Loiola XXI

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Las críticas a los Papas ayer y hoy.

El documento en contra de las “herejías” del Papa también le tocó a Wojtyla

Desde el frente «sedevacantista» le atribuyeron 101. Las críticas contra Juan Pablo II fueron mucho más numerosas y difundidas, por parte de teólogos que criticaban el «centralismo romano». El cardenal Müller fue sujeto a exámenes de doctrina por los algunos blogueros

Juan Pablo II con el cardenal Jorge Mario Bergoglio

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Pubblicato il 26/09/2017
Ultima modifica il 26/09/2017 alle ore 10:33
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

La velocidad de la red y de las redes sociales que se convierten en repetidoras contribuyen a agigantar lo que está sucediendo (por ejemplo en el caso de la llamada «corrección filial» al Papa Francisco), como si nunca antes hubiera pasado algo semejante. Una mirada a la historia reciente de la Iglesia nos hace comprender que no es así, además de ayudar a reportar a su justa dimensión el documento firmado por 79 estudiosos, investigadores, periodistas y blogueros en el que se sostiene que el Papa Francisco ha propagado y «proposiciones herejes». Los autores del texto, firmado también por el ex presidente del IOR, Ettore Gotti Tedeschi, indican 7 «herejías» en realidad nunca escritas o pronunciadas por el Pontífice, sino «deducidas» por ellos mismos de su magisterio o de sus discursos. Se trata, muy probablemente, de un primer paso hacia esa «corrección formal» a la que se ha referido con frecuencia el cardenal estadounidense Raymond Leo Burke, uno de los cuatro firmantes de las «dudas» sobre «Amoris laetitia» que fueron presentadas a Bergoglio.

 

Dar un paso hacia atrás ayuda a comprender el alcance real del documento que se está discutiendo en estos días.  Juan Pablo II, por sus afirmaciones en línea con el Concilio Ecuménico Vaticano II (verdadero blanco de muchos críticos) en los ámbitos del ecumenismo, de la libertad religiosa y del diálogo con las demás religiones, fue atacado repetidamente durante su vida. Y también después de su muerte algunas personas del área más extrema del tradicionalismo, representada por el «sedevacantismo» (es decir quienes consideran que no hay un verdadero Papa en la cátedra de Pedro desde Pío XII), llegaron a atribuirle 101 «herejías». Para criticarlo utilizaban citas extraídas de los documentos de los Papas del pasado.

 

Tienen que ver con algunas afirmaciones del Papa Wojtyla sobre el ecumenismo, es decir sobre los hermanos separados, que son, precisamente, llamados hermanos y ya no «hijos del diablo», sobre la posibilidad de definir a los «cristianos» incluso a los no católicos, sobre la salvación posible más allá de las fronteras visibles de la Iglesia, sobre la salvación de los niños muertos sin el bautismo, sobre la posibilidad del martirio cristiano fuera de la Iglesia católica, sobre la definición de los hebreos como «nuestros hermanos», sobre la libertad de conciencia como derecho humano, sobre el derecho a la libertad de profesar la propia fe incluso para los no católicos… Todo ello aderezado con notas en las que se indicaba dónde y cuándo el Papa Juan Pablo II había hecho ciertas afirmaciones, y dónde y cuándo afirmaban lo contrario los Papas del pasado.

 

Pero no hay que olvidar que el caso apenas citado se refiere a fracciones extremistas marginales, que en la actualidad se dan a conocer explotando las potencialidades de internet, pero que no tienen consistencia real entre el pueblo cristiano. Muy diferentes (tanto por su seriedad como por sus proporciones) fueron las críticas y las peticiones que hicieron llegar a san Juan Pablo II los teólogos que estaban en contra del llamado «centralismo romano». Una crítica al Pontífice polaco y también a su Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe Joseph Ratzinger. Estamos hablando de la famosa Declaración de Colonia, que hasta hace algunos años era presentada como un «ataque contra el magisterio» por parte de quienes hoy se comportan de la misma manera porque el magisterio no dice exactamente lo que ellos piensan.

 

En 1989, promovida inicialmente por los teólogos de Tubinga Norbert Greinacher y Dietmar Mieth y por un primer grupo de disidentes, la «carta abierta» fue suscrita por 162 profesores de teología católica de lengua alemana. Después la firmaron inmediatamente en Holanda 17.000 laicos y eclesiásticos y, en la entonces República Federal Alemana, 16.000 párrocos y laicos, además de un centenar de grupos católicos. Otras declaraciones parecidas surgieron en Bélgica, Francia, España, Italia, Brasil y Estados Unidos. El motivo que desencadenó la declaración fue la sucesión del obispo de Colonia y que se pusieran en discusión las prerrogativas tradicionalmente concedidas al capítulo en muchas diócesis alemanas en relación con la indicación de las ternas de los candidatos.

 

Se criticaban, pues, el «centralismo romano» y la falta de escucha por parte de la Santa Sede a las instancias e indicaciones de las Iglesias locales. Se decía que la negación de la autorización eclesiástica para la enseñanza a «teólogos y teólogas cualificados» era «un grave peligro y atentado a la libertad de investigación». En el documento se utilizaban los mismos argumentos de quienes ahora critican a Francisco, invitando a los «obispos a acordarse del ejemplo de Pablo, que permaneció en comunión con Pedro a pesar de “resistírsele en la cara”, en relación con la cuestión de la misión entre los paganos».

 

El 15 de mayo de 1989 también en Italia, es decir la nación que es considerada la más católica de Europa y en la que vive el Papa, que también es su primado, 63 teólogos publicaron en la revista «Il Regno» un documento crítico titulado «Carta a los Cristianos – Hoy en la Iglesia», expresando su disgusto «por determinadas actitudes de la autoridad central de la Iglesia en el ámbito de la enseñanza, en el de la disciplina y en el de ámbito institucional», para manifestar «la impresión de que la Iglesia católica ha sido sacudida por fuertes impulsos regresivos». Lo firmaron muchos profesores importantes de varias facultades teológicas y diferentes universidades italianas.

 

Volviendo a las críticas que provienen del frente «tradicionalista» o conservador, no hay que olvidar los ataques, a veces feroces, en contra de Benedicto XVI por algunos de sus discursos en los que afrontaba el tema del ecumenismo o por la decisión de participar en el encuentro interreligioso de Asís. Tampoco hay que olvidar que muchos criticaron muy duramente al cardenal Gerhard Ludwig Müller pocas semanas antes de que fuera nombrado Prefecto de la Congregación para la doctrina de la Fe, en 2012. Una operación de alto nivel, con apoyos dentro de la Curia romana, para sacar a la luz algunas de sus afirmaciones consideradas «heterodoxas» y para tratar de frenar su nombramiento.

 

La traducción a diferentes lenguas de los pasajes «dudosos» de sus obras fue enviada anónimamente por correo electrónico a varios periodistas con la esperanza de que se transformaran en los inquisidores de Müller. Y los textos fueron difundidos en sitios y blogs cercanos al llamado mundo tradicionista y lefebvriano. El futuro Prefecto, en su momento, escribió que la doctrina sobre la virginidad de María «no se relaciona tanto con específicas propiedades fisiológicas del proceso natural del nacimiento», que «el cuerpo y la sangre de Cristo no indican elementos materiales de la persona humana de Jesús durante su vida o de su corporeidad transfigurada» y que gracias al Bautismo «nosotros, como católicos y cristianos evangélicos, estamos ya unidos incluso en eso que llamamos la Iglesia visible».

 

En ese momento, para defender a Müller, salió al ruedo Nicola Bux, que era el asesor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, con una entrevista a Vatican Insider en la que dijo: «El desarrollo doctrinal se enriquece con el debate: quien tiene más argumentos convence. En las acusaciones contra monseñor Müller se extrapola todo del contexto: así es fácil condenar a quien sea. Un verdadero católico debe confiar en la autoridad del Papa, siempre».

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Las vacaciones del Papa Francisco.

Oración, lecturas y despertador más tarde. Las vacaciones caseras de Francisco

«Mi familia no era rica, no estoy acostumbrado a las vacaciones». Y mantiene la cita del Angeles con los fieles del Vaticano

El Papa en la Casa Santa Marta

Pubblicato il 31/07/2017
Ultima modifica il 31/07/2017 alle ore 08:32
DOMENICO AGASSO JR E ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Para el Papa Wojtyla, vacaciones querían decir montaña, de preferencia alta, con largas caminatas y mucho silencio contemplativo. Para Benedicto XVI, vacaciones eran lectura, principalmente, estudio y tocar el piano, en la montaña o en Cartel Gandolfo. Para su sucesor, Francisco, vacaciones es relajar el ritmo de los compromisos cotidianos, las audiencias y las celebraciones, pero sin alejarse de casa. Y así, la histórica residencia para los periodos estivos de los Pontífices (a la que Juan Pablo II mandó añadir una alberca, para poder nadar si que lo molestaran) no es utilizada por su titular «pro-tempore», por lo que se ha convertido en un museo abierto al público.

 

Las últimas vacaciones, entendidas como un periodo fuera de casa, las tuvo Jorge Mario Bergoglio en los años 70. Desde entonces, el actual Pontífice siempre ha preferido vivir el tiempo del verano sin alejarse de su residencia habitual ni de su ciudad. Relajando los ritmos del trabajo cotidiano, pero sin desplazarse a otro sitio.

 

LOS RECUERDOS

 

En la familia Bergoglio no se iban de vacaciones: «Nosotros no éramos ricos, llegábamos a fin de mes normalmente, pero nada más. No teníamos un coche, no nos íbamos de vacaciones o esas cosas», contaba el futuro Papa. Es más, el padre de Jorge Mario deseaba que su hijo encontrara un trabajo durante la pausa escolar. Primero trabajó en una fábrica de calcetines, en donde comenzó con la limpieza. Al tercer año de trabajo le encomendaron algunas tareas administrativas. Durante los años siguientes Bergoglio estudiaba y trabajaba al mismo tiempo en un laboratorio químico. La decisión de no irse de vacaciones se relaciona, pues, con una costumbre que adquirió desde que era niño y luego chico.

 

Francisco habló sobre sus vacaciones durante el vuelo de regreso de Corea del Sur, en 2014: «Tuve vacaciones, ahora, en casa, como hago normalmente, porque… una vez, leí un libro, interesante, el título era: “¡Alégrate por ser neurótico!”. Yo también tengo dos neurosis… Una de ellas es que soy un poco demasiado apegado al hábitat. La última vez que me fui de vacaciones fuera de Buenos Aires, con la comunidad jesuita, fue en 1975. Luego, siempre tengo vacaciones (¡de verdad!), pero en el hábitat: cambio el ritmo. Duermo más, leo cosas que me gustan, escucho música, rezo más… Y esto me reposa».

 

Bergoglio se levanta un poco más tarde con respecto a las 4.45 a las que normalmente suena su despertador, celebra la misa en privado (sin la participación de la gente), no hace las Audiencias generales. La única cita con los fieles es el Ángelus dominical. Hay más tiempo para encuentros y coloquios con las personas amigas, pero no falta el estudio sobre casos o la preparación de los discursos para los viajes.

 

LA HISTORIA

 

Mientras tanto, en Castel Gandolfo, en lugar del Papa ahora está la gente. Antes podían entrar los jefes de Estado y otras altas jerarquías eclesiásticas. En cambio, desde octubre del año pasado, quien quiera puede entrar y visitar la sobria habitación de los Pontífices y observar la cama de un sitio y medio en la que fallecieron Pío XII y Pablo VI, puede ver los teléfonos «Sip» que utilizaban los obispos de Roma, el sofá y el sillón de la biblioteca en los que se sentaron, frente a frente, Bergoglio y Ratzinger, y la mesita en la que apoyaron las cajas con los documentos de «Vatileaks».


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El Papa Francisco hoy en la iglesia. Entrevista Card. Cipriani.

¿Críticas al Papa? “El demonio busca dividir”

Conversación con el cardenal arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani Thorne, sobre el próximo viaje apostólico de Francisco a Perú, las críticas al pontificado y los debates en torno a la exhortación apostólica “Amoris Laetitia”

El cardenal Juan Luis Cipriani Thorne

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Pubblicato il 26/07/2017
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

El Papa “no quiere cambiar la disciplina de los sacramentos”. Quien piense eso, “va buscando pleitos”. ¿Las “dubbia” de los cuatro cardenales? “Una equivocación publicarlas”. El viaje apostólico a Perú “marcará un antes y un después”. Frases esparcidas del cardenal Juan Luis Cipriani Thorne. Fiel a su estilo incisivo, el arzobispo de Lima reflexionó –en entrevista con el Vatican Insider- sobre la actualidad de la Iglesia, sobre el próximo viaje apostólico de Francisco a su país y sobre las críticas al pontífice.

 

¿Cómo se preparan para el viaje del Papa?

 

Hay una alegría muy grande en la gente. El pueblo peruano es muy cercano al Papa, así siempre ha sido. Ya estuvieron en Lima una comitiva de la oficina de organización de los viajes papales y los responsables de la seguridad vaticana. En este momento existe un marco de los lugares posibles para los encuentros y estamos en condiciones de establecer un plan de trabajo. El viaje incluye Puerto Maldonado, Trujillo y Lima. El Papa lo primero que pidió, expresamente, fue que ya lo acompañemos con la oración, por eso vamos a establecer un plan espiritual con acciones semana a semana. Nos hemos propuesto juntar un equipo de voluntarios de 20 mil jóvenes, la juventud será el alma de esta visita.

 

Aunque todavía no existe una agenda papal, ¿qué actos se están pensando, al menos en Lima?

 

Nos han acotado un poco el trabajo, existe un plan muy medido para la capital. Pero estoy seguro que el Papa podrá saludar ancianos, enfermos. Haré lo imposible porque recorra un pueblo joven, aunque seguramente dirán que no. No porque no quiera, debemos ser respetuosos, el Papa tiene una edad y hará un calor infernal en esa época. De todas maneras, se piensa en un acto con monjas de clausura, una reunión con los obispos y un paso por la catedral donde están las reliquias de los santos peruanos. Se asomará a saludar a la juventud en la Plaza de Armas y habrá una misa multitudinaria de fin de visita, que seguramente convocará a más de dos millones de personas.

 

¿Cuál es la expectativa popular?

 

La gente quiere estar con el Papa, él ha calado mucho en las personas sencillas. Es alguien que se preocupa por los más débiles: enfermos, presos, niños, ancianos. Es un comunicador extraordinario y sus gestos son tan auténticos que basta una foto. La expectativa es grande, hay que medirla porque aún faltan seis meses, pero creo que la visita marcará un antes y un después.

 

Todas las visitas papales tienen un hilo conductor, ¿ya se sabe cuál será en Perú?

Puedo hablar de mi idea, me gustaría mucho que fuese la general: Unidos por la esperanza. Unidos porque afrontamos un momento, a todos los niveles, de crispación permanente. Por la esperanza, esa de la cual habla muy seguido el Papa. Así podremos promover la unidad en la casa, en la familia, en el trabajo, en el gobierno, entre las sociedades y entre los pueblos, en la misma Iglesia.

 

En México, el discurso del Papa Francisco a los obispos caló muy hondo. ¿Podría ocurrir algo parecido en Perú? En los últimos años, la Iglesia peruana (y sobre todo los obispos) tuvieron momentos de gran crispación.

 

Acabamos de tener la visita “ad límina” (quinquenal al Vaticano) y el Papa estuvo unas cinco horas con todos los obispos. Fue una exposición de cariño, de ternura, de paciencia. También ha provocado, en muchos de nosotros y en mí, la voluntad de responder “amor con amor se paga”. Reconocemos que, si hemos estado tensos, discutiendo cosas tontas –francamente- ya es hora de actuar de otro modo porque la demanda de la gente por Dios es espectacular. Después de todo ese tiempo con nosotros, quizás no necesite insistir, pero si lo hace bienvenido sea, estamos para escucharle.

 

¿No tiene críticos el Papa en Perú?

 

Él está llegando a la gente: su compasión inmensa con quien cayó en pecado, con quien pasó un mal momento en su matrimonio, esa actitud es un campanazo muy fuerte. Lo que ahora nos toca a todos es estar cerca de Dios, cerca del Papa y no andar buscándole tres pies al gato. A veces creo que queremos buscar las aristas cuando lo que existe, de parte de Francisco, es una enorme emoción por convertir hasta la última persona. Lo veo muy apostólico, tiene un modo personal, pero es muy rescatable su convocatoria a todos y su entrega absoluta, no obstante la edad. Esto quita la comodidad o la tibieza que podría existir en muchos laicos, sacerdotes, obispos, religiosas, cardenales. Él nos dice claramente: “son tiempos de batalla, no tiempos para tomar un café”. ¿Qué batalla? Ir a recoger esa juventud que vive sin certezas, con dudas. Vayamos a apoyarlos, estemos con ellos. Por eso tiene tanta acogida, aunque podrá haber algunos críticos. Pero nunca nos hemos dedicado a andar analizando al Papa.

 

¿Por qué cree que algunos lo analizan y hasta lo quieren contraponer a Benedicto XVI, intentando crear “grietas pontificias”?

 

Esto lo digo con mucha claridad: el demonio tiene objetivos, busca dividir. Son excusas, pero el demonio disfrazado de mil teorías está quitando la paz y la serenidad en el espíritu. Hay que estar atentos, no seamos tontos, pero las cosas no se deben ventilar en los medios de comunicación.

 

Uno de los motivos de debate es la exhortación apostólica “Amoris Laetitia” sobre la familia que se refiere, entre otras cosas, a los divorciados vueltos a casa. ¿Qué opinión tiene al respecto?

 

“Amoris laetitia” es una espiritualidad extraordinaria para la familia, pero todo el mundo se ha concentrado en querer ver: “aquí el Papa está en contra de los sacramentos”. No es así. En mi arquidiócesis no existe ningún problema. Lo que sí está haciendo el Papa es ponernos responsabilidades a los obispos para que dejemos de ser burócratas y a los sacerdotes, para que dejemos de ser confesores inútiles. Entonces nos dice: “señor, el discernimiento de algunas situaciones no está en manos de estructuras, está en manos de usted, sacerdote u obispo”. Claro, no parece lógico que un sacerdote vaya a cambiar los sacramentos del matrimonio y la eucaristía. Nos está poniendo una responsabilidad personal de la que daremos cuentas a Dios. Dicho esto, el Catecismo está donde está, la “Familiaris Consortio” y la “Amoris Laetitia” también. ¡Qué ganas de generar problemas! Con todo respeto a la teología, es clara la intención del Papa de acercarse mucho más al pecador, pero también es clara su voluntad de no modificar –para nada- la disciplina de los sacramentos. Quien va por ahí, va buscando pleitos.

 

Y las “dubbia”, las dudas sobre “Amoris Laetitia” presentadas por cuatro cardenales al Papa y después publicadas en la prensa, ¿qué le parecen?

 

Haberlas publicado no me parece correcto, realmente no. Creo que cualquiera puede manifestar con gran franqueza lo que quiera, pero saltar a la prensa ya es otra cosa. Me parece que se equivocaron, aunque se trata de gente buena.

 

El Papa está generando una gran sacudida en la Iglesia, ¿qué aspectos de su pontificado cree que tendrán más impacto en el tiempo?

 

El Papa entiende que hoy existe una revolución comunicativa. Ahora la gente se comunica por las redes sociales y lo que dura más de dos minutos resulta aburrido. Él no tiene miedo y ha entrado en esa dinámica. Esta velocidad exige una interioridad espiritual intensa, sino te lleva el Twitter. Él está manifestando casi una mística en su pontificado, con su prédica está volviendo a poner a la persona centrada en Cristo, más en primer lugar. Su mensaje misionero nos lleva a dejar nuestras comodidades y a salir al encuentro de quienes lo están pasando más mal. No como ideología, sino para tomarse en serio, darse del todo. El sacerdote que no está enamorado de su ministerio, va camino a traicionar. Este enamoramiento rompe con un mundo zambullido en los placeres y el secularismo, pero hay que atreverse y no tener miedo. Ese mensaje del Papa perdurará.


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La personalidad de Papa Francisco. Entrevista con Andrea Riccardi

“Este es un papado de impacto, de un experto en humanidad”

Entrevista con Andrea Riccardi, fundador de la Comunità di Sant’Egidio, sobre el Pontificado de Francisco

El Papa con Andrea Riccardi

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Pubblicato il 09/06/2017
Ultima modifica il 09/06/2017 alle ore 14:25
DOMENICO AGASSO JR.
CIUDAD DEL VATICANO

Profesor Andrea Riccardi, ¿Francisco es un Papa «revolucionario»?

 

Su Pontificado es de impacto, entonces puede parecer revolucionario desde el punto de vista de su carisma personal. En cambio, está en continuidad principalmente con el Concilio Vaticano y con Pablo VI. También esta herencia se mezcla con la creatividad de Bergoglio: nos encontramos frente a una enseñanza amasada con genio e historia personal.

 

Francisco es considerado «cercano a la gente», un Papa que «derriba muros y reduce distancias», pero, ¿no corre el peligro de hacer que su magisterio esté demasiado relacionado con conversaciones, gestos y emociones? ¿Demasiado poco profundo?

 

Es una de las acusaciones que le hacen: tener poca profundidad teológica. Y también le imputan que la suple con la proximidad. Este Papa no es un teólogo, no tiene la estructura académica de Joseph Ratzinger, como tampoco la tenían Pablo VI ni Juan XXIII, pero tiene una característica particular, que viene de su historia de Jesuita, obispo y latinoamericano: es, como decía Montini, un experto en humanidad.

 

Pero, ¿cómo pone la fe en la humanidad en la que es experto?

 

La conjuga. Y esto se expresa en una comunicación profunda: Francisco dice cosas que tocan el ánimo y la vida de la gente. El Papa conoce los dolores de las personas y afronta concretamente temas como el peso de la vida, el sentido del pecado. De hecho insiste mucho en la conversión y en la penitencia: también es un Papa confesor.

 

Y llegamos a la otra definición que lo acompaña: el «Papa de la misericordia». Pero, ¿no es demasiada su insistencia sobre el perdón de Dios que supera cualquier cosa en relación con el pecado original?

 

La misericordia es un gran concepto teológico, no un atajo. En el cristianismo nunca es desproporcionada ni está fuera de lugar la insistencia sobre el perdón de Dios, es más, tal vez ha estado demasiado poco: el Papa lleva a cabo un gran equilibrio. Pero la misericordia de Francisco no es el perdón con precio rebajado. Detrás de él hay una gran, completa y severa tradición, como la de los jesuitas. Y no se trata de algo para cubrir un pensamiento débil: el pensamiento fuerte de un Papa no es solamente académico.

 

¿Este Pontificado puede ser un «puente» entre la doctrina cristiana y la sociedad contemporánea?

 

Si el siglo XX ha sido el más secularizado de toda la historia, el nuestro está lleno de «religioso fermento», a menudo fundamentalista y fanático: se trata de comunicar los valores del Evangelio de una manera hiperreligiosa, especialmente en África, en las Américas y en Asia. Allí se sitúa el mensaje del Papa, que es un mensaje firme y arraigado en la realidad, dentro de una línea que comienza lejos y que en él encuentra un intérprete muy valiente.

 

 

Este artículo fue publicado en la edición de hoy del periódico italiano «La Stampa».


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Sobre el pontificado de Papa Francisco. Entrevista

“Hemos avanzado veinte o treinta años en estos cuatro de pontificado”

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Jaime Escobar, director de la revista y web de referencia mundial Reflexión y Liberación, estuvo en España el mes pasado para presentar el libro Francisco, palabra profética y misión. Entre actos en Madrid y Gijón, sacó un rato para charlar con RD sobre el estado de la Iglesia latinoamericana y el “momento de primavera, de revolución maravillosa” que está viviendo con el Papa Bergoglio.

Hoy nos acompaña Jaime Escobar, director de la revista Reflexión y Liberación. Bienvenido.

Gracias, una alegría estar en Madrid, y con ustedes en Religión Digital. Y, por cierto, también en Asturias, la tierra de mis ancestros. Llevo 20 o 25 años viniendo a ver a lo poco que me queda de familia.

Eres editor y director de la revista Reflexión y Liberación, que también funciona on-line, una de las revistas referentes en la Iglesia chilena. ¿Cuánto tiempo lleváis trabajando en ella?

Nació hace 28 años en pleno proceso difícil para la Teología de la Liberación y a meses de la visita de Juan Pablo II a Chile.

Un grupo de laicos fundamentalmente (acompañados de un gran religioso, nuestro capellán el padre José Aldunate, jesuita y moralista y del obispo también de feliz memoria, don Jorge Hourton, auxiliar en Santiago), decidimos crear esta revista e inaugurarla con una voz laical y con dos elementos centrales. Uno, nuestra fidelidad plena al concilio Vaticano II, que en esos años años estaba de capa caída y tenía sus documentos esenciales en el congelador. Y dos, la Teología de la Liberación.

Nosotros pensábamos, y seguimos pensando, que la Teología de la Liberación es un elemento central en el catolicismo y en el cristianismo del siglo XX y del siglo XXI. El tiempo nos ha dado la razón; valía la pena jugársela por la Teología de la Liberación.

Además surgisteis en un momento difícil en el mundo eclesiástico y en vuestro ámbito sociopolítico, también.

Claro, eran los tiempos de la represión eclesiástica y reaccionarios.

Y de la dictadura política.

De la dictadura política en Chile y en América Latina. De cierre de seminarios, control de las publicaciones, castigo a obispos. De caídas en gracia y en desgracia en Roma según fuera la posición.

Había sacerdotes y religiosas especialmente comprometidas con la causa del Evangelio desde una perspectiva liberadora. Y ese hecho era comprobado por el nuncio del país tal o cual y algún obispo, y esa era la lista en desgracia.

Si un clérigo, una comunidad laical o un obispo seguían esta línea de restauración de involución que puso Karol Wojtyla, esos, estaban en gracia.

Era la realidad que había, aparte de las dictaduras militares, que producto del informe “Santa Fe I” y “Santa Fe II” de los centros Rockefeller y otros, era muy difícil e ir contra la corriente y con algo muy grave. Que a veces se nos pasa por alto.

Era la época del martirologio en El Salvador, en Honduras, en Argentina, sin lo bueno del cono Sur: Angelelli y las monjas francesas en Argentina, Romero en El Salvador, los mártires del la UCA con Ignacio Ellacuría, a quien tuve el privilegio de conocer y saber qué calidad humana tenía. Qué hombre más sencillo, con una entrega total al Evangelio de Jesús, al rectorado de la UCA y a la causa popular de los trabajadores y las mujeres pobres y excluidas de El Salvador.

Romero, Ellacuría, Angelelli…, son nombres que nunca habían desaparecido del todo, pero da la sensación, no sé si es muy oportuno lo que voy a decir, han resucitado en virtud de un hombre que ha bebido sobre todo de Angelelli, pero también de los otros a quienes ha conocido y los está reivindicando. Como está reivindicando otras muchas cosas; todas las del Concilio, esa Teología del pueblo y esa Iglesia pobre…, y que no es otro que el Papa Francisco.

Si me permites, en Chile a nuestra revista Reflexión y Liberación y otras publicaciones y otras estructuras cristianas intra y extra Iglesia, nos costó el martirologio de nuestro pueblo chileno, de nuestros jóvenes brillantes y de corazón grande. Grandes dirigentes, políticos, sociales y sindicales. A la Iglesia chilena le costó cinco mártires, brutal y cruelmente torturados y asesinados.

Y alguno desaparecido…

Hasta el día de hoy: Joan Alsina. Un salesiano joven y maravilloso, Gerardo Poblete. Miguel Woodward, torturado en el buque insignia de la armada chilena, en “La Esmeralda”. Toni Llidó, un misionero que partió de España a Chile a entregar puro corazón, puro amor, puro Evangelio. Y André Jarlan, un misionero francés que llegó a la población La Victoria, un sector de la periferia de Chile, también queridísimo por los jóvenes de esa población y asesinado casi al final de la dictadura.

Esto es muy serio. Por lo tanto, esta primavera nosotros la vemos más que con esperanza, como una gracia.

Y como una reivindicación, también, no solo de esos muertos, sino de todos los sufrimientos que padeció el pueblo y que sigue padeciendo.

Claro. Por eso, precisamente, a nosotros el padre José Aldunate, que es un destacadísimo jesuita de los tiempos del Concilio, un moralista de renombre en toda América Latina y destacado defensor de los derechos humanos, siempre nos invitó a mantener esa ventana abierta de la esperanza grande. La esperanza que iba a pasar esta noche oscura o, en palabras de Karl Rahner, ese invierno eclesial casi eterno que vivimos en toda Latinoamérica.

Ahora, en este nuevo periodo, que también tiene sus vaivenes pero evidentemente sin punto de comparación con lo vivido y el martirologio, yo quiero insistir desde aquí algo que para nosotros es inamovible y elemental desde una perspectiva moral: nunca olvidar a nuestros mártires. A aquellas mujeres, jóvenes sacerdotes, obispos y religiosas que entregaron su vida por la semilla del Reino y que hoy día vemos, con cierta claridad, que se puede abrazar.

Antes de volver al Papa, que tiene que ser el centro de nuestra conversación. ¿La Iglesia chilena también está en eso? Porque es cierto que en los tiempos de la dictadura la Iglesia se significó y por eso tuvo sus mártires. Hubo de todo, pero hubo una parte de la Iglesia que trabajó por su pueblo.

Por supuesto. La Iglesia chilena, durante todo el periodo de la dictadura militar, es una Iglesia ejemplar, fiel a Jesús. Fue una Iglesia samaritana.

Hablamos de la chilena, y no de los representantes vaticanos.

Hablamos de la Iglesia chilena encabezada por el venerado hombre, de felicísima memoria, el cardenal Raúl Silva Henríquez, fiel discípulo de Jesús y de don Bosco. Porque el cariño de Raúl era para todos, preferencialmente para los perseguidos, los torturados y los excluidos. Pero también tenía en su corazón a los jóvenes, él se daba cuenta de su sincero seguimiento a don Bosco.

Esa es nuestra Iglesia chilena que creó la vicaría y la solidaridad. Que se abrió sin preguntarles quiénes eran o de qué partido eran, y que logró salvar miles de vidas de hombres mujeres y jóvenes. Es la Iglesia fiel al espíritu y a lo que debe ser el seguimiento de Jesús en serio. Hoy es un ejemplo para todos y tuvo un reconocimiento a nivel mundial, de Naciones Unidas y de conferencias episcopales tan distintas como por ejemplo la Iglesia Católica norteamericana, la Iglesia italiana, la española.

Me vienen a la memoria otros obispos de grata memoria, como el cardenal Tarancón, el obispo Alberto Iniesta y nuestro queridísimo obispo don Gabino Díaz Merchán también, que todavía nos acompaña en Asturias. Eran hombres proféticos que lucharon contra viento y marea y mantuvieron en alto el Evangelio de Jesús. Más que samaritanos y que también estuvieron en las periferias.

Hoy, ¿tenemos en España y en Chile la Iglesia que nos merecemos, la Iglesia que merece ese seguimiento del Papa Francisco y de su proyecto de reforma?

Este es un área que requiere cierto análisis un poquito más fino. Evidentemente, es la Iglesia que nos merecemos.

No puede ser que tengamos un Papa que lo primero que dice en el balcón, cuando su asume su magisterio como obispo de Roma, es que roguemos por él y a reglón seguido, en el encuentro con los periodistas en la Santa Sede a los pocos días: “quiero una Iglesia pobre para los pobres” recordando a Juan XXIII. Eso solo lo ha hecho Jesús. Al laicado, a los obispos, al personal consagrado, religiosas y religiosos…

Con todo esto, tendríamos que estar en una situación diferente a la que tenemos hoy día. Y no es así. Nuestro hermano obispo Francisco va a cualquier país y la gente sale a las calles a recibirlo como un profeta, como un peregrino. Está muy bien y damos gracias por ello. Pero luego, volviendo más a lo “intra”, a nuestras diócesis, a nuestros países y a nuestras comunidades, al Papa no se lo está considerando.

El Papa Francisco sigue clamando pidiendo por la paz, diciendo no a la injusticia, que hay que salir a las periferias, etc. Basta leer cualquiera de sus documentos o su catequesis semanal desde Santa Marta, y vemos que hay una diferencia. No una sintonía, como la quisiéramos. El Papa Francisco plantea algo desde Santa Marta y vemos que, desgraciadamente y con mucho dolor, en nuestros países el clero y los obispos (con honrosas excepciones, por cierto) van por otro lado. No asumen, no quieren hacer el camino que está señalando el Santo Padre desde Roma, que en materia social denuncia el neoliberalismo que aplasta y produce muerte lenta. Ni el de esta Iglesia en salida, abierta, dialogante y no castigadora distinta a la estábamos acostumbrados. Eso es un dolor grande que llevamos todos.

Pero ¿qué responsabilidad tenemos todos para que esto funcione?

Estamos presentando, que no lo hemos dicho todavía, un libro que se titula “Francisco, palabra profética y misión” que hemos coeditado juntos con el apoyo de algunas organizaciones.

Más allá de lo que contiene, que es mucho, de discursos seleccionados y de primeros espadas de la teología tanto de Latinoamérica como de España, es ese apoyo a un Papa que nos está devolviendo la esperanza a muchos de volver a creer en el Evangelio, que al final es de lo que se trata; de construir Iglesia desde el Evangelio de Jesús y no desde algo mucho más institucional y que tiene sus pros y sus contras.

¿Qué podemos hacer para canalizar ese impulso que sigue dando el papa Francisco, cuatro años después, llenando de esperanza a tantos millones de personas en el mundo?

Yo me pregunto si no seremos todos los creyentes, presuntamente comprometidos, responsables de si esto no cuaja. Porque, si no nos comprometemos todos, estamos dejando al Papa solo, y esto es un grave pecado de omisión.

Lo que pasa es clarísimo. Evidentemente que hay signos de obispos, clérigos y provinciales, Religión Digital mismo y nosotros, modestamente, desde Reflexión y Liberación, damos cuenta de ello de forma permanente.

Pero hay también un movimiento de personalidades, de académicos, de líderes parroquiales…, un mundo que sí ha acogido y ha tomado en serio este intento de reforma que pretende hacer el Papa Francisco desde Roma. Ahí están sus documentos pontificios, Laudato si’ especialmente.

Eso es así. No es que esté en la soledad absoluta ni predicando en el desierto casi sin auditorio. Pero lo que sí hay que decir es que hay una estructura eclesiástica, un segmento de la jerarquía de la Iglesia, a nivel mundial, en la cual no hay sintonía.

Un ejemplo concreto: Laudato si’. Cuando sale esta primera encíclica del Papa, en América Latina hubo un jolgorio, titulares… Pero la mayoría de las ideas fuerza, de las líneas de reflexión y de discernimiento que plantea el Papa Francisco en su encíclica, no han sido acogidas. No son lo suficientemente difundidas ni hay un interés genuino y sincero de decir: ahí está el Evangelio, que es nuestro norte, pero también está este documento pontificio que podemos discernir, trabajarlo bajando a las comunidades, de hacer de esto una especie de modus operandi para nuestra vida concreta… Eso no nace como iniciativa de la jerarquía.

Para nosotros fue muy doloroso comprobar que en América Latina no se ha difundido suficientemente, ni ese documento, ni otros del Papa Francisco. Al contrario, vemos como una distancia y un temor.

No es que estén en una oposición (sería temerario e injusto), pero sí una distancia. Parece que piensan: “Yo estoy aquí en mi feudo, en mi diócesis. Tengo mis planes pastorales, mis problemas y los resuelvo. Voy a Roma, me inclino ante el Santo Padre, lo abrazo y me saco una foto”.

Eso no sirve. Porque hay otro sector muy conservador, al filo del integrismo católico. Lo han dicho públicamente, que no lo quieren. Simplemente, no les gusta su estilo; no les gusta que viva en Santa Marta, que se mueva en un fíat. No les gusta esa sencillez, la de ser pastores con olor a oveja. Ellos quieren seguir viviendo en sus residencias estupendas, aquí en Europa en sus palacios, y en América con sus chóferes y con su auto último modelo.

Diría que el modelo de Iglesia que sale de la nunciatura apostólica se quedó atrás en la historia. Y que esas nunciaturas hacen un trabajo que no se corresponde con ese modelo de Iglesia de Jesús que queremos. Ese modelo del poder y del control, de no que querer que el laicado asuma roles importantes en la estructura de la Iglesia, en definitiva. Se ha optado por la Iglesia-poder sobre la Iglesia-misericordia, y esto es gravísimo.

¿Y qué podemos hacer? Lo que estamos haciendo, aquí mismo. Con este libro que, gracias a Dios, ha sido un impacto. Y con otros cientos de iniciativas que hay, y que no tienen visibilidad.

Pero todo se topa, en un momento dado, con esta Iglesia, y que voy a ilustrar con algo que nos dijo un obispo en Roma: “la Iglesia jerárquica y de poder es un elefante, y este laicado, no subversivo pero inquieto, son unas hormigas”. Mira qué claridad para demostrar que el laicado es una cosa minúscula. Cuando un sacerdote se porta mal o tiene una situación compleja de relación con su obispo, pasa reducido al estado laical.

Hay mucho que hacer y podemos hacerlo a través de pequeñas iniciativas, de pequeños encuentros. Mismamente, multiplicar este libro, es un sencillo intento de poner en circulación documentos del Papa Francisco, un poco silenciados por la gran prensa y por algunos cardenales apegadísimos al poder y al boato.

En el libro hay textos seleccionados con los cuales se puede discutir y comentar. Pero es también una invitación a que otros hagan iniciativas parecidas; encuentros para hacer claridad de los intentos del Papa. Mantenerlos permanentemente, junto con nuestras oraciones, comentar lo que dice Francisco en Roma.

Él se está esforzando mucho, seguramente es el Papa que más habla, que más improvisa y que más sale. Todos los días tenemos dos o tres pronunciamientos suyos.

En sus viajes, a diferencia de otros pontífices, no está todo marcado. Siempre hay un espacio para la sorpresa. Esto lo comentaba él mismo en una homilía improvisada el Domingo de resurrección, que nunca hay. Y hablaba de esa capacidad de sorpresa, que tiene que llegar al corazón para que Jesús resucite. Porque si nos planteamos que todo está señalado, Jesús resucita porque toca. No porque sorprenda y cambie el corazón.

Él está continuamente dándonos pistas y material para trabajar. Y la realidad es que hay millones de personas que se sienten impelidas por lo que dice un señor. Gente, incluso, sin una fe muy definida o que se ha apartado de la Iglesia por lo que tú comentabas antes.

Una de las cosas que dijo en Brasil a los jóvenes, y que creo que es una de las claves del pontificado, es que el manual de instrucciones de un cristiano son las bienaventuranzas y Mateo 25. Ahí está también la Parábola de los talentos, que se refiere a nuestra responsabilidad de utilizar los propios y hacerlos florecer. De hacernos corresponsanbles de esa construcción.

De manera que tenemos un Papa muy potente en la cúspide, un muro eclesiástico institucional y detrás una masa que está deseando saltar ese muro y caminar con el pastor que huele a oveja.

Por eso lo que decías del elefante y las hormigas, que me parece una comparación adecuada. A veces, las hormigas o el ratón, asustan al elefante. Y yo estoy convencido de que ese momento, el de las hormigas abriendo un hueco, está llegando.

Sí. Significa que hay un espacio para la reflexión y para la acción. Tú recuerdas muy bien lo del Papa Francisco en Brasil, en el encuentro con los jóvenes argentinos. Eso, ha servido en América Latina para que los jóvenes vean que más que una Iglesia que castiga y que controla hay un espacio de libertad para la expresión. Este espacio de libertad que ha abierto Francisco es extraordinario.

Lo decía ayer, en la presentación, Jorge Costadoat: “vamos a pararnos a pensar qué había hace cuatro años. De qué se podía hablar y de qué no”.

Fíjate que estamos a cincuenta años del Concilio Vaticano II y lo poco que se ha avanzado. El pontificado de Francisco tiene cuatro y se ha caminado un trecho casi mayor, porcentualmente. Es esta libertad, esto de no temer.

Ciertamente, olvidamos eso. Porque es verdad que hace cuatro o cinco años había determinados temas sobre los que sencillamente ni se podía hablar. Ahora todos esos temas están encima de la mesa, aunque no se hayan tomado decisiones sobre algunos, de momento. Hoy se puede hablar sobre cualquier tema, y los obispos están tan azorados porque tienen que aprender a dar respuestas a cosas que hasta entonces tenían un mandamiento y fuera.

Ahora se puede hablar. El Papa ha abierto en canal las tripas de los grandes temas para que cualquier cristiano, que quiera sentirse responsable de la Iglesia, pueda recoger la pelota de su tejado y dar su opinión.

Y no solo es que pueda hacerlo, sino que, a lo mejor, como seguidor de Jesús y constructor del Reino tengo la obligación de ponerme en ello. Y la diferencia con respecto a otros años es que tienes al tipo de arriba del todo, que es el que está marcando el asunto.

Esa es la gran maravilla de esto. Porque, veámoslo desde el punto de vista de lo que estamos viviendo, dejando a un lado a esta posición a veces ciega y torpe. Lo digo porque pegar carteles en Roma contra el Papa fue una torpeza absoluta.

O como la de acusarle de hereje, que es cargarse la propia estructura de la institución.

Dejemos ahí a ese puñado de cardenales poderosos que mueven los hilos de forma subterránea y la intriga. La Iglesia siempre ha sufrido esos embates de sectores en pugna, y fue mucho peor.

Fijémonos en este punto, bien importante: si nosotros analizamos este pontificado hasta ahora, y damos una mirada desde América Latina, ni en el mejor de los sueños nos imaginábamos una cosa así al final del periodo de Karol Wojtyla, la libertad de decir algunas cosas. Ustedes mismos en RD, obviamente no van a ser excomulgados o tratados como años atrás, de pro-marxistas o pro-ateos. La libertad es el elemento central del evangelio de Jesús.

Ese elemento intrínseco que llevamos en el alma, hoy día aflora todos los temas. No solo en el tema Vaticano o en el tema de poder sino todos los temas: social, económico…

Este Papa incentiva el diálogo. Es lo que nosotros siempre hemos pedido como comunidades eclesiales de base. Y, desde cardenales como Raúl Silva Henriquez hasta el último laico o laica y seglar, hoy día podemos plantearle a nuestros sacerdotes y a nuestros obispos en nuestras comunidades y en nuestros ambientes, universitarios y de trabajo el diálogo. Esto significa no imponer al otro.

Y escucharle y aprender de lo que te pueda decir.

¡Qué cosas maravillosas salen del diálogo!

Y un asunto de la máxima importancia y del que muchas veces no nos damos cuenta: como laicos que estamos insertos en la sociedad y dentro de este modelo neoliberal que aplasta, oprime, genera pobreza, y desigualdad para la mayoría, cuándo nos íbamos a imaginar, por lo menos en América Latina, que iba a haber un Sumo Pontífice desde Roma que dice simplemente: “esta economía mata”.

En toda América Latina no hay un partido político de izquierda o centro-izquierda que, con esa claridad, sus líderes máximos digan públicamente al mundo estas palabras.

Y, a renglón seguido, dice que hiciesen lo que hiciesen los señores de la guerra, detengan la violencia.

Hay cosas tremendas que ha dicho este Papa que nosotros no imaginábamos nunca al final del pontificado de Karol Wojtyla. Este escenario, este nuevo ambiente que ha ido creando y recreando Francisco. Por tanto, si este pontificado termina mañana (no lo permita el Señor), tenemos una batería de elementos y de documentos escritos impresionante, para trabajarlos, discernirlos, y para hacer una praxis concreta. Desde el evangelio de Jesús y las enseñanzas y orientaciones del Papa Francisco.

Creo que hay que decir que hemos avanzado veinte o treinta años en estos cuatro años de pontificado. No solo en materia social, política y económica. También en materia ideológica. Él, no ha condenado a ningún teólogo, a todos escucha.

No basemos la teología en el estudio de lo que ya existe, sino escuchemos y avancemos.

Exacto. Y no hay ninguna condena a priori. No hay ningún anatema. Y en materia ecuménica, es impresionante el encuentro con el patriarca Kirill, en la catedral de Lund, en Suecia.

Realmente, uno tiene que ser objetivo y ver los hechos concretos para comprobar que estamos en un momento de primavera, de revolución maravillosa. Y muchos jóvenes se han acercado nuevamente por esta Iglesia en salida, junto a los excluidos y de levantar la voz, que está planteando Francisco, y que es creíble. No como esa otra Iglesia, conservadora encerrada en su lujo y en su poder.

La Iglesia del no, hace rato que los jóvenes la rechazan. Pero desde el evangelio de Jesús, sí se sienten en sintonía y responden a este maravilloso efecto de carisma que tiene el Papa Francisco.

Ese efecto que aparece en este libro, Francisco, palabra profética y misión. También en el trabaja que hacéis en Reflexión y liberación, que os agrademos mucho porque nos ha abierto muchas puertas y muchas ideas para seguir trabajando en conjunto por una Iglesia nueva.

Jaime, un placer tenerte aquí. Ven más a España.

Gracias a ustedes. A ti, Jesús, y a José Manuel Vidal. Quisiera terminar con un pequeño testimonio, que llevo a Chile y a América. Pronto vamos a estar en Buenos Aires y en Bogotá presentando también el libro.

Hemos quedado, en lo personal, conmovidos. Quisiera terminar esta entrevista,
agradeciendo la gentileza de ustedes compartiendo esta vivencia.

Yo estoy alojado muy cerca de la iglesia de San Antón, y a veces hay hechos que valen más que mil palabras…

Fui a la misa de siete de la tarde de San Antón pensando que celebraba el padre Ángel, pero celebró otro presbítero, maravillosamente bien.

Después volví, a las diez y media de la noche, porque quería caminar un poco. Quedé impresionado de ver en pleno centro de Madrid, en la iglesia de San Antón a estas horas en las que hacía mucho frío, la puerta llena de jóvenes compartiendo un algo caliente, pequeños pastelillos.

Entré y vi gente durmiendo en las bancas. Y lo que más me impresionó: que a los pies de un retrato grande que hay del Papa Francisco en el templo, dentro de la iglesia, había una persona, no muy mayor, durmiendo envuelto en su manta, a los pies del Papa. Quedé un buen rato mirando esa escena, y pensé “no tengo nada más que ver aquí. Esta es la Iglesia que queremos. La Iglesia del Papa Francisco y la Iglesia de san Francisco de Asís. Y también la que alguna vez soñaron Ignacio de Loyola o santo Domingo, todos los santos mártires de la Iglesia; una Iglesia que esté abierta a todos y a todas. Que entren con sus mascotas. Que si tienen frío vayan ahí. Que si tienen hambre, vayan y cojan un pincho”. Eso lo he visto aquí, en Madrid, en este viaje.

Doy gracias a Dios de haber sido testigo de esa Iglesia. Y lo he visto en Madrid, no en América Latina; ni en Santiago de Chile, ni en Buenos Aires, Asunción, Montevideo o Ciudad de Mexico.

Esa es la Iglesia que nos pide Francisco, “abierta y en salida”: que no miremos hacia otro lado cuando veamos a una persona con frío o con hambre, que está sufriendo los embates de este modelo.

Me voy conmovido y daré, donde vaya, testimonio de esa iglesia de San Antón que acoge a la gente excluida, a la gente sencilla, a los inmigrantes. A los que no tienen donde dormir, donde tomarse un vaso de agua o ir a hacer sus necesidades. Porque también hay baño y ellos pueden usarlo.

Creo, sinceramente, que éso es lo que tenemos que hacer. Éso, es un objetivo concreto no solo de estar con Francisco y con el evangelio de Jesús, sino de qué es lo que podemos hacer nosotros. Lo que yo he visto, es la Iglesia de Jesús.

Junto a las bienaventuranzas y esa parte de Mateo 25, de los talentos. En Mateo 25, que también lo refiere el Papa en el discurso, aparece el juicio final pero no el de la condenación, sino el de: “tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estaba desnudo…”

“Me acogisteis”. Éso es lo que me llevo yo. Y también lo diré en Roma. Y ojalá, pronto, los medios de comunicación den cuenta de estas cosas. De estas respuestas concretas a las ansias y al objetivo del Papa Francisco cuando ha dicho: “cómo quisiera una Iglesia pobre para los pobres”.

Y la Iglesia en salida, más que palabras. Más que rencillas con ese sector de la curia que está enloquecido y embriagado de poder.

Me voy feliz y dando gracias por haber sido testigo, no de que me cuenten. Yo fui a las diez y media de la noche y vi esa iglesia abierta y con jóvenes, la mayoría. Y a esas personas durmiendo. Y ese hermano, ese compañero que a los pies del altar y del retrato de Francisco dormía tranquila y plácidamente, en pleno centro de Madrid.

Un placer Jaime, muchas gracias.

Entrevista de Jesús Bastante  –  Religión Digital / Madrid.


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Los viajes del Papa y Argentina.

¿Un viaje a Argentina? “No lo tengo en agenda”

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Tras las especulaciones en su país natal, el Papa Francisco confiesa a un amigo que no tiene previsto visitar Argentina en 2018 y habla por primera vez de una gira por Perú y Chile, “para cerrar el eje del Pacífico”.

“No lo tengo en agenda”. La respuesta no dejó espacio a la especulación. Este domingo, tras cumplir sus actividades públicas, el Papa llamó a Luis Liberman, director general de la Cátedra del Diálogo y la Cultura del Encuentro. Lo felicitó por su cumpleaños y, en la conversación, quiso despejar dudas. No viajará a Argentina el próximo año, como trascendió semanas atrás. En cambio, sí tiene planeado visitar Chile y Perú, “con el fin de cerrar el eje del Pacífico”. 

 

Pero la negativa fue clara. Entonces, el felicitado recordó que algunas semanas atrás la prensa argentina difundió informaciones precisas sobre el supuesto viaje papal. Según se publicó entonces, durante una reunión con la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, y con la ministra de Desarrollo Social de la Nación, Carolina Stanley, el pontífice habría revelado su voluntad de pisar suelo argentino en 2018.

Incluso se aportaron datos muy concretos: la visita sería “entre marzo y abril”, incluiría etapas en “cinco provincias” para congregar “a más de 20 millones de personas” y “un equipo ya está trabajando en Roma”. Planteados así, los datos resultaban (al menos) extraños. Hasta ahora, el Papa no ha cumplido una visita apostólica con tantas paradas dentro de un mismo país. Claro, siendo Argentina podría hacer una excepción. No obstante, en medio de los dos meses indicados se encuentra la Semana Santa, que el próximo año irá del 25 de marzo al 1 de abril. Eso restringía aún más las opciones.

Inmediatamente después de la filtración periodística, la Santa Sede negó con firmeza el particular. “Ni siquiera está en estudio”, indicaron acreditadas fuentes vaticanas. Aun así, en Argentina las especulaciones siguieron. Se llegó a indicar una fecha específica: el 18 de marzo y hasta los mismos amigos del Papa creyeron en la versión.

El gobierno argentino no recibió el debate público sobre un hipotético viaje papal como una buena noticia. Se temió, con razón, que unos datos inconexos filtrados sin más a la prensa “embarraran la cancha”, afectando la relación institucional. “El gobierno quiere que el Papa venga, es un deseo, pero que salgan estas informaciones no ayuda”, confió por esos días una fuente acreditada al Vatican Insider.

Al respecto, fue indicativa la respuesta que dio la canciller argentina, Susana Malcorra, a la pregunta de si había hablado con el pontífice sobre la ansiada visita, el pasado viernes 21 de abril. Ella precisó: “No hablamos. El santo padre ha sido invitado en reiteradas ocasiones, todas las veces que habló o se vio con el presidente. La invitación de parte de la Argentina está abierta y se va a hacer en el momento en que el Papa juzgue oportuno, en función de su amplia agenda. Así que ni siquiera toqué el tema”.

Con estos antecedentes, el comentario de Francisco de este domingo tuvo un valor aclaratorio. “Nunca hubo interacciones en esa línea”, precisó el líder católico a su amigo. Es más, recordó que él mismo le había dicho a Liberman que no tenía agendada una visita a Argentina en 2018 cuando ambos se vieron en el Vaticano en febrero último, con motivo de un seminario mundial sobre el derecho al agua organizado por la Cátedra del Diálogo y la Pontificia Academia para las Ciencias Sociales.

En la llamada, en cambio, sí confirmó su intención de volver a América Latina, con una gira por Chile y Perú. Algo que ya había informado a los obispos chilenos y que adquiere sentido si se considera la anterior visita a Ecuador y Bolivia, o la futura a Colombia. De allí la frase “cerrar el eje del Pacífico”.

Los amigos hablaron de otras cosas. Sobre su paso por El Cairo, este viernes 28 y sábado 29 de abril, Jorge Mario Bergoglio expresó entusiasmo. Un tema propio de la cultura del encuentro. “Fue un viaje extraordinario, conmovedor. Me fui con la certeza de que hay un pueblo que ama la paz”, apuntó.

También felicitó a Liberman por “impulsar desde la Cátedra actividades centradas en el medio ambiente, la educación y el trabajo”. Una apuesta que va a redoblar ese espacio “académico y plural”, como se autodenomina. Esta semana que comienza, el organismo tendrá en Colombia reuniones preparatorias para un taller sobre el derecho humano al agua en la cuenca del Amazonas, a realizarse en septiembre próximo en ese país, en coincidencia con la visita apostólica a esa nación, prevista del 6 al 10.

En esos encuentros participarán referentes de la Red Eclesial Panamazónica (Repam), que preside el cardenal brasileño Claudio Hummes, arzobispo emérito de Sao Paulo, y actores locales, entre los que destacan integrantes de la fundación Goias Amazonas.

Andrés Beltramo  –  Ciudad del Vaticano

Vatican Insider   –   Reflexión y Liberación


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Rumores sobre la renuncia de Benedicto XVI.

“Falsos rumores sobre presiones para que renunciara Benedicto XVI”

Georg Gänswein concedió una entrevista al programa televisivo italiano «Matrix» y desmintió las últimas elucubraciones sobre la renuncia: «Era una decisión libre. Las cosas que se han leído recientemente son inventadas». ¿Los dos Papas? «El Papa es uno, Ratzinger lo fue y renunció».

Benedicto XVI con Gerog Gänswein

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Pubblicato il 05/04/2017
Ultima modifica il 05/04/2017 alle ore 22:52
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Dentro de pocos días Benedicto XVI cumplirá 90 años y monseñor Georg Gänswein, Prefecto de la Casa Pontificia y su secretario particular, desmintió todos los rumores y las recientes entrevistas sobre las presuntas presiones para que renunciara Joseph Ratzinger. Gänswein concedió una entrevista al programa televisivo italiano «Matrix», este 5 de abril de 2017.

 

Respondiendo a las preguntas del vaticanista Fabio Marchese Ragona, el secretario del Papa emérito habló sobre el tema de los rumores sobre las presuntas presiones del gobierno estadounidense durante la presidencia de Barack Obama para que Papa Benedicto XVI renunciara. Rumores y complots que recientemente han vuelto a esgrimir algunos artículos y revistas, en los que se mostraba débil a Papa Ratziger.

 

«No es para nada vedad, es inventado, es una afirmación sin fundamento —dijo Georg. Yo también hablé con Papa Benedicto después de esta entrevista y de estos rumores, y dijo que no era cierto. La renuncia fue una decisión libre, bien pensada, bien reflexionada y también bien rezada. Estas cosas que se han leído recientemente son inventadas y no son verdaderas. Papa Benedicto no es una persona que cede a presiones. Todo lo contrario. Cuando hubo desafíos y cuando se tuvo que defender tanto la doctrina como al pueblo de Dios fue justamente él quien se comportó de manera ejemplar: no huyó cuando llegó el lobo, sino que resistió, y esto nunca habría sido un motivo para dejar el Pontificado ni para renunciar».

 

En la entrevista, Gänswein también habló sobre la relación entre Francisco y su predecesor: «Son relaciones muy cordiales, muy buenas; hay visitas, se hablan, se escuchan. Está claro: Papa Francisco es el sucesor de Pedro. Papa Benedicto fue el Papa, renunció y se retiró para rezar. Rezar quiere decir ayudar a su sucesor y a la Iglesia, porque la Iglesia no es gobernada solo con las palabras y con las decisiones, sino también con la oración y con el sufrimiento. Y es lo que él hace ahora. No hay ningún malentendido. Su hay interpretaciones diferentes, a veces un poco maliciosas, esta… es la vida, es el mundo y también es la Iglesia. No veo ninguna confusión. A veces veo alguna nostalgia y algún malentendido, pero una confusión sobre los papeles, sobre quién es el Papa, esto yo no lo percibo».

 

El secretario particular de Benedicto XVI respondió también a una pregunta sobre la «lobby gay» en el Vaticano. «No creo que la “lobby gay” sea una “lobby” de poder —dijo. Se ha tratado de remediar y de dar la respuesta necesaria». Pero «se ha exagerado la importancia de este grupo; se dio una respuesta y una solución en su momento. Hablar de “lobby” de poder no solo es exagerado, ¡sino cien veces exagerado!».