su contra, algo que –ahora queda claro- no era correcto. Para zanjar de una vez el problema, Francisco decidió mandar a Chile a Scicluna, quizás el clérigo católico que más sabe en materia de abusos sexuales contra menores. Finalmente la verdad salió a la luz.

 

“Ahora, tras una lectura pausada de las actas de dicha ‘misión especial’, creo poder afirmar que todos los testimonios recogidos en ellas hablan en modo descarnado, sin aditivos ni edulcorantes, de muchas vidas crucificadas y les confieso que ello me causa dolor y vergüenza”, escribió el líder católico, en un texto preparado con motivo de asamblea plenaria 115 de la conferencia episcopal.

 

En él, reveló varios detalles hasta ahora desconocidos. E hizo un resumen exhaustivo del caso. Precisó que el informe de Scicluna, y de su ayudante, Jordi Bertomeu Farnós, constó de dos mil 300 hojas. Un total de 64 testimonios, recogidos tanto en Nueva York como en Santiago. Una escucha “desde el corazón y con humildad”.

 

“Posteriormente, cuando me entregaron el informe y, en particular, su valoración jurídica y pastoral de la información recogida, reconocieron ante mí haberse sentido abrumados por el dolor de tantas víctimas de graves abusos de conciencia y de poder y, en particular, de los abusos sexuales cometidos por diversos consagrados de vuestro país contra menores de edad, aquellos a los que se les negó a destiempo e incluso les robaron la inocencia”, abundó Jorge Mario Bergoglio.

 

Al mismo tiempo, destacó que durante la investigación todas las partes mantuvieron un clima de confidencialidad y evitaron caer en la tentación de convertir todo en un “circo mediático”. Incluso llegó a agradecer a los medios de comunicación su profesionalidad en el trato de un caso tan delicado, respetando el derecho de los ciudadanos a la información y la buena fama de los declarantes. Y pidió que esto sirva de ejemplo para otras situaciones similares.

 

Entonces, tras aceptar la veracidad de todas las informaciones, entonó el más sentido y descarnado “mea culpa” de su pontificado. “En lo que me toca, reconozco y así quiero que lo transmitan fielmente, que he incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada. Ya desde ahora pido perdón a todos aquellos a los que ofendí y espero poder hacerlo personalmente, en las próximas semanas, en las reuniones que tendré con representantes de las personas entrevistadas”, dijo.

 

Así, asumió su propia responsabilidad en todo lo ocurrido. Y optó por no señalar a aquellos que no le dieron la información que requería. Clérigos, e incluso algún cardenal, del más alto nivel. Al contrario, en lugar de repartir culpas, él mismo las asumió y quiso indicar a los obispos chilenos el camino a seguir. Porque, en su carta, Francisco dejó en claro que se deberán tomar otras medidas, a corto, mediano y largo plazo, “con el objetivo de reparar en lo posible el escándalo y restablecer la justicia”. Porque la Iglesia chilena está en crisis. Quizás la peor en toda América Latina.

 

“Pienso convocarlos a Roma para dialogar sobre las conclusiones de la mencionada visita y mis conclusiones. He pensado en dicho encuentro como en un momento fraternal, sin prejuicios ni ideas preconcebidas, con el solo objetivo de hacer resplandecer la verdad en nuestras vidas. Sobre la fecha encomiendo al secretario de la Conferencia Episcopal hacerme llegar las posibilidades”, anunció el Papa.

 

Se mostró convencido, también, que las dificultades presentes son también una ocasión para restablecer la confianza en la Iglesia, una “confianza rota por nuestros errores y pecados” y “para sanar unas heridas que no dejan de sangrar en el conjunto de la sociedad chilena”. E instó a los obispos a buscar soluciones guiadas por el espíritu, no por los propios intereses o por el orgullo herido.

 

Estableció que cuando los males “arrugan el alma” y “nos arrojan al mundo flojos, asustados y abroquelados en nuestros cómodos palacios de invierno”, Dios sale al encuentro y purifica las intenciones para amar como hombres libres, maduros y críticos. Incluso cuando los medios de comunicación “avergüenzan” y se tiene la tentación de dudar “de la victoria pascual del resucitado”.

 

Por eso, exhortó a los obispos a prepararse a la cita con él en Roma “con magnanimidad”, para que ese encuentro sea fructífero y permita traducir, en hechos concretos, lo que reflexionarán.

 

“Quizás incluso también sería oportuno poner a la Iglesia de Chile en estado de oración. Ahora más que nunca no podemos volver a caer en la tentación de la verborrea o de quedarnos en los ‘universales’. Estos días, miremos a Cristo. Miremos su vida y sus gestos, especialmente cuando se muestra compasivo y misericordioso con los que han errado. Amemos en la verdad, pidamos la sabiduría del corazón y dejémonos convertir”, invitó.

 

Y concluyó: “A la espera de sus noticias y rogando a monseñor Santiago Silva Retamales, presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, que publique la presente con la mayor celeridad posible, les imparto mi bendición y les pido por favor que no dejen de rezar por mí”.


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Chile. Reacción de los obispos a la carta del Papa sobre la pederastia.

El Presidente de la CEC Mons. Silva Retamales y el Secretario General, Mons. Fernando RamosEl Presidente de la CEC Mons. Silva Retamales y el Secretario General, Mons. Fernando Ramos 

Esperanza de los obispos chilenos tras la carta del Papa

El Secretario General de la Conferencia Episcopal Chilena, Monseñor Fernando Ramos sobre la Carta del Papa Francisco a los Obispos: creo que tras el diálogo con el Papa habrá un antes y un después en la Iglesia chilena

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

“El tema de los abusos sexuales es un tema muy grave que ha ocurrido no sólo en la Iglesia en Chile, sino también en otras partes de la Iglesia”. “Es un tema que hay que enfrentar de manera decidida y dando atención a todas las personas que se han visto afectadas por esto, especialmente a las víctimas”: así se pronuncia el Secretario de la Conferencia Episcopal Chilena, Monseñor Fernando Ramos, acerca de la Carta que el Romano Pontífice les enviara durante la Sesión plenaria, tras recibir los últimos informes de la misión encargada al Arzobispo de Malta, Mons. Charles Scicluna.

El objetivo del encuentro: hacer resplandecer la verdad

El Santo Padre se dirigió a los Obispos chilenos reunidos en su 115ª Asamblea Plenaria, del 9 al 13 del corriente, con una carta firmada en el domingo 8 de abril, domingo de la Misericordia.

En la misiva el Romano Pontífice se pronuncia tras haber recibido los últimos documentos del informe de mano de Mons. Charles J. Scicluna, Arzobispo de Malta y Presidente del Colegio para el examen de los recursos, en materia de delicta graviora, en la Sesión Ordinaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe, a propósito de la misión que el pontífice le encargara en el mes de febrero, de escuchar “algunas informaciones con respecto al caso de S.E. Mons. Juan de la Cruz Barros Madrid, Obispo de Osorno”.

El Papa explica que se dirige a la plenaria de los obispos “para solicitar humildemente vuestra – les dice – colaboración y asistencia en el discernimiento de las medidas que a corto, medio y largo plazo deberán ser adoptadas para restablecer la comunión eclesial en Chile, con el objetivo de reparar en lo posible el escándalo y restablecer la justicia”, y los convoca a Roma “para dialogar sobre las conclusiones de la mencionada visita” y sobre sus propias conclusiones.

“He pensado en dicho encuentro como en un momento fraternal, sin prejuicios ni ideas preconcebidas, con el solo objetivo de hacer resplandecer la verdad en nuestras vidas”, añade.

Gran esperanza de los Obispos chilenos

Acerca de cómo los obispos reunidos en Plenaria recibieron la carta del Obispo de Roma, el Secretario de la Conferencia Episcopal chilena entrevistado por Vatican News, expresó lo siguiente:

Estábamos reunidos los obispos chilenos en una asamblea plenaria, hacemos dos en el año, y estábamos evaluando lo que ha sido la visita del Santo Padre a Chile en enero: las luces y las sombras, las preguntas y desafíos que esa visita nos dejaba para la vida de la Iglesia en Chile, sobre todo para el proceso de evangelización y de nuestra misión de transmitir la Palabra y la persona de Jesucristo a nuestros compatriotas. Estábamos en ese análisis, habíamos invitado a distintas personas para que nos ayudaran, también, a tener una visión más amplia, cuando recibimos la carta del Santo Padre, en la que nos invita a Roma a tener unos días de encuentro para analizar la situación de la Iglesia en Chile, buscar soluciones, y especialmente conocer cuáles son las conclusiones de monseñor Scicluna, quien estuvo en Chile en febrero  escuchando a distintas personas que querían dar su opinión con respecto a un obispo en concreto, el obispo de Osorno, Monseñor Barros, y cuáles son conclusiones a las que ha llegado el mismo Santo Padre”.

El Secretario de la Conferencia Episcopal Chilena expresa que los Obispos han recibido “con gran esperanza” la respuesta del Papa: “esta respuesta es una invitación al diálogo, – manifiesta- y esto nos llena de mucha esperanza”.  “Creo que va a haber un antes y después para la Iglesia chilena a partir de este diálogo con el Santo Padre”.


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Carta del Santo Padre a los obispos de Chile sobre los casos de pederastia.

CARTA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LOS SEÑORES OBISPOS DE CHILE
TRAS EL INFORME DE S.E. MONS. CHARLES J. SCICLUNA

 

A los Señores Obispos de Chile

Queridos hermanos en el episcopado:

La recepción durante la semana pasada de los últimos documentos que completan el informe que me entregaron mis dos enviados especiales a Chile el 20 de marzo de 2018, con un total de más de 2.300 folios, me mueve a escribirles esta carta. Les aseguro mi oración y quiero compartir con ustedes la convicción de que las dificultades presentes son también una ocasión para restablecer la confianza en la Iglesia, confianza rota por nuestros errores y pecados y para sanar unas heridas que no dejan de sangrar en el conjunto de la sociedad chilena.

Sin la fe y sin la oración, la fraternidad es imposible. Por ello, en este segundo domingo de Pascua, en el día de la misericordia, les ofrezco esta reflexión con el deseo de que cada uno de ustedes me acompañe en el itinerario interior que estoy recorriendo en las últimas semanas, a fin de que sea el Espíritu quien nos guíe con su don y no nuestros intereses o, peor aún, nuestro orgullo herido.

A veces cuando tales males nos arrugan el alma y nos arrojan al mundo flojos, asustados y abroquelados en nuestros cómodos “palacios de invierno”, el amor de Dios sale a nuestro encuentro y purifica nuestras intenciones para amar como hombres libres, maduros y críticos. Cuando los medios de comunicación nos avergüenzan presentando una Iglesia casi siempre en novilunio, privada de la luz del Sol de justicia (S. Ambrosio, Hexameron IV, 8, 32) y tenemos la tentación de dudar de la victoria pascual del Resucitado, creo que como Santo Tomás no debemos temer la duda (Jn 20, 25), sino temer la pretensión de querer ver sin fiarnos del testimonio de aquellos que escucharon de los labios del Señor la promesa más hermosa (Mt 28, 20).

Hoy les quiero hablar no de seguridades, sino de lo único que el Señor nos ofrece experimentar cada día: la alegría, la paz el perdón de nuestros pecados y la acción de Su gracia.

Al respecto, quiero manifestar mi gratitud a S.E. Mons. Charles Scicluna, Arzobispo de Malta, y al Rev. Jordi Bertomeu Farnós, oficial de la Congregación para la Doctrina de la Fe, por su ingente labor de escucha serena y empática de los 64 testimonios que recogieron recientemente tanto en Nueva York como en Santiago de Chile. Les envié a escuchar desde el corazón y con humildad. Posteriormente, cuando me entregaron el informe y, en particular, su valoración jurídica y pastoral de la información recogida, reconocieron ante mí haberse sentido abrumados por el dolor de tantas víctimas de graves abusos de conciencia y de poder y, en particular, de los abusos sexuales cometidos por diversos consagrados de vuestro País contra menores de edad, aquellos a los que se les negó a destiempo e incluso les robaron la inocencia.

El mismo más sentido y cordial agradecimiento lo debemos expresar como pastores a los que con honestidad, valentía y sentido de Iglesia solicitaron un encuentro con mis enviados y les mostraron las heridas de su alma. Mons. Scicluna y el Rev. Bertomeu me han referido cómo algunos obispos, sacerdotes, diáconos, laicos y laicas de Santiago y Osorno acudieron a la parroquia Holy Name de Nueva York o a la sede de Sotero Sanz, en Providencia, con una madurez, respeto y amabilidad que sobrecogían.

Por otra parte, los días posteriores a dicha misión especial han sido testigos de otro hecho meritorio que deberíamos tener bien presente para otras ocasiones, pues no solo se ha mantenido el clima de confidencialidad alcanzado durante la Visita, sino que en ningún momento se ha cedido a la tentación de convertir esta delicada misión en un circo mediático. Al respecto, quiero agradecer a las diferentes organizaciones y medios de comunicación su profesionalidad al tratar este caso tan delicado, respetando el derecho de los ciudadanos a la información y la buena fama de los declarantes.

Ahora, tras una lectura pausada de las actas de dicha “misión especial”, creo poder afirmar que todos los testimonios recogidos en ellas hablan en modo descarnado, sin aditivos ni edulcorantes, de muchas vidas crucificadas y les confieso que ello me causa dolor y vergüenza.

Teniendo en cuenta todo esto les escribo a ustedes, reunidos en la 115ª asamblea plenaria, para solicitar humildemente Vuestra colaboración y asistencia en el discernimiento de las medidas que a corto, medio y largo plazo deberán ser adoptadas para restablecer la comunión eclesial en Chile, con el objetivo de reparar en lo posible el escándalo y restablecer la justicia.

Pienso convocarlos a Roma para dialogar sobre las conclusiones de la mencionada visita y mis conclusiones. He pensado en dicho encuentro como en un momento fraternal, sin prejuicios ni ideas preconcebidas, con el solo objetivo de hacer resplandecer la verdad en nuestras vidas. Sobre la fecha encomiendo al Secretario de la Conferencia Episcopal hacerme llegar las posibilidades.

En lo que me toca, reconozco y así quiero que lo transmitan fielmente, que he incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada. Ya desde ahora pido perdón a todos aquellos a los que ofendí y espero poder hacerlo personalmente, en las próximas semanas, en las reuniones que tendré con representantes de las personas entrevistadas.

Permaneced en mí (Jn 15,4): estas palabras del Señor resuenan una y otra vez en estos días. Hablan de relaciones personales, de comunión, de fraternidad que atrae y convoca. Unidos a Cristo como los sarmientos a la vid, los invito a injertar en vuestra oración de los próximos días una magnanimidad que nos prepare para el mencionado encuentro y que luego permita traducir en hechos concretos lo que habremos reflexionado. Quizás incluso también sería oportuno poner a la Iglesia de Chile en estado de oración. Ahora más que nunca no podemos volver a caer en la tentación de la verborrea o de quedarnos en los “universales”. Estos días, miremos a Cristo. Miremos su vida y sus gestos, especialmente cuando se muestra compasivo y misericordioso con los que han errado. Amemos en la verdad, pidamos la sabiduría del corazón y dejémonos convertir.

A la espera de Vuestras noticias y rogando a S.E. Mons. Santiago Silva Retamales, Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, que publique la presente con la mayor celeridad posible, les imparto mi bendición y les pido por favor que no dejen de rezar por mí.

Vaticano, 8 de abril de 2018

Francisco


Boletín de la Oficina de prensa de la Santa Sede, 11 de abril de 2018.